Individualismo, colectivismo y comunitarismo

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Individualismo, colectivismo y comunitarismo
Individualismo, colectivismo y comunitarismo
Jaime Castillo Velasco
1. Algunas nociones generales: Filosofía, Sociología, Política
Tres palabras para definir tres posiciones. Estas tres posiciones estarían en el
casillero de la filosofía social, es decir, son filosóficas pero es una filosofía que se
refiere a la sociedad. La filosofía es algo así como la concepción fundamental que el
hombre tiene de la realidad, de toda la realidad, de la realidad tomada en conjunto. Se
tiene una filosofía del hombre, una filosofía de la sociedad. Ser filósofo es pensar
sobre el todo y tener una concepción acerca de qué es esa realidad total.
Cuando yo digo que el hombre es una persona, estoy afirmando una tesis
filosófica porque defino lo que es el hombre, el carácter del hombre es ser persona.
Entonces, tiene que entenderse el significado del concepto persona, que es una
afirmación que vale para todos los hombres, que no importa en qué momento se tome
a ese hombre, puede ser del siglo veinte como del siglo mil, o de cualquier momento
de la historia pasada. Es una afirmación que vale, por decirlo así, para el ser humano.
Este tipo de afirmación es una afirmación filosófica que se hace en función de la
esencia de la realidad.
Pues bien, este tipo de pensamiento se puede aplicar a la sociedad y se pueden
encontrar, entonces, algunas consideraciones fundamentales que valen para la
sociedad, para cualquier sociedad. Lo que yo voy a decir responde entonces a la
filosofía de la sociedad. Filosofía social no es lo mismo que sociología.
Sociólogo es el que estudia la sociedad para establecer simplemente cómo es la
sociedad, sin pronunciar ningún juicio de valor, sin decir, esto es verdadero o es falso,
esto vale o no vale, sino que simplemente el sociólogo establece la realidad,
establece, por ejemplo, las formas del matrimonio a través de la historia, establece la
realidad de que, en una sociedad, el factor económico tiene importancia, que influye
en determinadas formas. El sociólogo simplemente establece hechos, no pronuncia
juicios de valor, no valora, no dice “esto debo hacer”, sino que simplemente se limita
a establecer hechos, tal como el físico establece el hecho de que, habiendo tal grado
de condensación, el agua cae.
El científico establece los hechos y el sociólogo es un científico que establece
hechos, no valoriza, no determina qué está bien o qué está mal. Es filósofo, en
cambio, es el que valoriza, el filósofo es el que dice: “la sociedad está mal, hay que
cambiarla y hay que cambiarla en tal sentido”. Por eso, cuando Platón, por ejemplo,
escribió su libro sobre la República hace una obra de filosofía porque dice: “la
sociedad tal como yo la conozco no me gusta, está mal, hay que mejorarla y para esto
yo señalo las normas a que debe atenerse una verdadera sociedad humana”.
Cuando Marx, en el siglo XIX, escribe: la sociedad capitalista está en crisis y
envuelve una gran injusticia; esta sociedad capitalista hay que transformarla y hay
que hacer una “verdaderamente humana”, expresión que él usa, allí está haciendo
filosofía, porque está valorizando la realidad social. Lo humano es un valor. Las
cosas tienen que ser humanas, no pueden ser inhumanas, y tenemos que luchar porque
las cosas sean humanas. En consecuencia, hay, pues, una diferencia entre filósofo y
sociólogo. Por último, ni filósofo ni sociólogo son lo mismo que político. Político es
el hombre de acción, es el que finaliza el significado de los conceptos anteriores y
determine su acción.
Digamos: el filósofo dice, “la sociedad está mal, debe ser reformada”, el sociólogo
aporta algunos hechos que sirven al filósofo para decir: “ señores, hay que
transformar la sociedad en tal dirección”; el político es el que encarna esos conceptos
filosóficos y dice, en función de esos ideales, “yo los llevo a la lucho y yo trabajo por
transformar la sociedad”.
El político es, por tanto, el hombre práctico. El hombre de acción que actúa en
función de determinados principios, o sea en función de determinada filosofía. En
consecuencia, lo que ustedes van a recibir en el curso de estas charlas son los tres
aspectos, les van a hablar del aspecto filosófico, del aspecto sociólogo y de aspectos
políticos.
Cuando se expone el tema “Individualismo, Colectivismo y Comunitarismo”, se
lo expone en el terreno de la filosofía social, no de sociología, porque no me voy a
limitar a decir: “ciertas cosas existen” sino que se va a decir: está mal por esta razón,
y está bien por esta otra razón. Y de las tres posiciones, yo voy a elegir una y voy a
rechazar dos; de tal manera que estoy valorizando.
2. Individualismo
Individualismo es un concepto que enfatiza el término individuo. El individualismo
es la filosofía que descansa en el valor del individuo. El colectivismo se refiere a la
colectividad, o sea, que estamos realzando el valor de la colectividad.
El
comunitarismo es una síntesis de ambos, es una síntesis constructiva que deja de lado
lo que es erróneo en el individualismo, y en el colectivismo y coge lo que es verdadero
y hace de esto una síntesis superior. Es decir, es como la verdad implicada en el error
de las otras dos posiciones y convertida en una posición total y sintética. Ahora bien,
nosotros podemos decir que el individualismo es la concepción que destaca los valores
del individuo frente a la sociedad: es decir, cada uno de nosotros somos individuos,
pero al mismo tiempo vivimos en sociedad. La sociedad nos enmarca y dependemos
de la sociedad mucho más de lo que creemos. No nos damos cuenta en qué medida
dependemos de la sociedad; el solo hecho de que tengamos que mirar la hora significa
que estamos dependiendo de la sociedad porque la hora y esta urgencia de actuar según
la hora es, en última instancia, una imposición, por decirlo así, una necesidad social.
Nosotros nacimos al mundo y encontramos que hay relojes y que todo el mundo se
comporta según horarios determinados, uno se encuentra con estos hechos y los acepta.
El individuo, todos lo somos, nos encontramos en la sociedad y tenemos que vivir la
sociedad. Pero si yo concibo la sociedad como un conjunto de individuos cada uno de
los cuales desea algo y quiere realizarlo y para realizarlo uno dice: “a mi no me importa
la sociedad, lo que yo pretendo es satisfacer mis necesidad”, puede ser que ese
individuo se convierta en una especia enemiga de la sociedad, está contra la sociedad.
El delincuente, por ejemplo, está contra la sociedad, el delincuente típico diría que no
acepta la sociedad, simplemente se rebela contra la sociedad en la forma del delito.
Nosotros decimos que el individualismo es la filosofía que enfatiza el individuo contra
la sociedad. Eso es lo que definimos como individualismo y es en ese mismo sentido
que nos parece un error porque significa que a ese individuo se le reconoce el derecho a
estar en contra de la sociedad. La sociedad está fundada, según esta interpretación, en
el principio filosófico de que yo, Individuo, me puedo alzar contra la sociedad y eso se
reconoce como un derecho, o sea, se implanta un principio filosófico que destruye la
sociedad misma en forma automática.
Sin embargo, esta filosofía, aquí es donde debemos tener comprensión acerca de no
ser nunca sectarios ni dogmáticos, no parte siendo un defecto, un vicio. Parte siendo
algo así como una defensa del individuo porque pone el acento en los derechos del
individuo contra la sociedad por una razón histórica: la filosofía individualista se
desarrolla cuando las sociedades son despóticas, son tiránicas contra las sociedades de
la época de las monarquías absolutas en Europa; hay un desarrollo de una filosofía
nueva que pide libertad, que pide reconocer el derecho del ciudadano. Esa filosofía
dice a cada ciudadano: “usted tiene derecho; usted no es un esclavo, usted no tiene por
qué aceptar el dominio que por sobre Ud. Ejerce la monarquía, el monarca, la nobleza
como clase superior, sino que Ud. tiene derechos, porque Ud. es ciudadano y el
ciudadano es un hombre y el hombre tiene derechos por naturaleza”.
Cuando se desarrolla toda esta filosofía, nace lo que se llama el individualismo. Es
decir, nace la filosofía del Individuo, que es una protección contra el Estado gigante.
Entonces, naturalmente, apare lógica, aparece romántica, aparece como la satisfacción
de una necesidad profunda de libertad en el hombre. Los individualistas luchan por la
libertad contra las tiranías; y las grandes declaraciones de los derechos del hombre
responden a este movimiento individualista, en que se reivindica derechos frente a la
tiranía. Hay ejemplos históricos notables de valor, de coraje, de inteligencia en esa
lucha en defensa de estos grandes ideales de libertad, y de estos ideales de libertad
surge el régimen democrático; es decir, el régimen que consiste en respetar derechos.
La democracia es el régimen que tiene conciencia de que cada hombre tiene derechos y
que la ley o la norma que rige a la sociedad debe respetar los derechos. De tal manera,
el individualismo no es un vicio en sí, no es un mal. Digamos, el Individualismo sí,
pero la filosofía del Individuo no. Pero ¿qué sucede? Sucede lo que sucede con todas
las cosas humanas que corren el peligro de corromperse, de echarse a perder, de
transformarse en otra cosa cuando hay un germen de falsedad o de mal en ellas. El
individualismo es una verdad, es un bien en la medida en que destaca los derechos y se
llega a la noción de los derechos humanos. Porque esos derechos humanos son una
protección para todos los hombres, y en cierto modo, se defienden unos de otros. La
sociedad ya no puede ser tiránica, porque están las instituciones democráticas que
defienden contra la tiranía. Y si el tirano quiere actuar como tal, existen los derechos
que se ejercen habitualmente hasta incluso el derecho de rebelión. Pero, al amparo de
este énfasis en que el individuo es el rey, como dicen los anarquistas, es decir, que el
individuo es todo, y, por lo tanto, yo debo perseguir mis objetivos para ser feliz, para
satisfacer mis necesidades, de tal manera, que a mí ya ni me importa lo que pasa con el
otro que esté al lado; cuando el otro individuo deja de ser el prójimo de mí mismo y
pasa a ser aquél a quien puedo vencer legítimamente, porque yo tengo que perseguir
mis propios objetivos; cuando esta filosofía se desarrolla bajo tal concepción, bajo esta
dinámica interna, entonces resulta que, en los diversos niveles de la vida social, se
establecen los excesos, los abusos y nuevas formas de tiranía. En lo económico, por
ejemplo, este criterio individualista significa que el hombre debe hacerse rico; debe
satisfacer sus necesidades materiales, para esto necesita una estructura social,
económica; esta estructura económica es la propiedad entendida como conjunto de
derechos egoístas del individuo, una propiedad que no tiene sentido social, una
propiedad que tiene el sentido de favorecer los intereses exclusivistas del individuo, del
propietario, por lo tanto. Entonces, este individuo se siente como libre, y en eso
consiste para él su libertad, para actuar de tal manera que pueda perseguir sus objetivos
y utilizar los medios económicos en tal forma que llegue él a ser poderoso
económicamente.
Cuando esto es así, resulta que toda la sociedad se organiza bajo el principio de
favorecer al individuo que mediante cualquier procedimiento utiliza los medios
materiales para sí. La legislación, la estructura política, el parlamento y el poder
ejecutivo sirven los intereses de los individuos, los cuales llegan a ser poderosos, sobre
la base de esclavizar económicamente a otros. Entonces se constituyen las clases
sociales dominantes, en que unos pocos dueños de todo, esclavizan económicamente,
oprimen, o como se dice en mal castellano explotan a otros. Entonces, viene la
estructura de la sociedad capitalista, dividida en clases sociales antagónicas, en que
unos poseen los medios de producción y otros solamente su trabajo, en que el
antagonismo social es tremendo, lleno de odio, de lucha, en fin, de desigualdad y surge
más tarde la necesidad de cambiar esas mismas clases sociales.
Es decir, el
individualismo que empieza como una reivindicación de lo que hay de profundo y sano
en cada hombre, se convierte en un régimen social de desigualdad, de opresión. Se
convierte económicamente en un capitalismo. Se convierte socialmente en la lucha de
clases y se convierte filosóficamente en el predominio del egoísmo sobre la
Fraternidad. Tratemos, entonces, de contraponer el concepto de colectivismo.
2. Colectivismo
En el colectivismo, se acentúa el concepto de lo colectivo, exactamente lo contrario
del concepto de lo individual. Lo que vale es la suma de individuos, el conjunto, el
grupo, la colectividad. El pensador que destaca el valor de lo colectivo es, en la
expresión filosófico-política habitual, socialista.
Socialismo es, al principio, la
afirmación simple de la primacía del bien de todos sobre el bien del Individuo. Este
individuo que se alza contra el bien colectivo; el individuo que pusimos como ejemplo
típico (el caso del delincuente), la del individuo que solamente ejercita derechos. Este
último actúa como auténtico ser humano, y está, por lo tanto, ensamblado en una
sociedad que a su vez respeta los derechos humanos. Pero, se observa históricamente
que existe ese abuso, ya señalado a propósito del sistema capitalista, unos pocos
mandan a los demás; el poder económico de una clase social se transforma en un poder
político dictatorial; la democracia es falseada por las diferencias de orden económico.
Cuando se observa eso, viene el pensador colectivista o socialista y dice: ”hay que
reivindicar ahora, frente a este abuso de los individuos convertidos en clase social
dominante, el valor de la sociedad. Este valor de la sociedad tiene que pasar a ser el
valor fundamental y hay que ordenar la sociedad en función del valor colectivo.
Este concepto aparece claro porque nos da la noción esencial de que lo social, en
todos los diversos sentidos de esta palabra, es algo que vale. La sociedad no es una
suma de Individuos sino que es más que una suma de Individuos, es un ente colectivo
diríamos así, y eso se experimenta a cada rato, en lo más íntimo de la vida social. Se
siente la presión de la sociedad en torno, constantemente. Hablar delante de personas
no es lo mismo que hablar delante de unas bancas vacías. Por un lado, las bancas
vacías harían más fácil la tarea, porque no cohiben, no inhiben, no asustan, pero por
otro lado, tampoco estimulan. La sociedad es una realidad patente para todos nosotros.
Estos estados sicológicos de estímulo o de represión en grupo, se experimentan a
cada instante. A veces, una persona es “canchera” en un grupo dado, puede actuar con
mucha desenvoltura; en otro momento, puede que estén las mismas personas, pero
basta que estén en otro lugar para que haya un estiramiento, para que haya otra manera
de ser, otra forma de conducta; hay veces que esa persona se atreve a romper el hielo y
tiene incluso el deseo de romperlo; otras veces diría: “que me trague la tierra”, para no
estar presente. Eso sucede a cada paso. Estos estados psicológicos dependen de una
serie de circunstancias, dependen de un conjunto de razones que pesan en un momento
dado. Ello nos demuestra que lo social es una realidad profunda, que a veces nos
estimula y a veces nos deprime. Y, por eso, lo peor que puede hacer un sistema es
convertir a los hombres en elementos que forman una masa, lanzada o recogida de
acuerdo con ciertas maniobras, ciertos instrumentos prefabricados. Se puede hacer con
un ser humano todo, se le puede deshacer físicamente, sicológicamente, moralmente, o
se le puede levantar. El poder sobre la masa, sobre la multitud, sobre la opinión
pública, es enorme si se sabe manejar. El gran defecto que puede haber en todo esto, es
que, en vez de formar una comunidad de hombres libres, se haga de éstos, parte de una
masa amorfa que se deja llevar, y por lo tanto, es capaz de cualquier crimen y de
aceptar cualquier sometimiento. El pensador colectivista o socialista reivindica el valor
de lo social, sobre todo lo reivindica, moral y políticamente, frente a la sociedad
capitalista individualista. Establece, pues, nuevos derechos. Ya no son los derechos
del individuo, son los derechos de la sociedad frente a los abusos del individuo. Esto
es lo que enfatiza, esto es lo que se convierte en el centro del nuevo pensamiento.
¿Cuál es, sin embargo, la dinámica que tiene ese pensamiento? Otra vez lo mismo; si se
quedara en destacar la primacía de lo social sobre lo individuo, todo andaría muy bien.
Hasta allí el marco ideológico, moral filosófico y político está perfecto. En este
sentido, nosotros, todo ser humano auténtico, debiera ser partidario de esa primicia de
lo social. Eso corresponde sustancialmente a toda la filosofía cristiana. Cuando, en la
filosofía cristiana, en la época de Santo Tomás de Aquino para adelante, por, ejemplo,
se habla de la persona y el bien común, o sea, cuando se usa este concepto tan clásico
del bien común, lo que se está diciendo es precisamente eso: la primacía del interés de
todos, o sea la sociedad entera, sobre los individuos que se oponen a ella. Y es en
función de ese principio que se puede castigar al delincuente o que incluso se pueda
exigir. El patriotismo no pasa de ser una aplicación de principios en que lo social
prima sobre lo individual. Pero, ¿qué sucede? Sucede que, al enfatizar la primacía de
lo social, se puede correr el riesgo inverso al que vimos en el caso del individualismo, o
sea se puede correr el riesgo de convertir lo social en lo único que vale y en desposeer a
lo social de los valores individuales es decir, que se mire la sociedad como un conjunto
humano, pero que no se considere el derecho individual dentro de esa sociedad. Que se
mire solamente el derecho de la sociedad (frente a los individuos), pero no el derecho
de los Individuos frente a la sociedad.
Individualismo.
O sea, se ha trastrocado el cuadro del
Se le ha negado, se ha dado vuelta, y se elige como verdad lo
contrario; se pierde el sentido de que el individuo tiene derecho frente al poder
omnipotente y una sociedad era para que no existiese tal poder omnipotente. Ahora se
enfatiza la omnipotencia que está gobernando de arriba para abajo la sociedad. Y los
individuos pasan a ser los que no tienen derechos, los que en verdad están nuevamente
sujetos a una forma de opresión, una opresión inversa, pero tan opresión como la
anterior.
Si lo aplicamos a los diversos niveles de la vida social, vemos que, en lo
económico, esta primacía exagerada de lo social sobre lo Individual se transforma en la
economía colectivista, es decir, en la economía en que nadie es dueño de nada. Así
como antes la propiedad estaba fundada en el derecho del individuo y se suponía que el
individuo podía emplear su propiedad sin importarle el interés social, ahora se supone
que el Estado representa al interés social, y la economía está, por lo tanto, toda en
manos del Estado. No hay nunca un individuo que posea derechos económicos frente
al Estado. ¿Qué es el individuo frente al Estado como productor? No es nada más que
un asalariado; es un nuevo trabajador exactamente como en un régimen capitalista,
donde el trabajador, el obrero, no es nada más que alguien que recibe un salario para
una empresa que no le pertenece, que pertenece sólo al capitalista. Acá, en cambio, la
empresa pertenece al Estado y todos los hombres trabajan para el Estado y reciben sus
salarios. Es decir, es la misma relación de dueño de los medios de la producción y
trabajador de un régimen capitalista, pero sustituyendo a la clase patronal por el
Estado.
El régimen colectivista nos lleva, en lo económico, a lo que llamamos
precisamente colectivismo, o estatismo, o socialismo estatista, es decir, un socialismo
entendido como que solamente el Estado es centro del poder económico, social, e
ideológico del país. Esto, conduce en el plano político, así como antes nos llevó a la
democracia falsificada, a la democracia que no es auténtica, donde las condiciones
sociales permiten que un grupo minoritario pueda manejar y controlar el
funcionamiento de las Instituciones, contra la opinión auténtica de los ciudadanos;
ahora, se nos plantea el manejo de los hombres, a través del estado totalitario. El
Estado en que se supone que el Estado es todo. Estar dentro del Estado es el único
valor. El que quiera levantarse contra el Gobierno es aplastado. Es un hombre que
carece de derechos, de influencias, del derecho incluso de rebelión: porque la rebelión
está prácticamente suprimida en este mundo de dictadura absoluta que es el Estado
totalitario. Es decir, el Estado totalitario es otra manera de presentar la opresión del
régimen capitalista. El Estado totalitario, puede decirse, que, en este sentido, es aún
más poderoso, porque el instrumento “Estado”, en el siglo XX, puede llegar a ser tan
poderoso que simplemente destruye todo vestigio de personalidad. Es decir, en un
mundo en que incluso los mejores valores pueden estar totalmente falsificados. El
valor de la solidaridad, falsificado, el valor de participación en las tareas comunes,
totalmente falsificado. En el fondo, la gente actúa por miedo, el miedo es como la
razón íntima de la conducta de una sociedad entera, pero fingiendo los valores
espontáneos de la naturaleza humana. Se actúa como si fuese solidario con los demás,
se actúa como si fuere generoso y desprendido, pero en el fondo se está actuando sin
adjudicar un valor a la sociedad en que se vive, sino que solamente por un terror
congénito que sacude a todos los ciudadanos de todos los sectores, incluso entre los
que están mandando y especialmente en los que son mandados. El Estado totalitario se
vio en el régimen de Hitler en Alemania, se vio en las diversas formas del fascismo, se
vio también y se sigue viendo en el comunismo. El comunismo se ha zafado un tanto
del problema, todavía quedan las ramas la estructura, en los países comunistas, salvo
casos muy especiales, pero la peor época fue la época en que dominó Stalin, en la
Unión Soviética, y creo, que el que conoce esa etapa no tiene derechos a opinar en
1970 sobre nada. Allí se llegó a extremos de humillación de la persona humana que
recuerdan los peores momentos de la Historia. Y eso se hizo, y es lo importante como
lección que hay que sacar, en función de una ideología humanitaria y de una revolución
social igualitaria.
Sin embargo, esa revolución degeneró por la lógica de aquel concepto, en que se
empieza con la primacía de lo social, pero se enfatiza esto de tal manera que lo social
aparece como desprendido de los individuos concretos de carne y hueso que forman la
sociedad, y cuando no se reconoce el derecho de los individuos concretos, no se los
valoriza como tales, no se les reconoce una esencia que merece respeto. Sucede que se
implanta sobre ellos la estructura despótica y dictatorial y se vuelve al absolutismo.
No es extraño que a los enemigos, Stalin los llamara “perros rabiosos” y no es
extraño que a los enemigos de Fidel Castro se les llame “gusanos”, estos términos
indican su sicología: Yo puedo aplastar a un gusano y nadie me dice nada, porque el
gusano no vale nada; al perro rabioso se le mata de un tiro porque es perro rabioso.
Éstos son términos creados por ellos mismos, son sicológica y moralmente
significativos. Repito y resumo: el colectivismo es también una forma de vida social,
que partiendo una intención que procura rescatar un valor humano, sin embargo, por su
dinámica corre el peligro de llegar, otra vez, a contradecirse y a convertirse en otra
forma de opresión.
4. El Comunitarismo
El último concepto a explicar es el comunitarismo. La palabra tiene un defecto desde
el punto de vista idiomático porque parece que no es castellana.
El concepto
comunitarismo viene de comunidad y la palabra comunidad sí que es fácilmente
comprensible.
Tratemos de fijar qué queremos decir con esto dentro del mismo análisis
comparativo con las otras dos conclusiones. Comunitarismo es la concepción que
destaca simultáneamente el valor de lo individual y de lo social.
Dicho más
concretamente y en un plano político: que destaca y armoniza los derechos del
individuo frente a la sociedad, con los derechos de la sociedad frente al Individuo.
Esto solamente puede conseguirse en caso de disponer de una cierta estructura
conceptual que nos permita explicar esta relación. Si nosotros concebimos a cada
hombre, a cada ser humano, como un individuo cuyos derechos llegan, incluso, a la
destrucción de la sociedad, no estamos considerando a ese hombre como tal: porque él
sería una creatura que destruye su relación con otros hombres, porque destruye la
sociedad que es el conjunto de las relaciones entre los hombres.
Nosotros no
concebimos a la sociedad como aquella entidad que hace imposible y que destruye la
vida de los hombres, como ciudadanos independientes unos de otros, como seres en
suma. También esa concepción no podría ser humana, porque está destruyendo una
realidad que es la existencia individual de cada sujeto.
Tenemos, por tanto, que concebir al hombre de otra manera ; y por eso es que aquí
hay un concepto filosófico detrás de estas cosas. Tanto en el Individualismo como en
el colectivismo, el concepto del hombre que está ahí detrás, es el de un ser que puede
ser inhumano, porque puede actuar de tal manera que destruya las posibilidades
humanas de otros. Es un mero individuo, es una entidad social deshumanizada. Es
decir, la savia propiamente humana se ha restado en la concepción individualista y en
la concepción colectivista. Es algo extraño al hombre lo que los esta definiendo. En el
mero individuo, la mera materialidad y la satisfacción y las necesidades puramente
materiales e individuales. En el otro, es lo mismo, pero ahora convertido en una
especie de monstruo que es precisamente un poder social sin base moral, sin base
propiamente humana.
Entonces, hay que concebir al hombre de otra manera. Nosotros decimos que,
dentro de la tradición filosófica de origen cristiano, el hombre es persona, no es un
mero individuo. Tampoco es un ente social puro, sino que es una persona que vive con
otras personas, que convive con otras personas. En el lenguaje puramente cristiano,
eso significa ser prójimo de su prójimo. Todo el cristianismo está, en verdad, en la
noción del prójimo, cuando se concibe a otro hombre como a un próximo; es decir,
como a un hermano, como alguien que está cerca y que vale tanto como uno. Se está
dando a todos los seres humanos un valor sagrado, un valor que inspira respeto, que
inspira amor. Amar al prójimo en el lema cristiano es exactamente como definir al
hombre como persona. Persona es lo que cada uno de nosotros tiene de respetable en
sí, de superior a cualquier contingencia física, histórica y social.
Al hombre hay que definirlo como respetable en sí, como que posee derechos. Esto
que posee derechos no es más que una traducción jurídica-filosófica de esta noción
fundamental, que es entrañable en la raíz del ser humano. El hombre no es hombre
sino que en relación con otros hombres, en relación de amor, de amistad, de fusión
moral con otros hombres. Entonces, vale la concepción de que el hombre es alguien,
de que no es alguien al que se le pueda aplastar, no es nunca un insecto, ni tampoco es
la figura del jefe omnipotente por encima de los demás hombres.
No es un
superhombre, no es la imagen del dictador del estado totalitario, cualquiera que sea su
nombre, que se le concibe filosóficamente como superior, como omnisciente, como
todopoderoso. Si se estudian los excesos de megalomanía, los regímenes de tipo
totalitario llegan a las cosas más fabulosamente ignominiosas y grotescas que se
pueden imaginar, y posiblemente nadie lo imagina, si no se ha metido nunca en esos
problemas bastante a fondo.
Son cosas que los seres humanos prefieren olvidar
fácilmente para que no vuelvan.
El hecho es que si nosotros concebimos al hombre como persona, conviviendo con
otras personas, quiere decir que la sociedad de que forma parte es también una sociedad
de personas, en la que cada uno vale; cada uno tiene derechos y, por tanto, la sociedad
encarna una especia de relación humana de todos con todos.
Eso reivindica
simultáneamente lo que el individualismo quería señalar, que cada hombre es alguien
que tienen derechos y que es respetado. También reivindica lo que el colectivismo
quiere significar. Es decir, que la sociedad en sí es también respetada y procura
vincular estas dos cosas. Se vinculan en el concepto comunidad. La comunidad es la
relación, es estar en común, ser con otro, estar con otro con una relación afectiva, moral
profunda, humana. Se habla, por ejemplo en el leguaje universitario, de la comunidad
universitaria, reproduciendo con eso el concepto básico que dio lugar a la
“Universidad” en el sigo XIII. “Universidad” era en latín una palabra con la cual se
designaba la sociedad, la presencia del conjunto de personas dedicada a la enseñanza;
profesores, alumnos, etc. Formaban una totalidad, “universitas”, estaban para eso, para
la tarea de aprender y de enseñar, formaban entonces un grupo, una comunidad. Por lo
tanto, esta reproducción del término comunidad universitaria en la forma actual,
pretende decir que la Universidad es un mundo en que todos los que están allí trabajan
para algo, que es ese quehacer universitario, algo que los une, algo que los relaciona,
les da una solidaridad, una organización, una afectividad, una forma de
comportamiento, una forma de ser uno en otro.
Cuando se hablaba en el lenguaje de nuestro gobierno, del trabajo comunitario, del
equipamiento comunitario; cuando incluso en lenguaje religioso se habla de la misa
comunitaria, eso tiene el sentido de que se hacen las cosas en común, se mira el bien
común, el interés de todos, se trabajar para todos; uno trabaja para los demás, los
demás trabajan para uno. El sentido, por lo tanto, de una cosa viva, no es una cosa
meramente jurídica, exterior, burocrática, sino que es la comunidad.
El término
“comunidad”, “comunitario”, implica algo efectivo, profundo, concreto. Es la relación
con otro, explicada directamente; es una relación de convivencia, relación de
convivencia que exige todo los valores éticos del hombre en función de ser
auténticamente hombre, o sea, de amar al prójimo, de solidarizar con el otro, de
respetar los derechos de los demás, de ejercitar derechos función de un contexto
jurídico-social que es, en definitiva, la verdadera democracia.
La democracia entendida como en la frase famosa “el gobierno del pueblo, para el
pueblo y por el pueblo” es otra forma de explicar las mismas cosas; es decir, que se
constituye una especia de relación social en que cada uno, en vez de sentirse
disminuido frente a los demás, se siente engrandecido por ese contacto social.
La sociedad, ahora, en ese sentido, no es la sociedad masificada de un tirano que
maniobra sobre la masa. No es tampoco una sociedad de individuos que no tienen
relación entre sí y se comportan como lobos. El hombre como “lobo del hombre” es
una frase famosa para explicar la sociedad de egoísmo, de lucha, la sociedad de
desigualdad, de opresión. Se trata, precisamente, de hacer el esfuerzo para que eso no
sea así, sino que la sociedad sea realmente una comunidad, no sea un mero estar aquí,
sino que sea una comunidad, un estar para algo, un sentirse dentro de un marco común
en que la igualdad, la libertad, los valores, se viven en el respeto directo, concreto,
claro, de hombre a hombre, ser a ser. Habitualmente utilizamos y, creo que es una
buena orientación, dos fórmulas de pensadores famosos para explicar lo que sería el
sentido, la significación, ética, política y social de una sociedad comunitaria.
Una expresión es de Jacques Maritain, que habla de lo que la sociedad debiera ser:
“una comunidad de hombres libres”. La frase es muy buena porque de inmediato
coteja con las otras dos posiciones al señalar que es una comunidad; esta comunidad
reúne a hombres, y estos hombres son, dentro de esta comunidad, libres. No había
necesidad de decir quizás esto último, porque la palabra comunidad es una relación
exactamente humana, en que a mí se me da todo como ser humano, yo necesito y yo
doy también a los demás lo que ellos como seres humanos necesitan; quiere decir que
todos “somos libres”.
explicitar mejor.
Pero eso se dice en esa fórmula de Maritain, como para
Comunidad en que la libertad es vivida realmente, o sea, la
comunidad, el pertenecer a algo, el pertenecer a este grupo, a este país; a esta sociedad,
a esta humanidad, no es algo que me comprime, que me limita, porque habitualmente
se piensa que al pertenecer a una sociedad o un grupo, uno está limitado. Hay normas,
hay estatutos, hay constituciones, hay disciplina, hay montones de cosas, entonces uno
parece limitado. Pero si la relación es auténtica, no es de limitación, sino que es de
fusión espiritual, no es de Identificación moral. Entonces, uno no está limitado. Está
limitado cuando la relación no es perfecta. Si la relación es perfecta, entonces uno no
está limitado si uno que está realizando, engrandecido en todo sentido.
En
consecuencia, lo que la fórmula dice es exactamente el sentido profundo de la idea:
comunidad en que se vive la libertad, y, por lo tanto, cada hombre es hombre porque es
libre; es decir, porque se realiza él integralmente. Además, porque esta forma de
libertad que él tiene es la de vivir con los demás, para los demás, en los demás. Es
decir, una comunidad de hombres libres no es la sociedad individualista, porque la
sociedad individualista no es comunidad, la sociedad individualista es la ausencia de
comunidad; es aquella sociedad en que cada uno se persigue a sí mismo, no persigue un
fin social, no persigue un fin humano que los abraza a todos, sino que persigue su fin y,
por perseguir su fin, pasa a ser un animal puro y simple. Por lo menos, podemos
suponer, no es siempre en realidad, que el instinto animal a dirigido, como no es un
instinto social, hacia la necesidad egoísta del animal.
La sociedad totalitaria tampoco es una comunidad de hombres libres. Allí hay un
intento de comunidad porque ése es el sentido al decir: “lo colectivo es lo que vale”.
Reivindica la comunidad, pero falta la libertad. No es una sociedad libre, sino que es la
sociedad en que precisamente se ha degradado la comunidad para convertirse en una
sociedad dictatorial, en una sociedad en que unos pocos, otra vez, son los que poseen el
poder a través del mecanismo llamado Estado. Es decir, la fórmula de comunidad de
hombres libres nos orienta hacía una imagen de vida social que no es la sociedad
individualista, que no es la sociedad totalitaria y, por lo tanto, nos abre la puerta para
llegar a esa meta. ¿Cuál meta? La otra fórmula fue expuesta por un sociólogo italiano
del siglo XIX, Toniolo. El empleó la expresión de que la sociedad debe ser “una
comunidad de comunidades”, es decir, una asociación de grupos comunitarios. Los
grupos comunitarios constituyen una sociedad entera, un país por ejemplo, o la
humanidad entera, el mundo, las naciones. Las Naciones Unidas es un intento de
sociedad comunitaria; es decir, son grupos comunitarios ligados entre sí, que forman,
por tanto, una comunidad. Se puede decir: “la comunidad de naciones.”
La comunidad de las naciones está constituida por grupos, entes, digamos, que
podemos llamar grupos porque son grupos humanos organizados a escala mundial.
Se intenta hacer una comunidad de comunidades. En cualquier grupo social pasa lo
mismo y un grupo social es más humano, más realizado, más enriquecido, en la medida
misma en que se compone de más grupos, en que es más complejo, más rico en grupos
que lo componen, y que están organizados formando una trama. El organismo
biológico, el cuerpo humano, por ejemplo, es típicamente una comunidad de
comunidades, funcionan los órganos como comunidades que se engranan y constituyen
una entidad total.
Todo lo que se hace en este mundo tiene sentido comunitario, y cuando no se hace
con sentido comunitario, resulta que se hace mal. Puedo ser que a veces se tengo éxito
pero ese éxito trae luego un fracaso. Si se trabaja en el deporte, es característico que
todos los deportistas; entrenadores, directores, deportistas que conducen a otros, dicen
que lo esencial es el trabajo de equipo. En un deporte como el fútbol, lo esencial es el
trabajo del equipo, o sea lo comunitario. Es una reunión como ésta, lo esencial es el
trabajo comunitario. Por desgracia, sucede que a veces uno solo tiene que hacerlo
todo. Pero cuando uno solo lo hace todo y lo hace para el bien de los demás, el mérito
es de él; ese mérito de la persona que se sacrifica por los demás aunque no encuentre a
veces la reacción, el respaldo suficiente, ése pasa a ser gran valor social. El hombre que
muere por otro. ¿Cuál es el valor del Che Guevara? Que murió por otros, en tal manera
que eso vale siempre. Significa que hay que formar detrás de cada uno, el grupo
comunitario que actúa unido fuertemente por una voluntad, un interés, una amistad.
Uno se da cuenta de inmediato, cuando un grupo es un grupo comunitario, o cuando se
convierte en un grupo absorbido por el individualismo o por el totalitarismo; es decir,
cuando uno entra en una sala y hay esa cosa que se llama el “hielo”, un ambiente frío.
Ahí no hay comunidad, no hay fraternidad, no hay calor humano. Cuando uno se
siente de inmediato bien, es que está en contacto fraterno, en un contacto humano, o
sea, es lo comunitario.
De tal manera que cuando hablemos así, queremos responder a ciertos hechos
históricos, a ciertos hechos sicólogos, a ciertos hechos políticos y a ciertos hechos
morales; y de ahí nos saltamos a una concepción política.
Hacemos algo
históricamente ¿por qué? Porque reaccionamos al plantear la existencia de un partido
comunitario, contra la sociedad totalitaria y contra la sociedad individualista.
Reaccionamos ante el hecho de que la historia ha sido una sucesión de luchas en que
predominaron a veces los individualistas y otras veces los totalitarios.
Los
comunitarios se metían y estaban presentes de algún modo y algo podían conseguir;
pero, en el fondo, hay como una primacía del dominio de los individualistas o de los
colectivistas.
En el siglo XX, nos encontramos ante estas experiencias, vemos los estragos del
régimen capitalista todavía en el mundo; vemos los estragos del régimen colectivista
totalitario en el mundo; lo vemos, y porque apreciamos eso políticamente, es que
nuestro partido es otra cosa. Y por eso es erróneo, a nuestro juicio, definir a nuestro
partido como uno que pertenece al casillero de los partidos establecidos. Nuestro
partido no es de “derecha”, porque es el mundo del individualismo. No es un partido
de la llamada “izquierda” tradicional, porque esa “izquierda” es el casillero de los
partidos colectivistas, que tienden al colectivismo y que con frecuencia caen en el
totalitarismo. Es otra cosa. Por eso esta concepción y este movimiento no son lo
mismo que lo que existe y no se apegan a lo que existe, dando por sentado que eso está
bien; sino que somos, en cierto modo, los negadores de lo que existe y somos los
transformadores de la sociedad. Se podría decir, los revolucionarios auténticos, en el
sentido de que rechazamos el predominio de los valores totalitarios y el predominio de
los valores individualistas para sustituirlos por los valores de la personalidad y de la
comunidad. Ahora, esto, llevado a diversos planos, en lo económico, supone una
estructura económica ni individualista, ni colectivista; supone una estructura
económica comunitaria, supone, por lo tanto, formas de propiedad distintas,
comunitarias, organización de la producción, de la economía nacional comunitaria,
supone en lo político una democracia social, no una democracia individualista falseada
ni una democracia más falseada aún que es un Estado totalitario; supone que la
democracia se amplía en sus derechos, no se restringe; se amplia. Supone que en el
orden social desaparece el antagonismo social, desaparecen las clases sociales como
enemigas unas de otras. Se hace una sociedad que es una comunidad, o sea, que es
algo orgánico, que descansa en lo solidario. En última instancia, es una forma de vida
moral porque es la norma de vida que se traduce en la amistad cívica, en la relación
concreta, en el amor, como valor predominante de una sociedad. Es una estructura
económico-social y es una estructura política.
Toniolo dice “comunidad de comunidades”, o sea, esta estructura social es una
trama de organizaciones, es algo que está regido por una norma común en que la
sociedad trabaja como trabaja el cuerpo humano. Trabaja para fines colectivos a través
de diversas organizaciones de tipo comunitario, en que siempre la primacía del bien de
todos sobre lo individual está garantizada y en que cada uno labora, convive, trabaja,
con un sentido de desinterés.
No puede ser ya, por ejemplo, una sociedad que
predomina el interés del lucro, de la riqueza individual, esto como único incentivo.
Tiene que ser un incentivo de tipo social moral, en que se trabaja para los hombres, se
trabaja para la amistad humana, se trabaja en función de un auto-sacrificio en beneficio
de todos, a sabienda que esos miles y cientos de miles de auto-sacrificios significan
bien para todos. Es, en suma, lo que está en la palabra compañerismo. Podríamos
definir la sociedad comunitaria como una sociedad de compañeros.
Así lo hace
Maritain, por ejemplo. El problema, por supuesto, es vivir, es organizar eso, que no se
degrade en colectivismo o en individualismo. Para eso se necesito un instrumento
político, un partido; en este caso, tiene que ser también un partido de compañeros, un
partido en que realmente se vive la amistad.
El partido que no vive la amistad, primero dentro de sí, no hará nunca una sociedad
comunitaria; hará una sociedad degradada en colectivismo o en individualismo,
inevitablemente, cualquiera que sea el aporte material que se hace a la sociedad. Las
sociedades colectivistas son características. Han aportado en lo material y en muchos
otros aspectos; pero fallaron en lo comunitario. Falsificaron lo comunitario. Son
capaces de volverse unos contra otros peor que en cualquier otro momento de la
historia. El régimen capitalista prometió libertad, igualdad, fraternidad. No realizó
estas cosas, realizó la sociedad del dinero. Los otros tampoco cumplieron: realizaron
solamente el Estado totalitario. En suma, es un desafío; el desafío de vivir la amistad
en un nivel social, vivir el compañerismo en un nivel social. En el entendido de que
nunca la amistad o el amor disminuye a la gente. Si yo soy amigo de alguien no soy ni
inferior ni superior a él, soy exactamente igual; eso es la amistad. El amor es igual. De
tal manera que lo social no disminuye, lo social engrandece, lo social realiza al ser
humano. Alguien sin amistad por otro, sin amor por otro no es nadie. Ese es el defecto
de muchos y a veces en política influye cuando se califica a ciertas personas. Se trata
de ciertas cosas que la gente ve, que hace que se sea un hombre que no cae simpático,
porque aparece como despojado de relación humana, despojado de amor, despojado de
amistad. Esos son errores que, justamente, alguna vez se pagan políticamente.
Ahora bien, nosotros debemos hacer el esfuerzo de entender que esto no es algo que
nosotros realizamos perfectamente. No es verdad. Esto es un proceso, es un esfuerzo,
es una voluntad tensa hacia delante a través de todas las condiciones de tipo
individualista y de tipo colectivista que permanentemente están apareciendo.
La
naturaliza humana no es perfecta, es imperfecta y lo imperfecto en política significa
caer en el individualismo, o caer en el colectivismo, en diversas formas de opresión y
en diversas formas de prepotencias. Eso es lo que uno tiene que cultivar. El partido es
el momento en que uno se prepara para eso. De tal manera que la vida dentro del
partido pasa a ser absolutamente fundamental para juzgar nuestra tarea fuera. Y por
eso mismo, al hablar de estas cosas, estamos tocando al mismo tiempo, todos los temas.
Quizás hemos puesto demasiado el acento en la fibra de lo moral. Pudiera ser que un
economista o un sociólogo dijera que prácticamente no se ha dicho en materia de
estructuras concretas.
Hemos querido intencionalmente que así sea porque aquí
estamos en el plano de la filosofía social en que el factor moral va íntimamente unido
con el factor político y el factor social.
Terminamos diciendo que esta sociedad comunitaria, o este comunitarismo,
importa por sí mismo la realización integral del ser humano, la relación social más
adecuada, la existencia social, bajo la forma de una comunidad de hombres libres y
bajo la forma de una comunidad orgánica, rica múltiple, compleja, que trabaja para
fines humanos por encima de los fines individuales y biológicos; y por fin, esta
concepción es una especia de ruta, es un camino, no es una meta alcanzada, no es una
perfección vivida.
Es una conquista y hay que conquistarla luchando, teniendo
presenta la meta, la finalidad, que seguramente se extenderá en el curso del tiempo pero
que, en fin, podemos visualizarla como una meta, y al mismo tiempo, usando métodos
que estén de acuerda con esa meta porque, y esto daría para mucho, usar métodos que
no sean fraternos, que no sean basados en derechos, que no sean democráticos, que no
estén vinculados a la meta, se trata del sentido humanista que vamos persiguiendo, eso
es lo mismo que no llegar jamás. El maquiavelismo, dice Maritain, nunca vence.
Maquiavelismo es usar, precisamente, métodos que degradan el fin. Métodos malos
para conseguir fines buenos. Esa es la tentación de todos los políticos y todos nosotros
caemos, por supuesto. Pero esa tentación hay que tratar de superarla en la política
exterior y en la política interna.
El maquiavelismo degrada lo que perseguimos.
Solamente un concepto en que nuestros métodos sean igualmente valederos en lo
político, en lo social y en lo moral, como los fines que perseguimos, es el camino
auténtico. Cuando nosotros perseguimos la democracia con métodos antidemocráticos,
no hacemos democracia. Cuando perseguimos la justicia con métodos injustos, no
hacemos la justicia. Cuando perseguimos la libertad con métodos contrarios a la
libertad, no hacemos la libertad. De tal manera que por esto es que nuestra doctrina es
muy exigente y por esto es que cuando fallamos, fallamos más estrepitosamente que
cualquiera, porque se nos pide más, porque estamos presentándonos como
representantes de una exigencia máxima y la falla ante la exigencia máxima que uno
mismo ha propuesto como ejemplo, es mucho más grande que aquel que ha puesto una
exigencia mínima y, por lo tanto, no se le exige nada. Así, pues, el militante, el
simpatizante, el amigo del partido, de la DC, tiene que ser alguien que ejemplariza por
su conducta en todo sentido. Y el partido debe ejemplarizar también en todo lo que
hace en la política chilena.

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