el principe: cesare borgia

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el principe: cesare borgia
CESARE BORGIA DUQUE VALENTINO
DRAMA EN CUATRO ACTOS
Por Santiago Sevilla Larrea
DRAMATIS PERSONAE
Cesare Borgia Duque Valentino
Lucrecia Borgia Duquesa de Ferrara
Don Alfonso de Aragón Duque de Bisceglie
Don Juan de Borja Duque de Gandía
María de Mirándola Princesa Romana
Rodrigo de Borja Papa Alejandro VI
Guidobaldo da Montefeltro Duque de Urbino
Francesco Orsini Duque de Gravinia
Paolo Orsini Barón de Palombara
Roberto Orsini Noble Romano
Oliverotto da Fermo Condotiero
Vitelozzo Vitelli Condotiero
Ramiro de Lorca Gobernador de la Romaña
Michelotto Corella Capitán y Sicario de Cesare Borgia
Niccoló Machiavelli Legado de Florencia ante el Vaticano
Leonardo da Vinci Pintor e Ingeniero de Fortalezas de Cesare Borgia
Gonzalo Fernández de Córdoba El Gran Capitán Virrey de Nápoles
Don Jean d´Albret Rey de Navarra
Coros de Damas, Cardenales, Obispos, Sacerdotes...
Coro de Soldados
Primer Acto
Escena Primera
Narrador: Estamos en Roma al final del Siglo XV. Es Papa el
catalán Rodrigo de Borja, Alejandro VI. Son sus enemigos los
nobles napolitanos Colonna y Orsini. Se disputan el poder político
en Italia los príncipes Sforza de Milán, los Medici de Florencia,
Andrea Doria de Venecia y los reyes aragoneses de Nápoles.
Francia, y los Reyes Católicos de España pretenden influenciar al
Papa cada uno a su favor, para aposerarse del reino de Nápoles.
Alejandro VI tiene cuatro hijos Don Juan Duque de Gandía, el
Cardenal Cesare, Lucrecia y el Príncipe de Esquilache Jofré,
casado con la princesa napolitana Doña Sancha de Aragón.
1
Aparece Cesare Borgia, vestido de Cardenal
Cesare
No te engañe mi sotana, hermosa hermana Lucrecia,
ni los inciensos de iglesia, ni tañidos de campana,
ni de la plebe romana, el fementido saludo;
de esas vanaglorias dudo, tengo fe sólo en mi espada.
Esta ropa afeminada, vale menos que mi escudo.
Lucrecia
Mal cura es un buen guerrero y un buen cura milagrero
se cura en sano rezando y con gregoriano canto
busca su santo sendero. Tú un valiente condotiero,
en la guerra un tigre fiero, no naciste para el rezo,
ni es el cielo tu embeleso, en armas verte prefiero...
Coro (Damas, cardenales y soldados)
Del Papa, los campeadores, vencieron a los Orsinis.
Suenan alegres tambores. Cantan canoros clarines.
Retornan los vencedores, triunfantes en siete lides.
Los caballos braceadores sacuden sus albas crines.
¡Que vivan los catalanes, invencibles paladines!
Lucrecia
Se oyen mil alegres voces, Roma Eterna, en tus confines.
Han adornado las torres con guirnaldas de jazmines.
¡Siete colinas de flores, Roma son siete jardines!
De las banderas, colores, siete oros, siete carmines
¡Que vivan los españoles, invecibles paladines!
Aparece Don Juan de Borja en armadura, a caballo, y con él, el
Duque de Urbino
Lucrecia
Desde San Ángel, el Papa os aplaude complacido.
Arrebato de campanas proclama lo acontecido.
¡Habéis ganado batalla, Don Juan y Duque de Urbino!
¡Viva el Papa! ¡Viva España! ¡Viva su egregio destino!
¡Viva la fulgente espada, que cegara al enemigo!
Don Juan
¡Salve hermana mía cara! ¡Los Orsini he vencido!
El castillo de Anguilara en mis manos ha caído.
Nuestra es toda la campaña, muertos muchos enemigos.
2
La Iglesia ya es soberana de esas tierras y dominios.
¡Beso tus manos hermana, tus ojos me son benditos!
Guidobaldo da Montefeltro Duque de Urbino
(Aparte)
(Don Juan se lleva la gloria, aunque fui yo el general
que, en la batalla campal, del enemigo hizo escoria.
Pero de eso no hay memoria... Estos fieros catalanes
son peores que alacranes que se ocultan entre el heno
y te inyectan el veneno, cuando les cruzas sus planes.)
Lucrecia
¡Galopa querido hermano, vuela ya hasta el Vaticano!
Con laureles de victoria, te ha ungido ya la gloria.
¡Príncipe de Teano! El Papa inquieto te espera,
por saberte salvo y sano, tenerte a mano, cercano,
De guerra y peligro afuera...(¡Que Juan muera. Dios no quiera!)
Los guerreros se marchan y el coro expectante nos cuenta:
Coro
De plata, con una rosa, premia la gesta gloriosa,
el Papa a Don Juan de Borja, mientras en Roma se forja
una insidia pavorosa: Los príncipes italianos,
sobre el paño han barajado al hado del guadañado:
¡Ya el trece de los arcanos, ver sangre, quiere en sus manos!
Primer Acto
Escena Segunda El Asesinato de Don Juan de Borja
Coro
La noche es una espesura, pierde el Tíber su color.
La blanca cabalgadura lleva sobre el lomo a dos:
Dos fantasmales figuras, escudero y su señor.
Van en pos de una aventura, de esas que llaman de amor.
A Juan de Borja, hermosura le espera en alto balcón.
Don Juan de Borja
Vé a traerme mi armadura, buen Don Ramiro de Lorca,
pues la noche es tan oscura, como la muerte en la orca.
Ve a caballo y con premura, que enemigos tiene un Borja.
3
Don Juan de Borja entra al Palacio de la Princesa
María de Mirándola
Has venido, gran señor, a visitarme a deshora.
Lejana está aun la aurora...¿Qué, no te inspira temor
la hora del salteador? Es un pozo de serpientes
con mil ponzoñosos dientes, de noche, la anciana Roma.
Hasta ver, que el sol se asoma, a salir, por Dios, no intentes....
Don Juan de Borja
La vida, hermosa princesa, es simple juego de azar.
Hay que saberla arriesgar en traviesa grande empresa,
o ante una dulce promesa, que a veces nos da el amor.
¿Quien es la causa mayor, para jugarse la vida?
Pues tú, María querida. ¡No existe razón mejor!
Coro
Don Juan vase a la dulzura, que le ha abierto tierna flor.
El escudero se apura, vende a su benefactor.
Los Orsini se conjuran, que esta noche verá a Dios.
Será esta tu desventura ¡Ay, Don Ramiro traidor!
Don Juan de Borja deja el palacio de María de Mirándola muy
temprano y se dirige hacia su caballo para retornar al Vaticano.
Coro
Cuando muy de madrugada, su paraíso dejó
y su caballo, en la arcada, con gesto altivo montó,
la estribera era aserrada y Borja al suelo cayó.
Entonces, de cinco espadas, las estocadas sufrió.
Nueve heridas que manaban, hasta que se desangró.
Nueve puertas desclavadas, por donde la muerte entró.
Ya se acaba noche oscura, gana el Tíber su rubor.
La blanca cabalgadura carga muerto a su señor.
Al río, desde la latura, el cuerpo yerto tumbó,
y el agua, su sepultura, léntamente le tragó.
Mientras el coro recita, Paolo, Francesco y Roberto Orsini,
asistidos por dos asesinos más, matan a Don Juan de Borja
traspasándolo con sus espadas.
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Primer Acto
Escena Tercera
Soliloquio de Alejandro VI ante la muerte de su hijo Don Juan de
Borja.
Alejandro VI
¿Decisme que mi hijo ha muerto? ¿Que yace ahogado yerto,
con hasta nueve estocadas, que aunadas las espadas,
le infiriesen en concierto? ¿Porqué me mentís así?
¿No veis que yo soy el Papa, a quien Dios solapa y tapa?
¡No hay desgracias para mí! ¡Vuestro cuento es baladí!
O, acaso, si que es verdad, como es vera la maldad.
Como es cierto, que el demonio, del ígneo infierno, en el coño,
fabrica la iniquidad. Si a mi hijo maldijo Dios,
fue sin duda culpa mía. Esta tiara yo daría,
por trocar la ley atroz, de esta muerte tan precoz.
Yo lo tenía en mis brazos entre auroras y entre ocasos.
Lo vi lozano crecer, sus contrincantes vencer.
Vi sonreír sus ojazos ¿Y me decís que está muerto,
que su pecho está desierto, porque su alma ya fue,
su vidrioso ojo no ve, aunque abierto está y despierto?
Dadme de beber veneno, ameno vidrio molido,
alguna poción de olvido, un abismo, en que, sereno,
llene mi boca con cieno. ¡Rasgue yo mis vestiduras,
las uñas cláveme duras, en los ojos y en el rostro!
Dios, ante ti me postro con mil negras conjeturas...
Esta es una vil vendetta contra mi del A a la Zeta.
Por querer yo conquistar lo que Dios le quiso dar
a la Iglesia, como meta. Su reino no es de este mundo,
pero sin el oro inmundo, sin riquezas de la tierra,
perderíamos la guerra, contra el diablo, en un segundo.
Sigamos a Dios rogando, pero con el mazo dando.
Cuídense mis contendores, que he de buscar los autores
de este crimen tan nefando. Los cazaré, uno a uno.
No ha de escaparse ninguno. César será el capitán,
para cumplir este plan, en el momento oportuno...
Segundo Acto
Escena Primera
5
Narrador: En el Vaticano, han cambiado las alianzas. Cesare
Borgia es amigo de Francia, se ha casado con Carlota d’ Albret,
sobrina del rey de Francia, y quiere acabar la alianza con Aragón.
Su cuñado,Don Alfonso, príncipe aragonés, segundo esposo de
Lucrecia, le increpa la traición.
Alfonso de Aragón
Don César, sois un traidor contra la patria española.
Vais con la francesa ola, de Aragón, contra el Señor,
y hermano sois el peor, pues ya vuestra astucia necia,
cardenalatos desprecia y el Ducado Valentino,
precia ya más que el destino de vuestra hermana Lucrecia
a la que amo tanto yo, como nadie nunca amó.
Por su honra os amenazo, por el hijo en su regazo,
lazo en que Dios nos unió. Eres un mal enemigo,
del que sabréme librar, si no quieres respetar
el cariño, que yo, amigo, tuviera para contigo.
Cesare
(Vestido como jefe de los ejércitos papales)
Don Alfonso, mi cuñado, me doy por amenazado.
Con cuidado voy a andar, por si me vais a matar.
No que volváis trasquilado, cuando queráis ir por lana,
pues Suerte tiene dos lados y, renegados los hados,
suelen, si les da la gana ¡Dar peana, por mangana!
Lucrecia
(Aparece)
¡Qué noche es esta tan bella! Fragancia tierna de pino.
En el fresco vespertino, de amores dulce centella,
ya brilla Venus, la estrella. Contemplemos los jardines,
con sus floridos confines, dejemos vana querella,
que en el alma deja mella, y lleva a funestos fines...
Cesare Borgia, sombrío, se retira y pronto aparece su verdugo y
sicario Michelotto Corella, con soldados...
Lucrecia
Don Alfonso de Aragón, echad mano de la espada,
que esta enemiga mesnada, quiere heriros corazón,
mataros sin compasión, porque sois impedimento,
de César, este momento. Al Papa pido que venga,
que a Michelotto contenga...¡Papa Santo, salvamento!
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Lucrecia sale corriendo en busca del Papa
Alfonso de Aragón
Por Santiago y Aragón voy, diablos, a degollaros.
Fuera mejor desollaros, pues sois la garra y punzón,
de pontificia traición. De hienas, negra jauría,
que el propio demonio cría, ante mi espada morid,
que del áspid vil ardid, nunca al bueno vencería...
Alfonso combate heroicamente contra Michelotto y su bando,
hasta que cae muerto...
Segundo Acto Escena Segunda La Rebelión de los Condotieri.
En el castillo de Urbino.
(Oculto espía y escucha Michelotto Corella)
Paolo Orsini
¡Se adueñan de la Romaña!Nosotros los italianos
a ponerles coto vamos, por la fuerza o por la maña:
¡Hijos de su madre España! Bajo las faldas del Papa,
el demonio se agazapa.¡Batámoslo a sangre y fuego,
que só1o gusta ese juego y saquémoslo del mapa!
Vitellozzo Vitelli
Vivimos amenazados de perderlo todo un día.
Maestro de hipocresía, uno a uno, engatusados,
todos nos tiene engañados. Digámoslo sin temor:
Nuestro enemigo peor es el Duque Valentino.
A ultimarlo les conmino, pues no hay remedio mejor.
Guidobaldo de Montefeltro Duque de Urbino
Tendámosle una celada: La fortaleza almenada
de Senigallia podría - ese el ardid sería só1o a él ser entregada. Giovanna, mi bella hermana,
de esa villa, soberana, ordenará a Andrea Doria
que represente esta historia, por si a Borgia así le engaña...
Oliverotto da Fermo
Pondremos un ballestero, de todos el más certero,
que lo aceche tras de un muro, y lo mate por seguro.
Cuando brazos de la muerte le tengan, tenaza fuerte,
hóndamente consternados, diremos desesperados:
-¡Fue de guerra, perra suerte!
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Ramiro de Lorca
Amigos, yo por mi parte, tengo ante el Borgia rencor.
Y, en defensa de mi honor, evitaré que se aparte
del curso que se le imparte. Gozo aun de su confianza
y mi consejo le alcanza. Yo me pondré junto a él,
en rojo y en oropel, a que surta la acechanza...
Todos a Coro
Juremos todos a una, que conflagrados quedamos.
Con nuestra sangre firmamos, sin salvedad alguna
ni bajo el sol, ni la luna.
Mientras se dan la mano y juran, Michelotto se escabulle y baja
por una escalera el muro de Urbino. Le espera Cesare Borgia
rodeado de sus soldados. Michelotto le cuenta al oído lo
escuchado.
Cesare
(Dirigiéndose a Michelotto Corella)
Yo me he trazado un camino: El Papa y el Vaticano
me caben en una mano. En la otra ya el destino,
pone los muros de Urbino. Estas son tierras papales,
sus riquezas temporales, que debo recuperar,
porque Dios ha de gustar, que cuidemos sus trigales.
Guidobaldo es mi enemigo. Con mis verdugos se ha aliado,
conspirado y maquinado, de este bastión al abrigo,
que a rendírmelo le obligo. Y si cayere en mis redes,
te pido que lo emparedes, a que el diablo le acompañe,
y de lágrimas se empañe, en lóbrego sal-si-puedes.
En cuanto al traidor Ramiro, cuando a Cesena ha llegado,
quiero verlo degollado. Que confiese todo, aspiro,
previo al último suspiro. Siempre tuve suspicacia
de su doblez y falacia. ¿No fue é1, el encapuchado,
que a mi hermano traicionado, la noche de su desgracia?
Cesare Borgia ordena a sus cañones disparar contra Urbino,
mientras los condotieros conflagrados huyen.
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Tercer Acto
Escena Primera El famoso engaño de Senigallia.
Narrador: Cesare Borgia ha convocado a los jefes militares de las
ciudades- estado italianas, los renombrados condotieros, a reunirse
para celebrar un convenio de paz en la ciudad veneciana de
Senigallia, que está a punto de caer en manos de las tropas papales.
Su intención secreta es la de dar un golpe fatal a la perpetua
insurrección contra el Vaticano de parte de los príncipes italianos.
En lo alto de una colina, desde donde contemplan Senigallia:
Machiavelli
(Dirigiéndose a Cesare Borgia)
El arte de gobernar, creo yo, que es harto llano
para cualquier soberano: Al pueblo hay que contentar
y al rebelde castigar. Contento está el bien comido,
bien bebido y bien dormido; castigo el mejor, la muerte,
porque no hay otro más fuerte, al enemigo aguerrido.
Largo durará el poder, si estos preceptos se aplican,
sin oír los que predican que no es bueno conceder
al pueblo ningún placer y que es de reyes virtuosos
no purgar sediciosos, sino haciéndoles mercedes
que sirvan sus menesteres, tornárnoslos amistosos...
Cesare Borgia asiente y abraza a Machiavelli.
Leonardo da Vinci
(Retratando a Cesare Borgia)
Señor, solapadamente os estoy retratando,
vuestros rasgos dibujando...Los ojos que, lentamente,
acaso veladamente, vais suavemente entornando...
Yo con tiza voy trazando la luenga barba bellida
y la mirada perdida, como, en la muerte, pensando;
la profunda introversión, la honda concentración...
(Se dirige a los presentes)
¡Del misterio paradigma, su rostro es un vero enigma!
¡He logrado la expresión! En cinco siglos acaso,
sabios, sus ojos estudien, insondables, les repudien;
no comprendan que el ocaso se hunde en ellos, paso a paso...
Cesare
Contemplo con alegría las torres de Senigallia.
Esta villa va a ser mía. ¡Mía ha de ser toda Italia!
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Michelotto
Fuga el almirante Doria, por el mar, en su galera.
Prefiere vida, que gloria. Rehuye con vos la guerra...
Cesare
Entremos a la ciudad, icemos nuestra bandera.
Sepan todos la verdad, sobre una torre señera:
Que ha tomado el Vaticano la Romaña, toda entera.
Que llega, tarde o temprano, la venganza a quien la espera...
Michelotto
La mano de la venganza, esa, mi Señor, soy yo.
Del verdugo, la enseñanza, fuera yo, quien la aprendió.
Si Don César me dijera, a quien tengo que matar,
con esta cuerda pudiera su garganta estrangular.
Cesare
Esto que voy a decir, siviente y amigo, escucha:
En castillo o en casucha, quisiera yo reunir
unos que deben morir: Condotieros capitanes,
los cinco rabiosos canes: Los Orsini, por mi hermano,
los Vitelli, por mi mano, garrote deben sufrir!
Michelotto
Conde Duque Valentino, tus deseos mi orden son.
De esos señores, camino, sea de la perdición.
Se escucha una trompeta y a su llamado aparecen los condotieros
Vitellozzo Vitelli, Oliverotto da Fermo, Paolo Orsini, Francesco y
Roberto Orsini, a concertar con Cesare una paz italiana.
Cesare
Mis condotieros venid: Sois las uvas de mi vid.
Haced todos un racimo, pues que os amo y os estimo,
con vosotros soy feliz. Que antes que esta villa rinda
a mis pies Andrea Doria, celebraremos victoria
por incruenta, aun mas linda, con vinos que el Papa os brinda.
Los condotieros en coro:
Vitelozzo, Oliverotto, Paolo, Francesco, Roberto Orsini
(Aparte)
(¡Viene a salvo en su armadura! Esta es mala coyuntura...
Saeta del asesino no acertará su destino... ¿Suerte, muerte nos
augura?)
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¡Venimos, Duque, volando! Con las banderas flameando,
de la victoria a la gloria que a vuestros pies pone Doria,
por vuestra salud brindando!
Cesare
Sentaos ante estas mesas provistas de ricas viandas...
Han de sacaros en andas, presos de estas buenas presas,
bien cebadas y bien tiesas. ¡Por vuestro descanso eterno,
dulce sueño sempiterno, quiero, traidores, brindar!
¡Salud! Os voy a ahorcar... ¡Nos vemos en el infierno!
Michelotto y los soldados amarran a los condotieros en sus sillas
y les ponen la cuerda al cuello.
Cesare
¡Venganza, dulce venganza! Hasta la desesperanza,
¡Cuánto tiempo te he esperado! Noches negras te he velado
por que llegaras a ultranza! Hoy, Don Juan, he de vengarte.
Los que hubieron de matarte, por fin tengo a mi merced:
¡La soga al cuello torced, hasta que la Muerte se harte!
Narrador: La celada de Cesare Borgia obtiene su resultado: Todos
los condotieros son asesinados. Cesare celebra su triunfo con un
jubiloso desfile de sus tropas por Senigallia.
Coro
La roca de Senigallia ya Giovanna la perdió.
Sangre de rosa y de Dalia tan sólo se derramó.
Cesare Borgia triunfó, sin que hablaran sus cañones.
Por las calles desfiló, alardeando sus blasones.
Sus caballos relincharon al tono de sus clarines.
Las lanzas se reclinaron, sobre las rizadas crines.
Y de los altos balcones, los pétalos y la sonrisa
descendieron cual halcones, revoloteando en la brisa...
Tercer Acto Escena Segunda Muerte de Papa Alejandro VI
Narrador: Cesare Borgia arriba al Vaticano a comunicar a su padre sus
grandes triunfos militares y políticos.
Alejandro VI
¡Se bien venido hijo mío, de victorias coronado!
Desde lejos, he admirado tu respuesta al desafío,
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La valentía y el brío, con que has dado al enemigo,
el merecido castigo. Ya te alaba el universo.
Ante ti, tiembla el perverso y te teme hasta el amigo.
Ahora Italia dividida, por dos reyes invadida,
nos ha puesto en gran apuro, porque definirse es duro;
juégase en ello la vida. Soy el fiel de la balanza,
tu eres la espada y la lanza ¿Qué debemos pues hacer?
No siempre condescender... ¿España es nuestra esperanza?
Cesare
A Francia yo la prefiero, pues dueña es de Lombardía.
Sin ella yo no podría, con tanto enemigo artero,
mantener el norte entero. Venecia, como Florencia,
son contrarios en esencia. Don Fernando de Aragón
no nos da esa protección, nos usa en esta pendencia...
Mientras hablan, mozos y mozas les traen un almuerzo
opulento...
Alejandro VI
En este verano ardiente, de peste y enfermedad,
malo es quedarse en ciudad. Ha muerto ya mucha gente,
da miedo clavar el diente, pues todo nos hace mal.
Ni Papa, ni cardenal, de esta amenaza se salva.
Viejo estoy, mi testa calva, sufre una fiebre letal.
Cesare
Extraña casualidad, iba a deciros lo mismo:
En mis ojos, espejismo, la fiebre crea en verdad...
¡Maldita fatalidad! ¿Acaso han envenenado
el vino que hemos tomado? Padre, yo os voy a acostar...
¡Que Dios nos quiera auxiliar! ¡Estoy como garroteado!
Ante la sorpresa de los sirvientes, ambos hombres se tambalean,
se sostienen mutuamente y luego caen al suelo en contorciones y
dolores...
Coro
¡El Santo Padre ha muerto! Su cadáver se hincha ya.
El color púrpura va invadiendo el cuerpo yerto...
Su tumba, sola, se ha abierto. En la cripta de un altar,
Burcardo, lo va a enterrar.Malas lenguas su epitafio
inscriben: „Marrajo y zafio“... ¡No quieren al grande honrar!
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Narrador: Mientras Cesare Borgia yace muy enfermo en su lecho,
la soldadesca saquea el Vaticano... Ante el caos reinante el Virrey
de Nápoles, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, en
nombre de Fernando el Católico se encarga de enfrentarlo. Impone
el orden y resuelve salvar a Cesare Borgia a quien considera útil
para los altos fines de su Razón de Estado.
Gonzalo Fernández de Córdoba Gran Capitán Virrey de Nápoles
Ha muerto Alejandro Sexto. Sólo queda el Valentino.
En mis manos un espino, que, venenoso y enhiesto,
la providencia me ha puesto...Este Príncipe amenaza
aliarse con Francia, acaso, y esgrimir armado brazo
contra su española raza y, del Papa, santa Casa...
Borgia es baraja brava, figura de gran postura;
capturarla con premura, con una gran traba acaba,
que nuestro alcázar socava...Aunque de hermoso jaez
en el juego de ajedrez, pues contra mis reyes obra,
este caballero sobra: ¡Fuera del tablero pues!
Soldados españoles se llevan a Cesare Borgia medio muerto..
Coro
Viendo el árbol caído, de él todo el mundo hace leña.
César en vano se empeña: El poder desvanecido,
ya su imperio está perdido. Confía al Gran Capitán
su fortuna y su pellejo. Pronto se queda perplejo:
Una mazmorra le dan. Los meses vienen y van...
Cuarto Acto Escena Primera
Prisión y fuga de Cesare Borgia del bastión de la Mota en
Medina del Campo.
Cesare
Del Campo, bella Medina, eres hoy mi carcelera!
Si de tu jaula yo huyera, como el águila que empina,
sobre soleada campiña, su libérrimo, alto vuelo,
vendríame pequeño el cielo, para cruzarlo veloz,
llevando mi ira feroz, sobre el italiano suelo,
a que clave cruento pico en enemigas entrañas;
con mil sangrientas hazañas, de gloria rojo abanico,
mi nombre hiciera más rico. Mi nueva patria, Navarra,
el rey de Francia, mi amigo; Don Fernando, mi enemigo
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han de ser; mi mano garra, que toda amarra desgarra...
Torre pétrea y almenada, de esta cárcel encumbrada,
tengo, presto, que escapar, pues pronto me han de matar
con el agua envenenada o la puñalada artera,
cuando me ha vencido el sueño. ¡Por la vida, en el empeño,
huir de esta ratonera, antes del alba, quisiera!
Con mis camisas de seda y estas sábanas de Breda,
voy a trenzar un cordel y he de robar un corcel
de la real pesebrera, pues como mi augurio advierte,
sé que tiene concertado, en un paraje nevado,
y en otro tiempo, mi suerte, mi rendevous con la muerte.
Echemos mano a la obra y si es que el abismo sobra,
saltaré, desde la altura, sobre caballo y montura.
Así mi vida recobra muy ansiada libertad,
que, por sí, valiera nada, pero bien utilizada
y arriesgada a saciedad, fama ha de darme, en verdad...
Coro de Soldados
¡Salta el Duque temerario y se rompe el brazo izquierdo!
Monta en un caballo lerdo, mientras truena el campanario,
porque ha huido el presidiario. Pero él se pierde en la noche,
que de luna hace derroche y empunta hacia Villalón,
mientras la persecución se desata, a troche y moche...
Narrador: En la torre de su castillo en Ferrara, Lucrecia, ahora
esposa del Duque Hércules d’ Este se ha enterado de la prisión de
su hermano Cesare y de su temeraria fuga desde Medina del
Campo.
Lucrecia
Se que mi hermano ha escapado. ¡Milagro haberlo logrado!
¿Qué tiene el cielo para él? Muere la Reina Isabel,
¡Juana la Loca ha heredado! La señora de Castilla,
ánte Dios, se ha presentado... César, en mundo cambiado,
hacia Italia enrumbe quilla, que un trono ha de ser su silla.
¿Porqué te amo tanto hermano? Si daños me hizo tu mano,
de porte descomunal... ¿No fue suficiente mal,
matar al napolitano Don Alfonso de Aragón,
dueño de mi corazón, el príncipe más hermoso,
el más cariñoso esposo, que hubiera en la creación?
De la sangre, son misterios, que descifrar quisiera,
quimeras, que antes que muera, resolvieran sabios serios,
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en sus blancos monasterios...No debiera yo quererte
¡Oh César! sino temerte. Pero voy a ser feliz,
de acariciar tu cerviz, cuando, acaso, vuelva a verte!
Cuarto Acto Escena Segunda
Narrador: Cesare Borgia, que en su fuga ha cruzado a galope toda
Castilla, llega a la Corte de Navarra, donde gobierna su cuñado, el
rey Don Jean d´Albret.
Cesare
Don Jean, Rey de Navarra, a tus plantas vengo yo,
el que de Medina huyó, como ya la Historia narra,
por entre barrote y barra. Aunque parezca demente,
del que se burla la gente, yo soy el hijo del Papa,
que llega en ultima etapa, a ver si le sois clemente.
Don Jean d’Albret Rey de Navarra
Cuñado César, mi amigo, tu eres un gran militar.
Mi ejército a comandar, yo, como tu rey, te obligo.
Ve y combate a mi enemigo, que es el Conde de Lerín.
Tu que has vencido ciudades, reconquistado heredades,
Toma Viana, su fortín, y a esta guerra ponle fin.
Coro de Soldados
Viva nuestro capitán, temido azote de Europa.
Somos su aguerrida tropa, su cañón y su batán,
cada soldado, un titán. Vamos a tomarnos Viana.
Luce bella esta mañana, en la nieve y bajo el sol.
¡Vuelva la espada al crisol de la lucha, a ver quien gana!
Cesare
(Aparte)
(Bello paraje nevado... Tengo la premonición,
que ha llegado la ocasión, que la Sibila me ha hablado:
Guerra sobre un campo helado. La vida no es otra cosa,
que espera larga y tediosa, por que por fin pueda verte
tus sombríos ojos, Muerte, próxima moza y esposa...
Se opaca el sol y anochece y, de pronto, esta borrasca
azota la tierra vasca. El río en sus aguas crece
y la nieve se ennegrece, batida del aguacero,
en este invierno, el primero, que no trae primavera,
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sino la sombra agorera del cuervo sobre el sendero.
Mi propio nombre me asusta ... ¿Es por ventura hoy el día
en que César moriría, en la antigua Roma augusta?
Esta fecha no me gusta: Doce de Marzo y llueve...
Tu mano en el cosmos mueve, Dios eterno, las esferas.
¿Los Idus de Marzo esperas, que Muerte aleve me lleve?)
(Contemplando lontananza, Cesare Borgia exclama:)
¡Aprovechan la tormenta los del bando de Beamonte!
Traen vituallas al conde... ¿Es ésta, tamaña afrenta,
que nuestro enemigo intenta? ¡Pronto, pronto, mi corcel!
Y que me siga el tropel... ¡Mi celada! ¡Mi armadura!
¡Silla a la cabalgadura! ¡Mi lanza! ¡Mi espada fiel!
Coro de soldados
Corre el Duque Valentino. Va del enemigo en pos.
Galopa loco veloz... Ya lo alcanza en su camino.
¡Cuán solo! ¡Qué desatino! Degüella tres, hiere a dos.
Es combatiente feroz. ¡Se le derrumba el equino!
¡Qué mezquino es el destino! Lucha a pié. ¡Le asista Dios!
Cesare
¡IACTA SUNT ALIA! yo digo. Pongo a Cristo por testigo,
que os voy a todos matar, pues no me puede igualar
singular enemigo. Mas veo que, en montonera,
me pretendéis atacar. Pues os he de guadañar,
turba marraja y matrera, ¡como trigo en sementera!
Coro de Soldados Enemigos
Muere valiente Señor, el de la bella armadura.
Tu costilla no es más dura, que la de cualquier pastor,
Ni tu corazón mejor, que te sacamos de cuajo.
Lo partimos gajo a gajo. Así mueres luchador,
de temerario valor: ¡Hecho, de heridas, tasajo!
Narrador: Cesare Borgia ha muerto batallando solo contra tropas
del Conde de Lerín en una quebrada a los pies de la encumbrada
ciudadela de Viana. Le han arrebatado su armadura y sus armas, y
yace acuchillado y desnudo sobre el duro suelo. Llega a recobrar
su cadáver el Rey de Navarra.
Don Jean d’Albret Rey de Navarra
(Ante Cesare Borgia muerto, invoca a la humanidad doliente)
Tu que quisieras llorar, la tristeza de la vida,
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esa vana queja olvida, que aquí puedes derramar
de lágrimas, magno mar, que acaban de derribar
a quien debía llegar a reinar sobre el mundo...
Helo aquí, en el lodo inmundo, ya sin sangre que manar.
¡Oh! Tú que vas a buscar cosas dignas de loar,
si tu loas lo más fino, aquí para tu camino,
no cures de más andar, que a quien toda le temía,
yace muerto, en poca tierra, el que la paz y la guerra,
en la su mano tenía. ¡Ahora, pálida y fría!
Fin de la obra
Principales Fuentes Históricas Bibliográficas
Bradford Sarah Cesare Borgia Weidenfeid and Nicolson Londres
1976.
Burcardus Johannes Kirchenfürsten und Intriganten Hofnachrichten
aus dem Tagebuch des päpstlichen Zeremonienmeisters bei
Alexander VI. Borgia Artemis Verlags-AG Zurich 1985
Johnson Marion The Borgias Macdonald Futura Publishers Londres
1981
Sabatini Rafael The Life of Cesare Borgia Stanley Paúl & Co. Ltd.
London 1912
Harrison Woodward William Cesare Borgia A Biography Chapman
and Hall, Ltd. Londres 1913
Yriarte Charles Cesare Borgia Francis Aldor, Publisher, Londres
1947.
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