El Rey del Rock

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El Rey del Rock
El Rey del Rock
Por Roberto Medina
En el mundo de la música han existido miles de intérpretes, contados artistas, algunas leyendas y escasos iconos. Pero
hay un único Rey del Rock and Roll, y su nombre es Elvis Aaron Presley
Odiado y amado por las masas. Cuestionado desde su nacimiento musical hasta el día de su partida. Víctima y
victimario de la industria del entretenimiento. Controversial, polémico. Adjetivos faltan y sobran para describir al
hombre que reescribió la historia de la música y el escenario de la cultura pop.
A treinta años de su trágica muerte, El Rey sigue tan presente en la cultura popular y en el mundo de la música
como la primera vez que rasgó la guitarra, movió la cadera y alzó la voz, para conquistar al mundo.
Y es que la historia de Elvis es un patrón, un machote, sobre el que se han redibujado todas las historias de éxito y
tragedia en el mundo del Rock. Como sentenciaba el CD en una de sus más recientes recopilaciones de éxitos: El
primero en escandalizar, el primero en seducir, el primero en tener su mansión. El nombre del disco es Elvis,
second to none. (Elvis, segundo ante nadie)
Los primeros años
Fueron muchos los elementos que hicieron de Elvis un fenómeno desde sus primeras apariciones. La consabida
fusión entre “lo blanco y lo negro”, un chico que amaba el country y el blues en igual medida, con una voz
privilegiada que a muchos les parecía privativa de la raza afroamericana, pero con el aspecto jovial y all american
que era ideal para su explotación comercial.
Y no era difícil sacar provecho de la apariencia de Elvis, que muchos acusaban de ser un collage de la mirada
seductora y perdida de Marlon Brando y el peinado y actitud desenfadada de James Dean. Un paquete rematado
con una pelvis explosiva, que con cada movimiento escandalizaría a la conservadora sociedad estadounidense de
los 50.
Puede parecer difícil de creer hoy en día, pero en aquel entonces, la juventud carecía de una voz propia, esta era
una edad que la sociedad reconocía únicamente como una complicada transición entre la infancia y el prospecto
de una vida adulta. La música, las costumbres, la vestimenta, eran dictadas por los adultos. Pero esa generación
habría de reclamar sus propios gustos, su propia actitud y una nueva voz: El Rock and Roll.
Elvis no fue el único, y para muchos ni siquiera el más talentoso y propositivo, en esta tendencia, como sus
detractores han señalado en muchas ocasiones. Se le dio apoyo por ser un chico blanco. Pero ser blanco no era
culpa del Rey, y haber pasado sus noches en clubes underground de Jazz y las mañanas en iglesias negras
escuchando Gospel, lo ayudaron a absorber y apropiar la innegable aportación de la música afroamericana a lo
que habría de convertirse en el Rock and Roll.
Fueron estos, sus primeros años, los que se le reconocen como un intérprete energético e innovador, como un
auténtico rebelde que tenía que ser censurado, cuyas apariciones en TV tenían que limitarse a tomas de la cintura
para arriba para no promover una actitud obscena. Trataron de limitarlo, hubo personajes poderosos en la
televisión de aquella época quienes juraron nunca invitarlo a sus programas, aunque finalmente, bajo ciertas
condiciones, tuvieron que hacerlo. Elvis era, desde ese entonces, incontenible.
Cambiar la corona por un boina militar
Fue un día triste para la música cuando se anunció que Elvis partiría a Alemania para encuartelarse y cumplir con
su servicio militar. Pero sus manejadores, entre los que se encontraba el tristemente ilustre Coronel Parker,
estuvieron de acuerdo en que un icono para la juventud norteamericana no podía evadir su “deber con la patria”.
Elvis se fue, después de haber iniciado una revolución, que para cuando el regresara, ya contaría con todo un
ejercito de soldados del Rock y millones de seguidores alrededor del mundo.
Por supuesto, comercialmente, Elvis nunca dejó el candelero, los encargados de comercializar su imagen ya
habían armado paquetes de discos para asegurar que su imagen permaneciera vigente.
Su regreso era un escenario ideal para retomar el trono, ahora el ejercito de la juventud estaba nutrido, y lleno de
nuevas figuras, entre las que destacaban, por supuesto, The Beatles. Curiosamente, una de las primeras preguntas
que la prensa norteamericana hizo al grupo inglés a su arribo fue si se consideraban “los Elvis Británicos”. Los
jóvenes músicos se limitaron a sonreír e imitar los salvajes movimientos pélvicos del Rey.
Existe una leyenda que habla de una reunión secreta entre los Beatles y El Rey, en Graceland, la mansión de Elvis.
Se dice que hubo “palomazo”, que esas grabaciones sagradas están escondidas en algún lugar. Era una reunión de
mutuo reconocimiento y admiración, donde se supone Elvis invitó a los Beatles a convertirse en su banda, quizas
en un intento de recuperar su energía de antaño. El cuarteto de Liverpool, a cambio, le ofreció convertirse en el
quinto Beatle . Nada de esto fue posible
Porque el Elvis que volvió del servicio militar no era el mismo. Ya no era un joven rebelde e innovador, era una
marca. Un nombre comercial que había que explotar al tope. Con discos en diferentes ritmos, con un sinfín de
cintas mediocres que reflejaban la ilusión de Elvis de convertirse en un artista legitimo. Esto nunca fue del todo
posible, en opinión de muchos cercanos al Rey, debido a la descarada explotación que de su imagen hacía el
Coronel Parker.
Un momento épico lo marcó el concierto denominado Elvis, the Comeback Special, de 1968, cuando Elvis,
enfundado en cuero negro, hizo el primer unplugged televisado de la historia. Rodeado de una audiencia en vivo
y acompañado de sus músicos, un Elvis nervioso se enfrentaba de nuevo al público que nunca había dejado de
amarlo. Sus interpretaciones fueron tan espontáneas como prodigiosas, pero este fue apenas un atisbo de la
grandeza que pudo alcanzar El Rey. Una promesa incumplida.
Trajes blancos, negro destino
Elvis pronto se convirtió en una sombra pálida de lo que había sido. Claro que sus espectáculos en Las Vegas eran
siempre llenos completos, sus seguidoras de todas las edades no abandonarían al Rey. Pero no sabían el daño que
le hacían. Si alguien hubiera podido detenerlo a tiempo, si hubiera sentido el rechazo del público (uno de sus más
grandes temores, según allegados a Elvis), quizás hubiera considerado calmar su tren de vida.
Presionado por el éxito, enfermo de fama y riqueza, el Rey cayó en una vorágine de adicciones a drogas
medicadas. Pastillas para dormir, para despertar, para hacer la digestión. Eso y grandes toneladas de comida
fueron destrozando la antes helénica figura del Rey.
Una triste y célebre anécdota de esta época cuenta como uno de los miembros de la “Mafia de Memphis” (amigos
y guardia personal del Rey) despertó un día de madrugada por el sonido del piano tocando en Graceland. Se
levantó y encontró a Elvis sentado tocando en el instrumento la canción How Great art thou, una canción Gospel.
El compañero de Elvis le cuestionó:
“¿Cómo te sientes?”
“Muy solo”, - contestó El Rey.
Fragmento de la canción: “Y entonces canta mi alma, Mi Salvador, Dios… qué grande eres… qué grande eres”
El Rey del Rock. Elvis “La pelvis”. La máquina de seducción, uno de los hombres más ricos e influyentes en el mundo
del entretenimiento de todos los tiempos. Se sentía solo. Y lo estaba.
Y solo murió el renuente monarca, ya divorciado de Priscilla, la mujer que suponemos fue el amor de su vida. Lejos
de su otro gran amor, Lisa Marie, su hija. En el piso de su baño, en posición fetal. Solo. A un lado de un lavabo y un
excusado. Difícilmente un mausoleo digno de la primera estrella del Rock.
La herencia
Más allá de la iconografía y lo anecdótico, de los Cadillacs, los Jupmsuits blancos con lentejuela, los sándwiches de
crema de cacahuate y plátano, la herencia de Elvis será, por siempre, su música, nuestra música, el Rock.
Recuerdo un especial de televisión sobre la vida del Rey, en el que presentaban escenas de una de sus últimas
presentaciones en vivo, interpretando Unchained Melody. El Rey se veía gordo, sudoroso, abotagado, una
caricatura de sí mismo, y el locutor comentaba al respecto, pero sentenciaba: “Sin embargo, hubo algo que Elvis
nunca perdió… su voz”. En ese momento, el falsete final de la canción se extendía al infinito, al tiempo que El Rey
tecleaba con pasión el piano y en sus mejillas inflamadas se dibujaba un esbozo de la sonrisa que derritió el
corazón de millones.
Cierto, su voz, un reto eterno a todos los artistas de plástico y a los que despotrican contra Elvis. Una voz que
remataba My Way de una forma que ni el mismísimo Frank Sinatra, quien hizo famosa la canción, hubiera podido
soñar en igualar. Una voz que lo hizo acreedor a estar en el salón de la Fama tanto del Rock como de la música
Country. Una voz que no ha sido acallada por el tiempo, ni por la misma muerte.
Al final, hay algo que ni siquiera los detractores de El Rey del Rock podrán negar. Después de Elvis… vino todo lo
demás.
Elvis en la voz de sus contemporáneos y herederos
“Había dos personas que Jim (Morrison) admiraba en el mundo del entretenimiento: Frank Sinatra y Elvis Presley”
- Ray Manzarek, tecladista de The Doors
“Escuchar a Elvis por primera vez fue como salir de la carcel”
- Bob Dylan
“Antes de Elvis, no había nada”
- John Lennon
Elvis, dame serenidad (en un tatuaje en su hombro)
“Te envenenaron con compromiso, en qué momento te diste cuenta que todo mundo ama tu vida, excepto tú”
“He visto a tu hija, Hombre, es tan linda, quise intentarlo, pero me dio miedo. Caray, se parece tanto a ti”. (en
Advertising Space, canción dedicada a Elvis)
- Robbie Williams
“Elvis se comió America… antes de que América se lo comiera a él”
“Elvis, el genio, Elvis, generoso, Elvis, perdónanos, Elvis, ruega por nosotros, Elvis, Aaron, Presley… Elvis”. (en Elvis
Ate America, canción dedicada al Rey)
- Bono

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