MISIÓN GLOBAL

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MISIÓN GLOBAL
MISIÓN GLOBAL
Tabla de contenido
Introducción
Prefacio
Parte I – Biblia y Misión
1. Qué involucra el llamado misionero – Robert E. Speer
2. Todo el Evangelio para todas las etnias – Rigoberto Diguero
3. Nuestro Dios misionero – Pedro Larson
4. La misión cristiana en el Nuevo Testamento – David E. Ramos
5. El propósito de la iglesia local – Carlos Van Engen
6. Por qué sembrar iglesias – Carlos Van Engen
7. Rumbo a la misión (Bernabé) – Levi DeCarvalho
8. Misionología de Romanos – Carlos González
9. Discipulado y misión – Levi DeCarvalho
Parte II – Historia y Misión
10. Diez épocas de la historia cristiana – Ralph D. Winter
11. Historia de la transformación – Paul E. Pierson
12. Sociedades Misioneras – Andrew F. Walls
13. Expansión secuencial del Cristianismo – Andrew Walls
14. Las tesis de Pierson – Levi DeCarvalho
Parte III – Cultura y Misión
15. Puentes de Dios – Donald McGavran
16. Aspectos culturales en la misión – Levi DeCarvalho
17. Observando a Juanito: Cómo aprender un idioma – David Rising
18. El aprendizaje del idioma es comunicación… es ministerio – Brewster y Brewster
19. Principios de adaptación cultural – Levi DeCarvalho
20. Cosmovisión y misión cristiana – Levi DeCarvalho
Parte IV- Estrategia y Misión
21. La iglesia y las organizaciones para eclesiásticas – José Cruz
22. La relación iglesia y agencia misionera – Edison Queiroz
23. El complejo de langosta – Federico A. Bertuzzi
24. Conversión en grupo – A. L. Warnshuis
25. Hechos 2:8 debe ir de la mano con Hechos 1:8 – Pedro Samuel Pablo
26. Mujeres y misión – Sonia Acuña y Elva Elisa Ayala G.
27. Los cuatro pasos de la obra misionera – Levi DeCarvalho
28. La promesa de fe – Norman Lewis
29. Adopte una etnia: visión y estrategia – Moisés López V.
30. Alcance un pueblo (etnia) – Lennart Englund
31. Misión: Un proyecto que involucra a todos - Alejandro Rodríguez
Apéndices
1. Pacto de Lausana
2.
3.
4.
5.
Documento final CLADE IV
Declaración de Iguazú
Misión: formando discípulos o criando loros – David Oltrogge
Glosario – Moisés Mejía y Levi DeCarvalho
Introducción
1.
2.
3.
4.
El libro que usted tiene en sus manos es producto de la reflexión de misioneros y movilizadores de
misiones que viven en el mundo iberoamericano. Obreros de distintos trasfondos, latinos y no latinos,
han contribuido para este volumen bajo cuatro temas principales:
Biblia y misión
Historia y misión
Cultura y misión
Estrategia y misión
La estructura del presente libro sigue de cerca al conocido “Perspectives on the World Christian
Movement”, que fue publicado originalmente por el Centro Estadounidense para la Misión Mundial,
con sede en Pasadena, California, Estados Unidos. A partir de una idea del misionólogo más famoso
del siglo XX, Donald McGavran, fundador de la Escuela de Misiones del Seminario Fuller, el fundador
del Centro, Ralph Winter, elaboró el bosquejo básico del curso de “Perspectivas” y que pasó por
sucesivas ediciones hasta llegar a su forma actual. De un curso de movilización estudiantil en su inicio,
llegó a ser lo que es hoy - un curso a nivel superior, académicamente complejo, que es tomado para
crédito universitario por miles de personas en el mundo de habla anglosajona, en especial en Estados
Unidos.
Una versión condensada en inglés del material básico de “Perspectivas” fue producida por Jonathan
Lewis, que después se tradujo al español, bajo el título de “Misión Mundial”. Largamente utilizado en
todo el mundo Ibero Americano, en especial por el esfuerzo de Rigoberto Diguero, quien fue por
muchos años director de la División Latinoamericana del Centro de California, “Misión Mundial”
contribuyó grandemente para despertar y fomentar el interés por la misión entre los creyentes de habla
hispana. Recientemente, Jonathan Lewis publicó su nueva versión de la tercera edición del volumen en
inglés, buscando conformarse a las exigencias académicas del Centro, que detiene los derechos de autor
del logo “Perspectivas” y del curso a él asociado.
Así que, por cuestiones de derechos legales, ya no se permite utilizar el nombre “Perspectivas” para
el curso que hemos ofrecido a lo largo y ancho del mundo de habla hispana. Como no queremos hacer
del curso un programa de estudios rígido y pesado, como lo es en inglés, hemos decidido darle otro
nombre en español, que ahora se conoce como “Misión Global”.
En el albor del tercer milenio, cuando el fenómeno de la globalización ha llamado la atención de
todo el mundo, creemos apropiado hablar de la misión global de Dios, que, sin lugar a dudas, cubre
mucho más que las limitaciones humanas y postmodernas de la filosofía humanista y comercial que
yace por detrás del término “globalización”. De hecho, la misión de Dios abarca todo el globo, allí
comprendidas todas las etnias alcanzadas y por alcanzar.
Vale recordar que la idea de producir un nuevo compendio para el curso de movilización a la
misión global de Dios es resultado del diálogo entre varios líderes de iglesias, agencias misioneras,
escuelas de misión y obreros de campo en y desde el mundo iberoamericano, quienes nos hemos puesto
de acuerdo en hacer una versión “a la latina” del famoso curso en inglés. Así que, el presente volumen
es fruto de un trabajo en equipo, al contrario de otros compendios que obedecen a la óptica de una sola
persona o un grupo restringido de personas que todo lo deciden por su propia cuenta.
Para el presente libro, hemos tenido la felicidad de contar con misionólogos y misioneros de
occidente entre nuestros colaboradores, muchos de ellos con experiencia de campo en contextos
iberoamericanos. Creemos que la buena misionología se hace a través del diálogo entre sus
participantes. Todos podemos aprender de todos. No necesitamos reinventar el agua azucarada, como
se dice en algunos lugares. Una misionología que sea verdaderamente iberoamericana no puede ni debe
prescindir de la discusión sobre el tema que se ha producido en otras partes del globo, especialmente en
el mundo occidental, de donde ha surgido una profunda y fértil reflexión sobre temas misioneros y
misionológicos. Si es cierto que necesitamos analizar críticamente la misionología que se ha producido
en otras partes, es igualmente cierto que nuestra misionología iberoamericana necesita también ser
leída críticamente por nuestros colegas de otras latitudes.
En este sentido, quizás decepcionemos a algunos, escolásticos o no, que creen que debemos, como
latinos que somos, producir algo totalmente “nuestro”, sin referencia a lo que se ha escrito en otros
lugares del globo. Por otro lado, hay aquellos que creen que todo lo que necesitamos es simplemente
traducir, ipsis verbis, lo que hay en inglés sobre misiones, porque “lo que es bueno para Estados
Unidos, es bueno para los latinos”. En este compendio no abogamos ni una ni otra posición. Queremos
seguir el consejo de Pablo de “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Ts. 4:21). Lo que falta de otros
parajes, lo suplimos, una vez más, “a la latina”, con salsa y cebolla, chiles rellenos, tortillas, cebiche,
carne asada, paella valenciana, bacalao, pupusas y todo lo demás que hace de nosotros quienes somos.
Es bien verdad que, para algunos lectores, nuestra misionología iberoamericana es todavía
incipiente, mientras que, para otros, puede que sea demasiado “avanzada” o postmoderna. Sin embargo,
las opiniones aquí expresadas son precisamente eso: opiniones. No pretendemos ser un compendio
dogmático de misionología universal, infalible y definitivo. Estamos abiertos a la corrección y
sobretodo al diálogo.
La misionología es como la carga que se ajusta en el camino. Puede que salgamos con la carga
sobre la cabeza y lleguemos con la carga sobre las espaldas, quizás un poco más liviana de que cuando
salimos. Los que hemos quedado en el campo misionero el tiempo suficiente para admitir nuestras
equivocaciones, forzosamente reconocemos que mucho de lo que llevamos al principio no servía para
nada. Hemos aprendido la misionología en el camino, y precisamente por esto queremos compartir lo
que hemos descubierto, muchas veces a través de nuestros errores, con quienes aman a la misión de
Dios. En otras palabras, esta edición no se destina a los críticos——que tienen todo el derecho de
ejercer su profesión——sino que nos dirigimos a las hermanas y a los hermanos, especialistas o no, que
desean involucrarse todavía más en la obra transcultural de Cristo en todos los continentes, en especial
por medio de nuestros obreros iberoamericanos.
Cuando llegue su tiempo--ojalá más temprano de lo que antevemos——las nuevas generaciones
iberoamericanas de misioneros y misionólogos, movilizadores y líderes de misiones, obreros y obreras,
harán lo suyo, edificando sobre los fundamentos de sus antecesores, entre los cuales tenemos la
esperanza de ser mencionados, aunque sepamos de nuestras limitaciones.
Cristo Jesús fue el misionero perfecto. Su más cercano imitador fue el apóstol Pablo. Desde
entonces, la iglesia cristiana en todo el mundo, y en especial la iglesia iberoamericana, ha procurado
imitar su ejemplo y obediencia al llamado de Dios. Tenemos la fortuna de aprender de los que vinieron
antes de nosotros, a quienes criticamos quizás muy rápidamente. Hay que buscar huir de una postura
meramente crítica, como si la crítica justificara y solidificara nuestra misionología. Lejos de
justificarnos a nosotros, queremos contribuir al diálogo, porque buscamos, al igual que muchos más,
cumplir con la Gran Comisión de Cristo Jesús.
El editor general
Prefacio
Ya por la segunda mitad del siglo veinte, varias agencias misioneras se habían despertado para la
necesidad de entrenar sus miembros para la misión transcultural con algo más que una buena base
bíblica. Surgió entonces lo que se llama hoy día de misionología——el estudio sistemático de la
actuación misionera de la iglesia cristiana, desde por lo menos cuatro puntos de vista. Esos puntos de
vista son: la base bíblica de la misión, el desarrollo histórico del movimiento cristiano desde los
primordios del primer milenio, la relación entre iglesia local y misión (eclesiología y misionología) y la
complejidad cultural frente al mensaje universal del Evangelio de Cristo.
Dos problemas de inmediato se hicieron visibles. Si por un lado se entendía lo que queremos decir
por base bíblica y desarrollo histórico de la misión, por otro lado no estaba muy clara la relación entre
cultura y misión. Preguntas como hasta qué punto la relatividad cultural influye en la adopción del
Evangelio por este o aquel otro grupo social necesitaba aclaración. Además, el término
contextualización despertaba (y sigue despertando) sospecha en muchos grupos evangélicos, desde los
más tradicionales hasta los más carismáticos. El temor al sincretismo (por parte de los otros) es una
constante, hasta entre los misionólogos de profesión. El debate sigue fuerte, lo que significa que
todavía hay cuestiones que hay que aclarar en la comunicación transcultural del Evangelio de
Jesucristo.
Algunas agencias misioneras llevaron años para admitir la idea de entrenar a sus miembros con un
mínimo de antropología cultural. En cuanto a la llamada misionología, esa tomó todavía más tiempo
para ser aceptada como materia en escuelas teológicas—todavía sigue siendo en muchos casos un
addendum insignificante en la grade curricular. Son pocos los libros-texto que abordan con seriedad
académica la contribución de la antropología y de la misionología a la misión de la iglesia cristiana
como un todo.
Sin embargo, con todas las dificultades que han surgido en la capacitación de obreros
transculturales, sigue siendo de suma importancia la concientización de la iglesia a su responsabilidad
con la llamada Gran Comisión de Cristo. Más que capacitar a los obreros que salen al campo, es
fundamental que la iglesia local entienda, al menos, cuales son las bases bíblicas de la misión y lo que
significa salir al campo transcultural con seriedad de propósito, capacitación y llamado.
Sin entrar en detalles, que dejamos para las lecciones apropiadas, podemos aquí mencionar el hecho
de que muchas veces el miembro que se despierta para las misiones lleva más problemas a su pastor
que soluciones. Y peor que eso, somos nosotros—agencias y misioneros de carrera—que causamos
problemas, por nuestra falta de sensibilidad para con las necesidades de las iglesias y de sus líderes.
Hemos aprendido, por lo menos en el mundo iberoamericano, que la movilización de la iglesia
tiene que pasar primero por sus líderes principales. Como gentes de sangre caliente, no tenemos mucha
paciencia cuando tenemos que concienciar a nuestros pastores sobre los grupos no alcanzados del
mundo. Creemos que es suficiente traerles la información para que todo se arregle. Pero la cosa no es
así tan fácil. Necesitamos caminar juntos, paso a paso, en la voluntad de Dios para la Iglesia, que,
seguramente y sin lugar a dudas, tiene la misión como rumbo y desafío en el peregrinaje que nos toca a
nosotros vivir en nuestra existencia terrenal.
A los hermanos anglos, les gusta referirse a la Gran Comisión como una tarea que tenemos de
cumplir, como fieles mayordomos de Cristo. Y tienen razón en eso. Pero quizá podamos igualmente
decir que la Gran Comisión de Cristo se puede entender como un deseo de Dios de relacionarse con
cada ser humano con intimidad, como Padre a sus hijos amados. Dios quiere ser nuestro Dios, de cada
uno de nosotros. Tal vez sea posible referirnos a la Gran Comisión como la Gran Relación que todavía
falta por completarse. Somos llamados para una relación íntima con Dios, y a su vez, somos enviados
por el mismo Dios a llamar otros para hacer parte de esa gran familia por la fe en Cristo. Dios quiere
compartir con nosotros sus dones y su gracia, y como resultado y respuesta nuestra, lo glorificamos y
alabamos, y nos gozamos en él.
Todavía falta a muchos pueblos o etnias saber que Dios quiere acercarse a ellos, y en verdad ya lo
ha hecho en la persona de Cristo Jesús. El señor mismo, al dictar a los discípulos sus últimas palabras,
les habla de hacer discípulos de todas las etnias. Es a esa relación íntima y particular de maestro y
discípulo que Jesús quiere llamar hombres y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Nada
escapa de este llamado. Y nos toca a nosotros el privilegio y la responsabilidad de compartir con otros
lo que significa ser parte de la familia de Dios por medio de Cristo Jesús.
Debemos de tener la misma percepción del siervo en la parábola del gran banquete, que interpretó
muy bien el deseo del corazón de su señor, cuando dijo: “Todavía hay lugar”. Es como si estuviera
deseoso de recibir de su señor la tarea ya anticipada de salir por los caminos y vallados, a traer todos
dos despreciados y minusválidos del mundo—los ciegos, los cojos, los pobres—para participar del gran
banquete del señor generoso y bueno. Sin embargo, corremos el riesgo de ser como los hombres que se
rehusaron a acercarse a la mesa porque estaban muy ocupados en sus pequeños negocios. No hay nada
más precioso que participar de la abundancia de Dios, quien llama a todos y a todos quiere bendecir. Su
gloria se hará todavía más visible y grandiosa si somos fieles en salir de nuestra comodidad y
compartimos con ellos la invitación a la gran familia de Dios.
El intento de Misión Global es precisamente este—que seamos fieles en cumplir con la Gran
Comisión. De esta manera, muchos, de toda raza, pueblo, tribu y nación habrán de experimentar, junto
con nosotros, lo que significa glorificar a Dios en su santidad, justicia y poder, y participar de su
misericordia y su amor.
El presente volumen no es exhaustivo ni intenta ser un compendio académico. Hay distintas
opiniones y experiencias de la misión en sus páginas. Pero la riqueza que contiene la queremos
compartir con usted, apreciado lector, para que descubra—si todavía no lo ha hecho—como es bella la
misión de Dios en el mundo.
Que Dios pueda usar este compendio para que seamos todavía más fieles como mayordomos del
ministerio de reconciliación que nos ha sido confiado.
El editor general
¿Qué involucra el llamado misionero?
Un discurso por Robert E. Speer en 1901
¿Qué puede motivar a una persona para convertirse en un misionero? ¿Existe un llamado misionero?
¿Querrá Dios que todos seamos misioneros? ¿Cómo sé que El me ha escogido a mí para ser un
misionero? Estas preguntas debiera responderlas usted mismo, mientras examina su actitud personal a
la luz del artículo escrito por un pionero del Movimiento Voluntario Estudiantil de EE.UU. en 1901.
***
¿Qué involucra el llamado misionero? Muchos estamos familiarizados con la pregunta por dos
razones: La primera, quizá la hemos enfrentado en nuestra vida personalmente, tratando de encontrarle
respuesta. La segunda, posiblemente, hemos visto a otros enfrentarla. Y algunos, honestamente,
tratando de encontrar una respuesta, mientras otros usándola como excusa respecto a su deber
misionero.
Es bueno que la gente pregunte respecto a misiones transculturales y que anhele saber cuál es su
responsabilidad en el asunto. La empresa misionera es importante pues está relacionada, de manera
única, con Dios, quien le dedica un cuidado especial. Preguntarse sobre misiones indica que los
cristianos, sinceros, saben que Dios es dueño de sus vidas, que tiene derecho a dirigirlas y que deben
esperar ser llamados a algun servicio específico. Sin embargo, es una pregunta que fácilmente, puede
convertirse en una interrogante secular.
¿Qué derecho tenemos los cristianos a dividir nuestra vida en áreas, y decir de ciertas áreas: “Yo
entraré a esa sólo si tengo un llamado especial”, asumiendo, así, que hay áreas en que no necesito
dirección divina? ¿Puede, un cristiano verdadero, elegir ser abogado sin hacer partícipe a Dios de su
decisión? ¿Debo someterme al escrutinio divino sólo cuando anhelo ser misionero? Obviamente ningún
cristiano verdadero sectoriza su vida para que en algunas áreas intervenga Dios, mientras que en otras
no. ¿Es válido asumir que, para predicar al otro lado del “Río Grande” necesito confirmación de Dios,
mientras que no la necesito para predicar de este lado? ¿Es el mundo tal que para trabajar en Texas
necesito menos seguridad “espiritual” de la que necesito para trabajar en México? ¿Qué tienen los
océanos que hacen necesaria una confirmación de Dios para trabajar al otro lado de ellos? Concebir que
un área de la vida sea más “espiritual” que otra, no es bíblico y resulta herético. Para el cristiano toda la
vida y todo el servicio han de ser consagrados, y nadie debería atreverse a hacer decisiones de estudio,
trabajo o relaciones, fuera de la voluntad de Dios. La dirección de Dios es tan necesaria, en el caso de
misiones al extranjero como para cualquier otra decisión en la vida cristiana.
Si yo fuese un esclavo que tiene un amo que es dueño de una plantación de algodón. Y el algodón
estuviese listo para cosecharse y mi amo hubiese ordenado que el algodón debería recogerse
rápidamente en todo el campo. Y solamente porque él no vino directamente a hablarme, ¿Podría yo
decir: “En ausencia de un llamado específico de mi amo para recoger el algodón, me iré a pescar o
atender otros asuntos míos.”? ¿Sería válido? Usted y yo estamos en el mundo donde la obra de nuestro
Amo, Jesucristo, debe de llevarse a cabo. El ya ha dicho que vayamos al mundo y proclamemos el
Evangelio. Y si él no ha venido y hablado a cada uno personalmente diciendo “este es tu trabajo
individual”, ¿somos libres para hacer lo que nos de la gana?
Si delimitamos las diferentes áreas de servicio, ¿Qué razonamiento ridículo nos lleva a pensar que
necesitamos menos dirección divina para vivir la vida entre cristianos, que para ir de misionero a los
no-alcanzados?
Si los hombres han de tener llamados especiales para todo, deberían tenerlos para hacer sus propios
asuntos como escoger su comodidad, hacer dinero y lograr sus ambiciones. ¿Puede un cristiano honesto
demandar un llamado específico para predicar el evangelio a los no-alcanzados, y si no lo tiene dedicar
su vida a aumentar su cuenta bancaria? El argumento de necesitar un llamado misionero específico,
más parece excusa para trabajar en lo que nos agrada, en nuestra propia voluntad o ambición personal.
Hay un dilema en esa idea del llamado misionero. Dado que Dios tiene interés en la evangelización del
mundo, debe haber “llamado” a suficientes personas para evangelizar al mundo, ¡pero el mundo aún no
ha sido evangelizado!
Así que, o Dios no los ha llamado; ¡o El los ha llamado y ellos no han ido!
Si usted considera que ese tipo de llamado especial es necesario tiene que creer que:
Hay muchos hombres en este país que han sido llamados en esta manera sobrenatural para la obra
misionera y no han ido,
2. Dios no tiene mucho interés en la evangelización del mundo,
3. Esta idea del llamado misionero es falsa!
Pero ¿qué se quiere decir al hablar de la necesidad de un llamado especial para misiones? ¿Se
necesita dirección sobrenatural para conocer la voluntad de Dios? “Un llamado”, dice la gente, “como
el que vino sobre el apóstol Pablo o como el que recibió el misionero “Fulano de Tal”.
Indudablemente algunos han tenido esas experiencias, pero no creo que todos deban tenerlos. David
Livingston no tuvo tal llamado. El dice, de sí mismo, que fue al campo misionero por el sentido del
deber. William Goodell no tuvo tal llamado sólo se comprometió a cumplir el último mandato de
Jesucristo. Henry Martyn, William Carey, Keith Falconer,…etc. El 90% de los grandes misioneros del
mundo nunca tuvieron tal llamado. Ahora, si tal llamado es necesario antes que alguien pueda estar
seguro de su deber de ir al campo misionero, entonces, ¿cometieron un error estos hombres? ¿Los
hombres más nobles que han servido a Dios en este mundo, ignoraron a Dios en cuanto a ese especial
llamado misionero?
Y que tal el hombre dice que quiere un sueño? La otra noche soñé que iba a pescar y vi a una
mujer conocida, ella me pidió mi caña de pescar y yo se la di, ella echó la carnada por la ventana de
un elevador y pescó un pequeño cachorro negro. Ahora, ¿intenta usted decirme que este era Dios
diciéndome lo que yo debía de hacer al día siguiente? Aunque mucha gente se reiría de esta ilustración
respecto a como recibir dirección de Dios, no se ríe de la miserable excusa de que por no tener un
llamado misionero en sueños no se ocupa de las misiones transculturales. Los sueños no excusan a
nadie del uso de su sentido común. Dios no llama a los hombres en maneras absurdas o triviales. Si
Dios va a tener tratos contigo, los tendrá a la luz del día; así trataba con Pablo. No es necesario para El
ir de noche cuando la mente está dormida. Dios va a tratarnos como adultos y espera que juzguemos
correctamente cuál de nuestros sueños no tienen sentido y cuáles están dentro del propósito racional de
él para nosotros, revelado en los hechos del mundo y de nuestras propias vidas.
Otros dicen que no sienten ser llamados. Bueno, los sentimientos pueden ser resultado de nuestra
salud pero a menudo son el resultado de otras cosas. No ocurren casualmente. En otras áreas no
permitimos a los sentimientos controlarnos. Muchas veces los sentimientos son resultado de la
información que almacenamos en la mente, de las actitudes de nuestra voluntad y de las actitudes del
corazón hacia Dios y hacia el mundo. Si no nos “sentimos” llamados, la explicación no es que no
somos llamados, sino que nuestros sentimientos salen de nuestra mente no informada, de nuestro
corazón desinteresado y de nuestra voluntad que no se ha rendido. Dean Vaughan lo explica, así:
“Conoce y sentirás; conoce y orarás; conoce y ayudarás. Te avergonzará la inactividad, el
aislamiento, el egoísmo que te ha hecho pensar solo en tu propia gente y la casa de tu padre.” Las
personas no pueden definir fácilmente qué quieren decir con “llamado misionero”. Los que son
honestos y justos descubrirán que no es difícil convencerse de que deben de ir. Pero si han sido egoístas
o inseguros, descubrirán que no han estado abiertos a ningún llamado misionero (que creen necesario
para ir al campo misionero).
Mucha de la confusión que rodea el tema resulta de no diferenciar estas dos cosas: Una, la
voluntad de Dios para mí. La otra, la manera en que Dios revela esa voluntad. Lo más relevante no
es cómo se revela la voluntad divina, sino saber cuál es la voluntad de Dios para mí. Esta puede venir
de manera misteriosa o por la voz de un amigo; bajo la influencia de algún libro o predicador. Lo
1.
o,
o,
importante es que Dios tiene un propósito para cada uno y no deberíamos insistir en una manera
especial de que esa voluntad sea revelada o separar un tipo de trabajo exigiendo, a Dios, que use una
manera extraña de llamarnos a hacerlo.
Todo se resume a esto: Existe la obligación general sobre los cristianos, de que el evangelio de
Jesús sea predicado al mundo. No necesitamos indicación especial para aplicar ese llamamiento general
de Dios a nuestras vidas. Vivimos bajo la obligación de que el evangelio del Hijo de Dios, Jesucristo, el
único Salvador, sea dado a conocer a todo el mundo y a toda criatura. No necesitamos revelación
especial para obedecer ese mandato general. Pero, sí, necesitaríamos un “comunicado especial” para ser
exentos de obedecer ese deber general.
Pero hay quienes dicen: “Niego que haya tal obligación. Todo hombre debe quedarse donde nació
y de la manera como nació.” ¿Qué haremos entonces con la necesidad del mundo? Cuando un hombre
se encuentra cara a cara con la necesidad que existe aquí y luego la compara con la necesidad al otro
lado del mundo; verá que la necesidad en el extranjero es mayor que la de aquí. Usted no puede
defender la teoría de que cada hombre deba quedarse en la condición en la que nació. ¿Qué habría
ocurrido con usted, si quienes vinieron a su país, con el Evangelio, hubieran pensado así? Si yo nazco
en una región insalubre y mortal, ¿debo permanecer ahí? Si nazco siendo cleptómano, ¿debo serlo toda
mi vida? Sólo porque se nace en cierta condición ¡no es obligación continuar así! El hecho de que usted
haya nacido en un país que conoce a Cristo le compromete a lo opuesta: usted puede llevar lo que tiene
(el Evangelio) a los lugares donde no lo hay.
Otros afirman: “Usted es injusto con esto. Creemos que no hay una obligación, cada cristiano debe
de tener mente abierta e imparcial al considerar su responsabilidad ante el mundo.” El mundo en que
vivimos nos moldea y forma sin importar lo que pensamos. Sus tentáculos, cada día, nos atrapan más y
más creando prejuicios en contra de la otra mitad del mundo. No es posible decir: “Voy a vivir sin
ninguna obligación hasta que se me muestre lo que debo hacer.” Keith Falconer lo expresó así,
hablando a unos estudiantes de las universidades de Edimburgo y Glasgow: “Mientras vastos
continentes están encerrados en casi absoluta oscuridad y cientos de millones sufren los horrores del
paganismo y del Islam, tú no puedes probar que las circunstancias en las que Dios te ha puesto son
para mantenerte fuera del campo misionero.” Cada uno tiene obligación de dar su vida para que el
Evangelio llegue al mundo, a menos que tengamos una excusa especial dada personalmente, por Dios,
que permita escapar de tal obligación.
Quiero ir todavía más allá: Si estuviese parado a la orilla de un río y unos niños se estuvieran
ahogando, yo no necesito a ningún policía que me dé un documento legal, con mi nombre escrito,
ordenándome rescatar a los niños. No me perdonaría el haber estado ahí, con la posibilidad de salvarlos
esperando ser comisionado para rescatarlos. Otra ilustración: Si tengo unos vecinos muriendo de
hambre, y tengo suficiente pan y me quedo mirándolos día tras día, con sus caras delgadas, agonizando,
mientras yo tengo suficiente pan para compartir, no necesito que nadie venga con una orden
diciéndome que debo alimentarlos. Usted tampoco lo necesitaría.
¿Por qué aplicamos, a misiones, principios que por lógica no utilizamos en la vida diaria? Escuche
por un momento el gemido del mundo hambriento, sienta su sufrimiento, simpatice con su lamento y
después mírelo de la manera en que vería a su vecino hambriento o alguna persona necesitada en la
calle u otro lugar. Cada uno de nosotros tiene la obligación general de dar vida, tiempo y posesiones
para la evangelización de almas en todo el mundo. Estamos obligados a ir, a menos que tengamos una
fuerte excusa a presentar ante Jesucristo con conciencia tranquila y seguros de que él la aceptará.
Pero ¿qué excusa sería aceptable? Unos dicen: “Bueno, la imposibilidad de aprender otro idioma
es excusa aceptable”. Si, eso es un asunto real. Pero, ¿puede llamarse a eso incapacidad? Todos
hablamos, al menos un idioma. Podría ser excusa válida para un mudo, pero no para un adulto y
profesional. Hemos aprendido un idioma. Hay millones de bebés aprendiendo un idioma en este
momento y no tienen tan buen comienzo para aprenderlo como lo tendríamos usted y yo. Existe una
multitud de personas ignorantes llegando a este país desde los barrios de Europa y de seguro en poco
tiempo y a pesar de sus mentes indisciplinadas, estarán hablando nuestro idioma fluidamente. La mente
no es lo único que se usa para aprender un idioma. Una persona que vive entre la gente toma el idioma
a través de los poros. Y, después de todo, la fuente más grande es la voluntad. Si una persona está
dispuesta a aprender y va a las personas, aprenderá. Cualquier persona con una mandíbula puede
aprender un segundo idioma, así como aprendió el primero, si se dispone a hacerlo y se deja ayudar por
las personas con las que vive. Aprender un idioma al otro lado del mundo es muy diferente a tratar de
hacerlo en su propio país. Alguien dijo que aprender un idioma aquí es como vaciar agua en los
pequeños hoyos de una esponja por uno o dos días hasta llenarla mientras aprender el idioma en el
lugar donde se habla es como bajar toda la esponja en el agua y dejar que penetre en cada poro.
Cualquiera que ha aprendido un idioma puede aprender otro si lo desea y pone su vida en ello.
Otros argumentan: “¿No es la mala salud suficiente excusa?” Podría ser, pero usted no siempre es
el mejor juez. El juicio de una persona respecto a su salud no es más determinante que su actitud
personal hacia la empresa misionera. Al mismo tiempo que se examina la salud debe examinarse la
disposición del corazón para la evangelización del mundo. En cuanto a salud, muy pocas personas son
capaces de decidir por si mismos si están o no calificados.
Recuerdo una historia que el Sr. Forman contaba de una entrevista con un estudiante de Iowa, en
los EE.UU. quien decía que no podía ir, como misionero a India, porque una vez había sufrido
insolación, así que su intención era pasar el resto de su vida en Iowa. “Bueno mi amigo”, dijo el Sr.
Forman, “¿Dónde tuvo usted la insolación?“ ”La tuve aquí, en Iowa“, contestó. ”Pues mire“, dijo el
Sr. Forman, ”yo he vivido la mayor parte de mi vida en la India y nunca he sufrido insolación. ¿Por
qué intenta usted pasar la vida donde ya ha sufrido insolación? ¡Podría tener muchas mas!”
Ahora, los reclutadores de misioneros, no buscan a quien fácilmente le da insolación. Ellos usan el
sentido común, pero a veces, hay excepciones. La experiencia ha demostrado que una persona con mala
salud estará igual en Chile, Corea o China que en su casa. Vale la pena correr el riesgo por el buen
trabajo que esta persona pueda realizar en misiones. No nos dediquemos a buscar excusas para escapar
a la responsabilidad y el privilegio de sacrificar la vida por Cristo.
“¿La falta de calificación espiritual es una excusa adecuada?” Ninguna excusa, imaginaria o real,
debe impedir a alguien ir al campo misionero. Seguramente, cada uno de nosotros, tiene todas las
cualidades espirituales necesarias para el trabajo misionero, y si no las tenemos es por nuestra flojera
moral. Es verdad que una persona que no está capacitada espiritualmente no puede ir, ¡pero tampoco
está capacitada para quedarse! La primera cosa que deberá hacer es limpiar su vida y obtener nueva
vitalidad del Señor para estar listo para su trabajo misionero.
O alguien dice: “¿La gran necesidad que hay aquí es excusa válida?” ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Cuál
gran necesidad aquí? ¿Quiere decir “la gran necesidad en los estados del Oeste? Yo podría nombrar
seis estados cuya población es menor que la población de Nueva York. Estos son los campos
misioneros en “casa” en el Oeste y estos tienen muchos mas obreros cristianos de tiempo completo que
los que hay en la ciudad de Nueva York. Además, ¿irá usted ahí? Quien evita las misiones al
extranjero, por la necesidad evangelística en casa, sin la intención de suplir tal necesidad, es
despreciable. Puede parecer cristiano comprometido esperando “ser llamado”, pero es deshonesto y hay
hipocresía en su corazón. No, la necesidad en casa no es excusa adecuada para quedarse sin participar
de misiones. Sólo un llamado específico para permanecer aquí, parecería excusa válida. Es inaceptable
decir que por una necesidad local, la cual se ignora, es razón suficiente para zafarse de la obligación
misionera. No tenemos el derecho de establecernos en un pueblito de Ohio como abogados,
pretextando que existe más necesidad en Nueva York que en África Central. Nadie tiene derecho a
ocuparse en los negocios en Montreal pretextando que el Oeste está más necesitado que China. Si me
niego a ir a predicar el evangelio a la India porque Arizona o Nuevo México necesitan predicadores,
¿Por qué me voy a vivir de manera fácil y egoísta a Miami o San Francisco? ¿Es consistente negarse a
ir a Tailandia porque la necesidad evangelística en América del Norte es grande, y luego establecerse
como finquero en cualquier otra ciudad? La necesidad básica de la vida y el carácter es la verdad, y
estos planes de vida “cristianos” son exactamente lo opuesto de la verdad.
Otra persona dirá: “Ya comencé a prepararme para un trabajo aquí. Estoy estudiando para ser
doctor o abogado o maestro. ¿Debo dejar todo lo hecho e ir al campo misionero?” ¡NO! Haber
llegado hasta donde ha llegado no es buena razón para suponer que esta usted exento de las misiones.
Todo ese entrenamiento lo ha recibido con un propósito especial; ningún conocimiento se pierde en el
campo misionero. Le pido que se detenga y piense un momento. Usted ya ha escogido su profesión y
esta enfocado en ella. Muchos consideran la necesidad de un llamado sólo cuando se ven forzados a
enfrentarse con las misiones al extranjero. No pensaron en ello cuando se decidieron por una profesión,
sólo cuando el elemento misión les presiona la conciencia. Pero, ¿Está usted seguro que Dios quiere
que sea doctor o maestro? ¿No debió usted buscar la voluntad de Dios antes de escoger profesión? ¿Por
qué es necesario orar en el caso de un misionero? Como cristiano, su vida pertenece a Cristo, y su
deber es hacer la voluntad de Dios en todas las áreas de su vida. ¿Está convencido de que es la voluntad
de Dios que continúe su entrenamiento para un trabajo secular? Si no lo está, ¿tiene usted derecho de
continuar? Si usted cree que lo tiene, ¿Por qué no permitiría esa misma inseguridad en relación al
llamamiento misionero?
¿A cuál profesión daría usted su vida en lugar de a la aventura misionera? ¿Leyes? Le recuerdo lo
que dos prestigiosos abogados afirmaron en Estados Unidos, ante un grupo de graduandos: “No más de
la mitad de ellos podrían encontrar negocios legítimos en los cuales trabajar. El resto tendría que
hacer otra cosa o encontrar negocios ilegales para vivir”. El número de abogados desde entonces se
ha duplicado.
¿La profesión médica? Existen en EE.UU. más de 150,000 doctores; uno para cada 600 personas
de la población. Es obvio que no hay tanta enfermedad entre esas personas para mantener a un doctor
ocupado. Esa es la razón por la que hay tantos hombres corruptos e indignos de confianza y charlatanes
en la profesión. Hace algunos años, el periódico “New York Sun”, reportó al Dr. Billings quejándose
en la reunión de la Asociación Médica Americana de Nueva Orleáns, del exceso de escuelas de
medicina. El país necesitaba cerca de 2,500 graduados anualmente, dijo, y se graduaban de 10,000 a
12,500.
¿Es su intención el enseñar? Existen más de 60,000 maestros en este país actualmente, y usted
sabe muy bien que cada vez que se presenta una oportunidad atractiva hay muchos solicitantes.
Pero, en todo el campo misionero, no podemos encontrar suficiente doctores, maestros, ministros y
trabajadores de todo tipo. Para un millón de hombres y mujeres que viven pecando solo hay unos pocos
hombres y mujeres que les llevan el evangelio. No entiendo que tipo de cristiano enfrenta tal
comparación y luego afirma sentirse sido escogido para practicar leyes o medicina aquí en este país,
porque nunca ha recibido ningún llamado específico a un lugar donde hay mayor necesidad.
“¿No es el amor al hogar y la familia buena excusa?” Dejemos que Jesucristo conteste esa
pregunta: “Quien ama más a padre o madre mas que a mi, no es digno de mí.” O una persona dice:
“¿Es el amor a la vida, el deseo de pasarla con riquezas, una excusa?” Que Jesucristo conteste de
nuevo: “El que no aborrece a padre o madre, hermano o hermana, aún su propia vida, no puede ser mi
discípulo.” ¡La vida no es una excusa! La vida no se nos ha dado para gastarla en nuestro propio placer,
sino para que la invirtamos en la riqueza de un mayor sacrificio.
Cuando viajo al sur y el tren se detiene en Salesbury, me bajo y voy al cementerio y camino hacia
la tumba en el centro del cementerio. Dicha tumba la encontré hace muchos años mientras esperaba que
mi tren saliera. Aún recuerdo cuando la vi por primera vez porque algo en la lápida llamó mi atención.
Llegué hasta ella y leí la inscripción que decía que ahí yacía el cuerpo de E.M. Kent, Teniente Coronel
de los Primeros Regulares de Louisiana, murió en abril de 1864. Debajo había estas palabras: “El dio
su vida por la causa que amaba.” Cerca estaba la tumba de John R. Pearson, Primer Teniente del
Séptimo Regimiento de Carolina del Norte, quien fue balaceado en Petersburgo, a la edad de 18 años, y
bajo el nombre en escritura sencilla estaban las palabras: “Espero la resurrección de los muertos”.
Me quité el sombrero y me quedé parado ante las tumbas del Teniente de 18 años y el coronel que
habían dado su vida por la causa que amaban. Piense ¿Ellos esperaron que el presidente Jefferson
Davis les pidiera personalmente su servicio? ¿Era esa la manera en que los hombres actuaban en esos
días? ¿Se negaron a hacerlo voluntariamente hasta que cada uno tuvo un llamado personal, con su
nombre escrito y firmado por la mano de Abraham Lincoln o Jefferson Davis? Los hombres de aquel
tiempo se habrían avergonzado de tal actitud. ¿No deberían de hacer lo mismo los cristianos de ahora?
Todo esto de pedir un llamamiento especial para el trabajo misionero es contrario a la Biblia.
Nadie interpreta la Biblia así para otros asuntos. Existe un mandamiento: “Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura”. Usted dice: “Eso es para otros”. Existe esta promesa: “Venid a
mi todos los que están trabajados y cargados y yo os haré descansar”. Usted dice: “Eso es para mi”.
Usted cree necesitar dirección especial de Dios para recibir el mandamiento, pero no necesita dirección
especial para apropiarse de la promesa! ¿Hay derecho para hacer tal distinción entre las obligaciones y
privilegios del Cristianismo? ¿Decimos que los privilegios se aplican a todos los cristianos pero las
obligaciones solo a unos cuantos individuos responsables?
Es injusto para con Dios que se mueve por su Espíritu Santo. El no pasa por encima de la voluntad
de la persona, él obra a través de ella. En toda área de la vida El es respetuoso y lo hará en el área de
misiones como en los otros
aspectos.
Es un insulto al sentido común y al juicio honesto. No manejamos otras áreas de la vida así. ¿Qué
derecho tenemos a aplicar reglas excepcionales a misiones? El ex-Presidente Patton de la Universidad
de Princeton, lo ilustró de esta manera: Un hombre es contratado por el dueño de un viñedo para
recolectar las uvas. Las instrucciones generales son que recogiera tantas uvas como le fuera posible. El
hombre entra por la puerta y se da cuenta de que en las orillas ya muchas uvas han sido recolectadas y
además ya hay muchos recolectores en el viñedo. Aun así, en la distancia, los arbustos están cargados
de uvas y no hay ningún recolector. El no necesitaría ninguna visita u orden del dueño del viñedo para
decirle lo que tiene que hacer, o ¿si?
Pero existe algo engañoso, lleno de alucinación en este asunto de los llamados misioneros. Muchos,
no es un llamado misionero lo que andamos buscando, sino solo un escape. La mayoría no
escucharíamos ese llamado aunque se nos hiciera. Alguien tendría que forzarnos antes de que nosotros
mismos decidiéramos hacer el trabajo misionero. En el tiempo de Jesús, personas decían que harían
cosas si tan solo tuvieran cierta evidencia, pero cuando llegó la evidencia, de todos modos no lo
hicieron. Pensamos que creeríamos en Cristo si lo viéramos. La mayoría de los que lo vieron no
creyeron en El. Es la vieja frase: “Padre Abraham”, dijo el rico “te ruego que envíes mensajeros a la
casa de mi padre.” Abraham contesto: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán
aunque alguno se levantare de los muertos.” Como regla, las personas que no irán al campo misionero
sin un llamado especial no lo reconocerían si se les hiciera.
Es un asunto del carácter de las personas; cuando son personas no dispuestas, estancadas,
permanecen inmóviles hasta que alguien los empuja. O cuando son personas ansiosas, agresivas, no
paran hasta que alguien las detiene. La vida del apóstol Pablo, muestra el segundo tipo de persona. El
nunca se sentó a esperar por un sueño que lo guiara. Nunca esperó ninguna dirección fuera de la vida
cotidiana para dirigir su curso. El estuvo trabajando en lo que ahora llamamos el Este Central de
Turquía, y lo que él hizo fue determinado por el Espíritu Santo, de acuerdo a lo que no debía de hacer.
El Espíritu no le permitió trabajar en Asia. Trató de trabajar en el norte de Turquía y de nuevo estaba
bloqueado. Así que llegó al este de Turquía al toparse con barreras en otros lugares. (Hechos 16:6-8)
Pablo no dijo, “Voy a esperar hasta que sienta el llamamiento.” El siguió hasta que fue obstruido.
Existe mucha flojera en esperar la guianza divina. Realmente es Dios quien está esperando ver alguna
señal de vida y movimiento para guiar. Usted puede maniobrar un barco en movimiento, pero no uno
que está quieto.
Seguramente, algunas personas están tan ocupadas con sus propios planes que no pueden escuchar
la voz de Dios o buscarla. Pero si imitamos a Pablo, será necesario pararnos en vez de “llamarnos”.
Después de haber sido detenido varias veces, Pablo obtuvo guianza positiva; pero aún entonces lo que
decidió hacer fue resultado de razonar. El interpretó su sueño en el espíritu de su vida, como hombre
activo esperando ser guiado. Fue su carácter, y no su sueño lo que lo guió a cruzar Europa.
Algunos piensan que el varón macedonio que Pablo vio era Lucas. ¿De manera supo que era un
macedonio? No había nada peculiar en la manera de vestir de los macedonios y Lucas era
probablemente el único macedonio que él conocía. Nos podemos imaginar como Pablo llegó a la
ciudad en el este de Turquía preguntándose qué debía de hacer. Como puerto esta ciudad formaba un
puente entre Asia y Macedonia. Allí conoció a Lucas el macedonio. Pablo, aún mientras dormía estaba
listo a seguir adelante y vio en su visión al macedonio invitándolo a su propio país.
Posiblemente, Pablo y Lucas se desvelaron platicando de Macedonia y Lucas estaba tratando de
convencer a Pablo de ir. Quizá cuando Pablo se fue a dormir, lleno de los razonamientos de Lucas, tuvo
un sueño y ahí estaba Lucas otra vez, pidiéndole de nuevo ir a Macedonia. No fue el sueño lo que
convenció a Pablo. Fue la última confirmación. El sueño no fue el llamado. Las condiciones del mundo
y la propia vida de Pablo ordenaban sus planes de acuerdo a la voluntad de Dios. El no esperaba por
guianza externa, a que alguien viniera, lo molestara y lo obligara a ir. El era el tipo de hombre que
fijaba sus ojos en una meta y se movía hacia ella. Y dice, “Y de esta manera me esforcé“. ¿Para qué?
¿Por un llamado especial? “Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya
hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino como está escrito: Aquellos a
quienes nunca les fue anunciado acerca de El, verán; y los que nunca han oído de El, entenderán.”
(Romanos 15:20, 21).
Tal vez se pregunte, “¿Quiere usted decir es que debo de tomar mi vida en mis propias manos?” De
ninguna manera, Eso es opuesto a lo que he estado hablando. Hemos tomado nuestras vidas en nuestras
propias manos y hemos dicho que andaremos nuestro propio camino a menos de que Dios nos obligue
a ir en otra dirección. Lo que ahora pido es que dejemos nuestras vidas en las manos de Cristo y que
vayamos por Su camino hasta que Dios nos revele algo diferente.
“¿Todos debemos ir o tratar de ir al campo misionero?” No. No estoy diciendo que sólo hay una
cosa que los cristianos deben hacer o que Dios usa sólo una manera de decirnos qué hacer. Dios tiene
su propia manera de guiar cada vida.
El quiere a abogados cristianos, doctores, maestros, hombres de negocios, ministros y artistas aquí
en casa. Y creo que si desatendemos nuestra propia casa o nación somos peores que las personas que
no conocen a Dios. Solo intento desvirtuar los argumentos erróneos y excusas pobres que las personas
utilizan para evadir su responsabilidad por la Evangelización del Mundo. También es necesario corregir
los honestos malos entendidos que confunden y desvían a las personas. Pido que la responsabilidad
misionera tenga un lugar justo y propio en nuestras vidas.
Quiero decir estas tres últimas cosas.
En primer lugar, Dios no obliga a nadie a obedecer. Si usted está esperando a ser forzado, el
llamado no vendrá. El quiere voluntarios, gente que se dé a si misma en el espíritu de Isaías, “Heme
aquí, envíame a mí.”
En segundo lugar, cada cristiano verdadero debe estar listo a tomar posiciones de servicio y
dificultad. No entiendo como las personas pueden desviarse a enriquecerse o a satisfacer ambiciones
sin un llamado especial. Pero sí entiendo cuando una persona siente que aún, sin un llamado, es su
obligación escoger una posición que involucra enorme de trabajo, pérdida terrenal y peligro por servir a
Dios. Charles Studd ilustró esto así: En Windsor, antes de la expedición Ashanti a África llamaron a los
guardias escoceses y el coronel a cargo explicó de qué se trataba la expedición y lo que involucraba.
Después pidió voluntarios y se retiró por un momento. Cuando regresó, toda la fila estaba parada como
la había dejado. Miró la fila de un lado a otro en asombro. Entonces dijo, “¿Qué es esto? ¿Ustedes son
los guardias, pero no hay entre ustedes voluntarios?” Entonces un oficial le dijo, “Coronel, toda la fila
dio un paso al frente.” Ellos no esperaron un llamado especial o personal. Cada hombre dio un paso al
frente al encontrarse con la oportunidad del sacrificio, reconociendo en la dificultad y el peligro la
gloria del llamamiento.
Por último, creo que las personas que aman escucharán “llamados” que el corazón sin amor ni
siquiera percibe. ¿Podría usted mirar dentro de su corazón de nuevo y asegurarse de que no ha habido
ahí un llamado todo este tiempo? ¿Está usted, suficientemente, cerca de Jesucristo para escucharlo?
¿Está su corazón abierto, al mundo, en simpatía y amor como para oír su llanto de sufrimiento? Si
hubiera cien niños llorando una madre distinguiría las voces de los suyos, especialmente si fueran de
dolor y sufrimiento. Hay gran agudeza en los oídos de amor. Todo esto de necesitar un “especial
llamamiento” ¿no será, solo, un corazón endurecido, una voluntad renuente y una mente cerrada?
Tanto amó Dios al mundo que se dio a sí mismo. La necesidad del mundo más el amor de
Dios, trajo a Cristo a la tierra. ¿Necesitamos una razón más fuerte que la que El tuvo? Si los
perdidos fueran nuestra familia, ¿Titubearíamos tanto en responder?
Abandonemos la deshonestidad y las pobres excusas que Satanás utiliza para persuadirnos a evadir
de nuestra responsabilidad. Levantémonos con valor y asumamos nuestra responsabilidad. Los
estudiantes cristianos son suficientemente grandes para decidir aceptar responsabilidades. Ellos deciden
si van a la universidad. Son adultos para decidir ser doctores, abogados u otra profesión. Entonces,
también son suficientemente grandes para decidir sobre la vocación misionera. ¡Qué el amor de Dios
nos libre escondernos detrás de pobres excusas para escapar de nuestra responsabilidad misionera!
“Vayan a este mundo ignorante y pecaminoso y prediquen el evangelio a los perdidos.”
¿Tengo alguna razón, para no ir, que pueda defender ante Jesucristo? ¡Esta es la pregunta
real que cada cristiano debe hacerse!
Todo el Evangelio para todas las etnias
Habacuc 3: 17-18 y 2:14
Rigoberto Diguero
HABACUC ESTÁ PERTURBADO por la creciente maldad de Judá. La violencia, la opresión y la injusticia
campean por sus reales en el pueblo de Dios. Su pregunta al Señor es, “¿Hasta cuándo?” (1:1-3). El
Señor responde a Su siervo con la revelación de que muy pronto los caldeos (Babilonia) serán el
instrumento de castigo a la rebelde Judá. Esto añade otro conflicto a la conciencia del profeta, ¿cómo
puede Babilonia, un imperio cruel e impío, juzgar a un pueblo más justo que él?
Y de acuerdo a 2:1, el profeta se sienta a esperar la respuesta divina. Esta llega de manera que el
profeta proclama el maravilloso poema de esperanza y triunfo contenido en los versos iniciales del
capítulo 4. Aunque todo salga mal, aunque la situación sea terrible, dice él, “¡Yo me alegraré en Jehová
y me gozaré en el Dios de mi salvación!”
Uno se pregunta, ¿de donde sale el profeta con ese himno maravilloso de fe? Y la única respuesta
plausible está en el capítulo dos y verso catorce: “La tierra será llena del conocimiento de la Gloria de
Jehová, como las aguas cubren el mar”.
Dios no solamente le muestra a su siervo una pequeña luz al final del túnel, sino que él percibe una
gloriosa explosión de luz y de victoria! La Tierra, toda, será saturada de la Gloria de Jehová!
Ahora notemos que no habla de la gracia del Señor, ni de la bendición del Señor, ni tampoco de
alguno de sus múltiples beneficios Él habla de su Kabod, la dignidad intrínseca de Dios, su majestad
inherente e inefable.
Ni aún el término griego doxa expresa la solemnidad de la palabra kabod. En los profetas, la
palabra gloria se usa para presentar la excelencia del reino mesiánico, comparado con las limitaciones
del orden temporal presente. En el N. Testamento, el equivalente doxa se usa para expresar honra en el
sentido de reconocimiento o aclamación (como en Ap. 14:7).
Dios es digno de toda alabanza y de toda Gloria, por varias razones lógicas. Entre ellas, tenemos las
siguientes:
Razón #1:
Dios es el creador absoluto de todas las cosas
Leemos “en el principio creó Dios.” El Dios Creador es un Dios actuante y poderoso. La Escritura no
pierde tiempo en darle prueba de la existencia de Dios, sino en llamar nuestra atención al hecho de que
el verdadero Dios actúa desde el principio, como que preparando algo especial para el ser humano que
pronto va a crear.
Hoy en día, se enseña que el universo surgió como resultado de una explosión cósmica, el gran
“bang”, como le llaman en inglés. En cierta forma tienen razón. Dios dijo, “sea!”, y ¡ bang, surgió!
Dios es creador, que de la nada más absoluta creó todas las cosas, los cielos y la tierra, las estrellas,
los mares, las flores en toda su increíble variedad y textura. Las mariposas con sus alas pintadas en
millones de diversos y geométricos dibujos, las aves con sus trinos variadísimos y el multi-colorido de
sus plumajes—no son sino la obra de un artista soberano, creativo y multiforme que se goza en la
variedad de su creación.
Ahora bien, Dios no tiene problema respecto a recibir la gloria que le corresponde como creador,
porque el murmullo de los arroyos, el rugir del viento, el canto de las aves, al despuntar el día o el
abrirse de las flores a la caricia del sol, no son sino expresiones de alabanza y gloria hacia aquel que las
creo y las sostiene.
Cuando ese día llegue, la Biblia dice que morará el lobo con el cordero y el niño de pecho jugará
junto a la cueva de la serpiente. Pero aún con toda su carga de maldición, de maltrato, de sufrimiento,
los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos, la creación. Las
criaturas alaban y dan gloria a su creador. De manera, pues, que aquí abajo y respecto a la creación,
Dios no tiene problemas en recibir honra y gloria.
Razón #2:
Dios es el creador del mundo espiritual
El apóstol Juan, a fines de su vida, se estaba convirtiendo en un problema para Diocleciano, emperador
romano en turno. Los romanos llamaban a su emperador “Cesar”—Kyrios en el griego, es decir señor.
Pero aquí está este judío, afirmando que hay otro Señor, que el Kyrios verdadero es un tal Jesús, y que
para colmo está muerto, aunque Juan (y otros como él) dicen que resucitó. Para deshacerse del asunto
decide el emperador deportarlo a una isla.
Es más un islote en medio del mar egeo. Dios aprovechó aquella aparente desventura para darle a
su siervo la revelación mas grande que ser humano alguno pueda tener. Gracias al Apocalipsis escrito
por Juan, nosotros somos el único pueblo que conoce su origen, su presente y su futuro.
El término Apocalipsis es para muchos sinónimo de destrucción y terror. Aún entre evangélicos,
hay hermanos que le temen al libro, con cierta razón. El Apocalipsis nos revela un Dios santo y airado
contra una humanidad rebelde y contumaz.
El mundo nunca ha visto a Dios realmente enojado. Los acontecimientos en el Apocalipsis son
horrendos: ¡Ángeles ejecutando los juicios divinos! Destrucciones y pestilencias cuales la humanidad
nunca ha visto!
Cuando la primera rebelión tuvo lugar en lugares celestiales, la Biblia, en pasajes como Apocalipsis
12, Isaías 14, y otros, nos da a entender que los ángeles que se rebelaron fueron echados fuera,
constituyendo así un reino opuesto y rebelde. Y pareciera que con algunos de estos seres espirituales,
su maldad es tal que no fueron dejados en libertad, habiendo sido encerrados en prisiones, lo que la
Biblia llama “el pozo del abismo”. Pero en aquellos días serán liberados para destrucción. El
Apocalipsis describe su apariencia terrorífica en el capítulo 9:1-11
De manera, pues, que el Apocalipsis, si, es un libro tremendo. Pero, curiosamente el mensaje
principal del libro no es un mensaje de destrucción sino un mensaje de adoración, de alabanza y
regocijo—de fiesta, ¡de celebración en sus niveles más exaltados! Leamos Apocalipsis 4:1-11.
El cinco, el capitulo del Cordero y de la adoración continúa, .se describe la exorbitante cantidad de
ángeles, espíritus poderosos y puros, que en voz alta y fuerte proclaman alabanza y adoración a su
creador. Ahora bien, estos seres, jamás han pecado Ellos no necesitan un redentor en el grado que
nosotros lo necesitamos. Y sin embargo, su adoración es constante, continua, y poderosa, porque ¡ellos
reconocen quien es su creador!
En el 7:9-12, las naciones, las etnias y los ángeles se unen, para glorificarle al Dios Creador. En el
11:15-17, cuando el ángel toque la séptima trompeta y los reinos del mundo (aquellos que Satanás le
ofreció a Jesús en el monte de la tentación) vengan a ser de nuestro Señor y de su Cristo, nuevamente la
eternidad del creador será motivo de fiesta y alabanza. Luego en el 14, nosotros encontramos a los
144,000 sellados, en el 19 tenemos a las bodas de Cordero, y en el 21:24 los reyes traerán al Señor de la
Nueva Jerusalén, su gloria y honor.
La creación reconoce que tiene un creador. Pese a que el pecado, la caída del hombre, acarreó
maldición sobre la creación y sobre las criaturas, ¡estas esperan con apremio el día de la redención! La
Biblia afirma (Ro. 8:21) que la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la
libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Concluimos, pues, que el mensaje principal del Apocalipsis, ¡es un mensaje de gloria y de alabanza,
al creador soberano de todas las cosas¡
Entonces, ¿Cuál es el problema?
Dice el Génesis, que cuando Dios creó todas las cosas, fue por Su palabra. Sin embargo, cuando
llegamos a la creación del hombre, en vez de dar la palabra, “Sea el hombre!”, y este hubiese surgido,
lo que acontece es que el Señor absoluto de todas las cosas, el rey del universo, el eterno, poderosos y
único Dios, desciende, en toda su majestad a este pequeño planeta!
Dice el Génesis, que cuando Dios creó todas las cosas, lo hizo por Su palabra. Sin embargo, cuando
llegamos a la creación del hombre, en vez de dar la palabra, “Sea el hombre!”, y este hubiese surgido,
es el Señor absoluto de todas las cosas, el rey del universo, el eterno, poderosos y único Dios,
desciende, en toda su majestad a este pequeño planeta!
Luego empieza a jugar con sus manos poderosas con el polvo de la tierra! Y ante el asombro de su
ángeles, querubines y arcángeles, el Todo-Poderoso Dios empieza a formar ¡un muñeco! De ese
material tan simple y corriente, de polvo, y luego… ¡oh maravilla! Se inclina sobre esa figura de polvo
y sopla en él, aliento de Su aliento. Y el hombre se yergue, ¡un alma viviente! Todos Sus amores, todas
Sus atenciones, están enfocadas en esa débil criatura de barro! Se recrea en él, en su compañía, es su
obra maestra.
Y aquí radica el problema! Las aves le adoran, ¡las hormigas le adoran! La creación toda le adora.
En el reino espiritual, el Señor recibe continua y poderosa alabanza y gloria. Pero, la obra maestra de
Sus manos, el hombre, la más inteligente de las criaturas, creada a Su imagen, en vez de adorar a su
creador, está adorando al sol, al fuego, a los espíritus del bosque, a los falsos dioses, porque no conoce
quien lo creó ni quien murió por él en el calvario.
De los seis mil millones de personas en el mundo de hoy, divididos en aproximadamente 24,000
etnias—algunas tan pequeñas como los Kiliwas en la baja California con apenas 30 individuos adultos,
o los Hausa en Nigeria con 23 millones—aproximadamente 2000 millones, no han tenido la
oportunidad de escuchar el Evangelio en una forma adecuada y relevante. De hecho, 40,000 personas
aproximadamente mueren cada día de entre estas etnias y sus almas preciosas se pierden para siempre.
Su llanto se escuchará por los siglos de los siglos.
¡Es injusto que esta gente le dé la gloria a seres o a cosas que no son Dios solamente por que no hay
quien vaya y les diga que Jehová es el único y verdadero Dios y creador, y Jesucristo, Su hijo, el único
medio de salvación! Como el profeta Elías, debemos sentir un “vivo celo por Jehová de los ejércitos.”
Nuestro Dios misionero
Pedro Larson
PARA EMPEZAR, UNA PREGUNTA: ¿Cómo describimos a nuestro Dios? Grande, Santo, Fuerte, Eterno,
Amoroso, Bondadoso, Misericordioso, Compasivo, Todopoderoso, Omnisciente, y Omnipresente son
solamente unas palabras nuestras que parecen ser cortas para expresar lo grandioso que es nuestro Dios.
¡Qué hermoso es, cuán bello y magnífico es nuestro Dios, digno de toda adoración y alabanza!
A menudo olvidamos el carácter misionero de nuestro Dios. Muy pocas veces usamos la frase
“nuestro Dios misionero”. Sin embargo, las Sagradas Escrituras dan amplio testimonio de nuestro Dios
en su misión.
Presentamos, enseguida, materiales bíblicos sobre la persona de nuestro Dios mirando a su
revelación, su propósito misionero y el contexto de esa misión, que es nuestro mundo.
La búsqueda religiosa del ser humano
En la búsqueda religiosa del ser humano hay una gran variedad de experiencias y de expresión, aún
dentro de una misma religión. Las llamadas grandes religiones, como el Islam, el Hinduismo, el
Budismo o la fe cristiana tienen manifestaciones diferentes según la cultura de las personas que la
profesen. Los ritos y creencias pueden tener cierta similitud pero las formas y su expresión pueden ser
diferentes. De la misma manera, el animismo de las religiones tradicionales nos impacta por sus
diferentes manifestaciones. Consideremos las siguientes prácticas, descritas en la Guía Mundial de
Oración:
Veneración de los antepasados, China
En un día triste y frío, en la provincia central de Guizhou, China, el Sr. Ting sonrió triste, mientras pensaba en su
abuelo. Sirvió un poco de la comida favorita de su abuelo en un plato. Llenó de té caliente una taza, y colocó
todo sobre el pequeño altar dedicado a sus antepasados. Él deseaba que su abuelo disfrutara de la comida en la
otra vida. Postrándose ante el altar, le pidió al abuelo que se mantuviera atento a las necesidades de la familia, y
que les proveyera una buena cosecha. Trató de recordar las enseñanzas y advertencias del abuelo, con el fin de
no ofender a su espíritu. El Sr. Ting realiza esta ceremonia varias veces en el año para aplacar al espíritu de su
abuelo1 .
Grupo Kurmi, India
El humo de la pira funeraria de la abuela casi se había extinguido y el abuelo ya tenía sus nietos sentados a sus
pies. Él quería que todos entendieran lo que realmente se había hecho. “El espíritu de su abuela ahora está
moviéndose sobre la pira funeraria y permanecerá allí hasta que sus pecados sean juzgados y castigados. Algún
día ella reencarnará”. Uno de los niños preguntó, “¿Cómo sabremos si ella tuvo una buena reencarnación?” El
abuelo respondió, “No existe manera de saberlo. Pero les hemos ofrendado generosamente a los Brahmanes, así
que ellos deben ayudar. Yo también dejaré de comer carne y empezaré a buscar la verdad”2 .
Tuaregs Tamacheq, Libia, Africa
“El nuestro fue un pueblo de grandes guerreros y de bien conocidos mercaderes de camellos en el Sahara y más
allá. Mi padre cabalgaba contra el viento en su camello.” Nuru se hundió en los cojines. La moribunda mujer
decía sus últimas palabras a su hijo, Arit. Él puso el extremo de su turbante sobre su boca, sabiendo que esto
agradaría a su madre. La anciana susurró: “Ahora los árabes nos llaman Tuaregs, que quiere decir, los
abandonados de Dios. Antes fuimos conocidos como los Tamacheq, que significa los nobles y libres. Los
camiones han reemplazado a nuestros camellos. Nuestros ganados y tierras de pastoreo han desaparecido.
Muchos de los nuestros han ido a las ciudades. Nuestro pueblo fue rico y poderoso, pero ahora muchos
sobreviven con un salario diario o mendigando. Los árabes han obligado a nuestros hombres a descubrirse y a las
mujeres a cubrirse con velo. Esto es opuesto a nuestra tradición”. Nuru tocó la cruz grabada sobre el antiguo
1
2
Guía Mundial de Oración, 10 de junio de 2002.
Guía, 17 de septiembre de 2001.
manto que la cubría y la puso en la palma de la mano de Arit. Era una cruz de plata. “Nuestros antepasados
alguna vez adoraron al Salvador que murió por nosotros en la cruz. Encuéntralo para que mi pueblo y mis nietos
le conozcan y le adoren”3 .
Grupo tribal del Xingu, Brasil
La alegre niña de ocho años, sobrina de Topororé, se levantó temprano una mañana para ir a bañarse en una
pequeña laguna con otros niños. Pero la niña no alcanzó a llegar a la laguna. Un feroz leopardo la mató en el
camino. Topororé no se unió a sus familiares para llorar la tragedia. Estaba triste como los demás, pero listo para
emprender la venganza. Siendo un poderoso chamán, simplemente le dijo a algunos hombres de su aldea:
“Ustedes no necesitan ir a perseguir al leopardo. Mañana al mediodía, él entrará a nuestra aldea”. El hombre
blanco que había vivido con los indígenas por muchos años no podía creer lo que escuchaba. ¿Cómo podría
ocurrir esto? A la mañana siguiente, diez hombres fueron seleccionados por el chamán para darle muerte al
animal. El resto debía quedarse dentro de sus casas, esperando que el sol alcanzara su cenit. En efecto, el
leopardo entró en la aldea exactamente al mediodía. Atravesó la larga plaza con su cabeza agachada y se echó en
el suelo, justo como Topororé lo había dicho. Los nativos simplemente lo rodearon y le rompieron el cuello sin
que el animal ofreciera ninguna resistencia. Los indígenas de la Reservación Nacional Xingu, en la región
amazónica, conocen el poder del chamán, pero lo que no conocen todavía es el poder y la presencia de Cristo4 .
Parsis zoroastrianos, Afganistán
Le llaman al fuego “el hijo de dios” y “la imagen visible del dios invisible’ ”. La mayoría de los parsis
zoroastrianos prefieren orar en el Templo del Fuego. Los fieles miembros de la antigua religión de Zoroastro se
reúnen en el gran salón exterior que rodea a un cuarto interior, en donde sólo los sacerdotes escogidos pueden
entrar. Si miramos a través de las ventanas hacia el salón interior con el fuego encendido en el centro, veremos
que ellos duran largas horas orando y adorando. Otros sacerdotes despiertan antes que inicie el día, para orar con
sus caras hacia el suelo. Algunos niegan con vehemencia que ellos veneran al fuego, mientras que otros
orgullosamente profesan que sí, lo hacen5.
El ser humano, aún cuando profese ser ateo, es una persona religiosa (véase la Tabla 1). Sus
experiencias religiosas son reales, dentro de su mundo, su cultura, su cosmovisión y su sistema de
valores. No dudamos de esa realidad, ni de la sinceridad en la cual la persona ha buscado relacionarse
con lo sobrenatural, el ser supremo, el Dios Altísimo, los dioses o los espíritus. No dudamos que la
persona pueda creer que su forma de fe religiosa es la verídica, sea lo que sea.
Como cristianos, con humildad reconocemos que muchas veces juzgamos a los demás con una
actitud de superioridad. Nos olvidamos de la tragedia de nuestra separación con Dios y la degradación
de nuestro propio pecado. Si no fuese por su gran gracia, estaríamos tan perdidos como los demás que
no tienen a Cristo. Nosotros tuvimos que tomar una decisión de arrepentimiento y fe para entrar en
relación con el alto y sublime Dios, quién nos proveyó una tan grande salvación por medio de la muerte
y resurrección de su propio Hijo.
Siendo tan diferentes las experiencias religiosas y especialmente entre la fe cristiana y las demás, el
trabajo de Eugenio Nida nos ayuda a entender esas diferencias. El contrastó la fe cristiana con las
demás religiones en cuanto a las dinámicas de la comunicación religiosa:
Para nosotros, como cristianos, la importancia de la iniciativa de Dios es clave. El nos buscó y nos amó primero.
El proveyó una salvación adecuada, amplia y suficiente a fin de que cualquiera pueda corresponderle en fe y
arrepentimiento, no importando el sexo, la raza o la cultura6.
3
Guía, 17 de noviembre de 2001.
Guía, 9 de marzo de 2000.
5
Guía, 27 de marzo de 2002.
6
Eugene Nida, Religion Across Cultures (New York: Harper and Row, 1968), 81.
4
La respuesta divina a la perdición humana se encuentra perfectamente en Cristo. Su encarnación,
vida, muerte, resurrección y el envío del Espíritu fueron la respuesta divina a la necesidad humana de
reencontrarse con Dios. De esa forma, Dios cumplió y sigue cumpliendo su misión en el mundo. Para
que pudiéramos conocerlo y para que pudiéramos conocer y participar en su misión es que Dios se
revela a sus criaturas humanas.
Dios se revela
El profeta Isaías manifiesta la revelación de nuestro gran Dios. El, siendo trascendente y existiendo
mucho más allá de toda experiencia humana, viene al encuentro de nosotros:
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y
la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para
vivificar el corazón de los quebrantados. Isaías 57:15
Nuestro Dios, aun que sea alto y sublime, interviene en los asuntos humanos como en todos los
asuntos de su creación. Porque él mismo se nos reveló, podemos afirmar su existencia. El se ha
revelado a nosotros como el único Santo, Eterno, Grandioso y Glorioso Dios:
El que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas
mañana, y pasa por las alturas de la tierra; Jehová Dios de los Ejércitos es su nombre. Amós 4:13
Revelación a individuos
Dios se ha dignado revelarse a personas específicas en la historia: Abraham, Moisés, Samuel, David,
Salomón y los demás profetas son apenas algunos ejemplos. La cultura en la que vivieron fue el
vehículo de esa revelación. Dios utilizó diferentes maneras para comunicarse a tales individuos. En
algunas oportunidades, él se comunicó por una voz interna. En otras, lo hizo por una voz audible o por
medio de sueños y visiones. Con el tiempo, el Espíritu Santo inspiró a las personas a que registrasen
por escrito esa revelación, lo que conocemos como “Palabra de Dios”. Estos hombres, inspirados por el
Espíritu, usaron palabras, frases, figuras, ejemplos, metáforas y símbolos de su propia cultura a fin de
que la revelación de Dios fuera comprensible para los demás. En ello, la autoridad misma de Dios se
manifestó. El es Señor.
En la experiencia de la zarza ardiente, cuando Moisés le preguntó por su nombre, Dios se lo reveló.
Fueron precisamente experiencias como las de Dios con Moisés que tenemos registradas en las páginas
de las Escrituras:
No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Yo soy el Dios de tu
padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob… Yo soy el que soy… Jehová, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre
para siempre7.
Éxodo 3:5-6, 14-15
Hechos portentosos
Dios habló a los seres humanos y reforzó su revelación por los hechos históricos de su poder. El éxodo
de Egipto, la peregrinación de Israel en el desierto, la entrada y conquista de la tierra prometida y la
cautividad forman parte del contexto de los poderosos hechos de Dios. En muchas otras ocasiones Dios
manifestó su gran poder, como en la marcha a través del Mar Rojo, el fuego, el humo y los terremotos
del Monte Sinaí con la entrega de los diez mandamientos, las murallas derrumbadas de Jericó y el
7
En la traducción del nombre “yo soy el que soy”, hay algunos que lo traducen “Yo seré lo que seré” o “Hago
venir lo que vendrá”. La existencia, la causa de todo, está incluida en ese nombre tan completo de Dios. Él es,
pura y simplemente.
1.
2.
3.
4.
5.
fuego que consumió el holocausto de Elías frente a los sacerdotes de Baal. En el Nuevo Testamento,
tenemos la cruz, la resurrección y la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés como
demostraciones del poder de Dios en nuestro mundo. Estos hechos y otros más se suman a la creación
misma como poderosas manifestaciones de la revelación divina. En todos Dios comunica su propósito
de salvación y redención para toda la humanidad.
El teólogo Bernard Ramm habla de las obras grandiosas de Dios en la historia humana. Según
Ramm, podemos encontrar por lo menos cinco facetas importantes de la naturaleza de esta revelación:
La revelación de Dios es antropológica—ocurre en el espacio y tiempo humanos
La revelación de Dios es mediada—no es directamente la cara de Dios que vemos, sino su obra
La revelación de Dios es cósmica—ocurre en nuestro mundo
La revelación de Dios es inteligible—es comprensible para el hombre y algo que él puede asimilar
La revelación de Dios es histórica—es un suceso verificable, que de hecho ocurrió, que afectó
nuestros sentidos materiales, que involucra a las personas, transformando las actividades de los seres
8
humanos y de las naciones
Sin embargo, por más eficaz que sea esa revelación divina a personas particulares o por medio de
hechos de poder, hay algo que la sobrepasa. Lo más sobresaliente de la auto-revelación divina es
precisamente el hecho histórico de la encarnación de Jesucristo, su Hijo amado.
Encarnación
La encarnación de Jesucristo es la auto-revelación más contundente y también la más clara en cuanto a
la persona de nuestro Dios. Dios mismo se hizo hombre. Juan, después de convencerse de la divinidad
de Cristo, dejó escrito:
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)
lleno de gracia de verdad… Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por
medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a
conocer.
Juan 1:14, 17-18
Jesucristo es el mediador, tanto de la revelación de Dios como de la redención de Dios. En su
persona se manifiesta la plenitud de la gracia divina y de la verdad divina. El, siendo el Dios viviente,
es la palabra personal de Dios para con los seres humanos. En Cristo conocemos los misterios de Dios
que ya han sido manifestados a los hombres, porque en su persona “están escondidos todos los tesoros
de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3). El Mesías, el ungido de Dios, el enviado del Padre, nos
lo ha revelado. El ha cumplido con su misión y nos envía, a la vez, en misión. Luego de su
resurrección, Jesús se puso delante de sus discípulos y les dijo esas palabras: “Paz a vosotros. Como me
envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21).
Sagradas escrituras
Lo particular de la revelación de Dios ha sido preservado para nosotros por medio de la actividad
divina del Espíritu Santo. El reposaba sobre las personas, inspirándolas y animándolas a escribir las
Sagradas Escrituras. Estas Escrituras, los sesenta y seis libros de la Biblia, son los documentos de
máxima autoridad en la revelación de Dios.
El Espíritu Santo de Dios toma esta revelación e ilumina nuestras mentes para que podamos
entenderla y aplicarla a nuestras vidas. Su obra de inspiración asegura que la Biblia que tenemos en
nuestras manos es totalmente confiable y tiene el sello de la autoridad divina:
8
Bernard Ramm, The Pattern of Authority (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans, 1957), 37.
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de
esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual
anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que
no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han
predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.
1 Pedro 1:10-12
No tenemos que ser engañados ni ser mal encaminados, por seres humanos o seres espirituales, en
cuanto a nuestro conocimiento de Dios. Esta palabra infalible se caracteriza por su completa autoridad,
suficiencia, claridad y eficacia9. La inspiración del Espíritu Santo significa que las personas que
produjeron la Escritura manifestaron “una expresión capaz de pensamiento adecuado y de
10
comunicación posible para todos los hombres de todas las épocas y culturas” .
Al acercarnos a la Escritura, reconocemos la necesidad de la iluminación del Espíritu Santo, para
que podamos entenderla, y de su poder, para que podamos vivirla. Asimismo, necesitamos de
diligencia y una actitud de humildad, de fe, de arrepentimiento y de esperanza para que esa Palabra
tenga un efecto integral en nuestras vidas y sirva a los intereses del Reino de Dios. Sin estos
ingredientes, no cumpliremos con los propósitos de Dios en revelarse a nosotros y regalarnos su Santa
Palabra.
Dios es misionero
La revelación de Dios, el Dios de la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, demuestra que
nuestro creador es sumamente misionero. Esto lo vemos incluso en sus nombres, en sus acciones de
envío, y en el propósito divino para con su creación anunciado por medio de su Palabra.
Que su nombre perdure para siempre;
Que su fama permanezca como el sol.
Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras;
Que todas ellas lo proclamen dichoso.
Bendito sea Dios el señor, el Dios de Israel,
El único que hace obras portentosas.
Bendito sea por siempre su glorioso nombre;
¡Que toda la tierra se llene de su gloria!
Amén y amén.
Salmo 72:17-20 NVI
El nombre de una persona en el Oriente significaba más que una identificación; describía su
11
individialidad y su naturaleza. Con respecto a Dios, sus nombres pueden representar su revelación
general (Sal. 8:1, 9; 24:17) pero más frecuentemente representan una revelación especial de quién es él
(como en Gn. 16:13; 17:1; Ex. 3:14; 6:2-4; 34:5-7).
Nombres de dios en el Antiguo Testamento
9
Clark H. Pinnock, Biblical Revelation: The Foundation of Christian Theology (Chicago, IL: Moody, 1972), 95.
Lloyd Kwast, “A Hermeneutical Model for Judging Biblical Passages as ‘Revelation Applicable for Afericasian
Churches’ ” (Pasadena, CA: Monografía inédita, Seminario Fuller, 1971), 4.
11
Esteban Hicks, “Los Nombres de Dios.” Monografía presentada en clase (Lomas Verdes, México: Seminario
Teológico Bautista Mexicano, s/f), 1.
10
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Los nombres de Dios en el Antiguo Testamento12 revelan y condensan su carácter misionero. Veamos
algunos ejemplos. La palabra hebrea ‘El, en su forma más sencilla, significa “el primero” o “el fuerte”
(Gn. 31:29); se usa generalmente en combinación, como sigue:
‘El Ro’ , el “Dios que ve” (Gn. 16:13)
‘El ‘Ely, el “Dios Altísimo” (Gn. 14:18)
‘El Shadday, el “Dios Todopoderoso” (Gn. 17:1)
‘Eloah, “Dios” en la forma singular de ‘Elohim (Dt. 32:15)
‘Elohim, “Dios” en la forma plural de majestad y grandeza (Gn. 1:1; 3:3)
‘El Jay, el “Dios viviente” (Jos. 3:10)
‘Elohim Kedoshim, el “Dios Santo” (Jos. 24:19)
‘Elohim Shamษm, el “Dios de los cielos” (Dn. 2:37; 4:26)
La misión de Dios descansa en su persona como ʿ, es decir, el primero, el fuerte, el que tiene la
majestad de grandeza en si mismo. Con las combinaciones, entendemos que él ve todo, es el Altísimo,
el Todopoderoso, el Dios de la vida, el Dios Santo y el Dios de los cielos.
Ha-ʿAd, “el Señor”, es un nombre revelado a Abraham. Más frecuentemente ocurre en una forma
especial como plural de majestad, con un sufijo pronominal como Adonay, “mi Señor” (Gn. 15:2, 8;
31:42; Is. 6:1; Os. 2:16, 17). Cuando somos llamados a participar en la misión de Dios bajo este
nombre, nos ponemos bajo su señorío. Él es el Señor supremo sobre toda creación; no hay otro en
soberanía como él.
Yahweh, “Jehová”, aparece más de 6.000 veces en la Biblia. Es el nombre personal revelado por
Dios en Éxodo 3:14 como “Yo soy el que soy”. Este nombre da la idea de auto-existencia, o sea, de que
Dios tiene vida en si mismo, sin comienzo ni fin. Si la raíz del nombre es el verbo ser, la idea puede ser
parafraseada como “Yo seré lo que siempre he sido” o “Yo-soy-presente es lo que soy”. El término
Jehová enfatiza la promesa del Pacto de Dios, la fiel presencia de aquel que da testimonio por su
persona (Ex. 6:2, 4; Dt. 7:9; Is. 26:4).
La forma española “Jehová” viene de las cuatro consonantes (YHWH) del idioma hebreo usadas para
el nombre de Dios. Con el tiempo, por reverencia a Dios, los hijos de Israel temían pronunciar ese
nombre tan inefable, de manera que ya no sabemos cómo se lo pronunciaba en el idioma original. Para
resolver el dilema, los hombres encargados de copiar las Escrituras agregaron a esas cuatro
consonantes las vocales de la palabra ‘Adonay. De esta manera, cuando veían las consonantes YHWH,
ellos le agregaban las vocales de ‘Adonay y pronunciaban la palabra para “Señor”.
Los nombres compuestos de Jehová tienen su significación misionera en las diferentes facetas de la
persona de Dios. Provisión, poder, paz, protección, presencia y dirección son algunas de estas
características:
Yahweh-Yireh, “Jehová proveerá” (Gn. 22:14)
Yahweh-Nissi, “Jehová es mi estandarte”, mi poder en las batallas (Ex. 17:15)
Yahweh-Shalom, “Jehová es Paz” (Jue. 6:24)
Yahweh-Roh, “Jehová es mi pastor” (Sal. 23:1)
Yahweh-Sammah, “Jehová está allí” (Ez. 48:35)
Yahweh-Tseva’ot, “Jehová de los ejércitos” (1 S. 1:3), nombre usado con referencia a los ejércitos de
Israel (Ex. 7:4; 1 S. 17:45), las estrellas o huestes celestiales (Dt. 4:19) y los ángeles (Sal. 103:20-21)
12
Ken Hemphill, “How Excellent are Thy Names,” Christianity Today, 22 de octubre de 2001, p. 97.
El nombre Jehová enfatiza la fidelidad del Dios que celebra un pacto con los seres humanos. Su
misión es fidedigna porque es ejecutada en misericordia para con los que se comprometen con él.
El título “Jehová de los ejércitos” señala la misión de Dios en relación a su pueblo. La venida del
Deseado de todas las Naciones, la presencia de Dios con su pueblo, y la fuerza para realizar su misión
por su Espíritu son parte del significado del nombre “Jehová de los Ejércitos”. Dos textos relevantes
por su significado misionero se encuentran en el libro de Zacarías:
Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y
cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los
ejércitos.
Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros,
no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y
la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria
esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos…
Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército,
ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Zacarías 2:4-7; 4:6
El nombre M諥j significa rey. Por tanto, Jehová, nuestro Dios, es rey: “Jehová reinará eternamente
y para siempre” (Éx. 15:18). Dice así el salmista:
Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre. Jehová dará poder a su pueblo, Jehová
bendecirá a su pueblo con paz.…
Jehová reina, se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no
se moverá.
Salmos 29:10-11; 93:1
El Salmo 97, cuyo tema central es el Reino de Dios, comienza con las palabras “Jehová reina” y
hace una ligación inmediata con el regocijo. Una característica de la misión de Dios es que produce
celebración y santa alegría. Todo está bajo su dominio; en él están la rectitud, la justicia, el fuego que
consume a los adversarios, la luz, la gloria, el juicio, la protección, la liberación y la santidad. Por lo
tanto, Dios llama a sus siervos a la alegría y a la alabanza, llevándolos a proclamar: “Porque tú, Jehová,
eres excelso sobre toda la tierra; eres muy exaltado sobre los dioses” (Sal. 97:9).
El nombre Kedosh Israel, “El Santo de Israel”, destaca la trascendencia moral de Dios.
Encontramos ese nombre en diversos textos: “Y volvían, y tentaban a Dios, y provocaron al Santo de
Israel” (Sal. 78:41). Y también: “Porque Jehová es nuestro escudo, y nuestro rey es el Santo de Israel”
(Sal. 89:18).
La evidencia de Dios como Dios misionero se percibe, por tanto, en sus nombres. El Santísimo
Dios es rey, lleno de gloria y majestad, digno de ser adorado y no hay otro que se le iguale. Su
soberanía, su fidelidad a sus promesas y su santidad son inefables. Sus nombres nos proclaman su
cercanía, su presencia, su poder y su provisión.
“Los nombres de Dios han sido una continúa revelación de su carácter en respuesta a los desafíos
particulares de su pueblo”13. En sus nombres y en sus acciones podemos contemplar el carácter y
actuación de nuestro Dios como Dios misionero.
El Dios que envía
13
En esta sección, soy deudor a Francis DuBose, The God Who Sends (Nashville, TN: Broadman, 1983),
especialmente el cap. 5.
Nuestro Dios misionero es un Dios que envía14. Su manera de operación es por el envío de sus siervos a
su misión. No se trata de un envío impersonal, a parte de su creación o como si él estuviera lejos de
ella, sino que es un envío de acercamiento, de intimidad, de relación perseverante con sus criaturas.
Sustento
Desde la narración de Génesis, vemos a nuestro Dios atento a su creación. El creó y él sostiene a su
creación. Algunas de esas acciones de envío y también de provisión por parte de Dios son las
siguientes:
• agua sobre los campos (Job 5:10)
• abundancia de comida (Sal. 78:25)
• maná desde el cielo (Ex. 16)
• bendición sobre la naturaleza (Sal. 147:15-18)
• grano, vino y aceite (Jl. 2:19)
• renovación de la tierra (Sal. 104:30)
• protección para sus siervos y su pueblo: Lot (Gn. 24:7, 40); José (Gn. 45:5-8; Sal. 105:17); David (1 S.
17); el pueblo de Israel (Sal. 20:2); los tres jóvenes hebreos en la cautividad (Dn. 3:28); Daniel en la
cueva de los leones (Dn. 6)
Juicio
Dios es santo y soberano sobre su creación. En muchas ocasiones él ha tenido que enviar juicios por la
desobediencia humana. Sus decretos, normas y leyes son justas y por tanto no hay parcialidad para con
Dios. Tanto para su pueblo como para los que están lejos y separados del Creador por sus pecados,
Dios ha enviado sus justos juicios. Veamos algunos ejemplos:
• expulsión de Adán y Eva del huerto de Edén por su caída en el pecado de desobediencia (Gn. 3:23-24)
• liberación de Israel y envío de plagas de juicio en contra de Egipto (Ex. 7-10)
• envío de ángeles para derrotar a Senaquerib, rey asirio (2 Cr. 32:21)
• envío de la ira de Dios en contra de su propio pueblo (Is. 10:6)
Estos dos aspectos del envío de Dios, en provisión y juicio, son importantes en nuestro concepto de
la misión. Percebemos aquí la dimensión integral de la misión, más allá de un enfoque exclusivamente
espiritual en cuanto a la salvación para vida eterna.
A Dios le importa su creación; él está atento a una buena ecología. El justo juicio de Dios nos sirve
de modelo para una denuncia correcta de las injusticias y las violencias humanas. Esto es lo que se
refleja en el llamado “mandato cultural” que fue confiado al ser humano:
Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos;
llenad la tierra,
y sojuzgadla,
y señoread
en los peces del mar,
en las aves de los cielos,
14
J. Raymond Tallman, An Introduction to World Missions (Chicago, IL: Moody, 1989), 81–94, propone una
lectura del propósito de Dios bajo tres perspectivas: el Reino de Dios, la salvación de los perdidos y la noción de
shalom, y el establecimiento de la multiforme sabiduría de Dios en el misterio de Cristo revelado a la iglesia. El
propósito misionero de Dios se da en el contexto histórico de nuestra realidad y en medio de personas reales
con sus luchas, presiones y fallas.
y en todas las bestias que se mueven sobre
la tierra.
•
•
•
Génesis 1:28
Redención y vida eterna
El Dios que crea, sostiene y juzga también envía la salvación al mundo por medio del Mesías. Sin
Cristo, no hay redención para con Dios:
el nombre Jesús fue dado al Hijo de Dios “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21)
Jesús es Dios y es también Salvador (2 P. 1:1, 11)
“el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Jn. 4:14)
La promesa del Salvador es anunciada desde el Antiguo Testamento: “Porque yo Jehová, Dios tuyo,
el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Is. 43:4). “Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador” (Is.
62:11).
La salvación de Dios está íntimamente ligada a la liberación de su pueblo. Hay en la Biblia dos
grandes hechos históricos de liberación divina: el Éxodo del Antiguo Testamento y el Monte Calvario
en el Nuevo.
Y cantaban el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son
tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.
Apocalipsis 15:3
La iniciativa de la redención y de la salvación pertenece a Dios, pero él permite una respuesta de
los seres humanos a su oferta de gracia, sea de aceptación o de rechazo. Y si bien la salvación de Dios
restablece nuestra relación vertical con él, entre nosotros ella tiene igualmente una dimensión
horizontal, en relación a la sociedad en la que vivimos. Dios quiere que experimentemos el shalom
divino, el cual presupone también relaciones perfectas de justicia, rectitud y paz entre los seres
humanos.
El Padre envía
Las pistas de este envío divino comienzan en el Antiguo Testamento y se hacen evidentes, con gran
claridad, en el Nuevo. Este mensaje lo encontramos en los Salmos (104:30) y en libro del profeta Isaías
(48:16), entre muchos otros. El apóstol Juan menciona ese maravilloso envío del Padre en referencia al
Hijo, Jesucristo15:
Porque [Dios] no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él…
De cierto, de cierto te digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna.
Juan 3:17; 5:24
El Hijo envía
Jesús, el Gran Apóstol enviado del Padre, también envía en misión. Tenemos dos pasajes significativos
de San Juan que ligan el envío del Padre con este envío de Jesús. En su oración al Padre, Jesús dijo:
“Cómo tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Jn. 17:18). En su aparición a los
discípulos, en el primer domingo de resurrección, Jesús les mostró las marcas de la crucifixión en sus
manos y costado y luego les dijo: “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así yo os envío” (Jn.
20:19).
De la misma manera como fue enviado por el Padre, con revelación, propósito y contexto, Jesús
envía a los suyos en misión. Ese principio es conocido como el modelo de la encarnación de la misión
15
En los siguientes textos, el apóstol Juan amplía nuestra concepción del envío a la misión por parte del Padre:
5:36-38; 6:38-39; 6:44,57; 7:28-29, 33; 8:18, 26, 29, 42; 9:4; 12:44-45, 49; 13:20; 14:24; 17:3, 8, 18, 25.
de Cristo. Antes de otorgar la Gran Comisión a sus discípulos, Jesús les había enviado con la tarea de
anunciar el Reino de Dios a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Jesús les dio instrucciones, tanto a
los doce como a los setenta (Mt. 10:5; Lc. 10:1), y les impulsó a ministrar a su propia gente, con la
promesa: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me
envió” (Jn. 13:20). Tanto en los Evangelios (Mt. 28:18-20; Mr. 16:15-18; Lc. 24:36-49; Jn. 20:20-23)
como en los Hechos de los Apóstoles (1:8), tenemos solemnidad, urgencia y relevancia en el envío a la
misión.
El Espíritu envía
Antes de ir a la cruz, Jesús habló con sus discípulos sobre el cumplimiento de la promesa de la venida
del Espíritu de Dios. El Santo Espíritu de hecho vino en su nombre, para habitar con los discípulos y
guiarles a toda la verdad:
El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os
recordará todo lo que os he dicho… Yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere,
el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
Juan 14:26; 16:7
En los Hechos de los Apóstoles, el Espíritu de Dios es quien envía en misión y dirige la iglesia a
seguir esa dirección. Observamos, por ejemplo, este envío en la vida de Bernabé y Saulo. En medio de
la labor de formación y consolidación del liderazgo de la iglesia en Antioquía, el Espíritu les dice:
“Apartadme a Bernabé y Saulo para la obra a que los he llamado”. El testimonio de Lucas después de
la oración y del ayuno es contundente: “Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a
Seleucia, y de allí navegaron a Chipre” (Hch. 13:2-4).
El mundo: contexto de la misión de Dios
En Juan 3:16 encontramos el contexto de la salvación y el propósito misionero de Dios en acción. Allí
vemos a Dios, a su Hijo Jesús, al mundo y a las personas—unos creyentes y otros caminando rumbo a
la perdición. La provisión de Dios, el darse en amor y la finalidad de la vida eterna, también son parte
de este contexto. Este es el amor ágape, el amor de sacrificio y de entrega, característico del amor de
Dios por nosotros. El texto habla de la intensidad de este amor, teniendo en mira a todos los seres
humanos, de todas las etnias y culturas. La frase, “amó Dios al mundo”, abarca la totalidad de los
contextos de vida de los seres humanos, creados a la imagen y semejanza de Dios.
16
Hay diferentes maneras de entender al mundo en relación a la misión de Dios . Años atrás, surgió
un debate entre teólogos sobre la posición del mundo en oposición a la iglesia y al Reino de Dios. La
fórmula sugerida inicialmente fue la siguiente:
16
Varios misionólogos proponen distintas maneras de entender la misión de Dios, cada cual logrando
condensar su pensamiento en palavras o expresiones cortas. Ejemplos: “la historia de su gloria”—Steven
Hawthorne, “The Story of His Glory”, Ralph Winter y Steven Hawthorne, eds., Perspectives on the World
Christian Movement, 3a. ed. (Pasadena, CA: William Carey Library, 1999), 34–48; “la supremacía de Dios” y “que
las naciones se regocijen”—John Piper, Let The Nations Be Glad! The Supremacy of God in Mission (Grand
Rapids, MI: Baker, 1993); “el testimonio divino al mundo”—David J. Bosch, “Witness to the World,” en
Perspectives, op. cit., 59–63; “que todo el mundo oiga su voz” y “proclamemos a Cristo hasta que él venga”—el
Movimiento de Lausana, en J.D. Douglas, ed., Let the Earth Hear His Voice (Minneapolis, MN: World Wide,
1975) y J.D. Douglas, ed., Proclaim Christ until He Comes (Minneapolis, MN: World Wide, 1990); “proclamando
el Reino del Padre, compartiendo la vida del Hijo y dando testimonio del Espíritu”—Lesslie Newbigin, The Open
Secret: An Introduction to the Theology of Mission, ed. rev. (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans, 1995);
Dios → Reino → Iglesia → Mundo
En esa fórmula inicial, la misión comienza con los planes de Dios, y se mueve hacia el Reino y la
iglesia, llegando a veces hasta el mundo. Sin embargo, algunos teólogos sugerían que se modificara el
orden de las palabras para adecuadamente mostrar lo que Dios tiene en mente en relación a los seres
humanos. La sugerencia, entonces, fue que se invirtieran los elementos de la fórmula:
Dios → Mundo → Reino → ¿Iglesia?
En esta segunda fórmula, el enfoque recae sobre el mundo y el Reino. Con en el punto de
interrogación en la palabra iglesia, los proponentes de esa segunda fórmula estaban cuestionando la
eficacia y aun la necesidad misma de la existencia de la iglesia. Su percepción de la iglesia era tan
negativa que ellos llegaron a poner en duda todo esfuerzo misionero de plantar iglesias autóctonas entre
los grupos no alcanzados. Sin embargo, como cristianos evangélicos, no podemos aceptar esa idea.
Entendemos por las Escrituras que la iglesia es parte integral del plan misionero de Dios. Al poner la
palabra mundo como el segundo elemento de la fórmula, el énfasis es positivo, en el sentido de que no
podemos dejar de lado al mundo, pues es el foco de atención del amor de Dios.
Cuando pensamos en el mundo, puede que imaginemos la creación como un todo, el firmamento, la
naturaleza, las naciones o los grupos étnicos, las lenguas humanas u otra cosa. En nuestras Biblias hay
distintas palabras en las lenguas originales que han sido traducidas como “mundo”. Esas traducciones
mezclan conceptos negativos y positivos del término, lo que puede generar confusión (comparar Jn.
3:16 con 1 Jn. 2:15).
Quizás parte del problema sea nuestra habitual desconfianza de todo lo que es “del mundo” y que
se pone en contra de Dios. Sin embargo, los elementos del Reino, la iglesia y el mundo deben estar en
justo equilibrio para que podamos entender el contexto de la actuación misionera de Dios. Hay
17
diferentes maneras de entender este concepto, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento .
Juan afirma18 que Jesús es la luz y el salvador del mundo (Jn. 8:12 y 4:42; 1 Jn. 4:14). Enviado al
mundo (Jn. 3:16-17; 10:36; 11:27; 12:46; 16:26; 17:18; 18:37; 1 Jn. 4:9), Jesús sufre oposición de
Satanás (Jn. 16:11; 1 Jn. 4:4) y de un mundo que no conoce al Cristo de Dios y le odia (Jn. 1:10; 7:7;
8:23; 15:18).
“missio dei”—expresión latina usada por Johannes Verkuyl, quien incluye los elementos de salvación,
plantación y crecimiento de iglesias autóctonas, transformación de la sociedad que adopta valores cristianos,
responsabilidad social en la evangelización y el Reino de Dios como meta de la missio dei. Otros podrían
afirmar que el propósito de Dios es su propia glorificación por todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, en
cada generación, hasta que Cristo vuelva. Esto incluye el hacer discípulos de todas las etnias que sigan al
Cordero de Dios en obediencia al Gran Mandamiento y en cumplimiento de la Gran Comisión.
17
Las siguientes fuentes estudian la noción de “mundo”: Robert Young, Analytical Concordance to the Bible,
22a. ed. norteamericana (New York: Funk and Wagnalls, 1936), 1073 (palabras hebreas); E.F. Harrison,
“World”, Evangelical Dictionary of Theology, Walter A. Elwell, ed. (Grand Rapids, MI: Baker, 1984), 1190–1191
(palabras griegas); W.A. Arndt y F.W. Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament (Chicago, IL: The
University of Chicago Press, 1957), 446–448 (distintas acepciones de la palabra en un tratado clásico relativo al
Nuevo Testamento).
18
Para un abordaje de la teología de Juan en cuanto al mundo, véase H. Sasse en Gerhard Kittel, ed.,
Theological Dictionary of the New Testament, trad. Geoffrey Bromiley (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans,
1965), Tomo iii: 894–895.
Encontramos en los Evangelios una paradoja: Cristo no vino a juzgar al mundo sino a salvarlo (Jn.
3:17), aunque su misión al mundo trae juicio, comenzando con su propia muerte (Jn. 12:31; 16:11 con
14:30). La historia de la salvación es una narrativa del conflicto entre Cristo y el mundo gobernado por
el “príncipe de este mundo”. Hay victoria en Cristo (Jn. 16:33), quien ha escogido a sus discípulos y les
envió su Espíritu para que habite en ellos (Jn. 15:16; 14:17).
Desafíos para la misión de Dios en el mundo
Nuestro mundo presenta grandes desafíos a la misión cristiana. Diferentes contextos y situaciones
pueden ser problemáticos, mientras en otras áreas las cosas son más pacíficas. Como agente de la
misión de Dios en el mundo, el que lleva una vida como discípulo de Cristo ha de encontrar retos
difíciles por delante (2 Ti. 3:12).
Observemos enseguida un diagrama (Fig. 1) propuesto por Sherron K. George, que intenta plantear
algunos de los principales desafíos para la misión de Cristo en el mundo de hoy19. En el diagrama
tenemos las palabras edad, nación, raza, geografía, cultura, clase, religión, etnicidad, economía e
idioma. Son áreas del conocimiento humano que describen el contexto de la misión de Dios. No son
equivalentes entre sí y dependen del uso que se les quiere dar. Por ejemplo, la palabra “cultura” podría
abarcar casi todas las demás o podría ser usada en su sentido muy limitado de “buenos modales” o una
buena educación.
Para el contexto misionero, la palabra “cultura” debe de ser usada en el sentido antropológico,
mucho más amplio, que describe el diseño de vida, creencias, valores, instituciones, costumbres y
cosmovisión de los distintos grupos humanos.
En la parte de afuera de la figura, la autora señala algunos de los desafíos de la sociedad en su
relación con el Reino de Dios. Algunos podrían ser muy importantes según el contexto y momento
histórico, mientras que otros son de menos peso. Si todos tienen empleo, o si la zona y su grupo de
gente no han conocido directamente un desastre natural, en ese momento son de menos influencia.
Para los pueblos no alcanzados, la parte central del diagrama, que menciona congregaciones
locales, estaría modificada. Para estos grupos, aun no conociendo el Evangelio de Cristo, Dios está
presente pero no hay un conocimiento explícito de su revelación especial en Cristo. La influencia de la
iglesia universal o las congregaciones locales ha de ser mínima. No podremos contar directamente con
la fuerza de ciertas instituciones, estructuras o alianzas cristianas en dicho contexto. Las flechas
demuestran la interacción entre la iglesia y el Reino de Dios.
Seguramente este diagrama tiene sus limitaciones, una de las cuales la amplitud de ciertas palabras,
especialmente las que están en el círculo. Igualmente, el elemento “política” debería estar incluido.
¿Reconocemos la presencia de Dios en nuestro medio? ¿Cómo interviene Dios en los problemas
humanos? ¿Cuáles son los desafíos más apremiantes en nuestros contextos? ¿Cuáles son las estructuras
sociales que más pueden afectar a la congregación local?
Las metas de Dios en nuestro contexto
Cuando estaba al frente del movimiento AD 2000—que fue un esfuerzo de llevar el Evangelio a los
20
pueblos no alcanzados—Luís Bush propuso varios aspectos del desafío de la actuación de la iglesia
en el mundo en relación con el propósito misionero de Dios. Aquí está un resumen de sus ideas:
1. La gloria de Dios en toda la creación
19
20
Sherron Kay George, “Local-Global Mission: The Cutting Ed ge”, Missiology (abril de 2000), 189.
Apuntes de un mensaje de Luis Bush, tomados por el autor en la Ciudad de México, 1995.
2.
La oportunidad, ofrecida a todos los seres humanos, para que puedan experimentar el Evangelio de
salvación, liberación, sanidad y bienestar
3. La expansión y extensión del Reino de Dios a todos los rincones y grupos no alcanzados de la tierra (2
Co. 10:15-16), tanto en las poblaciones urbanas como en los grupos rurales y tribales de todo el mundo
4. El fortalecimiento de la iglesia cristiana en todo lugar, principalmente donde ella es todavía incapaz
de evangelizar a su propia gente por sí misma
5. La victoria del Reino de Luz sobre todas las fuerzas del reino de tinieblas, en virtud del triunfo de
Cristo en la cruz del Calvario
Conclusión
El Dios Altísimo, quien se ha revelado a individuos y grupos de personas a lo largo de la historia,
sobretodo en el cenit de su encarnación en Cristo, tiene un propósito que se desarrolla en nuestro
contexto histórico humano. Sin embargo, este Dios Altísimo es también el Dios misionero, quien nos
invita a participar en su misión en el mundo, según el modelo de la encarnación en Cristo Jesús, nuestro
Señor.
La misión cristiana en el Nuevo Testamento
David E. Ramos
EL NUEVO TESTAMENTO como testimonio histórico y teológico de la persona, palabra y obra de Jesús, el
Cristo, continúa el relato de las acciones salvíficas de Dios en la historia de la humanidad. A diferencia
de las intervenciones divinas en el Antiguo Testamento, en el Nuevo se establece el carácter final del
Evangelio afirmando la supremacía de Jesucristo. El Reino no es de este mundo, pero se realiza en él, y
para esto, el Señor encarga a una comunidad, la iglesia, de ser señal y testimonio en palabra y obra de
este Reino a todas las naciones.
El Nuevo Testamento interpreta el Antiguo a la luz de Jesucristo. Por decirlo de otro modo: “El
Nuevo Testamento no tomó todos los colores que le ofrecía el Antiguo, sino que se sirvió de él
selectivamente y con verdadera originalidad”1.
Consciente de sus limitaciones, el presente artículo va más allá de plantear las divisiones
tradicionales del Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos, Pablo, Universales y Apocalipsis) como base
para el estudio de la misión2. Lo que queremos hacer aquí es hilvanar una comprensión de la teología
de la misión de la iglesia en el Nuevo Testamento, mirando a la misión no sólo como acción, sino
también como reflexión sobre la obra de Dios en el mundo. El esquema a dibujar es el siguiente:
1. La relación entre Dios y su misión—
dimensión teológica
2. La misión según el modelo de Cristo Jesús—
dimensión cristológica
3. El Espíritu Santo y la misión—
dimensión neumatológica
En estos principales segmentos, que podrían ser acrecidos de otros más, se buscará ordenar las
verdades bíblicas que fundamentan el compromiso, la estrategia y la visión evangelizadora de la
iglesia. El propósito del artículo no es agotar el tema, sino darle un rumbo y reflexionar sobre sus
1
2
W. D. Davies, Aproximación al Nuevo Testamento (Madrid: Cristiandad, 1977), 24–25.
Véase Orlando Costas, Hacia una teología de la evangelización (Buenos Aires: La Aurora, 1973).
implicaciones prácticas en la misión de Dios. Entender la misión de Dios requiere que entendamos el
Dios de la misión. Dios no sólo habla de la misión sino que él mismo la ejecuta. Dios está presente en
la historia y aún antes y después de ella, para idealizar y concretar su obra redentora, como se puede
verificar en las páginas de las Santas Escrituras.
TEOLOGÍA MISIONERA Y MISIÓN TEOLÓGICA
Una práctica misionera desde América Latina necesita de una teología de la misión desde América
Latina. De acuerdo con Justo González:
La misión es la tarea total de la iglesia; las misiones son aquel aspecto de esa tarea que se relaciona con su
expansión… El mal uso de los términos se presta a equívocos que pueden tener consecuencias negativas para la
iglesia. Por ejemplo, se puede entender que la misión de la iglesia, es decir, su tarea total, consista en las
misiones, es decir su expansión. Tal interpretación produciría una visión mutilada de la tarea total de la iglesia…
[Asimismo] con el énfasis contemporáneo en la misión total de la iglesia, las misiones han quedado relegadas a
un segundo plano, y a veces se ha pensado de ellas como un rival de la misión. Esto ha hecho que
frecuentemente quede olvidado el hecho obvio de que la iglesia que hoy se preocupa por su misión es el
resultado de las misiones de la iglesia del pasado.3
Al hablar de teología, hablamos de la comprensión del mensaje, de la naturaleza de Dios y de su
propósito redentor en la creación. Esto nos provee nuestra identidad. “Sin teología, la iglesia termina en
lo superficial, la superstición y la herejía” 4. De ahí que la única práctica evangelizadora verdadera es la
que comunica un sano mensaje, es decir, una teología fiel a las Escrituras y relevante al contexto.
La evangelización no se hace esclava de los que proclaman ni de los que reciben el Evangelio, y
tampoco debe definirse en función de los resultados meramente estadísticos de su éxito o fracaso.
Asimismo, tampoco debe definirse en función de los métodos usados o en función de los intereses o
valores culturales de quienes evangelizan. La autenticidad de la evangelización se define por la
fidelidad al mensaje divino, cuyo propósito último es la gloria de Dios entre las naciones 5.
Una teología desde América Latina requiere de una vocación misionera y su transmisión requiere
que sea entendida. Dios es y Dios hace. Dios tiene un propósito en la historia, y en función de ese
propósito está nuestra existencia. Una reflexión sobre Dios y su palabra que no se mueva a una práctica
misionera o no está percibiendo al Dios de la Biblia, cual Pablo antes de su conversión, o está en una
rebeldía, como Jonás. De este modo, la teología (gr. kerygma = proclamación) debe tener una función
misionera (kerusso = proclamar).
Dios y la misión—dimensión teológica
Hablar de la tarea de la iglesia es hablar de la acción y del propósito de Dios, la cual tiene que ver con
6
el concepto de misterio . De acuerdo a Efesios, ese misterio tiene por lo menos cuatro aspectos:
a. Designio de la voluntad de Dios para su creación, que él se ha propuesto cumplir en si mismo (1:9-10)
3
Justo L. González, Historia de las misiones (Buenos Aires: La Aurora, 1970), 19.
Costas, op.cit., 11.
5
Véase John R. W. Stott, La misión cristiana hoy (Buenos Aires: Certeza, 1977).
6
El concepto de misterio era conocido de los lectores grecorromanos contemporáneos de Pablo. Existían las así
llamadas y populares religiones de misterio, caracterizadas por cultos de fertilidad y ritos secretos, además de
un fuerte individualismo. Pablo, como lo hace Juan con el término logos, usa el término misterio dándole una
connotación radicalmente cristiana. Véase Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano (Miami, FL:
Caribe, 1992), 52–57.
4
b.
Revelación del Espíritu a los apóstoles y profetas, con respeto a la igualdad de judíos y gentiles ante el
Evangelio (3:1-7)
c. Relación indisoluble entre Cristo y la iglesia (3:10-13; 5:32)
d. Una gracia que comprometió al propio apóstol (3:8-9; 6:19)
La misión de la iglesia es la misión de Dios. Su propósito es colocar todos los órdenes de la vida
bajo el señorío de Cristo por medio de la predicación del Evangelio. Como dice René Padilla:
Evangelizar es proclamar a Jesucristo como Señor y Salvador, por cuya obra el hombre es librado tanto de la
culpa como del poder del pecado e integrado al propósito de Dios de colocar todas las cosas bajo el mando de
Cristo… Sin la proclamación de Jesucristo como Señor de todo, a la luz de cuya autoridad todos los valores de la
era presente se relativizan, no hay verdadera evangelización 7.
El Dios que anunció Jesucristo está dispuesto a salvar al mundo, pero no como el mundo quiere ser
salvado. Dios irrumpe soberanamente para instaurar su Reino, llamando a los seres humanos a la total
conversión, modelándoles una vida que se realiza en el servicio a los demás.
El misterio de Dios no es conquista ni logro humano, sino gracia y don del Espíritu Santo. En tanto
ese misterio nos es conocido, a la vez sigue siendo inabarcable, puesto que sólo puede ser detectado y
comprendido por la fe. Cuando la iglesia olvida lo misterioso de su misión y quiere convertirla en un
proyecto racional o científico, pierde la sensibilidad al latido del misterio escondido en la complejidad
de la historia humana.
Pablo explica la realización del misterio de Dios en que los gentiles son coherederos, co-miembros
y también copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio. La expresión griega
panta ta ethne, como la encontramos en la Septuaginta8, designa todos los pueblos de la tierra, que se
diferencian entre sí por su linaje, lengua, costumbres y territorio. Para la teología del judaísmo,
prevaleciente en el primer siglo, los pueblos de la tierra son extraños, alejados de Dios y no son
tomados en cuenta para nada. Están condenados a un futuro sin Dios y sin sus bendiciones. Las etnias o
naciones, bajo esa óptica, son impuras, incluyendo sus mujeres, sus hijos, sus casas, sus tierras. Sin
embargo, de estas mismas etnias, dice Pablo, Dios genera coherederos y beneficiarios por fe de la
promesa, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de las bendiciones designadas para los escogidos
de Dios. Y esto de acuerdo a las “insondables riquezas de Cristo” (3:8) y conforme al “plan del
misterio escondido desde los siglos en Dios, el creador de todas las cosas” (3:9). Desde la perspectiva
bíblica, por lo tanto, no existe ninguna justificativa para prejuicios étnicos, políticos, religiosos o
sociales que impidan que la iglesia lleve el Evangelio a todas las etnias y grupos humanos. Como dijera
Guillermo Cook:
El Evangelio que el Cristo resucitado encomendó a sus discípulos se dirige al ser humano en todas las estructuras
culturales, sociales y económicas en que éste se encuentre. Dios nos convida a allegarnos a nuestros prójimos, no
como individuos aislados, sino personas que forman parte de un complejo de interrelaciones sociales9 .
En la vida misionera de Pablo—como la de todo cristiano que es llamado y enviado a proclamar las
Buenas Nuevas—convergen los aspectos esenciales del avance misionero: la oración, el Espíritu y el
sufrimiento. En primer lugar, la vocación misionera ha de verse siempre como una llamada de la gracia
7
René Padilla, Misión integral (Buenos Aires, Argentina: Nueva Creación, 1986), 10–11.
Un 80% de las citas del Antiguo Testamento que encontramos en el Nuevo Testamento provienen de la
Versión de los Setenta (conocida como LXX). Véase Gonzalo Báez-Camargo, Breve historia del canon bíblico
(México, DF Sociedades Bíblicas Unidas, 1983), 15–52.
9
Guillermo Cook, Profundidad en la evangelización (San José, Costa Rica: INDEF, 1989), 56.
8
de Dios (3:7, 9). La empresa misionera no es entretención, ni modus vivendi, ni afición, sino una
profunda convocación a una labor que excede a nuestros recursos, pero que es la voluntad del Señor.
En segundo lugar, hay un proceso de proclamación pero también hay una continuidad en la
evangelización. El Evangelio no es una doctrina de cuatro puntos, ni una manipulación sicológica. Las
riquezas inagotables de Cristo que se anuncian en el Evangelio requieren que la evangelización sea
entendida como un proceso permanente en la vida del cristiano. La proclamación inicial de la Palabra
abre un camino de constante maduración en el conocimiento (experiencia) y la gracia de Dios (2 Pe.
3:18).
Finalmente, los esfuerzos y las estructuras misioneras han de estar ligadas irreversiblemente a la
iglesia, pues “por medio de ella” (3:10) se da a conocer la multiforme sabiduría de Dios. Esto tiene dos
implicaciones:
a. La iglesia debe de asumir responsablemente la tarea de la evangelización, pues para eso es el
instrumento del propósito misional de Dios;
b. Ningún esfuerzo misionero tiene el derecho de despreciar la iglesia como sujeto de las misiones.
Reconocemos que muchas veces las estructuras eclesiales se han cerrado a la evangelización local y
transcultural. Sin embargo, no debemos perder de vista que Dios puede levantar huesos secos y
hacerlos instrumentos de vida (Ez. 37:1-10).
Cristo y la misión—dimensión cristológica
Las preguntas cruciales en esta sección son: ¿Qué entendió Jesús por lo máximo y definitivo en su
vida?, y ¿Cómo lo asumió y cómo proyectó la continuidad de eso luego de su ascensión?
Los Evangelios sinópticos trazan la manera en que Jesús vinculó su presencia en el mundo a la
predicación del Reino de Dios. Leemos en Mateo 4:17 y Marcos 1:14-15 que “el Reino se ha
acercado”, y en Lucas 4:43 que Cristo anuncia “el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he
sido enviado”.
La presencia del Reino en la persona de Jesús es incuestionable. Jesús tiene conciencia de que en su
persona se acerca el Reino de Dios. Él no sólo predica su cercanía, sino que produce los signos de ese
acercamiento: “Si por el Espíritu de Dios expulso los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino
de Dios” (Lc. 11:20). Los signos incluyen el perdón de los pecados (Mc. 2:1-12), las comidas con los
publicanos (Marcos 2:15-17), las parábolas (Mc. 4:30ss), la respuesta que da a los que pedían señales
(Lc. 17:20), el lenguaje del cumplimiento para describir su ministerio (Lc. 4:21), la respuesta que se le
da a Juan el bautista (Lc. 7:24-28), las palabras de ánimo a sus discípulos (Lc. 13:32), todo conduce a
pensar en el Reino como realidad histórica que se respira con profundidad en las páginas de los
Evangelios. Para Jesús, la salvación se decide con la toma de postura hacia su persona (Mc. 8:38).
El anuncio y el significado del Reino tienen sus orígenes en la esperanza veterotestamentaria del
pueblo de Israel10. Luego de la destrucción de Israel y Judá por Asiria (772 a.C.) y Babilonia (586
a.C.), el exilio y la pérdida de su relativa autonomía como nación, surge la esperanza escatológica de
una auténtica liberación nacional, el sometimiento de las naciones al gobierno de Israel, y la
expectativa de un Mesías que lleve a cabo dicha esperanza. A los profetas les tocó la tarea de articular
estas promesas divinas. Se anuncia una nueva situación nacional conducida y realizada por Dios. Es
10
Michael Green, La evangelización en la iglesia primitiva (Buenos Aires, Argentina: Nueva Creación, 1997),
201.
precisamente en este marco de anhelos y sueños que Jesucristo proclama la presencia y cumplimiento
de tales promesas proféticas en su misma persona (Lc. 4:20-22).
Este Reino, que es reino de gracia—en tanto se debe a la iniciativa gratuita de Dios y no a la
conquista del hombre—formula una buena noticia, que es proclamada en obra y hechos (Mt. 11:5; Lc.
6:20 y 10:23). La buena nueva presupone que Dios ha entrado definitivamente en la historia de la
humanidad para transformarla desde su condición de muerte a una condición de vida. El Reino de Dios
es caracterizado por la preeminencia de la justicia, la paz, la plenitud de vida y la igualdad. La creación
comienza a experimentar su redención. Este mover de Dios en la historia genera una comunidad
incipiente, representada en los Evangelios por los apóstoles y posteriormente desarrollada por ellos en
el mundo, particularmente por Pablo, que la denomina ekklesia—es decir, la asamblea convocada por
Dios en la fuerza del Espíritu para proclamar la palabra del Evangelio del Reino en Cristo Jesús.
Podemos percibir una similitud entre el contexto socioeconómico y religioso en el que Jesucristo
encarnó el Reino y el contexto nuestro en América Latina. El Reino anunciado por Jesús surge o
principia en la Galilea de los gentiles—las etnias (Is. 9:1). Era una región subdesarrollada, con gente
que padecía la injusticia del sistema romano en convenio con los gobernantes judíos. La concentración
ministerial de Jesús fue entre los humildes y marginados, lo cual no significa en manera alguna que no
tenía un mensaje o un interés por los grandes de la tierra, pero estos también debían aprender lo que
significa ser parte del Reino de Dios.
Galilea era una sociedad mixta, orientada hacia el comercio. Tenía sus debilidades sociales y una
teología nada fiel a los patriarcas del Génesis. La gente mantenía una distancia enérgica de la jerarquía
político-religiosa de Jerusalén. En tiempos de Jesús, el desprecio hacia Galilea queda descrito en las
palabras de Natanael, “¿Puede venir algo bueno de Nazaret?” (Jn. 1:4-6) y en la respuesta de los
fariseos a Nicodemo: “Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta” (Jn. 7:52).
Orlando Costas solía decir:
Para Marcos, el hecho de que Jesús viniese de Galilea y no de Jerusalén parece estar cargado de un profundo
sentido teológico. Ve en Jesús al eterno Hijo de Dios que se hizo “un nadie” para levantar a la humanidad de la
nada y de hacer posible una nueva creación… Al hacerse un galileo imbécil, el Hijo de Dios abrió el camino de
un nuevo éxodo para Israel y también para el resto del mundo11.
A una iglesia evangélica latinoamericana que quiere ser fiel a su vocación misionera y al propósito
del Dios que la ha convocado, todo lo anterior se resume en lecciones preciosas. Podemos afirmar que:
a. La práctica misionera aceptable en el Nuevo Testamento es aquella sigue el modelo de Jesús y se
orienta al logro del plan histórico de Dios en Cristo—el reinado de Dios.
b. Cualquier acción misionera que se reduzca a la mera implantación numérica de iglesias o a la mera
satisfacción de las necesidades materiales del hombre mutila profundamente el proyecto de Dios,
arriesgándose a perder su sabor en la tierra y a dejar de ser una luz colocada debajo del almud (Mt.
5:13-16). No puede haber compromiso con los poderes, sean de este mundo, sean del mundo de las
tinieblas. La obra de Dios se dirige a la transformación del hombre desde la profundidad de su ser y
relaciones, como también a la restauración de la creación, “para que al nombre de Jesús se doble toda
rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Fil. 2:10-11).
11
Orlando E. Costas, Evangelización contextual: fundamentos teológicos pastorales (San José: SEBILA, 1986), 48–
49.
c.
d.
e.
f.
g.
Que Dios nos haya permitido servir en y desde un continente considerado como la periferia del
12
mundo, llamado el “tercer mundo” , es una oportunidad histórica para recobrar en su mayor pureza y
fidelidad el contenido y la práctica del Evangelio del Reino encarnado en Jesús, vivenciando su
credibilidad y autenticidad delante de las naciones.
Una misionología desde América Latina será fiel a Jesús, como el evangelista desde la periferia, en la
medida que reproduzca una visión de fe y un mensaje de vida auténtica que no sean simples fotocopias
del primer mundo.
Si la evangelización llevó a Jesús a una confrontación inevitable con los poderes establecidos en
13
Jerusalén , nosotros, como sus seguidores y embajadores, podemos esperar confrontaciones
semejantes en nuestros días.
No sólo los de la ventana 10-40 necesitan el Evangelio de Jesús, sino también las grandes naciones del
primer mundo. Recordemos que acciones políticas, económicas y militares del mundo occidental
históricamente han contribuido para que en esta ventana se concentren los más grandes resentimientos
contra el Cristianismo y se le niegue credibilidad y autenticidad a los esfuerzos misioneros dirigidos
hacia ella. La dureza del corazón de estos pueblos no tiene que ver solamente con la naturaleza
intrínseca del ser humano, sino también con ese dolor y desprecio acumulado hacia occidente por su
trato hacia ellos. Son los misioneros los que pagan con sus vidas el costo de una evangelización en
estas tierras conflictivas. El primer llamado a las naciones que se dicen cristianas es el de comenzar a
tratar a las naciones sin Cristo con justicia y equidad, encarnando el amor de Dios, según el ejemplo de
Jesús.
En la medida que la evangelización esté vinculado a las necesidades totales del ser humano, y
particularmente el pobre, ésta no será un lavado cerebral ni terminará siendo absorbida por el sistema.
El Evangelio no existe para legitimar las estructuras religiosas que condenan a la muerte en vida a
grandes sectores de la población. Esta oportunidad de recapturar el mensaje de Jesucristo en su mejor
pureza conlleva a una evaluación de las teologías, los modelos eclesiásticos y las prácticas misioneras
que—de buen corazón en muchos casos, pero con evidentes flaquezas—han nacido en tierras del
primer mundo.
La iglesia ha de verse a sí misma como señal del Reino inaugurado por Jesucristo. Ella debe
fermentar la masa, para preservación y no para destrucción. Ella es un instrumento, y no un fin en si
misma. El mundo evangélico latinoamericano puede alegrarse, pero no debe de sentirse realizado con
su crecimiento numérico. Esto apenas le plantea el desafío de ser pertinente para la gloria de Dios entre
las naciones. Ya tenemos presencia, pero ¿cuál será nuestro impacto? El atractivo de la iglesia, ¿reside
en su fuerza numérica o en el poder con que desafía a los reinos de este mundo? La iglesia, ¿es
escuchada por la profundidad de su mensaje o por la grandeza de sus templos?
Espíritu y misión—dimensión neumatológica
La neumatología como reflexión sobre la persona y obra del Espíritu Santo ha sido con frecuencia la
cenicienta de la teología y de la práctica cristiana. Sin embargo, en la perspectiva bíblica, la iglesia es
fiel a su vocación cuando surge y actúa en el ámbito del Espíritu. Sólo en él podemos derribar
12
Véase Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina (México: Siglo Veintiuno, 1970) y Gustavo
Gutiérrez, Dios o el oro en las Indias (San Salvador: UCA, 1991).
13
“Sus reclamos mesiánicos no estaban fundamentados ni en la riqueza, ni la posición social o la política de
poder, sino en su llamamiento por Dios y por la unción del Espíritu, y más aún eran verificados por el poder del
Reino que se operaba en su ministerio”.
fortalezas, desenmascarar y enfrentar a nuestro enemigo en sus manifestaciones personales o
estructurales, comprender y transmitir la verdad de Dios en cualquier contexto, y vivir en total libertad,
independientes de los poderes de este mundo. Cuando una agrupación cristiana permite que se le
encajone en espacios a los que no llega la corriente fresca del Espíritu, ella muere por asfixia y con ella
muchos más.
El movimiento misionero ha sido quien más ha tenido preocupaciones por comprender y vivir la
plenitud del Espíritu, a raíz de las exigencias de los contextos espiritistas dónde ha llegado la misión.
Esto es casi natural, pues el Espíritu ha vinculado directamente a la iglesia con la misión de Cristo. Sin
embargo, la ausencia de una reflexión teológica ha llevado a ciertos excesos de doctrinas referentes a la
vida espiritual.
En virtud del Espíritu es que la iglesia puede asumir su tarea en el mundo. A partir de su presencia
y acción es que la iglesia puede efectivamente ser una comunidad fraternal (el rompimiento de
cualquier tipo de barreras humanas), de poder (donde fluyen señales y hechos imposibles a la capacidad
del hombre), de proclamación (la transmisión y proclamación del mensaje redentivo y restaurador de la
creación) y una verdadera comunidad profética (reclamo y desafío de la rebeldía y desobediencia de la
criatura expresadas en las empresas y estructuras humanas).
El ministerio de Jesucristo estuvo lleno de la presencia del Espíritu de principio a fin. Todo cuanto
él hizo fue en virtud del poder y del acompañamiento del Espíritu de Dios14. La obra de Jesús de
Nazaret no fue resultado de su poder o de su capacidad humana, ni de una especie de un Dios que juega
a ser hombre. Como hombre, decidió no aferrarse al ejercicio de su Deidad15, y todo cuanto realizó lo
obró en el poder del Espíritu Santo.
Esto nos dirige a una comprensión de la obra del Espíritu Santo en la misión de Dios. Aprendemos
que Dios autentica las palabras y las obras de Jesús al investirlo del Espíritu. En otras palabras, Dios
aprueba y confirma su parecer con la práctica de Jesús al expresar que su Espíritu estuvo siempre en
todo lo que Jesús hizo. Así lo entendió la iglesia del primer siglo (Hch. 2:22; 5:32; 10:38). Lo llamativo
de la predicación primitiva es el contraste entre la aprobación divina (ungiéndolo con su Espíritu) con
la reprobación (colgándolo en una cruz) y condena de los israelitas, la dirigencia político-religiosa de
Jerusalén y las autoridades romanas a todo lo que Jesús hizo y dijo (Hch. 2:22-24; 3:13-15; 4:8-10;
5:29-32; 10:36-43; 13:26-33).
Como aplicación de ésta verdad bíblica, la iglesia de América Latina tiene la oportunidad de
realizar una práctica misionera con credibilidad, pues no va empujada por la fuerza conquistadora de un
imperio, sino por su sentido de vocación divina. Por tal motivo, mientras más distancia estratégica y
teológica muestre respecto a las grandes potencias del mundo occidental, más libertad y credibilidad
tendrá a los ojos de las etnias no alcanzadas. Hay que tomar cuidado en no predicar un evangelio
humano que sea una mera occidentalización de segunda mano, promovida por una imitación mediocre
de comportamientos superficiales del Norte.
14
En Lucas, la concepción de Jesús (Lc 1:35), su bautismo (Lc 3:22), la tentación (Lc 4:1), la unción para
comenzar su ministerio en Galilea y Nazaret (Lc 4:14, 18), el gozo que disfrutaba en el servicio (Lc 10:21)—todo
implica que la continuidad de la obra en los apóstoles dependerá también del Espíritu (Lc. 11:13; Jn. 14:26 y
15:26; Hch. 1:8), añadiéndose a esto lo irremediable que es la ofensa al Espíritu (Lc. 12:10-12) y los
mandamientos finales que les dio en el poder del mismo Espíritu de Dios (Hch. 1:2).
15
Véase Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano, op. cit., tomo I.
Como dice la Escritura, todo cuanto Jesús hizo y dijo lo podemos hacer nosotros también, aún cosas
mayores (Jn. 14:12). El Maestro profetizó estas palabras en el contexto de su retirada y de la llegada del
Espíritu Santo. La iglesia en misión debe echar mano del poder que asistió a Jesús, y debe estar abierta
para que este poder se manifieste en plenitud. Las palabras de Cristo van dirigidas a la comunidad de
discípulos con el propósito de comprender que el poder de la iglesia estará en la libre y soberana
actuación del Espíritu de Dios entre ellos y por medio de ellos16.
La cuestión central en la misionología no es de carácter estratégico ni metodológico, sino
neumatológico—o sea, tiene que ver con el Espíritu Santo de Dios. Tomando Hechos 13:1-2 como
nuestro paradigma, podemos preguntarnos, ¿qué condiciones hay en Antioquia para que el Espíritu
Santo hable de la misión y la conduzca? Aquí se pueden observar por lo menos tres requisitos:
a. Una comunidad donde hay libertad, presencia y diversidad de la manifestación del Espíritu en los
dones (carismas). Abordajes al texto bíblico como el dispensacionalismo y la teología liberal despojan
y secuestran la libertad y asistencia del Espíritu a la iglesia. A nada ni a nadie debe permitirse pretender
encajonar ni erradicar la obra del Espíritu de Dios.
b. Una comunidad de unidad. Los nombres mencionados en el texto bíblico destacan la ausencia total de
toda idea nacionalista o regionalista de la vida de la iglesia. Simeón Níger (= negro) sería un judío de la
dispersión, así llamado posiblemente debido al color de su piel y probablemente por su origen etíope.
Lucio era natural de Cirene, importante provincia romana del norte de África. Manaén se había criado
(en el griego, amamantado) juntamente con Herodes, el que le dio muerte a Juan Bautista. Bernabé era
judío de la isla mediterránea de Chipre, hombre de posesiones y dotado de una educación de alto nivel.
Saulo, judío de Tarso en la provincia romana de Cilicia, en Asia menor, era hombre de erudición y
ciudadano romano. Todo esto demuestra la riqueza y la variedad de la gracia de Dios operando en el
seno de la iglesia. Donde hay esa clase de apertura interétnica y social, el Espíritu de Dios se manifiesta
a placer.
c. Una comunidad de adoración. En una iglesia que reconoce y se somete a Dios, le rinde culto y
adoración e invoca su nombre, allí el Espíritu se hará presente. La presencia y poder del Espíritu Santo
son el impulso para una iglesia misionera.
El ministerio presente del Espíritu Santo está vinculado al testimonio de Jesús, el Mesías
crucificado. La tarea cardinal del Espíritu de Dios es perpetuar la obra de Cristo. Todas las acciones del
Espíritu relacionadas a la unidad, la adoración, la espiritualidad, la predicación, la enseñanza, la
alabanza, los dones, la guerra espiritual, no son un fin en sí mismas, sino que están al servicio de algo
mayor que las trasciende—el testimonio de las palabras, vida, poder y persona de Jesucristo.
Cuando desvinculamos la obra y persona del Espíritu Santo de la obra y persona de Jesucristo, no
sólo comprometemos el papel del Espíritu entre nosotros, sino que también corremos el riesgo de
equivocarnos en cuanto a la obra de Cristo. Como resultado, surge una infidelidad al mensaje que se
nos ha sido encomendado. Siendo Jesucristo la exégesis y la hermenéutica, la revelación por excelencia
de Dios, el único que puede guardar y transmitirnos con fidelidad la enseñanza de Cristo no es un
magisterio de la iglesia o un personaje humano falible por definición, sino la persona del Espíritu de
Dios. Luego, la acción libre del Espíritu en nuestras vidas y el estudio diligente del texto sagrado son
16
La frase “mayores cosas” ha de entenderse por su complemento “voy al Padre”, es decir, el cese de su
existencia corta y terrena en el mundo. Los discípulos tendrán más tiempo y al mismo Espíritu para hacer la
obra encomendada. Nuestras iglesias y prácticas misioneras deben profundizar una vivencia real y tangible de
la obra del Espíritu Santo en el mundo.
las vías por las cuales nos llega el entendimiento del misterio de Dios en Cristo, en el marco de una
comunidad que aspira a la obediencia y la imitación de Cristo.
No es posible esperar una edad del Espíritu superior a la del Hijo. Tampoco podemos esperar una
enseñanza del Espíritu que dispense de partir y meditar desde la kenosis del Hijo de Dios. El Espíritu
que hoy nos habla es el Espíritu que respaldó a Jesús, evangelista de la periferia. El único Cristo
testimoniado por el Espíritu es el Mesías crucificado como negación y rechazo de los poderes políticos
y religiosos humanos, pero ungido, confirmado y aprobado por Dios. Este aspecto, a mi juicio, es
fundamental y no negociable de la fe bíblica: el Cristo del Espíritu es el Jesús de Galilea, cuya práctica
y mensaje ofendieron y exaltaron los ánimos violentos de los grandes que defendían sus propios
intereses.
La obra del Espíritu en Jesús es el reconocimiento y la complacencia de Dios. El texto es claro:
“Este [y no otro] es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mt. 17:5). En nuestros
tiempos, la palabra Dios es a menudo usada de forma engañosa para justificar medios excusos y fines
dudosos. El Dios que nos revela Jesús y que el Espíritu nos recuerda y actualiza, es el Dios que escucha
el gemido del necesitado y acude en su favor. El Dios que amó este mundo, vio su condición de
esclavitud al pecado y se encarnó para liberarlo total (que no quede fuera ninguna de sus partes) y
completamente (en todas las manifestaciones del pecado en la vida de los seres humanos). Percibimos
así que ese Dios tiene un profundo interés y compromiso con todas las etnias, incluyendo aquellas que
todavía no han oído las Buenas Nuevas del Hijo.
El parakletos o consolador, como nombre del Espíritu, no ofrece un consuelo sentimental, sino la
exhortación vigorosa a creer en la buena nueva de la salvación y ponerse en movimiento hacia ella. La
obra del Espíritu entre la comunidad de Jesucristo es entendida en términos de dos verbos: recordar (Jn.
14:26) y atestiguar (Jn. 15:26). En el Evangelio, el recuerdo no es nunca una simple memoria de los
hechos pasados, sino que está ligado a una comprensión superior, que hace posible la glorificación del
Hijo. Esto se ilustra en el mismo Evangelio de Juan, donde el evangelista sólo después de la pascua y
del derramamiento del Espíritu pudo percibir el sentido pleno de ciertos acontecimientos y de ciertas
palabras de Jesús—la expulsión de los mercaderes del templo (2:22), la promesa del agua viva (7:39) y
la entrada solemne en Jerusalén (12:16). El recuerdo, iluminado por el Espíritu, une en un mismo
manojo el acontecimiento, el testimonio en la Escritura y su actualidad para la vida de la iglesia.
El testigo, en el sentido bíblico, no es un simple miembro registrado de una congregación local,
sino una persona que se compromete al servicio de la verdad y da la interpretación auténtica de lo que
ha visto y oído. Sólo el Espíritu Santo puede conducirnos a esta plenitud de la verdad. Él es quien
puede manifestarnos todas las riquezas de Jesucristo.
Finalmente, consideremos el evento central del Espíritu en la historia de la salvación. El
Pentecostés17 es el acontecimiento inaugurador de la comunidad de la fe. El mismo Espíritu de Cristo
que generó, sustentó y orientó a la iglesia, puede seguir generándola en donde todavía no ha nacido.
Esa comunidad es llamada a tres movimiento: ella deve ser segregada, es decir, debe salir del mundo;
luego, debe ser congregada, es decir, debe entrar en una dulce comunión en el nombre del Señor
Jesucristo; y acto seguido, ella es disgregada, o sea, debe salir de vuelta hacia el mundo, el cual Dios se
ha propuesto recobrar y restaurar en Jesucristo.
Previo al derramamiento del Espíritu, tenemos la imagen de una comunidad más o menos
estructurada (Hch. 1:14-15; 2:1). Pero le faltaba la componente de la vida, que solamente vendría con
17
Joaquín Jeremías, Jesús y los paganos, 40–54.
el descenso del Espíritu18. Hechos 1:4 relata la advertencia de Jesús a no intentar realizar la misión sin
el Espíritu Santo. La reunión del pequeño grupo en Jerusalén, luego de la ascensión de Jesús, asienta
las condiciones para que venga el Espíritu. Todas las imágenes del relato de Hechos 2 nos recuerdan el
acontecimiento del Sinaí (Éx. 20), sugiriéndonos, enérgicamente, que se trata de un nuevo Sinaí, de una
nueva alianza, en cumplimiento con Jeremías 33 y Ezequiel 36. En este bautismo de la iglesia cabe
hacer tres observaciones:
a. Fue una experiencia personal a la vez que comunitaria. Hay un cuidadoso énfasis en “cada uno de
ellos” y “todos”. Lo personal y lo comunitario se complementan.
b. Fue una experiencia en que el Espíritu se manifestó por medio de fenómenos naturales y
sobrenaturales, dejando claro que estamos frente a una teofanía o manifestación de Dios, como en el
Antiguo Testamento.
c. Fue una experiencia que hizo posible la predicación del Evangelio a todas las etnias. Luca pone a
descubierto el carácter multiétnico de la multitud que oye el sermón de Pedro y la proclamación de los
discípulos (Hch. 2:9-11). En otras palabras, es por la acción del Espíritu Santo que las maravillas de
Dios fueron anunciadas a gente de muchas naciones. El hablar en lenguas no se trata de una experiencia
mística o extática, sino de un recurso misional. Pentecostés inviste a la iglesia del poder y de los demás
recursos necesarios para comunicar el mensaje de Cristo a todas las naciones. Aquí surge la inquietud
de los oyentes con relación al origen étnico de los que predican: “¿No son galileos todos estos que
hablan?” (v. 7). La maravilla de Dios es que su Espíritu hace posible que la iglesia sea testigo y
bendición a las etnias, como primicias del cumplimiento de las promesas y el mandato hechos a
Abraham (Gn. 12) y como confirmación de la Gran Comisión de Cristo. La iglesia no tiene como
escapar de su vocación misionera—nació en misión y prosigue en ella.
El milagro de Pentecostés no restituye a los hombres aquella lengua única que perdieron en Babel,
ni les da a los apóstoles esa lengua única que pudieran comprender todos sus oyentes. Les da, por el
contrario, hablar a los oyentes en la lengua de cada uno, en tantas lenguas cuantas son las etnias
representadas en el auditorio reunido en Jerusalén.
Conclusión
La lección que encontramos en la presente discusión es ésta: que a la iglesia le corresponde asumir
todas las lenguas de los hombres, y todas las culturas que tienen su expresión y su vehículo por medio
de esas lenguas. No se trata de conducir a los hombres para que hablen el lenguaje de la iglesia, sino de
hablarles en la lengua que ellos tienen. La vocación universal de la iglesia le impide identificarse con
una cultura en particular. La misión universal de Dios le obliga a la iglesia a retraducir sin cesar su
mensaje para hacerlo inteligible a los hombres, entre todos las etnias, y a través de todos los tiempos,
según su lengua, su cultura y sus modos de pensar. Es una tarea ardua, pero precisamente para
cumplirla la Iglesia recibió el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.
El propósito de la iglesia local
Carlos van Engen
Condensado de El Pueblo Misionero de Dios, capítulo 6, pp. 71-87. Copyright © Charles E. Van Engen
18
En lo que sigue, estoy en deuda con René Padilla, Discipulado y misión (Buenos Aires: Kairos, 1977), 79–85.
Al ampliar los horizontes de la naturaleza misionera de la iglesia, nos dirigimos hacia fuera. Una vez
involucrados en ese movimiento hacia el mundo amado por Dios, nos enfrentamos a una de las
preguntas más difíciles acerca de la iglesia: ¿Para qué existe la iglesia en el mundo? La r
Tesis
La motivación bíblica para sembrar iglesias reside en la misión del Dios trino (missio Dei), amoroso y
misericordioso, quien desea que hombres y mujeres sean discípulos de Jesucristo y miembros
responsables de su cuerpo, la iglesia, cuyas congregaciones son señales de la venida del Reino de Dios,
para alabanza de su gloria.
Puntos Principales
Veamos en bosquejo el fundamento bíblico de cada uno de estos conjuntos de razones. Al hacer esto,
sugerimos que el lector permita que la Biblia le conteste la pregunta, ¿Por qué quiere Dios que
sembremos iglesias en América Latina y alrededor del mundo?
La primera razón se encuentra en la naturaleza misma de Dios y su misión.
A. Dios es el Padre que va en pos del perdido hasta encontrarlo
•
•
•
•
El primer fundamento bíblico de sembrar iglesias, que también es el más básico de todos, reside en la
naturaleza misma de Dios. Todo esfuerzo de misión deriva y fluye de la misión de Dios (missio Dei)
quien tanto amó “al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16).
Hendrikus Berkhof afirma que el atributo más básico de Dios es que él se revela (Berkhof 1979:
41-65). Dios es ডpe, amor que se auto-entrega (1 Jn. 4:8). Dios siempre toma la iniciativa de buscar los
seres humanos, porque quiere abrazarlos y establecer un pacto con ellos. “Yo seré vuestro Dios,
vosotros seréis mi pueblo, y moraré en medio de vosotros”, dice Dios (Van Engen 1996:71-89).
El Dios de la Biblia es mucho más que toda especulación humana, sea filosófica, religiosa, política,
económica, cultural, teológica o de otro tipo. El Dios de la Biblia es amoroso, compasivo, lento para la
ira, bondadoso, lleno de misericordia, el cual desea alcanzar a los seres humanos con su gracia y amor
por su misericordia y poder demostrados en la cruz. La Biblia nos presenta un Dios activamente
involucrado con su creación, que se auto-revela a los humanos, que responde hasta emocionalmente al
rechazo humano de su amor, y que—en Jesucristo—preserva y sostiene la creación, como lo dice Pablo
en la cristología de Colosenses, capítulo uno.
Veamos algunos textos bíblicos que hablan de la naturaleza misionera del Dios de la Biblia.
1. Dios creó y cuida a todo ser humano, a pesar de que la humanidad le rechaza
Todo ser humano tiene un origen en común en la creación del universo por Dios (Gn. 1-3; Job 38-42;
Is. 41-46; Jonás; Jn 1; Hch. 17:16-31; Rm. 1; Sal. 64:9; 65; 66:1, 4, 8; 67:3-5; 2 Pe. 3:8-13; Ap. 21:1).
Así que, en Adán y Eva todos los pueblos tienen los mismos ancestros (Gen 1-5).
Todo ser humano es juzgado en el diluvio. Noé y su familia son ancestros de todos los pueblos, y Dios
establece un pacto en común con todo ser humano, representado en el arco iris (Gn. 6-10).
La “tabla de la naciones” presenta el principio bíblico de que toda la humanidad desciende de una
misma raíz (Gn. 10:5, 6, 20, 31, 32) .
La Torre de Babel indica que todos los seres humano tenemos ancestros en común en términos de
idiomas y lenguas (Gn. 11:1-9). Aquí encontramos pueblos particulares dentro del amor universal de
Dios, un concepto que se reafirma en la genealogía de Sem y Taré (Gn. 11:10-32) .
•
Dios es el Rey de toda la tierra, creador, propietario, sustentador, el “rey de gloria” (2 S. 15:10; 2 R.
9:13; Is. 52:7; Sal. 32; 47:8; véase, por ejemplo, Je. 17:12 y las cristologías de Ef. 1, Col. 1; Fil. 2; Ap.
4:9-10; 5:1, 7, 13; 6:16; 7:10, 15; 19:4).
El Dios de la Biblia siempre da el primer paso en nuestra dirección. Él inicia la búsqueda e invita a
todo ser humano a una nueva relación con él a través de la reconciliación. Este Dios ha creado y sigue
creando a los humanos con el propósito de que ellos estén continuamente en comunión con él. Con sus
propias manos, el Dios de la creación formó la humanidad del lodo. Habiendo soplado el aliento de
vida dentro de ese terrón de barro (Gen 2:7), lo toma y amorosa-, gozosa- y cuidadosamente forma la
humanidad en imagen de Dios—imago Dei (Gen 2:20-25). Este es el Dios de la Biblia que, al haber
Adán y Eva pecado contra él y habiéndose escondido de su rostro, clama con angustia y dolor, “Adam,
Adamá, ¿dónde estás tu?” Este Dios de la Biblia es el Dios que preserva a Noé y a su familia y promete
nunca más destruir totalmente a la humanidad (Gn. 6-9).
Por lo tanto, como hijos de ese Dios creador y sustentador, nosotros también aprendemos a cuidar
la creación de la cual somos mayordomos. Por esto nos esforzamos por afirmar el valor de la vida
humana y preservarla hasta donde sea posible. En cuanto a la siembra de iglesias saludables, esto
significa que procuramos con que todo ser humano reconozca a su creador e invitamos a todo ser
humano a que, por fe en Jesucristo, se junte con nosotros en adorar y glorificar a nuestro creador. Cada
uno de los miembros de nuestras congregaciones, en la medida de la gracia de Dios y de acuerdo a los
dones del Espíritu presentes en ellos, debe participar en la labor de Dios de cuidar la creación y la vida
de todo ser humano y transformar la realidad en que viven (Bakke 2000; Padilla y Yamamori 2003).
2. Dios es un Dios de amor y de misericordia.
La Biblia afirma que Dios es amoroso y misericordioso. Al encontrarse Moisés con Dios en el Monte
Sinaí, después de salir de Egipto, la Biblia afirma: “Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él,
proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de [Moisés], proclamó: ‘¡Jehová!
¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que
guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado’ ” (Ex. 34:6-7). Esta
afirmación se repite en las Escrituras en distintas ocasiones (cp. Ex. 22:27; Num. 14:18; Dt. 5:9-10;
7:9-10; 2 Cron. 30:9; Ne. 9:17; Sal. 51:1; 86:5, 15; 103:8; 11:4; 112:4; 116:5; 145:8; Jl. 2:13; Jon. 4:2;
Mq. 7:18; Stg. 5:11).
En Isaías 6 se presenta el llamado del profeta. En ese encuentro, Isaías es impactado por la
presencia de Dios en todos sus cinco sentidos: ve a Dios alto y elevado, oye a los serafines alabando a
Dios, siente el sacudir del edificio, huele el humo que llena el templo, y saborea el carbón del perdón
de Dios con el que el serafín le toca los labios. La importancia primordial de ese encuentro no se limita
solamente a la relación de Isaías con su Dios; allí encontramos una dimensión misionera. El Dios de
amor y misericordia no desea que ninguna persona se pierda; ese Dios misionero clama: “¿A quién
enviaré y quién irá por nosotros?” (Is. 6:8). La vocación de Isaías está centrada en que ese Dios
misionero desea enviar su mensajero a Israel y también a las naciones. Llegará el momento cuando la
declaración de Isaías acerca de Israel y del Mesías que vendrá se otorgará más tarde, en Lucas, a Jesús
de Nazaret en su misión:
Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos… Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te
guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que
saques de la cárcel a los presos, y de casa de prisión a los que moran en tinieblas.
Isaías 42:5-7 (cp. Is. 49:6 y 61:1-3; Lc. 2:32 y 4:18-19)
Las profecías mesiánicas y misioneras de Isaías forman parte del trasfondo de las palabras de
María, la madre de Jesús. El énfasis central del Magnificat de María en Lucas 1:46-55 consiste en
reconocer la naturaleza amorosa y misericordiosa de Dios hacia Israel y hacia todas “las naciones”.
En su enseñanza Jesús enfatizó la naturaleza amorosa de Dios. Por ejemplo, en la parábola de los
labradores malvados (Lc. 20:9-17), Dios, representado en el dueño de la viña, constantemente trata de
relacionarse con sus labradores (cp. Is. 5). Y en la parábola de la gran cena, Dios, figurado como el
anfitrión, envía su siervo en misión: “Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad y trae acá a los
pobres, los mancos, los cojos y los ciegos… Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar,
para que se llene mi casa” (Lc. 14:15-24; Mt. 22:1ss). En su capítulo 15, Lucas reúne tres parábolas que
nos enseñan acerca de este Dios que ama, busca y encuentra lo perdido. Este Dios, como un pastor,
busca y halla la oveja perdida. Es como una mujer que busca y halla la moneda perdida. Y como un
padre de familia, espera ansiosamente el día en que su hijo perdido regrese a casa. Al encontrar lo
perdido, el Dios de la Biblia hace fiesta con sus ángeles y celebra con gran gozo que se ha encontrado
lo perdido. En estas parábolas el significado de la idea de “perdido” tiene que ver con la ruptura de una
relación estrecha con Dios: con el pastor de parte de la oveja, con la mujer de parte de la moneda, y con
el padre de familia de parte del hijo pródigo.
Acerca de este Dios de amor, Pablo pregunta, “El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Rm. 8:32). Pedro
afirma que este Dios de amor y misericordia “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pe. 3:9). En su primera carta, Juan afirma que,
sobre todas las cosas, “Dios es amor” (I Jn. 4:8).Y en Apocalipsis vemos que este Dios de amor reunirá
multitudes de toda familia, tribu, lengua y nación alrededor del trono del Cordero en la Nueva Jerusalén
(Ap. 5:9; 7:9; 15:4; 21:24; 22:2).
En Cristo Jesús nosotros somos adoptados como hijos de este Padre amoroso y misericordioso (Jn
1:12). Y en la condición de hijos, no podemos dejar de participar con nuestro Padre amoroso en la
búsqueda y el hallazgo de la humanidad perdida. Es imposible ser hijos e hijas de este Dios y
rehusarnos a participar en esa búsqueda. Así que, al reunirnos en congregaciones para alabarle, nos
hace falta la presencia de todas aquellas personas que aún no conocen a nuestro Padre de misericordia y
amor. Cada vez que nos reunimos para adorar a Dios, somos desafiados y llamados a invitar a otros a
unirse con nosotros en adoración del Dios que ama a todo ser humano.
3. Dios escoge su pueblo como instrumento de su búsqueda amorosa de todas las naciones3
Dios es el Dios de un pueblo en particular y a la vez, es el Dios de todas las naciones. En la Biblia, la
palabra “naciones” no se refiere a una entidad política moderna como, por ejemplo México u otra
nación cualquiera, sino que significa un grupo determinado de personas interrelacionadas por idioma,
cultura, linaje, e historia. El término “las naciones” en el Antiguo Testamento habla de las entidades
étnicas, los pueblos, las agrupaciones culturales que vivían en los entornos de Israel. Israel era el ʿam,
el pueblo de Dios, y las naciones eran los goyim, todas las demás agrupaciones de pueblos que no son
parte del ‘am de Dios. Comenzando con el llamado de Abraham, está claro en la Biblia que la razón de
ser de los descendientes de Abraham y Sara, el propósito por el cual existe el pueblo de Israel, es para
ser un instrumento del amor de Dios hacia las naciones (Gn. 12:1-3).
El Dios de Abraham, Isaac y Jacob oye el clamor de su pueblo y obra por medio de Moisés y de la
creación misma para librarlo de la esclavitud en Egipto. Esa liberación tiene dos propósitos
3
Véase Larry Pate 1987:7–33.
a.
b.
c.
d.
e.
f.
interrelacionados. El primer propósito es para que el pueblo de Israel conozca, se relacione de nuevo y
adore al Dios de Abraham, Isaac y Jacob en el monte Sinaí (Ex. 6:2-7; 7:16; 8:1, 20; 9:1, 13; 10:3, 8;
14:31; 20:2). Sin embargo, ese primer propósito es sólo una parte del plan de Dios que es mucho más
grande, ancho y profundo. Por medio del éxodo, Dios quiere que el faraón como la personificación de
Egipto, todo Egipto y todas “las naciones” alrededor lleguen a conocer que el Dios de Abraham, Isaac
y Jacob es el verdadero Dios, creador y sustentador de toda la tierra (Ex. 5:2; 7:5, 17; 8:10; 9:14, 16;
10:2; 14:4, 18, 31).
El propósito de Dios de utilizar a su pueblo como instrumento en misión hacia las naciones es tan
importante que, siglos más tarde, Pablo cita uno de estos mismo pasajes cuando habla de la misión del
Dios de amor. Durante el éxodo, Dios, en labios de Moisés, le dice al faraón: “Y a la verdad yo te he
puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Ex 9:16;
Rm. 9:17). Presentamos, enseguida, en forma de bosquejo, una lista de textos como ejemplos del amor
y del propósito salvífico del Dios misionero de la Biblia hacia “las naciones”.
Dios da mandamientos específicos acerca del cuidado especial que Israel ha de ofrecer al “extranjero
que está entre vosotros” (Gn. 12:10; 20:1; 21:34; 47:4; Ex. 20:10; 22:21; Lv. 18:26; 20:2; 25:40; Nm.
15:14-16; Dt. 10:18-19; 26:5-11; 1 R. 8:27, 41-43; 2 Cron. 6:18, 32).
Las naciones figuran dentro de la esfera de la actividad de Dios (Dt. 26:19; 1 Cr. 16:8, 31; Sl. 9:1, 1920; 47:1, 7-9; 64:9; 65; 66:1, 4, 8; 67:1-5; 72:17-18; 96:1-3, 7, 10, 13; 97:5-6; 98:2-3, 9; 102:13-15;
108:3; 113:4; Is. 2:2-4, 40:5, 17; 49:5-6; 52:15; 55:4-5; 56:6-7; 60:3, 11; 62:2; 66:19-20; Je. 4:2; Zc.
2:11-13 Amos, Jonás, Mq. 1:1-7; 4:1-5).
En el Antiguo Testamento y en palabras de Jesús, el templo es “casa de oración para todas las
naciones”. El templo de Salomón sería un lugar especial para la oración del extranjero (2 Cr. 6:32-33;
Mq. 4:1-2; Is. 56:7; Je. 7:11; Mt. 21:13; Mc. 11:17; Lc. 19:46; Mt. 25:32; cp. Hch. 14:15-17.)
Dios escoge a Israel “de entre todas las naciones” como el instrumento de su amor para con todas las
gentes (Ex. 6:6-8; Ex. 19:5-6; Dt. 4:20; 7:6; 14:2; 26:18; Tt. 2:14; 1 Pe. 2:9-10). Jesús menciona esta
intención universal de Dios en conversación con Nicodemo (Jn. 3) y cuando declara su misión
mesiánica en la ciudad de Nazaret (Lc. 4:18-19). (Véase también los pasajes paralelos de Is. 35:4-8;
61:1; He. 1:9; Sl. 45:7; Mt. 11:1-6; Sl. 145:14ss; Lc. 1:46-55; 1 Sm. 2:1-10; Mt. 25:31ss; Hch. 2:4247.)
En su comprensión de la misión universal de Dios, Pablo se considera deudor a todo ser humano (Rm.
1:14) y comprometido a participar en el “misterio del Evangelio” (Ef. 2:11-3:21).
El pueblo de Dios es una señal de su ¿??????? para con todas las naciones (Is. 11:12; 49:22; 62:10;
Mt. 5; Jn. 3:14, 15; 12:32; Rm. 1:14).
El pacto que Dios establece y desarrolla con su pueblo tiene como propósito alcanzar a las naciones que aún no
conocen a su creador. Para que podamos entender ese propósito misionero, enfocando especialmente el pacto
con Noé, dice Emilio Núñez:
Para los fines de nuestra reflexión misionológica, lo que más deseamos subrayar en el pacto con Noé, y en los
otros pactos incondicionales que Yahvé establece con el hombre, es el interés divino en la salvación de todos los
seres humanos. Esta salvación no se limita al perdón de los pecados y al don de la vida eterna. Tiene que ver con
el bienestar (shalom) espiritual y físico del ser humano. La promesa abarca a todo el reino animal (Gn. 9:8-17) y
al mundo de las plantas (Gn 8:22-9:3). Dios ha hecho pacto con “la tierra” (Gn. 9:13). La bendición es también
ecológica. “Mientras dure la tierra no han de faltar siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y
noche” (Gn. 8:22). Los efectos del pacto son cósmicos, para bendición del ser humano…
El arco iris se menciona en Ezequiel 1:28 y Apocalipsis 4:3 como símbolo de la majestad de Dios… El arco
iris llega a ser un símbolo apocalíptico y señal de advertencia para la humanidad. El día de juicio vendrá…
Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Ped. 3:9). Él quiere
“que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (I Ti. 2:5). Él quiere que el relato
bíblico del diluvio y la aparición del arco en las nubes sean ahora poderosos incentivos para que todos los seres
humanos se arrepientan y confíen en Cristo para salvarse…
Cada vez que participamos de la cena del Señor, en comunión con nuestros hermanos en Cristo, podemos
recordar la sangre que fue derramada para sellar el nuevo pacto (Mt. 26:26-29), en propiciación por los pecados
de todo el mundo (1 Jn. 2:2), en rescate por muchos (Mt. 20:28; 1 Pe. 1:18-19) y para reconciliar a todo el
mundo con Dios (2 Co. 5:18-21; Ef. 2:16; Col. 1:20-21). Podemos recordar que esa sangre fue derramada por “el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Y podemos recordar también que en obediencia al
mandato del Señor, la Iglesia deber seguir acercándose a la mesa de comunión y testimonio “hasta que él venga,”
es decir, hasta que regrese el Hijo de David para reinar sobre todo el mundo…
El pacto que Dios hizo con Noé, y los pactos establecidos con el pueblo de Israel, atestiguan del interés
divino en la salvación de todas las naciones. Los pactos del Antiguo Testamento le proveen una base sólida a la
universalidad de la misión cristiana. Sirven también de fundamento para el concepto de misión integral, porque
las promesas de los pactos incluyen tanto lo espiritual como lo material. Ofrecen bendición a todos los seres
humanos, y a todo el ser humano (Núñez 1997:181-182, 214).
Puede ocurrir que, aun que sepamos las verdades arriba expuestas como conceptos mentales, a
menudo nos rehusemos a vivirlas. La razón principal para sembrar iglesias reside en la naturaleza del
Dios de la Biblia, que se auto-revela a la humanidad y que busca relacionarse en pacto con todo ser
humano. De ser así, sembrar nuevas iglesias no es opcional; al contrario, es parte de la esencia de
nuestra fe. Si somos hijos de este Dios, nosotros haremos todo lo posible para buscar, hallar, recibir, e
incorporar dentro de la comunidad de fe a todo ser humano y a todos las etnias, llamándolas a que se
reconcilien con Dios (2 Co. 5). La misionología bíblica reconoce que fundamentalmente nuestra
motivación por sembrar nuevas iglesias saludables no desprende únicamente de la naturaleza de la
iglesia, sino que fluye de la voluntad de Dios.
B. Porque el amor de Cristo nos constriñe
Por causa de su amor y misericordia, Dios busca la humanidad perdida hasta encontrarla. Esta es la
base fundamental de la misión de Jesucristo, del envío del Espíritu Santo y del anuncio de parte de la
iglesia en todo el mundo de las Buenas Nuevas del Reino de Dios, para alabanza de su gloria.
En esta segunda parte, examinaremos en forma breve la misión de Jesucristo como una de las
motivaciones principales porqué sembrar nuevas iglesias saludables.
1. La Encarnación
El amor de Dios no es teoría ni especulación. Al contrario, Dios, por su puro amor, se hizo carne. “A lo
suyo vino…” (Jn 1:11). Así que en Jesús el Cristo, Dios se hizo humano, de carne y hueso, según la
cultura judaica, varón que vivió en Palestina durante el primer siglo de la nuestra era, bajo el poder
político de Augusto César, “siendo Cirenio gobernador de Siria” (Lc. 2:2). Dios no viene en lo
abstracto, ni en lo puramente místico, sino que Dios se relaciona con los seres humanos en situaciones
históricas concretas, en realidades visibles e identificables.
“El amor de Cristo nos constriñe” a concretizar visiblemente, en acción presente, el amor de Dios
hacia la humanidad. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas
son hechas nuevas.” Y “todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y
nos dio el ministerio de la reconciliación.” Como nuevas criaturas, clamamos a todo ser humano:
“reconciliaos con Dios” (2 Co. 5:14-20).
Así como Dios se encarnó para morar entre los seres humanos, así también los discípulos de Cristo
forman parte de las comunidades, pueblos y ciudades donde se encuentran. Sembrar iglesias es hacer
que el Evangelio nazca y crezca en un lugar concreto, en un momento histórico y en una cultura
particular, entre personas específicas de carne y hueso. Esa nueva congregación, saludable y
reproductora, es una “embajada” de la presencia y gracia de Dios en ese lugar. Por medio de sus
seguidores, Cristo invita a todos los que le rodean a reconciliarse con Dios.
Jesús juntó un número de seguidores (unos ciento veinte) que anduvieron con él durante los tres
años de su ministerio. Estaban juntos, comían juntos, oraban juntos, se reían juntos, lloraban juntos.
Aquel grupo de discípulos fue la primera congregación de la era del Nuevo Testamento. Aquellos
seguidores de Jesús constituyeron la primera congregación, así como también sus seguidores hoy
constituyen su nueva congregación. A la medida en que más y más personas lleguen a ser discípulas de
Jesucristo, nuevas congregaciones han de nacer, formando parte de su cultura y de su contexto de
manera concreta y palpable.
Sembrar iglesias es fruto de la acción y naturaleza misionera de la iglesia. Jesús promete estar
presente en cada nueva congregación, por medio del Espíritu Santo, en el momento y en el lugar donde
ellos se reúnan en su nombre (Mt. 18:20). Y más aún: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre
le amará, y vendremos a él y haremos morada con él” (Jn. 14:23). Es decir, cuando sus discípulos
congregados manifiestan amor unos a otros, Jesús y Dios el Padre se hacen presentes por medio del
Espíritu Santo.
2. La contextualización
Al reunirse, estos discípulos no solamente crean un ambiente en el cual Jesús se hace presente, sino que
también hacen que el Evangelio sea autóctono, es decir, algo natural a la cultura de su entorno. El genio
de crear nuevas iglesias es que son locales y reflejan la cultura en la cual han sido sembradas.
En su ministerio terrenal, Jesús siempre actuó en forma diferente con cada persona con que se
enfrentó. A la mujer de Sicar le ofreció agua viva. A la multitud con hambre le ofreció pan. A María y
Marta les resucitó a Lázaro, su hermano. Su ministerio siempre fue apropiado a la necesidad y
particularidad de sus receptores. En igual manera, cada nueva congregación ha de reflejar precisamente
la cultura, la economía, el idioma y la cosmovisión del pueblo que la rodea y donde ha sido sembrada,
sin importar el nombre de la denominación, la organización misionera, o la iglesia madre que la haya
sembrado. Una nueva congregación ha de ser una planta autóctona, que refleja visiblemente el contexto
en el cual crece y se reproduce.
3. El envío en misión
Una congregación no puede ser un grupo de seguidores de Cristo que se reúnen en una forma
introvertida, interesados solamente en sí mismos. Por otro lado, tampoco es saludable y madura
únicamente por ser autóctona y reflejar la cultura que le rodea. Los verdaderos discípulos de Jesús
procuran hacer nuevos discípulos en todo el mundo. Se ve claramente este llamado en los capítulos 9 y
10 de Lucas, como también en las cinco expresiones de la Gran Comisión (Mt. 28:18-20; cp. Mt. 10:515; Mc. 16:15-16; Lc. 24:46-49; Hch. 1:8; cp. Jn. 15:12-17 con 21:15-17) 4.
Hay que tomar nota de las actividades que pide la Gran Comisión, por ejemplo, en Mateo. Jesús
envía a sus discípulos hacia las naciones. Y en la medida que avanzan (ese es el sentido dinámico de la
4
En su mayoría, los misionólogos que escriben sobre la fundación de nuevas iglesias se basan en la Gran
Comisión, con poca atención o esfuerzo hermenéutico de examinar su trasfondo y significado en vista de la
misión de Dios en la Biblia entera. Véase, por ejemplo, Robert Logan 1989:190–192 y 2002:15; Aubrey
Malphurs 1992:119–123; Marlin Nelson 2001:39–47; Elmer Towns y Douglas Porter 2003:11–25; C. Peter
Wagner 1980:44–46 y1990:19.
expresión griega), Jesús les manda “hacer discípulos” de todas las etnias de la tierra. Estos nuevos
seguidores no serán discípulos de una denominación u organización misionera, ni seguidores
únicamente de algún pastor o partidarios de alguna creencia o agenda política. Los nuevos seguidores
han de llegar a ser discípulos únicamente de Jesucristo.
Nuestra tarea no termina cuando las etnias sean discípulas de Jesús. Al contrario, con esta obra
inicial de evangelización, nuestra tarea apenas comienza, porque ahora nos toca bautizarles en el
nombre del Dios trino y enseñarles “que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt. 28:20).
Nuestra comisión no termina hasta que aquellos nuevos discípulos lleguen a una madurez tal que ellos
mismos, reunidos en nuevas congregaciones, igualmente saludables y reproductoras, también
participen en la misión de Jesucristo tal como lo encontramos en Lucas 4:18-19. En otras palabras,
nuestra tarea misionera no termina con la conversión individual de los oyentes, sino que incluye la
formación espiritual y la integración de los nuevos creyentes en congregaciones de discípulos de Cristo
que obedecen y viven todo lo que él nos ha enseñado.
Bíblicamente, hacer discípulos nunca ha sido un asunto netamente individual, sino que es una
actividad colectiva. Desde el nacimiento de la iglesia en los Hechos, se ve que los discípulos de Cristo,
por ser sus seguidores, se unen con otros discípulos en agrupaciones colectivas. Ejercer la fe cristiana
siempre toma forma colectiva. Dios busca constituir una familia, no un conjunto de individuos aislados
los unos de los otros.
La verdadera cristología del “iglecrecimiento” no separa la persona de la obra de Cristo, ni separa
su humanidad de su divinidad, ni divide el “Cristo de la historia” del “Jesús de la fe”. Al contrario, el
iglecrecimiento auténtico enfatiza el ministerio misionero de Jesús como el enviado del Padre para la
salvación del mundo. Y ese ministerio integral incluye los oficios de Jesús (profeta, sacerdote, rey)
junto con sus varios ministerios como son el de sanador, libertador y sabio. Jesús comparte el manto de
su misión con sus discípulos: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21). La
misión y los ministerios de Jesús forman la base del llamado y del compromiso de los seguidores de
Cristo.
En su primer sermón, Pablo dice: “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo, ‘Te he puesto
para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra’ ” (Hch. 13:47; cp.
Lucas 2:32 con referencia a Jesús). Así que, los oficios y ministerios de Jesús se extienden a sus
discípulos, quienes, en conjunto, constituyen el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesucristo en el
mundo. Nosotros también, como discípulos de Cristo, llegamos a ser profetas, sacerdotes, reyes,
sanadores, libertadores y sabios. La congregación local, como Cuerpo de Cristo, existe para dar forma
y acción concreta a la misión y al ministerio de Jesús en el mundo (véase Van Engen 1991:119-130; en
español: 2004, capítulo 8.)
Los misionólogos del iglecrecimiento afirman que la salvación no se encuentra ni únicamente ni
principalmente en participar en las actividades de una iglesia, mucho menos en ser solamente miembro
de ella. Nuestro llamado no es fundamentalmente ni “plantar” ni “sembrar” iglesias. En lo más básico,
nuestro llamado es hacer discípulos de Jesucristo. Es decir, sembrar nuevas iglesias, saludables y
reproductoras, es producir grupos de personas que participan en la misión de Cristo porque son sus
discípulos.
El contenido básico de nuestro mensaje no es anunciar la superioridad de nuestra iglesia, ni
proclamar nuestro credo o nuestras creencias, ni existimos únicamente para ser instrumentos de cambio
socio-económico o político. Al contrario, nuestro mensaje es sencillamente y únicamente Jesús el
Cristo que vivió, que fue crucificado, resucitado, que “subió al cielo y está sentado a la diestra de Dios
de donde vendrá a juzgar a los vivos a y los muertos,” como dice el Credo de los Apóstoles.
En Apocalipsis, Juan describe como vio el futuro:
Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y
pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con
palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: ‘La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado
en el trono, y al Cordero’. Apocalipsis 7:9-10 (véase 5:9; 10:11; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15)
Esta visión cumple la promesa que Juan había escuchado anteriormente de los labios de Jesús
cuando él dijo, “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a [todo ser humano] atraeré a mí mismo” (Jn.
12:32). La congregación local es señal, representación y símbolo de esa multitud reunida alrededor del
trono de Dios y del Cordero. Y mientras se espera el cumplimiento de los tiempos, durante este tiempoentre-los-tiempos entre su ida y su segunda venida, Jesucristo, junto con el Padre, envía al Espíritu
Santo (Jn. 14:26) para crear la iglesia.
C. Porque el Espíritu Santo fue derramado sobre toda carne y él mismo crea la
iglesia
La tercera razón fundamental por qué sembrar iglesias es porque es obra del Espíritu Santo. No somos
nosotros los que sembramos la iglesia y de hecho no la podemos crear. La iglesia viene a existir
netamente por obra del Espíritu Santo.
Veamos tres aspectos de esta verdad.
1. El Espíritu Santo fue derramado sobre toda carne
Tal como Dios Padre no desea que nadie se pierda, y tal como Jesucristo, el Hijo de Dios, ha dado su
vida por todo ser humano, el Espíritu Santo también es enviado por el Padre y el Hijo con el propósito
de alcanzar a toda la humanidad. En Hechos 2, Lucas narra los acontecimientos del primer Pentecostés
de la era cristiana, cuando el Espíritu Santo viene a los discípulos de Jesús que “estaban todos
unánimes juntos” (Hch. 2:1), quienes formaron una nueva congregación local. Habiendo venido el
Espíritu Santo en forma como de fuego y viento, y como los discípulos comenzaron a hablar “en otras
lenguas” (Hch. 2:4), Pedro explica que “en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre
toda carne” (Hch. 2:17). Y para enfatizar esta misión del Espíritu enviado a todo ser humano, Lucas
ofrece una lista de los lugares de origen de los que escuchan el primer sermón de la naciente iglesia
(Hch. 2:8). En el mapa que aparece abajo, el lector podrá apreciar el genio de Lucas en darnos una lista
de todas las culturas y naciones principales que rodeaban Jerusalén en esa época. Personas que
representaban todos esos lugares escucharon el Evangelio de Jesucristo en su propio idioma. Fue un
milagro de Dios, por obra especial del Espíritu Santo.
La “tabla de las naciones” en los Hechos
En Hechos 2:9-11, Lucas menciona 15 lugares de donde procedían los que oyeron el sermón de Pedro
en el Pentecostés. Esta “tabla de naciones” de Hechos es un eco de la “tabla de naciones” que
encontramos en Génesis 10. En Hechos 2, Lucas parece señalar que en el Pentecostés se transforma y
se resuelve la confusión de lenguas de Babel. Las personas presentes en el Pentecostés provienen
principalmente de las provincias romanas del Asia y del imperio parto de Media, además de Creta y de
la misma Roma (véase el mapa abajo.)
Y todos escucharon el Evangelio en su propio idioma.
Provincias del
Imperio Romano
Ciudades capitales
Provincias del Imperio Parto
5. Judea
6. Capadocia
7. Ponto
Jerusalén
13. Roma
1. Parto
2. Media
3. Elam
4. Mesopotamia
8. Asia
9. Frigia
10. Panfilia
11. Egipto
12. Cirene
14. Creta
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¿Por qué sembrar iglesias? Porque, por medio de nuevas congregaciones, el Espíritu Santo quiere
seguir impactando y transformando vidas humanas. En Hechos, Lucas menciona, cuatro veces más en
cuatro diferentes lugares que representan cuatro diferentes culturas, cuando el Espíritu Santo viene en
forma idéntica a la del Pentecostés de Hechos 2. Los lugares son Judea (capítulo 4), Samaria (capítulo
8), Cesarea con Cornelio, un gentil (capítulo 10), y Éfeso (capítulo 19), para confirmar la promesa de
que el Evangelio llegaría “hasta lo último de la tierra”). El Espíritu Santo quiere sembrar
congregaciones locales, saludables y reproductoras, compuestas de mujeres y hombres que representan
“toda carne”. Y queda claro, en el histórico según el reporte del libro de los Hechos de los Apóstoles
que, para lograr esa meta, el Espíritu Santo obra por medio de los seguidores de Cristo, congregados en
iglesias locales. Este proceso es la norma del Nuevo Testamento.
2. El Espíritu Santo crea nuevas congregaciones
El libro de Los Hechos nos enseña claramente que el Espíritu Santo da el crecimiento, produce la salud,
y logra el desarrollo de la iglesia. Podemos percibir lo siguiente:
El Espíritu Santo:
Crea la iglesia
Reforma y transforma la iglesia
Da poder a la iglesia
Unifica la iglesia
Da nueva sabiduría e iluminación a las palabras de Jesús
Envía la iglesia
Crea en la iglesia el deseo de crecer
Acompaña y dirige la iglesia en su misión
Ora por la iglesia e intercede por medio de ella
Da a la iglesia las palabras de testimonio y proclamación
Facilita la comunicación del Evangelio
Desarrolla y facilita la receptividad en los oyentes
Convence de pecado, de justicia y de juicio
Convierte a las personas a la fe en Jesucristo
Reúne y unifica a los cristianos para que juntos sean la iglesia
Construye la comunidad de fe, la edifica, y la hace crecer
Recibe a los nuevos creyentes
Uno de los deseos más profundos del Espíritu Santo es hacer crecer la iglesia. Las estrategias
humanas, por más acertadas que sean, no pueden hacer esto. La iglesia es la “creación misteriosa de
Dios” (en palabras de Carlos Barth) y existe por obra del Espíritu Santo. Muy a menudo se nos olvida
esta verdad y quizás nos olvidemos también del papel del Espíritu Santo, porque él raramente obra en
forma solitaria. Al Espíritu Santo le gusta obrar por medio de los discípulos de Jesús en la creación de
nuevas iglesias.
Este deseo del Espíritu Santo se enfatiza especialmente en Hechos 13. Después de darnos la lista de
los líderes de la iglesia en Antioquía, Lucas afirma que fue el Espíritu Santo quien dijo: “Apartadme a
Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch. 13:2). El resto del libro es la historia de
cómo el Espíritu Santo usó a Bernabé, a Pablo y a muchos más para sembrar iglesias en los diferentes
lugares que habían sido mencionados en el segundo capítulo. Por este motivo, cada congregación, en el
mundo entero, habrá de escuchar el llamado del Espíritu Santo para ser agente de la misión de Dios en
la tarea de sembrar iglesias. Toda iglesia verdaderamente saludable habrá de sembrar nuevas
congregaciones en el poder del Espíritu Santo.
3. El Espíritu Santo da dones y envía la iglesia para sembrar nuevas congregaciones
Para efectuar esta siembra, el Espíritu Santo actúa extraordinariamente en los creyentes. No
necesitamos mencionar los pasajes bíblicos donde se mencionan los diferentes dones que el Espíritu
Santo da a los miembros del Cuerpo de Cristo (véase Rm. 12; 1 Co. 12; Ef. 4; 1 Pe. 4:10-11).
Pudiéramos decir que el Espíritu Santo es como el sistema nervioso del Cuerpo. Como un nervio
conduce el impulso eléctrico del cerebro, así también el Espíritu Santo conduce los mandatos de la
cabeza de la iglesia (que es Cristo) hacia los miembros del Cuerpo y moviliza los músculos a producir
la acción de los miembros en su misión en el mundo.
Efesios 4 enseña que los dones del Espíritu Santo se dan con dos propósitos complementarios. Por
un lado, se ejercen los dones para el desarrollo y la madurez de los mismos miembros. Pero el
propósito del Espíritu Santo no termina allí: el desarrollo y la madurez de los miembros tienen un
propósito misionero más allá de los confines de la iglesia. Los dones se dan para la misión en el
mundo. En Efesios 4:12, Pablo dice que los dones se dan “a fin de perfeccionar a los santos para la
obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.
La palabra usada por Pablo, traducida al castellano como “ministerio”, es diakonia, de la cual
deriva nuestra palabra diácono. Pablo la usa como sinónimo de la misión de Dios. En Efesios 3:1-7,
Pablo afirma que él fue hecho diacono del “misterio” (Ef. 3:7) según el cual los gentiles son
coherederos con los judíos de la gracia de Dios en Cristo Jesús.
Los dones son actividades ministeriales que se ejercen dentro y fuera de la iglesia para la
evangelización de los que aún no conocen a Cristo. Cuando se ejercen esos dones en esa forma, la
iglesia se “edifica,” es decir, crece en forma integral: orgánicamente, espiritualmente, socialmente y
numéricamente (Costas 1974, 1975, 1979.) Son dones misioneros que el Espíritu Santo quiere usar para
tocar las vidas de los que aún no son discípulos de Cristo, para transformarles y para unirlos a la iglesia
de Cristo, formando así nuevas congregaciones.
Y porque esos dones son precisamente del Espíritu Santo, se deben ejercer únicamente en un
ambiente empapado por el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, etc. (Gál.
5:22-23; Ef. 4:1-6). El resultado es que nuevas personas se convierten a Cristo y nuevas iglesias surgen.
El Espíritu Santo no da los dones para engrandecer los que ya son creyentes, ni para hacer engordar las
iglesias ya establecidas. El crecimiento bíblico resulta en una multiplicación de creyentes por medio de
nuevas congregaciones. El crecimiento bíblico debe resultar también en la transformación de la
sociedad y de la cultura alrededor de la iglesia.
En este momento hay demasiadas iglesias grandes alrededor del mundo que aún no parecen haber
engendrado ninguna nueva congregación. Parecen acaparar la gracia de Dios para si mismas y no la
comparten con “toda carne”. Una iglesia saludable busca reproducirse, sembrando congregaciones a
nivel local, regional y global.
D. Porque la congregación local es el principal sucursal del Reino de Dios
1.
2.
3.
4.
5.
6.
1.
2.
Lo arriba expuesto acerca de la obra de Espíritu Santo nos conduce a considerar la cuarta razón
fundamental porqué sembrar nuevas iglesias saludables. Y esta cuarta razón tiene que ver con la
naturaleza de la Iglesia y su relación con el Reino de Dios. Quiero sugerir aquí que es un aspecto
5
natural y esencial de la naturaleza misma de la Iglesia reproducirse en nuevas congregaciones. Es algo
de esperarse de toda congregación saludable. O pudiéramos decirlo en forma negativa. Algo anda mal
con una congregación local que no se está auto-reproduciendo. Pensemos en este asunto desde tres
puntos de vista.
1. Las congregaciones de Hechos 2 y I Tesalonicenses 1
Primero hay que considerar lo que la Biblia nos enseña acerca de la naturaleza de una congregación
saludable. Cuándo sembramos nuevas iglesias saludables, ¿qué estamos sembrando? Creo que la
respuesta a esa pregunta la encontramos en Hechos 2 y I Tesalonicenses 1. En ambos casos, tenemos
una descripción de una nueva congregación que tiene menos de un año de haberse fundado. Lucas nos
explica las características de la nueva congregación en Hechos 2:43–47 con el propósito de comprobar
que estos son auténticos judíos mesiánicos que cumplen fielmente el Antiguo Testamento y a la vez son
fieles seguidores del Mesías, Jesús de Nazaret. En el caso de los creyentes en Tesalónica, Pablo dice
que él menciona las características de esa congregación que comprueban “vuestra elección” (I Tes.
1:4). ¿Cómo se sabe que los creyentes en Tesalónica son elegidos? Porque demuestran las siguientes
características.
Dado, entonces, el contexto bíblico en que aparecen estas características, yo creo que tanto Lucas
como Pablo nos ofrecen no solo una descripción de un grupo de creyentes en particular (nos escriben
únicamente en forma descriptiva), sino que no están dando un resumen de lo que ellos creen constituye
una verdadera y auténtica iglesia local (nos escriben en forma normativa). Es decir, nuestras
congregaciones y las nuevas iglesias saludables que sembramos deben tener las siguientes
características:
CARACTERÍSTICAS DE UNA CONGREGACIÓN CRISTIANA SALUDABLE SEGÚ N HECHOS 2:43–47
Es testigo de maravillas y señales extraordinarias
Tiene un impacto positivo en su contexto
Tiene todo en común y los miembros se cuidan unos a otros
Se reúne para comer y celebrar la comunión y unidad especial que posee en Cristo
Adora y alaba a Dios
Crece porque el Señor le añade cada día el número de los que han de ser salvos
CARACTERÍSTICAS DE UNA CONGREGACIÓN SALUDABLE SEGÚN I TESALONICENSES 1:2–10
Confiesa a Jesús como su Señor
Vive y comunica un Evangelio de “con poder”, con maravillas y señales especiales
5
Una de las mejores obras que yo he encontrado en cuánto al desarrollo de las bases bíblicas de sembrar
nuevas células y congregaciones saludables es la obra de Fernando Mora, pastor y ingeniero bioquímico en
Caracas, Venezuela. Véase Fernado Mora 2000, capítulo 3. El lector puede obtener este libro auto-publicado
del hermano Fernando, escribiéndola a: [email protected] Véase también Stuart Murray 1998, 36–65.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
Predica la palabra de Dios
Experimenta una comunión de amor
Vive una forma ejemplar de vida
Sufre por razón del Evangelio
Demuestra un nuevo gozo espiritual
Demuestra una conversión radical
Su testimonio es conocido en todo el mundo
Muestra una nueva esperanza
En cuanto a las características de una congregación saludable quiero mencionar sólo un elemento.
Las dos iglesias mencionadas arriba se muestran comprometidas con la evangelización, a la misión, y
al crecimiento en el número de creyentes y el número de congregaciones. Hay ocasiones en que nos
gusta enfatizar una que otra de las varias características mencionadas en estos dos pasajes. Pero estas
características describen una realidad completa y todas ellas van juntas. No es posible aceptar y
enfatizar una o dos de estas características y pasar por alto las demás.; eso sería violar la forma en que
Lucas y Pablo describen estas nuevas congregaciones. La descripción de cada una es todo un paquete
orgánico e integral. Si enfatizamos el aspecto de comunión, o el aspecto de adoración o el aspecto de
señales y maravillas, también hay que hacer hincapié en la labor misionera de estas congregaciones en
anunciar el Evangelio, procurar el crecimiento numérico de los nuevos creyentes, y buscar la forma de
sembrar nuevas iglesias, saludables y reproductoras, al igual que las iglesias madres (véase Van Engen
1981:178-190.)
2. La relación entre la iglesia y el Reino de Dios6
La congregación local, como el pueblo misionero de Dios, es una sucursal y el instrumento principal
7
del Reino; es la señal que le anticipa y el ámbito principal de su venida . Una congregación misionera
es la manifestación local de la comunidad del pacto del Rey.
En el Antiguo Testamento, los Israelitas se auto-estimaban como un pueblo especial, creado por la
acción directa de Dios (Dt. 10:15; 26:18-19; cp. Ex. 19:5-6; 1 Pe. 2:9). Aun que les costó entenderlo y
vivirlo, ese honor implicaba el compromiso de ser un instrumento de Dios en favor de todas las
naciones; eso les exigía estar en el centro de la esfera de acción del señorío de Dios sobre todo el
mundo8.
Como el Nuevo Israel, la elección de la Iglesia tiene un propósito similar. Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo crean la Iglesia para que los “paganos” vean y glorifiquen “a Dios en el día de la
visitación, al considerar vuestras buenas obras,” (1 Pe. 2:12). Luz a los gentiles… sacerdotes para las
naciones – he aquí el llamado especial y la naturaleza esencial de una congregación misionera. Ella es
Pueblo Misionero de Dios cuya razón de ser se deriva directamente de los propósitos de Dios para el
mundo. El pueblo especial de Dios, por razón del llamado que Él les ha hecho, emerge en la historia de
6
Esta sección se ha adaptado del capítulo 7 de Carlos Van Engen 2004.
Hay varios misionólogos que han relacionado la acción misionera de la Iglesia y en algunos casos
específicamente la actividad de fundar nuevas iglesias con el tema de anunciar las Buenas Nuevas del Reino de
Dios. Véase, por ejemplo, Juan Driver 1998: 61–69; Darrell L. Guder 2000b:28–48; Fred Herron 2003: 3–30; C.
René Padilla 1986: 180–193; Daniel Sanchez et al2001: 9–14; Howard Snyder y Daniel Runyon 2002: 161; Valdir
Steuernagel 1996:154–156; Charles Van Engen et al1993:69–106; Johannes Verkuyl 1978: 89–204 y Johannes
Verkuyl 1993: 71–81.
8
Acerca del señorío universal de Cristo, véase, por ejemplo, Johannes Blauw, 1974 y Richard R. De Ridder 1975.
7
la humanidad como la comunidad del pacto del Rey, una sucursal del reino de Dios. Cualquiera que
menosprecie la importancia de la congregación local en la misión de Dios debe considerar
cuidadosamente la naturaleza especial de la Iglesia y su propósito en el mundo porque es la comunidad
del Pacto.
El lugar y el propósito de la iglesia dentro [del] gran arco de la historia de la salvación es… de ser la agencia por
la cual se dará a conocer… las acciones reconciliadoras de Dios. La iglesia es “pueblo que pertenece a Dios”,
para que proclame las obras maravillosas de aquel que la llamó “de las tinieblas a su luz admirable” (cf. 1 Pe.
2:9)… La Iglesia es resultado de la acción de Dios… No podemos abordar el qué y el cómo de la misión de la
iglesia si no captamos su lugar esencial en la historia de la salvación. Ella no es ni una nota al pie de una página
ni un acontecimiento marginal. No es una distorsión posterior del mensaje sencillo del gran maestro Jesús. Es
más bien la obra necesaria de Dios para la implementación del testimonio del Evangelio (Guder 2000a: 26).
Aunque la iglesia y el Reino de Dios están íntimamente interrelacionados, no son idénticos. Felipe
Schaff afirmó que, “en muchos pasajes [de la Biblia] no se puede sustituir la una (es decir, iglesia) por
el otro (es decir, Reino de Dios) sin manifiesta equivocación”9. El Reino de Dios, en su acción, tiempo
y estado, es más profundo, más amplio y más puro que la iglesia. Sin embargo, el aspecto de “el ya y el
todavía no” del Reino es también verdad en cuanto a la Iglesia. Herman Ridderbos, Jorge Ladd, Oscar
Cullmann, Juan Bright y otros sostienen que el Reino, el gobierno activo de Jesucristo, ya está presente
10
pero aún se espera su cumplimiento; ha venido pero aún está por venir. Herman Ridderbos dice lo
siguiente:
[chequear la citación]
El término “basilea” (reino) es la grandiosa obra divina de la salvación y consumación en Cristo; la
“ekklesia ” (= iglesia) es el pueblo elegido y llamado por Dios que comparte la bienaventuranza del “basilea”. El
primero comprende un contenido más completo, representa una perspectiva inclusiva, señala la consumación de
toda la historia que trae tanto la gracia como el juicio, tiene dimensiones cósmicas, y llena el tiempo y la
eternidad. De igual modo, la “ekklesia” es el pueblo que ha sido colocado en este gran drama al lado de Dios en
Cristo por virtud de la elección divina y el pacto… Es así como el “basilea” es una realidad ya presente, y la
“ekklesia ” el lugar donde los dones y los poderes de “basilea” son entregados y recibidos. Más adelante, la
reunión de aquellos que son instrumentos de “basilea,” son llamados a aceptar a Jesús como el Cristo, obedecer
sus mandatos y realizar la labor misionera de la predicación del evangelio alrededor del mundo. Como resultado,
la Iglesia está rodeada y motivada por la revelación, el progreso, y el futuro del Reino de Dios sin que sea en sí
misma el “basilea” y mucho menos sea identificada con él.11
El Reino de Dios y la iglesia se relacionan en la persona de Jesucristo, el Rey del Reino y la Cabeza
de la iglesia. El creyente llega a ser parte del Reino de Dios en el tiempo y en el espacio a través de la
redención en Jesucristo, “la cabeza del Cuerpo, la Iglesia”. Esta transferencia es realizada por el Padre
quien habita en Cristo en “toda su plenitud.” (Col. 1:13-19) y así la Iglesia, la misión y el Reino de
Dios se edifican mutuamente. No son idénticos, mas están íntimamente entretejidos en la misión de
9
Philip Schaff, 1950: 509. Schaff menciona, por ejemplo, Mateo 6:9; Marcos 10:14; Lucas 17:21; 1 Corintios
6:10, y Romanos 15:17, donde sustituir la palabra iglesiapor reinono tiene ningún sentido. Hay un acuerdo
general de muchos teólogos de que los conceptos de iglesiay reinono son sinónimos, aunque están
íntimamente interrelacionados. Véase por ejemplo, Herman N. Ridderbos 1962:347; David J. Bosch 1980: 219;
Johannes Blauw 1962: 79; y Hans Küng 1971: 94.
10
Véase Ridderbos 1962: 342–45; George Eldon Ladd 1974 y Jürgen Moltmann 1977: 98–196.
11
Ridderbos 1962:354–56 (traducido por CVE). Véase también George Ladd 1974:192–194.
Dios, por medio del pueblo de Dios enviado al mundo que Dios ama. Por lo tanto, se debe entender que
12
la Iglesia es la comunidad misionera de los discípulos del Rey.
Esta perspectiva trae consecuencias de largo alcance en la manera en que percibimos las
congregaciones misioneras, cuya naturaleza y llamado no se derivan de su afiliación a una
denominación ni a ninguna estructura institucional. Las congregaciones misioneras existen porque son
una comunidad del pacto del Rey, llamadas a ser instrumentos en las manos de Dios para la
transformación de su entorno y para bendición de las naciones. En palabras de René Padilla: “Todas las
iglesias están llamadas a colaborar con Dios en la transformación del mundo a partir del evangelio
centrado en Jesucristo como Señor del universo, cuyo señorío provee la base para una eclesiología
integral y una misión integral” (Padilla 2003b:44).
La iglesia y el Reino en realidad no son idénticos pero tampoco completamente diferentes. Se ha
creado, como dice Ridderbos, un “nuevo consenso” respecto a la naturaleza del Reino13. Dicho
consenso define este Reino tanto como presente e inaugurado como escatológico y futuro. Este Reino
no se ve física e institucionalmente. Más bien es el gobierno dinámico y activo de Dios, a través de
Jesucristo y por medio del Espíritu Santo. Así que, el Evangelio consiste en las buenas nuevas del
Reino que ya vino y está por venir.
Dios viene en humanidad (Emmanuel) y reina sobre la humanidad. Al mismo tiempo, Jesús habla
de las señales futuras del Reino de Dios al presentar sus credenciales mesiánicas a los discípulos de
Juan el Bautista (cp. Mt. 11:4-6, Is. 61:1-3 y Lc. 4:18-19). El Reino ya se ha acercado pero todavía no
se ha manifestado completamente. Aunque la iglesia aún no sea lo que debería ser, es el lugar principal
de la manifestación del Reino entre la ascensión y la segunda venida. El Reino se acerca y las iglesias
locales son señales que dirigen la atención del mundo hacia el Rey que viene.
La iglesia es la comunidad regida por el Rey
En todo contexto cultural, la congregación misionera necesita verse como la comunidad especial de
aquellos que reconocen la autoridad de Jesús como el Cristo y como su Rey. Estos discípulos de Cristo
son diferentes a los demás hombres y mujeres que se encuentran dentro de la esfera más amplia del
Reino de Cristo. Ellos se mantienen apartados porque conocen la verdad del Señorío de Cristo y se le
14
sujetan. Ellos se comprometen consciente, libre y voluntariamente a Jesús como su Señor .
La iglesia es el lugar primordial donde el Rey lleva a cabo su reinado
En cualquier país o cultura en que se encuentren, las congregaciones misioneras tienen un lugar central
en el reinado del Rey, porque Cristo reina en ellas de manera especial, como Cabeza del Cuerpo que es
la iglesia. En ningún otro lugar reina Cristo de esta forma ya que sólo la iglesia puede ser el Cuerpo de
Cristo.15 Por lo tanto, mientras cada iglesia misionera emerge, el Reino de Dios se va ampliando. La
proclamación del Evangelio resulta en la conversión de personas que habiendo anteriormente sido parte
del reino de las tinieblas, son trasladados al Reino de Luz (Romanos 6:15-22; Colosenses 1:9-14). En
las congregaciones misioneras se procura ver este cambio, esta transferencia de personas que habiendo
sido vasallos rebeldes llegan a ser vasallos del Rey, obedientes y dispuestos. Esta conversión es el
12
Este ha sido un tema subrayado en los escritos de Arthur F. Glasser, el cual queda especialmente claro en
Glasser et al2003.
13
Ridderbos 1962:342.
14
Van Engen 1981:282–83.
15
Véase Karl Barth 1936: 140–41.
corazón de la naturaleza de la congregación local como la comunidad del pacto del Rey. El crecimiento
integral de las congregaciones misioneras es por lo tanto una señal de la venida del Reino de Dios.
La iglesia es la señal en la que el Rey anticipa su reinado
Las congregaciones misioneras son comunidades compuestas de aquellos que viven el reinado de Dios
en sus vidas y en su sociedad. Así que, ellos son los “primeros frutos” de esta nueva comunidad de
Dios en el mundo.16 La iglesia no es el Reino en su plenitud, sino una señal que anticipa el Reino de
Dios que ya está presente y que todavía ha de venir. Como resultado, los cristianos viven en una
ansiosa esperanza. En palabras de Pablo, las congregaciones misioneras saben que “las aflicciones del
tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse, porque
el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Rm. 8:18-19).
Las congregaciones misioneras surgen en la medida en que practican, anuncian, ilustran y sirven
como súbditos y heraldos de la venida del Reino. Las congregaciones locales experimentan el señorío
del Rey como heraldos escatológicos de aquel que ha de venir. El “ya” se mueve gradualmente hacia el
anticipado “todavía-no,” mientras la iglesia anuncia la venida del Reino.
La misión de la iglesia es esparcir el conocimiento del Rey y su reinado
Como eje principal del reinado anticipado de Cristo, las congregaciones misioneras son llamadas a
esparcir el conocimiento de ese reinado por todo el mundo. Esto significa que la iglesia local no puede
ser un fin en sí misma, ni que la iglesia sea la meta final de la misión. Las iglesias locales son, mejor
dicho, los instrumentos de algo más grande que ellas; son instrumentos del Reino de Dios. Ladd dice
que “si el Reino de Dios es primeramente el reinado del señorío de Dios y en segundo lugar, la esfera
espiritual de su dominio, no puede haber objeción al reconocer que la iglesia es el órgano principal del
Reino al actuar en el mundo17.
La Iglesia no puede crear, traer o edificar el Reino; sólo puede y debe ser testigo de él
Claramente vemos que el testimonio se lleva a cabo en palabra y en hecho,18 en milagros, en señales y
prodigios, en la transformación de la vida de las personas, en la presencia del Espíritu Santo y en el
hecho radical de crear una nueva humanidad. Cuando una congregación local testifica del dominio del
Rey Jesús, ese hecho mismo forma parte del reinado de Cristo el cual es proclamado. El Reino llega
cuando hombres y mujeres llegan a conocer a Jesucristo. Por consiguiente, las iglesias locales edifican
la Iglesia mientras predican, proclaman y viven sus vidas en fidelidad y obediencia al Rey. Las
congregaciones participan de la venida del Reino cuando viven su vida como comunidades del pacto,
como discípulos del Rey, como oficinas sucursales del Reino de Dios. Mientras aumentan las cifras de
aquellos que conocen y reconocen el señorío del Rey, la Iglesia viene a ser el instrumento que anticipa
el “ya-pero-todavía-no” del reino de Dios.
La Iglesia no puede traer el reino: sólo el Rey puede hacerlo. Lo que la iglesia puede hacer es
proclamar, congregar y crecer en la expectativa del día cuando todos los pueblos se postrarán de
rodillas y confesarán con sus labios que Jesús es el Señor (Fil. 2:10). Las figuras retóricas que provee el
Nuevo Testamento acerca de esta verdad se hallan en las parábolas del crecimiento del reino, de las
diez vírgenes y las lámparas de aceite, de la fiesta de bodas, y en la enseñanza de Jesús acerca del día
de juicio en Mateo 24 y 25.
16
Cf. Karl Barth 1958: volumen 4.3.2.
George Ladd 1974: 269. Para un desarrollo adicional de este tema véase Carlos Van Engen 1981: 287ss.
18
Véase Harvie Conn 1982.
17
El desarrollo integral de la Iglesia misionera va unido al cumplimiento del Reino por medio de la
esfera principal del dominio de Cristo – las iglesias misioneras locales encarnadas en un tiempo, un
lugar y una cultura particular. La Iglesia, no el Reino, es la Nueva Jerusalén (Apoc. 21); la Iglesia, no el
Reino, está compuesta de aquellos que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14), y a
quienes Cristo presentará sin arruga y sin mancha (Efesios 5:27; Judas 24). Así, en este “tiempo entre
los tiempos”, nos concentramos en la Iglesia porque entendemos que cuando edificamos
congregaciones misioneras estamos participando ya en nuestra meta final, la venida del Reino
(compare Colosenses 1:13-20).
3. Sembrar iglesias es la meta penúltima de la misión de Dios.
Como el Cuerpo de Cristo, la Iglesia es la presencia física de Jesús en este mundo – para la bendición y
la transformación del mundo (Rom 12; I Cor 12; Ef. 4; I Ped. 2 y 4). Esta verdad nos obliga enfatizar la
importancia única de la Iglesia. Pero la Iglesia universal, la Iglesia de todos los tiempos, de todas las
culturas, de todo el globo terrestre es una idea nada más. Esa Iglesia no existe en la realidad. Lo que
existe es una multitud de congregaciones locales, iglesias locales cada una de ellas siendo la
manifestación local de la Iglesia universal. Tu y yo y los demás creyentes en Jesucristo nunca
experimentamos, nunca nos enfrentamos con la Iglesia universal. Experimentamos la comunión de los
santos, nos desarrollamos espiritualmente y la base desde la cual somos enviados al mundo es una
congregación local. Así que es casi imposible sobre-estimar la importancia de la congregación local de
hombres y mujeres que aman a Cristo y adoran a Dios en el poder del Espíritu Santo.
Y sin embargo, la meta final de nuestra misión no puede ser únicamente la congregación local.
Sembrar, hacer crecer y vigilar por el desarrollo de la iglesia local es solamente una meta penúltima de
nuestra misión, como Orlando Costas nos hizo ver (véase Costas 1974:90; 1979:37-59; 1982:46-48.).
La meta final de nuestra labor misionera es la gloria de Dios, como lo veremos en la última parte de
este capítulo.
Pero como una meta penúltima sembrar congregaciones saludables es una labor esencial. Dios ha
elegido la congregación local como el instrumento principal de su misión en el mundo. Así que para
alcanzar la meta final, es imprescindible crear millares de nuevas congregaciones misioneras alrededor
del mundo. Y Dios es glorificado cuando las vidas de personas y las estructuras familiares, socioeconómicas y políticas de una ciudad o una nación experimentan una transformación radical porque el
Espíritu Santo ha usado a las iglesias locales para anunciar la venida del Reino de Dios en Jesucristo en
forma integral, en palabra y hecho, en maneras contextualmente apropiadas y bíblicamente verídicas.
E. Porque plantar iglesias glorifica a Dios
¿Por qué sembrar iglesias? La quinta razón es la que gobierna todas las demás. Sembrar nuevas iglesias
glorifica a Dios. Al fin de cuentas, crear nuevas iglesias, saludables y reproductoras, no es para la
gloria de la denominación o agencia misionera. No es para gloria del pastor o del evangelista. No es
para gloria de la iglesia madre. Nuestra motivación primordial para sembrar iglesias debe siempre ser
nuestro deseo profundo de dar gloria a Dios.
1. Las diez bendiciones de Efesios 1
Todo lo que se ha dicho anteriormente en este capítulo se encuentra resumido en las palabras de Pablo
en el primer capítulo de Efesios. Al comenzar su carta a los Efesios, su libro principal acerca de la
Iglesia y su misión, Pablo usa la letra de uno de los himnos más antiguos de la iglesia primitiva.
Aunque no se conoce la música, la letra se conservó porque Pablo lo utilizó para comenzar su carta. El
himno contiene diez palabras que gramaticalmente son formas de verbos: diez palabras de acción. Esas
diez acciones se reparten entre tres estrofas, uno para cada una de las tres personas de la Trinidad. Por
eso yo he titulado el pasaje, “Las diez bendiciones.” Cada estrofa enfatiza la labor y el papel especial
de una persona de la Trinidad. Este resumen de lo que Dios ha hecho por nosotros es hermoso,
profundo y conmovedor. Sin embargo, considero que lo más sobresaliente del himno es una frase que
se repite tres veces y funciona como un coro entretejido a través del himno. Y la frase es esta: “Para
alabanza de su gloria.” Véase la letra del himno abajo.
Efesios 1:1-14: “Las Diez Bendiciones”
Por el Padre hemos sido
1. Escogidos
2. Hechos santos
3. Predestinados
4. Adoptados
Coro: Para la alabanza de su gloria.
Por el Hijo hemos sido
5. Redimidos
6. Perdonados
7. Hechos partícipes del misterio
8. Unidos con él
9. hechos herederos con él
Coro: Para la alabanza de su gloria.
Por el Espíritu Santo hemos sido
10. Sellados de acuerdo a la promesa
Quien es las arras (el primer pago) de nuestra herencia
Hasta la redención de su posesión
Coro: Para la alabanza de su gloria.
Siglos después encontramos un eco del énfasis de Pablo en Efesios en los escritos de Gisbertus
Voetius (1589-1676). Profesor de teología holandés, Voetius fue uno de los primeros misionólogos
Protestantes. Escribiendo a principios del siglo XVII, Voetius afirmó que bíblicamente la misión de la
iglesia tiene una meta tripartita. Voetius declaró que la meta de la misión de Dios en la Biblia era (1) la
conversión de personas a la fe en Jesucristo (conversio gentili); (2) la plantación de la iglesia;
(plantatio ecclesiae); (3) la gloria de Dios (gloria Dei) (Bavinck 1960:155ss). Durante los pasados
cinco siglos esta perspectiva ha sido la base más fundamental de la obra misionera de las iglesias
evangélicas, descendientes de la Reforma Protestante. En lo más básico, la motivación de las iglesias
evangélicas hacia la expansión de la iglesia se deriva de esta meta visionaria: Dios desea que hombres
y mujeres lleguen a ser seguidores [y seguidoras] de Cristo y miembros responsables de su iglesia, para
la gloria de Dios19.
2. La visión de Apocalipsis
La nueva iglesia saludable más sobresaliente de toda la Biblia es la congregación que se reúne
alrededor del trono de Jesucristo, el Cordero de Dios en la Nueva Jerusalén. ¡Qué visión tan
impresionante es la que Juan expone en los últimos dos capítulos de Apocalipsis! El ángel le dice a
Juan que le mostrará “la desposada, la esposa del Cordero” (Apo. 21:9). Esta figura retórica, esta
fotografía verbal es una de las principales representaciones de la Iglesia de Jesucristo, la cual Pablo
19
Esta oración la he adaptado de la definición de misión de Donald McGavran 1970: 35.
también representa como una esposa ataviada y preparada para recibir a Jesús el Esposo (Ef. 5:23-27).
Y ¡qué maravilla! Al presentarle la iglesia el ángel le muestra la Nueva Jerusalén. La Iglesia se vuelve
una ciudad con doce puertas que nunca se cierran, hechas de las doce piedras de la vestidura de Aarón
en el tabernáculo del desierto. Y el ángel también le hace ver que “los reyes de la tierra traerán su
gloria y honor a ella.” La visión es verdaderamente impresionante. Los “reyes de la tierra” traen toda la
gloria de sus idiomas, sus culturas, sus historias, sus civilizaciones – todo lo traen a la Nueva Jerusalén
que es la iglesia, cuyo templo es Jesucristo, cuyo sol y luz es Cristo, cuyas puertas nunca se cierran
porque constante- y eternamente invitan a todo ser humano a lavarse en la sangre de Cristo y reunirse
con todos los santos alrededor del trono del Cordero. Y juntos todos los miembros de esta nueva iglesia
saludable cantan en un millar de lenguas, como si fuera una respuesta y un eco del milagro del
Pentecostés en Hechos 2. Y unidos todos los pueblos, las familias, las lenguas, las tribus del mundo
alaban a Dios con el himno de la eternidad:
Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad
existen y fueron creadas… Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el
poder, por los siglos de los siglos… la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al
Cordero… Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la
fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos… Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios
Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos… ¡Aleluya, porque el Señor Dios
Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y
su esposa se ha preparado. Apocalipsis 4:11; 5:13; 7:10, 12; 14:3, 7; 19:7
Y en esa ciudad que representa la Iglesia hay un árbol muy especial: el árbol de la vida cuyas hojas
son “para la sanidad de las naciones” (Ap. 22:2). Sembrar iglesias saludables es participar en esta
visión, es ser conducidos en el poder del Espíritu Santo hacia la nueva realidad, el nuevo cielo y la
nueva tierra—para la alabanza de la gloria de nuestro Dios. Una de las formas en que representamos,
señalamos, preparamos el camino, invitamos a otros a acompañarnos, y participamos en esta visión es
por sembrar nuevas iglesias para la gloria de Dios.
3. La meta final: la alabanza de su gloria
En mi tierra natal, en el estado de Chiapas, en el sur de México, frontera con Guatemala, hay una aldea
muy antigua que hoy se llama Chiapa de Corzo. Allí vivió la civilización Chiapas, que data desde por
lo menos ocho siglos antes de la era cristiana. En decadencia antes de la llegada de los españoles, a
principios del siglo XVI, esta civilización fue borrada de la faz de la tierra durante la colonización. En
el centro de ese pueblo, en medio del parque central, hay un monumento (véase la fotografía abajo) que
se construyó durante la época de la influencia francesa en México. Construido de puro ladrillo de barro,
es una réplica de la corona de una de las reinas de Francia.
Ese monumento me ha hecho reflexionar sobre la labor de sembrar iglesias. Por un lado, representa
las motivaciones y los métodos más desastrosos de la historia de nuestro continente porque alaba la
gloria de España y de Francia. El monumento pudiera representar el dominio y la esclavitud y en ese
sentido, también, pudiera representar todas las razones equivocadas por las cuales no debemos sembrar
iglesias. Pudiera representar la imposición de una religión colonial lejos del amor de Jesús, el Cristo de
la Biblia.
Pero tal vez pudiéramos permitir que ese monumento nos represente algo muy distinto. Todo el
monumento de Chiapas de Corzo es hecho de ladrillo de barro. El piso, las cinco columnas, el arco que
sostiene el techo y el techo mismo – todo es elaborado del mismo ladrillo. Su arquitectura me hace
pensar en las motivaciones bíblicas para sembrar iglesias.
•
•
•
•
•
El edificio está colocado firmemente en el suelo, donde se siembran los cimientos y el piso del
monumento que representan la naturaleza de Dios y su misión. “Porque de tal manera amó Dios al
mundo.” El amor, la iniciativa, la acción misionera de Dios forma la base de todo esfuerzo por sembrar
nuevas iglesias saludables.
Las columnas representan los cinco conjuntos de razones que nos motivan a sembrar nuevas
congregaciones tal como se han presentado en este capítulo:
Porque Dios es el Padre que busca y halla lo perdido;
Porque el amor de Cristo nos constriñe;
Porque el Espíritu Santo ha sido enviado a todo ser humano (toda carne);
Porque la congregación local es el principal sucursal del Reino de Dios;
Porque sembrar nuevas iglesias es para alabanza de la gloria de Dios.
El arco que soporta el techo es la misión de la iglesia que pudiéramos expresar de esta manera:
Es la voluntad de Dios que hombres y mujeres de todas las familias de la tierra lleguen a ser
discípulas/os de Jesucristo, miembros/as responsables de su iglesia, congregados en el poder del
Espíritu Santo en conjuntos de creyentes que como sucursales del Reino de Dios buscan transformar la
realidad de su contexto, para la gloria de Dios.
Y el techo del edificio es la acción misionera creativa de la iglesia en el mundo que proclama el
Evangelio del Reino de Dios en formas que son bíblicamente fieles, contextualmente apropiadas, y
globalmente transformadoras. Y el dueño del edificio es Cristo Jesús, el Señor. Desde este punto de
vista, la existencia del edificio tiene un solo propósito: existe para la alabanza de la gloria de Dios.
El monumento de Chiapa de Corzo nos ofrece una elección. ¿Cuáles serán nuestras motivaciones
de sembrar nuevas iglesias saludables? ¿Escogeremos las motivaciones humanas, pecaminosas,
egoístas y opresoras? ¿O seleccionaremos las motivaciones – y las metas – que la Biblia nos presenta?
¿Sembraremos nuevas iglesias para nuestra propia gloria? ¿O nos comprometeremos a participar en la
misión de Dios para alabanza de la gloria de Dios?
Conclusión
•
•
•
La esperanza del mundo y la posibilidad de transformar la realidad de América Latina reside en
sembrar millares de iglesias en cada ciudad, pueblo y aldea en todo el continente. Estas han de ser
congregaciones de hijos e hijas de Dios, seguidores/as de Jesucristo, dotadas/os de la presencia y los
dones del Espíritu Santo, que intencional- y cuidadosamente buscan ser señales de la venida del Reino
de Dios, para alabanza de la gloria de nuestro Dios.
¿Por qué sembrar iglesias en América Latina y en el mundo entero?
Porque Dios es un Dios de amor; la misión es de Dios; el propósito es de Dios. Y nuestro Dios, el Dios
de la Biblia, “no desea que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pe. 3:9).
Porque fuimos elegidos para servir; somos instrumentos en las manos de Dios; somos el Cuerpo de
Cristo, la presencia física de Jesucristo en el mundo para bendición de las naciones. Y como Cuerpo de
Cristo, es parte de nuestra naturaleza el engendrar nuevas congregaciones. Toda congregación madura
ha de ser madre de nuevas congregaciones.
Porque nos encontramos a nosotros mismos a la medida en que participemos como instrumentos del
amor de Dios para con todas las naciones y todo ser humano (Mt. 10:39). La iglesia no existe para
servir a sus miembros. Al contrario, se compone la iglesia de sus miembros quienes, todos juntos como
Pueblo de Dios, existen para ser instrumentos del amor de Dios hacia los que aun no conocen a
Jesucristo.
•
•
Porque somos especialmente escogidos para participar en la misión de Dios, y una de las formas más
apropiadas y eficientes de expresar concretamente esa elección de Dios consiste en sembrar nuevas
iglesias saludables.
Porque siempre, en todo lugar, somos el Pueblo de Dios, el Dios que “tanto amó al mundo que dio a su
hijo unigénito para que todo aquel que en él crea, no se pierda más tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Así
que somos la comunidad de amor, la comunidad del fruto del Espíritu, y no descansamos mientras
hayan aquellos que aún no conocen a Jesucristo por medio de la obra del Espíritu Santo – para alabanza
de la gloria de nuestro Dios.
Obras Citadas y Afines
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2002
1960
1990
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Rumbo a la misión:
Lecciones en la vida de Bernabé
Levi DeCarvalho1
HUMANAMENTE HABLANDO, si no fuera por Bernabé no tendríamos un apóstol Pablo ni un evangelista
Marcos. Sencillamente, Bernabé fue la persona que Dios usó para llevar estos dos hombres a un
compromiso con la misión de la Iglesia, empujándolos para que asumiera, cada cual, su propia
responsabilidad en el ministerio que Dios les había reservado. Mientras ayudaba a otros, Bernabé
desempeñaba el ministerio que Dios le había otorgado.
En este breve estudio de la vida de Bernabé, nos proponemos resaltar algunas de las características
que Dios pudo forjar en su carácter y en su práctica cristiana para hacer de él un modelo de siervo, útil
tanto en la iglesia local como en el campo misionero. Al final, haremos una reflexión práctica de cómo
el ejemplo de Bernabé puede servir de modelo para los obreros que desean salir para el campo
transcultural. La base textual se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Miembro activo en la iglesia local
El relato del historiador de la iglesia, Lucas, ubica Bernabé en la iglesia de Jerusalén en un momento de
prosperidad para la joven congregación cristiana. Bernabé sobresale en medio de los hermanos por su
generosidad y sensibilidad a la necesidad de los hermanos, además de su evidente ejercicio del don de
exhortación.
Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación),
levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
(4:36-37)
Chipriota de nacimiento, Bernabé es suficientemente multicultural como para sentirse confortable
en el mundo grecorromano de su época. Un ciudadano del mundo (un cosmopolita), Bernabé participa
efectivamente en su iglesia local, y granjea, por sus cualidades personales, la confianza de los líderes
apostólicos.
Mediador
La siguiente actuación de Bernabé se encuentra en el capítulo 9 de Hechos. Allí lo encontramos
actuando como mediador entre los creyentes y un recién convertido, Saulo. Bernabé arriesga su
reputación a favor de un hombre que todos rechazan, incluso los propios apóstoles de Cristo. El texto
nos dice:
Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que
fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el
camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de
Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y
disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta
Cesarea, y le enviaron a Tarso. (9:26-30)
Bernabé demuestra interés por Saulo, buscando conocer su testimonio personal, y relatando a los
apóstoles lo que le había sucedido en Damasco. Bernabé, además, percibe su potencial en la obra del
1
Mi gratitud a Rigoberto Diguero y Octavio Jiménez, por la revisión del texto. Las imperfecciones y
equivocaciones, por supuesto, son solamente mías.
Señor. Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo de Bernabé, los líderes de la iglesia en Jerusalén
rechazan a Saulo, y lo envían de vuelta a su ciudad natal; la iglesia en Jerusalén no tiene lugar para él.
Delegado de la iglesia
Con el correr del tiempo, ni las actitudes diplomáticas de los apóstoles en su confrontación con los
líderes políticos y religiosos de Jerusalén sirven para espantar el espectro de la persecución. Por
representar un poder que lleva mucha gente a cerrar filas al lado de la Iglesia Cristiana, los apóstoles y
demás creyentes (llamados discípulos) terminan por ser perseguidos por los que perciben en ellos una
amenaza a su dominio sobre la comunidad judía, dentro y fuera de Jerusalén. Con eso, gran número de
creyentes se ven en la contingencia de escapar por sus vidas, dejando para tras la ciudad que amaban.
Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron
hasta Fenicia, Chipre y Antioquia, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos
unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquia, hablaron también a los griegos,
anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se
convirtió al Señor.
Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese
hasta Antioquia. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de
corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran
multitud fue agregada al Señor.
Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquia. Y se congregaron allí
todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. (11:19-30)
Los apóstoles permanecieron en Jerusalén, y con ellos nuestro personaje, Bernabé. Aparentemente,
nada cambia para ellos, hasta que llega la noticia de que los hermanos en fuga, de una u otra manera,
están llevando gentiles a los pies del Señor, en Antioquia de Siria. No sabemos si eso incomodó a los
apóstoles por tratarse de gentiles, o si fue el caso de que ellos genuinamente querían ayudar a los
nuevos convertidos en sus primeros pasos en la fe cristiana. El hecho es que el hombre escogido para
verificar la situación fue precisamente Bernabé.
Como delegado de los apóstoles, Bernabé demuestra ser digno de la confianza de los líderes de la
iglesia madre. Cuando llega a Antioquia, en vez de ver problemas y desgracias, en la aceptación de la
fe evangélica por parte de los gentiles, Bernabé se regocija en el hecho de que el Reino de Dios
empieza a penetrar las fortalezas de las naciones. Además de ver la gracia de Dios en acción, Bernabé
luego comienza a ejercitar su don espiritual. Por ser un hombre “bueno, lleno del Espíritu Santo y de
fe”, su presencia y acción contribuyen al crecimiento de la joven iglesia en Antioquia.
Pasado un tiempo, Bernabé reconoce que necesita de ayuda. Pronto se da cuenta de que no puede
cumplir con su responsabilidad por si solo; reconoce que necesita de un compañero de ministerio.
Acordándose de Saulo, viaja hacia Tarso para traerlo a Antioquia, su nuevo campo de trabajo. Si la
iglesia de Jerusalén no tiene lugar para Saulo, Bernabé ve en Antioquia el espacio apropiado para un
hombre como él, en quien está el potencial de Dios. Y mientras lo ayuda en su trabajo, Bernabé se sirve
de la ocasión para hacer de Saulo su discípulo personal, dándole una nueva oportunidad en la obra
evangelizadora de la Iglesia de Cristo.
Exitoso en el ministerio
Los dos hombres se convierten en maestros de la nueva iglesia. Su ministerio es tan apreciado por la
gente del lugar, que los creyentes allí son conocidos como “seguidores de/semejantes a Cristo”, o sea,
cristianos. Bernabé enseña a la iglesia a ser generosa—como él:
[A] los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia. En aquellos días unos profetas
descendieron de Jerusalén a Antioquia. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el
Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces
los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en
Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo. (11:19-30)
Abriendo espacio en su ministerio para la actuación del Espíritu Santo, que habla por boca del
profeta Agabo, la iglesia muestra sensibilidad a las necesidades de sus hermanos en Jerusalén.
Enterados de la inminente crisis material de la iglesia madre, unánimemente deciden enviar Bernabé y
Saulo, como delegados de Antioquia ante los ancianos de Jerusalén. Esta vez, Saulo llega a Jerusalén
en su nuevo status de líder eclesiástico y compañero en la obra del Señor, trayéndoles la ofrenda de
amor de sus hermanos de Siria. Los líderes empiezan a mirar a Saulo con otros ojos.
Bernabé insiste, una vez más, en arriesgar su reputación haciéndose acompañar por Saulo en este
viaje. Aparentemente, esta ocasión, tiene éxito en su habilidad de mediador. De todos modos, los dos
líderes no se quedan en Jerusalén, y luego regresan a Siria.
Pero el ministerio de Bernabé no se limita a asuntos materiales; pronto decide invertir en una vida
más, que él percibe será estratégica en los planes del Señor. (Además de Cristo, Bernabé es el único
apóstol cuyos discípulos se convierten en autores sagrados—si es que Lucas no fue discípulo de Pablo.)
Regresan a Antioquía, pero no viajan solos; Marcos les acompaña: “Bernabé y Saulo, cumplido su
servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre
Marcos” (12:25). Bernabé está atento a otros que tengan un potencial de Dios, y decide apostar a
Marcos, quien se convierte en su ayudante, llegando a ser, años más tarde, un gran líder de la iglesia
cristiana primitiva.
Formador de líderes
Bernabé es un líder que produce otros líderes. Al contrario del dictador, que no confía en nadie,
Bernabé se preocupa en forjar nuevos discípulos que den continuidad a la misión de Cristo. Cuando lo
encontramos de nuevo, en el capítulo 13 de Hechos, además de Saulo, tiene a otros tres líderes consigo:
Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquia, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba
Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos
al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por
el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. Y llegados a Salamina, anunciaban la
palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. (13:1-5)
Podemos percibir que los dirigentes constituyen un equipo multicultural. De los cinco, dos son del
norte de África (Simón, “el negro”, y Lucio cirenaico), y un tercero, Manaén, proviene de la elite social
y política del lugar. Bernabé es judío de Chipre, mientras que Saulo, a su vez, es judío de Tarso—uno
de los tres principales centros intelectuales del mediterráneo en esa época. 2
Asimismo, Bernabé valora la unidad del liderato de la iglesia. Orando y ayudando juntos, ellos
buscan la dirección del Espíritu Santo para la vida de la congregación. Llega el momento, entonces, en
que Dios va a sacar a dos de esos hombres de la iglesia local para llevarlos a una obra misionera.
Después de probados y aprobados por el Señor, ellos están listos para salir de su contexto familiar y de
un ministerio exitoso hacia el trabajo incierto y peligroso, que es la misión transcultural.
2
Los otros dos centros académicos eran Alejandría (Egipto) y Atenas (Grecia). Pablo y Apolo estudiaron en dos
de esos centros académicos del mediterráneo.
El Espíritu envía, la iglesia libera
Los líderes de Antioquia están de acuerdo en que el Espíritu envíe a Bernabé y a Saulo a la misión. Al
instante en que el Espíritu—por boca de quien no lo sabemos—revela su propósito para los dos
hombres, hay unanimidad en reconocer el envío y apoyar a los que salen a la misión.
Quizá la iglesia pudiera haber resistido a esa palabra de Dios, en el sentido de decidir ella misma
quien debía de salir al campo transcultural. Pensando egoístamente, ellos podía enviar a los otros tres,
dejando en la iglesia los mejores obreros, Bernabé y Saulo. Pero esa clase de pensamiento es
equivocada. Primero, porque el obrero tiene de ser previamente probado y aprobado para que Dios lo
pueda enviar al campo de la misión. Y, segundo, porque si no los liberaran, estarían desconfiando de la
calidad de los líderes que quedaron en Antioquia, quienes habían sido forjados por Bernabé y Saulo.
Líderes de primera clase normalmente producen líderes de igual categoría. Los dirigentes que se
quedan, son capaces de llevar adelante el ministerio de la iglesia local exitosamente.
Hay iglesias que deciden por si mismas quienes deben de salir y quienes deben de quedar, en
cuanto a misiones. El texto griego es claro en que la iglesia libera a la misión (gr. apoluo, 13:3),
mientras el Espíritu es quien envía (gr. pempo , 13:4) al campo. La confusión sólo ocurre cuando la
iglesia cree que ella es quien envía.
Si el Espíritu quiere separar a alguien para el campo misionero, pero la iglesia no lo libera, tenemos
un caso de desobediencia al Señor de la mies. Por otro lado, si el Espíritu no envía a alguien, ayudarle
para que llegue al campo misionero es un caso de presunción, para decir lo mínimo. Perfecta
consonancia con el Espíritu es lo que se requiere de nosotros como iglesia del Señor.
Salida al campo de la misión
La manera como los obreros salen de su iglesia local es crucial para su éxito posterior en el campo de la
misión. Leemos en el texto, que los demás líderes de la iglesia no solamente obedecieron sino
igualmente bendijeron a los que estaban siendo enviados por el Espíritu Santo a la obra que se les había
designado.
Los otros tres líderes imponen las manos sobre los apóstoles—quienes antes eran sus superiores en
la jerarquía de la iglesia local. Los papeles se invierten: los jefes son bendecidos por sus ayudantes,
que, de esta forma visible, son ratificados en su función de igualdad con sus colegas que ahora son
despachados al campo. Los líderes que salen, seguramente van a hacer falta en la congregación de
Antioquia. Pero están saliendo, no por su propio plan o de cualquiera, sino por elección del mismo
Espíritu de Dios. Eso quiere decir que, cuando regresen, de nuevo podrán ocupar su lugar de liderato, al
cual fueron elevados por aprobación de Dios y por actuación intachable de parte de ellos.
Podríamos decir que la persona que no hace falta cuando sale, quizá no debía de salir. El Espíritu de
Dios no envía a nadie sin antes probarlo. Dios no está obligado a bendecir a quienes Él no envía al
3
campo de la misión.
3
Marcos no es parte del equipo en el sentido de ser un misionero idóneo. Su función es de ayudante, como
dice el texto. Esto significa que está todavía en un proceso de discipulado, bajo la instrucción de Bernabé.
Acordémonos de que los discípulos de Jesús salían en misión con el maestro, aún antes que estuvieran listos
para hacer la misión por si solos. Ellos aprendieron mientras acompañaban a Jesús en su ministerio. Y, como
suele ocurrir, los ayudantes y aprendices cometen errores, y los que les enseñan deben de tener paciencia con
ellos, como lo tuvo Jesús con sus discípulos.
Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. Y llegados
a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante”.
(13:4-5)
Cambios en el camino
Dos cambios significativos ocurren, en ese que es considerado el primer viaje misionero de Pablo.
Primero, el joven Marcos abandona los apóstoles a medio camino, quizá asustado por la posibilidad de
persecución que se avecinaba en el horizonte. Segundo, Saulo luego toma la delantera del equipo,
pasando Bernabé a ocupar el segundo lugar en la jerarquía del grupo. Su nombre pasa a figurar antes
del nombre de Bernabé, ahora no como Saulo, sino como Pablo, su nombre de ciudadano romano.
Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de
ellos, volvió a Jerusalén.… Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la
ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. (13:13, 50)
La persecución que experimentan (14:22-28) es un hecho que, en cierto sentido, constituye parte
integral del trabajo misionero. Tanto los poderes visibles como los invisibles, resienten esa invasión a
sus territorios por parte de estos hombres que ponen el mundo de cabeza por donde pasan con su
mensaje evangélico (véase Hechos 17:6).
Regreso a la iglesia local
Los apóstoles, terminado su trabajo, vuelven a la iglesia que los había bendecido y liberado a la misión.
Presentan un reporte de su viaje misionero (prestación de cuentas) y se reintegran al equipo de líderes
de la iglesia (15:1-4, 12, 22-23).
Desgraciadamente, hay misioneros que salen sin la aprobación o mucho menos la bendición de sus
líderes locales. A veces es el caso de algunos que jamás han dado muestras de liderato espiritual en su
iglesia local. Esto es profundamente lamentable. Ocurre que, cuando regresan del campo, son como
peces fuera del agua. No hay lugar definido para ellos cuando regresan, porque tampoco lo había
cuando salieron.
Si alguien no ha sido líder en su iglesia local, ¿cómo lo será cuando llegue a su campo misionero?
¿Si aquí no ha fructificado, ¿qué tipo de fruto podrá producir allá? Si aquí no aprendió a liderar el
rebaño (o parte de él), ¿cómo podrá liderar a otros en el campo misionero? Si aquí no estuvo
involucrado en la vida de la iglesia local, ¿cómo podrá plantar iglesias en el campo misionero, o aún
peor, dirigirlas?
Conflicto en el equipo misionero
La relación entre Bernabé y Saulo tuvo altos y bajos, como suele ocurrir en muchos equipos misioneros
por todo el mundo. Lo que resalta en el texto bíblico, en especial en el caso de la pelea por la inclusión
o exclusión de Marcos como miembro del equipo en el segundo viaje, es la pasión de los apóstoles por
la misión que tienen por delante. Para Pablo, Marcos ya no es parte de esa misión, mientras que
Bernabé quiere darle al joven ayudante una segunda oportunidad de servicio. En ese sentido, Bernabé
tiene el coraje de enfrentar a Pablo para salir en defensa de Juan Marcos. Pablo, por cierto, quiere un
compañero intachable, mientras que Bernabé demuestra una actitud de misericordia para con su joven
4
discípulo.
4
Sin entrar en el mérito de la cuestión, años más tarde, Pablo se refiere a Juan Marcos con palabras de elogio, y
pide que él viaje hasta dónde está el apóstol, ya anciano y abandonado por sus compañeros más cercanos
(véase 2 Timoteo 4). Pablo parece haber buscado en Timoteo (y quizá en Lucas) el discípulo más joven que le
Podemos imaginar el conflicto de los dos gigantes de la fe, pero quizá podríamos de igual manera
imaginar el conflicto interior del joven Marcos, al ver a los hombres que él sin duda admira peleando
por su causa. Sin entrar en especulaciones, Bernabé elige a Marcos por segunda vez—como lo había
hecho antes con Pablo, a pesar de que los apóstoles de Jerusalén lo habían rechazado—y lo mantiene en
su equipo misionero. Por esa actitud, Marcos le debe gratitud a Bernabé por apoyarlo en un momento
de crisis, en su desarrollo de ayudante a obrero idóneo en la misión.
Conclusión
Aquí nos despedimos de Bernabé. Los detalles de su vida posterior, los dejamos para otro estudio, más
adelante.
En el tema que elegimos para este artículo, Bernabé surge como un modelo de siervo que el Señor
prepara para enviar al campo misionero. Son notables sus características de siervo, tales como su
generosidad, su sensibilidad a los demás, su capacidad de sacrificarse a favor de otros, su humildad, su
sensibilidad y obediencia al Espíritu Santo, su capacidad de forjar líderes para la iglesia, su
compromiso con la obra de misiones a todo costo, su coraje de asumir riesgos a favor de personas en
quienes está el potencial de Dios para Su obra
Bernabé fue instrumental para la formación de dos de los gigantes de la fe cristiana: el apóstol
Pablo y el evangelista Marcos. Como solía hacer en su vida de misionero, no atrajo las luces para si
mismo, sino que dejó que otros tomaran el lugar de preeminencia delante de los demás. No dejó
documento escrito, pero sus dos discípulos más notables, inspirados por Dios, escribieron casi la mitad
del Nuevo Testamento. (Y si consideramos a Lucas como discípulo de Pablo, discípulo de Bernabé, la
lista es aún más impresionante.)
Ojalá nuestros misioneros sean como Bernabé, y nuestros líderes puedan producir hombres como
él, reconociendo que en tales personas está el potencial de Dios para las misiones. Que el Espíritu
levante, en nuestras iglesias, a personas como esos hombres, que fueron testigos de Cristo entre las
naciones.
Apéndice:
50 Lecciones en Bernabé
Levi DeCarvalho
LA INTENCIÓN DE ESTE APÉNDICE es de poner en manera de apuntes, algunas de las principales
lecciones en la vida de Bernabé que se puede deducir de los textos bíblicos seleccionados. Con base en
estos apuntes, uno puede visualizar mejor las cualidades que el Espíritu puede imprimir en la vida de
alguien que es llamado a la misión cristiana transcultural.
Hechos 4:36-37
1. Conocido por su apodo (reflejo de su don espiritual)
2. Cosmopolita
3. Generoso
4. Sumiso a las autoridades espirituales de la Iglesia
5. Sensible a las necesidades de otros
Hechos 9:26-30
hacía falta en la persona de Juan Marcos. La actitud de Pablo con relación a Timoteo, por ejemplo, se acerca
más al modelo de Bernabé que al del propio Pablo, cuando los dos tomaron rumbos distintos en la misión.
6. Tuvo interés por Pablo (buscó conocer su testimonio)
7. Tuvo confianza en Pablo (percibió su potencial en la obra del Señor)
8. Intercedió por Pablo delante de los apóstoles (riesgo calculado)
Hechos 11:19-30
9. Digno de la confianza de los líderes de la Iglesia en Jerusalén
10. Delegado de la Iglesia de Antioquia a la Iglesia de Jerusalén
11. Capaz de ver la gracia de Dios
12. Capaz de alegrarse con la gracia de Dios
13. Utilizaba su don a donde quiera que iba
14. Varón bueno
15. Varón lleno del Espíritu Santo
16. Varón lleno de fe
17. Contribuyó al crecimiento de la Iglesia de Antioquia
18. Reconoció que necesitaba ayuda
19. Se acordó de Pablo
20. Partió en búsqueda de Pablo
21. Fue discipulador de Pablo en Antioquia (le dio una nueva oportunidad)
22. Enseñó La Palabra junto con Pablo
23. Conocidos como seguidores y/o semejantes a Cristo (=cristianos)
24. Daba lugar a la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia
25. Enseñó a la Iglesia a ser generosa (como él lo era)
26. Sensible a las necesidades de otros hermanos
27. Delegado de la Iglesia de Antioquia (junto con Pablo) ante la de Jerusalén
28. Llevó a Pablo consigo a Jerusalén como compañero en la obra del Señor
Hechos 12:25
29. Cumplía con su misión
30. Percibió el potencial en Juan Marcos
31. Empezó a discipular a Juan Marcos
Hechos 13:1-5
32. Forjador de líderes (junto con Pablo)
33. Valoraba la unidad del liderazgo
34. Tenía espacio para la actuación del Espíritu Santo
35. Hombre de oración y ayuno
36. Enviado(s) por el Espíritu Santo a la misión transcultural
37. Liberado(s) por la Iglesia a la misión transcultural
38. Sumiso al Espíritu Santo y al liderazgo de la Iglesia
39. Aprovechó la misión (de corto plazo) para discipular a Juan Marcos
Hechos 13:13, 50
40. Permitió que Pablo ocupara la preeminencia en el equipo misionero
41. Experimentó la persecución
Hechos 14:21-28
42. Sensible a las necesidades de los nuevos creyentes
43. Coraje para señalar líderes para las jóvenes iglesias
44. Volvió a la Iglesia que los había liberado a la misión
45. Hizo un reporte de su viaje misionero (presentación de cuentas)
46. Ocupó de nuevo su posición de líder en la Iglesia de Antioquia
Hechos 15:1-4, 12, 22-23
47. Defensor de los derechos (espirituales) de los creyentes gentiles
48. Portador (junto con sus compañeros) de la carta de Jerusalén a las nuevas iglesias
Hechos 15:37-39
49. Quiso darle a Juan Marcos una nueva oportunidad en la misión
50. Tuvo coraje de enfrentar a Pablo para defender a Juan Marcos
La misionología de Romanos
Carlos González
Si les preguntáramos a los creyentes cuál es la carta más doctrinal, el “plato fuerte” de la teología del
Nuevo Testamento, casi sin dudar todos pensarían en la carta de San Pablo a los Romanos. Si les
preguntáramos cual es la carta más misionológica del NT, ¿qué contestarían?
Quizá algunos tengan dudas, o nunca antes se hayan planteado la pregunta. Pero, como intentamos
demostrar enseguida, Romanos, además de ser la carta más doctrinal del Nuevo Testamento, también
es la carta más misionológica del NT. Examinaremos sucintamente los principales aspectos
misionológicos de esta carta y luego compartiremos algunas de las implicaciones de este estudio.
El propósito
Pablo indica, tanto al principio como al final de la carta, su propósito. Dice él:
No quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros… para tener entre vosotros
algún fruto. Romanos 1:13
Cuando vaya a España iré a vosotros; porque espero veros al pasar y ser encaminado allá por
vosotros. Romanos 15:24
El propósito es claramente misionero. Pablo es un viajero, un predicador en tránsito, cuya meta es
alcanzar otros lugares, otras gentes. Dios le ha llamado a predicar a los gentiles y el apóstol no se
conforma con menos, aunque eso implique viajar extensamente, incluso hasta la última frontera oeste
del Imperio Romano de entonces, o sea, España.
¿Por qué fue escrita la carta a los Romanos? Pablo avisa a los creyentes de la capital imperial de su
llegada. De hecho varias veces ha intentado viajar a Roma y ha sido estorbado, pero ahora se presenta
la oportunidad. Y no sólo eso, sino que les anticipa que no se quedará siempre en Roma: cuenta con su
apoyo para seguir viajando, para seguir “misionando”.
El propósito de la carta a los Romanos es misionero—hacer misión y seguir haciendo misiones. Por
supuesto también Pablo quiere describir ordenadamente el proceso de la redención cristiana y el lugar
de Israel y los gentiles en el plan divino, y por eso Romanos es un “monumento” teológico. Pero no
debemos pasar por alto la declaración de intencionalidad que el propio autor nos enuncia, máxime
cuando la repite al final, como que para recordar a los destinatarios cuál es su intención primordial en
la carta.
El supremo ministerio
El ministerio más amplio es aquel que abarca a todos los demás ministerios, o sea, la tarea y meta
global del plan de Dios. Es sintomático que de nuevo Pablo repite casi de qué se trata este ministerio:
(Nuestro Señor Jesucristo… por quien recibimos la gracia y el apostolado) para la obediencia a la fe en todas las
naciones por amor de su nombre.
Romanos 1:5
fe.
…según el mandamiento del Dios eterno, que ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la
Romanos 16:26
Ese es el macro-cuadro, el supremo ministerio en el que se encajan todos los ministerios
particulares—Cristo dado a conocer a todas las naciones. El propósito de Dios siempre ha abarcado
todas las naciones y Pablo no se conforma con menos. El alcance es mundial; supera a los judíos y
supera a los gentiles. El propósito de Dios en su misión barca a todas las naciones, todas las etnias,
todas las edades. Cristo debe ser dado a conocer a todas las naciones.
Este ministerio tiene consecuencias para el mismo apóstol. Afecta a la identidad de Pablo, o sea,
cómo él se ve el mismo y cual es su identidad en ese supremo ministerio.
Se cuenta que el rey de Francia fue a visitar las obras de construcción de la catedral de Notre Dame
de Paris. Recorriendo el bullicioso campo de obras, preguntó a un cantero que estaba labrando piedras
de sillería: “¿Qué haces, buen hombre?” A lo que éste replicó: “Pues es evidente, Majestad: labro
piedra”. Preguntado lo mismo, el compañero que trabajaba junto a él respondió: “Contribuyo a
construir la gran catedral de Francia, Majestad”. Todo es una cuestión de perspectiva. ¡Qué diferente
apreciación de valor personal y de propósito tenían estos dos canteros! El primero de los canteros no
lograba visualizar el alcance de la construcción en que estaba involucrado y por esto mismo no tenía
una correcta apreciación de si mismo, mientras que el segundo sabía quién era, lo que valía y como
encajaba su duro trabajo diario con el de otros muchos. Miraba su presente con un vistazo al futuro.
Pablo sabe cual es la meta suprema, el macro-rompecabezas de Dios, y sabe donde encaja él como
pieza de ese gran cuadro: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol… contribuyo a la
obediencia a la fe en todas las naciones”. Otros son profetas, maestros y pastores, piensa Pablo. Yo
planté y Apolos regó, pero todos hallamos nuestra razón de ser, nuestro Norte en ese supremo
ministerio. Sé quien soy y cual es mi lugar en relación al Supremo Ministerio que Dios nos ha
encomendado.
¿Puedo yo decir eso mismo? ¿Puedes decirlo tú? Quizás demasiadas veces oímos hablar de mi
ministerio, mi trabajo, mi llamado sin situarnos en la correcta perspectiva global del propósito de Dios
en la misión cristiana.
Dónde comienza la misionología
Hagamos un paréntesis y salgámonos de Romanos un instante, para preguntarnos dónde y cuándo
comienza la misionología. Esta percepción nos ayudará a desvendar el propósito perenne de Dios en su
quehacer misionero.
Para contestar a esta pregunta, debemos remontarnos al Edén para oír a Dios decir: “Multiplicaos,
llenad la tierra” (Gn. 1:28). La imagen y gloria de Dios, puestas en el hombre, no podían quedar
confinadas geográficamente a un pequeño territorio; la gloria de Dios debía extenderse por toda la
tierra.
“Llenad la tierra”, es la orden del Señor. Es muy sintomático que la primera instrucción de Dios al
hombre en relación a la tarea misionera se produce antes de la caída. No pensemos que a Dios le
salieron mal los planes, y que tras el fracaso de la caída del hombre tuvo que diseñar un “plan B”. La
elección, la historia de la salvación, la encarnación y sacrificio del Hijo—la misión—ya estaban en el
corazón de Dios desde antes de todos los siglos.
Siguiendo el hilo misionero que recorre toda la Biblia, saltemos hasta Abraham, a quién algunos
han llamado el primer misionero: “sal de tu tierra y vete a la tierra que yo te diré” (Rm. 12:1-3). Dios
ha tenido ese “afán viajero” para muchos de sus siervos. Demos un paso más, preguntándonos: ¿Viajar,
para qué? El relato de Abraham nos centra en el deseo de Dios. La promesa, repetida por Dios a
Abraham, es: “en ti serán benditas todas la naciones de la tierra”. La Misión de Dios alcanza a todas las
naciones, a todos los pueblos.
Vamos muy rápido hasta los Salmos y las referencias a las naciones nos desbordan. Perdemos la
cuenta de cuántas veces se dice: “Te alabaré ante todos los pueblos”; “Pueblos todos, batid las manos”;
“Alabad a Jehová, naciones todas, pueblos todos, alabadle”. Es casi imposible leer los Salmos y no
darse cuenta del interés de Dios por la tierra entera. Sin embargo, ¡cuantas veces pensamos que Dios se
ocupa exclusivamente de su pueblo!
Sigamos el hilo conductor misionero que recorre toda la Escritura, y saltemos rápidamente hasta
Isaías, el más universal de los profetas. Otra vez vemos el interés de Dios por las naciones: profecías
para Tiro, Sidón, Filistea, Babilonia, para los reyes—demostración del señorío universal de Dios.
Sólo estamos viendo, a vuelo de pájaro, algunas de las más significativas menciones al interés de
Dios por las naciones y su comisión a su pueblo y sus profetas a ser canales de bendición (instrumentos
de misión) a los demás pueblos de la tierra. Descubrimos que el supremo ministerio, aquél que engloba
a todos los demás no es otra cosa que La Misión de Dios.
Este paréntesis nos ayuda a situar tanto el ministerio de Pablo como su propia identidad. El apóstol
es parte del supremo ministerio—Cristo a todas las naciones—lo cual a su vez encaja con la misión
cósmica de Dios para con el universo y la Historia.
La gran pregunta
La carta a los Romanos nos formula la gran pregunta: ¿Están realmente perdidos? Aquellos que nunca
han oído, las personas sinceras y honestas en rincones remotos que verdaderamente no han tenido la
oportunidad de recibir el mensaje del Evangelio, ¿están realmente perdidos? Con una lógica aplastante
Pablo nos muestra, en el capítulo 1, que tanto el ateo militante como el agnóstico o el habitante del
rincón más recóndito están igualmente perdidos. En el capítulo 2, Pablo afirma que el hombre moral,
que vive según principios éticos, el religioso de cualquier religión, ¡también está perdido! Por fin, en el
capítulo 3, el israelita circuncidado que tiene la revelación divina, pero que no cumple la Ley, ¡está
igualmente perdido!
No hay diferencia. Todos los seres humanos están perdidos: “No hay justo, ni aún uno; no hay
quien busque a Dios” (Rm. 3:10-11). Solamente en Jesucristo hay salvación: “No hay otro nombre
debajo del cielo en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Tampoco hay diferencia en la salvación.
¿Están realmente perdidos? Esa es la gran pregunta de la misionología a la que Romanos nos contesta
sin lugar a dudas.
La estrategia misionera
En la carta a los Romanos, no solamente descubrimos su propósito misionero, el supremo ministerio
que engloba a todos los demás, la gran pregunta, sino que encontramos también la estrategia misionera
del apóstol. El texto de 15:20 nos dice: “De esta manera me esforcé a predicar el Evangelio, no donde
Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno”.
Claramente la estrategia de Pablo se enfoca en los no alcanzados, aquellos que nunca han tenido la
posibilidad de oír el Evangelio. Cierto que había mucha necesidad en Macedonia, en Grecia, en Asia
Menor y en muchos otros lugares, pero a Pablo le hervía la sangre pensando en aquellos a los que
todavía nadie había llegado con el mensaje de Cristo Jesús. Y todavía hoy en día esa sigue siendo una
asignatura pendiente del movimiento misionero. En el año 1996, solamente el 2% de los misioneros
protestantes estaban sirviendo en la llamada Ventana 10/40; y en el año 2.000, sólo el 1% del dinero
invertido en misiones fue asignado a los grupos no alcanzados.
Paremos un instante a reflexionar cuánto del presupuesto y del tiempo de oración de nuestra iglesia
o familia, cuánta de nuestra energía se dedica a los no alcanzados. Quizás esto nos ayude a enfocar lo
que hemos hecho en pro del Reino de Dios.
La autoridad misionera
Encontramos una indicación al respecto en un fragmento muy conocido (Rm. 10:14-15). Pablo plantea
una serie de preguntas que van apoyándose una en la otra, como peldaños de una escalera. “¿Cómo,
pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y
cómo oirán sin haber quien les predique? Y el último peldaño, sobre el cual recae toda la fuerza del
argumento, es éste: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?”
La autoridad del predicador, del misionero, reside en quién le envía. Pablo y Bernabé salieron de
Antioquia enviados por la iglesia local y el cuerpo de ancianos. En este pasaje Pablo está apelando a lo
evidente, a aquello que todos entienden y aceptan: ¡Hay que enviar! Parece que en nuestros tiempos
esto no está tan claro, puesto que hay muchos corriendo y predicando sin haber sido enviados por
nadie. Ellos son la fuente de autoridad para sí mismos.
¿Te está llamando Dios al trabajo misionero o a servir en cualquier otro ministerio? ¡Cuídate de ser
enviado!
Viceversa. Preguntémonos: ¿Somos una iglesia, una familia enviadora?
Los recursos misioneros
Leemos en 15.24: “Cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser
encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros”. Encaminado. “Que me ayudéis
a continuar mi viaje”, dice la Versión Popular. ¿Qué significa encaminar? Podríamos llamarlo “la
logística de los hermanos”. Pablo está diciendo: “Espero que me alentéis a seguir viaje, que
contribuyáis a los gastos, que alguno de vuestros obreros se unan a mi equipo misionero así como ha
ocurrido en Antioquia, en Listra y en otros lugares”. En otras palabras: “Cuento con vosotros para
proseguir el trabajo misionero”.
Esto es trabajo en equipo: unos envían y otros son enviados. Unos salen a predicar y otros quedan
atrás orando, apoyando. Hay muchas facetas que atender en ese gran puzzle misionero, y todos
formamos parte del mismo gran equipo. Todos colaboramos a una sola Misión Global.
¡Esta es la logística de los hermanos!
Conclusión
Hemos visto el propósito misionero de la carta a los Romanos, el supremo ministerio que engloba a
todos los demás, la gran pregunta, la estrategia misionera, la autoridad misionera de los enviados, y los
recursos misioneros. Finalmente dediquemos unos instantes a la Misión Transcultural.
Pablo nos dice: “Soy ministro de Jesucristo a los gentiles” (Rm. 15:16). Por regla general, es más
normal y fácil que un rumano alcance a otro rumano, y que un español predique a otro español, sin
saltar barreras lingüísticas ni culturales. Sin embargo, aquí encontramos a un judío discipulando a los
gentiles. “Yo me he hecho todo a todos para ganar a más”. Este es un considerable salto de cultura, un
esfuerzo añadido a la obra misionera.
Descubrimos que, a lo largo de los siglos, Dios ha querido llamar a algunos y enviarlos a otras
etnias. Es parte de su plan y de su estrategia para los no alcanzados. Eso representa un salto cualitativo
importante entre la evangelización (doméstica, en la misma cultura de uno) y la misión foránea. Hoy en
día, lo llamamos misión transcultural.
La Biblia describe el mismo proceso hablando de otro tema: la encarnación. Ese es el camino que
el Hijo eterno recorrió para llegar hasta nosotros. Dejó lo suyo—la gloria, el cielo—para adaptarse
completamente a “lo nuestro”. Fue verdaderamente hombre, absolutamente igual a nosotros, aunque sin
pecado. Es más: nació, creció, se comunicó en los patrones culturales judíos del siglo primero. Es el
supremo ejemplo que nos corresponde seguir para “ganar a algunos”. Es la verdadera encarnación.
Ojalá que, del mismo modo como procuramos aplicar las verdades soteriológicas, éticas y
eclesiológicas de la carta a los Romanos a nuestras vidas, así también reflexionemos y apliquemos la
misionología de esta preciosa carta a nuestras vidas, a nuestras familias y a nuestras iglesias.
Discipulado y misión
Levi DeCarvalho
CUANDO PENSAMOS EN DISCIPULADO, nos viene a la mente el ministerio de Jesús con sus seguidores
más cercanos—Pedro, Santiago, Juan, y los demás. Si tenemos tiempo para reflexionar una segunda
vez, es posible que pensemos sobre Pablo y sus compañeros, o quizás sobre Bernabé y su grupo.1 Aún
así, no nos enfocamos mucho en el discipulado como algo que se pueda poner en acción en nuestras
iglesias, ya que nuestros deberes y obligaciones nos impiden de dedicar una porción de nuestro tiempo
a un grupo limitado de individuos; preferimos, al contrario, ministrar a la multitud desde el púlpito. Si
nos sobra tiempo, entonces sí podemos pensar en acercarnos a alguien con más atención a sus
necesidades de crecimiento y ministerio.
En este artículo, nuestro propósito es compartir lecciones basadas en la relación entre Jesús y sus
discípulos que nos puedan servir en la obra misionera. La razón por la cual nos detenemos en Jesús es
doble: él nos ha ordenado que hagamos discípulos de todas las etnias y, además, su ministerio es
descrito con más detalles que el de cualquier otro líder en el Nuevo Testamento. Nuestro plan es seguir
a Jesús paso a paso en su proceso de discipulado, de acuerdo a algunos textos clave de los Evangelios.
Luego, sugerimos un análisis de los círculos de relaciones personales en el ministerio de Jesús. La idea
central es plantear nuestra obediencia a la Gran Comisión en su modelo de discipulado y misión.
Cualidades personales del discipulador
Nadie iba a seguir a Jesucristo si no fuera por algo que los atrajera, antes de todo. Jesús poseía lo que
nosotros podríamos denominar como carisma personal, un aspecto de su personalidad que lo hacía
atractivo tanto a la muchedumbre, como a determinados individuos—en especial, a los que buscaban el
1
Muy pocos de nosotros, quizás, pensemos sobre las mujeres como discípulas de alguien. Esto puede ser un
reflejo de nuestra cosmovisión ibero americana que enfoca en el macho como líder fuera del hogar, y en la
mujer como fiel esposa y madre, ubicada dentro de las cuatro paredes del ambiente familiar. Otra posibilidad
sería la herencia reformada que hemos recibido, en especial por medio de los misioneros protestantes que
arribaron a nuestras plagas, seguidos, tiempos después, por obreros pentecostales, cuya actitud inicial era
patriarcal, en larga medida. Con el surgimiento del feminismo y sus desdoblamientos, se ha creado una división
entre aquellos que abogan una mayor participación de la mujer en el liderazgo de la iglesia, mientras que otros
prefieren mantenerla en una posición de sumisión al liderazgo masculino de la congregación. No es nuestra
intención discutir el asunto en este artículo, sino apuntar algunas lecciones sobre el proceso del discipulado en
si como parte de nuestro aprendizaje sobre la misión.
reino de Dios y la liberación de Israel. Hasta los niños (Mateo 19:13-14; Marcos 10.13-16; Lucas
18.15-17) se sentían confortables en su presencia, y él los bendecía. Sus enemigos también eran
impactados por la personalidad de Jesús, con quienes, algunas veces, dialogaba y discutía los asuntos
relativos a la revelación del Antiguo Testamento y al plan redentor de Dios.
Jesús, cuando empieza su ministerio, lo hace en la posición de rabino. Al asumir esta posición
social de líder religioso, él actúa de acuerdo a las costumbres de su tiempo. Esta posición de maestro le
permite a Jesús de hablar a la gente sobre la antigua alianza, firmada desde la creación, confirmada por
los profetas, empezando con Abraham, Moisés, y los demás, hasta llegar a Juan el Bautista.
La fascinación con Jesús es evidente. Al terminar su enseñanza (Mateo 7:28-29) conocida como
sermón del monte, “la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene
autoridad, y no como los escribas”. Eso atrajo la envidia y los celos de los fariseos, saduceos,
sacerdotes y demás líderes judíos de su tiempo (Mateo 21:12-17; Marco 11.15-19; Lucas 19.45-48;
Juan 2.13-22), quienes pronto decidieron por terminar con su vida. De una u otra manera, nadie
quedaba indiferente a Jesús. Unos se enojaban, otros se gozaban en sus palabras y acciones. Los doce,
como los conocemos, quedaron fascinados por este hombre, y fueron llamados por él para ser sus
seguidores.
Sin embargo, no olvidemos que, antes de darse a conocer al gran público, y también antes de llamar
a sí a los doce discípulos, Jesús tuvo que pasar por la prueba de fuego de la tentación en el desierto. Su
bautismo tiene la aprobación del profeta Juan, el Bautista, con el poderoso descenso del Espíritu Santo
(Mateo 3.13–17; Marcos 1.9–11; Lucas 3:21–22) sobre él, en forma de paloma. Pero Jesús no está
todavía listo para ejercer su ministerio público. Dios no utiliza alguien sin antes probarlo—parece ser el
principio bíblico que aprendemos aquí, y por ese motivo, el propio Espíritu lo lleva al desierto (Mateo
4.1–11; Marcos 1.12–13; Lucas 4:1–13) para pasar por la experiencia de la tentación.
El nombre de Dios estaba en juego. Jesús tenía que probar que estaba listo para hacer lo que le
tocaba, en el plan redentor de Dios. Satanás no lo iba permitir que invadiera su territorio sin pelear
primero. La tentación, precisamente, tiene el propósito de desviar el siervo de Dios de su objetivo
principal—cumplir con el plan redentor de Dios. Luego de tentarlo y fracasar en su intento, Satanás se
2
aleja de Jesús—pero por poco tiempo (véase Lucas 4:13).
Ministerio público
El ministerio de Jesús fue marcado por su contacto personal con la multitud. Sus palabras y acciones
eran una totalidad inseparable, como leemos:
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del
reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas;
porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la
verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
(Mateo 9:35-38)
Fue sin duda esa compasión por la gente, uno de los factores que más impresionaron a los hombres
que, más adelante, fueron llamados por Jesús para seguirlo y aprender de él. El encuentro con Pedro y
los hijos de Zebedeo, por ejemplo, fue marcado por esa mezcla de autenticidad, compasión, y santidad
2
La expresión griega, traducida “por un tiempo” (Lucas 4:13), también puede ser traducida “hasta una ocasión
oportuna”, como en la Nueva Versión Internacional. En otras palabras, Satanás iba a regresar a tentarle a Jesús,
cuando le fuera conveniente. Y de hecho lo hizo, muchas veces, tentando no solamente a Jesús sino también a
sus seguidores, en especial a sus discípulos.
(Mateo 5:1-11). La vida verdadera de Jesús actúa como un magnetismo que atrae a esos hombres, los
cuales—humanamente hablando—deciden de arriesgar sus vidas con la vida de él. Este es uno de los
más firmes principios de un discipulado auténticamente bíblico.
Lo que hace Jesús, lo hace en claro. La multitud lo acompaña, los más cercanos oyen su enseñanza,
sus acciones hablan por si mismas, sus hechos portentosos llegan a los oídos de amigos, simpatizantes,
y enemigos. Esto es otro principio del discipulado—la actuación pública, abierta, en contacto con la
gente que necesita, como oveja desamparada, del consuelo de Dios.
Selección del grupo íntimo de discípulos
Sin embargo, no todos estaban en condiciones de seguir al maestro. Con algunos que se lo proponen,
Jesús es taxativo:
Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras
tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja
que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.
Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi
casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
(Lucas 9:57-62)
Antes de elegir a sus seguidores más cercanos, aquellos a quienes él habría de confiar la
continuidad de su ministerio, Jesús pasó la noche en oración. Era necesario buscar la dirección del
Padre para este importante paso en su ministerio público: “En aquellos días él fue al monte a orar, y
pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a
los cuales también llamó apóstoles”. (Lucas 6:12-13; véase Mateo 10.1-4; Marcos 3.13-19)
Convivencia
El modelo de discipulado de Jesús incluye una vivencia en común entre maestro y discípulo. No se
trata de una experiencia meramente cognoscitiva, sino que maestro y discípulos viven juntos,
intercambiando experiencias, aprendiendo directamente de la fuente, en lugar de solamente recibir
informaciones y datos sobre determinados temas de la teología cristiana. Dice el texto de Marcos:
Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen
con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera
demonios. (Marcos 3:13-15)
La expresión, “para que estuviesen con él”, pone en relieve la clase de intimidad que es
característica de la experiencia de los apóstoles con Jesús, en su ministerio terrenal. Aparentemente,
para Jesús, era necesaria esa proximidad entre sus discípulos y él, para que pudieran entender quien él
era y que mensaje vino a compartir con los seres humanos. No es por casualidad, humanamente
hablando, que Pedro reconoce y confiesa que Jesús es el Cristo, el tan ansiado Mesías, el Hijo de Dios
(véase Mateo 16:13-20). Mucho de esa confesión tuvo que ver con esa relación personal, como dice
Juan:
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos
contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos
visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que
hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra
comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. (1 Juan 1:1-3)
En esa relación, el maestro no tiene qué esconder de sus discípulos. Él permite que lo vean en su
intimidad con el Padre, por ejemplo, lo que los lleva a desear esa misma clase de comunión, cuando le
piden para que les enseñe a orar (véase Lc. 11:1).
Jesús es un personaje fascinante, bajo todos los ángulos. Su poder, su sabiduría, su compasión, su
sentido de identificación e identidad con el Padre, sus limitaciones como ser humano, su sentido de
misión—todo es patente a los ojos de sus seguidores más cercanos. Y es precisamente esa totalidad, a
la vez sencilla y misteriosa, que ellos comparten con nosotros, aunque lo hacen con ciertas
limitaciones: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no
están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Jn. 20:30-31).
Misiones con los discípulos
Como parte de esa convivencia (koinonia), Jesús desempeña su misión al mismo tiempo en que enseña
a sus discípulos en que consiste y como hacerla. En otras palabras, Jesús enseña por palabras y obras,
conjuntamente. Al mismo tiempo en que él transmite el mensaje de Dios a sus discípulos y a muchos
que le rodean, Jesús es el mensaje él mismo. Jesús transmite el mensaje, encarna el mensaje, vive el
mensaje.
Los discípulos oyen Jesús hablar de su misión, al mismo tiempo en que lo observan cumpliéndola
en su totalidad. Ellos tienen, así, la oportunidad de aprender la misión de forma holística, completa:
miran, oyen, experimentan, sienten, acompañan, sufren con ella y se gozan en ella. Al fin, la adoptan
como parte integral de sus vidas.
Jesús es el modelo por excelencia de esa misión que viene del Padre. Los discípulos aprenden la
misión por medio de todos sus sentidos. Aprovechan los momentos de comunión del grupo de
discipulado para preguntarle a Jesús los detalles de la misión, y las cosas que todavía no alcanzan en
sus mentes y corazones:
Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo:
Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.…
Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo,
que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. (Mateo
13:10-11, 16-17)
Hay momentos en esa relación en que Jesús permite que sus discípulos entren más fondo en los
misterios de su misión, como, por ejemplo, cuando él se transfigura delante de ellos (Mateo 17:1-13;
Marcos 9.14-29; Lucas 9.37-43) en el monte. Son experiencias de todo tipo, a solas con el maestro,
mirándolo de lejos, o observándolo cuando él habla con un individuo o cuando él ministra a la
multitud, cuando él contesta una interpelación de un líder religioso, cuando él confronta el poder de las
tinieblas. Están presentes en momentos de profunda compasión, y también de profunda indignación,
momentos de gozo y demostraciones de poder. Como María, su madre, todo guardan en sus corazones
(véase Lucas 2:51).
Un dato sorprendente para muchos es como esos discípulos logran de aprender a la perfección las
lecciones del maestro, registrándolas en los Evangelios, que conocemos como sinópticos. Para espanto
de muchos teólogos, la impresión que tienen es que un discípulo copia de otro la historia que recuenta
en su escrito. Teorías contradictorias se formulan para explicar el fenómeno, mientras que una
explicación sencilla es que Jesús fue el perfecto maestro. Él logró de imprimir en las mentes y
corazones de sus aprendices las verdades más revolucionarias que el mundo jamás ha oído, ilustradas
3
con pasajes impagables de esa relación de Emmanuel—Dios con nosotros.
Proyectos de corto plazo
Después de un tiempo, cuando ya los discípulos han aprendido lo suficiente como para ponerlo en
práctica, Jesús los envía de dos en dos (véase Mateo). Eso podríamos llamar de misión de corto plazo.
Sin embargo, es necesario aclarar lo que queremos decir con esto.
En el NT, no hay misión de corto plazo que no sea parte de un proceso de discipulado. Esto ocurre
en el ministerio de Jesús, y también en el ministerio de sus discípulos; de igual modo, lo vemos más
adelante en la vida de la iglesia primitiva, en los Hechos de los Apóstoles.
Esto quiere decir que un proyecto de misión de corto plazo4 que no sea parte de un discipulado
efectivo no tendrá resultados de mayor impacto. Podríamos decir que tanto los que van a la misión de
corto plazo como los que los reciben en el campo, probablemente se sentirán frustrados al final del
programa, sin saber por qué. La razón es que hace falta el contexto del discipulado.
El proyecto de corto plazo, en un contexto de discipulado, no es un fin en si mismo, sino que es
parte de un proceso continuo de aprendizaje de la vida cristiana. El discipulador invierte su tiempo y
sus dones en las vidas de sus aprendices. Según el modelo de Jesús, llega el tiempo cuando los
aprendices deben de empezar a poner en práctica lo que han recibido y visto en la vida de su
discipulador.
Es bueno recordar que el proyecto de corto plazo, en el ministerio de Jesús, pasa primero por
actividades junto con el maestro. El discipulador modela la misión para sus aprendices, que tienen la
ocasión de ver a su maestro en acción, para después hacerle preguntas y pedirle aclaraciones de lo que
hace. Esto lo vemos una y otra vez en los Evangelios.
En Mateo 13, por ejemplo, los discípulos están observando a Jesús. La manera como el maestro se
relaciona con las multitudes despierta la curiosidad de ellos, y entonces viene la pregunta: “Maestro,
¿por qué les hablas por parábolas?” Es obvio, a los ojos de los discípulos, que Jesús no se dirige a las
multitudes de la misma manera como se dirige a sus discípulos más íntimos.
El grupo está en viaje, acompañando a Jesús por las ciudades de Galilea, Judea, y Samaria. Los
discípulos aprenden no solamente por oír al maestro, sino más bien por observarlo en acción. Esa
conjunción de oír y observar es una combinación perfecta para que se cree un ambiente de aprendizaje,
3
Para una excelente discusión de la enseñanza de Jesús de parte de alguien que conoce a fondo el asunto,
sugerimos consultar El Poeta y el Campesino, de Kenneth Bailey (Grand Rapids, MI, Eerdmans, 1994) que hace
un análisis literario-cultural de las parábolas de Jesús.
4
La expresión misión de corto plazo es una contradicción en términos. La misión es una sola y es permanente;
jamás termina. La misión empieza con Dios, por medio de Sus siervos en los tiempos del AT, llega a su punto
más alto en la persona y obra de Cristo Jesús, en los tiempos del NT, y prosigue en las vidas de los creyentes,
hasta que vuelva el Señor. Cuando desconectamos la misión del discipulado, le hacemos un gran daño.
Bíblicamente hablando, nosotros no tenemos licencia para hacer esto. Jesús es claro en Mateo 28 de que el
hacer discípulos es la parte central de la misión, que algunos denominan la Gran Comisión. Todo lo demás es
periférico; el único verbo que está en el modo imperativo en este texto es precisamente haced discípulos (en
griego, es una sola palabra). Por lo tanto, una misión que no produce discípulos no es verdadera misión, en
sentido de las palabras de Jesús en Mateo 28. Puede ser un proyecto necesario y justificable, pero no es
misión.
que denominamos de discipulado. De esta manera, las instrucciones quedan vinculadas a eventos
específicos, que permanecen gravados en la memoria y en los corazones de los discípulos.
Corrección
Todo buen maestro quiere estar seguro de que sus aprendices han absorbido su instrucción. Una manera
de lograrse esto es por medio de tareas individuales y/o colectivas en la presencia del maestro. Otra
manera es por medio de tareas específicas en la ausencia del maestro. Así, cuando regresan a sus
discipulador, y después de presentarle su reporte, los aprendices escuchan alguna palabra de elogio, de
corrección, de exhortación, que confirma la enseñanza y les fortalece en su proceso de aprendizaje.
Después de esto, el discipulado prosigue; no termina allí. Hay más cosas que aprender; no están todavía
listos para salir a la misión propiamente dicha.
Los discípulos de Cristo, luego de su regreso del proyecto de corto plazo, presentan sus reportes.
Ellos oyen la importante corrección del maestro, y también la noticia de que el enemigo ha sufrido un
ataque frontal en su estrategia de guerra. En otras palabras, el proyecto de corto plazo, en un contexto
de discipulado, es una ocasión potencial para la guerra contra el enemigo y una oportunidad de
ministrar a las necesidades de la gente.
Intercesión por los discípulos
Una porción significativa del ministerio de Cristo él la gastó en intercesión por los que eran parte de su
círculo íntimo de discípulos. Una y otra vez, nosotros encontramos Jesús en oración, por su propio
ministerio, pero también por os que él había llamado desde el principio como sus sucesores en la tarea
de evangelizar al mundo. Todo el capítulo 17 de Juan es una prueba de esto. Una parte de esa
intercesión dice:
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu
palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me
diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me
enviaste.
Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es
tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo
voy a ti.
Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando
estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos
se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el
mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo
soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo,
para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los
que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que
también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en
mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a
ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también
ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la
fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que
tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has
amado, esté en ellos, y yo en ellos. (Juan 17:6-26)
La obediencia y el poder del Espíritu Santo
Después de la experiencia de convivir con Cristo, y luego de ser testigos de su muerte, resurrección y
ascensión, hay un detalle todavía que falta cumplir para que el discipulado sea completo. Nosotros
estamos hablando de la necesidad de ser llenos con el poder el Espíritu Santo para que puedan ser
testigos de Cristo a las etnias de todo el mundo.
Lo curioso de este requisito es que está vinculado a la obediencia al maestro. Pero no es la clase de
obediencia a que ellos estaban acostumbrados cuando Jesús estaba todavía con ellos. Ahora es una
cuestión de obedecer al maestro en su ausencia. Jesús instruye a los discípulos que deben de aguardar
la promesa del Padre, que se cumplirá en pocos días, para que entonces estén preparados para salir a la
misión. Sin cumplir con este requisito, no pueden hacer la misión.
Los discípulos, entonces, tienen de pasar por la prueba de la obediencia para que puedan recibir el
cumplimiento de la promesa del Padre. Nosotros podemos imaginar que fueron días de expectativa, de
un lado, y de recuerdos, de otro. Ellos no sabían cuando iba a cumplirse la promesa, ni tampoco en qué
forma—pero fueron obedientes. No se alejaron de Jerusalén hasta que recibieron la llenura del Espíritu
Santo de Dios. Y cuando son llenos, la iglesia como que explota, y crece. Es en aquel momento que
ellos verdaderamente empiezan a hacer la misión.
Misión al mundo
Es a partir de la llenura del Espíritu, como colmo de todo el proceso del discipulado, que los doce y los
demás empiezan la misión que les ha sido confiada por Jesucristo. Ellos se convierten en auténticos
testigos de Cristo (Hechos 1:8) por dos razones fundamentales—habían estado personalmente con
Jesús, y estaban ahora llenos de poder del Espíritu para testificar de aquella experiencia.
En otras palabras, son dos los requisitos para hacer la misión de Cristo: conocerlo personalmente y
estar lleno del poder del Espíritu Santo de Dios. Sin esa doble combinación, la misión se convierte, de
un lado, en una actividad sin fruto, o entonces, de otro lado, en una actividad sentido. Hay que
conocerle personalmente a Cristo Jesús y haber recibido el poder del Espíritu Santo de dios para poder
comunicar el Evangelio a las etnias que todavía no lo conocen.
El énfasis en la comunicación de un mensaje exageradamente cognoscitivo—que es típica de la
teología occidental tradicional—sin el correspondiente elemento de la manifestación del poder de Dios
no tiene base en el Nuevo Testamento. Ni hay en la Palabra de Dios, por otro lado, una misión que se
base solamente en la manifestación de poder espiritual. Tanto el mismo Jesús como sus discípulos y
misioneros de la era apostólica, mantienen a la vez las dos caras de la misma moneda - la redención y
su proclamación involucra en proporciones complementarias el anuncio de la redención de Dios y la
manifestación del poder de Dios. El ministerio de Cristo se caracterizó por esas dos vertientes,
complementarias e indispensables, de la misericordia de Dios para con Su creación. En otras palabras,
no hay redención sin poder, ni tampoco existe poder de Dios que no tenga propósitos redentores.
El modelo bíblico de la proclamación del Evangelio es de una actividad que involucra, al mismo
tiempo, la proclamación en palabras y la proclamación en obras. Imposible existir una sin la otra. Tal
como hizo Cristo en su ministerio terrenal, así debe de hacer su iglesia.
La persecución por causa de Cristo
Observemos, además de eso, que, así como persiguieron a Cristo, la iglesia primitiva también
anticipaba esa posibilidad, que de hecho le sobrevino. Como dijo Jesús:
Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo
amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.
Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido,
también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os
harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera
hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún
otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.… Pero cuando
venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará
testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
(Juan 15:18-27)
En este texto, nosotros observamos que el ser testigo de Cristo involucra una relación personal con
él, una vida que manifiesta el poder del Espíritu Santo de Dios, y la siempre presente posibilidad de la
persecución por causa de su nombre. Pedro tuvo una clarificación inequívoca de esa relación entre ser
testigo y ser perseguido. Cuando le preguntó a Cristo qué les tocaría por haberlo seguido, la respuesta
fue contundente:
De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer,
o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas,
hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. (Marcos
10:28-31)
No se trata de una obsesión mórbida por el sufrimiento, como si fueran los creyentes unos
masoquistas. Tratase, en verdad, de estar conscientes de la permanente posibilidad de llevar la cruz
hasta las últimas consecuencias. Llevar la cruz es parte de nuestra identificación de amor con Cristo
Jesús. En todo eso, todavía, paira sobre nosotros la promesa, que dice: “Estas cosas os he hablado para
que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan
16:33)
Conclusión
En el presente estudio, hemos visto como Jesús desarrolla su ministerio por medio del discipulado, con
vistas a la expansión del Reino de Dios. Para él, es fundamental invertir su tiempo en los discípulos,
conviviendo con ellos, enseñándolos, instruyéndolos en los misterios de Dios, intercediendo por ellos.
Pero, esa instrucción no está completa sin que los discípulos sean llenos del poder del Espíritu Santo.
Es cuando se derrama el Espíritu de Dios (Hch. 2) que los discípulos están listos para salir al mundo,
anunciando la redención en el Cordero de Dios.
En el NT, los proyectos de corto plazo (que algunos denominan misiones de corto plazo) solo
existen en un contexto de discipulado. Es por mirar al maestro y recibir instrucción de él que el
discípulo puede ser preparado como un testigo de Cristo, sea en Jerusalén, sea en Judea, sea en Samaria
o sea en los confines del mundo. La última prueba—la obediencia en la ausencia del maestro, mientras
aguardan la promesa por la fe—culmina con la llenura del Espíritu Santo.
Que el ministerio de Cristo nos sirva de modelo, para que lleguemos a cumplir lo que él mismo nos
encarga de hacer. Mientras peregrinamos por el mundo, hagamos discípulos de todas las etnias, hasta
que él venga.
Épocas históricas de la misión cristiana
Ralph D. Winter
El ser humano ha borrado casi todos los registros de su propia historia. Los seres humanos, según
registros que se remontan a la era paleolítica, han estado peleando unos contra otros, hasta llegar a
destruir más del 90% de sus propias obras. La mayoría de sus bibliotecas, su literatura, sus ciudades y
sus obras de arte se han perdido. Incluso lo poco que ha quedado perteneciente a tiempos muy antiguos,
está repleto de evidencias de una profunda e inaudita maldad que ha distorsionado en forma grotesca el
potencial del hombre.
Esto es inusual porque, aparentemente, ninguna otra especie trata a los suyos con semejante odio
mortal. Los cráneos humanos más antiguos son mudos testigos de que sus dueños fueron golpeados
brutalmente para ser puestos al fuego y servir luego como alimento a otros seres humanos. Además de
esto, una increíble variedad de gérmenes infecciosos mermó el crecimiento de la población.
Se estima que la población mundial en el tiempo de Abraham era de 27 millones. Sin embargo, esta
pequeña población, que crecía lentamente durante el tiempo de Abraham, no existe más, un hecho que
es una nefasta evidencia de la devastadora combinación que forman la guerra y la peste, representando
ambas la obra despiadada del maligno. El crecimiento de la población mundial de ese tiempo era de un
dieciseisavo del crecimiento global de hoy en día. Tan pronto como el odio y la enfermedad fueron
vencidos, la población mundial empezó a acelerar su crecimiento. Si en el tiempo de Abraham se
hubiera tenido el ratio de crecimiento global relativamente lento de hoy, ¡nuestra población mundial
actual (de 6 billones) habría sido alcanzada en sólo 321 años! Por tanto, la maldad de esa época, debe
haber sido peor que ahora.
En vista de eso, no nos sorprende descubrir que la explicación a esta profunda maldad se encuentra
en los escritos más antiguos y completos que existen—documentos respetados por las tradiciones
judías, cristianas y musulmanas, cuyos adherentes comprenden más de la mitad de la población
mundial. Estos documentos, llamados la “Torá” por los judíos, los “Libros de la Ley” por los cristianos
y el “Taurat” por los musulmanes, no sólo explican la singular fuente del mal sino que también
describen la campaña que se levantó en su contra y el desarrollo de esta lucha a través de los siglos.
En forma concreta, los primeros once capítulos del Génesis constituyen una aterradora introducción
de todo el problema, y de hecho, del argumento de toda la Biblia. Sus breves páginas describen tres
puntos: 1) una creación original gloriosa y buena; 2) la entrada de un ser maligno rebelde y
destructor—súper humano, demoníaco—que resulta en 3) una humanidad atrapada en esa rebelión y
bajo el poder de esa persona maligna.
Que no se piense de ninguna manera que el resto de la Biblia es simplemente un conglomerado de
relatos dispersos y no relacionados entre sí como nos enseñan en la Escuela Dominical. Todo lo
contrario, la Biblia consiste de un drama particular: la entrada del Reino, el poder y la gloria del Dios
viviente en este territorio ocupado por el enemigo. Desde Génesis 12 hasta el final de la Biblia, y
ciertamente hasta el fin de los tiempos, se desarrolla este singular y coherente drama del Reino de Dios
que contra ataca al dominio del enemigo. Este podría ser un buen título para resumir la misma Biblia,
con Génesis 1-11 como su introducción.
En el desarrollar de este drama, vemos el poder gradual pero irresistible de Dios reconquistando y
redimiendo a su creación a través de la entrega de su propio hijo en el mismo centro del período de
4000 años que va desde 2.000 años antes de Cristo hasta 2.000 años después de Cristo. Esto se resume
escuetamente en el pasaje bíblico que dice: “Para esto apareció el hijo de Dios, para destruir las obras
del diablo” (1 Jn. 3:8).
Este contra ataque al maligno no tiene que esperar la aparición de una persona virtuosa en el centro
de la historia humana. En verdad, al parecer se pueden identificar cinco épocas de avance antes de la
aparición de Cristo, así como cinco otras épocas después. El propósito de este capítulo es describir de
manera sencilla las cinco épocas después de Cristo. Sin embargo, para que podamos entender las cinco
eras posteriores dentro del esquema completo de los 4.000 años de historia humana, mencionaremos
algunos indicios acerca de las cinco épocas anteriores.
El tema que interconecta a las diez épocas es la gracia de Dios interviniendo en “el mundo entero
[que] está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19), combatiendo a un enemigo quien temporalmente es “el dios de
este mundo” (2 Cor. 4:4) para que las naciones alaben el nombre de Dios. Su plan para lograr este
objetivo es alcanzar a todas las naciones otorgando una bendición extraordinaria sobre Abraham y su
descendencia (los hijos de Abraham por fe), mientras oramos “venga tu reino” (Mt. 6:10). En contraste,
el plan del maligno es traer vituperio al nombre de Dios. El maligno fomenta el odio, distorsiona hasta
la secuencia del ADN, y quizás sea al autor del sufrimiento y de toda destrucción de la buena creación
de Dios. Los esquemas de Satanás pueden muy bien incluir la proliferación de gérmenes virulentos
destinados a destruir la confianza en el carácter amoroso de Dios.
Por lo tanto, esta bendición es un concepto clave, aunque la palabra bendición no sea la traducción
ideal. Esta palabra se usa cuando Isaac otorga su bendición sobre Jacob y no sobre Esaú (Gn. 27). No
eran bendiciones sino una bendición, la concesión del nombre de familia, la responsabilidad y la
obligación inherentes, así como el privilegio otorgado. No es algo que se pueda recibir o conquistar,
como una caja de chocolates que se puede robar y huir para comerla en un lugar escondido. No es
tampoco un nuevo poder personal de que uno pueda jactarse de manera exhibicionista. Es algo en lo
que uno se convierte a través de una relación permanente de compañerismo con el Padre celestial. Esta
bendición devuelve familias, es decir naciones, a la casa de Dios y a su Reino, para que todas ellas
“declaren su gloria”. Pero, podemos preguntarnos: Si el Hijo de Dios apareció para destruir las obras
del diablo, entonces, ¿qué se supone que deben hacer los seguidores y coherederos del Hijo para honrar
el nombre de Dios?
Esta bendición de Dios está condicionada al hecho de que debe ser compartida con otras naciones.
La razón es que aquellos que se rinden y reciben las bendiciones de Dios son, como Abraham, personas
de fe, que se someten a la voluntad de Dios, llegando a ser parte de su reino y representando la
extensión de su gobierno, su poder y su autoridad entre todas las naciones.
1. La primera mitad de los 4.000 años de historia
La historia del “contra ataque” divino, como leemos en Génesis 12, empieza más o menos en el 2.000
a.c. Durante los siguientes 400 años, aproximadamente, Abraham fue elegido y se mudó al centro
geográfico de la tierra situada entre África y Asia. La época de Abraham, Isaac, Jacob y José—llamado
el período de los Patriarcas—muestra relativamente pocos avances del testimonio a las naciones
vecinas, a pesar de que el mandato principal de restaurar el control de Dios sobre todas las naciones
(Gn. 12:1–3) es repetido dos veces a Abraham (18:18 y 22:18), una vez a Isaac (26:4) y otra vez a
Jacob (28:14–15).
José dijo a sus hermanos: “Ustedes me vendieron a Egipto, pero Dios me envió allá.” Obviamente,
él fue una gran bendición para la nación de Egipto y mucho más para su propia gente. Incluso el faraón
reconoció que José estaba lleno del Espíritu de Dios (Gn. 41:38). Pero esta no fue la obediencia
misionera intencional que Dios quería. Los hermanos de José, por ejemplo, no habían levantado una
ofrenda para enviarlo a Egipto como misionero, pero Dios estaba en el negocio misionero a pesar de
ellos mismos.
Los siguientes cuatro períodos, de más o menos 400 años cada uno, son: el período de la cautividad,
el período de los jueces, el período de los reyes y el período del exilio babilónico y la dispersión (o
diáspora). Durante este segmento histórico de dificultades y desaciertos, la bendición prometida y la
misión esperada (para extender el gobierno de Dios sobre todas las naciones del mundo) casi
desaparecieron del panorama. En consecuencia, en la medida de lo posible, Dios cumplió su voluntad a
través de la obediencia voluntaria de su pueblo; pero, cuando necesario, él cumplió su voluntad usando
agentes involuntarios. José, Jonás, e incluso la nación entera cuando fue llevada en cautiverio, son
ejemplos del alcance misionero involuntario orquestado por Dios para extender su bendición a los
pueblos. La niña que fue llevada cautiva a la casa de Naamán, el sirio, pudo compartir de su fe (2 R. 5).
Noemí, quién se fue lejos de su ciudad natal, compartió su fe con sus hijos y también con sus nueras
gentiles. Por otro lado, Naamán y Rut, a su vez, al igual que la reina de Saba, vinieron todos
voluntariamente, atraídos por la relación de bendición y misericordia entre Dios e Israel.
Encontramos, entonces, cuatro diferentes mecanismos de misión que Dios utiliza para bendecir a
las naciones. Podemos decir que 1) algunos salen voluntariamente, con intención misionera; 2) otros
salen involuntariamente, sin ninguna intención misionera; 3) algunos vienen voluntariamente a Israel,
para conocer su Dios; mientras tanto, 4) otros vienen involuntariamente (como los gentiles que fueron
forzados a establecerse en Israel, de acuerdo con 2 R. 17).
Por lo tanto, encontramos en cada época la preocupación activa de Dios en proseguir en su misión,
con o sin la cooperación de la nación escogida. Cuando Jesús aparece en la tierra, es una visitación que
incrimina a su gente. Él viene a los suyos y “los suyos no le recibieron” (Jn. 1:11). Es bien recibido en
Nazaret, su ciudad, pero sólo hasta mencionar el deseo de Dios de bendecir a los gentiles. En ese
preciso momento (Lc. 4:28), una explosión de furia homicida revela el hecho de que la nación
escogida—escogida para recibir y ser mediadora de la bendición (Ex. 19:5-6; Sal. 67; Is. 49:6) de
Dios—ha fallado groseramente.
Sin embargo, había en aquel tiempo un pequeño grupo de fanáticos estudiantes de la Biblia quienes
“recorrían mar y tierra para hacer un prosélito” (Mt. 23:15). Pero tal alcance no era exactamente para
bendecir a otras naciones, sino para sostener y proteger a Israel. Ellos raramente se preocupaban de que
sus convertidos fueran “circuncidados de corazón” (Dt. 10:16 y 30:6; Jer. 9:24 -26; Ro. 2:29).
En efecto, y bajo estas circunstancias, se puede decir que Jesús no vino a dar la Gran Comisión sino
a quitarla. Las ramas naturales fueron desgajadas mientras que las ramas “silvestres” fueron injertadas
(Rm. 11:13-24). Sin embargo, a pesar de la renuencia general de la nación misionera escogida—típica
de otras naciones posteriormente—la verdad es que muchos grupos humanos fueron positivamente
influenciados por la fidelidad y justicia de unos pocos de entre el pueblo de Dios. Entre estos pueblos
tenemos: cananitas, egipcios, filisteos (de la antigua cultura minoica), hititas, moabitas, fenicios (de
Tiro y Sidón), asirios, sabeos (de la tierra de Saba), babilonios, persas, partos, medos, elamitas y
romanos (véase Hch. 2:9-11).
2. La segunda mitad de los 4.000 años de historia
El siguiente período de 2.000 años es cuando Dios, en base a la intervención de su Hijo, se asegura que
las demás naciones sean bendecidas y también llamadas “a ser bendición a todas las familias de la
tierra”, conforme al texto de Génesis 12. En cada caso, la verdad es que “a todo aquel [pueblos
incluidos] a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado,
más se le pedirá” (Lc. 12:48).
En ese nuevo período, vemos al Reino de Dios haciendo su investida en los reinos de los armenios,
los romanos, los celtas, los francos, los anglos, los sajones, los germanos y finalmente, aún en medio de
los crueles piratas paganos del norte, llamados vikingos. Todas las cuencas de estos pueblos fueron
invadidas, dominadas y subyugadas por el poder del Evangelio, y en respuesta se esperaba que ellos
compartieran esa bendición con otros pueblos, en lugar de invadirlos.
Pero, en cierto sentido, las cinco épocas posteriores no son muy diferentes de las primeras cinco.
Aquellas naciones que fueron bendecidas por Dios no parecían muy ansiosas por compartir esa
bendición especial para extender este nuevo Reino. En el primer mileno de la era cristiana, los celtas
fueron la nación más activa de su tiempo en responder positivamente al mandato misionero de la
bendición de Dios. Como veremos—al igual que en el Antiguo Testamento—la concesión de esta
bendición única trae una responsabilidad seria y un gran peligro si no es cumplida. Y veremos que vez
tras vez, Dios utilizará en forma cabal sus cuatro medios misioneros mencionados anteriormente.
La visitación de Cristo fue impactante, portentosa y perfectamente ubicada en el tiempo preciso.
Jesús nació como miembro de un pueblo subyugado. Pero a pesar de su imperialismo sangriento, Roma
verdaderamente fue un instrumento en las manos de Dios para preparar al mundo para la venida del
Mesías. Roma controlaba uno de los imperios más formidables de toda la historia humana, imponiendo
la famosa pax romana sobre una gran diversidad de pueblos llamados bárbaros. Los emperadores
romanos, durante siglos, habían construido un extenso sistema de comunicación, que se reflejaba en los
400.000 Km. de excelentes carreteras que se extendían a través del imperio y permitían la rápida
transmisión de editales y documentos entre las provincias y la capital, Roma. En sus conquistas, Roma
avasalló por lo menos una civilización más avanzada que ella misma: Grecia. Artesanos y maestros,
altamente educados, fueron llevados como esclavos a cada ciudad importante del imperio para
enseñarle el griego. La lengua helénica, en aquel entonces, era usada desde Inglaterra hasta Palestina.
Igualmente importante para nuestra tesis es el hecho histórico poco conocido de la influencia
positiva de la enseñanza de los judíos, que se extendían por todo el imperio. En verdad, ¡los judíos eran
más respetados en la diáspora que en su propia tierra! Los eruditos concuerdan que los judíos llegaron a
constituir un 10% de la población del Imperio Romano de aquel entonces.
El elemento masculino dentro de la presencia judía—hombres “circuncidados en el corazón”—tuvo
un rol importante en atraer a muchos gentiles hacia las sinagogas. Muchos de estos gentiles, como
aquellos de la casa de Cornelio (Hch. 10), se convirtieron en adoradores de Jehová y ávidos lectores de
la Biblia. El Nuevo Testamento se refiere a ellos como “prosélitos piadosos” (Hch. 2:10; 13:43; 17:4,
17; Hch. 10:2 dice que Cornelio era piadoso y “temeroso de Dios”). De esta manera, la fe traspasó los
bordes étnicos. Estas personas temerosas de Dios vinieron a ser los carriles a través de los cuales se
expandió el movimiento cristiano en aquella época. Este movimiento era básicamente la fe judía dentro
de un ropaje gentil, algo que era muy difícil de comprender para los judíos fervorosos. ¿De qué otra
manera unos cuantos Evangelios y unas cuantas cartas de San Pablo pudieron haber tenido tan amplio
impacto dentro de tantos grupos étnicos en un período de tiempo tan corto?
Reflexionemos por un momento. Jesús vino al mundo, vivió por 33 años en la tierra, confrontó a su
propia nación a quien no le gustaban las misiones, fue rechazado por muchos, crucificado y sepultado,
resucitó y antes de ascender al Padre, enfatizó la misma comisión, que viene desde los tiempos
antiguos, a todos aquellos que la acepten en todo el mundo. Hoy en día, incluso los historiadores más
agnósticos se sorprenden de que algo que empezó en un humilde establo en Belén de Judea, un rincón
del Imperio Romano, en menos de 300 años haya tomado control del palacio del emperador en Roma.
3. ¿Dónde están los santos del medio?
Hay gentes que creen que la iglesia, luego después de la era de los apóstoles, dejó de existir por varios
siglos y que de repente, muchos siglos después, volvió a renacer en el tiempo de la Reforma Protestante
y después, cuando surgieron los profetas del mundo occidental moderno, como Lutero, Calvino,
Wesley, o hasta nombres como José Smith, de los mormones, o Elena White, de los Testigos de
Jehová. El resultado de esta impresión equivocada es que se habla de los santos de la iglesia primitiva y
de los santos de los últimos días, pero no hay santos en el medio. Por consiguiente, muchos evangélicos
no están interesados en saber qué sucedió antes de la Reforma. Ellos tienen la vaga impresión de que la
iglesia era apóstata antes de Lutero y Calvino, y de que cualquier forma de verdadero cristianismo que
por ventura existió consistía de unos pocos individuos perseguidos por aquí y por allá.
En muchas de nuestras Escuelas Dominicales, los alumnos están tan ocupados con la historia de la
obra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis que los que publican los materiales de Escuela dominical
no necesitan preocuparse con lo que ocurrió entre la muerte del último apóstol y los tiempos de la
iglesia en nuestros días. Pero esto significa, lamentablemente, que estos alumnos no oyen nada de las
increíbles cosas que Dios hizo por medio de esa Biblia entre el tiempo de los apóstoles y el tiempo de
los reformadores, un período que por sí solo es una prueba asombrosa del poder inigualable de la
Palabra de Dios. Lástima que los “santos en el medio” hayan desaparecido de la historia.
Sin embargo, en el espacio disponible, sólo podemos delinear el lado occidental de la historia de los
avances del Reino de Dios. Sería útil reconocer por lo menos la diversidad de ambientes culturales en
los que ocurrieron los avances del Evangelio desde los tiempos de los apóstoles.
La Historia del Cristianismo, de Kenneth Scott Latourette, da detalles fascinantes y extiende la
historia más allá del relato bíblico. Los “resurgimientos” de Latourette corresponden a nuestros
“renacimientos”.
En el período vi, Roma fue ganada por el Evangelio pero no lo llevó a los bárbaros celtas y godos.
Luego, los mismos godos invadieron Roma y toda la parte occidental (latina) del imperio colapsó.
En el período vii, los godos fueron alcanzados y formaron con otros pueblos un nuevo Sacro
Imperio Romano de corta duración. Pero tampoco llevaron, de manera efectiva, el Evangelio que
habían recibido hasta los grupos humanos al norte del imperio.
En el período viii, los vikingos invadieron a los cristianos celtas y godos. En la nueva y terrible
situación en que se encontraron, los vikingos también se volvieron cristianos.
En el período ix, Europa, ahora unida por primera vez por medio de la fe cristiana, alcanzó a través
de una pseudo misión a los sarracenos. Ese gran descalabro, conocido como las Cruzadas, tuvo y tiene
repercusiones hasta el día de hoy en muchas regiones del mundo.
En el período x, Europa alcanzó hasta lo último de la tierra, en cierta medida, pero lo hizo por
diferentes motivos: mezcló intereses comerciales con intereses espirituales, lo que constituyó a la vez
una ruina y una bendición. Sin embargo, durante este período, el mundo no occidental fue rápidamente
impulsado al desarrollo tecnológico, mientras que los poderes coloniales redujeron las guerras y las
enfermedades.
Una pregunta que podemos hacernos es: ¿Cuál será el rol del Evangelio en esas naciones del “sur”
que en principios del siglo xxi constituyen la mayoría de los cristianos evangélicos en el mundo? ¿Qué
lecciones podemos obtener de los ciclos previos de alcance misionero?
4. Ganando a los romanos: 0-400 AD
Quizás el triunfo más espectacular de la historia de la cristiandad fue la conquista del Imperio Romano
en tan sólo 20 décadas. Nuestra falta de conocimiento hace que mucho de este período sea un misterio,
y el crecimiento del cristianismo parece imposible, casi increíble—especialmente si no consideramos a
los judíos. Sólo la primera parte de la historia empieza iluminada bajo las luces de las epístolas del
Nuevo Testamento.
Ahí encontramos a un judío llamado Pablo, criado en un ciudad griega y comprometido con el
liderazgo de la tradición judía de su tiempo. Repentinamente, él fue transformado por Cristo y percibió
gradualmente que la esencia de la fe judía se cumple en Cristo sin necesidad de usar ropaje judío. Pablo
se dio cuenta que la circuncisión interna del corazón puede ser revestida de lenguaje y costumbres tanto
griegas como semitas. Entonces debería ser claro para todos que cualquiera puede convertirse en
cristiano y ser transformado en su ser interior por el Cristo viviente, sea judío, griego, bárbaro, escita,
esclavo, libre, hombre o mujer (Gá. 3:28; Col. 3:11). Los griegos no necesitan hacerse judíos—es decir,
pasar por la circuncisión física, observar el calendario de fiestas o días santos judíos, ni siquiera seguir
las costumbres dietéticas de ellos, así como una mujer no necesitaría convertirse en hombre para ser
aceptada por Dios. Lo que es necesario, sí, es la “obediencia por la fe” (Rm. 1:5; 16:26).
Pablo fundamentó su trabajo sobre el principio bíblico radical (no aceptado por muchos judíos hasta
hoy) de que lo que importa es la circuncisión del corazón (Jer. 4 y 9). Los creyentes de otra cultura no
tienen que hablar el mismo idioma, usar la misma ropa o seguir las mismas costumbres de la iglesia de
donde viene el misionero. Para Pablo, los detalles culturales de la ley judía no eran considerados
obligatorios para los griegos. Por lo tanto, para los judíos, Pablo continuaba como alguien “bajo la ley
de Moisés”, pero para aquellos que no estaban familiarizados con la ley mosaica, él predicaba la “ley
de Cristo” (Rm. 10:12-13; 1 Co. 9:19-23). De este modo, la ley podía ser cumplida en forma dinámica
y auténtica dentro de las circunstancias culturales de los convertidos entre las naciones. Mientras que
para algunos parecía que Pablo estaba sin ley, él sostenía que no estaba sin la ley de Dios. Ciertamente,
en lo que concierne al propósito básico de la ley mosaica, los creyentes griegos inmediatamente
desarrollaron el equivalente funcional a ella en sus propios términos culturales, mientras que la mayoría
de ellos se mantuvieron fieles también a lo que se conoce como el Antiguo Testamento. Después de
todo, fue esa Biblia, que era usada tanto por la Iglesia Primitiva como por los judíos que los había
llevado a la fe, en primer lugar.
Podríamos tener la impresión de que la actividad misionera en este período no tuvo sus orígenes en
un esfuerzo intencional y organizado. Pero su estructura era transparente. Pablo aparentemente
trabajaba con un equipo misionero, una estructura similar a la usada por los fariseos (entre los cuales
Pablo antes había estado) para sus propósitos de expansión. La congregación de Antioquía, que apoyó a
Pablo en sus viajes, ciertamente asumió una parte de la responsabilidad por su avance misionero. Pero
1
básicamente, ellos lo “despacharon” más que lo “enviaron” . Su equipo misionero tenía toda la
autoridad en el campo, como cualquier iglesia local. Pablo no esperaba órdenes de Antioquía para saber
cómo actuar o qué hacer en determinadas situaciones.
Podemos muy bien suponer que la fe cristiana se extendió a muchas áreas por los movimientos
involuntarios de creyentes que, a menudo, fueron dispersados a causa de las persecuciones. Sabemos
que los cristianos arianos que huyeron de la persecución tuvieron mucho que ver con la conversión de
1
Mark A. Noll, Turning Points, Decisive Moments in the History of Christianity (Grand Rapids, MI: Baker, 1997),
84.
los godos. Son conocidas las historias de Ulfilas y Patricio, cuyos esfuerzos misioneros se debieron
también al hecho de haber sido tomados en cautiverio.
También es razonable suponer que el cristianismo utilizó las rutas comerciales del Imperio
Romano. Sabemos que hubo una cercana relación entre los cristianos de Galia y los de Asia Menor. Sin
embargo, debemos admitir que los primeros cristianos del Imperio Romano (y aún muchos cristianos
de hoy) estaban poco deseosos de compartir su fe más allá de sus territorios familiares y fueron
incapaces de tomar pasos prácticos para cumplir la Gran Comisión de manera consciente. En vista de
los sorprendentes resultados de aquellas primeras décadas, sin embargo, mucho nos impresiona el
poder innato del Evangelio de expandirse y impactar individuos y pueblos enteros.
Así, la natural transferencia del Evangelio dentro de una determinada unidad social, como en el
caso de los celtas, es algo insólito. Aunque no estemos seguros si los gálatas de Pablo fueron solamente
comerciantes judíos que vivían en la provincia de Galacia o si fueron los celtas galatoi del principio, la
verdad es que los que fueron atraídos a las sinagogas eran gentiles “piadosos, temientes a Dios”.
Observamos, en todo caso, que la carta de Pablo a los Gálatas muestra especial cautela contra
cualquiera que presione a sus lectores a seguir las costumbres externas de la cultura judía,
confundiendo tales costumbres con lo esencial de la fe bíblica que él predicaba tanto a judíos como a
griegos (Rm. 1:16).
Un asunto de gran interés misionero es el hecho de que la predicación de Pablo había utilizado
algunas características de la cultura celta que le permitieron esparcirse rápidamente, llegando
fácilmente a las extensas relaciones sociales y familiares de los celtas, incluso sus contactos
comerciales, alcanzando una gran distancia hacia el occidente. Por lo tanto, los esfuerzos de Pablo en
Galacia nos pueden dar una pista de la sorprendente temprana penetración del Evangelio entre las
principales áreas celtas, formando un cinturón que corría a través del sur de Europa hasta llegar a
Galicia en España, a Bretaña en Francia y hacia el norte y occidente de las Islas Británicas.
Luego vino un tiempo donde no sólo cientos de miles de ciudadanos romanos y griegos se
volvieron cristianos, sino también pueblos de habla celta así como los godos habían creído y
profesaban la fe bíblica a su manera, dentro y fuera de los límites del Imperio Romano. Es probable que
el trabajo misionero que sostuvo este avance se derivara principalmente de procesos no planificados
que incluyeron a cristianos del este del Imperio Romano. Ciertamente, en ningún caso este logro se
puede acreditar fácilmente a una iniciativa misionera planificada de los romanos de habla latina del
occidente. Esto es lo que queremos demostrar.
Una evidencia es el hecho de que la construcción de la primera misión irlandesa (que se diferencia
del tipo latino-romano por la capilla central) siguió un plan básico que se deriva de los centros
cristianos en Egipto. Y el griego, no el latín, era el idioma de las primeras iglesias en Galia. Inclusive
los primeros esfuerzos misioneros organizados por Juan Casiano y Martín de Tours, por ejemplo,
vinieron del oriente por medio de estructuras comunes que empezaron en Siria y Egipto.
Afortunadamente, estos esfuerzos organizados pusieron un fuerte énfasis en la alfabetización y en el
estudio y copiado de manuscritos bíblicos y de clásicos griegos antiguos.
Mientras sorprendidos líderes paganos consideraban el impacto acumulado de esta nueva fe bíblica,
ésta creció en gran proporción y bajo nuevos ropajes para el año 300 dc. No sabemos con certeza
cuáles fueron las razones personales que llevaron Constantino, en el año 312, a declararse a sí mismo
cristiano. Sabemos que su madre, que vivía en Asia Menor, era cristiana, y que su padre, como
corregente de Galia y Bretaña, no hizo cumplir en su jurisdicción los edictos de Diocleciano, que
ordenaban la persecución de los cristianos. Sin embargo, el factor insoslayable es que en aquel
momento histórico, habían tantos cristianos en el Imperio Romano que un cambio en la política vigente
que fuera favorable hacia el cristianismo era totalmente factible y, sobretodo, políticamente inteligente.
Recuerdo una conferencia dada por el desparecido profesor Lynn White, Jr., de la Universidad de
California en Los Ángeles—uno de los grandes historiadores medievales—en la cual dijo que si aún
Constantino no se hubiera hecho cristiano, el imperio no hubiera podido resistir al cristianismo más que
una o dos décadas. El gran desarrollo del Imperio Romano había terminado con la autonomía local de
la ciudad-estado y había creado una necesidad general por un sentido de pertenencia—que él llamó una
crisis de identidad. En ese tiempo, el cristianismo era una religión que en sus raíces carecía de sentido
nacionalista, en parte porque era rechazado por los judíos. No era tampoco la religión popular de
ninguna tribu. En palabras de White, se había desarrollado “una combinación invencible”. Sin
embargo, esta característica se convirtió en una bendición mixta cuando la fe cristiana se alineó con el
imperio.
Por lo tanto, sólo el poder del movimiento es el que ayuda a explicar por qué la trascendental
decisión imperial de tolerar el cristianismo inevitablemente lo llevó casi a convertirse
(aproximadamente 50 años después) en la religión oficial del imperio. No mucho tiempo después que
se considere el cristianismo como una religión oficialmente tolerada, la cabeza de la comunidad
cristiana en Roma se convierte sorprendentemente en el hombre más fuerte y confiable de los
alrededores. Por esta razón, Constantino, cuando mudó la sede de su gobierno a Constantinople, dejó su
palacio (el famoso palacio Laterano) a la comunidad cristiana como si fuese su palacio presidencial en
Roma. En todo caso, queda registrado que para el año 375, el cristianismo se había convertido en la
religión oficial de Roma. Si hubiera sido solamente un culto étnico, no se le habría considerado como
candidato a ser la religión oficial del imperio.
Irónicamente, una vez que el cristianismo quedó ligado a una tradición cultural específica y a una
lealtad política, tendió automáticamente a separarse de todos aquellos que eran antiromanos. Al ser
tolerado, la religión oficial instantáneamente se volvió sospechosa y pronto empezó una matanza
general de los cristianos en Arabia y en lo que ahora es Irán. Esta persecución se detuvo por tres años,
cuando un emperador romano (Julián el Apóstata) se opuso al cristianismo y trató de volver Roma a los
dioses paganos. Mientras tanto, incluso en el caso de poblaciones anti romanas dentro de los límites del
imperio, como el norte de Africa, se pusieron bases para que la gente se volviera al Islam como
alternativa. En un sentido, esto fue una ruptura cultural del cristianismo, del mismo modo que el
cristianismo había sido una ruptura de la fe bíblica judía.
Por lo tanto, el triunfo político de lo que finalmente vino a ser conocido como cristianismo, fue en
realidad, una bendición mixta. La fe bíblica no tenía que conformarse a las costumbres judías, y ahora
se amoldaba a los romanos. Pero si esta nueva vestidura era de orden normativo, no se esperaría que se
extendiera más allá de los límites políticos del Imperio Romano. Y no se extendió, con excepción del
occidente.
Nadie cuestiona que cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano,
estaba mal preparada para hacer llegar la Gran Comisión a cualquier pueblo que fuera enemigo de
Roma. Como era de esperar, sólo un cristianismo de índole herética fue aceptado por las tribus
germanas mientras Roma eramantuvo su fuerz militar. Pero una vez que las tribus descubrieron que era
posible invadir y conquistar la mitad occidental del Imperio Romano, las formas católicas y ortodoxas
de fe fueron menos amenazadas porque los godos y otros pueblos ahora tratarían de adquirir el
prestigio del idioma y cultura romanos sin ser dominados por sus legiones.
Observemos, sin embargo, los efectos que causaron los parcialmente cristianizados godos, quienes
amenazaron Roma: para defenderse, los romanos retiraron sus legiones de Bretaña. Como resultado,
cuatro siglos de alfabetización romana en el sur de Gran Bretaña se extinguieron pronto por nuevas
formas de invasión bárbara—anglos, sajones y frisios quienes, comparados con los godos, eran
completamente paganos, crueles y destructivos. ¿Qué sucedería ahora? Entonces empezó la “primera”
de las dos edades oscuras.
5. Ganando a los bárbaros: 400-800 A.D.
Es un hecho de que cuando las primeras tribus (godas) fueron cristianizadas en una forma contraria de
fe arriana, ellas se convirtieron cada vez más en una mayor amenaza militar para Roma. Todo lo que
tomó para que esta amenaza se vuelva realidad fue que los temibles hunos vinieran desde Asia central a
invadir Europa. Esto empujó a los aterrorizados visigodos (luego a los ostrogodos y vándalos) al
interior del imperio. En la agitación y confusión, estas incursiones tribales, de alguna manera
arruinaron la red entera de gobierno civil del occidente en forma involuntaria (en lo que es hoy Italia,
España y el norte de África). Posteriormente, ellos trataron seriamente de reconstruirlo.
(¿Esto se asemejaba al caos post colonial en África luego de la Segunda Guerra Mundial?) De
hecho, la única razón por la que la misma ciudad de Roma no fue físicamente devastada por las
invasiones, las que llegaron finalmente a las puertas de Roma en el año 410, fue que estos bárbaros
godos, al menos, fueron muy respetuosos de la vida y la propiedad, especialmente si pertenecía a las
iglesias! Los ciudadanos romanos se beneficiaron grandemente de los informales esfuerzos misioneros
anteriores—por los que los cristianos latino romanos podían clamar poco crédito—que habían traído a
estas personas al menos a una fe cristiana superficial. Incluso romanos no cristianos se dieron cuenta
cuánta suerte tuvieron de que los invasores tuvieran ciertos elevados estándares de moralidad cristiana.
No así los Anglos y los Sajones que invadieron Bretaña.
Nos molesta pensar que todo esto fue logrado por predicar el Evangelio en forma informal y casi
inconsciente—por ej., las noticias y la autoridad de la bendición se extendía a todas las naciones
gentiles. Cuánto mejor hubiera sido si los romanos—durante esos breves cientos de años de
florecimiento oficial del cristianismo (310-410) antes de la primera invasión goda de la ciudad de
Roma—se hubiera dedicado con energía a hacer esfuerzos misioneros intencionales. Incluso un
cristianismo con algunos rasgos heréticos previno a los bárbaros de descuidar totalmente la
civilización, algo que no iba a suceder con los vikingos del tercer período. Quizás un poco más de
trabajo misionero hubiera prevenido el colapso total de la estructura gubernamental del Imperio
Romano de Occidente. Actualmente, por ejemplo, la habilidad de los nuevos estados africanos para
mantener un gobierno estable es hasta cierto punto, dependiente de su grado de cristiandad (eso es tanto
en su nivel de conocimiento como en su moralidad).
En todo caso, enfrentamos el siniestro fenómeno de embravecidas hordas bárbaras parcialmente
cristianizadas que llegaron a arrasar a un satisfecho imperio oficialmente cristiano que había fallado en
alcanzarlos efectivamente. Las tribus adquirieron rápidamente las habilidades militares romanas, a
menudo sirviendo como mercenarios en las legiones romanas.
Sea que los romanos lo hayan promovido (por fracasar en evangelizar), o sea que los bárbaros
fueron tanto estimulados como moderados en su conquista por su inicial conciencia cristiana, el hecho
indisputable es que mientras los romanos perdieron la mitad occidental de su imperio; el mundo
bárbaro, en sentido muy dramático, fue ganado a la fe cristiana. El resultado inmediato: en la misma
ciudad de Roma aparecieron dos “denominaciones”, la ariana y la atanasia. Además estaba la iglesia
“celta”, que era más una serie de recintos misioneros que una denominación compuesta de iglesias
locales. Aún menos que una iglesia fue la organización de los benedictinos, quienes vinieron
posteriormente a competir con los celtas en establecer recintos misioneros por toda Europa. Para el
tiempo en que los vikingos aparecieron en el horizonte, ya se habían formado en toda Europa más de
1.000 recintos misioneros.
Círculos misioneros Protestantes, incluso quizás católicos modernos, pueden hacer una pausa frente
a este fenómeno. Nuestro problema en entender estos extraños (y muchas veces malentendidos)
instrumentos de evangelización no es tanto nuestra ignorancia de lo que esta gente hizo sino nuestros
prejuicios causados por monjes decadentes que vivieron casi mil años después. Es totalmente injusto
para nosotros juzgar el trabajo de un evangelista itinerante como Columba o Bonifacio por el
estancamiento de los opulentos agustinianos del tiempo de Lutero—aunque ciertamente debemos
perdonar a Lutero por tener tales pensamientos.
La principal característica de esta gente del séptimo período, sean peregrinos celtas (evangelistas
itinerantes) o su similar de las comunidades benedictinas, era que ellos reverenciaban la Biblia. Ellos
cantaban todo el libro de los Salmos cada semana en forma disciplinada. Fueron ellos, principalmente,
quienes permitieron que el Reino con su poder y gloria fuera compartido con los bárbaros anglosajones
y los godos.
Es verdad que muchas extrañas, incluso extravagantes costumbres paganas fueran mezcladas como
elementos secundarios en las diferentes formas de cristianismo que estaban activas durante el período
de cristianización de Europa. La precipitada colisión y continua competencia entre el cristianismo
cristiano romano occidental y celta (mayormente de origen oriental) resultaron indudablemente en una
mejora de los elementos bíblicos comunes de su fe. Pero debemos recordar el caos relativo por causa de
las invasiones, y por tanto, no esperar ver necesariamente las conocidas parroquias que una vez fueron
familiares por motear el paisaje rural de los Estados Unidos.
Órdenes religiosas
Bajo las circunstancias particulares de ese tiempo, similar a muchos lugares caóticos del mundo de hoy,
la estructura más durable era la orden—una comunidad mucho más disciplinada y unida entre sí que las
normales congregaciones protestantes estadounidenses de hoy. Sus “casas” vinieron a inundar el
paisaje de Europa. Aún más, debemos admitir que estas nuevas comunidades cristianas no fueron sólo
la fuente de espiritualidad y erudición durante la edad Media, sino también preservaron las tecnologías
del mundo industrial romano—curtiembre, teñido, textil, metalurgia, habilidades en
albañilería/mampostería, construcción de puentes, etc. Su contribución civil, benéfica e incluso
científica es en general, enormemente subestimada—especialmente por los protestantes quienes han
desarrollado estereotipos poco amistosos de los “monjes”. Probablemente el logro más grande de estas
disciplinadas comunidades cristianas se percibe en el simple hecho que casi todo nuestro conocimiento
del mundo romano se deriva de sus bibliotecas, cuyo mudo testimonio revela el aprecio que ellos
tenían, aún como cristianos, de los autores “paganos” de los tiempos antiguos.
Por lo tanto, en nuestra era secular es vergonzoso reconocer que de no ser por estos cristianos
altamente educados del “campo misionero” quienes preservaron y copiaron los manuscritos (no sólo de
la Biblia pero también de los antiguos escritos cristianos y los clásicos no cristianos), no sabríamos más
acerca del Imperio Romano que lo que sabemos acerca de los imperios Maya o Inca, o de muchos otros
imperios han desaparecido hace mucho tiempo.
Muchos evangélicos serían sacudidos por el profesor Wheaton, quien escribió un capítulo donde
mostraba apreciación por estas estructuras disciplinadas llamadas órdenes, “El rescate Monástico de la
Iglesia”. Una oración sobresale:
El surgimiento del movimiento monástico fue después de la comisión de Cristo a sus discípulos, el
más importante—y en muchas maneras el más beneficioso—evento institucional en la historia el
cristianismo (p. 84).2
Curiosamente, nuestra frase Tercer Mundo proviene de estos días cuando los griegos y los latinos
fueron los primeros dos mundos y los bárbaros del norte fueron los del tercer mundo. Usando esta
frase, los bárbaros europeos fueron ganados más por el testimonio y trabajo de los celtas y los
anglosajones convertidos de los celtas—“misioneros del tercer mundo”—que por los esfuerzos
misioneros provenientes de Italia o Galia. Este hecho probó ser decisivo en el permanente cambio de
poder aparente de Europa occidental, desde el Mediterráneo hasta el norte de Europa. Incluso en el año
596, cuando el primer misionero de Roma se dirigió al norte (con mucho miedo), accidentalmente se
cruzó en el camino con el audaz misionero irlandés viajero, Columba, unos de los peregrinos ilustrados
celtas quien había trabajado a su manera, hasta llegar prácticamente hasta la entrada de Roma., que
estaba mucho más lejos de su lugar de nacimiento del que Agustín estaba planeando para sí mismo.
No nos sorprende que Constantinopla fuera considerada la “Segunda Roma” por aquellos que
vivían en el oriente, ni siquiera que Aachen (en la Francia de Carlomagno) y Moscú compitieran
posteriormente por el reconocimiento como nuevas ciudades de Roma por los descendientes de los
recientemente cristianizados francos y eslavos. Tampoco la Roma original como ciudad ni la península
italiana como región serían otra vez políticamente importantes como las ciudades principales de las
nuevas naciones—España, Francia, Alemania e Inglaterra.
Carlomagno
Hacia el final del segundo período, así como al final de cada uno de estos períodos, hubo un gran
florecimiento del cristianismo dentro del nuevo ambiente cultural. El surgimiento de un hombre fuerte
como Carlomagno facilitó la comunicación a través de Europa occidental hasta un grado no conocido
antes por un período de 300 años. Bajo su patrocinio una amplia variedad de asuntos de orden—social,
teológico, político—fueron nuevamente estudiados en forma seria a la luz de la Biblia y de los escritos
de los primeros líderes cristianos del período romano. Carlomagno fue un segundo Constantino en
ciertos aspectos, y su influencia no fue igualada en Europa Occidental durante medio milenio.
Pero Carlomagno, más cristiano que Constantino, patrocinó mucho con mucho más ahínco las
actividades cristianas. Pero así como con Constantino, su apoyo oficial al cristianismo produjo muchos
cristianos nominales. Queda poca duda que el gran misionero Bonifacio fue asesinado por lo sajones
porque su jefe, Carlomagno, (con cuyas políticas militares él no estaba totalmente de acuerdo) había
suprimido brutalmente a los sajones en muchas ocasiones. En ese entonces, así como a través de la
historia, la fuerza política del poder colonial no hizo mucho para preparar el camino para el
cristianismo, sino todo lo contrario, creó hostilidad en la gente. Es interesante que los misioneros sepan
que los grandes centros de aprendizaje establecidos por Carlomagno fueron copias y extensiones de
nuevos recintos misioneros establecidos al interior del territorio alemán. Estos fueron puestos de
avanzada establecidos por misioneros británicos y celtas que tuvieron centros al occidente, tan lejos
como Iona y Lindisfarne en Gran Bretaña.
2
Christopher Dawson, Religion and the Rise of Western Culture (New York: Image Books, 1991), 87.
Ciertamente, el primer intento serio para tener educación pública fue iniciado por este gran jefe
tribal, Carlomagno, bajo el consejo e impulso de los misioneros anglo-celtas y de los eruditos de
Bretaña, como Alcuin, cuyos proyectos eventualmente requirieron la ayuda de miles de cristianos de
Bretaña e Irlanda que sabían leer y escribir para manejar las escuelas fundadas en el continente. Es
difícil de creer, pero anteriores maestros irlandeses “bárbaros” de latín, (que por supuesto no era una
lengua nativa de Irlanda) fueron finalmente necesitados para enseñar latín en Roma. Esto indica
notablemente de qué modo las invasiones tribales de otros bárbaros habían destruido la civilización del
Imperio Romano. Esta realidad subyace el libro de Tomás Cahill, Cómo los irlandeses salvaron la
Civilización.
Los cristianos celtas y sus convertidos del continente y los anglosajones, atesoraron la Biblia de
modo especial. Testimonio mudo de que la Biblia fue su principal fuente de inspiración es que las
mejores obras de arte de esos siglos “oscuros” fueron manuscritos bíblicos maravillosamente
“iluminados” e iglesias engalanadas con devoción. Manuscritos de autores clásicos no cristianos,
aunque preservados y copiados, no fueron iluminados. A través del largo período de progresivo colapso
de la parte occidental del Imperio Romano, cuando las migraciones tribales redujeron toda la vida del
occidente casi al nivel de vida tribal, los dos grandes ideales regeneradores fueron, la esperanza de
construir nuevamente la gloria de lo Roma y la esperanza de sujetar todo al Señor de Gloria. El punto
más alto, cuando estos dos objetivos estuvieron a punto de cumplirse, fue durante el extenso y poderoso
dominio de Carlomagno, alrededor del año 800. Como un reciente erudito dijo,
Mirando la historia europea, desde la caída del Imperio Romano hasta el florecimiento del Renacimiento casi mil
años después, su presencia (refiriéndose a Carlomagno) es la única en comando.
No es de extrañar que recientes eruditos llamen al período de Carlomagno como el Renacimiento
carolingio y de este modo reemplazan el concepto único y extenso de “edad oscura” por una definición
más precisa de una Primera Edad Oscura al principio de este período y una Segunda Edad Oscura al
principio del siguiente período, teniendo al “Renacimiento Carolingio” en medio de ellos.
Desafortunadamente, la reconstrucción del imperio (llamado posteriormente el Sacro Imperio
Romano) no encontró las características de Carlomagno en su sucesor, y una nueva amenaza vino del
exterior de manera siniestra. Carlomagno había estado muy deseoso de que su propia gente—las tribus
germanas—se vuelva cristiana. El ofreció un sabio liderazgo, incluso espiritual en muchos aspectos,
pero no impuso su autoridad para empezar una audaz misión hacia los escandinavos al norte. Y el
trabajo misionero que empezó bajo el mandato de su hijo, fue muy tarde y en pequeña escala, lo que
contribuyó enormemente a la ruina del imperio.
6. Ganando a los vikingos: 800-1200 A.D.
Apenas la consolidación de Europa Occidental había sido alcanzada bajo Carlomagno, apareció una
nueva amenaza a la paz y prosperidad. Esta nueva amenaza—los vikingos—crearían un segundo
período de al menos semi-oscuridad que duraría 250 años.
Estos bárbaros del lejano norte no habían sido aún efectivamente evangelizados. Mientras las tribus
invasoras de Roma, que causaron la Primera Edad Oscura, fueron gente ruda del campo, eran en su
mayoría, nominalmente cristianos arrianos. Los vikingos en contraste, no eran ni civilizados ni
ligeramente cristianos. Había otra diferencia, los vikingos eran hombres de mar. Esto significaba que
santuarios ubicados en islas claves como Iona, o como el promontorio costero de Lindisfarne (el cual se
conectaba a tierra sólo cuando la marea estaba baja), eran tan vulnerables a los ataques marinos como
habían sido invulnerables a los ataques desde tierra. En este nuevo período ambos centros misioneros
fueron saqueados más de una docena de veces y sus ocupantes fueron asesinados o vendidos como
esclavos. Parece incuestionable que los cristianos del Imperio de Carlomagno hubieran sido mejor
tratados si los vikingos hubieran tenido al menos el aprecio por la fe cristiana que los primeros bárbaros
tuvieron cuando conquistaron Roma.
Al contrario que los visigodos y los vándalos, quiénes respetaron las iglesias, los vikingos parecían
atraídos como un imán hacia los centros monásticos de erudición y de devoción cristiana. Ellos se
deleitaron en incendiar iglesias, en asesinar a la gente en las iglesias y en vender a los monjes como
esclavos. Esta gente depravada incluso vendió a los esclavistas del norte de África, a las hijas tomadas
por asalto de sus vecinos enemigos vikingos. En palabras contemporáneas, tenemos una impresión
gráfica de su carnicería en la Europa “cristiana”:
Los hombres del norte no cesan de asesinar y de llevar cautivos a los cristianos, en destruir las iglesias e
incendiar los pueblos. Por todas partes no hay nada excepto cadáveres—clérigos y laicos, nobles y plebeyos,
mujeres y niños. No hay camino o lugar donde la tierra no esté cubierta de cadáveres. Vivimos en angustia y
desgracia ante el espectáculo de la destrucción de los cristianos. 2
No es extraño que el libro de oración anglicano contenga la oración, “De la furia de los hombres del
norte, Oh Señor, líbranos”. Una vez más, cuando los cristianos no alcanzaron a los paganos, ellos
vinieron tras las posesiones de los cristianos. Y una vez más, el extraordinario poder del cristianismo se
manifestó: los conquistadores fueron conquistados por la fe de sus cautivos. Por lo general, fueron los
monjes vendidos como esclavos o las jóvenes cristianas forzadas a ser esposas o amantes de los
vikingos, quienes finalmente ganaron a estos bárbaros del norte. Bajo la providencia de Dios, su
redención fue más importante que la pavorosa tragedia de esta nueva invasión de violencia y maldad
bárbara que cayó sobre el propio pueblo amado de Dios. Después de todo, él no escatimó ni a su propio
Hijo para redimirnos. Por tanto, nuevamente, aquello que Satanás determinó para mal, Dios lo usó para
bien.
En los anteriores cien años, los eruditos de Carlomagno habían coleccionado cuidadosamente los
manuscritos del mundo antiguo. Ahora, la mayoría de ellos fueron quemados por los vikingos. Sólo
porque muchas copias se habían hecho y esparcido de manera extensa, los frutos del avivamiento
literario de Carlomagno de alguna manera sobrevivieron. Alguna vez, los eruditos y misioneros habían
transitado en paz desde Irlanda a través de Inglaterra y por el continente, incluso más allá de las
fronteras del Imperio de Carlomagno. Ante el embate de estas nuevas violentas invasiones del norte, el
volcán irlandés que había derramado un fuego apasionado de evangelismo por tres siglos se enfrió casi
hasta llegar a extinguirse. Los guerreros vikingos, recientemente asentados en Irlanda, siguieron los
pasos de los primeros peregrinos irlandeses a través de Inglaterra y por el continente, pero esta vez
trayendo ruina y destrucción en lugar de nueva vida y esperanza.
Pero hubieron algunas bendiciones bajo esta horrible situación. Alfredo el Grande, un jefe tribal
(rey) de Wessex, guió exitosamente la resistencia y estuvo igualmente preocupado tanto por las
pérdidas físicas como espirituales. Como medida de emergencia, el renunció al ideal de mantener la
lengua latina como el patrón general de adoración y empezó una biblioteca cristiana en el idioma
vernáculo—el anglosajón. Esta fue una decisión de importancia fundamental, la cual se hubiese
pospuesto por algunos siglos si la tragedia causada por los vikingos no hubiese provisto la necesidad,
que es la madre de todo invento.
En todo caso, como Christopher Dawson indica, la devastación sin paralelo de Inglaterra y el
continente no fue “una victoria para el paganismo”. Los hombres el norte que arribaron al continente
bajo Rollo se convirtieron en los normandos cristianos, y los daneses, quienes se apoderaron de una
gran sección de la parte media de Inglaterra (junto con los invasores noruegos que establecieron su
propia casta en muchas otras partes de Inglaterra e Irlanda) también se cristianizaron casi
inmediatamente. El Evangelio era muy poderoso y causó que una nueva cultura cristiana se expandiese
hacia Escandinavia. Esto se derivó mayormente de Inglaterra de quien vinieron las primeras
comunidades monásticas y los primeros obispos misioneros. Escandinavia ganó lo que Inglaterra
perdió.
Debe admitirse también que los vikingos no hubieran sido atraídos ni a las iglesias ni a los
monasterios si estos centros de piedad cristiana no hubieran sucumbido en gran manera al lujo. El
cambio del patrón irlandés al benedictino monástico fue una mejora en muchos aspectos, pero
aparentemente permitió mayores posibilidades para el desarrollo de una opulencia y brillo
anticristianos que atrajeron la codicia de los normandos. Por lo tanto, otro efecto colateral de las nuevas
invasiones fue la limpieza indirecta y purificación del movimiento cristiano. Incluso antes de que los
vikingos aparecieran, Benedicto de Aniane inspiró una especie de reforma en algunos lugares. Para el
año 910, en Cluny, un nuevo y significativo paso hacia adelante había empezado. Entre otros cambios,
la autoridad sobre un centro monástico dejó de pertenecer a los políticos locales y por primera vez,
redes enteras de casas “hijas” relacionadas a una sola casa “madre” espiritualmente fuerte, emergieron.
El avivamiento de Cluny además, produjo una nueva actitud de reforma hacia la sociedad como un
todo.
El más grande obispo de Roma del primer milenio, Gregorio I, fue producto de una comunidad
benedictina. Así también a principios del segundo milenio, Hildebrando fue producto de la reforma de
Cluny. Sus sucesores en la reforma fueron apoyados enormemente por el avivamiento cisterciense, el
cual fue aún más profundo. Trabajando entre bastidores por muchos años por una saludable reforma en
toda la iglesia, finalmente Hildebrando se convirtió en el papa Gregorio vii por un breve período de
tiempo. Pero su celo reformador hizo posible que el papa Inocencio iii ejerciera mayor poder (y
considerando todas las cosas, mayor poder permanente) que ningún otro papa antes o después.
Gregorio vii tomó un paso decisivo para arrebatar el control de la iglesia del poder secular—esta fue la
controversia de la “investidura laica”. Fue él quien permitió que Enrique iv esperara por tres días fuera
en la nieve en Canossa. Inocencio iii no sólo implementó las reformas de Gregorio, sino que se
distinguió por ser el papa que autorizó la primera de una entera nueva serie de órdenes misioneras
móviles—los frailes.
Nuestro primer período terminó con un Imperio Romano apenas cristiano y un emperador algo
cristiano—Constantino. Nuestro segundo período terminó con la reconstitución de ese imperio bajo un
bárbaro cristianizado, Carlomagno, quien fue vigorosa y devotamente cristiano. ¿Se pueden imaginar a
un emperador que tuviera un hábito de monje? Nuestro tercer período finaliza con un papa Inocencio
iii, como el hombre más fuerte de Europa, fortalecido por los movimientos aliados de Cluny y el
cisterciense, los que juntos formaron la reforma gregoriana. La escena muestra ahora una Europa
ensanchada en la cual ningún gobernador secular podría sobrevivir sin inclinarse al menos ante los
líderes del movimiento cristiano. Fue un período en el cual los europeos cristianos no habían salido en
misiones, pero al menos se habían insertado a velocidad extraordinaria en toda la parte norte del área y
habían profundizado los fundamentos de erudición y devoción cristianas que empezó la Europa de
Carlomagno.
El siguiente período revelaría algunas sorpresas positivas y negativas. ¿Tomaría ahora Europa la
iniciativa de alcanzar a los pueblos con el Evangelio? ¿Se hundiría en autosatisfacción? De cierta
manera, haría ambas cosas.
7. ¿Ganando a los sarracenos? 1200-1600 A.D.
El cuarto período empezó con un nuevo y espectacular instrumento evangelístico—los frailes—y luego
del desastre prolongado por la plaga terminaría con la más grande, más esencial y más revolucionaria
reforma de todo. Sin embargo, el movimiento cristiano por cien años, ya había estado involucrado en la
más masiva y trágica mal interpretación de la misión cristiana en toda la historia. Irónicamente, parte
del “florecimiento” de la fe hacia el fin del período anterior llevó al desastre: nunca antes ninguna
nación ni ningún grupo de naciones en el nombre de Cristo había empezado una enérgica y sostenida
campaña en territorio extranjero como hizo Europa en la trágica debacle de las cruzadas. Esto fue en
parte la secuela del espíritu vikingo dentro de la iglesia cristiana. Todas las cruzadas principales fueron
dirigidas por los descendientes de los vikingos.
Mientras las cruzadas tuvieron muchos matices políticos (fueron a menudo un proyecto unificado
para gobernadores vacilantes), ellas no hubieran sido efectuadas sin el vigoroso pero mal dirigido
patrocinio de los líderes cristianos. Las cruzadas constituyeron no solamente un derramamiento de
sangre sin precedente para los europeos mismos y una brutal herida en el lado de los musulmanes (una
herida no sanada hasta hoy), pero también fueron una fatal estocada incluso para la causa de la unidad
cristiana griega/latina y de Europa Oriental. A largo plazo, aunque los cristianos de occidente
mantuvieron Jerusalén por cien años, los cruzados por omisión entregaron finalmente a los cristianos
orientales a los sultanes otomanos. Mucho peor, ellos establecieron una imagen permanente de una
brutal y militante cristiandad que separó a una gran porción de la humanidad, destrozando el valor de la
palabra cristiano en las misiones hasta el día de hoy.
Irónicamente, la misión de los cruzados no habría sido tan terriblemente negativa de no haber
involucrado un grado tan alto de infame compromiso cristiano. La gran lección de las cruzadas es que
buena voluntad, incluso obediencia sacrificial a Dios, no es substituto de un claro entendimiento de su
voluntad. Un hombre auténticamente devoto, Bernardo de Clairvaux, tuvo un papel importante en este
lamentable movimiento. El predicó la primera cruzada. Dos franciscanos, Francisco de Asís y
Raymundo Lulio, se destacan como los únicos de este período cuyo discernimiento de la voluntad de
Dios los guió a sustituir la guerra y la violencia por las suaves palabras del Evangelio como medios
apropiados para extender la bendición que Dios otorgó a Abraham y que había sido siempre el
propósito deseado para todos los hijos de la fe de Abraham.
En este punto, debemos hacer una pausa para reflexionar sobre este singular período. Podemos no
tener éxito, pero tratemos de ver las cosas desde el punto de vista de Dios, andando tentativamente y
con cautela. Sabemos, por ejemplo, que al final del primer período luego de tres siglos de sufrimiento y
persecución, justo cuando las cosas parecían ir aparentemente bien, aparecieron los invasores y
sobrevinieron caos y catástrofe. ¿Por qué? A eso prosiguió el período que llamamos el “Renacimiento
Clásico”, que fue tanto bueno como no tan bueno. Justo cuando los cristianos estaban traduciendo la
Biblia al latín y en medio de un elocuente debate teológico; cuando Eusebio, como el historiador oficial
del gobierno, estaba editando una enorme colección de escritos cristianos anteriores, cuando los herejes
fueron echados del imperio (y se convirtieron, sin embargo renuentemente en los únicos misioneros
hacia los godos), cuando Roma finalmente se había vuelto oficialmente cristiana…repentinamente se
corrió el telón. Ahora, de ese caos Dios levantaría un nuevo grupo de gente para ser incluidos dentro de
la “bendición”, la cual es, de ser confrontados con las demandas, privilegios y obligaciones del
creciente reino de Dios.
De modo similar, al final del segundo período, luego de tres centurias de caos durante las cuales, las
irrefrenables hordas godas fueron finalmente cristianizadas, dominadas y civilizadas, la Biblia y el
conocimiento bíblico proliferaron como nunca antes. Importantes centros bíblico-misioneros fueron
establecidos por los celtas cristianos y sus pupilos anglosajones. En este renacimiento à la Carlomagno
(realmente “carolingio”), miles de escuelas públicas dirigidas por cristianos intentaron una
alfabetización y enseñanza bíblica en masa. Carlomagno se atrevió incluso a atacar el uso endémico del
alcohol. Grandes teólogos contendieron sobre asuntos teológico políticos, Beda el Venerable se
convirtió en el Eusebio de este período (ciertamente que Carlomagno y Beda fueron más cristianos que
Constantino y Eusebio).
Y una vez más, los invasores aparecieron, y el caos y la catástrofe sobrevinieron ¿Por qué?
Extrañamente similar luego, es el tercer período. En la primera parte sólo tomó dos centurias y
media para que los vikingos capitularan frente al “contra ataque del Evangelio”. El “Renacimiento” que
sobrevino hacia el final de este período duró más de un siglo y se extendió más que antes. Las
cruzadas, las catedrales, los llamados teólogos escolásticos, las universidades, y en forma más
importante los benditos frailes, e incluso la primera parte del Renacimiento Humanístico formaron este
enorme estallido del Renacimiento Medieval del 1050 al 1350, o el “Renacimiento de la doceava
centuria”. Pero luego, repentinamente, apareció un nuevo invasor—la peste negra—mucho más
maligno que antes y sobrevinieron el caos y la catástrofe en mayor grado que antes ¿Por qué?
¿Estaba Dios insatisfecho por la obediencia incompleta? ¿O Satanás estaba contra atacando cada
vez con mayor desesperación? ¿Estaban aquellos que tenían la bendición reteniéndola y no
compartiéndola suficiente e intencionalmente con otras naciones del mundo? Para confundirnos aún
más, la peste que mató casi un tercio de la población de Europa mató a una mayor proporción de
franciscanos: 120,000 fueron muertos en Alemania solamente. Seguramente Dios no estaba juzgando
su fuego misionero. ¿Estaba El juzgando a los cruzados cuyas atrocidades sobrepasaron grandemente a
los devotos elementos cristianos de su movimiento? Si es así, por qué esperó cientos de años para
hacerlo? Seguramente Satán y no Dios, infligió/castigó al liderazgo cristiano tan fuertemente. ¿No
habría Satanás preferido que los cruzados mueran de esta peste en lugar que ellos?
Quizás fue que Europa no escuchó suficientemente a los santos frailes; no fueron los frailes los que
fallaron, sino los oyentes que no respondieron. El juicio de Dios sobre Europa entonces, habría sido
quitar el Evangelio de ellos, quitarles a los frailes y su mensaje. Aunque nos parezca que fue un juicio
contra los mensajeros en lugar que sobre los duros oyentes, no se asemeja esto a lo que sucedió en el
Nuevo Testamento? Jesús mismo vino a los suyos, y los suyos no le recibieron, es así que Jesús fue a la
cruz en lugar de los duros oyentes. Quizás el malvado intento de Satanás—de remover al mensajero—
Dios lo empleó como un juicio contra aquellos que escogieron no escuchar.
En todo caso, la invasión de la peste bubónica, primero en 1346 y luego muy a menudo durante la
siguiente década, produjo una mayor desgracia que las invasiones godas, anglosajonas y vikingas.
Primero devastó partes de Italia y España, luego se extendió al norte y oeste, hacia Francia, Inglaterra,
Holanda, Alemania y Escandinavia. Después de cuarenta años, de un tercio a la mitad de la población
de Europa había muerto. Especialmente atacados fueron los frailes, los verdaderos líderes espirituales.
Ellos fueron los únicos que se quedaron para atender a los enfermos y enterrar a los muertos. Europa
quedó absolutamente en ruinas. ¿El resultado? En un determinado momento hubieron tres papas
rivales, los elementos humanos se convirtieron en amenazadoramente humanísticos, la revuelta de los
campesinos (a menudo basada en la justicia social e incluso justificada por la Biblia misma) se
convirtió en orgías y excesos de violencia. “El dios de este mundo” debe haber estado contento, pero
como resultado de esa mortandad, pobreza y gran sufrimiento, Dios permitió el nacimiento de una
nueva reforma mucho mayor que cualquiera anterior.
Una vez más, al final de uno de nuestros períodos, sobrevino un gran florecimiento. Emergió la
imprenta, los europeos finalmente escaparon de su encierro geográfico y enviaron barcos para el
comercio, subyugación y bendición espiritual hacia los confines de la tierra. Y como parte de la
reforma, la Reforma Protestante ahora se destacaba en el horizonte: esa gran, aparentemente
permanente, descentralización cultural de Europa.
Los protestantes piensan a menudo de la Reforma como una reacción legítima contra las maldades
de una burocracia cristiana monstruosa decadente y corrupta. Pero debe admitirse que la Re-forma fue
mucho más que eso. Esta gran descentralización del cristianismo fue en muchos aspectos el resultado
de una vitalidad creciente la cual—aunque desconocida por la mayoría de los protestantes—era sólo
evidente en Italia, España y Francia como en Moravia, Alemania e Inglaterra. Por todos lados vemos
un retorno al estudio de la Biblia y la aparición de una nueva vida y predicación evangélica. El
Evangelio animó a los creyentes a ser alemanes, no simplemente permitió a los alemanes a ser
cristianos romanos. Sin embargo, ese maravilloso descubrimiento fue uno de los resultados de una
renovación que ya estaba ocurriendo. (Lutero produjo no la primera pero la catorceava traducción de la
Biblia al alemán). Desafortunadamente, el maravilloso énfasis en la justificación por la fe—el cual fue
predicado tanto en Italia y España como en Alemania al tiempo que Lutero apareció—vino a
identificarse y conectarse con las esperanzas nacionalistas alemanas (separatistas) y fue por lo tanto,
comprensiblemente suprimida como una doctrina peligrosa por los poderes políticos del sur de Europa.
Es solamente un típico mal entendido protestante creer que no hubo un gran avivamiento y mayor
vida profunda, estudio bíblico y oración en el sur de Europa como hubo en el norte durante el tiempo
de la Reforma. El tema que pudo haber surgido en los protestantes es de fe versus ley o en los romanos
es de unidad versus división, pero tales divisiones populares son imparciales porque se trataba más de
conseguir la homogeneidad latina versus la diversidad nacional e indígena. Finalmente, lo vernáculo
prevaleció.
Mientras que Pablo no demandó que los griegos se volvieran judíos, sin embargo los alemanes
habían sido obligados a volverse romanos. A los anglosajones y a los escandinavos se les había
permitido, al menos hasta cierto punto desconocido para los alemanes cristianos, mantener su
identidad. Alemania fue el lugar donde comprensiblemente, la revuelta tuvo. Italia, Francia y España,
quienes fueron anteriormente parte del Imperio Romano y fueron grandemente asimilados
culturalmente en esa dirección, no tuvo un equivalente de energía nacionalista detrás de sus
movimientos reformadores y por tanto se volvió casi irrelevante en la polarización política de la
contienda que sobrevino.
Sin embargo, a pesar de que los protestantes ganaron en el frente político y obtuvieron poder
suficiente como para reformular su tradición cristiana y ciertamente pensaron que tomaban seriamente
la Biblia, ellos ni siquiera hablaron de misiones. En su lugar, el período terminó con la Europa Romana
expandiéndose política y religiosamente por los siete mares. Por lo tanto, de forma totalmente no
compartida por los protestantes por al menos dos siglos, la forma católica de cristianismo promovió y
acompañó activamente un movimiento mundial de alcance sin precedentes en los anales de la historia,
movimiento en el cual hubo una conciencia misionera como nunca antes había ocurrido. Pero, habiendo
perdido la Europa no romana por su insistencia en su cultura mediterránea, la tradición católica trataría
ahora de ganar el resto del mundo sin entender completamente lo que apenas había sucedido.
¿Pero por qué los protestantes ni siquiera trataron de hacer misiones? Los católicos romanos
precedieron por doscientos años a los misioneros protestantes. Algunos eruditos señalan el hecho de
que los protestantes no tuvieron una red global de alcance colonial. Bueno, los protestantes holandeses
lo tuvieron. Y sus barcos, a diferencia de los católicos, no llevaban misioneros. Es por esta razón que
los japoneses—una vez que empezaron a temer el movimiento cristiano que los católicos plantaban—
permitieron que sólo los barcos holandeses llegasen a sus puertos. Ciertamente, los holandeses incluso
se alegraron y ayudaron a los japoneses en el asesinato de la floreciente comunidad cristiana (católica).
8. Hasta lo último de la tierra: 1600-2000 A.D.
El período del 1600 al 2000 empezó con fortalezas europeas establecidas en el resto del mundo. Aparte
de haber controlado lo que era un continente relativamente vacío derribando a los imperios Inca y
Azteca en el hemisferio occidental, los europeos sólo tenían pequeños enclaves de poder en las partes
densamente pobladas del resto del mundo no occidental. Para 1945, los europeos habían logrado el
control virtual de casi el 99.5% del mundo no occidental. Esto no duraría. El número de habitantes de
los imperios coloniales había crecido significativamente en conocimiento e iniciativa, así como los
godos habían crecido y se fortalecieron fuera de los límites del Imperio Romano. La Segunda Guerra
Mundial distrajo poderosamente a las naciones occidentales de su influencia sobre el resto del mundo.
Entonces, el nacionalismo explotó.
Veinticinco años más tarde, las naciones occidentales habían perdido el control sobre todo menos el
5% de la población no occidental del mundo. Este período de colapso repentino del control occidental,
de 1945 a 1969, junto con el inesperado y aumento considerable del cristianismo en el mundo no
occidental, lo he llamado, “los increíbles veinticinco años”. Si comparamos este período con el colapso
de la dominación del Imperio Occidental Romano sobre sus provincias conquistadas de España, Galia y
Bretaña, y al colapso del control sobre la Europa no franca bajo el mandato de los sucesores de
Carlomagno, podríamos anticipar—al menos por la lógica del paralelismo—que el mundo occidental
mismo pronto estará dominado significativamente por no occidentales.
Con cierta razón, desde que el colapso del poder occidental se hizo evidente (durante los increíbles
veinticinco años), han habido muchos que han censurado la idea de hacer un esfuerzo misionero
adicional desde el occidente hacia el mundo no occidental. Quizás ellos han confundido lo inapropiado
del control político con la necesidad de cortar lazos de fe con cualquier misión extranjera.
La verdadera situación es realmente muy diferente. De hecho, la ausencia de control político, por
primera vez en muchas áreas ha empezado a permitir a poblaciones no occidentales a rendirse al reino
de Cristo sin rendirse, simultáneamente, a los gobiernos políticos del mundo occidental. Aquí vemos un
paralelo con las tribus francas que aceptaron la fe de Roma sólo después que ella había perdido su
poder militar. Esta nueva apertura hacia el cristianismo católico continuó entre los anglosajones,
germanos y escandinavos hasta que emergió la poderosa autoridad papal, mezclada con poder político,
que se convirtió en una amenaza para las legítimas ambiciones nacionalistas y que llevaron a una
Reforma que permitió separar las formas de cristianismo nacionalista.
El presente espectáculo de un mundo occidental haciendo gala de patrones de moralidad cristiana,
más que antes disuadir a las naciones de aceptar la fe cristiana; pero puede también contribuir a
disociar el tesoro de los ideales cristianos de un mundo occidental que ha sido, hasta esta época, su
promotor más importante. Cuando los asiáticos acusan a las naciones occidentales de inmoralidad en la
guerra, ellos están apelando a los valores cristianos y no a los valores paganos de cualquier nación del
pasado. En este sentido, el cristianismo ya ha conquistado el mundo. Por ejemplo, la antigua tradición
china de terribles torturas ya no es algo de lo que los chinos se puedan jactar ni es considerado
respetable en otras partes, al menos en círculos públicos.
Pero esta transformación mundial no es algo que ha venido en forma repentina. Incluso en el
presente, lo poco que se ha logrado de moralidad cristiana en el mundo a nivel público, ha sido a costa
de un sacrificado esfuerzo misionero (durante las cuatro centurias del décimo período), el cual fue más
fuerte y deliberado que en ningún otro momento por 2.000 años. La primera mitad (1.600–1.800) de
este quinto período fue casi exclusivamente un espectáculo romano. Para el año 1800 era
vergonzosamente doloroso para los protestantes escuchar que los misioneros católicos consideraban al
movimiento protestante como apóstata simplemente porque no estaba enviando misioneros. Pero por
ese mismo año, el esfuerzo misionero romano/católico? fue forzado a una disminución repentina
debido a una restricción de los Jesuitas, y al efecto combinado de la revolución francesa y al caos que
sobrevino, el cual cortó el apoyo económico europeo de las misiones católicas.
Sin embargo, el año 1800 marca el avivamiento de los protestantes después de dos centurias y
media de inactividad, si no de adormecimiento teológico, respecto al alcance misionero del mundo. El
período del 1.800 al 2.000 es tratado en el capítulo: Cuatro Hombres, tres Eras, dos Transiciones:
Misiones Modernas”. Durante este período final, por primera vez, los protestantes se equiparon a sí
mismos con estructuras misioneras organizadas similares a las órdenes católicas y empezaron a
recuperar el tiempo perdido. Sin ser anunciado, sin ser notado, pero sin ser olvidado en nuestros días,
excepto por críticas mal informadas, los esfuerzos misioneros protestantes de este período, más que las
misiones católicas, dirigieron la manera de establecer en todo el mundo el aparato democrático de
gobierno, las escuelas, los hospitales, las universidades y los fundamentos políticos de las nuevas
naciones.
Correctamente entendido, los misioneros protestantes, junto con su contraparte católico-romana son
no menos que los principales agentes de cambio de la tremenda energía que hoy se es extiende en el
tercer mundo. Tomemos el caso de China por ejemplo. Dos de sus más grandes líderes modernos, Sun
Yat-sen y Chiang Kai-shek, fueron ambos cristianos. “Las cuatro Modernizaciones” de Teng HsiaoPing fueron principalmente un énfasis de los movimientos misioneros occidentales en China. Las
misiones han establecido una universidad en cada provincia de China y así sucesivamente.
Pero, si ahora la base occidental va a vacilar y a fallar, como la marea se revierte a través del
creciente poder de la periferia parcialmente evangelizada (siguiendo el mismo patrón de períodos
anteriores), sólo podemos referirnos al comentario de Dawson acerca de la devastación causada por los
vikingos—que esta no será una “victoria para el paganismo”. La caída del poder de occidente, en ese
caso, se debe en parte a una decadencia del espíritu. También se debe al poder pagano en el mundo no
occidental promovido y fortalecido por su primer contacto con la fe cristiana. Puede venir además
como el castigo más drástico al mundo occidental que siempre ha gastado más en cosas superficiales
que misiones extranjeras—y últimamente, tanto como diez veces.
Desde un punto de vista secular o incluso nacionalista, los próximos años pueden ser un período
muy oscuro para el mundo occidental. Las normales esperanzas y aspiraciones de los cristianos para su
propio país pueden tener sólo una pequeña base para el optimismo. Pero si el pasado después de todo
constituye alguna guía, siempre habrá oscuridad antes del amanecer. Todo el mundo occidental en su
presente forma política puede ser radicalmente alterado. Ni siquiera podemos estar seguros de la
supervivencia de nuestro propio país. Pero con toda razón suponemos en base a la experiencia pasada
que la fe bíblica cristiana sobrevivirá claramente, de una forma o de otra. Podemos rápidamente
calcular que durante el siglo xx, los occidentales disminuyeron del 18% al 8% de la población mundial.
Pero no podemos ser del todo pesimistas. Más allá de la agonía de Roma estaba el hecho de ganar a los
Bárbaros. Más allá de la agonía de los bárbaros estaba el hecho de ganar a los vikingos. Más allá de la
agonía del mundo occidental sólo podemos orar que vendrá la derrota del poder de Satanás que tiene
atrapados a millones de personas en cautiverio en miles de naciones—naciones que han estado por
mucho tiempo “sentadas en oscuridad” y que “verán un gran luz” (Mt. 4:16). Y sabemos que no hay
bases ni en el pasado ni en el presente para asumir que las cosas están fuera del control del Dios
Viviente.
Si nosotros, en el occidente, insistimos en guardar nuestra bendición en lugar de compartirla,
tendremos como otras naciones antes de nosotros, que perderla para que otras naciones la reciban. Dios
no ha cambiado su plan en los últimos 4.000 años. Pero cuánto mejor no enfocarnos en como retenerla
sino en trabajar deliberadamente para extender esa maravillosa “bendición”! De ese modo “en ti y en
tus descendientes todas las naciones del mundo serán bendecidas”. Esta es la única manera en que
podemos continuar en la bendición de Dios. La expansión del reino no se va a detener con nosotros
(aunque nos puede dejar atrás). “Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, para
testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mt. 24:14). Dios puede levantar otros si
vacilamos. Ciertamente, el resto de este libro indica que eso ya está sucediendo.
Historia de la transformación
Paul Pierson
La iglesia de Jesucristo, especialmente su brazo misionero, generalmente ha entendido que la
transformación de la sociedad es parte esencial de su tarea. El punto central de la misión siempre ha
sido la comunicación del Evangelio de Cristo, llamar a personas al arrepentimiento, a creer y ser
bautizadas para formar parte de la iglesia. Los cristianos siempre han entendido que el cumplimiento de
su misión es enseñar a las naciones “que guarden todas las cosas” que Cristo les mando. La expectativa
de gente obedeciendo a Cristo ha alimentado siempre la esperanza que el proceso de la evangelización
traería transformación de las situaciones sociales, las condiciones físicas y la vida espiritual de los
creyentes. Los cambios, en ocasiones, han sido maravillosos, pero otros desalentadores. Aun cuando se
cometieron grandes errores y hubieron interpretaciones culturales erróneas, el deseo de traer individuos
y sociedades a estar en conformidad con el reino de Dios se ha mantenido como parte integral de la
misión.
Con frecuencia los misioneros han entrado en culturas que estaban en el proceso de cambio. Ellos
ayudaron a producir algo de este cambio canalizándolo positivamente, o trabajando en contra de
algunos de sus aspectos más dañinos. Los misioneros con frecuencia han visto un modelo de
comunidades transformadas que sospechosamente se parecían a las que ellos habían conocido en sus
propias culturas. Sin embargo, no hay duda que esta dimensión transformadora era un aspecto
fundamental de la mision y, en la mayoría de los casos, beneficios.1
Monasticismo: comunidades de conservación y transformación
La mayoría de los misioneros durante el periodo de los SS. IV al XVIII eran monjes. Aunque la
mayoría de los movimientos monásticos fueron expresamente misioneros, otros no; pero gran parte de
ellos trajeron transformación social muy significativa.
1
Hutchinson, William. Errand to the World (Mensajero para el mundo). Chicago, Univ. of Chicago Press, 1987.
Existieron docenas de movimientos monásticos, entre ellos los benedictinos y los que surgieron de
ellos, los nestorianos, que emigraron de Asia Menor a Arabia, India y a lo largo de Asia Central hasta
China; los ortodoxos, que emigraron hacia el Norte a la región de los Balcanes y Rusia; los celtas, que
surgieron en Irlanda, emigraron a Escocia e Inglaterra y regresaron al continente. Mas tarde surgieron
los franciscanos, dominicos y jesuitas.
Aunque los benedictinos no fueron deliberadamente misioneros, ellos y los otros grupos emigraron
hacia áreas en las que la fe cristiana no había penetrado, formando comunidades que modelaron y
ensenaron la fe a las tribus “bárbaras” que avanzaban hacia Europa Central y Occidental. El intento
original del monasticismo fue animar a los hombres a desarrollar vidas disciplinadas y de oración, lejos
de las preocupaciones de la vida normal. Sin embargo, los monasterios y las casas de mujeres que les
siguieron se convirtieron en comunidades autosuficientes organizadas alrededor de reglas para la vida
diaria que incluían trabajo y adoración. El trabajo era manual e intelectual, en los campos y en la
biblioteca. Este fue un concepto revolucionario en el mundo antiguo, que consideraba al trabajo manual
solo para los esclavos. Los monjes también se hicieron eruditos, así por primera vez la práctica y la
teoría estuvieron representados en la misma persona. De esta forma, los monjes han sido llamados los
primeros intelectuales con tierra bajo sus unas! Esto ayudo a crear un ambiente favorable para el
desarrollo científico y los monasterios se convirtieron en centros de progreso de la enseñanza, la fe y la
técnica.
La contribución del monasticismo a la enseñanza es bien conocida, pero su impacto en el desarrollo
de la agricultura no es tan ampliamente reconocido. Hannah escribió que en el S. VII “fueron los
monjes quienes poseían la habilidad, el capital, la organización y la fe en el futuro para emprender
grandes proyectos de reclamación de campos abandonados por el sistema de esclavitud de la vida
pueblerina y las hordas salvajes. Grandes trozos de tierra estéril y pantanos fueron convertidos en tierra
excelente para la agricultura en manos de los monjes.”2
En el S.XII, los cistercienses abandonaron la sociedad y cultivaron tierra nueva en zonas desérticas.
Aplicaron nuevos métodos de administración agraria y se convirtieron en los principales productores de
lana en Europa, proveyendo la materia prima para la industria textil.
Los nestorianos, que florecieron entre los siglos V al XIII, emigraron a lo largo de Asia Central y
llegaron a la India y China. Los cristianos en Occidente conocen muy poco acerca de este notable
movimiento porque se perdieron la mayoría de los frutos de su trabajo. Aun así un erudito mencionó
que “los misioneros nestorianos introdujeron las letras y la enseñanza entre pueblos que previamente
eran ágrafos, incluyendo a los turcos, uigures, mongoles y manchúes, de quienes se dice que sus
alfabetos surgieron del siríaco, la lengua de los nestorianos.”3
Monjes ortodoxos de la Iglesia Oriental hicieron lo mismo. Ulfilas emigro al norte del Danubio en
el siglo IV y fue el primero en poner por escrito un lenguaje de Europa del Norte, haciéndolo, por
supuesto, para traducir las Escrituras. En el siglo III, los armenios fueron el primer grupo nacional que
abrazo el Cristianismo y en el 406 d.C. su idioma fue puesto por escrito para que las Escrituras y otra
literatura cristiana pudieran estar disponibles. Constantino (conocido más tarde como Cirilo) y su
hermano Metodio fueron a los Balcanes e crearon dos alfabetos que usaron en la traducción de las
Escrituras y establecieron la Iglesia. La escritura cirílica todavía se usa en Rusia hoy día.
2
Hannah, Ian. Monasticism (Monasticismo), London, Allen and Unwin, 1924. Pgs. 90–91.
Stewart, John. The Nestorian Missionary Enterprise (La Empresa misionera nestoriana). Edinburgh, T and T
Clark, 1928. Pg. 26.
3
Cuando Patricio regreso a Irlanda desde Inglaterra inicio el notable movimiento misionero celta que
continuo por siglos, y que fue una fuente del fervor y enseñanzas misioneras. Sus descendientes
espirituales emigraron de Irlanda a Escocia, después a Inglaterra, atravesaron el canal a los países bajos
y finalmente hasta Alemania Central. Mas tarde sirvieron como vehiculo para la conversión de
Escandinavia. Hacían una combinación de amor profundo por la enseñanza, disciplina espiritual y
fervor misionero. Como resultado “Irlanda fue alfabetizada por primera vez en la generación de
4
Patricio.” El gran monasterio de Fulda, fundado en el S. VIII por San Bonifacio, según esta tradición,
se convirtió en el centro principal de enseñanza en gran parte de Alemania.
Durante el Renacimiento Carolingio, bajo Carlomagno, los monasterios de tradición celta fueron
una vez mas los centros de educación y cambio mas importantes. Hannah escribió, “Como grupo
fueron capaces de alcanzar su propósito de ser levadura cristiana en una sociedad incivilizada, para
implantar y conservar una cultura cristiana como un jardín cultivado en medio de un desierto de
desorden.”5
Antecesores del movimiento misionero protestante
Por casi dos siglos después de la Reforma, los protestantes se involucraron muy poco en actividades
misioneras fuera de Europa. Pero hacia finales del S. XVI varios movimientos surgieron, cuyos
miembros buscaron renovar la Iglesia y llevar la Reforma mas lejos, de la doctrina a la vida diaria.
Estos movimientos formaron la plataforma de las misiones protestantes e incluyen al puritanismo,
pietismo, moravianismo y los avivamientos wesleyano-evangélicos.
Los puritanos enfocaron la conversión y una vida cristiana mas autentica. También desarrollaron la
primera teología protestante de la misión. Dos de sus más grandes defensores de la misión fueron
Richard Baxter, pastor efectivo y escritor prolífico, y John Eliot. Eliot fue a Nueva Inglaterra y se
convirtió en un excelente misionero a los indígenas americanos Algonquinos. Tradujo la Biblia a su
lengua y formo varias comunidades cristianas. Rooy escribió sobre el:
Viajo a pie y a caballo, desgastando sus fuerzas hasta el límite… para llevar el evangelio a los nativos. Trajo
casos a las cortes para prevenir el fraude a las tierras indígenas, pidió clemencia por los prisioneros indígenas
convictos, lucho contra la venta de indígenas como esclavos, busco asegurar las tierras y los arroyos para uso de
los indígenas, estableció escuelas para niños y adultos indígenas, tradujo libros e intento demostrar un interés
humanitario que acompañaba su preocupación por su salvación.6
El pietismo dejo el fundamento para cambios mayores, justo a tiempo. En el S. XVII, la Guerra de
los Treinta Anos devasto Alemania. La miseria se multiplico, la diferencia de clases fue exagerada, el
nivel de comprensión del Cristianismo y la vida era muy bajo, y la Iglesia Luterana fue dominada por
el Estado. La verdad de la fe era vista en términos de proposiciones en lugar de demandas
experienciales u ocurrencias éticas. Así que, entre la irrelevancia de la Iglesia, la desesperación reinante
y el ateismo traído por la Guerra de los Treinta Anos, rápidamente el Cristianismo perdió su poder
7
sanador y transformador.
Philip Jacob Spener, influenciado por escritores puritanos durante sus estudios teológicos, encontró
la situación de sus párrocos deplorable cuando llego al pastorado en Frankfurt. Empezó a invitar grupos
4
Stimson, Edward. Renewal in Christ (Renovación en Cristo). New York Vantage Press, 1979. Pg. 147.
Hannah, Ian. Monasticism (Monasticismo), London, Allen and Unwin, 1924. Pg. 86.
6
Rooy, Sidney. The Theology of Missions in the Puritan Tradition (La teologia de la misión en la tradición
puritana). Grand Rapids, Eerdmans, 1965.
7
Dubose, Francis (ed.). Classics of Christian Mission. Nashville, Broadman, 1979. Pg. 776.
5
a su casa para discutir el sermón, estudio bíblico, oración y apoyo mutuo, empezando así un
movimiento que sus oponentes llamaron pietismo.
Spener insistió que el Cristianismo consistía no sólo en conocimiento, sino también la práctica de la
fe. Junto a su énfasis en la necesidad de un nuevo nacimiento y una vida de santidad, incluyo una gran
preocupación por los necesitados.
A.H. Francke fue el sucesor de Spener como líder del movimiento. Enseno que renacer debe llevar
a las personas a ser transformadas y después a una sociedad y un mundo reformado. Para él, fe y acción
eran inseparables. Demostró esto de forma notable a través de su influencia en la Universidad de Halle
y su parroquia en Glaucha. Piedad significaba interés genuino por el bienestar físico y espiritual del
prójimo de uno. Así los pietistas alimentaron, vistieron y educaron a los pobres. Francke estableció
escuelas para niños pobres, incluyendo a las niñas, una novedad en aquel tiempo. También fundo un
orfanato y otras instituciones de ayuda a indigentes. Estas se sostenían solo por fe y se convirtieron en
el modelo posterior para el ministerio de George Muller en Bristol y la Misión al Interior de la China.
Los primeros misioneros protestantes enviados a Asia venían del movimiento pietista. Influenciado
por su capellán de la corte en 1706 Federico IV de Dinamarca envió dos hombres desde Halle a su
colonia en Tranquebar, India. Bartolomé Ziegenbalg y Enrique Plutschau fueron los primeros de los
casi sesenta pietistas que fueron a la India durante el S. XVIII. Ziegenbalg, quien se quedo allí hasta su
muerte en 1719, fue notablemente integral en la comprensión de su tarea. Estudio las creencias y
practicas religiosas de los hindúes, tradujo las Escrituras, estableció una iglesia, defendió la ordenación
de pastores indios, estableció una imprenta y fundo dos escuelas. El mas grande de sus sucesores, C. F.
Schwartz, no solo fortaleció la iglesia, sino trabajo con huérfanos y se convirtió en un embajador de
paz entre gobernantes musulmanes y británicos. Llego en 1750 y se quedo hasta su muerte en 1798. Un
gran misionólogo alemán escribió, “el pietismo fue el padre de las misiones a los paganos… también
de todas las agencias salvadoras que han surgido dentro del Cristianismo para curar la maldad religiosa,
8
moral y social… una combinación que fue ejemplificada típicamente en A. H. Francke.”
Los moravos, con raíces en el movimiento husita pre-Reforma y el pietismo, fue uno de los
movimientos más notables de la historia. Conocido por su vigilia de oración de veinticuatro horas por
100 anos, fueron una comunidad altamente disciplinada de hombres y mujeres casados entregados a
ganar “almas para el Cordero”. Durante sus primeros anos uno de cada catorce miembros se hicieron
misioneros, con frecuencia yendo a campos extremadamente difíciles.
La cuarta corriente que dirigió el movimiento misionero protestante surgió del avivamiento
wesleyano-evangélico en Inglaterra, con Juan Wesley como su dirigente más conocido, y el primer
gran avivamiento en Norteamérica. Dado que el avivamiento de Norteamérica fue en muchos aspectos
una vertiente del puritanismo, examinaremos solamente el movimiento en Inglaterra.
Aun antes de su conversión, los hermanos Wesley y otros miembros del “Club de la santidad” en
Oxford demostraron preocupación por los pobres y los prisioneros. Al mismo tiempo se dedicaron a las
disciplinas espirituales, por esto se ganaron el nombre de “metodistas”.
Juan Wesley empezó a predicar inmediatamente después de su conversión en 1734. Mientras que el
enfoque claro era la evangelización y la educación cristiana, especialmente entre los pobres
abandonados, escribió, “el Cristianismo es esencialmente una religión social, convertirla en solo una
8
Dubose, Francis (ed.) Classics of Christian Mission (Clásicos de la Misión Cristiana). Nashville, Broadman,
1979. P.776.
religión sin duda es destruirla”.9 El impacto del movimiento de la reforma social en Inglaterra es bien
conocido. Robert Raikes inicio escuelas dominicales para ensenar a los niños pobres a leer y darles
instrucción moral y religiosa en el único día de la semana que no trabajan. Otros organizaron escuelas
entre mineros y hulleros. Juan Howard trabajo incansablemente para reformar las deplorables
condiciones de las prisiones locales, después influyo al Parlamento para aprobar leyes de reforma para
prisiones.
Los evangélicos trabajaron para regular la mano de obra infantil en las surgentes factorías y
promovieron la educación de las masas. Un grupo de evangélicos anglicanos de Clapham, un suburbio
de Londres, gastaron su tiempo, fortuna e influencia política en numerosos proyectos religiosos y
sociales, incluida la campana larga y exitosa de William Wilberforce y otros, para extinguir la
esclavitud en el Imperio Británico. La Sociedad Misionera Eclesial, la más grande de las sociedades
anglicanas, fue establecida en 1799. Otras sociedades fueron establecidas, todas motivadas por el
avivamiento.
El movimiento misionero protestante
A William Carey se le llama justamente “el padre de las misiones protestantes”, aunque otros se
involucraron en misiones con anterioridad. En 1792 fundo la Sociedad Misionera Bautista; al ano
siguiente salio para la India. Sus escritos y su ejemplo fueron el catalizador para la creación de
sociedades similares en Europa y los Estados Unidos, dirigiendo lo que ha sido llamado “el gran siglo”
de las misiones. Su meta principal fue llevar a las personas a tener fe en Jesucristo y salvación eterna;
sin embargo no tuvo ningún conflicto entre esta meta y sus otras actividades en educación, agricultura
y botánica.
Carey trabajo arduamente para resistir los males sociales y traer cambio en Asia. Se le conoció más
como horticultor alrededor del mundo que como misionero. Lucho valientemente contra la practica de
infanticidio, quemar a las viudas, el trato inhumano a los leprosos (quienes eran enterrados o quemados
vivos), y las muertes innecesarias de las peregrinaciones religiosas de su época. También fundó el
Colegio Serampore, que fue establecido principalmente para entrenar pastores y maestros, pero también
proveyó educación para otros en literatura cristiana y ciencia europea.
Reconocimiento falso
Muchos movimientos misioneros del S. XIX trabajaron intencionalmente en pro de la transformación
social, la mayoría sin reconocimiento, con contadas excepciones bajo una luz falsa y negativa. Por
ejemplo, en el Seminario Andover, Samuel Mills y sus colegas de la reunión de oración de Haystack
tomaron la iniciativa de establecer la Junta Americana de Comisionados para las Misiones Extranjeras
en 1810. Uno de los primeros campos elegidos fue Hawái (conocido entonces como las Islas
Sándwich). Los primeros misioneros fueron dañados por James Michener; pero la realidad era muy
diferente a la imagen que él les dio. Su principal enfoque fue la conversión de hombres y mujeres a
Cristo y reunir a los convertidos en iglesias. Pero también trabajaron para proteger a los hawaianos de
la explotación económica y sexual de los marineros y comerciantes que llegaron a las islas. Los
misioneros trabajaron para terminar con el infanticidio y otras prácticas destructivas. Después de varias
décadas las islas estaban salpicadas no solo con iglesias, sino con escuelas en las que niños hawaianos
fueron ensenados por maestros hawaianos. Varios anos después, otras personas inventaron un sistema
de escritura del lenguaje usando caracteres romanos, tradujeron la Biblia y varios libros de texto. En
9
Bready, John W. This Freedom Whence. New York, American Tract Society, 1942. P.113.
1873 ya se habían publicado 153 trabajos diferentes y 13 revistas, junto con un almanaque en el idioma
local.
Una comparación sorprendente
Muchos misioneros poco conocidos han demostrado gran preocupación por la totalidad de las
necesidades humanas. Uno de ellos fue Willis Banks, desconocido evangelista presbiteriano que trabajo
en un área atrasada del sur de Brasil. Construyo la primera fábrica de ladrillos de la zona, trajo niños a
vivir con su familia, les enseno a leer y después los envió a enseñar a otros. Usando una guía médica
del hogar curo infecciones, tuberculosis, malaria, parásitos y desnutrición.
Banks introdujo mejores métodos de agricultura y ganadería. Construyo el primer aserradero en el
área y la maquinaria para cortar forraje. Un antropólogo que visito la zona veinte años después de la
muerte de Banks hizo una comparación sorprendente del desarrollo de la comunidad. Visito dos
poblaciones aisladas, ambas situadas bajo circunstancias virtualmente idénticas, con habitantes de la
misma raza y del mismo trasfondo cultural. La aldea de Volta Grande era presbiteriana y se había
beneficiado de la evangelización y el liderazgo de Banks. La gente vivía en casas de ladrillo y madera,
usaban filtros de agua y en algunos casos tenían electricidad producida en casa. Eran propietarios de
canoas y lanchas de motor para viajar a las ciudades cercanas y cultivaban verduras junto con los
tradicionales arroz, frijoles, maíz, yuca y plátanos. Tenían dos manadas de vacas lecheras y producían y
consumían leche, queso y mantequilla. Recibían y leían el periódico, tenían la Biblia y otros libros a
disposición, y todos sabían leer. La comunidad había unido sus recursos para construir una escuela y la
dono al Estado con la condición que un profesor fuera provisto y pagado. Consecuentemente tenían una
excelente escuela primaria y muchos de sus graduandos continuaron sus estudios en la ciudad. Se
hacían cultos religiosos tres veces a la semana aunque el pastor solo podía visitarles una vez al mes.
Los habitantes de Jipovura, la otra aldea, Vivían en casas de carrizo y barro, sin muebles. Solo se
involucraban en agricultura marginal y no hervían ni filtraban el agua. No tenían canoas, usaban
pequeñas lámparas de keroseno para iluminarse y la mayoría eran analfabetas. Una escuela había sido
donada a la comunidad por unos japoneses que habían vivido en el área, pero la gente no tenía ningún
interés en darle mantenimiento y habían arruinado el edificio robando sus puertas y ventanas. Su
tiempo de ocio lo dedicaban a jugar a las cartas y a beber el ron de cana local. El alcoholismo era muy
común.10
Virtualmente todos los movimientos misioneros de la historia han estado interesados en la
transformación social de una forma o de otra. Ha sido visto como parte del ministerio de comunicar y
vivir el Evangelio. Se ha hecho énfasis en la educación, salud, agricultura y ministerios que levanten
socialmente a las niñas, mujeres y otros miembros de la sociedad oprimidos y olvidados.
Estableciendo educación
•
Las instituciones educacionales mayormente han tenido tres objetivos: preparar el liderazgo para la
iglesia, ser un instrumento para mejorar la sociedad y evangelizar a estudiantes no cristianos.
Existen varios niveles de éxito, pero incluyen los ejemplos siguientes:
Los grupos tribales del Noreste de la India, quienes se convirtieron mayormente en cristianos al final
del siglo pasado, tienen el segundo más alto índice de alfabetismo del país.
10
Williams, Emilio. Followers of the New Faith. Nashville, Vanderbilt Univ. Press. 1967. Pp.181–185.
•
•
•
•
•
En 1915 el analfabetismo entre los católico-romanos en Brasil estaba entre el 60 y el 80 por ciento,
mientras que el de los protestantes (que normalmente eran los pobres) llegaba a la cuarta parte de
estos.11
La mayoría de las escuelas en África fueron establecidas por misioneros durante el periodo colonial.
Leslie Newbigin señaló que en los años cincuentas en un documento de las Naciones Unidas de 400
páginas sobre educación en África, ni una sola línea revelo el hecho que el 90% de las escuelas
12
descritas existían gracias a los misioneros.
Muchas de las universidades más famosas en Asia fueron resultado de las misiones, incluidas entre
estas Yonsei University y Ehwa Women’s University en Seúl.
Informando sobre el trabajo educacional de la Misión de Basilea en la Costa de Oro (Ghana), la
comisión Phelps-Stokes informo en 1921, “El esfuerzo educacional de la Misión de Basilea en la Costa
de Oro ha producido uno de los sistemas más interesantes y efectivos de escuelas en África… Primero,
sus talleres mecánicos capacitaron y emplearon un gran número de nativos como asalariados…
Segundo, las actividades comerciales alcanzaron la vida económica de la gente, influenciando sus
actividades agrícolas y sus gastos en comida y ropa.”
Añadido a las escuelas primarias y secundarias de las misiones, institutos de capacitación para
maestros fueron establecidos para extender las oportunidades educacionales.
Trayendo cuidado medico
En los inicios del movimiento misionero se requería conocimiento medico limitado como algo
necesario para misioneros evangelistas. Pero a mediados del siglo pasado médicos totalmente
capacitados empezaron a ser enviados al campo. El primero fue el Dr. John Scudder, enviado por la
Junta Americana a India. Su nieta, la Dra. Ida Scudder, más tarde estableció quizás el más grande de
todos los centros médicos en Vellore, India. El Dr. Peter Parker introdujo la cirugía oftálmica en China.
Su sucesor, el Dr. John Kerr, publicó doce trabajos médicos en chino, construyo un gran hospital y fue
el primero en China en abrir una institución para los enfermos mentales. Los presbiterianos en
Tailandia establecieron 13 hospitales y 12 dispensarios.
Alcanzando a los olvidados y oprimidos
Junto con ministerios educacionales, médicos y de agricultura, otros enfocaron en los miembros más
olvidados y oprimidos de la sociedad. La mitad del trabajo entre tuberculosos en India fue hecho por
misioneros, las instituciones cristianas tomaron la delantera en el tratamiento y la capacitación de
obreros entre los afectados. Las misiones tomaron la delantera en el trabajo con leprosos en varios
países asiáticos y establecieron orfanatos para niños abandonados.
Algunos misioneros fueron más allá del servicio social y atacaron las injusticias políticas y sociales
del colonialismo. Un ejemplo celebre se llevo a cabo en el Congo Belga a principios de siglo. Dos
misioneros norteamericanos presbiterianos observaron los trabajos forzados de los africanos en la
industria del caucho y publicaron artículos llamando a la explotación económica del monopolio
“esclavitud del Siglo XX”. Esto trajo atención internacional; los misioneros fueron demandados por
calumnia, y el caso fue finalmente disuelto.
Mujeres sirviendo
11
Pierson, Paul. A Younger Church in Search of Maturity. San Antonio, Trinity University Press, 1974. Pp.107,
108.
12
Informado por Ralph D. Winter. Winter, p. 199.
Uno de los resultados más significativos de las misiones cristianas en muchas sociedades vino a través
del papel de ministrar a y elevar el status de la mujer. En muchas culturas las mujeres eran relegadas a
un status muy bajo y casi no tenían derechos. Las misioneras, generalmente solteras, las evangelizaron
y las ensenaron a verse a sí mismas como hijas de Dios. De esta manera, jovencitas y mujeres fueron
animadas a estudiar, desarrollar sus dones y, en algunos casos, entrar a profesiones como la educación
y la medicina.
Enfocando primeramente la evangelización de mujeres en culturas donde el hombre no podía tener
contacto con la mayoría de las mujeres, las misioneras tomaron la rama de la educación y el trabajo
medico con mujeres. Pronto mujeres fueron empleadas como evangelistas laicas, llamadas “mujeres de
la Biblia”, especialmente en China y Corea. Aunque aun no se les daba un status igual que a los
hombres, estas trabajadoras fieles tuvieron un impacto tremendo no solo en el crecimiento de la iglesia,
sino en el status de otras mujeres. Cuando los primeros misioneros protestantes llegaron a Corea en
1884 y 1885, una mujer virtualmente no tenia status en la sociedad excepto como hija de su padre, la
esposa de su marido o la madre del hijo mayor. Hacia mediados de este siglo la universidad de mujeres
más grande del mundo había sido establecida en Seúl y su presidente, la Dra. Helen Kim, fue
reconocida como una de las educadoras más grandes y una líder en la evangelización.
Mujeres misioneras de los Estados Unidos iniciaron el primer trabajo medico para mujeres en India
y China, establecieron la primera escuela para niñas y eventualmente fundaron escuelas de enfermería
y medicina para mujeres. Esto tuvo un impacto tremendo en el cuidado medico de la mujer, así como
en su status en sociedad. Como resultado, la medicina es una de las profesiones mas prestigiosas
ofrecidas a la mujer en India, y existen miles de mujeres médicos en esa nación hoy día. La Dra. Clara
Swain, la primera medico misionera enviada al campo, llego a la India en 1870. Beaver deja bien claro
que Swain y otros no vieron ninguna separación entre su trabajo médico y evangelístico. Su
manifestación de cuidado amoroso por sus pacientes como individuos, y su mediación del amor de
Dios en Cristo hacia las personas fueron tan importantes como sus conocimientos científicos y
habilidades técnicas. Los escritos y discursos de las mujeres médicos misioneras dejan bien claro que
ellas se consideraban a sí mismas como evangelistas.13
La historia continúa, el movimiento misionero cristiano ha tenido un impacto positivo en cada
continente y continúa haciéndolo de forma aun mayor. Aunque el enfoque básico de muchos de estos
esfuerzos misioneros ha sido llamar a los pueblos a la fe en El, y formar iglesias, los efectos de esos
esfuerzos se han visto extendidos a cada área de la sociedad en los que la iglesia ha sido establecida.
Hay muchas frustraciones y muchas cosas que admirar en los registros, pero sobretodo, el movimiento
cristiano ha traído una medida del cumplimiento de la promesa de Dios, que los descendientes de
Abraham traerían bendición a todas las familias de la tierra.
Las sociedades misioneras y la transformación de la
iglesia
Andrew F. Walls
Es sorprendente cómo las asociaciones voluntarias han atraído tan poca atención en el estudio de la
iglesia del siglo XIX, considerando el gran impacto que causó en el cristianismo de Occidente y en la
transformación del cristianismo mundial que llevó a cabo (a través de la forma especial de la sociedad
13
Beaver, R. Pierce. American Protestant Women in Mission. Grand Rapids, Eerdmans, 1980. P. 135.
misionera). Los orígenes de la sociedad voluntaria moderna radican en los últimos años del siglo XVII.
Su uso empezó durante los siglos XVIII y XIX, desarrolló nuevas formas de influenciar, complementar
y sobrepasar la vida de la Iglesia y el Estado. Dejemos que el misionero norteamericano y estadista
Rufus Anderson describa su progreso. En su artículo escrito en 1837, “The Time for the World’s
1
Conversion Has Come” (El tiempo de la conversión del mundo ha llegado), hace una lista de las
señales de los tiempos que a su parecer anuncian que es el tiempo en que las profecías serán cumplidas
2
y que la tierra será llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar . Algunas de estas
señales tienen relación con el progreso tecnológico; nunca antes la logística de alcance mundial había
sido tan fácil. “No fue sino hasta este siglo que las iglesias evangélicas cristianas han estado realmente
organizadas con la visión de la conversión del mundo”3. Anderson identifica la forma protestante de
organización para este propósito como la asociación de voluntarios:
…lo que observamos en las sociedades misioneras, bíblicas, de tratados y otro tipo, es que no están restringidas a
lo eclesiástico, ni a ninguna profesión, sino que combinan las clases, abarca las masas de la gente; y todos libres,
abiertos y responsables… Son los que aportan las finanzas, los que son la asociación verdadera… los individuos,
iglesias, congregaciones, quienes actúan juntos con libertad, a través de estas agencias con un interés común…
Este forma protestante de asociación—libre, abierta, responsable, que abarca todas las clases, ambos sexos, todas
las edades, las masas de la gente—es peculiar a los tiempos modernos, y casi a nuestra era4.
Anderson reconoce aquí varias características importantes de la asociación de voluntarios: su
carácter instrumental, su origen reciente y su estructura especial. Se diferencia de todas las estructuras
previas en que era abierta en su membresía, que los laicos estaban tan involucrados como los ministros,
y que su organización estaba enraizada en una membresía masiva, quienes se sentían responsables de
ella y contribuían generosamente para sostenerla. Como buen congregacionalista de Nueva Inglaterra
que era, declara que tales asociaciones sólo podrían formarse en los países que tuvieran un gobierno
abierto y responsable, en el que el protestantismo había preparado el camino para la libertad civil; y que
las instalaciones misioneras fueron los beneficiarios de las ampliamente mejoradas comunicaciones por
tierra y del comercio marítimo internacional. Por supuesto, tiene razón, ya que una sociedad de
voluntarios difícilmente hubiera tenido éxito en la España o Nápoles contemporánea; y nos da una pista
que la sociedad misionera, tal como la conocemos, apareció al aprovechar las oportunidades ofrecidas
por un sector del desarrollo político, económico y social de Occidente.
Volvamos a la naturaleza instrumental de la sociedad misionera. Como Anderson lo menciona, en
una asociación voluntaria los individuos, iglesias y congregaciones actúan con libertad unidos a un
propósito de interés común. Es esencialmente una aproximación pragmática, el diseño de un
instrumento para un uso específico. La primeras sociedades religiosas modernas surgieron en
congregaciones de la Iglesia Alta de Londres, a finales del siglo XVII. Surgieron en respuesta a la
predicación de hombres como el alemán Anthony Homeck, quien hizo un llamado a una vida más santa
1
Este folleto ha sido publicado varias veces desde su aparición en Religious Magazine [La revista religiosa],
Boston, 1837–38. Fue recientemente publicado en R. Pierce Beaver, ed., To Advance the Gospel: Selections
From the Writings of Rufus Anderson [Para el avance del Evangelio: Selecciones de los escritos de Rufus
Anderson] (Grand Rapids: Eerdmans, 1967), pp. 59–76, y debido a que esta es la versión más accesible las
referencias que se dan corresponden a ésta.
2
Ibid., P. 61.
3
Ibid., P. 64.
4
Ibid., P. 65.
y devota a las congregaciones. Grupos de personas fervientes se reunieron para orar y leer las
Escrituras, y para visitar a los pobres; otros para “reformar los modales” de la nación reprendiendo la
profanidad y buscando formas de mantener a las prostitutas fuera de la calle5. Estaban buscando una
respuesta práctica a la predicación seria; respondiendo cómo si la pregunta fuera: “¿Qué debemos
hacer?” Encontraron buena cantidad de hostilidad y sospecha—¿por qué cierto grupo de gente se
reunía? ¿Por qué eran las reuniones necesarias? ¿No eran los cultos de la iglesia lo suficientemente
buenos? Contrastados con la época, cualquier reunión seccionaria tomaba la apariencia de descontento
político o eclesiástico. Aún así, las sociedades para el apoyo mutuo en la vida cristiana, o para una
expresión más efectiva de enseñanza cristiana crecieron más y más. Fueron importantes en la
formación espiritual de Juan Wesley, y esencial en el desarrollo de su trabajo6. Mientras que aquellos
hombres de la iglesia (relativamente pocos) pensaban seriamente acerca de la evangelización fuera de
la esfera normal de la iglesia, se dieron cuenta que no se podría hacer nada sin una nueva estructura: de
ahí la fundación de la ‘Sociedad para proveer el conocimiento cristiano’ (SPCK) y la ‘Sociedad para la
propagación del Evangelio’ (SPG). Estas no fueron sociedades de voluntarios en todo el sentido de la
palabra; tenían capítulos en el Parlamento, y de forma cuidadosa se vinculaba su liderazgo con los
7
obispos de la Iglesia de Inglaterra . Como resultado, las cosas que pudieron hacer bien fueron
mayormente las que la Iglesia siempre había hecho: esto es, ordenar y equipar al clero. Las sociedades
habilitaron a estos clérigos para ser enviados al extranjero, mayormente a América, en donde trabajaron
para rescatar a colonos ingleses del Presbiterianismo y demás corrientes. La visión de una esfera
misionera más amplia captada por algunos de los fundadores no se realizó sino hasta bien entrado el
siglo XIX, y hasta un obispo de Londres, ansioso por ver tal empresa iniciada por las sociedades, se
encontró totalmente frustrado8.
5
Ver a W.K. Lowther Clarke, Eighteenth Century Piety [Piedad en el siglo XVIII] (Londres: SPCK, 1946); N. Sykes,
Edmund Gibson, Bishop of London 1669–1748: A Study of Politics and Religion in the Eighteenth Century
[Estudio de política y religión en el siglo XVIII] (Londres: Oxford University Press, 1926).
6
Ver, e.g., J. S. Simon, John Wesley and the Religious Societies [Juan Wesley y las sociedades religiosas]
(Londres: Epworth, 1921), y John Wesley and the Methodist Societies [Juan Wesley y las sociedades metodistas]
(Londres, 1923).
7
Ver W. K. Lowther Clarke, A History of the S.P.C.K. [Historia de la S.P.C.C.] (Londres:SPCK, 1959); y H.P.
Thompson, Into All Lands: The History of the Society for the Propagation of the Gospel 1701–1750 [A todas las
tierras: La historia de la Sociedad para la propagación del Evangelio 1701–1750] (Londres: SPCK, 1951). Es
significativo que la primera sección de Thompson después de su registro de los orígenes de la SPE trata con
“The American Colonies 1701–1783” [La colonias americanas 1701–1783] y las primeras cuatro secciones de
“The Years of Awakening, 1783–1851” [Los años del avivamiento, 1783–1851] con el escenario en casa y en
Canadá. Las tareas principales de la SPE fueron con los colonos ingleses. Thomas Bray, el espíritu movilizador
en su formación, tenía una vision más amplia (veáse Thompson, P. 17); pero en la práctica hombres como
Thomas Thompson (véase Thompson, Págs. 67 y ss.), un capellán en Maryland quien viajó a África Occidental
en la década de 1750 para visitar el lugar de origen de los esclavos de las plantaciones, eran raros. El joven Juan
Wesley esperaba predicar a los Indios americanos cuando se hizo misionero en Georgia; de hecho pudo ver
muy poco de ellos.
8
Véase G. D. McKelvie, The Development of Official Anglican Interest in World Mission 1788–1809, with
Special Reference to Bishop Beilby Porteus [El desarrollo del interés oficial de los anglicanos en las misiones
Las estructuras de la iglesia sólo podían hacer lo que siempre habían hecho; un nuevo concepto
necesitaba un instrumento nuevo. El título del folleto del seminario de Guillermo Carey en 1792 es por
sí mismo elocuente. Él le llama “Una investigación sobre las obligaciones de los cristianos para usar
los medios para la conversión de los perdidos, en la que el estado religioso de las diferentes naciones
9
del mundo, el éxito de empresas anteriores y la practicidad de próximas empresas son consideradas” .
Las palabras claves son “la obligación para usar los medios”. Hay teología en el folleto de Carey, y
también hay historia y demografía; pero en el corazón de éste está la responsabilidad de los cristianos y
los medios para buscar el instrumento apropiado para completar la tarea que Dios les ha encargado.
En la parte final de la investigación, habiendo establecido la obligación de los cristianos, trazado la
historia de los intentos anteriores para realizar la tarea, indicado el alcance en el mundo contemporáneo
de entonces, y haber demolido los argumentos para decidir que el cumplimiento sería imposible, Carey
busca identificar los medios apropiados. El primero de ellos es la oración apropiada, “Las obras de
gracia más gloriosas que jamás se llevaron a cabo han sido en respuesta a la oración, y de esta manera
tenemos la principal razón para suponer que el glorioso derramamiento del Espíritu que esperamos
finalmente será otorgado”10. Está escribiendo en el contexto de un movimiento hacia la oración
constante que había sido encendido a través de las lecturas de el llamado de Jonatán Edwards para un
“concierto de oración” cuarenta años atrás11. Edwards mismo había sido dirigido a hacer este llamado
al darse cuenta de los grupos de jóvenes que se empezaron a reunir para orar después del avivamiento
12
en Cambuslang en el oeste de Escocia en 1742 . Carey continúa con una ilustración de sus argumentos
de la oración unida como un medio eficiente. Desde que las reuniones de oración mensuales se habían
iniciado en el círculo de la iglesia bautista de Midland, “fueron casuales y débiles, pero creemos que
Dios ha escuchado y en cierta medida ha respondido”. La primera evidencia es que las iglesias que
participaron habían crecido en general. No hay la idea de hacer distinción entre la misión local e
internacional aquí—los que están orando por “el crecimiento del reino de Cristo” estarán preocupados
13
por ambos .
Otra evidencia es la clarificación de los temas que por tiempo han dividido y dejado perpleja a la
iglesia, y las oportunidades para predicar el evangelio en lugares poco habituales. Hasta más
oportunidades se podrían esperar de “el esparcimiento de las libertades civiles y religiosas,
mundiales, 1788–1809, con referencia especial al Obispo Beilby Porteus] Tésis doctoral (Universidad de
Aberdeen, 1984).
9
Publicado en Leicester en 1792, y reimpreso en varias ocasiones. Una edición facsímil con la introducción por
E. A. Payne fue publicada por Carey Kingsgate Press (Londres, 1961).
10
Carey, An Enquiry [Una investigación], Págs. 78 y ss.
11
An Humble Attempt to Promote Explicit Agreement and Visible Union of God’s People in Extraordinary
Prayer for the Revival of Religion and the Advancement of Christ’s Kingdom on Earth, Pursuant to Scripture—
Promises and Prophecies Concerning the Last Time [Un humilde intento para promover un acuerdo explícito y
la unión visible del pueblo de Dios en la oración extraordinaria para el avivamiento de la religion y el avance del
reino de Cristo sobre la tierra, conforme a las Escrituras—promesas y profecías concernientes a los últimos
tiempos (Boston, 1747).
12
A. Fawcett, The Cambuslang Revival: The Scottish Evangelical Revival of the Eighteenth Century [El
avivamiento de Cambuslang: El avivamiento evangélico escocés del siglo XVIII] (Londres: Banner of Truth,
1971).
13
Carey, P. 79.
acompañadas de una disminución del espíritu papista”. Disidentes ingleses como Carey no tuvieron
miedo de orar por el desarrollo de las libertades civiles y religiosas, y algunos de ellos vieron en la
Revolución francesa aspectos que hicieron temblar el poder del anticristo. De hecho, una de las
objeciones levantadas contra misiones en la Asamblea General de la iglesia escocesa y en muchas
partes, fue su asociación con estas personas, quienes se creía que tenían fines revolucionarios bajo su
manto de “libertad civil y religiosa”. De esta manera, Carey se regocija en el primer intento del
Parlamento para “abolir el comercio inhumano de esclavos”, y espera que persevere; y en el
establecimiento de la colonia libre de Sierra Leona14.
Entonces, ¿qué puede uno ver desde un intento modesto de unir a varios grupos con un propósito
común en oración? ¿Avivamiento en las iglesias, entendimiento teológico más claro, nuevas aperturas
para la evangelización, la Revolución Francesa, la acometida al comercio de esclavos, una estación
cristiana en África Occidental? Estas, dice Carey, “no deben ser consideradas cosas pequeñas”. Él no
ve incongruencia alguna en unificar eventos en su propio círculo de iglesias bautistas y los sucesos en
los grandes movimientos del tiempo. Dios obra en ambos y:
Si una solicitud santa ha prevalecido en todas las asambleas de cristianos en pro del reino de su Redentor,
probablemente hemos visto parcialmente hasta hoy, no sólo una puerta abierta para el evangelio, sino muchos
corriendo hacia él, y el conocimiento aumentado; o el uso diligente de los medios que la providencia ha puesto
en nuestro poder, acompañado de una bendición más grande que lo normal desde el cielo15.
La oración puede ser la única cosa que los cristianos de toda denominación pueden hacer juntos sin
reservas, añade; pero no debemos omitir seguir la búsqueda del uso de los medios para obtener lo que
estamos pidiendo en oración. Después toma una analogía del mundo comercial contemporáneo.
Cuando una empresa comercial ha obtenido su cédula, los promotores irán hasta los límites para echar
a andar la empresa. Escogen su mercancía, barcos y tripulaciones con mucho cuidado; buscan en cada
detalle de información útil. Pasan por peligros en el mar, enfrentan climas y gentes hostiles, toman
riesgos y pagan por ello en ansiedad, porque sus mentes están fijadas en el éxito. Su interés está
involucrado, ¿no está el interés de los cristianos en extender el reino del Mesías? Así llega a su
propuesta:
Supongamos que una compañía de cristianos serios, ministros y personas seculares, se unieran en una sociedad y
hacen una serie de normas con respecto a la regulación del plan y las personas que van a ser contratadas como
misioneros, los medios de sufragar los gastos, etc., etc. Esta sociedad debe estar formada por personas cuyos
corazones estén en el trabajo, hombres de religión entregados y con un espíritu de perseverancia; debe haber una
determinación para no admitir a ninguna persona que no llene esta descripción, o para retenerlo más tiempo que
el necesario16.
De los miembros de esta sociedad, un comité puede ser nombrado para recopilar información—
como en la empresa comercial—reunir fondos, reclutar posibles misioneros y capacitarlos para su
trabajo. Todo esto suena muy trillado hoy día, porque estamos acostumbrados a la parafernalia de los
comités y consejos de referencias, y suscripciones y donaciones. Es difícil recordar que para el
cristiano normal del siglo XVIII no estaba acostumbrado a ninguna de estas cosas. La mayoría de los
cristianos pensaban solamente en términos de su propia parroquia local, con su ministro asignado o, si
eran disidentes ingleses o escoceses sediciosos, en términos de una congregación que llamaba a su
14
Ibid., Págs. 79–80.
Ibid., P. 80.
16
Ibid., Págs. 82–83.
15
ministros. La sociedad “instrumental”, la asociación voluntaria de cristianos unidos para alcanzar un
objetivo en común, estaba todavía en su período infantil. Es significativo que Carey—un hombre de
provincia y de nivel humilde—toma su analogía del comercio; ya que organizar una sociedad es algo
así como echar a andar una empresa. Él está buscando el medio apropiado para realizar una tarea que
no puede ser llevada a cabo por la maquinaria normal de la Iglesia. Podríamos tomar las otras
sociedades misioneras una por una; sea la Sociedad Misionera de la Iglesia (CMS), formada por los
sostenedores evangélicos de la Iglesia de Inglaterra establecida. O la Sociedad Misionera de Londres
(LMS), sostenida de manera entusiasta por disidentes ingleses, o varias de las empresas en Escocia.
Todas ellas son igualmente pragmáticas en sus orígenes. El simple hecho era que la iglesia, tal como
estaba organizada, ya sea episcopal, presbiteriana o congregacional, no podía llevar a cabo la misión en
el extranjero de manera efectiva. Los cristianos deberían en conformidad “usar los medios” para
realizarla.
Nunca hubo una teología de la sociedad de voluntarios. Dicha sociedad es una de las bromas
teológicas de Dios, por medio de la cual Él se ríe tiernamente de Su pueblo cuando se toman tan en
serio a sí mismos. Los hombres de altos principios teológicos o eclesiásticos fueron con frecuencia los
enemigos del movimiento misionero. Cuando (o más bien, si) el anciano Ryland espetó a Carey,
“joven, siéntese; cuando Dios quiera convertir a los perdidos, Él lo hará sin su ayuda o la mía” (una de
esas historias que seguramente no es verdad, pero que debería ser verdad), estaba simplemente
expresando la doctrina protestante normal formulada un siglo antes como apologética en contra de los
católico-romanos. Cuando éstos señalaron a la propagación de la fe en las Américas, en África y en
Asia durante el siglo XVII, le preguntaron a los protestantes: “¿Dónde están vuestros misioneros?”
había una respuesta teológica aceptada. Empezaba con el bien conocido argumento protestante que el
don apostólico fue dado una sola vez. Por lo tanto, el mandato “Id por todo el mundo…” fue dado por
el Señor a los apóstoles, y ese mandato fue cumplido en los días de los apóstoles. Tomarlo para uno
mismo con el fin de cumplirlo era presuntuoso y carnal; era como tomar para sí el lugar del apóstol, el
mismísimo error del Papa. Carey no tuvo dificultad alguna en reducir este argumento a algo absurdo.
Preguntó a sus colegas bautistas, ¿dónde encontramos justificación para bautizar—no es esto una
17
responsabilidad apostólica? La Sociedad Misionera de la Iglesia (anglicana) fue iniciada por la
insistencia de pragmáticos devotos tales como Juan Venn y Carlos Simeon. Tuvieron dificultades con
algunos de sus hermanos más apegados a la doctrina evangélica quienes temían que el Libro de
oraciones anglicanas fuera dejado de lado en el campo misionero. Por otra parte, muchos eclesiásticos
irlandeses se refirieron a la Sociedad como una distracción del trabajo “verdadero” de combatir a
Roma.
Segunda parte
La sociedad de voluntarios podría haber tenido un desarrollo no teológico, sin embargo sí tuvo
inmensas implicaciones teológicas. Surgió debido a que ninguno de los modelos clásicos de gobierno
eclesiástico, sea episcopal, presbiteriano o congregacionalista, o una mezcla de éstos, tenían una
maquinaria (en sus modelos del siglo XVIII) para realizar la tarea por la que las sociedades misioneras
surgieron. Debido a su éxito, la sociedad de voluntarios trastornó todas las formas clásicas de gobierno
eclesiástico, al mismo tiempo que no encajaba en ninguno de ellos. Para apreciar esto tenemos que
recordar cuán fijos e inmutables estas formas parecían a los hombres del siglo XVIII. Habían sido
17
Ibid., Págs. 8 y ss.
discutidas por siglos, cada una con base en las Escrituras y la razón—y continuaban estas tres formas
poniendo a los cristianos en clases y en categorías evidentes. La gente se había desgastado por causa de
mantener la pureza en estas formas, había derramado sangre por ellas, y en ocasiones habían estado
dispuestos a derramar la sangre de otros por ellas. Y de repente se hizo claro que había cosas—y no
cosas pequeñas, sino cosas grandes, como la evangelización del mundo—las cuales estaban por encima
de las capacidades de estos espléndidos sistemas de la verdad del evangelio. La realidad quita algo de
la rigidez del nervio teológico. El siguiente comentario es de Carey:
Si hay alguna razón para tener esperanza de influenciar a mis hermanos y compañeros cristianos, probablemente
será entre aquellos de mi denominación… no quiero decir con esto, de ninguna manera que hay que confinarlo a
una sola denominación de cristianos. Deseo con todo mi corazón que todo aquel que ame a nuestro Señor
Jesucristo sinceramente, de alguna manera o de otra se involucre. Pero en el estado presente de cristianismo
dividido, sería mejor hacerlo cada denominación por separado, que si lo hicieran en conjunto. Hay espacio
suficiente para todos nosotros… y si no tenemos ninguna interferencia de enemistad, cada denominación debe
dar muestra de buena voluntad hacia las otras y desear, y orar para que tenga éxito… pero si estamos todos
mezclados, es muy probable que sus desacuerdos privados podrían… retrasar el uso público de ellos18.
Las razones de Carey para basar la misión denominacionalmente son entonces totalmente
pragmáticas. No tiene ninguna objeción teológica para una misión unida; de hecho, invita a todos los
cristianos a que se unan a esta tarea. Pero para formar una sociedad se debe empezar en donde estás,
con gente que ya forman un núcleo, con gente que ya tiene cohesión, confianza mutua y comunión.
Para que no entre la sospecha y la falta de confianza, las cuales condenarían el futuro de la Sociedad.
Por supuesto que era posible iniciar desde la misma premisa teológica ecuménica de Carey y alcanzar
una conclusión diferente sobre la base de la sociedad misionera. Y así pasó con los fundadores de la
Sociedad misionera, llamada así porque se esperaba que incluyera a todos los hombres de buena
voluntad, sean episcopales, presbiterianos o congregacionalistas. Sin embargo, al aparecer otras
sociedades, pronto se convirtió en la Sociedad Misionera de Londres. En su inauguración, uno de los
predicadores dijo: “Estamos aquí reunidos en un acuerdo para presenciar el funeral del fanatismo…
casi podría agregar, maldito el hombre que intente levantarlo de su tumba”19. Como testimonio a esto
los fundadores redactaron lo que ellos designaron como el “principio fundamental”:
Nuestro diseño no es el de enviar el presbiterianismo, o episcopal o independentista, o cualquier otra forma de
gobierno eclesiástico (sobre la que puede haber diferencias de opinión entre personas serias), sino el glorioso
Evangelio del bendito Dios a los paganos: y que se debe dejar (como debió haberse hecho) a las mentes de las
personas a quien Dios pudiera llamar a la comunión de Su Hijo de entre ellos, para asumir ellos mismos el tipo
de gobierno eclesiástico, el cual a ellos les parezca más apegado a la Palabra de Dios20.
Sería posible argumentar que este principio fundamental era de hecho congregacionalista,
especialmente la frase entre paréntesis “como debió haberse hecho”; y uno podría ir más allá para dar
esto como la razón del por qué la LMS se hizo substancialmente, aunque nunca de nombre o
completamente, una sociedad apoyada por los congregacionales. Sin embargo es mucho más
importante resaltar que la fundación de la LMS demuestra hacia finales del siglo XVIII, algo que
hubiera sido inconcebible en sus inicios: un terreno común para la acción de episcopales y
18
Ibid., P. 84.
David Bogue. El sermon está resumido y citado en R. Lovett, The History of the London Missionary Society
1795–1895 [La historia de la Sociedad misionera de Londres 1795–1895] (Londres: Oxford University Press,
1899), 1:55f.
20
Lovett, History [Historia], P.21f.
19
presbiterianos, independientes y metodistas. El terreno común es una sociedad, un medio común para la
gente que empieza desde bases diferentes pero con un propósito común.
La sociedad se convierte en el vehículo para el espíritu católico. No es la fuente de este espíritu,
sino un producto de él y el medio para expresarlo. Carey propone una sociedad denominacional por
razones ecuménicas; los padres de la Sociedad Misionera de Londres producen una sociedad no
denominacional por razones similares. Pero en esos días, los eclesiásticos y los disidentes podrían
encontrarse en la mesa de la cena, o en la casa del café y hablar, pero no había medios para que
actuaran juntos hasta que fueron provistos por medio de la sociedad de voluntarios. Pero el desafío de
la sociedad a las estructuras tradicionales fue aún más profundo, y fueron las sociedades misioneras las
que presentaron este desafío más agudamente. Fueron creadas para la extensión del Evangelio; lo cual
era una de las razones por las que las parroquias y congregaciones existían en principio. Pero no eran
parroquias ni congregaciones y funcionaban de manera diferente. No podrían ser digeridas por ninguno
de los sistemas clásicos a los que las parroquias y congregaciones estaban unidos—aun cuando las
sociedades fueran explícitamente denominacionales.
Un nuevo tipo de gobierno eclesiástico se estaba desarrollando al lado del viejo, adherido como
parásito a formas que habían parecido ser permanentes, y discutidas hasta que no había más que decir.
No es de sorprendernos entonces, que a lo largo del siglo XIX las sociedades se multiplicaron para
atacar abusos sociales específicos o para llenar necesidades sociales especiales. Ni tampoco es
sorprendente que en el amanecer del avivamiento de 1859, un nuevo grupo de sociedades misioneras
surgiera. Muchas reviviendo la vieja esperanza de una estructura no denominacional para todos los de
buena voluntad; ni que este mismo periodo viera muchas nuevas sociedades para aspectos de la misión
local y la evangelización de sectores que no estaban siendo cubiertos por la maquinaria normal de la
iglesia.
Tercera parte
Según Anderson, una parte del significado especial de la sociedad de voluntarios es que no está
restringida a lo eclesiástico. Esto señala otro rumbo en el que la sociedad de voluntarios trastornó las
viejas estructuras eclesiásticas: alteró su base de poder. Fue la sociedad voluntaria la que primero dio a
los laicos (con excepción de unos pocos que ocupaban algún puesto del estado) un significado por
encima del nivel parroquial o congregacional. Conforme las sociedades se desarrollaron, las personas,
ya sea clérigos o laicos, quienes no habían tenido ninguna participación significativa en sus iglesias,
llegaron a ser de gran significado en las sociedades. Esto está muy bien ilustrado en la historia de la
Sociedad Misionera de la Iglesia. La SMI fue iniciada por un grupo de clérigos sin ningún significado.
Eran un puñado de ministros de Londres, algunos de ellos ni siquiera beneficiados, un compañero de
Cambridge College, unos pocos del campo—ningún obispo, o decano, o arcediano entre ellos. Desde el
punto de vista de influencia, su único fuerte era que tenían el apoyo de algunos laicos notables,
miembros prominentes del Parlamento como William Wilberforce y Henry Thornton, quienes
funcionarían como excelentes vicepresidentes o tesoreros. Y de hecho, cuando se hace necesario hablar
al Arzobispo de Canterbury sobre la Sociedad, el laico Wilberforce tiene que hacerlo. No hay otro
21
clérigo en el grupo con suficiente peso para hablarle a un arzobispo . Pero en todo el siglo XIX, ¿qué
arzobispo tuvo a un obispo más importante y extenso que Henry Venn? Venn, quien fue secretario de la
21
Ver Michale Hennell, John Venn and the Clapham Sect [Juan Venn y la secta Clapham] (Londres: Lutterworth,
1958), cap. 5.
SMI durante treinta años, nunca tuvo más que una pequeña prebenda en la iglesia, pero ningún obispo
tuvo tan grande diócesis. Pocos tuvieron tantos clérigos y ninguno tuvo tanta influencia directa sobre su
clerecía22. Algunos de sus antecesores y sucesores fueron laicos, el más conocido es Dandeson Coates.
Con el avance del siglo, aun más manifestaciones dramáticas se desarrollaron. Personal médico y de
otras especialidades en algunas sociedades vinieron a tomar puestos ejecutivos, los cuales en algún
momento se consideraron sólo ámbito de los ministros y teólogos. Después llegaron las mujeres para
tomar lugares en el liderazgo y la organización de las sociedades, muchísimo antes que pudieran
hacerlo en cualquier otra área de forma decente. La Sra. Grattan Guinness fue no sólo una
patrocinadora, una especie de baronesa Burdett Coutts santificada, sino una animadora, una motivadora
y una organizadora. La visión de la necesidad que llevó a formar la Misión a los leprosos (hoy día
Leprosy Mission) vino a través del misionero Wellesley Bailey, pero la organizadora y el enfoque fue
de la formidable Srta. Pym de Dublín. De esta manera se llevó a cabo otra revolución silenciosa dentro
de la iglesia; y sólo porque la sociedad nunca pudo ser apropiadamente asimilada dentro de los sistemas
de la iglesia, nadie levantó dificultades sobre la ordenación de las mujeres, o por estar silenciosas
dentro de la iglesia. Si la sociedad de voluntarios era una de las bromas teológicas del Señor, las
estructuras sublimes del gobierno eclesiástico, santificadas por siglos de exposición doctrinal y
asfixiadas por polémica divina, se había convertido hacia finales del siglo XIX en el escenario de una
comedia graciosa.
Cuarta parte
Anderson habla también de la sociedad de voluntarios “abarcando las masas de gente”. Esto apunta a
otra característica vital de la sociedad. Dependía para su existencia de participación regular; desarrolló
medios para obtener participación al nivel local. Las propuestas de Carey fueron aplicadas desde la
base de un pequeño grupo de bautistas en las tierras centrales de Inglaterra, quienes se conocían uno al
otro bastante bien. La LMS fue un asunto más grande, en parte debido a sus patrocinadores, hombres
como David Bogue y George Burder, eran más eminentes en sus denominaciones que lo que fue Carey
en la suya. Aun así, para ser coherente y dinámica dependía de grupos de personas comprometidas en
ciertas áreas, especialmente en Londres y Warwickshire. La Sociedad Misionera de la Iglesia sirve
como la mejor ilustración para esto. Empezó como resultado de una discusión en una reunión de
ministros, y por mucho tiempo fue un conjunto de ministros que se reunían en Londres y se
correspondían con sus amigos evangélicos por todo el país. Durante quince años apenas pudo conseguir
candidatos desde la Gran Bretaña. Casi todos sus candidatos venían de Alemania, como resultado de la
23
correspondencia con las sociedades misioneras continentales . Desde 1814, la situación empezó a
cambiar lentamente, y una razón seguramente fue que la SMI había puesto en práctica una nueva forma
de organización, cuyos pioneros habían sido los de la Sociedad Bíblica: una red de asociaciones
auxiliares organizadas localmente. Asociaciones misioneras de iglesias locales podrían variar desde
ciudades grandes como Bristol, donde podrían ser apoyadas por figuras civiles y nobles prominentes,
hasta parroquias pequeñas rurales u otras unidades naturales (existió, por ejemplo, una Asociación de
Damas de Cambridge desde 1814, antes que hubiera cualquier asociación general en la ciudad o en la
universidad). La SMI fue transformada. Dejó de ser un comité de clérigos que se reunían en Londres; y
22
Véase W. R. Shenk, Henry Venn, Missionary Stateman [Henry Venn, Estadista y misionero] (Maryknoll, N.Y.:
Orbis Books, 1983).
23
Sobre el reclutamiento inicial de misioneros, ver el cap. 12 de este volumen, “Missionary Vocation and the
Ministry” [Vocación misionera y el ministerio].
se convirtió en un grupo de personas que se reunían para saber las últimas noticias de la India o de
África Occidental, y en ávidos lectores de las revistas misioneras. Su contacto ya no era la distinguida y
distante secretaria, sino el recolector en la parroquia que pasaba recogiendo—quizás sólo un penique
por semana de algunos—y promoviendo la venta de la revista “Missionary Register” (El Registro
Misionero). Personas de las posiciones e ingresos más modestos se convirtieron en donantes,
sostenedores del trabajo de ultramar, se sintieron parte de ello. Y el modelo de reclutamiento de la
sociedad cambió. Empezó a recibir ofertas para servicio misionero desde dentro del país. Y esto en el
tiempo en que el trabajo misionero empezaba a ser visiblemente peligroso, cuando la mortalidad
misionera en algunos campos estaba en su nivel máximo. La razón debe estar relacionada al desarrollo
por el que la sociedad estaba enraizada localmente entre los cristianos de todo el país. La sociedad
tomó una personificación local, desarrolló una gama amplia de participantes y dio lugar para el
entusiasmo y el compromiso laico.
Quinta parte
La parte que las revistas misioneras hicieron en este proceso todavía no ha recibido la atención
suficiente de los eruditos. Las sociedades de voluntarios, y las sociedades misioneras en particular,
crearon un nuevo público lector y lo usaron para sensibilizar la opinión pública. Las raíces del proceso
están en el movimiento de la abolición del comercio de esclavos, el cual fue promovido, por supuesto,
por muchas personas que activamente sostenían las sociedades misioneras. La abolición del comercio
de esclavos fue quizás la primera victoria ganada por los métodos modernos de propaganda, por el uso
de los medios para educar y movilizar la opinión pública. Las sociedades misioneras gradualmente
tomaron este mismo papel. El año 1812 vio el nacimiento de la primera de las grandes revistas
misioneras, Missionary Register (Registro Misionero). El Registro imprimió noticias de todo el mundo
y, en el espíritu católico del esfuerzo misionero, de todas las agencias. Fue leído con avidez por todo el
país. La circulación de tales revistas fue mucho más amplia que la de otros periódicos de prestigio
como el Edimburgh Review y el Quaterly Review, los cuales eran enviados a las bibliotecas de las casas
de campo de la clase media. La revista misionera alcanzó a la gente que nunca antes habían sido
lectores de periódicos. Las revistas ayudaron a formar opinión, desarrollaron imágenes y cuadros
mentales, construyeron actitudes. Su efecto en libros populares del siglo XIX fue considerable. El
lector medio del Missionary Register o de otras revistas misioneras sabía exactamente lo que el
gobierno inglés debía hacer respecto al impuesto del templo en Bengal, o acerca del sati de las viudas
hindúes, o el comercio del opio, o la venta de esclavos. Y se produjo un público lector, un lectorado
preocupado e informado sobre el mundo exterior, más allá de sus fronteras, como quizás ningún otro
grupo en el país.
Un ejemplo debe ser suficiente. A mediados de ese siglo, la SMI se involucró con una de las
primeras iglesias modernas en el interior de África, en el estado de Egba de Abeokuta, en Yorubaland.
Cuando los egba estaban en peligro de ser oprimidos por el reino de Dahomey y los intereses del
comercio de esclavos, la SMI usó su influencia en los círculos del gobierno para ganar moral y un
grado de apoyo logístico para los egba24. El gran ejército de los dahomianos se retiró y Henry Vann
observó una satisfacción general en Inglaterra, “desde los ministros del gobierno de su Majestad al
24
S. O. Biobaku, The Egba and Their Neighbors 1842–72 [Los egba y sus vecinos 1842–72] (Oxford: Clarendon
Press, 1957); véase J. F. Ade Ajayei, Christian Missions in Nigeria 1841–1891: The Making of a New Elite
[Misiones cristianas en Nigeria 1841–1891: El nacimiento de una nueva elite] (Londres: Longmans, 1965), Págs.
71–73.
humilde recolector de un penique a la semana”. No estaba exagerando, los ministros de su Majestad
habían actuado debido a las evidencias demostradas por la sociedad misionera, y un sinnúmero de
recolectores de peniques a la semana siguieron los sucesos en África conteniendo la respiración y
dieron gracias junto con los misioneros por la liberación de Abeokuta y su iglesia. Sin embargo,
¿cuánta gente en Inglaterra en la década de 1850 hubiera oído de Abeokuta, o hubieran podido saber la
diferencia entre el rey de Dahomey y la reina de Sabá? La mayoría de los que sabían la respuesta,
habían obtenido el conocimiento a través de la ventana al mundo que proveían las revistas misioneras.
Sexta parte
Los últimos años del siglo XIX vieron el desarrollo de una multitud de nuevas sociedades misioneras,
muchas de ellas pertenecientes a la nueva categoría de “misiones de fe”, de las cuales la Misión al
Interior de la China fue pionera y prototipo. Representan el desarrollo de la sociedad de voluntarios en
vez de una desviación totalmente nueva. Personifican y llevan a su conclusión lógica los principios que
ya estaban presentes en las sociedades anteriores. De alguna manera representan un movimiento de
reforma, regresando a los principios básicos; un poco como el de los cistercienses y los cartujos que
reafirmaron el ideal benedictino cuando pensaron que “engordó Jesurún y tiró coces” (Deut. 32:15).
Continuaron el efecto revolucionario de la sociedad de voluntarios dentro de la iglesia, ayudando al
declericalismo, dando nuevo espacio a los dones y energía de las mujeres, añadiendo una dimensión
internacional que casi ninguna iglesia, creciendo de la manera que lo hacían dentro del ámbito
nacional, tenía los medios para expresarla. Después de la era de la sociedad de voluntarios, la Iglesia de
Occidente no volvería ser la misma.
La sociedad misionera fue ejemplo del uso de los medios para un propósito específico, como Carey
lo indicó. El propósito original fue lo que Carey llamó “la conversión de los paganos”. El propósito de
ambas, las sociedades antiguas y nuevas, fue esencialmente evangelístico. Tal como fue formulada, la
teoría era que cuando la iglesia fuera fundada la misión avanzaría. En la práctica no fue así, quizás no
podría ser así. Al aparecer nuevas iglesias, la sociedad permaneció como el canal natural de
comunicación, por medio del cual fluía ayuda, personal, dinero, materiales, especialidad técnica. Las
sociedades, como hemos visto, desarrollaron otros papeles como educadores de la iglesia y del público,
como conciencia para la gente y los gobiernos. Todas estas funciones ya estaban establecidas en las
sociedades misioneras antes de 1830, y continúan ahí.
Pero ni los temores de los eclesiásticos del siglo XIX, ni las esperanzas de los misioneros de ese
mismo siglo concibieron la situación tan rápida en la que africanos, asiáticos y latinoamericanos
llegarían a formar la mayoría de los cristianos, y que sobre ellos pronto caería la responsabilidad
principal de la evangelización del mundo. Un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia ha surgido, no
del fracaso del movimiento misionero, sino de su éxito. Podría ser apropiado hoy día reexaminar la
“obligación para el uso de los medios”, y el propósito hacia el cual enfocamos nuestros “medios”.
Sociedades establecidas con un propósito evangelístico podrían producir conexiones bilaterales, de tal
manera que las iglesias formadas por el resultado de “nuestro” trabajo, tengan relaciones sólo con
“nosotros”. ¿Es ésta la medida de la plenitud del cuerpo de Cristo? Y tales relaciones fácilmente se
tornan a ser dominadas por quien provee las finanzas; es difícil mantener relaciones de igualdad cuando
el tema central de conversación es el dinero. Y las sociedades fueron diseñadas para la circulación en
un solo sentido; todas las suposiciones fueron que una parte proveería las finanzas y la otra las
recibiría. Hoy día, nuestra necesidad desesperante en Occidente es estar dispuestos a recibir, y también
tenemos la “obligación para el uso de los medios” para compartir todos los regalos que Dios le ha dado
a Su pueblo.
La sociedad de voluntarios, y en su forma especial de sociedad misionera, surgió en un período
particular de desarrollo social, político y económico en Occidente y fue conformada por dicho período.
Fue usado providencialmente por el propósito de Dios de redimir al mundo. Pero como Rufus
Anderson observó hace mucho tiempo, no fue sino la forma occidental y moderna de un movimiento
que ha reaparecido periódicamente desde los períodos iniciales de la historia del Cristianismo. En un
sentido, los monasterios fueron sociedades de voluntarios, y “fue por medio de tales asociaciones que
25
el Evangelio fue originalmente propagado entre nuestros antepasados y por toda Europa” . De época
en época se hace necesario usar nuevos medios para la proclamación del Evangelio más allá de las
estructuras que indebidamente lo orientan. Algunos han tomado la palabra “sodalidad” más allá de su
uso especial en prácticas católicas para significar el “uso de los medios” por los cuales grupos
voluntariamente constituidos trabajan juntos para propósitos evangelísticos específicos. Las sociedades
de voluntarios han sido tan revolucionarias en su efecto del mismo modo que los monasterios lo fueron
en su tiempo. Las sodalidades que ahora necesitamos podrían ser igualmente inquietantes.
La expansión secuencial del Cristianismo en el siglo XXI:
Adornando el tabernáculo con oro del sur
Andrew Walls1
Es un gran honor y un privilegio haber sido invitado para estar con ustedes. Desde hace mucho tiempo
tengo una gran admiración por el trabajo que Wycliffe y sus organizaciones aliadas están haciendo en
diferentes partes del mundo. Como alguien que se preocupa por el buen desarrollo de la teología
cristiana, pienso que no hay mayor tema teológico en este momento, que aquél que enfrentan los
traductores bíblicos. Las ideas y pensamientos cristianos en lengua materna son cruciales para el futuro
de la fe cristiana.
La etnia maorí de Nueva Zelanda—al igual que para otros pueblos de la Polinesia—hablan del
futuro como si éste estuviera detrás de nosotros. No podemos verlo. El pasado es aquello que está
delante de nosotros: podemos verlo extenderse delante de nosotros, el más reciente con mayor claridad
y el más distante como desvaneciéndose en el horizonte. Conforme nos enfocamos a un tópico como el
que me ha sido asignado, es sabio recordar que el futuro está detrás de nosotros. A pesar del tema, que
habla del evangelio en el siglo XXI, no puedo decir lo que ese siglo deparará a la fe cristiana o decir lo
que podrá ocurrirle a la Iglesia de Cristo. Lo que podemos hacer es mirar al pasado delante y ver lo que
él nos sugiere del camino que hemos recorrido, y tal vez leer entre líneas, como en un croquis, el lugar
al cual hemos sido traídos. Esto nos dará algunas pistas de lo que podemos esperar en los días porvenir.
Tal vez por ello gran parte de la Biblia consiste en historia.
Por lo tanto, me gustaría intentar tres generalizaciones acerca de la historia cristiana. Las cuales
nos enseñarán algo sobre aquello que llamaré la demografía cristiana. Esto puede darnos algunas pistas
para localizarnos nosotros mismos para la obra del evangelio en el presente punto en la historia
cristiana a donde hemos llegado.
25
1
Beaver, P. 64.
Texto editado de una conferencia del profesor Andrew Walls proferida en junio de 2002 en la Sociedad
Internacional de Lingüística/Asociación Wycliffe, en Florida, Estados Unidos. Con permiso.
1 El Cristianismo se expande secuencialmente
La primera generalización es acerca de la naturaleza de la expansión del Cristianismo. Esta no es
progresiva sino secuencial. Tal vez podemos entender esto mejor al comparar las historias del
Cristianismo y del Islam. Las dos religiones hacen un llamado de lealtad a todo el mundo, y ambas han
tenido éxito, estableciéndose entre los pueblos de diferentes culturas y diferentes áreas geográficas.
Pero el Islam ha sido mucho más exitoso que el Cristianismo en mantener esa lealtad a través del
tiempo. Las tierras convertidas al Islam, hablando de manera general (hay excepciones), han
permanecido musulmanas a través del tiempo. Arabia es ahora tan total y axiomáticamente musulmana,
que se nos hace difícil recordar que el Yemen fue una vez un reino cristiano.
De manera contrastante, Jerusalén, la iglesia madre de todos nosotros, no puede inclusive reclamar
una historia cristiana ininterrumpida y mucho menos de control dominante. Consideremos a Egipto,
Siria, o Túnez: países donde una vez lucían las iglesias que dirigieron el Cristianismo mundial,
adornadas por grandes teólogos y los más profundos eruditos y santificadas por la sangre de los
mártires. Estas fueron iglesias que vieron el colapso del paganismo y el triunfo de Cristo por todas las
regiones circundantes.
O pensemos en los días cuando la fe cristiana fue profesada en todo el Valle del Éufrates,
incluyendo a toda la gente que vivía en lo que hoy es Irak. En aquél entonces nuevas iglesias brotaron
en Irán y a lo largo de toda Asia Central, incluyendo países que ahora se conocen como Afganistán y
Tayikistán.
O consideremos mi propio país, Escocia, con sus ciudades en donde una vez predicaron John Knox
y John Wesley, pero que ahora están llenas de templos que nadie necesita y que se están convirtiendo
en bodegas, templos hinduistas, escuelas del Corán, restaurantes, o inclusive en centros nocturnos. En
mi propia ciudad de Aberdeen existe un antiguo templo cristiano que ahora se jacta de ser un centro
nocturno con el nombre de “El ministerio del pecado”.
En cada uno de esos casos, se trata de un lugar que una vez fue un centro clave de la fe cristiana,
una región en donde el Cristianismo era preponderante, y que luego dejó de serlo. Por alguna razón—y
hay una variedad de razones—su luz disminuyó y aún en algunos casos se extinguió. Tal y como el
libro de Apocalipsis lo expresa: “el candelero fue sacado de su lugar” (2:5). Pero en ninguno de estos
casos el oscurecimiento del testimonio cristiano en un determinado lugar produjo el fin del
Cristianismo en el mundo, sino todo lo contrario. Hasta cuando la iglesia en Jerusalén fue dispersada
por los vientos, ya habían brotado iglesias de ex-paganos griegos a través del Mediterráneo y aún más
allá. Conforme las iglesias declinaban en Irak, se incrementaban en Irán. Conforme los grandes centros
cristianos de Egipto, Siria y el Norte de África sucumbían al dominio del Islam, los bárbaros del norte y
occidente de Europa—de quien gente como yo descendemos—se apropiaban gradualmente de la fe
cristiana. Al marchitarse el centro, florecieron las márgenes, y aún más allá.
El avance del Cristianismo no es algo seguro o de inevitable progreso; el avance a menudo está
seguido por la recesión. La expansión del evangelio no produce ganancias permanentes que puedan ser
trazadas en un mapa con tinta indeleble. El Cristianismo tiene vulnerabilidad en su epicentro y
fragilidad en su expresión. Esto tal vez se deba a la vulnerabilidad de la cruz y a la fragilidad de los
vasos de barro. La expansión del Islam, en comparación, es a menudo progresiva, pues se mueve
inexorablemente desde su centro cósmico hacia afuera. Para los musulmanes la Meca continúa teniendo
ese significado cósmico que ningún lugar sobre la tierra tiene para los cristianos.
En contraste, el progreso del Cristianismo es en serie, enraizándose primero en un lugar y luego en
otro. El Cristianismo no tiene un equivalente a la Meca, ningún centro permanente. Inclusive nuestra
Jerusalén es la Nueva Jerusalén, no la vieja, y la nueva descenderá desde el cielo al final de los
tiempos. Ningún país, ninguna cultura es dueña de la fe cristiana. No existe tal cosa como un país
permanentemente cristiano, ninguna forma de civilización cristiana, ninguna cultura cristiana. En
diferentes períodos, distintas regiones del mundo han tomado la dirección en la misión cristiana, para
luego pasar la antorcha a otros. Comunidades cristianas a menudo se marchitan en su tierra natal,
mientras nuevas comunidades florecen en o más allá de su periferia.
Esto podemos verlo mientras observamos todo el pasado cristiano, pero demos una mirada más de
cerca al pasado justo frente a nosotros, o sea, los últimos cien años. El siglo XX ha sido el más
sorprendente en la historia de la iglesia desde el primero. En términos demográficos, la iglesia ha
cambiado total y completamente de manera más radical que en cualquier otro siglo anterior.
Dos cosas sucedieron simultáneamente.
La primera, fue la más grande recesión que la fe cristiana haya conocido desde la ascensión del
Islam, y esta se centró en Europa y ha comenzado a infectar a Norte América.
La segunda, fue el más grande encumbramiento de la fe cristiana que nunca antes se haya conocido.
Al inicio del siglo XX, en todo el continente africano había tan sólo 10 millones de cristianos
profesantes. En la actualidad, nadie sabe con certitud cuántos hay, pero un cálculo informado sería de
aproximadamente 350 millones—esto en el curso de solamente cien años.
O veamos a Corea, que contaba apenas con una pequeña iglesia al inicio del siglo. En la actualidad
la iglesia de ese país envía misioneros a todas partes del mundo, aún penetrando en lugares en donde
las misiones occidentales nunca llegaron.
O consideremos los eventos en el nordeste de la India, en los estados en donde el Cristianismo ha
sentado raíces. En Mizoram, más del 90% de la población profesa la fe cristiana y manda misioneros
por todo el país. Hace cien años esa iglesia apenas existía. Pero el nordeste de la India es solamente un
eslabón de una cadena de las nuevas poblaciones cristianas que se extienden desde los Himalayas, por
el Arakán, hasta la península del Sudeste de Asia. Ahora Nepal rebosa de nuevos cristianos; en la
frontera, en el sudoeste, las iglesias chinas están surgiendo como hongos; los pueblos tribales de la
frontera indo-birmana, en Myanmar, en Tailandia, y más allá—en cada uno de estos, digo, hay todo un
contingente cristiano sobre el cual nadie ha pensado mucho, debido a la cantidad de países
involucrados y a que se trata en cada instancia de una minoría cristiana (pero una minoría
significativa). ¡Esta cadena de iglesias se formó tan sólo en el siglo XX!
Durante el pasado siglo tanto el avance como el retroceso del Cristianismo se dieron
simultáneamente. Hubo recesión en occidente, y hubo avance en África, Asia, y América Latina; se
marchitó en el centro, se floreció en la periferia. El avance del Cristianismo es en serie, y de acuerdo a
la providencia divina, es la iglesia del sur—para llamarla de alguna manera—la siguiente en la serie.
Aquellos que pertenecen al occidente no son más los líderes, iniciadores, y quienes ponen las reglas.
Ahora deben aprender a ser los ayudantes, asistentes, y facilitadores. El gran evento, la gran sorpresa en
los pasados cien años ha sido este cambio en el centro de gravedad de la iglesia. Y de acuerdo a los
indicadores presentes, este cambio radical continuará. La batuta se está pasando a los cristianos de
Asia, África, las Américas, y el Pacífico. Es en esas regiones—los continentes del sur—donde cada año
recaerán más y más responsabilidades para las misiones cristianas. Esto significa que los cristianos de
los continentes del sur son ahora los representantes del Cristianismo, la gente por la cual la calidad del
Cristianismo del siglo XX y XXI ha de ser juzgado.
Hace cien años, europeos y norteamericanos fueron los responsables de las misiones cristianas
mundiales. Mi oficina en Edimburgo, Escocia, está a dos puertas del lugar en donde se llevó a cabo la
Conferencia de Misiones Mundiales en 1910. En esta gran conferencia había muy pocos líderes
asiáticos distinguidos y ni un solo africano. La agenda fue completamente moldeada por gente de
Europa y los Estados Unidos. Esta situación cambiará en el futuro. Cualquiera que sea el caso en las
esferas militares o económicas, lo que sucederá en la esfera cristiana dependerá más y más de los
cristianos de Asia, África, América Latina, y el Pacífico. La realidad demográfica con la que ahora
tenemos que vivir, trabajar, y pensar, es que iniciamos el siglo XXI con un occidente más y más
postcristiano y con una cristiandad más y más postoccidental.
En dicha Conferencia uno de los delegados de la India era un joven ministro anglicano, V.S.
Azariah. Se le pidió que hablara en una de las reuniones secundarias sobre la cooperación entre los
misioneros extranjeros y los obreros nacionales, en lo que entonces se llamaban las iglesias jóvenes. El
analizó las actitudes que a veces hacen difíciles las relaciones interpersonales, y luego pronunció las
palabras que, tal vez, llegaron a ser las más famosas de todas las que se dijeron en Edimburgo. “A
través de todos las edades por venir,” él dijo, “la Iglesia de India se levantará en gratitud para testificar
sobre el heroísmo y el trabajo altruista del cuerpo de misioneros. Ustedes han entregado sus posesiones
para alimentar a los pobres, han dado sus cuerpos para ser quemados. Pero también pedimos amor.
Dennos amistad.” Y esa fue la última palabra de su discurso. ¡Fue una bomba! Las misiones estaban
ocupadas planeando la evangelización del mundo, pero el primer deseo de las tan llamadas iglesias
jóvenes no era por liderazgo, ni más obreros, ni más dinero, sino mayor amistad. Amistad implica
igualdad y respeto mutuo. Un amigo es alguien con quien tú deseas gastar tu tiempo libre.
Las iglesias “jóvenes” no son niños balbucientes y muchas han pasado por el fuego. ¿Qué iglesia ha
pasado por lo que la iglesia en China, y emergido como ella? ¿Qué iglesias en la historia ha tenido que
bregar rutinariamente con tales horrores persistentes de devastación, guerra, desplazamiento, y
genocidio, como aquellas de África? ¿A qué iglesias se les ha requerido más urgentemente proveer
liderazgo moral a toda una nación, como aquellas de Sur África? ¿Qué iglesias han tenido que hablar
por los pobres, oprimidos, y necesitados como aquellas de América Latina? ¿Qué iglesias se han
dedicado tan devota e intensamente a esparcir el evangelio que aquellas de Corea? Y en los últimos
cincuenta años, ¿desde qué partes del mundo los mártires y los santos claman urgentemente por
liberación (Ap 6:9-11)? La respuesta es que el día de hoy son las iglesias del sur las que están trayendo
la experiencia acumulada de la salvación de Dios.
2 El Cristianismo vive al pasar fronteras
Mi segunda generalización es que el Cristianismo vive por cruzar fronteras culturales. Los primeros
creyentes en Jesús fueron todos judíos. Ellos vieron que en Jesús se cumplían sus Escrituras de manera
que realmente no tuvieron necesidad de cambiar de religión. Debido a Jesús el Mesías, ellos pasaron a
amar mucho más que antes a la ley y al templo, con toda su liturgia. Desde el punto de vista judío, todo
lo relativo a Jesús tenía sentido. Esta iglesia judía estaba muy ansiosa de que todos los demás judíos
supieran de Jesús, pero raramente hablaron de El a la gente que no fuese de su misma etnia.
Todo esto empezó a cambiar cuando, después del martirio de Esteban, un grupo de creyentes fue
forzado a huir de Jerusalén a Antioquía, donde empezaron a hablar de Jesús a sus vecinos griegos
paganos (He 8 y 11). Esto era tan fuera de lo común, que los apóstoles enviaron a Bernabé a investigar
qué había pasado. El quedó encantado por lo que vio en la iglesia de Antioquía: judíos y gentiles
estuvieron juntos y juntos enviaron sus propios misioneros a los mundos judío y gentil.
Sin embargo la iglesia en Jerusalén aún no había hecho suya la perspectiva transcultural. Cuando en
Jerusalén Pablo “les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su
ministerio” (He 21:19), la iglesia sí se alegró, pero si leemos el siguiente versículo, podemos percibir
que al fondo su prioridad aún no había cambiado: “Verá hermano, hay miles de judíos que han creído y
son todos celosos de la ley.” Su respuesta revela que su pensamiento era así: “Es maravilloso escuchar
todo lo que pasa en el campo misionero, pero el trabajo realmente significativo de la iglesia es lo que
pasa aquí. Hermano Pablo, este es el Centro del Cristianismo.” Lo que ellos no sabían era que este
“centro” seguiría en existencia apenas unos pocos años más. En la siguiente generación, la guerra con
los romanos se había estallado, y la iglesia fue dispersada, y cuando cayó la nación judía en el año 70
A.C., la iglesia perdió de una vez su hábitat natural. El Cristianismo no hubiera sido mas que una
pequeña secta judía y hubiera desaparecido en ese año solamente por una razón: había cruzado las
fronteras culturales del mundo griego, y cuando esa primera iglesia, la iglesia de los apóstoles, la
iglesia que había conocido personalmente el ministerio de Jesús—cuando esa iglesia se eclipsó, una
nueva, que hablaba griego y era gentil, ocupó su lugar.
Desde entonces cosas semejantes han ocurrido varias veces. El Cristianismo vino a ser
característico del mundo helenizado y asumió un lugar predominante en la civilización del Imperio
Romano con su desarrollada literatura y tecnología. Pero llegó el momento cuando esa iglesia también
fue eclipsada. Se repitió el mismo patrón: lo que permitió que la fe sobreviviera y creciera fue el hecho
de haber cruzado otra frontera cultural, de haber invadido y echado raíces en el mismo mundo que los
romanos temían que destruyera su civilización, el mundo al que ellos llamaban los Bárbaros. Una vez
más el Cristianismo sobrevivió una gran crisis, por haber sido trasmitido a pueblos de diferentes
lenguas y culturas.
De la misma manera pudiéramos ir a través de los siglos, pero permítanme llamar su atención al
siglo pasado, que también ha visto repetirse la misma historia. Cuando el siglo XX comenzó, el
Cristianismo era en gran parte la religión del occidente. Más del 80% de aquellos que se decían
cristianos vivían en Europa o Norteamérica. Un siglo después, el Cristianismo en Europa está en franca
decadencia, y sospecho que Norteamérica, al estar mostrando muchos de los síntomas del antiguo
continente, está rápidamente comenzando su propio declive. Pero en el mundo, como un todo, la fe
cristiana no está en decadencia, y la razón es que por medio de especial pero no exclusivamente el
movimiento misionero, el evangelio ha estado cruzando continuamente fronteras culturales en el Sur.
Hace un siglo el número de cristianos en el mundo no occidental era muy pequeño; ahora es la
mayoría. Cada año hay menos cristianos en el occidente y más en el resto del mundo.
El Cristianismo cobra vida por cruzar fronteras de idioma y cultura. Sin este proceso podría
marchitarse y morir.
3 Cruzando fronteras el Cristianismo se enriquece
Mi tercera generalización es que, conforme el evangelio cruza las fronteras culturales, Cristo es
constantemente puesto en contacto con nuevas áreas del pensamiento y experiencia humanos.
Convertidos, éstos vienen a ser parte del cuerpo de Cristo. La total estatura de Cristo depende de todos
ellos juntos.
Ya vimos como la iglesia primitiva era totalmente judía en su trasfondo étnico y cultura. Cuando
aquellos griegos en Antioquía se convirtieron, la mayoría de los ya creyentes muy probablemente dio
por sentado que estos nuevos creyentes se harían prosélitos, o sea, que aceptarían la circuncisión y
abrazarían la tora. Es lo que siempre había pasado, cuando los gentiles aceptaban al Dios de Israel. En
aquel momento hubo un solo estilo de vida cristiana que cualquiera conocía, y ese era el estilo judío. El
Señor mismo había vivido de esa manera y había dicho que ni una jota ni una tilde de la ley pasarían, ni
serían abrogadas (Mt 5:17-19). Todos los apóstoles vivieron bajo esta premisa.
Pero cuando el gran concilio de Jerusalén (He 15) llegó a considerar el asunto, los líderes de la
iglesia acordaron que la circuncisión y la tora no se les requiriera a los creyentes gentiles. Estos
creyentes deberían ahora encontrar un camino helenista para ser cristianos bajo la guía del Espíritu
Santo, puesto que ellos tenían que vivir en una sociedad helenista, a la que tendrían que cambiar—
cambiarla orgánicamente, desde adentro. Su reto era de convertir a su sociedad, es decir
constantemente ajustar su manera de pensar y hacer las cosas de acuerdo con Cristo, abriéndose a Su
influencia. La manera griega de ser cristiano sería diferente a la de los judíos, sin embargo ambos
pertenecían al mismo cuerpo. La una no era superior a la otra ni la segunda era una versión diluida de
la primera. Los dos eran diferentes segmentos de la realidad social en el proceso de volverse a Cristo y
de convertirse a él. Ambos pertenecían en igualdad al cuerpo viviente y universal de Jesucristo, la
Iglesia.
De esto es de lo que trata la epístola a los Efesios. Celebra el extraordinario hecho de dos razas,
mutuamente hostiles, que han sido unidas para comer y trabajar juntas como parte del cuerpo de Cristo:
“El es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno… para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo
hombre” (Ef 2:14-16).
Cuando la carta a los Efesios fue escrita, había solamente dos culturas principales en la iglesia
cristiana, dos estilos de vida cristiana: uno judío y el otro helenista. ¿Cuántas hay hoy en día? Uno de
los grandes retos de la misión cristiana en el presente siglo será permitir que estos diferentes estilos de
vida cristianos crezcan, pero que interactúen entre sí, puesto que todos pertenecen al cuerpo de Cristo.
Es fundamental para la misión cristiana la integración de estas diferentes partes del cuerpo de
Cristo. En las Escrituras nunca encontramos a la humanidad generalizada. Cristo no fue la humanidad
generalizada. El fue humano en una situación cultural muy específica, y cada vez que El es recibido por
fe en otros entornos culturales, El es introducido nuevamente dentro de los segmentos específicos de
una realidad social. Pero toda esta diversidad es el cuerpo de Cristo, y el cuerpo de Cristo no estará
completo y la plenitud de Cristo no se logrará hasta que estas culturas y subculturas sean traídas y
reunidas en el cielo. Como nunca antes, la iglesia de hoy es un campo de interacción de culturas, tal
cómo el libro a los Efesios lo describe. Esto lo llamo el factor Efeso.
Dos implicaciones de la nueva demografía
Hasta aquí he explorado la nueva demografía de la iglesia—lástima que no tenemos más tiempo para
seguir en este camino—pero ahora déjeme sugerir dos aspectos del nuevo orden mundial que surgen de
este occidente postcristiano y del Cristianismo postoccidental. Uno es económico y el otro es teológico.
El aspecto económico: La iglesia de los pobres. Puedo resumir el aspecto económico, señalando el
informe de población de las Naciones Unidas publicado el año pasado. Este informe pronostica que la
población del mundo se incrementa en un 1.2%, es decir, 77 millones de personas cada año. La mitad
de ese incremento vendrá de solo seis países: India, China, Pakistán, Nigeria, Bangladesh, e Indonesia.
El incremento de la población se concentrará en los países con menor posibilidad de soportarla. Para el
año 2050, se calcula que África tendrá tres veces la población de Europa y esto a pesar del
fallecimiento anticipado de 300 millones de personas por el SIDA. En contraste, la población de
Europa y la mayoría de los países desarrollados disminuirá: Alemania y Japón en un 14%, Italia en
25%, Rusia y Ucrania tal vez en un 40%. Para mantener su economía en un nivel aceptable, Europa
tendrá que depender de una fuerza de trabajo emigrante. También los Estados Unidos de Norteamérica
se sostendrá por la inmigración, recibiendo un millón de nuevos inmigrantes por año. Será uno de
pocos países desarrollados que incrementarán su población. Tendrá alrededor de 400 millones de
habitantes, pero el crecimiento será resultado de sólo la inmigración.
Repentinamente el tema político de más peso a lo largo de Europa occidental ha llegado a ser la
cuestión de la inmigración desde Europa oriental y alrededores. A través de Europa occidental nuevos
partidos políticos han surgido con su plataforma principal la oposición contra la inmigración. Su éxito
electoral ha forzado a los partidos más antiguos a adoptar su dialéctica discriminatoria para retener sus
electores. Los cristianos occidentales tendrán que enfrentar decisiones muy delicadas.
Mientras sucede esto, la iglesia en estos países desarrollados seguirá marchitando, y la iglesia
mundial llegará a ser una iglesia de los pobres. Según el informe de las Naciones Unidas, el
Cristianismo será principalmente la religión de los pobres y los muy pobres, con pocos dones para
atraer a otros excepto el evangelio mismo. Los territorios de la iglesia incluirán algunos de los países
más pobres de la tierra, mientras que el mundo desarrollado estará buscando proteger su posición
contra el resto del mundo.
El factor Éfeso—la diversidad cultural de la iglesia—será más dramático que nunca antes en la
historia, y tendremos que enfrentar a la pregunta de si la iglesia con toda su diversidad será capaz o no
de demostrar su unidad por la participación interactiva de todos sus segmentos culturales específicos.
Dicho de otra manera ¿El cuerpo de Cristo será una realidad o se fracturará?
El aspecto teológico: el umbral de una nueva era. Les suplico permitan a un viejo académico
occidental hablar desde el corazón acerca de las implicaciones teológicas que nos presenta el
surgimiento de la iglesia del sur. Yo creo que la empresa teológica, que la iglesia del siglo XXI tendrá
que encarar, es similar a la que encaró en los siglos II y III. En aquél entonces los fundamentos de la
teología cristiana se establecieron usando los elementos disponibles en el mundo helénico. En el siglo
XXI podemos esperar ver nueva construcción sobre dichos fundamentos, utilizando los elementos que
los diferentes pueblos de los continentes del sur tienen a la mano.
En tiempos antiguos, Orígenes, con un pequeño toque de su propia clase de exégesis, nos señaló
cómo se hace este tipo de teología. El preguntó cómo es que los israelitas pudieran hacer los querubines
y los ornamentos de oro del tabernáculo mientras estaban en el desierto? La respuesta es, desde luego,
que ellos habían despojado previamente a los egipcios. Los querubines y los ornamentos fueron hechos
con oro egipcio y las cortinas del tabernáculo con tela egipcia. “Esa es la empresa de la gente
cristiana,” Orígenes concluyó con suma belleza, “tomar aquellos recursos despilfarrados en el mundo
pagano y utilizarlos para la adoración y glorificación de Dios.”
Los elementos de la teología son elementos locales—sean egipcios, europeos, latinoamericanos,
africanos, asiáticos, u otros—aplicados a la Biblia, debido a que el propósito de la teología es hacer o
clarificar las decisiones cristianas. Hacer teología cristiana es pensar de una manera cristiana, esfuerzo
realizado por todo tipo de persona, aún por los que no se dan cuenta que están siendo teólogos. La
necesidad de hacer esto surge desde las condiciones específicas dentro de las cuales la vida es vivida,
por lo que la agenda teológica es culturalmente inducida. El taller teológico siempre está abierto y es
más activo cada vez que el evangelio cruza una frontera cultural. Debido a que este no es el diseño
original de ellos, todos estos elementos locales tienen que ser convertidos y transformados hacia Cristo,
para hacer posible el pensamiento cristiano.
Demos un par de ejemplos. Las doctrinas de la Trinidad y de la Encarnación, que ahora la iglesia
confiesa generalmente en sus credos, fueron formadas a partir del pensamiento del período medio del
platonismo, convertido para manejar el pensamiento cristiano. Para poder pensar y actuar fielmente a
Cristo, estos elementos locales tuvieron que ser convertidos a Cristo por la sencilla razón de que no
fueron diseñados originalmente para la gloria de Dios. Nótense que no se trata de una sustitución de
algo nuevo por algo viejo, o la adición de nuevos elementos a lo que antes había allí. No, en realidad es
un asunto de cambiar lo que ya había allí hacia Cristo.
O ¿qué fue lo que hizo nacer a las doctrinas de la trinidad y de la encarnación? El evangelio había
cruzado del mundo judío al mundo griego, y los creyentes griegos necesitaban pensar en una manera
cristiana acerca de Cristo y debían hacerlo desde su propia cultura. Estas dos doctrinas son el resultado
de una larga y fatigante discusión por griegos provocado por, entre otras cosas, la palabra mesías. Para
los judíos esta palabra se contaba entre las palabras religiosas más importantes y comprendidas en su
religión—todo el Antiguo Testamento estaba contenido en esa palabra. Pero para los griegos requería
una explicación. Primero era necesario usar un nuevo término, y se seleccionó la palabra kyrios, señor.
Pero esta palabra tuvo una larga historia de utilización por esta gente pagana para referirse a sus
deidades; para muchos cristianos eso les pareció un empobrecimiento e inclusive una distorsión. ¿No
era peligroso usar un lenguaje que era propiedad original de los cultos paganos? ¿No debían los
gentiles convertidos aprender que significaba Mesías desde la perspectiva de los judíos? En realidad el
uso del nuevo término fue enriquecedor. Hizo que la gente pensara en Cristo de manera diferente, pues
ahora lo hacían dentro de sus propias categorías indígenas.
El proceso condujo a preguntas nuevas e incómodas que nunca habían sido levantadas. Por
ejemplo, ¿cuál fue la relación entre el kyrios y el único Dios? Los judíos creyentes podían usar una
frase como: “Jesús está a la diestra de Dios,” y todos sabían qué significaba. ¡Fue suficiente para
provocar el linchamiento de Esteban! Pero esto no era suficiente para los griegos. ¿Acaso que Dios
tenía una mano derecha? Aun cuando un griego lograba tolerar el antropomorfismo, no le ofrecía lo
que necesitaba saber: la relación entre Dios y el Mesías en términos de ser, de esencia. Todo el largo y
agotador debate fue necesario para explicar el verdadero significado de lo que los cristianos querían
decir cuando se referían al Cristo. Desde luego que la Biblia ocupaba un papel central en el debate,
pero no había un solo texto que pudiera arreglar el asunto. Era necesario explorar el sentido de la
Escritura usando un vocabulario indígena, métodos indígenas de debate, y patrones indígenas del
pensamiento.
Este era un asunto riesgoso, pues no existe una teología sin riesgo. La teología es un acto de
adoración tensado con el riesgo de la blasfemia, pero al fin y al cabo, es un acto de adoración. La gente
salía de ese proceso riesgoso pero gratificante con un riguroso entendimiento de Cristo como el eterno
Hijo de Dios, unigénito de Su Padre ante todo el mundo. Viendo hacia atrás uno puede ver que esos
descubrimientos siempre estuvieron allí en las Escrituras, pero fue sólo a través de la traducción a otra
lengua y a otro grupo de categorías mentales que pudimos percibirlos. Cada vez que el evangelio cruza
una frontera cultural, hay una nueva necesidad de creatividad teológica y una nueva cosecha de
descubrimientos teológicos.
Luego, la doctrina de la expiación fue traída a la medida del entendimiento que ahora tenemos,
cuando la iglesia pasó del mundo griego al de los bárbaros. Y pudiéramos seguir explorando los
descubrimientos al cruzar con cada sucesiva frontera. Este proceso se hará cada vez más necesario en
este vasto mundo Efesiano en el que ahora vivimos.
La academia teológica occidental representada en nuestras universidades y seminarios simplemente
no está equipada para proveer la clase de liderazgo que requiere la demografía actual y futura que el
Espíritu Santo ha traído. No tengo tiempo para elaborar esto. Lo que me urge expresar es que inclusive
en términos de creatividad teológica, más y más responsabilidad recaerá en los cristianos del sur,
haciendo pensamiento teológico en sus lenguas madres. La calidad del Cristianismo del siglo XXI
dependerá de ellos. Si la calidad es buena (como en los siglos III, IV y V), veremos desarrollarse gran
creatividad en la teología cristiana. Veremos nuevos descubrimientos acerca de Cristo que los
cristianos por doquier podrán compartir; estándares maduros del vivir cristiano; al evangelio con un
nivel profundo de comprensión y personalización, una huella profunda y duradera del amor de Cristo
impresa en el pensamiento de África y Asia, una nueva etapa en el crecimiento de la iglesia dirigida a
la total estatura de Cristo en América latina. Pero, si la calidad fuere pobre, veremos distorsión,
confusión, incertidumbre, e hipocresía a gran escala.
Y una vez más, el principal teatro de la actividad cristiana en esta última fase será en los
continentes del sur, y lo que pase en Europa e inclusive, creo yo, en Norte América importará cada vez
menos. Vale poner hincapié en este punto, porque la teología probablemente será el único campo de la
erudición en donde el sur tendrá la superioridad. En las esferas científicas, médicas, y tecnológicas el
liderazgo continuará en el occidente, o en aquellas regiones del este de Asia que puedan competir
contra él. Pero la auténtica erudición teológica tiene que surgir de la misión cristiana y particularmente
en aquellos teatros principales de la misión, en donde los cristianos están haciendo decisiones críticas.
Dada la transformación demográfica de la iglesia, esos avances tendrán lugar por la interacción del
pensamiento bíblico con las antiguas culturas del sur. Estamos en el umbral de una nueva era teológica.
4 Conclusión
La expansión secuencial del Cristianismo está alejando el territorio de la iglesia del occidente y
trasplantándolo al sur. Este trasplante hacia nuevos contextos culturales, junto con los nuevos
cuestionamientos que este proceso trae, va a expandir y enriquecer nuestro entendimiento de Cristo, si
permitimos que esto suceda. Los cristianos de todas partes (incluyendo los del occidente que viven en
la cultura occidental que glorifica a Mamón, la última supercultura no-cristiana a levantarse) están
siendo desafiados al implacable cambio de sus procesos morales y mentales hacia Cristo. En el proceso
y en la confraternidad del cuerpo de Cristo, posiblemente descubriremos que el tabernáculo ahora está
siendo ornamentado con oro de África y que sus cortinas ahora están siendo elaboradas con tela de
Asia, del Pacífico, y de América Latina.
El Desarrollo Histórico del Movimiento Cristiano: Las
Tesis de Pierson
Levi DeCarvalho
El conocido catedrático de historia de la iglesia y de la misión cristiana, Paul Pierson, ha condensado su
análisis del desarrollo de las misiones cristianas en nueve tesis. En ellas, Pierson sugiere una
interpretación misionológica de la historia del movimiento cristiano, indicando, además, algunas de sus
implicaciones para el quehacer misionero de la iglesia hoy día. Sus tesis 1 son las siguientes:
1. La misión redentora de Dios se realiza a través de la historia por medio de dos estructuras
2. La renovación y la expansión de la iglesia:
1
El presente resumen de las tesis de Pierson proviene de notas de clase, en su curso “Desarrollo Histórico del
Movimiento Cristiano”, que hizo conocido al catedrático no sólo en los Estados Unidos sino también en países
de Latinoamérica, donde él es frecuentemente invitado a dictar clases en distintas instituciones de enseñanza
superior, en teología y misionología. Con autorización del autor.
a. están interconectadas
b. ocurren cuando las condiciones históricas y contextuales son las correctas
c. son a menudo provocadas por una persona clave
d. son normalmente acompañadas por nuevas percepciones teológicas
e. se hacen acompañar por nuevas dinámicas espirituales o por formas contextualizadas de espiritualidad
f. son contagiosas en contextos donde la información llega a la gente sin impedimentos
g. a menudo son acompañadas por nuevos modelos de liderazgo
h. a menudo empiezan en la periferia de las estructuras eclesiásticas de su tiempo
Examinamos, enseguida, cada una de estas tesis. El propósito es que nos familiaricemos con el
pensamiento de Pierson, buscando entender la historia a partir del movimiento misionero iniciado,
sostenido y conducido por Dios, cuya redención alcanzará a todos los pueblos del mundo para gloria de
Su nombre.
1. La misión redentora de Dios se realiza a través
de la historia por medio de dos estructuras
2
Ralph Winter llama a esas dos estructuras de modalidad y sodalidad . Las modalidades (iglesias) se
pueden definir como compañerismos cristianos más o menos estructurados, en los cuales la membresía
es ampliamente inclusiva. Tales grupos no hacen acepción por edad, sexo, clase social, educación, o
preferencias políticas. El modelo clásico es la iglesia cristiana local, que está abierta a recibir cualquier
persona como miembro, con lo tanto que llene requisitos mínimos (frecuencia, bautismo, filiación a
una familia cristiana, transferencia, experiencia de conversión, etc.).
Las iglesias proveen unidad, continuidad y longevidad al grupo. Pertenencia y seguridad son
conceptos clave. Las iglesias funcionan como una estructura de referencia y una fuente de recursos para
sus miembros, a la vez que también sirven como un equilibrio entre los que quieren hacer sus propias
cosas y los que quieren dominar a los demás. Una iglesia local dispensa autoridad y autenticidad al
grupo, consolidando la expansión del cristianismo para más allá de sus fronteras locales.
Las sodalidades, a su vez, se pueden entender como las agencias misioneras. Son compañerismos o
asociaciones de individuos que dan un paso más en su compromiso cristiano, con vistas a lograr la
promoción del Reino de Dios en el mundo. En otras palabras, la agencia misionera (u organización no
gubernamental, como se llaman en nuestros días) exige un paso más allá de la membresía en la iglesia
local. Normalmente, una agencia misionera, por ejemplo, tiene restricciones o requisitos para sus
miembros—sean de edad, sexo, situación matrimonial, intereses, capacidades, y así por adelante. Si por
un lado cualquier individuo puede hacerse miembro de una congregación (modalidad), ni todos pueden
ser miembros de una agencia misionera (sodalidad).
Las agencias proveen un incentivo a una nueva vida y al desarrollo de la creatividad del individuo y
del grupo. Movilidad y expansión son palabras clave. La persona se siente retada a profundizar su
compromiso cristiano y desarrollar sus dones en un ambiente en que la verdad del Evangelio se mezcla
con la vida enfocada de uno. Hay una búsqueda de nuevos espacios, al mismo tiempo en que se
enfocan necesidades o tareas específicas en el Reino de Dios. Hablando de la agencia misionera, dice
Pierson, “cuanto más distante el grupo que se desea alcanzar––sea geográfica o culturalmente––mayor
es el grado de intencionalidad que se exige del miembro y su grupo”.
2
Véase el artículo de Ralph Winter, “Las Dos Estructuras de la Misión Redentora de Dios”.
En la historia de la expansión del movimiento cristiano, es evidente que las sodalidades han sido
usadas para alcanzar nuevos territorios, mientras que las modalidades tienden a consolidar el rebaño
local donde esté ubicada. Estas dos funciones son vitales a la expansión general del cristianismo y se
complementan mutuamente. Las dos son expresiones normativas del cuerpo de Cristo, cada una de
ellas tan necesaria para la expansión del Reino como la otra. Por esta razón, Pierson afirma
categóricamente lo siguiente:
El movimiento cristiano se expande mejor cuando la modalidad y la sodalidad se relacionan
simbióticamente para lograr sus distintas funciones y objetivos.
La palabra simbiosis es un término de la biología que se usa para describir la asociación entre dos
organismos vivos que les permite obtener el máximo de provecho de su relación mutua y del ambiente
donde se encuentran. En términos de la modalidad y de la sodalidad, su relación simbiótica es más
exitosa cuando hay una especie de semi-autonomía entre ellas. Las dos se complementan y se apoyan
en cuanto a sus estrategias, planes de trabajo, objetivos comunes, puntos de referencia de fe y práctica,
estructura y delegación de autoridad, etc.
Para George Peters, autor de Theology of Missions, la división entre modalidad y sodalidad surge a
partir de las equivocaciones de los Reformadores y de las circunstancias históricas que dieron origen al
individualismo. Según Peters, el resultado fue el surgimiento de misiones sin iglesia e iglesias sin
misión.
Harvey Conn, en su libro Theological Perspectives on Church Growth, argumenta fuertemente en
contra de la división entre iglesia y agencia misionera. Ya Kenneth Scott Latourette, el gran historiador
de las misiones cristianas, considera que las estructuras misioneras son una señal de salud y vitalidad
de la iglesia, no de descenso. Max Warren, el estadista de las misiones en Asia, sugería que la iglesia se
beneficia con el surgimiento de un grupo de elite, por decirlo, que llevaría a cabo una tarea específica y
especializada que la iglesia normalmente no podría ejecutar. Más cerca de nosotros, Peter Wagner, en
Church Growth and the Whole Gospel, sugiere que los grupos especiales, como son las sodalidades,
deben de ser formados para que se ejecuten tareas especiales, que de otra manera, dice él, dejarían de
ejecutarse.
Pierson afirma que la expansión del movimiento cristiano hacia nuevas áreas, etnias y culturas, es
resultado directo de la actividad de las sodalidades (agencias misioneras). Sin embargo, puede haber
ejemplos en la historia en que esa doble partición de la obra de Dios en el mundo no haya sido
necesaria, pero eso es más una excepción que la regla.
Bobby Clinton, catedrático de liderazgo cristiano, sugiere además que la implicación de las dos
estructuras es obvia. Debemos de plantar las dos cosas, es decir, debemos de defender las dos ideas
delante de los líderes locales, para que ellos mismos, a su vez, planten tanto modalidades cuanto
sodalidades como parte de su propia expansión.
2. La renovación y la expansión de la iglesia están entrelazadas
El avivamiento (o renovación) que impacta positivamente a la iglesia y a la sociedad es obra de Dios.
El Señor actúa por medio de movimientos que aportan nuevo vigor a las modalidades establecidas, al
3
mismo tiempo que promueven el surgimiento de nuevas sodalidades.
3
El término clásico usado por Latourette para este fenómeno (que es apropiado por Clinton) es
recrudecimiento. Para Latourette, el concepto tiene que ver con la proliferación de movimientos que
caracterizan la infraestructura cristiana.
Sin embargo, los factores (o las causas, si se prefiere) que subrayan este influjo de vitalidad pueden
tener cierta lógica, dependiendo de quien los observa. Por otro lado, las razones por detrás de estos
fenómenos son muchas veces inexplicables desde un punto de vista humano. La verdad es que Dios
opera por medio de individuos clave cuya influencia es vital para el surgimiento de esos movimientos
de renovación de la vida de la iglesia.
3. La renovación y la expansión ocurren cuando las condiciones históricas y
contextuales son las correctas
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El contexto histórico es fundamental para los movimientos de renovación y expansión de la iglesia
cristiana. Normalmente nos referimos a esos momentos con la palabra griega kairos, para asociarlos a
la Biblia, como indicación de la continuidad del mover de Dios en la historia.
Un ejemplo que podemos aducir viene de la Edad Media, cuando las órdenes mendicantes
aparecieron como resultado del surgimiento de las clases medias en las sociedades europeas, entre otros
factores. Más tarde, las condiciones sociales de la Inglaterra del siglo XVIII dieron la bienvenida a un
hombre conocido como Juan Wesley. Con esto, queremos decir que necesitamos estar atentos a los
fenómenos políticos y contextuales que han impactado el crecimiento y la expansión de la iglesia
cristiana a través de los siglos. Por ejemplo:
las persecuciones bajo Decio, Valeriano y Deocleciano
la tolerancia bajo Constantino
la conquista del Oriente y Norte de África, Asia Menor e Iberia por los musulmanes
el surgimiento del feudalismo
el surgimiento de las naciones-estado a partir del siglo XV
la expansión colonial
la expansión de fronteras en Norte América
las relaciones de las naciones occidentales con la China
la ola independentista después de la Segunda Guerra Mundial
las tendencias liberadoras por detrás de la Cortina de Hierro
También podemos mencionas los siguientes factores como de gran importancia para los
movimientos de renovación y expansión de la iglesia en el mundo de hoy:
la transferencia de poder e influencia económicos (con la creciente importancia de las naciones del
Pacífico, y la expansión multinacional de las relaciones globales)
el desarrollo de nuevas tecnologías y formas de comunicación de masas
el cambio del centro de gravedad en el mundo cristiano (naciones que antes enviaban misioneros ahora
tienen problemas de evangelizar a su propia gente, mientras que los antiguos campos misioneros
exhiben una vitalidad eclesiástica y misionera sin precedentes)
los efectos de la urbanización y la secularización
la creciente preeminencia de la mujer en distintas partes del mundo
el pluralismo de la dispersión étnica (las mil diásporas de David Barrett)
el crecimiento de agencies misioneras del sur que empiezan a evangelizar regiones cerradas a los
misioneros del norte (esas agencias ya son miles)
el crecimiento del fundamentalismo islámico y de otros bloques religiosos
la explosión poblacional y el consecuente aumento de la pobreza mundial
Estos y otros factores, que imprimen su marca en el crecimiento demográfico social, político,
económico y religioso de las naciones, deben de hacernos reflexionar sobre nuestros contextos
particulares de ministerio. Por un lado, debemos de detectar algunos de los más significativos
elementos que influyen en el crecimiento e influencia de la iglesia en nuestros países de origen al igual
que los elementos que afectan las poblaciones o etnias a las cuales enviamos nuestros misioneros.
En otras palabras, es de buen arbitre que repensemos no solo nuestras estrategias, sino también las
bases sobre las cuales imprimimos nuestros avances de crecimiento y expansión, local y transcultural,
de la iglesia de Cristo. Dejar de hacerlo es una receta para el desastre. Los muchos estudios que han
sido hechos sobre estos fenómenos pueden muy bien servir de punto de partida para esa reflexión.
Además, esa clase de reflexión debe de ser una constante, en vista de que los fenómenos locales y
globales que afectan a la vida de la iglesia y su expansión cambian a cada momento.
4. La renovación y la expansión son iniciadas por
personas clave
Personas clave casi siempre se encuentran a la raíz de los movimientos de renovación y expansión de la
iglesia cristiana. Nombres como Ulfilas, Hilda de Whitby, Pedro Waldo, Guillermo Carey, Susana
Wesley, Samuel Mills, María Webb, Loren Cunningham son ejemplos de personas clave usadas por
Dios para realizar Sus propósitos eternos en determinados momentos históricos.
Esta tesis enfoca el fenómeno del surgimiento de individuos clave, más que en los individuos como
tal. El hecho subrayado es que Dios utiliza (o forja, si se quiere) estos individuos para momentos
específicos de Su actuación en el mundo, a favor de la renovación y la expansión de la iglesia de
Cristo. Por tanto, analizar lo que tales individuos hicieron en dado momento histórico puede ayudarnos
a entender sus movimientos y vislumbrar lo que Dios está haciendo en nuestros días por todos los
confines del globo.
Pierson hace hincapié sobre el uso de la expresión personas clave, que él prefiere en vez de líderes
clave. La razón, dice Pierson, es que muchas personas clave en esos movimientos no fueron los líderes
más visibles. El ejemplo de Juan Wesley es digno de atención. Su madre, Susana, jugó un papel crucial
en su despiertamente personal; es conocida la devoción que ella tenía en medio de las tareas del hogar
que le consumían mucha energía y tiempo. En ciertos casos, solo después de años es que se percibe la
contribución de una persona clave en la renovación de la iglesia de su tiempo.
Con esta advertencia, Pierson sugiere que nosotros estemos atentos a las personas clave que Dios
quiere utilizar en nuestro tiempo para desarrollar Sus planes de renovación y expansión de la iglesia de
Cristo. En otras palabras, líderes de opinión, así llamados, muchas veces son más importantes que
líderes de ocasión o líderes virtuales. La lección es buscar aquellos que Dios está utilizando o quiere
utilizar en Sus propósitos redentores.
5. La renovación y la expansión son acompañadas
por nuevas percepciones teológicas
Normalmente, la expansión de la iglesia se hace acompañar por una nueva comprensión de puntos
relevantes del Evangelio de Cristo y de lo que significa ser cristiano en determinada época y contexto.
La percepción de que el Evangelio se destina tanto a los gentiles como a los judíos, por ejemplo,
favoreció a una gran transformación de la historia de la iglesia en sus primeras décadas de vida. Otro
ejemplo fue la posición de Carey en contra del hiper calvinismo de su tiempo, que se voy reflejado en
las palabras que el joven oyó cuando propuso que se hicieran misiones hacia la India: “Joven, si Dios
quiere salvar a los gentiles, él lo hará sin la ayuda de personas como tú o como yo”. Desde luego, el
valor de Carey se vio multiplicado en otros cristianos que siguieron su ejemplo y fundaron agencias
misioneras hacia los gentiles—un hecho que todavía sigue impactando a muchos líderes de misión en
todo el mundo.
La lección es clara: para que disfrute de continua vitalidad, un movimiento cristiano necesita
repensar siempre su teología. Por otro lado, no debemos de confundir nuestra percepción teológica con
las nuevas estrategias o nuevas dinámicas de reavivamiento espiritual. En este sentido, es de buen
arbitre no descansar en los logros del pasado; Dios siempre hace nuevas cosas al mismo tiempo que
reafirma Sus caminos y pensamientos eternos.
6. La renovación y la expansión son acompañadas
por nuevas dinámicas espirituales o formas contextualizadas de espiritualidad
Una búsqueda de una espiritualidad más sincera y profunda con Dios casi siempre está a la base de los
movimientos de renovación y expansión de la iglesia cristiana, siendo una de las causas principales en
su desarrollo. Cuando los creyentes se reúnen en grupos de oración, cuando hay movilización de laicos,
estudio de las Escrituras, uso de los dones espirituales, un nuevo movimiento de alabanza y adoración a
Dios, un espíritu de sacrificio que refleja el principio de la cruz de Cristo, y hasta experiencias místicas
con Dios—estamos en un momento especial de Dios para uno nuevo despertar de la iglesia.
Una de las marcas más características del reavivamiento wesleyano fue el impulso a la alabanza y
la producción de centenares de himnos de profunda teología y comprometimiento que contribuyeron a
la solidificación del movimiento llamado metodista. La oración en pequeños grupos y un espíritu de
sacrificio fueron otras de las marcas características del mover de Dios por medio de Sus siervos de
entonces.
7. La renovación y la expansión son contagiosas, especialmente donde la
información llega con
más facilidad y rapidez
Los movimientos conocidos como puritanismo, pietismo, moravianismo y wesleyanismo tuvieron una
interacción dinámica entre si, a pesar de las limitaciones tecnológicas de su tiempo. Hoy día se habla
mucho de los nuevos medios de comunicación, que han contribuido a la aceleración de la
evangelización del mundo. Sin embargo, hay que observar que la expansión de movimientos no tiene
límites, ocurriendo tanto entre grupos ortodoxos como en grupos heréticos.
8. La renovación y la expansión casi siempre son acompañadas por nuevos modelos
de liderazgo
Esta tesis, al igual que las siguientes, se puede comprender mejor mirándose hacia atrás. Hay un
intervalo aparente entre la elección y capacitación de líderes, como respuesta a nuevos desafíos, que
solo se perciben y se formalizan más adelante. La historia humana está llena de tales períodos de
crecimiento de la iglesia que ponen en relieve estos nuevos patrones de comportamiento.
Los monasterios y órdenes religiosas, por ejemplo, fueron fundados en su mayoría por laicos. Por
otro lado, la evangelización de la llamada frontera americana (el occidente del país) se llevó al cabo a
partir de nuevos patrones de liderazgo (o por su ausencia).
9. La renovación y la expansión normalmente
empiezan en la periferia de las estructuras
eclesiásticas
Mirando hacia atrás, observamos que son los desconocidos, o quizás los menos indicados,
insignificantes, o marginados que lideran la renovación de la iglesia. Esto puede sorprender a algunos
de nosotros. Sin embargo, la institucionalización que muchas veces acompaña un movimiento de
renovación tiene el poder de desincentivar la creatividad y termina por sustituir el liderazgo carismático
por un liderazgo tradicional, menos dinámico.
Con el tiempo, los movimientos de renovación que empezaron con toda energía y vitalidad, pierden
su fuerza renovadora, en especial cuando los líderes prefieren mantener sus posiciones en vez de
permitir que el Espíritu de Dios siga levantando líderes doquiera que el Señor lo desee. Hay siempre la
tentación de controlar el movimiento del Espíritu, imponiéndole reglas humanas, en una tentativa de
mantener todo bajo control. Con esto, se pierde la vitalidad que dio origen al movimiento, que termina
por convertirse en una organización más. Al fin y al cabo, los líderes dejan de osar con Dios, cuando
podrían seguir fomentando nuevos movimientos para la expansión del reino.
Estudiantes, mujeres, laicos—todos han tenido influencia en el surgimiento de movimientos
misioneros a través de los siglos. El mismo Jesús eligió empezar su movimiento en los lados menos
apreciados de Galilea. La Reforma Protestante, por ejemplo, cobró fuerza en la medida que se alejó de
Roma.
Entendemos, desde luego, que hay un hilo conductor entre el crecimiento de nuevos movimientos y
los cambios socioculturales. Un ejemplo es el surgimiento de las Iglesias Africanas Independientes, que
crecieron en la medida que se alejaron de las estructuras misioneras y eclesiásticas que arribaron al
suelo africano. Por contraste, en donde la iglesia es perseguida, incluso cuando tiene que hacerse
subterránea, la renovación a menudo empieza a partir del centro. El surgimiento de movimientos de
renovación tiene que ver con su relación con los movimientos que les dieron origen. Un movimiento
que se aleja de sus antecesores tiende a producir renovación, mientras que es precisamente una postura
de centro que tiene el potencial de revitalizar la iglesia que se encuentra bajo persecución.
Períodos históricos
TABLA 1:
Periodos históricos de acuerdo a Latourette, Winter y Pierson
Latourette
0-500
Primeros 500 años:
El cristianismo
conquista el mundo
romano
500-950
Era oscura:La gran
recesión
950-1350
Cuatro siglos de
resurgimiento y
avance
1350-1500
Pérdida geográfica y
relajo interno:
Vitalidad limitada
1500-1750
Reforma y
Winter
0-400
La primera expansión: El mundo
romano
Pierson
0-500
El cristianismo y el Imperio Romano
400-800
La segunda expansión:El mundo
bárbaro
800-1200
La tercera expansión: El mundo
vikingo
1200-1600
La cuarta expansión—abortada
500-950
La gran recesión
950-1500
Resurgimiento, avance y corrupción
1600-presente
La quinta expansión: El mundo no
1500-1792
Cisma, Reforma y expansión
expansión
1750-1815
Repudio y
reavivamiento
1815-1914
El gran siglo
1914-1952
Vigor en medio de la
tempestad
occidental
1792-1914
El gran siglo
1914-1950
I Guerra Mundial hasta el post- II Guerra
1950-presente
Transición: El creciente papel de la iglesia nooccidental
Cualquier división de segmentos o etapas históricas habrá de ser artificial, reflejando muchas veces
los prejuicios o suposiciones del mismo historiador. Sin embargo, y como un recurso didáctico o
analítico, los historiadores suelen dividir la historia en períodos para facilitar su reflexión del desarrollo
de la humanidad. Enseguida, presentamos las divisiones de la historia humana que llevan los nombres
de Kenneth Latourette, Ralph Winter y de Paul Pierson (Tabla 1).
Para Latourette, el cristianismo se desarrolla en épocas o ciclos variados. Para él, “las pulsaciones
de la vida del cristianismo se reflejan en su vigor e influencia sobre la historia continua de la raza
[humana]” (xxi). Pierson sigue bien de cerca el alineamiento de Latourette, en cuanto que Winter tiene
su propia manera de dividir los segmentos de la historia. Como dice Bobby Clinton, de las tres
divisiones, la de Winter es la más fácil de memorizar dada su simplicidad, a pesar de que la división
que más distorsiona el desarrollo de la historia humana. Latourette, por su lado, presenta una
segmentación más compleja, difícil de entender. Pierson, a su vez, se sitúa entre los dos, poniéndole
atención al análisis histórico y a la didáctica misionológica.
Criterios de división histórica
1.
2.
3.
a.
b.
c.
d.
e.
Es igualmente importante que entendamos la perspectiva de Latourette sobre las épocas históricas del
cuadro anterior, para que podamos entender su perspectiva analítica. La intención de Latourette es
derivada de tres criterios analíticos que cubren:
la expansión o recesión de un territorio donde hay grupos cristianos
los nuevos movimientos que surgen de la expansión del movimiento cristiano
el efecto del cristianismo a partir de una visión amplia de la historia humana
A partir de estos criterios, entonces, Latourette trata de identificar segmentos o épocas históricas,
tomando en cuenta cinco perspectivas distintas. En su obra más conocida, él desarrolla cada época en
un capítulo, justamente para lograr un análisis de conjunto de la historia humana. Las perspectivas que
Latourette utiliza son las siguientes:
el contexto en que se ubica el cristianismo de su tiempo, observando las condiciones locales que
favorecen su fortalecimiento y expansión
la expansión geográfica de la fe, incluyéndose factores como las formas de expansión, sus
motivaciones y procesos
los nuevos movimientos o instituciones del cristianismo, a la par de los individuos que lo impulsaron
el desarrollo del pensamiento, formas de culto (adoración) y los medios empleados para desarrollar la
comunidad cristiana
la manera como el cristianismo y su medio ambiente se influyeron mutuamente
En otras palabras, el abordaje utilizado por Latourette es netamente contextual, buscando entender
la expansión del cristianismo como una serie de olas históricas, cada cual con sus propias
características contextuales, influyendo y siendo influida por el momento histórico y los factores
culturales de su tiempo.
Los puentes de D
dios
Donald McGavran
El libro Los Puentes de Dios apareció en el año de 1954 y desde entonces se le ha conocido como un clásico en
el llamado de los misioneros, que permite utilizar los puentes de los lazos familiares y las relaciones sociales
dentro de cada grupo étnico, impulsando así los movimientos de los pueblos hacia Cristo. Esto contrasta con la
estación misionera, el enfoque dominante de la estrategia de la misión del Siglo XIX; en la que los individuos
convertidos eran reunidos en colonias y aislados de la vida social de su grupo. Donald McGavran afirma, que
mientras este último enfoque fue necesario y útil durante el Siglo XIX y principios del XX, un nuevo modelo
está disponible, que aunque nuevo, también es tan antiguo como la misma iglesia. Traducción: Samuel GuerreroToy; revisión: Octavio Jiménez. Derechos reservados.
La pregunta crucial en las misiones cristianas:
¿Cómo se convierten los pueblos a Cristo?
SE HAN DEDICADO MUCHOS ESTUDIOS a la evangelización mundial. Conocemos las respuestas a
muchas de las preguntas acerca de la propagación del Evangelio. Pero la que quizás es la pregunta más
importante de todas, todavía espera una respuesta. Esta pregunta es: ¿Cómo se convierte los grupos
étnicos a Cristo?
Este estudio pregunta: ¿Cómo es que los clanes, las tribus, las castas; en síntesis, cómo es que la
gente de un grupo étnico se convierte en cristiana?. Cada nación está formada por diferentes estratos o
capas dentro de una sociedad y en muchas de ellas cada estrato está claramente separado del otro.
Generalmente los individuos de cada estrato únicamente se casan con personas de su mismo grupo. Su
vida íntima está por lo tanto limitada a su propia gente, esto es, a su propio grupo social. Ellos pueden
trabajar con otros, pueden comprar y vender a individuos de otros grupos sociales, pero en su vida
intima sólo se involucran con individuos de su propio grupo. Así que individuos de otros estratos,
probablemente vecinos cercanos, pueden convertirse en cristianos o en comunistas sin que la gente de
los demás estratos se preocupe demasiado. Pero cuando los individuos de su propio grupo comienzan a
convertirse en cristianos esto si empieza a tocar sus vidas. ¿Cómo iniciar entonces la reacción en
cadena en los diferentes estratos de la sociedad?
¿Cómo se convierten los pueblos en cristianos?
Aquí hay una cuestión con la que no se puede especular, sino que se deben aplicar los
conocimientos con urgencia. ¿Cómo puede establecerse de manera fiel a la Biblia, un movimiento
cristiano dentro de una clase social, casta, tribu o en cualquier otro segmento de la sociedad, de manera
que en un periodo razonable de años se pudieran traer grupos de familias a la fe cristiana, logrando que
todo el grupo social sea cristianizado en pocas décadas?. Es de importancia suprema que la iglesia
comprenda cómo es que los pueblos y no solamente los individuos se convierten a Cristo.
Lo desconocido en los movimientos de gente
Los individualistas occidentales no logran captar, sin un esfuerzo especial, cómo es que los pueblos
pueden convertirse al cristianismo. El movimiento cristiano ha sido dirigido mayormente por personas
de Occidente o por nativos entrenados en las ideas de aquellos. Y mientras que la evangelización se ha
realizado con puntos de vista suficientemente correctos, en cuanto a cómo es que los individuos pueden
llegar a ser cristianos; por otro lado ha habido una perspectiva un tanto confusa e inclusive errónea en
entender cómo es que los grupos de gente pueden llegar a Cristo.
El individualismo occidental oscurece el proceso en los grupos
En Occidente, el evangelismo es un proceso extremadamente individualista. Esto se debe a diferentes
causas. Sabemos que en las naciones occidentales existen grupos sociales exclusivos, y que debido a la
libertad de conciencia que existe, un miembro de una familia puede convertirse en cristiano y vivir
como tal sin ser rechazado por el resto de la familia. Es más, el cristianismo es reconocido como
verdadero, inclusive por aquellos que no lo profesan, y se considera como algo bueno el ser miembro
de una iglesia. Una persona es admirada por tener una fe firme en Cristo. La iglesia no ha tenido rivales
serios; por lo tanto, los individuos son capaces de tomar decisiones independientes sin afectar sus lazos
sociales.
Más aún, con la ruptura de la vida familiar que siguió a la Revolución Industrial, los occidentales se
acostumbraron a hacer lo que les place como individuos. Conforme los grupos familiares grandes eran
disgregados por la migración y por el movimiento de campesinos a las ciudades, así como por los
repetidos cambios de residencia; la gente empezó a actuar por sí misma sin consultar a sus familiares o
a sus vecinos. Un hábito de decisiones independientes se estableció. En las iglesias cristianas este
hábito se fortaleció más por la práctica de reuniones de avivamiento, en las cuales se apelaba a las
decisiones individuales acompañadas de una gran emoción. En realidad, la hipótesis teológica no era
solamente que la salvación dependía de un acto de fe individual en Jesucristo (de lo cual no hay duda),
sino también que tal acto tendría mayor relevancia si se hacía en contra de la opinión familiar (lo cual
es discutible). El acceder individual y separadamente a la iglesia, fue sostenido por algunos, no
solamente como lo mejor, sino como la única manera válida de convertirse en cristiano.
Si en esos momentos se hubiera hecho la pregunta de, ¿cómo es que pueden convertirse los pueblos
al cristianismo?, la respuesta hubiera sido: que sólo de manera individual y de uno por uno, puede
haber verdadera conversión al cristianismo.
Ha habido la tendencia a dar poco reconocimiento al organismo social como componente de un
pueblo; o como deseable la preservación de la cultura, la vida comunitaria y el mejoramiento efectivo
de los pueblos a través del proceso de conversión. Los pueblos o grupos étnicos eran considerados
como una reunión de individuos cuya conversión era lograda uno por uno. El factor social en la
conversión de los pueblos pasó desapercibido debido a que esos pueblos no fueron identificados como
entidades separadas.
Sin embargo un pueblo o un grupo de gente, no es una reunión de individuos. En un verdadero
pueblo, el matrimonio y los detalles íntimos de la relación social toman lugar dentro de la sociedad. En
un verdadero pueblo los individuos están unidos no solamente por las prácticas sociales comunes y por
las creencias religiosas, sino por una misma sangre. Un verdadero pueblo es un organismo social, que
por virtud del hecho que sus miembros en gran manera se casan entre sí, dentro de sus propios
confines, hace que en la opinión de ellos se consideren una raza diferente.
Desde que la familia humana (excepto en el Occidente individualista), está formada extensamente
por tales castas, clanes y gente, la evangelización de cada nación involucra la cristianización previa de
sus diferentes grupos de gente.
Debido a la intensa batalla contra los prejuicios raciales, el concepto de la separación de las
diferentes razas humanas está desacreditado en muchos círculos occidentales. Los misioneros casi
siempre llevan este prejuicio racista a la obra entre las tribus y las castas, cuyos individuos se
consideran a sí mismos una raza diferente, que se casan dentro de su propio grupo y que tienen una
conciencia racial intensa. Por lo cual, ignorar la importancia de las razas dificultará la obra del
evangelio. Es hacer un enemigo de la mentalidad racial en lugar de un aliado. No es conveniente pensar
que los grupos tribales no deben tener prejuicios raciales, pues ellos los tienen y están orgullosos de
ello. Esto debe entenderse y convertirse en una herramienta de ayuda para la evangelización.
Lo que se debe y lo que no se debe hacer
Para evangelizar a todo un pueblo, la primer cosa que no se debe hacer, es sacar a los individuos de ese
grupo y meterlos a una sociedad diferente. Los pueblos se convierten al cristianismo cuando ocurre un
movimiento hacia Cristo dentro de su sociedad. El Obispo J. W. Pickett, en su importante estudio
titulado “Christ´s Way to India’s Heart” (El Camino de Cristo hacia el Corazón de la India) dijo:
“El proceso de extraer individuos de su escenario, en las comunidades hindúes o musulmanas, no construye una
iglesia. Al contrario, levanta un antagonismo contra el cristianismo y construye barreras contra el
establecimiento del evangelio. Más aun, ese proceso ha producido muchos resultados trágicos en las vidas de
aquellos profundamente involucrados. Ha despojado a los convertidos de los valores representados por sus
familias y amigos, haciéndolos dependientes del apoyo social para una vida digna que reprima los impulsos
negativos en los hombres y en las mujeres. Con sus colegas en la fe cristiana han experimentado dificultad para
desarrollar compañerismo y un sentido total de comunidad. Se ha sacrificado mucho del potencial evangelístico
del convertido al separarlo de su pueblo. Esto ha producido iglesias anémicas que no conocen un verdadero
liderazgo y que se mantienen unidas principalmente por la dependencia común de la misión o del misionero”.
Igualmente es obvio que la evangelización de un pueblo requiere hombres y mujeres nacidos de
nuevo. El mero cambio de creencia no significa nada. El nuevo convertido debe quedarse dentro de su
propio grupo, y también debe experimentar la realidad del nuevo nacimiento. “Si pues habéis
resucitado con Cristo, poned vuestro afecto en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 1:3).
El poder de cualquier movimiento de gente hacia Cristo, depende en gran medida del número de
personas verdaderamente convertidas a Él. Queremos dejar esto bien claro. En la evangelización de los
pueblos no ayuda olvidar o menospreciar la verdadera conversión personal. No existe ningún sustituto
para la justificación por la fe en Jesucristo o para el don del Espíritu Santo.
Por lo tanto, un movimiento hacia Cristo dentro de un pueblo puede ser destruido ya sea por extraer
a los nuevos cristianos de su sociedad (por ejemplo, permitiendo que sean expulsados por sus parientes
no cristianos) o dominados por otros no cristianos, de manera que sus nuevas vidas en Cristo no son
evidentes. Un movimiento cristiano incipiente puede ser destruido por cualquiera de estos dos peligros.
La mentalidad de grupo y la decisión de grupo
Para entender la sicología de un sinnúmero de subsociedades que conforman las naciones no cristianas,
es esencial que los líderes de las iglesias y las misiones se esfuercen en ver la vida desde el punto de
vista de un grupo étnico, para quienes la acción individual es considerada una traición. Entre aquellos
que piensan corporativamente, sólo un rebelde toma una decisión por sí mismo, sin consultar y sin
compañeros. En esas sociedades, el individuo no piensa de sí mismo como unidad autosuficiente, sino
como parte de un grupo. Sus negocios, las bodas de sus hijos, sus problemas personales o las
dificultades que tiene con su esposa son apropiadamente resueltos con la mentalidad del grupo. Los
pueblos se hacen cristianos conforme esta mentalidad de grupo es traída delante de la relación dadora
de vida del Señor Jesucristo.
Es importante notar que la decisión de grupo no es la suma de las decisiones individuales
separadas. El líder se asegura que sus seguidores lo sigan. Los seguidores se aseguran de no estar
adelante de otros. Las esposas aceptan la decisión de sus esposos. Los hijos se sujetan a sus padres.
Una pregunta frecuente es: ¿Nos moveremos como grupo si este o aquél no viene? Conforme el grupo
considera la posibilidad de hacerse cristiano, surge la tensión y aumenta la agitación. Desde luego, se
estará llevando a cabo una prolongada e informal votación. Un cambio de religión significa cambios en
la comunidad. Solamente, conforme sus miembros se muevan juntos, el cambio será saludable y
constructivo.
Los grupos generalmente se fisuran internamente. Esto definitivamente sucede al compartir las
decisiones grupales. Si en algún pueblo o aldea existen setenta y seis familias de un determinado grupo
de gente, estos pueden estar subdivididos en varios subgrupos. Frecuentemente tales divisiones son
debidas a rivalidades entre los hombres prominentes. A veces son geográficas: la parte baja de la aldea
contra la parte alta. En otros casos son económicas: los que tienen tierra, en oposición a los que no la
tienen. Otras veces depende de la educación, las relaciones matrimoniales o por actitudes hacia las
costumbres. Generalmente el pensamiento grupal se realiza mejor dentro de estos subgrupos. Un
subgrupo, con frecuencia llegará a una decisión antes que el grupo entero. En realidad, generalmente un
subgrupo provee vida social suficiente para actuar por sí solo.
Los pueblos se convierten al cristianismo conforme la ola de decisiones por Cristo surge en la
mentalidad del grupo, involucrando muchas decisiones individuales, pero muy lejos de ser meramente
la suma de ellas. Esto podría llamarse “reacción en cadena”. Cada decisión influye en otros y el total de
la suma afecta poderosamente a cada individuo. Cuando las condiciones son ideales, no solamente cada
subgrupo, sino el grupo entero decidirá en conjunto “moverse hacia Jesús”.
Definición de términos
Llamamos a este proceso “Un Movimiento de Gente o de Pueblo (Etnia)”. El término “pueblo” es
más universal que “tribu”, “casta” o “clan”. Es más exacto que el término “grupo”. Se ajusta a
cualquier entorno. Por lo tanto en este artículo se hablará de “Movimientos de pueblos hacia Cristo”.
El modelo característico del gran siglo
El Dr. Latourette ha dado el nombre de “Gran Siglo” al período de tiempo entre 1800 a 1914, y dice:
“Cuando se consideran las dificultades a las que el cristianismo tuvo que enfrentarse durante el siglo
XIX, puede concluirse que hizo grandes avances alrededor del mundo, pues al final del período llegó a
una curva ascendente muy rápida. Su influencia y poder sobre la cultura estuvo fuera de toda
proporción, numéricamente hablando. Tuvo un papel sobresaliente como pionero en nuevas formas de
educación, en los movimientos de ayuda internacional y en la prevención del sufrimiento humano. Así
como en la diseminación de nuevas ideas”.
¿Cómo avanzó la evangelización durante el Gran Siglo?
Esta es una pregunta importantísima, ya que la mayor parte de nuestro pensamiento misionero
actual está influenciado por el esfuerzo misionero de ese siglo. Cuando el día de hoy pensamos en
misiones, lo hacemos pensando en aquellos que nos son familiares y que prevalecieron durante el Gran
Siglo en China, África, India y otros países. Debido a que este siglo produjo un enfoque diferente y
radicalmente nuevo, la antigua manera de hacer misiones, que existió por 1,800 años tendió a ser
olvidada. Aunque el misionero y las iglesias se inclinen a pensar que el único tipo de misiones, o de
posible evangelización, es el que se usó con mayor o menor éxito durante los últimos ciento cincuenta
años. El Gran Siglo creó un nuevo método para enfrentar una nueva situación. Tanto la situación como
el método son dignos de un estudio más cuidadoso.
Descripción de una nueva situación: un abismo de separación
Las misiones fueron llevadas a cabo desde los países gobernantes que eran ricos, educados y modernos,
y que estaban experimentando todos los beneficios de una libertad política y religiosa, una producción
de bienes en expansión y una “educación universal”. En el año 1500 d.C., los visitantes europeos a la
India y a China, los describieron como países que se comparaban favorablemente con los de ellos. Pero
para el siglo XIX, Occidente había progresado mientras que Oriente se había estancado, surgiendo un
gran abismo entre ellos. Los misioneros occidentales fueron a países pobres, medievales, analfabetos y
dedicados a la agricultura. El abismo se agrandó con el paso de los años, porque el progreso continuó
siendo mayor en Occidente que en Oriente. Aunque es verdad que los misioneros intentaron
identificarse con la gente, fueron incapaces de despojarse de la imagen inevitable que el progreso de
sus países había impuesto sobre ellos.
Este abismo se hizo evidente en el estilo de vida que los misioneros europeos y estadounidenses
llevaron a los países donde ministraban. El nivel de vida en sus países de origen era mucho mayor que
el del ciudadano promedio de los campos misioneros. Inclusive, no se comparaba con el de los pocos
chinos, indios o japoneses ricos.
La medicina moderna era desconocida. La salud de los misioneros demandaba casas grandes en
terrenos amplios. La servidumbre era barata y les ahorraban mucho trabajo doméstico. La gente de esas
tierras generalmente caminaba, pero el misionero estaba acostumbrado a algún tipo de vehículo, y
usaba uno. El color de su piel también lo apartaba de los demás. El no podía mezclarse entre los
habitantes de esas tierras, como Pablo lo hizo, pues era un hombre blanco, un miembro de la raza
gobernante. Inclusive el día de hoy en los sectores rurales de la India, muchos años después de la
independencia de ese país, el misionero blanco es llamado sarkar, que quiere decir gobierno.
Por otro lado, el misionero era una víctima fácil, no sólo de la malaria, sino también de las
enfermedades intestinales y debía de ser cuidadoso con lo que comía. El estilo occidental de cocinar le
caía bien, pero no el estilo oriental. Así que en la comida también había un gran abismo entre el
misionero y la gente del país. Prácticamente, no existían puentes para cruzar ese abismo. No había
nada, ni tan siquiera remotamente similar al puente judío sobre el cual el cristianismo pudo caminar
hacia el mundo gentil.
Cantidades asombrosas de personas vivían en las fértiles planicies de Asia, ¡pero ninguno de ellos
tenía familiares cristianos! Inclusive en los puertos no había ninguno. Las relacionas entre soldados
blancos, los gobernantes o comerciantes y las mujeres de las diferentes regiones, estaban tan resentidas
por un lado y tan despreciadas por el otro, que sirvieron más bien como barreras que como puentes de
comunicación. El flujo normal de la religión cristiana, simplemente no pudo llevarse a cabo. Separado
por el color de la piel, el nivel de vida, el prestigio, la educación, la forma de viajar, el lugar de
residencia y muchos otros factores; el misionero estaba realmente aislado de aquellos a quienes él había
venido a traerles el mensaje de salvación.
Los misioneros aprendieron el idioma del país y lo aprendieron bien. Sirvieron a la gente con amor,
educaron a sus hijos, visitaron sus casas, estuvieron con ellos durante sus epidemias y hambrunas,
comieron con ellos, compraron de ellos, les vendieron a ellos. Y mucho más que cualquier otro grupo
de hombres blancos en las regiones tropicales, estuvieron unidos con ellos. Por lo tanto, se ha dicho que
el énfasis que se ha hecho sobre el aislamiento social del misionero es un tanto exagerado. Sin
embargo, para el estudiante de la historia del crecimiento y expansión de las religiones, es aparente que
esos contactos casuales descritos anteriormente, son justamente eso, contactos casuales. No son
contactos vivos, no son contactos de raza, de sangre, ni de tribu que le permitan al incrédulo decir, al
oír hablar al cristiano: “Este mensajero de la religión cristiana es uno de mi propia familia, de mi propia
gente, él es uno de nosotros”. Los contactos ocasionales pueden ganar a unos cuantos individuos para la
nueva fe, pero a menos que estos individuos sean capaces de iniciar un movimiento vivo dentro de su
propia sociedad, un movimiento de gente hacia Cristo no arrancará del todo.
La separación que hemos descrito pareciera que duró por mucho tiempo. Existió en un mundo sin
cambios, donde el dominio de Occidente y la dependencia de Oriente parecían perpetuarse. Los
Misioneros pensaron: “Tenemos muchos siglos por delante, y en una relación de cuatrocientos años,
como la que tuvo Roma con los pueblos que dependían de ella, traeremos gradualmente a estos pueblos
a la fe cristiana”.
Esta grave separación confrontó a las misiones cristianas durante el Gran Siglo. ¿Qué puede
hacerse cuándo las iglesias y sus misioneros no se relacionan y no hacen contactos ni puentes sobre los
abismos interraciales? ¿Cómo llevar a cabo el mandato del Señor? ¿Cómo llevar adelante la
evangelización de los pueblos cuando no hay un acercamiento vivo?
Se desarrolla un nuevo método: el enfoque exploratorio de la estación misionera
Si hay algún aspecto que es típico de las misiones modernas, es aquél de la Estación Misionera, con su
colonia alrededor de ella. Los misioneros que enfrentaron un abismo de separación, construyeron
estaciones misioneras y reunieron colonias de cristianos alrededor de ellas. Muchas veces con gran
dificultad adquirieron un trozo de tierra y construyeron residencias adecuadas para el hombre blanco.
Después añadieron iglesias, escuelas, edificios para hospedar a la servidumbre, hospitales, leproserías,
orfanatos e imprentas. La estación misionera generalmente estaba ubicada en algún centro de
comunicación y desde allí se hacían viajes extensos hacia los alrededores del lugar. Era el hogar del
equipo de misioneros y el centro de todas las actividades que la misión llevaba a cabo. Al mismo
tiempo que se construía la estación, los misioneros reunían a los convertidos. Era muy difícil para
quienes escuchaban las Buenas Nuevas por primera vez aceptar la fe cristiana, sin saber de antemano
nada de los cristianos o del cristianismo, salvo que era la religión del hombre blanco invasor. Aquellos
que hicieron una decisión por Cristo fueron generalmente presionados a salir de sus propios hogares
bajo un fiero ostracismo y tuvieron que trasladarse a vivir a la colonia misionera, en donde
generalmente eran empleados. A los huérfanos se les dio refugio, se pagó rescate y se liberó a los
esclavos y las mujeres eran rescatadas. Algunos enfermos que sanaron se convirtieron en cristianos.
Generalmente, muchos de estos vinieron a vivir a la estación misionera, en donde se les enseñaron
diferentes maneras de ganarse la vida y en donde fueron dirigidos a varios tipos de servicio. Todos
ellos formaron la colonia cristiana.
Este tipo de enfoque misionero tuvo su origen en el trasfondo individualista del protestantismo de
los siglos XVIII y XIX. Convertirse en cristiano era salir de su cultura y separarse. Para los
convertidos, dejar al padre y a la madre le daba a su decisión una validez particular. Reunirse en un
lugar lleno de cristianos, fuera de la población no cristiana parecía una buena manera de proceder.
Frecuentemente, era también la única forma posible. A menudo la desconfianza general y la hostilidad
violenta que el cristianismo enfrentó, obligó a aquellos que concientemente deseaban integrarse, a ser
parte de la colonia.
Este fue el modelo característico de los inicios del Gran Siglo y lo llamamos el enfoque
exploratorio de la Estación Misionera. Pero desde el punto de vista de las iglesias resultantes fue más
bien el enfoque exploratorio de la agrupación colectiva.
En su tiempo fue una excelente estrategia. Fue una prueba que permitió descubrir cuales grupos
estaban listos para convertirse al cristianismo.
Sin embargo, el cristianismo debía ser visto como algo estable antes de ser aceptado como una
forma de salvación. Los pueblos no van a comprometer sus destinos a una fe que está aquí hoy y
mañana no. Los hombres deben ver más allá, durante un período de años, lo que significa la vida
cristiana y lo que Cristo hace a las personas y a los pueblos. Mientras las Buenas Nuevas sean
primeramente presentadas y la vida cristiana demostrada, la Estación Misionera y el grupo colectivo
son esenciales. Conforme miramos los cien años anteriores, pareciera ser tanto necesario como
deseable que haya existido tal enfoque. Con todas sus limitaciones, fue la mejor estrategia para esa
época. Este enfoque no fue un error, fue apropiado para la época que lo produjo y fue algo inevitable.
El camino se divide de acuerdo a la respuesta
Este principio, adoptado prácticamente por todas las misiones, puede ser considerado como un camino
que corre sobre una superficie plana y aislada y que después se divide—una senda continúa sobre el
mismo terreno plano y otro sendero asciende a las montañas verdes y fértiles. Ya fuera que las misiones
continuaran sobre el acostumbrado terreno plano del enfoque de la Estación Misionera o que
ascendieran por el camino alto del enfoque del Movimiento de Pueblos; el éxito dependía de la
respuesta de la población al mensaje cristiano y de la comprensión de los misioneros a esa respuesta.
En donde el número de conversiones se mantuvo pequeño, década tras década, allí la misión se
mantuvo como socio principal y el enfoque de la Estación Misionera continuó, y sin lugar a dudas fue
fortalecido. Fue fortalecido debido a que la colonia o el grupo colectivo proveyeron los obreros
cristianos para que la misión pudiera extender su capacidad de sanar, enseñar y predicar. En donde el
número de convertidos aumentó con el paso de los años, allí la iglesia se convirtió en el socio principal
y la misión se fue cuesta arriba. Al empezar a usar el enfoque de Movimiento de Pueblos, el número de
convertidos se incrementó en forma estable en cada nueva década, y miles y miles se hicieron
cristianos.
Estas dos formas, estos dos caminos de llevar a cabo el trabajo misionero, son diferentes el uno del
otro. Por lo cual, una reflexión clara sobre las misiones debe llevarnos a una diferencia significativa
entre ellas. Cada una debe ser descrita por separado. Los movimientos de pueblos, es decir, el camino
cuesta arriba, será descrito en la próxima sección. El resto de esta sección será dedicado a describir el
camino ancho sobre el terreno plano. La manera en que la fase exploratoria se convirtió gradualmente
en el enfoque permanente de la Estación Misionera o del grupo colectivo.
La poca respuesta al Evangelio no era esperada por los primeros misioneros. El enfoque
exploratorio de la Estación Misionera no fue lanzado como una adaptación ante una población de
corazón duro y que no respondía. La Estación Misionera fue diseñada como un primer paso, después
del cual ocurriría una gran cosecha. Aun después de que la Misión de Basilea había perdido ocho de
sus diez primeros misioneros en nueve años, el heroico Andreas Riis escribió desde la Costa de Oro en
África: “Marchemos hacia delante. Toda África debe ser ganada para Cristo, aunque mil misioneros
mueran, envíen más”. El enfoque exploratorio del grupo colectivo fue adoptado con la expectativa de
que la fe cristiana, barrería las tierras no cristianas trayéndoles bendiciones sin fin. Pero tales
expectativas, frecuentemente se vieron frustradas por la poca respuesta de la población. A la luz de este
suceso, el profesor Latourette puede ahora escribir tranquilamente:
Ante la civilización occidental, como ante el cristianismo, las avanzadas culturas y creencias de Asia y del Norte
de África no cedieron tan rápidamente como aquellas de los pueblos primitivos. Esto era de esperarse. Ha sido
característico de las culturas avanzadas y de sus religiones, ser más lentas para desintegrarse ante una
civilización invasora.
La inesperada poca respuesta fue muy desalentadora para los primeros mensajeros de la iglesia. El
factor para la poca respuesta y cuya importancia no puede subestimarse, fue el prejuicio individualista
de los misioneros, así como la resistencia de los oyentes; ya que las conversiones se realizaron,
generalmente, fuera de los grupos étnicos. Los convertidos sintieron que se estaban uniendo no
solamente a una nueva religión, sino a un estilo de vida totalmente extraño, proclamado por
extranjeros, dirigido por extranjeros y gobernado por extranjeros. Los convertidos vinieron solos y con
frecuencia, aun sus esposas rehusaron venir con ellos. Naturalmente, las conversiones fueron pocas. Se
estableció un círculo vicioso: uno a uno, los pocos cristianos convertidos formaron un modelo que
dificultó iniciar un genuino movimiento cristiano, y a falta de ese movimiento, los convertidos
siguieron llegando uno a uno y en números pequeños. En muchas partes del campo misionero, para una
persona, era tan psicológicamente difícil convertirse en cristiano, como lo sería para un hombre blanco,
en África del Sur, unirse a una Iglesia de gente negra sabiendo que sus hijos podrían llegar a casarse
con los hijos de los negros. La persona no sólo se convertía en cristiano, si no que generalmente creía
que se había unido a otra raza. Cuando un hombre se convierte en cristiano en los pueblos en donde
sólo se casan entre ellos, su madre probablemente le reprochará diciendo: “Ahora, ¿Con quién se
casarán tus hijos? Ya no pueden obtener esposas de entre nuestro pueblo”.
El enfoque exploratorio se hace permanente: definición de términos
[DEFINICIÓN: Llamamos a este proceso un movimiento de gente o de pueblos. PUEBLO es una palabra más
universal que tribu, casta o clan. Es más exacta que grupo, cabe en todos lados, por lo tanto en este artículo,
hablaremos de movimiento de pueblos hacia Cristo.]
Donde continuó habiendo poca respuesta, allí las misiones de grupos colectivos se acomodaron
gradualmente a sí mismas, llevando a cabo el trabajo misionero entre poblaciones que no obedecerían
el llamado de Dios. Una vez que esto sucedió, puede decirse que aquella misión que empezó a construir
su camino en tierra fácil y árida, con la intención de alcanzar las tierras altas y fértiles lo más pronto
posible; se acomodó y continuó su camino en la tierra fácil y árida, como si esta hubiera sido la tarea
que Dios le había encomendado. Encontró bastante trabajo que hacer, pero nunca admitió ni aún
delante de sí misma, que se había dado por vencida en cuanto a la esperanza de alcanzar las montañas.
Y eso fue exactamente lo que sucedió.
Las iglesias nacidas del enfoque de la estación misionera
El primer objetivo de las misiones es el establecimiento de iglesias, así que al empezar a examinar los
resultados del enfoque de la Estación Misionera, se hace necesario inspeccionar el tipo de iglesias que
ellas han dado a luz. Esto es lo que llamaremos las iglesias de la Estación Misionera o las iglesias de
los grupos colectivos.
Este tipo de iglesias tienen algunas características favorables: Están integradas por individuos
totalmente transformados, la membresía es educada, vienen a la iglesia con himnarios y pueden leer su
Biblia. Muchos de ellos están especialmente entrenados, más allá de la escuela ordinaria. En algunas
estaciones misioneras, en la lista de membresía de la iglesia, hay graduados de preparatoria o de los
primeros años de la universidad. La membresía contiene una buena proporción de artesanos,
trabajadores asalariados, ayudantes de labores del hogar y trabajadores temporales. Así como maestros,
predicadores, médicos y empleados de oficinas. En algunas partes, empleados de fábricas y de
ferrocarriles forman parte considerable de la iglesia. Todas las iglesias de la Estación Misionera
estaban formadas por gente verdaderamente cristiana. Ya no existe mucha superstición entre ellos y no
hay mucha tentación para regresar a la antigua fe pagana. La membresía está orgullosa de su
cristianismo porque siente que ha ganado un estatus social, gracias a su desarrollo en la comunidad
cristiana. Hay, por supuesto, mucho nominalismo en este cristianismo y hay algunos cuya conducta
avergüenza a la iglesia. Pero, aún estos, envían a sus hijos a la Escuela Dominical y a la iglesia.
Se han organizado en congregaciones fuertes y han construido buenos templos sobre terreno propio
adquirido por la colonia-iglesia. Los pastores o ministros, generalmente son gente bien calificada. Los
servicios y los cultos se realizan con base a una agenda regular. Los líderes (ancianos y diáconos) son
electos entre los miembros de la iglesia, formando un concilio o directiva que gobierna a la misma. Las
ofrendas, pueden compararse favorablemente con las de las iglesias occidentales, aunque la mayor
parte del dinero proviene de aquellos que trabajan en la Misión. En algunas iglesias la ofrenda es
ejemplar e incluye el diezmo. Todo ello da la impresión, que estas pequeñas, ejemplares y bien
entretejidas comunidades cristiana, apoyadas por los matrimonios entre ellos mismo, se consideran a si
mismas parte de la cristiandad del mundo.
Por otra parte, las iglesias de las Estaciones Misioneras carecían de las cualidades necesarias para el
crecimiento y la multiplicación. Es cierto que son iglesias integradas por individuos convertidos, por
elementos “rescatados del fuego” y por huérfanos, o una mezcla de los tres tipos. Los individuos
convertidos, las personas rescatadas o huérfanas, generalmente han sido separados de sus familiares no
cristianos. Los huérfanos no tienen una conexión cercana con sus hermanos, hermanas, tíos y tías. Es
más, las vidas de estos nuevos cristianos han sido tan radicalmente cambiadas que encuentran tal
satisfacción en la comunión con sus colegas (otros cristianos de la estación misionera), que ellos se
sienten inmensamente superiores a sus propios familiares no convertidos. Esto es verdad sobre todo
cuando viene de las clases oprimidas. La segunda generación de estos cristianos, será todavía más ajena
a sus familiares no cristianos, que la primera. Así que, la tercera generación de cristianos, viviendo en
la misma tierra que su parentela, normalmente no conoce a ningún familiar no cristiano. Los vínculos
preciosos que cada miembro tenía al convertirse, desde la sociedad original no cristiana, tan necesarios
para la multiplicación, han sido totalmente rotos. Un nuevo pueblo ha sido establecido, cuyos
miembros se casan solamente entre ellos mismo y piensan de sí mismos como una comunidad
separada.
Estos cristianos del grupo colectivo tienen una noción clara del poder de la educación. Ellos sienten
que ha sido la educación lo que los ha sacado de las profundidades. Tienen gran interés en que sus hijos
reciban toda la educación posible. Se esfuerzan sin escatimar el costo para que sus hijos e hijas puedan
ir a la escuela y lleguen a alcanzar un título universitario o una maestría. Pero no siempre tienen la
experiencia del poder de Dios en sus vidas. Muchos dirán que fueron elevados por la educación
cristiana, una educación otorgada en el nombre de Jesús. Muchos cristianos de la estación misionera
son propensos a dar un testimonio débil en la experiencia del perdón de los pecados, del poder del
Espíritu y en la bendición de la fe. Pareciera que están diciendo: “Hágase cristiano y eduque bien a sus
hijos, tal vez el cristianismo no le hará mucho bien a su vida personal, pero será maravilloso para sus
hijos e hijas”. Las iglesias del grupo colectivo, generalmente tienen tanta conciencia de la misión como
sus padres. Estas iglesias tienden a creer que es obligación del misionero dirigir una rica agencia de
servicio social, diseñada para servir a la comunidad cristiana. En ocasiones sucede que los miembros de
la iglesia de la estación misionera, al percibir obviamente que hay empleo limitado en la estación
misionera, miran a los nuevos convertidos de la misma manera como los sindicatos de trabajadores en
cualquier país, miran a los inmigrantes. Ellos llegan a la fácil conclusión de que si más gente se
convierte al cristianismo, los recursos de la misión se limitarán más y habrá menos dinero para cada
uno de los cristianos existentes. Han ocurrido casos en que se ha llegado a desanimar a los posibles
candidatos a convertirse en cristianos.
Las iglesias de los grupos colectivos, generalmente están sobrecargadas de personal y son atendidas
generosa y ricamente por las misiones extranjeras. Sus miembros adquieren un interés personal en el
status quo. En una iglesia de una estación misionera de setecientas almas, encontramos a un misionero
a cargo de dos escuelas primarias y de una escuela secundaria para alumnos del turno de día. Otro, a
cargo de una escuela secundaria para chicas internas. Mientras que un médico y su esposa enfermera,
dirigían el hospital, un misionero evangelista que daba medio tiempo en la comunidad cristiana.
También había un ministro nativo, graduado de preparatoria con entrenamiento teológico. Cinco
graduados de preparatoria que enseñaban a jóvenes mayores y siete graduados de preparatoria
enseñando a las chicas mayores. Cuatro evangelistas, cinco mujeres enseñando la Biblia y además, el
personal de la escuela primaria integrado por seis personas. En contraste, conocemos misioneros en
algunos movimientos de pueblos, que con menos de la mitad de los recursos mencionados pastorean
grandes números de convertidos a Cristo. En algunos movimientos de pueblos no se podrían ni siquiera
pensar, que tal desperdicio de recursos pudiera ocurrir. Aun así, tanto los misioneros como los líderes
nacionales de las iglesias fundadas por ellos en las estaciones misioneras, consideran que están
manejando las cosas bien ¡y con mínima ayuda del extranjero!
La era está llegando a su fin
Sin embargo, como Latourette señala, la era está por terminar. Los días en que las estaciones
misioneras podían ejercer gran influencia en los asuntos de las naciones orientales está llegando a su
fin. Las naciones, antes dormidas, están despertando y en los centros de coordinación de los gobiernos
provinciales y nacionales, existen departamentos enteros a los que se ha provisto con millones de
dinero levantado con impuestos; cuya tarea principal es planificar el futuro de estas naciones. Los miles
de estudiantes que viajan a Occidente para educarse, la gran cantidad de publicaciones en todas las
lenguas importantes de cada región, la llegada del cine, los altavoces y los programas de educación
social; aunados a la sensibilidad de la crítica a lo extranjero a provocado el intenso deseo de probar que
sus propias naciones son como cualquier otra sobre la tierra. Además, el resentimiento hacia el
liderazgo foráneo presagia el final de una era, en la que las estaciones misioneras ejercieron en los
centros urbanos una influencia desproporcionada a su número.
Las escuelas de misiones en Asia y el Norte de África, no tienen ya la misma influencia que una
vez tuvieron. En un principio fueron las únicas escuelas, pero ahora sólo forman un pequeño porcentaje
del total y están siendo empujadas hacia un segundo plano. Es cierto que todavía hay una pocas
escuelas cristianas sobresalientes en la mayoría de los países; escuelas de la misión protestante y
escuelas de órdenes religiosas, reconocidas como las mejores del país. Pero aún así, ellas no tienen ni
siquiera el uno por ciento de los estudiantes del país. Hubo un día en que estas escuelas tenían el
cincuenta por ciento de los hijos de las familias importantes del país. Los educadores de la misión no
pueden soslayar el hecho real, de que las escuelas misioneras no pueden esperar tener ahora la misma
influencia que tuvieron cuando las culturas occidentales estaban recién llegadas a África y Asia.
Lo que es verdad para las escuelas también es verdad para los hospitales de las estaciones
misioneras. Hasta 1945 las Provincias Centrales de la India no habían producido un solo médico
calificado. Sus universidades no tenían una escuela regular de medicina. Los únicos médicos
totalmente calificados, eran unos pocos inmigrantes de otras provincias o los doctores misioneros del
extranjero. Pero hoy día existen 400 estudiantes en la Escuela de Medicina de la Universidad de la
Región. Conforme este flujo de médicos salga hacia las ciudades, los pueblos y eventualmente a las
aldeas de las provincias, el monopolio actual de los Hospitales Cristianos, muy probablemente
desaparecerá. Lo mismo está sucediendo en cada nación en desarrollo. Las naciones no cristianas,
empiezan a impacientarse con el tutelaje extranjero. Ellos creen que degrada su orgullo nacional
admitir la necesidad de dirección de cualquier nación occidental. El Oriente, particularmente la India,
cree honestamente que excepto por la mecanización e industrialización, Occidente tiene muy poco que
ofrecer al “espiritual Oriente”. Los malos entendidos acumulados por sus propios profetas, contra las
naciones occidentales, llamando en contra de los prejuicios raciales, de la injusticia económica y las
guerras constantes, fueron tomados literalmente por las naciones del Oriente. El Occidente es entonces
visto como una sociedad desalmada, materialista, injusta, enloquecida por el dinero y como ninguna
otra, impulsada por motivos ocultos. La situación, en estos días en Oriente, no es la de sentarse
humildemente a los pies de sus maestros y tutores misioneros.
Se daría una impresión distorsionada, si en algunos de los últimos párrafos estuviera implícito que
las misiones cristianas ya no tienen ninguna utilidad, como manos de ayuda cultural al otro lado del
mar. En un futuro, cuando las naciones sean forzadas a una cooperación más estrecha, todos los
esfuerzos amigables para la comprensión mutua entre las naciones serán de gran valor. La residencia
continua de occidentales en el Oriente, sin lugar a dudas, será de mucho beneficio. Pero los días de la
gran influencia secular de las estaciones misioneras extranjeras, separadas de las grandes iglesias
nacionales, están llegando a su fin. Y ese final debe llegar por una razón más: existe actualmente un
uso de los recursos misioneros, enfocados más a la reconstrucción de las naciones, a la paz
internacional y hacia la iglesia; que a la penetración adicional de otras costumbres, creencias y culturas
no cristianas, desde la posición ventajosa de la estación misionera.
Saludo y despedida
De esta manera se desarrolló el modelo característico del Gran Siglo. Una época de tremenda
expansión misionera, en términos de influencia y expansión geográfica. Una era de heroísmo, devoción
y auto-sacrificio. La era del encuentro de dos culturas, separadas por un gran abismo que a través de las
estaciones misioneras, como avanzadas de buena voluntad y de la fe, fueron acercándose lentamente
hasta el punto de visualizarlas como un solo mundo. Una era en la cual es difícil no encontrar a la
Iglesia en cada raza o nación.
Así se desarrolló ese modelo, pero esa época ha terminado. Una nueva época está frente a nosotros
y demanda un nuevo modelo, que aunque parezca nuevo, es tan antiguo como la misma iglesia. Es un
modelo diseñado por Dios, por medio del cual, no pocos, sino miles conocerán a Jesucristo como su
Señor y crecerán en un discipulado completo, conforme pueblo tras pueblo, clan tras clan, tribu tras
tribu y comunidad tras comunidad sean alcanzados y fortalecidos por la fe cristiana.
El movimiento de pueblos dado por Dios
Mientras que el modelo típico de la actividad misionera había sido el de aproximación por medio de la
Estación Misionera, ocasionalmente se llevaba a efecto movimientos de pueblos hacia Cristo. Estos no
fueron llevados a cabo, como regla, por los misioneros; aunque en Oceanía, Indonesia y África hubo
algunas excepciones. Estos movimientos son el resultado de un misterioso mover del Espíritu de Dios.
Su modelo de crecimiento es muy diferente al descrito en el capítulo anterior. Estos movimientos han
aportado más del noventa por ciento del crecimiento de iglesias nuevas alrededor del mundo. El grueso
de la membresía de estas iglesias jóvenes está formado por convertidos y descendientes de los
conversos ganados a través de los movimientos de pueblos.
A pesar de todo esto, insistimos que el movimiento de pueblos fue la excepción, y que el
acercamiento típico del siglo XIX fue el enfoque de la Estación Misionera. El número de estaciones
misioneras, desde las cuales se iniciaron movimientos cristianos, ha sido muy pequeño, comparado con
el número de ellas sirviendo a las iglesias estáticas. Las empresas misioneras, son en su mayoría,
aquellas que sirven a los no cristianos y a las iglesias de los grupos colectivos coloniales. El liderazgo
de muchas conferencias de misiones viene, en gran parte, de aquellos que conocen y están sumergidos
en el enfoque de la estación misionera. Como el Dr. Hendrik Kraemer escribe: “El pensamiento y la
planificación misionera, en este período revolucionario, están todavía profundamente influenciados por
el enfoque de la estación misionera”. Por lo tanto, este enfoque debe tomarse como el resultado típico
de los años anteriores y los movimientos de pueblos como la excepción.
Al dividir el trabajo misionero en estas dos categorías: la que opera bajo el enfoque de la estación
misionera y aquella que opera a través de los movimientos de pueblos; se reconoce que ningún tipo de
trabajo misionero puede ser clasificado bajo cualquiera de estos dos encabezados. Por ejemplo, la
traducción e impresión de las Escrituras. No estamos intentando una clasificación exhaustiva, sino una
clasificación práctica en la que más del 90 % de la actividad misionera pueda ser ubicada.
Descripción de algunos movimientos de pueblos
Adoniram Judson fue a Birmania [actualmente Myanmar] como misionero a los birmanos,
culturalmente budistas. Pero tomó bajo su cuidado a un hombre rudo de la etnia karen de nombre Ko
Tha Byu. Los karen era una de las tribus más atrasadas de Birmania. Eran campesinos animistas,
considerados por los otros birmanos como un pueblo inferior y estúpido. “Tu puedes enseñarle a un
búfalo pero no a un karen”, era el dicho común.
Judson pasó seis meses intentando enseñar a ese antiguo criminal, ahora su sirviente, el significado
de la muerte redentora de nuestro Señor Jesucristo. Hizo tan poco progreso que casi estuvo inclinado a
pensar que el adagio popular era verdadero. Sin embargo, persistió y unos meses más tarde Ko Tha
Byu, vino finalmente a ser un cristiano convencido aunque no muy iluminado. Conforme Judson
viajaba por Birmania, hablando a los birmanos del país, su discípulo Ko Tha Byu hablaba a los
humildes karen en cada lugar. Estos empezaron a convertirse al cristianismo, un grupo de diez familias
aquí, una o dos mas allá; y en una aldea en la selva, de más de cinco familias, todos aceptaron el
señorío de Cristo. No tenemos todos los datos para comprobar que todos aquellos que se entregaron a
Jesús, tuvieran alguna relación entre ellos, pero lo más probable es que las familias emparentadas entre
sí estuvieran entregándose al Señor. Así comenzó una reacción en cadena. Podemos suponer que fue
sólo entre los parientes cercanos, que Ko Tha Byu tuvo una gran cantidad de contactos excelentes, sin
mencionar a los primos y primas en segundo grado. Los primeros convertidos vinieron sin duda de
entre sus familiares. Judson, en su traducción de la Biblia al birmano, estaba más preocupado con
asuntos que le parecían más importantes que en un movimiento cristiano entre una tribu atrasada. Por
años, él consideró a los convertidos de la tribu karen como un asunto sin importancia. Sin embargo, la
siguiente generación de misioneros incluyó a algunos karen que fueron como Pablo, extendiendo el
movimiento tan lejos como pudieron, hasta el final de los caminos y a través de los arrozales. El día de
hoy, en Birmania (Myanmar), hay un fuerte movimiento cristiano entre los karen y las tribus
emparentadas, con miles y miles de almas. Los cristianos karen, son los karen educados que proveerán
el liderazgo para la heterogénea población de cristianos karen, kachines y de otras tribus predominantes
en algunas partes de Birmania. El movimiento hacia Cristo entre los karen bien podría ser la fuente de
una estadística de una iglesia de cristianos que se cuentan por millones y que ejercen una decisiva
influencia sobre la historia de todo el sudeste asiático.
En contraste, el enfoque de la estación misionera entre los birmanos budistas se ha estancado en
una pequeña cantidad de iglesias estáticas, con una membresía de quizás 20,000 almas en todo
Birmania. Los creyentes karen son buenos cristianos y en cientos de sectores de Birmania hay
comunidades cristianas karen, con sus propios templos, su propio pastor, su propio culto tradicional, su
propia escuela dominical y una vida cristiana tribal que augura el bien para la permanencia de las
iglesias cristianas de Birmania. Los karen, discipulados a través de un movimiento de pueblos, que
ahora está en proceso de perfeccionamiento, no viven bajo el engaño de que un cristianismo nominal
tiene algo de valor delante de Dios. Las miles de iglesias distribuidas por todo el territorio, contienen
una proporción normal de cristianos llenos del Espíritu Santo. Son bautistas nacidos de nuevo, que se
comparan favorablemente con los bautistas nacidos de nuevo en cualquier otra parte del mundo.
Enfatizamos esto, porque es un error asumir que los cristianos convertidos a través del movimiento de
pueblos, por el sólo hecho de haberse convertido a la fe cristiana a través de cadenas de familias,
inevitablemente son cristianos nominales. Tal suposición está generalmente basada en prejuicios y no
en hechos. Todas las iglesias enfrentan el problema de cómo evitar formar cristianos nominales. Aun
las iglesias de Occidente, solamente formadas por aquellos individuos convertidos, que testifican de su
regeneración muy pronto llegan a tener ante ellos una segunda y tercera generación, que fácilmente
crece formando cristianos nominales. Las políticas de las iglesias varían en su habilidad de producir
cristianos conscientes de su verdadera salvación. El movimiento de pueblos, en sí mismo, no promueve
la producción de cristianos nominales.
En el norte de Pakistán existía una casta baja llamada chura. Eran agricultores y vivían en una
civilización mezclada de hindúes y musulmanes. Ellos formaban el 7% del total de la población de
Pakistán; eran intocables y estaban bajo opresión. Su trabajo era desollar el ganado muerto, curar las
pieles y recoger los huesos para venderlos. Habían sido casi totalmente ignorados por los misioneros,
que sólo les predicaban a los miembros respetables de las comunidades hindúes y musulmanas,
organizando a sus pocos y difíciles convertidos en las iglesias de la estación misionera. Sin embargo un
hombre de los chura, llamado Ditt, se convirtió a Jesucristo y continuó viviendo entre su pueblo, a
pesar de los intentos de aislarlo. Gradualmente trajo a sus familiares a la fe cristiana. En un principio,
los misioneros tuvieron dudas para admitir en la comunidad cristiana a estos seres considerados lo más
bajo entre los más desposeídos; por temor a las castas altas y a que los musulmanes se ofendieran al
pensar que la empresa cristiana era un asunto de intocables. Pero los chura que se convirtieron en
cristianos fueron pastoreados, enseñados y organizados en iglesias. Debido a que las conversiones se
hicieron en grupo, sin una dislocación social, los esfuerzos de los pastores y de los misioneros pudieron
aplicarse principalmente a predicar y enseñar. La atención no tenía que desviarse a proveer trabajo, o
esposas, o casas, o tierras para los individuos convertidos. La misión, a quien Dios había confiado este
movimiento, estaba formada por hombres y mujeres devotos que se entregaron a la obra. El resultado,
al final de casi ochenta años, es que no hay churas en esa parte de lo que fue la India (ahora es
Pakistán), que no sean cristianos. Todos los chura de esa región se han convertido al cristianismo.
Mientras que en las regiones de la estación misionera, la gente de la iglesia con frecuencia sólo
constituye la décima parte del 1% de la población total. En el área de los chura el número de creyentes
en la iglesia llega al 7% de la población. Existen congregaciones en muchas aldeas y el testimonio
cristiano se mantiene, no por los misioneros extranjeros, sino gracias a los ciudadanos de Pakistán.
En Indonesia, existe una gran obra misionera. Aparte de las colonias de grupos colectivos estáticos,
también ha habido un buen número de movimientos de pueblos dados por Dios. En el norte de Sumatra
existe un floreciente movimiento de pueblos entre la etnia batak con cientos de miles de convertidos.
En 1937, en la isla Nias, al noroeste de Sumatra había 102,000 cristianos. En 1916 no había ninguno.
En la zona norte de las islas Célebes, en 1940, la gente de las tribus minahasa eran cristianos fuertes. Y
en el centro de estas islas el crecimiento del movimiento de pueblos era rápido e intenso. También hubo
movimientos tribales hacia Cristo en las Molucas, Sangihe y en las islas Kepulauan Talaud. Alrededor
del año 1930, entre ocho a diez mil personas al año eran bautizadas en Nueva Guinea Holandesa. Para
el año 1936 se reportó el número de cristianos protestantes, que fue de un millón seiscientos diez mil
quinientos treinta y tres almas. La Iglesia Católica también creció gracias al movimiento de pueblos. En
el año 1937 había 570,974 miembros de la Iglesia Católica Romana en esas islas. Después del año 1950
se llevaron a cabo grandes movimientos de pueblos en Sumatra y también después de 1960 en Irian y
Kalimantán (Isla de Borneo).
El único caso en el mundo entero, de cientos de miles de musulmanes ganados para Cristo, ocurrió
en Indonesia en medio de estos numerosos movimientos de pueblos. También es interesante que en
Indonesia aparentemente exista un puente entre los nativos indonesios y los inmigrantes chinos. Un
puente sobre el cual el cristianismo puede cruzar. Si este puente se fortaleciera, a través de los
movimientos de pueblos de Indonesia, pudiera suceder que indirectamente más chinos se hicieran
cristianos, que los que se han ganado para Cristo en la misma China.
En África ha habido un gran número de movimientos de pueblos. No está muy lejano el día, cuando
casi toda África al sur del Sahara haya sido discipulada.
Existe un instructivo caso de movimientos de pueblos en la Costa de Oro. Estos han crecido y han
formado una gran Iglesia Presbiteriana. Durante diecinueve años, de 1828 a 1847, la misión Suiza de
Basilea luchó por establecer una posición segura en la Costa de Oro. De los dieciséis misioneros
enviados, diez murieron poco tiempo después de haber llegado. Se tuvo que adoptar la arriesgada
estrategia de traer ocho familias de las Indias Occidentales para demostrar que hombres de raza negra
podían leer el libro del hombre blanco, y para proveer misioneros menos susceptibles a los estragos del
clima. Durante ese tiempo, no ocurrió ni un solo bautismo. Los cuatro primeros bautismos sucedieron
en 1847, entre los miembros de la tribu Akim Abuakwa.
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La siguiente tabla muestra cómo creció la iglesia.
Año
1847
1858
1868
1890
Membresía de la Iglesia
4
365
1,581
9,000
Año
1894
1918
1932
1953
Membresía de la Iglesia
12,000
24,000
57,000
137,000
Hasta alrededor del año 1870, los registros mostraron evidencia del enfoque exploratorio de la
Estación Misionera. Se compraban esclavos, se liberaban y eran empleados de las estaciones
misioneras para darles instrucción. A los esclavos que huían de otras partes, se les daba refugio. Los
empleados en los edificios de la misión, se establecieron en terrenos de la misma. En el año de 1868
había un misionero por cada treinta cristianos. La Misión de Basilea había reunido una colonia en cada
una de sus nueve estaciones misioneras. Pero en la década de 1870 a 1888, cadenas completas de
familias provenientes de afuera de la colonia, empezaron a convertirse al cristianismo; y varias
estaciones entre las tribus de habla tsui comenzaron a ser rodeados por pequeños grupos cristianos en
las dispersas aldeas. Se establecieron escuelas en cada uno de esos grupos, que gradualmente se
convirtieron en iglesias. Una característica importante de este movimiento, como de muchos otros
movimientos entre los pueblos africanos, fue que con frecuencia los padres paganos enviaban a sus
hijos a las escuelas cristianas deseando que se convirtieran al cristianismo. De esta manera la escuela
tuvo una tremenda influencia. El crecimiento en sus inicios fue al estilo de la tribu. Los maestros
predicadores, la ligeramente educada primera generación de trabajadores cristianos, en los cuales
recayó la mayor parte del discipulado de las tribus de África, generalmente fueron reclutados de cada
tribu en la que se había iniciado un movimiento cristiano. Se les entrenaba y se les enviaba de regreso a
sus tribus a enseñar a otros, a pastorear a los cristianos y a ganar a otros para Cristo. Más tarde,
conforme se iniciaban otros movimientos cristianos en prácticamente todas las tribus, ellos se
convirtieron en el factor unificador de la vida de la etnia y los obreros fueron nombrados, más o menos,
sin tomar en cuenta sus relaciones tribales.
Las iglesias nacidas de los movimientos de pueblos
El resultado más obvio de las misiones cristianas, que han estado dando a luz y avanzando a través de
movimientos de pueblos, es una cantidad enorme de iglesias cristianas. Se calcula que están por encima
de las cien mil las congregaciones de cristianos traídos al conocimiento de Dios a través de los
recientes movimientos de pueblos.
Consideremos el inesperado gran número de movimientos de pueblos. Las islas del Pacífico han
sido discipuladas principalmente por movimientos de pueblos. La India tiene una lista extensa de
movimientos de pueblos desde los malas y los madigas, los nagás y los garas, los majaras y los bhils y
muchos otros. Indonesia y Birmania suman una buena cantidad de movimientos de pueblos de gran
potencial. África tiene numerosas tribus, en las cuales la iglesia esta creciendo al estilo tribal. En 1980,
dos nuevos movimientos de pueblos fueron reportados, uno en Mindanao y otro en México. Nuestra
lista podría ser mucho más grande. Conforme crecen cada uno estos movimientos de pueblos, se
multiplican en congregaciones cristianas.
Estas miles de congregaciones, tienen muchas características en común. Muchos de sus miembros
son analfabetos. En algunas regiones, el porcentaje de analfabetismo en las iglesias de los movimientos
de pueblos, es superior al 80%. Los pastores de esas Iglesia son generalmente hombres con alrededor
de siete años de escolaridad, más algún entrenamiento de seminario. Las iglesias son con frecuencia
edificios temporales de adobe o de mimbre, aunque hay iglesias bien construidas entre las
congregaciones más antiguas. En los nuevos movimientos de pueblos, el misionero generalmente juega
un papel importante, iniciando la obra, financiándola y desarrollándola. El pastoreo de la congregación
está casi por completo en manos de los obreros nacionales. El día de hoy, en los movimientos de
pueblos más antiguos y más grandes, los ministros nativos dirigen la iglesia, mientras los misioneros
trabajan como asistentes dirigidos por el consejo de la iglesia. Los servicios a los cristianos, tan
enfatizados en el enfoque de la estación misionera, son reducidos considerablemente. El número de
niños es tan grande, que dejando a un lado las pequeñas escuelas primarias insatisfactorias, pocos niños
tienen la oportunidad de educación. En las iglesias de la estación misionera es práctica común que cada
niño sea enviado a la escuela, con los gastos pagados por la misión, para realizar estudios hasta donde
su inteligencia se lo permita. Pero en las iglesias de los movimientos de pueblos, el grueso de la
población cristiana sólo tiene a su disposición las mismas ventajas educativas que los no cristianos.
Esto produce una membresía ignorante y de baja educación. En algunos países africanos el cuadro
escolar es totalmente diferente, ya que el gobierno otorga la educación a través de las misiones. En
estos lugares, los niños de los movimientos de pueblos tienen excelentes oportunidades de educación y
la membresía de las iglesias está creciendo considerablemente en su educación.
Tan dispersas como están las congregaciones, es difícil alcanzarlas con ayuda médica. El cólera y
las epidemias de viruela, la muerte súbita por malaria cerebral y las enfermedades infantiles llevan a
muchos niños a la muerte. Condiciones de salud que son un escándalo para la raza humana son una
característica de estas miríadas de iglesias rurales. Aun así, las iglesias de los movimientos de pueblos
son extremadamente estables. Existen regresiones, en especial en los primeros días, pero en general una
vez que un pueblo se ha convertido al cristianismo se mantiene como tal, inclusive enfrentando la más
dura persecución. Aunado a la fe de cada individuo y al valor que proviene de una comunidad mundial,
los fuertes lazos de relación y de cohesión social, mantienen firmes en su fe a los individuos débiles.
Perlas menospreciadas
Uno de los hechos curiosos respecto a los movimientos de pueblos es que rara vez han sido buscados o
deseados. Pickett establece en su artículo “Christian Mass Movement in India” (El movimiento
cristiano de masas en la India), que en los lugares donde se iniciaron la mayoría de los movimientos de
pueblos, hubo resistencia por parte de los líderes de la iglesia y de la misión. Estos líderes con
frecuencia tienen grandes dudas, sobre si es correcto tomar grupos de individuos en donde muchos de
ellos, al parecer tiene una fe personal dudosa. Sin embargo, a pesar de cierto grado de represión, los
movimientos se llevaron a cabo. Uno se pregunta que hubiera sucedido si desde los inicios del Gran
Siglo, las misiones hubieran buscado activamente y orado, por movimientos de pueblos hacia Cristo
entre los diferentes grupos étnicos que conforman la población mundial.
Los Movimientos de pueblos que ocurrieron, rara vez fueron comprendidos. La manera de decidir
corporativamente fue opacada por la preferencia occidental de la decisión individual. Los procesos de
perfeccionar a la iglesia fueron confundidos con el proceso por el cual una persona se aleja de los
ídolos para servir al Dios Viviente. Inclusive en algunos sectores de África, en donde ha habido un gran
crecimiento, una comprensión errónea del movimiento de pueblos ha significado no alcanzar un
crecimiento máximo y ha causado daño innecesario a la vida tribal.
Los Movimientos de pueblos hacia Cristo son la meta suprema del esfuerzo misionero. Muchos de
los que lean este libro no estarán de acuerdo con esto, y en general realmente nunca ha sido aceptado.
Aun así, afirmamos y pretendemos que los amplios movimientos del Espíritu que ocurren en los
movimientos de pueblos son dados por Dios. Nosotros no nos atrevemos a pensar que los movimientos
de pueblos hacia Cristo son meramente un fenómeno social. En verdad, podríamos llevar un registro de
algunos de los factores que han contribuido a su desarrollo; pero hay mucho que es misterioso y que
está más allá de lo que cualquiera pueda pedir o pensar. Parte de esto es producto de una fe religiosa, y
otra parte evidencia el trabajo de un poder divino, lo cual obliga a confesar que los movimientos de los
pueblos hacia Cristo son regalos de Dios. Es como si en el cumplimiento de los tiempos, Dios diera a
sus siervos el inapreciable inicio de un movimiento de pueblos. Si esto sucede, la Iglesia queda
establecida firmemente; si fracasa, las fuerzas misioneras regresan a las etapas preliminares de la
exploración.
Aun así, el reconocimiento esencial de que los movimientos de pueblos hacia Cristo son la meta
suprema, no es con frecuencia reconocida por los líderes cristianos. Los regalos de Dios van y vienen
sin ser reconocidos, mientras el trabajo misionero dirigido por hombres se lleva a cabo fiel y
tenazmente hacia adelante. Es tiempo de reconocer que cuando un avivamiento empieza en China,
Japón, África, el mundo islámico o la India, probablemente aparecerá en la forma de un movimiento de
pueblos hacia Cristo. Esta es la manera en que el cristianismo evangélico se extendió en la Europa
Católico Romana del tiempo de La Reforma. Esta es la mejor manera para que se extienda el
cristianismo en cualquier territorio o país.
Cinco grandes ventajas
Los movimientos de pueblos tienen cinco grandes ventajas. Primera, han provisto al movimiento
cristiano con iglesias permanentes, enraizadas en la tierra de cientos de miles de aldeas. Para su vida
económica, estas iglesias son muy independientes de las misiones occidentales, aunque
desafortunadamente estén acostumbradas a un bajo nivel de educación. Aun así, su devoción ha sido
frecuentemente probada en el fuego de la persecución y fue hallada más pura que el oro. Están allí para
quedarse, son colegas permanentes del peregrino que va en el camino.
Las iglesias son naturalmente autóctonas. En el enfoque de la estación misionera el convertido es
traído como un individuo a un modelo dominado por el extranjero. El extranjero ha marcado el paso y
el estilo, con frecuencia ante su propia consternación. Tal pérdida de identidad étnica es un asunto que
no se da en los movimientos de pueblos hacia Cristo. En ellos, los nuevos cristianos raramente ven al
misionero y generalmente están inmersos en su propia cultura. Su propio estilo de vestir, de comer y de
hablar continúa casi sin cambios. Sus iglesias son necesariamente construidas igual a sus casas. Las
iglesias son tan autóctonas como cualquiera pudiera desear. No pueden cantar o aprender himnos o
canciones extranjeras, así que con frecuencia las canciones locales son usadas. De ahí la calidad
autóctona, altamente buscada y raramente encontrada por los líderes de las iglesias del enfoque de la
estación misionera. Tales cualidades, sin ningún esfuerzo adicional, se encuentran en las iglesias de los
movimientos de pueblos hacia Cristo. Sin embargo, las iglesias centrales enviadoras necesitan hacer
esfuerzos especiales, para mantener totalmente indígena la capacitación de los jóvenes y líderes dentro
del movimiento de pueblos.
Los movimientos de pueblos tienen una tercera ventaja. Con ellos, la “expansión espontánea” de la
iglesia es algo natural. La frase “expansión espontánea” resume la valiosa contribución al pensamiento
misionero, hecha por Roland Allen y la agencia Dominio Mundial. Se requiere que los nuevos
convertidos sean integrados en iglesias, que desde el principio estén totalmente equipadas con
autoridad espiritual para multiplicarse a sí mismas, sin ninguna referencia a los misioneros extranjeros.
Estos pueden ser consejeros o asistentes pero nunca deben ser necesarios para la plenitud de la iglesia o
para el desarrollo de su capacidad de expansión ilimitada. La “expansión espontánea” requiere una
confianza plena en el Espíritu Santo y un reconocimiento de que las tradiciones eclesiásticas de las
iglesias más antiguas, no son necesariamente útiles para las iglesias más jóvenes que surgen de las
misiones occidentales. Se espera que los nuevos grupos de convertidos se multipliquen a sí mismos, de
la misma forma como surgieron los grupos desde las primeras iglesias. Los defensores de la “expansión
espontánea” señalan que los movimientos dirigidos por extranjeros, al final llevará a la esterilidad y al
antagonismo con sus auspiciadores, y que por lo tanto, el método que están usando; llamado aquí el
enfoque de la estación misionera, nunca nos llevará tan siquiera a acercarnos a la evangelización de
todo el mundo.
Tan deseable como pudiera ser la expansión espontánea, es un ideal difícil de lograr por parte de las
iglesias que trabajan con el enfoque de la estación misionera, pues deben ser liberadas de todo vínculo
con las iglesias occidentales, y deben estar convencidas de que tienen toda la autoridad espiritual
necesaria para multiplicarse a sí mismas. Deberían estar llenas del Espíritu Santo y con el firme deseo
de ganar a otros para Cristo; pero el sólo hecho de constituirse en un pueblo separado, sin ningún
vínculo vivo con ningún pueblo vecino, hace extremadamente difícil formar nuevas iglesias. Por el
contrario, en las iglesias de los movimientos de pueblos, la “expansión espontánea” es natural. Tanto el
deseo de ganar a los suyos, como la oportunidad de dar testimonio en conversaciones íntimas, están
presentes en alto grado. Hay contacto abundante a través del cual la convicción puede ser transmitida.
Ciertamente, en los movimientos de pueblos el crecimiento natural es y ha sido a veces, disminuido por
el ambiente y las técnicas ampliamente difundidas del enfoque de la colonia del grupo colectivo. Pero
una vez que estas técnicas son reconocidas y los líderes de la iglesia renuncian a ellas, dando paso al
movimiento de pueblos, se hace relativamente fácil que ocurra la “expansión espontánea”. Entonces las
misiones como en los días del Apóstol Pablo, pueden deliberadamente intentar usar la expansión,
relativamente no planeada del movimiento de pueblos hacia Cristo, para alcanzar un mayor y más
significativo crecimiento. De esta manera llegamos a la ventaja más sobresaliente de los movimientos
de pueblos hacia Cristo.
Las enormes posibilidades de crecimiento en estos movimientos
Estos movimientos tienen enormes posibilidades de crecimiento. Que al día de hoy estas posibilidades
sean ampliamente ignoradas y no reconocidas, inclusive por el liderazgo de las iglesias, no disminuye
la verdad e importancia de este hecho. Los movimientos de pueblos están delimitados por aspectos de
crecimiento exterior entre su misma gente. Como Pablo descubrió, el movimiento palestino tuvo
aspectos de crecimiento en muchas partes fuera de ese país. De la misma manera, cada movimiento de
pueblos hacia Cristo, tiene posibilidades de crecimiento en sus límites o fronteras. Por ejemplo, los
madigas se han convertido en cristianos en grandes cantidades. Son trabajadores del sur de la India, que
han emigrado a otros lugares del país y al extranjero. Uno no puede dejar de pensar si una
proclamación ferviente hecha por un moderno Pablo de los madigas, no anunciaría la noticia de estar
iniciando movimientos madigas en muchas partes del mundo, diciendo: “Nosotros los madigas nos
estamos convirtiendo al cristianismo por decenas de miles cada año. Hemos encontrado al Salvador y
como pueblo hemos tomado posesión de las riquezas inescrutables de Cristo”.
Los movimientos de pueblos también tienen aspectos de crecimiento interno; es decir, los grupos de
no convertidos dejados por este arrasador movimiento. Aquí los líderes de las fuerzas cristianas deben
estar alertas, para ver que las puertas estratégicas son traspasadas mientras están abiertas. Las puertas
permanecen abiertas durante casi una generación, después se cierran para el flujo de la religión
cristiana. Hasta que todo el grupo o pueblo sea discipulado, existirán los dos aspectos de crecimiento
interno y externo. Ambos dejarán grandes dividendos si se cultivan correctamente.
En raras ocasiones los puentes son para otras comunidades, como aquel sobre el que Pablo lanzó su
movimiento hacia los gentiles. Para ser llamado un “puente”, la conexión debe ser lo suficientemente
amplia, para proveer no solo para el bautismo de los individuos, sino para el bautismo de suficientes
grupos en un período corto de tiempo y en un área suficientemente amplia para crear un Movimiento de
Pueblos en la otra comunidad. Más de estos puentes podrían ser encontrados si fueran asiduamente
buscados. Si los líderes pudieran ser orientados a comprender y a desarrollar destrezas para su uso, los
puentes serían usados más para la expansión de la fe cristiana.
Las posibilidades de crecimiento en los movimientos de pueblos, de ninguna manera están
confinadas al desarrollo de nuevos movimientos. Los líderes de las iglesias de los movimientos de
pueblos, encuentran que el proceso normal de crecimiento, después que la iglesia ha obtenido presencia
y tamaño; incluyendo el bautismo de individuos que buscan la fe en las márgenes de las
congregaciones, la mayoría de las veces produce reuniones más estables año tras año, que en el caso
durante el período de mayor exhuberancia del movimiento. Podemos concluir que una vez que la
iglesia del movimiento de pueblos ha ganado cien mil convertidos, y ha venido a ser indígena para esa
tierra, formada por una considerable proporción de la población; es probable que siga creciendo. Una
cantidad moderada de asistencia misionera, en los lugares en donde las iglesias sientan que lo
necesitan, producirá resultados más allá que aquellos que se lograrían a través de la tradición de la
estación misionera.
Proveyendo un modelo normal de evangelización
La quinta ventaja se debe a que estos movimientos proveen un modelo sano de conversión al
cristianismo. Ser un cristiano es visto no como un cambio en el nivel de vida logrado posiblemente por
fondos extranjeros, sino como un cambio en el carácter interno logrado por el poder de Dios. En las
iglesias bien enseñadas de los movimientos de pueblos, tal cambio es evidenciado en la adoración
continua a Dios, en el estudio frecuente de la Palabra, en los diezmos y ofrendas, en la disciplina de la
congregación, en el cuidado espiritual ejercitado por el pastor, en los hábitos de oración y devoción
personal y en la erradicación de conductas no cristianas. Esta vida, centrada en la iglesia de la aldea, la
mayoría de las veces construida por los mismos cristianos, es vista como la principal característica de
la religión cristiana. No hay instituciones impresionantes que desvíen la atención del hecho central. Los
cristianos se convierten en “gente de una iglesia que adora a Dios”, en lugar de “gente con hospitales
que conocen de medicina”, o “gente con escuela que obtienen buenos trabajos”. La salud del
movimiento cristiano requiere que el modelo normal sea bien conocido, no solamente por los pueblos
no cristianos, sino por los líderes de la iglesia y de la misión y por los cristianos comunes y corrientes.
El Movimiento de Pueblos hacia Cristo provee un modelo, que puede reproducirse indefinidamente. Es
el modelo que con pequeñas variaciones se ha logrado a través de la historia.
Aspectos Culturales de la Misión
Levi DeCarvalho
DIOS HABLA A LA GENTE por medio de las culturas humanas. Así lo hizo a través de los profetas,
dirigiéndose a toda clase de gentes, en los tiempos del Antiguo Testamento. Después de esto, como
dice la carta a los Hebreos, Dios “en los postreros días nos ha hablado por el hijo… el resplandor de su
gloria,… la imagen misma de su sustancia” (1:1–3). Jesús vino en la plenitud de los tiempos para
cumplir con el plan de Dios, que incluía ubicarse en una determinada cultura, la cual el hijo de Dios
adoptó como suya, utilizándola como vehículo eficiente para la comunicación del Evangelio.
Lo que hizo Jesús, ministrando en y por medio de la cultura de su gente en aquel entonces, es un
modelo y ejemplo de lo que Dios ha hecho y sigue haciendo en todo el mundo, a través de la historia.
Es lo que se conoce como el modelo de la encarnación en la misión cristiana.
Hoy día, muchos cristianos se dan cuenta de las diferencias culturales entre los grupos humanos. En
la pantalla del noticiero nuestro de cada día, encontramos gente de todo el mundo con sus distintas
costumbres y maneras de pensar y actuar. A pesar de las diferencias culturales que nos distinguen, hay
también elementos universales que nos unen, entre ellos nuestra necesidad de la gracia de Dios.
Nuestra pregunta, entonces, es: ¿cómo podemos comunicar a la gente de todo el mundo, en especial a
los no alcanzados, las Buenas Nuevas de Cristo?
En la Biblia, Dios se comunica con los seres humanos en función de sus distintas situaciones
culturales y religiosas. Por ejemplo, a Naamán, el sirio (2 R. 5), el profeta Eliseo le presentó el Dios de
Israel, el verdadero Dios, que sana y transforma a todo aquel que se le acerca con humildad y
sinceridad de corazón. A la mujer samaritana (Jn. 4) Jesús le habló del agua de vida, que sacia la sed
interior del ser humano quien busca significado y propósito para su existencia.
Por tanto, Dios se acerca al individuo dónde éste se encuentre, y habla a su corazón con gracia y
poder. De la misma manera, Dios habla a grupos enteros, como fue el caso de los habitantes de Nínive
al tiempo del profeta Jonás. Toda una gran ciudad se convirtió a Dios, con humildad y arrepentimiento,
y el Dios de Israel le bendijo en vez de destruirla a causa de su gran maldad.
La lección primera y sencilla que podemos recoger, en cuanto a la comunicación de la verdad
bíblica, es que Dios habla al ser humano por medio de su cultura y en la situación en que se encuentra.
Si Dios lo hace así, es porque debe ser el mejor método de comunicar el Evangelio a cualquiera.
1. Qué es cultura
Podemos definir cultura como el conjunto de costumbres, percepciones y prácticas que un determinado
grupo social adopta como suyo y transmite a sus descendientes. En otras palabras, cultura es todo
aspecto de comportamiento, pensamientos, estructura, valores y creencias que distingue un grupo
humano de otro, en mayor o menor grado. Así siendo, elementos tales como la lengua, la manera de
comunicarse, las formas de habitación, alimentos típicos, formas de gobierno, estructura social,
relaciones personales y de parentesco, técnicas de transformación del medio ambiente, historias y
tradiciones, creencias y valores—todo eso y más es lo que abarca el término cultura.
En los textos bíblicos, podemos encontrar distinciones culturales de un grupo a otro. En Génesis
capítulo 41, por ejemplo, encontramos a José, quien había sido llamado a la presencia del faraón, cuyos
sueños nadie podía interpretar, ni aún los mejores sabios de Egipto. Sin embargo, Dios había preparado
a José para la ocasión. El siervo del Señor tenía el don de interpretar sueños—justamente lo que había
ocasionado su venida a la presencia del rey. Para el faraón, como para los demás egipcios, los sueños
solían contener mensajes de los dioses, los cuales, una vez interpretados, podían servir para bendición o
maldición de los seres humanos. José usó este importante aspecto de la cultura egipcia de su tiempo
para comunicarles el mensaje de Dios. En cambio, Dios usó aquel evento para lograr la supervivencia
del pueblo de Israel que se encontraba, como muchos otros pueblos de la región, bajo la amenaza de
muerte por hambre y sequía.
Dios usa distinciones culturales como vehículos de comunicación del Evangelio, en situaciones
humanamente imposibles. Tan solo necesita el Señor tener a su disposición siervos preparados para
actuar en momentos decisivos de sus planes eternos (Et. 4:14).
2. Dos caras de la cultura
Podemos entender la cultura como las dos caras de una luna (Fig. 1.), una visible y consciente y la otra,
invisible y subconsciente. La cara “visible” de la cultura tiene por lo menos tres subdivisiones:
enseñanzas, actitudes y prácticas.
Las enseñanzas reflejan los principios de vida que la gente quiere repasar a sus descendientes, a
menudo de forma verbal, pero también por modelos y ejemplos. Así, un hombre puede enseñar a su
hijo como manejar un machete, por ejemplo, y una madre puede enseñar a su hija como pintar vasos de
cerámica al estilo de su grupo.
Las actitudes tienen que ver con reacciones a situaciones diversas, en las cuales los adultos
comunican a sus descendientes las formas culturalmente aceptables de responder a los estímulos de la
vida común. Así, por ejemplo, uno aprende como reaccionar a alguien cuya acción es reprobada por el
grupo—sea por la condenación verbal directa o por el chisme, hasta que el individuo en cuestión
cambie su postura o sufra punición de algún tipo por parte del mismo grupo.
Las prácticas tienen que ver con las habilidades del grupo, sea en las ceremonias y rituales que se
celebran de tiempos en tiempos, sea en los aspectos tecnológicos que el grupo utiliza para sobrevivir,
divertirse, comunicarse, relacionarse entre sí y con grupos foráneos y también con el mundo de los
espíritus (o el mundo del desconocido). Aquí se incluyen las actividades que en ciertos grupos son
definidas por sexo, estructura social, ocupación, recursos naturales diversos, entrenamiento,
implementos tecnológicos, etc. Cada grupo humano tiene sus prácticas comunes, que pueden cambiar
con el correr del tiempo, en mayor o menor velocidad, a depender de circunstancias tales como
desastres naturales, relaciones internas y externas, necesidades sentidas, creatividad, disponibilidad de
recursos, expectativas sociales y otros factores.
Figura 1:
Dos maneras de entender la cultura
3. Cosmovisión y conversión
La cara “invisible” o subconsciente de la cultura, que denominamos cosmovisión, tiene que ver con por
lo menos tres aspectos: postulados, valores y compromisos. Precisamente por ser netamente
subconsciente, esta parte de la cultura no es aparente a la vista y necesitamos un esfuerzo y una
investigación seria para lograr conocerla y entenderla.
La cosmovisión es la manera como cada grupo humano y aun cada persona entiende e interpreta la
realidad, actuando, por consiguiente, con base en esa comprensión. En la ilustración de la Figura 1, en
la que representamos la cultura como una luna, la cosmovisión se encuentra en su lado oscuro y es, por
tanto, menos visible a los observadores de afuera, como son los misioneros. Las subdivisiones de toda
cosmovisión, según el modelo teórico propuesto por el misionólogo Charles Kraft, son tres:
Los postulados son el sistema de verdades o creencias que el grupo (o individuo) adopta
normalmente sin cuestionar, tomándolas por sentadas. Así, por ejemplo, un grupo puede creer que los
dioses o espíritus existen y actúan en su medio, mientras que otro cree que los espíritus son
supersticiones de la gente y todo lo que existe es solamente el mundo material.
Los valores son aquellos principios de vida que la gente toma como preceptos de conducta y que
son compartidos y adoptados por los miembros del grupo. Así, por ejemplo, un grupo puede valorar la
sabiduría y la posición de los ancianos, con demostraciones de respeto por la mayor edad, mientras que
otros grupos echan al margen de la sociedad sus miembros de edad avanzada. Para estos últimos, los
ancianos no tienen mucho valor, siendo considerados como un peso que le toca al gobierno de cuidar,
no a la familia.
Los compromisos, a su vez, se refieren a los seres y entidades a los cuales el grupo confiere lealtad.
Para ciertos grupos, por ejemplo, su compromiso es para con los antepasados y la comunidad visible de
la cual son parte. Así que, si el misionero dice palabras de desprecio a los antepasados, la gente las
toma como falta de respeto grave al grupo—lo que puede llevarlos a rechazar el mensaje del misionero.
Hay otros grupos que se comprometen con el individuo; para ellos, resulta difícil abdicar de su
individualismo en favor de un esfuerzo grupal, como enseña el Nuevo Testamento.
Si queremos entender un individuo o grupo con el propósito de comunicarles el Evangelio de
Cristo, debemos hacer más que conocer su cultura visible o consciente—sus enseñanzas, actitudes y
prácticas. Debemos también conocer su cultura subconsciente o invisible—sus postulados, valores y
compromisos. Es al nivel invisible o del subconsciente que ocurre el cambio más radical en la vida
humana, que denominamos conversión. Si desconocemos esta parte de la cultura de la gente, tendremos
mucha dificultad de comunicarle el Evangelio de manera efectiva.
Si un grupo tiene su lealtad dirigida hacia sus antepasados, con tintes de chamanismo y
comunicación con los espíritus, la conversión se procesa cuando las personas asumen un nuevo
compromiso con Cristo Jesús y rechazan su compromiso con los espíritus. En cuanto a sus postulados,
por ejemplo, este grupo puede creer que el Dios Creador se ha alejado del ser humano y que ya no se
comunica con ellos. Como consecuencia, la gente cree que los espíritus y los antepasados son los
poderes con los cuales uno tiene que comunicarse, y que depende de ellos para sobrevivir. Un cambio
en este nivel ocurre cuando la gente pasa a creer que Dios se comunica con ellos por medio de su
Palabra, y más aún de forma visible por medio del Hijo, Jesucristo, quien vino en carne para cumplir
con el propósito redentor del Padre
Kraft, referido anteriormente, dice: “sin cambio de cosmovisión no hay conversión”. Cambios de
esta naturaleza, que son resultado de la actuación del Espíritu Santo en la persona o grupo, son los que
verdaderamente conducen a una nueva vida en Cristo. La gente puede frecuentar un servicio religioso,
cantar himnos cristianos, diezmar, aprender doctrinas cristianas—todo eso sin cambiar su cosmovisión,
y, por lo tanto, sin experimentar una verdadera conversión. Solamente cuando cambian sus postulados,
valores, y compromisos es que experimentan un nuevo vivir con Cristo, y glorifican a Dios por su
misericordia y su poder.
4. Elementos universales de cultura
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Según los antropólogos, cada grupo humano puede ser descrito de acuerdo a sus características
comunes en función de elementos de cultura que son considerados universales. Entre estos elementos
encontramos los siguientes:
Alimentación
Arte y música
Cosmovisión (creencias y valores)
Economía
Estructura social y política
Habitación
Lenguaje
Religión
Tecnología
El lenguaje es el vehículo de comunicación que habla más de cerca al corazón de la gente.
Aprender su lengua demuestra que uno los aprecia y quiere comunicarse a la manera de ellos. En
ciertos grupos, por ejemplo, el acto de compartir alimentos es una forma de manifestar hospitalidad y
aceptación, y en esas situaciones, si el misionera se rehúsa a comer algo que se le ofrece la gente puede
ofenderse y rechazar el misionero y su mensaje.
La estructura social y política, por otro lado, indica los papeles y atribuciones de cada miembro del
grupo. Si uno aspira a pertenecer al grupo, aunque sea por poco tiempo, tiene que conocer como
funciona ese grupo y como está estructurado. En muchos casos, uno no puede llegar y anunciar el
Evangelio sin antes recibir el permiso de los líderes locales. Véase, por ejemplo, la recomendación de
Jesús a los discípulos, cuando los envió de dos en dos a una misión de corto plazo, en Lucas 9. Al
parecer, Jesús instruye a sus discípulos a respetar los líderes legítimos del pueblo para poder alcanzar
sus corazones con el mensaje del Reino de Dios.
5. Identificación y misión
Jesús se hizo ser humano (Fp. 2) y se identificó con nosotros, como dice la carta a los Hebreos (4:15),
pero sin pecado. El fue un auténtico galileo, reconocido como uno de ellos puesto que creció allí desde
niño (Lc. 4:16–22; 22:59) y hablaba como ellos (Mt. 26:73), evidencias de que había adoptado la
cultura de su propia gente.
Jesús eligió actuar como un rabino, para poder enseñar las cosas concernientes al Reino de Dios y
en esa condición fue reconocido como autoridad por el pueblo y por las mismas autoridades
eclesiásticas y civiles de su tiempo (Jn. 3:1–2; Lc. 23:8). Además, esa posición de maestro le permitió
tener seguidores, los discípulos que más tarde se hicieron sus apóstoles, llevando su mensaje a toda la
tierra.
Una dificultad de los misioneros es que son foráneos, y por tanto son traicionados por sus
costumbres arraigadas que llevan consigo desde su propia cultura. Es por esto que el misionero es
muchas veces conocido por su acento y a menudo reacciona a la manera de su gente cuando encuentra
una situación nueva o inesperada (cf. Hch. 14:14) en el campo. Para cambiar ciertos hábitos el
misionero tiene que esforzarse conscientemente, en muchos casos, aun que, con el tiempo, esos
cambios puedan ocurrir más automáticamente.
Así como Jesús se identificó con nosotros, pero sin pecado, de igual manera el misionero debe
cuidar para no adoptar prácticas o costumbres que claramente van en contra de los principios de la
Palabra de Dios. Sin embargo, habrá siempre momentos y situaciones en los cuales la gente identificará
al misionero como foráneo, por más que él se esfuerce por ser como ellos. Pero esto no debe
desanimarlo; su éxito como misionero depende mucho más de Dios que actúa en medio de la gente que
de sus esfuerzos humanos para encarnarse en la cultura local. No descartamos la identificación, porque
Jesús nos dio el ejemplo, sino que la situamos en su debido lugar.
6. Evangelio y cultura
Necesitamos entender que el Evangelio no es el mismo que mi cultura. Hay muchos misioneros que no
perciben esa diferencia y no se dan cuenta de que su predicación está impregnada de costumbres y
valores que son propios de su grupo de origen y no tienen nada que ver con el mensaje bíblico. Mucho
de lo que se enseña como doctrina bíblica es, en verdad, costumbre cultural, específico de un
determinado grupo humano. El horario y fecha de un servicio religioso, por ejemplo, depende de
muchos factores locales; no hay nada de sagrado o de inherentemente cristiano en empezar el servicio a
las once de la mañana del domingo, como es la costumbre en los países fríos del norte atlántico. Este
mismo horario, trasportado a los países del Sahara africano, sería un suplicio para los hermanos locales
que suelen reunirse en las primeras horas del día o en las noches, cuando se puede soportar el clima
inclemente.
La mezcla de costumbres culturales con prácticas cristianas es antigua y viene desde los tiempos de
la iglesia primitiva. Ya en el libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos la discusión del tema
por parte de los primeros cristianos. Siendo que los primeros creyentes fueron judíos, muchos de ellos
creían que todos los cristianos debían de ser como ellos y debían, por supuesto, adoptar las costumbres
judaicas, como la circuncisión, por ejemplo, y la observancia de la ley. Fue necesario que los líderes de
la iglesia se reunieran y discutieran el asunto para dejar claro que el Cristianismo no es el mismo que la
cultura judía o cualquier otra cultura (Hch. 15). Sin embargo, hasta la fecha, hay muchos cristianos,
incluso muchos misioneros, que creen—en algunos casos con la mejor de las intenciones—que todo lo
que hacen en sus iglesias es sagrado y sacramentado por Dios, y por consiguiente, debe de ser impuesto
a todos los pueblos del mundo que se convierten a Cristo. El Evangelio de la libertad de Cristo se
convierte en esclavitud cultural a determinado grupo representado por el misionero.
Por esta razón, necesitamos conocer nuestra propia cultura y someterla al juicio de la Palabra de
Dios antes de pensar en imponerla a otros. Si dejamos que nuestra propia cultura sea juzgada por la
Palabra del Señor, vamos a percibir que hay cosas en nuestro propio grupo eclesiástico y en nuestras
vidas como cristianos que deben cambiar para conformarse a los principios divinos. Es cierto que
costumbres neutrales, por decirlo así, no ofenden ni impiden nuestro testimonio en donde estamos
ubicados. Es el caso, por ejemplo, del horario de los servicios o la manera como nos vestimos o el
lenguaje que usamos en nuestra conversación cristiana. Sin embargo, querer imponer estas costumbres
a otros pueblos puede convertirse en una barrera al Evangelio. La gente puede ofenderse o pensar que
sus costumbres son todas malas y nada sirve para Dios. Corremos el riesgo de obtener convertidos
culturales y no convertidos a Cristo. Hay que tomar mucho cuidado con este tema. No hemos sido
llamados a predicar nuestra cultura; hemos sido llamados a predicar a Cristo y su Evangelio. Ninguna
cultura salva a nadie; es la Palabra de Cristo que tiene ese poder.
Malentendidos culturales ocurren con mucha frecuencia, en especial en el campo misionero. Si al
comienzo todo parece bonito y atractivo, en tiempos de choque cultural todo parece oscuro y
equivocado. Es común que el obrero transcultural se equivoque en su percepción de las cosas a su
alrededor y que se sienta incapaz de vencer sus dificultades. Sólo cuando el obrero se percata de sus
equivocaciones y hace un esfuerzo consciente de cambiar su manera de vivir es que encuentra
esperanza para retomar el proceso de crecimiento cultural que le ayudará en su ministerio de campo.
En verdad, hay dos partes del mismo proceso de cambio de vida para el misionero: una consciente y
la otra, subconsciente. La primera demanda un esfuerzo de cambio que involucra pensamientos y
acciones objetivas, mientras que en la segunda, los cambios son como que automatizados y el obrero
aprende a dejarse cambiar con más facilidad por la situación donde vive. La parte crítica, quizás, esté
en la primera, que es más consciente que la segunda. Sin embargo, los cambios se procesan más
conscientemente al comienzo y se hacen más automáticos con el pasar del tiempo.
7. Verdad divina y relatividad humana
Al contrario de la opinión común, ninguna cultura es una prisión tal que la persona no pueda escapar de
ella, de una u otra manera. Esto significa que no hay lo que se denomina como determinismo cultural,
es decir, una obligación inevitable de actuar de acuerdo a la cultura de uno sin libertad de innovación o
adopción de valores culturales distintos a los de un determinado grupo social. Por esta misma razón,
entendemos que la persona, en un u otro momento dado, puede cambiar de pensamiento, adoptando la
fe cristiana, por ejemplo. Sin embargo, reconocemos que este cambio se produce solamente por la
actuación del Espíritu de Dios. De todos modos, este cambio es posible porque el ser humano puede
escapar al condicionamiento cultural de que es parte y abrazar otro rumbo de vida distinto al anterior
suyo.
Otro factor que se debe de tomar en cuenta es la relatividad cultural. Esto se refiere al hecho de que
cada grupo humano tiene su propia manera de organizar su percepción de la realidad para vivir y para
comunicarla a sus descendientes. En otras palabras, la manera como un grupo entiende la realidad es
suya propia y así ocurre con todos los agrupamientos humanos. Eso implica que cada grupo humano
tiene su propia percepción de lo que es correcto o verdadero.
Sin embargo, muchos científicos, en especial los que estudian en comportamiento humano, han
propugnado por lo que se denomina relativismo cultural, que nada más es que una ideología que
defiende que no hay verdad absoluta en el universo; todo es relativo. Nosotros como cristianos no
aceptamos el relativismo cultural, pero entendemos que la relatividad cultural es un hecho, verificable
empíricamente. Para defender la verdad de fe en que hemos sido instruidos no dependemos ni
recorremos a nuestras costumbres culturales sino a la Palabra de Dios. Las culturas humanas son todas
relativas; sólo la verdad de Dios es inmutable y eterna, y por tanto, válida para todos en todo lugar.
Decidir qué es verdad de Dios, sin embargo, no es tan fácil como parece a primera vista, pero creemos
que Dios, por su Espíritu, nos revela la verdad y nos ayuda a entenderla, vivirla y proclamarla.
Una actitud que existe en personas de toda cultura y que puede servir de barrera a la comprensión
del Evangelio—y de parte del misionero, a su comunicación efectiva—es lo que denominamos
etnocentrismo. Consiste el etnocentrismo en juzgar todo trazo cultural del otro de acuerdo a los valores
de mi propia cultura. Así, por ejemplo, al encontrar a una persona que es miembro de otro grupo
cultural, de inmediato yo empiezo a juzgarla y a condenarla, aun sin entender su lengua o sus
costumbres.
Dios no juzga según la apariencia porque Dios ve al corazón (I S. 16:7). Debemos aprender con
Dios a no juzgar a las personas de acuerdo a nuestros parámetros. Son los parámetros de Dios,
conforme los encontramos en su Palabra, que pueden juzgar al ser humano. Como consecuencia, toda
comunicación del Evangelio que contiene todo el designio de Dios (Hch. 20:27) es suficiente para
provocar en sus oyentes una reacción de ofensa; no la ofensa de un individuo en contra de otro, sino la
ofensa que proviene de comparar los caminos de uno con los caminos de Dios y percibir que los
caminos divinos son más altos y sublimes (Is. 55:8). Esa es la verdadera ofensa del Evangelio y es la
única que debería resultar de nuestra predicación.
Para empezar, nosotros debemos de experimentar esta ofensa en nuestras vidas cuando somos
confrontados por la Palabra de Dios. Sólo entonces debemos de promover la buena ofensa en los demás
por la comunicación efectiva del mensaje de Cristo (Mt. 7:1–5).
8. Choque cultural
Una experiencia común a la mayoría de los misioneros es lo que denominamos choque cultural.
Consiste en pasar del deslumbramiento con la nueva cultura, a ejemplo de lo que ocurre con el turista,
para comprender que uno tendrá que hacer profundos ajustes si pretende vivir con la gente que nos
recibe como misioneros. Uno percibe que hay muchas cosas en la cultura circundante que no
aceptamos o rechazamos con fuerza y, a menudo, puede que nos sintamos personalmente rechazados
también en nuestra manera de ser y de vivir. Es en esa situación de verdadero choque que uno necesita
tomar una decisión: buscar adaptarse al máximo posible a las costumbres locales o rechazar a la gente y
su cultura.
El fenómeno del rechazo de la cultura local es muy frecuente entre los misioneros. Hay gente que
permanece en el campo, por alguna razón, pero que en su corazón juzga y critica a los locales por su
manera de vivir y de pensar. Sin embargo, hay que percatarse uno de que la gente no es tonta; sabe muy
bien cuando el misionero las rechaza y puede sentir el desprecio o la actitud de superioridad,
lamentablemente muy común entre misioneros.
Sin embargo, hay muchos misioneros que a la vez de rechazar a la gente, la recibe y aprende a
amarla, buscando adaptarse a su cultura y manera de vivir. Son misioneros así que dan frutos para la
eternidad, imitando el ejemplo de Cristo, quien murió por nosotros siendo nosotros aún pecadores (Rm.
5:6).
9. Cultura y traducción
Un gran problema en la comunicación transcultural del Evangelio tiene que ver con la traducción de la
Biblia. ¿Cómo traducir, por ejemplo, la expresión “ascuas de fuego” (Rm. 12:20)? ¿Y qué quiere decir
esta expresión? ¿Tiene un sentido literal o figurado? Otra pregunta: ¿cómo traducir el texto que dice
“Jehová es mi pastor” (Sl. 23:1) para un grupo que no conoce lo que son ovejas y por tanto no sabe qué
es un pastor? Como estos, hay muchos otros ejemplos de textos (e.g., Rt. 2:20) que exigen un estudio
del texto bíblico en sus lenguas originales y de la lengua vernácula para que la traducción sea lo más
fiel posible al intento del mensaje de Dios. Lo que el traductor busca, sobre todo, son equivalentes de
significado que puedan transmitir con precisión y fidelidad el sentido original del texto bíblico.
En los últimos decenios, los teólogos han “descubierto” que la Biblia es esencialmente un libro de
lo que ellos denominan teología narrativa. La teología tradicional, que sigue el modelo occidental
basado en la filosofía griega antigua, se ocupaba de lo que se conoce como teología sistemática, que
desarrolla su pensamiento a través de proposiciones supuestamente lógicas e irrefutables. Sin embargo,
Jesús, por ejemplo, enseñaba por medio de ilustraciones, ejemplos, parábolas, diálogo, analogías (Mt.
13). De la misma forma, Dios usaba un lenguaje más cercano a lo que la gente hablaba en tiempos del
Antiguo Testamento y de acuerdo a sus culturas para comunicarles las verdades divinas. De ser así,
muchos teólogos se han dedicado, en tiempos recientes, al estudio de esta teología narrativa para
entender como funciona y que es lo que la distingue de la teología occidental.
La mayoría de los grupos no alcanzados del mundo utiliza modelos de comunicación al estilo
narrativo, por tanto más cercanos al modelo bíblico que a la teología que normalmente uno aprende en
los seminarios. Consecuentemente, el misionero que ha sido entrenado a pensar en forma sistemática y
proposicional, al estilo occidental, seguramente tendrá problemas de comunicación en su ministerio de
comunicación del Evangelio.
Para muchos grupos, el Antiguo Testamento es sumamente importante, porque se acerca a su visión
de mundo y su percepción de las cosas espirituales. Algunos grupos misioneros, de hecho, han
empezado a usar el método cronológico para comunicar la Palabra de Dios. En vez de comenzar en los
Evangelios, como es la costumbre incluso entre los traductores bíblicos, ellos empiezan con la creación
para luego llegar a Cristo. Este es el método que aparentemente usaba el apóstol Pablo, después de
percibir que gran parte de su audiencia no entendía su mensaje mesiánico, el cual era más apropiado
para los judíos, quienes conocían su trasfondo (Hch. 14:15–17 y 17:22–31).
Mucho de la comunicación de las verdades divinas tiene que ver con lo que se conoce como
“testigos creíbles”—es decir, personajes cuyo testimonio es respetado y por tanto es tomado muy en
serio por los que lo oyen. Fue así con los “padres” (He. 1:1–3) del Antiguo Testamento y con el Hijo de
Dios, en el Nuevo. Pero fue también el caso de personajes como Job, José de Egipto, Moisés, Elías,
Eliseo, Daniel, Nehemías, Jonás, Bernabé, Felipe, y muchos más.
10. Sincretismo y contextualización
Dos de los principales problemas enfrentados por el misionero en el esfuerzo de traducir el mensaje
bíblico a la cultura local son el sincretismo y la contextualización. Los dos van de la mano y es
prácticamente imposible haber uno sin el otro.
El sincretismo, según algunos teóricos de la misionología, ocurre cuando un grupo recibe el
Evangelio y lo mezcla con su cultura local. Siendo así, todo grupo de creyentes en todo el mundo tiene
este problema, por la razón sencilla de que en nuestras iglesias hay mucho que es de nuestra misma
cultura. La manera como nos vestimos, la lengua que hablamos, la manera como organizamos nuestra
iglesia, la manera de relacionar unos con otros, las festividades que celebramos, y aún algo de nuestras
creencias puede no tener ninguna base bíblica. Esto no quiere decir que estamos todos equivocados,
pero es un hecho que no hay iglesia perfecta que cree y que vive el Evangelio de manera santa y pura.
La predicación de la Palabra de Dios sirve exactamente para santificar nuestras vidas y es una
experiencia común de muchos creyentes que con el pasar del tiempo, su comprensión de la verdad de
Dios madura y se perfecciona.
El otro problema, entonces, es precisamente la contextualización del Evangelio. Es decir,
enfrentamos constantemente el dilema de cómo entender el mensaje de Dios y cómo vivirlo en el
contexto de nuestro diario vivir. Cómo aplicar las enseñanzas del Sermón del Monte, por ejemplo, o
cómo administrar la disciplina en la iglesia son problemas que las iglesias cristianas en todo el mundo
luchan por entender y decidir. Qué tipo de música vamos a adoptar en nuestros servicios, que estructura
de gobierno vamos a adoptar para bien administrar los negocios del Reino de Dios, etc., son todos
problemas de contextualización.
Hay diversidad en el Cuerpo de Cristo, la iglesia, precisamente por la diversidad de dones del
Espíritu y también por la diversidad de contextos en que vivimos. Gracia y misericordia debe
caracterizar nuestra conducta y relaciones entre cristianos, sin dejar de buscar siempre en la Palabra de
Dios sus principios y verdades que deben transformar nuestras vidas e también el mundo al cual somos
enviados como testigos del Señor.
Dios siempre ha contextualizado su mensaje. La encarnación es el ejemplo supremo de
contextualización (He. 1:1–4). El misionero debe dejar que el Espíritu de Dios conduzca los nuevos
creyentes en el camino de Cristo por medio de su Palabra. Hay lugar para la instrucción y el ejemplo,
pero es el Espíritu, en último análisis, quien conduce la iglesia a toda la verdad (Jn. 16:13). Hemos sido
llamados a ser cooperadores de Dios (I Co. 3:9), no un obstáculo a la obra del Espíritu quien nos
conduce en la misión.
La pregunta constante del misionero es esta: ¿Qué debe cambiar cuando las personas se convierten?
¿Mantenemos su estilo de música? ¿Qué tipo de organización eclesiástica debemos adoptar? ¿Quiénes
deben ser sus líderes y cómo serán elegidos y entrenados? ¿Qué tipo de enseñanza debemos hacer en
cuanto a la vida moral de la gente? ¿Cómo debe ser la disciplina de los creyentes? ¿En qué tipo de
habitación vamos a reunirnos? ¿Cómo vamos a celebrar la Santa Cena y los bautismos? ¿Cómo serán
sostenidos los que van a cuidar del rebaño? ¿Qué tipo de mensajes vamos a predicar? Estas y muchas
otras cuestiones van a ocupar al misionero y a los líderes locales por mucho tiempo y van a llevarlos a
constantemente buscar la dirección de Dios para la iglesia local en las Escrituras.
11. El misionero, un agente de cambio
Cuando hablamos de cambio cultural, debemos estar conscientes de que hay dos tipos de agentes de
cambio—uno que viene de afuera y otro que es de adentro del grupo. Al primero denominamos de
abogado del cambio, y al segundo denominamos de ejecutor del cambio. Si el misionero se percata de
esta distinción se da cuenta de que no puede promover el cambio, sino a lo mejor, defenderlo. Ejecutar
o implementar el cambio le toca a una persona de adentro del grupo.
Una y otra vez los misioneros se encuentran en una situación donde las cosas sólo caminan cuando
ellos están presentes. Al instante en que ellos se ausentan, la vida vuelve a su curso anterior, como si
los cambios no existieran. Y de hecho es así. Un cambio cultural efectivo y con posibilidad de
contagiar a otros sólo se procesa cuando es iniciado o ejecutado por alguien de adentro. Un foráneo
actuar de manera distinta al grupo es algo “normal”, por decir algo. Pero es otra cosa cuando uno de
ellos decide de experimentar la idea nueva, venga ella del misionero o de otra persona cualquiera.
Cuando empiezan a surgir seguidores o imitadores, es entonces que la novedad tiene el potencial de
concretarse y alcanzar un mayor número de miembros del grupo.
El misionero que esté consciente de esta distinción jamás de pondrá en la posición de transformador
de la cultura ajena; lo máximo que el misionero podrá aspirar será de abogar o defender una idea nueva
a los oídos de algunos de sus amigos más cercanos y más influyentes.
Es aquí donde surge la figura del líder de opinión, así llamado. No se trata, necesariamente, de un
líder que ocupe una posición en la jerarquía del grupo. Puede que sea apenas una persona que tiene
influencia sobre otros y quien tiene suficiente capital social como para ser el primero en adoptar una
idea nueva sin el miedo al ridículo y con grandes posibilidades de ser seguido.
Al contrario, ocurre muy a menudo que el misionero atrae la atención de una persona que es lo
contrario de un líder de opinión. Si éste individuo adopta una idea nueva, como sea el Evangelio, por
ejemplo, puede ser precisamente quien va a provocar que los demás rechacen la novedad
completamente, haciendo más difícil la penetración del mensaje o del cambio propuestos inicialmente
por el misionero.
Si bien es verdad que “lo necio… y lo débil del mundo escogió Dios” para avergonzar a los sabios
y fuertes, “a fin de que nadie se jacte en su presencia” (I Co. 1:26–29), es también verdad que Dios usa
a personas en posiciones de influencia para lograr sus propósitos. Así fue con Moisés, quien fue grande
en Egipto (Hch. 7:22); José, grande y sabio administrador, quien llegó a segundo en la corte, después
del Faraón (Gn. 41:39–41); Jesucristo, quien era respetado como rabino entre los judíos; Cornelio,
quien era centurión de una Compañía del Imperio Romano (Hch. 10:1); Apolos, quien era “varón
elocuente y poderoso en las Escrituras” (Hch. 18:24); Pablo, quien era respetado como fariseo y
profundo conocedor de las Escrituras (Fp. 3); y otros más. Todos estos fueron verdaderos líderes de
opinión, con muchos seguidores que adoptaron la novedad de sus cambios culturales.
12. La dependencia
Los críticos del trabajo misionero a menudo apuntan al problema de la dependencia como prueba de la
equivocación con que nosotros emprendemos nuestro trabajo. La dependencia es más frecuente en las
finanzas, donde el proyecto o estructura implantada por el misionero depende de fondos del exterior
para funcionar. Sin embargo, hay también dependencia teológica, misionológica y otras más, cuando el
misionero toma a si el encargo de dirigir todo y manipular todo lo que ocurre en el campo misionero,
sin dejar espacio para el liderazgo local. Muchas veces cuando se habla de líderes locales a lo mejor se
está hablando de empleados o de hombres y mujeres locales que han sido puestos en posiciones cuyo
verdadero comando está en las manos de los misioneros. Es la clase de trabajo cristiano que tiende a
permanecer débil y paralizado por mucho tiempo, hasta que el misionero se vaya o muera o sea
remplazado por alguien que entiende el valor y la dignidad de los obreros locales.
Sin embargo, cuando empezamos un proyecto local, debemos preguntarnos: ¿De quién es el
proyecto? ¿Quién lo va a mantener funcionando? Si los locales no toman el proyecto como suyo, o sea,
algo que es de su interés más que del interés del misionero, el fracaso es casi asegurado. Así ocurre con
varios proyectos comunitarios, como por ejemplo, la agricultura, la pecuaria, la educación formal y la
capacitación de líderes para las iglesias, y aún mismo la traducción de las Escrituras.
Es bien conocida la historia del misionero que regresó a su país después de trabajar por muchos
años en campo misionero y plantar una iglesia, grande y fuerte. Un día recibió una carta de la iglesia
con la siguiente petición: “Por favor, señor misionero, regrese, porque su iglesia está desmoronando.
Venga arreglarla”. Para los locales, la iglesia no era de ellos; pertenecía al misionero. Jamás había sido
un proyecto de la gente misma.
13. Forma y significado
En las ciencias, hablamos de la diferencia entre la forma y el significado. Este principio puede aplicarse
al trabajo misionero en distintos aspectos. Un ejemplo está en la forma como está estructurada la iglesia
local. Si el grupo reconoce como líderes a sus ancianos mientras que el misionero entrena y después
impone un líder joven a la iglesia, seguramente habrá problemas.
En la cabeza del misionero está, digamos, la idea de que un líder debe ser joven, con ideas nuevas y
energía para atraer a sus comandados, y esto es lo que funciona en la cultura de donde viene el
misionero. Sin embargo, la iglesia puede perpetuar un cuadro de inmadurez justamente a causa de que
el misionero impuso una forma de su cultura creyendo que iba a funcionar y ser entendida por los
locales. Para el misionero, el binomio líder = juventud es lo que vale, pero para la gente puede ser otro
el binomio, digamos, líder = anciano. El misionero, en este caso, transfiere una forma y su significado
desde su cultura al campo misionero y después puede percatarse de que algo está equivocado en su
estrategia de trabajo.
En este caso, el misionero promovió un cambio de forma pero no de significado. Para la gente
local, la juventud sigue siendo sinónimo de falta de sabiduría y también incapacidad para el liderazgo.
En una situación así, quizás lo mejor sería que el misionero estudiara como se percibe un líder en el
grupo antes de promover cambios que no funcionan.
Una gran dificultad para muchos de nosotros, misioneros, es que, a menudo, sobrestimamos nuestro
poder y subestimamos nuestra influencia. Podemos lograr mucho más por influenciar las vidas de
algunos individuos claves, como lo hizo Jesús con sus discípulos, que por tentar imponer nuestro
pensamiento a las multitudes. Sin embargo, esto exige del misionero una actitud de humildad, cosa que
no es automática en personas que tienen el llamado a la misión de Dios.
14. Actitud del misionero
Quizás lo más importante en la vida del misionero, ante los ojos de la gente, es su actitud. Si perciben
que el misionero les ama, respeta sus costumbres (aunque puede no estar de acuerdo con ellos) y
procura vivir como ellos, entonces hay un ambiente abierto y positivo para que escuchen el mensaje
que el misionero les quiere comunicar. Si, al contrario, el misionero después de aprender su lengua a la
perfección, entender sus costumbres, y aún vivir entre ellos, pero con una actitud de desprecio por la
gente y por su manera de vivir, difícilmente podrá comunicarles el mensaje del Evangelio que ellos
tanto necesitan. La misión no es tanto una cuestión de técnica, como lo es de actitud. Esa actitud, que
tuvo su exponente máximo en Cristo, debe de reflejar lo que Pablo dice de si mismo:
Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los
judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley)
como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin
ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho
débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a
algunos. Y esto hago por causa del Evangelio, para hacerme copartícipe de él.
I Corintios 9:19–23
Cristo representa el modelo encarnacional de la misión de Dios. Con eso queremos decir que, para
hacer más efectiva la comunicación del Evangelio, Dios decidió venir en carne a este mundo, en la
persona de su propio hijo, para revelarse de una vez por todas a la humanidad. La actitud de Cristo, que
subrayó esa encarnación, fue de servicio y humildad, en total dependencia y obediencia a Dios:
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó
el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es
sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la
tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2:5–11
Si Cristo tuvo esa actitud, ubicándose en la cultura de Galilea de su tiempo, despreciada por los del
sur, de Judea, dándose a conocer como uno de ellos para hablarles al corazón desde adentro, nosotros
debemos poner atención a su modelo misional. La mejor ubicación, según el ejemplo de Jesucristo, es
desde adentro, y la mejor actitud es la de siervo. Por supuesto que hay consecuencias de esa
encarnación de Jesús: aunque algunos lo entendieron y lo recibieron como el Mesías de Dios, otros
todavía lo rechazaron. El rechazo es parte integral de la misión, con la implicación de que nosotros
debemos conocer la enseñanza bíblica sobre el sufrimiento al igual que la enseñanza sobre el servicio y
el Reino de Dios.
Conclusión
Habiendo afirmado que la actitud es lo más importante a los ojos de la comunidad que recibe el
misionero, eso no quiere decir que todo lo que necesitamos es llegar y hacer nada. Es todo lo contrario.
Precisamente por obediencia al Señor es que nosotros debemos de honrarlo en todo lo que hacemos, y
esto incluye conocer la cultura de la gente a la cual fuimos enviados a servir.
Como bien lo dicen los lingüistas David Rising y la pareja Brewster, aprender el idioma es una
parte de aprender toda una cultura. No es suficiente aprender la lengua de la gente; la lengua es parte de
un contexto más amplio, sirviendo ella misma como el vehículo más notable de comunicación de esa
misma cultura.
El término enculturación se usa para referirse al aprendizaje de la cultura por parte del individuo
que es miembro del grupo desde su nacimiento. El individuo perfecciona constantemente su
aprendizaje cultural y se convierte en un miembro maduro y productivo en medio de los demás. Es un
proceso desde adentro. La aculturación, por otro lado, se refiere al proceso que emplea un misionero,
por ejemplo, para aprender una segunda cultura, con el propósito de vivir con el grupo de manera que
ellos puedan aceptar su presencia y entender su mensaje sin distraerse por su comportamiento de
foráneo. Es un proceso desde afuera y es más consciente que el primero.
La relación entre la cultura y la misión es bien conocida. En la Biblia, encontramos que desde la
creación Dios nos ha hablado por medio de nuestras culturas. El ápice de esa actuación y comunicación
divina se dio en la vida, obra y persona de Cristo Jesús, quien se hizo carne y habitó entre nosotros (Fp.
2). La encarnación es el cenit de la misión de Dios y nos toca a nosotros imitarlo en la obra que nos ha
confiado por el poder del Espíritu Santo para la gloria de Cristo Jesús entre las naciones.
Observando a Juanito: Cómo aprender un idioma
David Rising
ANTES DE EMPEZAR A “OBSERVAR ” a Juanito, debemos atender al consejo de Federico Bertuzzi: “Una
buena misionología debe partir de una sana teología.” La mejor base bíblica para guiarnos en nuestro
tema brinda Juan 20:21: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (DHH). Según
Valdir Steuernagel y John Stott ésta es la “versión más fundamental” de la Gran Comisión porque aquí
“en forma deliberada y precisa [Jesús] puso a su misión como modelo de la nuestra.”1 Y ¿cómo el
2
Padre envió al hijo? Lo envió “indefenso, vulnerable y dependiente de la gente que lo rodeaba.” Y
¿cómo Jesús nos envía a nosotros? Nos envía “en la misma dependencia de Dios y de los hombres, en
la misma debilidad y vulnerabilidad.” Jesús se sometió a sus padres y creció “en sabiduría y en gracia”
(Lc. 2:52), aprendió con sufrimiento (He. 2:10) y se despojó de sí mismo, “tomando naturaleza de
siervo” (Fil. 2:7). El aprendiz de un idioma debe seguir un camino semejante, sometiéndose a la gente a
quien ministra, creciendo en sabiduría (desde su perspectiva), sufriendo ante ellos (Col. 1:24),
despojándose de los privilegios que tal vez tuvo en su patria, así convirtiéndose en un siervo de sus
anfitriones (Lc. 22:25–27).
Los obstáculos más difíciles en aprender una lengua son de índole espiritual, psicológica y social.
¿Es usted dispuesto a cambiar su vida, humillarse, convertirse otra vez en chiquitín desde la
perspectiva lingüística, ganar nuevos amigos y vivir y pensar radicalmente diferente? (Es lo que hizo
Jesús.) ¿Tiene usted el valor para hacer los cambios en su vida y tomar los riesgos necesarios para
3
aprender un nuevo idioma?” (Es lo que tuvo Jesús ).
El misionero viene como el representante de Jesucristo. Muestra (imperfectamente) las virtudes de
Jesús. Pero no tenemos en claro cuáles virtudes debemos demostrar, especialmente en lo que concierne
el aprendizaje de un idioma en el campo misionero. Ayuda dividir las cualidades de Jesús/Dios en tres
“grupos”: Las universales, las aceptables y las ofensivas.
Primero hay virtudes de Dios que son afirmadas por esencialmente todas las religiones en el
mundo: poder, voluntad, sabiduría, santidad, grandeza. Los musulmanes gritan fervientemente ¡Allahu
akbar! (“Dios es grande”).
La segunda división de las virtudes de Dios consiste en las cualidades de Dios que sólo el Judaísmo
y el Cristianismo afirman, pero que disfrutan una cierta aceptación entre creyentes de otras religiones.
Un animista, hindú, o musulmán que oye por primera vez que Dios lo ama, se sorprende, se extraña,
pero no se ofende. A veces aceptan la doctrina. Conozco a un musulmán que se imagina que el amor de
Dios sea un elemento fundamental del Islam.4
El tercer grupo, las virtudes “ofensivas”, consiste en una gran lista de virtudes que son únicas al
Cristianismo. Isaías 53 describe al Mesías con palabras sorprendentes: varón de dolores, experimentado
en quebranto, sufrió, azotado, herido, molido, castigo, llaga, angustiado, afligido. Jesús se describió a sí
mismo en términos semejantes: “Soy manso y humilde de corazón” (Mat 11:29). Últimamente se
manifestó (voluntariamente) en debilidad, vulnerabilidad, y sufrimiento absoluto—“hasta la muerte”,
dice el texto. El concepto que el Señor y creador de todo sufra a manos de su creación es repugnante.
Cuando Jesús anunció por primera vez que iba a morir, ¿Cómo respondió Pedro? “Tomándolo aparte,
comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, en ninguna manera esto te acontezca.” Así su discípulo más
1
Valdir Steuernagel, La Gran Comisión: Leámosla de Nuevo, en Steuernagel (ed.), La Misión de la Iglesia: Una
Visión Panorámica, (San José, Costa Rica: Oficina Regional de Comunicaciones para América Latina de Visión
Mundial, 1992), 96–97.
2
Esta cita y la que sigue fueron tomadas de un folleto no publicado por Ibrahim Loqman (seudónimo).
3
Pocas veces reflexionamos en que Jesús era una persona de valentía. El periodista inglés, G. K. Chesterton,
observó “De todos los credos, el cristianismo ha añadido valentía a las virtudes del creador.”
4
En el Islam fundamental, Allah ama a los que lo aman a Él. Esta posición es el polo opuesto a la del Evangelio
(Romanos 5:8; Tito 3:4; 1 Juan 4:10).
cercano: peor en el caso de los judíos, musulmanes, etcétera. Por eso Pablo escribe: “Nosotros
anunciamos a un Mesías crucificado. Esto les resulta ofensivo a los judíos, y a los no judíos les parece
una tontería” (1 Co. 1:23, DHH).
Y aquí el punto que quiero hacer: el aprendiz de una lengua necesita precisamente las virtudes de la
tercera lista. Pero aún somos como Pedro: no queremos el sufrimiento.
Por ejemplo, muchos misioneros sienten que es una lástima que tienen que postergar su ministerio
para primero aprender la lengua. No quieren llegar débiles; quieren llegar fuertes y capaces. Pero Jesús
llegó en debilidad absoluta como sólo lo es un bebé y él postergó su ministerio 27 años. ¿Por qué Dios
no envió su hijo “pre-preparado”? Bueno, no lo hizo, ni debemos nosotros tratar de esquivar la
debilidad. Los entrenadores de misioneros, Thomas y Betty Brewster,5 escribieron:
Si un nuevo misionero tiene esta perspectiva de que el aprendizaje del idioma es comunicación—es ministerio,
cuando llega al nuevo contexto cultural, reconocerá que, sólo entonces, estará listo para empezar realmente a
aprender a pesar de todos los años de estudios académicos y experiencia que quizá haya tenido. Él o ella deben
rechazar la actitud de llegar con un estatus privilegiado y posiciones asumidas usualmente por aquellos que
tienen privilegios económicos y educativos.
El misionero no aprende para ministrar, sino ministra a través de aprender. Esta base bíblica nos
guiará ahora en explorar algunos principios básicos sobre cómo aprender un idioma. El primer tema es
de los cuatro “canales”.
1 Los cuatro “canales”
Hay cuatro “canales” a través de los cuales el ser humano procesa lenguaje: escuchar, hablar, leer y
escribir. Cuando hablamos o escuchamos, es principalmente el oído el que procesa el lenguaje; cuando
leemos o escribimos, usamos la vista. Es de suma importancia reconocer que lenguaje es
primordialmente relacionado con el oído; la vista es mucho menos importante. Steven Pinker6 observa:
La escritura es claramente un accesorio opcional; la maquinaría real de la comunicación verbal es el lenguaje
hablado que adquirimos como niños.… La escritura es un aparato inventado que conecta la vista y el habla.
Los cuatro canales se ilustran en la próxima gráfica.
Los cuatro canales del lenguaje y el orden preferible
Figura 1
Ahora es tiempo para introducir a Juanito, quien será el representante de los más prodigiosos
aprendices de idiomas—es decir, de los niños. Vamos a seguirle, observando cómo aprende su idioma
materno. En la primera escena, Juan tiene un año y apenas está empezando a demostrar interés en
lenguaje. Está sentado en las piernas de su papá, el cual toca la nariz de Juan mientras pronuncia dos
veces nariz, nariz. Luego toca su oreja y pronuncia clara y cuidadosamente oreja, oreja. Juan está
aprendiendo el español. Juan y su padre se fascinan. ¡Cuánta diversión!
Pero ocurre—o más bien no ocurre—algo importante: Juanito no hace nada. Sólo escucha. El
principio más básico de cómo los niños aprenden es: solamente escuchan. No tratan de hablar (hasta
que estén listos). No digo que Juan es pasivo: realmente se está esforzando mucho, escuchando
intensamente. A los niños les cuesta mucho aprender un idioma, pero se esfuerzan en el silencio.
Este ejemplo trata de cómo Juanito aprende su lengua materna… tal vez usted tenga la inquietud
que sería diferente si se tratara de una lengua extranjera. Es una buena duda: vamos a enviar a Juan a
5
Brewster y Brewster, Language Learning is Ministry, reproducido en el presente libro y en Rising.
Steven Pinker, The Language Instinct: How the Mind Creates Language, (New York NY: Harper Perennial,
1994), 16, 189.
6
otro país para observarlo allá. Para hacer la observación más valiosa, tiene ahora unos seis años.
Durante los meses iniciales él hace básicamente lo mismo: sólo escucha, no habla casi nada mas que
mensajes de urgencia (tengo sed, ¿dónde está el baño?, etc.). Su papá trata de forzarlo a hablar, y su
mamá lo regaña, pero instintiva e innatamente Juanito sabe mejor: está practicando lo que se llama el
período de silencio. Por fin, seis meses después irrumpe espontáneamente en la lengua local, hablando
bastante bien. Sus padres se sorprenden sobremanera.
Este comportamiento es probablemente universal con los niños; los adultos, en contraste, tienden a
tratar de hablar antes de que estén listos y, como consecuencia, sufren varios efectos negativos,
incluyendo inhibición, frustración, vergüenza y mal acento. Pero los estudios indican que los adultos
que guardan este “período del silencio” tienden a aprender mejor y más rápidamente. Podemos
comparar este período lingüístico a la incubación de un huevo: externamente no parece hacer nada,
pero internamente el huevo es bastante activo, transformando materia en caos en un pollito. Si se
estorba el huevo o el aprendiz, el resultado será menos que deseable. Pero si deja a Juanito en su
silencio, puede ser que saldrá como un pollito impresionante.
Por supuesto, es imposible que los adultos nos callamos exactamente cómo los niños lo hacen, pero
el adulto debe concentrarse en el escuchar sin preocuparse tanto por su propia producción. Este
principio es ilustrado en los primeros dos vagones en la Figura 1: el locomotor del tren es el escuchar;
el vagón del hablar viene atrás y recibe poder del escuchar.
Ahora pasamos a los próximos dos vagones. Ya notamos que son un “accesorio opcional,” pero
ahora afirmo una idea un tanto más arriesgada: el leer y el escribir son inútiles y aún dañosas en los
pasos iniciales de aprender una lengua. Mi experiencia me ha enseñado que usted pasará un mal rato, al
convencerse de este punto. Por eso ofrezco cuatro argumentos y, luego, dejaremos este principio para
otro.
La experiencia escolar—que empieza con el primer grado y se extiende a través de diez, quince,
veinte o más años—nos ha infundido el pensamiento, casi como un lavado de cerebro, que el leer y el
escribir son “sinónimos” de aprender. Pero esto sencillamente no es válido, especialmente en el caso
del aprendizaje de un idioma. En términos de la gráfica, aprender una lengua a través del leer y/o
escribir es equivalente a mover el tren para atrás. No funciona bien.
Una segunda observación sorprende: Los analfabetos tienden a aprender lenguas más rápidamente
que los que somos “educados”, probablemente porque no saben leer.
Otro testimonio lo dan las personas que hablan muchas lenguas. Si se les pregunta cómo aprenden,
casi siempre dicen lo mismo: “Escucho. Simplemente escucho.”
Pero hemos pasado por alto el argumento más obvio: hay seis mil millones de personas en este
planeta que hablan su lengua materna, y ninguno de ellos la aprendió leyendo y/o escribiendo. El mero
pensamiento es ridículo. Y por el otro lado, ¡¿cuál padre o madre trataría de enseñar a su hijo,
mostrándole palabras escritas?! ¡Absurdo!
Ah, pero usted va a decir que los niños y los adultos aprenden diferentemente, que los adultos
aprenden mejor leyendo. Yo le explicaría que esto tampoco es cierto, pero, ya que les prometí, tengo
que pasar a otro principio.
2 Entre más intensidad y claridad, mejor
En el fondo de un pozo se encuentra un caracol. El pozo es de una profundidad de diez metros, y el caracol sube
tres metros durante el día pero retrocede, deslizándose dos metros durante la noche. ¿Cuánto tiempo le llevará
escapar del pozo?
Obviamente diez días. ¡Pues no! Escapó al final del octavo día. En la mañana del octavo día el caracol
empieza su labor diaria en el nivel de siete metros y llega ese mismo día al nivel de diez metros,
escapando.
Pero ¡¿qué tiene este acertijo que ver con el aprendizaje de idiomas?! Nos sirve como una
ilustración de la necesidad de la intensidad: el progreso del caracol fue lento y frustrante a causa de que
retrocedía durante el descanso. Los aprendices de idiomas se parecen a los caracoles: aprenden
ineficientemente si no se dedican de lleno al trabajo. Esto podemos ilustrar con un ejemplo hipotético:
dos aprendices invierten cien horas en aprender el mismo idioma. Uno invierte diez horas diarias por
diez días, el otro invierte dos horas semanales durante cincuenta semanas. Es probable que el primero
aprenderá más.
Entonces recomendamos tanta intensidad como posible, pero también tenemos que tomar en cuenta
que es posible experimentar demasiada intensidad. Una sobreabundancia del estrés puede provocar
enfermedad de estrés, la cual está causando mucho fracaso en el campo misionero (aunque pocos lo
reconocen). Se dice frecuentemente que la “inmersión” sea la mejor manera de aprender una lengua, y
supongo que esto es la verdad, sin embargo algunos individuos y algunas familias no tienen los
recursos emocionales para soportar esta experiencia. Algunos misioneros—incluso misioneros
iberoamericanos—han sufrido un colapso bajo estas condiciones. No digo que la inmersión es mala. Es
buena, si uno la puede hacer. Mi consejo: busque un balance.
Parecido al principio de la intensidad es el principio de la claridad de la señal que se oye. El
principiante urgentemente necesita escuchar palabras bien pronunciadas. Recordemos a nuestro querido
Juanito, sentado en las piernas de su padre: imagínese la calidad de la señal que él oye. Su oído está a
pocos centímetros de la boca de su padre, el cual pronuncia bien clara y cuidadosamente: n-a-r-i-z.
Condiciones ideales. Es una razón por la cual los niños aprenden sin acento.
Un adulto no puede sentarse en las piernas de otra persona, pero sí puede buscar las condiciones
favorables. Por ejemplo, debe sentarse cerca a las personas que le enseñan; si usa una grabadora, debe
cuidar la calidad de sonido (grabe en un lugar silencioso y use un micrófono); si escucha la televisión,
debe escoger programas como las noticias en donde profesionales hablan con claridad; etcétera.
Ahora otro principio.
3 Aprender un idioma es un evento social
Aprender una lengua es casi equivalente a relacionarse con las personas que hablan la lengua. Pero los
adultos tendemos a ver lenguaje como una abstracción. Greg Thomson (c.p.) observa:
Hacemos del lenguaje un objeto. Actuamos como si éste existiera fuera de la conexión con otros y como si fuera
algo que pudiera aprenderse en un contexto aislado de las personas, para luego usarlo en nuestra relación frente a
otros.
Los niños no ven las cosas de este ángulo. Douglas Brown explica:
Los investigadores parecen estar de acuerdo en que, cuando los niños aprenden un segundo idioma, siguen el
siguiente orden:
1.
2.
Establecen relaciones sociales a la manera que sea—oral o no—la que esté a su alcance.
Luego se enfocan en la comunicación: desarrollando canales lingüísticos que puedan transmitir
sentimientos, deseos, necesidades, ideas y hechos.
3. Finalmente, ya en un estado bastante avanzado, se preocupan por la gramática correcta, o sea en las
formas lingüísticas correctas en sí mismas.
Los adultos tienden a darle vuelta a este patrón hasta dejarlo de cabeza. ¡Es difícil comprender la
superlativa importancia de esta diferencia entre niño y adulto! El adulto reacciona así:
•
•
¡Híjole! Estoy en otro país. Necesito aprender la lengua. ¿Cómo funciona esta lengua? ¿Qué sonidos
más difíciles tiene? ¡Tengo que aprender muchas palabras!
Pero Juanito reacciona así:
¡Híjole! Estoy en otro país. ¿Cómo voy a hacer amigos acá?
Aquí más que en cualquier otro caso el adulto debe adoptar literalmente la actitud del niño, viendo
su nueva vida como una manera de hacer nuevos amigos. No aprende para hacer amigos, sino hace
amigos para aprender, y realmente el enfoque hacia lenguaje casi desaparece. No toma en cuenta que
está aprendiendo la lengua local.
A continuación doy un ejemplo de cómo yo aprendí (dolorosamente) una palabra a través de un
evento social.
Cuando apenas había empezado a aprender el español, estábamos viviendo en la casa de una pareja
mexicana, Pedro y Sara (nombres ficticios). En este tiempo Sara estaba embarazada en
aproximadamente el sexto mes. Un día en la madrugada el parto empezó anticipadamente, y de
emergencia Don Pedro llevó a Sara al hospital. La situación quedó delicada durante varios días.
Una mañana, cuando Pedro regresaba del hospital, le pregunté, “¿Cómo está el bebé?”
Me respondió diciendo, “Falleció.”
Muy desdichadamente esta palabra era más allá de mi vocabulario, y yo, sin sabiduría, le pregunté,
“¿Cómo?”
Me respondió, llorando, “Falleció, murió. ¡Está muerto!”
¡Qué pena! … sufro cada vez que pienso en esto. Pero aprendí una palabra. Hoy cuando oigo la
palabra fallecer recuerdo una cara dolida y la situación de la pérdida de un niño. La palabra—el sonido
de la palabra—es ligada con un evento social.
Este ejemplo nos lleva directamente al próximo principio, la importancia del significado.
4 La importancia del significado
A lo largo de este artículo hemos estado cometiendo un pequeño error: hemos dicho que se aprende
“sólo escuchando”, pero esto no es la verdad completa. Se necesita entender los mensajes que se
escucha. Esto expreso en un lema clave:
El que entiende lo que oye, aprenderá;
El que no entiende, no aprenderá.
7
Expresado así es un poco sobre-simplificado, pero básicamente es correcto. Los Juanitos del
mundo siempre ponen el énfasis en el significado. Douglas Brown8 explica que los niños no se
preocupan por sus errores (que es otro principio: la corrección de errores no ayuda en aprender un
idioma) “a menos que la corrección se relacione de alguna manera con el significado en sí.” Para
ilustrar este punto, ofrece esta conversación:
nito: Yo no cabo en el carro.
re: No, di “No quepo en el carro.”
nito: (Un poco más enfáticamente) No cabo en el carro.
re: ¡No, mi hijo! Debes decir, “No quepo en el carro.”
nito: (Aún más enfáticamente) ¡No cabo en el carro!
re: Escúchame cuidadosamente: di “No quepo en el carro.”
7
Para un tratamiento más completo véase Krashen, especialmente los conceptos de los datos comprensibles y
el filtro psicológico. Reproducido en Rising
8
H. Douglas Brown, Breaking the Language Barrier. Énfasis por el editor.
nito: ¡Ah! ¡Yo no puedo quepo en el carro!
Brown interpreta: “El niño lo único que quería era ser reconocido en su comunicación
comprensible.” Los adultos nos paralizamos con una preocupación por la “correctitud”.
Pero, ¿qué significa significado? A pesar de ser una palabra de uso común, no entendemos qué es.
En el ejemplo anterior aprendí la palabra fallecer a través de una experiencia en el mundo real.
También Juanito aprendió la palabra nariz en un contexto natural que podemos describir fácilmente: él
sabía el significado de nariz a través de un toque en su nariz. Fue una observación sensorial, la que
proveyó el significado.
Esto nos guía a otro lema universal: en el aprendizaje de idiomas el significado viene a través del
tacto, la visión, el oído, el gusto, y el olfato. Suena absurdo, pero las alternativas son más absurdas aún.
Supongamos que el padre de Juan, sin tocarle, le hubiera indicado el significado de otra manera. Por
ejemplo, le diera una definición, diciendo, “Nariz, nariz. Juan, esto significa, ‘órgano saliente de la
cara, entre le frente y la boca’.” O le diera una traducción, “Nariz, nariz. Juan, esta palabra significa
‘nose’.” ¿Qué aprendería Juan? Nada. Aquí ridiculizo estos métodos, pero ¡los adultos los utilizamos
en las clases tradicionales! Queremos explicaciones y análisis y utilizamos ejercicios como:
Aprende de memoria esta lista de palabras:
e
d
t
d
nariz
mano
pie
cabeza
Pero este tipo de ejercicio no provee el “significado” según lo hemos definido aquí, es decir no
provee información a través de los sentidos corporales. La próxima gráfica intenta ilustrar lo que
sucede en el cerebro humano cuando aprendemos la palabra perro.
Una palabra en la cabeza
Figura 2
Cuando una persona aprende la palabra perro, tres cosas suceden en su cerebro. Primero forma una
memoria del perro, segundo forma una memoria del sonido de la palabra y tercero vincula estas dos
memorias. Una vez que el aprendizaje se ha llevado a cabo, Juan “ve” (imagina) un perro
espontáneamente cuando oye la palabra, y, a revés, piensa espontáneamente en la palabra perro cuando
ve un perro. Esto es el real significado de “saber la palabra perro”.
Una ilustración: Supongamos que usted está hablando de un partido de fútbol y olvida
momentáneamente la palabra pelota. ¿Qué haría para recordarla? Probablemente usted movería sus
manos en un círculo como si tuviera una pelota en sus manos. Usted hace esto porque la palabra es
archivada con, a través de y mediante los sentidos corporales. El movimiento corporal, a través del
vínculo, estimula la memoria lingüística.
Entonces, cualquier plan de aprendizaje o cualquier escuela debe procurar que este proceso en tres
pasos suceda, que se vincule una imagen con una palabra (mas bien el sonido de una palabra). En las
escuelas actualizadas se lo provee mediante objetos, dibujos y actividades, de los cuales el profesor
habla. Los que aprenden independientemente también usan objetos y dibujos y participan en
actividades en un contexto natural, porque en la vida cotidiana el vocabulario se presenta más o menos
automáticamente en la forma que se necesita. Las listas abstractas, el estudio, las traducciones, la
repetición, las explicaciones de la gramática no lo proveen en una forma muy adecuada.
Surge naturalmente una pregunta importante: ¿cuánto tiene que entender el aprendiz para hacer
progreso? En breve la respuesta es: muy poco. A lo mejor los principiantes captan nada más que la idea
general de lo que oyen, tal vez ni siquiera van a entender ni percibir las palabras. Pero ¡ánimo! Es
suficiente para hacer progreso. Si hoy entiende el 1%, mañana entenderá el 1.1%… al menos que
puede mantener una actitud positiva.
Y esto nos lleva al último principio, el factor de las emociones. Empezamos con una parábola.
5 Factores emocionales y el miedo (la vergüenza)
Dos personas, Señor Aprendiz Pesimista y Señorita Aprendiz Optimista, viajan a un país para aprender
la lengua. Un día en la segunda semana de su estancia los dos oyen el mismo mensaje, un mensaje que
les parece así:
Katkænini xaqakkiõan ðansad khi nariz þan;?alõ ammakke fafrae
Señor Pesimista responde, gritando:
¡Híjole! ¡Hubo un montón de palabras que no entendí!
Pero Señorita Optimista se regocija:
¡Excelente! ¡Hubo una palabra que entendí! Hoy aprendí la palabra nariz y mañana tal vez podré aprender
otra.
Los optimistas lingüísticos aprenderán. Los pesimistas tal vez no. Pero ¿cuál es la diferencia
fundamental entre los dos? ¿Inteligencia? ¿Compromiso? ¿Preparación? ¡No! Es su actitud y su manera
de manejar sus emociones.
Hay un conjunto de factores que pueden impedir al aprendiz—estrés, peligros percibidos, nervios,
ansiedad, presión, etcétera—, pero, al fondo, todos tienen el mismo origen: el miedo. A los adultos les
da miedo aprender una nueva lengua. Pero si reflexionamos cuidadosa y honestamente, esto lo que
llamamos “miedo” tiene más el carácter de la vergüenza. Si nos equivocamos, los locales no nos van a
asesinar (razón por tener miedo), pero es bien posible que van a reír (razón por tener vergüenza).
Considere esta metida de pata que hizo un misionero en Francia.
El pastor invitó al misionero recién llegado a dar su testimonio. Subía al púlpito con miedo, porque aun no
hablaba el francés muy bien. Quería decir, “Cuando miro atrás a mi historia, noto que es dividida en dos partes:
antes de Cristo y después de Cristo.” Pero lo que le salió fue, “Cuando miro mi trasero, noto que es dividido en
dos partes.”
Imagínese cómo reaccionó la congregación a este mensaje dado con toda sinceridad y seriedad? El
misionero sufrió el trauma que atemoriza a cada aprendiz.
La vergüenza es probablemente la emoción más poderosa—y destructiva—que experimenta el ser
humano. Es la primera emoción negativa que experimentó el ser humano. Cuando Adam y Eva
tomaron del fruto del árbol, ¿qué fue la emoción que sintieron? El texto dice que Adam tuvo miedo,
porque era “desnudo,” pero en la interpretación de uno de mis estudiantes, la palabra desnudo “hace
referencia a que cuando las personas nos damos cuenta cuán limitados y pobres de espíritu somos ante
otros, nos sentimos avergonzados y llenos de miedo, pensando que por causa de esas limitaciones las
personas que nos rodean no nos aceptarán.” La vergüenza es la emoción dominante en la gran mayoría
si no todo comportamiento humano, y particularmente en el aprendizaje de una lengua.
¿Cómo vamos a superar la vergüenza? Tengo cinco sugerencias.
5.1 Reírse de sí mismo
El primer paso es ponerse en los zapatos de los locales: ¡para ellos las metidas de pata son una
tremenda diversión! Dividido en dos partes. ¡Risa incontenible! Tiene que reír a sus propios errores.
5.2 Reconocer la realidad
La segunda sugerencia es que el aprendiz reconozca conscientemente que el enemigo #1 es la
vergüenza. No lo queremos reconocer; queremos creer que el enemigo #1 es la falta de preparación.
Esta creencia puede ser otro intento de “esconderse” de la burla por perderse en estudios, leer otro
libro, participar en una actividad analítica, u otro jardín.
¿Esto quiere decir que todo estudio es prohibido? No. Mas bien quiere decir que el estudio debe
entenderse cómo una manera de tratar con las emociones. Yo recomiendo el estudio.
5.3 Estudiar
Es usualmente recomendable aprovechar, si posible, el estudio en una escuela del idioma y/o unos
cursos de la lingüística. Sin embargo, cuando se trata de una lengua minoritaria, probablemente no
habrá una escuela. ¿Es fatal esta circunstancia? No creo.
Sería tal vez fatal si fuera necesario conocer conscientemente las reglas de la gramática (o bien de
la fonética, la morfología, la semántica, etc.) para hablar, pero en realidad es más fácil usar la gramática
que entenderla. La ayuda que el entendimiento consciente brinda es de carácter secundario:
proporciona al aprendiz un sentido de confianza (por eso que yo pongo “estudiar” bajo la categoría de
“emociones”). Una vez que entiende por qué la gente reía, se siente mejor; una vez que entiende cómo
funciona algún aspecto misterioso de una lengua, se siente más cómodo en aprenderlo. Si no hay
escuela, tendrá que ganar confianza de otra manera, cosa no tan difícil de lograr, tal vez con el estudio
de la lingüística.
El estudio de la lingüística es muy diferente que todos los demás estudios en la universidad. La
matemática estudiamos para hacer números mejor. La medicina estudiamos para saber cómo curar el
cuerpo. Etcétera. Pero ¿quién estudiaría la lingüística (de su lengua materna) con la expectativa de
poder hablar mejor después? En la universidad todos los estudios existen para suplir una habilidad
faltante en el estudiante, menos el estudio de la lingüística, la cual existe para estudiar una habilidad ya
presente. En todos los demás estudios, la habilidad viene como consecuencia del estudio; en el caso de
la lingüística, el estudio viene como consecuencia de la habilidad. Nuestras habilidades lingüísticas son
impresionantes, inexplicables, misteriosas y (casi) sobrenaturales; queremos entenderlas. Pero hay que
recordar que cada “descubrimiento” de la lingüística es un descubrimiento de algo que hacíamos
perfectamente antes del descubrimiento.
Pero alguien va a decir que es diferente en el caso de una segunda lengua, que la lingüística ayuda
en aprender una lengua que no es la materna. Es cierto que algunos adultos pierden algunas habilidades
lingüísticas que son presentes en los niños. Por ejemplo, es casi universal que los adultos hablan nuevos
idiomas con un acento, lo cual sugiere que un curso de la fonética tal vez sería de provecho. Sin
embargo hay miles de personas que han aprendido sin acento, y hay millones de personas que han
aprendido con un acento muy aceptable sin estudiar la fonética. Pero también miles de personas dan
testimonio del valor de la lingüística en el aprendizaje de idiomas. Tengo una hipótesis.
La lingüística ayuda mas a Señor Aprendiz Pesimista, porque su bloqueo es de índole emocional,
psicológica y espiritual. Menos la necesitaría Señorita Optimista. Y cualquier de los dos, por dedicarse
a la adquisición de conocimientos avanzados, sofisticados, y recónditos, corre el riesgo de bloquear las
virtudes de la tercera categoría. Hablo del orgullo intelectual… ¿afecta al creyente en Jesucristo? La
pregunta no merece respuesta. Los Brewster (en la página y en su artículo en el presente libro) hacen
recomendaciones contra el veneno del orgullo académico (“rechazar la actitud de llegar con un estatus
privilegiado” etc.).
Siempre y sobre todo el estudio académico debe entenderse como un medio para entrar en la
comunidad donde el real aprendizaje ocurre.
5.4 Asuma control de su aprendizaje, tenga un plan
Hay un programa de cómo aprender un idioma foráneo que se llama LAMP. 9 Probablemente ha sido
usado por más misioneros que cualquier otro. En una conversación privada uno de los contribuidores a
este libro, David McClure, me dijo que lo más importante en el método es que enseña al aprendiz cómo
tomar control de su aprendizaje. Le da al aprendiz un plan, un método, un quehacer. Si el aprendiz llega
al campo misionero en un lugar donde no hay escuelas del idioma que tiene que aprender y si este
misionero no tiene un plan cómo progresar independientemente, está en una situación difícil.
En el espacio limitado del presente artículo hemos proveído un fundamento de naturaleza teórica y
teológica. Se encuentra en el libro Una Vida Encarnacional el método de LAMP mas tres otros
métodos prácticos. El aprendiz puede conseguir este libro u otro libro semejante (hay varios en inglés),
participar en un curso sobre cómo aprender un idioma, estudiar la lingüística u otra actividad
semejante. Debe llegar al campo con un plan.
5.5 Los mandatos y las promesas de Dios
Últimamente y más importante el siervo de Dios debe obedecer los mandatos y reclamar las promesas
que Dios da a sus siervos. Aquí una selección de versículos del Antiguo Testamento:
A Abram dijo: “No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector.” (Gen 15:1)
A Israel dijo: “Ni le tengan miedo a la gente de ese país, … nosotros tenemos de nuestra parte al Señor. ¡No
tengan miedo!” (Num 14:9, dhh)
A Jeremías dijo: “No tengas miedo de nadie, pues yo estaré contigo para protegerte. Yo, el Señor, doy mi
palabra.” (Jer 1:7–8, dhh)
Cuando Dios llama a un siervo, le manda tener valor (Deut 1:28–30; Jos 1:5–9; Isa 8:12; 41:8; 43:1–5;
44:2, 8; Jer 1:17; Eze 2:6; 3:9).
La primera oración de la nueva iglesia fue: “Concede a tus siervos que anuncien tu mensaje sin
miedo” (Hec 4:29–31). Dios animó no menos que tres veces al apóstol Pablo, diciendo “No temas, sino
habla, y no calles” (Hec 18:9-10; 23:11; 27:24). ¡¿El gran apóstol Pablo tuvo miedo?! Considere su
motivo de oración en Efesios 6:19 (dhh): “Oren también por mí,… para que pueda hablar con valor…
Oren para que yo hable de él sin temor alguno.”
Confiamos en la promesa que viene con el mandato: Dios estará con el siervo, palabras que
encontramos en toda la Biblia (Deut 31:8, 23; Jos 1:5–9; Jue 6:16; Isa 41:8–10, 43:1–5; Jer 1:8, 1:17;
Hec 18:10) y particularmente en nuestra comisión, quizás las últimas palabras, de nuestro Señor: “He
aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat 28).
Si Dios le ha llamado a un ministerio transcultural en donde tendrá que aprender un idioma, Él le
extiende también a usted las mismas promesas y los mismos mandatos. ¡Crea lo que Él dice! ¡Acepte
Sus promesas! ¡Tenga fe! Está listo a entrar en la aventura más valiosa que hay: conocer a personas de
otra lengua y cultura… para luego compartir con ellos las palabras de vida.
Bibliografía
Brewster, E. Thomas y Elizabeth Brewster. Language Acquisition Made Practical (LAMP). (Pasadena
CA: Lingua House. 1976). Una interpretación de este método es reproducido en Rising.
———. Language Learning is Communication—is Ministry! En International Bulletin of Missionary
Research. (October, 1982. 160–164). Reproducido en Rising y en el presente libro.
9
Véase la bibliografía. Una breve descripción del sistema se encuentra en Misión Mundial, Tomo III (editado
por Jonatán Lewis), y se encuentra una interpretación más completa del sistema en Misionología (por Larry
Pate). La interpretación de Pate es incluida en Rising.
H. Douglas Brown. Breaking the Language Barrier. (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1991).
Reproducido en Rising.
Krashen, Stephen, D.. Bilingual Education and Second Language Acquisition Theory. En David
Dolson (ed.). Schooling Language Minority Students: A Theoretical Framework. (Los Angeles CA:
Evaluation, Dissemination, and Evaluation Center, California State University–Los Angeles, 1981). 5179. Reproducido en Rising.
Rising, David P.. Una Vida Encarnacional: Aprendiendo Lengua y Cultura Según el Modelo de Jesús.
(En publicación, s.f.).
Thomson, Ambrose, Angela Thomson, Chad Thomson, y Greg Thomson. A Few Simple Ideas for New
Language Learners… and Old Ones Needing some New Life. En Lonna J. Dickerson (ed.). Helping
Learners Develop Second Language Proficiency. (Palmer Lake CO: Missionary Training International,
2001). Reproducido como “Actividades que Funcionan” en Rising.
El aprendizaje del idioma ¡Es comunicación!… ¡es
ministerio!
Brewster y Brewster
Brewster, E. Thomas & Elizabeth. 1995. Language learning is communication—is ministry! International
Bulletin of Missionary Research. 1982. October, 160-164.
Traducido y editado por Jorge Orozco Ramírez y David P. Rising. Usado con permiso de Lingua House,
Pasadena, California, y del Overseas Ministries Study Center.
EXISTE LA CREENCIA POPULAR de que los misioneros deben aprender un idioma para poder tener un
ministerio, o sea, ser capaces de comunicarse con la gente de un lugar. Nos gustaría sugerir que el
proceso de aprender un idioma, por sí mismo, es comunicación—comunicación efectiva.
Al misionero antropólogo Charles H. Kraft recientemente se le preguntó “Si uno va a trabajar como
misionero por el término de dos meses, ¿Cuánto tiempo debe dedicar al aprendizaje del idioma?”
Kraft respondió: “Dos meses.”
El inquiridor continuó, “¿Y qué de alguien que se queda seis meses?”
“Entonces que aprenda el idioma por seis meses.”
“¿Y si se queda dos años?”
“Para comunicarse con eficacia lo mejor que debe hacer el misionero es pasar esos dos años
aprendiendo el idioma.” Kraft continuó, “Por cierto, si no hacemos más que involucrarnos en el
proceso de aprender el idioma, compartiremos más del puro evangelio que si nos hubiéramos dedicado
a cualquier otra tarea imaginable.”
De acuerdo a eso, cuestionamos la idea de que misioneros a corto plazo no necesitan involucrarse
en el aprendizaje del idioma. Por ejemplo, le preguntamos a un hombre cantonés de Hong Kong: “¿Los
misioneros que vienen a Hong Kong aprenden el idioma?”
“Sí, ellos lo hacen,” respondió. Tal respuesta nos sorprendió porque supimos que, tal vez un 5%, o
a lo mucho el 10% de los misioneros protestantes en Hong Kong pueden ministrar en Cantonés. Luego
nos enfadó cuando él continuó, “Sí, claro—los Mormones lo hacen bien.” Todos ellos son misioneros a
corto plazo, pero pasan doce horas al día, seis días a la semana, en las calles, hablando con la gente.
En realidad, la actitud de un aprendiz podría seguir siendo el mejor acercamiento a la comunicación
transcultural, no solamente para aquellos a corto plazo sino también para aquellos que invierten su vida
entera como huéspedes ministrando en otro país. Con la perspectiva de ‘aprender es comunicar’ uno
tiene la oportunidad única para apropiarse de conocimientos culturales claves justamente donde están
las oportunidades de ministrar: en medio de las relaciones comunitarias.
El impacto positivo del proceso de aprender un idioma en sí es revelado en muchas formas. En una
visita reciente a África del Sur, recibimos varias invitaciones para hablar con gente cuyo primer idioma
era el afrikáans. Esa gente hablaba también el inglés, el idioma que usé para mi plática, pero como
frase de saludo inicial en cada oportunidad dije: “Ekis blij om hier te wees” (estoy contento de estar
aquí con ustedes). ¡La audiencia irrumpió en aplausos! Con eso me los echaba entre la bolsa, porque
mostré que ellos me importaban y que yo era un aprendiz de su idioma. Esto proporcionó una
atmósfera tal, que aún una discusión de un asunto tan delicado como el etnocentrismo, se podía recibir
favorablemente.
La perspectiva del aprendiz
Si el aprendizaje de idiomas fuera visto como comunicación y ministerio, ¿cuáles serían las
perspectivas y actividades de un nuevo misionero? Imagínense una situación en la cual los aprendices
pasan sus días libres, compartiendo con la gente del lugar, aprendiendo de ellos y verdaderamente
estimando lo que la gente sabe y también proyectándose a sí mismos como necesitados, dependiendo
de la gente. No tendrán ningún apuro de hacer lo suyo, sino, más bien, lo toman todo con calma al
relacionarse con la gente. Tendrán un plan para cada día de aprendizaje y sabrán cómo hacerlo; sin
embargo, su agenda personal puede ser puesta a un lado cuando se presentasen otras oportunidades o
necesidades. Ellos tendrán una estrategia para aprender, servir, y compartir lo que les permitirá pasar
casi todo el tiempo con fructíferas amistades en una red de relaciones sociales.
La Christian Missionary Fellowship ha apoyado a su gente en esta clase de acercamiento. En una
publicación, un observador describió las actividades del equipo de la CMF en Kenia así:
¿Qué había en ellos para atraer tanto la atención de la gente? Fue la atención especial que pusieron en el
aprendizaje del idioma. Por lo menos un año después de haber llegado al lugar, el nuevo misionero no tiene otra
ocupación que dedicarse al aprendizaje del idioma y la cultura. También en lugar de aprender el Swahili, el
idioma nacional, los misioneros iniciaron el aprendizaje en el idioma materno de la gente, para algunos, Maasai,
y, para otros, Turkana.
Los misioneros aprendices no aprendieron el idioma en la clase, sino en un mejor laboratorio: entre la misma
gente. Esto es posible a través de un método de adquisición de idiomas conocido como LAMP.1 Cuán orgullosos
estábamos de ver el progreso que algunos han hecho en la conversación en el idioma vernáculo, y la
determinación de los recién llegados para compenetrarse en las culturas y los idiomas maasai y turkana.2
Es cierto que los misioneros que llegan no conocen nada del idioma antes de empezar. Pero ellos saben
cómo aprenderlo en una forma natural, poniéndose como ‘co-participantes’ dentro de la nueva sociedad. Ellos
consideran la adquisición del idioma como una actividad social antes que académica. Desean aprender a usarlo
correctamente, cómo la gente lo hace, entonces invierten su tiempo con ella—con la gente. No se preocupan
mucho por estudiar la gramática.
Al comienzo, el proceso de sentirse parte de una nueva sociedad, produce una ansiedad
comprensible, pero ésta va desapareciendo en el caso del aprendiz que se involucra en la sociedad.
Después de participar en un proyecto de tal carácter, una principiante nos escribió, “La experiencia de
mayor beneficio fue ésta: el primer día ustedes nos instaron a comunicarnos con 50 personas con lo
1
Brewster y Brewster. 1976. Language Acquisition Made Practical (LAMP). Pasadena, CA: Lingua House.
(“Adquisición del idioma hecho práctico”).
2
Ray Giles, 1981, “Home again to Africa”, Impact. Christian Missionary Fellowship, Indianapolis, junio y julio.
Énfasis en el original.
poquito que sabíamos. No hablé con 50 personas sino solamente con 44, ¡pero lo hice! ¡Hablé con 44!”
Ella se liberó de esa ansiedad el primer día, iniciando muchas amistades. Además ella empezó a
establecerse dentro de una red social donde podía demostrar su preocupación por la gente y a la vez
aprender de ellos. El aprendizaje del idioma y el ministerio se fusionaron en una sola cosa.
Es importante identificarse como aprendiz en el comienzo de cada amistad. La primera cosa que
debe comunicarse es la impresión de que “yo valoro lo que usted sabe y quiero aprender de usted”. El
pasado mes de diciembre nos quedamos varados en el aeropuerto de Denver durante una tormenta de
nieve. Con nosotros había una familia mexicana, entonces yo (Tomás) inicié una conversación con el
hijo de la familia, un adolescente. Después, reflexionando en este encuentro, me di cuenta que desde el
principio había perdido la oportunidad de aprender del joven porque mi actitud fue incorrecta: yo me
expresé más o menos así: “Puedo hablar con usted en el español que sé”. En contraste, hubiera sido
mejor mostrarme como un aprendiz así: “Hablo un poco de español pero necesito ayuda para
asegurarme de que estoy formando oraciones correctas.” Durante la conversación hubiera podido
preguntar algo como: “¿Cómo podría expresar mejor esta idea?” o “¿Hay una mejor forma de decir
eso?” La tendencia equivocada es siempre dar una impresión de independencia y autosuficiencia; en
cambio, si entablamos una conversación estableciendo credibilidad como aprendices, la gente se sentirá
libre para ayudarnos.
La gente tiende a la independencia o autosuficiencia lo cual les hace difícil comunicarse
positivamente, tener un ministerio según el modelo de la encarnación de Jesús, o aprender el idioma.
En rebelión contra esta tendencia, es mucho mejor volverse dependiente de la gente. Dwight Gradin
nos señaló ese principio: la gente ayuda a la otra gente que pasa por una necesidad. Entonces, como
aprendiz, uno debe estar dispuesto a mostrar dependencia. El mismo Señor Jesús (quien, por supuesto,
hubiera podido ser aún más independiente que nadie) nos ejemplificó la dependencia. Como niño fue
dependiente de una familia pobre, y como adulto podía decir que no tenía un lugar donde reclinar su
cabeza. (Lc. 9:58). También los discípulos, experimentaron esa dependencia. Bonnie Miedema lo
expresó bien:
Cuando Jesús envió a los Doce a predicar y a sanar enfermos, les instruyó así: “No toméis nada para el camino,
ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas.” (Lucas 9:3). Ahora empiezo a comprender porqué
Jesús dijo eso. Quiso que los discípulos experimentaran la hospitalidad de la gente del lugar, que se sintieran
dependientes de ella. Sabía que al identificarse con la gente y permanecer en sus casas les abriría las puertas a su
ministerio.3
Desafortunadamente, tenemos una percepción cultural que nos hace creer que la dependencia y la
vulnerabilidad significan debilidad, sin embargo es todo al contrario: el misionero da credibilidad a su
mensaje y a su vida a través de arriesgarse y exponer su vulnerabilidad. (Entendemos como
vulnerabilidad a la disposición que expone a uno en una posición donde otros podrían tomar ventaja, o
donde nuestros defectos y debilidades pueden ser expuestos.) El Señor dijo al apóstol Pablo: “Bástate
mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:9). Además “tenemos estos
tesoros en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Cor 4:7).
La disposición de Jesús de ir por todo el camino hasta la cruz es el supremo ejemplo de vulnerabilidad
convirtiéndose en fortaleza.
Los lobos nos demuestran como la vulnerabilidad se convierte en fortaleza. Dos machos rivales
gruñirán ferozmente, mostrando sus colmillos para rasgarse las gargantas mutuamente. Finalmente uno
3
Miedema, Bonnie. 1981. “Reflections on a learning experience”. Artículo inédito.
de ellos hace algo increíble: levanta su cabeza y ofrece a su enemigo el mero cuello—la parte más
vulnerable de todo su cuerpo. La furiosa pelea de pronto llega a un alto. El Premio Nobel, naturista
Konrad Lorenz, escribe:
Un lobo o un perro que ofrece su garganta al adversario nunca será mordido seriamente. El hombre … puede
aprender una lección de esto. Al menos yo he sacado de esto un nuevo y profundo conocimiento de un
maravilloso dicho del Evangelio: “Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la
capa, ni aún la túnica le niegues.” (Lc. 6:29). Un lobo me lo ha ilustrado: no es para que su enemigo lo vuelva a
golpear cuando usted le pone la otra mejilla, sino para inhabilitarlo a que lo haga.4
Cuando sugerimos que el aprendizaje de un idioma es comunicación, por supuesto, consideramos la
comunicación en un sentido amplio: nos referimos al hecho que los miembros de la comunidad van a
recibir del misionero un mensaje de vida total. Solamente hasta un cierto límite pueden comunicarse
impresiones y comprensiones a través de los canales verbales en sí. Pasar tiempo con la gente, cuidar
de ellos, ser capaces de servirles, y, quizás, lo más importante, mostrar interés y aprecio por sus
costumbres y su idioma, es una estrategia muy eficaz para la comunicación, una estrategia que es viable
aun para el recién llegado y que realizará una positiva y poderosa comunicación mas que casi cualquier
otra actividad.
¿Por qué tendemos a pensar equivocadamente en que tenemos que, primero, aprender el idioma
para después comunicarnos? Creemos que es porque se enfatiza mucho la comunicación verbal en
nuestra sociedad. Sin embargo, es un hecho que los mensajes recibidos en una forma no verbal, a
menudo efectúan la comunicación con mucho más impacto que el mensaje verbal. El evangelio de Juan
(cap. 4) nos habla del encuentro de Jesús con la mujer Samaritana en el pozo—un pasaje
frecuentemente estudiado para tener discernimiento en la técnica evangelística. Cualquier cosa que
Jesús hacía, era efectiva, porque el pasaje nos dice que muchos creyeron en él. Sugerimos que el
impacto de su mensaje se debió no solamente a lo que dijo, sino también a lo que hizo. El era un judío,
y los “Judíos no tienen nada que ver con los Samaritanos” (ver. 9), aun así Jesús se quedó dos días,
compartiendo la hospitalidad de sus hogares. Como resultado sus discípulos tuvieron el privilegio de
ver en Jesús como el modelo de lo que es un ministerio encarnado: “Aquel Verbo fue hecho carne, y
habitó entre nosotros”. A no dudar de su enfado, lo experimentaron con él.
Típicamente, los misioneros completan muchos años de escuela y están condicionados a
considerarse como ‘preparados’ para tener un ministerio, así que consideran el aprendizaje de un
idioma como la mayor barrera que se levanta entre si y un ministerio fructífero en un nuevo país.
Naturalmente ellos se imaginan que deben superar rápidamente esa barrera del idioma para poder llevar
a cabo el buen trabajo para lo cual han sido ‘entrenados’. Con esta mentalidad, estos misioneros
probablemente estarán ‘preparados’ para hacer discípulos sólo en su propia imagen cultural—siguiendo
los modelos aprendidos en el contexto de la escuela y la iglesia occidental. Toda la educación y
experiencia están diseñadas en formas culturales que convienen al contexto latinoamericano. Esa clase
de misionero es la que está preparada para llevar a Dios a la gente. Pero los misioneros no llevan a Dios
a la gente. Lo tienen al revés: ¡Dios toma al misionero! Y Dios ha estado ahí desde antes de que llegara
el misionero. Las escrituras nos enseñan que no se dejó a sí mismo sin testimonio (Hechos 14:17). En
años recientes, Don Richardson, a través de sus libros Hijo de paz y Eternidad en sus corazones ha
introducido el término analogía de redención. Ese concepto puede posibilitar al misionero de visualizar
4
Lorenz, Konrad. 1960. King Solomon’s Ring. Versión condensada en Reader’s Digest Condensed Books, No. 1.
466.
que dentro de cada cultura Dios ha provisto perspectivas y conocimientos culturales que su Espíritu
puede usar como puentes, para traer hacia él a la gente.
Si se descubren y se usan esos conocimientos culturales, el misionero puede tener el privilegio de
ver cómo Dios despierta un movimiento en aquella gente hacia El mismo. Sin esta visión, el misionero
puede esperar a alcanzar solamente a un pequeño sector de miembros de una sociedad—a aquellos que
están dispuestos a adaptarse suficientemente al estilo de los misioneros occidentales para comprender
el paquete extranjero del evangelio.
Si un nuevo misionero tiene esta perspectiva de que el aprendizaje del idioma es comunicación—es
ministerio, cuando llega al nuevo contexto cultural, reconocerá que, sólo entonces, estará listo para
empezar realmente a aprender a pesar de todos los años de estudios académicos y experiencia que quizá
haya tenido. Él o ella deben rechazar la actitud de llegar con un estatus privilegiado y posiciones
asumidas usualmente por aquellos que tienen privilegios económicos y educativos. Más bien, a través
de sus relaciones debe ganarse un camino de acuerdo con los valores e ideales de la cultura y adquirir
la perspectiva del lugareño para poder servir y ministrar en formas que demuestren sensibilidad y
discernimiento. Eugenio Nida le ha llamado a esto ‘liderazgo desde adentro’.5 Los aprendices deben
desear que sus vidas sean comprendidas y miradas como Buenas Nuevas de Dios cuando sean vistas
desde la perspectiva de la gente de la nueva cultura.
La actitud
“Todas las cosas por él fueron hechas” pero él dejó la gloria del cielo y “fue hecho carne, y habitó entre
nosotros” (Juan 1:3, 14). Jesús no demandó respeto ni asumió un estatus privilegiado para sí mismo:
dijo a sus discípulos:6
Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el
que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; cómo el Hijo del Hombre no vino para ser servido,
sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Mat 20:26-28)
Jesús se ganó el respeto y lo hizo desde la perspectiva única de la gente a la cual sirvió. 7
El alto perfil, alto estatus administrativo, educativo, tecnológico y las posiciones teológicas que
muchos misioneros asumen para sí mismos, apenas pueden ser percibidos como Buenas Nuevas cuando
son vistos a través de los ojos de la gente local. El misionero puede estar presentando un sistema
excelente de salud, de agricultura, educación o religión, pero estos, cuando son presentados por alguien
que no comprende profundamente la cultura, probablemente caerán en tierra hostil. Un mejor
acercamiento se encuentra en Fil 2:3: “… estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo”. Por su contacto con el misionero la gente debe sentirse apoyada, y su autoestima debe
fomentarse.
En vez de asumir para ellos mismos un rol privilegiado (algunas veces señalado a través del uso de
títulos tales como: Reverendo, Doctor, etcétera), el aprendiz debe, más bien, usar las oportunidades que
5
Nida, Eugene A. 1981. Why are foreigners so queer?: A socio-anthropological approach to cultural pluralism.
International Bulletin of Missionary Research. Julio, 103.
6
Originalmente esta sección incluyó una discusión de tres temas—aprendiz, siervo y narrador—de los cuales
incluyo sólo las del “siervo” y del “aprendiz”. Estos conceptos se han prestado extensamente del artículo ‘El
misionero viable: Aprendiz, cambista y narrador’ por Donald Larson (en Lewis 1990c:54–63). También en el
presente libro Pate presenta estos conceptos. (n. del e.)
7
Charles H. Kraft trabaja el tema de como Jesús ganó respeto en el artículo “Communicating the Gospel God’s
way” en Ashland Theological Bulletin, primavera de 1979.
se le presentan para ganar respeto en su quehacer en la nueva comunidad, rechazando una posición de
estatus para sí mismo, adoptando la siguiente perspectiva: “La gente debe crecer (en autoimagen y
estatura); y yo debo menguar. No estoy aquí para asumir privilegios para mí mismo, sino más bien,
para levantar a Jesús.”
La actitud del aprendiz, así como su estrategia, es de primordial importancia, no obstante, es
posible perseguir una estrategia de aprendizaje del idioma desde la posición de roles no privilegiados y
aun nunca comprender o apreciar los valores culturales de la gente. En nuestro peregrinaje personal nos
hemos dado cuenta de que nuestra teología conservadora (la cual apoyamos) algunas veces provoca que
caigamos en conclusiones prematuras acerca de que, si ciertas formas culturales serían compatibles o
no con las Escrituras o serían apropiadas para la nueva comunidad creyente. A veces no confiamos en
que el Espíritu Santo haga su ministerio de guiar a la gente hacia la verdad. Frecuentemente, cuando
traemos nuestra propia teología al trabajo misionero, ella nos lleva a considerar que es importante que
enseñemos a la gente lo que deben pensar acerca de asuntos doctrinales. Pero con esta posición muy
probablemente el misionero fracasará en reconocer los valores culturales que podrían fortalecer el
trabajo de Dios en medio de la gente. En vez de decirles lo que deben pensar, es mejor ayudar a la
gente a aprender como pensar y como permitir al Espíritu Santo a guiarles hacia la verdad, conforme
ellos vayan aplicando la Palabra de Dios por sí mismos. Una actitud paciente y de apertura hacia los
valores de la cultura y la confianza de que Dios cuida de la gente, es esencial. Con tal actitud, pueden
ser especialmente relevantes para el nuevo contexto cultural.
Informe de un caso de estudio
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En el año 1980 los autores consultaron al ‘Proyecto de exploración y adquisición del idioma’ (LEAP),
patrocinado por una agencia misionera en la ciudad de Guatemala. Cada uno de los 20 participantes
pasaron esos días en las calles relacionándose con la gente. Durante la décima primera semana, el
coordinador del proyecto condujo un estudio comprensivo del progreso de los participantes y además
los comparó con un grupo control que se componía de misioneros que habían estudiado el español en
una escuela. Se hizo un informe de más de veinte páginas, del cual recibimos una copia. Los resultados
respaldaron fuertemente la tesis de que el aprendizaje del idioma es ministerio. Por ejemplo:
… cada uno de los participantes del LEAP … (está) menos afectado por la ‘mentalidad gueto’ que los
demás misioneros.
Los del LEAP se sienten relativamente ‘en casa’ en la cultura latina. En contraste, los que estudiaron en
una escuela, aún los que habían estado aquí por muchos años, no se sienten así.
Los participantes del LEAP no solamente han iniciado con buen pie el estudio del idioma, sino han
sabido como seguir aprendiendo, relacionándose con la gente. En contraste, la mayoría de los que
estudiaron en el contexto escolar, cuando se les preguntó cómo aprenderían más español, mencionaron
cosas como ‘tomar un curso avanzado’, o ‘estudiar por su cuenta un libro de gramática.’
Aquellos en el grupo control tienen, como promedio, un amigo guatemalteco. Los del LEAP tienen
quince o más.
Saber cómo ser aprendiz es un asunto crítico para el éxito de esta clase de acercamiento. El grupo
del LEAP estaba constituido por algunos de los participantes a quiénes habíamos pre-entrenado, y otros
a quienes entrenamos en Guatemala. El reporte dice, “Aquellos del grupo que habían sido previamente
expuestos a los conceptos del LAMP, hicieron doce unidades de tiempo de progreso, comparado con el
seis unidades de aquellos que no tuvieron previa exposición—¡el doble!”
Moraleja: Muchos necesitan recibir un entrenamiento, quizás breve, en un contexto escolar antes de
lanzarse al aprendizaje independiente, relacionándose con la comunidad.
Conclusión
El aprendizaje del idioma ¡es comunicación, es ministerio! es una perspectiva que podría tener
implicaciones significativas para los nuevos candidatos a misioneros. En cuanto a sus relaciones con la
agencia misionera, es importante que los aprendices traten de contactarse con el liderazgo de la agencia
para hablar acerca del aprendizaje en el contexto social antes de iniciar su programa del aprendizaje.
Creemos que cada agencia debe dar total libertad a los nuevos miembros para que puedan
profundizarse en el aprendizaje, relacionándose agresivamente con la gente, conociendo así su idioma y
su cultura.
Principios de adaptación cultural
Levi Decarvalho
EN LOS COMIENZOS DE LA ERA CRISTIANA, los creyentes tuvieron que huir de Jerusalén a causa de la
persecución (Hch. 8:1). La opinión de algunos comentaristas bíblicos es que la situación en Jerusalén
se puso cómoda y la iglesia se había olvidado de la Gran Comisión de Jesucristo. Como consecuencia,
estos hermanos y hermanas, todos judíos, para no morir, tuvieron que salir por la fuerza y de esta
manera dar seguimiento a la Gran Comisión:
Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron
hasta Fenicia, Chipre y Antioquia, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos
unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquia, hablaron también a los griegos,
anunciando el Evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se
convirtió al Señor.
Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese
hasta Antioquia.
Hechos 11:19–22
Bernabé, quien gozaba de la confianza de los líderes en Jerusalén, fue escogido como delegado de
la iglesia madre para darle buen andamiento a la nueva congregación en Siria, que empezaba a adquirir
contornos no judíos. Sin embargo, Bernabé tenía lo que hoy día llamamos “sensibilidad cultural” y de
inmediato buscó un compañero que pudiese servir a su lado en un ambiente casi que totalmente
desconocido—una iglesia en un contexto netamente gentil. Hasta entonces, la iglesia había sido
implantada en un ambiente totalmente judío—con excepciones, como en Samaria1 (Hch. 8:1–25).
La gracia de Dios en el campo misionero
1
Lo que ocurrió en Samaria fue más o menos tolerado por los apóstoles de Jerusalén, una vez que fue Felipe
quien empezó la obra en aquella región. Aún así, los apóstoles Pedro y Juan fueron a Samaria, personalmente,
para verificar la situación, orar por los nuevos convertidos y dar su bendición y aprobación a la nueva iglesia
(Hch. 8:14-25). Sin embargo, lo que el Espíritu de Dios quería hacer, como cumplimiento del mandato de
Jesucristo, era llevar el Evangelio más allá de las fronteras culturales de los primeros creyentes judíos. Tanto es
así que el texto que sigue a la evangelización de Samaria tiene como personaje principal un hombre etíope, el
cual pertenecía a una etnia que poco o nada tenía en común con los judíos. La súbita desaparición de Felipe
después de bautizar al etíope refuerza esa impresión. Lo que aquel nuevo convertido hará cuando llegue a su
tierra y a su gente sólo el Espíritu de Dios podrá controlar. Para preocupación de algunos, la obra del Espíritu ni
siempre sigue los controles que nosotros le queremos poner.
Cuando Bernabé llega a Antioquía de Siria, descubrimos que él tenía la capacidad de ver la gracia de
Dios (Hch. 11:23). En mi experiencia de misionero, no somos muchos los que tenemos esa capacidad.
Más bien, somos acostumbrados a ver la desgracia de la gente antes que la gracia de Dios en acción.
Somos rápidos en juzgar y condenar a la gente, aun antes de conocerla bien.
Muchos obreros creen que si los locales no adoptan la cultura (“civilización”) del misionero, no
podrán entender el mensaje de Cristo ni vivir como verdaderos cristianos. De allí que es más fácil
exigir que la gente sea como nosotros que aprender cómo ellos viven y adoptar lo bueno de su cultura y
cosmovisión como forma de identificarnos con ellos, de acuerdo al ejemplo de Cristo y de Pablo (1 Co.
9:19–23; Fil. 2:5–11).
El misionero, en este caso, no se da cuenta de que Dios ya ha preparado la gente, trabajando en su
cultura y en sus corazones por medio del Espíritu Santo, para que reciban el Evangelio que el misionero
viene a traerles. El resultado es un fuerte cansancio y una gran frustración, porque nadie puede preparar
los corazones como lo hace Dios. Somos cooperadores de Dios, no sus sustitutos (1 Co. 3:9). Cuando
llegamos al campo, debíamos saber que Dios ya estuvo allí antes de nosotros y procurar descubrir
dónde están las marcas de la presencia del Espíritu Santo en aquel lugar.
Mis peores errores en el campo misionero
Recuerdo claramente la época cuando llegué al campo misionero indígena5. Los indígenas Terena del
sudoeste del Brasil me recibieron de brazos abiertos. A mis ojos, ellos eran pobres, ignorantes,
desafortunados e incapaces de entender el Evangelio. Todo lo que hacían era malo, todo era pecado,
nada servía. Yo no lograba ver dónde estaba Dios en aquel lugar; al diablo, si, lo veía en todas las
partes.
A mis ojos, sólo yo era el perfecto misionero en la situación. Sin darme cuenta, empecé a juzgarlos
aún antes de conocerlos bien. Yo nada sabía de su cosmovisión, y de su cultura sólo conocía lo
exótico—que atrae típicamente a los turistas, entre los cuales se incluyen algunos creyentes que
aparecen de vez en cuando para hacer lo que llaman de “misión” de corto plazo.
Mientras los juzgaba y condenaba, también traté de imponerles mi cultura, intentando obligarlos a
ser como yo. Quería que pensaran como yo, que hicieran las cosas como yo, que miraran al mundo
como yo lo miraba. Por supuesto que eso no les gustó. Entonces doblé mi esfuerzo y traté de forzar
cambios en sus vidas que estuvieran a mi gusto, que me complacieran, sin preguntarles si estaban de
acuerdo con mis ideas o no. La soberbia de mi posición era evidente para todos, menos para mi
persona. Como el pez que no puede ver el agua en que vive, así también yo no podía ver la actitud de
superioridad que me caracterizaba y a todo lo que yo hacía y la manera cómo les hablaba.
Yo no entendía cómo ellos formaban sus líderes ni estaba interesado en descubrirlo. A mi juicio,
sus líderes no eran verdaderos líderes ni merecían estar en la posición que ocupaban. En poco tiempo,
entrené algunos líderes a mi manera y quise que la gente los aceptara. Yo estaba obligándolos a
competir entre ellos, en vez de servir y cooperar con los líderes que Dios ya había seleccionado y
entrenado sin pedir mi opinión ni mi permiso.
5
Antes de trabajar con un grupo tribal en Brasil, estuve por algunos meses en Camerún, África Occidental. Mi
preparación misionera fue en los campos de la lingüística, principios de traducción bíblica y educación bilingüe.
En aquel entonces mi agencia misionera no ofrecía entrenamiento en antropología a sus obreros. Por otro
lado, mi capacitación teológica incluyó casi nada a cerca de la misión. El concepto de misionología me era
desconocido en aquel entonces.
¡Cuántas veces traté de sobrepasar su proceso de decisión! Quería que ellos se decidieran por algo
individualmente, mientras que ellos todo lo deciden en grupo. El resultado fue que por mucho tiempo
no tuve frutos de mi predicación. La gente se enojó con mis actitudes y mis palabras, y se alejaba de mí
cuando lo que yo más quería era acercarme a ellos.
Para empeorar la situación, traté de imponer sobre ellos un modelo de educación formal, al estilo
que yo estaba acostumbrado. Me parecía que eran ignorantes, primitivos, subdesarrollados, menos
“civilizados” que yo. A final de cuentas, yo era el misionero, y ellos eran los indígenas primitivos que
me tocaba civilizar y cristianizar2.
Por mucho tiempo, no acepté nada de parte de ellos. Yo era la figura perfecta del misionero
autosuficiente, que no necesita nada de nadie. Y de hecho así fue. Hicimos un trato silencioso—yo no
aceptaba nada de ellos, y ellos tampoco aceptaban nada de mí, incluido el Evangelio que yo les quería
predicar. Yo no aceptaba el vaso con agua que me ofrecían, por miedo a los microbios que me podían
enfermar. Ellos, a su vez, no aceptaban el agua de vida que les ofrecía—quizá porque el vaso que les
3
ofrecía el agua, yo mismo, estaba contaminado por mis prejuicios en contra de ellos .
Otro problema estaba en mis posesiones. Las cosas que yo poseía no eran malas en sí mismas, pero
4
yo me aferraba demasiado a ellas. Como en la parábola del buen samaritano, yo seguía la filosofía del
2
Es bien conocido el triple “C ” que caracterizó la obra misionera en África desarrollada por trabajadores
ingleses, como el famoso explorador David Livingstone. Su lema era llevar tres cosas a África: civilización,
comercio y Cristianismo—en esa orden de prioridad. En otras palabras, sin el beneficio de la civilización y de la
prosperidad económica que caracterizaban a la gran potencial mundial de aquel entonces, la Gran Bretaña, los
pobre africanos al sur del Sahara no podían entender ni mucho menos vivir el Cristianismo. Estaba implícita en
esa postura la creencia de que la civilización británica era la mejor demostración de los beneficios de la fe
cristiana cuando es adoptada por una sociedad. Nos acordamos, por ende, de la posición de algunos judíos del
tiempo de Jesús que creían que la bendición material es señal y prueba de la bendición de Dios (Jn. 9:1–2). Algo
parecido ocurre aun en nuestros días. (Para más información sobre Livingstone, consultar Andrew C. Ross,
David Livingstone: Mission and Empire (Hambledon, 2002); J.W. Parsons, The Livingstones at Kolobeng (Pula
Press, 1997); T. Holmes, Journey to Livingstone (Canongate 1993); B. Pachai (ed) Livingstone: Man of Africa
(Longman 1973); T. Jeal, Livingstone (Heinemann, 1973).
3
Esa ilustración del vaso de agua remonta a la vida del gran misionero y “apóstol de los pies sangrientos”, el
indiano Saddhu Sundar Singh. Era una manera cómo él se refería al Evangelio que era predicado a su gente en
la India por los misioneros del Norte. Si el agua de vida no se ofreciera en vasos locales, difícilmente la gente lo
aceptaría. El agua de vida no cambia, pero el vaso en que se le ofrece debe tomar contornos locales para que
sea bien recibido por la gente local. (Para más información sobre Sundar Singh, consultar Eric J. Sharpe, The
Riddle of Sadhu Sundar Singh. New Delhi, International Publ., 2004.)
4
La ilustración de la parábola del Buen Samaritano la escuché por primera vez cuando estudiaba el la Escuela
de Teología de Londres, Inglaterra. El rector, Rev. Gilbert Kirby, solía decir que los ladrones miraron al viajante
y dijeron: “lo que es tuyo es mío”, y se lo robaron, hiriéndole. El sacerdote y el levita, por su lado, miraron al
hombre herido en el camino y dijeron: “lo que es mío es mío”, y siguieron su viaje sin prestarle auxilio. Ya el
samaritano dijo simplemente: “lo que es mío es tuyo”, y luego lo acudió. Los judíos en el tiempo de Jesús no
podían siquiera pronunciar el nombre samaritano por el odio racial que nutrían por sus vecinos y parientes más
al norte. Es por eso que a la pregunta de Jesús sobre quien había sido el prójimo del hombre herido, la
respuesta fue “El que usó de misericordia con él” (Lc. 10:37). Nosotros igualmente solemos referirnos al
sacerdote y del levita, que vieron al hombre herido en el camino y pasaron de largo (Mt. 10:31–32).
Los dos religiosos no compartieron sus recursos con el necesitado. De mi parte, yo no quería que los
indígenas invadieran mi “zona de confort” y por eso mantenía una distancia con ellos, lo que incluía
mis bienes materiales. Los Terena concluyeron, con razón, que para mí lo material tenía valor supremo,
mientras yo trataba de comunicarles que lo espiritual tiene más valor que todo lo demás.
Por largo tiempo, traté a esa gente como si fueran niños, sin capacidad de pensar correctamente, de
decidir por sí mismos, de conocer la verdad, de entender el Evangelio de Cristo. Yo me preocupaba de
empezar de la nada, como si Dios no hubiera estado allá antes de mí, preparando el camino, sus
corazones, sus mentes y aun su cultura para recibir la semilla el Evangelio. Creía que todo dependía de
mí. Yo me había olvidado, como dijo alguien, que Dios es quien me había llevado la gente, y no yo
quien estaba llevando Dios a ellos.
Por último, y para colmo, ignoré la realidad de la lucha espiritual desde el comienzo. Fue duro
aprender que estábamos en una batalla, no en contra de la gente—no en contra de carne o sangre, sino
en contra de espíritus y potestades del mal en las esferas celestiales, como lo enseña el apóstol Pablo
(Ef. 6:10–20).
Amor por la gente
En vista de todo esto, tuve que reconocer que no amaba a la gente, porque los criticaba y condenaba, y
ellos lo sabían y sentían. Les hablaba del amor de Cristo, pero no lo vivía en la práctica. Sin darme
cuenta, estaba haciendo el juego del enemigo. Mis palabras, mis actitudes, mi comportamiento,
alejaban a la gente de Dios, más que de mí. No sabía cómo llegar a sus corazones, y el enemigo seguía
en el control de la situación.
En mis cartas de oración, pedía que los hermanos oraran por la gente indígena, que yo consideraba
como “dura de corazón”, para que Dios les transformara a ellos. Pero Dios quería transformarme
primero a mí, al siervo que él había enviado a aquel lugar para trabajar con aquella gente, en la
situación en que se encontraban.
Mi etnocentrismo quedó muy claro a los ojos de la gente. Etnocentrismo es una palabra que
significa juzgar todo de acuerdo a mi cultura, mis valores, mi gente. Yo traté de imponer sobre ellos mi
forma de vivir—lo que algunos llaman “imperialismo cultural”. Quería que ellos fueran como yo era.
En mi orgullo, traté de cambiarlos “por decreto,” creyendo que tenía el poder de transformar sus vidas.
Tengo una frase para esto:
Normalmente, como misioneros, sobrestimamos nuestro poder y subestimamos nuestra influencia.
Logramos mucho más cuando actuamos con la intención de influenciar a la gente que cuando tratamos de
imponer por la fuerza un cambio que está más allá del poder que pensamos que tenemos. En mi experiencia de
campo, es común encontrar misioneros que viven como pequeños imperadores, tratando de decir a la gente cómo
vivir, cómo pensar, cómo decidir. He descubierto, un poco sarcásticamente, que no soy ni emperador del
universo ni salvador del mundo.
El mensaje que ellos entendían era: “lo que es de ustedes no sirve. Además, no necesito de ustedes,
son ustedes los necesitan de mí”. Ignoré su vida en grupo y traté de enfatizar el individualismo, el
materialismo, el paternalismo, como si no tuvieran una conciencia. Yo estaba ciego a lo que Dios había
preparado para mi llegada, y traté de manipularlos. Además, confiaba más en mis recursos que en el
poder de Dios. Esta es la receta para el perfecto desastre en el campo misionero.
samaritano como bueno, un adjetivo que no está en el texto bíblico; es más una manera de mantener el
prejuicio étnico en contra de aquella gente.
No tardó mucho para que yo quisiera regresar al mundo de los “blancos”. No quería reconocerlo,
pero había fracasado como misionero. Pero, ¿cómo explicar a mi iglesia lo que había pasado? Ni yo
mismo lo entendía. Estaba caminando rumbo al fracaso; pronto sería una baja más en el campo
misionero. Estaba perdiendo la batalla sin saber dónde estaba ni cómo actuaba el enemigo en esa
confrontación de vida y muerte.
Cuando logré entender esto—después de recibir ayuda de misioneros más experimentados y mejor
preparados que yo—procuré cambiar mi actitud, de forma consciente y deliberada. No fue fácil, pero
Dios, en su gran misericordia, empezó a hacer maravillas en medio de la gente.
Por lo que he visto y escuchado, así se encuentran muchos misioneros hoy en día. Yo los entiendo
perfectamente. Sin embargo, misioneros así necesitan de nuestras oraciones para seguir adelante y ser
obedientes al llamado que recibieron de Dios, produciendo los frutos para lo que fueron enviados por el
Espíritu Santo al campo misionero. Al mismo tiempo, ellos necesitan cambiar sus actitudes, para que la
gente perciba que están allí por amor y no por otro motivo.
La salvación no se impone ni se vende; simplemente se comunica y se vive. Es el Espíritu de Dios
quien hace todo lo demás. Permítame decir que, si Dios puede transformar mi corazón, ¡entonces
seguramente puede también transformar el corazón de cualquier misionero soberbio y consentido como
yo!
Cómo interceder por los misioneros
En su carta a los hermanos colosenses, Pablo afirma lo siguiente: “Quiero que sepáis cuán gran lucha
sostengo por vosotros y por los que están en Laodicea y por todos los que nunca han visto mi rostro”
(Col. 2:1). Es fundamental que la iglesia esté consciente de su responsabilidad de interceder por los
obreros, y no sólo por ellos, sino también por las etnias, es decir, por los grupos que reciben a nuestros
obreros en el campo. Eso lo podemos hacer en nuestra congregación y hogar, sin salir al campo
misionero. Pablo es un ejemplo de intercesor; él entendía el valor de la oración por los nuevos campos,
aunque en muchos casos no pudiera estar presente en todo lugar.
Muchas veces oramos por los misioneros y por las etnias con quienes ellos trabajan, pero no nos
damos cuenta de la esfera espiritual en que se encuentran. La Biblia nos da a entender que los seres
humanos no saben cómo acercarse al Dios verdadero, aunque puedan conocer que él existe. Además,
ellos necesitan conocer y experimentar la libertad que solamente Cristo puede ofrecer.
La iglesia toda no puede ir al campo misionero, pero puede orar por los que van allá. El misionero
no puede tener éxito en su trabajo si no tiene una base sólida de intercesión, formada por gentes que
están detrás de él o ella, orando con fidelidad, conocimiento y perseverancia. El misionero puede haber
sido bien entrenado, tener todos los recursos materiales necesarios, todas las capacidades humanas,
todos los títulos, todos los diplomas, todos los documentos, todos los permisos, pero la última
barrera—el corazón de la gente—solamente puede romperse por obra y virtud del Espíritu Santo de
Dios. Cuando oremos por los misioneros, oremos también por la gente que los recibe. La característica
de nuestra oración (1 Co. 13:1–3) debe ser el amor—amor por el Señor, amor por los misioneros, amor
por la gente que los ha recibido.
Por otro lado, debemos cuidarnos para no mezclar las cosas: el enemigo es el enemigo, no es la
gente que está allá. El verdadero enemigo son los espíritus que están por detrás de ellos y de su cultura.
A menudo, los espíritus de engaño actúan en sus corazones y en sus mentes para impedir que reciban la
luz de Cristo. En muchos lugares, aun en nuestras propias ciudades llamadas “civilizadas”, los seres
humanos están atrapados por costumbres, hábitos y actitudes de siglos que, muchas veces, van en
contra de la verdad del Evangelio de Jesucristo. Sin oración es imposible que sean liberados de su
condición natural. Sin intercesión, no hay misión.
El mismo Jesucristo hizo de la oración el punto clave de su ministerio en la tierra (Lc. 11:1). No
importa tanto si la gente adopta nuestro estilo de alabanza, de vestir, de comer, o si la gente empieza a
hablar nuestra lengua o lo que sea. Lo importante es que su corazón y su espíritu sean tocados y
transformados por el poder de Cristo Jesús. No podemos quedarnos satisfechos con los cambios
superficiales, que son nada más que cambios de costumbres. La gente necesita un cambio más
profundo, un cambio de vida, y eso toma tiempo. Oremos para que nuestros misioneros se enfoquen en
la tarea principal, y no en pequeños detalles que los distraigan de comunicar efectivamente el
Evangelio.
Personalmente, quisiera que los nuevos misioneros cometieran menos errores que yo, y esa es una
razón por la cual comparto mis experiencias. Todo lo que hacemos en la misión, debemos hacerlo por
amor y por mandato del Señor, como señal de nuestra obediencia a él. Todo lo que hacemos es para
que Dios sea glorificado entre las naciones y Cristo Jesús sea exaltado por medio y por obra del
Espíritu Santo.
Discernimiento, poder y sabiduría
Cuando Pablo viajó desde Asia Menor hacia Europa, cruzando de un territorio a otro, él estaba
entrando en una nueva esfera cultural y espiritual. La ciudad de Filipos era la principal de Macedonia
en aquel tiempo. Al llegar, Pablo buscó donde predicar el Evangelio. Pocos días después, el apóstol fue
confrontado por los espíritus que dominaban aquella región:
Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de
adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces,
diciendo: Estos hombres son siervos del Dios altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y eso lo
hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de
Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.
Hechos 16:16–18
Pablo estaba entrando en un territorio controlado por espíritus malignos (véase 1 Jn. 5:19). Estos
espíritus, a su vez, estaban molestos por la presencia de Pablo y lo pusieron a prueba. Sin embargo, no
fue una prueba directa, sino más bien una prueba sutil, casi imperceptible. Enviaron a esta chica para
ver si el apóstol sería capaz de reconocerlos en su disfraz. El objetivo era verificar si Pablo estaba listo
para la batalla espiritual, o sea, si el apóstol representaba un peligro para ellos o no.
Pablo tomó algunos días, al parecer, para discernir lo que estaba pasando. Pero cuando discernió lo
que pasaba, ejerció poder espiritual con sabiduría, y la muchacha fue liberada, permitiendo que la
iglesia tuviera libertad de actuar en aquel lugar.
Aprendemos de este texto que necesitamos por lo menos tres cosas como misioneros:
discernimiento, poder y sabiduría. ¿Por qué estas tres cosas? Porque necesitamos ver más allá de la
apariencia de la gente, más allá de lo que los ojos pueden percibir. Es decir, necesitamos
discernimiento para entender lo que pasa en los lugares celestiales, para poder ver los espíritus que
están enraizados en el contexto en el que nos toca ministrar. Sin embargo, si tan sólo discernimos los
espíritus pero no tenemos poder para enfrentarlos y vencerlos, nada podemos hacer por la gente. Es en
el poder de Jesucristo que echamos fuera las potestades, para que la gente sea sanada de su ceguera y
empiece a ver la verdad de Jesucristo. Por último, necesitamos sabiduría para saber cómo actuar frente
al discernimiento y poder que vienen del Espíritu de Dios.
Hay misioneros que tienen discernimiento, pero no tienen poder. No sirven para mucho, porque la
gente continuará siendo víctima del enemigo. Otros misioneros tienen poder, pero no tienen
discernimiento. Como resultado, ellos causan una gran confusión, porque echan fuera espíritus que no
existen y dejan tranquilos a los verdaderos enemigos del pueblo. Un tercer grupo de misioneros tiene
poder y discernimiento pero carecen de sabiduría; éstos terminan por cometer muchas equivocaciones
en toda clase de situaciones transculturales.
Como misioneros, necesitamos las tres cosas: discernimiento espiritual, poder espiritual y sabiduría
de Dios. Si usted siente el llamado a la misión, busque de Dios por lo menos esas tres cosas, para que
sea un misionero efectivo para el Señor. No intente salir al campo sin ellas; si lo hace, el enemigo
tendrá gran facilidad en estorbar su intento misionero.
Conclusión
Para gozar de la bendición de Dios, tanto la iglesia como el misionero en el campo necesitan estar de
acuerdo en cuanto a la tarea a la cual Dios les ha llamado. Una parte le toca a la iglesia, que se queda,
mientras que la otra parte le toca al misionero, que se va. Tener claridad en lo que corresponde a cada
parte es un primer paso para cumplir con el propósito de Dios en la misión y en la iglesia.
Después de poco tiempo en el campo, me di cuenta que no podía hacer el trabajo solamente por mis
propias fuerzas. Necesitaba la ayuda de los hermanos de mi iglesia, para que estuviéramos juntos, en un
solo espíritu, en ese ministerio. Así como la gente necesitaba la bendición de Dios, yo también
necesitaba la presencia y el poder el Espíritu Santo para comunicarle el Evangelio de manera efectiva.
Esa especie de corriente de oración entre mi iglesia y yo fue de vital importancia todo el tiempo en que
yo estuve en el campo misionero y así sigue siendo.
Por otro lado, yo necesitaba cambiar mi corazón y mis actitudes. Era urgente que yo modificara mi
manera de acercarme a la gente local y abandonara mis prejuicios y pensamientos negativos en cuanto
a ellos. Era vital para mí descubrir dónde estaban los caminos que Dios había preparado, antes de mi
llegada, para que ellos llegaran a conocer el Evangelio.
Cuando empecé a modificar mi actitud, observé que la gente se puso más abierta y dispuesta a
escuchar lo que quería decirles. En vez de forzar las cosas, como antes, traté de hacerme amigo de
ellos, estando con ellos, conviviendo con ellos, escuchándoles, invitándoles a mi casa y yéndome a sus
casas, compartiendo lo que tenían, sus comidas y su vida en comunidad. La gente empezó a tener una
nueva actitud conmigo también. Empezaron a abrir sus corazones, a tenerme como su amigo y no más
como un crítico de la vida de ellos.
Empecé a reconocer que había muchas cosas buenas en su manera de vivir. Incluso, en algunas
áreas, ellos viven mejor que nosotros—por lo menos aquel grupo donde yo trabajé. Por ejemplo: entre
ellos no hay asilos de ancianos, no hay orfanatos, no hay prisiones. Mi pregunta era: ¿Y cómo logran
eso? Entre ellos, las cosas se resuelven en comunidad de acuerdo a sus valores. Empecé a entender que
la cultura de ellos no es totalmente mala, como muchas veces pensamos; hay cosas buenas que ellos
pueden muy bien preservar.
Con los años, aprendí muchas cosas de ellos. Le doy gracias a Dios porque el Señor tuvo paciencia
conmigo, como pastor y misionero en medio de aquella gente, además que tuvo paciencia con ellos
para encontrarlos donde ellos estaban. De mi parte, yo necesitaba descubrir dónde ellos se encontraban,
y desde ese punto, caminar con ellos hacia el Señor, para que conocieran su Evangelio y la gloria de
Dios en Cristo Jesús.
Estoy convencido de que nosotros, como iglesia y como misioneros, necesitamos un espíritu de
sabiduría, poder y discernimiento, para entender claramente la voluntad de Dios para la iglesia y
cumplirla como él lo desea. Necesitamos ser como Pablo, que no fue desobediente a la visión celestial
(Hch. 26:19). La voluntad del Señor es que todos los pueblos y todas las etnias lo conozcan, lo
glorifiquen y participen de su redención. Para esto existimos, como iglesia de Cristo. Gran parte de la
adaptación cultural del misionero depende de la intercesión de su iglesia de origen.
Cosmovisión y misión cristiana
Levi DeCarvalho
CUANDO LOS APÓSTOLES BERNABÉ Y PABLO arribaron a Listra, en Asia Menor, de acuerdo al relato de
Hechos de los Apóstoles 14, aparentemente no contaban con la reacción de la gente delante del milagro
que Dios hizo por medio de sus siervos. Después que el hombre que fue sanado de su parálisis, la
muchedumbre rompió en exclamaciones ruidosas de asombro, diciendo en su lengua, que los “dioses
bajo la semejanza humana han descendido a nosotros” (14:11). No cabía en sus mentes que seres
humanos pudieran hacer milagros; por tanto, esos dos apóstoles sólo podían ser dioses disfrazados. La
situación se complicó aún más cuando trajeron toros para sacrificar a esos “dioses” que les honraban
con su visita inesperada.
El episodio de Listra ilustra el hecho de que la gente todo lo interpreta de acuerdo a su
cosmovisión—es decir, de acuerdo a su manera de ver al mundo. Los apóstoles no tenían ningún
problema en ver a Dios haciendo milagros y señales por medio de su ministerio; ellos entendían que
Dios estaba por detrás de todo, y por tanto le daban la gloria por todas sus manifestaciones de poder.
Pero los habitantes de Listra, a su vez, por entender las cosas a partir de otra lógica, pasaron a adorar a
estos dioses que les habían visitado en forma humana.
El relato de lo que ocurrió en Listra es un ejemplo de lo que ocurre a menudo en el campo
misionero. Muchas veces los misioneros predican y actúan bajo la convicción de que están haciendo lo
mejor para comunicar con claridad el Evangelio de Cristo, pero la gente interpreta los eventos y el
mensaje a su manera. Esto frustra a muchos obreros, quienes normalmente no saben cómo solucionar
esa clase de situación.
En este artículo, intentamos explicar qué es la cosmovisión y planteamos su importancia en el
trabajo misionero. Buscamos ejemplos bíblicos y experiencias personales que ilustren el tema,
trazando, al final, algunas implicaciones para la persona involucrada en la evangelización transcultural.
La importancia de la cosmovisión
Para todo misionero, es importante entender cómo “funciona” la cultura dónde se encuentra, para que
pueda comunicar el Evangelio de Cristo de manera que la gente lo entienda y pueda aceptarlo como
suyo. Esto implica, antes de todo, que el misionero necesita conocer su propia cultura, máxime en lo
que concierne a su propia cosmovisión.
Después del periodo de fascinación con la cultura local, si es el caso, el misionero empieza a darse
cuenta de que la manera cómo la gente ve al mundo no corresponde a la suya y ahí empiezan los
equívocos y confusiones, de ambas partes. El misionero dice una cosa y la gente lo malinterpreta; la
gente hace una cosa y el misionero lo entiende de manera equivocada. Casos así generan periodos de
frustración y en algunos casos, el misionero puede reaccionar de manera negativa a todo lo que la gente
hace, dice y piensa. A veces la confusión se explica fácilmente, pero otras veces el misionero lleva
meses o hasta años para entender algo que para la gente es la cosa más común y corriente del mundo.
Sin embargo, hay misioneros que jamás han logrado entender la cosmovisión de la gente y su trabajo
sufre a causa de esa incapacidad.
Es precisamente cuando el misionero se da cuenta de ésta diferencia de cosmovisiones que empieza
instintivamente a reflexionar sobre su propia percepción de la realidad. Si logra hacer un análisis de las
costumbres que trajo consigo al campo misionero, puede que empiece a darse cuenta de que una parte
de sus convicciones que creía ser bíblicas es en verdad relativa a su cultura de donde vino.
Un ejemplo de lo que estamos diciendo es la creencia de que la democracia es bíblica. Hay
misioneros que creen firmemente que el sistema aprobado por Dios para la organización de la iglesia es
por el voto de la mayoría. Sin embargo, si así fuera, Moisés no habría podido conducir al pueblo de
Israel a la Tierra Prometida (Nm. 13:1–14:38). Hay grupos donde nada se hace por el voto de la
mayoría sino que se discute el asunto hasta que todos estén de acuerdo en cuanto al tema propuesto y
todos, al final, participan activamente del proyecto comunitario. Para el misionero acostumbrado al
sistema democrático, el consenso de grupo puede ser una sorpresa y al comienzo, quizás, no sabrá
cómo reaccionar a la necesidad de la gente de discutirlo todo antes de llegar a una decisión con la cual
todos estén de acuerdo. El misionero puede pensar que la gente pierde tiempo discutiendo el asunto
cuando una simple aprobación de la mayoría resolvería todo. Sin embargo, la introducción de la
democracia en grupos donde el consenso es la norma está a la raíz de las divisiones denominacionales y
enemistades entre la iglesia y la sociedad a su alrededor.
El opuesto también ocurre. Hay grupos, por ejemplo, que están divididos en mitades y hay
necesidad de levantar dos grupos de creyentes, por la sencilla razón de que la gente de un lado no va a
querer aceptar el Evangelio de un miembro del grupo opuesto al suyo. Si el misionero intenta imponer
una sola iglesia desde el comienzo, puede encontrar resistencia de una de las mitades y la consecuente
indisposición de los primeros creyentes de llevar el Evangelio a la otra mitad. La unidad de la iglesia es
algo que se ha logrado con dificultad a través de la historia de la iglesia cristiana—cuando se logra.
Sólo tenemos que pensar en nuestras diferencias denominacionales para darnos cuenta de la
complejidad que es la unidad entre nosotros, los creyentes. Muchas veces hay distintas agencias
misioneras que actúan en el mismo grupo étnico y, como consecuencia, cada cual prefiere levantar su
propia iglesia denominacional que promover la unidad de los creyentes locales. Muchas veces es el
mismo misionero quien es el iniciador de las diferencias entre iglesias, no la gente del lugar.
Qué es cosmovisión
Una parte del comportamiento cultural del ser humano es consciente—por ejemplo, en cuanto a la
lengua que usa, las relaciones con su grupo, las prácticas conocidas de todos, las fiestas y ceremonias
comunes, etc. Pero hay otra parte que es normalmente subconsciente—por ejemplo, los valores que uno
trae consigo, la manera de entender el universo, las creencias que uno tiene y que sólo percibe que
existen cuando encuentra personas que tienen otra perspectiva de vida.
Un ejemplo de diferencias de cosmovisión lo encontramos entre los norteamericanos anglos, por
ejemplo, que valoran más al individuo que al grupo, y los grupos precolombinos, por ejemplo, quienes
dan más importancia al grupo que al individuo. Sin embargo, el fenómeno de la globalización, así
llamado, ha diseminado valores propios de la cosmovisión occidental—en especial la cosmovisión de
los norteamericanos anglos—que, de poco en poco, son adoptados por las sociedades del sur. Hoy día,
hay un segmento de las sociedades sureñas, mayormente sus elites intelectuales, que refleja importantes
aspectos de la cosmovisión norteamericana, con su individualismo extremado, aunque la critique en sus
discursos teóricos.
No debemos de confundir la cosmovisión con la religión de una persona o grupo. En términos
antropológicos, la religión es un sistema de creencias y prácticas que el individuo o grupo puede
adoptar pero que no necesariamente refleja su pensamiento. Así, por ejemplo, hay personas que se
dicen católicas en el continente americano, pero que, en verdad, lo son solamente de nombre. Sus
prácticas que abarcan lo trascendental pueden ser espiritistas, por ejemplo, al estilo del vudú que tiene
sus raíces en creencias africanas. En este caso, la persona aparenta ser una cosa cuando es verdad es
otra. Dicho de otra forma, su comportamiento exterior no refleja su convicción interior, su
cosmovisión.
Este punto es muy importante para el misionero, quien busca comunicar el Evangelio de Cristo de
acuerdo al contexto de su audiencia. Si la gente se comporta de una manera pero, en verdad, piensa y
cree de manera distinta, el misionero puede fácilmente equivocarse en su estrategia de trabajo. Puede
que logre creyentes convencidos pero no convertidos. A la primera señal de una crisis más profunda, la
gente vuelve a sus creencias y prácticas anteriores porque cree, en lo profundo de su corazón, que la
solución para su problema está en sus dioses antiguos y no en el Dios de la Biblia. Esto quiere decir
que el misionero debe conocer la cosmovisión de la gente con la cual trabaja y vive a diario para poder
comunicarle el Evangelio de manera apropiada a sus necesidades interiores y no de acuerdo a las
apariencias.
Un ejemplo bíblico del tema de la cosmovisión lo encontramos en la historia de Saúl y la adivina de
Endor (1 S. 28). A pesar de ser rey de Israel, el pueblo de Dios, Saúl todavía creía en los poderes
ocultos de los adivinos. Y más: a pesar de él mismo haber decretado la expulsión de los adivinos del
territorio israelita, él fue en búsqueda de una persona que consultaba los espíritus de las tinieblas. En
otras palabras, Saúl reveló su verdadera cosmovisión cuando buscó la pitonisa de Endor. Otro ejemplo
de este tema lo encontramos en la pareja Ananías y Safira (Hch. 5:1–11). En la apariencia, ellos
actuaron como los demás creyentes, que aportaban sus bienes a los apóstoles para distribución entre los
necesitados de la iglesia de Jerusalén. Sin embargo, en su íntimo, ellos creían que podían manipular al
Espíritu Santo, como los animistas que creen poder manipular los poderes del mundo de las tinieblas
por medio de la compra de favores o por medio de engaños. En otras palabras, la cosmovisión de
Ananías y Safira era distinta a la cosmovisión de los líderes de la iglesia cristiana, lo que Pedro puso a
descubierto delante de todos (cp. Jn. 2:23–25 y 2 Ti. 3:5).
Cómo descubrir la cosmovisión de un grupo
La cuestión para el misionero es cómo descubrir la cosmovisión del grupo donde trabaja. Hay por lo
menos tres posibilidades para lograrlo: (1) colectar y analizar sus historias; (2) observar cómo la gente
reacciona a situaciones de crisis; (3) y atentar para el diálogo entre madre e hijos, en especial cuando
esos son pequeños todavía. Expliquémonos.
Historias. Las historias de una sociedad reflejan su manera de interpretar la realidad alrededor suyo.
Es en sus historias que la gente guarda y condensa sus valores, sus experiencias más impactantes, y su
manera de entender todo lo que ocurre en sus vidas y es por medio de ellas que transmite a la
generación siguiente su cosmovisión. Si examinamos con atención las historias de la gente que
queremos evangelizar, podemos descubrir los asuntos que dominan sus pensamientos y los temas que
hablan más de cerca a sus corazones. Así, por ejemplo, las historias que encontramos en el Antiguo
Testamento reflejan las experiencias más profundas del pueblo de Israel y su manera de ver al mundo.
Jesucristo, consciente de este principio, volvía, una y otra vez, a las historias del Antiguo Testamento y
hacía mención de ellas para mejor comunicar su mensaje a su audiencia (véase, por ej., Mt. 11:21–24;
12:1–8, 38–45; 13:17; 16:13–20; 17:9–13; 19:1–12; 21:22–45; 22:23–33, 41–46; 23:27–35).
En mi experiencia de campo, descubrí que muchas de las historias que dominan las conversaciones
alrededor de una fogata hacen referencia a los chamanes, presentes y pasados, del pueblo. En ellas uno
descubre la importancia central del chamán y del mundo de los espíritus, a los cuales hay que respetar y
honrar si uno quiere vivir en paz y prosperidad. El misionero que ignora esas historias y su importancia
para los habitantes del lugar tendrá dificultad en entender su cosmovisión y en comunicar el Evangelio
de manera que la gente lo entienda y lo acepte como suyo. En verdad, hay mucha semejanza entre el
poder de los chamanes y el poder de Cristo, y estas historias sirven como puente para la comunicación
del Evangelio a la gente.
Situaciones de crisis. Es en situaciones de crisis que la gente revela su verdadera cosmovisión.
Mientras la vida sigue su curso normal, la gente puede participar en rituales y ceremonias religiosas sin
que su corazón esté comprometido con las enseñanzas que oye o los rituales de que participa. Sin
embargo, cuando surge una situación de crisis más profunda, la gente reacciona de acuerdo a sus
convicciones más profundas, o sea, de acuerdo a lo que verdaderamente cree—sus postulados, sus
valores y sus compromisos. Esto es, su cosmovisión. Si alguien se enferma, por ejemplo, ¿a quién
recurren? Si son creyentes y buscan a Dios, hubo un verdadero cambio de cosmovisión; si, al contrario,
van en pos de los curanderos, chamanes o marabúes, entonces sus convicciones más profundas no han
cambiado y a pesar de que participen en los servicios y prácticas de la iglesia, todavía creen que el
verdadero poder lo tiene el chamán o el marabú y no el Jesús de quien oyen hablar en las predicaciones.
1
Hace falta una conversión al estilo bíblico.
Diálogo entre madre e hijos. En la conversación entre madre e hijos, surgen muchas preguntas. El
niño quiere aprender cómo funciona el mundo y la persona quien le abre las puertas al universo es
precisamente su mamá. De ahí que el niño le haga muchas preguntas, hasta la saciedad. Si mamá se
enoja con tantas indagaciones, entonces hay que dejarla descansar un poco y luego volver a preguntar.
El niño insiste en repetir sus preguntas para verificar si hay coherencia en lo que su mamá le dice y,
además, le propone enigmas y situaciones para ver cómo ella soluciona esos problemas con base en su
cosmovisión. Instintivamente, el niño está aprendiendo la cosmovisión de su mamá. Cuando uno usa la
expresión “lengua materna”, en verdad es más que una lengua—es una percepción del mundo, una
cosmovisión, que uno aprende.
Con el correr del tiempo, por supuesto, el niño crece y madura y pondrá la cosmovisión que
aprendió a pruebas, delante de experiencias personales y delante de otros miembros de su grupo social.
De poco en poco, el niño va construyendo su propia cosmovisión, con base en experiencias y
reflexiones, muchas de ellas subconscientes. Sin embargo, esa cosmovisión profunda servirá de marco
de referencia para sus pensamientos y para sus acciones, personales y sociales. El niño, ahora hombre
maduro, interactúa con otros miembros de su grupo y es reconocido como uno de ellos y con ellos se
identifica porque, además de los elementos visibles que comparte con los demás, también comparte con
ellos su manera de ver al mundo, su cosmovisión. Si el grupo es unido y fuerte, entonces las decisiones
más importantes, como por ejemplo, aceptar o rechazar el Evangelio, serán hechas en grupo, mucho
más que individualmente. En sociedades donde el niño aprende que tiene que ser un individuo
independiente y autosuficiente, como en la sociedad angloamericana, por ejemplo, entonces temprano
el niño se aleja del hogar y de la influencia de su familia nuclear y entra al mundo de la competitividad
de los adultos, cada cual buscando protegerse de los demás por miedo a perder su individualidad tan
duramente conquistada.
El misionero que tiene conciencia de la importancia de la cosmovisión, temprano tratará de
acercarse a las familias para conocer el diálogo entre madre e hijos en el hogar. Si pone atención a lo
que oye y lo analiza con propiedad, podrá descubrir mucho de la cosmovisión de la gente con la cual
vive y trabaja. Una cosa es aprender la lengua de la gente, otra es aprender su cultura y, sobretodo, su
cosmovisión. Esta enseñanza la encontramos en el Antiguo Testamento (cp. Dt. 6:6–9; Jos. 4:1–14).
Las piedras memoriales o monumentales servían de estímulo y recuerdo de lo que Dios había hecho en
medio de su pueblo; los eventos respectivos servían de refuerzo de la cosmovisión del pueblo de Dios
que habría de recordar a sus descendientes los hechos portentosos de su Dios a cada nueva generación.
Observemos la importancia de los padres en revelar y explicar a los hijos la significación de aquellas
piedras memoriales, que servirían de fundamento para la cosmovisión de los israelitas. Aquí tenemos la
combinación de historias, tiempos de crisis y diálogo entre padres e hijos como refuerzo y conducto de
la cosmovisión de los israelitas. En otras palabras, Dios quiere que su pueblo transmita a sus
descendientes una cosmovisión cuyo centro está en Dios.
Conclusión
Es prácticamente imposible hacer la misión transcultural sin entender la cosmovisión del grupo al cual
dirigimos nuestro mensaje. Dios una y otra vez nos da el ejemplo, en las páginas de las Escrituras.
Cuando quiso expresarse en lenguaje inconfundible, Dios nos habló por medio de su Hijo, quien es la
imagen exacta de su persona y quien igualmente asumió forma humana, en el contexto de una
determinada cultura, para poder comunicarse con nosotros con efectividad. Jesús habló a la gente de su
propia etnia de acuerdo a su cosmovisión, expresando por medio de su vida y palabras el mensaje de
Dios a sus corazones. Nuestro deber, al obedecer a la Gran Comisión que nos propuso, es hacer lo
mismo que él hizo.
La iglesia y las organizaciones para-eclesiásticas
José Cruz
¿Qué es la iglesia de Cristo? Nosotros necesitamos hacer una pausa para reflexionar bíblicamente sobre
lo que dice la Palabra de Dios a cerca de la comunidad de fe, a que denomina de iglesia.
Somos un solo Cuerpo en Cristo. En 1 Corintios 12, la iglesia surge como una, con distintos dones
espirituales. La iglesia son las personas redimidas por la cruz de Cristo, por obra del Espíritu Santo.
Todo creyente es miembro de la iglesia universal de Cristo. En ella no hay ciudadanos de segunda
clase, nadie es menos ni más que otro (22); todos somos iglesia (14). Concluimos, entonces, que no hay
razón bíblica para pensar que un miembro del Cuerpo de Cristo que realiza un ministerio fuera de una
determinada congregación no es parte de la iglesia de Cristo.
El Espíritu Santo de Dios es el único que puede hacer que alguien se convierta en miembro de
Cristo (1 Co. 12:13). La única entrada al Cuerpo de Cristo es por obra y poder del Espíritu Santo, y esto
no depende de donde venga la persona. El Espíritu es el único que puede convencerle a alguien del
pecado, de la justicia y del juicio (Jn. 16:8). Somos miembros del Cuerpo de cristo solamente por obra
del Espíritu Santo de Dios. Nadie que haya nacido de nuevo por obra del Espíritu está fuera del Cuerpo.
Cada creyente es iglesia y parte de la iglesia, esté donde esté.
La iglesia es universal. Algunos hacen la diferencia entre iglesia militante--iglesia sobre la tierra—
y la iglesia triunfante—en el cielo. El hecho es que la iglesia no puede ser derrotada, como leemos en
Mateo 16:18 (cf. Hch. 20:28 y Ef. 1:22).
La iglesia es regional. En este caso, la Biblia se refiere a los cristianos de determinada región o área
específica. En el Nuevo Testamento, hay referencias a los creyentes de las regiones de Judea y Samaria
(Hch. 8:1), Fenicia, Chipre y Antioquía (Hch. 11:19) y Asia Menor, conocida como Turquía hoy (Ap.
1:11).
La iglesia es también una congregación en un determinado local. Pablo envía saludos a la iglesia
que estaba en la casa de Priscila y Aquila (Ro. 16:5), al igual que se dirige a la iglesia que está en
Tesalónica (1 Ts. 1:1), por ejemplo. El término santos conlleva la misma connotación. Encontramos
este término en 1 Corintios 1:2 refiriéndose a la iglesia universal.
La expresión “iglesia local” no se encuentra en las Escrituras—lo que no quiere decir que sea una
expresión equivocada. Sin embargo, muchas veces utilizamos esa expresión para exaltar nuestros
pequeños reinos más que para exaltar a Cristo, Señor de la iglesia. Hay que tomar cuidado para no
tomar una parte por el todo.
Si por un lado es cierto que hay referencias bíblicas a la iglesia en una determinada ciudad, también
hay referencia a la iglesia en casa de un hermano o hermana. Las dos son igualmente iglesias y tienen
funciones y ministerio específicos a su realidad y llamamiento (Hch. 15 y Flm. 2).
Sin embargo, no olvidemos de los que están en proceso de hacerse iglesia, como los discípulos
encontrados por Pablo en Éfeso (Hch. 19:1–7). El mismo Pablo, cuando tuvo que regresar a su ciudad
natal (Hch. 9:30 aparentemente no estaba vinculado a una iglesia local; aún así, Bernabé lo reconocía
como miembro del Cuerpo de Cristo y fue en pos de él para que ministraran juntos en Antioquia de
Siria (Hch. 11:25–26).
El modelo bíblico es variado, pero harmonioso. Las congregaciones regionales, locales y hogareñas
buscaban cooperar entre sí, para crecimiento del Reino de Dios. Lo opuesto es lo referido por Pablo,
quien critica la carnalidad de la envidia y la soberbia humanas (1 Cor. 3:3). Cualquier actitud semejante
es mundana y, por tanto, indigna del verdadero Cuerpo de Cristo.
No olvidemos, además, que en muchos lugares hoy día, la iglesia es perseguida. Muchos hermanos
y hermanas nuestros no tienen el lujo de reunirse en público como los hacemos nosotros, a la luz del
día, con libertad de proclamar en alto sonido nuestra fe. Entre musulmanes, por ejemplo, hay pequeñas
congregaciones de 2 o 3 hermanos, quienes, sin embargo, experimentan la presencia del Señor quien
les prometió que estaría en medio de ellos (Mt. 18:20).
A mi se me ocurre que la Gran Comisión fue dada a los discípulos, y no a la iglesia formal y
estructurada, como la conocemos hoy día (Mt. 28:18–20). Ellos no eran sofisticados como lo somos
nosotros hoy día; eran un bando de seguidores del Señor, muchos con miedo de compartir su fe a los de
afuera. Iglesia y organizaciones para-eclesiásticas, así llamadas, son en verdad expresiones del Cuerpo
de Cristo que busca glorificar su nombre entre las naciones.
El origen del concepto
Las organizaciones para-eclesiásticas, como las conocemos hoy día, surgieron en el movimiento
pietista (c. 1648) en su deseo de llevar el Evangelio por todo le mundo sin que la iglesia local tuviera
que llevar con todo el peso de la iniciativa. En su comienzo, surgieron como un apoyo a la iglesia local.
(Jerry White, The Church and the Para church, Multonomah Press, 1983.)
El movimiento pietista fue fundamentalmente misionero. Cuando el luteranismo y el calvinismo
perdieron su ímpetu evangelístico, Phillip Jacob Spener empezó a predicar la salvación personal, la
santidad de vida y el estudio bíblico entre los laicos de su tiempo. Herman Francke, un discípulo suyo,
añadió un énfasis más, hablando de misiones. El conde Nikolaus Zinzendorf, después, fue el gran
inspirador del movimiento misionero moraviano, conocido por su estilo de vida comunitario, que
incluía familias y personas solteras. Enfatizaban la ética del trabajo y la creación de iniciativas
productivas. Plantaban iglesias al mismo tiempo que enseñaban habilidades productivas a los “nativos”.
El Reino de Dios, para ellos, incluía actividades productivas para el bien común. El movimiento quedó
famoso por su corriente de oración por las misiones que duró más de cien años.
Las primeras sociedas misioneras de los tiempoes modernos empezaron de forma independiente, a
parte de las denominaciones. Fue le caso de Thomas Bray con organizaciones que promovían el
Cristianismo en tierras foráneas a partir de 1701. La sociedad Misionera bautista surgió luego después,
en 1709.
Los movimientos avivalistas del norte atlántico, con George Whitefield y después con Juan Wesley,
Charles Finney y Dwight Moody, influyeron grandemente en el llamamiento de estudiantes cristianos a
las misiones. La Escuela Bíblica Dominical empezó como un movimiento para-eclesiástico, siendo,
después de algunas controversias, incorporada a las actividades normales de muchas iglesias.
Hoy día las llamadas organizaciones para-eclesiásticas son bien conocidas, pasando por
asociaciones típicamente evangelísticas, hasta llegar a ministerios como sean la traducción de la Biblia,
orfanatos, plantación de iglesias, escuelas bíblicas, seminarios, escuelas de misiones, además de
proyectos de corto plazo.
Es cierto que en los Estados Unidos, donde se cuentas por miles, las organizaciones paraeclesiásticas reflejan el espíritu emprendedor de los ciudadanos del país. Dice Jerry White que el
crecimiento de esas organizaciones se debe a muchos factores:
1. La incapacidad de las iglesias locales de emplear miembros laicos
2. El espíritu de iniciativas independientes de la gente
3. Las leyes de impuestos que incentivan la inversión en organizaciones sin fines de lucro
4. Las necesidades que existen alrededor del mundo
5. La dirección de Dios en el corazón de muchos cristianos
La palabra griega usada para iglesia en el Nuevo Testamento (ekklesia) se compone de dos
palabras, cuyas raíces son ek (para afuera) y kaleo (llamados). Iglesia, por lo tanto, se refiere a
personas llamadas a salir de una situación anterior y llegar a ser parte de una asamblea o convocación.
Según Lesslie Newbigin, “Ecclesia es la asamblea de ciudadanos llamados a tratar con un asunto
publico de la ciudad. Lo distintivo de esta asamblea era su llamamiento por una autoridad más augusta
que el edil: era la ecclesia de Dios, la asamblea llamada por Dios” (Open Secret, Grand Rapids, MI:
Eerdmans, 1994:16).
Las organizaciones comúnmente llamadas para-eclesiásticas surgen con la intención de cooperar
con la iglesia local, nunca de reemplazarla. Esas organizaciones normalmente surgen como una
respuesta a las oportunidades de anunciar el Evangelio que nadie más está aprovechando. Con lo tanto
que nosotros entendamos que todos hemos sido llamados por Dios para oír su voz y obedecer el orden
de Cristo de hacer discípulos de todas las naciones, no necesitamos competir—sino cooperar, para que
la gloria del Señor sea manifiesta en todas las etnias del mundo.
La relación iglesia y agencia misionera
Edison Queiroz*
Durante un seminario en una conferencia misionera, escuché decir a un líder de una determinada
agencia, que quería ayudar a resolver la gran guerra que había entre las instituciones de envío y las
iglesias. Sus declaraciones eran alarmantes, pues afirmaba que había un gran conflicto y que era
necesario se resolviera. Al final del evento, fui a conversar con él, a decirle que no había tal conflicto;
al contrario, existía una fuerte aproximación entre las iglesias y las instituciones de envío. Lo desafié a
que hiciera una investigación para verificar cuantas iglesias envían misioneros por cuenta propia y sin
la asesoría de una agencia. De hecho, todos los misioneros de la iglesia que yo pastoreaba, habían sido
enviados por medio de instituciones de envío o por las agencias denominacionales.
Esa pretendida guerra no existe. Lo que en realidad si falta, es la adecuada comunicación que
esclarezca el papel, las funciones y la autoridad de cada institución. En este capítulo trataremos de
esclarecer el papel de las instituciones de envío y su relación con las iglesias.
En primer lugar, es importante entender que la iglesia es la única institución que Dios puso en la
tierra para ejecutar Su obra. Es necesario que vayamos a la palabra de Dios a estudiar más
profundamente lo que en realidad es la iglesia de Cristo.
El misionólogo Howard Zinder, consciente de la posición bíblica de la iglesia, afirma:
Bíblicamente, la Iglesia es una comunidad del pueblo de Dios, y esta es una realidad espiritual que es válida para
cada cultura. Además, todas las instituciones eclesiásticas (sean seminarios, estructuras denominacionales, juntas
misioneras, editoriales o cualquiera que sea) no son una iglesia. Al contrario, son instituciones de apoyo creadas
para servir a la vida y a la misión de la iglesia. Están culturalmente atadas y pueden ser sociológicamente
entendidas y avaladas, pero no pueden por sí mismas ser una iglesia. Cuando estas instituciones se confunden
como una iglesia, o cuando son vistas como parte esencial de la misma; surgen todo tipo de ideas erróneas, y la
Iglesia queda amarrada a un concepto cultural momentáneo y particular. (Ralph D. Winter y Steven C.
Hawthorne, editores. Las Misiones Transculturales: Una Perspectiva Bíblica. São Paulo, Brasil : Mundo
Cristão, 144)
El papel de la agencia es auxiliar a la iglesia en sus funciones misioneras. Tal vez exista el conflicto
citado por aquél líder, por que algunas agencias no quieren asumir el papel de siervos, y prefieren antes
controlar y dominar toda la obra.
La importancia de una buena relación
Es importante que haya una buena relación y colaboración entre la iglesia, las instituciones de envío y
las juntas misioneras. Cuando se da una sana relación entre la iglesia y las agencias, acontecen tres
cosas importantes, que se describen a continuación.
Se agiliza la planeación y la evaluación de los proyectos. El trabajo conjunto facilita la planeación,
porque la agencia conoce mejor las actividades y las características del campo misionero. Además de
esto, una agencia misionera puede ayudar mucho mejor en la evaluación, pues siempre tendrá personal
trabajando en el campo para verificar la marcha del proyecto.
Se crea un intercambio de experiencias. Las agencias tienen mas experiencia, que las iglesias, en el
campo y en el trato con el personal misionero. Durante años, algunas iglesias se quedaron estancadas
con relación a las misiones; mientras que otras transfirieron sus responsabilidades a las juntas de
misiones de sus denominaciones; pues daban una ofrenda anual, pero no participaban efectivamente en
la obra misionera.
Bill Taylor, obrero de WEA (Alianza Evangélica Mundial), critica a los antiguos programas de
misiones de algunas iglesias:
Una transformación importantísima está ocurriendo en cuanto a las iglesias y las misiones. Durante años,
muchas iglesias ofrecieron programas de misiones del tipo “ofrende y ore”. Esto significa, que los misioneros
que buscaban apoyo financiero, se comunicaban con las iglesias económicamente fuertes, y las desafiaban a
establecer un compromiso de apoyo financiero (y lógicamente, de oración). Las iglesias a su vez, verificaban la
calidad de los candidatos (particularmente en términos de su entrenamiento y de la agencia misionera), los
cuales, una vez aprobados, pasaban a formar parte de la lista de misioneros sostenidos por ellas. La iglesia paga
y ora. (William D. Taylor, org. Demasiado Valioso para que se Pierda. Alianza Evangélica Mundial y
COMIBAM, 333)
Las instituciones de envío más antiguas, adquirieron amplia experiencia, que ahora ponen a
disposición de las iglesias para el trabajo misionero. Además, las agencias ya establecieron sus bases
misioneras en diversas regiones del mundo, facilitando así una comunicación, un control y una
evaluación de las actividades de los misioneros.
Se genera la unidad del Cuerpo de Cristo. Como dijimos anteriormente, la unidad es un principio
bíblico. Jesús, en su oración sacerdotal, pidió al Padre “que todos sean uno… para que el mundo crea”
(Juan 17:21). Pienso que las iglesias y las instituciones de envío deben darse la mano, y que esa unidad
de esfuerzos promoverá la extensión del Reino de Dios en la tierra.
El desarrollo de proyectos conjuntos
El trabajo en cooperación, facilitará el desarrollo de proyectos misioneros de ambas partes, como se ve
enseguida:
Los proyectos de la iglesia. Hace algún tiempo, pocas iglesias tenían proyectos misioneros, y la
mayoría trabajaba apoyando a las instituciones de envío, suministrando personal, intercesión y recursos
financieros. Sin embargo, con el tiempo la iglesia descubrió que la responsabilidad de la evangelización
del mundo le pertenece. En todo el mundo, el Espíritu Santo está despertando a las iglesias para la obra
misionera; llevándolas a desarrollar sus propios proyectos misioneros.
Los proyectos de las agencias. Por otra parte, las agencias o instituciones de envío, han
desarrollado estrategias misioneras y han planeado diferentes proyectos.
La integración de los proyectos. La obra misionera requiere de un trabajo de cooperación entre las
iglesias y las instituciones de envío. Las iglesias son las entidades que deben promover la integración
de sus proyectos. Esto requiere de humildad por ambos lados. Muchas veces no queremos arriesgar
nuestro nombre, nuestra institución o nuestros proyectos. Existen algunas instituciones de envío que
van a las iglesias con un proyecto ya enlatado y les dicen: ”Este es nuestro plan, queremos hacer esto,
aquello y esto otro, y necesitamos a su personal, sus oraciones y su dinero”.
Desgraciadamente este ha sido el concepto, de muchas iglesias, de lo que es un proyecto en
conjunto; cuando en verdad deberíamos pensar más en términos de asociación, como ocurre entre las
empresas en el mundo exterior. Por ejemplo, una industria de automóviles que desea colocar sus
productos en todos los lugares del mundo, necesitará de concesionarios que promuevan la venta de los
vehículos. Por analogía, la iglesia sería la industria; y las juntas de misiones y las agencias serían las
concesionarias. Así como una industria define los modelos de carros, los precios, la iglesia debe definir
a su personal, las metas por alcanzar y el funcionamiento de los proyectos. Pero a su vez, al igual que
las concesionarias hacen la promoción, y la publicidad para hacer conocer el producto; las juntas de
misiones y las instituciones de envío, trabajan en las estrategias, en la ejecución y en el mantenimiento
del proyecto.
Si las iglesias y las instituciones de envío, planearan conjuntamente; los esfuerzos espirituales de la
iglesia se unirían a la experiencia de las instituciones de envío, y los resultados serían mucho más
efectivos. Para que haya tal unidad de cooperación y de planeación, es preciso definir claramente las
responsabilidades de cada parte.
Responsabilidades de la iglesia
La oración. Sin la oración, el trabajo misionero es un fracaso. La iglesia debe proveer oración
constante y consistente, para sustentar a la obra misionera. Existe un tremendo poder espiritual en las
iglesias, que es necesario para que el trabajo misionero sea efectivo. ¡Pobre del misionero que se atreva
a ir al campo, sin una base sólida de oración!
El apoyo financiero. De una u otra manera, el dinero sale de la iglesia local. Puede salir de una
manera formal, como participación de la misma, para el sustento del misionero; o de una manera
informal, como ayuda individual de los miembros de la iglesia, a las instituciones de envío o a los
misioneros. Lo correcto es que la iglesia reconozca que tiene la responsabilidad de apoyar dignamente
a sus obreros.
Apoyo espiritual y emocional. Nadie es mejor que la iglesia, para proveer el apoyo espiritual y
emocional que el misionero necesita. Hay mucho más calor humano cuando los miembros de la iglesia
se comunican con los misioneros. La iglesia debe promover esa comunicación: por cartas, telefonemas,
correo electrónico o por contacto personal de los miembros de la iglesia con los misioneros.
El pastoreo en el campo. Nadie mejor que los pastores para dar asistencia pastoral en el campo, a
los misioneros de su iglesia.
La actualización de los conocimientos teológicos. El misionero deberá actualizarse continuamente
en las cuestiones teológicas. La iglesia debe proveer los medios necesarios, para proporcionar al
misionero las condiciones suficientes, para que este participe en congresos, consultas, encuentros,
cursos.
La vida familiar y las vacaciones. La iglesia debe ser celosa del bienestar del misionero y de su
familia, y concederle sus períodos de vacaciones. Si Dios, siendo Dios, descansó, mucho más nosotros,
necesitamos rehacer y recuperar nuestras energías.
Responsabilidades de la agencia o de la junta misionera
El entrenamiento específico. Existen métodos de entrenamiento, que la iglesia no está en condiciones
de dar a sus misioneros. En este caso, las instituciones de envío pueden otorgar entrenamiento,
especialmente el que se refiere al trabajo dentro del campo de la agencia.
Preparación de la logística. Es mucho más fácil para una agencia, que ya tiene una base en el
campo, hacer los preparativos necesarios para la llegada y el establecimiento de la familia del
misionero. Las cuestiones como qué vestir, la casa, el carro, los contactos en el campo, pueden ser
resueltas más fácilmente por la agencia.
Las relaciones humanas en el campo. Las instituciones de envío que ya tienen una base o un
ministerio en el campo, podrán facilitar las relaciones de la nueva familia que está llegando, con otras
familias misioneras.
La evaluación. Es más fácil hacer una evaluación de cerca, que a distancia. La agencia tiene la
responsabilidad de vigilar el comportamiento, el trabajo y la productividad del misionero en el campo.
El informe financiero. Una agencia debe presentar regularmente cuentas a la iglesia, sobre la
situación financiera del misionero. Algunas instituciones de envío, no mandan a las iglesias, informes
sobre las finanzas de los misioneros. Por otro lado, a veces, las iglesias no levantan el apoyo,
simplemente envían una ofrenda y así se sienten libres de toda responsabilidad.
La actualización del misionero. La agencia deberá promover una constante actualización del
misionero, dándole nuevas estrategias y logísticas, y proveyéndole el entrenamiento necesario para que
sea siempre efectivo en el campo.
Responsabilidades mutuas
Hasta aquí, hemos hablado sobre las responsabilidades de las iglesias, y de las instituciones de envío,
en lo individual. Sin embargo, si queremos ver una cooperación real, a través de la asociación y la
unidad, tenemos que definir las responsabilidades mutuas. Las iglesias y las agencias deben darse la
mano y trabajar juntas en las siguientes áreas:
La planeación del proyecto misionero. En el proceso de planeación, las iglesias y las instituciones
de envío, deben orar, estudiar y establecer conjuntamente los proyectos misioneros. Esto juntará los
recursos de las iglesias con las experiencias estratégicas de las agencias.
El análisis de las posiciones de trabajo. Ambas instancias, deberán elaborar juntas el análisis de los
cargos laborales, para cada función, dentro del proyecto misionero. Esto facilitará la definición de cada
actividad, de cada puesto y de su responsable; las responsabilidades entre los puestos de trabajo, y los
procedimientos para la presentación de cuentas.
Antonio Vieira de Carvalho (Planeando y Administrando las Actividades de la Iglesia. São Paulo,
Brasil: Exodus, 50-59) propone cuatro métodos para analizar un puesto de trabajo: La observación
directa, el cuestionario, la entrevista directa, y una combinación de los métodos anteriores. Vale la pena
estudiar y utilizar algunos de estos métodos para hacer un análisis de cada puesto de trabajo dentro del
proyecto misionero.
La evaluación conjunta. La evaluación no debe ser unilateral. La agencia evalúa en el campo, pero
al hacer el informe, deberá recibir las impresiones de la iglesia; y tomar decisiones en conjunto, si
hubiera necesidad de corregir el camino.
La política financiera. Las cuestiones financieras deben planearse, y tomarse las decisiones en
conjunto. Por una parte, la iglesia desea el bienestar del misionero, y tiene presente su responsabilidad
como proveedora de las necesidades de él. Por otro lado, la agencia, por conocer mejor el modo de vida
en el campo misionero; le será más fácil discernir las necesidades, y de esa manera ofrecer condiciones
adecuadas para el bienestar del misionero.
Más adelante comentamos algunos puntos que deberán ser considerados en la planeación conjunta:
El monto del salario. Existen instituciones, que hacen investigación periódica del nivel de vida en
los diferentes países. Esto se hace, debido a la globalización y a la creciente transferencia de material
humano de un país a otro. Los informes de esas organizaciones ayudan mucho para el establecimiento
del costo de la vida y para el sustento de las familias en otros países. Algunas instituciones misioneras
de envío, tienen acceso a dicha información, lo que facilita la determinación del nivel salarial. Cuando
la iglesia y la agencia determinan en conjunto dichos valores, queda claramente establecida la
responsabilidad de cada una de las partes.
Los gastos extraordinarios. En el caso de gastos extraordinarios, la agencia junto con la iglesia
determinarán el monto necesario, y ambas deben ser informadas de la manera en que dichos gastos
fueron aplicados.
El porcentaje de administración. Las instituciones misioneras de envío tienen gastos de personal,
teléfono, mobiliario de oficina, viajes. Todo esto, para el bienestar de los misioneros en el campo. Por
consiguiente, es justo y natural que un porcentaje del salario del misionero, sea retenido por la agencia
para cubrir esos gastos. Este porcentaje varía según la agencia, y puede ir de un 10 a un 15% del salario
del misionero.
El análisis de los informes. Si la planificación se hizo en conjunto, la evaluación deberá hacerse
igual. Esta deberá ser analizada conjuntamente, y de la misma manera, deberán hacerse las
correcciones y las recomendaciones.
La actualización y la capacitación. El misionero se sentirá más seguro al saber que su agencia y su
iglesia están trabajando juntas, para que él sea más efectivo en su trabajo. En este asunto de la
actualización y de la capacitación, debe haber una colaboración de las dos instituciones. La iglesia
tiende a actualizar y a capacitar a sus misioneros, más en los aspectos espirituales y emocionales;
mientras que a la agencia le interesa más la efectividad en el trabajo de campo, y por lo tanto, procura
capacitarlo y actualizarlo en esos rubros. Por consiguiente, al haber una acción conjunta, el misionero
podrá recibir ayuda de las dos partes.
A continuación se explican las áreas de actualización y de capacitación, que deberán ser parte del
trabajo conjunto:
Lo intelectual. El misionero requiere siempre renovarse intelectualmente. La iglesia y la agencia
deberán trabajar en conjunto, para definir en que áreas requerirá actualización y capacitación.
Lo cultural. El asunto referente a la adaptación cultural, y a la comprensión del nuevo pueblo al que
se está ingresando, es algo de interés constante. Por esto, la iglesia y la agencia deben tomar
providencias para que el misionero y su familia, sean expuestos continuamente a la información
cultural de dicho pueblo.
La salud. Las revisiones médicas y odontológicas del misionero y de los miembros de su familia,
deben ser lo necesariamente frecuentes. La iglesia y la agencia deben planear en conjunto, como
proveer esto a la familia misionera. Muchas familias han sufrido por la falta de una planeación previa
de esta necesidad.
El descanso. La iglesia, la agencia y la familia misionera, en conjunto, deberán determinar cuando
y cómo se les dará descanso. En esta planeación deben incluirse tanto el descanso semanal, como el
período de vacaciones en el país donde está el campo misionero, y el período de vacaciones en el país
de origen del misionero.
Las estrategias. Las estrategias de trabajo deberán ser establecidas, en conjunto, por las tres partes;
de la misma manera que se planeó todo el proyecto.
Conclusión
Las iglesias y las instituciones de envío, deben trabajar hombro con hombro. Cuanto mayor sea la
relación entre la iglesia local y las agencias misioneras, mayores serán los resultados y la productividad
del misionero. De esta manera se obtendrán los mejores resultados para el avance del reino de Dios.
* Adaptado de Edison Queiroz, Administrar a las Misiones: Tarea de la Iglesia Local (São Paulo, Brasil: Vida
Nova), 1998, capítulo 9. Traducción de Octavio Jiménez.
El complejo de langosta
Federico A. Bertuzzi
LA BIBLIA NARRA que el pueblo de Dios se demoró en tomar posesión de la tierra prometida. Fueron
cuarenta inútiles años de retraso. ¿Cuántas iglesias se están demorando hoy también en participar de la
conquista de los campos misioneros no alcanzados?
Cuando el carcelero de Filipos preguntó: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”, tenía a quién
preguntar. La respuesta de Pablo y Silas fue: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”
(Hechos 16.30–31). El carcelero creyó junto a toda su familia y fue salvo. Pero él tenía a quien
preguntar. ¿Y qué de aquellos millones que no tienen a nadie a su lado (ni cerca) que les explique cómo
alcanzar salvación eterna?
Los israelitas, habiendo salido de la larga esclavitud egipcia estaban a punto de entrar en la tierra
prometida por Dios, cuando rápidamente se dejaron atrapar por el “complejo de langosta” que resultó
en el trágico fin de su carrera. Los espías volvieron incubando ese complejo que fácilmente contagió a
todo el pueblo de Dios. Dijeron, refiriéndose a ellos mismos en relación a los pueblos por conquistar:
“Éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13.33).
Las ciudades amuralladas, el poderoso equipo bélico que disponían, y la altura extraordinaria de sus
enemigos afectó de tal manera la auto-imagen del pueblo de Dios que se sintieron como insignificantes
insectos. Y no sólo ellos se vieron a sí mismos de esa manera, también sostuvieron que los cananeos los
veían así. De esta forma, creyéndose pocos en número y pobres en recursos para invadir exitosamente
la tierra prometida, se sentenciaron ellos mismos a no salir con vida del desierto en que estaban. Y allí,
durante los próximos cuarenta años, habrían de quedar sepultados sus cadáveres.
Un retraso inútil
¿Qué había sucedido? Su falta de fe en el poder de Dios y la indisposición de avanzar sobre el
desconocido terreno del enemigo, impidieron que el plan divino se cumpliera a tiempo.
El programa de Dios se vio inútilmente demorado toda una generación. El complejo de langosta,
con su acentuada mirada centrada en ellos mismos que los hacía considerarse un pequeño pueblo, pudo
más que la obediencia a la Palabra de Dios, e impidió que aquella generación llegara a la meta.
Gran parte de los evangélicos en Latinoamérica hemos estado padeciendo igualmente de este
complejo de langosta. Una mentalidad de pueblo pequeño y de escasos recursos nos ha influido en el
pasado de tal manera que apenas si hemos hecho algún aporte significativo a la tarea de la
evangelización mundial. Expresiones tales como: “Aquí queda mucho por hacer”, “Somos pocos”,
“Faltan pastores y obreros”, “No tenemos suficiente dinero”, revelan algo de este oculto complejo de
langosta que ha venido afectando a muchos evangélicos latinos. La mirada ha estado centrada en lo
“mucho” que nos queda por hacer aquí, desconociendo por lo general, los objetivos mundiales de la
obra de Dios y las necesidades mucho más apremiantes que presentan otros países del orbe.
¿Somos tan pocos? ¿Somos tan pocos como suponemos? ¿Con qué puntos de referencia
establecemos nuestras comparaciones?
Volvamos al carcelero de Filipos. Promediando, si un latinoamericano inconverso formulara la
misma pregunta que el guardia-cárcel de antaño, no tendría más que inquirir hasta tal vez unos siete
otros latinos para encontrar por lo menos a uno que le diese la clara respuesta de cómo llegar al cielo
por medio de Cristo. Esa es la proporción aproximada en nuestra América latina: un creyente
evangélico por cada siete inconversos. ¿Es esto mucho o poco? ¿Cómo es la situación en otros países?
La situación en otros países
Veamos, por ejemplo, la situación en España, nuestra madre patria. Allí, si un gallego, catalán o
andaluz se preguntara: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, tendría que salir a la búsqueda de la verdad
y preguntar hasta quinientos otros españoles para recién encontrar a un evangélico que pudiera
responderle que Jesús es el único camino.
Ahora bien, si cruzamos hacia el sur el estrecho de Gibraltar llegamos a Marruecos, al norte de
África que está justo a las puertas de la propia Europa “cristiana”. En esa nación, la situación es aún
mucho más dramática. Si un árabe o berebere quisiera conocer el camino de la salvación eterna y hallar
paz para su atribulado corazón, tendría que emprender una verdadera odisea para localizar al menos a
un cristiano. Aparte de que no encontraría en todo su país ninguna iglesia ni librería cristiana en su
propio idioma, para hallar a ese creyente que le pudiera hablar del amor de Dios y de la sangre de
Cristo que limpia de todo pecado, (tendría que buscarlo entre toda una multitud de hasta treinta mil
musulmanes!
A nadie le gustan las comparaciones, pero… Pensemos por un instante: en Latinoamérica un
evangélico por cada siete inconversos, en España uno por cada quinientos, y en Marruecos uno por
cada treinta mil. ¿Somos realmente tan pocos como suponemos en relación a la población que nos
rodea?
Contemplemos otro país también tremendamente necesitado del evangelio redentor: la India. Su
superficie en kilómetros cuadrados equivale a la de Argentina y Paraguay juntas. Su enorme población
de 950 millones de habitantes es tanta como la de África y Sudamérica en conjunto. Sin embargo, para
nuestro desconcierto, en la India viven aproximadamente ¡igual cantidad de creyentes que en la
Argentina y Chile!
Investigaciones serias que se realizan en todo el mundo señalan que en la actualidad hay por lo
menos mil trescientos millones de seres humanos––es decir la mitad de la población total del planeta––
que viven fuera del alcance directo de cualquier iglesia cristiana o misionero. Y lo que es más, esos
millones que yacen aún perdidos en sus delitos y pecados difícilmente llegarán a tener a un cristiano a
su alcance, a menos que creyentes de otros países estén dispuestos a dejar su patria y se trasladen para
ir a vivir entre ellos y compartir las Buenas Nuevas.
La gran comisión
Al comienzo de la Gran Comisión El Señor Jesucristo nos mandó hace veinte siglos: “Id y haced
discípulos a todas las naciones”, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”, y “Me
seréis testigos […] hasta lo último de la tierra” (Mateo 28.19; Marcos 16.15; Hechos 1.8). Dejó de una
manera clara e inequívoca la gran meta de la evangelización mundial. Esta fue su Gran Comisión para
sus discípulos y para la iglesia de todos los tiempos y lugares.
Inicialmente la encomendó a aquellos primeros discípulos, que a la sazón eran pocos en número,
pobres en recursos económicos, sin gran trascendencia en cuanto a sus capacidades humanas y
académicas, y para más, judíos, una nacionalidad cuyo “pasaporte” no era bien recibido en ninguna
parte del vasto Imperio Romano.
Fueron estos primeros y sencillos cristianos, quienes llenos del Espíritu Santo, diseminaron por
todas partes el evangelio con pasión y sacrificio. Dios quería demostrar a las generaciones futuras que
para llevar adelante su gran empresa de la evangelización mundial se valdría—primordialmente—de su
gran poder y maravillosa gracia. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová
de los ejércitos” (Zacarías 4.6). “Mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según
la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio…, y lo débil…, y lo vil…, y lo
menospreciado…, y lo que no es, escogió Dios…, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1
Corintios 2.26–29).
La voluntad de Dios siempre ha sido que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento
de la verdad (1 Timoteo 2.4) ya que Él no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento” (2 Pedro 3.9). Su propósito es todo el mundo; su meta, cada criatura. El alcance de la
misión no es nada menos que “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apocalipsis 14.6) posea su propia
iglesia autóctona que alabe y glorifique el nombre del trino Dios. Y cuando este evangelio del reino
haya sido predicado en todo el mundo, “entonces vendrá el fin” (Mateo 24.14).
Sí, se puede
Usted responde… ¿Podrá quedar la iglesia del Señor en Latinoamérica al margen de esta magna tarea
de llevar el evangelio a más de un cuarto de la población mundial que no lo ha oído todavía? ¿Será que
únicamente los misioneros que dejan sus patrias para ir al extranjero deben ser blancos, rubios y de los
países anglosajones industrializados? ¿Tendrán que convertirse primero todos nuestros vecinos a Cristo
y cubrirse todas las vacantes pastorales en nuestras iglesias para que entonces nos sintamos
responsables de enviar misioneros a otros países? ¿O suponemos que nuestra deteriorada economía es
el verdadero impedimento que obstaculiza a la iglesia latina a proyectarse a nivel mundial en las
misiones? ¿Tendrá algún valor ese argumento delante de Aquél que dijo que de Él “es la tierra y su
plenitud” (Salmos 24.1)?
Los famosos misioneros del pasado
No hay base bíblica para sostener que antes de enviar misioneros al extranjero debemos terminar la
tarea en nuestra propia patria. Si esto fuera así, Hudson Taylor no habría salido hacia la China, ni
Guillermo Carey a la India, ni Carlos Studd al África. Obviamente, había mucho por hacer en la
Inglaterra de sus días. Pero aquellos grandes varones de Dios fueron a esos países donde sentían que
iban a ser más útiles, y salieron desafiando, incluso, la incomprensión de muchos de sus compatriotas.
Los creyentes de hace ochenta o cien años atrás en Estados Unidos, Suecia, Alemania o Escocia
creían que la obra de Dios no se circunscribía sólo a sus respectivos países. Por eso, las iglesias de esas
latitudes nos hicieron llegar sus primeros misioneros con la preciosa semilla de la Palabra de Dios.
Ellos fueron los que con su abnegado trabajo dieron nacimiento a la obra evangélica en nuestra tierra.
Difícilmente estaban aquellos hermanos e iglesias mejor preparados para la obra misionera foránea que
nosotros hoy en Latinoamérica.
Actualmente contamos con millones de evangélicos en nuestros países, pero ¿cuál habría sido el
destino eterno de muchos de nosotros si tales consagrados pioneros de lejanas tierras se hubieran
quedado en donde vivían, pensando que allí eran muy necesarios, sin sentirse responsables de ir más
allá de sus fronteras nacionales?
Privilegiados espiritualmente
En nuestros países, si alguien busca la eterna salvación tiene libre acceso a varios medios como para ser
guiado a un encuentro personal con Cristo a través de la fe en Él. Sin tener que moverse mucho de su
lugar, o andar buscando demasiado, casi cualquier latino tiene a su alcance ahora, y más aún en estos
momentos sin precedentes de gran apertura y crecimiento de las iglesias, amigos evangélicos, Biblias,
audiciones radiales, cruzadas masivas, folletos, etcétera, que con suficiente eficacia podrán conducir
sus pasos al encuentro del Salvador. Si se pierde, no es porque no supo o no pudo, sino porque no
quiso. La Biblia dice: “El que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”
y “El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”
(Juan 3.36, 18).
Pero hay millones que viven en Turquía, Afganistán, Mauritania, Mongolia, Japón, Yemen, Libia,
Djibuti, Albania, Bangla Desh, India, Zanzíbar o en las tribus del Mato Grosso o Colombia, que se
están perdiendo las inconmensurables bendiciones del evangelio, no porque no quieran o rehúsen creer,
sino simplemente debido a que aún no llegó a ellos la noticia de que Dios hace dos mil años proveyó la
medicina para curar sus pecados. El conocido Oswald Smith se preguntaba: “¿Por qué tendrán que
escuchar los hombres dos veces el evangelio antes que todos lo hayan oído por primera vez?”
El granero del mundo
Años atrás, mi patria fue considerada como el “granero del mundo”. Por diversas razones eso pasó a ser
historia, aunque las riquezas agrícola-ganaderas de su pródigo suelo siguen siendo las mismas de antes.
Si las condiciones sociopolíticas lo permitieran, hoy Argentina podría volver a ser el granero del
mundo que fue una vez. De manera similar, las iglesias evangélicas disponen de un incalculable capital
en cuanto a número de miembros, cultura general, conocimientos bíblicos, formación eclesiocéntrica, y
nivel económico de vida que, de encenderse como debiera la pasión misionera dentro de su seno, nos
llevarían a ser uno de los principales graneros espirituales, exportando misioneros a este hambriento y
desesperado mundo.
Evangelistas y pastores de mi país son reclamados y bien recibidos a lo largo y ancho de toda
América. Algunos de ellos, que fueron a servir al Señor en el extranjero, desarrollan un ministerio
exitoso y de gran repercusión. Pero hasta el presente, por lo visto, gran parte de ellos ha salido a título
personal sin que el pueblo de Dios estuviera detrás enviando y sosteniéndoles como corresponde.
Esto debería cambiar. Necesitamos desarrollar en nuestras congregaciones locales una fuerte toma
de conciencia misionera que posibilite a los hombres y mujeres escogidos de Dios, el salir hasta lo
último de la tierra y ser sostenidos dignamente mediante nuestras oraciones, interés y dinero.
Es verdad que aquí en casa estamos lejos de haber terminado todo lo que nos queda por hacer, y
deberemos continuar evangelizando, plantando iglesias y fortaleciendo a los creyentes, pero, las
muchas puertas que se nos abren, lo avanzado de la hora en que vivimos, y el claro mandato de nuestro
Señor Jesucristo, nos imponen la ineludible responsabilidad de participar simultáneamente en la
evangelización mundial… ¡también a nosotros los latinos!
Una nueva generación ha nacido
Nuestra mirada vuelve otra vez a Israel. Ya han pasado cuarenta años. Una nueva generación se ha
formado mientras tanto en el desierto. No ha aumentado sustancialmente, ni en número, ni en
habilidades militares, ni en pertrechos bélicos; pero esa nueva generación de israelitas––ahora sí,
confiados en el poder de Dios y dispuestos a obedecer––, se lanza a la conquista de la tierra prometida
y lo logra. Es que por fin, Israel ha logrado despojarse de aquel complejo de langosta que tanto tiempo
le paralizó e incapacitó para avanzar hacia la meta.
El nuevo pueblo de Dios, los creyentes latinoamericanos, ¿estarán hoy libres de aquel complejo de
langosta y podrán en la presente generación lanzarse más allá de las fronteras nacionales y hacer un
aporte decisivo a la evangelización mundial?
Estimado lector: ¿Cuál será su parte en el cumplimiento de la Gran Comisión?
Conversión en grupo
A. L. Warnshuis
Traducido1 de
J. W. Pickett, A. L. Warnshuis, G. H. Singh y Donald A. McGavran
1973
Church Growth and Group Conversion (Crecimiento de la Iglesia y Conversión en Grupo). Pasadena, CA:
William Carey Library. Págs. 8-20. (Edición original: 1936)
Existe una gran diferencia entre la evangelización en un ambiente cristiano y las misiones cristianas a
las etnias de otra religión. Esta diferencia surge del hecho que en el primer caso el objetivo es avivar la
religión, llamando a los individuos a despertar su fe, a una mayor consagración, a una vida ética más
alta y a una lealtad mayor. Aquí no existe ninguna separación del individuo de la sociedad en la que
vive, o de la religión de la comunidad. Ir a otras tierras, por otro lado, significa que el objetivo del
misionero debe ser llevar el Evangelio cristiano a pueblos de otra fe. Muchos de ellos pueden ser
altamente religiosos, y la tarea del misionero no va a ser la de reavivar su fe o que su devoción sea más
profunda. Así, el misionero es confrontado con la cuestión de la relación del cristianismo con otras
religiones vivas—una cuestión que el evangelista en una comunidad cristiana no enfrenta.
1
Traducción de Samuel Guerrero–Toy.
Otra diferencia surge desde el carácter individualista de la civilización de Occidente. El
individualismo occidental es un desarrollo moderno. Con el surgimiento de la industrialización, el
crecimiento de las grandes ciudades y la facilidad de la transportación, nuestra vida social ha sido
atomizada. Las relaciones familiares y de grupo han sido rotas. El misionero más o menos inconsciente
de esto presume en estas condiciones sociales como normales. Al ir a otras tierras, no ha entendido la
importancia del grupo en las relaciones sociales allá.
Es cierto que la industrialización occidental se está extendiendo por África y Asia, y comienza a
tener los mismos efectos que en Occidente. Esta es una de las fuerzas que tienden a resquebrajar la
devoción familiar al confucionismo en Asia, por ejemplo. Las minas de oro de Johannesburgo y las
minas de cobre de África Central, a su vez, están destruyendo las religiones tribales de África. Sin
embargo, el ochenta por ciento de la población en Asia y África todavía vive en aldeas rurales, en
donde se exige lealtad a la comunidad. Deslealtad al grupo es un crimen capital en África, por ejemplo.
Un asesino puede expiar su culpa pagando una multa, mientras que la infidelidad al clan o a la tribu, es
considerada una traición, y no puede ser expiada; el castigo necesariamente debe ser el destierro o la
muerte del traidor. En esa clase de situación, el misionero que busca ganar individuos sacando los
convertidos de sus grupos sociales, suena a los locales como alguien que predica la traición; mientras
que el evangelista en una comunidad cristiana, en su tarea de alcanzar a los individuos, es visto como
un patriota ayudando a hombres y mujeres a ser mejores ciudadanos.
Cuando estas diferencias son reconocidas, es fácil ver por qué la conversión en grupo es algo
natural y necesario. Religión es un asunto de interés comunitario y cada grupo tiene su propia creencia
a la que los miembros se conforman debido a que pertenecen a una tribu o nación en particular. En
forma privada, uno quizás puede creer lo que uno quiera, pero exteriormente se debe conformar al
grupo o ser condenado como traidor. La tendencia de los estados modernos por controlar la religión de
su gente es evidencia de este hecho de la vida social, así como el reconocimiento del poder de la
religión en la vida y los propósitos de la gente. Grupos religiosos minoritarios han enfrentado
persecución y han tenido éxito, en el mejor de los casos, al alcanzar cierta tolerancia. Algunas veces,
sin duda, más de una creencia ha existido en cierta comunidad, como en Japón o en China, pero sólo
cuando cada religión ha sido parcialmente asimilada por la otra y ha recibido apoyo comunitario para
su presencia. Es en esta conexión que se debe estudiar el reconocimiento oficial del cristianismo como
una de las religiones de Japón, para entender su alcance. En tierras musulmanas, el cristianismo ha
sobrevivido como la fe de una minoría sólo cuando dicha minoría ha tenido conciencia de grupo y le
fue dado el reconocimiento necesario para existir. Así en el Imperio Romano la persecución de los
cristianos cesó cuando su religión fue convertida en un asunto comunitario. Al principio, el
cristianismo fue sólo una de las religiones del Estado. Más tarde, cuando se convirtió en la única fe
reconocida por el estado, otras formas no-ortodoxas de la fe cristiana fueron perseguidas.
Cuando el cristianismo se convierte en la creencia de una comunidad, no tarda mucho en surgir una
tensión entre la conciencia cristiana y los patrones de la vida comunitaria. De esta manera, durante el
siglo IV, cuando el cristianismo fue aceptado por el Imperio Romano como la fe de la comunidad, la
tensión se expresó por medio del movimiento monástico. Los monjes protestaron en contra de las
normas éticas cristianas que se vieron comprometidas en la nueva religión comunitaria que se llamaba
cristianismo, y se alejaron de la sociedad para crear comunidades nuevas y apartadas, en las que
podrían vivir de acuerdo a los ideales que ellos consideraban más puramente cristianos. A través de los
siglos han existido muchos movimientos entre los pueblos cristianos para inculcar normas más altas, en
especial en los siglos XIX y XX. Todo eso es evidencia de la vitalidad del cristianismo. De esta
manera, el significado y el poder de la fe cristiana se desarrollan más poderosamente después de que
han sido adoptados por la comunidad como un todo. Estos avivamientos dentro de la religión
comunitaria deben ser diferenciados de la propagación misionera de su religión a otra comunidad.
La historia da testimonio de esta verdad. La propagación de la religión de una comunidad o tierra a
otra nunca ha sido lograda por medio de la separación de individuos de la convivencia con sus grupos
sociales. El ser humano nunca ha hecho nada importante sino en grupo, y la religión sólo ha sido
propagada por movimientos de grupos. Es verdad que el llamado de Jesús fue mayormente a
individuos. Pero éstos estaban estrictamente dentro de un grupo social, y ninguno de ellos fue
rechazado por convertirse en su discípulo. De hecho, ya que nuestro Señor presentó el Evangelio como
el cumplimiento de la religión de Israel, parece razonable suponer que la mayoría de los discípulos, a
quienes conocemos como individuos, representaron, en verdad, grupos familiares que aceptaron a Jesús
como el Mesías. Cuando la iglesia empezó a crecer en el día de Pentecostés, 3000 fueron añadidos en
un solo día. Poco después sólo los hombres sumaron 5000. Multitudes de hombres y mujeres fueron
añadidos una y otra vez al Señor. Una gran compañía de los sacerdotes fue obediente a la fe. Dos
pueblos enteros, Lidia y Sarón, se entregaron a Cristo en un único día. En los viajes de Pablo, aunque él
hablaba principalmente a individuos, las iglesias surgieron sin excepción cuando un segmento de la
comunidad aceptaba la fe cristiana. La expansión del cristianismo en Europa ha avanzado solamente
cuando fue aceptado como la fe común del grupo que lo aceptaba. Estos hechos históricos están muy
bien resumidos en las siguientes citas del libro del historiador Kenneth Scott Latourette, The
Unquenchable Light (“La Luz Inextinguible”, pág. 15). En los primeros siglos, dice el autor:
Al correr del tiempo, comunidades enteras empezaron a entrar a las iglesias y el cristianismo se convirtió en una
cuestión de grupo. Fue así como se llevó a cabo la conversión del Imperio Romano. El proceso había empezado
antes de Constantino. Gregorio Taumaturgo, obispo de Ponto por treinta años, se dice que fue testigo del acceso
a la Iglesia de la mayoría de los que vivían en el territorio supervisado por él. Iniciado por Constantino, y debido
al favor de los demás emperadores, el movimiento fue acelerado. El éxito de Martín de Tours en el siglo IV fue
probablemente similar en muchas otras diócesis. Una de las conversiones en grupo más notables fue la que se
llevó a cabo en el Reino de Armenia, en la frontera este del Imperio Romano. Dicho evento está tan opacado por
las leyendas que no podemos tener un conocimiento claro de los detalles o asegurar los motivos del mismo. Sin
embargo, parece bien aceptado que dirigidas por el rey y la nobleza, en pocos años la nación completa adoptó al
cristianismo. Las capillas y los lugares del culto pre–cristiano aparentemente fueron transferidos a la nueva fe.
Bajo tales circunstancias, la vida y enseñanzas de Jesús podrían haber sido sólo un factor mínimo en la adopción
del cristianismo, ya que la mayoría debía saber muy poco sobre ello. Aún la mayoría de los sacerdotes tenía
igualmente un conocimiento superficial de la fe cristiana. No fue sino hasta después de varias generaciones a
partir de la conversión formal del grupo, después de traducciones y la preparación de literatura y del contacto
con el cristianismo veterano del Imperio Romano, que la comprensión del significado de Jesús creció y se
profundizó.
En la Edad Media (pág. 47), según Latourette:
La iniciativa de reyes y príncipes fue tan importante como en el período anterior. Generalmente fue a través de
ellos, los líderes naturales, que se logró la aceptación de la fe cristiana. Al parecer, algunos de los gobernantes
actuaron bajo un celo genuino de la fe cristiana. Algunos también actuaron movidos por intereses políticos.
Parece claro que, por ejemplo, Olaf Tryggvason y Olaf Heraldsson, los reyes responsables de la conversión de
Noruega, usaron su defensa de la fe para construir el poder de la realeza contra los nobles. Estos últimos, a su
vez, tenían bajo su control todas las capillas paganas locales. Al abolir el paganismo los Olafs redujeron las
funciones de los gobernantes y expandieron su propia autoridad. De la misma forma, los reyes Geisa y Esteban
de Hungría llevaron a cabo, simultáneamente, la conversión de los magiares y la fusión de ellos en una
monarquía unificada. Al parecer, la resistencia de los miembros de la antigua nobleza se debió tanto al disgusto
por el rebajamiento de su posición por parte del nuevo orden político así como al odio hacia la nueva fe. En
Polonia, bajo Boleslaw Chrobry, la extensión del poder real y del territorio fue de la mano con la expansión de la
fe; supuestamente la reacción pagana después de la muerte de Boleslaw fue dirigida contra el cristianismo, como
baluarte del nuevo orden político.
El imperialismo fue uno de los principales agentes para la propagación del cristianismo entre los eslavos en
la frontera alemana. Con más ahínco que en el período anterior, los germanos respaldaron con la fuerza sus
campañas de conversión. Desde el tiempo de Henry E. Fowler y Otto I, los monarcas germanos usaron el
bautismo y el avance de la estructura eclesiástica para extender su control sobre los Wends en sus avances hacia
el norte. Los Wends resistieron con furia y terquedad, y el triunfo final del cristianismo fue logrado gracias a la
colonización de los germanos y a la exterminación o asimilación de los Wends, más que por su aceptación
voluntaria del bautismo. Las hazañas de los caballeros de la espada y los caballeros teutones, en subyugar a los
pueblos del Báltico sur del Golfo de Finlandia bajo el poder, el cristianismo y la cultura germanos son un tema
conocido de la historia medieval.
La asociación del cristianismo con el imperialismo no fue limitada a los germanos. La extensión del
cristianismo en Finlandia fue una fase de la conquista sueca. Durante un tiempo, el imperialismo y la misión
germanos chocaron en el Báltico con la débil ambición comercial, política y eclesial de los daneses. El primer
esfuerzo misionero de éxito entre los pomeranos fue a iniciativa de un monarca polaco que decidió de esta forma
extender sus dominios.
Conforme leemos esta historia de conversiones masivas, si las juzgamos por su efecto sobre
individuos o sobre una o dos generaciones, concluimos que fueron fracasos trágicos. Pero, si los
juzgamos desde su influencia sobre la comunidad, concluimos que fueron nada menos que la
conversión de Europa. Rechazando el uso de la fuerza y apoyándose sobre la influencia persuasiva de
la enseñanza y del ejemplo, debemos reconocer que es por medio de las conversiones en grupo que la
religión se propaga a través de las líneas divisorias de etnia y cultura. La conversión de un grupo
pudiera no tener un gran significado inmediato en el logro de un estilo de vida cristiano, pero sí
significa que el grupo o comunidad ha vuelto su rostro hacia el Camino, y la dirección de sus
propósitos está puesta hacia una meta cristiana.
El catedrático John Foster en su libro, Then and Now (“Entonces y Ahora”, pág. 134), cuenta sobre
un grupo de misioneros y de ex–misioneros que estudiaban movimientos de masas (o movimientos en
grupo). Sin embargo, uno del grupo era profesor de Antiguo Testamento, sin experiencia misionera
efectiva. Cuando alguno expresaba dudas sobre si él estaría interesado en la discusión, el profesor
miraba hacia arriba con una sonrisa y decía: “Sabe usted que toda mi materia puede ser descrita bajo el
título, ‘Cómo un movimiento de masas se convirtió en la Iglesia’, o ‘De las tribus de Egipto a la
Ecclesia de Dios’; de eso trata el Antiguo Testamento”.
En años recientes, este principio de conversión en grupo ha sido reconocido ampliamente en la
India, por algunas misiones en África y también en las Indias Holandesas. Por ejemplo, en las Islas
Celebes (de Indonesia) uno se encuentra con excelentes ejemplos del trabajo misionero de los tiempos
modernos. Dos misioneros holandeses, quienes iniciaron su trabajo en 1890, buscaron primeramente
aprender las costumbres de la gente e identificarse con ellos en su pensamiento y en su idioma.
Rehusaron bautizar a individuos convertidos y esperaron firmemente hasta que la gente estuvo lista
para aceptar el Evangelio como familias y como grupos enteros. En 1908, después de dieciocho años de
trabajo de base, bautizaron el primer grupo de 180 personas y de esta forma, prepararon el camino para
otros grupos que vinieron no en grandes masas sino como unidades sociológicas actuando bajo sus
propias convicciones. En el año 1942, treinta y cuatro años después, la iglesia cristiana entre este
pueblo superaba los 45,000 miembros y se anticipaba que toda la población de Celebes Central sería
cristianizada, si el trabajo misionero siguiera su curso normal. Estos indígenas hicieron su transición al
cristianismo sin ningún rompimiento espectacular con su pasado. El cristianismo, en ningún sentido ha
destruido su cultura, sino que ha servido para purificarla, enriquecerla y preservarla.
Con frecuencia, la motivación que lleva a movimientos de conversión en grupo es cuestionada.
Pero, ¿cuándo o dónde no se entremezclan las motivaciones en la conversión de la gente? El apóstol
Pablo encontró en Roma que la envidia y la rivalidad se entremezclaban con la buena voluntad en la
predicación de Cristo. Un capítulo entero en el estudio magistral del Dr. J. W. Picket, Christian Mass
Movements in India (“Movimientos Cristianos de Masa en la India”), se dedica al estudio crítico de la
motivación en las conversiones, de la cual se dan cuarenta ejemplos. La conclusión asombrosa es que
los motivos que llevan la gente a Cristo en los movimientos de masa son los mismos que llevan a los
individuos a la conversión. Los enfermos con diversas dolencias vinieron a Jesús para que él los sanara.
Condiciones sociales, económicas y políticas no pueden ser separadas del todo de la religión en Asia y
África, tal como se hace en Norte América y Europa. Esto no significa que no deben ser enfatizadas las
relaciones correctas entre lo que es fundamental y lo que es secundario, en la fe cristiana. Tener
conciencia de necesidades urgentes es casi un prerrequisito necesario para la aceptación del mensaje
del Evangelio, aunque quizás no se pueda hablar de estas necesidades como producto de una
“conciencia del pecado”. Entre los autosatisfechos y complacientes, el Evangelio raramente es
escuchado. Lo que lleva a la gente a buscar al predicador no es tan importante como la oportunidad que
se presenta al predicador para enseñarle la verdad. El Doctor Wasson, en su libro, Church Growth in
Korea (“Crecimiento de la Iglesia en Corea”), escribe sobre los factores ambientales del crecimiento de
la iglesia, pero luego hace énfasis en que los factores fueron meros aliados del crecimiento; el
crecimiento de la iglesia dependió de la enseñanza y de la manera como la iglesia se relacionó con los
problemas de las vidas de sus miembros. El problema real no es cómo empiezan los movimientos en
grupo, sino qué hacer con ellos cuando surgen.
Al lado de la cuestión de la motivación, está la cuestión de cuánto conocimiento se debe exigir de
los nuevos convertidos antes de integrarlos a la iglesia. Un reconocido misionero escribe en una carta
reciente lo siguiente: “Uno de los puntos fuertes del Islam en su crecimiento rápido ha sido la brevedad
de su credo ‘No hay otro Dios, sino Dios, y Mahoma es su profeta”. Práctica y legalmente, esto es todo
lo que se requiere. ¿No sería posible que los convertidos al cristianismo empezaran también con algo
definido, simple y breve?”
¿No sería nuestra respuesta que el credo del apóstol Pablo era aún más corto: “Jesucristo es el
Señor”? Nadie está sugiriendo aceptar una multitud ignorante como miembros nominales de la iglesia.
Habría requisitos mínimos antes de ser bautizados. Pero el énfasis debe ser en la enseñanza de los
convertidos después de su entrada en la iglesia. Jesucristo dijo: “haced discípulos”. No dijo: “haced
cristianos”. Con frecuencia, enfocamos nuestros esfuerzos pedagógicos en el candidato y lo graduamos
cuando lo bautizamos. Después de ese punto, su aprendizaje depende de su propia iniciativa. El
bautismo no debía señalar la graduación de la escuela, sino el inicio del aprendizaje en la vida cristiana.
El canon Barry ha escrito:
La preocupación principal de las sociedades egocéntricas es la salvaguarda de sus propias fronteras… la
ocupación principal de la sociedad cristiana, al menos cuando quiere ser fiel a su propio carácter, es la de salir a
los caminos e invitar a ‘buenos y malos’. No es una sociedad de personas selectas, sino la casa y la escuela de
santos y pecadores” (The Relevance of the Church [La Relevancia de la Iglesia], pág. 67).
En su mayoría, el trabajo religioso se hace con individuos. En la conversión en grupo, el individuo
es tan importante como siempre ha sido. Los grupos son influenciados por medio de los individuos. El
error ocurre cuando el objetivo es sólo el individuo, a quien separamos del grupo. En lugar de separarse
del grupo, el individuo debía de indicar el camino hacia el grupo. No estamos cuestionando que
muchos ejemplos de fe cristiana firme y de vidas dedicadas al Señor han sido producidos por el trabajo
con individuos en separado. Esto es cierto, especialmente con convertidos que provienen directamente
de otras religiones. Sin embargo, la historia trágica de la tercera y cuarta generaciones de estos
convertidos con frecuencia no se menciona. Arrancados de su grupo social, expulsados por sus
familiares, desprendidos de su entorno y sin el número suficiente para iniciar un nuevo grupo, estos
individuos han tendido con frecuencia a imitar los vicios populares. Con frecuencia, ocurren caídas
morales entre ellos, a menos que la iglesia haya sido capaz de proveerles la enseñanza necesaria. En
general, las estadísticas demuestran que no hay diferencia en el desarrollo del carácter entre los que se
convierten individualmente y los que se convierten en grupos. En un movimiento de grupos, los
individuos se apoyan mutuamente para crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor. La iglesia de
las epístolas del Nuevo Testamento era una hermandad.
Para la expansión de la iglesia cristiana, el testimonio de un individuo, por mejor que sea en una
comunidad orientada hacia el grupo, no será igual que el testimonio de un grupo, debido a la sospecha
del individuo aislado de todos y desacreditado por su propia gente. El valor del testimonio del grupo es
visto claramente y de forma convincente, en la experiencia del Sur de la India, en donde grupos de las
castas Sudra están viniendo a la iglesia en gran número debido a la redención que se percibe en las
iglesias de las castas más bajas.
Este principio de conversión en grupo debería ser el principio fundamental del trabajo misionero en
todas partes, incluyendo el trabajo entre los indígenas norteamericanos. Debería afectar el
entrenamiento de los misioneros quienes, sumado a toda la preparación necesaria para trabajar en este
país, deberían recibir ayuda para determinar su actitud hacia personas de otra fe y su comprensión de
las sociedades comunales. Enviar misioneros jóvenes, recién salidos de los institutos que los han
preparado principalmente para trabajar en comunidades cristianas, sin ninguna preparación
antropológica, sociológica y de religiones no-cristianas, es una práctica que no tiene justificativa. De la
misma manera, el entrenamiento de pastores y predicadores en las iglesias del tercer mundo ya no debe
seguir el modelo occidental que prepara jóvenes para ser ministros en su propia ciudad. Este
entrenamiento debe ser adaptado a las necesidades de la comunidad en la que estos jóvenes irán a
servir. Estos hombres, enseñados a apreciar los valores reales de la vida social y religiosa de sus
comunidades, se esforzarán en purificar y enriquecer esa vida aportándole la gracia y el poder de
Jesucristo. Más aún, hombres y mujeres misioneros de la iglesia, la escuela y los hospitales no se
preocuparán sólo por los individuos en medio de la multitud de familias, sino que se unirán para
planificar y trabajar para alcanzar las familias enteras de aquellos con quienes están en contacto.
En resumen, la manera equivocada de intentar construir la Iglesia en tierras no-cristianas ha sido
por medio de la conversión de individuos extraídos de docenas de familias, clanes, aldeas y grupos
sociales. Tales convertidos son rápidamente expulsados y separados de su grupo, arrancados de las
raíces de su propio pueblo. Tal iglesia es sólo una conglomeración de individuos—con frecuencia
unidos solamente por el cemento del dinero extranjero. Ese tipo de iglesia no tiene ninguna relevancia
ni influencia en su comunidad, y continúa indefinidamente dependiendo de la ayuda misionera exterior.
La mejor solución es reconocer el principio de que la iglesia crece siguiendo las líneas de los
grupos étnicos, en sus diferentes segmentos sociales. El crecimiento correcto y natural de la Iglesia se
da por la conversión en grupo, en la que elementos cristianos ayudan al grupo a reconstruir su vida,
individual y corporativa, alrededor de Jesucristo.
Hechos 2:8 debe ir de la mano con Hechos 1:8
Pedro samuc pablo1
CUANDO TENÍA VEINTE AÑOS DE EDAD escuché el mensaje de Dios acerca de la salvación. Al principio
no le di mucha importancia a este mensaje porque asistía a la iglesia Católica. No obstante, sentía un
vacío profundo, necesitaba que alguien lo llenara; era un vacío que me causaba miedo y angustia.
Luego cuando estaba haciendo mis estudios básicos unos compañeros que eran cristianos me invitaron
a asistir a la iglesia; después de tantas invitaciones al fin acepté. El primer sermón me tocó mucho, y
así sucedió con varios sermones cuando asistía a los cultos, hasta que me entregué a los pies de
Jesucristo, y él llenó el gran vacío que había en mí.
El llamado de Dios
Estando ya en la iglesia con el gran privilegio de ser hijo de Dios por la gracia (Juan 1:12; Efesios 2:8),
conocí a un misionero norteamericano y yo como centroamericano me acerqué a él y nos estrechamos
la mano. Este misionero me retó a que tradujera el Nuevo Testamento en mi propio idioma. Cuando
recibí este reto fue como si me hubieran dado un gran vaso de purgante, porque no me agradó. No
obstante, acepté el reto, pero sin deseos y sin objetivos concretos. Un día los jóvenes de mi iglesia me
llamaron a una reunión y me preguntaron:
“Pedro, ¿estás traduciendo la Biblia en nuestro idioma?”
“Sí,” contesté.
“¿No encuentras un trabajo mejor, Pedro?”
Esta pregunta me desanimó mucho más, pero seguí con la traducción.
La primera publicación que hicimos fue un libro La vida de Jesús y la segunda fue El Evangelio de
San Juan. Cuando estos libros ya traducidos en tzutujil llegaron a la iglesia, todos los hermanos
tomaron en la mano un ejemplar (y esto me dio tanto gozo), pero al final me di cuenta que sólo veían
los dibujos.
“¡Qué bonitos dibujos!”
“¡Sí, son dibujos hermosos!”
Pero al terminar de ver los dibujos dejaron todos los libros sobre las bancas; ni siquiera llevaron un
ejemplar, y el valor de cada ejemplar era baratísimo. Luego los recogí todos, los empaqué y los guardé.
Fue un desánimo terrible. Concluí que el trabajo de traducción no vale la pena hacerlo, estuve
completamente desanimado, y empecé a buscar otras alternativas para mi sostén.
Un día después de este desánimo recibí un llamado de los ancianos de mi iglesia, invitándome a
predicar, y sin poner excusas acepté la invitación, aunque reconocía que no estaba preparado para dar
un sermón. Cuando llegó el día en que tenía que predicar, se cruzó en mi mente un caos: Dios me había
bendecido con dos riquezas que en sus valores culturales eran iguales pero cuyos efectos eran
diferentes con mi gente. Las riquezas son: de predicar en español, como lo hizo mi pastor o de predicar
1
Samuc proviene de Santiago de Atitlán, Guatemala, al sur del Lago de Atitlán. Es egresado del Seminario
Teológico Centroamericano y tradujo el Nuevo Testamento para su idioma tzutujil. Es graduado en Ciencias de
la Comunicación Social con especialidad en producción de radio y televisión, trabaja en Relaciones Públicas con
los Traductores Bíblicos Wycliffe, y coordina el Ministerio Cristiano Hechos 2:8. El presente artículo fue tomado
de una plática dada en el Centro de Educación Misionera en Centro América, Guatemala, en 1997.
con la riqueza del tzutujil, mi idioma materno. Este era un gran choque en mí, pero al final decidí
predicar en el idioma español.
En el tiempo de mi predicación veía a los hermanos y hermanas bien dormidos sobre las bancas,
otros platicando, especialmente los que estaban hasta atrás. Terminé de predicar con muchas
inquietudes, dudas, y sobre todo desánimo. Después del culto empecé a preguntar a los hermanos y a
unos líderes si entendieron el mensaje, y a quienes les hice la pregunta, todos me respondieron,” ¡Sí!
Lo entendimos. La Palabra me tocó y me llenó; fue una gran bendición.”
Luego les hice otra pregunta:” ¿Cuál es la parte del mensaje que más les tocó?” A este interrogante
nadie contestó, se quedaron callados. “¿Cuál fue el pasaje bíblico que se leyó?” fue otra pregunta a la
cual no pudieron responder.
En la siguiente predicación tomé el riesgo de usar nuestro idioma materno, y el resultado fue
maravilloso. Hay una asistencia de más de mil hermanos, sólo que ahora no veo a nadie dormir ni
platicar durante el sermón, y cuando enfatizo algún punto importante, toda la congregación dice
“¡Amén!” en forma espontánea. Y después del culto vuelvo a hacer las mismas preguntas y ¡sí! me
responden.” La palabra de Dios dice esto, esto, esto, esto…” Las respuestas son positivas ahora.
Entonces nos dimos cuenta y sacamos una frase en la iglesia, El idioma del alma es el idioma
materno. Es una realidad de la iglesia. A base de esta experiencia concreta, empecé a traducir el Nuevo
Testamento nuevamente con la colaboración de los Traductores Bíblicos Wycliffe, y especialmente y
con mucho respeto menciono el nombre del misionero Jim Butler y su esposa, doña Judy. Gracias a
Dios, ahora tenemos y usamos la Biblia en nuestro idioma.
La desvalorización de los idiomas indígenas
Guatemala cuenta con 21 idiomas mayas, mas el xinca y el garífuna y por supuesto el idioma español.
Muchos de los idiomas mayas ya cuentan con la traducción del Nuevo Testamento y otros están en
proceso, esperamos en Dios que muy pronto estén todos terminados. Los kekchís, mames, y kanjobales
ya cuentan con la Biblia completa, además se han preparado muchos materiales escritos, por lo cual la
mayoría tiene la oportunidad de leer y escuchar la palabra de Dios en su propio idioma. No obstante,
entre los grupos indígenas es muy lento el poder aprovechar esta oportunidad. ¿Por qué? Hemos
llegado a un problema muy importante. La desvalorización de los idiomas mayas en Guatemala impide
que las iglesias evangélicas indígenas usen sus propios idiomas en la predicación, en la enseñanza, en
el evangelismo, y en la dirección de la alabanza. El problema se desprende de los siguientes factores:
1. La supremacía del idioma español en las iglesias por la influencia de los obreros cristianos. Casi en
todas las iglesias indígenas se ha contado con pastores y obreros latinos, que sólo dominan el idioma
español. Esto hace que dentro de la iglesia los indígenas se esfuerzan para hablar y comunicarse
usando el español mientras que fuera de la iglesia usan su idioma natal.
2. El indígena, al usar el idioma español en la iglesia, lo que está haciendo es desvalorizar su idioma.
Prefiere aparentar el dominio del idioma español para no sentirse avergonzado y maltratado
socialmente por los latinos. Se avergüenza de su idioma.
3. Existe una falta de enseñanza de como leer y escribir en el idioma materno del indígena.
Los efectos de esta desvalorización son tan desastrosos porque la mayoría de los miembros de las
iglesias es netamente monolingüe. Conozco a un médico cakchiquel que está en contra de su idioma;
prefiere el español porque es el idioma que tiene que usar para superarse. Pero cuando llegué a su casa,
estaba platicando cakchiquel con su esposa. Vinieron sus hijos y estaban platicando en cakchiquel. Este
mismo médico les hablaba en casa a sus hijos en cakchiquel.
Él y muchos como él piensan que lo que estamos haciendo – impulsando los idiomas maternos – es
un retroceso en todos los aspectos de la vida. No es eso por dos razones. Primero, el médico no se da
cuenta de la importancia del cakchiquel para su vida. Sí, el español es el idioma que se necesita para
superarse, pero ¿en la vida espiritual? ¿En la vida familiar? Segundo, es progreso ser bilingüe. ¡Ser
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multilingüe es lo mejor que hay!
Así que es muy importante lanzar un proceso de motivación, tanto para la iglesia indígena, como
para los líderes nacionales latinos y otros misioneros. Así, todos juntos en forma de equipo, podremos
luchar con energía, promoviendo el uso de la lengua materna y patrocinando talleres de enseñanza
sobre la lectura y escritura del idioma materno.
El uso del idioma materno se extiende
Hace varios años, un grupo de hermanos de la iglesia de San Pedro de la Laguna llegaron donde yo
estaba pastoreando y me invitaron a predicar en su pueblo. Al llegar a San Pedro, la directiva me buscó
porque sabía que yo predicaba en tzutujil en mi iglesia. Llegaron conmigo diciendo, “Hermano Pedro,
por favor, aquí en nuestra iglesia predique en español.”
“Con mucho gusto,” respondí. Prediqué en español en varios servicios.
El sábado por la mañana había un retiro juvenil en la orilla del lago y todos los jóvenes se estaban
bañando y comiendo con mucha amistad en un ambiente bastante familiar. Antes del almuerzo hubo un
tiempo devocional, y así reunido con todos los jóvenes les empecé a hablar en tzutujil, y ellos me
respondían en tzutujil sin ningún problema. En la iglesia en la tarde la directiva llegó otra vez conmigo,
diciendo “Hermano Pedro, ahora predique en tzutujil.” Y prediqué en tzutujil esa noche del sábado.
El domingo había una enseñanza en la escuela dominical en tzutujil, en la noche prediqué en
tzutujil, y también hice la instalación de la nueva directiva en el idioma tzutujil. Al final del culto
tuvimos una experiencia bastante emotiva, pero también bien gozosa. Es que todos los hermanos de la
iglesia hicieron una fila sólo para decirme, “Meltiox chawa kch’alal Lu xachol rtzojbal Dios pe
Ktzojbal” (gracias, hermano Pedro, por haber predicado en nuestro idioma). Una anciana, llorando,
dijo, “Meltiox kch’alal xachol rtzojbal Dios pe ktzojbal!¡Meltiox, meltiox!” (¡gracias, hermano, por
haber predicado en nuestro idioma!, ¡gracias, gracias!) y otro afirmó, “Camic xekaja pkawa’” (ahora sí
entendimos).
La iglesia indígena en Guatemala numéricamente es grande, gracias a Dios. La iglesia que yo
pastoreo tiene más de 2.000 miembros. Es una iglesia grandísima. Hay una iglesia entre los mames que
tiene más de 5.000 miembros. Es una iglesia inmensa. Hay una iglesia en el área kekchí que tiene más
de 3.000 miembros. En mi pueblo hay 25 iglesias evangélicas: imagínese el número de evangélicos que
hay en un solo pueblo. Muchos que pasan por Santiago se admiran que hay iglesias evangélicas en cada
esquina. Pero lastimosamente dentro de estas iglesias indígenas hay pastores no indígenas que predican
y enseñan en el idioma español. Y el resultado del mensaje – no voy a decir completamente – pero en
un porcentaje llega al vacío. Una vez más, si alguien llega a una iglesia indígena y le hace la pregunta,
“¿Ustedes entienden el mensaje de Dios en español?” La respuesta es positiva – van a decir, “Sí, lo
entendemos.” Pero, ¿el indígena domina perfectamente el idioma español? La respuesta es “No”. Por
vergüenza están perdiendo el alimento espiritual que tanto necesitan.
Valorizar los idiomas vernáculos
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Estudios científicos en los Estados Unidos y en Canadá indican que la habilidad alta en dos idiomas (definido
como alto bilingüismo) tiene”efectos cognitivos positivos” (Cummins 1981: 23, 39).
Vemos, así, que la misión cristiana necesita valorizar el idioma maya. ¿Por qué tenemos que
valorizarlo? No pensamos que la valorización de idiomas es trabajo nuestro como cristianos. ¿Por qué
entonces tenemos que impulsar algún idioma cuando el propósito del cristiano no es ese? Simplemente
porque el primer paso que tiene que dar un misionero es valorizar el idioma de la gente. Pero el énfasis
principal del misionero no es ese. El énfasis del misionero se ve en este versículo: “Recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.
Es un versículo que manejamos mucho en el campo misionero, pero hay algo especial que le falta
para que este texto llegue a ser una realidad en el ministerio del misionero y para que nuestro
testimonio sea entendido en el pueblo indígena. Sólo con este texto el misionero en el área indígena no
logra todo su potencial como mensajero de las Buenas Nuevas. Necesitamos otro texto para darle
fuerza mayor.
Necesitamos de Hechos 2:8. Ahora con este texto estamos manejando otro ministerio. Hechos 1:8
llega a ser real con Hechos 2:8. ¿Qué dice este segundo texto? Leemos:
¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
Sí, Hechos 1:8 es real con Hechos 2:8. ¡Qué reto encontramos allí!
Esto no lo estamos inventando nosotros: fue real en el nacimiento de la iglesia cristiana. Dios
ordenó a sus apóstoles para que fueran testigos fieles del Evangelio, y ellos recibieron el poder del
Espíritu Santo para hacerlo. ¿ Qué idioma usaron para ser testigos de Cristo, para que Hechos 1:8 fuera
real ?Los apóstoles usaron los idiomas maternos de cada grupo congregado en el día de Pentecostés. ¡
Y qué efecto tuvo su proclamación de las maravillas de Dios !La pregunta de Hechos 2:8 es una
pregunta de admiración: los grupos lingüísticos y étnicos quedaron admirados, porque estaban
escuchando el mensaje de Dios en sus propios idiomas.
El idioma natal es importante… aún los mayas no cristianos reconocen este hecho. Como parte de
las negociaciones de paz [en 1998, N. del E.], grupos de mayas quieren promocionar la tradición maya
incluyendo su religión. ¿Cómo iban a lograr ellos sus propósitos ?Por medio del uso del idioma
materno. Dentro de la mesa de negociación hicieron sus planteamientos bien claros y bien definidos
sobre la valorización y la utilización de los idiomas mayas. Como resultado, el Estado les está
aportando seis millones de dólares para impulsar este proyecto.
Si ellos están logrando todos estos propósitos a través del idioma materno, ¿ por qué la iglesia
evangélica que lleva el verdadero mensaje no lo hace ?Si dentro de la sabiduría de Dios hubo este
programa:
Hechos 2:8 → Hechos 1:8
Entonces. ¿por qué ahora no lo usamos nosotros, sus siervos?
Ahora, a veces cuando impulsamos estas ideas, quizás atacamos la autoridad del liderazgo, la
autoridad de los pastores o misioneros que son monolingües. Cuando les decimos, “Impulse el uso de la
Escritura en la traducción”, prácticamente estamos solicitando liderazgo indígena, lo cual les causa
mucho miedo. No quieren perder el control de la situación. ¿Verdad? Ser bilingüe es una amenaza para
algunos. Pero el ser bilingüe no es popular ni confortable. No negamos esta realidad – habrá un costo
bastante grande para las iglesias y para las misiones, no sólo económicamente sino también en cuanto a
tiempo. Pero, desde el punto de vista misionológico, el Señor nos mandó ser testigos hasta lo último de
la tierra y el Espíritu Santo nos capacita para hablar cada uno en las lenguas dondequiera que él nos
mande a ministrar. ¡Podemos hacerlo!
Formación del ministerio cristiano Hechos 2:8
Con todas las experiencias que tenemos, cuando vimos esa necesidad – que estos dos versículos
necesitan ir de la mano – decidimos de fundar un nuevo grupo, el Ministerio Cristiano Hechos 2:8,
cuyo propósito es impulsar el uso de las escrituras en los idiomas mayas. ¡Nuestro propósito es que
cada pastor, que cada líder, que cada anciano, que cada obrero, que cada misionero de las diferentes
denominaciones maneje el idioma materno y impulse el uso de la Biblia en la lengua vernácula!
La semana pasada tuvimos un plan piloto en San Pedro la Laguna, San Juan la Laguna, San Pablo
la Laguna y San Marcos la Laguna – cuatro pueblos tzutujiles que sufren fuerte influencia del español.
Varios de los pastores de estas iglesias ya tienen una preparación académica sólida. Un pastor bautista
tiene una licenciatura en teología y fue asesor del Ministerio de Educación en tiempo de Vinicio
Cerezo; otro fue asesor de la Vice Presidencia con Roberto Carpio Nicolle. Ellos tienen una
preparación académica grandísima, pero dejaron este trabajo y ahora están pastoreando las iglesias.
Llegamos con ellos y les preguntamos, “¿En qué idioma ustedes predican el Evangelio de Dios?”
Entonces ellos dijeron,”En español.”
“¿Se han dado cuenta de la efectividad de este idioma en la congregación de ustedes?”
Un pastor estaba un poco avergonzado y dijo, “No.”
Preguntamos, entonces, “¿Vale la pena predicar el Evangelio en el idioma materno?”
Y él dijo, “Sí, yo me he dado cuenta de esta importancia, pero no me atrevo a hacerlo.”
“¿Ahora, usted domina su idioma tzutujil ?”
Y él me dijo, “Con mucha vergüenza, le voy a decir que no. Lo entiendo y lo hablo pero no lo leo
ni lo escribo.”
“¿Por qué no ?”
“Porque es difícil para mí. Es más fácil leer un texto en inglés que leerlo en mi propio idioma.”
Ese es un gran académico indígena. Ahora pensando en los que no han estudiado, es peor todavía.
Entonces empezamos a retarlos, “Usted como pastor y como líder debe impulsar el uso de la Biblia
en su propio idioma, pero también debe leerlo y escribirlo porque no es tan difícil como usted lo dice.”
Y los retamos que en diez horas podían empezar a leer en su propio idioma. En solo diez horas. Y así
hablamos con todos los pastores y este fin de mes de enero y principio de febrero programamos un
taller sobre la lectura y la escritura en el idioma tzutujil. A los tres días de talleres ellos habían
aprendido a leer su idioma y empezaron a cantar coros en su propio idioma. Y lo maravilloso es que
este lunes vamos a entregar algunos certificados, y tendremos como diez iglesias unidas para dar
gracias a Dios por este proyecto.
El año pasado en el otro lado de Guatemala donde se encuentran los kekchí y los pokomchí, nos
reunimos en Cobán con 40 pastores de la Iglesia de Dios del Evangelio Completo. Empecé a hablarles
sobre la importancia de comunicar el Evangelio en el idioma materno. Al final del taller uno de los
pastores llegó llorando y dijo, “Nos hemos dado cuenta de esta necesidad. Sabemos de su importancia
pero no supimos cómo. Ahora prometemos ante Dios que de hoy en adelante vamos a hacerlo.” El mes
pasado se graduaron quince supervisores para capacitar a otros pastores para usar los idiomas
pokomchí y kekchí. ¡Que bendición!
Si un misionero llega a un grupo indígena y evangeliza en su idioma natal, esa evangelización será
total. Esa evangelización será gobernada por el Espíritu de Dios.
Escuchar el mensaje en el propio idioma de uno, es escuchar el mensaje que llega hasta el alma. El
uso del propio idioma abre muchas oportunidades de servicio. Es como abrir un canal más grande
para comunicar el Evangelio de Dios a la gente, es hablar directamente a su corazón.
Hablarle en el idioma materno es buscar un hermano más, pero un hermano que te entiende y que
entiendes. Ambos se entienden, ambos se comprenden, y ambos se pueden comunicar. Esa es la
importancia del idioma natal.
Mujeres y misiones en la biblia
Sonia Acuña
Encontramos en la Biblia la historia de muchas mujeres quienes participaron de la misión de Dios por
su vida y ejemplo, así como también a través de sus errores y debilidades. Son mujeres de diversos
contextos, personalidades y estratos sociales. La Palabra de Dios muestra que, en medio de su
humanidad, ellas cumplieron con su misión, de tal manera que se han constituido un desafío para las
mujeres creyentes de todos los tiempos.
Eva: ayudadora idónea
En el sexto día, Dios completó su obra creando al hombre y a la mujer a su propia imagen, haciendo al
ser humano partícipe de su naturaleza y carácter (Génesis 1:27 y 2:18). Y luego dijo Dios: “No es
bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Le hizo a la mujer de una costilla de
Adán, “No de su cabeza para que le dominara, no de sus pies para que el la pisoteara, sino de debajo de
su brazo para que la protegiera y cerca de su corazón para que la amara” (Matthew Henry).
En Génesis 2:19–20, la misión de Dios implicaba una posición de privilegio y responsabilidad para
los seres humanos. Eva fue creada como ayudadora de Adán justamente para colaborar en ese proyecto.
La mayor equivocación de Eva, fue permitir que su libertad de decisión la llevara a la desobediencia.
La caída interrumpió el plan perfecto de Dios para el ser humano.
Muchos de los problemas de la sociedad moderna tienen su origen en una confusión de roles entre
el hombre y la mujer. Hay muchos hombres que no quieren asumir el papel de líderes en sus hogares,
mientras que hay mujeres que consideran a la maternidad y el cuidado de sus hogares como una carga
que estorba su dignidad femenina.
Sin embargo, para la mujer cristiana, ser ayudadora idónea es su primer compromiso con Dios y no
solo con su pareja o la sociedad. Dios la ha dotado de la creatividad y las condiciones anímicas
necesarias para estimular a su esposo y a los hermanos de fe, para que asuman las responsabilidades
que les corresponden a ellos.
Una destacada pareja de obreros, que ha trabajado por más de diecisiete años en el campo
misionero, ejemplifica muy bien esto. Cuando le preguntaron a la esposa, cómo Dios la había llamado a
las misiones, dio la siguiente respuesta:
Dios no me ha hablado audiblemente. Pero una cosa entiendo: cuando me casé, Dios me llamó a ser
la ayudadora idónea de mi esposo. Entonces decidí ayudarle en todo lo que emprendiera; por eso, voy a
donde él va. Si Dios lo ha llamado a hacer la obra misionera, entonces debo ayudarlo con todas mis
fuerzas.
Sara: una misión de fe
Sarai, juntamente con su esposo Abram, vivían cómodos en la idólatra ciudad de Ur. Cuando Dios
llamó a Abram a abandonar su país e ir a la tierra que le mostraría, esto implicó un gran cambio y
sacrificios para la pareja. Ellos tuvieron que abandonar su vida confortable y hacerse seminómadas,
viviendo en una tienda de campaña. Siendo Sarai mujer de más de 70 años de edad, necesitó una buena
dosis de fe para seguir a su marido. Su vida refleja la misión de fe que Dios le dio: ser madre de
naciones después de haber cumplido los 90 años de edad.
Aunque a veces pareciera sencillo y quizás un tanto aburrido, ser madre, es un tremendo desafío,
que implica formar hogares que son la base de cualquier sociedad. Es desde la cuna donde se construye
el futuro de cada generación. Así que, para la mujer, el hogar es una gran responsabilidad. El hogar es
el entorno clave para la formación de los seres humanos en sus primeros años de vida.
La misión de madre, que Dios ha dado a las mujeres, tiene implicaciones a largo plazo. Es la
manera natural de alcanzar con su influencia la época en que ella y las generaciones futuras. En el caso
de Sara, ella ha alcanzado hasta nosotros, por medio de su descendiente, Jesucristo, del linaje de Judá,
descendiente de Abraham.
Hebreos 11:11 menciona el carácter de Sara, cuando afirma que ella creyó que Dios era fiel para
cumplir todas sus promesas. Sometiéndose a Dios en sus desafiantes planes, ella pudo también
someterse a su esposo. Sara no fue una mujer perfecta; se equivocó, adelantándose respecto al
cumplimiento de la promesa de Dios y como consecuencia, Abraham engendró a Ismael, quien se
convirtió en enemigo de su medio hermano, Israel. Pero el ejemplo de fe de Sara es valioso, porque ella
creyó en la fidelidad de Dios para cumplir lo que él había prometido.
Las mujeres cristianas tienen una misión de fe: creerle a Dios en sus planes y proyectos para
bendición de las naciones. Algunas mujeres cristianas nunca llegarán a tener hijos biológicos, pero si
pueden tener hijos espirituales y discípulos entre las naciones.
Ana: una misión de intercesión
En 1 Samuel, capítulo 1, se nos presenta a Ana la esposa de Elcana, quien era estéril. Elcana tenía otra
esposa, Penina, la cual si le había dado hijos. Aunque Ana no tenía hijos, era muy amada por su
marido. Cada año, toda la familia iba al templo de Dios en Silo para ofrecer al Señor, adoración y
sacrificios. Y Penina aprovechaba la oportunidad para mortificar a Ana a causa de su esterilidad.
En estas circunstancias de frustración en su maternidad y rivalidad con Penina, Ana se acerco a
Dios en oración desesperada, angustiosa y urgente, solicitando un hijo. Así, ésta angustiada mujer nos
ha heredado un modelo muy particular de oración. Una oración de compromiso, perseverancia, visión,
intercesión y gozo.
En el versículo once del capítulo uno, Ana reconoce, en su oración, quién es Dios y quién es ella.
Dice al Señor: “si te dignares a mirar la aflicción de tu sierva y te acordares de mi, y no te olvidares de
mi”. Ella reconoce su posición de sierva y la autoridad de Dios, y ademas hizo un voto delante de Dios,
comprometiéndose a ofrendar el hijo que Dios le diera.
Su gozo se refleja, cuando Ana regresa a casa y “no estuvo mas triste”. Cuando al orar creemos que
Dios dará lo pedido, surge el gozo en el corazón. Las mujeres cristianas somos llamadas a orar
creyendo que nuestra oración será contestada. Es interesante que la oración de Ana también incluyó
una renuncia. Ella sin haber recibido aun el niño renunció a él para darlo al Señor como regalo.
Aquí tenemos un importante principio respecto a la maternidad, entregarle al Señor los hijos.
Podemos imaginar como Ana, con todo entusiasmo educó al muchacho para que fuera siervo de Dios.
No sólo lo alimentó y lo amó, también lo orientó a tener el mas excelente propósito en la vida, ser un
siervo de Dios. Así que su oración incluyó la visión, no solo de criar un hijo para sí, sino educarlo para
que fuera útil a Dios. Ana estaba conciente de la situación lamentable del pueblo y visualizó a su hijo
como alguien que haría alguna diferencia.
Hoy muchas mujeres influenciadas por las demandas mundanas, entrenan a sus hijos para que sean
exitosos en la competencia profesional y secular. ¿Pero quién acepta el desafío de dar a su hijo, la
mejor educación posible, para que sea útil al Reino de Dios? ¿Quién animará a los jóvenes a elegir
servir a Dios, con todo su corazón y su alma, llevando las buenas nuevas a todas las naciones? Si las
mamás pudiesen tener una meta como la de Ana, mujer de Elcana, en sus mentes y corazones,
seguramente invertirían los mejor de sí en la educación y entrenamiento de sus hijos.
Misión integral en el nuevo testamento
Cuando llegamos al Nuevo Testamento, encontramos muchas mujeres sirviendo al Señor. Una de ellas
es Lidia de Tiatira. Una gentil, de Asia Menor, dedicada al comercio. Ella tenía un negocio de venta de
telas púrpura en la ciudad de Filipos. Esto la ubica como una mujer de clase social alta y muy rica. La
púrpura era un producto caro unicamente utilizado por los ricos y nobles. Lidia tenia la habilidad de
hacer negocios y esto la hacia mujer de mucha influencia. Ella estaba deseosa de conocer a Dios y
cuando escucho a Pablo y conoció al Señor Jesús, llegó a ser una líder de la iglesia. Vemos a Lidia
ministrando al Señor de una manera integral, no solo en la predicación sino con su oficio, el cual le
permitía muchos contactos para compartir su fe y el amor de Dios. También ofreció su casa para
hospedar a misioneros y predicadores y ayudar a quienes la rodeaban.
Otro ejemplo de servicio integral fue Priscilia y su esposo Aquila. Ellos eran artesanos de un tipo de
vivienda muy populares y necesarias en esa época, las , tiendas de campaña. Cuando ellos tuvieron
oportunidad de conocer la Palabra de Dios, se entregaron de lleno a compartir su fe, de tal manera, que
tuvieron una iglesia en su propia casa.
Bien podemos imaginar a Priscila, en medio de sus tareas cotidianas, dando lo mejor al Señor en
hospitalidad, discipulado, consejería y enseñanza.
Otra dama de servicio integral fue Tabita, llamada Dorcas. Una cristiana de Jope, destacada por
servir a las viudas. En Hechos nueve, versículos del treinta y seis al cuarenta y tres, se dice que
“abundaba en buenas obras y en limosnas que hacia para las viudas”. Su ministerio eran tan importante,
que cuando murió repentinamente, las personas a quienes había ayudado lloraban desconsoladas y
mostraban, a quien quisiera ver, las túnicas y vestidos que había fabricado para ellas. Cuan necesario
es, en este tiempo, utilizar habilidades, talentos y recursos que Dios haya dado para ayudar a los
necesitados. Y como Tabita proveer a viudas, madres solteras o mujeres solas, ademas de su sustento y
ropa, dignidad, compañía y amor. Tabita modela que compartir la Palabra de Dios debe acompañarse
de suplir necesidades vitales, como la de aprender un oficio, suplir pan o ropa. La vida de Dorcas era
tan valiosa, que Dios en su misericordia la resucitó para que continuase sirviendo por una temporada
más.
Estos tres modelos de servicio: Lidia, Priscila y Tabita animan a prepararse en algunos oficios
prácticos a fin de realizar un ministerio integral. Un trabajo artesanal o negocio estratégico permitirá
establecer relaciones para dar testimonio de la fe, no sólo con palabras, sino con acciones prácticas.
(Efesios 2:10).
La misión y la mujer en la historia de la iglesia
Al hablar de la historia de los avances de la Iglesia, tenemos que hablar de los pioneros que con
valentía salieron de sus países dando sus propias vidas y las de sus familias par que el Evangelio llegara
a muchos lugares del mundo. Ellos abrieron brecha en mentes y corazones para la Palabra de Dios. En
el libro conmemorativo, “Cien Años de Presencia Evangélica en El Salvador”, se encuentran detalles
interesantes y educativos respecto al trabajo misionero y la participación de las mujeres, cuando se
inicia la labor evangelística en ese país.
Ese libro señala que la sensibilidad femenina desempeño un papel clave para que el Evangelio
alcanzara América Central. La historia de como el Evangelio llego al país de Guatemala, registra que
fue una dama estadounidense, de apellido Cleaves, amiga de la esposa del presidente, Justo Rufino
Barrios, quien influyó para que las misiones protestantes se iniciarán en ese país. El libro narra que un
día, cuando el presidente de Guatemala regresó a su casa afligido por los obstáculos que la curia
católica ponía a sus programas de reforma, la señora Cleaves le propuso, que sería bueno que los
guatemaltecos conocieran otra forma del cristianismo, aparte del catolicismo.
El presidente quedo impresionado con los comentarios de ella. Pues aunque él no tenia interés en el
Evangelio, si quería de algo que neutralizara el poder de la Iglesia Católica. Inmediatamente la señora
Cleaves escribió solicitando un misionero a la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos y ellos aceptaron
enviar a Juan Hill. Coincidencialmente, en ese tiempo el Presidente Barrios visitó Estados Unidos y
aprovechó la visita para conocer al misionero Hill insistiendo en que éste lo acompañara a Guatemala.
Asi, el presidente Barrios, llevó el primer misionero evangélico al Istmo centroamericano. Gracias a
la oportuna intervención de la señora Cleaves. Dios usó a dos mujeres: la señora Cleaves y la esposa
del Presidente para iniciar su obra salvífica en Guatema.
La historia es similar en Costa Rica. Allí fueron las señoras Ross y Lang, esposas de dos
canadienses, quienes tuvieron la visión de que el Evangelio debía que llegar a ese pais. Ellas
comenzaron a interceder para que Dios enviara misioneros a Costa Rica. Mientras ellas oraban, un
pastor en Dallas sintió carga espiritual por la región de América Central. Ese hombre fue C. I. Scofield
quien compartió su carga con otros laicos. Hasta esos momentos la iglesia de Estados Unidos sólo
había enviado misioneros a China, Africa e India. Scofield reconoció que habían pasado por alto,
“Samaria” es decir América Central y, poniendo manos a la obra, fueron enviados los Esposos
McConnel como primeros misioneros evangélicos a Costa Rica.
La historia de las Misiones en El Salvador, otro país de la región centroamericana, también incluyó
la participación activa de la mujer. Entre los primeros misioneros que llegaron a ese país hubo tres
señoritas: Gertrudis Bell, Genoveva Hipp y luego se les unió Beatrice Williams, que mas tarde llegaría
a ser de McNaught. Ellas iniciaron la obra evangelística en una ciudad al noreste de la capital, Santa
Tecla. En ese lugar tuvieron muchos obstáculos y persecución pero lograron plantar una iglesia que
sigue sirviendo al Señor hasta el día de hoy. Beatriz McNaught aun vive en El Salvador, habiendo
dedicado a esa nación mas de setenta y cinco años de servicio cristiano. Ella ha dado su vida entera al
avance del Reino de Dios en El Salvador; en junio del 2002 cumplió cien años de edad y aun habla de
Jesús a quien quiera escucharla. Los pioneros, en América Central, sentaron las bases de lo que la
Iglesia Evangélica es hoy, habiendo también heredado una mística sobre la participación femenina en
misiones.
No debe olvidarse que muchas esposas de misioneros o misioneras solteras estuvieron dispuestas a
lanzarse a lo desconocido, dejándolo todo para que América Latina recibiera el Evangelio. Muchas
murieron sin ver fruto, otras aun con fallas y debilidades dieron fruto abundante. Las pioneras lucharon
con la desconfianza de los varones nacionales, logrando al fin, tener una tremenda influencia en el
desarrollo de la comunidad de fe y la formación de las mujeres cristianas evangélicas latinoamericanas.
Areas de amplio servicio femenino han sido: la Escuela Bíblica Dominical, Campamentos
Infantiles, Escuelas Bíblicas de Vacaciones, Evangelización de niños y formación de Sociedades
Femeniles, ministerios claves en la extensión del Reino de Dios. Las mujeres cristianas crean una
nueva sociedad desde sus hogares, la Escuela Dominical y los grupos discipulares, levantando una
nueva generación de siervos y siervas de Dios para el siglo XXI y mas allá. Conozco un hombre de
Dios sirviendo en un país de acceso restringido, quien recibió su primer desafío a las misiones en la
Escuela Dominical, a traves de una profesora de Biblia. Ella no ministró mas allá de su iglesia local,
pero su enseñanza y testimonio fue útil para que éste hombre obedeciera el mandato del Señor.
Principios de trabajo femenil
Intercesión
Las mujeres muchas veces, estamos limitadas de tiempo para salir a evangelizar o participar en
proyectos de campo. Sin embargo a traves de la oración, podemos participar plenamente de la obra
evangelística y misionera. La intercesión, como “puntas de lanza” rompe barreras espirituales, que el
enemigo pone a la extensión del Reino de los cielos. Dios revela sus planes y proyectos cuando
oramos. También, en oración, sostenemos a los siervos de Dios y anticipamos la plena realización de su
obra. La oración es fundamental en el trabajo misionero. Las misioneras en campo o esposas de
misioneros, mientras aprenden el idioma, la nueva cultura, o educan a los niños, pueden desarrollar
plenamente el ministerio de la intercesión.
Misericordia
La Biblia y la historia muestran mujeres sirviendo a Dios ayudando en asuntos prácticos a sus
semejantes. Es tarea vital y necesaria servir a los demas olvidándonos de nosotras mismas, siendo
sensibles a sus necesidades, sin esperar recompensa. Actualmente hay muchas señoras y señoritas
sirviendo a Dios en el cuidado de niños de la calle, trabajando con la gente de los basureros, educando
niños sordos o desarrollando elementales destrezas en discapacitados. Hay damas ministrando en
cárceles, hospitales, orfanatorios, asilos de ancianos y programas de educación en Salud. Todos,
ministerios valiosos a los ojos de Dios.
Así que la mujer, ya sea que esté en el campo misionero o preparándose para salir hacia allá, debe
elegir aprender algo práctico que pueda compartir con otros. Hay países donde la gente esta cansada de
religión, pero necesita ser amada y apoyada en areas prácticas. Para ellos, cuidar un minusválido o
levantar la dignidad de una mujer, demostrando lo valiosa que es para Dios y que puede valerse por si
misma, es mas impactante que escuchar sermones o doctrina.
Discipulado
Aunque en párrafos anteriores hemos insistido en el valor de la intercesión y de las oportunidades de
testimonio en un servicio integral; es necesario puntualizar que el discipulado es medular para la
obra misionera. En misiones es vital dar pasos estratégicos para que, amigos y contactos, conozcan la
Palabra de Dios y al Dios de la Palabra, esto es el discipulado. Tal tarea implica transferencia de vida.
La meta de formar discípulos es desafiante porque no es un mero evento sino un proceso que toma
tiempo, dedicación, esfuerzo, paciencia y amor. El mandato del Señor Jesús es a “hacer discípulos”.
En algunos países y contextos religiosos, discipular será mas facil que en otros, pero siempre
tomará tiempo. El idioma, el contexto religioso y cultural desafían a crear formas de discipulado
pertinente a cada pueblo específico. Pero, si la misionera fue discípula y discipuladora en su iglesia
local, cuando llegue a campo, discipular será natural para ella. Este ministerio requiere conocer la
Palabra de Dios y haber vivido la dinámica de ser parte de un grupo pequeño. ¿ Como se hace tal
cosa en un país de acceso restringido?
Conozco a una señorita, que se preparo como pediatra y cuando llego al campo misionero se
empleo en un hospital. Ella ha estado en un país por mas de cuarenta y ocho años siendo ejemplo de
amor y vida consagrada al Señor, a todos a su alrededor. Ella irradia paz, gozo y sabiduría, de tal
manera, que la gente quiere trabajar con ella y escucharla. Ella, de modo natural, ha discipulado a
muchos lideres cristianos durante años, transmitiéndoles su frescura espiritual, estilo de vida y el
anhelo de compartir a Jesucristo con otros.
Al recordar los tres principios claves para el trabajo misionero de la mujer latina: intercesión,
misericordia y discipulado. Uno pensaría que es suficiente para toda una vida. Sin embargo, habrá
otros desafíos para las misioneras latinoamericanas.
Otros desafíos
América Latina esta exportando, a misiones, diferentes tipos de mujeres. Algunas casada y con hijos;
otras casadas y sin hijos; solteras, viudas y también mamas solteras. Por lo cual hay que considerar el
entorno cultural desde donde llega la misionera latina. La gran mayoría va de un contexto católico
romano, de un medio social problemático, desde países con paupérrima economía y educación
deficiente. Otras veces, la misionera va desde un contexto social de matriarcado o de un contexto
machista que ha creado dependencia. Asi que, para ella, ha implicado mucha valentía, decisión y
convicciones superar todos esos obstáculos y lanzarse al campo misionero. Esto también afecta a sus
Agencias Misioneras, que a veces se niegan a enviarlas por el sólo hecho de que ser solteras. Todo esto,
a pesar de que la historia ya ha mostrado que hay mas misioneras solteras yendo a campo que
misioneros solteros.
Las casadas tendrán tiempo limitado por su prioridad de apoyar a sus esposos y criar una
familia, pero aun así, habrá oportunidad de testificar a otras mujeres. En países de acceso restringido,
el testimonio de la familia es vital para que se abran puertas al Evangelio. Por lo cual, a pesar de la
responsabilidad hogareña, será necesario que la misionera casada se esfuerce por aprender el idioma
local y la cultura para integrarse a esa sociedad, desde el momento en que llegue al país. El esposo
deberá ser sensible para apoyarle en todo, si es que quiere una verdadera “ayuda idónea” para el trabajo
misionero.
Sugiero, para las latinas saliendo a misiones, una cuidadosa preparación que incluya: educación
bíblica teológica, orientación trans-cultural y psicológica y una larga y fuerte experiencia
discipular. Además del trabajo previo con su agencia, para lograr el soporte financiero. En muchos
casos será indispensable la preparación lingüística, pero hay que recordar que la identidad y
relación con Cristo es mas importante que todo lo anterior.
Insisto en el tema del discipulado porque pocos manuales de misiones lo mencionan. Es
indispensable haber sido discípulas y haber discipulado a otros; a esto nos mandó Jesús. El
ejercicio de la vida discipular pone bases para el trabajo en equipo; ya que ayuda a expresar las
opiniones propias y ser comprensivos y condescendientes con las opiniones de otros.
El trabajo y la vida en equipo es otra área de gran tensión en el campo misionero. Esto no es
fácil porque el equipo estará integrado por personas provenientes de distintos contextos culturales.
Hablar el mismo idioma, no implica que haya una misma opinión o afinidad de pensamiento. Será
necesario esforzarse en construir relaciones con los compañeros llegando a integrar, ademas de un
equipo de trabajo, un grupo discipular comprometidos unos con otros.
La mujer latina, que hoy se aventura al campo misionero, deberá informarse de como va a vivir, en
cuanto a lugar y presupuesto y tipo de ministerio. Si es casada y con hijos hará bien en investigar las
posibilidades de educación para sus hijos y para si misma. Ya que será otro de sus desafíos criar
hijos cristianos en medio de otra religión y cultura.
En el campo misionero enfrentara nuevas situaciones, nueva cultura e idioma, además del reto de
relacionarse con otros misioneros extraños a su propia cultura, y que al igual que ella, desconocen la
cultura local. En el inicio tendrá muchas preguntas pero las respuestas llegaran poco a poco.
Una gran ventaja, para la mujer latina, es su amplia flexibilidad, adaptabilidad y la tendencia a la
socialización. Esto facilita el ingreso a la cultura anfitriona. Pero aun así, tendrá un costo, ya que por
ser orientada a la gente, se dolerá mucho al ser rechazada y luchará por la aprobación de los demas.
Ella sufrirá soledad, aunque este rodeada de gente.
También tendrá que luchar con una autoestima baja, por el poco avance en el idioma, ya que no
siempre avanzará como le gustaría. Otras posibles fuentes de frustración serán las limitaciones sociales
y culturales, porque deberá respetar los roles de la mujer en la sociedad anfitriona, mientras
intenta mantener el balance entre su vida pública y privada.
Cuando regrese a su país de origen
El retorno a la patria se dará por diversas razones. vacaciones, salud, cambio de campo misionero o
retorno definitivo. Este será un momento clave, cuando la Iglesia Local desempeñará un papel pastoral.
Para entonces sugiero: dedicar un tiempo para escucharla, tanto en un grupo de líderes como en
reuniones privadas con el pastor, algún anciano u otra mujer líder. Hay que recordar que, por largo o
corto que haya sido el tiempo en otra cultura, hay choque trans - cultural invertido.
Es necesario programar tiempo de descanso que incluya a la familia extendida y tiempos con la
iglesia.
Es importante preparar agenda para refrescar espiritual y educacionalmente; a la misionera,
animándola a tomar algún curso que sea de su interés. Conocer nuevos libros y recursos cristianos que
haya en el mercado local, ayudara a ponerla “al día” del acontecer cristiano y el desarrollo de la iglesia
en su país.
Si la misionera es casada y es la familia misionera la que regresa del campo, serán vitales algunas
reuniones pastorales, como pareja. El campo misionero es demandante y pueden haber surgido
dificultades en la relación matrimonial, que será necesario resolver, antes de lanzarse a otro ministerio,
campo misionero o el retiro. Por descuidar esto, algunas parejas de misioneros terminan en divorcio, al
retornar del campo. Si todo estuviere bien con la pareja, aun deberá animárseles a participar en
seminarios o cursos para fortalecer su relación o que les ayude en la educación de sus hijos. Ningún
cuidado o previsión está de más, cuando se trata de proteger una familia misionera; ya que son blanco
constante de ataque del enemigo.
Otras necesidades se añadirán, para la mujer misionera, si además de esposo, tiene hijos e hijas. Es
necesario hacerlos sentir amados, ya que la mujer es estimulada cuando percibe que su esposo e hijos
son amados y comprendidos a pesar de no ser perfectos. También habrá aspectos prácticos a considerar
como: una casa que provea privacidad, algún medio de transporte y programar las visitas a los médicos
para revisiones de rutina.
La palabra clave en esta etapa es: inversión tiempo y atención, ya sea con la misionera soltera o
con la familia misionera.
Los cuatro pasos de la obra misionera
1
Levi DeCarvalho
CON EL CRECIENTE NÚMERO DE MISIONEROS del tercer mundo—incluso del mundo iberoamericano—
es urgente que los líderes de iglesias, denominaciones, agencias misioneras y otras organizaciones de
1
El autor manifiesta su gratitud a Edith Ruiz Zepeda, David Rising y Samuel Guerrero, por la amable revisión
del texto. Sin embargo, las deficiencias del contenido son del autor.
1.
2.
3.
4.
fondo cristiano sepan cómo actuar frente a la gran masa de cristianos evangélicos que desean salir a la
misión transcultural. La presente reflexión intenta situar los puntos cardinales del llamado misionero, a
fin de que los líderes tengan una visión completa de la acción misionera. De esta manera, podrán
encaminar al candidato o ministrar al obrero de campo.
Si entendemos el llamado misionero como un proceso, que comienza con la conversión y culmina
en el ministerio transcultural efectivo, podemos visualizar cuatro puntos cardinales de la obra
misionera. A pesar de parecer una perspectiva simplista de la misión, los cuatro pasos sugeridos son los
siguientes:
Llamado
Preparación
Trabajo de campo
Actualización
Cada punto representa las etapas más significativas de la vida del obrero con relación a su llamado,
empezando con su experiencia como miembro de su iglesia, su llamado, su preparación, hasta llegar a
su trabajo de campo. La intención por detrás de esa discusión es entender más claramente en qué
consiste participar en la obra misionera de Dios.
Llamado
El trabajo misionero empieza mucho antes de que el obrero salga al campo. Gran parte del éxito (o
fracaso) de la obra misionera tiene sus raíces en la vida del obrero antes de su salida al campo.
Una experiencia con Dios es absolutamente fundamental. El obrero debe conocer a Dios
personalmente y relacionarse con el Cuerpo de Cristo en su iglesia local.
Acto seguido, la dependencia del Espíritu Santo y el uso constante de los dones espirituales para
bendición del Cuerpo, la iglesia, son características y consecuencia del compromiso con Cristo.
Además, la fe del obrero debe de estar cimentada en la Palabra de Dios, única regla de fe y práctica
común a toda la comunidad cristiana. Solamente estando firme en la Palabra, el obrero podrá enfrentar
todas las tempestades que serán una constante en la labor misionera.
Las relaciones personales son absolutamente cruciales en todos lo momento de la vida y ministerio
del misionero transcultural. Conocerse a sí mismo y buscar un cristianismo saludable, por así decirlo,
dependen mucho de la relación del futuro obrero con los líderes y los demás miembros de su iglesia
local. Amar a Dios y amar al prójimo dependen de una correcta relación consigo mismo:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el
primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt. 22:37–40)
Es imposible hacer la obra misionera sin un buen equilibrio entre estas tres clases de relaciones—
con Dios, con los demás, y consigo mismo. Relacionarse correctamente con el mundo sin Dios es el
otro lado de la moneda de las relaciones personales. Hay gente que quiere salir a la misión para
evangelizar a los no alcanzados pero jamás se preocuparon de su vecino o su colega sin Cristo. Antes
de cruzar el mundo por Cristo, hay que cruzar la calle para buscar al perdido.
La sumisión a la autoridad, especialmente al liderazgo de la iglesia local, es parte del carácter del
obrero transcultural. Una persona rebelde causa más problemas que ayuda en el campo. La rebeldía en
la comunidad misionera es una puerta abierta para el ataque del enemigo. Un grupo de misioneros que
pelean entre sí se asemeja a un reino dividido, y puede caer más fácilmente en las trampas del enemigo.
Cristo nos dio el ejemplo y dejó la orden—hacer discípulos. Alguien que no ha sido discípulo antes
de salir al campo tendrá mucha dificultad para hacer discípulos al llegar. El discipulado incluye la
información de la persona, por un lado, pero va más allá, alcanzando a la formación del obrero, que es
clave para el éxito en la misión. Como parte integral de ese discipulado, el obrero debe aprender a
conocer, usar y madurar sus dones espirituales en servicio a la iglesia de la cual es miembro. El
ejercicio de los dones le permite conocerse mejor a sí mismo, permitiendo también que el liderazgo de
la iglesia confirme (o no) su llamado misionero. Es en la vida del cuerpo, y más concretamente en la
comunión de los líderes de la iglesia, dónde la voluntad de Dios sobre las misiones se manifiesta
claramente.
Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba
Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos
al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por
el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. (Hechos 13:1–4)
Los líderes que tienen una íntima comunión con sus miembros pueden ayudarlos y aconsejarlos
mejor cuando alguno de ellos se siente llamado a la misión. Después de discernir si el llamado
verdaderamente proviene de Dios, los líderes se comprometerán con el bienestar físico, mental y
espiritual del misionero en todo el transcurso de su preparación y actuación misionera. En el caso de
Bernabé y Saulo, todos los líderes juntos buscaban la voluntad del Señor para la iglesia, así que cuando
oyeron la voz del Espíritu, no tuvieron dudas en liberar y bendecir a aquellos dos para la misión a la
cual habían sido llamados.
Notemos, además, que el Espíritu Santo eligió dos hombres que habían probado su valor en la
iglesia local. Conocían sus dones y los ejercían para beneficio de la congregación. La transición de allí
hasta recibir la visión de la obra transcultural es cuestión de tiempo y maduración. Como dijo Pablo
delante de sus examinadores, “no fui rebelde a la visión celestial” (Hechos 26:19). Sin visión no hay
misión. Cuando el liderazgo comparte la visión, el candidato / misionero tiene el apoyo que necesita
para obedecer al Espíritu de Dios.
Preparación
Una vez que las bases ya están bien asentadas, el siguiente paso es la preparación del obrero, con vistas
a salir al campo. Este paso presupone, por lo tanto, que el candidato tiene la aprobación de sus líderes.
La preparación misionológica comprende los estudios bíblicos necesarios, estudio de lenguas
(especialmente lenguas internacionales) y una preparación secular, además de estudios de misionología
propia.
Llamamos la atención a la preparación secular, es decir, una profesión que no sea religiosa, con la
cual el individuo pueda ayudarle a sostenerse, dependiendo de la situación. Jesús era carpintero de
profesión, mientras que sus discípulos eran o pescadores, o cobradores de impuestos, u otra cosa.
Pablo, como se sabe, era hacedor de tiendas. Todos los líderes de quienes tenemos más información
tenían su profesión, con la cual lograban ganar lo suficiente para su subsistencia.
El candidato al campo misionero debe de contar con un grupo de intercesión en su iglesia local,
además de su apoyo financiero. El apóstol Pablo constantemente solicitaba que las iglesias
intercedieran por él y por sus compañeros de ministerio (Ef. 6:19–24). Al mismo tiempo, el apóstol les
manifestaba su amor y preocupación por ellos. Ese amor y esa preocupación son ingredientes
indispensables para una buena relación entre el misionero y la iglesia que le apoya.
La persona que es seria en su intención misionera, buscará informarse acerca del país o grupo al
cual siente que Dios lo está enviando. Deberá informarse sobre las agencias misioneras que trabajan en
aquella región u otra con la cual él podría eventualmente cooperar, lo que le permite intercambiar
información sobre su llamado y aclarar los puntos más importantes de su preparación. Si el candidato
proviene de una denominación que cuenta con su propio órgano de misiones, tanto mejor. Lo
importante es informarse, informar a sus líderes y a la iglesia, e interceder específicamente por la etnia
o grupo al cual se siente llamado por Dios. La agencia misionera, incluso, puede informar al candidato
sobre las cuestiones legales y otros requisitos para ingresar a aquella parte del mundo donde desea ir
como obrero.
Parte de la relación con la agencia misionera será definir la actuación del obrero. Su ubicación,
asignación de equipo misionero, funciones, expectativas, planes de trabajo, a quien reportar—todo eso
debe de ser decidido y aclarado antes de salir al campo. Por supuesto que situaciones contextuales
pueden exigir un cambio de planes, pero eso no justifica que alguien salga sin hacer planes. En Hechos
1:8, Jesús le dio a la iglesia de Jerusalén el plan de trabajo, y ellos lo siguieron al pie de la letra.
Salvo raras excepciones, el obrero deberá salir al campo como parte de un equipo. Por esa razón, es
importante que él aprenda a convivir con otros hermanos y hermanas, trabajando juntos por la fe
evangélica, empezando en su iglesia local. Los líderes deben de ser muy cuidadosos en este asunto.
Dios no envía a nadie al campo meramente por su capacidad intelectual u otros dones naturales, sino
por una actitud de sumisión al Espíritu de Dios y después de pasar por las pruebas a las que le conlleve
el Espíritu Santo. Sin eso, apoyar la salida de un misionero que no consigue trabajar en equipo es un
riesgo muy grande. El trabajo misionero tiene como uno de sus objetivos primordiales la plantación de
iglesias—o sea, de grupos de personas que caminan juntas en la vida cristiana. Por lo tanto, los
misioneros deben dar el ejemplo de lo que es vivir en familia, como hermanos y hermanas en Cristo
Jesús.
Prever emergencias en el mundo de hoy, es crucial para el éxito de las misiones. Para eso, el
candidato debe de sembrar y mantener comunicación con un grupo pequeño de personas que lo
sostienen en oración y finanzas, con las cuales pueda contar en situaciones de emergencia. Si hay un
departamento de misiones en la denominación, ellos se pueden hacer cargo de eso; si no hay, la oficina
de la agencia misionera, o aún el grupo de apoyo al misionero en su iglesia local puede ayudar en esas
cuestiones. De todos modos, este punto debe estar bien claro antes de salir al campo.
Un paso de enorme importante en la preparación del misionero es la dedicación y la bendición por
parte de su iglesia local o denominación. Después de que se decida adónde va, por qué agencia, con
qué arreglos de intercesión y finanzas, qué va a hacer, etc., el candidato está listo para recibir la
bendición y ser liberado por su iglesia local para cumplir con su llamado misionero. En ese momento,
se celebra un servicio de dedicación al trabajo misionero, donde los líderes y de la congregación
manifiestan de manera visible, en alabanza e intercesión, que apoyan al misionero en su llamado a la
obra del Señor.
Trabajo de campo
Cuando llega al campo, el obrero debe aclimatarse al lugar y relacionarse con los compañeros de
equipo, esforzándose por conocer la gente y la tierra donde va a trabajar. Debe tratar de descubrir
dónde está ubicado, qué gente vive allí, cuáles son sus actividades cotidianas y extraordinarias, de qué
viven y cómo podría hacer amistades y comunicarles el amor de Dios.
Los colegas de trabajo que por ventura ya estén en el lugar podrán ayudar en la ubicación
estratégica del nuevo misionero. Hay expertos que recomiendan que el misionero se inmerja en la
cultura lo más pronto posible, para que aprenda más rápidamente el idioma y la cultura de la gente.
Entre más se identifique con la gente, su papel en la sociedad será más claro. Muchos grupos no
conocen el término misionero o pastor, y podrán ver con desconfianza al extranjero que llega a su tierra
con propósitos no muy definidos. Es natural para cualquier grupo humano tratar con sospecha al que no
conocen, en especial si habla otra lengua y tiene costumbres distintas a las suyas. Si viene a ejercer una
profesión que la gente no conoce—como misionero o pastor—entonces la situación puede ser delicada.
Por otro lado—y esto suele acontecer con algunos que son “hacedores de tiendas”—si uno se presenta
como hombre de negocios, sin serlo de verdad, con el solo propósito de ganar entrada al grupo para
evangelizarlo, pronto descubrirán el engaño, y el misionero y su grupo pueden sufrir persecución o
expulsión. De allí la importancia que el misionero tenga una profesión que sea reconocida y legítima.
Relacionarse con los del lugar es vital para el éxito de la misión. Sin embargo, uno debe de cuidar
con quién se relaciona. Los llamados líderes de opinión son fundamentales en la obra misionera. La
idea es que todo grupo humano tiene sus líderes de opinión—personas que evalúan nuevas ideas y
comportamientos, adoptando las que les convienen, y con eso influyen a otros para que hagan lo
mismo. El Nuevo Testamento tiene casos tales, como por ejemplo, el de Cornelio de Cesarea. Él era un
líder de opinión, que llevó su casa, sus servidores y amigos, a los pies de Cristo. Es lo que Cristo llama
hijos de paz—personas de respeto y honor, a los cuales hay que tratar con deferencia y de los cuales
depende a menudo el permiso para permanecer en determinado lugar sin ser molestado.
El misionero, conscientemente o no, es un agente de cambio. Lo que trae como mensaje, habrá de
provocar cambios profundos en la vida de la comunidad. Sin embargo, para que sea efectivo en esa
labor, el misionero debe primero tratar de entender la mentalidad de la gente del lugar—su
cosmovisión. Esta parte invisible de la cultura se sitúa en el nivel profundo de las costumbres de la
gente. Es allí donde se produce la verdadera conversión a Cristo. El misionero serio, por lo tanto,
tratará de descubrir los aspectos más relevantes de la cosmovisión de la gente para poder comunicarles
más efectivamente el mensaje de salvación.
Es muy importante, igualmente, estar atento a la lucha espiritual que seguramente va a enfrentar,
tarde o temprano. El enemigo que mantiene esclavas a las personas sin Cristo no dejará que salgan de
sus manos sin anteponer una lucha fuerte y cruel. El misionero necesita la cobertura en oración de sus
intercesores, al igual que la gente del lugar que empiece a interesarse por el mensaje cristiano. Ignorar
la lucha espiritual es, a la vez, una actitud anti-bíblica e insana. Jesús tenía plena conciencia de la
oposición del enemigo, al igual que Pablo, quien nos habla de la armadura de Dios en Efesios 6.
Bien temprano en su labor, el misionero deberá preocuparse en formar líderes locales, quienes, a su
vez, darán continuidad al trabajo de la iglesia. Jesús lo hizo cuando llamó a los doce para que
estuvieran con él, para aprender de él, y para proseguir con el trabajo cuando el Señor regresara al seno
del Padre. Esto implica la necesidad de contextualizar el mensaje cristiano. Es decir, los líderes locales
darán continuidad al trabajo de la iglesia con más propiedad y entusiasmo cuando puedan identificarse
con la manera como el Evangelio llegó hacia ellos. Es lo que Pablo menciona cuando dice:
Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los
judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley)
como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin
ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho
débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a
algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. (1 Co. 9:19–23)
Jesús se hizo carne, de acuerdo a la expresión bíblica de Juan 1:14, lo que quiere decir que, para
llevar a cabo su misión, tuvo que hacerse ser humano, como nosotros, pero sin pecado. Eso implica que
nosotros también debemos de hacernos carne en la cultura a dónde nos envía el Espíritu de Dios––es
decir, debemos hacernos lo más semejante a la gente posible, sin adoptar comportamientos que puedan
comprometer la comunicación del Evangelio. El otro lado de la moneda es que muchos obreros
imponen su cultura sobre la gente, creyendo que eso les va a hacer más fácil la predicación del
Evangelio. Hay que tener cuidado en eso.
Actualización
Después de un tiempo en el campo, el misionero necesita un período de descanso, una especie de
válvula de escape de las tensiones del trabajo transcultural. El propio Jesús descansó de su labor, y en
varias ocasiones manifestó agotamiento a causa de la intensidad de su ministerio.
El tiempo de descanso es una ocasión de visitar familiares, hermanos en Cristo, colegas de la
agencia misionera, reportando sobre los logros y problemas del campo. Muchas iglesias sofocan al
misionero con una agenda llena de compromisos de predicación, visitación, charlas y más. Debemos
entender que el misionero necesita recibir igual que dar cuando regresa del campo. Si sólo da y no
recibe ayuda con sus problemas, puede ocurrir que el obrero regresa más agotado que cuando llegó del
campo.
Ese es un tiempo para una evaluación misionológica del trabajo del misionero. Seguramente, sus
líderes en la agencia misionera y en la iglesia pueden ayudar en eso. Lo más recomendable sería una
evaluación conjunta, para que los líderes estrechen sus lazos de cooperación y todos estén informados
de las dificultades del trabajo transcultural. Algunos piensan que es obligación del misionero presentar
frutos en poco tiempo, lo que no siempre ocurre, especialmente donde hay oposición al Cristianismo o
dónde al misionero lleva años para aprender el idioma local como para poder comunicar bien el
mensaje bíblico a la gente.
Junto con la evaluación misionológica, se debe hacer una revisión del proyecto o plan de trabajo del
misionero. Puede haber circunstancias y oportunidades que justifiquen un cambio de prioridades o un
enfoque determinado para lograr mayor éxito en la labor misionera. Todo eso se debe discutir con
seriedad. De este modo, todas las personas involucradas se ponen de acuerdo en cuanto a las
prioridades del misionero, lo que incluye su trabajo en el campo y sus periodos de descanso.
El misionero, además, necesita actualizarse acerca de temas misionológicos que le sirvan en el
campo. En poco tiempo, uno se da cuenta de que lo que aprendió antes de salir al campo ya no es
suficiente; hay nuevas preguntas, dudas y problemas, para los cuales uno necesita de la ayuda de
misioneros / misionólogos más experimentados y capacitados. Es recomendable aprovechar el tiempo
de descanso para tomar clases de misionología, dirigidas a las necesidades del obrero. Hay iglesias que
no entienden eso, y le cortan la ayuda financiera si el misionero tiene planes de dedicar un tiempo a los
estudios misionológicos. Sin embargo, después que el misionero ha sacado su título de doctor en
misiones, la iglesia se enorgullece de él, olvidándose de que le cortó la ayuda cuando la necesitaba. No
cometamos esa equivocación.
Cuando el misionero regresa del campo, es tiempo de considerar sus finanzas con atención.
Factores como la economía del país donde vive, gastos de viaje, residencia, papeles legales, escuela de
los hijos, gastos personales, gastos específicos de proyectos de campo, etc., todo debe ser discutido y
analizado con propiedad. Puede ser que el misionero necesite de nuevo equipaje, o materiales de
estudio a distancia, materiales de enseñanza y cosas por el estilo. La ayuda que recibe debe ser realista–
–tanto en función de las posibilidades de los que le brindan su apoyo como en función de las
necesidades de su trabajo de campo.
El misionero necesita recargarse las pilas para volver al campo con buena disposición para una
nueva temporada de trabajo. Debemos reconocer que el pastor de la iglesia local no siempre está
capacitado para ministrar al misionero al nivel que éste necesita. Sin embargo, es indispensable que el
pastor y el misionero compartan experiencias y oren juntos, reforzando de este modo los lazos que los
unen en el compromiso con la obra de alcanzar a los no alcanzados. Cómo ayudar al misionero que
regresa del campo es una cuestión que se está discutiendo en varios sitios de las misiones hoy en día.
Una cosa que el misionero puede hacer bien es ministrar en movilización y orientación a
candidatos. Si todo lo que él hace es predicar a la congregación, por benéfico que esto sea, no está
utilizando las capacidades adquiridas y su experiencia de campo. La iglesia y la agencia misionera
pueden planear encuentros donde el misionero comparte sobre su llamado y sus experiencias de campo
con personas interesadas, incluidos los candidatos y personas interesadas en apoyar financieramente al
misionero.
El obrero necesita cuidar de su salud física y mental así como de los demás miembros de su familia.
Estando en su propio país, él tiene mejores posibilidades de recibir ayuda médica, odontológica y
oftalmológica conforme a sus necesidades. Además de la salud física, es posible que el misionero
necesite pasar por un proceso de sanidad interior. Hay veces en que el misionero trae consigo ciertas
dificultades que necesitan ser analizadas y resueltas, con la ayuda de consejeros reconocidos y capaces.
Para el obrero, es importante pasar un tiempo de comunión con sus colegas de trabajo. Eso le
permite recargar sus energías, identificarse con los problemas y dificultades de los demás, y encontrar
soluciones en el intercambio de experiencias entre personas que entienden lo que es la práctica
misionera.
Conclusión
1.
2.
3.
4.
La presente reflexión intentó darle un vistazo general a la acción misionera, desde los primeros pasos
del candidato dentro de su iglesia de origen, pasando por su experiencia transcultural y su tiempo de
descanso, cuando regresa del campo misionero. Hemos sugerido cuatro pasos principales en este
proceso:
Llamado
Preparación
Trabajo de campo
Actualización
El líder de la iglesia o de la agencia misionera que tiene a su cargo la tarea de orientar al candidato
o misionero de campo en su ministerio transcultural, necesita conocer cada etapa del trabajo. Cuando la
iglesia y la agencia misionera disciernen sus responsabilidades en la obra misionera de Dios, están
extendiendo su participación en la gloriosa tarea de llevar el Evangelio a las etnias no alcanzadas de
todo el mundo.
***
Apéndice:
Hojas de trabajo
CON BASE EN LA EVALUACIÓN hecha para cada uno de los puntos clave y sus subdivisiones, el líder de
la iglesia, denominación o agencia misionera podrá hacer recomendaciones al candidato/misionero y
acompañar su desarrollo. A cada entrevista, se pueden añadir nuevas informaciones, sugerencias y
evaluación de acuerdo al desarrollo del individuo.
1 – LLAMADO
OK
RECOMENDACIONES
OK
RECOMENDACIONES
1.1 Experiencia personal
con Dios
1.2 Relación con el
Cuerpo de Cristo
1.3 Relación con el
Espíritu Santo
1.4 Relación con la
Palabra de Dios
1.5 Relación con la
familia de uno
1.6 Relación consigo
mismo (salud interior)
1.7 Relación con el
mundo sin Dios
1.8 Discipulado (sumisión
al liderazgo)
1.9 Ministerio local
(dones espirituales)
1.10 Visión de Dios para
Su obra (=llamado)
2 – PREPARACIÓN
2.1 Aprobación del
liderazgo local
2.2 Preparación
misionológica (teología,
lenguas y trabajo secular)
2.3 Grupo de intercesión
2.4 Apoyo financiero
(opcional)
2.5 Investigación sobre el
campo propuesto
2.6 Definición de agencia
misionera
2.7 Cuestiones legales
2.8 Equipo misionero
2.9 Previsión de
emergencias
2.10 Líneas de
comunicación
3 – TRABAJO DE CAMPO
OK
RECOMENDACIONES
3.1 Conocimiento de la tierra
3.2 Ubicación (geográfica,
étnica)
3.3 Inmersión en la cultura
local
3.4 Definición del papel del
misionero
3.5 Relaciones personales
(líderes de opinión)
3.6 El misionero como
agente de cambio
3.7 Análisis de la
cosmovisión de la gente
3.8 Batalla espiritual
3.9 Formación del liderazgo
local
3.10 Contextualización
4 – ACTUALIZACIÓN
OK
4.1 Períodos de refrigerio
4.2 Reporte personal a la
iglesia local, a la agencia y
a los mantenedores
4.3 Evaluación
misionológica del trabajo
desarrollado
4.4 Estudios avanzados de
misionología
4.5 Revisión de proyectos y
objetivos de trabajo
4.6 Cuestiones financieras
(presupuesto, adquisición
de equipaje, libros, etc.)
4.7 Ministración (recibir)
4.8 Ministración a
candidatos / movilización
(dar)
4.9 Salud física y sanidad
interior
4.10 Encuentro y
RECOMENDACIONES
conferencia con otros
obreros transculturales
La promesa de fe
Norman Lewis*
Un gran desafío para nuestras iglesias es cómo sostener a los obreros que salen al campo. Mucho se
promete, pero poco se torna realidad, y con eso, los obreros sufren en el campo mientras esperan que
sus iglesias envíen lo prometido. La promesa de fe, así llamada, puede ser de gran ayuda para la iglesia
local que quiera involucrar efectivamente sus finanzas en las misiones mundiales.
En vez de criticar nuestros modelos de sostenimiento, proponemos un modelo alternativo de apoyo
financiero a los misioneros, con base en la llamada promesa de fe. En mi experiencia, lo que sigue
describe un proceso simple, pero efectivo, de apoyo a la obra transcultural sin sobrecargar la iglesia
local con un plan costoso y complejo.
La base del esfuerzo misionero mundial
A la base de todo esfuerzo cristiano de alcanzar a los alcanzados está la convicción bíblica de que la
tarea de la iglesia es precisamente comunicar el Evangelio a todas las etnias del mundo. En estos
últimos tiempos, en que se habla y se sabe un poco más de las etnias no alcanzadas, nosotros podemos
involucrarnos efectivamente en esa obra del Espíritu de Dios, por medio de las ofrendas y de la
intercesión a favor de aquellos que el Señor envía a la mies. Enfatizamos que la base bíblica es vital en
todo proyecto misionero de la iglesia local. Si amamos a la iglesia, amamos a la misión.
Por otro lado, el plan de la promesa de fe consiste en la creación de un fondo separado del fondo
general de la iglesia, destinado, exclusivamente, a las misiones. De esa manera, evitamos la confusión
que surge muchas veces cuando se discute qué porcentaje se debe dedicar al trabajo misionero. El
fondo de misiones se destina a las misiones, y a nada más.
La “Promesa de Fe” es el compromiso personal de aportar una determinada cantidad de dinero
hacia un fondo especial de misiones de la iglesia local durante un año. El compromiso se hace delante
de Dios, y por lo tanto, no hay presión humana para pagar la promesa hecha. La persona confía que
Dios va a poner en sus manos la cantidad que propuso en su corazón, a parte de lo que el Señor
normalmente le proporciona. La persona espera que Dios le haga llegar los recursos adicionales por
medios nuevos o inesperados. De hecho, “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que
el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
Luego leemos, “en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el
justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).
La persona pide a Dios que le provea fondos para misiones. Y en la medida que Dios provee, é o
ella da conforme a la provisión del Señor.
El Nuevo Testamento provee ejemplos de esa clase de promesa. El apóstol Pablo escribió a la
iglesia de Corinto (capítulo 8 de la primera carta) sobre como ofrendar para la obra de expansión del
Reino de Dios. Pablo tomó como ejemplo a la iglesia de Macedonia, la cual, con toda su limitación
material, sirvió de modelo a las demás iglesias, porque dio no solamente de lo que tenían sino también
que se ofrendaron a sí mismos al servicio del Señor.
Dios provee de manera común y de manera extraordinaria. Hay un secreto en ser bendecido para
bendecir a otros, como es el ejemplo de Abraham (Génesis 12). Es más—el bendecir a otros es un
orden de Dios, igual que un privilegio de nuestra relación con Él.
Pasos específicos de la promesa de fe
Definimos fe sencillamente como confianza en Dios. Una promesa, a su vez, significa lo que decimos a
alguien que le vamos a cumplir. De esta manera, logramos hacer lo que nos toca con simplicidad y
basados en la motivación de bendecir a la obra del Señor.
En nuestras congregaciones, hemos experimentado que cuando definimos un fondo exclusivo para
misiones, la gente entiende lo que queremos enfocar, y contribuye con gozo. La gente logra ofrendar
con sacrificio cuando se pone delante de ellos la necesidad del campo misionero con claridad y de
manera objetiva. La promesa de fe, por consiguiente, es estratégica en el esfuerzo de alcanzar a
aquellos que todavía no han oído las Buenas Noticias de la redención en Cristo Jesús (Marcos 16:16).
La gloria de Dios llega a las naciones cuando somos fieles en aportar de lo mucho que el Señor nos ha
dado con amor y generosidad.
Normalmente, se solicita que las personas firmen un compromiso de fe, celebrado entre ellos y
Dios. Dios conoce los corazones, y por tanto, una promesa de fe viene con la firma del dador alegre.
Para las autoridades de la iglesia, ese compromiso es un paso que les permite trabajar un plan de
misiones bien enfocado. Por otro lado, aun cuando hay personas que no estén de acuerdo con este
proyecto, la promesa de fe permite informarse a la iglesia el monto prometido, como seguimiento a una
campaña de compromiso misionero.
A nuestra percepción, una iglesia que levanta el sostén misionero por medio de la promesa de fe
logra ciertos objetivos claves. Por un lado, cuando está informada de lo que se destina a misiones, la
gente siente el deseo de involucrarse en el proyecto de misiones de la iglesia local. Por otro lado, un
fondo específico concentra el esfuerzo misionero en una dirección clara y objetiva, facilitando así el
sostén de obreros y proyectos misioneros. En tercer lugar, la iglesia está afirmando que misiones son
tan importantes que merecen un fondo especial. Y por ser un fondo visible y bien administrado, la
gente se siente animada a cooperar con los proyectos en que la iglesia está involucrada.
La promesa de fe lleva el cristiano a hacerse responsable ante Dios por los recursos que Él pone en
sus manos. Dios es el dueño de toda la plata y de todo el oro. No hacemos más que honrarlo cuando le
dedicamos lo que nos viene a nuestras manos para que Su nombre sea conocido en toda la tierra.
Por otro lado, la promesa de fe hace que la iglesia local establezca objetivos concretos para sostener
la obra misionera. Con eso, la iglesia participa en trabajos concretos de alcance de los no alcanzados, y
acompaña el desarrollo del Evangelio en uno o más grupos étnicos específicos. La misión no es
solamente algo de que se oye hablar, sino que adquiere forma y contenido, en la medida que las
noticias llegan del campo, y la iglesia participa intercediendo por la obra del Señor en las naciones.
Quizá otro valioso beneficio en todo el esfuerzo de la promesa de fe sea de que la gente aprende
que llevar el mensaje a los que no conocen a Cristo, no es solamente una tarea de los misioneros, sino
también una responsabilidad de la iglesia, como un todo, y cada miembro también. Eso fortalece la
actividad evangelizadora de la iglesia local, al mismo tiempo en que ellos participan efectivamente en
la misión para más allá de su propio país o su grupo social.
Dos actividades que contribuyen a promover la visión misionera y la promesa de fe son la
Conferencia Misionera Anual y el Presupuesto Anual de Misiones. Veamos cada una.
Conferencia Misionera Anual. Para obtener el mejor impacto, hay que planearla bien, invitando a
buenos oradores de misiones, gente con pasión por la obra transcultural y que esté involucrada
efectivamente en la misión de Dios. Sugiero que enseñe lo básico de las misiones a partir de las
Escrituras y por medio de testimonios de misioneros de carne y hueso. La iglesia puede ser
tremendamente impactada por el Espíritu de Dios a través de un evento de esta naturaleza.
Presupuesto Anual de Misiones. Un presupuesto requiere compromiso con las misiones, por lo cual
una conferencia sin un objetivo claro para la inversión de fondos misioneros, sería como un carro
funcionando que no sale de donde está. Hay iglesias donde la rutina dominical no lleva la gente a
ningún lado. Las iglesias urgen de un objetivo misionero definido, que despierte a los miembros para
que contribuyan con las misiones, sea con aportes financieros, sea con movimientos de intercesión por
los grupos no alcanzados. En mi experiencia, la iglesia que pone en práctica la promesa de fe, luego ve
a sus miembros más activos en la evangelización de sus amigos y familiares no cristianos.
Hemos visto resultados sorprendentes en muchas iglesias que han adoptado la promesa de fe. La
misión está en el corazón de Dios y también debe de estar en el corazón de la iglesia. Una congregación
que pone en práctica la promesa de fe, está cumpliendo con la Gran Comisión de Cristo y sembrando la
semilla de una iglesia sana, comprometida con la obra del Señor, con verdadera pasión por las almas y
por ver la gloria de Dios en la alabanza de los pueblos de toda tierra.
* Condensado de Faith Promise: Why and How? [La Promesa de Fe: Como y Por Qué],
Waynesboro, GA, EUA: OM Literature, 1992. Con permiso del autor.
Adopte una etnia: visión y estrategia
Moisés López V.
LOS FACTORES QUE HAN IMPULSADO LA EVANGELIZACIÓN a través de la historia han sido siempre
controversiales. Sin embargo, las palabras de Jesús en Hechos 1:8 enfatizan que el impulso de la misión
no viene de la fuerza humana sino del Espíritu Santo de Dios: “Recibiréis poder cuando haya venido
sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).
No fue sino hasta los sucesos narrados en Hechos 8 que la iglesia empezó a obedecer a la Gran
Comisión—no de buena voluntad, sino solo después de sufrir una persecución que sobrevino a toda la
comunidad de los discípulos. Los “que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el
evangelio” (Hch. 8:1), llegando por primera vez como iglesia a Judea y Samaria, hasta alcanzar las
regiones de Siria.
Un segundo factor que impulsó la evangelización del mundo occidental fue la fuerza política del
estado romano. Por decreto imperial, la gente se bautizaba para hacerse cristiana. Eso se mantuvo
cuando menos hasta el siglo XIII, en el que la política y la religión seguían dominando la visión de
conquistar al mundo. Un punto particularmente trágico de este periodo ocurrió en la tentativa de
conquista de los musulmanes, contra quienes principalmente se lanzaron las Cruzadas. Los efectos de
esa estrategia se hacen sentir aún en nuestros días, como lo demuestra el rechazo de varios grupos
musulmanes frente a las tentativas de alcance por parte de agencias cristianas en distintos puntos del
globo.
La Iglesia Romana volvió los ojos al Nuevo Mundo, al tiempo de las descubiertas de fines del siglo
XV y comienzo del siglo XVI. Aun que normalmente no los asociamos a esfuerzos de evangelización,
Cristóbal Colón, Pedro Álvarez Cabral, Vasco da Gama y otros notables hombres de origen ibérico
fueron instrumentales en el avance de la fe católico-romana para más allá del continente europeo. El
paradigma de la fuerza política en la cristianización de los pueblos siguió vigente y no menos agresivo,
aun que hubo notables excepciones. Sin embargo, la evangelización—si así se la puede designar—
alcanzó las cuestas de los nuevos continentes, mientras que los grupos más al interior quedaron
inalcanzados por siglos.
El paradigma político incluyó una estrategia limitada por los accidentes geográficos y los medios de
transporte de entonces. Para bien o para mal, la comprensión de la tarea evangelística estaba basada en
la concepción del mundo que era compartida por los pueblos que se consideraban los guardianes de la
fe cristiana—notablemente representados en los imperios español y portugués de aquella época. Roma,
que antes dependió de los cruzados para establecer su dominio religioso y político sobre el mundo de
entonces, ahora dependía de la tecnología de navegación luso-española para seguir influyendo en los
destinos del mundo.
Siguiendo en el escenario occidental, el movimiento de la Reforma Protestante—por lo menos al
principio—careció de una visión misionera clara. Las ideas reformadas se extendían por ciudades y
países de Europa occidental, pero significaban más una re-evangelización de los ciudadanos europeos
cristianos (o cristianizados) que un esfuerzo de llevar el Evangelio hasta donde no había sido
predicado. No fue sino hasta siglos después que comenzaron a salir los primeros misioneros
reformados en la dirección de grupos humanos no alcanzados.
Sin embargo, el enfoque seguía sobre los grupos humanos a lo largo de las costas continentales del
Nuevo Mundo. Más adelante, fue que surgió la idea de llevar el Evangelio hasta regiones geográficas
no alcanzadas. Los misioneros de corte anglo sajón, en especial a partir del británico William Carey en
la India, fundaron agencias misioneras que reflejaban esa preocupación, como por ejemplo, la Misión
para el Interior de África (Africa Inland Mission), la Unión Misionera para las Regiones Lejanas
(Regions Beyond Missionary Union) y otras.
Con el adviento del mundo moderno y las descubiertas científicas resultantes del Iluminismo, los
estudios antropológicos enfocaron en los grupos humanos como entidades culturales distintas. En su
comienzo, la antropología incluía la lingüística, que aportó una nueva visión de las sociedades humanas
no occidentales. El esfuerzo de Cameron Townsend, uno de los fundadores de la agencia Wycliffe
Bible Translators, reflejaba este nuevo enfoque en las lenguas humanas que todavía no contaban con la
Biblia en su vernáculo. Poco después, surge la figura de Donald McGavran quien llamó la atención de
las agencias e iglesias al fenómeno de las barreras culturales—que son más complejas que las
distinciones lingüísticas—que a menudo impiden que miles de grupos sean inalcanzados.
Figura 1:
África – División política
Figura 2:
África – División étnica
Naciones y etnias
Las etnias tienen su origen a partir de Babel. Antes de eso, todos estaban unidos por la misma lengua y
por las mismas ideas. Es precisamente a partir de Babel que surgen las distinciones que más adelante se
refieren como etnias.
La visión de Dios en la Gran Comisión es muy clara: Dios mira a los pueblos como etnias distintas.
A través de toda la Biblia, desde la primera vez que Dios le habla al hombre, que algunos conocen
como la proto Gran Comisión en el jardín del Edén (Gn. 1:28 “fructificad, multiplicaos, llenad la
tierra”), hasta la visión que le dio a Juan (Ap. 7:9, “todas naciones y tribus y pueblos y lenguas”), la
visión se mantiene constante. Esto incluye las señales antes del fin, que Jesús revelara a sus discípulos,
de acuerdo a Mateo 24:14:“será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a
todas las naciones [griego = etnias]; y entonces vendrá el fin” y de nuevo en Mateo 28:19: “haced
discípulos en todas las naciones [griego = etnias]”.
El uso del término griego original ethnos para lo que nuestra Biblia traduce como nación es, que
con más precisión, etnia. Vemos pues que ni la persecución, ni la política, ni las costas, ni tierra dentro,
ni los países, debieron ser las fuerzas ni la visión para cumplir con la Gran Comisión, sino las etnias.
Hay poco más de 200 países en la actualidad, pero si miramos a las etnias, hay por lo menos entre
8.000 y 10.000 que todavía se consideran no alcanzadas.
Los no alcanzados
Zacarías menciona gentes que habitan en tinieblas y en sombra de muerte (Lc. 1:79). Jesús dice que
tiene ovejas de otro redil que deben ser traídas para que escuchen su voz (Jn. 10:16). Pablo dice que
muchos gentiles [=etnias] están sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de
la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef. 2:12).
Según algunos expertos, una etnia se considera no alcanzada cuando no cuenta con una iglesia en
su medio que esté en condiciones de evangelizar a su propia gente sin ayuda de afuera. Otros suelen
definir un grupo no alcanzado en términos de porcentaje de creyentes, pero preferimos hablar de una
iglesia autóctona en condiciones de reproducirse por su propia cuenta, comunicando el Evangelio a los
suyos de manera que ellos lo escuchen y lo acepten.
Una y otra vez en la Biblia encontramos una estrategia hacia las etnias no alcanzadas del mundo.
Pablo, el gran apóstol a los gentiles, explica su estrategia a los romanos diciendo que había trabajado
con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y
por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del Evangelio de Cristo. Y de esta manera me
esforcé a predicar el Evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre
fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él,
verán; y los que nunca han oído de él, entenderán. (Ro. 10:19–21)
Nosotros, como gentiles, al haber sido adoptados en la familia de Dios (Gá. 1:5), hemos recibido
toda clase de bendiciones. Pero no fuimos bendecidos para solamente disfrutar la bendición, sino
también para bendecir a otros, como nuestro padre en la fe, Abraham, a quien Dios dijo: “te bendeciré,
y serás bendición” (Gn. 12:2). Podemos bendecir como hemos sido bendecidos, adoptando las etnias,
como hemos sido adoptados en la familia de Dios. Para poder ser bendición, Dios nos ha dado una
promesa: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”
(Sal. 2:8).
Estrategia de trabajo
En lugar de hacer esfuerzos aislados hacia los países, muchas veces pisándonos los talones unos a otros
o en franca competencia, la estrategia para la iglesia de Jesucristo de nuestros días es unirse, repartirse
el trabajo, y dedicarse a él hasta que todas etnias le conozcan. ¿Podrá una sola iglesia o denominación
alcanzar todas las etnias aún no alcanzadas? Seguramente que no. La tarea se hace más fácil cuando,
como hermanos en Cristo, nos pongamos de acuerdo en lo que debemos de hacer para cumplir con la
obra del Señor. Como en los tiempos de Nehemías al reedificar el muro de la ciudad, cada uno de
nosotros puede seleccionar una parte del trabajo y entre todos terminarla más rápida y ordenadamente,
evitando duplicar innecesariamente nuestros esfuerzos.
Así como cuando lanzamos una piedra y produce ondas que abarcan la total superficie del cuerpo
de agua, pero esas ondas no afectan otro cuerpo de agua aunque esté muy cerca uno del otro, así el
Evangelio, tarde o temprano, alcanza a todo individuo en una etnia. Pero, por más próxima que esté
otra etnia, las barreras idiomáticas y/o culturales impiden que esta segunda sea afectada por la iglesia
establecida en la primera. Es por eso que el enfoque en las etnias es estratégico para terminar de
cumplir la Gran Comisión.
La tarea pendiente
Hay entre 8.000 y 10.000 etnias que no han sido alcanzadas con el Evangelio. O sea, hay por lo menos
8,000 razones por las que Cristo no regresa. Pero estamos avanzando a un ritmo acelerado. La mayoría
de esas etnias se localizan en la Ventana 10/40, que es la franja comprendida entre los paralelos 10 y 40
al norte del mapa mundi, que abarca todo el norte de África, parte del sur de Europa, el Medio Oriente
y el sur de Asia, incluyendo la Polinesia. Es allí, según los expertos, que se encuentra el mayor desafío
a la comunicación transcultural del Evangelio de Jesucristo, no sólo por la complejidad cultural como
también por las barreras de penetración de ciertos bloques religiosos, como los musulmanes, los
hinduistas, los budistas y los grupos chinos, además de algunos grupos tribales.
Adopte una etnia
Adopte Una Etnia es una manera simplificada (paso a paso) de involucrar a una iglesia local en el
cumplimiento de la Gran Comisión. Muchas personas e iglesias que han recibido la visión misionera se
preguntan de qué manera práctica pueden involucrarse. Es a esos grupos que nos dirigimos aquí.
Adopte Una Etnia es un plan sistematizado, con instrucciones claras de cómo involucrar
integralmente una iglesia en misiones. AUP (=Adopte Una Etnia) ayuda a las iglesias a identificar
etnias no alcanzadas y a enfocarse en las que están más necesitadas de conocer el Evangelio.
AUP es un esfuerzo internacional, en el cual muchas iglesias en muchos países están participando.
Metas se han fijado para cada uno y hay gente en América Latina, África, Asia y el primer mundo,
comprometida en desarrollar el programa, fomentando la cooperación y evitando la duplicación.
Por qué adoptar
Podemos enumerar varias razones porque adoptar una etnia. Citamos las siguientes:
Porque es un mandato (Mt. 28:19)
Porque aún hay etnias que no han oído el Evangelio, ni lo oirán, si no hacemos algo
Porque Dios ha dado muchos recursos a su Iglesia
Porque es una manera efectiva de alcanzar al mundo (1 Co. 12 y Neh. 3), cada uno haciendo lo
propio, asumiendo una parte del trabajo
5. Porque es una manera de recordar y practicar constantemente varios de los lineamientos que Jesús nos
dejó y que con frecuencia se nos olvidan:
a. Orar por obreros para la mies (Mt. 9:37–38)
b. Buscar a los perdidos (Lc. 15)
c. Apoyar a los misioneros con oración y finanzas (Ro. 10:14–15)
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Efectos en la iglesia local
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El programa AUP también aporta muchas bendiciones para la iglesia local que lo promueve. Entre
otras bendiciones, podemos citar las siguientes:
Involucra un porcentaje mayor de miembros que los modelos tradicionales de misiones
Pone a los nuevos miembros a servir en un ministerio relevante para el Reino de Dios
Aumenta la fe y la iniciativa de la iglesia, cuando enfoca en los que nunca han oído el Evangelio
Trae unidad a las congregaciones para trabajar en armonía en pro de la gloria de Cristo entre las etnias
Abre las puertas de la congregación para recibir instrucción de gente especializada que le comparte
sus experiencias y le da una visión global de la misión de Dios.
Alcance un pueblo (etnia)
Lennart Englund
EL PROYECTO ADOPTE UN PUEBLO (también conocido como alcance un pueblo), es un programa
misionero basado en la existencia de diferentes grupos etnolingüísticos, que todavía no han sido
alcanzados con el Evangelio. Es una estrategia de enfoque con el propósito de cruzar dichas fronteras
con las Buenas Nuevas de salvación, para que dentro de cada grupo sea plantado un racimo de iglesias
autóctonas, capaces de evangelizar el resto del grupo.
No es una estrategia de exclusividad, que cierre las puertas para otras agencias que trabajan con el
mismo grupo étnico. Al contrario, el propósito de este programa es traer paz y amistad entre los
pueblos. Muchas veces hemos visto como el Evangelio de Cristo borra las diferencias entre los
pueblos. Donde antes de la llegada del Evangelio las personas se mataban unas a otras, ahora se reúnen
en la iglesia como hermanos que viven y trabajan juntos.
De Génesis a Apocalipsis, la Biblia habla de naciones, tribus, pueblos, clanes y familias. Cuando
Dios llama a Abraham, en Génesis 12:1–3, promete hacer de él una nación (hebreo goy) grande, y
promete bendecirlo para que él sea una bendición para todas las familias de la tierra. La palabra hebrea
para familia, mishpachah, correspondería a un clan. Véase la Tabla 1.
TABLA 1:
EL MUNDO DIVIDIDO EN GRUPOS
Cita
Bíblica
Gn. 12:2,
Ap. 7:9
Gn. 11:9,
Hch. 2:11
Gn. 11:6,
Mt. 24:14
Gn. 12:3,
Ap. 7:9
Jos. 7:14,
Hch. 10:2
Hebreo
Griego
Español
Goy
Laos
País, nación, pueblo
Am
Ente
Nación, pueblo
Oikos
Casa, familia
Sapah
Mishpachah
Bayith
Glossa
Lengua, idioma
Fule
Clan, tribu
En la Gran Comisión de Mateo 28, Jesús ordena a hacer discípulos de todas las naciones. La
palabra griega usada para naciones es ethne. De allí viene la expresión grupo étnico en español. El
orden de hacer discípulos, no se refiere a los países en sus divisiones políticas, sino a los grupos étnicos
de la tierra. En Apocalipsis 7:9, Juan ve una gran multitud ante el trono de Dios, procedente de “todas
las naciones, tribus, pueblos y lenguas”. En nuestros días, en varios países, pueden haber grupos étnicos
diferentes, cada cual necesitando ser alcanzado con el Evangelio de Cristo. Quizá sea necesaria una
estrategia distinta para uno u otro de esos grupos.
Definición de pueblo o nación
En el programa de AUP, y en la tarea misionera en general, cuando hablamos de nación o pueblo nos
estamos refiriendo a un grupo étnico o lingüístico. Un pueblo consiste en un grupo de personas que
comparten una cultura e identidad propias. Desde el punto de vista de las misiones, es el grupo mayor
de personas, dentro del cual el Evangelio puede extenderse como un movimiento de plantación de
iglesias, sin encontrar barreras de entendimiento o de aceptación.
COMIBAM, en su reunión de febrero del 2000 en Guatemala, define un pueblo o etnia como “un
grupo de individuos que se perciben a si mismos como teniendo una afinidad común, compartiendo el
mismo idioma, religión, etnicidad, residencia, ocupación, clase social, casta, situación, o una
combinación de algunos de estos factores. Puede que se encuentre dentro de las fronteras de un solo
país o distribuidos entre varios países”.
Definición de pueblo no alcanzado
Hay diferentes formas de definir qué es un pueblo alcanzado o no alcanzado por el Evangelio. Desde el
punto de vista de las misiones, la definición tiene que ver con la existencia o ausencia de una iglesia
viable y evangelizadora en el grupo. Una posible definición de pueblo o etnia no alcanzada sería “una
etnia que no tiene una iglesia viva y evangelizadora en su medio, y que no es capaz de evangelizar y
producir un movimiento de plantación de iglesias dentro de su propio grupo, sin ayuda del exterior.”
Un pueblo no alcanzado, según la COMIBAM, es “un grupo etnolingüístico que no tiene una
comunidad autóctona de creyentes que adore a Dios en su propio idioma; que no cuenta con un liderato
propio, ni se reproduce, ni se sostiene por si misma, y, por lo tanto, necesita de esfuerzos misioneros
transculturales”.
La estrategia de Jesús
El objetivo principal del programa AUP es alcanzar a todos los pueblos de la tierra con el Evangelio.
Para facilitar, enfocamos en un solo grupo no alcanzado a la vez. Es como alimentar una multitud con
el Pan de los cielos, que es Cristo. El modelo que seguimos es el de Jesús mismo.
En el relato de la alimentación de los cinco mil, en Marcos 6:30–44, Jesús usó una estrategia simple
pero eficiente. Para facilitar la entrega de los alimentos, la gente fue dividida en grupos. Después de
que Jesús oró por los alimentos, los entregó a sus discípulos. No sabemos cuantos de ellos quedaron
encargados de la tarea, pero podemos suponer que los doce estaban involucrados. Tampoco sabemos
cuantos grupos se habían formado, porque algunos eran de cincuenta y otros de cien personas. Y no
sabemos cuantas personas eran en total, porque según Mateo, había niños y mujeres, aparte de los cinco
mil hombres. Podemos calcular que, en total, eran como unas ocho mil personas. Para alimentarlas,
tenían que dividir la tarea entre ellos (Fig. 1).
Según el modelo de Marcos 6:30–44, los pasos siguientes fueron tomados para alimentar a la
multitud. La meta era alimentar a todos los presentes:
Paso 1 - Buscar los recursos disponibles
Paso 2 - Evaluar los recursos disponibles
Paso 3 - Dividir la gente en grupos
Paso 4 - Bendecir los pocos recursos disponibles
Paso 5 - Jesús: entregar los recursos a los discípulos
Paso 6 - Dividir la tarea
Paso 7 - Discípulos: repartir la comida (recursos bendecidos)
Figura 1:
Alimentación de la multitud
Tres grandes temas en la estrategia de aup
Nosotros podemos identificar por lo menos tres grandes pasos en la estrategia de AUP. Son ellos,
ubicación de los grupos, movilización de la fuerza misionera, y realización de la tarea propiamente
dicha.
Ubicación de los grupos. Es necesario saber donde se encuentran los grupos no alcanzados. Una
gran parte de ellos se encuentra dentro de la ventana 10/40, pero también los hay en otros lugares.
Algunos son compuestos de un centenar de personas y otros de miles o millones de individuos. El
Centro Estadounidense para la Misión Mundial, en Pasadena, California, calcula que hay
aproximadamente diez mil grupos en el mundo entero que todavía necesitan ayuda de afuera para ser
alcanzados con el Evangelio de Cristo. Junto con otras organizaciones, el Centro trata de ubicar esos
grupos y levantar la mejor información sobre ellos, para, de ese modo, facilitar la tarea de adopción y
alcance. Movilización de la fuerza misionera. Todo el cuerpo de Cristo, en todo el mundo, necesita ser
movilizado para que más misioneros sean enviados a los grupos no alcanzados. El Espíritu Santo de
Dios está llamando muchos obreros a las naciones. Nuestra parte es cooperar con el Espíritu del Señor,
como lo hizo la iglesia en Antioquia, Hechos 13. Más gentes necesitan saber de las necesidades para
orar específicamente por los no alcanzados.
Realización de la tarea. La tarea misionera un día comenzó y un día terminará. Según Mateo 24:14,
el fin llegará cuando “el evangelio del reino haya sido predicado en todo el mundo, como testimonio a
todas las naciones”, o grupos étnicos, de la tierra. Para que esto sea posible, es necesario que todo el
Cuerpo de Cristo se ponga a trabajar.
La obra de Dios en el mundo es como un gran edificio que todavía no está terminado. La base está
hecha. Las paredes están levantadas hasta cierta altura. Las aperturas para las puertas y las ventanas
están ubicadas. Pero todavía falta terminar la parte de arriba, colocar el techo, las ventanas y las
puertas. Hay mucho trabajo por hacer, antes de la gran inauguración. La parte que requiere andamios
más altos y donde hay más riesgos de accidentes, todavía está por terminar. Los pueblos donde está
prohibida la proclamación del Evangelio, y donde hay más fuerte oposición del enemigo, solo serán
alcanzados con mucha oración, en un esfuerzo concentrado de todo el Cuerpo de Cristo, y, sobretodo,
en el poder del Espíritu Santo de Dios.
Hay diferencias sensibles entre las estrategias misioneras convencionales y las estrategias de AUP.
La Tabla 2 trae un resumen de esas diferencias. Observe que, al contrario de las agencias
denominacionales o independientes, el proyecto AUP enfoca el grupo adoptado. Si, por ejemplo, un
equipo misionero regresa del campo sin que el grupo adoptado esté efectivamente alcanzado, AUP
sigue enfocado en el grupo, buscando otros misioneros o agencias para dar continuidad al proyecto.
En una estrategia convencional, la iglesia o la agencia misionera enfocan principalmente en los
proyectos que está realizando su misionero, y a menudo no se toma en cuenta lo que hacen otros grupos
misioneros. Como consecuencia, se duplican muchas veces los esfuerzos en un mismo campo. Hay una
tendencia de querer reinventar la rueda, y no aprovechar los recursos ya disponibles, como por ejemplo,
escuelas bíblicas, ministerios radiales, y literatura existente en el idioma local.
La idea básica de AUP es de cooperar con todas las agencias evangélicas que verdaderamente
enfocan en alcanzar el grupo adoptado. Así se puede evitar duplicación de esfuerzos, al mismo tiempo
en que la cooperación sirve de testimonio de la unidad cristiana en la misión transcultural.
Compartir, cooperar, comunicar
Esas son las tres palabras claves en AUP: compartir, cooperar, comunicarse. Como miembros del
Cuerpo de Cristo, no hace sentido aislarnos unos de los otros, como hemos hecho por siglos.
Necesitamos ser más maduros y responsables con la tarea que el Señor nos ha dado.
La idea de compartir la tarea, es que ninguna iglesia, denominación, o agencia misionera, por si
solos, pueden cumplir con la Gran Comisión. Es un trabajo que le toca a todo el cuerpo de Cristo, en
toda el área donde haya pueblos no alcanzados. Ninguno de nosotros tiene más privilegio que los
demás, cuando hablamos de misión.
El paso inicial es saber cuales son los grupos no alcanzados, y sus características principales, como
su ubicación, aspectos demográficos, culturales, lingüísticos, etc. Únicamente entonces se puede hacer
una buena división del trabajo. Hay agencias trabajando continuamente en obtener esa información.
Podemos ahorrar tiempo y esfuerzo poniéndonos en contacto con esas agencias para compartir las
informaciones disponibles en cada caso. Sencillamente hablando, eso requiere de nosotros una actitud
de humildad y cooperación cristiana.
En todo el proceso de alcanzar a un grupo hay varios pasos a tomar. En realidad, antes de llegar al
momento de la adopción, varios pasos son necesarios, como por ejemplo, investigación y selección del
grupo que queremos alcanzar. Después de la adopción en si, es necesario seguir con la investigación,
orando por el grupo, contactando con agencias misioneras y, quizá, con otras iglesias y grupos de
hermanos que hayan adoptado el mismo grupo. La palabra clave aquí es cooperación. Luego vendrá la
posibilidad de sostener misioneros en el proyecto, con oración, recursos materiales, y toda clase de
apoyo a su trabajo. La cooperación abre las puertas para que pequeños grupos e iglesias con pocos
recursos puedan juntarse en un mismo programa de AUP.
Por último, la comunicación es indispensable, tanto para compartir la tarea como para cooperar en
el intento. Con el avance de los medios de comunicación, no hay nada que impide que una iglesia en
Suramérica, otra en Los Estados Unidos, y aun otra en Europa, tengan participación común en un
mismo proyecto de AUP.
TABLA 2:
EL PROYECTO AUP Y LAS ESTRATEGIAS CONVENCIONALES
Compromiso
principal
Proyectos
prioritarios
Recursos
priorizados
Estrategias convencionales
misionero
Estrategias de AUP
etnia
denominación o agencia
proyectos que beneficienal grupo étnico
agencia o denominación
todas las agencias involucradas con la etnia
Por supuesto que hay ciertos inconvenientes cuando las partes que integran el programa se
encuentran lejos uno del otro. Sería más difícil y costoso de reunir a los representantes de las iglesias
participantes. Puede haber problemas de comunicación. Sin embargo, los obstáculos son mínimos,
comparando con el tremendo impacto que una cooperación de ese tipo puede traer para el grupo
adoptado. Esto es un ejemplo concreto de lo que algunos denominan de alianza estratégica.
La oración, el corazón del programa aup
Como en toda actividad cristiana, la oración y la intercesión dan vida y fuerza al Programa Alcance Un
Pueblo. La oración es absolutamente necesaria, desde el primer paso del programa hasta el último,
cuando la tarea se da por terminada. Todo intento de alcanzar a una etnia con el Evangelio, que no va
acompañado con oración y intercesión, fracasará.
El programa en si es un ataque directo a los territorios dominados por Satanás. Únicamente si Dios
nos antecede, acompaña y confirma nuestro trabajo con su ejército y su poder, habrá victoria. Nuestra
oración “pone en movimiento el ejército de Dios”; es una de las “armas poderosas en Dios para la
destrucción de fortalezas”, como lo menciona el apóstol Pablo en 2 Corintios 10:4. Jesús nos enseña en
Mateo 12:29 que “para entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes, este debe primero ser
atado”. Por medio de la oración podemos “atar” a las fuerzas satánicas que dominan sobre el grupo que
queremos alcanzar.
Sugerimos, enseguida, algunos motivos de oración en conjunto con el proyecto AUP. Seguramente,
el grupo local puede añadir sus motivos de intercesión, dándole un color local y universal al esfuerzo
de alcanzar un grupo determinado con la bendición del Evangelio de Cristo. Podemos orar por las
siguientes necesidades:
1. la guía del Señor para la seleccionar el grupo que debemos de adoptar
2. las iglesias y demás agencias participantes del programa
3. la investigación sobre las características del grupo no alcanzado
4. la estrategia que debemos de usar para alcanzarlo
5. la selección y entrenamiento de los misioneros
6. los recursos económicos necesarios en el transcurso del proyecto
7. apertura espiritual en el grupo adoptado
8. los misioneros en el campo de trabajo
9. los nuevos creyentes en el grupo
10. el gobierno del país (o países) donde se encuentra el grupo no alcanzado
Cooperación entre iglesias latinas y autóctonas
Otro factor a tomar en cuenta, cuando tratamos de encontrar estrategias para alcanzar a los pueblos no
alcanzados, es que la iglesia cristiana, como tal, ya está presente en todos los países. Esto significa que
puede haber una o varias iglesias geográficamente mucho más cercanas al grupo no alcanzado que
nosotros. Esto nos lleva a analizar la situación para ver si realmente conviene ubicar misioneros
nuestros en un pueblo lejano, tanto geográfico como culturalmente, o si conviene más cooperar
directamente con una de las iglesias que estén cercanas al grupo adoptado.
Puede ser el caso de que un obrero de una de esas iglesias nacionales sea lo más recomendable para
el proyecto de alcance que un foráneo. Hay casos en que todo al revés. Un ejemplo ocurre en los
Estados Unidos, donde los creyentes blancos son los menos recomendables para alcanzar a las etnias
indígenas no alcanzados de aquel país. Las matanzas en contra de los grupos tribales norteamericanos
están todavía en la memoria de la gente, impidiendo que acepten el Evangelio de parte de sus
enemigos. Cada situación merece un análisis cuidadoso para llegar a una estrategia de alcance que sea
victoriosa.
El Proyecto Bubi, en Guinea Ecuatorial, África, es un ejemplo de programa AUP que no envía
obreros latinoamericanos al campo. El grupo Bubi fue adoptado por una iglesia en Salta, Argentina, y
luego se agregaron otras iglesias suramericanas al proyecto.
La agencia misionera MAIN (Misión Argentina Interdenominacional a las Naciones) funciona
como un puente entre las iglesias argentinas y la Iglesia Bíblica Misionera en Guinea Ecuatorial. Esta
iglesia africana fue plantada por misioneros argentinos hace algunos años. Está compuesta
principalmente de miembros del grupo Fang, que son vecinos de los Bubis. Sin embargo, algunos
miembros de la iglesia pertenecen al grupo Bubi, entre ellos los dos obreros que están trabajando para
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alcanzar su propia gente. Los obreros considerados más estratégicos para el proyecto son los propios
creyentes Bubis, que ya son miembros de la Iglesia Bíblica Misionera en Malabo, capital de país. Los
pasos tomados en ese proyecto de AUP fueron los siguientes:
iglesias argentinas adoptan a los Bubis
la agencia misionera MAIN colabora con los contactos y coordina el envío de los recursos necesarios
al proyecto
la Iglesia Bíblica Misionera en Malabo envía obreros al grupo adoptado
obreros Bubis, con apoyo de iglesias argentinas y africanas, trabajan en medio de su propia gente.
Conclusión
En este breve recurrido de la estrategia de AUP, hemos visto como el relato bíblico, empezando en
Génesis, apunta en la dirección de las familias de la tierra que serían bendecidas por medio de la
promesa de Dios hecha a Abraham. La idea básica es que cada grupo étnico o etnolingüístico tenga la
oportunidad de experimentar la presencia de una iglesia que sea culturalmente relevante y capaz de
llevar adelante la evangelización de su propia gente sin dependencia del exterior. Los apéndices que
siguen intentan ofrecer pasos prácticos en esa estrategia, además de sugerir claves básicas para el éxito
de la estrategia de AUP. Nuestro objetivo es trabajar para que la gloria de Dios se manifieste por medio
de la Iglesia de Cristo entre gentes de toda lengua, grupo y nación.
Apéndice 1:
Pasos prácticos de aup
COMIBAM SUGIERE diez pasos en el proceso de alcanzar un pueblo. Provee algunas claves para poder
llevar a cabo el programa de AUP en nuestras iglesias. (Documento de la reunión de Comibam, en
Guatemala, Febrero de 2000)
Primer paso: captar la visión. Esto se inicia con la obra de Dios en uno o varios miembros de la
iglesia. El Señor empieza a mostrar los miles de millones de personas sin acceso al evangelio, entre los
cuales el Espíritu Santo está trabajando. Esto lleva la persona a interceder por los no alcanzados, y
luego a compartir la carga con otros miembros de la iglesia.
Segundo paso: divulgación. Enseguida, la visión de alcanzar los no alcanzados es transmitida a la
congregación. Eso se hace en consonancia con el liderato de la iglesia, utilizándose informaciones
adicionales sobre los pueblos no alcanzados que se encuentran disponibles en el movimiento misionero
nacional.
Tercer paso: intercesión. Luego, la iglesia impulsa esfuerzos e iniciativas para orar e interceder por
los pueblos no alcanzados. La estrategia es movilizar a toda la iglesia a la intercesión misionera. Aquí
se producen y distribuyen guías, calendarios, tarjetas e información sobre proyectos misioneros y las
necesidades de los pueblos no alcanzados.
Cuarto paso: investigación. La gente quiere saber más para poder orar más específicamente por los
pueblos no alcanzados. En esta fase del proceso, se buscan perfiles etnolingüísticas con datos
actualizados, que son compartidos con la congregación. La idea es de despertar el interés específico por
algún pueblo no alcanzado, que puede eventualmente ser adoptado por la iglesia.
Quinto paso: adopción. Luego de orar, investigar y compartir informaciones sobre los grupos no
alcanzados, la iglesia decide de comprometerse con un grupo específico, adoptándolo como suyo. Esto
se puede realizar en un acto o servicio especial de adopción. Es un compromiso que hace la Iglesia con
Dios y con el pueblo no alcanzado, de hacer todo lo posible para que el Evangelio llegue a ellos y que
una Iglesia autóctona sea plantada en su medio.
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Sexto paso: instrucción de la iglesia. Los líderes introducen segmentos misioneros en varios
programas de la iglesia, llevando la congregación a
orar regularmente por grupos no alcanzados
ofrendar con fidelidad para misiones
disponer su corazón a escuchar la voz de Dios en cuanto a su responsabilidad con la evangelización
Es importante que haya oportunidades de involucramiento para los miembros que se comprometen
más de cerca con el grupo no alcanzado. La predicación bíblica sobre la responsabilidad de la iglesia
hacia los no alcanzados es fundamental en todo el proceso.
Séptimo paso – selección y capacitación de misioneros. La iglesia escucha y obedece a la voz del
Espíritu Santo, seleccionando al candidato o candidatos que llenen el perfil del pueblo adoptado.
Además, la Iglesia ofrece o facilita la capacitación misionera transcultural adecuada para el trabajo de
campo.
Octavo paso - coordinación. La iglesia hace un levantamiento de los recursos que existentes, y hace
planes de cómo utilizarlos para el proyecto de AUP. Esto logra evitar la duplicación de esfuerzos,
promoviendo una buena mayordomía de los recursos que el Señor ha puesto en manos de la iglesia. Eso
se hace bajo una coordinación efectiva, que sea centralizada pero no impositiva.
Noveno paso – envío de misioneros. Esta es una de las partes más emotivas del proceso de
“Alcanzar un Pueblo”. Después de un largo período de oración, compartimiento de informaciones,
contactos, levantamiento de recursos, y entrenamiento de obreros, finalmente la Iglesia da un paso más,
expresando su amor por el pueblo adoptado. Llega el momento de reconocer que Dios está enviando
una persona, matrimonio o familia, al campo de trabajo transcultural. La iglesia oye la voz del Espíritu
que, como en Hechos 13, dice: “Separadme, ahora, a X de tal, para la obra a que le he llamado”. Puede
ser que ese individuo o esa familia sea de mi iglesia o de otra iglesia, pero eso no importa. Lo
importante es oír el Espíritu Santo y hacer lo que nos toca a nosotros en el afán de llevar el Evangelio
al grupo no alcanzado.
Décimo paso – el alcance propiamente dicho. La meta final del programa AUP, es la extensión del
reino de Dios hacia los pueblos no alcanzados. Eso se interpreta como:
Evangelización
Discipulado
Establecimiento de una iglesia autóctona, capaz de multiplicarse por si sola, llevando el Evangelio por
doquiera que les envíe el Espíritu de Dios
Apéndice 2:
Claves para el éxito de aup
¿CUÁLES SON ALGUNAS RAZONES por las cuales algunas iglesias siguen firmes con su enfoque de AUP,
mientras que otras han perdido su entusiasmo inicial? Pasemos a considerar algunas claves cruciales
para el desarrollo de un programa de Alcance un Pueblo en su iglesia. ¿Qué es que necesitamos para
promover un programa victorioso?
1. Un coordinador. La mayoría de los programas, aunque sean buenos, fracasan por falta de
liderazgo. Para que AUP tenga éxito en su congregación, se necesita una persona comprometida a
cumplir con el programa y alimentarlo. Debe de ser una persona con pasión por las misiones y los
pueblos no alcanzados. Hasta que no se encuentre la persona indicada para actuar como coordinador,
no se recomienda empezar un proyecto AUP.
a.
b.
c.
d.
e.
a.
b.
c.
2. El respaldo del liderato de la iglesia local. Sin el aval del pastor y demás líderes claves de la
iglesia, el programa fracasará. El coordinador necesita del apoyo de los que toman decisiones en la
iglesia para desarrollar un buen programa de adopción y promoción de grupos no alcanzados.
Promocionar, reportar y financiar AUP requiere decisiones al nivel de liderazgo.
3. Intercesión. La intercesión debe de ser bien enfocada. Sugerimos los siguientes motivos clave
para la intercesión:
Escoger el grupo que se va a adoptar
El respaldo de la congregación
Intercesores comprometidos con los no alcanzados
La penetración y aceptación del Evangelio por el grupo adoptado
El compromiso firme de la iglesia con la evangelización del grupo
adoptado
4. Compromiso a largo plazo. El proyecto Alcance un Pueblo requiere un compromiso a largo
plazo. Es una decisión que debe tomarse con oración y ayuno, mientras se va orientando e instruyendo
a la congregación hacia un compromiso responsable y fiel.
5. Trabajo integrado. Debido al compromiso de largo plazo, un proyecto de AUP tiene que
integrarse en la vida total de la congregación: en la alabanza, el discipulado, la predicación, la enseñaza
bíblica, y en todo lo demás. AUP no puede ser una cosa que se hace de vez en cuando, como si fuera un
ente extraño a la vida normal de la iglesia. Es todo lo contrario. Cuando la iglesia se involucra
efectivamente en las misiones a los no alcanzados, la congregación es motivada a orar más, a
evangelizar a sus conocidos y amigos, a ofrendar más, a dedicarse más en la obra redentora de Dios.
6. Investigación. A través de misioneros o agencias misioneras, se puede conseguir más
información sobre grupos no alcanzados. Información constante significa motivación renovada para
que todos sigan participando en el proyecto.
7. Instrucción sólida. La iglesia entera necesita estar bien informada e instruida a cerca del grupo
adoptado. En las clases bíblicas, en boletines, carteles, teatro, conciertos de oración, u otras actividades
se puede promocionar el proyecto AUP. Con creatividad se puede ofrecer una buena instrucción a los
miembros de la iglesia.
8. Apoyo económico. Alcanzar un pueblo tiene su costo material en cuanto a ofrendas de fe y
alcancías misioneras. El comité de misiones, y el coordinador de AUP, en especial, debe de estar
informado de las necesidades del trabajo misionero desarrollado entre el grupo adoptado. Lejos de ser
un peso para la iglesia local, la motivación de cooperar con la obra misionera a menudo fortalece las
finanzas de la congregación.
9. Metas y evaluación. De tiempos en tiempos, se necesita evaluar el andamiento del proyecto
AUP. Sugerimos las siguientes preguntas para guiar la evaluación:
¿Qué quiere lograr la iglesia con AUP en el primer año?
¿Qué metas hemos logrado como iglesia en el desarrollo del programa hasta la fecha?
¿Qué metas queremos lograr para el próximo año en AUP?
Misión: Un proyecto que involucra a todos
Alejandro Rodríguez
Adaptado de Alejandro Rodríguez, Cómo emprender un proyecto de fe sin morir en el intento. Miami, Florida:
Vida, 1999:147–159.
CUANDO PENSAMOS EN VISIÓN , O PROYECTOS, tenemos una tendencia natural a mirar lo que podemos
hacer dentro de nuestro medio geográfico y cultural. Sin embargo, con mucha alegría tenemos que
reconocer que Dios en estos tiempos está derramando una visión en su iglesia que va mucho mas allá
de fronteras geográficas y raíces culturales.
Hablamos de misiones porque creo que muchos de los proyectos y de las visiones que comenzarán
a desarrollarse en estos próximos anos tendrán una relación directa con la evangelización mundial y
con la participación de todas nuestras iglesias en proyectos misioneros. En una visión que mueve
personas de todas las naciones hacia todas las naciones, que pace madurar al cuerpo de Cristo hasta
comprender lo que realmente significa: “porque de tal manera amó Dios al mundo” (Jn. 3:16).
El Espíritu Santo está inspirando a su Iglesia a mirar hacia los confines de la tierra, y si queremos
ser hombres y mujeres de visión, tendremos que poner nuestros ojos más allá de lo que percibimos
habitualmente. Miremos más allá de nuestras paredes, de nuestros problemas, más allá de nuestras
iglesias y fronteras—hasta los confines de la tierra.
COMIBAM 97 y las misiones iberoamericanas
A finales de octubre de 1997 se realizó el segundo congreso de COMIBAM, en la ciudad de Acapulco,
México, donde se evidenciaron los
cambios de mentalidad, visión y corazón que el Espíritu Santo está produciendo en la iglesia
latinoamericana. Le damos las gracias a Dios por todos los misioneros que han venido a nuestro
continente y por los que seguirán viniendo. Pero ahora podemos ver como el Señor está enviando a
muchos Fernández, González, Pérez, Rodríguez, Silvas y tantos otros, a alcanzar a los no alcanzados.
Me gustó mucho la expresión que una vez escuché: “Misión es personas que envían a personas para
alcanzar personas.” En otras palabras, la visión misionera no solo implica a los que se alcanzarán y a
los que se enviarán, sino también a toda esa maravillosa Iglesia que se constituirá en fuerza enviadora.
Si usted es un visionario o un pionero o un colaborador de alguna manera, le animo a que sea una
persona de visión amplia. No se olvide de las naciones; inclúyalas en su visión, sea cual fuere, porque
este llamado misionero de Dios sobre la iglesia latinoamericana sigue creciendo cada día más.
Cuando pensamos en la posibilidad de realizar algún proyecto misionero, viene a nuestra mente un
bombardeo de argumentos: ¿Con cuales
recursos? ¿Cómo pensar en tan lejos si ni siquiera podemos cubrir las necesidades más cercanas? ¿Y el
idioma, y la recolección del dinero, y el
envío, y la estrategia?
Esto se agudiza más aun cuando pensamos en proyectos que implican grandes distancias, en
especial cuando hay muchos elementos que escapan a nuestro control. Por supuesto que nos sentimos
mucho más seguros al planificar un trabajo en nuestro barrio, ciudad o aun en nuestro país, pero idearlo
en otras fronteras donde todo es distinto, nos parece imposible de lograr.
Los sentimientos y argumentos contra los que más luchamos ante todo proyecto transcultural están
cimentados en la debilidad de la actitud que dice, “no se puede”. Una cosa es pensar en enviar a un
evangelista a otro pueblo o aldea dentro de nuestro territorio, donde hablan el mismo idioma, usan la
misma moneda, donde las comunicaciones son más accesibles y ante cualquier emergencia podemos
traerle de vuelta con nosotros. Otra cosa, bien distinta, es enviar nuestros obreros a otras naciones
donde hay necesidad de visas, pasaportes, vacunas, aprender un nuevo idioma, altos costos de pasajes
en avión, sin hablar de las extrañas costumbres de la gente local. El desafío, en todos sentidos, es
mucho mayor.
Así que, en vista de las dificultades y burocracia de proyectos misioneros transculturales, ¿qué
razón tenemos para involucrarnos en todo eso de las misiones? ¿Qué encontramos en la Palabra de
Dios a cerca de este tema tan importante para la redención del mundo?
Dios tiene un fondo exclusivo para las misiones
La siguiente es la lección que aprendió un querido pastor que nos contó lo sucedido en su iglesia.
Estaban en pleno proyecto de construcción del templo, por lo que en cada culto al levantar las ofrendas
hacia énfasis especial en que las hicieran con generosidad y sacrificio para que la visión se concretara.
Así lo hizo también aquel domingo en el que nunca se imaginó que Dios tuviera un proyecto mayor que
el suyo.
Estaba presente en esa reunión un misionero que trabajaba con un grupo de otra cultura, quien,
además, no tenía el aspecto de un “gran siervo de Dios”‘. Era muy tímido y vestía con ropa muy
modesta. Su apariencia no era nada llamativa y cuando le dijeron al pastor que este misionero estaba
presente, en un gesto de bondad y de apoyo hacia el misionero, el pastor le concedió unos minutitos
para que el misionerito diera un saludito. El pobre misionero lo hizo con mucha sencillez, relatando en
pocas palabras algo de lo que era su ministerio entre los nacionales de aquel otro lugar. Pronto finalizo
y ocupó su lugar en la congregación.
Luego, cuando el pastor subió de nuevo a la plataforma, preguntó a la iglesia: “¿Qué les parece si
levantamos una ofrenda de amor para ayudar a este misionero, aunque sea para sus viáticos?”
Los hermanos comenzaron a ofrendar y algo se liberó en el ambiente. Cuando el tesorero y los
ujieres contaron la “ofrendita” que se levantó para este misionero, reconocieron que había sido muy
superior a la que el pastor con todo su empeño había levantado para la construcción del templo.
Imagínese la sorpresa de los líderes, además del reto de decidir qué hacer con las misiones, de aquel
punto en adelante.
Dios tiene una caja fuerte disponible solo para misiones, que no se abre a menos que se la utilice en
proyectos que puedan hacer llegar el Evangelio a los no alcanzados. Como leemos, “Mía es la plata, y
mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hag. 2:8).
Los latinos y las misiones
Quiero animarle a buscar a Dios intensamente a fin de participar de lleno en proyectos misioneros, sea
para ir o para apoyar a los que Dios envía a los campos. En nuestros tiempos, Dios ha visto como una
de las mayores prioridades la de levantar una fuerza misionera desde nuestras iglesias hacia el resto del
mundo.
Dios es el especialista en acortar las distancias geográficas, ligando naciones a nuestro corazón. Él
es el especialista en suministrar lo que falta, abriendo puertas para llegar a los pueblos que hasta hoy no
tienen testimonio del evangelio. Y más aun, Dios es el especialista en transformar la debilidad en
autoridad y la limitación en inspiración para que muchos otros puedan creer y abrazar los sueños que
Dios tiene para su Iglesia.
Si le parece dudoso esto que estoy diciendo, escuche el siguiente relato.
Me encontraba en la ciudad de Douala, Camerún, en África Occidental, dando un seminario para
pastores y lideres. Había tanto interés y tanta sed de Dios, que el programa era más que intenso durante
la mañana, la tarde y, por supuesto, cada noche. Era muy emocionante ver con que atención acogían
cada palabra que escuchaban. Su hermosa hospitalidad y su amor eran muy genuinos.
En uno de los recesos, cuando estábamos finalizando el almuerzo, sentado a nuestra mesa estaba
uno de los pastores más ancianos de Camerún y de los patriarcas a quienes los otros pastores llaman
baba pasteur—padre pastor. Era verdaderamente como un padre para los demás pastores, un hombre
sencillo, pero con reflexiones muy profundas.
Me acompañaban varios pastores y misioneros de América Latina que estaban empezando sus
ministerios en África. Este pastor había escuchado acerca de todas las historias y anécdotas y de todo el
esfuerzo que habíamos hecho para llegar hasta su país—venta de ropa, empanadas y ofrendas
especiales que muchos hermanos en Ibero América dieron para que el viaje fuera una realidad.
Nosotros no estábamos conscientes de todo lo atentamente que nos
observaban hasta que en la sobremesa, mientras tomábamos el té, este varón de Dios comenzó a hablar.
Y nos dijo:
Durante muchos años, pastores y predicadores de otras naciones han venido aquí a Camerún para bendecir a
nosotros. Por supuesto, la gran mayoría de ellos provenía de Europa y Norteamérica. Habían invertido tiempo,
esfuerzo y dinero para ayudar al crecimiento de la iglesia africana. Esto nosotros siempre lo apreciamos mucho.
Fueron valiosos hombres y mujeres de Dios que nos animaron, nos dijeron que podíamos lograr grandes cosas
para Dios, como lo hacían ellos. No obstante, era para nosotros muy difícil creerles en toda su dimensión, porque
la realidad de estas personas era muy distinta a la nuestra. Sabíamos que regresarían a sus casas con sus tarjetas
de crédito, su situación económica resuelta, sus autos, su seguro médico pagado, su jubilación. En otras palabras,
contaban con recursos que nosotros nunca habíamos tenido. Por lo tanto, su concepto de fe era un poco
inalcanzable para nosotros.
“Sin embargo”, dijo el anciano, “ahora los veo a ustedes que provienen de situaciones muy
similares a las nuestras”. Y continuó:
Ustedes llegaron aquí con muy poco dinero, e incluso nos necesitan a nosotros para cubrir sus urgencias y
desarrollar la obra en medio nuestro. No tienen su futuro, como habitualmente se dice, pero aun así están aquí. Y
al verles a ustedes puedo decir: ¡Ahora si puedo creer! Dios puede levantar una fuerza misionera también desde
aquí, desde África, para bendecir a otros pueblos. Si Dios lo está haciendo con los latinoamericanos, puedo creer
que El también lo hará con nosotros, los africanos.
Me quedé paralizado. Se me puso la piel de gallina al escuchar a este gran varón de Dios. Y yo que
había querido llegar a África con todo resuelto—programas armados, abundantes finanzas para
alquilar, comprar, hacer esto y aquello. Nunca me hubiera imaginado que sería nuestra limitación lo
que más iba a bendecir a la iglesia africana, lo que los animaría a creer que tambi6n ellos pueden
emprender proyectos de fe y ver el poder de Dios manifestado en su medio. Y entendí que no existe un
Tercer Mundo dentro de la voluntad de Dios—solamente un pueblo que cree en él y le obedece.
Si usted en realidad quiere ver los grandes milagros de Dios, sumérjase en proyectos misioneros. Se
sorprenderá cuando vea como, aun en medio de la dificultad, Dios le abrirá puertas maravillosas. Como
dijo alguien, “lo que no se puede no es posible hasta que alguien lo hace posible”.
Quiero ser parte de esta generación que en Dios hace proezas, que en Él hace posible lo que parecía
imposible. Hoy tenemos este gran desafió, que no es nuevo. El apóstol Pablo ya lo declaraba en su
carta a los Romanos:
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y
cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Qué
hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Ro, 10:14–15)
Es cierto que luchamos contra nuestra historia, e incluso contra nuestras propias debilidades,
cuando queremos enrolarnos en proyectos misioneros a corto o largo plazo. Enseguida nos creemos la
mentira que dice, “no sabemos, no tenemos, por lo tanto no podemos”.
Los latinoamericanos somos por lo general muy dependientes de todo lo que conocemos. Estamos
arraigados fuertemente al medio, la familia, el trabajo. Luchamos con nuestros temores—el futuro, la
opinión del otro, los cambios y el fracaso. Debemos reconocer y poner bajo la cruz de Cristo a la
inestabilidad emocional, la inconstancia (vivir de acuerdo a los resultados), la inseguridad en la toma
de decisiones y los complejos de inferioridad que son características nuestras. Asimismo debemos
permitir que el Señor utilice nuestras capacidades tales como nuestra capacidad de improvisación, el
denuedo en la evangelización, una actitud de compromiso y capacidad de sacrificio para las cosas de
Dios.
Nuestros pueblos tienen ciertas similitudes con las regiones menos
alcanzadas por el Evangelio—en términos étnicos, culturales, económicos. Hemos aprendido a
desarrollar una fe práctica y sencilla, a través de enfermos que sanan, personas liberadas de demonios,
y el milagro de
sobrevivir en nuestros países. Y, por supuesto, hemos demostrado un espíritu hospitalario que hace que
las relaciones predominen por sobre la tarea—algo común en la mayoría de los países menos
evangelizados donde los vínculos afectivos tienen una prioridad fundamental.
En los últimos cincuenta anos, más de cien países se independizaron
mediante movimientos nacionalistas. Gran parte de ellos están ubicados geográficamente entre los
menos evangelizados del mundo. Por tanto, poseen una mayor disposición de recibir misioneros
provenientes de países que, como los nuestros, no sean sinónimos de potencia ni dominación.
Áreas de involucramiento en la misión
Quisiera presentar algunas posibilidades en cuanto a ciertas cosas que podemos hacer desde nuestros
respectivos lugares con relación a la obra misionera. Estas son algunas sugerencias de como podemos
participar en distintas esferas del trabajo misionero y desarrollar diferentes proyectos de fe según los
dones y habilidades que el Señor haya puesto en cada uno de nosotros.
1. Movilizadores
Son la gente que motivan a la obra misionera. Están en su propio país, pero establecen relaciones entre
los que están en el campo misionero y el resto de la iglesia. Tienen cierta capacidad para trabajar en
relaciones públicas. Les gusta tratar con gente, son fuente de inspiración y siempre están animando a
los demás. Dan conferencias, organizan campamentos, promueven las misiones a través de la radio y la
televisión y exhiben videos y películas sobre el tema. En fin, promueven toda clase de actividades que
motivan a otros a sumarse a la Gran Comisión.
2. Entrenadores
Hay misioneros que han sido más eficaces a su regreso del campo que en todos los años que
permanecieron “en el frente de batalla”. Hemos visto siervos fieles en el campo de misión que no
lograron los resultados esperados. Sin embargo, al regresar después de algunos años, poseen una gracia
especial para comunicar la visión misionera y preparar a otros para la obra transcultural.
También hay personas que tienen la visión de abrir centros de capacitación misionera, sin haber
salido nunca al campo de misión. Estos poseen la capacidad de formar la estructura necesaria y
convocar a los que tienen la experiencia para preparar a otros.
3. Mantenedores
Quizá lo suyo no sea desarrollar un proyecto de plantar iglesias en tierras remotas, pero si puede visitar
a los misioneros, ver las necesidades del campo y adquirir la visión. Puede, además, descubrir la
oportunidad y regresar a su país para organizar actividades que generen recursos y así su iglesia y
denominación pueden apoyar la obra misionera.
Estas personas son clave para el desarrollo de todo proyecto misionero y todavía están muy
desapercibidas dentro del Cuerpo de Cristo. Recuerdo cuando mi hermano Carlos, quien está dedicado
a los negocios, visitó en su lugar de servicio a varios misioneros. Ofrendó con generosidad y preparó
un proyecto llamado “Misiones cien por cien”. Este proyecto consistía en reunir a cien comerciantes
que estuvieran dispuestos a ofrendar cien dólares mensuales para apoyar a los misioneros. ¡ Podemos
ser creativos y aprovechar las muchas oportunidades que Dios nos da si queremos hacer parte del
proyecto misionero de Dios!
4. Intercesores
Hay personas que nunca van a plantar una iglesia, tampoco son buenos predicadores, ni tienen la más
mínima idea de como generar finanzas. Quizá no saben como capacitar a otros—pero tienen una gran
carga en su corazón por la obra misionera. No hay otros como ellos para doblar las rodillas a favor de
los no alcanzados y para motivar a muchos a transformarse en intercesores por las etnias y por los
misioneros que ministran en ellas.
Si usted es una de estas personas con tan maravillosa inquietud, puede iniciar células de intercesión
misionera en su iglesia y en su hogar. Sin intercesión, la obra misionera no puede avanzar y destruir las
fortalezas del enemigo.
En estos últimos años están surgiendo muchas iniciativas que nos están llevando a una nueva
dimensión en cuanto a la intercesión y guerra espiritual. Cumplen un papel estratégico en la batalla en
contra de las trincheras de Satanás, quien mantiene las etnias bajo cadenas hasta que un poder más
fuerte se le enfrente y el Nombre de Cristo sea exaltado entre las naciones.
5. Logística
En este punto incluyo lo que por lo general se conoce como el trabajo de una agencia misionera. Tiene
que ver con cartas, giros, información actualizada, tareas de oficina, publicaciones, y todo lo demás.
Hay personas que tienen la habilidad de desarrollar una estructura administrativa, poniendo cada
cosa en su lugar, diagramando proyectos, estableciendo metas, concentrándose en tareas específicas,
llevando adelante un orden contable. En otras palabras, personas así tienen la capacidad de concretizar
la estructura visible de una visión misionera. La existencia de este tipo de personas hace que muchos
proyectos se conviertan en realidad, a la vez de quedarse en la mitad del camino.
6. Asistencia pastoral
Recientemente estuve en África visitando algunos de nuestros misioneros y predicando en varias
conferencias. Sabia que una de las misioneras, que cumplía un año de trabajo de campo, se encontraba
bastante enferma. Hacía varias semanas que padecía de un fuerte dolor en su espalda.
Los líderes de su iglesia animaron a su pastor a que me acompañara en un viaje para evaluar la
situación y decidir si la regresarían a su país de origen. Cuando llegamos, el estado de salud de la
misionera había empeorado bastante. Los fuertes dolores lumbares la obligaban a dormir en el piso y a
caminar con la ayuda de una muleta. Mientras estuvimos allí, los médicos determinaron que Lucy—así
se llamaba—debía regresar a Argentina. Esto hizo que ella irrumpiera en llantos de dolor y tristeza por
tener que abandonar su tierra prometida.
Su pastor, antes de comenzar con los preparativos de regreso, oró por ella y empezó a ministrarle
con la Palabra de Dios. Le leyó las Escrituras y la ungió con aceite. Transcurridos algunos minutos,
Lucy comenzó a experimentar un calor sobrenatural sobre todo su cuerpo. Dios había comenzado a
ministrar en lo más íntimo de su vida, y de repente recibió una sanidad completa y milagrosa. Lucy
podía bajar y subir las escaleras, levantar cosas pesadas y hasta ayudó a su pastor a preparar sus
maletas para el regreso. Al final, gracias a la mano misericordiosa de Dios, Lucy permaneció en su
tierra prometida. ¡Qué importante fue para ella y para su ministerio la presencia de su pastor en el
lugar! ¡Cuánta autoridad de Dios experimentamos en este viaje!
Esto no necesariamente implica que solo los pastores deban visitar a los misioneros en el campo—
aunque esto es imprescindible. Este es un ministerio que incluye a todos los que tienen una vocación
pastoral y puedan dedicar un tiempo para visitar, consolar y animar a los que están en la tarea de
misiones.
Recuerdo cuando mi mamá, con sus setenta anos, viajó por un mes y medio a España y el norte de
África para visitar a los misioneros que allí estaban. Ella les cocinaba sus comidas preferidas, les
brindaba su apoyo, colocaba su hombro para que lloraran y los acompañaba en sus actividades diarias.
Un modelo nuestro—El ministerio RAIM
Quiero ilustrar algunos de los puntos mencionados en este artículo, refiriéndome a los comienzos del
ministerio RAIM—Red de Apoyo Integral al Misionero. Es un proyecto que Dios ha bendecido en gran
manera.
En 1992 una misionera que se preparaba para ir al norte de África oraba por contar con cuarenta y
cinco mujeres que la apoyaran tanto en oración como con diez dólares mensuales cada una, para así
completar los cuatrocientos cincuenta dólares que necesitaba cada mes para permanecer en el campo
misionero. Durante esos días esta joven conoció a Naty Krikorian, quien además de ser una fiel
creyente y ama de casa, estaba siendo animada por el Espíritu Santo para participar de una forma
intensa y personal en el apoyo a la obra misionera. No sabía con exactitud que hacer ni como hacerlo,
pero los pasajes de Isaías 54 (“ensancha el sitio de la tienda”) y Lucas 8 (“las mujeres que servían a
Jesús con sus bienes”) sonaban con fuerza en su corazón.
El pedido de esta misionera fue la plataforma de lanzamiento para que Naty, junto a muchas otras
hermanas, comenzara a formar grupos de intercesión por las misiones, compuestos por mujeres y unos
pocos hombres de diversas iglesias y denominaciones. Estos grupos empezaron a reunirse por zonas
geográficas, adoptando un misionero y clamando a Dios por su vida, además de aportar cada uno de los
participantes un mínimo de diez dólares mensuales para su sostén.
Estas reuniones también fueron útiles para leer y responder las cartas de los misioneros. Les
enviaban regalos en sus fechas de cumpleaños y procuraban ayudarles en todo lo necesario desde sus
propios hogares. Después de un tiempo, estos grupos RAIM comenzaron a multiplicarse por contagio y
contacto personal, sin mucha publicidad, sirviendo a su vez de inspiración para muchas iglesias, las
cuales iniciaron luego sus departamentos misioneros.
Más que como una organización, la idea creció como una visión, al convertirse—como a ellas les
gusta decir—en “una manera practica y sencilla de hacer misiones”. En la actualidad su alcance se ha
extendido a muchos misioneros que sirven en España, India, Cuba, Guinea Ecuatorial, Camerún y
Turquía, entre otros. No se han limitado únicamente a la intercesión y al apoyo económico, sino que,
además, se ocupan de que al regresar a su país los misioneros tengan un lugar para descansar e iglesias
para visitar y compartir a cerca de su trabajo.
Lo que comenzó a partir de la necesidad de una misionera y la visión de un ama de casa se
transformó en un movimiento de cientos de mujeres que hoy día bendicen a muchos misioneros
alrededor del mundo. Es también una inspiración para nosotros.
¡Mujeres… mujeres!
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Leemos en las Escrituras que en Cristo las relaciones entre los seres humanos cambian. Pablo nos dice
que “en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede
del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1 Co. 11:11–12).
A estas alturas de mi artículo, yo creo que no haría falta hacer alguna mención acerca del papel tan
trascendental que tiene la mujer en la consecución de toda visión dada por Dios. ¿Alguna vez se
preguntó cuantos dones de los que Dios ha dado a la mujer deberían utilizarse en su obra? ¿Algunos o
todos?
Hay muchas hermanas que tienen preciosos dones de liderato. Son visionarias, facilitadoras,
pioneras, creativas, pero que por distintas razones no llevan adelante la visión que Dios colocó en sus
corazones. Esta actitud se debe a distintas ideas, como por ejemplo:
Una mala interpretación bíblica del papel de la mujer
Complejos de inferioridad
La desvalorización de los hombres
La feroz competencia de otras mujeres
A veces utilizamos elementos bíblicos fuera de contexto para relegar un llamado de Dios sobre la
vida de nuestras hermanas. Si tuviéramos presente que sesenta y cinco por ciento de toda la fuerza
misionera del mundo está compuesta por mujeres, y si tomáramos en cuenta todo lo trascendental que
fueron las vidas de algunas de ellas para personas y naciones registradas en la Biblia, pensaríamos muy
diferente.
Por ejemplo, consideremos a Débora, que fue líder en Israel. Antes de ir a la batalla contra los
enemigos del pueblo de dios, Barac, el jefe de los ejércitos israelitas, le dijo: “Si tu fueres conmigo, yo
iré; pero si no fueres conmigo, no iré” (Jue. 4:8). Y ganaron la batalla.
Mencionemos también a la reina Ester, cuya intervención salvó a una nación entera. Y hablemos,
además, de las mujeres que seguían a Jesús sirviéndole con sus bienes (Lc. 8:2–3).
¿Y que podríamos decir de las colaboradoras de Pablo? Entre los nombres que aparecen registrados
en Romanos (16:1–12) están los de Febe, Priscila, Maria, Trifena, Trifosa y Persida. En la Biblia se
mencionan otras tantas mujeres. El Espíritu Santo ha utilizado con poder a muchas mujeres de dios, a
través de toda la historia del cristianismo, y por supuesto, también en nuestros días.
Quiero retar a las hermanas que están leyendo este artículo a que respondan positivamente al
llamado de dios en sus vidas. Si Dios les ha dado dones, no hay excusa para restringirlos. Los dones de
Dios son dados para bendecir al Cuerpo de Cristo y extender el Reino de Dios en medio de las
naciones. En cuanto a nosotros, los varones, debemos reconocer que no siempre les hemos brindado el
apoyo y animo necesarios para que estas mujeres de Dios alcancen los propósitos que el Señor les ha
llamado a conquistar.
El futuro de la iglesia
Por lo general, al referirnos al futuro de la Iglesia, lo hacemos para describir la generación de niños,
adolescentes y jóvenes. Sin embargo, llama mucho la atención observar que el Espíritu Santo, en
nuestros días, está derramando una unción tan especial sobre ellos, que nos vemos obligados a afirmar
que para Dios esta nueva generación constituye el presente de la iglesia. Son los que hoy están
marcando una diferencia, quienes antes de ser entretenidos y protegidos en una burbuja—para no irse al
mundo—, necesitan que se les desafíe para ocupar su lugar como protagonistas en la Gran Comisión.
Dios está usando a esta generación a través de milagros, sanando enfermos, profetizando, obrando
en ministerios de adoración y evangelización. En estos últimos años, observamos el surgimiento de
diversos ministerios llevados a cabo por niños de todas las edades. Esta nueva generación necesita de
nuestro ánimo y apoyo. Hay que dejar de mirar con nuestros propios ojos lo que muchas veces
denominamos como inmadurez, y podamos visualizar todas las expectativas que Dios tiene para con
ellos.
¿Quiénes podrán sonar los sueños de Dios?
¿Quiénes podrán participar
y llevar adelante los negocios de nuestro Padre?
¿Quiénes recibirán el llamado a vencer gigantes?
¡Todos y cada uno de nosotros!
¡Todo el pueblo de Dios!
Hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos.
Todos los que están dispuestos a creer y obedecer al Espíritu Santo.
Los que miran con los ojos de Dios
y que en humildad
se animan a caminar sobre las aguas.
Esta es nuestra hora, la de tomar la herencia que Dios tiene preparada para cada uno de nosotros.
No desestime la visión que tiene en su corazón, aunque a sus ojos le parezca algo muy pequeño a
insignificante. Dios no lo mira así. Cuando mis hijos lucieron sus primeros dibujos sobre papá y
mamá—con sus trazos tan infantiles y rústicos, colocando un pie al lado de un cuello o con los ojos
mayor que las manos—estos dibujos fueron para mí la mayor obra de arte que he admirado.
Conmovieron lo más íntimo de mi corazón. Los puse frente a mi escritorio para que todos observaran y
elogiaran lo que mis hijos habían hecho. ¿ Dónde estaba el valor? No era precisamente en la estética de
la obra, sino en que eran la expresión de amor de mis hijos hacia su papi. ¡ Cuanto más nuestro Padre
celestial apreciará y valorará nuestros primeros trazos, los proyectos motivados por nuestro amor hacia
Él! ¡Dios nos tiene en gran estima!.
Recuerde la frase de William Carey: “Emprenda grandes cosas para Dios y espere grandes cosas de
Dios.”
Apendices
Pacto de lausana
Introducción
Como miembros de la Iglesia de Jesucristo, provenientes de más de 150 naciones, que hemos
participado en el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial en Lausana, alabamos a Dios
por su gran salvación y nos regocijamos en la comunión que nos ha dado consigo mismo y del uno para
con el otro. Impulsados al arrepentimiento por nuestros fracasos, y desafiados por la inconclusa tarea
de la evangelización, nos sentimos profundamente conmovidos por las cosas que Dios está haciendo en
nuestros días. Creemos que el Evangelio es la buena nueva de Dios para todo el mundo, y por su gracia,
estamos decididos a obedecer la comisión de Cristo, de proclamarla a toda la humanidad, y hacer
discípulos de todas las naciones. Deseamos, por lo tanto, afirmar nuestra fe y nuestra resolución y hacer
público nuestro pacto.
1. El propósito de dios
Afirmamos nuestra fe en un solo Dios eterno, como Creador y Señor del mundo, Padre, Hijo, y Espíritu
Santo, que gobierna todas las cosas según el propósito de su voluntad. Él ha estado llamando, del
mundo, un pueblo un pueblo par sí, y enviándolo al mundo como siervos y testigos suyos, para la
extensión de su Reino, la edificación el cuerpo de Cristo y la gloria de su Nombre. Confesamos con
vergüenza que a menudo hemos negado nuestro llamamiento y fallado en nuestra misión,
conformándonos al mundo o separándonos de él. Sin embrago, nos regocijamos de que, aunque en
vasos de barro, el Evangelio sigue siendo un precioso tesoro. A la tarea de dar a conocer ese tesoro, por
el poder del Espíritu Santo, deseamos dedicarnos de nuevo.
Isa. 40:28; Mat. 28:19; Ef. 1:11; Hech. 15:15; Juan 17:6, 18; Ef. 4:12; 1 Cor. 5:10; Rom. 12:2; 2
Cor. 4:7
2. Autoridad y poder de la Biblia
Afirmamos la divina inspiración, fidelidad y autoridad de las Sagradas Escrituras del Antiguo y del
Nuevo Testamento, sin error en todo lo que aseveran, y que son la única norma infalible de fe y
conducta. Afirmamos también el poder de la Palabra de Dios para cumplir su propósito de salvación. El
mensaje de la Biblia se dirige a toda la humanidad, puesto que la revelación de Dios en Cristo y en las
Escrituras es inalterable. Por medio de ella el Espíritu Santo sigue hablando hoy. El ilumina la mente
del pueblo de Dios en cada cultura, para percibir la verdad nuevamente con sus propios ojos, y así
muestra a toda la iglesia más de la multiforme sabiduría de Dios.
2 Tim. 3:16; 2 Pedro 1:21; Juan 10:35; Isa. 55:11; 1