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40
Quincenal de cultura
segunda época
diciembre del 2012
segunda quincena
elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com
Víctor Botas
Una revisión plural
y actualizada de
su trayectoria literaria
Cinco bolas de Navidad
Hipólito G. Navarro
Xabiero Cayarga
José María Pérez Álvarez
Javier García Rodríguez
Xandru Fernández
2
elcuaderno
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
Víctor Botas
Pertinencia de una voz
• RAFAEL SUÁREZ PLÁCIDO
No lo conocí personalmente. Me lo imagino grandote,
sonriendo, no sé si abiertamente a la cámara, como en la
película Víctor Botas: con el lenguaje de la melancolía,
de José Havel, o si incluso burlándose de nosotros, como
el Abelardín de su relato «Harina de otro costal».
Escribía en cierta ocaA veces, en cambio, me
sión José Luis Piquero
imagino a un señor nerque su poema favorito era
vioso, tímido y algo pesa«Poema en línea recta», de
do, fumando puros Romeo
Álvaro de Campos, y especuando no directamente
cificaba «en la versión de
en pipa, preguntándose y
Víctor Botas». En ese poepreguntándonos por qué
ma el yo poético se aleja
sus libros, especialmente
de la imagen más convensus poemarios, no tienen
cional suya y se presenta
más éxito. ¿Cómo es posicomo un ser ridículo (orble que alguien se le resisdinario, inmundo, vil, pata? Quizá porque nunca
rásito, marranísimo, pereestuvimos con él en Roma.
zoso, grotesco, mezquino,
Es fácil encontrar las
sumiso y arrogante). Bofuentes de las que bebe
tas llega en su versión más
Víctor Botas. Él mismo
allá que en cualquier otra
las ha señalado en alguversión de este poema en
nas ocasiones, desde muy
nuestra lengua, pero ditemprano, incluso antes
ría, incluso, que llega más
de admitir haber enconallá que el propio Pessoa.
trado su voz más persoNo sé si Piquero pretennal. Ésta es la condición
dió sólo señalar su entonfundamental para entrar
ces poema favorito o si
a formar parte de la histotambién quiso señalar al
ria de la poesía: tener una
autor. Pienso que, hasta
voz propia y personal. Un
Historia antigua (Pamiepoeta que repite lo que
la, 1987), Botas es más él
lee con más o menos cacuando versiona poemas
pacidad mimética nunca
de otros que cuando escrillegará a formar parte de
Víctor Botas en Salinas
be los suyos.
ella. ¿Cómo es la voz poéCuando leo su primera novela, Mis turbatica de Víctor Botas? Desde casi su principio
tenemos una suerte de poética, que cambia ciones (1983, Laertes), reconozco a ese perpoco en los libros posteriores. En Las voces sonaje pessoano, especialmente en los lances
y los ecos (Júcar, 1980), la antología que pu- amorosos. Cuenta cuatro momentos de su viblica García Martín, escribe: «trato los temas da, que podrían ser cuatro relatos diferentes
eternos (amor, muerte, paso del tiempo), uti- y se corresponden con otros tantos episodios
lizando metros y composiciones ya clásicos amorosos francamente ridículos, zafios y con
en nuestra lengua, pero despojados —me- «algo de viles». El personaje es una especie de
diante pequeñas alteraciones del tradicio- Arturo Fernández resabiado y pagado de sí
nal acento del endecasílabo, la utilización mismo que cuenta sus memorias y cuando no
del lenguaje coloquial y otros trucos— de ese está alardeando de su erudición, francamente
sonsonete garcilasiano, de esa sensación de fuera de lugar, nos presenta a unas mujeres a
haberlos leído antes». Entonces sólo había cuál más triste, que lo que tendrían que hacer
publicado un libro, Las cosas que me ace- es salir corriendo de allí. Sin embargo, en uno
de sus mejores poemas, «Roma», del libro Rechan (1979, Jugar con Fuego).
Y sí, logra apartarse de ese sonsonete garci- tórica, utiliza la anécdota del tercero de los
lasiano, pero no de su gran influencia recono- episodios y lo hace de manera brillante. ¿Por
cida, Borges. En su segundo libro, Prosopon, sí qué esa dicotomía en Víctor Botas?
Su título más celebrado, Historia antigua,
lo consigue por medio de ese aún no demasiado
común lenguaje coloquial, pensemos que son hace referencia al periodo histórico, a que es
los años de los novísimos. Para llegar a su voz una historia que se repite, a que es lo mismo
más reconocible tienen que pasar dos cosas: la de siempre, a la mitología, a la tradición, a las
traducción o, mejor, «versión» de poemas de influencias, en definitiva, de la «nueva voz» del
otras lenguas, y el sentido de la literatura como autor. ¿Qué ingredientes la forman? Los temas y los metros son los mismos que ya [•]
juego, que se da en los Cuadernos Oliver.
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
Conatos de felicidad
Las páginas de un libro de Baroja
a la sombra de un árbol,
en verano.
Un poema de Octavio Paz, de Larkin, de Pessoa,
o de mi amigo D’Ors,
en la cama de un tren Madrid-París.
La joven que recorre
la mañana y las calles, con las olas
bramándole en los ojos.
Mis hijos en la playa de Salinas, tan contentos,
jugando con la arena.
La solitaria rosa que se enciende,
húmeda y temeraria,
en un jardín cualquiera de la tarde.
La curiosa mirada de los viejos.
El brillo de la luna.
Todas estas cosas pueden ser motivo de rara felicidad.
Todas estas cosas pueden ser tu cruz y tu calvario.
Todas estas cosas pueden ser la trampa en la que caes
de bruces.
Todas estas cosas pueden incluso no ser nada.
Nada de nada, hermano.
(Las rosas de Babilonia, 1994)
Verano
El instante es azul
El mar, aquella quieta
piedra verde que ocupa la mañana
Palpitante
abierta como un párpado
la tentación
me asalta
—Venus
emergente en la espuma—
muy joven
delgadita
y con bañador rojo.
(Las rosas de Babilonia,1994)
Ahora
Una mujer de ojos verdes irá en estos momentos
por Tottenham Court, hacia Oxford Street.
Otra, de negra cabellera, estará ahora mismo cruzando
la Vía dei Fori Imperiali, el Coliseo al fondo.
Una tercera, sale seguidamente de la boca
del metro de París, justo frente a l’Étoile.
En Madrid, habrá una jovencita que ligue emocionada
mientras toma una caña en algún bar de Rosales,
cerca del templo egipcio:
¿Y tú, my rose, my rose?:
a lo mejor
miras en este instante
el mar y no comprendes
que te lo llevas todo en las pupilas.
Mientras,
yo mato el tiempo tercamente
en este cuarto gris y ante esta hoja.
(Las rosas de Babilonia, 1994)
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
elcuaderno 3
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
Para perdurar veinticinco
[•] citó en 1980. Pero desde Su título más celebrado,
años, y más, después de haber
las versiones de Segunda mano,
Historia antigua, hace fallecido el autor, además de
la sátira toma más y más fuerza
referencia al periodo una voz poética personal que
en su obra. Un ejemplo podría
ser «Asturcón», el último poehistórico, a que es una añada algo a la historia de la
es necesario tener
ma del libro, que el poeta consihistoria que se repite, literatura,
algo de suerte en el mundo
dera el motivo por el que no se
a que es lo mismo de editorial. Víctor Botas fue un
le concedió el Premio Nacional
de la Crítica. El poeta ya no tiene siempre, a la mitología, ejemplo en vida de todo lo contrario. Aún no he podido leer
miedo de decir lo que desea: es
a la tradición, a las
Rosa, rosae, su novela más
vil cuando desea serlo y ridículo
cuando lo siente sin temor a ex- influencias, en definitiva, valorada. Se editó en su momento, pero la editorial quepresarlo. Usará el registro más
de la «nueva voz»
bró inmediatamente y es una
coloquial, aquí sí, siempre dendel autor
quimera encontrar un ejemtro de los límites de lo poético. Y
plar. No ha vuelto a editarse.
siempre estará el último ingreSe habla de un diario personal. Su poesía ha
diente de esta nueva voz: la ironía. No es cierto
sido bien editada, pero casi toda ella en sellos
que sea absolutamente nuevo: nada lo es. Pero
de poca distribución. Y una buena noticia: la
ahora hemos llegado a un punto en que ni los
Poesía completa, editada por José Luis García
que más lo conocieron en vida sabrían decir qué
Martín en La Isla de Siltolá. Sin duda, será la
hay de cierto en su obra y qué no. Estos poemas
edición definitiva. ¢
no dan la sensación de haber sido leídos antes.
Con el lenguaje de
la eternidad
• JOSÉ HAVEL
El pretexto para realizar el mediometraje
documental Víctor Botas: con el lenguaje de la
melancolía, luego convertido en película-libro con
material adicional que enriquecía el aportado
por el propio filme (su edición en dvd se produjo
dentro de un volumen rico en textos y fotografías
inéditos), fue dotar de una clausura cinematográfica
al congreso internacional que, organizado por la
Universidad de Oviedo, se celebró entre los días
10 y 12 de noviembre del 2004 en torno a la figura
del escritor asturiano con motivo del décimo
aniversario de su muerte.
Obviamente, un autor literario
era el protagonista y tema central. Pese a tan concretos asunto y objeto, quise huir en todo
momento de los documentales al uso (de filiación televisiva, por lo general aburridos,
asépticos, impersonales) con
la idea de hacer uno lo más entretenido y atractivo posible,
tanto a través del contenido
como de la forma. Deseaba yo
que esa forma no se redujese a
una mera ilustración, que no
fuera un simple contrapunto
gregario, sino que generase un
sentido expresando y comunicando cosas,
transmitiendo sensaciones: la melancolía
mencionada en el título; la impotencia de al-
guien que se sabe mortal, pero
a quien le aterra la sola idea de
morir y dejar irremisiblemente atrás todo aquello que amó;
el sabor elegiaco de esa pérdida
(la película la narra un muerto,
al modo de El crepúsculo de los
dioses, de Billy Wilder, o The
Million Dollar Hotel, de Wim
Wenders); la pasión sentida
hacia algunos lugares…
Quiero pensar que Víctor
Botas: con el lenguaje de la melancolía es algo más que una
obra acerca de un escritor y que,
por tanto, trasciende el ámbito literario para procurar despertar el interés
de cualquier potencial espectador, no sólo el
de los específicamente interesados en [•]
Lluvia
En tus ojos de lluvia
crecen pálidos árboles
de hielo
Entre sus ramas
tiembla
labrada en roca viva
la imagen de un ansioso
dios que sonríe
y mata.
(Las rosas de Babilonia, 1994)
Collige, virgo, rosas
No falta quien supone que en sesenta
mil millones de años, volveremos
a estar, igual que ahora (al parecer
el Espacio se estira para luego,
elástico, encogerse y nuevamente
otra vez dilatarse), repitiendo
tú, las profundidades de esos ojos,
yo, este esperar la muerte de tu mano
agónica en las mías, aquí mismo,
justo en este lugar. Pero, por si
es todo una patraña y nunca más
se repite la historia y, como yo
sospecho, el tiempo vuela —Eheu fugaces—
hacia una noche eterna, me parece
que lo mejor que haríamos sería
(hoy enseño el Horacio cosa mala)
agarrar este instante que se va
con uñas y dientes (haces bien,
haces bien en reírte: esto es muy serio),
sin meta —ni astro— físicas que valgan.
(Historia antigua, 1987)
Noche
(Variación sobre un tema de Wallace Stevens)
Igual que un brazalete
agitado en la danza
brilla un charco.
(Historia antigua, 1987)
La poesía, que es inmortal y
pobre, es además asunto de
neuróticos, escuela de parásitos, nido
de pedigüeños y fácil coartada para
lucimiento (siempre queda bien poner
un poeta en cualquier acto oficial)
de políticos abecedetos. En lo que a
mí atañe, sospecho que me alteró el
espíritu y poco a poco me fue llevando
a una casi perfecta inutilidad, con el
consiguiente coste económico que
semejante situación conlleva»
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elcuaderno
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
M. S. Lourenço
(1936)
(Ovidio: Amores, 1-5)
José Havel en el rodaje del documental Víctor Botas: con el lenguaje de la melancolía
el lenguaje de la melancolía, que
[•] la literatura. Junto con la
dan título a la película, y de las
factura y la consecución de los
que ésta ofrece distintos paritmos adecuados, lo que
sajes. A partir de esos mamás me preocupaba era
teriales secuenciamos
no aburrir y que el filme
el guión en una serie de
transpirase autentiunidades de sentido
cidad, verdad humasujetas a un principio
na. Entonces acordé
de alternancia entre el
con José Luis García
pasado y el presente.
Martín, guionista y
Esa especie de pentaproductor, encarar el
grama o de esquema
documental como una
de versificación visual
serie de apuntes para
viene determinado por
un retrato sentimental,
las imágenes de una sesión
emocional, de Víctor Bode la tertulia Oliver en la tartas. Así, nuestra película tamde del 14 de octubre de 1994, la
bién aspira a ser una obra en
última a la que asistió Víctor
torno a la infancia, la memoria,
la amistad, el amor, la pasión Como todos y cada uno Botas (ésas son las últimas inshacia la cultura, la muerte… de nosotros, Víctor Botas tantáneas de él con vida que se
conservan, pues ese mismo día
Asimismo, un viaje por determinados lugares históricos de era persona y personaje, sufrió el infarto que lo puso en
la vieja Europa: París, Roma,
un enigma en sí mismo jaque mate) y la filmación de esa
misma tertulia Oliver a fecha
Pompeya, Oviedo, Avilés… Esdel 17 de septiembre del 2004. Entre esas dos
tas dos ciudades asturianas que tanto amo
tertulias de 1994 y el 2004 se deslizan el resto
(vivo en la primera, nací en la segunda) quise
de las distintas secuencias que integran el memostrarlas mediante imágenes ajenas a los
traje. Unas alternancias espaciotemporales
lugares comunes. Como avilesino que soy,
que en cierta manera propician un relato de
a Avilés, especie de mágica segunda patria
fantasmas.
cargada de recuerdos para el ovetense Botas,
Como todos y cada uno de nosotros, Víctor
pretendí expresarla en toda su milenaria beBotas era persona y personaje, un enigma en
lleza, por encima del prejuicio industrial que
sí mismo. Las personas nos protegemos basobre ella pende desde mediados del siglo xx.
jo las máscaras del personaje, disimulando
De ahí que me satisficieran especialmente
nuestros miedos e inseguridades, escudando
las críticas que aludían a lo hermosa que luce
nuestros puntos más vulnerables y sensibles.
la Villa del Adelantado.
Por ejemplo, las humoradas irreverentes y
Aliciente añadido se me antoja que la maprocaces de Botas poco tenían que ver con el
teria prima del documental responda a elemisterio, ternura y sensibilidad extrema que
mentos bastante heterogéneos: fotografías,
irradian muchos de sus poemas. Siempre me
recortes de prensa, libros, manuscritos, imáimpacta comprobar cómo la muerte parece
genes en vhs y grabaciones en súper 8 y otros
proyectar luz sobre las zonas ocultas de quieformatos de cine doméstico que van del año
nes se nos fueron, cómo la muerte otorga cier1952 a 1986; estando diseñado el filme alreto grado de transparencia radiográfica y hace
dedor de una serie de textos del propio Víctor
aflorar cosas no percibidas en ellos antes: emBotas, extraídos de entrevistas, diarios, própezamos a conocer poliédricamente a las perlogos, ficciones más o menos autobiográficas
sonas cuando ya no están entre nosotros. ¢
y, sobre todo, de sus memorias, tituladas Con
Tu lengua tiene la consistencia de las rosas
y el sabor de la madrugada.
La levanto
con mi lengua hacia el cielo
y entonces vuelas dentro de mi boca.
Muerdes
mis labios,
y tu boca se queda entumecida y plena.
Si la abres,
mi lengua se te mete en la garganta
y soy la loba blanca que agoniza en la playa.
Igual que el mar
explora sus mil grutas,
yo recorro
tu olvido; allí busco las piedras, los corales,
las algas de tu historia.
Se deslizan
tus manos por mi pecho y solo encuentran
la oscura superficie
de un viejo espejo chino;
sin embargo
mis manos sí descubren en tus pechos
la escultura y la música:
hacen
nacer formas de la tierra,
los primeros
ensueños de la tarde.
Qué mansos son tus pechos en mi boca:
oigo en ellos el agua, los colores
del oro, los silencios.
Tu piel roza mi cara
y me dicta un mensaje.
Cuando siento
tus inquietas caderas en mis manos,
la gran bahía azul de tu vientre
descansa; si te echo en la almohada,
se te doblan las piernas en un ángulo recto.
Suben
mis manos lentas hasta tus rodillas
para luego bajar
y quedarse muy quietas en la gran rosa abierta de tu ser.
Ahora mi mano tiene
la forma de una ojiva:
va leyendo
en tus estalactitas aromáticas
inscripciones y símbolos.
Reposo
con la cabeza puesta entre tus pies
y aprieto bien los míos en tus sienes.
En tus manos yo soy
un unicornio libre: me cuentan muchas cosas
sobre el amor del mundo
con esos cinco signos habilísimos.
Y, cuando,
tus manos guíen el gran cuerno
por los vastos paisajes de tu ser,
se espantarán los cisnes por el lago
golpeando las aguas con la cola.
(Segunda mano, 1982)
La fidelidad, en ocasiones, lejos
de ser una virtud, no es más que
una impotencia»
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
elcuaderno 5
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
Víctor Botas, traducción y
poesía pisada
Segunda mano
• JORGE SÁENZ HERRERO
Segunda mano (1982) justifica un mundo y una manera
personal de proceder ante una tarea tan delicada como
la traducción, entendida como la transformación (no el
robo) de un texto ajeno en otro propio para conseguir
que resulte diferente siendo el mismo.
mentos que forman ese texto
En esta obra, Víctor Botas vierpara poner de nuevo en circulate al español lo que considera
ción las palabras y devolverlas
robos en el tiempo y en el espaal lenguaje.
cio realizados por sus verdadeEn realidad, el método de
ros autores: quiere hacer suyos
traducción de Botas no es más
ciertos poemas que, por las raque una excusa para reescrizones más diversas, considera
bir los textos que tendrían que
que realmente lo son.
haber sido suyos, y aunque sus
Uno de los motivos que
traducciones poseen un alto
conducen a Botas a traducir es
grado de fidelidad al texto orila necesidad de difusión de los
ginal (y, por lo tanto, consiguen
autores o la afinidad estética
obtener un poema análogo
que le une a ellos. Sin embargo,
a éste), sus versiones no son
con Segunda mano no quiecopias sino transmutaciones.
re ofrecer una compilación
Evidentemente, esta labor se
de poemas «venerables»,
complica si el traductor no
aunque sus traducciones
entiende correctamente
bien pueden concebirse
la lengua en la que están
como una antología
escritos los poemas
de autores y textos
que traduce («porclásicos, leídos por
que yo —que me perel autor con «predonen los muchos
vio fervor y lealtad»
sabios de mi gene—como diría Borración— no consigo
ges en su ensayo
entender nada de
titulado Sobre los
chino, descifro el grieclásicos—. Extraño
go peor que malamencírculo vicioso acabate y en el latín me muevo
mos de trazar al hacerse
con torpeza de pato entre
precisamente lo que no se
amapolas»). Lo único que
quiere hacer. A pesar de ello,
Botas hace en este libro es dar
el autor se justifica señalando
una «segunda mano» a poemas
que es un libro «vengativo» y
(«pisados») leídos en antoloque con él sólo pretende recuBorges y Safo
gías o traducidos previamente
perar ciertos poemas que, «por
Para escribir su poesía por algún otro autor. De esta
razones bastante misteriosas,
«pisada», Botas
forma, su actividad traductora
siempre me produjeron la sendebe entenderse en el sentido
sación de haberme sido “pisano duda en utilizar
creativo de imitación y emulados” por sus autores».
En cualquier caso, el siste- recursos variados y poco ción de los modelos clásicos.
Para escribir su poesía «picorrientes que otorgan
ma de traducción que aplica
Víctor Botas a sus textos se el peculiar estilo al libro sada», Botas no duda en utilizar
recursos variados y poco cofundamenta en la reinterpretación y no en la simple tras- —cualquier traductor se rrientes que otorgan el peculación de una lengua a otra lo pensaría mucho antes liar estilo al libro —cualquier
traductor se lo pensaría mucho
diferente sin modificar en aben emplearlos—
antes en emplearlos—. Así, por
soluto la esencia del original.
ejemplo, puesto que para el
Para ello, el asturiano toma los
asturiano son textos propios, no tiene ningún
modelos y, al traducirlos, los interpreta de tal
remordimiento en suplantar las lagunas que
modo que incluye en ellos algo de su esencia,
puedan existir en los originales para alcanzar
de su propio espíritu. Así, como traductor, no
el sentido deseado («Lo que quiero es morir»,
trata de construir con palabras móviles un
de Safo); ofrece «terceras manos» de [•]
texto inamovible, sino de desmontar los ele-
Tiberio
Me aburren los jardines y las noches
del golfo; las danzas (tan ardientes)
de la Bética; la música engolada
y servil de los rapsodas, esos jóvenes
cuerpos que se me ofrecen (qué curioso
es el amor inútil de los viejos,
y qué triste también) con sus caritas
asustadas o cínicas que tratan
de entretener mi ocio atormentado
por la traición, el miedo y la manida
soledad de los césares. Qué cosa
tan difícil vivir, quieta Vispania,
sin contemplar tus ojos como piedras
verdes, cada mañana. Roma lo sabe
todo; al fin y al cabo
no es más que mi reflejo, la ancha sombra
que va dejando el César. Y se ríe,
y comenta con boca innumerable
lo que acaso no sé. Mi pobre Roma;
ya haré que tanta risa se convierta
en llanto y temor. (Como su dueño).
(Historia antigua, 1987)
Moneda
La cabeza de Honorio
emerge entre mis manos
desde el secreto fondo
de los siglos. No sabe
que yo le estoy mirando.
¿Quién le iba
a decir al lejano
Augusto de Occidente que esta tarde
por la que tú paseas distraída,
llegaría a tener
algo en común contigo?
(Historia antigua, 1987)
6
elcuaderno
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
[•] poemas escritos en lenguas desconocidas («La mujer fiel», de Chang-Tsi); se inventa textos y autores («Erótica», de Umberto
Spadolini); o realiza traducciones al pie de la
letra que no forman parte de sus «recreaciones» literarias («Two English Poems», de J.
L. Borges —no resulta extraño que el único
autor que traduce literalmente sea Borges,
poeta que fue la puntilla para que abrazara
la poesía, pues, como el mismo Botas afirma,
«la fidelidad, en ocasiones, lejos de ser una
virtud, no es más que una impotencia»—).
A estos recursos debemos añadir la ironía, el
encabalgamiento, las digresiones, los paréntesis y los guiones, los finales anticlimáticos,
el léxico cotidiano o callejero, etcétera, rasgos
característicos tanto de Segunda mano como
del resto de su obra.
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
Segunda mano pretendía ser, en palabras de
su autor, «un libro vivo y, sobre todo, un libro
mío: sólo habla de mí». Resulta sorprendente
que un libro de traducciones aspire a esas
metas y nos hable más de la persona que hace la
«segunda mano» que de los autores originales.
Sin embargo, el poeta asturiano logra
presentarnos esta obra como «propia» gracias
a su peculiar «poética» para asumir y dar forma
a la tradición, prestando su voz a autores del
pasado para que estos acaben siendo Víctor
Botas. Y por este don creo que debemos dar
gracias al «divino laberinto de los efectos y de
las causas»: «Por el hecho de que el poema es
inagotable / y se confunde con la suma de las
criaturas / y no llegará jamás al último verso /
y varía según los hombres. / Por Víctor Botas y
por los íntimos dones que no enumero». ¢
La barrera
del sonido
Una intuición en torno
al poeta V. B.
• JUAN CARLOS SUÑÉN
Transcurridas casi dos décadas desde la muerte
de Víctor Botas, la lectura de su poesía completa (por
más que se trate de una relectura) deja un regusto
dramático, una sensación de mensaje que este crítico
no pudo, o no supo, percibir en su día y que hoy, lejos
de su contexto, se fija en una intuición que se le ha
ido imponiendo hasta obligarlo a recomenzar su
revisión desde ella.
Este artículo va a ser, por tanto, eso: la narración de un camino cuya claridad ensombrece,
si no imposibilita, su propia meta.
Meta que aparece desnuda en el poema
titulado «Yo», de Las cosas que me acechan
(1979), donde se define la sima y la cima de
una escritura sin cifra: «Esta insensata / costumbre de mirarte en la secreta / certeza de
saber que no hay respuesta». ¿Mirar a quién?
A la poesía que, muy suavemente aquí, tan
pronto como en el cuarto poema de su primer
libro, es señalada por Botas tras ese «tú» elusivo, tras esa nostalgia recurrente que marcará toda su obra. No, no se dirige esa mirada a
una segunda persona de carne y hueso, a una
amada ideal o carnal (aunque sí, aunque claro), sino a la poesía misma, de cuya ausencia
de respuesta sólo la forma (ya que no la perífrasis, siempre desatendida) puede dejar
constancia. Porque, en efecto, Botas es sumamente hábil manejando un látigo cuyo azote
no doma o seduce, no procura la obediencia
de alguna fiera a la que hacer confesar la pro-
fundidad del mundo o de las cosas, del sentimiento o del pensamiento, sino que restalla
nota a nota para atraer, para desesperadamente convocar una ruptura que lo contradiga,
que encuentre más allá de la barrera del sonido una iluminación capaz de mostrarle la cara
oculta de esas «cosas / que, misteriosamente,
son hermosas»
Hay algo en esta escritura (digna, suficiente) que, cuidoso, reclama eso y lo impide, quiérelo y no lo toma (¿pues «sólo quien no busca
permanece»?).
El poeta da pronto el siguiente paso y hace
acto de presencia en su época (entre voces ya
un tanto venecianas) con la publicación de
Prosopon (1980), un poemario muy à la page,
pero al que se le adivina de nuevo ese trasfondo
incómodo en un discurso que impone su
herencia clásica hasta disolver el mensaje. Un
discurso cuyas referencias llegan a chirriar ante
sus afirmaciones; como en el poema titulado
«Fin de año», donde la mención del temerario
Atila cruzando los Alpes sólo puede [•]
Fernando Pessoa
(1888-1935)
Epitafio
Pasamos y soñamos. La tierra sonríe. La virtud es rara.
Edad, dioses, deber, deciden nuestra suerte.
Espera lo mejor, pero estate preparado para lo peor.
Esta es la única sabiduría que nos cabe.
(Segunda mano, 1981)
Eugénio de Andrade
(1923)
Roma
Era verano y al caer la tarde
como Adriano o Virgilio o Marco Aurelio
entraba en Roma por la Vía Apia
y por Dafne y por todo el amor de la tierra
juro que vi la luz hacerse piedra.
(Segunda mano, 1981)
Nieve
Fue una mágica hazaña en los perdidos
campos de la niñez. Y una batalla
blanca en la adolescencia. Hoy es un poco
de frío en los zapatos y un engorro
y una ilusión en manos de mis hijas
y un ansia de calor. Mañana, nada
más que un peligro azul a cada paso
o el momentáneo adorno de mi tumba.
También es la sorpresa que me impone
pensar en estas cosas. Y en el tiempo,
que me tuerce y me gasta. (Como a ti).
(Las cosas que me acechan, 1979)
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
[•] leerse como impostura humorística,
como guiño o guirnalda que viene a desdecir
toda la pretendida «sinceridad» que lo precede.
Ése fue el texto que hizo a este crítico volver
atrás y empezar de nuevo su lectura buscando al
dionisiaco que quedó asfixiado por el apolíneo.
Porque es difícil creer que a Botas, dotado para
otras músicas, no se le quedase pequeña una
empresa cuya gracia (muy posmoderna) no
pasaba de tratar con cierto alejamiento, con
desdén erudito la realidad de su trascendencia.
Segunda mano (1982), una antología subjetiva de textos mayoritariamente clásicos
tan liberalmente traducidos como cuidadosamente rescritos, de apariencia obediente
y contenido osado, sabida en lo consultado
pero valiente y novedosa en lo tejido, sería
el aldabonazo con que Botas (en un esfuerzo
seguramente ímprobo y sin discusión loable)
se enfrentaría abiertamente a su ansiedad
creativa declarándose siervo, que no pupilo,
de unos maestros cuya influencia conseguirá finalmente conjurar en su siguiente libro,
Aguas mayores y menores (1985); aunque a un
alto precio: el del pastiche como mero residuo
entreguista.
No se le escapa a un servidor que afirmar
que Víctor Botas sabía que más allá de la barrera del sonido había una música que se le
negaba es, cuando menos, aventurarse en el
criptoanálisis; pero este diagnóstico colectivo
propuesto por El Cuaderno cuenta con meVíctor Botas, de niño, disfrazado
jores doctores y así, por una vez, ha querido,
de soldado romano
aprovechándose de ello, leer desde la intuiesa capitulación (por cierto tampoco exenta
ción de ese drama de quien persigue a la insdel obligado tributo: «Ponerte un nombre:
piración entre la forma como el cazador a la
Dafne, Isis, Diosa»); lo cual le dota, paradócorza que, tras una última mirada a su persejicamente, de una frescura mejor digerida:
guidor, se pierde para siempre (para no ser ya
es el que es, decepcionado y desilusionado,
más que niebla, malestar añadido) en la espepero considerar casi pura pasura del bosque.
No es extraño que Las labrería toda escritura poética
No es baladí esta mención
le permite abrirse a otras fora la corza, a la diosa cuya prerosas de Babilonia
mulaciones, picotear extrasencia es clara en Historia an(1994) nos muestre,
muros, sin comprometer su
tigua (1987) y a la que se saluda
tras su apariencia de
círculo defensivo. Si Segunda
(«Nadie sabe de ti /sino que
mano es el cuarto secreto, Reeres un símbolo») y despide
autoflagelación y de
tórica es, a pesar de lo público
(«mira tú que tratar / de cazarte, gacela») en el primero de los rechazo (que lo es ante la de su universo, la bisagra que
poemas, «De los nombres de falsificación de quienes va a hacer que, suerte echada,
Eurídice». Tras la exaltación
simplemente fingieron su puerta cierre ya siempre en
una sola dirección. No es extray el escarnio de sus maestros
haber encontrado
ño que Las rosas de Babilonia
grecolatinos (finalmente ven(1994) nos muestre, tras su
aquello que él buscó
cedores), este libro declara la
adscripción oficial de Botas a toda la vida) o lamento apariencia de autoflagelación
y de rechazo (que lo es ante la
la poesía de la experiencia, o
(mejor) al revés. Ha crecido y (por no poder ofrecer a falsificación de quienes simsu escritura roza la impecabili- esa búsqueda otro papel plemente fingieron haber encontrado aquello que él buscó
dad; aunque mantiene esa desque el de tema para
toda la vida) o lamento (por no
confianza hacia sí misma (que,
una batalla rehusada), poder ofrecer a esa búsqueda
disfrazada de extrañamiento,
otro papel que el de tema para
de humor, es en el fondo consu personalidad más
una batalla rehusada), su perdescendencia: «siempre la luverdadera
sonalidad más verdadera.
na fue un poquito mágica») y,
Es mucho arriesgar decirlo, pero, una vez
nuevamente, pasa como sobre ascuas a través
acabada la lectura del que fuera el último libro
de una presencia cuya necesidad conoce perde Víctor Botas, a uno le complacería que los
fectamente, pero que se limita a vigilar desde
siguientes versos del poema titulado «El salejos. Botas (clásico, descreído, posmoderno,
crilegio» contuvieran un merecido reproche
estudioso y sensible) manejó seguramente
a esos moldes que, quizá más ambientales que
los ingredientes correctos, y lo hizo desde
de época, se impusieron a un vuelo que bien
una calidad de escritura poco común con la
pudo (que al menos deseó sin duda alguna) suque, ¿por qué no decirlo?, es fácil comulgar, e
perar la barrera del sonido: «¿Quién podría ni
incluso disfrutar en ocasiones, pero (nos gusimaginar siquiera / que a ti. La Poesía / eterna
te o no) de cada uno de ellos tomó sólo lo más
y viva y pura y coleando, / te suspendieran en
ligero. Retórica (1992), su penúltimo libro, es
literatura?». ¢
la expresión, respetuosa hasta la ternura, de
elcuaderno 7
Siempre quise ser un romano en
la época de Tiberio»
Gato
Pavorosa inocencia la de este
que junto a mí dormita. Nada sabe
de su breve pasado y su futuro
incierto en todo, salvo en una cosa:
también él morirá. Saca las uñas,
se pasea por casa, sigue atento
a cuanto pueda moverse; y ahí termina
su actividad de augur. (Tiene la panza
repleta y no le pide correr riesgos
para poder vivir). De tarde en tarde,
cuando se pone algo melancólico,
traza curiosos signos que no siempre
consigue descifrar. Entonces, pobre,
para animarle un poco, ronroneo.
(Historia antigua, 1987)
Con indecisa pluma voy poniendo
indecisas palabras. (Quiero darte
un poco de mi espíritu). Es difícil
llenar tanto papel con unas líneas
capaces de emoción. A cada paso
se bifurca el camino y aparecen
otros nunca pensados; solo uno,
que no sabré encontrar, es el preciso.
Escribo, pues, errando las ideas
y sus vanas palabras. (Se parece
bastante este oficio a esa otra busca
más rica, que es la vida. La ventaja
de la ficción consiste en que, si quiero,
rompo la hoja. Puedo repetirme).
(Las cosas que me acechan, 1979)
8
elcuaderno
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
«Era un
hombre de
su tiempo
pero su poesía es de
cualquier tiempo»
Asuntos bizantinos
Que ellos sigan hablando
y discutiendo asuntos bizantinos. Yo no puedo
hacer más que mirarte.
Ahora mismo
acaban de ocurrírseme unas líneas
que te irían a ti
igual que anillo al dedo, si no fuera
que Safo (es una pena), hace algún tiempo
ya, se me adelantó:
Sobre unos ojos
negros
tarda en caer la noche.
(Ésta sería
la versión, más o menos).
No importa:
cometo un plagio más, y tan a gusto.
• JAIME PRIEDE / JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
Celaya. Pero en Andalucía
contó siempre con buenos
lectores y admiradores. A
uno de ellos, el poeta y editor Javier Sánchez Menéndez, se debe esta hermosa
edición, rara en los tiemJOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN.
pos que corren.
No hay muchos cambios
respecto a la edición de
J. P. En su opinión, ¿qué
1999. La antología Histolugar pueden ocupar los
rias con Historia, preparatemas recurrentes de la
da por Luis Bagué Quílez,
poesía de Víctor Botas en
incluye algunos poemas
el contexto de la poesía
póstumos que yo no me
española actual? ¿Qué
he decidido a incluir. El
aspectos pueden resultar
término poesía completa,
desfasados y cuáles vigencomo el de obra completa,
tes, tanto desde un punto
resulta ambiguo. Para unos
de vista temático como de
se refiere a «todo» lo que
estilo?
un autor escribió, borraJ. L. G. M. Yo creo que
dores y textos desechados
la ironía de la poesía de
incluidos; para mí, sólo a
Víctor Botas sigue plenalo que su autor dio por vámente vigente, también
lido. Víctor Botas, además
su recreación de los midel libro Las rosas de Batos clásicos. Víctor Botas
bilonia, dejó numerosos
era un hombre muy de su
poemas anteriores a su
tiempo, pero su poesía es
primer libro, y otros que
de cualquier tiempo.
no se decidió a incluir en
J. P. ¿De qué se ha alininguno de sus libros. Yo
mentado su propia lectucreo que su lugar no está en
ra de Historia antigua en
la «poesía completa», sino
estos veinticinco años?
en otro volumen comple¿Cómo se enfrenta ahora
José Luis García Martín
mentario. Aquí están sólo
a ese libro? Me gustaría sasus poemas canónicos.
ber cómo se ha mantenido
«La poesía de Víctor Botas
Incluso desaparecen tres
su relación con los libros
sigue siendo más joven
poemas de Segunda mano,
de Víctor Botas sin la ceratribuidos a Bernardo Del- que la mayor parte de la llamada canía de su presencia, sin
gado, que él deseaba dejar poesía joven. Estéticamente los la cotidianeidad del persofuera. Aquí está la poesía
naje, del amigo…
jóvenes suelen ser muy poco
canónica de Víctor Botas.
J. L. G. M. La relación con
En cuestiones de edición jóvenes. En poesía se nace viejo el autor no siempre favoliteraria, como en tantas
rece la lectura de su obra,
y se va uno haciendo joven
otras, menos es más.
y eso es especialmente
con los años. En los mejores
cierto en el caso de Víctor
J. P. Con matrícula de
casos, claro»
Botas. No iba de poeta por
Sevilla. Viene de lejos esa
la vida, todo lo contrario, y
relación de su poesía con
muchos de sus familiares y amigos se sorprenAndalucía…
dieron cuando publicó su primer libro: ni siJ. L. G. M. El poema «Asturcón», con el que se
quiera sabían que escribía versos. Los poemas
cierra Historia antigua, contiene una irónica
de Historia antigua yo los fui viendo nacer casi
alusión a la poesía andaluza, o a cierta tópiuno a uno. Siempre me parecieron un milagro
ca poesía andaluza, de la que siempre Víctor
cuando me los enseñaba por la tarde en la mesa
Botas se mostró muy distanciado, aunque sin
de la cafetería. Discutía yo por entonces [•]
llegar a los extremos sarcásticos de un Gabriel
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
(Historia antigua, 1987)
JAIME PRIEDE. ¿Qué planteamiento distingue a esta
nueva edición de la poesía
completa de Víctor Botas
de las que se realizaron
con anterioridad?
Li-Po
(701-762)
Solo bajo la luna
Una jarra de vino entra las flores.
Bebo solo, sin nadie. Pero invito,
levantando la copa, a la alta luna
que se enciende en la noche y, si contamos
mi sombra, somos tres. Apenas puede
la luna echar un trago, y a mi sombra
le basta con seguirme a todas partes.
A esa luna debo yo mi sombra.
Nuestra alegría es breve: se parece
mucho a la primavera. Si yo canto,
tiembla el astro allá arriba. Si yo bailo,
mi sombra gesticula. Hace bueno
el buen entendimiento al invitado;
si te vuelven la espalda, es que ya es hora
de marcharse: reunión que mucho dura
pierde todo atractivo; y empalaga.
(Segunda mano, 1981)
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
ción de su poesía? Un lector
[•] mucho con él de políresidente, a pesar del poco
tica y otras cosas (yo siempre
tiempo cronológico transcuhe discutido mucho de todo),
rrido desde su muerte, en un
y los poemas me parecían
mundo más acelerado y potener una sutileza distinta.
siblemente menos ingenuo
El poeta siempre es otro. Eso
que el de entonces…
resulta sobre todo cierto en
el caso de Víctor Botas. Pero
J. L. G. M. No veo yo tanta
según pasa el tiempo cada
diferencia entre el mundo
vez se le parecen más.
de entonces y el de ahora;
los cambios históricos y de
J. P. Usted ha sido un gran
mentalidad siguen un ritmo
amigo de Víctor Botas y, coque no es el de la actualidad
mo nos comentaba, ha seguiperiodística. Lo mismo pasa
do muy de cerca el desarrollo
con los cambios literarios.
de su poética. ¿Se atreve a
La poesía de Víctor Botas
aventurar una posible evolusigue siendo más joven que
ción de ésta si estuviera vivo
la mayor parte de la llamada
y se mantuviera en activo
poesía joven. Estéticamente
como poeta? ¿Qué aspectos
los jóvenes suelen ser muy
de nuestra situación actual
poco jóvenes. En poesía
cree que de un modo u otro
Poesía completa. Víctor Botas
se nace viejo y se va uno
impactarían en el universo
Edición y prólogo de José Luis
haciendo joven con los años.
de Víctor Botas? Me pregunGarcía Martín. La Isla de Siltolá,
En los mejores casos, claro.
to si se acentuaría el sesgo
2012, 444 pp., 30 ¤
sarcástico y burlón ante la
J. P. Mi libro preferido de
crítica situación que vivimos a nivel político y
Víctor Botas es Segunda mano. Me acompañó
financiero, equiparando la decadencia europea
durante todo un verano. ¿Cuál es el suyo y de
a la del viejo imperio de Roma, o tirarían más
qué forma le sigue acompañando?
fuerte de su imaginario las jovencitas…
J. L. G. M. A mí también me gusta mucho Segunda mano, un libro escrito en colaboración
J. L. G. M. No sé por dónde seguiría la poesía de
con los muchos de los mejores poetas de toVíctor Botas, pero sí su obra literaria. Creo que
dos los tiempos, y que sin embargo es una de
se habría dedicado más a la prosa, y que esa obra
sus obras más personales. Pero si tuviera que
maestra desconocida que es Rosa rosae habría
quedarme con sólo un libro de Víctor Botas,
tenido continuación. La temprana muerte, a
me quedaría con Historia antigua. Claro que
los cuarenta y nueve años (a esa edad murieron
entonces dejaría fuera a algunos de mis poesan Juan de la Cruz, Clarín, Rubén Darío), me
mas preferidos. Mejor entonces quedarme
parece que afectó menos al poeta que al prosiscon esta Poesía completa, cuya edición ha
ta. Como poeta, creo que dijo lo que tenia que
cuidado tan admirablemente Abel Feu para
decir; como prosista se quedó a medias.
las ediciones de La Isla de Siltolá. Un pequeJ. P. ¿Qué puede encontrar sorprendente el
ño volumen que no se agota nunca y que nos
joven lector de poesía que descubra por primeacompaña para siempre. ¢
ra vez a Víctor Botas de mano de esta nueva edi-
elcuaderno 9
Víctor Botas junto a su esposa, Paulina Cervero
[...]
—Hombre, estás aquí. Estoy jugando a las mamás; si
quieres, puedes ser el padre.
Yo contestaba que bueno, procurando ocultar, con
una mueca despectiva y un ptss que me salía bordado, la
ilusión que me hacía eso de que ella fuese la mamá y yo
el papá, y que, cuando volvía del trabajo, cansadísimo,
ella me pusiera la cena en unos cacharros diminutos,
antes de irnos a la cama —que eran los almohadones del
tresillo colocados en el suelo de terrazo— muy juntitos.
Tapados por la toalla, húmeda todavía del baño
reciente y llena de arena, nos apretábamos; nos
hacíamos caricias en la cara, en los brazos, en la espalda
desnuda; sentía yo su pecho contra el mío, su aliento en
mi garganta, sus manitas cogidas de las mías, sus pies
descalzos en mis piernas.
(Mis turbaciones, 1983)
Víctor Botas: poemas,
máquinas de
eternidad
• MARTÍN LÓPEZ-VEGA
En «Asturcón», el poema que cierra Historia
antigua, su libro de 1987, encontramos al menos
un par de las claves esenciales de la poesía
de Víctor Botas.
El gusto por la ambientación «romana», como
punto de partida; una ambientación que sin
duda delata la pasión de Botas por un momento histórico y una literatura, pero que, sobre
todo, le permite, mediante el truco de situar
acciones hodiernas narradas con lenguaje
contemporáneo en aquella época, subrayar la
ironía y el absurdo de ciertas situaciones sin
necesidad de más gesto que subrayar lo fugaz
de su importancia. Es la «sonriente coña beatífica» a la que se refiere en el último verso de
ese poema, que es marca de la casa y uno de los
dos ejes de su poesía.
Porque Víctor Botas, que en efecto tenía
mucho de la ironía de Marcial y la misma facilidad para hacer poesía con palabras [•]
Solo, aislado como estaba, sin
demasiada idea de quiénes
eran los nuevos autores que merecían
la pena ni de cómo o dónde publicar,
sufrí un largo purgatorio de despistes
y meteduras de pata, producto de la
empanada que arrastraba, hasta que
una mañana de Semana Santa de 1979
—y gracias a mi mujer— conocí a José
Luis García Martín, que por entonces
editaba su revista Jugar con Fuego.
Durante diez años, pero sobre todo hasta
el 86 o así, me fui enterrando más y más
en esto de la literatura de la mano de tan
sinuoso personaje que en adelante sería
un poco mi asesor, mi agente literario, mi
amigo de tantas tardes en las cafeterías
de Avilés, mi conciencia literaria y mi
enemigo político»
10
elcuaderno
VÍCTOR BOTAS: UN CUARTO DE SIGLO DE HISTORIA ANTIGUA
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
Víctor Botas delante del café
donde tenía lugar la tertulia
Oliver, en Oviedo
sello de la casa pero dejando claro que esos poemas
van a otro lugar, buscan
algo (mucho) más que un
anticlímax retórico.
Para mí, ésta es la gran
lección de la poesía de
Víctor Botas. Los tiempos han vuelto ridícula la
solemnidad, sí. No aceptamos ninguna verdad
si quien la enuncia no ha
sido antes de capaz de ponerse a prueba a sí mismo,
y tal parece que la única
manera de demostrar
haber dado ese paso sea
ser capaz de reírse de uno
mismo. Pero esa risa no es
más que un síntoma. La
poesía de Botas nos dice:
lo que importa, siempre,
es esa verdad que el poema
comunica. Que la fórmula
debe incluir esas gotas de
sonriente coña beatífica,
de acuerdo. Pero es sólo
eso: un ingrediente. Botas sabía muy bien que la
única forma de ser moderno es entender uno las
novedades verdaderas de
[•] procaces que demostrara Botas sabía muy bien su propio tiempo no para entrea ellas sin crítica, sino para
Catulo, era, sobre todo (incluso
que la única forma garse
incorporarlas al acervo.
en los momentos de más «coña
de ser moderno es
Fue en 1994 cuando empebeatífica»), un elegiaco hondo
cé a pasar por la tertulia Oliver,
y solemne. En sus libros, a meentender uno las
donde se hablaba de todo menudo los poemas coñones sirven
de contrapunto a sus poemas novedades verdaderas nos de poesía. La poesía la pode su propio tiempo nía la pila de libros que llevaba
más elegiacos, como si su autor
se diera cuenta de que se está no para entregarse a para repartir José Luis García
Martín, rector magnífico del ceponiendo demasiado solemne y
ellas sin crítica, sino náculo. Allí estaban Xuan Bello,
por modestia o vergüenza decipara incorporarlas Pelayo Fueyo, Marcos Tramón,
diera rebajar un poco el tono de
José Luis Piquero, Silvia Ugidos,
su elegía. En Retórica (2002),
al acervo
Javier Almuzara, Vicente Garel último libro que el autor vería
cía… Uno de los fijos era Botas,
publicado (Las rosas de Babisiempre con algún comentario
lonia se editó de forma póstusocarrón en la punta de la pipa. La
ma) los grandes poemas son
última vez que lo vi fue a la puerta
elegías: así, «Roma», a un amor
de una cafetería de la calle Uría:
no vivido; «Variación sobre un
se había enamorisqueado, como
tema de Tu Fu», que tiene algo
al parecer hacía frecuente e inode instrucciones para construir
centemente, de una muchacha, y
una elegía; o «Palabras para una
allí estaba a la espera de hacerse
despedida». Son los tres granel encontradizo (no entraba en la
des poemas del libro. Hay otras
cafetería para no gastar en balde
elegías menores, haikus, poeel dinero de una consumición)… A las musas,
mas más o menos paisajísticos, humorísticos
lo justo; encuentros casuales que llevar a los
poemas en los que llama Cástor y Pólux a sus
poemas como símbolo de la fugacidad de todo.
hijos. A menudo, Botas usa palabras o expreCuando me acuerdo de él, lo imagino aún a la
siones coloquiales («qué demonios», «hacer
puerta de aquella cafetería: esperando el fugaz
gárgaras») cuando nota que el poema se eleva
encuentro con la musa de turno para robarle
demasiado, cuando siente que bordea la curapenas una sonrisa y dejarla con ella en la boca
si. El recurso, probado ahí, funciona también
mientras él se va corriendo a dejarla en un poeen los poemas mayores, pero en ésos ya no se
ma, la forma de eternidad más perfecta (pocos
recurre a él en los finales de los poemas, sino
lo tuvieron tan claro como él) que existe. Otra
que Roma parece salida de un ataque epilépcosa será lo que la eternidad importe. A Botas
tico o hay que echarle el guante antes que na(a quien sin duda le importaba) un buen puñadie al jefe (parafraseo las escasas concesiones
do de poemas memorables se la garantizan. No
coloquiales de esos poemas), pero siempre en
creo que hubiera pedido más. ¢
lugares más escondidos del poema, dejando el
Solapa de Mis turbaciones, 1983
Víctor Botas —seudónimo de María Pía de la Roza—
nació en Oviedo el 24 de agosto de 1959. Licenciada en
Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca,
prepara en estos momentos la tesis doctoral Influencia
de san Isidoro de Sevilla y otros santos varones de
la transición al Medioevo en el actual pensamiento
del socialismo español. Líder activa de diversas
organizaciones feministas, ha publicado los libros de
poesía Las cosas que me acechan (1979), Homenaje
(1980), Prosopon (1980) y Segunda mano (1982) y varios
poemas y relatos dispersos en revistas literarias, siendo
ésta su primera incursión en el campo de la novela.
Traducida al italiano y al bable, su obra poética fue
antologada por José Luis García Martín en Las voces y
los ecos (Júcar, 1980).
(Solapa de Mis turbaciones, Laertes, 1983)
•••
[...]
Surgió del mar, cual Venus naciente de las aguas,
el negrísimo pelo chorreando, los párpados apenas
entreabiertos bajo el sol cegador de la mañana, con
un arpón de bronce en el que un pez como de oro
agoniza entre centelleantes coletazos. A sus espaldas,
Capri flotaba en la bruma, un par de barquichuelos
entregaban sus velas a los vientos y, más allá, camino de
Miseno, sobre la línea de espuma, brillaban las corazas
de una nave de guerra de puntiaguda proa y triple fila
de remos. Sexto interrumpió al instante su paseo y
se queda con los brazos en jarras y las mínimas olas
muriéndose a sus pies, petrificado, quieto, salvo los ojos
ávidos de contemplar el singular regalo que el mar
les ofrecía.
(El humo del Vesubio, 1996)
elcuaderno 11
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
CINCO BOLAS DE NAVIDAD
Gruyères nevados
• HIPÓLITO G. NAVARRO • Alfonsina los vio venir desde más lejos, pero no me dijo nada, y es que a
ella le gusta verme con ella entre las manos, eso tan caliente entre tanto frío como traía la tarde,
asomando entre los botones de la bragueta como un animalillo, mirando a la nieve blanquísima y
tentadora más abajo, echándole una ojeada a las formas de Alfonsina más adelante, casi oculta entre
los pinos nevados. ¡Qué delicia mear en la nieve! El
chorro amarillo intenso y humeante fue a estrellarse en la mismísima barriga de Pepote, desde donde
fue construyendo un camino dorado hasta el suelo,
socavando las formas del muñeco con una violencia
derretidora impresionante; cuando la envergadura
del chorro fue mayor orienté la manguera más arriba, empinando divertidos surtidores amarillos que
pusieron perdido a Pepote hasta cerca de la cabeza,
desde donde me miraba con sus ojos de palo incrustados en lo blanco con una sorpresa fría y silenciosa.
Así, cuando estaba yo más entusiasmado en el proceso de evacuación, suavizando con la lima del chorro las caderas llenas de bultos de Pepote, los sentí
venir por detrás, a la vez que una sonrisa maliciosa
de Alfonsina, que no había dejado de contemplar ni
un momento el pitorro de la fuente, me convenció
de que no había ya tiempo material para agotar las
reservas de la urea y mucho menos para esconder el
pájaro, así que ya me dio igual que me la vieran asomada a la temperatura criminal de la alta montaña
enredado su principio en la bufanda abrigadita y con
botones que para el asunto supone la bragueta.
Justo cuando los guardias empaquetados en sus
verdes uniformes se me plantaron delante con una
agresividad que iba a ser absolutamente innecesaria, el hilo amarillo último consumió su definición
de hilo para transformarse en una sencilla cadena
de gotas que rápidamente dejó de ser cadena y que
al final fue gota y gota y ya; una sacudida simpática
a la postre (que yo sé que a Alfonsina le fascina) y el
tiritón acostumbrado dieron paso a ese sabio ejercicio de sacar el trasero lo justo y suficiente como para
guardar sin más preámbulos la cosa hasta más ver.
—Buenas tardes —dijeron los guardias, una vez
que hube terminado la parafernalia de la orina.
—Buenas y frescas —les dije yo.
Alfonsina disparó entonces una foto, cuyo clac
detrás de la pareja puso en guardia a los guardias,
que se giraron bruscamente llevando sus manos
enguantadas de cuero a los fusiles creo que ametralladores, de esos con cañones agujereados como un
queso. Alfonsina terminó de salir de entre los pinos,
y guiñándoles el ojo que dejaban ver sus rizos morenos y revueltos les dijo también, divertida, «buenas
y muy frescas».
—Buenas —dijeron los guardias, saludando con
la mano que antes llevaron a las armas ahora en una
posición característica que apoya las yemas de los
dedos de los guantes sobre las sienes derechas de
ambos a dos y que inclina los dedos continuación
de las yemas cuarenta y cinco grados más o menos
con respecto a la horizontal del tramo de brazo comprendido entre los codos y los hombros de cada uno
de los guardias.
—¿Un cigarrillo? —les ofrecí yo, esperando la
acostumbrada negativa de estando de servicio ni
caramelos.
—No, muchas gracias —replicaron, como es de
suponer, al unísono.
Enseguida comenzaron a exponer el motivo
oficial de la visita —Alfonsina y yo nos mirábamos
y pensábamos en el cargamento clandestino que
habíamos dejado más arriba—, si bien antes estuvieron peripleando (el verbo se presta a una ocasión así) acerca de respetar la naturaleza, máxime
siendo el lugar parque natural mismamente, y no
hacer guarradas con la nieve, que ella no le hace daño a nadie (el argumento es muy bonito, más que
cualquier otra cosa el argumento es bonito, muy
bonito), y dejarse de pamplinas de fotografiar a la
autoridad cuando cumple con sus obligaciones de
supervisión y vigilancia, máxime (lo de máxime lo
trabajan mucho, eso sí) cuando esa fotografía es
colofón de una serie suponemos cuasi porno, que
eso de mear a un muñeco de nieve habría que estudiarlo en profundidad, máxime cuando la escena ha
sido contemplada por una ¿señora o señorita?, preguntan ambos; Alfonsina les comunica que ella es
toda una señora señorita, y que la edad es coto pri-
Hipólito G. Navarro
(Huelva, 1961) es autor
de una novela, Las medusas de Niza (Premios
Ciudad de Valladolid
2000 y Andalucía de
la Crítica 2001), y de
los libros de relatos El
cielo está López (1990),
Manías y melomanías
mismamente (1992), El
aburrimiento, Lester
(1996), Los tigres albinos
(2000) y Los últimos
percances (Seix Barral,
Premio Mario Vargas
Llosa NH al mejor libro
de cuentos publicado
en el 2005). Sus relatos,
traducidos a ocho idiomas, están recogidos en
numerosas antologías
del género en España
y Latinoamérica. La
antología El pez volador
(Páginas de Espuma,
2008, Premio El Público
de Narrativa), preparada por el escritor Javier
Sáez de Ibarra, ofrece
una cuidada selección
de sus cuentos.
vado y el estado civil inverosímil, o sea indiferente;
no empiecen ustedes con palabras sinagogas, y a lo
que veníamos, dicen los guardias, que los sinónimos les importan un comino al unísono; al grano:
—Pertenece a ustedes un Simca 1200 color supuestamente blanco parado a un lado de la carretera en un tramo no muy recto precisamente entre
dos curvas que ofrecen poca visibilidad un par de
kilómetros más arriba?
—Sí —respondemos Alfonsina y yo, pensando en
el cargamento escondido en el maletero.
Resumiendo: que tenemos que quitar el coche
de ahí porque es muy peligroso para otro vehículo
que pase (a estas horas a estas temperaturas a estas
montañas a estas pocas luces de atardecida a veinticinco de diciembre en plena Navidad) y que lo hagamos ahora mismo y ya porque si no nos veremos en
la obligación (las obligaciones de ellos) de ponerles
una multa, y bien gorda.
Ya nos vamos a ir cuando ellos ambos a dos nos
miran como a gente sucia (entre la nieve tan limpia
ya se sabe) y moderna (esto es muy importante).
Entonces yo, separándome de Alfonsina, me acerco a ellos guiñándoles y les explico en voz muy baja,
respetando la naturaleza del parque natural en el
aspecto contaminación por ruidos, que lo de mear
en la nieve no es ninguna aberración, es más, que
lo de mear en la nieve tiene mucho de positivo para
la calidad y la textura de la piel peneana (el adjetivo también se presta), para analizar el contraste de
temperaturas —como si de un termómetro se tratara— entre el aire helado de estas montañas y el
aroma cálido de otras, no voy a explicarles cuáles,
a buen entendedor, y que bueno, es tontería que yo
les comente, pero a ver dónde meará aquel conejo
que va por allí huyendo de sus fusiles ametralladores, y aquí tenemos entendido que hay hasta zorros
y liebres y qué sé yo qué otros bichos, que más arriba nos cruzamos con doscientas ovejas que a ver:
¿mean o no mean?
Después veníamos Alfonsina y yo bajando en el
coche con el cargamento de leña que cogimos en la
finca aquélla y tuvimos la suerte de contemplar la
estampa —qué humanidad más humana— de los
dos guardias con sus manos enguantadas formando
otros ángulos y sosteniendo no ya sus fusiles ametralladores de cañones agujereados como algunos
tipos de queso, como queda dicho, sino más bien
con los termómetros que yo les explicara, cambiándoles el agua a los canarios, terminando de regar y
derretir lo que había quedado de Pepote, aquel muñeco de nieve que Alfonsina y yo habíamos hecho
después de hacerlo entre los pinos, y que como inicio de estatua nevada y soporte de simpatía y naturaleza congelada incluía, para mayor sorpresa y deleite de los guardias, el preservativo usado e inflado
posteriormente entre risas buenas y frescas, sobre
todo buenas, pero más que nada frescas. ¢
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elcuaderno
CINCO BOLAS DE NAVIDAD
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
Nadal
• XABIERO CAYARGA • Solía dir a pescar tolos díes. Nun abondaben los pexes grandes pero prestaba
pola vida nos díes de veranu somorguiar la cabeza y ver el tamañu escomanáu de los pexes a traviés
del cristal d’aumentu de les gafes de buzu. Tenía una pistola con arpón que malapenes usaba.
Aprendiera a esperar l’aletéu cuasi cuasi estáticu de les truches coles manes inmóviles baxo l’agua
—Entiendo: daqué lúdico.
—Lúdico? Nun sé, yá ti dixi que’l mio inglés nun
yera mui bonu.
Esbozó una sonrisa que terminaba engurriando
los llabios, como cuando se preba daqué agrio. Asina qu’enfilemos pente les sebes. Equí y acullá, sobre
fríos mástiles, esventolaben banderes tricolores.
—Hai cientos de güertos con una caseta metanes
onde la xente s’axunta los fines de selmana de primavera y veranu pa facer una parrillada y beber cerveza.
—Ye un poco triste —dixo ella.
—¿Por qué?
—Ye como si cambiaren el salón de casa por un
cuartu al aire llibre pero d’igual tamañu.
—Visto asina… —dixi yo.
—¿Vamos per bon camín?
Tarrezo que me pregunten delles coses: y esa ye
una d’elles. Asina que paré ensembre, miré alredor
y decatéme de que non. De que díbemos dando
tumbos.
—Tengo la sensación de que damos siempre
vueltes en tornu al mesmu sitiu.
—Ye la fueya —díxi-y—. La fueya que toma los
caminos— y yera cierto. Unu triaba sobre la fueya
como sobre un colchón de llana estripáu.
Detrás d’unos matos columbré un banzáu.
—Nun ye un banzáu —dixo ella—, ye una piscina
pequeña.
Pero’l cementu de les parees garrara un color
escuru y resquebrara como un panteón a puntu
d’esmoroñar. Pensé nos mios pexes y na hestoria de
la ballena de Xonás, de la que tanto falaba mio padre, y que tamién nos llevaba dientro.
Aende dos homes apradiaben fueya.
—¿Vamos bien pa la pista d’esquí? —pregunté
apuntando pa la nave que reptaba sobre
la llomba.
—Enagora vos falta. Esto ye un camín
priváu. Tenéis que salír del recintu. Dobláis per detrás d’aquel viescu y seguís
siempre nesa dirección pela carretera.
Diéranos indicaciones precises,
pero’l tonu de la voz resultaba fadiosu y
hostil enforma.
[•]
calistrando’l temblor de la piel corrediza del llagu.
Aprendiera la técnica del mio hermanu Hugo. A elli
nun-y interesaba la pesca, interesába-y solo’l fechu
de demostrase que podía pescar coles manes y que
la so técnica se diba depurando col pasu del tiempu.
Buscaba la perfección, la maestría; y cuando escondía les manes nel agua, concentráu, inmóvil, calteniendo la respiración, unu podía imaxinase que, en
vez de pexes, buscaba oru peñerando quixarros nun
ríu de Montana. Yo, al contrario, yera la oveya negra
de la familia. Pero nun importaba: mio padre yera
pastor protestante y amaba’l so rebañu.
—Alice vien a pasar les fiestes con nós —
anunció’l mio hermanu. Yo, acobardáu, nun fuere
a dicir palabra.
—Ye inglesa —dixo. Amás, yera pequeña y d’un
roxu cobrizu natural que tendía al caoba y que de
ser teñío disgustárame.
—Quier esquiar —amestó deseándonos suerte.
Sentí que la rapaza me garraba pela mano. Asoré
nun sabiendo si yera un meru saludu o un tic infantil, de manera qu’entainé arrastrándola conmigo.
—¿Cómo te llames? —preguntó. Miré pa ella:
tenía peques na ñariz respingona, nos sos güeyos
facía bóveda l’azul de los díes d’avientu. Llevaba una
chaqueta d’entetiempu. Va xelase, pensé, pero nun
dixi nada pa non la ofender y sonrí.
Púnxose en guardia, ensin soltami la mano, y
dixo:
—Tengo un neñu de seis años.
—Faen muncha compañía —retruqué—. La mio
moza tien un gángster.
—¿El qué tien la to moza?
—Un ratón —espliqué-y—. Blancu.
Miróme con cara estrañada:
—Un hámster, querrás dicir.
—Eso dixi. El mio inglés nun ye mui bonu —y
odio que me corrixan, pensé ensin dicilo, pues la
tresparencia fría de la so mirada mancaba.
Conque cruzamos la carretera y anduvimos
calle abaxo.
—¿Sabes esquiar?
—¿Tu qué crees? —retrucó. Nun gorgutí. Yo nun
sabía esquiar. Pa min la ñeve yera daqué estúpido
que nun tenía fondu nin movimientu nin vida, como la cal y el yelsu. La ñeve yera l’antítesis del agua,
l’anversu del cielu y otres coses que se m’ocurríen y
darréu olvidaba.
—Ye ellí, pámique —dixi señalando pal hangar.
—Ye horrible —esclamó.
—Llámase Bottrop —dixi riendo, pues sabía
por esperiencia que lo qu’agora contemplaba yera
una especie d’isla paradisiaca en comparanza
col paisaxe qu’ofrecía’l fueu de los altos fornos
iluminando l’aire trupo y puerco de la nueche, y la
cadarma metálica de grúes, vagones y chimenees.
—Si vas a pie, tienes que cruzar los xardinos. Ye
como un llaberintu vexetal, un Irrgarten, ye dicir,
un xardín pa perdese.
Xabiero Cayarga (Cangues
d’Onís, 1967). Llicenciáu en filoloxía inglesa, vive dende hai años en
Dortmund, onde se dedica a la docencia del español. Publicó una docena d’obres de creación: los poemarios El deliriu d’esclavu (2000),
Pequeña Europa (2000) y Les
llingües de la Hidra (2005), toles
trés en Trabe; les noveles El boleru
de Xabel (A.Ll.A, 1994) y Trastes de
bufarda (Trabe, 2005), y los volúmenes de cuentos Les gatileres del
cielu (1994), Güelgues sobre’l llagu
(1997) y A flor de piel (2000), estos
trés últimos con Ediciones del Norte. Arriendes d’ello, recibió’l I Premiu de Textos Dramáticos en Asturiano Teatro Jovellanos pola pieza
Favila, el príncipe reina (Teatro
Jovellanos, 2004). Hai qu’añadir el
volume miscelaneu Obra en ruina
(Atenéu Obreru de Xixón, 2008),
que recueye una selección de la
obra publicada anteriormente, asina como material inédito hasta la
fecha. Publicó en 2011, otra vuelta
con Trabe, la novela El Sol Negru de
Wewelsburg y el poemariu La ñeve
del cuquiellu, obra galardonada col
Premiu Teodoro Cuesta na convocatoria de 2010. Entrambes les dos
obres recibíen los Premios Críticos
de les Lletres Asturianes anguañu.
Vien publicando tamién traducciones del inglés y del alemán. Ente
otres, selecciones de los poetes
austriacos Georg Trakl y Hugo von
Hofmannsthal.
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
[•] —Equivocámonos de camín —díxi-y a la rapaza.
—L’home ye repunate por demás —respondió
con voz neutra.
Encoyí los costinos y seguí’l camín de vuelta. Yá
nun la llevaba de la mano.
Había un coche coloráu aparcáu na cuneta,
sería de los paisanos. Yera de techu baxu, tenía una
capota de lona negra. Alice ficiera pantalla coles
manes y observaba l’interior.
Les moces güei, albidré, son igual que los mozos:
fútbol, coches y cerveza.
Nesto, sentí que’l cristal frañía.
Alice arrefundiera con inusitada fuerza un
morrillu contra la ventana.
Diomi la risa. Igual non, peor que los rapazos.
Entós metió la mano y pañó daqué.
—Bona idea —dixi, pensando que seríen les llaves —, asina podemos dir en coche a la pista d’esquí.
Pero Alice voltiara y empobinaba contra los
homes, qu’oyeran daqué, pues pararan d’atropar
fueya y permanecíen a la chisba.
Duldé si marchar: nun quería problemes, pero la
moza yera guapa, asina que salí detrás d’ella.
Los paisanos siguíen estáticos sofitaos como
grulles con zamarres d’iviernu. Miraben clisaos
pa la cara pecosa como pa un chimpancé de seis
pates.
—¡Alice…! —comenzaba a apellidar de la que sonaron dos españíos y los dos cayeron como frutos
elcuaderno 13
CINCO BOLAS DE NAVIDAD
maduros. Entós baxó adulces’l brazu. Acasu-y pesaba na mano’l revólver.
—¿Ú lu podemos esconder? —preguntó ensin
mirar l’arma. Yo conocía un llugar onde a veces
apaecíen pequeños tesoros, y onde se podíen esconder otros. Un sitiu onde naide miraba. Los únicos güeyos que pasaben callaben.
—¿Qué güeyos? —esberrelló engrifada como si
tratare con un llocu.
—Los de los pexes — dixi. Pero ella nun soltaba la
pistola y pensé qu’una moza que ye como un mozu y
que dispara tan certeramente nun pagaba la pena.
Eso fue yá va cosa d’unos díes. El barriu tovía taba tranquilu, non como agora que ta ñeváu y atacáu
de policíes y periodistes.
Pregúnto-y al mio hermanu por Alice.
—Nun sé. Creí que tu la vieras.
—Non, con tou esti baturizu nun sé ónde se
metería —dígo-y.
—Pues marcharía.
—¿A pasar la Navidá a Inglaterra?
El mio hermanu tasca los costinos y nun
contesta.
Pero yo sé que nun coló.
Vuelvo al llagu. Agora por encargu de la policía
federal. Tien fama de ser la más incompetente del
mundu xunto cola belga, pero paga bien y gústami
lo que faigo. Güei, día de Nadal, estreno un traxe
nuevu de neoprenu. Ye prietu y puedo estremar la
mio silueta negra cuando m’abango sobre’l llombu divisible del agua. Pongo la escafandra, flundo’l
focicu nel agua, reconozo les piedres y los güecos
escuros na roca de la oriella onde se guarden les
truches. De tresparente, l’agua frío parez azul. Les
últimes lluvies llimpiaren los regodones del fondu.
Too ye más nítido y puro, como nun anunciu de deterxente con un escenariu marín de coral bermeyu
y pexes multicolores. Namás la mio sombra, que
me persigue, escurez les coses. Contemplo cada
piedra, cada planta, los cangrexos, los báramos de
pexes que se mueven al unísono. A veces tópense
coses imprevistes que trexo d’un día a otru la corriente. Cristales que rellucen ente les piedres,
monedes resplandientes como estrelles. Güei debaxo de les piedres, como un alga, asomaba la so
mano blanquísima. Movíase indolente como quien
se despide. Los deos azules semeyaben anzuelos
blandos, los pescardos mordigañáben-y les uñes,
talmente tentaren de tirar y sacala d’aquel nichu
subacuáticu.
Tamién descubrí’l brillu mate del revólver y
púnxe-y enriba delles piedres. Cuando asomé’l
focicu del agua, el funcionariu qu’acompaña les
mios inmersiones dende la oriella interrogóme
cola mirada. Respondí-y colo de siempre:
—Nada. ¢
Ratatatata (acción)
• JOSÉ MARÍA PÉREZ ÁLVAREZ • Por eso él algunas noches fantaseaba, jugaba a destruir el belén, aquel
universo infantil. Cogía el avión de hojalata y sobrevolaba el nacimiento. Recuerda el avión de la
Luftwaffe: verde, ligero, con una esvástica en el ala y una cruz griega de color negro con los brazos
abiertos y bordes blancos en un lateral. Un modelo Arado AR 234 Blitz. El aparato atravesaba el
cielo de Belén y disparaba sus ametralladoras.
Ratatatata. Hacía un tirabuzón y soltaba el lastre
mortal de las bombas humeantes. Bum, bum, bum.
Nadie sobrevivía a aquella catástrofe. Con la mano
libre abatía a los personajes de la función. Protagonistas —María, Jesús, José— y secundarios —Herodes, soldados, ángeles, pescadores,
lavanderas, pastores, ganado—. Tenía la muerte en su mano derecha.
Ratata. Bum. Después el avión desplegaba un vuelo rasante para exterminar a los
supervivientes y a los heridos. Ratatata. El
niño variaba el curso de la humanidad. ¿Qué hubiera sido del mundo
si Jesús hubiese muerto en la cuna? Bum. (¡Cortamos!) Pero aquel
pasaje ya estaba escrito. Irrectificable. A la mañana siguiente, la mano
milagrosa de su hermana restablecía la
normalidad. Colocaba de nuevo las figuras abatidas. La historia empezaba otra vez. Lo de siempre.
El pueblo judío y todo eso. Ratatata. Bum. No hay
lugar para la sorpresa. Quizá no fuese tan fácil crear
el mundo como destruirlo. Es difícil matar a Dios.
Acaso imposible. Aunque lo bombardees desde
un avión de la Luftwaffe. Los humanos somos más
frágiles. Nuestro barro original se deteriora al menor contratiempo. Sudán. Japón. Rusia. Uganda.
Azerbaiyán. Irak. Chad. Argentina. Kirguistán. Sri
Lanka. Vietnam. Chile. Pakistán. Haití.
Camboya. Corea. Albania. México.
Irán. Colombia. España. China.
Etiopía. Cuba. Argelia. Congo.
Afganistán. Nigeria. Estados Unidos.
Brasil. Angola. Yemen. Una perra
geografía maltratada. Sin sociedad
protectora. (De animales, por supuesto.) Después, ese Dios inmortal,
recoge nuestros restos desperdigados, los encaja
artesanalmente y nos juzga. Cosas de la teología.
Credo. Ratatatata. Bum.
(¡Cortamos, coño! ¡Mierda de actores!)
Peor es el guión, cretino. Y de tu dirección, mejor ni hablar.
Clic. ¢
(Novela inédita: Proceso de demolición)
José María Pérez
Álvarez (O Barco de
Valdeorras [Orense],
1952) ha recibido los
premios Hucha de
Plata, Mor de Fuentes,
Gabriel Miró (cuentos), Felipe Trigo y
Ramón Sijé (novela
corta), Constitución y
Bruguera (novela). Ha
publicado las novelas
Las estaciones de la
muerte (1988), Nembrot (2002), Cabo de
Hornos (2005), La soledad de las vocales (2008)
y Tela de araña (2012).
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elcuaderno
CINCO BOLAS DE NAVIDAD
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
Verlaine, campanas de Ver
• JAVIER GARCÍA RODRÍGUEZ • El jaleo que viene de la planta superior se cuela por el hueco de la
escalera convirtiendo nuestra celebración navideña, comparada con la suya, en una misa de
difuntos. Delante de nosotros, las improvisadas mesas redondas que antes sostenían bandejas con
embutidos y fiambres de saldo (cosas que se llaman chóped, mortadela, pechuga de pavo o cabeza
de jabalí, y que contienen fécula, alginato, musgo
irlandés, goma arábiga y goma de tragacanto:
delicatesen de la chacina local), que antes acogían
grandes platos rectangulares con emparedados
grasientos, canapés pretenciosos, atigrados
langostinos baratos y vino de la tierra, aparecen
ahora vacías y llenas de sobras, con sus palillos
usados, sus huesos sin aceituna, sus manchas de
colores variados y sus papirofléxicas servilletas
arrugadas en forma de rosa marchita.
Llega entonces el momento fatídico (lo supo
Edipo, lo supo Macbeth, lo supo John Wayne en
La diligencia: «Hay cosas de las que un hombre no
puede huir») en el que las bedelas ponen firme a
un tímido becario o a una inexperta profesora ayudante, y, a voces, los obligan a buscar un radiocasete
para comenzar a bailar pasodobles, cumbias, guarachas, chachachás y otros bailes de salón que traen
grabados en cintas vetustas con las que recuerdan
las fiestas de su pueblo o que han comprado en un
bar de carretera para amenizar los viajes de sus familias camino de sucios campings con baños comunales y olor a fritanga y barbacoa («La barbacoa, la
barbacoa, cómo me gusta la barbiquiú»), esos campings donde lo primero que ves cuando amanece,
que no es poco, es al vecino de la tienda de campaña
de enfrente recién levantado rascarse los cojones
por encima de su chándal Niki delante de su falsa
puerta de cremallera.
Mientras, en la planta superior los estudiantes
de Clásicas, un grupito poco y mal nutrido pero
muy bullicioso que se hace llamar Latin Kings, le
pasan una botella de cava barato a una profesora
con moño rottennmeier, que la agarra por el cuello
y, gritona y envalentonada, se la lleva a la boca. Las
risas y las burbujas juegan una mala pasada a la especialista en palatalización consonántica, que termina por expeler el trago y por rociar la pared del
departamento y la nuca de un colega de Cultura Bizantina. Lo tuitea con parsimonia un estudiante de
melena lacia mientras sus compañeros se desgañitan cantando canciones de Nino Bravo, de Astrud,
del Sr. Chinarro y de La Quinta Estación. Los alumnos de la especialidad han aprendido con los años a
formar una piña en el fondo del proceloso mar de la
Academia, a sentirse parte de una estirpe de marginados plenamente conscientes de su superioridad,
a integrarse en un espacio seguro y protector donde
nadie se sorprenda de sus capacidades, donde nadie se burle de sus intereses intelectuales y donde
nadie pregunte constantemente aquello de estoque-estudias-para-qué-sirve. Sus maestros son,
claro, gentes de orden. Ellos, tristísimos, malencarados y aburridos profesores con previsible pinta
de profesor, con sus anticuados pantalones de
tergal y sus camisas rayadas que les han comprado
sus mujeres, con sus chalecos de punto y sus americanas pobres, con sus gafas de montura metálica y
sus ojillos diminutos, con sus inevitables estudios
en el seminario, con sus declinaciones a cuestas y
sus aoristos. O por el contrario, tipos modernos con
coleta y pendiente, transgresores empollones que
abandonaron el Derecho y la Economía, y se pasaron al lado oscuro de la fuerza, dejando a sus padres
compuestos y sin más solución que decir: «pero al
menos, hijo, a ver si llegas a catedrático». Ellas, con
sus trajes de chaqueta de corte clásico, con sus rímeles excesivos bajo sus gafas de diseño, con sus divorcios o sus solterías, con sus bolsas de la compra
JGR (1965) es autor de
los libros de poemas Los
mapas falsos, Estaciones
y Qué ves en la noche.
En prosa de ficción ha
publicado los libros Mutatis mutandis y Barra
americana. Con el título
de Líneas de alta tensión:
literatura crónica que
viene a cuento se recogió
una selección de sus
colaboraciones en prensa. Colabora en revistas y
suplementos de cultura
con artículos, reseñas y
traducciones. Es profesor
universitario desde 1989.
colmadas de verduras, de carpacho de ternera y de
queso en lonchas, con sus proyectos de investigación sobre poetisas arcaicas poco feministas o sobre
variaciones textuales en códices ilegibles. O hippies
coloristas con largas faldas étnicas de volantes, con
sandalias de cuero y colgantes exagerados, con el pelo recogido en coletas casual o suelto y rizado como
quien no quiere la cosa; niñas listas con altísimas notas en la prueba de selectividad que tienen vocación
de maestras y ganas de cambiar el mundo.
Los miembros del Departamento de Español
pegan el culo a la pared más cercana tratando de
evitar a la camarera camarera eres la camarera de
mi amor, al gato montés, a la cántara que está en el
suelo y que mamá no puedo con ella, al marinero
de luces y a Paquito el chocolatero, pero las indomables vigilantes de la garita, las insobornables
guardianas del laberinto, las tercas dominatrices
de la caseta, las atentas pretorianas de la cabina y
el decanato, están ya desbocadas y han dejado a la
puerta toda prudencia, y ellos, presos de patas en el
pegajoso suelo del pasillo departamental y con las
defensas bajas por el vino, en un barco de nombre
extranjero han abandonado toda esperanza de escapar indemnes de aquella emboscada. Plantean
algunos, los más osados, para huir del asedio y del
acoso, recuperar el espíritu del mítico Kale Barroco,
la lucha callejera inventada por el viejo catedrático
de Literaturas Románicas en aquella época en que
los interminables Consejos de Departamento eran
campo de batalla (campo de Bataille, decían los más
teóricos; campo de Bataillon, decían los más erasmistas), con sus dagas florentinas, sus imprecaciones en emiliano-romañol, sus insultos en occitano o
lengua de oc, sus odiosas comparaciones en catalán,
ese tipo de ultrajes tan barriobajeros nada sangrientos que sustituían, con más pena que gloria, con más
logos que pathos, a nunchakus de Okinawa, puños
americanos y cheiras de Albacete, aunque siguieran
siendo lances muy patéticos. La huida de los miembros del claustro tiene algo de desbandada general
al paso de las bailarinas y sus melodías encadenadas.
Alguno hay que requiebra a las bacantes y a las ménades con piropos subidos de tono puestos en boca del
sátiro danzante de Mazara del Vallo, con versos alusivos tomados de poetas ignotos que ellas escuchan
y desechan entre carcajadas tintas, con diálogos de
las comedias de Felipe Godínez o de otras glorias menores sacadas del temario de tercero de Hispánicas.
Mientras, por competir con su cabello, el barbilampiño catedrático recién llegado de la Penibética, con
su boca de guante, sale al corro dionisíaco y, en pleno
desboco, arremete contra el camarero que sirve el
simposio apretando cebolleta al desbocado grito de
«bebe vino, bebe vino, que cuando bebes se te arrebolan las mejillas». Se sonríen, envidiosos y por orden de jerarquía y antigüedad, dos de sus colegas del
gremio de la Lengua, a los que los alumnos, siempre
tan precisos en los motes, denominan cariñosamente el insignificante y el insignificado.
[•]
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elcuaderno 15
CINCO BOLAS DE NAVIDAD
erlaine (Christmas campus tale)
[•] La sección de Literatura Comparada y Estudios Culturales, tan raquítica con sus cuatro
elementos, pertenece hace años a ARGÉ, Asociación Restrictiva de Géneros Elusivos, y hace peña
colada en un rincón de la sala con pose de grupo
punk: Kafka de luxe, parecen decir. Aquí estamos.
El último proyecto de investigación en el que se
embarcaron cual Ulises, cual Ahab, y que tiene una
copiosa subvención del Ministerio, lleva por título
Naranjas de la Chinana Chinana, mutágenos comerciales y poesías mutantes: genes, genios, genus
y gónadas, y pretende analizar, desde una perspectiva comparatista y multidisciplinar (además
de ellos, forman parte del equipo un nutricionista
estadounidense, un genetista alemán, un sinólogo
taiwanés, un publicista argentino y un agricultor
valenciano), las posibles relaciones entre la Di-
nastía Tang, que sucedió a la dinastía Sui y precedió al periodo de las Cinco Dinastías y los Diez
Reinos entre los siglo siete y nueve, con las constatables taras físicas, psicológicas y sociales de la
Generación Tang, aquella que, en los años setenta,
comenzó a aficionarse a los refrescos familiares
fabricados con polvos de sabores —21 sabores actualmente—, así como el papel desarrollado por
el ciclamato de sodio en estas mutaciones. El proyecto se completa con el análisis de la poesía de Li
Po yTu Fu, figuras señeras, a partir de un experimento consistente en hacer la lectura de sus poemas alimentándose solo de soja. Hacen, mientras
tanto, bromas que creen muy agudas con las músicas que suenan en el cascado casete, mientras
cantan «Mi Carroll me lo robaron… Dónde estará
mi Carroll, dónde estará mi Carroll».
La tarde se va aturullando entre las lenguas que
pronuncian atropelladamente y el tráfico atascado
de tragos que tratan de terminar a tiempo su turno
en el trasiego. Pero eso ya solo es literatura aliterada y ficción vana. Después del último villancico, entonado con la tristeza de la infancia perdida y que
suena más marcial que el Tú nos dijiste que la muerte, cada cual vuelve a sus turrones por colocar, a su
champán de supermercado, a sus décimos de lotería no premiados, a sus cuñados insoportables, a sus
nieblas espesas. Cada cual vuelve a su Chencho, hijo
mío, dónde estás, a la voz lastimosa de Pepe Isbert, a
su padrino búfalo con los bigotes de José Luis López
Vázquez, a su qué bello es vivir, a su James Stewart en
las nieves de Bedford Falls, a sus ángeles custodios, a
sus campanillas que conceden alas, a sus princesas
prometidas, a sus antiguos héroes enmascarados. ¢
Antes del cuento
• XANDRU FERNÁNDEZ • Así, muy bien. Apretaos bien unos contra otros. Mireya, tú también. Ahora
las mantas. Que no se vaya el calor. ¿Veis qué bien? Así se reunían para cenar los hombres de
las cavernas. De las cavernas, Nazario, no de las tabernas. También encendían un fuego, pero
nosotros no vamos a hacer fuego. Porque no, Mireya. Porque se llenaría todo de humo. Ya calienta el
camping-gas, ¿no? Acercaos más. No tanto, Ezequiel, que vas a quemar la manta. No, no esperamos a
mamá. Mamá vendrá más tarde. Acercaos más. ¿Qué
cuento queréis que os cuente? ¿El de los tres fantasmas? ¿Todas las navidades el mismo? No, Ezequiel,
no podemos poner la tele, ya lo sabes. Si estuvierais
en casa de los abuelos, sí, veríais la tele, pero aquella
no es vuestra casa, ¿verdad? Aquella es la casa de los
abuelos. Esta es nuestra casa. Todavía es nuestra,
¿no? No, Mireya, no me enfado. No con vosotros.
Acercaos bien. Es un cuento de terror. De terror del
bueno. La caída de la casa Usher. ¿Os lo leo? ¿Sí? De
acuerdo, ahora os lo leo. Pero primero, el jarabe. Me
da igual que protestéis. Vuestra madre y yo creemos
que es lo mejor y punto. Venga, Mireya, la mayor dando ejemplo. ¿Ves? Si no sabe tan mal. Ahora tú, Nazario. Sin llorar. Tómatelo todo. Y esta para ti, Ezequiel.
¿Lo veis? Ezequiel no dice ni pío. Muy bien. No, yo
no lo tomo aún. Yo voy a leeros el cuento. Aquí lo tengo. La caída de la casa Usher. ¿Por qué no os tumbáis,
mejor? Estaréis más cómodos. Venga, ya os tapo yo.
Así, bien juntitos, ahora las mantas. ¿A que parece
que estamos de acampada? Pues ya veréis qué cena
de Nochebuena. Una cena de acampada para chuparse los dedos. No, Mireya, no he oído ningún ruido.
Serán los vecinos. Ya sabes que se juntan todos, son
quinientos y pico. Luego empezarán a cantar, como
en todas las nochebuenas. Nosotros también, claro,
pero aquí, en nuestra casa, no en casa de los abuelos.
Mamá llegará en seguida y entonces cenaremos.
Unos recados, sí. Al banco, sí. No, Mireya, ya te lo he
dicho, no era mamá la que iba en la ambulancia. Os
dejé con los abuelos porque tenía cosas que hacer, y
mamá también, aunque sea Nochebuena la vida si-
Xandru Fernández
(Turón, 1970), profesor
de filosofía y traductor,
es autor de más de
una docena de títulos
publicados en lengua
asturiana a lo largo de
veinte años, entre ellos
las novelas Los homes de
bronce (2001), Les ruines (Premio de la Crítica
de Asturias, 2004), La
banda sonora del paraísu (Premio Trabe, 2006)
y, la más reciente, El
príncipe derviche (Premio Xosefa Xovellanos,
2012).
gue, ¿verdad? ¿Tú crees que si mamá estuviese en el
hospital habría ido yo a buscaros tan pronto? Os habría dejado con los abuelos hasta que se pusiese bien,
¿no te parece? Pues eso. Y no levantes tanto la voz,
que te oigo perfectamente. ¿Será posible? No nos va
a dar tiempo a leer el cuento completo, ya lo veréis.
Después, os quejaréis. Pues no sé, Mireya, no sé por
qué le cogí la escopeta al abuelo. Se me ocurrió, así,
sin más. Hacía tiempo que tenía ganas de tener esa
escopeta. Vuestro abuelo ya no la usa. Antes sí, antes
salía de caza de vez en cuando. Pero eran otros tiempos. Se pasaba hambre, por eso cazaban. Como los
hombres de las cavernas, sí. Pero ahora es diferente. Y no, no voy a salir de caza. No, hija mía, claro que
no, si cargué la escopeta fue para ver si funcionaba
bien. Ahora en seguida la descargo. Antes de que llegue vuestra madre. No quiero ni pensar en cómo se
pondría si entra en casa y ve esa escopeta ahí apoyada
en la pared, junto a la puerta. Luego la descargo. Vosotros ahora prestad atención. No, Ezequiel, no oigo
esos golpes. No oigo nada. Solo os oigo a vosotros,
que no os calláis, así no habrá manera de que os lea el
cuento. Pues estarán arreglando la calefacción, que
ya son muchas semanas sin funcionar. A lo mejor
nos arreglan también la luz. Pero mirad, Nazario ya
se ha dormido. Voy a empezar a leer. No hagáis caso,
que llamen. Es una puerta blindada. No hay peligro,
Mireya. Mira, también Ezequiel se ha dormido. ¿No
tienes sueño? No, no te vayas a la cama. Si aún no he
empezado el cuento. Mira, ya viene mamá. Sí, será
mamá la que golpea la puerta. No, Mireya, no he oído nada. ¿Orden judicial? No me parece. Es mamá,
estoy seguro. Ahora voy a abrir. Duerme, tesoro. Así,
muy bien. No tengas miedo. ¢
16
elcuaderno
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
UN TERRITORIO POÉTICO
La aleación del silencio
En torno a Un rumor bajo la rama de Oswaldo Guerra Sánchez
FRANCISCO J. QUEVEDO
Una suave aliteración, con la levedad
que impregna todo el poemario, y un
mínimo juego de paronomasia, dan título a la nueva obra poética de Oswaldo
Guerra Sánchez (Islas Canarias, 1966):
Un rumor bajo la rama. Caminando
entre las sombras, sin estridencias, este autor lleva tras de sí un importantísimo aval en diferentes terrenos de la
literatura: como profesor universitario; como ensayista —Un modo de pertenecer al mundo (2002), Senderos de
lectura (2002), La expresión canaria
de Cairasco (2007) o Bartolomé Cairasco de Figueroa; contexto y sentido
(2007)—; como editor —por ejemplo,
de las magnificas ediciones de Las Rosas de Hércules, de Tomás Morales,
publicadas por el Cabildo de Gran Canaria (2006) y Cátedra (2011); y sobre/
bajo/ante todo como poeta— Teoría
del paisaje (1991), De una tierra extraña (1993), De camino a la casa (2000)
y Montaña de Tauro (2004). Además,
esta labor poética se ha extendido a diversas y relevantes antologías, revistas
y catálogos.
Si leemos con atención los rótulos de sus textos poéticos, más aún si
nos adentramos con delectación en
sus páginas, observamos que Oswaldo Guerra Sánchez es un autor que
pivota sobre el eje de lo telúrico. La
presencia de la tierra como un ser vital
que da la certeza de ser pertenecido
por alguien y de que una porción, aunque sea escasa, de un territorio forme
parte de tus pertenencias. Deben salir
aquí a la luz los versos de Walt Whitman: «Ocioso me tiendo a observar un
tallo de hierba de verano,/ mi lengua,
cada átomo de mi sangre, formado de
esta tierra, de este aire».
Es la tierra donde se hunde la raíz
de la poesía de Oswaldo Guerra; así, su
escritura forma ya un trazo bastante
Un rumor bajo la rama
Oswaldo Guerra Sánchez
Ediciones Trea, 2012 , 96 pp., 12 ¤
visible sobre el lienzo de la geografía insular canaria, africana, que nos circunda. En este sentido, quizás fuera mejor
hablar, en vez de un trazo lineal, de una
espiral que vuelve a enrollarse sobre
sí misma; o del ouroboros, círculo que
deviene una y otra vez hacia idénticas
constantes, hacia idénticos lugares.
Entremos ya en Un rumor bajo la
rama y veamos los siguientes versos
de «Aparente cubo de silencio, pirámide esta ciudad»: «Veo subirme niño
por Naciente, /serme poquito a poco,
y acallado/ por el rumor de las olas de
mi África,/ como si madurara para el
don/ en un lugar fallido. Entonces supe/ algo, tal vez lo soñé: el raro edifica/
silencio desde la primera casa,/ y la última ha de ser la primera,/ la siempre
bella, la nunca olvidada» (p. 38).
La dinámica de volver a empezar,
de recrearse de nuevo; de que lo último
no es más que el regreso a lo iniciático,
se perfila con claridad en estos versos,
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Historia. Narrativa. Poesía.
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conocimiento. Gestión cultural.
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y obra gráfica
como lo hace en todo el libro. También
se plasma la aleación que se produce en
torno al silencio, el ruido, el mar, la tierra —«mi África»— y la ciudad. A partir
de aquí se construye el ramaje que sustenta el entramado que busca presentar el poeta, entremezclándose todos
estos fundamentos como una unidad
indisoluble y bajo el prisma de la centralidad, del núcleo. En el centro anida
el equilibrio de lo que nos rodea, y en
ese equilibrio puede florecer la calma,
el sosiego, cesar la incertidumbre. Este
libro refuerza ese estandarte
del equilibrio que es caracterizador en la obra de su autor,
haciendo suyos aquellos versos de Jorge Guillén: «Hasta
el silencio impone su limpidez concreta. / Todo me obliga a ser centro del equilibrio».
No obstante, para Oswaldo Guerra el centro es más
que un punto de referencia,
es sinónimo de identidad
manifiesta, de reivindicación de que es un ente abstracto que se hace concreto
en cada ser y en cada lugar.
El centro de cada uno es
singular, y el de los pueblos que conformamos también; el de este poeta
reside en un archipiélago próximo al
continente africano, tanto que se alía
en conjunción. Remitámonos al poema «Lo que veo al oeste, desde este
centro, sobre el mar»: «Aún estoy en
el Centro. Si miro/ hacia el oeste, a ras
de aquellos tules/ de lino luz, allí (¿los
ves?) se elevan/ impasibles los picos
suspendidos/ del horizonte, y me
aguardan alzados/ volcanes, pirámides en el mar/ en medio, como si al fin
me llamaran…» (p. 65).
En relación al mar, que envuelve el
espacio de la isla, la ciudad, «escorada
a ese mar,/ sumergida (o eso parece)
en mar» (p. 34), no podemos evitar encontrarnos con efluvios de uno de los
mejores cantores del mar que ha dado
la poesía española: Tomás Morales, al
que Oswaldo Guerra conoce de primerísima mano. No son casuales las
reminiscencias que hallamos del gran
poeta del Modernismo en Un rumor
bajo la rama. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no brotan del
inconsciente sino de la admiración y
de un sutil homenaje al maestro: «[…]
y al otro lado buques de bandera/ peli-
gran junto a los árboles, plumas/ que
traen y llevan su fruto de día»; «El sabor graso del agua resulta/ familiar.
Respiré su olor de niño/ y hoy embadurna mi piel todavía» (p. 81).
Y, sobre todo, el silencio que planea como un ave sobre la realidad o las
realidades del poeta. La búsqueda del
silencio se entiende como una epopeya urbana, actual, terriblemente difícil
ante el incesante y ensordecedor ruido que nos taladra los oídos y, a través
de ellos, la mente, el pensamiento. La
alegoría del beatus ille impera como
un desiderátum. El armonioso poema
que cierra el libro, «Recuerdo del islote
de Lobos», da cuenta de ese evidente
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elcuaderno 17
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
UN TERRITORIO POÉTICO
deseo: «[…] Y discerní, separé/ la hebra
de cada son, una ola, un soplo/ de aire
sobre la arena, la protesta/ pequeñísima de las garzas, voces/ de un único,
irrepetible silencio…» (p. 89).
El silencio es lo absoluto, como lo
es la amada cuando se ama de forma
absoluta, calibrando en su amplia medida, extensa, sus complicidades. El
poeta es consciente de que esa batalla
por alcanzar el goce infinito del silencio está perdida de antemano; pero,
en cambio, sabe que tenemos la posibilidad de aproximarnos mucho, casi
rozarlo; y ese roce se percibe en situaciones delicadas, tiernas, remansos
pacíficos que alteran ligerísimamente
el silencio: apenas un rumor bajo la
rama; la música, los sones que se escuchan por doquier; el ruido del mar, que
es otro tipo de música; o el cuerpo del
En relación al mar, que envuelve
el espacio de la isla, la ciudad,
«escorada a ese mar,/ sumergida
(o eso parece) en mar» (p. 34),
no podemos evitar encontrarnos
con efluvios de uno de los mejores
cantores del mar que ha dado la
poesía española: Tomás Morales,
al que Oswaldo Guerra conoce de
primerísima mano
amor, al que el poeta le concede el don
de ser una sinfonía: «Ya la música es
alto son de carne,/ cálida carne amorosa que sube/ por el aire, que se figura
cuerpo/ grácil, movido en armonía altiva/ sobre sí […]» (p. 49).
Oswaldo Guerra ha levantado
en este nuevo poemario otra planta
más del edificio que desde hace años,
de manera casi silenciosa, sin hacer
ruido, sin alharacas ni alborotos, está
construyendo. Esta estructura está
cimentada firmemente, el autor goza de un rico caudal estilístico, en el
que abundan las imágenes descriptivas, y los recursos sintácticos, como
los significativos encabalgamientos
que lleva a cabo. Todo ello está encajado en una gran pieza volumétrica
cuyos soportales son irrompibles:
el tiempo y el silencio. Este poeta ha
sabido combinarlos hasta el punto
de compartir la misma masa. Decía el
admirado Emilio Lledó: «Recordar y
pensar requiere tiempo y silencio».
Se nos hace muy presente ahora esta
cita, porque Un rumor bajo la rama,
precisamente, se ha hecho de tiempo y de silencio —la música sabe muy
bien de la relevancia de estos elementos—, para rebuscar —o sea, recordar y
pensar— en los intersticios del yo del
poeta, que podrían ser los de cada uno
de sus lectores, pues todos estos, aun
sin saberlo, alientan el propósito de
conocerse en las espirales que dibujan
sus vidas. ¢
Azotea, anfiteatro
Buscador, a ver qué
Me salgo a la azotea por la puerta
de hierro, donde vive acorralada
la luz, donde se desparrama la voz
de las gentes que habitan más abajo,
amasijo de voces y de luces.
Las ropas muestran tendidas color
bravío, decorados que se suben
y bajan a merced de la ventisca,
y cómo se hablan, desde la distancia,
con aquéllas de vecino, ondeantes.
Esos tiestos decoran las esquinas,
plantíos de verdor, tomate, aloe:
bosque tras la celosía adiestrado,
aire puro desde el plomizo éter.
Bajo el ínfimo toldo, dormitado
sobre el terso terrazo caluroso,
observo al público de enfrente, aquellos
que nada saben (supieron) de mí.
Busco signos ocultos burdamente
tras casas y edificios, en los bordes
de las calles, detrás de cada árbol
de jardín. Emboscados sin remedio
en guaridas de mudos, solapones
dispuestos a lo largo de la urbe.
No son olor. Ni tan siquiera luz
agarrada a los muros, ni su sombra.
Quizás son voz, entre tanto murmullo,
voz atrapada en voluptuosa curva,
entrada en hendiduras de los bloques,
puesta en el canto a la espera de amor,
entre dos bocacalles. O el aliento.
Sí, son voz, lo vislumbro ahora claro:
rostro dulce suspendido en el aire.
Llamo a su timbre. Nada se oye. Insisto.
Si allí hubo voz, habrá también escucha.
Llamo para componer los sonidos
que dan forma a su nombre silencioso.
Por fin llamo, por fin, a ver qué escucho.
Cabras por la acera y la calzada
Me topé con animales enfrente,
cabras al gris en ínfimo rebaño
por la vereda callejera, esquivas,
al son de quien les habla, su cabrero.
Son hoy cabras de luz, líquido blanco
en cuencos derramados, abundancia
en la pobreza de mis arrabales.
Balan, balan en mi silencio paso
por la barriada estéril, cerca el cielo,
última especie de oro para el arca.
El otro lado
Es otro día. Salí de mi casa
con las manos vacías, al bolsillo,
sin nada que regalar a mis otros,
a los de cada mañana. Viré
en esa vuelta, aceleré mi paso
tras un olor, intenté buscar luz
en la avenida: tamaña intentona
me costaría cara. El inviernillo
se empeña en darme gotas, en mover
viento encima de mí, detras de mí,
y empujarme a un desconocido barrio,
aquel que bordeé por tantas veces
años atrás. Entre sus puertas vi
lo de los otros, los otros de ellos,
sí, agarrados a su labor diaria,
mirando por el rabillo del ojo
como si yo no existiera existiendo.
Pagaron diezmo, cumplieron por fin
su pena atroz, y ahora se revelan
entre los setos para recordarme
mi final de trayecto.
Nombre: inspiración
Quiero escribir su nombre en el papel,
pero una infame ventisca en la noche
robaría los dones de su son.
Imi n’tanut
En la Boca del Pozo derramé
un puñado de semillas antiguas
a ver qué árbol nacía.
Pasado el tiempo, reventó un argán
con fauces de dragón:
sus ramajes se hincaron en el Cielo,
sostuvieron la cúpula, fecundaron
el puñado de estrellas frente al mar.
Palimpsesto
No queda ya ninguna huella mía
en estas calles, ni miga que marque
mis pasos de antes. Levanté mi casa,
tracé mi ruta, imaginé a mis seres
queridos. Pero ya nada me dice
que fui de aquí, que desgasté al pasar
los adoquines, que aquellas figuras
poblaron mi camino. Todo ahora
vive oculto tras muros desconchados,
amasijo de brillo, alta belleza
en bruto que se va desdibujando
a medida que anoto mi presente.
Última consulta al oráculo
Los espejos de noche restregaron
con insolencia mi rostro en mi ser,
me obligaron a mirarme, a rastrear
cada zanja, cada mojón no advertido
ayer. Y se rompió el hechizo todo,
toda mi palabrería: la charla
amena, la sonrisa luminosa
eran del Otro, de aquel (pese a todo)
hacedor inocente de silencio
en la ciudad juvenil que le grita.
Lo bello ahora haría más dolor.
18
elcuaderno
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
RUSHDIE BIOGRAFÍA A ANTON
Yo es otro
Las memorias de Salman Rushdie
Salman Rushdie
Joseph Anton
Traducción de Carlos Milla Soler
Mondadori, 2012, 688 pp., 24,90 ¤
JOSÉ ÁNGEL BARRUECO
Cuando adoptamos otro nombre,
¿nos convertimos en otra persona?
¿Ese nuevo nombre y ese nuevo
apellido definen nuestra identidad?
Probablemente sí.
Ésta es una de las cuestiones que
plantea el escritor Salman Rushdie en
su nuevo libro, las memorias tituladas
Joseph Anton. Y, sin duda, resulta ser
lo más interesante de esta
obra. El germen de la historia es de sobra conocido
por todos: tras la publicación de su novela más popular, el ayatolá Ruhollah
Jomeini condenó a muerte al autor en la célebre
fetua o fatwa: «Comunico
al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el
autor del libro Los versos
satánicos —libro contra
el islam, el profeta y el Corán— y todos los que hayan
participado en su publicación conociendo su contenido están condenados
a muerte. Pido a todos los musulmanes
que los ejecuten allí donde los encuentren» (recogido por Rushdie en la página 15 de la edición de Mondadori).
Tras esa amenaza de caza y captura
y asesinato, Rushdie adoptó una nueva
identidad y se puso en manos del cuerpo de protección policial. En el camino
murieron o fueron atacados traductores, editores y otros miembros rela-
cionados con el autor y su libro. Joseph
Anton, que parece un nombre vulgar,
común, proviene de dos de los autores
predilectos de Salman Rushdie: Joseph
Conrad y Anton Chéjov.
Rushdie, al adjudicarse otro nombre a la fuerza, al cambiar de identidad
y convertirse en un nómada, alguien
que hoy vive aquí y mañana allá, siempre de incógnito y casi siempre de
prestado, se transforma en una persona diferente. Ese otro yo, que nos
recuerda a Arthur Rimbaud («Yo es
otro»), planea de continuo entre las
páginas de estas memorias: «Alguien
le entregó una copia del
texto mientras lo acom-
Rushdie se desnuda
sin pudor y no duda
en confesar sus
amores y sus odios,
sus infidelidades y sus
caprichos, sus aciertos
y sus errores…
pañaban al estudio para
la entrevista. Una vez
más su antiguo yo deseó plantear un
reparo, ahora con relación a la palabra
condenados». Ahí está: «su antiguo
yo». O en este otro extracto: «Ahora
tenía un nuevo yo. Era la persona en
el ojo del huracán: no el Salman que
sus amigos conocían, sino el Rushdie
autor de Los versos satánicos, el título
sutilmente distorsionado mediante la
omisión del artículo Los inicial».
Pero su insistencia en esa otra
identidad va más allá: todo el libro
(salvo en dos o tres ocasiones en las
que Rushdie desliza la primera persona) está narrado en tercera persona
del singular («Él siempre había escrito partiendo del supuesto de que tenía
derecho a escribir como quisiera»,
p. 135), pirueta arriesgada pero eficaz
con la que logra verse desde fuera y
también consigue que los lectores lo
veamos desde otra perspectiva: él no
es ése, parece decirnos, ese hombre
que huye de un lado a otro y que suele
tener a la policía pegada a los talones,
porque ese hombre no es libre y Salman,
la persona y no el autor, sí lo es.
A partir de esa escisión, el escritor
nos narra todo aquello por lo que atraviesa, lo que vive y siente y padece, lo
que piensa y lo que detesta, lo que ama
y lo que odia, desde esa fetua dictada el
día de San Valentín de 1989 hasta unos
meses después de la fecha en la que el
mundo cambió: el 11 de septiembre
del 2011. Transcurridos unos meses,
el hombre ya vuelve a ser libre, y ahí
concluyen las memorias.
Otro de los aspectos más interesantes lo constituye el núcleo de las
relaciones de este Joseph Anton con
el mundo literario. Rushdie, salvo al-
gunas polémicas y antagonismos que
no duda en mencionar y contarnos
con pelos y señales, es buen amigo de
muchos escritores, y por tanto no faltan anécdotas relacionadas con los
escritores Ian McEwan, Martin Amis,
Christopher Hitchens, Don DeLillo,
Paul Auster, J. M. Coetzee, Günter
Grass, Mario Vargas Llosa, David Rieff,
Susan Sontag, Michael Herr e incluso
el mismísimo Thomas Pynchon, y con
otras celebridades como Bono, el temido agente Andrew Wylie, Michael
Mann o Warren Beatty. En este sentido, el libro se convierte en una mina de
historias literarias para el mitómano y
para el lector de raza.
Rushdie se desnuda sin pudor y
no duda en confesar sus amores y sus
odios, sus infidelidades y sus caprichos, sus aciertos y sus errores… De tal
modo que, durante la lectura de este
libro, uno sabe que sólo ha podido desvelar tanto porque, tras ser amenazado de muerte y ver su imagen transformada en un monigote que queman
los musulmanes ante las cámaras,
¿qué más puede ocurrir?
Resulta muy atractiva, también, la
sensación de incertidumbre que destilan sus páginas. Aunque los lectores
conocemos la historia y nos sabemos
el desenlace y además el autor no puede morir porque ya nos está narrando
su historia, no falta cierta sensación
de desamparo, de miedo, de duda por
no saber si, a la mañana siguiente, tras
tomar un café y leer el periódico, una
bomba podrá reventarle las ruedas del
coche. Rushdie consigue que sintamos ese temor, el de quienes conviven
a diario con el ultimátum terrorista, el
de los amenazados por el terrorismo.
Para redondear el retrato de ese
otro yo, visto desde fuera, en el primer
capítulo, «Un contrato fáustico a la inversa», Rushdie hace un recorrido por
algunos aspectos de su infancia y de su
juventud, de cómo empezó a escribir,
de cómo fue gestándose la novela Los
versos satánicos, de cómo Hijos de la
medianoche lo catapultó al éxito. De
cómo el hombre Salman pasó a ser el
escritor Rushdie. ¢
elcuaderno 19
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
LA IZQUIERDA EN TIEMPOS DE CRISIS
El círculo
vicioso
y el círculo
virtuoso
Cartografía de la Rive Gauche
Varios autores
Pensar desde la izquierda.
Mapa del pensamiento crítico para
un tiempo de crisis
Errata Naturae, 2012, 400 pp., 22,90 ¤
PABLO BATALLA
En la Rive Gauche ya no juega el viento de abril, gracioso y leve. El río sufrió
una dramática crecida en algún momento entre 1968 y 1989, y los muros
dispuestos para contener eventuales
riadas demostraron ser insuficientemente altos, e insuficientemente sólidos, para cumplir su función de manera satisfactoria. El agua —turbia, sucia,
fétida— anegó las calles. Las alcantarillas eran pequeñas e insuficientes,
testimoniales y decorativas como los
botes del Titanic. Una pequeña revuelta provocó la destitución fulminante del alcalde, acusado de falta de
planificación y de dejadez, pero la turbamulta no ha acabado de ponerse de
acuerdo al respecto de a quién sentar
en la poltrona vacía. Mientras tanto, la
inundación y sus consecuencias persisten. Huérfanos de un líder que disponga una coordinación centralizada
y eficaz de las labores de achique, los
habitantes del barrio han ido llevando
a cabo éstas de forma deslavazada, en
una bulliciosa espontaneidad de calderos y barreños. Algunos de ellos, hartos,
han hecho las maletas y se han mudado
a la Rive Droite, que, después de años
de un cierto abandono polvoriento, parece florecer: ha empedrado las aceras,
embellecido las calles, restaurado las
fachadas y renovado el mobiliario, en
parte gracias a arquitectos y albañiles
oriundos del otro lado. En la Rive Gauche también hay vecinos que piensan a
veces que quisieran emigrar, pero que,
pardiez, le tienen cariño a su vieja casa.
Por doquier han brotado improvisados púlpitos. El barrio entero se
ha transformado en un gigantesco
speakers corner. Centenares de oradores se encaraman a los bancos, a los pedestales de las estatuas, a sillas, a mesas
e incluso a cajas de cartón, y pregonan
a audiencias desiguales manifiestos
cho a matar se mezcla con el derecho a
vivir, y la policía actúa como el ejército
mientras los ejércitos operan como
la policía», se escucha en otra parte.
«Del mismo modo que el liberalismo,
el socialismo conocerá una redención
después de haber estado eclipsado
durante un tiempo», prometen por
ahí. «El liberalismo vencedor no es en
absoluto sinónimo de desarrollo democrático», pontifican en otro lugar.
«¿No se ha convertido la democracia,
o al menos en parte, en una parodia
intermitente de la libertad humana,
representada cada cierto tiempo de
manera ritual, en función de lo previsto en las leyes y los calendarios electorales?», se pregunta un tal Rockhill.
Otros disertadores prefieren, empero, despreocuparse de la margen
rival y de sus admiradores —ya volverán, opinan
con indiferencia— y centrar sus alocuciones en el
sector propio, en ofrecer
propuestas destinadas
a que, cuando la Rive
Droite sufra su propia
riada —todo se andará, ya
se está andando en realidad— y el regreso de los
hijos pródigos comience
a ser posible, la Rive Gauche se les muestre limpia
y reluciente, seductora, moderna. «Estamos
círculo virtuoso», clama un predicador. «Es correcto sublevarse. Poner en
cuestión las formas de dominación,
incluidos aquellos casos en los que se
recurra a la violencia, es algo que contiene en sí mismo una legitimidad de
hecho», le responde alguien entre el
público; «El cambio revolucionario
es más urgente que nunca», apoya un
segundo al anterior. «¡No! En el marco de una democracia pluripartidista moderna, podrían llevarse a cabo
avances democráticos profundos a
partir de una crítica inmanente a las
instituciones establecidas», le replica
un tercero, que agarra una bandera
con la cara de Salvador Allende.
La saturación de sermoneadores
comienza a ser excesiva. Más de un
vecino, cuentan, hastiado de la cotidiana hiperinflación de decibelios, ha
enfilado el puente de Suresnes camino de la Rive Droite. Otros se estresan
tratando en vano de abarcar todo el
anárquico ciclo de conferencias, sin
faltar a ninguna. Con el fin de poner
orden, algunos particulares de buena
fe publican programas de discursos
y detallados mapas del barrio con los
púlpitos marcados mediante puntitos
rojos. Pensar desde la izquierda es
uno de estos proyectos; uno bastante
bueno y recomendable. Negri, Zizek,
Badiou, Neyrat, Saint-Upéry y Nancy Fraser son algunos de los ilustres
speakers a los que geolocaliza.
La saturación de sermoneadores comienza a ser
excesiva. Más de un vecino, cuentan, hastiado de la
cotidiana hiperinflación de decibelios, ha enfilado el
puente de Suresnes camino de la Rive Droite
y decálogos. Unos emplean
sus cuerdas vocales en convencer a sus vecinos de que
no es oro todo lo que reluce
al otro lado del río, digan lo
que digan los enormes cartelones aprestados allí a todo
lo largo del paseo fluvial, con
sus eslóganes mirando hacia
la Rive Gauche. «¡La moralidad política, tanto en la esfera
profesional como en la cotidiana, se
desvanece ante el reinado del cinismo generalizado, de la más perversa
manipulación, del oportunismo y del
narcisismo!», grita un orador. «¿Qué
sucederá el día en que un dictador
disponga de un fichero biométrico y
de una base de datos con el adn de todos los ciudadanos?», amenaza otro,
no lejos del primero. «Nos enfrentamos a algo que supone un engaño
terminológico y lingüístico del tipo
profetizado por George Orwell en
1984. La guerra es la paz, la esclavitud la libertad», añade otro. «El dere-
atravesando una
fase del ciclo de la
lucha obrera que
ha hecho evidente
el agotamiento de
las viejas formas y
que reclama una
inteligencia estratégica diferente:
la inteligencia de
crear lazos entre
las luchas que vienen de distintos
frentes», propone
alguien. «Hace falta que cuando las feministas definan
sus reivindicaciones, no lo hagan tan
sólo en términos de género, y que ellas
también asuman las de los otros grupos, con el fin de crear una larga cadena
de equivalencias entre todas estas luchas democráticas», añade otro secundando al primero. «Hay que intentar
establecer un frente común de todas
las fuerzas progresistas», abundan.
«¡No se debería aceptar nunca la idea
de que las cosas no pueden cambiarse!», exclama alguien.
«Debemos imaginar modos de
transformar un círculo vicioso en un
Tiene, sin embargo, un problema.
Alguno de los usuarios de la guía se ha
quejado de que la información sobre
las conferencias no incluye, y debería
hacerlo, una pequeña indicación del
nivel intelectual que cada alocución
requiere para seguirla satisfactoriamente, al modo de las puntuaciones
de dificultad de las guías de rutas de
montaña. Algunos de los speakers,
dicen, utilizan un lenguaje críptico, abstrusamente académico, que
los hace ininteligibles. No son estos
chinoparlantes la mayoría, es cierto, pero a más de un asistente a más
de un discurso le ha sucedido lo que
a aquel campesino que le pedía a un
ingeniero que le explicase el funcionamiento de una máquina de vapor:
el ingeniero le dibujaba esquemas y
le mostraba dónde había que poner
el combustible, por dónde salía el vapor y cómo el calor se transformaba
en movimiento. El campesino lo escuchaba pacientemente, pero al final
decía: «Lo he entendido todo. Pero,
¿dónde está el caballo?».
También hay quien empieza a
echar mucho de menos al viejo alcalde. Se llamaba Karl. ¢
20
elcuaderno
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
DE LA HISTORIETA A LA HISTORIA
Vigilados
En el marco del XXV Premio de
Periodismo Cirilo Rodríguez, sus
promotores impulsaron la firma
del Manifiesto de Segovia. «El
periodismo es un servicio público
además de un negocio», se lee en
el encabezamiento.
Joe Sacco
Reportajes
Traducción de Marc Viaplana Canudas
Mondadori, 2012,
136 pp., 20,90 ¤
JESÚS MARTÍNEZ
Es exactamente la función que ejerce
el periodista Joe Sacco (Malta, 1960),
que acaba de publicar un recopilatorio de sus artículos en formato cómic
en el libro titulado Reportajes (Mondadori, 2012). Palestina, Irak, Bosnia,
Chechenia, India y Malta. A estos países viaja Joe Sacco para dar cuenta de
lo que le ocurre a los indeseables, a los
más débiles, a aquellos que no tienen
voz porque han empeñado sus cuerdas
vocales.
«Nuestro trabajo no es ajustar balances, sino contar historias, y esto no está en crisis. Todos
seguimos teniendo la necesidad
de escucharlas sin importar el
formato y la herramienta de
transmisión», se escribe en el segundo párrafo del manifiesto, al
hilo de una definición ofrecida en
su momento por el director del
New York Times, Bill Keller. Recito como una epifanía este manifiesto porque Joe Sacco respeta
escrupulosamente el código ético
de la profesión. Y es el prólogo de
Reportajes, firmado por él mismo, una clase del oficio. En el
exordio recuerda lo que repite el
obsequiado Robert Fisk: «Siempre digo que los periodistas deberían ser neutrales y objetivos
a favor de los que sufren». Sacco
se desnuda en las cuatro primeras páginas como una forma
de expiación. Se justifica por no ser
objetivo, pero, lejos de desafiar a sus
colegas, acalla las protestas con un
gesto de humildad: «Francamente,
no tengo ningún problema con la palabra en sí [objetividad], si sólo significa abordar una historia sin ninguna
idea preconcebida. El problema está
en que no creo que haya muchos periodistas que se planteen así cualquier
historia relevante».
sobre todo, en los talleres de las redacciones. Una vez licenciado el joven
Sacco por la Universidad de Oregón,
tarda una década en desandar el camino que las enseñanzas de la facultad
le habían trazado. Cada vez más, en
esta sociedad global y compleja, en la
que las distancias se acortan (mi madre aún grita por teléfono cuando se
comunica con sus hermanas en Asturias, porque Asturias, hasta hace dos
décadas, estaba lejísimos), se respeta
más la voz propia, eminentemente
subjetiva. No es lo mismo contar una
historia empotrado en una columna de marines que se adentra en los
arrabales de Faluya, en Irak, que contarla desde el punto de vista de los
insurgentes (incluso de las palabras
justas que utilicemos se desprenderá
el sentido de nuestra intención: antes de ser insurgentes, en los primeros días de la «liberación» del Irak de
Saddam Hussein, los resistentes eran
llamados terroristas). Joe Sacco, que
ha hecho trizas la estructura pirami-
Así, en las notas sobre los crímenes
de guerra (extracto de Los procesos
por crímenes de guerra, de 1998, sobre
el conflicto en la antigua Yugoslavia),
dice, referente a los preparativos del
viaje y de las fuentes de las que se nutre:
«Cuarenta y cinco minutos más tarde,
después de haber utilizado todos los
argumentos posibles e imaginables
para que cambiaran de opinión, accedieron a responder a mis preguntas
a condición de que no las citara ni les
atribuyera declaración alguna».
En su tesis La fama, la escritora
Margarita Rivière pide sinceridad en
la búsqueda de datos: «Al ocultar las
circunstancias en las que se elaboran
determinadas informaciones se está
negando al público su derecho a conocer qué interés existe detrás de algunos trabajos informativos».
Dejando clara su postura, Joe Sacco
puede ganarse la confianza del lector
(atrapado en las redes sociales), confianza que han dejado escapar los políticos por creer que esta cualidad se puede
Dejando clara su
postura, Joe Sacco
puede ganarse la
confianza del lector
(atrapado en las
redes sociales),
confianza que han
dejado escapar
los políticos por creer que esta
cualidad se puede comprar y
vender como un smartphone
Busco en el archivo de recortes de
diarios un artículo de un congreso de
editores en el que se prefiere desterrar el término objetividad por este
concepto más acorde: «acercarse a la
verdad», a sabiendas de que la verdad
es un prisma de muchas caras.
Y da en el clavo, con lo que reabre el
debate sobre la utilidad de las escuelas
de periodismo, porque los entresijos
de este servicio público se aprenden,
dal de los partes de agencia y el sanctasanctórum del lead, se implica tanto
en sus viñetas que, conscientemente,
se dibuja en ellas. Y no sólo se dibuja
en ellas, sino que hace partícipe al
lector de los pormenores de la visita,
de cómo y por qué se encuentra en la
situación en la que se encuentra, en
cada uno de los lugares infernales en
los que aterriza como un fugaz enviado
especial.
comprar y vender como un smartphone. Entonces nos creemos lo que Sacco
ve y oye en el campamento de refugiados palestinos en Rafah, en Egipto («Ya
nadie tiene en cuenta a las víctimas del
pasado», se lamenta el palestino Mohamed Abu Ilhalaweh); nos creemos
lo que ve y oye en el campamento de
refugiados chechenos de Sputnik, en
Ingusetia («No acumuléis muchas cosas», le aconseja a sus hijos la refugiada
chechena Asset); nos creemos lo que ve
y oye en el centro de detención de Safi,
en Malta («Los echaremos a patadas
[a los inmigrantes africanos]», replica
el extremista nazi Norman Lowell); y
nos creemos lo que ve y oye en la India,
rodeado de castas y subcastas de intocables, como los musahar, que requisan
los granos de arroz de las madrigueras
de las ratas. Los intocables tienen más
hambre que las ratas.
El Manifiesto de Segovia termina
con un canto a la honestidad, requisito del oficio: «En nuestra mano está
mimar ese periodismo, para que los
ciudadanos sigan siendo ciudadanos,
y no meros consumidores, y para que
los poderes, sea cual sea su naturaleza,
se sientan vigilados». ¢
elcuaderno 21
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
DE LA HISTORIETA A LA HISTORIA
JORGE CARRIÓN
Ilustración MARGARET HAGAN
Esa pregunta retórica encontrábamos
hace un par de años en el editorial de
Le Monde Diplomatique en bande
dessinée, formulada por el profesor de
semiótica Léopold Ferdinand-David
Vandermeulen, nacido en 1925 y pionero en el uso de la historieta como
método pedagógico. La iniciativa ha
creado escuela: el número de octubre
de la revista peruana Cometa, dirigida
por Marco Avilés y especializada en
crónica, ha sido confeccionado exclusivamente en viñetas. Y derivados: la
exploración texto-visual de la realidad
incluye todo tipo de formatos, desde la
fotonarración hasta la infografía, pasando por la ilustración, el cuaderno
de viaje, el relato gráfico y todo aquello
que los autores puedan imaginar. Porque como reza el subtítulo de Contar
la realidad. El drama como eje del periodismo literario, que Jorge Miguel
Rodríguez ha recopilado para la editorial 451, se trata de desarrollar nuevos
dispositivos dramáticos, conflictivos,
móviles, que den cuenta de una realidad que solamente de ese modo sabemos leer. En su aportación al volumen
Domenico Chiappe crea una fértil serie para pensar el periodismo bélico, la
que conformarían John Hersey (Hiroshima), Michael Herr (Despachos
de guerra) y Joe Sacco (Notas al pie
de Gaza). En esos nombres propios yo
vería tres fases de la historia contemporánea de la crónica: el periodismo
clásico, el new journalism y el nuevo
nuevo periodismo.
No hay duda de que Sacco es el
más importante de los actuales periodistas en formato cómic. Y el único que se mantiene fiel a una poética
de la investigación sobre el terreno.
Porque sus obras maestras sobre los
Balcanes y sobre Palestina, novelas
gráficas de no ficción que se han visto
recientemente completadas con la
publicación de sus Reportajes (Mondadori, 2012) —seis piezas breves que
aparecieron originariamente en medios como Virginia Quartely Review,
The Guardian o Times Magazine—,
constituyen todavía fragmentos de
un proyecto singular pese a su cuarto
de siglo de existencia. Quiero decir
que, aunque encontremos autores de
la relevancia de Igort (sus dibujos de
Cuadernos ucranianos, que aquí ha
editado Sins Entido, han sido exhibidos en el Museo de Arte Contemporáneo de Milán) o de Sarah Glidden
(que trabaja en esa zona de nadie que
hay entre la ilustración, el ensayo y la
investigación periodística), lo cierto
es que Sacco continúa siendo el único
periodista gráfico en el sentido estricto del término, pues no ha incursionado en los otros grandes ámbitos de
la no ficción en viñetas. Su condición
de pionero, pues, sigue estando acompañada por su naturaleza de rara avis.
El nuevo nuevo
periodismo
«¿Qué otro medio de comunicación
que no fuera el cómic podría dar
una mejor respuesta a la crisis de la
prensa escrita?»
En el epílogo de Ciudad de payasos
(Alfaguara, 2012), ilustrado por Sheila
Alvarado y escrito por Daniel Alarcón,
el novelista y cronista dice que fue en
el 2003 cuando leyó Gorazde: zona
protegida: «Nunca había visto nada
igual». Es, por tanto, en el contexto
histórico actual, mucho más favorable
para el cómic de ambición artística,
que finalmente se ha encontrado con
el gran público, cuando la maestría de
Sacco está encontrando discípulos.
Su singularidad se acentúa si tenemos en cuenta que Art Spiegelman,
Craig Thompson, Marco Corona, Alison Bechdel, Marjane Satrapi, Davide
Toffolo, Miguel Gallardo, Aleksandar
Zegraf, Peter Kuper, Lamie Ziadé,
Josh Neufeld o Guy DeLisle trabajan
sobre todo en la autobiografía (sentimental o viajera) o en la divulgación
(biografía y ensayo histórico, científico o cultural). Es decir: en la crónica
no necesariamente periodística. El
caso de Neufeld es paradigmático a
este respecto: es autor tanto de A. D.:
New Orleans After the Deluge, una
obra de referencia sobre el huracán
Katrina, que cuenta las historias reales de cinco de sus protagonistas, como de los dibujos de The Influencing
Machine, un ensayo de Brooke Gladstone sobre el laberinto mediático de
nuestra época. Ese tipo de colaboraciones entre escritores y dibujantes
son habituales en el mundo del cómic,
pero se han vuelto más complejas en
los últimos años. Ejemplo de ello sería Edible Secrets: A Food Tour of
Classified U. S., donde han trabajado
juntos la investigadora Mia Partlow, el
diseñador gráfico Michael Hoerger y
el ilustrador Nate Powell: un proyecto en que son tan importantes el hilo
narrativo (espionaje y comida) y los
dibujos como los mapas, los gráficos o
las fotografías intervenidas para relatar la historia contemporánea a través
de documentos desclasificados.
Tanto en Bye Bye Babilonia. Beirut 1975-1979, de Ziadé, como en
Diario de Oaxaca, de Peter Kuper
(ambos en Sexto Piso), constatamos
una vez más que se trata de un «género» polimorfo, con una altísima
capacidad de sintonía con nuestra
multiforme realidad. Ziadé imagina
su texto mediante el retrato, la instantánea bélica, la reproducción de
objetos cotidianos y pop, el dibujo
naïf o el catálogo armamentístico.
Kuper combina el relato secuencial
con el collage o los artistas invitados,
completando su rol de artista con el
de curator. Mientras que el periodismo narrativo exclusivamente textual
se ha ido codificando en extremo (su
defunción ha sido declarada por Nicolás Mavrakis en #findelperiodismo),
el nuevo nuevo periodismo, o si se
quiere la nueva nueva no ficción, es en
estos momentos una forma abierta y
con un enorme potencial. ¢
22
elcuaderno
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
ALICIA GONZÁLEZ-LAFITA EN BORRÓN
La casa traspasada
Una sutil reflexión sobre las ambivalencias de la arquitectura
Alicia González-Lafita Pérez
Forados de doble trayectoria
Sala Borrón. General Yagüe, 3, Oviedo
Hasta el 31 de enero
JUAN CARLOS GEA
«El vidrio está destinado a jugar un
gran papel en la arquitectura de metal.
En lugar de gruesos muros, cuya solidez y seguridad se ve reducida si hay
gran número de vanos, nuestras casas
estarán atravesadas por tantas aberturas que parecerán diáfanas. Estas
amplias aberturas de vidrio grueso,
simple o doble, mate o transparente, irradiarán de día un resplandor
mágico hacia el interior y, de noche,
hacia el exterior.» Walter Benjamin
rescató para sus Pasajes (T1a, 4) esta
entusiasta prospectiva arquitectónica, en la que un tal Gobard imaginaba
la arquitectura de un futuro muy cercano como parte de un artículo con
ese mismo título (L’architecture de
l’avenir), publicado en 1849 en la Revue Générale d’Architecture francesa.
Como siempre, Benjamin rescata este
pecio para activar toda su carga fantas-
La pregunta que la propia autora se hace en su cuaderno de apuntes
preparatorios: «Where does the house finish? Where does the street
begins?»: dónde termina la casa, dónde empieza la calle (y todo lo
que la casa y la calle simbolizan)
magórica: un síntoma del momento,
en pleno apogeo del capitalismo y el
positivismo decimonónicos, en el que
los grandes cambios tecnológicos (en
este caso, constructivos, en particular los derivados de la arquitectura
del hierro y el vidrio) anticipaban el
desdibujamiento de los límites entre
el interior y el exterior, lo privado y
lo público, la propiedad y lo colectivo,
lo subjetivo y lo objetivo, el individuo
singular y las multitudes urbanas.
Ese mismo territorio de ambivalencias, intercambios bidireccionales
y ambigüedades sirve, no obstante,
como el suelo firme sobre el que Alicia
González-Lafita Pérez (Gijón, 1989)
ha edificado Forados de doble trayectoria, un fascinante proyecto que
es a la vez arquitectura, instalación
interactiva, intervención, escultura
y escenografía y que formula con una
suerte de monumental delicadeza la
pregunta que la propia autora se hace
en su cuaderno de apuntes preparatorios: «Where does the house finish?
Where does the street begins?»: dónde termina la casa, dónde empieza
elcuaderno 23
Número 40 / Diciembre del 2012 /2ª quincena
«FORADOS DE DOBLE TRAYECTORIA»
la calle (y todo lo que la casa y la calle
simbolizan).
La cuestión posee raíces culturales
muy profundas, como lo revela la cita
escogida por la artista a modo de frontón: un párrafo de Formas de la exterioridad de José Luis Pardo, en el que
se nos recuerda que nuestra tradición
platónico-cristiana sustenta una vieja
analogía entre el cuerpo como fachada que envuelve el alma y los sentidos
como sus puertas y ventanas: «“forados” de doble trayectoria», oquedades
que a la vez alimentan la interioridad y
la amenazan con su trasiego incontrolable de datos y hechos. Luz, sonido,
objetos y acontecimientos pequeños y
grandes que franquean la invasión de
lo exterior, el allanamiento, la profanación de la intimidad, pero que también expelen a la vía pública de modo
deliberado o por descuido imágenes,
palabras y ruidos escapados de nuestra privacidad como en aquellos extáticos versos de Claudio Rodríguez:
Forados de doble trayectoria
amplifica y simplifica el lenguaje
y los intereses respecto a la
obra anterior de la autora: la
arquitectura, desde luego, como
idioma matriz, pero también
el recurso a lo textil y, sobre
todo, a la luz «como elementos
constructivos»
«¡Ved mi ropa, / mi aposento de par en
par! ¡Adentro / con todo el aire y todo
el cielo encima!».
González-Lafita aprovecha a fondo
esa analogía orgánica cuerpo-edificio
y el paisaje concreto del barrio madrileño de Vallecas para convertir el interior de la sala en un exterior, algo así
como una especie de «urbanización
de cámara», y establecer un diálogo
en movimiento entre el edificio de
nuestro cuerpo y el cuerpo de la pieza con sus propios comportamientos
casi orgánicos: una gran construcción
traslúcida que envuelve el paño central de la sala y la transforma no sólo
en una vivienda, sino en toda una calle
a escala, un fragmento de barrio con
sus chaflanes y fachadas, sus ventanas que abren y cierran los postigos al
paso de viandante, sus entrevisiones
de una intimidad ajena y fragmentada, el ondear de sus visillos y de su
ropa tendida de fachada a fachada, el
reclamo de sus luces encendidas… En
esa operación, consiguientemente, el
espectador se transforma también en
paseante, flâneur que recibe azarosamente todos estímulos del paisaje urbano y que curiosea en sus accidentes,
sus transparencias y opacidades, sus
resquicios e incitaciones.
Forados de doble trayectoria amplifica y simplifica el lenguaje y los inte-
reses respecto a la obra anterior de la
autora: la arquitectura, desde luego,
como idioma matriz, pero también
el recurso a lo textil y, sobre todo, a la
luz como elementos constructivos. En
esa aparente imposibilidad (construir
con algo tan frágil como el tejido, con
algo tan intangible como la luz) reside
toda la densidad conceptual y poética del proyecto. Alicia no construye
espacios que se puedan habitar o en
los que quepa preservarse, como uno
espera de cualquier producto de la
arquitectura; se trata, por el contrario, de una paradójica construcción
porosa a los sentidos, en la que las ventanas contienen más ventanas (pero
las imposibles ventanas de la realidad
representada, filmada en este caso,
que se muestra a través de ellas) y en la
que son realmente las fachadas las que
dejan pasar la mirada hacia al verdadero y entrevisto interior de la pieza:
visillos que son muros y en los que se
borra la oposición entre las dos acepciones de lienzo, como tejido y como
fachada o pared.
Pero, al margen de ese poético recordatorio de una provisionalidad
que suele asociarse al cuerpo del ser
humano pero que por razones obvias preferiríamos no vincular a los
lugares en los que vivimos, la doble
trayectoria de estas oquedades invita a recordar algo más: que, junto
al «resplandor mágico» de la luz que
tanto entusiasmaba a nuestros antecesores del siglo xix, entra algo más
desde fuera, sale algo más los edificios.
Ya lo advirtió el propio Walter Benjamin, que veía en la transparencia del
cristal «el enemigo del misterio», de
toda aura artística…, pero «también
de la propiedad». La porosidad de
este precario límite entre el interior
y el exterior pone a su vez límites a la
posibilidad de ausentarse por completo de lo público, de encapsularse
en el interior burgués, y plantea una
forzosa homeostasis entre lo público
y lo privado. Mucho más ahora, en un
tiempo en que la calle vuelve a levantarse un ruido que no es sólo el del tráfico rodado y en que las grandes plazas
y las calles más transitadas ya no son
sólo narcóticos pasajes del escaparatismo, sino que intentan despertarse
para volver la mirada hacia los viejos
modelos del ágora, el foro. Y quién
sabe si el campo de batalla urbano,
como el París previo a los bulevares de
Huysmans y a los tiempos del hierro y
la falsa transparencia. ¢
24
elcuaderno
Número 40 / Diciembre del 2012 / 2ª quincena
AGENDA CULTURAL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
Códigos abiertos
Feather Tales II
Hasta el 21 de diciembre
LABoral Centro de Arte y Creación Industria
Hasta el 4 de febrero del 2013
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Códigos abiertos muestra el proceso de un grupo de trabajo
que investiga sobre nuevas formas de producir, compartir
y difundir cultura en un momento en el que se cuestiona
su valor. Así ha surgido la propuesta colectiva de una serie
de jornadas, talleres y presentaciones sobre cinco bloques
temáticos: arte y espacio público; la comunidad aleatoria;
resistencia frente a la vigilancia tecnológica; nuevas formas
institucionales, y música y autogestión.
Los Playmobil prehistóricos
Un work in progress del artista brasileño Ricardo
O’Nascimento y de la artista turca Ebru Kurbak en el
que utilizan las prendas de vestir como una forma de
comunicación y de protección, situándolas en el núcleo de
unas investigaciones que vinculan el diseño y la moda.
Presencia activa
Hasta el 25 de febrero del 2013
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Presencia activa muestra, a través de las obras de doce
artistas internacionales la evolución de la performance en sus
cincuenta años de existencia y su vigencia en el arte actual.
Hasta el 31 de diciembre
Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo
Miraes 2012-Itinerancia
Hasta el 17 de noviembre del 2013
Varios emplazamientos (consultar <www.
clubculturaasturias.com/14/agenda.html>)
Organizada y producida por la Asociación de Fotoperiodistas
Asturianos y el Gobierno del Principado de Asturias, esta
exposición constituye el resumen del año en imágenes
realizadas por estos profesionales asturianos.
A través de esta pequeña muestra, que se instalará
en la Sala de Consulta, el público podrá visitar una
representación de la vida de nuestros antepasados, sus
estilos de vida o sus actividades cotidianas.
El Cascanueces
19 de diciembre, 20.30 h.
Auditorio del Centro Niemeyer
Hasta el 31 de diciembre
Centro de Recepción e Interpretación del
Prerrománico Asturiano
El Centro de Recepción e Interpretación del Prerrománico
Asturiano acoge una exposición fotográfica con motivo del
70º aniversario de la reconstrucción de la Cámara Santa
de Oviedo, uno de los monumentos más relevantes del
prerrománico asturiano, incluido en la Lista del Patrimonio
Mundial de la Unesco desde 1998.
Vídeo Selecta. 11 obras de videoarte
de colección
Por séptimo año, la escuela de Danza y Artes Escénicas
Mares Danza organiza su Festival de Navidad celebrando
una gala benéfica a favor de UNICEF, cuya recaudación
se destinará a programas de lucha contra la desnutrición
infantil que lleva a cabo UNICEF.
Taller de Artista con Mabel Álvarez Lavandera
27 de diciembre, 11.00 h
Fundación Museo Evaristo Valle
El Museo Evaristo Valle en Gijón ofrece un taller didáctico
para niños que correrá a cargo de la pintora e ilustradora
gijonesa Mabel Álvarez Lavandera.
Grease, el musical
Del 27 al 30 de diciembre
Teatro Campoamor
Ciclo Rock & Soul
Alto Volto
El Russian State Ballet «Pushkin» tiene su sede en el
Teatro Estatal de la Ópera y Ballet de Nishny Novgorod. La
compañía se caracteriza por su juventud y belleza, formada
a partir de artistas formados en las escuelas coreográficas
de Perm, Moscú, Nizhny Novgorod, Minsk, Kazan y Ufa.
Ciclo de Cine Niemeyer
Hasta el 6 de enero del 2013
Sala de exposiciones Banco Herrero. Oviedo
Muestra algunos de los caminos presentes en el uso de la
imagen en movimiento como posibilidad artística. Desde
el vídeoarte hasta el cinema expandido, pasando por la
vídeoinstalación, el vídeoobjeto, la reconstrucción, el
vídeoensayo y la vídeodocumentación. Un conjunto diverso
de piezas audiovisuales se dan la mano en esta muestra de
amplio espectro.
40 años en el corazón del mundo celta
Exposición aniversario del Festival Intercéltico de Lorient
La historia del Festival Intercéltico de Lorient, desde la
llegada a la ciudad del campeonato de bagadou (bandas
de gaitas bretonas) en 1971 al gran acontecimiento
cosmopolita de hoy. Un homenaje a quienes desde hace
cuarenta años construyen esta aventura humana en un
espíritu de fiesta y apertura.
23 de diciembre, 19.00 h
Teatro de Laboral, Ciudad de la Cultura
Una nueva y espectacular producción, con una ambiciosa
y actual puesta en escena, realizada con motivo del 40
aniversario del estreno del musical en Broadway, convertido
en un éxito sin precedentes a lo largo de generaciones de
espectadores.
70º aniversario de la reconstrucción
de la Cámara Santa de Oviedo
Hasta el 6 de enero del 2013
Hall del auditorio del Centro Niemeyer
Gala de Navidad Mares Danza-UNICEF
Cine del Centro Niemeyer
• 20 de diciembre: Americans masters: Woody Allen,
A Documentary, 20.00 h
• 23 de diciembre: El aprendiz de Santa Claus, 18.00 h
28 de diciembre, 22.00 h
Sala Club del Centro Niemeyer
Ganadores de varios concursos y curtidos a base de
numerosos directos por todo el país, no dejarán indiferente
a nadie con sus temas, actitud y trabajo en directo.
Jornada Medieval en el prerrománico
del Naranco
29 de diciembre a las 10.30 h.
Monumentos prerrománicos en Oviedo
The Gift
Una jornada especial asociada a los monumentos
prerrománicos Santa María del Naranco y San Miguel
de Lillo con un programa cargado de cultura e historia,
pero también de diversión. 21 de diciembre, 20.30 h
Auditorio del Centro Niemeyer
Piccolo Camerino
The Gift lanzaron sus primeros álbumes Vinyl (1998), Film
(2001) y AM-FM (2004) con su propia editora, La Folie-Gift.
Tras un gran éxito en Portugal y sus giras por EE. UU. y Europa,
su actual gira, «Primavera/Explode – Mil colores posibles»
lleva a The Gift por las principales salas de España y Portugal.
M-Clan
22 de diciembre, 21.30 h
Teatro de la Laboral
29 de diciembre, 20.30 h
Teatro de la Laboral
Tras obtener el premio como mejor espectáculo en el
Festival Internacional de Clown de Balsequillo, en Gran
Canarias, y quedar como subcampeón del mundo de magia
de calle en Sankt Wendel, Alemania, Adrián Conde llega a
la Laboral con Piccolo Camerino, un espectáculo de magia
visto a través de la mirada de un clown.
El grupo presentará su nuevo trabajo, Arenas Movedizas,
álbum que cuenta con uno de los mayores repertorios de
canciones de toda su discografía, con tintes de rock sureño,
hard rock de los 70’ y del rythm & blues más clásico. En
esta concierto, MClan irá acompañado de la banda de rock
argentina Guasones.
www.clubculturaasturias.com/14/agenda.html

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