Historia de El Salvador. Tomo II

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Historia de El Salvador. Tomo II
1
Monumento al Divino Salvador del Mundo.
2
Estimados maestros y maestras:
Una de las motivaciones que nos invita a lograr el Plan Nacional de Educación
2021, es la formación integral de nuestros alumnos y alumnas. Este anhelo nos
demanda fortalecer la convivencia, la democracia, la tolerancia, la solidaridad,
el respeto a la verdad, el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes en todas las aulas y centros escolares del país.
Conscientes de este compromiso, ponemos en sus manos la segunda edición de
los tomos I y II de Historia de El Salvador, que fueran publicados por primera
vez en 1994. Esta segunda edición retoma el valioso aporte de la primera publicación, actualiza los contenidos a partir de nuevos hallazgos, y presenta los
principales acontecimientos y procesos de los primeros años del siglo XXI.
Esperamos que estos recursos bibliográficos sirvan de apoyo en su trabajo y
contribuyan a promover el fortalecimiento de la identidad salvadoreña, la comprensión de nuestra realidad, y la construcción de una sociedad justa, democrática y pacífica.
Darlyn Xiomara Meza
Ministra de Educación
José Luis Guzmán
Viceministro de Educación
3
Elías Antonio Saca
Presidente de la República
Ana Vilma de Escobar
Vicepresidenta de la República
Darlyn Xiomara Meza
Ministra de Educación
José Luis Guzmán
Viceministro de Educación
Carlos Benjamín Orozco
Viceministro de Tecnología
Norma Carolina Ramírez
Directora General de Educación
Ana Lorena Guevara de Varela
Directora Nacional de Educación
Manuel Antonio Menjívar
Gerente de Gestión Pedagógica
Apoyo técnico externo
Dirección editorial:
Rosa Margarita Montalvo
Jefe de la Unidad Académica
Luis Guillermo Bernal Ramírez
Subdirección editorial:
Ana Elia Quijano de Batres
Edición:
Equipo técnico MINED
Miguel Ángel Aguilar Cardona
Chester Rodolfo Urbina Gaitán
Waldemar Urquiza
Colaboradores:
José Raymundo Calderón Morán
Sajid Herrera Mena
Víctor René Marroquín
Carlos Antonio Orellana Trigueros
José Antonio Castillo Ortiz
Revisión general
Ricardo Argueta
Coordinación de realización:
Gabriela Velásquez
Diagramación:
César Quemé
ISBN: 978-99923-63-68-3, obra completa —“Historia 1 y 2 El Salvador”— Ministerio de Educación.
© Copyright Segunda Edición Ministerio de Educación de El Salvador 2009
Derechos Reservados. Prohibida su venta. Esta publicación puede ser reproducida en todo, en parte, total o parcialmente, reconociendo los derechos del
Ministerio de Educación de El Salvador.
Prólogo a la segunda edición
La actualización de los libros de Historia de El Salvador permite disponer
de obras de consulta con contenidos recientes y autorizados sobre la evolución histórica del país. Esto se enmarca dentro de las metas y políticas del
Plan Nacional de Educación 2021. El Plan Nacional de Educación 2021 es
impulsado bajo la coordinación del Ministerio de Educación, con el fin de
articular los esfuerzos por mejorar el sistema educativo nacional. Uno de
sus objetivos es la educación integral de los salvadoreños y salvadoreñas,
que contribuya a la formación de ciudadanos conocedores de su historia y
comprometidos con la democracia y la paz.
En el Tomo I se han incluido los recientes hallazgos de la historia antigua
nacional, la vida cotidiana en la Colonia, la economía del añil, la presencia
de esclavos negros, las redes familiares y el proceso de Independencia, El
Salvador y la República Federal de Centroamérica, el levantamiento de
Anastasio Aquino, el caudillismo, la transición a la economía cafetalera y
la consolidación del Estado. Entre los nuevos temas están los inicios de la
meteorología en El Salvador, la campaña nacional contra William Walker, la
circulación de libros en el siglo XIX y las fiestas de El Salvador del Mundo.
A partir de las nuevas investigaciones y relecturas, los aportes que se han
plasmado en el Tomo II fortalecen la interpretación de lo ocurrido en la
llamada República cafetalera, el marco político de los años veinte del siglo
XX, que señala la llegada de las influencias ideológicas de izquierda. Se
amplían las interpretaciones acerca de la dictadura de Hernández Martínez
y la insurrección de 1932, la importancia de la Constitución de 1950 en
la llamada modernización, el proceso de integración centroamericano y
las raíces del conflicto El Salvador-Honduras. Además, se aportan nuevos
datos sobre los sucesos de los años setenta y de la guerra civil salvadoreña.
Finalmente, se consignan temas novedosos como los hechos más relevantes
ocurridos en el país en los primeros años del siglo XXI, la violencia juvenil
y la globalización.
5
ÍNDICE
UNIDAD IV
ESTADO, LIBERALISMO Y CAFÉ
(1870-1930) .............................................. 8
Capítulo 17. Las bases de la República
agraria (1870-1900) ...................................9
Introducción
17.1 Las bases económicas y sociales de la
República agraria ...............................................10
17.2 La producción del café: aspectos técnicos
y financieros ......................................................13
17.3 Los cambios institucionales y jurídicos......16
Referencias bibliográficas ..................................22
Capítulo 18. El Estado cafetalero ..............23
Introducción
18.1 El proceso de fortalecimiento del Estado ...24
18.2 La dinámica política del Estado
oligárquico..........................................................30
18.3 Hacienda pública, desigualdad impositiva
y construcción de infraestructura......................34
Referencias bibliográficas ..................................38
Capítulo 19. Café, elites y sociedad
urbano-rural............................................39
Introducción
19.1 El nacimiento de la oligarquía cafetalera ...40
19.2 Los trabajadores del campo ........................42
19.3 Los cambios sociales en el mundo
urbano ................................................................48
Referencias bibliográficas ..................................52
Capítulo 20. La política de la República
cafetalera ................................................53
Introducción
20.1 El ascenso al poder de la familia
Meléndez Quiñónez ...........................................54
20.2 Los grupos populares en la contienda
política................................................................57
20.3 Auge de las organizaciones laborales .........60
Capítulo 21. El Salvador y el mundo
(1898-1930) .............................................65
Introducción
21.1 Imperios comerciales, estados-nacionales
y revoluciones: el mundo y El Salvador ............66
21.2 El Salvador y Centroamérica bajo la
renovada Doctrina Monroe ................................68
6
21.3 La política exterior del país ........................75
Referencias bibliográficas ..................................78
Capítulo 22. La cultura de la República
cafetalera ................................................79
Introducción
22.1 Las ideas de progreso .................................80
22.2 Moda, transporte e infraestructura: la
imitación de la cultura moderna .......................82
22.3 La construcción de la nación: símbolos,
educación y literatura ........................................87
Referencias bibliográficas ..................................92
Capítulo 23. A las puertas de la crisis de la
República cafetalera ................................93
Introducción
23.1 De la apertura política a la
represión. ...........................................................94
23.2 La crisis de 1929 .........................................96
23.3 Nuevos discursos y alianzas políticas.........99
Referencias bibliográficas ................................105
Bibliografía .......................................................107
UNIDAD V
DICTADURA, MODERNIZACIÓN Y
GUERRA EL SALVADOR-HONDURAS .... 108
Capítulo 24. La dictadura de
Maximiliano Hernández Martínez ........... 109
Introducción
24.1 El ascenso del militarismo y el golpe de
Estado contra Arturo Araujo ............................110
24.2 El levantamiento campesino – indígena
de 1932 .............................................................113
24.3 Consolidación y caída de la dictadura .....119
Referencias bibliográficas ................................126
Capítulo 25. Política económica, fiscal y
social durante el martinato .................... 127
Introducción
25.1 Las reformas bancaria, fiscal y
constitucional ...................................................128
25.2 Asistencialismo social y régimen de
excepción .........................................................131
25.3 El modelo económico tradicional............136
Referencias bibliográficas ................................140
Capítulo 26. Transición hacia la
modernización ...................................... 141
Introducción
26.1 Final de la Segunda Guerra Mundial y
apertura al futuro .............................................142
26.2 La transición de 1944 a 1948 ...................144
26.3 El golpe de Estado de 1948 y la
Constitución de 1950........................................148
Referencias bibliográficas ................................158
Capítulo 27. La modernización de la
economía a partir de 1950 ...................... 159
Introducción
27.1 Auge de los precios del café y del
algodón .............................................................160
27.2 La conformación del modelo
industrializante ................................................162
27.3 El nuevo rol del Estado ...........................166
Referencias bibliográficas ................................170
Capítulo 28. La conformación del
Mercado Común Centroamericano .......... 171
Introducción
28.1 Orígenes de la integración ......................172
28.2 Los primeros pasos de la integración ......175
28.3 Ruptura del Mercado Común
Centroamericano .............................................178
Referencias bibliográficas ................................182
Capítulo 29. La guerra El Salvador –
Honduras .............................................. 183
Introducción
29.1 El contexto previo a la guerra .................184
29.2 Antecedentes y causas sociales de la
guerra ...............................................................190
29.3 El manejo propagandístico del
conflicto ...........................................................194
29.4 Después de la guerra ................................195
Referencias bibliográficas ................................199
Bibliografía .......................................................201
UNIDAD VI
CRISIS SOCIAL, CONFLICTO ARMADO Y
NUEVAS REALIDADES POST-ACUERDO
DE PAZ ................................................. 202
Capítulo 30. El inicio de la crisis ............ 203
Introducción
30.1 Cierre de los espacios políticos y
fraude ...............................................................204
30.2 La tierra: epicentro de la crisis.................207
30.3 El auge de las organizaciones de
izquierda ..........................................................211
30.4 Las Juntas de Gobierno y
las reformas......................................................215
Referencias bibliográficas ................................220
Capítulo 31. La guerra civil .................... 221
Introducción
31.1 El conflicto armado ................................. 222
31.2 La dinámica política .................................226
31.3 Consecuencias sociales
de la guerra ......................................................229
Referencias bibliográficas ................................232
Capítulo 32. El Acuerdo de Paz .............. 233
Introducción
32.1 El proceso de negociación ........................234
32.2 Los derechos humanos .............................237
32.3 Ejecución del Acuerdo de Paz ..................240
Referencias bibliográficas ................................244
Capítulo 33. Reformas económicas,
desarrollo humano y democracia ............ 245
Introducción
33.1 Reformas económicas.............................. 246
33.2 Desarrollo humano, violencia juvenil y
delincuencia .....................................................252
33.3 El camino hacia la democracia................ 259
Referencias bibliográficas ................................268
Capítulo 34. Desastres, remesas y
globalización ......................................... 269
Introducción
34.1 Fenómenos naturales, vulnerabilidad y
desastres ...........................................................270
34.2 Migraciones internacionales y
remesas ............................................................279
34.3 Globalización ............................................284
Referencias bibliográficas ................................298
Bibliografía .......................................................300
7
Unidad IV Estado, liberalismo y café
(1870-1930)
Antiguo Palacio Nacional de San Salvador. Tomado
de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador:
Ministerio de Educación, 1994. p. 26.
Beneficio de café, con máquinas y motores modernos. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 10.
Capítulo 17. Las bases de la República agraria (1870-1900)
Capítulo 18. El Estado cafetalero
Capítulo 19. Café, elites y sociedad urbano-rural
Capítulo 20. La política de la República cafetalera
Capítulo 21. El Salvador y el mundo (1898-1930)
Capítulo 22. La cultura de la República cafetalera
Capítulo 23. A las puertas de la crisis de la República cafetalera
8
Capítulo 17 Las bases de la República agraria (1870-1900)
Hacienda de café (La Cumbre, Apaneca). Tomado de: DAWSON, Guillermo J. Geografía elemental de la República de El Salvador.
París: Librería de Hachette y Cía., 1890.
Introducción
El estudio del pasado nos demuestra constantemente que las transformaciones económicas nunca
vienen solas. Van acompañadas de cambios políticos, sociales y culturales. Tanto las primeras inciden
en las segundas como estas en aquellas. Aunque
en determinados momentos históricos habrá una
predominancia de lo económico, ello no debería llevarnos a subestimar la importancia de lo social y lo
político, así como la de las ideologías que sustentan
dichas transformaciones.
En este capítulo (y los subsiguientes) se analizará cómo
los cambios económicos que se dieron en El Salvador a
partir de 1870, con el fomento de la agroexportación,
produjeron los cambios sociales y políticos más dramáticos desde los tiempos de la Conquista española,
trescientos cincuenta años antes.
Estos cambios se han conocido como “reformas
liberales”. Lo que tales reformas impulsaron con
mucha fuerza, básicamente a fines del siglo XIX,
fueron algunas medidas que ya venían planteándose
a finales del siglo XVIII: separación entre Iglesia y
Estado, secularización de la enseñanza y formación
de trabajadores agrícolas propietarios de parcelas,
entre otros aspectos. Al asumir una ideología liberal, es decir, la creencia en la separación de poderes,
en la representación popular basada en el sufragio
ciudadano, en la idea del “pueblo soberano”, en una
economía de propietarios individuales, las elites
políticas y económicas salvadoreñas buscaron construir una República agraria con modelos políticoculturales importados de las potencias que en ese
momento reflejaban más aquellos ideales: Francia,
Gran Bretaña y Estados Unidos.
Sin embargo, como veremos a lo largo de esta unidad, no solo estas elites o el Estado fueron los únicos
protagonistas de la historia; también participaron
otros actores, aceptando o resistiendo, impidiendo o
no, como indígenas, campesinos, municipalidades,
la Iglesia, etcétera; quienes, de alguna manera fueron
afectados por las decisiones de los otros. Justamente
esta será una fuente potencial de muchos conflictos, sobre todo al buscarse cambios sin los debidos
consensos.
9
17.1 Las bases económicas y sociales
de la República agraria
En El Salvador, a fines del siglo XIX (1870-1900),
el cambio económico más importante fue el desarrollo de nuevas actividades productivas en el área
rural, tales como la minería y el cultivo de café.
Estas actividades económicas fueron promovidas
por personas de distintos sectores sociales, pero en
especial por miembros de una elite emergente. Más
que nada, estos nuevos empresarios y productores
buscaban beneficiarse de las oportunidades que
ofrecía la participación en los mercados de exportación y, también, de un mayor mercado interno. Esto
podría lograrse siempre y cuando se introdujera o
se aumentara la producción de productos como
pieles, azúcar, café, plata, maíz y frijol.
De estos productos, el café fue el de exportación de
mayor crecimiento y el que más ganancias generó
para los productores, beneficiadores y comerciantes. Aunque el café se producía en pequeña escala
desde antes de la Independencia, por varias razones no se expandió su producción sino hasta la
década de 1860. En periódicos, como El Salvador
Regenerado, de mayo de 1846, se afirmaba que dos
fuentes de riqueza que preparaban “a los cuscatlecos dias mui venturosos” eran la minería y el café.
“El café –afirmaba el editorial de dicho periódico–
hace al presente la prosperidad de Costarica (...).
El café puede también hacer la prosperidad de El
Salvador porque tiene los mismos elementos, y aun
posee ventajas superiores a Costarica”.1
Algunos documentos de comienzos del siglo XIX
mencionan la producción de café en pequeña escala por parte de los indios de occidente y de otros
individuos que buscaban comenzar su producción en gran escala. Durante las décadas de 1870 y
1880, la producción continuó creciendo, pero con
algunos reveses, pues uno de los problemas que
los productores siempre enfrentaron fue el de las
fluctuaciones en la demanda y el precio del café en
los mercados internacionales. Ante esta eventualidad, el que logró el éxito fue aquel productor que se
mantuvo constante, sorteando los malos tiempos
10
y preparándose para el momento oportuno. Para
muchos salvadoreños y salvadoreñas, el aumento en
la producción de café y la producción comercial de
otros productos agrícolas y la ganadería significó un
mayor acceso a los bienes de primera necesidad y
hasta un aumento en el nivel de consumo de bienes
importados o manufacturas locales. Para otros, un
grupo más reducido de productores y comerciantes,
su participación en la producción de café, azúcar y
ganado significó alcanzar cierta riqueza, mientras
que algunos otros productores, especialmente los
más pequeños, siempre corrían el riesgo de perder
sus propiedades por deudas que no podían pagar.
A los sectores más acaudalados, la economía comercial les permitió utilizar la tierra y el trabajo de la
población campesina para engrandecer constantemente sus riquezas. Asimismo, su consumo de
productos importados aumentaba, como también
sus facilidades para viajar a otros países y enviar a
sus hijos e hijas a estudiar fuera de El Salvador. Por
supuesto que no todos los empresarios, inversionistas o especuladores de fines del siglo XIX lograron
convertirse en acaudalados capitalistas; muchos
perdieron, al igual que otros de menos recursos, en
el juego del mercado.
Es particularmente notorio que pocas familias
supieron sobreponerse y agudizar el tino emprendedor para aprovechar las oportunidades de esos
tiempos. Lo cierto es que la acumulación lograda
al final del siglo fue importante para afrontar los
nuevos retos que lanzaría el siglo venidero.
Palacio Municipal de Santa Ana, construido con estilo clásico,
un signo de la ciudad que surgiría con el auge del café. Tomado
de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p.13.
También, es importante notar que los grandes
empresarios, ya fueran comerciantes, hacendados
o agricultores, nunca centraron toda su actividad
económica en un solo producto, como tampoco lo
hicieron los pequeños productores, que no dejaron
de producir granos, frutas y otros artículos de consumo familiar cuando se dedicaban a la producción
de productos exportables como café y azúcar.
Los inversionistas distribuían sus inversiones en
varios productos, aun cuando uno de ellos fuera su
principal fuente de riqueza. Por eso, ocurrió que a
fines del siglo XIX muchos de los grandes productores o exportadores de café utilizaban sus ganancias
para comprar tierras ganaderas, producir azúcar,
prestar dinero y hasta invertir en actividades urbanas e industriales.
El crecimiento de la producción cafetalera en El
Salvador se debió tanto a factores técnicos y económicos como a políticos. Tal como se dijo en
un capítulo anterior, la producción cafetalera fue
posible gracias al establecimiento de los servicios
de vapores con regiones del mundo que deseaban
comprar productos agrícolas. El ejemplo de Costa
Rica, que comenzó a exportar café antes de que lo
hiciera El Salvador, también fue importante para
despertar el interés en agricultores, comerciantes,
artesanos y profesionales urbanos para que invirtieran en la producción del grano.
Recuadro 17.1
Producción y exportación de café, 1860-1940
Año
1860
1880
1885
1890
1901
1905
1910
1916
1920
1924
1929
1932
1933
1934
1935
1936
1937
1938
1939
1940
Producción
(quintales)
11,000
200,000
300,000
600,000
556,000
775,000
772,000
988,674
1,026,715
1,304,347
1,413,492
1,357,321
1,204,434
1,332,224
1,245,900
1,559,819
1,466,552
1,386,982
1,455,577
1,266,863
Exportación
(quintales)
--166,000
----437,326
620,391
618,347
777,326
817,108
1,061,065
1,017,021
862,065
100,000
1,084,478
1,088,413
1,074,108
1,469,956
1,169,652
1,212,869
1,231,500
Estimado de tierras bajo
cultivo de café (hectáreas)
--------42,000
60,000
59,000
61,000
73,000
80,000
98,000
97,000
--104,000
106,000
109,000
--107,000
100,000
91,000
Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.8.
11
Por su parte, el Estado promovió la producción
cafetalera con sus políticas económicas liberales, que comenzaron lentamente en la década de
1870. Tanto el Gobierno nacional como diversos
Gobiernos municipales y juntas agrícolas departamentales repartieron miles de árboles de café a los
productores de diferentes clases sociales, y promovieron la privatización de aquellas tierras que fueran
usadas para producir artículos de exportación. De
esta manera, el Estado dio su apoyo a la producción
para la exportación, pero no hizo lo mismo con
los agricultores y campesinos que no participaban
directamente en la economía de exportación, ya sea
porque no tenían los recursos, las tierras adecuadas,
los conocimientos u otras razones personales.
Sin embargo, es importante notar que los esfuerzos
del Estado no solo buscaban aumentar la producción de café, sino además desarrollar la economía
agraria comercial del país en todos sus aspectos.
Esto se concretó en algunos esfuerzos para promover la diversificación agrícola y el establecimiento o
mejoramiento de otros productos de exportación. A
la vez, el Estado buscaba formar una clase de agricultores de éxito que surgiera de la masa del campesinado, por sus propios esfuerzos, y contribuyera
a elevar el nivel económico de todo el país.
Es decir, el café finalmente se convirtió en aquel
cultivo de “mayor esperanza”, como decían los
agricultores y el Gobierno de El Salvador, dándole
un gran impulso a la principal fuente de “riqueza
nacional”: la agricultura.
No es desafortunado pensar que si bien la apuesta
por el café fue acertada, no dejaba de ser al mismo
tiempo un signo de debilidad, porque todo se hacía
descansar en su suerte.
En este sentido, el café no sirvió para potenciar adecuadamente otros productos o sectores de la economía nacional que representaran gran potencial. El
monocultivo no puso en duda la confianza de los
productores ni del Gobierno de la República.
Pero asimismo, el Estado y otros sectores sociales,
como los intelectuales, creyeron que esta clase de
agricultores de éxito debía estar formada por inmigrantes extranjeros, a quienes se les percibió como
agentes industriosos por naturaleza. Empero, la
presencia de inmigrantes no fue tan importante
como en otras áreas de América Latina.2
Por último, resulta evidente que los países de
Centroamérica solo pudieron ampliar su producción de café porque los habitantes de los países
industrializados de Europa y Norteamérica empezaron a consumirlo en mayores cantidades, convirtiendo el grano, en el siglo XIX, en un producto de
consumo popular. La alta demanda del café significó, asimismo, que el precio que se pagaba por el
grano en los principales mercados de Norteamérica
y Europa llegara a tales niveles que muchos países
decidieron integrarse al mercado mundial del café.
12
El Club Internacional, contiguo al Teatro Nacional de San Salvador, fue por muchos años centro de reunión de la elite capitalina.
Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.44.
Glosario
Política económica liberal: medida económica orientada a defender y promover el modelo
económico basado fundamentalmente en la
propiedad privada, la iniciativa de los empresarios y la libertad de mercado.
17.2 La producción del café:
aspectos técnicos y financieros
No fue suficiente, por supuesto, que haya habido
una demanda en el mercado mundial para que el
“grano de oro” se impusiera por encima de todos los
otros productos de exportación de El Salvador. Para
establecer una producción cafetalera de cualquier
tamaño, un factor determinante fue la obtención
de tierras de suficiente altura y fertilidad como para
permitir el crecimiento y la productividad óptimos
del árbol de café. A mediados del siglo XIX, El
Salvador tenía muchas tierras adecuadas para el
café, pero la mayor parte de estas nunca habían sido
explotadas, excepto para la extracción de maderas y
la caza de animales.
Antes de que fueran utilizadas para el café, muchas
de estas tierras altas del occidente, centro y oriente
del país estaban cubiertas de bosques de distintos
tipos. Los empresarios o agricultores que quisieran
establecer una finca de café primero tenían que preparar el terreno para la siembra de las plantitas, que
previamente habían sido atendidas en semilleros.
Parte de esa preparación consistía en despejar los
suelos mediante la tala de algunos árboles, dejando
en pie otra cantidad considerable que se conservaba
para dar sombra a los cafetales.
Los productores también tenían que asegurar suficiente mano de obra para cuidar los árboles y limpiar los cafetales regularmente. Cuando los árboles
comenzaban a producir granos de café, a los cinco
o seis años de haber sido sembrados, el productor
tenía que obtener suficiente mano de obra durante
los meses de cosecha (generalmente de diciembre a
febrero) para recoger todo el café y hacerlo llegar a
los comerciantes o beneficiadores.
Esta mano de obra podía provenir de los propios
miembros de la familia del productor o de trabajadores a quienes se les pagaba de acuerdo con el peso
del grano que recogieran. En esta labor participaban
adultos y niños de ambos sexos, pero en especial
figuraban las mujeres y muchos trabajadores de la
vecina República de Guatemala que venían a tra-
bajar a El Salvador por unos meses al año. Además
del cultivo propiamente dicho, la producción de
café incluía una fase industrial mediante la cual se
despulpaba la semilla y se secaba para que quedara
solamente el grano. Al principio, durante los años
de 1860 a 1880, no se usaba maquinaria compleja
para este proceso. Existían unas máquinas pequeñas para despulpar y secar, algunas de las cuales
fueron inventadas en El Salvador. A medida que
la producción de café se expandió, algunos de los
productores y comerciantes invirtieron en la compra de maquinaria más compleja, casi siempre de
fabricación inglesa o norteamericana. Con esto,
los beneficiadores lograban una mayor ganancia
al comprar el grano sin procesar de muchos productores, ya fueran estos campesinos pequeños,
medianos o agricultores mayores.
Para iniciar los trabajos del ciclo agrícola, muchos
de los productores de café a menudo se endeudaban
con los comerciantes, beneficiadores o exportadores. Comprometían la próxima cosecha para pagar
el préstamo. Si el precio del café subía, el productor
lograba cancelar el préstamo sin problema; pero si
el precio bajaba, no podía hacerlo. Si estas deudas
se acumulaban, los productores podían terminar
perdiendo sus tierras a manos de sus acreedores.
Esto dificultaba especialmente la participación de
los pequeños propietarios en la producción cafetalera, pues, como no existían bancos que les prestara
dinero, casi siempre tenían que depender de comerciantes o terratenientes grandes que cobraban tasas
de interés de hasta el 2% mensual.
Mujeres limpian café en un beneficio. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar. El Salvador: Historia General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007. p.67.
13
Ya que la producción cafetalera estaba restringida
a ciertos tipos de suelos, incluyendo aquellos ubicados cerca de carreteras, ferrocarriles y puertos,
la economía del grano tuvo siempre un carácter
regional.
Los departamentos cafetaleros siempre han sido
los mismos: Santa Ana, Ahuachapán, La Libertad,
Usulután y, en menor grado, La Paz y San Vicente.
Y aun dentro de estos departamentos existen zonas
costeras y otros terrenos planos que nunca han sido
utilizados para la producción de café. La producción cafetalera empezó casi siempre en las afueras
de las ciudades (Santa Ana, Ahuachapán, Santa
Tecla, Santiago de María) y se extendió hacia el
interior, llegando a veces a ocupar tierras en municipios aledaños.
Las fincas de café durante el siglo XIX no eran muy
grandes, solo unos pocos productores tenían fincas
de más de veinte o treinta hectáreas. La mayor parte
de las fincas estaban por debajo de esa extensión,
aunque para fines de siglo ya existían empresarios
que ocupaban varios cientos de hectáreas, además
de poseer sus propios beneficios y casas de exportación. Por ejemplo, a comienzos del siglo XX,
el señor Ángel Guirola ya tenía 310 hectáreas en
producción en Nueva San Salvador y era uno de los
productores más fuertes del país en esa época.
Otros productores producían café en solo unas
pocas hectáreas, a la par de las siembras de granos
básicos, frutas y vegetales. En algunos casos, varias
haciendas en la región costera que se originaron
en el período de la Colonia también participaron
en la producción de café, pero solo dedicando una
pequeña porción de sus tierras al arbusto. Valga
decir que todavía a fines del siglo XIX no todos los
productores o terratenientes del país estaban convencidos del éxito del café como para apostar todo
y dedicarse de manera exclusiva a su cultivo.
Recuadro 17.2
Principales fincas de café en Nueva San Salvador, 1910
Nombre
Cafetalón
Santa Teresa
El Reposo
San Rafael
La Asunción
El Paraíso
San Luis
Santa Elenita
Ceilán
San Carlos
La Pradera
La Fincona
Santa María
Utila
San Nicolás
San Roberto
Total
Dueño
Ángel Guirola
Ángel Guirola
Ángel Guirola
Rafael Guirola Duke
Rafael Guirola Duke
Rafael Guirola Duke
Rafael Guirola Duke
Suco de Félix Dárdano
Suco de Félix Dárdano
Suco de Félix Dárdano
Suco de Félix Dárdano
Walter Soundy
Familia Dueñas
Ricardo Gallardo
José y Simón Contreras
Claudio Ochoa
Producción (quintales) Tamaño estimado en hectáreas
3,500*
310
--------3,000*
270
------------2,000*
180
------------1,200
105
350
31
300
27
300
27
200
18
10,850
968
(*) Representa la producción de todas las fincas del mismo dueño.
14
Aunque la producción cafetalera trajo al país ingresos que de otra manera tal vez no hubiera tenido, la
dependencia alrededor de un producto que absorbía grandes recursos naturales y humanos también
acarreó riesgos y problemas. El principal problema
durante el siglo XIX fue la fluctuación frecuente de
los precios del café en Europa y Norteamérica, que
a veces bajaban por debajo del costo de producción
del grano. Cuando el precio bajaba, los ingresos de
los distintos sectores sociales relacionados con el
café también bajaban, afectando así los ingresos del
Estado y el bienestar de la economía en general.
La incertidumbre y la vulnerabilidad de la producción del café determinaron que muchos pequeños
productores decidieran vender sus propiedades, ya
sea por deudas o por el riesgo que conllevaba el cultivo. El resultado fue una tendencia a que las tierras
se concentraran en pocas manos. Fenómeno que se
aceleró dramáticamente después de 1920. Además,
esto trajo consigo que un sector muy reducido de
beneficiadores comenzara a captar la mayor parte
de las ganancias de la producción del café.
También, debe recordarse que durante el siglo
XIX el café fue solo uno de varios productos de
importancia entre otros, como el añil, el ganado, los
granos básicos, el azúcar, el bálsamo, los materiales
de construcción, las manufacturas artesanales, las
pieles y las maderas. Esto significó que las fluctuaciones del café afectaran a los salvadoreños y
salvadoreñas de distintas maneras. Incluso, muchos
no tuvieron ningún contacto con la actividad cafetalera, y lo más probable es que la mayoría de los
que la tuvieron, ya fueran habitantes urbanos o
rurales, solo viese un cafetal cuando se integraba al
corte del café.
Todavía más, de acuerdo a estadísticas de la mitad
del siglo XIX, en muchas poblaciones se cultivó trigo,
maíz, arroz, frijoles, garbanzos, papas, plátanos,
yuca, cacao, añil, aguacates, cochinilla, entre otros
productos. Frutas como cocos, mangos, anonas, sandías, melones, jocotes, etcétera. Se criaba ganado y se
producían maderas como caoba, cedro, pino, laurel,
roble, encino, ciprés, copinol, bálsamo, algunas de
los cuales eran apreciadas para la construcción.3
No cabe duda que el problema no era que las tierras
existentes en nuestros campos no sirvieran para otros
cultivos sino que para que estos fueran rentables y
que impactaran significativamente en la economía,
se requería de una alta producción y de acceso a los
mercados, especialmente a los extranjeros.
El pequeño y mediano productor siempre tuvo el
obstáculo del financiamiento, simplemente porque no era sujeto de crédito, el patrimonio personal
o familiar no representaba las garantías suficientes.
Tampoco el Estado supo contribuir con asistencia técnica y fue incapaz de servir de soporte financiero. Su
preocupación más bien era cómo captar impuestos
para cubrir el gasto público.
Campesinos en plantación de café.
Para el Estado, el aumento de la producción exportadora significó una importante fuente de ingresos
directos e indirectos. El Estado decretó impuestos
sobre la exportación del café, pero especialmente
sobre la importación de productos extranjeros, es
decir, el aumento del intercambio comercial sirvió
para aumentar los ingresos del Estado. Esto no
supuso que los Gobiernos utilizaran estos fondos
para promover el desarrollo económico. Gran parte
de estos recursos se esfumaba a través de la corrupción y los gastos militares. No obstante, el Estado
llegó a identificar su futuro con la promoción de
las actividades económicas ligadas a la exportación,
y así se vio obligado a impulsar algunos incentivos
para su expansión.
15
17.3 Los cambios institucionales y
jurídicos
Al acercarse el fin de siglo, casi todos los grupos
sociales influyentes (hacendados, agricultores, campesinos, artesanos, profesionales y comerciantes)
estaban más o menos de acuerdo en que el progreso
del país era sinónimo de progreso de la economía de
exportación, esto es, buscaron crear las condiciones
adecuadas para asegurar el aumento de la participación salvadoreña en los mercados internacionales y
de la producción para el mercado interno. En este
sentido, el liberalismo económico predominó como
la forma de entender y promover el progreso económico. En la práctica, el Estado actuó para promover
la expansión agrícola por diferentes medios. Como
ocurre con las políticas económicas, el Estado buscó
beneficiar a toda la nación; pero algunos grupos
sociales se beneficiaron más que otros de estas políticas de liberalismo económico.
Una de las maneras en que el Estado intervino inicialmente en el fomento de la agricultura comercial
fue reformando las leyes que tenían que ver con la
tenencia de la tierra y con la agricultura en general.
Debe recordarse que El Salvador pasó a la vida independiente con unas leyes de tenencia y ocupación
de suelos que se habían heredado de tiempos de
la Colonia. Esta tradición legal buscaba conciliar
los intereses de hacendados y grandes productores
con los de las comunidades campesinas indígenas y
ladinas. Por eso, en la Colonia cada pueblo, ya fuera
denominado oficialmente indígena o ladino, recibía
alrededor de 40 caballerías de terreno en forma de
ejidos. Después de la Independencia, el Gobierno
salvadoreño siguió protegiendo el derecho de los
pueblos a poseer ejidos y, eventualmente, les garantizó el control sobre sus propias tierras, llamadas
legalmente desde 1867 “comunidades”, cada una
con su propia personería jurídica.
Entre las políticas económicas que impulsó el Estado
salvadoreño, se puede mencionar la reducción de
los impuestos a la exportación, para que los productores nacionales de café, añil y otros productos no
tuvieran que pagar un impuesto mayor para enviar
sus productos fuera del país. Más bien, el Estado se
preocupó por cobrar impuestos a los artículos que
se importaban al país. Otra medida importante fue
el establecimiento de registros de la propiedad y
otros registros de transacciones económicas para
que el Gobierno pudiera regularizar las compras
y las ventas de los productores agrícolas y a los
comerciantes de todo el país.
Las medidas más importantes que se dictaron estaban encaminadas a liberar la propiedad de la tierra,
especialmente de la más fértil, para el mercado de
compra-venta. Esto significó que el Gobierno buscó
supervisar las deudas e hipotecas. También, implicó
que el Gobierno privatizara (es decir, colocar en
manos de propietarios individuales) las tierras que
hasta casi el fin de siglo estaban en manos de comunidades indígenas, ladinas y de las municipalidades.
Además, el Estado vendió a especuladores y productores de todo tipo gran cantidad de otras tierras
que eran consideradas propiedad nacional.
16
Tienda de productos importados. Tomado de: Catálogo de fotografías históricas de El Salvador. Fotocopia en propiedad del Museo
Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán.
Glosario
Especulador: Persona que hace negocio con
la compra-venta de tierras o cualquier otro producto.
Caballería: Medida de superficie. Una caballería equivale a 64 manzanas o 44.7037 hectáreas.
Además de los terrenos que municipios y comunidades controlaban desde la Colonia, muchas nuevas
tierras fueron incorporadas como ejidos (bajo control municipal) o comunales (bajo control comunitario, pero de uso privado) desde la Independencia
hasta la década de 1870. Cuando se fundaba una
población nueva, los gobernantes casi siempre le
proporcionaban ejidos. En otras ocasiones, grupos de indios o campesinos ladinos compraban
haciendas u otros terrenos. Para la década de 1870,
junto a las haciendas y las nuevas fincas cafetaleras, había docenas de municipios y comunidades
que controlaban cientos de caballerías de tierras.
Dentro de estas comunidades y municipalidades, el
uso de la tierra se regía mediante una combinación
de disposiciones legales nacionales y las prácticas y
tradiciones locales. No siempre se distribuía el uso
de la tierra de una manera justa o igualitaria. En los
ejidos, los arrendatarios campesinos debían pagar
un impuesto (o canon) a la municipalidad por utilizar la tierra. No siempre se pagaba este canon, pues
en muchos lugares los habitantes consideraban la
tierra como propia. En otros lugares, los individuos
con mayor poder dentro de los pueblos trataban
de acaparar las mejores tierras o participaban en
negocios corruptos con especuladores.
Recuadro 17.3
Los funcionarios y la tierra
Esta comunicación del alcalde de Nueva San
Salvador al Ministro de Gobernación, del año
de 1867, expresa claramente los problemas que
los gobernantes salvadoreños veían en torno a la
propiedad y el uso de la tierra.
“Tanto en esta población como en otras varias del
Departamento, sucede con frecuencia que muchas
personas agraciadas con terrenos municipales
no los aprovechan sino en muy pequeña parte
y ni siquiera los acotan durante mucho tiempo
por la escasez de sus recursos; mientras que otras
personas con facultades para emprender trabajos
importantes de agricultura los solicitan con empeño y no los consiguen porque los poseedores, o se
niegan a venderlos, o piden por ellos cantidades
exorbitantes, causando con esto un perjuicio de
mucha magnitud a la agricultura y, por consiguiente, a la riqueza del país. Este inconveniente
proviene de que las leyes relativas a la distribución
de los terrenos municipales no han determinado
hasta ahora con exactitud y precisión las condiciones bajo las cuales se adquiere y se pierde el
derecho de posesión sobre ellos…
En 1866, el gobernador de Sonsonate rindió un
informe donde explicaba el funcionamiento del
común en los pueblos de su departamento y las
relaciones a veces difíciles de éstos con las autoridades municipales.
Dios me libre de pedir se ataque la propiedad
comunal, siempre respetada por el Supremo
Gobierno: no, no pido eso, pero sí creo de mi
deber, indicar a usted, en bien de los pueblos, que
sería muy conveniente reglamentar los comunes,
obligándolos a tener un administrador, un tesorero para el mejor manejo de sus intereses... Así,
Señor, se harían producibles las selvas vírgenes
abundantes en buenas maderas, vainilla, pitafloja, jengibre, bálsamo, y los campos fértiles en
donde pueden repastarse considerable número
de reses...
...muchos pueblos tienen COMUN. Esto es el
conjunto de naturales que, como dueños de las tierras, las manejan y disponen de sus productos. En
algunos pueblos, los comunes no hacen oposición
ninguna a las disposiciones de las municipalidades; mas en otras, no pueden estas corporaciones
hacer ningún contrato ni emprender una obra
pública, sin el consentimiento e instrucción del
común. Testigos son Jujutla, Guaimango, Santo
Domingo, Masahuat, Cuisnahuat, Cacaluta e
Ishuatán. La causa de semejante anomalía es la
carencia de fondos de la municipalidad, por lo
que todo lo tienen que esperar del común. Mas
los comunes son unas sociedades toleradas por la
ley que manejan fondos pertenecientes a todo un
pueblo, y a quienes nadie les pide cuenta”.
17
El sistema de ejidos municipales producía cierta
inseguridad entre los agricultores, pues algunas
plantas, como el arbusto de café, requieren varios
años para empezar a producir y el arrendatario de
los ejidos no siempre tenía seguridad de que podría
continuar ocupando el mismo lote. Esto generaba
incertidumbre entre los campesinos y agricultores,
y retrasaba la expansión agrícola.
En las comunidades indígenas y ladinas, los campesinos y agricultores usualmente no pagaban ningún
alquiler, aunque siempre seguían sujetos en algún
grado u otro al poder de los dirigentes de sus comunidades para obtener acceso a la tierra. Pero una
cosa es clara: durante buena parte del siglo XIX, la
gran mayoría de los salvadoreños tenía acceso a la
tierra, ya fuera como arrendatario ejidal, ya como
miembro de comunidades u ocupante de baldíos
no titulados, ya como colono en las tierras de algún
hacendado o agricultor.
Con la expansión de la agricultura de exportación,
a fines del siglo XIX, el Estado buscó maneras de
promover tanto el café como otros productos. A
tal fin, el Gobierno fue interviniendo el manejo de
la tierra, especialmente al privatizar grandes baldíos de propiedad nacional, vendiéndolos a bajo
precio a agricultores y especuladores, y a menudo
también a los ocupantes campesinos. En algunos
municipios, como Santa Ana y Nueva San Salvador,
la mayor parte de las extensas tierras ejidales había
sido distribuida entre los agricultores, incluyendo
entre estos a los más acaudalados capitalistas del
país. El Gobierno quiso hacer lo mismo en el resto
del país.
En 1881 y 1882, el Estado decretó la abolición de
las tierras ejidales y comunales, con el propósito de
promover la propiedad individual y, supuestamente, el desarrollo nacional. Mediante estos decretos,
los arrendatarios u ocupantes de terrenos ejidales o
comunales pasarían a ser los dueños de sus terrenos. La misma ocupación continua por varios años
de terrenos ejidales era prueba suficiente para tener
derecho a solicitar el título. En el caso de los ejidos,
los arrendatarios cancelarían el equivalente a cuatro
años del canon en seis pagos anuales, más el costo
18
de la titulación. Estos costos no eran muy altos para
aquellos campesinos y agricultores que tenían algún
ingreso en efectivo, ya fuese por la venta de sus productos o por la venta de su fuerza de trabajo a algún
hacendado o agricultor vecino.
Aparentemente, el proceso de privatización de la
tierra no era complicado, pero no dejaba de tener
sus contratiempos. Sea como fuese, el indígena y el
ladino pobre se vieron envueltos en procesos jurídicos administrativos que le desalentaban. No se
diga, el pago en efectivo. Pues, aunque se contara
con alguna remuneración no siempre sobraba el
dinero.
Decreto del 27 de marzo de 1897
El decreto del 27 de marzo de 1897, emitido por
la Asamblea Nacional, marcó la consumación
de la extinción de comunidades y ejidos, aunque hubo juicios posteriores que se extendieron
incluso hasta 1912 y 1966.
En este decreto, la Asamblea Nacional, considerando que el sistema ejidal se ha extinguido y que, además, siendo importante pasar a
la propiedad privada los terrenos que por no
haber sido titulados han pasado a la nación, desapodera de los derechos que le corresponden
sobre los terrenos de comunidades y ejidos que
volvieron a su dominio y autoriza a los alcaldes
respectivos para otorgar títulos de propiedad
a los poseedores que los reclamen y declara
válidos los títulos supletorios otorgados por los
mismos, aun fuera de fecha.4
Glosario
Canon: Impuesto que databa del período colonial y que debían pagar aquellos que arrendaban un terreno para cultivar.
Ejido: Tierras pertenecientes a las comunidades de indígenas, asignadas para el cultivo
agrícola o actividades pecuarias. El tamaño
generalmente dependía del número de familias beneficiarias.
Recuadro 17.4
Comunidades indígenas y ladinas
formalmente reconocidas por el
Gobierno alrededor de 1880
Departamento
Pueblos
Departamento
Pueblos
Ahuachapán
Ataco
Atiquizaya
Ahuachapán
Tacuba
San
Miguel
San Miguel
Cabañas
Ilobasco
San
Salvador
Tonacatepeque
Mejicanos
Chalatenango
Chalatenango
La Palma/San
Ignacio
San Miguel de
Mercedes
Las Vueltas
Arcatao
Dulce Nombre de
María
Tejutla
El Paraíso
San
Vicente
Laguna de
Santa Clara
Tablón
de Santo
Domingo
Cuscatlán San Pedro Perulapán
Santa Ana Común de
Ladinos
Volcán
La Laguna
Común de
Ladinos
Chalchuapa
Coatepeque
La
Libertad
San Matías
Sonsonate Dolores Izalco
Quezaltepeque
Asunción
Opico
Izalco
Pueblos de la Costa
Armenia
del Bálsamo
Nahuizalco
Juayúa
La Paz
Santiago Nonualco Usulután
San Juan
Talpa
Morazán Cacaopera
Chilanga
Guatajiagua
---
perder en cultivos donde no tenían experiencia. Por
tanto, muchos omitieron lo prescrito por el decreto. Ante esa negativa, el Gobierno vio fracasado el
intento de incentivar los cultivos exportables por
vías indirectas. Razón por la cual buscó la manera
de privatizar las tierras.
Santa Elena
Común de
Ladinos de
Jucuapa
Mercedes
Umaña
Un acuerdo del Ministerio de Gobernación emitido
el 26 de julio de 1879 comprometía a las diferentes
Gobernaciones Departamentales a presentar un
informe sucinto sobre los terrenos que había en la
población del Departamento, sin acortarse y repartirse y cuál era su extensión. Los resultados con base
en datos correspondientes a octubre y noviembre
de 1878 fueron los siguientes: total de tierras ejidales y comunales: 257,523 hectáreas, acotadas y distribuidas: 142,728.6 hectáreas, sin acotar: 114,795.4
hectáreas. Cifras que desde todo punto de vista eran
parciales, por no contar con toda la información.
Por consiguiente, en 1881 se emitió otro decreto
más radical, ahora se trataba de la ley de extinción
de comunidades que de acuerdo con las estimaciones anteriores estaba destinado a afectar el 15% del
territorio agrícola del país.
Al observar el decreto en su conjunto, es un claro
ejemplo del liberalismo criollo dominante, de un
individualismo extremo, acomodado a la necesidad
de ampliar las relaciones mercantiles. En efecto, el
considerando que acompañaba el decreto decía que
la indivisión de los terrenos poseídos por comunidades, impide el desarrollo de la agricultura, entorpece la circulación de la riqueza y debilita los lazos
de la familia y la independencia del individuo. Por
tanto, tal estado de cosas debe cesar cuanto antes,
por ser contrario a los principios económicos, políticos y sociales que la República ha aceptado.5
---
Un decreto emitido en el pasado obligaba a las
comunidades poseedoras de tierras a cultivar café,
cacao o hule en al menos un cuarto de su extensión.
Esto no fue seguido del todo por los campesinos por
varias razones, una de las cuales era que requerían
de varios años para la producción y ellos nunca
estaban seguros de volver a ocupar la misma parcela
en los años posteriores. Aparte de que no querían
En la mayoría de los casos, los ocupantes de las tierras lograron titular sus terrenos, si no inmediatamente, por lo menos durante las décadas siguientes.
Sin embargo, en muchos casos, hubo abusos, injusticias y desalojos que perjudicaron los intereses de
los campesinos. Esto ocurrió especialmente con los
terrenos que no estaban ocupados o que colindaban
con haciendas, pues algunos hacendados buscaron
ensanchar sus tierras en los ejidos sin haber tenido
19
derecho legal a estas tierras. Algunas veces, los alcaldes o gobernadores intervenían en favor de algún
grupo de campesinos frente a un hacendado colindante, como mediadores administrativos y jurídicos
que buscaban conciliar los conflictos por medio de
los procesos jurídicos. El proceso de consolidación
de la propiedad individual llevo al conflicto.
Las comunidades tenían la obligación de financiar
la medición de todas sus tierras y su distribución en
proporciones iguales entre sus miembros. Los miembros de estas comunidades tuvieron en muchos casos
que hacer colectas para poder pagar los gastos de
medición y distribución.
En algunas comunidades, como la de Coatepeque, la
división de terrenos comunales procedió rápidamente y sin muchos problemas, llevando a la privatización de las tierras en manos de sus miembros. Pero
otras comunidades tuvieron problemas y la división
de sus tierras tomó por lo menos diez o quince años.
En algunos de estos casos, hubo conflictos entre los
mismos comuneros, quienes se aliaban con distintas
facciones dentro de sus comunidades.
En otros casos, hubo problemas con hacendados colindantes, quienes habían ocupado tierras de las comunidades. También la división ayudó a revivir viejos
conflictos entre comunidades vecinas o entre municipios y ejidos colindantes, inclusive conflictos que habían
sido resueltos por dictamen administrativo o judicial.
te los últimos años del siglo ahora tenían que dividir
sus tierras entre varios herederos. Esto significó que,
de no lograrse otras alternativas, el campesinado
salvadoreño no tendría mucho espacio para reproducirse como tal después de una o dos generaciones.
Además, mientras avanzaba el proceso de la privatización, los medianos y grandes agricultores lograron
amasar grandes ganancias que podían invertir en
nuevos terrenos y en la contratación de más mano
de obra campesina.
El proceso de privatización de las tierras no fue rápido, duró más de 20 años. Como hemos visto, de la
transferencia de los derechos de propiedad no solo se
benefició la emergente elite empresarial del país sino
también muchos campesinos, indígenas y pequeños
propietarios.
Sin embargo, no todo ocurrió apaciblemente. Surgió
una serie de conflictos al interior de las poblaciones, especialmente en el occidente del país, porque
muchas comunidades indígenas se resistieron a esta
transformación agrícola debido a que chocaba con
sus costumbres y tradiciones comunitarias mantenidas ancestralmente o por la poca transparencia en la
ejecución de las medidas de transferencia.6
En efecto, la cultura indígena de ninguna manera
consideraba a la tierra como una mercancía, por el
contrario ella era el ámbito donde se daba la existencia y se cultivaban las tradiciones.
Más que nada, la privatización de las tierras comunales y ejidales, incluyendo otras tierras adicionales que
fueron adjudicadas a las comunidades para su venta a
los residentes, significó la consolidación de la propiedad
privada en el campo, favoreciendo a miles de pequeños
productores y a grandes inversionistas y agricultores.
Esta privatización solucionó algunos de los problemas
que existían antes con el sistema de ejidos y tierras
comunales, pero también creó problemas nuevos. El
principal problema fue que para 1900 ya no quedaban
muchas tierras libres de buena calidad para ocupar.
Además, los campesinos y agricultores que habían
titulado sus terrenos de diez o veinte hectáreas duran20
Campesino entrando a la ciudad de Cojutepeque. Tomado de:
DAWSON, Guillermo J. Geografía elemental de la República de
El Salvador. París: Librería de Hachette y Cía., 1890. p. 40.
Recuadro 17.5
Solicitud de exención del canon
El siguiente documento es una solicitud de
los miembros de la comunidad de ladinos de
Zacatecoluca, dirigida al concejo municipal,
pidiendo que se les exima del pago del canon
por uso de los ejidos.
Nos los individuos que hoy aparecemos como
miembros de la mayoría del común de esta ciudad con el respeto que es debido y usando del
derecho que nos corresponde por la ley; parecemos y desimos: que abiéndose publicado un
bando en las calles públicas de esta población,
imponiendo un real por cada mansana en los
terrenos que posemos el común de Labradores
en sus Ejidos como nuebo grabamen que tanto
pesa sobre nosotros por ser en su mayoría muy
pobres los que trabajamos los granos de primera
necesidad, nada [tenemos] en contrario alas
disposiciones de la Municipalidad si [es] que ella
proporcione engrosar fondos sin grabar a la jeneralidad de la indijencia, por que si trabajamos
para socorrer a nuestras familias es sacrificando
nuestros frutos con las personas que nos dan
abilitación [préstamos].
En tal concepto, desimos que el año de sincuenta
y siete, tubimos que desenbolsar sumas considerables de nuestro trabajo personal, según
consta de la cuenta que se agrega de los gastos
que en aquella epoca se hicieron, costiandonos
personalmente hasta hacer tener los títulos y un
agrimensor que lo fue el Senor Don Guillermo
Castro, para hacer el esclarecimiento de nuestros Ejidos trabajando la mayor parte haciendo
calles para descubrir los mojones principales y
no alegar ignorancias con los colindantes que se
opucieron asi al Oriente.
En consecuencia desimos que desde tiempo
inmemorial desde nuestros primeros padres ha
benido este grabamen que impuso el gobierno
Espanol con el titulo de tributo; y es por esto que
quiso beneficiar a todos los pueblos de Centro
America desde que Cristobal Colón descubrió
estas Probincias: Hasies que creemos que los
Ejidos que reconosemos los labradores, estan
comprados, no solo con nuestros tesoros, sino
también con la sangre de las espaldas de nuestros pasados Padres, sin que ninguna autoridad aya cooperado con sus fondos a los sitados
labradores. En conclución decimos que también
tenemos el trabajo de la iglecia que actualmente
se esta edificando, y este lo hacemos con nuestro
personal trabajo, sin que a ningun operario se le
pague un sentabo por que lo hacemos boluntariamente sin costar los fondos de la Iglecia, pues
hasta la sostención de toda la jente que trabaja
en el referido trabajo la dan los mismo Barios de
esta ciudad.
Mercado de cántaros de Zacatecoluca, 1910. Foto propiedad
del MUPI.
A vos respetable cuerpo municipal pedimos y
suplicamos hos sirvais tenemos en consideración
y mandar se lebante dicho impuesto por ser en
gran perjuicio de nuestras miserables familias, y
no tenemos otra clace de fondos que nos produsca lo suficiente para poder pagar dicho impuesto: y en caso que nuestra solicitud no surta los
efectos que deseamos, pedimos se nos debuelva
orijinal con su probeido para ocurrir al Supremo
Gobierno, para que con bisto de nuestra solicitud
se sirva resolver lo que crea justo, se cual fuere
su resolución estaremos pronto a respetarla y
obdecerla. Es justicia que pedimos implorando
la gracia jurando no hacerlo de malicia.
Zacatecoluca, Octubre 8 de 1867.
21
Además de reformar la propiedad agraria, el Estado
tomó otras medidas para promover y regular el
desarrollo agrario del país, no todas con el mismo
resultado o con la misma efectividad. Durante la
década de 1880, se formó el nuevo Registro de la
Propiedad, que en pocos años llegó a tener oficinas
en todos los departamentos del país. Este Registro
sirvió para inscribir los nuevos títulos de tierras.
Con la titulación individual de miles de predios, los
nuevos dueños pudieron hipotecarlas, trámite que
también era asentado en los registros de la propiedad. Además, se reformaron las leyes agrarias para
regular y supervisar el cumplimiento de los contratos entre particulares y la defensa de la propiedad
privada de los agricultores. La ley agraria también
buscaba regular las relaciones entre los trabajadores
y los terratenientes que los reclutaban para trabajar
en sus fincas o haciendas.
Conclusión
Las denominadas reformas liberales de fines del
siglo XIX llevaron a cabo un conjunto de transformaciones económicas, políticas, sociales y
culturales. En estas reformas, no solo el Estado
fue el actor principal sino también las elites
económicas, los indígenas, los campesinos, las
municipalidades, la Iglesia, etcétera.
Desde esa perspectiva, las bases económicas
modernas de El Salvador se establecieron en
las tres últimas décadas del siglo XIX. Lo que
las elites políticas, económicas e intelectuales
buscaron fue construir una “República agraria”
sustentada en el modelo agroexportador. Para
ello, y sin necesidad de que desaparecieran los
cultivos tradicionales o de alimentos para la subsistencia de los habitantes, las elites se aferraron
al modelo del monocultivo, el cual, por su misma
naturaleza, exigió un proceso de transformación
en la tenencia de la tierra. El monocultivo en el
país, dirigió su mirada a la producción a gran
escala del café. Esto hizo que los campesinos
paulatinamente se dedicaran a ese cultivo.
Durante los años posteriores a 1870, El Salvador
vivió transformaciones importantes en el uso
de la tierra en las zonas rurales que sirvieron
de base para la organización de la economía
nacional moderna. Esto no significa que los
cambios de aquellos años fueron todos igualmente importantes o permanentes, pero sí que
algunos tuvieron tal impacto que determinaron
los procesos sociales, económicos y políticos de
las siguientes décadas en la historia del país.
Aunque muchos indígenas y ladinos se vieron beneficiados con la transformación de la
tenencia de la tierra, es decir, con el proceso
de extinción de tierras comunales y ejidales, y
con la consecuente privatización de las mismas,
otros quedaron excluidos de estos beneficios,
agravándose aún más las desigualdades sociales. Los conflictos por la tierra al interior de los
pueblos, de los indígenas con las autoridades
locales y estatales comenzaron a ser una importante característica de este panorama que habían
abierto las reformas liberales.
Referencias bibliográficas
1. El Salvador Regenerado. San Salvador: 31 de mayo de 1846. p. 326.
2. MARTÍNEZ, Francisco. La inmigración. En: La Universidad, Serie IV, Nº 12, 1894. pp. 298-300; LINDO, Héctor. La economía de El Salvador en
el siglo XIX. San Salvador: 2002. p. 294ss.
3. Estadística General de la República de El Salvador (1858-1961). San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, Academia Salvadoreña
de la Historia y CONCULTURA, 1990.
4. MENJÍVAR, Rafael. Acumulación originaria y desarrollo del capitalismo en El Salvador. San José: s.e. 1995. p. 104.
5. ibid. pp. 92-101.
6. LAURIA, Aldo. Una república agraria. Los campesinos en la economía y la política de El Salvador en el siglo XIX. San Salvador: Dirección de
Publicaciones e Impresos, 2001. Capítulos VII y VIII.
22
Capítulo 18 El Estado cafetalero
Antigua casa presidencial, ubicada en una de las esquinas del Parque Libertad en San Salvador. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.99.
Introducción
En las siguientes páginas, se estudia el desarrollo del
Estado salvadoreño durante los años de la bonanza
cafetalera de fines del siglo XIX e inicios del siglo
XX. Este desarrollo comenzó con el proceso por el
cual una autoridad radicada en la capital del país
adquirió presencia efectiva en el territorio nacional
a través del monopolio de la fuerza legítima, incorporando el país al control de un Gobierno central.
Esto fue posible gracias al abandono de las relaciones tensas que había caracterizado a los países centroamericanos, que no pocas veces había conducido
a las guerras, arrasadoras de poblados y cultivos.
También, se analiza la lucha entre diversos grupos
sociales que buscaban alcanzar presencia y representación en el aparato estatal. Esta era la nueva forma que
tomaba la disputa por el poder, luego de dejar atrás los
clásicos enfrentamientos entre conservadores y liberales. Ahora, junto a los dirigentes políticos y sus aliados
locales, aparecía la clase emergente de ricos productores agrícolas, comerciantes y exportadores que buscaba
incidir en las decisiones de los líderes políticos.
Finalmente, se describe la política del Estado, esto
es, las medidas que el Estado tomó para promover
el desarrollo económico y garantizar el orden y la
paz social. El resultado de todo lo anterior fue un
Estado más fuerte y estable que pudo impulsar el
desarrollo de la nación con base en el cultivo intensivo del café.
El Estado como una institución moderna asumirá la
división de poderes, asignando a cada uno de ellos
la función correspondiente; luego, buscará cada vez
más romper con la dependencia que tenía respecto
de la Iglesia, algo que se acentuará con los gobiernos liberales. Sin embargo, no todas las medidas
tomadas tendrán el mismo impacto en la población,
desde luego habrá privilegiados y afectados.
Desafortunadamente, el Estado no se orientará por
un sentido de igualdad social y de armonía, algo que
tarde o temprano sin duda traerá sus consecuencias.
La práctica política de los gobernantes y de las elites estará marcada por el pragmatismo; es decir, la
búsqueda de propósitos inmediatos, postergando
visiones y prácticas a largo plazo, condicionados
por las necesidades y posibilidades del momento.
23
18.1 El proceso de fortalecimiento
del Estado
Los estados modernos han representado un poder
centralizado, cuya manifestación se ha visualizado
en un conjunto de instituciones independientes de
la sociedad, por las que se construye una dominación sobre la misma sociedad. Dicha dominación ha
sido de diversa índole: judicial, económica, política,
militar e ideológica. Quizá la forma más conocida
del Estado ha sido el Gobierno, o los denominados
tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Desde la Constitución de 1824, las autoridades del
país establecieron esa división de poderes centrales
(con uno más, el Representativo). Por supuesto,
la lenta construcción de un poder centralizado no
fue posible por sí mismo, sino gracias a la cooperación de diversas corporaciones (milicias, cuerpos
de seguridad, municipalidades) y a una incipiente
burocracia que apenas se formaba en los centros
urbanos o rurales (gobernadores, jueces, letrados).
Constitución salvadoreña de 1824
La formación del Estado salvadoreño fue, como dijimos, un proceso lento y no exento de dificultades o
complicaciones. El Estado salvadoreño adquirió aún
más fortaleza y estabilidad a partir de 1880 aproximadamente, a pesar de las injerencias políticas de
los gobernantes guatemaltecos. Fue entonces cuando el aparato estatal empezó a tener una presencia
efectiva en el territorio nacional o al menos en la
región de mayor crecimiento económico: la región
cafetalera de Occidente. Por ejemplo, las nuevas
24
leyes de la década de 1880 otorgaron al Estado la
responsabilidad de hacer cumplir las nuevas normas
legales que sentaron las bases para la economía agraria moderna. Estas incluyeron la privatización de las
tierras comunales y garantías del cumplimiento de
los contratos, especialmente aquellos entre peones
y hacendados.
Sin embargo, una de las características fundamentales del Estado moderno fue su aconfesionalidad,
es decir, la separación de sus funciones de la esfera
religiosa. A este proceso se le conoce como separación Iglesia-Estado.
De ahí que una de las corporaciones decisivas en
la formación del Estado salvadoreño fue la Iglesia
Católica. Su papel fue ambiguo. Por una parte, fue
una aliada ideológica del Estado, pues defendió y
legitimó el poder político desde argumentos religiosos. Pero, por otra parte, su dominio en ciertos
ámbitos, como la enseñanza primaria, la educación
universitaria, la administración de cementerios, el
matrimonio religioso o la censura eclesiástica, se
convirtió en obstáculo para la construcción de un
poder civil. No en vano hacia 1870, inició el proceso por el cual muchas de estas atribuciones de la
Iglesia comenzaron a ser recortadas. Por ejemplo,
se dictaron leyes que reglamentaron una enseñanza
laica o secular en las escuelas; la administración de
los cementerios pasó de manos de los párrocos a las
municipalidades y en las constituciones se incorporaron artículos que minaron el monopolio psicológico que ejercía el catolicismo como, por ejemplo,
cuando se declaró la libertad de culto.
Con todo ello, las autoridades civiles mostraron que
no era posible obedecer a dos señores: al papado y
al Estado.1
Glosario
Burocracia: Organización del trabajo, con funciones específicas para cada miembro; lo cual
generalmente conlleva a una organización de
los trabajadores con capacidad para incidir en
el Gobierno.
Recuadro 18.1
La separación del poder civil del religioso: la secularización del Estado
El historiador Rodolfo Cardenal ha investigado sobre el proceso de separación del poder
civil del religioso, fundamentalmente en puntos como la aconfesionalidad del Estado y, por
ende, la tolerancia religiosa.
La Constitución de 1880 garantizó el ejercicio de
todas las religiones, poniendo como único límite
el mantenimiento del orden público y el respeto
a las autoridades constituidas; sin embargo, aún
se reconoció oficialmente a la religión católica
como la religión de las mayorías. La Constitución
de 1883 no hizo referencia a ninguna religión en
particular; proclamó la separación oficial de
poderes y no mencionó el nombre de Dios en
ninguna de sus secciones. Tres años después,
¿Qué permitió el fortalecimiento del Estado salvadoreño? Por primera vez en mucho tiempo, el territorio nacional pudo librarse de las cruentas guerras
entre países centroamericanos que constantemente
arrasaban con poblados y cosechas. También es
importante destacar que los gobernantes salvadoreños lograron mantenerse durante más tiempo en
la silla presidencial; uno de ellos, Rafael Zaldívar,
estuvo en el poder nueve años seguidos (desde 1876
hasta 1885). Asimismo, la defensa del territorio ante
las amenazas de Guatemala contribuyo a tal fin.
La relativa estabilidad de los Gobiernos les permitió dedicarse a la formación de un ejército más
profesional. A diferencia de los anteriores, este
nuevo ejército ya no dependía de las lealtades de
determinados pueblos y caudillos hacia las autoridades supremas. Bajo la presidencia de Zaldívar, el
ejército empezó a reclutar campesinos y jornaleros
que debían obediencia a un cuerpo de oficiales con
el que nunca antes habían tenido vínculos personales (a diferencia de lo que ocurría en el caso de
los caudillos). Sin embargo, los oficiales del ejército
siguieron teniendo el poder y la autonomía que les
la Constitución de 1886, la constitución liberal
por excelencia, proclamó la libertad de culto y
excluyó a los actos religiosos como determinantes del estado civil de las personas. Esta última
Constitución estableció formalmente y de forma
definitiva la secularización del Estado.
Estos principios constitucionales derivaron en la
secularización de la enseñanza, suspensión de
la censura eclesiástica sobre la prensa, secularización de los cementerios y matrimonios imponiendo la obligación del matrimonio civil y la
posibilidad del divorcio, reducción de la función
social de la Iglesia y desconocimiento del orden
canónico por parte de la legislación civil. Estos
factores consolidan el poder del Estado.
permitía de vez en cuando derrocar a los Gobiernos
de turno, como ocurrió con la llegada al poder
y el derrocamiento de los generales Menéndez y
Ezeta. Por otra parte, el aumento de los ingresos
del Gobierno, gracias al auge económico general
del país, permitió fortalecer el presupuesto militar,
dotando así al ejército de armas modernas y centros
de entrenamiento para la oficialidad.
Desfile militar en el Campo de Marte, San Salvador. Tomado de:
Catálogo de fotografías históricas de El Salvador. Fotocopia en
propiedad del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán.
25
Recuadro 18.2
El ejército nacional
La consolidación del ejército nacional ya estaba
bastante avanzada para fines del siglo XIX. Como
se aprecia en el cuadro siguiente, tomado de un
informe de 1893, el ejército tenía destacamentos
Departamentos
San Salvador
La Libertad
Cuscatlán
San Vicente
Chalatenango
La Paz
Cabañas
San Miguel
Usulután
Morazán
La Unión
Santa Ana
Sonsonate
Ahuachapán
Puerto de Acajutla
Jefes
59
4
6
3
2
4
3
5
4
2
4
7
4
3
en todos los departamentos del país y contaba
con un cuerpo de jefes y oficiales dedicados a la
carrera de las armas.
Oficiales
131
11
11
7
9
6
5
24
7
5
15
13
10
4
Tropa
1 ,108
117
207
96
100
81
73
325
83
54
270
146
122
50
Sección Guerra y Marina, 10 de febrero de 1893, Archivo General de la Nación, sin clasificar.
Como se puede apreciar en la tabla anterior, la
mayoría de la oficialidad y la tropa se encontraba
concentrada en la capital, mientras que los departamentos limítrofes con países vecinos tenían poca
presencia militar permanente. Esto hace suponer
que la importancia del ejército radicaba más en su
función política de apoyo al Gobierno de turno que
en repeler posibles invasiones extranjeras. En la
lógica de los gobernantes esto no era descabellado,
porque obedecía al hecho de que las guerras con
los vecinos eran ocasionales y se respondía con
unanimidad dado que despertaban el sentimiento
nacionalista. En cambio, el apoyo del ejército era
importante para mantener a los gobiernos.
Un departamento que sí tenía una presencia militar
grande era Santa Ana, fronterizo con Guatemala.
Si bien no aparecen cifras de la cantidad de fuerzas
26
para el departamento de Santa Ana en el cuadro
anterior, lo cierto es que en ese departamento se
estaban organizando fuertes contingentes de milicias, tal como se aprecia en parte de un informe
escrito en 1891 por el Mayor General del Ejército y
los Comandantes Departamentales:
Tenemos organizados 12 batallones completos en
Santa Ana que con dos más que se están organizando
en Coatepeque y Texistepeque dan para este distrito
14 batallones de milicias. En el distrito de Chalchuapa
hay organizados 3 batallones y 3 en el de Metapán.
(“Informe del señor Mayor General del Ejército y de
los Comandantes Departamentales”, 1891, Sección
de Guerra y Marina, Archivo General de la Nación,
sin clasificar, folios 2-9). Otros departamentos con
presencia militar era San Miguel y La Unión.
De esta manera, en 1891 había 20 batallones solo en
el departamento de Santa Ana y cuyo número de
integrantes ascendía a 10,000 individuos de tropa,
500 oficiales y 60 jefes. Pero estos miles de hombres
no formaban parte del ejército activo, es decir, no
eran soldados permanentes. Más bien, se trataba
de integrantes del ejército de reserva. Los milicianos solamente participaban como integrantes de
la institución militar los domingos en las mañanas.
Entonces, oficiales y jefes los reunían en las plazas
de los pueblos con el fin de darles entrenamiento
militar básico. Las fuerzas de reserva solo serían
movilizadas en caso de guerra.
ministerios y otras oficinas gubernamentales. En
especial, los jueces locales, los alcaldes y sus asistentes jugaban un papel político y social importante en
la vida diaria de los habitantes de las zonas rurales.
Entre estos funcionarios se encontraban los llamados comisionados cantonales. Estos eran personas
que combinaban sus labores como agricultores o
jornaleros con el trabajo policíaco y administrativo
a cambio de pequeños favores personales. No fue
sino hasta 1911 que tales funcionarios improvisados
empezaron a recibir algún sueldo por su trabajo,
gracias a una ley que obligaba al Estado a pagarles.
Los comisionados se encargaban tanto de la persecución de criminales como de la recolección de
diverso tipo de información. Ellos y sus ayudantes
eran los encargados de dar informes en los juzgados
acerca de homicidios, robos, riñas y cualquier otro
tipo de delito; de perseguir a los jornaleros que se
escapaban de las haciendas sin haber cumplido con
el trabajo pactado; de detener a delincuentes comunes; de organizar a campesinos y jornaleros para
realizar algún trabajo comunitario; y, finalmente, de
recolectar información sobre aspectos económicos,
sociales y políticos del cantón en que vivían.
La Plaza de Armas (Zacatecoluca). Tomado de: DAWSON, Guillermo J. Geografía elemental de la República de El Salvador.
París: Librería de Hachette y Cía., 1890. p. 4.
No cabe duda que la falta de ingresos del Estado
era lo que impedía el mantenimiento permanente
de las tropas; pero la informalidad no fue razón
suficiente para que no participaran activamente en
eventos bélicos de importancia. El cambio empezará
a sentirse en la década de 1880, al aprovechar los
ingresos provenientes de la agro-exportación para
modernizar al ejército, aunque el paso definitivo
hacia la institucionalización militar se dará hasta el
arribo de una misión militar chilena en 1909 y de la
Guardia Civil española en 1912 .
Por supuesto, el ejército no era la única institución
encargada de guardar el orden público y asegurar el
cumplimiento de las leyes. Para efectos de las tareas
de vigilancia y control policíaco, el Estado contaba
con un cuerpo de funcionarios en todos los niveles,
incluyendo gobernadores, jueces, personal de los
Mediante los comisionados cantonales, el Estado
pudo disponer de una extensa red de colaboradores
(llamada “auxilios civiles”) sin necesidad de gastar
en salarios. Pero la ayuda gratuita que se recibía de
estos funcionarios improvisados a veces generaba
problemas, pues se trataba de personas frecuentemente analfabetas que desconocían los trámites
administrativos.
Además, realizaban labores represivas sin tener
conocimientos acerca de los métodos policíacos y de
las leyes que pretendían regular las relaciones entre
la fuerza pública y la colectividad.
Por otro lado, estos colaboradores no se consideraban a sí mismos como parte del aparato estatal:
su lealtad y obediencia hacia el Gobierno central
en San Salvador no eran del todo firmes, pues eran
nombrados por los alcaldes y los terratenientes de
su municipio y consideraban que a estos debían
obedecer y rendir cuentas antes que a un presidente
o ministro en la lejana ciudad capital.
27
Lentamente, el Estado fue sustituyendo a estos personeros espontáneos por funcionarios especializados: militares y empleados del Gobierno a tiempo
completo.
En primer lugar, la labor policíaca de los comisionados cantonales fue complementada por el ejército. A partir de la presidencia de Zaldívar, escoltas
militares vigilaban los campos y perseguían a la
delincuencia organizada que frecuentemente atacaba a los viajeros en los parajes desiertos y los tramos
aislados de carreteras, especialmente en el oriente y
norte del país. Desmantelar bandas de cuatreros era
una de las misiones fundamentales de esos pequeños grupos de militares que todos los días recorrían
los espacios más recónditos de las zonas rurales. Por
otro lado, las funciones policiales que regulaban la
vida cotidiana de haciendas y poblados quedaban en
manos de los comisionados cantonales.
Recuadro 18.3
Se buscan policías
El 16 de abril de 1912, se leía el siguiente anuncio en la página 4 del Diario de El Salvador bajo
el título:
Jóvenes para agentes de policía. Se necesitan
jóvenes para emplearlos como agentes de policía que sepan leer y escribir, que conozcan la
población, a las autoridades y al Comercio y que
tengan lo menos cinco pies de estatura, que no
hayan sido procesados por delito y que presenten
certificación de buena conducta extendida por
la Alcaldía de su domicilio. Se les pagará buen
sueldo.
Inspección General de Policía, San Salvador,
abril 13 de 1912.
La contratación de agentes de policía es una clara
evidencia de que el Gobierno se mostraba preocupado por conservar el orden público y los bienes
de los habitantes, y que para 1912, tenía los medios
económicos para hacerlo. A estos agentes se les
daba un mes de entrenamiento antes de mandarlos
a asumir sus funciones.
28
Militar recorriendo una calle de Santa Ana. Tomado de: DAWSON, Guillermo J. Biografía elemental de la República de El Salvador. París: Librería de Hachette y Cía., 1890. p. 40.
En segundo lugar, el Estado empezó a preocuparse
por ampliar la administración de justicia. Sin este
ordenamiento jurídico, cada comunidad podría
interpretar las leyes a su manera o hacer caso omiso
de ellas. Entonces, sería imposible para el Gobierno
central imponer su autoridad. Por ello, los gobernantes de finales del siglo XIX se preocuparon por
crear juzgados en toda población de importancia.
No obstante, algunas comunidades se resistieron
a aceptar la imposición de la justicia por parte
del Estado. Por ejemplo, en aquellas comunidades
acostumbradas a manejar su propia justicia desde
los tiempos coloniales (como en el caso de algunos
pueblos indígenas), la presencia creciente de leyes y
funcionarios extraños causó resentimiento y hasta
rechazo. Estas comunidades poco a poco fueron
aceptando el derecho positivo.
Resulta curioso el hecho de que se haya dado
tanta resistencia a aceptar un ordenamiento jurídico, especialmente al interior de las comunidades
locales, puesto que desde la Colonia se había producido un relajamiento moral y el florecimiento
de conductas perturbadoras. A estas alturas de
la historia, la cultura de los pueblos era distinta
de la que había caracterizado a las sociedades
precolombinas. Sin duda, los nuevos y variados
acontecimientos habían alterado la sensibilidad
humana y llevado poco a poco a una situación que
exigía orden jurídico para garantizar la paz social
y el desarrollo productivo.
Recuadro 18.4
Las dificultades para hacer respetar la ley
La forma en que el Estado comenzó a organizar
la administración de justicia en el país puede
estudiarse en los archivos judiciales. Por ejemplo, en el Archivo General de la Nación (AGN),
en San Salvador, se encuentran abundantes
expedientes de causas judiciales seguidas en
diversos departamentos. Estas causas ilustran
las dificultades que tuvieron las autoridades
para hacerse respetar de parte de una población
que no estaba acostumbrada a obedecer la ley
o a aceptar los castigos
por violarla.
Un caso típico del enfrentamiento entre estas
autoridades y los habitantes del campo salvadoreño ocurrió en 1883
en Chalchuapa, cuando
el comisionado Policarpo
Guevara tuvo un enfrentamiento con los campesinos Félix, Eustaquio y
Daniel González.
Méndez, él vio… que agarraron al comisionado de las manos y del pelo, que al pararse el
comisionado de donde lo tenían botado, Daniel
González disparó un tiro de revólver con dirección adonde se hallaba el comisionado no hiriéndole a él sino a un caballo que estaba detrás del
citado comisionado... y en esos instantes volvieron a agarrar al mismo comisionado Policarpo
Guevara, pero luego lo soltaron y entonces el
comisionado trató de
buscar auxilio... pero
Eustaquio González
lo alcanzó... y le pegó
al comisionado unos
riendasos...
El jurado condenó
únicamente a Félix
González y el juez
procedió a ordenar el
embargo de sus bienes. Como Félix declaró que él no poseía
bienes, el juez ordenó
Hombres armados en la Calle Gerardo Barrios (San Miguel).
averiguar si era cierto,
Tomado de: DAWSON, Guillermo J. Geografía elemental de
la República de El Salvador. París: Librería de Hachette y
llamando a declarar a
Cía., 1980. p. 73.
algunas personas que
El comisionado denunció el caso ante los tribuconocían al imputado. Entre éstos estaba Ignacio
nales, declarando que él y su auxiliar andaban
Morán quien dijo que “...hace mucho tiempo que
celando el orden en el Valle de las Flores cuando
conoce al reo... y que no le conoce más bienes
los González se les opusieron a mano armada. El
que una casa que vendió a don Zenón Martínez
caso es que el comisionado encontró a estos dispara alimentarse en estas cárceles”. El reo Félix
cutiendo y disparando sus revólveres. Entonces
González fue condenado a cuatro años de priles ordenó que entregaran las armas y, según
sión.
declaró el testigo Secundino Méndez, fue entonces cuando… se le fueron para encima [al comisionado] los tres González y lo botaron al suelo,
(“Causa criminal contra Félix, Eustaquio y
quedando debajo de todos ellos a excepción
Daniel González”, Sección Jurídica, Criminales
de Secundino Méndez, que solo estaba parado
de Santa Ana, B 13-1, D3, 1883, N. 77, fs. l, 2v,
viendo la riña. Entonces, continuó declarando
3, 6v, 7, 7v, 12, 13, 170, Archivo General de la
Nación.)
29
Recuadro 18.5
La improvisación en la administración de la justicia
La improvisación en los procedimientos judiciales se puede apreciar en el siguiente caso que
se registró en 1910 en el Juzgado de Primera
Instancia de Santa Ana. Fueron citados por el
juez a rendir declaración Florentino Sandoval,
José Luna, Alejandro Molina Nájera y otros
por lesionar al jornalero Valentín Herrera y al
agricultor Simeón Acevedo. Según los ofendidos,
sus atacantes, manifestando que eran autoridad
(es decir, integrantes de una patrulla civil), los
lesionaron con disparos de revólver y echándoles
bestias encima. Los individuos que realizaban las
funciones de médico forense, conocidos en aquel
entonces como “peritos”, debieron determinar la
gravedad de las heridas de los ofendidos. Según
dictaminaron los peritos, la curación de las heridas de Simeón Acevedo tomaría 7 días y, para
recuperarse, no necesitaba asistencia médica.
Pero el caso es que uno de los peritos era sastre
A pesar de las dificultades, a principios del siglo XX,
el Poder Judicial se impuso en todo el país, aunque
hubo una escasez crónica de personas idóneas para
ocupar los cargos que requerían de mayor preparación. Por ejemplo, quienes actuaban como defensores públicos con frecuencia no eran abogados;
se trataba de agricultores o artesanos que habían
aprendido sobre leyes por su cuenta. También, la
medicina forense era practicada por carniceros y
agricultores, quienes, con la seguridad del experto,
determinaban cuántos días le tomaría recuperarse a
un herido o golpeado.
18.2 La dinámica política del Estado
oligárquico
Probablemente, permanezca en nosotros la idea
de que la vida política salvadoreña en las últimas
tres décadas del siglo XIX se redujo a golpes de
Estado, gobiernos de caudillos militares e irrespeto
a los derechos civiles. Aunque ello ocurrió, también funcionaron ciertos mecanismos e institucio30
y el otro barbero. Vale decir, sus conocimientos
eran puramente empíricos.
Otro caso, también de Santa Ana, ilustra el
papel de los peritos improvisados en los procedimientos judiciales. En 1910, los campesinos
Francisco Berganza y Manuel Sandoval enfrentaron una acusación penal por agredir al jornalero Emeterio Lemus con corvos y piedras. En
este caso, los dos peritos, un agricultor y un albañil, dictaminaron que las heridas de Emeterio
Lemus, quien salió lesionado en la riña, sanarían
en 90 días y que, durante ese lapso, el agredido
no podría trabajar.
(Sección Jurídica, Criminales de Santa Ana,
Archivo General de la Nación, 1910, C 10-17
N.16 y ClO-17 N.17.)
nes que favorecieron la competencia por el poder.
Elecciones ciudadanas para presidentes, diputados
y municipalidades se realizaron constantemente
a pesar de que estuvieron marcadas por fraudes y
conflictos entre las diversas facciones políticas que
participaron. Estas elecciones fueron directas y nada
más participaron los hombres mayores de 18 años.
En algunos casos, se les exigió saber leer y escribir
o haber participado en las milicias. Sin embargo, el
derecho ciudadano quedó circunscrito a la residencia, al practicar algún oficio conocido y no haber
sido deudor de la hacienda pública.
Glosario
Medicina forense: Especialidad médica que
aplica los conocimientos de la medicina para
auxiliar a jueces y tribunales en la administración de la justicia.
Logias francmasónicas: Asociaciones de profesionales que buscaron una forma de espiritualidad basada en la tolerancia a las demás religiones, pues consideraban que todas compartían
la creencia en un ser supremo universal.
Más que dos partidos o facciones políticas en competencia por el poder (conservadores y liberales),
lo que hubo fue una amplia gama de asociaciones
lideradas por intelectuales o profesionales que, gracias a las redes clientelares, a la formación de clubes
literarios, logias francmasónicas y a la apertura de
que gozó la opinión pública, principalmente en las
publicaciones periódicas, pudieron formarse para
presentarse en las elecciones. Junto a los dirigentes
políticos y sus aliados locales, la clase emergente de ricos productores agrícolas, comerciantes y
exportadores comenzó a tener una importante participación en las decisiones y la orientación de los
dirigentes políticos.
La vida política salvadoreña estuvo, entonces,
caracterizada por golpes de Estado, levantamientos
populares, procesos electorales con participación
ciudadana, aplicación del monopolio de la fuerza
legítima por parte del Estado – tanto bajo métodos
infamantes como otros más acordes al espíritu liberal de la época – y formación de facciones políticas
que compitieron por el poder.
Veámoslo rápidamente en los últimos 20 años del
siglo XIX. El gobierno de Rafael Zaldívar, por ejemplo, cayó en 1885 por obra de un levantamiento
popular dirigido por Francisco Menéndez, en el que
participaron los indios de Cojutepeque y diversos
pueblos de Occidente, los artesanos capitalinos y
un sector de la oligarquía de Santa Tecla opuesta al
Gobierno.
La política social y económica de Zaldívar le había
ganado la enemistad de los grupos populares, mientras que un sector de la elite estaba dispuesto a ir a
la guerra para vencerlo, a pesar de haberlo apoyado
durante sus primeros años en el poder. Aunque
no se manifestaba abiertamente, es de suponer
que algunos estaban resentidos con el régimen de
Zaldívar porque solo la camarilla que rodeaba al
mandatario había disfrutado de las ventajas del
poder. Esta fue la primera vez que la clase emergente de propietarios ricos participó directamente
en la oposición política y militar a un gobernante
que consideraban ajeno a sus intereses. Pero las
divergencias políticas iban más allá de los simples
intereses personales. Los opositores consideraban
que Zaldívar no había cumplido con los preceptos
fundamentales del liberalismo, especialmente los
relacionados con los derechos ciudadanos, tales
como libertad de expresión, democracia representativa, igualdad de los ciudadanos ante la ley y supresión de la tortura (las llamadas “penas infamantes”).
Aunque estos derechos se habían incluido en las
Constituciones promulgadas hasta entonces, no se
habían respetado.
Como ejemplo puede mencionarse el asunto de los
castigos corporales que habían sido expresamente
prohibidos por todas las Constituciones salvadoreñas desde la Independencia. Sin embargo, las
leyes secundarias permitían su utilización como
parte de los castigos judiciales. Frecuentemente,
los jueces condenaban a los delincuentes no solo a
permanecer determinado tiempo en la cárcel, sino
también a recibir determinado número de azotes.
Por el robo de un caballo o de algunos sacos de café,
el condenado debía sufrir el tormento de doscientos o trescientos palos. En 1881, siendo presidente
Zaldívar, el Poder Legislativo emitió un decreto que
prohibía los castigos corporales por ser contrarios a
la Constitución vigente. Sin embargo, estos castigos
se siguieron practicando con mucha regularidad.
Cabildo de Cojutepeque. Foto propiedad del Museo de la Palabra y de la Imagen.
Glosario
Liberalismo: Concepción política surgida en
Europa en el siglo XVII cuyo centro es la defensa de las libertades individuales, la iniciativa privada en la producción y la libertad de
mercado, a través de un sistema de gobierno
con división de poderes y elegido popularmente a través del sufragio ciudadano.
31
Recuadro 18.6
Los “castigos infamantes”
El problema de los castigos corporales fue uno de
los temas principales del debate político de fines
del siglo XIX. El siguiente ejemplo, que data de
1874, demuestra que los jueces decretaban los
castigos corporales junto con el encarcelamiento
y otras penas. En este caso, un tal Guillermo
Zavaleta fue apresado y enjuiciado por el robo
de un caballo; pero, en el transcurso del juicio,
se determinó que antes había robado café, por
lo que también le cayó castigo por este delito.
Por tanto, la Cámara de Tercera Instancia de
Santa Ana... condena a los reos Julián Peñate,
Juan Martínez y Guillermo Zavaleta por el hurto
de dos quintales de café en oro perteneciente a
Concepción González, a sufrir el primero la pena
de seis años de presidio con pérdida de la patria
potestad, sujeción a la vigilancia de la autoridad
El uso de castigos corporales fue abolido por la
Asamblea Legislativa en los siguientes
términos:
“Considerando que la pena de palos no solo es
contraria a la civilización y al espíritu liberal
de nuestra Carta Fundamental, sino también
al artículo 26 de la misma, pero que, a pesar de
esto, los tribunales han estado divergentes en
cuanto a la interpretación del artículo citado,
la Cámara ha tenido a bien emitir el siguiente
decreto:
Art. 1: Se declara expresamente abolida la pena
de palos por los delitos y faltas, debiendo abstenerse de aplicarla, aún en los casos en que estuviere impuesta por sentencia ejecutoriada”.
Palacio Nacional, 18 de marzo de 1881.
(Tomado de María Leistenschneider.
Administración del Dr. Rafael Zaldívar.
Tomo IV. Primera Parte. Colección María
Leistenschneider. Archivo General de la Nación.
1974. p. 164.)
32
por seis años que se empezarán a contar desde
el cumplimiento de los de presidio, y cientocincuenta palos, y cada uno de los segundos la pena
de cuatro años de presidio menor, inhabilitación absoluta para cargos o derechos políticos y
sujeción a la vigilancia de la autoridad durante
el tiempo de la condena y otro tanto más que
empezará a contarse desde el cumplimiento de
esta y doscientos palos; y a los tres reos a restituir
al ofendido el café hurtado...
(Tomado de “Criminal contra Guillermo Zavaleta
por hurto de un caballo del Dr. Don Juan J.
Manzano”. En: Archivo General de la Nación.
Criminales de Santa Ana. Sección Jurídica. D-2
#121 N. 32. 1882. folios 73 y 73v.)
Sin embargo, sería falso creer que el sistema punitivo en esta época se ciñó a los castigos corporales. Las
reformas liberales diseñaron, emulando la corriente
humanista que estaba en boga en varios países europeos, en Estados Unidos y en América Latina, una
forma menos cruel de castigo: el sistema penitenciario. Construida la primera penitenciaría en San
Salvador, a fines del siglo XIX, esta pretendió, según
sus defensores, transformar a los delincuentes en
individuos útiles a la sociedad por medio del silencio, el aislamiento y el trabajo (público o remunerado). El trabajo en obras públicas permitía mantener
funcionando los caminos y puentes.
Para algunos intelectuales liberales salvadoreños, la
pena de muerte y las penas corporales, además de
ser infamantes, extirpaban a sujetos que bien podían
contribuir con el progreso material del país una vez
escarmentaran durante algún tiempo en una celda y
aprendieran la virtud del trabajo. Por ende, el sistema penitenciario se originó en este período, sistema
que curiosamente privaba de libertad a aquellos
que habían perjudicado a la sociedad dentro de una
época en la cual los intelectuales liberales defendían
el dogma de las libertades civiles y políticas.2
El problema de los derechos ciudadanos y los castigos corporales también tenía raíces políticas. Cada
vez que crecía la oposición a un Gobierno, la represión política se incrementaba. En los años comprendidos entre 1883 y 1885, por ejemplo, cuando
se estaba organizando la coalición para derrocar a
Zaldívar, a las autoridades poco les importó que
la ley prohibiera los castigos físicos. Las torturas
frecuentes que sufrían artesanos, jornaleros y campesinos pobres llevó a los jefes de la rebelión contra
Zaldívar a plantear el asunto de los derechos ciudadanos como problema fundamental. Prometieron
insistentemente que, en cuanto asumieran el poder,
se convertirían en los defensores de tales derechos.
En efecto, el líder máximo de los insurrectos,
el general Francisco Menéndez, convocó a una
Asamblea constituyente tan pronto llegó a la jefatura del Gobierno. Los diputados de esta constituyente fueron electos a través del voto de todos los
varones mayores de edad. Aunque se ha dicho que
esta fue una de las elecciones más libres en la historia del país, el padrón electoral era muy deficiente y
el sistema de votación bastante rudimentario, lo que
permitía el fraude en las urnas. Además, se prohibió
votar a aquellos ligados al Gobierno de Zaldívar. En
todo caso, la fuerza pública no parece haber presionado abiertamente a los electores para que votaran
a favor del nuevo Gobierno.
El General Francisco Menéndez,
Presidente provisorio de la República entre los años 1885 y 1887
y Presidente permanente entre
1887 y 1890. Tomado de: Historia
de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 30.
La unidad de propósitos de los que habían derrocado a Zaldívar no duró mucho tiempo. El anteproyecto de Constitución elaborado por la Asamblea
fue rechazado por el presidente Menéndez y sus
colaboradores más cercanos, quienes alegaban
que la Constitución propuesta otorgaba muy poco
poder al Presidente de la República. También afirmaban que la Carta Magna ponía en peligro las rela-
ciones con el resto de los países centroamericanos
al prohibir el nombramiento de ministros que no
tuviesen la nacionalidad salvadoreña. Pero, quizá
el artículo que desató la mayor polémica fue aquel
que avalaba el derecho de insurrección del pueblo.
Según este, el pueblo podía exigirle la renuncia a los
gobernantes si irrespetaban las leyes fundamentales
de la República; en el caso de que no abandonaran
el poder, entonces el pueblo podía ejercer legítimamente el derecho de insurrección.
Como los constituyentes no cedieron ante los deseos
del mandatario, Menéndez disolvió la Asamblea. Al
año siguiente, un nuevo grupo de diputados, más
fieles a Menéndez, aprobó una Constitución que,
a excepción de los cinco o seis artículos defendidos a capa y espada por la Asamblea disuelta, era
exactamente igual a la anterior. Esta Constitución,
en vigencia desde 1886 hasta 1936, ha sido considerada por los historiadores como liberal por excelencia. Pero, la verdad es que comparada con las
Constituciones anteriores y, en especial, con aquella
que dictara el Gobierno de Zaldívar en 1883, la de
1886 no contenía mayores novedades. Por ejemplo,
el derecho al voto de todos los hombres mayores
de edad estaba contemplado en la Constitución
anterior, mientras que la institución del jurado fue
establecida ya en la carta magna promulgada en
1872. Durante la presidencia de Menéndez se le dio
impulso a la educación, creando numerosas escuelas en pueblos y cantones. Fue una época en que se
dotó abundantemente de libros, mapas, cuadros
murales, ábacos, colecciones del sistema métrico
decimal, etc. El ejercicio de la libertad de imprenta y
la libertad de expresión del pensamiento se respetó
en el país. En 1928 se decreta el 22 de junio como
Día del Maestro en honor a la administración del
General Menéndez.
Doctor Rafael Zaldívar, Presidente provisorio de la República entre 1876 y 1880. Presidente entre 1880 y 1884, y
entre 1884 y 1885. Tomado de:
Historia de El Salvador. Tomo
II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p. 20.
33
La promulgación de esta Constitución no significó
que se respetarían sus disposiciones en cuanto a la
transmisión pacífica del mando de un Gobierno al
siguiente. En 1890, los hermanos Ezeta derrocaron
por la fuerza de las armas al presidente Menéndez,
que ya para entonces había perdido a sus más
valiosos aliados: los habitantes de Cojutepeque.
Los cuales, bajo el liderazgo del general José María
Rivas, habían mantenido un ejército irregular en
Cojutepeque que inicialmente apoyó al Gobierno
de Menéndez. Pero en 1889 rompieron su alianza
con el Gobierno, por lo que Menéndez envió al
ejército regular a destruir las huestes de Rivas. El
presidente logró su objetivo, pero unos meses más
tarde el golpe de Estado de los Ezeta lo expulsó del
poder.
General Carlos Ezeta. Presidente provisorio de la República entre el 22 de junio de
1890 y el 1 de marzo de 1891,
y Presidente permanente entre
marzo de 1891 y junio de 1894.
Tomado de: LEISTENCHNEIDER, María y LEISTENCHNEIDER, Freddy. Gobernantes
de El Salvador (biografías).
San Salvador: Ministerio del
Interior, 1980.
En 1894, un sector de la elite occidental opuesto
a la política económica de los Ezeta hizo alianza
de nuevo con los sectores populares. Entonces, el
volcán de Santa Ana y la región de Coatepeque
se convirtieron en los principales teatros de guerra. Los rebeldes triunfaron y el general Antonio
Gutiérrez se constituyó en el nuevo hombre fuerte
de El Salvador. Gutiérrez, a su vez, cayó del poder a
causa del golpe de Estado organizado por el general
Tomás Regalado en 1898, el último golpe de Estado
exitoso hasta 1931.
General Tomás Regalado.
Presidente provisorio de la República entre el 14 de noviembre
de 1898 y el 1 de marzo de
1899. Presidente permanente
entre 1899 y 1903. Tomado de:
Historia de El Salvador. Tomo
II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p. 33.
34
Los siguientes dos presidentes, los generales Pedro
Escalón y Fernando Figueroa, ascendieron al poder
mediante elecciones, pero de ninguna manera puede
decirse que se había instaurado la democracia en El
Salvador, pues muy a menudo se presentaba un solo
candidato en estas elecciones o los pueblos votaban
en bloque por uno u otro candidato de acuerdo con
las alianzas ya arregladas por los dirigentes locales
con los candidatos.
General Fernando Figueroa.
Presidente de la República
entre el 22 de mayo y el 18 de
junio de 1885, y entre 1907 y
1911. Tomado de: Historia de
El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 33.
18.3 Hacienda pública, desigualdad
impositiva y construcción de
infraestructura
A partir de la década de 1880, el Estado empezó a darle
más atención a las necesidades y las demandas de los grupos más poderosos del país: los productores y los exportadores de café, y los inversionistas en otras actividades
conexas a la agroexportación. Por eso, los Gobiernos de
turno se preocuparon por financiar las actividades del
Estado sin molestar con mayores impuestos a los productores y exportadores de café. Se ha visto, por ejemplo,
cómo el sistema de “auxilios civiles” permitió al Estado
crear una extensa red de servidores públicos que, a pesar
de sus deficiencias, resultaba bastante económica, pues
estos servidores trabajaban sin sueldo.
Pero un Estado que busca fortalecerse y estabilizarse
no puede depender de funcionarios que no están debidamente remunerados y entrenados. Por eso, el Estado
salvadoreño buscó la manera de incrementar los recursos
materiales. ¿Qué necesitaba para contratar más empleados y darles mejores condiciones de trabajo?
El aumento de los recursos del Estado dependió,
en primera instancia, de los impuestos a las importaciones, la mayoría de las cuales pasaban por los
principales puertos de la República (La Libertad,
Acajutla y La Unión). En estos puertos, el Gobierno
había establecido aduanas que se encargaban de
cobrar derechos de importación a la mayoría de los
productos que ingresaban al país.
En la medida en que aumentaba la producción y
la exportación de café, se incrementaba la importación de productos elaborados en Europa y los
Estados Unidos. Ya para 1870, los impuestos que
cobraba el Estado en las aduanas representaban el
60 por ciento de todos los ingresos del Estado salvadoreño, proporción que se mantuvo con algunas
excepciones hasta 1910.
Además de los impuestos de importación, el
Gobierno central y los municipios también cobraban una serie de impuestos de origen interno. El
más importante era el llamado “estanco de aguardiente”, mediante el cual la producción y venta de
licores solo se podía realizar con permiso estatal y
pagando los impuestos correspondientes al Tesoro
Nacional. El estanco de aguardiente proporcionó
entre una quinta y una cuarta parte de todos los
ingresos del Estado durante los años de 1870 a 1910.
El Estado también percibía ingresos de la venta de
papel sellado y timbres y de las ganancias obtenidas
a través del monopolio de la pólvora y del telégrafo,
al igual que impuestos directos que debían pagar
todos los hombres adultos del país.
Tanto los impuestos a las importaciones como los
propiamente internos eran percibidos en forma de
dinero o de bonos del Estado. Pero había otros que
jornaleros y pequeños campesinos podían pagar en
dinero o en trabajo. Por ejemplo, la construcción
de vías de comunicación dependió en gran medida
del llamado “impuesto de caminos” que se cobraba
a todos los hombres adultos del país. Este impuesto
variaba de acuerdo con la clase social del contribuyente, pasando desde varios pesos que pagaba un
jornalero hasta 50 pesos que le tocaba a un hacendado o gran propietario. Pero si un jornalero o
un artesano pobre no disponían del efectivo en el
momento, tenían que pagar el impuesto trabajando
gratuitamente durante tres días al año en determinadas obras públicas.
Mediante tales estrategias de recaudación de
impuestos, el Estado lograba cumplir sus funciones
de control social y de desarrollo de la infraestructura sin necesidad de tocar directamente los bolsillos de los grandes cafetaleros. El presupuesto del
Estado subió de manera impresionante, pasando
de un poco menos de un millón de pesos en 1870 a
más de seis millones de pesos en 1900. Sin embargo,
los ingresos y los gastos estatales estaban sujetos a
los altibajos del precio del café y del comercio internacional en general, aspectos de la economía que
escapaban completamente del control del Gobierno
salvadoreño. Así, en aquellos momentos en que se
detenía el crecimiento económico, como ocurrió
durante los años de la Primera Guerra Mundial
(1914-1918), el Gobierno tuvo que aumentar los
impuestos y recortar sus gastos para poder equilibrar el presupuesto nacional.
¿Qué hacía el Estado con los dineros que ingresaban
al Tesoro Nacional?
Los dos principales gastos del Estado durante las
últimas décadas del siglo XIX y las primeras del
siglo XX fueron el ejército y la deuda pública. El
ejército absorbía entre una quinta y una cuarta
parte de todo el gasto, proporción que se explica por
la necesidad de una buena preparación militar ante
los conflictos que se daban a veces entre los países
del istmo (como las guerras que sostuvo El Salvador
contra Guatemala en 1885 y 1907), y por la función
policíaca que cumplía el ejército.
Desde luego, a fines del siglo XIX, el número de
efectivos militares permanentes empezó a crecer y
la oficialidad a tratarse como una institución que
debía profesionalizarse.
Glosario
Monopolio: Situación en la que un solo proveedor ofrece un producto determinado, y por
lo tanto, controla la producción y el precio.
Bonos del Estado: Títulos de deuda emitidos
por el Estado.
Deuda pública: Conjunto de deudas que un
Estado tiene con particulares, instituciones u
otros países.
35
Pero también es importante el hecho de que todos
los presidentes hasta 1911 fueron individuos con
grado militar (con la excepción de Rafael Zaldívar),
quienes buscaron favorecer a la institución castrense para asegurar su lealtad.
El otro gasto importante correspondió al pago de la
deuda pública, que oscilaba entre una cuarta y una
tercera parte de todos los gastos del Estado durante
los años de 1880-1910. Esta proporción tan alta se
debe a que el Gobierno casi siempre gastaba más
de lo que recaudaba y, por tanto, tenía que pedir
prestado para poder cancelar todas sus cuentas.
Conforme pedía más dinero prestado, aumentaba lo que tenía que devolver tanto a capital como
a intereses. Por lo general, el gasto en el ejército
sumado al pago de la deuda pública llegaba a más
de la mitad de todo el presupuesto del Estado, lo
que significa que no quedaba mucho dinero para
otros aspectos, tales como educación y obras públicas. Por ejemplo, el Estado gastaba apenas un seis
por ciento del presupuesto en educación pública,
y entre un siete y un catorce por ciento en obras
públicas durante los años en cuestión.
Pese a las limitaciones financieras y el poco interés
de los gobernantes, se logró algún avance en las
condiciones de vida de la población. Las campañas
de vacunación masiva que emprendió el Estado
Telégrafo de fin del siglo XIX. Tomado de: Inventos del
milenio. Madrid.Ediciones El PAIS,S.A.,s.a. s.p.
36
desde finales del siglo XIX libraron a la sociedad
de enfermedades contagiosas como la viruela, que
tantos estragos había causado desde los días de la
Conquista. Las escuelas se multiplicaron lentamente y los trabajadores empezaron a tener algún acceso
a la educación. En las ciudades más importantes,
se comenzaron obras de saneamiento, incluyendo la instalación de tuberías de agua potable y de
pilas públicas, asi como el telégrafo y servicios de
correo.
Los gobernantes de entonces también entendieron
que el crecimiento económico y el control político
sobre el territorio nacional solo podían lograrse mediante la creación de una adecuada red de
comunicaciones. A partir de la década de 1870, los
representantes del Estado pusieron su empeño en
modernizar los precarios transportes existentes en
el país.
El rápido crecimiento de las exportaciones de café
hacía indispensable vincular la zona cafetalera en
expansión con los puertos. En consecuencia, los
gobernantes se dieron a la tarea de crear una red de
caminos que vinculara las regiones central y occidental con los puertos de Acajutla y La Libertad.
Los gobernantes tampoco quisieron quedarse atrás
con algunos avances tecnológicos de la época, sobre
todo aquellos que no eran tan costosos. Por eso,
en 1882 las poblaciones importantes en toda la
República contaban con telégrafo, y el país, gracias
a este revolucionario sistema, se comunicaba con
el resto del mundo mediante un cable submarino.
De esta manera, los cafetaleros podían conocer día
a día los precios del grano en el mercado mundial. Por su parte, el gobierno podía tener noticias
inmediatas de cualquier eventualidad que surgiese
en cualquier punto del territorio nacional. Así, por
ejemplo, cuando en 1884 los indígenas de Izalco se
sublevaron, el presidente Zaldívar, gracias al telégrafo, conoció los hechos casi al mismo tiempo en
que ocurrían, lo que permitió al Estado movilizar
rápidamente las tropas y controlar la situación.
Con esto se trata de lograr una presencia estatal
- tanto simbólica como material - en el territorio
nacional.
Como se dijo anteriormente, algunas actividades
del Estado no le costaban nada, porque eran realizadas de manera gratuita por los ciudadanos (como
el impuesto de caminos).
Pero, tenían que hacerse otras inversiones importantes para las cuales ni el Estado ni los particulares tenían recursos suficientes. Por ejemplo, los
ferrocarriles, considerados necesarios para llevar el
café a los puertos y transportar las importaciones
a las ciudades, costaban mucho dinero, al igual
que los muelles para los puertos. En estos casos, el
Gobierno invitó a compañías extranjeras para que
se instalaran en el país y construyeran estas obras
por cuenta propia, ofreciéndoles concesiones atractivas para poder importar sus equipos sin pagar
impuestos. La empresa inglesa Salvador Railway
Company construyó el ferrocarril que une a San
Salvador con las ciudades de Santa Ana, Sonsonate,
Ahuachapán y Acajutla.
Posteriormente, la empresa norteamericana
International Railways of Central America (IRCA)
completó en 1920 la línea férrea que une al oriente
del país con San Salvador y que llega hasta Metapán,
para conectarse con los ferrocarriles guatemaltecos
propiedad de la misma empresa.
Otra inversión importante que se dejó en manos de
una empresa extranjera fue la electrificación de San
Salvador. En este caso, una empresa canadiense,
Canadian Power and Light, fundó la Compañía
de Alumbrado Eléctrico de San Salvador (CAESS)
para generar y distribuir electricidad en la ciudad
capital.
Las concesiones que los Gobiernos hicieron a empresas extranjeras para la construcción de la infraestructura nacional no estuvieron exentas de problemas.
Periódicos como El Pabellón Salvadoreño denunciaba, hacia 1886, la poca transparencia con que la
administración de Francisco Menéndez llevaba a
cabo algunas concesiones. Criticaba el “misterio” de
la construcción del ferrocarril que unía Sonsonate
con Santa Ana. Igualmente, denunciaba el despilfarro de la hacienda pública, pues había pagado 5
millones de pesos por un proyecto que costaba tan
solo 600 mil. También le exigía a la compañía de
minas de Metapán el 10% y no el 5% de ganancias
para el Estado.4
En 1885, la compañía inglesa Salvador Railway Company recibió la concesión para construir un ferrocarril que uniera las principales áreas
cafetaleras con el puerto de Acajutla. Algunas de las concesiones que se hicieron a las empresas que invirtieron en ferrocarriles fueron: autorización de utilizar los bosques aledaños a fin de alimentar las locomotoras y la libertad para exportar maderas finas. Tomado de: Historia
de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 22.
37
Conclusión
El Estado salvadoreño fue extendiendo su presencia lenta e irregularmente sobre el conjunto
del territorio nacional, valiéndose de mecanismos de control improvisados basados en las
prácticas locales y también en la importación
de tecnologías y conocimientos desarrollados
en el extranjero. Corporaciones y funcionarios, como las municipalidades y los gobernantes departamentales, contribuyeron a realizar
tareas que desde la capital no se podían hacer ni
mucho menos verificar. A partir del Gobierno de
Zaldívar, los Gobiernos establecieron instituciones que tendrían algún grado de estabilidad. Por
ejemplo, el ejército se convirtió por primera vez
en un cuerpo capaz de sobrevivir a las confrontaciones bélicas y políticas de entonces. Por otra
parte, por primera vez se pudo poner en práctica
la legislación agraria, reguladora de las relaciones
entre jornaleros y terratenientes. Igualmente, el
Estado buscó cada vez más su aconfesionalidad
al permitir la libertad de culto, como parte de
la libertad de expresión, pero también al minar
paulatinamente el control que ejercía la Iglesia
sobre la educación, la administración de cementerios y el matrimonio religioso.
Sin embargo, el fortalecimiento del Estado no
aseguró la estabilidad de los Gobiernos ni permitió el cambio pacífico de un Gobierno a otro en
todos los casos. A pesar de que el golpe de Estado
siguió siendo el mecanismo preferido de algunos para alcanzar el poder, no debe olvidarse
que los ciudadanos ejercieron continuamente el
sufragio para elegir a sus autoridades. Formaron
facciones políticas que pudieron generar campañas cuyas ideologías expresaron las publicaciones impresas. La lucha por el poder del Estado
siempre fue protagonizada por grupos de las
elites, a menudo con participación popular de
variado tipo. A pesar de la importancia de la
participación popular, esta tuvo poca influencia
sobre las decisiones políticas importantes de
los gobernantes, a no ser que ejercieran presión
a través de levantamientos o insurrecciones,
experiencia que no fue rara en el siglo XIX. Por
último, los derechos ciudadanos de que hablaban algunos liberales no siempre se pusieron en
práctica, debido a que los Gobiernos preferían
imponer su voluntad en vez de negociar con
los diversos sectores de la población. Solo en un
ambiente que diese cabida a cierta convivencia
pacífica entre todos los sectores sociales podrían
prosperar las libertades individuales, tales como
los derechos de libre expresión y de reunión, y la
prohibición a las detenciones arbitrarias.
Las realizaciones materiales que se dieron bajo
los Gobiernos en cuestión fueron mucho más
impresionantes que sus logros políticos. Sin
embargo, debe decirse que el sistema impositivo
fue desigual, pues mientras los sectores exportadores, los hacendados y empresarios no fueron
afectados, la mayoría de la población sí.
El país, de por sí pequeño, se estrechó todavía
más con la construcción de vías de comunicación que permitían el traslado de mensajes,
personas y carga de un lugar a otro a velocidades
insospechadas unos pocos años antes. El telégrafo, el ferrocarril, los muelles en los puertos y
los vapores fueron las primeras manifestaciones
visibles de un progreso material que terminó
uniendo las diversas regiones del país e integrando a El Salvador más profundamente a la
economía mundial.
Referencias bibliográficas
1. CARDENAL, Rodolfo. El poder eclesiástico en El Salvador (1871-1931). San Salvador: Direccion de Publicaciones e Impresos, 2001.
2. HERRERA MENA, Sajid. No que muera, sino que se arrepienta el criminal y viva. El debate sobre el trabajo penitenciario en los impresos
salvadoreños, 1880-1900. En: GÓMEZ, Ana y HERRERA, Sajid. Los rostros de la violencia. Guatemala y El Salvador, siglos XVIII y XIX. San
Salvador: UCA Editores,2007. pp. 189-223.
3. Para mas informacion vease: Alvarenga Patricia. Cultura y ética de la violencia. El Salvador 1880-1932. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2001.
4. El Pabellón Salvadoreño. San Salvador. 21 de agosto de 1986. No. 12. p. 1.
38
Capítulo 19 Café, elites y sociedad urbano-rural
Vivienda de la clase alta salvadoreña allá por 1880 según dibujo de un viajero. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II.
San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 42.
Introducción
La expansión del café durante los últimos veinticinco años del siglo XIX estuvo acompañada de
significativos cambios en las condiciones de vida y
de trabajo de la población salvadoreña. La sociedad
en su conjunto tuvo que ajustarse a nuevas realidades, producto de una profunda transformación de
las actividades económicas. Obviamente, no había
sucedido lo mismo en el pasado con otros productos agrícolas, como el cacao y el añil que también
habían tenido su auge.
Ahora era distinto por las dimensiones de las exportaciones y lo que representaba el café en términos de
ingresos, impuestos y empleo. La importancia que
adquirió era tal que al configurar el perfil del Estado
daba paso a una nueva sociedad, lo que no había
podido lograr la política desde la Independencia.
¿Cuánto era de bueno para el país? ¿Eran las bases
que garantizaban la armonía social del futuro?
Sabiendo ahora lo decisivo que fue ese momento
histórico, en este capítulo se analiza el impacto
que tuvo la producción y exportación de café en
los diversos grupos de la sociedad salvadoreña de
entonces, tanto en las zonas rurales como urbanas.
Con el desarrollo de la caficultura, la diferenciación
social aumentó significativamente, es decir, la brecha entre ricos y pobres se hizo más profunda. Pero,
también se añadieron nuevos grupos medios, urbanos y rurales, que contribuyeron a conformar una
estructura social más compleja y, en definitiva, más
moderna. Como es el caso de la clase media citadina
que tendrá un protagonismo político destacado.
Visto en sus justas dimensiones, la caficultura financió casi enteramente la inversión social realizada, de
la cual se benefició una buena parte de la población
salvadoreña, pero al mismo tiempo la concentración de las tierras y haber colocado la actividad del
Estado en función de sus intereses limitó las posibilidades existentes a otros sectores nacionales. Algo
que será percibido con suficiente claridad por los
grupos que no contaron con el mismo apoyo. Por
tanto, junto al desarrollo de unos pervivirá el atraso
de otros, germinando así la semilla de la discordia.
39
19.1 El nacimiento de la oligarquía
cafetalera
Una pequeña porción de la población se enriqueció como nunca antes lo pudo haber imaginado.
Este grupo estaba compuesto por los principales
inversionistas y comerciantes, especialmente los
que participaron en la expansión de los productos
de exportación principales, como el café y el azúcar.
Familias como los Álvarez, Araujo, Dueñas, Duke,
Gallardo, Regalado, Guirola, Meardi, entre otras,
formaban esta elite.1
¿De dónde provenía el pequeño grupo que logró,
gracias a la caficultura, amasar importantes fortunas? Una buena parte descendía de hacendados
y comerciantes que habían acumulado capitales
y otros recursos mediante la producción añilera.
Además, la expansión cafetalera atrajo a un pequeño grupo de inmigrantes europeos que, buscando
acrecentar sus fortunas, vinieron a invertir sus
capitales en la producción, el financiamiento y la
exportación del café. Rápidamente, estos inmigrantes fueron asimilados por el sector más acaudalado
de la población. Estos llegaron a ser partícipes del
poder que para entonces disfrutaban los salvadoreños más ricos, a través de alianzas matrimoniales,
de relaciones de negocios y de la activa participación en la política del país.
Por otra parte, un pequeño grupo de la llamada
clase dominante (el grupo más rico y poderoso de
la sociedad) provino de las filas del campesinado.
Gracias al esfuerzo, sacrificio y a menudo la explotación de los recursos de sus propias comunidades
campesinas, algunas familias campesinas a través de
los años fueron enriqueciéndose hasta convertirse
en terratenientes acomodados, o sea, propietarias
de fincas y otras actividades comerciales mayores
que las del campesinado ordinario.
Sin embargo, estos casos fueron excepcionales y,
hasta donde hoy día se sabe, los campesinos enriquecidos integraron los estratos más bajos del grupo
dominante. Por lo tanto, este sector social dominante no fue homogéneo, sino que había diferencias
con respecto al grado de acumulación de riquezas
y también, como se analizará más adelante, en el
grado de influencia sobre la política económica del
Estado.
Recuadro 19.1
La vida de la clase alta
Refiriéndose a la clase alta salvadoreña, el historiador Thomas Anderson escribe:
Durante los años 30, los periódicos estaban llenos de narraciones sobre sus largos y placenteros
viajes de barcos de vapor a Europa. Ahora serían
parte del “jet set”. Desde las primeras décadas
del siglo hasta la fecha, esta gente ha tendido a
vivir en las ciudades grandes, en especial en San
Salvador. Debajo de ellos siempre ha existido
una clase de aristócratas locales, compuesta por
prósperos terratenientes que dividen su tiempo
entre su hacienda y su residencia en las capitales departamentales. Colectivamente, estas dos
clases se conocen como “la sociedad” o “gente de
primera categoría”. Sería erróneo imaginar que
se trata de una aristocracia completamente frívola, especialmente en nuestros días. Educada en
universidades estadounidenses o europeas, ella
40
proporciona los ingenieros, los médicos, los economistas y los científicos que tan desesperadamente se necesitan en una economía emergente.
Sin embargo, en las primeras décadas del siglo,
el grupo tendía a una existencia parasitaria.
Las jovencitas eran puramente decorativas y se
dedicaban preferentemente a los chismes. Los
jóvenes, los señoritos, como burlonamente se les
llamaba, gastaban la mayor parte de su tiempo
jugando cartas o dominó, o con sus amantes de
clase inferior, mientras esperaban que murieran
sus padres para heredar las propiedades familiares. Aun cuando desearan trabajar con ahínco,
la tradición familiar los limitaba a unas cuantas
profesiones, principalmente Derecho.
(Tomado de: ANDERSON, Thomas. El Salvador
1932. Los sucesos políticos. San José: EDUCA,
1976. pp. 21-22.)
La rápida expansión cafetalera en las últimas décadas del siglo XIX coincidió con el fin de las devastadoras guerras centroamericanas en las que cada
facción de la elite salvadoreña participó, tratando de
imponer sus intereses particulares. Hacia 1870, las
confrontaciones bélicas cesaron por varios años y se
aceleró la siembra de café en gran escala. Se estaban
dando las condiciones para que el grupo más poderoso de la sociedad impusiera al resto de la sociedad
un nuevo proyecto de desarrollo.
Estarían en manos de la clase dominante aquellas
actividades económicas ligadas a la caficultura, tales
como las grandes fincas cafetaleras y los beneficios
para procesar el grano. Asimismo, se harían cargo
en algunos casos de la exportación del café. Pero lo
que mayores ventajas les reportaba era el financiamiento de la actividad económica: el dinero que se
prestaba al productor pequeño o mediano producía
ganancias considerables.
En las últimas décadas del siglo XIX, el productor,
para conseguir financiamiento, debía comprometerse a entregar su cosecha a quien le prestaba el
dinero para producir, esto es, en lugar de cancelar
su deuda en dinero, la pagaba en café, cuyo precio
era determinado unilateralmente por el pequeño
grupo financiero que controlaba los préstamos.
Casi siempre se pagaba el café entregado por el productor a un precio bastante inferior al del mercado
internacional.
Si el productor acumulaba deudas que no podía
pagar, el acreedor se posesionaba de sus tierras o
las vendía para recobrar su inversión, de tal forma
que la incapacidad de pago por parte de los productores fue uno de los mecanismos que permitió
al grupo dominante acumular mayores extensiones
de tierra. Los productores más débiles (los más
pequeños) eran los que con mayor frecuencia se
veían obligados a entregar sus tierras al financista o
bien venderlas para saldar la deuda.
También los terratenientes, que dependían de los
préstamos para producir, debieron compartir sus
ganancias con los financistas. Precisamente fue
el asunto del financiamiento la causa de mayores
divisiones dentro del grupo dominante. Los gran-
des productores pedían cambios en el sistema de
financiamiento del café y hasta se aliaron con los
productores medios y pequeños con el fin de adquirir más fuerza para enfrentar al sector más poderoso
del grupo dominante. Durante varias décadas, los
integrantes de esta alianza lucharon por la creación
de un banco estatal que prestara dinero a una tasa
de interés razonable y permitiera mayor flexibilidad
en los pagos, especialmente en tiempos de crisis. No
fue sino hasta el año de 1934 cuando los productores vieron culminada su lucha con la creación del
Banco Hipotecario de El Salvador.
En lo que respecta al trato para los trabajadores agrícolas, todo el grupo dominante estaba de acuerdo.
La política a seguir consistía en obligar a los jornaleros a rendir al máximo de sus posibilidades y pagar
los más bajos salarios que fuese posible pagar. Por
supuesto, los terratenientes no concebían la existencia de derechos laborales, tales como seguros por
enfermedad o accidentes de trabajo, y descartaban
toda iniciativa de los trabajadores para transformar
las relaciones laborales. Estas relaciones de trabajo
asalariado a menudo resultaban en conflictos, ya
fueran individuales o colectivos. En los diarios de la
época, con cierta frecuencia se registraban casos de
hacendados, administradores y capataces que, misteriosamente, aparecían asesinados en los solitarios
caminos. También, los juicios criminales de entonces permiten apreciar la violencia que caracterizaba
las relaciones cotidianas entre los peones y los altos
empleados de las fincas y haciendas.
Antiguo edificio del Banco Hipotecario de El Salvador. La escritura de constitución de este banco se firmó en enero de 1935. Su
capital social fue integrado por el aporte de la Asociación Cafetalera de El Salvador, la Asociación de Ganaderos de El Salvador
y accionistas particulares.
41
Los propietarios e inversionistas más ricos vivían
en los centros urbanos, donde llevaban una vida
de ostentación, requisito imprescindible para ser
aceptado socialmente como miembro del grupo
dominante. Construyeron majestuosas casas de
habitación, teatros dignos de acoger a las mejores compañías de ópera y clubes que, además de
centros de diversión, eran el espacio físico donde
los “de apellido” se reunían a discutir acerca de
cuestiones políticas e intelectuales. Culturalmente,
se identificaban con el mundo europeo y por eso
hacían grandes esfuerzos por copiar las formas de
vida, de pensamiento y hasta las fugaces modas que
en aquel momento prevalecían.
Trataron de imitar las costumbres y modas europeas,
pues consideraban que la cultura popular tenía muy
pocos valores dignos de ser imitados. Esto contribuyó a que ricos y pobres se sintiesen cada vez más
distantes unos de los otros. Fundamentalmente,
estas familias y sus allegados, muchos de ellos profesionales, fueron los que formaron las redes de sociabilidad moderna de corte urbana con la creación de
clubes literarios, logias francmasónicas, publicación
de revistas y periódicos, tertulias, etcétera.
extensos, crearon más mano de obra asalariada.
Esto significó que los campesinos empobrecidos o
sin tierra, un grupo pequeño pero que iba aumentando lentamente durante estas décadas, tuvieran
que conformarse a vivir de un salario por tareas de
trabajo en fincas y haciendas ajenas. Convirtiéndose
así en jornaleros.
Desde luego, la privatización de la tierra fue haciendo que las nuevas familias ya no tuvieran acceso
a ella para los trabajos personales. Quien había
adquirido originalmente una parcela la heredaba a
sus hijos, fragmentándola cada vez más, hasta que
ya no era suficiente para producir los frutos necesarios para el mantenimiento de la casa. Además, en
el reparto no todos salían beneficiados.
19.2 Los trabajadores del campo
Cuando se comenzó a exportar el café en El Salvador,
eran dos los grupos que con sus manos hacían
producir la tierra: los campesinos y los jornaleros.
Si bien los campesinos más pobres también “jornaleaban,” existían diferencias importantes en las
condiciones de trabajo y de vida de ambos grupos.
Por ello, aunque el término “campesino” se aplica
corrientemente a todos los trabajadores del campo,
aquí se refiere exclusivamente a aquellos que trabajan pequeñas extensiones de tierra propias o
arrendadas. En cambio, jornaleros son los que se
dedican a vender su fuerza de trabajo a cambio de
una remuneración.
Para fines del siglo XIX, el desarrollo de la economía de exportación y otros cambios en el uso de la
tierra, incluyendo la privatización de las tierras ejidales y comunales y la venta de los últimos baldíos
42
Jornalero de finales del siglo XIX. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.
40.
Recuadro 19.2
La vida en las fincas de café
En el año de 1883, el señor Duke, cónsul de
Estados Unidos en El Salvador, enviaba un documento a su Gobierno, en el que describía las condiciones laborales en las haciendas cafetaleras
salvadoreñas. El cónsul, que ya para entonces
era un finquero importante, se fundamentó en
su experiencia personal para dar a conocer a su
Gobierno las condiciones laborales que se estaban dando en el occidente de El Salvador.
Señalaba el diplomático-terrateniente que la clase
trabajadora salvadoreña estaba mayoritariamente compuesta de hombres y mujeres industriosos
y pacíficos que se contentaban con un muy reducido salario. El trabajo de éstos se encontraba
bajo control directo de los administradores y
capataces de la hacienda, quienes decidían si el
rendimiento del jornalero era aceptable. Tales
vigilantes de los peones, sirvientes y artesanos
ocupaban un lugar de privilegio en la hacienda.
El sueldo mayor era el del administrador, quien
recibía entre 80 y 100 pesos mensuales, mientras
que un peón solo recibía de 8 a 10 pesos. Los
capataces ganaban aproximadamente 25 pesos
y los sirvientes recibían casi lo mismo que los
peones. Sin embargo, la diferencia entre estos
últimos la establecía la comida. Los sirvientes, al
igual que el resto de los trabajadores de mayor
categoría, podían comer carne, arroz, queso y
café. En cambio, la peonada solo tenía derecho
a dos tortillas con frijoles en la mañana y al final
de la jornada. Al señor Duke le llamaba la atención que los trabajadores buscasen establecerse
en fincas con abundancia de árboles frutales,
comiéndose el producto de éstos en grandes
cantidades y completamente verdes. Observaba
que esta costumbre alimenticia no les causaba
daños en la salud. Continuaba narrando el señor
Duke que en la hacienda había casas o cuartos
para trabajadores. Aquellos que solo trabajaban
durante la recolección del grano dormían a la
intemperie, aunque el cónsul señalaba que ellos
parecían estar satisfechos con sus primitivos
dormitorios.
(Tomado de: “Products of Agriculture”, 15 de
noviembre de 1883, Despatches from US Consuls
in San Salvador, Washington, D.C., National
Archives).
Un documento enviado por el alcalde municipal
de Sonsonate al gobernador departamental en
1932, sugiere que las condiciones laborales, 49
años después de que el señor Duke escribiese su
informe, se mantenían casi inalteradas. Según el
alcalde “…la ración alimenticia que recibe cada
mozo es, generalmente, tortilla y frijol. En algunas partes acostúmbrase proporcionarles además, por la mañana, su taza de café..., el salario
que cada mozo devenga, según datos recabados,
son treintisiete centavos diarios [es decir, aproximadamente 11 colones mensuales]”.
Para el alcalde, ...la manera de vivir de los colonos
puede explicarse así: aquellos trabajadores que se
dedican exclusivamente a las labores de determinada hacienda, en ella misma se les proporciona
un rancho de teja para que instalen su vivienda;
pero aquellos que llegan en cuadrillas, por ejemplo, se avienen a vivir en las galeras de las fincas
onde se han provisto del trabajo diario.
El alcalde también se refería al problema de
la salud (que en el informe del señor Duke ni
siquiera se menciona) en los siguientes términos:
“El estado sanitario es regular y la enfermedad
más bien local es el paludismo. Las haciendas
más importantes son Santa Emilia, La Fincona,
Miravalles, Tonalá, El Edén, Catarina y Conacaste
Herrado; pero en ninguna de ellas existe servicio
médico”.
(“Informe del Alcalde Municipal de Sonsonate al
Gobernador del Departamento”. 23 de mayo de
1932. #0492. documento sin clasificar. Alcaldía
de Sonsonate).
43
Algunos de los jornaleros recibían en la hacienda la
comida (dos tortillas con frijoles al inicio y al final
de la jornada laboral) y un pequeño salario que, con
frecuencia, era pagado en fichas cambiables exclusivamente en la tienda que poseía el terrateniente en
su finca. Además, en la hacienda a algunos trabajadores se les daba una pequeña extensión de tierra
en usufructo donde sus familias sembraban granos
básicos para su propio consumo. Los usufructuarios
de estas pequeñas parcelas eran llamados “colonos”
y se diferenciaban de los pequeños propietarios en
que su capacidad de acceso a la tierra y el tipo de
trabajo que realizaban dependía de la voluntad del
hacendado. En cualquier momento, el hacendado
podía exigirles la devolución del terruño, trayendo
la ruina para la familia campesina.
En muchos casos, los jornaleros trataban de aumentar sus ingresos aceptando pagos por adelantado de
varios agricultores, pero presentándose a trabajar
solamente para uno. Sin embargo, esta modalidad
era peligrosa, pues, si las deudas se acumulaban, el
trabajador podía ser arrestado y obligado a pagar
o trabajar el tiempo equivalente al dinero que se
le había anticipado. Los agricultores consideraban
que el sistema de pagos por adelantado era un mal
que no se podía evitar, pues en las épocas de cosecha
nunca se encontraban suficientes brazos para trabajar a un precio bajo. Aquellos considerados vagos,
-es decir, los que no poseían ni bienes ni un trabajo
La constatación de un contemporáneo, Darío Guzmán,
quien se oponía al peonaje por deudas, alegaba que los
trabajadores “...una vez en posesión de los adelantos,
abandonan el trabajo, se entregan a la embriaguez y
emigran a otros departamentos cuando se les persigue de cerca, o bien acusados como quebradores [del
contrato] van a prestar sus servicios a las prisiones
con detrimento de los intereses del habilitador [el que
le prestó]... el mal se debe cortar de raíz; es necesario
abolir el deplorable sistema de las habilitaciones y que
todos los agricultores convengan en recompensar el
jornal una vez concluida la tarea...”.
(GUZMÁN, Darío. Apuntamientos sobre la topografía de la República de El Salvador. San Salvador:
Imprenta Nacional, p. 289.)
Obviamente, en las últimas décadas del siglo XIX y
las primeras del siglo XX, la mano de obra disponible para los trabajos ajenos aún no era abundante,
pero los que se dedicaban a ello eran los más pobres
entre los pobres. Incluso se daban casos en que los
que no poseían tierras se aventuraban a arrendar
una pequeña parcela, pero el clima, las plagas y los
precios del mercado podían jugar en su contra y
perder su pequeña inversión o incumplir su promesa de pago al arrendatario al final de la cosecha.
Recuadro 19.3
El pago de la mano de obra y
los adelantos
contraído con su trabajo personal, como también
los que deserten del trabajo, y el juicio que se siga
contra ellos será gubernativo. El fallo que recaiga
será la aplicación de las penas del artículo 1138.
El problema del incumplimiento de los contratos
de trabajo se abordaba en la Ley de Policía de
1882. Al respecto, algunos de sus artículos establecían lo siguiente:
Artículo 1 138: El jornalero que no pague religiosamente el empeño contraído por su trabajo personal, será castigado por primera vez, con quince
días de obras públicas, con veinte por la segunda
y con treinta en las demás reincidencias.
Artículo 1 142: Los inspectores, los jueces rurales,
auxiliares o comisionados de valles y aldeas y los
alcaldes de las poblaciones, son obligados a perseguir y capturar a los jornaleros que no concurran
en tiempo a satisfacer los adeudos que hayan
44
estable- eran obligados por las autoridades a aceptar
pagos en adelanto por trabajo.
(Tomado de: Boletín de Agricultura. San Salvador.
Imprenta Nacional, 1882. feb. 15. p. 61.)
Los jornaleros fugitivos que eran apresados por las
autoridades debían purgar varias semanas de cárcel
y trabajos forzados para, después, volver a pagar
en trabajo la deuda a su antiguo patrón. Tal es el
caso de Isabel González de 27 años, jornalero de
Sonsonate. Isabel, en 1884, fue demandado por don
Diego Ángeles cuando se ausentó del trabajo adeudándole 44 pesos y 2 reales que le había dado de
adelanto. En el juicio verbal criminal seguido en la
Alcaldía de Sonsonate, las autoridades concluyeron
que los jornaleros no tenían derecho a ausentarse de
sus labores por causa de enfermedad pues “...esta
circunstancia no estaba legalmente justificada...”.
Por consiguiente, González fue castigado con 15
días de obras públicas y 1 peso de multa a beneficio
de la Universidad de Occidente, obligado a devolver
a su patrón el dinero que le adeudaba y a pagar los
costos del juicio.
(“Criminal contra Isabel González por quebrador de
los trabajos de don Diego Ángeles”. 1884, Alcaldía
de Sonsonate, N.2, 21 legajo N.12, f. l.).
En 1904, pocos meses después de publicado el
Código de Agricultura en que se prohibía el peonaje
por deudas, la Asamblea Legislativa, considerando
las disposiciones sobre jornaleros existentes en la
Ley de Policía y el nuevo Código de Agricultura
declaró: ...además de ser atentatorias a las garantías
individuales consignadas en los artículos 15 y 23 de
la Constitución, son contrarias a la equidad y a la justicia, por cuanto ellas afectan únicamente a las clases
menesterosas del país... Por tanto decreta: derogar las
disposiciones referentes a los quebradores de trabajo que existen en ambas colecciones de leyes.
(Tomado de: Revista Judicial, junio de 1904, Tomo
X, Número 1, pp. 2-3).
puede autorizar ningún acto o contrato que tenga
por objeto la pérdida o el irrevocable sacrificio de la
libertad del hombre ya sea por causa de trabajo, de
educación o de voto religioso”.
(Tomado de: Barraza, Rafael. Nueva recopilación de
leyes administrativas. 2ª ed. San Salvador: Centro
Editorial Elios. 1928. p. 6.)
Desde 1886, la Constitución había prescrito a favor
de la libertad de los trabajadores, pero en la práctica con cierta frecuencia se hacía caso omiso, no
sólo porque en el campo e incluso en los pueblos
casi nadie estaba enterado de las leyes, sino porque primaban los intereses de los hacendados. La
administración de la justicia pocas veces estaba a
favor de los más pobres. Sin embargo, el problema
mayor provenía de que los jornaleros por sí mismos
no encontraron la forma de hacer sentir sus derechos, ni siquiera mediante el reclamo o la denuncia,
más bien cuando los hechos sucedían eran presa
del temor de ser capturados y llevados a la cárcel.
Desafortunadamente, estos casos nunca fueron
tomados de oficio por las instancias judiciales. Así
finalizó el siglo XIX y comenzó el siglo XX.
Pudiera pensarse que los casos de incumplimiento
de trabajo por parte de los jornaleros y los abusos
contra ellos no eran tan frecuentes. Obviamente
lo era donde existían haciendas y fincas, es decir,
donde el problema de la concentración de la tierra
era grande. Dada la persecución contra los quebradores de trabajo, estos solían deambular de un
lugar a otro para evitar ser reconocidos y capturados por las autoridades. Eso hacía que aparentaran
ser vagos. Cuántos se hacían en realidad vagos no
se sabe.
Glosario
En efecto, la Asamblea Legislativa estaba en lo
correcto cuando alegó que el trabajo forzado o peonaje por deudas era inconstitucional, pues el artículo
15 de la Constitución de 1886 (vigente hasta 1936)
establecía que: “...nadie puede ser obligado a prestar
trabajos o servicios personales sin justa retribución
y sin su pleno consentimiento, salvo que por motivo
o utilidad pública se establezcan por la ley. La ley no
Voto religioso: Promesa hecha a Dios, a la
Virgen o a algún santo.
Quebradores de trabajo: Jornaleros que incumplían sus compromisos laborales, por el
cual ya habían recibido el pago por adelantado.
45
No obstante, hay que aclarar el fenómeno de la
vagancia. Muchas veces la vagancia no fue solamente un hecho, sino también una construcción social,
es decir, una invención ideológica de las elites,
hacendados, autoridades y de la opinión pública
para legitimar el mantenimiento, de manera coercitiva y controlada, de un contingente permanente
de mano de obra en las haciendas o para obras
públicas. Estas elites o las mismas autoridades no
vieron o quisieron ver que la vagancia era producto
indirecto del auge de la caficultura, pues muchos
indígenas y campesinos quedaron excluidos de los
derechos de propiedad sobre la tierra privatizada.
Los decretos del siglo XIX calificaron como “vagos”
a aquellos individuos que no tuvieran oficio lícito o
modo honesto de vivir y, que aunque lo tuviesen,
no lo ejercieran. Los alcaldes, jefes de policía, auxiliares, entre otros funcionarios locales, estuvieron
encargados, por órdenes del Gobierno nacional, a
vigilar las zonas rurales, los caminos y las poblaciones para proteger a la ciudadanía honrada de vagos,
ociosos y delincuentes. Los mecanismos ideados
para prevenir, controlar y extirpar la vagancia fue la
creación de “pasaportes”, empadronamientos para
mano de obra, vigilancias policiales, entre otras.2
Los campesinos, propietarios de pequeñas parcelas –la gran mayoría de la población rural hasta
la década de 1920–, trabajaban sus tierras gracias
a que contaban con la mano de obra del conjunto
de la familia. El padre, la madre y los hijos hacían
producir el terruño. Pero, los pequeños productores de café contrataban trabajadores o establecían
relaciones de colaboración con sus vecinos en las
épocas de mayor demanda de fuerza de trabajo, es
decir, durante la cosecha. Esta última modalidad
les permitía efectuar las labores de recolección sin
necesidad de gastar dinero en el pago de mano de
obra adicional. Simplemente, con el trabajo de los
miembros de la familia pagaban la ayuda recibida
de parte de otras familias campesinas en los períodos de recolección del grano.
Las familias campesinas que contaban con parcelas
medianas podían sobrevivir con el trabajo en sus
propias tierras. En cambio, aquellas que tenían muy
pequeñas extensiones de tierra, se veían obligadas a
colocar a algunos de sus integrantes, fuesen hom46
bres o mujeres, como jornaleros en las haciendas.
Muchas veces, las muchachas jóvenes emigraban a
las ciudades en busca de un salario que contribuyese
a mantener a su familia campesina. Allí, sus posibilidades de trabajo se reducían al servicio doméstico
o a la prostitución.
Las condiciones de trabajo de los pequeños productores eran muy difíciles, pues, como se mencionó
anteriormente, los que les prestaban dinero se apropiaban de la mayor parte de las ganancias obtenidas.
Cuando los campesinos se veían imposibilitados
de pagar sus deudas, el Estado se encargaba de
rematar sus propiedades al mejor postor. Entonces,
después de perder todas sus tierras, los integrantes
de la familia engrosaban las filas de jornaleros en
las haciendas.
Desde inicios del siglo XX, el desarraigo campesino
de la tierra empezó a hacerse visible y a manifestarse como problema. Era el mismo problema que
se había vislumbrado antes de la supresión de las
tierras comunales y ejidales; por tanto, con la privatización de la misma se pretendió solucionar un
problema creando otro, o más bien, se trató de evadir una responsabilidad mayor en el futuro inmediato, esto es, encontrar un modo de tenencia de la
tierra cuando la población se viera incrementada,
de tal modo que posibilitara la producción para la
reproducción de la vida.
Dama luciendo moda europea de principios del siglo XX.
Dibujo en yeso pastel. Henry-Toulouse Lautrec.
Entre los trabajadores del campo, había diversos
grupos étnicos que no compartían una cultura
única. Ladinos e indígenas se diferenciaban en
sus costumbres, en su concepto de comunidad
y de familia y, en general, en su percepción del
mundo. Los indígenas conservaron prácticas y
creencias como sus vestimentas y su idioma, cuyas
raíces se remontaban a los tiempos posteriores a
la Conquista española. No obstante, aun entre los
pueblos indígenas había importantes diferencias
culturales. Por ejemplo, los poblados indígenas de
la zona cafetalera occidental –como Nahuizalco,
Izalco, Juayúa– no tenían lazos en común con los
habitantes de los tres pueblos Nonualcos en la
región central de El Salvador. Es más, los habitantes
de Santiago Nonualco y de San Juan Nonualco, que
vivían en perenne conflicto, afirmaban que entre
ellos no había lazos étnicos comunes.
existiese la posibilidad de dedicarse a otras actividades, eran típicas formas de resistencia de este grupo.
Por otra parte, un buen número de ladinos no dejó
pasar la ocasión de colaborar con el terrateniente
o con los altos empleados de la hacienda si esto
les representaba algún ingreso. Muchas veces, esta
colaboración consistía en vigilar y controlar a los
compañeros de trabajo para que cumpliesen con las
demandas del hacendado a cabalidad; así, el grupo
dominante no tuvo dificultad en hallar, entre las
filas de los jornaleros, gente dispuesta a desempeñar
esa tarea con tal de recibir alguna cuota de poder o
un poco de dinero adicional.
Los indígenas, en cambio, por mantener lazos más
estrechos con su comunidad, respondieron a la
opresión y la explotación de forma más unida. Ellos
también pusieron en práctica los mecanismos de
resistencia y colaboración que se atribuyen a los
ladinos, pero, además, utilizaron los lazos comunitarios para protestar abiertamente contra los
cambios operados. También, utilizaron la cohesión
comunal en la vida cotidiana para controlar a los
miembros de la comunidad y, en particular, a aquellos que podrían convertirse en colaboradores de los
poderosos.
Indígenas y ladinos. Foto propiedad del Museo de la Palabra y
de la Imagen.
Los ladinos no pertenecían ni a la cultura indígena
ni a la blanca, pero con esta última compartían más
elementos culturales. Una de las diferencias fundamentales entre indios y ladinos se encuentra en los
mecanismos que cada uno de estos grupos ideó para
enfrentarse al nuevo mundo creado por el desarrollo del capitalismo cafetalero. La reacción de los
ladinos, ya fuese de resistencia o de acoplamiento a
la nueva situación, tendió a ser mucho más individualista que la de los indígenas. Ausentarse del trabajo, escapar de la hacienda antes de saldar deudas
o simplemente negarse a jornalear aun cuando no
Dibujo de un joven campesino mestizo. Tomado de MARTÍNEZ
PEÑATE, Oscar. El Salvador: Historia General. San Salvador:
Editorial Nuevo Enfoque, 2007. p.104.
47
En otras palabras, entre los diversos grupos de
trabajadores del campo se encuentra un denominador común: la resistencia a aceptar las condiciones impuestas por los sectores poderosos, ya
fueran locales o nacionales. Aunque dentro de las
comunidades había hombres y mujeres dispuestos
a colaborar con los hacendados, también existió
un grupo importante que se rebelaba mediante
sus acciones cotidianas. Fueron recurrentes las
fugas de los jornaleros de las haciendas, así como el
enfrentamiento violento de estos con los capataces,
la policía montada, los comisionados e incluso con
los mismos finqueros y hacendados.
Aunque la resistencia no logró transformar las
miserables condiciones de vida de los trabajadores
del campo, al menos llevó al fracaso del odiado
sistema de peonaje por pagos anticipados. Eran tan
constantes las fugas de los jornaleros, que las autoridades no daban abasto para perseguir y castigar a
todos los fugitivos.
Por todo ello, en la década de 1910, el Estado abolió
ese sistema de reclutamiento, pues resultaba perjudicial a los hacendados que los jornaleros recibiesen
dinero por adelantado y, antes de cancelar la deuda,
se fugasen.
19.3 Los cambios sociales en el
mundo urbano
Los sectores medios debieron su existencia, en
parte, a un proceso de “profesionalización” que se
dio dentro del aparato estatal, pero que lo generó
la Universidad de El Salvador. Por cierto, profesionales y estudiantes universitarios constituyeron un
sector social importante, no solo en el ámbito económico sino también en la difusión de nuevas ideas
tendientes a modernizar el país. Un ejemplo claro
de este proceso se encuentra en el desarrollo del sistema judicial. Por supuesto que antes de 1880 había
abogados y jueces al servicio del sistema judicial,
pero la necesidad de crear más tribunales de justicia en los diversos puntos del territorio nacional
requirió de una rápida multiplicación de este tipo
de profesionales. También, la expansión del sistema
educativo, en especial en los centros urbanos, hizo
de maestros e intelectuales un grupo de peso dentro
de las capas medias. Los que tuvieron un peso considerable en la clase obrera citadina.
Además, en 1879, con el auge del cultivo del café,
comenzó la demanda de técnicos que delimitaran
las propiedades agrícolas, y más todavía durante el
proceso de extinción de ejidos y de las comunidades
indígenas. No obstante, hubo otras profesiones que
empezaron a despuntar, como los médicos, contadores y humanistas, ampliándose así el tamaño de
los sectores medios. Por supuesto que el proceso
fue gradual, porque las oportunidades de empleo
no estaban esperando, sobre todo para algunas
profesiones.
El desarrollo del Estado, junto con el crecimiento
económico, generaron importantes transformaciones en la vida urbana. Entre estas se encuentra el
surgimiento de los llamados sectores medios. Los
sectores medios son aquella parte de la población
que se ocupa de actividades diversas en los centros
urbanos y que tiene como denominador común su
nivel de vida: no son ni muy ricos ni muy pobres.
No obstante, entre ellos hay quienes se ven obligados, por sus escasos recursos, a llevar una vida austera, y otros, con ingresos suficientes, pueden darse
algunos lujos. Profesionales, empleados públicos,
maestros, intelectuales, oficiales del ejército, dueños de talleres artesanales y comerciantes citadinos
integran este grupo.
48
Universidad de El Salvador en los años de 1890. Tomado de:
Historia de El Salvador. Catálogo de fotografías históricas de El
Salvador: fotocopia en propiedad del Museo nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán.
Un buen número de integrantes de las capas medias
surgieron gracias al desarrollo del mundo de los
negocios. El desarrollo de las relaciones mercantiles y, en particular, la importación masiva de bienes manufacturados permitió que en las ciudades,
especialmente en San Salvador, se desarrollara un
fuerte sector de comerciantes. Esto hizo necesario
un aumento sustancial del número de profesionales tales como economistas, contadores, notarios y
abogados, todos los cuales, en términos generales,
tenían un nivel de vida típico de la clase media. Con
el crecimiento de la economía, el número de trabajadores urbanos (es decir, los artesanos) aumentó
significativamente también, aunque muchos de
ellos no pudieron competir con las manufacturas
que empezaron a importarse masivamente desde
Europa y Estados Unidos.
Casa comercial, en la que se vendían algodones y mercadería
en general. Catálogo de fotografías históricas de El Salvador.
Fotocopia en propiedad del Museo Nacional de Antropología Dr.
David J. Guzmán.
Recuadro 19.4
La importancia de la población urbana
El auge del café significó que mucha más población podía vivir en las zonas urbanas, pues las
zonas rurales generaban mucha más riqueza que
Municipio
San Salvador
Santa Ana
Santa Tecla
San Miguel
Cojutepeque
Ahuachapán
San Vicente
Población urbana
89,281
41,210
20,938
17,569
12,993
11,664
10,964
antes. La importancia de la población urbana en
los principales municipios del país se aprecia en la
siguiente tabla que corresponde al año de 1930:
Población rural
7,166
34,650
9,509
22,780
6,555
16,774
13,899
Población total
96,447
75,860
30,447
40,349
19,548
28,438
24,863
(Tomado de BARÓN CASTRO, Rodolfo. La población de El Salvador. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos,
2002. p.450).
Con anterioridad a la expansión cafetalera, los campesinos producían la mayor parte de los bienes que
consumían, incluso las telas, la ropa y las herramientas de trabajo. Pero el desarrollo de la caficultura
estuvo acompañado de una tendencia a la especialización de cada una de las unidades productivas,
es decir, el campesino y su familia se dedicaron casi
exclusivamente a labores agrícolas, mientras que sus
necesidades de productos elaborados fueron satisfechas por otros productores especialistas (zapateros,
tejedores, sastres o herreros). Los jornaleros, carentes de medios de producción, no tuvieron más remedio que acudir al mercado para adquirir su ropa y
sus instrumentos de trabajo. Si bien individualmente no contaban con gran capacidad de compra, en su
conjunto elevaban las ventas.
49
Las haciendas dejaron de ser autosuficientes, convirtiéndose en importantes clientes de los artesanos
locales, especialmente en lo que respecta a la elaboración de todo tipo de instrumentos agrícolas. Pero
el mercado más importante que se abrió para estos
artesanos estaba en las ciudades. La clase media
tenía una capacidad de consumo que estaba muy
por encima de la de los sectores rurales. Si bien,
estos grupos urbanos consumían muchos productos importados, algunas de sus necesidades fueron
satisfechas por los artesanos locales. Labores como
las de sastrería, ebanistería, panadería y zapatería
tuvieron un gran impulso con el desarrollo de las
relaciones mercantiles. Gracias a ello, los artesanos
en todos los centros de población se convirtieron
en un grupo numéricamente importante. En los
diversos poblados del país, desde la ciudad capital
hasta la más pequeña población rural, contaban
los obreros con sus gremios artesanales, los cuales, junto con la clase media, eran los sectores más
importantes.
En general, las condiciones de vida de muchos
artesanos en las ciudades eran bastante difíciles.
Un gran número de trabajadores urbanos vivía con
sus familias en pequeñas e inmundas habitaciones
arrendadas en mesones carentes de las condiciones
higiénicas básicas. En cambio, la clase media tuvo
acceso a cómodas casas de habitación, contó con
recursos económicos para alimentarse adecuadamente y los más ricos de sus integrantes incluso
pudieron viajar al extranjero.
Frente a los diversos problemas propios de la vida
urbana, las organizaciones de artesanos se multiplicaron rápidamente en el transcurso de las primeras
décadas del siglo XX. A través de ellas, los artesanos no solo se propusieron mejorar sus precarias
condiciones de vida, sino que también impulsaron
actividades de educación y moralización del trabajador. Debido a que el Estado en poco contribuía
a la expansión del sistema educativo, los artesanos
con sus propios medios crearon escuelas nocturnas;
además, idearon sistemas alternativos a la enseñanza formal, como fue la “Universidad Popular”.
Todas las semanas se dictaban conferencias sobre
diversos temas, dando prioridad a aquellos relacionados con la política y la salud.
Gremio de tipógrafos en huelga, 1927. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 69.
50
Los dirigentes gremiales se preocuparon mucho
por la moralidad de los obreros. En general, todas
las asociaciones se esforzaron por inculcar en sus
socios el valor del trabajo y la honradez. Además,
lucharon por erradicar aquellos vicios considerados por la sociedad como los más destructivos
para el ser humano, esto es, la vagancia, la ebriedad
y el juego. Con tal proyecto moralizador, no solo
se pretendía mejorar las condiciones de vida del
trabajador urbano, sino también contribuir a forjar
una buena imagen del artesano. De esta manera, las
asociaciones podrían presentarse ante el Estado y el
resto de la sociedad como organismos compuestos
por trabajadores dignos de respeto y que, por consiguiente, merecían ser oídos cuando demandaban
mejores condiciones laborales.
Otros grupos sociales, menos numerosos pero de
suma importancia para el Estado (pues se les consideraba altamente peligrosos), empezaron a multiplicarse a partir de las consecuencias que originó
el auge del café, es decir, por la exclusión a la que
se vieron sometidos muchos campesinos del derecho de propiedad y por el crecimiento urbano. Se
trataba de los marginados: vagabundos, limosneros
y prostitutas. Grandes esfuerzos hizo el Estado por
controlarlos y segregarlos del resto de la población.
La policía recorría diariamente cantinas y parques
en busca de vagos a quienes se castigaba recluyéndolos por varios días en las prisiones. Las prostitutas también eran objeto constante de la persecución
policíaca y controladas periódicamente, obligándolas a presentarse al Hospital de Venéreas, aunque
siempre se aceptaba la prostitución dentro de los
límites previstos por los reglamentos gubernamentales. Por otra parte, fueron construidos asilos con
el fin de recluir a los limosneros. No obstante, pese
a los esfuerzos por mantener bajo control a estos
“grupos peligrosos”, limosneros, prostitutas y vagabundos se multiplicaban a tal ritmo, especialmente
en los períodos de crisis económica, que desbordaron el sistema de vigilancia.
En todo caso, el control que el Estado ejerció en los
centros urbanos fue mucho más efectivo que en las
zonas rurales. La policía de línea o policía urbana
tenía en las ciudades principales una presencia efectiva. Siempre se le veía en acción, levantando a los
borrachos de las calles, recorriendo expendios de
aguardiente y parques en busca de vagos (es decir,
de los hombres que allí se encontrasen en horas
de trabajo) y exigiendo las libretas de sanidad que
obligatoriamente debía portar toda prostituta o las
mujeres con apariencia de libertinas. En realidad,
a finales del siglo XIX y a principios del XX, el control del mundo urbano se volvió casi una obsesión.
Cualquier comportamiento diferente era considerado un delito menor que debía ser castigado.
Es importante señalar que el Estado no supo ver
las causas que habían generado dichos problemas
sociales. Ningún gobernante de estas décadas estaba
dispuesto a tocar y modificar la estructura económica que se había creado. Los empobrecidos no
solo estaban excluidos sino que eran perseguidos. El
problema ahora buscaba solucionarse en la prisión
o en un asilo.
Glosario
Aguatero, de Laferriere. Foto propiedad del MUPI.
Segregar: Apartar a uno o varios individuos
del resto de la sociedad. Marginar, excluir.
Mujeres libertinas: Mujeres de conducta relajada, que se saltan las normas morales vigentes.
51
Conclusión
Gracias a la expansión cafetalera, la economía
salvadoreña creció a un ritmo nunca antes imaginado. Pero el crecimiento económico benefició desigualmente a los diversos sectores de la
población. El grupo dominante acumuló grandes
riquezas a costa de las penosas y muchas veces
inhumanas jornadas laborales de los campesinos. Además, algunos pocos campesinos e integrantes de la clase media pudieron beneficiarse
del crecimiento económico para mejorar sus
condiciones de existencia. En contraste, hubo
una tendencia marcada durante el período que
culminó en la década de 1930 hacia el empobrecimiento de una parte significativa de la población rural y urbana.
En honor a la justicia cabe señalar que, para
lograr el éxito de unos y el fracaso de otros pesó
la configuración dada a la tenencia de la tierra,
es decir, abolir las tierras comunales y ejidales
de larga tradición para dar paso a una concentración de la misma que permitiera las grandes
plantaciones de café. Lógicamente, no era esta
la única forma de hacerlo; pero fue el modelo
impuesto por el grupo dominante, presumiblemente a sabiendas de los daños colaterales, que
en ningún momento buscó resarcir.
Curiosamente, una sociedad que buscaba emular
los principios del liberalismo se constituyó en una
sociedad extremadamente vigilante y moralizadora. Se pretendió controlar el mundo rural para
frenar el auge de la vagancia, el contrabando y la
delincuencia. Aunque, como vimos, una parte de
esta visión fue construida por diversos sectores
sociales para beneficio propio, pues sabían que
apresando a supuestos vagos y “delincuentes” se
obtendrían más brazos para las faenas agrícolas
en las haciendas o para las obras públicas en
las ciudades. Se pretendió, asimismo, controlar
el mundo rural con el régimen laboral al que
fueron sometidos los jornaleros. Limosneros,
prostitutas y ebrios constituyeron, en el ámbito
urbano, una verdadera “enfermedad social” que
debía erradicarse con medidas higienistas y de
salubridad con el fin de moralizar al país.
De esa forma, el progreso promovido por el
Estado, y disfrutado especialmente por los grupos sociales dominantes, trajo muchos nuevos
problemas y complicaciones a la gran masa de
la población salvadoreña: los hombres y mujeres que todos los días enfrentaban el reto de la
sobrevivencia. Algunas de estas contradicciones sociales contribuyeron al estallido de 1932,
cuando una severa crisis de la economía hizo
insoportables las condiciones de vida de gran
parte de la población.
Ranchos de familias pobres de finales del siglo XIX.
Referencias bibliográficas
1. WILSON, Everet Alan. La crisis de la integración nacional en El Salvador, 1919-1935. San Salvador: Dirección de Publicaciones e
Impresos, 2004. pp. 60-61.
2. ARIAS GÓMEZ, Jorge. “El Salvador: fuerza de trabajo cautiva (1821-1900)”. En: Repositorio. Nº 1. III época, (2003). pp. 34-45.
52
Capítulo 20 La política de la República cafetalera
Oficina de Casa Presidencial. Tomado de: La República. Catálogo de fotografías del siglo XIX y XX. Banco Agrícola.
Introducción
El siglo XIX finalizó dejando un país aparentemente estructurado política y económicamente. Por
supuesto, todo ordenado a favor de un pequeño
grupo de individuos que lograron controlar el poder
y la producción. Poco importó vislumbrar los problemas que se generaban y mucho menos preparar
las posibles soluciones. Claramente, se abrían dos
caminos que llevaban a distinto destino, chocando
con el principio de que una sociedad para que funcione solo admite uno. Desde este punto de vista,
todo quedaba a la espera de cuándo se empezaría
a hacer visible la grieta. Un intento aparente por
corregir se hará inmediatamente en las primeras
décadas del siglo XX, cuando el Estado inicie cierto
intento de formulación de políticas sociales.
Por tanto, en este capítulo se analizan los cambios
que ocurrieron en la esfera política desde el ascenso a la presidencia de Manuel Enrique Araujo,
en 1910, hasta el fin de la llamada dinastía de los
Meléndez Quiñónez en 1927. En este período, por
primera vez, se presentó la posibilidad de realizar
reformas sociales en beneficio de los sectores popu-
lares y algunas de ellas comenzaron, tímidamente,
a ponerse en práctica. Además, durante estos años
surgieron nuevos mecanismos de ascenso al poder
y nuevas formas de participación popular en la
vida del país. Ello empezó a convertir a los sectores
subordinados en actores importantes del mundo
de la política, lo que permitió al Estado ganar cierta autonomía frente a los intereses de los grupos
dominantes creados durante las décadas anteriores.
Lo que abre un nuevo capítulo en las relaciones
políticas de El Salvador.
Sin embargo, los que parecían buenos signos no
darán los resultados esperados, es decir los que el
país necesitaba. El problema radicó en que no se supo
ni quiso del todo romper el cordón umbilical con el
modelo económico vigente, sino más bien se reafirmó el liberalismo económico aun a costa de la represión y la renuncia a la participación democrática.
De este modo, lo que parecía una salida a la crisis
latente no será más que el preámbulo de un estallido
que dejará abierta para la posteridad la polarización
del país. Las visiones sectarias conducirán al despeñadero.
53
20.1 El ascenso al poder de la familia
Meléndez Quiñónez
Desde 1911 hasta 1931, los presidentes de El
Salvador fueron todos civiles. El primer presidente
de estos años fue Manuel Enrique Araujo, quien
gobernó apenas dos años (1911-1913). ¿Por qué
dedicar especial atención a un gobernante que
estuvo en el poder poco tiempo? Manuel Enrique
Araujo reviste importancia en la historia salvadoreña porque intentó iniciar una política de reformas
sociales que le darían mayor poder y autonomía al
Estado y sus funcionarios. Durante esta administración presidencial se crea una institución llamada
Guardia Civil o Nacional.
Recuadro 20.1
El ideario reformista del
presidente Araujo
Durante la corta presidencia de Araujo, la única
reforma social importante que llegó a plasmarse
fue la Ley de accidentes de trabajo. Por primera vez
en la historia, se obligaba al Estado y a los patronos
a compartir la responsabilidad de indemnizar a
los trabajadores que debido a accidentes de trabajo quedasen incapacitados. En caso de que estos
muriesen, sus familiares serían los beneficiarios.
Sin embargo, esta legislación no llegó a cubrir a los
trabajadores rurales.
Pero Araujo no quiso limitar su reformismo a la
reivindicación de aquellos golpeados por la expansión económica. Estableció una modernización del
sistema de recaudación fiscal que consistió en la
creación de impuestos directos sobre el capital o la
propiedad. También, durante su Gobierno la prensa
señalaba que el presidente planeaba realizar una
reforma agraria, crear centros de atención médica
gratuita en zonas rurales e inaugurar montepíos que
prestasen dinero a bajo interés.
El 17 de junio de 1911, el Diario del Salvador
publicó una entrevista de Alberto Masferrer
con el presidente Araujo (que apareció
impresa bajo el titular “Las nuevas ideas en
el Gobierno”).
El presidente le manifestó a Masferrer que su
Gobierno se esforzaría en impulsar diversas
iniciativas a favor de la población más necesitada del país, incluyendo:
a) Montepíos que presten a bajo interés; b)
Asistencia médica gratuita en los pueblos
indígenas y en todos aquellos lugares donde
predomine el elemento indígena, o donde la
mayoría de los habitantes sea pobre (beneficiando así a más de la mitad de los pobladores
del país, para quienes eran inaccesibles los
servicios de la medicina); y c) Reparto de tierras, asignando una partida del presupuesto
para comprarlas.
(“Las nuevas ideas en el Gobierno”. En: Diario
del Salvador. 17 de junio de 1911. p. 4).
54
Presidente Manuel Enrique Araujo. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p. 57.
Glosario
Montepíos: Depósitos de dinero, comúnmente formado por las contribuciones de los miembros de un grupo de trabajadores para auxiliarlos en sus necesidades, ya sea mediante
aportaciones gratuitas o préstamos.
Araujo murió asesinado en 1913, sin que se supiera
con seguridad quiénes fueron los autores intelectuales de su muerte. Pese al velo de misterio con
que se quiso cubrir el hecho, algunos han tratado
de relacionar el asesinato del gobernante con sus
programas de reforma social, los cuales se interrumpieron con su muerte.
Todavía no es posible explicar a ciencia cierta por
qué con el Gobierno de Araujo cambió la política
estatal hacia los grupos de escasos recursos. Sin
embargo, existen algunas pistas que ayudan a aclarar
tal proceso de cambio. En primer lugar, el Gobierno
de Araujo no llegó al poder a través del consabido
método del golpe de Estado, sino a partir de un
proceso electoral. Araujo pactó con los artesanos,
quienes, a cambio de sus votos, exigieron al Estado
intervenir para aliviar las precarias condiciones de
la fuerza laboral.
Por otra parte, hay evidencias de que, al iniciarse la
década de 1910, la violencia en el campo y en la ciudad había adquirido proporciones alarmantes. Tal
violencia se expresaba en las relaciones entre iguales, en la familia y, en general, en todas las relaciones
sociales. Pero fueron los continuos atentados campesinos a la propiedad e incluso a la misma vida de
los terratenientes y sus ayudantes lo que más alarmó
a los sectores dominantes. Tales atentados eran un
producto de la rabia y la frustración que muchos
pobres sentían al darse cuenta de que vivían atrapados en un mundo de miseria y de sumisión. Araujo
buscó conciliar una política de reformas sociales que
llegase a calmar los ánimos de los grupos desposeídos con otra de profesionalización y expansión del
aparato estatal represivo. Esta última política tuvo
su máxima expresión en la formación de la Guardia
Nacional. Si bien, la política reformista se desvaneció con su muerte, en cambio la nueva institución
represiva no solo sobrevivió a Araujo, sino que en
los años siguientes extendió sus redes sobre todo el
territorio nacional.
Desde la trágica muerte de Araujo en 1913, hasta
1927, la familia Meléndez Quiñónez gobernó el
país, comenzando con el ascenso al poder de Carlos
Meléndez, quien, por ser vicepresidente de Araujo,
asumió el poder cuando este fue asesinado. Estos
nuevos gobernantes buscaron perpetuarse en el
poder mediante procesos electorales en los que
participaba al menos un partido de oposición. Pero
la verdad es que estas elecciones fueron siempre
amañadas y, lo que es más importante, todo el país
lo sabía.
La oposición estaba compuesta por un sector del
grupo dominante, cuyo programa político no se diferenciaba mucho del que proclamaban los Meléndez
Quiñónez. Por tanto, se trataba de una disputa de
personalidades por el mismo proyecto.
Recuadro 20.2
La represión a los opositores del Gobierno
El uso de las fuerzas del orden público para favorecer a los partidiarios del Gobierno fue una táctica usada con cierta frecuencia por los Gobiernos
de los Meléndez y Quiñónez, tal como sugiere
una carta de protesta enviada por el mismo
gobernador del departamento de Cuscatlán al
Ministerio de Gobernación.
Según el gobernador, un destacamento militar,
al mando del capitán Rafael Orellana Osorio,
acudió a la Alcaldía Municipal de esa ciudad
cuando los ciudadanos se aprestaban a formar
el directorio de la Junta Popular para las elecciones de autoridades locales y “...esa tropa armada
intervino de manera parcial llevando sus desmanes a tal grado que resultaron algunos electores
golpeados por culatas de fusil”.
(“Protesta del gobernador de Cuscatlán al Ministerio
de Gobernación”, Cojutepeque, 12 de diciembre de
1920. en Sección Gobernación. Archivo General de
la Nación. sin clasificar, folio l.)
55
Sin embargo, ello no libró a la oposición de ser víctima de una fiera persecución proveniente de las fuerzas represivas del Estado, como también en muchas
ocasiones de grupos populares quiñonistas. Así, por
ejemplo, en 1924, la policía, la Guardia Nacional
y civiles quiñonistas irrumpieron en una pacífica
manifestación femenina a favor del candidato de
oposición Tomás Molina, apaleando y disparando
a las manifestantes.
En 1927, terminó la era de los Meléndez Quiñónez.
Entonces, el Gobierno de Pío Romero Bosque dejó
saber a la opinión pública (y quizá, adrede, exageró)
la magnitud de las violaciones a los derechos ciudadanos que cometió la poderosa familia, reprimiendo a la oposición. El artesano molinista, Alberto
Escalante, capturado y asesinado en 1922 por las
fuerzas del orden, se convirtió en el héroe de aquel
entonces. Alrededor de su tortura y muerte se tejieron miles de historias de molinistas perseguidos,
torturados y asesinados.
Curiosamente, durante la década de 1920, la persecución política no golpeó tan directamente a
quienes se organizaron en aras de promover un
proyecto de radical transformación social: los
comunistas. Quizás ello obedeció a que en aquel
entonces no representaban un peligro inminente
para el Gobierno. Los gobernantes y los hombres
poderosos del país posiblemente catalogaron a los
comunistas como gente con ideas un poco extravagantes. Además, los Meléndez Quiñónez promovieron la organización de artesanos y obreros
y, quizás, estuvieron más interesados en vigilar que
los trabajadores se organizasen que en controlar las
nuevas ideologías que se expandían rápidamente en
las asociaciones laborales.
Fuerzas del Gobierno disuelven manifestación femenina a favor
del candidato de la oposición Tomás Molina. Tomado de: Historia
de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 59.
Recuadro 20.3
La clase obrera se organiza
La presencia de la clase obrera en el quehacer
político del país se aprecia claramente en este
reportaje aparecido en la prensa del año de 1925,
cuando ya en México y Rusia habían surgido
Gobiernos revolucionarios cuyas ideas hacían
peligrar las sociedades capitalistas del mundo
entero.
Gran polvareda ha levantado el movimiento obrerista actualmente entablado en esta
ciudad... De las dos sociedades obreras se ha
podido [saber] que la llamada “Gremial de
Carpinteros y Albañiles”, que también se hace
llamar “Unión de Trabajadores Sindicalista”
y “Unión de Obreros”, a la vez, lleva métodos
puramente contra el capital, o sea, algo parecido
56
a los establecidos en Rusia, pues la bandera que
en sus sesiones y manifestaciones públicas ha
enarbolado, a ciencia y paciencia de las autoridades, es la de color rojo y negro, y en pláticas
y conferencias confunden el SINDICALISMO
con el BOLCHEVIQUISMO. Además, a la luz
del día trabajan hasta en el campo, levantando
el ánimo del campesino para una lucha que no
lleva otro cariz sino el infundirles odio a los
ricos y aun hasta al pequeño obrero terrateniente que ha podido mejorar en su situación
económica.
(Tomado de: “La vida departamental”. Diario
Latino. 12 de septiembre de 1925).
Este empeño de los Meléndez Quiñónez por organizar a los trabajadores no estaba relacionado con una
política de profundas reformas sociales. En realidad,
estos gobernantes que, a su vez, eran importantes
empresarios agrícolas, se preocuparon principalmente por servir a los intereses del grupo dominante y nunca promovieron políticas tendientes a
mejorar las condiciones de vida del pueblo. Ellos
consolidaron el poder de la elite económica a través
de la Guardia Nacional, e hicieron caso omiso de las
constantes violaciones a los derechos ciudadanos
en fincas, talleres, cárceles y tribunales de justicia.
Aunque promulgaron algunas leyes que en teoría beneficiaban a los trabajadores, estas nunca se
pusieron en práctica en el campo. Además, el sistema legal salvadoreño era violentado frecuentemente
para servir a los intereses de los poderosos. En este
momento, no se vigilaba el correcto accionar del
Estado.1
20.2 Los grupos populares en la contienda política
Según se aprecia en capítulos anteriores, en los procesos de cambio siempre ha habido participación
popular en mayor o menor medida. En ese sentido,
el período de los Meléndez Quiñónez no ha sido
una excepción. Sin embargo, con esta poderosa
familia cambian las formas de incorporación en
la vida política de los grupos desposeídos. El cambio más notable está en la importancia que a nivel
nacional adquiere la participación de artesanos,
campesinos y jornaleros no solo en las campañas
electorales, sino también en la política local.
Mientras la poderosa familia estuvo en el poder, aun
en los más pequeños poblados se organizaban, en
tiempos de elecciones, clubes para promover al candidato oficial y al de la oposición. Además, constantemente estos grupos se manifestaban a favor o en
contra de las autoridades municipales. Incluso, los
mismos quiñonistas tenían fuertes enfrentamientos
a la hora de decidir quiénes serían los candidatos
oficiales a la alcaldía. Gracias a esta activa incorporación a la política, los grupos populares crearon
fuertes lazos de solidaridad con sus compañeros
activistas. No obstante, la actividad política también
generó nuevos conflictos e hizo que se agudizaran
las viejas rencillas entre miembros de las comunidades. El Estado promovió la organización de civiles
para amedrentar a los opositores, pero la verdad
es que también tales asociaciones actuaron por su
propia cuenta. Tal es el caso de las Ligas Rojas, unas
organizaciones populares progobiernistas establecidas en todo el territorio nacional. Los “rojos”, como
también se les conocía, constantemente creaban
conflictos en pequeñas localidades. Organizados en
bandas, a pedradas y machetazos perseguían a quienes consideraban enemigos políticos. Sus desmanes
adquirieron tal magnitud que Alfonso Quiñónez, al
ascender al poder en 1923, decidió disolverlas. Sin
embargo, aunque sin la aprobación oficial, los grupos de choque progobiernistas siguieron existiendo
hasta el final de la dinastía Meléndez Quiñónez. El
poder de estos se incrementaba considerablemente
cuando participaban en defensa directa de los intereses políticos de los terratenientes ricos. Entre las
más sólidas alianzas de la poderosa familia se contaban las que establecieron con algunas de las comunidades indígenas de Occidente. Estas también
organizaron en sus pueblos las Ligas Rojas, pero
adaptándolas a su propia cultura. Las cofradías,
instituciones de raíces coloniales, habían jugado
un papel muy importante en la conservación de las
tradiciones culturales indígenas.
Alcaldes indígenas. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II.
San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 15.
Glosario
Dinastía: Serie de gobernantes de un país
perteneciente a una misma familia.
Cofradía: Asociación de personas con fines
religiosos; comúnmente se ocupan del culto
de un santo o de la celebración de su fiesta
patronal.
57
A través de ellas, los indígenas mantenían y recreaban la jerarquía social al interior de las comunidades. Así, por ejemplo, los altos puestos de la cofradía
estaban ocupados por quienes, gracias al dinero,
pero especialmente al prestigio, eran los hombres
más influyentes de la comunidad. Debido a que la
cofradía era pieza clave de la cultura indígena, sus
integrantes también la convirtieron en centro del
activismo político. En efecto, los indígenas orga-
nizaron las Ligas Rojas en el seno mismo de las
cofradías. Entonces, hasta los más solemnes actos
religiosos estuvieron matizados por la propaganda
quiñonista. Pero la relación entre las Ligas Rojas y la
religión no suavizó el carácter violento de los rojos.
Al contrario, estos llegaron a tener una compleja
organización que les permitía vigilar constantemente las poblaciones y amedrentar a los opositores o a
quienes eran sospechosos de serlo.
Recuadro 20.4
Las tácticas de los quiñonistas
La presencia de los grupos quiñonistas en las
comunidades indígenas se evidencia en el
siguiente reportaje que apareció en el Diario
del Salvador del 22 de agosto de 1918, en plena
época de auge del quiñonismo.
Juayúa, agosto 20. Ni las imágenes se escapan de la mofa quiñonista. Aquí se celebra la
tradicional fiesta de la imagen de San Roque,
patrono de los inditos y que ellos se esfuerzan
en darle mayor esplendor. Hoy el alcalde tomó
parte activa en dicha fiesta para ayudarles en
sus gastos. Los quiñonistas, para tomar parte en
Pero, ¿por qué los indígenas asumieron una actitud
tan agresiva, máxime en un ambiente religioso?
Para comprender lo que pasaba y no dar cabida
a los prejuicios, es preciso situar los hechos en su
contexto. Pues, si bien es verdad que los indígenas
fueron contagiados por el ambiente político, en este
caso, el conflicto político estaba cargado también
por la vieja hostilidad entre ladinos e indígenas. De
tal forma, al mezclarse la conflictividad étnica con la
política, el conflicto al interior de las comunidades
se agudizó y, por ello, tendió a ser muy violento. Los
indígenas desde la Conquista hasta entonces habían
sido el grupo étnico más subordinado. Ahora, gracias a su alianza con los Meléndez Quiñónez, lograban imponerse a los ladinos que vivían en aquellos
pueblos mayoritariamente indígenas. Por ejemplo, en Nahuizalco los indios asumieron el control
del cabildo. Los ladinos acudieron directamente al
58
dicha festividad, reunieron el partido y cuando
la imagen salía de la cofradía para el templo se
agregaron a la procesión para vivar a su candidato doctor Quiñónez. Más tarde, organizados
nuevamente mandaron decir al mayordomo
que sacara la entrada y resultó que dicha entrada consistió en exhibir la Liga Roja recorriendo
las calles vivando al doctor Quiñónez y a dicha
Liga.
(Diario del Salvador. 22 de agosto de 1918.
p.2).
poder central para desplazarlos con argumentos que
frecuentemente aludían a la supuesta incapacidad
de las comunidades indígenas para gobernar y al
alcoholismo e inmoralidad de los líderes indígenas.
Pese a ello, mientras los Meléndez Quiñónez se
mantuvieron en el poder, los indígenas lograron
controlar el Gobierno local. El temor a perder esa
cuota de poder, que con tanta dificultad se había
llegado a adquirir, llevó a la comunidad indígena
a actuar muy agresivamente contra sus supuestos
contrincantes políticos, los ladinos. Esto pone de
manifiesto la fuerte conflictividad interétnica que
existía. Estas confrontaciones conmovían los pueblos, al grado de sembrar con frecuencia un clima
de zozobra que culminaba con disputas callejeras,
no pocas veces con saldos de heridos y golpeados.
Desafortunadamente, muchas de estas diferencias
no se limitaron a los momentos de elecciones sino
que se volvieron crónicas.
Por otra parte, la violencia en las confrontaciones
políticas de la época no era de ninguna manera
característica exclusiva de los poblados indígenas.
En general, estaba presente en todas las poblaciones,
en especial en las de occidente, las más incorporadas a la vida política. En aquella época, la noción de
tolerancia no formaba parte de las creencias de los
sectores populares. Más bien, predominaba la idea
de que cuando se participaba en política, había que
imponerse a los contrincantes a como diera lugar.
Si estos no entendían a través del convencimiento,
entonces lo harían por medio de la fuerza. Por eso,
eran muy frecuentes los ataques a clubes, las apedreadas a manifestantes y las fiestas privadas que
terminaban en refriegas entre opositores.
Además, la tensión comunal se agudizaba por la
prepotencia de las autoridades públicas. En la sección del Ministerio de Gobernación del Archivo
Nacional, se encuentran frecuentemente quejas
de activistas políticos en contra de las autoridades
locales por abusos de autoridad durante las elecciones. A menudo, el alcalde llamaba a comandantes
o comisionados para que con una escolta amedrentasen a los opositores. En algunos casos, esta
fuerza pública impedía descaradamente, frente a
toda la comunidad, el ingreso al recinto electoral
de quienes eran reconocidos como opositores. De
tal forma, aunque la poderosa familia se perpetuaba
en el poder mediante elecciones, estas de ninguna
manera disminuyeron el elevado índice de violencia
existente en la sociedad. Al contrario, lo agudizaron,
pues durante las campañas electorales los conflictos
comunales se multiplicaban.
Manifestación femenina de 1922 en apoyo a una candidatura.
Foto propiedad del MUPI.
Recuadro 20.5
La violencia en las campañas electorales
El uso de la fuerza y la violencia fue característico de las contiendas políticas en las décadas
de 1910 y 1920. El señor Tránsito Gaetán, de la
ciudad de Santiago de María, escribió al doctor
Manuel Mendoza, Ministro de Gobernación,
para quejarse, en los siguientes términos, de los
desmanes de los grupos adictos al Gobierno de
Alfonso Quiñónez.
“La cuestión eleccionaria próxima tiene dividida la opinión de este vecindario. Chocan encontrados intereses creados que hacen impensables
por ahora una fusión. Hay aquí un finquero
que tiene sumo interés en que las autoridades
locales... sean personas de su mando... y para
lograr ese objetivo está en secreta inteligencia
con el [Partido] Nacional Democrático y Liga
Roja... Este finquero, como ya lo ha hecho en
otras ocasiones, para falsear las elecciones pone
en juego el dinero y el guaro y trae de las fincas
mozos anónimos cortadores de café de otras
jurisdicciones y hasta de Honduras para hacer
las votaciones a su antojo. El verdadero peligro
consiste en estar en el poder el Democrático
y Liga Roja, pues en sus filas figuran también
profesionales en el abuso, en la arbitrariedad y
en la violencia...”.
(Tomado de: Ministerio de Gobernación. 28 de
noviembre de 1927, folio 1. Archivo General de
la Nación).
59
20.3 Auge de las organizaciones
laborales
El período de los Meléndez Quiñónez fue de mucha
actividad para las organizaciones de trabajadores. Si
el lector o lectora revisase los periódicos de entonces, se sorprendería del auge que había adquirido
la formación de organizaciones de trabajadores.
La mayor parte de las noticias nacionales hacía
referencia a organizaciones laborales. En las notas
periodísticas, se presentaba a la organización de los
trabajadores como medio de superación y redención de las clases populares.
El Gobierno estimulaba tales asociaciones gremiales
con el fin de crear mecanismos de control de las
clases populares y como una base de apoyo político para mantenerse en el poder. Pero también los
grupos dirigentes de entonces veían en esas asociaciones un importante instrumento para influir
en la formación cultural de los trabajadores. La
mayor parte de los sectores populares no tenía la
oportunidad de asistir a la escuela. De esa forma,
el Estado buscó suplir esta deficiencia dirigiendo o
estimulando la creación de las asociaciones de trabajadores. Esta iniciativa estatal se afianzó más en el
ámbito urbano.
La inculcación de valores morales ocupaba un papel
central en esta estrategia. Ello no es sorprendente,
pues es precisamente alrededor de tales valores que
puede constituirse una cultura compartida. Por
consiguiente, en los discursos de las asociaciones de
trabajadores era temática fundamental la formación
del hombre sin vicios, responsable en su trabajo y
cumplidor de sus obligaciones familiares.
porque creyesen que con tales valores se elevaría
la condición moral de los trabajadores. También,
para ellos se trataba de una cuestión de estrategia
política. A través de las organizaciones laborales
surgía la oportunidad de educarse, de relacionarse
con los grupos dominantes y de aprender cómo en
las altas esferas se discutía y manejaba la cuestión de
la política nacional, es decir, había que aprovechar
las oportunidades que se abrían con el auge de la
organización laboral. Pero, lo más importante era
que se adquiría una conciencia política nacional. Al
impulso de tal apogeo, las centrales de trabajadores
abrieron centros de educación básica y de capacitación técnica. Los dirigentes obreros, aprovechando
la buena atmósfera para sus actividades, llevaron a
cabo importantes congresos con la participación de
dirigentes trabajadores de otros países.
Por otra parte, la relación favorable con el Estado les
permitía hacer lo que en otras condiciones nunca
hubiera estado al alcance de gentes de su condición
económica: viajar y entrar en contacto con nuevas
ideologías y con nuevas realidades sociales. Si bien
en este período el Gobierno no llevó a cabo un
proyecto global de reformas sociales, su apoyo a
las asociaciones de trabajadores abrió espacios de
discusión sobre las condiciones sociales imperantes
y también permitió que los trabajadores empezaran
a actuar en defensa de sus intereses. Con esto, los
sectores trabajadores comenzaron a adquirir una
conciencia de clase.
Pero la mujer trabajadora no era menos importante
en ese proyecto de transformación cultural de los
sectores populares. La joven casta, la madre amante
y la esposa obediente, además de la trabajadora eficiente, se convertían en los prototipos ideales de la
mujer de los sectores populares.
Los dirigentes obreros se dieron a la tarea de inculcar esta moralidad en sus compañeros, no solo
60
Junta Directiva de la Alianza Tipográfica, sindicato de obreros
de las imprentas. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo
II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 66.
Para los trabajadores y trabajadoras salvadoreños de
entonces, existían dos maneras de luchar por mejorar
sus condiciones de vida. Una de estas, que todavía se
conoce hoy en día, era la organización de sindicatos que buscaban sacarle concesiones al empresario
mediante la negociación y la huelga, es decir, presionando a los capitalistas. En cambio, la otra manera
buscaba crear lazos de solidaridad entre los trabajadores, quienes mediante sus propios esfuerzos intentaban aliviar las condiciones de miseria de la clase
trabajadora. Este tipo de asociación, conocida como
sociedad mutualista o simplemente “mutual”, se preocupa mucho por crear fondos que permitan socorrer
a los trabajadores en caso de adversidad: enfermedad,
accidentes, desempleo y muerte; es decir, se encargan
de tareas que en las sociedades contemporáneas son
responsabilidad del Estado y del capital.
El modelo de organización que tenían en mente
los Meléndez Quiñónez fue precisamente el de las
asociaciones mutuales, no el de los sindicatos. Sin
embargo, ya en la década de 1920 se empezaron a
formar sindicatos que luchaban no solo por reivindicaciones inmediatas, sino también por llevar a
cabo un proceso revolucionario que cambiaría por
completo la sociedad.
En esta década, algunas de las asociaciones que se
originaron como mutuales se transformaron en
sindicatos socialistas. De esta forma, los grupos
subordinados organizados por el Estado empezaban
a cuestionar no solo el poder de quienes fuesen sus
patrocinadores, sino también el orden social y económico del mundo en el que vivían.
Recuadro 20.6
Las normas de comportamiento de la mutual
Cada organización de ayuda mutua de obreros
o artesanos tenía que registrar sus estatutos ante
el Ministerio de Gobernación para gozar de
una existencia legal. Así lo hizo la Sociedad de
Beneficiencia y Auxilios Mutuos de la villa de
Apopa, que se creó con el propósito de lograr
“la implantación de las buenas costumbres y
la moralidad” entre sus asociados. A tal fin, se
previno a los asociados “que siempre que concurran a la agrupación, lo hagan con la decencia
y moderación que exige el buen nombre de la
Sociedad de Beneficencia...”.
No es nada extraño que muchos sindicatos y asociaciones de trabajadores adoptaran o acogieran
principios socialistas. Estas teorías ya eran conocidas en el país.
Desde el siglo XIX, en muchas revistas y periódicos se publicaron noticias, editoriales y artículos
sobre el socialismo, sus orígenes y consecuencias.
La circulación de obras de socialistas latinoamericanos e, incluso, la visita al país del peruano Víctor
Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular
Inclusive, en el artículo 8 se establecía que la
sociedad “...desconocerá a todo socio que sea
juzgado por delitos graves”. La Sociedad, según
sus estatutos, procuraría brindar educación al
obrero estableciendo escuelas nocturnas y acoger
en su seno a la mujer obrera.
(“Estatutos de la Sociedad de Beneficencia y
Auxilios Mutuos de la Villa de Apopa”. Ministerio
de Gobernación: Archivo General de la Nación,
sin clasificar, 9 de febrero de 1920. folio 5).
Revolucionaria Americana (APRA), que llegará
a ser el Partido Aprista Peruano, fueron transformando las opiniones de ciertos sectores, como los
universitarios y los trabajadores urbanos.
Luego, el impacto que genera la Revolución
Mexicana, que fue la primera revolución social del
siglo XX, cuya fase armada se produjo entre 1910
y 1920, la Revolución Rusa de 1917 y la formación
de los partidos comunistas en Centroamérica serán
otros aspectos que coadyuvarán a generar nuevas
formas de interpretar la sociedad salvadoreña.
61
Las agrupaciones de trabajadores empezaron a aglutinarse alrededor de centrales o confederaciones.
En la década de 1920, extendieron su presencia a
buena parte del territorio nacional. Así, pequeños
gremios y sindicatos adquirían fuerza a través de la
unión. En aquel entonces, la Federación Regional
de Trabajadores, creada en 1923, se constituyó en la
más importante de estas ligas. Según testimonios de
los contemporáneos, llegó a tener decenas de miles
de asociados. A finales de la década de 1920, en la
Regional predominaba la ideología socialista sobre
aquellas que abogaban por la colaboración con el
Estado y los capitalistas. Entre los trabajadores y
agremiados, los niveles de conciencia crítica eran
altos como para seguir creyendo en los gobernantes
de turno.
Recuadro 20.7
El activismo de la clase obrera
Las actividades de las primeras organizaciones obreras buscaban educar a los trabajadores
mediante la acción misma. Así, comenzaron a
darse las primeras huelgas en las principales ciudades, tal como se aprecia en el siguiente reportaje
tomado del Diario Latino de fecha 19 de marzo
de 1925.
Hace poco dimos cuenta de que los obreros
del taller del maestro José G. Duarte se habían
declarado en huelga y pedían aumento de salario,
lo cual tuvo un resultado satisfactorio pues el
maestro Duarte acordó a los deseos de los obreros. Hoy ha circulado la siguiente hoja impresa:
“Compañeros sastres asalariados. Por la presente
nos permitimos hacer un llamamiento para que
concurráis hoy a las ocho de la noche al salón
de la Federación Regional de Trabajadores. Con
vuestra asistencia contribuiréis al mejoramiento
propio pues muy bien conocéis los males que nos
afligen como son: el alto precio de alquileres de
casas, el costo de la vida y el exorbitante precio de
Es indudable que la ideología revolucionaria se
difundió rápidamente por estos años gracias a la
labor proselitista de los integrantes de la Regional.
Ya en 1925, se tienen noticias de que viajaban en tren
a realizar labores políticas en las pequeñas ciudades
y pueblos del occidente. En estos viajes, buscaban
inscribir nuevos gremios en la asociación y, además,
hacer labor política, explicando a los trabajadores
los principios básicos de la teoría revolucionaria del
marxismo-leninismo.
62
los artículos de primera necesidad. De esta junta
surgirá el acuerdo de un paro general de trabajo
o lo que se denomina huelga...”. (“Los obreros
de sastrería en huelga” en Diario Latino, 19 de
marzo de 1925, p. 1.)
La organización de sindicatos también era una
actividad importante en los albores del movimiento laboral salvadoreño. Así lo informa el
Diario Latino en su edición del 2 de septiembre
de 1925:
“...ayer regresó (en tren) la delegación de obreros
que la Federación Regional de Trabajadores envió
en misión especial ante la Sociedad Unión de
Obreros Federada de Chalchuapa. La delegación
estuvo en Atiquizaya en virtud de invitación de la
Liga de Carpinteros y Albañiles de aquella ciudad.
Según informes, la organización en Chalchuapa
quedó constituida con setecientos obreros y en
Atiquizaya con cuatrocientos”. (“Una delegación
del obrerismo en el occidente”. En: Diario Latino.
2 de septiembre de 1925. p. 1.)
Glosario
Marxismo-leninismo: Teoría de Carlos Marx y
Lenin que plantea diversos aspectos de la realidad, entre los cuales sobresale la sociedad,
proponiendo al respecto un enfoque orientado
al cambio social.
Ideología socialista: Doctrina revolucionaria
que busca la transformación de la sociedad
capitalista.
Los estudiosos de la historia salvadoreña afirman
que los Meléndez Quiñónez promovieron la unión
de los trabajadores artesanales urbanos, pero adrede se negaron a propiciar la organización de los
trabajadores rurales. Los intereses más poderosos
del país se concentraban en el campo. Por ello, los
representantes del Estado se cuidaron de mantener
inalteradas las condiciones sociales de jornaleros y
pequeños productores. Sin embargo, en un país tan
rural como lo era El Salvador de la década de 1920,
era imposible organizar a los artesanos urbanos sin
que ello tuviese una incidencia directa en el campo.
Puede citarse, por ejemplo, la importancia adquirida por las asociaciones de artesanos en Armenia,
una comunidad que, aún hoy en día, no es más que
un pequeño pueblo rodeado de fincas cafetaleras.
El impacto de la organización de trabajadores artesanales llegó rápidamente a los hombres y mujeres
del campo, quienes también dieron inicio a sus propias asociaciones. Debido a la escasez de estudios
sobre este período, se conoce poco de la vinculación
de las gremiales de artesanos con los trabajadores
del campo.
Sin embargo, la información que a este respecto se
tiene sugiere que la Regional de Trabajadores desde
su fundación se había preocupado por contribuir a
organizar a los jornaleros y campesinos. En 1924,
la Confederación Regional de Trabajadores organizó un Congreso Obrero Centroamericano en San
Salvador, donde estuvieron representadas, entre
otras, dos organizaciones campesinas: La sociedad
de campesinos “El Porvenir de Ilopango” y “La
sociedad de campesinos de Jayaque”. No obstante,
durante el período de los Meléndez Quiñónez las
asociaciones de trabajadores rurales fueron excepcionales, si se les compara con la multiplicidad de
asociaciones artesanales que para entonces surgieron en los centros urbanos.
Las asociaciones de trabajadores no fueron entidades resignadas frente a abusos de patronos o frente a medidas que violaran sus derechos laborales.
También mostraron resistencia, fundamentalmente
a través de huelgas. Hacia 1920, se registra la primera huelga de trabajadores urbanos salvadoreños, la
cual fue protagonizada por los sastres. Un año antes,
en 1919, los trabajadores ferrocarrileros habían
paralizado sus labores. Este dato es importante porque se trataba de trabajadores de una empresa de
propiedad extranjera.
Al finalizar la época de los Meléndez Quiñónez,
los grupos populares ya contaban con una importante experiencia organizativa, especialmente en el
occidente del país. La importancia que esta región
adquiría en la vida política se aprecia en la organización de los movimientos antiimperialistas. Hacia
1926-1927, las intervenciones estadounidenses en
Nicaragua crearon una fuerte resistencia al imperialismo norteamericano en la región centroamericana.
El tema de la intervención llevó a la creación de una
alianza entre los sectores populares, los estudiantes y la clase media. Don Julio Pinto, director del
Diario Latino, fundó la “Liga Antiimperialista”, que
impulsaría la creación de asociaciones similares en
todo el país. En efecto, la Liga tuvo mucho éxito en
su cometido, pero sobre todo en los departamentos
de occidente: Ahuachapán, Sonsonate y Santa Ana,
como también en La Libertad. No por casualidad
eran también estos los que más se habían incorporado a la actividad política de entonces mediante la
creación de asociaciones de trabajadores y, también,
mediante la participación en partidos políticos.
Como se verá en un capítulo posterior, el desarrollo
organizativo alcanzado por los grupos populares
de esa región fue condición necesaria para que el
Partido Comunista expandiese su ideología en el
occidente al inicio de la década de 1930.2
La hoz y el martillo, símbolos emblemáticos de los partidos comunistas.
63
Recuadro 20.8
Un congreso obrero en 1924
Las actividades obreras recibieron amplia cobertura en los medios de prensa de la década de
1920. Como se aprecia en el siguiente reportaje
aparecido en La Prensa del 17 de noviembre de
1924, el obrerismo se identifica con “la civilización moderna”.
“Ante numeroso público pocas veces visto en
un acto social, se reunieron ayer en el Teatro
Mundial las distintas delegaciones que integran
el Primer Congreso Regional Constituyente de
los Trabajadores de El Salvador. En el fondo del
salón estaba colocada la mesa que ocupaba el
Consejo Provisional de la Federación Regional
de Trabajadores y representantes de la prensa
diaria de esta capital; atrás y en lugar prominente estaba colocada la tribuna cuya figura representa un enorme yunque, símbolo verdadero
de trabajo... Don Alejandro González Aragón,
Delegado por la Liga de Carpinteros de Santa
Tecla, pronunció el discurso oficial... Todos los
oradores tuvieron frases de especial distinción
para la prensa local. Este acto de la vida social
del obrerismo salvadoreño demuestra que en
estas comarcas la civilización moderna ha desplegado sus triunfantes estandartes”.
(“Inauguración del Congreso Obrero”. En: La
Prensa. 17 de noviembre de 1924. p. 5).
Conclusión
La política en la República cafetalera salvadoreña
a inicios del siglo XX estuvo marcada por viejos
problemas, aunque hubo notables cambios. El
presidente Manuel Enrique Araujo planteó un
proyecto de reformas económicas y sociales, a
pesar de haber perfeccionado y profesionalizado
los aparatos de seguridad del Estado, que fue
truncado con su inesperada y violenta muerte.
De cualquier forma, sus reformas sociales fueron
muy limitadas, pues únicamente alcanzaron a los
trabajadores urbanos y no a los rurales (campesinos y jornaleros). Sus sucesores, los Meléndez
Quiñónez, no retomaron los planteamientos
reformistas que proponía Araujo. Sin embargo,
la poderosa familia estimuló y apoyó la organización y la activa participación de los trabajadores
urbanos en la vida política. Ahora bien, esta apertura fue aparentemente en beneficio completo de
las clases trabajadoras. La denominada “dinastía”
de los Meléndez Quiñónez también favoreció
grupos como las “Ligas Rojas” que, a pesar de
haberse filtrado en asociaciones ancestrales como
las cofradías indígenas, en una aparente estrategia
de preservar sus tradiciones, contribuyeron a legitimar con el miedo y la fuerza a la “dinastía”.
De cualquier forma, la efervescencia del movimiento trabajador en las primeras décadas del
siglo XX resulta destacable, no solo por la capacidad mostrada para organizarse en defensa de
sus intereses, a diferencia de lo que ocurrió con
los campesinos, sino también por las resistencias
que comenzaron a mostrar con los paros o huelgas. Con ello hicieron visible que eran actores
fundamentales con los que cualquier político o
partido debía contar si quería llegar al poder.
Referencias bibliográficas
1. Para más información se recomienda la lectura de las siguientes obra:
Alvarenga, Patricia. Cultura y ética de la violencia. El Salvador 1880-1932. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2001.
2. Para una mayor referencia se puede consultar: Wilson, Everett Alan. La crisis de la integración nacional en El Salvador, 1919-1935. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2001.
64
Capítulo 21 El Salvador y el mundo (1898-1930)
Xxxxxxxxxxxxxxxx
Sesión inaugural de la Corte de Justicia Centroamericana, Cartago, Costa Rica (1908). Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II.
San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 72.
Introducción
Ningún país del mundo puede entenderse fuera del
concierto de las naciones. Muchos de los acontecimientos ocurridos en las grandes potencias han
afectado en alguna medida a la sociedad salvadoreña. Es el precio de las relaciones interestatales y
sobre todo por ser zona de influencia.
Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, el
mundo entero sufrió grandes cambios cuyas repercusiones se sintieron en todos los rincones del planeta y, por supuesto, también en las relaciones de los
salvadoreños y salvadoreñas con el mundo exterior.
En este capítulo, se dará un rápido vistazo a los gran-
des acontecimientos internacionales acaecidos en
los primeros treinta años de este siglo y a la manera
como se fue elaborando una política exterior que le
asegurara a El Salvador un lugar en el concierto de
las naciones. Exigiendo muchas veces habilidad y
osadía política para concertar entre las fuerzas de
distinto signo y ganar los espacios que apuntalaran
al país. A manera de ejemplo, en las décadas en
cuestión, fue enorme el impacto que causaron en
los diferentes ámbitos del país -ya sea en la esfera
del Gobierno, la economía o los grupos socialeslos fenómenos como: la expansión comercial de las
potencias europeas, la Revolución Mexicana (1910),
la Revolución Soviética (1917), la Primera Guerra
Mundial (1914-1918), la gran depresión económica
de 1929, la baja o el alza de los precios del café en el
mercado mundial, etcétera.
65
21.1 Imperios comerciales, estadosnacionales y revoluciones: el
mundo y El Salvador
Durante muchos años, las relaciones internacionales habían estado dominadas por las potencias
europeas. A principios del siglo XX, Gran Bretaña,
Francia y Alemania eran las más modernas, no solo
desde el punto de vista económico, sino también
desde el punto de vista de su organización sociopolítica. Eran poderosos estados nacionales, relativamente homogéneos por su población e idioma. La
homogeneidad de su población permitía, además de
la formación de ejércitos eficientes, la expansión de
la educación básica de carácter uniforme y el reforzamiento de valores y sentimientos de pertenencia
nacional. El auge de las nacionalidades organizadas
en estados, acelerado por la caída abrupta de los
imperios multinacionales y multiétnicos como el
austrohúngaro y el otomano, fue tal que el Estadonación se convirtió en la aspiración de la mayoría
de los pueblos del mundo.
Paradójicamente, al tiempo que la tendencia a la
división del mundo en países separados, basada en
el principio de la soberanía de los estados, parecía
convertirse en el proceso dominante, empezó a ser
contrarrestada por la tendencia inversa: la génesis
de una comunidad global y la aparición de lazos
de dependencia mutua entre las sociedades nacionales. El progreso en las comunicaciones y el auge
del comercio internacional hacían más pequeño el
planeta, en la medida en que los intercambios entre
las diversas sociedades eran cada vez más frecuentes
y numerosos. La conciencia de formar parte de un
mismo mundo había dejado de ser teórica o filosófica y se concretaba cotidianamente en los productos
que se exportaban o se importaban, en las noticias
que se leían o en las cartas y telegramas que se recibían y se enviaban.
El Salvador no era ajeno a estos desarrollos. Por
una parte, después del fracaso de la Federación
Centroamericana, la conciencia nacional había ido
adquiriendo carta de ciudadanía. La nacionalidad
salvadoreña se perfilaba con fuerza en los símbolos
66
patrios y El Salvador, como país, iba adoptando
rápidamente rasgos propios. Al mismo tiempo, las
vinculaciones de los salvadoreños y salvadoreñas
con el mundo se hacían más numerosas y la influencia externa sobre la sociedad nacional hacía sentir
su peso en todos los aspectos de la vida cotidiana.
Gracias a las exportaciones de café y azúcar, la economía se fortaleció, la capacidad de compra de los
salvadoreños y salvadoreñas aumentó y las importaciones de bienes de consumo y de instrumentos
de trabajo se incrementaron considerablemente. A
los ojos de los grandes inversionistas del mundo
desarrollado, El Salvador se había convertido en
un país al cual se le podía prestar dinero con toda
confianza, teniendo en cuenta que su trayectoria en
materia de deuda externa era irreprochable (había
cancelado la parte que le correspondía de las deudas
de la Federación).
Y realmente así sucedió, porque el país se fue
endeudando poco a poco que ya para comienzos
de la década de 1920 la deuda pública ascendía a
$19,000,000 de dólares estadounidenses. Deuda que
será asumida integralmente por los Estados Unidos,
mediante un empréstito.1 Ante el crecimiento sostenido de la economía nacional y el crecimiento
del comercio externo, diversos inversionistas y
empresarios extranjeros se hicieron presentes en
suelos salvadoreños. Por supuesto que los primeros
en llegar fueron hombres de negocio estadounidenses que en primera instancia suplantaron al capital
inglés que venía operando desde el siglo XIX, en
constructoras, operadoras de ferrocarriles y empresas mineras.
Glosario
Estado-nación: Ordenamiento político de las
sociedades modernas, bajo la conducción de
órganos administrativos especializados, principalmente los órganos Legislativo, Ejecutivo y
Judicial; a cuyo cargo corre la soberanía de un
pueblo que habita un territorio.
Crecimiento sostenido: Crecimiento económico que se mantiene por cierto tiempo, generalmente por varios años; es decir, no es
momentáneo.
El auge del comercio modificó considerablemente
las relaciones de poder en el mundo. La competencia por la búsqueda de mercados y de materias
primas era feroz entre las grandes potencias capitalistas europeas. Para finales de siglo XIX, ya los
europeos habían tomado posesión de la mayoría
de los territorios de África, Asia y Oriente Medio,
creando así grandes imperios. En esta última etapa
de la carrera imperialista, Estados Unidos se había
consolidado como Estado nacional después de la
anexión de los territorios del norte de México en
1848 y la derrota en 1865 de los estados esclavistas
del sur que se habían separado de la unión federal.
La economía de Estados Unidos era una de las que
más beneficios había obtenido del progreso tecnológico que hizo posible el aprovechamiento de
los enormes recursos materiales de Norteamérica.
Para fines del siglo XIX, el territorio entero de
Estados Unidos estaba entrelazado por una vasta
red ferrocarrilera que permitía el movimiento de
enormes cantidades de bienes industriales y agrícolas entre sus ciudades y zonas rurales. La guerra
hispanoamericana de 1898, en la que España resultó
vencida, le dio a Washington la oportunidad de
ingresar al círculo estrecho de las grandes potencias
capitalistas del mundo.
En Europa, después de la derrota de Francia en 1871 a
manos del estado germánico de Prusia, se constituyó
el imperio alemán, con un fuerte dominio sobre el
continente. Gran Bretaña, por su parte, mantenía su
hegemonía sobre los mares sustentada en una poderosa flota naval y había realizado considerables inversiones en muchas partes del mundo, como signo también
de su poderío financiero. Las ambiciones navales del
kaiser (emperador) alemán iban a dar al traste con el
balance de poder establecido y a desatar las fuerzas que
llevaron a la Primera Guerra Mundial.
Mientras tanto, dos grandes cataclismos sociales –uno en México, en 1910, y otro en Rusia en
1917– pusieron en duda la manera tradicional de
hacer política. La Revolución Mexicana fue, como
lo serían, la revolución bolchevique poco tiempo
después y la revolución cubana cincuenta años más
tarde, uno de los acontecimientos de mayor impac-
to en el pensamiento político de los latinoamericanos y latinoamericanas de este siglo. En México,
treinta años de dictadura del presidente Porfirio
Díaz finalmente estallaron en una revuelta popular
de grandes proporciones en 1910. Pero los revolucionarios no tenían un líder único ni pensaban igual
en cuanto a los objetivos que deberían lograrse, era
evidente la ausencia de un proyecto único de nación
en México. Por eso, la revolución terminó en una
guerra civil entre bandos revolucionarios. Por un
lado, estaban los “constitucionalistas” liderados
por Venustiano Carranza, que abogaban por una
modernización nacionalista, y por el otro, los más
radicales, quienes bajo la dirección de Pancho Villa
y de Emiliano Zapata peleaban por una especie de
socialismo agrario basado en la distribución equitativa de la tierra y por el fin de la discriminación en
contra de la población indígena.
No hubo vencedores: la Constitución de 1911,
promulgada en la ciudad de Querétaro, representó
un arreglo entre los bandos en pugna. En ella se
establecía una reforma agraria que garantizaba la
propiedad campesina de carácter comunal; un código de trabajo que protegía los derechos del creciente
número de trabajadores urbanos; y una reforma
educativa de corte anticlerical que le quitaba a la
Iglesia Católica el control de la educación primaria,
declarándola pública y obligatoria. En una clara
afirmación nacionalista que habría de inspirar a
varias generaciones de latinoamericanos y latinoamericanas, el artículo 27 de la nueva Constitución
reservaba al Estado, con carácter intransferible, la
propiedad del subsuelo (es decir, de todos los minerales y depósitos que se encontraran bajo la superficie de la tierra). Ante la considerable penetración de
capitales extranjeros en las economías de los países
latinoamericanos la Revolución Mexicana lanzaba
una voz de alerta, pero lejos de detener la avalancha
de inversiones llevó a los capitalistas a tomar las
precauciones debidas, de tal modo que se garantizaran los negocios. Una de las medidas tomadas
fue reafirmar los mecanismos de control del poder,
fortaleciendo los ejércitos y los cuerpos policiales
que realizaban constantemente una labor de control
de la población, sobre todo de los partidos políticos
de oposición y de los grupos sociales radicalizados,
cayendo fácilmente en la represión.
67
En el Viejo Continente, en octubre de 1917, en
medio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918),
los revolucionarios (llamados bolcheviques) tomaron el poder en Rusia una vez que el zar (emperador) había dimitido y dejado un vacío de autoridad
en su imperio. Unos años más adelante instauraron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS), que pronto habría de extender su dominio
a todos los confines del imperio zarista. Una de las
primeras medidas de los revolucionarios soviéticos
fue sacar a su país de la Primera Guerra Mundial
mediante un tratado que firmaron con el Gobierno
del kaiser alemán.2
Vladimir Lenin, máximo dirigente de la Revolución Rusa, se
dirige a una reunión de bolcheviques. Tomado de: Historia de
El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 77.
La llegada al poder de los revolucionarios rusos,
enemigos declarados de las principales instituciones de la sociedad burguesa –la propiedad privada,
la monarquía parlamentaria, así como de la religión
y de la concepción moral burguesa de la familia–,
representó la formación de un sistema económico
y social antagónico al sistema capitalista en plena
expansión3. Su gran proyecto era la construcción de
una sociedad comunista, en la que todos los bienes
eran propiedad de todos los individuos, que debían
de servir para desarrollar sus potencialidades humanas, fin que era garantizado al ser administrados
por el Estado. Una vez derrotados Alemania y sus
aliados en 1918, los Gobiernos europeos intentaron
infructuosamente desalojar a los bolcheviques del
poder en Rusia, quienes trataban sin mucho éxito
de exportar, a su vez, la revolución a los otros países
del viejo y del nuevo mundo.
Sin embargo, muy pronto las grandes potencias
capitalistas europeas, agotadas por el esfuerzo de
68
la guerra, habrían de resignarse a establecer un
llamado “cordón sanitario” que mantuviera a los
bolcheviques dentro de las fronteras de la vieja
Rusia zarista.
21.2 El Salvador y Centroamérica bajo
la renovada “Doctrina Monroe”
La voluntad hegemónica de Estados Unidos sobre
los países de Latinoamérica, y en particular sobre
el Caribe, había sido enunciada desde 1823 por el
presidente James Monroe. La doctrina que lleva su
nombre, y que resume la conocida frase “América
para los americanos”, significó en un principio una
nueva doctrina de política exterior que pretendía
aislar al nuevo mundo de los frecuentes conflictos
que golpeaban Europa e impedir posibles intervenciones o pretensiones coloniales europeas en los
países de nuestro continente; en tanto los protegía,
en estos términos fue aceptada con beneplácito por
los latinoamericanos y latinoamericanas.
Sin embargo, la Doctrina Monroe poco a poco fue
cambiando de cariz en la medida en que Estados
Unidos se convertía en una gran potencia. La
derrota española en 1898 abriría definitivamente
el espacio para la consolidación de la hegemonía
norteamericana sobre el Hemisferio Occidental.
Glosario
Bolchevique: Miembros del partido obrero socialdemócrata ruso, quienes en su II congreso realizado en 1903 se alinearon a favor de
Lenin, pues este defendía un partido fuerte,
unificado y dirigido a establecer una sociedad
comunista.
Hegemonía: Supremacía política, económica,
cultural y militar que un Estado ejerce sobre
otros.
Kaiser: Título alemán que significa emperador.
Monarquía: Forma de gobierno de un Estado
en que gobierna una sola persona, por lo general llamada monarca o rey.
Recuadro 21.1
La guerra hispanoamericana y la Enmienda Platt
La guerra fue declarada en 1898 por Washington
contra Madrid, a raíz del hundimiento del Maine
–buque de guerra de bandera estadounidense–
mientras se encontraba anclado en el puerto de
La Habana. En pocos meses, la armada española
fue derrotada frente a las costas de Cuba por la
escuadra norteamericana. En virtud del armisticio de 1898, el Gobierno español se comprometió a abandonar su colonia de Cuba y le cedió
a Estados Unidos la administración de Puerto
Rico, la ciudad de Manila y la isla de Guam en el
Pacífico. Posteriormente, a cambio de 20 millones
de dólares, España dejó en manos estadounidenses la administración de las 7,000 islas del
archipiélago de las Filipinas (lo que convertía a
El poder militar y económico que Estados Unidos
mostró desde inicios del siglo XX era más que
suficiente para imponer su voluntad, mismo que
después de la Primera Guerra Mundial y de la
Revolución Rusa fue visto como protector por los
países occidentales que se sentían amenazados por
las nuevas fuerzas emergentes de carácter expansionista del entorno occidental.
Gran Bretaña, por su parte, consciente de la declinación de su poderío, formalizó la decisión de abandonar sus derechos en la construcción del canal
interoceánico en Panamá en favor del Gobierno
de Estados Unidos. En 1903, el Estado de Panamá
Hundimiento del Maine –buque de guerra estadounidense–
mientras estaba anclado en el puerto de La Habana.
Estados Unidos en una de las potencias coloniales
compitiendo por influencia en el Lejano Oriente).
En el Caribe, Puerto Rico pasó a ser un protectorado norteamericano, mientras que en el caso de
Cuba, país nominalmente soberano, el Gobierno
de Washington se atribuyó el privilegio de aprobar sus tratados, controlar sus finanzas e intervenir militarmente en la isla con el fin de garantizar
lo que definía como la “paz social”.
El derecho que Estados Unidos creía tener para
intervenir en Cuba se lo otorgaba una ley aprobada por el Congreso norteamericano conocida
como la enmienda Platt y que fue incluida posteriormente en la misma Constitución cubana.
declaró su independencia de Colombia, con el
abierto respaldo de Estados Unidos, e inmediatamente después le otorgó a Washington derechos a
perpetuidad sobre una franja de tierra de 10 millas
de ancho para la construcción de un canal interoceánico que había quedado inconcluso.
En 1904, el presidente Teodoro Roosevelt anunció
al mundo, sin despertar la menor oposición por
parte de las otras grandes potencias, el derecho
exclusivo de su país de ejercer las funciones de
policía internacional en el Hemisferio Occidental.
Esta declaración unilateral del Gobierno de Estados
Unidos pasó a ser conocida como el Corolario
Roosevelt a la Doctrina Monroe.
Así, el camino quedó allanado para Estados Unidos,
quien no demoró en aprovechar sus ventajas para
imprimirle velocidad a su propio desarrollo, que desde
muy temprano comenzó a perfilar una orientación
bien definida, cuyos intereses eran políticos y económicos. Los países que caían bajo su zona de influencia
eran mercados prometedores de bienes y servicios que
además contaban con importantes recursos naturales.
Pero lo mas importante era conseguir nuevos mercados para los productos estadounidenses.
69
Recuadro 21.2
El Corolario Roosevelt
El presidente Teodoro Roosevelt, adalid del imperialismo norteamericano, justificó la intervención
del Gobierno de Washington en los asuntos internos de otros países en los siguientes términos:
El mal proceder crónico, o la impotencia resultante de un relajamiento general de la sociedad,
pueden requerir, en última instancia, en América
como en otras partes, la intervención de algún
país civilizado. En el continente americano, la
Los objetivos de la política de Washington en el
caso específico del istmo centroamericano eran
tres: a) conseguir mercados para sus productos y
materias primas para sus industrias y consumidores; b) garantizar estabilidad para sus inversiones;
y c) conseguir y proteger una ruta transcontinental
barata y segura. A los tres objetivos fundamentales
de la política de Estados Unidos aducidos para
Centroamérica, se añadía, en el contexto latinoamericano más general, un cuarto: establecer un mecanismo de paz interamericana, tanto para evitarle a
las potencias europeas la tentación de intervenir en
América, como para proporcionarle a sus inversionistas la estabilidad necesaria para el florecimiento
de sus negocios.
Por supuesto, Centroamérica no tendrá la capacidad para obtener iguales ventajas. Las elites económicas no verán más allá de sus estrechos intereses,
arrastrando consigo a los gobiernos. Como resultado, unos pocos se enriquecerán y los excluidos del
desarrollo expresarán su descontento, convulsionando las sociedades.
La Primera Conferencia Internacional de Estados
Americanos tuvo lugar en Washington, del 20 de
octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. El programa
de la conferencia, elaborado por Estados Unidos,
incluía tanto una propuesta de unión aduanera –de
acuerdo a sus intereses comerciales– como la idea de
adopción de un mecanismo permanente para el arbi70
adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina
Monroe puede obligar a este país, por poco que lo
desee, al ejercicio de un poder policial internacional en casos flagrantes de malos procederes o de
impotencia.
Fue Teodoro Roosevelt también el que formuló
la llamada política del “Gran Garrote”, que consistía, según sus palabras, en hablar suavemente
pero andar armado de un gran garrote.
traje de todas las disputas entre los Estados americanos, de acuerdo a sus preocupaciones de seguridad.
Teodoro Roosevelt, fue el 26º presidente de Estados Unidos. Destacado
por impulsar a su país como potencia mundial, héroe nacional y Premio
Nobel de la Paz.
Recuadro 21.3
Las conferencias panamericanas
1889-90
1901-02
1906
1910
1923
1928
1929
Washington, EE. UU.
Ciudad de México, México
Río de Janeiro, Brasil
Buenos Aires, Argentina
Santiago, Chile
La Habana, Cuba
Washington, EE. UU.
Para los latinoamericanos y latinoamericanas era de
particular interés –y lo seguiría siendo– el debate
sobre reclamaciones e intervención diplomática.
Desde hacía años, invocando la existencia de un
derecho internacional americano, los latinoamericanos y latinoamericanas abogaban por la igualdad
de condiciones en el trato de nacionales, extranjeras y extranjeros en sus respectivos países. Esta
posición, conocida como la Doctrina Calvo, era
rechazada por las grandes potencias, entre ellas
Estados Unidos. Estos sostenían que, de acuerdo
con el derecho internacional, los estados debían
mantener una norma mínima de conducta en sus
tratos con extranjeros y extranjeras, independientemente de cómo trataran a sus propios ciudadanos
y ciudadanas.
Recuadro 21.4
Las doctrinas latinoamericanas de política exterior
Frente a las pretensiones norteamericanas y
europeas de que se otorgara trato preferencial
a sus ciudadanos, ciudadanas y empresas en los
países latinoamericanos, diversos estadistas y
abogados formularon planteamientos que rechazaban esas pretensiones. Asimismo, trataron
de resolver el difícil problema de cuándo debía
otorgársele reconocimiento diplomático a un
Gobierno, sobre todo si dicho Gobierno había
surgido de un golpe de Estado. A continuación,
un resumen de algunas de estas políticas.
1. Doctrina Calvo (argentina): la nación no tiene
ni reconoce a favor de los extranjeros ningunas
otras obligaciones o responsabilidades que las
que a favor de los nacionales se hallen establecidas en igual caso por la Constitución y las
Leyes. Esta doctrina supone, entonces, que
nadie, independientemente de su nacionalidad, tiene derecho a un tratamiento especial
cuando se halle dentro del territorio del país
en cuestión.
La posición de las grandes potencias se traducía,
concretamente, en la inclusión de cláusulas de
extraterritorialidad en los contratos comerciales y
en las intervenciones de sus Gobiernos en asuntos
internos de los demás países. Es decir, el extranjero
en un determinado país podría pedir el auxilio de su
Gobierno si se sentía tratado injustamente por las
leyes o autoridades del país en el cual residía. A partir de 1902, el Gobierno de Estados Unidos asumiría
tanto la defensa de sus ciudadanos, ciudadanas y
de sus propiedades como, en virtud del Corolario
2. Doctrina Drago (argentina): las deudas públicas no dan lugar a la intervención armada y
menos aún a la ocupación material del suelo de
naciones americanas por una potencia europea.
En otras palabras, ningún país tiene derecho a
intervenir en otro para obligarle a pagar lo que
debe a extranjeros.
3. Doctrina Estrada (mexicana): el reconocimiento de un Gobierno debe ser automático,
independientemente de sus orígenes. Este planteamiento supone que no incumbe a Gobiernos
extranjeros determinar si el Gobierno de un
país es legítimo o no.
4. Doctrina Tobar (ecuatoriana): los Gobiernos
de facto (es decir, aquellos surgidos de un golpe
de Estado) no deben ser reconocidos. A diferencia de la Doctrina Estrada, esta sí supone
que el origen de un Gobierno debe tomarse en
cuenta antes de extendérsele reconocimiento
diplomático.
Roosevelt, aquella en beneficio de los ciudadanos
y ciudadanas de las otras grandes potencias. Para
1910, la política del “Gran Garrote”, según la definición misma hecha por el presidente Roosevelt,
había producido muchas intervenciones militares
en Centroamérica y en el Caribe. Es cierto que la
inestabilidad en el istmo era perenne: la injerencia
de los diferentes Gobiernos en los asuntos internos
de sus vecinos tenía a la región constantemente al
borde de la guerra y llevaba a los centroamericanos
a enfrentarse militarmente con frecuencia.
71
Recuadro 21.5
Cronología de las intervenciones militares de Estados Unidos
en Centroamérica y el Caribe (1901-1933)
1901
1902
1903
1903-14
1904
1906-08
1907
1910
1911
1912
1912
1912-25
Colombia (Panamá), del 20/11 al 4/12
Colombia (Panamá), del 17/09 al
18/11
Honduras, del 23/03 al 31/03
Panamá
República Dominicana, del 21/01 al
11/02
Cuba
Honduras, del 10/03 al 8/06
Nicaragua, del 10/05 al 4/09
Honduras, 26/01
Panamá
Cuba, del 5/06 al 5/08
Nicaragua
La precaria estabilidad política en el istmo debida a sus constantes guerras preocupaba tanto a
Washington como a México. Dos individuos se
disputaban la hegemonía en el área: Manuel Estrada
Cabrera, presidente de Guatemala, y José Santos
Zelaya, presidente de Nicaragua. Entre 1906 y
1909 –año en que Zelaya fue derrocado– estallaron
conflictos armados entre El Salvador y Guatemala
(1906), y entre El Salvador, Honduras y Nicaragua
(1907). Estados Unidos debía garantizar –como se
ha señalado– no solo las inversiones de sus ciudadanos en la región, sino también, y sobre todo, la seguridad de la ruta transístmica a través de Panamá,
por la cual transitaba ya una parte importante del
comercio entre las costas este y oeste de Estados
Unidos de América.
México, por su parte, veía con sospecha cualquier
posibilidad de que Guatemala se fortaleciera y temía
que, fuese su vecino del sur el que impusiera, bajo su
hegemonía, la paz en el área centroamericana.
De común acuerdo, Teodoro Roosevelt y Porfirio
Díaz convocaron a sus homólogos centroamericanos a una conferencia para contribuir a la solución
pacífica de los conflictos en la región, la cual se deno72
1914
1914
1915-34
1916-24
1917-22
Haití, del 29/01 al 19/10
República Dominicana, durante
junio y julio
Haití
República Dominicana
Cuba
1918-20
1919
1920
1925
1925
1926-33
1933
Panamá
Honduras, del 8 al 12/09
Guatemala, del 9 al 27/04
Panamá, del 12 al 23/10
Honduras, del 19 al 21/04
Nicaragua
Cuba
minó Conferencia de Paz Centroamericana. Los
representantes plenipotenciarios de los cinco mandatarios se reunieron en la ciudad de Washington,
del 14 de noviembre al 20 de diciembre de 1907. La
reunión fue considerada un éxito desde el punto
de vista diplomático, gracias a la suscripción del
Tratado de Paz y Amistad y a la creación de la Corte
de Justicia Centroamericana, éxito no obstante parcial en la medida en que ambos compromisos tenían
vigencia solo por diez años.
No es raro estimar que, los países centroamericanos
hayan convenido en concurrir a la invitación de
Estados Unidos y México porque veían inminente
una intervención armada de ambos países para
imponer la paz en la región, dado el temor de estos
a que lo hiciera Alemania.
Sin embargo, aparte de todo, es importante señalar
que la Conferencia, con el establecimiento de la
Corte, marcó un hecho sin precedentes no solo en
el ámbito centroamericano sino internacional, porque fue el primer tribunal de ese tipo que se implementó, surgido sobre todo en una región donde los
conflictos entre los estados eran frecuentes.
Recuadro 21.6
El Tratado de Paz centroamericano
(1907)
Recuadro 21.7
La Corte de Justicia
Centroamericana
En el Tratado de Paz y Amistad, las cinco naciones reconocían como deber el mantenimiento
de la paz y se comprometían a buscar la resolución de sus conflictos por medio de la Corte
Centroamericana. Honduras, país colindante
con tres de los cinco países de la región, era particularmente vulnerable a las intervenciones de
sus vecinos. Con el fin de asegurar la integridad
de este país, en el tratado se estipuló la neutralidad permanente de la República hondureña,
calidad que los otros cuatro países se comprometieron a respetar.
La Corte de Justicia Centroamericana inició sus
labores el 25 de mayo de 1908 en la ciudad de
Cartago, antigua capital colonial de Costa Rica,
pero después del terremoto de 1910 trasladó su
sede a San José. De acuerdo con la convención
establecida para su creación, la Corte tenía
amplia jurisdicción sobre las controversias
entre los Estados que las sometieran, cuando
las cancillerías no hubieran podido llegar a
un acuerdo. Asimismo, de manera precursora,
aceptaba conocer como instancia de apelación
supranacional, demandas de personas contra
alguno de los Estados que hubieran violado
acuerdos o tratados y que lo actuado hubiese
ido en detrimento de los derechos individuales.
La competencia del alto tribunal se extendía
tanto a casos entre Estados centroamericanos,
como casos entre Gobiernos centroamericanos y extranjeros. La Corte estaba integrada
por cinco magistrados nombrados por sus respectivas legislaturas. Cada país nombraba tres
magistrados, un propietario y dos suplentes, de
acuerdo con los requisitos exigidos para ocupar
la magistratura de su Corte Suprema. El directorio se elegía cada año y estaba formado por un
Presidente y un Vicepresidente. Para sesionar
debían estar presentes representantes de cada
uno de los países miembros. Ningún país podía
renunciar a su participación.
Los Gobiernos centroamericanos también instituyeron el derecho de asilo, el cual podía ser
otorgado en barcos mercantes de cualquier
nacionalidad; sin embargo, acordaron negarle protección en sus territorios a los líderes
revolucionarios provenientes de cualquiera de
los otros países signatarios y no reconocer a
ningún Gobierno de facto. En nombre de la
nación centroamericana, resolvieron otorgar
la igualdad de protección a las personas y bienes de los cinco estados, así como tratamiento
nacional ilimitado para las naves comerciales
de los países contratantes. Lógicamente, con el
establecimiento de la Corte se estaba dejando
sin vigencia los llamados Pactos de Marblehead
y Amapala de 1906, en los que algunos estados
centroamericanos cedieron el derecho a los
presidentes de Estados Unidos y México de
actuar como árbitros obligados en los conflictos
centroamericanos.
El primer caso que se le presentó a la Corte fue una
demanda del Gobierno de Honduras en contra de los
Gobiernos de El Salvador y Guatemala acusándolos
de violar su integridad y de favorecer a los grupos
revolucionarios que conspiraban en su contra. El
fallo fue absolutorio; sin embargo, los magistrados
conminaron a las autoridades salvadoreñas y gua-
Los magistrados salvadoreños ante la Corte
de Justicia Centroamericana durante sus diez
años de vigencia fueron: Salvador Gallegos,
Salvador Rodríguez, Fernando Mejía, Hermógenes
Alvarado, Francisco Martínez Suárez, Manuel
Morales, Manuel Castro Ramírez y Alfonso
Reyes.
temaltecas a que tomaran las medidas pertinentes
con el fin de garantizar, de la manera más adecuada,
la neutralidad a la que se habían comprometido en
virtud del Tratado de Paz y Amistad.
73
Sin embargo, fue en agosto de 1916, solo dos
años antes de que caducara la vigencia del tribunal internacional, que se le presentó a la Corte su
caso más importante, a raíz de la suscripción del
tratado Chamorro-Bryan entre los Gobiernos de
Washington y Managua. En virtud del mencionado acuerdo, el Gobierno nicaragüense concedía
a perpetuidad al Gobierno de Estados Unidos los
derechos de propiedad exclusivos de los terrenos e
instalaciones necesarios para la construcción de un
canal interoceánico por la vía del río San Juan y el
Gran Lago de Nicaragua. También daba en arriendo, por el término prorrogable de noventa y nueve
años, las islas Grande y Pequeña del Maíz; asimis-
mo, otorgaba bajo similares condiciones el permiso
de establecer una base naval norteamericana en el
Golfo de Fonseca. A los ojos de los salvadoreños
y de los costarricenses, las concesiones hechas por
Nicaragua constituían una flagrante violación de su
soberanía. Costa Rica alegaba que el tratado cuestionaba directamente sus derechos de libre navegación
en el río San Juan y de condominio en la bahía de
San Juan del Norte y de Salinas. El Salvador, por su
parte, aducía que el tratado Chamorro-Bryan ponía
en peligro su seguridad nacional y desconocía sus
derechos de condominio sobre el Golfo de Fonseca.
Su posición a este respecto quedó plasmada en lo que
se conoce hasta hoy como la Doctrina Meléndez.
Recuadro 21.8
La Doctrina Meléndez
La Doctrina Meléndez, enunciada por el presidente salvadoreño de entonces, Carlos Meléndez,
sostiene que el Golfo de Fonseca puede considerarse como una “bahía territorial” por su configuración geográfica y por razones históricas.
Esto significa, de acuerdo con una interpretación
dominante del Derecho internacional, que el
En el juicio, habrían de debatirse importantes cuestiones de Derecho internacional que han seguido siendo objeto de controversia, tanto en Centroamérica
como en otras latitudes: los criterios para la determinación de las aguas territoriales, la definición de
lo que constituye una bahía histórica y el significado
de la amenaza que para un país tiene la ubicación
de instalaciones militares cerca de sus fronteras. La
Corte, por cuatro votos contra uno, falló en favor de
los demandantes. Pero el Gobierno de Nicaragua,
apoyado por Washington, rehusó acatar la sentencia
en su contra, lo que constituyó un golpe mortal a
las esperanzas de que se prorrogara la existencia del
alto tribunal.
En vista de la negativa nicaragüense y con el fin de
evitar la desaparición de la Corte, el Gobierno de El
Salvador propuso la celebración de una nueva conferencia en la que los centroamericanos estudiaran
las posibilidades de mantener a la Corte y avanzaran
74
conjunto de sus aguas constituye un golfo o bahía
común e indiviso para los países que lo poseen y
han hecho en él afirmación de su soberanía de
acuerdo a la Ley. Es decir, el Golfo de Fonseca se
posee en condominio, de tal manera que ninguno de los Estados que tienen derechos sobre él
pueden decidir en cuestiones que lo afecten sin el
consentimiento de los demás.
aún más en el establecimiento de un número mayor
de instituciones comunes. Desafortunadamente,
intereses poderosos conspiraban en contra de su
sobreviviencia y, a pesar de los esfuerzos de la diplomacia salvadoreña, la Corte Centroamericana de
Justicia cesó sus funciones en marzo de 1918. La
conferencia propuesta por El Salvador se realizó
finalmente en 1921 y en ella tuvo lugar la última
tentativa de Federación Centroamericana.
La contribución de Estados Unidos al fracaso de la
Corte es paradógica, porque dicha nación era la que
había promovido la creación de una instancia regional para dirimir los conflictos y ahora, precisamente
por salvaguardar sus propios intereses (suscritos
en el Tratado Bryan-Chamorro) no le importaba
estropearla, algo que resultaba irónico porque el
presidente Woodrow Wilson decía basar su política
exterior en apego a principios morales y al derecho
internacional.
21.3 La política exterior del país
Las elites salvadoreñas no estaban en contra de una
mayor integración de El Salvador en el mundo; al
contrario, buscaban abrirse al mundo y contrarrestar así las limitaciones de la pequeñez geográfica del
territorio nacional. El objetivo de la política exterior
de El Salvador fue, desde muy pronto, el de multiplicar los vínculos del país con el extranjero: primero con los países centroamericanos, su entorno
inmediato; después con Europa y Estados Unidos,
sus principales socios comerciales; en tercer lugar,
con México y con los países de América del Sur; y,
después de la Primera Guerra Mundial, con Japón y
China, los grandes países de Asia.
Desde el punto de vista de la definición de la seguridad nacional, El Salvador fue siempre un gran
defensor de la idea de una Centroamérica unida.
Invariablemente, las elites salvadoreñas favorecieron los intentos de unión y cooperación centroamericanas. Sin embargo, muy pronto, pese al objetivo
de la conformación de una patria común, definieron
los intereses específicos de la seguridad del país.
Estos fueron determinados, en primera instancia,
por la voluntad de no sucumbir a la hegemonía del
vecino guatemalteco. Situación que dejo de estar
presente en el país hasta principios del siglo XX.
camente en las capitales de los países que luchaban
contra Alemania y el imperio austro-húngaro. Esta
decisión le valió al país ser invitado a participar,
como miembro original, en la Liga de las Naciones,
hecho que entusiasmó mucho a los salvadoreños. La
Liga de las Naciones, llamada también Sociedad de
Naciones, fue creada por el Tratado de Versalles, en
junio de 1919. Pretendía establecer las bases para la
paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez terminada la Primera Guerra Mundial.
Dicha Liga tomó como principios la cooperación
internacional, el arbitraje de los conflictos y la seguridad colectiva; queriendo evitar un nuevo conflicto
entre los estados.
En noviembre de 1920, en Ginebra (Suiza) se realizó
la primera asamblea de la Liga, con la participación
de 42 países, entre los cuales estuvo El Salvador. La
vida de la Liga terminó en abril de 1946, al final de
la Segunda Guerra Mundial, al ser sucedida por la
Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los
principios constitutivos de esta organización mundial respondían a las preocupaciones más básicas de
las elites salvadoreñas en cuanto a la definición del
interés de la nación: el respeto absoluto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los
pueblos grandes, así como de los pueblos pequeños.
En sus relaciones con los otros países centroamericanos, los responsables de la política exterior salvadoreña habían hecho propios cuatro principios,
aceptados por todos en los Tratados de Washington
de 1907: 1) la no intervención en los asuntos internos de los demás Estados; 2) el cumplimiento de los
deberes de buena vecindad; 3) la igualdad de trato
para con todos los Gobiernos constituidos; y 4) la
voluntad de aumentar los vínculos económicos y
políticos entre las cinco Repúblicas.
Más allá de Centroamérica, en sus relaciones con el
resto del mundo, los intereses salvadoreños estaban
determinados por consideraciones de índole comercial. Desde el punto de vista político, El Salvador
se declaró neutral en la Primera Guerra Mundial,
aunque mantuvo representación diplomática úni-
El Dr. José Gustavo Guerrero diplomático salvadoreño. Representó al país en las principales capitales europeas. Presidió
la décima Asamblea General de la Sociedad de las Naciones
(septiembre de 1929) y fue por varios años juez de la Corte
Internacional de Justicia de La Haya. Tomado de: Historia de
El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 88.
75
La diplomacia salvadoreña había empezado a desarrollarse, en forma consistente, como consecuencia
de la multiplicación de los vínculos de la nación con
el resto del mundo.
La Primera Guerra Mundial desaceleró este proceso. Entre 1914 y 1918 el país no estableció nuevas
oficinas consulares y el intercambio diplomático se
redujo con los países europeos y casi desapareció
con los de América del Sur. Una vez firmada la
paz, el auge comercial que se esperaba como consecuencia inmediata del fin de las hostilidades llevó
al país a poner en práctica reformas del servicio
exterior que habían sido decretadas años atrás por
el Gobierno del presidente Araujo cuando se creó
el servicio consular, pero que a raíz de la guerra no
habían podido ser cabalmente implementadas.
Para El Salvador no fue nada fácil tener representaciones diplomáticas con el resto del mundo, no
tanto por los acuerdos en las relaciones bilaterales
sino por los costos que implicaba rentar una casa y
mantener a un personal. Los pasos se fueron dando
de acuerdo con los ingresos del Estado, aunque los
gobiernos hicieron un esfuerzo porque comprendían que eran también los medios para establecer
vínculos comerciales.
El país tenía dos tipos de representaciones en el
exterior: las representaciones diplomáticas, encargadas de los asuntos políticos, y los consulados,
cuya función era la de facilitar las transacciones
comerciales. Para 1918, El Salvador tenía ministros plenipotenciarios al frente de delegaciones de
primera clase en Estados Unidos, México, Gran
Bretaña, Francia, Italia y España paises con los que
se tenía el grueso de la relaciones comerciales en el
mundo. No tenía ninguna en Sudamérica, pero se
empezaban a explorar las posibilidades de establecer
representaciones diplomáticas con China y Japón y
de restablecer vínculos con la Alemania derrotada.
En Centroamérica, a pesar del interés por reconstituir la Patria Grande, siempre presente en el discurso diplomático salvadoreño, hasta 1920 solo en
Guatemala se tenía un ministro plenipotenciario. Es
76
interesante destacar, no obstante, que existía entre
los países de la región un importante intercambio
comercial que los había llevado ya a establecer convenios de franquicias fiscales para los principales
productos de exportación. En el caso de las relaciones comerciales con Honduras, por ejemplo, se
estableció en 1918 un Tratado de Libre Comercio.
Pocos años más tarde, después de la inauguración
del ferrocarril que unía a El Salvador con Puerto
Barrios, en el Atlántico, se negoció un convenio
similar con Guatemala.
En las primera décadas del siglo XX, las relaciones
diplomáticas formales de El Salvador con los países
centroamericanos, a pesar de la cercanía, no supuso la apertura de embajadas y consulados, ya que
resultaba muy oneroso. Las relaciones comerciales
se llevaban a cabo casi de forma espontánea, los
formalismo apenas se dieron con los tratados de
libre comercio que celebró con algunos países. Del
mismo modo, antes y después de la Corte de Justicia
Centroamericana, los problemas solían ventilarse en
reuniones bilaterales preparadas a la ocasión.
No cabe duda que los constantes conflictos que se
daban entre los vecinos países del área hacían frágiles las relaciones diplomáticas entre ellos. Incluso, la
inestabilidad política de la región desalentaba la instalación de legaciones de otros países del mundo.
Legación Americana en El Salvador. Tomado de: Catálogo de
fotografías del siglo XIX y XX. La República. Banco Agrícola.
Recuadro 21.9
Las tentativas de unión centroamericana
1824
1842
1852
1889
1895
1898
1921
Las Provincias Unidas del Centro de América
La Confederación Centroamericana (El Salvador, Honduras y Nicaragua)
La República de América Central
La Segunda República de América Central
La República Mayor de Centro América (El Salvador, Honduras y Nicaragua)
Los Estados Unidos de América Central (El Salvador, Honduras y Nicaragua)
La Federación Centroamericana
En cuanto al servicio consular, en 1921, estaba
compuesto por 76 consulados. Había un consulado
salvadoreño prácticamente en todos los puertos
importantes del mundo. Aunque el intercambio
comercial era mucho más fuerte con algunos países
que con otros, el número de consulados salvadoreños es indicativo del grado de integración comercial
que había logrado el país con el mundo.
No todas las representaciones diplomáticas tenían el
mismo nivel, existían legaciones de primera, segunda y tercera clase, según la importancia comercial
que el Gobierno de El Salvador le atribuyera a la
relación con el Gobierno frente al que estuvieran
acreditadas. Con los consulados pasaba algo similar,
pues tenían la categoría de generales y corrientes,
según el número de transacciones comerciales que
debían atender.
Como El Salvador era un país pequeño, pobre y de
poca incidencia en la política y economía mundial
no fue una necesidad imperiosa el mantenimiento
de legaciones en el exterior; y al parecer esa era la
conciencia que al respecto tenían los gobernantes,
por lo que era un lujo que el país podía darse dependiendo del flujo comercial y de los buenos precios
de las exportaciones. En este sentido, la década de
los años veintes se cerraba golpeando significativamente la diplomacia salvadoreña, esperando mejores tiempos para recuperarla.
El auge comercial, diplomático y consular surgido a
raíz del fin de la guerra se vio de nuevo entorpecido
por la crisis económica de 1929. Los gastos de legaciones y consulados fueron restringidos, y el personal diplomático y consular drásticamente reducido.
La baja en los precios del café, el principal producto
de exportación, tuvo graves repercusiones para la
economía y la sociedad salvadoreñas.
Pasarían varios años antes de que la política exterior
salvadoreña y la diplomacia del país volvieran a ocupar un lugar estratégico en las políticas de desarrollo
nacional tanto diplomáticas como comerciales.
Recepción diplomática pasando frente al correo, San Salvador.
Tomado de: Catálogo de fotografías históricas de El Salvador.
Fotocopia en propiedad del Museo Nacional de Antropología Dr.
David J. Guzmán.
77
Conclusión
Es a partir de 1900, aproximadamente, que el
Gobierno de El Salvador estuvo en capacidad
de hacerse presente en la política internacional.
Por un lado, cobró importancia la exportación
de café, lo que obligó al país a interesarse más en
los asuntos políticos y económicos que afectarían
dichas exportaciones. Por otro lado, las grandes
potencias, especialmente Estados Unidos, se interesaron más en la región centroamericana por su
posición estratégica con relación a la construcción de una vía interoceánica. Eventualmente,
al ponerse en operación el Canal de Panamá,
Estados Unidos jugaría un papel de suma importancia en los asuntos centroamericanos, debido al
interés norteamericano de asegurar la estabilidad
política y militar en la región.
Por supuesto que este contexto internacional
en el que se vio involucrado El Salvador, gracias
a la exportación del café y a la modernización
de su diplomacia, debe entenderse a través de
los profundos cambios que se suscitaron y, a la
vez, influyeron sobre el país directa o indirectamente. La formación y consolidación de los
estados-nacionales en Europa, fundamentalmente Alemania e Italia, se constituyeron en modelos
políticos y simbólicos de los países latinoamericanos. Pero, también contribuyó a aumentar
la carrera imperialista que hasta ese momento
ejercía Gran Bretaña en las rutas comerciales a
través de los océanos.
Las Revoluciones Mexicana y Rusa impactaron en
la configuración de sus naciones, pero también sus
programas de justicia social, laicismo estatal o de
educación universal y gratuita fueron conocidos,
reflexionados e, incluso, asumidos paulatinamen-
te por diversos sectores sociales. El interés estadounidense en Centroamérica hay que verlo desde
la sustentación ideológica de la Doctrina Monroe
y sus cambios a lo largo del siglo XIX. A partir
de esa teoría, conocida también como Doctrina
del Destino Manifiesto, los Estados Unidos argumentaron su presencia en la región. Presencia
que fue más allá de sus intervenciones militares
–bajo el argumento de ser la instancia gendarme
del continente– y de contribuir como árbitro en
los conflictos centroamericanos. También, ejerció
presión para la formación de una región económica (panamericanismo) en la cual, a todas luces,
dicha nación saldría beneficiada. Ello condujo a
fortalecer un espíritu “latinoamericanista” por el
que intelectuales, como el cubano José Martí, apelaron a la unidad de los países de habla y cultura
hispánica para hacer frente a lo que ellos consideraron el advenimiento de un nuevo imperialismo
en la región.
A pesar de los avances dados por El Salvador en
materia diplomática en las últimas décadas del
siglo XIX y las primeras del siglo XX, la crisis de
la economía mundial de 1929 llevó al país a un
retroceso, al no poder financiarse los elevados
costos que implicaban las representaciones.
Sin duda alguna los gobernantes salvadoreños,
desde muy temprano, comprendieron que la política exterior formaba parte de cualquier estrategia
de desarrollo del país, pero implementarla dependía de los ingresos que se obtenían de las exportaciones y de las importaciones. En ese sentido,
los precios del café y su comercialización en el
mercado internacional era la clave.
Referencias bibliográficas
1. QUINTEROS, César Emilio. “La dinastía Meléndez Quiñónez”. En MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar (coordinador). El Salvador: Historia General.
San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque 2007. p. 82.
2. ARÓSTEGUI, Julio y otros. El mundo contemporáneo: historia y problemas. Barcelona: Critica, 2001. pp. 484-415; HOBSBAWM, Eric. Historia
del siglo XX. Buenos Aires: Critica,1995.
3. MARX, Karl y ENGELS, Federico. Manifiesto del Partido Comunista. México: Editores Mexicanos Unidos 1997. MARX, Karl y ENGELS, Federico. Ideología alemana. San Salvador: UCA Editores, 1988; MARX, Karl. 1994. Manuscritos de economía y filosofía. Madrid: Alianza Editorial,
1994.
78
Capítulo 22 La cultura de la República cafetalera
Un globo aerostático llama la atención de los pobladores de San Salvador a fines del siglo XIX. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 90.
Introducción
El cultivo y la exportación en gran escala del café
significaron que la cultura, gustos y costumbres de
la burguesía del mundo exterior se hicieran presente
en la sociedad salvadoreña como nunca antes.
Durante los años de dominación española, el contacto con el mundo exterior se manifestaba en alguno que otro producto que se recibía de Europa, en
alguna que otra moda que se imitaba y en el cúmulo
de leyes, disposiciones y costumbres que España
imponía a sus súbditos; además, por supuesto, de la
religión católica.
Pero la sociedad colonial, en general, vivió distante
de los cambios que se operaban en el Viejo Mundo.
Así, los grandes descubrimientos científicos no
se conocieron en su momento, los adelantos de la
medicina no se aprovecharon plenamente y las nuevas doctrinas políticas llegaban lentamente. Sin exagerar, El Salvador, aun después de la Independencia,
era una región que vivía al margen del resto del
mundo. Sin negar que hubo un reducido número
de criollos que tuvo un cierto acceso a las corrientes
filosóficas, científicas, arquitectónicas y tecnológicas del momento. Pero el cultivo del café alteró todo
eso al integrar al país abiertamente a las principales
corrientes culturales del mundo occidental.
En efecto, los ingresos del café permitieron al gobierno y a las elites conocer e importar las nuevas ideas
producidas en Europa y Norteamérica, imitar las
modas, importar vehículos, construir carreteras e
implementar el ferrocarril, entre otras cosas. Por
supuesto que los ingresos del café llevaron también
a que la sociedad salvadoreña se dividiera más culturalmente, porque siempre quedó un remanente de
la población que no obtuvo ningún beneficio.
79
22.1 Las ideas de progreso
Hacia mediados del siglo XIX, Europa y Norteamérica iniciaban su despegue acelerado hacia la
industrialización. Los productos europeos y norteamericanos, elaborados en grandes fábricas y
transportados por ferrocarriles y barcos de vapor,
comenzaron a introducirse en todas partes del
mundo. Detrás de esta producción estaban los
estados, con sus fuerzas militares y diplomáticas,
prestos a apoyar a sus comerciantes e industriales
para conseguir mercados seguros y lucrativos en los
países de Latinoamérica, África y Asia. Con el paso
del tiempo, estos Gobiernos también se interesaron
en apoyar las inversiones directas de sus capitalistas en los países pobres del globo.
Ante los ojos de las y los habitantes de El Salvador,
el poderío y la riqueza desplegados por los países
industrializados eran sinónimo de progreso. Tanto
los salvadoreños y salvadoreñas que se quedaban
en su patria como aquellos que viajaban al exterior
podían percatarse del progreso logrado por los países ricos. Los que veían llegar los barcos de vapor
a los puertos de Acajutla, La Libertad y La Unión
sabían que la tecnología encerrada en sus cascos era
producto de grandes avances científicos y económicos. Los que visitaban las principales ciudades del
mundo industrializado quedaban asombrados por
los avances del transporte público, los acueductos y
el alumbrado en las calles. También, se percataron
del enorme poder militar que habían desarrollado
estos países industrializados: Inglaterra con su flota
de guerra, Alemania y Francia con sus grandes ejércitos. Todo ello como resultado del progreso.
¿Cómo debería entenderse el progreso? El progreso tenía en realidad dos caras. Una, la más obvia,
era la aceptación y la puesta en marcha de nuevas
formas de hacer las cosas. Por ejemplo, en vez de
hacer telas a mano o con telares artesanales, debían
hacerse con telares automáticos movidos por la
fuerza de máquinas de vapor. Se suponía que al
sustituir la mano de obra por la máquina se estaría
logrando mayor producción a menores precios,
lo que era bueno. El progreso también significaba
utilizar medios modernos de transporte, como el
80
ferrocarril, para transportar carga y pasajeros y no
seguir dependiendo de carretas y carruajes que,
obviamente, eran lentos y anacrónicos. El progreso
era sinónimo, por tanto, de lo moderno.
La otra cara del progreso, tal como se entendía en
aquellos tiempos, significaba rechazar lo viejo, lo
tradicional, por ser precisamente un obstáculo para
introducir lo nuevo. Los que creían en el progreso
eran particularmente enemigos de todo aquello que
en Centroamérica y El Salvador tenía aspecto de
“colonial”. ¿Por qué? Pues, sencillamente porque
lo colonial era considerado atrasado, contrario al
progreso. Por ejemplo, la propiedad colectiva de las
comunidades indígenas era considerada un obstáculo para el desarrollo de la agricultura eficiente;
por tanto, era necesario acabar legalmente con esa
forma de propiedad (como ocurrió efectivamente
en 1880 y 1881, con las leyes de extinción de ejidos
y tierras comunales). La cultura de los pueblos
indígenas también llegó a considerarse atrasada:
su idioma náhuatl, su organización comunal y
su apego a las viejas costumbres se interpretaban
como un tropiezo al progreso. De igual manera, si
las creencias religiosas rechazaban los avances de
la ciencia, había que tomar medidas para fortalecer
la ciencia y debilitar la religión, pues la ciencia era
sinónimo de progreso.
Bajo estas consideraciones, si bien el progreso era,
un privilegio de los países que tenían conocimientos científicos y tecnología avanzada y, además,
contaban con los recursos financieros para aplicarlos en la mejora de las condiciones de vida de
sus poblaciones, no tenía porqué ser exclusivo. Los
salvadoreños y salvadoreñas también podían seguir
ese camino. Todo era cuestión de cambio, siguiendo
el ejemplo de Europa y Norteamérica.
Glosario
Inversiones directas: Empleo de capitales
para la producción y acumulación de bienes.
Mundo industrializado: Países que cuentan
con adelantos científicos, tecnológicos y culturales; manifestados sobre todo en la producción de bienes y servicios.
Anacrónico: Fuera de tiempo; se dice de algo
ya caduco, desfasado.
Hubo muchas formas de interpretar el progreso.
Por un lado estuvieron los liberales, para quienes el
goce de los derechos y las libertades fundamentales
(libertad de pensar, de movilizarse, de comerciar,
tolerancia religiosa, etcétera) generaban un progreso social y material de los pueblos, pues las trabas u
obstáculos de antaño –los monopolios comerciales
y el autoritarismo de las monarquías– conducían,
a su juicio, al rezago de los pueblos. Por el otro
lado, estuvieron los positivistas. De hecho, algunos
liberales llegaron a ser positivistas.1 El positivismo entendía que la sociedad humana avanzada se
fundamentaba en un conocimiento adecuado de
las ciencias naturales y de las ciencias sociales. El
principal exponente de esta ideología, el francés
Auguste Comte, pensó que las leyes de la organización social podrían descubrirse aplicando métodos
científicos al estudio de la sociedad misma.
Según Comte, las sociedades más atrasadas vivían
todavía dominadas por la superstición de los mitos
y de las religiones, mientras que las sociedades
modernas ya habían superado estas “taras” y se
encaminaban al progreso bajo la tutela de la ciencia. De igual modo, en las sociedades modernas, la
industria bajo la inspiración de la ciencia es la que
apuntala el desarrollo, por ella aumenta la producción y los individuos no solo satisfacen sus necesidades sino que obtienen beneficios.
En Latinoamérica, las ideas de Comte y de otros pensadores europeos se hicieron presentes precisamente
cuando las economías de los países latinoamericanos
comenzaban a crecer y a integrarse con las economías desarrolladas.
En Latinoamérica, los grupos que se identificaban
con el positivismo se llamaban a sí mismos “liberales”;
pero se diferenciaban de los liberales de los tiempos
de la Independencia porque se preocupaban mucho
más por el progreso material que por las libertades y
los derechos individuales. Incluso, reinterpretaron
y reescribieron la historia con miras a pintar mal a
los dirigentes conservadores que habían tomado el
poder después de la Independencia. Así, una figura
como Rafael Carrera, presidente de Guatemala por
muchos años, fue descrito como un monstruo según
los ideólogos del liberalismo de fin de siglo.
La misma Iglesia Católica fue severamente criticada, y en varios países perdió sus propiedades y
sus derechos históricos (tales como el monopolio
del matrimonio, el control de los cementerios y el
manejo de los registros de las personas).
Recuadro 22.1
Un positivista salvadoreño:
Darío González
Uno de los positivistas salvadoreños más importantes del siglo XIX fue el médico, catedrático universitario y funcionario público Darío
González (1855-1900). En un libro de texto que
elaboró para los estudiantes guatemaltecos, titulado: Principios de filosofía positiva. Lecciones
arregladas para los alumnos del Instituto Central
de Guatemala, de 1895, escribió:
Auguste Comte, sociólogo francés que vivió entre los años de
1798 y 1857. Escribió varios libros en los que trata de explicar la evolución del desarrollo histórico o las leyes de la vida
social.
“El positivismo es un sistema filosófico que circunscrito a cierta esfera, tiene por objeto el progreso científico en cuanto depende de los medios
de investigación de que puede disponer la humana inteligencia para encontrar la verdad. Se aparta de toda especulación estéril, y su campo de
acción es la Naturaleza”.
81
En fin, los positivistas pensaban que los cambios
eran inevitables y que el Estado debía dedicar los
recursos necesarios para impulsarlos. Si había que
violar o alterar los derechos ancestrales de las personas, si había que imponer una dictadura, si había
que modificar la Constitución, todo esto era lícito
para lograr el progreso.
En el caso de El Salvador, los gobiernos se esmeraron en otorgar concesiones muy favorables a
las empresas ferrocarrileras extranjeras para que
construyeran sus vías. También, modificaron las
leyes de tenencia de las tierras con el fin de impulsar la propiedad privada. A partir del gobierno del
general Menéndez, se le dio un cierto impulso a la
educación pública. Estas medidas y otras más que se
han analizado en capítulos anteriores conformaban
la puesta en marcha de la idea del progreso.
Pero también los denominados “conservadores”,
muchísimos de los cuales no fueron más que católicos que habían asumido las ideas ilustradas y
liberales en conjunción con teorías escolásticas,
tuvieron su propia concepción del progreso. Para
ellos, la religión no tenía por qué reñir con el progreso material y social. Partían del hecho que el
hombre y la mujer eran seres perfectibles, es decir,
capaces de mejorar su condición espiritual y material. Avalaron la llegada de inmigrantes europeos,
pues creyeron que serían ejemplos vivos de trabajo
e ideales progresistas. Sin embargo, estaban claros
que debían ser inmigrantes católicos.2
Ahora bien, cabe señalar que el progreso, entendido en las concepciones indicadas, solo afectó a
una reducida porción de la población del país. El
caso es que disfrutar del progreso costaba dinero:
eran pocas las personas que podían viajar en tren o
en barco, comprar y leer libros importados, mandarse a construir una vivienda al estilo de la época,
matricularse en escuelas regentadas por extranjeros
o extranjeras, comer en restaurantes que servían
platos franceses (con licores importados) o asistir a
funciones de ópera (en francés o italiano) ofrecidas
por compañías del Viejo Continente. El progreso
lo disfrutaban pocos, pero muchos salvadoreños y
salvadoreñas (por no decir todos) contribuían a que
fuera posible, con su trabajo y su habilidad.
82
Residencia particular de San Salvador que muestra la influencia de
la arquitectura europea en el país. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 98.
22.2 Moda, transporte e infraestructura: la imitación de la cultura
moderna
La cultura que más impactó en la República de El
Salvador hacia fines del siglo XIX y comienzos del
XX fue la europea. Sin embargo, cada país europeo
tuvo una presencia muy especial. Por ejemplo,
Francia (en la que sobresalía su capital París) era
considerada la nación más culta del mundo, donde
se evidenciaban las más importantes corrientes de
la literatura y del arte; el dominio del idioma francés, usado todavía universalmente en las relaciones
diplomáticas, era uno de los objetivos centrales
de todo individuo que aspiraba a ser “verdaderamente” culto. Leer las últimas novelas publicadas
en Francia, discutir los últimos acontecimientos
del quehacer político francés o mandar a hacerse
ropa a la última moda de Francia era la manera de
demostrar a los cuatro vientos que la persona estaba
enterada del progreso, de la modernidad.
No pocos salvadoreños y salvadoreñas viajaban a
París o a otras ciudades de Francia por motivos de
placer; incluso algunos y algunas realizaron allá
estudios universitarios.
La pasión por Francia no era exclusiva de los salvadoreños y salvadoreñas, en esa época era una
moda generalizada en toda América, por supuesto
en los círculos de clase alta. A finales del siglo XIX,
Estados Unidos será el referente cultural.
Recuadro 22.2
La cultura de la clase alta
En las nuevas y elegantes viviendas que se
construyeron en San Salvador, Santa Ana y
Ahuachapán, en los clubes sociales y en los parques de las ciudades, en los almacenes y los salones, empezó a manifestarse una nueva forma de
vida. La riqueza generada por el café permitió a
la elite y a algunos grupos urbanos dedicar sus
horas de ocio a la discusión y apreciación de la
cultura del mundo desarrollado, también importada con los recursos de la exportación del grano
de oro. La siguiente descripción de Alejandro
Bermúdez, publicada en su libro El Salvador al
vuelo, ofrece un panorama de esta nueva cultura
urbana, dentro de la cual sobresale la de la clase
alta.
“Es indudable que la cultura moderna, que en
muchos de sus aspectos ha invadido este país,
se siente y se manifiesta de preferencia en las
relaciones de la vida social... El pueblo tiene
muchos sitios de expansión y de recreo para
saborear las horas que siguen a las fatigas del
trabajo; va a los magníficos parques a escuchar
buena música en casi todas las noches de la
semana... va al teatro a emocionarse ante las
figuras de una película dramática o a reír escuchando los chistes del “couplet” o a tributar
cariñosas palmadas a las geniales comedias de
Max Linder. Va todos los domingos en tranvía
a las poblaciones vecinas a cambiar aires y a
comer sabrosas frituras regionales; se pasea
por la Avenida Independencia o por la pista del
Hipódromo, en el Campo de Marte, o por las
enfloradas y umbrosas avenidas de la Quinta
Modelo. Visita allí mismo los salones del museo
o cruza sobre un puente las barrancas vecinas y
se va a contemplar las férreas estructuras de la
empresa de perforaciones.
Las gentes de la alta sociedad abren sus bien
amueblados y elegantes salones ya sea para
recibir las frecuentes visitas particulares o para
organizar agradables reuniones en que se derro-
chan el buen gusto y la más simpática jovialidad. El salvadoreño es ostentoso dentro de
la más completa corrección, y de allí que sus
“soirées” [veladas] sean siempre animadas y
copiosas en agasajos y finas atenciones para
los huéspedes que se agrupan bajo su amable
hospitalidad. Se departe con animación, se toca
al piano, se canta, se baila, se recitan poesías, se
dicen chistes entre sorbo y sorbo de champaña
y al calor de la más grata y expansiva cordialidad. En un “five o’clock tea” [el té de la tarde]
la cultura resplandece entre los trajes oscuros
de los caballeros y los elegantes tocados de las
damas. Hay que ver aquellos cuerpos torneados
bajo la ilusión de vaporosas telas, aquellas almas
ardientes a través de las pupilas sombrías, aquellos modales de amabilidad y corrección, entre
la llaneza de las formas y el sabroso reventar de
las sonrisas. Abundan las finas pastas y las confituras deliciosas; las copas de bohemia chocan
a veces entre las manos que se complementan,
la del “gentleman” [caballero] que se insinúa
resuelto y la de la linda moza que esgrime su
perspicacia en la coquetería gentil. Y así se
pasan los instantes en un delicioso bienestar en
que reina y domina y encanta la mujer; la mujer
de aquí, tan apasionada y vibrante como su tierra volcánica, tan sugestiva y armoniosa como
su cielo primaveral.
Teatro Nacional, muy frecuentado por los sectores medios a
inicios del siglo XX.
83
Tiene la capital dos centros sociales muy bien
montados con lujo y comodidad, en donde se
dan cita diariamente caballeros distinguidos
del comercio, de la banca, de las esferas políticas y de todos los círculos prominentes de la
ciudad, a los que concurren también señoras
y señoritas pertenecientes a las familias de los
socios. Esos centros son el Club Internacional
y el Casino Salvadoreño. En este último se dan
brillantísimos bailes cada fin de año, en los que
se ven desfilar los elementos más conspicuos
de la sociedad... En el Club Internacional la
mayoría de los socios pertenece a la colonia
extranjera, de modo que después de las tareas
del día se llena el establecimiento de personas
de diferentes nacionalidades, que departen de
la manera más culta o leen los periódicos, escriben cartas, juegan al billar o saborean agradables aperitivos... Los dos establecimientos están
instalados en muy buenos edificios propios,
amueblados y decorados interiormente con
elegancia, severidad y buen gusto... También
hay clubs sociales y casinos en otras ciudades
importantes como Santa Ana, Sonsonate, Santa
Tecla y San Miguel, y parques públicos y sociedades literarias y recreativas en casi todos los
departamentos de la República...
En la capital es ya muy crecido el número de
vehículos para paseos; hay muchos carruajes
y cerca de 140 automóviles, lo cual es bastante
para una población de algo más de 65 mil habitantes... Varias de las ciudades principales de la
República también tienen muy buenos teatros,
como Santa Ana, Sonsonate, San Miguel y otras
cabeceras de departamento... Las noches de
concierto en los parques son deliciosas, no solo
por la abundante concurrencia de simpáticas y
elegantes mujeres que embellecen y perfuman
el ambiente, sino también por la de los caballeros que departen animados y, sobre todo, por la
música selecta que se escucha.
Es fama que las bandas de El Salvador ejecutan
admirablemente las más caprichosas y difíciles
creaciones del divino arte; hay buen gusto aquí
84
para la música y eso está en consonancia con el
grado de cultura que se va adquiriendo en todos
los órdenes de la vida nacional...
Elemento fuerte y respetable de la sociedad salvadoreña es el núcleo que forman las colonias
extranjeras. Todas ellas viven y prosperan al
amparo de la autoridad y de las leyes y contribuyen también al desarrollo de las empresas
en que se basa la prosperidad y la riqueza del
país... Hay un extenso grupo de comerciantes al
por menor en que dominan por el número los
turcos, chinos y asirios; se ocupan en el comercio de géneros de algodón, sedería, abarrotes
y baratijas para el pueblo. La gente pobre se
surte con comodidad en esos establecimientos
y centenares de compradores al menudeo llevan
ganancias de consideración a las cajas de esos
comerciantes... Pero las colonias principales,
tanto en la escala de los negocios como en las
esferas de la sociedad, son la francesa, la italiana, la holandesa y la norteamericana. Casi
en todos los negocios del alto comercio, de la
agricultura y de la banca, tienen intervención
directa empresarios y capitalistas pertenecientes a una cualquiera de esas agrupaciones. El
capital extranjero se ve por todas partes: en el
magnífico almacén, repleto de artículos de lujo
y de consumo; en los hoteles y restaurantes; en
las empresas industriales; en los bancos; y, sobre
todo, en las grandes labores agrícolas o mineras,
que tanto contribuyen a la vasta riqueza y al
positivo adelanto de la nación”.
A mediados de la década de 1920, la 2ª Avenida de San Salvador ya era transitada por muchos automóviles. Tomado de:
Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p. 97.
Recuadro 22.3
La influencia cultural extranjera
El maestro Alberto Masferrer, quien se preocupó
fundamentalmente por la problemática social del
país, comprendía que El Salvador ya no era un
país aislado del mundo, sino que estaba siendo
influenciado por los cambios culturales universales. Por eso, no rechazaba lo que provenía del
mundo exterior, sobre todo aquello de origen
francés, que tanto él como otros intelectuales
de la época ubicaban en el más alto nivel del
desarrollo cultural. Así se expresó el maestro
Masferrer:
Nuestra literatura no puede ser menos que imitadora; y esto, en vez de acarrearle daño, la llevará
como se acompañe de la prudencia al más alto
grado de perfección. Así, lejos de rehusar las
Algo similar ocurría con la presencia de Inglaterra.
Los ingleses, cuyo predominio financiero e industrial era innegable, se habían hecho fuertes en el
comercio de telas, instrumentos y herramientas, y
diversos productos comestibles. Pero su más obvia
presencia se manifestó en los ferrocarriles y los barcos de vapor que llegaban a los puertos salvadoreños, además de un sinnúmero de productos ingleses
que se ofrecían en las tiendas y los almacenes de las
principales ciudades.
La modernización de la infraestructura de transportes, que comenzó con los ferrocarriles, también se pudo apreciar en las principales ciudades,
como San Salvador y Santa Ana. Las carretas y los
carruajes que llevaban a las personas de un punto
de la ciudad a otro fueron reemplazados primero
por tranvías de tracción animal (“de sangre”, como
se les decía) y después por tranvías eléctricos. Los
gobiernos se esmeraron también en mejorar el
ornato, mandando a construir parques con sus
respectivos quioscos donde se celebraban veladas
musicales por las tardes. En las calles principales,
se instalaron postes de luz de gas (más adelante se
instalaron bombillos eléctricos) y se construyeron
alcantarillados y acueductos para mejorar las con-
enseñanzas extrañas, busquen las letras salvadoreñas, las huellas de los hombres y de los pueblos
que más saben, que sienten mejor y mejor expresan el sentimiento; que no es para despreciar la
cosecha recogida a costa de tantos trabajos.
Sea cual fuere la causa, es verdad que la Francia
parece haber recibido de la providencia el cometido de guiar a las demás naciones, y las ideas
francesas ya literarias, ya políticas o filosóficas
son los gérmenes que, bien o mal cultivados, producen inapreciables frutos o abrojos sin cuento...
y es cosa de admiración que pueblo como ése, tan
profuso a las ascensiones como a las caídas, se
esté sirviendo de piloto al mundo sin que nadie
le dispute la supremacía.
diciones sanitarias. Ya en la década de 1920, fueron
asfaltadas las principales calles de San Salvador. De
esa manera, las autoridades buscaban transplantar
las formas del urbanismo europeo a las ciudades
salvadoreñas. La preocupación por la mejora de las
calles obedecía a otra consideración: la llegada del
automóvil allá por 1915 y, pocos años más tarde,
del camión y del autobús. Después de siglos de
utilizar carretas y carruajes movidos por bestias, un
vehículo que se movía por sus propios medios y a
gran velocidad era una absoluta novedad que muy
pocos, por supuesto, podían poseer. El automóvil
otorgaba a su dueño o su dueña libertad y poder del
que solamente los ricos disfrutaban. Sin embargo,
en torno al automóvil se fue organizando toda una
gama de personas que debían mantener el creciente
parque vehicular: mecánicos, técnicos y empleados.
La aparición de los primeros autobuses democratizó en algún sentido la movilidad de la población,
mientras que los camiones cargados de productos
de la tierra facilitaron el suministro de alimentos a
los pueblos y las ciudades. La cultura del automóvil, del autobús y del camión se había instalado en
El Salvador a los pocos años de su aparición en los
países desarrollados, evidencia del arraigo de la idea
del progreso moderno.
85
La preocupación por cambiar la apariencia de las
ciudades se pudo apreciar notablemente en la construcción de viviendas y de edificios para oficinas y
comercios. Las casas al estilo colonial, cerradas a
la calle y con sus patios internos, fueron reemplazadas (por aquellos que disponían de los recursos,
por supuesto) por nuevas viviendas más abiertas,
con ventanas y patios externos al estilo de las casas
de Londres y París. Las mejores casas tenían dos
y hasta tres pisos, con sus cocheras y sus cercos
de hierro importados de Bélgica o Inglaterra. Por
dentro, los muebles de la época colonial, pesados y
sobrios, fueron cambiados por los estilos de modas
en Europa, más livianos y elegantes.
La construcción de estas nuevas viviendas requirió
de un cambio de las técnicas y los materiales de
construcción. Las técnicas coloniales de cal y canto,
adobe y bahareque eran adecuadas para construir
viviendas cuando no había que levantar paredes
altas ni dejar espacios grandes para ventanas. Aun
así, en el Valle de las Hamacas, los terremotos causaban estragos tremendos hasta en las viviendas
mejor construidas. Levantar edificios de más de
un piso con las técnicas y materiales tradicionales
resultaba, pues, una idea temeraria. Pero algunos
querían casas de dos niveles y con ventanas grandes
y techos altos. ¿Qué hacer? Había que modificar
las técnicas de construcción e incorporar nuevos
materiales que, como es de suponer, habrían de
importarse.
La clave para construir según las nuevas exigencias estaba en el uso del hierro y del cemento,
materiales ya ampliamente utilizados en Europa y
Norteamérica, pero prácticamente desconocidos
por los maestros de obra salvadoreños. Sin embargo, ya para 1900 había en San Salvador, Santa Tecla
y Santa Ana numerosas viviendas y casas comerciales construidas con los nuevos materiales; conforme aumentaba la exportación del café, fue posible
importar más cemento y hierro. Quizás el ejemplo
más interesante de las nuevas técnicas es un edificio de la época que todavía está en pie, después de
noventa años de construido: el Hospital Rosales en
San Salvador. Esta es una construcción excepcional
porque fue traída en piezas de hierro desde Bélgica,
86
que luego se armaron aquí: columnas, techos, pisos
y paredes externas e internas. No contiene, por así
decirlo, prácticamente ningún material de construcción original del país, aunque fue el café exportado lo que permitió comprarlo.
Otro edificio importante que refleja los gustos y las
técnicas de la época es el Palacio Nacional, que dejó
de utilizarse como centro del Gobierno en 1980.
En la construcción del Palacio Nacional no solo se
emplearon las últimas técnicas de construcción con
hierro y cemento, sino que también se plasmó en
su diseño el estilo neoclásico, muy de moda en esos
tiempos. Sus columnas, sus estatuas y sus dos pisos
le dan al Palacio Nacional una presencia única en el
viejo centro de San Salvador.
Algunos edificios y casas fueron construidos utilizando técnicas antiguas con materiales modernos.
Por ejemplo, todavía es común en algunas calles y
barrios ver casas y negocios construidos de bajareque y maderos, pero forrados con láminas de hierro
galvanizado. De esta manera, se aprovechaba el bajo
costo del bajareque (madera, tierra, caña brava) con
un revestimiento (la lámina de hierro galvanizado)
que lo protegería de la intemperie. Sea como fuese,
todos los edificios y casas de las principales ciudades
del país sufrieron daños o destrucción, producto de
los cataclismos que han acompañado a la nación
salvadoreña desde los tiempos precolombinos: los
terremotos y, sus frecuentes acompañantes, los
incendios. Es por eso que son pocas las viviendas
que todavía quedan en pie aun de tiempos tan
recientes como el comienzo del siglo XX.
Hospital Rosales. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar y
SÁNCHEZ, María Elena. El Salvador Diccionario. San Salvador:
Nuevo Enfoque, 2000. p.106.
El impacto del mundo exterior no afectó exclusivamente a los grupos urbanos de ingresos altos o
medianos. También los trabajadores del campo, los
campesinos y las campesinas, entraron en contacto
con el exterior mediante la compra de telas, herramientas de trabajo (machetes, azadones, palas) y
una variedad de artículos de uso diario (botones,
espejos, peines). Sin embargo, la vida del campesino (peón, colono, aparcero, jornalero) no cambió
mucho en sus aspectos materiales con el auge del
café debido a su pobre capacidad de consumo.
Todavía la vivienda típica era la choza de paja y
madera donde en una sola habitación dormía toda
la familia, se cocinaba la comida y se compartía
el espacio con los animales domésticos. Tampoco
llegaba a la vivienda campesina el agua potable por
cañería, y por lo general los niños campesinos no
asistían a la escuela. Un alto porcentaje de la población rural seguía siendo analfabeta y, aun sabiendo
leer, era poco el material escrito que llegaba a manos
del campesino para practicar la lectura.
Había necesidad de crear una nacionalidad, una
identificación y un apego a la tierra, a los ancestros y, en resumidas cuentas, a la patria. Ya para
1879, el Gobierno había comisionado la elaboración del Himno Nacional. El primer verso del coro,
“Saludemos la patria orgullosos”, dice mucho de
las inquietudes de sus autores: la patria, construida
a lo largo del tiempo y con base en mucho esfuerzo y sacrificio, ahora era motivo de orgullo, pues
había logrado modernizarse hasta llegar, en algunos
aspectos, a la altura de los países desarrollados. La
oración a la bandera también destaca el progreso
material de la República, el trabajo en los campos,
en los talleres y en el comercio. Por último, la actual
Bandera Nacional y su correspondiente escudo surgieron precisamente en 1912, cuando la identidad
nacional había tomado cuerpo y la antigua bandera
resultaba poco representativa de El Salvador.
22.3 La construcción de la nación:
símbolos, educación y literatura
El café sentó las bases materiales de la nación salvadoreña. Antes de 1880, aproximadamente, existían
el país y el Estado, pero la población difícilmente
entendía que pertenecía a un ente nacional llamado El Salvador (o República del Salvador, como
se denominaba oficialmente entonces). No había
Himno Nacional ni Escudo Nacional y la bandera
se asemejaba mucho a la de Estados Unidos.
Actual Bandera Nacional. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 182.
Glosario
La falta de medios de comunicación interna era un
serio obstáculo a la conformación y a la unidad del
Estado nacional. Después de la construcción del
ferrocarril a Occidente, se llegaba fácilmente de
San Salvador a Santa Ana, Ahuachapán, Sonsonate
y Acajutla. Pero viajar a Oriente, a San Miguel,
Usulután y La Unión, era una empresa que duraba
días en incómodas carretas. Para los habitantes de
Oriente, la nación tendría poca importancia, ya que
ni el Gobierno nacional estaba muy presente.
Nación: Grupo humano unido por vínculos especiales de homogeneidad cultural, histórica,
política, económica y lingüística.
Estado: Unidad política organizada.
Patria: Tierra natal o adoptiva a la que se pertenece por vínculos afectivos, históricos o jurídicos.
Identidad nacional: Conjunto de caracteres
que determinan a los individuos que conforman una nación o una sociedad.
87
Recuadro 22.4
El autor del Himno Nacional
El Himno Nacional de El Salvador es expresión
precisa de la época del auge del café. Su autor,
Juan José Cañas, estudió medicina y fungió
como gobernador político de San Salvador,
miembro de la Asamblea Constituyente, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario
de El Salvador en Chile y socio correspondiente
de la Real Academia de la Lengua. En su juventud, la “fiebre del oro” lo hizo partir a California
en busca de aventuras y riqueza. Sus sentimientos por el terruño, que hoy en día comparten
muchos salvadoreños y salvadoreñas que viven
en el extranjero, se aprecian en los siguientes
versos:
Se va el vapor para la patria mía,
se va y mi pecho de pesar se llena;
se va el vapor, y mi forma impía
solo a verlo partir cruel me condena.
y truena a borde intrépido el cañón;
saluda al puerto por la vez postrera
mas destroza también mi corazón.
Es muy triste suspirar
en un lugar extranjero
por la tierra do primero
la luz del Sol se miró;
tener que sufrir las penas
con que se oprime la mente,
al comparar al presente
con el tiempo que pasó.
Juan José Cañas, vivió
entre los años de 1826 y
1918. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo
II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p.102.
Se va el vapor: despliega su bandera
Todas estas manifestaciones de identidad nacional fueron promovidas por el Estado a través del
sistema escolar, que con los recursos del café pudo
ampliar su cobertura. La escuela se convirtió en el
lugar donde los niños y niñas eran socializados por
los maestros y las maestras, quienes fungían como
representantes del Estado, a cuyo cargo estaba preparar ciudadanos y ciudadanas útiles a la patria.
Fuera de la escuela, los periódicos de las principales
ciudades destacaban las obras de progreso que los
sucesivos Gobiernos emprendían; ya para la década
de 1920 se empezaban a utilizar fotografías que ilustraban el progreso material de la República.
Muy importante para la conformación de una cultura nacional fue el auge que tuvo la imprenta en El
Salvador a partir de 1900. A pesar de que no todos
los Gobiernos de turno se mostraron respetuosos
de la libertad de imprenta, la producción nacional
de libros, no obstante, aumentó significativamente,
lo mismo que la importación de títulos extranjeros.
88
A través de la imprenta, y de un mercado de consumidores que antes no existía, pudo expresarse una
generación de poetas, ensayistas y dramaturgos;
anteriormente, hubo alguno que otro escritor o
escritora, pero su producción fue muy limitada o
sencillamente nunca se conoció su obra porque no
existían medios para difundirla.
El impacto del mundo exterior fue muy evidente
en la literatura, donde la influencia de los literatos
franceses caló profundamente en las letras salvadoreñas. El Modernismo encontró a uno de sus grandes exponentes en la figura de Francisco Gavidia.
Junto con Rubén Darío, el Maestro Gavidia alcanzó
un renombre continental a principios del siglo XX.
El dominio de la lengua materna, el francés y las
lenguas clásicas ubicaron a Gavidia en un plano que
trascendía lo estrictamente salvadoreño y lo convirtieron en una figura de la literatura de occidente,
muy apropiada para un hombre de la cultura del
progreso que vivía en El Salvador en esos tiempos.
Recuadro 22.5
El genio de Francisco Gavidia
En su obra literaria, el Maestro Francisco
Gavidia incursionó en una forma poética traída desde Francia: el alejandrino. El idilio de
la selva, escrito en 1883, representa un nuevo
alejandrino adaptado genialmente al castellano.
En esta poesía, el idioma nacional acrecienta su
belleza, sin perder ninguna de sus características esenciales.
El idilio de la selva
Oye: desde los bosques
tras al soplar la brisa, ruidos, besos, pasión,
y lleva enjambres de arpas, bandadas de preludios,
Himnos para el amor...
Oye, de la montaña
los imponentes robles se mueven a compás,
y cuentan hoja por nota, árbol por sinfonía,
que arrastra el Huracán.
Óyeme, allí los troncos
cubren robustas guías, allí de dos en dos,
sus manojos de fibras en salvaje apretón.
Y debajo las yerbas,
Los cristalinos tallos, los bejucos, la flor,
las hojas apiñadas, buscando entre las sombras,
algún rayo de Sol.
Y arriba, por los brazos
y la áspera corteza del árbol, se mira ir
torciendo sus anillos, cobrando más ponzoña,
el constrictor reptil,
y más arriba, el nido
que se mece en la rama con pausada inquietud;
y luego,
más arriba, hojas, aves; y luego
No todos los escritores y poetas salvadoreños de esos
tiempos alcanzaron fama internacional. Algunos,
más apegados al terruño, le cantaban a la tierra, a los
animales y a la gente sencilla. Así, la patria, en poesía
y en prosa, fue tomando forma en los escritos de
más arriba, el azul.
Por aquel rudo templo,
en su carro invisible pasa una bendición;
Se hinchan los granos, se abren los capullos, se
siente
un soplo creador.
Todo bebe allí savia,
todo se comunica, todo siente el amor.
y por eso se exhala en gigantesca estrofa
que es divina oración
...es divina oración.
Francisco Gavidia, vivió entre los años de 1863 y 1955. Fue
filósofo, historiador, poeta, dramaturgo, traductor y orador.
Alfredo Espino, de Miguel Ángel Espino y de Arturo
Ambrogi. A través de su lectura, varias generaciones
de salvadoreños y salvadoreñas sintieron su patria,
se identificaron con sus gentes y sus costumbres y se
comenzaron a interesar en sus problemas.
89
Recuadro 22.6
El paisajismo salvadoreño
La literatura salvadoreña que le canta a la belleza
natural del terruño tuvo un importante exponente
en Alfredo Espino. Sus poemas, conocidos por
varias generaciones de salvadoreños y salvadoreñas, expresan una admiración por la vegetación y
la topografía del trópico. Podría decirse que son
precursoras del moderno planteamiento ecologista que hoy en día interesa a la sociedad salvadoreña ante el deterioro de los recursos naturales tan
necesarios para la misma existencia humana. El
siguiente poema de Alfredo Espino refleja a cabalidad el estilo paisajista de la literatura nacional.
Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraña
a beberse las lágrimas que llora la montaña.
Ascensión
Un río entre verdores se pierde a mis espaldas,
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas...
¡Dos alas!... ¡Quién tuviera dos alas para el
vuelo!...
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
¡Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no fuera un mar, bien sería otro cielo!...
Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores...
¡Qué pequeños los hombres! No llegan los rumores
de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones... Lo rastrero no sube:
esta cumbre es el reino del pájaro y la nube...
Aquí he visto una cosa muy más dulce y extraña,
como es la de haber visto llorando una montaña...
el agua brota lenta, y en su remanso brilla
la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz...
La literatura buscaba comprender cómo estas expresiones culturales habían sobrevivido el embate de la
modernidad y cómo diversos grupos habían conservado su identidad cultural frente a las poderosas
corrientes del progreso.
Por supuesto, muchos de los referentes culturales
de los literatos no habían sido impactados por la
modernidad simplemente porque no habían tenido
90
Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y qué asco y qué tristeza comenzar a bajar...
(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
sobre aquel mar dormido que parecía un cielo!)
Alfredo Espino vivió entre los años
de 1900 y 1928. Su
nombre completo
era Edgardo Alfredo Espino Najarro.
Desde muy joven
cultivó la poesía,
en la que expresa
su gran pasión por
el paisaje salvadoreño. Tomado de:
Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio
de Educación, 1994.
p.106.
acceso a la misma. Justo lo que ocurría con los campesinos e indígenas.
Una de las más importantes figuras dentro de esta
línea del pensamiento fue doña María de Baratta,
quien se acercó a los campesinos y a los indígenas
para tomar testimonio de su música, sus bailes y
sus fiestas. No eran estas, por supuesto, las expre-
siones culturales de los grupos sociales modernizados por el contacto con el mundo externo, sino de
aquellas grandes poblaciones que habían estado al
margen del progreso material. Doña María estaba
rastreando precisamente la herencia de los siglos
de dominio colonial y de los vestigios, inclusive, de
la cultura nativa. Su planteamiento central era que
había mucho de valor en estas expresiones culturales que, sin ser universales, eran tan importantes
como cualquier otra para entender la idiosincrasia
del salvadoreño y de la salvadoreña. Su labor de
recopilación cultural es pionera en el país.
Recuadro 22.7
El indio y la Naturaleza
Doña María de Baratta entendió que la expresión artística de los indios salvadoreños tenía
mucho que ver con la Naturaleza. A diferencia
de los habitantes de las ciudades, los indios y los
campesinos vivían apegados a la tierra, a la vegetación y a las montañas. De esta relación estrecha
entre humanos y Naturaleza, doña María dedujo
que surgió la cultura del pueblo, incluyendo las
expresiones musicales, que ella estudió durante
muchos años compartiendo con la población
rural sus danzas y sus cantos. Así se expresó doña
María de la cultura del habitante del campo:
Allí está el indio frente al altar de sus contemplaciones: la Naturaleza. La tierra se da a él, y solo él
sabe sus secretos; por eso es que le pertenece. Los
pájaros forman una orquesta, la divina orquesta
de trinos y cantos, y solo él interpreta, comprende
e imita esta música: oye las voces de los vientos, y
consulta, preguntando con la vista y con su alma a
las estrellas... El Sol es su Dios, y la Luna, la madre
protectora de las sombras. Y la montaña virgen
y las fieras salvajes, en conjunto armonioso con
todo lo ya dicho, entonan las grandiosas sinfonías,
la bárbara sinfonía, que solo el indio comprende
e interpreta, porque él también forma y es parte
muy esencial de esta sinfonía. Y así, en la garganta de los pájaros aprendió a leer su música como
en un pentagrama, y que después trató de imitar
en la flauta de caña, al descubrir tal vez que esta
un día cantó en la cañada, sonada por el misterio
de los vientos, anunciándole el milagro del instrumento que buscaba para la creación de su música.
La preocupación por la problemática nacional (como
algunos llamaron a la “cuestión social”) trascendió
de una óptica literaria a un análisis sistemático de
Y así, otro día también, al azar del descanso, a la
sombra de corpulentos árboles, en los cuales las
centurias y las aves carpinteras habían ahuecado,
y en frenesí epiléptico de sus fiestas y ritos, o en el
azoramiento del pánico o el terror, golpeó con las
manos la cubierta y se quedó perplejo al realizar
un gran descubrimiento: “el tronco hueco, golpeando la cubierta, habla, hay en él un dios”. Y así
surgió tal vez el primer instrumento musical: obra
de la casualidad (poderoso aliado del hombre
primitivo), resultado del medio y de las más elementales observaciones. Ese, probablemente, fue
el origen, porque el hombre en las remotas edades
no interroga a la Naturaleza deliberadamente,
sino que aprovecha las soluciones que la misma
da a los problemas que al azar le plantea.
Y el árbol abatido por el viento, de añoso tronco,
deslavado por las lluvias, perforado por las aves
y ahuecado por el tiempo, ese es el ancestro del
huehuetl, el tambor y el refinado tepunahuaste
o teponaztli. La Naturaleza, maestra inagotable y fecunda, dio los ejemplos al indio, para la
creación de sus instrumentos y su música. En
seguida, el indio fue imitando los otros sonidos
de la Naturaleza y los diversos cantos de las aves,
fabricando o improvisando los instrumentos para
formar su orquesta y poder ejecutar la música
que él llevaba dentro, ¡Su música!, para solemnizar sus ritos, las guerras, sus fiestas y danzas
hieráticas. Y así, la Naturaleza le dio todo al
indio, pero también él, el indio, se lo dio todo a
la Naturaleza.
la realidad de las personas y de los grupos sociales.
Se buscaba comprender la cultura del pueblo, sus
expresiones artísticas y sus costumbres cotidianas.
91
Ensayistas salvadoreñas y salvadoreños, algunos
afiliados a redes intelectuales que tenían un carácter centroamericano, cuyo objetivo era lograr una
unidad en el istmo bajo nuevos fundamentos teóricos –como lo fue el espiritualismo, la teosofía y
las teorías orientalistas–, buscaron comprender las
raíces de los males que aquejaban a una sociedad
urbana que se llenaba de euforia por encaminarse a
la modernidad.3
Dentro de esta línea encontramos a Alberto
Masferrer, quien orientó su análisis hacia los aspectos negativos de la modernidad, reflejados sobre
todo en las consecuencias del alcoholismo, el analfabetismo, la explotación económica y la pérdida
de valores morales que él constataba en la sociedad
urbana. Sus escritos tuvieron un impacto dramático
frente a la casi incuestionable fe en el progreso, tal
como se había manifestado en torno al auge del café.
Pero tampoco fue Masferrer un revolucionario; sus
críticas buscaban reformar la sociedad por la vía del
cambio evolutivo y la democracia.
Conclusión
Hacia 1930, la cultura salvadoreña había experimentado cambios significativos. Por un lado, en
los años que van de 1880 a 1930, la fisonomía del
país sufrió importantes cambios. Las principales ciudades se habían beneficiado de la riqueza
generada por la producción y la exportación del
café y sus habitantes más afortunados se identificaban con las realizaciones materiales e intelectuales de los países industrializados de Europa
y Norteamérica. Estas personas compartían la
creencia de que el futuro de El Salvador estaba
irremediablemente ligado a un mayor acercamiento al mundo externo, del cual provenían el
progreso y la modernidad. Por lo demás, tendrían
poca admiración por el pasado, identificado con
el oscurantismo del régimen colonial español, la
herencia indígena, el caos político y la pobreza
material que caracterizó al país durante el medio
siglo posterior a la Independencia.
Pero otros se preocuparon por los problemas
sociales y las contradicciones culturales que generó la inserción económica y cultural al mundo
mayor. Trataron de comprender y, en lo posible,
de rescatar lo bueno que había legado el pasado. Comprendían que las vivencias populares
eran dignas de respeto y hasta de admiración,
pues eran propias de la gran población que con
su trabajo y su esfuerzo hizo posible el avance
material, pero que habían quedado al margen de
las preocupaciones de los Gobiernos de turno.
Creían, en otras palabras, que los hombres y las
mujeres del pueblo tendrían mucho que aportar
en la construcción de la nación salvadoreña si se
les tomaba en cuenta y se les brindaban las oportunidades y los medios para realizarse.
De esta interpretación dual del presente y futuro
del país, se desprende una realidad cultural que
apunta a la existencia de dos naciones, de dos
sociedades separadas por profundas diferencias
económicas y políticas. Por un lado, los apologistas y los promotores del progreso material,
expresado en el café, los ferrocarriles, las ciudades
modernas y las corrientes del pensamiento del
mundo desarrollado. Por el otro, los que miraban
con preocupación la existencia de grande masas
de población que no se beneficiaban del nuevo
proyecto de nación; más bien, creían que el progreso había ensanchando el abismo social y cultural entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles,
entre el progreso y el atraso. La falta de comunicación y entendimiento debía desembocar en un
enfrentamiento social de enormes proporciones
cuyo estallido estaba a la vuelta de la esquina.
Referencias bibliográficas
1. LÓPEZ, Eugenia. La inestabilidad y la promesa del progreso, 1856-1871; LÓPEZ, Carlos. Tiempo de liberales y reformas, 1871-1894. En:
MAGAÑA, Álvaro (coordinador). El Salvador. La República. San Salvador: Banco Agricola, 2000. pp. 184-287.
2. CHADLER, David. Juan José de Aycinena. Idealista conservador de la Guatemala del siglo XIX. Guatemala: CIRMA, 1988.
3. Ver: CASÁUS, Marta Elena y GARCÍA, Teresa. Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920).
Guatemala: F&G Editores, 2005.
92
Capítulo 23 A las puertas de la crisis de la República cafetalera
Aglomeración en Wall Street, Nueva York, ante la caída de los precios de las acciones en la bolsa de valores, en octubre de 1929.
Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.115.
Introducción
En este capítulo veremos que los pocos años que
median entre 1927 y 1931 fueron particularmente
importantes en la historia de El Salvador. El salvadoreño de todo nivel y condición social fue testigo
de grandes transformaciones y del surgimiento de
diversos planteamientos políticos y, por consiguiente, de distintos puntos de vista sobre el mundo en el
cual vivía.
Los movimientos de protesta surgidos de las mismas
organizaciones promovidas durante los gobiernos
de los Meléndez Quiñónez tomaron auge debido
a la creciente politización de los sectores populares, a la labor proselitista de dirigentes sindicales y
sociales, y a la crisis económica, provocada por la
gran depresión económica mundial, que golpeó con
fuerza a los grupos de menores ingresos. Crisis que
afectó aún más al país por la debilidad del sistema
de seguridad social, por las incipientes instituciones
políticas, por la inequidad social y por las transformaciones agrarias suscitadas bajo el modelo liberal
decimonónico.1 Pío Romero Bosque, uno de los
presidentes de turno, al perder su capacidad para
mediar la conflictividad social sacó los cuerpos de
seguridad a las calles y ordenó la represión, como
un mecanismo que buscaba contener el avance de la
izquierda. Sin embargo, Romero Bosque, conservando una cierta apertura, organizó elecciones libres, y
las ganó Arturo Araujo, quien a los pocos meses de
haber asumido el cargo fue derrocado por un golpe
de Estado. Con ello, se esfumó la posibilidad de
cimentar una tradición de regímenes civilistas en El
Salvador. No cabe duda que, todos estos acontecimientos dejaron en claro que el modelo liberal construido desde fines del siglo XIX, y sustentado en las
ideas de progreso material y social, no había generado sus frutos. El experimento de la renovación y
apertura democrática volvía a ser un imposible. Sin
embargo, esta vez todo parecía distinto, la represión
de los sectores populares organizados no llevaría a
una aceptación acomodada de la misma, las ideas
revolucionarias que habían penetrado la conciencia
de los campesinos, indígenas y obreros haría buscar
expresiones todavía más radicales.
93
23.1 De la apertura política a la
represión
Cuando el doctor Pío Romero Bosque ascendió a la
presidencia en 1927, la opinión pública suponía que
sería fiel continuador de la política de los Meléndez
Quiñónez. Sin embargo, a los pocos meses de su
ascenso, se apreciaba que el nuevo presidente se
proponía ensayar un nuevo proyecto político. ¿Qué
factores condujeron a Romero Bosque a dar tal viraje? Una lectura de los periódicos de la época indica
que tales cambios no solo obedecieron a la buena
voluntad del Presidente. Sin duda alguna, la creciente participación de los sectores populares en la vida
política sería decisivo. Sin embargo, en el desarrollo
de las luchas sociales, esa conducta del gobernante
sufriría una mutación.
Recuadro 23.1
El cariz político del periodismo nacional
Para la década de 1920, los periódicos en El
Salvador se habían convertido en una fuente
importante de opinión pública, y desde sus páginas lanzaban críticas y alabanzas en tomo al
comportamiento de los dirigentes políticos del
país. Por ejemplo, el Diario Latino apoyaba al
nuevo Gobierno del doctor Pío Romero Bosque
en 1927 y denunciaba insistentemente los abusos
de la dinastía Meléndez Quiñónez. El siguiente editorial, aparecido en la edición del 9 de
noviembre de 1927, es un ejemplo de ello.
Ya tenemos algunos datos sobre las flagelaciones de que fueron víctimas unos obreros de esta
localidad, y queremos estar en la posesión de algo
más para presentar la correspondiente denuncia
contra ciertos funcionarios que en 1919 y 1920
fueron el terror de esta ciudad. Cuéntanse entre
las víctimas los obreros Octavio Estrada Canjura,
Isaac Arias, Rafael Díaz y otros, para quienes en
aquellos tiempos no hubo justicia alguna.
En otro editorial de fecha 26 de noviembre de
1927, el mismo diario contrastaba las constantes
Como se refirió anteriormente, los Meléndez
Quiñónez se preocuparon por organizar a los trabajadores. Creían que, a través de las organizaciones
mutuales, se podría mejorar la calidad de vida, tanto
moral como material, de los sectores populares. No
obstante, estas organizaciones impulsaron su activi94
violaciones a los Derechos Humanos en el período de los Meléndez Quiñónez, con el respeto a
los mismos por parte del Gobierno de Romero
Bosque:
[...] Vemos que en nuestra patria se labora hoy
con la ley y se postergan para in eternum las flagelaciones y demás iniquidades de que anteriormente fueran víctimas los hijos de este país.
En diciembre de 1927, el ex presidente Jorge
Meléndez intentó derrocar sin mayor éxito al
doctor Pío Romero Bosque. El Diario Latino,
sin esconder su animosidad contra Meléndez,
informó (en su edición del 27 de diciembre de
1927) de las condiciones en que llegó don Jorge
a Nueva Ocotepeque, en Honduras, después de
20 días de fuga:
[...] el aspecto del ex presidente sedicioso era
desastroso. Llevaba la ropa hecha jirones y la piel
desgarrada por los guijarros y las zarzas[...] A
don Jorge en su fuga no pudo servirle de nada su
dinero.
dad mucho más lejos de lo que sus gestores se habían
propuesto. Guiados por corrientes radicales o reformistas, los trabajadores organizados demandaron
una ampliación del espacio político. Solo en esa
forma podrían actuar con cierto grado de independencia con relación a los representantes del Estado
que propiciaron su organización. A través de la
organización independiente, los trabajadores contarían con mayor libertad para presionar al Gobierno,
con el fin de que este hiciese realidad las demandas
de los obreros, tales como los aumentos salariales, la
ley de inquilinato y el respeto por parte del capital
a la Ley de Accidentes de Trabajo. También, hubo
demandas que no estaban directamente relacionadas con las condiciones de vida y de trabajo de los
obreros, tal como el pronunciamiento que se exigía
al gobierno en contra de la intervención militar
norteamericana en Nicaragua. Lo que manifestaba
el espíritu unionista de los trabajadores.
El Gobierno solo podría acuerpar activamente las
demandas de los trabajadores si establecía una firme
alianza con estos y, para ello, tenía que distanciarse
de los sectores oligárquicos. Por su parte, los capitalistas salvadoreños no darían fácilmente concesiones
a sus trabajadores y tampoco estarían dispuestos a
participar en un proceso político que llevara al fortalecimiento de los mismos. De tal forma, Romero
Bosque y su equipo de gobierno debieron escoger
entre apoyar a los movimientos de trabajadores que
cada día adquirían más fuerza e independencia, o
limitarse a desempeñar el papel que por tradición se
le había asignado al Estado salvadoreño: la defensa de
los intereses oligárquicos, incorporando algunas tímidas reformas en beneficio de los sectores populares.
Romero Bosque sabía que, debido al auge y a la
independencia alcanzada por las organizaciones
populares, era necesario atraer a los trabajadores
integrando sus demandas a un nuevo proyecto
estatal. Negarse a entrar en negociaciones con los
grupos populares organizados podría significar perder el control sobre los mismos. Si bien la actitud
del Gobierno podría generar tensiones con la oligarquía, aquel continuó siendo defensor de los
intereses de los grandes terratenientes. Cuando
los trabajadores del campo organizados desafiaron
el poder de la oligarquía y el Gobierno perdió su
capacidad para mediar en tales conflictos, no dudó
en poner a la Guardia y el ejército al servicio de los
terratenientes.
En El Salvador de entonces, las autoridades constantemente recurrían a la fuerza no solo para ame-
drentar a los oponentes políticos, sino también para
reprimir a los delincuentes comunes o a quienes eran
sospechosos de serlo. El ciudadano común sabía
que en cualquier momento podía ser víctima de
los cuerpos de seguridad. La Constitución de 1886,
considerada la más liberal de todas, incluía una serie
de preceptos que garantizaban la integridad física
de los ciudadanos y ciudadanas, pero los cuerpos
policiales no los respetaban. Por ello, el respeto a los
derechos ciudadanos seguía siendo uno de los más
sinceros anhelos de la población. Desde sus inicios, el
Gobierno del doctor Romero Bosque se dio a la tarea
de sacar a la luz los constantes abusos de la fuerza
pública; promovió una severa crítica a la policía y a la
Guardia Nacional y prometió convertir a El Salvador
en un país de libertad donde imperase el respeto a los
derechos civiles. Otra de las banderas que utilizó el
nuevo Gobierno para conseguir apoyo fue el respeto
al sufragio. En efecto, el doctor Romero Bosque se
comprometió a efectuar elecciones libres y lo cumplió. En 1931, el ingeniero Arturo Araujo fue electo
Presidente de la República en la que ha sido calificada
como la primera elección libre en el país.
Las buenas relaciones entre el Estado y el conjunto
de las organizaciones obreras no duraron mucho.
Para finales de la década de los veinte, los comunistas y otras fuerzas de la izquierda ganaban terreno
dentro de las organizaciones de trabajadores del
campo y de la ciudad. Entonces los Gobiernos de
Romero Bosque y su sucesor, el presidente Araujo,
iniciaron la represión sistemática a los movimientos
radicales. Parece irónico que los gobernantes más
anuentes a la apertura política se dedicaran a reprimir a la izquierda. Ello se explica por el impresionante avance de esas fuerzas a partir de 1927.
Glosario
Oligarquía: Forma de gobierno en la cual el
poder lo ejerce un reducido número de personas provenientes de los sectores más acaudalados. Sin embargo, en El Salvador, el término
se aplica para referir al grupo social compuesto por los más ricos.
Derechos civiles: Protecciones y privilegios
personales dados a los ciudadanos de un país
por la ley.
95
Recuadro 23.2
Las actividades de la izquierda
Las actividades de los grupos de izquierda aumentaron con el paso del tiempo. Para comienzos
de 1931, muy poco antes de la insurrección
campesina del occidente del país, estas actividades parecen haberse dado en diversos lugares
importantes, tal como lo señala este reportaje del
Diario del Salvador del 27 de enero de 1931:
Un brote comunista fue descubierto por las autoLos Meléndez Quiñónez convivieron sin mayores
problemas con las fuerzas de la izquierda, brindando apoyo a todo intento de educación y organización de las masas populares y abriendo espacios
para que desarrollaran sus actividades. Sin embargo,
la situación cambió a partir de 1928. La izquierda
logró organizar impresionantes movimientos de
masas en las ciudades y en el campo que desafiaban
la autoridad del Gobierno. Entonces, efectivos de
la Guardia, el ejército y la policía irrumpieron en
los mítines políticos, atacando a los manifestantes y
deteniendo a sus líderes.
23.2 La crisis de 1929
La experiencia democratizadora, que por primera
vez vivió el pueblo salvadoreño, coincidió con una
de las crisis más severas del sistema capitalista mundial. Romero Bosque y Araujo tenían intenciones de
mejorar las condiciones de vida de las masas, pero
el período en que les correspondió gobernar fue el
menos oportuno para hacer realidad tales aspiraciones. Sus propuestas de apertura política y reforma social, lejos de propiciar un clima de consenso
nacional, despertaron sentimientos de frustración
y rencor en los sectores populares: frustración por
cuanto la política reformista creaba nuevas aspiraciones, mientras el nivel de vida de los sectores
medios y populares descendía abruptamente; rencor
porque con la crisis los contrastes sociales se agudizaban y el peso de la misma caía con especial fuerza
sobre las espaldas de los pequeños propietarios y
96
ridades de Armenia y es así como el Alcalde de
esa población comunicó a la superioridad que en
el lugar llamado “Barrancas” se reunieron más de
100 hombres encabezados por Gregorio Cortés.
Según datos obtenidos por las autoridades, se
reunían secretamente en lugares apartados para
evitar que se les descubriera celebrando sus juntas
por la noche, hoy en un sitio, mañana en otro. No
pudo ser detenido ninguno de los cabecillas.
de los desposeídos. En pocas palabras, el ensayo
democratizador de El Salvador se estrelló contra la
adversa situación económica.
¿Cómo se originó y cómo se manifestó la crisis económica de 1929 y los años subsiguientes? La crisis
comenzó en Estados Unidos de América, cuando
las acciones de las empresas que se compraban y
vendían en la bolsa de Wall Street, en la ciudad de
Nueva York, empezaron a bajar de precio en octubre de 1929 después de una década de alzas.
La baja de los precios de las acciones afectó casi de
inmediato el funcionamiento del sistema financiero
norteamericano que, a su vez, tuvo repercusiones en
los bancos de los principales países europeos. Como
los bancos eran la principal fuente de crédito, las
empresas que dependían de ellos para financiar sus
operaciones también empezaron a entrar en crisis
y a despedir a buena cantidad de trabajadores. En
cuestión de pocos meses, el desempleo llegaba a
cifras impresionantes en Estados Unidos y Europa.
En síntesis, las economías de los principales países
industrializados se contrajeron y dejaron de comprar y vender los volúmenes de bienes acabados y
materias primas como en años anteriores.
Obviamente, este hecho no solo representó una
caída en los niveles productivos de dichos países
sino una baja en las exportaciones de los países
pobres, desde luego siendo estos últimos los más
afectados.
Para entonces, el café marcaba el ritmo de la economía de El Salvador, pues el 95% de las exportaciones
del país correspondía al grano de oro. En 1928,
hubo una significativa disminución en el precio de
este, anuncio de los tiempos venideros. Financistas
y productores, creyendo que se trataba de una crisis
pasajera, como otras tantas en el pasado, esperaron
obtener mejores precios al año siguiente. Pero se
equivocaron porque, a partir de octubre de 1929, en
el mercado internacional el café empezó a cotizarse
a precios que estaban muy por debajo del costo de
producción. Para colmo, la contracción de la economía en el mundo desarrollado afectó a tal punto la
capacidad de consumo de café de sus habitantes que
gran parte de la producción cafetalera no encontró
colocación en el mercado ni a precios bajos. Miles y
miles de sacos se acumularon en las bodegas de los
puertos y los beneficios.
El comportamiento de la economía interna de El
Salvador estaba muy ligado al café, es decir, la
demanda de bienes alimenticios y artesanales producidos en el país estaba determinada en buena
medida por la cosecha y, especialmente, por los
precios del grano en el mercado mundial. En los
años de buenas cosechas de café, el campesino maicero, el artesano y el resto de los productores contaban con precios atractivos en el mercado interno,
resultado de una demanda fuerte. En cambio, si los
precios del café disminuían, la economía del país se
deprimía, pues había menos dinero en circulación.
El campesino que cultivaba granos básicos normalmente consumía él mismo parte de su producción;
por tanto, no dependía totalmente de la venta para
sobrevivir. En tiempos difíciles, dejaba de adquirir
en el mercado todos aquellos bienes que no le eran
estrictamente necesarios y se defendía de la adversidad económica consumiendo lo que producía. Sin
embargo, ya para la década de 1920 la mayor parte
de los cultivadores se había especializado en uno o
dos productos, por lo que difícilmente podían dejar
de depender del mercado para adquirir alguno que
otro artículo de primera necesidad.
También es conveniente recordar que para entonces gran parte de la población trabajadora de El
Salvador estaba compuesta por jornaleros y artesanos carentes de medios de producción (vale decir
que no tenían acceso a tierras de cultivo ni a sus
propios instrumentos de trabajo). A ellos la crisis
económica de 1929 los dejaba totalmente indefensos. Diariamente, cientos de jornaleros y artesanos
eran despedidos de haciendas y talleres, y como no
tenían alternativas de empleo, ellos y sus familias
inevitablemente serían víctimas de la miseria y el
hambre. Aquellos burócratas y empleados públicos
que tuvieron un poco más de suerte y pudieron
conservar el trabajo sufrieron una abrupta disminución de sus escuálidos salarios.
Aun antes de la crisis, el aumento de la población,
especialmente en el occidente del país, tuvo efectos negativos sobre las condiciones laborales. Los
trabajadores sabían que, si exigían mejores salarios
y garantías laborales, el patrón fácilmente podría
prescindir de ellos: había miles de hombres y mujeres dispuestos a sustituirlos aceptando sin contemplaciones las condiciones impuestas por el patrón.
Con la crisis, la capacidad negociadora de los trabajadores prácticamente desapareció por completo.
Un propietario de Juayúa, que escribió en el Diario
de Occidente en 1932, afirmó que sus peones debían
estar muy agradecidos con él porque siempre les
había pagado cuando le correspondía hacerlo. En
otras palabras, en el contexto de la crisis de 1929,
una de las más elementales obligaciones patronales,
la puntual retribución periódica a la fuerza laboral,
se convertía en una gracia, un favor, que el patrón
dispensaba a sus trabajadores.
En realidad, la crisis era una circunstancia de peso
para dejar de lado, al menos temporalmente, cualquier lucha en torno a la reivindicación de derechos
laborales y sociales, porque lo que había sobrevenido
escapaba de las manos de los terratenientes, empresarios y Gobierno. Además, estos se hallaban también
profundamente afectados, incluso muchos empresarios quebraron. Por tanto, podría pensarse que, desde
el punto de vista económico, había poco margen
sobre el cual satisfacer demandas de los trabajadores.
Pero, el campesino y el indígena no solo cifraban su
lucha sobre salarios, sino sobre la tenencia de la tierra.
Y de hecho, poseer un pedazo de tierra donde cultivar
y crear animales era una salida a la crisis.
97
A pesar de todo, en el occidente del país muchos
trabajadores organizados políticamente en mutuales y, especialmente, en sindicatos, protestaron y
reaccionaron violentamente contra el deterioro de
las condiciones laborales. Sin embargo, quienes se
atrevieron a luchar por una existencia mejor solo
encontraron miseria y hambre y, como se verá en
el capítulo siguiente, terror y muerte. En cambio,
aunque parezca irónico, los jornaleros y empleados
de talleres que bajaron la cabeza y aceptaron que
sus salarios disminuyeran por debajo del nivel de
subsistencia, tuvieron mayores posibilidades de
sobrevivencia. En realidad, ambas cosas fueron
duras para la clase trabajadora.
Recuadro 23.3
Los indígenas en la política
Durante el período de los Meléndez-Quiñónez,
los indígenas del occidente habían logrado
el control de las alcaldías. En cambio, con el
proceso político iniciado en 1927, los ladinos nuevamente recuperaron el control de los
Gobiernos municipales. En esta lucha entre
indígenas y ladinos, el Gobierno debía tener
mucho cuidado de no enojar a las comunidades indígenas, tal como lo planteó el 7 de enero
de 1928 el Comandante Local de Sonsonate, al
escribir al Ministro de Gobernación que no era
conveniente anular las elecciones de Nahuizalco
para favorecer a unos pocos ladinos:
También los pequeños, medianos e incluso grandes
propietarios –dependientes de los financistas para
hacer producir los cafetales– se enfrentaron a la
más crítica situación de su historia. Si el productor
tenía suerte y lograba vender el grano en el mercado, recibía en pago una cantidad que estaba muy
por debajo de la suma a que ascendían sus deudas
con el financista. Este último, ante la incapacidad
de pago del productor, se posesionaba de la prenda
que el cafetalero ofreciese a cambio del dinero prestado: la tierra. En esta forma, muchos productores
perdieron su más valioso medio de producción por
deudas que por lo general estaban muy por debajo
del valor del inmueble.
Si la crisis benefició a algún sector social, fue a los
poderosos financistas, pues el resto de la sociedad
sufrió el descalabro económico. En las ciudades, no
solo los sectores de la producción y del comercio
98
Los individuos Rodolfo Brito y un Pérez tratan de anular la elección de Pedro Mauricio,
Alcalde electo de Nahuizalco, y como al Supremo
Gobierno le conviene tener contentos a más de
cuatro mil indios y no a cuatro ladinos –que
la Alcaldía les ha servido para estafarle a esa
pobre gente–, cuando he necesitado gente en este
cuartel jamás se ha presentado ninguno de esos
ladinos que toda la vida han sido los trastornadores del orden público en esa población. Ojala el
señor Ministro de Gobernación tome en cuenta
las razones antes expuestas para que no permita
que esos individuos se burlen de las autoridades.
Afmo. M. MORA CASTRO.
fueron golpeados por la recesión económica. La
burocracia del Gobierno debió enfrentarse a un
Estado en bancarrota, pues los ingresos fiscales
disminuían en la misma medida que se venían abajo
las exportaciones del café y, por ende, las importaciones, de las cuales el Estado dependía por los
impuestos. En aquel entonces, hasta los modestos
salarios de los empleados públicos disminuyeron y,
en varias ocasiones, el Gobierno no tuvo más remedio que atrasar los pagos. Ello generó un malestar
generalizado entre los empleados públicos, de tal
forma que este grupo se sumó al creciente número
de los inconformes.
Glosario
Recesión económica: Fase de decrecimiento
de la economía de un país.
Ingresos fiscales: Dineros percibidos por el
Gobierno en concepto de impuestos.
Recuadro 23.4
El impacto de la crisis
El historiador Thomas Anderson, en su libro El
Salvador 1932, describe los sucesos políticos y
el impacto directo que sufrió El Salvador ante la
crisis económica que estalló en 1929.
primeros años de la depresión cambió de manos
el 28% de las propiedades cafetaleras del país,
siendo generalmente más afectados los pequeños
productores...
Entonces llegó el año de 1929. Aún antes de la
gran crisis, los precios del café habían comenzado a descender. En los primeros meses de 1930, la
tendencia a la baja de precios se agravó y muchos
de los productores prefirieron que la cosecha de
ese año se pudriera en los árboles. Todo el país se
inundó del dulzón olor a grano de café podrido.
Como muchas de las fincas o plantaciones de
café se encontraban hipotecadas, a menudo los
propietarios perdieron sus tierras. Durante los
La crisis económica golpeó de manera especialmente fuerte a la población pobre del país, tal
como lo describe el Diario del Salvador en su
edición del 20 de febrero de 1932:
23.3 Nuevos discursos y alianzas
políticas
En la historia de El Salvador nunca ha habido un
proceso político tan dinámico como el que se vivió
de 1927 a 1931, cuando Romero Bosque permitió la
libertad de expresión y organización política. Surgió
entonces una multiplicidad de tendencias políticas.
Incluso aquellos que abogaban por mantener inalterado el orden social existente tuvieron que reformular su discurso, pues ahora debían responder ante los
reformistas y comunistas. Agrupados alrededor de
la figura de don Enrique Córdoba, los más reacios
defensores del sistema alegaban que no era necesario crear nuevas oportunidades para los sectores
populares. Según su argumento, en El Salvador todo
aquel que tuviera talento y empuje podía superarse,
es decir, dejar de ser un peón o un artesano pobre
y convertirse en un individuo de recursos económicos. Entonces, alegaban, en el país no había que
cambiar nada porque todo estaba bien.
Este planteamiento solo fue aplaudido por la clase
alta y un grupo minoritario de la clase media. Para
los pobres de la ciudad y del campo, que para enton-
Por las fincas de los cantones de este departamento (Santa Ana) se registran visitas frecuentes
de campesinos hambrientos que llegan a mendigar las tortillas y los frijoles que sobran...
ces pasaban por la amarga experiencia de la crisis
económica, tal retórica debió de haberles parecido
irónica. En efecto, en ese momento los conservadores perdían la capacidad de movilizar a grupos
pertenecientes a los sectores populares, pues estos
eran atraídos por nuevos discursos políticos que les
prometían cambios fundamentales en sus condiciones de existencia.
Rancho de familia campesina, que muestra la pobreza y la marginación, un duro contraste con las opiniones que defendían el
orden social existente. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo
II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 105
99
No por casualidad fue esta una época prolija para
uno de los pensadores más destacados que ha
tenido El Salvador: Alberto Masferrer. Aquellos
que rodeaban a Pío Romero Bosque y que buscaban nuevas ideas para llevar a cabo reformas
sociales sustanciales, encontraron una fuente de
inspiración en este humanista salvadoreño. Para
Masferrer, la más cotidiana de las preocupaciones del ser salvadoreño era la sobrevivencia; por
tanto, centró su propuesta de cambio alrededor
del concepto que él mismo denominó minimun
vital. Mediante este concepto, Masferrer se refería a las necesidades mínimas de un ser humano,
necesidades que para él no debían ser privilegio
de pocos, sino derecho de todos y todas. El más
elemental de ellos, por supuesto, consistía en una
alimentación adecuada. Pero la comida no era
suficiente. El desarrollo de un ser humano debía
ser complementado con educación, salud, viviendas dignas y, finalmente, una atmósfera social
donde la tranquilidad y armonía sustituyesen a la
violencia y el alcohol.
Recuadro 23.5
El vitalismo de Alberto Masferrer
Para Masferrer, el vitalismo era una doctrina
sin mayores complicaciones, tal como lo expresan sus propias palabras en la conocida obra El
dinero maldito:
...el Mínimun Vital no es beneficencia, ni quiere
oír hablar de ella, sino Derecho, y derecho primario y absoluto. No es el Estado dando escuelas y otras cosas ‘después de atender la función
principalísima de defender la soberanía’, sino
la nación organizada como una gran fami-
Masferrer desaprobaba el discurso de los liberales
en torno al concepto de nación, porque estos lo
enfocaban desde abstracciones como soberanía
popular, ciudadanía, civismo, y desde las nociones
positivistas de orden, progreso y modernización.2
Por el contrario, creía que el Gobierno y la sociedad debían responder a las necesidades primarias
de la población, a lo que se observa por la calle y
en los hogares pobres de los obreros, campesinos
e indígenas.
lia, en que se atiende a la función CAPITAL,
PRIMARIA, de procurar vida a todos sus miembros.
Nosotros los vitalistas no queremos oír hablar
más de soberanía ni de abstracciones de ningún
género; queremos oír hablar de niños que comen
buen pan y toman buena leche; de gentes que van
calzadas y vestidas de verdad; de trabajadores
que se nutren bien; en fin, de un pueblo fuerte,
sano, vigoroso, alegre, cuya religión es trabajar
y cuya recompensa es VIVIR”.
gobernantes que había apoyado, a ir en la dirección que proponía, radicó su desconcierto y posterior alejamiento de ellos.
Dadas las influencias teóricas que recibió, pudo
abogar por algo más pero lo estimó imposible. Lo
que reclamaba para los marginados era lo mínimo
que se debe dar. Esto evidencia la importancia
normativa y moral de Masferrer.
Justamente en la negativa que constató en los dos
100
Alberto Masferrer. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar. El
Salvador: Historia General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007.
Aunque Masferrer apoyó a Romero Bosque porque
creyó en la sinceridad de sus promesas de reforma,
y estuvo con Araujo al principio de su mandato,
no tuvo problemas para criticarlos públicamente
cuando dejaron de convencerle. De tal forma,
Masferrer, sin ataduras políticas y partidistas, se
sintió con derecho de asumir una actitud crítica
hacia los distintos estratos de la sociedad. Criticaba
a los ricos por ser egoístas y deshumanizados y por
llevar una vida superflua. Pero también criticaba
la forma de vida de los pobres: le mortificaba la
cultura del alcohol, la irresponsabilidad paterna
y la prepotencia masculina sobre la mujer y los
niños. En fin, para Masferrer no bastaba un proyecto político que buscase erradicar la pobreza.
Era necesario crear una cultura salvadoreña fundamentada en el respeto a todos los seres humanos y el compromiso de cada quien para cumplir
aquellas responsabilidades que la sociedad le asignase. El pensador soñaba con un mundo de paz y
armonía basado en el compromiso social.
A diferencia de Masferrer,
los comunistas abogaban por
una transformación total de la
sociedad. Desde su perspectiva,
que seguía las teorías de economistas y sociólogos como
Carlos Marx, esta transformación no podía llevarse a cabo
dentro del sistema vigente. Era
necesario arrebatar el poder a
los capitalistas, quienes mantenían bajo su control la política
y la economía del país, a través
de la lucha armada. El pueblo
levantado en armas derrotaría
a sus explotadores, los capitalistas, para implantar un sistema donde desapareciese la
propiedad privada. Obreros y
jornaleros continuarían trabajando en talleres y haciendas, pero ahora las ganancias
serían para los mismos trabajadores. En marzo de 1930 fue
fundado el Partido Comunista
Salvadoreño, el cual se derivó
de la misma organización laboral.3 A partir de
1928-1999, el comunismo adquirió en el occidente
del país un auge pocas veces visto en el continente americano. Por primera vez los izquierdistas
lograban engrosar sus filas con campesinos.
Este fenómeno obedeció en gran medida al trabajo diligente de un liderazgo compuesto por
salvadoreños e individuos provenientes de distintas latitudes de Latinoamérica. Los comunistas
consideraban que la lucha de los oprimidos no
debía conocer fronteras nacionales y, por tanto,
frecuentemente viajaban a países donde había una
atmósfera revolucionaria prometedora. Tal fue el
caso de El Salvador, adonde llegaron individuos
como Jorge Fernández Anaya de México, Esteban
Pavletich de Paraguay, y Juan Pablo Wainwright
de Honduras, para contribuir como propagandistas de la lucha popular y, si se lograba encender
el fuego revolucionario, enrolarse en apoyo a los
cambios políticos y sociales radicales.
Agustín Farabundo Martí (derecha) junto a Augusto César Sandino (centro) y Esteban Pavletich (izquierda), a su paso por El Salvador camino a México. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 123.
101
Recuadro 23.6
Las denuncias de izquierdas y derechas
El avance del comunismo entre el campesinado
y el temor que este generó entre los terratenientes se aprecia en los periódicos de la época. El
periódico comunista La Estrella Roja denunció
que, en noviembre de 1929, el Gobierno de
Pío Romero Bosque detuvo en Santa Ana a
cuatro miembros del sindicato de trabajadores
agrícolas “Las Crucitas”, a quienes se les siguió
juicio.
La mayoría de ellos son colonos de la hacienda
La Presa de la esclavista Claudia de Borbón
viuda de Guirola. Reclamaba el sindicato, entre
otras reivindicaciones, la de que no se les obligara a pagar 50 centavos quincenales que se les
exigía por el agua de la misma hacienda de la
cual son colonos... La respuesta de la viuda de
Guirola fue el envío de 30 parejas de guardias
nacionales que le proporcionó Romero Bosque,
para expulsar de la hacienda a todos los colonos,
a media noche y bajo una tormenta, llevando en
la brutal expulsión a los ancianos, a los niños
La capacidad de movilización de los líderes comunistas, entre los cuales sobresalía Farabundo Martí, era
realmente impresionante. Sonsonate, Ahuachapán
y San Salvador presenciaron grandes manifestaciones organizadas por el Partido Comunista.
y hasta mujeres que recién habían dado a luz,
porque según la esclavista trataban de repartirse
la hacienda.
Por su parte, un terrateniente anónimo escribió
en la edición del 24 de diciembre de 1931 del
Diario del Salvador lo siguiente:
En una finca del departamento de La Libertad,
cuyo nombre no importa recordar, los mozos
se han constituido en agrupación organizada.
Tienen un presidente, un secretario y todo lo que
forma una junta directiva. Anteayer se declararon en huelga, y una comisión del grupo se
apersonó ante el patrón con la siguiente fórmula:
mejor alimentación, aumento de jornal, 8 horas
de trabajo para los adultos, 6 horas de trabajo
para los menores de edad. El caso citado aconteció en la propiedad de un amigo mío cuyos
hombres no solo están pagados al día, sino que
no han sufrido disminución de jornal.
parte de la labor de adoctrinamiento de las bases del
partido, tanto en zonas rurales como urbanas.
Aparte del trabajo proselitista realizado a partir de
1924 por la Federación Regional de Trabajadores,
fue de gran ayuda para la causa un considerable número de maestros rurales quienes fueron
atraídos a las filas del partido; éstos, utilizando
recursos pedagógicos, lograron convencer a miles
de campesinos de la necesidad de organizarse para
luchar.
Por supuesto que muchos estudiantes, especialmente universitarios, desde muy temprano se habían
sumado a las filas de los comunistas y formaban
102
Tienda saqueada, Izalco. Tomado de: Gould, Jeffrey L. y LauriaSantiago, Aldo. 1932. Rebelión en la oscuridad. San Salvador:
Ediciones Museo de la Palabra y de la Imagen. s.a. p.232.
Recuadro 23.7
Reacciones ante el movimiento laboral
La labor proselitista de los comunistas terminaba a veces en manifestaciones de gente exigiendo trabajo y rebaja de los impuestos, dos cosas
que resultaban muy importantes en tiempos
de profunda crisis económica. El Alcalde de
Sonsonate tuvo que enfrentarse a este tipo de
acción, tal como lo describe en una carta que
envió al Ministro de Gobernación el 21 de julio
de 1930:
Señor Ministro de Gobernación:
Como indiqué telegráficamente a usted, la manifestación sindicalista se verificó ayer en marcha
ordenada. Recorrieron varias calles y llegaron frente al Palacio Municipal por el rumbo
oriente... Se les instó para que pasaran al Salón
Municipal quince o veinte de los principales
manifestantes para entenderse; pero se negaron
persistiendo en que habían de tomar la palabra
afuera, sin duda para lograrse los aplausos populacheros, y tomaron la palabra Serafín Magaña
y Luis Salazar M.
Aunque en la nota de aviso suscrita por estos
últimos concretaba tres puntos: trabajo para
todos los desocupados emprendiendo obras
públicas, supresión del pago de vialidad para los
asalariados y rebaja de un cincuenta por ciento
del inquilinato, agregaron otro: hacer por la
libertad de cuatro sindicalistas presos en Santa
Ana, de los que dijeron que no tenían delito,
Muchos de los indígenas del occidente se adhirieron a la causa comunista. También los ladinos
participaron activamente en las actividades organizadas por la izquierda. Pero mientras los ladinos
actuaban como individuos, los indígenas lo hacían
en nombre de la comunidad. En el período de
los Meléndez-Quiñónez, las cofradías indígenas
se habían incorporado a las Ligas Rojas. Ahora,
las mismas organizaban a los pueblos indígenas
pues no lo constituye el hecho de pedir aumento
de salario.
Excitado que fui para que contestara, manifesté:
que trabajo les podía dar a cincuenta individuos
una semana, cincuenta a otros en otra semana,
y así hasta que terminaran los trabajos de la
introducción del agua de las fuentes de Santa
Lucía, única obra pública que se está llevando a
término. A esto repuso Salazar M. que debía ser
para todos, por lo que prometí dirigirme a donde
corresponde con el fin indicado y en igual forma
contesté los otros puntos...
Ambos oradores, Magaña y Salazar M., se mostraron intransigentes y usaron términos descorteses contra la burguesía que ellos llaman.
Me di cuenta, y también el Municipio que estaba reunido, de que casi todos los manifestantes
tienen trabajo, ya en el campo, ya en la ciudad,
en jornal y algunas artes.
Después se dirigieron inconformes a la esquina
suroeste del parque Rafael Campo, continuando
varios individuos su prédica contra el capital
y la burguesía; pero en términos tales que más
bien hacían propaganda de bolcheviquismo, y
más si se atiende a que entre los manifestantes
había muchos analfabetas, que no entienden los
alcances del sindicalismo y lo interpretan a su
modo por hechos más o menos punibles.
para luchar en nombre del Partido Comunista.
Obviamente, llama la atención el nivel de entrega
de los indígenas del Occidente, pero resulta lógico
si lo vemos desde el punto de vista de su historia
particular, pues es el grupo social que más había
sido golpeado por las políticas gubernamentales,
exceptuando las pequeñas concesiones recibidas de
los Meléndez Quiñónez. Sin embargo, eso no era
suficiente para provocar una respuesta decidida.
103
¿Cómo se había operado esta transformación? Los
comunistas, conociendo la sólida estructura de
poder de los poblados indígenas, se preocuparon
por atraer a sus líderes. Una vez que lo lograron,
todos los adultos de los poblados indígenas apoyaron a los comunistas. Pero este no era un proceso
aislado. Ya hacia 1929, el apoyo a los comunistas en
las fincas cafetaleras de la zona occidental del país
era considerable. Muchos de los indígenas participaron en las huelgas que trabajadores radicalizados
efectuaron en las grandes haciendas.
Por otra parte, las comunidades indígenas no habían
sido beneficiadas por el proceso político que iniciara
Romero Bosque. Por el contrario, al dejar la presidencia Alfonso Quiñónez, en 1927, los indígenas
empezaron a perder el control del poder local. En
1930, apoyaron al dr. Alberto Gómez Zárate, candidato que se identificaba con la familia MeléndezQuiñónez.
Pocos meses después de las elecciones de 1931, el dirigente indígena de mayor peso, Feliciano Ama, cacique
de los indígenas de Izalco, inspirado por el discurso
revolucionario, rompió relaciones con Gómez Zárate,
llamándolo “burgués explotador”. Estas expresiones
de Ama eran resultado de la larga y ardua labor del
movimiento comunista salvadoreño.
Recuadro 23.8
La labor proselitista de la izquierda
Miguel Mármol, dirigente y fundador del
Partido Comunista, vivió intensamente el período histórico de la gran crisis y señala en sus
memorias que, a finales de la década de 1920, la
persecución a los izquierdistas era intensa. Para
evitar ser capturados por las autoridades, los
dirigentes de la izquierda tuvieron que trabajar
en la clandestinidad. Así describe Mármol su
labor proselitista en la obra de Roque Dalton,
Miguel Mármol:
“Ya durante los meses de 1929 y durante 1930,
yo tenía que usar varios escondites y refugios
para huir de la policía y hasta me vi obligado en
varias oportunidades a disfrazarme. Mi refugio
En fin, cabe decir que, los comunistas salvadoreños conocían muchas de las tesis de Marx, Engels
y Lenin; por tanto, contaban con una base teórica
sobre la revolución aunque esta fue asumida como
una camisa de fuerza y no se analizo ni matizo. Sin
embargo, al cierre de los años veintes y todavía
a comienzos de los treintas, no estaban del todo
radicalizados. En cambio, las cofradías de algunos
pueblos indígenas occidentales mostraban mayor
decisión en las acciones políticas a seguir. No cabe
duda que su actitud beligerante reflejaba la falta de
104
principal seguía siendo Ilopango porque allí la
gente me conocía más y me protegía mejor. Y
luego, pasaba que las autoridades, sobre todo la
Guardia y la Policía, tenían un personal intercambiable que no se quedaba mucho tiempo y
por lo tanto no llegaban los esbirros a conocerlo
a uno a la perfección. Los campesinos de los
alrededores me hicieron un pequeño subterráneo y en él trabajaba a cualquier hora con mi
máquina de escribir, haciendo octavillas, manifiestos, documentos, etcétera. Unos niñitos, hijos
de comunistas, eran mis centinelas y avisaban la
proximidad de la Guardia o de simples peatones
con una campanita o con el estallido de unos
cohetillos que yo mismo les compraba”.
un mayor análisis de la coyuntura nacional y de las
posibilidades reales de los cambios políticos, sociales y económicos. Algo que incluso, no existía apropiadamente en los comunistas más reflexivos.
Glosario
Cacique: Líder indígena que ostenta el poder
político en una comunidad.
Esbirro: Policía.
Conclusión
En las últimas décadas del siglo XIX, se sentaron
las bases de la República agraria, para lo cual fue
decisiva la supresión de las formas tradicionales
de tenencia de la tierra, (las tierras comunales y
ejidales), la ampliación del cultivo del café y la
organización del Estado de acuerdo a los criterios de la modernidad, con órganos especializados; favorecidos también por la inserción en el
mercado internacional y la demanda del café.
Las tres primeras décadas del siglo XX pusieron
a prueba el experimento liberal en El Salvador.
Los resultados se vieron rápidamente: malestar
social, críticas hechas por importantes intelectuales, huelgas, etcétera. A este descontento se
unió un factor internacional que golpeó profundamente a la economía salvadoreña: la crisis
de 1929. Por supuesto que los actores populares
no se resignaron. Sus organizaciones laborales
comenzaron a presionar; a lo cual, los Gobiernos
de turno, por muy abiertos que hayan sido sus
discursos y prácticas políticas, respondieron con
represión. Tal parece que ese ha sido el círculo
vicioso de la política salvadoreña durante todo
el siglo XX. En cualquier caso, la efervescencia
social terminó por constituir ciertas alianzas
entre diversos sectores del país, lo que nos ha
permitido apreciar una coyuntura bastante dinámica.
El panorama, hacia fines de la década de 1920,
era entonces sombrío, pues los frutos esperados
del discurso liberal, basado en el progreso, no se
evidenciaban en la práctica. Sin lugar a dudas, el
país estaba a las puertas de una crisis: la crisis de
la República cafetalera. Las bases de un régimen
civilista, del cual el liberalismo decimonónico se
convirtió en abanderado, fueron muy endebles.
Uno de los precios que se pagarían por esa debilidad fue la toma del poder por parte de los militares por cerca de 50 años. Una apertura política
que no iba acompañada de mejoramiento de la
calidad de vida de los sectores populares estaba
destinada a ser el propio detonante de la crisis.
La organización sindical, gremial y comunitaria,
promovida por algunos gobiernos de turno, se
revertiría en el momento de cierre de los espacios políticos y de crisis económica.
En diciembre de 1931, un golpe de Estado dirigido por oficiales del ejército llevó al poder
al general Maximiliano Hernández Martínez,
vicepresidente y ministro de guerra del presidente Araujo, y terminó abruptamente con la
experiencia democratizadora.
Para entonces, la apertura política ensayada por
el Gobierno de Pío Romero Bosque se había
estrellado contra la realidad. La mayor contracción económica que había sufrido el sistema
capitalista cerraba las posibilidades al proyecto
de cambio social. El discurso reformista de los
representantes del Estado, al igual que el discurso revolucionario de la izquierda, despertaron
expectativas en los sectores populares. Pero el
tiempo pasó y las condiciones de vida de la gran
mayoría de los salvadoreños y salvadoreñas, en
lugar de mejorar, se deterioraron significativamente.
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105
Cronología de los principales hechos
1870: Inicia el cultivo del café a gran escala
1881-1882: El Estado decretó la abolición de las tierras ejidales y
comunales, con el propósito de promover la propiedad individual
y el desarrollo nacional
1885: Guerra entre El Salvador y Guatemala
1890: Inauguración del servicio ferroviario en Armenia
1890: Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos
1906: Guerra entre El Salvador y Guatemala
Guerra entre El Salvador, Honduras y Nicaragua
1907: Tratado de Paz Centroamericano
1908: Inicio de labores de la Corte de Justicia Centroamericana
1910: Estalla la Revolución Mexicana
1912: Creación de la actual Bandera y Escudo Nacional
1913-1927: Dinastía de los Meléndez-Quiñónez
1914-1918: Primera Guerra Mundial
1915: Llegada del automóvil a El Salvador
1917: Triunfo de la Revolución Rusa
1926-1927: Intervenciones estadounidenses en Nicaragua, a las que
hizo frente Augusto César Sandino, teniendo también un fuerte
rechazo en la población de toda Centroamérica
1929: Gran depresión económica mundial
106
Bibliografía
Libros
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HERRERA, Sajid. Los rostros de la violencia. Guatemala y El
Salvador, siglos XVIII y XIX. San Salvador: UCA Editores, 2007.
107
Unidad V Dictadura, modernización y
guerra El Salvador-Honduras
Central hidroeléctrica 5 de Noviembre, en el río Lempa. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio
de Educación, 1994. p. 186.
Capítulo 24. La dictadura de Maximiliano Hernández Martínez
Capítulo 25. Política económica, fiscal y social durante el martinato
Capítulo 26. Transición hacia la modernización
Capítulo 27. La modernización de la economía a partir de 1950
Capítulo 28. La conformación del Mercado Común Centroamericano
Capítulo 29. La guerra El Salvador – Honduras
108
Capítulo 24 La dictadura de Maximiliano Hernández Martínez
El Directorio Militar que asumió el poder después del derrocamiento del presidente Arturo Araujo. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. Ministerio de Educación, 1994. p. 128.
Introducción
Uno de los períodos de la historia salvadoreña que
ha llamado la atención es el comprendido de 1931
a 1944. A esta época se le denomina el martinato,
debido a que uno de los militares más controvertidos, el general Maximiliano Hernández Martínez,
gobernó de manera dictatorial durante cerca de
13 años. Con este régimen comenzó el ascenso del
militarismo, hasta su culminación con el golpe de
Estado del 15 de octubre de 1979.
La oportunidad de ascender al poder del general
Hernández Martínez llegó en diciembre de 1931
con el golpe de Estado contra el presidente Arturo
Araujo, de cuyo gobierno era vice-presidente y
ministro de guerra.
El Directorio Militar que conformaron los golpistas
designó al general Hernández Martínez como presidente interino, quien en pocos días se consolidó en
el poder. Este era el inicio no solo del martinato sino
de un largo período en que el ejército definiría a los
presidentes de la república. A menos de dos meses
de haber asumido la presidencia de la república el
general Hernández Martínez se dio el levantamiento
campesino-indígena, acontecimiento que fue visto
como el primer alzamiento popular en América
Latina apoyado por un partido comunista.
Dicho levantamiento comenzó la medianoche del
22 de enero de 1932 en el occidente del país siendo sofocado en seguida por el ejército, la Guardia
Nacional y la denominada “Guardia Cívica”, con
saldo de miles de muertos y la ejecución de los principales líderes rebeldes.
Uno de los resultados del alzamiento fue la consolidación del general Hernández Martínez en el poder,
quien no solo completó el período del interinato, lo
que correspondía al gobierno del ingeniero Arturo
Araujo, sino que prosiguió por varios períodos más
hasta su caída en mayo de 1944. El gobierno del general Hernández Martínez fue una dictadura centrada
en preservar el orden social, aplicando medidas que
limitaran las expresiones políticas de los opositores.
109
24.1 El ascenso del militarismo y el
golpe de Estado contra Arturo
Araujo
Posterior a la apertura democrática del período
de Pío Romero Bosque (1927-1931), el ingeniero
Arturo Araujo asumió la Presidencia de la República.
Sin embargo, el 2 de diciembre de 1931 fue derrocado por un grupo de militares de distintos rangos en
coordinación con algunos civiles.
El ingeniero Araujo no logró en este corto tiempo
ordenar la administración pública ni cumplir con
una serie de reformas prometidas, entre ellas el
reparto de las tierras para los campesinos, que apenas se limitó a una tímida distribución. Además, el
descontento hizo que sus aliados le retiraran apoyo,
como fue el caso del escritor Alberto Masferrer, el
campesinado y los militares, que resentían el atraso
de sus sueldos.
El ingeniero Arturo Araujo, presidente de la República. Tomado
de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p. 129.
110
El general Hernández Martínez era el vicepresidente de la República y ministro de Guerra. No existe
un estudio que muestre la responsabilidad directa
del vicepresidente en este golpe. Sin embargo, al
constituirse posteriormente un Directorio Militar,
Maximiliano Hernández Martínez fue nombrado de
inmediato como Presidente interino, porque Araujo
había “abandonado” el cargo. Como es sabido,
Araujo ni abandonó ni renunció a la Presidencia.
El general supo aprovechar las oportunidades del
momento. Las circunstancias internas y externas
terminaron favoreciéndolo a él y al estamento militar, que definiría en adelante quiénes gobernarían
el país.
El ingeniero Araujo, desde Guatemala, intentó recuperar el poder, pero fue en vano, debido a los partidos que lo respaldaban, el Laborista y el Proletario,
se encontraban divididos y sin la fuerza suficiente
para revertir el golpe del 2 de diciembre.
Pocos querían saber de Arturo Araujo, sobre todo los
militares. El gobierno de Estados Unidos, no obstante que Araujo llegó al poder a través del voto popular,
tampoco vio con buenos ojos su administración, al
grado que llegó a exigir su “remoción” legal.
A estos elementos se sumó el levantamiento campesino-indígena de enero de 1932 y su consecuente
represión, que en opinión de la oligarquía cafetalera,
era la manera correcta de resolver este tipo de crisis.
Con este acto, Hernández Martínez ganó el voto de
confianza de la clase oligárquica, quien consideró
que en adelante, para seguridad y paz del país, era
conveniente que gobernaran los militares en vez de
los civiles. Desde luego, en lo sucesivo, la oligarquía
no solo estará de acuerdo con el gobierno sino que
mantendrá gran influencia en el mismo, especialmente a través del gabinete y de las organizaciones
estatales y semiestatales que representaban grandes cuotas de poder. Además, las políticas sociales
reformistas que se darán no representarán ninguna
amenaza para las elites porque serán muy limitadas.
Todo lo contrario, era lo mínimamente requerido
para mantener el status quo y asegurar la paz que
permitiera el normal desarrollo de la vida productiva y social del país.
Recuadro 24.1
El alzamiento militar de 1931
El texto del acta de la rebelión militar del 3 de diciembre de 1931, que apareció en el diario La Prensa
Gráfica el día siguiente, es un típico ejemplar de los “pronunciamientos” que acompañaban a los golpes
militares. El principal interés es demostrar que se tiene el control del poder y no hay demasiado cuidado en buscar las justificaciones más apropiadas para sus actos. Como se sabe, el ingeniero Araujo no
“abandonó” la Presidencia ni tampoco renunció. El acta reza en los términos siguientes:
En el Cuartel del Primer Regimiento de Infantería, a las nueve horas y media del día tres de diciembre de 1931: reunidos los infrascritos Delegados de los distintos regimientos: Primero de Artillería,
Subteniente Julio C. Cañas y Subteniente Carlos Rodríguez; Primero de Infantería, capitán Manuel
Urbina y teniente Joaquín Castro Canizales; de la Guardia Nacional, coronel Joaquín Valdés y
teniente Juan Vicente Vidal; Primer Regimiento de Ametralladoras, subteniente Alfonso Huezo y
del Ministerio de la Guerra coronel Osmín Aguirre, han convenido en lo siguiente:
Que en vista de que el señor ingeniero Arturo Araujo abandonó el cargo de Presidente de la República
de que estaba investido, han resuelto reunirse para formar un Directorio Militar, el cual por votación
de los Delegados, quedó formado por los miembros que a continuación se expresan:
Coronel Joaquín Valdés,
Coronel Osmín Aguirre,
Capitán Manuel Urbina,
Teniente Joaquín Castro Canizales,
Subteniente Carlos Rodríguez,
Subteniente Miguel Hernández Zaldaña,
Subteniente Julio C. Cañas,
Subteniente Alfonso Huezo.
Cuartel del Primer Regimiento de Infantería,
actual Museo de Historia Militar.
Que habiendo quedado de hecho en posesión de sus cargos, resuelve:
1. Aceptar la renuncia interpuesta por el Presidente de la república, Ingeniero Arturo Araujo, y para
cumplir los preceptos constitucionales, llamar al vicepresidente, General Maximiliano Hernández
Martínez, quien rendirá la protesta de ley ante el Directorio Militar.
2. Conminar al ingeniero don Arturo Araujo, para que en el perentorio tiempo de 24 horas desocupe
el país.
3. Asumir la Dirección del Ministerio de la Guerra el control de los demás Ministerios.
4. Nombrar Consultor al doctor Emeterio Oscar Salazar, Segundo Designado a la Presidencia.
Convenido lo anterior, firman los miembros del Directorio Militar: Joaquín Castro Canizales, Carlos
Rodríguez, Manuel Urbina, Julio C. Cañas, Joaquín Valdés, Osmín Aguirre, Miguel Hernández
Zaldaña, Alfonso Huezo.
111
Por otra parte, la posición de Washington opacó los
primeros años de la dictadura, pero gradualmente
fue variando hasta que se reconoció la legalidad
del régimen martinista. El origen de la falta de
reconocimiento se fundamentó en los Tratados de
Washington de 1907 y el Tratado de Paz y Amistad
firmado por los países centroamericanos en 1923.
Para que un gobierno, producto de un golpe, fuera
reconocido, era necesario que los nuevos gobernantes no hubieran participado en forma alguna en el
golpe ni ocupado cargos o mandos militares en el
gobierno depuesto. Con esto se pretendía evitar los
golpes de Estado.
Hernández Martínez formó parte del gabinete de
Arturo Araujo, pero se cuidó mucho de no ser
involucrado en el golpe, porque habría quedado
fuera del gobierno. Esta precaución posibilitó su
nombramiento como Presidente interino en primera instancia y su posterior elección por la Asamblea
Legislativa para completar el período del ingeniero
Araujo hasta 1935.
Las condiciones estrictas para reconocer a los
gobiernos y las intervenciones directas, como la de
Nicaragua que provocó la lucha antiintervencionista del general Augusto César Sandino en 1927,
fueron consideradas por muchos centroamericanos
como una grave ofensa a la soberanía nacional por
parte del gobierno de Estados Unidos. Pero la realidad forzó a abandonar dicho legalismo, y fue el
caso salvadoreño el que provocó ese cambio, como
se verá a continuación.
Gracias al estudio de la correspondencia diplomática, se sabe que los emisarios norteamericanos en el
país, Charles Curtiss y Jefferson Caffery, intervinieron directamente en el período después del golpe,
para facilitar el reconocimiento de un nuevo gobierno que asegurase sus intereses en El Salvador. En
efecto, actuaron confusamente y en contradicción
con sus superiores en Washington, permitiendo que
el general Hernández Martínez bloqueara cualquier
otra opción de gobierno. Curtiss y Caffery procedieron a favor del general, y nunca plantearon la
legalidad del gobierno de Araujo.
112
El general Maximiliano Hernández Martínez. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 131.
Así, aunque Hernández Martínez había logrado un
fuerte apoyo interno, el gobierno estadounidense
no lo reconoció por razones legalistas y conforme
a la letra del Tratado de 1923. Como consecuencia,
Hernández Martínez no obtuvo el reconocimiento
de otros países y su gobierno quedó aislado. Sin
embargo, resistió esa presión por varios años. De
hecho, el enfrentamiento con Estados Unidos consolidó la imagen del nuevo Presidente como persona firme y hábil, capaz de enfrentarse con energía
a situaciones complejas. Hernández Martínez fue
capaz de construir y de transmitir un liderazgo
fuerte, que Estados Unidos consideró luego como
conveniente para sus intereses. Obviamente, la posición anticomunista de Hernández Martínez era afín
a la administración estadounidense, la cual además
no desaprobaba la manera de poner orden en el
país y las políticas públicas que implementaba con
el fin de responder a la crisis nacional y recuperar
la estabilidad económica del país. Además, después
de los acontecimientos del 32, el general Hernández
Martínez hizo todo el esfuerzo por disfrazar su autoritarismo con una actitud discreta.
Esta opinión era compartida también por algunos
gobiernos extranjeros, que poco a poco modificaron su posición con respecto al reconocimiento,
preparando el terreno para que los Tratados de
Washington fueran desconocidos. Así lo hizo Costa
Rica en diciembre de 1932, y en enero de 1934
todos los países centroamericanos e incluso Estados
Unidos habían reconocido a Hernández Martínez.
La dictadura y los militares encontraron el camino
para la consolidación, que se venía gestando desde
la dinastía Meléndez-Quiñónez.
mando el fantasma de una nueva insurrección, los
civiles resintieron esta pérdida. Al parecer, los largos años de autoritarismo y la necesidad de contar
con un ejército que salvaguardara los intereses de
las clases dominantes favorecieron a los regímenes
militares, que impusieron su voluntad.
24.2 El levantamiento campesinoindígena de 1932
Sobre el ascenso del militarismo, Rafael Guidos
Véjar1 señala que, durante el período de la dinastía,
el ejército desarrolló en forma evidente sus intereses estamentales, es decir, “la unidad entre los
miembros del ejército y estimular su mejoramiento
intelectual, moral, físico y económico”. Para ello
crearon un Círculo Militar y su fundador y primer
presidente fue precisamente el general Hernández
Martínez. Este club se fundo el cinco de diciembre
de 1920 para promover el arte y la cultura.
Muchas obras de diferentes interpretaciones se han
escrito sobre el tema del alzamiento campesinoindígena de 1932. La razón no obedece solo al
impacto que tuvo para El Salvador, sino porque
se percibió como el primer alzamiento popular
en Latinoamérica conducido por el comunismo
internacional. Con el tiempo que separa el presente
de aquellos hechos, y gracias a numerosas investigaciones, se puede hacer ahora un balance sereno,
aun admitiendo que quedan preguntas pendientes
que no se han podido resolver.
Estos esfuerzos por dotar al ejército de identidad
propia, estabilidad y profesionalismo se acentuaron
durante la administración de Romero Bosque y se
profundizaron con el martinato. En efecto, el general
creó la Fuerza Aérea, aumentó su presupuesto hasta
casi el 20 por ciento del presupuesto general de la
nación y abrió las puertas de la Escuela Militar a los
sectores urbanos medios. Logró, siendo Ministro
de Guerra, que la Asamblea Legislativa aprobara
una Ley de Pensiones y Montepíos Militares, para
ampliar los privilegios de este grupo.
Los hechos son los siguientes: hacia la medianoche del 22 de enero de 1932, en varias regiones
del occidente del país, se alzaron miles de campesinos e indígenas. Armados principalmente con
machetes, atacaron poblados, haciendas e instalaciones militares. En algunas partes - como Juayúa,
Nahuizalco, Izalco y Tacuba - lograron controlar la
totalidad de la población. En otros lugares, como en
Ahuachapán, Santa Tecla y Sonsonate, fallaron en
su intento de capturar los cuarteles.
Al darles Hernández Martínez este sentido de seguridad y poder a los militares, la consecuencia inmediata fue el desplazamiento del poder civil de la
conducción del Estado.
Durante los primeros años del régimen, muchos
civiles influyentes y algunos miembros de la oligarquía cafetalera convinieron en colaborar con
el general ocupando puestos importantes en su
gobierno. No obstante, en la medida que se fue
configurando el rostro de la dictadura y se fue esfu-
Días antes, en varias plazas militares de la capital,
se habían detectado intentos de insubordinación de
la tropa, los cuales fueron controlados. Las acciones
rebeldes en el occidente estuvieron acompañadas
de notorias ejecuciones, sobre todo de funcionarios
locales y comerciantes.
Glosario
Dictadura: Ejercicio del poder político de forma autoritaria, por la fuerza o por la intimidación, sin aceptar oposición.
113
La reacción del gobierno fue inmediata, ya que
recuperó el control total del territorio en pocos
días. En este etnocidio, el empleo de armamento
superior fue el elemento decisivo en la confrontación, y los relatos cuentan las oleadas de indígenas
barridos por las ametralladoras. En seguida se dio
una severísima represión, ejecutada por unidades
del ejército, de la policía, de la Guardia Nacional
y voluntarios organizados en guardias cívicas. Las
víctimas de “la Matanza” se contaron por miles, sin
que se haya podido establecer hasta ahora una cifra
exacta. Diversas estimaciones de los autores oscilan
entre 7,000 a más de 25,000.
no estuvieron como simples espectadores no es del
todo posible que sus miembros salieran ilesos.2
Los especialistas sobre el tema consideran que fueron varias las causas del alzamiento. Para algunos autores, el despojo de tierras en 1881 y 1882,
cuando el Estado decretó la abolición de las tierras
ejidales y comunales para favorecer la propiedad
individual, afectó a muchas comunidades indígenas
y creó el descontento. Esta causa se conoce como “el
malestar agrario”.
Para otros, el problema étnico, es decir, la profunda distancia entre indígenas y ladinos desde los
tiempos de la colonia, fue determinante. El historiador Héctor Pérez Brignoli, en su estudio Indios,
comunistas y campesinos. La rebelión campesina
de 1932 en El Salvador,3 señala que los indígenas
acumularon por años un fuerte resentimiento que
explotó como una bomba al producirse el levantamiento. En estos casos no se miden en absoluto las
consecuencias.
El cacique de los índigenas de Izalco. Felicano Ama, momentos antes de ser ejecutado. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 135.
Por supuesto, la mayoría de los muertos fueron
indígenas y campesinos sublevados. Por el lado de
las fuerzas del Gobierno fueron pocas las víctimas.
En la Memoria de Guerra, Marina y Aviación,
solo se contabilizan 10 elementos de la Guardia
Nacional. Una publicación periodística del 6 de
febrero de 1932 únicamente habló de nueve muertos de la Guardia Nacional y diez más que resultaron heridos.
Quedan en el anonimato las bajas del ejército y de
la denominada “Guardia Cívica” que eran milicias
de la oligarquía y de capas medias urbanas que
obedecían órdenes de oficiales de la fuerza armada;
de modo que, si el ejército y la “Guardia Cívica”
114
Un tercer punto de vista sostiene que hubo dos
movimientos paralelos: una insurrección campesino-indígena espontánea, y una conspiración comunista en función de la toma de poder. Según esta
tesis, la conspiración comunista obedecía a una
estrategia basada en el socialismo científico. Ha
llamado mucho la atención la tesis del historiador
estadounidense Erik Ching, en la cual el papel del
partido comunista en la insurrección queda bastante disminuido, pues este era muy pequeño, de
reciente creación y sumamente dividido por discrepancias internas.4
Una explicación más reciente es el trabajo de Jeffrey
Gould y Aldo Lauria-Santiago, 1932: Rebelión en la
oscuridad. Revolución, Represión y Memoria en El
Salvador.5 La obra cuenta una visión coherente de
lo ocurrido en 1932.
Esta gama de factores, más la crisis de desempleo
generada por la estrepitosa baja de los precios del
café a raíz de la caída de la Bolsa de Valores en
Nueva York en 1929, produjo un hecho sin paralelo
en la historia de El Salvador y de Latinoamérica.
Con el recuento anterior, queda en evidencia que
sobre los sucesos del 32 no hay a la fecha una sola
interpretación, sino diversas, cada una de ellas enfatizando aspectos claves, como lo fue el despojo de
las tierras durante la segunda mitad del siglo XIX
o el factor del “resentimiento” étnico que se vino
acumulando desde los viejos tiempos de la colonia, o
la importancia o no del partido comunista en la planificación de los hechos. Con seguridad los trabajos
de investigación al respecto continuarán, debido a lo
trascendental del suceso y por el ocultamiento de los
hechos que el gobierno de turno hizo en su momento. Por ejemplo, el trabajo de Jeffrey Gould y Aldo
Lauria-Santiago constituye una valiosa contribución
sobre el tema, que viene a sumarse como una interpretación más en este complejo acontecimiento.
Siendo una obra que analiza qué tipo de movimiento
es el que surge en 1932.
Unido a lo anterior, se presentó la extraordinaria
actividad del movimiento comunista, alimentado por
la frustración de las ofertas no cumplidas de gobiernos y partidos. Los líderes comunistas, dirigidos por
Agustín Farabundo Martí, habían desarrollado una
organización que, sin estar sólidamente estructurada
y sin contar con un programa de gobierno coherente, logró canalizar las demandas más radicales de la
población. Dadas las facilidades de expresión que se
dieron luego del golpe del 2 de diciembre de 1931, las
acciones de los comunistas se multiplicaron por vía
de la prensa revolucionaria, con fuerte apoyo internacional y las actividades de agitación.
A mediados de enero decidieron el alzamiento,
confiando en que, entre otras cosas, sus simpatizantes en el ejército (soldados y oficiales de rango),
lograrían neutralizar la acción militar en su contra.
En ese punto fueron sorpresivamente capturados
Farabundo Martí y los dirigentes universitarios
Alfonso Luna y Mario Zapata. Estos dos últimos no
eran comunistas, pero sí simpatizaban con el ideario
de reforma social.
En cambio, a Martí el Comité Central le había encargado los aspectos militares de la insurrección. A los
detenidos, en su escondite, se les decomisó material
bélico, instrucciones y proclamas impresas para
orientar el levantamiento.
A raíz de las capturas, la noche del 20 de ese mes,
la dirección del PCS discutió la nueva situación
creada. Algunos pensaban que debía suspenderse
el levantamiento, para evitar el fusilamiento de los
capturados. Sin embargo, la decisión que se adoptó
fue la de proseguir el plan y mantener la fecha del 22
como definitiva.6
Los comunistas se propusieron participar en las
elecciones municipales convocadas para el 3 de
enero de 1932, lo mismo que en las legislativas del
10 al 12 del mismo mes, para lo cual inscribieron a
sus partidarios. En esa época, para inscribirse como
votante, una persona debía decir expresamente con
cuál partido simpatizaba, y con esa información
se elaboraba una lista de partidarios. Después del
alzamiento, el gobierno utilizó estos listados para
ejecutar a los campesinos e indígenas.
A sabiendas de que el proceso electoral estaba viciado, la dirección comunista determinó seguir una
pauta insurreccional, aunque intentó negociar con
el gobierno para evitarla, pero resultó imposible.
El dirigente comunista Agustín Farabundo Martí, en vísperas de
su ejecución. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 136.
115
Alfonso Luna. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 137.
Mario Zapata. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 137.
Pese a la falta de coordinación de acciones en distintos puntos claves de la rebelión, esta no se pudo
detener. La dirigencia comunista se plegó a ella,
ejecutando lo que resultaba posible de sus planes.
Era un escenario de tragedia extremadamente
complejo, y como tal se desarrolló.
juntamente con él fueran juzgados Mario Zapata y
Alfonso Luna, que eran los más activos ayudantes
de Martí. Efectivamente el proceso tuvo lugar el 30
de enero, con todas las formalidades de la ley, pero
Martí no quiso defenderse.7
A fines del mes, cuando las represalias en la zona
continuaban, Martí, Luna y Zapata fueron llevados
a un consejo de guerra, que los condenó a muerte.
Fueron fusilados en la mañana del 1 de febrero, en
el Cementerio General de San Salvador.
Ante los rumores de que Martí había sido ejecutado en el interior de la Penitenciaría, el boletín
oficial redactado en Casa Presidencial, en una de
sus páginas, justificaba la legalidad de las acciones
realizadas en los siguientes términos: El gobierno
quiso que se siguieran todos los trámites legales y
que Martí fuera juzgado por autoridad competente, dejándole todos los medios de defensa y que
116
El alzamiento de 1932 dejó profundas huellas en
la conciencia de los habitantes de El Salvador. La
población indígena sintió temor de mostrarse
como tal. El idioma, la vestimenta y las costumbres
se convirtieron en formas peligrosas de identificarse y fueron reemplazadas por otras menos evidentes. Lo cierto es que los indígenas comenzaron
a experimentar una ladinización mas fuerte.
En los otros sectores quedó la imagen de un
enfrentamiento sangriento. En los años siguientes,
se reforzó el miedo con una gran fuerza militar, o
se previno el descontento por medio de reformas
sociales, con la intención de que un hecho como
ese no se repitiera.
Recuadro 24.2
El misterio de los papeles de 1932
Muchas veces, el trabajo de los que escriben
historia puede ser tanto o más interesante que
las historias que narran. Un buen ejemplo es el
de los periodistas, que a menudo tienen acceso
directo a los acontecimientos en el momento en
que estos suceden, y entonces sus relatos adquieren una frescura y emoción especiales. Estos
relatos están llenos de detalles que solo pueden
ser percibidos por un observador inmediato,
aunque también por la cercanía a los hechos a
veces no son expuestos en forma muy objetiva.
Entre las fuentes más usadas para conocer los
acontecimientos de 1932 en El Salvador, se
encuentra el libro Rebelión comunista, publicado por Jorge Schlesinger en Guatemala en 1946.
Jorge Schlesinger se basó en información que le
había sido proporcionada a su padre, Alfredo
Schlesinger, por el gobierno salvadoreño, a los
pocos días de la insurrección. Hasta la fecha, no
se ha recabado una información completa sobre
este último personaje, pero no hay duda de que
en su día fue una figura muy discutida. La nota
que aparece en el “Libro de Oro 1915-1965” de
La Prensa Gráfica, correspondiente al miércoles
13 de julio de 1932, dice:
El Ministro doctor Miguel Ángel Araujo nos dijo,
refiriéndose al caso del señor Alfredo Schlesinger,
comerciante, economista, filósofo y escritor judío
chapín, quien en tiempo pasado escribió mucho
en el diario “Patria”, que dicho señor había pedido visa para Estados Unidos para editar un libro
con los datos acerca de los sucesos comunistas en
El Salvador en enero anterior. Se sabe que este
señor hábilmente se hizo dar por el Gobierno la
documentación recopilada por la policía sobre
estos acontecimientos y que prometió publicar
un libro en inglés, con datos laudatorios para el
Gobierno. Sin embargo, juntamente con el periodista Clemente Marroquín Rojas, se fueron hacia
Estados Unidos pero no publicaron nada. Se sabe
también que esos documentos fueron vendidos
por el mencionado Schlesinger a agentes rusos
en Nueva York.
El día siguiente el mismo periódico publicó una
aclaración del Sr. Marroquín Rojas (que por
cierto años después llegó a ser vice-presidente de
Guatemala), diciendo que él también se sentía
estafado por Schlesigner. El conocido historiador
Thomas Anderson, autor del libro El Salvador
1932, Los sucesos políticos, dice que existe el
rumor de que Schlesinger no publicó el libro
porque Hernández Martínez se negó a confirmar estos rumores. En todo caso, ese señor no
desapareció del todo, y se encuentra de nuevo en
Guatemala en 1942, en plena Segunda Guerra
Mundial, siendo juzgado (según La Prensa
Gráfica del 29 de octubre de ese año) “por intento de ayudar a las potencias extranjeras contra
su patria adoptiva.”
No se ha indagado más sobre el destino de Alfredo
Schlesinger y no se sabe si alguna vez escribió
una relación sobre el alzamiento de 1932, pero
se conoce que su hijo Jorge utilizó los papeles,
o una versión ya escrita del alzamiento, para
su obra publicada en 1946. Lo que permanece
como un misterio es el paradero de esos papeles,
que debieron consistir en documentos originales
de los planes comunistas, así como declaraciones tomadas por la policía y otras agencias del
gobierno. Si estos papeles todavía existen, pueden estar en manos de particulares, pero lo más
probable es que se encuentren en alguna biblioteca universitaria en Estados Unidos, mal clasificados o como parte de alguna colección difícil
de ubicar. También es posible que los papeles o
parte de ellos fueran vendido a “agentes rusos”,
por lo que el lugar para buscarlos son los archivos
de Rusia, los cuales no se han podido consultar
sino hasta hace poco. He aquí, pues, un auténtico reto para los historiadores del futuro, que al
indagar en estos archivos quizá podrán aclarar
muchas cosas que todavía son poco conocidas, e
incluso tal vez pudieran sacar a la luz hechos que
permitan reformular las interpretaciones que se
manejan en la actualidad.
117
Recuadro 24.3
La personalidad del presidente Hernández Martínez
Mucho se ha dicho y escrito acerca del presidente Hernández Martínez. El periodista canadiense, William Krehm, corresponsal de la revista
Time en Centroamérica, tuvo la oportunidad
de entrevistar al dictador en los últimos días de
su gobierno, cuando la oposición popular arreciaba en las calles. De su libro, Democracias y
dictaduras en el Caribe, se extraen las siguientes
apreciaciones:
... La impresión que causa [el general Hernández
Martínez] es la de un abuelo bonachón... Su
único comentario acerca de la huelga estudiantil
[que en ese momento se desarrollaba] tenía que
ver con el hecho de que a los escolares en ninguna parte del mundo les gustaba ir a la escuela.
La revuelta, según explicó, había sido producto
de personas inconformes, como las hay en todos
los países. “Nuestros intelectuales leen muchos
libros, y entonces tratan de reformar al mundo
de acuerdo a los escritos de su autor favorito. Los
obreros nada tienen que ver con la sedición que
se está dando en este momento.”
Se mostró amargado por el abandono a su
persona de buena parte de las clases propietarias del país. Pintó un cuadro heroico del
dirigente comunista Farabundo Martí, a quien
mandó a fusilar en 1932: Martí, personalidad
desinteresada y generosa, fue un organizador
magnífico quien se había formado entre los
peones al compartir su escasa comida y dormir
sobre el duro suelo... Se detectaba en su voz un
poco de arrepentimiento por haberse aliado
El general Hernández Martínez también supo las
dimensiones que habían cobrado los hechos que
generó, por eso estuvo interesado en reforzar la
parte social y reconciliar a los grupos sociales que
había alterado, pero sin ceder espacios políticos
que fuesen a poner en peligro el control que ejercía
sobre la sociedad y el Estado.
118
con los privilegiados en contra de los pobres de
los cuales había surgido. Cuando hablamos de
la revuelta comunista de 1932, insistió en que
el ejército había matado a “solamente” dos mil
campesinos.
Se mostró poco anuente a discutir asuntos políticos concretos, pero cuando la conversación se
orientó hacia temas “trascendentales”, habló en
tonos suaves sin importarle el paso del tiempo.
“Los científicos, al desmenuzar el átomo, se han
dado cuenta de que consiste de energía. ¿Y qué es
la mente, que son las emociones? Energía.
La ciencia no tiene más que reconocer ahora
que la mente, la materia y las emociones, todas
manifestaciones de diferentes formas de energía,
son aspectos de la mente universal. La ciencia se
está viendo obligada a adoptar la posición teosofista.” y entonces, de repente, me dijo: “Yo sé lo
que usted piensa en este momento.” Su comentario me produjo un sobresalto, pero sus palabras
siguientes me tranquilizaron: “La telepatía envía
ondas de su mente a la mía.”
Le pregunté si sus trece años de obra misionera
espiritual habían producido resultados visibles.
Pensó un momento, y contestó: “Sí, hay más
vida espiritual en El Salvador de lo que usted
se imagina. Hace pocas semanas hablé ante los
maestros de primaria de Santa Ana sobre temas
trascendentales y debió usted haber escuchado
las preguntas espirituales que me hicieron.”
Glosario
Teosofía: Corriente de pensamiento que intenta alcanzar una visión de Dios, en la que se
admite la existencia de una inteligencia o misteriosa capacidad de comprensión de todas las
cosas. Los que profesan esta doctrina sostienen estar íntimamente unidos a la divinidad.
24.3 Consolidación y caída de la
dictadura
Uno de los efectos del alzamiento fue la consolidación del general Hernández Martínez en el
gobierno. Aunque el reconocimiento de Estados
Unidos siguió pendiente, el temor a un alzamiento comunista hizo que se enviaran tres barcos de
guerra al puerto de Acajutla, uno de ese país y dos
canadienses, para ayudar a reprimir la rebelión. El
jefe de operaciones militares de la zona, general José
Tomás Calderón, rechazó la ayuda, ya que según les
comunicó, ya había “liquidado” o “neutralizado” a
los “bolcheviques”.
Durante los siguientes diez años, debido a que
la atención mundial se concentró en Europa, el
gobierno de Hernández Martínez no se sintió hostilizado desde el exterior. Por el contrario, cada
alianza en formación (Alemania, Italia y Japón, por
un lado, y Estados Unidos, Francia e Inglaterra, por
el otro) compitió en El Salvador, lo mismo que en
toda Latinoamérica, por la amistad del gobierno.
El general Hernández Martínez, que en un principio mostró cierta simpatía por las tendencias
fascistas, sobre todo durante la Guerra Civil española que se inició en 1936, varió su rumbo después
de comenzar el conflicto mundial. Llegó incluso
a expropiar propiedades de alemanes e italianos
residentes en El Salvador, y enviar a sus dueños a
campos de concentración en Estados Unidos, como
hacían muchos otros países latinoamericanos en esa
época.
Poco después del alzamiento campesino, el general
Hernández Martínez fue electo por la Asamblea
Legislativa para completar el período del ingeniero
Araujo, o sea hasta 1935. Pero como decidió continuar en el poder, depositó, un año antes, la presidencia en el general Andrés Ignacio Menéndez,
hombre de su más absoluta confianza, y se presentó a elecciones, las cuales ganó sin ninguna oposición, en 1935. Como la Constitución vigente,
la de 1886, impedía la reelección, al acercarse el
final de su nuevo período, en 1939, se eligió a una
Asamblea Constituyente (de nuevo, sin oposición)
que nombró a Hernández Martínez por esta única
vez, Presidente para un tercer período.
Al fin de este, en 1944, se repitió el procedimiento,
en febrero de ese año comenzó un cuarto período
de gobierno que debería terminar en 1949. Pero no
pudo concluirlo, porque a los pocos meses, luego de
una sangrienta revuelta militar y de una extraordinaria huelga que empleó medios enteramente pacíficos, se vio obligado a renunciar a la presidencia.
Fueron más de 12 años de poder absoluto. ¿Cómo
pudo mantenerse Hernández Martínez por tanto
tiempo? La respuesta requiere que se analicen algunos aspectos en detalle.
En primer lugar, el alzamiento de 1932 alertó al
país entero sobre lo que podía pasar al no resolverse
el desorden gubernamental que había campeado
durante las administraciones pasadas.
Alrededor del general Hernández Martínez se agruparon muchas personalidades que hasta ese entonces habían competido desde distintos partidos. Se
formó un bloque gobernante bastante coherente,
con una pauta de austeridad y honestidad administrativa que pronto atrajo las simpatías de la mayoría
de la población.
En segundo lugar, para muchos el general Hernández
Martínez era como un patriarca severo y autoritario, para quien mantener la autoridad y el orden era
de lo más importante. En la cultura política imperante, esta figura patriarcal tenía mucho peso, sobre
todo después de la revuelta.
Y en tercer lugar, se sumaron los programas de
modernización del Estado y de atención a los problemas sociales que fueron vistos con simpatía por
diversos sectores.
Se trataba de una política social reformista, en la
que aparecieron nuevas instituciones estatales o
semiestatales y se creó una política anticrisis intervencionista conservadora, un poco de carácter proteccionista, pero todo fue muy limitado.
119
Por otra parte, en el clima posterior al alzamiento, se
había organizado desde 1932 una Legión Pro-Patria
en apoyo al Gobierno. Para las elecciones de 1935 ya
existía el Pro-Patria, que serviría como partido oficial a lo largo de la dictadura. Más adelante, el apoyo
al Gobierno también fue impulsado por un movimiento de masas con el nombre de Reconstrucción
Social, que funcionaba como agencia para reclutar
partidarios del gobierno entre los trabajadores.
La fuerza del gobierno de Hernández Martínez
tuvo relación con la debilidad de la oposición. Por
muchos años no hubo una oposición efectiva, en
parte por la popularidad que logró el régimen,
sobre todo al principio, y en parte como efecto de
la cruenta represión de 1932 y su secuela de temor,
a lo que se fue añadiendo el accionar de un aparato
represivo eficiente. Durante casi todo el martinato
se vivió bajo estado de sitio, con limitación de las
libertades constitucionales. La prensa nacional, por
ejemplo, fue sometida a una constante censura, y se
emitieron severas leyes para castigar a los críticos del
gobierno. A la Universidad Nacional le suspendió la
autonomía durante largos períodos, mientras que el
estudiantado estuvo sometido a estricta vigilancia
por la policía.
Realmente la única oposición visible existía dentro
del propio ejército, en el que distintos jefes fueron
chocando con el general Hernández Martínez en
sucesivas oportunidades. A lo largo de los años, el
gobierno enfrentó esas conspiraciones, y fusiló en
1936 a un supuesto implicado. Para 1941 el general
Hernández Martínez había promovido la formación
de milicias armadas de sus partidarios, lo que desagradaba a algunos militares.
Todo esto provocó el descontento en diversos sectores, que fueron abandonando poco a poco al gobierno, ya sea por medio de renuncias o estableciendo
grupos semiclandestinos que conspiraban contra el
Estado. Uno de los más notables fue el que se formó
alrededor de los más altos funcionarios del Banco
Hipotecario. Todos esperaban un clima propicio
para derrocar al dictador. Los acontecimientos que
llevaron a la Segunda Guerra Mundial, iniciada en
1939, lo proporcionaron.
120
Para 1941, se había conformado una alianza panamericana en favor de las democracias en su lucha
contra los nazis y los fascistas. Aprovechando las
visitas de emisarios del gobierno francés en el exilio, en septiembre de ese año se fundaron Juventud
Democrática Salvadoreña, Pro Francia Libre y
Acción Democrática Salvadoreña (ADS). Estas
organizaciones, so pretexto de apoyar a los Aliados,
emitían propaganda abiertamente antidictatorial.
La más eficaz de estas organizaciones era ADS, que
para 1943 tuvo que operar en la clandestinidad debido a su activa campaña en contra de la reelección
del general Hernández Martínez. En la dirigencia
de ADS figuraban antiguos funcionarios, que se
habían distanciado por las ambiciones dictatoriales
del general Hernández Martínez. Era evidente que
este enfrentaba hostilidad de todo tipo de sectores,
los cuales no lograron una acción coordinada, sino
a principios de 1944, cuando tomó cuerpo una conspiración entre elementos civiles y militares.
En el fondo, se trataba de que la dictadura, con el
grupo dominante que la respaldaba, había perdido
capacidad hegemónica, el poder de conducir a la
sociedad. Dicho en otras palabras, se había producido un vacío de poder que empezaba a ser aprovechado por grupos o sectores de la misma clase
dominante y clases medias. Así surgiría una nueva
fracción hegemónica que se reorganizó otorgándole
al ejército un lugar predominante en el dominio del
poder político.
Glosario
Nazismo: Movimiento político alemán fundado por Adolf Hitler, cuya doctrina afirmaba la
vocación de los pueblos germánicos al dominio universal, en virtud de la superioridad de la
raza aria, a la vez que proclamaba un Estado
totalitario y antisemita.
Fascismo: Movimiento político y social fundado en Italia por Benito Mussolini, que defendía
un Estado totalitario, corporativo e imperialista, asentado en la persecución y la negación
de las libertades y derechos públicos e individuales.
El 2 de abril de ese año, un crecido número de militares se alzó en armas y logró tomar el control de
cuarteles importantes en la capital y en algunos de
los departamentos y de la aviación. Por su parte, un
contingente civil tomó control de la radioemisora
YSP y colaboró con algunas unidades militares. La
policía y la guardia nacional, sin embargo, lo mismo
que el importante cuartel de Artillería El Zapote,
permanecieron del lado de Hernández Martínez. El
Presidente logró evadir su captura y sofocó la rebelión luego de sangrientos combates. De inmediato
se celebraron consejos de guerra en los que fueron
condenados a muerte decenas de militares y varios
civiles. Los fusilamientos de los principales líderes
militares y civiles produjeron un intenso repudio
entre muchos sectores sociales, dada la severidad de
las penas. De ahí surgió una oposición de carácter
masivo, para la que no se encontraba preparado el
Gobierno.
Aunque muchos civiles comprometidos con el frustrado golpe estaban en fuga o escondidos, como el
caso de la dirigencia de la ADS, muchos otros determinaron actuar para manifestar su repudio al régimen. Intelectuales como Joaquín Castro Canizales
(conocido como “Quino Caso”, líder destacado en el
golpe de 1931), habían abogado por una oposición
pacífica al estilo de la que estaba llevando a cabo
Ghandi en la India, en contra de la dominación del
imperio británico. Ahora que la salida militar quedaba descartada, esta opción fue tomada en serio,
primero por los estudiantes universitarios, que se
declararon en huelga a partir del 26 de abril.
Pronto, se les unieron estudiantes de secundaria,
maestros, empleados de teatro, vendedoras de los
mercados, médicos, dentistas, abogados, jueces y
obreros de los ferrocarriles. Los cierres de establecimientos comerciales se fueron extendiendo rápidamente, y un buen número de trabajadores también
se unieron a la huelga. Todos rehusaban volver a sus
labores mientras no se detuvieran los fusilamientos
y se encontrara una salida a la crisis con la renuncia del general Hernández Martínez. En general se
puede decir que todo el mundo estaba descontento
por la privación de libertades y los fusilamientos, la
población en general se puso a favor de las víctimas
y en contra de un gobierno que seguía en el poder
de forma ilegítima.
Pero este no estaba dispuesto a ceder fácilmente.
Además de desatar una fuerte campaña contra la huelga, sus partidarios movilizaron a cientos de personas
por distintos medios, con el fin de manifestar su apoyo
al gobierno e incluso como amenaza a los huelguistas.
Sin embargo, pronto se vio que la única forma de
resolver la huelga sería enfrentar a la tropa con el pueblo desarmado, pero ya movilizado en las calles.
Varios grupos se organizaron para representar
las demandas de los huelguistas. El más importante fue el Comité de Reconstrucción Nacional
(CRN), constituido el 15 de mayo con fuerte presencia de partidarios de ADS y del grupo del Banco
Hipotecario. El gabinete de ministros renunció casi
en su totalidad el 7 de mayo, instando al general
Hernández Martínez a que lo hiciera también. Tras
intensas negociaciones y con la muchedumbre en
las calles de la capital, Hernández Martínez anunció
su renuncia la noche del 8 de ese mes.
Se dice también que a raíz del asesinato de José
Wright, miembro de una familia de la elite, el embajador de Estados Unidos le habría aconsejado que
renunciara. Al día siguiente, la Asamblea eligió en su
lugar al general Andrés Ignacio Menéndez, ministro de Guerra y primer designado a la Presidencia.
Aunque para muchos este era un arreglo insatisfactorio, una vez que Hernández Martínez abandonó el
país, el 11 de mayo, la huelga concluyó. El escenario
quedó preparado para otra etapa política, que llevaría la marca de la experiencia dictatorial.
La huelga de brazos caídos de 1944. Tomado de:CASTRO MORÁN, Mariano. Relampagos de libertad. San Salvador: Editorial
Lis,2000.p.187.
121
Recuadro 24.4
El juicio contra los alzados militares y civiles
El Consejo de Guerra, que se realizó a raíz del
fracasado alzamiento militar del 2 y 3 de abril de
1944, terminó con sentencias de muerte para los
implicados más importantes. El teniente coronel Andrés F. Castillo, fiscal militar, acusó a los
implicados en los siguientes términos (se respeta
la redacción del documento original):
En mi carácter de Fiscal Militar Extraordinario,
he estudiado detenidamente el juicio seguido
sobre averiguar los hechos de rebelión ocurridos,
que dieron principio el domingo dos del corriente
entre las dos y tres de la tarde en esta capital, en
la ciudad de Santa Ana y Cuerpo de Aviación
Militar Salvadoreña.
Hay plena prueba contra el General ALFONSO
MARROQUIN, Comandante del Primer
Regimiento de Infantería de Guarnición en
esta capital, contra el Coronel TITO TOMAS
CALVO, Comandante y Capitán del Puerto de
Acajutla... juntamente con los oficiales rebeldes Teniente OSCAR ARMANDO CRISTALES,
Sub-Teniente MIGUEL ANGEL LINARES, SubTeniente RICARDO MANCIA GONZALEZ,
Sub-Teniente EDGARDO CHACON, Capitán
HECTOR MONTALVO... también hay plena
prueba [contra] otros oficiales como habéis oído
leer en el proceso.
Un grupo de Civiles que actuaron en el Primer
Regimiento de Infantería encabezados por
AGUSTIN ALFARO MORAN, FRANCISCO
GUILLERMO PEREZ, los hermanos TOMAS y
MARIO CALVO Y VICTOR MARIN, fueron los
hombres que apoyaron y asusaron a la Oficialidad
joven secundada por Jefes sin escrúpulos y de
ambiciones ciegas, que desconociendo los principios de fidelidad y gratitud por la confianza
con que los distinguió el Señor Presidente de la
República... no obstante el clamor público que en
122
el Primer Regimiento de Infanteria se sernía la
traición y la maldad, nunca el Jefe del Estado lo
creyó...
¿Quiénes son los civiles? AGUSTIN ALFARO
MORAN, quien haciendo uso de una misión del
Gobierno para regular el precio del café, sale de
Cuba para los Estados Unidos... y vende café a
altos precios para venir al País a extorsionar al
pequeño productor. La opinión pública lo condenó. FRANCISCO GUILLERMO PEREZ, Director
del Banco Hipotecario, en donde el foco revolucionario extendió sus redes a minar la Oficialidad
joven.
¿Y ese ente desconocido de Arturo Romero, en
donde está su actuación? Oriundo de un pueblo
de Comunistas sin Dios ni Patria, era el hombre.
Esa era la revolución, nació sin hombres, llevando
como único sello la maldad y la traición.
...Por todo lo expuesto e insistiendo una vez más
sobre la gravedad del hecho y sus consecuencias
como son: INCENDIOS, MUERTES de civiles inocentes como niños, mujeres y ancianos, ROBOS,
SAQUEOS, VIOLACIONES, ATROPELLOS y
finalmente el PILLAJE y el BANDOLERISMO,
pido contra todos los Jefes y Oficiales que participaron en el movimiento y los civiles que actuaron
en los Regimientos sublevados y en cualquier
lugar de la República, como Jefes o simples ejecutores, en favor de la rebelión y sedición, LA PENA
DE MUERTE, pues los Arts. 80, 81, 82 Y 83 [del
Código] Penal Militar [y Arts.] 126 al 138 del
Código Penal [así lo establecen].
Finalmente pido también la pena de MUERTE
para todos los Directores intelectuales de esta
rebelión y sedición, y para los que prestaron su
ayuda económica, para que se efectuara dicho
movimiento revolucionario.
Para terminar hago hincapié en la culpabilidad
de los civiles que al mando de este ente demoníaco llamado ARTURO ROMERO, el otro tristemente célebre CHENCHO CASTELLANOS
RIVAS, y los demás que aparecen en la secuela
del juicio y cuya mención de sus nombres cansa
la lengua de cualquier persona honesta, porque
tales individuos fueron los que quisieron soliviantar al pueblo Salvadoreño, para que cometiera los peores delitos: saqueos, linchamientos,
asesinatos, incendios, robos y finalmente la
muerte del Señor Presidente de la República y
de los altos funcionarios del Estado y empleados leales al actual régimen Constitucional, y
finalmente porque además de cometer el más
grande delito de lesa humanidad, cual es: el de
incitar a los demás pueblos Centroamericanos
para que se rebelaran contras sus Gobiernos
Constitucionales; encabezaron por las calles de
esta nuestra ciudad capital, chusmas de bandoleros, vale decir, los hampones de San Salvador,
con los cuales cometieron toda clase de delitos y
desmanes.
En el comunicado radial que el mismo general
Hernández Martínez dirigió a la nación para
anunciar su renuncia, convencido de haber
hecho lo correcto durante todo su mandato,
terminó sus palabras con la frase: No creo en la
historia porque la historia la hacen los hombres
y cada hombre tiene su pasión favorable o desfavorable. Yo no creo más que en una cosa: en
mi conciencia, y esa conciencia me dice que he
cumplido con mi deber.
El General justificaba así sus acciones, una manera de ver las cosas desde un punto de vista del
ejercicio del poder eminentemente verticalista
y al servicio de los intereses de unos pocos.
No era tan temprano para no comprender que
su modo de gobernar estaba tan distante de la
idea de democracia, porque ya habían ejemplos
notables: Estados Unidos e Inglaterra, pero con
su comportamiento se orientó más por la línea
de los totalitarismos del momento, nazismo y
fascismo; claro, sin integrar del todo el componente populista.
El general Hernández Martínez, tras su renuncia
a la Presidencia, huyó por tierra a Guatemala,
donde fue recibido por su hermano Guadalupe,
para luego trasladarse a Honduras. Ahí, 22 años
después, el 15 de mayo de 1966, en el comedor
de su residencia, fue asesinado por Cipriano
Morales, su motorista, quien le asestó 17 puñaladas.
Glosario
Edgardo Chacón Rugamas. Sentenciado a muerte por el Consejo de Guerra y fusilado el lunes 10
de abril de 1944. En: La
Prensa Gráfica. Sábado
30 de mayo de 1944. Año
XXX. No.10,638. p.1.
Delito de lesa humanidad: Tal como se recoge en el Estatuto de Roma de la Corte Penal
Internacional, comprende las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación,
tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos
u otros definidos expresamente, desaparición
forzada, secuestro o cualquier acto inhumano
que cause grave sufrimiento o atente contra la
salud mental o física de quien lo sufre, siempre
que dichas conductas se cometan como parte
de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de
dicho ataque.
123
Recuadro 24.5
El llamado a derrocar al dictador
Este es el texto de una de las tantas hojas sueltas que circularon durante la “huelga de brazos
caídos.” Se ha tomado del libro de la historiadora, Patricia Parkman, Nonviolent Insurrection
in El Salvador (Insurrección no violenta en
El Salvador), donde se afirma que es el primer volante lanzado por el Comité de Huelga
Estudiantil.
Dentro de las limitaciones de los sistemas de
reproducción de aquellos días, las hojas se escribían a máquina y se sacaban copias con papel
carbón, lo que dificultaba mucho la corrección
de los errores (como se aprecia en este escrito).
San Salvador, Abril 19 de 1944
SALVADOREÑOS:
Es risible que prentendamos [vivir] en un país
libre, que hayamos declarado la guerra a los
Dictadores de Europa y que nos contemos entre
los Demócratas.
¿Dónde esta nuestra Democracia? ¿En la prensa
libre? No. Los salvadoreños sólo podemos leer los
diarios que el Tirano paga y mantiene para que
adulen y que prentendan tenermos engañados y
aislados de la realidad, pero todos sabemos cual
es la desgraciada realidad.
No tenemos libertad de pensamiento, ni libertad
de palabra. No podemos leer siquiera lo que los
otros países comentan acerca de nuestra ridícula
y triste situación, porque confiscan en el correo
todo lo que no le conviene al dictador. Y estamos
en un país demócrata, en el cual el pueblo elije a
su presidente cada cuatro años.
Todo esto y otros hechos más exigen un castigo
ejemplar para el presidente Martínez y sanciones
124
fuertes para sus esbirros.
Unámonos en un solo propósito y que esta sea el
sacudimos con hombría el yugo de la opresión y
de la traición que por espacio de doce amargos
años hemos llevado con paciencia.
Busquemos los medios necesarios para destruir
hasta [los] cimientos la obra destructora y sangrienta del chacal Martínez.
No estamos en condiciones de provocar una
revolución ni conviene que se derrame más sangre inocente.
Pero hay medios que por ilícitos que sean,
podrían calificarse de honrados y cabales si con
ellos se trata de destruir la casta opresora de los
Martínez. Estamos luchando con un hombre
astuto y sagaz (como todo mal curcucho); pues
bien, a esta astucia y sagacidad [pongamos] la
nuestra que por ser la de un pueblo entero que
clama venganza y que en otras épocas ha demostrado virilidad en situacione semejantes, ahora
tomará por la fuerza lo que le ha sido usurpado,
SUS LIBERTADES.No pretendemos impresionar al público con una
obra de literatura, sino solamente dar a conocer
lo que sentimos en estos momentos aciagos que
atravezamos.
LOS HIJOS DEL PUEBLO
Nota: Sea Ud. compatriota, un hombre limpio
de conciencia, copie este escrito y hágalo circular profundamente. Pórtese como hombre y
no como animal, no se deje poner el yugo del
TIRANO. NUESTRA CONSIGNA ES: TODO
HASTA BOTAR AL TIRANO.
Recuadro 24.6
El Presidente Hernández Martínez y Estados Unidos
Durante uno de los disturbios que antecedieron
a la caída del presidente Hemández Martínez,
José Wright, un joven estadounidense, murió
a causa de una herida de bala. El embajador
de Estados Unidos visitó al Presidente de la
República para averiguar las circunstancias del
hecho. Posteriormente, envió varias comunicaciones a sus superiores en el Departamento
de Estado en Washington, dando cuenta de sus
gestiones. Estas cartas han podido examinarse
por historiadores en los Archivos Nacionales de
Estados Unidos.
ni el ministro de relaciones exteriores expresaron
ningún pesar por lo sucedido, aunque yo con
toda intención les di la oportunidad de hacerlo.
Sin embargo, ya cuando iba saliendo, cuando
estaba a lo alto de las escaleras, el Presidente desganadamente hizo referencia al hecho de que por
supuesto el gobierno lamentaba lo ocurrido. Yo
repliqué a esta tardía y superficial observación
diciendo que ya había expresado mis argumentos al respecto, sin prejuicio de que mi gobierno
pudiera tener otros luego.
b) Segunda carta (de 8 de mayo de 1944):
Como se aprecia a continuación, están escritas
con un cuidadoso lenguaje diplomático, pero
dejan ver la seria preocupación de parte de
Hernández Martínez y de sus seguidores sobre
una posible intervención estadounidense, luego
del asesinato del joven Wright.
a) Primera carta (del 7 de mayo de 1944):
...Con respecto a la muerte del joven Wright,
visité al presidente Martínez esta tarde, acompañado de mi secretario el señor Gade y el agregado
militar. El ministro de relaciones exteriores estaba presente. El Presidente dijo que los dos policías involucrados habían sido capturados, y que
permitirían que un representante de la embajada
estuviera presente en su juicio. No parecía estar
particularmente interesado en el asunto, y ni él
El joven estudiante José
Wright. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo
II. Ministerio de Educación: San Salvador, El
Salvador, 1994. p.148.
...poco antes de la medianoche [del día anterior,
7 de mayo]... mientras el señor Dalton todavía
estaba en mi oficina, el general Trabanino [se
trata de dos personalidades del país; el segundo
era un cercano amigo del presidente], quien
parecía bastante nervioso, dijo que había oído
del asesinato del joven Wright y de la seria
situación que este había producido, y que siendo
él un salvadoreño patriótico quería evitarle la
humillación de una intervención armada de
parte del gobierno de los Estados Unidos, y que
si yo pudiera explicarle cuál era la situación al
respecto, él iría de inmediato a ver al Presidente
Martínez. Era obvio que Trabanino... probablemente había venido a la Embajada de donde el
General Martínez, para formarse una impresión
más clara de las implicaciones de mi visita al
palacio más temprano por la tarde. Como yo
consideré muy poco aconsejable dejar sin corregir
cualquier impresión de que yo había amenazado
o contemplado una intervención en El Salvador
como consecuencia del asesinato de Wright, le
informé al General Trabanino sobre la naturaleza exacta de mi visita al General Martínez, y
sobre mis expresiones al respecto, asegurándole
que, en lo que a mi respecta, no habían habido
ni ideas ni menciones algunas de intervención en
tomo al caso Wright.
125
Conclusión
La dictadura de Hernández Martínez no fue un
fenómeno aislado en la Centroamérica de esos
tiempos. En Guatemala, Honduras y Nicaragua,
también llegaron al poder militares que se convirtieron en dictadores con el respaldo de los
ejércitos de sus respectivos países. La función de
todos estos fue precisamente conservar el orden
social mediante la aplicación de medidas fuertes que impidieran las expresiones políticas de
diversos opositores. El momento era muy delicado por la tremenda crisis económica que abatía
a la región centroamericana. En El Salvador, el
general Hernández Martínez llegó al poder un
poco antes de una gran convulsión social, la
insurrección campesina de enero de 1932. La
impresión que causó este levantamiento entre
las elites del país ayudó a consolidar la posición
de la dictadura. En otras palabras, para algunos,
la permanencia de Hernández Martínez en el
poder representaba la única garantía de que el
país no caería en un caos social. Sin embargo,
en la medida en que disminuyó el temor de una
insurrección popular, y comenzaron a soplar los
vientos democratizadores durante la Segunda
Guerra Mundial, la dictadura de Hernández
Martínez se tornó más y más anacrónica. Pocos
se lamentaron cuando cayó del poder, pero la
huella que dejó su gobierno de 13 años habría de
marcar el devenir histórico de El Salvador.
Referencias bibliográficas
1. GUIDOS VÉJAR, Rafael. El Ascenso del militarismo en El Salvador. San Salvador: UCA Editores, 1986. p. 125.
2. ARIAS GÓMEZ, Jorge. Farabundo Martí y el comunismo. En: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar. El Salvador: Historia General. Editorial Nuevo
Enfoque: San Salvador, 2007. p. 261.
3. PÉREZ BRIGNOLI, Héctor. La rebelión campesina de 1932 en El Salvador. En: ANDERSON, Thomas R. El Salvador, 1932: Los sucesos políticos. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2001.
4. CHING, Erik. Los archivos de Moscú. Una nueva apreciación de la insurrección del 32. En: ANDERSON, Thomas R. El Salvador, 1932. los
sucesos políticos. Biblioteca de Historia Salvadoreña No. 10, CONCULTURA, San Salvador, 2001. pp. 57-63.
5. GOULD, Jeffrey L. y LAURIA SANTIAGO, Aldo. 1932. Rebelión en la oscuridad. Revolución, represión y memoria en El Salvador. San Salvador: Museo de la Palabra y la Imagen, 2007. sf.
6. ARIAS GÓMEZ, Jorge. op. cit. p. 260.
7. ibid. pp. 261-262.
126
Capítulo 25 Política económica, fiscal y social durante el martinato
El general Maximiliano Hernández Martínez, rodeado de funcionarios, durante el acto de toma de posesión presidencial, en su tercer
periodo. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 150.
Como se ha visto, el martinato fue una dictadura política y social, ya que se reprimieron todas
las organizaciones y tendencias que no estuvieran
directamente controladas por el gobierno. Pero
en lo económico, dicha actitud cambió hacia una
posición más pragmática y centralista, para abordar
los serios problemas ocasionados por la gran crisis
económica mundial.
Paralelamente se implementaron medidas de emergencia, obligadas por las circunstancias, en donde
ya se observan visos de un Estado mucho más activo
e intervencionista, que luego, en la década de 1950,
se manifestarían en forma mucho más amplia hasta
llegar a impulsar la modernización. El Estado emitió con firmeza decretos de emergencia con medidas de corte popular, como la suspensión temporal
del pago de la deuda externa, moratoria para todas
las deudas (incluso a las anteriores al decreto) y la
rebaja de los intereses.
En los primeros años de la década de 1930, sobre
todo, se realizaron importantes reformas que modificaron la manera en que el Estado intervenía en las
actividades económicas del país. Así, el Estado apartándose un poco del liberalismo económico —lo que
representa una de las novedades del Gobierno— crea
instituciones bancarias coadyuvantes de la solución a
la crisis, lleva a cabo reformas fiscales y constitucionales, siendo esta última un aspecto muy importante
porque en el país se contaba con una Constitución
que databa de más de cincuenta años. Aunque algunas de esas reformas fueron solo ideales que nunca
se llevaron a la práctica.
Todas estas reformas y medidas, aunque asignan al
Estado un papel más protagónico que en el pasado,
siempre tuvieron la explotación del café como eje
central de la economía.1 En este sentido, no romperá ni superará el modelo económico tradicional.
Es cierto que las secuelas de la crisis mundial aún se
sufrían, pero precisamente esa circunstancia provocó que todas las energías se centraran en paliar los
efectos y no a imprimir más novedad al modelo que
además previniera eventuales problemas. La suerte
del régimen corrió por un reformismo que combinó
con cierto éxito el intervencionismo del Estado y el
asistencialismo social.
Introducción
127
25.1 Las reformas bancaria, fiscal y
constitucional
Cuando la crisis económica mundial afectó a El
Salvador, el país ya enfrentaba tres serios problemas.
Primero, debilidad por la carga de una deuda externa que cada vez pesaba más sobre el presupuesto
nacional. Por otro lado, la baja de los precios del
café provocó que muchas personas perdieran sus
propiedades en manos de los bancos y de terratenientes inescrupulosos, por la imposibilidad de
pagar las deudas adquiridas bajo términos onerosos
y ante la negativa de los bancos de otorgar nuevos
préstamos. Finalmente, el gobierno contaba con
pocos mecanismos para enfrentar la crisis, debido
entre otras razones, a que las finanzas estaban controladas por unos cuantos bancos privados. Como
en muchas partes del mundo, la crisis mundial fue
el momento para poner en práctica algunas medidas
que, sin afectar a fondo los intereses de los grandes
propietarios, la pusieran dentro de un marco más
adecuado para coordinar las medidas económicas
que la misma crisis hacía urgentes.
En 1922, durante la administración de Jorge
Meléndez, se había contratado un préstamo por la
cantidad de 21.5 millones de dólares para terminar
de pagar lo que le correspondía a El Salvador de la
deuda contraída por la Federación Centroamericana
en 1824. Para ello se habían vendido bonos del
gobierno, que fueron adquiridos por financistas, en
su mayoría estadounidenses. Estos exigieron que,
como garantía de pago de los elevados intereses,
El Salvador accediera a que un agente fiscal estadounidense (representado en el país por William
Renwick), supervisara la operación de las aduanas
salvadoreñas. Esta injerencia ofendía la dignidad
nacional, pero no dejaba de ser un procedimiento
común en esos tiempos. De hecho, los acreedores
estadounidenses daban por sentado que su gobierno
garantizaba sus préstamos en cualquier lugar del
mundo, incluso por medio de la fuerza militar.
Con muchas dificultades, El Salvador pagó los intereses de esa deuda a lo largo de la década de 1920,
pero cuando cayó el precio del café y también las
128
importaciones, resultó que prácticamente todo lo
que se recaudaba en las aduanas se destinaba a pagar
la deuda, dejando muy poco para los otros gastos del
Gobierno.
La opinión pública llegó a estar profundamente dividida acerca de cómo actuar al respecto de esa deuda.
Por ejemplo, cuando en 1931 el presidente Araujo
intentó negociar un nuevo préstamo para pagar los
intereses del que se contrató en 1922, en su mismo
partido se generó una fuerte oposición, haciendo
incluso que Alberto Masferrer pronto se separara
de su gobierno. De manera que para cuando llegó al
poder el general Hernández Martínez, el asunto de la
deuda se había convertido en un peso insoportable.
Aprovechando el hecho de que para esa época
muchos otros países se estaban declarando en quiebra por sus deudas externas, el Gobierno salvadoreño hizo lo mismo el 23 de febrero de 1932. La
decisión fue especialmente difícil porque estaba
pendiente el asunto del reconocimiento diplomático, y no cumplir con el pago de la deuda ponía al
nuevo gobierno en una situación delicada. Pero, en
realidad, casi de inmediato se iniciaron gestiones
para renegociar el préstamo, cosa que se logró dos
veces en 1932 y luego en 1936.
Probablemente por el hecho de que Hernández
Martínez estaba consciente de que su llegada al
poder no había sido tan clara, y que pesaba sobre su
gobierno el problema del reconocimiento diplomático, ya mencionado, cedió demasiado a la presión
de sus acreedores. Lo cierto es que, mientras otros
países dejaron de pagar deudas más grandes, El
Salvador para 1938 había pagado más de 16 millones
de dólares, quedando, por los intereses acumulados,
un saldo pendiente por otros tantos millones. Solo
hasta 1960 se canceló el total de ese préstamo. En
realidad, en el país durante los años veinte y también
en los treinta los gobiernos se acomodaron a los
ingresos del café y a las importaciones y se fueron
hundiendo poco a poco en las deudas, sacrificando
la posibilidad de desarrollo. Lógicamente, de esta
manera los problemas se iban acumulando, haciendo que cada vez se tuviera menos espacios para
encontrar las salidas.
De cualquier manera, la renegociación le dio un
respiro a las finanzas del país y elevó al general
al pedestal de la “honestidad”, lo cual quedó bien
expresado en una placa que mandó a colocar en
septiembre de 1937 en la Asamblea Legislativa,
que decía: Propongo, a la faz de la Nación, que no
consienta jamás la contratación de nuevos empréstitos. Como se verá más tarde, se trató de una frase
retórica, puesto que no cumplió con esto, ante la
presión por completar la Carretera Panamericana
y adquirir armas.
Pero había otro tipo de deudas que pesaban fuertemente sobre los salvadoreños. Estas eran las internas, adquiridas por todo tipo de personas con los
bancos nacionales. Para aliviar la presión sobre los
deudores, el 12 de marzo de 1932 se emitió la Ley
Moratoria, que junto a otras disposiciones, extendió
el plazo para el pago de las deudas y redujo sus intereses. Esto dio un respiro a muchísimas personas
que estaban al punto de la bancarrota. Pero todavía
faltaba por hacer, especialmente para controlar la
forma desenfrenada con que variaba el tipo de cambio de la moneda (la relación entre el valor del colón
con respecto al dólar), y para hacer más accesible el
crédito a los agricultores. Estas reformas implicaron
la creación de dos instituciones fundamentales para
la economía nacional: el Banco Central de Reserva
(BCR) y el Banco Hipotecario.
El 19 de junio de 1934 se emitió el decreto para la
creación del BCR. Desde hacía mucho tiempo se
veía la necesidad de que el país contara con una institución encargada de regular la emisión de moneda y la actuación de la banca privada. Hasta esa
fecha, los billetes que circulaban eran emitidos por
bancos particulares, lo que había creado una seria
desorganización de todo el sistema. Fue hasta el 31
de agosto de 1934 que el BCR puso en circulación
los primeros billetes en la historia de El Salvador en
las denominaciones de uno, dos, cinco, diez, veinticinco y cien colones, a las cuales posteriormente
se añadió el de cincuenta colones en 1979.2 No se
volvió a emitir otra familia de billetes completa sino
hasta 1997.
La otra medida importante en el campo financiero
fue la creación del Banco Hipotecario, que entró
en vigor el 8 de enero de 1935. Esta obedecía a un
viejo reclamo, planteado desde principios de siglo,
de un banco que facilitara el crédito en condiciones
accesibles para los medianos y pequeños agricultores. Para formarlo, se destinaron fondos del BCR y
otros provenientes de las exportaciones.
Banco Central de Reserva de El Salvador. Tomado de: Primaria
activa. Enciclopedia escolar. El Salvador. Barcelona: Editorial
Océano,s.a. p.142.
A diferencia de otros países latinoamericanos, en
El Salvador estos bancos nacieron como sociedades
anónimas, no como instituciones estatales. Uno de
los bancos privados existentes en ese momento, el
Agrícola Comercial, fue adquirido en su totalidad
por el gobierno para servir de base al Banco Central
de Reserva. Se emitieron acciones que se colocaron
en manos privadas, y, en un procedimiento que
fue muy discutido por la opinión pública, le fueron
adjudicadas sin costo más del 36% de las acciones a
la Asociación Cafetalera. El resto fue adquirido por
los dos bancos privados que quedaron operando, y
por personas particulares.
Esos bancos, el Salvadoreño y el Occidental, recibieron además una indemnización de 2,257,150
colones por dejar de emitir billetes, lo que también
fue muy discutido, en la población, ya que el total
de los ingresos del fisco era apenas de 16.5 millones
de colones en 1934.
129
El control privado sobre el Banco Central duró
hasta que se nacionalizó en 1961, mediante la Ley
de Reorganización de la Banca de la Nación. Un
procedimiento similar se siguió para organizar el
capital y la administración del Banco Hipotecario,
que pronto se convirtió en el más fuerte del país.
Como resultado de todas estas medidas fiscales, el
tipo de cambio se estabilizó, llegando en 1935 a una
proporción de 2.5 colones por dólar. Este tipo se
mantuvo estable por más de 40 años.
Estas son dos muestras del tipo de Estado que quería impulsar el gobierno de Hernández Martínez. Se
trataba de inducir a la banca privada y otras entidades a acomodarse a cierto control para estabilizar el
tipo de cambio y regular el crédito. Pero, según se
explicó previamente, al quedar estas instituciones
con una notable autonomía del gobierno central,
sus funcionarios pudieron desarrollar actividades
de orden político que, sobre todo al final del régimen, chocaban con los intereses de la dictadura. Es
importante recalcar que muchos de estos funcionarios, aunque colaboraban con Hernández Martínez,
eran de pensamiento liberal, y por tanto, conforme
a sus principios políticos, no comulgaban con las
tendencias centralistas.3
En efecto, ya en las reformas constitucionales de
1939 y 1944 se empezaba a dibujar una visión de un
Estado que intervenía en la economía y en general
en la sociedad, fomentando el crédito y estableciendo incluso monopolios a su favor, por ejemplo, la
acuñación de la moneda y los servicios de correos,
telégrafos, teléfonos y radio, al igual que la venta
exclusiva de algunos productos como armas, fósforos, licores fuertes y carburantes.
La austeridad económica y el control del gasto
público por medio de entidades como la Corte de
Cuentas, junto con las medidas fiscales apuntadas
antes, posibilitaron que se emprendieran muchas
obras públicas con fondos propios.
Billetes emitidos por el Banco Central de Reserva de El Salvador. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador:
Ministerio de Educación, 1994. p. 154.
130
25.2 Asistencialismo social y
régimen de excepción
En el capítulo anterior, se consideró que una de las
causas del alzamiento de 1932 tuvo su origen en
las aflictivas condiciones del campesinado. Como
reacción, el Gobierno inició una serie de medidas
destinadas a paliar dichos males. La más importante fue la constitución del Fondo de Mejoramiento
Social en julio de 1932, seguido de la Junta Nacional
de Mejoramiento Social establecida en octubre del
mismo año. Los objetivos eran mejorar la vivienda,
facilitar la industria y redistribuir tierra. Su actividad principal, a lo largo de más de una década, fue
adquirir haciendas y venderlas con facilidades de
pago a campesinos, generalmente aquellos que ya se
encontraban trabajando en ellas.
Este modelo no era nuevo, ya que se había intentado en el período de Arturo Araujo, pero fue con
Hernández Martínez que se llevó a cabo. Desde su
creación hasta 1950, Mejoramiento Social había
comprado unas 22 haciendas con una extensión total
de más de 50,000 manzanas, de las cuales se adjudicaron más de 42,000. Para que los nuevos poseedores
no vendiesen su derecho, se estableció el término
legal de “bien de familia”, que prohibía todo traspaso
en un plazo de 25 años. Una de las haciendas más
conocidas que fue afectada de esta forma fue la de
Zapotitán en el departamento de La Libertad, distribuida en 1943. Estas medidas, sin embargo, resultaron insuficientes ante la magnitud del problema y no
fueron acompañadas de financiamiento ni asistencia
técnica adecuada. Tampoco se cumplió el “bien de
familia”. Como resultado, quedó desacreditada la
idea misma de una reforma en el agro.
En lo que se refiere a la construcción de vivienda
popular, el contraste fue más dramático, pues en
16 años se adjudicaron solamente 332 casas. El
Gobierno consideró como lo único posible las medidas impulsadas por Mejoramiento Social, debido
a las evidentes condiciones de austeridad en que
forzosamente se conducían las economías públicas,
y el poco interés de profundizar las reformas en el
agro. Aunque era una necesidad del campesinado,
implicaba enfrentarse a los terratenientes.
Si bien el general Hernández Martínez es el primer
gobernante en llevar a cabo una reforma agraria, esta
no consistió más que en repartir unas pocas parcelas
de tierra a los campesinos pobres, sin otorgarles asistencia técnica ni otros apoyos necesarios.
Será hasta más adelante, en la renovada prosperidad
de la década de 1950, que volverá a replantearse el
problema de la distribución de la tierra, aunque sin
soluciones definitivas.
Por otra parte, al mismo tiempo que se implementaron medidas de fomento económico y mejoramiento
social, el régimen de Hernández Martínez conjugó
otras de índole represiva que buscaban controlar
políticamente a la población. El estado de sitio fue
la norma y para ello mantuvo un apoyo sostenido al
ejército, al que convirtió en la institución central del
Estado.4 Aunque los recortes presupuestarios, sobre
todo durante su primer período presidencial, afectaron también a las fuerzas armadas, estas siempre
contaron con la mayor tajada del gasto público, más
del 20% en promedio.
El régimen mantuvo un férreo control sobre la
población a través de medidas como las leyes de
Cédula de Defensa Patriótica y Defensa Social y de
Cédula de Vecindad, de abril y julio de 1932, respectivamente. La primera era una especie de “pasaporte
interno” que costaba 100 colones (equivalentes a 40
dólares entonces), y que entre otras cosas permitía
portar armas sin licencia y de hecho identificaba a
los “amigos del Gobierno”. La segunda era obligatoria para todos los mayores de 18 años, y permitía
controlar a la población en general según su lugar de
residencia. A esto se unieron desde 1932 disposiciones que prohibían la difusión de doctrinas anárquicas y contrarias al orden público, social o económico,
así como leyes de migración e imprenta (en 1933)
que consolidaron dicho control social.
La población campesina estuvo celosamente vigilada por la Guardia Nacional, cuyos servicios fueron
reorganizados al dársele una Ley Orgánica en 1934.
Asimismo, las reformas a la Ley Agraria en 1942
restringieron con severidad los derechos civiles de
la población rural.
131
En cuanto a los pobladores urbanos, las organizaciones sindicales permanecieron reprimidas
durante casi todo el martinato. Reaparecieron las
viejas mutuales de pequeños propietarios, empleados y clases medias, cuyos miembros buscaban
ayudarse unos a otros para resolver problemas de
la vida cotidiana, como proveer fondos para el cuidado de enfermedades y entierros, entre otros. Las
más antiguas eran La Concordia y la Sociedad de
Obreros Confederada, la cual agrupaba a sastres,
joyeros, relojeros y similares.
En la década de 1940, comenzó a reorganizarse el sindicalismo, aunque todavía disfrazado
como mutuales. Tal fue el caso de la Sociedad de
Ayuda Mutua de los Ferrocarrileros establecida
en 1943, que jugó un papel en el levantamiento
contra Hernández Martínez en 1944. El sindicalismo resurgió con relativa rapidez a la caída de
Hernández Martínez. Se formó la Unión Nacional
de Trabajadores (UNT) que funcionó como sindicato y a la vez como partido político. Aunque,
su desarrollo fue seriamente limitado por la reinstalación de condiciones dictatoriales a partir de
octubre de 1944, como se verá más adelante.
Por las características expuestas el régimen de
Hernández Martínez socialmente fue asistencialista, y políticamente autoritario, al suspender las
garantías constitucionales de la población.5 Pero
el régimen de Hernández Martínez ha recibido
numerosas caracterizaciones. Por ejemplo, se le
ha calificado de dictadura fascista o fascistoide, se
ha dicho también que se trató de un despotismo
militarizado o de una dictadura militar derechista,
y se le ha definido también de régimen autoritario
pretoriano. Esta última se refiere a que los militares adoptaron el papel de un grupo hegemónico
de la clase dominante, asumiendo y organizando
al Estado y a la sociedad en función de su propio
interés de grupo.
En lo que se refiere a la preparación del ejército,
para agosto de 1934, se organizaron maniobras
de guerra moderna en que participaron 2,000
hombres, incluyendo caballería, artillería y bombardeo aéreo. En ellas se mostró un tanque hecho
132
en El Salvador, equipado con seis ametralladoras
pesadas. También, se enfatizó en la capacitación
profesional de los oficiales, para lo cual se dieron
becas al exterior, particularmente a Italia, que en
esa época era dominada por la ideología fascista.
Ese país facilitó la adquisición de cuatro bombarderos marca Caproni y brindó entrenamiento
a varios aviadores y oficiales jóvenes, como los
capitanes Óscar Osorio y Manuel de J. Córdova,
quienes más adelante tendrían importante papel
en la política nacional. Aparte de esto, Italia no
tendrá mayor incidencia en la vida interna del país
ni proporcionará recursos adicionales. El general
Hernández Martínez tampoco adquirirá compromisos con Mussolini.
El dictador alemán Adolf Hitler, cuyo gobierno buscó acercarse
al régimen del general Hernández Martínez. Tomado de: Historia
de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 158.
Glosario
Asistencialista: Calidad de brindar ayuda a
los necesitados, sin el propósito de sacarlos
de la pobreza.
La Alemania nazi de Adolf Hitler, con la cual se
mantenía un activo comercio a base de trueque,
ejerció una influencia evidente a través de los
asesores militares que envió a El Salvador. En
1938 Hernández Martínez nombró director de la
Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general de
las fuerzas armadas alemanas, Wehrmacht. Esto se
interpretó como una muestra de la influencia nazi
en el gobierno. Lo mismo se había dicho cuando el
Cónsul Honorario alemán fue nombrado gerente
del Banco Hipotecario al organizarse en 1935.
Finalmente, era notable la influencia de españoles simpatizantes con el movimiento fascista de
Francisco Franco, sobre todo en algunos colegios
privados de la capital.
Sin embargo, en la medida en que la guerra en
Europa se fue extendiendo, a partir de 1939, independientemente de sus simpatías personales,
Hernández Martínez adoptó primero una posición
neutral, y luego a favor de los Aliados, es decir, los
países que se habían unido en contra de Alemania,
Italia y Japón, que conformaban el Eje.
Por su parte, Estados Unidos, preocupado por la
influencia del Eje en todo el continente, inició una
ofensiva política, económica y militar, para atraer
a su lado a los países latinoamericanos. Se tomaron
algunas medidas como acuerdos comerciales, y
sobre todo la firma del Convenio Interamericano
del Café en 1940, que salvó a la economía salvadoreña de una crisis más profunda. Además, comenzaron las ventas de armas que para 1941 habían
fortalecido al ejército salvadoreño en relación con
el resto de Centroamérica.
Ese año, en diciembre, El Salvador declaró la guerra a los tres países del Eje, y de inmediato se dio
el pase para dos importantes préstamos: el primero
por 1.64 millones de dólares para obtener armas y
municiones, y el segundo, por medio del Banco de
Exportación e Importación, por 2.9 millones de
dólares para obras públicas, incluyendo la estratégica carretera Panamericana. Con todo esto, se
selló una firme alianza con Estados Unidos, que
se fortaleció con los años, principalmente a nivel
geopolitico en la contención del comunismo.
Carretera Panamericana, una de las obras más importantes realizadas durante el gobierno del general Martínez. Tomado de: El Diario de
Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en El Salvador. p. 41.
133
Recuadro 25.1
Doña Prudencia Ayala y la lucha por el voto femenino
En la Constitución de 1950 se consagró por primera vez, sin ninguna condición, el derecho de la
mujer a elegir y ser electa en cargos públicos. Los
artículos correspondientes son los siguientes:
Domingo 23. La señora Prudencia Ayala pidió
su inscripción como ciudadano en la Alcaldía de
San Salvador. El alcalde, doctor Severo López,
se la negó alegando que no es constitucional. La
señora Ayala pidió amparo a la Corte y esta lo
denegó manifestando que el artículo 37 de la
Artículo 22.- Son ciudadanos todos los salvadoreConstitución concede amparo por derechos indiños, sin distinción de sexo, mayores de dieciocho
viduales lesionados, no por derechos políticos.
años.
Pero el magistrado doctor Reyes Arrieta Rossi
Artículo 23.- El sufragio es un derecho y un deber emitió un voto particular razonado, manifestande los ciudadanos, salvo las excepciones consigna- do que la Corte debió amparar a la señora Ayala
das en esta Constitución.
“porque tiene derecho a ello”.
Como puede verse, el derecho de la mujer al
sufragio surge como consecuencia de su derecho
de ciudadanía. ¿Qué es la ciudadanía? Pues es la
relación jurídica que vincula a una persona con
un estado determinado, para participar en la
organización del gobierno. Para ello, se le conceden derechos y se le asignan deberes, como lo
indicaba el artículo 23. En 1950, se le dio entonces la “ciudadanía plena” (es decir, sin condiciones) a las mujeres. ¿Estaba El Salvador muy
atrasado en esto? No tanto, si se tiene en cuenta
que en muchos otros países el voto femenino sin
ninguna restricción era también una conquista reciente. Por ejemplo, en Italia y Francia se
obtuvo en 1946, en Bélgica en 1948 y en Suiza
hasta en 1971.
La consecución de estos derechos para la mujer
en El Salvador no fue una dádiva de los legisladores de 1950, sino que, como en otros países, fue
el producto de una lucha que en el caso salvadoreño ha permanecido prácticamente ignorada.
Esto no sorprende si se reconoce que la mujer
ha sido “invisibilizada” de la historia en todas
partes.
El Libro de Oro, de La Prensa Gráfica, correspondiente a noviembre de 1930 dice así:
134
Fue sorpresa saber que la señora Ayala, de origen
santaneco, también había intentado ser candidata para la Presidencia de la república. Según se
percibe, había mucha expectativa por el resultado
del caso, aunque se anticipaba que le negarían su
solicitud en la Corte Suprema porque ya había
habido un consejo de ministros para conocer el
caso, y “los señores Secretarios de Estado fueron
de la opinión de que la Constitución no le daba
facultades a la mujer para inscribirse en el libro
de votantes”.
Sin embargo, los señores magistrados de la Corte
ni siquiera llegaron a decidir este punto, sino que
de antemano dijeron que “estaba fuera de lugar”
la solicitud, porque los derechos que ella quería
proteger no admitían el amparo. Por decirlo así,
a la señora Ayala ni siquiera la dejaron entrar al
salón de las discusiones, menos aún presentar su
alegato. El magistrado Arrieta Rossi -que por cierto fue un destacado jurista-contradijo la decisión
de los demás miembros de la Corte, pero su voto
no pudo evitar la decisión, y en todo caso tampoco
decía nada sobre si en realidad la Constitución le
daba o no el derecho al voto a la mujer.
Estudiando las leyes de entonces, y sin necesidad de
entrar en el asunto de la Ley de Amparo, se puede llegar
al menos a la conclusión de que las disposiciones no
estaban claras. Como era lógico, la cultura imperante
cuando se emitió la Constitución de 1886 era tal que “se
sobreentendía” que las mujeres no tenían derechos políticos, de modo que nunca se les negaron expresamente.
No es de sorprender entonces que cundiera la alarma
ante la solicitud de doña Prudencia, en un período en
que los enfrentamientos electorales eran alarmantes y
no se tenía idea de las simpatías políticas del numeroso
contingente de mujeres. Solo en el artículo 21 de la
Constitución de 1939, durante el gobierno del general
Hernández Martínez, se reconoció expresamente que
la mujer tenía el derecho al voto, indicando que su
ejercicio sería determinado por la Ley Electoral. Esta, a
su vez, decía que para ser calificada como ciudadana la
mujer si era casada debía ser mayor de 25 años, y si era
soltera, de 30. En ambos casos, debía haber aprobado la
primaria. Las mujeres con títulos profesionales podían
ser inscritas con solo la mayoría de edad.
1944 ni en la Ley Electoral de ese año. Al caer el general
Hernández Martínez y restablecerse la Constitución de
1886, se produjo mucha confusión al respecto, aunque
un decreto relativo a las elecciones anunciadas para
enero de 1945 estableció las misma condiciones de
la Constitución de 1939 para el voto femenino. Esta
situación quedó confirmada por la Constituyente de
1945 y la Ley Reglamentaria de Elecciones reformada
en 1946.
De tal forma, puede verse que durante mucho tiempo,
por razones culturales y probablemente también en
forma inconstitucional, a las salvadoreñas se les reconocía su nacionalidad, pero se les negaba la ciudadanía
y los derechos políticos que lleva incluidos. Cuando
esta situación fue disputada por doña Prudencia Ayala,
se evitó enfrentarla con un recurso jurídico disputable,
pero para 1939, ya era imposible evadir el asunto, y el
voto fue concedido aunque con muchas condiciones.
Entonces, desde 1939, a la mujer salvadoreña se le con- Solo en 1950 quedó plenamente otorgado este derecho,
cedió la ciudadanía, pero con límites al ejercicio de su con absoluta igualdad al derecho de los hombres. De
voto. Al hombre, en cambio, solo se le exigía ser mayor hecho, es a partir de esas fechas que las mujeres empiede 18 años. La situación no varió en la Constitución de zan a participar en forma masiva en la política.
Prudencia Ayala nació en una comunidad indígena de Sonsonate alrededor de 1890. Desde muy
joven mostró un especial talento hacia la lucha
por los derechos de la mujer. En 1921 fue apresada en Guatemala, acusada de participar en la planificación de un golpe de Estado contra Estrada
Cabrera. De vuelta a El Salvador, en los comicios
de 1930, se lanzó como candidata presidencial por
el Partido Unionista, convirtiéndose en la primera
mujer en El Salvador e Hispanoamérica en optar a
esa investidura. La Corte Suprema le negó el derecho a la postulación presidencial. Murió en San
Salvador en julio de 1936.
Prudencia Ayala dirigiéndose al Palacio Nacional para solicitar
su carta de ciudadanía. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 127.
135
25.3 El modelo económico tradicional
La crisis de 1929 y los años posteriores trajo un
período de enorme estancamiento económico para
El Salvador, que dependía de la exportación de un
único producto, el café. Por muchos años, quedó
postergado el proyecto de diversificación económica que tímidamente se había propuesto en la década
de 1920. Esto debido a la escasa capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población y por un
gobierno que no demostraba interés en arriesgarse
más allá del modelo económico tradicional.
La producción de todo tipo se estancó por muchos
años, no solo del café, que casi dejó de cosecharse
en el peor momento de la crisis, sino también de los
productos de consumo masivo como maíz, maicillo,
frijol, arroz y azúcar.
Unas cuantas industrias lograron mantenerse y
desarrollarse en sectores como los textiles, fabricación de muebles, jabón, velas, embutidos y bebidas
gaseosas, pero en general se quedó todo en la actividad artesanal. La única excepción fue la industria
del henequén, desarrollada en el oriente del país con
Plantación de henequén en San Miguel
136
el establecimiento de la fábrica de sacos Cuscatlán,
destinados principalmente al empacamiento del
café. Un “triste consuelo” en esta situación fue que
con tan poca riqueza producida en El Salvador,
aunque las exportaciones se vinieron al suelo por
los bajos precios, las importaciones se recortaron
todavía más, dando como resultado una balanza
comercial favorable (es decir, el país adquiría más
dinero que el que pagaba por las importaciones y
otros gastos en el extranjero).
El gobierno, por su cuenta, contribuyó a esta depresión con una política de austeridad que significó
rebajas de hasta el 30% de los sueldos de los empleados públicos en 1932. Como consecuencia, los
presupuestos nacionales, que antes de Hernández
Martínez cerraban siempre con déficit, se equilibraron, se erradicó el despilfarro y se estableció un
estricto control sobre las cuentas públicas. Ya para
1935 se incrementó un poco el presupuesto, pero el
gasto se concentró en las obras públicas y en el ejército, dejando muy por debajo las áreas sociales de
importancia. En la educación pública, por ejemplo,
a pesar de que se promovió una importante reforma
a los planes de estudio, no se produjo más que un
apoyo financiero modesto.6
Actual edificio de la Federación de Cajas de Crédito, San Salvador.
Todo ello trajo como consecuencia el poco dinamismo de la sociedad, ya que solo aquellos sectores
con alguna fuerza económica encontraron espacio
para organizarse, mientras que los demás eran muy
débiles o políticamente reprimidos.
Los productores de café, que desde 1929 contaban
con una Sociedad de Defensa del Café, rebautizada
Asociación Cafetalera en mayo de 1934, eran el sector más poderoso, consolidándose aún más por las
medidas bancarias indicadas al inicio de este capítulo y con la fundación de la Compañía Salvadoreña
del Café. Esta última institución fue creada en 1942
con el objeto de canalizar recursos financieros al sector cafetalero, así como para regular los precios del
café y su comercialización. También, se organizaron
la Asociación Azucarera en 1931, la Asociación de
Ganaderos en 1932 y la Asociación Cooperativa
Algodonera Salvadoreña en 1940.
Para favorecer a la pequeña y mediana propiedad,
se impulsó una importante iniciativa destinada a
promover el cooperativismo en el campo. Esta fue
la organización de un sistema de cajas de crédito
privadas y una central cooperativa semipública.
La primera caja se fundó en 1940 con el patrocinio
del Banco Hipotecario, y la Federación de Cajas de
Crédito se inauguró el 7 de febrero de 1943. Por este
medio se canalizaron recursos económicos hacia
sectores más modestos, aunque en una escala comparativamente muy inferior a los movilizados por el
sistema financiero bancario propiamente dicho.
En otras palabras, la posibilidad de diversificar
la economía para no continuar dependiendo del
monocultivo del café, tuvo, en efecto, que postergarse hasta la década del cincuenta.
La tímida ampliación hacia otros cultivos no rompió
con esta dependencia y el régimen de Hernández
Martínez al no arriesgar ni tomar iniciativa, se sintió
cómodo con una política basada en la austeridad
y una industria artesanal. Puede afirmarse que el
General apreció más la economía simple, agrícola y
artesanal que la industria y el comercio a gran escala; aunque ello haya respondido a que no pudo hacer
más. Las posibilidades de inversión no estaban a la
orden del día.
137
Recuadro 25.2
Algunas leyes de la dictadura martinista
Para el pueblo, el impacto de las leyes del régimen tuvieron más importancia que las promesas
de proyectos futuros de mejoramiento social.
Los siguientes extractos de diversas leyes ilustran
bien el tipo de vigilancia estricta acostumbrado
en aquellos tiempos. También, reflejan el estado
de desarrollo de la economía y la sociedad, y las
distintas instituciones que operaban entonces,
algunas de ellas difíciles de comprender desde una
perspectiva más moderna. Muchas de estas leyes
conservaron su vigencia legal por décadas, incluso
cuando ya eran obsoletas y no se aplicaban.
De la Ley de Policía:
Vagancia
Art. 52. Serán perseguidos y castigados como vagos
los que no tengan oficio lícito o modo honesto de
vivir conocido y los que teniéndolo no lo ejerzan
sin justa causa. En consecuencia se reputan vagos:
1o. Los buhoneros sin patente. 2o. Los tinteríos
temerarios. 3o. Los curanderos sin licencia del
Protomedicato. 4o. Los mendigos sin patente. 5o.
Los rufianes y mujeres públicas. 6o. Los que quieren pasar por estudiantes y no comprueben estar
haciendo estudios con algún profesor. 7o. Los que
sin la licencia respectiva andan con imágenes de
santos solicitando limosnas.
Art. 53. La vagancia será castigada en los hombres
con quince días de obras públicas por la primera
vez, con treinta por la segunda y con dos meses en
los demás casos de reincidencia...
mente a sus talleres y se encuentren vagando por
las calles, serán conducidos por la primera vez ante
sus maestros, para que los castiguen correccionalmente, y en caso de reincidencia lo serán ante el
alcalde, quien llamará al padre, tutor o encargado
del aprendiz para que lo amoneste, multándolo con
un peso por cada falta que se repita.
Ebriedad
Art. 61. Los preceptores de primeras letras que se
presenten ebrios en público o que en tal estado
ejerzan algún acto de su ministerio, pagarán una
multa de cinco pesos y en caso de reincidencia
serán inmediatamente removidos por el superior
respectivo.
Juegos prohibidos
Art. 64. Quedan expresamente prohibidos sin
excepción de tiempo ni lugar los juegos de monte de
los naipes, el de dados, el de las tres cartas, el de la
cinta, el de los dedales, el de la rueda de la fortuna,
el de la ruleta, la poco y todos los demás de envite,
suerte o azar. Quedan igualmente prohibidos las
rifas de muchos objetos a la vez...
Juegos permitidos. Billares
Art. 79. No se admitirán en los billares, a los hijos
de familia, estudiantes y sirvientes domésticos; y en
los días de trabajo a ningún artesano o jornalero, si
no es de las seis de la tarde en adelante.
Armas prohibidas
Art. 104. Queda prohibida la portación de escoArt. 55. Los maestros u oficiales de cualquier arte petas de viento, rifles, verduguillos, navajas de
u oficio, y los jornaleros que en día de trabajo se golpe, cortaplumas cuya hoja llegue a cuatro pulencuentran en los billares, tabernas o casas de coi- gadas, dagas, machetes, estoques, puñales y cuchillos de punta de cualquiera figura y dimensiones.
mería, serán capturados y multados...
Se exceptúan las armas de trabajo cuando fueren
portadas por razón de esto o se fueren a emplear en
Art. 56. Los aprendices que no concurran diaria- usos domésticos.
138
De los sirvientes domésticos
Art. 166. Los sirvientes domésticos que abandonaren el servicio de sus amos antes de cumplir el
tiempo por el cual se comprometieron, o que siendo
indeterminado, se arrogue a éstos algún perjuicio
por su salida, serán obligados, si sus amos lo pretendieren, a permanecer en el servicio el tiempo
que les falte o el necesario para que puedan ser
reemplazados. Si los amos no los quisieren ya en
su servicio, se les aplicarán en el primer caso, ocho
días de obras públicas, y siendo mujeres, ocho días
de servicios...
Art. 169. Las nodrizas que sin causa justa, calificada por la autoridad, abandonasen la casa de sus
amos, serán perseguidas y forzosamente obligadas
a continuar la lactancia de los niños que tuvieren
a su cargo, si los amos lo quisieren; pero si no, se les
impondrá la pena de treinta días de servicio...
Recuadro 25.3
La educación bajo el régimen de Hernández Martínez
Desde que se estableció el estado liberal a fines
del siglo XIX, la educación pública se ha considerado un medio imprescindible para el cambio y el
progreso, como también para la definición y promoción de la moralidad pública. Los extractos del
plan y programa de la asignatura de moral vigente
en 1940 reflejan las ideas con respecto a la vida y
la muerte y la disciplina personal prevalecientes
dentro de muchos sectores de la época. También,
revelan indirectamente la situación de la mujer
como sujeto pasivo de la historia. Se ha sostenido
que el general Hernández Martínez participó activamente en la confección de este plan y programa
de estudio.
FEBRERO
Propósito: Desprender de la contemplación de la
naturaleza el respeto y amor a Dios.
naturaleza está Dios.
d) Que los alumnos sientan la necesidad de respetar las plantas y los animales como manifestaciones de Dios.
e) Que los alumnos descubran en qué estado de
ánimo quedan después de ejecutar acciones buenas, como visitar a los enfermos y perdonar las
injurias.
f) Que sientan siempre ese deseo de satisfacción
espiritual. (Léanse y coméntense los Salmos.)
g) Enséñeseles que en la conciencia tranquila y
satisfecha está un soplo de la Divinidad. Estos
puntos... deben carecer de toda tendencia religiosa militante.
AGOSTO
Propósito: Fortalecer el espíritu en la adversidad,
inspirado en el amor y el servicio.
Centro de observación: El hombre ante la lucha.
Centro de observación: La naturaleza.
a) Llévese a los alumnos a contemplar manifestaciones bellas de la naturaleza (en el mundo a) Con múltiples ejemplos enséñeseles el valor de
animal y vegetal).
los sufrimientos y la posibilidad de vencerlos si
los afrontamos sin acobardarnos.
b) Procúrese llevarlos a la admiración y si fuere
posible al arrobamiento (contemplación de b) Enaltézcase el valor del esfuerzo, después de los
fenómenos físicos propios, como el arco iris,
fracasos, como conquista de la vida espiritual.
nubes, etc.).
c) Hágase conciencia de la superación personal
c) Enséñeseles que en cada manifestación de la
por el servicio.
139
d) Cítense ejemplos históricos de hombres que,
aun en la adversidad, llegaron al triunfo.
e) Impúlsese el amor por los hombres y mujeres
que luchan por la conquista del ideal.
f) Enséñese que la muerte sólo es un cambio de
forma; que los pueblos civilizados rinden respeto a este cambio; que esta transformación
ocasiona dolor en los familiares y que es nuestro deber:
1) Respetar estas leyes de transformación
2) Ayudar a los que sufren
3) Rendir a nuestros semejantes la última manifestación de amor, y enseñarles que estos
deberes se cumplen enterrando a los muertos
y consolando a los dolientes
Conclusión
Durante 13 años, el presidente de El Salvador
fue Maximiliano Hernández Martínez. En
esa época, se crearon importantes instituciones para enfrentar la crisis económica y
social de la década de 1930. Algunas tuvieron
un impacto muy limitado y fueron abolidas
cuando cayó el dictador. En términos generales, la política social del gobierno no rebasó
los límites del asistencialismo, el mutualismo
y el cooperativismo. El poder se manifestó en
el control directo de la población, sin posibilidad alguna de disentir. Económicamente,
el régimen fue reacio a la modernización o
industrialización en serie. En ese sentido, el
modelo económico del régimen fue esencialmente tradicional.7
Referencias bibliográficas
1. BULMER THOMAS, Víctor. La Economía Política de Centroamérica desde 1920. San José: Publicaciones del Banco Centroamericano de
Integración Económica (BCIE). pp. 87-108.
2. MELGAR CALLEJAS, José María. Índice cronológico de leyes y eventos relacionados con la moneda y la banca salvadoreña. San Salvador:
Editorial Francisco Gavidia, 2001. p. 61.
3. WHITE, Alastair. El Salvador. San Salvador: UCA Editores, 1983. pp. 90-104.
4. LUNA DE SOLA, David Alejandro. Análisis de una Dictadura Fascista, Maximiliano Hernández Martínez, 1931-44. San Salvador: Revista La
Universidad, año 94, No. 5, septiembre-octubre de 1969. pp. 39-130.
5. ibid.
6. Urbina Gaitán, Chester. Estado y control social en El Salvador (1931-1944). En: Realidad y reflexión. San Salvador: Universidad Francisco
Gavidia, 2008. Año 7. No.22. Enero-abril. p.103.
7. MENJÍVAR LARÍN, Rafael. Formación y Lucha del Proletariado Industrial Salvadoreño. San Salvador: UCA Editores, 1979. pp. 75-102.
140
Capítulo 26 Transición hacia la modernización
El Monumento a la Revolución, erigido para conmemorar el movimiento cívico-militar de 1948. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 166.
Introducción
En este capítulo, se analizará uno de los acontecimientos más dinámicos de la historia nacional:
la transición hacia la modernización o lo que se
conoce como la revolución de 1948. Este hecho
estuvo motivado por la toma del poder por parte de
sectores militares y civiles el 14 de noviembre de ese
año, dando inicio a una serie de cambios rápidos y
radicales en las estructuras políticas y económicas
del país.
Una circunstancia decisiva fue el final de la Segunda
Guerra Mundial en septiembre de 1945, puesto
que al establecerse la paz se dibujaba un futuro
más optimista, aunado a las intenciones de Estados
Unidos de establecer vínculos más estrechos con
sus vecinos.
Este período catalogado como transición comenzó
con una apertura política que fue posible gracias
a la caída de la dictadura del general Hernández
Martínez, seguido de un momento de efervescencia
política, al proliferar las organizaciones de distinto
signo, pero que pronto los militares detendrán,
volviendo a viejos modelos de control político. El
general Salvador Castaneda Castro, mediante elecciones sin contrincantes, ganó la Presidencia de la
República en 1945. La mayor parte de su mandato
transcurre sin novedad, pero al final, en 1948, empezará a dibujar las líneas de la modernización del país
al ordenar los primeros estudios de la explotación
hidroeléctrica del río Lempa y de la creación del
seguro social, sacando a licitación la construcción
de un puente colgante sobre el Lempa, dictando
medidas en materia laboral y promoviendo el acercamiento entre los paises centroamericanos.
Una vez estas dos circunstancias se deterioraron, el
proceso se estancó, pero los distintos gobiernos de
ese período y los posteriores se han visto influenciados por el programa de la Constitución de 1950,
el documento fundamental que dio pie a la modernización. Finalmente, el 14 de diciembre de 1948
será derrocado por un golpe de Estado, a raíz de los
apresurados cambios constitucionales que promovió para reelegirse y las acusaciones de corrupción
que pesaban en su contra. El relevo en el Gobierno
preparó las condiciones para la elaboración de una
nueva Constitución, que daría un fuerte impulso a
la modernización del país.
141
26.1 Final de la Segunda Guerra
Mundial y apertura al futuro
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1945, el escenario para escribir un nuevo
capítulo de las relaciones internacionales estaba
listo. Los dirigentes principales de las potencias
victoriosas, los Aliados, anunciaron un nuevo orden
mundial en el que se eliminaría la guerra y se solucionarían los más graves problemas de la humanidad entre otros puntos.
En el Acta de fundación de las Naciones Unidas,
en San Francisco, California, el 15 de septiembre
de 1945, se hacía un llamado para que todos los
países del mundo se unieran para modernizar sus
sociedades, liberándolas del yugo de la pobreza y
dotándolas de sistemas políticos democráticos.
Para Latinoamérica, era fundamental la posición de
Estados Unidos como la potencia que emergía de
la guerra con mayor fortaleza y como el vecino que
debía reafirmar lazos de amistad con las naciones
latinoamericanas, ayudándolas a salir del subdesarrollo. El primer acontecimiento en esta dirección
fue la declaración de política internacional que el
presidente de Estados Unidos, Harry Truman, emitió luego de la guerra.
En el Punto Cuarto de esta declaración, se ofrecía
una nueva relación con los países que habían contribuido a la causa de los Aliados, y que ahora esperaban su ayuda para incorporarse al concierto de las
naciones modernas.
Los países latinoamericanos contribuyeron principalmente con materias primas estratégicas, como
el petróleo, el cobre y el aluminio, y con productos
agrícolas como el caucho, el café y el azúcar. Los
precios de esos productos fueron mantenidos a un
nivel bajo para apoyar a los Aliados.
Al final de la guerra, los latinoamericanos sentían
que su sacrificio sería recompensado con un alza de
los precios de sus productos de exportación y con
mayor ayuda financiera, por ejemplo, préstamos e
inversiones.
Los dirigentes de las potencias victoriosas en la Segunda Guerra Mundial reunidos en Yalta, Unión Soviética, a comienzos de 1945.
De izquierda a derecha: Winston Churchill, de Inglaterra; Franklin Roosevelt, de Estados Unidos de América; y José Stalin, de la Unión
Soviética. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 167.
142
A pesar del optimismo reinante recién finalizada
la guerra, pronto se vieron las enormes diferencias
entre los países capitalistas y aquellos que abanderaba la Unión Soviética. Estas diferencias crearon
un clima de mutua hostilidad entre el Oeste y el
Este, que por no ser abierta confrontación armada,
se llamó Guerra Fría. A partir del triunfo en China
de los comunistas liderados por Mao Tse-Tung,
siguiendo con la Guerra de Corea y varios conflictos
políticos en Europa y el Medio Oriente, estas confrontaciones Este-Oeste se convirtieron en el hecho
central del escenario internacional. Era difícil para
cualquier país sustraerse a esa polarización.
La guerra también había fomentado el desarrollo de
la ciencia y la tecnología, lo que era visto con temor,
dadas las consecuencias terribles que su uso podía
acarrear a la humanidad. Se tenía la conciencia de
vivir “en un mundo que se había hecho más pequeño” a causa de los adelantos en los transportes y las
comunicaciones, pero sobre todo porque algunos
inventos podían afectar de forma profunda, a pesar
de la distancia. Así pasó, por ejemplo, con la energía
atómica, que si bien prometía un futuro de prosperidad, también situaba a todos en un grave peligro.
En ese tiempo, los periódicos salvadoreños con
frecuencia informaban sobre los avances en el desarrollo de armamentos potentes. El uso de la bomba
atómica durante la guerra y la destrucción de las
ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, despertó la preocupación por los misteriosos y terribles
efectos de la radiación atómica.
Los avances en la ciencia, y sobre todo en la aviación,
dieron rienda suelta a la imaginación por los viajes
espaciales, lo mismo que la posibilidad ser visitados
desde el espacio. Con frecuencia, se oía hablar de
“platillos voladores” y de visitas de posibles seres
extraterrestres, los marcianos, elementos culturales
creados en EE. UU. Sin duda, el ambiente mundial
estaba lleno de novedades, reales o imaginarias, y eso
repercutía en El Salvador. Lo mismo ocurrió con la
proliferación de religiones y mensajes apocalípticos.
Por todos lados se oía hablar del fin del mundo o de
catástrofes mayores que lo anunciaban. Con facilidad, la gente tendía a buscar escapes.
Explosión de una bomba atómica. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.
168.
En Latinoamérica, los años de la guerra fueron también de importantes cambios sociales. Se produjo
crecimiento y diversificación de la economía, lo que
abrió nuevas fuentes de trabajo. Como resultado,
aumentó el número de obreros y de profesionales,
las mujeres empezaron a incorporarse a la producción industrial y las ciudades crecieron con las
migraciones provenientes del campo.
Las poblaciones urbanas, expuestas a las imágenes
e ideas transmitidas por los anuncios y las noticias
de los medios de comunicación, la prensa, la radio,
el cine y la televisión, desarrollaban expectativas
de niveles de vida, más modernos y elevados. Por
supuesto, en muchos casos, sin haber una correspondencia con lo que realmente estaba ocurriendo
en sus países.
Por eso, al mismo tiempo, poco a poco crecía la
insatisfacción con las formas en que los grupos
tradicionales que controlaban el poder manejaban
la economía y la política de sus países. En muchos
casos, se despertaban sentimientos nacionalistas,
que criticaban la forma en que los países latinoamericanos se relacionaban con las grandes potencias, y
exigían un rompimiento radical de esa dependencia
o un trato diferente con ellas.
143
Estos fenómenos económicos, políticos y sociales
ya se habían manifestado, incluso desde antes de la
Segunda Guerra Mundial, en los países más grandes
de Latinoamérica, como Argentina, México y Brasil,
y aparecieron un tanto más tarde en Centroamérica.
Los sectores sociales inconformes pronto empezaron a mostrar su insatisfacción por medio de movimientos y partidos llamados “de masas”, de un tipo
que no había existido antes. En toda Centroamérica,
estos movimientos sociales se desarrollaron desde
mediados de la década de 1940, y enfrentaron las
tradicionales dictaduras que habían gobernado por
largos años estos países.
esquemas de represión para evitar la pérdida del
control del poder.
26.2 La transición de 1944 a 1948
Como se ha visto, las corrientes modernizadoras
tenían un componente democratizador. No se podía
concebir que una moderna sociedad industrializada
mantuviera un sistema político basado en el predominio de minorías oligárquicas, defendidas por un
gobierno dictatorial. José Esperanza Suay, conocido
economista salvadoreño de la época, llamaba plutocracia al sistema político de esas minorías.
Muchas personalidades, sobre todo pertenecientes
a sectores profesionales que se entusiasmaron por
los ideales democráticos durante la Segunda Guerra
Mundial, vieron ahora la oportunidad de plasmarlos en sus propios países. Figuras como Rómulo
Betancourt, en Venezuela; José Figueres, en Costa
Rica; Juan Bosch, en la República Dominicana,
y Juan José Arévalo, en Guatemala llegaron a la
Presidencia de sus países a través de movimientos
reformistas. Aunque separados por fronteras y distancias, tenían entre sí el denominador común de la
promesa de cambios radicales que permitieran un
acelerado desarrollo social, económico y político
para sus países.
Con el influjo de este tipo de personalidades, a lo
largo de toda Latinoamérica, se revitalizó el ideal
bolivariano de la identidad compartida de pueblos
y culturas. En Centroamérica, especialmente, la
tradición unionista pronto se vería orientada a un
nuevo norte: la integración económica. Las ideas y
los proyectos integracionistas constituyeron el eje
central de la política internacional de las naciones
centroamericanas durante las décadas de 1950 y
1960 promovidas por la CEPAL.
El fin de la Segunda Guerra Mundial evidenció para
Latinoamérica que Estados Unidos, como máxima
potencia occidental, desarrollaría los ideales de la
democracia y del progreso capitalista, que debían
ser enarbolados para dejar atrás una era de dictaduras y atraso. Pero el intento por democratizar
la sociedad fue infructuoso, y se volvió a los viejos
144
José Esperanza Suay, economista y pensador salvadoreño. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador:Ministerio
de Educación, 1994. p. 170.
Glosario
Integración económica: Creación de un mercado regional donde puedan establecerse relaciones comerciales sin mayores trabas administrativas y políticas.
Plutocracia: Sistema de gobierno en que la
riqueza es la base principal del poder, es decir,
se trata de que los gobernantes son los dueños de la riqueza del país o los que están a su
servicio.
En Latinoamérica, cayeron varias dictaduras. A
principios de 1944, había cuatro dictadores centroamericanos que tenían mucho tiempo en el
poder, todos ellos eran generales: en Guatemala,
Jorge Ubico, desde 1931; en Honduras, Tiburcio
Carías Andino, desde 1933; en Nicaragua, Anastasio
Somoza García, desde 1936, y en El Salvador,
Maximiliano Hernández Martínez, desde 1931.
Después de la década de 1940, solo Somoza pudo
mantener su poder, aunque con concesiones; fue
asesinado en 1956. Jorge Ubico y Maximiliano
Hernández Martínez fueron depuestos por militares
y civiles en el transcurso de 1944. En Guatemala, una
junta de gobierno convocó a elecciones para fines
de año, y fue electo el doctor Juan José Arévalo.
Así se inició el primero de dos gobiernos (le sucedió el coronel Jacobo Arbenz Guzmán, en 1951)
caracterizados por introducir reformas económicas
y sociales en ese país vecino y, sobre todo, por su
enfrentamiento con las compañías y el gobierno
estadounidense de Harry S. Truman.
En El Salvador, en abril y mayo de 1944, se había
iniciado un período de conflictos políticos. Por
ejemplo, en la semana del 17 al 23 de abril, los
estudiantes universitarios tomaron la iniciativa
para organizar la huelga cívica de “Brazos Caídos”.
A esta se incorporaron los empleados públicos, los
maestros, los obreros, el comercio, el transporte,
los farmacéuticos, los abogados y jueces de paz.
La paralización de los diversos sectores obligó al
dictador Hernández Martínez a renunciar. La historiadora Patricia Parkman llama a este fenómeno
“insurrección no violenta en El Salvador”.1
Por otra parte, habían aparecido varias organizaciones, por ejemplo, el Partido Unificación
Democrática (PUD), en cuya dirigencia participaban muchos de los líderes de Acción Democrática
Salvadoreña (ADS). Su abanderado era el carismático médico Arturo Romero,2 considerado como
“el hombre símbolo” de la lucha antimartinista y
probable ganador de una elección presidencial, en
cuanto esta se realizara. Además, estaba el Partido
Unificación Social Demócrata (PUSD), cuyo líder
era el general Salvador Castaneda Castro, a quien
muchos consideraban como una continuación del
régimen de Hernández Martínez.
Aparentemente, unas eventuales elecciones serían
libres y otorgarían el poder al ganador. A juzgar por
el hecho de que la renuncia del general Hernández
Martínez entre otras razones obedecía a la presión
popular, cabía pensar que pesaba la voluntad del
pueblo en un nuevo gobierno, soslayando que con
la caída no se había roto el poder de los militares y
que tan solo transcurría un intervalo de tiempo en
el que reacomodaban su control en la nueva coyuntura política.
El doctor Arturo Romero, líder civilista de 1944. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 171.
Los sectores civiles de oposición exigían el establecimiento de una nueva Constitución y la pronta
celebración de elecciones, además de la sustitución
del presidente, general Andrés Ignacio Menéndez.
En los siguientes meses se caldeó el clima político.
El 20 de octubre de 1944, una manifestación del
PUD había recorrido el centro de San Salvador en
apoyo al gobierno revolucionario de Guatemala y
en pro de las próximas elecciones salvadoreñas, y
se enfrentó de forma violenta con partidarios del
PUSD.
145
Recuadro 26.1
Un abogado opina sobre el tema de la Constitución
Este es un excelente ejemplo del pensamiento liberal constitucionalista del cual el Dr. René Fortín
Magaña fue un significativo exponente. La elegante fraseología del abogado es también la enérgica demanda de un político que exige que sea la Ley la que rija las relaciones sociales, y no ningún
otro mecanismo de prestigio o privilegio social. El soldado al que se refiere es el General Andrés
Ignacio Menéndez, quien, como heredero de la presidencia al salir el General Hernández Martínez,
se encontró en una situación de enorme confusión tanto social y política como legal. A falta de un
acuerdo sobre la legalidad imperante, se había aceptado una situación de hecho en que la “palabra
de honor” del gobernante era la única garantía de la estabilidad social. Este es el estado de cosas que
el Dr. Fortín Magaña denuncia, demandando el retorno a la constitucionalidad formal como única
garantía efectiva para el desarrollo posterior del país.
En estos momentos, nuestro TITULO a estas libertades está fundado en la “palabra de honor” de
un soldado. La CONQUISTA de esos derechos será realizada cuando la lucha culmine en la victoria
popular -si ella es lograda- de modo que esos derechos queden asegurados, enraizados o firmemente
establecidos en una CONSTITUCION POLITICA que será el TITULO LEGITIMO de esas libertades. Mientras tanto, ese título no existe, y estamos en una MERA POSESION de libertades.
Un día después, el 21 de octubre, una junta militar
reunida en el cuartel del Primer Regimiento de
Artillería (El Zapote) solicitó la renuncia al general
Menéndez apenas seis meses después de haber sido
designado para el cargo. Según algunas versiones, el
General comentó que mucho se habían tardado en
pedírsela, ya que él no tenía ninguna ambición política. Los militares que provocaron el cambio estaban
preocupados por lo que consideraban la falta de firmeza de Menéndez para controlar la situación social
y los desórdenes de tipo político luego de la caída del
general Hernández Martínez.
Conforme al orden legal establecido con la renuncia
del general Menéndez, la Presidencia provisional
debió recaer en el doctor Miguel Tomás Molina,
pero los militares habían decidido que el sustituto
sería uno de los suyos. Para ello, exigieron que la
Asamblea Legislativa, reunida de emergencia el 21
de octubre en la madrugada, modificara el orden de
la sucesión para designar al coronel Osmín Aguirre
y Salinas en dicho cargo. Aunque se guardaron las
estrictas formas jurídicas, para muchos sectores de la
civilidad estaba claro que se preparaba una represión
en contra de ellos, lo que efectivamente sucedió.
146
General Andrés Ignacio Menéndez. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p. 173.
cia electoral. De hecho, esto significó la virtual desaparición de tan carismático personaje de la escena
política nacional.
<Insertar foto del Coronel Osmín
Aguirre>
El gobierno del general Castaneda Castro se caracterizó por las luchas internas entre sus colaboradores
más cercanos y entre diversas facciones del ejército.
Para junio de 1945, el gobierno denunció un intento
de golpe, aparentemente promovido por oficiales de
muy distinto rango y motivación.
De hecho, un conflicto al interior del ejército, entre
oficiales de formación tradicional o “de filas” y
los que se denominaban “de escuela”, empezaba a
sugerir una nueva función del ejército dentro de un
proyecto de modernización social.
Coronel Osmín Aguirre. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 173.
Otro motivo de descontento fue la decisión, a fines
de 1945, de decretar la vigencia de la Constitución
de 1886, considerada por muchos como obsoleta e
incapaz de conducir la modernización de la postguerra que se vislumbraba en el país.
Durante los cinco meses de mandato del coronel
Aguirre, desaparecieron todas las posibilidades electorales para el PUD, ya que muchos de sus dirigentes
se habían exiliado.
En esta época, se limitó la libertad de prensa y
se decretó estado de sitio en varios departamentos del país. Fue reprimida duramente una invasión de patriotas en diciembre de 1944 por el lado
de Ahuachapán, dejando gran cantidad de muertos, entre ellos el hermano del poeta Hugo Lindo,
Herbert Lindo.3
Las elecciones presidenciales se celebraron en enero
de 1945. Sin embargo, los únicos candidatos de
oposición, Napoleón Viera Altamirano y el general Antonio Claramount, se retiraron. El general
Salvador Castaneda Castro resultó triunfador,
tomando posesión de la Presidencia el 1 de marzo
de ese año.
El doctor Arturo Romero había anunciado, desde
fines de diciembre pasado, su retiro de la competen-
General Salvador Castaneda Castro, presidente de la República desde 1945 hasta 1948. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 174.
147
El gobierno de Castaneda Castro fue acusado
con frecuencia de corrupción. A partir de 1945,
los precios del café en el mercado internacional
comenzaron a subir, lo que, a su vez, aumentó
los ingresos del Estado. Estos elevados ingresos
estatales se convirtieron, a su vez, en motivo de
corrupción, de la que no se escaparon ni los más
altos funcionarios.
El descontento creció en muchos sectores sociales y se agudizó la conspiración para derrocar a
Castaneda. Este, por su parte, demostró ser muy
hábil para detectar a sus opositores, introduciendo
ya sea cambios en la filas del ejército o promocionando a militares o civiles en cargos públicos.
Al final de su gobierno, comenzó la modernización del Estado, sobre todo en la electrificación
nacional. Se organizó la Comisión Ejecutiva del
río Lempa y se hicieron los primeros estudios
para su explotación hidroeléctrica. También, se
hicieron los primeros estudios para la creación del
Seguro Social; se sacó a licitación la construcción
de un puente colgante sobre el Lempa y se dictaron
medidas en materia laboral. Asimismo, Castaneda
promovió el acercamiento de El Salvador a sus
vecinos, en especial a Guatemala.
La debilidad del gobierno de Castaneda fue evidente a raíz del problema de su sucesión. De acuerdo con el calendario electoral, debían celebrarse
elecciones presidenciales en marzo de 1949.
El general Castaneda fue convencido de la necesidad de promover un cambio constitucional que
le permitiera reelegirse. Para ello hizo que el 13 de
diciembre de 1948 la Asamblea Legislativa decretara una apresurada convocatoria a elecciones
de constituyente en un plazo de menos de una
semana. Al día siguiente el presidente Castañeda
fue depuesto por el Movimiento de la Juventud
Militar. Algunos, han dicho que es posible que los
jóvenes militares percibieran que el continuismo
de Castaneda implicase también la permanencia
de la “vieja guardia” del ejército en el mando,
poniendo en peligro el relevo generacional al que
los jóvenes militares creían tener derecho.
148
26.3 El golpe de Estado de 1948 y la
Constitución de 1950
El golpe de Estado del 14 de diciembre de 1948,
que derrocó a Castaneda, ha sido llamado “el golpe
de los mayores”, debido a que fue organizado por
oficiales de rango medio. Estos se identificaban
a sí mismos como la Juventud Militar, formada
principalmente por oficiales de escuela.
Una vez derrocado Castañeda, en una asamblea
general de oficiales celebrada el 14, se nombró
un Consejo de Gobierno Revolucionario (CGR),
formado por militares y civiles. Sus miembros
iniciales fueron el teniente coronel Manuel de
Jesús Córdova y los mayores Óscar Osorio y Óscar
Bolaños. Como Osorio se encontraba en México,
Bolaños y Córdova tuvieron que seleccionar a dos
civiles para completar el Consejo: los doctores
Reynaldo Galindo Pohl y Humberto Costa.
El 16 de diciembre, se emitió el primer decreto
del CGR, en que se declaraba la justificación del
movimiento revolucionario y sus objetivos centrales. El ejército aparecía identificado como el brazo
armado del pueblo. En esta interpretación, se concebía a la institución militar como la vanguardia
y garante de los cambios revolucionarios. No fue
fácil la selección de los militares que conformarían el Consejo. Entre los promotores del golpe,
el teniente coronel Córdova no era tan aceptado
por su carácter altanero y dominante, y el mayor
Humberto Villalta quedó fuera porque en los círculos militares era considerado radical y de ideas
de. Será Osorio, por su sencillez y carácter amistoso, el que se irá perfilando como líder. Para uno
de sus ideólogos, el teniente coronel José María
Lemus (que llegaría luego a la Presidencia), los
cuarteles eran los laboratorios de la conciencia de
los soldados para defender los derechos del pueblo.
Por su lado, los civiles eran connotados intelectuales representativos de los sectores modernizantes,
quienes dejaron en claro que harían una amplia
reforma jurídica e institucional y que mientras
tanto, gobernarían por decretos, amparados en las
amplias facultades del Derecho Revolucionario.
Aunque el CGR anunció su intención de promover
elecciones que dieran legitimidad democrática al
nuevo régimen, también estaba decidido a tomar a
la menor brevedad posible todas las medidas para
dejar sentadas las bases del nuevo sistema político
y social por el que propugnaba.
A comienzos de febrero de 1949, se habían nombrado las comisiones para la elaboración de las
leyes electorales, así como el anteproyecto de la
futura Constitución. En agosto, ya habían cum-
plido su cometido, y en los siguientes meses se
produjo un amplio debate nacional alrededor de
algunos de los temas centrales de la Constitución,
como el régimen de propiedad privada, la educación seglar y religiosa y el voto de la mujer.
Para octubre de ese año, estaba claro que se fundaría un partido para respaldar el ideario del CGR.
Osorio y Galindo Pohl renunciaron al CGR para
hacer campaña por el Partido Revolucionario de
Unificación Democrática (PRUD).
El Consejo Revolucionario de Gobierno. De izquierda a derecha: doctor Reynaldo Galindo Pohl, mayor Óscar A. Bolaños, doctor
Humberto Costa y mayor Óscar Osorio. No aparece el teniente coronel Manuel de Jesús Córdova. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 178.
Cronología de los principales hechos
1931-1944
1944
1948
1950-1956
1956-1960
Dictadura del general Maximiliano Hernández Martínez. Durante su administración trató de implementar un proyecto de
nación con raíces nacionales.
En mayo, los estudiantes universitarios organizan una huelga cívica
de brazos caídos.
El 14 de diciembre
se produce el derrocamiento del general
Salvador Castaneda
Castro mediante un
golpe de Estado.
Presidencia del teniente
coronel Oscar Osorio. Durante su mandato, se creó
el Seguro Social, el Instituto de Vivienda Urbana,la
construcción de la Presa
Hidroeléctrica “5 de noviembre” y la Carretera del
Litoral.
Presidencia del teniente
coronel José María Lemus. Su gobierno, de carácter liberal, permitió el
regreso de exiliados y la
liberación de numerosos
presos políticos, pero no
detuvo el declive económico y social.
149
Recuadro 26.2
El Consejo de Gobierno justifica el golpe de Estado
En este primer decreto del Consejo de Gobierno
Revolucionario, se recogen las principales justificaciones del golpe de estado del 14 de diciembre
de 1948. En primer lugar, se señala la existencia de
una continuidad con los sistemas dictatoriales del
pasado y la necesidad de una ruptura revolucionaria que a su vez estableciera un régimen constitucional que expresara los “anhelos populares”.
Los factores desencadenantes señalados son el
estado de sitio injustificado y, sobre todo, el intento de reelección del general Castaneda Castro.
Finalmente, se vislumbra la intención de integrarse al contexto centroamericano como parte del
proyecto nacional de desarrollo, a la vez que se
destaca el papel del ejército como “brazo armado
del pueblo”. La asunción de todos los poderes en
el Consejo de Gobierno es típica de las rupturas
revolucionarias. Toda norma jurídica anterior
queda derogada, y el país entra en un período que
los analistas llaman de “constitucionalidad”, en
que se debaten los principios del nuevo orden que
habrá de regir al país en el futuro.
ya que los anhelos populares se han visto traicionados, las leyes han sido notoriamente violadas,
y en especial las Constituciones han servido para
encubrir desenfrenadas ambiciones de mando y de
riquezas;
que el pueblo salvadoreño ha demostrado su firme
voluntad de renovar las bases institucionales del
país y destruir las camarillas que, abusando de
la fuerza y la mentira, han empeñado las mejores
tradiciones políticas de la patria, han comprometido su prestigio en el exterior y han desvirtuado
los fines de la organización gubernamental; que
sin motivo justificado han mantenido al país bajo
estado de sitio, con restricción flagrante de los
derechos de la ciudadanía, lo que es delito de lesa
nación y produce acción popular;
que en el Diario Oficial No. 273, Tomo 145, del lunes
13 de diciembre de 1948, apareció un Decreto de la
Asamblea Legislativa, sancionado por el General
Castaneda Castro y su Ministro de Gobernación,
José Ángel Avendaño, en el que una vez más se
transgreden las leyes y se convoca a una Asamblea
Constituyente con el objeto de prolongar el período
presidencial del General Castaneda Castro;
DECRETO No.1
Nosotros, Teniente Coronel Manuel de J. Córdova,
Mayor Oscar Osorio, Mayor Oscar A. Bolaños,
doctor Humberto Costa, doctor infieri Reynaldo
Galindo Pohl, representantes de las fuerzas revolucionarias militares y civiles que han derrocado al que los elevados ideales de reconstrucción de la
gobierno de facto que presidía el General Salvador patria Centroamericana, la más alta aspiración
de los salvadoreños, fueron usados para encubrir
Castaneda Castro,
maniobras de política interna; que en franca y
entusiasta insurrección el Ejército Salvadoreño, en
CONSIDERANDO:
su calidad de brazo armado del pueblo; ha tomado
que el régimen caído, que era continuador de una el poder con el objeto de iniciar una nueva vida de
serie de gobiernos que durante muchos años se la República.
entronizaron contra la voluntad del pueblo salvadoreño, y que éste, consciente de que no representaPOR TANTO,
ban sus intereses ni realizaban sus aspiraciones, en
numerosas y repetidas oportunidades les manifestó en uso de los poderes recibidos de parte de los
su repudio; que la vida democrática de El Salvador sectores empeñados en esta lucha en que se reivindebe asentarse sobre bases completamente nuevas, dican los derechos legítimos y la dignidad de los
150
salvadoreños,
DECRETA:
Art. 1o.- Erígese un Consejo de Gobierno
Revolucionario, que asume todos los Poderes del
Estado y queda integrado por los suscritos.
Art. 2o.- Juran el fiel cumplimiento de los principios
democráticos que animan al Pueblo Salvadoreño y
juran también garantizar sus derechos y en especial
respetar la voluntad del pueblo en la libre elección
de sus gobernantes.
Dado en el Cuartel General de la Revolución,
Primer Regimiento de Artillería, en la ciudad de
San Salvador, a los dieciséis días del mes de diciembre de mil novecientos cuarenta y ocho.
Teniente Coronel Manuel de J. Córdova, Mayor
Oscar Osorio, Mayor Oscar A. Bolaños, Dr.
Humberto Costa, Dr. Infieri Reynaldo Galindo
Pohl.
La medida que se inició casi de inmediato fue la de
juzgar a los dirigentes castanedistas y osministas
acusados de corrupción. Para ello, se constituyó
un “Tribunal de Probidad” que envió a la cárcel a muchos de ellos (incluyendo a los mismos
Castaneda y Osmín Aguirre). Los juicios a los ex
funcionarios causaron un gran impacto, puesto
que nunca se había visto nada así en el pasado.
Medidas como estas contribuyeron a darle al
Consejo de Gobierno Revolucionario una popularidad extraordinaria.
Edificio que albergó al Primer Regimiento de Artillería, más tarde sería Cuartel El Zapote. Actualmente, es el Museo de Historia Militar.
Recuadro 26.3
Proclama del 25 de diciembre
de 1948 (los “14 puntos”)
Esta Proclama puntualiza los objetivos del
Consejo de Gobierno Revolucionario, dejando
en claro que el país se encamina a una nueva
institucionalidad. Estas ideas, que aglutinaron
a su favor a grandes mayorías de la población,
se volcarían luego en la Constitución de 1950.
Cabe destacar la insistencia en la apoliticidad
del ejército, asunto de primordial importancia
dadas las tendencias contrapuestas que sobre
este asunto se estaban dando en ese momento.
Al mismo tiempo, se insiste en crear un “bloque indestructible” con participación de civiles
y militares. La preocupación primordial del
Consejo será la instauración de la democracia
en el país en un momento en que se ve amenazada por un gobernante que quiere perpetuarse
en el poder.
EL CONSEJO DE GOBIERNO REVOLUCIONARIO PROCLAMA LOS SIGUIENTES
PRINCIPIOS Y OBJETIVOS QUE NORMARAN LA CONDUCTA DEL REGIMEN
INSTAURADO A RAIZ DE LA REVOLUCION
DEL 14 DE DICIEMBRE:
1º.-Establecimiento de un sistema democrático de
Gobierno, que no solamente finque, como hasta
ahora, en leyes que no se cumplen, sino que viva
en los actos de los funcionarios y en los derechos
del pueblo, especialmente en el derecho que este
tiene de darse libremente sus gobernantes.
2º.-La Libertad será efectiva dentro del orden y
servirá para aprovechar las iniciativas y esfuerzos de los salvadoreños en la construcción de una
Patria pujante que ingrese como factor activo en
la gran corriente de la cultura occidental, lejos de
extremismos y con rechazo de la demagogia y del
oportunismo político.
151
3º.-Nuevo orden jurídico fundamental, plasmado 10º.-Autonomía amplia y efectiva para las munien una Constitución Política que, concorde con cipalidades.
los ensayos democráticos del mundo civilizado,
sepa adaptar los principios a la realidad salvado11º.-Respeto a funcionarios y empleados, quiereña.
nes gozarán de toda garantía en el ejercicio de
sus cargos.
4º.-Dar a la Democracia el cimiento social, político, económico y cultural que le insertará con
12º.-Unidad de los salvadoreños en la reconsfirmeza en lo hondo de la estructura del país,
trucción y progreso de la Patria, para hacer de
para que pueda defenderse en las adversidades
la civilidad y del Ejército Nacional un bloque
y no dependa solamente de la ideología y comindestructible.
prensión de los gobernantes.
5º.-Establecimiento de un Código Electoral que
aprovechando las experiencias de países avanzados, y nuestra propia experiencia, que con
raras excepciones demuestra la entronización
del fraude, proporcione los medios para hacer
efectiva la libertad de sufragio.
13º.-Amistad invariable con todas y cada una de
las Repúblicas Centroamericanas, para cimentar
la fraternidad a través de relaciones estrechas, de
vinculaciones económicas y culturales y preparar el entendimiento de pueblos en la suprema
y urgente empresa reconstructora de la Patria
Grande.
6º-Honestidad absoluta en el manejo de los fondos públicos y selección del personal administrativo a base de capacidad, probidad, dinamismo
y entusiasmo por superar nuestra actual etapa
histórica.
14º.-Respeto a los Tratados, Convenciones y
compromisos internacionales que hubiesen contraído los gobiernos anteriores, su fiel cumplimiento y firme adhesión a las Naciones Unidas.
Así es como quiere este movimiento reivindi7º.-Elevación del nivel de vida de los salvadorecador curar los males de la Patria y prepararle
ños sobre bases que garantizando el auge de la
prosperidad material y espiritual. Es ésta una
producción, al amparo de la técnica, estimule las
tarea de unidad nacional, inspirada en la justiempresas privadas y permita la justicia social.
cia en todos los órdenes, ajena a pasionismos y
rencores, donde caben todos los salvadoreños de
8º.-Mantener en alto el honor, la integridad y buena voluntad.
el desarrollo técnico del Ejército Nacional, restituyéndolo a la condición de apoliticidad, de
CASA DEL CONSEJO DE GOBIERNO
guardián de las libertades y de la soberanía de la
REVOLUCIONARIO, San Salvador, 25 de
República, de defensor y cumplidor de la ley.
diciembre de 1948. Tte. Cnel. Manuel de J.
Córdova, Mayor Oscar Osorio, Mayor Oscar
9º.-Separación efectiva de los Poderes del Estado, Bolaños, Dr. Humberto Costa, Dr. Inf. Reynaldo
eficiente colaboración entre ellos, y moderación Galindo Pohl.
de la influencia del Poder Ejecutivo.
152
El coronel Óscar Osorio asumiendo la Presidencia de la República en 1950. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador:
Ministerio de Educación, 1994. p. 179.
En marzo de 1950, el mayor Osorio ganó las elecciones y asumió la Presidencia. Su único contrincante
fue el general Ascencio Menéndez, del PAR, quien
obtuvo más del 43% de los votos. El PRUD obtuvo
una mayoría abrumadora en la Asamblea, favorecido por la legislación electoral que no contemplaba
la representación proporcional, es decir, el ganador
se quedaba con todos los escaños.
Para los observadores, los buenos resultados que
obtuvo el PAR se debió sobre todo al temor de
volver a un régimen de “partido oficial” como el
del Pro Patria del general Hernández Martínez. A
principios de septiembre, la Constitución fue aprobada y Osorio tomó posesión como Presidente de
la República.
La Constitución de 1950 fue definida por Osorio
como el último eslabón del primer ciclo del movimiento revolucionario. Era la suma de los principios
que habían inspirado las medidas tomadas hasta ese
momento. De particular impacto en el campo internacional resultó la extensión de la soberanía nacional
a 200 millas mar afuera, principio que llegó a ser una
de las bases del derecho latinoamericano del mar.
La Constitución también definió un nuevo papel
para el Estado como el promotor principal del desarrollo nacional. La obligación del Estado de velar por
el bienestar social se define en términos de una serie
de principios fundamentales, como el de la libertad
económica que no debe oponerse al interés social, la
propiedad privada en función social (Artículo 137)
y diversos principios de carácter social relacionados
con el trabajo, el cual debía ser garantizado por el
Estado a la población.
Esta Constitución se trataba de una síntesis depurada de la doctrina constitucional4 que acompañaba
en toda Latinoamérica a los proyectos de modernización económica y social. Signo de buenos tiempos
pero que no llegaban para quedarse.
153
Recuadro 26.4
Estructura de la Constitución Política de 1950
La Constitución de 1950 ha tenido una gran
influencia en toda la legislación salvadoreña de
la segunda mitad del siglo XX. Los títulos y capítulos de dicha Constitución son los siguientes:
Título 1. El Estado y su Forma de Gobierno
Título 2. Los salvadoreños y los Extranjeros
Título 3. Los Ciudadanos y el Cuerpo Electoral
Título 4. Los Poderes Públicos. Capítulo 1. Poder
Legislativo. Capítulo 2. Poder Ejecutivo. Capítulo
3. Poder Judicial
Título 5. Ministerio Público
Título 6. Régimen Administrativo. Capítulo 1.
Gobierno Local. Capítulo 2. Servicio Civil
Título 7. Fuerza Armada
Título 8. Hacienda Pública
Título 9. Régimen Económico
Título 10. Régimen de Derechos Individuales
Título 11. Régimen de Derechos Sociales.
Capítulo 1. La Familia. Capítulo 2. Trabajo y
Seguridad Social. Capítulo 3. Cultura. Capítulo
4. Salud Pública y Asistencia Social
Título 12. Responsabilidad de los Funcionarios
Públicos
Título 13. Alcances, Aplicación y Reformas de la
Constitución
Título 14. Disposiciones Transitorias
Aunque algunas de las ideas sobre la modernización habían empezado a aparecer en las constituciones anteriores, la de 1950 fue considerada
acertadamente como una ruptura radical con el
pasado, sobre todo por la introducción de normas que definían un nuevo papel para el Estado
y que regulaban el ejercicio de las relaciones
económicas y sociales dentro de una concepción
154
impregnada de la idea de la justicia social.
El Artículo 2do., uno de los más importantes
de la Constitución de 1950, dice que es obligación del Estado asegurar a los habitantes de la
República el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social.
Esto significaba abandonar la vieja idea liberal de
que el Estado era un ente neutral que debía dedicarse únicamente a mantener el orden interno y
defender al país en caso de agresión externa. En
los documentos históricos de esa Constitución
se dijo que el Estado queda obligado a actuar,
no en beneficio de grupos dominantes ni determinadas clases sociales, sino en beneficio del
pueblo entero.
También en el título sobre “Régimen Económico”
se encuentran normas que definen las reglas de
las actividades económicas, como las siguientes:
El régimen económico debe responder esencialmente a principios de justicia social que tiendan
a asegurar a todos los habitantes del país una
existencia digna del ser humano (Art. 135); Se
garantiza la libertad económica, en lo que no se
oponga al interés social (Art. 136); y Se reconoce y
garantiza la propiedad privada en función social
(Art.137).
También, es muy importante la normativa relacionada con el “Régimen de Derechos Sociales”,
donde se encuentran artículos como el 182 que
dice: El trabajo es una función social, goza de la
protección del Estado, y no se considera artículo
de comercio.
Las ideas fundamentales de la Constitución de
1950 se han mantenido en las que le sucedieron
(1962 y 1983), y se han desarrollado conforme a
la realidad.
Recuadro 26.5
El pensamiento de Óscar Osorio
El pensamiento del coronel Óscar Osorio se conoce a través de los discursos que pronunció cuando
ejerció el cargo de Presidente de la República. En
esos discursos, Osorio quiso explicar lo que significaban para su gobierno una serie de conceptos
políticos y sociales. El 14 de septiembre de 1951,
se dirigió al pueblo salvadoreño para aclarar que
la gestión de su gobierno no favorecería a ningún
sector, grupo o persona en particular sino que a
la colectividad toda. Dijo, además, que las libertades de expresión, conciencia y pensamiento se
habían respetado, pero no se ha garantizado, ni se
garantizará en el futuro, la libertad que se aprovecha para subvertir el orden, con detrimento de la
existencia misma de nuestro pueblo.
electoral; mientras llegue tal momento, está proscrita esa actividad y los politiqueros y los murmuradores, imitando a los buenos ciudadanos, deben
dedicarse a trabajar con empeño para acabar con
la dureza de la vida y con los sufrimientos que
abaten a la mayoría de nuestros ciudadanos. En
esta oportunidad, lanzó un llamado especial a los
padres de familia para que orientaran a sus hijos
a fin de que no cayeran en el juego inútil de la
politiquería y el comunismo.
Para Osorio, en otras palabras, la libertad tendría
límites muy claros, supeditados en todo caso al
logro de objetivos colectivos más importantes
que los planteamientos o las inquietudes de cualquier grupo o persona; el objetivo máximo de la
Al año siguiente, en la misma fecha, criticó a los Revolución salvadoreña es el logro de un nivel de
que hacían política fuera del período electoral: vida humano para todos nuestros conciudadanos,
Los poderes del Estado determinarán, también de sin generar lucha de clases, sin odios ni venganacuerdo con la ley, el momento de hacer campaña zas.
El presidente Óscar Osorio, en la inauguración del Instituto de Educación Técnica. Foto propiedad del Museo de la Palabra
y de la Imagen.
155
A pesar de que el gobierno de Osorio fue beneficiado
por la opinión pública favorable, en marzo de 1951
se decretó el estado de sitio, ante lo que el gobierno
describió como un complot de “la reacción”.
Para septiembre de 1952, las organizaciones de
izquierda fueron acusadas de promover un golpe;
un importante número de intelectuales y obreros
fue exiliado. El 27 de noviembre de ese año, se emitió la Ley de Defensa del Orden Democrático, fuertemente criticada por la oposición por considerarla
represiva y antipopular.
(PIN) y Auténtico Constitucional (PAC), ambos
encabezados por ex líderes militares del movimiento de 1948. La mayoría de los candidatos opositores
fue descalificada antes de las elecciones, las cuales
fueron declaradas a favor de Lemus por una proporción abrumadora.
El régimen se enfrentó a sectores que se oponían a
los cambios mientras tenía que lidiar con divisiones
entre los grupos que lo apoyaban. Por ejemplo,
diversos grupos obreros, estudiantiles y profesionales que apoyaban al PRUD se identificaban con
el proceso revolucionario que se llevaba a cabo en
Guatemala en esos años, pero Osorio decidió distanciarse del mismo debido a la radicalización de los
dirigentes guatemaltecos.
La oposición al gobierno aumentó cuando la
Asamblea Constituyente, una vez cumplida su
función, se convirtió en Asamblea Legislativa. La
oposición también se abstuvo de participar en las
elecciones legislativas celebradas en 1952 y 1954,
por lo que el PRUD se quedó con todas las diputaciones. Solo para las elecciones presidenciales
de 1956 el panorama se modificó, ya que aparecieron importantes rupturas en el interior mismo del
“prudismo”. La más notable división se produjo al
renunciar a fines de 1954 el ministro de Relaciones
Exteriores, Roberto Edmundo Canessa, quien formó
el Partido Acción Nacional (PAN).
El PRUD escogió como candidato al teniente coronel José María Lemus, ampliamente conocido por
su gestión como Ministro del Interior de Osorio y
quien disfrutaba de prestigio como “ideólogo” del
ejército, así como entre sectores civiles.
Los partidos opositores renovaron sus esfuerzos
para esta campaña, apareciendo además del PAN
y el PAR, los partidos Institucional Independiente
156
El presidente José María Lemus. Tomado de: LEISTENSCHNEIDER, María y LEISTENSCHNEIDER Freddy. Gobernantes de El Salvador (biografías). San Salvador: Publicaciones del Ministerio del Interior, 1980. p. 217.
Glosario
Estado de sitio: Es un régimen de excepción
que un gobierno puede declarar ante una circunstancia que amenace el orden público y la
seguridad ciudadana de un país, quedando
suspendidas las garantías constitucionales.
Es una situación equivalente a un estado de
guerra, razón por la cual se concede al ejército
la facultad de utilizar la fuerza en caso de ser
necesario.
Complot: Conspiración o confabulación entre
dos o más personas contra otra u otras, generalmente de carácter político o social.
Pese a las sospechas de fraude que esta elección
provocó, Lemus inició su gobierno con gestos conciliatorios hacia sectores sociales no vinculados con
el PRUD, nombrando un gabinete que no correspondió totalmente a las demandas de su propio partido. Asimismo, derogó la Ley de Defensa del Orden
Democrático y permitió el retorno de los exilados.
Pronto, se empezaron a notar divergencias entre la
antigua dirigencia prudista y el equipo gobernante
de Lemus, agudizadas debido a que las dificultades
económicas se hacían mayores.
En la Asamblea electa en mayo de 1956, de nuevo,
con total dominio del PRUD, se manifestaban a
menudo choques entre distintas facciones, y para
agosto de 1959, se produjo el rompimiento público entre Lemus y Osorio. Este fundó el PRUD
Auténtico, llevándose consigo a muchos de los
viejos militantes prudistas. En ese núcleo se gestó
parte del complot que llevaría al derrocamiento de
Lemus en 1960.
En el campo político, la apertura inicial de Lemus
no condujo a modificar sustancialmente el panora-
ma electoral. Cuando en 1958 se llamó a elecciones
legislativas y municipales, para marzo y abril respectivamente, la oposición volvió a abstenerse al no
obtener las reformas electorales que demandaba,
entre ellas, la representación proporcional. En abril
de 1960, se celebraron de nuevo elecciones con igual
resultado. Aunque el PAR logró ganar la Alcaldía
de la capital y otros importantes municipios, la
Asamblea Legislativa continuaría bajo el control
absoluto del PRUD. En el campo integracionista, fueron notables las iniciativas del gobierno de
Lemus, como se expone en otro capítulo.
El viaje que hizo el Presidente salvadoreño a Estados
Unidos, en marzo de 1959, fortaleció el proceso
integracionista. Sin embargo, para entonces Lemus
tuvo que enfrentar una oposición cada vez más
organizada de parte de los sectores profesionales y
estudiantiles. Desde octubre de 1959, se había formado el Frente Nacional de Orientación Cívica
(FNOC), que aglutinaba a los partidos opositores, a
la Asociación General de Estudiantes Universitarios
Salvadoreños (AGEUS) y a la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños (CGTS).
El presidente José María Lemus, con miembros de su gabinete de Gobierno. Tomado de: La Prensa Gráfica. Revista
Dominical. 29 de abril de 2001.
157
Al final del período presidencial del coronel Lemus,
en agosto y septiembre de 1960, los enfrentamientos
habían llevado a decretar el estado de sitio, a la invasión de la Universidad Nacional (con captura y golpiza del rector, el doctor Napoleón Rodríguez Ruíz)
y a un estado general de inestabilidad, aprovechada
por elementos militares y civiles para llevar a cabo
el golpe del 26 de octubre de 1960. El movimiento
que derrocó a Lemus fue llamado popularmente
“el madrugón de los compadres”, debido a que sus
ejecutores eran militares vinculados personalmente
al Presidente.
Conclusión
Con la finalización de la Segunda Guerra Mundial
en 1945, las naciones buscaron el amparo de los
Aliados. Para Latinoamérica, Estados Unidos
era la máxima potencia emergente. De ella se
esperaba un apoyo más significativo, que se
expresara principalmente en una mejor valoración de los productos de exportación y aumento
de las inversiones al interior de los países con el
fin de impulsar el desarrollo económico y social
deseado, pero no se llenaron las expectativas
porque las prioridades de Estados Unidos eran
otras, se orientaron a reconstruir sus aliados
europeos y posesionarse en sus mercados.
La necesidad de adaptarse al nuevo orden mundial se reflejó claramente en Centroamérica con
la declinación de las dictaduras y la modernización de sus economías. En El Salvador, por
ejemplo, el papel de los militares en la dinámica
política cambió de defensores del orden social
oligárquico a propulsores de un proceso de
reformas económicas y sociales. Además, se alteraron las reglas del juego político y se le imprimió un nuevo rumbo al desarrollo nacional bajo
un Estado remozado y fortalecido, tal como
ocurría en otros países de Latinoamérica.
Por otra parte, la Constitución de 1950 le proporcionó al proceso el respaldo legal necesario,
aunque en la práctica se conservaron algunas
características del régimen martinista derrocado: el predominio de un partido oficial, la represión y exclusión de los opositores al régimen, y la
presencia de militares en los principales cargos
del Estado y en las dirigencias partidistas. Dicha
Constitución reflejó el marcado espíritu de la
doctrina constitucional que acompañó en toda
América Latina a los gobiernos en los proyectos
de modernización económica y social, que tuvieron éxito pero no gozaron de larga duración.
Referencias bibliográficas
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2.MORÁN, Francisco. Las Jornadas Cívicas de Abril y Mayo de 1944. San Salvador: Editorial Universitaria, 1979. pp. 33-41.
3.CASTRO MORÁN, Mariano. Relámpagos de libertad. San Salvador: Editorial Liz, 1979. pp. 33-41.
4.CÁCERES PRENDES, Jorge. La Revolución Salvadoreña de 1948: Un Estudio sobre Transformismo. En El Salvador: Una historia sin lecciones. San Salvador: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), 1988.
158
Capítulo 27 La modernización de la economía a partir de 1950
El Puente de Oro sobre el río Lempa. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.
193.
Introducción
Los aires de renovación política que empezaron a
soplar en El Salvador a partir de 1948 tuvieron también su contraparte económica y social. El afán de
los gobiernos de Osorio y Lemus de impulsar ciertos
cambios en el país pudo concretarse en buena medida
porque la década de 1950 fue de excepcional bonanza
económica. En efecto, en la década de los cincuenta,
El Salvador se favoreció por el precio internacional
del café que en 1955 se cotizaba en $70.90, valor que
representaba un incremento del 217% con relación
a los cotizados en 1946 y de 674% con relación a los
de 1940. Pero junto al café, también se desarrolló el
cultivo del algodón, que brindó un gran aporte a la
economía nacional, aunque su gloria fue efímera.
Debido a estas circunstancias, la década de los cincuenta se le llamó “Década de Oro”.
En pocos años, el aspecto físico del país cambió de
manera significativa, al construirse nuevas carreteras, puentes, represas, fábricas y viviendas. Los programas de salud y educación pudieron ampliarse, lo
mismo que la seguridad social.
Como todos estos proyectos y actividades dependían de la riqueza que el país exportaba en forma
de café y algodón, cuando se debilitaron los precios
que se pagaban por estos productos en el extranjero,
las grandes promesas y los grandes proyectos ya no
pudieron avanzar con la misma velocidad, y en consecuencia los grandes problemas nacionales comenzaron a ganarle la partida a los que se empeñaban en
sacar al país de la pobreza y el subdesarrollo.
Sin embargo, algo importante sucedió. El auge de
los precios de los dos productos agroexportadores
no se asumió como en otros momentos de la historia nacional, ahora se vislumbró que tales ingresos podrían cesar pronto. Por tanto, siguiendo las
recomendaciones de diversos estudios y en especial
los consejos de la CEPAL, se promovió la industrialización.
Al respecto, se emitieron numerosas leyes de fomento de la misma y se destinaron recursos financieros.
Aunque la baja en los precios de las exportaciones
no permitieron avanzar más.
159
27.1 Auge de los precios del café y
del algodón
La extrema dependencia de un escaso número de
productos agrícolas de exportación, sobre todo el
café, fue siempre una limitante para un desempeño
estable y equilibrado de la economía salvadoreña.
Sin embargo, cuando finalizó la Segunda Guerra
Mundial, los precios del café se incrementaron, lo
que posibilitó que a partir de 1950 el proyecto de
modernización de la economía pudiera implementarse sin mayores dificultades.1
Durante la guerra, hubo un mayor consumo de café,
sobre todo entre la población estadounidense. De
1945 a 1955, los precios se multiplicaron por cuatro, y para 1958 el café había alcanzado el precio sin
precedentes de 120 colones por quintal.
Los altos precios estimularon la extensión de los cultivos. Muchos terrenos ociosos o dedicados a otros
productos fueron destinados al café. De modo que
si en 1940 había 100 manzanas dedicadas al café,
para 1960, eran 142. También subió la productividad: por cada quintal producido en 1945, en1957 se
producía casi uno y medio en la misma superficie
de tierra. Esto proporcionó una oportunidad única
a El Salvador, ya que los ingresos de la exportación
del café subieron de poco más de 46 millones de
colones en 1945 a 154 millones en 1950 y a más de
228 millones en 1955.
El café aumentó su tradicional predominio dentro
de la totalidad de los productos exportados: de cada
100 colones que ingresaban por exportaciones entre
1942 y 1945, 81.90 provenían del café; para 19461955, había subido la proporción a 87.50. El café
había vuelto a reinar.
A esto debe agregarse el extraordinario auge del cultivo del algodón, favorecido por un aumento de los
precios internacionales al finalizar el conflicto mundial. Un kilogramo de algodón se vendía en 1951
a un precio tres veces mayor al que tenía en 1945.
De 1945 a 1960, la extensión de terreno dedicada al
160
algodón se multiplicó más de tres veces, mientras
que la productividad también subía notablemente. La apertura de nuevas carreteras a zonas antes
remotas, como el litoral (la zona costera), impulsó
mucho el cultivo, y la productividad fue estimulada
por la introducción de insecticidas y sistemas de
riego por avionetas.
El valor de las exportaciones de algodón se incrementó por 10 veces en el período de 1945 a 1950. Si
para 1942-45 el algodón apenas contribuía con 1.50
de cada 100 colones vendidos en el exterior, para
1956-60 la cifra había subido a 45.10 colones. Para
muchos, el algodón ofrecía excelentes oportunidades por su alta demanda internacional, y es por ello
que se dedicaron al mismo con gran entusiasmo.
El crecimiento del ingreso, sin embargo, no tuvo las
mismas causas: en el caso del café se debió al aumento
de los precios. Mientras que en el ingreso por el algodón influyeron el aumento de precios y las extensiones
del cultivo y los rendimientos por manzana. Muchas
tierras antes ocupadas por cultivos tradicionales, por
pastos o por vegetación costera fueron destinadas al
cultivo de la fibra, dando lugar al auge económico de
esa zona, pero también a la deforestación de considerables porciones de territorio. Asimismo, se perdió
la producción de alimentos de consumo diario para
población, como maíz y frijoles.
La contraparte de este auge económico fue la contaminación del aire y de los suelos por el uso de
fertilizantes y pesticidas químicos, así como la contaminación de los ríos e incluso de las aguas del
subsuelo. Las secuelas de esta contaminación proliferaron en los trabajadores y los habitantes de los
poblados cercanos a los cultivos de algodón, quienes
sufrieron de problemas renales que en muchos casos
los llevaron a la muerte.
Algunos afirmaban que se había diversificado la
exportación y que ya no se dependía tanto del café,
pero esa afirmación resultaba un poco engañosa,
porque solo era un producto más y, aunque no tanto
como el café, siempre dependía mucho de la demanda externa. Muchos de los entendidos, por lo tanto,
se daban cuenta de que pronto habría problemas.
Cultivo de algodón. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de
Educación, 1994. p. 188.
El algodón fue el primero en sufrir bruscas caídas de
precio a partir de 1954 como efecto del incremento
del uso de tejidos sintéticos, como el poliéster y el
dacrón. Productos que inundaron los mercados
del mundo, a bajo precio y de larga duración, entre
otras facilidades. Lógicamente, hubo un marcado
desánimo en los productores salvadoreños, porque
no se trataba de un problema coyuntural, pero no
abandonaron del todo el cultivo. Además, en el
mercado interno había también una demanda significativa, porque dicho producto no solo se utilizaba para la exportación con destino a la elaboración
de tejidos sino además servía para la fabricación de
artesanías y la producción de aceite de consumo
humano, tortas y harina derivados del algodón con
fuerte demanda local pero a su vez con una importante cuota dedicada a la exportación.
Luego, desde 1957, el precio del café empezó a
declinar debido a un exceso de oferta internacional,
como consecuencia, en parte, de la entrada de los
productores africanos al mercado internacional del
café. Se recurrió entonces al aumento del número
de manzanas cultivadas. Sin embargo, los cafetaleros solo lo pudieron hacer en una modesta medida,
ya que las tierras aptas para el café no abundaban.
Los algodoneros encontraron muchas tierras para
su producto y aunque los precios habían bajado
producían muchos más quintales, logrando mantener sus ganancias. Sin embargo, el agotamiento
de las tierras y el uso excesivo de los productos
químicos perjudicó el rendimiento. Un dato curioso de este cultivo fue que, debido a que la tierra ya
estaba concentrada en pocas manos, muchos algodoneros rentaban numerosas parcelas a campesinos
pequeños propietarios, disponiendo así de grandes
extensiones para el cultivo.
En adelante, las alzas y bajas de los precios condicionaron el aporte de estos productos al ingreso
nacional, a los que se les unió la caña de azúcar a
partir de la década de 1960. Sin embargo, las circunstancias de los “años de oro” de la década de
1950 no se repitieron. Algunos consideran estos
años como de las oportunidades perdidas.
Glosario
Alzas de los precios: Aumento del valor de
los precios de los productos que fluctúan en el
mercado nacional e internacional.
Ingreso nacional: Suma de los ingresos por
las ventas de todos los productos y servicios
del país.
161
Recuadro 27.1
Los convenios cafetaleros internacionales
Uno de los principales logros del gobierno de
Lemus tuvo lugar en los acuerdos internacionales para estabilizar el precio del café. Al crecer
la producción mundial y aparecer nuevos productores, sobre todo en África, se presentaba la
posibilidad de guerras de precios que traerían
desastrosas consecuencias para países como El
Salvador. La solución fue llegar a grandes convenios internacionales en los que los países se
comprometían a mantener su exportación de
café dentro de ciertos límites, con lo que se esperaba regular los precios dentro de márgenes de
ganancia adecuados.
En noviembre de 1957, el gobierno de El
Salvador organizó el Departamento Nacional
del Café (DNC) para regular el comercio interno
y externo del café, y para coordinar la ejecución
de convenios internacionales en este ramo. En
parte por iniciativa salvadoreña pudo firmarse
el Convenio Internacional del Café en México,
en octubre de 1957, y se creó la Organización
Internacional del Café (OIC) en Río de Janeiro
en enero de 1958. Finalmente, el 2 de diciembre
de 1958 se lanzó el Plan Lemus para la definición
de cuotas de importación a Estados Unidos, iniciativa que cristalizó en un sistema ampliado en
los años siguientes.
celebrado a principios del siglo XX.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, se
firmó el Convenio Interamericano del Café, en
Washington, para asegurar cuotas de exportación
a Estados Unidos. En la región mesoamericana
se organizó la Federación Cafetalera de Centro
América, México y el Caribe (FEDECAME) en
1946; este fue el primer bloque organizado de
productores en el mundo, y su sede se instaló en
San Salvador. La FEDECAME impulsó muchos
avances en el terreno de la organización internacional del café.
El Convenio Internacional del Café, firmado en
la sede de las Naciones Unidas en 1962, creó un
sistema de cuotas para ser renegociado cada cierto número de años; este procedimiento perduró
hasta 1989, cuando la OIC suspendió el sistema
de cuotas.
Para El Salvador, el sistema de cuotas permitió
estabilidad en los precios, aunque siempre las
cuotas fueron inferiores a la producción real,
por lo que a menudo se vendió café “por fuera”
de la cuota, soportando las multas que por ello
estaban establecidas.
Este sistema ha continuado siendo objeto de
Las primeras conferencias del café se habían intensas polémicas entre los productores y
exportadores del café.
27.2 La conformación del modelo
industrializante
Ante la perspectiva de implementar un modelo
industrializante con base en el aprovechamiento de
la coyuntura de los altos precios del café y el algodón, el problema principal era cómo canalizar estos
ingresos para que promovieran la modernización.
Para los impulsores de este proyecto, el reto con162
sistía en aumentar un mercado de consumidores
que resultaba muy reducido para cualquier actividad industrial nueva. En efecto, como lo revelaban
diversos estudios, no había muchas oportunidades
de venderle nuevos productos a una población que
en su gran mayoría no podía satisfacer más que su
subsistencia mínima, mientras que existía un 8% de
la población que recibía el 51% del ingreso nacional
y que destinaba sus ingresos al consumo de bienes
producidos en el extranjero.
De aquí que una de las tareas consistía en ampliar el
mercado de consumidores y esto solo era posible si
se seguían uno o los dos de los siguientes caminos:
por una parte aumentar el poder adquisitivo de estos
consumidores, es decir los salarios, o, por otra parte,
integrarse a otros mercados, que fue la opción que
prevaleció entre los asesores.2
Los estudios económicos realizados en la época,
muchos de ellos producto de la cooperación de
agencias internacionales recién creadas, como la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL),
organismo de las Naciones Unidas, ponían de manifiesto que países como los latinoamericanos debían
buscar la industrialización como mecanismo óptimo
para modernizar sus sociedades. A pesar de que se
reconocía que los países centroamericanos “llegaban
tarde” a ese proceso, en comparación con otros de
América Latina que ya habían adelantado una base
industrial propia, incluso desde los tiempos de la
Primera Guerra Mundial.
CEPAL al plantear este modelo de modernización
de la economía, habló de un modelo de industrialización por sustitución de importaciones, como
la llave maestra para superar la dependencia y el
subdesarrollo, sobre todo cuando se dependía del
monocultivo, como en el caso de El Salvador. Así,
la integración económica regional se presentaba no
solo como tabla de salvación para las economías,
sino como ineludible proceso de modernización.
Producir sus propias manufacturas y comercializarlas dentro de la región era el camino, según
CEPAL, para superar un modelo excesivamente
restringido.3
Para países como El Salvador no sería posible otra
política que la de “hacer brotar” casi por entero un
sector industrial por medio de una enérgica intervención estatal que fuera capaz de transferir a la
naciente industria los recursos económicos provenientes del sector más dinámico y rentable, es decir,
la economía agrícola de exportación. En pocas palabras, para poder construir un Estado de ese tipo, se
necesitaba un gobierno capaz de vencer serias dificultades, activo y emprendedor, dispuesto a aplicar
toda una nueva estrategia política y social mediante
un conjunto de medidas destinadas a reestructurar
las instituciones fundamentales. Pero ese nivel de
decisión y sobre todo de creatividad no estaba a la
vuelta de la esquina. Los gobiernos no tuvieron la
suficiente capacidad para hacerlo ni los inversionistas que probablemente tenían que ser los mismos
caficultores o algodoneros no estaban tan dispuestos
a arriesgar en otro rubro distinto del que ahora les
daba tantos beneficios.
Por otra parte, para que un Gobierno mereciera la
confianza requerida debía ser estable, para lo cual
debía ser considerado como legítimo por la mayoría
de la población. Para ello, debía crear una base social
de apoyo en determinados sectores de la sociedad.
Este es el componente político-constitucional que
se pretendió con la revolución de 1948 y sobre todo
con la Constitución de 1950. La intención podría ser
clara para algunos pero no tan comprendida por la
mayoría de la población.
En efecto, la estrategia económica y social establecida
a partir de 1948 se basaba en el equilibrio de distintos intereses sociales. Unos eran los terratenientes y
exportadores, muy fuertes en el aspecto económico.
Por otro lado, estaban quienes representaban sectores sociales en ascenso: clases medias profesionales,
nuevos industriales y, en menor medida, trabajadores industriales urbanos. El factor estabilizador sería
dado por la acción del gobierno, cuya fuerza descansaba en el control de los mecanismos estatales, en
particular del ejército. A los grandes agricultores,
a quienes se les exigiría una mayor contribución
al ingreso fiscal por vía de nuevos impuestos, se
les procuró ayudar por medio de financiamien-
Glosario
Modelo de industrialización por sustitución de importaciones: Modelo económico
originalmente formulado por la CEPAL como
una propuesta para superar la dependencia y
la desigualdad en los términos del intercambio comercial. El propósito es promover una
industria propia y un mayor equilibrio en las
transacciones comerciales entre los países
centroamericanos.
163
tos destinados a mejorar su productividad y para
ampliar el área productiva. También se les trató de
convencer para que invirtieran sus considerables
ingresos en las nuevas actividades industriales que
se estaban organizando. Para ello se destinaron
sumas nunca antes presupuestadas por ningún
gobierno en la expansión de la infraestructura
económica del país: se construyeron carreteras
de suma importancia, como la del Litoral, con
su puente colgante sobre el río Lempa (el Puente
de Oro); nuevos puertos como el de Acajutla; y,
sobre todo, se construyó la represa hidroeléctrica
5 de noviembre, inaugurada en junio de 1954, que
constituyó en su tiempo la obra más impresionante de esta naturaleza, en toda Centroamérica.
Gracias a esta central hidroeléctrica, fue posible
contar con energía eléctrica barata para apoyar a la
naciente industria, lo mismo que para el beneficio
de la creciente población urbana.
La industrialización fue promovida por medio de
distintas leyes: la Ley de Creación de la Dirección
General de Comercio, Industria y Minería (1950);
las Leyes de Impuesto a la Renta y a la Vialidad
Muelle de Acajutla. Foto propiedad del MUPI.
164
(1951 y 1953), que estimulaban la constitución de
sociedades por acciones y el ahorro interno; la Ley
de Fomento de la Industria de Transformación
(1953); la Ley de Industria Hotelera (1953); la Ley
de Fomento de Teatros y Cines (1954); y la ley de
creación del Instituto Salvadoreño de Fomento
de la Producción (1955). La respuesta a estos estímulos fue el surgimiento de industrias de textiles,
cemento, calzado y productos químicos.
Sin embargo, y pese a los múltiples estímulos que
canalizaba el gobierno, la inversión privada no
fluía en cantidades suficientes; por el contrario,
los movimientos de capital hacia fuera del país se
incrementaron en proporciones sin precedentes.
De hecho, de 1945 a 1955, producto del auge de los
precios, el capital que salía de El Salvador, sobre
todo hacia bancos en Estados Unidos, fue mayor
que el que salía del resto de los países centroamericanos juntos. Al bajar significativamente estos
precios a mediados de la década de 1950, estos
flujos de capital hacia el exterior disminuyeron.
Al parecer, la edad de oro de la posguerra había
llegado a su fin.
Doctor José Guillermo Trabanino, primer secretario general de la ODECA. Tomado de: Historia de
El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 194.
Una nueva perspectiva de inversión originada
por la integración centroamericana disminuyó los
efectos de la crisis. La industrialización implicaba
dos estrategias complementarias para estimular
los nuevos mercados de consumidores necesarios
para la naciente industria: una era la ampliación de
los mercados nacionales a través de medidas que
significaran una elevación del ingreso de amplias
masas de la población; otra era el estímulo del
comercio con los países vecinos, lo que permitiría
tener acceso a nuevos mercados. La ampliación de
los mercados al interior de los países entre otras
cosas requería un rediseño de distribución y estímulo al consumo, y el comercio regional exigía
acuerdos políticos entre los países y mayor inversión en la producción.
Ambas estrategias pudieron haberse hecho al
mismo tiempo, pero el mercado interno no fue
estimulado tan enérgicamente como lo fue el
comercio entre los países centroamericanos. Esto
provocó dramáticos efectos cuando entró en crisis
la integración centroamericana. La promoción del
comercio regional se convirtió en un aspecto cen-
tral de la política de los gobiernos, en las décadas
de 1950 y 1960. Si bien, sin poder superar vacíos
que destinaban el proyecto al fracaso.
Además del componente político de la integración, se promovió un acercamiento a los países del
área. Se revivió el ideal unionista con la fundación
de la Organización de Estados Centroamericanos
(ODECA), cuya Carta Constitutiva fue firmada en
San Salvador el 14 de octubre de 1951. Su primer
secretario general fue un salvadoreño, el doctor
José Guillermo Trabanino (de 1955 a 1959). La
ODECA fue concebida como una organización
que promovería todo tipo de intercambios entre
los países de la región, a fin de crear las condiciones para que la integración económica se
viera estimulada y facilitara una etapa todavía
más ambiciosa: la unión de Centroamérica como
una sola República. La ODECA tenía como órgano
supremo la Conferencia de los jefes de Estado, pero
en realidad se trataba de una institución sin mayores poderes, por eso el alcance de sus acciones no
trascendía más allá de la integración económica de
los países de la región.
165
Aunque tuvo un inicio promisorio, la ODECA
pronto sufrió las consecuencias de los conflictos
que enfrentaron a los países de la región. Primero,
fue el aislamiento del régimen del coronel Jacobo
Arbenz en Guatemala, debido a su radicalización
y a la hostilidad que despertó en el gobierno estadounidense. Esta situación paralizó a la ODECA y
llevó a Guatemala a retirarse de ella hasta el derrocamiento de Arbenz en 1954.
Se trataba de promover condiciones de bienestar
que permitieran a la población, sobre todo a la creciente población urbana, un mejor nivel de vida.
De esta manera, podrían participar en el proyecto
económico industrializante en forma más dinámica. Esta participación podía ser como consumidores de los productos de la naciente industria,
como mano de obra de mayor calificación o como
prestadores de servicios técnicos y profesionales.
A partir de esa fecha, la ODECA cumplió importantes funciones en la resolución de múltiples conflictos de índole política que se presentaron entre
los países del área. Sin embargo, a partir de 1959,
el interés y la influencia que El Salvador tuvo en la
ODECA disminuyó, y paulatinamente fue convirtiéndose tan solo en un apéndice diplomático del
proceso de integración económica.
Por otro lado, se percibía a este sector de la población como el principal participante del “mercado político”, es decir, como sujeto activo de un
esquema en que distintos grupos (los partidos
políticos) competirían por el apoyo de la población para obtener el poder en los distintos niveles
de gobierno.
27.3 El nuevo rol del Estado
La población salvadoreña aumentaba de forma
alarmante, y ya para la década de 1950 era motivo
de mucha preocupación. Se hacía ver con frecuencia que El Salvador se había convertido en
uno de los países más densamente poblados del
hemisferio. En 1950 había 93 habitantes por km2,
y para 1961 había 126. Era evidente que habría
dificultades para satisfacer las demandas sociales,
sobre todo del creciente sector urbano. Aunque
para 1950 más de 63 habitantes por cada 100
vivían en el campo, esta proporción se estaba acortando con rapidez, debido a la migración hacia las
ciudades, que presentaban más oportunidades de
trabajo que el campo. Ya para 1961, la proporción
de población rural había bajado a 61 de cada 100,
notándose desde luego el crecimiento vertiginoso
de la ciudad capital y de otras ciudades como Santa
Ana en el occidente del país y San Miguel en el
oriente, aunque en menor medida.
Ahora bien, el proyecto industrializante reseñado
en las páginas anteriores cumplía una función
económica y conjugaba una visión del desarrollo
de la sociedad y del sistema político que debería
acompañarlo, puesto que, de otro modo, difícilmente podía funcionar.
166
Se quería promover un tipo de democracia, aunque la mayoría de los dirigentes de los gobiernos
la concebían como limitada, en gestación, que sólo
paulatinamente habría de extenderse a todos los
habitantes del país.
Asimismo, creían que solo sería una auténtica
democracia cuando la cultura política del país
hubiera madurado, sobre todo por acción de la
educación formal.
Como se apreció en el capítulo anterior, el proceso de democratización de la sociedad tuvo, en
comparación con la modernización de la economía, un desarrollo muy limitado en la década de
1950, pese a haberse iniciado sobre la base de una
Constitución moderna. Sin embargo, las medidas
sociales de beneficio a la población se llevaron a
cabo con mucha rapidez y a un nivel que no se
había visto nunca en el país.
Glosario
Mercado político: Población en capacidad de
participar en la vida política, ya sea como votante u ocupando cargos públicos.
Democracia: Forma de gobierno que consiste
en el poder del pueblo, donde todos los habitantes participan en la conducción de la sociedad.
Estas medidas pueden estudiarse a través de la
legislación en dos aspectos: las leyes y disposiciones que ampliaron el papel del Estado como
promotor del bienestar de la población, y las leyes
y disposiciones que específicamente fueron destinadas a los trabajadores.
como la de Contratación Individual de Trabajo
(1949), la de Contratación Colectiva (1950) y la de
Sindicatos (1950). En este campo, destaca la Ley
del Seguro Social de 1949 (reformada en 1953),
que sentó las bases para la creación del Instituto
Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).
Aunque en la década de 1940 el Estado había
iniciado actividades sociales, por ejemplo, el
Mejoramiento Social, fue a partir de 1950 que se
llevaron a cabo gastos públicos de grandes dimensiones. Estos se concentraron en las obras públicas
y el fomento económico, de salud, educación y
bienestar social, y de la seguridad social, que era
una novedad para ese entonces. Los gastos de
fomento económico subieron de 42.2 millones de
colones en 1950 a 79 millones en 1956, que era un
ritmo de crecimiento mucho mayor que los gastos
de defensa y administración general del gobierno,
los que se mantuvieron estáticos en dicho período,
siendo el de defensa, en promedio, un poco más
del 10% del total del gasto.
La relación de los sindicatos de trabajadores con
el gobierno tuvo varias etapas. Partiendo de un
apoyo unánime en 1948, un sector de los trabajadores se distanció del gobierno, y para 1951
se dieron enfrentamientos que se agudizaron en
1952. En 1957, siendo Lemus presidente, se realizó
el Primer Congreso Sindical Nacional que dio origen a la Confederación General de Trabajadores
Salvadoreños (CGTS), opuesta al régimen, la cual
para el año siguiente patrocinó la formación de
otra organización, la Confederación General de
Sindicatos (CGS). Las divisiones en el sindicalismo
seguirían, con altibajos, a lo largo de las décadas
siguientes. Algunas veces, el mismo Gobierno se
encargará de crear pugnas internas para dividir y
debilitar la organización de los trabajadores.
Se crearon entidades descentralizadas como el
Instituto Regulador de Abastecimientos (IRA),
encargado de asegurar la operación de un mercado
de alimentos básicos con precios atractivos, para
el productor y para el consumidor. El Instituto de
Vivienda Urbana (IVU) para facilitar la construcción de casas y apartamentos baratos, y el Instituto
de Colonización Rural (ICR) para facilitar el proceso de asentamiento de campesinos sin tierra.
Los programas de educación también recibieron
un impulso especial, sobre todo en los primeros
años de la década de 1950, lo mismo que la salud
pública.
Si bien muchos de estos programas se extendieron por todo el territorio nacional, los que más se
beneficiaron fueron los habitantes de las ciudades,
sujetos principales de la legislación laboral y de
seguridad social. Aunque dejaron fuera al campesinado, los gobiernos salidos de la revolución de
1948 efectuaron considerables cambios y colocaron a El Salvador en igualdad con los países más
avanzados de Latinoamérica.
Las relaciones laborales fueron reguladas con leyes
Multifamiliares construidos por el Instituto de Vivienda Urbana
(IVU) en San Salvador. Foto propiedad del Museo de la Palabra
y de la Imagen.
167
El Estado, por su parte, buscó una relación de colaboración con los sindicatos. Inicialmente, era clara
la intención de promover una legislación en apoyo
al bienestar laboral. Aunque se descartaba la posibilidad de una sindicalización campesina, se intentó crear una “relación especial” de los sindicatos
con el Estado y el partido gobernante. Esta relación, ya existente en otros países de Latinoamérica
(como México y Argentina en tiempos del presidente Perón), contradecía los principios del sindicalismo independiente, es decir, de sindicatos que
no tuvieran compromisos con el gobierno o con
algún partido político.
En la época en la que el gobierno contaba con suficientes recursos como resultado de los altos precios de las exportaciones agrícolas, para muchos
sindicatos era favorable asociarse al partido gobernante. Sin embargo, su dirigencia fue frecuentemente acusada de abandonar los intereses de los
asociados. Cuando se desplomaron los precios del
café y del algodón a fines de la década de 1950, el
gobierno entró en crisis. Los sindicatos asociados
con el gobierno, como los de la CGS, no estaban en
capacidad de apoyarlo eficazmente, mientras que
los sindicatos de la CGTS, por su lado, contribuyeron a la caída de Lemus.
Recuadro 27.2
Los movimientos femeninos en El Salvador
Hasta 1950, no existían estudios sistemáticos
sobre las organizaciones políticas de mujeres
en El Salvador. Por tal motivo, más de algún
escritor o escritora suponía que dichas organizaciones eran muy recientes; suponían que
habían surgido a finales de la década de 1950,
cuando bajo la influencia del Partido Comunista
se constituyó la “Fraternidad de Mujeres de El
Salvador”, organización que desapareció diez
años después en medio de los conflictos internos
de la izquierda.
Las salvadoreñas recibieron poco a poco el influjo
del movimiento feminista mundial, que se había
inaugurado ya en 1888 al crearse el Consejo
Internacional de Mujeres. Desde principios del
presente siglo, estas organizaciones se destacaron
en la lucha por la paz y por los derechos políticos
y la educación de la mujer. En 1921, se organizó
en Madrid una Liga Internacional de Mujeres
Ibéricas e Hispanoamericanas que promovió la
formación de ligas femeninas en todos nuestros
países. En la Sexta Conferencia Panamericana
de La Habana en 1928, se estableció la Comisión
Internacional de Mujeres (CIM), para el estudio
Pero las mujeres se estaban organizando desde
de las condiciones civiles de las mujeres. Ya
hacía mucho para intervenir en política, aunque,
para entonces, había presencia de salvadoreñas,
como se ha visto antes en este libro, sus derecomo lo muestra el hecho de que ese mismo año
chos como ciudadanas fueron coartados hasta
Alice Lardé de Venturino fue delegada por el
la Constitución de 1950. En otro capítulo, se ha
gobierno al Congreso Internacional Femenino
relatado que en los años de la década de 1920 las
de Buenos Aires; además, en 1929 se organizó la
mujeres participaban activamente en política.
Liga Femenina en El Salvador.
Las vendedoras de los mercados de San Salvador
constituían una mayoría de quienes protestaron
violentamente el 25 de febrero de 1921 por las También en 1929, la Universidad Popular orgaleyes que impedían la circulación de mone- nizaba conferencias con destacadas figuras femedas de plata, y el 25 de diciembre de 1922, la ninas del continente, como la escritora mexicana
manifestación del Comité Femenino del Partido Caridad Bravo Adams. Alberto Masferrer aportó
Constitucional de don Miguel Tomás Molina fue agudas reflexiones sobre el tema de la emancipareprimida por la Guardia Nacional. Aun dentro ción femenina, en fructífero diálogo con mujeres
de organizaciones lideradas por hombres, las salvadoreñas y centroamericanas.
mujeres adoptaban una identidad propia.
168
Aunque se carece de información de las actividades organizativas feministas en la década de
1930, la prensa local mostraba que los temas
planteados por ese movimiento estaban en primera línea entre las preocupaciones de la sociedad. A la caída de Hernández Martínez, apareció
un Frente Democrático Femenino que publicó
en 1944 un periódico con el título de “Mujer
Demócrata” bajo la dirección de Matilde Elena
López, y que se pronunció por el voto de la
mujer; se decía ahí que las trabas para la participación política de las mujeres son una vergüenza
para este pueblo de gestas maravillosas. El año
siguiente apareció un periódico con el nombre
de “Tribuna Femenina”, órgano de la Asociación
de Mujeres Democráticas de El Salvador. Era
editado por Rosa Amelia Guzmán y dirigido
por Ana Rosa Ochoa, quienes llegarían a ser
luego importantes dirigentes políticas durante
la década de 1950. Seguramente, hubo otras
organizaciones que esperan ser rescatadas por la
indagación histórica.
No es de extrañar entonces que el “prudismo”
tuviera mucho interés en promover no solo el
voto femenino, sino también la organización
de las mujeres como respaldo a sus proyectos.
Con el apoyo gubernamental, en 1951 se celebró
en el país un Seminario Regional del Consejo
Internacional de Mujeres, el cual recibió mucha
publicidad y comentarios de prensa, sobre todo
de los medios simpatizantes con el gobierno,
como Tribuna Libre. El comité femenino del
PRUD tuvo bastante dinamismo en sus primeros años, y se logró la llegada de las primeras
mujeres a cargos de elección popular. La primera
alcaldesa fue Rosario Lara viuda de Echeverría,
de Berlín, Usulután, electa en 1952. Sin embargo,
como sucedió con el resto de los movimientos
promovidos por ese partido, a la larga quedaron
reducidos a la función de apoyo a la maquinaria
electoral, sin una expresión propia y autonomía
en la toma de decisiones.
A lo largo de las décadas siguientes, la mayor
parte de las organizaciones de mujeres no adquirieron características de militancia feminista
propiamente dicha, sino que existieron como
“ramas femeninas” de entidades políticas o
sociales, generalmente dedicadas a la beneficencia pública.
Fue solo mucho más adelante que los movimientos sociales, entre ellos el de las mujeres, empezaron a organizarse con una identidad distintiva.
En estas organizaciones y en sus publicaciones,
muchas de las cuales han quedado en manos
privadas, y que deben ser rescatadas para la posteridad, se encuentran importantes testimonios
de una experiencia nacional inédita, cuyos ecos
todavía encuentran una enorme relevancia en la
sociedad salvadoreña.
Cronología de los principales hechos
1950. Implementación
de proceso de modernización de la economía
nacional
1951. Firma de la carta constitutiva de la
Organización de Estados Centroamericanos
(ODECA)
1954. Brusca caída de
los precios del algodón en el mercado
internacional
1957. Declinación de los
precios del café en el
mercado mundial
169
Conclusión
Se reconoce que el período 1945-1955 constituyó una época de oro para El Salvador, que permitió aumentar considerablemente los ingresos
del Estado y de los productores y exportadores
de café y algodón. Sin embargo, estos cuantiosos
ingresos no mejoraron las condiciones económicas de la mayoría de la población.
Una de las políticas económicas del Estado consistió en promulgar una serie de leyes en pro
de la industrialización, a fin de estimular a los
inversionistas nacionales y diversificar la economía. Es así como muchas industrias livianas
empezaron a generarse en el país.
Este programa de industrialización fue acompañado por la propuesta integracionista de la
CEPAL, que planteaba que la vía para superar la
dependencia y el subdesarrollo era la integración
económica regional y la implementación del
modelo de industrialización por sustitución de
importaciones, según el modelo de industrialización por sustitución de importaciones.
Por otra parte, el Estado salvadoreño, en consonancia con los nuevos tiempos que pregonaban un “Estado Benefactor”, implementó una
política social en las áreas de seguridad social,
vivienda, educación, alimentación, etcétera, y,
además, desarrolló la infraestructura necesaria
para que El Salvador pudiera considerarse como
un país moderno.
Producto de esas medidas El Salvador sufrió una
transformación que a pesar de todo no resolvió los problemas sociales de fondo, los cuales
tendieron a agudizarse cuando el Estado ya no
pudo continuar con su programa social debido
a la disminución de los ingresos a mediados de
1950.
Referencias bibliográficas
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Integración Económica (BCIE). pp. 139-167.
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Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), 1988.
170
Capítulo 28 La conformación del Mercado Común
Centroamericano
Funcionarios salvadoreños ajustan los últimos detalles del Tratado General de Integración Económica, previo a su firma el 14 de mayo
de 1960. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 202.
Introducción
región a partir de 1980.
En las páginas siguientes se estudiará el proceso
de integración económica centroamericana y su
impacto en El Salvador.
El problema fue, como siempre, que los beneficios
de la producción y del comercio fueron a parar
a pocas manos, con pocas posibilidades de una
mayor distribución. Incluso, entre los países participantes, no hubo equidad en las oportunidades.
Guatemala y El Salvador sacaron mayores ventajas
que Honduras y Nicaragua. Sin duda alguna, este
hecho será la causa determinante de la ruptura,
aunque se hayan buscado otras excusas.
Los orígenes de la integración se remontan a la
década de 1950, pero el periodo de mayor actividad
se dio desde 1960 -cuando se firmó el Tratado de
Managua- hasta 1969, cuando la guerra entre El
Salvador y Honduras impidió mayores posibilidades de integración. Durante los años en que estuvo
en vigencia el proceso de integración, la región
centroamericana experimentó tasas altas de crecimiento comercial e industrial. Para algunos, se
había encontrado finalmente la clave del desarrollo
sostenido que terminaría erradicando la pobreza y
el atraso. Pero el proceso de integración no logró
evitar que la pobreza y el atraso siguieran pesando
sobre grandes masas de población.
La década de 1960, llena de optimismo, fue sustituida por otra, la de 1970, plena de crisis y avisos de
las tremendas convulsiones que golpearían a toda la
Durante los buenos tiempos del Mercado Común
Centroamericano, el consumo de los productos
circulantes estuvo condicionado por los precios
de las exportaciones de los productos primarios
(café, algodón, azúcar y banano) fuera de la región,
de cuyos ingresos dependía en buena medida el
poder de compra de las poblaciones de los países
del istmo.
En todo caso, dadas las circunstancias del momento, pronto el mercado centroamericano vio agotada
la posibilidad de consumo y de crecimiento.
171
28.1 Orígenes de la integración
Por mucho tiempo, la actividad económica más
dinámica en Centroamérica fue la exportación de
sus productos agrícolas tradicionales: café, banano,
algodón y caña de azúcar.
El fin de la Segunda Guerra Mundial permitió el
auge de los precios de varios productos agrícolas,
al recuperarse la economía. Sin embargo, esta tendencia no fue constante y a mediados de 1950, los
precios tendieron a la baja. Centroamérica sufrió
un deterioro de los términos de intercambio con los
países industrializados, es decir, los artículos que se
compraban, en su mayoría manufacturas, aumen-
taban de precio, mientras que los precios de los
productos agrícolas, tendían a bajar. De esta forma,
el intercambio comercial era desfavorable para los
países del istmo porque tenían que exportar más
para importar lo mismo.1
En segundo lugar, la demanda por los productos de
exportación centroamericanos en los países desarrollados no aumentaba significativamente a largo
plazo, impidiendo así las posibilidades de expansión
económica basadas en la exportación de productos
agrícolas. Además, otros países que buscaban superar la dependencia y el subdesarrollo, se dedicaron
a producir café, azúcar, algodón y banano después
de la Segunda Guerra Mundial, lo que dificultó para
Centroamérica la venta a buen precio.
4,279,000
2,091,697
2,852,452
1,711,000
Población total: 12,346,149
1,412,000
Mapa de Centroamérica, con la población por país en 1966. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 204.
172
Ante esta realidad, se creyó que el camino más
viable para Centroamérica era industrializarse para
no seguir dependiendo de las manufacturas que se
importaban del exterior. Pero había un problema
fundamental: el tamaño de los mercados. Es decir,
el porcentaje de la población, en cada país, capaz
de comprar productos elaborados en fábricas era
demasiado pequeño como para permitir la industrialización. Había que crear capacidad de consumo
para sostener un proyecto como este.
Las industrias modernas son empresas diseñadas
para producir grandes cantidades de bienes a precios competitivos. Si el número de personas que
pueden comprar lo que las fábricas producen no es
suficiente para consumir todo lo que sale a la venta,
no se pueden instalar las fábricas.
Entonces, se propuso que, uniendo las economías
de los cinco países, se tendría un mercado extenso como para instalar grandes empresas industriales, sustituyendo la importación de productos
industriales de los países desarrollados con artículos
centroamericanos A este proceso los economistas
denominaron industrialización por sustitución de
importaciones. Esta tesis sobre la “dependencia” fue
creada por el argentino Raúl Prebisch.
teger a las industrias locales de las empresas más
fuertes en el extranjero y así incentivar la industrialización. Tercero, se crearon dos instituciones para
fomentar la integración: la Secretaría de Integración
Económica Centroamericana (SIECA) y el Banco
Centroamericano de Integración Económica
(BCIE). La SIECA, con sede en Guatemala, tendría
a su cargo la dirección técnica de la integración,
mientras que el BCIE, con sede en Honduras, habría
de otorgar los créditos para proyectos de desarrollo
de interés regional, como carreteras, industrias y
desarrollo turístico.
La integración se pensó más en función de un
modelo industrializante y no representó una alternativa de crecimiento económico para el sector
exportador tradicional; sin embargo, los productos
de exportación como el café, el algodón y el banano,
continuaron siendo claves para la economía. No
obstante, ayudó a dinamizar la economía en su conjunto al hacerla crecer con más rapidez, tal como se
evidenció en las altas tasas de crecimiento económico experimentadas en la década de 1960. También,
contribuyó a la diversificación de las exportaciones
y a un aumento considerable de las exportaciones de
productos agroindustriales hacia países fuera de la
región centroamericana.
En general, la integración económica en Centroamérica fue un proceso de unificación de las economías nacionales con la intención de formar un solo
bloque regional de consumidores. Como este mercado regional sería mucho más grande, se facilitaría
la instalación de empresas industriales y se dejaría
de depender de una sola actividad económica basada en la exportación de productos agrícolas.
Para llevar a cabo esta idea de integración se tomaron acciones en tres áreas. Primero, los países acordaron que la mayoría de productos industriales
fabricados en la región no pagarían impuestos
aduanales (eliminación de aranceles) al pasar de
un país centroamericano a otro, para facilitar su
libre circulación en el istmo. Segundo, se pusieron
tasas altas de impuestos aduanales a los productos
industriales importados provenientes de fuera de
Centroamérica. Esto se hizo con el objetivo de pro-
Dr. Alfonso Rochac, al centro, uno de los artífices de la integración económica centroamericana. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.
206.
173
El impulso por la integración vino desde fuera y
dentro del área centroamericana. En efecto, desde
el punto de vista externo, una de las más importantes influencias provino de la Comisión Económica
para América Latina (CEPAL), organismo de las
Naciones Unidas con sede en Santiago de Chile.
Según los técnicos de la CEPAL, la integración
económica era un prerrequisito para el desarrollo
de los países centroamericanos. También, le asignaba un papel importante al Estado como entidad
planificadora dentro de una política de fomento
económico.
Esta visión de CEPAL no fue del beneplácito de
Estados Unidos, pues consideraba que había que
fortalecer la iniciativa privada y no el rol planificador del Estado. Estados Unidos tenía interés de
favorecer a sus inversionistas a través de las grandes
empresas transnacionales.2
Los orígenes internos de la integración económica
centroamericana se encuentran en la decisión de
los dirigentes políticos y de sus asesores técnicos
de separar el ideal de la unión política centroamericana del objetivo de un proyecto económico de
alcance regional.
En vez de insistir en el ideal unionista de un solo
gobierno, que se había manejado sin éxito desde
los tiempos de Morazán, la integración económica
centroamericana surgió de una visión práctica de
las relaciones comerciales entre las naciones del
istmo, deseada por los grupos económicos.
Jorge Sol Castellanos, ministro de Economía de El
Salvador a comienzos de la década de 1950, señalaba que la integración económica era parte de las
necesidades vitales y económicas del país, pues de lo
contrario habría problemas para subsistir dentro de
la estrechez de sus propios recursos y mercados.
También, fueron decisivos los intereses de ciertos
grupos industriales salvadoreños y guatemaltecos,
quienes apoyaron los primeros pasos de la integración. La infraestructura y las posibilidades de
desarrollo y expansión industrial de Guatemala y
174
El Salvador los colocaba en “ventaja” frente a las
economías atrasadas de los demás países. Es decir,
en un esquema integracionista en el cual se estableciera la libre circulación de los capitales y de los
bienes, los países que se beneficiarían más serían
aquellos con un sector industrial desarrollado y una
infraestructura moderna. A principios de la década
de 1950, tanto Guatemala como El Salvador tenían
esas características. No así los demás países.
Como puede apreciarse, la integración centroamericana fue un proceso complejo dentro del cual
confluyeron factores internos y externos.
En primer lugar, se encontraban los intereses de los
sectores económicamente poderosos de los países
centroamericanos. Los más favorables a la integración eran algunos industriales salvadoreños y guatemaltecos cuyos intereses económicos coincidían con
la integración, pero otros, como los industriales costarricenses, mostraron desconfianza inicialmente.
En segundo término, se encontraban los grupos de
técnicos y de políticos que percibían la integración
como una alternativa de desarrollo y consolidación
de las economías nacionales.
En tercer lugar, la CEPAL sustentó y promovió la
integración como parte necesaria de un proceso de
industrialización en el cual los gobiernos jugarían
un papel importante en la planificación y el financiamiento del desarrollo económico.
Y por último, Estados Unidos propuso una estrategia de integración basada en una liberalización
completa del comercio y de libertad absoluta para
las inversiones, que coincidía con los intereses
económicos de sus empresarios y que buscaban,
en consecuencia, las mayores facilidades de inversión. Sin duda alguna, estas distintas visiones que
no lograron conjugarse armónicamente creó una
situación desfavorable para todos los participantes,
que se traducía en descontento por la competencia
desproporcionada entre los países y empresas y, por
consiguiente, en descontento que tarde o temprano
mostraría el fracaso.
Recuadro 28.1
Los técnicos de la integración
Los técnicos salvadoreños que tuvieron un
papel destacado en el impulso de la integración
económica fueron Alfonso Rochac, Jorge Sol
Castellanos y Pedro Abelardo Delgado. Los dos
primeros fueron ministros de Economía de El
Salvador durante los momentos claves para el
proceso, y el último ocupó el cargo de primer
Secretario General de la SIECA.
28.2 Los primeros pasos de la
integración
Los primeros pasos de la integración económica
centroamericana se dieron con los tratados comerciales bilaterales, a partir de 1950. Estos tratados,
Su participación ayudó a generar una opinión
favorable a la integración económica e impulsaron las medidas de política económica necesarias. Gracias a ellos, los dirigentes políticos
y empresariales de El Salvador conocieron los
beneficios de la integración económica y desarrollaron la voluntad política para promover el
Mercado Común Centroamericano.
firmados cada uno por un par de países, buscaban
crear sistemas similares de impuestos aduanales en
las naciones firmantes, además de contemplar el
libre comercio de ciertos productos. Estas iniciativas bilaterales sentaron las bases y promovieron la
confianza mutua para los tratados que posteriormente llevaron a la integración económica.
Firma del tratado bilateral entre El Salvador y Nicaragua, efectuado en Managua en marzo de 1951. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 207.
175
El canciller salvadoreño, Roberto Canessa, firma el tratado comercial con Guatemala. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 208.
En 1951, en una reunión de la CEPAL efectuada en
México, los ministros de Economía centroamericanos trataron las primeras iniciativas orientadas a la
integración económica del istmo. A esta reunión
fueron invitados los gobiernos respectivos para formar un Comité de Cooperación Económica (CCE),
y coordinar las actividades relacionadas con la integración económica.
La primera reunión del CCE se llevó a cabo en
Tegucigalpa, en agosto de 1952, y su objetivo fue
la presentación de un informe preliminar de la
CEPAL sobre la integración económica. Dicha
organización propuso crear instituciones orientadas a fortalecer el proceso de integración. Algunas
de ellas fueron el Instituto Centroamericano de
Investigación y Tecnología Industrial (ICAITI) y
el Instituto Centroamericano de Administración
Pública (ICAP), que prepararían personal técnico
para las futuras acciones de integración regional.
Hasta 1958, predominaron los acuerdos bilaterales.
A partir de ese año, se firmaron tratados que involucraron a más de dos países. Uno de los convenios
176
proponía regular la ubicación y el funcionamiento de las principales industrias centroamericanas.
Las “industrias de integración” eran tan grandes e
importantes que con una sola fábrica se podría haber
suplido todo el mercado centroamericano. A través
de otro convenio se armonizaron los impuestos a la
importación y se estableció un impuesto uniforme
para un 15% de los productos que se comercializaban dentro del istmo. Todas estas formalidades
abrían paso al “período de integración acelerada”.
Glosario
CEPAL: Es una institución de las Naciones
Unidas, fundada en 1948 para contribuir al desarrollo económico de América Latina, coordinar las acciones encaminadas a su promoción
y reforzar las relaciones económicas de los
países entre sí y con las demás naciones del
mundo.
Integración económica del istmo: Proyecto
creado por los gobiernos de los países centroamericanos para establecer amplias relaciones
comerciales en el área.
Estados Unidos ejerció una influencia decisiva en
el proceso de integración después de la visita a
Centroamérica de Milton Eisenhower, hermano del
presidente Dwight Eisenhower.
El planteamiento estadounidense, que destacaba
la libre competencia y movilidad de los bienes y
los capitales, contribuyó en la firma del plan tripartito de integración entre Guatemala, Honduras
y El Salvador. En consecuencia, la propuesta de la
CEPAL de una integración basada en la industrialización fue desplazada por la liberalización comercial sustentada por Estados Unidos.
Dicha propuesta fue ratificada en 1959 con la visita a Estados Unidos del presidente salvadoreño
José María Lemus y de su ministro de Economía,
Alfonso Rochac. En las reuniones que sostuvieron
con funcionarios estadounidenses, los dos puntos
principales de la agenda fueron la revitalización
del programa de integración y la puesta en marcha
de la propuesta integracionista de Estados Unidos.
Estos primeros pasos y su consiguiente implementación chocaron con algunos obstáculos. Por un
lado, Costa Rica seguía manteniendo una actitud de
aislamiento y, por el otro, existían disputas territoriales entre Honduras y Nicaragua que generaban
tensión y desconfianza. Pero, gradualmente, y por
la presión que ejerció Estados Unidos, los obstáculos fueron superados.3
Además, los antecedentes comerciales entre El
Salvador, Guatemala y Honduras, y la voluntad de
sus gobiernos y empresarios convertía a estos países
en candidatos idóneos para tomar la iniciativa, al
margen de la posición de Nicaragua y Costa Rica.
Así fue como se firmó el plan tripartito entre El
Salvador, Guatemala y Honduras, suscrito en 1959.
Este plan creaba una unión aduanera con tres aspectos: libre comercio, armonización de impuestos
aduanales y establecimiento de una administración
aduanera común. El objetivo de la industrialización
quedó temporalmente marginado; es decir, que se
comenzaría por los aspectos de la integración de
más fácil ejecución, mientras que los más difíciles
se dejarían para mayor estudio y una ejecución
posterior.
Recuadro 28.2
El tratado de integración
El Tratado General de Integración Económica Centroamericana, firmado en Managua el 13 de
diciembre de 1960, consistía en 33 artículos que regulaban el funcionamiento del Mercado Común
Centroamericano, principalmente las normas de comercio, los incentivos para el desarrollo industrial y los organismos para lograr el cumplimiento del acuerdo. A continuación, los dos primeros
artículos del tratado:
Artículo I
Los Estados contratantes acuerdan establecer entre ellos un mercado común que deberá quedar perfeccionado en un plazo máximo de cinco años a partir de la fecha de entrada en vigencia de este tratado.
Se comprometen además a constituir una unión aduanera entre sus territorios.
Artículo II
Para los fines del Artículo anterior, las partes contratantes se comprometen a perfeccionar una zona
centroamericana de libre comercio en un plazo de cinco años y a adoptar un arancel centroamericano uniforme en los términos del Convenio Centroamericano sobre Equiparación de Gravámenes a la
importación.
177
28.3 Ruptura del Mercado Común
Centroamericano
el respaldo de su país a la integración económica y
las reformas sociales promovidas por la Alianza para
el Progreso.
El proceso de integración económica centroamericana comenzó en 1960 con la firma, en Managua,
del Tratado General de Integración Económica
Centroamericana. Los países firmantes fueron
Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
Costa Rica, por razones de intereses comerciales
y de su visión particular del programa, se adhirió
hasta 1963.
En Centroamérica, fueron los técnicos y los industriales salvadoreños quienes más se esforzaron para
que se llevaran a cabo los acuerdos integracionistas.
El interés salvadoreño fue, en su momento, un
proyecto estratégico para la supervivencia del país,
debido a que no siempre los precios de los productos tradicionales se mantendrían con precios altos,
además del constante aumento de su población.
En efecto, ya para 1960, la presión demográfica era
alta: mientras Centroamérica tenía un promedio de
36 habitantes por kilómetro cuadrado, El Salvador
llegaba a los 178.
A partir de la firma del Tratado General, se inició
un proceso de integración acelerada que buscaba
alcanzar objetivos importantes en el menor tiempo posible. Fue entonces que se crearon la SIECA,
encargada de velar por el cumplimiento del acuerdo,
y el BCIE, que financiaría los proyectos integracionistas de la región
El Tratado General fue respaldado por el gobierno
de Estados Unidos. A comienzos de 1961, se instaló
en la Casa Blanca un nuevo presidente, el demócrata John F. Kennedy. La llegada al poder del partido
demócrata coincidió con un cambio de la política
de ese país hacia la región, motivado por el triunfo
de la Revolución cubana en 1959 y el peligro de que
dicho modelo revolucionario se extendiera por la
tradicional área de influencia estadounidense en la
cuenca del Caribe.
El presidente Kennedy, apoyado por sus asesores políticos y militares, lanzó la Alianza para el
Progreso, un plan de ayuda a los países latinoamericanos que buscaba, entre otras cosas, las reformas sociales. En Centroamérica, la Alianza para el
Progreso se identificó plenamente con el proceso de
integración económica.
La creación en 1962 de la Oficina Regional para
Centroamérica y Panamá de la Agencia para el
Desarrollo Internacional (ROCAP-AID) fue una
expresión del apoyo de Estados Unidos hacia el
proceso. Incluso, Kennedy se reunió con los presidentes centroamericanos en 1963 para manifestarles
178
El Salvador enfrentaba también serias limitaciones
territoriales para expandir su producción agrícola.
En el aspecto industrial, el mercado local no era
suficiente para impulsar una industrialización por
cuenta propia. La integración económica, más que
una alternativa, era una necesidad imperiosa.
John F. Kennedy. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II.
San Salvador, Ministerio de Educación, El Salvador, 1994. p. 217.
Glosario
Alianza para el Progreso: programa de ayuda económica y social de Estados Unidos para
América Latina, iniciado durante el mandato
de John F. Kennedy, con una vigencia de diez
años, que empezaban a contar desde 1961
hasta 1970. Este se proyectó con una inversión de 20,000 millones de dólares.
A partir de 1960, El Salvador experimentó el mayor
crecimiento económico de toda su historia, debido
en buena parte a la integración. Para mediados
de la década de 1960, El Salvador dominaba más
del 30% del total del comercio en Centroamérica
y se había apoderado de una importante parte del
mercado hondureño, opacando así a los sectores
industriales del vecino país. Al inundar las mercancías salvadoreñas, en el mercado hondureño se
generaron protestas y se indujo a la población a no
comprarlas. Como se verá más adelante, este fue
uno de los factores que incidieron en el conflicto
que se desató en 1969. Sin embargo, en general, el
comercio y la producción industrial de los países de
la región se vieron favorecidos por la integración4.
Uno de los efectos fue evidente en el crecimiento
del comercio entre países de la región, que aumentó
de $21.7 millones en 1960 a $260 millones en 1966.
Los productos manufacturados fueron los de mayor
expansión. Asimismo, la creación de infraestructura regional, como carreteras, puertos, interconexión
eléctrica y telecomunicaciones, facilitó el proceso de
integración económica.
¿Cuánto contribuyó la integración en el crecimiento económico de la región? Es difícil de medir.
A veces, se exagera la importancia de la integración en el crecimiento económico que experimentó
Centroamérica durante la década de 1960. Por otra
parte, no hay duda de que dicha expansión económica se vio favorecida por los buenos precios de
los productos tradicionales de exportación: café,
algodón, caña de azúcar y banano.
Recuadro 28.3
Tasas del crecimiento de la
economía
Tasas anuales del crecimiento
de la economía de El Salvador
1950-1960
4.6%
1960-1967
6.7%
1967-1970
3.3%
1970-1977
5.2%
Tasas anuales del crecimiento
de la producción industrial de El Salvador
1950-1960
5.5%
1960-1967 10.5%
1967-1970
3.0%
1970-1977
5.4%
Por ejemplo, en 1961 se estabilizaron los precios del
café con la creación de la Organización Internacional
del Café (OIC), de manera que El Salvador percibió
más divisas por sus exportaciones del grano. Estos
precios de los artículos de exportación permitieron
al país importar más maquinaria, adquirir mayores préstamos y comprar materias primas para las
industrias emergentes.
Recuadro 28.4
Exportación de algunas manufacturas de El Salvador a Centroamérica
(en miles de dólares)
Tejidos de tela y artículos de punto
Prendas de vestir
Calzado
Medicamentos
Jabones y cosméticos
Aparatos eléctricos
1960
1970
42
364
197
105
379
--
3,640
2,329
2,839
2,079
3,312
4,231
1960
1970
Hilados
2,101 16,459
Envases de papel y cartón
22 2,540
Abonos y plaguicidas
455 5,098
Básicos de hierro y acero
15 2,939
Básicos de metales no ferrosos
8 1,594
179
Productos de exportación.
Eso hizo que el país, junto a Guatemala, tomara
ventaja sobre los otros de la región. Pero tampoco
había sido fácil para el empresariado salvadoreño,
en cada nueva inversión corría el riesgo de apostar
a un mercado al que no se le conocía la capacidad
de consumo. Los años subsiguientes no representaron problema, todo lo contrario, acrecentaron
sus aspiraciones al ver crecer significativamente sus
ingresos.
Hasta 1966, el crecimiento de las economías de los
países centroamericanos fue más que evidente, pero
a partir de ese año se redujo. Esto se debió en parte a
la disminución de las exportaciones de los productos
tradicionales, como el café, el algodón y el azúcar.
A su vez, bajó la capacidad de importación de los
países centroamericanos.
Este fenómeno reveló que el éxito del proceso de
integración estuvo condicionado por el comportamiento de los productos primarios de exportación.
Los precios del café, el algodón, el banano y el azúcar, en el mercado internacional, ayudarían a impulsar la integración y la industrialización regional. De
lo contrario, habría problemas para alcanzar los
objetivos de la integración.
Por otra parte, Honduras estaba financiando el desarrollo de los demás porque les compraba mucho y
180
les vendía poco. Con el paso del tiempo, adquirió
deudas con los otros países de la región que le resultaban cada vez más difíciles de pagar. Honduras
tenía un retraso significativo respecto a los otros
países de la región, producto de la falta de capitales
e iniciativa de los empresarios locales. No habían
apostado suficientemente a la industria y las grandes empresas radicadas en el país, especialmente las
bananeras, no ingresaban a la nación la mayor parte
de sus ingresos. Además, desalentaba la inversión los
altos costos de distribución de los productos dada la
dispersión de la población en un país extenso.
A estos conflictos se agregaron otros que afectaron el
desarrollo normal del mercado común, aparecidos
como resultado del mismo dadas las condiciones
propias de cada uno de los paises participantes.
En primer lugar, se habían agotado las oportunidades de sustitución de importaciones fáciles. Las
siguientes inversiones en fábricas serían más grandes y difíciles. Por ejemplo, aunque se habían unido
las poblaciones de los cinco países para formar un
solo mercado de consumidores, todavía la mayor
parte de los centroamericanos vivía en situación de
pobreza. Al respecto, se ha estimado que tan solo
un 8% estaba en capacidad de adquirir algunos de
los productos de las fábricas regionales. Las nuevas
industrias no disfrutaron del éxito porque no había
muchos consumidores.
En segundo lugar, el marco institucional y jurídico
de la integración no era lo suficientemente flexible
para adaptarse a las situaciones que se avecinaban.
Cada país buscaba su propio provecho y se mostraba más renuente a concederles favores de tipo
económico a sus vecinos.
En este marco de rivalidades y recriminaciones
mutuas, se desató el enfrentamiento entre El
Salvador y Honduras en julio de 1969. Para el
proceso dificultoso de la integración, la guerra fue
el tiro de gracia que acabó con el Mercado Común
Centroamericano.
En tercer lugar, el objetivo de un desarrollo equilibrado en los países centroamericanos tuvo serias
desigualdades en la distribución de los beneficios
de la integración. Eso motivó una serie de contradicciones y pugnas, sobre todo entre las naciones
menos favorecidas y las más beneficiadas.
Después de 1969, la integración económica siguió,
pero al margen del proyecto que se había firmado
nueve años antes. Varias de las instituciones de
integración se mantuvieron, pero sin la voluntad
política ni las condiciones económicas favorables
para reactivar el Mercado Común.
Por último, no existía una coordinación efectiva
entre las políticas nacionales y los objetivos de
integración. Por ejemplo, la instalación planificada de las principales industrias no funcionó,
pues solo dos empresas se acogieron al esquema
de integración: en Guatemala se estableció una de
llantas, y en Nicaragua una, de soda cáustica. Los
demás países se quedaron a la espera.
Los conflictos que se avecinaban en la década de
1970 terminaron con las pocas ilusiones que quedaban. No fue sino hasta la posguerra, en 1992,
cuando se volvió a tocar a la puerta de posibles fórmulas de integración económica. Sin duda alguna,
este proyecto había sido el ensayo mas exitoso de
todos los intentos de integración centroamericana
después de la independencia de España.
Comercio intercentroamericano y participación de El Salvador
1950-1966
(en millones de colones)
181
Recuadro 28.5
Cronología de la integración económica centroamericana
1951: Se constituye la Organización de Estados
Centroamericanos (ODECA), organismo encargado de fortalecer los vínculos económicos y
políticos entre los países centroamericanos.
1952: Se crea el Comité de Cooperación
Económica del istmo centroamericano, asesorado por la Comisión Económica para América
Latina (CEPAL).
1958: Se firma el tratado sobre el Régimen de
Industrias de Integración que intentaría dirigir la
industrialización dentro del proceso de integración.
1959: El Salvador, Guatemala y Honduras firman
el plan tripartito.
1960: Se firma en Managua el Tratado General
de Integración Económica.
1962: Se crea ROCAP, la oficina regional para
asuntos centroamericanos y panameños de la
Agencia para el Desarrollo Internacional de
Estados Unidos (US-AID).
1963: El presidente de Estados Unidos, John F.
Kennedy, se reúne con los presidentes centroamericanos en Costa Rica y manifiesta su apoyo
al proceso de integración.
1969: La guerra entre El Salvador y Honduras
trunca la continuidad de la integración económica en el istmo.
Conclusión
Las primeras ideas integracionistas cuajaron
entre los técnicos y asesores de la CEPAL, que
observaron que varios países de Latinoamérica,
incluida Centroamérica, necesitaban conformarse en bloques regionales e industrializarse
para modernizar sus economías. Según ellos,
este era el único camino viable para salir del
subdesarrollo y prepararse para los tiempos
de crisis de los productos agroexportadores
tradicionales.
La propuesta de este organismo hizo del Estado
un agente planificador y estratégico en cuanto a
la consecución de una economía regional integrada y la ampliación de los mercado; sin embargo, la fuerte y decisiva presencia de Estados
Unidos en pro de un mercado plenamente libre
sin injerencia del Estado, cambió el rumbo del
proyecto original.
Por otra parte, las desconfianzas de Costa Rica
y Nicaragua y el malestar de los industriales
hondureños, que no se vieron beneficiados con
el pacto de integración, contribuyeron a que
el Mercado Común Centroamericano se desintegrara. A pesar del notable crecimiento que
experimentaron las economías de El Salvador
y Guatemala, los beneficios para la población
fueron exiguos, malográndose de nuevo la posibilidad de democratizar los beneficios de una
economía que aprovechó al máximo los nueve
años de integración.5
Referencias bibliográficas
1. BODENHEIMER, Susana Jonas et al. La Inversión Extranjera en Centroamérica. San José: Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA),
1976. pp. 65-114.
2. ibid.
3. BULMER THOMAS, Víctor. La Economía Política de Centroamérica desde 1920. San José: Publicaciones del Banco Centroamericano de
Integración Económica (BCIE). pp. 224-227.
4. WAISELFISZ, Jacobo. El comercio exterior, el Mercado Común y la Industrialización en relación al conflicto. En: La guerra inútil. San José:
Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), 1971. pp. 167-240.
5. BAUER PAIZ, Alfonso. El proceso de integración económico centroamericano y el papel del capital norteamericano. En La inversión extranjera
en Centroamérica. San José: Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), 1975. pp. 172-200.
182
Capítulo 29 La guerra El Salvador-Honduras
Familias salvadoreñas expulsadas de Honduras cruzan el puente sobre el río Goascorán. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 216.
Introducción
Por lo general, toda guerra tiene un motivo, y más
entre países vecinos. Pueda que este sea poco razonable o cuando menos imposible no tenga otra salida.
Las tensiones entre El Salvador y Honduras obviamente se habían venido fraguando durante años, en
el contexto del Mercado Común Centroamericano
y lametablemente no habían recibido ningún tratamiento, por eso al estallar tomaron su propio cause,
con enormes consecuencias para ambas naciones.
El desarrollo inmediato de los acontecimientos
pareció una escena de película.
En la mañana del 15 de julio de 1969, los habitantes
de San Salvador presenciaron un espectáculo inusitado. Sobre la capital, aviones militares ejecutaban
atrevidas maniobras de persecución y ataque en una
batalla aérea que terminó sin definición precisa.
Los aviones que se enfrentaban a la Fuerza Aérea
Salvadoreña eran los rápidos cazas tipo Corsario de
Honduras. El estruendo de las bombas que caían
sobre el aeropuerto de Ilopango se escuchaba por
toda la capital. Aunque luego se vería que sólo
habían abierto un par de agujeros en la pista, los
cuales fueron de fácil reparación, era evidente que
la campaña contra los “ataques hondureños” no iba
a ser tan fácil como muchos creían.
Lo que estaba pasando hubiera parecido imposible
apenas unos meses antes para cualquier habitante
de ambos países, y lo era todavía para el resto del
mundo, que presenció todo esto con una mezcla
de incredulidad. ¿Cómo llegaron a la guerra los dos
países vecinos? ¿Cuáles fueron las razones?
Para entender este acontecimiento, por una parte,
es preciso conocer el contexto previo a la guerra,
el cual estuvo marcado a nivel internacional por la
guerra fría e internamente por la crisis social y el
reformismo político; y, por otra parte, es necesario
buscar las verdaderas causas, en todas las aristas de
la realidad de ambos países, sobre todo porque se
ha tendido a explicar de diversas maneras y a veces
muy estrechamente. En fin, cabe hablar del manejo
propagandístico que se hizo de la guerra por ambos
gobiernos y lo que pasó después.
183
29.1 El contexto previo a la guerra
Con la guerra se dio final a la década de 1960, que
había traído enormes cambios en todo el mundo.
A partir de 1962, los movimientos revolucionarios
radicales trataron de alcanzar el poder en varios
lugares, por ejemplo en Vietnam.
En esa década, en Latinoamérica, se enfrentaron las
dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión
Soviética, sobre todo en torno a la Cuba de Fidel
Castro, donde el gobierno revolucionario intentaba
construir un sistema socialista. Si bien se evitó la
confrontación nuclear, el conflicto no dejó de ser
violento, como en Venezuela y Colombia.
Desde 1961, el presidente Kennedy inició un programa de ayuda para Latinoamérica con el fin de
neutralizar la creciente influencia y el ejemplo de
Cuba revolucionaria. Este programa, denominado
Alianza para el Progreso, aportó capital considerable hacia los países latinoamericanos. Sin embargo,
luego del asesinato de Kennedy en 1963, la Alianza,
ya de por sí insuficiente y mal administrada, empezó a declinar. Estados Unidos se interesó más en la
guerra que se libraba en Vietnam y en los efectos
que ella tenía en su juventud.
bien, el derrocamiento de Lemus fue producto de
una serie de conspiraciones de militares y civiles,
los estudiantes universitarios habían tenido una
actuación destacada al manifestar públicamente su
repudio al Gobierno.
La Junta de Gobierno establecida el 26 de octubre
de 1960, compuesta por tres militares y tres civiles,
disfrutaba de un importante apoyo popular, pero no
contaba con las simpatías ni de los mandos principales del ejército ni de la empresa privada.
Así fue como la Junta, luego de asumir plenos
poderes al disolver la Asamblea Legislativa y la
Corte Suprema de Justicia, declaró que su labor se
limitaría a la de asegurar un proceso electoral rápido y limpio, en el que deberían participar todas las
fuerzas políticas.
Se trató, por tanto, de un intento de democratización del país hecho a la vieja usanza, por el método
de la fuerza. No obstante, quedaba por ver cuánta
apertura realmente tendrían los militares en esta
nueva aventura política; después de todo, ya estaban
acostumbrados a regatear el poder. Estaba de sobra
demostrado que las intenciones iniciales contrastaban con las realizaciones concretas que resultaban
del ejercicio del poder.
Los jóvenes estadounidenses, al igual que muchos
otros en el mundo, defraudados por la política tradicional, se identificaron con figuras de guerrilleros
como el argentino Ernesto “Che” Guevara y el
sacerdote colombiano Camilo Torres, o líderes de
las minorías como Martin Luther King. Buscaron
en una música “propia” (como la de los Beatles) y
en la movilización de masas las formas de expresar
su protesta. De este modo, a finales de la década,
se volcaron a las calles de las principales ciudades
occidentales.
Para finales de la década de los setenta, la población
de El Salvador sobrepasaba los 3. 5 millones de habitantes, de los cuales el 40% por ciento era menor de
15 años. La presión por educación y mayor espacio
de participación ya se evidenciaba a la caída del
gobierno del coronel Lemus, en octubre de 1960. Si
184
Fidel Castro, dirigente revolucionario de Cuba, conversa con
cortadores de caña en 1965. Tomado de: Historia de El Salvador.
Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p.218.
Sin embargo, la situación era similar a la caída de
Hernández Martínez, con la diferencia de que
ahora el panorama internacional era difícil: la
Revolución cubana era radical y Estados Unidos se
oponía con vehemencia a ella.
Fueron tiempos confusos, de un cruce ideológico
acentuado, porque ahora llegaba fuerte la influencia de las ideas revolucionarias de corte comunista
mediante Cuba, donde el movimiento revolucionario había triunfado el 1 de enero de 1959, que
pocos meses después, con la llegada de Fidel Castro
al poder y la influencia que recibió de Ernesto “El
Che” Guevara, se radicalizó, orientándose como
revolución comunista, teniendo como eje central la
Reforma Agraria.
Las razones que al parecer impulsaron a un grupo de
militares, inicialmente desde el Cuartel San Carlos, a
dar un golpe de Estado en la mañana del 25 de enero
de 1961 eran que muchos partidarios de la Junta se
declararon simpatizantes de Fidel Castro. Además,
había una supuesta predominancia de Osorio dentro del ala militar de la Junta de Gobierno.
Aunque ese golpe pronto logró el apoyo del gremio
militar, tuvo que enfrentar una vigorosa protesta
civil, la cual fue reprimida en la Avenida España de
San Salvador por la Guardia Nacional y la policía,
con saldo de varios muertos, apresados y exiliados.
Lo cierto es que la Junta de Gobierno estaba conformada por oficiales militares cercanos al ex presidente Óscar Osorio, de tendencia renovadora y
quien había dado un enfoque socialdemócrata a su
gobierno, y civiles progresistas. Estos miembros de
la Junta, que no pensaban permanecer en el poder
sino corregir los problemas en que había incurrido
Lemus, fueron sorprendidos también por un golpe
de Estado que dio paso al Directorio Cívico Militar
de tendencia conservadora.
El Directorio Cívico-Militar que asumió el poder del Estado en enero de 1961. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 219.
185
Recuadro 29.1
Extractos de la proclama de la Fuerza Armada
al pueblo salvadoreño (6 de febrero de 1961)
El golpe de Estado de febrero de 1961 es otro
ejemplo acabado de lo que un historiador militar,
el teniente coronel Mariano Castro Morán, ha
llamado la “función política del ejército salvadoreño”. En esa oportunidad, se trataba de un
Directorio Cívico-Militar el que asumiría ante sí
y por sí mismo, la totalidad de la vida política del
Estado. Según dicho autor, estas situaciones de
toma directa del poder solo se dieron por corto
tiempo y para corregir situaciones irregulares;
luego, se delegaba el poder en representantes que
lamentablemente terminaban desvirtuando esos
movimientos reivindicadores. Parte del texto que
explica lo que se propuso hacer el nuevo gobierno
se encuentra en la proclama del 6 de febrero de
1961. La Fuerza Armada se compromete a luchar
porque en el curso de 1961, se dicten medidas de
beneficio público para aliviar la presente situación
económica e iniciar el desarrollo de una reforma
social que se encamine principalmente a:
- Incrementar las fuentes de trabajo y estimular la
producción, mediante un adecuado programa de
obras públicas.
- Reformar el sistema tributario de modo que la
imposición resulte equitativamente progresiva con
respecto al nivel de ingresos de los contribuyentes.
- Propiciar el incremento de la producción agrícola
y elevar los ingresos del campesinado mediante la
revisión y planificación del empleo y tenencia de
las tierras.
- Intensificar la construcción de viviendas rural y
urbana para campesinos, obreros y empleados.
- Extender los servicios asistenciales: médicos, hospitalarios y sanitarios a toda la nación y desarrollar progresivamente el Seguro Social, hasta
abarcar toda la población laboral.
- Intensificar la educación técnica del campesino y
del obrero con miras a facilitar el establecimiento
de nuevas fuentes de producción y mejorar el nivel
de producción de la República.
186
En suma, la Fuerza Armada se propone luchar
para que se le dé efectividad al Régimen Económico
contenido en el Título IX de la Constitución Política
de 1950 y se realice el contenido del Acta de Bogotá
conforme a las posibilidades nacionales, porque
comprende que la única forma de conquistar la
libertad, la seguridad y la paz social es erradicando
la miseria con la utilización de todos los recursos
capaces de vitalizar la economía privada y las
finanzas públicas. Para la consecución de estos
fines, se necesita del concurso de todos los sectores
sociales, en especial de aquellos económicamente
fuertes, ya que ello representará, a la postre, la
defensa del sistema de capital y libre empresa,
estimulándose las inversiones nacionales y extranjeras, en un clima de respeto para la propiedad privada, de facilidades crediticias y, primordialmente,
de mayores y más justos beneficios para las clases
laborantes. En demostración de la unidad que la
fortalece en sus propósitos y en la responsabilidad,
saluda al Pueblo Salvadoreño al sellar con su firma
de honor este solemne compromiso. Entiende que al
suscribir esta proclama, surgida de su propio seno,
la opinión pública se mantendrá vigilante para
que el espíritu que la inspira no se desnaturalice
por ambiciones o engaños y espera la colaboración
de los ciudadanos de buena voluntad y profundas
convicciones democráticas, para que con la ayuda
de Dios, se realice un auténtico movimiento de
redención nacional.
San Salvador, 6 de febrero de 1961.
MANDO SUPREMO DE LA FUERZA ARMADA:
Coronel Aníbal Portillo, Teniente Coronel Julio
A. Rivera, Teniente Coronel Armando Molina,
Capitán Mayor Mariano Castro Morán, Capitán
Mayor Oscar Alfonso Rodríguez Simó. (Siguen a
continuación las firmas y nombres de todos los
jefes y oficiales de las oficinas y cuerpos militares y
regimientos de la República.)
(fundado en noviembre de 1960), se aglutinó en una
Unión de Partidos Democráticos (UPD), pero no
pudo ganar ninguna diputación en las elecciones.
La Asamblea Constituyente decretó una nueva
Constitución que introducía pocas reformas a la de
1950, eligió a su presidente, doctor Rodolfo Cordón,
como Presidente provisional de la república y se
constituyó a sí misma como Asamblea Legislativa.
De tal forma, El Salvador volvió a tener un presidente civil después de 1931, aunque solo por poco más
de cinco meses.
Para las elecciones presidenciales de abril de 1962,
solo se presentó el candidato del PCN, el coronel
Rivera. La oposición, descontenta por lo que consideraba la imposición de un nuevo oficialismo, se
abstuvo masivamente.
Coronel Julio Adalberto Rivera, presidente de la República. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 222.
Esa misma tarde, se celebró una asamblea general
de oficiales, que, al igual que en 1948, se autodenominó la Juventud Militar. Escogieron a los
coroneles Aníbal Portillo y Julio Adalberto Rivera
para formar un Directorio Cívico Militar. Ellos, a
su vez, seleccionaron para integrarlo a los doctores
Feliciano Avelar, José Francisco Valiente y Antonio
Rodríguez Porth. Pero para abril, los dos últimos
habían renunciado, alegando que los militares no
compartían el poder.
Como quedó claro en su proclama del 6 de febrero
de 1961, la Fuerza Armada estaba dispuesta a desempeñar un papel protagónico en la reforma social.
Luego de anunciar la celebración de elecciones para
una Asamblea Constituyente para diciembre de
1961, los militares se dedicaron a buscar apoyo civil
en distintos campos. En septiembre, decidieron fundar un partido que expresara su misma filosofía: el
Partido de Conciliación Nacional (PCN). La oposición, formada por el viejo PAR y los nuevos partidos
Social Demócrata (osorista) y Demócrata Cristiano
Doctor Rodolfo Cordón, presidente provisional de la República.
Tomado de: LEISTENSCHNEIDER, María y LEISTENSCHNEIDER, Freddy. Gobernantes de El Salvador (biografías). San Salvador: Publicaciones del Ministerio del Interior, 1980.
187
Para entonces, parecía ya haberse consolidado un
nuevo equipo y un estilo de gobierno, caracterizado
por un énfasis en las reformas sociales que recordaba los primeros tiempos del PRUD. Esta vez, con el
respaldo de la estrategia impulsada por la Alianza
para el Progreso que buscaba neutralizar la influencia de la Revolución cubana. De hecho, las más
importantes reformas, que algunos han calificado
de populistas o de reajuste, tuvieron lugar como
decretos-leyes (sin aprobación legislativa) durante
el año en que gobernó el Directorio.
namente hasta obtener menos de la mitad (el 48%)
en las elecciones de 1968. La oposición conquistó
diputados e importantes alcaldías, como la de San
Salvador, la cual ganó el ingeniero José Napoleón
Duarte en 1964, y la retuvo durante muchos años.
Destaca dentro de ellas la nacionalización del Banco
Central de Reserva, que había surgido como entidad de tipo privado en el gobierno de Hernández
Martínez. Durante el período de Rivera, estas reformas continuaron, incluyendo la ley de impuesto
sobre la renta en 1963 y la introducción del salario
mínimo rural en 1965, que desde luego para algunos
sectores del capital resultaba una medida eminentemente demagógica.
Pero tal vez lo más significativo en materia de
reformas fue la decisión de introducir en 1963 la
representación proporcional en las elecciones para
la Asamblea Legislativa. Hasta esa fecha, el procedimiento para elegir diputados era que el partido que
sacaba más votos en cada departamento ganaba la
totalidad de los diputados asignados para ese lugar.
De esta forma, resultaba muy difícil que un partido
pequeño o nuevo tuviera oportunidad de lograr una
presencia en la Asamblea. Por supuesto, esto también implicaba que el órgano legislativo fuera percibido como un simple ejecutor de decisiones que
se tomaban desde la presidencia. De ahí, la popular
expresión de “chivos” para los diputados.
Posiblemente preocupado por la imagen que proyectaba su gobierno, al que había llegado en elecciones sin contendientes, Rivera impulsó un sistema en
que los diputados se distribuían entre los partidos de
forma proporcional a los votos que habían logrado.
Los resultados de esta medida se vieron de inmediato en las elecciones para diputados y alcaldes de
1964. Por primera vez, hubo presencia significativa
de los partidos de oposición en la Asamblea, y la
proporción de votos del PCN fue bajando paulati188
Ing. José Napoleón Duarte, alcalde capitalino.
A la par de esta reforma política, y en la medida en que
el empleo industrial crecía al impulso del Mercado
Común Centroamericano, aparecían importantes
federaciones y confederaciones de trabajadores.
Entre ellas, se destacan la Confederación General
de Trabajadores (CGT), con apoyo del Gobierno, y
la Federación Unitaria Sindical Salvadoreña (FUSS),
de izquierda, fundada en 1965. En este campo también apareció, luego de la caída de la Junta, una
organización radical revolucionaria llamada Frente
Unido de Acción Revolucionaria (FUAR), que
aunque de corta vida fue el antecedente de futuros movimientos guerrilleros. Desde 1963, en la
Universidad Nacional se modernizó la enseñanza
superior por medio de la reforma universitaria y se
le dio cabida a miles de jóvenes que deseaban ser
profesionales. El movimiento estudiantil se amplió
con diversas tendencias ideológicas y con una fuerte
combatividad política.
Los problemas dentro del PCN y del ejército fueron
creciendo al aproximarse las elecciones presidenciales de 1967, en parte por la posibilidad de que el partido oficial pudiera perderlas, pero sobre todo por
la dificultad de encontrar un sucesor al presidente
Rivera. Este, aunque al principio prometió imparcialidad entre varios precandidatos militares, finalmente apoyó al coronel Fidel Sánchez Hernández,
quien al frente del PCN se impuso a las candidaturas
del PDC (doctor Abraham Rodríguez) y del PAR
(doctor Fabio Castillo, ex rector de la Universidad).
Estos partidos políticos, aunque tenían similitudes,
no lograron unirse y se presentaron por separado,
dividiendo el voto de la oposición que favoreció
el triunfo del oficialismo. Los gobiernos militares
gozaban de un fuerte apoyo del pueblo por los resultados favorables de la modernización y del Mercado
Común Centroamericano.
Pese a perder, y dividida, la oposición montó una
campaña de gran impacto nacional, que dio frutos
el año siguiente en las elecciones de diputados y
municipalidades. Sin duda, de continuar la tendencia, el oficialismo tendría muy pronto problemas
serios para mantenerse en el poder. El régimen de
Sánchez Hernández intentó enfrentar la situación,
reactivando algunas iniciativas, como la reforma
educativa, con la conducción del licenciado Walter
Béneke. Pero para 1968, esta reforma había generado una oposición, encabezada por el sindicato de
los maestros, la Asociación Nacional de Educadores
Salvadoreños (ANDES), cuyas huelgas llegaron a
paralizar el sistema educativo del país.
Walter Béneke hizo cambios considerables de gran
importancia para la educación, copiando de modelos de Japón y Europa, pero sin tomar en cuenta
al gremio magisterial liderado por la asociación
de maestros ANDES 21 de julio que confrontó al
ministro, generándose una gran tensión.
Todo parecía que El Salvador, lo mismo que otros
países en ese año, se sumergiría en un clima de
rebelión social cuyas consecuencias sería difícil de
predecir. En estas condiciones, se desarrollaron los
acontecimientos que desembocaron en la Guerra de
las cien horas.
El general Fidel Sánchez Hernández saluda a simpatizantes durante la campaña electoral de 1967. Tomado de:
Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 223.
189
29.2 Antecedentes y causas sociales
de la guerra
Una guerra siempre surge unida a provocaciones
y agresiones. Las causas de la Guerra de las cien
horas solo pueden entenderse si se buscan del lado
salvadoreño y del hondureño. Ambos países tenían,
como muchos otros, un problema de fronteras mal
definidas, en este caso a lo largo de una serie de
franjas de tierra al norte de El Salvador. Este hecho
en sí, aunque irregular, no siempre había sido visto
como negativo, ya que permitía que la población de
ambos lados pudiera desarrollar muchas actividades económicas y sociales sin trámites fronterizos.
En tiempos de dificultades económicas, como las
décadas de 1920 y 1930, muchos salvadoreños emigraron hacia Honduras, al punto de que para finales
de la década de 1960, se estimaba que había cerca de
300 mil que residían en el país vecino.
Los problemas se originaron a partir de situaciones
internas. Por la parte salvadoreña, como se ha explicado en capítulos anteriores, había una estructura
agraria problemática, donde la producción tradicional no había logrado dar paso a una verdadera diversificación capaz de sustentar permanentemente a la
Barrio La Vega,
San Salvador. Un
lugar que muestra la concentración de población
en la capital a
raíz de las migraciones del campo.
190
población. Por el contrario, más y más campesinos
eran expulsados de la tierra, al punto de que para los
años de la guerra, solo el 11% de ella les pertenecía,
mientras que un 2% de la población poseía el 60%
de toda la tierra.
Al problema agrario se unía un crecimiento vertiginoso de la población, producto de mejoras en la
sanidad pública, como el control de la fiebre amarilla y del paludismo, y de la introducción de medicamentos nuevos. Ya se calculaba que para el año 2000
habría cerca de 9 millones de salvadoreños.
En la década de 1960, más salvadoreños buscaron
trabajo en las ciudades, donde supuestamente las
nuevas industrias necesitaban trabajadores. A pesar
de que sí se habían creado nuevas industrias, las
plazas de trabajo que ofrecían resultaban insuficientes para la creciente población. Empezaron a
aparecer los numerosos hacinamientos de personas
en las zonas urbanas, en particular en la capital, que
habían crecido de 280 mil habitantes en 1961 a unos
350 mil para la época de la guerra. Se empezó a usar
el término “fuertezas” para estas especies de barrios
que, como el llamado La Fosa, no contaban con los
servicios mínimos.
Frente a estas difíciles condiciones económicas
y sociales, las migraciones de salvadoreños hacia
Honduras eran muy frecuentes. Muchos de los emigrantes, dedicados a la pequeña agricultura, ocupaban tierras estatales sin preocuparse por obtener los
títulos legales respectivos, ya que tradicionalmente
no había sido necesario.
Mientras que en Honduras, desde 1963 gobernaba el
general Oswaldo López Arellano, quien para mediados de la década estaba enfrentando, además de una
falta de inversión pública y de una creciente deuda,
una presión por las tierras. Poderosas organizaciones de grandes propietarios, interesados en extender
sus territorios, habían tomado como blanco los
espacios que ocupaban los residentes salvadoreños.
Por otro lado, también existían movimientos obreros y campesinos beligerantes, que presionaban por
que se aplicara la reforma agraria, cuya ley existía
desde 1962. Durante 1968 y la primera mitad de
1969, numerosas huelgas tenían a Honduras al
borde del caos.
Finalmente, el país se consideraba en desventaja
dentro del Mercado Común, en particular con respecto a El Salvador y Guatemala, a los que se veía
como los únicos ganadores del intercambio comercial generado por la integración regional. Se estaba
produciendo, entonces, un clima de enorme tensión
social que en muchos casos se expresaba culpando
de todos los males a los salvadoreños.
Este clima se alimentaba también de acontecimientos que eran magnificados de un lado o del otro,
creando rencores de todo tipo. Por ejemplo, en
1967, un convoy de 2 oficiales, 39 soldados y 4
motoristas salvadoreños se adentraron en territorio
de Honduras, atravesando el puesto fronterizo de El
Poy hasta llegar a la ciudad de Nueva Ocotepeque,
donde fueron capturados. A todas luces resultaba
increíble la explicación que daban los oficiales de
haberse quedado dormidos, sin darse cuenta de que
habían pasado la frontera, donde curiosamente no
había guardas en ningún lado. Al no haber explicaciones claras, en Honduras se consideró como
una agresión, mientras que en El Salvador se dieron
todo tipo de versiones, ninguna comprobada hasta
la fecha. La diplomacia resultaba incapaz de limar
las asperezas que surgían, y que se agravaron con
el tiempo.
Para finales de 1968, el gobierno hondureño dispuso reactivar la reforma agraria, de cuyos beneficios
estaban excluidos los salvadoreños. Estos, por su
situación de ilegalidad, podían ser expulsados fácilmente de las tierras que cultivaban con el pretexto de
que se aplicaba la reforma. En abril de 1969, se inició
un éxodo en masa hacia el territorio salvadoreño, y
muchas personas fueron vejadas tanto por autoridades como por civiles hondureños organizados en
bandas armadas (llamadas a veces “Manchas Bravas”)
que actuaban con impunidad. Una ola de refugiados
empezó a congestionar las vías de acceso al país.
La pérdida de los bienes que habían logrado con
el trabajo de años se dibujaba en sus expresiones.
Muchos venían apenas con una pequeña maleta,
lo que el escaso tiempo de la apresurada salida les
permitió tomar; otros lograron traer algunas vacas
o gallinas o parte de cualquier otra pertenencia. Por
lo general, dejaron todo.
Salvadoreños expulsados de Honduras durante la guerra de 1969.
Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Óscar. El Salvador: Historia
General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2008. p. 145.
191
En junio, tres partidos de fútbol en la eliminatoria para la Copa Mundial, desataron un frenesí
de violencia del lado de Honduras y una opinión
pública cada vez más enardecida en El Salvador,
que pedía vengar los vejámenes a cualquier costa.
En El Salvador, se conformó un Frente de Unidad
Nacional (FUN) con todos los partidos legales y
varias asociaciones gremiales para apoyar al gobierno, el cual acusó formalmente al de Honduras de
genocida y rompió relaciones el 26 de ese mes.
La izquierda, que conformó un Frente de Unidad
Popular, pronto se plegó en su mayoría a la corriente pro-gobiernista, y la Asociación General de
Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS)
lanzó un llamado a filas. Fueron apenas unas cuantas voces las que se alzaron en contra de la guerra
inevitable. La mayor parte de los historiadores
coinciden en que, de no haber decidido atacar
Honduras, el Gobierno de Sánchez Hernández
hubiera caído.
Recuadro 29.2
Declaración de unidad nacional del 21 de junio de 1969
Los representantes de los partidos políticos (PCN,
PDC, PPS y MNR) y el gobierno, reunidos en Casa
Presidencial el 21 de Junio de 1969, en relación
con los hechos sucedidos en Honduras, manifiestan:
I. Que por encima de las discrepancias ideológicas
y políticas que existen entre las Organizaciones
que representan, afirman su decisión de enfrentar
este problema en común, como lo requieren los
altos intereses de la Patria: de presentar para ello
un sólido bloque de Unidad Nacional; de defender
los derechos humanos de nuestros compatriotas, que han sido conculcados, y la dignidad de
nuestra Patria, por todos los medios que fueren
necesarios;
IV. Que El Salvador recibe e incorpora a sus antiguos hogares a las familias de compatriotas que se
ven obligados a regresar, al no sentir seguridad en
sus vidas ni protección en sus bienes en la tierra
hondureña que habían adoptado, servido y querido como la suya; y
V. Que desean que la situación actual, como producto de campañas tendenciosas, sea pasajera, y
que frente a ella las autoridades de ambos países
desplieguen los máximos esfuerzos para superarla, debiendo en su debido tiempo hacerse las reparaciones a que haya lugar en las personas que han
recibido daños por efecto de las exaltaciones.
El Presidente de la República, consciente de su
responsabilidad ante el Pueblo Salvadoreño, hace
solemne declaración de que, preocupado por salvaguardar la dignidad nacional y el respeto a
los Derechos Humanos de los salvadoreños en la
III. Que se debe dejar constancia que la ciuda- República de Honduras, el Gobierno cumplirá con
danía salvadoreña ha mantenido una conducta su cometido histórico y dará a este problema la
de respeto frente a las personas y los bienes de máxima consideración en los momentos que vive
hondureños radicados en El Salvador, así como a la República.
las empresas hondureñas que prestan servicios en
nuestro territorio;
(Publicado en La Prensa Gráfica del martes 24 de
junio de 1969).
II. Que su mayor preocupación es la dignidad
nacional, base de la paz y del desarrollo del proceso de Integración Centroamericana;
192
Salvadoreños prisioneros en Honduras durante la guerra de 1969. Tomado de: El Diario de Hoy. Centuria. Los
hechos y personajes del siglo XX en El Salvador. p. 79.
El 14 de julio, los pocos recursos aéreos salvadoreños se emplearon en un bombardeo poco efectivo
sobre blancos militares hondureños.
Unos 8,000 efectivos salvadoreños distribuidos en
cuatro frentes invadieron el territorio de ese país,
tomando Nueva Ocotepeque y algunas pequeñas
poblaciones fronterizas. La superioridad numérica y
de armamento de estas tropas, que les permitió una
ventaja inicial, pronto se vio limitada por la escasez
de recursos y por la reacción hondureña, que realizó
algunas incursiones aéreas sobre El Salvador. Estas
causaron serias pérdidas en la refinería de Acajutla
y en la ciudad de La Unión.
Para el 18 de julio, se había acordado un cese al
fuego gracias a la intervención de la Organización
de Estados Americanos (OEA). Las tropas salvadoreñas comenzaron a retirarse el 29 de ese mes.
El 5 de agosto, las calles de la capital fueron abarrotadas por la gente que vitoreó, por horas, a las
tropas como vencedoras morales de una lucha en
pro de los derechos humanos.
Nunca el ejército salvadoreño había gozado de
tanta popularidad. Los costos humanos de la guerra
fueron, una gran cantidad de desplazados hacia El
Salvador, así como muchas bajas civiles y militares
de ambos bandos, aunque se cree que fueron más
del lado hondureño. Los daños materiales fueron
considerables. El Salvador habría gastado en la guerra alrededor de la quinta parte de su presupuesto
anual ordinario, a lo que en los años siguientes se
añadió el gasto de reconstrucción de sus fuerzas
que el ejército demandó. Este conflicto incrementó
la presión social que derivó en la guerra civil de El
Salvador.
Glosario
Refinería: planta industrial destinada a la refinación del petróleo, por medio de la cual,
mediante un proceso adecuado, se obtienen
diversos combustibles fósiles capaces de ser
utilizados en motores de combustión: gasolina, gasóleo, etc.
193
29.3 El manejo propagandístico
del conflicto
de la Organización de Estados Americanos (OEA),
fueron vitoreadas y recibidas como héroes (de aquí
el nombre de Bulevar de Los Héroes).
En Honduras, el Gobierno del general Oswaldo
López Arellano fue producto de un golpe de Estado
en contra del doctor Ramón Villeda Morales. Este
general creó para su propia defensa la Mancha
Brava, compuesta en su mayoría por empleados del
Gobierno. Este grupo paramilitar tenía “licencia
para atacar y matar a lo enemigos personales del
Presidente”.
Fernando Flores Pinel en su artículo Entre la guerra
y la paz: el conflicto honduro-salvadoreño señala que
con la guerra emergió un trasnochado patriotismo
en uno y otro país.2
En El Salvador, el gobierno de turno era producto
del continuismo y del cierre de los espacios políticos
necesarios para democratizar la sociedad. Uno de
los generales que tuvieron una destacada actuación militar durante la Guerra de las cien horas,
José Alberto Medrano, recordado como el “Chele
Medrano”, fue uno de los artífices de otro grupo
paramilitar llamado Organización Democrática
Nacionalista (ORDEN).
Ante estos dos hechos, además de los problemas de
orden social y económico que enfrentaban ambos
países, los respectivos gobiernos prefirieron lanzar
una cortina de humo y atacar la raíz del problema.
En este sentido, desde mucho antes de que estallara
la guerra en sí, se había iniciado entre ambos una
guerra de insultos y calumnias.1
El diferendo limítrofe, que no era un problema de
fondo, fue aprovechado por Honduras y llevado
hasta las últimas consecuencias. Así, el ministro de
Relaciones Exteriores de Honduras, Tiburcio Carías
Andino, declaró en ese momento ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH),
que Honduras no era culpable, pues había sido El
Salvador quien había puesto trabas a la solución de
la cuestión fronteriza.
Por su parte, El Salvador no escatimó palabras para
señalar a Honduras como violador de los derechos humanos, y durante el fragor de la guerra,
como genocida. Esta fue la carta de presentación
del gobierno salvadoreño cuando le correspondió justificar la invasión a territorio hondureño.
Lamentablemente, en la solución de fondo de los
problemas internos de ambos países lo que prevaleció fue el discurso y no la realidad.3
En consecuencia, el mejor distractor de los problemas internos que atravesaban fue el manejo de
un discurso centrado en el falso nacionalismo y el
resentimiento. Por ejemplo, el papel de la prensa fue
excesivamente nocivo en tanto que recurrió más a
los sentimientos y a la propaganda.
Estuvo completamente ausente la responsabilidad
en el manejo de la información. Lo que se logró fue
acentuar el odio y la desinformación, con secuelas
hasta nuestros días. Renombrados intelectuales,
políticos, estudiantes, empleados y trabajadores en
general cayeron en este discurso. Tal fue el efecto,
que al concluir la guerra y cuando las tropas salvadoreñas retornaron al país por mandato expreso
194
General José Adalberto Medrano, conocido como el “Chele Medrano”. Foto propiedad del Museo Militar de El Salvador.
29.4 Después de la guerra
Gran parte del entusiasmo de la población salvadoreña por la acción militar parecía basarse en la convicción de que se estaba en el umbral de importantes
transformaciones sociales. El Gobierno declaraba
que ese era el momento de recibir a los hermanos
refugiados en una patria renovada, en la que encontrarían el trabajo que se les negaba en otros lados. La
Unidad Nacional era saludada como la base para un
“partido verdaderamente salvadoreño”.
En agosto de 1969, se anunció un amplio plan de
reformas, dentro del que destacaba un programa democrático de reforma agraria, impulsado
por el entonces ministro de Agricultura, ingeniero
Enrique Álvarez Córdova, proveniente de la clase
alta. Para septiembre de ese año, se anunciaron
varios proyectos en ese sentido, los cuales empezaron a encontrar dificultades de trámite en la
Asamblea Legislativa. Esto provocó la ruptura del
FUN, iniciada por el PDC en octubre, con lo que se
rompió el hechizo de la unidad nacional.
El Movimiento Nacional Revolucionario (MNR),
que operaba desde 1968, inició una campaña de
denuncias contra el llamado “tortuguismo” de la
Asamblea. En esta ya se evidenciaban las divisiones
largamente gestadas al interior del PCN, y el 4 de
noviembre de 1969, en un evento que fue apodado
como “el curulazo” (curules son los puestos que
ocupan los diputados), se produjo una alianza entre
la oposición y ocho pecenistas partidarios de las
reformas, lo que permitió la renuncia de la directiva
de la Asamblea y la elección de una nueva.
Se vivió entonces uno de los pocos momentos de la
historia salvadoreña en que la Asamblea ha actuado
con verdadera autonomía con respecto al Ejecutivo.
La más elocuente muestra fue la celebración del
Primer Congreso Nacional de Reforma Agraria,
convocado por la Asamblea del 5 al 10 de enero de
1970. Se trataba de reunir a diversos sectores de la
sociedad en un foro en que se plantearan con toda
amplitud los puntos de vista existentes sobre este
urgente problema. Se definieron cuatro sectores: el
gobierno, los entes no gubernamentales (como partidos, iglesias y universidades), los sindicatos obreros y la empresa privada. Aunque estaban ausentes
los principales interesados, los campesinos, se prepararon estudios importantes, a pesar de que casi al
inicio hubo divergencias serias sobre la naturaleza
del evento. La empresa privada objetó que se pudiera hacer recomendaciones de cualquier naturaleza,
lo cual, al no ser aceptado por la mayoría, motivó a
que los empresarios se retiraran.
De cualquier forma, aunque fracasó el intento de
establecer un gran espacio de encuentro de opiniones, el Congreso sirvió para disipar la creencia
de que la reforma agraria era algo que solo los
comunistas podían patrocinar. Sobre la base de sus
recomendaciones se pudo haber avanzado más,
pero los acontecimientos políticos que sucedieron
poco tiempo después postergaron una vez más la
ejecución de estas medidas. La participación activa
de representantes de la Iglesia Católica en abiertas
posiciones a favor de la reforma fue otro factor de
este evento. Durante el Congreso, uno de ellos,
el sacerdote José Inocencio Alas, fue secuestrado,
torturado y dejado casi muerto, sin que pudiera
saberse quién fue el atacante. Parecía un presagio
de lo que vendría pocos años después.
El sacerdote José Inocencio Alas. Tomado de: Iglesia,tierra y luchas campesinas. Suchitoto, El Salvador 1968-1977. San Salvador: Algier’s impresores,2003.
195
Recuadro 29.3
Las resoluciones y recomendaciones
del Primer Congreso Nacional de Reforma Agraria
Algunas de las recomendaciones de este Congreso
reflejan la radicalidad con que se percibía el
problema agrario en ese momento, de parte de
amplios sectores de la población. De la Memoria
de ese Congreso se extraen algunos puntos que
reflejan la diversidad de opiniones allí expresadas. La Comisión Número Uno, encargada del
tema “Situación Agraria en El Salvador”, y que
fuera presidida por monseñor Ricardo Urioste,
decía:
Afirmamos categóricamente que en nuestro país
se dan las condiciones necesarias que legitiman
poderosamente el derecho del Estado a una expropiación masiva en favor del bien común, dadas
las situaciones de injusticia y subhumanas en
que vive la gran mayoría de la población. Y esto
no es solamente un derecho del Estado sino un
deber que de no realizar estaría yendo en contra
del bien común, del bien general del pueblo cuyos
intereses está obligado a defender. Es al Estado
como rector del bien común al que toca impedir
que se abuse de la propiedad en contra de ese bien
común.
Nuestra conclusión es, entonces, que el hombre en
nuestro país no puede tener acceso a los bienes de
la tierra porque están concentrados en manos de
unos pocos, en contra de elementales principios de
ley natural y de ética social.
En consecuencia recomendamos: la eliminación
del latifundio y minifundio como una de las
medidas más importantes en que debe basarse la
Reforma Agraria, que modifique la actual estructura agraria salvadoreña.
Por otra parte, la Comisión Número Cinco, dedicada a estudiar “La Organización y Participación
de Beneficiarios de la Reforma Agraria” y presidida por Hipólito Calles Chicas, declaró:
La voluntad, la energía y la iniciativa de las
masas campesinas es indispensable para impulsar
una nueva dinámica social.
Estas organizaciones deben responder a las peculiares características de la masa campesina salvadoreña, de tal manera que cumplan a cabalidad
con su cometido, sin dejar al margen de las mismas a ninguno de los trabajadores del campo.
Deben ser la expresión de nuestra nacionalidad,
evitando hacer trasplantes de instituciones, técnicas o de estructuras de países industrializados.
Las organizaciones que más se adaptan a las
necesidades arriba mencionadas son los sindicatos agrarios, las cooperativas y las asociaciones
campesinas.
Estas organizaciones deben cumplir con la funQue esta situación es a todas luces injusta porque ción de representación, de promoción y de inteatenta contra la misma constitución, esencia y gración a la nueva situación estructural y por
desarrollo del ser humano.
consiguiente tendrán que llenar el vacío de poder
dejado por los antiguos propietarios de las explotaciones, y así se evita la desorganización del
Que una expropiación masiva es necesaria,
sistema productivo. Las organizaciones que más
supuesto un estudio sereno, pero valiente, equitase adaptan a las necesidades arriba mencionadas
tivo y firme de toda nuestra situación.
son los sindicatos agrarios, las cooperativas y las
asociaciones campesinas.
196
Monumento conmemorativo a los combatientes de la guerra
de 1969. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar. El Salvador.
Historia General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007.
p.148.
Dos meses más tarde, se celebraron elecciones para
alcaldes y diputados. En ellas, se puso en evidencia
que se volvía a una política de abierta confrontación, y que los intentos del Congreso Nacional de
Reforma Agraria para establecer una plataforma
de unidad nacional en torno a las reformas estaban
destinados al fracaso. Desafortunadamente, distintas figuras militares aprovecharon el hecho de
que la guerra los había prestigiado ante el pueblo
para lanzar candidaturas dentro del partido oficial,
explotando así los sentimientos nacionalistas para
obtener beneficios políticos.
Gracias a esto y a lo que para muchos fue un fraude descarado, el PCN logró mejorar su votación
y recuperar el control absoluto de la Asamblea,
en la cual volvieron a predominar los personajes antirreforma. Los partidos de oposición, que
ahora incluían, además del PDC y el MNR, al
Partido Popular Salvadoreño (PPS) y a la Unión
Democrática Nacionalista (UDN), siguieron participando desunidos, con la consiguiente ventaja
para el oficialismo, cada vez más claramente determinado a no ceder nada de su poder sin importar
los medios. Los sectores conservadores no tenían
otra opción política que inclinarse con el oficialismo, lo cual era preferible a caer en manos de una
oposición con tendencias radicalistas.
Para ello, contaba con el apoyo de un ejército,
menos preocupado que nunca por el desarrollo
democrático del país, y que anteponía el “orden
público” a los programas reformistas de sus manifestaciones del pasado (como en 1948 o 1961). Se
preparaba el escenario para el drama de una guerra
mucho más dolorosa.
Este escenario político no ayudó lo suficiente para
ordenar y pacificar internamente la sociedad salvadoreña y mucho menos a recuperar el terreno
perdido en materia de integración centroamericana. Cabe decir que, el fantasma del comunismo
que latía en el imaginario del oficialismo, fue un
pretexto utilizado para retrasar las reformas sociales
que demandaba el país. Los militares en el poder
no encontraron la mejor salida, aunque comprendieran que cualquier discurso que se apartara de
los cambios era vacío, estuvieron más dispuestos
a emplear la fuerza de las armas que el diálogo y el
entendimiento en aras a reconstruir la nación.
Por otra parte, los hechos demostraron que la unidad social solo era posible en situaciones límites,
como la guerra contra Honduras. Curiosamente,
ante ese evento bélico, el Gobierno y la oposición
crearon fácilmente un frente único, apenas con
contadas excepciones. Esto prueba que había conciencia de un nacionalismo o patriotismo con un
marcado sesgo, al no aplicar por igual en circunstancias que envolvían problemas únicamente internos. De esta manera, los problemas nacionales eran
vistos generalmente desde una óptica más sectaria y
excluyente. ¿Por qué no se tenía esa voluntad para el
consenso? Era una pregunta que nadie respondía.
Hasta ahora, había sido una constante en todas las
fuerzas políticas la postergación del tratamiento
serio de los problemas estructurales del país y, por
consiguiente, la acumulación de tensiones sociales,
que tarde o temprano tocarían su límite. No hay
duda que el espíritu previsorio ha estado ausente
en la clase política nacional, esta carencia se ha
manifestado
197
La década de los sesenta está llena de acontecimientos tan diversos que dejan lecciones muy
importantes. Aparentemente, durante esos años,
hubo crecimiento económico, debido al buen
momento que pasaban las exportaciones tradicionales, el café y el algodón, y por el dinamismo del
Mercado Común Centroamericano. En la década
anterior, hubo inversión social, con los gobiernos
de Osorio y Lemus, y en esta se había impulsado la
inversión industrial, que hacía pensar que el país
iba por el camino del desarrollo.
Sin embargo, la década cerró con un acontecimiento que destruyó en gran medida los logros
que se habían conseguido: la guerra de El Salvador
y Honduras, y la deportación de miles de compatriotas del país vecino. Esto supuso pérdidas
humanas, materiales y económicas, pero también
la presión sobre la tierra, los recursos y las fuentes
de trabajo en el país. Un hecho que en nada auguraba que la línea de gobierno seguida hasta hace
poco pudiese tener continuidad en la próxima
década.
Evidentemente, ningún gobierno de la década de
los sesenta visualizó y se preparó para una eventualidad de tal magnitud, no solo creando las condiciones al interior del país sino trabajando por
una Centroamérica más unida en la que pudiera
lograrse el desarrollo requerido para satisfacer las
necesidades y aspiraciones de los pueblos de los
diversos estados.
En la posguerra, no hubo cambios significativos
en la situación social en el pais, si bien hubo un
intento de integrar a los deportados de Honduras y
armonizar la sociedad salvadoreña, no se fue capaz
de ir lejos. La tenencia de la tierra en El Salvador
demostró una vez más que era intocable, haciendo
fracasar el nuevo proyecto de Reforma Agraria.
Del mismo modo, de cara a lo regional, no hubo
un esfuerzo significativo inmediato por enmendar y recuperar el avance perdido en la integración centroamericana. Las heridas permanecieron
abiertas por mucho tiempo y los nacionalismos se
reforzaron.
Al final de la década de los sesenta, las fuerzas
políticas de más larga trayectoria y las de reciente
198
aparición caldearon el ambiente político nacional,
polarizándolo ideológicamente y creando marcadas desconfianzas entre ellas. Desde la década de
los años treinta, no había habido participación de
partidos de izquierda en las contiendas electorales.
Empezaban a tomar fuerza, por supuesto que en
buena parte de ellos revivía la presencia de miembros del Partido Comunista de El Salvador.
Por su parte, los militares no estaban dispuestos
a renuncia al poder, creyendo que continuaba
vigente su vocación de resguardar el orden social
y la constitucionalidad del país. Aunque ellos
hablaban de democracia, durante la década de los
sesenta, no hubo presidentes civiles en el gobierno más que Rodolfo Cordón, durante unos pocos
meses en 1962, y los que formaron parte de la
Junta de Gobierno y del Directorio Cívico Militar
en los primeros dos años de la década.
El Partido de Conciliación Nacional, que había
nacido y crecido en el seno del estamento militar, tuvo el monopolio del poder durante toda la
década, imponiendo así sus candidatos y orquestando los triunfos electorales. Después de la guerra
contra Honduras, quedará fortalecido, a pesar de
esto, seguirá utilizando prácticas políticas antidemócraticas para mantener el poder. El año 1969
dejará lecciones, las cuales deberían ser mejor
aprovechadas por los salvadoreños. La democracia, el desarrollo económico y el bienestar social de
la población seguirán siendo los grandes desafíos.
Glosario
Inversión social: Asignación de recursos al
desarrollo social, como por ejemplo construcción de hospitales, escuelas, caminos, etc.,
orientada a proporcionar al menos las condiciones básicas requeridas por los individuos
para su desarrollo humano.
Orden social: Estructura social establecida y
reproducida por las instituciones de un país.
Teóricamente, debería estar en función de las
necesidades de todos los individuos de una
sociedad.
Constitucionalidad del país: Condición en la
cual priman o se hacen respetar las leyes vigentes en el país.
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Conclusión
El período 1931-1969 estuvo marcado por
tres procesos continuos pero disímiles. El 2 de
diciembre de 1931, inició una de las dictaduras
más férreas del continente latinoamericano que
se mantuvo por cerca de 13 años y que ejecutó
con frialdad, en enero de 1932, uno de los etnocidios más graves del siglo XX.
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, los
espacios para las dictaduras fueron reduciéndose
y en Centroamérica solo pudo sostenerse la de
Anastasio Somoza García por un corto período.
Las ideas de democracia y modernización de
la economía impactaron en las nuevas generaciones, y en El Salvador los militares que
habían tenido la oportunidad de formarse fuera
durante el régimen de Hernández Martínez,
asimilaron rápidamente este nuevo contexto.
Una vez superada la administración de Salvador
Castaneda Castro con la revolución de 1948,
implementaron la llamada transición hacia la
modernización. El paisaje de El Salvador cambió gradualmente en la medida que aumenta el
desarrollo urbano, se instalan nuevas industrias
y se dan los primeros pasos hacia la integración
comercial de la región bajo la forma del Mercado
Común Centroamericano.
Sin embargo, los procesos de democratización
de la sociedad no marcharon al mismo ritmo,
cerrándose los espacios de participación política
a las mayorías. Tampoco los buenos precios del
café y del algodón durante 1945-1955, ni los
beneficios de la integración de 1960 del Mercado
Común Centroamericano se reflejaron en los
niveles de vida de la mayoría de los salvadoreños
golpeados por la pobreza.
Por otra parte, las desiguales condiciones de la
integración generaron conflictos entre los países
centroamericanos industrialmente más avanzados y entre los atrasados, que a la larga se constituyó en uno de los factores que provocaron la
guerra entre El Salvador y Honduras. Posterior
a este conflicto, inicia en El Salvador otra etapa
que estará marcada por la agudización de los
conflictos internos.
La década de 1960 trajo consigo enormes expectativas a la vez que frustraciones. La esperanza
de un desarrollo económico sobre la base de una
industrialización moderna se vino abajo con la
guerra contra Honduras. También, se demostró
la falta de visión de los líderes políticos de la
época. Esto afectó profundamente la conciencia
colectiva, sobre todo de las generaciones jóvenes
que se incorporaban de forma masiva a la vida
del país.
La década trajo, además, experiencias positivas
para la sociedad salvadoreña, que experimentó
con nuevas formas de organización política a
través de partidos de carácter cada vez más ideológico y permanente. Asimismo, el sindicalismo
se fortaleció, adquiriendo una mayor presencia
en el mundo de las nuevas industrias emergentes. El magisterio nacional llegó a organizarse en
forma masiva y la Universidad Nacional experimentó una renovación importante. Muchos de
estos elementos aparecerán con mayor desarrollo en la década siguiente.
199
Cronología de los principales hechos
1931: Asciende al poder el general Maximiliano Hernández
Martínez. Primero como Vicepresidente de la República y
luego, como Presidente.
1932: Insurrección protagonizada por indígenas, ladinos y
miembros del Partido Comunista. Asesinato de miles
de alzados, incluyendo la ejecución de Feliciano Ama y
Agustín Farabundo Martí.
1934: Se emite el decreto de creación del Banco Central de
Reserva. BCR pone en circulación la primera familia de billetes
en la historia de El Salvador en las denominaciones de uno, dos,
cinco, diez, veinticinco y cien colones.
1944: Una junta militar solicita la renuncia al general
Maximiliano Hernández Martínez. Huelga de Brazos Caídos,
que contribuye a la caída del
general Maximiliano Hernández Martínez.
1945: Finaliza la Segunda Guerra Mundial.
1948: Civiles y militares toman el poder, e inicia una serie
de cambios rápidos y radicales en las estructuras políticas y
económicas del país. Fenómeno conocido como la Revolución
del 48.
1951: Se crea en San Salvador la Organización de Estados
Centroamericanos (ODECA).
1954: Inauguración de la represa hidroeléctrica 5 de Noviembre.
1960: Firma del Tratado de Integración Económica
Centroamericana. Derrocamiento del presidente José María
Lemus e instauración de la Junta de Gobierno.
1961: El 25 de enero se da el golpe de Estado contra la Junta de
Gobierno e instauración del Directorio Cívico Militar.
1969: Guerra de El Salvador con Honduras.
200
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201
Crisis social, conflicto
Unidad VI armado y nuevas realidades
posacuerdo de paz
Quemas de autobuses por parte de la guerrilla. Tomado de: El Diario de Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en El
Salvador. p. 96.
Capítulo 30. El inicio de la crisis
Capítulo 31. La guerra civil
Capítulo 32. El Acuerdo de Paz
Capítulo 33. Reformas económicas, desarrollo humano y democracia
Capítulo 34. Desastres, remesas y globalización
202
Capítulo 30 El inicio de la crisis
Estudiantes de la Universidad de El Salvador protestan contra la violación a los derechos humanos, 1975.
Introducción
Si la década pasada fue convulsa, el ritmo político
de los años setenta se aceleró, como preludio del
drama del conflicto armado que estaba a punto de
desatarse.
Viendo los hechos en perspectiva histórica,pudiera
pensarse que el destino de las cosas estaba predeterminado, pero no. En cuestiones sociales, todo es
creado, resultado de la libertad humana, del conflicto de intereses y de la correlación de fuerzas entre
los grupos sociales.
Desafortunadamente, en la historia de El Salvador,
los hechos relacionados con la violencia han seguido
una trayectoria que nadie ha sido capaz de detener
o desviar. Por lo general, los gobiernos han carecido
de las luces suficientes para ver con claridad el fondo
de los nudos sociales y cuando la han tenido, no los
han dejado hacer lo debido. Por eso, quizá las actitudes egoístas son las principales responsables de
nuestra trama nacional.
En este capítulo se relatarán los acontecimientos de
la década de los años setenta y sus protagonistas,
quienes continuarán desempeñando un papel central
todavía en los años posteriores. Sobre todo, se verá
cómo la sociedad salvadoreña, polarizada desde hacía
tiempo, se involucró cada vez más en una contienda
entre dos fuerzas antagónicas sin que pareciera posible que existiera un acuerdo. Sin embargo, siempre
hubo quienes propusieron una salida menos radical,
pero al ir agudizándose el conflicto, los extremos solo
aceptaban partidarios incondicionales, y muchos
sufrieron ese sectarismo.
Lo llamativo de la época en cuestión será el cierre
de los espacios políticos y el fraude electoral contra la oposición, precisamente lo que produjo un
mayor desencanto. Pero, el problema de la tierra
fue el centro de la crisis. Los desposeídos no podían
vivir sin ella, especialmente cuando no había otra
alternativa. La concentración de la misma, los cultivos de agroexportación, la incipiente industria y
el comercio no fueron capaces de generar el empleo
requerido. En consecuencia, brotaron las organizaciones populares, amparadas por ideologías de
izquierda que buscaban cambiar el sistema geopolítico del país.
203
30.1 Cierre de los espacios políticos y
fraude
Los conflictos de la sociedad salvadoreña deben
enmarcarse dentro de la situación internacional de
la época. En muchos aspectos, en la década de 1970
culminó una crisis mundial que se gestaba hacía
tiempo. Desde el punto de vista económico, por
primera vez se enfrentó la escasez energética cuando
los precios de los combustibles se elevaron después
de 1973, trayendo consigo el alza de los precios de
muchos otros productos.
Política y militarmente, Estados Unidos sufrió
el debilitamiento de su liderazgo al retirarse de
Vietnam en 1975; al igual que por distintos escándalos internos, como el de Watergate, que hizo
renunciar al presidente Richard Nixon.
Esta debilidad alarmó a los sectores conservadores
de América Latina, que durante años presenciaban
los avances de la izquierda en el continente. En
Chile, por ejemplo, se dio la elección, por primera
vez en América, de un gobierno socialista presidido
por Salvador Allende, pero solo duró tres años, ya
que fue derrocado sangrientamente en 1973. La
década terminó con la caída de la dictadura de los
Somoza en Nicaragua en 1979, que causó un impacto muy grande en toda Centroamérica.
En toda la región, hubo cambios radicales, y tanto
partidarios como adversarios de los mismos estuvieron dispuestos a jugarse el todo por el todo. Se
hizo más evidente el ambiente de la Guerra Fría, y
la intromisión extranjera fue un tema diario de la
política. Todo esto produjo actitudes intransigentes
que alimentaron la hoguera en la que se consumieron más de dos lustros de historia nacional.
En los setenta, continuó el deterioro de los ensayos
democratizadores de la década anterior. Los partidos de oposición, con la experiencia de la elección
de 1970, decidieron una estrategia diferente para
los comicios presidenciales del 20 de febrero de
1972. En lugar de presentarse desunidos, el Partido
204
Demócrata Cristiano (PDC), la Unión Democrática
Nacionalista (UDN) y el Movimiento Nacional
Revolucionario (MNR) constituyeron una coalición
llamada Unión Nacional Opositora (UNO), que
llevó como candidatos al ingeniero José Napoleón
Duarte y al doctor Guillermo Manuel Ungo para
Presidente y Vicepresidente, respectivamente.
Otros dos partidos de oposición, el Partido Popular
Salvadoreño (PPS) y el recientemente formado
Frente Unido Democrático Independiente (FUDI),
con posiciones más a la derecha del Partido de
Conciliación Nacional (PCN), participaron por
aparte. El Consejo Ejecutivo del PCN eligió al candidato presidencial. Fue designado el coronel Arturo
Armando Molina.
Después de una campaña política muy violenta, el
recuento de los votos reveló un empate entre el PCN
y la UNO. Estudios posteriores han mostrado que de
forma fraudulenta el Consejo Central de Elecciones
suspendió el conteo y declaró que el coronel Molina
había obtenido la mayoría sobre la UNO. Luego de
que la Asamblea ratificó esta decisión, se procedió
a las elecciones municipales y de diputados programadas para el mes siguiente.
A pesar de lo sucedido con las presidenciales, la
oposición tomó parte de las mismas, pero la historia
se repitió. El ejército no estaba dispuesto a cambiar
su posición fuera de la oficial. En este caso, el fraude
consistió en anular las planillas de la oposición, pero
a pesar de ello obtuvo importantes triunfos, que a
su vez le fueron negados por el Consejo Central de
Elecciones. A raíz de ese hecho, se produjo un sorpresivo alzamiento militar el 25 de marzo.
Glosario
Watergate: Escándalo político provocado por
el arresto de individuos que intentaban colocar
micrófonos en la sede del Partido Demócrata,
al momento en la oposición, y por el ocultamiento de información por parte del mandatario Richard Nixon. Este hecho le costó la dimisión como Presidente de Estados Unidos.
El alzamiento, proclamado como de la “Juventud
Militar”, estaba dirigido por los comandantes de
los principales cuarteles de San Salvador, el San
Carlos y El Zapote. Su principal líder fue el coronel
Benjamín Mejía, miembro del círculo masferreriano, quien llamó a varios dirigentes civiles a respaldar
sus acciones. Entre ellos estuvo el ingeniero Duarte,
quien por radio solicitó el apoyo de la población
para impedir la llegada de fuerzas contrarias a los
alzados. Esto provocó la desconfianza de muchos
militares que no habían decidido su posición ante
la insurrección y que al mismo tiempo desconfiaban
de Duarte.
Aunque los alzados hicieron prisionero al presidente Sánchez Hernández, no contaron con el apoyo
de unidades claves, por ejemplo de la aviación, y en
cuestión de horas tuvieron que rendirse. El intento
de golpe dejó muchos muertos y provocó la prisión
y el exilio de varios dirigentes civiles de oposición,
entre los cuales estaba Duarte, quien fue recibido en
paises sudamericanos y regresó tiempo después.
Resuelta la situación anterior, el coronel Molina
comenzó su período bajo Estado de sitio el 1 de
julio de 1972, con lo que se ha llamado “el pecado
original” de llegar al poder por medio del fraude.
En su campaña electoral, había adoptado el lema
de Definición, Decisión y Firmeza, y asumió un
estilo personalista, al que llamó gobierno móvil,
indicando que vendrían cambios importantes. En su
administración, se realizaron obras notables como
la construcción de la represa del Cerrón Grande,
la Central Azucarera del Jiboa, el Palacio de los
Deportes y el Hotel Presidente; también, se dieron
pasos significativos para restablecer las relaciones
con Honduras y la construcción del Aeropuerto
Internacional El Salvador.
Sus medidas económicas, como se estudiará en la
siguiente sección, resultaron muy por debajo de las
expectativas, al igual que sus gestos conciliatorios en
el terreno político. A la creciente oposición política
se agregó la naciente guerrilla, frente a lo cual el
Gobierno respondió con medidas drásticas de autoridad que incrementaron el descontento existente.
Panorámica de los trabajos de construcción de la presa hidroeléctrica del Cerrón Grande. Tomado de
Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 232.
205
Recuadro 30.1
Declaración de un militar golpista
Varios años después del frustrado golpe que
dirigió en 1972, el coronel Benjamín Mejía dio
las siguientes declaraciones. El coronel Mejía fue
asesinado en 1981, en circunstancias que no se
han esclarecido.
Con el respeto y consideración que me merece
el pueblo salvadoreño, quiero contestar las interrogantes que a raíz del movimiento ocurrido
se plantearon algunas personas. Primeramente,
declaro que soy respetuoso de la Ley y precisamente para darle vivencia práctica a nuestra Ley
Fundamental [la Constitución]... fue que encabecé dicho movimiento... No fueron móviles ambiciosos ni resentimientos los que determinaron mi
decisión. Sólo quise reivindicar la Fuerza Armada
puesta en la picota ante la conciencia ciudadana
por el fraude electoral más escandaloso ocurrido
en el país durante las elecciones presidenciales de
aquel año de 1972...
Vengo de los estratos más humildes. Por una de
aquellas circunstancias del destino empecé como
En las elecciones para diputados y alcaldes de 1974,
la UNO participó de nuevo, aunque debilitada por
la creciente represión que se desataba en su contra. Esta vez, el gobierno no se preocupó por dar
resultados oficiales, y quedó consolidado el dominio del partido oficial en la Asamblea y en los
municipios. Excepción importante fue la Alcaldía
de San Salvador, que siguió en manos del PDC. La
creciente violencia llevó a la UNO a abstenerse de
participar en las elecciones de 1976. Así, todos los
órganos del gobierno civil estuvieron bajo el control
del oficialismo. En 1977, en ocasión de la campaña
presidencial de febrero, la UNO volvió a participar.
Esta vez con un candidato militar, el coronel Ernesto
Claramount. Para entonces, el país estaba inmerso
en un clima de violencia que tocaba a todos los bandos, y la UNO buscaba una candidatura que neutralizara la desconfianza que le tenían los militares.
206
soldado raso la carrera de las armas en 1937; en
seguida ingresé a la Escuela Militar y después
de realizar exámenes de rigor y cursar estudios
rutinarios obtuve el grado que ostento. Pude
retirarme tranquilamente con una pensión después de 35 años de servicio, pero mi condición
de hombre libre y consciente de las violaciones
ocurridas a nuestra Carta Magna se rebelaban y
gritaban que como militar tenía que cumplir con
un deber irrenunciable... Para mí, tiene mucho
más valor el cumplir con ese deber sagrado, a
estar atropellando la ciudadanía con flagrantes
represiones, asesinatos y demás crímenes que el
actual Gobierno [el del coronel Molina], como
único recurso para continuar en el poder, está
realizando... Dejo al arbitrio de cada quien el
juicio que de mí hagan; sólo quiero repetir los
versos del Maestro Masferrer: “Para juzgarme,
nadie; para acusarme, YO.”
(Tomado de Castro Morán, Mariano. Función
política del ejército salvadoreño en el presente
siglo. San Salvador: UCA Editores, 1984).
El candidato del oficialismo era un representante
del ala más “dura” del militarismo, el general Carlos
Humberto Romero. Este logró imponerse no solo por
medio de la fuerza, sino también “inflando” el número
de sus votos. De esa manera, tuvo dos veces y media
más votos que los que se le atribuyeron a Sánchez
Hernández en las elecciones anteriores, lo cual era
exagerado hasta para sus mismos partidarios.
Glosario
Carta Magna: Se refiere a la Constitución de
un Estado, que es la norma suprema que establece todo su ordenamiento jurídico.
Partido oficial: Organización política a la cual
pertenece el Órgano Ejecutivo del gobierno de
turno.
tinas de derecha, como la llamada FALANGE que,
junto a la Unión Guerrera Blanca (UGB), fundada
en 1977, se presentaba como la contraparte de los
guerrilleros. De hecho, sus blancos iban mucho
más allá de lo que se podía considerar la izquierda
política revolucionaria.
Coronel Arturo Armando Molina. Foto propiedad del MUPI.
Al conocerse los resultados, la UNO organizó una
protesta pacífica en el centro de la capital que duró
hasta el 27 de febrero, cuando los cuerpos de seguridad iniciaron una sangrienta represión. El historiador militar salvadoreño Mariano Castro Morán
ha dicho que aquí nació la guerrilla, es decir, que
este hecho provocó mayor desengaño hacia la política electoral y que más personas buscaran la lucha
armada como alternativa. La observación es acertada, aunque, como se verá en otra sección, la insurgencia operaba desde hacia algún tiempo.
La gestión del general Romero se desarrolló en
una época compleja para el país. Ante una gran
agitación social, se abandonaron las reformas y
se reprimieron las protestas populares con todos
los medios. Aparte de los cuerpos de seguridad,
actuaba la Organización Democrática Nacionalista
(ORDEN), fundada por Julio Rivera en 1966 para
afianzar el control militar sobre los campesinos.
ORDEN dependía directamente del Presidente de
la República y estaba constituida por militantes en
su gran mayoría campesinos que, para fines de la
década de 1970, operaban como una eficiente agrupación de indoctrinamiento político en el campo. A
su vez, habían proliferado organizaciones clandes-
Dos años después de iniciar su período presidencial,
el general Romero se vio en la necesidad de derogar
la llamada Ley Para La Defensa y Garantía del Orden
Público emitida por el gobierno anterior. Para cuando la derogó, en febrero de 1979, el país estaba al
borde del caos y su gobierno aislado de casi todo
apoyo: Romero era acusado internacionalmente
de violación a los derechos humanos. La UNO se
rehusó a participar en las elecciones para diputados
y alcaldes de 1978, y hasta el intento de Romero
de convocar a un Foro Nacional para aplacar los
ánimos fue rechazado. El escenario era similar al
de Nicaragua antes de la caída de Somoza en julio
de 1979. Fue en ese momento cuando se produjo el
golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, que dio
paso a una junta cívico-militar y a una nueva etapa.
30.2 La tierra: epicentro de la crisis
Como se indicó en el capítulo anterior, desde 1970
la reforma agraria dejó de ser un tema prohibido
para los gobiernos salvadoreños, pero en la práctica
no se había pasado de declaraciones de objetivos a
ejecuciones concretas. La única excepción fue la Ley
de Avenamiento y Riego, para favorecer la producción en zonas áridas y regular el uso del agua, que
fue emitida en 1970. Esta ley venció la presión de los
grandes terratenientes, porque implicaba limitaciones a la propiedad rural.
Durante la administración del coronel Molina, se
intentó introducir un conjunto de reformas en el
campo. Sin embargo, no se lograron debido a una
férrea oposición de parte de poderosas organizaciones privadas. Esto fue una derrota no solo para
el Gobierno, sino también para los sectores reformistas del ejército. El gabinete mismo contaba con
funcionarios progresistas procedentes de la clase
alta, entre ellos, el Ministro de Agricultura Enrique
Álvarez Córdoba.
207
Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA)
como organismo ejecutor de la reforma.
Cuando a Molina le quedaba menos de un año de
gobierno, el 29 de junio de 1976 se creó la primera
zona de transformación agraria. Esta debía cubrir
unas 60,700 hectáreas de tierras en los departamentos de San Miguel y Usulután, destinadas principalmente a la ganadería o al cultivo del algodón.
En ellas, se planeaba asentar a unas 12 mil familias
campesinas, después de que las tierras fueran expropiadas a sus dueños. Aunque limitado en su extensión, se esperaba que este primer proyecto fuera el
inicio de planes más amplios, con el patrocinio de
sectores del capital y de las agencias de desarrollo
estadounidenses.
General Carlos Humberto Romero. Tomado de Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p. 237.
En julio de 1973, a un año de su mandato, el coronel
Molina promovió cambios sustantivos en dos áreas:
el sistema bancario y el agro. Se había constituido
una Junta Monetaria, bajo dirección exclusiva del
Presidente, que estaba destinada a controlar, por
encima del Banco Central, la política monetaria del
país. Esta Junta fue muy atacada por la banca privada, pero el Gobierno estaba interesado en mantener
este control como parte de su estrategia en el campo
de la reforma agraria.
Ese mismo año, se estableció el Banco de Fomento Agropecuario, que sustituyó a la antigua
Administración de Bienestar Campesino. Todo
parecía indicar que la tan anunciada reforma agraria estaba a las puertas. Un hecho significativo fue
que a finales de agosto de 1973 se celebró un primer
seminario sobre reforma agraria para oficiales de la
Fuerza Armada.
Sin embargo, los estudios técnicos y la decisión
política de poner en marcha una reforma agraria
llevaron todavía varios años. Para 1974, se había
decretado un incremento del salario mínimo en el
campo, y en junio de 1975 fue creado el Instituto
208
Muy pronto, se organizó una oposición impresionante de varias asociaciones de la empresa privada,
que montaron una campaña que en pocos meses
puso en jaque al Gobierno. Esta se inició con la
declaración del 9 de julio. La Asociación Nacional
de la Empresa Privada (ANEP) manifestó que no se
oponía a las reformas, pero estaba en contra de lo
que denominaba la injerencia estatal, en forma negativa, en la vida económica y social de nuestro país.
La ANEP denunciaba el excesivo poder que se
arrogaba el Estado y defendía la propiedad privada.
La asociación llegó incluso a creer que el Gobierno
se inspiraba en principios de planificación centralizada, con lo cual se preparaban las bases para la
implantación de un régimen político de clara tendencia totalitaria.1
A las declaraciones de la ANEP, el sector agrario
pasó a la propaganda y a la organización. Así, surgieron varias agrupaciones que bajo la dirección
de la Asociación de Agricultores de Oriente y de
Cerealeros de El Salvador serían la base para la formación del Frente Agrario de la Región Oriental.
Entre esas agrupaciones se encontraban el Comité
Cívico de Agricultores de Occidente, el Comité Pro
Defensa de los Derechos Humanos, el Comité Pro
Defensa de la Propiedad Privada en Función Social
y el Frente Femenino.2
Las nuevas agrupaciones desplegaron una fuerte
campaña de publicidad, en las que atacaban la
reforma agraria, a los funcionarios comprometidos con la elaboración del Primer Proyecto y a las
instituciones que se habían manifestado por su
puesta en marcha. El director del Consejo Nacional
de Planificación (CONAPLAN), el subsecretario
del Ministerio de Agricultura y Ganadería y los
miembros del Consejo Superior de la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) fueron
acusados de ser agentes del comunismo internacional.3 Algunas acusaciones de la ANEP, en su debate
con el Gobierno, se tornaron denuncias personales por corrupción e ineficacia; señalando: Ahora
(el Estado) despoja la tierra a los agricultores de
Oriente, paraliza el comercio en toda la República,
mañana te despojará de la tenencia de tu casa, tu
cuenta bancaria, tu vehículo, tu trabajo, tus hijos y
aplastará tu pensamiento y doblegará tu voluntad.4
Del debate y la propaganda se pasó a la movilización, organizando concentraciones masivas: el 23
de agosto, en San Miguel; el 2 de septiembre, en
Usulután; el 12 de septiembre, en Sonsonate y el
4 de octubre, en Zacatecoluca. El objetivo de estas
concentraciones era unificar criterios y determinar
las acción por tomar ante el inminente peligro de
despojo de las tierras de su propiedad. En ellas, se
reunían grandes terratenientes, medianos propietarios y sus jornaleros, colonos y arrendatarios. Se
llamaba a la unidad y a la lucha, a no vender las
tierras, a destituir a los funcionarios del Instituto
Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) y
a proponer contraproyectos de reforma.5
diciendo: A sus órdenes mi capital.6 Artículo que
costó a la UCA la supresión de la ayuda económica
que recibía del Gobierno y a partir de entonces,
sería objeto de atentados.
Por otro lado, el proyecto de reforma agraria
también sufría embates de parte de la izquierda
radical. La Asociación Nacional de Educadores
Salvadoreños (ANDES), por ejemplo, lo calificaba
de reformas dictadas por el imperialismo yanqui.
Sin embargo, algunos sectores importantes continuaron brindando apoyo al proyecto, y el Gobierno
incluso intentó movilizar a las masas campesinas
por medio de ORDEN y otras organizaciones. El 1
de julio de 1976, fueron movilizados entre 70,000 y
100,000 campesinos en una marcha. Estos dejaban
entrever una doble intención; por un lado, el apoyo
a la reforma y, por otro, la necesidad que tenían los
campesinos de la tierra.7 Pero para el 20 de octubre
de 1976, se anunciaron cambios que significaron el
congelamiento de la reforma. A pesar de la promesa
de Molina de no dar ni un paso atrás en esta lucha,
el Presidente, de hecho, reconoció su derrota.
Así, la ANEP y todas las organizaciones surgidas
lograron detener el proyecto gubernamental.
Ante ese hecho, el padre Ignacio Ellacuría en el editorial de uno de los números de la revista Estudios
Centroamericanos (ECA) de la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas titulado: A sus
órdenes mi capital, criticó duramente al Gobierno
por haberse echado atrás en su reforma agraria: El
Gobierno ha cedido, el Gobierno se ha sometido, el
Gobierno ha obedecido. Después de tantos aspavientos de previsión, de fuerza, de decisión, ha acabado
Ganaderos santanecos discuten formar un solo frente de defensa
a raíz del Primer Proyecto de Transformación Agraria. Tomado de:
La Prensa Gráfica, sábado 28 de agosto de 1976.
209
Estos acontecimientos han sido interpretados de
distinta manera por los analistas. Nunca, hasta la
fecha, se había visto a un Gobierno ser confrontado
por los sectores económicamente más poderosos
de forma tan abierta y hasta hostil. La decisión del
Gobierno no era improvisada, ya que los programas
de reforma se habían planeado con antelación, lo
cual era sabido por los grandes terratenientes.
Puesto que el Gobierno de la época estaba bajo el
control militar, el enfrentamiento era visto como
el choque de dos de los principales poderes de la
sociedad. Por un lado estaban los militares, que
intentaban reactivar su papel de impulsores de las
reformas sociales, papel que se remontaba a 1948,
recuérdese la referencia al “brazo armado del pueblo”. Por el otro lado, las organizaciones representativas del gran capital, a las que no les convencía
el argumento de Molina de que estas reformas eran
un seguro de vida para evitar la revolución si no se
realizaban. Para ellos, la propuesta del Gobierno
era tan peligrosa como cualquier revolución, puesto
que atentaba contra la propiedad privada y le daba
al Estado el papel de protagonista central en la
sociedad. Ya que no existían verdaderas instituciones democráticas para canalizar otras opiniones, las
de estos dos bandos fueron las únicas que pesaron
en la contienda.
Recuadro 30.2
Molina y la Reforma Agraria
El presidente Molina tuvo que defender su ini- porque somos parte entrañable del pueblo salciativa de transformación agraria ante la cre- vadoreño, que juramos defender, aun a costa de
ciente oposición de sectores terratenientes. Los nuestras propias vidas.
siguientes extractos de dos de sus discursos reflejan los argumentos que utilizó.
[...]la Fuerza Armada de El Salvador es parte
vibrante del pueblo salvadoreño, cuya seguridad
Nada ni nadie nos hará retroceder un solo paso hemos jurado defender todos sus miembros, con
en la transformación agraria [...]tenemos que el sacrificio de nuestras vidas si fuera necesario.
aprender a identificar a los grandes enemigos Y estamos conscientes de que la seguridad naciode la transformación agraria: aquellos pocos que nal es imposible, si subsisten las condiciones de
rechazan el seguro de vida para la libre empresa subdesarrollo y de injusticia social de nuestras
y el régimen democrático, con el objeto de man- mayorías.
tener privilegios injustos, y los comunistas y sus
aliados que tratarán de detenemos[...]
Y si en la guerra se prueban la decisión y el
heroísmo, igualmente se requieren en la paz,
Y en este nuevo amanecer, quiero elevar el especialmente en esta batalla que ahora estamos
reconocimiento esencial a mis compañeros, los librando, y en la que estamos dispuestos a commiembros de la Fuerza Armada, que han sido, batir las 24 horas del día[...]
son y serán partícipes y, al mismo tiempo, garantes de la transformación nacional, contra cualEn este 15 de septiembre de 1976, con el pensaquiera que trate de oponérsele[...]
miento puesto en los próceres y en el Supremo
Hacedor, les repito, y de una vez por todas
Como su Comandante General, en nombre de que no daremos ni un paso atrás en el camino
la Fuerza Armada de El Salvador puedo garan- de la transformación nacional, que continuaré
tizar a los salvadoreños que estamos dispuestos dedicándole todos mis esfuerzos hasta el último
a cualquier sacrificio, en esta batalla contra el día de mi mandato, con definición, decisión y
subdesarrollo económico y la injusticia social, firmeza.
210
30.3 Surgimiento de grupos
insurgentes
Durante buena parte de la década de 1970, los
partidos de oposición fueron reducidos al papel
de víctimas de la represión, sin tener posibilidad
alguna de alcanzar el poder. Al no desarrollarse un
sistema democrático sobre la base de partidos políticos representativos, muchas personas buscaron
otras formas de organización que consideraban
más eficaces. También, hubo quienes rechazaban
el marco democrático, y tanto en la izquierda como
en la derecha aparecieron grupos que utilizaron la
violencia como su principal arma de lucha dentro
de una estructura clandestina.
La izquierda utilizó un método cuya fórmula revolucionaria combinaba la lucha armada con la organización de masas. En 1970, se empezaron a crear
las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo
Martí (FPL-FM) y el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP). Les siguieron las Fuerzas Armadas
de la Resistencia Nacional (FARN) en 1975 y el
Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) en 1976. Su importancia solo
fue notable en la medida en que el fracaso de la
oposición electoral fue alimentando sus filas y las
de las organizaciones populares que simpatizaban
con ellos. Estas últimas eran agrupaciones que
lograron conseguir muchos seguidores y que de distintas maneras se fueron articulando con los grupos
guerrilleros. Se organizaban como frentes o bloques,
que agrupaban todo tipo de organizaciones, desde
estudiantiles a sindicales o profesionales.
Así, en 1974, las FPL organizaron el Bloque Popular
Revolucionario (BPR), un amplio frente de masas.
Pertenecieron al BPR organizaciones urbanas
como ANDES, Universitarios Revolucionarios
19 de Julio (UR-19), Movimiento de Estudiantes
Revolucionarios de Secundaria (MERS), la Unión
de Pobladores de Tugurios (UPT) y la Federación
Sindical Revolucionaria José Guillermo Rivas
(FSR). Pero también pertenecieron al BPR organizaciones campesinas como la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y la Federación
Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS).
Posteriormente, ambas formaron la Federación
de Trabajadores del Campo (FTC). El BPR salió a
la palestra política en agosto de 1975 con la toma
de la Catedral Metropolitana, para protestar por
la masacre de estudiantes de la Universidad de El
Salvador (UES) y de secundaria frente al Instituto
Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) el 30 de julio
de 1975.8
Representantes de movimientos sociales. Tomado de: El Diario
de Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en El
Salvador. p.99.
Durante el período de Molina, el movimiento guerrillero adquirió notoriedad por sus acciones militares y en particular por los numerosos secuestros
que llevó cabo para lograr dinero y objetivos políticos, como el de varios empresarios importantes.
Entre ellos, Ernesto Regalado Dueñas, quien fue
asesinado por sus captores, y Francisco de Sola,
liberado después del pago de un rescate. Asimismo,
secuestraron a funcionarios destacados del gobierno del coronel Molina: Roberto Poma y Mauricio
Borgonovo Polh, ambos asesinados a manos de sus
captores. También, tomaron emisoras de radio y
obligaron a los empleados a transmitir mensajes
que criticaban al Gobierno y llamaban a la población a unírseles.
Según el informe de la Comisión de la Verdad,
entre los años 1985 y 1988, un número elevado
de alcaldes de poblaciones situadas en zonas de
conflicto fue ejecutado sin fórmula de juicio por
el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una
de las organizaciones integrantes del FMLN. Estas
ejecuciones se produjeron en aplicación de una
política del Frente, admitida públicamente por este.
La Comisión concluye lo siguiente:
211
“La comandancia general del FMLN aprobó y adoptó una política de asesinar a los alcaldes que ellos
consideraban que hacían una labor de oposición.
El “núcleo” del colectivo llevaba a cabo dicha política y ordenaba a sus comandantes que asesinaran a
los alcaldes que hacían una labor de oposición”.
Las ejecuciones de alcaldes por parte del FMLN
constituyeron violaciones de las normas del derecho internacional humanitaria y de las normas del
derecho internacional de los derechos humanos. En
cuanto a la calificación de los hechos, la Comisión
examinó los argumentos presentados por el Frente
para justificar la política de ejecución de alcaldes.
Sin embargo, estas no fueron aceptadas por la
Comisión porque no encontró elementos que permitieran afirmar que los alcaldes ejecutados fueran
combatientes como tampoco que hayan perdido la
vida como consecuencia de una acción de combate
por parte del Frente. La ejecución de una persona, tenga o no el carácter de combatiente, que se
encuentra en poder de una fuerza guerrillera y que
no pone resistencia, no es una acción de combate.
La Comisión recuerda que, cuando se trata de aplicaciones de penas a personas acusadas de delitos,
deben observarse los elementos esenciales del debido proceso legal. El derecho internacional humanitario en ninguna forma exime de esta obligación a
las partes en el conflicto, y el derecho internacional
de los derechos humanos no exime de esta obligación a la parte que tenga control efectivo de un
territorio con respecto de las personas dentro de su
jurisdicción”.9 Por otro lado, en la derecha surgieron
grupos radicalizados, que operaron como escuadrones de la muerte, integrados por civiles y militares.
Según el Informe de la Comisión de la Verdad, los
escuadrones de la muerte fueron organizaciones
de personas que solían vestir de civil, estaban fuertemente armadas, actuaban en la clandestinidad y
ocultaban su afiliación e identidad. Secuestraban a
miembros de la población civil y de grupos rebeldes.
Torturaban a sus rehenes, los hacían desaparecer y
usualmente los ejecutaban.10
Curiosamente, no hubo ni un solo caso que fuera
llevado a los tribunales, funcionaban con total
impunidad. Llamaba también la atención la forma
dirigida de sus operaciones, algo que reflejaba que
212
contaban con información precisa y una amplia
red de informantes a nivel nacional. En el terreno
público, estos grupos se manifestaban por medio
de organizaciones con distintos nombres que con
frecuencia utilizaban los medios de comunicación
para expresar las ideas de la derecha más radical.
De esta manera, la sociedad salvadoreña se fue dividiendo y polarizando por la acción de dos bandos.
Como era de esperarse, esta polarización tuvo efectos en muchas instituciones sociales, entre las que
destacaban la UES y la Iglesia Católica. Durante el
régimen de Julio Rivera, en la década de 1960, la
UES había recibió un importante apoyo económico
del Estado, lo cual le permitió doblar el ingreso de
estudiantes entre 1962 y 1969, a la vez que el presupuesto universitario se cuadruplicó. Al inicio de
la década de 1970, la UES no solo se había democratizado al aceptar a más estudiantes de las clases
populares, sino que también gradualmente se había
convertido en un foco importante de oposición al
régimen. Pues, durante la década de 1960 se había
desarrollado en su seno toda la gama de grupos
políticos que luego se expresaron en los movimientos radicales de la década siguiente. Desde entonces,
estos grupos se enfrentaron en la UES, rivalizando
entre sí tan enconadamente como lo hacían contra
el Gobierno. Esto debilitó a la Universidad y contribuyó a facilitar la intervención ordenada por el presidente Molina en 1972. Así se formó un Consejo
de Administración Provisional. A partir de 1978, la
UES empezó a recuperar su autonomía. También la
UCA, que venía operando desde 1965, fue acusada
de servir de apoyo intelectual a la izquierda, a pesar
de que inicialmente apoyó al Gobierno de Molina
cuando este intentó impulsar la reforma agraria.
Las agresiones contra la UCA llegaron hasta la
colocación de bombas en los predios universitarios.
En sus instalaciones fue asesinado el asesor militar
de EE.UU Albert A. Schaufelberger en 1983 por la
FPL.
El caso de la UCA reviste cierta complejidad, porque en ella no se dieron expresiones del todo manifiestas de apoyo a la guerrilla de ningún grupo, sino
una proyección crítica de altos funcionarios y académicos respaldada por la investigación científica y
una visión ético-cristiana.
La participación de la Iglesia Católica en este escenario tiene particular importancia. Normalmente,
se le veía como una institución conservadora, comprometida con el orden social establecido, pero a
partir del Concilio Vaticano II de 1965 asumió un
papel mucho más activo en el campo social.
La Iglesia interpretaba los signos de los tiempos,
viendo las necesidades del mundo, especialmente el sufrimiento de los pobres que cada vez era
mayor y comprendiendo a cabalidad el mensaje
liberador de Jesús. Curiosamente, la Iglesia hasta
ahora intentaba asumir un compromiso serio de
opción preferencial por los marginados, justo
cuando el comunismo avanzaba en el mundo desempeñando esa tarea.
Así que, en correspondencia con el Concilio, los
obispos latinoamericanos reunidos en Medellín en
1968 definieron una línea de acción denominada
opción por los pobres, que supuso un compromiso
con los desposeídos, según las particularidades de
cada país.
na. Sin embargo, gradualmente la línea que los
obispos latinoamericanos adoptaron en Medellín
fue imponiéndose, sobre todo en el campo. Es así
como desde principios de la década de 1970, se
iniciaron las primeras comunidades cristianas en
Aguilares, Guazapa, Ilopango y otras localidades.
Ante el cierre de las opciones democráticas y la vía
electoral, muchos de sus miembros sintieron afinidad por las nacientes organizaciones populares, lo
que llevó al gobierno y a la derecha a considerarlos a todos como parte de la misma conspiración
comunista ya presente en El Salvador.
Los múltiples ataques de que fueron objeto los
cristianos aumentaron hasta llegar a los primeros
asesinatos de sacerdotes en 1977, lo que atrajo la
atención internacional sobre El Salvador. En ese
año, debido a su retiro, monseñor Chávez dejó una
Iglesia sumergida en el conflicto social que envolvía al país. Su sucesor, monseñor Óscar Arnulfo
Romero, le dio una dimensión más profética a este
compromiso que él llamó pastoral de acompañamiento y que le costó la vida.
En el caso salvadoreño, monseñor Luis Chávez
y González, quien había sido arzobispo de San
Salvador desde la época de Hernández Martínez,
poco a poco fue orientándose a un nuevo modelo
de iglesia en el cual el centro de atención no estaba
en los sacerdotes, sino en los fieles, organizados en
comunidades eclesiales de base (ceb).
Se pasó de una labor meramente caritativa a la
promoción cada vez más decidida de las reformas
sociales y a la organización de los sectores populares a favor de un verdadero protagonismo en la
vida de la Iglesia y en el cambio social, siguiendo
los lineamientos de las Conferencias Episcopales
Latinoamericanas, sobre todo las de Medellín
(Colombia) y Puebla (México), celebradas en 1968
y 1979 respectivamente.
Esto produjo una división al interior de la Iglesia,
entre los sacerdotes y los fieles, ya que muchos
objetaban las nuevas directrices como una intervención política contraria a la tradición cristia-
Monseñor Luis Chávez y González, arzobispo de San Salvador. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 242.
213
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador
desde 1977 a 1980.
Recuadro 30.3
La Voz de Monseñor Romero
El 28 de diciembre de 1977, a 10 meses de su
Arzobispado, Mons. Romero decía: “cuando un
Rey manda matar niños, matar gente, los soldados
no tienen que obedecer”. La víspera de su asesinato,
habría de repetir palabras parecidas (…) Eso era
para él la predicación: un verdadero ministerio.
Fragmento de la homilía del 8 de enero de 1978: La
luz de Dios es la que debe iluminar esta lucha de
la Iglesia, la renovación de Cristo, la esperanza de
que el paraíso no existe en esta tierra pero que hay
que reflejarlo. El reino de Dios que será perfecto en
la eternidad hay que reflejarlo en las relaciones de
esta tierra porque no se va improvisar. El ciudadano del cielo tiene que ser antes un buen ciudadano
en la tierra. El que quiera ser partícipe de las promesas de eternidad, tiene que ser colaborador con
Dios en la justicia, y en la paz, y en el amor en este
reino de la tierra.
De ahí, hermanos, que la lucha de la Iglesia es por
sembrar más amor, por despertar más esperanza,
214
por arrepentir de los pecados a los pecadores, por
acercarlos en la conversión a Dios, por renovarnos
internamente. Mientras no comprendamos esta luz
de la Epifanía, no tenemos el concepto claro de la
liberación que la Iglesia predica.
Monseñor Romero fue asesinado el 24 de marzo
de 1980 mientras celebraba su última misa. En
esta época, ante la situación de violencia, había
expresado la siguiente exhortación: “En nombre
de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo
cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más
tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en
nombre de Dios: ¡Cese la represión…”
(Texto en cursivas tomado de Mons. Oscar A.
Romero. Su pensamiento. Homilías Ciclo A.
Adviento-Navidad-Epifanía. 27 de noviembre
1977-5 de febrero 1978. Publicaciones Pastorales
del Arzobispado, 1980. San Salvador, El Salvador.
Páginas. II, 143-144.
30.4 Las Juntas de Gobierno y las
reformas
En la medida en que la oposición al Gobierno del
general Carlos Humberto Romero se agudizaba,
algunos militares se dieron cuenta de que sería
necesario efectuar cambios en la dirección política del país para evitar una confrontación mayor.
Pesaba en su análisis la caída del dictador Anastasio
Somoza Debayle en Nicaragua, a mediados de 1979.
Somoza, aislado por la comunidad internacional
por las violaciones a los derechos humanos cometidos por su Guardia Nacional, tuvo que salir hacia
el exilio pocas horas antes de que las fuerzas triunfantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional
(FSLN) se apoderaran de la ciudad de Managua el
19 de julio.
Además, consideraban la política estadounidense
en defensa de los derechos humanos impulsada
por el presidente Jimmy Carter. Carter ya había
enviado a sus emisarios a San Salvador para que
manifestaran su repudio a la represión desatada
por el gobierno del general Romero y trataran de
persuadirlo para que buscara una negociación con
sus enemigos políticos.
Por su parte, las fuerzas opositoras al régimen de
Romero se sintieron más fuertes y confiadas como
para presionar abiertamente a las fuerzas del orden
público. Cuando el Gobierno restableció las garantías constitucionales en marzo de 1979, comenzaron las huelgas y las tomas de edificios públicos que
la policía trató de controlar sin mayor éxito.
Por el contrario, el uso de armas de fuego para
disolver manifestaciones fue transmitido por las
cámaras de la televisión a los hogares de norteamericanos y europeos, quienes observaban horrorizados masacres como la de los 24 manifestantes en las
gradas de la Catedral de San Salvador el 8 de mayo
de 1979. Los gobiernos de Alemania Federal, Japón,
Suiza, Gran Bretaña y Costa Rica decidieron cerrar
sus embajadas en El Salvador ante la incontrolable espiral de violencia. Esto representó un golpe
político para el gobierno salvadoreño, porque de
Desórdenes en las gradas de la Catedral Metropolitana de San
Salvador, el 8 de mayo de 1979. Tomado de: La Prensa Gráfica,
9 de mayo de 1979. No hay guerra que dure cien años...El Salvador 1979-1992. San Salvador: ALGIER’S Impresores S.A. de
C.V.,1993. p.10.
alguna manera suponía grados de aislamiento de
la comunidad internacional. Finalmente, la Fuerza
Armada decidió derrocar a su presidente y comandante en jefe, el general Romero. El 15 de octubre
de 1979, varios cuarteles y destacamentos se declararon en rebelión y el último presidente militar de
El Salvador abandonó el país rumbo al exilio en
México. Ese mismo día, un grupo de militares golpistas redactó una proclama que constituye una de
las más categóricas denuncias de las injusticias que
había conocido El Salvador hasta entonces.
Los golpistas se comprometieron a detener las violaciones a los derechos humanos y la violencia política, a la vez que anunciaban medidas para lograr una
distribución equitativa de la riqueza nacional, sobre
todo una reforma agraria, a la banca y al comercio
exterior. Aparentemente, había un voluntarismo
dispuesto a hacer frente a los grandes desafíos del
país, coincidente con las banderas de la izquierda.
Glosario
Garantías constitucionales: Garantías que
establece la Constitución a favor de los individuos, respetando sus derechos.
215
Cuadro 30.4
Proclama de la Fuerza Armada
(Con ocasión del golpe de Estado del 15 de octubre de 1979)
A. La Fuerza Armada de El Salvador, plenamendemocrático.
te consciente de sus sagrados deberes para
con el pueblo salvadoreño y compenetrada
Los lineamientos de este Programa de Emergencia
del clamor de todos sus habitantes contra un
son los siguientes:
Gobierno que:
I. CESE A LA VIOLENCIA Y CORRUPCIÓN.
A) Haciendo efectiva la disolución de ORDEN
1. Ha violado los derechos humanos del congloy combatiendo organizaciones extremistas
merado.
que con sus actuaciones violen los Derechos
2. Ha fomentado y tolerado la corrupción en la
Humanos.
administración pública y de justicia.
B) Erradicando prácticas corruptas en la Admi3. Ha creado un verdadero desastre económico
nistración Pública y de la Justicia.
y social.
4. Ha desprestigiado profundamente al país y a
II. GARANTIZAR LA VIGENCIA DE LOS
la noble institución armada.
DERECHOS HUMANOS.
A) Creando el ambiente propicio para lograr
C. Conocedora con certeza de que los gobiernos
elecciones verdaderamente libres dentro de
en turno, productos a la vez de escandalosos
un plazo razonable.
fraudes electorales, han adoptado programas
B) Permitiendo la constitución de Partidos de
inadecuados de desarrollo, en los que los tímitodas las ideologías, de manera que se fortados cambios de estructuras han sido frenados
lezca el sistema democrático.
por el poder económico y político de sectores
conservadores, los cuales en todo momen- C) Concediendo amnistía general a todos los
exiliados y presos políticos.
to han defendido sus privilegios ancestrales
de clases dominantes, poniendo incluso en D) Reconociendo y respetando el Derecho de
peligro el capital consciente y de proyección
sindicalización de todos los sectores laborasocial del país, el cual ha manifestado su inteles.
rés en lograr un desarrollo económico justo E) Estimulando la libre emisión del pensamiende la población.
to, de acuerdo con normas éticas.
D. Firmemente convencida de que las condi- III. ADOPTAR MEDIDAS QUE CONDUZCAN
ciones anteriores son la causa fundamental
A UNA DISTRIBUCIÓN EQUITATIVA
del caos económico y social y de la violencia
DE LA RIQUEZA NACIONAL, INCREque se está adoleciendo en la actualidad, lo
MENTANDO AL MISMO TIEMPO, EN
cual sólo puede ser superado con la llegaFORMA ACELERADA, EL PRODUCTO
da al Poder de un Gobierno que garantice
TERRITORIAL BRUTO.
la vigencia de un régimen auténticamente
216
A) Creando bases firmes para iniciar un proceso
de Reforma Agraria.
B) Proporcionando mayores oportunidades económicas para la población, mediante reformas en el sector financiero, tributario y de
comercio exterior del país.
C) Adoptando medidas de protección al consumidor para contrarrestar los efectos de la
inflación.
D) Implementando programas especiales de
desarrollo que tengan por objetivo aumentar
la producción nacional y crear fuentes adicionales de trabajo.
E) Reconociendo y garantizando el derecho a la
vivienda, alimentación, educación y salud de
todos los habitantes del país.
F) Garantizando la propiedad privada en función social.
IV. ENCAUZAR EN FORMA POSITIVA LAS
RELACIONES EXTERNAS DEL PAÍS.
A) Restableciendo relaciones con el hermano
país de Honduras con la mayor brevedad
posible.
B) Fortaleciendo vínculos con el hermano pueblo de Nicaragua y su Gobierno.
C) Estrechando los vínculos que nos unen
con los pueblos y gobiernos de las hermanas Repúblicas de Guatemala, Costa Rica y
Panamá.
D) Estableciendo relaciones cordiales con todos
los países del mundo que estén dispuestos a
apoyar las luchas de nuestro pueblo y respetar nuestra soberanía.
E) Garantizando el cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos.
Primera Junta Revolucionaria de gobierno, integrada por los coroneles Jaime Abdul Gutiérrez y Adolfo Majano, y por los civiles Guillermo
Manuel Ungo, Mario Andino y Román Mayorga Quirós. Tomado de: El Diario de Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en
El Salvador. p. 95.
217
A los pocos días, se había conformado una Junta
Revolucionaria de Gobierno, integrada por dos
militares y tres civiles. Sin embargo, la Junta se
encontró en una situación de gran dificultad: por
un lado, las fuerzas de la izquierda, aglutinadas
ya en diversos movimientos de masas, seguían
manifestando y tomando edificios públicos para
protestar contra la Junta.
Por el otro, la derecha se organizaba para oponerse
a las reformas anunciadas. También, comenzaron
a perfilarse con mayor nitidez las diferencias en el
seno de la Fuerza Armada. Varios de los promotores del golpe del 15 de octubre fueron marginados,
y el grupo de oficiales jóvenes comprometidos con
el programa de reformas sociales tuvo que subordinarse a los oficiales de mayor jerarquía, quienes
no tendrían el mismo entusiasmo por los cambios
que se habian anunciado.
La Junta, incapaz de controlar el rumbo de los
acontecimientos y la espiral creciente de violencia, no pudo poner en marcha la reforma agraria
y otras medidas anunciadas. Hacia finales de año,
durante una tormentosa reunión, la Junta y su
gabinete de gobierno emplazaron al Alto Mando
de la Fuerza Armada, exigiendo una estricta obediencia de los militares al gobierno y un cese a la
represión. Ante la negativa del Alto Mando, los
civiles en la Junta y los ministros del Gabinete
renunciaron a comienzos de 1980, dando fin a la
Primera Junta.
Rápidamente, se conformó una Segunda Junta de
Gobierno con base en un acuerdo entre el Partido
Demócrata Cristiano y la fuerza armada. Dicho
acuerdo expresó la voluntad de ambas partes de
realizar una reforma agraria y la nacionalización
(control por parte del Estado) de la banca y del
comercio exterior.
Efectivamente, en marzo de 1980, se decretó la
reforma agraria, anhelo de muchos campesinos sin
tierra y de dirigentes del centro y de la izquierda
política. Según el decreto de reforma agraria, toda
propiedad individual mayor de 500 hectáreas sería
expropiada y entregada a cooperativas, mientras
que aquellos campesinos que alquilaban tierras
tendrían la opción de comprarlas a plazos.
Sin embargo, esta medida se dio cuando la situación en algunas partes del país era ya de conflicto abierto: difícilmente se podría impulsar una
reforma agraria eficaz cuando soldados y guerrilleros ya estaban enfrentándose en diversas zonas
rurales del país. En todo caso, la reforma agraria
afectó aproximadamente a un 16% de las tierras
agrícolas del país, sobre todo en las zonas central
y oriental.
Segunda Junta Revolucionaria de Gobierno, integrada por los coroneles Jaime Abdul Gutiérrez y Adolfo Majano, y por los civiles Antonio
Morales Erlich, Héctor Dada Hirezi y José Ramón Ávalos Navarrete. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Óscar. El Salvador. Historia General.
San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007. p. 117.
218
Tercera Junta Revolucionaria de Gobierno, compuesta por el coronel Jaime Abdul Gutiérrez y los civiles Antonio Morales Erlich, José
Ramón Ávalos Navarrete y José Napoleón Duarte. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación,
1994. p. 248.
Esta reforma agraria se convirtió enseguida en eje de
las contradicciones entre un sector muy conservador y algunos sectores reformistas de la burguesía,
especialmente socialcristianos. En la práctica, los
grandes cafetaleros y el grupo económico fuerte del
país no aceptaron el plan de reformas, que estaba
destinado a debilitar el apoyo del campesinado y de
los pobres de las ciudades a las organizaciones revolucionarias. El sector económico poderoso optó por
mantener el control total sobre las riquezas, en vez
de ceder una parte como táctica para neutralizar las
ansias revolucionarias del pueblo.
Sin el apoyo de este grupo económico, la influencia
de la junta disminuyó rápidamente y se vio que los
reformistas carecían de control en el aparato militar.
Ya en diciembre de 1979 los civiles Mayorga, Ungo
y Andino habían renunciado a la junta y los militares progresistas se vieron obligados a abandonar
el país para salvar sus vidas. Cuando el decreto de
reforma agraria fue promulgado, el poder ya estaba
firmemente asegurado en las manos de militares
decididos a defender los privilegios de la burguesía
en la sociedad salvadoreña.
La nacionalización de la banca y del comercio exterior, realizada en marzo de 1980, se entendió como
una medida complementaria a la de la reforma
agraria. Al pasar los bancos a manos del Estado, este
estaría en condiciones de canalizar los préstamos a
las cooperativas y los propietarios que se estaban
creando en las zonas rurales por la reforma agraria.
Asimismo, el control estatal del comercio exterior
de los principales productos de exportación suponía que el Estado captaba las ganancias que antes
terminaban en manos de los dueños de las empresas
exportadoras de café, algodón y azúcar. Estas medidas fueron rechazadas por el sector privado, por el
temor de que siguiera una serie de medidas socializantes, a la vez que se incrementaba el conflicto
militar. Así, las reformas caían en un fuego cruzado
en el que era difícil avanzar.
Dentro de la Fuerza Armada, hubo desacuerdos
sobre el rumbo que debería tomar el gobierno de
la Junta: si avanzar con la reforma agraria, impulsando la llamada Fase Dos (que expropiaría toda
propiedad mayor de 150 hectáreas) o incrementar el esfuerzo militar para controlar a los grupos
guerrilleros. Ambas opciones buscaban el mismo
objetivo: imponerse a la guerrilla izquierdista quitándole “banderas”, es decir, ofreciéndole al pueblo
cosas parecidas a las que ofrecía la izquierda, o
derrotándola en el campo militar. Con el tiempo,
prevaleció la opción por la solución militar y las
reformas importantes no pasaron de las que decretó
la Junta en marzo de 1980.
Una vez que la guerrilla se volvió una fuerza militarmente poderosa, ya no se vio otra salida que no
fuera la guerra. En verdad, las reformas eran buenas
pero llegaban demasiado tarde.
219
Conclusión
En la década de los setenta, se deterioraron de
manera acelerada las incipientes instituciones
democráticas que se habían empezado a gestar
en la década anterior. Los gobiernos de turno,
en especial el presidido por el coronel Molina,
intentaron combinar una política de reformas
sociales, en la tradición de la Juventud Militar
de 1948, con una, cada vez más, fuerte represión
política y social.
Las reformas sociales fracasaron al no prosperar
la transformación agraria de 1976, mientras que
la represión no logró controlar la creciente oposición al Gobierno, sino que aceleró el deterioro
de la situación.
En ese contexto, nuevas organizaciones sociales fueron desplazando a los partidos políticos
tradicionales, empleando muchas de ellas procedimientos violentos que agudizaron la confrontación social. Todas las instituciones civiles
fueron afectadas por este proceso, incluyendo las vinculadas con la educación y la Iglesia
Católica.
Las condiciones estaban dadas para una agudiza-
ción del enfrentamiento en la década siguiente,
ahora dentro de un esquema que abarcaría toda
la región centroamericana, atrapada en un conflicto de mayores dimensiones.
Un intento por evitar la crisis en proporciones
nunca imaginadas vino también de los militares, desde su punto de vista, sintiendo el deber
de la responsabilidad histórica que pesaba en la
institución castrense. A eso respondió el golpe
de Estado de 1979 contra el general Carlos
Humberto Romero.
Los golpistas se comprometieron a detener las
violaciones a los derechos humanos y la violencia
política, anunciando a la vez medidas para lograr
una distribución equitativa de la riqueza del país,
sobre todo llevando a cabo una reforma agraria y
estatizando la banca y el comercio exterior.
Sin embargo, las propuestas que tenían no eran
fáciles de realizar, al grado que al conformarse
la Junta Revolucionaria de Gobierno, pronto
encontró dificultades y dio paso a una segunda
y tercera junta. Al final, el contexto no permitió
mayores cambios de los propuestos.
Referencias bibliográficas
1. GORDON, Sara. Crisis política y guerra en El Salvador. México D.F.: Siglo XXI Editores, 1989. p.193.
2. ibid. p.197.
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Simeón Cañas”, 1976. pp. 637-643.
7. GORDON, Sara. Op. cit. p.197.
8. CASTRO HERNÁNDEZ, Pablo de J. El inicio del fin de la dictadura militar. En MARTÍNEZ PEÑATE, Óscar (coordinador). El Salvador: Historia
General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007. pp. 114 y 115.
9. De la locura a la esperanza. La guerra de doce años en El Salvador. Informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador. San Salvador:
Estudios Centroamericanos, No. 533, Marzo de 1993. pp.88-289.
10. ibid. p.275.
220
Capítulo 31 El conflicto armado
Civiles buscan refugio durante la ofensiva guerrillera de 1989. Tomado de: MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar (coordinador). El Salvador:
Historia General. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 2007. p. 162.
Introducción
Las crecientes tensiones políticas y sociales que desde
la década de los treinta venían manifestándose desencadenaron en un conflicto armado a partir de 1980,
esto debido a que la década de los años setenta no vio
una salida a la crisis social imperante, los actores sociales se cerraron a un verdadero diálogo y negociación
mostrando más interés en sus posiciones particulares. El golpe de Estado de 1979 constituyó la última
esperanza de alcanzar acuerdos políticos mediante
la implementación de reformas en materia política,
económica, militar y social, el auge de violencia generado por las extremas izquierda y derecha, tirando al
traste la oportunidad de evitar un conflicto armado,
que aunado al triunfo de la revolución sandinista en
Nicaragua en 1979, generaba expectativas al movimiento insurgente salvadoreño que buscaba mediante
la lucha armada la toma del poder político.
De forma aislada en diversos momentos importantes
figuras políticas intentaron impulsar acuerdos que
permitieran alcanzar una solución negociada a la inmi-
nente guerra que se veía venir, que se da en el contexto
internacional del enfrentamiento político-ideológico
que enfrentaba a la URSS y EE.UU, esto último tuvo
siempre diversas interpretaciones, algunas condicionadas por el contexto internacional, deducían que se
trataba de la prolongación de la guerra fría, de hecho
EE.UU apoyaba con ayuda económica y militar al
gobierno y la URSS apoyo con adiestramiento y envío
de armamento vía Cuba y Nicaragua a la naciente
insurgencia, finalmente los principales actores al finalizar la Guerra Fría decidieron poner fin a los conflictos militares en el mundo y crear un Nuevo Orden
Mundial. En dicho contexto hubo voces pidiendo una
solución negociada al conflicto, al llegar al poder José
Napoleón Duarte, con el PDC, promoviendo los diálogos de La Palma y Ayagualo en 1984 y el de Sesori al
cual no asistió la guerrilla; aunque hubo cierto interés
en ambas partes la dinámica política desatada fue el
principal obstáculo. Por último se hará un esfuerzo por
cuantificar las consecuencias sociales que trajo consigo
la guerra, principalmente su costo en vidas humanas,
los desplazamientos de la población al interior y exterior del país, los daños a la economía, a la infraestructura física y los costos de la reconstrucción.
221
31.1 El conflicto armado
La guerra de El Salvador durante la década de 1980
no fue declarada formalmente por ninguna de las
partes, como ocurre en los enfrentamientos entre
países. Fue un conflicto civil que aumentó de intensidad progresivamente, pasando de enfrentamientos
pequeños y aislados a grandes operaciones militares
que afectaron la vida de decenas de miles de habitantes de todo el país.
Además, diversas agrupaciones y personalidades
del país intentaron detener la violencia y buscaron
negociar el fin del conflicto. Una de estas figuras
fue el arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo
Romero, quien llamaba a la conciliación a través
de sus homilías dominicales transmitidas por radio
a todo el país. Monseñor Romero había mantenido relaciones difíciles con el gobierno del general
Romero a causa del asesinato de varios sacerdotes
y la violación de los derechos humanos. Apoyó el
golpe del 15 de octubre de 1979 como una oportunidad para retomar el camino del diálogo. Sin embargo, sus homilías se tornaron cada vez más críticas
del gobierno de la Junta y los cuerpos de seguridad,
a quienes acusó de diversas matanzas y persecuciones de civiles indefensos. En su última homilía, hizo
un llamado al ejército para que, en el nombre de
Dios, cesaran la represión contra el pueblo. Al día
siguiente, el 24 de marzo de 1980, el arzobispo fue
asesinado mientras oficiaba misa en la capilla del
Hospital de la Divina Providencia. Sus funerales en
la Catedral de San Salvador terminaron en medio
del estallido de bombas y balazos, y debido al pánico murieron atropelladas decenas de personas. Las
escenas de ese día trágico fueron transmitidas por
la televisión al mundo entero, evidenciando que
había sido silenciada una de las últimas voces que
llamaban al diálogo y a la conciliación.
Monseñor Oscar Arnulfo Romero interactuando con la comunidad nacional. Foto propiedad del Centro Monseñor Romero (UCA).
222
En marzo de ese año, habían muerto 487 personas en actos de violencia política, mientras que
en junio fueron más de 1,000. La actividad de los
sindicatos aumentó, hubo huelgas en empresas privadas y públicas, incluyendo la Comisión Ejecutiva
Hidroeléctrica del río Lempa (CEL). Para fines de
1980, el conflicto salvadoreño fue adquiriendo una
importancia continental y mundial.
Varias naciones estaban implicadas en apoyo a uno
u otro de los bandos en conflicto. Destacaba en
primer lugar, por su poderío y presencia, Estados
Unidos que consideraba a Centroamérica como
una zona de confrontación con la antigua Unión
Soviética en el contexto de la Guerra Fría quien buscaba expandir el comunismo internacional.
La administración del presidente Jimmy Carter,
consciente de los problemas que había ocasionado a Estados Unidos la revolución sandinista en
Nicaragua, decidió que no pasaría algo igual en El
Salvador. A mediados de 1980, la administración de
Carter había aprobado una partida de casi 6 millones de dólares en ayuda militar para El Salvador,
mientras insistía, por otro lado, en la necesidad de
respetar los derechos humanos de la población.
Las elecciones de noviembre de 1980 en Estados
Unidos llevaron a la presidencia a Ronald Reagan,
quien tomó posesión en enero de 1981. El nuevo presidente, declarado enemigo de la Unión Soviética, de
Cuba y de la Nicaragua sandinista, alertó sobre los
peligros que se estaban gestando en El Salvador para
la seguridad de su país. Sus asesores y los estrategas
del Departamento de Estado y del Pentágono (el
Ministerio de Defensa) temían que se podría generar un “efecto de dominó”. Es decir, después de caer
Nicaragua en manos de un gobierno revolucionario
de carácter antiestadounidense, caería El Salvador y
en seguida Guatemala.
El posible efecto era considerado en Washington
una amenaza seria a la seguridad nacional de Estados
Unidos y a sus intereses estratégicos en la región,
incluyendo el Canal de Panamá. Por lo tanto, la política que se implementó hacia El Salvador durante la
administración de Reagan buscó frenar el avance de
la izquierda revolucionaria. Sus esfuerzos se dirigieron a lograr que las fuerzas armadas de El Salvador
derrotaran a la insurgencia, sin la necesidad de usar
tropas de combate estadounidenses.
A tal efecto, el Gobierno de Estados Unidos aumentó rápidamente el suministro de armamento y asesoría militar a las tropas del ejército salvadoreño. Al
comienzo del conflicto, la Fuerza Armada contaban
con 6,000 efectivos, incluyendo a los cuerpos de
seguridad, pero para 1987 esta cifra había ascendido
a 56,000.
La dirección militar del ejército también se fortaleció bajo asesoría estadounidense; se le dio más
responsabilidades al Estado Mayor, que definía una
línea estratégica única. Finalmente, Estados Unidos
proporcionó importantes cantidades de armamento
avanzado, incluyendo helicópteros para el transporte de tropas y aviones diseñados para la lucha
contrainsurgente a nivel nacional.
Por otro lado, Nicaragua y Cuba dieron apoyo logístico a la guerrilla salvadoreña, incluyendo adiestramiento y armamento ligero. Los gobiernos de estos
dos países tenían un especial interés en un triunfo
revolucionario en El Salvador, ya que le daría más
fuerza a sus propios gobiernos.
Desde la ex Unión Soviética y los países de Europa
oriental también llegaba ayuda, vía Cuba y Nicaragua
incluyendo fusiles AK-47, Dragonov y misiles
SAM-6.
A causa de la guerrilla también contribuyeron
otros países como Etiopía, Bulgaria, Vietnam,
Checoslovaquia, Argelia y Libia. Incluso se recogió
dinero en la red de solidaridad del pueblo estadounidense. Todo esto, sin duda, era resultado del gran
esfuerzo hecho por la guerrilla, que desde que se
desató el conflicto desplegó un contingente de habilidosos miembros por todos los rincones del planeta
en busca de la solidaridad, logrando resultados
favorables. De otro modo, hubiese sido imposible
montar un aparato militar y logístico que pudiese
tener una incidencia sostenida por muchos años.1
223
La ayuda era canalizada al Frente Farabundo Martí
para la Liberación Nacional (FMLN), como se denominó la organización creada en octubre de 1979 con
la participación de los cinco grupos guerrilleros que
habían actuado hasta entonces de manera más o
menos independiente: el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP), las Fuerzas Populares de Liberación
(FPL), las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN), el Partido Revolucionario de los
Trabajadores Centroamericanos (PRTC) y las
Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), brazo armado del Partido Comunista de El Salvador. Aunque
existía coordinación sobre la estrategia militar, cada
una de las organizaciones tenía su concepción propia acerca de la mejor forma de proceder.
Con la idea de generar una insurrección popular, el
FMLN lanzó una ofensiva general el 10 de enero de
1981. De acuerdo con sus dirigentes, dicha ofensiva
tenía tres objetivos: la insurrección de las masas y la
huelga general; el ataque a los cuarteles y principales
ciudades, y la sublevación de los militares del ejército que apoyaban al FMLN. También, tenía como
fin lograr una victoria militar antes de la llegada a la
Casa Blanca del presidente electo Reagan.
La lucha armada se desató al menos en ocho
departamentos del país: San Salvador, Santa Ana,
Chalatenango, Cabañas, San Vicente, La Paz,
Morazán y Usulután. Los insurgentes tomaron
varios pueblos y barrios obreros, y lograron el levantamiento del cuartel de Santa Ana. Pero en las
ciudades los llamados a la huelga general y a los
levantamientos insurreccionales no tuvieron el éxito
esperado por los dirigentes de la guerrilla. El llamado a la insurrección tuvo más eco en el campo, porque las bases de apoyo político de las organizaciones
guerrilleras se convirtieron en frentes de guerra.
La ofensiva general duró aproximadamente diez
días, al cabo de los cuales el FMLN se replegó y la
fuerza armada tomó la iniciativa, golpeando las bases
militares del FMLN. Si bien la ofensiva no logró el
objetivo esperado de insurreccionar a la población,
evidenció la coordinación y fuerza militar del FMLN.
El ejército, después de este ataque y del repliegue del
FMLN, se propuso eliminar a la insurgencia en seis
224
meses, de acuerdo con el Ministro de Defensa de ese
entonces. Por supuesto era un propósito desmesurado, que desestimaba el enorme poder mostrado por
la insurgencia. El inicio de la guerra en gran escala
implicó la casi completa desarticulación de las redes
de apoyo urbano de la guerrilla. El llamado movimiento de masas, que en los cinco años anteriores
se había desplegado con mucha actividad en forma
de manifestaciones y huelgas, desapareció debido a
que la mayoría de sus líderes fueron eliminados por
el ejército, o se marcharon al exterior o a los campamentos de la insurgencia en el campo, sobre todo
en Chalatenango, Morazán y San Vicente. En esos
momentos, el FMLN decidió que debía sustituir su
estrategia de insurrección popular por la construcción de un ejército insurgente más desarrollado
y apoyado por la población. Las fuerzas armadas,
por su parte, lanzaron grandes operativos durante
1981 con el objetivo de eliminar a la guerrilla y a sus
bases de apoyo. En el aspecto militar, concentraron
un alto número de tropas en las retaguardias de los
insurgentes, mientras que en el aspecto político se
intentó aislar a la guerrilla de sus bases de apoyo en
la población civil. Durante 1981, las fuerzas armadas
tomaron la iniciativa, y lanzaron operativos bajo la
modalidad de guerra regular, concentrando contingentes de soldados con alto poder de fuego en
zonas determinadas y respaldados por bombardeos
intensos de artillería y aviación. En enero de ese año,
los Estados Unidos habían comenzado a intervenir
de un modo más directo en la guerra, con apoyo en
armas entrenamiento y dinero.
Los operativos de gran magnitud causaron muchas
bajas a la insurgencia y a sus bases de apoyo. Varios
focos de la guerrilla fueron aniquilados por completo. También, la población civil sufrió grandemente,
en estos primeros años ocurrieron las masacres de
El Mozote y de la Zona Rosa que afectó población
civil inocente.
Glosario
Insurrección popular: Levantamiento del
pueblo en contra del Gobierno, dada una violación grave a la Constitución o su incapacidad
para gobernar.
Por mencionar algunas cifras, Tutela Legal del
Arzobispado de San Salvador, como resultado de
una investigación minuciosa con la ayuda de
expertos internacionales, individualizó las víctimas de las masacres de El Mozote y sitios aleda-
ños como Arambala, Tierra Colorada, Cantón La
Joya, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo, Cerro
Pando y Cerro Ortiz, ocurridas entre el 9 y el 13 de
diciembre de 1981, cuyos resultados parciales hasta
2005 eran de 819 víctimas.2
Recuadro 31.1
Masacre Zona Rosa
El día 19 de junio de 1985, cerca de las nueve
de la noche, en San Salvador en un sector de
numerosos restaurantes conocidos con el nombre de “Zona Rosa”, un grupo de hombres abrió
fuego contra un grupo de infantes de marina
de Estados Unidos. Los agresores pertenecían
al Partido Revolucionario de Trabajadores de
Centroamérica (PRTC), una de las organizaciones
integrantes del FMLN. La Comandancia General
del FMLN emitió un comunicado en que se proclamó autor del hecho y afirmó que los infantes de
marina eran blanco legítimo. El ataque en la Zona
Rosa, constituyó una violación por el FMLN de las
normas del las Normas del Derecho Internacional
Humanitario y del Derecho Internacional de los
Derechos Humanos.
Masacre del Mozote
En la sección IV. Casos y patrones de violencia,
del Informe de la Comisión de la Verdad para
El Salvador, se refiere el caso de la masacre en El
Mozote. Estos son algunos fragmentos:
Está plenamente probado que el día 11 de diciembre de 1980, unidades del batallón Atlacatl dieron muerte, en el caserío El Mozote, de manera
deliberada y sistemática, a un grupo de más de
200 hombres, mujeres y niños, que constituía la
totalidad de la población civil que el día anterior
habían encontrado en el lugar y que desde entonces
tuvieron en su poder.
La masacre de El Mozote fue una violación seria
del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de derechos humanos.
(Fragmentos del Informe de la Comisión de la Verdad
para El Salvador. En Estudios Centroamericanos,
No. 533. Universidad Centroame-ricana “José
Simeón Cañas”, San Salvador, marzo de 1993. pp.
264-265.)
Monumento conmemorativo de la masacre de El Mozote
225
A la par de los grandes operativos, la Fuerza Armada
organizó los batallones de contrainsurgencia (los
batallones de infantería de reacción inmediata,
BIRI), entrenados en Estados Unidos para combatir
a la guerrilla: el Atlacatl, el Bracamonte, el Belloso,
el Arce y el Atonal. La respuesta de la guerrilla
consistió en arreciar las actividades de sabotaje,
tales como la voladura de puentes y de torres de
alta tensión. Por ejemplo, el puente de Oro sobre el
río Lempa fue derribado en octubre de 1981. Pero
la guerrilla no lograba golpes contundentes como
el aniquilamiento de cuarteles o la toma de alguna
población grande. Por su parte, la Fuerza Armada
no pudo destruir las principales concentraciones
de fuerzas guerrilleras, razón por la cual el ejército
tuvo que modificar su estrategia.
La visita a El Salvador del secretario de defensa
de Estados Unidos, Caspar Weinberger, en 1983,
provocó el cambio de estrategia. A raíz de su visita,
se modernizó el sistema de mandos del ejército y
se introdujo extensivamente el uso de helicópteros
para dar mayor movilidad a las tropas. Esta fue una
modalidad de táctica militar utilizada hasta casi
el final de la guerra. Finalmente, se incorporaron
elementos del tipo de Acción Cívica Militar para
apoyar a los operativos militares de gran magnitud. De esta manera, los operativos montados por
el ejército no solo incluían una alta concentración
de fuego en una zona determinada, sino también
la ocupación de dicha zona por un largo período,
durante el cual se realizaban acciones comunitarias
con la población a manera de restarle apoyo social
al FMLN.
A diferencia de los dos años anteriores, ahora se
intentaba crear, a través de actividades de desarrollo
comunitario, la formación de cierta base social que
apoyara al ejército.
El ejército llevaba alimentos, medicinas y cualquier
otra recurso que aliviara necesidades de la población. Por otro lado, la administración de Estados
Unidos presionó a los militares para que tomaran
en cuenta los derechos humanos, tratando de evitar
los abusos en la población civil ocurridos en los años
anteriores y que tantas críticas estaba generando a
226
nivel internacional, especialmente por parte de los
grupos estadounidenses que se oponían a la ayuda
militar a El Salvador. Al inicio del conflicto, tanto
el ejército como el FMLN creyeron que lograrían
una victoria decisiva a corto plazo. Pero a medida
que la guerra se alargaba, comenzó a ganar fuerza
la idea de una posible solución a través del diálogo
y de la negociación. Sin embargo, todavía imperaba
la opción militar en los principales dirigentes de las
fuerzas en contienda. Pasaron siete años más antes
de que las negociaciones llegaran a un efectivo cese
al fuego y se procediera a negociar el proceso de
pacificación para el país.
31.2 La dinámica política
Paralelamente a la acción militar, diversas fuerzas
sociales del país buscaron sentar las bases de un
nuevo sistema político que reemplazaría al que fue
eliminado por el golpe militar del 15 de octubre de
1979. Los partidos políticos tradicionales (Partido
Demócrata Cristiano y Partido de Conciliación
Nacional), y la más reciente Alianza Republicana
Nacionalista (ARENA), creada en 1981, convinieron en la necesidad de convocar a elecciones
para una asamblea constituyente que redactara una
nueva carta magna. El Gobierno de Estados Unidos,
que siempre encontró resistencia importante dentro del Congreso de ese país al otorgamiento de
ayuda militar a El Salvador, también se interesó en
las elecciones de las cuales surgiría un Gobierno
dotado de mayor representatividad y legitimidad.
Es decir, la ayuda militar y económica que otorgaba
Estados Unidos no solamente serviría para derrotar
a la izquierda, sino también para construir y promover la democracia. El panorama político parecía
favorable porque aparentemente existía voluntad en
todas las fuerzas políticas, salvo recelo de parte de
los partidos de izquierda dada la inseguridad imperante. Pero la aventura democrática era el camino
que debía de seguirse, no había otra solución.
Por supuesto, la situación no era la misma para
todos los partidos políticos; ahora había una derecha, un centro izquierda y una izquierda. Además,
la intriga que creaban entre sí calentaba el ambiente
y le ponía una nota de suspenso.
El ingeniero José Napoleón Duarte, al centro, durante la campaña
presidencial de 1984.
Tomado de: Historia de
El Salvador. Tomo II.
San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p. 258.
En el marco de la profundización del conflicto
armado, durante el primer lustro de los ochenta, se
inició un proceso de establecimiento y desarrollo
de factores coadyuvantes a un proceso de democratización. Tal proceso por un lado convivió y, por
otro, constituyó una dimensión del enfrentamiento
político-ideológico en el conflicto armado interno.
De tal forma que algunos autores consideran que
dicho proceso de democratización debe ser ubicado
en lo que se ha denominado democracias de baja
intensidad, en el sentido de regímenes con instituciones democráticas de precaria solidez; mientras
que para otros, fue así, porque el proceso respondió
a lineamientos de un proyecto contrainsurgente
ubicado en la estrategia de conflictos de baja intensidad. Con todas las limitaciones que se le puedan
señalar, y aun asumiéndolo en su sentido político
contrainsurgente, dicho proceso fue el punto de
arranque para el establecimiento de ciertas pautas
de liberalización del régimen político. La discusión
en torno al punto que marca el inicio de la transición democrática es, ciertamente un tema polémico
y complejo, y ha dado pie a diversas posturas.
Los primeros comicios que se realizaron en El
Salvador después de la disputada elección del general Romero en 1977 ocurrieron en marzo de 1982.
Más de 1.3 millones de salvadoreños depositaron
su voto en la urnas para elegir una asamblea constituyente. Los partidos de la izquierda, como el
Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y
el Movimiento Popular Social Cristiano (MPSC),
rehusaron participar, pues estaban aliados, como
Frente Revolucionario Democrático (FDR), con
el FMLN. Tanto el FMLN como el FDR hicie-
ron un llamado a la población para que boicotearan las elecciones. La Asamblea Constituyente
quedó bajo el control de una alianza mayoritaria de
ARENA y el PCN, la cual comenzó a redactar una
nueva Constitución para el país y nombró al doctor
Álvaro Magaña como Presidente provisional de la
República hasta que se realizaran elecciones directas para Presidente en 1984.
Las elecciones de 1984 fueron de gran importancia
para el país, pues se enfrentaron las dos principales
fuerzas políticas de entonces y sus respectivos candidatos: el dirigente histórico del PDC, el ingeniero
José Napoleón Duarte, y el líder de ARENA, el
mayor Roberto D’Aubuisson. Como ninguno de
los dos candidatos obtuvo una mayoría en la primera vuelta de votaciones, se tuvo que realizar una
segunda, en la que ganó el ingeniero Duarte con un
53.6% de los votos válidos.
El nuevo presidente pronto convocó a una reunión
con la dirigencia del FMLN y del FDR en La Palma,
Chalatenango, con miras a buscar el fin del conflicto. Sin embargo, esta iniciativa, al igual que otras
similares que se realizaron en los años siguientes, no
logró una solución negociada al conflicto.
La izquierda demandaba la creación de un gobierno
nuevo con amplia participación de todas las fuerzas
políticas del país; mientras que por su lado, el presidente Duarte pedía a la insurgencia la deposición
de sus armas a cambio de su incorporación a la vida
política del país como partido. Los términos de referencia de uno y otro bando no trascendieron más
allá de lo que parecía ser un formalismo político.
227
Según el presidente Duarte, las causas que originaron el conflicto ya estaban superadas o en vías de
estarlo; por tanto, la izquierda no tenía justificación
de seguir con la lucha armada. Por esta razón, la
reunión en La Palma y otras posteriores fueron
un diálogo improductivo. El Gobierno de Estados
Unidos, por su parte, aunque no se opuso a la idea
de un diálogo, creía que una victoria militar sobre
el FMLN era posible, si se le daba más apoyo al
ejército salvadoreño y se cortaban las fuentes de
suministro a la guerrilla. Estados Unidos también
estaba comprometido con el fortalecimiento de la
democracia mediante la realización regular de elecciones, las cuales deberían convencer a la población
de que la lucha armada no era la forma adecuada
para alcanzar el poder.
ciones de trabajadores ligadas al FMLN se movilizaron en la ciudad, lo que hizo creer al Frente que
el movimiento de masas extinguido en 1981 volvía
a tener efervescencia y que existían de nuevo las
posibilidades de una insurrección. En noviembre de
1989, el FMLN lanzó un fuerte ataque, concentrado
en San Salvador y San Miguel, que duró ocho días.
En San Salvador, los insurgentes tomaron al menos
seis poblaciones en los suburbios: Mejicanos,
Soyapango, Cuscatancingo, Ayutuxtepeque, la colonia Zacamil y Ciudad Delgado. Al mismo tiempo,
emprendió ataques dispersos a puntos claves del
ejército y de los cuerpos de seguridad, provocados por pequeñas escuadras de la guerrilla que se
movilizaban rápidamente a distintas horas del día.
Esta ofensiva guerrillera fue denominada Hasta el
Tope.
En 1985 y 1988, el pueblo volvió a las urnas para
renovar la Asamblea Legislativa y los Concejos
Municipales, aunque el número de votos válidos
se redujo ante el cansancio y la apatía de muchos
ciudadanos. Y en 1989, fue electo como Presidente
de la República el licenciado Alfredo Cristiani en la
primera vuelta de votación. Por primera vez desde
1931, cuando Pío Romero Bosque le traspasó el
poder a Arturo Araujo, un presidente civil popularmente electo entregaba el cargo a un sucesor
civil electo en iguales condiciones. De esta manera,
ARENA envió una señal de apertura y pluralismo, al
proponer a un destacado empresario sin trayectoria
política partidaria como candidato a la presidencia
de la República.
A todo esto, la ciudad capital y buena parte del
occidente del país se mantenían aisladas de la guerra. Con excepción de actividades de sabotaje que
interrumpían el suministro eléctrico y de diversas
bombas y ataques terroristas, San Salvador no había
sufrido la intensidad del conflicto como las zonas
rurales del centro y el oriente del país. Pero a partir
de 1987, los esfuerzos del FMLN se concentraron
en revivir la actividad política en la principal zona
urbana del país.
En consecuencia, la izquierda en San Salvador
resurgió aprovechando los espacios políticos que
ofrecía la naciente democracia. Diversas agrupa228
Diálogo en La Palma entre el gobierno y la guerrilla. Tomado de:
La Prensa Gráfica, 15 de octubre de 1984.
Glosario
Sabotaje: SAcción deliberada dirigida a debilitar a un enemigo, ya sea mediante la obstrucción, interrupción o destrucción de material.
Ofensiva guerrillera: Operación militar lanzada por un grupo insurgente con el fin de rendir
al ejército y tomar el control del Estado.
Suburbios: Son barrios, sectores o comunas
alejados del centro de la ciudad, específicamente, ubicados en la periferia de esta.
Convencidos de que la población se levantaría, los
guerrilleros se fortalecieron en los barrios obreros. Para desalojarlos, la Fuerza Armada atacó los
suburbios. En este escenario, muchos civiles quedaron en medio del fuego cruzado. No tuvo respuesta
entre la población, pero los insurgentes lograron
poner en apuros al ejército. Fue en este marco
de intensos enfrentamientos que se dio la orden
militar para el asesinato de seis sacerdotes jesuitas
de la Universidad Centroamericana, incluyendo
a su rector, el padre Ignacio Ellacuría. Este hecho
conmocionó la opinión pública a nivel mundial.
Después de cruentos combates, la guerrilla se retiró
de las ciudades. De acuerdo con las cifras oficiales,
hubo 1,526 muertos del FMLN, 428 de la Fuerza
Armada, 64 civiles muertos, 76,000 desplazados
y daños materiales superiores a 6,000 millones de
colones. El FMLN reconoció 400 bajas entre sus
filas de combatientes. A partir de este momento,
quedó en evidencia la imposibilidad de la derrota
militar de alguna de las partes a manos de la otra y
se abrieron mayores perspectivas a la negociación
para lograr la finalización del conflicto.
Esta mayor disposición a la negociación recibió un
empuje debido a un cambio en la correlación de
fuerzas militares. Hasta 1989, el arma más poderosa que tenía el ejército era la Fuerza Aérea. Los
bombardeos y ataques a las posiciones guerrilleras
en apoyo a las tropas de infantería y la capacidad
de movilizar soldados por medio de helicópteros
convirtieron a la Fuerza Aérea en la más temida
por la guerrilla. Sin embargo, a comienzos de
1990, la guerrilla comenzó a derribar aviones y
helicópteros con misiles antiaéreos (los Sam-7 de
fabricación soviética y Red Eye de fabricación estadounidense). La guerrilla había derribado aviones y helicópteros, mediante baterías antiaéreas y
armas largas, pero la utilización de los misiles limitó la participación de la Fuerza Aérea en la guerra
contrainsurgente. Obviamente, contar con dichos
misiles representó un gran apoyo moral para la
guerrilla, pero más que eso, un punto decisivo que
determinó la nueva correlación de fuerzas. Desde
luego, el uso del avión y del helicóptero quedaba
bastante limitado para las operaciones. Desde
luego, el uso del avión bombardero quedaba bastante limitado.
Sacerdotes jesuitas y sus colaboradoras. Tomado de: Poster conmemorativo del Centro Monseñor Romero (UCA).
31.3 Consecuencias sociales de la
guerra
La guerra fue altamente costosa. No hay cifras
exactas ni de víctimas humanas ni de daños materiales. Este es uno de tantos temas pendientes,
necesario de precisar en cuanto sea posible para
medir el tamaño del error, ver cuán lejos puede
ir el desenfreno de los grupos que acumulan altas
cuotas de poder y que arrastran consigo a toda la
sociedad. Después de todo, ¿era la guerra el único
camino a seguir? Lo cierto es que con los dogmatismos de distinto signo, a eso jugaron los dos
bandos contrapuestos.
Diversas fuentes estiman que las pérdidas de vidas
humanas sobrepasaron los 75,000 muertos, en su
mayoría civiles (alrededor de 60,000). Si se tiene en
cuenta que en la década de 1980 la población de El
Salvador rondaba los 4,5 millones de habitantes,
ello equivale a decir que casi el 2% de la población
pereció en el conflicto. Del mismo modo, se calcula que hubo alrededor de 8,000 desaparecidos,
no menos de 12,000 mutilados de por vida principalmente a consecuencia de las minas terrestres,
alrededor de 12,000 presos políticos y más de un
millón de desplazados.3 Cifras abultadas y que
rebasan por mucho las de los conflictos del pasado
en El Salvador.
229
Recuadro 31.2
Bajas de militares y guerrilleros
Una fuente que se apoya en diversos estudios
refiere que, en el plano estrictamente militar, los
balances de los combatientes son los siguientes:
en 1981, el FMLN afirma que causó 5,133 bajas
al ejército. Para 1982 y 1983, estadísticas de la
Universidad Centroamericana señalan que el
ejército tuvo 3,979 muertos y 2,934 heridos. El
Ministerio de Defensa de El Salvador sostiene
que sus bajas entre julio de 1982 y mayo de 1984
son de 3,347 muertos, 5,978 heridos y 598 desaparecidos. La Universidad Centroamericana
reporta que, según la fuerza armada, ésta causó
al FMLN, en 1985, 1,948 bajas y en 1986, 1,677.
Mientras que el FMLN afirma que causó al
ejército 6,084 bajas en 1985 y 6,151 en 1986.
El balance para 1987 es el siguiente: según el
Respecto a los desplazados, se estima que alrededor
de medio millón se produjeron hacia el interior
del país y otro medio millón hacia el exterior.
Sobre los desplazados hacia el interior del país, las
cifras oficiales, elaboradas por el Gobierno de El
Salvador, señalan que las primeras migraciones
causadas por la crisis político-militar se dieron en
1980 en el poblado de Las Vueltas, Chalatenango,
cuando se desplazó a 2,000 personas. Sin embargo,
el total de desplazados internos, realizados por el
Gobierno, principalmente para aislar a la insurgencia de la población campesina se estiman en
alrededor de 400,000. Los departamentos donde ha
sido más numeroso el desplazamiento de la población coincide con los lugares donde la presencia de
la guerrilla era fuerte: Morazán, 69,000; Usulután,
48,000; San Miguel, 43,000; San Vicente, 38,000; y
Chalatenango, 30,000.
FMLN, provocó a la fuerza armada 8,000 bajas.
El jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas,
señaló que el FMLN tuvo un total de 2,586 bajas
y que el ejército sufrió 3,285 bajas, entre muertos y heridos. En 1988 el balance militar entre el
FMLN y la fuerza armada es el siguiente: según
la fuerza armada, ésta le causó al FMLN 1,691
bajas y, según el FMLN, éste logró 7,932 bajas a
la fuerza armada.
(Tomado de BENÍTEZ MANUAT, Raúl. Empate
militar y reacomodo político en El Salvador. En
Nueva Sociedad, No. 106, marzo-abril de 1990,
Buenos Aires, Argentina. p. 81).
Durante el conflicto armado se dio una economía
de guerra, se experimentó un descenso acelerado
de la actividad económica. Expresado en términos
de Producto Interno Bruto, según la Comisión
Económica Para América Latina (CEPAL), entre
1970 y 1975, la economía nacional creció a una tasa
promedio anual de 5,5%, entre 1975 y 1980 al 1%,
en 1980 fue de -8,7%, en 1981 de -8,6%, en 1982 de
5,3%, en 1983 de 0,7%, en 1984 de 1,5%, y en 1985
de 1,6%. Esto trajo como consecuencia un descenso
en la calidad de vida de las personas y aumento de
la pobreza extrema.
Así, en 1977, de un total de 800,000 familias, 254,000
se encontraban en pobreza extrema; mientras que
en 1985, de 946,000 familias, 418,000 familias lo
estaban.6
Glosario
Por otra parte, el saldo de personas que legalmente
abandonaron el país y no retornaron, entre 1982 y
1986, es de 280,790.4 Un estudio realizado con base
en información local obtenida en los principales
centros de recepción de inmigrantes ilegales en
Estados Unidos menciona que para 1987 habría un
mínimo de 554,000 y un máximo de 903,000 salvadoreños en territorio estadounidense.5
230
Economía de guerra: Situación en la que
dado el momento crítico en que se vive se
priorizan las actividades económicas indispensables de un país.
Producto Interno Bruto: Es el valor monetario total de la producción corriente de bienes y
servicios de un país.
Nacional Civil y otras, y lo concerniente a la desmovilización de los ex combatientes y su reinserción a
la vida civil. A raíz del conflicto armado, también se
produce una fuga de capitales, el cierre de empresas
y el desplazamiento del mercado hacia la economía
informal. El desempleo abierto creció de 10,2% de la
Población Económicamente Activa (PEA) en 1970
a 30% en 1984, mientras que el subempleo creció
de 44,6% de la PEA en 1970 al 55% en 1980. El sector agrícola, especialmente el pequeño y mediano
productor, disminuyó las actividades, debido al
abandono de ciertas áreas, el temor reinante, la falta
de créditos y las desventajas en los precios. Grandes
extensiones de tierra tradicionalmente cultivadas
permanecieron ociosas por mucho tiempo.
La orientación del Presupuesto General de la Nación
afectó notablemente el desarrollo social y humano
de la población, especialmente en los rubros de
educación y salud, ya que en 1979 el gasto militar
consumía el 8,7% del mismo, mientras que en 1986
ascendió a 28,3%. Otra consecuencia social de la
guerra fue la polarización y resentimiento dejado
en la sociedad salvadoreña, las cuales, como señalan
ciertos estudios, tendría alguna responsabilidad en
el incremento en los niveles de delincuencia y el
surgimiento de las pandillas de jóvenes y adultos
denominadas maras.
El puente de Oro comenzó a funcionar en 1952 y fue destruido
por la guerrilla la madrugada del 15 de octubre de 1981. Se le
conoció con ese nombre porque en el tiempo de su construcción
su costo se consideró sumamente elevado. Tomado de: El Diario
de Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en El
Salvador. p. 57.
En términos económicos, la destrucción de la infraestructura hizo que el país retrocediera decenas
de años. Esta situación provocó se aumentaran o
crearan nuevos impuestos a efecto de financiar la
reconstrucción. Lo mismo ha sucedido con la contratación de millonarios empréstitos para reponer
en primer lugar la infraestructura destruida, como
puentes, torres de transmisión eléctrica, etcétera.
Igualmente, se ha necesitado de financiamiento
para el funcionamiento de las nuevas instituciones surgidas del Acuerdo de Paz, por ejemplo, la
Procuraduría de los Derechos Humanos, la Policía
Glosario
Empréstitos: Préstamo normalmente de elevado importe que recibe el Estado o una sociedad.
Derechos Humanos: Son los derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color,
religión, lengua, o cualquier otra condición.
Economía informal: Es el sistema de intercambio de bienes que permanece ajeno al
control del Estado.
Subempleo: Situación de una economía en
que no está plenamente aprovechada la fuerza de trabajo o está utilizada por debajo de su
cualificación profesional o bien, el trabajo se
presta en jornada laboral inferior a la normal.
231
Conclusión
Durante la década de los ochenta, la guerra
civil en El Salvador fue creciendo en intensidad
y extensión, con los altibajos típicos de cualquier guerra prolongada. Pese a los anuncios de
importantes victorias que cada parte expresaba
de vez en cuando, resultaba evidente que el
incremento en el nivel de fuerzas no aseguraba
una victoria definitiva de uno o de otro a corto
plazo. Según algunos observadores, la guerra se
había empantanado.
Si bien es cierto que los misiles antiaéreos en
manos de la guerrilla alteraron la correlación
de fuerzas militares, fue más importante para
acabar con la guerra toda la gama de cambios
políticos que se estaban dando a nivel mundial,
al igual que el creciente deseo de paz del pueblo
salvadoreño. Una vez que Estados Unidos hizo
saber que estaba de acuerdo con una solución
negociada, a comienzos de 1990, era solamente
cuestión de tiempo para que las fuerzas en pugna
se sentaran a la mesa a negociar los términos del
fin del conflicto.
El conflicto armado fue cruel, durante el cual se
dieron situaciones muy difíciles como la violación de los derechos humanos y la desaparición
de miles de personas, las migraciones forzadas
y las de tipo políticas, la destrucción de buena
parte de la infraestructura nacional, agudización
del desempleo, el estancamiento del crecimiento
económico y la fuga de capitales.
Las consecuencias sociales de la guerra, entre
las que se incluyen las humanas y materiales, se
expresan en cifras alarmantes, sin precedentes
en los conflictos armados en el país. Finalmente,
una vez que el conflicto armado se detuvo, los
costos en la reconciliación nacional y la reconstrucción material han sido elevadísimos.
Referencias bibliográficas
1. MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar. El Salvador. Historia general. San Salvador: Nuevo Enfoque,2007. p.157.
2. El Mozote, lucha por la verdad y la justicia: masacre a la inocencia. San Salvador: Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, 2008. pp.131166.
3. La gestión de la paz en El Salvador. En Le Centre de Recherches pour le Développement International (CRDI). Canadá, Diciembre de 2007.
Sitio web: http://www.idrc.ca
4. BENÍTEZ MANUAT, Raúl. Empate militar y reacomodo político en El Salvador. En Nueva Sociedad, No. 106. Buenos Aires, marzo-abril de
1990. p. 77.
5. ibid. p. 78.
6. ibid. p. 76.
232
Capítulo 32 El Acuerdo de Paz
Gobierno y guerrilla firmando la paz en 1992. Tomado de: El Diario de Hoy. Centuria. Los hechos y personajes del siglo XX en
El Salvador. p. 124.
Introducción
El conflicto armado, en buena medida, había destrozado a la población. No eran pequeñas las consecuencias sociales dejadas. El país entero estaba
cansado de sufrir y vivir en una inseguridad paralizante, que se sentía por igual al interior de los
hogares como en la calle, del mismo modo producía
sobresaltos a un nivel nacional en las personas ya
sea dormidas o despiertas.
Los diferentes anuncios de diálogo entre el Gobierno
y la guerrilla, desde los años ochentas, no habían
sido más que ilusiones perdidas. Sin embargo, el
fortalecimiento militar de las fuerzas en conflicto
y el recrudecimiento de la guerra entre otras razones haría cambiar las perspectivas. El 16 de enero
de 1992, en Chapultepec, México, el gobierno del
presidente Alfredo Cristiani y las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional (FMLN) firmaron un acuerdo que dio fin
al conflicto armado en El Salvador. Culminó así
por la vía política una guerra fratricida de más de
diez años de duración. El Acuerdo fue precedido
por casi dos años de negociaciones, en las que el
Secretario General de las Naciones Unidas actuó
como intermediario. ¿Por qué este intento de solución negociada, a diferencia de los anteriores, llegó
a su meta? Tanto factores internos como externos
incidieron en el éxito del esfuerzo negociador.
Lógicamente, un problema resultante fue la ejecución del Acuerdo, sobre todo porque las partes no
confiaban plenamente una de la otra; y más que eso,
todavía porque cada una quería sacar sus propias
ventajas. El seguimiento dado a dicha ejecución por
parte de las Naciones Unidas, gobiernos europeos,
del continente americano y de la sociedad salvadoreña fue decisivo para impulsar a las partes y desentrampar los problemas que surgieron. Como un
eje transversal de la guerra, de la firma del Acuerdo
de Paz y de la ejecución del mismo estuvieron los
derechos humanos. Por tanto, este fue un tema que
adquirió gran relevancia y una perspectiva desde
la cual se apreció todo el proceso. Los derechos
humanos habían sido violentados frecuentemente
durante el conflicto y en ese momento se trataba de
asegurar su cumplimiento para garantizar el bienestar de los salvadoreños.
233
32.1 El proceso de negociación
A fines de 1989, el Gobierno de El Salvador y el
FMLN habían llegado a la conclusión de que la
finalización de la guerra por la vía militar era
imposible o, por lo menos, indeseable. La amplia
ofensiva lanzada por las fuerzas guerrilleras en
noviembre de ese año había llevado el escenario
de la guerra a la capital, San Salvador, con su
secuela de muertes, sufrimiento y destrucción.
Dirigentes políticos, empresarios y otros sectores
influyentes de la sociedad se sumaron entonces a
los muchos que ya propiciaban una salida política.
Cobró así una nueva vigencia el ofrecimiento de
conversaciones de paz que el 1 de junio anterior, al
asumir su mandato, había formulado el presidente
Alfredo Cristiani.
En el ámbito internacional, la Guerra Fría disminuía hasta desaparecer. Estados Unidos y la ex
Unión Soviética habían apoyado al gobierno salvadoreño y al FMLN, respectivamente, en función de
intereses y visiones del mundo contrapuestos. Esta
rivalidad entre las dos superpotencias se sumó a
las motivaciones propias del conflicto, haciendo
más compleja su solución. Sin embargo, con la
desaparición paulatina de la Guerra Fría, la atención pudo centrarse en los problemas internos de
los que se había nutrido el conflicto bélico, facilitándose así el camino a la paz.
Este cambio en el escenario internacional repercutió favorablemente en la capacidad de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU),
máxima instancia de representación de la comunidad mundial, para cumplir con el cometido de
resolver problemas referidos a la paz y la seguridad. Antes, la ONU atendía solamente las guerras
entre estados. Sin embargo, a partir de esta nueva
realidad, fue necesario ayudar a resolver algunos
problemas internos que repercutían en la región o
en el mundo. En la práctica, se modificaba el concepto de soberanía nacional, que hasta entonces
expresaba claramente que todo lo que ocurriera
dentro de las fronteras de cada país era materia
de su exclusiva competencia, con la excepción de
las normas relativas a los derechos humanos, que
234
se consideraban universales,y sobre lo cual tenía
atribuciones el derecho internacional.
Cuando el entonces secretario general de las
Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, aceptó
actuar como intermediario en las negociaciones de
paz entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN,
abrió un nuevo capítulo en la historia de la ONU,
que por primera vez intervino en el conflicto interno de un país independiente. El papel asignado a
una personalidad ajena al conflicto, titular de una
organización de jerarquía reconocida, sirvió de
garantía a cada una de las partes sobre la firmeza
de los compromisos asumidos en la mesa de negociaciones por ambos bandos.
El 4 de abril de 1990 en Ginebra, Suiza, el Secretario
General y representantes del gobierno del presidente Cristiani y del FMLN firmaron un acuerdo
que estableció las normas rectoras de las negociaciones de paz, de las que las partes se comprometieron a no retirarse. Además de poner fin al
conflicto armado por la vía política, el proceso
incluiría la democratización del país, el respeto
irrestricto a los derechos humanos y la reunificación de la sociedad salvadoreña. Los acuerdos
políticos se tomarían antes del cese del enfrentamiento armado, de modo que las negociaciones se
desarrollarían mientras continuaban las hostilidades. Logrado lo anterior, el FMLN se incorporaría,
en un marco de plena legalidad, a la vida civil,
política e institucional del país.
Desde esa fecha, mientras la guerra continuaba
en El Salvador, se inició un proceso complejo y
dinámico de reuniones y consultas en distintas
capitales y ciudades importantes del continente
americano que culminaron con el trascendental
documento firmado en Chapultepec, México.
Desde luego, no sería una tarea fácil concensuar
una agenda. Los puntos que debían tratarse eran
muchos y demasiado complejos; los económicos,
que estaban a la base del conflicto, como lo habían
estado en las anteriores confrontaciones armadas,
serían soslayados en pro de acuerdos más factibles,
como los político-jurídicos. El primer acuerdo sus-
tantivo se firmó el 26 de julio de 1990 en San José
de Costa Rica y se refiere a los derechos humanos.
Seguidamente, los acuerdos sobre reformas constitucionales, logrados en la ciudad de México el 28
de abril de 1991 después de casi un mes de negociaciones directas entre las partes, fueron un hito
en la irreversibilidad del proceso.
El Gobierno demostró su compromiso de paz al
aceptar las reformas a la Constitución, mientras
que el FML por primera vez aceptó la vigencia de
la Constitución y sus mecanismos para ser reformada. Las reformas de la Constitución abrieron las
puertas para los acuerdos posteriores sobre Fuerza
Armada, seguridad pública, sistema judicial, sistema electoral y otros.
En los meses posteriores, el avance del proceso de
paz se vio dificultado por desacuerdos acerca de
la creación de garantías para la futura participación política legal del FMLN. En septiembre de
1991, el presidente Cristiani al frente de la delegación del Gobierno y los cinco miembros de la
Comandancia General del FMLN concurrieron a
Nueva York, invitados por el Secretario General
de las Naciones Unidas, con el propósito de desbloquear las negociaciones. El 25 de ese mismo
mes, las partes firmaban otro pacto denominado
el Acuerdo de Nueva York, en el cual se dispuso
la creación de la Comisión para la Consolidación
de la Paz (COPAZ), en la que participarían el
Gobierno, el FMLN y los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa. Como mecanismo de garantía nacional de los acuerdos finales
que se suscribieran, COPAZ tendría amplias facultades de supervisión y control en el cumplimiento
de los pactos.
Después de varias rondas de negociaciones siguientes en las que no se lograron resultados definitivos,
las partes volvieron a reunirse en Nueva York en
diciembre de ese año. Tres días antes de fin de
año, cuando culminó el mandato del Secretario
General Pérez de Cuéllar, el presidente Cristiani
viajó desde El Salvador para encabezar la delegación del Gobierno.
Tras intensas negociaciones y en un acto, la medianoche del 31 de diciembre de 1991 las partes
firmaron el Acta de Nueva York, en la que anunciaban que habían concluido las negociaciones y
que el Acuerdo de Paz resultante sería firmado el
16 de enero de 1992 en una ceremonia solemne
que se celebraría en el Castillo de Chapultepec, en
la capital mexicana.
El doctor Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de la ONU, presidiendo la mesa de negociación en Nueva York, el 25 de diciembre de 1991. A la izquierda, la delegación del FMLN, y a la derecha, la delegación del Gobierno de El Salvador. Tomado de: Historia
de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 266.
235
El doctor Álvaro de Soto, al centro, representante personal del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas durante
todo el proceso de negociación entre la guerrilla y el Gobierno de El Salvador. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador:
Ministerio de Educación, 1994. p.264.
En aquella reunión, donde las partes convinieron en que el cese del enfrentamiento armado
comenzara formalmente el 1 de febrero de 1992,
firmaron el acta las delegaciones del Gobierno y del
FMLN que habían llevado las negociaciones en sus
últimas etapas. Por las Naciones Unidas firmó el
doctor Álvaro de Soto, representante personal del
Secretario General de la ONU y quien llevó directamente las negociaciones desde su inicio hasta la
firma de Chapultepec.
Nacional Civil (PNC), cuerpo nuevo e independiente de la Fuerza Armada, que reemplazaría en
el plazo más breve posible a la Policía Nacional, el
único de los antiguos cuerpos de seguridad que no
fue suprimido desde el inicio. También, se reforma
el Sistema Judicial para asegurar su idoneidad e
independencia. Se aprueba un nuevo código electoral con participación de todos los partidos políticos reconocidos y se otorga personería de partido
político al FMLN.
Entre los aspectos más relevantes del Acuerdo está
el capítulo referido a la Fuerza Armada, que requirió mayor tiempo de negociación. En él se establece
la plena subordinación militar al poder civil y el
respeto por los derechos humanos en los principios
doctrinarios y el sistema educativo de la Fuerza
Armada. También se contempla la reducción del
número de tropa, incluida la supresión de las unidades de combate creadas en función del conflicto
armado, por ejemplo, los batallones de infantería
de reacción inmediata, la evaluación y depuración
de sus miembros y la disolución de las defensas
civiles, del servicio territorial y del antiguo sistema
de reclutamiento. Aspectos que habían sido determinantes en el papel desempeñado por la fuerza
Armada en las últimas décadas.
Los acuerdos relativos a aspectos económicos y
sociales incluyen programas de reinserción para
ex combatientes de ambos lados, en especial, la
transferencia de tierras, el establecimiento de un
Foro de Concertación Económico y Social con participación de los sectores gubernamental, laboral
y empresarial, y la implementación de un Plan de
Reconstrucción Nacional para el desarrollo de las
zonas afectadas por el conflicto.
Los acuerdos, al igual que la Constitución reformada, disponen el establecimiento de la Policía
236
Obviamente, el reparto de la tierra se limitaba a ex
militantes de fuerzas en disputa y a unos pocos tenedores, quedando por fuera el resto del campesinado
pobre del país, que desde luego era la mayoría. Del
mismo modo, no se tocaba el modelo económico
como tal, se obviaron sus problemas estructurales,
a pesar de haber sido uno de los puntos más señalados con frecuencia en los discursos políticos de la
guerrilla durante el conflicto armado.
Los acuerdos contienen además disposiciones detalladas sobre el desarrollo del cese del enfrentamiento armado, que se previó duraría nueve meses
a partir del 1 de febrero de 1992. Ambas fuerzas
estarían separadas de acuerdo con ciertas normas,
y sus actividades serían verificadas por oficiales
militares de las Naciones Unidas, los cascos azules.
Este período culminaría con el fin de la estructura
militar del FMLN y la destrucción de sus armas. Las
que no fueron destruidas en su totalidad ya que se
descubrió el buzón de Santa Rosa, en Nicaragua.
El cumplimiento de lo acordado estaba previsto en
un calendario sincronizado que suponía la ejecución paralela de compromisos de uno y otro lado.
La reintegración de ex combatientes del FMLN a
la vida civil se había escalonado en cinco etapas,
correspondientes a determinados avances en la
ejecución de otros aspectos del acuerdo. La reincorporación del FMLN se completaría con su militancia política legal, el primer egreso de alumnos
de la Academia Nacional de Seguridad Pública y las
transferencias de tierras iniciales.
32.2 Los derechos humanos
Los derechos humanos son un componente de primer orden del Acuerdo de Paz. En la segunda mitad
del siglo XX, no había Gobierno, nación o pueblo
que no tuviese una posición u opinión acerca del
tema de los derechos humanos. Este concepto no es
más que una extensión y profundización de la lucha
por los derechos civiles y políticos diseminados por
todo el mundo desde la Independencia estadounidense y la Revolución Francesa. Con el avance de
los medios de comunicación en la época reciente,
la constatación de las disparidades entre riqueza y
pobreza, entre el progreso y el atraso, contribuyeron a sensibilizar una conciencia en favor de una
vida digna, justa y segura.
La aparición y consolidación de las Naciones Unidas,
con su Carta Magna y la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, contribuyó a darle un lugar
preponderante a los derechos humanos en la vida
de los pueblos. El desarrollo de la sociedad se concibió entonces también como un conjunto de metas y
mecanismos, de los cuales el respeto a la integridad
de las personas y las comunidades era una parte tan
esencial como el trabajo, el capital, la tecnología y
la productividad.
Por tanto, garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos fue uno de los objetivos centrales del
proceso de paz en El Salvador. Las negociaciones
entre el Gobierno de Alfredo Cristiani y el FMLN
que se habían iniciado en abril de 1990 produjeron,
tres meses después, el llamado Acuerdo de San
José. Esto posibilitó que un año más tarde, en julio
de 1991, la División de Derechos Humanos de la
Misión de Observadores de las Naciones Unidas
en El Salvador (ONUSAL), a petición de las partes,
comenzara oficialmente a funcionar en el interior
del país, a pesar de la guerra.
Menores armados, de la guerrilla durante el conflicto bélico. El reclutamiento de menores en El Salvador terminó con el Acuerdo de San
José. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 269.
237
El Acuerdo de San José, desde un punto de vista
jurídico, no era muy novedoso, pues hizo suyas las
leyes salvadoreñas y las de los tratados internacionales que había suscrito El Salvador. Lo trascendental
fue el compromiso de las partes de observarlo rigurosamente. Además, por ser ejecutado al inicio en
plena guerra, incorporó componentes de derecho
humanitario; es decir, normas y conductas que las
partes en un conflicto armado deben guardar entre
sí y en relación a la población civil, por ejemplo, la
prohibición de reclutar menores de edad en las hostilidades, la asistencia debida a heridos y enfermos,
la protección al personal sanitario y religioso y la
imposición de penas a culpables de delitos.
Además, el Acuerdo de San José incluyó un conjunto de derechos humanos que las partes consideraron
importante a la luz de la experiencia salvadoreña,
como el derecho a la vida, a la integridad personal
(prohibición de las torturas y los malos tratos), a la
seguridad personal (erradicación de las desapariciones forzadas y los secuestros), al debido proceso
legal (tener derecho a un juez, a la defensa, a la investigación y a la sanción de las violaciones por parte
del Estado), a la libertad personal, de expresión y de
asociación (de reunión y de sindicalización) y a la
documentación personal.
Por último, el Acuerdo de San José establecía el papel
de las Naciones Unidas en materia de verificación;
es decir, esclarecer las violaciones sistemáticas de los
derechos humanos que se cometieren y recomendar
soluciones. Para eso, se le otorgaron amplias facultades de recepción de denuncias, presencia a lo largo y
ancho del país, libertad de investigación y de coordinación con autoridades y órganos oficiales del poder
judicial, pleno uso de medios de comunicación y
obligación de informar de la situación imperante al
Secretario General de las Naciones Unidas.
Esta era la primera misión de paz de dicho organismo internacional en más de 40 años, que contaba
con un grupo civil especialista en derechos humanos. Y sobre todo, era el primer ejercicio de tales
características en el seno mismo no de un territorio
colonial o semicolonial, sino de un país plenamente
soberano y autónomo. Que las Naciones Unidas
238
estuviera presente en El Salvador, verificando el
cumplimiento de los derechos humanos, evidencia la confianza depositada en ella por las partes
y la evolución de los conceptos sobre derechos
humanos, soberanía nacional e intervención de
la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, Boutros Ghali, en ocasión de la II
Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos en
Viena en 1993, al valorizar elogiosamente la experiencia salvadoreña, afirmó que cuando la soberanía
se convierte en el último argumento esgrimido por
regímenes autoritarios con el objetivo de ocultar sus
abusos contra hombres, mujeres y niños, esa soberanía -esa es la pura verdad- ha sido ya condenada por
la Historia.
Sin embargo, ONUSAL no estaba sola en los propósitos de mejorar la situación de los derechos
humanos. La Comisión de los Derechos Humanos
de la ONU en Ginebra se venía ocupando de El
Salvador desde 1981. Además, los gobiernos civiles constitucionales instaurados a partir de 1984
y su Comisión de Derechos Humanos -así como
organismos no gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales, organizaciones afectadas por
la violencia, instituciones religiosas, académicas y
privadas y los partidos políticos- habían convertido
los derechos humanos en un tema profundamente
trascendental.
Boutros Ghali, sucesor de Javier Pérez de Cuéllar en el cargo
de Secretario General de la ONU. Tomado de: Historia de El
Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994.
p.270.
En un contexto polarizado como el salvadoreño, esta
preocupación por los derechos humanos no dejaba
de ser interpretado de varias maneras. El aporte de
la ONUSAL fue profundizar la verificación objetiva
y profesional de los derechos humanos. Y para esto,
tomó por base y aprovechó los aportes de todas las
organizaciones involucradas.
En la historia salvadoreña, como en la de todos
los países, coexisten tanto las grandes conquistas
socioeconómicas, jurídico legales, políticas y culturales, como la vulnerabilidad de los derechos a
personas, grupos y colectividades. En el transcurso
del siglo XX, aparejadas con el avance del comercio exterior, de la nacionalidad, del desarrollo del
Estado, de la modernización, industrialización e
integración centroamericana, convivían la desigual
distribución de la riqueza, las leyes que sustentaban
injusticias y las dictaduras militares. La concentración de la tierra en pocas manos, por ejemplo, se
ofreció siempre como una de las causas de la guerra
de 12 años. Tales contradicciones motivaron las
sistemáticas violaciones a los derechos humanos. El
abuso de poder institucional y los modelos de desarrollo que marginaron a las mayorías engendraron
respuestas que tampoco estuvieron exentas del uso
de la violencia.
En medio de esta situación, el Acuerdo de Paz
fue el paso trascendental en El Salvador hacia un
tratamiento diferente de los derechos humanos.
Además de detener la guerra, aportó una serie de
cambios constitucionales, reformas institucionales,
consolidación de nuevos proyectos socioeconómicos y actitudes de reconciliación, concertación y
consenso. El Acuerdo también atrajo el beneplácito
y la cooperación política y financiera de la comunidad internacional hacia la pacificación definitiva, la
democratización y el desarrollo.
A partir del Acuerdo de Paz, hubo en el país el más
grande despliegue de recursos humanos y técnicos
en favor de los derechos humanos en la historia salvadoreña. Uno de los logros más importantes fue la
terminación de las violaciones al derecho humanitario, de tal manera que la población civil asentada en
las zonas de guerra dejó de correr los peligros de los
enfrentamientos, las minas empezaron a recogerse y
los menores ya no fueron incorporados al combate
o a proporcionar servicios conectados con la guerra.
Por otro lado, la libertad de movimiento fue completamente restablecida, los alimentos y las medicinas
también volvieron a llegar a muchas comunidades
sin trámites previos y la documentación personal y
civil recibió un marcado impulso.
Marrack Goulding, Secretario General Adjunto para Operaciones de Paz de la ONU, durante una de sus visitas a El Salvador después
de la firma del Acuerdo de Paz. A la izquierda, Iqbal Riza, jefe de ONUSAL hasta mediados de 1993. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 267.
239
Asimismo, la tortura casi dejó de existir junto con
las desapariciones forzadas, mientras que los secuestros, las ejecuciones arbitrarias y las amenazas de
muerte se redujeron sustancialmente. Por el contrario, continuaron los homicidios frecuentes, algunos
con indicios de ser cometidos por motivos políticos
y ejecutados de manera organizada.
Otro rubro que persistió fue la detención violenta del infractor acusado de las “faltas de policía”
(delitos menores como vagancia, alcoholismo y
mal comportamiento público), seguido por malos
tratos durante la etapa del juicio (el que muchas
veces se extralimitaba en los tiempos permitidos) y
el tratamiento indiscriminado a mujeres y jóvenes,
así como el descuido a veces casi absoluto por parte
de los jueces en cumplir lo estipulado por el proceso legal. Se señaló con frecuencia al Estado por no
hacer cumplir la ley y por no garantizar el pronto y
objetivo ejercicio de investigación del delito, y aún
más por no castigar a los infractores o indemnizar
a las víctimas.
240
pos que practiquen violaciones sistemáticas a los
derechos humanos. Una de las tareas más difíciles
a efectuar, dada la diversidad y complejidad de los
mismos derechos humanos.
El Salvador dio un paso trascendental con el Acuerdo
de Paz y con su acercamiento definitivo a la problemática de los derechos humanos. Los avances comprobados desde 1991 a 1993 fueron significativos.
Muchos aspectos enraizados en una cultura de la
violencia no desaparecieron con facilidad, pero
fueron encarados de una forma más sincera. Es así
como el Estado de derecho y el proceso de democratización han comenzado a dar el aporte más
trascendental del siglo en lo que se refiere al respeto
de los derechos humanos en el país.
32.3 Ejecución del Acuerdo de Paz
Frente a este último panorama, el ejército y el aparato de la justicia se mostraron reacios, en especial
frente al polémico informe de la Comisión de la
Verdad, entregada al Secretario General de la ONU
a comienzos de 1993. La Comisión, creada como
parte del Acuerdo de Paz, debió investigar las violaciones a los derechos humanos durante los años de
la guerra y recomendar los cambios en diversas instancias del aparato estatal para que no se volvieran
a dar semejantes violaciones en el futuro. De hecho,
el Estado, las fuerzas armadas y el aparato de justicia
introdujeron reformas constitucionales y nuevas
leyes secundarias a modo de favorecer el respeto a
los derechos humanos.
La firma del Acuerdo de Paz trajo consigo un cambio
fundamental en la vida del país. Los enfrentamientos
armados, que se habían reducido drásticamente en
las semanas anteriores al 16 de enero de 1992, luego
de una tregua unilateral proclamada por el FMLN,
concluyeron. Esta situación se formalizó el 1 de
febrero de 1992 con el inicio del cese del fuego. Ese
mismo día, los cinco miembros de la Comandancia
General del FMLN y la mayoría de sus dirigentes
regresaron libremente al país y participaron, frente
a frente con prominentes enemigos del pasado, en la
ceremonia inaugural de COPAZ, ya establecida con
fuerza de ley. Simpatizantes de todas las corrientes
políticas manifestaban ya sin temor en todas las
ciudades importantes del país la alegría de la paz
recién adquirida.
Algo que merece destacarse, también producto del
Acuerdo, fue la creación de la Procuraduría para
la Defensa de los Derechos Humanos, organismo
dependiente del Ministerio Público, que permite
una amplia consulta entre la comunidad salvadoreña sobre la situación de los Derechos Humanos.
La sociedad en su conjunto, las Naciones Unidas
y la comunidad internacional le asignaron a la
Procuraduría el rol principal de hacer efectivo el
compromiso de las partes de erradicar a los gru-
La euforia que empezó a respirarse por doquier
reflejaba la convicción de la gente de que el proceso sería irreversible, a pesar de los tropiezos que
naturalmente encontraría. Esto pareció ser el nacimiento de un nuevo El Salvador, por lo menos del
país violento que hasta unos meses atrás había sido.
Previamente, la Asamblea Legislativa había aprobado por unanimidad una Ley de Reconciliación
Nacional que permitió el ingreso de los representantes de la insurgencia sin que pesaran sobre ellos
causas legales derivadas de sus acciones durante
la guerra. El paso del lenguaje de las armas y de
la confrontación al diálogo político en busca de
entendimientos, que desde entonces se desarrolló
con celeridad notable, no había tenido como única
expresión la mesa de negociaciones: desde mayo de
1991, la Asamblea contaba con 84 miembros, entre
ellos, por primera vez en muchos años, representantes de la izquierda no armada, en lugar de los 60
diputados anteriores.
despliegue normal de época de paz según criterios
aceptados. El FMLN, por su parte, se fue retirando
de las zonas que solía ocupar para concentrarse
en 15 áreas previamente definidas, y depositó sus
equipos y armas, salvo las individuales, en contenedores cerrados bajo control conjunto de ONUSAL
y el comandante local del FMLN. Ambas, Fuerza
Armada y guerrilla, debían mantener informado a
ONUSAL y requerir su autorización para efectuar
ciertos movimientos de sus efectivos.
La Misión de Observadores de las Naciones Unidas,
hasta el momento solo integrada por una División
de Derechos Humanos, se amplió según lo convenido para verificar el conjunto del Acuerdo de
Paz. Una División Militar integrada por oficiales
de diversos países se interpuso entre las antiguas
fuerzas enemigas y comprobó el cumplimiento
de las reglas del juego acordadas. Los efectivos de
la Fuerza Armada se replegaron hasta adoptar un
Una División Policial, constituida con policías de
distinta procedencia, debía acompañar a la Policía
Nacional, ahora separada del Ministerio de Defensa
y dependiente de la Presidencia de la República
como único cuerpo a cargo de la seguridad pública, hasta el establecimiento pleno de la PNC. Más
tarde, los observadores policiales de la Misión proveyeron asistencia técnica y profesional para el
establecimiento de la nueva policía.
Oficiales mexicanos integrantes de la División Militar de ONUSAL a su arribo a El Salvador. Tomado de: Historia de El Salvador. Tomo II. San
Salvador: Ministerio de Educación, 1994. p. 274.
241
La euforia inicial con que el país recibió la firma
de Chapultepec fue dando paso a cierta cautela y
algunas críticas al comprobarse que los avances en
el proceso de paz eran más lentos de lo previsto en el
ambicioso calendario convenido entre las partes.
En primer lugar, debido a dificultades de mando y
reticencias de los combatientes, la concentración de
las fuerzas del FMLN llevó más tiempo del programado. Idéntica resistencia se advirtió para lograr
la supresión efectiva de la Guardia Nacional y la
Policía de Hacienda, que se completaron con meses
de retraso.
En segundo lugar, la nueva Academia Nacional de
Seguridad Pública, cuyo inicio se esperaba para el 1
de mayo de 1992, no estuvo en condiciones de abrir
sus puertas por varios meses. Los preparativos para
su inauguración estuvieron rodeados de dudas y
recelos, ya que el FMLN y la oposición percibían
una indebida presencia militar en los equipos técnicos encargados de la etapa preparatoria. Pese a
estas dificultades, la Academia comenzó a funcionar en septiembre; y en febrero de 1993 egresó la
primera promoción de nuevos policías, que el mes
siguiente se desplegaron por todo el departamento
de Chalatenango.
En tercer lugar, la transferencia de tierras a ex combatientes y tenedores se postergó considerablemente.
El FMLN, organizado como fuerza guerrillera durante el conflicto armado, debió adaptar su estructura
interna a las crecientes necesidades administrativas
que suponía el ingreso de sus militantes a la vida económica e institucional del país. En este marco, puede
entenderse la demora con que entregó a COPAZ,
para su verificación, un inventario de tierras que
muchos de sus ex combatientes, de procedencia campesina, deseaban adquirir como medio de subsistencia. Desde luego, este era un aspecto importante
relacionado a las causas de la guerra.
Por último, el proceso para la legalización del
FMLN como partido político se inició con cierto
retraso hasta que la Asamblea Legislativa aprobó
un decreto transitorio que le permitió iniciar los
trámites correspondientes. Sin embargo, debido a la
242
disposición constitucional que prohíbe la existencia
de grupos armados de carácter político, el Tribunal
Supremo Electoral no lo inscribió definitivamente
sino hasta el 14 de diciembre de 1992, una vez que
se consideró que el Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional estaba efectivamente desarmado y apto para participar en la vida política.
Por otra parte, aunque el funcionamiento de
COPAZ fue positivo al generar una dinámica de
diálogo entre movimientos políticos hasta entonces
antagónicos, no tuvo la eficacia ni el peso necesarios
para imprimir otro ritmo al proceso de cumplimiento de los contenidos del Acuerdo.
Probablemente, una de las limitantes estaba en
su carácter jurídico. Pues la misma Asamblea
Legislativa al crear la ley que le daba vida determinó que no tenía facultades ejecutivas. Hacia fines
de mayo de 1992, los retrasos registrados comenzaron a ser motivo de preocupación. Las demoras en
materia de tierras, policía y legalización del FMLN
generaron inquietud entre sus filas y lo motivaron
a suspender las reincorporaciones de sus ex combatientes y la entrega de sus armas. Por iniciativa
de ONUSAL, el 12 de junio las partes acordaron
una recalendarización que reprogramaba las fechas
de cumplimiento vencidas en las materias principales. Lamentablemente, este intento no cambió
la situación, y el 19 de agosto debió acordarse otra
recalendarización, que al igual que la anterior mantenía la fecha original del 31 de octubre de 1992
para la reincorporación total del FMLN a la vida
civil. Sin embargo, las dificultades continuaron
pese a estos esfuerzos, especialmente como consecuencia de la falta de acuerdo entre las partes sobre
las condiciones que debían regir la transferencia de
tierras a ex combatientes, referidas en particular a
precios, tamaños de parcelas y condiciones de pago.
Finalmente, el 13 de octubre, las partes aceptaron
una propuesta presentada por el Secretario General
de Naciones Unidas, en la que se definían condiciones para la transferencia de tierras a 7,500 ex combatientes del FMLN, 15,000 de la Fuerza Armada y
25,000 tenedores. Aunque con ciertas demoras, el
programa comenzó a llevarse a la práctica, y al 20 de
junio de 1993, había beneficiado a unas 6,700 personas, entre ellos 2,350 ex combatientes del FMLN.
A pesar del avance logrado con la aceptación de
la propuesta de tierras, el secretario general de
Naciones Unidas, Boutros Ghali, consideró inevitable un último reajuste de fechas ante la acumulación
de retrasos registrada en el cumplimiento del conjunto del Acuerdo. El 23 de octubre, propuso a las
partes un calendario que incluía la prórroga al 15 de
diciembre de 1992 para desmantelamiento definitivo de la estructura militar del FMLN. No obstante
una reacción inicialmente reticente del Gobierno
por la postergación del desarme del FMLN, el
reajuste se aceptó en definitiva. Paralelamente, el
Gobierno asumió el compromiso de cumplir con
las recomendaciones de una Comisión Ad Hoc
integrada por tres personalidades salvadoreñas y
encargada de evaluar a los miembros de la Fuerza
Armada para proceder a su depuración. El 15 de
diciembre de 1992, El Salvador celebró el fin definitivo del conflicto armado. Días antes, la Asamblea
Legislativa adoptó varias leyes relativas al sistema
judicial, sistema electoral y protección de lisiados
que emanaban del Acuerdo y cuyos textos le habían
sido remitidos por COPAZ. Aunque el proceso de
puesta en práctica del Acuerdo continuaba, esta
fecha fue un hito crucial en el abandono de las
armas como mecanismo interno de presión.
Celebracion de la Firma de la Paz por el FMLN.
Sin embargo, dificultades ulteriores y resabios de
años de guerra demostraron que el proceso era aún
frágil. La polarización política resurgió en torno al
alejamiento de varios oficiales de la Fuerza Armada
señalados por la Comisión Ad Hoc y al cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión de
la Verdad. Posteriormente, la revelación de diversos depósitos clandestinos de armas del FMLN en
Nicaragua hizo poner en duda la confianza en la
solidez del proceso.
A juicio de algunos analistas,1 el Acuerdo de Paz
estuvo esencialmente enfocado en lo militar; por
tanto, una de las debilidades primordiales fue dejar
intacta la estructura económica, que influyó notablemete en el surgimiento del conflicto armado,
pues no se produjeron cambios en la misma.
De esta forma se cerró el capitulo del conflicto
armado; el FMLN se convirtió en partido político
a fin de insertarse en el sistema democrático y la
Fuerza Armada se preparó para una nueva etapa de
la historia nacional, dando paso a un nuevo capítulo, que demanda una reconciliación que cierre las
heridas dejadas por el conflicto.
Parte a la nacion de la Fuerza Armada de la Campaña
Militar 1980-1992. Tomado de: Ministerio de la Defensa Nacional.
243
Recuadro 32.1
Apreciaciones de una crisis
Los Acuerdos de Paz, en el área económica, plantearon el reto de compensar los costos sociales de
los programas de ajuste estructural y de sentar
las bases de una economía con equidad y participación. El instrumento principal lo constituía
el Foro de Concertación Económico Social, organismo de representación tripartita formado por
el Gobierno, el Sector Privado y el Sector Laboral,
cuyo reto principal era la definición y discusión
de una agenda para el desarrollo nacional.
estrictamente consultivo en el área laboral. Esto
marcó el abandono del contenido y el espíritu de
los Acuerdos de Paz en lo económico, y además,
permitió avanzar en el proceso de consolidación de las bases del modelo económico neoliberal que venía impulsándose desde 1989. Los
objetivos de equidad y la participación fueron
sustituidos dentro de la política económica por
la promoción y protección de los intereses de
un reducido número de grupos empresariales
ligados al capital financiero-industrial, materializados en las privatizaciones y la dolarización.
El Foro enfrentó varios obstáculos: la resistencia
Al mismo tiempo, perdieron importancia las
de los grupos empresariales a abordar los temas
necesidades de las mayorías populares como
económicos fundamentales; la débil capacidad
centro de interés del quehacer económico.
negociadora y propositiva del sector laboral y la
indiferencia del Gobierno ante los recurrentes
“impasses” en la mesa. Transcurrido un año de (Tomado de MARTÍNEZ, Julia Evelyn. Esperando
su instalación y sin ningún resultado concreto, el rebalse… En: El Salvador, 10 años después…
un acuerdo bilateral Gobierno-Sector Privado, Una historia revelada 1992-2002. San Salvador:
clausuró las actividades del Foro y lo transformó Equipo Maíz, 2001. p. 26).
en Consejo Superior del Trabajo, con carácter
Conclusión
Desde la firma del Acuerdo de Chapultepec se ha
desarrollado una nueva y rica actividad política
de todas las tendencias ideológicas. Esto parece
confirmar que la sociedad salvadoreña ha escogido definitivamente los canales democráticos en
sustitución del conflicto armado como método
para dirimir sus conflictos y divergencias. Pero
será muy importante para las actuales y futuras
generaciones recordar que la paz y la incipiente
democracia que se vive en el país ha costado
mucho esfuerzo y sacrificio y ha tomado mucho
tiempo. Fortalecer y proteger ambas será el gran
compromiso de los salvadoreños del ahora y del
mañana.
Referencias bibliográficas
1. MARTÍNEZ URIBE, Antonio. Los Acuerdos de Paz en El Salvador: 15 años después. En: Correo Tortuga. Martes 23 de enero de 2007.
244
Capítulo 33 Reformas económicas, desarrollo humano
y democracia
Edificio de ANTEL, San Salvador. Foto propiedad del Museo de la Palabra y de la Imagen.
Introducción
Los años ochenta, en términos productivos, para
muchos empresarios salvadoreños fue una década perdida. Por eso, al llegar al poder ARENA en
1989, la derecha intentó recomponerse y articular
un modelo productivo prometedor. No fue fácil
relanzar el vuelo en un país destruido por la guerra,
con una infraestructura precaria, una insurgencia altamente desarrollada y con gran capacidad
militar, una buena parte de la mano de obra en
el extranjero y una inestabilidad política que no
representaba ningún atractivo para la inversión
extranjera. Además, los costos de la reconstrucción,
pacificación y el logro de la viabilidad del país para
la convivencia y la producción eran altos. El camino
que se siguió fue el propuesto, y hasta cierto punto
exigido, por las instituciones financieras internacionales que prestaron parte de los recursos que el país
demandaba. Así, se emprendieron las reformas económicas que se han implementado desde Cristiani
hasta la actualidad, siguiendo el libreto de lo que se
llamó Programas de Ajustes Estructurales (PAE),
que correspondía al modelo neoliberal, promovida
por los países capitalistas líderes de la economía
mundial. En El Salvador, el proyecto económico dio
resultado porque el gran empresariado logró obtener enormes fortunas, pero ¿qué pasó con el grueso
de la población?, ¿salió de la pobreza?, ¿mejoraron
las personas que vivían en la pobreza extrema?
Una manera de saberlo, es seguir la evolución de
lo que el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) ha llamado desarrollo humano,
es decir, la ampliación de las oportunidades tenidas
en materia de longevidad, educación e ingresos para
una vida digna. También, hay que tener en cuenta el
Acuerdo de Paz, firmado en 1992 por el Gobierno
y la guerrilla, que trazó un camino político como
prerrequisito para la pacificación y desarrollo de la
sociedad, que se resumía en la democratización del
país. Por eso, es importante ver la integración de la
guerrilla, convertida en el partido político FMLN, y
la capacidad de acogida que ha mostrado la derecha,
aglutinada en el partido ARENA, y lo que ambos
grupos, junto a los otros partidos políticos y fuerzas
sociales del país, han construido en materia de consensos orientados a un proyecto común de sociedad
y de país.
245
33.1 Reformas económicas
Dentro de las reformas impulsadas por las Juntas
de Gobierno que siguieron al golpe de Estado del
15 de octubre de 1979, se destaca la nacionalización
del comercio exterior del café, azúcar y algodón,
que eran los principales generadores de divisas en
esa época. Asimismo, en el Gobierno del ingeniero
José Napoleón Duarte se nacionalizó la banca y se
impulsó un nuevo proyecto de reforma agraria.
La derecha política, que aglutinaba a los sectores
productivos más poderosos, mostró inconformidad
ante estas nacionalizaciones y el reparto de la tierra.
Al tomar el poder Alfredo Cristiani, postulado
por ARENA, implementó un enfoque distinto de
la economía, ya que se hizo una defensa del libre
mercado. Cristiani era un empresario y lideraba a la
gran empresa privada salvadoreña que quería recuperar el espacio perdido. Obviamente, en términos
productivos, la década de los ochenta había sido
una de las peores en la historia reciente del país,
pero hay que tomar en cuenta que fue el momento
álgido de la guerra. Alfredo Cristiani no demoró en
emprender reformas económicas encaminadas a
viabilizar el desarrollo económico y social del país.
Estas reformas respondieron fundamentalmente a
los Programas de Ajustes Estructurales (PAE) que
promovían y defendían instituciones crediticias
internacionales como el Banco Mundial (BM) y el
Fondo Monetario Internacional (FMI), mediante
los cuales condicionaban los préstamos. Era un
hecho que el país no podía emprender la ruta de la
recuperación con sus propios recursos.
Según la visión del Banco Mundial y del Fondo
Monetario Internacional, los Programas de Ajustes
Estructurales (PAE) eran el medio correcto para
lograr el crecimiento económico y el desarrollo que
el país requería. Las principales medidas exigidas
por el BM y el FMI conforme a los PAE eran:
-Recortes del gasto público y de los subsidios en
sectores sociales como salud, educación y alimentación
-Devaluación sucesiva de la moneda local en pro de
246
la eficiencia y competitividad en las exportaciones
-Reducción o contención de salarios y reducción de
trabajadores
-Desreglamentación de las leyes de protección de la
estabilidad laboral
-Liberalización de la economía; menores restricciones a la entrada y a las operaciones de los inversionistas extranjeros
-Eliminación de controles al comercio y al cambio
de divisas
-Eliminación o reducción de la protección del mercado local
-Abolición del control de precios
Desde luego, Alfredo Cristiani orientó el entorno
económico salvadoreño hacia el fortalecimiento del
mercado y, en el marco de los Ajustes Estructurales,
llevó a cabo la reducción y modificación del rol del
Estado, reformas fiscales, la liberalización plena de
la economía, devolución al sector privado del control de las exportaciones de café, algodón y azúcar,
privatización de algunos activos del Estado y la
modernización y apertura a los mercados globales.
El discurso oficial de la privatización prometía
reducir el tamaño del Estado, disminuir el déficit
fiscal, prestar mejores servicios y proveer al Estado
de recursos inmediatos, los cuales serían utilizados
para cancelar la deuda de corto plazo e invertir en
la infraestructura o el gasto social.
Glosario
Libre mercado: Sistema en el que los precios
de los bienes y servicios son acordados por el
consentimiento de los vendedores y compradores a través de la oferta y la demanda. Se
opone a mercado controlado por el Estado.
Programas de Ajustes Estructurales: Medidas dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a los países en desarrollo
orientadas a corregir los déficits del presupuesto público y de la balanza de pago, logrando el
equilibrio. Se trata de no consumir más de lo
que un país produce. Además, buscan favorecer el libre mercado y las inversiones.
De cara a las privatizaciones, Alfredo Cristiani, en
1989, privatizó la exportación del café, del algodón
y del azúcar; en 1990, el Hotel Presidente; en 1991
la banca y la importación del petróleo. Además,
cerró el Instituto Regulador de Abastecimiento
(IRA), el Instituto de Vivienda Urbana (IVU),
implementó el Impuesto al Valor Agregado (IVA)
en el 10% e hizo una reducción de aranceles. En
1992, privatizó la Escuela Nacional de Agricultura
conocida como (ENA).
La tendencia privatizadora fue continuada por el
presidente Armando Calderón Sol, un sucesor del
mismo partido político (ARENA). En 1994, privatizó la zona franca de San Bartolo, propiedad del
Estado desde su fundación en 1974; los ingenios
azucareros en 1998, fue el turno de la distribución
de la energía eléctrica, las telecomunicaciones,
el sistema de pensiones y algunos servicios de
hospitales públicos; y en 1999, se privatizó el sistema de placas vehiculares y licencias de conducir.
Además, se incrementó el IVA al 13%.
Reserva a intervenir continuamente en el mercado
de divisas, y a acumular reservas en dólares para
evitar la revaluación.
Estas acciones evitaban un tipo de cambio libre
y creaban un tipo de cambio administrado por el
Banco Central de Reserva para mantener la estabilidad cambiaria.
En 2002, el presidente Francisco Flores, siguiendo
las políticas de los dos presidentes que le precedieron, autorizó las concesiones de servicios de seguridad y alimentación en el Instituto Salvadoreño
del Seguro Social (ISSS). Además, redujo o eliminó los subsidios al diésel, al consumo de energía
eléctrica y agua, eliminó la exención del pago del
IVA por compra de alimentos y medicamentos,
introdujo el impuesto para el mantenimiento vial
y creó el Fondo de Conservación Vial (FOVIAL),
incrementó los impuestos para las micro y pequeñas empresas. Además, en 2000 llevó a cabo la
dolarización de la economía.
Las privatizaciones no han sido bien vistas por
buena parte de la población salvadoreña, pues
aunque han supuesto eficacia y modernización
en el servicio, han provocado incrementos en los
precios al consumidor.
Glosario
Empresarios celebran la compra de ANTEL, San Salvador, 1998.
Tomado de: El Salvador 10 años después…Una historia revelada
1992-2002. San Salvador: Equipo Maíz, 2001. p.30.
Entre 1989 y 1990, se eliminaron los tipos de cambios múltiples, se unificó y se liberalizó el sistema,
de esta forma, se les permitió a los bancos comerciales y casas de cambio operar libremente en el
mercado de divisas. El tipo de cambio se mantuvo
estable debido a los grandes flujos autónomos de
divisas provenientes de remesas y otras fuentes.
Estas entradas de divisas presionaron por la revaluación del colón, obligando al Banco Central de
Tipos de cambio múltiples: Precio de una
moneda extranjera expresado en términos de
la moneda nacional, pero donde se hace una
discriminación entre vendedores y compradores de divisas, de acuerdo con los objetivos
de la política monetaria, fiscal o económica
en general. Mediante este sistema, se puede
favorecer a determinadas exportaciones (de
tal modo que proporcionen más moneda nacional por unidad de moneda extranjera a los
respectivos exportadores), entradas de capital
o restringirse determinadas importaciones o
salidas de capital y otras transacciones internacionales.
Revaluación del colón: aumento del valor del
colón como moneda nacional respecto al valor
de las monedas de otros países.
247
La privatización de la banca fue la primera gran privatización de la historia moderna de El Salvador. En
su momento, el sector privado señaló que el proceso
seguido no había sido transparente. Estas opiniones
surgieron porque desde el Estado se limpiaron los
pasivos bancarios y algunos funcionarios, aprovechando el poder político, se otorgaron créditos
del mismo sistema financiero para la compra de
acciones, en un mecanismo en el que aparecieron
muchos compradores, pero que la final, terminó
con pocos dueños.1
A partir de la reestructuración de la banca, el nuevo
grupo financiero favoreció un modelo de crecimiento y circulación basado en actividades financieras y comerciales-importadoras, estimulando
el consumo y aprovechando la demanda interna
originada por las remesas provenientes del exterior.
El ahorro y la inversión gozaron de menos prioridades; además, desvinculó considerablemente las
actividades crediticias del sector productivo.2
Por su parte, el sistema público de pensiones, antes
de ser privatizado, presentaba serias debilidades,
sobre todo respecto a la cobertura poblacional, los
costos de la seguridad social, la evasión y mora de
los patronos. Precisamente, fueron esas las razones
que se utilizaron para justificar su privatización, y se
argumentó que la nueva modalidad traería enormes
beneficios a los afiliados cotizantes.
La privatización de la energía eléctrica ha sido otro
punto de controversia. La esperanza gubernamental
era la disminución del precio de la distribución de
la energía eléctrica y el mejoramiento del servicio,
pero los resultados no fueron los esperados. Entre
el año 2000 y 2001 se produjeron 44,000 apagones
y más de medio millón de reclamos de la población.
Las empresas y entidades oficiales justificaron las
anomalías con el daño que sufrió la red durante la
guerra y los terremotos de 2001. Los usuarios también se quejaron por la eliminación del subsidio en
el 2000, algo que fue corregido después. Un dato
que llama la atención de los usuarios es que en los
últimos años, del costo total de la factura, el 61%
corresponde a energía consumida y el 39% a uso de
la red y atención al cliente.
La privatización de la Administración Nacional de
Telecomunicaciones (ANTEL) sorprendió de un
modo especial a la población, porque era una de
las empresas más rentables del Estado. Un estudio
independiente sobre el gasto público en El Salvador,
que la Agencia Internacional para el Desarrollo
(AID) encomendó en 1994 a dos economistas –un
salvadoreño y un estadounidense- concluía que:
ANTEL es una de las instituciones autónomas, que
opera con solvencia financiera, a pesar de enfrentar
múltiples problemas. Durante el último quinquenio
ha mejorado no sólo en términos financieros, sino
también en términos de eficiencia.
En la actualidad, el nuevo sistema de pensiones no
ha sido capaz de incluir a los grandes segmentos de
la población ubicados en actividades informales,
subempleo, trabajadoras y trabajadores agrícolas y a
la mayor parte de las personas que prestan servicios
en el área doméstica. También, hay que hacer notar
que los costos han recaído principalmente en los
empleados, afectando significativamente a los que
reciben el salario mínimo.
Antes de la reforma, el aporte de los y las trabajadoras para el sistema previsional representaba el 1.5%
sobre su salario; en 1998, aumentó al 4.5%, lo cual
suponía un incremento de 300%, y en el año 2002,
los aportes representaban el 6.25% de su salario, es
decir, sufrieron un incremento del 417%.
248
Protesta por la privatización de ANTEL. Tomado de: Revista
Nuestro Tiempo. San Salvador: Universidad Luterana Salvadoreña, No. 3. Octubre –Diciembre de 1996. p.10.
Entre 1989 y 1993, ANTEL había incrementado
el número de teléfonos por habitantes, redujo el
número de empleados por línea telefónica, disminuyó el tiempo de reparación por fallas y aumentó
sus utilidades netas3. Por lo que a juicio de muchos,
ANTEL más que privatización necesitaba modernización.
De esa manera, buena parte del comercio y de las
empresas comenzaron a realizar transacciones en
dólares; además, Estados Unidos era el principal
socio comercial del país. Ya para 1994, el dólar
tenía una fuerte presencia en la economía nacional
y al año siguiente, las autoridades gubernamentales
estudiaron la posibilidad de dolarizar la economía.
Por último, es importante señalar que los Programas
de Ajustes Estructurales, en los cuales se generaron
las privatizaciones, respondieron sin lugar a dudas
a varias razones.
No cabe duda que, después de la crisis brasileña
de 1999, muchos países latinoamericanos vieron el
riesgo de mantener una política de tipo de cambio
flexible. De hecho, el país entró en una situación
peligrosa: inflación alta y el colón llegó al borde de
una devaluación.
En primer lugar, a la exigencia del capital transnacional de ampliar sus inversiones por doquier; en
segundo lugar, recrear el marco en que las empresas pudieran garantizar la rentabilidad del capital
y autosostener el proceso de inversión; y en tercer
lugar, a la propia situación que caracterizaba a las
empresas nacionales, dicho en el discurso oficial:
deficiencia administrativa, improductividad y limitada capacidad de reinversión que posibilitara la
modernización de las empresas.
Dolarización
La dolarización merece una mención especial por
su incidencia en la economía nacional desde su
implementación en 2001.
En términos generales, la dolarización es el proceso
por el cual un país adopta el dólar estadounidense
como moneda de curso legal válida para todas las
operaciones económicas. De modo que, tal moneda
extranjera reemplaza a la moneda local en todas
sus funciones (reserva de valor, unidad de cuenta,
medio de pago, etc.).
Un antecedente importante de la dolarización en
El Salvador fue el hecho que desde las primeras
décadas de la segunda mitad del siglo pasado, especialmente por las migraciones hacia los Estados
Unidos, los inmigrantes salvadoreños enviaron
flujos de dinero cada vez mayores a sus familiares
residentes en el país.
Fue así como El Salvador, siguiendo el consejo del
economista chileno Sebastián Edwards, diseñó un
plan de sustitución de la moneda junto a la serie
de reformas legales y económicas requeridas. Estas
reformas incluían al sector bancario, laboral y fiscal.
En noviembre de 2000, de una forma sorpresiva
y rompiendo el secreto que había mantenido la
planificación, el presidente Francisco Flores anunció la decisión de dolarizar la economía nacional.
Los argumentos que esgrimió apuntaban a que el
cambio traería muchas ventajas al país, como la
disminución de las tasas de interés bancario, se
evitaría una devaluación de la moneda, ayudaría a
preservar la estabilidad económica y a incorporar
al país al proceso de integración económica mundial. Para respaldar la medida, se decretó la Ley de
Integración Monetaria, que permitía la dolarización de la economía salvadoreña. Dicha ley entró
en vigencia el 1 de enero de 2001 y a partir de ese
momento, empezaba también la sustitución gradual
del colón por el dólar estadounidense.
El dólar, moneda de uso corriente en El Salvador
249
Recuadro 33.1
LEY DE INTEGRACIÓN MONETARIA
DISPOSICIONES GENERALES
Art. 1.- El tipo de cambio entre el colón y el dólar
de los Estados Unidos de América será fijo e inalterable a partir de la vigencia de esta Ley, a razón
de ocho colones setenta y cinco centavos por dólar
de los Estados Unidos de América. En la presente
ley, dicha moneda se denominará dólar.
Art.2.- Se permite la contratación de obligaciones
monetarias expresadas en cualquier otra moneda de legal circulación en el extranjero. Dichas
obligaciones deberán ser pagadas en la moneda
contratada, aún cuando su pago deba hacerse por
la vía judicial.
Art. 3.- El dólar tendrá curso legal irrestricto con
poder liberatorio ilimitado para el pago de obligaciones en dinero en el territorio nacional.
Art. 4.- A partir de la vigencia de la presente ley,
el Banco Central de Reserva de El Salvador, a
requerimiento de los bancos del sistema canjeará
los colones en circulación por dólares.
Art. 5.- Los billetes de colón y sus monedas fraccionarias emitidos antes de la vigencia de la presente
ley continuarán teniendo curso legal irrestricto
en forma permanente, pero las instituciones del
sistema bancario deberán cambiarlos por dólares
al serles presentados para cualquier transacción.
El Banco Central de Reserva de El Salvador, proveerá los dólares a los bancos del sistema, median-
En la práctica, el procedimiento fue el siguiente:
1. El dólar se estableció a un cambio fijo de 8.75
colones.
2. Se declaró el dólar estadounidense como moneda oficial junto al colón, para lo cual el Banco
Central de Reserva de El Salvador puso en circulación cerca de 456 millones y medio de dólares,
como una medida que garantizaba la circulación
diaria del dólar en la economía nacional.
3. Los bancos quedaban facultados para comprar y
vender dólares sin ninguna restricción.
250
te el canje respectivo.
El canje entre dólares y colones en efectivo, sea
que lo haga el Banco Central de Reserva de El
Salvador a los bancos del sistema o bien estos a los
usuarios de los mismos, no generará ningún tipo
de comisión o cargo.
La infracción a lo anterior será sancionada por
la Superintendencia del Sistema Financiero con
una multa equivalente a cien veces la comisión o
cargo cobrado.
La citada Superintendencia aplicará, para la imposición de la multa, el procedimiento establecido en
los artículos 47 y siguientes de su Ley Orgánica.
Art. 6.- Los bancos, los intermediarios financieros
no bancarios y demás personas jurídicas que captan recursos del público podrán adquirir activos
y pasivos denominados en otras monedas solo
cuando se cumplan los siguientes requisitos:
a) Que las instituciones mantengan un calce razonable entre los activos y pasivos en una moneda
específica, de conformidad a lo establecido en las
leyes que la rigen; y
b) Que los deudores en una moneda determinada comprueben ingresos denominados en dicha
moneda, suficientes para cumplir con sus obligaciones o que puedan demostrar una cobertura
adecuada de riesgo cambiario.
4. Los salarios, las transacciones comerciales, los
precios de los productos y las cuentas de los bancos podían expresarse tanto en dólares como en
colones. Obviamente, el rechazo a la dolarización
fue inmediato por parte de sectores políticos,
profesionales y población en general. Después
del anuncio presidencial, antes de que finalizara
el año 2000 la Fundación de Estudios para la
Aplicación del Derecho (FESPAD) presentó una
demanda de inconstitucionalidad en contra de la
Ley de Integración Monetaria debido a que fue
aprobada con gran desconocimiento tanto de la
población como de los legisladores.
A la Superintendencia del Sistema Financiero
corresponderá vigilar el cumplimiento de estas
disposiciones, de conformidad a las atribuciones
que le confiere su ley orgánica.
Art. 7.- Los salarios, sueldos y honorarios podrán
ser denominados y pagados en colones o dólares.
Todas las obligaciones en dinero expresadas en
colones, existentes con anterioridad a la vigencia
de la presente ley, podrán ser pagadas en dólares
al tipo de cambio establecido en el Art. 1 de esta
ley.
Asimismo, los cheques y los demás títulos valores
que hayan sido emitidos en colones salvadoreños
con anterioridad a la vigencia de esta ley, podrán
ser aceptados y pagados en dólares, al tipo de
cambio establecido por esta ley.
Art. 8.- Las instituciones públicas, autorizadas
por el Ministerio de Hacienda de conformidad
a la Ley Orgánica de Administración Financiera
del Estado, podrán emitir y contratar obligaciones
en otras monedas, siempre que cubran el riesgo
cambiario.
Art. 9.- Todas las operaciones financieras, tales
como depósitos bancarios, créditos, pensiones,
emisión de títulos valores y cualesquiera otras
realizadas por medio del sistema financiero, así
como los registros contables del sistema financiero, se expresarán en dólares. Las operaciones o
transacciones del Sistema Financiero que se hayan
realizado o pactado en colones con anterioridad a
Del mismo modo, con tono crítico, algunos analistas
señalaron que la dolarización de la economía fue
una medida extrema que adoptó el gobierno del presidente Francisco Flores, a pesar de que se estimaba
una alta probabilidad de fracaso dada las condiciones macroeconómicas del país. Otros, entre los que
se encontraban economistas y políticos de izquierda,
consideraron que la dolarización no respondía a las
necesidades reales del país, sino más bien a los intereses de Estados Unidos, quien aspiraba a unificar el
comercio y la economía latinoamericana para fortalecer su capacidad de competir con éxito con los
europeos. Creían que como Europa había avanzado
hacia una economía unificada con el euro como
moneda única, Estados Unidos estaba interesado en
la vigencia de esta ley, se expresarán en dólares al
tipo de cambio establecido en esta ley.
Los titulares de cuentas de ahorro, títulos valores,
cuentas corrientes y cualesquiera otros documentos bancarios, de pólizas de seguros, de títulos
valores que se coloquen y negocien en la bolsa de
valores, de acciones, obligaciones negociables o
bonos de otros títulos podrán solicitar a la respectiva entidad emisora, la reposición de los documentos en que consten los derechos derivados de
los mismos, por otros con los valores expresados
en dólares al tipo de cambio establecido en el Art.
1 de esta Ley y aquella estará obligada a realizar
la reposición. Si la reposición no se efectúa, el
valor respectivo expresado en colones se estimará
expresado en dólares, al tipo de cambio establecido en esta ley, para todos los efectos que resulten
del valor consignado en el documento.
Art. 10.- Los precios de los bienes y servicios se
podrán expresar tanto en colones como en dólares, al tipo de cambio establecido en esta ley.
Art. 11.- Todas las obligaciones del Banco Central
de Reserva de El Salvador serán asumidas por el
Estado por medio del Ministerio de Hacienda,
quien podrá compensarlas por obligaciones existentes a su favor.
(Tomado de: Diario Oficial Nº 241, Tomo 349, del
22 de diciembre de 2000)
controlar el mercado latinoamericano y establecer el
dólar como moneda única.
Algunos riesgos que señalaban los economistas eran:
Cualquier crisis financiera que sufra la economía de
Estados Unidos y el dólar arrastrará a El Salvador,
quedando el país totalmente expuesto a vaivenes
externos; la población de menos ingresos sufrirá de
manera directa el aumento de los precios por efecto
del “redondeo” de centavos y cantidades fraccionarias; existen nuevas y mayores posibilidades para
operaciones de gran escala de lavado y de falsificación de dólares; disminución de las tasas de interés
pasivas y falta de incentivos para el ahorro de los
particulares en el sistema financiero nacional.
251
En efecto, con la circulación el dólar, inmediatamente, se cumplió una de las predicciones: el
aumento de los precios de casi todos los productos
como resultado del redondeo, esto afectó enormemente a amplios sectores de la población.
Aunque la Ley de Integración Monetaria no eliminaba al colón, la doble moneda no funcionó.
Voceros de la banca y del sector financiero predijeron la desaparición total del colón a corto plazo
y, como un pronóstico preparado, el colón salvadoreño, que había circulado en el país desde el 1
de octubre de 1862, salió de escena al poco tiempo,
ya que los bancos comenzaron a retenerlos a fin de
que solo circulara el dólar.
El colón salvadoreño dejó de circular al ser reemplazado por
el dólar.
33.2 Desarrollo humano, violencia
juvenil y delincuencia
Desarrollo humano
Según algunos analistas, la guerra civil fue motivada, entre otras cosas, por la pobreza y buscaba
superarla, pero solo la incrementó. Hasta 1997,
no había forma de medir la pobreza, a simple
vista, parecía que reinaba por doquier. Todo hacía
pensar que los programas económicos ensayados no habían logrado propiciar un crecimiento
que permitiera erradicarla. El Mercado Común
Centroamericano (en los años sesenta), las diversas reformas agrarias y la nacionalización de ciertas empresas (en los años setenta y ochenta), los
Ajustes Estructurales (desde finales de los ochenta)
y las demás políticas gubernamentales no lograban
el impacto esperado en la población pobre. Sin
embargo, para tener una aproximación más precisa de la situación real de los salvadoreños era nece252
sario cuantificarla en sus aspectos esenciales. Fue
en 1997 que se comenzó a tener datos fidedignos
al respecto, cuando el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) incluyó al país
en el Informe de Desarrollo Humano. El PNUD,
ya en 1990, había ideado unos instrumentos para
medir el desarrollo humano de los países, bajo el
nombre de Indicadores de Desarrollo Humano.
El PNUD, en el primer informe mundial que
publicó en 1990, definió el desarrollo humano de
la siguiente manera: El desarrollo humano es un
proceso en el cual se amplían las oportunidades
del ser humano.
En principio estas oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo, a
todos los niveles del desarrollo, las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y
saludable, adquirir conocimientos y tener acceso
a los recursos necesarios para lograr un nivel de
vida decente. Si no se poseen estas oportunidades
esenciales, muchas otras alternativas continuarán
siendo inaccesibles.
Pero el desarrollo humano no termina allí. Otras
oportunidades, altamente valoradas por muchas
personas, van desde la libertad política, económica y social, hasta la posibilidad de ser creativo y
productivo, respetarse a sí mismo y disfrutar de la
garantía de derechos humanos.
El desarrollo humano tiene dos aspectos. La formación de capacidades humanas –tales como un
mejor estado de salud, conocimientos y destrezas– y el uso que la gente hace de las capacidades
adquiridas –para el descanso, la producción o las
actividades culturales, sociales y políticas. Si el
desarrollo humano no consigue equilibrar estos
dos aspectos, puede generarse una considerable
frustración humana. Según este concepto de desarrollo humano, es obvio que el ingreso es solo una
de las oportunidades que la gente desearía tener,
aunque ciertamente muy importante. Pero la vida
no sólo se reduce a eso. Por lo tanto, el desarrollo
debe abarcar más que la expansión de la riqueza
y los ingresos. Su objetivo central debe ser el ser
humano.4
Para medir el desarrollo de las personas en un
país, el PNUD creó los Indicadores de Desarrollo
Humano (IDH). Su intención no era meramente teórica, sino también práctica. Estimaba que
en cualquier sociedad, las personas no tienen la
misma posibilidad de obtener lo que necesitan,
por lo que es tarea de los gobiernos procurar
que todos vivan en condiciones favorables. En
este sentido, los indicadores debían ayudar a los
gobiernos a visualizar los problemas humanos y a
crear políticas sociales. Los indicadores utilizados
por el PNUD para medir el desarrollo humano en
los países se basan en tres aspectos básicos de la
vida de las personas: longevidad, conocimiento y
nivel de vida decente.
Algunos indicadores de desarrollo humano son:
ingreso per cápita, esperanza de vida al nacer, tasa
de mortalidad infantil, tasa de mortalidad de la
niñez y alfabetismo5.
En El Salvador, se han publicado seis informes
sobre desarrollo humano, a cargo de la oficina del
PNUD. El primero, en 1997, calculó los índices
de desarrollo humano. El segundo, en 1999, analizó los desafíos económicos, políticos, sociales y
ambientales para alcanzar mayores niveles de desarrollo humano. El tercero, en 2001, tuvo como hilo
conductor el tema de las instituciones y el capital
social, e incluyó una aproximación al impacto que
tuvieron los terremotos de enero y febrero de ese
año sobre los principales indicadores relacionados
al desarrollo humano del país. El cuarto, en 2003,
estudió los cambios y oportunidades para el país
dentro del proceso de globalización. El quinto, en
2005, abordó el impacto que han tenido las migraciones en la configuración económica, cultural y
política del país. El último informe, 2007-2008,
analizó la situación del empleo en el país, los
logros y desafíos del mundo del trabajo. Todos
los informes ofrecen cifras actualizadas sobre los
indicadores de desarrollo humano.
El retrato que los informes de desarrollo humano
han hecho del país se muestra en la siguiente tabla.
Es importante saber que los informes trabajan con
datos de años anteriores.
Indicador
Índice de desarrollo humano
1994
0,592
1999
0,701
2000
0,706
2001
0,719
2005
0,735
Esperanza de vida (en años)
69,3
69,5
69,7
70,4
71,3
Tasa de alfabetismo de adultos (%)
70,9
78,3
78,7
79,2
80,6
Tasa bruta de matriculación combinada (%)
55,0
63,0
63,0
64,0
70,4
PIB per cápita (en US dólares)
2,417
4,344
4,497
5,260
5,255
Tabla construida con datos de Informes de Desarrollo Humano del PNUD.
Desde el primer informe del PNUD de 1997 y
basado en datos de 1994, el país se situó en la clasificación de desarrollo humano medio. El valor del
índice de desarrollo humano, indicado en la tabla,
expresa el valor promedio de tres componentes
principales, de acuerdo a la siguiente fórmula:
IDH = 1/3 (IEV) + 1/3 (IE) + 1/3 (IPBI)
Donde: IEV = Índice de esperanza de vida,
IE = Índice de educación (IA = Índice de alfabetización adulta, IM = Índice bruto de matriculación),
IPBI = Índice del Producto Bruto Interno.
Glosario
Ingreso per cápita: La cantidad promedio de
dinero que teóricamente recibe cada persona
al año, calculado sobre la base del ingreso nacional.
Tasa bruta de matriculación combinada:
porcentaje de personas en el nivel escolar que
estan dentro del sistema educativo.
Tasa de mortalidad infantil: Número de niños
menores de un año que mueren anualmente,
por cada mil niños nacidos vivos.
Tasa de mortalidad de la niñez: Número de
niños menores de cinco años que mueren
anualmente, por cada mil nacidos vivos.
253
Las estadísticas de los informes del PNUD muestran un avance progresivo en los indicadores, sin
embargo, estos datos no demuestran que se esté
erradicando la pobreza en el país.
mejor ponderados porque se basan en el Mapa de
pobreza, un estudio amplio elaborado en 2004, con
el patrocinio del Gobierno de la República.6
Por expresar la situación de El Salvador en términos de pobreza, en los últimos 20 años ha habido
una tendencia a reducirla. De acuerdo al discurso
oficial, la pobreza total ha disminuido de 66% en
1991 a 41% en 2000 y a 32% en 2004, representando
una reducción de 34 puntos. Del mismo modo, la
pobreza extrema ha pasado de 33% en 1991 a 19%
en 2000 y a 15% en 2004. Los últimos datos son
El Mapa de Pobreza permitió focalizar la extrema
pobreza, principalmente en los departamentos de
Chalatenango, Morazán, Cabañas, Ahuachapán y
San Vicente. En estos departamentos se encontraron
32 municipios en condiciones de extrema pobreza.
De acuerdo a FUSADES, la mayoría de pobres están
en el área rural y aunque los niveles de pobreza se
han reducido todavía se mantienen elevados.7
Mapa de pobreza de El Salvador. Tomado de: Mapa de Pobreza: Política Social y Focalización. San
Salvador: FLACSO/FISDL, 2005.
Por su parte, el gobierno del presidente Saca otorgó
subsidios a la población más vulnerable de las zonas
rurales y de los municipios más pobres. A su juicio,
la acción iba dirigida a disminuir la brecha de acceso
a mejores condiciones de vida.
Según el discurso oficial, en esta administración se
destina alrededor del 60% del presupuesto al gasto
social. Esto incluye los esfuerzos que se realizan en el
campo de la educción, de la salud, en los gobiernos
municipales, a través del FODES y del FIS-DL, y lo
relacionado al sistema público de pensiones.
En contraste con las acciones del gobierno, miembros de partidos opositores y analistas de instituciones privadas e independientes han criticado,
reiteradamente, la medida como paliativa y electo254
rera y por lo tanto, no enfrenta la pobreza desde sus
causas estructurales, demandando un plan nacional
de desarrollo.
A pesar de los diferentes enfoques para la erradicación de la pobreza, el Banco Mundial señaló que El
Salvador es uno de los pocos países que se encamina
a cumplir con las Metas del milenio.
En septiembre de 2000, 147 jefes de Estado y de
gobierno y 191 naciones aprobaron la Declaración
del Milenio, que expresa un conjunto de preocupaciones relacionadas con la paz, la seguridad y el
desarrollo, e incluye áreas como el medio ambiente,
los derechos humanos y el buen gobierno. También,
pone de relieve las necesidades especiales del continente africano.
La declaración incorpora una serie de objetivos de
desarrollo que se refuerzan mutuamente en una
agenda mundial, así como un conjunto de metas.
De la consolidación de ambos, surgió la lista de
“Objetivos de desarrollo del milenio”, que concentran su interés en ocho temas prioritarios:
t&SSBEJDBSMBQPCSF[BFYUSFNBZFMIBNCSF
t-PHSBSMBFOTF×BO[BQSJNBSJBVOJWFSTBM
t1SPNPWFS MB JHVBMEBE EF HÏOFSP Z GPSUBMFDFS MB
autonomía de la mujer
t3FEVDJSMBNPSUBMJEBEJOGBOUJM
t.FKPSBSMBTBMVENBUFSOB
t$PNCBUJSFM7*)4*%"QBMVEJTNPZPUSBTFOGFSmedades
t(BSBOUJ[BSMBTPTUFOJCJMJEBEEFMNFEJPBNCJFOUF
t'PNFOUBS VOB BTPDJBDJØO NVOEJBM QBSB FM EFTBrrollo
Para cada objetivo se han fijado metas numéricas
que deberán alcanzarse, en la mayoría de los casos,
durante el período de veinticinco años comprendido entre 1990 y 2015. La Declaración del Milenio
incluye además una serie de indicadores para que,
tanto las Naciones Unidas como los países puedan
valorar el progreso hacia las metas.
Violencia juvenil
Después de la guerra civil, El Salvador, continuó siendo una de las sociedades más violentas
de América y teniendo como protagonistas a los
jóvenes. ¿Qué llevó a los jóvenes a desempeñar ese
papel? La mayoría de los estudios coinciden en que
fue resultado de la combinación de factores de tipo
histórico, cultural y político.
Algunos jóvenes crearon nuevas formas de organización y expresión social, especialmente lo que se ha
dado en llamar “mara”. Es un hecho que las maras
han proliferado, principalmente en zonas urbanas
de alta densidad poblacional, marginales y pobres.
Además, la mayoría de los integrantes de las maras
provienen de hogares con poco acceso a los servicios
básicos, educación, salud, empleo y con marcados
problemas de desintegración familiar. Estos factores producen jóvenes que no han gozado desde su
niñez de los derechos que garantizan la realización
personal, la práctica de los principios morales, la
pertenencia a la sociedad y la preparación para asumir responsablemente tareas laborales y sociales.
Una de las maras más importantes es la Salvatrucha.
Su nombre puede tener el siguiente significado:
“mara” se emplea en el país para nombrar a gente
alborotada; “salva” viene de salvadoreño y “trucha” en la jerga popular, designa a la persona lista
o espabilada. Esta mara fue creada en California,
durante los años 80, por emigrantes salvadoreños
para hacerles frente a las pandillas existentes. En la
ciudad de Los Ángeles, la Mara Salvatrucha adoptó
el número 13 ya que esa es la posición que ocupa,
en el alfabeto español, la letra M de la mafia mexicana que controlaba la zona. Por el contrario, en
San Francisco que era territorio controlado por la
pandilla “Nuestra Familia”, la mara Salvatrucha
adoptó el número 14, por la ubicación de la letra N
en el alfabeto.
Por su parte, la mara 18 procede directamente de
Los Ángeles, California; su nombre se debe al lugar
de surgimiento: calle 18. Inicialmente, estaba formada por emigrantes mexicanos, pero paulatinamente
aceptó todo tipo de hispanos, además de asiáticos,
afroamericanos y anglosajones. En ese sentido, esta
mara puede considerarse como una pandilla internacional, a diferencia de la mara Salvatrucha 13, que
acepta exclusivamente salvadoreños y ocasionalmente centroamericanos.
Ex marero integrado a la vida productiva. Foto propiedad del
MUPI.
255
Marcela Smutt y Jenny Lissette Miranda, en un
estudio titulado El fenómeno de las pandillas en
El Salvador8, señalan que el antecedente social y
organizativo inmediato a la pandilla lo constituyó
la mara, palabra que ya era utilizada en El Salvador
en la década de 1960. Con ello se hacía referencia a
un grupo de amigos, comúnmente del mismo sector
residencial, que participaban en actividades sociales
comunes (la escuela o la iglesia) y que se reunían
para compartir el tiempo y la diversión.
Señalan que en la actualidad, el término ha adquirido un significado peyorativo y se utiliza para
hacer referencia a grupos de jóvenes organizados
y vinculados generalmente con actos violentos y
delictivos. Ambos términos han sido asimilados por
los jóvenes para designar el carácter de pertenencia e
identificación de grupo, territorio y acción social al
interior del grupo y con relación a otros grupos.
En diversos estudios sobre las maras, se comparte la
visión de que el desarrollo de las pandillas juveniles
en el país responde a una serie de procesos históricos
en el que los problemas sociales, económicos y políticos se interrelacionaron con efectos de la migración y la transculturación, afectando las crecientes
dificultades juveniles para integrarse a la dinámica
social adulta. El resultado ha sido un fenómeno de
organización juvenil sólidamente estructurado.
No es de extrañar, por tanto, que los jóvenes salvadoreños continúen en el centro de conflictos sociales
bajo formas cambiantes, pero impregnadas de una
violencia a la que se ven forzados para encontrar un
espacio y formas de integración social propias. La
reducción de espacios para la participación e integración económica, social y cultural forma parte de
los mecanismos estructurales impelentes o controladores de la violencia.
mismo explicar un fenómeno tan complejo, su
dinámica y menos aún los factores específicos que
llevan a los jóvenes a integrarse a estos grupos. Sin
embargo, es importante rescatar algunos resultados
que estos estudios aportan.
Es innegable que uno de los factores que ha contribuido al fenómeno de las maras es la exclusión
social y económica, que impide a un buen número
de ciudadanos tener acceso a vivienda, trabajo,
educación y salud; esto genera frustración y marginación, y aumenta los niveles de desconfianza y
desaliento de los miembros de las pandillas.
Este tipo de exclusiones produce en los jóvenes la
pérdida de una visión de proyecto de vida, y por lo
tanto, una percepción corta, subjetiva y sin sentido
de ella. Esto crea las condiciones para que potencialidades como el manejo de riesgos, percepción
de autosuficiencia, conducta prosocial, creatividad y manejo de vínculos, que pueden definirse
como partes del capital social juvenil, sean abocadas
a comportamientos violentos o delictivos. Por lo
tanto, se produce en los jóvenes una disolución psicológica con su entorno social inmediato, es decir,
la comunidad, lo que facilita la agresión hacia los
que viven en ella.
En contraparte, la mara proporciona a sus miembros un sentido de identidad personal y de pertenencia de grupo, donde otras formas de integración
e identidad social son negadas.
Aunque no son suficientes para explicar el fenómeno, sí están presentes en los distintos niveles de
las relaciones sociales e interacciones en los que la
violencia se manifiesta.
Ninguno de los factores señalados puede por sí
256
Ex mareros eliminándose los tatuajes. Foto propiedad del Museo
de la Palabra y de la Imagen.
En una mara, los jóvenes desarrollan aspectos
como: estatus y poder, valores y normas claras de
lealtad, solidaridad y protección, en cuya definición
sus miembros son partícipes. La mara ofrece a los
jóvenes una red de apoyo social amplio representa un capital social a través del cual se potencia y
adquiere una forma específica el capital individual.
El origen de las pandillas juveniles es básicamente
territorial (barrio, colonia, comunidad), por lo que
estas desarrollan una interrelación fuerte con las
comunidades en las que crecen y viven, si bien son
fuente de inseguridad en las mismas.9
Por otra parte, nunca se ha sabido con certeza el
número de miembros que integran las diferentes
maras en El Salvador. Un estudio realizado en 2001
por el IUDOP, la Organización Panamericana de la
Salud y la organización de ex pandilleros Homies
Unidos aportó datos que llevaron a estimar para
ese año los 30 mil miembros.10 Datos más precisos
existen sobre el número de clicas por pandilla.
Según la unidad de Prevención de la Violencia y
Delincuencia Juvenil de la Policía Nacional Civil, en
2003 existían 309 clicas en el país, pertenecientes a
por lo menos cuatro pandillas originales.
Número de pandillas y clicas a nivel
nacional. Año 2003
No. de Porcentaje
clicas
(%)
Mara Salvatrucha (MS)
147
48
Mara Salvatrucha-13 (MS-13)
23
7
Mara Dieciocho (M-18)
102
33
Mao Mao
5
2
Otras
32
10
Total
309
100
la violencia de las maras y la violencia estudiantil; aunque muchos miembros de las maras sean
estudiantes, no todos los estudiantes que generan
violencia pertenecen a las maras.
Se ha sabido que la mayor parte de los miembros
de las maras proceden de familias pobres y que
además son jóvenes que carecen de empleo, situación que desencadena mecanismos alternativos de
sobrevivencia, como solicitud de dinero a peatones
y conductores de vehículos, así como robos, hurtos,
asesinatos y secuestros. Según datos de la Policía
Nacional Civil, de los 1,998 miembros de pandillas
recluidos hasta febrero de 2003 en los centros penales y de internamiento del país, el 41% fue detenido
por robo y hurto, y el 35 %, por homicidio.11
Delincuencia
En las últimas décadas, en país ha sido afectado por
dos tipos importantes de delincuencia: la juvenil y la
organizada. Ambas han alcanzado grandes dimensiones. La delincuencia juvenil está representada
principalmente por las maras, que ha provocado
desórdenes públicos, luchas entre maras rivales,
daños a particulares, daños a la propiedad privada
y a cometer actos de homicidio. También, se le ha
relacionado con la venta de drogas.
Pandillas
La delincuencia organizada está representada, principalmente, por personas mayores, aunque también
la integran jóvenes. Este tipo de delincuencia tan
extendida encarna la mayor amenaza para la sociedad salvadoreña porque sus principales delitos son
el tráfico de drogas, robo, secuestro, extorsión, asesinato, sicariato y contrabando.
Fuente: Unidad de Prevención de la Violencia y Delincuencia
Juvenil. Policía Nacional Civil.
De acuerdo con estos datos, en 2003, las estimaciones de la PNC apuntaban que la Mara Salvatrucha
era la pandilla más grande de El Salvador, aglutinaba aproximadamente al 51% de miembros de pandillas del país, seguida por la Mara 18, que reunía al
36%. Al hablar de violencia juvenil, cabe distinguir
Glosario
Clica: Estructura orgánica básica local de una
mara.
257
Las acciones del crimen organizado alcanzan a
diversas esferas de la sociedad, como se ha demostrado en casos de corrupción de algunos miembros
de la institución policial, del sistema judicial y de
políticos en funciones públicas.
el presidente Antonio Saca implementó el Plan
Súper Mano Dura, lanzado de forma oficial el 30
de agosto de 2004, dirigido especialmente contra
las pandillas y como la continuación del plan del
presidente Flores.
Frente a estos problemas, en 2003, el gobierno del
presidente Francisco Flores creó el Plan Mano
Dura, que consistía en utilizar la PNC y el ejército para combatir la delincuencia y desarticular a
las pandillas. En el mismo año, se aprobó la Ley
Antimaras, con vigencia de seis meses, que buscaba
combatir legalmente a las maras.
El plan consistía en el despliegue de un amplio
operativo de fuerzas combinadas de la policía y el
ejército. El objetivo era la detención y captura de
pandilleros, especialmente los jefes de pandillas,
clicas y grupos, porque, según la policía, eran los
responsables de planear o cometer por lo menos el
70% de los actos delictivos que ocurrían en el país.
Este fue un punto controvertido porque según los
datos de Medicina Legal, el 15% de crímenes a un
nivel nacional era atribuido a las pandillas y el resto,
a la delincuencia común.12
Esta ley generó un amplio debate, al tiempo que
fueron interpuestas varias demandas de inconstitucionalidad ante la Sala de lo Constitucional de la
Corte Suprema de Justicia, la cual emitió sentencia
el 1 de abril de 2004, declarándola en su totalidad
como inconstitucional.
Durante la vigencia del Plan Mano Dura, los resultados no fueron alentadores. Desde su inicio, en
julio de 2003 al 30 de agosto de 2004, la PNC
reportó la captura de 19,275 personas acusadas de
pertenecer a las pandillas, de las cuales 17,540 (91%
de las capturas) fueron liberadas casi inmediatamente; entre ellas, 16,191 (84%) fueron sobreseídas
de forma definitiva, posiblemente, ante el temor de
testigos a declarar; 1,349 (7%) fueron sobreseídas
provisionalmente, ya que aunque se les atribuyera
un delito no existían pruebas suficientes a falta
de testigos. Solamente 771 (4%) quedaron bajo
detención administrativa pendientes de audiencia
judicial y 964 (5%) fueron detenidas judicialmente
de forma provisional mientras se llevaba a cabo el
proceso penal correspondiente. Posteriormente,
muchas de estas últimas fueron sobreseídas por los
tribunales de justicia por falta de evidencias.
Con base en datos proporcionados por la PNC,
desde que se implementó el nuevo plan hasta el
12 de octubre de 2004, la institución policial realizó 2,067 capturas de pandilleros. De ese total,
894 (43.25%) pasaron a la fase de instrucción con
detención; 447 (23%) fueron sobreseídos de forma
provisional o definitiva; 394 (19%) quedaron bajo
detención administrativa pendientes de audiencia
judicial; a 302 capturados (15.6%) se les decretó
medidas sustitutivas.
Como complemento al Plan Mano Dura, el gobierno del presidente Saca también diseñó un programa preventivo denominado Plan Mano Amiga,
en el que se involucraron varias instituciones del
Gobierno, del sector privado y varias ONG.
Estos resultados permiten concluir que: las detenciones fueron masivas e indiscriminadas o que la
Policía y la Fiscalía no tuvieron la suficiente capacidad investigativa del delito.
Ante las acciones delincuenciales y su incremento,
258
Centro Judicial Dr. Isidro Menéndez.
Con este plan, el Gobierno buscaba desarrollar
programas y proyectos encaminados a prevenir y
evitar la violencia juvenil, el ingreso a las pandillas,
el abandono de estudios, el consumo de drogas,
la indigencia juvenil y los embarazos de mujeres
adolescentes. Asimismo, se diseñó el Plan Mano
Extendida, cuyos objetivos estaban encaminados
a lograr la rehabilitación, re-educación e inserción
social y laboral de jóvenes, rescatándolos de comportamientos antisociales y ambientes riesgosos.
Un informe unificado de la Policía, Fiscalía y
Medicina Legal dice que entre enero y julio de 2005,
se cometieron 2,109 asesinatos en todo el país, un
incremento considerable respecto a los 1,501 que
ocurrieron en los mismos meses de 2004. Las cifras
fueron más alarmantes en 2006, cuando ocurrieron 3,888 homicidios; en 2007 sumaron 3,424. La
mayor parte de estos casos ocurrieron en la capital
del país.
Estos datos muestran que en 2005, se tuvo una tasa
real de homicidios de 55.5, en 2006 de 68.0 y en
2007 de 61.0. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) considera epidemia las tasas de homicidios
mayores de diez.
presidenciales que tuvieron lugar son calificadas
como libres. Pero el paso más significativo hacia
una sociedad que prometía mayores niveles de
democracia vino con la firma del Acuerdo de Paz en
1992, que sienta las bases para crear una democracia
política más sólida.13
El Acuerdo mismo fue una expresión de democracia, al ser resultado de una negociación y aceptación en común del futuro político del país. La
firma de la paz implicó reformas a la Constitución
de la República, así como supresión y creación de
instituciones en función de la viabilidad del nuevo
proyecto político.
En efecto, el Acuerdo de Paz suprimió los cuerpos
de seguridad que habían sido instrumentos de control de la diversidad ideológica, especialmente de
aquellas tendencias que disentían del grupo político
y económico hegemónico; adoptó medidas legislativas y de otro carácter necesarias para garantizar a los
excombatientes del FMLN el pleno ejercicio de sus
derechos civiles y políticos, en orden a su reincorporación, dentro de un marco de plena legalidad, a
la vida civil, política e institucional del país; legalizó
al FMLN como partido político; reformó el sistema
electoral; y creó la Procuraduría para la Defensa
de los Derechos Humanos. Sin estos aspectos, era
imposible imaginar una sociedad abierta, plural y
orientada hacia el camino de la democracia.
Sin embargo, con estos cambios solo se abría la
puerta a la democracia. Quedaba por delante construirla. La polarización política, históricamente
enraizada en el pueblo salvadoreño, y el apego al
poder y a los privilegios que gozan de algunos grupos hicieron difícil el avance democrático.
Policía Nacional Civil.
33.3 El camino hacia la democracia
En los años ochenta del siglo pasado, se vivieron en
el país momentos de democracia, las dos elecciones
En los años noventa y en el presente, ha habido
elecciones libres y sostenidas. Los partidos políticos y los candidatos han ideado las campañas a su
gusto, utilizado los medios de comunicación social
en la medida de sus posibilidades financieras, y
en la parte técnica han contado con un Tribunal
Electoral cada vez más eficiente.
259
Los observadores internacionales no han encontrado mayores deficiencias en el proceso. Sin embargo,
todavía hay aspectos que empañan los eventos electorales, tales como campañas políticas que atacan
de forma irrespetuosa a los oponentes, campañas
que manipulan los datos e intimidan a los votantes,
violencia entre simpatizantes de los partidos políticos, así como indicios de fraude electoral que no
han podido comprobarse a cabalidad.
Aunque el partido derechista Alianza Republicana
Nacionalista (ARENA) nació en 1981, Alfredo
Cristiani Burkard fue el primer Presidente de la
República por dicho partido, al ganar los comicios
del 18 de marzo de 1989. Cristiani entregó el poder
el 1 de junio de 1994 a su compañero de partido,
Armando Calderón Sol, quien ganó las elecciones
en segunda vuelta contra la coalición FMLN-CD,
este último de tendencia ideológica social demócrata, que tenía como candidato a Rubén Zamora.
El 1 de junio de 1999 Calderón Sol hizo el traspaso
de mando a otro miembro del mismo partido político, Francisco Flores Pérez, quien el 1 de junio de
2004 lo hiciera a su vez a otro correligionario: Elías
Antonio Saca González quien compitió contra el
candidato del FMLN, Jorge Schafik Handal. De esta
manera, al cierre del mandato de Saca, el partido
ARENA estaría sumando veinte años ininterrumpidos en el poder.
El partido ARENA, en la candidatura de Alfredo
Cristiani, se enfrentó al Partido Demócrata Cristiano. Sin embargo, desde la candidatura de
Armando Calderón Sol hasta la de Elías Antonio
Saca, ha tenido como principal contrincante al partido FMLN, por lo que durante las campañas electorales, ARENA ha señalado la destrucción provocada
por la ex guerrilla durante el conflicto armado y ha
advertido a la población de que al ganar el FMLN
implantaría un régimen comunista que aboliría la
propiedad privada, restringiría las libertades individuales, alejaría la inversión extranjera y entraría en una confrontación directa con los actuales
empresarios, provocando el cierre de empresas y,
por consiguiente, la pérdida de empleos.
Particularmente, la propaganda política desplegada
por el candidato Elías Antonio Saca enfatizó que
260
un gobierno de izquierda haría que el gobierno
estadounidense impidiera el envío de remesas de
los salvadoreños radicados en el país del norte e
hiciera deportaciones masivas de indocumentados
salvadoreños, afectando las condiciones de vida de
la población; desde luego, esto fue desmentido posteriormente por funcionarios estadounidenses.
Sin duda alguna, Alfredo Cristiani brindó un aporte
a la vida política del país al liderar los últimos pasos
que llevaron a la firma del Acuerdo de Paz entre el
Gobierno y la guerrilla. Su firmeza en el proceso fue
importante porque en la derecha se encontraban
grupos radicales que no estaban de acuerdo con la
negociación. Una vez firmada la paz, en los últimos
años de su mandato, trabajó porque el FMLN se
integrara plenamente a la vida política nacional y
que abandonara aquellas conductas que despertaran temor de una vuelta al pasado.
Armando Calderón Sol, durante su mandato, tuvo
altas y bajas. En palabras del historiador Gilberto
Aguilar Avilés, en la gestión de Calderón Sol hubo
mucha tolerancia y libertad de expresión, se evitó la
confrontación y se profundizó el proceso de paz.14
Por su parte, Rubén Zamora, quien compitiera por
la presidencia con Calderón Sol, achacó al gobierno
la falta de concertación con las demás fuerzas políticas, pues no buscó acuerdos con la oposición, sino
que se preocupó por garantizar los votos necesarios
para impulsar sus proyectos de ley en la Asamblea
Legislativa. Obviamente, las alianzas momentáneas
y espúreas fueron comunes, sobre todo a partir de
1997, cuando ARENA perdió el dominio absoluto
de la Asamblea.
Orlando de Sola y Alfredo Mena Lagos, dos ex funcionarios de Calderón Sol, recuerdan también que
en dicha administración hubo falta de transparencia y se recurrió a la negociación bajo la mesa.15
Glosario
Concertación: Acuerdo, pacto o convenio que
se hace entre personas, grupos o partidos
políticos sobre cuestiones de interés de las
partes.
Recuadro 33.3
Análisis económico del gobierno de Armando Calderón Sol
Armando Calderón Sol, en su “Plataforma económica para el desarrollo social”, planteó su
“Plan de Desarrollo Social” y otros planes con
los cuales se pretendía la reactivación del sector
agropecuario. Una vez finalizada la gestión del
gobierno de Calderón Sol, es oportuno evaluar
sus resultados, para lo cual los dos primeros planes citados y los resultados macroeconómicos
obtenidos en el período sirven de referente.
Durante el gobierno de Calderón Sol se ha acentuado la tendencia a que el crecimiento económico se concentre cada vez más en el sector terciario,
con una evidente reducción de la participación del
sector agropecuario y un eventual estancamiento
del sector industrial. Esto a despecho de los ofrecimientos gubernamentales de medidas sectoriales
para la reactivación del agro.
No es extraño, entonces, que durante el período
La “Plataforma económica para el desarrollo 1994-1998 la proporción de inversión pasara
social”, divulgada a principios de 1995, tenía de un 19.8% a un 16.6% del Producto Interno
como principales objetivos: el establecimiento Bruto (PIB); mientras que el consumo se haya
de la libre convertibilidad del dólar y la fijación mantenido en niveles elevados, superiores al
del tipo de cambio, la reducción de los aranceles, 95% del PIB.
la modernización del sector público y el mantenimiento de la disciplina fiscal. En la práctica,
Consecuentemente con el limitado crecimiento
puede detectarse que el tipo de cambio se ha
de la producción exportable, el sector extermantenido inalterado, pese a que no se ha estano ha mostrado una clara dependencia de las
blecido la libre convertibilidad y a que el déficit
transferencias privadas para equilibrarse y perfiscal aumentó a pesar del incremento de 30%
mitir incrementos en las reservas internacionaexperimentado en la tasa del impuesto al valor
les netas. Prueba de ello es que el déficit de la
agregado (IVA). Los únicos cambios en la políbalanza comercial en 1994 fue de 1,325 millones
tica económica son la desgravación arancelaria y
de dólares, pero para 1998 ya se había incremenla privatización de empresas de servicios básicos
tado hasta los 1,506.8 millones de dólares.
y del sistema previsional.
Lamentablemente, estas medidas no se han traducido en ninguna mejoría para las perspectivas
de desarrollo del país. La estabilidad del tipo de
cambio, la reducción de los aranceles y el incremento del IVA, para el caso, no han impedido
que la economía salvadoreña se vuelva cada vez
más dependiente de las divisas externas para su
funcionamiento, tal como lo revela la evolución
de las principales variables macroeconómicas
entre 1994 y 1998. Por otra parte, las privatizaciones de las empresas de servicios básicos, como
el teléfono y la distribución de energía eléctrica,
han conllevado incrementos en las tarifas de los
servicios, sin mejoras sustanciales en el suministro de los mismos.
A la base de este comportamiento se encuentra,
evidentemente, un incremento de las importaciones muy superior al experimentado por
las exportaciones. De hecho, las exportaciones
crecieron en cerca de 1,220 millones de dólares entre 1994 y 1998, pero las importaciones
—alentadas por la desgravación arancelaria— lo
hicieron en cerca de 1,388 millones de dólares.
En este contexto, lo que cabría haber esperado
es un deterioro de la posición externa de El
Salvador, pero, muy por el contrario, el saldo
de la balanza de pagos entre 1994 y 1998 pasó
de 143.1 millones de dólares a 308.5 millones de
dólares.
261
Este incremento se explica, fundamentalmente,
por el incremento de las transferencias privadas,
las cuales pasaron de 1,001.1 millones de dólares
a 1,483 millones de dólares entre 1994 y 1998. Es
decir, la política comercial del gobierno no ha
contribuido a la estabilización del sector externo,
pues no ha podido combatir el creciente déficit
de la balanza comercial y, por el contrario, parece
haberlo estimulado.
En el área fiscal el gobierno saliente tampoco tuvo
una gestión exitosa, ya que no fomentó la “disciplina fiscal”, tal como se lo propuso inicialmente.
De hecho, entre 1994 y 1998, el déficit fiscal pasó
de representar un 0.7% del PIB a representar un
2.1%, pese a que, como se mencionó antes, en este
período se incrementó el IVA en un 30%.
La privatización, por su parte, abarcó las telecomunicaciones y la distribución de energía eléctrica y supuso incrementos en las tarifas. A tal grado
que el presidente Calderón Sol se vio obligado a
continuar subsidiándolas para evitar incrementos
aun mayores. Paralelamente, las tarifas telefónicas
se incrementan periódicamente de acuerdo al
aumento del nivel general de precios. Asimismo,
la privatización del sistema previsional ha significado introducir descuentos por comisiones a las
Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP)
que llegan a superar el monto que los trabajadores
ahorran en las mismas.
humana. Se afirmaba, además, que “para dar
vida a los programas sociales y ratificar nuestro
compromiso, hemos decidido duplicar el gasto
público del área social en los próximos cuatro
años, hasta alcanzar un 50% del presupuesto en
1999”.
Al examinar la evolución del gasto social se constata que este ofrecimiento no fue cumplido y, por
el contrario, inclusive se llegó a reducir el porcentaje del presupuesto asignado para gasto social.
Para 1998, el gasto social fue de 24.5%, después de
que en 1995 representara un 25.6%; para 1999 se
espera incrementar el gasto social hasta un 26.6%,
pero evidentemente este todavía se encuentra
muy lejos de la propuesta oficial.
El gobierno de Calderón Sol, aunque pudo gozar
de estabilidad cambiaria e implementar medidas
como la desgravación arancelaria y el incremento del IVA, no ha logrado estimular la actividad
productiva ni sentar las bases para disminuir sostenidamente los déficits del sector externo y del
sector público.
En el área social no se implementaron todos los
programas de compensación que se prometieron porque no se asignaron mayores recursos
financieros para ello. Tampoco se lograron cambios sustanciales en las condiciones de vida de la
población más vulnerable, especialmente de las
zonas rurales.
En el tema social, los ofrecimientos del gobierno de Calderón Sol se plasmaron en el “Plan de
Desarrollo Social”, en el cual se proponían medi- (Tomado de: Proceso. San Salvador, Universidad
das en las áreas de educación, salud, vivienda, Centroamericana José Simeón Cañas, No. 856, 26
reforma del sistema previsional y promoción de mayo de 1999)
Francisco Flores procuró llevar a término el cumplimiento del Acuerdo de Paz. Dadas las confrontaciones tenidas en la administración anterior,
buscó tender puentes entre su gobierno y la mayor
fuerza de oposición, el FMLN. Durante su campaña como candidato presidencial, recorrió todo El
Salvador, municipio por municipio, apareció en
todos los medios de comunicación conversando
262
con la población y prometía ser un gobierno que
escucha y dialoga. En su paso por la Asamblea
Legislativa, como presidente de la misma, había
mostrado también una actitud conciliadora y ecuánime. Al correr por la presidencia de la República,
presentó un plan de gobierno que tendía a responder a los principales problemas y necesidades
del país.
Sin embargo, ya en el cargo hizo las cosas como
creyó que podrían ser viables. Los múltiples problemas que tuvo que enfrentar (entre ellos los
terremotos, la extendida pobreza, el acelerado
incremento del costo de la vida, el desempleo y la
delincuencia) y una oposición fortalecida y convencida de lo nefasto de las reformas neoliberales
complicaron su gestión.
De modo que desde el inicio de su mandato hasta
el final, no se caracterizó por escuchar a la población ni por tener voluntad de concertación. Una
encuesta de la UCA, creada para evaluar sus cinco
años de gobierno, arrojó con elocuencia dichos
resultados. Al preguntar a las personas encuestadas sobre la disposición que tuvo el gobierno para
escuchar las demandas de la población, el 22.6%
respondió que nada, el 35.2% poca, el 23.3% algo
y el 18.9% mucha; cuando se preguntó sobre la
influencia que tuvo la población en el gobierno,
el 63.9% respondió no haber tenido ninguna y el
28.8% respondió que sí tuvo alguna influencia.16
Elías Antonio Saca, continuando la tradición de sus
predecesores ha mostrado su respeto al Acuerdo
de Paz. Sus relaciones con el FMLN no han sido
muy fructíferas, los consensos necesarios para
impulsar sus programas no han tenido lugar, más
ahora que el partido de izquierda vive el momento
más fuerte de su historia como partido político;
por tanto, Saca ha tenido que recurrir al apoyo de
los aliados tradicionales, el PCN y el PDC.
Fachada principal de la Asamblea Legislativa de El Salvador.
En términos generales, el presidente Elías Antonio
Saca no ha emprendido todavía el diálogo que
lleve a concertar la visión de país que demandan
los diferentes sectores de la sociedad.
En algunas ocasiones, Antonio Saca ha sido criticado por contrincantes y analistas de propiciar
el sectarismo político. Desde la campaña presidencial de 2004, ocupó la presidencia del partido
ARENA y al ganar las elecciones no abandonó
ese cargo; algunos consideraron esta acción como
inconveniente para el país, porque Saca privilegiaba su condición de presidente del partido sobre la
de presidente de la República. Los defensores de
Saca sostuvieron que la Constitución no limita los
derechos de participación política del Presidente
de la República, por lo que él restó importancia a
las críticas y decidió seguir al frente del partido.
Un hecho que dio razón a sus detractores fue su
activo involucramiento en la campaña electoral de
su partido para los comicios legislativos y municipales del 12 de marzo de 2006. Saca, apartándose
de la tradición de sus predecesores, participó en
mitines políticos en todo el país, especialmente
en zonas rurales, apoyando a los candidatos de
ARENA. Los partidos de oposición denunciaron
que el gobernante, con tales acciones, violentaba
el artículo 218 de la Constitución de la República
que establece que “los funcionarios y empleados
públicos están al servicio del Estado y no de una
fracción política determinada. No podrán prevalerse de sus cargos para hacer política partidista. El
que lo haga será sancionado de conformidad con
la ley”. Del mismo modo, sus argumentos de que
lo hacía en calidad de presidente del COENA y no
de presidente de la República fueron considerados
por la oposicion un pretexto político.
Otro incidente criticado tuvo lugar el 16 de enero
de 2007, mientras el presidente Saca encabezaba
las celebraciones oficiales por el XV aniversario de
la firma del Acuerdo de Paz. En el acto protocolar,
celebrado en San Salvador, Saca reconoció la labor
de la ONU, los países amigos, la Iglesia Católica
y la Fuerza Armada en el proceso de diálogo y
negociación que permitió poner fin a la guerra
civil salvadoreña.
263
Sin embargo, se abstuvo de mencionar la contribución en el proceso de paz del FMLN, la agrupación
de fuerzas de izquierda que depuso las armas y
suscribió la paz con el gobierno en 1992 y que en la
actualidad es el principal partido de oposición.
Por el lado del FMLN, inmediatamente después
de la firma del Acuerdo de Paz, el partido enfrentó
situaciones que pusieron en duda su honestidad
y credibilidad. Casos notables fueron el descubrimiento de buzones de armas en el interior del país,
en Nicaragua y en Honduras.
Del mismo modo, internamente, el FMLN ha sufrido crisis de integración, las diferentes tendencias
que lo conformaron originalmente no supieron
convivir ni ponerse de acuerdo en un proyecto
único de partido que estuviera por encima de su
diversidad político-ideológica. También fue llamativo que, desde 1997, cuando el FMLN empezó a
tener peso en la Asamblea Legislativa, y sobre todo
desde 2000, ostenta más diputados que los demás
partidos, las posiciones asumidas por la bancada
legislativa ante algunas propuestas de ARENA han
sido los motivos de las confrontaciones.
Recuadro 33.4
Puntos prioritarios de la agenda política del FMLN, 1995-1997
1.Los acuerdos de paz pusieron en marcha la
más importante reforma política de la historia
nacional. Sin embargo, ésta se encuentra inconclusa y distorsionada en aspectos sustanciales. En
este sentido, quedan tareas críticas de la reforma
política por completar y corregir en función de
construir una democracia moderna y estable.
Para consolidar el Estado de derecho y la gobernabilidad democrática existe un problema fundamental por resolver: erradicar la impunidad
institucional y asegurar el irrestricto respeto a los
derechos humanos.
2. La política neoliberal del gobierno de ARENA
agrava los problemas estructurales e históricos
de concentración de la riqueza, masificación de
la pobreza y destrucción del medio ambiente. Un
pequeño grupo de familias controlan la economía,
particularmente el sistema financiero, del cual se
apropiaron utilizando medios ilícitos. Ellos son
los principales beneficiados de la actual tendencia
de crecimiento económico. La concentración del
capital en pocas manos es ahora mayor que antes
de la guerra y constituye el principal obstáculo
para la democratización económica y social del
país. La otra cara de la moneda es la masificación de la pobreza, el marcado deterioro de las
áreas sociales, el incremento del costo de vida,
la elevada tasa de desempleo, los altos niveles de
264
delincuencia, los salarios de hambre y la falta de
oportunidades de desarrollo de los sectores populares, pequeños, medianos e incluso numerosos
grandes empresarios. Nuestro país carece de una
base productiva sólida que asegure un desarrollo
sostenido a largo plazo. Existe un auge de la especulación financiera y una economía altamente
dependiente de la cooperación externa y los dólares enviados por los salvadoreños en el exterior.
3. Para avanzar en la democratización del país
más allá de lo establecido en el programa de
Chapultepec, es necesario impulsar una estrategia de saneamiento y modernización del Estado
con visión de largo plazo. Actualmente, el desafío
central de este proceso es la erradicación de la
corrupción, que carcome la mayoría de las instituciones públicas.
En tal sentido, la Convención Nacional del FMLN
resuelve impulsar una agenda política 1995 - 1997
con los siguientes objetivos prioritarios:
1. Romper el régimen de impunidad y enfrentar el
grave problema delincuencial que prevalece en el
país, asegurando el pleno y efectivo cumplimiento
de los acuerdos de paz, priorizando lo referente
a:
- Depuración, profesionalización y fortale- - Frenar y revertir el proceso de concentración
cimiento de la capacidad investigadora de la de la riqueza en pocas manos, demandando la
Policía Nacional Civil.
anulación de la privatización fraudulenta del sistema financiero y su reprivatización en términos
legales, para convertirlo en un instrumento efec- Asegurar la no intervención del Ejército en
tivo para el desarrollo humano y la superación
asuntos de seguridad pública.
de la pobreza.
- Reforma del sistema judicial, especialmente
- Asegurar la prioridad en la inversión social,
en lo referente a la depuración de los jueces
especialmente en áreas de salud y educación,
corruptos y en otras medidas de saneamiento y
promoviendo la descentralización, aseguranmodernización.
do el carácter gratuito y la eficiencia de estos
- Cumplimiento efectivo de las recomendacio- servicios.
nes de la Comisión de la Verdad y del Grupo
3. Romper con el sistema de corrupción y tráConjunto para la investigación de los grupos
fico de influencias en el Estado, promoviendo
ilegales armados.
la efectiva investigación y penalización de estos
- Fortalecimiento de la Procuraduría para la delitos.
Defensa de los Derechos Humanos.
4. Impulsar una reforma electoral que asegure la
2. Promover la democratización y moderni- realización de comicios verdaderamente demozación económica, impulsando una reforma cráticos en 1997 y 1999.
orientada al desarrollo de un sector popular de
(Tomado de: Revista Envío. Managua, Universidad
la economía. En tal sentido, nos proponemos
Centroamericana, No. 156, enero 1995).
impulsar como acciones prioritarias:
Recuadro 33.5
Alianza Republicana Nacionalista (ARENA): PRINCIPIOS
Sistema Democrático, Republicano y Representativo, que garantice la libertad de acción y consecución de fines pacíficos del individuo.
Se reconoce al individuo como la base fundamental del pueblo, y la familia como el núcleo de la
sociedad.
El estado no es un fin en sí mismo, sino el medio
para el engrandecimiento y superación del individuo.
El bastión primordial que debe regir la conducta
de los nacionalistas salvadoreños está formado
por tres elementos: Dios, Patria y Libertad.
hacia el incremento de la productividad a través
de la libre empresa.
Se reconoce como principio de nuestra vida económica el derecho individual de adquisición,
retención y uso de la propiedad como una proyección de la persona humana.
La mayor riqueza de nuestra patria es la capacidad humana de sus habitantes.
Igualdad de los hombres ante Dios.
Los partidos políticos no deben inmiscuirse en
cuestiones religiosas.
Se reconoce a la Fuerza Armada como único
El bienestar, el logro de una meta, el honor y la brazo armado del pueblo.
constante búsqueda de la verdad son productos Propiciar la unidad de Centroamérica. Rechazo a
del espíritu humano.
doctrinas que pregonan la lucha de clases.
El estado debe garantizar el trabajo, el bienestar (Tomado de: http://www.asamblea.gob.sv/orgade la patria y el sistema económico, este orientado nizacion.htm)
265
Recuadro 33.6
Plan Integral de Gobierno del Partido de Conciliación Nacional
Objetivo General
Desarrollar una efectiva acción gubernamental a 2. Brindar una eficiente defensa nacional y seguritravés de la puesta en marcha del Plan de Desarrodad ciudadana.
llo Económico y Social de El Salvador llamado tam- 3. Desarrollar mayor infraestructura pública al
bién Plan Integral de Gobierno “Oportunidades
servicio del desarrollo nacional económico y
para Todos”, mediante la ejecución de Programas
social.
y Proyectos de Gobierno.
4. Mejorar los servicios públicos para que faciliten
el progreso nacional.
Objetivos Nacionales
5. Fortalecer al sector agrario y laboral como fuente
Los programas para impulsar el Desarrollo
de productividad nacional.
Económico y Social deben cumplir los grandes 6. Abrir el comercio y las relaciones exteriores para
objetivos nacionales siguientes:
generar nuevas inversiones.
1. Impulsar el beneficio económico y social a través
de un modelo de oportunidades para todos.
(Tomado de: Plan Integral de Gobierno del PCN,
2004-2009)
Recuadro 33.7
Declaración de Principios del Partido Demócrata Cristiano (Resumen)
EL SALVADOR QUE QUEREMOS
Persona Humana: Creemos en la dignidad de la y dirigir la iniciativa privada sin asfixiarla.
persona humana, en sus derechos inalienables y Educación: La educación de la prole es derecho
en su destino trascendente.
primario de la familia. El Estado, llamado a proteFamilia: Creemos en la familia rectamente consti- ger a la familia, tiene por ello a la educación como
tuida por ser una institución natural y organismo una de sus atribuciones especiales.
primario de la sociedad liberal desintegrado por Propiedad: Sostenemos que la propiedad privada
el egoísmo, la miseria, el vicio y la explotación y es conforme con la naturaleza y dignidad de la
condenamos enérgicamente la destrucción de la persona humana y constituye el justo premio al
familia por el Estado comunista que quiere los trabajo honesto y esforzado del hombre; por esta
hijos para sí y los arranca de su medio natural que razón repudiamos al comunismo destructor que
es el hogar.
niega al hombre de trabajo el derecho de adquirir
con su salario la propiedad sobre la tierra y los
Sociedad: Creemos que el hombre está naturalotros medios de producción.
mente destinado a vivir en sociedad, porque solo
en la sociedad puede dar satisfacción a sus nece- Ni Reaccionarios ni Comunistas: La Democracia
sidades y, aspiraciones de perfectibilidad material Cristiana no es una transacción entre el Capiy moral. Estado: Sostenemos que el Estado es un talismo y el Comunismo, sino una solución disinstrumento para lograr el bien común, por lo que tinta de las dos.
debe respetar los derechos del hombre y auspiciar Tomado de: http://www.pdc.org.sv/historia.htm
266
Recuadro 33.8
Frente Democrático
Revolucionario
Centro Democrático
Un partido político de Izquierda Democrática.
El FDR es una organización de ciudadanos y ciudadanas provenientes de diferentes sectores del
pueblo salvadoreño, donde se puede ejercitar una
democracia interna real, sin temor a la exclusión
o la estigmatización; liberada de dogmatismos y
fundamentalismos ideológicos; que responde a
una visión de Izquierda Democrática, racional y
progresista que aspira a una democracia plural,
tanto al interior de la organización como a nivel
del orden político nacional que permita que cada
tendencia o corriente tenga posibilidades de desarrollarse sin procurar la anulación de las otras, lo
cual nos hace diferentes a otros partidos.
(Tomado de: Documento para la Construcción
Programática)
Nos denominamos como un partido de izquierda
democrática en el que el pluralismo político y la
tolerancia ideológica son llevados a una práctica
cotidiana. En nuestro instituto político confluyen
corrientes de pensamiento como el social cristiano, la socialdemocracia, y diversos orígenes, cuyo
aporte al proceso revolucionario y democrático del
país se remonta a más de cuatro décadas. Cambio
Democrático se inspira en valores y principios que
propician la inclusión de los y las salvadoreñas que
los acepten, sin excluir a nadie en razón de credos
religiosos, raza, posición social o cualquiera otra
condición.
(Tomado de: http://www.cambiodemocratico.
com.sv/quienes-somos.php)
Al hacer una evaluación del camino político recorrido hasta ahora, algunos analistas, políticos y
ciudadanos señalan que apenas estamos en una
democracia incipiente, con avances significativos
pero también con limitaciones. En la actualidad,
la población participa en las votaciones, pero es
necesario la apertura de más espacios para la toma
de decisiones y para la implementación de las políticas públicas. Lo mismo sucede entre los partidos
y demás fuerzas sociales, no tienen los medios para
concertar un proyecto de nación que asegure la paz
y el desarrollo económico del país.
A pesar de todo, el interés por la democracia sigue
vigente en la mayoría de la población salvadoreña.
Un estudio a cargo del IUDOP y FUNDAUNGO y
realizado en el 2006, basado en una encuesta sobre
la cultura política y la democracia salvadoreña,
reveló que los salvadoreños continúan apoyando
la idea de un régimen democrático: pues el 87.6%
prefiere la democracia electoral frente al 12.4% que
apoyaría un líder fuerte; del mismo modo, el 72.7%
prefiere la democracia como forma de gobierno,
frente a un 12.4% que prefiere un gobierno autoritario, y el 14.9% es indiferente.17
Alfredo Cristiani (1989-1994). Armando Calderón Sol (1994-1999). Francisco Flores (1999-2004). Elías Antonio Saca (2004-2009).
267
Sin embargo, llama la atención que al comparar
los datos de esta encuesta con los de otra realizada
en 2004, se registra un leve crecimiento de algu-
nas valoraciones autoritarias o de indiferencia.
También, hay un aumento en la insatisfacción con
el funcionamiento de la democracia.
Conclusión
En 1989, con el gobierno de Alfredo Cristiani, el
empresariado salvadoreño emprendió un nuevo
camino económico orientado por la visión económica neoliberal promovida por los países
capitalistas líderes de la economía mundial. Este
camino, seguido también por los tres gobiernos
posteriores, ha pasado por los Programas de
Ajustes Estructurales que llevaron a la privatización de muchas empresas del Estado y a la
preparación de condiciones jurídicas, políticas
y económicas en vista a mejorar la competencia
del país. Sin duda alguna, el proyecto económico implementado ha permitido la estabilidad
macroeconómica, ampliar la apertura comercial, promover la inversión y la inserción de los
productos nacionales en otros mercados. Sin
embargo, los resultados no son suficientes para
superar la pobreza que históricamente sufre un
amplio sector de la población. Por otra parte, si
bien los informes de desarrollo humano publicados en los últimos años por el PNUD colocan
a El Salvador en el nivel de desarrollo humano
medio, los indicadores también muestran que
una parte considerable de la población posee
bajos niveles de escolaridad y no goza de salarios
que permitan llevar una vida digna. Uno de los
últimos estudios, el Mapa de Pobreza, muestra
la existencia de una considerable porción de la
población en extrema pobreza. Esta situación se
relaciona con otros fenómenos como la violencia juvenil y la delincuencia. Por otra parte, el
Acuerdo de Paz firmado en 1992 tuvo un énfasis
político, vertebrado por la necesidad de democratización del país. Prueba de ello, el FMLN
gana por primera vez las elecciones presidenciales en marzo de 2009.
Presidente electo de El Salvador Mauricio Funes
(marzo de 2009)
Referencias bibliográficas
1. ARENE, Alberto. Privatizaciones: El caso de El Salvador y de las telecomunicaciones. En Privatizaciones: El caso de El Salvador y de las telecomunicaciones. San Salvador: Fundación Konrad Adenauer-Fundación Centroamericana para el Desarrollo Humano Sostenible (FUCAD),
1997. p. 12.
2. ibid. pp.12-13.
3. RIVERA CAMPOS, Roberto y GALLAGHER, Mark. El gasto público en El Salvador. San Salvador: 1994.
4. Informe de Desarrollo Humano, 1990. Definición y Medición del Desarrollo Humano. PNUD. p. 35.
5. ibid. p. 37.
6. Mapa de Pobreza: Política Social y Focalización. San Salvador: FLACSO/FISDL, 2005.
7. Informe de Desarrollo Económico y Social 2004. El desafío rural: Pobreza, vulnerabilidad y oportunidades. San Salvador: Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), 2004. p.7.
8. SMUTT, M. y MIRANDA, J. L. El fenómeno de las pandillas en El Salvador. San Salvador: FLACSO/ UNICEF. 1998.
9. El fenómeno de violencia y delincuencia juvenil en El Salvador. Carta Urbana, No. 12, marzo de 2005. San Salvador: Fundación Salvadoreña
de Desarrollo y Vivienda Mínima. p. 9.
10. Barrio Adentro. San Salvador: Instituto Universitario de Opinión Pública, Organización Panamericana de la Salud y Homies Unidos. 2001.
11. El fenómeno de violencia y delincuencia juvenil en El Salvador. Carta Urbana, No. 12, marzo de 2005. San Salvador: Fundación Salvadoreña
de Desarrollo y Vivienda Mínima. pp. 6-8.
12. Revista Vértice. El Diario de Hoy, 5 de diciembre de 2004.
13. MARTÍNEZ PEÑATE, Óscar. El Salvador: Democracia y autoritarismo. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque, 1996. p. 6.
14. Suplemento Enfoque. La Prensa Gráfica, domingo 9 de mayo de 1999.
15. ibid.
16. Encuesta de evaluación del quinto año de gobierno de Francisco Flores, Asamblea Legislativa y Alcaldías. Consulta de opinión pública de
mayo de 2004. San Salvador: Instituto Universitario de Opinión Pública, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, Junio de 2004.
17. Cultura política de la democracia en El Salvador: 2006. San Salvador: IUDOP/FUNDAUNGO. 2006.
268
Capítulo 34 Desastres, remesas y globalización
Inundación causada por un ciclón tropical en el sector del Bajo Lempa, Usulután, septiembre de 1995. Tomado de: El Salvador, 10
años después... una historia revelada 1992-2002. Equipo Maíz, 2001. p. 50
Introducción
Este capítulo tratará acerca de los desastres, las
remesas y la globalización, temas que han tenido
gran relevancia en las últimas décadas.
En El Salvador, debido a su situación geográfica y
geológica, son comunes los fenómenos sísmicos y
atmosféricos que causan, a veces, pérdidas humanas
y materiales. Los desastres causados por los fenómenos naturales han ocurrido por la vulnerabilidad de
buena parte de la población, especialmente por las
viviendas ubicadas en las orillas de los ríos, en las
faldas de los cerros y en casas construidas con adobe
o bajareque. Otro problema a la hora de un desastre
es la deficiencia del sistema de protección nacional.
La historia de El Salvador está marcada por los
imprevisibles comportamientos de la Naturaleza,
pero en las últimas décadas, las dimensiones de los
daños han sido mayores.
Sin embargo, los fenómenos naturales no son los
únicos que han golpeado al país, también los fenó-
menos sociales han hecho su parte. Uno de ellos es
la migración. Las migraciones siempre se han dado
en El Salvador, pero las que se han producido en las
últimas décadas no tienen precedentes. La crisis económica de los años 70 y el posterior conflicto armado fueron sucesos que provocaron movimientos
masivos de la población en el interior del país, pero
principalmente hacia el exterior. Las migraciones
hacia el extranjero han sido particularmente dolorosas porque rompen, temporal o definitivamente,
las relaciones familiares y provocan el desarraigo
cultural; aunque, han sido una fuente importante de
ingresos para el país.
Se cerrará el capítulo, al referirse a un fenómeno de
tipo económico: la globalización. Es un hecho que
el país no ha querido quedarse atrás en el concierto
de las naciones; no solo por nexos políticos sino por
la necesidad de atraer inversión extranjera y abrirse
a otros mercados que garanticen elevar los ingresos
nacionales. Las reformas económicas emprendidas
en los últimos veinte años han supuesto esta visión
y la serie de tratados comerciales firmados ocupan
al respecto una particular importancia. El desarrollo
del país depende de esta apertura al mundo.
269
34.1 Fenómenos naturales, vulnerabilidad y desastres
De acuerdo con los datos de los registros históricos
nacionales, la cantidad de eventos naturales ocurridos en el país en los últimos cien años equivale a la
ocurrencia de un evento diario durante diez años.
Lo anterior ha sido una de las conclusiones que
revela un estudio realizado por el Servicio Nacional
de Estudios Territoriales (SNET) apoyado por el
Programa para el Desarrollo Sostenible de Naciones
Unidas, sobre el levantamiento de la Base de Datos
de Desastres Históricos DesInventar 1900-2003.1
Niños Benjamín Bloom, el edificio de la Biblioteca
Nacional y del Ministerio de Educación, los edificios de los ministerios de Hacienda, Planificación,
Trabajo, Agricultura y Ganadería y el de la sede
de la Dirección General de Correos, el Edificio
Rodríguez Ruíz, el edificio de la compañía Tropigás,
el Edificio Torre López, en cuyo sótano funcionaba
el Cine Izalco, el Edificio CEFESA, diversos edificios
de la Universidad de El Salvador, el Monumento al
Divino Salvador del Mundo, el edificio de la escuela
Santa Catalina y el edificio del Hospital General del
Instituto Salvadoreño del Seguro Social.
La Base de Datos anteriomente citada tomó como
parámetro los sucesos registrados desde 1900 hasta
2003 y contabilizó 3,954 sucesos.
Entre los desastres naturales ocurridos en El Salvador en las últimas décadas destacan:
El terremoto del 10 de octubre de 1986. Este fue uno
de los sismos más destructivos de la historia de la
ciudad de San Salvador. El siniestro inició a las 11:49
de la mañana hora local (17:49 UTC) del viernes 10
de octubre, con una intensidad de 7.5 grados en la
escala de Richter y una intensidad de IX en la escala
de Mercalli. El epicentro se localizó en Los Planes
de Renderos, al sur de la ciudad, con una profundidad de 5.4 km. La onda expansiva se dirigió hacia el
norte de la capital, atravesó el centro y causó daños
en los barrios San Jacinto, Santa Anita, Candelaria
y el Reparto Santa Marta.
El movimiento sísmico hizo que varios edificios
colapsaran o sufrieran daños significativos. El símbolo de la tragedia fue el Edificio Rubén Darío, el
cual abarcaba un área de casi una cuadra y rodeaba
parte del Edificio Pacífico. El Edificio Rubén Darío
ya había sido dañado por el terremoto del 3 de mayo
de 1965, pero no había sido demolido o reparado
correctamente por sus propietarios.
También, resultaron dañadas otras edificaciones,
como el Edificio Dueñas, ubicado frente a la Plaza
Libertad, los edificios del Gran Hotel San Salvador,
del Instituto Salvadoreño del Café, el Edificio
Tazumal, el edificio del Hospital Nacional de
270
Edificio Rubén Darío destruido por el terremoto de 1986.
Foto propiedad del Museo de la Palabra y de la Imagen.
Hubo considerables daños en los barrios San Jacinto,
La Vega, Candelaria y especialmente en el barrio
Santa Anita, que quedó reducido a escombros casi en
su totalidad. Los habitantes del reparto Santa Marta
quedaron incomunicados al hundirse la principal
calle de acceso; en ese lugar, también hubo daños
considerables a las casas. En la zona norte de la
capital, los daños no fueron tan severos, a excepción
del colapso de algunos edificios de la llamada Súper
Manzana Zacamil. El terremoto dañó a más del 90%
del sistema de salud y algunos escenarios deportivos
como el Monumental Estadio Cuscatlán, el Estadio
Flor Blanca (hoy Jorge “Mágico” González) y el
Palacio de los Deportes (ahora denominado Carlos
“El Famoso” Hernández). También, fueron destruidos edificios de gran valor histórico arquitectónico,
como la casa Ambrogi.
Los muertos se calcularon en cerca de 1,500, solo en
el Edificio Rubén Darío murieron alrededor de 500
personas. 100 mil personas resultaron damnificadas
y el conjunto de los daños materiales se estimó en
1.5 billones de dólares.
La mayoría de edificios que colapsaron ya habían
sido declarados inhabitables o con daños severos
después del terremoto de 1965. Otras construcciones que habían resistido el sismo del 65, como
el Edificio Dueñas, habían sido modificadas para
albergar vitrinas enormes, para lo cual los reformadores sacrificaron columnas de soporte, por
lo que la primera planta colapsó sobre sus bases.
Irónicamente, el sótano del Rubén Darío no sufrió
ningún daño.
Algunos edificios de reciente construcción también
se derrumbaron por no haber sido construidos
con normas antisísmicas, sus estructuras eran muy
pobres o se emplearon materiales de mala calidad, este fue el caso de los edificios de gobierno.
De forma similar, en los edificios de la Zacamil
se habían usado tabiques de barro huecos y las
casas populares colapsadas eran de materiales como
adobe, bajareque y lámina.
Edificios de la Colonia Zacamil dañados por el terremoto de
1986.
Ante el desastre, la población colaboró, por iniciativa propia, con los cuerpos de socorro en el rescate
de las víctimas. Particularmente en el edificio Rubén
Darío fue difícil localizar a las víctimas. El hospital
de niños Benjamín Bloom se encontraba con pocos
médicos, pues la mayoría había asistido a un congreso de pediatría a un hotel cercano. Fueron algunos estudiantes de medicina quienes coordinaron
la evacuación de las 11 plantas del edificio con la
ayuda de los padres; la única víctima fue un paciente
que murió al fallar la máquina que lo mantenía con
vida. En cuestión de minutos, el cercano Bulevar
Los Héroes estaba congestionado con los pacientes
del hospital, los médicos improvisaron salas de
operaciones sobre la 25 Avenida Norte y gracias a
que las enfermeras rescataron algún instrumental
médico quirúrgico, fue posible realizar cirugías de
emergencia para los pacientes que eran llevados por
los cuerpos de socorro.
Aproximadamente, el 90% de la infraestructura
del país de salud resultó dañada, al igual que las
comunicaciones telefónicas y el servicio de agua.
Estos dos últimos fueron restaurados en su totalidad
semanas después.
Inmediatamente, comenzó a llegar ayuda extranjera al aeropuerto de Ilopango. También, llegaron
brigadas de rescate de México y Francia; fueron
los rescatistas franceses los que encontraron a dos
sobrevivientes en los escombros de la tercera planta
del Rubén Darío, quienes estuvieron soterrados por
casi 75 horas.
En medio de la tragedia, causó especial consternación la muerte de 41 niñas y 1 niño al derrumbarse
la escuela Santa Catalina, ubicada en el barrio San
Jacinto al sur de San Salvador.
Obviamente, el terremoto cambió la cara de la capital, no solo por la destrucción sino por la dinámica
socio-económica. El flujo de gente disminuyó, el
comerció se movilizó hacia el occidente de la ciudad, más específicamente a la zona de las colonias
Escalón y San Benito, y al recién construido centro
comercial Metrocentro.
Glosario
Colapsar: Sufrir destrucción, ruina de un sistema, estructura, institución, etc.
Desastre: Hecho natural o provocado por el
hombre que afecta negativamente a la vida, la
convivencia humana, la producción o la infraestructura física, desembocando con frecuencia en cambios significativos en las sociedades
humanas, ecosistemas y medio ambiente; del
mismo modo, ponen de manifiesto la vulnerabilidad del equilibrio necesario para sobrevivir
y progresar.
271
Quince años después, en 2001, El Salvador volvió
a sufrir las enbestidas de la Naturaleza. Esta vez,
el golpe sería doble: dos terremotos sobrevinieron, apenas separados por un mes. Dichos sismos
tuvieron dimensiones más nacionales y afectaron
gravemente varios departamentos de la República,
trayendo consigo enormes pérdidas humanas y destrucción material.
El primero ocurrió el sábado 13 de enero a las 11:35
de la mañana hora local (17:35 UTC), con una magnitud de 7.6 en la escala de Richter y una duración de
45 segundos. Se dice que la sacudida fue equivalente
a detonar 160 millones de toneladas de dinamita. La
causa del sismo fue el proceso de acomodación de
las placas tectónicas Cocos y Caribe, un fenómeno
llamado subducción y cuyo epicentro se localizó en
el océano Pacífico, específicamente a 100 kilómetros
de la ciudad de San Miguel, con una profundidad
aproximadamente de 39 kilómetros.
El sismo causó gran destrucción, principalmente
en 172 de los 262 municipios del país, entre ellos se
puede mencionar a Santa Ana, Jayaque, Comasagua,
Nueva San Salvador, San Vicente y San Agustín. Ha
sido el que más fuerte ha azotado al país después del
sismo del 10 de octubre de 1986.
Según los datos, las pérdidas humanas fueron: 944
fallecidos, 193 soterrados, 125 desaparecidos, 5,565
heridos, 1,364,160 damnificados, 68,777 evacuados,
39,000 desempleados y 24,000 pescadores artesanales afectados.2
Las pérdidas materiales se cuantificaron así: 277,953
viviendas destruidas (incluyendo 688 soterradas),
32,000 micro y pequeñas empresas destruidas, 1,385
escuelas afectadas (109 destruidas por completo), 94
hospitales dañados, 1,155 edificios públicos afectados, 16 penitenciarías dañadas, 43 muelles afectados,
98 monumentos nacionales afectados y aproximadamente la cuarta parte de carreteras pavimentadas
dañadas a nivel nacional.
El mayor impacto del sismo fue en la Colonia Las
Colinas, ubicada en los alrededores de la ciudad
272
de Santa Tecla, en el departamento de La Libertad,
donde un alud de aproximadamente 150 mil metros
cúbicos de tierra se desprendió de la Cordillera del
Bálsamo y sepultó cerca de 200 casas. Por la envergadura de lo ocurrido, esa zona se convirtió en el
principal símbolo del llamado “sábado negro”. Poco
tiempo después, Taiwán ofreció 2,6 millones de
dólares para la construcción de un parque memorial
en honor a las víctimas. Al respecto, hubo una fuerte
oposición de los propietarios que sobrevivieron al
siniestro y lograron paralizar la iniciativa.
Residencial Las Colinas después del terremoto del 13 de enero
de 2001. Tomado de: El Salvador 10 años después…Una historia
revelada 1992-2002. San Salvador, Equipo Maíz, 2001. p.52.
Otro punto emblemático, por las dimensiones del
hecho y la importancia de su función, fue la carretera Panamericana hacia el occidente del país, específicamente a la altura del turicentro Los Chorros,
donde hubo un vasto desprendimiento de tierra
y piedras, que sepultó totalmente el tramo de la
carretera y a varias personas que la transitaban. Esto
afectó la comunicación entre el occidente y el resto
del país.
El sismo causó un gran impacto en la cultura del
país, la mayoría de daños se produjeron en iglesias
coloniales que habían soportado sismos durante
los últimos doscientos años. Según información
del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte de
El Salvador (CONCULTURA), al menos 28 iglesias
coloniales, de las 90 existentes, sufrieron daños
severos, incluyendo 6 que son consideradas monumentos nacionales, entre las cuales se encuentra: la
catedral de Santa Ana y la iglesia de Santa Cruz de
Roma, ubicada en Panchimalco.
En Santa Tecla, además de la tragedia de las
Colinas, el sismo afectó gravemente la sede de la
Biblioteca Gallardo, la mayor biblioteca privada
de Centroamérica y abierta al público en 1948, la
cual se desplomó completamente y dejó entre sus
escombros una enorme colección salvadoreña e
importantes ejemplares como Vues des Cordilléres
de Alexander von Humboldt, entre otros. Entre
el inventario de esta biblioteca, se encuentran
ediciones pertenecientes a los siglos XVI, XVII y
XVIII.3 De acuerdo con el informe presentado por
la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL), el sismo afectó en gran medida
el medio ambiente del país, haciéndolo más vulnerable a los estragos de fenómenos naturales como
huracanes. Los efectos directos del sismo fueron los
derrumbes y deslizamientos de tierra que afectaron
la infraestructura y los asentamientos humanos;
la pérdida y degradación del suelo que afectó las
zonas agrícolas por la acumulación de sedimentos;
daños en cuencas y quebradas debido a la acumulación de escombros; daños a la flora y fauna, lo cual
implicó la pérdida de bienes y servicios como leña,
control de inundaciones, abastecimiento de agua,
etc. También, disminuyó la actividad pesquera en
las zonas costeras y pérdidas considerables en plantaciones de café. El conjunto de estos daños, tanto
directos como indirectos, se estimó en 67,452 millones de dólares.4
Según el informe de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), el total de
daños materiales fue de 1,255.4 millones de dólares,
de los cuales 823 millones correspondían al sector
privado del país.
Recuadro 34.1
“No me pregunten por qué salvaba vidas”
(Testimonio de un sobreviviente de Santa María Ostuma)
Yo dije, aquí me voy a morir. Luego miré un muro
y pensé en tirarme desde arriba. De repente vi que
se abría el muro, y más abajo la tierra también
se abría. La tierra que estaba bajo mis pies. Dije
entonces, si este es mi fin, apiádate de mí, Señor.
Esto fue el 13 de enero. Qué iba yo a pensar que
venía otro terremoto después. Porque si el primero
fue fuerte, así como lo cuento, el segundo del 13 de
febrero, me dejó con el corazón partido. Cruzado
de brazos me dejó. Sólo recuerdo que en medio de
los grandes retumbos, vi a una anciana atrapada
entre el montón de tierra y la gran polvareda. Dejé
entonces de cruzarme de brazos. Salí corriendo y
junto a otros brazos que no supe yo de quienes eran
sacamos a la viejita como pudimos. Esa acción me
dio valor. Me pegué al Padre que iba con un puño
de hombres, corriendo iban ellos, mirando por
todos lados para sacar a la gente que gritaba debajo de los escombros. Nos fuimos por las veredas a
rescatar gente. A mí se me olvidó mi propio susto.
Ya no me quería morir, ni tenía el miedo que me
dio cuando estaba retumbando y moviéndose todo.
Sentía una fuerza adentro, no sé de dónde, que me
empujaba a buscar gente soterrada, y agarrarla de
donde fuera para que pudiera vivir. En ese momento no pensaba por qué lo hacía. Ahora pienso que
había una fuerza que me alentaba como diciéndome si vos estás vivo poné tu vida para salvar a otras.
Eso es lo que ahora pienso. Pero en ese momento,
sólo recuerdo que corría de un lado y para otro
siguiendo en dirección al lugar de donde salían los
gritos de la gente que pedía ayuda. En ese momento, después del terremoto, estaba sólo para ayudar
a salvar vidas. Pero no me pregunten por qué lo
hacía. No me puse a darme explicaciones. Sólo me
sentía empujado, y nada más. Allí andábamos,
porque éramos un grupo grande, nos metíamos a
los potreros, saltábamos muros, caminábamos en
medio de la tierra rajada. Como 25 gentes sacamos
de debajo de los escombros y de debajo de la tierra.
Y ahora sigo en el comité de emergencia.
(Tomado de: Terremotos, esperanza y solidaridad. Edición Corporación Fe y Alegría – Servicio
Jesuita para el Desarrollo, San salvador, 2001. p.
103-104).
273
El segundo sismo ocurrió a las 8:22 de la mañana,
hora local (14:22 GMT), del martes 13 de febrero,
exactamente un mes después del anterior, y registró una magnitud de 6,6 en la escala de Richter,
con una duración de 20 segundos. El epicentro se
localizó a 30 kilómetros de San Salvador, entre los
departamentos de La Paz y Cuscatlán, a una profundidad focal de 13.9 kilómetros, según el Centro de
Información de Terremotos de Estados Unidos.
Los departamentos más afectados fueron: Cuscatlán,
San Vicente y La Paz; pero también sufrieron daños
significativos San Salvador, San Miguel, Santa Ana
y La Libertad. Llamaron la atención los daños
producidos en San Martín, San Juan Tepezontes,
Candelaria (donde varios niños murieron soterrados en una escuela), los derrumbes en los volcanes de Santa Ana y San Vicente, la cordillera del
Bálsamo, cerros San Jacinto y Las Pavas.
Daños provocados por el terremoto en Verapaz, San Vicente, febrero de 2001. Tomado de: El Salvador 10 años después…Una
historia revelada 1992-2002. San Salvador, Equipo Maíz, 2001.
p.53.
Las pérdidas humanas fueron: 315 fallecidos, 3,399
heridos, 252,622 damnificados y 37 desaparecidos.
Las pérdidas materiales consistieron en: 57,008
viviendas destruidas, 82 edificios públicos dañados,
111 escuelas afectadas y 41 hospitales dañados.
Al hacer un balance de ambos sismos, se estima
que la cifra total de fallecidos ascendió a 1,259 y las
pérdidas materiales rondaron los 1,603.8 millones
de dólares, incluyendo pérdidas en exportaciones,
daños materiales y ambientales; este monto equivale al 12.1% del PIB, 43.5% de las exportaciones y
al 75% del presupuesto general de la nación para el
274
año 2001. Además, se debe sumar la enorme pérdida cultural, debido a la destrucción total o parcial de
monumentos nacionales de elevado valor histórico
y arquitectónico patrimonial.
En ambos terremotos la Fuerza Armada realizó una
labor titánica en tareas de rescate, auxilio y ayuda
a la población civil afectada, y ser los primeros en
rescatar victimas en Colonia Las Colinas, estableciendo una Jefatura de Plaza Militar que coordinó
la “Operación Pueblo Valiente” que trasladó por
aire, mar y tierra 14,000 toneladas de ayuda para
los damnificados en todo el país, remover 140,000
metros de escombros, la construcción de más de
75,000 viviendas temporales en la “Operación
Tanesi”; además de realizar obras de mitigación
de riesgos que permitió estabilizar la Cordillera del
Bálsamo; simultáneamente administró los albergues temporales en tres de ellos el de Las Delicias
y de San Vicente, donde desarrolló la “Fuerza de
Tarea Apastepeque”, razón por la cual la Asamblea
Legislativa mediante Decreto 418 les confirió la
condecoración “Héroes Solidarios de El Salvador”.
Dos desastres atmosféricos destacan en las últimas
dos décadas. El primero de ellos es el huracán Mitch,
que inició como tormenta tropical el 22 de octubre
de 1998 en el Atlántico colombiano, se transformó
en huracán a partir del día 24 y alcanzó su máxima
intensidad los días 26 y 27 de octubre al estacionarse en el Caribe hondureño, con vientos entre 280 y
300 km por hora, con un desplazamiento relativamente lento (11 km/h), que fue desatando intensas
lluvias en la zona norte de Nicaragua y Honduras.
Ante la amenaza de su llegada a suelo salvadoreño,
el 26 de octubre se decretó la alerta nacional y se
informó a cada una de las instituciones que integran
el Sistema Nacional de Emergencias, al tiempo que
se restringía la salida de embarcaciones. Según los
datos sobre su desplazamiento, se esperaba que el
huracán se moviera hacia la península de Yucatán.
El 28 de octubre, la fuerza de los vientos decreció a
215 km/hora y todo el sistema cambió de dirección
y giró hacia el sur hasta acercarse a unos 50 km
de las costas caribeñas de Honduras. El día 30, el
huracán se localizó en ese país y se dirigió al golfo
de Fonseca, al tiempo que se pronosticaban fuertes
vientos y lluvias, entre 75 y 150 mm, con mayor
intensidad en el oriente hondureño.
departamentales de emergencias.5 Posteriormente,
en otros boletines se anunció la alerta amarilla y la
roja, así como las medidas de prevención dispuestas
por los cuerpos de socorro.
Huracán Mitch, visto por la NASA, 28 de octubre de 1998. Tomado de: IBARRA, Ángel. La tormenta tropical Mitch en El Salvador.
San Salvador, Ediciones Heinrich Böll, 1999. p.16.
El día 31, el huracán se hallaba sobre Tegucigalpa
y ese mismo día alcanzó territorio salvadoreño con
una trayectoria paralela a la frontera del departamento de Morazán. Las intensas precipitaciones se
extendieron a todo El Salvador. El 1 de noviembre,
las lluvias cayeron con mayor intensidad en los
departamentos de La Unión, San Miguel, Usulután
y Sonsonate. Entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre, las cantidades de lluvias oscilaron entre 75 y 300
mm diarios. El 31 de octubre, la zona más lluviosa
del país fue la parte oriental de planicie y montañas
costeras, en La Unión cayeron cantidades de hasta
232 mm. Las nutridas precipitaciones hicieron que
los ríos Grande de San Miguel y el Lempa se desbordaran e inundaran las zonas bajas. Las inundaciones
cubrieron tierras agrícolas y ganaderas y arrasaron
viviendas en las zonas de alto riesgo. El desastre
afectó el 40% del territorio salvadoreño.
El Sistema Nacional de Emergencias, basándose en
informes sobre el desplazamiento del huracán por el
mar Caribe, decretó la alerta verde el 26 de octubre
a las 10.30 de la mañana. A partir de ese momento, se emitieron diversos boletines de prensa que
informaban a la población sobre la continuidad de
la alerta verde debido a la evolución del fenómeno
y se hicieron recomendaciones para su seguridad.
También, se estableció el Centro de Operaciones
de Emergencia (COE) y se activaron los comités
Los ambientalistas salvadoreños sostienen que está
ampliamente demostrado que las amenazas naturales no son en sí mismas las que determinan el
impacto y la magnitud de los desastres, sino que es
la actividad humana y las relaciones con el ambiente
las que primordialmente las determinan. En este
sentido, las precarias condiciones socio económicas
de la población, la exclusión, el uso del territorio,
el grado de deterioro ambiental, la ausencia o poca
aplicabilidad de leyes o normativas y la incapacidad
de las comunidades para enfrentar estos fenómenos
son los factores principales que determinan el grado
de vulnerabilidad de la población.
No todo fenómeno físico genera una crisis que
pueda catalogarse como desastre. Esto dependerá
del grado de vulnerabilidad de la zona afectada. La
fórmula segura del desastre está dada cuando una
población, comunidad o subconjunto de la sociedad vulnerable es impactada por un evento físico
(una materialización de la amenaza). Existe una
estrecha relación entre la amenaza de un fenómeno,
su vulnerabilidad y el riesgo que produce. Por esta
razón, algunas ciudades o países se ven más afectados que otros.
Glosario
Vulnerabilidad: Factor interno que contiene
las condiciones que una región o país posee
para enfrentar las amenazas. Hay diversos tipos de vulnerabilidad, usualmente se citan, la
estructural, la social, la económica, la técnica,
la organizativa, la biológica, la sanitaria y la
ambiental.
Riesgo: Situación que se genera del producto
de la interacción de una serie de amenazas
naturales y antrópicas con las condiciones de
vulnerabilidad social y económica que presenten. En otras palabras, el riesgo estará determinado por la magnitud de la amenaza que lo
afecte y su vulnerabilidad ante ella.
275
La amenaza la constituye cualquier factor externo
representado por un fenómeno físico –de origen
hidrometeorológico o geológico- que puede ocurrir y producir un desastre al manifestarse en una
región. Para algunos ambientalistas, el Riesgo =
Amenaza (natural y antrópica) X Vulnerabilidad.6
Con relación a las pérdidas humanas, según los
informes del COEN, hubo 239 muertos, 20 desaparecidos y 85,000 damnificados, de los cuales 55,000
recibieron atención en los albergues temporales.
Las inundaciones, principalmente por el desborde
de ríos, dañaron más de 10,000 casas y dejaron
alrededor de 59,000 personas sin hogar y obligaron
a 500,000 a evacuar.
Zona del Bajo Lempa, Usulután, afectada por el Huracán Mitch,
1998. Tomado de: El Salvador 10 años después…Una historia revelada 1992-2002. San Salvador, Equipo Maíz, 2001. p.46.
La evaluación de daños directos e indirectos realizada por la CEPAL estimó en un total de US$398.1
millones los costos de los efectos de la tormenta
tropical. En el sector agrícola y ganadero, el COEN
reportó 23,009 animales muertos: 1,697 cabezas de
ganado, 71 caballos, 1,161 cerdos y 20,080 aves. El
daño en los cultivos fue severo, con inundaciones
en cerca de 1,000 km2 de pastizales o tierras cultivadas. Las inundaciones destruyeron el 37% de la
producción de frijol, 19% de la de maíz y 20% de
la de caña de azúcar. El ministerio de agricultura
reportó las pérdidas por cosechas de granos básicos
(maíz, frijol y arroz), cultivos de café, caña de azúcar
y algodón por valor de US$86.7 millones (de acuer276
do a los datos de CEPAL las pérdidas son todavía
mayores, llegan a US$112.1 millones).
Al sumar los daños de agricultura, ganadería y
pesca, las pérdidas (siempre según la CEPAL) en
este sector ascienden a US$168.3 millones; de esta
cifra, los daños directos son US$121.7 millones y los
indirectos US$46.6 millones.
La industria y el comercio también sufrieron importantes daños, sobre todo daños indirectos sobre la
producción y desperfectos en la infraestructura de
muchos establecimientos comerciales. El sector
industrial se vio afectado, además, por la menor
producción del sector agropecuario y por la reducción de materias primas provenientes del Atlántico
(debido a los daños en la infraestructura vial). Se
estima en US$74 millones el daño total en el sector
industrial (se trata de daños indirectos). Se redujeron las ventas de los pequeños y medianos comercios por la disminución de la actividad económica
y la limitación de la disponibilidad de dinero de la
población. El monto total de daños en el sector se
estimó en US$37 millones. De ellos US$8.9 millones
corresponden a daños directos en la infraestructura
turística y US$28 millones por costos indirectos por
la disminución de las ventas.
Estas estimaciones no incluyen los costos de reconstrucción y mitigación, sino específicamente la reposición de los daños y el valor monetario de sus
efectos indirectos, por lo que puede haber una
subestimación, como por ejemplo, en el caso del
área de agua y saneamiento, en donde no se consideraron los daños a los sistemas domiciliarios,
pozos y letrinas.
Con respecto al medio ambiente, la valoración de
los daños debe considerar la pérdida del beneficio
derivado del patrimonio natural. Los “servicios
ambientales” son considerados como beneficios de
los ecosistemas naturales, como la madera, plantas medicinales, banco genético, biodiversidad, la
captura del carbono o la producción de oxígeno. Se
estimaron pérdidas en servicios ambientales directos por US$7.0 millones.
Los daños directos a la infraestructura vial corresponden a la destrucción parcial de 10 puentes. Dos
de ellos (puentes de tipo bailey sobre el río Lempa)
ubicados sobre la carretera Litoral (Puente de Oro)
y carretera Panamericana (puente Cuscatlán), que
comunicaban la zona oriental con el resto del país,
y eran los más importantes para la economía de El
Salvador. De acuerdo con los datos de CEPAL, 3,959
km de caminos fueron destruidos. Los daños afectaron especialmente la capa de rodamiento; en la red
pavimentada primaria y secundaria, se destruyeron
1,281 km de un total de 1,998 kilómetros.7
Resumen de daños ocasionados por
el Huracán Mitch, El Salvador, 1998
(en millones de US$)
Sector
Daños Daños Daño
direc- indi- total
tos
rectos
Total
179.4 218.7 398.1
Sectores sociales
16.9
20.6
37.6
Vivienda
5.6
8.0
13.6
Salud
1.7
9.9
11.6
Educación
9.7
2.7
12.4
Infraestructura
24.7
49.6
74.3
Transporte y comunica22.1
48.3
70.4
ciones
Agua y alcantarillado
1.4
1.0
2.4
Riego y drenajes
1.1
....
1.1
Energía
0.1
0.3
0.4
Sectores productivos
130.7
148.5 279.2
Agricultura (arroz, frijol, 112.1
6.7 118.8
maíz, sorgo)
Ganadería (bovinos, aves,
6.6
38.6
45.2
equinos, porcinos e infraestructura)
Pesca
3.0
1.3
4.3
Industria
0.0
73.9
73.9
Comercio
9.0
28.0
37.0
El otro gran evento fue el huracán Stan, ocurrido en
octubre de 2005. Los antecedentes de este huracán
son curiosos porque se inició como una corriente
tropical que partió desde la costa atlántica africana
el 17 de septiembre, formó un área de bajas presiones cuando llegó a la parte occidental del mar
Caribe y se convirtió en una depresión tropical el
1 de octubre. Cerca de las costas de la península
de Yucatán, se reforzó y desde el 2 de octubre a la
1:35 CDT (06:35 UTC) se comenzó a denominar
tormenta tropical. Stan tocó tierra en la península
de Yucatán y se redujo a una depresión tropical,
pero de nuevo tomó fuerza y emergió en la bahía
de Campeche. Para a las 4:00 CDT (09:00 UTC)
del 4 de octubre, ya se había reforzado suficientemente para ser denominado huracán. Stan volvió
a tocar tierra más tarde en el centro de la costa este
de México, al sur de Veracruz, como un huracán
de categoría 1 en la escala Saffir-Simpson. Luego,
se debilitó y volvió a ser una tormenta tropical al
comienzo de la tarde de aquel día. En El Salvador,
las lluvias asociadas a Stan comenzaron el domingo 2 cuando era tormenta tropical. Se anunció la
emergencia nacional el lunes 3. Ya para el martes
4, cuando era huracán, la Asamblea Legislativa
decretó estado de calamidad pública y tres días de
duelo por las víctimas. La tormenta produjo fuertes
vientos y precipitaciones de hasta 500 mm., lo que
provocó desprendimientos de tierra e inundaciones
a lo largo de su recorrido por el sur y este de México
y Centroamérica. La mayor parte de las inundaciones fueron consecuencia de las bandas exteriores de
Stan y de cuando todavía era una depresión tropical. Las cosechas de café y otros cultivos de la región
se perdieron a consecuencia de las inundaciones.
El Comité de Emergencia Nacional (COEN) de
El Salvador informó que las lluvias a causa de la
tormenta tropical Stan dejaron 62 muertos, 40,637
evacuados y 361 albergues habilitados, además de
una situación caótica en todo el país.
Glosario
Daños directos: Daños causados a la infraestructura, animales, servicios y productos existentes en el momento en que ocurre un desastre.
Daños indirectos: Daños futuros derivados
de los daños directos.
277
El presidente Elías Antonio Saca, en una rueda de
prensa, pidió a los salvadoreños que vivían en zonas
de alto riesgo que no arriesgaran sus vidas y acudieran a los albergues. Las dimensiones del desastre
hicieron que el Presidente cancelara su asistencia a
la XIV Cumbre Iberoamericana que se celebraría en
España, para atender la emergencia. Desde luego, el
problema era grande, como lo expresó un portavoz
de la Cruz Roja salvadoreña: “Vivimos momentos
difíciles, la emergencia ha rebasado la capacidad
de los organismos de socorro, tenemos inundaciones por todos lados, puentes a punto de colapsar,
derrumbes y decenas de carreteras bloqueadas por
deslizamientos de tierra.”
Ademas de lo anterior, la erupcion del volcán
Ilamatepec sumó daños. Este volcán, con una altura de 2,365 msnm, ubicado en el departamento de
Santa Ana, desde el mes de junio de 2005 empezó a
dar muestras de una creciente actividad, viéndose,
por primera vez, su incandescencia el 23 de agosto.
A raíz de estos acontecimientos, el Servicio Nacional
de Estudios Territoriales (SNET) determinó que el
coloso había entrado en proceso eruptivo y que
representaba un peligro para los 29,700 pobladores
que habitaban en la zona de riesgo.
Volcán Ilamatepec en proceso de erupción en 2005. Tomado de: La Prensa Gráfica. 2 de octubre de 2005. Año
XC. No.31, 701. p.2.
Después de varias semanas de constante actividad,
el sábado 1 de octubre de 2005, a las 08:05 de la
278
mañana, el volcán hizo erupción y liberó 1,300 unidades de energía, lanzó una lluvia de piedras, lodo
y cenizas que se esparció en un radio de 10 kilómetros, y expulsó una columna de gases que alcanzó
los 50,000 pies de altura, desde el nivel del mar. Los
vientos arrastraron la nube de ceniza hacia el sur,
en dirección al departamento de Ahuachapán y el
océano Pacífico. El alud de lodo incandescente que
lanzó, por causa de la pequeña laguna que se había
formado en su cráter, afectó los cantones: Palo
Campana, Potrero Grande Arriba, Calzontes Arriba
y Abajo, Lomas de San Marcelino, El Chaparrón y
Plan de La Laguna, así como ranchos recreativos del
lago de Coatepeque; asimismo, soterró casas, cultivos y vías de acceso que se encontraban a su paso.
Como resultado de este fenómeno natural, 15,000
personas fueron evacuadas, de las cuales solamente
5,358 se refugiaron en 22 albergues localizados en
los departamentos de Santa Ana y Sonsonate. El
resto se alojó en casas de parientes y amigos, solamente se reportaron 2 fallecidos.
En lo que respecta a la agricultura, el más afectados
fue el café, con 62 mil manzanas impactadas por
cenizas y lluvia ácida, con un daño categoría 4; otras
áreas afectadas fueron los frutales y los pastos para
la ganadería.8 La erupción ocurrió menos de dos
meses antes de que iniciara la cosecha en la zona
afectada. La producción pudo salvarse en su mayor
parte porque ya habían empezado a producirse los
granos, y las lluvias del huracán Stan que sobrevinieron días después ayudaron a lavar las cenizas.
La Fundación Salvadoreña para Investigaciones
del Café (PROCAFE), dijo que las pérdidas de
producción en la región afectada por la erupción
en la cosecha 2005/2006 fueron de 26,800 sacos,
aduciendo también que sumadas a las secuelas de la
cosecha 2006/2007 alcanza la cifra de 61,000 sacos
de 60 kilos.9
El área del Parque Nacional Los Volcanes también
sufrió daños: 200 hectáreas de hábitat natural en el
ala este-sureste de la montaña se perdieron, además
de 40 hectáreas de páramo de altura y 160 hectáreas
de bosque nebuloso.
La fauna y flora que habitaba en el parque anteriormente citado fueron incineradas instantáneamente por las altas temperaturas de las cenizas,
gases y fragmentos de rocas.
La Fundación Ecológica de El Salvador (SalvaNATURA) considera que la recuperación de este
parque nacional tardará entre 70 y 100 años, hasta
alcanzar los niveles que existían antes de la erupción.
Las fuertes lluvias que azotaron el país, a consecuencia de la tormenta tropical Stan, no permitieron hacer observaciones evaluativas en el
volcán, estas fueron realizadas 11 días después
de la erupción y se determinó que el estallido no
afectó la estructura propia del cráter; sin embargo,
hubo un aumento del área de la laguna localizada
en él, como consecuencia de las lluvias y acuíferos
propios del volcán.10
Según informe de la CEPAL, el impacto económico sobre El Salvador debido a ambas tragedias ha
sido de 355.6 millones de dólares. El costo social
(vivienda, educación y salud) se estima en 149.5
millones. Los rubros más afectados fueron vivienda e infraestructura (principalmente transporte y
comunicaciones), con pérdidas valoradas en más
de 113 millones de dólares cada una, es decir, casi
el 62% del costo total. De acuerdo con el informe,
el tercer sector más afectado fue el agropecuario,
con un impacto de 48.7 millones de dólares (13.7%
del total). Este fue además el único que sufrió un
impacto sensible dentro del sector productivo, ya
que la industria, el turismo y el comercio sumaron
apenas un 3.3% del cálculo total. Según la CEPAL,
el sector eléctrico no fue afectado por los desastres.
El impacto total de Stan y el Ilamatepec respecto al
PIB fue de 2.2%.11
duos, de un lugar a otro, esto implica un cambio
de residencia de la persona que emigra.
En El Salvador, a finales del siglo XIX, se desarrolló un modo de producción capitalista, como
ocurría en muchos países alrededor del mundo.
Junto a la expansión de la producción del café y al
predominio de las relaciones capitalistas de producción, se producen internamente movimientos
poblacionales de campesinos desalojados de sus
tierras comunales.
Desde los años 30 del siglo XX, cuando ya existe un
aumento significativo de la población y la tenencia de tierra representa un verdadero problema,
la emigración adquiere una particular importancia para los salvadoreños. Posteriormente, la
modernización capitalista, al estimular el proceso
de industrialización a principios de los años 50,
provocará el incremento del flujo migratorio dentro del país, desde zonas rurales hacia las ciudades, principalmente hacia San Salvador, donde se
encuentran los centros de producción y la demanda de mano de obra.
La creación del Mercado Común Centroamericano
(MCCA), en los años 60, facilitó las migraciones
de salvadoreños hacia los otros países de la región,
especialmente hacia Honduras. Pero los problemas generados por el mismo MCCA, junto a otras
variables, desembocaron en la guerra entre El
Salvador y Honduras en 1969. Este conflicto hizo
regresar a los salvadoreños, con lo cual se incrementó el índice de desposeídos y desempleados.
34.2 Migraciones internacionales
y remesas
Comúnmente, la migración es definida como la
movilización geográfica o espacial de los indivi-
“Mojados” esperando cruzar la frontera entre Estados Unidos y
México, 1992. Tomado de: El Salvador 10 años después…Una
historia revelada 1992-2002. San Salvador, Equipo Maíz, 2001.
p.79.
279
En la década de los 70, el problema del desempleo y
la pobreza fue preocupante. Para paliar la situación,
los habitantes del país emigraron, en un número
significativo, hacia otros países de Centroamérica
y más allá del istmo, especialmente hacia Estados
Unidos. A partir de esta década, las migraciones
estuvieron conformadas por habitantes de las áreas
urbanas y rurales de todo el país.
En los años 80, las migraciones mostraron un cambio espectacular no solo en la cantidad de población
migrante sino también por las causas de la movilidad, pues a las tradicionales se sumó la convulsión
social y la guerra. Las nuevas variables condicionantes fueron: el temor, la inseguridad, la angustia, la violencia y la guerra. Desde luego, la crisis
económica se vio acentuada por la crisis política,
así como por el hecho del abandono de las zonas
rurales debido a la violencia.
Algunos investigadores identifican diferentes acontecimientos que dieron lugar a los movimientos
de desplazados y refugiados de los años ochenta.
La primera oleada de desplazados se habría dado
en marzo de 1980, con la implementación de la
Reforma Agraria. El segundo movimiento, en enero
de 1981, con la “ofensiva final” lanzada por el
FMLN. Otras oleadas se habrían producido en 1983
con el cambio de táctica guerrillera al conformar
ejércitos más grandes y militarizados; a mediados
de 1984, con la intensificación de los bombardeos
masivos en las zonas conflictivas por parte del ejército salvadoreño; y en noviembre de 1989, con la
ofensiva lanzada por la guerrilla.
En los años posteriores al conflicto armado, las
migraciones se han desacelerado, pero aún siguen
siendo significativas. La rigidez de las políticas antimigratorias estadounidense no ha evitado el flujo
de migraciones de ciudadanos salvadoreños hacia
ese país.
Las implicaciones de las migraciones actuales son
diferentes a las del pasado. Pues, una deportación
masiva de salvadoreños tiene serias consecuencias
económicas y sociales para el país. El mercado laboral sería incapaz de absorber la población repatriada, aumentaría la pobreza, la deserción escolar de
los hijos de los deportados, la delincuencia (debido
en gran parte a la falta de empleo y el regreso de
nacionales recluidos), el déficit habitacional y la
inflación, entre otros problemas.
Durante los últimos veinticinco años, el impacto en
El Salvador de los residentes en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, ha sido de grandes
proporciones y de muy variada naturaleza. Desde
la perspectiva económica, las remesas que envían
representan una fuente importante de ingresos,
equiparable a las exportaciones. Sin embargo, en el
área social han exacerbado la desintegración familiar, las presiones sobre las fuentes de empleo, los
servicios de salud, educación y vivienda en las zonas
donde radican, entre otros problemas.
En la actualidad, debido al proceso de globalización
de la economía mundial y a la recomposición o
reacomodos del capital, ha habido un fuerte incremento migratorio de la fuerza de trabajo en todo el
mundo, principalmente a las áreas laborales de los
países industrializados.
Muy ligado a las migraciones, se encuentra el tema
de las remesas familiares, importante de destacar por
su función en la economía de los países receptores.
Salvadoreños cruzan la frontera de México y Estados Unidos,
1993. Tomado de: El Salvador 10 años después…Una historia
revelada 1992-2002. San Salvador, Equipo Maíz, 2001. p.79.
280
En 1992, las remesas fueron equivalentes al 108% de
las exportaciones totales del país. A mediados de la
década de los noventa, las remesas fueron menores,
pero siguieron representando una fuente importante de divisas.
Para finales de la misma década, se tenía un modelo
económico donde las remesas ocupaban un lugar
decisivo, potenciador de un mercado interno.
En términos gráficos, la evolución de las remesas
desde 1980 hasta 2007 se muestra de la siguiente
manera:
Dólares US
Evolución de las remesas 1980-2007
(En millones de dólares)
3,775
3,525
3,275
3,025
2,775
2,525
2,275
2,025
1,775
1,525
1,275
1,025
775
525
275
25
0 1
2 3
4 5
0 1
2 3
0 1
8 9
6 7
4 5 6 7
6 7 8 9
2 3 4 5
198 198 198 198 198 198 198 198 198 198 199 199 199 199 199 199 199 199 199 199 200 200 200 200 200 200 200 200
Años
consumo directo de las familias, principalmente en
alimentación, medicina y vestuario; en el área urbana, se calcula que ha sido el 80%. La función primaria de las remesas ha sido contribuir a satisfacer
las necesidades de sobrevivencia de los familiares
residentes en el país, pero con el paso del tiempo,
han servido para la adquisición de inmuebles, como
casas de habitación y terrenos; sin embargo, ha faltado incentivar la cultura del ahorro y la inversión;
se estima que solo el 4.4.% de las remesa se ha destinado a esos rubros.
El crecimiento del país que se ha experimentado
en la última década ha sido gracias a las remesas
familiares, ya que han logrado sostener los ingresos
constantes a El Salvador, incrementar de manera
considerable el Producto Interno Bruto (PIB) y
mantener las tasas de crecimiento.
Centro Comercial Galerías. Foto propiedad del MUPI.
De estos recursos que han ingresado al país, se calcula que en la zona rural, el 90% se ha destinado al
Algunas personas opinan que la economía del país
depende enormemente de las remesas familiares al
grado que se tiene una economía “artificial”, ya que
no puede sostenerse solamente con la producción
interna o las exportaciones.
281
El Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador
2005 (IDHES), titulado Una mirada al nuevo nosotros. El impacto de las migraciones, concluye que la
migración internacional le ha abierto al país “un
portal de oportunidades, desafíos y transformaciones en el orden de lo económico, político, social y
cultural sólo comparable con las que se abrieron
como consecuencia de la introducción de la caficultura” a finales del siglo XIX.
En los últimos años, parece haber iniciado un proceso que definirá el futuro de las migraciones hacia
Estados Unidos y la situación de los inmigrantes
salvadoreños ilegales. Se trata del contenido de
las leyes antiinmigrantes que aún se debaten en el
Congreso de los Estados Unidos.
El inicio de este proceso arrancó a mediados de
marzo de 2005, cuando el congresista estadounidense del partido Republicano por el Estado de
Wisconsin y Presidente del Comité Judicial de la
Cámara de Representantes, James Sensenbrenner
y su compañero de bancada, Peter King, presentaron a dicha Cámara la propuesta HR 4437, un
proyecto de ley de inmigración conocido como Ley
de Protección de las Fronteras, Antiterrorismo y
Control de Inmigración Ilegal.
El proyecto fue aprobado por la Cámara de
Representantes el 17 de diciembre de 2005, con
239 votos a favor y 182 en contra. Luego, en los
primeros días de 2006, el presidente del Comité
Judicial del Senado envió un documento conocido
como Chairmans mark, que era un proyecto de ley
que sirvió como punto de partida para que dicho
comité analizara una reforma de inmigración integral. Desde el jueves 2 de marzo de 2006, el Comité
debatió el proyecto de ley y propuso enmiendas.
El Comité Judicial votaría posteriormente sobre la
versión final de dicha propuesta legislativa. Después
de esta deliberación, el proyecto de ley pasaría al
pleno del Senado para un voto final.
La propuesta de la Cámara Baja convertía en un
delito la entrada irregular a los Estados Unidos,
por lo que los inmigrantes podrían ser condena282
dos a penas de cárcel en lugar de ser simplemente
deportados. También, obligaba a los empleadores
a verificar si sus empleados tenían sus papeles en
regla, y elevaba las multas para quienes contrataran
trabajadores indocumentados.
También, proponía que a los niños nacidos en
Estados Unidos, de padres inmigrantes ilegales, les
fuera retirada la nacionalidad americana, deportarlos con sus padres a sus países de origen y negarles
el acceso a la educación, asistencia social y todo
servicio médico.
Otra de las propuestas relevantes era la construcción de una barrera doble de más de 1,100 kilómetros en la frontera con México para obstaculizar la
entrada clandestina de inmigrantes. El proyecto de
ley, además, prohibía poner en libertad bajo fianza
a los inmigrantes indocumentados no mexicanos
que fueran detenidos al pasar la frontera. También,
autorizaba a la policía para que detuviera a los
inmigrantes irregulares, atribución exclusiva de los
agentes de inmigración.
Para que este proyecto entre en vigor, todavía deberá esperar a que el Senado (o Cámara Alta) presente
su propia versión de cómo debe ser la ley, para que
luego se armonicen las dos propuestas. Se espera
que el Senado aborde el problema de la inmigración
de manera más amplia, sin enfocarse solamente en
la penalización de los trabajadores indocumentados.
Manifestantes en la ciudad de Las Vegas contra la ley de inmigrantes. Tomado de: La Prensa Gráfica. Miércoles 23 de marzo
de 2005. Año LXXXIX. No.31, 510. p.35.
Mientras tanto, las reacciones en Estados Unidos
y en América Latina han sido intensas y variadas.
En más de cincuenta ciudades de trece estados de
la Unión Americana se han llevado a cabo multitudinarias marchas protestando contra la aprobación
hecha por la Cámara de Representantes y exigiendo
al Congreso una reforma migratoria amplia; las
personas inconformes han pedido a las autoridades migratorias que detengan las deportaciones de
indocumentados y conceder el tiempo necesario
para que el Congreso apruebe una reforma a las
leyes de inmigración, que beneficie a los casi doce
millones de personas que viven al margen de las
leyes migratorias. Por su parte, muchos gobiernos
latinoamericanos han mostrado su preocupación y
han cabildeado para incidir en el Senado de Estados
Unidos. Los países más afectados por la referida ley
serán México y los países centroamericanos.
Recuadro 34.2
Salvadoreños desempeñan trabajo
Salvadoreños en el mundo
riesgoso en Virginia
(excepto Estados Unidos)*
A lo lejos parecen acróbatas de un espectáculo de
circo, pero en realidad son obreros inmigrantes que
se dedican a uno de los trabajos más peligrosos en
Estados Unidos: el de limpiaventanas.
Sostenidos por unas gruesas cuerdas de nylon, estos
personajes se roban la atención de los transeúntes,
quienes desde el piso no logran distinguir con claridad a los que cuelgan de los altos edificios, que en
su mayoría son salvadoreños.
Hernando Meléndez, de 37 años, originario del
Cantón Cara Sucia, Ahuachapán, trabaja como
supervisor en la Compañía Kevco Building Services,
una labor que ha desempeñado desde hace ocho
años.
“Los dueños y el personal de oficina son ‘gringos’,
pero los que hacemos el trabajo somos latinos”,
comenta Meléndez, mientras se prepara para bajar
por un costado de uno de los edificios en Tayson
Corner en el estado de Virginia.
Este ha sido el único trabajo de Meléndez, desde
que llegó a Estados Unidos, en 1989. Su experiencia
lo ha convertido en el responsable de la seguridad
de sus compañeros de grupo.
“En este trabajo no hay espacio para un error. Si
te caes lo más seguro es que te mates, por eso el
miedo es tu mejor amigo”, dice. Ahora, Meléndez
ya no siente temor a las alturas.
(Tomado de: El Diario de Hoy. San Salvador, 9 de
julio de 2004)
País
Italia
Alemania
Francia
Bélgica
Japón
China
Australia
Venezuela
Brasil
Argentina
Chile
México
Costa Rica
Honduras
Nicaragua
Belice
Puerto Rico
República
Dominicana
Cantidad de inmigrantes
33,130
3,000
600
400
77
27
18,755
2,000
369
90
171
31,465
14,767
9,090
5,000
30,000
225
194
(http://www.rree.gob.sv/sitio/sitiowebrree.nsf/pages/ssalvext_asuntoscomunitarios)
* Los datos de la colonia salvadoreña en Estados Unidos
se mencionan en el texto.
283
34.3 Globalización
El Salvador, desde los inicios de su vida republicana, tuvo apertura al mundo. Esto quedó demostrado tanto en las relaciones comerciales como
diplomáticas y en la recepción e intercambio cultural. En efecto, el país exportaba e importaba
bienes y servicios, estableció representaciones
diplomáticas y acogió las de otros países, estas
acciones dieron cabida a una vasta influencia
cultural, principalmente por medio de materiales
educativos, tecnologías y los medios de comunicación social. De esta forma, los salvadoreños y
salvadoreñas han ido forjando una conciencia más
global. Pudiéndose hablar de globalización económica, política y cultural.
Globalización económica
En 1960, los países centroamericanos firmaron el
Tratado General de Integración, mediante el cual
crearon el Mercado Común Centroamericano, con
lo cual en alguna medida se logró una integración
y el fortalecimiento de la estructura productiva de
los países de la región. Sin embargo, dicho Tratado
se congeló casi por completo en 1969 con la guerra
de Legítima Defensa El Salvador con Honduras. La
década de los años setenta y la primera mitad de los
ochenta fue débil en materia de integración debido a
la búsqueda separada de soluciones a los problemas
económicos y a la existencia de conflictos armados. A partir de 1986, los países centroamericanos
retomaron el camino de la integración y lograron
pequeños avances. Sin embargo, desde la década de
los noventa, el proceso de integración se ha imple-
Las nuevas tecnologías de la informática han impulsado los procesos de globalización.
284
mentado como un instrumento para la inserción de
la región en el proceso de globalización.
Con el gobierno de Alfredo Cristiani, El Salvador
inició otra etapa de apertura al mundo, los
Programas de Ajustes Estructurales o las llamadas
reformas neoliberales dieron un fuerte impulso,
porque adaptaron política, jurídica y económicamente al país a las nuevas exigencias mundiales,
favorables a la movilidad de mercancías, capitales,
tecnología y mano de obra, en otras palabras, a las
relaciones comerciales, a la inversión extranjera y
a las influencias culturales.
Quizá pocos dudaban que la apertura al mundo
ofrecía al país una variedad de oportunidades:
acceso a mercados de exportación más grandes,
tecnologías más avanzadas, la importación de
nuevos y mejores productos, inversión extranjera, alianzas estratégicas, etc. Pero lo que produjo
divergencias y reacciones de algunos sectores fue
la creencia de que el aprovechamiento de esas
oportunidades requería de un proceso de preparación interna para fortalecer la competitividad de
las empresas nacionales; de lo contrario, se tendría
desventaja frente a las grandes empresas de los
países desarrollados.
El impulso dado por Cristiani continuó y se profundizó en los gobiernos posteriores hasta la actualidad. Bajo este marco, se ampliaron y formalizaron
las relaciones comerciales y ser firmaron Tratados
de Libre Comercio (TLC) con diversos países.
Glosario
Globalización: Proceso de creación de un
libre mercado de productos y servicios, capitales y mano de obra, donde estos circulan
libremente, eliminando las barreras arancelarias, políticas, jurídicas y de comunicación,
este proceso logra la generación de nuevas y
mayores necesidades en los consumidores.
Tratado de Libre Comercio: Acuerdo comercial entre dos o más países para ampliar el
mercado de bienes y servicios, con base en
reglas establecidas por los mismos, relacionadas a los aranceles y a productos y servicios.
A la fecha, El Salvador ha firmado una variedad de
Tratados de Libre Comercio con países del istmo
centroamericano, de América del Norte, América
del Sur y Asia.
El Salvador – México
Este tratado se hizo efectivo desde el 15 de marzo
de 2001 hasta 2010 para los productos o servicios
nacionales con intenciones de entrar al territorio
del mercado de la república mexicana.
Objetivos
Estimular la expansión y diversificación del comercio de bienes y servicios entre las partes; eliminar
las barreras al comercio y facilitar la circulación
de bienes originarios y servicios entre las partes;
eliminar las barreras al movimiento de capitales
y personas de negocios entre los territorios de las
partes; aumentar las oportunidades de inversión
en los territorios de las partes; proteger y hacer
valer, de manera adecuada y efectiva, los derechos
de propiedad intelectual en el territorio de las partes; establecer lineamientos para la ulterior cooperación entre las partes, encaminados a ampliar
y mejorar los beneficios de este tratado; y crear
procedimientos eficaces para la aplicación y cumplimiento de este tratado, para su administración
conjunta y para la solución de controversias.
Estructura del acuerdo
Acceso de bienes: Se redujeron aranceles en forma
gradual y progresiva; México otorgó acceso inmediato con 0% de arancel a un aproximado de 78%
de los productos salvadoreños; los programas de
desgravación de México partieron, en el caso de
los productos industriales de un 40% por debajo
del arancel que aplica El Salvador; además se consolidaron las preferencias que concede el Acuerdo
de Alcance Parcial a El Salvador. En Acceso de
Bienes Agrícolas: Se desmantelaron barreras no
arancelarias y se eliminaron subsidios agrícolas a
las exportaciones.
Servicios: Incluyó comercio transfronterizo de servicios, servicios financieros, telecomunicaciones y
entrada temporal de personas de negocios.
Principales productos importados de México:
Combustibles minerales; máquinas, aparatos y
material eléctrico y sus partes; materias plásticas y manufacturas de estas materias; calderas,
máquinas, aparatos y artefactos mecánicos; vehículos, automóviles y sus partes; leche y productos
lácteos, miel natural; manufacturas de fundición
de hierro y acero; aluminio y manufacturas de
aluminio; productos farmacéuticos; productos
químicos inorgánicos; papel y cartón; aceites esenciales y resinoides; preparaciones a base de cereales; extractos curtientes o tintores, taninos y sus
derivados; productos diversos de las industrias
químicas; vidrio y manufacturas de vidrio; preparaciones alimenticias diversas; fundición, hierro y
acero; productos químicos orgánicos; azúcares y
artículos de confitería; sal, azufre; tierras y piedras;
yeso, cales y cementos.
Frutos marinos, uno de los rubros exportados a México.
Principales productos exportados a México:
Materias plásticas y manufacturas; pieles y cueros;
jabones, agentes de superficie orgánicos; fibras
sintéticas o artificiales discontinuas; herramientas
y útiles, artículos de cuchillería; calderas, máquinas, aparatos y artefactos mecánicos; algodón;
productos farmacéuticos; bebidas, líquidos alcohólicos y vinagres; los demás artículos textiles
confeccionados; pescados y crustáceos, moluscos
y otros invertebrados; fundición, hierro y acero;
papel y cartón.
A raíz del tratado, las exportaciones hacia México
han pasado de US$13 millones en 2000 a US$42
millones en 2006; se ha diversificado la oferta
exportable de 179 productos antes del TLC a 231
en 2006. Asimismo, las inversiones crecieron de
US$67 millones antes del TLC a US$652 millones
en 2006.
285
El Salvador – República Dominicana
Este tratado fue ratificado por la Asamblea Legislativa
de El Salvador y publicado en el Diario Oficial
No.98, Tomo No.343 el 27 de mayo de 1999. Por la
República Dominicana fue ratificado el 15 de marzo
de 2001. Entró en vigencia el 4 de octubre de 2001.
A partir de la entrada en vigencia, las partes se comprometieron a garantizar el acceso a sus respectivos
mercados mediante la eliminación total del arancel
aduanero al comercio sobre bienes originarios. El
tratado establecía que ninguna de las partes cobraría
derechos o cargos consulares, ni exigiría formalidades consulares sobre bienes originarios.
Objetivos
Estimular la expansión y diversificación del comercio de bienes y servicios
Promover condiciones de libre competencia
Eliminar las barreras al comercio de bienes y servicios
Eliminar las barreras al movimiento de capitales y
personas
Aumentar las oportunidades de inversión
Fortalecer la capacidad competitiva de los países, en
las corrientes de intercambio mundial
Mercancías originarias
Los productos y subproductos obtenidos totalmente
en una parte.
Los productos del mar, suelo o subsuelo marino,
extraídos fuera del perímetro de sus aguas territoriales, por barcos con bandera nacional registrados
o arrendados por empresas legalmente establecidas
en sus territorios.
Los productos de la pesca y otros productos del mar
obtenidos fuera del mar territorial y de las zonas
marítimas donde las partes ejercen jurisdicción, se
consideran obtenidos totalmente en los estados de
registro de la nave que realiza esas operaciones. El
término “registro” incluye la inscripción concedida
por un país a naves o naves fábrica fletadas o debidamente matriculadas.
Las mercancías producidas a bordo de barcos fábrica a partir de peces, crustáceos, moluscos y otros
invertebrados acuáticos, obtenidos del mar por bar286
cos registrados o matriculados por una parte y que
lleven su bandera; las mercancías elaboradas exclusivamente en los territorios de las partes a partir de
productos originarios; las mercancías producidas en
los territorios de las partes que incorporen materias
o productos no originarios que resulten de un proceso de transformación que les confiera una nueva
identidad. Estas nuevas mercancías deberán cumplir con un cambio en la clasificación arancelaria
conforme a este capítulo u otros requisitos, según
se especifique en su anexo.
Una mercancía es considerada como originaria de
las partes de este tratado si ha sido enteramente
obtenida en cualquiera de sus territorios o cuando
se incorporen mercancías no originarias deberá
existir un grado de transformación.
Artesano haciendo escobas.
En 2004, se finalizó el programa de total desgravación arancelaria y se dejó libre de aranceles al
99.2% de los productos de los países firmantes. Las
exportaciones hacia República Dominicana pasaron de US$12 millones a US$49 millones en 2006.
Dentro de los principales productos de exportación
se encuentran los medicamentos, escobas plásticas,
lápices, galletas y jugos, entre otros.
El Salvador – Chile
En abril de 1998, los presidentes de las Repúblicas
de Centroamérica y de Chile deciden acelerar el
proceso de integración del hemisferio y acuerdan
la suscripción de un Tratado de Libre Comercio.
En octubre de 1999, se suscribe el Tratado de Libre
Comercio en la ciudad de Guatemala, República de
Guatemala. Y en noviembre de 2000, El Salvador
y Chile suscriben el Protocolo al TLC en el que se
incluyen los programas de desgravación y demás
aspectos del acuerdo. Efectivo desde el 1 de junio
de 2002.
Características del TLC
La parte normativa del TLC es totalmente compatible con los compromisos adquiridos por El Salvador
ante la Organización Mundial del Comercio (OMC),
dicha normativa establece un marco jurídico que
otorga certidumbre al comercio entre ambos países, garantiza un acceso amplio y seguro, así como
mayores oportunidades de negocios.
El TLC ha sido negociado con una visión de largo
plazo ya que al finalizar la desgravación se llegará a
aranceles cero. En este sentido, se ha cuidado que
las empresas salvadoreñas cuenten con los plazos
de ajuste necesarios para invertir o modernizarse de
acuerdo con las nuevas demandas.
Objetivos del tratado
Perfeccionar la Zona de Libre Comercio (ZLC); estimular la expansión y diversificación del comercio de
mercancías y servicios entre El Salvador y Chile; promover condiciones de competencia leal dentro de la
ZLC; eliminar las barreras al comercio y facilitar la
circulación de mercancías y servicios en la Zona de
Libre Comercio; promover, proteger y aumentar
sustancialmente las inversiones de cada parte; crear
procedimientos eficaces para la aplicación y cumplimiento del tratado, para su administración y para la
solución de controversias; trato nacional y acceso de
mercancías al mercado; se establece otorgar entre las
partes trato nacional a los productos originarios de
la otra parte; se establece el compromiso de eliminar
progresivamente los aranceles aduaneros sobre las
mercancías originarias, en los términos del anexo
3.04; se establece un trato asimétrico a favor de El
Salvador en la negociación de los Programas de
Desgravación; eliminación total e inmediata de las
barreras no arancelarias; eliminación de derechos de
trámite aduaneros y derechos consulares.
Hamacas, uno de los productos que se exporta a Chile.
Ayudas internas a la producción agropecuaria
Sin importar su tipo, si causan o amenazan causar daño a la producción y al comercio recíproco,
se tratarán como prácticas desleales de comercio
y se seguirán los procedimientos del Capítulo de
Prácticas Desleales de Comercio del TLC.
t4VCTJEJPTBMBFYQPSUBDJØO4FFMJNJOBSÈOFOB×PT
o antes si así se acuerda en la OMC o en el Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA).
t#BOEBEFQSFDJPT4FDPOHFMØFMNÏUPEPEFBQMJDBción y los aranceles a productos para los cuales se
aplican.
t#FOFGJDJPTDPODSFUPT&M4BMWBEPSQSPZFDUBRVJOUVplicar las exportaciones; generar más de cuatro mil
nuevos empleos (directos e indirectos); diversificar las exportaciones; conformar nuevas cadenas
productivas; lograr mayores oportunidades para el
consumidor a precios competitivos; incrementar y
garantizar la atracción de inversiones.
El Salvador – Panamá
Las negociaciones bilaterales entre El Salvador y
Panamá se iniciaron en septiembre de 2001 y los
resultados fueron revisados y acordados en su totalidad en febrero de 2002. En marzo de 2002, el
tratado fue firmado por los presidentes de Panamá
y El Salvador en la ciudad de Panamá. Se hizo efectivo desde el 12 de abril de 2003. Se suprimieron los
aranceles a los productos incluidos en el Tratado.
De esta forma, El Salvador se convirtió en el primer
país del mundo que suscribió un Tratado de Libre
Comercio con Panamá.
Objetivos del tratado
Perfeccionar la zona de libre comercio, estimular
la expansión y diversificación de mercancías y servicios entre las partes, promover condiciones de
competencia leal dentro de la zona de libre comercio, eliminar las barreras al comercio y facilitar la
circulación de mercancías y servicios en la zona
de libre comercio, promover, proteger y aumentar
sustancialmente las inversiones en cada parte, crear
procedimientos eficaces para la aplicación y cumplimiento del tratado, para su administración conjunta
y para la solución de controversias.
287
Beneficios y oportunidades
El Tratado de Libre Comercio entre El Salvador
y Panamá está basado en los principios de la
Organización Mundial de Comercio y el Acuerdo
General de Aranceles y Comercio de 1994 (GATT
94). El tratado busca hacer más fluidas las transacciones comerciales para ambos países.
El tratado señala que el comercio no es extensivo a
todos los productos, sino que está limitado a aquellos que a cada país le interesa promover.
lácteos y sus derivados, hortalizas, café en general,
arroz, maíz, aceite en bruto, margarinas, azúcares,
jarabes de arce(maple), glucosa, melaza de caña,
chicles, mezclas para jugos, picadura de tabaco para
hacer cigarrillos, extractos, alcohol etílico, aguardiente, textiles y confección, vehículos, calzado.
Para 2006, las exportaciones hacia Panamá ascendieron a US$63 millones, esto representa un incremento del 36% de las exportaciones respecto al año
2003.
El tratado tiene por objeto alcanzar una integración
progresiva de ambas economías, lograr la ampliación de sus mercados, incrementar la producción
y propender hacia la coordinación de sus políticas
arancelarias y de incentivos fiscales al desarrollo
industrial de ambos países.
La firma de un Tratado de Libre Comercio representa la oportunidad de integrar al país con otro mercado que es complementario, dado que en Panamá, la
economía está fundamentada principalmente en el
sector de servicios, lo que representa una gran oportunidad para el desarrollo de los productos salvadoreños. El Tratado de Libre Comercio se constituye
como un instrumento de gran oportunidad para las
empresas salvadoreñas que deseen incursionar en
el mercado panameño, sin obstáculos arancelarios
y no arancelarios.
Principales productos exportados a Panamá
Té, café, extractos, licores (vodka), vacunas, medicamentos, vitaminas, dentífricos, champús, desodorantes, herbicidas, cajas, cajones, jaulas de plástico,
cueros y manufacturas, papel higiénico, toallitas
con o sin impresión, cajas de papel o cartón corrugado, sacos y bolsas de papel, tejidos, telas, artículos
hilados, toallas, alambre de púas de hierro o acero,
clavos, grapas, puertas, ventanas, marcos, hachas,
piochas, grifos, lápices, bolígrafos, perfiles, ángulos,
muñecas, escobas de plástico, entre otros.
Los productos excluidos para ambos países son
Carnes bovinas, caballar, aves (frescos, refrigerados o congelados), tocino, grasa de cerdo, hígados,
288
Artesana elaborando tejidos.
Centroamérica - Estados Unidos – República
Dominicana (Central America Free Trade
Agreement, CAFTA)
Este tratado fue firmado el 28 de mayo de 2004 por
Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa
Rica y Estados Unidos. El 15 de agosto, se incorporó
la República Dominicana. Después de más de un
año de discusiones políticas, el 29 de julio de 2005, la
Cámara de Representantes del Congreso de Estados
Unidos aprobó el CAFTA con una votación de 217
a 215. El CAFTA fue adoptado por El Salvador
en diciembre de 2004; Honduras y Guatemala, en
marzo de 2005; los Estados Unidos, en julio de
2005; Nicaragua y la República Dominicana, en
septiembre de 2005.
Inicialmente, se fijó la implementación del tratado
para el 1 de enero 2006, pero a mediados de diciembre de 2005, la USTR (Oficina del Representante de
Comercio de los EEUU) anunció que, en su estimación, los países de Centroamérica habían fallado en
decretar las leyes necesarias para que sus sistemas
legales estuvieran completamente en concordancia
con los cambios demandados por el CAFTA.
La USTR inició un proceso de implementación
individual y certificó, caso por caso, a los países
que estuvieran listos para implementar el CAFTA.
Como resultado de esta política, el tratado se implementó, primero en Estados Unidos y El Salvador el
1 de marzo 2006; en Nicaragua y Honduras, el 1 de
abril 2006; y en Guatemala, el 1 de junio 2006. No
cabe duda que, por las dimensiones del mercado
estadounidense, este tratado es el más importante
para El Salvador.
Algunos aspectos esenciales comprendidos en el
CAFTA son:
Acceso agrícola
El 89% de productos agrícolas salvadoreños gozarán de cero arancel al ingresar a los Estados Unidos
desde el momento de la entrada en vigencia del
tratado (este porcentaje representa el 95.15% del
comercio de El Salvador hacia los Estados Unidos).
Entre estos productos se encuentran: miel natural,
jugos de frutas (melocotón, manzana, pera, entre
otros), gaseosas, cerveza, bebidas étnicas (horchata,
cebada, refresco de chan, etc.), así como los productos étnicos (ajonjolí, loroco, semita, quesadillas,
tamales, pupusas, especias, atoles, entre otros). Los
productos nostálgicos de exportación a Estados
Unidos son: tamal enlatado, frijoles enlatados, frijoles blancos, chipilín, hoja de mora, verdolaga,
flor de izote, pito, semilla de paterna, quesadilla
de queso, torta de yema, salpor, dulce de mazapán,
quiebra dientes, conserva de coco, queso blando,
queso capita, queso morolique, quesillo (achiclado),
cebada, chilate, atol chuco y atol de elote.
Tablillas de chocolate.
Respecto al Programa de Desgravación para las
importaciones provenientes de los Estados Unidos,
El Salvador desgravará de manera inmediata, a la
entrada en vigor del tratado, un 53% de productos, los cuales representan el 49% del comercio de
Estados Unidos hacia El Salvador. Con respecto
a lo anterior, adquiere importancia señalar que el
24% de esos productos agrícolas ya gozan de libre
comercio con todo el mundo, ya que el arancel a la
importación de Nación Más Favorecida (NMF) es
del 0%. Para los productos agrícolas de sensibilidad,
se negociaron como mínimo entre 15 y 20 años
como plazo de desgravación.
Para ciertos productos, se dará una desgravación
no lineal, es decir que la desgravación será menor
al principio y se incrementará al final del período
de desgravación; en algunos casos, como lácteos,
pollo y arroz, incluye hasta 10 años de gracia, lo que
significa no desgravarse en ese plazo inicial.
Acceso industrial
El 99.73% de productos industriales exportados
hacia los Estados Unidos gozará de desgravación
inmediata (este porcentaje representa el 100% del
comercio en productos industriales). Únicamente
el 0.27% de los productos industriales, equivalente
a 19 líneas arancelarias, se desgravarán en el plazo
máximo de 10 años. En los últimos 3 años, las líneas
arancelarias sujetas a desgravación de 10 años no
han reflejado cifras de comercio.
En cuanto a los beneficios alcanzados en el ámbito
de la negociación industrial, se destaca la ampliación de los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca
del Caribe (ICC). En la actualidad, tales beneficios se limitan a preferencias arancelarias, es decir,
reducción del arancel NMF y no cubre el universo
arancelario industrial.
Con el TLC, estos productos gozarán de cero arancel de manera inmediata, por lo que se generará
grandes oportunidades de exportación de productos como: anzuelos, palas, piochas, empaques, productos de hierro y acero, medicamentos, artesanías,
entre otros.
289
Textiles y confección
Todos los productos textiles y de confección ingresarán al mercado de los Estados Unidos con arancel
cero desde el primer día de vigencia del TLC, esto
genera enormes posibilidades de crecimiento para
el sector textil salvadoreño. Se proyecta que esta
eliminación arancelaria dará un nuevo impulso a
la inversión productiva, mejoras tecnológicas y un
aumento de las exportaciones que generaran mayores oportunidades de empleo.
Zonas francas y drawback
Se asegura que los productos salvadoreños elaborados en zonas francas y aquellos que se benefician
de la devolución del 6% sobre el valor FOB exportado (Ley de Reactivación de las Exportaciones),
gozarán de libre comercio inmediato siempre que
cumplan las reglas de origen del TLC. Esto garantiza gozar de los beneficios del TLC mientras la Ley
de Zonas Francas y de Comercialización y la Ley de
Reactivación de las Exportaciones estén autorizadas
por la OMC.
El CAFTA se hizo efectivo desde el 1 de marzo de
2006. De modo que para 2007, el 97.9% de los productos nacionales ingresaron libres de aranceles
a Estados Unidos, de igual forma lo hizo el 77.8%
de los productos estadounidenses al momento de
entrar al territorio salvadoreño.
de los países que componen el CAFTA-DR. Por su
parte, según el Ministerio de Economía, el primer
año de vigencia del tratado, las exportaciones de alimentos y productos agroindustriales experimentaron el mayor crecimiento; en cambio, en el segundo
año, fueron productos industriales como textiles, calzado, material eléctrico y electrónico los de
mayor crecimiento. Solo el sector textil representó
aproximadamente el 73% de las exportaciones totales hacia Estados Unidos y registró un crecimiento
de 5.1% en 2007 respecto del 2006. Las exportaciones totales pasaron de $1,980 millones de dólares
correspondientes al primer año de vigencia del
CAFTA-DR a $2,023 millones al cierre del segundo
año. Los productos no tradicionales mostraron un
ascenso, ya que del 40%, antes del tratado, pasaron
al 48% en el segundo año de vigencia.
Consecuencias negativas
Si bien para algunos economistas todavía no se han
manifestado consecuencias negativas derivadas del
CAFTA, para otros sí existen evidencias. Para estos
últimos, prueba de ello es el desplazamiento que
se está llevando a cabo de la producción local. La
importación a Centroamérica de productos como
carne fresca y una variedad de productos lácteos ha
incrementado drásticamente. Algunos creen que
esas importaciones tienen relación directa con el
aumento de la inflación. También indican que, a
pesar de las promesas, el incremento de productos importados desde los Estados Unidos no se
ha logrado una disminución en los precios de los
alimentos. Del mismo modo, debido a la falta de
apoyo a la economía rural la gente continúa emigrando. Señalan también que siguen las violaciones
laborales.
Glosario
Lácteos importados de Estados Unidos.
Resultados del CAFTA
De acuerdo con las cifras del Departamento de
Comercio de Estados Unidos, al cierre del segundo año de vigencia del CAFTA, El Salvador fue el
segundo país con mayor crecimiento en exportaciones hacia Estados Unidos con relación al resto
290
Drawback: Beneficio tributario aduanero que
favorece al productor exportador y que consiste en la restitución o devolución del impuesto.
Valor FOB (Free on Board): Término de comercialización internacional que indica el precio de la mercancía a bordo de la nave o aeronave, sin incluir fletes, seguros y otros gastos
de manipulación después de embarcada la
mercancía.
El Salvador – Honduras - República de China
(Taiwán)
Este tratado se firmó el 7 de mayo de 2007. El acuerdo se logró después de efectuar cuatro rondas de
negociaciones, las cuales iniciaron en mayo de 2006 y
finalizaron en noviembre del mismo año. Este constituye el primer tratado que establece El Salvador con
un país asiático, y para Taiwán representa el cuarto firmado con países centroamericanos. Algunos
beneficios de este TLC son: acceso inmediato de
64.4% de productos salvadoreños al mercado de
Taiwán libre de aranceles; además, el 57% de las
exportaciones de Taiwán entrarán al país sin gravámenes. El tratado incluye capítulos de inversión
y cooperación.
Antes del tratado, según estadísticas del Banco
Central de Reserva (BCR) de El Salvador para 2005,
las ventas de El Salvador a Taiwán sumaron 5.7
millones de dólares, además, y las compras alcanzaron los 71.3 millones de dólares. Durante 2006,
las exportaciones ascendieron a 6.02 millones de
dólares, mientras que las importaciones alcanzaron
76.06 millones de dólares.
Bancos
nacionales
vendidos
Banco
Ahorromet
Banco de
Comercio
Banco de
América
Central
Banco
Cuscatlán
Banco Uno
Banco
Salvadoreño
Banco
Agrícola
Año de Bancos extranjeros comcompra- pradores y nacionalidad
venta
de capital
1997
The Bank of Nova Scotia,
capital canadiense
2005
The Bank of Nova Scotia,
capital canadiense
2005
General Electric, capital estadounidense
2006
2006
2007
2007
Citibank, capital estadounidense
Citibank, capital estadounidense
HSBC, capital británico
Bancolombia, capital colombiano
Fuentes: varias.
Globalización cultural
Por otra parte, la globalización también se ha dado en
el plano cultural. Esta dimensión de la globalización
ha sido rica y variada, canalizada por factores como
la literatura y las ciencias, las nuevas tecnologías
de la información y la comunicac