TEMA 4 ARTE ISLÁMICO

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TEMA 4 ARTE ISLÁMICO
TEMA 4
ARTE ISLÁMICO
TEMAS
-La concepción religiosa y política en el mundo islámico: la mezquita y el palacio.
-El significado de la decoración en el arte islámico.
El arte musulmán no introduce en la historia del arte una
transformación radical y, sin embargo, tiene unos rasgos
perfectamente identificables como estilo. Habrá que averiguar
las claves de esta aparente contradicción.
Carece de tradición artística propia pero aporta programas
nuevos derivados de su carácter cortesano y ritual. Conquista con
rapidez zonas de cultura superior a la suya de origen y se coloca
como una malla sobre ellas copiando lo que se ajusta a sus
intereses. El eclecticismo resultante es evidente.
Como los principales estilos artísticos, es un ARTE DE SÍNTESIS
pero esa síntesis es siempre EN BENEFICIO DE LO ORIENTAL,
permaneciendo impermeable a Occidente. Si el arte europeo va a
tomar algunos rasgos del Islam, el camino inverso pocas veces
será andado sino todo lo contrario. Concentrará, para dar nueva
vida, toda la tradición de Oriente Medio, desde la antigua
Mesopotamia y, sobre todo, Persia de la que sacó la mejor savia:
de Bizancio heredará la exhuberancia de la decoración y la
suntuosidad de los materiales; de los persas el sentido de la
nobleza y de la proporción.
Un caso particular y privilegiado en todo Occidente lo constituye
la Península Ibérica. Aquí la formación que se denomina AlÁndalus supondrá el único enclave donde, por la fuerza de los
hechos, las tradiciones árabes se van a implantar con fuerza.
© Carlos Más Arrondo
INTRODUCCIÓN: EL ISLAM ARTE DE LA FE
El Islam como movimiento religioso surge gracias a la predicación de Mahoma en la
península arábiga en el siglo VII. Su expansión territorial es rápida y en menos de un siglo
forma una enorme unidad política que abarca desde el Indo hasta el Atlántico.
La expansión del Islam condicionó el arte en cuanto al lenguaje formal y a las soluciones
artísticas que se emplearon. Esta enorme dimensión territorial favoreció que surgieran
distintos focos locales a la vez que un mismo lenguaje se extiende a lo largo de un dilatado
espacio de tiempo. El Islam medieval abarca desde el siglo VII hasta el XV cuando los
turcos conquistan Constantinopla y el imperio bizantino cae bajo la órbita musulmana. Pero
no termina ahí: hoy podemos seguir hablando de arte islámico.
La palabra islam significa “someterse a Dios” de igual manera que su sinónimo, musulmán,
significa “creyente”. Ambas acepciones clarifican que el arte islámico es una expresión
íntimamente ligada al fenómeno religioso. No existe diferencia entre lo laico y lo sagrado y
en la expresión artística se observa que todo se configura a través de la fe, de su concepto
de divinidad y del influjo constante que sobre la vida y las acciones del musulmán ejerce el
Corán, libro sagrado del Islam que constituye su credo y su norma de comportamiento.
La concepción religiosa de la vida traerá, como veremos, múltiples consecuencias. ¿Habéis
visto alguna vez una imagen de Alá o de Mahoma? Difícil porque lo más significativo de este
estilo es su ICONOCLASTIA, prohibición de reproducir imágenes religiosas figurativas. Es el
polo opuesto a la tradición occidental que se forjó con fuerza en el arte clásico y que
eclosionará nuevamente en el Renacimiento hasta el siglo XIX. El Dios único en el que creen
los musulmanes sólo y exclusivamente puede ser conocido a través de la palabra revelada en
el Corán y, por tanto, no es posible su representación gráfica.
La invasión musulmana a comienzos del siglo VIII de la Península Ibérica va a cambiar su
trayectoria más o menos paralela hasta entonces a la de otras partes de Europa
Occidental. Durante ocho siglos dos culturas, la cristiana y la musulmana, van a coexistir en
el mismo suelo (tres, si incluimos la hebrea) lo que le dará una fisonomía única e
interesante.
© Carlos Más Arrondo
1. ARQUITECTURA MUSULMANA: EL PAPEL DE LA DECORACIÓN
El arte islámico se ha expresado, sobre todo, en la arquitectura y en las artes aplicadas. La
falta de un desarrollo notable de la pintura y la escultura se entiende teniendo en cuenta el
papel en que queda la imagen figurativa en el arte religioso y que antes comentábamos.
RASGOS GENERALES DE LA
ARQUITECTURA ISLÁMICA
•
•
•
Manifiesta poco interés por los problemas constructivos y dedica mayor atención a
la decoración entre otras variadas razones porque no se plantea construcciones
para la eternidad: ni la mezquita ni el palacio lo son.
La arquitectura islámica está ligada al suelo: no busca la elevación salvo en el
alminar que, como veremos, tiene la función de la llamada.
Es una arquitectura que evita la sensación de macizos por lo que los planos
arquitectónicos son movidos o calados o bien
embellecidos por decoraciones.
Los materiales empleados por los arquitectos árabes
eran muy variados pero generalmente pobres. La
piedra fue muy poco usada porque su trabajo y
extracción resultaban costosos y preferían construir
deprisa. Debe tenerse en cuenta que las
construcciones eran de poca elevación y peso por lo
que los elementos sustentantes no precisaban tener
una gran resistencia. Por todo ello los materiales
preferid
os eran
el
LADRILLO, la MAMPOSTERÍA, la MADERA
y el YESO.
• Como elementos sustentantes usaron
tanto los pilares como las columnas;
éstas suelen ser de fuste delgado
debido a la ligereza de las cubiertas.
Los capiteles son diversos y van
desde el corintio hasta el visigodo ya
que aprovechaban la arquitectura de
las culturas anteriores. Crearon
también capiteles propios como el
cúbico o el de MOCÁRABES (pequeños
prismas a modo de estalactitas) muy
bien representado en la Alhambra.
• De los elementos sustentados
destacan el arco, la cúpula y la
bóveda. En lo que se refiere al arco
ningún otro estilo dispone de una
variedad tan extensa. Usaron el de
herradura, el lobulado, apuntado, el
de
mocárabes,
el
de
arcos
entrecruzados y el mixtilíneo, entre
otros.
© Carlos Más Arrondo
ARCOS ENTRECRUZADOS
Y POLILOBULADOS
BÓVEDA DE ARCOS ENTRECRUZADOS Y
DE GALLONES
CÚPULA DE
MOCÁRABES
La cúpula fue muy empleada por su simbolismo relacionado con la divinidad. Se usa
tanto en palacios como en mezquitas. Suele ser de pequeñas dimensiones y tiene un
carácter decorativo más que constructivo. Se construían normalmente de
materiales ligeros.
Los tipos de bóvedas también son muy diversos: semiesférica o de cañón, gallonada,
de mocárabes, o de arcos cruzados con un hueco central cubierto con bóveda de
gallones.
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Queda claro que la arquitectura musulmana no se caracteriza por la estructura de sus
elementos constructivos sino por la decoración. Cúpulas -techumbres aparentemente
cupuladas-, bóvedas -techumbres aparentemente abovedadas-, arcos o falsas paredes que
al no sostener en realidad ningún techo pueden estar materialmente perforados. Son en sí
mismos decoración que ocultan materiales pobres y superficies cerradas exclusivamente
con ladrillo.
Nos referiremos ahora a la DECORACIÓN en sentido estricto sin ninguna función
constructiva. Los sistemas son diversos y variados:
YESERÍAS
Elementos decorativos realizados en yeso y por regla general
con motivos geométricos. En muchas ocasiones están adosadas al
muro y tienen aspecto de red de rombos producida al entrecruzarse
las líneas o bien arcos lobulados y entrecruzados que dan lugar a la
formación de un arco falso.
ALICATADO O
BARRO VIDRIADO
El material ya no es yeso sino barro vidriado. La técnica consiste en una
especie de mosaico o alicatado en el que cada elemento decorativo era una
pieza independiente de barro vidriado que se unía al muro. Se usa sobre
todo para cubrir las partes bajas de los muros, formando zócalos. Es una
combinación de línea y color en la que se observa la simetría y la
reiteración y, también, la abstracción.
© Carlos Más Arrondo
ATAURIQUE
Es una decoración de motivos vegetales, generalmente tallos con hojas
alargadas que se enroscan y cubren toda la superficie de manera muy fina.
Estos motivos vegetales (ataurique) pueden aparecer reflejados tanto en
yeso como en barro vidriado.
LACERÍA
La técnica decorativa de la lacería está plenamente
formada en el siglo XII y alcanza su plenitud en el XIV. Es
una decoración geométrica y policromada realizada en
madera. Nuevamente estamos ante líneas entrecruzadas
que dan lugar a polígonos o estrellas ordenadas con un
ritmo continuo y siguiendo ciertas leyes geométricas.
EPIGRÁFICA
En la parte superior de los muros, junto al techo, o bien
encima de los alicatados separando la parte inferior del
muro de la intermedia, nos encontramos en muchos
edificios árabes textos que, en múltiples ocasiones, son
versículos del Corán y, a veces, poesías. Es escritura
por lo que reciben el nombre de decoración epigráfica.
Son, pues, muchas las estrategias decorativas de este estilo. Su importancia deriva
tanto de la necesidad de cubrir y embellecer unos materiales pobres como de una
voluntad estética. El temor a la idolatría (adorar la imagen en sí misma y no lo que
representa) y el ambiente iconoclasta ayuda a que la escultura y la pintura no se
desarrollen.
Además debemos tener en cuenta que la doctrina de Mahoma es
sencilla y no requiere como el cristianismo de largos ciclos
narrativos. Ahora bien; si la doctrina facilita que no haya imágenes
figurativas en el arte religioso nada dice de la decoración
geométrica y éste es el sustrato de las principales técnicas que
hemos visto. Saquemos de ellas algunas características generales:
1) Disposición reiterativa y repetitiva de los motivos que se
multiplican hasta el infinito. La repetición tiene una base
religiosa: la constancia de un mismo elemento contribuye como estrategia de
oración a poner la mente en blanco; una vez “borrada” la vida cotidiana por la
reiteración es más posible el encuentro con la divinidad.
2) El realismo ha dado paso a la estilización tanto de los motivos florales como de
los geométricos o los epigráficos.
© Carlos Más Arrondo
3) La densidad ornamental es constante (horror vacui). Se
tiende a llenar todas las superficies no dejando nada
exento de decoración.
4) Búsqueda de supresión de la materia. La decoración
hace desaparecer el sentido y la pesantez del muro.
Esta desmaterialización se consigue en ocasiones
jugando con el factor inmaterial por excelencia: la luz.
Los brillos y sus juegos lo consiguen por ejemplo en los
alicatados; también se alcanza por el juego de entreluces por medio de las
celosías que tamizan la luz y recrean efectos destellantes en los interiores que
suscitan el movimiento del espacio y su apariencia mudable.
Todo nos remite aL INTELECTUALISMO DEL ISLAM. Nada es dejado al azar; las
decoraciones son complicadas. Para apreciarlas hay que analizar sus articulaciones
porque todas ellas van a responder a un plan director fruto de un cálculo
matemático. La repetición voluntaria de motivos simétricos atraerá y fijará
irresistiblemente la mirada en una sensación de infinito.
DECORACIÓN DE MOCÁRABES
© Carlos Más Arrondo
2. LA MEZQUITA
La arquitectura religiosa se expresó en el Islam a través de la MADRASA que es una escuela
coránica, los CONVENTOS FORTIFICADOS, el MAUSOLEO FUNERARIO y la MEZQUITA CON
ALMINAR, sin duda el edificio más característico.
Uno de los pocos preceptos que impone la religión islámica a sus conversos es la ORACIÓN.
Esta oración puede hacerse en cualquier lugar, en la casa que se habita o al aire libre,
siempre que se realice a las horas establecidas: amanecer, mediodía y anochecer. Pero el
Corán manda también que una vez por semana (mediodía del viernes) todos los miembros de
la comunidad religiosa se reúnan para rezar colectivamente después de una predicación.
De este precepto de orar en común surge la necesidad de un edificio lo suficientemente
amplio como para acoger a toda la comunidad. Este templo es la mezquita del viernes
(MEZQUITA ALJAMA) que también servirá para administrar justicia, como lugar de enseñanza
coránica y refugio de sabios y peregrinos.
No estamos ante un templo al uso como el de las demás religiones: ni se desarrollan
sacrificios, ni hay nada que ver, ni está presente la divinidad. Es únicamente un “lugar para
arrodillarse” (que ésta es la traducción de mezquita).
La planta responde a esta sencillez: un patio (SAHN) en el que uno de los lados se desarrolla
más; en él se establece la sala de oración (HARAM) con naves que miran hacia la Meca. El
muro final que señala esta dirección se llama muro de la Kibla y en él está el MIHRAB un
pequeño nicho vacío pero lleno para el musulmán de la presencia de Mahoma. Fuera del
mihrab, pero cerca de él, se sitúa el MIMBAR que es un púlpito elevado desde el que el imán
preside la oración y la MAQSURA, espacio acotado dentro del haram y enfrente del mihrab
reservado al califa o a las autoridades.
El único elemento verticalista es el ALMINAR o minarete desde el que el almuédano invita al
rezo a voz en grito.
Si el templo cristiano tiene un solo eje predominante en la mezquita observamos múltiples
ejes y cambios de dirección: frente al espacio unitario, un ESPACIO DIVIDIDO.
© Carlos Más Arrondo
La mezquita más importante de la formación musulmana en la Península Ibérica, Al-Ándalus,
es la Mezquita de Córdoba correspondiente al periodo califal. Como edificio se va
completando a lo largo de un amplio periodo que abarcaría desde el siglo VIII al X, a través
de una serie de reformas y ampliaciones que nos hacen contar hasta cuatro mezquitas.
Todas estas ampliaciones (en las que no vamos a entrar) tienen como objetivo incrementar
la capacidad del edificio: ampliar las naves (primera mitad del IX); hacer más grande el
patio y construir nuevo minarete (mediados del siglo X); prolongar las naves hacia el sur, en
tiempos del califa Al-Hakem II; ampliar el edificio hacia el Oeste en tiempos de Almanzor
a fines del siglo X.
Ya bajo dominio cristiano se inscribe en su sala de oración una catedral gótica con lo que el
edificio cobra su actual aspecto a la vez que el alminar se cubre con una torre más alta
convertida en campanario.
MEZQUITA DE CÓRDOBA
833
MEZQUITA DE CÓRDOBA DEFINITIVA
1492-1523
© Carlos Más Arrondo
MEZQUITA DE CÓRDOBA
945-961
Vamos a centrarnos en algunos puntos de interés. En primer
lugar el exterior. Está hecho de sillares de piedra y en él
destacan contrafuertes y el remate de almenas
escalonadas. Se sigue la tradición musulmana de que el
exterior no deje atisbar la riqueza del edificio en su
interior; los únicos elementos que merecen decoración son
las puertas de acceso.
Aquí nos encontramos con arcos de herradura de
proporciones califales enmarcados en alfiz profusamente
decorado. Arriba una galería de arcos ciegos de herradura
entrecruzados y a derecha e izquierda unas ventanas con
celosía calada rematadas con arcos trilobulados ciegos. Una
perfecta combinación, sometida a la simetría, de lo curvo y
lo rectilíneo.
Pasemos al interior, al haram o sala de oración constituida
definitivamente por un recinto cubierto de 19 naves separadas por columnas. Destaca un
sistema de arquería que parece inspirado en el acueducto de los Milagros de Mérida. Se
aprovecharon las columnas de
una basílica, la de san
Vicente,
que
eran
de
procedencia
romana
o
visigoda
y
tenían
generalmente
el
capitel
corintio. Sin embargo, sus
dimensiones no eran lo
suficientemente grandes para
permitir elevar mucho la
altura de las naves.
Para solucionarlo se inventó
un ingenioso sistema. Sobre
ellas se levanta una pilastra lo que permite superponer dos hileras de
arcos que están enjarjados, es decir, embutidos en los soportes. Abajo
los arcos de herradura y arriba de medio punto. Las dovelas de los arcos
alternan el blanco y el rojo debido al material utilizado para su
construcción: ladrillo y arenisca blanca. El resultado es un espacio
espectacular, lleno de ritmo y color, en el que los arcos y las columnas se
multiplican como si de un bosque se tratara.
En la maqsura los elementos arquitectónicos se usan como decoración y
la ornamentación señala la importancia litúrgica del
lugar.
Destaca el juego de arcos lobulados y
entrelazados, revestidos de relieves con ataurique.
El espacio lo cierran cúpulas de crucería califal con
nervios muy gruesos que no se cruzan en el centro.
Aquí vemos dentro de un gran arco polilobulado,
arcos polilobulados entrecruzados que dan una gran
vistosidad al conjunto y en donde se sigue con el
juego del dovelaje marcado en la arquería.
© Carlos Más Arrondo
Artesanos de Constantinopla vinieron a fijar los
mosaicos de tipo epigráfico y vegetal que decoran
la magnífica puerta del mihrab de la mezquita. Un
arco de herradura con dovelaje marcado dentro de
un alfiz y, sobre él, arcos lobulados ciegos.
Los recursos decorativos se combinan en esta
hermosa puerta que prefiere el mármol como
material. Los temas más utilizados son la epigrafía
y el ataurique.
Sobre dos columnas adosadas parece apearse un
arco de grandes proporciones con dovelas de
mármol de distintos colores. Las enjutas del arco
tienen decoración de ataurique en el fondo con
coloración distinta al alfiz muy marcado que en su
parte superior muestra la decoración epigráfica
con textos coránicos. Difícil encontrar una puerta
más hermosa y, a la vez, más abstracta. Todo es
color
y forma.
Si dejamos atrás la fachada del mihrab nos
encontramos en el interior del recinto cerrado
con cúpula de crucería –al igual que el área de
la maqsura-. Es un espacio vacío que aumenta
la voz del imán cuando lee el Corán.
La cúpula sobre el mihrab cierra un espacio
octogonal de singular riqueza también
decorado con mármol venido de Bizancio. Los
arcos de crucería parten de un tambor en el
que se abren ventanas alternadas con
arcuaciones ciegas. En el centro una hermosa
cúpula de gallones.
3. EL PALACIO
La organización social islámica dio lugar a una serie de edificios de carácter fijo. En cuanto
a la arquitectura civil los más importantes fueron los palacios de los soberanos, las
hospedarías situadas en lugares de etapa y, a menudo, fortificadas. Nos vamos a centrar en
el palacio como el edificio civil más característico.
Desde 1238 hasta 1492 la dinastía nazarí gobierna Granada, el último bastión musulmán de
la península. Su arte se va a caracterizar por el uso de materiales baratos y frágiles
(ladrillo, yeso o madera), ocultos por una recargada decoración que les proporciona una
apariencia suntuosa y combinados con una constante presencia del agua y los jardines. La
rica variedad de recursos constructivos y ornamentales se pone de manifiesto en la ciudad
palatina de la Alhambra, la última gran muestra hispanomusulmana.
© Carlos Más Arrondo
Las funciones de la Alhambra son múltiples: residencia palaciega, fortaleza, centro de
administración y representación y, a la vez, residencia privada. Construida en una de las
colinas que domina la ciudad de Granada constituye una auténtica ciudad-palacio formada
por una ciudadela o ALCAZABA, cuya función era la defensa militar y que hoy está
prácticamente destruida, y el PALACIO propiamente dicho. Todo este conjunto está
circunscrito por un vasto recinto amurallado que le da un aspecto externo de fortaleza y
que impide adivinar la estructura interna del edificio.
La planta es laberíntica por voluntad propia y por influencia y tradición de Oriente Medio.
La finalidad defensiva del laberinto es evidente: nunca, cuando estás en una estancia,
puedes imaginarte lo que te espera al llegar a la siguiente. Como se puede observar los
núcleos que articulan el espacio son los patios. En el PATIO DE LOS ARRAYANES O DE COMARES
(3) estamos en el área del diwan que es el sector verdaderamente palaciego porque estaba
reservado para las recepciones y da paso al Salón de Embajadores que está en la parte baja
de la torre de Comares (2) y es donde se producían las recepciones oficiales.
El harem está constituido por las habitaciones privadas del monarca; estancias, baños y
pequeños patios se ordenan alrededor de un gran patio, el de LOS LEONES, que constituye su
verdadero centro. Hasta hace poco se creía que servía sólo de residencia privada aunque
hoy se sabe que también era sede oficial, en este caso de Muhammad V que tenía su
despacho en la Sala de las dos Hermanas (6) y el salón del trono en el llamado MIRADOR DE
LINDAJARA o de Daraxa (5).
No hemos encontrado un centro arquitectónico delimitado y reconocible; el objetivo de
esta disposición es impedir la creación de una arquitectura monumental y grandiosa que
empequeñezca al hombre. Por ello también no nos hemos encontrado con verticalidad
manifiesta y sí con horizontalidad.
© Carlos Más Arrondo
Vamos a visitar en primer lugar el Patio de Comares (también llamado de Los Arrayanes por
los arbustos de esa especie que flanquean el estanque).
Tiene una característica forma rectangular y en sus
lados menores se abren pórticos cuyos soportes son muy
particulares. Los forman columnas sobre basas muy
estilizadas realizadas en mármol y que son muy finas. El
capitel del que arrancan los arcos presenta una forma
cúbica; los hay con hojas de acanto muy estilizadas o
con decoración de mocárabes. En ambos casos, más que
arcos con función constructiva se trata de auténticas
pantallas visuales con profusión de elementos
ornamentales, siendo por tanto la sucesión de pilares
superpuestos los que en realidad actúan como soporte
de la estructura arquitectónica.
Pero fijémonos en otros aspectos de interés. El agua a
la altura del pavimento se convierte en un espejo en el
queda reflejado el espacio. El olor de los arrayanes
invade el ambiente. Luz, reflejo y olor: ¿Cómo quedarían las delegaciones que iban a ser
recibidas por el califa que les esperaba en el Salón del Trono? Impactados por la luz pasan
a una habitación en semipenumbra y el que tiene adaptada la mirada al espacio es el nazarí.
Todo un juego sutil del poder.
El Patio de los Leones repite el mismo esquema. Presenta planta rectangular con una fuente
en el medio que es la que da nombre al palacio. Su
aspecto más peculiar es que dispone de una
estructura cruciforme con dos templetes en los
lados menores que avanzan hacia el patio. No se
distingue fácilmente cuándo empieza el jardín y
cuándo acaba la edificación.
En los cuatro lados del patio se abren pórticos o
galerías, a base de arquerías sobre columnas de
mármol particularmente frágiles.
Los capiteles responden al mismo esquema
ornamental ya visto en el Patio de Comares siendo
igualmente de dos tipos (o de hojas de acanto muy
estilizadas o de mocárabes). Los arcos forman verdaderas pantallas visuales que nos
remiten al bosque. La decoración es igualmente profusa con alicatados en los zócalos y
encima yeserías y lacerías que reproducen todo un repertorio infinito de temas epigráficos,
atauriques y lacerías.
Nos encontramos ante la verdadera imagen del paraiso. Se construye entorno a la fuente
primitiva con sus doce leones de piedra a la que van a parar cuatro
canales que fluyen en la dirección de los puntos cardinales. Los
doce leones son los doce soles del zodiaco, los doce meses que en la
eternidad existen todos simultáneamente.
Lo terrestre y lo celeste unidos. Decoración-Agua-Color-Luz-OlorJardín… un todo que nos permite hablar de una verdadera
“arquitectura ecológica” que incluye elementos que van más allá de
lo meramente constructivo y que nos pone delante de unos espacios
preparados con una sutileza que no habíamos visto hasta aquí.
Estamos en el oasis; vivimos en el paraiso.
© Carlos Más Arrondo
El Mirador de Lindajara sería el lugar
donde tendría su trono Muhammad V.
Un gran arco da paso a la estancia; en su
intradós decoración de mocárabes
estalactíticos. Luce en sus enjutas
adornos de estuco.
Entramos en un pequeño aposento
rectangular. En la parte baja un zócalo
de precioso alicatado compuesto por
diminutas
piececitas
de
azulejos
recortados. Una faja que lleva inscrita
en azulejos negros un poema laudatorio
para Muhammmad y debajo dibujos
geométricos de polígonos y estrellas.
En las tres paredes del mirador se abren
otras tantas ventanas. La del centro, que
es la más ancha, tiene arcos gemelos
adintelados que apoyan sobre columnitas
de mármol de capiteles cúbicos. Las tres
ventanas aparecen inscritas en arcadas
de medio punto con intradós de bello
mocárabe. Toda la estancia ostenta una
preciosa ornamentación de estuco con adorno de figuras geométricas y grandes
fajas con inscripciones. La techumbre es de madera labrada y el pavimento
conserva restos de la antigua cerámica que lo componía.
Los alféizares de las ventanas son bajos para que, sentados en cuclillas a la usanza
musulmana, los privilegiados moradores pudieran contemplar el delicioso paisaje
que ofrecía el jardín sobre el bosque, el valle del Darro y el arrabal del Albayzín.
© Carlos Más Arrondo
CONCLUSIÓN
*
Alfonso II de Aragón (1162-1196) y Enrique IV de Castilla (14541474) vestían a usanza musulmana. La reina Toda se curaba en
Córdoba donde se encontraba una de las mejores bibliotecas
del mundo. Abderrahman III era rubio y tenía los ojos azules…
parece que hay demasiado mito a la hora de analizar la
civilización árabe medieval. El error más extendido es juzgarla
desde hoy. Occidente mira hacia el mundo musulmán con la
industrialización consolidada y ojos de colonizador.
En la Edad Media la cultura más desarrollada era la
musulmana. ¿Acaso resiste la comparación un castillo
cristiano y el palacio que acabamos de comentar?
Posiblemente los españoles somos los que, en comparación
con el resto de Europa, estamos más obligados a una
modificación del enfoque. La mayor parte de la población
hispano-romana-visigoda que vivía en la Península se convirtió
al Islam. Lo islámico y lo cristiano no son dos mundos aislados
cuya única relación sería la bélica sino ámbitos relacionados a
todos los niveles.
**
El arte del Islam es un claro ejemplo de cómo la pobreza de
materiales puede suplirse con el talento en la decoración. La
muestra última la tenemos en un estilo tan propio como el
MUDÉJAR. Cuando llegamos al arte contemporáneo y decimos
no comprender la abstracción, negamos a la vez las muestras
de no figuración que ha venido dando el arte a lo largo de los
siglos y, en particular, la importancia del arte musulmán.
Sancho el Fuerte de Navarra (1194-1234) organizó una
expedición guerrera hasta Marruecos sólo porque una princesa
musulmana, que se había enamorado de él “de oídas, que non
de vistas”, le había pedido ayuda. Nosotros no hace falta que
viajemos hasta allí: sólo necesitamos apreciar con la justeza
apropiada el patrimonio del que disponemos.
© Carlos Más Arrondo