literatura renacentista y siglo de oro (ss. xvi-xvii)

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literatura renacentista y siglo de oro (ss. xvi-xvii)
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
CAPÍTULO 10. POESÍA DEL SIGLO XVI
10.1. El Renacimiento y los valores clásicos
El Humanismo europeo, que había surgido en Italia alrededor de 1300 como un
intento por restaurar el ideal educativo de la Antigüedad clásica mediante los studia
humanitatis (las artes del lenguaje, adquiridas mediante la lectura, el comentario
exhaustivo y la imitación de los grandes autores grecolatinos, sobre todo poetas,
historiadores y moralistas), dio paso en los siglos XV y XVI al movimiento
sociocultural conocido como Renacimiento, que marca el final de la Edad Media y el
comienzo de la Edad Moderna en Europa (siglos XV-XVIII). Históricamente, puede
enmarcarse esta etapa cultural europea entre dos acontecimientos significativos: la
caída de Constantinopla en manos de los turcos (1453) y la Revolución Francesa
(1789-1799), que inaugura la Edad Contemporánea.
Desde el punto de vista sociopolítico, el Renacimiento representa el fin de la sociedad
feudal medieval y la centralización del poder en los reyes de los modernos estados
europeos, la consolidación del sistema monetario, la madurez de las lenguas
vernáculas frente al latín y el desarrollo de la burguesía, nueva clase social
proveniente de los gremios de comerciantes y artesanos de las ciudades o burgos.
En el plano cultural, el arte y la literatura renacentistas imitan formalmente los
modelos clásicos grecolatinos y se llenan de referencias a su mitología. El
Renacimiento mantiene los valores humanistas de defensa y exaltación de la dignidad
del hombre frente al mundo (Dios incluido). Sin abandonar la fe religiosa, la
mentalidad renacentista se basa en el uso de la razón y en la observación de la realidad.
El hombre proclama su superioridad sobre la naturaleza y pretende ordenar el mundo
para que pueda se comprendido por la inteligencia. El espíritu humano trata de
descubrir la belleza oculta en la naturaleza, que se manifiesta en lo que vemos: el
paisaje, el cuerpo humano o la obra de arte. El goce estético eleva el espíritu y lo
acerca a Dios. El amor es visto como un sentimiento sublime que surge de esta
inclinación de las almas hacia la belleza, para de esta forma alcanzar la perfección y
aproximarse a la divinidad. El perfecto caballero renacentista debe combinar “la
espada y la pluma”: no sólo ha de ser un buen soldado diestro en el manejo de las
armas (como el medieval), sino además un erudito, artista y científico, refinado y
galante con las damas. Su conducta se regirá por la ética y por la aspiración a una
fraternidad humana ideal, ambas fruto de la filosofía moral humanista.
En el plano religioso, frente a la prohibición medieval de traducir y comentar
libremente las Sagradas Escrituras, el individualismo renacentista alienta la libre
interpretación de la Biblia y cuestiona la autoridad del Papa. Surge de esta forma la
Reforma protestante, encabezada por el alemán Martín Lutero (1483-1546), el francés
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Juan Calvino (1509-1564) y el holandés Erasmo de Rotterdam (1466-1536), aunque
este movimiento religioso-cultural también contó con firmes detractores como el
inglés Tomás Moro (1478-1535).
En España, no obstante, el espíritu de la Contrarreforma ―iniciada durante el reinado
de Felipe II (1556-1598) y materializada en la Inquisición― frenó la libertad de
expresión y la entrada de influencias extranjeras, aunque el erasmismo (religiosidad
más auténtica e intimista) y el neoplatonismo (estética renacentista basada en la
oposición platónica entre el mundo material y el mundo de las ideas) prendieron entre
las clases más cultas, convirtiéndose en las nuevas señas de identidad del
Renacimiento español.
10.2. Primera generación petrarquista
En la primera mitad del siglo XVI, confluyen en España dos grandes corrientes
poéticas: una que perpetúa los temas y formas procedentes de la poesía tradicional
medieval, y otra, más innovadora, que introduce en España los modos poéticos de
inspiración petrarquista vigentes en la Italia del Renacimiento. La primera, asociada al
uso de versos cortos (especialmente el octosílabo), continúa la llamada lírica
tradicional (villancicos, canciones de amor, romances) y la poesía de cancionero del
siglo XV (en su doble vertiente amorosa y didáctico-moral). La segunda corriente
poética está basada en las innovaciones de la lírica culta italiana y favorece el empleo
de versos de arte mayor (fundamentalmente el endecasílabo) y formas métricas como
el soneto y la canción petrarquista.
Esta lírica renacentista, cuyos modelos son los poetas clásicos latinos Virgilio, Horacio
y Ovidio y el humanista italiano Petrarca, tiene como tema principal el amor. En sus
composiciones, el poeta analiza su mundo interior y muestra los sentimientos
encontrados de placer y desasosiego que le produce la pasión amorosa, que le conduce
en la búsqueda de la belleza perfecta (identificada con la mujer y el paisaje). Los poetas
renacentistas retoman el tópico literario latino del locus amoenus, el “lugar ameno” en
el que la naturaleza (bajo la forma de un hermoso jardín con árboles, hierba y agua) se
combina con el espíritu que busca alejarse del mundanal ruido para dar lugar a un
espacio de belleza y relajación en el que el amor puede expresarse libremente.
Frente al octosílabo y el dodecasílabo medievales, característicos de la lírica
tradicional y la poesía de cancionero, el Renacimiento español generaliza el uso de los
versos endecasílabo (sonetos) y heptasílabo (liras, silvas y estancias) como formas
métricas más representativas de la poesía culta. La lírica popular, por el contrario,
continúa empleando como estrofa característica el romance (serie indefinida de versos
octosílabos con rima asonante en los pares). Los principales géneros poético a que da
lugar esta nueva lírica renacentistas son la égloga (diálogo entre varios pastores), la
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oda (canto de exaltación), la epístola (carta en verso) y la canción (poema que expresa
sentimientos amorosos).
Bajo el término de primera generación petrarquista se agrupan una serie de poetas
españoles que, en la primera mitad del siglo XVI, introdujeron el nuevo modelo de
lírica italiana y los temas de la Antigüedad clásica en la poesía española. Uno de estos
primeros renovadores fue el humanista catalán Juan Boscán (1492-1542), autor del
primer poema épico en castellano de carácter mitológico (Hero y Leandro) e
introductor del género poético clásico de la epístola moral ( Epístola a Mendoza). Al
igual que hiciera el marqués de Santillana un siglo antes, Boscán trató de introducir en
España el soneto italiano, aunque también sin demasiado éxito. Para el surgimiento de
la lírica italianizante en España hay una fecha clave: 1526, cuando Boscán tiene el
famoso encuentro con el embajador de Venecia, Andrea Navagero, quien le insta a
que pruebe en castellano la métrica italiana. El propio Boscán lo explica así:
Me dijo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los
buenos autores de Italia, y no solamente me lo dijo así livianamente, mas aún me rogó que lo
hiciese... Y así comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad
por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro... Mas esto no bastara
a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso con su juicio... no me confirmara en esta mi demanda.
El triunfo definitivo de la métrica italiana en la lírica castellana llegaría con Garcilaso
de la Vega (ca. 1498-1536), que encarna perfectamente el ideal renacentista de
“soldado-poeta” y que durante su estancia en Nápoles al servicio del emperador Carlos
I descubrió la lírica renacentista italiana e introdujo con éxito el soneto en la poesía
castellana. Otros poetas de la primera generación petrarquista que siguen la senda
literaria iniciada por Garcilaso son Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575),
Hernando de Acuña (1520-1580), Gutierre de Cetina (1520-1557) y Francisco de
Figueroa (ca. 1530 - ca. 1588).
Frente a esta nueva lírica de influencia italiana, la poesía tradicional del siglo XVI
continuó empleando los versos cortos característicos de la métrica castellana; uno de
los máximos representantes de este movimiento lírico nacionalista es Cristóbal de
Castillejo (1490-1550), quien en sus composiciones lamentaba la nueva estética
impuesta por los petrarquistas, con versos largos y un lenguaje plagado de metáforas y
conceptos que elude el nombre cotidiano de las cosas.
10.3. Garcilaso de la Vega
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Garcilaso de la Vega (Toledo, ca. 1498 - Niza, 1536) está
considerado como el primer gran poeta moderno en
castellano y el introductor de la lírica renacentista en
España. Prototipo de caballero cortesano, Garcilaso
participó como soldado en numerosas campañas europeas al
servicio del emperador Carlos I (1516-1556), y murió en la
flor de la juventud precisamente a consecuencia de las
heridas recibidas en combate. En consonancia con el ideal
humanista de su época, aprendió griego, latín, italiano,
francés, música y esgrima. Aunque en sus comienzos
literarios escribió poesía de cancionero y de amor cortés,
Garcilaso de la Vega
tras establecerse en la corte de Nápoles en 1533 descubre a
los grandes poetas italianos del Renacimiento (Petrarca, Sannazaro y Ariosto), a la par
que fortalece su formación clásica con lecturas de Virgilio, Ovidio y Horacio, y ello da
como resultado una producción poética formada por sonetos, canciones, liras, elegías,
epístolas y églogas, publicada tras su muerte, en 1543, a instancias de su amigo Juan
Boscán. Desde ese momento, la poesía de Garcilaso se convierte en un referente
ineludible para los poetas españoles del Renacimiento. Por la calidad y categoría de su
obra, fue consagrado en su tiempo como el “príncipe de los poetas españoles”.
La principal inspiración poética de la poesía de Garcilaso es su amor no correspondido
por Isabel Freire (dama portuguesa de la corte de Carlos I) y el dolor que le produjo su
muerte. En sus composiciones (en particular en sus églogas), este amor se expresa
mediante el código de la literatura bucólica (bajo la forma de pastores idealizados), que
reúne los tópicos literarios renacentistas del locus amoenus („lugar placentero‟), el
beatus ille („feliz aquél…‟) y el carpe diem („aprovecha el momento‟). El drama
pasional se manifiesta como continua lucha entre “razón” (institución social) y “deseo”
(pasión amorosa); la solución al conflicto es típica de la mentalidad renacentista: es
preciso dominarse a sí mismo y desdeñar el amor carnal.
Los cuarenta sonetos que compuso Garcilaso de la Vega reflejan la gran variedad de
motivos clásicos y renacentistas de su poesía. A continuación se ilustran varios de
estos temas: el amor imposible y origen de sentimientos encontrados en el caballero
cortés (soneto V), el tópico del beatus ille o recuerdo de un pasado feliz (soneto VI), el
mito griego de la ninfa Dafne que se convierte en árbol para huir del amor del dios
Apolo (soneto XIII) y el tópico clásico del carpe diem o disfrute de la juventud (soneto
XXIII):
Soneto V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
Soneto VI
Por ásperos caminos he llegado
a parte que de miedo no me muevo;
y si a mudarme a dar un paso pruebo,
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tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
y allí por los cabellos soy tornado.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Mas tal estoy, que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
y conozco el mejor y el peor apruebo,
o por costumbre mala o por mi hado.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Por otra parte, el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años,
en su primer principio y en su medio,
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
mi inclinación, con quien ya no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.
Soneto XIII
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu'el oro escurecían.
Soneto XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
La “Égloga I” de Garcilaso de la Vega, compuesta mediante la estrofa de origen italiano
conocida como estancia (mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos con rima
consonante), ilustra el género bucólico, que retrata pastores idealizados, sentimientos
amorosos estilizados y paisajes idílicos. El tema principal de esta composición es la
desdicha que causa un amor roto, ruptura que es debida a dos causas: una natural (la
muerte de Elisa, la amada del pastor Nemoroso) y otra “no natural” (la infidelidad e
indiferencia de Galatea hacia su amante Salicio):
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El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento, sólo y dado
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al ínclito gobierno del estado,
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;
…
SALICIO:
¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
…
NEMOROSO:
Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.
Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso, en el reposo
estuve ya contento y descansado.
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,
que despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada,
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que es más que el hierro fuerte,
pues no la ha quebrantado tu partida.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
La “Oda a la flor de Gnido” ofrece un ejemplo de lira, otra composición poética de
origen italiano formada por estrofas de cinco versos heptasílabos y endecasílabos con
rima consonante “perfecta”:
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Si de mi baxa lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento;
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y en ásperas montañas
con el suave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese,
y al son confusamente los traxese;
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no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre, y de sudor teñido;
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ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados.
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Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada;
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y cómo por ti sola,
y por tu gran valor y fermosura,
convertido en viola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.
10.4. Poesía amorosa
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La lírica italianizante introducida en España por la
primera generación petrarquista durante la primera
mitad del siglo XVI irá perfilándose en torno a dos
escuelas poéticas en la segunda mitad: la salmantina
(con poetas vinculados a la Universidad de Salamanca)
y la sevillana (desarrollada en esta ciudad andaluza).
Dentro de la primera destacan los nombres de
Francisco de la Torre (ca. 1534-ca. 1594), Francisco
de Aldana (1537-1578), Francisco de Medrano (15701607) y, sobre todo, fray Luis de León (1527-1591).
Dentro de la escuela sevillana, el poeta más destacado
es Fernando de Herrera (1534-1597), justamente
llamado “el Divino”, cuya producción poética (de
El “Divino” Fernando de Herrera
temática fundamentalmente amorosa) representa una
de las mayores cumbre de la poesía petrarquista de la segunda mitad del siglo XVI y
un eslabón imprescindible en la evolución de la poesía culta castellana desde Garcilaso
de la Vega a Luis de Góngora.
El soneto sigue siendo la forma métrica preferida por esta segunda generación de
poetas petrarquistas españoles. Aunque el amor frustrado continúa siendo igualmente
el tema preferido, el sentimiento patriótico de algunos de estos “poetas-soldados”
(embarcados en campañas militares en tierras extranjeras) aflora también en su
composiciones. Los siguientes dos sonetos de Fernando de Herrera y Francisco de
Aldana ejemplifican, respectivamente, estos dos temas:
No es tan duro mi pecho que no sienta
la fuerza del dolor que en él desciende;
mas amor, por más daño, me defiende
que descubra las llagas de mi afrenta.
El ímpetu cruel de mi destino,
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!
quiere que calle el mal y que consienta
la pena que me aqueja y siempre ofende,
y en fuego desusado tarde enciende
el corazón, que en llama se sustenta.
¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!
Si esta grave pasión no perturbara
el pecho, bien pudiera confiado
llegar al dulce fin de la alegría;
Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte;
mas ¡ay, cuánto es esta esperanza cara!
y por mirar su bien ¡cuánto ha pasado
de afán y de tormento la alma mía!
Fernando de Herrera
¡oh, qué montón de cosas le diría!
¡Cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!
Francisco de Aldana
10.5. Literatura ascética y mística
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Durante la segunda mitad del siglo XVI, el espíritu de la Contrarreforma hizo que
surgiera en España una literatura de carácter religioso que, a través de la meditación
personal y la oración, aspiraba a alcanzar la unión perfecta del alma con Dios a lo
largo de tres etapas o vías espirituales: purgativa (que se consigue tras un estado de
recogimiento y abandono de lo terrenal), iluminativa (estado de quietud en el que el
alma siente la presencia de Dios) y unitiva (unión final del alma con Dios). La
experiencia del espíritu que atraviesa las dos primeras etapas se denomina ascética,
mientras que la mística supone un estado superior al que sólo llegan ciertas almas
purificadas por la anterior experiencia ascética cuando logran la unión directa y
momentánea con Dios.
El ascetismo busca el dominio de uno mismo y la purificación moral a través de una
vida de esfuerzo y sacrificio, para llegar a alcanzar la paz espiritual y el conocimiento a
través de la contemplación divina; este proceso puede dar lugar a una actitud
espiritual positiva (práctica de virtudes) o negativa (ruptura con todo lo que implica
un desorden ético). La literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI está
representada por religiosos como fray Luis de León (1527-1591), fray Luis de Granada
(1504-1588) y san Juan de Ávila (1500-1569). El misticismo, por su parte, representa
una experiencia directa de la esencia divina por parte del hombre mediante el éxtasis
o acto místico de unión con Dios, que viene acompañado por visiones y revelaciones.
Los principales representantes de la literatura mística son san Juan de la Cruz (15421591) y santa Teresa de Jesús (1515-1582). Estas dos corrientes literarias de carácter
religioso de la segunda mitad del siglo XVI emplean como vehículo expresivo la poesía
y, en menor medida, la prosa.
10.6. Fray Luis de León
El agustino fray Luis de León (Belmonte, 1527 - Ávila, 1591)
es el principal representante de la literatura ascética y de la
escuela salmantina de poesía de la segunda mitad del siglo
XVI. En su vida profesional se dedicó a la enseñanza en la
Universidad de Salamanca como catedrático de Teología,
aunque por su ascendencia judía y su carácter rígido y
polémico fue juzgado por la Inquisición y condenado a cinco
años de cárcel, tras los cuales reanudó sus clases con sus
famosas palabras “Decíamos ayer...”. En su vida literaria,
Fray Luis de León
fray Luis compuso como entretenimiento diversas obras de
carácter religioso y moral, de estilo culto y elevado, inspiradas por su búsqueda de paz
espiritual y conocimiento. Todas ellas versan sobre lo que debe hacer el hombre para
alcanzar la armonía y el justo medio como fines del individuo. Fray Luis rechaza la
sociedad para la que escribe, repudia la moral burguesa del siglo XVI, el lucro capitalista,
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
la guerra moderna y el mismo cuerpo femenino; a la vez, defiende la valoración de la
persona por sus méritos y no por su linaje.
A diferencia de Garcilaso de la Vega, su poesía no es abiertamente italianizante, sino más
bien clasicista, ya que intenta trasplantar las formas grecolatinas al castellano para hacer
de éste una lengua digna. Por eso, las traducciones del latín son un paso previo ineludible
para sentar las bases del estilo literario de fray Luis. Como hombre del Renacimiento, une
el amor por las lenguas clásicas con el aprecio por el romance. Fiel a este principio, se
propone dar a la prosa castellana categoría literaria. Ello responde a la convicción
luisiana de que el bien hablar es “negocio que, de las palabras que todos hablan, elige las
que conviene, y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las letras, y las pesa y las mide
y las compone, para que no solamente digan con claridad lo que se pretende decir, sino
también con armonía y dulzura”. Su ideal lingüístico descansa en el principio de
“selección y naturalidad”, con un recio popularismo que rehúye por igual lo afectado y lo
plebeyo.
Entre la producción lírica de fray Luis, de estilo armonioso y dulce e imitadora de los
modelos latinos (en particular Horacio), destacan las odas “A la vida retirada”, “A
Francisco Salinas”, “Noche serena” y “En la ascensión”. Sus obras en prosa, por otro
lado, muestran una sintaxis castellana de gran elaboración y un estilo elevado y claro
capaz de transmitir contenidos humanísticos; entre ellas destacan el Cantar de los
Cantares (1561) ―traducción y explicación del libro homónimo de la Biblia, que
condujo a la denuncia de sus enemigos ante la Inquisición por la prohibición de
interpretar las escrituras bíblicas―, De los nombres de Cristo (1572-1585) ―obra
culminante de la prosa de fray Luis, en donde interpreta los diferentes nombres que se
dan a Cristo en la Biblia― y La perfecta casada (1584) ―una obra moral sobre la
educación y los deberes de una esposa ejemplar.
Dentro de su producción poética, fray Luis desarrolló especialmente la lira (estrofa de
cinco versos compuesta por tres heptasílabos y dos endecasílabos con rima consonante
7a-11B-7a-7b-11B), como ilustran las conocidas primeras estrofas de la odas I (“A la
vida retirada”) y III (“A Francisco Salinas”):
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Oda I
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.
Oda III
En De los nombres de Cristo alcanza la prosa castellana de fray Luis su máxima
perfección. En esta obra, el agustino se adscribe a la teoría neoplatónica que ve en el
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
nombre una representación íntegra de la realidad por él designada y una forma de
acercarse a la contemplación de Dios, como se ilustra en el siguiente fragmento:
El nombre, si hemos de decirlo en pocas palabras, es una palabra breve que se sustituye por
aquello de quien se dice, y se toma por ello mismo. O nombre es aquello mismo que se nombra,
no en el ser real y verdadero que ello tiene, sino en el ser que le da nuestra boca y entendimiento.
Porque se ha de entender que la perfección de todas las cosas, y señaladamente de aquéllas que
son capaces de entendimiento y razón, consiste en que cada una de ellas tenga en sí a todas las
otras y en que, siendo una, sea todas cuanto le fuere posible; porque en esto se avecina a Dios, que
en sí lo contiene todo. Y cuanto más en esto creciere, tanto se allegará más a Él haciéndosele
semejante. La cual semejanza es, si conviene decirlo así, el pío general de todas las cosas, y el fin
y como el blanco adonde envían sus deseos todas las criaturas.
Consiste, pues, la perfección de las cosas en que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para
que por esta manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y teniendo yo su ser de todos
ellos, y todos y cada uno de ellos teniendo el ser mío, se abrace y eslabone toda esta máquina del
universo, y se reduzca a unidad la muchedumbre de sus diferencias; y quedando no mezcladas, se
mezclen; y permaneciendo muchas, no lo sean; y para que, extendiéndose y como desplegándose
delante los ojos la variedad y diversidad, venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo. Lo
cual es avecinarse la criatura a Dios, de quien mana, que en tres personas es una esencia, y en
infinito número de excelencias no comprensibles, una sola perfecta y sencilla excelencia.
De los nombres de Cristo (Libro I)
10.7. San Juan de la Cruz
Juan de Yepes Álvarez (Fontiveros, 1542 - Úbeda, 1591),
más conocido por su nombre posterior de san Juan de la
Cruz, es uno de los principales representantes de la
literatura mística española de la segunda mitad del siglo
XVI. Su obra poética, pese a su brevedad, está considerada
como una de las cumbres de la lírica española de todos los
tiempos, por su originalidad en la combinación de
elementos espirituales y alegóricos. Al igual que otros
religiosos de su época, san Juan recibió una sólida
formación humanística en latín (primero en la orden de
San Juan de la Cruz
los jesuitas y posteriormente en la de los carmelitas).
Junto con Santa Teresa de Jesús, fundó la orden de los carmelitas descalzos, que
buscaba retornar a la vida centrada en Dios con toda sencillez y pobreza, lo que le
valió la hostilidad de los carmelitas calzados, quienes lo encarcelaron durante varios
meses en 1578 (periodo durante el cual San Juan escribió gran parte de su producción
literaria).
En su obra lírica confluyen tres grandes influjos: el Cantar de los Cantares bíblico, la
poesía petrarquista culta y la poesía popular y de cancionero. Sus tres principales
composiciones poéticas son “Cántico espiritual” (poema de 40 liras inspirado en el
anterior Cantar de los Cantares en el que el Alma, bajo la forma alegórica de una
mujer, busca desesperadamente a su Esposo: Dios), “Noche oscura del alma” (poema
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místico en el que el alma va despojándose de todo apego terrenal hasta lograr la unión
con Dios) y “Llama de amor viva” (en el que el alma del poeta expresa el amor
espiritual de la unión con Dios mediante un lenguaje simbólico y alegórico).
Las estrofas iniciales del “Cántico espiritual” muestran la imagen alegórica del alma
humana como una Esposa-cazadora (herida) que persigue a su Amado-ciervo (bello,
esquivo y rápido) por un locus amoenus:
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Esposa
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
10
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
15
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
20
Pregunta a las criaturas
¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
25
Respuesta de las criaturas
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.
Cántico espiritual (1578)
10.8. Santa Teresa de Jesús
12
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Teresa de Cepeda y Ahumada (Ávila, 1515 - Alba de
Tormes, 1582), más conocida por su nombre religioso de
santa Teresa de Jesús o simplemente Teresa de Ávila, es
una de las principales representantes de la literatura
mística española de la segunda mitad del siglo XVI. Junto
con el otro gran escritor místico de su época, san Juan de
la Cruz, fundó la orden de los carmelitas descalzos, una
escisión de la orden del Carmelo que propugnaba la
austeridad, la pobreza y la clausura como formas de
aproximarse a Dios. Santa Teresa tuvo largos y
Santa Teresa de Jesús
tormentosos conflictos con la Iglesia debido a su
insistencia en “tratar a solas con Dios”: su búsqueda de la unión divina sin mediación
institucional ninguna. Durante su vida se entregó a la fundación de conventos de
carmelitas descalzos por toda Castilla. Tras su muerte, fue beatificada y convertida en
santa en 1622.
La literatura mística de santa Teresa recurre a la metáfora ante la imposibilidad de
expresar con rigor conceptual el significado y consecuencias de una experiencia que
trasciende toda ciencia. Además, apela constantemente a su propia ignorancia e
insignificancia como mujer para explicar sus comparaciones y su exceso de
imaginación (producto de su gran interés por la lectura de libros de caballerías
durante su infancia). En su producción poética, santa Teresa utiliza los versos menores
de la lírica tradicional, mientras que en sus obras en prosa ―entre las que destacan la
autobiografía Libro de la vida (1562) y los textos místicos de carácter didáctico
Camino de perfección (1564) y Castillo interior o Las moradas (1577)― emplea un
lenguaje directo y espontáneo, tomado del habla sencilla del pueblo.
El siguiente poema de santa Teresa ilustra el estilo lírico de sus composiciones: versos
cortos, sencillos y apasionados, nacidos del amor espiritual en que se abrasa la religiosa,
amor que en ella es fuente inagotable de misticismo poético:
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
5
10
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.
Esta divina prisión
13
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
15
20
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
El siguiente fragmento del Libro de la vida muestra la prosa llana y espontánea de la
santa a la hora de predicar la humildad y el rechazo de la falsa devoción como camino
para llegar a Dios:
Esto he probado. De este arte ha llevado Dios mi alma. Otros irán —como he dicho— por otro
atajo. Lo que yo he entendido es que todo este cimiento de la oración va fundado en humildad y
que mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios. No me acuerdo haberme hecho
merced muy señalada, de las que adelante diré, que no sea estando deshecha de verme tan ruin. Y
aun procuraba Su Majestad darme a entender cosas para ayudarme a conocerme, que yo no las
supiera imaginar.
Tengo para mí que cuando el alma hace de su parte algo para ayudarse en esta oración de unión,
que aunque luego luego parece la aprovecha, que como cosa no fundada se tornará muy presto a
caer; y he miedo que nunca llegará a la verdadera pobreza de espíritu, que es no buscar consuelo
ni gusto en la oración —que los de la tierra ya están dejados—, sino consolación en los trabajos
por amor de Él que siempre vivió en ellos, y estar en ellos y en las sequedades quieta. Aunque
algo se sienta, no para dar inquietud y la pena que a algunas personas, que, si no están siempre
trabajando con el entendimiento y con tener devoción, piensan que va todo perdido, como si por
su trabajo se mereciese tanto bien.
Libro de la vida (cap. 22, 11)
10.9. Poesía épica
Junto con la poesía cortesana y mística, durante el siglo XVI surge un tipo de lírica
épica de carácter culto destinada a ensalzar las hazañas de los héroes nacionales que
participaron en la Conquista de América. Al igual que el resto de géneros literarios
durante el Renacimiento, la poesía épica tomó como modelo a los clásicos latinos (en
particular la Eneida de Virgilio) y los escritores italianos (Orlando furioso, de
Ludovico Ariosto, y Jerusalén liberada, de Torquato Tasso). En cuanto al esquema
métrico, se empleó casi exclusivamente la octava real, estrofa de origen italiano
formada por ocho versos endecasílabos con rima consonante: ABABABCC. Una de las
más importantes composiciones pertenecientes a este grupo es La Araucana (1569), de
Alonso de Ercilla (1533-1594), poema que relata la conquista de Chile como una
reivindicación del valor desplegado por los soldados españoles en una guerra en tierras
14
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
lejanas, al tiempo que exalta el heroísmo del pueblo mapuche (con su caudillo
Caupolicán a la cabeza) en la defensa de su tierra.
Resumen
El Renacimiento cultural europeo del siglo XV, basado en una vuelta a los valores
clásicos, llega a España de forma tardía en el siglo XVI. En el terreno de la poesía, esta
nueva corriente da lugar a la lírica petrarquista (cuyo principal representante es
Garcilaso de la Vega), basada en el modelo poético italiano y caracterizada por versos
de arte mayor y una descripción de las emociones que el amor cortés produce en el
poeta. De forma paralela, se desarrolla en España durante el siglo XVI una literatura
religiosa de carácter ascético y místico (representada por fray Luis de León, san Juan
de la Cruz y santa Teresa de Jesús), cuyo objetivo era lograr la unión espiritual con
Dios. La Conquista de América dio lugar al surgimiento de una poesía épica
renacentista que exaltaba las hazañas guerreras de los españoles y los indios en el
Nuevo Continente, cuyo principal exponente es La Araucana.
Apéndice bibliográfico
Iliada (s. VIII a.C.) [Homero]
Este poema épico describe únicamente un episodio de la Guerra de Troya, haciendo especial énfasis en la disputa
del troyano Aquiles con Agamenón, la cólera del primero y sus terribles consecuencias. La "Iliada" recibe su
nombre de la ciudad de Troya, también llamada Ilión, antigua capital de Asia Menor.
Odisea (s. VIII a.C.) [Homero]
Poema épico que narra los viajes y aventuras del héroe Odiseo (o Ulises) tras la conquista de Troya, en su lucha
constante por volver a su querida patria Ítaca y reunirse con su mujer Penélope.
Eneida (19 a.C.) [Virgilio]
Los romanos heredaron el mundo del mito y la fábula de la literatura griega. En este ámbito se mueve la "Eneida",
leyenda mítica acerca de la fundación de Roma por parte del troyano Eneas, entremezclada además con el hecho
histórico de las Guerras Púnicas (264-146 a.C.) entre romanos y cartagineses por el control del Mediterráneo. La
obra, escrita en hexámetros latinos, presenta una estructura similar a la "Odisea" y la "Iliada" de Homero.
Metamorfosis (4 d.C.) [Ovidio]
Extenso poema épico escrito en hexámetros que narra 250 mitos que incluyen (directa o indirectamente) alguna
transformación. En el fondo, la metamorfosis es la expresión de la variedad de la vida, la capacidad inmensa de
transformarse todo, empezando por el cuerpo humano, desde la infancia a la vejez.
Orfeo (1480) / Estancias (1494) [Angelo Poliziano]
Poliziano, al igual que el resto de humanistas, se propuso recuperar el mundo clásico latino; para ello utiliza su
propia lengua toscana, lo que ayudó a conferir personalidad al italiano en un mundo literario europeo dominado
por el latín, que se imponía como lengua de cultura al resto de lenguas vernáculas. La "Fábula de Orfeo" narra en
octavas reales (ABABABCC) el tema mitológico del músico Orfeo que baja a los infiernos a rescatar a su mujer
Eurídice.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Arcadia (1504) [Iacopo Sannazaro]
Sannazaro toma como modelos a imitar los idilios pastoriles de Teócrito y Virgilio, siempre dentro de la tradición
bucólica. La "Arcadia" es una ensoñación poética, una especie de paraíso terrenal en el que el hombre, en contacto
de nuevo con la naturaleza, puede recrear la ya desaparecida Edad de Oro de la humanidad.
Aminta (1580) [Torquato Tasso]
Fábula pastoril de corte dramático que narra las aventuras amorosas de dos parejas de pastores idealizados: AmintaSilvia y Tirsi-Dafne. La profundidad del amor que el adolescente Aminta siente por su amada se pondrá de
manifiesto cuando un sátiro de instintos primarios secuestra a Silvia. Tras distintas peripecias, el final de la obra es
rotundamente feliz.
Aminta (1607) / Orfeo (1624) [Juan de Jáuregui]
"Aminta" es una traducción del humanista español Juan de Jáuregui del original italiano de Torquato Tasso; se trata
de una fábula pastoril que narra los amores entre el pastor Aminta y su enamorada Silvia. Su otra traducción de un
poema italiano renacentista, "Orfeo", es una recreación en verso de la fábula de Orfeo y Eurídice narrada por
Ovidio en sus "Metamorfosis", que más tarde recibió su espaldarazo definitivo entre los humanistas gracias a la
versión que Poliziano hizo en 1471.
Poesía castellana completa (1543) [Garcilaso de la Vega]
Garcilaso es tenido como el introductor de la lírica petrarquista italiana en España. Esta poesía, de carácter amoroso,
refleja el dolorido sentir del poeta ante la indiferencia de su amada, cuyo amor se ve como un objetivo inalcanzable.
Garcilaso desarrolla su pasión en el marco pastoril propio de la poesía bucólica latina, en el que el honbre, en
contacto de nuevo con una naturaleza idílica, puede huir de los vicios de la vida cortesana y encontrar la paz y la
tranquilidad de las que disfrutó en una anterior "Edad de Oro" de la humanidad.
Antología poética [Hernando de Acuña / Gutierre de Cetina / Francisco de Figueroa]
Acuña (Varias poesías); Cetina (Sonetos y madrigales completos); Figueroa (Poesía). Estos tres poetas corresponden
a la primera generación petrarquista en España, cuyas obras fueron publicadas en su mayoría a título póstumo. Se
trata de una poesía neoclasicista en la que el amor humano se halla entre el amor espiritual y el amor sensual, lo
cual es fuente de continuas tensiones. Este sentimiento es visto como algo imposible de alcanzar y que produce
dolor en el poeta.
Poesía (1582) [Fernando de Herrera]
Herrera es un poeta que odia la vulgaridad, lo cual se pone de manifiesto en sus composiciones a través de un
lenguaje poético brillante, ornamental y minoritario. Como en el resto de poetas petrarquistas, el gran tema de su
poesía es el amor. La lucha dialéctica entre razón y pasión que este amor produce quebranta el ánimo del poeta,
que hace partícipe a la naturaleza de sus sentimientos.
Poesías castellanas completas (1589) [Francisco de Aldana]
Aldana, al contrario que el resto de poetas neoplatónicos del siglo XVI, no refleja el encuentro amoroso como el
arco que tensa la flecha del deseo, sino como culminación sexual sin más ambages, erotismo expresado de manera
clara y estética.
Poesía (1610) [Diego Hurtado de Mendoza]
Con Boscán como adelantado, el "grave" Hurtado de Mendoza es un miembro más de lo que ha venido en llamarse
"primera generación petrarquista", grupo de poetas como Garcilaso, Acuña, Cetina, Figueroa, etc. que presentan en
común una serie de rasgos biográficos y poéticos. Hurtado de Mendoza describe en su poesía el sentimiento
amoroso con sus motivos derivados de alegría y tristeza, esperanza y desengaño, soledad y reproches. Además, es
autor de una serie de sátiras sociales violentas y despiadadas.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Poesía completa (1631) [Francisco de la Torre]
No existe ningún dato acerca de la vida de Francisco de la Torre (incluso se duda de su existencia). Algunos críticos
piensan que en realidad se trata de un pseudónimo de Quevedo, que fue el que publicó sus obras. El gran tema en
De la Torre, como en el resto de poetas petrarquistas, es el amor platónico, idealizado a la par que desesperado.
Poesía (1580) [Fray Luis de León]
La poesía de fray Luis versa sobre lo que debe hacer el hombre para alcanzar la armonía universal, huyendo del
"mundanal ruido" de la sociedad. Imita los temas y las formas de la poesía clásica latina (especialmente de Horacio),
aunque únicamente con el fin de ennoblecer la balbuciente lengua castellana.
La perfecta casada (1584) [Fray Luis de León]
Fray Luis se inspiró en la Biblia para escribir esta obra, en la que trata de las obligaciones de la mujer dentro del
matrimonio.
Poesía (1622) [San Juan de la Cruz]
El poema más conocido de san Juan, "Cántico espiritual" (1578), puede ser entendido en sus aspectos amoroso y
místico, debido a su gran ambigüedad de contenido. Ello es así debido a que el poeta intenta expresar su
sentimiento espiritual recurriendo a la poesía petrarquista y platónica, tan en boga en el siglo XVI.
Libro de la vida (1562) [Santa Teresa de Jesús]
Teresa de Jesús recurre a su experiencia autobiográfica para hacer partícipes a sus lectores de la comunicación
mística con Dios a través de la oración. Sin embargo, la gran dificultad que supone la descripción de este fenómeno
inefable hace que sea necesario el uso de multitud de imágenes alegóricas.
CAPÍTULO 11. PROSA DEL SIGLO XVI
11.1. Introducción
Durante la primera mitad del siglo XVI, los géneros narrativos en prosa del siglo XV
continúan desarrollándose (en particular, los libros de aventuras, las novelas
sentimentales y la literatura didáctica). No obstante, y al igual que la poesía, la prosa
castellana se ve influida por el nuevo modelo renacentista introducido desde Italia,
basado en la imitación de los modelos latinos (Horacio, Cicerón) e italianos (Baltasar
de Castiglione, Pietro Bembo), aunque con un estilo más natural, grave y pausado, que
caracteriza al castellano frente al latín. La visión renacentista del mundo también
afecta a las crónicas históricas y obras de saber publicadas durante los reinados de
Carlos V (1516-1556) y Felipe II (1556-1598). El historiador más representativo de la
primera mitad del siglo XVI es el humanista Pero Mexía (1497-1551), cuya Silva de
varia lección (1540), una enciclopedia miscelánea de conocimientos humanistas, gozó
de enorme popularidad en toda Europa.
En la segunda mitad del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, la prosa castellana
continúa diversificándose en sus distintos géneros, aunque la enorme producción
17
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
literaria de este periodo se puede agrupar en tres grandes categorías: 1) prosa religiosa
(como las anteriormente mencionadas obras de espiritualismo ascético-místico de fray
Luis de León, san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús); 2) prosa didáctica (basada
en la razón, la observación y la experimentación como métodos científicos, como en
Examen de ingenios para las sciencias (1575), de Juan Huarte de San Juan, análisis
psicológico de las distintas personalidades humanas que influyó posteriormente en el
diseño de los caracteres de algunos personajes de ficción novelística, como en Don
Quijote de la Mancha); 3) prosa histórica (literatura de tipo político reforzada con
contenidos nacionalistas, que mezcla hechos objetivos con otros legendarios, como en
las crónicas de la conquista de América).
Para hilvanar la narración de las obras y mostrar la evolución de los personajes, la
prosa castellana del siglo XVI se sirve fundamentalmente de tres subgéneros literarios
de origen clásico: la epístola (cartas enviadas o recibidas por los personajes), el diálogo
(comunicación directa e intercambio de opiniones entre aquéllos) y la autobiografía
(con el empleo de una primera persona ficticia que supone la fusión del narrador y el
protagonista). Los principales temas tratados son la enseñanza moral del cortesano
(reflejo de las inquietudes políticas, religiosas e intelectuales del momento), el ideal de
la vida retirada, la defensa del castellano y la política expansionista del emperador
Carlos I.
Por otra parte, la Conquista del continente americano durante el siglo XVI hizo que
surgiera en España un nuevo tipo de narración histórica, las crónicas de Indias, en las
que conquistadores y misioneros dan testimonio del problemático encuentro entre dos
culturas radicalmente distintas. Estas obras, narradas en un registro que oscila entre el
coloquial y el culto, imitan conscientemente el estilo de los libros de caballerías, con
grandes dosis de fabulación y fantasía en el relato de hechos históricos. A través de
estas crónicas de Indias, el castellano se vio enriquecido con numerosos vocablos
indígenas. Los autores más destacados de este subgénero prosístico castellano son fray
Bartolomé de las Casas (con su Brevísima relación de la destrucción de las Indias),
Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera de la conquista de la Nueva España) y
Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Naufragios).
A lo largo del siglo XVI y primera mitad del XVII, la novela se establece como el
principal género en prosa de la literatura española. Por sus características formales y
de contenido, se puede dividir en dos grandes grupos:
A) Novela idealista
● Novela de caballerías
● Novela epistolar
● Novela pastoril
● Novela bizantina
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
● Novela morisca
B) Novela realista
● Novela picaresca
11.2. Retórica humanista y diálogos
Bajo la apariencia de diálogos abiertos entre varios
personajes, con posibilidades de dar opiniones que
pueden ser aceptadas o rebatidas, se publican
durante el siglo XVI una serie de obras en prosa que
expresan en última instancia un contenido doctrinal
de carácter erasmista, basado en la defensa de los
valores religiosos personales, la exaltación del
pensamiento humanista y la dignificación de las
lenguas vernáculas frente al latín. Frente a los
diálogos didácticos de la Edad Media, en el
humanismo se desarrollan los diálogos retóricos, en
los que no se trata de llegar a una conclusión sino de
exponer en paralelo dos ideologías.
Alfonso de Valdés (1490-1532)
Algunas de las obras más importantes pertenecientes a este género prosístico son
Diálogo de Mercurio y Carón (1528), de Alfonso de Valdés, en el que se critica la
intolerancia religiosa de la Contrarreforma española; Diálogo de la lengua (1535), de
Juan de Valdés, una reflexión sobre distintos aspectos gramaticales del castellano
destinada a situar esta lengua al mismo nivel cultural que el latín; Menosprecio de
corte y alabanza de aldea (1539), de fray Antonio de Guevara, en la que se expresa el
tópico literario de huir de la vida cortesana para refugiarse en el campo; Diálogo de la
dignidad del hombre (1543), de Fernán Pérez de Oliva, en el que se defiende el libre
albedrío del hombre y su capacidad para hacerse a sí mismo; Viaje de Turquía (1557),
obra atribuida a Cristóbal de Villalón, diálogo entre tres personajes (Juan de Voto a
Dios, Mátalascallando y Pedro de Urdemalas) que describe el modo de vida de los
turcos al tiempo que critica las costumbres de la sociedad europea renacentista.
11.3. Libros de viajes
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Mapamundi de Mercator (1569)
El siglo XVI es el de los grandes descubrimientos
geográficos. Tras la conquista de América y las
expediciones de navegantes europeos por África y Asia, el mundo empieza a ser
conocido a través de geógrafos y cartógrafos. Las guerras que asolan Europa impiden la
libre circulación por el continente, por lo que durante este siglo se multiplican los viajes
a destinos exóticos (sobre todo América). Los relatos de estos viajeros, con descripciones
de los pueblos, la flora y la fauna de los lugares visitados, ayudaron a los europeos a
comprender mejor el Nuevo Mundo.
En el marco de la literatura española, algunas de las principales obras pertenecientes al
género de los libros de viajes ―aparte de las crónicas de Indias anteriormente
comentadas― son Descripción general de África (1573), de Luis del Mármol Carvajal, e
Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran Reyno de la China (1585),
de Juan González de Mendoza, primera obra europea en publicar caracteres chinos.
11.4. Novela de caballerías
Los libros de caballerías, que gozaron de una gran
aceptación en España durante la segunda mitad del siglo
XV, comienzan a perder popularidad hacia mediados del
siglo XVI, debido a la pérdida de los valores medievales
de nobleza, valentía y amor cortés en una sociedad
burguesa y materialista. Pese a que la última obra
perteneciente a este género que se publica en España,
Policisne de Boecia, lo hace en 1602, el género había
entrado ya en franca decadencia (en realidad, esta última
obra es una adaptación del clásico Amadís de Gaula).
Algunas de las novelas de caballerías más representativas
durante la primera mitad del siglo XVI, que dieron lugar
Palmerín de Oliva (1511)
a ciclos o continuaciones, son Las sergas de Esplandián
(1510), Palmerín de Oliva (1511), Clarián de Landanís
(1518) y El Caballero del Febo (1555).
11.5. Novela epistolar
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Hacia mediados del siglo XVI, se desarrolla el género
de la novela epistolar: narraciones escritas en forma
de cartas o epístolas que los personajes se envían
entre sí y presentadas por un autor anónimo. Esta
técnica narrativa, que ya había sido experimentada
en algunas novelas sentimentales del siglo XV (como
Cárcel de amor), se consolida como género literario
gracias a los tratados epistolares de Erasmo de
Rotterdam y Juan Luis Vives, que delimitan
claramente las cuatro partes que forman una carta:
Proceso de cartas de amores (1548)
salutatio (saludo), exordium (introducción o
propósito), narratio (presentación del tema) y conclusio (resumen de argumentos).
La primera novela epistolar propiamente dicha que aparece en la literatura española (y
al mismo tiempo la última novela sentimental) es Proceso de cartas de amores (1548)
de Juan de Segura, en la que el amor cortés es sustituido por una pasión sexual más
realista y acorde a la sociedad del siglo XVI. Este género narrativo, que permite el
análisis psicológico de los protagonistas a través de sus cartas, adquirió gran
popularidad en siglos posteriores en la literatura europea, y fue cultivado por autores
de la talla de Jean-Jacques Rousseau (Julia o la nueva Eloísa), Johann Wolfgang von
Goethe (Las desventuras del joven Werther) o Juan Valera (Pepita Jiménez).
11.6. Novela pastoril
En la línea de la literatura cortesana, este género
narrativo responde a los nuevos gustos de un
público más refinado durante el siglo XVI, capaz
de apreciar los préstamos que se hacen de la
literatura clásica e italiana y de comprender las
alusiones veladas. Inspirada en la poesía bucólica
grecolatina (Idilios, de Teócrito, y Bucólicas, de
Virgilio) y en la lírica renacentista (Arcadia, de
Pastores de la Arcadia (Nicolas Poussin)
Sannazaro), la novela pastoril refleja el
encuentro en espacios naturales idealizados de pastores refinados que hablan de sus
penas amorosas mediante diálogos intimistas, lánguidos y artificiosos (con mezcla de
prosa y verso). El amor neoplatónico de los protagonistas da lugar a un desarrollo
lento de la trama, que llega a su fin por mediación de la magia. Algunas de las obras
más importantes pertenecientes al género de la novela pastoril durante el siglo XVI
son Los siete libros de la Diana (1559), de Jorge de Montemayor, Diana enamorada
(1564), de Gaspar Gil Polo, La Galatea (1585), de Miguel de Cervantes, y La Arcadia
(1598), de Lope de Vega.
21
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
El siguiente fragmento de Los siete libros de la Diana, en el que el pastor Sireno
lamenta la ausencia de su amada Diana, ilustra el tono artificioso y refinado que
caracteriza a la novela pastoril:
Venía, pues, el triste Sireno los ojos hechos fuentes, el rostro mudado, y el corazón tan hecho a
sufrir desventuras, que si la fortuna le quisiera dar algún contento, fuera menester buscar otro
corazón nuevo para recibirle. El vestido era de un sayal tan áspero como su ventura, un cayado en
la mano, un zurrón del brazo izquierdo colgando.
Arrimose al pie de una haya, comenzó a tender sus ojos por la hermosa ribera hasta que llegó con
ellos al lugar donde primero había visto la hermosura, gracia, honestidad de la pastora Diana,
aquella en quien Naturaleza sumó todas las perfecciones que por muchas partes había repartido.
Lo que su corazón sintió imagínelo aquel que en algún tiempo se halló metido entre memorias
tristes. No pudo el desventurado pastor poner silencio a las lágrimas, ni excusar los suspiros que
del alma le salían, y volviendo los ojos al cielo, comenzó a decir de esta manera:
— ¡Ay memoria mía, enemiga de mi descanso!, ¿no os ocuparais mejor en hacerme olvidar
disgustos presentes que en ponerme delante los ojos contentos pasados? ¿Qué decís memoria? Que
en este prado vi a mi señora Diana, que en él comencé a sentir lo que no acabaré de llorar, que
junto a aquella clara fuente, cercada de altos y verdes alisos, con muchas lágrimas algunas veces
me juraba que no había cosa en la vida, ni voluntad de padres, ni persuasión de hermanos, ni
importunidad de parientes que de su pensamiento la apartase; y que cuando esto decía salían por
aquellos hermosos ojos unas lágrimas, como orientales perlas, que parecían testigo de lo que en el
corazón le quedaba, mandándome, so pena de ser tenido por hombre de bajo entendimiento, que
creyese lo que tantas veces me decía. Pues espera un poco, memoria, ya que me habéis puesto
delante los fundamentos de mi desventura (que tales fueron, pues el bien que entonces pasé fue
principio del mal que ahora padezco), no se os olviden, para templarme este descontento, de
ponerme delante los ojos uno a uno los trabajos, los desasosiegos, los temores, los recelos, las
sospechas, los celos, las desconfianzas, que aún en el mejor estado no dejan al que verdaderamente
ama.
Los siete libros de la Diana (Libro primero)
11.7. Novela bizantina
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Persiles y Segismunda (ed. 1617)
También llamada novela helenística, por tener su
origen en los libros de aventuras griegos Dafnis y
Cloe, de Longo (siglo II), y Etiópicas o Teágenes y Cariclea, de Heliodoro de Émesa
(siglo III), consiste en un intrincado relato de aventuras y viajes que se desarrollan en
un ámbito geográfico amplio y variado. La narración de sucesos se combina con la
descripción de lugares y costumbres, así como la reflexión sobre temas variados. Los
protagonistas son jóvenes amantes, auténticos “peregrinos del amor”, cuyos viajes y
aventuras les otorgan un anhelo de purificación en el sufrimiento y una exaltación de
la castidad amorosa característica de este género literario.
La novela bizantina tuvo un gran auge durante todo el siglo XVI y el primer tercio del
XVII, e incluso Cervantes cultivó este género en su última obra escrita en vida, Los
trabajos de Persiles y Segismunda (publicada en 1617, tras su muerte). Su éxito entre
los erasmistas se debió a su mensaje moral: las pasiones ilícitas son castigadas, mientras
que los afectos puros conducen a la felicidad. Además, por oposición a los “odiados”
libros de caballerías, que ofrecían un mundo fantástico e irreal, la novela bizantina
poseía cualidades como la verosimilitud, la verdad psicológica, la ingeniosidad en la
composición, la sustancia filosófica y el respeto de la moral.
La primera novela bizantina dentro de la literatura española es Historia de los amores
de Clareo y Florisea (1552), de Alonso Núñez de Reinoso, a la que siguieron Selva de
aventuras (1565), de Jerónimo de Contreras, El peregrino en su patria (1604), de Lope
de Vega, y la anteriormente mencionada Los trabajos de Persiles y Segismunda. Otras
obras, como Los amantes peregrinos Angelia y Lucenrique (1623), Historia de Hipólito
y Aminta (1627), Historia de las fortunas de Semprilis y Genorodano (1629) y
Eustorgio y Clorilene, historia moscóvica (1629), marcan la madurez de este género
literario.
El siguiente fragmento de Historia de los amores de Clareo y Florisea, en el que los dos
jóvenes amantes, una vez reunidos, reanudan sus viajes, ilustra el estilo y el lenguaje
de la novela bizantina:
Habiendo pues navegado algunos días aquellos amantes por la mar adelante, unas veces con
próspero tiempo y otras con contrario (porque los que van navegando no pueden dejar de sentir y
probar los reveses y mudanzas de la loca y brava mar), una mañana, ya que el sol esparcía sus
claros rayos por toda la tierra, vieron de lejos una hermosa ínsula llena de muy hermosas y ricas
casas, tan copiosa de arboledas y verdes campiñas que gran contento daba a los ojos que la
miraban, y ponía gran deseo a los navegantes de ver tierra que tan hermosa parecía.
Y así determinaban, cansados de la fastidiosa mar, de reposar allí. Pero los marineros, que sabían
más de la ínsula que no ellos, les dijeron que no lo hiciesen, porque si en la
ínsula entrasen, que supiesen cierto que se ponían a gran peligro, porque en la ínsula vivía la
princesa Narcisiana, hija del rey de Macedonia, la cual era tan hermosa que ninguna persona la
veía que la misma hora no muriese; y que por esta causa sus padres la habían hecho traer a aquella
ínsula, que la ínsula Deleitosa se nombraba, por causa y respecto de los grandes deleites que había
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
en ella. Adonde la princesa estaba acompañada de muchas dueñas y doncellas de alta guisa, y de
otras princesas que por le tener compañía allí eran venidas, y algunos pastores, los cuales, a lo que
se pensaba, eran grandes príncipes y andaban disfrazados por causa de la princesa; principalmente
uno que Altaiés de Francia dicen ser, hijo del emperador de Trapisonda, por otro nombre el
caballero Constantino llamado, y en aquella ínsula el pastor Archesileo.
Historia de los amores de Clareo y Florisea (1552)
11.8. Novela morisca
La cercanía de las últimas luchas contra el invasor árabe en
Granada dan lugar al surgimiento de un nuevo género
narrativo en la literatura española, la novela morisca, que
gira en torno a la figura idealizada del caballero musulmán,
al que se equipara por su nobleza y linaje con el héroe de
los libros de caballerías. De forma similar a la novela
bizantina, las peripecias amorosas están plagadas de
dificultades y se desarrollan en un marco espacial donde se
combinan el exotismo oriental, el lujo y la fastuosidad. Las
El Abencerraje (1565)
principales novelas moriscas del siglo XVI son la anónima
Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa (1565) y
Guerras civiles de Granada (1595), de Ginés Pérez de Hita.
En Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa, la violencia épica de un episodio de
conquista con la que comienza la novela da paso a una bellísima lección de cordialidad
y generosidad entre caballeros de distinta religión. La conducta de los dos protagonistas,
don Rodrigo de Narváez y el moro Abindarráez, es explicada por sus respectivas historias,
que giran en torno a dos temas comunes: el heroico y el amoroso. El primero introduce
motivos militares, mientras que el segundo, relacionado con las circunstancias de
Abindarráez y su amada Jarifa, presenta el amor y sus efectos. Ambos temas coinciden,
sin embargo, en un objetivo único, la virtud, que se consigue por medio del amor, la
amistad y un encumbramiento moral que incorpora a los hombres a normas superiores
de conducta. El siguiente pasaje de esta novela ilustra el encuentro entre los dos
protagonistas que, pese a ser enemigos sobre el campo de batalla, se muestran como
caballeros de nobles sentimientos:
Y yendo por él adelante hablando en la buena disposición y valentía del moro, él dio un grande y
profundo sospiro: y habló algunas palabras en algaravía, que ninguno entendió. Rodrigo de
Narváez yva mirando su buen talle y dispusición, acordávasele de lo que le vio hazer: y parecíale
que tan gran tristeza en ánimo tan fuerte no podía proceder de sola la causa que allí parescía. Y por
informarse dél, le dixo:
— Cavallero, mirad que el prisionero que en la prisión pierde el ánimo, aventura el derecho de la
libertad. Mirad que en la guerra los cavalleros han de ganar y perder: porque los más de sus
trances estan subjectos a la fortuna: y paresce flaqueza que quien hasta aquí ha dado tan buena
muestra de su esfuerço, la dé aora tan mala. Si sospirays del dolor de las llagas, a lugar vays do
sereys bien curado. Si os duele la prisión, jornadas son de guerra a que estan subjectos quantos la
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
siguen. Y si teneys otro dolor secreto fialde de mí, que yo os prometo como hijodalgo de hazer por
remediarle lo que en mí fuere.
El moro, levantando el rostro, que en el suelo tenia, le dixo:
— ¿Cómo os llamays, cavallero, que tanto sentimiento mostrays de mi mal?
Él le dixo:
— A mí llaman Rodrigo de Narváez, soy Alcayde de Antequera y Alora.
El moro, tornando el semblante algo alegre, le dixo:
— Por cierto aora pierdo parte de mi quexa: pues ya que mi fortuna me fue adversa, me puso en
vuestras manos, que aunque nunca os vi, sino aora, gran noticia tengo de vuestra virtud y
expiriencia de vuestro esfuerço: y porque no os parezca que el dolor de las heridas me haze
sospirar y también porque me paresce que en vos cabe qualquier secreto, mandad apartar vuestros
escuderos, y hablaros he dos palabras.
El Alcayde los hizo apartar, y quedando solos el moro, arrancando un gran sospiro, le dixo:
— Rodrigo de Narváez, alcayde tan nombrado de Alora, estate atento a lo que te dixere, y verás si
bastan los casos de mi fortuna a derribar un coraçón de un hombre captivo. A mí llaman
Abindarráez el moço, a diferencia de un tío mío hermano de mi padre, que tiene el mismo nombre.
Soy de los Abencerrajes de Granada, de los quales muchas vezes avrás oydo dezir: y aunque me
bastava la lastima presente, sin acordar las passadas, todavia te quiero contar esto.
Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa (1565)
11.9. Novela picaresca
Dentro del género de la novela realista, la llamada
novela picaresca surgió como respuesta a los enormes
contrastes de la sociedad española del siglo XVI, en la
que convivían los caballeros y burgueses enriquecidos
con los hidalgos empobrecidos y una gran parte del
pueblo llano (mendigos y vagabundos) desheredado de la
fortuna. Literariamente, este género nació como una
parodia de las novelas idealistas del Renacimiento (como
los libros de caballerías, la novela sentimental o la novela
pastoril), en las que el protagonista no es un héroe de
Picaro (grabado)
ideales cortesanos, sino un “antihéroe” que vive en un
mundo miserable, en el que sólo se sobrevive gracias al engaño y la mentira y en el
que no hay esperanzas de ascenso social.
Pese a que este género contó con algunas obras precursoras en la primera mitad del
siglo XVI, como La Lozana andaluza (1528) —novela dialogada que describe la vida en
los bajos fondos de Roma—, la primera novela picaresca propiamente dicha es el
anónimo Lazarillo de Tormes (1554). Este nuevo género se consagró definitivamente
tras la publicación en 1599 del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y alcanzó su
culminación en 1626 con El Buscón, de Quevedo. La novela picaresca se desarrolló
hasta mediados del siglo XVII, con obras como La pícara Justina (1605), de Francisco
López de Úbeda, La hija de la Celestina (1612), de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo,
Vida del escudero Marcos de Obregón (1618), de Vicente Espinel, La desordenada
codicia de los bienes ajenos (1619), de Carlos García, Alonso, mozo de muchos amos
(1624), de Jerónimo de Alcalá Yáñez, y la anónima Vida y hechos de Estebanillo
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
González (1646). Las principales características de este género prosístico son las
siguientes:
1) El relato de las “aventuras” del antihéroe se enmarca en un ámbito espaciotemporal similar al de los libros de caballerías, aunque con un tono satírico-paródico:
el pícaro visita todas las clases sociales de la época y es testigo directo de su hipocresía
y falsedad.
2) La novela picaresca posee un estilo autobiográfico, aunque se trata en todo caso de
personajes ficticios.
3) El protagonista posee un origen miserable.
4) El mundo marginal en el que vive el antihéroe aparece reflejado con gran crudeza y
realismo.
5) Aunque el pícaro intenta constantemente mejorar su condición social, su vida está
determinada por sus orígenes y su entorno y no podrá jamás dejar de ser un pícaro.
6) El tono general de la novela picaresca es de pesimismo y desengaño: la vida del
pícaro se muestra como un ejemplo con valor moralizante de que la vida descarriada
de un individuo conduce únicamente al castigo o al arrepentimiento final.
La novela picaresca española influyó enormemente en el desarrollo de este género en
otras literaturas europeas, como en Alemania (Simplicius Simplicissimus, del siglo
XVII), Francia (Histoire de Gil Blas de Santillane, del siglo XVIII) e Inglaterra (Moll
Flanders y Tom Jones, ambas del siglo XVIII).
11.10. Lazarillo de Tormes
La primera obra perteneciente al género de la novela
picaresca, el Lazarillo de Tormes (1554) —o La vida
de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y
adversidades, como reza el título completo de la
Lazarillo de Tormes (Goya)
obra—, es una obra anónima, escrita en primera
persona y en estilo epistolar (como una única y
extensa carta dirigida a un noble), que narra de forma
autobiográfica la vida de un pícaro del siglo XVI,
Lázaro de Tormes, desde su nacimiento y mísera
infancia hasta su matrimonio, ya en edad adulta. Por
su realismo, narración en primera persona, estructura
itinerante al servicio de varios amos e ideología
moralizante y pesimista, está considerada como la
precursora de la novela picaresca en España.
Lazarillo de Tormes es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad del siglo XVI, de
la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas (sobre todo las de los clérigos y
religiosos). Pese a que se desconoce su autor, es posible que fuera un simpatizante de
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
las ideas erasmistas que se propagaban por Europa (motivo por el cual permaneció en
el anonimato, para evitar las represalias de la Inquisición).
Así como los libros de caballerías estaban protagonizados por héroes cortesanos de
elevados valores morales, Lázaro representa la antítesis de estos personajes: tras una
vida miserable al servicio de varios amos, llega a la “cima” de su ascenso social cuando
entra al servicio de un arcipreste, aun a costa de perder su “honra” al consentir las
relaciones de éste con su mujer. La vida de Lázaro es un doloroso tránsito desde la
inocencia y la pureza de la infancia al cinismo y la corrupción moral de su edad adulta,
como signos de su integración social.
El estilo literario del Lazarillo de Tormes mezcla lo doctrinal (la novela suscita una
reflexión moral de los valores sociales) y lo lúdico (su lectura resulta entretenida), lo
culto y lo popular, el pesimismo y el humor, lo religioso y lo mundano… todo ello
expresado mediante un lenguaje realista de gran naturalidad expresiva. El sentido
último de la obra es —en consonancia con la corriente erasmista de la época— la
denuncia social ante la ausencia de un verdadero sentido cristiano de la vida.
A continuación se ilustra el despertar de Lázaro a la vida del pícaro, cuando entra al
servicio de un ciego que le ofrece su primera lección de supervivencia en un mundo
lleno de maldad mediante la cornada de un toro de piedra:
En este tiempo vino a posar al mesón un ciego, el cual, pareciéndole que yo sería para adestralle,
me pidió a mi madre, y ella me encomendó a él, diciéndole cómo era hijo de un buen hombre, el
cual, por ensalzar la fe, había muerto en la de los Gelves, y que ella confiaba en Dios no saldría
peor hombre que mi padre, y que le rogaba me tratase bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él
le respondió que así lo haría, y que me recibía no por mozo sino por hijo. Y así le comencé a servir
y adestrar a mi nuevo y viejo amo.
Como estuvimos en Salamanca algunos días, pareciéndole a mi amo que no era la ganancia a su
contento, determinó irse de allí; y cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi madre, y ambos
llorando, me dio su bendición y dijo:
“Hijo, ya sé que no te veré más. Procura ser bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te
he puesto. Válete por tí.”
Y así me fui para mi amo, que esperándome estaba. Salimos de Salamanca, y llegando a la puente,
está a la entrada della un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que
llegase cerca del animal, y allí puesto, me dijo:
“Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido dentro de él.”
Yo simplemente llegué, creyendo ser ansí; y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra,
afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me
duró el dolor de la cornada, y díjome:
“Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo”, y rió mucho la
burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba. Dije
entre mí:
“Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa
valer.”
Lazarillo de Tormes (Tratado primero)
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
11.11. Guzmán de Alfarache
Esta obra, escrita por Mateo Alemán (1547-1615) y
publicada en dos partes (1599 y 1604), supone la
consagración definitiva del género de la novela
picaresca, iniciado en 1554 con el Lazarillo de
Tormes. Al igual que ésta, el Guzmán de Alfarache
narra en forma autobiográfica la historia de un
trotamundos desheredado de la fortuna cuyo papel en
la vida se reduce a ir satisfaciendo, de cualquier manera,
sus necesidades más elementales. El hambre es, a la vez,
el motor principal del pícaro, y para combatirla
trabajando lo menos posible hace de todo sin ser, en
realidad, nada: sirve a varios amos, hace de mendigo,
roba y engaña. Desde la atalaya de su madurez,
Guzmán relata de forma retrospectiva su vida como
justificación de su estado actual (condenado a galeras
Guzmán de Alfarache (ed. 1681)
por sus crímenes). La enseñanza moral de la novela es
la de un ejemplo que no se debe seguir. La popularidad del Guzmán de Alfarache fue
enorme en su época, con numerosas ediciones, traducciones a otros idiomas y
continuaciones apócrifas.
Mediante constantes apelaciones a un “tú” que representa al lector de la novela, cómplice
de las aventuras del pícaro, Mateo Alemán ofrece su mensaje didáctico bajo la forma de
advertencias y digresiones. Pese a que el autor insiste una y otra vez en su novela en el
libre albedrío de las personas, el protagonista, Guzmán, no logra librarse ni de la mancha
de su herencia ni de las circunstancias que, a causa de ésta, le empujan a vivir en
continuo pecado. El mensaje de la obra es, al igual que en el resto de novelas picarescas,
marcadamente pesimista: una vez lanzado al mundo, el hombre entra en el pecado y el
engaño, y si por gracia de su albedrío, tras haberse dado cuenta del engaño, se salva, no
va a intentar cambiar el mundo, sino que lo va a rechazar, ya que cambiarlo resulta
imposible.
Cada uno de los capítulos que integran las dos partes del Guzmán de Alfarache posee
una estructura similar: un título descriptivo del contenido, una introducción en la que el
autor ofrece al lector una serie de consideraciones morales y la narración del capítulo
propiamente dicha. El siguiente fragmento de esta obra ilustra lo anterior:
Capítulo VI
Vuelto a Roma Gumán de Alfarache, un cardenal, compadecido dél, mandó que fuese curado en su casa
y cama
Bien es verdad natural en los de poca edad tener corta vista en las cosas delicadas que requieren gravedad y
peso, no por defecto del entendimiento, sino por falta de prudencia, la cual pide experiencia y la
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
experiencia tiempo. Como la fruta verde mal sazonada no tiene sabor perfecto, antes acedo y desabrido, así
no le ha llegado al mozo su maduro. Fáltale el sabor, la especulación de las cosas y conocimiento verdadero
dellas. Y no es maravilla que yerre: antes lo sería si acertase. Con todo esto el buen natural de ordinario
siempre tiene más capacidad para las consideraciones. […]
Somos los pobres como el cero de guarismo, que por sí no vale nada y hace valer a la letra que se le allega,
y tanto más cuantos más ceros tuviere delante. Si quieres valer diez, pon un pobre par de ti, y cuantos más
pobres remediares y más limosna hicieres, son ceros que te darán para con Dios mayor merecimiento. ¿Qué
te pones a considerar si gano, si no gano, si me dan, si no me dan? Dame tú lo que te pido, si lo tienes y
puedes, que, cuando no por Dios que te lo manda, por naturaleza me lo debes. Y no entiendas que lo que
tienes y vales es por mejor lana, sino por mejor cardada, y el que a ti te lo dio y a mí me lo quitó, pudiera
descruzar las manos y dar su bendición al que fuera su voluntad y la mereciera. […]
Alejado voy de Roma, para donde caminaba. Cuando allá llegué, me reventaron las lágrimas de gozo.
Quisiera fueran los brazos capaces de abrazar aquellas santas murallas. El primer paso que dentro puse fue
con la boca, besando aquel santo suelo. Y como la tierra que el hombre sabe, ésa es su madre, yo sabía bien
la ciudad, era conocido en ella; comencé como antes a buscar mi vida. Vida la llamaba, siendo mi muerte.
Y aquél me parecía mi centro.
Guzmán de Alfarache (cap. VI, libro tercero, primera parte)
Resumen
La prosa renacentista del siglo XVI continúa los géneros anteriores (libros de
aventuras, novelas sentimentales y prosa didáctica) y desarrolla otros nuevos (prosa
religiosa, prosa histórica y especialmente la novela). Tres de los modelos literarios
preferidos por la literatura humanística para la narración son la epístola, el diálogo y la
autobiografía. El género prosístico por antonomasia durante el siglo XVI y la primera
mitad del XVII es la novela, que se divide a su vez en varios subgéneros: epistolar,
pastoril, bizantina, morisca y picaresca. Esta última será la más representativa y dará
lugar a una amplia producción literaria que se inicia con el Lazarillo de Tormes y que
tendrá una enorme influencia en la evolución de este género en otras literaturas
europeas.
Apéndice bibliográfico
Política [Aristóteles]
Aristóteles lleva a cabo en su "Política" un análisis de lo que debería ser el Estado ideal, y plantea una visión del
hombre como "animal cívico", cuya verdadera razón de ser y fin último en la vida es la consecución de la virtud, la
justicia y el bien, que sólo se consiguen viviendo en sociedad. El Estado debe ser, en última instancia, una
prolongación de la familia, en la que el hombre posee soberanía sobre la mujer y el esclavo. Aristóteles discute en
profundidad los tres tipos de gobierno conocidos hasta entonces (monarquía, aristocracia, república) así como sus
respectivas corrupciones (tiranía, oligarquía, demagogia). Todos ellos poseen ventajas e inconvenientes, aunque
Aristóteles parece proponer finalmente como modelo de gobierno una aristocracia de los virtuosos (o sabios), es
decir, los filósofos.
La República (384-377 a.C.) [Platón]
El género literario preferido por Platón para expresar su doctrina es el diálogo, ya que pensaba que el método
dialéctico era el más apropiado para la enseñanza de la filosofía. Así ocurre en "La República", en donde Platón
lleva a cabo una analogía entre el Estado y el ser humano. Al igual que la parte racional del hombre debe ser la
encargada de gobernar su alma, así el filósofo es el más apropiado para gobernar el Estado. Por debajo de él han de
estar los guerreros, que se encargarán de mantener el orden público. En un nivel inferior se encuentran los
ciudadanos, que han de poseer costumbres moderadas. De esta manera, la justicia en el Hombre-Estado sólo sera
29
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
posible si existe un equilibrio entre las tres virtudes representativas de los estamentos anteriores: sabiduría,
fortaleza y templanza. En el libro VII de "La República" (de un total de diez), Platón introduce el famoso "mito de
la caverna" para ejemplificar el descubrimiento del mundo inteligible de las ideas por parte del filósofo.
El banquete / Fedón / Fedro [Platón]
Estos tres diálogos corresponden a la etapa de madurez de Platón, en la que desarrolla las tesis fundamentales de su
filosofía. "El banquete" (384 a.C.) se estructura en torno al tema del amor; "Fedón" (387 a.C.) trata acerca de la
inmortalidad del alma; "Fedro" (387 a.C.) desarrolla, igualmente, la teoría platónica del alma, según la cual ésta
desea volver al mundo inteligible de las ideas (del que proviene), a pesar de que se halle transitoriamente ligada a
una forma material.
Idilios [Teócrito]
Teócrito es el primer representante de la literatura pastoril. Sus "Idilios", que reflejan amenos paisajes lejos del
mundanal ruido, triunfaron en la sociedad griega de la época, necesitada de una literatura de evasión. Los pastores
de Teócrito son cultos porque representan a las clases cultas (a pesar de los cual algunos de sus idilios son rústicos).
Bucólicas / Geórgicas [Virgilio]
Las "Bucólicas" (43-39 a.C.) son diez poemas que Virgilio escribió a imitación de los "Idilios" del poeta griego
Teócrito (323-250 a.C.); tratan de la vida rústica y pastoril idealizada, y en ellos hay referencias ocultas a
situaciones del entorno real de Virgilio. Las "Geórgicas" (37-30 a.C.) es un largo poema didáctico-moral que,
siguiendo las directrices del emperador Augusto, invita a los romanos al regreso al cultivo de la tierra y al trabajo
productivo.
Los siete libros de la sabiduría [Séneca]
Séneca fue el más independiente y brillante de los filósofos seguidores del estoicismo, doctrina de origen griego
fundada por Zenón de Citia en el siglo IV a.C. Esta corriente moral postula que el hombre debe vivir de forma
racional y en armonía con la naturaleza, y que la virtud es el único bien. Es por ello que el hombre virtuoso ha de
mostrarse indiferente ante el placer y la desgracia que el destino le pueda deparar, para lograr así la libertad
espiritual y ajustarse a la voluntad divina que controla toda la naturaleza. Esta concepción ética de la vida se
expresa de forma estética en "Los siete libros de la sabiduría", un grupo de tratados filosófico-morales en los que
Séneca exalta la verdadera virtud y denuesta los vicios y los bienes materiales.
Discursos cesarianos (46-45 a.C.) [Cicerón]
Colección de tres discursos dirigidos a César en los que Cicerón se refiere a personajes y hechos de la guerra civil
en Roma (49-45 a.C.), producto del enfrentamiento entre el propio César y Pompeyo. Cicerón había sido partidario
de este último durante el conflicto, y tras conseguir el perdón de César pretende, mediante sus "Discursos
cesarianos" y ayudado de su oratoria, que el emperador indulte igualmente a otros tres personajes que estuvieron
en el bando de Pompeyo.
Satiricón (siglo I d.C.) [Petronio]
El "Satiricón" es considerada como la primera novela picaresca de la literatura europea. En ella se entremezclan lo
sensual, lo obsceno y lo satírico. El satirista Petronio desempeñó el cargo de "árbitro del buen gusto" bajo el
mandato de Nerón.
El asno de oro (184) [Apuleyo]
"El asno de oro" (o "La metamorfosis") constituye una novela satírica en la que Apuleyo se burla con mucha
originalidad de las ridiculeces y los vicios que imperan en la sociedad romana de su época, y de la superstición en
general.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Dafnis y Cloe [Longo]
“Dafnis y Cloe" representa la continuación latina de las novelas bizantinas griegas, cuyo argumento suele ser el de
dos jóvenes enamorados que, tras ser separados a la fuerza y vivir diversas aventuras, acaban reuniéndose
felizmente. El tema principal es el amor puro, ya que a pesar de todos los peligros por los que pasa Cloe se mantiene
virgen a lo largo de toda la novela. Hay un fuerte factor religioso en la obra, ya que los dioses actúan como seres
tutelares capaces de modificar el destino de los protagonistas.
Elogio de la locura (1509) [Erasmo de Rotterdam]
Ingeniosa sátira acerca de la hipocresía y corrupción en el mundo.
El príncipe (anotado por Napoleón Bonaparte) (1532) [Nicolás Maquiavelo]
Tratado acerca de cómo gobernar los reinos en época de crisis y decadencia; para ello, el Príncipe ha de colocarse
por encima de toda consideración moral, anteponiendo el interés del Estado a cualquier otro interés personal (el
famoso lema maquiavélico de que el fin justifica los medios). Gracias a esta ideología pragmática, Maquiavelo
contribuyó a divulgar la idea de lo que más tarde sería el Estado moderno. La gran novedad de esta edición de "El
Príncipe" consiste en la anotación que de la misma lleva a cabo Napoleón, en donde demuestra continuamente
grandes dotes de soberbia y vanidad.
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632) [Bernal Díaz del Castillo]
Crónica de la conquista de México por parte de Hernán Cortés, narrada en primera persona por uno de los soldados
que lo acompañó. El autor, carente de formación literaria, se propone únicamente reflejar lo más fidedignamente
posible todos los hechos ocurridos, en base a notas que fue tomando a modo de diario de un conquistador. El punto
de vista general, a diferencia de otras crónicas de Indias, es bastante objetivo, dentro de la continua obsesión de
Díaz del Castillo por la verdad. Lo que más llama la atención es el gran detallismo que refleja la obra (nombres,
sucesos, fechas, lugares, etc.).
Diálogo de Mercurio y Carón (1528) [Alfonso de Valdés]
Junto con su hermano Juan, Alfonso de Valdés es uno de los máximos representantes del erasmismo en España. Su
"Diálogo de Mercurio y Carón" es una alegoría que resume perfectamente los ideales erasmistas: sátira,
anticlericalismo, imperialismo y pacifismo. Todos los estados sociales van desfilando ante los dos protagonistas de la
obra, lo que hace que se descubran sus faltas y se muestre sus posibilidades de perfección. Valdés se muestra
especialmente crítico con el falso cristianismo, y aboga por una fe católica verdaderamente sentida.
Diálogo de la lengua (1535) [Juan de Valdés]
Juan de Valdés fue un erasmista representante de lo que vino a llamarse "buen gusto": la expresión natural en todos
los aspectos de la vida. En su obra "Diálogo de la lengua" trata el tema del idioma, en una etapa en la que el
castellano se estaba formando aún como lengua nacional y de prestigio. Hace una defensa a ultranza de las lenguas
vulgares frente a las clásicas, y ensalza sobremanera los refranes y expresiones populares, porque representan la
quintaesencia de la sabiduría popular. De la obra se desprende igualmente una gran animadversión hacia el
gramático Antonio de Nebrija, al que acusa de latinizante y critica por ser andaluz.
Diálogo de la dignidad del hombre (1543) [Fernán Pérez de Oliva]
El "Diálogo de la dignidad del hombre" es una discusión literaria acerca de la condición humana entablada entre
dos amigos, Aurelio y Antonio, en la que el primero la denigra y el segundo la enaltece. Un tercer personaje,
Dinarco, interviene al final a modo de juez para dar la razón al segundo. La fuente de esta obra son los debates
medievales y el diálogo clásico de carácter retórico.
Viaje de Turquía (1557) [Cristóbal de Villalón]
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Esta obra es una autobiografía novelesca y dialogada en la que se describe en profundidad el mundo turco que, tras
la caída de Constantinopla en poder del Imperio Otomano (1453), constituía una seria amenaza para la sociedad
cristiana occidental.
Menosprecio de corte y alabanza de aldea / Arte de marear (1539) [Antonio de
Guevara]
Guevara se inserta en la tradición del "beatus ille" horaciano. La "aldea" a que hace referencia es simplemente un
trasplante de los usos cortesanos a un ambiente más sano y menos viciado, un ideal de virtud y conducta para el
hombre renacentista. La gran obsesión de Guevara consiste en establecer la diferencia entre "razón" y "opinión",
fundando aquélla en la experiencia vital. El "Arte de marear" es una alegoría que representa esto último: el mundo
es como el mar, lleno de peligros; la fortuna es como el viento, variable y traicionera; el hombre es como el
navegante, y sólo el que se sujeta a razón y no a opinión es capaz de resistir los embates de la fortuna y renunciar a
las ambiciones del mundo.
Epístolas familiares (antología) (1539-1541) [Antonio de Guevara]
A imagen y semejanza de las epístolas familiares de Cicerón, Guevara redacta una serie de cartas que encierran
diferentes propósitos, desde el didáctico-moral hasta el político, pasando por el religioso. El género epistolar conoce
un espectacular auge durante el siglo XVI (es especialmente frecuente en la novela sentimental), hasta el punto de
que llegan a escribirse manuales acerca de cómo redactar cartas, ya sean notariales, sentimentales o de amistad.
El Abencerraje (Novela y romancero) (1565) [anónimo]
Esta obra sirve como punto de partida de la llamada novela morisca, en la que la nobleza de espíritu y la
generosidad triunfan por encima de las creencias religiosas. Hay en la obra una idealización del mundo árabe, cuya
cultura se consideraba superior durante el Renacimiento.
Espejo de príncipes y cavalleros o El Cavallero del Febo (1555) [Diego Ortúñez de
Calahorra]
Los libros de caballerías eran auténticos éxitos de venta en la España de principios del siglo XVI, siendo
especialmente las clases bajas de la sociedad las que los leían. Por su difusión y su estructura, se podrían comparar
con los "culebrones" de hoy en día. El "Espejo de príncipes y cavalleros" fue el último de entre los libros de
caballerías que disfrutó de amplio éxito comercial (siempre a la sombra del "Amadis de Gaula", la mejor obra del
género). En él se narran, en tono fantástico, las aventuras del Caballero del Febo y su hermano Rosicler, nacidos
ambos (al igual que el resto de héroes en este tipo de obras) en circunstancias excepcionales y misteriosas. El
propósito de este libro es claramente didáctico, ya que se pretende ilustrar un modelo de comportamiento. Hay un
narrador que conoce toda la historia y la va contando por partes, saltando de un personaje a otro a lo largo de la
narración. Para dar mayor verosimilitud a los hechos, remite a una presunta versión de la historia escrita por un
sabio. A pesar de que los frecuentes duelos son muy repetitivos (el narrador abusa de las mismas fórmulas
lingüísticas para las escenas similares) y de que el autor deja y retoma la acción constantemente, la lectura de la
obra resulta amena y entretenida.
La Lozana andaluza (1528) [Francisco Delicado]
Esta obra, precursora de la novela picaresca en España, constituye un documento vivo de la estancia de los
españoles en Italia a comienzos del siglo XVI, así como del alto grado de corrupción alcanzado en Roma, "paraíso
de putanas" (en palabras del propio Delicado); toda esta degradación culminó en 1527 con el Saco de Roma por
parte de los soldados del emperador Carlos I. "La Lozana andaluza" muestra un lenguage popular de gran riqueza,
reflejo del habla marginal y heterogénea de la cosmopolita ciudad italiana.
Lazarillo de Tormes (1554) [anónimo]
Con esta obra se inicia el género de la novela picaresca en España, cuyo protagonista es siempre un personaje de
baja extracción social, de características totalmente opuestas a las de los héroes tradicionales. Son obras de un gran
32
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
contenido moralizante, ya que, tras una narración autobiográfica de su vida (lo cual sirve para poner de relieve los
vicios y defectos de su época), el pícaro siempre acaba arrepentido de su pasado delictivo y reintegrado a la
sociedad. El gran mérito de "El Lazarillo", y lo que lo convierte en una de las primeras novelas modernas, consiste
en crear una obra de ficción mediante una estructura y un tema característicos de un hecho verídico: desde su
madurez, y a ruegos de una persona anónima ("vuessa merced"), el protagonista narra su vida en primera persona.
De esta manera, el lector de la época acostumbrado a leer obras de ficción, que acometió el libro como "verdad",
acaba encontrando una "mentira", lo cual instaura un nuevo género de ficción: la novela.
Guzmán de Alfarache (1599-1604) [Mateo Alemán]
Novela picaresca más representativa de este género, tras el "Lazarillo de Tormes". Se trata de una digresión moral
narrada en primera persona desde la atalaya de la vida, desde donde se puede tener un punto de vista objetivo. El
"Guzmán de Alfarache" es una obra de alto contenido religioso, con una visión desencantada y pesimista de la
sociedad renacentista, siguiendo las líneas de la Contrarreforma en que se inserta.
Vida del escudero Marcos de Obregón (1618) [Vicente Espinel]
Obra atípica dentro de la novela picaresca ya que, a pesar de poseer una estructura narrativa característica de este
género, el protagonista no es propiamente un pícaro, sino un escudero. Por otro lado, la gran cantidad de aventuras
y viajes narrados la asemeja más a las novelas bizantinas propias de la época.
La vida de Estebanillo González (1646) [anónimo]
Novela picaresca de viajes, cuya línea argumental se asemeja al "Guzmán de Alfarache", aunque se aparta del tono
moralizante de éste. Por contra, "La vida de Estebanillo González" se enmarca más en la línea cómica de obras
como "El buscón" y "Vida del escudero Marcos de Obregón". Se trata de una narración en primera persona de la
vida de un pícaro que viaja por toda Europa y cuyo único propósito es comer bien, beber mejor y huir de todos los
problemas con ayuda del ingenio y la picaresca. El estilo de la obra es fluido y las descripciones de los distintos
episodios son de una gran comicidad.
CAPÍTULO 12. POESÍA DEL SIGLO XVII
12.1. El Siglo de Oro español
El ideal artístico del Renacimiento, basado en la belleza, proporción y armonía natural
de las formas, experimenta una trasformación desde mediados del siglo XVI, que se
manifiesta en un progresivo alejamiento de la imitación a los clásicos para acentuar
más el estilo personal del artista. Este cambio culmina en una nueva corriente artística
conocida como Manierismo que, surgido en Italia, tiende a una mayor artificiosidad
que refleja la maniera o “personalidad creativa” del artista. A comienzos del siglo XVII,
este movimiento cristalizará en un estilo artístico más refinado y ornamentado, con
tendencia al desequilibrio y la exageración, conocido como Barroco, caracterizado por
un mayor subjetivismo del artista en su visión del mundo.
Frente al optimismo e idealismo del Renacimiento, el Barroco refleja un profundo
desencanto y una visión desengañada de la existencia humana, con una actitud más
reflexiva y pesimista ante los temas trascendentes de la humanidad: la vida, la, muerte,
el destino, la libertad... Durante el reinado de los últimos Austrias (Felipe III, Felipe
IV y Carlos II), las cargas económicas producto de la política expansionista se vuelven
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
insoportables y el país se encamina hacia la pérdida progresiva de su imperio. Por otra
parte, las constantes luchas de intereses entre la nobleza, el clero y la incipiente
burguesía crean una situación de constante enfrentamiento social. Las ciudades se
llenan de una masa campesina que huye de las malas cosechas del campo y el azote de
la peste.
Paradójicamente, es en este periodo de decadencia nacional cuando se produce uno de
los más brillantes y fructíferos períodos artísticos en la historia de España: el Siglo de
Oro. En el caso particular de la literatura española, se puede considerar que esta etapa
de máximo esplendor y producción se inicia en la segunda mitad del siglo XVI, con la
eclosión de la poesía y la prosa renacentista, y concluye en 1681, tras la muerte del
último gran escritor del siglo XVII, Calderón de la Barca. El estilo barroco
representativo del Siglo de Oro español se caracteriza por un lenguaje mucho más
elaborado y con abundancia de recursos retóricos, que sirven para expresar una visión
del mundo desde una perspectiva artificiosa e intensificadora.
La literatura española alcanza su apogeo tanto en el terreno de la poesía (con figuras
de la talla de Lope de Vega y Luis de Góngora) como en el ámbito de la prosa (con
Francisco de Quevedo y especialmente Miguel de Cervantes, autor de la obra cumbre
de la literatura española: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha). El teatro
también vive su particular época dorada de la mano de Lope de Vega, Tirso de Molina
y Calderón de la Barca, al tiempo que surgen nuevos géneros literarios, como el
ensayo (gracias a Baltasar Gracián y su Criticón).
12.2. Conceptismo y culteranismo
El interés de la literatura barroca por llamar la atención sobre el uso y el dominio del
lenguaje se manifiesta en dos corrientes literarias propias de esta época: conceptismo y
culteranismo. Ambas se caracterizan por una abstracción intelectual que exige del
lector un alto nivel cultural para comprender el lenguaje literario, pero mientras que
el primero se basa en el “concepto” (palabra de contenido abstracto o polisémico) para
dar lugar a diferentes interpretaciones del texto mediante recursos como la ironía, la
paradoja, la antítesis o el juego de palabras, en el culteranismo importa la forma más
que el contenido, y por ese motivo emplea un lenguaje deslumbrante plagado de
cultismos y neologismos, con gran acumulación de recursos formales: paráfrasis,
metáforas, aliteraciones, paronomasias, hipérbatos... Los principales representantes del
conceptismo y el culteranismo son, respectivamente, Francisco de Quevedo y Luis de
Góngora (rivales tanto en el ámbito literario como en la vida real).
12.3. Poesía barroca
El lenguaje exuberante y sensorial de la literatura barroca española se manifiesta
principalmente en la lírica. Pese a que los temas (amor cortés), las formas métricas
34
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
(soneto) y los géneros son una continuación de los de la poesía renacentista del siglo
XVI, se intensifican las referencias mitológicas como recurso del poeta para exhibir su
erudición y formación humanista. Los tres grandes nombres de la poesía del siglo XVII
son Lope de Vega, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo.
12.4. Lope de Vega
Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 1562 - Madrid,
1635) está considerado como uno de los más importantes
poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español, tanto por
la calidad como por la cantidad de su producción
literaria. Apodado “Fénix de los ingenios” por el propio
Miguel de Cervantes, Lope de Vega destacó
especialmente por sus obras teatrales (se le atribuyen
más de 470 comedias), su poesía (cerca de 3.000 sonetos)
y, en menor medida, sus novelas. Una vida azarosa y
mujeriega, marcada por la tragedia de la muerte de su
hijo Carlos Félix y su segunda esposa Juana, provocó en
Lope de Vega
él una fuerte crisis espiritual que le llevó a ordenarse
sacerdote y refugiarse en la escritura para templar sus conflictos internos.
El estilo literario de Lope de Vega, a mitad de camino entre el Renacimiento y el
Barroco, fluctúa entre lo popular y lo culto. Dentro de su producción poética destacan
los sonetos, de contenido amoroso y religioso. Cultivó igualmente diversos géneros
narrativos —en prosa y en verso—, como la novela pastoril (La Arcadia), la novela
bizantina (El peregrino en su patria), la novela amorosa y celestinesca (La Dorotea), la
novela religiosa (Pastores de Belén) y la novela corta (Novelas a Marcia Leonarda). Sin
embargo, Lope de Vega ha pasado a la posteridad por su producción dramática, con
centenares de comedias (entre las que destaca Fuenteovejuna) escritas para satisfacer
los gustos de un público popular. El teatro lopesco está escrito por y para el pueblo, y
en el resultan esenciales dos conceptos: el casticismo (que exalta los valores populares
y rechaza cualquier influencia externa) y la honra (como forma de equiparar al
campesinado con la nobleza). Otros elementos dramáticos comunes al teatro de Lope
de Vega son el gracioso, la mujer honesta, el amor y los celos.
La ingente producción literaria de Lope de Vega se puede dividir en cuatro grandes
bloques:
1) Narrativa. Lope empleó tanto la prosa como el verso para componer una serie de
obras narrativas de contenido variado: La Arcadia (1598), novela pastoril en verso que
tuvo un gran éxito en su tiempo; El peregrino en su patria (1604), perteneciente al
género de la novela bizantina, presenta la peculiaridad de que la acción se desarrolla
35
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
completamente en España; Pastores de Belén (1612) que, bajo la forma de una novela
pastoril en verso, relata diversos episodios bíblicos relacionados con el nacimiento de
Jesucristo; La Dorotea (1632), novela amorosa dialogada cuya trama está basada en La
Celestina; Novelas a Marcia Leonarda, colección de cuatro relatos cortos incluidos en
otras obras de Lope de Vega: «Las fortunas de Diana» (1621), «La desdicha por la
honra», «La más prudente venganza» y «Guzmán el Bravo» (todas de 1624).
El siguiente fragmento corresponde al comienzo de La Arcadia, en el que la pastora
Belisarda lamenta la ausencia de su amado Anfriso y su inminente boda con Salicio
con un elevado tono lírico:
BELISARDA
Hermosas luces del cielo
que influís en los mortales,
ya los bienes, ya los males,
ya las mudanzas del suelo;
supuesto que vuestro zelo
es seguir vuestro camino,
¿qué inclinación, qué destino
es éste, con que mi amor
va conduciendo mi honor
al último desatino?
¿A qué más puede llegar
la fuerza de un pensamiento
que a no tener sentimiento
de morir, y porfiar?
La razón no halla lugar,
porque amor, amor no fuera,
quando a la razón le diera,
puesto que amar altamente
ya es razón; mas fácilmente
no ama bien quien mal espera.
¿Qué esperanza queda en mí
quando a un tirano me dan,
y dividiéndome van
del primero bien que vi?
De Anfriso dicen que fui
estos prados y estas fuentes,
cuyas flores y corrientes
son los testigos mayores
de mis presentes favores
y de mis penas ausentes.
¡Ay sitio ameno y florido,
quáles horas tuve en vos!
¿tan grande amor de los dos
se ha de trocar en olvido?
¿un bien seis años querido,
padre ingrato, dexar puedo?
¿casarme yo?
Dice dentro Anarda y sale a su tiempo
ANARDA
No hayas miedo.
BELISARDA
¡Oh que bien me respondió!
La Arcadia (acto primero)
2) Lírica. La producción poética de Lope de Vega está formada fundamentalmente por
sonetos, églogas, silvas, liras y romances, recopilados en poemarios conocidos como
Rimas sacras (1614), La Filomena (1621), La Circe (1624), Triunfos divinos (1625),
Laurel de Apolo (1630), Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos
(1634) y La vega del Parnaso (publicada en 1637, tras la muerte del poeta).
El soneto es la forma métrica que con mayor maestría cultivó Lope de Vega. A
continuación se ilustran dos de los más conocidos, de tema religioso y profano:
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
36
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
mas de tu luz mi escuridad vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.
Rimas sacras
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Rimas humanas y divinas
3) Épica. Como parte de su preocupación por los temas literarios populares, Lope de
Vega escribió varios poemas épicos de contenido religioso y profano: Isidro (1599),
poema hagiográfico sobre la vida del patrono de Madrid, San Isidro Labrador; La
Dragontea (1602), que narra las aventuras del corsario inglés Francis Drake en
América y su enfrentamiento con el ejército español; La hermosura de Angélica
(1602), continuación del Orlando furioso, de Ariosto; Jerusalén conquistada (1609), en
el que Lope de Vega, molesto por la nula participación de los españoles en las
Cruzadas, describe la ficticia presencia de las tropas de Alfonso VIII en las luchas
contra los moros en Tierra Santa.
4) Teatro. Lope de Vega está considerado el creador del teatro español moderno
gracias a una novedosa fórmula dramática que, expresada en su Arte nuevo de hacer
comedias en este tiempo (1609), rompe con la “ley de las tres unidades” del teatro
clásico: unidad de acción (se cuenta una sola historia), unidad de lugar (la acción
transcurre en un único espacio) y unidad de tiempo (la trama se desarrolla en un
periodo máximo de 24 horas). Lope también prescinde de otra norma teatral clásica, la
unidad de estilo, que impide mezclar lo trágico y lo cómico en una misma obra, así
como distintas formas métricas. Por otro lado, hace uso del imbroglio „embrollo‟ del
teatro italiano para contar dos o más historias paralelas en sus obras dramáticas
(generalmente una principal, protagonizada por nobles, y otra secundaria, en la que
intervienen sus sirvientes). Los tres temas principales del teatro lopesco son el amor,
el honor y la fe cristiana. Entre las comedias amorosas de Lope de Vega, destacan La
discreta enamorada (1604), El acero de Madrid (1608), La dama boba (1613), El
anzuelo de Fenisa (1617), El perro del hortelano (1618), La malcasada (1618), El
verdadero amante (1620), La hermosa fea (1630) y Las bizarrías de Belisa (1634). Los
principales dramas de honor lopescos son Peribáñez y el Comendador de Ocaña
(1610), Fuenteovejuna (1612), El villano en su rincón (1617), El mejor alcalde, el rey
(1620), El caballero de Olmedo (1620) y El castigo sin venganza (1631). Entre las
llamadas comedias de santos, que dramatizan la vida de estos ascetas como ejemplo
37
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
moral, destacan La buena guarda (1610), El divino africano (1610) y Lo fingido
verdadero (1620).
El siguiente fragmento de una de las obras teatrales más conocidas y representadas de
Lope de Vega, Fuenteovejuna, muestra el espíritu noble de los habitantes del pueblo,
que ni siquiera bajo tortura se pliegan a denunciar a los responsables por la muerte del
comendador bajo el conocido lema “Fuenteovejuna, todos a una”:
JUEZ:
Decid la verdad, buen viejo.
FRONDOSO:
Un viejo, Laurencia mía,
atormentan.
LAURENCIA:
¡Qué porfía!
ESTEBAN:
Déjenme un poco.
JUEZ:
Ya os dejo.
Decid: ¿quién mató a Fernando?
ESTEBAN:
Fuenteovejuna lo hizo.
LAURENCIA: Tu nombre, padre, eternizo;
[a todos vas animando].
FRONDOSO:
¡Bravo caso!
JUEZ:
Ese muchacho
aprieta. Perro, yo sé
que lo sabes. Di quién fue.
¿Callas? Aprieta, borracho.
NIÑO:
Fuenteovejuna, señor.
JUEZ:
¡Por vida del rey, villanos,
que os ahorque con mis manos!
¿Quién mató al comendador?
FRONDOSO:
¡Que a un niño le den tormento
y niegue de aquesta suerte!
LAURENCIA: ¡Bravo pueblo!
FRONDOSO:
Bravo y fuerte.
JUEZ:
Esa mujer al momento
en ese potro tened.
Dale esa mancuerda luego.
LAURENCIA: Ya está de cólera ciego.
JUEZ:
Que os he de matar, creed,
en este potro, villanos.
¿Quién mató al comendador?
PASCUALA:
Fuenteovejuna, señor.
JUEZ:
¡Dale!
FRONDOSO:
Pensamientos vanos.
LAURENCIA:
Pascuala niega, Frondoso.
FRONDOSO:
Niegan niños. ¿Qué te espanta?
JUEZ:
Parece que los encantas.
¡Aprieta!
PASCUALA:
¡Ay, cielo piadoso!
JUEZ:
¡Aprieta, infame! ¿Estás sordo?
PASCUALA:
Fuenteovejuna lo hizo.
JUEZ:
Traedme aquel más rollizo,
ese desnudo, ese gordo.
LAURENCIA:
¡Pobre Mengo! Él es, sin duda.
FRONDOSO:
Temo que ha de confesar.
MENGO:
¡Ay, ay!
JUEZ:
Comenza a apretar.
MENGO:
¡Ay!
JUEZ:
¿Es menester ayuda?
MENGO:
¡Ay, ay!
JUEZ:
¿Quién mató, villano,
al señor comendador?
MENGO:
¡Ay, yo lo diré, señor!
JUEZ:
Afloja un poco la mano.
FRONDOSO:
Él confiesa.
JUEZ:
Al palo aplica
la espalda.
MENGO:
Quedo; que yo
lo diré.
JUEZ:
¿Quién lo mató?
MENGO:
Señor, ¡Fuenteovejunica!
JUEZ:
¿Hay tan gran bellaquería?
Del dolor se están burlando.
En quien estaba esperando,
niego con mayor porfía.
Dejadlos; que estoy cansado.
FRONDOSO:
¡Oh, Mengo, bien te haga Dios!
Temor que tuve de dos,
el tuyo me le ha quitado.
Fuenteovejuna (acto III)
12.5. Luis de Góngora
38
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 - Córdoba,
1627) es el principal exponente de la corriente literaria
del Siglo de Oro conocida como “culteranismo”, basada
en el empleo de un lenguaje intencionadamente culto y
de difícil comprensión en el que la forma importa más
que el contenido. Góngora, que profesó el sacerdocio
como medio de vida, fue un hombre culto y erudito,
entregado por completo a su labor creadora. Alrededor
de su producción poética se creó una escuela de
seguidores del estilo culteranista, que tuvieron como
rivales a escritores conceptistas (como Quevedo) o
Luis de Góngora
clasicistas (como Lope de Vega), enfrentamiento que
muchas veces se plasmó en el intercambio de poemas críticos y satíricos.
En la producción literaria de Góngora se distinguen dos etapas: en una primera (en la
que es conocido como “Príncipe de la Luz”) compone romances y poemas sencillos de
carácter clasicista y popular; en una segunda etapa, a partir de 1610 (en la que es
rebautizado como “Príncipe de las Tinieblas”), adopta un estilo culterano, con un
lenguaje oscuro y una sintaxis latinizante. Su obra poética está compuesta
principalmente por romances (de carácter lírico, morisco y caballeresco), letrillas
satíricas (que denuncian la hipocresía social y los vicios humanos), sonetos (de tema
amoroso, satírico, moral y religioso y tono desencantado) y tres poemas extensos que
representan la cima de la poesía gongorina: Fábula de Polifemo y Galatea, Soledades y
Fábula de Píramo y Tisbe. Por otro lado, Góngora escribió tres obras de teatro, la más
conocida de las cuales es Las firmezas de Isabela (1610).
La Fábula de Polifemo y Galatea (1612), inspirada en la poesía de Ovidio, recrea el
mito literario de Polifemo, cíclope grotesco que se enamora de la hermosa ninfa
Galatea. Soledades (1613), obra más representativa del culteranismo, es un extenso
poema (aunque incompleto) compuesto en silvas que narra el encuentro de un joven
náufrago con uno cabreros y unos montañeses, argumento que sirve como pretexto
para una sucesión de estampas bucólicas y pastoriles en un mundo idealizado en el que
no hay lugar para la fealdad. La Fábula de Píramo y Tisbe (1618), imitación burlesca
del mito clásico de los dos amantes, es un romance de versos octosílabos que mezcla
elementos conceptistas y satíricos.
La letrilla conocida como “Ándeme yo caliente y ríase la gente” (1581), perteneciente
a la primera etapa literaria de Góngora, ilustra el estilo popular del poeta durante su
juventud:
Traten otros del gobierno
Busque muy en hora buena
39
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y agua ardiente,
“y ríase la gente”.
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
“y ríase la gente”.
Como en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
“y ríase la gente”.
Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver a su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
“y ríase la gente”.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el Enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
“y ríase la gente”.
Pues Amor es tan crüel,
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel,
y la espada sea mi diente,
“y ríase la gente”.
En el soneto conocido como “La dulce boca que a gustar convida” (1584), Góngora
expresa su visión desencantada del amor, con elementos que anticipan su posterior
culteranismo, como las referencias mitológicas a Ganimedes (“el garzón de Ida”) y
Tántalo (condenado a pasar hambre y sed eternamente pese a tener ante sí fruta y
agua, que se retiraban en cuanto trataba de alcanzarlas) e hipérbatos (por ejemplo, el
último verso ha de entenderse como “del Amor sólo queda el veneno”):
La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
¡amantes! no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
No os engañen las rosas que al Aurora
diréis que aljofaradas y olorosas
se le cayeron del purpúreo seno.
Manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen dél que incitan ahora
y sólo del Amor queda el veneno.
El siguiente fragmento de Soledades, que describe la boda de unos pastores, ilustra el
estilo culteranista de la segunda etapa literaria de Góngora, con cultismos (explicados
40
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
mediante notas) e hipérbatos violentos en la sintaxis natural de los versos (reordenada
mediante la prosificación incluida a continuación):
1065
1070
1075
1080
1085
1090
En tanto pues que el palio neutro1 pende
y la carroza de la luz2 desciende
a templarse en las ondas3, Himeneo4,
por templar en los brazos el deseo
del galán novio, de la esposa bella,
los rayos anticipa de la estrella,
cerúlea5 ahora, ya6 purpúrea7 guía
de los dudosos términos del día.
El jüicio, al de todos indeciso,
del concurso ligero,
el padrino con tres de limpio acero
cuchillos corvos absolvello quiso.
Solícita Junón8, Amor no omiso,
al son de otra zampoña, que conduce
ninfas bellas y sátiros lascivos9,
los desposados a su casa vuelven,
que coronada luce
de estrellas fijas, de astros fugitivos10,
que en sonoroso humo se resuelven.
Llegó todo el lugar11, y despedido,
casta Venus, que el lecho ha prevenido
de las plumas que baten más süaves
en su volante carro blancas aves12,
los novios entra en dura no estacada13;
que, siendo Amor una deidad alada,
bien previno la hija de la espuma14
a batallas de amor, campo de pluma.
Soledades (Soledad Primera)
PROSIFICACIÓN
En tanto, pues, que el palio pende neutro y la carroza de la luz desciende a templarse en las ondas, Himeneo
anticipa los rayos de la estrella, cerúlea ahora, ya purpúrea guía de los dudosos términos del día, por
templar el deseo del galán novio y de la esposa bella en sus brazos. El juicio del concurso ligero, indeciso
al de todos, quiso absolverlo el padrino con tres cuchillos corvos de limpio acero. Solícita Junón, Amor no
1
sin dueño (se refiere a que la bandera de la competición deportiva no ha sido ganada por ningún
participante)
2
sol
3
mar
4
dios de las bodas
5
azul
6
poco antes
7
roja
8
Juno, diosa del matrimonio
9
montañesas hermosas y montañeses bromistas
10
fuegos artificiales
11
habitantes del lugar
12
cisnes
13
campo de batalla que no es duro
14
Venus, llamada así porque nació de la espuma del mar fecundada por Urano
41
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
omiso, al son de otra zampoña que conduce ninfas bellas y sátiros lascivos, los desposados vuelven a su
casa, que luce coronada de estrellas fijas, de astros fugitivos que se resuelven en humo sonoroso.
Llegó todo el lugar y, despedido, una casta Venus, que ha prevenido el lecho con las plumas que las
blancas aves baten más suaves en su volante carro, entra a los novios en una estacada no dura, ya que,
siendo Amor una deidad alada, bien previno la hija de la espuma campo de pluma para batallas de amor.
12.6. Francisco de Quevedo
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580 Villanueva de los Infantes, 1645) es el principal
representante del estilo literario del Siglo de Oro
conocido como “conceptismo”, basado en el empleo de
palabras de contenido conceptual abstracto o polisémico
que producen diferentes interpretaciones de un mismo
texto. Quevedo es especialmente conocido por su poesía,
aunque también escribió prosa y teatro. Educado en el
ambiente de la corte real (primero en Madrid y
posteriormente en Valladolid), denuncia en su obra
literaria, mediante la sátira y la burla, la degradación
Francisco de Quevedo
moral y la decadencia de la España de los últimos
Austrias: Felipe III (1598-1621) y Felipe IV (1621-1665). Antisemita, misógino,
casticista y desmitificador en grado sumo, Quevedo fue un gran crítico de la sociedad
decadente, fantasiosa y vulgar de su tiempo. Sus ataques se centran especialmente en
la burguesía, a la que considera como gran causante de la mísera condición económica
del país. Por su ideología y estilo literario se enfrentó a otros escritores de la escuela
culteranista, a los que consideraba “pedantes” y “oscuros” (especialmente a Góngora,
con el que mantuvo una rivalidad poética e incluso personal).
En la extensa obra en verso y en prosa de Quevedo se advierte una intención moral y
una obsesión por la dignidad humana, aunque todo ello bajo una actitud escéptica y
pesimista (suscitada por la crisis social y espiritual de España). Su estilo elegante y
condensado, con tendencia al mensaje sentencioso, sobresale por su fuerza expresiva y
su prodigioso dominio del lenguaje. Aparte de su prosa retórica, la mayor aportación
de Quevedo al español clásico es la creación de numerosos neologismos por
composición (como “libropesía”, formado a partir de “libro” e “hidropesía”, con el
sentido de „sed incansable de lectura‟, o “marivinos”, con el que se refiere a los
mosquitos como „mariposas atraídas por el vino como a la llama‟), derivación
(“archipobre”, “protomiseria”, “dinerismo”, “cornudería”) o aposición (“clérigo
cerbatana”, “zapatos galeones”). Su obra literaria se divide en tres categorías:
1) Poesía. La producción lírica de Quevedo está formada por sonetos, letrillas y
romances de temática amorosa (bajo la influencia del petrarquismo y el neoplatonismo
renacentista, pese a su misoginia), satírico-burlesca (con la intención de ridiculizar
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
costumbres e instituciones de la sociedad española del siglo XVII, sacando a la luz toda
la hipocresía, falta de moralidad y mezquindad del ser humano) y metafísica (en torno
a la angustia e incertidumbre de la existencia humana). Tres de sus poemas más
conocidos —la letrilla satírica “Poderoso caballero es don Dinero”, el soneto amoroso
“Amor constante más allá de la muerte” y el soneto burlesco dedicado a Góngora “A
una nariz”— ilustran el estilo poético de Quevedo:
Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Poderoso caballero es don Dinero
¿A quién no le maravilla
ver en su gloria, sin tasa,
que es lo más ruin de su casa
doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
al cobarde y al guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que aun con estar hecho cuartos
no pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
al gañán y al jornalero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales.
Y pues es quien hace iguales
al rico y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Más valen en cualquier tierra
(mirad si es harto sagaz)
sus escudos en la paz
que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
y hace propio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera:
A una nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
2) Prosa. La producción prosística de Quevedo se puede reunir en seis grandes grupos:
a) obras satírico-morales, entre las que destacan El Buscón (1626) —novela picaresca
que, a diferencia del realismo propio de este género, ofrece una visión esperpéntica y
deformada de la sociedad, propia del Barroco—, Sueños y discursos (1627) —conjunto
de cinco relatos cortos en los que Quevedo satiriza diversas costumbres, oficios y
personajes populares de su época— La hora de todos y la Fortuna con seso (publicada
póstumamente en 1650) —obra satírica en la que la Fortuna recobra el juicio y da a
cada uno lo que merece; b) obras festivas, colección de relatos breves de carácter
jocoso y escatológico, como El siglo del cuerno (1622), Cartas del caballero de la
Tenaza (1625), Gracias y desgracias del ojo del culo (1631) y diversas “premáticas” o
leyes que satirizan el lenguaje burocrático del siglo XVII ( Premáticas del desengaño
contra los poetas güeros, Premáticas y aranceles generales, Premática del tiempo…); c)
obras políticas, reflejo de la inmersión de Quevedo en la vida cortesana, como Política
de Dios, gobierno de Cristo (1617), El chitón de las tarabillas (1630) y Execración
contra los judíos (1633); d) obras filosóficas, entre las que destacan Doctrina moral del
conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas (1630) y su continuación La cuna
y la sepultura (1634); e) obras de crítica literaria, con las que centra sus ataques en
Góngora y los escritores culteranistas, como La culta latiniparla (1624), Aguja de
navegar cultos (1631) y La Perinola (1633); f) obras ascéticas, en las que Quevedo trata
de conjugar el estoicismo moral con el humanismo cristiano, como en Nombre, origen,
intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica (1635), Virtud militante
contra las cuatro pestes del mundo, invidia, ingratitud, soberbia, avaricia (1636) y
Providencia de Dios (1641).
El siguiente fragmento de El alguacil endemoniado (incluido dentro de Sueños y
discursos) ilustra el estilo narrativo de Quevedo y su sátira mordaz hacia la sociedad
de su época (en este caso, hacia el oficio de alguacil, denostado por el propio demonio
que posee su cuerpo):
— ¿Qué es esto? —le pregunté espantado.
Respondióme:
— Un hombre endemoniado—, y al punto, el espíritu que en él tiranizaba la posesión a Dios,
respondió:
— No es hombre, sino alguacil. Mirad cómo habláis, que en la pregunta del uno y en la respuesta
del otro se vee que sabéis poco. Y se ha de advertir que los diablos en los alguaciles estamos por
fuerza y de mala gana; por lo cual, si queréis acertar, debéis llamarme a mí demonio enalguacilado,
y no a éste alguacil endemoniado. Y avenísos tanto mejor los hombres con nosotros que con ellos
cuanto no se puede encarecer, pues nosotros huimos de la cruz y ellos la toman por instrumento
para hacer mal. ¿Quién podrá negar que demonios y alguaciles no tenemos un mismo oficio, pues
bien mirado nosotros procuramos condenar y los alguaciles también; nosotros que haya vicios y
pecados en el mundo, y los alguaciles lo desean y procuran con más ahínco, porque ellos lo han
menester para su sustento y nosotros para nuestra compañía. Y es mucho más de culpar este oficio
en los alguaciles que en nosotros, pues ellos hacen mal a hombres como ellos y a los de su género,
y nosotros no, que somos ángeles, aunque sin gracia. Fuera desto, los demonios lo fuimos por
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
querer ser más que Dios y los alguaciles son alguaciles por querer ser menos que todos. Así que
por demás te cansas, padre, en poner reliquias a éste, pues no hay santo que si entra en sus manos
no quede para ellas. Persuádete que el alguacil y nosotros todos somos de una orden, sino que los
alguaciles son diablos calzados y nosotros diablos recoletos, que hacemos áspera vida en el
infierno.
El alguacil endemoniado (Sueños y discursos, Sueño II)
3) Teatro. Se atribuyen a Quevedo una comedia (Cómo ha de ser el privado) y diversos
entremeses (La venta, El caballero de la Tenaza, Bárbara, Los enfadosos, La polilla de
Madrid, La ropavejera, Los refranes del viejo celoso…).
Resumen
La poesía española del siglo XVII, encuadrada dentro del periodo literario de máximo
esplendor conocido como Siglo de Oro, adopta como modelo estético el refinamiento
y la ornamentación del Barroco y muestra características de introspección y
pesimismo por la decadencia de España como imperio. Las tres principales escuelas
poéticas que definen este periodo son el clasicismo (representado por Lope de Vega),
el culteranismo (Góngora) y el conceptismo (Quevedo).
Apéndice bibliográfico
Obras poéticas [Lope de Vega]
En una etapa juvenil, la poesía de Lope es esencialmente amorosa, y en ella refleja sus esperanzas y sus desengaños.
Todas estas composiciones aparecen recogidas bajo el título de "Rimas" (1609). Más tarde, una profunda crisis
espiritual llevó a Lope al sacerdocio y a componer "Rimas sacras" (1614). En una siguiente etapa compone "La
Filomena" (1621) y "La Circe" (1624), extensos poemas inspirados por el mundo mítico de las "Metamorfosis" de
Ovidio. En su vejez, Lope publica las "Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos" (1634),
conjunto de poemas irónicos y burlescos al estilo del Barroco.
Peribáñez y el Comendador de Ocaña (1610) [Lope de Vega]
Al igual que la obra teatral más famosa de Lope de Vega, “Fuenteovejuna”, se trata de un drama rural que gira en
torno al tema del honor y la venganza, aunque en este caso no colectiva sino personal. En ambos, la realeza ampara
al pueblo humillado contra los desmanes de la nobleza.
Fuenteovejuna (1612) [Lope de Vega]
“Fuenteovejuna" es la comedia más representativa del teatro popular de Lope de Vega. En ella se tratan algunos de
los temas más recurrentes en su producción dramática, como el conflicto entre el honor y la pasión y el
enfrentamiento entre el pueblo y una nobleza corrupta. Lope pretende dignificar al campesinado español, cuya
nobleza de espíritu es superior a la de la aristocracia.
El verdadero amante (1620) [Lope de Vega]
El argumento de esta comedia pastoril está centrado en las relaciones amorosas mutuas entre una serie de pastores,
que al final desemboca en un final feliz. Además, aparecen algunos de los personajes típicos del teatro de Lope,
como son el galán, el gracioso, la dama y el malvado poderoso.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
El diablo está en Cantillana (1622) / Reinar después de morir (1652) [Luis Vélez de
Guevara]
Vélez de Guevara fue uno de los seguidores más destacados del teatro de Lope de Vega. Estas dos comedias
históricas están basadas en personajes y sucesos reales de la Edad Media peninsular.
Poesía varia (1603) [Francisco de Quevedo]
Quevedo elevó a la máxima potencia el arte del conceptismo, técnica mediante la cual las palabras aparecen
"preñadas de significados". En su poesía, el insigne polígrafo es capaz de expresar las emociones más sublimes y la
crítica social más despiadada y soez, fruto de su misoginia y antisemitismo.
Sueños y discursos (1627) [Francisco de Quevedo]
Quevedo, por contraposición al alambicamiento formal del culteranismo (promovido por Góngora), generó un
movimiento de reacción llamado conceptismo, consistente en el alambicamiento de los significados. "Los sueños"
constituye la expresión máxima de su gran vena satírica; en esta obra, el genio de Quevedo presenta un cuadro de
costumbres burlesco en el que aparecen reflejados abusos, vicios y engaños en todas las capas de la sociedad.
Obras jocosas (1631) [Francisco de Quevedo]
Estos relatos breves, escritos por Quevedo en su etapa juvenil (aunque publicados mucho más tarde), constituyen
un documento inapreciable para conocer cómo era la vida y costumbres de la sociedad del Siglo de Oro. Quevedo,
haciendo muestra de su desbordante ingenio durante sus años de estudiante universitario, hace desfilar ante el
lector a toda una procesión de personajes humanos (cornudos, prostitutas, escritorzuelos, representantes de la
autoridad, etc.), producto de la decadencia de la sociedad en los estertores del Imperio Español. La flecha satírica de
Quevedo se muestra despiadada, y no hay estamento social al que no critique ni tabú lingüístico que le arredre.
Antología poética [Luis de Góngora]
Góngora es el máximo representante del culteranismo barroco en España, estilo literario que persigue la búsqueda
de la belleza pura y un lenguaje poético indescifrable para la mayoría inculta. Las composiciones más
representativas de este complejo estilo son la "Fábula de Polifemo y Galatea" (1612) y las "Soledades" (1613), que
muestran una gran cantidad de elementos latinizantes.
Eróticas o Amatorias (1618) [Esteban Manuel de Villegas]
Villegas lleva a cabo en esta colección de poemas imitaciones y traducciones de distintos autores clásicos latinos
(sobre todo de Horacio). Lo hace utilizando expresiones conceptuosas, metáforas oscuras y, en general, abusando de
erudición, todo lo cual era la norma literaria en su época.
CAPÍTULO 13. PROSA DEL SIGLO XVII
13.1. Introducción
Dentro del amplio panorama de autores y géneros en la prosa del Siglo de Oro,
Cervantes y Quevedo se erigen como las principales figuras literarias del siglo XVII.
En el ámbito de la ficción narrativa, la novela idealista del siglo anterior (pastoril,
caballeresca, bizantina y morisca) pierde terreno en favor de modelos de narración
más realistas (como la novela picaresca y la autobiográfica) o incluso una combinación
de ambos (como en Don Quijote, en donde el idealismo caballeresco choca con el
realismo de una sociedad burguesa y materialista).
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Como reflejo de la preocupación por la crisis del siglo XVII en España, cobra un gran
impulso la prosa histórica, mística y doctrinal de contenido político-moral, en la que
destacan autores como Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián o Diego de Saavedra
Fajardo. En este ambiente literario, surge la figura de los ideólogos y arbitristas,
individuos que proponían soluciones a la decadencia política y económica que vivía el
país. Uno de los ideólogos más representativos de la primera mitad del siglo XVII es el
diplomático Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648), que en su obra Idea de un príncipe
político cristiano (1640) expresa el equilibrio deseable entre la vida privada y pública de
un buen gobernante, que ha de estar al servicio del pueblo y no del poder.
Por su parte, los arbitristas eran individuos ―en muchos casos no relacionados
directamente con la política― que proponían arbitrios o soluciones de emergencia ante
el rey o sus ministros para hacer frente a la crisis económica. Martín González de
Cellorigo escribe en 1600 un Memorial de la política necesaria y útil restauración de
España, en el que presenta todos los males de la España del momento (agricultura,
economía, moneda, industria, desempleo, población, consumo) y se muestra partidario
de la expulsión de los moriscos. Otro arbitrista de comienzos del siglo XVII, Sancho de
Moncada, publica en 1619 su Restauración política de España, en la que propone una
política proteccionista como solución a la crisis económica. Miguel Caja de Leruela
escribe en 1631 su Restauración de la abundancia de España, ardoroso alegato en defensa
de la ganadería como fuente de riqueza. El último de los grandes arbitristas españoles del
siglo XVII es Francisco Martínez de Mata, que escribe en favor de los vagabundos y la
postura poblacionista en su Memorial a razón de la despoblación y pobreza de España y
su remedio (1650).
13.2. Novela cortesana
Un género literario propio del siglo XVII es el de la
novela cortesana, literatura de entretenimiento de
temática amorosa que se dirige preferentemente a un
público urbano femenino. En ella tienen cabida elementos
mágicos, misteriosos y de brujería, así como de otros
géneros de ficción narrativa de éxito (novela picaresca y
novela sentimental). La novela cortesana intensifica el
elemento erótico como no había ocurrido antes en la
literatura española, aunque con un alto grado de
sensualidad. Por dirigirse mayoritariamente a un público
Amantes cortesanos
femenino, estas obras ofrecen una descripción detallada de
los encantos físicos de los galanes (no sólo de las damas). En muchas de ellas, por otro
lado, se percibe un sentimiento de decadencia de la sociedad aristocrática y el
surgimiento de un nuevo tipo de valores burgueses.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Los escritores de novela cortesana, género de evasión y de fácil lectura, critican el
alambicamiento de conceptistas y culteranos. Entre los principales cultivadores de este
tipo de narración destacan Miguel de Cervantes —creador de este género con algunas de
sus Novelas ejemplares (1613)—, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo —autor de varias
novelas cortesanas con elementos picarescos ambientadas en Madrid, recogidas en
colecciones como El caballero puntual (1614) y Corrección de vicios (1615)—, Tirso de
Molina —cuya obra Los cigarrales de Toledo (1621) relata los entretenimientos y
relaciones amorosas de nobles jóvenes toledanos—, Gonzalo de Céspedes y Meneses
—autor de Varia fortuna del soldado Píndaro (1626) que, bajo una aparente forma
autobiográfica, constituye una mezcla de novela picaresca y bizantina con elementos
cortesanos—, María de Zayas —autora de unas Novelas amorosas y ejemplares o
Decamerón español (1637) en las que retrata un tipo de mujer emancipada muy distinta
al modelo tradicional, capaz incluso de cometer crímenes y adulterio— y Alonso de
Castillo Solórzano —cuya obra más conocida, La garduña de Sevilla y anzuelo de las
bolsas (1642), conjuga el realismo de la novela picaresca con la finura expositiva de la
novela cortesana.
13.3. El Buscón
La vida del Buscón, llamado don Pablos (1626), una de
las obras más representativas del estilo conceptista y
satírico de Quevedo, es una novela picaresca que se
enmarca dentro de la corriente literaria de prosa de
contenido moral del siglo XVII. Frente al realismo que
caracteriza a este género, El Buscón ofrece una visión
esperpéntica y deformada de la sociedad española del
Barroco. El protagonista de la novela no es un verdadero
personaje que evoluciona hasta un estado de madurez
tras una serie de peripecias vitales, sino un fantoche que
se mueve en una dimensión atemporal, en un choque
constante entre sus orígenes viles y sus afanes nobiliarios,
El Buscón (película de 1974)
lo que le lleva al fracaso. Aunque Quevedo compuso El
Buscón (su única novela) a comienzos del siglo XVII, no reconoció su autoría para
evitar problemas con la Inquisición, por lo que la obra circuló mediante copias
manuscritas clandestinas hasta que fue finalmente publicada en Zaragoza en 1626, con
gran éxito de lectura y traducciones a varios idiomas.
Siguiendo el estilo autobiográfico del género picaresco, la narración de El Buscón
corre a cargo del protagonista, don Pablos, que relata la historia de su vida mediante
una carta dirigida a un supuesto destinatario noble (al que llama “vuesa merced”) que
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
representa al lector anónimo de su obra. Estructuralmente, la novela se divide en tres
libros:
1) Libro primero. Pablos relata su infancia miserable en Segovia, su educación junto
con el hijo de un noble (con la inolvidable estancia en la escuela del dómine Cabra),
las continuas humillaciones que debe soportar debido a sus orígenes humildes y su
conversión final en pícaro como forma de huir de la deshonra y la vergüenza.
2) Libro segundo. Pablos, que regresa desde Alcalá a Segovia para reclamar la herencia
familiar, se va encontrando por el camino con diversos personajes disparatados —un
arbitrista político, un maestro de esgrima, un clérigo poeta, un soldado matón, un
ermitaño, un genovés rico—, circunstancia que aprovecha Quevedo para ridiculizar a
diversos estamentos sociales de su época. Tras llegar a casa de su tío (precisamente el
verdugo que ajustició a su padre), Pablos roba su herencia y decide marchar a Madrid.
Por el camino se encuentra con un hidalgo arruinado que le enseña cómo sobrevivir
en la Corte mediante la apariencia y el engaño.
3) Libro tercero. Pablos se une a una banda de pícaros y rufianes y acaba en la cárcel.
Logra salir tras sobornar a las autoridades (nueva crítica mordaz de Quevedo) y se
aloja en una posada haciéndose pasar por un hombre rico que pretende casarse con
una dama, pero es descubierto por su antiguo amo, don Diego Coronel, y acaba
apaleado. Pablos decide entonces ir a Toledo, donde primero se une a una compañía
de cómicos y posteriormente se hace galán de monjas. De Toledo pasa a Sevilla, donde
se gana la vida gracias a sus habilidades como tahur. Tras un incidente con la justicia,
se acoge a sagrado. En la iglesia donde se refugia conoce a una prostituta, a la que
propone viajar a las Indias para tratar de mejorar su suerte. Sin embargo, no ocurrió
así, como reconoce Pablos en las últimas líneas de la novela:
Y fueme peor, como v.m. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda
solamente de lugar, y no de vida y costumbres.
Pese a esta frase final, no hay en El Buscón una verdadera intención de enseñanza
moral: la novela es ante todo una obra cómica en la que Quevedo demuestra su genio
conceptista y su dominio del lenguaje, y cuyo fin último parece ser únicamente justificar
la imposibilidad de ascenso social. Todos los intentos de Pablos por mejorar su
condición (primero mediante la educación y posteriormente con engaños y
apariencias) acaban en fracaso y castigo. Quevedo retrata a sus personajes exagerando
grotescamente sus características y sin mostrar ningún tipo de compasión hacia ellos.
El siguiente fragmento de El Buscón, correspondiente a la famosa descripción del
avariento dómine Cabra, ilustra el estilo grotesco y despiadado de Quevedo:
Entramos, primer domingo después de Cuaresma, en poder de la hambre viva, porque tal lacería
no admite encarecimiento. Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña,
pelo bermejo (no hay más que decir para quien sabe el refrán) , los ojos avecindados en el cogote,
que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para
tiendas de mercaderes; la nariz, entre Roma y Francia porque se le había comido de unas búas de
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas de miedo de
la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban
no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate
largo como de avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer forzada de
la necesidad; los brazos secos, las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de
medio abajo, parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso;
si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro. La habla ética; la
barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver
la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese; cortábale los
cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras y
guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en caspa. La sotana, según decían
algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenía
por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra, y desde lejos entre
azul. Llevábala sin ceñidor; no traía cuello ni puños. Parecía, con los cabellos largos y la sotana
mísera y corta, lacayuelo de la muerte. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues su
aposento, aun arañas no había en él. Conjuraba a los ratones de miedo que no le royesen algunos
mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las
sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.
El Buscón (Libro primero, capítulo III)
13.4. Miguel de Cervantes
Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 Madrid, 1616) está considerado como una de las más
brillantes figuras de la literatura española. Soldado,
novelista, poeta y dramaturgo, ha pasado a la posteridad
por ser el autor de Don Quijote de la Mancha, considerada
por la crítica como la primera novela moderna, la obra
cumbre de la literatura española y una de las mayores
creaciones de la literatura universal (únicamente la Biblia
supera sus traducciones a otros idiomas).
Tras alistarse en el ejército como soldado, Cervantes tomó
parte el 7 de octubre de 1571 en la batalla de Lepanto (en
la costa de Grecia), donde resultó herido en el pecho y
en la mano izquierda (de donde proviene su apodo de “el
Miguel de Cervantes
manco de Lepanto”). La sedentaria vida de cuartel le deja
tiempo para entregarse a la lectura de los grandes autores del Renacimiento. Durante
su regreso a España, la galera en la que viajaba Cervantes es interceptada por los turcos.
Tras ser hecho prisionero, es enviado a Argel, en donde pasará cinco años de
cautiverio hasta que es liberado a cambio de un cuantioso rescate. Estos dos hechos en
la vida del escritor (batalla de Lepanto y cautiverio en Argel) marcarán la vida de
Cervantes y condicionarán su producción literaria. Tras regresar a Madrid, en 1585
escribe la primera de sus grandes obras literarias: la novela pastoril La Galatea. De esta
forma, el hombre de armas había dado paso al hombre de letras. Posteriormente,
atraído por el teatro, Cervantes escribió diversas obras dramáticas, aunque finalmente
abandonó sus proyectos teatrales a causa del incomparable éxito de Lope de Vega. El
50
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
siguiente destino le llevará a Sevilla, donde trabaja como recaudador de impuestos
reales y es encarcelado por diversas irregularidades en su contabilidad. Durante su
nueva estancia en prisión, Cervantes comienza a desarrollar la idea de su gran obra
literaria, Don Quijote de la Mancha, cuya primera parte se publica en 1605, con un
enorme éxito tanto en España como en Europa. Durante los últimos años de su vida,
Cervantes se entrega a una febril actividad creadora: Novelas ejemplares (1613), Viaje
del Parnaso (1614), la segunda parte de Don Quijote de la Mancha (1615), Ocho
comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615), Los trabajos de
Persiles y Segismunda (1617).
Las obras de Cervantes reflejan el erasmismo que impregnaba el pensamiento europeo
del siglo XVI, con valores como el utopismo, la conciencia de individuo, el
universalismo, el espíritu de solidaridad, el ideal de justicia y moral, la crítica de las
costumbres, la exaltación de la sencillez y la espontaneidad, la defensa de las virtudes
cristianas y el anticlericalismo. Para Cervantes, la realidad puede ser interpretada
desde diferentes ángulos; no existe una verdad absoluta, de ahí la confusión entre el
“ser” y el “parecer” y el problema de distinguir entre realidad y apariencia, cordura y
locura. Sus novelas suponen una nueva forma de narración, un intento no sólo por
reflejar el complejo mundo de la realidad, sino también por cambiarlo. Pese a recurrir
en ocasiones a elementos fantásticos, Cervantes trata en todo momento de expresar
esta realidad, y para ello busca la naturalidad y la verosimilitud mediante el empleo de
diversos registros idiomático en función de la psicología de sus personajes.
La producción literaria cervantina se puede agrupar en tres grandes bloques:
1) Novelas. Cervantes fue el gran renovador de este género narrativo al recoger la
tradición novelesca de la segunda mitad del siglo XVI (novela de caballerías, novela
epistolar, novela pastoril, novela bizantina, novela morisca, novela picaresca) y darle
una dimensión más realista, con una descripción más elaborada de la psicología de los
personajes. Su producción novelística —por orden cronológico— comprende La
Galatea, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (primera parte), Novelas
ejemplares, El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (segunda parte) y Los
trabajos de Persiles y Segismunda.
La Galatea (1585) es una novela pastoril que Cervantes dejó inconclusa, en la que se
narran los amores de dos pastores idealizados, Elicio y Galatea, mediante diálogos
artificiosos sobre la naturaleza del amor y la poesía.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605) es la primera parte de las dos
que conforman la obra maestra de Cervantes (la segunda la compuso en 1615 bajo el
título de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha). Mediante esta novela
51
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
realista, Cervantes se propone parodiar los libros de caballerías —tan populares
durante los siglos XV y XVI, aunque en franca decadencia durante el Siglo de Oro—
mediante la historia de un hidalgo manchego que perdió la cordura por leerlos,
creyéndose caballero andante en un mundo real en el que los valores caballerescos no
tienen cabida.
Las Novelas ejemplares (1613) son una colección de doce relatos cortos, de propósito
moralizante y estético, con los que Cervantes pretende crear un modelo narrativo
digno de imitación en el futuro (de ahí su título). Para ello, experimenta con diversas
estructuras narrativas: novela cortesana (“La gitanilla”, “La ilustre fregona”, “El
casamiento engañoso”, “Las dos doncellas”, “La señora Cornelia”), novela bizantina
(“La española inglesa”), novela picaresca (“Rinconete y Cortadillo”), novela morisca
(“El amante liberal”), novela policiaca (“La fuerza de la sangre”, “El celoso
extremeño”), novela dialogada de intención satírico-humorística (“El coloquio de los
perros”) y novela miscelánea (“El licenciado Vidriera”).
Los trabajos de Persiles y Segismunda (publicada en 1617, un año después de la muerte
de Cervantes) es una novela bizantina o de aventuras que narra las peripecias,
separaciones y enredos amorosos de los príncipes nórdicos Persiles y Segismunda,
quienes, fingiendo ser hermanos, viajan por distintos lugares de Europa (tanto reales
como fabulosos).
El siguiente fragmento de la novela ejemplar “Rinconete y Cortadillo” ilustra el estilo
narrativo de Cervantes, con su gran capacidad para la descripción física y psicológica
de los personajes de sus obras:
En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como
vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos
muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete;
ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones
eran de lienzo y las medias de carne. Bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los
del uno eran alpargates, tan traídos como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera
que más le servían de cormas que de zapatos. Traía el uno montera verde de cazador, el otro un
sombrero sin toquilla, bajo de copa y ancho de falda. A la espalda y ceñida por los pechos, traía el
uno una camisa de color de camuza, encerrada y recogida toda en una manga; el otro venía escueto
y sin alforjas, puesto que en el seno se le parecía un gran bulto, que, a lo que después pareció, era
un cuello de los que llaman valones, almidonado con grasa, y tan deshilado de roto, que todo
parecía hilachas. Venían en él envueltos y guardados unos naipes de figura ovada, porque de
ejercitarlos se les habían gastado las puntas, y porque durasen más se las cercenaron y los dejaron
de aquel talle. Estaban los dos quemados del sol, las uñas caireladas y las manos no muy limpias;
el uno tenía una media espada, y el otro un cuchillo de cachas amarillas, que los suelen llamar
vaqueros.
“Rinconete y Cortadillo” (Novelas ejemplares)
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
2) Poesía. Aunque en menor medida que por sus novelas, Cervantes es también
conocido por su poesía, entre la que se incluyen numerosos romances, sonetos,
letrillas y otros poemas menores (muchos de ellos insertados en la narración de sus
novelas). En su único poema narrativo extenso, Viaje del Parnaso (1614), Cervantes
realiza una travesía alegórica al monte Parnaso acompañado de otros poetas a los que
cree dignos de alabanza, al tiempo que critica a otros que considera poetastros.
Uno de los romances más estimados por el propio Cervantes, conocido como
“Romance de los celos”, ilustra el estilo poético del autor, que combina un elevado
sentimiento amoroso con un lenguaje popular:
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Yace donde el sol se pone,
entre dos tajadas peñas,
una entrada de un abismo,
quiero decir, una cueva
profunda, lóbrega, escura,
aquí mojada, allí seca,
propio albergue de la noche,
del horror y las tinieblas.
Por la boca sale un aire
que al alma encendida yela,
y un fuego, de cuando en cuando,
que el pecho de yelo quema.
Óyese dentro un rüido
como crujir de cadenas
y unos ayes luengos, tristes,
envueltos en tristes quejas.
Por las funestas paredes,
por los resquicios y quiebras
mil víboras se descubren
y ponzoñosas culebras.
A la entrada tiene puesto[s],
en una amarilla piedra,
huesos de muerto encajados
de modo que forman letras,
las cuales, vistas del fuego
que arroja de sí la cueva,
dicen: «Ésta es la morada
de los celos y sospechas».
Y un pastor contaba a Lauso
esta maravilla cierta
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de la cueva, fuego y yelo,
aullidos, sierpes y piedra,
el cual, oyendo, le dijo:
«Pastor, para que te crea,
no has menester juramentos
ni hacer la vista esperiencia.
Un vivo traslado es ése
de lo que mi pecho encierra,
el cual, como en cueva escura,
no tiene luz, ni la espera.
Seco le tienen desdenes
bañado en lágrimas tiernas;
aire, fuego y los suspiros
le abrasan contino y yelan.
Los lamentables aullidos,
son mis continuas querellas,
víboras mis pensamientos
que en mis entrañas se ceban.
La piedra escrita, amarilla,
es mi sin igual firmeza,
que mis huesos en la muerte
mostrarán que son de piedra.
Los celos son los que habitan
en esta morada estrecha,
que engendraron los descuidos
de mi querida Silena».
En pronunciando este nombre,
cayó como muerto en tierra,
que de memorias de celos
aquestos fines se esperan.
3) Teatro. Sin llegar a alcanzar las cotas de su coetáneo Lope de Vega, Cervantes
compuso durante su juventud diversas obras dramáticas de calidad (en parte por
vocación, en parte para remediar sus penurias económicas). A diferencia del teatro de
Lope, las obras cervantinas respetan las tres unidades clásicas de acción, tiempo y
lugar y persiguen una finalidad moral. El género dramático en el que Cervantes
demuestra su mayor genio creativo es el entremés, obra cómica de un solo acto
escenificada en el interior de una comedia principal y protagonizada por personajes
populares; algunas de las piezas más representativas de este género son El retablo de
las maravillas, El viejo celoso, El juez de los divorcios, La cueva de Salamanca y La
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
elección de los alcaldes de Daganzo. Entre sus piezas mayores destaca El cerco de
Numancia (1585), en la que, con un estilo parecido al de las tragedias clásicas, se
escenifica el angustioso asedio de esta población hispana por parte del ejército romano.
La experiencia de su cautiverio turco llevó a Cervantes a escribir un grupo de
comedias de inspiración patriótica, entre las que destacan Los tratos de Argel, Los
baños de Argel, La gran sultana y El gallardo español. Un año antes de su muerte,
Cervantes reunió sus obras teatrales no representadas en Ocho comedias y ocho
entremeses nuevos nunca representados (1615).
13.5. Don Quijote de la Mancha
Publicada en dos partes —El ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha (1605) y El ingenioso caballero
don Quijote de la Mancha (1615)—, se trata de la novela
más conocida de Miguel de Cervantes, obra maestra de la
literatura española y una de las más importantes e
influyentes obras de la literatura universal. Bajo la
intención de parodia de los libros de caballerías, Don
Quijote de la Mancha representa el primer ejemplo de
novela moderna, en la que aparecen reflejadas distintas
visiones de la realidad representadas por varios personajes,
cuyo entrelazamiento produce precisamente una gran
Don Quijote y Sancho Panza
sensación de realismo. La intención última de esta obra es
mostrar el conflicto entre la libertad del individuo y los condicionamientos sociales,
reflejo del espíritu dual “idealismo-realismo” que caracteriza a los españoles.
A diferencia de las novelas de caballerías, en las que la acción se sobrepone a los
personajes, en Don Quijote de la Mancha son estos últimos los que influyen en los
hechos y, al evolucionar al mismo tiempo que la acción, condicionan la narración. De
esta forma, el idealista don Quijote y el realista Sancho Panza evolucionan desde sus
posturas originales mediante el contacto mutuo a lo largo de la novela, de forma que el
primero se “sanchifica” (aceptación final de su locura) y el segundo se “quijotiza” (en
el episodio de la ínsula de Barataria).
El argumento general de Don Quijote de la Mancha es el siguiente:
Primera Parte (1605). Un tal Alonso Quijano, hidalgo manchego empobrecido,
enloquece leyendo libros de caballerías y se cree un caballero medieval. Tras
rebautizarse a sí mismo como “don Quijote”, abandona su hogar en compañía de su
fiel escudero Sancho Panza para ayudar a los necesitados y “desfacer entuertos”.
Durante sus viajes por el territorio español vive todo tipo de cómicas aventuras debido
a su bondad, idealismo y fantasía. Sancho Panza, que simboliza el realismo del que
carece don Quijote, intenta inútilmente convencer a su amo de que todo lo que
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
considera real no es más que un producto de su imaginación. Aldonza Lorenzo, una
labradora a la que la imaginación de Alonso Quijano transforma en Dulcinea del
Toboso, se convierte en la dama que inspira y da sentido a sus hazañas caballerescas.
Tras ser apresado por sus convecinos, que lo consideran un loco peligroso, don Quijote
es devuelto a su aldea en una jaula.
Segunda Parte (1615). Don Quijote, acuciado de nuevo por su deseo de vivir aventuras
caballerescas, promete una ínsula a Sancho Panza si lo acompaña en sus viajes. Unos
duques con los que se encuentran deciden burlarse del escudero otorgándole
efectivamente una villa con el nombre de Barataria. Influido por el idealismo de su
amo, Sancho acepta el puesto de gobernador de esta ínsula, en donde demuestra gran
inteligencia y un carácter pacífico y sencillo. Tras nuevas aventuras cómicas del amo y
su escudero, don Quijote es derrotado en la playa de Barcelona por el Caballero de la
Blanca Luna (que es en realidad el bachiller Sansón Carrasco, convecino suyo,
disfrazado). Éste le hace prometer que regresará a su pueblo y no volverá a salir de él
como caballero andante. Don Quijote accede a ello, y tras volver a su casa recupera la
cordura, enferma y muere de melancolía.
El siguiente pasaje de Don Quijote de la Mancha, correspondiente a la famosa
aventura de los molinos de viento, ilustra el contraste entre el espíritu idealista de don
Quijote y el realista de Sancho Panza, así como la burla hacia las novelas de caballerías
mediante el lenguaje altisonante del primero:
CAPÍTULO VIII
Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de
los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación
En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y así como don
Quijote los vio, dijo a su escudero:
― La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí,
amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien
pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer;
que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la
tierra.
―¿Qué gigantes? ―dijo Sancho Panza.
― Aquellos que allí ves ―respondió su amo― de los brazos largos, que los suelen tener algunos
de casi dos leguas.
― Mire vuestra merced ―respondió Sancho― que aquellos que allí se parecen no son gigantes,
sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento,
hacen andar la piedra del molino.
― Bien parece ―respondió don Quijote― que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son
gigantes, y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con
ellos en fiera y desigual batalla.
Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero
Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes,
aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su
escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes bien iba
diciendo en voces altas:
― Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que un solo caballero es el que os acomete.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por
don Quijote, dijo:
― Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en
tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el
galope de Rocinante, y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada
en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al
caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a
socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear; tal fue el
golpe que dio con él Rocinante.
― iVálame Dios! ―dijo Sancho―; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía,
que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la
cabeza?
― Calla, amigo Sancho ―respondió don Quijote―, que las cosas de la guerra, más qué otras,
están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio
Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la
gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco
sus malas artes contra la bondad de mí espada.
― Dios lo haga como puede ―respondió Sancho Panza; y ayudándole a levantar, tornó a subir
sobre Rocinante, que medio despaldado estaba.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)
13.6. Novela filosófica
Como resultado de la integración de diversas disciplinas humanísticas en la literatura
europea del siglo XVII, surge la llamada novela filosófica, cuyo objetivo es la discusión
de cuestiones filosóficas, morales y sociales mediante la estructura de un discurso en el
que la idea se impone a la forma concreta. Uno de los precursores de este género en la
literatura española es el jesuita Luis de Molina (1535-1600), cuya doctrina filosóficopolítica, llamada molinismo, defiende que el poder no reside en los gobernantes (meros
administradores), sino en los ciudadanos considerados individualmente. Las teorías de
Molina tuvieron una gran repercusión e influencia en los pensadores y escritores
barrocos posteriores a él. Dentro de este género narrativo, la obra más importante de
todo el siglo XVII español es El Criticón (1651-1657), del también jesuita Baltasar
Gracián, novela filosófica escrita en forma de alegoría de la vida humana.
13.7. El Criticón
Baltasar Gracián
Baltasar Gracián (1601-1658), desde sus visión pesimista
de la condición humana, concibe la vida como una lucha
constante. Este combate contra el mundo y sus falsas
apariencias exige el fortalecimiento de la moral del
individuo a partir del saber, la disciplina, la prudencia y la
discreción. Con este propósito escribió sus primeras obras:
El héroe (1637) —en donde expone los valores que ha de
tener un buen gobernante: disimulo, distancia, sencillez
aparente, cálculo y sumisión religiosa—, El Político don
Fernando el Católico (1640) —exaltación de la figura del
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
rey aragonés, al que considera prudente, sagaz, sensible y sabio—, Arte de ingenio (1642)
— manual de retórica en forma de discursos acerca de la agudeza literaria—, El discreto
(1646) —exaltación de los rasgos de inteligencia y prudencia en el buen gobernante—,
Oráculo manual y arte de prudencia (1647) —colección de trescientos aforismos o
máximas comentadas que defienden valores como el disimulo, la cautela y la santidad—
y Agudeza y arte de ingenio (1648) —segunda parte del tratado escrito en 1642.
En 1651, Gracián publicó la primera parte de su obra más conocida: El Criticón (en la
que, como se aprecia en el título, el ánimo de “crítica” —palabra derivada del griego
κρίσις „juicio, decisión, cambio‟— está presente a lo largo de toda la novela). Tras sacar a
la luz en 1653 la segunda parte, sus superiores jesuitas le prohibieron seguir escribiendo,
por sus ataques encubiertos a la política y a la moral de la época. Para contrarrestar estas
críticas, en 1655 Gracián escribió El comulgatorio, en donde se expone la preparación del
cristiano para recibir la comunión. Sin embargo, y pese a la prohibición expresa de su
orden, en 1657 publicó la tercera y última parte de El Criticón.
En la producción literaria de Gracián son perceptibles las influencias de Séneca, la
literatura medieval, la picaresca y El Quijote, con un estilo que emplea los recursos
habituales del conceptismo y del culteranismo. Sus ideas fueron posteriormente
recogidas y ampliadas por filósofos, librepensadores y escritores de los siglos XVII, XVIII
y XIX, como La Rochefoucauld, Schopenhauer y Nietzsche.
El Criticón es una novela alegórico-filosófica sobre la existencia humana, en la que las
cuatro etapas de la vida del hombre se presentan bajo la forma de las estaciones del año
(infancia-primavera, juventud-verano, madurez-otoño, vejez-invierno). Gracián
establece una asociación alegórica entre los distintos personajes que aparecen en la obra
y sus nombres simbólicos, que representan valores o defectos humanos; de esta forma,
Critilo es la razón, Andrenio la naturaleza humana, Felisinda la felicidad, Honoria el
honor, Hipocrinda la hipocresía, Sofisbella la sabiduría, Vejecia la vejez, Artemia el arte,
Falsirena los encantos del mundo, etc.
El argumento de El Criticón es el siguiente: Critilo, un hombre maduro y prudente,
naufraga en las costas de la Isla de Santa Elena, donde encuentra a un joven, criado entre
las fieras, al que bautiza con el nombre de Andrenio y enseña a hablar. Posteriormente,
Critilo descubre que Andrenio es su hijo. Un barco español los rescata de la isla y ambos
emprenden un largo viaje, durante el cual Critilo cuenta su vida. Tras desembarcar,
padre e hijo comienzan un viaje alegórico por el camino de la vida en busca de Felisinda,
periplo que les lleva a recorrer las cortes de España, Aragón, Francia y Roma, hasta que
finalmente llegan a la Isla de la Inmortalidad.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Los capítulos de El Criticón se denominan “crisis” por dos motivos: por un lado, por su
intención de “criticar” diferentes aspectos de la vida humana, y por otro, por la
posibilidad que ofrecen de “decidir” o elegir entre los dos caminos que puede seguir el
hombre en su vida: la razón (representada por Critilo) y la naturaleza (Andrenio).
El siguiente fragmento de El Criticón ilustra el tono pesimista de Gracián ante la
existencia humana, la doble vertiente alegórico-filosófica de la novela (representada por
el naufragio de Critilo en el mar como una imagen de la indefensión del hombre en el
mundo), el estilo conceptista (“aceros-yerros”) y el culteranista de sintaxis trastocada
(“Con razón censuraba el Catón aun de sí mismo entre las tres necedades de su vida el
haberse embarcado por la mayor”):
— ¡Oh vida, no habías de comenzar, pero ya que comenzaste no habías de acabar! No hay cosa más
deseada ni más frágil que tú eres, y el que una vez te pierde, tarde te recupera: desde hoy te estimaría
como a perdida. Madrastra se mostró la naturaleza con el hombre, pues lo que le quitó de
conocimiento al nacer le restituye al morir: allí porque no se perciban los bienes que se reciben, y aquí
porque se sientan los males que se conjuran. ¡Oh tirano mil veces de todo el ser humano aquel primero
que con escandalosa temeridad fió su vida en un frágil leño al inconstante elemento! Vestido dicen
que tuvo el pecho de aceros, mas yo digo que revestido de yerros. En vano la superior atención separó
las naciones con los montes y los mares si la audacia de los hombres halló puentes para trasegar su
malicia. Todo cuanto inventó la industria humana ha sido perniciosamente fatal y en daño de sí misma:
la pólvora es un horrible estrago de las vidas, instrumento de su mayor ruina, y una nave no es otro
que un ataúd anticipado. Parecíale a la muerte teatro angosto de sus tragedias la tierra y buscó modo
cómo triunfar en los mares, para que en todos elementos se muriese. ¿Qué otra grada le queda a un
desdichado para perecer, después que pisa la tabla de un bajel, cadahalso merecido de su atrevimiento?
Con razón censuraba el Catón aun de sí mismo entre las tres necedades de su vida el haberse
embarcado por la mayor. ¡Oh suerte oh cielo oh fortuna!, aun creería que soy algo, pues así me
persigues; y cuando comienzas no paras hasta que apuras: válgame en esta ocasión el valer nada para
repetir de eterno.
El Criticón (Primera parte, crisi primera)
Resumen
Dos son los nombres propios que sobresalen en la prosa española del siglo XVII:
Francisco de Quevedo y Miguel de Cervantes. Durante el Siglo de Oro, la novela
idealista pierde terreno ante la realista, cuyos principales exponentes son El Buscón
(novela picaresca de estilo conceptista) y Don Quijote de la Mancha (novela realista
que está considerada como la iniciadora de este género moderno). Frente a géneros
narrativos de entretenimiento, como la novela cortesana, la crisis sociopolítica y
espiritual que sacude a España durante el siglo XVII hace que surja un tipo de prosa de
carácter pesimista y contenido moral, cuyo principal respresentante es la novela
alegórico-filosófica El Criticón. de Baltasar Gracián.
Apéndice bibliográfico
El Buscón (1626) [Francisco de Quevedo]
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
En una época de hundimiento y crisis del Imperio Español, Quevedo fue uno de los escritores más conscientes de la
ruina social y económica del país. En "El Buscón", el genial polígrafo utiliza el género de la novela picaresca como
simple fachada de su intención crítica hacia la sociedad, así como para mostrar sus habilidades conceptistas.
La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642) [Alonso de Castillo Solórzano]
Obra perteneciente al género de la novela picaresca, iniciado con el "Lazarillo de Tormes". A diferencia de las
anteriores, esta novela se aparta del modelo autobiográfico y adopta un formato de narración, para lo cual Castillo
Solórzano utiliza un lenguaje sencillo y coloquial.
El diablo cojuelo (1641) [Luis Vélez de Guevara]
Novela fantástica y de sátira social, que por su estilo ha sido comparada con "Los sueños" de Quevedo. Su
protagonista, don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, contempla el divertido espectáculo de una sociedad española
grotesca gracias a la ayuda de un diablillo cojo y burlón. A diferencia de la novela picaresca, falta el elemento
moralizante. A través de los diez "trancos" (o capítulos) en que se divide la obra, el Cojuelo hace un repaso de las
hipocresías y las miserias de los distintos estratos sociales.
Visiones y visitas de Torres con Francisco de Quevedo por la corte (1728) [Diego de
Torres Villarroel]
Bajo la estructura formal de los conocidos "Sueños" de Quevedo, Torres Villarroel hace un repaso crítico de la
sociedad española de su época. Acompañado por el espíritu de Quevedo, va recorriendo los distintos estamentos
mostrando la esencia y la hipocresía de cada uno, hasta que consigue desengañar al propio genio literario del siglo
XVII. Torres imita conscientemente a su admirado maestro, en particular en el uso excesivo de la adjetivación (de
carácter denigrante) en las descripciones de sus personajes.
Gargantúa / Pantagruel (1532-1534) [François Rabelais]
Dentro del marco de la literatura europea de contenido moral durante los siglos XVI y XVII, "Pantagruel" (1532) y
"Gargantúa" (1534) constituyen una exuberante mezcla de narrativa popular y erudición. A través de esta obra
maestra de la literatura cómica, Rabelais explora importantes temas sociales como la educación, el derecho, la
filosofía y la religión.
El Heptamerón (1558) [Margarita de Valois]
Un grupo de damas y caballeros se queda atrapado en una abadía durante una tormenta, y para entretenerse se
dedican a contar alternativamente una serie de historias amorosas (durante siete jornadas) que van desde la
deslealtad hasta el amor sincero. Al final de cada una hay una pequeña discusión entre los contertulios, a manera
de moralina, en la que se intenta extraer alguna conclusión o criticar el comportamiento de los protagonistas. Lejos
de la procacidad erótica característica de las novelas amorosas del siglo XVI, Margarita de Valois hace gala de una
gran sensibilidad e ingenuidad.
El Patrañuelo (1567) [Juan de Timoneda]
Timoneda tomó sus "patrañas" de distintas fuentes, en particular de la literatura italiana (fundamentalmente el
"Decamerón" de Boccaccio). Estos relatos breves fluctúan entre el cuento y la novela, sin llegar a definirse bajo
ninguno de estos dos modelos literarios. Como el mismo Timoneda advierte en el prólogo de la obra, "Patrañuelo
deriva de patraña, y patraña no es otra cosa sino una fengida traza, tan lindamente amplificada y compuesta, que
parece que trae alguna apariencia de verdad".
El viaje entretenido (1603) [Agustín de Rojas Villandrando]
Esta obra se enmarca dentro de los diálogos reformistas impulsados por los "Coloquios familiares" de Erasmo (como
el "Diálogo de la lengua" o el "Diálogo de Mercurio y Carón"), aunque su originalidad se basa en su carácter
misceláneo, ya que el objetivo didáctico se lleva a cabo mediante una gran cantidad de información enciclopédica.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
A través de un viaje en cuatro escalas de Sevilla a Burgos, cuatro contertulios mezclan sabiduría popular (en forma
sobre todo de refranes) y reseñas culturales. El objetivo final del libro, como su propio título indica, es "enseñar
entreteniendo y entretener avisando".
Don Quijote de la Mancha (1605-1615) [Miguel de Cervantes]
La obra universal de Cervantes constituye un parodia de las novelas de caballerías, aunque él se proponía
únicamente entretener a sus lectores. A principios del siglo XVII, el género literario más popular en España era la
poesía, por lo que la aparición de una obra tan "extraña" como ésta no tuvo una gran acogida entre el público. Por
su estructura y su carácter ficticio, el "Quijote" es considerado como la primera novela moderna.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1614) [Alonso Fernández de
Avellaneda]
El "Quijote" apócrifo de Avellaneda vio la luz un año antes de que Cervantes publicara la segunda parte de su obra
maestra. Al igual que este último, el escritor disfrazado bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda
tenía como objetivo "desterrar la perniciosa lección de los vanos libros de caballerías, tan ordinaria en gente rústica
y ociosa". Para ello propone una visión más exagerada de la obra, en la que don Quijote es aún más loco y Sancho
resulta mucho más simple y soez. La estructura narrativa del libro se compone de múltiples aventuras en distintas
poblaciones de España, y termina con don Quijote ingresado en una casa de locos de Toledo. El tono didácticomoral de la obra hace sospechar que su autor fuera un clérigo.
Novelas ejemplares (1613) [Miguel de Cervantes]
Las "Novelas ejemplares" constituyen el primer ejemplo de relato corto en la literatura castellana. Su finalidad es
más el entretenimiento del lector que unas ciertas enseñanzas morales. "La ilustre fregona" es una de las novelas
ejemplares que mejor acogida tuvo entre los lectores de la época. En ella, aparecen entrecruzadas las aventuras
picarescas de Diego de Carriazo y la historia de amor de Tomás de Avendaño.
Entremeses (1615) [Miguel de Cervantes]
Los entremeses son pequeñas obras de teatro cómicas destinadas a ser representadas entre los actos de la comedia
principal. Sus personajes suelen ser tipos teatrales consagrados (el viejo celoso, el rufián, el soldado fanfarrón, el
vizcaíno, etc.).
Varia fortuna del soldado Píndaro (1626) [Gonzalo de Céspedes y Meneses]
Obra perteneciente al género de la novela cortesana, cuyos protagonistas son personajes nobles que se mueven
únicamente por amor. Como la novela picaresca, se desarrolla en un ámbito urbano, aunque el resto de sus
características son totalmente opuestas. El propósito de Céspedes y Meneses es el de que la vida del soldado
Píndaro (trasunto de la suya propia) sirva como ejemplo moralizante para los lectores.
Moll Flanders (1722) [Daniel Defoe]
Esta obra, considerada como la primera novela moderna en lengua inglesa, toma su estilo narrativo de la novela
picaresca española de los siglos XVI y XVII. En ella, la protagonista da cuenta (en forma autobiográfica) de su vida
licenciosa y desordenada. Al final se produce la "conversión del pícaro", ya que Moll Flanders se arrepiente de
todos sus pecados anteriores. Destaca el factor psicológico en la narración, puesto que la protagonista distingue
claramente entre su comportamiento criminal y su propia esencia, caracterizada por una búsqueda constante del
amor familiar. Otro aspecto importante es el "fatum" de la tragedia griega: el héroe posee siempre la libertad de
elegir, pero no puede escapar de un destino fatalista que le subyuga. Esto mismo es lo que le ocurre a Moll Flanders,
que se ve incapaz de huir del ambiente que la rodea y de sus consecuencias. Destaca el lenguaje empleado, reflejo
claro del inglés medio hablado en la época. El título de la obra es característico de la novela picaresca española, y
describe exactamente su contenido: "The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders, &C. Who Was
Born in Newgate, and during a Life of Continu'd Variety for Threescore Years, besides Her Childhood, Was
Twelve Year a Whore, Five Times a Wife (Whereof Once to Her Own Brother), Twelve Year a Thief, Eight Year a
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Transported Felon in Virginia, at Last Grew Rich, Liv'd Honest, and Died a Penitent. Written from Her Own
Memorandums.".
Tom Jones (1749) [Henry Fielding]
"Tom Jones" es una de las primeras y mejores novelas cómicas de la literatura inglesa. Al igual que “Moll Flanders”,
deriva de la novela picaresca española de los siglos XVI y XVII. A través de las intrigas, amores y aventuras
picarescas de Tom Jones en busca de su enamorada Sophia Western, Fielding lleva a cabo una crítica hacia la
hipocresía y ética sexual de su época. Al igual que su compatriota Dickens haría años más tarde, Fielding refleja en
su novela el lenguaje propio de cada clase social, haciendo que sea éste el factor que diferencia a los personajes
entre sí.
Robinson Crusoe (1719) [Daniel Defoe]
"Robinson Crusoe" es una de las primeras novelas realistas inglesas, género derivado de la moderna narrativa
pseudoficticia iniciada con “Don Quijote de la Mancha”. A pesar de su carácter de ficción, el verdadero tema de la
obra es la expansión del eurocentrismo, es decir, el predominio del hombre occidental sobre las distintas
civilizaciones del mundo hasta entonces conocido. La supervivencia del protagonista en una isla desierta gracias a
su ingenio y determinación es una alegoría del espíritu del hombre europeo, así como la enseñanza de Viernes lo es
de la educación humana bajo un punto de vista occidental.
Discurso del método (1637) [René Descartes]
Descartes es el iniciador de la filosofía racionalista del Renacimiento. El fundamento básico de esta escuela es que
todo saber, ya sea teórico o práctico, se alcanza mediante la razón, en una época en la que el hombre aspira a un
gran conocimiento de las distintas disciplinas humanísticas y a un alto grado de libertad. Las teorías introducidas
en el "Discurso del método" vienen así a sustituir al silogismo aristotélico imperante durante la Edad Media, en el
que las premisas contenían la solución. El método cartesiano se basa en la duda metódica, que consiste en
cuestionar todo conocimiento previo a fin de no dejarse guiar por los prejuicios. Dentro de la literatura española,
esta obra influyó en la creación de la novela filosófica del siglo XVII.
El Criticón (1651-1657) [Baltasar Gracián]
Magna alegoría de la vida y sus distintas etapas vitales. “El Criticón” es una novela filosófica en la que sus dos
personajes representan polos opuestos en el ser humano: la voluntad racional o el recto juicio (Critilo) y la pasión
instintiva que se deja guiar por las apariencias (Andrenio).
El comulgatorio (1655) [Baltasar Gracián]
Obra de carácter ascético que exalta el sagrado sacramento de la comunión a través de una serie de imágenes
alegóricas de Cristo. Este devocionario está compuesto por cincuenta meditaciones que invitan a la contemplación,
cada una de ellas dividida en cuatro puntos: el primero está dedicado a la preparación, el segundo a la comunión, el
tercero a su aprovechamiento y el cuarto a su agradecimiento. "El comulgatorio" es la única obra que Gracián firmó
con su verdadero nombre, ya que por su contenido religioso no era susceptible de represalias (como su obra
maestra, “El Criticón”).
Errores celebrados (1653) [Juan de Zabaleta]
En esta obra moralizante, Zabaleta mantiene que la historia, por medio de casos famosos, tiene que enseñar al
hombre a corregir sus faltas (siempre bajo una perspectiva cristiana). A través de distintas anécdotas históricas, el
autor impugna las conclusiones favorables generalmente extraídas de ellas y trata de hacer ver que el orgullo, la
vanidad, la soberbia, la incontinencia o la falta de respeto motivan las acciones que él critica.
CAPÍTULO 14. TEATRO DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
61
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
14.1. Los orígenes del teatro español moderno
Hasta la llegada de Lope de Vega, gran renovador e
impulsor del género, coexistían en el drama español
anterior al siglo XVII diversas corrientes literarias:
religiosa, popular, humanista y renacentista. Frente al
enorme impulso de la poesía y la prosa durante la Edad
Media, el teatro español fue prácticamente inexistente
hasta la segunda mitad del siglo XV, cuando autores
como Gómez Manrique (1412-1490) ayudaron a
popularizar este género mediante dramas litúrgicos y
representaciones populares y cortesanas. Esta producción
dramática daría paso a finales del siglo XV y principios
del XVI al teatro renacentista, personificado en Juan del
Égloga de Plácida y Vitoriano
Encina (1468-1529), Lucas Fernández (1474-1542) y Gil
(Juan del Encina, 1513)
Vicente (1465-1536). El primero de ellos está
considerado como el iniciador del teatro español moderno gracias a sus églogas
pastoriles (de contenido amoroso e intención religiosa), cuya principal novedad, desde el
punto de vista dramático, es la aparición de la figura del rústico simple como elemento
paródico. El comienzo del teatro renacentista en España se puede fechar en la Navidad
de 1492, cuando Juan del Encina representó ante los duques de Alba dos églogas
dramáticas en las que unos pastores anuncian el nacimiento de Cristo. Por su parte,
Gil Vicente, pese a ser un dramaturgo portugués, escribió igualmente piezas pastoriles
y religiosas en español.
En la primera mitad del siglo XVI, el teatro renacentista adopta como modelos la
comedia latina de Plauto y Terencio, el teatro humanista italiano y el drama pastoril
de Juan del Encina y Lucas Fernández. Las notas más singulares de esta producción
dramática, destinada a un público cortesano, es la observación estricta de la “ley de las
tres unidades” (acción, tiempo y lugar) y el empleo del verso octosílabo. Uno de los
principales exponentes de este nuevo teatro renacentista español es Bartolomé Torres
Naharro (1485-1530), cuyos personajes demuestran una psicología más compleja que
los de las églogas pastoriles de Juan del Encina. Su obra dramática se compone de
nueve comedias reunidas en un único volumen titulado Propalladia (1517), que el
propio autor dividió en dos categorías temáticas: “a noticia” (comedias costumbristas,
picarescas y satíricas, entre las que destaca Soldadesca) y “a fantasía” (comedias de
ambiente urbano y tema amoroso, con conflictos “de capa y espada”, como Himenea).
14.2. Teatro popular y humanista
En la segunda mitad del siglo XVI, los dramaturgos se proponen actualizar el teatro
renacentista anterior y se interesan especialmente por el drama popular (de finalidad
62
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
lúdica y didáctica) y el drama humanista (con adaptaciones de tragedias y comedias
grecolatinas). Este “nuevo teatro renacentista”, inmediatamente anterior al drama
lopesco, incorpora a sus obras temas como el popularismo, el patriotismo y la historia,
con una trama cada vez más compleja.
Siguiendo el ejemplo de las compañías
italianas de la Comedia del arte, el teatro
español de la segunda mitad del siglo XVI
abandona los palacios y las iglesias y se
convierte en un espectáculo popular
representado en calles, plazas y lugares
públicos (como los corrales de comedias). Los
actores son ahora cómicos profesionales que
Máscaras (Comedia del arte)
utilizan máscaras y se especializan en un
mismo papel. Los personajes escenificados simbolizan clases sociales o estereotipos de
la época, como la pareja de sirvientes enamorados (Arlequín y Colombina), los
sirvientes astutos (Zanni), el viejo avaricioso (Pantalón), el bufón (Pierrot), el erudito
decadente (Doctor), el burgués cruel (Brighella), el soldado arrogante (Capitán), el
matón astuto y burlón (Polichinela), etc. Dentro de este teatro popular destaca la
producción del sevillano Lope de Rueda (1510-1565), que abarca los géneros de la
comedia y el teatro breve. Sus famosos pasos (piezas en prosa de carácter cómico y
realista) son los precursores de lo que posteriormente se conocerá como entremés
(obra cómica en un solo acto, en la que destacará especialmente Cervantes). Otras
figuras relevantes de este teatro popular renacentista son Juan de Timoneda (15201583) y Juan de la Cueva (1543-1612).
La otra gran rama en la que se divide el drama renacentista de la segunda mitad del
siglo XVI es el teatro humanista, que intenta —aunque sin demasiado éxito—
trasplantar las tragedias y comedias clásicas a la escena española. Juan de la Cueva fue
el primer dramaturgo que experimentó con la mitología grecolatina para destacar el
patriotismo castellano en sus obras dramáticas. Su comedia más conocida, El
infamador (1581), introduce el arquetipo del don Juan clásico en el teatro español.
14.3. Teatro barroco
La evolución y convergencia de las distintas corrientes dramáticas del siglo XVI
alcanza su madurez en los primeros decenios del XVII de la mano de Lope de Vega,
considerado el creador del teatro español moderno gracias a su profunda renovación
de estilos y formas. Dentro de su producción dramática destacan las comedias
amorosas (como El perro del hortelano) y los dramas de honor (Fuenteovejuna). El
teatro lopesco tuvo muchos continuadores a lo largo del siglo XVII, entre los que
destacan Guillén de Castro (1569-1631), Antonio Mira de Amescua (1577-1644), Luis
63
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Vélez de Guevara (1579-1644), Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635), el
mejicano Juan Ruiz de Alarcón (1580-1639), Luis Quiñones de Benavente (1581-1651),
Antonio Hurtado de Mendoza (1586-1644), Juan Pérez de Montalbán (1602-1638) y,
por encima de todos, Tirso de Molina (1579-1648), que contribuyó a la popularización
de la comedia gracias a obras como El burlador de Sevilla. Ya avanzado el siglo XVII,
Calderón de la Barca fue el principal encargado de llevar el nuevo teatro español a su
plenitud con obras de una gran profundidad psicológica (como La vida es sueño).
Aparte del género mayor de la comedia, el teatro barroco español cultivó otros
géneros menores, como el auto sacramental y el entremés. Los dos temas a los que el
drama español del siglo XVII concede mayor importancia son el honor (sentimiento
personal de la propia valía) y la honra (manifestación externa del honor, relacionada
con la opinión ajena). En el teatro barroco, la reparación del honor y de la honra, tras
la aparición de un elemento perturbador en el inicial estado de armonía, es un paso
imprescindible para que la persona ofendida vuelva a ser aceptada por la sociedad.
La complejidad del teatro del Siglo de Oro se
manifiesta en la diversidad de subgéneros a que
dio lugar: dramas históricos, heroicos,
legendarios, político-sociales, de honor y celos,
religiosos, mitológicos, palaciegos, pastoriles,
caballerescos, psicológicos, mágicos y de capa y
espada. Sin embargo, todos ellos tienen en
común una estructura formada por tres actos (o
jornadas), que corresponden a las partes que
Corral de comedias
forman el desarrollo argumental de la obra:
planteamiento, nudo y desenlace. En el teatro barroco se prescinde
intencionadamente de la “ley de las tres unidades” del teatro clásico (acción, tiempo y
lugar), de forma que los personajes desarrollan acciones paralelas o cruzadas en
distintos lugares, y éstas pueden abarcar largos periodos de tiempo. Otra novedad
importante con respecto al drama renacentista es la mezcla de tragedia y comedia en
las obras, ya que el teatro barroco se concibe como un espejo de la existencia humana,
trágica a la vez que cómica.
La rígida sociedad estamental española del siglo XVII tiene un fiel reflejo en los
personajes teatrales, que aparecen caracterizados como arquetipos sociales, con un
patrón psicológico fijo y sin evolución a lo largo de la obra. Del choque de intereses
entre estos personajes y la sociedad, y de la transgresión de las normas sociales, surge
el conflicto dramático que impulsa la acción. Los principales tipos sociales que
aparecen en el teatro del Siglo de Oro son los siguientes:
● El rey: viejo (prudente y justo) o galán (soberbio y arbitrario).
64
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
● El poderoso: noble que abusa de su poder (elemento perturbador del orden social).
● El caballero: defensor del orden y el honor (padre, esposo, hermano o galán).
● El galán: representa la integridad moral y la constancia en el amor.
● La dama: reúne las cualidades de belleza exterior e interior.
● El gracioso: contrafigura cómica del galán.
● El villano: campesino noble, modelo de honor, honra y limpieza de sangre.
La principal forma de expresión del teatro del Siglo de Oro es el verso, con distintas
estrofas en función de la situación dramática que se describe: redondillas (amor),
quintillas, octavas (lucimiento), décimas, sonetos (espera), tercetos (temas graves),
silvas y romances (relaciones). El lenguaje teatral aúna los valores expresivos del más
refinado lirismo con la naturalidad de la expresión popular.
14.4. Tirso de Molina
Fray Gabriel Téllez (Madrid, 1579 - Almazán, 1648) —
más conocido por su pseudónimo artístico de Tirso de
Molina— es uno de los principales representantes del
teatro español del Siglo de Oro. Está considerado como el
máximo esponente de la escuela teatral de Lope de Vega (a
quien sigue en fecundidad), aunque sus comedias, al
contrario que las lopescas, poseen una gran profundidad
psicológica, un marcado realismo y un tono abiertamente
conceptista. La nota más característica del teatro de Tirso
Tirso de Molina
de Molina es su especial tratamiento de la mujer, muy
alejado de los tópicos convencionales del Renacimiento:
digna y superior al hombre en unos casos (como en El castigo del penseque), osada en la
defensa de sí misma y de sus intereses en otros (Don Gil de las calzas verdes). Dentro de
su amplia producción dramática destacan dos obras por encima de todas: El condenado
por desconfiado (que refleja la tragedia humana del hombre y su destino) y El burlador
de Sevilla y convidado de piedra (creadora del mito español de don Juan, personaje
antiaristocrático ocioso, desvergonzado, mentiroso y burlador, que al final es castigado
por su desprecio hacia el orden de la sociedad barroca).
En sus obras, Tirso de Molina lleva a cabo una crítica de los valores aristocráticos y
una exaltación de la moral basada en la virtud y el saber. Entre sus principales
aportaciones al género dramático español figuran un acertado retrato psicológico de
los personajes, una calculada dosificación de la intriga, la comicidad de las situaciones,
el tono burlesco, la riqueza expresiva del lenguaje y el gusto por la ironía y los juegos
de palabras.
65
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
La producción teatral de Tirso de Molina está compuesta por más de 80 obras (algunas
de las cuales atribuidas a él), que se clasifican en función de su contenido temático:
a) Comedias de enredo (también llamadas “de capa y espada”, “palatinas” o “de
intriga”): destacan especialmente El vergonzoso en palacio (1611), La villana de La
Sagra (1612), El castigo del penseque (1614), Quien calla, otorga (1614), Don Gil de las
calzas verdes (1615), La celosa de sí misma (1620), Celos con celos se curan (1621),
Amar por razón de estado (1625) y La firmeza en la hermosura (1644).
b) Dramas religiosos y morales: La peña de Francia (1612), La Santa Juana (1613-1614),
El condenado por desconfiado (1615), La vida y muerte de Herodes (1615), Tan largo
me lo fiais (1617), La venganza de Tamar (1621), El burlador de Sevilla y convidado de
piedra (1630).
c) Dramas históricos: La república al revés (1611), Los amantes de Teruel (1615),
Amor y celos hacen discretos (1615), Averígüelo Vargas (1621), La prudencia en la
mujer (1622), Trilogía de los Pizarros (1626-1632).
d) Dramas mitológicos: El Aquiles (1612), La fingida Arcadia (1621).
e) Autos sacramentales: El colmenero divino (1613), No le arriendo la ganancia (1613),
Los hermanos parecidos (1615).
Aparte de su amplia producción dramática, Tirso de Molina compuso obras
misceláneas en prosa y en verso, entre las que destaca una novela cortesana titulada
Los cigarrales de Toledo (1621) —que tuvo en 1635 una continuación en Deleitar
aprovechando.
El siguiente fragmento de El condenado por desconfiado, en el que el diablo,
disfrazado de ángel, se le aparece al monje Paulo para decirle que tendrá el mismo
final que el criminal Enrico, ilustra la profundidad psicológica de los personajes de
Tirso de Molina (la apariencia religiosa del primero contrasta con su naturaleza
soberbia y desconfiada, mientras que el delincuente Enrico muestra caridad y
compasión en sus obras):
PAULO
¡Dios mío!, aquesto os suplico:
¿Salvareme, Dios inmenso?
¿Iré a gozar vuestra gloria?
Que me respondáis espero.
DEMONIO
Dios, ¡oh Paulo!, te ha escuchado
y tus lágrimas ha visto.
PAULO
(Aparte.) ¡Qué mal el temor resisto!
Ciego en mirarlo he quedado.
DEMONIO
Me ha mandado que te saque
de esa ciega confusión,
porque esa vana ilusión
de tu contrario se aplaque.
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Ve a Nápoles, y a la puerta
que llaman allá del Mar,
que es por donde tú has de entrar
a ver tu ventura cierta
o tu desdicha, verás
cerca de allá (estame atento)
un hombre...
PAULO
¡Qué gran contento
con tus razones me das!
DEMONIO
Que Enrico tiene por nombre,
hijo del noble Anareto,
Conocerasle, en efecto,
por señas: que es gentilhombre,
alto de cuerpo y gallardo,
No quiero decirte más,
porque apenas llegarás
cuando le veas.
PAULO
Aguardo
lo que le he de preguntar
cuando le llegare a ver.
DEMONIO
PAULO
Sólo una cosa has de hacer.
¿Qué he de hacer?
DEMONIO
Verle y callar,
contemplando sus acciones,
sus obras y sus palabras.
PAULO
En mi pecho ciego labras
quimeras y confusiones.
¿Sólo eso tengo que hacer?
DEMONIO
Dios que en él repares quiere,
porque el fin que aquél tuviere
ese fin has de tener.
El condenado por desconfiado (Jornada I)
14.5. El burlador de Sevilla
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630), la
obra teatral más conocida de Tirso de Molina, introduce
en la literatura española al mito de don Juan, símbolo de
la pasión desenfrenada, el engaño y el sacrilegio, así
como una de las figuras más universales de la literatura
mundial (comparable únicamente a Don Quijote, Hamlet
y Fausto). Para ello, Tirso funde dos leyendas de origen
popular: la del galán libertino (presente en el romancero
medieval) y la del individuo que invita a cenar a un
difunto (una calavera o una estatua), proveniente de un
cuento folclórico europeo.
Don Juan (máscaras)
El argumento de El burlador de Sevilla es el siguiente: un
noble caballero español de Nápoles, don Juan Tenorio, se sirve de su ingenio y su
buena presencia para seducir a las damas y doncellas que se ponen a su alcance. Tras
ser descubierto en el palacio del rey intentando engañar a una duquesa, don Juan y su
criado Catalinón huyen de la ciudad. El barco en el que viajan a España naufraga en la
costa de Tarragona y don Juan es rescatado por una pescadora, a la que seduce y goza
antes de huir de nuevo. En Sevilla, don Juan continúa con su vida de libertino y
mujeriego. Tras engañar a una dama y ser descubierto por el padre de ésta, don
Gonzalo de Ulloa, ambos caballeros se enfrentan en duelo y don Juan mata a don
Gonzalo. Ante la tumba del difunto, don Juan se burla de su rival, invitándole a cenar.
Sin embargo, la estatua de don Gonzalo se presenta a la cita (“el convidado de piedra”)
y, tras intentar en vano lograr el arrepentimiento del libertino con la amenaza de la
muerte, invita a su vez a don Juan y su criado a cenar en su capilla. Don Juan acepta la
invitación, y al llegar a tan fúnebre cita la estatua de don Gonzalo se venga
arrastrándolo a los infiernos, sin que pueda salvar su alma.
El burlador de Sevilla es un drama que posee una doble intención, religiosa y moral:
por un lado, el protagonista es un pecador que recibe constantes advertencias de que
sus actos le conducirán a un mal fin, y sin embargo no se arrepiente jamás de ellos, ni
siquiera ante la amenaza inminente de la muerte (de la que se burla con su conocida
frase “tan largo me lo fiais”). Por otro lado, don Juan tiene una dimensión moral, como
transgresor de las estrictas normas sociales del siglo XVII. De esta forma, Tirso de
Molina da cuerpo a un personaje de una gran complejidad psicológica en el que se
mezcla el bien y el mal: por un lado, don Juan es un caballero cristiano que cree en
Dios, pero no teme al castigo divino porque el impulso del deseo le domina; por otro
lado, pertenece a una arraigada familia de nobles españoles, pero su comportamiento
libertino no se corresponde con su condición social.
68
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
La siguiente escena de El burlador de Sevilla, en la que el fantasma de don Gonzalo
invita a don Juan a cenar para que pague por sus pecados, ilustra los diálogos
dinámicos y realistas del teatro de Tirso de Molina, en los que se mezcla el tono
solemne y el cómico (representado por los comentarios del criado Catalinón):
DON JUAN
¿Quién va allá?
DON GONZALO
Yo.
DON JUAN
¿Quién sois vos?
DON GONZALO
El muerto soy, no te espantes.
No entendí que me cumplieras
la palabra, según haces
burla de todos.
DON JUAN
¿Me tienes
en opinión de cobarde?
DON GONZALO
Sí, porque de mí huiste
la noche que me mataste.
DON JUAN
Huí de ser conocido;
mas ya me tienes delante:
di presto lo que me quieres.
DON GONZALO
Quiero a cenar convidarte.
CATALINÓN Aquí excusamos la cena
que toda ha de ser fiambre,
pues no parece cocina
señor, por ninguna parte.
DON JUAN
Cenemos.
DON GONZALO
Para cenar
es menester que levantes
esa tumba.
DON JUAN
Y, si te importa,
levantaré esos pilares.
DON GONZALO
Valiente estás.
DON JUAN
Tengo brío,
y corazón en las carnes.
DON GONZALO
Siéntate tú.
CATALINÓN Yo señor,
he merendado esta tarde.
Cena con tu convidado.
DON JUAN
Ea, pues, he de enojarme;
siéntate, acaba.
CATALINÓN ¡Ay de mí!
DON GONZALO
También quiero que te canten.
(Cantan)
Adviertan los que de Dios
juzgan los castigos tarde,
que no hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague.
CATALINÓN ¿Qué plato es éste, señor?
DON GONZALO
Este plato es de alacranes
y víboras.
CATALINÓN Gentil plato
para el que trae buena hambre.
¿Es bueno el vino, señor?
DON GONZALO
Pruébale.
CATALINÓN Hiel y vinagre
69
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
es este vino.
DON GONZALO
Este vino
exprimen nuestros lagares.
¿No comes tú?
DON JUAN
Comeré
si me dieses áspid a áspid
cuantos el infierno tiene.
DON GONZALO
Otra vez quiero que canten
(Cantan la copla postrera)
CATALINÓN ¡Malo es aquesto, por Cristo!
Dime, señor, ¿no escuchaste
la canción? Contigo habla.
DON JUAN
Un hielo el pecho me parte.
CATALINÓN Come de este guisadillo,
DON JUAN
Ya he cenado; haz que levanten
las mesas.
DON GONZALO
Dame esa mano
no temas; la mano dame.
DON JUAN
¿Yo temor? Toma. ¡Ay de mí,
que me abraso! No me abrases
con tu fuego.
DON GONZALO
Aquéste es poco
para el fuego que buscaste,
y así tienes de pagar
las doncellas que burlaste.
DON JUAN
A tu hija no ofendí,
que vio mis engaños antes.
DON GONZALO
No importa, que ya pusiste
tu intento.
DON JUAN
Deja que llame
quien me confiese y absuelva.
DON GONZALO
No hay lugar, ya acuerdas tarde.
Las maravillas de Dios
son, Don Juan, investigables,
y así quiere que tus culpas
a manos de un muerto pagues.
DON JUAN
No me aprietes: ¡tente, tente!
Con la daga he de matarte;
mas ¡ay! que me abrasa el fuego,
y serán golpes al aire.
DON GONZALO
«Ésta es justicia de Dios:
quien tal hace que tal pague.»
DON JUAN
¡Que me quemo, que me abraso!
¡Muerto soy!
(Cae muerto don Juan)
CATALINÓN No hay quien se escape,
que aquí tengo de morir
también por acompañarte.
DON GONZALO
Ésta es justicia de Dios:
«quien tal hace, que tal pague».
El burlador de Sevilla (Jornada III, escena XIX)
14.6. Calderón de la Barca
70
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600 - Madrid,
1681) está considerado como uno de los dramaturgos más
importantes del Siglo de Oro, con una gran influencia
posterior en el desarrollo del teatro romántico europeo.
A diferencia de Lope de Vega y Tirso de Molina —las
otras dos grandes figuras del teatro barroco español—, su
concepción del mundo es marcadamente pesimista,
caracterizada por una visión desengañada de la vida. El
tema central del drama calderoniano es la indefensión del
ser humano ante la fuerza del destino. Sus personajes se
mueven entre los dos polos de la religiosidad y la
aceptación de una sociedad barroca tradicional (por un
Calderón de la Barca
lado) y el libre albedrío (por otro), lo que les causa
enormes conflictos internos. Los personajes del teatro de Calderón son seres
atormentados, pero al mismo tiempo reflexivos, que luchan por sobreponerse al caos de
su existencia y a las pasiones que interiormente los desgarran. Abocados a una
situación límite y de difícil salida, encuentran en la introspección una vía de escape
ante sus problemas vitales.
Frente a la naturalidad y espontaneidad del teatro de Lope, el de Calderón se
caracteriza por ser más elaborado y artístico. Por otro lado, en contraposición a la
complejidad argumental de las obras de Tirso de Molina, sus obras poseen una trama
sencilla y un reducido número de personajes (para de esta forma poder centrarse en su
psicología y conflictos internos). Los dramas calderonianos, de lógica y cálculos
rigurosos, presentan una mayor concentración dramática, sobre todo en el héroe central
de la obra, lo que conlleva una mayor dosis de subjetivismo. Pese a que se trata de un
teatro más aristocrático y menos popular que el de sus predecesores, trata temas más
universales. La estructura formal de sus obras sigue una rigurosa ordenación clásica
(planteamiento, nudo y desenlace), así como una disposición piramidal de la trama y
un emparejamiento antitético de los personajes secundarios. Pese a la sencillez
expresiva del lenguaje dramático calderoniano, el conceptismo y el lujo ornamental
están siempre presentes en sus obras.
Calderón asienta definitivamente el género de los autos sacramentales (como El gran
teatro del mundo), en los que conjuga la más estricta teología con una compleja alegoría
y una inevitable trasposición de la vida y las preocupaciones cotidianas de la época.
También cultiva las comedias de enredo o “de capa y espada” (como La dama duende).
Pero donde su arte adquiere características tan personales como definitivas es en los
dramas religioso-filosóficos y en los de honor. En estos últimos trata el tema de los celos
y la limpieza sangrienta del honor manchado por la esposa, bajo el más exaltado
casticismo (como en El alcalde de Zalamea); dentro de los dramas filosófico-religiosos, la
71
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
obra cumbre de Calderón es La vida es sueño: el drama del protagonista, Segismundo,
consiste en que el hombre no está en verdad unido al cosmos, sino que se halla, al
margen de la naturaleza, en manos de Dios; el dilema entre predestinación y libre
albedrío se resuelve a favor del primero a través de un penoso camino de autonegación y
desengaño, que lleva a la conclusión de que la vida es en realidad sueño.
La producción teatral de Calderón de la Barca está formada por unas 190 obras
dramáticas (fundamentalmente comedias y autos sacramentales), cuya representación
exigía un gran despliegue escenográfico (tramoyas, decorados, luces y música). Las
principales fuentes de inspiración calderoniana son la Biblia, la mitología grecolatina,
la historia, las leyendas y las costumbres, y los temas principales que trata son los
característicos del teatro barroco español: el amor, la religión y el honor. En función
de su contenido y estructura argumental, las obras teatrales de Calderón se pueden
clasificar de la siguiente manera:
a) Comedias de enredo: La dama duende (1629), Casa con dos puertas, mala es de
guardar (1629), El galán fantasma (1637).
b) Dramas de honor y celos: A secreto agravio, secreta venganza (1636), El médico de
su honra (1637), El alcalde de Zalamea (1651).
c) Autos sacramentales: La cena del rey Baltasar (1632), A Dios por razón de estado
(1650), Andrómeda y Perseo (1653), El gran teatro del mundo (1655).
d) Dramas filosóficos: La vida es sueño (1635).
e) Dramas históricos: La gran Zenobia (1625), La cisma de Inglaterra (1627), El
príncipe constante (1629).
f) Dramas religiosos: La devoción de la cruz (1625), El mágico prodigioso (1637).
g) Dramas mitológicos: La púrpura de la rosa (1660), La estatua de Prometeo (1670).
Algunos de los continuadores más destacados del teatro de Calderón son Francisco de
Rojas Zorrilla (1607-1648) —gran defensor de la mujer en comedias de honor (Del Rey
abajo, ninguno) y en el género por el creado de la comedia de figurón ( Entre bobos
anda el juego)— y Agustín Moreto (1618-1669) —maestro en la versificación y en la
caracterización de los personajes, con obras tan conocidas como la comedia palatina El
desdén, con el desdén y la comedia de figurón El lindo don Diego.
El siguiente fragmento del drama de honor El alcalde de Zalamea, en el que Pedro
Crespo defiende su dignidad ante el militar Lope de Figueroa, ilustra el tema clásico
calderoniano del conflicto interior en los personajes; el alcalde sabe que su honra es
irrecuperable tras el ultraje sufrido por su hija a manos del capitán don Álvaro, aunque
en su dolor reclama la justicia que corresponde a cualquier hombre, independientemente
de su condición social:
CRESPO
Entraos allá dentro.
72
― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
(Vanse ISABEL, INÉS y JUAN)
Mil gracias, señor, os doy
por la merced, que me hicisteis
de excusarme una ocasión
de perderme.
LOPE
¿Cómo habíais,
decid, de perderos vos?
CRESPO
Dando muerte a quien pensara
ni aun el agravio menor.
LOPE
¿Sabes, ¡vive Dios!, que es
capitán?
CRESPO
Sí, ¡vive Dios!,
y aunque fuera él general,
en tocando a mi opinión
le matara.
LOPE
A quien tocara
ni aun al soldado menor
sólo un pelo de la ropa,
¡por vida del cielo!, yo
le ahorcara.
CRESPO
A quien se atreviera
a un átomo de mi honor,
¡por vida también del cielo!,
que también le ahorcara yo.
LOPE
¿Sabéis que estáis obligado
a sufrir, por ser quien sois,
estas cargas?
CRESPO
Con mi hacienda,
pero con mi fama no.
Al rey la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios.
LOPE
¡Juro a Cristo, que parece
que vais teniendo razón!
CRESPO
Sí, ¡juro a Cristo!, porque
siempre la he tenido yo.
LOPE
Yo vengo cansado, y esta
pierna, que el diablo me dio,
ha menester descansar.
CRESPO
Pues, ¿quién os dice que no?
Ahí me dio el diablo una cama,
y servirá para vos.
LOPE
¿Y dióle hecha el diablo?
CRESPO
Sí.
LOPE
Pues a deshacerla voy,
que estoy, ¡voto a Dios!, cansado.
CRESPO
Pues descansad, ¡voto a Dios!
(aparte)
LOPE
(Testarudo es el villano;
también jura como yo.)
(aparte)
CRESPO
(Caprichoso es el don Lope;
no haremos migas los dos.)
El alcalde de Zalamea (Jornada I, escena XVIII)
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
14.7. La vida es sueño
La vida es sueño (1635), la obra maestra del teatro
de Calderón de la Barca, es un drama filosófico que
gira en torno a la lucha interior que produce en el
individuo el conflicto entre el libre albedrío y la
predestinación (una de las principales discusiones
filosóficas en la Europa del siglo XVII). El
protagonista, Segismundo, se debate entre ambos
Segismundo encadenado
extremos a lo largo de diversos monólogos, hasta
que finalmente sucumbe al poder del destino y llega a la conclusión de que toda la
vida y las apariencias humanas no son más que un sueño. Los orígenes de esta
concepción filosófica, común a distintas religiones y culturas, se remontan al “mito de
la caverna” de Platón.
En su deseo de llegar a un público lo más amplio posible (tanto popular como
aristocrático), Calderón de la Barca mezcla en La vida es sueño elementos trágicos y
cómicos, por lo que esta obra puede considerarse una tragicomedia (género
característico del teatro barroco). Su argumento es el siguiente: Basilio, rey de Polonia,
consulta a los astros sobre el destino de su hijo Segismundo, que acaba de nacer. Las
estrellas predicen que será un gobernante cruel. Para evitar el cumplimiento de este
mal presagio, Basilio decide encerrar a su hijo en una torre situada en un lugar
escondido. Segismundo crece prisionero como un salvaje, ignorante de su condición
de heredero de un trono. El rey, tras quedarse sin descendientes varones, decide hacer
un pacto de matrimonio entre Estrella (infanta de su corte) y Astolfo (duque de
Moscovia) para que éste herede el trono. Sin embargo, Basilio reflexiona y decide
liberar a su hijo para traerlo de vuelta a la corte y comprobar si efectivamente se
cumple la profecía. En el palacio real, Segismundo se comporta como los astros habían
predicho, ofendiendo e insultando a nobles, damas y criados. Basilio decide drogarle y
devolverle a la torre, donde Clotaldo convence a Segismundo de que todo lo vivido en
palacio no fue más que un sueño. Sin embargo, el pueblo se entera de lo sucedido, se
levanta en armas contra Basilio y libera a Segismundo para proclamarlo como su
nuevo rey. Cuando éste vuelve a la corte para ocupar su trono, se comporta como un
gobernante prudente y justo para no arrepentirse posteriormente en caso de ser otro
sueño. De esta manera, la libertad que permite al hombre elegir entre el bien y el mal
parece derrotar al destino, aunque Segismundo llega a la conclusión de que nunca
podrá saber si lo que está viviendo es realidad o fantasía.
El monólogo de Segismundo tras ser devuelto a su encierro en la torre ilustra el
conflicto entre el deseo del individuo por la libertad y el poder del destino que le
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
domina, lo cual no le deja más que dos salidas: la locura o la aceptación de que la vida
es simplemente un sueño y todo lo que hacemos o pensamos no es real:
SEGISMUNDO Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
La vida es sueño (Jornada II, escena XIX)
Resumen
El teatro español moderno se inicia a finales del siglo XV y principios del XVI gracias
a Juan del Encina. Este drama renacentista irá evolucionando a través de diversas
etapas posteriores hasta alcanzar su madurez definitiva de la mano de Lope de Vega, el
primer gran dramaturgo de la literatura española, que contribuyó enormemente a
modernizar y popularizar este género. El teatro barroco del siglo XVII se muestra
heredero en mayor o menor medida del drama lopesco, con dos figuras que sobresalen
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
por encima del resto: Tirso de Molina —cuyas obras (entre las que destaca El burlador
de Sevilla) añaden una mayor complejidad argumental— y Calderón de la Barca —
cuyo teatro aborda temas más universales, como el conflicto entre libertad y destino
(reflejado en su conocida obra La vida es sueño).
Apéndice bibliográfico
Tragedias (siglo V a.C.) [Eurípides]
En estas tragedias teatrales, el tema griego del "fatum" (o destino inexorable de los hombres, cuyas vidas están
determinadas por los dioses) da lugar a un examen psicológico de las actitudes anímicas de los personajes: desde la
incontrolable cólera de Medea, la locura de Orestes y los desvanecimientos amorosos de Fedra, pasando por la
brutal ira de Hécuba, hasta el cambiante estado de ánimo de las Bacantes.
Edipo, rey (430 a.C.) [Sófocles]
"Edipo, rey" pertenece, junto con "Edipo en Colono" y "Antígona", al llamado ciclo tebano de las obras teatrales de
Sófocles. Esta tragedia desarrolla el tema del "fatum", ya que el destino de Edipo y su desastrado final se hallan
previamente fijados por el oráculo de los dioses, ante el que cualquier decisión humana resulta inútil.
Medea (431 a.C.) [Eurípides]
Eurípides, junto con Sófocles y Esquilo, fue cofundador del género de la tragedia griega. Sus obras, sin embargo,
son más realistas que las de los otros dos, ya que en ellas son los hombres los verdaderos protagonistas. Su tragedia
"Medea" narra la sangrienta venganza de la mujer que, traicionada por su marido, acaba matando a sus propios hijos.
Teatro (1496) [Juan del Encina]
Juan del Encina está considerado como el padre del teatro español moderno, ya que supera el drama religioso de la
Edad Media castellana e introduce otro tipo de temática, como el amor y la comicidad. Sus obras siguen un orden
cronológico de lo más religioso (tema de la Navidad con pastores rústicos) a lo más profano (tema del amor entre
pastores idealizados).
Romeo y Julieta (1597) [William Shakespeare]
Esta obra pertenece a un segundo período en la producción teatral de Shakespeare (1595-1600), durante el cual
escribe básicamente dramas históricos y comedias románticas. En el marco de la ciudad de Verona, "Romeo y
Julieta" crea un mundo de violencia y conflictos generacionales en el que el amor resulta imposible y acarrea
consecuencias trágicas. Poesteriormente, esta historia romántica ha pasado a ser considerada como la quintaesencia
del amor juvenil, que ha de sobreponerse a innumerables barreras y dificultades.
Julio César (1599) [William Shakespeare]
Shakespeare escribió esta tragedia histórica para ser la primera obra en representarse en el teatro "Globe", fundado
por la compañía teatral que él dirigía. La esencia trágica de la obra consiste en que Bruto no asesina a César guiado
por la maldad, sino por un sentimiento idealista, ya que se deja convencer por el ideal republicano de Casio ante el
cual el asesinato encuentra su justificación.
El mercader de Venecia (1600) [William Shakespeare]
Al igual que la mayoría de comedias de Shakespeare, esta obra trata acerca del amor, el matrimonio, y las
dificultades que ambos conllevan. El argumento de la obra es el siguiente: el joven Basanio debe superar una serie
de pruebas para conquistar la mano de su prometida Porcia, además de resolver las dificultades que le plantea el
usurero prestamista judío Shylock (auténtico protagonista de la obra, reflejo de un pueblo contra el que existían
grandes prejuicios en la época).
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― HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ―
Hamlet (1601) [William Shakespeare]
"Hamlet" representa la tragedia de la venganza. Toda la acción de la obra gira en torno al protagonista, cuya locura
aparente no es más que una estratagema para sacar a la luz la culpabilidad de su tío, quien tras asesinar a su padre se
casó con su madre. Como en el resto de tragedias de Shakespeare, destaca sobremanera el aspecto psicológico de los
personajes, cuyas emociones y pensamientos constituyen el auténtico motor de la obra.
Troilo y Crésida (1602) [William Shakespeare]
Esta tragedia histórica está basada en "Troilo y Creseida ", un relato de Chaucer. En ella se representa el tema de la
Guerra de Troya, que sirve como marco a la historia de amor entre Troilo (hijo del rey Príamo de Troya) y Crésida.
Pero este amor se ve traicionado cuando los troyanos son derrotados y Crésida se enamora del griego Diomedes.
Macbeth (1603) [William Shakespeare]
En un tercer período de su producción teatral (1601-08), Shakespeare escribió fundamentalmente tragedias. De
esta época data "Macbeth", escrita el año en que el rey escocés Jacobo VI ascendió al trono de Inglaterra como
Jacobo I; ello hizo que los ingleses se interesaran inmediatamente por la historia de Escocia. Shakespeare no fue
una excepción, y en "Macbeth" utiliza la sangrienta historia de la Escocia del siglo XI para desarrollar la historia de
un noble escocés que, empujado por su mujer, asesina a su rey para conquistar el trono. La desgarradora lucha
interior de Macbeth, que sabe que ha cometido un acto horrible, acaba por destrozarle.
Volpone, o el zorro (1606) [Ben Jonson]
Comedia satírico-realista cuyo argumento es el siguiente: Volpone, rico y sin hijos, se finge enfermo para poner a
prueba a una serie de posibles herederos. Su parásito, Mosca, engaña a todos con falsas esperanzas y trama enredos
para beneficiarse de la situación. Al final, la codicia hace que todos los personajes se engañen entre sí, hasta que la
justicia interviene y se descubren todas las tramas ocultas.
Los amantes de Teruel (1615) [Tirso de Molina]
Drama histórico que poetiza la leyenda de Diego Marcilla e Isabel de Segura, jóvenes amantes de Teruel que
vivieron una desastrada historia de amor y fueron enterrados juntos en 1217.
El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630) [Tirso de Molina]
Junto con Lope de Vega y Calderón de la Barca, Tirso de Molina constituye la avanzadilla del teatro barroco
español. En sus obras se evidencian una serie de rasgos comunes: gran profundidad psicológica en el retrato de
personajes, habilidad en el manejo de la intriga, visión humorística y satírica del mundo, presencia de notables
caracteres femeninos, etc. "El burlador de Sevilla" posee el mérito de haber introducido en el ámbito literario la
lengendaria figura de Don Juan, el libertino seductor de mujeres cuyos pecados contra las leyes humanas y divinas
encuentran al final su justo castigo.
La dama duende (1629) [Calderón de la Barca]
Comedia calderoniana de las llamadas "de capa y espada", caracterizadas por el enredo y el equívoco constantes. La
acción principal de la dama y el galán va acompañada por otras historias paralelas y por la intervención del
gracioso (normalmente un criado) que sirve de contrapunto a los protagonistas. El amor es el tema principal de una
comedia que suele tener un final feliz.
La vida es sueño (1635) [Calderón de la Barca]
Calderón de la Barca es uno de los dramaturgos más representativos del Barroco español. Por oposición al teatro
popular de Lope de Vega, que hunde sus raíces en el espíritu del pueblo, Calderón se muestra más propenso a las
comedias de capa y espada y los dramas de honor. "La vida es sueño", una de sus obras más famosas, es un comedia
filosófica en la que se plantean la fugacidad de la existencia humana y el problema del libre albedrío.
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El alcalde de Zalamea (1651) [Calderón de la Barca]
"El garrote más bien dado o El alcalde de Zalamea" presenta los tradicionales temas del teatro calderoniano: honor,
honra, obediencia al rey y venganza ante la afrenta recibida. Los campesinos son ensalzados por sus virtudes
humanas, frente a los vicios del poder militar.
El avaro (1668) [Molière]
Las comedias de Molière transmiten, al mismo tiempo, lo real y lo inverosímil para construir retratos arquetípicos
de personajes que encarnan todas las facetas del ser humano. "El avaro" es, sobre todo, la imagen del hombre
esclavo de sus pasiones y ahogado por su propia soledad.
El médico a palos (1666) / El enfermo imaginario (1673) [Molière]
Molière fue un crítico agudo de las costumbres, vicios y ridiculeces de sus contemporáneos, desde criados hasta
nobles, pasando por burgueses. En sus piezas teatrales define algunos de los tipos inmortales nacidos de la más
permanente condición humana (el avaro, el mezquino, el hipócrita, etc.). Cada uno de sus personajes posee una
esencia o naturaleza que le es propia, y cualquier intento por desmentir su condición conlleva como castigo el
ridículo. "El médico a palos" y "El enfermo imaginario" constituyen una sátira contra la medicina de la época, por el
empleo de incomprensibles términos técnicos tomados del latín y unas buenas dosis de charlatanería.
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