Ecoturismo y patrimonio biocultural

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Ecoturismo y patrimonio biocultural
 Ecoturismo y patrimonio biocultural: ¿Mercancía o justicia ambiental? Abril / 2015 Implicaciones y recomendaciones de política
Para que el ecoturismo sirva a sus propósitos de promover el bienestar social y el equilibrio de los ecosistemas, la política gubernamental tendrá que reconsiderarse, entregando la iniciativa a las comunidades involucradas y asegurando una selección de visitantes para evitar la reproducción de los patrones culturales del turismo de masas en zonas frágiles y culturas vulnerables. Para lograr estos fines sería aconsejable: a) Promover un código de ética entre los promotores para garantizar control de la actividad por los propios residentes del área; b) Proporcionar los recursos adecuados para que las facilidades para la recepción de los visitantes sea de acorde con las condiciones ambientales y respeten a las costumbres de la región; c) Asegurar control de los ingresos por grupos comunitarios, evitando así la privatización de la actividad y sobre todos los beneficios; d) Integrar a los visitantes en las actividades de conservación ecológica ; e) Facilitar el conocimiento de las actividades comunitarias relacionadas con la preservación de las tradiciones y el fortalecimiento de las instituciones que aseguran la autonomía de la comunidad. Introducción
El ecoturismo ha surgido como una respuesta “mágica” desde el sector gubernamental en México y en otros países del sur. Parten del supuesto de que esta actividad ofrece la oportunidad para que las comunidades receptoras reciban a visitantes que quieren conocer y contribuir a sus esfuerzos por proteger sus entornos naturales; de esta manera, el ecoturismo generaría ingresos y nuevas oportunidades para estos grupos. Para el gobierno mexicano, el ecoturismo es una línea para ampliar sus esfuerzos de generar crecimiento y proteger la riqueza biológica y cultural. 1 En este entorno, existe un debate sobre el papel que puede asumir el patrimonio biocultural para el impulso del ecoturismo. Por el lado oficial, este patrimonio forma parte de una “oferta” adicional de turismo; implícitamente, se considera como una mercancía para extender las lógicas de ganancia e impactos del turismo convencional a nuevos ámbitos. Con ello, programas de gobierno (cada vez más) subordinan los apoyos económicos al logro de estas metas. En contraste, están surgiendo iniciativas comunitarias que identifican al patrimonio biocultural como una base en la construcción de estrategias económicas alternas que promuevan mayor equidad y justicia ambiental. Con base en la participación comunitaria en discusiones sobre estas diferencias, este documento resalta la lógica de sus propuestas y las diferencias que surgen en sus tratos con las autoridades. Propone que la implementación centralizada de la política de promoción ecoturística con base en normas sectoriales no sería tan efectiva como un programa que impulsara su diseño y operación por las propias comunidades para asegurar una oferta que asegurara la justicia ambiental. Evidencia y análisis
1. Dilemas en el impulso del ecoturismo Desde el marco de la política pública, identificada por su subordinación a los procesos de la integración económica internacional, prevalece la visión de valorar el patrimonio de las comunidades como una ventaja competitiva ante un nicho de mercado emergente; como una mercancía dentro de los esquemas de la industria del turismo convencional. Con ello, la planeación y gestión de la actividad se basa en la identificación y construcción de indicadores de rentabilidad a través de un análisis costo‐beneficio y la cantidad de visitantes; e incluso de la recomendación de adaptar el patrimonio natural y la cultura local a las necesidades requeridas por el nuevo nicho de mercado. Desde este criterio, se pretende generar una oferta gestionada por actores con experiencia en el sector, incorporando a las comunidades y sus miembros como oferentes “folclóricos” de servicios ‘culturales’ y ‘naturales’ así como artesanales que no requieren cambios en el modelo dominante del producto, o cambios en las expectativas de los turistas. Este modelo está generando el patrón de injusticia social que caracteriza a la sociedad, provocando conflictos distributivos (económicos y ecológicos) inherentes a la racionalidad del mercado, y con ello altos costos hacia las comunidades anfitrionas y sus hábitats (Barkin, 2000). 1.1. El turismo de “sol y playa”: el modelo heredado para el desarrollo Desde mediados del siglo pasado, la oferta turística de “sol y playa” había generado altas expectativas sobre su contribución al desarrollo de México. La infraestructura disponible en los grandes centros turísticos como Acapulco, Ixtapa‐Zihuatanejo y Riviera Maya, entre otros, había sido definida como parte de los ejes de atracción turística más importantes. Las expectativas de entradas de divisas y generación de empleos habían sido reconocidas como los indicadores adecuados de la contribución de esta oferta al proyecto económico del país. Sin embargo, en las últimas dos décadas las expectativas sobre este tipo de turismo se vieron cuestionadas por un sector de la sociedad en función de su impacto y costos en la esfera sociocultural y 2 ambiental de la población anfitriona y trabajadora. No obstante las pretensiones originales, existen indicadores para desautorizar los supuestos logros para favorecer el ingreso de divisas y del empleo. Este gran turismo de sol y playa tiene cuatro características que limitan sus posibilidades de contribuir al desarrollo local: a.
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la incorporación de alta tecnología disminuye las posibilidades de generar empleo; los paquetes de “all‐inclusive” confinan las actividades dentro del complejo turístico; la propiedad y las franquicias requieren altos pagos a empresas extranjeras; las altas proporciones de importaciones de los consumibles en estos desarrollos. 1.2. El patrimonio biocultural como la oferta turística: visión gubernamental Para lograr el crecimiento de los nichos de mercado turístico orientados al entorno natural y cultural, el gobierno mexicano ‐en algunas ocasiones con el apoyo de organismos internacionales‐ ha explorado otros productos complementarios al de “sol y playa”. Dada la diversidad cultural y biológica del país, el gobierno mexicano ha identificado a este patrimonio como un importante instrumento para la diversificación de la oferta turística. En México, como en otras partes, es conocido como turismo alternativo o ecoturismo, en el cual incluye el de naturaleza, el rural, el de aventura, y el cultural. Una variante reciente de esta promoción es su programa de “Pueblos Mágicos” que abarca 83 sitios que ostentan valores socio‐culturales, muchos de los cuales están asociados con el “México profundo” (con profundas raíces indígenas) (Bonfil, 1987) e insertados en proximidad a regiones con importantes recursos naturales. En el apartado del sector turístico del Plan Nacional del Desarrollo 2013‐2018 y su traducción en las estrategias (4.11) plantea como línea de acción el reconocimiento de un buen posicionamiento de México del “Turismo de sol y playa,” pero identifica la necesidad de incorporar al ecoturismo (en todas sus acepciones) como una oportunidad de generar una mayor derrama económica con menores inversiones; en todo momento, su visión es un turismo de masas, sobre todo de extranjeros. Así, la idea del patrimonio natural y cultural es considerada como un importante componente para ampliar la oferta en un mercado altamente competitivo. Fundamental en este enfoque es la historia de un financiamiento estatal de las grandes inversiones en infraestructura y créditos baratos para los empresarios posicionados para dirigir los flujos de visitantes. Paralelas a esta visión del ecoturismo, desde las esferas gubernamentales vinculadas con la promoción del turismo, persisten otras perspectivas como las de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). Desde la SEMARNAT, y su dependencia la Comisión Nacional de las Áreas Naturales Protegidas, se han enfatizado programas de ecoturismo vinculados a las áreas naturales protegidas o las forestales. Por su parte en la CDI se enfatiza al turismo como una herramienta que contribuya a la búsqueda de beneficios económicos, pero también para el aprovechamiento y cuidado del patrimonio natural y cultural. A pesar de que la SEMARNAT y la CDI son responsables de proteger el patrimonio natural y cultural, se supone que el ecoturismo debería generar las ganancias esperadas por los “tour operadores” quienes prometen el tráfico hacia estos sitios. Aun cuando son pocos los sitios que cumplen con las expectativas, esta 3 comercialización de las expresiones culturales perturba profundamente las estructuras sociales y económicas y las tradiciones de las comunidades. 1.3. El fortalecimiento del patrimonio biocultural y el diálogo intercultural: esencias del ecoturismo El término de ecoturismo ha sido incorporado de manera general en casi todos los países. Muestra de ello es que la Organización de las Naciones Unidas declaró el 2002 como el Año Internacional del Ecoturismo. Uno de los pioneros en promoverlo internacionalmente ha sido el mexicano Héctor Ceballos Lascuráin (1998). Nuestra discusión del tema en este documento parte de la conceptualización de ecoturismo aportada por una de las investigadoras con mayor renombre en este ámbito, Martha Honey (2008), quien menciona de manera resumida las siguientes características de lo que considera como el ecoturismo auténtico: a.
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Incluye viajes a áreas naturales; Minimiza los impactos en el lugar de residencia; Contribuye a aumentar la sensibilidad ambiental; Proporciona beneficios económicos directos para la conservación; Proporciona el empoderamiento de las comunidades locales; Es respetuosa de la cultura local; Es sensible al clima político ambiental y social del país anfitrión; y Apoya a los derechos humanos y acuerdos internacionales en materia laboral. 1.4. El diálogo intercultural en el ecoturismo Un elemento central de las discusiones teóricas sobre el ecoturismo está marcado por la articulación entre el visitante y el anfitrión, y de la posibilidad de construir el denominado “diálogo intercultural” o de saberes. Cuando se hace referencia a este concepto (diálogo intercultural o de saberes) se está reconociendo que se pretende establecer una relación entre sujetos portadores de visiones, cosmovisiones y racionalidades diversas, y potencialmente antagónicas. Se trata del fomento de un diálogo entre los diferentes sujetos sociales que confluyen en el espacio y tiempo de la comunidad anfitriona; de reconocer la existencia de diferencias culturales entre los sujetos; de contrastes que en muchos casos están mediados por relaciones de poder. Bajo las condiciones específicas de las comunidades locales con una ascendencia en la cultura mesoamericana, entonces, se plantea construir un diálogo que permita identificar y superar los modelos ortodoxos que tienden a transformar al patrimonio biocultural y las prácticas productivas y sociales comunitarias en mercancía para su comercialización (Boege, 2008); sin embargo, la realidad es otra: los visitantes tienen un contacto efímero con sus anfitriones, relatado de manera anecdótica en su regreso, mientras que los locales sufren modificaciones sustanciales en sus patrones de vida. 4 2. Voces desde las comunidades anfitrionas y otras experiencias Varios son los dilemas y retos sobre las expectativas del ecoturismo. En este apartado se emiten algunas de estas expresiones desde sus diferentes actores. En primer lugar se resalta la identificada por las propias comunidades; específicamente de las pertenecientes a la Sierra Juárez de Oaxaca (SJO), para posteriormente incluir otras perspectivas. Con respecto a la reflexión dada en la SJO se identifican las siguientes, las cuales pueden tomarse en cuenta en la definición de políticas: a. Existe una pluralidad de estrategias de organización comunitaria para desplegar la actividad del ecoturismo. En esta diversidad se reconoció que, a pesar de que existe una matriz cultural semejante en las comunidades serranas, co‐existen matices ambientales y de organización local que pueden conjugarse para ofrecer un abanico de diversidad y conceptos de ecoturismo. Por ejemplo, en algunos casos se puede enfatizar más el aspecto cultural, mientras que en otros el aspecto natural, o combinaciones de los dos. Ello favorece la complementariedad del desarrollo del ecoturismo de manera regional y no segmentado y en competencia. b. El tema de la formación de los comités de turismo, o sus equivalentes, se ha señalado como uno de los puntos nodales. De manera específica, se identificó que la formación del comité de turismo a través de los cargos permite que la comunidad tenga un mayor control de los procesos de la actividad turística. Pero al mismo tiempo, se expuso la contradicción y dificultades operativas y de continuidad que representa desarrollar la actividad turística desde este marco de organización. En este punto se planteó la necesidad de encontrar estrategias de planeación y gestión turística que, por un lado, revaloricen la importancia de la supervisión local e interés comunitario, pero que, por otro, permita dar continuidad, flexibilidad, eficiencia y eficacia. c. En el inicio de la actividad ecoturística desplegada por cada comunidad existió un desconocimiento sobre la forma e importancia que reviste el trabajo de planeación. En muchos casos, la idea del turismo se asoció con la imagen de ofrecer cabañas para que diversos visitantes pudieran descansar en un ambiente rural. En esta perspectiva, se valoraron tres aspectos: por una parte, el constante interés de algunos comités por realizar procesos de autoaprendizaje; en segundo término, la necesidad de realizar ejercicios de planeación, al menos con un escenario a mediano plazo de cinco años; y, finalmente, se mencionó la importancia y la función académica y social de las universidades para acompañar los procesos de la actividad turística de la Sierra Juárez desde una perspectiva de mayor responsabilidad social y ambiental. d. La actividad ecoturística reviste importancia como una táctica de las comunidades para mitigar y quizás contrarrestar los efectos de la migración y desempleo. Se reconoció, en este sentido, que si bien el turismo comunitario debe ir orientado a diversificar las acciones productivas globales de la localidad con el fin de generar excedentes económicos que pueden usarse para elevar la calidad de vida y asegurar la conservación ambiental comunitaria, no representa el único y último objetivo de la actividad turística. Se menciona que la identificación y la valoración del patrimonio cultural y ambiental por parte de la propia comunidad, es un atributo fundamental que les ha proporcionado la actividad turística, y que por tanto es digno de ponderar en la valoración del turismo comunitario. e. El trabajo realizado por las Redes de Ecoturismo en la Sierra Juárez de Oaxaca es fundamental para conjugar y sumar esfuerzos de los proyectos turísticos serranos. 5 f.
Son tres los grandes retos del sector del ecoturismo en la región: la capacitación con vocación comunitaria e interculturalidad; construcción de infraestructura acorde a las condiciones culturales y ambientales; y el impulso de la difusión de la actividad hacia mercados solidarios. g. Otros aspectos mencionados fueron los de buscar mayor congruencia entre los siguientes aspectos: (a) el discurso ambientalista con la práctica; ello implica que la actividad turística no puede estar aislada del entorno sociocultural y ambiental en el que se desenvuelve la comunidad; (b) la ampliación y diversificación de la oferta turística de las comunidades, pero con una definición clara de la capacidad de carga; (c) la gestión turística con sentido comunitario del interés colectivo, pero a la vez eficaz y eficiente; (d) la continuidad de apoyos gubernamentales para ser considerados como inversión y no gasto, pero a su vez con posibilidad de evaluar dichos apoyos a través de criterios e indicadores no solo de rentabilidad económica, sino de la contribución de dicha inversión en el aumento de la capacidad autogestiva de la comunidad para controlar los procesos administrativos y la preservación y aumento del patrimonio cultural y ambiental; y e) el fomento de un diálogo intercultural y de saberes entre las aportaciones formales de la academia (universidades) y el saber local, pero también entre visitantes y anfitriones. h. El intento oficial de implantar el programa de “Pueblos Mágicos” en la comunidad de Capulalpam en la SJO ha provocado importantes transformaciones en la realización de sus rituales así como conflictos intracomunitarias relacionados con el control del proceso y el aprovechamiento de los beneficios de las actividades, marginando a los líderes tradicionales y ocasionando daños materiales y ambientales de consideración. Como en varios otros pueblos participantes, hay una creciente oposición al modelo que contrapone un modelo empresarial contra una organización comunitaria basada en valores de defender la calidad de vida y sus ecosistemas. Otro asunto relevante identificado es el desafío importante de las empresas comunitarias de ecoturismo frente a las políticas públicas. Uno de ellos está relacionado con el tema fiscal. A pesar de que las empresas cumplen otras funciones sociales diferentes a las privadas, son tratadas por la Secretaria de Hacienda y Crédito Público bajo los mismos criterios a través del pago del impuesto sobre la renta (ISR). Este conlleva a una transformación de ciertas de sus estructuras de decisión y de operación, confiriendo mayor control a “técnicos” que no piden el apoyo social para manejar recursos comunitarios. 3. La perspectiva académica desde la economía ecológica y solidaria El grupo de trabajo del proyecto de “Soluciones Locales para la Justicia Ambiental” entendió que las iniciativas comunitarias proponen romper con el tipo de valoración monetaria del patrimonio biocultural que las instancias gubernamentales pretenden incorporar en el desarrollo de las empresas ecoturísticas comunitarias. En términos generales propone incluir los siguientes criterios y orden de prioridad (para la valoración): (a) El tema de la escala de la sustentabilidad; es decir, la base del patrimonio natural. Lo cual está relacionado de manera directa con el respeto de los procesos biofísicos y de mantenimiento de la resiliencia de los ecosistemas, en el que el atributo de la conservación de la biodiversidad desempeña un papel central. La noción de capacidad de carga, resiliencia y el principio de precaución desempañan un lugar metodológico relevante para esta valoración. 6 (b) La dimensión de la herencia cultural de la comunidad anfitriona expresada como parte de un patrimonio cultural, que incluye aspectos intangibles como la cosmovisión. Este punto se considera de alta relevancia, ya que la propuesta de ecoturismo asumida prevé el encuentro entre grupos culturalmente diferentes, pero cuyo encuentro no se desarrolla a través de una relación vertical, sino de tipo horizontal. De ahí se derivan los aspectos innovadores de una educación ambiental desde una perspectiva de la interculturalidad. (c) El mecanismo de la distribución de recursos entre personas; es decir, los instrumentos que promuevan una mayor justicia y equidad. Generalmente esta función está determinada a realizarse a través de los impuestos y su traducción en apoyos a la infraestructura de la comunidad; sin embargo, este apartado se entiende de una manera más amplia como, por ejemplo, la generación y distribución de excedentes desde una perspectiva comunitaria, es decir, no sujeta a las lógicas proletarias. En este punto también se reconoce la función social que (d) El Estado Mexicano debe promover, de acuerdo a lo dispuesto en su artículo 25 constitucional, una justa distribución de la riqueza desde un desarrollo integral y sustentable. En este punto encaja la relevancia y participación del Estado y de otros grupos sociales como se plantea desde las premisas de la economía social y solidaria. (e) Al mercado como un mecanismo de asignación de recursos, pero subordinado a los tres aspectos anteriores. En esta fase, la incorporación de estrategias de la economía social y solidaria, del mercado justo, es fundamental como contraparte a la noción de mercado desde la racionalidad económica ortodoxa. Es decir, se trata de subordinar al mercado bajo formas de apropiación de la naturaleza ‐con mayores niveles de responsabilidad‐ que contribuya a satisfacer necesidades básicas y de organizar formas colectivas que aseguren la inclusión de los sectores en los nuevos compromisos asumidos por los impulsores de la economía social y solidaria. 4. La resignificación del ecoturismo para la sustentabilidad social y ambiental Emprender proyectos ecoturísticos ha requerido reflexiones importantes y profundas entre los miembros de las comunidades involucradas. Las iniciativas oficiales plantean al proyecto como una actividad “ganar‐ganar”, sin ningún riesgo. En el proceso, los participantes han descubierto que involucra un sinnúmero de consideraciones que han requerido replantear el propio significado de su sus proyectos locales de autonomía y desarrollo. Se dieron cuenta que los propios modelos para el alojamiento implican consideraciones culturales que se tornaron políticas en el momento de evaluar su funcionalidad y su relación con la comunidad; las decisiones sobre las soluciones para los baños, la energía, el agua, y la calefacción, involucraba importantes debates con los técnicos y contratistas gubernamentales que llegaban con sus modelos y respuestas bien armados. Otra discusión involucra el problema de quienes son o serían los visitantes (clientes, en el lenguaje dominante) y qué podrían exigir de ellos frente a las diferencias culturales y sociales. ¿Podrían definir las condiciones de la visita de tal manera que podrían excluir ‘clientes’ indispuestos a aceptar algunas condiciones que tomara en cuenta las condiciones sociales y las exigencias ambientales? ¿Sería posible definir y limitar la visita para que los clientes acataran a los límites impuestos por la comunidad, para tratar de comunicar algo de sus herencias y sus aspiraciones futuras? Cuestiones profundas que se 7 están enfrentando de una manera gradual a medida que consideran las implicaciones de abrirse a un modelo del ecoturismo. Para los investigadores del proyecto de “Soluciones Locales” ha resultado muy aleccionadora la paulatina sofisticación de los comuneros en sus procesos de decidir sobre estos proyectos y los pasos que están tomando para su implementación. La complejidad del proceso es notable frente a la simplicidad de los modelos de proyecto ofrecido por los ‘expertos’ del gobierno o los empresarios que obtienen concesiones en algunas de las áreas naturales protegidas. Resulta notable la facilidad como un modelo de organización corporativa, definido en términos de redes de comercialización y formatos de ‘paquetes’, que es definido y reproducido tan ampliamente puede enfrentar un muro de oposición que revela la profundidad de los supuestos culturales y hasta políticos que acarrea. Adoptar o adaptar el modelo no es un emprendimiento fácil en este contexto. Lo notable, es la claridad con que las comunidades entiendan que tendrían que forjar sus propios enfoques para poder avanzar. Entre los aspectos logísticos identificados por comunidades se encuentran los reseñados en el punto 2 de este documento. Ellos podrían servir de guía para la instrumentación de políticas gubernamentales más afines a los intereses de las propias comunidades. Un punto adicional: se trata de empresas con una vocación comunitaria y con mayor responsabilidad social y ambiental que una empresa privada. En este sentido, es recomendable que los programas gubernamentales incorporen, dentro de sus procesos de diseño y evaluación de proyectos de ecoturismo, múltiples criterios; y no subordinarlo a la simple rentabilidad costo‐beneficio expresado de manera monetaria. La contribución de estos proyectos a la conservación de la biodiversidad, la equidad y al diálogo intercultural no se pueden cuantificar monetariamente. El campo de la economía ecológica y solidaria ofrece herramientas metodológicas importantes para incorporar en el diseño y evaluación de las políticas públicas que pretendan contribuir a una mayor justicia ambiental. Bibliografía citada
Barkin, David. 2000. “The Economic Impact of Ecotourism: Conflicts and solutions in highland Mexico.” En: Godde, Pamela; Price, Michael, and Zimmerman, F., Eds. Tourism and Development in Mountain Regions. London: Cab International; pp. 157‐172. Boege, Ekart. 2008. El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México. Hacia la conservación in situ de la biodiversidad y agrodiversidad en los territorios indígenas. México: INAH, CDI/Educal. Ceballos Lascurain, Héctor. 1998. Ecoturismo, Naturaleza y Desarrollo Sustentable. México: Editorial Diana. Fuente, Mario y Fernando Ramos. 2013. “El ecoturismo comunitario en la Sierra Juárez‐Oaxaca, México: Entre el patrimonio y la mercancía,” Otra Economía: Revista Latinoamericana de Economķa Social y Solidaria, Vol. 7(12): 66‐79. Honey, Martha S. 2008. Ecotourism and Sustainable Development: Who Owns Paradise? 2ed., Washington, DC: Island Press. 8 Identidad de Autores
Mario Fuente y David Barkin Profesores de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (Ciudad de México), y la Universidad Sierra Juárez (Ixtlán, Oaxaca) y participantes en el programa “Soluciones Locales para la Justicia Ambiental ([email protected])
Identidad de Proyecto
Coordinador Dra. Barbara Hogenboom, Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos (CEDLA), [email protected] Comisión Europea Cristina Marcuzzo, DG Research & Innovation, [email protected] Consorcio 
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Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos, Universidad de Amsterdam (CEDLA‐UvA) www.cedla.uva.nl Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) www.clacso.org.ar Institut de Ciència y Tecnología Ambientals, Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA‐UAB) www.icta.uab.cat Institute de Recherche pour le Développement (IRD)
www.ird.fr Centre for Development and the Environment ‐ University of Oslo (SUM‐
UiO) www.sum.uio.no Centro de Desenvolvimento Sustentável, Universidade de Brasília (CDS‐UnB) www.unbcds.pro.br/pub Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM‐Xoc) www.xoc.uam.mx Instituto de Estudios Avanzados − Universidad de San ago de Chile (IDEA‐
USACH) www.idea.usach.cl Gino Germani Research Institute (IIGG) www.iigg.sociales.uba.ar Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Quito (UASB‐SQ) www.uasb.edu.ec Duración marzo 2011 – febrero 2015 (48 meses) Presupuesto Contribución CE: EUR 2.699.310,‐ Página Web www.engov.eu Este Policy Brief solo refleja el punto de vista del autor. La Unión Europea no se hace responsable por cualquier uso que se haga de la información contenida en el presente. 9 

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