Boletín II - Caballero de Gracia

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Boletín II - Caballero de Gracia
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Castillo de Neuschwanstein
Día 29 Castillo de Neuschwanstein - Múnich
A primera hora de la mañana salimos hacia este castillo "de ensueño": Neuschwanstein, en español
"Nuevo Cisne de Piedra". Está situado cerca de Füssen, a unos 65 km de Múnich hacia el suroeste.
Su construcción fue ordenada por Luis II de Baviera, el llamado «rey loco», en 1866. Su nombre original era
«Nuevo castillo de Hohenschwangau», en honor del castillo donde el rey pasó gran parte de su infancia.
El nombre fue cambiado después de la muerte del rey. Es el edificio más fotografiado en Alemania y uno de los
destinos turísticos más populares en ese país con 1,4 millón de visitantes anuales.
El castillo de Neuschwanstein se construyó en una época en la que los castillos y las fortalezas ya no eran
necesarios desde el punto de vista estratégico. Nació en la imaginación de Luis II como una pura fantasía romántica de un castillo medieval idealizado. Es una composición de torres y muros que pretendía armonizarse con las
montañas y los lagos. Está situado sobre el desfiladero de Pöllat en los Alpes Bávaros y se alza sobre el castillo
de Hohenschwangau y los lagos Alpsee y Schwan.
Combina eclécticamente varios estilos arquitectónicos y su interior alberga múltiples piezas de artesanía no
menos fantásticas. Su diseño no es funcional, sino estético, siendo en buena medida el producto de la mente de
un escenógrafo teatral. Por dentro tiene continuas referencias a leyendas y personajes medievales como Tristán e
Isolda o Fernando el Católico, así como unas vistas a los paisajes de los Alpes Bávaros, incluyendo una cascada
que el monarca podía contemplar desde su habitación.
Con la muerte en 1848 de su abuelo, Luis I de Baviera, el joven rey Luis II, obtuvo control de los bienes de
su infantazgo, por lo que tenía a su disposición considerables recursos financieros. Con la planeada construcción
del castillo, Luis II quería obtener un refugio fuera de la capital, Múnich, donde pudiera vivir su fantasía medieval. El primer borrador fue creado por el escenógrafo teatral muniqués, Christian Jank y los planes arquitectónicos fueron realizados por el arquitecto Eduard Riedel. Se consideró integrar las ruinas existentes en el diseño,
pero debido a dificultades técnicas, esto no se realizó. Los primeros planos se orientaron en el estilo del castillo
de Núremberg, rechazando planes más sencillos basados en el antiguo castillo de Vorderhohenschwangau. El
alcance y tamaño de los planes fue incrementando, inspirándose más y más en el castillo de Wartburg. El rey seguía de cerca el desarrollo de los planes y tenía que aprobar cada borrador antes de continuar. Su influencia fue
tal que se puede decir que el castillo es más su propia creación que la de los arquitectos.
La construcción del castillo empezó en 1869. Los caprichos y las demandas de Luis II crecieron con el edificio de la misma manera que lo hicieron los presupuestos, los planes y los costos reales. En 1884 el rey viajó
desde Múnich para residir por primera vez en el castillo aun en plena construcción. En 1885 recibió en él la visita de su madre, la reina María de Prusia y para 1886 el palacio y la barbacana del castillo estaban en su mayor
parte completos. Hasta su muerte ese mismo año, en circunstancias aún no completamente aclaradas, Luis II vivió solamente un total de 172 días en el castillo.
A pesar de su gran tamaño, el castillo no estaba planeado para recibir y albergar a la corte noble, ya que solo tenía recámaras para el rey y sus sirvientes. El palacio estaba diseñado más con fines decorativos que con consideraciones residenciales prácticas.
Luis II pagó sus edificios de sus propios recursos monetarios y del dinero asignado por el estado a los nobles por gastos de representación, en la llamada "lista civil". Contrario a lo que comúnmente se piensa, sus construcciones no fueron un peso insostenible para los recursos del reino. Los costos de construcción de Neuschwanstein ascendieron hasta la muerte del rey a un total de 6.180.047 marcos de oro, habiendo empezado con un
presupuesto original de 3,2 millones de marcos de oro. Los medios privados del rey no alcanzaban para pagar
todos sus proyectos, por lo que tuvo que depender de préstamos para continuar. Para el año 1883 sus deudas ascendían a siete millones de marcos de oro y en 1885 se vio amenazado de un posible embargo.
Las disputas sobre las deudas del gobernante
llevaron a que en 1886 el gobierno bávaro incapacitara al rey. Al momento de su incapacitación el 9
de junio de1886, Luis II se encontraba en Neuschwanstein y este fue el último de los palacios comisionados por él en que vivió. Con motivo de su
inminente derrocamiento por medio de una comitiva enviada al castillo desde Múnich, Luis II
mandó al día siguiente que se cerraran las puertas
de la barbacana. Luego del fracaso de la primera
comitiva, una segunda comitiva con Bernhard von
Guddens a la cabeza, visitó al rey el 11 de junio.
Esa misma noche el rey se vio forzado a abandonar el castillo, al que nunca más regresaría.
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Durante la Segunda Guerra Mundial el castillo se utilizó para almacenar obras de arte robadas en Francia,
hasta que en 1945 entregó el castillo a las tropas del Ejército de los Estados Unidos. Neuschwanstein sobrevivió
la guerra sin sufrir daños.
En el año 2008 el gobierno de Baviera solicitó que el castillo fuera nominado para ser parte del Patrimonio
de la Humanidad junto con los palacios de Linderhof y Herrenchiemsee en un conjunto denominado "Castillos
de Luis II".
Sentados en las calesas que nos subieron al castillo
La entrada al complejo del castillo
se realiza por una barbacana simétrica flanqueada por torres laterales. Este edificio,
orientado hacia el oeste, es el único del
castillo cuyos muros están decorados con
colores contrastantes; los muros externos
están enmarcados en ladrillo rojo, mientras
que la fachada interna que da al patio de
armas es de piedra caliza amarilla. La cornisa está rematada con almenas a todo su
alrededor. La fachada de la barbacana está
coronada por un gablete escalonado que
contiene un cuarto donde Luis II observaba
los trabajos de construcción antes que el
palacio del castillo fuera terminado. En el
primer nivel estaba previsto que estuviesen
los establos.
Sobre el dintel de la puerta de acceso
hay un escudo del reino de Baviera. El pasaje conduce a un patio de armas de dos niveles. El patio inferior está delimitado por la
barbacana al oeste, por la base de la llamada
"torre cuadrada" con ala de unión al norte,
mientras que el lado sur está abierto y tiene
vistas del paisaje montañoso. Al lado este
del patio inferior hay un terraplén enladrillado cuya protuberancia poligonal marca el
coro de la planeada capilla. De ahí, una escalera conduce al patio superior. La edificación más llamativa del patio de armas superior es la llamada "torre cuadrada" de 45
metros de altura. Esta torre, como la mayoría de los edificios del patio de armas, sirve más que nada con propósitos decorativos dentro del conjunto del
castillo. Desde su plataforma de observación se disfruta de expansivas vistas de las estribaciones de los Alpes
hacia el norte. El lado norte del patio de armas superior está delimitado por la llamada "Casa de los caballeros" (Ritterhaus). Este edificio de tres plantas está conectado por un ala de unión de arcos ciegos con la "torre
cuadrada" y la barbacana. Según la concepción romántica de un castillo medieval, la "Casa de los caballeros" era
el lugar donde los hombres de la fortaleza se reunían y residían, en Neuschwanstein estaba prevista para oficinas
y cuartos de servicio.
En el lado sur del patio de armas superior, como contrapartida a la "Casa de los caballeros", está el "Cuarto
de las Damas" también de tres plantas y que nunca fue usado como tal. Estas dos estructuras evocan el "Castillo
de Amberes" del primer acto de la ópera Lohengrin de Wagner. En el pavimento del patio se puede ver la forma
de la planta de la capilla del castillo, la cual nunca fue construida.
El lado este del patio superior está delimitado por el "palacio", que constituye el verdadero edificio principal y residencial del castillo. Contiene los cuartos de estado y pompa del rey, al igual que los de los sirvientes.
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El palacio es una colosal estructura de cinco plantas en la forma de dos ortoedros conectados en un ángulo
plano y cubiertos con un alto techo a dos aguas. La forma del edificio sigue la forma de la cresta rocosa. En sus
ángulos hay adjuntas dos torre-escaleras, de la cuales la norte alcanza 65 metros de altura y sobrepasa el techo
del edificio por muchos pisos. Ambas torres, con sus techos cónicos multiformes, recuerdan los techos de las
torres del Castillo de Pierrefonds de las que se inspiraron. La fachada principal del palacio está orientada hacia el
oeste y contiene un balcón de dos niveles, mientras que al norte sobresale una torre-escalera inferior y un invernadero. Esta fachada está además decorada con frescos y su gablete está coronado por la escultura de un león,
mientras que el del lado oeste lo está por una escultura de un caballero. Todo el edificio del palacio está decorado con múltiples chimeneas y torrecillas.
El cuarto más grande del castillo es la
"Sala de los cantores" con una superficie
de 27 x 10 metros. Está localiza en el cuarto
nivel de la parte oriental del palacio, sobre
la recámara del rey. La sala está inspirada
en la "Sala de los cantores" y el "Salón de
baile" del castillo de Wartburg y era el proyecto favorito del rey para su castillo. La
sala rectangular está adornada con referencias a Lohengrin y la leyenda de Parzival.
El lado más largo termina en una galería
coronada con una tribuna a la manera del
Wartburg. En el extremo oriental hay un
escenario constituido por arcadas llamado
el Sängerlaube. La "Sala de los cantores"
nunca fue planeada para acoger fiestas de la
corte por el tímido y huraño rey, al igual
que la "Sala del trono", servía más que
nada como un homenaje habitable a la cultura de los caballeros y el amor cortés de la
Edad media. La primera representación en
la sala no tuvo lugar hasta 1933 con motivo
del 50 aniversario de la muerte de Richard
Wagner.
El último tramo lo hicimos a pie. Algunos valientes desde abajo.
La "Sala de trono" mide 20 x 12 metros
y está localizada en la parte occidental del
palacio. Tiene una altura de 13 metros y
ocupa el tercer y cuarto nivel del edificio.
Está inspirada en la "Iglesia de Todos los
Santos" de la Residencia de Munich y fue
hecha según los diseños de Julius Hofmann.
La sala está rodeada en tres lados por coloridas arcadas y termina en un ábside donde
debía estar el trono de Luis II. Sobre su es
trado hay murales realizados por Wilhelm Hauschild de los doce apóstoles y de los seis reyes canonizados. El
piso de mosaico de la sala no fue completado hasta después de la muerte del rey. La lámpara de araña tiene la
forma de una corona bizantina. La sala da una impresión sacra y combina según los deseos del rey, la "Sala del
Grial" de Parzival con un símbolo del derecho divino de los reyes que personifica un poder soberano sin restricciones, un poder qué como rey de una monarquía constitucional, Luis II no tenía.
Además de las grandes salas de estado y pompa, se crearon cuartos más pequeños para el uso de Luis II. La
recámara real se encuentra en la tercera planta de la parte este del palacio. Consiste de ocho cuartos residenciales
y varios cuartos pequeños adicionales. A pesar de su decoración ostentosa, debido a su modesto tamaño y su
amueblado con sofás y sillas, dan un aspecto relativamente moderno a los visitantes contemporáneos. Luis II no
le daba mucha importancia a los requerimientos representativos del rey, como en tiempos pasados en que la vida
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del monarca era más pública. El decorado con murales, tapices, muebles y otras artesanías tocan siempre los temas favoritos del rey: La leyenda del Santo Grial, las obras de Wolfram von Eschenbach y su interpretación por
Wagner.
La sala de estar del lado este está decorada con temas de la saga de Lohengrin. El mobiliario de la alcoba
norte, con sofá, mesa y sillas, da un aspecto confortable y casero. Adjunto a esta alcoba hay una pequeña gruta
que da paso a un despacho. El inusual cuarto, que originalmente estaba planeado a tener una cascada artificial y
una máquina para hacer arco iris, está conectado a un pequeño invernadero. Representa la gruta de Hörselberg en
conexión con la ópera Tannhäuser de Wagner, al igual que el decorado del despacho adyacente. El rey mandó a
construir una gruta similar pero de mayores dimensiones en el Palacio de Linderhof. Al lado opuesto del despacho hay un comedor decorado con motivos de los Minnesänger, como eran conocidos los trovadores medievales
alemanes. Debido a que el comedor en Neuschwantein estaba tres pisos más arriba de la cocina, no se instaló una
mesa con plataforma levadiza como las existentes en los palacios Linderhof y Herrenchiemse, que bajaban la
mesa entera al nivel de la cocina. En cambio se instaló un elevador para subir la comida.
Adyacentes al comedor están el dormitorio del rey y la capilla de la casa, que son los únicos cuartos del
castillo hechos en estilo neogótico. El dormitorio del rey está dominado por una imponente cama tallada en madera de roble. Catorce artesanos trabajaron durante cuatro años tallando los revestimientos de las paredes y el
elaborado dosel de la cama, que está decorado con intricados pináculos. En este cuarto fue donde en la noche del
11 al 12 de junio de 1886 Luis II fue hecho prisionero. Junto al dormitorio está la pequeña capilla de la casa,
consagrada al santo patrono del señor del castillo, San Luis.
En el sótano del castillo están los cuartos de los sirvientes que están amueblados de forma espartana con
mobiliario hecho de roble macizo. Los cuartos que daban al pasillo que conduce a la escalera principal tenían
ventanas con vidrios opacos para que el rey pudiera entrar y salir sin ser visto. A los sirvientes no se les permitía
usar la escalera principal y tenían que usar una escalera de servicio más angosta y empinada.
¡Ya llegamos a la entrada del castillo!
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Luis II de Baviera; El rey loco
Luis II de Baviera el inadaptado, o como más comúnmente se le conoce
“Rey Loco”, fue un monarca atrapado en su mundo interior, una persona con espíritu romántico demasiado sensible para su época. Un soñador que intentó crear
un mundo paralelo a sus obligaciones, y que finalmente encontró una muerte trágica salpicada de misterio.
Maximiliano de Baviera se casó con María de Prusia, una mujer famosa por
su gran belleza que sería heredada por sus dos hijos Otto y Luis, el futuro sucesor de su padre. La infancia del joven monarca se caracterizó por la rigidez y el
escaso contacto afectivo. Una educación estricta y carente de cariño que siempre
buscó un único fin didáctico, mostrarle el camino para ser un monarca de la talla
de su padre. El resultado fue una juventud solitaria, reclusión constante en sus
habitaciones en las que disfrutaba del arte en todas sus vertientes. Quizá debido a
este retiro de la sociedad, Luis II fue forjando un espíritu cada vez más sensible.
Con tan solo 19 años debe hacerse cargo de la corona, algo que desde su oculto interior detestaba. Su pueblo estaba contento ante la idea, ya que en contraposición al rechazo que Luis II sentía hacia sus deberes como
monarca, contaba con una gran popularidad frente a sus súbditos. Desde ese momento su insatisfacción fue mucho mayor, no le gustaban las reuniones de gente ni el público en general, no soportaba el mundo de la política ni
mucho menos la compañía de sus ministros. Comenzó a tener actitudes bastante excéntricas debido a estos rechazos, como por ejemplo exigir ser el único público para las representaciones de ópera. En los banquetes oficiales ordenaba comprar centros de mesa enormes para no tener que ver a nadie, y por si esto fuera poco, obligaba a
los músicos a tocar lo suficientemente fuerte como para no escuchar a nadie.
El absoluto rechazo a su condición, le obligó a refugiarse en dos obsesiones. Dos únicos fines que se convertirían en el sentido de su vida. La primera de ellas nació con las historias que una de sus institutrices le contaba de pequeño. Leyendas que reflejaban la belleza arquitectónica del gran palacio de Versalles, descripciones
que el monarca dibujó al detalle en su mente. A partir de ese momento crecería con una gran ambición por construir palacios similares. Estructuras de ensueño que le ayudaran a escapar de su realidad.
La segunda de ellas nació a sus 16 años, cuando el monarca presenció una obra wagneriana. En ese preciso
momento su vida cambió. Descubrió en el autor herramientas para expresar y demostrar la belleza de su propio
mundo interno, y él viéndose incapaz de atesorar todo ese talento se enamoró de la fluidez artística de Wagner
convirtiéndolo a partir de ese momento en la segunda de sus obsesiones.
Cuando Luis II fue coronado, y a pesar de la clara aversión hacia sus deberes como monarca, fue consciente
de que podría dar rienda suelta a esas obsesiones sin límite alguno. Para empezar, llamó a su lado a Wagner, convirtiéndose en su mayor mecenas y gran amigo. Comenzarían una relación muy estrecha que pocos verían con
buenos ojos, posteriormente a través de sus diarios se podría entender que el rey sentía una devoción casi carnal
por el artista. El rey se encargaba de pagar y subvencionar todas sus obras. Encantado de tenerle cerca y poder
disfrutar de su compañía, le obsequió con una casa cercana a su palacio. Pero tantas muestras de afecto se vieron
empañadas por el odio que el resto de personas de la corte empezaron a tener a Wagner, debido en gran parte a su
pasado revolucionario. Comenzaron a surgir rumores de que el nuevo amigo del rey ejercía demasiado poder sobre el monarca. Finalmente ante las peticiones constantes de sus ministros y su pueblo, el rey se vio en la obligación de sucumbir y con gran dolor invitó a Wagner a abandonar sus tierras.
Triste y abatido, a Luis II solo le quedaba una de sus obsesiones cerca, construir castillos. A pesar de que a
partir de ese momento su carácter triste y apático aumentó, el monarca se centraría en su labor constructora.
Muestra de ello es el castillo de Neuschwanstein, una auténtica belleza ubicada en Füssen, construido en una época en la que los castillos y fortalezas ya no eran necesarios desde el punto de vista estratégico. Obcecado con la
idea de representar su mundo interior a través de palacios imposibles, Luis II ignoró las advertencias de los bancos extranjeros, que ya desde 1885 amenazaban con el embargo. Posiblemente este fuera el desencadenante de su
destitución, aunque muchos insisten en asegurar, quizá dejándose llevar por el romanticismo de su propia historia, que fue precisamente su condición sexual la que lo condenó frente a la sociedad del momento, condición que
quedó demostrada en la posterior lectura de sus diarios íntimos.
Fuera como fuese, lo cierto es que el monarca pasó sus últimos años en ese precioso castillo, y cada vez estaba más y más recluido inmerso de lleno en su obsesión. No se preocupaba de su reino, solo de gastar dinero.
Fue en ese momento cuando los familiares y políticos determinaron que esa actitud, además de ser intolerable,
resultaba totalmente desquiciante. No había otra solución, Luis II de Baviera estaba completamente loco. Así lo
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declararon los médicos que, casi sin examinarle, asignaron al monarca una enfermedad mental, la cual no le permitía gobernar. Fue trasladado a otro castillo donde recibiría un tratamiento digno de un monarca.
Su misteriosa muerte tendría lugar 3 días después de su llegada a su nuevo hogar. Luis pediría a su psiquiatra que lo acompañara a dar un paseo por las inmediaciones de palacio. Tanto tardaban que dos hombres salieron
en su búsqueda, finalmente encontraron los dos cuerpo sin vida sumergidos en un lago de las proximidades.
Ante este hecho caben varias hipótesis que todavía hoy no se han resuelto. Pudiera ser que, y esta es la que
más seguidores tenía en la época, Luis II atormentado por su enfermedad matara a su psiquiatra para posteriormente quitarse él la vida. No obstante, no hay que descartar la hipótesis que dice que fue un asesinato en toda regla, ya que Luis era muy molesto para la política del momento, y no podían permitirse una recuperación del monarca.
Fue un personaje melancólico que pasó la mayor parte de su vida en una lucha interna de la que sólo fueron
testigos su diario y contadas personas. Muchos pensarán que fue simplemente un loco, no obstante gracias a este
monarca podemos contar con construcciones increíbles que merecen sin duda alguna la admiración hacia su mente creadora.
Barbacana y castillo de Neuschwanstein
Terminada nuestra visita al castillo, en la que seguimos atentamente las explicaciones con las audioguías,
nos detuvimos para almorzar en el restaurante Müller, al pie de la loma del castillo en el pueblo de Hohenschwangau. Por la tarde regresamos a Munich, y ya por libre, se pudo visitar el casco antiguo con más detenimiento, sus
calles y plazas, los comercios, las iglesias, como la del Espíritu Santo, o la famosa cervecería HB.
Fue un día soleado que culminaría con la celebración de la Santa Misa en la Iglesia de Alter Peter, esta vez
en su Altar Mayor. Terminada la misa, nos dirigimos al hotel y tras la cena, tuvimos una tertulia con Bernard
Smith, que es uno de los primeros miembros del Opus Dei en Alemania.
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Los Alpes desde el Castillo
Neuschwanstein y árbol de mayo
Castillo de Hohenschwanstein
Alberto, Paquita, Pepi y D. Juan
Alicia, Blanca, Juliana y Ángela
Ángela, Mercedes, Doris, Chelo y Chon
Antonia, Consuelo, Cristina, Curro, Luis y Fernando
Mª Carmen, Blanca, Mª Rosa, Bárbara y Enrique
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Manuel, Mª Carmen, Aurora, Milagros y Mª Carmen
Julia, Sagrario y Victoria
Alberto, Tomás, Carmen, Esperanza, Mª Carmen y Antonio
Carlota, Mª Elena, Blanca, Lelo, Mª Paz y Margarita
Inmaculada, Fernando, Ernesto Rafael y Esperanza
Pepi, Paquita, Alberto, Luis y D. Juan
Conchita, Cristina, Margarita, Esther y María
Pilar, Julio, Benigno y Begoña
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En la cervecería HB de Múnich
Weißbier para tres...
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Animación en la cervecería HB
Margarita, Blanca, Esther, Luis y Conchita
Jaidivi, y Ernesto con un bábaro
Ángela y Alicia
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Misa en Alter Peter, día 29, miércoles. Santa Catalina de Siena.
Celebramos hoy la fiesta de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, y nombrada en 1999
Patrona de Europa por San Juan Pablo II, junto con Santa Brígida de Suecia y Santa Benedicta de la Cruz, más
conocida como Edit Stein.
Nacida en 1347, Catalina (nombre que significa "Pura") era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa, de la bella ciudad italiana de Siena. Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico, pero desde que tenía muy pocos años de edad sintió el deseo de dedicar toda su vida a Dios, cosa que hizo -venciendo la
resistencia paterna- pero no como religiosa, sino permaneciendo en el mundo, aunque sin casarse. Perteneció a
la orden tercera de Santo Domingo, que hoy podríamos equiparar a una simple asociación de fieles con la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán.
Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a
los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a
quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre
de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte
de la población de Siena.
A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su actividad pública, como conciliadora de la
paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes.
Por su influjo, el papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñon para retornar a Roma, terminándose así el cisma
que había durado 67 años. Este pontífice y Urbano VI
se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas relacionadas con el cisma; Catalina supo hacer
las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia. Es modelo de amor a la Iglesia y al Papa, al que llamaba "el
dulce Cristo en la tierra". El Señor le hizo ver la necesidad de que el Papa volviera a Roma, para gobernar bien
la Iglesia. Habló con claridad y valentía al Papa y a
otros miembros de la Jerarquía de la Iglesia.
Altar Mayor de Alter Peter
Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro
titulado Diálogo de la divina providencia, donde recoge
las experiencias místicas por ella vividas y donde se
enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra
clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la
considera una de las mujeres más ilustres de la edad
media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.
Decía San Juan Pablo II en la homilía de la Misa en que la nombró copatrona de Europa: "Catalina, humilde e intrépida terciaria dominica, llevó la paz a su Siena, a Italia y a la Europa del siglo XIV; se dedicó completamente a la Iglesia, logrando obtener el retorno del Papa desde Aviñón a Roma.
"Las tres expresan admirablemente la síntesis entre contemplación y acción. Su vida y sus obras testimonian con gran elocuencia la fuerza de Cristo resucitado, que vive en su Iglesia: fuerza de amor generoso a Dios y
al hombre, fuerza de auténtica renovación moral y civil. En estas nuevas patronas, tan ricas en dones tanto desde
el punto de vista sobrenatural como desde el humano, pueden hallar inspiración los cristianos y las comunidades
eclesiales de todas las confesiones, al igual que los ciudadanos y los Estados europeos, sinceramente comprometidos en la búsqueda de la verdad y del bien común".
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Santa Catalina de Siena murió a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de abril de 1380, fue la gran
mística del siglo XIV. El papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra
Minerva en Roma, donde se la venera como patrona de la ciudad; es además, patrona de Italia y protectora del
pontificado. El papa Pablo VI, en 1970, la proclamó doctora de la Iglesia. Ella, Santa Teresa de Avila y Santa
Teresita de Lisieux son las tres únicas mujeres que ostentan el de título de Doctoras de la Iglesia.
San Josemaría le encomendaba las tareas relacionadas con la opinión pública, por lo mucho que ella trabajó
por el buen nombre de la Iglesia, y conseguir que el Papa volviera a Roma, y se acabase el cisma de Aviñón.
En el evangelio hemos leído que el Señor ha venido al mundo "como luz". Santa Catalina, con su oración, y
su palabra valiente e incisiva, aconsejando incluso al Papa lo que debía hacer, puso luz abundante en medio de la
confusión y del temor. Y todo por su amor apasionado a la Iglesia. Esta es la enseñanza que podemos sacar nosotros de esta fiesta: amar a la Iglesia, conocer muy bien su doctrina recogida en el Catecismo y en tantos documentos magisteriales.
Es necesario, como dice la primera lectura, que "la palabra de Dios cunda y se propague". Para eso hay que
conocerla bien, y darla a conocer con oportunidad y don de lenguas a tantos que de hecho no la conocen, y que
sin darse cuenta la deforman: tienen una idea equivocada que dan por cierta y por eso no les resulta atractiva. Y
es igualmente necesario defender el derecho a la libertad religiosa, a manifestar públicamente nuestra fe, como
una exigencia indispensable de la libertad, propia de todo país que quiera ser verdaderamente democrático. No
se trata de una concesión, sino de un derecho fundamental de toda persona. A su vez, los regímenes democráticos deben reconocer la gran aportación cultural, ética y caritativa que la religión -y concretamente la católicasupone para la vida de los pueblos. No puede haber un verdadero progreso humano y moral en un país donde los
valores y virtudes que predica la religión no estén presentes. Encomendemos estas intenciones a Santa Catalina.
Celebración de la Santa Misa en el Altar Mayor de la Iglesia de Alter Peter
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Acabada la misa y el paseo por Munich, regresamos al hotel a cenar y a reponer fuerzas para el próximo
día, que nos llevaría entre otros sitios a Altötting, el Santuario Mariano más importante de Alemania. Antes de ir
a dormir, tuvimos una tertulia con Bernard Smith en el hotel. Bernard, economista, es uno de los primeros
miembros del Opus Dei en Alemania. Nos contó anécdotas y recuerdos de la labor apostólica de la Obra en Alemania y otros aspectos sobre la vida y costumbres del país. Nos sirvió para encomendar más toda la labor evangelizadora de la Iglesia en estos países de habla alemana.
En la tertulia con Bernard Smith
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