Crónicas Vordrákus I

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Crónicas Vordrákus I
J. S I U L
PEÑA
CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
J.
SIUL
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CRÓNICAS
I
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Crónicas Vordrákus I
Subrepticio
Nueva Versión.
JJ. S I U L P E Ñ A
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Título Original; Chronica`s Vordrákus I Subrepticio;
Escrito por: Jorge Luís Peña Salazar, bajo el seudónimo de J. Siul Peña
Publicado a nivel social por primera vez; 18 de Diciembre de 2010
Segunda Reedición; 18 de Abril de 2010
Ilustración y Diseño de la cubierta: J. SIUL PEÑA
Copyright Novela Crónicas Vordrákus I Subrepticio; Diciembre 2009
Copyright J. Siul Peña, Agosto 2007
El copyright y la Marca registrada del nombre del titulo
“Vordrákus: Subrepticio”
de todos los demás nombres propios y personajes,
así como de todos los símbolos y elementos relacionados,
son propiedad de:
J. SIUL P E Ñ A.
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibido, sin la
autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones
establecidas de las leyes, la producción parcial o total de esta obra por cualquier
medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así
como la distribución de ejemplares o préstamo públicos.
Edición Especial
Editorial: “Peña/S.”
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Éste libro está dedicado a mis
amigos quien sin su presencia en este
mundo, jamás me hubiese inspirado en
crear a estos audaces personajes
protagónicos …Karla, Tonatiuh, Alma,
Esmeralda, Alejandro y Martín.
También a mi hermano Jorge que
gracias a su entusiasmo y opiniones la
escuchó primero. Y por su puesto para
alguien muy especial, Sofía.
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PRIMERA PARTE
Destino
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Prefacio
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S
i ellos nunca hubiesen descubierto aquella puerta y la hubieran atravesado,
probablemente no hubieran llegado hasta aquí y nosotros no hubiéramos sido los
humanos desafortunados en descubrir su secreto. Ese secreto que podría acabar con
los de nuestra especie en una guerra entre Humanos y Vordrákus.
Ahora a causa de eso íbamos a pagar muy caro.
Las distintas apariciones de aquellas criaturas fueron suficientes para
comprender que todo era real, incluso, aunque pareciera una pesadilla
descabellada… entonces lo comprendí todo, ellos habían sido los causantes de
todos los accidentes, desapariciones y desastres en los que había sido expuesta la
ciudad, y nosotros ni siquiera teníamos la alternativa de poder hablar de esto ante la
comunidad humana. No había opción. Debíamos de callar y esperar un buen plan.
Tres gabardinas largas se extendieron como capas hacia los lados en medio
del claro. Después… se suspendieron en el aire perdiéndose entre giros en el
bosque para posteriormente esfumarse como torbellinos negros. Desapareciendo.
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Depredador
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H
abía relampagueado esa madrugada en la bóveda oscura del cielo, y el hombre
juró haber vislumbrado una imagen fluida y rápida que pasó en forma de sombra
negra por entre los costados de las veredas sinuosas.
Envuelto en una chamarra de mezclilla y sujetando un morral blanco de franela,
el hombre avanzaba hasta su hogar donde le esperaban su madre, esposa y dos
pequeños hijos.
Pese a los rugidos del cielo y la amenazante tormenta, entre las nubes espesas y
negras aún quedaba un hueco por donde la luz de la luna llena chorreaba el sendero
desierto.
El hombre cuarentón se detuvo cauteloso y sujetó con la mano derecha el
crucifijo de plata que estaba sostenido por una cadena del mismo material que
reposaba en su pecho.
Estaba cansado, todo el día había trabajado en Ciudad Guzmán en la
construcción de la plaza de las fuentes, cuyo proyecto se había prolongado y casi
terminaba el tiempo en que los arquitectos e ingenieros tenían que entrarlo. Fue por
ello la razón que hacía que los trabajadores se dividieran en tres grupos, uno para
trabajar por la mañana, otro por la tarde, y otro más por la noche.
Su turno había terminado y un par de compañeros le habían dado raite hasta el
grullo, una ranchería fuera de la ciudad y justo frente a una pequeña y angosta
barranquilla en donde los autos no podían atravesar.
Faltaba poco para llegar a su destino. Dejó de respirar en vano, intentó saber si
los murmullos guturales y huecos que escuchaba provenían de su boca o nariz.
Temió mirar hacia los lados cuando comprendió que no venían de él.
Era un hombre valiente, pero incluso la valentía se le arrebataba desde lo más
profundo de él.
Reanudó su trayecto pero ésta vez con pasos más largos, escuchándose
entonces solamente los sonidos secos de sus pisadas entre el pasto y rocas.
Los árboles de los lados eran muy verdes y altos, pero de noche lejos de estar
verdes parecían estar bañados con chapopote.
Los gritos del silencio comenzaban a prodigarse a través del laberinto frío y
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atezado.
Una vez más el hombre se detuvo. Resolló y se quedó completamente inmóvil,
tan tieso que podría haber sido de piedra. Un rugido cerca del claro refregó un
destello de terror y de muerte justo donde el hombre reposaba parado con los ojos
bien abiertos y encasquetados en el hueco de la oscuridad.
¿Un animal? Los había claro que sí, y no muy tarde se quedó convencido de que
se trataba de un peligroso lobo cuando éste comenzó aullar.
Trotó tan deprisa que repentinamente el trote se había convertido en una carrera
de atletismo. El oxigeno de ese lugar comenzó a tambalearse, un cambio abrupto y
voraz. De pronto la energía que expulsaba el terreno se extendió como una sabana
oscura.
El hombre se sofocó, y su respiración farfulló.
Aparecieron nuevos gruñidos y aullidos. Ésta vez de perros y de gatos.
—¡Dios mío!— exclamó el hombre sin pensar verdaderamente en Dios
cuando un nuevo rugido chasqueó desde las honduras más huecas del claro con
ecos interminables.
Otros ruidos y sonidos en forma de destellos negros abarrotaron sus oídos. Su
corazón se aceleró peligrosamente, casi sufrió de taquicardia. Padecía del corazón, y
el nuevo ambiente y temperatura no le benefició en nada.
El hombre se tambaleó hasta que cayó al suelo y perdió su morral. El aire
apareció más fuerte y más frío. Algo seguía pasando con el oxigeno que no dejaba de
descender provocándole al hombre insuficiencia para respirar.
De pronto sintió la presencia de algo más, primero fueron un montón de
animales que aullaban y se lamentaban mientras corrían pasando muchos arriba de
él, como si huyeran de un temible depredador.
La tromba de viento deshojó a los árboles y al menearlos casi tocaban el suelo.
¿Por qué el oxigeno se iba, y al mismo tiempo había fuertes ráfagas de viento? Un
montón de piedras le pegaron en su cara mientras el polvo del suelo se levantaba
atormentado. El hombre estaba aterrado, y su respiración casi ya no le permitía
pensar.
De pronto su corazón casi le reventó cuando muy cerca de su cara miró un
rostro blanco muy horrible que emergió de la nada, yacía parado con un par de
destellos rojos como la sangre, debían de ser sus ojos. El espectro de la horrible cara
blanca con los pómulos hundidos de pronto comenzó a moverse como el viento,
perdiendo de esa manera su figura, tan de prisa que sólo se podía escuchar un bufido
y una sombra que volaba por su alrededor. Parecía traer una toga larga negra que se
agitaba a dirección contraria del viento.
Y entonces, como si fuese una gran marcha sincronizada, ellos surgieron de la
nada, un puñado de túnicas negras que se escabulleron como el frío por el claro
aventajando camino hasta su presa, no obstaste, acercándose hasta ella, sádicamente
descuartizaron al hombre alimentándose de él hasta la última parte de su carne y de
su sangre.
Buscar una lógica y el sentido de todo no resuelve nada, sin embargo
encontrar el sentido de la lógica resuelve todo, y entonces sería más fácil aceptar
que las flores, animales y nosotros los humanos no estamos solos en la tierra, una
jerarquía mayor nos asecha.
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Presagio
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*Rigo
A
estas alturas de mi nivel académico ya no podía permitirme más
calificaciones insatisfactorias, no más cincos rojos de calificación marcados en mis
boletas de bachillerato semestrales. Más extraordinarios no podía permitir, no
ahora que estaba a punto dizque de graduarme. ¿Cómo diablos le hacía Das para
lograr que aparecieran esos horrorosos y perfectos Dieses en sus boletas
semestrales?
Me recargué de forma frustrante en el respaldo de mi mesa banco de madera
después de guardar mi libro y mi libreta de la materia en mi morral azul.
Examiné de manera vaga una de las tantas rótulas dibujadas en mi
desgastado morral. La calavera roja me miró mostrándome su cigarro en sus
pelones dientes. Me reí cuando reflexioné y me di cuenta de que esa calaca roja era
semejante a la huesuda y pachichi profesora de estadística.
Di un salto y estuve de pie cuando el profesor Fausto de Administración
salió del salón.
Miré a mí alrededor mientras mis dientes sentían la chiclosa y pegajosa
goma de mascar que ya no tenía el mismo sabor de menta que dos horas atrás y mi
vista encontró automáticamente el estúpido rostro de un muchacho güero con
problemas de acné que tenía un rostro de baboso con la mandíbula salida que
miraba al pizarrón atontado con la boca abierta.
Reí otra vez cuando me saqué la goma de mascar de mi boca y recree la
futura escena que tenía preparada.
Clok
“Tarea realizada”
El chicle se disparó de mis manos estrellándose justamente en la boca abierta
del chico Nerd. Mis compañeros rompieron en carcajadas, y Edgar se limitó a
torcer el gesto.
—Eres un perfecto grosero Rigoberto Vetznall— me dijo la voz seca de
una de mis compañeras y además amiga de aula regañándome por mi indicia—.
Debería de darte vergüenza, “No hagas lo que no quieres que te hagan”.
—Helu, amiga— intenté responder con eufemismo—. Olvidaba que tú tienes
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la peculiaridad de ser la defensora humana, o mejor dicho la defensora de
Nerd´s—mi risa ganó fuerza antes de que sintiera que un libro golpeaba mi espalda.
Me giré imperioso y entonces la miré. Sus impresionantes ojos verdes claros
me taladraron la vista. La rubia tenía inclinada su amenazadora ceja derecha,
mientras que sus jugosos y exquisitos labios pintados en rojo brillante los tenía
pegados uno con el otro, haciendo una excitante mueca que me gustó.
Ella era Estrella Basterrica, la chica más extravagante y sexy de todo el ITPI
(siglas de Instituto Tecnológico Pedagógico e Industrial), poseedora del cuerpo
exageradamente más antojable del instituto me miraba altanera.
Para enfado y envidia de muchos de mis compañeros, Estrella
afortunadamente era una de mis mejores amigas desde hacía casi tres años, cuando
nos conocimos precisamente en el ITPI.
—“¡Qué Afán de fastidiar a Edgar!”— su grito chillón y cantante estuvo a
punto de reventar mis tímpanos.
—Otra defensora Humana— declaré enfadado. ¿Qué diablos podía tener ese
horrendo tipo que no tuviera yo?, bueno, si bien la palabra guapo no era un buen
sinónimo para mi persona, pero aún así en ese momento me sentía lo perfectamente
galán como para poder ser atractivo para Estrella. Incluso a ella personalmente
siempre le había gustado mi piercing de plata que tenía en mi poblada ceja derecha,
y no es por ser modesto, pero yo también creía que ese piercing me hacía lucir tan
increíble como para dejar tirada a cualquier chica con solo mirarla. ¿Por qué con
ella no funcionaban las técnicas que Ric (Según las chicas de todo el ITPI el más
galán y mata-chicas de todo el bachillerato) me había dado? Desgraciadamente no
pude seguir pensando en esto pues de repente sus gritos me siguieron dilatando mis
oídos de manera incómoda.
—… además es de muy mal gusto que mientras uno está estudiando llegue
un patán decidido a esforzarse por ser lo más Estúpido que puede y fastidiarte con
tonterías como lanzarte un chicle en la boca— dio un buen respiro y continuó con
su sermón “Típico en las chicas”. Realmente ésta era mi parte favorita, por eso la
hacía enfadar, yo quería que su exquisito cuerpo estuviera muy cerca de mí. Las
hormonas masculinas se me dispararon cuando sentí el rose de sus manos en mi
rostro en su intento de lastimarme mi mejilla según ella pellizcándome—. “Niño
travieso”— finalizó. Me fascinaba como se escuchaba de su voz mis palabras
favoritas, “Niño Travieso”. Le di un beso en la mejilla apresurado. Siempre que se
presentaba la situación lo hacía de manera espontánea. Aparentemente ante los
demás esto parecía ser un simple juego, aunque realmente yo lo hacía porque lo
deseaba. Se dio la media vuelta alejándose de mí, mientras que mi instinto de
hombre me hizo bajar la vista hasta sus atributos traseros que los meneaba con
encanto.
Le sonreí con entusiasmo hasta que me di cuenta que mi regaño aún no había
terminado cuando observé ahora un par de ojos grises que me miraron furiosos.
—¡Rigoberto Vetznall!…
—Por Favor Das, ahora no—me le adelanté antes de que iniciara con su
nuevo posible sermón.
La “bonita”, como muchos compañeros le llamábamos se paró en seco. Supe
que se había avergonzado por el tonito de disculpa que me dio. Su voz que al
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principio se convertía en una indignidad personificada, en segundos se convirtió de
repente en la voz dulce que yo conocía.
Cuando le llamábamos bonita no mentíamos, sus labios rosados
perfectamente formados en corazón daban pie a darle un buen besote… pero
Mmm, tampoco era posible, “Mi amiga”, “¿Podía ser posible que las chicas más
guapas del ITPI fueran mis amigas y que gracias a ello yo no pudiera ser algo más
que solo eso, su amigo?”.
Quizá exageraba. Solo eran tres mis mejores amigas y viéndolo desde éste
punto de vista no podía generalizar y decir que las tres eran las mejores chicas del
instituto: si bien, Estrella, la chica fresa de vestimenta súper nice y fashion, la más
sexy y deseada por todo el Instituto era diferente a Das, (su nombre original es
Dacia Stephania) ella para mi pensar y el de los demás era muy Bonita. Me parecía
asombroso que ella no tuviera la necesidad de maquillarse y vestirse con minifalda,
zapatillas y blusas llamativas como lo hacía Estrella, si no que su rostro afilado, sus
extraños y al mismo tiempo hermosos ojos grises complementaban con todo lo que
ella era, la chica más dulce comprensiva e inteligente que conocía… pero mi
tercera amiga, Helu, (seudónimo por su nombre original: Heredia Lucía) era
completamente la contraparte de las otras dos. Su espantosa trenza enrollada en
su cabeza como si fuese serpiente enroscada, su famoso suéter rojo en el que podía
caber ella misma dos veces, sus pantalones holgados, así como su rostro
descuidado como si no estuviera hidratado, un color sin color… la hacía ser ¿Fea?.
Tampoco le favorecía su actitud de una perfecta abuela, aún no lograba
comprender de dónde sacaba todos los millones de refranes y dichos de abuelas y
señoras de antes. Estrella decía que ella era bonita, que solo faltaba una manita de
gato para que todo se solucionara pero yo difería diciéndole que quizá lo que le
faltaba era una grandísima manota de perro.
Los ojos verde mar profundo de mi amigo Ric chispearon con mofa desde mi
costado, sin embargo no dijo ni pio. Al parecer de los cinco amigos, Helu y yo
éramos los únicos poseedores de ojos color marrón.
Había finalizado la última clase del día, y decidimos ir a la cafetería, no
obstante durante el trayecto al principio hablamos seriamente sobre el cruel
asesinato del hombre del que había desaparecido y solamente se habían encontrado
los restos de su ropa en una vereda cerca de la ciudad del grullo. La noticia del día,
sin embargo después Estrella, Helu y Das no pararon de hablar sobre la graduación,
Estrella diciendo que de Mayo, (mes en el que estábamos) a Julio era muy poco
tiempo para mandar hacer su vestido de graduación, a Das le papaloteaba la boca
cuando se imaginaba los pasos del vals, y para rematar Helu iba contradiciendo ha
ambas chicas, pues para su punto de vista la graduación era algo simple y poco
interesante, cosa en la que Ric y yo coincidíamos.
Miré la hora en mi Nokia 601 y mis suposiciones fueron reales: las 5:23 de la
tarde. La cafetería en forma de Iglú estaba a reventar, había estudiantes por
dondequiera, algunos muchachos de la especialidad de Informática hablaban
conmocionados sobre un campamento. Las hermosas, (y no tan hermosas) chicas
caminaban con gracia meneando sus faldas cortas azul marinas sin pastelones,
pegadas y ajustadas, algunas más cortas que otras claro, (cosa que me gustaba,
sobre todo las más cortas, !Ja!) zapatillas con tacón grueso y mediano de color
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negro, y Pantimedias transparentes, una blusa Blanca con el escudo respectivo, así
como una mascada en forma de corbata del color correspondiente a la
Especialidad, por ejemplo la de mis amigas era de color roja, mientras que todos
los chicos traíamos como uniforme pantalón de vestir azul marino y debajo de
nuestro saco azul marino traíamos una camisa blanca y corbata roja. En el escudo
figuraba: “Tec. En Administración”. Nuestra especialidad.
Para mi punto de vista, el uniforme del instituto iba demasiado formal para
mi condición y apariencia, no obstante siempre intentaba deformarlo
engurruñándome una de las bastillas de mi pantalón hasta unos centímetros más
debajo de mi rodilla, además de mi camiseta desfajada. El piercing que llevaba en
mi ceja no era muy bien visto para una escuela privada, o de Riquillos y fresones
como yo los llamaba. De no ser por la beca que tanto como Das, Helu y yo
habíamos ganado en el examen de admisión, no sé si yo seguiría estudiando.
—Un Sándwich de jamón y un jugo de naranja, por favor— le dije a doña
margarita cuando nos tomó pedido y siguió mi turno. Das y Helu estaban sentadas
en una de las mesas de la cafetería que consiguieron casi al final junto a una
ventana. Nuestra mesa. Atrás de mí estaba Ric y a su costado, separada de la fila
yacía Estrella quien por su acostumbrada dieta, “No comía nada que no fuera
cereal y fruta con yogurt bañada con miel de abeja”.
—Por supuesto— respondió doña margarita con su acostumbrada sonrisa
maternal—.Son 16 pesos, Cariño.
Le sonreí. Metí mi mano a mi bolso trasero del pantalón y saqué mi cartera
negra y desgastada similar a mi morral remendado. Abrí el cierre con el peculiar
sonido y entonces me quedé en shock. ¡No tenía ni un centavo en mi cartera!, salvo
el boleto del camión urbano que el chofer me había dado por la mañana cuando me
subí.
Me quedé en astenia. Sentí que la sangre de mis venas fluía tan rápido hasta
mis mejillas como si fuese agua en una manguera. Temblé de la vergüenza, quise
ser tortuga para meter mi cabeza en el caparazón. ¿Qué diablos podía hacer o decir
en un momento como ese estando parado frente a la caja registradora de doña
margarita mientras tras de mí habían más de ocho estudiantes esperando su turno,
Estrella aún lado de mí y como 23 compañeros en todo el iglú?.
—Eh, mmm. Creo que….
— Aquí está— escuché decir de Estrella con su sexy voz chillona,
Me estremecí. Levanté la vista y vi cómo mi amiga le entregaba un billete de
50 pesos a doña margarita. Intuí entonces que Estrella se había dado cuenta de mi
situación, Estrella recibió el cambio y yo quedé afortunadamente solamente frente
a ella y Ric como un completo Idiota.
—Ahora te lo llevamos, cariño— dijo doña margarita.
No dije nada el resto de los últimos 20 minutos mientras reposábamos
sentados los cinco en la mesa redonda. No tenía fuerzas para decir ninguna sola
palabra. Estrella no me había hecho ningún comentario sobre lo anterior, y tampoco
Ric, al contrario ambos estaban peleando como de costumbre, y esta vez porque Ric
se decía ser el más guapo de todo el ITPI.
—¡Para nada!— protestó Ric sin prestarle mucha atención a Estrella en uno
de sus tantos comentarios. No obstante su verdadera atención se dirigió hasta la
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minifalda azul marina que se meneaba uniformemente puesta en una hermosa chica
morena que caminaba con una charola en sus manos—.¡Dios mío pero que he
hecho yo para merecer esto!— hizo un intento por piropear a la jovencilla. Ric
sonrió victorioso cuando supo que su intención de sonrojar a la chica había
funcionado.
—¿Qué afán de intimidar a esa pobre chica?— le dijo Estrella altanera.
—¿Pobre?— dijo Ric todavía clavado en la minifalda—.Al parecer está
súper Rica… está súper sabrosa y antojable, con ganas de…
—¡Eres imposible Ricardo!— Estrella se enfurruñó y como consecuencia se
atragantó en el próximo bocado.
—Y tu eres preciosa, Baby— Ric trató de ser lo más galán que pudo, incluso
le envió un guiño con su ojo con el mismo objetivo de sonrojar a Estrella también.
Ella estaba roja, aunque no precisamente porque estuviera avergonzada y Ric lo
comprendió—.Nena, No estés celosa, sabes que Te Amo a ti…
Cuando mis dos amigos se ponían en éste plan yo me molestaba demasiado.
A decir verdad me ponía celoso. Miré a Ric y lo fulminé con la mirada. Das y Helu
solo se reían de las idioteces que decían ambos chicos.
—Baby— siseó Ric con calma. Como Estrella, Das y Helu él también
masticaba una pequeña porción de yogurt con frutas sin piña—.Sé razonable— Ric
continuó con sus aires de grandeza—.Al igual que tú, yo también me he
preguntado cómo puede haber tanta guapura en mí—se rió pícaro—.Me pregunto
si mi belleza no dañará los ojos de los demás.
Todos se echaron a reír con ganas a excepción de Estrella quien parecía
fulminarlo con la mirada. Bueno, tampoco yo me reí.
Hasta ahora yo no había probado bocado. Me daba vergüenza. Al parecer
Estrella se percató del asunto por su próximo comentario.
—¿No piensas comer?
Vaya, por lo visto Estrella se había dado cuenta que aparte del galán de Ricardo
yo existía también.
— Gracias, pero…creo que no tengo hambre—y no le mentí. Cuando me di
cuenta de que no traía dinero con qué pagar mi comida hasta el hambre se me
quitó.
Nunca le había reprochado a mi madre que se hubiera separado de mi padre,
ya que ella no era la culpable sino él, que se fue cuando yo tenía 6 años. Por esa
maldita razón podía gritar con ganas que era huérfano de padre, y por esa misma
razón podía decir que mi madre día con día se estaba muriendo de cansancio
trabajando en el invernadero de zarzamoras, cortando todo el día precisamente eso,
zarzamoras, y todo para qué, para que yo y mi pequeño hermano pudiéramos salir
adelante y así poder realizarnos como ella siempre había querido. A mí me dolía
que mi madre sufriera tanto, a pesar de que ella decía que estaba bien, sabía que
estaba mal. Éramos pobres, vivíamos en una humilde casa cerca del centro de la
ciudad.
Maldita Sea. Era más que obvio que mis intentos por llevar dinero a la casa,
(pues con lo que ganaba mamá no alcanzaba para lo comestible) trabajando medios
días en el taller mecánico, — Razón de mis bajas calificaciones ya que no podía
hacer tarea ni estudiar— tampoco ajustaba para mantenernos. Me daba tristeza y a
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la vez coraje. Mamá no merecía esto. Por qué a los ricos la suerte les brillaba
mientras que a nosotros los pobres al contrario más nos aplastaba, pero “ha”, había
olvidado que la vida no era tan justa como muchos pensábamos, es despectiva y no
le importa si acaba con aquellos que además ya están acabados.
—Detesto ésta parte del receso— aseguró Estrella engarruñando la nariz con
repelencia.—Cuando los tontos de Informática vienen hacia aquí.
—Mmm— murmuré enfurruñado—Dime Estrella, de ellos—, ¿quién te gusta
ahora?
—¿Qué?—espetó ella inhalando profundamente. Ric compartió una sonrisa
conmigo.
—Vamos Nena— comenzó él otra vez—, todos sabemos que cuando una
chica detesta algo es simplemente porque lo desea.
—¡Eso es mentira!— Das defendió su género por primera vez. Entornó bien
sus ojos y tomó aliento preparándose para recibir otro nuevo ataque.
—Das, ¡No manches!— repuse ante la expectativa de observar una reacción
de Estrella que delatara al nuevo mono que le gustaba.
y como siempre, “ayudándose entre mujeres”, murmuré.
No me iba a extrañar que Helu comenzara también a abrir su grandísima boca
en cualquier momento.
Estrella se puso rígida y roja cuando cuatro chicos de compostura burlona
entraron al iglú rebuscando a su presa. De ese tipo de chicos que se creen la gran
constelación del universo cuando ni siquiera a basura cósmica llegan. Los cuatro
eran altos, piel cobriza y clara, los típicos caritas que disfrutan traer a las chicas a sus
pies, casi como Ric, pero ellos para mi parecer mucho más odiosos.
Sus corbatas de color azul marina demostraban que pertenecían a Informática.
Miré que Ric los estudiaba a través de mis hombros, yo estaba frente a él,
Estrella en mi lado izquierdo mientras que Das estaba sentada en la silla derecha.
Helu estaba en medio de Estrella y Ric. Todos hicimos un intento por descubrir el
rostro del chico con el que mi amiga la Basterrica se sonrojaría, y por lo visto no nos
costó mucho trabajo darnos cuenta de que por lo menos uno de ellos lo era.
Las basuras cósmicas entraron de manera teatral y al mirar a nuestra mesa, o
mejor dicho a mi amiga comenzaron a reírse aún más. Ella se hundió en la silla, <la
típica vergüenza cuando alguien que te gusta te mira febrilmente>.
—¡Uff!— dijo Ric sonriendo mientras movía su cabeza de un lado a otro en
forma negativa cuando descubrió su nuevo galán —. El famoso Ándru Paniagua.
Lo comprendí también cuando uno de sus amigos le palmeó la espalda
mirando hasta la mesa en la que Estrella se encontraba.
El que se hacía llamar Ándru miró a Estrella, pero ella mantenía sus ojos
clavados en el plato de yogurt cavilando. El tipo sobrepasaba mis 1.73 metros de
estatura, quizá unos 6 centímetros más, era alto, si, más no tanto como para llegar a
los 1.83 metros de Ric.
—¡Vaya!— dije golpeando ligeramente la mesa con un mohín,—. Tú sí que
no pierdes tiempo en conquistar a los chicos. Claro, es millonario ¿no?.
Estrella se volvió atragantar. Sus ojos verdes se volvieron a encontrar con los
míos, aunque no estuve seguro que lo hubiera hecho de manera amistosa. Su rostro
se endureció.
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— «“¡¡Eres un perfecto imbécil!!”»— me soltó con furia.
Lo que en un principio había estado planeado para el rostro de Ric, o por lo
menos eso creía, fue ahora rectificado y cambiado para mí. Los restos de yogurt
me sirvieron de mascarilla cuando Estrella me lo sopeteó en la cara. Ella se levantó
indignada y salió corriendo.
Los espectadores del iglú se quedaron en silencio y yo con la pegajosa
mascarilla de yogurt en la cara no intenté siquiera divisar los rostros que obviamente
me miraban con sorna
—Estrella, ¡Por favor!, solo fue una broma, “No manches”— grité antes de
que Estrella saliera a toda prisa por la puerta del iglú. Tuve la esperanza de que
rectificara su decisión y regresara a la mesa.
No lo hizo. La rubia se perdió entre los muchachos que entraban a la cafetería.
—¡Es la peor ofensa que le puedes decir a una mujer!— Das me reprochó con
hostilidad sintiéndose indignada también—.Me supongo que te vas a disculpar
con ella ¿verdad?
Suspiré.
Primer acto: me limpié la cara. Segundo acto: decidí examinar cada uno de
los rostros de la cafetería. Tercer acto: me recordé que la mala suerte había sido mi
mejor regalo del día, primero la bochornosa situación de no traer con qué pagar mi
comida, y ahora esto. Y Cuarto acto: me levanté con agilidad cuando vi perdida la
posibilidad de que Estrella rectificara su decisión y se disculpara conmigo, aunque,
¿Ella tendría que hacerlo? ¿O yo?
Ante la expresión de mis amigos salí corriendo a toda prisa del iglú consciente
de que los tres chicos me seguían también sin prestarles atención a los demás.
Cuando salí me crucé con varios maestros que me miraron extrañados así que decidí
reducir mi velocidad, pero cuando lo hice, Das y Helu caminaron más aprisa, de tal
forma que Ric se unió a mí y ellas se adelantaron.
—No pasa nada mi buen— Ric intentó hacerme saber que me comprendía,
—, sabes que las mujeres se ofenden por todo, “hasta porque les somos infieles”—
sonrió.
A pesar de la pesadumbre y hueco que me consumió por un instante, ese
comentario de mi amigo me animó un tres por ciento.
Eso era verdad, las mujeres se ofendían por todo, sobre todo Estrella y Das,
Helu por lo menos lo asimilaba un poco, sobre todo por su única y peculiar
respuesta:
“¡Payasos!”
Caminamos por algunos pasillos de los edificios buscando alguna de las tantas
cabelleras rubias oscuras que ambulaban por allí. Fuimos al edificio “A” y subimos
hasta la segunda planta para buscarla. Creí que Estrella por más molesta que hubiera
estado seguro iba a caer en lo ordinario e ir al salón de clases. Independientemente de
lo que pensaran los demás, para mí los pensamientos de las mujeres eran más
simples y poco innovadores a comparación de los pensamientos de los hombres.
“Por algo somos hombres y ellas mujeres”.
¡Caray!, pensé para mis adentros. Mi intuición fue errónea. Estrella no estaba
allí. Había unos cuantos compañeros dentro del salón, los típicos mataditos.
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—Pues no está— dijo Helu por fin.
—¡Que observadora!— le espeté.
Helu puso los ojos en blanco. Yo retrocedí decidido a ir a buscar a la sentida de
mi amiga. “¿A dónde diablos se había ido?”
Me quité el saco y la corbata y fuimos a buscarla.
Después de todo no nos costó trabajo encontrarla, estaba sentada en una de las
bancas al final del edificio “Z”.
Cuando la vi no supe si desilusionarme sería la forma correcta para demostrar
mi descontento. La imagen que había formado en mi cabeza, a Estrella llorando con
los ojos hinchados a causa del llanto, se desvaneció cuando la miré sentada
tranquilamente mientras comía un sándwich.
—¡Lindo maquillaje!— fue lo único que me dijo la chica rubia antes de darle
otro mordisco al sándwich.
Lo había olvidado, “Estaba embarrado de yogurt en la cara y en parte de mi
camiseta”. Miré a Ric rencoroso por no haberme recordado la imagen tan ridícula
que estaba exhibiendo por todo el instituto.
—Así que estabas ofendida ¿no?— me molesté. ¿Cómo podía fingir de esa
manera?
Realmente me había sentido mal después de lo que me había dicho Das,
¿pero de qué me había servido preocuparme si ahora ella estaba aplastada allí muy
quitada de la pena?
—¿Por tu comentario?, ¡Para nada!— respondió dando otra mordida con su
sensual voz chillona.
—“Eres imposible”— no tuve otra mejor respuesta para explayar mi ira.
—¿Aparte de todo roba frases?— la voz de Estrella fue tan tranquila y
adornada similar a la voz latinoamericana del personaje de burbuja en la caricatura
de las chicas súper poderosas, voz que terminó por calentar más mis ánimos.
Estrella se paró y comenzó a caminar. Parecía que caminaba arriba del agua, se
meneaba con movimientos correctos y jubilosos.
—Bonito día para respirar aire puro ¿verdad chicos?— Burbuja se volvió a
personificar en Estrella. Se puso en pie y se echó andar con pasos que califiqué
como una modelo alucinada.
Por el rostro que adoptaron Das y Helu también creyeron como yo que Estrella
tendría el mismo aspecto de la imagen que me había imaginado en mi cabeza. Ric
por el contrario no parecía sorprendido.
—Te lo dije mi buen, ellas así son— respiró — .“Hazle caso a la experiencia”
Las tres chicas se encaminaron hacia adelante platicando entre cuchicheos.
—Mujeres, mujeres— volvió a replicar Ric tranquilamente, mientras él y yo
seguíamos a nuestras amigas.
Por el rumbo que ellas tomaron, ahora se dirigían hacia las canchas.
(Al otro lado del edificio “Z” estaban las canchas).
Ric y yo apenas habíamos dado la vuelta al muro ancho cuando diez metros
adelante un grito femenino abarrotó el escenario atmosférico.
En un intento de pesquisas supe que Helu había recibido un tremendo balonazo
proporcionado por el único jugador que estaba en la chancha de fútbol, y de no ser
por el grito aspaventado que Helu protagonizó, la ridícula caída en tres vueltas de la
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chica me hubiera hecho romper en carcajadas.
De un momento a otro Ric, Das y Estrella corrieron hasta Helu, que
misteriosamente estaba tirada más de tres metros de donde estaba parada
anteriormente. ¿Había volado? Yo solo miré el balón que rebotaba ahora a mi
costado sin fuerzas.
Giré mi vista hasta el suelo y vi a cinco chicos en un solo lugar: una estaba
tirada, se trataba de esplendida Helu, los otros tres que intentaban levantarla eran
Estrella, Das y Ric, pero el quinto ¿Quién era?
Decidí examinarlo cuando él estaba de espalda. Entre mi análisis descubrí a un
muchacho con pelo rubio y corto que brillaba con el sol, estaba tieso y rígido, lo
natural para un chico acusado de golpear a mi amiga con un balón.
Me encaminé unos cuantos pasos más hacia donde estaban ellos, y mientras me
acercaba logré escuchar de manera inaudible algunos cometarios del chico de la
cabellera rubia que ahora se hincaba preocupado hasta Helu.
—¡Por favor! perdóname… yo, yo—respiró frustrado, su voz parecía
convincente— .Oh, no sabes cuánto lo siento, ¿te duele muy feo?
Me pregunté cuándo un golpe le había dolido a alguien «bonito» ¿Cómo se
iba a sentir bien mi amiga después de tremendo golpe? De por sí Helu ya contaba
con antecedentes de retraso mental, ¿y ahora con esto? Por eso me pareció odioso
que ese tipo se estuviera haciendo el mártir después de lo que había hecho, como si
esperara que le hiciéramos su propia basílica, así que acercándome más a él de un
empujón lo tiré el piso. Actué de manera que pareciera que lo había hecho sin
querer.
—Lo siento— mentí. Lo miré con odio. Nunca me había pasado que
lastimaran a mis amigas.
Él se inclinó aún estando tirado. Creí que había sido el reflejo del cielo por el
color de sus ojos, pero me di cuenta que no era así, sus ojos azules me miraron
asustados para después mirar inocentemente a Helu que se levantaba con ayuda de
Ric sobándose su cachete izquierdo que estaba más rojo que un jitomate. Si el
golpe había sido en el cachete, ¿Entonces por qué tuvo la valentía de agregarle tres
vueltas atletas al acto? ¿Para que fuera más dramático e impactante?
—No-no te preo-cupes— tartamudeo Helu avergonzada, Ric la sostenía.
Parecía una perfecta borracha.
—Me muero de la vergüenza— dijo el chico rubio cuando se levantó.
—“En hora buena“— mascullé cansinamente.
—No-no te preocupes, suele suceder— Helu por alguna extraña razón
titubeaba. Miré a mis amigos para comprobar que estaban tan sorprendidos por la
reacción de Helu como yo, pero al parecer solo Das, Ric y yo estábamos serenos,
no obstante Helu y Estrella miraban al muchacho como si miraran a un autentico
Dios.
Me puse celoso, claro que por Estrella. ¿Qué diablos le podía ver al rubio de
ojos azules? Tenía mi estatura, casi nos parecíamos, bueno, a excepción de mi
color, yo era moreno, y mis ojos eran marrones y grandes, mientras que él…. No, a
decir verdad no éramos iguales.
¿Por qué diablos me tenía que topar en mi camino con chicos apuestos que
me eclipsaran?
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—Paula Estrella Basterrica— impresionado por lo que escuchaba supe que
ella se había presentado sin que nadie se lo pidiera—.Y tú debes de ser de
Informática ¿verdad?
—¿Cómo lo sabes?— dijo el rubio torpemente con su voz tímida dándole
tonos como si tuviera gripe.
—Las letras de tu camiseta— le hizo saber Estrella apuntando las letras que
decían: INFORMATICA. Apuesto que por el rostro de estúpido que puso el rubio se
avergonzó al recordar que estaban escritas justo en su camiseta.
—Bueno, ya, ya, ya— interrumpí irritado—. ¿Cómo te sientes Helu?— le
pregunté aunque no porque fuera buena gente, sino que necesitaba cambiar de
tema, lo que se suponía debía de ser la prioridad.
Y para detestar más a ese asqueroso rubio de rancho, Helu estaba con la
misma cara de idiota que Estrella, mirando como tontas a ese. Das lo observaba de
reojo, ¿También le había gustado aquél muchacho? ¡Sería el colmo!
Todos se quedaron en silencio, y ante ese extinguido sigilo el rubio pareció más
avergonzado, se quedó parado estúpidamente mirándonos a todos. A juicio de lo que
percibí, Ric también miraba al rubio con coraje, y eso me hizo sentir solidaridad de
su parte.
Voltee otra vez hasta Helu y me fijé que su cachete se estaba hinchando.
—¡Que falta de cortesía Guapetón!— dijo Estrella coqueteando. La fulminé
con la mirada. El color rubio del chico no le favorecía para ocultar lo rojo de su
piel. Se puso como puré de tomate—. Todavía no te has presentado.
—Oh, sí, claro— respiró profundamente. Le resultaba difícil mantener su
vista en nosotros—. Me llamo, he— volvió a resollar—. Joaquín Alejandro Fahme
Rentería.
—Mucho gusto— dijo Estrella estrechándolo entre sus manos—. Ya te había
visto por aquí. Eres nuevo— no era una pregunta sino una afirmación.
Yo también lo había visto, pero ¿Quién necesitaba mi opinión?
Por lo que intuía, él debía de ser el antagónico de alguna historia ficticia, de
otra forma, ¿Cómo se explicaba que siempre estuviese solitario por el instituto?, la
respuesta era sencilla, a nadie le caía bien.
—Sí. Yo. Bueno por cambio de vivienda llegamos aquí hace
aproximadamente dos meses.
Estrella le sonrió con su nuevo intento de ¿Conquistarlo?
—Como sea creo que Helu debería de ir a la enfermería— les recordé que
ella estaba herida. Me parecía tonto pensar que ni ella misma se hubiera dado
cuenta del dolor.
—¡No me duele!— se excusó ella.
Esto estaba llegando demasiado lejos y debía de terminar de una buena vez.
—Heredia Lucía— dijo Helu cínicamente.
El que se hacía llamar Joaquín sonrió mostrando todos sus dientes.
—¿Heredia es tu apellido?— preguntó el muchacho. No me gustaba que
estuviera agarrando confianza.
—Me lo han dicho muchas veces, pero no, es mi nombre.— Helu se rió
como si estuviera tosiendo, cosa que me hubiera dado gracia de no ser por mi
repentino cambio de humor.
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—Que contrariedades de la vida— dijo Das uniéndose a la charla. —yo me
llamo Dacia Stephania Di Paola Figueroa. Y como vez, mi primer apellido, “Di
Paola” es casi técnicamente un nombre propio.
Joaquín asintió con la misma sonrisa.
—¿Dijiste Dacia?
—Sí.
—¡Vaya!
—No es un nombre muy común ¿verdad?
—Nunca lo había escuchado.
—Significa generosidad—repuso Das. Una vez más estaban dando
explicaciones que nadie les había pedido.
Lo miré con hostilidad y por fin alguien puso fin a la conversación.
—¡A la enfermería, Heredia!— sin pedirle permiso a nadie, Ric tomó del
brazo a Helu y se la llevó hasta uno de los salones del edificio “Z”. Los demás los
seguimos pero nos quedamos a fuera del salón blanco. No me había percatado que
Joaquín se encontraba junto a nosotros. No le habló a nadie, y recé porque éste tipo
supiera que lo aborrecía de pies a cabeza para que se fuera de una buena vez.
Das no dijo nada, pero Estrella, ¡oh!, Estrella. Mientras estuvimos allí no
paró de preguntarle cosas al muchacho.
Debía de haber algo en él que me sirviera para no odiarlo tanto… no podía
enamorar de esa manera a “mis” amigas. Quedaba una sola esperanza. Que fuera
gay, aunque a simple vista no se le notaba nada.
De lo que me pude enterar por las preguntas que le hizo Estrella, es que su
padre era alemán y su madre mexicana, que además del Español sabía Ingles, y
francés, e incluso latín, pero cuando Estrella le preguntó si tenía hermanos, el tipo
adoptó una cara de insulso y aspaventoso, frustración y sufrimiento, no sé por qué,
pero repentinamente sentí un ligero deje de comprensión hacia el rubio. A pesar de
que Estrella le pregunto el motivo de su estado, el muchacho ya no volvió hablar.
En escasos 10 minutos Helu salió con Ric, se limpiaba una espesa y grasosa
pomada blanca que al parecer le habían obligado a usar.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Joaquín acercándose a ella.
—¡Perfecta!— sonrió Helu.
—En ese caso, pues bueno, me despido— su voz sonó apagada.
—¡NO!— Estrella casi lo gritó.
La miré sorprendido y confundido.
—¿Vives lejos?— le preguntó ella.
El rubio también pareció confundido por la pregunta.
—Eh, no lo creo— respondió.
Estrella sonrió victoriosa.
—Él es Ricardo Tonatiuh Montoya Buen rostro, y él Julio Rigoberto
Vetznall.
Lo que no esperábamos. Estrella logró que nos presentáramos. No había otra
manera de reaccionar. Fingí saludarlo con diplomacia. Me sentí estúpido cuando
las comisuras de mis labios se curvaron y sonrieron automáticamente y dije;
—¡Mucho gusto en conocerte!—suspiré—Aunque mi verdadero apellido es
León Contreras…— ahora sonreí como un idiota—El Vetznall lo usé solamente
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para una obra de teatro, y realmente el apellido yo lo inventé, y, pues, y, bueno, y
así me dicen muchos todavía…
De haber tenido una puerta cerca de mí me hubiera dado de cabezazos en
ella, “Mira que también yo ponerme a darle explicaciones que no me había pedido”
—¡Qué onda!— dijo Ric fríamente. ¿Había fingido la sonrisa?
—Bueno— dijo Estrella con convicción—Ahora que nos conocemos…
¿Amigos?.
¿Qué? eso no podía suceder, ¡noo!.
Joaquín nos miró con sus ojos azules en forma de plato. Odie ser insondable.
Su vista se apartó de nosotros. El ramalazo frío de la tarde me hizo temblar, las
hojas de los árboles bailaban jubilosas y Joaquín seguía sin responder.
—No lo creo— dijo al fin.
Aunque no era la respuesta que esperábamos, me sorprendió.
—Y por su bien, no creo que sea buena idea ser amigos— intuí que esperaba
que nuestra respuesta fuera plausible.
Hacía apenas media hora atrás yo pensaba lo mismo; “No debíamos de ser
amigos” aunque ahora no sabía qué diablos pensar.
—A mi familia no le agradará que…
—¿Tus padres no creen que ningún chico del Instituto sea lo suficientemente
digno para ser tu amigo?— le espeté molesto por mis suposiciones. Eso explicaba
el por qué no le hablaba a nadie.
—¡No es eso!— se apresuró a responder—Ni siquiera vivo en éstos
momentos con mis padres—la voz le tembló—solo que… ¡Por favor! No. Es muy
amable de parte de ustedes querer que yo sea su amigo, no saben lo afortunado que
me siento, pero de verdad, yo, no les convengo para nada.
Y dicho esto se dio la media vuelta y se marchó con rapidez.
Nos quedamos pasmados mientras nuestras miradas se cruzaban entre todos.
Ric alzó las cejas como diciendo: ¿y éste qué?
—¡Un momento!— dijo Estrella enfurruñada, corrió varios metros adelante.
Muchos estudiantes voltearon pero cuando mi amiga agarró del brazo a Joaquín y
lo detuvo, los demás se dieron cuenta que Estrella no les hablaba a ellos.
Desde allá pude escuchar lo que ella le decía.
—Si te pregunté si vivías lejos era porque queríamos darte un aventón.
Me estremecí. ¿Queríamos?
Según sabía, Estrella no conducía a pesar de tener unos autos súper chidos,
Ric siempre de regreso nos daba un aventón a nuestras casas y… un momento,
¿Eso era lo que Estrella trataba de insinuar? ¿Qué Ric lo llevaría también en su
exótico mercedes?
Por el aspecto que deformó el rostro del chico, supe que Joaquín no esperaba
esa invitación.
—Te digo que…
—No nos conviene ser tus amigos— completó Estrella. Me crucé de brazos
y seguí observando con el ceño fruncido —. Y sábete que viéndolo desde esa
perspectiva aceptamos. ¡No queremos ser tus amigos!
¿Se había vuelto loca? Definitivamente Estrella Basterrica era increíble, y
una vez más, Joaquín se sacó de onda, otro comentario que otra vez no esperaba.
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—Trato es un trato, así que es mejor que de una buena vez decidas; ¿amigos
o no amigos? Cualquier cosa que elijas no va hacer cambiarnos de opinión— ¿Por
qué nos generalizaba a todos?— Si eres nuestro amigo nos seguiremos reuniendo
contigo, de lo contrario, si decides no ser nuestro amigo, “Igual”.
Joaquín como cualquier otro que hubiese estado en su lugar, se quedó sin
palabras.
—Bien— dijo Estrella acompañada por una sonrisa triunfante— tienes poco
menos de veinte horas para pensarlo, de cualquier forma, por ahora debes aceptar
ser llevado a tu casa. ¿Vamos chicos?
Ric se decoloró. Estrella ni siquiera le había pedido autorización a Ric para
poder llevar a Joaquín a su casa, y si ella y todos creían que yo me iba a subir al
mismo auto en donde estuviese ese tipo, estaban muy equivocados…
Todavía no sabía cómo lo había logrado, pero una vez más, Estrella se salió
con la suya: yo venía sentado de copiloto en el convertible de Ricardo mientras él
manejaba, y Joaquín estaba sentado en medio de Estrella y Das, Helu venía en el
extremo derecho del auto y Das del otro. “Bendito entre todas las mujeres”.
Ric a cada momento lo miraba por el espejo retrovisor de manera
monstruosa.
El güero ranchero dirigió el camino hasta su casa, fue el primero al que
teníamos que dejar en su casa, y ni Ric y mucho menos yo dijimos una sola
palabra, sin embargo, atrás de nosotros parecían pericos los cuatro que venían, y
entonces volví a odiar el momento en el que le dije aquella grosería a Estrella, de
esa manera no hubiera salido corriendo y ahora no estuviéramos aquí ante ésta
situación.
Todo el camino permaneció serio, y de vez en cuando respondía algunas de
las preguntas que le hacían las asechadoras. Parecía asustado, como si no quisiera
llegar a casa. ¿Le tenía miedo a sus padres y temía que lo fueran a castigar por
dejarse llevar a casa? No estaba tan chiquito como para dejarse manipular de esa
manera, claro, en caso de que mis suposiciones fueran ciertas, por eso le pregunté:
—¿Cuántos años tienes?.
No lo miré pero por la manera en la que escuché sus respiraciones lo noté
pasmado.
—Ayer cumplí 17.
—¿17?— me extrañé, a simple vista parecía un chico de catorce o quince
años— ¿Y vas en último semestre?, es decir, ¿ya vas en el último curso?— por lo
general todos los que íbamos en el último curso, para entrar a la universidad
debíamos de tener casi 18, yo los cumpliría en Octubre, Estrella en Diciembre,
Helu en Octubre también, Ric en Enero pasado había cumplido los 18, y Das, los
iba a cumplir hasta Noviembre.
—Bueno, me inscribieron más pequeño a la primaria.
—¿Y qué piensas estudiar? y ¿en dónde?— me sentí entrometido, pero debía
preguntarlo, ¿Qué tan cerca lo íbamos a tener?.
“Ojala y no haya hecho tramites al Centro Universitario del Sur ”.
—Me voy a ir a Estudiar a Guadalajara.
—¿A Guadalajara?—le preguntó Estrella patéticamente de un color
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lastimero. Parecía desilusionada y a la vez dudosa, —¡Pero si yo te vi el día de las
preinscripciones en el Cusur, (Centro Universitario del Sur).
No cabe duda que Estrella ya lo tenía bien registrado desde hacía mucho
tiempo atrás. Yo no recuerdo haberlo visto el día que fuimos los cinco a las
preinscripciones, y si me lo topé, ahora no lo recordaba.
—Sí, claro. Sucede que técnicamente el Cusur es una de las sucursales de la
Universidad de Guadalajara, por lo que hacer los trámites aquí, es lo mismo como si
los hiciera allá, solo es cuestión de pasar el examen y elegir mi zona de estudio, y en
los piensos de mis padres está irnos a vivir a Guadalajara—cuando dijo «padres» su
voz volvió a fallar.
—¡Pero si acaban de llegar!— se lamentó Estrella. Su tonito hacía que me
encelara más.
—Nos dicen nómadas— rió de manera tonta.
Nos quedamos en mutismo y no se escuchó nada más durante el trayecto,
salvo el elegante sonido del mercedes y nuestras respiraciones uniformes.
—¡Aquí es!— escuché su voz desde atrás .
Llegamos casi 15 minutos después a una calle ubicada por la colonia las
Peñas, cerca de un parque ecológico. Joaquín se bajó del auto y tomó su mochila.
Se paró de manera correcta y le echó un vistazo a una casa que estaba casi 20
metros más delante del auto estacionado.
Su imagen era la autentica de una escena de terror justo al momento de ser
asesinado, esa imagen la hizo antes de alargar su rostro como si intentara
cerciorarse de algo.
—Se fueron— dijo para él.
—¿Quiénes?— quiso saber Estrella cuando se bajó del auto y miró en
dirección de Joaquín—. Ellos… — por un momento creí que se sentía aliviado por
eso, cosa que no comprendí. ¿A qué ellos se refería?
Su antiguo pavor se suavizo.
El muchacho se quedó parado mirando a esa casa grande de dos pisos de
color blanca, con cochera, y ventanales grandes transparentes, era elegante.
—Eh—murmuró—Yo… ¡entren! —sus frías palabras como de orden me
tomaron desprevenido. Estrella lo sujetó del brazo y él sin mirarla adoptó una
actitud sombría, cosa que me sorprendió.
Después de que las chicas se adelantaron con él Ric y yo nos echamos una
hojeada. Mi amigo me hizo una seña que decía que los siguiéramos y así lo
hicimos.
Quizá eran especulaciones mías, pero por un momento creí que ese
enigmático chico tramaba algo. Dejamos nuestras mochilas en el vestíbulo.
Por la expresión que Joaquín nos mostró después parecía haberse arrepentido
al habernos invitado. A mi parecer, el güero ranchero carecía de experiencia en
tratar a personas ajenas a su familia. ¿De verdad todo el tiempo habitaba
encerrado?
Nos miró por un buen rato con frialdad, pero nadie dijo nada.
—Tienen la alternativa de salir de aquí si así lo quieren—dijo él inexpresivo,
sin mirarnos. Algo tramaba, olía su nerviosismo.
—Tranquilízate— le palmeó Estrella su espalda. Ric miraba por la ventana
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con pose de parangón, molesto.
—¿Vienen?— el chico después de que había conversado con las tres chicas
de algo que no entendí por observar a Ric comenzó a caminar hacia delante.
Lo rústico era la esencia de la casa, así como una colección de Ángeles que
estaban colocados en distintas mesitas de cristal por toda la casa. Él Arcángel
Miguel que estaba en el centro de mesa fue el que más llamó mi atención, pues
debajo de la imagen de porcelana había una inscripción que decía.
ftÇ `|zâxÄ TÜvöÇzxÄM cÜÉàxvàÉÜ vÉÇàÜt W|tuÄÉá ç WxÅÉÇ|Éá.
WxÅÉÇ|Éá
Sentí un escalofrío sobrenatural.
Por un pasillo largo hasta el fondo había una escalera larga de hierro por la
que nos hizo subir hasta la azotea de la vivienda. Con un resfriado misterioso por
un momento imaginé ver una gabardina larga tirada al fondo del pasillo.
De no ser por el tono del cielo, habría olvidado que ya era tarde. Ric ayudó a
subir a Das y a Helu las últimas escaleras, y a Estrella… estuve a punto de hacerlo
yo, pero el imbécil güero ranchero se me adelantó y extendió sus manos mientras
que ella con una sonrisa encantadora se dejó ayudar.
Torcí el gesto y me encaminé hasta un cancel blanco que rodeaba toda la
azotea.
—¿No tiene voltaje verdad?— pregunté al güero pero no me respondió,
todavía estaba respondiendo los nuevos cuestionamientos que las chicas le hacían.
Me arriesgué a quedar chamuscado y toqué sin miedo el barandal blanco.
Viví. La altura del barandal apenas rebasaba mi ombligo. Me recargué y cerré los
ojos. Resollé cuando sentí las pisadas que se acercaban a mí. Debía de ser Ric,
pues todavía escuchaba el parloteo de mis amigas y el Idiota de Joaquín a mi
espalda.
—¿Cómo vez a ese tipo?— por primera vez Ric me hablaba de él. Su tono
me agradó, también lo aborrecía.
—Lo veo, y eso ya es ganancia— respondí frustrado.
Levanté la vista hacia el frente y observé gran parte de la ciudad. Debíamos
de estar en una zona alta, de lo contrario no podría ver la majestuosa imagen que
tenía frente a mí.
Nunca me había puesto a observar la naturaleza que me rodeaba, o de la que
más bien enriquecía a Ciudad Guzmán, una ciudad mexicana puesta en el estado de
Jalisco, y la que en antaño fuese una de las más importantes del mismo. Más de
noventa y seis mil habitantes tiñen sus tierras fértiles todos los días. Es muy
habitual ver entre los cables de la luz sostenidos por largos postes decenas de pares
e incluso impares de zapatos y tenis enredados por los mismos cabetes. Lo he
mencionado, puesto que en ese instante estaba mirando un tenis converse de color
negro colgado de los cables. Pese a la repentina evolución de la ciudad, que
también es llamada por muchos Zapotlán el grande, todavía se pueden apreciar
calles empedradas de donde dice mi abuela Adolfina aún se puede percibir aquél
aroma que dejaban los caballos que tiraban de carruajes y otras bestias con cargas
en los siglos pasados.
Es imposible estar en cualquier rincón de Ciudad Guzmán y lograr pasar
desapercibida la gran colosal y longeva montaña azul, que destella en el occidente
con una sonrisa sublime.
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Parece ser una sola montaña con dos cúpulas en su cúspide: la más pequeña
y redonda está colocada a la izquierda, de la que de vez en cuando derrocha su
furia con férrea lava destructiva y densas fumarolas que le hacen honor a su
nombre «El volcán de Fuego» No obstante, en el lado derecho reposa un picacho
más largo y enjuto, un volcán también, pero éste extinto, que año con año entre la
época del invierno o tiempos fríos suele estar bañado por nieve blanquecina que
parece ser más bien una nube blanca presagiando esperanza que la misma nieve
frígida que la forra. Su nombre: El nevado de Colima.
Generalmente ambos volcanes se pueden contemplar desde cualquier parte de
la ciudad y los alrededores del sur de Jalisco, siempre y cuando no haya muros,
casas o edificios que lo impidan, sin embargo, de todas las partes en las que se
aprecia su edificación, ninguna vista es tan placentera y hace de su imagen algo
excelso como en Ciudad Guzmán.
Desde niño me sentí protegido en ésta ciudad, todo su contorno está rodeada
por montañas verdosas repleta por árboles con copas anchas y bellas, incluso daba la
impresión de estar dentro de una gran muralla de montañas bajo su protección. Una
ciudad dentro de un gigantesco valle que nos oculta como si fuesen grandes bardas
de acero que impide el paso a los enemigos.
El sol gigante, redondo y rojo comenzó a ocultarse por atrás de ambos
volcanes. Bajó lentamente mientras las nubes espesas de color naranja se filtraban
entre él. Los colores azules del cielo se comenzaban a oscurecer en la parte sur, y
el viento claro y frío giró en torno a nosotros. El Ocaso se presentó de manera
jubilosa hasta que el sol casi se ocultó. No puse atención a ningún comentario de
mis amigos, pero la siguiente escena hizo que mi grito estupefacto y ahogado los
atrajera a mí.
Mi sangre me cosquilleó y en mi estómago se rasgó un hueco. La boca se
me secó aunque el entusiasmo y excitación me alarmó. Nunca antes había visto
nada igual, o por lo menos no mientras estaba despierto.
—¿Qué diablos es eso?—fue Ric quien puso al corriente a los otros cuatro
que seguían platicando. Las chicas con pocos pasos se acercaron hasta donde
nosotros estábamos parados.
Nuestros cuellos se alargaron y nos pegamos lo más que pudimos al
barandal blanco que estaba muy helado. Joaquín fue el único que se quedó atrás.
Como si hubiera sido una escena de película, observé impresionado los
relámpagos rojos que se dispararon en el área que estaba examinando desde tiempo
atrás. Los relámpagos no hacían ningún ruido, intenté saber quien más veía eso, mi
mirada aterrizó hasta la calle en donde caminaba la gente, pero ellos pasaban
desapercibidos y yo no tuve la intención de ponerlos al corriente.
El acto solo duró un máximo de 15 segundos, y la escalofriante escena que
se postró sobre nosotros me hizo sentir escalofrío. Me estremecí.
En esos escasos segundos muchas cosas se vieron a la vez: los espantosos
rayos rojos que cubrieron a los volcanes de manera inaudita, parecían nacer de la
tierra misma, era de día, o en tal caso el culmen del día. De cualquier forma los
relámpagos rojos debieron de tener una intensa luz que los hizo brillar con fuerza
aún ante la luz. Di un respiro y entonces apareció también una gran sabana blanca de
neblina o de agua muy transparente con reflejos oscuros en el contorno que comenzó
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a cubrir gran parte de la zona volcánica, de pronto la terrible negrura se apoderó
lentamente sobre ese lugar con nubes negras y espesas en forma de cúmulo nimbos,
de tal forma que los rayos y la sábana blanca desaparecieron, o quizá seguían allí
pero las nubes negras hicieron el intento por ocultar ese fenómeno para que nadie
más lo viera. ¿El cúmulo nimbo quería ocultar algo? fue extraño, porque en nuestra
dirección todavía el color azul del cielo se estaba desvaneciendo, sin embargo allá
enfrente, la oscuridad me hizo imaginar una pintura en la que la mitad del dibujo se
veía luz y un cielo rojizo producto del ocaso, mientras que la otra mitad del dibujo
yacía oscura, tan negra como si fuera ya de noche con nubes similares a las que
anuncian las tormentas eléctricas. Mi paranoia me estaba haciendo reaccionar de
manera estúpida y poco lógica: ¿Cómo demonios podía estar mirando eso? para la
gente que comenzaba a darse cuenta de la escena ahora que ya estaba cubierta por
nubes negras era simplemente lo que cualquiera pensaría, ¡Hay una tormenta
eléctrica en la zona volcánica!, técnicamente yo hubiera pensado lo mismo si no
hubiera visto lo anterior. Pero entonces ¿qué había sido?
Las nubes negras siguieron allí postradas, igual que nosotros, postrados y
aspaventados, sin ningún comentario lógico o convincente que nos hiciera
comprender que todo había sido solo un producto natural, reacciones
acostumbradas de la naturaleza.
Era un presagio.
Fuera cual fuera mi actuación en éste juego, supe instantáneamente que nuestro
futuro se veía lóbrego y sinuoso, y en definitiva, nunca supimos que en éste Ocaso se
marcó el rumbo de nuestro destino que amenazaba con ser furibundo y febril para
nosotros.
Generalicé a los otros cinco por la sencilla razón de que ellos eran parte de mí,
además de que estaban allí, junto a mí.
Y entonces juntos firmamos el contrato de nuestra muerte.
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Confidencias
Das
*
S
entí que la majestuosa imagen estaba pegada a mis ojos, penetrada, y que no
podría apartarla de mí nunca jamás.
Esa noche no pude dormir para nada, y mi madre lo notó, aunque no estuve
segura de que mi padre hubiese hecho lo mismo.
A pesar de que mamá me lo preguntó, yo no me atreví a decirle la razón que
me agobiaba de esa manera, de todos modos no le podía parecer nada extraño o
fuera de lo habitual en mi persona. A menudo estaba así. Había heredado de ella el
miedo, ambas éramos sensibles y soñadoras, pero sobre todo, miedosas… y a mi
padre… ¿Cómo le podía decir algo a él?. Uno de los más grandes motivos que
impedían decírselo ahora era el estado en el que se encontraba. “Borracho”.
Tres veces me levanté entre la madrugada intentando pensar en otra cosa que
no fuera eso. Desde niña siempre había sido muy alucinadora y despistada, eso
hubiera explicado el que yo hubiera visto eso tan horrible que me hizo quedar en
Shock por varias horas, pero no, todos lo vimos. ¿Será que hubiese sido una simple
sugestión colectiva?. ¿Pero por qué habernos sugestionado sin causas previas?.
Por mi mente se revelaron los pensamientos más paranoicos que nunca le
podrían suceder a cualquier chica saludable:
“Los extraterrestres nos comenzaban a invadir” o peor aún, “Las profecías se
comenzaban a cumplir y el mundo estaba a punto de terminarse”.
Una vez más estaba andando por mi pequeña casa, fui hasta el baño y mojé
mi rostro con agua caliente que ya tenía tibia. Me miré en el espejo y comprobé la
cara de susto que reflejaba. Mis ojeras se estaban haciendo más grandes. No tenía
sueño. Me sequé con la toalla y caminé una vez más hasta mi habitación.
Distraídamente tiré una monita de porcelana mientras pasaba por una mesita de
madera y se quebró. Por un momento creí que mi padre se impacientaría, pero al
parecer lo ignoró.
Temía a mi padre de una manera como nadie se podía imaginar. Desde niña
él había sido muy estricto conmigo y con mi madre, y en ocasiones… hasta nos
había golpeado a ambas. No lograba comprender por qué nos trataba de esa
manera. Cuando no estaba tomado, él se excusaba diciéndonos que lo hacía por
nuestro bien.
A consecuencia de su actitud nunca había tenido novio. Una vez un chico de
la secundaria se ofreció acompañarme hasta casa y mi padre nos descubrió y lo
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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corrió a maltratadas para posteriormente gritarme que era una cualquiera y
golpeándome con el cinturón por toda mi espalda y lugares de mi cuerpo que se le
facilitaban como mi rostro, mi estomago y mis piernas. Me sangré toda. Cuando mi
madre trató de defenderme mi padre le quebró la botella de vino que traía en la
mano en la cabeza. Cayó desmayada y yo en Shock grité pidiendo ayuda, mi padre
me sujeto la boca temiendo que alguien me escuchara y fuera a nuestro encuentro,
me amarró después con cinta blanca y me metió debajo de la cama, me dijo que no
hiciera ningún ruido o de otra manera mataría a mamá.
Otra vez papá estaba borracho y no podía permitir que por mi causa mi
madre saliera lastimada. Cuando él estaba borracho era difícil que comprendiera,
parecía ser otro, se ponía como loco. Trabajaba de albañil. Días trabajaba y días no,
razón por la que mamá tenía un empleo en la residencia de Ric, (mi amigo había
sido muy amable conmigo y con mi madre al hacer que su padre la lograra
contratar, por eso lo quiero mucho) ella se encargaba de que todo estuviera en
orden con respecto y los asuntos del señor Mauricio Montoya y de Ric. Mamá
pisaba los cuarenta, y mi papá los cincuenta.
Me quedé despierta gran parte del resto de la noche. Tenía que estar al tanto
de que mis padres no discutieran. Mi madre tenía mi mismo carácter, aunque a
decir verdad yo tenía el carácter de ella, por eso sabía cómo iba reaccionar.
A diario le pedía a Dios que mi padre no tomara, y si lo hacía, que no nos
golpeara. En realidad me importaba más lo que le pudiera pasar a mamá. Ella era
muy bonita, sus ojos grises iguales a los míos me gustaban mucho. Su piel blanca
la tenía muy cuidada, aunque de todos modos se veía en cierta forma acabada
físicamente por el maltrato de más de veinte años de mi padre, un hombre
moreno, piel ya arrugada y canoso.
Razoné una vez más y mis conjeturas me llevaron una vez más a que no
había tenido una infancia normal: desde siempre había tenido muy en cuenta la
frase de uno de mis escritores favoritos: “Nitram Peña”
¡¿Una infancia traumada?!, no, Una infancia robada.
Eran casi las nueve y media de la mañana del día siguiente cuando me
desperté y me di cuenta de que ya era tardísimo. El sol tenue y lleno de vida y de
luz se escabulló por mi pequeña ventana que daba hacia la calle. Mi casa era
pequeña, medía seis metros de frente por quince de fondo y solo tenía un piso.
Estaba pintada de color azul, tenía piso de mosaico blanco y poseíamos todos los
aparatos de línea blanca que requería cualquier casa. El que mi casa tuviera lo
necesario no se lo atribuía a mi padre. De cualquier forma no éramos ricos, pero si
éramos más pobres que ricos. Por lo general a las siete de la mañana yo ya estaba
levantada.
Me puse unos Jeans. Salí de la habitación y mis padres ya no estaban en
casa. Mamá me había dejado el desayuno hecho.
—¡Mamá!— suspiré sonriente. Mi madre por lo general era muy detallista
conmigo. Me quería, claro que sí.
Desayuné tranquilamente y entonces cuando me terminé de bañar me miré en el
espejo y recordé por qué tenía esas espantosas ojeras en mis ojos. “Parecía mapache
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asustado” Las pesadillas, la imagen de ayer, mi padre. Oh no.
Subí el volumen del estéreo con la esperanza de apartar las pesadillas de mi
mente, traté de dejar mi cabeza en blanco y logré escuchar en la radio cuatro
canciones que me fascinaban: Lo dejaría todo, de chayanne, Donde estás corazón de
Enrique iglesias, Te quiero tanto, tanto, de la onda vaselina y Aquí estoy yo, una
canción que interpretaba Luís fonsi, con otros más. Las tararee alucinada y a la
quinta canción; Más de Diego, mis pensamientos paranoicos ya habían desaparecido
mágicamente. Canté ésta última canción con vehemencia, y de no ser por el
tremendo golpe que me proporcioné en la espalda con la ventana del trinchador
hubiera seguido bailando como si fuera cisne.
Terminé de barrer. Planché el uniforme del instituto, e inicie estresada a hacer la
tarea de Administración, en donde intentaba investigar las transacciones realizadas
entre el primer emisor (prestatario) y el primer prestamista del mercado primario.
En eso estaba cuando se dieron las diez de la mañana y en las noticias de la radio
que se daban cada hora, informaron sobre cuatro volcaduras de automóviles el día
anterior a eso de las 7:20 de la tarde cuando conducían por la autopista “Guadalajara
Colima” en dirección del volcán de fuego de colima.
Me levanté de un salto e intenté resollar de inmediato cuando sentí que el aire me
faltó. Me maree y creí que me estamparía contra el piso. Logré sujetarme de mi
escritorio y traté de dilatar mis oídos para que ambos escucharan claramente las
noticias, así también le di ordenes a mis sesos para que como las esponjas absorbieran
toda la información posible.
Todo en mi cabeza se me nubló espontáneamente. Tuve la sensación de que me
había quedado ciega, todo fue negro para mis ojos y endeble para mi corazón. Mi yo
interno adjuntó el sentimiento lúgubre que se expandió por todo mi cuerpo ahora
gélido y tieso. En la negrura de mis ojos de un momento a otro se estampó la imagen
del día anterior: los relámpagos rojos sin sonido explotando sobre los volcanes, la
capa de neblina que logró cubrir el fenómeno como si quisiera tenerlo en secreto, el
temblor del suelo…
Cerré los ojos y seguí viendo lo mismo. Todo estaba siendo tan real que por un
momento creí estar soñando.
De nuevo los abrí y entonces observé la grabadora, y al mismo tiempo se reanudó
el sonido de la misma. Entre si estaba en este mundo o no, todo me pareció muy
abstruso, y aún así estaba escuchando la información que agrandes rasgos lo único que
pude comprender es que se había tratado de la tormenta eléctrica que había sacudido
gran parte del noroeste de Ciudad Guzmán el día de ayer, una tormenta álgida y
desastrosa, según pudo decir una de las sobrevivientes. Según ella lo que había visto,
al mismo tiempo nunca lo había visto, ¡fue terrorífico!, dijo ella,.
Como pude despejé mi mente dispuesta a actuar lo más sensatamente posible y
seguí escuchando.
La entrevista que se escuchaba de esa mujer debió de ser por grabadora pues la
calidad de sonido dejaba mucho que desear. Su voz aterrada y atormentada, estaba
llena de amargura y pasmo. Su acompañante era su esposo y su pequeño hijo de tres
años, ambos murieron en el accidente, cosa que me hizo sentir un fuerte martillazo en
el corazón, “Un pequeño de tres años”. El pequeño murió herido, mientras que su
marido falleció mucho antes de que el viento envolviera el coche y lo abarrotara en
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carambola contra los autos más cerca, padecía del corazón y el pánico que le causó al
hombre lo hizo morir de un infarto.
La mujer parecía destrozada, cualquiera que la estuviese escuchando ahora
seguro se hubiera sentido igual o peor, me contagio su angustia y dolor, razón por la
que solté en llanto, las últimas palabras del entrevistador fueron:
—…usted aún sigue viva.
—No sirve de nada— había dicho la mujer llorando—, ya no existe nada en mi
vida y en mi corazón…
—Por supuesto que existe señora, o de otra forma, ¿Por qué existe usted?
—Por un error de la vida— dijo al final.
Limpié mis lágrimas con mi suéter azul marino, me senté en uno de los sillones
de la sala y a consecuencia estuve más cerca del modular.
Otro de los familiares de uno de los cuatro autos desaparecidos también salió en
otro reportaje;
. . . Arturo Bravo es hermano de uno de los desaparecidos
a causa de la catástrofe que se presentó el día de ayer.
Según nos cuenta Arturo Bravo, él entablaba una amena
conversación con Ismael Bravo, su hermano desaparecido,
por celular, cuando según el registro de llamada del
celular de Arturo Bravo, exactamente a las 7:28 con 14
segundos la llamada se cortó definitivamente. Arturo
Bravo revela que medio minuto antes de que esto
sucediera, Ismael le comenzó a describir una espantosa
escena que él no pudo describir concretamente, y según
Arturo Bravo, las últimas palabras de su hermano antes de
que la llamada se cortara fueron: ¡Parece que el cielo
negro se nos viene abajo!.
Los informadores dijeron que posiblemente la reacción de esas personas se debía
al Shock o histeria. No se daba crédito verídico a lo que la mujer afectada había dicho,
o por lo menos no esa parte en la que declaró haber visto que el aire envolvía a su
coche por el aire y lo estampaba con los demás.
Me sorprendió aún más saber que en la carambola de cuatro coches —o por lo
menos los que hasta ahora se tenían registrados— ocho personas hubiesen muerto, y
sólo una hubiera sobrevivido, la mujer afectada de nombre Alejandra, una mujer de 33
años de edad que regresaba de colima.
Apagué la radio con precipitación y mi garganta se me cerró lo justo como para
impedir proferir un grito de terror.
¿Qué había pasado? ¿Había sido algo natural? ¿Había sido provocado por
alguien? ¿Realmente nadie en la ciudad o cerca había visto eso que nosotros mismos
habíamos visto? ¿Por qué nadie lo previno? ¿Qué había sucedido con los análisis de
climatología y meteorología?
Estaba estupefacta y mi soledad en la casa no me ayudaba en nada para un buen
razonamiento coherente. Mis intentos por hacer la tarea fueron nefastos. En estos
momentos debía de ser feliz por la simple razón de tener un nuevo amigo. El día
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anterior habíamos conocido a un chico muy carismático y simpático, tan dulce y
tierno como si fuese un pequeño niño. Su nombre era Joaquín, rubio y por si eso no
bastara, con unos impresionantes y brillantes ojos de color azul. Debería de estar
ahora preguntándome el por qué se negaba ser nuestro amigo, qué lo detenía, por qué
se decía ser peligroso. También ahora debería de estar molesta por el comportamiento
que habían tenido Ric y Rigo con Joaquín.
¡Pero no!
Todos mis brillantes pensamientos estaban sumergidos en el fenómeno y ahora
conocido como catástrofe del día anterior.
Me sentía estúpida y avergonzada hacia a mí misma cuando se me ocurrían las
peores teorías en un intento de explicarme esto: otra vez se me vinieron a la mente los
ovnis… ¡No,. ! ¡No!. ¿Por qué se me ocurría lo peor? ¿Por qué mejor no pensar en que
los Ángeles habían bajado a cantarnos una linda canción, quizá para mostrarnos un
poquito de cielo?, pero no. Mi estupidez iba demasiado lejos… los ángeles no
hubieran permitido un catástrofe de ésta magnitud, sin embargo los extraterrestres si,
o acaso ¿El infierno nos estaba invadiendo? ¿Qué estarían pensando ahora mis
amigos? ¿Lo mismo que yo? Para nada, ellos no eran tan estúpidos.
Me creí preparada entonces para recibir el premio nobel para la chica más
paranoica, poco original y más estúpida no solo del planeta, si no del universo entero.
Cuando salí de casa tuve la inquietud de mirar hacia el cielo que explayaba un
azul con cirros en lo más alto de él.
Este día parecía estar sofocado, otro símbolo más de los últimos días del mundo.
La gente parecía inquieta, distraída y tuve la impresión de que todo se reproducía muy
rápido, la gente andaba muy de prisa, como si en el DVD hubieran apachurrado al
botón de avanzado rápido. Me lamenté no haber abrazado a mamá y a papá y haberles
dicho que los amaba más que cualquier otra cosa en la vida.
Me sentí mala de los nervios, y creí que esa era la razón de mis fuscos pensares.
Cabía la posibilidad de que fuera yo quien estuviera mal, y no los demás… aunque
también cabía la posibilidad de que yo fuera la única humana normal en todo el
mundo, pero… ¿Sería posible?
Era el Inicio de la muerte. Primero el asesinato del hombre del grullo, del que a
ciencia cierta no se había reportado muerto, sino desaparecido, pero dada su ropa llena
de sangre… ¡Qué horror! Y luego lo del a catástrofe…
Vivía por la calle de Humboldt, una calle céntrica que rápidamente me hizo
llegar hasta el centro de la ciudad, en donde iba a subir al camión urbano que me
llevaría hasta el norte, donde se encontraba el ITPI, casi en frente del lienzo charro.
Caminé y me persigné ante la parroquia del sagrario que yacía cerrada. Un
monumento de Silviano carrillo me miró desde donde estaba. Le esquivé la mirada y
me detuve en la parada de autobús, lugar en donde se encontraba una aglomeración de
estudiantes de la Preparatoria del sur, CBTis, y CEB 5/5: todos estos de nivel
bachillerato. También habían unos que otros que por el logo de la camiseta logré
identificar como estudiantes del CUSUR, otros más se dirigían hacia el ITCG, y otros
más al CREN, éstas universidades.
De una escuela privada como la mía era difícil ver a estudiantes que subieran al
camión urbano, por lo general todos llevaban carros del año, claro a excepción mía,
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Helu, y Rigo, y por qué no otros más que estábamos becados, o que no disfrutaban del
regalo de ser ricos. Gracias a eso también, a que yo pertenecía a la escuela más
altanera y fresona de la ciudad, todos me miraban con aversión. Me identificaban por
mi uniforme.
Me acomodé mis lentes (no tenían mucha graduación) con armazón negro
(elegantes) y miré a través de ellos.
No les presté atención a los que me criticaban y torcí el gesto. De alguna manera
intentaba escuchar sus conversaciones, esperaba que hablaran sobre lo que estaba
aconteciendo a la ciudad, del terrible momento por el que estábamos pasando, pero
nadie dijo nada, o por lo menos no la conversación que quería escuchar. Tareas, más
tareas y cosas que no me importaron.
El camión que tenía la insignia en el cristal derecho con pintura blanca el
numero:4 “B” se acercó hasta nosotros, había mucho tráfico, y todo se debía a que al
pie de la Catedral se construía la nueva plaza nombrada de las Fuentes.
Frente a mí estaba la catedral de piedra de la ciudad. En otras circunstancias la
iglesia de estilo neoclásico hubiese sido inmortal, pero las dos torres del costado, así
como una cúpula dorada y un gigantesco reloj en medio de las torres de los costados
con cuatro caras, habían desaparecido de su construcción a raíz del terremoto que
había sacudido a la ciudad en 1985.
Me persigné una vez más y como pude logré esquivar a muchos estudiantes que
me impedían el paso y subí al camión. Estaba el apretujón. Mi mochila no pesaba
mucho, pero si hacía bulto. De por sí el calor nos estaba asando a todos, y con esto,
todos apretados como sardinas, no supe si sobreviviría. Entre apretujones, codazos y
refunfuños logré adentrarme hasta la puerta de salida del autobús, allí me sostuve del
tubo metálico con mis dos manos para detenerme. El aspecto que repentinamente tuvo
un chico que estaba sentado aún costado del tubo me hizo cambiar de posición y
mejor sostenerme de la silla. Yo no pasaba de los ciento sesenta centímetros de altura,
razón por la que no me atreví a intentar sostenerme del tubo de arriba.
Para sorpresa mía, un chico de barbilla rajada, como mi amigo Ric, que estaba
sentado al otro lado, me miró con una sonrisa y me compartió el asiento vacío que
tenía junto a él. A juicio por su camiseta pertenecía al CBTis. Me tomó de sorpresa
que se mostrara tan amable conmigo porque por lo general yo estaba acostumbrada a
pasar desapercibida ante los demás, sobre todo con los chicos. Muchas veces me
había sentido como un simple piojo que brincoteaba por la calle sin que nadie lo
mirara. Me sentía apestada y repudiada “Típico pensar de los piojos”.
Antes de sentarme intenté preguntarme el por qué de la actitud tan amable del
muchacho hacia mí. Para iniciar no me había esmerado mucho en mi arreglo personal;
claro, me había bañado, pero de ahí en más pues no, solo me había hecho mis dos
colitas de cabello acostumbradas, mi falda azul marina estaba un poco más debajo de
mis piernas de lo normal, bueno, por lo menos mucho más que Estrella, además no la
llevaba tan ajustada como muchas, o mejor dicho otra vez, como Estrella. Traía un
suéter azul marino que combinaba con mi falda, y a lo que se refería de maquillaje,
“Sólo polvo”. En fin.
El chico me intentó hacer plática y yo cortésmente accedí aunque no de buena
manera. No era porque el muchacho, “Que me daba vergüenza admitir que era algo
guapo” fuera aburrido, no obstante éste no era el mejor momento para que yo pudiera
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charlar con alguien de “X” cosa. Si de por si nunca tenía un buen tema de
conversación, ahora con mis pensamientos perdidos en otra cosa que nada que ver con
lo que me platicaba el muchacho, menos podía encajar en la charla.
Yo no me consideraba una muchacha de diecisiete años apunto de cumplir los 18
normal, sin embargo sí lo suficientemente madura como para tomar mis propias
decisiones, fueran las que fueran.
—Tus ojos me gustan— me dijo el muchacho tomándome desprevenida.
Me sobresalté y le sonreí de una forma que hasta yo misma me avergoncé por
el aspecto que pude haber dado. Él sonrió.
Yo estaba roja.
—Me llamo Brandon Ezequiel— me dijo cuando tomó su mochila y se paró del
asiento—. Espero verte pronto por aquí — y bajó del autobús cuando menos me lo
esperaba. Claro, habíamos llegado al CBTis, su escuela.
Apenas había subido un par de gradas en la entrada principal cuando sentí una
mirada, de esas veces que sientes por instinto que alguien te observa.
—Buenos Días— le dije al viejo Libasteo, que me examinaba con atención
mientras limpiaba los cristales del pasillo principal que guardaban el periódico
mural.
—Buenos días, Bonita— me dijo él, sin apartar su vista de mis ojos. El señor
respiró profundamente y volvió a mirarme a los ojos con el ceño fruncido.
—¿Se siente bien? — le pregunté dedicándole una sonrisa.
Don Libasteo, que siempre traía un sombrero color caqui como el que usan los
excursionistas me devolvió la sonrisa algo pasmado.
—Todo bien, hija, pero es que… bueno, ya soy viejo.
Fui yo ahora quien le puse atención. Bien podía tener la altura de Ric, y su
piel blanca arrugada me pareció tensa, como si le sucediera algo.
—No te voy a entretener más, tus amigos ya llegaron, ve con ellos— me
sugirió para después desaparecer de mi vista.
El viejo siempre había sido misterioso, como si guardara un secreto en su
vida. Sin embargo decidí no ponerle atención y atravesé el pasillo hasta que vi la luz
una vez más.
Lo primero que había después de ese pasillo era una fuente grande que tiraba
chorros de agua paulatinamente. Algunas de sus brisas me rociaron, pero decidí
seguir caminando.
En el centro del terreno del gigantesco Instituto estaban concentrados todos
los edificios de color blanco, algunos de tres pisos, otros de dos, y algunos de uno
solo, de donde habían laboratorios de cómputo, de biología, etc. En los alrededores
de los edificios habían árboles gigantes y pinos, y en el lado izquierdo del terreno
yacían las canchas de fútbol, voleibol, frontenis, basquetbol, y una cancha de futbol
rápido, mientras que en la orilla del terreno del lado derecho estaba el gimnasio, la
sala audio visual, y dos albercas.
En este Instituto estudiaban alumnos con un fuerte capital de dinero a
excepción de los que éramos becados como yo, venían de todo el sur de Jalisco:
Amacueca, Atemajac de Brizuela, Atoyac , Gómez Farías , San Gabriel, Sayula ,
Tapalpa , Techaluta de Montenegro, Teocuitatlán de Corona, Tolimán, Tonila,
Tuxpan, Zacoalco de Torres, Zapotiltic, Zapotitlán de Vadillo, y por su puesto de
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aquí, Ciudad Guzmán.
Cuando subí al tercer piso de mi edificio escuché grandes carcajadas de algunos
de mis compañeros, venían de mi salón.
—¡Dios mío! —grité cubriéndome la boca.
Braulio, Adán, Pablo, Rodrigo y Alejandro estaban lanzando en el aire un
condón inflado, que estaba volando por todo el salón.
Me sonrojé de una manera increíble y me fui corriendo hasta mi lugar.
Me extrañó que los R.R ésta vez no estuvieran involucrados en éste
bochornoso momento, y pronto descubrí por qué.
—Tampoco lo encontré en Internet— la voz de Rigo fue muy grotesca mientras
yacía parado frente al mesa banco de Estrella.
—¿Crees que soy Estúpida?— dijo echando chispas—. Además de los libros,
en Internet se maneja el mercado más extenso del mundo a cuanto información se
refiere, así que no me salgas con que no hiciste la investigación porque no lo
encontraste en Internet, de cualquier forma…
—De acuerdo—gritó él —¡No tengo computadora!
Rigo salió del salón explosivamente diciendo palabrotas.
Estrella suspiró frustrada y se sentó junto a mí.
Estaban comparando los trabajos de nociones de la Administración cuando
Rigo había pedido que le pasáramos la tarea y Estrella había empezado. Ric
tampoco la había llevado.
Helu entró a nuestro salón con su fólder color beige en la mano. Pese a que nadie
se lo había dicho a pesar de que quizá ella lo sabía, Ric no pudo evitar burlarse por el
rostro que deleitaba el día de hoy. “Su mejilla izquierda estaba excesivamente
hinchada y roja”.
Durante las tres primeras clases de la tarde todo me pareció lo suficientemente
monótono como para poder olvidarme de lo que había escuchado en la mañana. Lo
único trascendente, (si se le podía llamar de alguna manera) fue que el profesor de
Administración nos dejó plantados con la tarea porque no fue, en su lugar mandó a la
prefecta Letty a dejarnos un trabajo que lo teníamos que asociar con lo que habíamos
investigado. Rigo no se presentó a ninguna de estas tres clases y Estrella parecía
avergonzada pues creía que era por su causa.
—¿Y dice que las mujeres somos más sentidas que los hombres?— había dicho
después de que saludé a Edgar, el chico que el día anterior había sido víctima de
Rigo con eso del chicle.
El resto de la tarde la pasamos sin acontecimientos importantes, salvo la caída
que protagonizó Helu al salir de la cafetería, alguien había tirado en el pasillo yogurt y
ella se había resbalado.
Ric después de la quinta clase se separó de nosotras y fue a buscar a Rigo pues al
final no se presentó a ninguna clase. “¿Tan molesto estaba?”.
Nosotras por lo tanto, y para matar el tiempo, fuimos a buscar a Joaquín hasta el
laboratorio de computo que estaba en el edifico “I”. Tuvimos que esperar a que su
clase terminara, ya eran casi las ocho de la noche y al parecer era la última clase de ese
jueves para él. Nuestras clases por el contrario ya habían terminado.
—¿Ya vieron lo guapo que es?— inquirió Estrella que no apartaba su vista de
la ventana transparente del laboratorio. Joaquín no se había percatado de nuestra
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presencia.
—Estrella ¡por favor!— le dije sintiéndome avergonzada. “Claro que era
guapísimo”.
Helu mientras tanto sonrió como una tonta vagando su mirada.
—Das por Dios, no seas santurrona— me espetó Estrella sin apartar su vista de
Joaquín—. Vean nada más sus ojos, tan azules y brillantes como el mar en pleno
medio día, cuando el sol hace que destelle claramente. Hay chicas… me fascina y no
tengo la intención de dejarlo ir, no antes de habérmelo comido.
Joaquín nos envió una sonrisa encantadora cuando se percató de nuestras
presencias. Yo me estremecí, Estrella se sonrojó, y Helu, bueno, ella probablemente
estaba sonrojada, aunque no se le notaba mucho pues al fin y al cabo una de sus
mejillas ya estaba roja.
—¿Saben?— les dije mientras lo saludaba con la mano— Sacando
conjeturas Ric y Rigo están celosos del pobre chico.
—Y tienen por qué estarlo— dijo ella suspirando—, ¡Joaquín parece angelito!
—Ellos también son guapos— dije a su favor.
—Por supuesto que lo son, pero ellos son nuestros amigos, no podemos ser
nada más — Estrella pareció mandarle un beso a Joaquín cuando éste se volteó.
—Joaquín también es nuestro amigo— le recordé.
—No te me confundas mamacita— me abordó Estrella mientras se retocaba el
maquillaje, que si de por sí ya era extravagante—. Recuerda que dijo que lo iba a
pensar, así que guardo la esperanza de que nos diga que no, y pues así…
—¡Estrella!— sonó la voz Catarina de Helu—. Si no quiere ser nuestro amigo
¿crees que va querer ser nuestro novio… es decir, — corrigió—… crees que va a
querer ser tu novio?— en la voz de Helu pude escuchar rencor hacia Estrella.
—Eso déjamelo a mí—aseguró Estrella retándonos. Me pregunté si algún
hombre podría salir inmune a los encantos de mi amiga.
—No creo que esto esté bien— le dije de manera aguafiestas. No sabía por
qué la contradecía, ¿No quería que fueran novios?—Ric y Rigo son nuestros amigos
y se pueden molestar.
—¿Y eso qué diablos me importa?— me dijo mirándome molesta con sus ojos
verdes.
—Te repito que son nuestros amigos— enfaticé cruzándome de brazos.
—Pero no son nuestros propietarios— rezongó ella enfurruñándose.
Suspiré y me descrucé de brazos para ahora meterlas a mi chamarra azul
marina esperando a que el rubio saliera del salón.
Ric y Rigo estaban molestos con nosotros por esto y yo me sentía mal. A decir
verdad yo siempre me sentía mal por casi todo. Era muy considerada con los demás,
menos conmigo misma. No me gustaba que mis dos amigos se sintieran heridos, o
de lo contrario ¿Por qué no estaban ahora con nosotras? Me sentí extraña. Nunca
antes habíamos estado por el instituto separados. Comprendí que estuvieran así, pero
ellos no debían de sentir celos. Ric por su puesto que era el galán de galanes, uno de
los más atractivos de todos los que hasta ahora había conocido, y qué no se diga de
Rigo, él era muy, muy “Sexy”,(me ruboricé de solo pensarlo) sobre todo con su
nuevo pierncig en la ceja. Qué afortunada me sentía, tener por amigos a los más
guapos del instituto no era cualquier cosa. El moreno y locochón Rigo, el piel
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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tostada y galán Rigo, y ahora el rubio y tímido Joaquín, amigos de todos los colores
y sabores.
—Ahí viene— nos previno Estrella.
¡Qué pereza!
Automáticamente acomodé mi compostura y alcé la mirada.
Salieron más de treinta estudiantes de Informática y, ¡Oh!, Ándru Paniagua
salió con su flota de amigos victorioso. Se me hizo gracioso que pensara que Estrella
estaba allí por él, por estarlo esperando, y gran sorpresa se llevó cuando Estrella
saludó con un beso en la mejilla a Joaquín que recién salía sonriente. La mirada
altanera de Andru se cayó a chorros y sus amigos hicieron mohines de burla. A
continuación miró a Joaquín fulminándolo con la mirada y después de eso miró otra
vez a Estrella que al parecer no le prestaba atención a él.
Me espanté cuando se acercó a nosotros después de que Joaquín y yo nos
saludamos. Nos sonrió monstruosamente a los cuatro. Estrella al escuchar la voz del
tipo volteó ágilmente y subió su mirada espantada hasta el rostro del Paniagua.
—Debo de suponerme que irán al campamento— nos dijo con su atractiva voz
similar a la de Ric, grave y profunda. Ambos eran muy altos. O por lo menos para
cualquiera que tenga mi estatura sabrá que para nosotros todo lo que vemos es
grande.
—¿Nos estás invitando?— quiso saber Estrella. Supe que su intento por no
demostrar la voz quebrada falló, así como su intento de no sentirse avergonzada.
¡Andru y Joaquín!. Valla, Estrella poseía un corazón de condominio, con
ambos se avergonzaba…
Intuí su repentina vergüenza hacia Andru porque según sabía, Estrella solo
había escuchado rumores de que a Andru le gustaba ella, los amigos de éste se lo
habían dicho cuando pasaba sola por allí pero que yo supiera nunca se habían
hablado, no hasta ahora claro. ¿Por qué lo hizo entonces ahora?, ¿Por qué le habló a
mi amiga si según Estrella, antes ya había tenido mayores oportunidades de hacerlo
y sin embargo no lo hizo?, pues bien, lo supuse, “Uno nunca sabe lo que tiene hasta
que lo ve perdido”
—“Qué va”—soltó Ándru con ironía—. Tu novio ya lo debió de haber hecho,
por su puesto—dijo mirando despectivamente a Joaquín. El chico rubio lógico que
se sobre saltó pero no desmintió nada.
—Si te refieres a Joaquín— continuó Estrella estupefacta por el comentario de
Andru. En ningún momento fracturó su voz como la última vez, —. Claro que nos
invitó, así que no veo la razón de tu visita.— mintió. Fue dura en sus últimas
palabras.
Andru sonrió diabólicamente. Me seguía dando miedo, sobre todo temía por
Joaquín, el pequeño Angelito se veía tan frágil e indefenso que no me imaginaba
verlo defenderse ante tal monstruo. ¿Dónde estaban mis amigos? De estar allí, ¿Lo
defenderían?
—Hum— murmuró Andru con la ceja alzada—.Solo intentaba ser cortés. De
cualquier forma te veré allí entonces. ¡Cuídate!— le dijo—, pero sobretodo ¡cuida a
tu novio!
Me estremecí. ¿Era una amenaza?.
—Descuida— le aseguró Estrella intentado que su voz fuera amenazadora
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también.
Me quedé sin respiración, boquiabierta, como si estuviera sofocada. Por el
aspecto que Joaquín transformó, no pareció asustado, o por lo menos no le tomó la
misma importancia que yo.
Uff
Se había ido.
Entre el nuevo apretujón que se nos vino encima, ninguno pudimos compartir
opiniones hasta que bajamos de la tercera planta y los estudiantes se esparcieron.
Caminamos por el pasillo buscando a nuestros otros dos amigos.
Gracias al horario de verano, a las ocho de la noche todavía no oscurecía, el
anochecer le reclamaba al atardecer su turno de entrada y eso era visible desde
cualquier parte de la ciudad. Los tonos rojizos y oscuros del cielo trataban de hacerse
una sola mezcla homogénea, y las nubes que venían del oriente amenazaban con la
primera tormenta del verano en mayo.
—Así que un campamento ¿no?— dijo Estrella con voz trémula mientras
caminábamos hacia la cafetería. Ric y Rigo podían estar allí.
Estrella y yo estábamos a los costados de Joaquín, como si fuéramos sus
guaruras. Helu estaba aún lado de mí.
—En realidad solo va ser un viaje de un día, en el nevado de colima— explicó
el pequeño angelito— ni siquiera se van a quedar a campar, irán muy de madrugada
y volverán por la tarde.
Estrella lo sostenía del brazo. Lo miró a la cara y le dijo.
—La palabra “irán” me suena ¿a que te estás excluyendo?
—Desde luego— dijo Joaquín resollando—. Como les dije ayer, no estoy
acostumbrado a mezclarme con los demás. No encajo, no soy compatible. Prefiero
ser razonable y no arruinar un día que se planea ser genial.
Lo observé sonriente. Él y yo éramos similares, “No éramos compatibles con los
demás”.
—Ajá— Murmuró Estrella—. Mira Joaquín, mientras tú decidas estar cerca de
nosotras, bueno de nosotros, me refiero a Ric y a Rigo también, tú vas a tener una
buena compatibilidad.
—No les gusto para nada a ellos—aseguró el rubio—, y los comprendo. Soy
un pobre imbécil escaso de simpatía.
—No creas eso, Joaquín. Quizá solo son alucinaciones tuyas— intenté hacerle
saber que él se equivocaba, aunque yo sabía que él tenía razón. Mis dos amigos no
lo querían cerca de nosotras.
—Desde luego que percibo su coraje ante mí. Les digo que los comprendo.
Ustedes deberían de hacer lo mismo y alejarse de mí.
—¿Eres un monstruo?— le preguntó Estrella fingiendo estremecimiento.
Joaquín no respondió nada a eso y rápidamente cambió de tema.
—Oh. Pero qué distraído y grosero soy— dijo Joaquín deteniéndose. Ceñudo
y su mirada se detuvo hasta el rostro hinchado de Helu.
—Perdón, pero no me había dado cuenta que venías aquí, como no me
saludaste…
—No te preocupes— dijo ella con un gallo en su voz.
—¿Cómo sigues de tu …? Oh, claro, se te hinchó— el tono de Joaquín fue de
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vergüenza. Apuesto que se estaba atormentando internamente por haberla golpeado.
—Descuida, no me duele— Helu le volvió a sonreír.
—Pedirte más disculpas no va a remediar nada, salvo tu coraje hacia a mí. Sé
que soy un estúpido, pero como te dije, solo estaba entrenando y …
—Si ya me lo dijiste, y te digo que no hay ningún problema— respondió Helu
con la esperanza de que sus palabras le arrebataran el cargo de conciencia que
atormentaba a Joaquín—. Lo que todavía no me queda claro es por qué no te
aceptan en el equipo y tienes que entrenar solo.
—Te digo que no soy compatible— sonrió ahora —. Soy nuevo. El profesor
Leonardo de Educación Física me metió a éste último torneo y como veo las cosas,
muchos no estuvieron de acuerdo. Entre ellos Ricardo.
Claro. Como no me di cuenta antes, Ric estaba también en el equipo del
instituto, un súper porterazo de primera clase, seguro que esa era otras de las
razones por la que no lo aceptaba. ¿Por qué se molestaban con él?, Ric no tenía por
qué si él era portero, en todo caso Joaquín estaba en la posición delantera y no
habría repercusiones en el área de Ric. No era que yo supiera mucho sobre fútbol,
esto ambos me lo habían dicho a su tiempo.
Los ojos chispeantes y azules de Joaquín se clavaron en los míos, de la misma
manera que lo había hecho el viejo Libasteo cuando llegué al Instituto. De no haber
mirado a mis dos amigas me hubiera sentido incómoda. Nos observó a las tres con
estupefacto, a nuestros ojos. Tragó saliva y cerró los ojos.
—¿Qué les ha ocurrido? —preguntó estupefacto, no dejaba de mirar nuestros
ojos.
—Nada, ¿Por qué? —pregunté desconcertada.
—Okey, Okey— interrumpió Estrella y reanudamos nuestro camino.—Y
bien, ¿Qué pensaste de nuestra propuesta?.
—¿Propuesta?— preguntó él confundido.
—Joaquín ¡please!— suplicó Estrella—. Sabes de lo que hablo.
—Bien, lo recuerdo— reconoció al final. Tragó saliva y dejó de mirarnos.
Pasamos por una ventana y tuve que mirar mi reflejo para saber que no traía
un moco de fuera… pues a Helu era obvio que la mirara por su mejilla colorada, sin
embargo Estrella y yo no teníamos nada… ¿Por qué nos había mirado tan
estupefacto a las tres? Quizá era yo la única que veía cosas que no, así que sacudí la
cabeza para olvidar todo.
—¿Y entonces?
Joaquín no dijo nada en un buen rato. Llegamos a la cafetería y casi estaba
vacía. Ric y Rigo no estaban tampoco allí.
—¿Dónde diablos están?— chilló Estrella enfadada. Yo más que otra cosa
estaba preocupada. Creería que se habían ido ya, de no ser por el mercedes rojo de
Ric estacionado en la cochera de estudiantes.
—¡Bah!— murmuró Estrella— Mejor vamos a esperarlos en las bancas de
afuera. Ric te puede llevar si quieres— le sugirió a Joaquín. Él solo se limitó a
sonreír como diciendo: “Te digo que no me quieren, ¿y tu pretendes que me va a
llevar una vez más a mi casa?”.
—Hoy no, gracias. — repuso Joaquín— No creo que sea una buena idea, y
por favor no insistas.
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—Está bien— dijo ella, —No pondré objeción, solo quiero que me respondas
la pregunta que te dije ayer, además ya pasaron más de las 20 horas planeadas.
—Necesito que alargues el plazo— dijo él.
Fuimos por nuestras mochilas a nuestro salón y después nos sentamos en una
banca larga y húmeda por el aire frío que nos comenzó a estremecer cerca de la
cochera. La oscuridad casi era definitiva. Las lámparas largas se encendieron
dándonos una luz amortiguada. Los autos se estaban desapareciendo conforme
pasaban los minutos y cada vez me preocupaba más la repentina desaparición de mis
amigos. Faltaban veinte para las nueve de la noche.
—Así que un plazo más largo— repitió Estrella. Me supuse que la alegría que
demostraba no era por otra cosa sino que si las cosas seguían así, “No querer ser
nuestro amigo”, ella se podía aprovechar de él de otra forma. ¡Oh no!
—Por favor— suplicó él.
—¡Pero por supuesto!— concedió Estrella, —Con esa carita hipnotizadora
que tienes, de un autentico querubín dispuesto a embrujar a su presa para que
responda cualquier cosa que él quiera, ¿Crees que me voy a negar?.
Joaquín se intimidó terriblemente. Se hundió en el asiento y solo tuvo palabras
para responder:
—¡Gracias!.— no supe si fue por muestra de que Estrella le había alargado el
plazo, o tal vez por el cumplido.
¡Pobre chico! “Bajo el acoso de mi Amiga.
Después de mi tercer bostezo observé a tres personas conocidas que se
acercaban a las bancas negras del estacionamiento. Ric, Rigo y… o claro, el viejo
cincuentón e intendente del instituto, el señor Libasteo.
—Aquí están— nos dijo Rigo sacudiendo la cabeza—. ¿Dónde se supone que
estaban? ¿De excursión por el instituto?
Me pregunté si esa pregunta era la que teníamos que decir nosotros. Me quedé
callada y fue Estrella quien los regañó. Pelearon por un buen rato hasta que los tres
chicos dejaron de hablar. El señor Libasteo mientras tanto nos quitó de la banca para
sacar la basura acumulada debajo de ella, y cuando terminó nos sentamos los seis.
—Muchachos, muchachos— canturreó el viejo cuando Estrella y Ric
reanudaban su riña—. ¡Ustedes están peor que el fenómeno que nos atacó ayer!—
rió como tosiendo y siguió meneando su escoba.
Lo recordé sobresaltada. Cuando miré a mis amigos vi que Joaquín palideció
repentinamente luego de que don Libasteo lo miró con frialdad.
—¿Quiere decir que usted también lo vio?—inquirí descreída. Intenté
incorporarme. El señor Libasteo sonrió a un chiste privado y continuó.
—No solo eso, muchacha— dijo sacudiendo la cabeza. Sujetó la escoba con
fuerza y la giró. Usó el palo pelón para arrancar un chicle prieto que estaba tirado y
muy pegado en el piso—Yo voy a dar sentencia a los causantes de dicho accidente.
Se me fue la respiración a no sé dónde. Lo comprendí cuando tuve la necesidad
de desmayarme. El viejo lo dijo muy tranquilo y sereno. No tuve la intención de
examinar a mis amigos, pero no fue difícil imaginarme sus expresiones. Tardé un
minuto para carburarlo.
—¿Qué usted qué?— intenté no parecer idiota, pero era imposible tratándose
de mí. —¡No puede ser!— dejé que mi voz reflejara cierto escepticismo—¿A quien
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va a sentenciar?
El viejo dejó de barrer y me miró con calma exactamente a mis ojos. Sus
arrugas se re contrajeron más. Las canas que se le dejaban ver bajo ese sombrero
color caqui bailotearon entre el aire.
Hice un esfuerzo imposible para mantenerme sentada, para no dejar que los
riesgos de una futura histeria terminaran por enloquecerme.
—¿Se podría explicar de una buena vez?— aunque estuvieron a punto de
soltarlo mis labios, una voz ajena a mí me dijo que yo no había sido, pero la voz
chillona y aprensiva de Estrella no me dio otra alternativa que saber que había sido
ella.
La miré por debajo de mis pestañas y a través de mis lentes. Me sentía caliente
de mis mejillas y de mis orejas. Ella parecía estar hipnotizada, igual que los demás.
Todos tenían ceñido el rostro. Menos Joaquín, que seguí pálido. Siguieron sentados.
Ric y Joaquín en los extremos, Estrella, y Helu en el centro de todos, y Rigo aún
costado de Ric, junto a Helu.
Un nuevo relámpago intentó recrear una autentica escena de terror, por si acaso
hiciera falta.
—¿Cuál es el problema?— dijo el señor Libasteo. Pese al tono y los rostros de
asombro que teníamos, el viejo no pareció darnos importancia.
—Señor Libasteo— expresó Ric sonriendo, extraño para mí que una situación
como esta tuviera el tiempo para pensar en reír—. Con todo el respeto que usted se
merece, sinceramente en otro momento más agradable, cuando no esté haciendo
tanto frío y mucho menos propenso a llover, con mucho gusto me encantaría que
compartiera con nosotros sus alucinaciones, pero…
El viejo lo interrumpió con una risotada. A pesar del frío de la noche, el señor
Libasteo se tomó la libertad de limpiarse el sudor.
—Qué poco inteligente eres muchacho. La ignorancia arrastra a tus palabras.
—¿Qué?—Ric se molestó. Rió irónico y le dijo:— Usted se dice tener la
autoridad para sentenciar a los causantes del la catástrofe, de una catástrofe que
dudo mucho haya sido cierto, ¿y me dice a mí poco inteligente e ignorante? ¡No
me haga reír! ¿Quién más pudo provocar el accidente si no fue la naturaleza
misma?— Ric endureció sus facciones.
—Me llama mucho la atención uno de tus parlamentos— repuso el viejo
mientras seguía barriendo. Otro automóvil se fue del estacionamiento.
—¿Así?— respondió Ric apretando los dientes.
—Una catástrofe que dudo mucho haya sido cierto— repitió el viejo—. ¿A
caso no lo viste? ¿No me lo acabas de decir hace rato cuando te pregunté qué
habían hecho ayer después de llevar a Fahme a su casa?
El señor Libasteo tenía la razón. Todos lo vimos, incluso fue él quien dijo, ¿qué
diablos es eso? ¿Por qué ahora intentaba adquirir la enfermedad de amnesia?
Ric trató de rebuscar la respuesta en su cabeza. Creí que estaba raspando su
cerebro con una cuchilla quitando el sarro que le impedía pensar coherentemente
hasta que por fin suspiró.
—Yo no creo nada. Incluso no creo lo que vi.
—¿Y qué hay de las noticias?— le recordé. Me pregunté si las había
escuchado.—. ¿A caso no sabes los accidentes que fueron causados gracias al
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fenómeno de ayer? ¿No lo sabes?
—¿De qué noticias hablas Das?— me preguntó Joaquín con voz sepulcral.
—¡Exacto!— intervino Ric—. ¿De qué noticias hablas? ¿Alguien las
escuchó?— preguntó burlándose. Me avergoncé. Alguien las debería de haber
escuchado, eso tenía que ser así. Yo no estaba loca, escuché claramente la
información que dieron.
Casi todos negaron con la cabeza y yo me sobresalté.
Intenté comprender que por alguna razón no las habían escuchado, o mirado
por televisión, o incluso leído en el periódico en caso de que allí las hubieran
divulgado: Rigo trabajaba por la mañana en un taller mecánico, y por lo que decía
mamá, Ric se la pasaba toda la mañana haciendo ejercicio, Estrella se la pasaba
compras, Helu leyendo, podía leer una obra de ochocientas hojas en una sola
mañana, y Joaquín, no lo sabía, hacía poco más de un día que lo conocía. Debía de
haber una explicación.
—¡Pues como sea yo las escuché por la radio!— me defendí sintiéndome
ridícula. Se me quebró la voz. ¿Y si de verdad las noticias solo habían sido
producto de mi imaginación y no había pasado nada? por una parte estaría bien, de
ese modo los accidentes y desapariciones, así como las muertes de familias y sobre
todo del pequeño de tres años no serían reales, pero por otro lado, estaría
confirmando verdaderamente lo tremendamente loca y paranoica que estaba.
Ric me imitó y se puso de pie. Estaba riéndose, cosa que me hirió, seguro se
burlaba de mí, y lo peor de todo es que lo hacía con justa razón, yo estaba loca.
“Que pase al escenario la chica más estúpida del mundo; Dacia Sthepania”
pensé para mis adentros con resignación.
—Y según tú, “Hermanita paranoica“—Ric volvió a reírse. Se cruzó de
brazos y me miró otra vez —. ¿Qué fue lo que dijeron en las noticias?
—Creo que no importa— me sentí impotente. No creí ser lo suficientemente
valiente para darles a conocer las terribles declaraciones que mi imaginación
habían escuchado esa mañana.
—Dime que te enojaste— me retó Ric cambiando su aspecto —Das, no es
para que te enojes bonita, solo que…
—Quizá tienen razón y estoy completamente loca— me abrumó la realidad
de mis palabras e hice un tremendo esfuerzo porque mis lagrimas no fueran a salir
de mis ojos, aunque ganas no me faltaban.
El señor Libasteo fue atraer agua de la fuente del fondo sin prestarnos
atención. Cuando se fue iba murmurando palabras inelegibles. Yo sacudí la cabeza
como si con eso mis espantosas alucinaciones se fueran a ir. Fui por mi mochila y
la puse en mis hombros.
—Lo siento— me disculpé— es mejor que me vaya, o de otra forma mi
padre se molestará— No era mentira. No podía tardarme ni un minuto más de las
nueve y media de la noche, o de otra forma ya tenía el boleto asegurado para una
buena arrastrada y eso me asustaba, si de por sí ya eran casi las 9:15 de la noche.
—¿Esta vez no vas a dejar que te lleve a tu casa?— me preguntó Ric cuando
supo mi estado sentimental. Dado a la reacción de Ric, ahora se sentía avergonzado
por la forma en la que se había burlado de mí y trataba de enmendar el error.
—No— no quise que mi voz fuera la de una chica dolida, pero no funcionó.
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Las dos letras salieron con tanta amargura y rudeza que Ric tuvo que sostenerme
del brazo cuando me alejé. Rigo y Estrella se pararon y fueron junto a mí. Estaba al
extremo de llorar.
—Oh Das— me dijo Estrella abrazándome—. Lo sentimos de verdad, no era
nuestra intención agredirte— su voz sonaba sincera, y hasta vi cómo le lanzaba una
mirada matadora a Ric, mientras que él agachaba la cabeza.
—No importa— le dije atragantándome—, saben cómo soy de chillona.
—Está bien— dijo Ric— Vámonos ya si eso es lo que quieres— me dijo con
voz dulce, (difícil para él que tenía una voz ruda y grotesca)
—Yo también escuché las noticias— dijo Helu desde el asiento. Me olvidaba
que ella y Joaquín seguían sentados allí.
Fruncí el ceño inconscientemente y sentí que me iba para atrás. Me sostuve de
Estrella y ella rápido cruzó su brazo con el mío, como unas autenticas hermanas.
Otro relámpago. Me quité mis lentes y me limpié los ojos con la mano que tenía
libre.
—Tu también no, Helu —dijo Ric arrugando la frente.
—Por Favor Ric— respondió ella— . No todo el monte es orégano. No todo lo
blanco es harina. No todo lo que brilla es oro. No hay que buscarle el ruido al
Chicharrón. Por más locas que estemos, no creo que dos personas puedan tener la
misma imaginación a la misma vez, sería ridículo— puntualizó ella. Ya estaba
envuelta en su acostumbrado y grande suéter rojo.
—Ridícula es lo que tú eres— rezongó Ric mientras buscaba las llaves del
mercedes en su mochila—. ¡Okey vamos!— miró a Joaquín despectivo, como
diciéndole que no tenía pensado llevarlo a casa como ayer.
—Pues piensa lo que quieras—profundizó Helu. Se puso de pie y esperamos a
que el viejo se acercara a nosotros para despedirnos. Traía puesta una chamarra
aborregada de mezclilla y sostenía una cubeta con agua.
—¡Oigan!— dijo Rigo acomodándose su pequeño morral. Le eché un vistazo
a las calaveras que traía en su morral. Me estremecí. —No me voy a quedar con la
duda. Estén locas o no, me gustaría saber lo que dijeron en las noticias, no
manchen, dígannoslo porfa.
Otra vez no.
La luna fue secuestrada por las nubes. Unas gotitas de agua fría y delgada se
estamparon contra mi rostro cálido y tenso. Miré hacia el cielo y suspiré otra vez.
La posición de mis ojos cambió de rumbo cuando escuché a Joaquín acercarse a
nosotros, creí que se iba a despedir ya, pero algo en él lo detuvo. Seguro también
quería escuchar las noticias que habíamos escuchado.
Estábamos parados en línea y todos con la boca cerrada. Helu me miró
preguntándose si tenía que ser ella o yo quien dijera la información, dado mi
reacción poco alentadora fue ella quien echó el discurso.
—Voy a ser muy breve— nos previno— Ric sonrió irónico. Los demás
alzamos los oídos, aunque yo no creí escuchar algo nuevo que no hubiera
escuchado ya esa mañana. — ¡Prohibido reírse! Esto es cosa seria.— nos señaló
cuando el sonido de la risa de Ric empezaba a subir de tono.
—Okey— dijo él conteniéndose.
—Ya Helu por Dios, no la hagas de emoción.— se impacientó Estrella
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cruzándose de brazos.
El viejo llegó hasta nosotros y derramó el agua que traía en la cubeta en uno de
los pastizales que tenía tres árboles enterrados. ¿No podía esperar a que lloviera?,
seguro no tardaba en caer la tormenta.
—Está bien— dijo Helu respirando profundamente y entonces escupió toda la
información con una exactitud que hizo que me quedara pasmada, e incluso dio
más detalles de los que mi cerebro había extraído.
—¡Vaya!— dijo Estrella al final con las cejas alzadas.
Me di la oportunidad de examinar las caras y expresiones de mis amigos, y
cuando lo hice no creí que ninguna fuera diferente a las demás, salvo el rostro de Ric
que parecía divertido.
—¿Y de casualidad no dijeron si los guajolotes habían sido los causantes del
desastre?— preguntó Ric con una tremenda carcajada que nadie terminó por
comprender.
—Te dije que esto era cosa seria, Ric— le recordó Helu dándole un mochilazo
en la espalda.
—Lo sé, lo sé— se disculpó sobándose el lugar del golpe con gemidos.—Lo
siento pero probablemente no les crea nada. Todo, — hizo un intento por no
carcajearse más. Estaba rojo del esfuerzo. —Es que todo suena tan, tan, tan, tan…
—¡Párale a tu campana!— rezongó Helu—, y habla de una vez.
Ric rió otra vez uniéndosele Rigo. ¡Tal para cual!
—Bueno es que todo suena tan, tan, ,. No sé si la palabra “estúpido” sea una
buena referencia o descripción de lo que creo— explicó un poco más tranquilo—,
yo jamás he tenido alucinaciones de éste tipo y…
—Mira Ricardo— siguió Helu enfurruñada. Su rostro estaba deformado de
una forma sorprendente. Me preocupé por su estado de salud—. No me digas ahora
que no crees en nada, porque recuerda que más rápido cae un hablador que un
cojo.
Puse los ojos en blanco.
—En primer lugar— se defendió Ric. Encontró las llaves— yo no soy ni
hablador y tampoco cojo— se detuvo y rió pícaro— aunque cojo…bueno, de vez
en cuando.
Analicé bien su último comentario para intentar descubrir el mensaje
subliminal que hacía que él y Rigo se retorcieran de la risa.
—¡Payasos!— espetó Helu indignada.
—¡Estúpidos!— continuó Estrella.
—¡Groseros!— terminé yo.
—¡Santurronas!— nos dijeron ellos en una sola voz.
Joaquín seguía inexpresivo, mirando a don Libasteo de una manera
enigmática.
—Te juro que voy a grabar el próximo corte informativo en mi celular— dijo
Helu retándolo—, te voy a traer el periódico que narre la noticia, y si eso no te
satisface, tú mismo puedes buscar en Internet y ver que…
—Chintolo—rezongó el señor Libasteo con voz sepulcral tras lo cual todos
nos dimos la media vuelta y lo miramos que estaba en el piso intentado quitar otro
chicle más que estaba pegado en el suelo—. Estos idiotas muchachitos no parecen
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ser lo suficientemente ecológicos y aseados como para poner la basura en su lugar.
Si no encuentran un lugar mejor para pegar el chicle que no sea el suelo del
Instituto, “Que se lo peguen en la cola”.
El hombre parecía molesto y gracias a su comentario todos nos reímos
divertidos.
Con jadeos se levantó y nos volvió a mirar con una amplia sonrisa.
—Hipotéticamente hablando la noticia es de lo más trascendental— dijo el
viejo mirándonos—esas noticias álgidas suelen divulgarse muy a menudo, y
racionalmente es justificable siempre y cuando la autora sea la naturaleza, no
obstante en ésta ocasión no fue ella precisamente quien deba de llevarse dicho
mérito.
Me quedé perpleja y no tuve otra opción que fruncir el ceño . Hubiera querido
poder comprender algo de lo que el viejo había dicho, pero la realidad fue otra.
Escucha aunque no entiendas nada, lo poco que se te grabe lo puedes analizar
después a solas, sin hacer el ridículo ahora expresando tu desconcierto.
—¿Dicen que en el accidente desaparecieron cuatro automóviles?—
preguntó Rigo interesado interrumpiendo mis. El viejo sonrió a otro chiste privado.
Ric extendió sus pies cuando nos volvimos a sentar y el usurpó la banca por el
suelo apoyándose con sus manos.
—¿Considera razonable la posibilidad de contarnos lo que sabe?— inquirí con
voz aguda. Sabía que algo andaba mal en todo esto. No comprendí hasta qué
magnitud me encontraba involucrada en el asunto, así que suspiré e intenté no
prestar a tención a las incoherencias que acostumbraba pensar.
—Sí, claro— dijo el señor— yo lo dije por supuesto.
El hombre inclinó una ceja mostrándose sorprendido. Me pregunté si se
lamentaba interiormente el haber hablado de más. No lo comprendí, solo supe que si
lo que había dicho el viejo eran unas simples mentiras, lo mejor sería que
desmintiera todo de una buena vez y así quedar todos felices, juntos y contentos. Ya
pasaban de las nueve y media y estaba segura de que llegando a casa me esperaba
una buena sentencia, lo peor de todo es que mi madre saldría lastimada por mi
causa, y todo por qué… ha, pues por estar escuchando a un viejo al que quizá le
hacía falta una buena lavada de cerebro con cloro para que blanqueara sus ideas.
—Está bien— dijo el señor Libasteo después de un repentino silencio—Se
trata de… Humm. No lo sé, quizá un cuento. Supongo que una confidencia—
explicó en voz baja.
Mis manos comenzaron a jugar entrelazando los dedos una y otra vez. Don
Libasteo continuó:
—Se supone que técnicamente nuestros pensares, ideologías, enseñanzas e
incluso doctrinas afirman que nosotros los humanos somos los únicos existentes con
la capacidad de predisponer y actuar solitarios en éste mundo. Es decir, bueno, se
supone que los humanos somos los únicos seres vivientes en la tierra, claro que
existen otros animales y otras especies. A lo que quiero llegar es a la hipótesis que
dice que los humanos somos los únicos habitantes de la tierra además de las especies
ya mencionadas.
—¿Y no es así?— Preguntó Ric mostrándose por primera vez serio—.
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¿Nosotros los humanos no somos los únicos habitantes?
—Vamos— dijo el viejo— No intento confundirlos. Lo que importa ahora es
que se supone que subjetivamente hablando no es así.
—¿Qué quiere decir? — preguntó Ric una vez más.
—¡Basta! —exclamó Joaquín endureciendo sus facciones—. Señor ¿qué
intenta con todo esto?
Mis ojos se agrandaron repentinamente.
—Quiero salvarlos—respondió el viejo mirándolo con indiferencia—. Así que
siguiendo con la hipótesis, se supone que efectivamente sí somos los únicos
habitantes de la tierra, pero hablando inciertamente la respuesta correcta es un no.
Resollé petrificada.
—En ese caso quizá esté de acuerdo con usted— concedió Ricardo actuando
por primera vez con credibilidad —usando mi lógica me explico internamente que
es imposible que en un universo tan extenso como éste sólo haya vida en una
milésima parte, es decir nuestro planeta. Para mí es imposible, no sé si para los
demás. Sinceramente a mí sí se me hace lógico pensar que exista vida en otras
partes del universo. No se me hace lógico que nuestro planeta haya sido el único con
suerte. Además tiene sentido. El Universo es generalmente definido como todo lo
que existe físicamente: Es obvio que de alguna u otra forma en el universo hay vida,
lógico, el universo así mismo tiene vida, el ejemplo está en nuestro planeta.
—Coincido contigo por primera vez— aseguró el viejo—. Aunque tal vez no
nos estamos entendiendo en una parte.
Yo sinceramente no estaba entendiendo ni una parte, y ni mucho menos la otra.
Seguí escuchando.
—¿Qué parte según usted no estoy entendiendo?—preguntó Ric retóricamente
antes de abrir más sus ojos verdes.
—Cuando me refiero a otras vidas— replicó don Libasteo—claro que
independientes a las de nosotros, yo no me refería al universo en general, sino a
nuestro propio planeta.
—¿Quiere decir que otros humanos a parte de nosotros?— terció Rigo con el
cuello largo.
—De alguna manera— respondió el viejo mirando una vez más a Joaquín con
esa misma frialdad de hace rato. Nadie estaba notando lo que yo estaba viendo.
¡Dios mío! ¿Qué pasaba? —A eso es a lo que voy, otros humanos a parte de
nosotros. Esa analogía se me hace perfecta descripción.
Nos quedamos en silencio. Me pregunté qué tan estúpida podía llegar hacer si
todavía no lograba comprender nada. Sólo hablaban de otros humanos, de otros
mundos, del universo. ¿Qué se suponía que tenía que ver todo esto con lo que Helu y
yo le habíamos intentado preguntar con respecto a lo de las repentinas noticias
desaparecidas de los medios de comunicación y sobre a qué se refería cuando decía
ellos…?
¡Un momento! Pensé para mis adentros, ¿Don Libasteo está tratando de
decirnos quienes son ellos?
—¿Por qué no va al grano?— le exigió Estrella al viejo— Por qué pone tantos
cimientos al asunto ¿Teme que se caiga o que no le creamos?
—Probablemente crea las dos cosas— admitió. Arrugó aún más su frente
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cuando nos miró—. Aunque no tengo ninguna intención de que me crean, así que es
mejor que se vallan.
—¿Y dejarnos aquí en ascuas?— preguntó Helu irritada—. Para nada señor.
Para nada. O nos explica de una vez todo, o nos deja como estábamos.
—Bueno— replicó don Libasteo—pensándolo bien sí hay una forma en la que
me pueden ayudar.
—Adelante— dijo Ric con una sonrisa maliciosa —. ¡Venga! ¿Qué hay que
hacer? ¿Matar a alguien? ¿Conseguimos una pistola o prefiere que le cortemos la
cabezota con un hacha?
Me estremecí de solo pensarlo, pero al parecer los R.R. (Ric y Rigo) si que le
encontraban la gracia. Ya me imaginaba mi fotografía en todos los noticieros como
una de las autoras intelectuales del asesinato de quien sabe quien.
—¿Y que nos metan a todos a la cárcel?— gritó Helu espantada—, no cuenten
conmigo para nada.
—No se preocupen ustedes— dijo Ric continuando con la broma—. Ustedes
solo van a vigilar que nadie nos vea, y va hacer entonces cuando Rigo y yo vamos a
entrar en acción, claro, dependiendo de quien sea nuestra presa, solo espero y sea
una muerte divertida. Un simple balazo no va ser nada dramático. Me conformo con
atropellarlo primero para después arrancarle la cabeza con el hacha. Es entonces
cuando vas a entrar en acción tú, Estrella; cuando veas que don Libasteo ha muerto
vas a comenzar a gritar por todos lados como una loca histérica: (trabajo no te va a
costar) y …
—¡Estrella Basterrica ignarará tu comentario!— gritó Estrella torciendo los
ojos de mala manera.
—Bueno está bien— repuso Ric—, no harás esto. Solo mirarán, eso no es
ningún pecado.
—¿Qué no?— lo retó Helu. — . “¡Tanto peca el que mata la vaca como el que
le agarra la pata!”
—¿Me ayudarán entonces?— me olvidaba que don Libasteo nos estaba
escuchando. Me avergoncé por causa de mis amigos.
—Por supuesto que lo ayudaremos. Solo díganos lo que debemos hacer y
ya—rectificó Ric.
—Ustedes por ahora no tienen que hacer nada más que escuchar—nos advirtió
don Libasteo —, solo escuchar.
—De acuerdo— concluyó Ric—Escucharemos.
—Tienen — su voz se quebró de repente—Tienen que ir al campamento del
próximo fin de semana— por un momento lo dijo ahora como si nos lo ordenara— y
dejar que sus sentidos los dejen actuar.
—De acuerdo— repitió Ric—Aunque no es nada complicado como yo creía.
Joaquín pareció horrorizado por alguna razón, pero no dijo nada.
—Por su puesto que no es complicado—admitió don Libasteo.
—En fin— murmuró Ric exitado—. Ya que tenemos como tarea ir el próximo
fin de semana al nevado de colima, ¿Nos vamos?
—Vamos— concedimos el resto.
Nos paramos y nos dirigimos al auto. Don Libasteo también se iba a marchar,
pero entonces Helu lo detuvo.
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—Solo una última cosa.
—¿Sí?— concedió el viejo volviéndose hasta ella.
—Nos dejó la historia solo al principio. No sé por qué no nos terminó de
contar lo que nos quería decir. Creo que ya tendremos tiempo para hablar de ello.
Hoy ya es muy tarde, solo dígame una cosa. Realmente el evento de ayer ¿fue
causado por la naturaleza?
—No— respondió don Libasteo antes de volver a respirar.
—¿Puedo saber quien fue el responsable del suceso entonces? ¿Fue el diablo
entonces quien lo provocó?
—No. Es algo peor que eso. Fueron ellos. Los Vordrákus.
Fue la primera vez que escuché ese nombre, fue la única vez en que ese nombre
no me hizo estremecer, fue esa la primera vez en que mis oídos escucharon el
nombre que después sería parte de mí, de mis peores miedos, y hasta de mis más
profundos deseos de amar tanto. Ni siquiera imaginé lo que venía, lo que iba a pasar
y a vivir. Había vivido más de 17 años, pero después de esto, creí nacer por
primera vez. Fue el inicio, sí, el inicio de mi vida, hablando ahora por el resto, de
nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras llamas, pero como en cualquier
película de ficción, sobre todo fue el inicio de una gran aventura peligrosa.
Muy a lo lejos, un viento helado corroboró lo que nos esperaba en aquél
dichoso viaje: oscuridad y frigidez.
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Nevado de Colima
Fragmento de la novela de
María Refugio Barragán de Toscano;
La hija del Bandido o los subterráneos del
Nevado (1884)
Al poniente de Ciudad Guzmán (antiguamente Zapotlán), eleva su
gallarda cumbre una bellísima montaña conocida con el nombre de “Nevado
de Colima” por hallarse cerca del estado de su nombre y colocado allí por la
mano de Dios para acabarla de hermosear, haciendo aparecer su cúspide a la
altura de 3,600 varas sobre el nivel del mar y rodeada en su falda de una
vegetación rica y exuberante, como lo demuestran esos grandes bosques de
palmeras y tanta multitud de árboles y plantas que hacen de Colima un pedazo
de aquel paraíso encantado, que arrulló la inocencia de nuestros primeros
padres.
… su cráter coronado de blanca nieve, remendado a los rayos del sol, la
toca de una virgen, o a la luz de la luna, el pálido sudario de un muerto…
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4
Sombras
_____________________________________________________________________
*Ric
C
omo si mi vida fuera tan perfecta… No. No era perfecta, pero cuando me lo
proponía podía ser de mi vida algo divertido.
Aquella mañana estaba sudando a chorros. Ese sábado aumenté un diez por
ciento los ejercicios de la rutina en mi gimnasio. Bicicleta, abdominales, pesas,
lagartijas y uff.
Me levanté de la cama de pesas y me paré frente al espejo de cristal que
simulaba ser una sola pared de un extremo a otro. Observé que un joven de piel
tostada de ojos verdes oscuros apareció de repente, con unos tenis deportivos, un
short a cuadros azul marino y una camiseta de resaque.
Me quité la camiseta y contraje mis músculos. Vi entonces que los cuadros de
mi abdomen estaban más tonificados y marcados que antes. Las líneas de expresión
en mi pecho también parecían más definidas, y las venas parecieron más brotadas en
mis brazos y mis bíceps.
Inhalé profundamente. Quedé agotado. Me quité la liga que sujetaba mi melena
rizada y sacudí mi cabeza.
Contemplé mi cuerpo analizándolo de arriba abajo y una vez más me
enorgullecí de que ése impresionante cuerpo que se exhibía en el cristal fuera mío,
sólo mío. Mi atractivo físico era el causante de que yo hubiese tenido a mis casi
diecinueve años de edad a las mejores chicas que conocía, desde güeritas hasta
morenitas. Ojos verdes, azules y marrones. Pero sobre todo a las más populares y
preciosas que hasta ahora conocía. El único requisito que debía de tener una chica
para tenerme a mí, eran sus atributos… de otra forma ¿Qué iba agarrar?
La palabra Enamorado no existía en el diccionario interno de mi ser. No
obstante nunca había tenido novia, pero sí decenas de conquistas que habían pasado
entre mis labios, brazos y por qué no, entre las sabanas de mi cama.
El enamoramiento no existía ante mis ojos, y lo que para mí explicaba el que
muchas parejas de casados permanecieran juntos hasta la muerte no era porque
estuvieran enamorados, sino acostumbrados después de vivir tanto tiempo juntos, y
eso tendía al nacimiento del cariño, por eso del dolor que sentía un conyugue cuando
el otro moría. Atracción, interés y costumbre. Tres facetas en todo matrimonio y
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noviazgo.
Si Dios nos regaló un pedazo de vida ¿Por qué desperdiciarla enamorándonos?
Yo era ateo hasta en el amor…
Hasta hora no comprendía cómo podían haber parejas que malgastaran su
tiempo en años de noviazgo habiendo otras opciones en el mundo y en los
alrededores. Quizá esa era la razón por la que mis relaciones sentimentales, (si se
podían llamar de alguna manera) no vivían por más de dos o tres semanas. Después
de obtener lo que yo quería, ellas me enfadaban, comenzaban aburrirme con sus
cursilerías que se acompañaban por lo ridículo.
Mi última presa fue una pelirroja de 16 años de las de primer semestre que
había dejado cuatro días atrás. Hizo sentir en mí su interés, (cosas de chicos,
preferimos a las chicas que muestran interés, un por qué para seguir interesándonos y
no una simple chica simple que carece físico y peor aún, que se muestra aburrida e
insegura) dos meses fueron suficientes para que el misterio que ella guardaba fuera
revelado.
Creí que sería mucho más difícil, pero como todas, fue tan sencillo como una
habladita en el oído con voz seductora y palabras bonitas para que cayera rendida a
mis pies. Me gusta ser quien las estremece, ser quien les gusta, ser quien las
hipnotiza y sobre todo, ser quien manda en la relación. Debo ser yo, soy guapo, y
sobre todo rico y seductor poseedor de unos ojos luminosos y un cuerpo atleta.
Me pregunto si alguna chica se resistirá a mí.
Solo le temía a…. una vez un chico se enamoró de mí…. ¡Ja! La peor etapa de
mi vida por su puesto.
Salí de mi gimnasio y cerré la portezuela: miré el centro de ella y sonreí cuando
vi pegada la foto de mi rostro en tamaño carta que decía: exclusivo para mí.
El gimnasio estaba junto a la alberca cerca de la jardinería de mi Mansión. Me
quité los tenis y los calcetines y me lancé con vehemencia. Nadé jubiloso un buen
rato en la fresca y cálida agua que hacía que mi cuerpo se refrescara después de una
larga y ardua mañana en el gimnasio.
Me salí ágilmente de la alberca y regresé al gimnasio donde había dejado mi
toalla blanca. Me envolví y fui hasta mi recamara. En mi trayecto me encontré a tres
mujeres de la servidumbre de la Mansión, al jardinero y al chofer. Los saludé.
Cuando entré al vestíbulo y antes de subir a la larga, elegante y alfombrada escalera
escuché los gritos de mi abuelo que provenían desde su despacho. A mi parecer
alegaba con el pintor que decoraría (después de tres semanas) una vez más la
Mansión. Mi abuelo por lo general así era de intenso. Lo único con lo que estuve de
acuerdo fue con la impermeabilización.
Subí al segundo piso y entré a mi habitación. Salude a Argon, mi Dragón de
más de un metro de largo y tres metros de alto. Yacía inclinado con sus patas largas y
gruesas, de color verde oscuro escamoso, una fiel imitación de Dragón a escala, con
sus largos dientes pelones y amenazadores.
Conecté el USB en el modular desde mi IPOD, con bocinas potentes y
remarcadas que gritaban mucho el, Pum, pum, pum, los bajos impecables.
Seleccioné a mis dos grupos de Rock favoritos, los mejores, los únicos y preferidos,
los impresionares: Linkin Park y Muse.
Cerré mi puerta y antes de meterme a bañar subí todo el volumen que mi
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“poderoso” (nombre de mi modular) pudo aguantar. A menudo solía nombrar a
cada una de mis pertenencias con un nombre, por ejemplo uno de mis autos
favoritos, el Mercedes-Benz SLR McLaren plateado se llamaba: Sebastián, en honor
al gerente que me lo vendió. Cruel molestia de mi abuelo, el Mercedes-Benz SLR
McLaren papá me lo compró en una agencia de Guadalajara, y no en la de él….. ¡Ja!
La primer canción de mi listado de reproducción era “Numb“ de Linkin Park.
La tararee y de vez en cuando la canté, el sonido y el Pum, pum, pum retumbaron mi
recamara. Recé con ganas para que el abuelo no viniera a mi habitación a obligarme
a bajar el volumen. “Starlight“ (*La luz de las estrellas ), una canción del grupo
Muse estalló con fervor mientras me bañaba.
Parte de la tarde me la pasé dibujando, Tres dragones, autos y chicas exóticas,
mis temas preferidos para plasmarlos en dibujo. Ya no recordaba cuantos
reconocimientos había recibido en los concursos de dibujo que había ganado,
mismos reconocimientos que estaban guardados bajo llave en el buró de madera: si
mi abuelo se enteraba de esto seguro me tragaba, aunque lo más probable es que no
fuera nada comparado con mi castigo en caso de que descubriera que desde hacía
tres años competía habitualmente en carreras clandestinas de arrancones, mi pasión.
Le eché un vistazo a mi computadora portátil cuando la encendí y miré a la
chica semi desnuda que posaba en el fondo de la pantalla. Me sonreía sexy mientras
mantenía su dedo derecho índice mordiéndolo con sus labios, y sus rubios largos
revoloteando con el viento delante de la playa. Ella era Bombina Poppin, mi gran, y
única y excelente ídolo.
Le envié un beso y cerré mi correo. Ya tendría tiempo para revisarlos. Me senté
en el sillón blanco y puse mi Laptop en mis piernas. Abrí una página de Internet:
www.google.com.mx
Hice entonces lo que el día de ayer no había tenido tiempo de hacer.
Saqué de mi mochila una pequeña hoja de papel a rayas que estaba arrugada y
la desdoblé. El Jueves por la noche, Das lo había escrito allí. Observé las letras
moldeadas y teclee la palabra Bordracus.
Tardó cuatro segundos en cargar y entonces apareció:
“No se han encontrado resultados de Bordracus. Cambie la ortografía.”
—Okey— murmuré sintiéndome un Idiota.
Quizá así no se escribía esa palabra, así que intenté iniciando la palabra con “V“ y
escribí: Vordracus. Apareció la misma leyenda, que no se encontraban resultados.
Intenté entonces cambiar la “c” por la “k” y escribí la palabra: Vordrakus.
Como la última vez no se encontró absolutamente nada.
Pese a que Das lo había escrito, Rigo, Estrella, Helu y yo habíamos entendido lo
mismo, el resultado no apareció ni si quiera con otras opciones. No existía en
Internet, aunque también había una pequeña posibilidad de que la palabra como tal
fuera un invento de don Libasteo o llevara otras letras.
Y ahí estaba yo, como un chiquillo tonto investigando sobre la existencia de
esos seres, hombres, extraterrestres, monstruos o lo que fuera “haber si era verdad
que existían” ¿Así o más atarantado?
Examiné mi reloj de oro para saber la hora que señalaba: tenía que llamar a mis
amigos, ayer había quedado de confirmar la hora en laque partiríamos al
campamento en mi Jeep, el campamento que el jueves por la noche don Libasteo
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había mencionado después de todas sus tonterías de catástrofes y amigos
imaginarios. Me pregunté si esa noche había estado marihuano o algo que se le
pareciera.
Recordé entonces que al día siguiente don Libasteo no nos dirigió la palabra
para nada, Das y el tipo e idiota rubio ranchero, como lo llamaba Rigo, no habían ido
a clases. Quizá los amigos de don Libasteo se los habían llevado a Marte, ¡Ja!
La única que nos preocupó fue Das claro, por eso Estrella la llamó y ella nos
dijo que había amanecido con resfriado, así que después de casi tres horas tratando
de convencerla, (mismas horas que tardamos con Helu) logramos convencerla para
que fuera con nosotros al campamento de mañana.
Helu me había recomendado una página para leer un texto corto referente a uno
de los más grandes ladrones de los años de mil setecientos, y de donde se habría la
tan famosa novela, la hija del bandido o los subterráneos del nevado;
http://www.zapotlanturistico.net/leyendas/el_tesoro_de_colombo.html
Cuando finalicé, conforme de leer el texto decidí que había llegado la hora de
prepararme para el viaje, ya era sábado, y el domingo ya estaba llegando, sólo
faltaban algunas horas.
Le envié un mensaje por celular a Das, Rigo y Helu, a Estrella la llamé
personalmente, la quería escuchar. Tomé en mis manos mi nuevo celular Nokia y la
llamé, ella no tenía registrado ese número.
—¿Si?— respondió del otro lado del auricular.
—“Se acaba de ganar tres millones de dólares“— fingí hacer la típica voz de
un conductor de concursos de televisión, de esos que suelen pasar por la tele, —
una flamante e impresionante avioneta de nueve tanques de gas, una casa en
Cancún Quintana Roo, pero sobre todo, una espectacular e inolvidable noche
privada y de pasión con el hombre más guapo y deseado del mundo entero:
¡Ricardo Montoya!
—¡Estúpido!— me soltó de repente
Reventé en carcajadas y me tiré encima de Cleopatra… (mi cama).
—Huy que genio— le dije imitando su voz chillona.
—Pues sí, — me gritó siguiéndome el juego — Estoy de genio y si quiero te
puedo conceder tres deseos papacito
—¡Llámame Daddy!— le sugerí— suena más sexy.
Me gruñó.
—Okey— murmuré y le dije: —el primer deseo que quiero es que me des un
apasionado beso.
—¿Qué?
—Aún faltan dos— le advertí. Estrella resolló y no dijo más, —El segundo
deseo es que dejes que te dibuje a lápiz, como lo hizo el personaje de Leonardo
DiCaprio en la película de Titanic cuando dibujó a la exquisita Kate Winslet. Y
cuando digo que tal y como ocurrió en la escena no miento: debes de estar
completamente desnuda, ha y para darle el toque similar, puedes ponerte la cadena
de oro que te regalé en tu último cumpleaños.
—¿¡Desea algo más el señoríto!?— me preguntó con voz gruñona pero a la vez
divertida.
—Sí,.—aventuré— el último Deseo. Así que allí te va, ¡Deseo que me vuelvas
a conceder otros tres deseos más!
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—¿No prefieres un deseo en el que te desaparezca del planeta y te envíe al
continente Africano para que conozcas a los simios?
—Sólo que sea contigo, mi amor.
—¡Ricardo!— me gruñó una vez más—¡Eres imposible!
—Me gusta ponerte nerviosa— le expliqué con voz seductora.
—¿Y quién diablos te dijo que me pones nerviosa?— me preguntó con sorna.
—Es obvio— respondí— lo sé cuando comienzas a decir puras incoherencias.
—No he dicho ninguna incoherencia ahora— me intentó corregir.
—¿Qué no?— pregunté— Entonces explícame cómo es que sabes que fuera
del planeta hay otro continente Africano. Digo, pura curiosidad.
Exploté en carcajadas una vez más.
—¡Yo no dije eso!— se excusó gritándome con recelo.
—Te equivocas.
—¡Yo nunca me equivoco!— me espetó, —Y el día que lo haga, va ser el día
en el que te convierta en sapo.
—Malas noticias Star, alguien ya me besó y rompió tu encanto, ahora ya me
convertí en príncipe otra vez ¿Acaso no lo habías notado?
Estrella bufó y se quedó en silencio.
—Mi amor— le hablé quedito— Me fascinas cuando te enfadas conmigo.
—Pues no lo entiendo— me aseguró fingiendo una voz de inocente, —No
comprendo por qué tú y Rigo disfrutan haciéndome enojar.
—Porque te pones más sexy— respondí sin mentir.
—¿Rigo te lo ha dicho?—casi me lo gritó. No comprendí su pregunta.
—Para nada.— le dije.
—Está bien, ¿qué es lo que quieres?
Lo pensé por un momento. ¿Para qué le había llamado?
—Así, lo recuerdo. Solo era para tenerte al tanto,. Paso por ti a las 7:40 de la
madrugada.
—Si claro, de la madrugada— repitió de mala gana.—Me queda claro que
tengo que ir a ese campamento.
—Claro nena, pero ¿Por qué lo dices ahora con tanta seguridad?.
—Pues porque me he dado cuenta de que es obvio— agregó Estrella— Me
doy cuenta de que Yo soy como las matemáticas.
—¿Tu eres como las matemáticas?— pregunté confundido—¿Por qué?
—Porque al parecer yo también ¡soy indispensable para la vida!
Rompí en carcajadas
Estuve poco más de dos horas platicando con ella. Me encantaba, me
gustaba, me fascinaba, incluso ella era la única chica que me gustaba y que se había
negado a andar conmigo… Free, Amigovia… cabe mencionar que nunca había
tenido una Novia…. ¿Para qué?
¡No!
Lo recordaba por fin. De cualquier forma podía soportar eso, sabía que le
gustaba tal y como ella me gustaba a mí. Estrella era de esas chicas que no paraban
de parlotear, bien se la podía pasar siete días seguidos hablando y hablando y ni
siquiera se agitaba. Era fácil convivir con ella, con la chica interesante que según sus
nervios nunca se equivocaba y mucho menos te aburría. Tenía tema de conversación
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para cualquier cosa, desde autos, bailes, antros, música, cine, todo. Ella es genial,
única y una perfecta diosa.
Nos parecíamos bastante, ella vivía una residencia más chica que la mía, en
una nueva colonia hacia el oriente. Al pie de unas montañas verdosas forradas por
árboles habían hecho un tipo fraccionamiento con residencias increíbles.
Siempre habitaba sola en casa conviviendo solo con la servidumbre, a
diferencia de mí que yo si tenía un abuelo gruñón del cual intentar sobrevivir.
Técnicamente sólo nos tenía a nosotros, sus amigos; sus padres nunca estaban
en casa, su madre pertenecía a la gerencia mayor de comercio Internacional y
Aduanas, al igual que su padre, por lo general ellos radicaban en Acapulco y de no
ser porque aquí tiene dos tías que de vez en cuando la visitan, sus padres no
hubieran accedido a su berrinche de vivir en ésta ciudad.
Para otras gentes chismosas que no tiene otro qué hacer más, que andar viendo
cómo vive la gente ajena a ellos, el abandono de los padres de Estrella parecía
monstruoso, tal y como lo pensaba la sentimental Das, sin embargo yo comprendía
ciertamente lo que vivía Estrella, yo tampoco vivía en completa comunicación con mi
familia, si de algún modo podía llamarla familia.
Tan extraño estaba el asunto, que en lugar de contarle mis problemas a mi abuelo
o a mi padre, (cuando estaba) todo se lo confiaba a Erika, la madre de Das, que gracias
a los cielos aceptó trabajar en mi Mansión hace casi tres años, aunque mi abuelo se
hubiera negado al principio diciendo que ya teníamos servidumbre de sobra. Sin
embargo Erika no era una simple empleada para mí, ella era casi mi Madre… lo sé
porque se preocupa mucho por mí, y sé que me quiere. Atribuyo también a ella mis
reconocimientos de dibujo, gracias a Erika podía ir a concursar sin que el abuelo se
enterara, y pese a que también me ayudaba a escaparme los días de los arrancones, al
mismo tiempo se mostraba insegura y preocupada anhelando con ansiedad el día que
deje de gustarme esos deportes tan extremos, aunque lo dudo mucho, es por eso que
había lamentado su ausencia éstos últimos dos días, se había enfermado también,
igual que su hija, aunque al parecer Das ya lo había superado.
Desde hacía días atrás también no había visto a Mauri, bueno mi padre (me
supuse que ya se había acostumbrado a que lo llamara así en lugar de papá) y me
sentía incomodo al respecto. Él era el otro que se preocupaba por mí, bueno y el
abuelo a su manera claro. Desde pequeño habíamos vivido mi padre y yo en la
Mansión de don Severo Montoya, (dueño de la empresa de automóviles Chevrolet de
ciudad Guzmán y algunos hoteles de colima, así como heredero de una gran fortuna)
el padre de Mauricio, mi papá, (Abogado).
Tenía dos primos más, Alex de 22 años que vivía con mi tío, el hermano de mi
padre en Monterrey, y mi prima Andrómeda, hija de mi tío mayor Alberto, que era
medio hermano de mi padre que vivían en buenos aires Argentina. Ha Andrómeda la
quería mucho, había sido mi niña consentida por 10 años, ella un año menor que yo,
hasta que después de un accidente automovilístico en dónde murió su madre ella
quedó ciega, unos dicen que por el accidente y otros que por el fuerte shock que
recibió. De esa manera ese mismo año tío Alberto se la llevó a Argentina donde se
volvió a casar, quedándome otra vez sólo.
Desde hacía casi 10 años que no la veía y ni me hablaba… el abuelo y tío
Alberto se distanciaron sin tener comunicación… extrañaba a mi niña consentida,
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Andrómeda quien seguramente ahora ya sería una linda mujer.
Debía de reconocer que eso me había ayudado a ser independiente, a vivir solo
en una grande mansión sin regaños, (a excepciones del abuelo) sin fingir sonrisas a
nadie cuando no las creía necesarias y sobretodo sin demostrar mis tristezas a nadie
más cuando me encontraba sólo y me sentía un poco intranquilo.
Mauri me quería y a pesar que desde pequeño casi nunca estuvo conmigo gran
parte del tiempo, los momentos que había tenido exclusivamente para mí me los
había regalado con los mejores consejos que un padre le puede decir a su hijo.
Decían que me parecía a él, sobre todo en el color de los ojos.
Y mi Madre…bueno, ella no existe. Quizá… quizá a su corta edad de 17 años
todavía no había estado preparada para tener un matrimonio y mucho menos la
responsabilidad de un hijo. Por eso nueve meses después de prometer ante Dios
amor hasta que la muerte los separara me tuvo a mí y nos abandonó. A mi padre y a
mí. ¿Otra anécdota más que la de mi propia vida en la que comprobaba que el amor
no existía para toda la vida?
No era una mañana perfecta para un día de campamento, sin embargo la
neblina que aterrizaba hasta el suelo húmedo del jardín de mi casa, le daba a la
ocasión un perfecto toque enigmático lleno de misterio, justo el toque que
necesitábamos para que nuestros sentimientos se alzaran y se envolvieran con
canguelo.
Cuando encendí el Jeep negro intenté imaginarme las explicaciones que le
hubiera tenido que dar al Abuelo por mi ausencia de ese día, en caso de que él no
hubiese ido a México a una conferencia automotriz que iniciaba mañana.
Mauri todavía no llegaba de Monterrey, se había ido desde hacía días en donde
intentaba ganar con éxito un caso fiscal.
Mi residencia estaba justo al lado sur de la ciudad. Llegué en menos de 20
minutos a la residencia de Estrella, ella me esperaba con un micro Short azul marino
y una blusa rosita con estampado plateado sin mangas, definiendo perfectamente sus
atributos traseros y delanteros. Su cabello rubio oscuro largo hasta la cintura lo traía
sujeto como yo, en una cola de caballo, pero ella con una dona rozada. Su
acostumbrado prendedor en figura de Estrella, como su nombre, lo traía prendido
justo en su cabeza en la parte derecha. Traía en hombros una pequeña mochila de
color azul marino y unos Converse de bota largos terminando justo antes de la rodilla
de color rosa.
—¡Impresionante!— dije con mi mirada perdida en su cuerpo, estaba
exquisita, hermosa y más deseable que nunca, sus labios los tenía bañados en
brillos rozados y sus ojos verdes claros y seductores me miraron con la ceja
inclinada.
—¡No me bromees!— chilló sonriendo encantadora, —¿De verdad me veo
bien?
Me pregunté a quien intentaba impresionar con su impresionante vestimenta, a
mí, o al Estúpido de Andru, pues quedaba claro que al Idiota de Joaquín no lo íbamos
a tener que soportar el día de hoy.
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—Más que bien. Estás súper Increíble. Estás bien “Mona”.
Repentinamente sus labios seductores que anteriormente sonreían jubilosos se
cerraron.
—¿Mona?— me preguntó indignada, —¿Por qué? ¿Por peluda y porque me
parezco a chita, la changa que sale en la película de Tarzán?
Fruncí el ceño en un intento por comprenderla, y a continuación sonreí
divertido.
—Yo no me refería en lo de mona a una changa, lo que quiero decir es que
estás… estas bien buena.
Estrella era de ese tipo de chicas que no reconocían que les gustaba que los
hombres las piropearan como yo lo hice, así que en su intento de fingir me puso
mala cara.
Fui con ella y la besé en su mejilla suave y delicada. Su aroma a fresas
terminó por enloquecerme.
—Okey, te ayudo— le quité su mochila de los hombros y me la cargué en mi
hombro derecho.—Nena, ¿qué es lo que traes en la mochila?— me sorprendió que
una pequeña mochila pudiera pesar tanto.
—Exclusivamente lo necesario para cualquier chica precavida y responsable
como yo.— respondió mientras comenzaba a caminar hacia el Jeep con
movimientos sensuales. — Recuerda esto Ric: mujer precavida vale por dos. Una
nunca sabe lo que pueda necesitar. Por eso llevo de todo.
—Menos mal— le sonreí galán— ¡Porque yo no traigo preservativos!
Estrella se dio la media vuelta y sacó su lengua como berrinche.
Enderezó su camino, y antes de ayudarla a subir al gran Jeep negro, no pude
evitar bajar mis ojos hasta sus glúteos formados y torneados. Me impresioné y mi
termómetro interno me explicó que la temperatura de mi cuerpo comenzaba
aumentar considerablemente.
De no ser por el viento gélido y la neblina que me exhortaba a reducir mi
velocidad para que no me fuera a estampar encima de una vaca, mi temperatura
hubiera seguido aumentado.
Rigo, Helu y Das vivían por la calle de Humboldt en el centro de la ciudad, eso
fue lo que probablemente nos ayudó ahorrar tiempo innecesario. Ellos se sentaron en
la parte de atrás. Das llevaba unos jeans de mezclilla, con una blusa azul cielo y sin
faltar sus acostumbradas colitas. Aún no terminaban de sorprenderme sus ojos
grises.
Rigo llevaba un short a cuadros de color rojo, una playera de resaque (eso que
hacía frío) unos lentes de mosca y una gorra de mezclilla.
Mi pans era de color azul, y mi camiseta blanca tenía un estampado de Dragón.
Helu era la más ordinaria de todos. Traía puesto un pantalón de mezclilla con
una blusa de botones de color negro…
En su sano juicio“¿,a quien demonios se le ocurriría ponerse una blusa negra de
botones, y lo que es peor, Negra (el color enemigo del sol) en un día de
campamento? Oh claro. Solo a Helu.
Por lo menos fue eso lo que hizo que la hora de viaje hasta el nevado de colima
resultara menos frustrante. Todo el camino venimos ella y yo alegando sobre el
asunto. De vez en cuando por instinto de hombre miraba de reojo a la blusa rosa de
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Estrella intentando examinar lo que había debajo de ella.
Torcí el volante y empinamos arriba del volcán con un camino más sinuoso que
de costumbre. Sabía el camino perfectamente, desde que me acuerdo solía venir
habitualmente con Mauri a campar.
—Esa vereda está muy fea— chilló Estrella negativa.
—¡Hay gente fea!— respondió Rigo irónico— ¿Y tú te preocupas por una
vereda fea?
Estrella torció un gesto.
El volcán mexicano que se alza en el estado de Jalisco, al norte del volcán de
Colima, se encontraba a 36 km de Ciudad Guzmán.
Formando parte de la cordillera Neovolcánica según los cálculos geográficos,
presenta una altitud de 4.330 m y actualmente está considerado extinto. Su cima se
muestra cubierta por la nieve durante casi todo el año, mientras que en sus laderas se
extienden bosques de pino, oyamel (abeto) y encino.
Justo en las faldas del Nevado de Colima, y con mera avidez avizorada, en la
pupila de mis ojos quedó grabada una vez más la hermosa montaña azul puesta en
tierra fértil escoltada por veredas de pinos verdes exuberantes. La montaña de las
leyendas, la montaña de los subterráneos, la montaña del deseo y la codicia, la
montaña de la muerte, El Nevado de Colima.
Los pinos alrededor se abrían súbitamente con regocijo, algunos ocultos entre
la niebla y el frío. El Jeep subió aventones hasta que una aglomeración de autos de
montaña que estaban rodeados por muchachos aparecieron de repente frente a mis
ojos.
Cuando nos bajamos y Andru Paniagua examinó mi Jeep, observé que el
cuerpo del volcán estaba constituido por andesitas de erosión que ha desaparecido el
cráter dando origen a un suelo profundo.
—Interesante Jeep— me dijo con una indicia que me decía que volteara mi
cabeza hacia la izquierda, en donde se encontraba otro Jeep negro igual al mío, salvo
que mis llantas eran mucho más grandes que las de su Jeep.
—Qué bueno que te guste— le escupí con odio.
Habían más de treinta rostros conocidos de la especialidad de Informática que
platicaban distribuidos por entre las camionetas que estaban estacionadas
desordenadas justo hasta donde estaba permitido subir. No me avergoncé por la
idea de saber que éramos los únicos bichos raros pertenecientes a otra especialidad
que no fuera de Informática, y peor aún, bichos futuros Auxiliares en
Administración.
Nunca me importaba nada. Vivía la vida “Intensamente” viviendo cada día,
sin pretexto, sin mirar el pasado, porque duele, y sin presagiar el futuro, porque es
incierto y desilusiona. Sólo el presente, porque es lo que sucede en el momento, un
momento intenso, con sorpresas y cosas que nunca te esperas y mucho menos te
imaginas. No puedes morir en el pasado porque no estás muerto en el presente, quizá
puedes morir en el futuro y pensar en ello atemoriza, y sin embargo, puedes morir en
el presente, en cualquier momento, sin premeditación y sé que es mejor. Morir al
instante sin otra opción.
Regresé mis ojos hasta la luz de esa mañana con neblina y observé a tres
policías que nos supervisaban, después contemplé el pico del volcán que estaba
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bañado en nieve, cosa que en donde estábamos no había. Se me hizo raro, por el
tiempo de verano, pero era obvio que cualquier lluvia que cayera allá arriba iba a
caer en forma de nieve.
—Oh cielos— dijo Das por primera vez, desde que llegamos porque ella no
había hablado. —Esto, esto es maravilloso, ¡Jamás había venido aquí!
—Pero la mañana está muy fea— aseguró Helu mirando hacia el cielo.
—¡Hay gente fea!— dijo Rigo su peculiar frase— ¿Y tú te preocupas por que
la mañana está fea?
—Este espacio natural protegido constituye el hábitat de halcones, pájaros
carpinteros, venados de cola blanca, armadillos y reptiles.— escuché decir de la
vocecilla de una chica chaparra que ambulaba brincando como chiquilla por allí.
—¿Dónde está tu novio?— le preguntó Andru a Estrella. Para variar, y no
conforme con que su Jeep fuera similar al mío, tuvo la amabilidad de traer un pans,
tenis y camiseta idénticas a las que traía yo, bueno, la camiseta traía un auto en lugar
de Dragón, pero igual esa situación me hizo sentir ganas de comer huevos podridos
para vomitárselos en la cara.
Estrella torció un gesto y se sujetó a mi brazo, la abracé impresionado y observé
la cara de estúpido que deformó el estúpido.
Estuve parado junto a Estrella, apunto de subir por la tierra oscura del volcán en
un día que lejos de ser soleado y elegante parecía más bien una noche futura a una
tormenta y estruendosa tormenta. Las nubes negras reposaban en el cielo mientras
nosotros caminábamos.
—Una vez intenté esquiar— dijo Fabiola, una hermosa chica de piel blanca
con excelente cuerpazo que desde hacía unos meses atrás había estado coqueteando
con Rigo aunque él lo ignoraba. Esa razón era la única por la que yo no me le había
acercado a ella. Soy conciente.
—¿No me digas?— preguntó Estrella de mala gana mientras comenzábamos a
subir. Era obvio que no tragaba a Fabiola para nada, y aún no lograba comprender
por qué.
—¡Rigo!—gritó de repente. Él corría tras de nosotros. Se había retrasado con
Helu porque habían estado buscando el celular que ésta había perdido—¡Creí que
no habías venido!— respondió lanzándose a sus brazos. Me pregunté si Fabiola
había olvidado el saludo de beso en la mejilla que le había dado a Rigo cuando
llegamos.
Rigo se puso colorado. Fabiola no era el tipo de chicas con las que mi amigo
había estado acostumbrado a salir.
Estrella la miró con odio y de pronto se apretó más a mi brazo.
—Oh chulo— dijo Fabiola encantada poniéndole atención a su cabello de
repente —Bonito peinado.
En realidad el sofisticado peinado de Rigo como siempre se trataba de una muy
buena imitación de jabalí, o más bien salido de una escena en la que le acaba de
tronar una bomba en la cabeza. Sus greñas estaban paradas en picos ayudadas
probablemente con dos o tres litros de gel fijadora.
—¡Gracias!— respondió Rigo tomándola del brazo.
—Ha, les decía a tus amigos—Fabiola intentó ponerlo al corriente, — que una
vez intenté esquiar en Canadá, pero lamentablemente me caí y me rompí la pierna.
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—¡Hay que tristeza!— fingió Estrella con indulgencia. — que lastima que
solo hubiera sido una.
Por el volumen que empleó Estrella en sus últimas palabras me supuse que
Fabiola no las había escuchado.
—Te comprendo— aseguró Rigo— que te hayas caído y quebrado la pierna
claro, pero es que como siempre: Ven a uno, y creen que es fácil.
Todos nos reímos, a excepción de Estrella.
—¿Cuando diablos haz esquiado en tu vida? Julio Rigoberto Vetznall.
—De niño fui esquiador, Paula Estrella Basterrica.
Estaban peleando. Genial.
—¡Helu!— escuché con más intensidad el acostumbrado grito de Estrella,
—No sé cómo es que siempre te las arreglas para protagonizar en momentos tan
inoportunos como éste el ridículo. ¿Podrías ser más imaginativa?
Mientras Rigo y yo nos carcajeábamos, Helu yacía tirada abruces, de una
forma graciosa, mientras que su pie estaba atorado en un pozo hecho por una tuza.
Helu sin decir nada más que chillar como berrinche se levantó ayudada por
Das. Y en general, así trascurrió toda la tarde del día de campamento. Fabiola fue
raptada más a fuerzas que porque ella quería por sus exquisitas amigas, Maricela y
Brenda.
—No sé cómo pueden soportar a esa estúpida cara de guanábana
apachurrada—chilló Estrella como final cuando se fue.
Subimos hasta el extremo del volcán cansados, tenía nieve aunque no era
abundante. Jugamos como unos chiquillos y de vez en cuando descansamos.
Eso sí, Estrella gran parte del día se la pasó tomando fotografías mientras
nosotros posábamos para ella, como si fuéramos modelos, el sueño de mi vida “Ser
modelo” tenía las características, solo faltaba que un buen día alguien me
descubriera.
Hacía frío. Y Estrella con su Micro short no parecía resentirlo tanto.
Los sándwich echados a perder que traía Helu de lonche sirvieron de
bombas una vez que inicio la guerra de comida.
Helu, nuestra abuela, fue la que intentó echarnos a perder el momento
cuando nos dijo:
—Tantos niños muriéndose de hambre en África ¿y ustedes
desperdiciándola?
—¿Quieres comértela? cariño— le pregunté con sorna mientras me quitaba
un pedazo de lechuga que traía en mi cabello.
—Sabes que está echada a perder— masculló molesta.
—Entonces no digas tonterías— terminé.
—Ven el terremoto y no se hincan— nos dijo otra vez. Pero ahora nadie le
hizo caso.—Ven que no hay comida en el mundo y aún así la tiran.
Ahora las bolas de nieve volaron por los aires.
—Están peor que unos niños. Y tú Das, me extraña que les sigas el juego.
Das se estaba divirtiendo como nunca, así que solo se limitó a sonreír.
—Cuando ustedes sean comida, yo también los voy a tirar al suelo, y…
¡Hayy!.
Rigo le estampó una bola de nieve en la cara.
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—¡Grosero!
Como a eso de las cuatro de la tarde salió el sol, y nos perdimos de los
demás de informática. En realidad nos separamos desde que llegamos. Éramos ese
tipo de amigos que una vez que encuentra a su flota, se cierra en una burbuja letal
que impide el paso a nuevos integrantes. Por eso me extrañaba que Das, Helu y
Estrella estuvieran intentando que el indio estúpido ranchero de Joaquín abriera
nuestra burbuja que durante tres años habíamos mantenido cerrada. De todas
maneras eso no iba a ser impedimento. Rigo y yo sabíamos que Joaquín jamás se
mezclaría con nosotros, y de eso, nosotros nos íbamos a encargar.
—Okey, pues para divertirnos más, miren lo que traigo— canté con
excitación sacando de mi mochila una botella de tequila.
—¡Órale!— dijo Rigo emocionado— ¡Qué loco! pu´s hay que echárnosla
¿no?
—Es lo que yo decía, mi buen.
No se me hizo raro que al principio a mis amigos solo les hubieran brillado
los ojos, más sin embargo no era la primera vez que nos poníamos a tomar
tranquilamente, incluso una vez habíamos emborrachado a Helu, en una salida a la
laguna; en realidad todos alguna que otra vez nos habíamos puesto muy Happy´s, y
esta vez no iba hacer la excepción. Tomamos, pero ahora Das y Helu fueron las
más precavidas.
Desde la cinco de la tarde como hasta las siete menos diez estuvimos
tomando y platicando sobre las leyendas del volcán incluso cuando Helu estuvo
relajada tuvo el tiempo de contarnos la novela entera de La hija del Bandido,
novela que había leído tres veces en menos de un mes.
No creí soportarla al principio, pero la chica abuela magistralmente acaparó
por varias horas mi atención hacia ella, y¡oh! La escuché.
Colombo, según la novela “La hija del bandido”, es un personaje verdadero
que vivió en Zapotlán en el siglo pasado, robaba, secuestraba e incluso se dice que
existen subterráneos precisamente en alguna parte del Nevado que se conectan
entre sí en el que colombo se trasladaba. Tenía una hija de nombre María, si María,
la hija del Bandido, una bella y hermosa joven de apenas 15 años que vivía dentro
de los subterráneos del volcán desconociendo los crímenes de su padre, una
historia que para desesperación mía está envuelta como toda novela también por el
romance.
Ciertamente lo que me llamaba la atención a mí, no era precisamente la
historia de María, si no los Subterráneos que según Helu existen aquí. Muchos de
los subterráneos en estos tiempos han sido descubiertos, de los que se dice, eran de
Colombo, pero en ninguno han encontrado los tesoros de Colombo, o mejor dicho,
los tesoros que colombo y los bandidos robaron
Durante la tarde intentamos buscar inocentemente alguna boca de un
subterráneo entre los alrededores del nevado, y todo para demostrarles que esas
cosas no existían realmente, solamente eran leyendas. Y como era de suponerse,
“No encontramos absolutamente nada” ¡porque no existe! Obvio. Peleamos
cuando se los reproché y les argumenté lo equivocados que estaban.
La definición de mis amigos era: Supersticiosos.
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Ya estaban como hacía dos días atrás: con eso de las desapariciones que
apropósito ni en Internet, radio y mucho menos en la televisión volvieron a
mencionar.
—¡Qué extraño ¿no?!— había dicho yo irónicamente mientras me
burlaba.
Don Libasteo no se nos volvió a parar desde esa noche, y Joaquín no fue a la
escuela. Das no había ido tampoco, pero según ella porque estaba enferma, aunque
más bien se había caído o algo así, pues en los brazos observé que tenía moretones,
y uno casi desaparecido en la mejilla, que se ocultó con maquillaje. No le dije nada
para no incomodarla, porque a pesar de todo, Yo soy muy conciente !Humm!
De pronto me abrumó en mi cabeza una de las frases que don Libasteo dijo
aquella noche: insinuó que para ayudarle a morir, debíamos de venir hasta aquí…
¿Por qué?
Después de todo fue un excelente día. El único inconveniente fue cuando la
noche estaba cayendo y al intentar marcharnos la llanta del Jeep estaba ponchada.
—Maldito Andru ¡hijo de perra!— escupí mi veneno endemoniado.
De cualquier forma ya hasta me estaba imaginando la arrastrada que le iba a
poner el Lunes en el Instituto cuando lo viera.
—Tranquilo Ric,— dijo Das cuando escuchaba que maldecía groserías en el
nombre de Andru.
Después de 10 minutos en el intento de poner la llanta lo logramos. Subimos al
Jeep muertos del cansancio. Ésta vez Rigo se sentó en la parte del copiloto y
Estrella, Das y Helu se acomodaron en los asientos de atrás. Nos marchamos entre la
oscuridad de la carretera solitaria.
Apenas habíamos avanzado algunos escasos kilómetros cuando de repente
grité:
—¡Sosténganse!.
“Frash”
El chirrido del afrenón de mi Jeep rápidamente se convirtió en un
estruendoso chasquido. Torcí el volante y el auto chirrió, juré que salieron chispas
anaranjadas de las llantas en la violenta vuelta lo que provocó los gritos de mis
pasajeros. Afortunadamente. Las de atrás como pudieron se sostuvieron una a otra
y quedaron juntas apachurradas.
El Jeep se detuvo al fin antes de estamparse con uno de los árboles que
yacían a los lados de la carretera junto aún centro nocturno para adultos del que
sabía hacía cuatro meses habían clausurado y ahora estaba cerrado. Mi corazón
estaba palpitando de una forma sobrenatural. No tuve tiempo ni siquiera de
razonar. Había estado a punto de matar aplastados a dos sombras que habían
aparecido por la carretera inenarrablemente. Me saqué con un sonidito chillador el
cinturón y me salí del auto. No vi a las sombras. Giré mi cabeza hacia atrás y me
cercioré de que ninguno de mis acompañantes hubiera salido lastimado. En un
análisis rápido descubrí que estaban bien, sin embargo las chicas estaban
petrificadas sollozando.
—¿Qué pasó?— casi me lo gritó Das. Estaba blanca del susto mientras yacía
temblorosa.
—¿Están bien?— pregunté frustrado esperando que mi corazón terminara de
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palpitar tan fuerte como ahora.
El lugar estaba oscuro, aunque pobremente las luces delanteras, traseras y las
que brillaban junto al espejo retrovisor nos lograron aluzar con luz mortecina.
Desde donde estábamos pude observar las pequeñas casas con luz que iniciaban
con la ciudad kilómetros adelante. Lo más cerca que podía ver hasta ahora era un
restauran que estaba algunos 200 metros alejados de nosotros. Se podía observar el
anuncio con luz que destellaba desde allá. Alguna vez había ido allí.
Entre la oscuridad de la carretera vi a Rigo que se bajó del Jeep con un salto
y me miró desde la puerta derecha preguntándome también lo que había pasado.
¿Nadie los había visto?
Intenté explicarles lo que había sucedido, que dos hombres, mujeres o lo que
hubiera sido habían aparecido en la mitad de la carretera y que por eso me había
detenido antes de atropellarlos, pero como mi velocidad pasaba más de los 150 de
velocidad se me hizo difícil detenerme y lo único que se me ocurrió fue dar la
vuelta, “incluso arriesgándonos a que nos hubiéramos volteado o estrellado en
algún árbol”
Se bajaron del auto y decenas de preguntas me asecharon con terror. Intenté
responder cada una de ellas antes de voltear y mirar que algunos 35 o 40 metros
más adelante del Jeep, en medio de la carretera, dos sombras de más de metro
ochenta de altura yacían paradas con el rostro bajo. Mi expresión ceñuda y
asombrada contribuyó a que Rigo, Das, Estrella, y Helu dieran el mismo rumbo a
sus ojos que yo.
Los latidos aumentaron otra vez y Estrella y Das se sostuvieron de mis
brazos ambas en cada uno de ellos. Al parecer se sentían protegidas. Tenían miedo.
Empecé a preguntarle a mi cabeza lo que debía de hacer. Una parte de mí
anhelaba maldecirlos e incluso golpearlos por la manera tan estúpida e idiota en la
que actuaron al pararse en plena carretera, sin embargo otra parte de mí parecía
decidida a ir a preguntarles serenamente el estado en el que se encontraban. Mis
dos opciones se congelaron en la cabeza y decidí acercarme un poco más a ellos.
—Vamos Rigo— le dije. Él asintió con la cabeza. El tono de mi voz era de
seriedad. —Suban al Jeep— les ordene a las chicas autoritario y me encaminé
decidido con Rigo a mi lado.
Apenas nos habíamos pasado por el frente del Jeep negro cuando sentí las
pisadas que venían tras de nosotros y entendí que eran las tres chicas que habían
quebrantado mi mandato. Me iba a girar para reprenderlas cuando observé que las
dos sombras se movieron. Nos detuvimos y miré fijamente hacia el frente.
Estábamos en medio de la carretera y treinta metros eran los que nos
separaban a nosotros de las sombras.
Esperé a que las sombras dijeran algo, pero en su lugar recrearon un acto que
fue incierto para mis ojos.
Antes de lo que se da un latido en el corazón, las dos sombras saltaron con
un impresionante garbo dando tres giros en el aire como de 8 a 10 metros de
distancia en cada giro hasta que se estamparon en el piso frente a nosotros. El
golpe de sus caídas cimbró el piso con un sonido grave, lo sentí. Me quedé sin
aliento y escuché gemidos de tras de mí. Una vez más miré hacia el frente y
observé cómo las sombras se levantaban con elegancia.
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Retrocedimos inconscientes de lo que hacíamos.
La sombra más alta dio tres pasos más hacia delante. No sentía sus
respiraciones. Sin comprender aún lo que se proponían ese par de sombras me puse
frente a mis cuatro amigos, como si yo fuera el líder del grupo. No creí tener
miedo, o quizá sí, no sabía, no quería reconocerlo. ¡Yo no podía tener miedo!
La noche fría y estremecedora violaba las leyes de una noche normal. Bajo la
luz extinguida que nos ofrecía una lámpara alta que estaba al salir del centro
nocturno cerrado, las sombras se inclinaron hacia a mí. Me quedé quieto y ante un
futuro asalto o ataque en caso de que fueran rateros o incluso asesinos seriales, le
ordene a mis pies dar tres pasos más hacia el frente. Sentí que alguien me detenía
con la mano.
—¡No!, Ric— me dijo Estrella aspaventada, con voz cortada como si su voz
hubiese pasado por muchos vidrios filosos. Mi mano tocó la de ella, que era suave
y al mismo tiempo tensa y entonces la quité de mi camiseta. Podía sentir el miedo
de todos mis acompañantes que estaban parados con los pies engarrotados ahora
atrás de mí. Olía a miedo, y yo lo respiraba.
Tuve la necesidad de defenderlos. Yo era el mayor y tenía la responsabilidad de
hacerlo, además, lo quería hacer. Fueran quienes fueran los amenazantes nos tenían
que dejar en libertad si les ofrecía una buena cantidad de dinero, (dinero era lo que
me sobraba) claro que mi plan sólo iba a funcionar si eso era lo que buscaban de
nosotros, de otra forma, ¿qué es lo que querían?
Quizá ellos traían armas o algo así.
Respiré profundamente mientras esperaba a que dijeran algo. Ante el poco
interés que tenían las dos sombras en hablar y decirnos su problema yo me preparé
interiormente para pelear. No tenía armas, y si esta pelea era limpia, sabía que tenía
una gran ventaja en lo personal. Diez años de gimnasio y de fuerza debería de
hacerse presente ahora, en mi historial se encontraban clases de defensa personal,
Karate y hasta Boxeo. Mi cuerpo atlético no sólo debía demostrar que era atlético
sino también el acto, la pelea, mi fuerza, mis habilidades.
Levanté entonces mi mirada y la sostuve ante el rostro contrario que tenía frente
a mí. No le había visto su rostro hasta ahora que la luz mortecina lo desnudaba, y
cuando lo examiné a detalle confirmé que mis sospechas eran ciertas al intuir que era
un hombre entre los 24 y 26 años. Tenía los ojos cerrados. El rostro del otro hombre
seguía siendo un enigma para mí. Intenté perfeccionar mi rostro para que retratara
una imagen imperiosa llena de aversión ante nuestros atacantes. Examiné como pude
(ahora que tenía luz) el cuerpo de ambos, quería asegurarme de que no traían armas
blancas guardadas entre sus ropas aunque lo más probable fuera que sí.
El otro hombre caminó un poco más adelante aunque no logró posarse a la línea
que mantenía el más alto, él no parecía tener la misma edad, quizá más de 35 años
era una buena suposición. Mantenía sus ojos cerrados también. Esto me extrañó y
me hizo saber que algo en ellos andaba mal. ¿Por cuánto tiempo habían mantenido
cerrado sus ojos? ¿Por qué?
Intenté identificar sus identidades, pues por la forma en la que vestían
parecían pertenecer a una tribu urbana. La probabilidad de que fueran una de las
tribus más comunes en México como los Emos ó Darketos se desvaneció al
descubrir que ellos no tenían ninguna de las características que solían tener
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habitualmente ambas tribus, sin embargo las ropas de color negro que traían puestas
eran las únicas señales de comparativo.
Si lo que intentaban era dar un aspecto enigmático, aterrador o misterioso, el
Look que traían encajaba perfectamente con lo que querían. Parecían góticos, aunque
no estuve muy seguro de mi suposición. Quizá trajeran los ojos delineados, no lo
sabía, los ojos de ambos seguían cerrados y solo el aire sofocado me hizo distraer mi
mirada hacia mis lados.
Al repaso rápido que les hice a cada uno de ellos, pude observar que parte de su
cuerpo del cuello hacia abajo estaba oculto por una larga gabardina, elegante, pero al
mismo tiempo tenía un aspecto similar a las capas españolas pero con mangas.
Ambas mangas eran largas en estilo de campana, ancha. No sobrepasaban más de la
mano.
Grazné la idea de que si fuera de día, y la gabardina no fuera oscura, de lo
ajustada que la tenían hasta la cintura, probablemente se les marcarían sus músculos
pronunciados, sin embargo lo ajustado de ésta solo llegaba hasta la cintura, y desde
allí hasta los pies, el corte de la gabardina se abría en forma de caída (como si fuera
capa) dejando al descubierto los pantalones negros, de tal forma que el viento
lograba soplar la capa y ésta extenderse y abrirse ante el viento descubriendo mucho
más sus pantalones que parecían también estar ajustados y sostenidos por un
cinturón de color plata. Los pantalones negros de seda de ambos hombres estaban
metidos dentro de unas misteriosas botas negras largas, algunos cinco centímetros
más debajo de la rodilla.
Sus dedos estaban cubiertos por anillos largos de color plata que cubrían todo el
dedo dejando descubierta la uña, como si fueran férulas para dedos. Creí que esos
anillos largos de plata les mantenían los dedos tiesos, pero cuando el hombre alto
flexionó sus dedos dejando su mano en puño supe que los anillos debían de estar
hechos de un metal capaz de flexionarse.
Los miré otra vez a la cara y mi boca pareció muy seca como para intentar
preguntarles lo que querían, así que me limité analizar sus facciones otra vez. Su piel
blanca, y sus ojos… oh sus ojos. ¡Los abrieron!
Mi cuerpo reaccionó de la manera que tuvo que reaccionar. Mis ojos se
extendieron como platos y mi voz profirió un gemido. Escuché entre los revoltosos
sonidos y murmullos de mis amigos varios: “Dios mío” y otros “Santo Dios”
La palabra Demonio se remarcó con rudeza en mi cabeza estrellándose justo en
mi pecho.
Me estremecí y mis vellos se me erizaron por todo mi cuerpo. Sentí mi piel de
gallina como si pasara por mí electricidad de poco voltaje.
Incliné mi rostro, y sin saber si se trataba de efectos visuales o incluso que mis
frustraciones internas que amenazaban con hacerme estallar me estuvieran haciendo
desvariar, miré impresionado los dos pares de ojos tan impactantes y extraños como
ellos: sus ojos resultaron similares al de los gatos, todo el ojo era de color verde
intenso con destellos grises, el color destellaba igual que el metal, como una canica
verde que tiene hilos oscuros adentro de ella. Sí. Ese era el color, verde, un par de ojos
similares a las canicas. Sí. Como las canicas… con pupila rasgada en forma de rayo de
color negro intenso, más negro que el negro… ¿Cómo podía ser eso posible?.
Intenté encontrar la parte blanca que un ojo normal debía de tener,
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(Esclerótica) pero entonces confirmé que mis sospechas eran ciertas, esos ojos no
tenían escleróticas, todo estaba pintado de verde. Los ojos eran inefables, no los
podía describir.
Reconozco que eso no fue en realidad lo que más me impresionó sino el que los
ojos parecieran brillar en la hundida oscuridad tenue, otro parecido al de los gatos.
Recordé que muchas veces le había preguntado a mi padre la razón por la que los
ojos de los gatos brillaban aún en la oscuridad, y ésta misma pregunta me la tuve
que formular una vez más. Me estaba volviendo loco, y aún más al darme cuenta de
que esos enigmáticos ojos brillaban aún más que el de los gatos.
Comprendí entonces por qué los habían mantenido cerrados; desde el auto nos
hubiéramos podido dar cuenta del brillo de los ojos, y de esa forma seguramente no
nos hubiéramos atrevido a bajar e ir valientemente hasta ellos, probablemente por el
susto los hubiese atropellado y ahora no estuviéramos allí.
Pero… ¿Y si eran lentes de contacto fosforescentes con brillo? La tecnología en
odontología y contactología era increíble. Claro, eso lo explicaría todo. Parecí
tranquilizarme. Era obvio que eran una nueva tribu urbana y nosotros estábamos en
exclusiva frente a dos integrantes de ella, una tribu que tenía como objetivo imponer
moda con su estrafalaria y abstrusa forma de vestir.
Ahora sus cabellos de color chocolate blanco, cortos y peinados en picos como
los dibujos de anime, e incluso el pequeño amuleto oscuro en forma de arete con dos
centímetros de largo que ambos tenían en la oreja derecha, me parecieron tan
normales como un pez volando en el aire después de haberme tragado la impresión
del color de sus ojos.
Entonces ocurrió lo que había temido. Escuché la voz grave y gutural de él que
estaba atrás de la sombra más alta, el mayor. Una Frase arrastrada y doblada, como si
apenas estuviera aprendiendo el español. Su palabra se estrelló en mi pecho como
miles de hielos picudos en forma de fuego cuando dijo la frase…
— “¡Mátalos!”
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Aprensión
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*Helu
Los secretos guardados por el aura de la existencia solo son
revelados a los hombres que carecen de escepticismo, y ellos
son los únicos afortunados, o incluso desafortunados que
descubren la verdad, la verdad que no mata, pero que acaba
con la vida.
C
uando la última palabra salió de uno de los integrantes de la secta satánica sentí
que mis pies se trasformaban en agua. El cuerpo me comenzó a temblar y a ser
desobediente a mis órdenes.
Mirar a la Luna y empaparme del chorro de luz cálida y confortable que me
regalaba alivió una fracción mi dolor aunque no la herida de terror.
Mi perspicacia que revelaba mi yo interno me escupieron palabras abrumadas
que me decían que algo iba mal, algo iba a terminar mal. Ric nos estaba escudando a
todos.
La angustia que sentía no me servía de mucho, tenía que barrerla de mi cabezota.
Mi mente estaba perturbada y aterrorizada. ¿Por qué querían matarnos? ¿Qué mal
les habíamos hecho? ¿Qué pasaba? ¡¿Qué diablos pasaba?!. Sentí que mi cuerpo
tembloroso se calentaba. Mis tripas se estrujaban y en mi vientre vacío caían todos
mis júbilos recuerdos de alegría dejando sin remedio a los dolores más penetrantes y
amargos de mi cruel vida. Otra vez estábamos en peligro, una vez más estábamos a
punto de morir los cinco juntos, por ellos, por esa secta satánica que estaba a punto de
aniquilarnos despiadadamente y yo aquí, sin poder hacer nada, ni siquiera gritar,
¿Quién nos iba a escuchar en medio de la carretera en la que al aparecer no pasaba
ningún auto en ambas direcciones? Estábamos solos, sin esperanza de nada, solo con
el destino de morir. Mis padres, hermanos… ¡oh no!
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Escuche que Estrella sollozaba histérica y levanté la vista, Rigo la tenía
abrazada, entre la escasa luz pude observar cómo su mirada masculina no se daba
por vencida, tenía fruncida sus cejas con odio. Das estaba boquiabierta, en pasmo,
sus ojos estaban rojos y sus manos las acariciaba unas con otras mientras cerraba y
abría sus ojos constantemente como si fuera un tip nervioso. Ric sin embargo seguía
allí, frente a todos, intentando arreglar la situación, salvarnos, ayudarnos,
defendernos. Era valiente claro. Analizando lentamente sus movimientos aunque me
daba su espalda, observé que cambiaba de posición, separó lentamente sus brazos de
su torso y se inclinó como si fuera un animal salvaje.
Bajé la vista otra vez y nuevamente escuché la voz arrastrada como si fuese
extranjero de no sé donde, pues el acento era extraño, no era Ingles, ni francés …
—¡Lo haré yo si no los matas tú!.
—“¡No!”— gritó Estrella histérica. Sentí que corrió hacia atrás y chocó con mi
espalda. Incorporé la vista intentando saber lo que pasaba y grité también, no sabía
que sucedía pero Estrella había gritado y gracias a eso yo había entrado en pánico.
Temblé con terror y Rigo corrió hacia delante, junto a Ric. Iba a suceder un desastre
y yo estaba preparada para correr. Al parecer el grito de Estrella se había debido a
que el hombre mayor de atrás del muchacho más alto se había movido dispuesto a
tacar a Ric pero el de adelante lo había detenido.
De pronto escuché palabras incomprensibles, raras, extrañas, como si fuese otro
idioma, jamás lo había escuchado, ni siquiera en las películas internacionales, de lo
único que estuve segura es de que no pertenecía a ningún idioma humano, no de ésta
tierra… no era latín, no era chino, ¡no era nada! la desesperación me tenía agitada. El
tipo mayor al parecer discutía con el más alto, y aunque éste no había dicho ninguna
palabra, solo nos miraba con sus cejas delgadas y alineadas fruncidas. Arrastraban las
palabras de forma rápida, tonos claros y sopranos, no sé cómo podría explicar lo que
mis oídos escuchaban, iba ser imposible describirlo, parecía que hablaba con letras
que no llevaban vocales entre ellas, palabras sin vocales…
—…Por eso quiero hablar éste idioma— espetó volviendo a comprender lo que
decía, —Por eso quiero que sepan que deben morir, Lizardo.
La respuesta del que se hacía llamar Lizardo fue como si intentara apelar algo,
en ese otro idioma que desconocía.
—Lizardo, ¿Qué no quieres que hable el español?— sonrió con sarcasmo el
mayor y subió cinco tonos a su voz—¿Eso quieres? ¿Por qué no? ¿No quieres que
sepan que están malditos y que— Lizardo interrumpió los gritos de su acompañante
y una vez más con ese otro idioma. Ésta vez ambos discutían y se miraban.
—Debemos correr—me anticipó Das en susurro. Yo asentí miedosa. Leí su
pensamiento y supe que tenía la esperanza de que los dos tipos se distrajeran y así
nosotros aprovecharnos de la situación… Recé con mucha fe porque esto
funcionara.
—Helu, tranquila— me soltó Estrella y se acercó a Das que estaba más atrás
que yo y la calmó— Escúchame— escuché los susurros que le decía a mi
amiga.—Vamos a intentar correr lo más pronto posible, Ric dejó las llaves
pegadas… en el Jee… Por favor— le dijo pues Das comenzaba a llorar en voz
baja— Necesito que me escuches— los tipos seguían alegando y se habían separado
un poco más de nosotros. Ric giró su vista y yo le intenté enviar una señal con mi
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rostro. Esperaba que comprendiera que teníamos un plan, no muy bueno, pero con
esperanza, que es lo que valía la pena. Él me asintió con la cabeza y casi estuve
segura que lo había comprendido. Regresó su cabeza hasta su posición original y yo
me giré hasta Das, intenté caminar lentamente hasta donde estaba ella, la toqué y
estaba tiesa, con la mirada aterrada, con los ojos llenos de lagrimas… me pregunté
por qué yo no lloraba, pero lo comprendí, mis lagrimas estaban congeladas por el
terror.
—Nos van a matar— dijo en voz baja, casi inaudible. — ¿lo saben? Nos van a
matar.
—No lo harán— respondió Estrella con acento perseverante.
—“¡No se muevan!”— gritó otra vez el tipo mayor, el compañero de Lizardo,
único nombre mencionado hasta hora. Se dio cuenta del escándalo que había con
nosotros. Ric y Rigo se extendieron— Ni siquiera intenten respirar; ¡Malditos
repugnarios!
—Están muy equivocados si creen que no nos vamos a defender— la voz de
Ric resaltó con indicia. Me quedé congelada. Suspiré y ya no me pude mover.
El más alto debía medir más de 1.90 y el otro más de 1.86, Ric medía 1.83 y no
por eso parecía subestimarse.
—Por fin tuvieron la valentía de hablar— rió monstruosamente mostrando
todos sus delgados dientes. Pasó más de los límites de los que él mismo se había
impuesto. Se acercó a Ric quedando casi medio metro alejado de él. —No cabe duda
que el olor de ustedes se pierde con forme pasa el tiempo… Estuvieron en el lugar
erróneo, a la hora errónea y ahora su errónea continúa enfatizada en ustedes. Esos
momentos equívocos son quienes los van a matar ahora.
“Me encantaría saber cómo sabe la carne fresca que tengo frente a mí..
Hmmm,— respiró profundamente como un perro por todo el lugar. —No cabe duda
de que huelen delicioso. Sin embargo la carne está contaminada. Me pregunto si el
efecto me beneficiaría a mí también.
—Quizá se preguntarán que somos—exclamó Lizardo luego de una carcajada.
Mi cuerpo se comenzó a tambalear.
—Algunos dicen que somos Vampiros por beber sangre humana, que estúpido
es escuchar eso… Otros aseguran que somos una especie de monstruos malditos por
alimentarnos de la carne humana también… Incluso hay quienes nos llaman ángeles
caídos, seres enviados desde el infierno por el mismo diablo por permitir que la
naturaleza se mueva a nuestro antojo…Pero yo les aseguro que somos algo mucho
peor…
Un escalofrío recorrió toda mi espalda, quemándome.
El otro tipo lo interrumpió una vez más en ese otro idioma. Discutieron otra
vez pero ahora no nos dio la oportunidad de continuar con nuestro plan. Estaba
tensa, mis sentimientos se estaban involucrando con mis sentimientos…
Me sentí desesperada. No podía más, ¡nos querían tragar!. ¡No!. ¡No!. ¿qué
clase de monstruos eran? ¿A qué naturaleza pertenecían? ¿Qué demonios eran?.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Nooooooooo!!!!!!!!!!!!
Mi desesperación me llevó a cometer la peor estupidez que pude rehacer.
Automáticamente mis piernas se comenzaron a mover hacia el sur a pesar de que las
tenía engarrotadas. Corrí gritando desesperadamente lo más rápido que pude, pasé
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junto el Jeep y seguí corriendo aterrada dejándolo atrás, y entonces escuché lo que
temía. Los gritos de mis amigos me decían que me detuviera. Intensifiqué mi carrera
mientras esperaba a que los monstruos aparecieran frente a mí y me mataran.
Estrella gritó histéricamente un ¡No Ricardo! Y entonces me giré y vi aterrorizada
cómo todos comenzaban a correr rumbo a mi dirección a excepción de Ric, que
repentinamente por el golpe que le dio el tipo mayor en el pecho lo vi salir
despedido en el aire casi cinco metros lejos de allí hasta que cayó al otro lado de la
carretera, en los matorrales.
—“¡Ricardo!”— jamás había gritado con tanta intensidad. Me devolví y me
dirigí corriendo hasta donde estaba tirado, herido. ¡Era mi culpa!, Ricardo no podía
estar muerto… me moriría de dolor.
Rigo y Das llegaron primero al lugar, Estrella yacía gritando como loca,
estaba histérica y entonces Lizardo se alzó hasta ella. Intenté protegerla yo, una
simple humana frágil.
—¡Estrella! ¡corre!— ella se quedó congelado gritando aterrorizada mientras
yo iba junto a ella, le llevaba ventaja a Lizardo, Estrella estaba más cerca que yo,
pero repentinamente el tipo se suspendió en el aire después de saltar, petrificada me
pareció que dio tres giros en el aire, cada uno con un seis metros de diferencia hasta
que se tiró con agilidad junto a Estrella, de rodillas como la última vez y cuando
estuve segura de que le rompería el cuello, un grito mayor masculino apareció entre
la tempestad fría y oscura de la noche, cuando ni un pajarillo cantaba, y ni si quiera
el silbido del aire resonaba. Ella se quedó quieta, dejó de gritar pero conforme yo me
acercaba me di cuenta de que su pánico era mucho mayor, estaba bañada en
lágrimas y suplicaba con dolor…
Pero la voz, esa voz masculina que no pertenecía ni a Lizardo, a su compañero
agresor de Ricardo, y ni siquiera de mis dos amigos había aparecido de repente,
justo a mi espalda.
Levanté mi cabeza y de reojo vi a Lizardo junto a Estrella, la tenía sujeta del
cuello, y su compañero estaba metros atrás, parado junto al Jeep, sus ojos verdes
luminosos brillaban como linternas desde allí. Y la voz masculina gritó una vez más
desde algún lugar atrás de mí:
—¡Ellos no!
Me giré de repente y quedé petrificada y helada cuando corriendo desde el
sur, saliente de entre la negrura de la noche justo al momento en el que un
relámpago sin abrigo y aroma deslumbró el cielo y destelló su luz blanca chorreando
de luz el rostro rubio de Joaquín.
No era posible verlo allí. No era una ilusión, no era parte de mis sueños y mis
más profundos deseos de volverlo a ver, era real, corría resollando atortolado, rojo
por el esfuerzo y con aspecto berrín apunto de una beligerante.
Rigo y Ric ya estaban de pie, del otro lado de la carretera, me tranquilicé al
mirarlos, y Joaquín se acercó a mí y observó con súplica melancolía los ominosos
rostros de Lizardo y su acompañante, que ya había soltado a Estrella.
—¡Ellos no!— repitió Joaquín cansado. Sus ojos brillantes del color del cielo
en el día soleado parpadearon cristalinos.
Joaquín saltó hasta ellos como un alce, Lizardo aventó a Estrella hasta
nosotros y ella cayó rodando. Ric y Rigo corrieron hasta mí, y de pronto vimos que
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Lizardo tomó del cuello a Joaquín.
Antes de que todos pudiéramos reaccionar las pisadas atronadoras como de
caballos cimbraron el suelo y de pronto cuatro animales aparecieron de la nada
cuando salieron de no sé donde saltando hasta los dos hombres en forma de ataque.
Joaquín salió despedido hasta el suelo.
Eran unos feroces Leopardos, arriba de los hombres, con sonidos gruñones,
sus patas intentaban tumbarlos, sus dientes atravesarlos, sus hocicos tragarlos y sus
cuerpos gigantes aplastarlos.
Fue como si hubiesen estado bajo la orden de alguien, un ser supremo los
estaba dominando y les había pedido defendernos de la manera más pobre y sublime
que nosotros merecíamos, y sin embargo ya casi habíamos llegado al Jeep mientras
Joaquín nos seguía. Subimos casi de un salto, agitados, asustados, el rugir del Jeep
cuando Ric lo prendió dio pie a que íbamos a salvarnos, pero recordar la manera tan
ágil en la que saltaban y se suspendían en el aire como unos completos seres
malignos disfrazados con los mejores cuerpos existentes me rompía las esperanzas
de vivir un poco.
El Jeep arrancó y entre los gritos aprensivos de Estrella, y Das mientras mi
silencio ahora era el ausente Joaquín las detuvo y Rigo y Ric con gritos histéricos
pedían a gritos tranquilizarse. De manera monstruosa el Jeep salió disparado y
estuvimos a punto de voltearnos y tiempo después de estamparnos. Más baladros y
mas desesperación, mi mirada ahora estaba puesta y fija atrás, mirando con
furtividad a los cuatro animales que atacaban a los hombres, y entonces supe a lo
que nos enfrentábamos, pues si los hombres ya no nos seguían no era por el ataque
de los Leopardos, sino por otra razón, no obstante aterrorizada advertí que los
animales no lograban dañar a ninguno de los dos hombres, ellos estaban parados
firmes mirando con esos ojos llenos de odio destellantes de color verde cómo nos
marchábamos, y de pronto Lizardo con una mano logró arrancarle la cabeza a los
cuatro Leopardos en menos de cinco segundos, el otro los despedazó y con una
ligereza increíble envío el cuerpo de uno de ellos y lo estrelló con fuerza sobre
natural contra el Jeep que se tambaleó con violencia.
Los hombres desaparecieron de la vista y me volví hacía delatante impactada,
con el corazón incendiado y mi alma perforada.
La noche de aprensión la digerí con furibunda atrocidad, helando mi sangre
caliente, cerrando mi aura viviente y matando mi esperanza reluciente.
La maldición podrida de mi destino acarició con pasión mi alma recorriéndola
lentamente con fuego, hiriéndola con espinas y matándola con vacío ácido bañado
en sufrimiento y dolor.
Quité la venda de mis miedos, y escuché entonces las palabras histéricas que
gritaba Ric con aprensión. Conducía como loco, y gritaba como tal, desesperado,
temblando de arriba abajo como los demás
—¿Qué demonios son ellos?— Ric estaba sudando y continuó con más
gritos—¿A qué maldita secta perteneces? “¿Qué quieres de nosotros?” “Maldito
perro”
—¡Ricardo!— grité al mismo tiempo que Estrella y Das. Ric intentó golpear a
Joaquín que venía atrás con nosotras, había soltado el volante y de no ser porque
Rigo le dio rumbo al volante, nos hubiéramos matado. Ya eran demasiadas las veces
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en las que habíamos estado a punto de morir en una sola noche, y esto no iba a parar
hasta que alguien nos lograra tranquilizar, preferiblemente a Ricardo, los hombres
suelen ser atrabancados, todo se les hace fácil y más cuando están tomados, aún no
olvidaba que él había sido el que había tomado más. Deseaba pensar que el tequila
nos hubiese hecho ver lo anterior, pero escuchar los gritos de todos me recordó que
no estábamos alucinando. Ric se tomó otro trago desde la botella.
—Deja de tomar— le sugirió Estrella desde atrás, estaba bañada en lágrimas,
y al mismo tiempo preocupada —Rigo, por favor, ya no tomen.
—“¡Déjanos en paz!”— gritó Ric groseramente. Lo desconocía. Rigo solo
venía serio, resollando con nerviosismo.
—“¡¡¡Por qué mierdas no contestas!!!”— gritó Ric cinco tonos más arriba de
lo normal dirigiéndose a Joaquín, que venía junto a mí en el extremo de la puerta
derecha, serio, rojo, temblaba. Intrigado, en Shock.
—Déjalo Ricardo ¡por Dios!— le reclamó Estrella con un grito chillador.
—¡Cállate!— ordenó Ric con contracción.—Y tú contéstame imbécil, ¿Querías
matarnos? ¿Eso era?.Yo te voy a MATAR baboso.
—¡Les dije que se alejaran de mí!— respondió Joaquín con intensidad, como
reproche, como reclamo.—¡Se los advertí y no me escucharon! Huyan, escóndanse
porque ellos vienen por ustedes, los van a… a desgraciar. ¡Huyan!
Con un último grito la impactante escena que propicie al final me retumbó
más, Joaquín por la ventana abierta del Jeep se lanzó con un impresionante salto
hasta desaparecer entre la oscuridad de la noche de la misma manera en que había
aparecido la primera vez.
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TORVA
________________________________________________________________
*Das
T
res cachetadas y una golpiza con el cinturón producto de mi demora el jueves
por la noche pasado, había sido suficiente para no asistir al instituto el viernes y
permanecer reposando el sábado también.
Mi madre había tratado de defenderme, y por esa razón había sido golpeada por
mi padre también. Por eso fingimos enfermedad, ambas para encubrir a mi padre, al
que cada vez temíamos más.
De no ser porque papá había ido a trabajar a Tecomán colima el sábado pasado
por la tarde para regresar el Lunes, no creo haber podido asistir al campamento al
que amablemente habíamos sido invitados por el área de Informática mis amigos y
yo.
A estas alturas no estaba muy segura de haber querido asistir a ese
campamento, no por la terrible experiencia oscura y seca que viví.
El lunes 25 de mayo, un día después de aquella terrible pesadilla manifestada en
la realidad amenazaba con entregarnos más sorpresas, y debí de suponerlo desde
antes. Sabía que desde aquella tarde en la que vimos esos inefables rayos cubrir
ambos volcanes ya no volveríamos a tener un solo día sin peligros.
Y ese Lunes no fue la excepción.
Pintearme una clase, y lo que es peor, cuando estábamos a punto de terminar el
ciclo, para después graduarnos del sexto semestre como auxiliares en
Administración estaba fuera de mi criterio y contra mi moral, y más sin embargo,
cuando aquella mañana protagonicé ésta situación, salirme de clase, o más bien no
entrar a clase no me pareció tan descabellado como creía, no si lo hacíamos por
causas de fuerzas mayores como las que nos estropeaban nuestros destinos.
Helu, Estrella, Ric, Rigo y yo, no pudimos estar sentados en clase disfrutando
de los últimos días de clases, casi finalizaba mayo, acariciando casi el viernes 3 de
julio, el día en el que íbamos a graduarnos.
El paquete de togas, fotos y videos me pareció tan fuera de plano, que por un
momento me pregunté Cómo es que mis compañeros podían estar sentados en las
butacas sin preocupantes amenazas como las nuestras, pero claro, de pronto se me
vino una palabra muy fuerte en mi cabeza que mi cerebro descifró como;
“Injusticia”.
—Chicos— dijo una linda y joven profesora, nos miró con una sonrisa. Nos
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detuvimos. Me estremecí cuando creí que nos iba a reportar por estar fuera de
clase—. Deberían de apurarse y rentar sus respectivas mesas en el casino para el
baile de graduación, o de otra manera les ganarán los mejores lugares para aquella
noche. Claro, en dado caso que quieran ir.
—Sí, oh, está bien— dijo Estrella con una sonrisa fingida—. ¿Usted es la
encargada de la renta de mesas?
—Sí, preciosa—aseguró la bella profesora de Literatura—, de cualquier
manera intentaré apartarles una ¿de acuerdo?
—Gracias, maestra Carolina— le dije al final.
—Por nada corazones, he, ¿No tienen clase?
Me pregunté si nuestras sonrisas fueron convincentes cuando negamos con la
cabeza, de cualquier forma la Licenciada Carolina se marchó rumbo a la sala
administrativa de control escolar.
Tras mi sugerencia, nos dirigimos con el mutismo reinando al edificio “I”, el
edificio poseedor de 4 laboratorios de informática, en busca del chico misterio,
Joaquín.
No estaba. Entre los compañeros del chico rubio, dos de ellos destacaron de
entre los demás cuando nos miraron por las ventanas largas y transparentes. Solo se
escuchaba el tecleo y los cuchicheos de otros.
Tuvimos que sonreírles a regañadientes a Fabiola y Andru.
Intrigados, y nuevamente con el silencio del día, el camino hacia las canchas
fue el único sendero incierto que nos obligó a traspasarlo. El cielo estaba nublado, y
nosotros nos sentamos en el suelo entre un trío de árboles verdes y frondosos. El
ramalazo dulce y frío golpeo nuestras tibias pieles con indulgente delicadeza.
El cielo azul estaba esfumado, el sol había huido y las nubes negras tristes nos
lanzaron sus primeras y delgadas lágrimas.
No pensar en el día de ayer me estaba resultando casi imposible, tan imposible
como intentar mirar al Agua de la mano del fuego, a la sal separada del océano, y al
tiburón feroz volando junto a las golondrinas viajeras del tierno verano lluvioso.
Me sentía serena y clara con un deje de relajación, más no abundaba la
tranquilidad, una palabra que había huido el día de ayer, una tranquilidad que había
muerto por el miedo y que ahora intentaba resucitar.
Ric parecía comprender con más claridad. Sus rizos en melena acariciaron el
aire gélido e insípido, sus ojos verdes como el color de las montañas en éste tiempo
rodeando como muralla la ciudad en guzmán estaban puestos en el suelo empolvado,
junto a la cancha verde de fútbol.
Rigo observaba con respiración insuficiente la tierra suelta que se arremolinaba
junto al pasto de la cancha naciendo de ellas figuras ocultas como la oscuridad. Su
pantalón de vestir azul marino lo tenía engarruñado dejándosele ver los vellos
erizados de sus piernas por el frío. Sus zapatos negros desgastados se movían
chocando las puntas una y otra vez con un pequeño “Clok” de diferencia. La ceja
espesa decorada con el piercing plateado estaba inclinada como furtiva pensadora, y
las chicas estábamos sentadas allí también junto a ellos, cómodamente por haber
llevado ese día pantalón de mujer para vestir en lugar de falda, hacía frío, y la
dirección del instituto nos había permitido no llevar faldas cuando la temperatura
estuviera en lo bajo.
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Probablemente eran las 3 de la tarde, la hora del sol y del calor, algo malo de ir
en el turno vespertino, pero la futura tormenta que amenazaba con caer y bañar a
Zapotlán escabulló las altas temperaturas.
El lapso de tiempo que fue poseso por el silencio, el viento y las lágrimas del
cielo no me sirvieron para relajarme más. Dado el fulgor de esa tarde cerré los ojos
contemplando la negrura de la imagen, en donde estaba Joaquín, junto a esas dos
sombras, amenazantes y aturdientes, dispuestas a matarme, a comerme y hasta…
—No es una buena idea ponernos a dudar de los acontecimientos que vivimos
ayer— dijo Ric con su ruda voz apaciguada, acentuándola serenamente como un
tierno y duro murmullo.—Pero eso no quiere decir que crea que todo se trata de
algo misterioso o fuera de lo normal. Lo que hayan sido esos tipos tengo que
saberlo, descubrirlo y si esto sale a flote, demandarlos. Investigar en Internet o en
los noticieros, debemos de saber a qué criminales nos enfrentamos ayer.
El aire suspiró con sonidos sepulcrales y oscuros, como si intentaran hablar,
como si quisieran decirnos la verdad y al mismo tiempo descifrarnos la verdad.
—Huyamos— añadió Helu entre la oscuridad de mis ojos cerrados— Me
atemoriza morir.
Suspiré contrariada y volví a saciarme de la luz que la vida me regalaba
cínicamente.
—Mejor enfrentemos lo que venga valientemente— agregó Ric una vez más,
con su mismo tono de voz—. No podemos huirle al destino porque nosotros no
fuimos los que lo buscamos, él nos buscó y nos atrapó y ya no nos dejará apartarnos
de él. Intentar escapar del destino sería desafiarlo, y desafiarlo sería intentar cambiar
la vida que nos tocó.
Comprendí lo que dijo, con una seriedad que no era propia de él, pero fue Helu
la que después mencionó
—Dicen que el libro del destino y de la vida ya está escrito.
—Pero no está leído— respondí apaciguada.
El avezar de estar completamente serios me dolía, siempre sonreíamos y nos
divertíamos, sobre todo Ric y Rigo, los chicos más intrépidos y fantásticos que había
conocido, siempre con sus acostumbradas ocurrencias y divertidas carcajadas.
Intenté avasallar la magistral construcción de miedo que se cosechaba dentro de
mi cuerpo, y dado a la atiza que frenó mi vuelo a la felicidad, el augurio fue más
cierto que la indicia de creer que todo estaba bien.
—Qué hay de Joaquín—observó Helu interesada—. ¡Qué del pobre chico!
—Debemos de ayudarlo—añadió Estrella hablando por primera vez.
—Él es uno de ellos— escupió Rigo dolido— y no se puede ayudar a alguien
que es parte de los criminales, no si es uno de ellos.
—Entonces ¿Qué es lo que son “Ellos”?— inquirió Estrella intranquila,
acariciando su cabello largo que flotaba entre el viento.
—¡Vordrákus!— respondí sin miedo, como si alguien me lo haya dicho.
Sabía lo que venía, un camino de atolladero.
Nos salimos del instituto después de buscar en vano al señor Libasteo, nadie
sabía nada de él.
El rumbo que tomamos en Sebastián, el mercedes rojo de Ric fue el mismo que
utilizamos para llevar a Joaquín aquél Miércoles pasado, y esto porque nuestro
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destino era ese, ir a su casa, a buscarlo.
¿Sus padres sabían lo que era su hijo? ¿Ellos también lo eran? ¿Por eso no
podían permanecer por mucho tiempo en un solo lugar? ¿Porque de esa manera los
descubrirían, descubrirían la clase de monstruos que eran?
—Ya no bebas, Ric— le sugirió Estrella con dulzura y comprensión. Se había
amarrado su larga cabellera en una cola de caballo.
Ric había tomado un trago desde una de las cuatro botellas de cerveza de litro
que estaban acomodadas junto a la palanca de velocidades.
Un tema impresionantemente gélido sonó con potencia en el auto, en varias
ocasiones lo había escuchado en el auto de Ric, no me gustaba, pero ese día, en ese
instante, ahora, las notas firmes de agonía me estrujaron mi corazón, era inglés, pero
las simples notas me hacían beber de su sabor, de un sabor álgido que me gustó;
“In the End” de Linkin Park.
Rigo iba junto a él en el copiloto, como acostumbraban.
—Mi madre está cansada, trabaja mucho— dijo Rigo de repente con acento
agrio y triste. Me conmovió. Lo miramos, destapó otra botella de cerveza y se echó
un trago,—Me duele verla así, no pude decirle lo que pasó ayer, por lo mismo…
—Yo tampoco se lo dije a la mía— dije con tristeza saltándome la parte del
sufrimiento que abrigaba a mi pobre madre a causa de mi padre. Mis amigos no
sabían que mi madre y yo sufríamos de maltrato físico, se burlarían de mí… no sé,
no tenía valor.
—Mamá es aprensiva— suspiró Helu— y papá padece del corazón, por eso
tampoco se los dije. Brenda, saben cómo son las adolescentes, y el pequeño
Enrique, bueno, ¿Qué les podía decir a mis hermanos?
—Yo no tengo madre— escupió Ric con odio y amargura. Dio otro trago—
y Mauri mi padre…
—Tu padre— exclamó Estrella, —Igual que los míos nunca están en casa.—
suspiró mirando hacia el cielo. El convertible venía abierto, pero cuando las
chispas de agua azotaron con más rapidez el techo del mercedes apareció
cubriéndonos.
—Dicen que vendrán en Agosto— continuó Estrella con una sonrisa a
medias. Suspiró— lamento que no puedan llegar a mi graduación.
El auto siguió su curso.
Me pregunté si todos los jóvenes en el mundo teníamos problemas, ¿Por qué
diablos los teníamos? Por qué no vivir sencillamente en paz.
La melancolía golpeó a los cinco que íbamos en el auto, Ric y Rigo tomando
cerveza, mientras nosotras permanecimos en silencio, con solo la escucha de la
música sonando del auto, todos resguardados en el auto de la fuerte tormenta que
estalló desde el cielo, como si fueran nuestras lágrimas que se negaban a salir de
nuestros ojos.
Las calles angostas se detuvieron al tiempo que el auto hizo lo mismo. Fue
como si la tormenta nos hubiera abierto paso para no empaparnos, se escabulló
cuando salimos del mercedes y nos acercamos a la casa blanca de dos pisos y yo
miré la bóveda del segundo piso, en donde permanecía el mismo barandal blanco
del que nos habíamos sostenido para ver el fenómeno de aquella tarde. Desvié mi
cabeza hacía el sur de esa casa, en donde apareció la magistral imagen cubierta por
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las nubes blancas que chispeaban desde lo alto, no se veía el nevado de colima, las
nubes lo cubrían, como aquella tarde, pero ésta vez porque la neblina de esa tarde
del lunes estaba rodeada por agua que se había detenido, mientras subíamos al auto
de regreso, cuando la ausencia de esa casa gritó la soledad. Subimos al auto
frustrados, no estaba nadie, absolutamente nadie.
Había frío, y al parecer Ric lo comprendió cuando prendió la calefacción del
auto. Mis dos amigos ya iban por la segunda cerveza cuando Estrella se las
arrebató y las puso en el asiento de nosotras.
—No es momento de beber, ¡Qué afán de hacer estupideces! ¿Comprenden en
el rollote en el que estamos metidos? O sea, ¿no se dan cuenta de eso?
—¿Ven al diablo y no le rezan?— añadió Helu indignada.
—¿Qué diablos quieren que hagamos cuando…?
—Haaa.
Un golpe en el auto anticipó un nuevo peligro. Miré a todos los alrededores, era
de día, pero a pesar de eso la gente no estaba en la calle, la tormenta se soltó otra vez
ahora con más intensidad.
—Enciende el auto, ¡vamos!— le gritó Estrella.
El mercedes arrancó de repente, y salió disparado por esas mismas calles
angostas.
Ésta vez eran tres, aparecieron de la nada, y los pudimos distinguir mejor, no
eran los mismos de ayer, un par de ojos verdes, un par de ojos amarillos que no
brillaban igual que en la oscuridad nos miraron, pero un par de ojos del color del
cielo, azul, más azul que el verdadero azul, incluso más azul que los de Joaquín, me
penetró en mi pecho, chocó en mi cabeza, estremeció a mi alma y entonces se
incendió mi corazón.
A través de la ventana de enfrente los vi. Eran blancos como el mármol, y
fuertes como los dioses, eran incomparables, e incluso indescriptibles,
considerablemente perfectos, rostros finos, tan impecables como si los hubiesen
dibujado a cada uno en millones de años, línea por línea, punto por punto,
corrigiendo hasta el más mínimo detalle con una sutil tinta fina.
En general, considerablemente perfectos, aunque la palabra perfecto se
quedaba corta, como la comparación de calificar al planeta tierra aún lado del
inmenso universo.
De su piel pálida, lo único que tenían color, eran sus hermosos labios
atractivamente rojos, como una par de carnosas y jugosas fresas.
La nariz corta afilada, sus mandíbulas exageradamente delineadas y
acomodadas, sus mejillas largas y curveadas, dándole sombra en la curva….
No tuve miedo, y menos cuando el mayor que había detenido el auto con su
mano derecha nos dijo con voz clara, definida y defensora.
—Viné hasta aquí, por ustedes, disputados no para hacerles daño, si no el
bien.
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Revelaciones
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*Rigo
E
l revuelo de mis emociones inició de pronto. La cerveza que traía en mano
cayó dentro del asiento del copiloto y se derramó. Ceñí mi cara y proferí un gritillo
de asombro. Tres hombres de aspecto inenarrable aparecieron de la nada. Una mano
blanca entre la tormenta de la tarde detuvo el mercedes con furibunda agresividad.
Por más que Ric pisó el acelerador con ansia, el auto no se movió, pero sí rugía
con furia, las llantas se atascaban con el lodo del suelo de tierra que se encharcaba
por dondequiera.
En ésta ocasión no hice mucho caso a los enardecientes gritos de mis amigas.
—“¿Qué mierdas quieren?”—gritó Ric imperioso, pero el joven hombre de
gabardina negra sólo nos miró a través de sus brillantes ojos verdes. Sus pupilas
negras en forma de rayo se dilataron abstraídamente y de no ser por las palabras
que dijo después, ninguno de nosotros nos hubiésemos tranquilizado.
—Viné hasta aquí, por ustedes, disputados no para hacerles daño, si no el
bien.
Mi pecho tembló. Pero mi intuición de hombre le habló a mi cabeza de manera
seria pero en astenia, hizo un intento por asegurarme que todo andaba bien, más que
bien.
El temblor de mi boca cesó. Mis pálpitos en mi pecho sucumbieron casi
después de observar de nueva cuenta la infalible imagen del hombre bien parecido
que nos miraba desde a través del cristal transparente del mercedes, mientras que los
otros dos yacían en los costados de pie, con los brazos cruzados y con sus miradas
alzadas, perfectamente alzadas, imponían respeto, miedo y gallardía. La lluvia había
minorado y por eso los vi con claro sabor desde mi asiento.
El joven hombre de adelante apartó su mano blanca del frente del auto cuando
Ric apagó el motor.
—No pasa nada— murmuró en voz baja, casi como el murmullo del viento
antes de soplar.—Todo va bien, todo va bien.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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Ellas, las tres chicas jadeaban y sollozaban.
Ric entonces abrió la puerta. Creí que se confiaba a que estábamos en una calle
habitada de gente aunque todas permanecían en casa, porque todavía llovía, pero
escasamente.
Bajé del auto también, y ser insondable no pareció que fuera lo mejor para mí,
no cuando quería saber lo que ellos pensaban o querían.
Las gotas delgadas de agua se enfrentaron a mi rostro y el aire golpeado y frío
se penetró a mi piel desnuda sin arrullo.
El hombre más alto se puso de pie. Tenía sus dos delgadas cejas color chocolate
blanco casi juntas, magistralmente curveadas. Sus pómulos marcados se tensaron
por un momento, y otro ramalazo de viento movió su cabello corto peinado en picos.
No logré comprender si me tranquilizaba saber que era de día, o que
estuviéramos en un lugar habitado a comparación de ayer, o la simple y sencilla
razón de que en esos tres rostros que nos miraban por segundos a Ric y a mí, no eran
los mismos amenazantes rostros del día de ayer, aquellos rostros impertérritos que
amenazaron con matarnos.
Sus ropajes parecía más bien un disfraz fashion que imponía moda. De día la
observé mejor. Era una gabardina cerrada hasta la cintura y abierta por mitad en
forma de caída a partir de la cintura, y por esa abertura en forma de capa observé
un pantalón negro de ceda ajustado metidos en unas amenazantes botas negras
largas.
Sus brazos estaban cubiertos por una manga larga y gruesa en forma de
campana. Traían un arete los tres de color rojo con pocos centímetros en la oreja
derecho, y al mirar ese arete sentí que me maree, que mi cuerpo obedecía a una orden
que no había escuchado en voz alta, como si me estuviese hipnotizando, como si me
estuviese durmiendo.
Una vez más el viento protagonizó su acción y el arete se movió, creí despertar
una vez más. Sacudí mi cabeza y lo miré a los ojos, esos que me miraban
exclusivamente a mí cuestionados.
—No es de ningún conven que nos mirasen aquí— dijo ese hombre alto de
ojos verdes, en el que le parecían nadar alrededor hilos grises. Impresionantes ojos.
Su voz resonó grave, definida y con armoniosos sonidos de mando, como si fuera
extranjero, sus palabras eran raras, como de otro lugar, otra época, otro espacio.
—¿Qué es lo que quieren?— preguntó Ric decidido cuando cerró la
portezuela de su lado. Yo hice lo mismo y desvié mis ojos rezándole a Dios que
alguien saliera de casa y nos viera, o más bien que los viera.
El joven pareció contraerse y nos miró ceñudo, autoritario.
—Si por nosotros fuerase no estuviésemos aquí, con vosotros— meditó un
momento— Con ustedes— añadió ahora.
—Solo dime de qué se trata, ¿Qué es lo que quieren?— arremató Ric
subiendo de tono. Lo miré y las facciones de su rostro estaban tiesas, duras y
enmarcadas por el odio—Ayer unos como ustedes nos intentaron matar, ¿Lo
comprendes? No podemos estar tranquilos ante ésta situación. ¿Qué clase de gente
son y qué es lo que quieren de nosotros?, ¿por qué nos buscan…? Debes de saber
que mi familia y yo tenemos poder, “¡poder suficiente para acabar con ustedes, y
aplastarlos si no nos dejan en paz!”
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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—No el poder que necesitas para destruirnos.
El joven con el que hablamos de ojos verdes miró a sus compañeros de atrás,
al de los ojos azules y al otro de los ojos verdes. Los dos de atrás seguían con los
brazos cruzados y con sus miradas arriba. Los tres eran jóvenes que no debían de
pasar de los 25 y ser menores de 17 años.
Regresó su mirada hasta las nuestras y continuó.
—Por eso hemos de seguirlos— dijo ese mismo joven, —Libasteo nos dijó
que otros seres como nosotros estaban aquí, e intentaban algo, ya han provocado
problemas y nosotros los estamos buscando, pero ustedes se han interpuesto,
porque…
Me pareció que el joven no quería continuar ahora.
Había dicho Libasteo. Comencé a crear historias en mi cabeza por eso. ¿Què
diablos tenía que ver Libasteo en todo esto?
—Sólo apartes de aquí, marchasen a otro lugar con menos aglomeración, si
lo que quieren es mi explicación, yo se las daré, aumpero no aquí.
El Mercedes marchó de repente con vuelo, sus sonidos elegantes apenas nos
aturdían.
—Las llevaré a sus casas para después ir con ellos— dijo Ric con
preocupación después de que les explicó a las chicas lo que había pasado fuera del
auto.
—¡En donde!— preguntó Estrella aprensiva— ¡¿En dónde quedaron de
verse?!
—Allí— apuntó Ric apuntando al cerró que estaba cerca de la ciudad que
apenas lo cubría un poco de neblina, —Al calaque, Me supongo que vamos a ir por
la cruz blanca.
El calaque era un lugar en donde iba la gente a caminar, una pequeña montaña
dentro de la ciudad situada muy cerca del parque ecológico las peñas, por donde
vivía Joaquín. Allí acostumbraban casar animales, incluso andar en motocicletas.
—¡Debemos de llamar a la policía!— suplicó Das aterrada.—¿No se dan
cuenta de que nos quieren matar? ¡Es una trampa!
—¡No vamos a llamar a nadie! ¿Comprenden?— respondió Ric irritado
mientras jadeaba. Sus manos estaban sudando, y el liquido insípido se resbalaba
por el volante oscuro con forro de cuero rojo.
—¡Si no lo haces tú, entonces lo haré yo!— amenazó Estrella decidida
sacando su celular.
—¡Dejen de joder!— recalcó Ric endemoniado. Siguió tomando, y el olor de
la cerveza que tiré hizo que el olor se encerrara dentro del auto.
Estrella dejó su celular en su bolso otra vez y miró ceñuda por la ventada del
auto.
—Pertenecen a una secta satánica— dijo Helu limpiándose las lágrimas, —Es
una secta. Adoran al diablo, comen carne humana, nos querían comer…
—Precisamente eso es lo que vamos averiguar— aseguró Ric de mala gana.
—Ellos no nos van hacer daño— les dije de pronto. Las palabras me
emergieron con ocelo.—Soñé esta misma escena hoy en la madrugada.— dije
cerrando los ojos. Me recargué en el respaldo y sobé mis sienes— y sé que ellos no
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nos van a hacer nada, nada.
—¿Sueño?— escuché el gritó de Estrella—¿Qué babosada estás diciendo?
—Me importa poco lo que pienses— le grité molesto desde adelante. No
pude ver su reacción porque ella estaba atrás, y en los antiguos movimientos los
había visto cuando volteaba hasta con ellas, y sin embargo no tenía la intención de
mirarlas otra vez.
Mis sueños eran presagios. Y eso, eso lo sabía yo más que nadie en éste mundo,
por eso no tenía miedo, aunque sí las faldas del temor.
—Entonces yo quiero ir con ustedes— puntualizó Estrella con tonos de
mandato cuando estuvo al tanto de que no teníamos la disposición de seguir
hablando.
—Yo también— aseguró Das. Helu no dijo nada.
—No hagan esto más difícil—farfulló Ric. Hizo un mohín y se echó un trago
más de cerveza, —y dejen de comportarse como unas estúpidas chiquillas.
Estrella gruñó y gritó dolida.
—¡Si estupidez le llamas al no dejar que mis amigos se expongan solos y
querer estar con ellos pase lo que pase!, pues entonces sí. ¡Somos unas estúpidas!
Ric me miró serio como si me preguntara algo, pero yo cambie de rumbo a mi
mirada.
—¡Dije que no!, y no van a ir a ningún lado— discrepó Ric huraño, —Punto
final.
Por el tono que dio Estrella parecía poco dispuesta a no salirse con la suya.
—Solamente te advierto una cosa Tonatiuh—amenazó la rubia apretando los
dientes, la miré a los ojos cuando me giré, aunque su pupila no estaba puesta en mí,
—, si nos llevas a casa, ¡Te juro que llamo a la policía para que valla por ustedes y
aprenda a esos desgraciados!
Ric se detuvo justo antes de dar la vuelta a la calle que nos llevaba a la
residencia donde vivía Estrella. Se giró desde su asiento y la miró.
—¡D-e-j-a-n-o-s, A-c-t-u-a-r-, S-o-l-o-s!—refutó él recalcando cada una de
las silabas de las palabras.
Estrella soltó una lágrima de sus ojos.
—¿Es que no comprendes Ricardo?— ella estaba llorando, su voz se quebró y
sentí que algo en mi pecho explotó cuando la miré. Nunca la había visto
llorar—¿No comprendes, que los quiero?— hizo una pausa y suspiró. —Los
Amo…y, son lo único que tengo, no los puedo… no quiero… no me quiero quedar
sola otra vez, ustedes son mis, hermanos— me miró a los ojos entre sus lagrimas
cristalinas. Sus ojos verdes se pusieron rojos y su maquillaje se escurrió—¡No los
quiero perder!
De repente sentí que su brazo me sujetó de mi cuello mientras el otro sujetó a
Ric.
Me partió el alma, y las otras chicas abrazaron a Estrella, conmovidas y con sus
ojos también quebrados.
No podíamos separarnos nunca, jamás, porque no habíamos aprendido a vivir
en rumbos diferentes. Cada uno de nosotros pertenecíamos a un mismo
rompecabezas que no iba a estar bien mientras faltara una pieza, éramos un robot de
cinco baterías, y que como era de suponerse, si una batería faltaba, éste robot no se
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iba a mover, no iba a servir, no iba a vivir. Por eso quisimos seguir el mismo rumbo,
Administración de Empresas, los cinco, en la misma universidad, si uno de nosotros
no quedaba, Ric haría todo lo posible porque quedáramos a como diera lugar, en el
mismo salón, en la misma fila, y si era posible, en el mismo lugar.
—Vamos pues— dijo Ric. Siempre en su temperamento sereno yacía la
fuerza, nunca se fracturaban sus sentimientos aunque probablemente estuvieran
escondidos en alguna parte de su corazón.
Estrella se alejó de nosotros y entonces Ric arrancó.
El mercedes subió por una de las calles más altas de la ciudad, la cruz blanca, en
donde se abrían súbitamente calles angostas con empedrado. Torció el volante hasta
que subió por una calle más empinada, gente de bajos recursos reposaban sentadas al
salir de sus hogares. Entre empujones el auto subió tan pronto que difícilmente nos
dimos cuenta de que la lluvia se había reanudado, como si fuera un posible ciclón,
sin rayos, pero con lluvia delgada y escasa.
Ric se estacionó junto a un árbol verde y frondoso de donde me sabía que el
auto ya no podía seguir más hacia arriba. Nos bajamos del auto y miré hacia la nueva
empinada que nos esperaba, donde se abría una grande vereda con árboles verdes y
largos. Chorros de agua enlodada bajaban desde arriba, y entonces mi sueño cada
vez se hacía más real.
Mirando hacia la izquierda con dura minuciosidad advertí la sobrecogedora
ciudad, mi ciudad guzmán, un lugar tan mío. Podía mirar desde esas alturas en las
que estábamos parados, cómo la neblina de la tarde cubría gran parte del oriente de la
ciudad, una blancura excepcional bañada en brisillas de agua cristalina puesta entre
el espacio, el tiempo y el frío.
Me giré otra vez, y observé ahora el nuevo claro empinado.
Ahí estábamos ya, apunto de trepar hasta encontrar a esos tres jóvenes, que si la
profecía de Helu era real, serían parte de una secta satánica y nos matarían.
Solitario era el lugar, los murmullos cantantes como de bellas sirenas soplaron
sobre mis oídos. Eran los sonidos verdes de un buen bosque rodeado por árboles
mojados, de donde las angostas y diáfanas gotas glaciales descendían con bonanza
por las brácteas . Tomé del brazo a Estrella, pues era una mujer, tan frágil y delicada
como cualquier neblina aromatizada. La amaba, y de eso estaba más que seguro, y lo
que más me dolía es que sabía que ella estaba más alejada de mí que el mismo
séptimo cielo.
“Un amor imposible es aquél que tienes cerca, y que sabes que nunca, que
nunca será para ti”
Mi pecho ígneo intentó apagarse. Pero la mirada de mi “amiga”, mi bella
Estrella hizo llamar una vez más mi…
—Allí están— exclamó Ric apuntando con su brazo hacia arriba.
Subimos aprisa pisando entre el sinuoso pedregal mojado que impregnada el
pedazo de tierra.
El frío engañoso nos tomó por sorpresa, y ni si quiera supe el significado de la
advertencia que les hice:
—No miren nunca los amuletos que traen en las orejas.
Das y Helu asintieron con la cabeza sin preguntar un “Por qué” . Estrella se
aferró de mi brazo con fuerza para lograr atravesar un charco largo que parecía río.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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El eco del viento fuerte le daba voces a los árboles con sus bien pronunciados,
“huuuuum” haciéndolos bailar de una lado a otro. Dentro de ese cerro ya no veíamos
el cielo, los largos árboles verdes lo cubrieron, y en cada sacudida caían chorros de
agua que se habían almacenado entre las ramas de los árboles, y entonces con
cuidado pasamos por un montón de baches y piedras grandes, más charcos y
resbaladas por la tierra hecha lodo, y ulteriormente los miramos.
Estaban parados en una sola línea mientras el viento frío hacía enardecer y
extender hacia los lados las colas de sus gabardinas, como si fuesen unos auténticos
dioses, una impactante escena de película; ellos parados casi frente a nosotros, arriba
de una gran piedra lisa grande, con las piernas separadas, los dos de los costados con
sus brazos cruzados y el del centro, el que parecía ser el líder, quien detuvo el auto
una hora atrás, reposaba con sus brazos en la cintura. Los tres jóvenes altos de piel
blanca estaban mirándonos, a través de sus espesas y largas pestañas rubias.
Probablemente pasaran de las 6:30 de tarde, pero ni eso ni el repentino frío que
gobernó y envolvió la atmósfera me importó. Los miré dubitativo cuando sentí que
el olor a fresas me penetró con dulzura por mi nariz. Estrella se aferró a mí, como su
única y gran esperanza, como si yo fuera su héroe, su protector. Y por qué no. Por
supuesto que lo era.
El líder dio una pirueta con doble vuelta en el aire hasta estamparse junto a
nosotros. El charco de agua se deshizo charpeando nuestras ropas. No pareció
importarle, y a nosotros tampoco, de cualquier forma ya estábamos más que
mojados. El suelo se había estremecido, y hasta vi con sobresalto que sus botas se
habían hundido en la tierra.
Los otros dos hicieron lo mismo pero aterrizaron más atrás. El suelo se volvió a
cimbrar.
El joven líder se levantó con elegancia y se sacudió. Levantó su cara y nos miró
de uno por uno. Pareció respirar profundamente, y luego asintió así mismo. Sacó sus
botas del lodo con cuidado y retrocedió cuatro pasos hacia atrás, un escaso metro nos
separaba.
—Lukofkie Stall— escuché decir de sus labios rojos, la única parte de piel
blanca que tenía color y que por obvias razones lucía más.
No comprendí que era su nombre hasta que nos dijo—Mis camaradas me
llaman Luko, pueden hacerlo ustedes también. Soy el mayor de la Fuerza Ándica
de la misma Corddex.
Por primera vez, sus labios rojos se curvearon hasta mostrar dos hileras de
dientes blancos, impresionantemente blancos, delgados y terminaban en filo, como
navajas. Había sonreído.
—Olvidaba que desconocen de lo que les hablo.— se disculpó—Me explicaré
mejor. Pero antes, antes quiero hacerlos saber de quienes me acompañan.
Lentamente tragué saliva. Hice un movimiento con la cabeza intentando
des-estresarla.
—Alffaíth Marcú— dijo mirando a un joven de compostura dura. Sus ojos
eran más pequeños que los de Luko pero brillaban más. Eran de color casi
amarillos, con zanjas pequeñas anaranjadas. Me impresioné haberle puesto
atención a sus ojos , su pupila negra alargada en forma de rayo se dilató como le
había sucedido anteriormente al líder de nombre Lukofkie Stall, o como él deseaba
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que lo llamáramos; Luko.
Alffaíth Marcú Inclinó una ceja y no me pareció que su gesto hubiese sido
de humildad, o más bien de sincera comodidad.
Ninguno de nosotros reaccionamos de manera habitual, como se saludaría
normalmente. Solo lo miramos igual que al Líder Luko; inexpresivos.
—El es, Briamzallo Lízdam Marcú— aseguró el Líder Luko cuando miró al
otro joven, siendo él el único de los tres poseedor de cabello largo hasta donde
parecía tener los codos de sus brazos, un extraño corte finalizado en picos
triangulares. Su cabello estaba en caída y le hacía honores al viento, teniendo en su
cabeza el cabello puesto correctamente hacia atrás, sin partidura, y con un par de
entradas extrañas y cortas en ambos lados de su cabeza.—Y a él no le molesta que
lo llamen Zallo.
Por un momento no creí que el tipo Briamzallo, (que lógicamente en ese
instante no había podido pronunciar ese nombre tan extenso y extraño) hubiera
escuchado al Líder Luko, no obstante sus ojos azules, impresionantes, con pupila
rasgada en forma de rayo igual que los demás mientras bailaban dentro de ellos
finitos hilos grises miraban atentamente rumbo a una dirección, sin parpadear, sin
fracturar la compostura de su rostro, serio y puesto solamente en algo que miraba
como mera avidez. Das.
Cuando miré a mi amiga, supe que estaba paralizada, casi leí su pensamiento
y me dijo que estaba asustada, Zallo la miraba y ella ceñuda, no podía permanecer
sus ojos grises ni dos segundos directos a los destellantes ojos azules de Zallo.
De pronto un movimiento de Luko me distrajo y lo miré.
—Ellos dos son parte de mi fuerza.—nos dijo el líder. Comenzó a caminar
hacia delante.
—Fuimos llamados por Nuestro Custorio Principado Mayor, para venir
aquí.— con un salto similar al último subió hasta la piedra liza. Me impresionó su
salto otra vez. Mis latidos eran consientes de ello. —¿Qué somos?— se preguntó
para él. Brincó una vez más y subió como araña por uno de los árboles largos. Se
testereó y un chorro de agua nos bañó, —Seres con alma, cosa que ustedes los
humanos no tienen, por eso Balán los separó de nosotros, porque ustedes…—
brincó desde arriba y se estampó contra la piedra. Mis amigas estaban
aterrorizadas, atrás de Ricardo, él yacía firme, como yo, sin la disputa de
interrumpir al Líder.—Ustedes están malditos para muchos de nosotros. Vordrákus
eran, y en humanos se convirtieron.
Un salto más entre giros lo hizo estamparse donde la primera vez, frente a
nosotros, mirándonos frenéticamente, fríamente, y al mismo tiempo sin odio.
Mi cabeza no logró capturar nada. No entendí a lo que se refería ese joven
hombre que lideraba a un grupo de seres diferentes. Y una vez más había
escuchado el nombre que parecía estar maldito: VORDRÁKU
—¿Eso es lo que son?— intenté preguntarle al líder que de pronto estaba tieso
frente a nosotros. Su mirada con luz me mareaba, y más cuando su pupila en forma
de rayo estaba clavada en la mía. —¿Vordrákus?
—Si comprendieran un poquito lo difícil y peligrosa que es la situación que
se nos avecina, no creo que estuvieran perdiendo el valioso tiempo que nos queda
en preguntar qué somos y de dónde venimos.— hizo una pausa para respirar
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profundamente a nuestro alrededor y continuó, porque respiró, de una manera
inefable —pero de cualquier forma lo haré, de otra manera, vosotros jamás se
enterarían de lo que pasa y del por qué venid por ustedes hemos.
Suspiré atemorizado, pero sentía algo caliente en mi pecho, como si supiera
algo que debía de saber, como si ya antes hubiera vivido lo mismo. Por eso lo
estaba soportando todo. Mi Estrella seguía conmigo, y yo sabía que eso la hacía
sentir de alguna manera protegida, igual que como lo estaban Das y Helu, de tras
de Ric, quien no parecía tener miedo, salvo perder a sus amigos.
El tipo de los ojos azules, cuyo nombre era Briamzallo Lízdam seguía
mirando a Das, con furtiva intensidad, me hubiera gustado saber por qué lo hacía,
¿La quería comer? ¡No!, no sabía cómo, pero no lo iba a permitir.
El Líder Luko retrocedió una vez más, pero esta vez con paso lento. Se giró
y caminó. Reincorporó sus ojos hasta los nuestros una vez más y nos comenzó a
explicar.
—Ustedes, los humanos— su voz era suave pero potente, —parecían ser solo
una simple leyenda para mí y para ellos— señaló a sus compañeros, —Pero cuando
descubrimos el secreto de la vida. La venda que cubría mis ojos descubrió que era
real.
Contrajo sus pómulos.
—¡Esta era nuestra tierra!— gritó el Líder mirando hacia arriba, como si
intentara buscar el cielo cubierto por las copas de los árboles, —¡Y Balán!, nuestro
Dios nos separó.
Lentamente volvió a bajar su rostro blanco y nos miró otra vez. Su voz ahora
fue lenta y baja cuando nos dijo:
“Según cuentan el Manuscrito de Varad, que para nosotros es nuestra propia
Biblia, todos éramos Vordrákus, vivíamos aquí, en la tierra que ustedes los
humanos han destruido, éste era nuestro hogar. —permanecimos en paz. —una
mañana, cuando el sol brillaba destellando empapando las bellezas del paraíso de
éste plantea con su chorro de luz, Balán, el Dios de nuestro mundo conjuró a lo
oculto, nadie sabe cómo, pero de repente el cielo se puso rojo, como la sangre que
se derramaba en esos tiempos a causa de las guerras entre Vordrákus que peleaban
tierras. Sólo fueron siete segundos los que el color de la sangre destelló en el cielo
azul de nuestra atmósfera, y entones allí fue cuando cambió todo.
“Aquellos Vordrákus que miraron hacia el cielo empapado de sangre,
murieron, quedando a salvo los pocos que no lo hicieron. Fue un castigo de Balán.
“Pero hubo quienes a pesar de haber mirado el castigo no murieron. Cuando
abrieron los ojos el cielo ya no estaba rojo y tampoco estaba oscuro, ya no podían ver
a las estrellas en pleno día, a los meteoros volar, y ni siquiera a los planetas girar, por
el contrario todo el cielo estaba cubierto por el color azul. Ya no eran Vordrákus,
porque habían perdido la Efolina de sus cuerpos, una sustancia que los hacía tener
alma, no el alma que ustedes los humanos creen, sino el alma verdadera, quedando
simplemente impuros. O mejor dicho, humanos.
“Según el Manuscrito de Varad , un Vordráku sin efolina desataba el aroma de
su carne, esa carne que había estado congelada mientras existía la efolina en sus
cuerpos, y ahora que no la tenían, esa carne se había calentado, provocando que
tuviera olor, un olor que nunca un Vordráku había olido, y probablemente porque si
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lo hubiesen hecho ese exquisito aroma que protegía la efolina los hubiese llevado a
comerse entre ellos mismos.
“De cualquier forma, los Vordrákus impuros, es decir humanos, no poseedores
de efolina expandieron su exquisito aroma por el mundo entero, provocando que los
Vordrákus que aún poseían efolina se enamoraran del olor de la carne de los
impuros, a tal grado de comérsela.
“Los Vordrákus entonces se desconectaron de sus pensamientos, se volvieron
locos entre sí, ese olor a humano era tan fuerte que no les importó que al Vordráku
impuro que se comían fuera conocido, su hermano, esposo, su madre, padre o hasta
su propio hijo. La avidez de su deseo estaba más allá que cualquier ley, más allá que
cualquier otro deseo, más allá que cualquier otra cosa en el mundo, en el que parecía
ser un miserable mundo.
“Aterrorizados, los Vordrákus impuros vivientes intentaron salvar sus vidas, y
claro que millones de ellos lo lograron, pues de mil Vordrákus, novecientos noventa
y nueve habían quedado impuros y solo uno se había contenido de mirar al cielo
quedando puro.
“Fue entonces cuando Balán decidió apartar a los puros de los impuros, es
decir, a los Vordrákus de los humanos. Así que creó un plano dentro del mismo
planeta, oculto entre las tierras del planeta azul, es decir éste mundo, llamado por
nosotros Luzrrat: luz apagada y deteriorada. y es de ese otro plano de dónde
venimos. De Penflitor.
Contemplé el rostro del Vordráku líder. Encontré un significado a la leyenda
que nos había dicho, fuera falsa o verdadera poseía un deje de sentido, pero nada
me quedaba claro aún. Había escuchado hablar de demonios, brujas, magos,
vampiros y seres míticos que poseían cada quien una historia, tan extraña como
ésta, tan poco comprensible como ésta, tan complicada de comprender como ésta,
pero en ésta ocasión, nunca, jamás, había escuchado hablar de ellos, de esa especie,
los verdaderos gobernantes de la tierra que según él nosotros les robamos. El
nombre de Vordrákus no había aparecido en Internet, película o libro. Y ahora esto
que acababa de escuchar me hacía traer a mi mente miles de pensamientos, como
por ejemplo que mucha gente los hubiese visto, tratado o hasta incluso pudieran
haber sido víctimas de ellos mismos. Quizá de allí habían creado esas leyendas
sobre vampiros, magos, demonios…
¿Cómo no creer ésta historia si yo había soñado ésta misma leyenda la noche
anterior? ¿Cómo creer que se trataba de un invento cuando yo había estado allí
presente en esas muertes? ¿Cómo poder hablarme a mí mismo y decirme que incluso
esto que había pasado aquél miércoles por la tarde era una sencilla pesadilla?
Era mejor, una pesadilla, y yo… de cualquier manera quería despertar.
—Si ustedes los humanos pensaran con sentido, más sin lógica— volvió a
decirnos el Vordráku girando en el aire hasta posarse diez metros lejos de nosotros.
Gritó para que lo escucháramos— Se darían cuenta de que todo en ésta vida tiene
sentido. Sabrían que los mundos fueron creados perfectamente para que se
acomodara y encajara todo. Pero fuimos nosotros mismos quienes destruimos el
instructivo que la vida nos regaló para saber cómo vivir, y es ahora que los
hombres de éste mundo que se hacen llamar científicos intentan encontrar ese
instructivo que ahora está destruido.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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“Buscan respuestas a pesar de que éstas las tienen frente a ellos mismos, y más
sin embargo tienen miedo de verlas, tomarlas. Por eso han creado esa teoría falsa de
la vida; han nombrado Bing-Bang al inicio de la vida, han nombrado ciencia a lo
ilógico, a las preguntas sin respuestas. Con esas respuestas falsas que han empleado
e incrustado en el pensamiento de los humanos han devaluado lo que
verdaderamente es real, y claro que es creíble, porque magistralmente todo lo que
dicen y han dicho encaja en ese rompecabezas falso que crearon. Por eso, a las
mentiras nosotros las llamamos ciencias.
Una voz de las nuestras hizo énfasis sobre el asunto por primera vez.
—¿Quieres decir que hemos vivido en una mentira?— preguntó Estrella
apesumbrada y ahora sin miedo.
—En una mentira no— dijo El Vordráku líder, —En una ciencia.
Respiré hondo, penetró en mí un excepcional olor aún indescriptible, como
esencias de café, un aroma fino… pertenecía a ellos. Lo había notado desde antes
claro, pero las sacudidas del viento expresaban ese olor cada vez más.
El Líder Luko se quedó en silencio, el tipo Alffaíth cerró sus ojos como
meditativo, el otro ser de ojos azules por primera vez cambió de rumbo a su mirada
con un intento de mirar hacia el cielo, con el ceño fruncido.
Con un Frash de diferencia había salido despedido hasta la piedra liza,
girando ésta vez hacia atrás. Con sobresalto volví a respirar. No estaba tranquilo,
cada vez el sabor tenso del crepúsculo intentaba hacerme perder la razón. Veía
todo confuso, como por miles de arbustos negros, con animales oscuros y
peligrosos que no me dejaban mirar con claridad, donde se escondía la verdad.
La caída de la gabardina negra flotó meneándose sin rumbos definidos. Otro
chorro de agua cayó desde las copas de los árboles grandes y de pronto Alffaíth
con otro sonido aturdidor se reunió con Zallo, ambos en silencio sin mirarnos, con
su espalda frente a nosotros.
No era necesario preguntarles nada, si era miedo lo que me bañaba mi
cabeza, entonces era eso lo que impedía a mi cabeza proferir siquiera un siseo. No
tenía el valor para hacerlo, y de cualquier forma, esto no era para menos.
Vordrákus.
El Líder nos miró una vez más echándonos una ojeada a cada uno.
Dios, claro, Dios… ¿Balán? Dios,
—¿Balán es…?— no pude terminar la palabras
—Vuestro Dios— repuso entre el cristalino silencio.
Tragué saliva por mi garganta seca en un intento de aclararla.
—La b-biblia— dije casi como murmullo. Trabajo me costaba dirigirme a él,
por ese respeto imponedor, por ser imperioso, todo un ser autoritario, su imagen lo
derrochaba, su mirada alzada, bien puesta en su lugar, su mirada compuesta por
respeto y al mismo tiempo derrochadora de miedo, por sus ojos, a los que yo no
podía mirar de pupila a pupila por menos de un segundo…. Por eso no podía
preguntar, mi voz se fracturaba cobardemente.
—Biblia— repitió él con un tono que nadie podría imitar.— Ella es parte de
la vida claro. Seguramente sé lo que me preguntas: sobre la Biblia, cuando hablan
de un Dios, al que debo de suponer crees tú: es otro Dios distinto a Balán.— sus
dedos adornados por esos anillos largos de color plata juguetearon entre sí cuando
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mis ojos bajaron de posición.— No es difícil comprender que entre Dioses, sólo es
uno en realidad, Balán, más nombres, menos nombres. Da igual. Todo está
compuesto por una misma pieza creadora de todo, absolutamente todo.
—La gente— quien dijo esas palabras estaba seguro de sí mismo, y si tenía
miedo, por lo menos en la voz potente, fuerte y decidida no lo demostró. Ric habló
con seriedad, con el estibo puesto en el Vordráku Líder. —La gente Inteligente
prefiere vivir de manera ordinaria.— resolló. Lo miré, estaba parado, delante de
Helu y Das. Todavía parecía firme.—Es decir, creemos sólo en una cosa, en
nosotros, los humanos. No te voy a cuestionar con respecto a tu origen— aseguró
con otro trago de aire, —No me voy a oponer a tú leyenda, y mucho menos al
nombre que se dicen tener.— jugó con sus ojos un buen rato, paseándolos de un
lado a otro, me imaginé que eran de esas veces que tienes una idea clara en la
cabeza y no encuentras la menor manera de expresarla con entendimiento.
Ric pareció serenarse y otra vez miró al líder, sin aparente asombro ni
pasmo.
—Tú eres un Vordráku, y no te juzgo.— continuó con su misma forma,
—No tendría derecho. No me gusta que me llamen escéptico, pero sé que es lo
correcto. Sería una completa estupidez de mi parte ponerme a intentar buscar una
lógica razón que …
—La gente ignorante y conformista cree en lo que dicen los demás— aseguró
el líder—Mientras que la gente inteligente “Investiga”.
Ric cambió la posición de sus pies. Pisó el pedazo de una madera y crujió.
—Investigar es lo que intento hacer— murmuró sin tapujos.
Sentí que Estrella aflojaba mi brazo. La observé vacilante y ella me desvió sus
ojos verdes. Se quedó en el mismo lugar, pero ahora con sus manos bajo el sostén
de su blusa blanca.
Sentí que la sangre me fluyó repentinamente con más rapidez en mi cabeza que
hasta entonces se había mantenido en una posición poco clara. Aire caliente me
penetró dentro de ella, la temperatura era mayor a la que había tenido minutos atrás.
Incomprensiblemente deduje lo que pasaba cuando me tranquilicé y el miedo
envuelto por la aprensión y el peligro de mi yo abandonó fácilmente mi cuerpo,
salió como si alguien lo extrajera, como si alguien sacara esos miedos de mi cabeza
partícula por partícula, incluso podía sentir cuando salía por mis oídos, por mis ojos,
por mi boca, por mi nariz…
Sabía lo que pasaba, no era yo, sino él, Lukofkie Stall.
—¿Qué hiciste?— pregunté contrariado dirigiéndome exclusivamente a él .
Me toqué mi cabeza, aún estaba caliente, mis pensamientos comenzaron a ser
frescos, dignos de una buena traducción alejada de lo confuso. Claridad era lo que
podía ver.
El líder nos miró a cada uno inexpresivo.
—Creí que sería más fácil lograrlo— explicó en su misma posición, estaba
parado, sus brazos cruzados, su mirada alzada.—Fue difícil lograrlo, y eso que
ustedes pertenecen a la raza humana.
—¿Lograr qué?— inquirí casi sabiendo la respuesta.
—Los humanos suelen ser débiles, escasos de inteligencia, y, pero, sobre
todo, inútiles a cuanto se refiere a darle ordenes al gobernante de sus cuerpos, el
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cerebro.
Lo entendí con más sentido.
—“¿Intentas manipular a nuestro cerebro?”— le pregunté, pero no
comprendí qué tan duras fueron mis palabras para haber recibido la mirada
cuestionadora del Vordráku líder.
—No lo intento— respondió con mera dures—Ya lo hice— continuó con
aires de grandeza, y al mismo tiempo con colillas de ironía. Su sonrisa me pareció
increíblemente diferente a otras sonrisas que había visto.
Por eso ya no sentía miedo, manipuló mis pensamientos, los de Estrella
claro, los del resto de mis amigos, ¿para que no tuviéramos miedo? aunque admitir
que no estaba completamente tranquilo era correcto, y por ello me pregunté
entonces el tipo de cualidades que aquellos monstru… seres diferentes podrían
poseer.
—Está fuera de las leyes naturales— observó el Vordráku líder, —Castigado
por los guardianes de la vida. Monstruoso para la vida misma claro. Prohibido es la
acción de manipular los pensamientos ajenos a los mismos nuestros. Así que
perdonénme haberlo hecho a ustedes yo. Tomad en cuenta que de otra forma no
podríamos hablar con expandida claridad, el miedo oscurece los ojos, cierra la
escucha, cubre la boca, pero sobretodo mata a la valentía, de cuan gozan las
especies de la vida nacidas.
Era verdad, y ahora no era valiente, pero no había miedo dentro de mí, y eso
valía mucho.
—¿Dónde está ese otro lugar?—preguntó Helu de repente. —¿Qué es
Penflitor?
—Pero lo más importante— intervino Ric, —¿Qué es lo que pasa aquí, con
nosotros?
Lukofkie pareció decidido. Saltó de repente hasta la piedra liza, Alffaíth y
Briamzallo tuvieron que escabullirse para no ser aplastados por lo que parecía ser
un verdadero cuerpo de mármol , piedra, hierro e incluso letal.
—Penflitor está aquí, puesta por la mano del Dios Balán para dividir a los
puros de los impuros, para separar la sangre quedada por asquerosidad por la
sangre clara ganada por castidad. Llamado Penflitor como gran insignia de: Plano
Único Real.
“Y claro, Balán, el Dios supremo resguardó nuestra tierra escondiéndola dentro
del vientre de Luzrrat, dejando puertas en el planeta para el traslado de un plano a
otro. Puertas descubiertas por los sabios ancestrales Vordrákus.
— Escudriñó sus brillantes ojos verdes, e incluso desde los metros que nos
separaban pude observar que su pupila negra se dilataba. —No es la primera vez
que un Vordráku pisa esta tierra. Los sabios Vordrákus de aquellos tiempos
situados a casi más de 5´400 años atrás, o como probablemente ustedes los llaméis,
2´700 antes de Cristo descubrieron la primera puerta de Balán, o mejor llamada por
nosotros, el Primer Fallo de Balán, nombrado fallos por creer que Balán había
cometido errores al separarnos de plano.
Un soplo más de agua y viento rechinó en el cielo.
La tranquilidad nos ayudó a comprender más. No decíamos nada, y quizá
porque no había nada que decir mientras que el Vordráku líder siguiera hablando, sin
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ni siquiera preguntarle nada. En cada una de sus palabras había una filosofía, que yo
ya no atribuía a leyenda, sino a parte de la historia. El Vordráku Líder siguió de pie,
junto a sus otros dos compañeros de fuerza, Luko siguió hablando, con tonos fuertes
pero comprensibles.
—Culminiams Vud, el viejo sabio de aquella época fue quien descubrió ese
primer fallo encontrado en lo que ahora es El río Nilo a su paso por Asuán, Egipto.
Dentro de las profundidades del río existe un subterráneo que lleva a la creación de un
Asven. Nombrado así por el viejo Culminiams Vud por ser la puerta comunicadora y
expandidora de planos.—con su mirada quiso saber qué tan escéptico podríamos
ser ante la revelación de los Asven, fallos que hacen el traslado de Penflitor a
Luzrrat.
“A un ser inteligente no se le haría tan difícil comprender que lo que les digo es
verdad, incluso en el espacio existen éste tipos de Fallas o agujeros negros como los
llaman los físicos de éste lugar, (Agujeros de gusano) ¿creadas por Balán para
expansión a otro plano o galaxia, tiempo o espacio? No lo sé con exactitud, pero
existen. —Miró al cielo casi oscuro.
Yo hice lo mismo, pero las copas de los frondosos árboles no me permitieron
saciarme del cielo, y más sin embargo el líder parecía que con sus brillantes ojos
podía hacerlo, mirar al espacio y hasta esos agujeros negros de los que yo tanto
había escuchado hablar.
—El físico inglés Stephen Hawking— dijo el Lider— En reacción al concepto de
singularidad, ha sugerido que los agujeros negros forman “agujeros de gusano” que
comunican con otros universos diferentes al nuestro. Quizá tenga razón, pero de lo
único exacto, que es todo esto, es referente a éstos agujeros negros que no sólo hay en
el espacio, sino aquí en la tierra, incluso en el mar. Los hay dentro del planeta, fallos,
puertas, agujeros o Asven, no visible para los humanos pero sí para un ojo de nuestra
especie, incluso para animales y por qué no, también por la poderosa lente de un
Microscopio que encontraría la masa gaseosa que las crea. Pero volvamos al primer
Fallo encontrado en Luzrrat, que incluso para comprenderlo mejor dejadme decirles
cómo es que Culminiams Vud fue que encontró ese grandioso primer fallo.
Respiré profundamente. Moví mis pies, pero no estaba cansado, ni enfadado, y ni
siquiera tenía miedo. Me pregunté si eso se debía a que Lukofkie seguía manipulando
nuestros pensamientos para arrebatarnos todo aquello.
—Penflitor es una tierra plana probablemente del tamaño de EE.UU, incluso
podría decir que con los mismos habitantes, no hay muchos Vordrákus, por eso
creemos ser muy valiosos por supuesto, y podría decir que en peligro de extinción a
comparación de los humanos. Una muerte de los nuestros es un pecado. Se sabe que
nos podemos reproducir, pero ahora en día se cree que los Vordrákus nuevos ya no
son como los de antaño, puros, y la respuesta aún es desconocida por nuestros
investigadores propios.
“ Penflitor. Tierra plana, al final de la tierra sólo hay oscuridad y un
profundo vacío.
“Siete Esferas en un cielo del color de la luz alumbran el centro de Penflitor,
y nunca se apagan, por eso no hay noche; y cuando digo que no hay noche sólo lo
hago saber para el centro de Penflitor, porque a los extremos de nuestra tierra no
llega la luz de las siete Esferas, por lo que allí no hay luz salvo oscuridad, incluso
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esa es la razón por la que los Vordrákus no viajamos hacia las orillas de nuestra
tierra, porque sólo hay oscuridad.
“Se dice también en el Manuscrito de Varad, que recién que los seres
vivientes fuimos separados, en Penflitor se dividieron los Vordrákus en cinco
Corddex, para después apoderarse de un buen tramo de tierra. Hubo una Corddex
mayor, que fue a la que más Vordrákus se le unieron, ellos se apoderaron de casi la
tercera parte de la tierra, nombrados la Corddex de Balán, en honor a nuestro Dios,
fundada por Teihulabú Abúm. Las otras cuatro Corddex también marcaron su
territorio, cada Corddex nombrada por su fundador: Remwifliet de Ándica,
nombrada simplemente la Corddex Ándica, mi Corddex, de donde nosotros hemos
venido.
“El resto de las Corddex son: La Corddex de Lafdermio, Corddex de Alcaterra
y la Corddex de Liliam. Nombradas por orden de mayor tamaño, habitantes y poder,
*Balán, *Ándica, *Lafdermio, *Alcaterra y *Liliam. Como en todo, también en
Penflitor está dividido por jerarquías, comenzando por las Corddex. La Corddex
mayor, regidora y gobernante de todo Penflitor es Balán por su puesto, por ser la de
mayores habitantes, tamaño territorial y por ende la más poderosa.
“Las Corddex son distintos grupos habitados por Vordrákus, cada Corddex
con su propia ideología vive como quiere, pero siempre respetando las leyes de su
Rey, o como nosotros los llamamos, Custorios y así mismos éstos Custorios estando
bajo la Disposición del único Corddox Mayor que por supuesto es el de mayor
jerarquía: Embrester Coccio, encargado de la comunidad Vordráku en general que
radica en la corddex Mayor de Balán.
“Una Corddex está bajo el cargo de un *Custorio Principado Mayor (Encargado
de la Corddex completa) por ejemplo el Custorio de mi Corddex es Afíd Brimbicor
Lay-cidio. También en una Corddex hay un *Regímo Mayor (Encargado de la orden
primordial de Leyes, es decir, la cárcel aquí en Luzrrat) en mi Corddex bajo el cargo
del Regímo Mayor, Sirón Murth, y para finalizar, todas las Corddex tienen una
*Fuerza, soldados, guardianes de la Corddex misma, por ejemplo, en mi Corddex está
la fuerza integrada por 50 Vordrákus Canios, como lo estabilizan las Leyes de Balán,
y de ellos soy yo el Canio Mayor de la Fuerza Ándica.
Un bufido similar al de una burla amenizó el discurso, Alffaíth había proferido
una befa. No le presté atención, o por lo menos no la misma atención que el líder de la
fuerza le había puesto.
Todavía habían miles de preguntas, y así mismo miles de respuestas, que
probablemente nunca terminaríamos de preguntar y mucho menos el líder de
responder.
Nada era desordenado por lo menos para mí. Por primera vez paseamos nuestras
cinco miradas entre nosotros. Estrella me miró una vez más y yo le sonreí con
indulgencia. Das tragó saliva, lo escuché. Helu miró al suelo, Ric me miró ahora a mí,
y de cualquier forma no había nada más que nosotros pudiéramos hacer o preguntar,
sabía que él nos estaba dando más de los detalles que cualquier otro Vordráku nos
hubiera podido proporcionar… y hasta ahora me podía tranquilizar al pensar en la
muerte, estuve seguro de que como yo suponía ellos no iban hacernos daño, no lo
harían, de otra forma ya lo hubieran hecho… no era convincente que primero nos
contaran su historia y después nos mataran…. ¿o sí?
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—Tú perteneces a la Corddex Ándica— dijo Ric afirmándolo, como si lo
estuviera corroborando, —y tú a su vez eres el Canio Mayor de la Fuerza Ándica.
—Tú mismo ya lo has dicho— aceptó el líder desde la piedra liza. —Millones
de preguntas flotan entre las esencias de ésta noche, pero de ellas ninguna será
respondida ésta noche, no ahora, por eso adentrémonos mejor al primer Fallo
descubierto por Culminiams Vud, del que les hablé en el atrás: Culminiams Vud
pertenecía en ese entonces a la Corddex de Balán, incluso era él el Corddox Mayor
de esa Corddex y por su puesto de la comunidad Vordráku. Él y los que entonces la
habitaban sabían sobre la leyenda de los malditos, la leyenda que a grandes
llamaradas yo les haber contando:
“Las cualidades extraordinarias de un ser cualquiera puede llegar a ser tan
poderosa hasta el grado de predecir, poseer más espíritu y hasta más inteligencia.
Quizá esa cualidad extraordinaria de la cual era dotado el sabio Vordráku hizo que
sus pesquisas le hicieran llegar a la verdad. Todo empieza por una pregunta, después
por una investigación, para después abrazar a la respuesta. Si se analizara bien la
situación que se investiga a detalle, los científicos humanos miles de preguntas
descifrarían, incluyéndonos a nosotros.
Cada una de las palabras que el Vordráku decía tenían sentido, porque yo sí las
analizaba a detalle.
—Culminiams Vud supo saborear la energía, la siguió como rastreador hasta
que encontró al causante de ese sabor de energía, estaba debajo de la montaña de
piedra Rusco, dentro del territorio de la Corddex de Balán, en un pequeño agujero
había un circulo negro, destellaba, puesto en la partitura de una piedra, lo atravesó, y
de repente llegó al río Nilo con una presión que incluso a una piedra desintegraría.
Apareció en un lugar con agua, dentro de un subterráneo dentro del río. Nadó, salió
y de pronto se encontró con ésto— su mirada se paseó inspeccionando lo que lo
rodeaba, dándonos a entender que ese Vordráku sabio del que hablaba había
descubierto a Luzrrat.
—Poco importa saber que a pesar de todo, la carne humana es una autentica
imitación de la gloria, la mejor carne probada por los seres divinos. Si tan sólo
tuvieran la menor idea de lo que les hablo del aroma de esa carne caliente, todos los
humanos se enterrarían en tumbas de acero.— se quedó en silencio. Respiró, y
entonces cerró los ojos.
—Nosotros somos humanos— dijo Estrella de repente. Se sobó su cabellera
larga hasta la cintura.
El líder abrió sus ojos y sonrió. Endureció su mirada y de pronto lo soltó.
—Sucede que no huelen a humanos.
No había pasmo en mis reacciones, se lo debía a eso que el líder me estaba
haciendo, pero de cualquier forma creí estremecerme.
—No lo entiendo— dijo Estrella con temor vago.
—Nosotros tampoco— respondió el líder frunciendo el ceño. —Allí está la
razón que nos trae aquí, hasta ustedes.
—Todavía no lo entiendo, ¿Por qué a nosotros? ¿Cómo sabían sobre
nosotros? ¿Por qué según tú no olemos a humanos?
—Primero aterricemos las cosas— sugirió el líder. —Como les digo, y como
ahora saben, Nosotros no somos los únicos que hemos pisado ésta tierra. Y desde
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hace más de 4´700 años atrás, hubo un primero que pisó tierra impura. En esos
tiempos del descubrimiento del primer fallo fue en realidad el único tiempo cuando
los Vordrákus no pertenecimos a los mitos y mucho menos a las leyendas, fue un
tiempo en que muchos de los nuestros intentaron gobernar Egipto, su primera
tierra…
—¿Egipto?— pregunté, —pero en la historia de Egipto…
—Así como en muchas de las historias en las que estamos involucrados no
escribieron precisamente sobre Vordrákus, porque probablemente no sabían lo que
éramos, una especie diferente a los seres humanos… de allí fue donde se deslazaron
nombres como Demonios poderosos por hacer construcciones inimaginables,
monstruos terribles cuando la masacre de humanos, brujos irónicamente inhumanos
cuando se hablaba del culto oscuro, el Rucruísmo, depredadores de Carne y sangre
humana, descendiente del mal… y sépanse que aunque es de suponer que
pertenecemos en realidad a los seres puros, muchos de los nuestros ahora se
encuentran ahogados dentro de los demonios, procreando maldad, monstruos e
incluso …— se asilenció unos segundos—Incluso los verdaderos y más malditos
seres oscuros. Pinturas encontradas en las ruinas construcciones de Egipto revelan
nuestros rostros, allí están dibujadas figuras blancas, de ojos brillantes, y en
ocasiones con ojos cerrados, deslumbrando las masacres de entonces, pinturas con
óleo o incluso con sangre humana muestran escenas del pasado hablando ésta vez
sólo de Egipto, y están pintadas dentro de templos y pirámides creadas por los
nuestros en aquellos tiempos que incluso siguen allí.
—¿Pirámides?—abordó Ric, ésta vez el escepticismo destruyó la manipulación
que el Líder gobernaba en su mente, —¿Templos y pinturas? ¿Dices que ellos, es
decir… los de tu especie fueron los que construyeron esas pirámides…?
El Líder sonrió por segunda ocasión.
—¿No piensan que un simple humano dotado por las peores cualidades que al
mismo tiempo están mal explotadas fueron los constructores de esas pirámides que
incluso existen no sólo en Egipto? Pirámides enriquecidas en Penflitor, de diferentes
formas y tamaños, nombradas por nosotros Dromalios o lugares de resguardo.
Aquí por supuesto que luego las utilizaron algunas como tumbas…
Cruzó por mi cabeza una impresionante revelación, mis oídos se estaban abriendo
cada vez más. Era como un simple espejismo revelado en la lejanía de la plenitud.
Vordrákus entonces dejó de ser una palabra común, estuve seguro que tantas
respuestas ocultas que guardaban los adentros de la existencia, de pronto estaban
siendo ostentosas, dignas de revelar. Dioses mayas habían hecho el calendario azteca,
los Egipcios habían sido los constructores de las pirámides, las mentes de nosotros los
humanos ….. Sentí nauseas de repente. El líder dejó que actuáramos por nuestra
propia cuenta, lo sentí, el miedo regresó a pesar de que la barrera de mi poder mental
batallaba como un verdadero guerrero. No lo logré.
El Vordráku líder, a su fiel costumbre voló en contra de los aires hasta que cayó
una vez más frente a nosotros, sus botas una vez más se hundieron en el lodo.
—Dado a la repentina invasión de Vordrákus en Luzrrat, en Egipto, hubo una
terrible masacre de humanos, muchos Vordrákus habían atravesado también el
Asven, y ésta mortandad de humanos tan sólo había iniciado. La humanidad se
aterrorizó ante la presencia de terribles monstruos que se los comían, y sin embargo
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hubo gran consternación de entre nuestra misma especie cuando se descubrió a un
tipo de Vordrákus diferentes a los demás, Vordrákus que como Culminiams Vud
eran inmunes al aroma de la carne humana, no les atraía, y sólo eran pocos, escasos,
hasta un tiempo se creyó que Culminiams era el único ¡Que no comía carne humana
porque no la disfrutaba! Debido al desato de Monstruos, Culminiams supo que debía
de haber una manera de detenerlos, detener el tráfico de Vordrákus por ese Asven,
que como pasaban los días era descubierto por más, y todo porque en Penflitor el
descubrimiento de Culminiams había sido lo más asombroso e imposible que les
pudo pasar, descubrir una tierra poseedora del manjar, mejor manjar que el Aliban,
la que se creía la carne más exótica de todos los tiempos, pero además, a pesar de
que la sangre humana era muy atrayente e inevitable, los Vordrákus descubrieron
que al mismo tiempo que comían humanos, la Eolina, es decir, su alma se
reproducía más rápido, tenían más fuerza, más poder, y todo porque la sangre
humana posee efolina muerta, que al mismo tiempo complementa con los
Vordrákus, para ser más fuertes y vivir más.
“Tres años duró ésta época de oscuridad. Vordrákus construyeron pirámides,
su poder lo hacía, de manera asombrosa, en semanas estaban construidas, los seres
humanos entonces comenzaron a cavar cuevas, subterráneos para esconderse, para
protegerse de los monstruos que parecían ser el mismo diablo vivo. Muchos
Vordrákus mataban y se comían a los humanos por el sabor de la carne, otros por el
poder y energía que ésta les provocaba, pero también hubo quienes por el odio
repulsivo hacia los humanos, es decir, por saber que por causa de los humanos
Balán nos quitó nuestra tierra, y se las dio a ellos, a ustedes, que son los castigados,
los mataron con disfrute, gozo y con avaricia excitación.
“Culminiams era el Corddox mayor, y en su intento de detener a los
Vordrákus castigando a los que eran aprendidos, descubrió a más seres como él, a
Vordrákus que no disfrutaban la carne humana, entonces hizo una Corddex parcial a
las que ya se habían formado, a la que fue llamada Corddex de Culminiams, quienes
protegieron desde entonces a los humanos.
“Después de éstos días más de 120 Vordrákus de la nueva Corddex Culminiams
fueron suficientes para discernir a lo que en estos tiempos es llamado Egipto,
encontrando y en algunos casos matando a los Vordrákus que se rehusaban a volver a
Penflitor, llamados por los egipcios Monstruos “que estaban acabando con esa
civilización de los humanos” enviándolos después al Dromalio de Balán, en donde
fueron… castigados. Se cree que muchos Vordrákus huyeron y se expandieron por el
mundo, y quizá sigan rondando por allí. “Desde entonces, y cuando ya han pasado
milenios, a las nuevas descendencias de Vordrákus se les ha negado la revelación de
los Fallos que existen, porque se teme que suceda lo mismo que hace milenios, pues
debo de hacer énfasis en que en los últimos 5´000 años, tres fallos más han sido
descubiertos en Luzrrat. Ahora hay 11 fallos registrados en Balán. Uno de ellos está
en Europa “Bakú”, situado en la península de Apsheron en la costa oeste del mar
Caspio y a unos 160 kilómetros al noreste de la frontera con Irán. Ese fallo como los
otros está dentro del agua, en las costas del mar caspio, y es así como la Corddex
Culminiams que todavía existe en éstos tiempos hace su trabajo, son diferentes a
nosotros los Vordákus, incluso el color de sus ojos ya no brilla, pero poseen las
mismas cualidades que uno de nosotros, salvo que no les gusta la carne humana y por
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esa razón los protegen. Ésta Corddex paralela está dividida en dos partes, la Corddex
Europea que resguarda al Asven de Bakú, Egipto (por estar casi en Europa), y cuatro
más que están entre el océano indico y atlántico de dicho continente . Pero también
existe la Corddex Americana.
Repentinamente sentí que mis venas se contrajeron, y mi corazón se aceleró.
—¿Quieres decir qué?
—Que la Corddex Culminiams Americana está precisamente aquí, en éste
continente, porque aquí hay seis fallos más, puestos precisamente aquí, en agua
también.
Todo mi cuerpo se me entumió de repente. Me cosquilleó y mi cabeza se cimbró.
—¿Donde están esos seis fallos de los que hablas?
—Uno de ellos está entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale,
llamado por la humanidad el triangulo de las bermudas. — me estremecí otra
vez—el otro está en el océano Pacífico entre las islas Gilbert, Taiwán y el atolón
Wake, llamado el Triángulo de Formosa. — aseveró su mirada y mostró en ella
aquella tenebrosidad que la noche traía consigo a través de sus brisas heladas —El
resto de Fallos también están entre el océano de éste mundo…— y siguió hablando
de mucho más…
En cada momento parecí comprender más lo que pasaba. Pero más bien, fue
mucho tiempo después cuando lo comprendí todo a la perfección, y como si mis
palabras fueran impregnadas en un diario me atrevería a explicar que:
Los fallos son círculos negros de energía llamados Asven que sirven como
puertas dimensionales para cambios de planos de un lugar a otro, como los de el
espacio, pero estos puestos aquí en nuestra tierra, los 11 encontrados hasta el
momento que nos dijo Luko estaban puestos en el agua. Y según pude comprender,
aquí en el planeta desde hace miles de años habitan una especie de Vordrákus que no
comen carne humana, obsesión real de uno de ellos, sino que por el contrario nos
protegen, cuidan las entradas de esos fallos, para que ningún Vordráku probablemente
no autorizado por la jerarquía mayor de Penflitor traspase ese Asven y llegue hasta
aquí, pues el peligro de que suceda lo mismo que hace años hizo que ésta Corddex
paralela haciera su trabajo de ésta manera, Corddex que a su vez está dividida en dos
partes. La Corddex Europea, que resguarda la entrada de 5 fallos en aquél continente,
y la Corddex Americana, que si bien entendía resguarda el resto de fallos que están
entre los límites de éste continente.
—Está bien— dijo Ric manteniendo en su voz aquella agresividad que lo
caracterizaba. —Me inquietan tus palabras.—respiré hondo, por si aún faltaran más
respiraciones de las que ya había hecho aquella mañana, tarde y noche. —¿Qué nos
interesan esos malditos fallos?— de pronto Ric había gritado, y Estrella se había
sujetado con presión sobre mi brazo.— “¿Qué diablos nos importa?” ¡Maldita
sea!.— sus movimientos fueron bruscos. Comenzó a caminar por todos lados. El frío
penetrante estaba haciendo fuerza. La oscuridad casi era total, y así mismo la luz
frustrante de esos tres pares de ojos abstrusos.
—Ricardo…— había sido voz apagada. Estrella aferrada a mi brazo había
intentado algo, tranquilizarlo tal vez, pero no funcionó. Sus facciones me
comenzaban a preocupar. A comparación de mí, él siempre había sido un chavo de
carácter férreo.
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—¡No nos importa nada!—volvió a gritar con fuerza. Temí que intentara
agredir a esos hombres que yo creía que ellos con un ligero soplido podría
aplastarnos de uno por uno. Porque esos Vordrákus a simple vista eran perniciosos.
—Claro que les importa— declaró el líder sin ninguna otra reacción. Incluso
puedo asegurar que ni siquiera había mirado a Ricardo. —No es ninguna
coincidencia que les haya contado todo esto, y ni siquiera que ustedes hubieran
sido los elegidos. Si creen en el destino, pues entonces cúlpenlo a él. El “Destino”
que no los buscó, sino todo lo contrario. Como imán, cada uno de ustedes se
juntaron, como si el destino lo hubiese preparado todo, absolutamente todo, y claro
que hasta ahora ha logrado su cometido. Comenzar con la fatalidad.
—Pero cómo diablos…
—¡Ricardo ya basta!— Das lo sujetó de repente, y al mismo tiempo miró al
Vordráku líder.—¿Qué pasa?— de golpe su voz sufrió fracturas. Agotamiento y
esos indicios que les pasa a las personas antes de que la garganta se les cierre para
posteriormente llorar.—¡No entiendo nada!
Luko reacomodó sus rasgos. Sus pómulos se cuadraron más y sus ojos los abrió
completamente. Ambas cejas yacían curveadas.
—Expresándome con el tiempo cronológico que ustedes conocen, hace seis
meses encontramos un fallo más.— caminó hasta nosotros. Nunca había estado tan
cerca. Sentí el temblor del cuerpo de Estrella. Sus rezollos. — a decir verdad quien
lo hizo fue Erebo, un viejo sabio de nuestra Corddex. Ese fallo estaba precisamente
en nuestra Corddex, dentro de una montaña de piedra alejada de la aglomeración de
la comunidad, la Montaña de Piedra Odan. Es decir, el viejo Erebo Fixtralio
encontró el fallo numero 12.
“Cuando Erebo lo atravesó tuvo que admitir asombro, porque por primera vez
había encontrado un fallo, aunque cabe mencionar que su estupefacto no fue por
haberlo encontrado, sino por el lugar en donde lo encontró: En tierra.
—¿Qué quieres decir?— me adelanté desconcertado.
—Si pusieron atención a mis palabras anteriores, debieron de percatarse de que
todos los fallos encontrados hasta entonces estaban puestos en el agua, incluso
dentro del océano, pero ninguno en tierra, porque entonces ¿saben el peligro que
esto significa? Pues de esa manera les aseguro que hay uno en tierra, en el
continente americano, precisamente aquí, en el nevado de colima.
—¿Qué?— no supe de que otra manera reaccionar. Mi boca se puso seca. Un
fuerte estremecer agobió a mi cuerpo, incluso debo admitir que un gemido salió por
mi boca. No tuve el valor de mirar a ninguno de mis acompañantes por razones
desconocidas. Más sin embargo sí tuve el valor para preguntar con severidad:
—¿Qué significa entonces todo? ¿La ciudad está en peligro?— sentí que me
puse pálido.
El Vordráku mirándome inexpresivo no respondió a mi pregunta, sino que hizo
hincapié a cuestionamientos que habíamos preguntado con anterioridad.
—Admito que esto que les he dicho es suficiente para entenderlo todo. Por
principio de cuentas saber que nuestro Custorio Principado Mayor, Brimbicor
Lay-cidio lo sabe, pero nada más. Erebo le advirtió que no lo dijera al régimen de
Balán, Erebo estaba obsesionado con descubrir más, ¿por qué en tierra y no en agua?
Quería descubrir el misterio que rodeaba estos misteriosos fallos, ¿Cómo es que
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existen? ¿Cómo se crearon? ¿Cómo es que sobreviven? ¿Cómo es que puede servir
de medio de transportación?
“Era un Misterio que Erebo quería descubrir, pero en su intento alguien lo
mató, y ese alguien lo hizo a sabiendas de la existencia de éste Fallo, un fallo que en
un principio se creyó sólo sabía sobre su existencia Erebo y nuestro Custorio, pero
ahora sabemos que por éste fallo, ya han pasado otros Vordrákus. Aunque quizá ese
no es el problema más grande, sino descubrir quienes son ellos y cuáles son sus
intenciones, porque si un Vordráku delegado al Régimen de Balán descubre que
nosotros tenemos guardado un fallo que no hemos registrado, probablemente
quedaríamos condenados, y ustedes…. Ustedes asesinados. Por eso debemos de
encontrarlos, porque ellos, son diferentes a nosotros, esos Vordrákus no se podrían
comparar con nosotros… debemos descubrir lo que quieren antes… antes de que
todo termine.
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Laberinto
_____________________________________________________________________
*Estrella
S
encillamente no era admisible que ellas estuvieran allí, ahora. ¿Por qué?
Como si no tuviera ya bastantes problemas tía Hilda y tía Eloísa estaban sentadas en
la sala de estar mirando la televisión cuando yo aparecí de repente en el vestíbulo.
Empapada de agua.
Cuando ellas me miraron con esos ojos suyos que representaban indignidad
compuesta por odio y coraje sentí que me hundía en un pantano espeso.
Tía Eloísa venía vestida de sastre negro con su cabello corto color rubio, como
era habitual. Tía Hilda se asimilaba, pero ella llevaba un vestido largo como si fuera
a una fiesta nocturna. Su cabello era de color negro y amarrado en una trenza. ¿Así o
más ridículas?
—¿Paula?—me llamó tía Hilda con su caracterizada voz de ópera.
—¿Paula?—casi dijo al mismo tiempo tía Eloísa dando a la ocasión un deje
de ridiculísimo.
Me irrité al instante. Y me supongo que mi reacción la escupí cuando como
saludo les dije imitando su misma estúpida voz:
—¿“Tías”?.
Fruncí el ceño y me adentré a mi residencia con pasos largos y rápidos.
Discerní por la charola con merienda que yacía en una reducida mesita de
cristal que mis tías habían llegado desde hacía bastante tiempo. Miré el reloj y
daban las 10 de la noche.
—¿Pueden explicarme qué hacen aquí a estas horas?— quise saber.
Necesitaba una buena explicación. Si bien no podía engañarme, era lógico que
estuvieran allí para fastidiarme, como frecuentemente lo hacían. Tosí. Enfermarme
era lo único que me faltaba. Sentía algo muy helado en mi pecho. Hubiera puesto
más atención al asunto si mi coraje no estuviera fuera de su nivel normal.
Ambas tías se pararon con agilidad al mismo tiempo. Se miraron entre sí
para después acercarse a mí y observarme con un esmero incomparable.
Ellas eran de esas mujeres santurronas, cotorras, quedadas, alucinadoras, que
se las dan de la gran categoría, cuando ni siquiera a región cuatro pueden llegar. En
conclusión eran de esas viejas argüenderas que no tienen otro quehacer que
andar vigilando a la gente….
¡Maldita sea! Eso me hizo sentir que las tripas se me estrujaban por dentro.
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Ambas eran hermanas de Papá.
—Lo siento querida— se disculpó cínicamente tía Eloísa, —Pero me temo
que esa es la pregunta que nosotras te hacemos a ti.
Sonreí como una estúpida mientras ellas me miraban con sus dos cejas
alzadas.
—Tuve que hacer un trabajo en equipo— mentí bajando la mirada. Me pasé
de largo hasta le mesita de cristal y tomé agua en un vaso que había tomado con
anticipación.— y qué mejor que hacerlo de una vez. Nos quedamos en la biblioteca
y…
—¡Cállate!— me gritó tía Hilda en forma de silbato de árbitro. Súbitamente
me extrañaron sus palabras y tragué saliva.—A nosotras no nos mientes cariño.
Esto está en contra de nuestros principios.
Puse los ojos en blanco.
Tiré mi mochila el suelo y me quité el saco.
—¡Dios mío!— gritó tía Hilda —. ¡Pero si se te transparenta todo!
—Porque la blusa es blanca, tía…
—Santa maría madre de Dios…, No es posible lo que mis ojos ven…
—¡Por Favor tías!— me enfadé y me eché mi mano derecha en la cara—.
¿Qué pasa? ¿Por qué están aquí? Yo, para nada me siento bien, y ni siquiera de
humor como para recibir ningún tipo de visitas.
—Las de los cuestionamientos somos nosotras— arremetió tía Hilda una vez
más—. Así que excúsate diciéndonos ¿por qué no estuviste en clases el día de hoy?
Fuimos a buscarte a eso de las 6 de la tarde y no estabas en clase, y por lo que
supimos, ninguno de tus amiguitos de mala muerte estaban…— me dí la media
vuelta de tal manera que con los dientes apretados la miré con odio—. y por si
fuera poco tus compañeritos nos dijeron que desde las tres de la tarde no te habías
presentado a ninguna clase. ¿¡POR QUÉ!?. — su último grito me aturdió.
Esto no me podía estar pasando a mí…
—Lo lamento tías, pero… pero me sentía mal y me salí.
—¡Eso no excusa nada señorita!
—¿A caso no querían que me excusara?— respondí endemoniada.
—¡No nos levantes la voz!
—“¡No la estoy levantando!”— grité más fuerte que la última vez.
Estaba nerviosa. No me podía controlar, y esto se debía a lo que había
ocurrido hacía unos minutos en el cerro del Calaque.
Estaba intentando tener paciencia. Lo que menos necesitaba en ese momento
era soportar a las locas solteronas de mis tías.
—¡Paula!— dijo tía Eloísa engarruñándose su saco —. ¿Cómo es posible
que nos mientas? Tan difícil te es ser sincera y decirnos que te hiciste la pinta con
tus amigotes que apropósito son una mala influencia para ti…. Deberías de ir a
misa en lugar de andar de caliente….
—¡Tía!— grité indignada. De pronto mis ojos se abrieron más de lo normal
automáticamente —¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera cuando yo…?
—Embarazos no deseados, luego aborto… drogas… y por si fuera poco
prostitución…
—¡Basta!— les grité con odio. Mis lágrimas comenzaban a escurrir por el
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coraje que sentía.
—¡Nada de basta! Paula,— respondió la voz severa de tía Hilda—. Además
tus lagrimitas no me conmueven… una Basterrica no se puede convertir en una
cualquiera…
—Les digo que se callen porque no quiero faltarles al respeto.
—Es lo único que te falta, faltarnos al respeto— intervino tía Eloísa.
—Quiero que me respeten— les ordené con la mandíbula dura.
—Respétate tu primero— dijo ella con agresividad—, y luego pides
reciprocidad.
Era inútil intentar apelar algo a lo que ellas tenían por prejuicio. Así eran
siempre y yo ya estaba harta de que se metieran en mi vida.
—¡No todo es esta vida es diversión! Señorita— me atajó tía Eloísa alzando
más sus cejas. Comenzó a caminar por alrededor de la sala que estaba decorada con
unos sillones de piel color rojo.
Me crucé de brazos y le dije:
—No creo que vivir sola sea algo divertido— respondí con frialdad.
Tía Eloísa me miró y me evaluó de pies a cabeza.
—¡Eso-tú-lo-elegiste!— respondió con cólera.
Según ellas me querían, pero no era así. Lo único que querían era fastidiarme.
Además prefería el abandono antes que tener que soportarlas diario en su casa.
—Pero no te preocupes— una vez más tía Eloísa me sonreía de mala gana.
Esta engreída sonrisa la cual aborrecía tanto, —ahora que informemos a Verónica e
Israel sobre tu comportamiento te aseguro que van a dar la autorización como tus
padres que son para que te reinstales con nosotras.
—¡Nunca!— las reté—. Yo no me voy a ir a ningún lado. Casi soy mayor de
edad.
—No te me equivoques cariño, —sonrió tía Hilda con hipocrecía—. Hasta el
28 de diciembre lo serás, además eso no significa que vayas a ser libre ya. Eres hija
de familia y…
—¿Familia?— pregunté con escepticismo, me limpie mis lagrimas e hice un
intento porque de mis ojos no saliera una más.—¿Qué familia?
—La que vas a tener cuando vallas con nosotras— tía Eloísa escupió con
odio y se dirigió a la puerta.—Marchémonos Hilda.
Las dos tías con su particular caminado llegaron a la puerta. La última en salir
fue tía Hilda, y sus hermosas palabras de despedida fueron:
—Despídete de tu libertinaje. Niñita estúpida.
Cerró la puerta.
—¡¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!—grité lo
más fuerte que pude, y sentí que ese grito podía haber llegado hasta la Luna.
Me tiré al piso y lo golpee con mis manos. Me arrastré por todos lados como
una loca histérica. De pronto la percepción de esos entes desconocidos que poco a
poco comenzaban a ser parte de mi existencia se sometieron a mi naturaleza. Se me
estaba juntando realmente todo, como si fuese un imán de las desgracias, y en aquél
momento maldeci a la vida de mil maneras… muchas veces me había sucedido, que
todo se me volteaba, de esas veces que sientes que el destino ha planeado un acto en
contra de ti.
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Me sentía en un oscuro y sinuoso laberinto.
Probablemente puedes intentar huir de tus enemigos, intentar pelear con los que
te odian, e incluso intentar sobrevivir en un juego de video, pero cuando se trata del
destino mismo, ¿Cómo lo puedes vencer, cambiar, o hasta matar?
Mis lagrimas volvieron a mis ojos y entonces sentí que me ahogaba en medio del
océano con agua muy fría, casi congelada. Me quedé tirada lamentando la tristeza de
la noche, sintiendo dolor en un corazón oprimido. Buscando aunque sea una breve
luz entre el triste desafío.
Estaba sola, muy sola y no podía con ello. Tenía a mis amigos, los únicos con
los que podía compartir el carente calor que me quedaba después de tantos años.
—Mi niña— escuché de repente.
Claro, debía de ser Lupita. Una viejecita que hacía el intento por aminorar un
poco mi solitario corazón, corría hasta mí junto con un par de chicas de la
servidumbre que vivían en mi residencia.
Mi pretensión no era darles explicación alguna.
¿A caso nadie lo podía entender?
—¡Nana!— le dije con dificultad. Mi garganta me dolía, no se abría. Mis
lágrimas impedían mirarla.
Me levanté con cuidado del suelo y ella se acercó a mí y me abrazó, pero esa
ausencia de cariño hizo que me sintiera peor. Mis padres no estaban conmigo, y si yo
me iba con ellos me iban a dejar sola todo el tiempo, me costaría tiempo en
adaptarme y encontrar nuevos amigos, esos amigos de los que muy pocos hay, y de
los que hay, su amistad es eterna, tan eterna como a veces lo es la soledad.
—Lo siento, pero ahora prefiero la soledad.— le dije con mi voz lesionada.
—La compañía a veces minora los sufrimientos de las personas, mi niña, — la
voz de mi nana era de angustia, y eso era lo que reflejaban también sus viejos ojos,
los ojos de una vieja que había vivido mucho, pero quizá no lo suficiente como
para intentar comprender lo que me pasaba.
No hay medicina útil contra el dolor del abandono.
Me fui corriendo hasta la segunda planta, en donde estaba mi recamara.
De cualquier manera sabía que no todo andaba tan mal: Nunca vamos a estar
solos en ésta vida. Nunca, porque en cualquier lugar que nos encontremos solos,
siempre estará con nosotros nuestra fiel amiga soledad.
Entré y observé con poca suficiencia las paredes en rosa pintadas de mi
habitación. Esa habitación que guardaba entre sus cuatro paredes a una chica
reprimida, golpeada cruelmente por la soledad. Esa misma habitación guardaba a
una indefensa mujer de 17 años que intentaba ser fuerte, que su mejor y a la vez peor
disfraz era la fachada de su cuerpo, una ¡maldita! “fachada” que no siempre lo es
todo en la vida, y mucho menos tratándose de la mía. Todo por servir se acaba. Una
joven rodeaba por lujos que intentaban complementarse con ella. Una débil mujer
que sin ropa y un buen maquillaje no era nada. Por eso los más de siete
guardarropa´s que habitaban en mi residencia estaban retacados de lo que
probablemente era el antídoto para la valentía. La Ropa.
Esa idiota era yo. La chica más hermosa que a capa y espada fingía ser feliz, a la
que no le constaba trabajo herir a las personas con sus estúpidos desplantes y
palabras, creyendo que así ella era mejor.
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Tal vez se me dificultaba saber que el mejor no era quien sobajaba a los demás,
sino quien hacía lo mejor por hacer sentir mejor a los demás.
Y más sin embargo intentaba ser fuerte y sonreír. Las últimas palabras de mi
abuela materna fueron: Cuando alguien sonríe, se enciende una esperanza más para
el futuro… y yo sabía que era esa esperanza la que algún día iba a ser que la vida
completa fuera mejor… después de todo yo misma me había levantado de mis
peores crisis con aquella frase que alguna vez escribí en mi diario y que me
impulsaba para seguir adelante: “Aunque todo parezca oscuro y que la noche nunca
acaba, hay que tener la esperanza de que siempre va a surgir un eterno amanecer”
Pero esa noche no acababa, y el amanecer no llegaba. Ya me había metido al
baño para bañarme. El agua tibia recorrió todo mi tenso cuerpo y ni la sensación de
esa agua tibia redujo a mis desatados sentimientos que ahora se habían convertido en
temores.
—¡No eres tan fuerte como crees! Estrella— le dije a una esplendida imagen
desnuda que me miraba con los ojos hinchados a través del espejo de metro y
medio de mi recamara que estaba al salir—Pero síguelo intentando y no vuelvas a
llorar más. “No vuelvas a llorar más“. Aunque después de todo debes de reconocer
que las lágrimas son tú única compañía, las únicas que te entienden… pero ya no…
prométeme que no llorarás más… no más.
Cada lágrima representa a un dolor que se va.
Era inútil seguir despierta. Apagué la lámpara de cristal que reposaba en la
bóveda y sólo quedó el frágil brillo proporcionado por mi lamparita de buró. Mi
pecho una vez más se me congeló. Sentí como una extraña sensación como si me
estuviera sofocando. Respiré muy hondo en varias ocasiones esperando una breve
mejoría y funcionó. Me tiré de bruces en mi cama y miré el techo de mi
habitación y entre la casi completa oscuridad intenté distraerme buscando figuras
en el techo. Y encontré algunas… que me asustaron. Luché contra la capa oscura
que cubría mi capacidad de pensar. Y no lo logré. No estoy muy segura de la hora
en que me quedé dormida, pero sin pensarlo en la madrugada me desperté
aterrada… insólitamente no sabía lo que había soñado, no sabía lo que había
provocado mi repentina reacción tan espontánea. De lo único seguro fue de las
fuertes palpitaciones de mi corazón, un corazón helado, como mi pecho. Otra vez
me estaba sofocando pero ahora me faltaba el aire.
Me levanté de un salto asustadísima y por el sonido que se escuchaba fuera
de mi ventana entendí que estaba lloviendo otra vez, pero ahora con una demorada
transición que me aterraba cada vez más.
Por un momento pensé en la idea de bajar a la recamara de mi nana y
refugiarme con ella, pero otra parte de mí me impedía siquiera hacer eso. Me puse
mis pantuflas rosas y me levanté. Con mucho cuidado me dirigí hasta uno de los
guardarropa que estaban en mi habitación y tomé un abrigo del mismo color de mis
pantuflas con bordes aborregados.
Me volví a espantar cuando comprendí que por más que me pusiera y me
pusiera abrigos y más abrigos el frío no iba a disminuir, y todo porque esa
sensación polar la sentía dentro de mí, dentro de mi cuerpo. Había frío y percibí
ligeros bajos de temperatura en mi cuerpo, temperatura que de pronto hizo que me
mareara.
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Me sostuve. Vi todo borroso. Como pude fui entre la lluvia de a fuera que
comenzaba a ser más fuerte y encendí la lámpara grande de cristal.
A continuación, igual de aterrada miré a todos lados. Sentía mucho miedo,
miré debajo de la cama, esperando a que saliera una terrorífica mano blanca que
me agarrara del pie y me arrastrara hasta no sé dónde. Escuchaba siseos aunque lo
más probable es que fueran del viento.
Allí mismo y de pie encontré lo que estaba buscando. Me abalancé corriendo
hasta mi laptop. Prendí el módem de mi computadora instalada y prendí mi laptop.
Tardó en prender y posteriormente en conectarse a Internet. El frío dentro de
mí era menor, pero ni siquiera eso me reanimó. Si bien sólo me sirvió para que
pensara mejor las cosas y abriera la página de Google…
Con los dedos engarrotados teclee la palabra: Profecías, y me apareció un
listado increíble… yo misma no comprendía lo que buscaba, pero lo buscaba,
cualquier cosa que fuera… Las profecías de Nostradamus: entre ellas leí bastantes,
pero los párrafos que me dejaron perplejas fueron las que mencionan las profecías
del fin del mundo:
XC
Cien veces morirá el tirano inhumano,
Puesto en su lugar sabio y bondadoso,
Todo el Senado estará bajo su mano,
Enojado será por maligno temerario.
LXXII
El año mil novecientos noventa y nueve, siete meses,
Del cielo vendrá un gran Rey de terror:
Resucitar el gran Rey de Algolmois,
Antes después de Marte reinar por dicha.
LXXIII
El tiempo presente con el pasado.
Será juzgaod por gran Jovialista:
El mundo tarde le será dejado,
Y desleal por el clero jurista
LXXXII
Gritos, llantos, lágrimas vendrán con cuchillos,
Pareciendo huir, darán último asalto:
El entorno parques plantar profundas mesetas
Vivos rechazados y asesinados en la toma.
Suspiré jadeante y temblorosa. Salí de la página y estuve otra vez en Google. A
pesar de lo que Ric nos había dicho, estuve como 10 minutos en vano intentado
encontrar de mil maneras, formas algo que mencionara a los Vordrákus, pero ni
revolviendo las letras al derecho y al revés me apareció nada. Gemí aturdida y ahora
desesperada. Me estaba volviendo tremendamente loca. Otra vez el frío y al mismo
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tiempo volví a escribir: Profecía…. Ahora me informé sobre la profecía de los mayas,
nombrada por muchos como la última profecía… en donde expertos aseguraban que
tras el descifre de esa profecía que los Mayas marcaban que el 21 de Diciembre del
2012 sería el fin del quinto mundo (uno de los períodos por los que pasa la
humanidad), ya que era el fin de su calendario; esto provocaría un gran cambio en la
humanidad, tal como ocurre al final de cada mundo/período.
Intenté explicarlo y deducirlo yo misma, con todos los párrafos de Nostradamus
y al mismo tiempo con la profecía Maya. Uní palabras y frases, como si yo fuera una
filósofa y no logré absolutamente nada, salvo frustrarme y asustarme más… por lo
pronto había algo muy claro en mi mente: después del 21 de Diciembre del 2012
habría un cambio de era… pues terminaría el quinto mundo… pero…¿A acaso desde
ahora, a mayo del 2009, todo estaba comenzando a complementarse para ese cambio
de era?… ¿Por eso los Vordrákus habían aparecido desde el inframundo? ¿Qué
significaba todo esto?
Cerré de golpe mi laptop y de pronto amaneció.
Era confuso porque yo estaba dormida junto a mi laptop cuando de repente me
desperté… abrí los ojos y miré la claridad. Estaba entumida. Me había quedado
dormida… había amanecido mejor y peor a la vez. “Mejor” porque confiaba en que
mis padres me comprendieran y no dejaran que me fuera con esas tías ordinarias.
Además ya no llovía. Pero “Peor” porque en mis ojos y en mi cerebro estaba
estampado el nuevo reto que me esperaba. Vordrákus.
No quería dejar de existir en ésta vida. No quería pertenecer a otra vida. No
quería perder la libertad de mi yo, de quien yo soy. Paula Estrella Basterrica Peralta.
La mañana pasó muy de prisa. De pronto Francisco, el chofer ya me había dejado
en las puertas del ITPI.
Subí corriendo hasta el tercer piso sin prestarle atención a nadie. Incluso iba tan
distraída que hasta había olvidado ponerme uno de mis prendedores de Estrella en la
parte izquierda de mi cabeza. Me maquillé, pero ahora mi acostumbrado peinado
lizo y sedoso, suelto siempre para el rose de la naturaleza ahora lo había amarrado en
una cola de caballo.
No me fijé siquiera quien me criticaba. Sólo esperaba que la mascarilla de
pepino de esa mañana me hubiera funcionado para desaparecer mis espantosas
ojeras.
Todavía era temprano y ninguno de mis amigos había llegado, así que dejé mi
mochila en mi mesa banco y decidí trasladarme muy aprisa al edifico “I” de
Informática.
Subí corriendo hasta el laboratorio de cómputo en el que se suponía debía de
estar Joaquín, pero al mismo tiempo no parecí desilusionada cuando no lo vi por
ningún lado. Alguna parte de mí ya lo sabía, pero como toda mujer, necesitaba
comprobar.
Me quedé mirando a través de las grandes ventanas trasparentes la
computadora de plasma que estaba frente a mí, en donde lo había visto la última
vez sentado.
¿Dónde estaba? ¿Por qué no venía?
Me preocupaba tanto como me preocupaba cualquier otro de mis amigos. Yo
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no recuerdo haber visto ese salto que dio del Jeep de Ric como lo narró Helu. Lo
cierto es que de pronto ya no estaba y más sin embargo no me negaba a la posibilidad
de que eso hubiera sido verdad.
Seguí mirando ese lugar vacío mientras seguía pensando en qué hacer.
Durante la mañana había cambiado de opinión y había pensado muy seriamente
en volver con mis padres, y alejarme de ésta ciudad, donde había peligro, donde
había miedo y una cruda amenaza. Más tarde volví a recapacitar y me di cuenta de
que por más que me escondiera, el destino me iba a encontrar, y al mismo tiempo me
haría seguir a la fuerza mi Rumbo, mi cruel y rudo Rumbo.
Intenté en concentrarme y recordar algún santo, virgen y algo que me cuidara.
Era Atea, mis padres nunca me inculcaron religión alguna, una similitud a mi amigo
Ric, aunque eso no significaba que fuera tan escéptica como él. La Biblia para mí era
un buen libro poseedor de grandes parlamentos y secuencias que ayudan a la gente
en el problema de la esperanza, incluso sea verdad o no lo que allí se divulga “Había
gente que se curaba al creer, que sus miedos desaparecían y al mismo tiempo
parecían ser feliz”.
Das era la única que me podía ayudar. Tenía que enseñarme a rezar, orarle a
esos buenos hombres que me supongo por eso son santos. Incluso… incluso ….
¡Claro! De pronto una intuición me brilló en mi cerebro, eso era, y probablemente
eso…. Eso era lo que: “Necesitábamos pedir ayuda” “A un investigador, y, y
también a un Sacerdote”
—¿Buscas a tu novio?— escuché a una voz grave que a pesar de mis miedos,
no dejó de ser seductora. Giré mi cabeza con rapidez hasta él. Andru me miraba
con una ardua sonrisa. Traía barba recortada en todo el contorno de sus pómulos
hasta la barbilla. Era muy atractivo. —No ha venido desde los últimos días de la
semana pasada. Debe de estar enfermo… o incluso “muerto”
Temblé de sólo pesar en lo que él había dicho. Bajé mi cabeza y sentí que él me
miraba con atención.
—¿Qué tienes? linda— me preguntó acercándose a mí.
Sentí que la sangre me subió a las mejillas. Levanté mi cabeza y lo miré con
matices de amargura y vergüenza.
—En efecto, vengo a buscar a Joaquín— le dije sin desmentir que era mi
novio. Todavía no comprendía desde cuando Andru lo creía y por qué. Admití que
eso era mucho mejor así, que eso pensara. A veces los chicos son tan extraños que
un día te bajan las estrellas y al otro día intentan bajarte pero al infierno. Un día te
dicen cosas lindas y al otro día parece como si fueras su peor enemiga. Me pasaba
habitualmente. Y Andru no se quedaba atrás. No porque me hubiera ofendido con
palabras alguna vez, sino por sus actos. Quería creer que le gustaba, e incluso me
preguntaba hasta qué grado…
No era posible que me mandara decir con sus amigos que le gustaba, y poco
después mirarlo con otra chica besándose.
Hizo un gesto de mal gusto cuando mencioné a Joaquín.
—Deberías de saberlo, Estrella. Tú mejor que nadie debería de saber si viene
hoy. ¿O qué? ¿La relación entre ambos no se mueve por la comunicación?— se
burló haciendo una mueca desagradable.
Tragué salive y recompuse mi postura.
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—Que tengas un buen día…— lo corté con frialdad, — eh ¿Cómo dices que
te llamas?— mentí. Como si no me supiera su nombre completito…. Incluso ese
nombre me había servido para trabajos de caligrafía cada y que me proponía
recomponer mi moldeada letra.
Pareció desilusionado cuando le pregunté aquello.
—Andru Fabricio Paniagua Bedmar.
—Sí, lo recuerdo— le dije con una sonrisa completamente sincera.
—¿Te vas?— me preguntó casi temiendo la respuesta.
—Llegué temprano, pero creo que ya me demoré mucho aquí… ¡Oh no! ¡ya
es la 1:57!. — me espanté— Lo siento, pero me tengo que ir.
Me pregunté cuanto tiempo estuve parada como idiota mirando hacia el
laboratorio de cómputo a través de las ventanas transparentes.
Empecé a caminar de prisa.
—¡Estrella!— me llamó.
Me detuve con palpitaciones en el corazón y me giré hasta él.
—Yo no me he olvidado de tu nombre, ¿lo ves?— dijo mientras lo mirada
casi un metro lejos de él. Pretendí encontrar en sus ojos almendrados lo que me
quería revelar, pero quizá fue nuestra distancia lo que me impidió llegar hasta su
verdad.
—Te lo agradezco. Pero me tengo que ir— le repetí intentando ser cortés.
—Bye— me dijo al final.
—Bye— le devolví el “Adiós”
Cuando me di la vuelta para bajar las escaleras sentí mi rostro caliente cuando
comprendí que me había golpeado con algo o alguien.
—Lo siento ¿Te lastimé?— escuché decir.
Me estremecí cuando creí que era Joaquín.
Me separé de él y miré a mi agresor.
—¿Irvin?— le dije. Parecí sorprendida al mirar a ese chico rubio que tenía sus
ojos almendrados como Andru penetrados dentro de los míos. Me concentré en no
mirarlo, pero no podía, era muy guapo.
—Perdóname— me dijo con su seductora voz baja, y grave — es tarde y
venía corriendo… yo.
—No te preocupes— le dije.
Desde el primer baile en el que lo conocí, hace tres años, ésta era la segunda vez
que le hablada… la primera y última vez que le dirigí la palabra fue cuando le grité
aquella noche que me besó sin premeditación. Desde entonces le sentí temor. Desde
entonces me miraba con destellos sombríos, como si intentara vengarse… esa misma
noche Ric se había peleado con él por mí.
El tono gris con el que me miraba esa tarde me decía algo, pero no me revelaba
nada más.
De repente se separó abruptamente de mí y sin despedirse se marchó.
No le presté atención a pesar de estar asombrada por su reacción, así que seguí
mi rumbo y me dirigí corriendo hasta mi edificio.
Subí corriendo las escaleras y llegué a mi salón de clases.
—¡Basterrica Peralta!
—¡Presente!— casi grité agitada cuando escuché desde la puerta del salón que
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la Maestra Carolina mencionaba mi nombre.
Me miró con una amplia sonrisa y me invitó a pasar.
No me atreví a mirar a nadie. Sabía que allí estaban todos mirando, y eso no me
importaba para nada, sino mirar a mis amigos.
Era la segunda de la lista, y en la primer fila en el segundo mesa banco era mi
lugar, afortunadamente un lugar correcto alejado de mis amigos. No miré a nadie.
Mientras la profesora Carolina nombraba lista saqué mi cuaderno de Taller de
Lectura y Redacción, y clavé mis ojos en las hojas, esperanzada en hundirme entre
las rayas de ésta.
En los primeros 20 minutos mis compañeros platicaban y de vez en cuando la
joven y atractiva profesora los regañaba.
El último ensayo del semestre iba a ser más fácil que los anteriores. Sólo era
cuestión de redactar perfectamente bien los conceptos propios de tres novelas
epistolares de Jean-Jacques Rousseau, así como la entrega del proyecto encomendado
a un arduo ensayo sobre el escritor de ésta ciudad, Juan José Arreola.
Nos recordó una vez más el apartado de las mesas para aquella gran noche de
baile de graduación que sería en el casino auditorio de la ciudad y que apropósito la
fecha se acercaba cada vez más.
Fue increíble que el tiempo hubiera pasado tan rápido. Después de Literatura
tuvimos la clase de inglés, y luego Contabilidad, como si los códigos fiscales no me
los supiera de memoria.
El timbre de cada hora saltó a la vista y de pronto salí corriendo lo más aprisa
que pude.
—¡Estrella!— era la voz de Ric la que me gritaba.
Seguí corriendo entre los alumnos que salían al receso de esa tarde. Él cielo se
había vuelto a nublar y ya tentaban las lágrimas del cielo mi piel.
Bajé corriendo las escaleras y me dirigí inconsciente hasta las canchas de
fútbol, igual que el día anterior.
—Estrella, por favor detente— gritó Ric.
Era inútil intentar alejarme de él. Lo comprendí cuando las pisabas suaves del
pasto las escuché muy cerca de mí.
—¡Espera!— me volvió a gritar.
Me sentí torpe, como si corriera entre la nieve espesa del nevado de colima.
Sentí un sofoque en mi cabeza, corrí más a prisa, lo más que pude pero de repente
tropecé en un hoyo hecho por una estúpida tusa y me estampé contra el suelo.
Comencé a gritar otra vez. Como ayer. Histérica.
— ¡Déjame en paz!— le grité a Ric. Pero él no me hizo caso. El olor a pasto
húmedo se penetró en mi nariz, así como el aroma de la tierra mojada con las brisas
de las gotas delgadas de lluvia. Ric se tiró al pasto junto a mí. Estábamos en la
mitad de la cancha de fútbol. Estallé en lágrimas y Ric me abrazó.
—¡No mi hermosa!, no llores— las palabras de Ric chocaron justo en mi
corazón. Me incliné más y miré sus oscuros e impresionantes ojos verdes. Lo
abracé con fuerza, y él también lo hizo. Lo rodee con mis brazos mientras ambos
yacíamos tirados en el pasto de la cancha y reposé mi cabeza en su hombro. Lloré
desconsoladamente, me sentía realmente mal, desgarrada…. Abrí los ojos y
observé que Das, Helu y Rigo venían corriendo justo hasta nosotros. Rigo las
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rebasó y con saltos largos casi llegó hasta nosotros.
Me solté de Ric lentamente. Me limpie mis lagrimas y observé en mis manos
el maquillaje deshecho de mi rostro.
—Estrella, que.. ¿Qué tienes?— Rigo estaba agitado. Llegó y se tiró junto a
mí.
Lo miré a los ojos y supe que estaba angustiado.
Pasee mis ojos en ambos amigos y resollé en un intento por contenerme.
—Tengo mucho miedo, temor…. Estoy aterrada.— les confesé cuando
llegaron Das y Helu al lugar. Las dos llegaron agitadas.
Das corrió hasta mí y se hincó junto a Rigo. Helu permaneció de pie, seria.
—Sé que tienes miedo— atajó Ric con su hermosa voz serena y varonil
—Pero todos estamos juntos en esto, y no te vamos a dejar sola, ¿okey?
Asentí con la cabeza.
No había necesidad de preguntarle a ninguno cómo se sentían. A simple vista
podíamos darnos cuenta de nuestro aspecto.
—Joaquín no está— dije a nadie en especial.
Sólo se miraron.
—Tenemos que actuar— dijo Ric lentamente,— es posible que ésta vez
vayamos a necesitar ayuda.
Suspiré.
—Es justo lo que yo he estado pensando— les confié, —En pedir ayuda.
—Es algo peligroso— terció Rigo mientras se acariciaba su piercing. — y
Complicado a la vez. Las autoridades …
—¡La policía no!— recalqué todavía con esa presión en mi pecho,—Yo me
refiero a otro tipo de gentes. Otro tipo de ayuda.
Los observé desorientados por mi escasa explicación. Y yo misma les respondí
antes de que me lo preguntaran.
—Con un… especialista en el caso…
—¿Un especialista en el caso?— dijo Rigo escéptico, —De donde vamos a
sacar a un especialista de Vordrákus,¿ me explicas?— sus palabras me resultaron
agresivas.
—Por favor, Rigoberto, entiende lo que digo.
Ric miró a Rigo con un gesto que le decía que me dejara en paz.
—No sé, quizá con el profesor de Geografía y física.— les sugerí.
—Con ¿Ballesteros?— preguntó Helu de pronto. Olvidé que se encontraba
allí.
—Don Libasteo tampoco está— dijo ella otra vez desviándose ligeramente
del tema—¿Creen que esto esté relacionado con la desaparición de Joaquín?
—Es lo más probable, — argumentó Das mirando hacia el cielo, pero por su
mirada perdida parecía al mismo tiempo no mirar nada. —Vamos a buscarlo otra
vez.
—Sí— dijo Ric, —Eso vamos hacer al rato.
—Haber, haber, —interrumpió Rigo aturdido, —Primero explícanos que es
eso de ir a hablar con Ballesteros, Estrella.
Lo reflexioné un momento dentro de mí.
—Pues simple. Saben de lo que les hablo, él es un hombre muy inteligente…
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recuerden sus clases, de todo lo que nos ha dicho… incluso nos habló sobre el
triangulo de las bermudas, nos dio su explicación diciéndonos lo que pensaba.
Hace un mes que sacó su libro de “Misterios de la vida” he pensado en él, sé que
desde hace tiempo ya no tenemos sus clases pero, ¿Por qué no intentarlo?
—Porque un intento en falso y morimos todos— escupió Rigo con dureza.,
—Y nuestras familias de pilón.
Me eché la mano en la frente.
—Cuando te lo propones puedes ser un perfecto imbécil— grité con furia.
—¡Estrella! Relájate— me previno Ric.
—¿Cómo es posible relajarme cuando estamos en peligro de muerte? ¿No se
dan cuenta? Intento reflexionar y darme cuenta de cómo diablos ayer nos
tomamos todo a la ligera cuando nos dijo aquello ese… además no comprendo
cómo no me volví loca o morí por el terror que siento al recordar la manera en la
que brincaba y volaba entre los aires, sus terroríficos ojos… lo forma en la que
escaló como araña en ese árbol….. ¿“Por qué no me infarté ayer”?…. no es posible
que alguien manipule…
—¿Nuestra mente?— terminó Ric, —Claro que se puede… hoy por la
mañana estuve investigando en Internet y descubrí que está científicamente
comprobado que una mente humana puede ser manipulada por cualquier otra cosa,
en el caso de ayer… fue por una mente mayor, por eso no nos asustamos… eso
quería, él…. El líder quería que comprendiéramos….
—¡Vamos con un sacerdote!— repliqué. —¡Vamos con un sacerdote!
—Jamás había sido tan irresponsable como estos últimos días— aseguró Das
mientras se envolvía en su saco azul marino. —Por segunda ocasión nos vamos a
escapar de clases. Sólo espero y no sea contraproducente.
Era verdad. Más sin embargo ahora parecía ser diferente, ya eran las siete de
la noche, no como el día anterior que fue desde las 3 de la tarde.
No me preocupaba tener que darles explicaciones a mis tías en caso de que
fueran a supervisarme el día de hoy también. Así que decidimos ir hasta el oriente
de la ciudad. A pesar del terror que eso implicaba, Sebastián, el mercedes de Ric
avanzó hasta aquella casa de donde había comenzado todo.
La noche caía, y yo en mi habitación reposaba sola después de bañarme. Estaba
acostada entre las sábanas rosas de mi cama.
En aquella casa blanca no había habido rastro alguno de personas.
Lo única pieza que teníamos que analizar por ahora era eso que nos había
dicho una mujer que vivía al otro lado la casa de Joaquín:
—Allí casi no habita nadie, y el chico no ha vuelto desde hace unos días. Esa
es una casa muy fría y extraña. Tengo el atrevimiento de decirles que allí hacen
magia negra. El otro día vi que salió de esa casa un monje…sí muchachos, ¡por la
mismísima Santa Elena de la Cruz! se los juro, salió de allí un monje envuelto en
una capucha negra… no he hablado con esos dos hombres cuarentones que viven
con el chico, el señor Víctor y el otro, quizá uno de ellos sea el padre, o no sé. Pero
de que ese muchacho anda en malos pasos, claro que sí. Quizá pertenece a una
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secta… es muy raro y extraño todo lo que sucede… ¡No le hagan confianza y no lo
busquen! Vayan con un sacerdote y pregúntenle lo que deben de hacer. ¡Recen!
¡Pónganse un crucifijo!
Contemplando mi ventana estuve atando cabos y en mi cabeza sólo
aparecían las palabras de la mujer: “Magia negra” “Monje ” “Capucha negra”
“Secta” “Malos pasos” “Sacerdote” “Recen” “Crucifijo”
Los Vodrákus no aparecieron ni de ida y ni siquiera de venida aquella tarde.
Pero de cualquier manera los cinco habíamos permanecido en estado de alerta
mirando entre los cristales de los espejos polarizados del mercedes durante el
trayecto… aunque ciertamente me pregunto qué nos hubiéramos ganado en caso de
lo que los hubiésemos visto otra vez…. ¿Intentar escapar?
Aun así continué toda la noche pensando y recitando para mis adentros;
“Magia negra” “Monje ” “Capucha negra” “Secta” “Malos pasos” “Sacerdote”
“Recen” “Crucifijo”
Por si fuera poco, los tres días siguientes fueron más estresantes que los
anteriores, y todo porque ese viernes 26 de mayo fue el examen de admisión para
el centro universitario del sur.
Un examen en la que esperaba ansiosa la aparición de Joaquín. Albergaba la
esperanza de que el guapo chico rubio de ojos azules apareciera para hacer el
examen de admisión. Era crucial que lo presentara, de otra manera….
No, no era crucial. Finalmente debía de tener el dinero suficiente para
estudiar en donde a él le placiera. El ITSO, Univer, etcétera, etcétera, etcétera.
Todo esto me estaba volviendo loca… y no quería imaginarme las
repercusiones que esto iba a traer consigo. No sé cuantas esperanzas emparaba en
pasar el maldito examen. No obstante no debía preocuparme. Para algo debía de
servir el abundante dinero de mis padres, mismo que era la producción del
abandono de su hija, o séase yo.
—Y a ti Helu, ¿Cómo te fue?— le pregunté mientras esperábamos a que
saliera Ric del salón.
—Que si fue, que si vino, que si calabaza, que si pepino… da igual como me
haya ido, ¿o no? Igual creo que voy a reprobar.
—¿Y tú Das?
—Hay pues ni me pregunten— respondió casi llorando
—¡¿Se te hizo difícil a ti?! ¡A la chica más inteligente del Instituto!
Ella sólo nos observó decolorada y avergonzada.
—Pues yo te entiendo Das, —dijo Helu, —“Hasta a la mejor cocinera se le
queman los frijoles”
—“Hay que pereza”— se lamentó Das llevándose su mano al corazón
cuando reposábamos en un borde del grandísimo campus —Me muero si no lo
paso.
Rigo entonces se comportó como un perfecto imbécil.
—No creo que tengas que esperar tanto para morirte— había dicho con
agresividad, —Con la suerte que estamos teniendo últimamente dudo mucho que
lleguemos vivos a los resultados de los exámenes.
Sobra narrar el tremendo peleadón que tuvimos mi “amigo” y yo. Aún más,
sí podría resaltar las frases celebres de nuestra pelea, a lo mejor cuando me dijo:
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—¡Pasa que eres una Inmadura de lo peor!
—¡Perdón señor maduro!— le dije con desdén, — Sólo espero que tanta
madurez no termine por “Podrirte”
Ric por su parte durante ésta semana se la pasó por las mañanas y en recesos
en el ITPI entrenando para la final de fútbol del próximo domingo 31 de mayo.
Incluso creí que esto lo había ayudado bastante para olvidarse de lo que
probablemente hubiera sido simplemente un espejismo lo ocurrido aquél lunes por
la tarde. Pudiera ser. Lo cierto es que los Vordrákus no habían vuelto más, y no
supe cómo interpretarlo, ya que al mismo tiempo que estaba tranquila, era el
mismo tiempo en el que estaba inquieta, esperando a que aparecieran de repente.
Pues de pronto ellos fueron como los terremotos, llegaban sin previo aviso,
desatando en su llegada el horror y la destrucción.
Ninguno de los últimos días hablamos más sobre ellos, ni siquiera fuimos
con el sacerdote y mucho menos con Ballesteros. Lo tomamos como si sólo
hubiese sido una simple pesadilla, de la que probablemente comenzábamos a
despertar. Pero qué equivocados estábamos.
Sin Das en la tribuna, Helu, Rigo y yo estábamos sentados en la última grada
de cancha de fútbol del ITPI. Ese domingo de final, no hacíamos otra cosa que
intentar apoyar a nuestro Instituto que se la jugaban contra el CBTis 226. Ellos
vestían de color blanco, mientras que los nuestros traían trajes rojos.
Era un buen día. No pasaban de las 12 del día, y los rayos del sol chorreaban
arduamente sin clemencia.
Apoyábamos a Ric, el hermoso portero musculoso y guapo que se colgaba
desde el tubo inferior de la cancha que tenía como obligación cuidar en su tentativa
de calentar.
Irvin era el capitán, y Andru uno de los delanteros.
¡Vaya! En realidad eran puras personalidades quienes conformaban el
grandioso equipo de fútbol. Sólo faltaba mi pequeño angelito, (el delantero) del que
no podía dejar de pensar. ¿Dónde estaba Joaquín?
Rigo no paraba de juguetear son su espantosa y vieja patineta roja grafiteada
por todos lados. Considerablemente parecía un niño travieso que no dejaba de pensar
en su próxima travesura. Tenía una patineta de color plata, era mucho más bonita que
el chicharrón que jugueteaba entre sus manos, pero casi nunca la usaba: era su
favorita y temía desgastarla.
¡Hombres, Hombres! Ric aficionado a los arrancones clandestinos, y Rigo, un
chico patineto que como Ric en ocasiones perdía sus tres neuronas servibles cuando
exponía su vida jugando esos juegos de muerte.
¡Eran patéticos!
—¿Puedo pasar?— dijo Pablo que traía en manos dos bolsas de sabritas
retacadas de chile.
—¡Pues si cabes!—aseguró Rigo. No era por nada, pero probablemente en
cualquier Báscula del país debería tener una cláusula que prohibiera el uso del
pobre Pablo. Era exageradamente obeso, incluso no me imaginaba con qué trabajo
había subido hasta nosotros.
—Rigo no seas grosero— le dijo Helu.
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—Cállate santurrona— espetó él abrazando de pronto su patineta con un amor
inimaginable, como si fuese su bebé. Alzó su cabeza y miró a Pablo. Rió entre
dientes y le dijo —. ¿No quieres mejor comerte una vaca?
Pablo debía de estar acostumbrado a éste tipo de cuestionamientos, por eso
sonrió.
—Déjalo— dijo Helu sonriente—. Pan para hoy y hambre para mañana.
Pablo sonrió mientras pasaba por el pequeño borde que quedaba provocando que
los de abajo lo abuchearan. Pablo pasó con dificultad entre nosotros.
—Rigo— le dijo Helu—. No sé por qué te arriesgas criticando a la gente.
Hasta que no te den un mal golpe.
—Helu, Cariño—respondió él—. Descuida. Si bien no soy Dios, pero me
temen. Mejor no tomes a la vida tan enserio. Se va a reír de ti de todos modos.
—Ganilla perdida que regresa, en la cazuela reposa con una cereza.
Puse los ojos en blanco.
—¿Eso que tiene que ver con todo esto? Querida Lucy.
Ella me miró confundida.
—No sé, sólo se me ocurrió— terminó con una boba sonrisa.
—Estrellita, relájate… Helu es más mexicana que el pozole. !ja¡ —pero luego
Rigo miró a la susodicha y con gesto ceñudo le preguntó— ¿Helu… vas a tragar pan
en un partido de fútbol?— le preguntó Rigo pasmado después de mirarla.
—Vale más pan con amor, que ganilla con dolor.
—Y dale con la estúpida Gallina— me irrité. —ya dejen de decir tonterías.
¡Seguían siendo patéticos!
Sonó el silbato del árbitro y comenzó el partido
Pese a que no entendía absolutamente nada de fútbol, el hecho de ver a puros
cueros jugando en un solo lugar, fue lo único que me motivó a seguir mirando y
gritando como una Idiota.
Se ve, se siente, el ITPI está presente
Se ve, se siente que saquen al CBTis
Las porras abundaban, ¡cómo no! Incluso tres tambores robados de la banda de
guerra, un par de trompetas que se usan para el 16 de septiembre en el grito de
independencia Mexicana sirvieron para gritar, cantar y hasta recordarle de vez en
cuando su Madre, al Árbitro.
—¡Esto no es justo!— escuché los lamentos de Helu que movía su cabeza
raramente.—No escucho al narrador por ningún lado y así no entiendo nada…
Miré a Rigo y él puso los ojos en blanco. Yo reí.
—Reina, se ve que nunca habías venido a un partido en vivo y en directo—dije
secamente, —Aquí no hay narrador “Mamacita”, pero si quieres te narro.
Me puse de pie y comencé a gritar:
—El Bombón de trasero paradito trae el balón…Oh pero otro papichulo le
quitó la bola (El balón, aclarando)— los de las gradas de abajo empezaban a
reír.—Y más sin embargo no le importa que el bronceadito hermoso del CBTis
valla tras es… Oh Imposible…. Se lo ha quitado, y ahora va corriendo, pero ¿qué
ocurre? El Árbitro parece disgustado, pues cómo no si el guerito cayó arriba de él.
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—Estrella, Please—murmuró Rigo indiferente.
—El Árbitro se lo ha puesto en la boca y lo ha soplado… (El silbato,
“Aclarando”), y ahora, ooooh ¡Goooool!
—¡Estrella Cállate que es de el otro equipo!— me regañó Rigo.
—Pero si entró en la cancha de nosotros, es decir a la de Ric.
—Por eso “tontita”
Le torcí un gesto.
—¡Eres imposible!
Y luego de siete goles repartidos con Tres para el CBTis y Cuatro para el ITPI,
obvio que nuestro Equipo Ganó.
Era ya bastante haber ganado la copa plateada de primer lugar a nivel local de
Bachilleratos como para que algo más no hubiera salido bien. Fue el estúpido afán de
Rigoberto Vetznall en ir a felicitar al grupo entero para después de tener en sus manos
la copa plateada y levantarla se hubiera quedado con las puras manos alzadas cuando
la copa ya reposaba con una hermosa desfiguración tirada y quebrada en los suelos,
mientras que mi pequeño “Niño travieso” no le quedaba otra que sonreír con una
pobre cara de Idiota que hasta a mí me dio compasión.
En el estacionamiento de Sentidos New lugar en donde se organizó un mega
reventón para festejar el triunfo nos bajamos de Sebastián Ric, Rigo, Das y yo. Siendo
ahora Helu la ausente.
Mis dos amigos se veían súper guapos y elegantes… claro, cada uno a su manera.
Ric como siempre súper galán. Sus rizos parecían más definidos que de costumbre así
como fijos. Su mirada seductora impacientaría a cualquiera, ya que al parecer ese era
su objetivo aquella noche. Llevaba un pantalón casual con cuadros oscuros,
encantadoramente ajustado: ya que si no trajera su saco negro encima de su camisa
tinta bien fajada, se le podrían haber resaltado sus hermosos glúteos más firmes y
duritos que los de cualquier otra chavita… aunque no necesariamente le puse atención
a los glúteos, porque estaba parado de frente, más sin embargo…
Rigo traía un pantalón de mezclilla un poco aguado, a desigualdad de Ric. Unos
zapatos blancos, un montón de dijes en el cuello “Como si fuera una bella gitana” una
chamarra de color roja y su extravagante peinado de picos. Me hubiera encantado
observar su hermoso piercing y sus largas y negras pestañas rizadas… que coronaban
esos grandes y negros ojos que ocultaban su antídoto que cautivaba a las chicas. Pero
no. El muy Naco traía puestos unos lentes oscuros “O sea de noche” “No lo valla a
quemar el sol”
A diferencia de Sor “Dacia” yo traía puesto un vestido corto rosita oscuro y
escotado, “Aclaro que no era vulgar como otros vestidos que estaba observando
desde lejos”. Mi cabello largo y rubio caía en mi espalda como cascada. Tengo que
admitir que me veía increíble. Me puse perfume de rosas. Y mis labios rojos los movía
de tal forma que seguramente enloquecería a mis presas. Ric ya se había encargado
de seducirme y decirme durante el trayecto hasta el antro lo hermosa y sexy que veía;
—Tu piel está como nalga de bebé— me había dicho después de besarme la
mejilla.
—¿Por qué?—le había respondido indignada—¿Porque estoy rosada y
embarrada de caca?
El se echó a reír y me continuó diciendo lo bella que iba.
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Y por si me quedara alguna duda, los chicos que llegaban también y pasaban
junto a nosotros se embobaban mirándome indiscretamente… a pesar de algunos traer
a sus novias por un lado, “Sin vergüenzas” aunque tenía que reconocer que eran
inteligentes. Era lo bueno de estar siempre acompañada de Ric y Rigo, los RR. Nadie
podía acercarse a nosotras porque por lo general éstos dos con esas miradas de fuego
que les lanzaban lo impedían. Das, la chica bonita traía un pantalón de vestir color
negro, muy bonito claro, y reservado. Portaba encima una blusa algo ajustada, (poco
común para ella) de color rosa también, pero más claro. Sus dos colitas negras las
permutó por una sola cola de caballo comenzando más arriba de la nuca de su cabeza,
cayendo desde allí la sedosa cortina negra y brillosa. Su blusa combinaba
perfectamente bien con sus zapatillas de tacón delgado.
Ric que se decía ser su hermano mayor también se encargó de decirle que venía
preciosa como una joya…
¡Lástima que los padres de Helu no le hayan permitido venir! Pensé para mis
adentros. Ella siempre terminaba siendo la botana. De todas maneras la queríamos
mucho.
Nosotras dos sujetamos nuestras bolsas puestas en nuestros hombros mientras
avanzamos casi corriendo por la acera de enfrente, hasta que de pronto Das dio el mal
paso.
—Hay “mamacita” ¿Qué afán de hacer el ridículo siempre que vienes junto a
mí? ¿No pudiste por lo menos romperte el tacón de la zapatilla un poquito más para
allá?
—¡Hay que pereza!— sollozó Das, pero no creí que estuviera más
avergonzada que como yo lo estaba.
Rigo estaba que reventaba de carcajadas siendo Ric como de costumbre el
único consiente.
—Rigo ¡Cállate!— le sugerí con mera agresividad.
—Es que… es que…No me puedo contener— estaba rojo del esfuerzo que le
costaba, —Y peor tantito— seguía riendo como bobo, —Se le vieron los “Calzones”
—¡Aaaaaah!
Todos los que estábamos entrando al Antro se dirigieron hasta nosotros
extrañados con sus miradas por el espantoso grito de Das.
Tuve que sonreírles mostrando todos los dientes.
—Rigo— le dije a susurro apretando los dientes, mientras intentaba sonreírle a
quien nos miraba —Ya no te rías porque nos están mirando, además haces que Das
se ponga más roja de lo que ya está.
—No..pue..do, necesito algo que me desconcentre para de-jar de reír— sus
carcajadas se aminoraban, pero se retorcía como parásito poseído.
—Haber Ric, déjame, yo le ayudo, tú mientras has que éste “animal” deje de
reírse, y a ti Das ¡ni se te ocurra llorar porque te agarro a Garrotazos!
—¿Por qué a mí? Qué pena, ¿cómo voy a entrar así…?
—Haber bonita, Finge que vienes coja— le sugirió Rigo con otra carcajada.
Ésta vez Ric no se pudo contener y se rió también.
—¿Ric tu también?— dijo Das indignada.
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—No, perdón,— dijo él sin reprimirse —Haber Rigo, voy ayudarte con esto.
Ya no te burles de Das, mejor piensa… “Los Ratones no comen queso“ “los
Ratones no comen Queso“, “los Ratones no comen Queso”
Das y yo nos miramos y esta vez fuimos nosotras quienes rompimos en
carcajadas. Mis amigos estaban completamente locos, pero sinceramente me
encantaba que se comenzaran a divertir y dejaran de adoptar su antigua posición tan
oscura.
—Vamos ya nos toca— les advertí,— Vamos Das, sonríe.
—Santa Madre del perpetuo Socorro— dijo Das empalideciendo de repente.
Miró fijamente a la cola de la fila. Comenzaron los apretujones y los
aventones. Se levantó de repente y se intentó sumergir en el saco negro de Ric.
—¿Ahora qué diablos te pasa Das?— le pregunté irritada intentado encontrar
con mis ojos lo que ella miraba.
—¡Ezequiel!, el del camión, el que te conté… allí está.
—“Oh My Good”— dije para mí.
—Préstame de tu perfume Rigo— le dijo Ric.—¿Bonita te pasa algo?—
preguntó él cuando la vio escondida en su saco. De pronto miró a Rigo guiñándole el
ojo y le dijo:—¡Otra que cae!
—¡Ric!— cantaleó Das.
—Y eso que todavía no te pones de mi perfume— dijo Rigo sacándoselo de su
bolsillo del pantalón de mezclilla. (El perfume ¡Aclarando!)
Entramos entre más apretujones y de pronto la música retumbó en mis oídos.
Supermassive Black Hole de Muse atronaba dentro del antro mientras las
luces marchitas aparecían por dondequiera.
—¿Tenemos la zona VIP? — pregunté entre el sofoque de los sonidos
fuertes.
—Déjenme Babosos insolentes, buenos para nada e indios desarrapados…
—¡Estrella!— escuché la voz de Ric entre la oscuridad—¡Qué intensa!
—Pues me vienen agarrando las nalg… ¡Estúpido!— vi a un tipo alto que se
ganó tres bolsazos en la cara.
—¡Estrella! ¡Basta!— me volvió a decir Ric que me había tomado de la mano
y casi me había protegido del roce de los demás.
Perdí de vista a Das. Pobrecilla, ¿En dónde estaba? Y con la zapatilla sin
tacón.
Cuando una canción reggetón de Don Omar sonó en la discoteca, ya habíamos
llegado a una pequeña plataforma VIP de color plata. Allí había un sillón de piel
rojo grande en forma de “U” dándole vuelta a casi todo al rededor de la mesa.
Rigo y Ric comenzaban a bailar. Como “Idiotas” pero bailaban.
—¡Se solicitan chicos guapos!— fingí la voz de una vocera de supermercado.
—Presente ¡Corazoncito de faldita rabona! — me dijo Ric haciendo una
mueca encantadoramente sugestiva… de esas muecas que de pronto te prenden…
—Ric, ¡Por Dios!—respondí sonriendo.
Rocke, el Dj me envió un beso desde su lugar, en la segunda planta, de donde
salían a la vista más mesas redondas como éstas.
En el centro del escenario número tres, el de lado derecho: (habían cuatro
escenarios) comenzaron a gritar de satisfacción cuando un sonido que yo conocía
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perfectamente bien se percibió. La máquina de espuma hizo su trabajo. Chorros de
espuma espesa y enjabonada caían desde la parte de arriba de ese lugar. Me tuve que
levantar para observar mejor. Todos los asistentes se alocaron y corrieron hasta allí.
Fue una sensación increíble y me hubiera encantado estar allí de no ser porque
intentaba reservarme.
—¿Les molesta si voy?—nos preguntó Ric entusiasmado. Rigo y yo nos
miramos. Rigo sonrió repentinamente después de volverme a mirar.
—No hay bronca mi buen— respondió Rigo. Yo sólo me limité a encoger mis
brazos.
Se alejó entre la música que Rocke hacía prender a la juventud de ese antro.
—¡Busca a Das, por favor!— no creí que mi grito hubiera sido audible para él.
Suspiré y me senté en el sillón.
—¿Quieres bailar?—me preguntó Rigo con una sonrisa de la que no tuve el
valor de deshacer al negarme. Sonreí con satisfacción hasta que… —Hola Faby, ¿Tú
aquí?
Sí, ¿esa estúpida allí?
—¡No quiero bailar!— le dije casi como si lo estampara como bala.
—¿Por qué no?— me preguntó con una carita de ternura que no había
conocido en los últimos tres años, habiendo al mismo tiempo dejando aún lado a
Fabiola.
—Rigoberto, si es por bailar, pues yo bailo contigo— dijo Fabiola mirándome
con frialdad.
—Gran favor que me harías al llevártelo de la mesa Fabiolita— le dije
tratando de ser lo más grosera posible. ¡Me caía tan mal!
Rigo volvió a mirarme y ésta vez sin sus gafas oscuras. No le presté atención
y al parecer se dio por vencido, aunque lo más probable es que no le importara
dejarme allí.
—¡Estúpida perra!— grité cuando los dos se habían ido.
Todavía no olvidaba que ella me había quitado a mi novio hace dos años.
Jonathan. Un apuesto chico que ya ni siquiera estaba en el ITPI. No estaba
enamorada de él, pero era guapo. Además el ego de mujer me gritaba desde lo más
profundo de mi interior la palabra “Ódiala” “Véngate” ¿Pero cómo? ¿Ahora la muy
zorra intentaba quitarme a mi amigo?
—Así que el rubio, es decir, Fahme te volvió a dejar solita— me espanté
cuando escuché aquella voz.
—¡Andru!— sentí que mis ojos se agrandaron.
—¿Quieres bailar conmigo?— me preguntó.
—Me duele el… me duele— tenía que excusarme. ¿Pero por qué tenía que
excusarme?
—¿El pie?
—Oh si, el pie— le sonreí nerviosa. ¿Pero por qué le dije que el pie?.
Mentecata.
De su rudo rostro sensual me dedicó una sonrisa que se quedó plasmada en
mis ojos por varios minutos.
Traía un saco fashion arriba de su camisa de manga corta de color negra, lo
que permitía revelar sus marcados brazos bronceados, que a simple vista podría
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dar un abrazo fuerte, fuerte, a una indefensa chica triste y sola como yo.
—Quizás podría acompañarte un rato— sus labios volvieron a curvarse. Eran
carnosos y de color rosa, —Si tu quieres, por su puesto.
Reflexioné un momento y le dije:
—Siéntate. Claro. Si tú quieres, por su puesto.— no podía ocultar el
nerviosismo que sentía cuando él estaba junto a mí, y probablemente él lo sabía. Por
eso fingí toser, con el propósito de hacer vacilar a su cabeza.
Esperé que se sentara, sí, pero no esperé a que se sentara junto a mí, como lo
hizo.
—¡Hayyyy!— sentí que me derretía.
—Oh, pero que poco caballero— me dijo con un movimiento brusco, —No te
he ofrecido nada.
—Tal vez porque tú no eres el anfitrión de ésta fiesta— le recordé con
dulzura.
—Pero sí soy un caballero. Dime ¿qué te gusta?
—¡Me gustas tú!— le dije sin pensarlo.
De pronto sus ojos me mostraron silencio mientras que sus labios me pedían
los míos. Debía de estar avergonzada, pero incluso ni eso me atrevía a sentir. No
quería otra cosa en mi cabeza que no fuera él.
Es extraño que dos personas que saben que se gustan no se lo digan de frente
estando tan cerca.
Además ¿Por qué guardase lo que se piensa en el momento? Probablemente
mañana ya no tengamos el mismo valor.
—Hablo en serio— me dijo, pero su voz me reveló pasmo.
Me alarmé. ¿No era eso lo que él quería escuchar desde hace tiempo? Por eso
enviaba a sus amigos. ¿Quién entiende a los hombres? Esta vez si quedaba uno de
los dichos de Helu que dice: Nunca se enseñan los dientes si no sabes morder, o
séase: ¿Por qué me mandaba decir con sus amigotes que yo le gustaba si a la hora de
la hora no iba a ser tan valiente para aceptarlo?
—Quiero decir…—y allí estaba yo, intentando retractarme. Como si fuera tan
fácil. Me escudé con mi espejo mientras me retocaba el maquillaje
temblorosa—Quiero decir que me gustas tú, como me gusta Rigo, y Ric… —Le
lancé una sonrisa tonta. Hasta yo me sorprendí de que mis palabras fueran tan
convincentes—Serías un gran amigo, para mí— las últimas palabras me salieron
muy rápidas. Había dicho una completa babosada. Estaba segura de que esto no se lo
iba a tragar Andru así como así, era hombre, y los hombres a veces tienen el destello
gratificante de la Inteligencia.
—No, no, no— murmuró mirándome. Se acercó a mí más de lo que debía,
—Tú no quisiste decirme eso. ¿Verdad?
Habían pasado ya bastantes canciones desde que Ric y Rigo se había ido.
Debían de volver, de volver. Intenté buscarlos estirando el cuello.
Pero antes de responder a Andru de pronto advertí una reyerta cerca de mi
mesa.
Me paré en seco. Era Ric.
Salí disparada entre los gritos de Das y de la muchedumbre. Ric tenía tirado
en el suelo a un joven que no había visto nunca. Le daba de puñetazos en la cara
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mientras lo blasfemaba. El otro tipo intentaba zafarse de los fuertes brazos de Ric.
—¡Andru, sepáralos!— le supliqué antes de que Rigo saliera corriendo de no
sé dónde y se abalanzara hasta el suelo. Sujetó de los brazos a Ric, pero él lo empujó
enviándolo hasta una mesa que derrumbó.
—¡Basta! Ricardo no te metas en problemas.— le grité intentando acercarme.
Das gritaba, ella sabía el problema de esto e incluso intenté preguntarle, pero me
debilitaba mirar tan horrible escena. Andru era tan grande casi como Ric, con
dificultad logró parar la pelea cuando sostuvo a Ric entre sus brazos mientras que
Rigo se reincorporó y sostuvo al otro tipo que tenía el rostro dañado. Le salía sangre
de la nariz y de la boca, y de no ser por la actitud de Ric, no me habría dado cuenta
de que estaba tan borracho que no podía sostenerse por sí sólo. Y en ese estado
había agredido a ese otro tipo.
—Jamás vas a volver a tocar a mi Amiga. ¡Perro de Mierda!
—¡Ric, ya por favor!— dijo Das abrazándolo como si fuera una chiquilla.
Andru se separó de Ric al darse cuenta de que él no se atrevería a volver a
abalanzarse al otro tipo estando Das entre sus brazos.
—¡Me las vas a pagar!, Imbécil— amenazó el otro muchacho alto de barbilla
rajada. Sólo parecía estar embriagado. Su lengua la movía por fuera como los perros
rabiosos —Y tú igual que éste pendej… ¡Niñita estúpida! Me la vas a pagar. Los dos
me la van a pagar Y tú ¡Suéltame! — de un empujón tiró a Rigo.
El perro rabioso salió corriendo hasta desaparecer.
—Marchémonos de aquí antes de que alguien avise a la policía— les advertí
jalando a Ric. En cualquier momento iban a venir, lo sabía. Me puse
nerviosa.—Pero ¿qué pasó?— les dije a nadie en especial. Más nadie me respondió.
—¿Qué fue lo que pasó?— repetí.
—Fue Ezequiel—dijo Das sollozando—. Me faltó al respeto… y Ric. Oh
Ricardo gracias por defenderme, pero no debías de hacerlo, yo me da pena que…
—Si tu mamá, es casi la mía— dijo él con dificultad. Arrastraba la lengua, lo
usual en un borracho. Sus ojos bailoteaban mientras se tambaleaba. —Pues entonces
tú eres casi mi pequeña hermanita— sonrió débilmente.
Había pasado tiempo, e incluso Andru ya se había ofrecido a manejar el auto.
—Lo puedo hacer yo— dijo Rigo con indiferencia.
Andru se estaba comportando como todo un caballero. Llevó a Ric y a Das a
la salida del Antro para que se despejaran. Sólo nos quedamos Rigo y yo. Andru iba
avisarnos la hora en la que nos marcharíamos. Yo me había quedado en la mesa sola
de pronto. Creí que Rigo me había abandonado, pero no muy tarde comprendí que
había sido amable al llevarme una bebida.
—Sé que te haría mejor un té de tila— me dijo cuando me dio en la mano una
copa transparente que yo reconocí como Vodka Toni. Se sentó frente a mí, en la
mesa redonda—Más cuando no ha sido nada fácil lo que has vivido en estos últimos
días.
—No me subestimes de ésta manera, Rigo. Para ti tampoco ha sido fácil.
—Creo poder con esto— me dijo.
Pocas veces como ésta podíamos platicar sin estar peleando.
—Pero toma, bébela— me pidió—. Ya sabes, yo trabajé en un bar durante
varios años, y a mis 17 años sé preparar las mejores bebidas. Si bien la Vodka Tonic
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no es tu favorita pero sé que te va a gustar.
—¿Quieres decir que tú me la preparaste?
—Especialmente para ti. Yo la preparé personalmente para ti… Sólo para
ti—, en su voz pude apreciar un tono diferente. Me miró con dulzura, otra vez una
imagen a la que nunca le había puesto atención.
Bostecé y me cubrí la boca. Le di un trago a la bebida y efectivamente sabía
deliciosa.
—Ven— le dije—. Dale un trago también.
—No...gracias— me respondió, e intentó hablar con una voz más tranquila.—.
Mi madre se enfadaría conmigo.
—Hace mucho que no te veía tan responsable— murmuré con sinceridad. Di
otro trago.
—Eres, tan, tan diferente cuando no estás con tus payasadas— admití con voz
suave, para que no se sintiera atacado. El me devolvió la sonrisa.
—Suelo aburrir a la gente cuando no las digo. Mírate, tú ya te estás
aburriendo. ¿Te digo un secreto?
Asentí con la cabeza.
—Digo payasadas porque me gusta hacerte enojar.
Sonreí con cautela mientras recordaba lo que hace días me había dicho
Ricardo.
—¿Por qué lo haces tú? Ric ya me dijo que lo hace por…— quise pasar por
alto las palabras que me había dicho, sobre todo esas de: Porque te pones más sexy.
Esperé a escuchar su versión.
—Quizá porque peleando es la única manera en la que me haces caso.
Me erguí de repente. Lo miré asombrada. Le di otro trago a la bebida, y no era
por aburrimiento, pero algo pasaba dentro de mi cuerpo que me empezaba a dar
mucho sueño, un sueño repentino.
—Nunca ha sido mi intención hacerte sentir mal— admití con
remordimientos— es más; no lo había notado.
Él endureció sus facciones.
—No lo habías notado porque no te importo, porque siempre me mandas al
diablo.— sus últimas frases fueron duras. Ya no me miraba.
—Te digo que no era mi intención hacerte sentir excluido. Además yo no
pienso como tú. Siempre me has importado.
—¿Por qué mejor no me dices que te largue y te deje en paz?— casi me lo
gritó—. Así como hace rato me mandaste al diablo con Faby.
Lo miré enfurruñada.
—¡Eres Bipolar! ¿No es lo que te digo? —grité—. ¿Por qué siempre
encuentras la mejor manera de arruinar una conversación amena convirtiéndote en
un completo “idiota” ?
—¿Sabes qué? Piensa lo que se te dé la gana. Voy a ver si ya nos vamos—me
rezongó con mala gana cuando se puso de pie.
—¡Largare!
Y colorin colorado, ésta charla que había comenzado perfecta había
terminado.
Maldita sea ¿era posible que todo me saliera mal?
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Había pasado aproximadamente 20 segundos desde que él se había marchado
cuando al intentar levantarme para irme también un fuerte mareo me devolvió al
sillón. Estaba alejada de la civilización como para intentar hablarle a alguien.
Conforme pasaron los minutos más mal me sentí.
Mi cuerpo comenzó a doblegarse. Todo de repente me dio vueltas. La música la
escuché como si fueran sonidos secos, como si la escuchara dentro de un bote hueco.
Mis manos se me ablandaron. Intenté hablarles a mis amigos olvidando que yo
estaba sola en la mesa, no comprendí hasta qué punto me estaba poniendo mal. Vi
entonces puros cuadritos de colores, pero no distinguí nada, salvo puras sombras,
sombras que se esfumaban de repente y luego volvían. Me sentí como si estuviera
tirada en un lugar con mucha gente que me pisaba, y yo sin poder hablar. Tuve la
sensación de estar nadando en un lugar donde no había agua. Vi entonces todo
blanco, con matices fosforescentes. Comencé asustarme porque de pronto me había
olvidado de todo, luché por quitar esa pantalla de colores y mirar a alguien, pero
sólo lograba que a parecieran más sombras… en alguna parte de mí supe lo que
pasaba. Me había drogado, me habían drogado, ¿Cómo? ¿Por qué? En la bebida…
Entre las sensaciones levantaba mis manos, pero no estaba segura al mismo
tiempo de haberlo hecho. Porque todo me cosquilleaba. A tal grado de no saber de
mí, si estaba tirada, o si todavía estaba sentada en el sillón recargada quizá en la
mesa. Tenía la certeza de seguir en el antro porque todavía en la lejanía de mis
tímpanos, los conjuntos sonidos golpeaban suavemente mis oídos. Estaba dentro de
un oscuro y angosto Laberinto. Quería salir de allí, de ese maldito Laberinto que
comenzaba a asfixiarme. Alguien me había sujetado, alguien estaba junto a mí. Sentí
algo físico por primera vez. Como si estuviera siendo cargada por algo. Imaginé que
flotaba. Intenté preguntar pero no me salían las palabras. No razonaba bien, y muy
lejos escuchaba ruidos que de pronto se transformaban en palabras… en una amena
conversación.
—Güey, Nadie lo sabrá, ella ni siquiera sabe quién es— había dicho una voz
grave, la sentí conocida, pero…—. Te dije que éste polvito era súper efectivo, y
ahora la chavita es tuya.. Tus perversas fantasías echas realidad— había reído. Me
raspé la cabeza intentando encontrar entre mi memoria a qué voz pertenecía, sólo
sabía que la conocía. Alguien acarició mis piernas… la negrura de mi vista me
estaba haciendo caer dentro de un abismo. No quería dormirme. Intenté gritar.
—¿Neta nadie vio?—dijo la otra voz, igualmente conocida.
—Te digo que nadie, ándale métela allí. Ya hasta hay un colchoncito para que
ésta mamacita no se nos mayugue— volvieron a reír—. Ésta estúpida creyó que yo
jugaba, de verdad ésta zorrita creyó que no me las iba a pagar… pues está bien, aquí
voy,. Además está bien buena, mira nada más que piernas ¡Dios mío!
Sentí que toqué algo suave, pero seguí sin mirar nada. Aunque comenzaban a
despertar otros sentidos que habían estado muertos antes.
Intenté moverme, pero ya no podía… sólo sentí unas manos largas que
comenzaban a acariciarme todo mi cuerpo… un perfume… ese olor. ¡Dios mío no
podía ser!
Con dura agonía comprendí las últimas secuencias de la noche. Esas palabras
de:
—¡Yo mismo te preparé ésta bebida!
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—¡Rigo!— escuché mis palabras salir de mi boca—¡Por qué!
Era su perfume, Dios mío, por qué me hacía esto… No. Debía de ser un
sueño, debía de ser un sueño.
—¡Rigo! ¡por..por favor!.. ¡No me.. Hagas..daño!
Él sonrió.
—Mi amiga, mi hermosa amiga. No sabes desde cuando te he deseado. Desde
cuando te hemos deseado.
Caí en un profundo sueño. Y no supe lo que pasó después.
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SEGUNDA PARTE
Rumbo
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9
Mensaje
_____________________________________________________________________
*Rigo
R
igo, ¿“Cómo diablos pudiste hacer eso?— me arremetió Andru tomándome
del cuello con violencia.
—¡Andru!— Das se interpuso entre nosotros.
—¡Déjame en paz!— le grité, —Y no vuelvas a ponerme tus manos encima
¡porque te parto la cara!
—El que te va a matar con sus propias manos soy yo, si le llega a pasar algo
malo a Estrella por tu culpa. ¡Perro desgraciado!
—¡Hijo de put…— le propiné un golpazo en la cara y él cayó encima del
sillón del hospital.
—¡Basta!— gritó Das aterrada.
—¡Te voy a matar!— me gritó Andru cuando se levantó endemoniado.
—¡Hey! ¡Tranquilos chavos!— nos gritó el papá de Ric cuando entraba
corriendo por el pasillo derecho sujetando después a Andru—, o los van a sacar de
aquí. Ric está borracho y no sabe lo que ha pasado, pero muchas gracias por
avisarme Das, tu mamá sabe que estas aquí. Es una fortuna que tu padre no esté en
casa. Y ustedes muchachitos desubicados es mejor que se tranquilicen si no quieren
que los saque yo mismo de aquí.
Mi sangre me comenzó a hervir de arriba abajo.
—¿Están más tranquilos?— nos preguntó. Ninguno respondimos, pero por la
actitud que tomamos Mauri dejó de sostener a Andru, —Ve a que te revisen, o se te
va a hinchar.
Andru sólo me miró con llamas en sus ojos, pero negó con la cabeza. Se fue
a sentar al próximo sillón en donde permanecía una señora asustada por el
percance.
—¡Sufrió una sobredosis de Metanfetaminas! Mauricio— le advirtió Das
mientras lo abrazaba llorando.
—Algo me has dicho ya— admitió él abrazándola también.—Ella se
encuentra mejor, me lo han revelado en los expedientes que le pedí a la
recepcionista cuando llegué.
—¿Se va a poner bien verdad?— preguntó ella desasosegada.
Mauri asintió con una sonrisa.
—Tranquila princesa, todo va a estar bien, y Estrella probablemente en unas
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horas esté de regreso en su casa.
—No le digas nada a sus tías y mucho menos a sus padres, ¡por favor!— le
suplicó ella. Me recargué en la barda lisa del hospital mientras escuchaba
intranquilo, pensando en lo que había hecho.
—Afortunadamente el estado de salud de Estrella es estable. De otra manera
no hubiera esperado a que nadie me dijera nada. Inmediatamente me hubiera
comunicado, no con sus tías, sino con Verónica e Israel Basterrica. Una vez que
Estrella despierte me encantaría platicar con ella, para ver cómo es que vamos a
manejar esto que ha pasado. Me siento con la responsabilidad de hacerlo ya que yo
también soy padre, y no obstante amigo de Israel. Lo conozco apenas desde hace
tres años, y sin embargo la amistad que ésta preciosa niña como ustedes, ha tenido
con mi hijo me hace estimarlos demasiado. Él nunca había tenido amigos como
ustedes hasta que entró a éste Instituto. Y les tengo mucho que agradecer, él ya no
quería estudiar, y fueron ustedes quienes lo impulsaron. No sé qué haría si le
llegase pasar algo malo a mi hijo. Erika, tu mami, ha sido una gran influencia para
él. Pero ¡Bah! Éste no es momento para hablar sobre esto. Quiero llevarte a tu casa,
es muy de madrugada y no quiero que Erika se mortifique.
Mauri era un gran hombre, y pese a que tenía un hijo de 18 años, al mismo
tiempo no parecía viejo. Era apuesto y bien parecido. Y no se había vuelto a casar.
Era tan alto como Ric. Sus rizos eran más cortos, pero igual de definidos. Con 36
años no parecía ser lo suficientemente gruñón como otro padre en su lugar.
Los oscuros ojos verdes del Mauri se posaron sobre los míos. Inexpresivos.
—Fui yo quien le dio esa bebida… fui yo… y no merezco estar aquí…
Con una prisa insuperable salí corriendo entre la triste noche que desde su
cúpula goteaban lágrimas que se atizaban sobre mi rostro.
Probablemente fueran ya las 4 de la mañana, y no tenía sueño. Corrí por las
calles nocturnas en donde no había rastro de vida. Vagabundeaba por allí, sin saber
a dónde ir. La oscuridad sólo impedida por los faros de las lámparas de la calle con
luz se rehusaba a perdonarme. Me olvidé de todo, hasta de que existía. Llegué y me
senté en el jardín principal del centro, luego caminé entre la construcción de la
nueva plaza de las fuentes que construían a las afueras de la grande catedral de
piedra de la ciudad.
Cuando llegó el alba y la gente reapareció desde sus primeras luces que
chorreaba la alborada parecí comprender un poco lo que había hecho. Toda la
noche había estado en la calle, caminando como alma en pena, con frío y sólo. A
pesar de ello no estaba cansado de los pies, pero sí de vivir. Las campanas de las
iglesias me decían que mirara el reloj. Ya eran más de las 11 de la mañana.
Corrí de retorno hasta el hospital Santa Rosalía y disminuí mi caminar
cuando a través de varios kilómetros atravesé las elegantes puertas de cristal del
hospital particular.
—Señorita— le dije agitado a la enfermera joven de tez pálida que reposaba
en la recepción, —Estrella Basterrica, ¿Cómo se encuentra? ¿Puedo, puedo pasar a
verla?
Me miró con despectiva dureza. Mis ojos estaban hinchados tal vez a la falta
de sueño, y mi rostro demacrado por mi dolor interno.
Tecleó unos minutos hasta que me dijo.
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—Hoy por la tarde va a ser dada de alta.
—¿Puedo verla?
—¿Quién es usted joven?
—Su novio.
—Habitación “7”
—¡Gracias!
Cuando llegué al segundo pasillo observé a Das, estaba acompañada de
Helu. A juicio por la Vestimenta de Das, ella había ido a dormir a su casa. Traía
otra ropa y sus dos colitas. No creí que tuviera el mismo aspecto que yo.
Ambas me miraban con odio. Con demasiado rencor y desilusión. No me
atreví a saludarlas. No me atrevía a nada, absolutamente nada.
—¿A dónde vas?— me dijo Das con frialdad.
—Quiero verla— admití con insuficiencia.
—Ella no te quiere ver.— me dijo una vez más. No había el menor rastro de
estimación hacia mí en su rostro. Quizá lo entendía.
—No le hagas más daño del que ya le has hecho. Del que ya nos has hecho.
¿Por qué Rigoberto? ¿Por qué lo hiciste?—Ella se levantó y se acercó a mí. Sus
ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
—Nunca fue mi intención que esto terminara así.
—¡Sínico!— me gritó luego de darme una fuerte bofetada que me dolió más
que su adversidad.
Corrió y se sentó junto a Helu. Pero yo no las miré.
—Ya no le hagas más daño y aléjate de nosotras— fue Helu quien lo dijo.
Abrí la puerta de repente y allí estaba ella. Se sobresaltó y me miró con
miedo. Tenía mal aspecto. Estaba blanca, ojeruda. Pero aún así era bella. Se hundió
entre la cama y se cubrió con la sábana blanca.
—¡Vete! ¡Vete!
—Por favor Estrella, ¡Perdóname! Yo no quería que esto pasara…
—¡Vete! Voy a gritar. Déjame, no quiero que me vuelvas a tocar, ¡vete!
—Estrella ¡te lo suplico!— me hinqué en el pie de la cama, me fui de
rodillas hasta su cabecera, en donde estaba ella. Lloré, sí, y no lo niego. Me dolía
que mis amigos me trataran así. Pero más ella, de quien estaba enamorado.
—Por favor Estrella, ¡perdóname!
—Que te vayas. ¡Me das miedo! Voy a llamar a seguridad.
Ella comenzaba a estremecerse.
—Entiéndeme, yo no sabía que la bebida te iba a provocar…
—¿La bebida? ¡Te supliqué que no me tocaras! ¡Que me dejaras en paz!
—¡Pero yo no te he tocado! ¿De qué me hablas?
—¡¿Dime qué fue lo que me hiciste?! No recuerdo nada. ¡Dime por qué lo
hiciste!
—Yo no te hice nada.
—¡No me mientas!— me gritó con dolor. Das y Helu entraron corriendo.
—¿Por qué lo dejaron entrar después de lo que me hizo?— les gritó a ellas.
—Rigoberto, sal de aquí— me dijo Helu con voz media, pero con aspecto
fuerte, —Vete. ¡Eres despreciable! ¿No te da vergüenza? ¡Deberíamos de haberte
denunciado! Intentaste aprovecharte de tu propia amiga. Si es que no lo hiciste.
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—¡Yo no me he aprovechado de nadie! Eres una ¡Estúpida!— le grité a
Helu.
—¿Estúpida yo? No me hagas reír “Amigo”
Algo no andaba bien en todo esto y quería saberlo ya.
—Explíquenme lo que pasa. Jamás me he aprovechado de Estrella,
escúchenme. Cometí un error al darle la bebida. Lo sé. Seguramente en un
descuido alguien le puso algo, pero jamás fue mí…
—¡La bebida es lo de menos!— me gritó Helu—pero qué hay de lo otro,
intentaste ¿violarla? O lo hiciste.
—¡Yo no he violado a nadie! ¡De qué diablos me están hablando!— grité lo
más fuerte que pude.
—¿Por eso están así conmigo? ¿Por qué creen que la lastimé? Das, tú ayer
no estabas así de indiferente conmigo, ¿por qué lo estas ahora? ¿Quién te dijo,
quien les dijo que yo hice eso? ¿A caso no estaba con ustedes cuando Braulio salió
corriendo y nos dijo que habían encontrado a Estrella muy grave? ¿No estuve con
ustedes todo el tiempo? ¿No te dije lo mal que me sentía cuando el doctor me dijo
que había sido por una droga en la bebida? ¿No te dije que quien la puso no fui,
yo… cuando fui al baño alguien debió de hacerlo? ¡Por eso perdóname Estrella!
Por ser un irresponsable, pero dime qué es eso de que me aproveché de ti…
Ellas se miraron impactadas.
Estrella comenzó a sacudir la cabeza.
—Pero eras tú… dije tu nombre y tú no me lo negaste… olía a tu perfume…
el que le prestaste a Ric, era el olor, además conocía esas voces… si bien no estoy
segura de que fuera la tuya… ¿Pero lo demás?
Esto era increíble. ¡Maldita sea! Alguien se había hecho pasar por mí.
¿Cómo era posible?
—Das— la miré, —Dile lo que ocurrió con el perfume cuando estábamos
con Fabiola y tú con Ezequiel.
Ella asombrada la miró comprendiendo por fin.
—Antes de que Ric me defendiera de Ezequiel, Rigo le ofreció de su
perfume para que me conquistara, “Según él”
—¿Quieres decir que Ezequiel?
—No, no, no— dijo Das— El perfume no lo traía Rigo, y mucho menos
Ezequiel. Alguien se lo robó de la chamarra cuando la dejó en la mesita que estaba
junto a Faby. Yo puedo confirmarlo, lo buscamos y no lo traía. Además. Oh
Estrella, ¿Cómo puede ser tan estúpida? Es obvio que Rigo no te hizo nada si todo
el tiempo estuvo con nosotros, pero hoy en la mañana cuando nos lo dijiste… no lo
sé, evidentemente Helu no sabía nada, y yo estaba aturdida por lo de ayer…Rigo
perdóname por favor, perdóname. ¡No llores!
Das se tiró en mis brazos llorando. Yo también lo hacía. Me sentía muy
confundido y conmocionado.
Estrella también nos imitó. Estaba llorando, corrí hasta ella y me acosté casi
en la cama mientras la abrazaba con todas mis fuerzas.
—¡Oh Rigo!— dijo ella.
—¡No pasa nada corazón!— le dije mientras ella lloraba recargada en mi
pecho.
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—¡Perdóname! ¡Por favor! Es que me dolió tanto pensar que tú… Oh Rigo
¡te quiero tanto!, soy una Tonta, tonta, tonta…
—¡No te preocupes princesa!—le dije mostrando explícitamente mis
sentimientos, —Pero no te preocupes, que yo voy a descubrir quien intentó hacerte
daño, yo lo voy hacer y te juro que cuando lo descubra… lo voy a matar con mis
propias manos.
Le besé la mejilla.
Había pasado una semana sin ningún acontecimiento destacado. Ellos no
volvieron. Tampoco había llovido, aunque ese lunes 7 de junio no parecía respetar
las normas de los últimos días. Las nubes negras desde muy temprano se
apoderaron del cielo.
Estos días había permanecido ansioso, por muchas razones obvias, pero entre
las más relevantes estaban mis ganas por descubrir a los malditos que quisieron
aprovecharse de mi amiga. Según ella supo que al final ninguno le había hecho
ningún daño, salvo el susto.
—Debes de ir a visitar a un psicólogo— le había dicho el martes cuando
terminamos de ensayar el vals de Graduación. Me tocó bailar con “Margaret” una
compañera arrogante de mi clase —Temo que esto te traiga repercusiones.
Ella me había mirado con esos ojos suyos, verdes e iluminantes, como un par
de destellos.
—No me traerá repercusiones— me respondió luego de tomarme del
brazo,—y, bueno, en realidad hay una razón que hace que no me traume… como
probablemente me hubiese sucedido si… bueno, en otra circunstancia.
No me dijo esa circunstancia, pero prometió hacerlo algún día.
Me era inútil apreciarla de otra manera que no fuera mi amiga. A veces me
sentía mal por ello. Pero no me importaba. Me bastaba con mirarla sonreír, hacía
que su sonrisa se introdujera dentro de mi pecho instantáneamente. Su sonrisa me
hacía feliz. Era como una preciosa joya que yo jamás iba a poder tener, por ser un
simple mendigo careciente de dinero, de físico y carácter.
—¿Por qué no sales con nadie?— Me había dicho Ric constantemente. No le
había revelado que amaba a Estrella y no comprendo por qué.
—Mira mi buen— me dijo él, —Estás derrapando por alguien y no me lo
quieres decir. ¿Quién es? No hagas de esto algo más intenso.
—Ric, neta, si te digo quien me gusta “Te juro que te arrastras de nalgas por
todos los Estados Unidos Mexicanos”
Ric reventó en carcajadas y ya no me siguió atajando sobre el asunto.
Sólo estaba seguro de que no podía fijarme en otra chica. Ninguna otra chica
me hacía poner mis emociones al límite. Ponerme bipolar, como Estrella me lo
aseguraba. Como ella me ponía. Tantas cosas que a veces pensaba decirle, las
analizaba en mi cabeza, incluso ensayaba los gestos que debía de tener dependiendo
del momento, pero todo para qué… si más tardaba en aprender mis mejores
parlamentos y gestos que en lo que se me olvidaban cuando Estrella aparecía. Me
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pregunto si a todo el mundo pasa por esto.
¡Maldición! Siempre pensando en ella y en sus desplantes. Incluso ahora que
me encontraba en el taller mecánico automotriz pensaba en ella. En cada balata la
veía a ella, incluso entre el aceite negro y chamuscado que fluía dentro el embudo
cuando afinaba a un Nissan, su resplandeciente figura me sonreía. Sé que no es nada
romántico mirarla en las balatas y en el aceite chamuscado. Pero así me traía.
Por si fuera poco, yo era de esos chicos que nunca se las ingenian para
cometer tonterías, pero que cuando están cerca de la chica perfecta por más que
intentan hacer algo bueno para agradarle, siempre terminan haciendo el ridículo.
Más bien me parecía ridículo pensar que algún día ella se pudiera fijar en mí.
¿Por qué entre más se quiere y ama a alguien, más difícil se vuelve obtenerlo?
El líquido del cielo cayó rompiendo la capa que lo impedía.
Otra mujer que amaba y me preocupaba era mi madre. Esa mañana la había
encontrado llorando. No teníamos dinero para la fiesta. Me supongo que iba ser en
vano ensayar el vals de graduación con Margaret. Necesitaba 1´520 para la
recepción que para mí era algo imposible de tener junto algún día a comparación con
otros de mis compañeros. Con lo que ganaba difícilmente me alcanzaba para
comprar lo necesario del Instituto y valerme por mí mismo una semana, así como
ayudar a mi madre.
¿Y si le pedía prestado a Ric?
No.
No sé qué iba hacer, pero yo tenía que asistir, tenía que ir. Además tenía que
ahorrar dinero para comprarle a Estrella una pequeña vaca de peluche “Sus
favoritas” que constaba 320 pesos.
Regresé a casa embarrado de aceite y oloroso a gasolina. Me bañé. Me puse el
uniforme y elaboré mi peinado de picos. Mi pequeña casa con piso de cemento y
bóveda de madera pus no era elegante pero servía para vivir. Ahora estaba vacía.
Alfredo, mi hermano tenía 8 años y estudiaba el tercer año de primaria.
Sujeté ésta vez mi patineta. Mi bicicleta estaba ponchada de una llanta.
Entre el trafico de la calle esquivé autos y más autos de forma chidísima a
pesar de que las calles estaban resbalosas por la repentina lluvia que había caído dos
horas atrás. La neta es que era un patineto de los mejores, y lo mejor de todo es que
en octubre iba haber un encuentro en la segunda ciudad más importante de México,
la capital de Jalisco, Guadalajara.
Llegué a tiempo esa tarde, y ya en el salón coloqué mi patineta al fondo del
aula.
No me pareció una buena cara la que traía Helu y mi bella Estrella, que
ahora llevaba su cabello suelto y su estrella de color rosa en su costado de la nuca.
Ésta vez no me recibieron con la sonrisa acostumbrada, había ocurrido algo, y me lo
intentaban decir.
—¡No manchen!— les dije dedicándoles una sonrisa— tienen una muy mala
cara.
—Y tú un mal trasero— respondió Estrella con una sonrisilla nerviosa,
—Deberías de hacer ejercicio.
—“No creo que sea esa la razón por lo que traen esas caras ¿verdad?”— me
enfurruñé.
Helu sacudió la cabeza.
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—Cuando se ponen pesaditas no hay quien las aguante— les dije.
Estrella hizo un gesto poco lindo y repentinamente se acercó a mí. Tensa
pareció luego que se miraba las manos.
—¡Ven!— me dijo exclusivamente a mí.
Me tomó del brazo y sacó un pedazo de lienzo hecho bolas que traía en su
mochila y me jaló hasta el barandal del tercer piso.
Nos detuvimos justo al final, y entonces lo desenvolvió.
—Míralo— me advirtió mientras ella se giraba y se recargaba justo en el
barandal, como si mirara a los árboles que se formaban en línea en todos los
edificios que se apreciaban desde allí.
En la pintura había una magistral y fiel representación con colores verdes y
fuertes, por alguna razón el cielo estaba oscuro con diversas figuras como si fueran
meteoros, ¡era extraordinaria! Sin embargo me llamó más la atención la imagen que
estaba debajo de ese cielo, era una perfecta fotocopia del parque ecológico las peñas
que se encuentra en el oriente de Ciudad Guzmán, por donde sale el sol. Un lugar
chidísimo y gigantesco, todo el sur rodeado por montañas verdes bordadas con
árboles frondosos y piedras magnificas, pegadas justo entre esas montañas verdes.
Allí se respiraba la libertad, con sus pajarillos cantando y los deportistas jugando en
los campos deportivos. Incluso las leyendas figuraban tal y como sucedía en el
nevado de colima, una de ellas narraba la historia de un par de piedras con la
fachada de rostros gigantes, nombrados por la leyenda los compadres: Cuenta la
leyenda que durante una romería, un hombre y una mujer que eran compadres
cometieron adulterio y como castigo fueron convertidos en piedra.
Pero en fin, no era ese el punto a tratar, sino la pintura, una belleza de pintura,
parecía casi real, sentí como si de allí pudiera salir el viento mismo… era
sorprendente, el vivo retrato de ese lugar… increíble, ¡Guou!
—¿Fue Das quien la pintó?— pregunté impresionado. Ella pintaba en óleo.
Valla, que belleza de pinturas—. ¡Está perrísima! Sobre todo esos efectos del cielo,
que a pesar de que en la pintura el cielo es oscuro, se ve claramente cómo los vivos
colores reflejados por el sol hacen que las montañas reciban un color excepcional,
como si fuera pleno medio día, y sin embargo cuando miran el cielo, es como si
miraras el universo desde allí… mira, ¿ésta es una constelación?… porque…
—Rigo, ¡basta!— me detuvo con tranquilidad incómoda. Dejé de reír y me
dediqué a observarla con cautela. Ella me veía consternada.
—Das no la pintó— me dijo, —Pero fue ella quien la encontró, al salir de su
casa. Pegada en la ventana, enrollada. Al principio creí que era broma, pero sé que
ella es incapaz de hacernos este tipo de bromitas…
La contemplé por un momento intentando comprenderla. Luego volví a mirar
la majestuosa pintura como de 50 por 50 centímetros de largo.
—¿Dónde está ella?— quise saber. No la había visto en el salón.
—Ric la acompañó a la cafetería. Está preocupada.
—¿Por una simple pintura?— cabe mencionar que lo de simple no lo decía por
la estupenda imagen, sino por las consecuencias que había traído con Das. Era
hermosa la pintura, pero no como para traumarme, aunque creo que yo me estaba
traumando de verdad. “Es que era el vivo retrato del parque ecológico las Peñas” sus
montañas, sus árboles, oh el cielo…
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PEÑA
CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
—Sucede que no es una simple Pintura. Mira el manuscrito de abajo— su uña
larga pintada de color rosa fiusha adornada con perlitas blancas señaló unas
pequeñas letras escritas en manuscrito. Con una letra acabadamente correcta.
Ocho de Junio a las 6:30
Fruncí el ceño mientras me acercaba más a la pintura. Intenté alisarla un poco.
Estaba algo arrugada.
—¿Es la fecha de mañana?— le pregunté no estando muy bien seguro. Ella
asintió con la cabeza. —Pero es que…
—Ellos quieren que vallamos allí, es una especie de… De mensaje. Por medio
de una pintura.
—¿Qué?— me pareció absurdo. Escuchar la palabra ellos no fue un buen
aporte para mi día que hasta hora iba casi perfecto—. ¡Podría ser la fecha para el
2077!
—Lo estuvimos analizando desde hace rato y llegamos a ésta conclusión.
Llegamos más temprano de lo normal, y pues bueno, es una suerte que ésta primera
clase no la hayamos tenido.
Intenté comprender lo que acontecía.
—¿Por qué no me avisaron para llegar más temprano también?— le reproché
indignado. Ella me volvió a mirar asombrada.
—Trabajas, Rigo. Además ya lo sabes ahora. No cambia nada.
Estrella me quitó la pintura y la envolvió doblándola cuatro veces. La puso
en la mochila.
No le dije nada. Incluso desde ese momento adopté una actitud preocupante
mientras farfullaba.
Más de una vez había descubierto en su cara una expresión de terror que
ocultaba al adivinar que la estaba mirando.
—¿Qué mañana no es el examen final de Administración? La clase la tenemos
a las 6:00 p.m. exactamente, y aunque termináramos pronto el examen no podríamos
llegar exactamente a las 6:30 de la tarde si es eso en lo que están pensando. En ir.
Creí que tenías miedo.
—Y yo creí que ustedes iban a estar conmigo en esos momentos de miedo.
¿No me lo dijeron acaso?
Lo recordé.
—Además te tengo noticias mi vida, como ustedes lo dijeron, “Todos estamos
envueltos en esto”
No le respondí. Me recargué en la barandilla blanca y medité mientras veía
que Ric y Das se dirigían al edificio. Ella nos observó desde abajo inexpresivamente
y Ric me saludó haciendo la seña de “Amor y paz” con sus dos dedos. Le devolví el
saludo de la misma manera.
Seguí a Estrella, que intentaba encontrarlos en las escaleras. Ellos subieron
lentamente. Das me saludó con un beso en la mejilla. Tenía un aspecto desagradable,
como cuando sabes que un familiar tuyo está desahuciado.
—Estrella me puso al tanto— les dije. Ellos asintieron y Estrella masajeó sus
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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sienes.
—Karla Vanessa aplicará el examen mañana y no habrá otro día. Es sobre un
examen general de PYMES — nos dijo Das con un temblor en sus labios, —Sino lo
presentamos, de nada han de haber servido los tres años en el Instituto que hemos
estudiado. Incluso también mañana tenemos que entregar el ensayo de literatura de
Juan José Arreola, y tú Rigo, recuerda que debes de entregar también el ensayo de la
obra de William Shakespeare; Macbeth, y de Contabilidad debemos de entregar la
Información contable. Activo circulante. Operaciones. Flujo de efectivo e
Inversiones temporales.
Mmm. Casi lo tenía todo hecho. Casi.
—Lo podemos resolver de alguna manera— dijo Ric después de un estornudo.
—¿Cómo?—Dijo Das verdaderamente preocupada—En lengua Extrajera
saqué 98, oh y mañana entregan calificaciones de cálculo y de informática no creo
estar segura de haber analizado bien el programa de contabilidad Contpaq.
—Okey, okey, tranquila y con respecto a cómo solucionar esto, pues
sinceramente no estoy muy bien seguro de qué hacer— respondió mi Amigo
inclinando ambas cejas. Suspiró, —Pero sé que algo se me va a ocurrir.
—Entonces es un hecho que mañana vallamos a ese lugar ¿no?— les pregunté
teniendo mi mirada clavada en el suelo.
—Tengo, algo de… temor— dijo Das, —Lo saben.
—No es necesario que vallan ustedes— le aseguró Ric tomándola del brazo y
mirando a Estrella acogedoramente.
Ésta última reaccionó de manera espontánea.
—Ni lo sueñes Ric. Vamos a ir con ustedes.
Helu nos esperaba sentada en su mesa banco. Parecía tener pocas ganas de
platicar con nosotros. Toda la tarde se la pasó seria, y sinceramente no fue la única.
Sentí una especie de nauseas dentro de mi estómago. Como con ganas de ir al
baño. De esas veces en que la gente se siente nerviosa y se muestra afanosa.
—Hay una manera de suspender el examen de mañana— aseguró Ric con
seriedad. Mostrando un rostro raro que yo conocía.
—¿Así?— casi lo gritó Das emocionada.—¿Y cómo?
Nos miró con una sonrisa maliciosa.
—Usando el método de asesinato que planeamos con don Libasteo. ¡Hay que
matarla!
Me carcajee, pero más bien me reía por los nervios. Las chicas pusieron los
ojos en blanco.
En la cafetería volvíamos a ser los mismos chicos risueños de todos los días.
Pero mientras Ric nos llevaba a casa la necesidad de gritar casi nos estaba
dominando. Dentro de Sebastián ya no tenías por qué fingir alegría, y ni siquiera
fingir entusiasmo.
Amalia, mi madre era una mujer de mi tono de piel. De algunos 163
centímetros de estatura y un poco corpulenta. Su cabello era corto en melena y lacio.
Me recibió con un abrazo y un beso en la frente. La cena estaba servida y Alfredo
hacía la tarea.
Más tarde me recosté en la cama de arriba de mi litera.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
Mientras yacía sentado me dediqué a observar a la ventana que estaba
empañada por el frío de la noche. Tuve el tiempo necesario para recostarme después
de quitarme mi pantalón y mi camisa dejándome sólo el bóxer.
—Oye Rigo— me llamó el pequeño Alfredo desde su cama con una voz que
parecía estar más dormida que despierta—Tienes razón. Lucy, mi compañerita me
gusta mucho— me recosté de panza y asomé mi cabeza de tal forma que él me viera
desde su cama. Lo miré, él estaba acostado, como soñando despierto con una abierta
sonrisa, —¿Qué debo de hacer para enamorarla? Tú ya has tenido a chicas bonitas…
¿Crees que a ella también le gusten las vacas como a Estrella?
Le sonreí.
—Claro “carnal” Tú puedes enamorarla, eres bien galán. ¿Por qué lo dudas?
—No lo sé— me respondió con otra inocente sonrisilla.—Soy pobre, y, pus
José, mi amigo me dijo que eso no importaba, que lo único importante era que ella
viera mis cualidades y se enamorara de mí, tal y como yo estoy de ella. Pero creo
que podría ayudar si le regalo una vaca de peluche. ¿Crees que funcione?
Sentí un nudo en la garganta. Era exactamente lo que yo estaba intentando
averiguar, ¡La vaca milagrosa! ¿Eso funcionaría? Era mi caso, y mi carnal claro que
estaba equivocado. Mi hermano a veces hablaba como gente grande. Era muy
inteligente, muy inteligente. No me hubiera gustado que él se desilusionara cuando
descubriera que en la sociedad actual sí es importante que un chico tenga dinero para
poderle caer bien primero a la chavita y posteriormente a la familia. Empero no
podía desilusionarlo desde ahora. Era pequeño, estaba en la edad del síndrome del
chiquillo pobre enamorado que le quiere regalar vacas a las conquistas. ¡Vaya! Si le
decía que eso no iba a funcionar y que mejor ni lo intentara porque iba a sufrir
significaba tener que explicarle mi situación. El sabía que Estrella me gustaba, pero
con la idea de que yo no quería tener nada con ella… cuando probablemente era al
revés. Yo era su ídolo, por ser su hermano mayor, y no tenía el valor de decirle algo
que le iba a doler.
Las chicas sexys e inteligentes saben que pueden hacer oro con sus sonrisas y
con sus cuerpos si los saben explotar adecuadamente.
—Siempre funcionan las vacas carnal— le dije al final, —siempre.
—Oye Rigo— me preguntó otra vez.
—¿Qué?— le dije.
—¿Crees que si mamá le hubiera regalado una vaca a papá, él no se hubiera
ido?
El nudo se anudó otra vez. Pensándolo bien mi hermano no era tan inteligente.
—Duérmete ya— le dije secamente.
Me acomodé en mi cama y me hundí en ella intentando no pensar en nada. ni
en mi padre, ni en mi madre y ni siquiera en… ellos.
—Oye Rigo— me atajó otra vez.
—¿Qué?
—¿Crees que ya debería de comenzar a afeitarme? Creo que ya tengo barba.
Sirvió para reírme.
—Aféitate con un pedazo de chicle— le dije riendo.
—Mmm— murmuró. Me quedé despierto un rato en espera de un “Oye Rigo”
todas las noches me preguntaba cosas. Era divertido responderle y yo escuchar sus
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tonterías. Incluso a veces me sentía viejo, como si llevara el rol de padre.
Aunque no siempre eran cómodas sus preguntas, como por ejemplo una vez,
que… Me encontró en pleno acto sexual en la recamara con una novia que había
tenido hace un año. No vio mucho porque estábamos tapados pero de todas
maneras… fue incómodo.
—Oye Rigo— me había dicho aquella noche, —¿Por qué golpeabas a tu
novia?
Recuerdo que me había puesto rojo.
—Yo, bueno, no… no le dijiste a mamá nada de lo que viste ¿verdad? Pero
no, carnal, yo no la estaba golpeando…
—¿Entonces por qué gritaba?
¡Uff!
Estos niños de ahora. A veces pecan de ingenuos.
Mi hermano se fue a la escuela a las ocho menos treinta, y yo, después de
desayunar me puse la ropa de trabajo y luego revisé mis proyectos que tenía que
entregar. Das se había ofrecido ayer mientras veníamos a casa en Sebastián ha
ayudarme con la tarea de Literatura, y en lo de Informática me iba ayudar Ric,
mientras que Estrella me iba a poyar en lo de conta.
—¿Qué me pasa?— me dije con lentitud mientras me miraba en el espejo del
baño.
El espejo es el único objeto en éste mundo que no te va a engañar jamás, él te
refleja cómo eres y lo que eres, por lo menos físicamente. Gracias a eso me di cuenta
de que poco a poco estaba convirtiéndome en una monomanía personificada.
¡Un sueño no podía ser más fuerte que yo! ¡Un sueño no podía perturbarme o
traumarme! ¿Por qué a mí? ¿Por qué siempre soñaba esas cosas?, y lo peor de todo
es que desde que era niño había tenido estas alucinaciones dormido.
Ésa madrugada había tenido una espeluznante pesadilla: un hombre envuelto
en una capucha negra había torturado a otro hombre más viejo… y por supuesto no
era extraño que soñara con éste tipo de cosas.
Soñaba con cosas extrañas que a diferencia de otros personas, yo no predecía
el futuro por medio de los sueños, como suele ocurrir a menudo, sino que descubría
el pasado… algo simple fue cuando alguien envenenó a mi perrito, durante una
semana le lloré cuando era niño, quería descubrir quién lo había hecho, y entonces,
una noche que dormí, el sueño me llevó al pasado, semanas atrás de que mi perro
muriera y descubrí quién lo había hecho, descubrí con coraje quién lo había
envenenado… así había vivido por muchos años: descubriendo cosas del pasado por
medio de los sueños. Bastaba con que trajera por mucho tiempo en mi cabeza lo que
me agobiaba y luego soñaba lo que me interesaba.
Descubrí mucho tiempo después que mi padre no había muerto como hace
nueve años mi madre me lo hizo creer, sino que nos había abandonado por irse con
otra mujer… soñé cuando él se marchó de casa y mi madre lloraba suplicando que
no lo hiciera. Incluso fue de esa manera como encontramos hace tres años a mi
hermano cuando fuimos a Guadalajara y se perdió… me tuve que dormir para mirar
el pasado, y descubrí a donde se había ido o quien se lo había llevado. En esa
ocasión mi sueño me dijo que una viejecita que vendía al salir de un templo lo había
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encontrado, y así mismo el sueño me dijo en dónde vivía esa mujer.
Nunca le iba revelar esto a nadie. Jamás. No me creerían, porque yo mismo no
puedo creer lo que me pasa en mis sueños y mis pesadillas, y probablemente nunca
lo descubra. Temía que me tacharan de loco, pero fuera casualidad o coincidencia,
muchas veces mis sueños me habían ayudado… es un misterio soñar, pero es más
misterioso descubrir por medio de ellos cosas del pasado…
Le di muchas vueltas a mi cabeza, incluso intenté tomar líquido quita
cochambre, de ese que mi madre utilizaba para quitarle la mugre a los trastes…
quizá de esa manera podía encontrar el significado de mi pesadilla. Pero me harté,
no suelo tener paciencia. Así que decidí olvidarlo todo, aunque sea por ahora…
extrañamente no tenía ñañaras pensar que probablemente esa tarde volveríamos a
ver a esos… entes.
La mañana en el taller transcurrió con mucho trabajo, y eso me gustaba, si
había más chamba, pus ganaba más. ¡Qué chido! Tenía que echarle muchas ganas.
Mi graduación, quería que mi madre se sintiera orgullosa sentada en una de esas
mesas elegantes… quería llevarla a mi fiesta, a la fiesta de su hijo… quería llegar un
día de estos y decirle: Mire, ya pagué la mesa. Póngase el vestido que tanto le gusta
y…
Oh, ese era mi objetivo. Ojala y no se terminen las mesas.
Cada vez que pensaba en los gastos, más difícil se me ponía la meta.
Necesitaba rentar un traje, los de Ric no me quedaban, él era muy grandote. Un par
de zapatos negros, los míos ya estaban más viejos que mi abuela Adolfina…
Además también estaba en mis planes ajustar dinero para comprarle esa
vaquita a mi bella Estrella.
De regreso a casa todo el tiempo tuve mis audífonos en mis oídos. Con la
música a todo volumen. La Arrolladora Banda Limón me hacía recordar con algunas
de sus canciones a mi ¡niña bonita! Mientras que Nigga, don Omar, y Daddy Yanke
me hacían olvidarme de todo lo demás, incluso hasta de lo que era mi objetivo
principal; Olvidarme de esa maldita pesadilla.
Llegué a clase un poco tarde por el trabajo, bañado y cambiado, más no me fue
posible afeitarme pues me hubiera demorado todavía más.
Otra vez usé de transporte mi patineta. No creí volver a usar mi bicicleta en
estas últimas semanas, hasta que tuviera más dinero para parchar mis dos llantas.
Al llegar al salón la hermosa maestra Carolina me dijo que podía entrar.
Obedecí y miré a todos mis compañeros. Les dediqué una amable sonrisa traviesa a
cada una de mis amigas… pero…oh no… algo comenzaba a estar mal otra vez. Sus
caras no eran buenas, estaban tensas otra vez… aunque ésta vez intuí a qué se debía
tal preocupación. Ric no estaba en ningún lado. Y tampoco su mochila, como para
decir que había ido al baño.
—Corazón, tengo la sospecha de que estarías más cómodo en tu silla, mi vida.
—Oh— le dije a la Maestra Carolina, que como siempre nos decía las cosas
de una manera bien chida. —Lo siento, ya me voy a sentar.
Me dirigí a mi mesa banco luego de quedarme como idiota parado en frente
buscando a Ric. Puse mi morral en mi mesa y examiné con pasmo la calavera que
estaba dibujada en él… sentí que me retorcía por dentro.
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Mientras le entregamos los ensayos a la Bella maestra, con mi mirada le
pregunté el paradero de Ric a la Bonita. Ella se encogió de hombros diciéndome que
no sabía.
Hice lo mismo con Estrella y Helu, pero ninguna lo supo.
Me quedé el resto de la clase pensando en cosas. Ric me habría dicho si tenía
competencia de arrancones hoy, hasta donde sabía la competencia de arrancones iba
hacer en unas semanas más, además siempre me invitaba, así que no, esa posible
razón de que no hubiera venido quedaba descartada. ¡Enfermo! ayer me había dicho
que sentía su pecho helado, una similitud a lo que yo sentía, pero, no, tampoco lo
creía. Otra causa descartada… pero entonces…
Un chisteo me desconcentró.
Miré a mis lados y vi a Romina, pero no, ella no me hablaba. Tampoco el nerd
de Edgar, y ni siquiera Fabricio. Oh, era Estrella. Me decía con la mano que me
acercara a ella. No tuve problema en dirigirme hasta Estrella ante el temor de una
llamada de atención de la licenciada Carolina, muchos de mis compañeros estaban
de pie entregando sus ensayos y probablemente no se daría cuenta de que yo no
estaba en mi lugar.
—¿Qué onda con Ric?— le pregunté mientras me ponía de cuclillas junto a su
mesa— ¿Ya le mandaste un mensaje a su celular?
—Sí, — me dijo ella en voz baja, —y me contestó, pero mira lo que me
respondió. Es algo extraño.
Me depositó su celular en mis manos y miré las letras escritas en su pantalla:
No se preocupen por mí. Como a eso de las 5:30 abandonen el Instituto por favor.
Hagan lo que les digo, ha, y sobre todo no se asusten. De que no nos apliquen el
examen de Administración me voy a encargar yo. Por eso no fui. ¿Ok? A las 5:30
abandonen el Instituto.
—¿Qué le pasa a este güey? — le pregunté a Estrella confundido.
—Si no sabes tú, pues yo menos— me aseguró Estrella —. Sólo te puedo
decir que en la mañana fue a mi casa y me dejó todos las trabajos que nos van a
revisar hoy, y aunque le pregunté la razón del por qué me los dejaba, él me
respondió diciéndome que ya tenía una idea de cómo impedir el examen, pero jamás
me dijo su idea, además no creí que fuera a faltar a clase. Incluso me dijo que esa
famosa idea estaba funcionando en el resto del país.
La contemplé por un rato.
—¿Y cuál crees que sea esa idea?
—¡Te digo que no sé! — me respondió irritada.
—Pues deberías de saberlo, tú que siempre crees que todo lo sabes.
—Rigoberto mejor lárgate de aquí—me corrió en voz baja pero agresiva.
—Como quieras, pero cuando te pones así. ¡No hay quien te aguante!
—¡No seas patético!
—Dame un beso en la mejilla pues— le dije sonriendo para después
acercarme a ella.
—¡Ni te me acerques! — me gritó—Que le tengo fobia a la ignorancia.
Solté una carcajada, pero nunca se imaginó lo mucho que me había dolido su
comentario.
Desde la primera clase hasta la que terminó a las cinco de la tarde fui al baño
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un numero récord. 8 veces. No porque tuviera ganas, (bueno, sólo una vez) sino
porque tenía la necesidad de salir del aula. Si Estrella le tenía fobia a la ignorancia,
pus yo le tenía fobia al encierro, a la falta de aire y de naturaleza. Sin Ric en el salón
todo era diferente… no podía complementar mi día, no podía olvidarme de la
pesadilla, no podía olvidarme del dinero que me faltaba, no podía olvidarme que
casi eran las 6:30 de la tarde, no podía hacer nada porque no me estaba distrayendo
con absolutamente nada.
Al salir del baño divisé que se dirigía hasta nosotros la profesora María del
Carmen, encargada de la clase de contabilidad…
Posdata:
La vieja bruja más despreciable de las que un alumno se puede imaginar…
Me disparé hasta el tercer piso y entré corriendo a mi salón.
—Ya viene la maestra Carmen— les dije a mis amigas que estaban sentadas:
Estrella delante de Das y Helu a su costado,— y ya tuvieron un par de horas para
pensar en lo que vamos hacer. ¿Nos vamos?
Ellas se miraron entre sí. Helu frunció el ceño.
—Ave que vuela, se va a la cazuela— dijo ella, —Si nos vamos, bien
reprobados vamos a quedar.
—No sean pájaros del mal agüero— las regañé, —Confíen tantito en Ric
aunque sea un poquito. Él dijo que iba hacer algo para…
—No es que no confiemos— dijo Estrella cruzándose de brazos, —Pero toma
en cuenta que Ric no es muy ingenioso que digamos. Sólo nació para conquistar
chicas… o sea que no es muy inteligente en estos tipos de problemas… él es un
gran dibujante, corredor de autos, guapísimo, y pero nada más…
—El que nace para maceta no pasa de corredor— dijo Helu con una sonrisa
poco convincente.
—Rigo— dijo Das—No somos mala onda ni nada de eso, pero es que
entiende que hoy es un día muy importante
para nosotros en el Instituto. Incluso
él debería de estar aquí. En menos de una hora tenemos el examen de
Administración con la Maestra Karla Vanessa, y él sabe que nadie podía faltar, ayer
ella nos lo dijo a él y a mí.
Puse los ojos en blanco inconforme.
—¡Entonces ustedes no se van a salir!— les dije en tono de corroboración.
Estrella descubrió algo en mis palabras, y me lo dijo:
—No vas a cometer la idiotez de irte tú ¿verdad?
No respondí nada, pero era obvia mi respuesta. Inconforme por la forma tan
inmadura en la que pensaban me fui a mi lugar y tomé mi morral. Me lo puse en
hombros y ya me dirigí a la puerta.
—¡Rigo!— me gritó Das.—¡Por favor!
Todavía no había terminado la palabra cuando imprevistamente la alarma de
peligro se activó en todo el Instituto. La profesora de Contabilidad ya casi había
pisado nuestro salón antes de que con un grito saliera disparada por el pasillo
Rumbo a la escalera. Todos mis compañeros de salón que platicaban y hacían relajo
se pusieron de pie inesperadamente, rígidos.
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—¿Es un simulacro?— escuché decir de la voz aprensiva de Ana mientras la
alarma chillaba con fuerza. Me dirigí hasta el barandal blanco en busca de insignias
de la comunidad estudiantil. De los edificios hermanos que se alcanzaban a mirar
desde el mío comenzaban a ser evacuados por los estudiantes que bajaban a toda
prisa… ¿Era un simulacro? ¡No! Las secretarias que abandonaban los edificios de
recepción salieron de sus oficinas casi gritando, y claramente escuché cuando una de
ellas dijo ¡Hay una bomba en el Instituto!
Entré corriendo a mi salón, en donde todos permanecían escépticos.
—¡Hay una bomba!— repetí lo que escuché.
—¡Dios mío!— gritó Helu.
Con un impresionante caos los gritos y los empujones se incrementaron
cuando automáticamente todos comenzaron a correr. Corrí hasta mis amigas y casi
jalándolas las llevé hasta la puerta.
Definitivamente en un momento como éste todo el mundo olvida las
indicaciones de: ¡No grites, no corras y no empujes!
A jalones y entre empujones las dirigí rápidamente hasta las escaleras.
¡No manches!
Estábamos en el tercer piso y las escaleras estaban retacadas.
—¡Por la rampa!— nos gritó Das.
Después de una media vuelta retrocedimos esquivando a alumnos que salían
corriendo y gritando de sus salones. El piso se cimbrada violentamente. El terror de
los alumnos fue empeorando, todos en la espera de que la bomba explotara y nos
reventara a todos. Llegamos corriendo hasta el primer piso. Los cientos de
estudiantes y maestros corrían hacia las canchas, un lugar alejado de los edificios.
Nosotros nos quedamos parados. Helu comenzó a gritar… oh no.
El celular de Estrella timbró…
—¿Ric?— dijo ella casi gritando. Puso el altavoz.
—¿En donde están?— dijo él dentro del auricular.—¡Yo estoy en el
estacionamiento de la sección “B” ¡Los espero!
Acatamos las órdenes. A pesar del tráfico de estudiantes y sus gritos y
empujones abrimos el barandal de barrote azul y salimos en busca del auto de Ric.
No nos dijo cual de sus autos traía, aunque probablemente trajera a Sebastián, su
favorito.
—¡Allí está!— gritó Helu todavía pasmada.
Estaba en la segunda columna, el auto rojo estacionado. Corrimos hostigados
hasta él, y al llegar lo examiné a detalle.
Él estaba recostado en la parte de atrás, con sus pies cruzados mientras se
fumaba un cigarrillo.
—¡Ric!— exclamó Estrella.
Él le envió un beso desde allí.
Nos quedamos estupefactos.
Él se sentó para luego salir del auto con una amplia sonrisa de conformidad.
—«¡¡PUM!!»— vociferó fingiendo una explosión.
Reventó en carcajadas al mismo tiempo que yo. Oh, esto era chidísimo.
—¿Tú fuiste el causante de todo esto?— le preguntó Estrella al borde de la
histeria.
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Él le guiñó el ojo.
—Hasta tu pregunta me ofende ¡Preciosa! Claro que fui yo… pero… ¿No se
asustaron verdad?
Otra vez rompimos en carcajadas. No me podía creer lo que Ric había
hecho… fingir una alarma de bomba para… fue increíble…
Estrella buscaba algo en el suelo. Para su mala suerte sólo pudo aventar a Ric
una piedrita en la cara mientras nosotros nos seguíamos carcajeando.
—No Chiquita,—Le dijo él con la carcajada en la boca, —No me tires con esa
piedrita que me puedes lastimar, mejor tírame un besito, “Que me puedes enamorar”
Mi carcajada de repente se congeló, pero ella ésta vez sonrió. Las demás
chicas hicieron lo mismo con un gesto que decía: “Pues ya qué”
—Ric— dijo Estrella abrazándolo mientras reía, —Eres un ¡Patético
Imposible!
—Les dije que esto está funcionando en todo México. Llamé de un teléfono
público, y con lo supersticiosa que se ha vuelto la gente en estos últimos años, pues
se lo tragaron todo. Además recuerden que sobre todo está el bienestar de mis
compañeros. A fin de cuentas les hice un favor a todos. Absolutamente a todos.
Lo miré.
—¡Suban!—dijo Ric tirando el cigarrillo al basurero de enfrente.—Oh alguien
nos va a ver aquí.
El rugido elegante del Mercedes nos indicó la velocidad alta en la que
viajábamos. Por unos minutos sólo nos dedicamos a escuchar a Simple plan.
Miré las palmas de mis manos mientras seguíamos nuestro camino. Jugueteé
con ellas un rato en un intento de tranquilidad. La que perdí aquella tarde en la casa
de Joaquín. Y hablando de él… ¿En dónde diablos estaba?
La tensión de la tarde dentro del auto que venía cerrado se volvió en una
burbuja letal, en la que las cinco almas que venían encerradas dentro del
Mercedes-Benz SLR McLaren eran atrapadas y asfixiadas dentro de la burbuja.
El itinerario del automóvil poco apoco descifraba su destino cada vez que
avanzábamos hacia el oriente. Siendo el copiloto pude ver por la ventana delantera
que una montaña larga y verde, revestida con árboles y pinos de encino nos daba la
bienvenida junto a sus piedras raspadas de todas las figuras que las engalanaba. Al
otro lado del parque ecológico las Peñas estaba un monte llamado los ocotillos, del
cual, y siguiendo un trayecto definido, en la cima se pueden encontrar con un
camino que los lleva hasta el calaque, en donde estuvimos la última vez.
Ric con un gesto exasperante estacionó el auto al final del estacionamiento.
De donde se formaban otro montón de autos deportivos. Nos bajamos del auto
dejando nuestras mochilas. Estrella sacó de la suya el lienzo que ayer había
encontrado Das, y a continuación subimos unas gradas delgadas de cemento hasta
que nos paramos frente a un cancel electrónico, que funcionaba cada vez que le
depositabas una moneda de dos pesos. Estrella fue la encargada de patrocinarnos a
todos. El barandal se abrió y entramos. Había alrededor del parque muchos árboles
gigantes.
Yendo hacia el fondo, a la izquierda estaban las canchas de Front tenis,
Básquetbol, y voleibol, mientras que a la izquierda lo primero que había era un
conjunto de juegos para niños. Resbaladillas y columpios. Y más al fondo de allí se
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encontraban una serie de canchas de fútbol. Caminamos lentamente entre el pasto,
sin decir nada. Atravesamos una cuneta por la cual pasaba un río de agua sucia que
caía desde las montañas. En ese lugar por el que caminábamos habían unas
peculiares cabañitas con pilares al estilo cocinas de antes compuestas por ladrillos
rojos en donde las familias venían habitualmente a comer carne asada mientras
festejaban algún evento importante.
Entretanto caminábamos hacia el inicio de las faldas de las montañas verdes,
las veredas se iban inclinando poco a poco. Subíamos ahora por varias escaleras
puestas entre esos montecillos verdes. Hasta que de pronto Das se detuvo y nos
observó a todos.
—¿A dónde vamos exactamente?
Oh claro. Sólo estábamos caminando sin tener en mente un lugar como meta.
Observamos a Estrella con una mirada evidente, ella comprendió el mensaje y
desdobló el lienzo que traía en la mano.
No había nada claro en esa majestuosa pintura. Ni siquiera un circulito que
dijera el lugar exacto, o una anotación que lo describiera.
—Ahora que lo pienso— cuchichié con calma —No veo por ningún lado el
indicio que nos hizo venir hasta aquí. ¿Cómo pudieron estar seguros de que esta
pintura significaba un mensaje, de ellos? Puede ser otra cosa. Además…
—No, Rigo— murmuró Ric—Esto es lo más probable, es la fecha de hoy,
simplemente eso… la pintura ha narrado explícitamente. . .
—Pero por qué por un mensaje de éste tipo. ¿A qué jugamos? ¿A los niños
detectives? ¡No manchen! Asimismo las últimas veces que los vimos fueron ellos
quienes nos buscaron, y no nosotros. ¿Por qué debían entonces darnos un mensaje
así pudiéndolo hacer ellos personalmente?
Estrella me iba a contradecir, pero una corriente de brisa helada presagió lo
que venía.
A lo lejos percibí el semblante de un ente parado rígidamente, con sus pies
debidamente separados y sus brazos cruzados. Lo reconocí. Había un olor a canela y
café, su olor. El viento lo ventilaba.
En medio de dos árboles grandes, y arriba de una piedra cuadrada que
reposaba pegada en la tierra al inicio de esa montaña, estaba parado ese Vordráku.
El líder.
Noté un vuelco en mi delgado abdomen. Desde la lejanía se le realzaban sus
ojos verdes brillantes como dos pequeñas linternas.
Reanudamos nuestro camino.
Sujeté a Estrella de la cintura. Ella comenzó a respirar más rápido, caminaba
junto conmigo mirando al suelo, y poco tardé en comprender que no miraba nada.
Tenía los ojos cerrados, como si esperara que ocurriera algo. Ella con su puño apretó
mi muñeca, con mucha fuerza. Le temblaba la mano, casi fue evidente escuchar los
fuertes pálpitos de su corazón, aunque no estuve seguro de que fuera el de ella sino
el mío.
Fue como si caminara entre un ensueño, la execrable noche pasaba a mi
alrededor oscura e irreal. El irritante aire frío que se peleaba contra su misma esencia
chocaba con impetuosa agresividad contra nosotros, como si fuera una amenaza que
nos decía que no éramos bienvenidos.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
Un fuerte soplido bastó para que un vigoroso golpe sordo se estampara
medio metro frente a nosotros. Casi fue como algo borroso, sin embargo el golpe y
el temblor del suelo hizo que mi corazón se acelerara mucho más. Estrella lanzó un
chillido. Helu y Das ésta vez sólo retrocedieron asustadas. A Ric no le puse
atención.
El líder había aparecido frente a nosotros. Traía ese mismo atuendo, su cabello
color rubio albino, su arete en la oreja izquierda y sus dedos cubiertos por esos
largos anillos. Por fin le puse cuidado. Sus ojos eran más triangulares y saltones que
el de cualquier humano. Conforme el sol se iba hundiendo por detrás del nevado de
colima, esa luz rojiza del ocaso hizo aclarecer el blanco brillante de su piel. Como si
fuera mármol expuesto al sol.
—El mensaje han comprendido— dijo él con su gutural voz persuasiva. Una
voz asfixiante.
—¿Vas a desaparecer como la última vez?— le preguntó Das con Valentía.
Fue prudente.
Él apenas y la miró. Se giró de tal forma que nos dio su espalda. Su gabardina
oscura se abrió hacia los costados.
Teniendo en cuenta que estaba con un ente diferente, no me tomó de extraño
descubrir lo nervioso que estaba cuando lo comenzamos a seguir después de que él
caminara con agilidad. Como si fuese un Guepardo. Se detuvo después bajo una
montaña con una subida casi vertical, imposible de subir caminando a menos de que
fuera escalando. Avanzamos tras él. El líder apenas había dado un salto de cinco
metros cuando al aterrizar en la montañita de allá arriba desapareció.
Debajo de las piedras llamadas los compadres.
—¿A dónde se fue?— murmuró Das que lejos de estar aterrada por el salto
fantasmal parecía estar preocupada.
—Por aquella vereda hay escaleras que nos permiten llegar hasta allí arriba—
dijo Helu cuya expresión de su rostro parecía exultante.
Ella tenía razón. Entre un montón de matorrales verdes compuestos por ramas
largas y espinudas había unas gradas de piedra delgada. De uno por uno teníamos
que subir.
—Te ayudo, Hermosa— le dijo Ric a Estrella siendo ella la primera.
Subió con mucho cuidado lentamente escalón por escalón.
La siguiente fue Helu, y luego Das. Yo continué siendo Ric el último en
escalar.
Cuando llegamos a la cima Helu se sacudía su mano para arriba y para abajo.
—Me raspé— dijo ella haciendo gestos con la cara. En efecto su brazo
derecho estaba herido, pero no era nada a lo que no pudiera sobrevivir, incluso
conociendo lo escandalosas que son las mujeres, no me extrañó su reacción. Dentro
de poco, y arañados, estábamos parados junto a esas dos piedras gigantes, con esos
rostros de humanos que de cerca no tenían figura. Sus sombras nos cubrieron del
casi desaparecido sol. Desde allí arriba toda la vista era fenomenal. Habíamos
caminado, pero jamás imaginé que hubiésemos recorrido tantos kilómetros hasta que
estuve allí arriba de la montaña, junto a ese par de piedras. De allí el imponente
nevado de colima cuya hermosura era poco si lo apreciaran con sus propios ojos en
un atardecer, parecía un exorbitante monumento de exposición.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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Por un instante creí estar sólo. No obstante, cuando escuché los resoplidos de
mis acompañantes volví a la realidad.
Se produjeron otros sonidos más descomunales que no provenían de otro
lado sino de las piedras. Como si hubiese ardillas merodeando adentro de ellas. Ric
se acercó con la precavida circunspección. Yo hice lo mismo. En medio de las dos
piedras había un hueco oscuro del que repentinamente aparecieron dos luces verdes
que me hicieron caer de espalda por la impresión.
—¿Qué?— grité incorporándome con torpeza. Estrella me sujetó del brazo
una vez más. Ric no se había movido de allí. Ese chico sí que era fuerte. Das y Helu
me observaron temblorosas.
—¡Sal de allí!— ordenó Ric con la frialdad desde su garganta. Retrocedió
hasta nosotros mientras esperaba a que él obedeciera. A nadie le brillaban los ojos
en la oscuridad de color verde, no si se trataba de un humano, sin embargo no estuve
muy seguro pensar de ello teniendo en mente a un Vordráku. Al líder por ejemplo,
que con una elegancia sobre humana salió de entre ése hueco sin ensuciarse siquiera
la gabardina.
Nos miró de uno por uno. El líder estaba muy cerca de nosotros como para no
tenerle miedo. Incluso yo estaba deseoso de que manipulara mis pensamientos como
la última vez, así iba a ser más fácil.
—Aquí será nuestra guarida— dijo él con ese acento tan personal.
Ninguno respondimos. Él nos siguió vigilando. Creí que respiraba. El aire otra
vez tomó protagonismo.
—¿Guarida?— dije con voz tan baja que no creí que nadie hubiera escuchado.
Salvo él.
—Adentraos— nos ordenó con impetuosidad.
Él se metió a ese hueco de lado, con su poderoso cuerpo que parecía ser tan
duro como el diamante. Se hundió dentro de él hasta que volvió a desaparecer.
El hueco al que hago referencia es una cavidad que descansa justo debajo en
donde ambas y gigantes rocas se juntan dando forma a dos grandes cabezas. Muchos
excursionistas ya han sido testigos de éste hueco, muy a menudo lo frecuentan,
inclusive yo ya lo había echo también, ya que en muchas ocasiones hacía algunos
tres o cuatro años atrás había ido con mis antiguos amigos para rayar con grafitis las
rocas que están por debajo de las piedras los compadres. Una vez echo ésta
aclaración, desnudo el hecho de cuando Estrella, Das, Helu, Ric y yo estuvimos
adentro de la cavidad que aproximadamente mide entre cuatro y cinco metros
cuadrados.
Por las rendijas de las rocas se escabullía la escasa luz del atardecer que
chorreaba con sublimidad el hueco en donde nos encontrábamos, eso me hizo
examinar los gratifitis que yo había escrito alguna vez. Era un lugar bastante
reducido como para no lograr percatarnos de que en la esquina derecha de la cavidad
había una gran roca removida del suelo que como consecuencia había dejado al
descubierto un gran boquete, de donde se habría una boca oscura como de un pozo
que amenazaba con ser muy profundo… una catatumba, una mina, una cueva, una
gruta… o posiblemente… ¡Un subterráneo!
Me atraganté de repente, al tiempo que mis amigos extendían los ojos como
plato sin dejar de parpadear mirando aquél gran boquete negro que se había
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descubierto en la esquina del suelo.
¿Era posible que fuera la boca de uno de los tantos subterráneos de los que
había murmurado la gente durante los últimos siglos? ¿Era acaso la boca de uno de
los tantos subterráneos de los que se decía conectaban con todo Ciudad Guzmán e
incluso alrededores hasta el nevado de colima, donde supuestamente Vicente
Colombo y sus ladrones tenían repletos de los tesoros que habían robado en aquél
entonces? ¿Sería verdad lo que Helu nos había contado aquella tarde en el nevado de
colima con respecto a la novela: La hija del bandido, o los subterráneos del nevado?
Si bien, tenía entendido que a lo largo de los últimos años habían descubierto
algunos subterráneos por la ciudad, sin embargo no habían encontrado ningún tesoro
y mucho menos se había hablado sobre éste que yo acababa de mirar.
Por ese pozo negro había desaparecido el líder, y fue por donde nosotros nos
aventajamos sin ningún titubeo. Yo fui el ultimo en entrar.
Pisé tierra firme y resbalosa, me dejé bajar conforme el suelo profundo me lo
permitía. Con la cara en alto entre la oscuridad, me propuse bajar lentamente a ese
extraño subterráneo. Mis pies seguían avanzando hacia abajo. No veía nada. Había
tierra suelta que se desprendía de los muros y se comenzaba a meter a mi camisa de
manera incómoda. Inmediatamente sudé a chorros. Todo seguía negro, y mis amigos
estaban allí, en algún lugar aunque no los veía, estaban bajando lentamente como yo.
Escuchaba sus jadeos, como si las voces estuvieran dentro de una pila vacía con eco.
Intenté no pisarlos. Cada vez las bardas estaban más angostas, comencé a sentir una
terrible claustrofobia.
Debía de aguantar, pero me sentí impotente de repente. ¿A dónde diablos me
dirigía? ¿Qué era todo lo que estaba pasando? ¿En qué clase de mundo vivía? Era
totalmente estúpido que esto estuviera pasando, incluso me parecía más estúpido
pensar que no había muerto dentro de ese lugar casi sin oxigeno. Pero sucedió, de
repente me estaba sacudiendo el polvo de mi cuerpo mientras reposaba parado en un
lugar plano, con más oxigeno, en donde había una mitiga luz azul oscura que le daba
un color brumoso a ese lugar con bardas de tepetate, aluzaba tanto como lo harían
tres antorchas de fuego dentro de un grandísimo calabozo. No era el caso, o sobre
todo en lo de calabozo. Pero sí había algo de tención y mucho calor en ese sitio.
Estábamos dentro de algo parecido a una gruta, catacumba, mina, cueva…
Subterráneo. Mis cálculos aproximados me dijeron que nos hallábamos algunos 20 o
30 metros debajo de las piedras los compadres.
Estaba tan distraído, que ni siquiera me había dado cuenta de que el líder,
Estrella, Das, Helu y Ric no eran los únicos que estaban dentro de ese lugar junto a
mí.
Hice un intento por recuperar el aire perdido luego de haber dejado de respirar
en un lapso de 20 o 30 segundos que fueron suficientes para casi desmayarme
cuando vi aquellas otras dos criaturas.
Estaban dos entes más, mismos que lucían como si fueran un par de esculturas
de mármol muy blanco que los hacía brillar con un deje sombrío a causa de la luz
oscura de color azul que provenía de dos pedazos como de diamantes que brillaban
pegados en la mitad de ambos muros largos, como piedras con luz propia. Parecía
ser un lugar tétrico. Había casi diez metros de diferencia entre un costado y otro, y
de largo no me atrevería a firmar un número exacto cuando no se dejaba ver el final.
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Hacia el fondo todo estaba muy oscuro, era un camino muy largo que la fuerza de
ese par de luces azules no permitieron alumbrar, probablemente ese largo camino
llegara hasta el otro lado de la tierra.
Por un momento creí estar soñando, no era normal presenciar una escena de
éste tipo, no si no estaba dentro de una de esas películas de terror o de misterio, o en
todo caso en una novela de Vordrákus…
Era fácil descubrir cuando uno de ellos me miraba. Sentía una especie de
electricidad en mi cerebro y en mi pecho. Como si sus ojos fueran tan poderosos
como para lograr esa reacción.
Estrella, Helu y Das se encontraban recargadas en las bardas oscuras de ese
lugar, incluso creí por un momento que estaban estudiando en sus mentes la
posibilidad de intentar salir corriendo en el momento menos preciso.
Ric miraba fijamente a uno de los otros entes, que para mi punto de vista era
una… mujer.
Y allí estaban ellos, el líder y ese otro ente de ojos de color azul cielo. Intensos
como el mismo mar en la superficie. Me pareció frustrante descubrir que una vez más
el ente de los ojos azules observaba con dureza elocuente a mi amiga Das, mientras
que ella miraba hacia el suelo, con su cabeza ladeada casi recargada en la barda, con
sus ojos grises entrecerrados.
Giré mi cabeza otra vez y la estacioné justo frente a esos tres pares de ojos que
parecían brillar entre la oscuridad. Junto a la barda izquierda de tepetate había grandes
pedazos de tela enrollada junto a un montón de pinceles debidamente acomodados en
el suelo. Y aún costado de ella estaba extendida una pintura más, que con claridad
puede observar, se trataba de una representación como de otro subterráneo igual a
éste, en el que me encontraba, pero la única diferencia que había en el subterráneo que
estaba pintado en el lienzo fue que ese estaba forrado por piedra en lugar de tepetate.
—Eia es la Kadressa Kalardia Diarte— nos anunció el líder de manera
informal. Me limité a mirarla.
Había dicho Kadressa, Kalardia… Diarte… ¿Qué era eso, el nombre de esa
mujer…? Incluso en mi mente no estaba muy bien seguro de emplear correctamente
bien el género de mujer en ella… porque si ellos eran Vordrákus, ella qué era, una
¿Vordráka? tenía rasgos femeninos aunque sus facciones fueran rudas pero al mismo
tiempo delicadas.
No dijimos nada.
Ella traía un atuendo similar al del tipo que se hacía llamar Lukofkie y
Brimzallo… Su cabello color chocolate blanco estaba enrollado en la nuca sin un
cabello fuera de su lugar. La escasez de luminosidad me impedía analizar con la
exactitud adecuada su rostro, sólo se percibía su dureza y aspereza.
Faltaba uno… Alffaíth.
—Lamento no ser tan preciso y moderado cuando intento yuxtaponerme con
ustedes— murmuró el líder mediante una voz sonora lúgubre que llenó todo el
emplazamiento.
Ric estaba transpirando más que ninguno. Su piel tostada acogía poco a poco el
color rojo en su piel, hasta que de pronto, un murmuro nos hizo viajar hasta la boca del
subterráneo con petrificación cuando con voz trémula se escuchó;
—¡Vienevé!
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10
Dudas
_____________________________________________________________________
*Rigo
…Continuación
N
o fui consciente del momento en el que me giré con exabrupto estupor hasta la
boca de la cueva, por donde habíamos llegado. De allí salió con finura quien desde
un principio supe que pertenecía de alguna manera a éstos entes, por alguna causa,
por su apariencia, por su mirada, por la forma en la que nos hablaba… quizá por eso
sólo tuve el suficiente aire para decir:
—¡¿Don Libasteo?!
No era imprescindible tener que examinar a Ric, Helu, Das o incluso a mi
Estrella. Somos humanos y reaccionamos de la misma manera.
—Vienevé—repitió el líder y tanto él como el señor Libasteo inclinaron su
cabeza en forma de saludo formal. La mujer, y el ente de ojos azules hicieron el
mismo gesto con el viejo, pero ellos sin hablar.
Estos últimos dos caminaron hacia el fondo, de donde se veía una infinita
oscuridad. El de los ojos azules se puso atrás de la mujer en forma de guardia, como
si intentara detenerla en caso de que ella quisiera escapar… aunque ¿Por qué ella
tendría que escapar?
Don Libasteo llevaba puesto su habitual ropaje humano y su sombrero color
caqui. Ric, y las chicas esta vez se unieron mucho más, junto a mí.
—He ido a Yucatán al Castillo de nuestro Custorio Principado Mayor de la
Corddex Culminiams americana: Maximiliano de Anda— dijo el viejo Libasteo
caminando de una esquina a otra. El líder seguía parado rígidamente, y de no ser por
sus ojos luminosos parecería monumento—. Y estoy convencido de que ignoran lo
que se desarrolla en nuestro entorno —hizo una pausa que utilizó para mirarlo
minuciosamente—. O por lo menos lo ignoran por ahora.
Por un momento me sentí idiota. Todos éramos unos cobardes, ya que por
semanas habíamos buscado a don Libasteo por todos los lugares en busca de
respuestas que él sólo nos podía decir, y ahora que estaba a escasos pasos de
nosotros no podíamos hablar. Ni siquiera Ric… estábamos congelados. Después de
volver a suspirar, pensé en una cosa. Debía de escuchar antes de hablar, debía de ser
prudente… debíamos de ser prudentes e intervenir en el momento correcto.
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Don Libasteo dejó de caminar. Ahora sus ojos estaban analizando a los
Vordrákus. Observó a los dos de atrás, y luego recompuso su cara de tal forma que
volvía a mirar al líder preguntándole.
—¿Dónde está Alffaíth?
—Está en fase Rectruns— respondió el líder con esa sombría voz que siempre
terminaba en destellos… como si fuera un pequeñísimo eco que hacía la diferencia
de un humano, a él.
Don Libasteo pareció convencido con la respuesta del líder. Era casi como
decir técnicamente que don Libasteo era un Vordráku también. Su estatura, la forma
de sus movimientos, era blanco…aunque probablemente sí eran más blancos los
otros tres. Su cabello blanco era de canas claro… pero incluso pudo habérselo
pintado para no levantar sospechas… aunque sospechas ¿con quién? Si se supone
que nadie los conoce. Además pensándolo bien había una gran diferencia más…Don
Libasteo no tenía los ojos como ellos. ¿Entonces qué era como para estar al tanto de
todo y tener relación con ellos?
—Brimzallo Marcú ha visto a tres— dijo el líder sin perder su mesura. Seguía
con sus pies algunos diez centímetros separados uno de otro mientras sus manos
estaban metidas en un par de orificios en sus costados de su gabardina—. Y él cree
que dos de ellos son Vordrákus Rucruístas, cerca de aquí hicieron Rucruísmo con el
viento.
La fisonomía que repentinamente don Libasteo dejó ver en su rostro pareció a
la de un hombre pasmado, e intrigado. Como si ya hubiese temido lo que el líder le
dijo. Yo por mi parte no entendía nada de lo que hablaban, por eso seguí escuchando
con cuidado. Por un momento sentí que se habían olvidado de que nosotros
estábamos allí, incluso nosotros mismos no nos dimos cuenta de que existíamos, es
como si nuestros cuerpos estuvieran allí, pero nuestras mentes estuvieran solamente
en su conversación.
—Encontraron muerto a un campesino en los límites de la ciudad—dijo don
Libasteo teniendo sus brazos ahora cruzados—. Estaba atado a un árbol— continuó
lentamente—. Amarrado al revés, es decir, su cabeza fue enterrada en el suelo
mientras que su cuerpo colgaba atado en un árbol.
Sentí que un veneno cosquilleante recorrió todo mi cuerpo cuando escuché
aquellas palabras. Estrella me sujetó. Los murmullos siseantes de mis amigos fueron
similares a los que produje yo espantado.
—Y eso fue causa de…—el líder intentó exponer su teoría, pero el viejo le
negó la posibilidad cuando respondió.
—Eso es muy presumible—se adelantó don Libasteo—Además, un humano
no sería capaz de… hacer algo semejante a esto.
Me pregunté si el viejo Libasteo no había visto en las noticias hasta qué punto
es capaz de llegar un humano para conseguir lo que quiere. De lo que si era seguro,
es que en un lugar tan tranquilo, sereno y familiar como lo era Ciudad Guzmán,
jamás se había escuchado una noticia parecida, una muerte tan salvaje. Eso si era
algo extraño y terrorífico a la vez.
—No obstante— continuó el viejo— no sólo es eso lo que me llevó a esta
conclusión. Hay una cosa más.
No supe que otra cosa más salvaje podía haber más después de haber matado a
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un hombre y haberlo atado a un árbol con la cabeza enterrada entre la tierra.
—Estaba desnudo… y casi estaba despedazado.
—¡Dios mío! —murmuró Das aterrada. No tuve el valor de mirarla. Yo
también me había quedado impresionado. Sólo vi a Ric, que sacudía la cabeza
incrédulo.
—Según el veredicto del ministerio público, luego de que el asesino mató
cruelmente a ese hombre, lo desnudó y lo ató al árbol como ya lo dije antes, y como
se supone que esto pasó en la noche, un animal… posiblemente un puma o un
leopardo se comió parte de su cuerpo… y. Les extraña que sólo hayan desaparecido
partes de su cuerpo en lugar de habérselo tragado todo. Incluso que durante el ataque
de las bestias el hombre no se haya quebrado o desenterrado…fue un asesinato
perfectamente sincronizado, y esas son cosas pequeñas que intentan averiguar. Al
principio no sabían qué animal pudo haberlo hecho, ya que en ésta ciudad no hay
éste tipo de animales, sin embargo creen que del nevado de colima, en donde habitan
los pumas y los leopardos, es fácil que uno de ellos haya venido hasta aquí, incluso
de ser así tendrían que alertar al resto de la ciudad y a sus alrededores— una vez
más el viejo Libasteo dejó de hablar unos segundos. Se acercó otra vez al líder y dijo
con palabras casi sepulcrales—. Sin embargo tú y yo sabemos que no fue un
humano quien lo mató, ni siquiera un puma y mucho menos un leopardo quien lo
desgarró, sino… uno de los nuestros.
¡Entonces don Libasteo era uno de ellos! ¿Cómo? ¡Los suyos estaban matando
a los nuestros! ¡No! ¡Esto no! Repentinamente mi madre y mi hermano se postraron
en mis ojos… ellos no… ellos no. ¡Dios mío, no! Entonces me miró a los ojos, y fue
cuando por primera vez vi los suyos con duro cuidado… no brillaban claro, pero
poniéndole muchísima atención pude observar que su pupila era más redonda, negra
y grande que la de cualquier otro humano.
—Es un mensaje para vosotros— dijo Lukofkie tensando por primera vez su
rostro completo.
—También para los humanos—complementó don Libasteo observándonos
con una estridente mirada, que dudo mucho que hubiese permanecido de pie de
haberlo visto a los ojos—. Y posiblemente ésta muerte esté relacionada con la
muerte del hombre de la localidad el grullo, del que solamente encontraron su ropa
rasgada en el suelo en aquél claro.
El asfixiante lugar de pronto estaba helado. Ellos eran casi hielo. Recordé
aquella notica de la que se refería don Libasteo, el hombre de la ranchería el grullo
que había desaparecido.
—Pero dime Luko ¿Cómo va todo en Balán?
—Talmira Mizacu cree que todo está en orden, acaba de haber un concilio en
el Dromalio mayor de Balán en donde nuestro Custorio Mayor, Brimbicor Lay-cidio
estuvo presente.
—Bien—murmuró el viejo—. ¿Podemos Confiar en ella? —preguntó
mientras miraba a esa… ente.
El líder no necesitó mirarla para responder.
—Es fácil confiar en alguien cuando ese alguien quiere salvar su alma— la
voz del líder fue muy fría. —Pero mejor digáis, ¿Qué ocurre con la Corddex
Culminiams Americana?
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—Aquí… hace algunas dos semanas: dos Vordrákus Rucruístas atravesaron el
asven del atlántico, casi cerca de Erbius, en las bermudas. Hicieron caer una
avioneta para alimentarse, no obstante la Fuerza de Canios Culminiams actuó
demasiado tarde como para que los 4 pasajeros sobrevivieran, sin embargo muy a
tiempo para lograr aprender a esos dos Vordrákus que se resistieron y…
—Los mataron— concluyó el líder.
—Peor que eso— repuso el viejo—. Como se resistían, y la fuerza supo lo
peligroso que podían ser si los dejaban muertos, tuvieron que desterrarlos. No
obstante es lo único que hay— dijo don Libasteo reanudando sus pasos lentamente
—. Ya te hice saber que al parecer mi Custorio Mayor de la Corddex Culminiams
Americana: Maximiliano de Anda y sus delegados en Yucatán no han mostrado
hasta ahora señales de saber lo que nos cierne, y con respecto al Custorio de la
Corddex Culminiams Europea, Wynn Woodman, por lo que vi durante mi viaje al
castillo de Francia, no creo que sepan nada tampoco. El peligro por ahora es la
Corddex Americana. Los Vordrákus infiltrados pertenecen a éste continente, por lo
tanto no debemos de dejar que los Vordrákus infiltrados traspasen los límites de ésta
ciudad, si atraparan a alguno de ellos probablemente descubrirían nuestro fallo, y
nosotros estaríamos perdidos.
—Vos no— respondió el líder.
—Claro que si— discrepó el viejo—. Brimbicor es mi viejo amigo, además de
que ahora me he hecho cómplice de ustedes y es demasiado tarde para retractarme.
Ahora bien, debemos de poner las cosas en orden, nadie más debe de atravesar el
Asven de la montaña Ódan. Nadie debe descubrir su existencia ¿Quién guarda ahora
la montaña ódan?
—Alcambridgue Lezz— respondió el líder. Sus chispeantes ojos verdes lo
miraron y cambiando de tema le dijo.
—Falta uno— dijo don Libasteo. La luz azulosa de ese par de piedras
comenzaba a chispear—. Y es casi seguro que lo tengan retenido, y hasta que no lo
hayamos encontrado sabremos hasta entonces sus planes.
—¿Dónde?... —Helu se atrevió a despertar a sus labios. Su voz temblaba, sus
labios también—. ¿Dónde está él? —supuse que se refería a Joaquín.
El líder y el viejo la miraron inexpresivos, pero ignoraron su pregunta. Intenté
revelar lo que decían sus expresiones, y lo único que logré descubrir fue algo que yo
mismo ya sabía desde hace tiempo. Algo andaba mal, y entre ese mal, nosotros
estábamos involucrados.
—¿Ha pensado en ocultarlos?— preguntó el líder con esa voz predominante,
gruesa y envuelta en frío sin responder a la pregunta de mi amiga. Me pregunté si se
refería a nosotros, ya que no nos había mirado—Quizá los enemigos los quieran
retener, como a ese otro ser que usted ha mencionado, he de informarle que los
Vordrákus infiltrados han estado siguiendo constantemente el rastro de éstos
humanos.
—Por supuesto que lo he pensado—Admitió don Libasteo— No obstante
tenemos que encontrar primero a los demás.
—Creí que ellos eran los únicos—respondió el líder frunciendo el ceño.
—Probablemente haya más. Hasta ahora he visto a otros cuatro, jóvenes
también. Sin embargo ya no creo conveniente ir por ellos ahora, sería tanto como
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ponerlos en peligro también.
—¿Qué somos entonces? — pregunté llegándome una fuerza terrenal. Habían
más como nosotros, lo que significaba que éramos diferentes… ¿Pero diferentes a
quien? ¿Quiénes eran como nosotros?
Don Libasteo se acercó. Lo había visto durante tres años seguidos como a un
simple intendente, un simple humano mortal, pero ahora que venía hasta nosotros
me atemorizaba estar cerca de él. Porque no parecía ser el mismo.
—No sé lo que son, pero Joaquín lo sabe, y por eso lo retuvieron, lamento
haberlos expuesto al haber usado una extraña estrategia de misterio aquella noche
que los envié al nevado de colima, en donde yo mismo intuía que se iban a encontrar
con esos Vordrákus, pero tenía que ser así. No había otra forma en la que ustedes
pudieran saber la verdad… tenían que mirar con sus propios ojos la realidad— su
voz se había convertido en la de el viejo intendente. Sabia y llena de sabiduría.
—P…—Das había intentado hablar, su voz se estaba rompiendo en
pedazos—. ¡Tengo miedo! — repentinamente se abalanzó a los brazos del viejo.
Intenté detenerla, mas cuando vi que Don Libasteo, el viejo hombre paternal volvía
a ser el mismo de antes y que habría sus brazos para recibirla entonces me detuve.
—Todo va a salir bien, Bonita— dijo el viejo abrasándola con fuerza. Sentí un
nudo en la garganta. —Soy un Vordráku, sí… pero soy diferente. Desciendo de
ellos, nací en Guadalajara, hace casi 120 años… no soy inmortal, ningún Vordráku
lo somos, y mi tiempo se está terminando. Viví en Guadalajara por muchos años,
hasta que mi edad y mis padres me revelaron lo que era y cuál era mi misión.
Proteger a los humanos… protegerlos de mi misma especie. Probablemente fue
cuando la Corddex Culminiams Americana me buscó y me reclutó en el Aprengo,
pero bueno, esa es una historia muy larga que ya tendré tiempo para contarles. Luko
me dijo que les había contado algo sobre la historia escrita en el Manuscrito de
Varad, así que no creo que deba de explicar mucho, yo desciendo de la Clase de
Vordrákus que no desean la carne humana y una razón por vivimos aquí entre
ustedes.
“Nuestros ojos no nos brillan como a los Vordrákus de Penflitor, ya que nuestra
Efolina (alma) la sustancia que nos hace diferentes a ustedes los humanos, necesita
el oxigeno que hay en Penflitor, Si Luko por ejemplo, residiera cuando mucho tres o
cuatro meses aquí, sus ojos dejarían de brillar y el largo se su pupila se haría como la
nuestra, redonda por la misma razón que les he hablando antes. Sin embargo, los
Vordrákus de la Corddex Culminiams como yo poseemos las mismas cualidades que
ellos— con su cabeza se dirigió a los Vordrákus—No obstante ellos sí tienen la
atracción de la carne humana, ya que es carne con Efolina paralizada que está oculta
en las células muertas de ustedes, y al contrario la nuestra está viva y activada en
esas mismas células que por obvias razones no están muertas, sino vivas… si la
Efolina de los Humanos no estuviera paralizada, ésta podría expandirse en todo el
cuerpo activando las células muertas y de esa manera la carne no despediría ningún
olor apetecible para los Vordrákus, o en conclusión, si la Efolina de los humanos
viviera en sus células muertas, entonces no serían humanos, sino Vordrákus.
“Por eso Luko, Zallo, y Alffaíth tienen que ir constantemente a Penflitor para
alimentarse y volver, gracias a los cielos encontraron estos subterráneos que
conectan a toda la ciudad, y éstos mismos subterráneos son los que llevan al nevado
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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de colima, sin peligro de exponerse a otros aromas. Así que cuando ambulan por la
ciudad, lo hacen de noche, cuando los humanos duermen. Es como el humo de la
carne azada… mientras se aza despide un olor a comida, mientras que si no se haza,
no despide ningún olor, o no el apetecible para un ser humano… es igual, mientras
duermen los humanos, la carne actúa diferente, porque se tensa y casi no despide
olor, y sin embargo cuando están despiertos, la carne se vuelve dinámica y claro que
despide ese aroma.
“Zallo no sabe hablar éste idioma, él no entiende a los humanos… aún así
tenía la obligación de enviarles un mensaje para que viniesen ustedes aquí… yo
acabo de llegar del sur de Francia, me dieron vacaciones en el instituto, lo saben, y
ya que luego de corroborar que la Corddex Americana no estaba al tanto de nuestro
secreto, tenía que estar completamente seguro de que los delegados Culminiams de
Europa tampoco lo sabían. Entonces decidí que había llegado la hora de revelarles a
ustedes quién era yo, y qué ocurría. Esa es la razón que hizo que Zallo recreara en
lienzo una extraordinaria pintura en donde si eran inteligentes ustedes descifrarían lo
que queríamos dar a entender con ésta pintura. Zallo tiene una habilidad para pintar
admirablemente, por eso cuando lo supe decidí comprar lienzo, pintura y pinceles
para que él se pudiera comunicar en un momento como éste con ustedes, así que fue
a visitar a Das. Luko lo podría haber echo el trabajo de Zallo, no obstante ansiamos
intentar distintas estrategias para comunicarnos con ustedes para cuando sea
necesario.
Don Libasteo se apartó de Das y tuvo un gesto en el rostro como si recordara
algo. Miró al líder, que todavía permanecía con la mirada alzada.
—¿Qué es lo que somos entonces?— preguntó Ric una vez más. Lo miré a la
cara e intuí que esperaba que ésta vez tuviera éxito y don Libasteo le respondiera.
—Estamos en proceso de averiguarlo— respondió él sin vacilar—. Es una
larga historia que posteriormente tendré tiempo de contarles.
Ric deformó su rostro con un gesto infeliz.
—No tiene ni la menor idea de cómo nos sentimos— dijo él sin mirarlo.
—Hay peligro— respondió el viejo mirándonos a todos—.Y ese peligro
incluye a sus mismas familias—una vez más mi madre y mi hermano se apoderaron
de mis ojos. Sentí un apretujón en la panza—. Intentamos protegerlos, sé que es
nuevo para ustedes, pero ya muy antiguo para nosotros. Hemos intentado pasar
desapercibidos entre los humanos, pero hay ocasiones en las que muchos de ellos
nos reconocen intuitivamente por lo que somos, tal vez no nos llamen Vordrákus,
pero saben que no somos humanos.
—Ellos— dijo Das con la voz temblando—. ¿Nos quieren matar?
—Ya lo hubieran hecho desde hace mucho tiempo si ese fuese su deseo. Esos
Vordrákus infiltrados intentan algo más, ¿Experimentar? ¿Para qué querían
experimentar con ustedes? No lo sé. Por eso debemos de encontrar a ese joven, a
Fahme, él está consciente de todo. Debe de saber lo que ellos se proponen porque él
es una especie como de rehén. Fue la carnada para llegar hasta ustedes.
El tiempo se alargó cuando don Libasteo nos hizo que le sintetizáramos todos
los hechos ocurridos aquella noche en casa de Joaquín, en la que según él, ya no
vivía nadie, pues lo había comprobado él mismo.
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SUBREPTICIO
11
Lóbrego
_____________________________________________________________________
*Das
C
omo un par de destellos agudos, sus ojos habían vuelto a mirarme, mi
sangre había vuelto a hervirme, como si quisiera que una navaja rasgara mis venas y
mi sangre se estampara junto a él.
Todo era parte de un sueño que temblaba en el transcurso de mi vida. Tuve un
breve cosquilleo justo en mi pecho. Como si un montón de pequeñas hormigas
pellizcaran suavemente mi sublime corazón que había respirado por primera vez.
¿Por qué ya no me importaba morir?
¿Por qué aquella noche mientras Ric me llevaba a casa después de haber salido
de ese subterráneo todo me pasaba a mi alrededor desapercibido? Como si no
existiera nada, sólo él.
¿Qué me había hecho ese bello ángel como para yo permitir que me comiera
hasta cada trozo de mi carne, cada trozo de mi corazón, pero sobretodo cada trozo de
mi alma si él me lo pidiera?
—Quizá mañana no nos salvemos del examen de Administración— me dijo
Ric desequilibrando abruptamente mis pensamientos.
Él permanecía solo en su mercedes rojo luego de ayudarme a salir del auto.
—Quizá— respondí sin darle un verdadero sabor a la frase.
—¿Todo bien?— me preguntó frunciendo el entrecejo. Sus dedos jugueteaban
sobre el volante de color rojo. Supuse que mi rostro reflejaba cosas internas que yo
misma no quería dejar mostrar y que Ric ya había descubierto.
Le esquivé mi mirada como si mis ojos le fueran a revelar lo que pensaba.
—Todo bien— puntualicé como final.
Él me sonrió y poco después Sebastián desapareció entre la fundida noche.
Me giré con mucho cuidado luego de agarrar una bocanada de aire. Hacía frío.
No sabía qué tan noche podría ser cuando miré el cielo oscuro que relampagueaba
sin ruidos estrepitosos.
Saqué la llave de mi mochila y la introduje a la chapa de la puerta negra. Con un
estruendo delgado la puerta de metal se abrió.
No había recordado el miedo que sentía al pensar en mi padre hasta que lo vi
parado en el rincón derecho, de donde resaltaba la pequeña cocina compuesta por
puros mosaicos blancos y brillantes.
Imprevistamente sentí que se me apachurraba mi vientre cuando advertí que mi
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
padre se tambaleaba de borracho mirándome con odio.
¡Oh no!
—Ma-má— fue lo único que pude pronunciar dado el congelo de mi cerebro.
Escuché un jadeo que provenía del pasillo que llevaba a las habitaciones.
—P-pero qué— dije tartamudeando.
Mamá atravesó el pasillo y me miró endeblemente.
Su cabello estaba despeinado, más bien desgreñado. Tenía sangre seca pegada
en la parte baja de los poros de la nariz. Habían hilos morados en la cara, su ropa
estaba rota… ¡Oh no!
Mi padre otra vez la había golpeado.
Me retemblé completita.
—Dacia, hija ¡Sal de aquí!— me gritó mamá verdaderamente aterrada.
Me volví a estremecer. Mis piernas ya no me respondieron, abrí más los ojos
cuando vi con cuanta violencia mi padre se acercaba a mí.
—Padre…—murmuré aterrada cuando ya pude retroceder hacia la puerta,
—N-no, me haga d-año…
Pero fue inútil, mi cuerpo chocó contra el suelo cuando mi padre me propinó
una fuertísima cachetada.
—¡Déjala por favor, es tu hija!— escuché la voz histérica de mamá.
—¡No!—grité cuando mi padre le gritó a mi madre que era una acuachona
luego de jalarla de los pelos. La tiró al piso.
Su monstruosa mirada me taladró cuando se acercó a mí otra vez.
—¿Dónde fregados estabas?
Mi mejilla derecha me palpitaba. Intenté pararme con gemidos, pero mi cuello
se había lastimado.
—Yo.
—¡Eres una maldita Piruja!—me gritó luego de soltarme una patada en mi
estómago mientras yo seguía tirada. Grité adolorida. Estaba sofocada. Mi madre
intentó inclinarse, la vi entre los orificios de los sillones que nos separaban.
—¡Con cuantos ya te habrás revolcado igual que la desgraciada de tu
madre…!
¡Dios mío!
Sus palabras me dolían igual o más que sus golpes. No entendía nada, intenté
arrastrarme hasta la puerta.
—¡Eres una maldita ofrecida!
—Padre, no: No sé de dónde, de dónde ha sacado eso— me temblaba la voz.
Se me había borrado todo de la mente. Me daban vueltas mis pensamientos en la
cabeza… mi padre seguía allí parado. Su cabeza me cubría los destellos
predominantes y amarillos de la lámpara.
Cerré los ojos cuando su olor a cerveza se coló por mi nariz.
Repentinamente sentí un par de toscas manos que me sujetaron con violencia de mi
brazo. Me levantó y me retachó en la mesa de centro.
Le pedí que me soltara, que me dejara. Mi madre intentó defenderme cuando
mi padre me agarró del cabello y me zangoloteó de un lado a otro hasta que me
volvió a tirar al suelo.
Entre más gritos pretendí levantarme, y aunque lo logré muy pronto estuve
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tirada otra vez. Cerré los puños mientas besaba el suelo frío, tan frío como mi
alma. Mis jadeos hacían estallar a mi pecho.
—¡Ahh!—bramé casi al momento en que sentí un fuerte latigazo en mi
espalda.
—¡Lárgate de aquí malagradecida!— escuché decir de la voz arrastrada de mi
padre después de volverme a soltar otro golpe con su cinturón. Ésta vez me dolió
más, pero después fueron tan consecutivos sus golpes cuando me los propinaba sin
ni siquiera importarle en qué parte del cuerpo me los diera que de pronto ya no
sentí nada… todo se me hizo confuso… mi padre me había aventado a la
desprotegida noche, y mi madre se había quedado allí adentro, en la boca del
infierno. Con frío, adolorida y debilitada caminé sin ni siquiera estar segura de
adonde ir.
Intenté pedir ayuda, pero nadie me escuchaba. Las casas sin luz parecían
estar vacías, como si toda le gente estuviera muerta. Ahora fue mi cuerpo entero el
que ya no me respondía. Mis piernas se aguardaron hasta que caí en un bache de
donde se concentraba un charco con agua.
Me pareció que había cerrado los ojos. No había ningún color claro entonces.
La oscuridad reinó el mundo, el sol desapareció, la luna cayó y las estrellas se
apagaron. Me dolía mucho mi cuerpo mientras volaba, más no sabía si realmente
volaba.
En medio del camino lóbrego por el cual atravesaba sentí que estaba arriba
de una barra de hielo que me llevaba sujeta, volando, el hielo me quemaba y al
mismo tiempo el frío me picaba. No obstante había un olor, un aroma que podía
reconocer, una fragancia que de todos modos me hubiera vuelto a la vida si
estuviera muerta, pero ese oscuro viaje hacia no sé donde ¿significaba que estaba
viva? Fácilmente podría ser el purgatorio.
Hubo un momento más oscuro del que no tengo recuerdo, pero cuando
reaccioné un poco supe que tenía los ojos cerrados. Ya no me sentía tan fría, quizá
porque ya no permanecía en esa barra de hielo, y mucho menos sentía dolor.
Debo de admitir que supuse el lugar en el que estaba. El hospital.
Con mucho cuidado abrí mis ojos, cautelosa, lentamente, me sentí mareada.
Vi bajo la extinguida luz azulosa a un hombre alto que estaba parado.
—¡Doc-tor!— intenté hablarle. Yo misma no pude escuchar mi voz. Señal
que aún no me encontraba del todo bien. Tal vez me habían sedado.
Cerré los ojos una vez más y los abrí nuevamente.
¡Oh!
Claro, había enloquecido, tal vez estaba soñando, o quizá había muerto
realmente. Sólo de esa manera habría mirado a un par de ojos azules con una
perfecta pupila rasgada que me miraban muy cerca de mí.
Proferí un débil jadeo intentando incorporarme. La cabeza me dio vueltas y
vueltas, razón por la que me volví a recostar en algo muy cómodo.
Tragué saliva nerviosa luego de volver a respirar mientras intentaba
apachurrar bien los ojos para despertar de una buena vez.
A veces era intuitiva, y creo que en ese momento yo misma lo sabía. Cuando
volví abrir los ojos me encontraba donde mismo, por lo que significaba entonces
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que…
¡Oh Dios mío! ¡No estaba dormida, ni muerta ni…!
¿Qué estaba haciendo allí entonces?
Me llené de luz en los ojos cuando me dediqué a observarlo. Ahora él estaba
parado mirando a la piedra azul que despedía luz que yacía colocada en lo alto del
subterráneo, podía reconocer ese lugar, las bardas, la misma imagen que… ¿ayer,
antier…? Pero ésta vez debía de estar en otro lugar, quizá más adentro del
subterráneo. Las bóvedas de tepetate eran muy altas y anchas.
Él ya no me miraba, estaba serio… y yo, estaba consciente, pero débil.
Ahora me aterré, y no por estar allí, sola junto a él. Más bien me aterraba la sola
idea de que todo fuera un sueño y que de pronto se esfumara y desapareciera, como
si todo hubiese sido el simple producto de una ilusión o espejismo.
No es fácil recordar cuanto tiempo me quedé observándolo, una tarea que
para nada era difícil, al contrario, es como si mirándolo recibiera suaves notas
estrechas y dulces que acariciaban mi alma como un pétalo de rosa, o una débil
pluma de cisne.
Él parecía ser una especie de monumento egipcio que a la luz azul que
desprendía la piedra le daba una semblanza misteriosa escondiendo así en sus ojos
un secreto indescifrable, y aún así él no dejaba de ser hermoso. Por un momento
creí que era una estatua, pues estaba rígido e inmóvil. Hice otro nuevo intento por
sentarme hasta que lo logré. No sabía cuánto tiempo había estado allí, quizá habían
pasado miles de años, por eso miré mis manos, para cerciorarme de que aún no
había envejecido, y claro que no. Seguía con mis pequeñas y suaves manos que se
entrelazaban con los dedos.
Estaba vestida, y tenía puestos mis zapatos de charol. Pero mi cabello ya no
lo tenía en dos colas, en su lugar estaba suelto y me caía en la espalda, un poco más
arriba de los codos, y por supuesto no tan largo como el de Estrella.
¡Dios mío! Ya me imaginaba el aspecto que tenía.
¡Qué pereza!
Cuando me senté por completo descubrí en dónde había estado recostada.
Era como una cama de piedra que en lugar de colchón había un montón de pasto
sueva con restos en el suelo, y arriba había una gruesísima colcha color perla
sumisamente suave y flexible.
Noté a mi pecho cuantiosamente helado, la misma impresión que había
sentido semanas atrás. Eso me preocupaba, y sin embargo me seguía preocupando
más que él desapareciera.
Respiré más de lo normal, penetrándome de esa manera aquella fragancia
exquisita con los olores del café y a la canela, un aroma a vino tinto quizá, un
aroma que deja marca y que traes en tu nariz siempre, y yo me supongo que aunque
pasen siglos…
—¡Gracias!— dije con una voz que no era la mía aunque había salido de mi
boca. Es como si mi corazón hubiera hablado.
Él cambió de rumbo sus brillantes ojos azules, los que captaron enseguida mi
atención, y cómo no si me podría quedar mirándolos el resto que me quedara de
vida.
Esos dos destellos azules me miraron con tanta insistencia como la primera
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vez, chocaron como un par de Rayos entre una frívola tormenta, y de esa manera
sentí aquella indescriptible experiencia que aún perturbaba mi mente… una mirada
que era algo más que delicada. Los ojos más hermosos que había visto en mi vida,
y que compararía con el sol, ya que no puedes apreciarlos directamente por mucho
tiempo como quisieras… ya que sabes que el sol está allí… pero ¿Podrías alguna
vez tenerlo?
Eran tan grandes como los ojos de Rigo, pero más pronunciados y delineados,
como un rombo ovalado, con unas espesas y enormes pestañas rizadas de color rubio
claro… sus pómulos eran incomparables, remarcados y por los que un modelo
entregaría el alma al demonio con tal de tenerlos.
Su piel acabadamente correcta lucía liza, sin ningún grano o cicatriz, era
maravillosa en color claro con los dejes de la oscuridad y el azul oscuro de la luz que
lo empapaba… de haberlo tocado supongo que hubiera sido como la piel suave de un
durazno, pero con la resistencia de un brillante y radiante diamante, como una
armadura.
Su cabello largo hasta los codos le caía en la espalda, tan largo como el mío. No
tenía partidura, sino que lo traía peinado hacia atrás cayéndole el resto del pelo hacia
los costados, un cabello blanco rubio. Un par de entradas en cada extremo de su
frente.
Su nariz era afilada y corta, sus labios definidos con el resalte del color rojo, tan
carnosos como las fresas frescas.
Su rostro se podía comparar con Hércules y el de un ángel, y a pesar de eso había
en su reflejo algo de severidad además de imponer autoridad y galanura.
Por primera vez vi su pupila, por primera vez mi fuerza interna soportó que el
poder de sus imposibles ojos se introdujeron nadando como caricias dentro de los
míos.
No podía admitir que tenía miedo, podría haber estado manipulando mis
sentimientos como su compañero lo hizo alguna vez, pero no, lo que me estaba
manipulando era mi corazón que golpeaba a mi pecho como aun tambor, fuerte, muy
fuerte, tanto que él pudo haberlo escuchado.
Esa sangre mía salió despedida desde ese débil corazón mío como chorros de
agua roja y caliente que invadió cada rincón de mis células y terminaciones
nerviosas.
Eran muchas palabras las que quería decirle, pero muy pocas las que podrían
salir de mi boca en caso de haberlo intentado.
—No sé por qué, ni cómo fue que me trajiste hasta aquí— le dije con el
mismo tono de voz descocida para mí.—Pero gracias, me sentía tan… mal, y ahora
ya casi no siento dolor, no sé siquiera lo que me has hecho, pero, ya, pero ya no me
duele casi… nada.
La misma extraña sensación de estar frente aún monumento me abrumó una vez
más, pues al mismo tiempo parecía que no estaba con nadie… salvo con una
hermosa estatua, que me miraba, que me analizaba, que me esperaba, y que…
¿deseaba?
¡Dios mío!
Lo recordaba… automáticamente las palabras de don Libasteo se estrellaron en
mi cabeza…
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“Zallo no sabe hablar éste idioma. Él no entiende a los humanos… ”
¿Cómo podía comunicarme entonces con él?
¿Cómo iba a saber lo que pensaba o lo que quería?
¿Cómo nos íbamos a entender si él no hablaba castellano y no me entendía?
Quise gritar de repente… cuando la desesperación atacó mi conmiseración…
Pero… claro, quizá podría leer los pensamientos, ¡Eso era! Sonreí para mis
adentros… ¿Y si funcionaba? De todas maneras no podría sorprenderme nada más
después de saber de lo que eran capaces los de su especie.
Así que comencé.
“Sí, si entiendes lo que digo, o lo que, es decir, cierra tus ojos, si me…
entiendes”
Lo observé por varios minutos pero él nunca los cerró. Incluso llegó el
momento en el que apartó su vista de mi cara y volvió a observar a la pierda azul.
Por un momento me sentí terriblemente dolida y derrotada. Él no me había
entendido, o no quería hablarme… oh…..
—¿No entiendes lo que digo no es así?— pregunté sin esperar una respuesta.
Me volvió a mirar y eso fue ganancia.
Me levanté de la cama en la que estaba decidida a no sé qué.
Dejé que mis acciones humanas fluyeran y actuaran como quisieran.
Me sostuve de la barda oscura que estaba pegada a la cama, y cuando advertí
que podía prevalecer de pie por mí misma me solté y avancé.
Dos metros me separaban de él.
Con mucha consistencia, temblor, miedo y una abrupta realidad loca y
aprensiva me acerqué a él, en la espera a que él se alejara. Por ahora no lo hizo, dejó
que llegara hasta donde estaba, y yo con esa terrible crudeza que amenazaba con
partirme el alma, y ahora que estaba a punto de llegar justo a la meta intenté hacerme
a la idea de que de un momento a otro él iba a desaparecer y yo iba a despertar, o
quizá peor, a resucitar.
Despertaron mis labios una vez más cuando le dije:
—Gracias— mi voz fue insuficiente, pero vehemente a la hora de hablarle.
Él me siguió mirando.
Pero nada más.
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12
Enigmas
_____________________________________________________________________
*Ric
A
penas había dejado a Das en su casa, y a pesar de que la media noche
nublada enmarcada con una intensidad de relámpagos azules y blancos en el cielo
me detuve en un Oxxo, de esas tiendas que están abiertas las veinticuatro horas del
día. Sin prestarles mucha atención a los dos hombres que atendían la tienda me
dirigí a los estándares del final y tomé en mis manos un tequila, “Don julio
reposado” Fui capaz de seguir mi trayecto hasta mi auto y una vez allí desviarme del
lugar hasta lo que probablemente sería mi Mansión.
El estrés es extraño cuando no sabes su origen, mas cuando lo sabes…
entonces no es estrés, sino un masoquismo propio al seguir pensando en lo mismo.
Por eso mientras manejaba y andaba en mi auto entre la oscuridad bajo el techo
nocturno sin un rumbo u objetivo, le di varios tragos al tequila como si con ello
fuera a perderme en el limbo.
Y sí, probablemente eso era lo que buscaba, un limbo en dónde perderme
definitivamente, ni siquiera la calefacción de mi auto sirvió de nada cuando volvió
ese congelo dentro de mi pecho. Estaba pensando en muchas cosas, como de
costumbre, pero ésta vez sin tener en claro una clara conversación interna.
Es como si estuviera en una final de fútbol en la que tendría como objetivo
principal defender mi cancha de 30 jugadores contrarios con 3 balones de piedra
cada uno. En sí, algo gravemente complicado.
Hay cosas que se llaman imprudencias, tonterías, estupideces, pero sobre todo
incoherencias.
Hasta ahora había comprendido que debía de existir el mal para que existiera
el bien, debía de haber un arriba y un abajo, un blanco y un negro, y entonces de esa
manera pensar con objetividad de que debían de existir los Humanos y los
Vordrákus, aunque estos últimos no los cataloguemos como una especie distinta,
sino como los auténticos humanos.
Tres veces me norteé y olvidé en qué parte de la ciudad estaba. Últimamente
me había dado por conducir durante la madrugada, como una especie de auto
terapia para relajarme. No hay nada mejor que el vacío de la noche en una pequeña
y tranquila ciudad en donde todo el mundo duerme mientras contemplas el color de
la noche, y el sonido del silencio, con el auto caminando por distintas direcciones y
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
atravesando veredas, calles y carreteras. Las cosas son distintas de noche, por su
puesto.
Sin embargo ésta madrugada no parecía ser igual que las otras, incluso
juraría que tenía el mismo aspecto que la madrugada anterior, de donde se me vino
la idea de una alarma de bomba.
Dedo de admitir que pensé muy seriamente la posibilidad de hacer volar
realmente el instituto, digo, para que todo fuera más dramático e intenso, como a
mí me gusta, algo así como un plus. ¡Hubiese sido increíble! Hubiera sido un
excelente parte aguas en la historia de Ciudad Guzmán, la que desgraciadamente
siempre había pasado desapercibida por el mundo entero, sin echar de menos claro
a los artistas que ésta tierra había dado. Nombrada como Ciudad Guzmán ¡Cuna de
grandes Artistas! ¡Ja! E irónicamente próximamente, ¡Cuna de grandes Vordrákus!
¡Qué loco!
Humor negro… ¡Mmmh! ¡Delicioso! Lo que le da sabor a la podrida
existencia nuestra.
Anhelé con cuantiosa decisión poder revivir lo mismo de la noche anterior. Por
eso me dirigí a las afueras de la ciudad, en el este, en donde estaba puesto con triste
alegría el cementerio más viejo de la ciudad. Por circunstancias inciertas, el día
anterior había llegado allí. Y otra vez allí estaba yo.
La marihuana a veces te hace ver cosas que nadie puede ver, por eso esa noche
no fumé, algo que quizá lamentablemente se estaba volviendo habitual en mí. ¿A
Quien le importaba lo que hiciera? Si fumaba, me drogaba, o me emborrachaba.
Obvio que a nadie. Además no afectaba la vida de nadie. Era un chico fuerte, y debí
de suponer que tenía el control de todo… absolutamente todo. Cuándo dejar de
drogarme, e incluso cuándo volver hacerlo.
—Te estás pasando de lanza, mi buen— me había dicho el sumiso de mi
amigo Rigo hace algunos días—Sé que dices que tienes el control, y pues claro que
lo entiendo, de otra manera tuvieras un mal aspecto, y lo digo ahora por ti, que
siempre cuidas tu aspecto físico. Pero desde unas semanas para acá te has
descontrolado demasiado, y déjame te digo de que eres valiente, pero no
inteligente. Las chicas un día de estos podrían darse cuenta que te drogas, y… no
quiero molestarte, porque me importa lo que te pasa… la marihuana no va hacer
que los Vordrákus desaparezcan de la existencia y mucho menos de nuestras vidas.
—Es pecado meterse en los asuntos de la gente ajena. ¿Eso no es lo que dice
la biblia de tu Dios?— le pregunté austeramente.
Yo no era como los demás. ¿Acaso Rigo no lo podía entender? Yo no soy tan
débil como otros.
¡Pobres drogadictos y borrachos estúpidos! Son unos pobres miserables, tirados
en la calle o presos en la cárcel. ¡Ja! Pobres diablos.
Pero en fin. Esta noche debía de ser divertida, alocada, y ésta vez sin smokin,
smokin, smokin la definición que yo le daba a la marihuana. Estaba mejor un
tequilita, y otra vez por lo mismo. A mí nunca me había pasado que al fumar smokin
comenzara a escuchar voces y ver cosas como decían muchos, al contrario, llegaba
un momento en que ya no oía ni escuchaba nada.
No obstante, el día anterior me había pasado algo curioso y estúpido a la vez.
Cuando conducía precisamente por el cementerio, tuve la ligera impresión de haber
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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visto cosas, y no admito que haya sido por el smokin, había fumado, pero no tanto
como para llegar al grado de atontarme. De pronto el cristal de mi auto se había
empañado, había hecho frío, a eso lo atribuí, pero cuando intenté avanzar más sentí
claramente cómo una especie de aire frío se metía por mis oídos y avanzaba por
todos los rincones dentro de mi cuerpo, llenándome todo de pura frialdad.
Incluso luego mi vista resultó ser más clara, pero sólo eran momentos. Después
volvía a tener la misma resolución que cualquier otro humano. Y pasaban dos
segundos y volvía a ver todo más claro, y cuando digo claro no me refiero a más luz,
sino a ver más cosas que probablemente nadie vería normalmente, a simple vista…
Como aquella antigua leyenda que decía que al ponerte en los ojos lagañas de
perro podrías mirar y percibir lo mismo que ellos, es decir, supuestamente ver…
cosas que los humanos no podemos ver a simple vista, cosas que quizá yo comencé a
ver.
Fue tan extraño como estar dentro de un mar profundo y congelado, en donde
hay oscuridad y de pronto descubres que existen las sirenas.
Pero si cambiamos el mar oscuro y congelado por una noche fría en tierra, y en
lugar de descubrir que existen las sirenas, descubrir que existen los espíritus de
humanos y animales que en un llegado momento estuvieron vivos te quedas sin
palabras, sin aliento, y sin potencia.
Eso fue lo que vi una noche anterior a esa madrugada. En la lejanía había
muchas manchas que estaban pegadas en el aire, unas más arriba que otras, sin mirar
nada, a nadie, un vistazo agudo no le daba forma. Podría parecer una pura espuma
negra y blanca que flota a tu lado. Pero poniéndole mucha atención, como cuando
intentas encontrar figuras en las nubes o en la tierra, también yo pude encontrar
formas y figuras, no como los fantasmas que pasan en la tele, sino como algo más
real, gestos congelados que se movían, cuerpos, podría ser una mano, un pie, un
cuerpo desnudo… cualquier cosa. Muchas pláticas, decían cosas, que hasta ahora no
les encontraba su significado.
Permanecí así por muchos segundos. Minutos o incluso horas. Y esas imágenes
sólo estaban al salir del cementerio, entre las gradas, entre las calles, entre las casas.
Desde el espejo frontal podía mirar lo que había afuera de mi auto, puntitos de un
color que no está catalogado como color, un color extraño que nunca nadie ha
descrito porque no hay forma de describirlo.
Me contraje en el asiento sin hacer un solo movimiento. Estaba tenso y sólo
pude ser capaz de cerrar los ojos y respirar, y en cuanto puse un CD que elegí al azar
con mucha dificultad todo desapareció. Salió todo de mí como si una enorme
aspiradora se lo hubiera llevado.
Y un día después, una hora después de haber estado con un cuarteto de
Vordrákus dentro una catacumba oscura, ya me encontraba allí, en el lugar de los
hechos del día anterior.
Iba a tener que lidiar con espíritus, humanos y Vordrákus. ¡Genial! Qué
divertido se estaba poniendo todo esto. Lleno de misterio, terror y una gran bocanada
de adrenalina.
Eran casi las 11 de la mañana del día siguiente cuando abrí los ojos y vi entrar
por mi ventana cubierta por unas cortinas claras, los rayos del sol. Supuse que no
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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iba a tener la necesidad de curarme la cruda. Acostado arriba de cleopatra, y vestido
con la misma ropa de ayer observé en el buró mientras giraba lentamente la cabeza
recostada que estaba la botella de tequila casi llena. En realidad sólo le había dado
unos tragos y luego regresé del cementerio sin mirar… a esas cosas.
Aún así me sentía un poco mareado. La semana pasaba había tenido una
terrible discusión con el abuelo. ¿Cómo se ponía a decirme lo que tenía que hacer 18
años después de haber nacido cuando pudo haberlo hecho desde antes?
Mi padre ahora estaba en Guadalajara y volvería en un par de días más, y mi
abuelo se había ido a los ángeles California por dos semanas, según él dejó
vigilándome a Carlos, su asistente que se la pasaba todo el día metido en el
despacho… pero no le tenía miedo a ese tipo, porque a él y a todos los que se ponían
difíciles conmigo me los pasaba por los…
Muchos decían que me había vuelto un poco agresivo éstas últimas semanas,
cosa que era mentira, o por lo menos eso pensaba yo, y si lo pensaba yo debía de ser
cierto, Estrella no era la única que creía que nunca se equivocaba.
—¿Dónde está Erika?— le pregunté a Carlos cuando yo iba al gimnasio y él
iba al despacho. Él tenía mi estatura y debía de tener unos treinta y tantos. De piel
blanca y cabello calvo.
El muy imbécil me miró con aversión.
—No soy tu esclavo y mucho menos tu sirviente como para andarte diciendo
todo lo que pasa en ésta casa.
Le sonreí monstruosamente.
—Eres un pobre diablo que ni los meritos de esclavo y sirviente puedes
llegar a tener.— le dije con crudeza dejándolo con la palabra en la boca.
Me fui al gimnasio dada la amenaza de vomitarle en su cara el desayuno que
me había comido.
Sólo tenía menos de 20 minutos para hacer mi rutina diaria de ejercicios para
después bañarme e ir al Instituto. Me pregunté en dónde estaba Erika. Cuando
llamé a su casa nadie me respondió, incluso Das no me contestó ninguna llamada
en su celular.
Los que sí me llamaron para confirmar mi asistencia en los arrancones que
apropósito iban hacer un día después de la graduación, razón por la que iba intentar
no emborracharme, fueron Alex, el Hamburguesa y el pollito, unos camaradas que
estaban metidos en la onda. Ésta vez les prometí a las chicas invitarlas y lo iba a
cumplir, así me supongo que yo le iba a echar más ganas.
Fue hasta después de que reunieron a todos los alumnos del instituto en el
patio principal para explicarnos la situación del día anterior, (En la que apropósito
dijo el director Eliseo Santillán que habían encontrado un artefacto desconocido
que habían enviado a Guadalajara para reconocerlo, pero que no nos
preocupáramos, todo iba bien “Lo que tiene que inventar la gente para no quedar
como idiota ante los demás” me reí para mis adentros) para descubrir una cruda
realidad que debí suponerla desde un principio.
Las tres primeras clases tuvieron que pasar para que Estrella nos dijera lo
que pasaba con Das, que apropósito no había venido a clase.
Fuimos a comprar biónicos al Iglú aunque preferimos ir a las canchas y
sentarnos en el pasto para comer mientras compartíamos la extravagante
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
perplejidad que nos había comprobado el placer de descubrir aquél subterráneo.
—¡Existen! —a cada rato había exclamado Helu durante el día—¡Los
subterráneos existen!
Lo bueno es que habían nubes como a eso de las 5:30 de la tarde por lo que
estuvimos cómodos tirados en el pasto sin un sol que nos molestara.
Siempre que nos sentábamos allí procuraba sentarme frente a Estrella, con
un poco de suerte y vería más allá de lo que guardaba su perfecta faldita. Aunque
ésta vez me la cajetee; traía un pantalón de vestir azul marino. Bah. Que al cabo
que ni quería ver nada.
Por ahora estaba lleno, el sábado pasado después de salir de la discoteca
Sentidos New, (dónde había ocurrido aquella pelea el otro día) conocí a una chavita
súper buena onda y chévere de nombre Maritza… me la llevé a la cabaña de Mauri,
y pues me la eché. Lo único bueno de todo esto es que se le olvidó pedirme mi
número de teléfono, de otra manera me iba a estar fastidiando éstos últimos días.
Lo único malo de esto es que iba a tener que dejar de asistir a ese antro por algunas
semanas, no vaya a ser de esas chicas fanáticas del enamoramiento y me vaya a
estar buscando, al fin y al cabo para juego ya estuvo bueno, además no me agradó
mucho tener relaciones con ella, a mí me gusta que sean manejables y obedientes
en la cama, que sepan quién es el hombre al que se están entregando, y ella no era
así, por lo que ganas de volverme acostar con ella no tenía… corrección, en la
cama no, fue arriba de la mesa, el lugar más cercano en el que pudimos gozar…
Wow
—Escúpelo todo— le dijo Rigo a Estrella bromeando.
Sacudí la cabeza para concentrarme en lo que estábamos. Estrella torció un
gesto. No era habitual que ella se pusiera tan, seria, pero aún así, ¡Huy que sexy
era!
—Mira papacito, no hay nada gracioso en todo esto— le respondió—. Así
que Estrella Basterrica ignorará tu comentario.
Dada su reacción me puse en paz.
—Okey, okey— le dije cuando supe que lo decía en serio—. Lo sentimos. La
verdad a mí sí me interesa saber de ella y de Erika, hoy no fue a mi mansión.
—Y ni irá papacito— me respondió ella mientras se acariciaba su largo
cabello lacio.
—¿Qué?
No entendí lo que me trató de decir.
—¿Qué pasó con ella? ¿Qué pasó con Das?— sentí algo raro en la panza.
Como si por un momento se me hubiera perdido un deseado tesoro.
Rigo sonrió nervioso.
—¿Qué, se la comió un Vordráku?— preguntó intentando ser gracioso.
Estrella la miró monstruosamente, creo que como yo lo había hecho con
Carlos esa mañana.
—Rigo, si la gente te pregunta en dónde te encontramos, ¡diles que eres un
cavernícola estúpido, al que encontramos congelado en una caverna cerca de la
ciudad!
Rigo hizo una cara idiota, muy graciosa apropósito.
—¡Qué graciosa!
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
—¡Y tú que animal eres! Obvio no se la tragó nadie. Pero al parecer sí
estuvo a punto, de, de morir tal vez.
Sentí que las comisuras de mis labios se tensaron al tiempo que fruncía el
ceño confundido, y estupefacto.
—¿Cómo está eso de que iba a morir?— le pregunté con voz aprensiva.
Ésta vez Rigo extinguió su voz mientras su cara se congelaba como Helu.
Estrella miró al pasto verde, de donde hacía dibujos invisibles con su dedo
índice.
—Das está en mi casa— murmuró ella después de un soplido nervioso,
—Llegó una hora antes de venirme al instituto. Estaba un poco bien. Al parecer
hubo algo que hizo que la reanimara, no me quiso decir en donde estuvo, pero
quería que la dejara hospedar en mi casa, porque su padre, porque el muy
desgraciado de su padre la corrió.
Quise atar cabos con lo que Estrella me decía, pero aún mi intelecto no daba
para tanto. Necesitaba reconstruir todo desde el principio.
—¿Cómo?— le pregunté confundido—, ¿dices que no te quiso decir en
dónde estuvo? ¿O sea que no estaba en su casa? ¿Dices que la corrieron? ¿Pero a
qué hora si ayer yo la dejé en la puerta de su casa?— no sabía qué palabras
emplear, —Eran un poco más de las 11 de la noche cuando la dejé, ¿Fue por eso?
Y Aunque haya sido, no es forma de castigar a una chica como Das, ella no es
mala, borracha, y libertina como para que la haya corrido por una simple llegada
tarde, ya ni Helu… por favor… ¿fue por eso verdad? Debo de ir hablar con su
padre para…
—Tuvo que ver un poco haber llegado tarde el día de ayer, pero no creo que
haya sido esa la razón por la que su padre, el Señor Di Paola se comportó así con
ella. De esa manera.
—¿Manera? ¿De qué manera se comportó con ella? ¿Qué otra razón fue la
que le hizo al viejo correrla? ¿Das está embarazada? ¿llegó borracha o algo así?
Obvio no, así que no entiendo qué estúpida excusa tiene ese maldito viejo baboso
para haber corrido, a mi hermanita…— me dolió escuchar aquello, para odiar más
a ese hombre que siempre me había mirado con coraje.
Rigo estaba serio y con el ceño fruncido, y Helu, con la boca abierta,
sorprendida igual que Rigo y yo. Sinceramente Das no se merecía algo como eso.
—Miren— continuó Estrella. —Das llegó muy tranquila a mi residencia,
pero sí estaba un poco débil, por… bueno les cuento desde el principio y voy hacer
breve. Das me dijo que se los dijera, no tiene el valor para contarles a ustedes lo
que ha sido su vida, la que nosotros creíamos que era buena. Y miren que le costó
mucho trabajo decírmelo a mí, pobrecita casi lloré junto con ella.
“Sucede que su padre, él. Bueno. Das y su madre han vivido por muchos
años bajo el tormento de su padre, de don Fausto. Él las ha agredido física y
psicológicamente.
—¿QUE?— casi me levanté de un salto.—¿Cómo que las golpea? Pero ¿Por
qué nunca nos lo dijo?
—Por favor, Ric— Estrella intentó tranquilizarme. Sentí por un momento
haber tragado fuego—. Todos sabemos todos como es ella, y ahora se explica ese
excesivo miedo que le tenía a su padre, por qué es tan cohibida, el por qué llegaba
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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a veces con golpes en el cuerpo diciendo ella que se había caído. Y ya decía yo que
una chica no podía estarse cayendo a cada rato por más mala suerte que ésta
tuviera— miró de reojo a Helu y sonrió—, bueno, sólo Helu. Pero continuando, es
lógico que ella haya tenido miedo de contárnoslo, seguramente tenía miedo o
vergüenza, cualquier cosa que haya sido queda atrás. Ahora me lo dijo y eso vale
mucho.
“Ahora el asunto es que cuando llegó a mi casa me dijo que su padre ayer la
había golpeado, tenía moretones, debieron de haberlos visto—señaló con
escalofrío— Das estaba confundida y aterrada por lo que le hubiera pasado a su
madre que se quedó adentro de su casa después de que su padre la corrió. Así que
le dije que le llamara, pero Das tenía miedo de que don Fausto le fuera a contestar,
así que fui yo quien marcó, y afortunadamente contestó su madre, quien
rápidamente dijo: ¿Das? Le pasé el teléfono y ella dudosa lo agarró y contestó.
Ambas lloraron por teléfono y le pidió a Erika que viniera a mi casa, y unos 20
minutos después ella llegó en taxi.
“Erika también tenía signos de golpes aunque éstos más pronunciados que
los de la propia Das. Erika nos dijo que su esposo se había ido muy de madrugada
a trabajar a Tecomán, mientras que ella estuvo toda la noche esperando a que Das
regresara aunque admitió que se sentía tranquila al saber que su hija no estaba
dentro de la casa.
“Das entonces le preguntó la razón por la que su padre se había comportado
así con ella, y vean la sorpresa que nos llevamos con lo que Erika nos dijo: pues
resulta que el Estúpido de Ezequiel, cumplió su amenaza. Fue a decirle a don
Fausto que Das lo acosaba, y que él ya estaba enfadado de la situación, incluso el
muy idiota tuvo el descaro de entregarle un montón de cartas escritas a
computadora las que supuestamente Das le había mandado a Ezequiel
ofreciéndosele a él sexualmente. ¡Háganme el maldito favor!
Las tripas se me habían torcido del coraje, el mismo fuego estaba a punto de
estallarme por los ojos y por las orejas, estaba punto de aplastar al mismo Instituto
si alguien no me tranquilizaba rápidamente:
—¡Les juro que a Ezequiel lo voy a matar como a un pinch… Perro! ¡La
golpiza que le metí fue sólo una probadita de lo que le espera al hijo de mierda!
¿Donde vive…?
—Das no lo sabe, y aunque lo supiera no te lo diría— me respondió Estrella
con tranquilidad.—Ella no entiende cómo fue que supo dónde vivía. Quizá tiene
cómplices.
—Me importa una cagada si tiene cómplices o no, lo voy a matar.
El viejo don Libasteo regresaría el próximo Lunes a trabajar, pues
técnicamente se suponía que estaba de vacaciones en su pueblo en una ciudad de
Chiapas, (Nada que ver con Europa)
Al finalizar las clases de ese día fuimos a ensayar el vals de graduación y a
entregar los últimos trabajos de evaluación. Era jueves y al parecer el examen de
Administración iba a suspenderse oficialmente. Ya no había tiempo para aplicarlo,
por lo que la profesora Karla Vanessa tendría que evaluarnos bajo su propio
criterio tomando en cuenta los últimos tres años.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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A partir de ese día iban a ser contados los días que íbamos a asistir al
instituto como alumnos de él, sólo tendríamos que ir a firmar documentos, entregar
fotografías y a ensayar el vals, el acto cívico y cosas de esas. Por fin desahogados.
Cuatro semanas más, y por fin libres como una golondrina. Usé las palabras
que había dicho Helu un día.
Esa noche fuimos a visitar a Das. Platicamos con ella un buen rato. Lloró
otra vez, pero ahora sí estuve allí para consolarla. No se me da eso de abrir mis
sentimientos, pero creo haber logrado que se sintiera mejor, incluso Rigo le hizo
saber algo que según él desde muy pequeño su madre le había dicho: “Las mujeres
no nacieron para ser golpeadas, sino para ser Amadas”
Necesitaba hablar con Erika, pero mejor dejé que estuviera tranquila unos
días. También debía de esperar a que Mauri llegara de Guadalajara para mantenerlo
al tanto.
Das se quedó con Estrella ésos días, pese que Erika se negó hacer lo mismo
por pretender permanecer en su casa hasta que Fausto llegara de Tecomán colima
para arreglar la situación de una vez por todas. Estrella la había convencido de que
por su bien y el de su hija debía de poner una demanda. La apoyé, y mi padre
seguramente también la apoyaría al estimarla demasiado.
El sábado por la tarde estuvimos todos en mi casa, incluyendo Das. Vimos
tres películas durante ese trayecto: El Aro, el gladiador y el exorcista. Hicimos
palomitas y nos tomamos una que otra cerveza. Pusimos música de Coldplay,
Linkin Park, Simple Plan, Muse, Zoé, Reik, Moderatto, y a petición de Rigo luego
música de Bandas como la Arrolladora Banda limón.
Fue increíble porque al final se quedaron en mi casa. Los padres de Helu
tuvieron qué meditarlo mucho tiempo antes de permitir que se quedara no obstante
al final accedieron. Eran muy convencionales y recatados, como intentaba ser su
hija.
Dada la propuesta de Das estuvimos un buen rato mirando las estrellas, la
noche estaba desierta, sin ninguna nube. Algunas constelaciones se podían apreciar
sin sinuosidad.
—¡Heredia bájate de allí! — le sugirió Das preocupada cuando Helu se subió
al borde de mi alberca, (el deporte favorito de mi padre era la natación) —Si te
caes te vas a matar.
—Helu— le dije yo ahora cuando vi que estiró sus brazos para echarse un
clavado —. La alberca no tiene agua corazón— le recordé.
Ella nos miró con una sonrisa:
—Mucho mejor… no sé nadar.
Puse los ojos en blanco.
Helu rompió en carcajadas.
—¿Sabes que cuando te ríes parece como si te estuvieras ahogando? — le
preguntó Rigo a mi miga con una risotada.
Helu después de sus cinco brillantes segundos de fama regresó con nosotros
y se sentó.
—Apophis es el nombre de un meteoro que pasará muy cerca de la Tierra en
2029 y 2036, y una pequeña colisión con otro asteroide podría desviarlo hacia
nuestro planeta colapsándose, donde produciría un efecto superior al de 40.000
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bombas atómicas. Lo vi en Wikipedia—dije mientras comíamos más palomitas.
—Hay que miedo— respondió Das fingiendo estremecimiento. Estos últimos
días se había mostrado ansiosa. Ayer a eso de las siete de la noche salió de la
Mansión de Estrella porque quería mirar el nacimiento de las estrellas. No me
pareció extraño tratándose de ella, una chica relativamente emocional.
—De alguna cosa vamos a morir— dije al final.
—Pero no así. Preferiría otro tipo de muerte— murmuró Das envolviéndose en
la chamarra—. Incluso preferiría que me comiera, un… un Vordráku.
Ese nombre hizo estremecer a la noche. Incluso un viento de invocación y muy
helado había aparecido de repente tambaleando los pinos altos de la parte trasera de
mi Mansión, en donde reposábamos tirados en el pasto, junto a la alberca.
Nadie dijo nada al comentario de Das. Ella supo el ambiente que había
provocado, así que fue ella misma quien intentó construir un nuevo parlamento.
—Dicen que los extraterrestres van a venir y nos van a destruir, lo único bueno
de todo esto es la congregación luz, un supuesto grupo de alienígenas buenos que
nos vigilan y que nos van a defender cuando los alienígenas malos intenten
destruirnos.
Respiré aire profundo y frío. Comenzó a estremecernos ese viento, esas
colillas que nos estaban poniendo la piel de gallina. Es como si alguien que estuviera
frente a nosotros nos soplara desde un refrigerador.
—Pero quizá cuando eso pase, los Vordrákus ya habrán acabado con
nosotros— finalizó Rigo secamente.
Nunca nadie tiene la menor idea de lo que puede suceder un día después de
una noche fantástica, por eso me tomó muy extraño que en la tarde del domingo,
mientras yo permanecía dibujando a lápiz una fiel imitación de Godzilla, entrara
Lupita a mi habitación y me dijera que me buscaba un hombre.
—¿Qué hombre? — le pregunté ansioso dejando en la mesa grande de
madera la cartulina blanca.
—Dice que se llama Bricio Libasteo.
—Oh.
Mandando al demonio la cartulina y mis lápices salí disparado de mi
habitación bajando por las largas y anchas escaleras hasta que vi parado en el
vestíbulo al viejo, que miraba las pinturas colgadas en las altas paredes de mi
mansión.
Bajé corriendo hasta el último escalón, pero él no me miró, parecía seguir
interesado en las pinturas.
Traía un pantalón de vestir de color negro, así como una chamarra de cuero
de color madera y un pequeño sombrero convencional del mismo color que su
pantalón.
El viejo estaba parado frente a un alto vitral que daba hacia afuera, por donde
se filtraba un sol casi anaranjado producto del ocaso que hacía que su piel vieja y
blanca tuviera un color casi traslucido.
—Trae tu auto y vámonos— me dijo con mucha tranquilidad sin mirarme.
Estaba fumando un puro, parecía ser un viejo de la época colonial.
Me reí para mis adentros.
—Qué mal educado son los Vordrákus de hoy en día— repuse con cinismo,
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—. Ni siquiera me ha saludado cuando me pide que saque mi auto y nos vayamos.
—¡Hola! — dijo el viejo sin sabor—. Ahora trae tu auto y vámonos.
Alcé las cejas mostrando así mi aturdimiento.
—¿Y cómo sabe usted que no debo de pedirle permiso a alguien para poder
salir de aquí? — le pregunté con sorna cruzándome de brazos. Don Libasteo seguía
mirando las reliquias de mi Mansión, que fácilmente parecía un museo en lugar de
vivienda.
—Porque eres tan sinvergüenza que aunque tuvieras que hacerlo no lo
harías—el viejo acertó. Por eso sonreí otra vez mostrando todos los dientes.
¿Qué significaba su visita?
Are No.
Lo miré otra vez antes de dirigirnos a la cochera, pero hubo algo que me dejó
pasmado.
El viejo don Libasteo estaba parado frente al gran espejo redondo que
reposaba frente a la entrada de la Mansión. Cuando entrabas a la casona, lo primero
que veías era ese espejo grande, y a su costado estaba la escalera.
No me importó la puerta, la escalera, y mucho menos el maldito espejo, sino
lo que reflejaba el espejo; aquella mancha oscura con colores extrañamente
distorsionados, pero siempre oscuros. Estaban en la dirección de donde
técnicamente debería de estar el reflejo del viejo.
Luego de mirar atónito el reflejo, a continuación lo miré a él, como si con mi
mirada intentara preguntarle lo que pasaba.
—Cuando los humanos tienen miedo huelen más a carne— dijo él como una
posible respuesta.
—Yo-yo no tengo miedo— respondí titubeando, una acción poco usual para
mí.—Además creí que los Vordrákus de su clase no les gustaba la carne humana.
—Pero nunca dije que no podíamos olerla—murmuró riendo.—Además si
quieres mi opinión, dudo mucho que un Vordráku carnívoro elija tu carne..
¡Apestas! ¿No sabes que la marihuana afecta a la salud de los humanos?
Puse los ojos en blanco.
—Qué Vordráku tan entrometido es usted.— le dije de mala gana,
—Además yo intentaba preguntarle sobre eso— con mi mano apunté el reflejo
oscuro, como de destellos que se movían sin un movimiento continuo.
—AH—dijo el viejo—El reflejo, claro.— sonrió sombríamente.—El reflejo
de las cosas normales se reproducen porque están de alguna manera reaccionadas
por la velocidad de la luz.— tosió—No obstante nuestros reflejos trabajan tres
veces más a la velocidad de la luz, por lo que nuestro reflejo aparece en los espejos
distorsionados.
Reí con carcajadas fingidas.
—Si cómo no. Si su imagen se distorsiona en los espejos, ¿No debería de
distorsionarse también a la vista de los humanos?
Haber que me respondía a esto ¡ja!
—Los ojos de los humanos no están hechos de reflejos de espejos. Alguna
vez fueron Vodrákus, ¿recuerdas lo que Luko les dijo? Ha pues quizá esa sea una
posible respuesta. Incluso, para acabar más con tus dudas, hay algunos animales
que nos ven como nos refleja el espejo.
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—No entiendo nada— dije sin tapujos.
—No espero que me entiendas nada, muchacho Idiota.
—¿Qué?— viejo grosero. ¿Quién se creía para hablarme de esa manera? A
sí, un Vordráku.
Miré por última vez el reflejo de su rostro… y cuando me acerqué más al
espejo mejor me reí. Sólo se veía un sombrero arriba de algo borroso, así como su
chamarra… qué cosas tiene que ver uno en ésta vida, y lo peor, qué tonto había
sido estos últimos tres años… ¿Acaso nadie había visto al viejo reflejado en un
espejo? ¡Obvio no!
Ya no le di más vueltas al asunto, así que decidí ir a la cochera acompañado
del viejo, que durante el trayecto hasta allí no hizo otra cosa más que fumar.
—¿Le parece si me llevo a Sebastián? — quise saber mientras le enseñaba el
mercedes rojo.
—Me parece bien. — repuso el viejo envolviendo el puro en un pedazo de
periódico que anteriormente había tomado del buró principal de la Mansión.
Me pareció de muy mal gusto no saber el lugar al que íbamos mientras
conducía, por eso le dije:
—Todavía se considera grosero en algunas partes del mundo, no decirle al
acompañante a dónde van, y más cuando el acompañante es el propietario del
mercedes rojo que maneja hacia no sé dónde.
El señor Libasteo rió entre dientes y luego respondió.
—Dirígete al cerro de los ocotillos.
Fui yo quien sonrió ahora.
—¡Genial!— murmuré —Le parece más atractivo matarme lejos de la
civilización ¿no es así? “Señor don Vordráku”
Mi repentino humor negro le pareció divertido al viejo cuando escuché una
nueva risa.
—Vaya que eres impertinente, muchacho— me dijo él riendo otra vez—. Por
eso te traje a ti.
—¿Debo de sentirme afortunado y alagado entonces?
—¿Por qué?— preguntó el viejo, —¿Porque quizá vas a ser tú el que vaya a
morir en manos de nuestros adversarios? No lo creo.
—Con qué galimatías me habla, “señor don Vordráku”
—Tú te llevas el título, pequeño humano impertinente.
Todavía estábamos demasiado lejos de ese dichoso cerro, además no tenía la
intención de aburrirme, por eso le continué.
—Y bien. ¿Cuál será mi función ésta tarde?
Cuando lo miré supuse que el viejo intentaba encontrar las palabras
adecuadas para responderme.
—No se preocupe— lo animé, —Casi no le tengo miedo a nada.
—Es bueno no tenerle miedo a la muerte— me aseguró con una voz
acogedora de oscuridad—. Ni siquiera al infortunio.
—¿Entonces es claro y objetivo que estoy destinado a morir hoy?
—No si respetas a tu propio destino, y eliges bien tu propio rumbo.
—Rumbo— repetí.
No sabía a lo que se refería con todo eso que me decía. De todos modos no
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tenía miedo, por ahora.
—¿Me dirá entonces lo que haré? — le pregunté afanoso.
—Nada complicado— dijo él con tranquilidad, —Sólo pasear con nosotros
por el cerro.
Rompí en carcajadas.
—¡Qué romántico!— admití con sorna.—Si dice con nosotros, ¿Quiere decir
que tendremos acompañantes en nuestra excursión?
—Luko, Zallo y Alffaíth— respondió el viejo vacilante.
—Excelente— repuse.—aunque debo de admitir que creía que sería un poco
más difícil, es decir, algo más divertido.
—Está bien, muchacho, todavía no llegaba a esa parte. En sí ésta tarde, como
tú has dicho, vas a servirnos como de carnada, queremos atraer a los otros, a
nuestros enemigos. Zallo a detectado que se encuentran merodeando en el cerro,
algo traman quizá, y no encontré otra mejor alternativa que tú. ¿Qué te parece?—
me preguntó divertido.
—¡Genial!— respondí ésta vez insípidamente.— De carnada. Vaya. Algo,
ligeramente interesante.
—No del todo— me contradijo, —Podrías morir.
Sonreí fríamente.
—Qué ánimos me da— le reproché. El tono de mi voz se estaba volviendo
más gélido.
—Creí que no te daba miedo nada— se burló.
—Y no se equivoca— reconocí—Sólo que a veces soy un poco vulnerable.
—Ah— murmuró.
Empezó a tararear una canción de don Vicente Fernández, “Estos celos” para
ser exacto. Me pareció muy humano a sabiendas de que no lo era del todo, pero
claro, tenía sentido: 120 años había fingido serlo.
—¿Cuántas especies de Vordrákus hay? — me pareció un buen momento
para abordar el tema, —Digo, como los perros, chihuahueños , dobermán, labrador,
etcétera, etcétera.
El viejo se echó a reír.
—Esa comparación fue buena.
—Lo sé.
—Ahora que respondiendo a tú pregunta, es sencillamente como los
humanos; muchos son malos, y otros son buenos, unos son asesinos y otros no.
Unos con una especie de dones, cualidades y no por eso pertenecen a otra especie,
solamente se consideran diferentes.
—Bueno, sí. — le dije, —Yo me refiero a lo que he escuchado, eso de
Vordrákus Reales y Vordrákus Rucrumbistas.
—Lo tienes muy presente ¿he? Pero bueno, antes permíteme corregirte en lo
de Rubrumbistas, se dice Rucruístas.
—No me corrija— le pedí—mejor explíqueme.
—Una historia se comienza corrigiendo, ¿A caso no llevaste Literatura? En
fin. Se consideran Vordrákus Reales aquellos que no pertenecen al ámbito
Rucruísta, es decir, a los que no se les ha deteriorado el Alma.
—Ah, ¿Pero qué son los Vordrákus Rucruístas?
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—Analicemos mejor lo que significa Rucruísmo— me invitó él.
—Okey— accedí intentando no hablar tanto para no interrumpirlo, y menos
ahora que se estaba mostrando accesible.
—El Rucruísmo es un acto deliberadamente salvaje, se considera un Taboo
decir esa palabra. Es un pecado, para que mejor me entiendas.
Decidí no tomar el atajo que solía seguir cuando viajaba hacia ese lugar y
seguí un rumbo más largo.
—Veo que no quieres llegar—supuso don Libasteo con dejes de ironía.
—Prefiero que me siga contando más sobre ustedes. La muerte me puede
esperar un poco más.
Torcí el volante hacia la izquierda hasta que entré a una calle angosta. Esperé
a que un quinteto de chiquillos que estaban jugando fútbol se apartaran para poder
continuar con mi vehículo.
—¿Eres católico? — me preguntó. Su pregunta me tomó desprevenido,
pero aún así le respondí con la verdad.
—No. Mi única religión es mi ideología. Pero mejor continúe con eso de los
Rucruístas— le pedí amistosamente.
—Manipular a la naturaleza está fuera de las leyes mismas, está en contra de
la vida misma, es desafiar al poder natural, es alterar la naturaleza. Eso es el
Rucruísmo. Deformar el espacio natural, un acto prohibido y muy poderoso.
“Un Vordráku se considera Rucruísta cuando por medio de su poder mental
testerea aunque sea un poco el ambiente de la vida. Te dejo a consideración qué tan
poderoso puede ser el Rucruísmo como para manipular a su antojo a la naturaleza
misma. Es por eso que esa fuerza maligna hace que al Rucruísta cada vez que
realiza ese terrible acto, su alma se deteriore. La efolina que es como un líquido
transparente se comienza a quemar por dentro, haciéndose negra. Si bien no se
acaba nunca, pero la Efolina, o más bien, el alma gastada se rompe, entrando por
allí… Recruves… almas diabólicas que habitan entre nosotros en forma de
espectros que nadie puede ver, que buscan almas en las que puedan entrar, para así
poder vivir allí y dejar el limbo.
Por un momento creí quedarme sin aliento, pero no lo di a notar. Con voz
casi quebrada le pregunté.
—¿Qué son esas cosas, “Recruves”?
—Mira, muchacho. Allí te va la verdad sobre lo que le pasa a uno cuando
muere… sencillamente no es tan fácil como muchos creen, sobre todo para
aquellos que han sido considerablemente malos, es decir, si le diéramos un nombre
al infierno que los humanos creen, pudiera ser el limbo, es decir, cuando mueres y
logras atravesar el laberinto de la muerte, entonces vuelves a renacer, siempre,
nunca vas a desaparecer a menos que seas desterrado, es decir, a menos de que
alguien liquide tu alma.
“En la cuestión de los humanos, un desterrado es aquél que muere y le es
apartado el aliento, enviando a éste al otro lado de los olvidados. Algún día lo
entenderás mejor. Por lo pronto debes de saber hipotéticamente que un muerto no
pecador, por así decirlo, vuelve a nacer si continúa con su Alma, quizá eso es lo
que ha intentando interpretar la iglesia durante siglos por medio de las parábolas de
la biblia, en el caso de los Vordrákus, o con el aliento, en el caso de los Humanos.
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Puedes nacer otra vez en ésta época, en el pasado, e incluso más allá del futuro.
“Hay un caso de los que vuelven a nacer tiempo antes del que moriste, por
ejemplo, si mueres en el 2012, y vuelves a nacer a mediados del año 1900, o sea,
112 años atrás de lo que ya habías vivido, puedes recordar cosas de tu vida pasada,
incluso algo como destellos de recuerdos, es decir, cuando moriste en el 2012
supiste sobre la guerra mundial, quizá porque lo viste en Internet, o en el caso de
otro hombre mayor porque vivió en esa época, así que cuando vuelves a nacer en el
año de 1900 podrías recordarlo dependiendo de tu capacidad mental, como una
especie de espejismo, y así podrías decir: He visto que habrá una guerra
mundial… y obviamente la gente dirá: Dios mío, ese hombre es un sabio, un
vidente, un brujo, o un humano que revela profecías y ve el futuro, cuando ahora tú
y yo sabemos realmente porque esa persona ha dicho que habrá una guerra
mundial. Porque ya lo sabía, o porque ya lo había vivido en otro tiempo
¿Comprendes? Eso explica la teoría del Dejá vú.
Tragué saliva de más. Lo que el viejo decía tenía muchísimo sentido,
demasiado diría yo. Poniéndose a pensar correctamente bajo un árbol te darías
cuenta de que podría ser así.
—Bueno— dijo el viejo, —Te hablé de los que mueren, que significa volver
a nacer. Ahora te voy hablar de los que también mueren, pero por los actos de su
vida pasada, la muerte no les permite el paso hacia esa otra nueva vida, así que
ellos se quedan aquí, perdidos en la vida cuando ya están muertos.
“ Se manifiestan como espectros, como cosas extrañas, ustedes les llaman
Fantasmas a los humanos que han muerto y no han podido atravesar el laberinto de
la muerte. Nosotros le llamamos Recruves a los Vordrákus que viven entre la
muerte. Incluso aquí en Luzrrat hay muchos Recruves que han muerto y no han
atravesado el laberinto de la muerte, muchos de ellos murieron desde la época en la
que intentaron gobernar Egipto, y siguen aquí, volando por todo el mundo,
buscando almas. En el Caso de los Vordrákus que tengan el alma partida, o
humanos que bajo sus actos tengan su aura debilitada. Porque sí, un Recruve o
fantasma puede entrar en tu cuerpo cuando la protección que te cubre es
desgarrada, los Vordrákus haciendo Rucruísmo, y los humanos, Matando.
“Es entonces cuando el Recruve se apodera de ti. Pueden ser más de uno, quizá
mil… No lo notas, hasta que de pronto comienzas actuar y pensar diferente. Como
si alguien ajeno a ti inconscientemente estuviera manejando tu vida. Incluso hay
humanos y Vordrákus que los atraen… cuando los invoca.
El elegante sonido del mercedes, muy usual para mí ya que siempre lo
escuchaba pasó desapercibido.
—Yo…— no sabía cómo decirle, —Creo que yo puedo ver a esos,
Recruves… o fantasmas, lo que sea.
Resollé con más adrenalina.
Sentí la mirada fija del viejo sobre mi cara, más yo no lo miré.
—Los Vordrákus podemos percibirlos, a veces. Tú los ves. Me supongo que
es parte de una Cualidad Extraordinaria. Poder ver a gente muerta. ¿En dónde los
has visto?— me preguntó con voz serena.
—Creo que fue el martes o el miércoles, no lo recuerdo bien. Por la noche
fui a pasear en plan de relajación hasta que pasé por el cementerio. De pronto sentí
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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una especie de viento frío que me entró por mis orejas y luego, vi… eso.
No pareció preocupado por lo que le decía.
—¿Tuviste miedo? — quiso saber.
—No— dije sin tapujos—. Solamente me mostré desconcertado. ¿Por qué
me pasa?
—Creo tener la respuesta, muchacho, pero te la voy a decir cuando hayamos
entendido la teoría.
—¿Qué teoría? — le pregunté.
—La que posiblemente los envuelve a ustedes, con los de mi especie. Sólo
quiero que te quedes tranquilo en un aspecto. Dependerá mucho de las energías del
universo para que tú veas esas cosas. Es bueno que los veas, muy pocos humanos
lo hacen, y no necesariamente por estar Vinculado con los Vordrákus, sino porque
como tú, poseen algo especial que se le llama Cualidades Extraordinarias. Ya te lo
explicaré después.
—Está dejando muchas cosas para después— le reclamé con tranquilidad.
—Es interesante tener cosas de qué platicar después. Por lo pronto puedo
seguir con lo que te estaba platicando hace un rato. Ya te hablé de los muertos, que
vuelven a vivir, y de los muertos que se quedan atrapados en la vida. Es el turno de
que te hable de los Desterrados, que realmente es algo más fácil de explicar.
“Los desterrados ya no vuelven a nacer, porque por medio de un conjuro les
quitan el alma y la destruyen. Algo terriblemente aterrador, y es lo mismo para los
humanos. Hay sectas que adoran al Recruve mayor, lo que llaman demonio. Les
quitan el aliento a los humanos y ya no vuelven a vivir. En el caso de los Vordrákus
pueden desterrarlos con Rucruísmo.
—¿Es eso lo que les hicieron a los Vordrákus que Desterraron el otro día? Lo
que le dijo a Luko, que un par de Vordrákus habían atravesado el Asven de las
Bermudas y habían tirado una Avioneta, y entonces los soldados, o bueno, Canios,
como ustedes los llaman intervinieron y los Desterraron.
—Así es— dijo Libasteo—. Muchos de los nuestros creen que de dejarlos
morir, obviamente sabemos que por sus actos van a convertirse en Recruves que van
a andar en busca de otros cuerpos durante milenios hasta que encuentren uno. Y el
problema de los Recruves es que aún muertos recuerdan toda su vida pasada, aunque
entren en un cuerpo. Cosa que no pasa cuando vuelven a nacer.
Mis respiros eran los únicos sonidos que armonizaban el interior del mercedes
rojo, así que se me vino a la cabeza la siguiente pregunta:
—¿Ustedes respiran?
—Lo hacemos por costumbre. Para nosotros los Culminiams se nos ha vuelto
algo habitual, ¿Qué pensaría la gente si no siente que lo hacemos? Es más fácil
vivir en Penflitor, allá nadie tiene que fingir ser humano. No es que no necesitemos
el oxigeno, sino que a éste lo tenemos casi instalado….Somos como robot, pero
pensamos—rió.
—¿Usualmente va a ese lugar?— le pregunté casi conociendo la respuesta.
—Generalmente sólo voy cuando estoy en la fase rectruns.
Esa palabra “rectruns” ya la había escuchado antes.
—¿Qué es eso de fase rectruns?
—Los Vordrákus no somos serpientes—confesó don Libasteo antes de ¿Fingir
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respirar? —pero mudamos de piel en determinado tiempo.
—Ha—fue lo único que pude decir. Como él decía, ya habría tiempo para
saber más de ellos. Ahora había prioridades.
—Y hablando de Penflitor… ¿cómo es ese lugar?
—Algún día te hablaré de él, ya que hayas visto lo suficiente como para
creer, ya que el escepticismo nunca ha logrado descifrar los secretos de la vida, y
mucho menos algo que para ustedes los humanos creen que no puede ser real.
Realmente no entiendo la manía que tienen los humanos por explorar el universo
cuando ni siquiera han podido descubrir los secretos que guarda su propio mundo.
Me quedé perplejo.
—Está bien, lo entiendo, pero, dice que ustedes pueden entrar a la mente de
un cerebro débil, ¿cierto?
—Así es.
—¿Otra cualidad extraordinaria?
—En realidad no lo es, más bien la considero una habilidad perfecta. Los de
mi especie le llamamos «Etmenfismo» y es una habilidad que los humanos también
pueden lograr hacer. Es muy útil cuando se trata de saber lo que el otro piensa, por
ejemplo en un juicio de sentencia, ya que el retenido es sometido a «Etmenfismo»
por un Vordráku «Etmenfista» que como has de suponer su trabajo se milita a
husmear mentes. Yo por ejemplo estudie tres años humanos de Etmenfismo, ya que
es fundamental para mi carrera de rastreador.
—Interesante—admití—. Entonces pueden lograr comunicarse mentalmente
¿no?
—Así es—corroboró don Libasteo—es algo así como astralmente, tú decides
con quien quieres compartir tus pensamientos, y si el otro accede pues comienza la
comunicación.
—Algo mejor que el celular—dije entre dientes—. ¿Qué cobertura en
kilómetros tiene ese tipo de comunicación? ¿Podría comunicarse desde aquí,
México, con alguien que esté por ejemplo en España?
Don Libasteo rió.
—No es para tanto, muchacho, cuando mucho la cobertura que tú dices solo
funciona en una ciudad pequeña como ésta.
—¡Vaya! —murmuré, sin embargo mis dudas aún no terminaban— Cuénteme
más ¿Ustedes pueden ver con la misma nitidez que un humano como yo?
Don Libasteo parecía complacido respondiendo mis dudas.
—Nuestra vista es más aguda, es decir, logramos advertir colores que los
humanos no tienen ni la más remota idea sobre su existencia, por ejemplo, nosotros
no podemos ver el azul del día en el cielo, no como ustedes lo ven.
“Todos los Vordrákus hasta los quince años aproximadamente podemos ver
todo como lo ven los humanos, incluso el cielo, sin embargo es allí el momento en
que todo cambia en nuestro entorno. Cuando a mí me pasó fue completamente
extraño observar el plano en el que estaba parado. Mi vista parecía estar partida a
la mitad, en la tierra había color y luz, y al mirar hacia el cielo todo era negro, en
lugar de azul, veía el espacio… los astros, las estrellas… el sol y la posición de la
Luna. En la tierra había luz, y al mirar en el cielo estaba el espacio, lo que los
humanos no pueden mirar a simple vista… todo fue realmente impresionante en
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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aquellos tiempos.
Me imaginé todo como si yo hubiese sido don Libasteo en su edad
adolecente. ¡Qué impresión!
Contemplé con insuficiencia las pequeñas casas coloreadas con interesantes
grafitis sin forma a través de los cristales polarizados de mi auto. Iba a poner un CD,
no obstante me retracte en el momento en que de mi boca salió como murmullo la
palabra Rucruísmo.
—Creí que a ti no te podía sorprender nada, muchacho— me aseguró el viejo
con una media sonrisa.
Sonreí poco convincente. Fijé la vista adelante y metí la velocidad “2” cuando
llegamos a una carretera larga sin peligro de atropellar a nadie.
—Bueno— murmuré, —Pasa que…no me lo imagino, eso del Rucruísmo por
ejemplo.
—No debes de imaginártelo cuando tú mismo has visto una ceremonia de esa
magnitud.
—¿Qué?— dije entre el rugido de Sebastián al intentar frenar para no
quedarme metido en un bache…. (Ciudad Guzmán los espera con los Baches
abiertos)
—Aquella tarde en la casa de Fahme.
Repentinamente aquellos inexplicables rayos que explotaron en dirección de
ambos volcanes se me vinieron en mi mente como un rótulo pegado en mis ojos.
—Eso fue Rucruísmo entonces— no era una pregunta, sino una cruda
afirmación para mí mismo.
La boca la tenía reseca, y pese a que la garganta la sentía rasposa como para
seguir hablando, lo hice.
—Lo que sucedió aquella tarde ¿lo hizo uno sólo?
—No— respondió. Ésta vez le eché un vistazo. En su frente habían aparecido
algunas arrugas—. Los tres Canios; Lukofkie, Briamzallo, y Alffaíth rastrearon
cuatro o cinco energías diferentes. Es decir, cuatro o cinco Vordrákus.
Fruncí el ceño. Me había vuelto a confundir.
—¿Para qué lo hicieron? ¿Para qué alterar la naturaleza de esa manera? Todos
los que actuamos lo hacemos por algo, ¿Ellos por qué?
Don Libasteo no dijo nada en algunos segundos. Quizá meditaba, pero al final
respondió.
—El Rucruísmo muchas veces lo usan como arma de defensa, o por el simple
placer bélico. Sin embargo ese Rucruísmo del que hablamos tuvo como objetivo un
poderoso conjuro.
—¿Un Conjuro?— repetí teniendo cada vez menos ganas de llegar al cerro de
los ocotillos. Por eso volví a reducir la velocidad. El viejo dedujo mis intenciones, lo
supe cuando rió entre dientes.
La palabra conjuro encerraba muchas cosas, muchas energías quizá oscuras,
como las que pasaban en las películas, como las que hacían las brujas, los
chamanes… estuve de acuerdo con mi cerebro en que tenía que escuchar la versión
del viejo…
—Ese conjuro tuvo como fin provocar algo que casi hemos descubierto, por
ahora no te lo voy a decir, esto porque todavía no estamos completamente seguros
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de nuestras suposiciones. Una suposición que se remota a una posible teoría de lo
que pasó con ese conjuro Rucruísta aquella tarde, de la que salió afectada mucha
gente, entre ellas ustedes cinco.— hizo una pausa sólo para mirar a través de su
ventana algo que no puede ver yo. Le puse atención otra vez cuando se reflejó un
poco distorsionado— Debiste de haber tenido la mirada de un Vordráku, la mía por
ejemplo. De esa manera te hubieras dado cuenta de lo cambiado que estaban al día
siguiente del Subrepticio.
—¿Subrepticio?— dije atropellando las palabras.
—Llamamos a ese conjuro con ese nombre… porque Subrepticio es la
Definición de algo que se hace ocultamente, a escondidas… algo que se hace en
secreto. Como ellos, los Vordrákus enemigos que actúan de esa manera, y como
ahora nosotros estamos actuando ante la Corddex Mayor de Balán, y la Corddex
Mayor de Culminiams, tenemos que actuar en Subrepticio…. Todo ahora está
mezclado en ésta palabra.
—Vaya—dije—mejor continúe. Decía algo de que nosotros nos veíamos
diferentes un día después del… Subrepticio.
—Ah sí, —recordó—Al día siguiente como ya lo he dicho, su aspecto fue
diferente, incluso el olor de sus cuerpos, o más bien de sus carnes cambió, el mismo
olor que días antes había comenzado a proferir el chico rubio, Fahme. Así que
comenzaron las conjeturas:
“El día del conjuro, él los llevó a su casa, como si todo hubiese sido producto
de un plan para que eso pasara. Después los llevó a la azotea, según me contaron Tú
y Rigo al día siguiente cuando les pregunté lo que habían hecho el día anterior
cuando me preguntaron por el paradero de las chicas que al final encontraron
sentadas en el estacionamiento con Fahme. Los llevó a la azotea precisamente a la
hora en la que sucedió aquél fenómeno, como si él supiera de antemano lo que iba a
ocurrir. Siguiente paso, al día siguiente cambian de aspecto, como si el conjuro les
hubiera afectado.
“Para ser más exactos, ya les dije que comenzaron a oler diferente,. Pero sobre
todo sus ojos brillaron más de lo que les brillaría a un humano, cosa que obviamente
yo pude ver.
“Los latidos de sus corazones los escuché más fuertes y rápidos, y por si fuera
poco, esos Vordrákus Rucruístas los comenzaron a seguir por alguna razón que
todavía desconocemos.
“Suelo acertar en mis corazonadas (Como dicen ustedes los humanos) por eso,
esa misma tarde, cuando los vi diferentes me acerqué a ustedes y dejé que mis
palabras fueran sabias y salieran solas de mi boca, y esas palabras hicieron que los
confundiera con mis enredos, hasta llegar al grado de provocar que fueran al
campamento aquél fin de semana. Suena estúpido, pero gracias a ese viaje todo
siguió su rumbo.
Hubo una expresión en mí. Fétida, e irreconocible. Suspiré más que nunca y
volví a tragar saliva.
—Ya decía yo que usted mentía ese día del a catástrofe.
Don Libasteo sonrió complacido.
—Ese día de campamento en el nevado de colima, yo estuve allí también,
muy cerca, pero lo suficientemente alejado para que no me vieran. Repentinamente
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encontré el rastro de dos energías diferentes. Eran un par de Vordrákus, pues olí dos
energías diferentes, por eso lo supuse. Creando conjeturas, evidentemente ellos
percataron mi presencia, así que decidí alejarme, pero siempre teniendo mi vista
pegada al lugar en donde ustedes estaban.
“La tarde llegó, y advertí que ambos Vordrákus tramaban algo, porque
súbitamente se alejaron de la zona. Utilicé ese momento en el que ellos se alejaron
para acercarme a tu Jeep y tronar la llanta, ¡Lo siento! De verdad— me atraganté,
pero seguí manejando, casi sin aliento. “Y yo que estuve a punto de asesinar a
Andru”—lo hice para que se demoraran un poco más mientras la instalaban, y así
saber más sobre los movimientos de esos Vordrákus. Pero en fin, hasta ese instante
no pasó nada, así que el Jeep avanzó y yo me fui atrás de ustedes—No me
imaginaba al viejo Libasteo saltando y girando en el aire como lo hacía Luko… él
ya estaba viejo, pero… bueno, quizá era ágil. Todo se podía esperar de él—. De
pronto la energía se intensificó, sabía que ese par de Vordrákus estaban cerca otra
vez, hasta que repentinamente se interpusieron en su camino. Cosa que tú mejor que
nadie lo sabe—Lo recordé—. A pesar de la actitud de Ambos Vordrákus, ellos no
tenían la intención de matarlos, a pesar de que uno de ellos hiciera ademanes que
decía lo contrario. Sólo traban de asustarlos.
“Me esforcé por entrar en la mente de alguno de ellos, pero entonces escuché
cuando uno de ellos le decía a otro que se había percatado de mi presencia. Iban a
atacarme, pero al final creyeron que ese otro Vordráku debía de pertenecer a su
misma fuerza que estaba vigilándolos. Por eso me retracté y no volví a intentar
adentrarme en sus mentes.
“De todos modos estuve a la defensiva, esperando el momento de actuar en
caso de que ese par intentara hacerles daño. ¡No me subestimes! Muchacho, porque
a pesar de como me ves, suelo ser letal.
En otra circunstancia me hubiese burlado, pero lo único que al final le pude
decir fue:
—Ah.
El viejo fue ahora quien se burló. Después continuó la versión de los hechos
desde su punto de vista.
—Aún me parece extraño, y en mis tiempos libres he intentado interpretar de
alguna manera el acto que hizo el chico rubio cuando apareció sorpresivamente a
defenderlos. Lo único que entiendo es que los Vordrákus intentaron atacarlo y por lo
que me di cuenta, Fahme posee una cualidad extraordinaria que él mismo
desconocía, pero que en alguna parte de él sabía que podía hacer, por eso intentó
tomar el auto control de un cuarteto de Leopardos que él percibió cerca de la zona.
Los Leopardos atendieron a su llamado y fueron a su ayuda tratando en vano de
asesinar a ese par de Vordrákus poderosos. Los Vordrákus no hicieron nada cuando
ustedes se marcharon, y claro que no fue por los Leopardos, que para ellos es como
tener un par de plumas de cisne, sino porque estaban estupefactos al no saber por
qué los Leopardos habían acudido a ayudar al muchacho rubio.
Mis ojos se abrieron como un par platos.
—“¿El güero ranchero invocó a esos Leopardos?” —temí haberle reventado
los tímpanos a don Libasteo por el semejante volumen que utilicé en la pregunta—.
“¿Eso también se considera Rucruísmo?”
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Lo miré, sin embargo él con calma sólo observaba por la ventana de su puerta.
—El Rucruísmo es un poderoso mandato que no se detiene a pedir una
opinión, sino que se hace lo que el Rucruísta quiere, mientras que la invocación
voluntaria solo es eso, voluntaria; los invocados eligen atender a la invocación o por
el contrario negarse. Por eso es llamada una cualidad Extraordinaria, porque ese
fenómeno ocurre involuntariamente.
“Fue entonces cuando esa misma noche seguí a ese par de Vordrákus. Usaron
Rucruísmo claro, porque sorpresivamente ya no los vi, se esfumaron en el aire, y
entonces vi a Luko y creí que él había sido el causante de todo. Cosa que no era
cierto por supuesto. Luko, a sabiendas de que yo soy un viejo a migo del Custorio de
la Corddex Andica me llevó por ese Asven nuevo, hasta llegar a una pequeña cueva
rojiza allá en Penflitor, donde me esperaba Brimbicor Lay-cidio, junto con su fuerza
secreta. Luko, Zallo, Alcambridgue, Talmira y Alffaíth. Allí también estaba su bella
hija, Ashlia Succeny. De esa manera Brimbicor confiando en mí, a pesar de que yo
pertenezco a la Corddex Culminiams, y mi trabajo es impedir que Vordrákus no
autorizados por la Corddex mayor de Balán atraviesen fallos, me reveló todo lo que
había pasado.
“De la misma forma, yo lo puse al corriente de lo que sabía. Pude haberlo
denunciado ante Balán, por haber descubierto un fallo y no haberlo hecho saber a
sus autoridades, pero conozco a Brimbicor, y sé lo que él es. Un gran ser que a pesar
de estar en persecución en busca de los causantes de la muerte de su hijo: Mattlor
Kretvo Lay-cidio, ahora se ha dado a la tarea de resolver este gran misterio del
nuevo fallo, y de los Vordrákus Rucruístas que están aquí, como lo hubiera querido
el viejo Erebo, claro. Y así continuó todo hasta ahora.
—Quien era la mujer, es decir, Kadressa, como ustedes definen al sexo
femenino, que estaba aquella tarde en el subterráneo.
—Oh—musitó don Libasteo—Ella es Kalardia Diarte, y según Alcambridgue,
uno de nuestros aliados, luego de que Luko, Zallo y Alffaíth hubieran llegado a
Penflitor, Alcambridgue que era quien resguardaba ese momento la cueva del asven,
(el lugar donde reposa el nuevo Asven) detectó que alguien lo atravesaba de retorno,
alguien que venía de Luzrrat… y era Kalardia. La apresó y después de una peligrosa
pelea la logró detener. No obstante nos ofreció pocos detalles, ya que según ella no
sabía más. Incluso Brimbicor Lay-cidio la sometió a Etmenfismo y corroboró que lo
que decía era verdad. Después de todo Kalardia al final aceptó ser nuestra aliada.
Todo esto me parecía ficticio, como en una película. Por eso me costaba
admitir que era verdad. Aún había miles de Enigmas por descubrir a pesar de los que
ya me había revelado el viejo Vordráku Libasteo. De todas maneras ya me habían
quedado claras varias cosas:
Ellos no eran humanos, y sin embargo nosotros los humanos alguna vez
fuimos como ellos. Pasaba algo en el universo, algo que jamás alguien se hubiese
imaginado, vivían otras especies ocultas dentro de él, y ahora vivíamos en medio del
peligro. Los Vordrákus habían venido por nosotros para... No lo sabía, pero quizá era
para algo peor que la misma muerte, que el mismo destierro, algo más que la misma
vida.
Todo comenzó a tener más sentido.
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Amenaza
_____________________________________________________________________
*Ric
…Continuación
C
uando el reflejo del cerro verde empinado con árboles largos se imprimió en
mis ojos, sentí un apretujón que alborotó a mis tripas dentro de mi panza.
Tuve un ligero mareo cuando dejé el auto en las faldas del cerro, de dónde
había tierra amarilla pegada en el suelo.
Miré hacia la punta del cerro y luego devolví mis ojos hasta el viejo, que ya
se aventajaba caminando hacia arriba.
Apenas y podía creer que ese viejo pudiera ser un Vordráku, por eso esperé
ver que volara, que hiciera algo extraordinario que le permitiera a mi cerebro
confirmarlo.
Pero no lo hizo.
Anduvo mirando hacia arriba, como si buscara a alguien. Yo seguí
caminando atrás de él.
Por un momento me alarmé considerablemente. Estaba preparándome
psicológicamente para ver aparecer en cualquier momento a un montón de
Vordrákus que me iban asesinar, aunque todavía no ideaba en mi cabeza la forma
de cómo lo harían, así que preferí no pensar en ello.
Yo siempre fui un chavo fuerte que muy pocas veces había necesitado la
ayuda de nadie, por eso odié esa tarde haber pasado a ser el chico sobreprotegido…
el que estaba siguiendo órdenes de un viejo Vordráku.
El olor a verde que despedían las plantas largas espinudas, los árboles flacos
pero altos, y el pasto largo que salía de la tierra húmeda me penetró idolatrada
mente.
Me tuve que repetir varias veces que todo iba a salir bien.
No tenía miedo de morir, pero creí que no era la manera y ni la hora para
hacerlo, y menos en manos de esas cosas cuando pude haber muerto en un
accidente automovilístico, o a causa de una sobredosis, preferiría cualquier otra
causa, menos esa.
Si yo fuera Dios. Nunca se me hubiera ocurrido inventar a la humanidad.
Preferiría haber procreado a mil demonios antes que a un solo humano. ¿Por qué
nací?
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Fríamente sentí que en mi pecho estalló algo por dentro, como si hubiera
sentido la presencia de alguien.
Entonces alcé la vista, intenté mirar las nubes, pero una vez más las copas de
los árboles me lo impidieron.
Seguí subiendo ese cerro, tras el viejo. Había humedad, incluso pude sentir
ligeras brisas de neblina que nacía de no sé dónde. El viejo se paró en seco, y me
miró.
Él estaba muy arriba como para intentar percibir la expresión de sus ojos.
Pero aún así supuse que algo andaba mal.
Ya se me había hecho habitual en esa tarde tragar, y tragar saliva, pero ¿Qué
podía hacer cuando intentaba pensar en otra cosa? Pues solamente tragar saliva.
—“¡Acércate a mí!”— me gritó con voz predominante, como si su voz
hubiera nacido para mandar.—¡Vamos!.
Inmediatamente corrí hasta él con pasos largos. Me resbalé y me estampé
contra el suelo. El viejo ni siquiera me miró. Yo me levanté rápidamente,
tembloroso, lo miré, él me devolvió la mirada impresionado por algo que hasta
ahora no entendía, pero al mismo tiempo era algo que yo mismo suponía.
Escuché un chirrido del lado oriente.
—¡No te apartes de mí!— dijo el viejo alarmado.—¡Ya encontraron tu olor!
Comencé a respirar muy de prisa, me puse detrás del viejo, inconsciente de
lo que hacía. ¿Tenía miedo?
Entonces inmediatamente escuché tres fuertes golpes, profundos y secos.
Sentí como si el estallido de los golpes se hubiera producido en mis propios oídos.
Más tembloroso que antes quise reaccionar después de darme cuenta de que
Luko, Zallo y Alffaíth habían aparecido volando entre los árboles como tres
reflejos negros hasta llegar a nuestro lado.
Hubiera muerto de la impresión con ese fuerte golpe de haber estado
propenso.
El viento hizo extender sus trajes negros que ellos llamaban vesnicas
mientras el viento soplaba y remolinaba sus cabellos, sobre todo el cabello largo de
Zallo.
Bajé la mirada mientras olía ese aroma a Vordráku. Vi a los tres pares de
botas negras y largas mientras Luko decía:
—Se han escapado, aunque no van a irse de éste terreno.
—¿Nos han rastreado a nosotros?— quiso saber el viejo.
—Probablemente sí. Son tres, Rucruístas, al parecer— confesó Luko con esa
voz tan suya.
Seguí mirando al suelo. No comprendo por qué no tuve el valor de mirarlos a
los ojos.
—Zallo fue quien los interceptó, pero si ya nos rastrearon a nosotros dudo
mucho que tengan la valentía de venir hasta aquí.
El corazón me seguía temblando. Así que levanté la cabeza y miré a los
cuatro Vordrákus. Ninguno me miraba. Alffaíth parecía estar percibiendo olores,
como Zallo lo hacía. Luko estaba concentrado para sí mismo, y el viejo Libasteo
miraba alrededor cubierto por árboles y veredas sinuosas.
De repente Luko rugió, mostró un aspecto férreo cuando nos miró con sus
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ojos verdes brillantes agrandados.
Alffaíth se puso rígido y Briamzallo no fue la excepción. Los cuatro
Vordrákus dirigieron su mirada a un mismo rumbo. Miraron hacia el precipicio del
cerro verduzco. Debo de admitir que fue extraño que de pronto sintiera un
cosquilleo en la panza, como si fuera a pasar algo malo.
Fueron mis propios instintos los que me obligaron a retroceder, sabiendo que
algo ocurría. Los Vordrákus no podían engañarme, parecía que sus ojos intentaban
encontrar algo. Alffaíth resolló con una intensidad que fácil pudo haber extraído a
un árbol.
Hubo un momento culminante cuando la temperatura se comenzó a bajar, el
oxigeno comenzó a dejar de tener oxigeno y el viento se detuvo. Como si todos los
elementos naturales hubieran desaparecido.
Luko miró a Alffaíth con una armadura dura y preocupada en su rostro.
¿Estaban hablando por medio de sus pensamientos?
Los cuatro repentinamente adoptaron una actitud severa, como un cuarteto
de felinos, como si fueran leones apunto de atacar, se inclinaron y flexionaron sus
rodillas. Volvieron a Rugir, pero ni siquiera a eso le puse la atención correcta
cuando comencé a tambalearme, el aire casi se había ido… ¿Qué había pasado? ¿El
mundo se había detenido?
Solo había una respuesta: Rucruísmo.
—¡Alejaos!— me gritó Luko cinco veces más fuerte de lo que cualquiera de
nosotros hubiésemos podido, dejando eco en el aire, colillas de armonía alarmante
en el ambiente, pero sobre todo clavando el terror en mí.
Tenía que correr, por alguna razón, por la que fuera, pero con el poco
oxigeno que había difícilmente podía moverme, incluso pronto estuve tembloroso,
me sentí incapaz de prevalecer parado.
Hice un intento sobre humano por correr.
Todo pasó tan rápido que con dificultad pude observar el momento exacto en
el que Luko y Zallo desaparecieron de mi vista cuando se suspendieron en el aire
convirtiéndose en esos torbellinos negros de hacía unos minutos dirigiéndose ésta
vez hacia arriba del cerro como si persiguieran a algo o alguien, mientras que el
viejo Libasteo se ponía frente a mí como si intentara protegerme de ese algo o
alguien por el que habían ido Luko y Zallo.
Alffaíth a su vez se quedó parado donde mismo, mirando hacia arriba,
probablemente el trayecto de sus compañeros.
Repentinamente aparecieron nuevos torbellinos negros en el aire. Ya no eran
dos los que volaban, sino cuatro, dos más. No sabía quién perseguía a quien, sólo
se escuchaban fuertes sonidos producto de los giros de los Vordrákus en el aire.
Mis ojos se movieron por todos lados, y los sonidos que se producían como
si fueran relámpagos se apoderaron del cerro.
Hubo diferentes choques en los árboles, como si fueran estallidos.
—¡Alffaíth!—gritó don Libasteo que había adoptado una posición de ataque,
—. ¡Prepárate! ¡Hay un Vordráku en la punta del cerro que hará un fuerte
Rucruísmo, puedo sentir la energía!
Al escuchar aquello cerré los ojos.
Un fuerte estruendo y sonido sordo creció inmediatamente, abrí los ojos
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nuevamente y observé petrificado cómo desde las alturas del cerro se abría una ola
de fuego que iba creciendo y acercándose a nosotros de manera monstruosa
destruyendo al mismo tiempo todo lo que encontraba a su paso, como una plaga.
Por primea vez grité con verdadero terror. El extraño equilibrio de mis
emociones y de la naturaleza que comenzaba a tener oxigeno me lo permitió. Pude
sentir el calor de las llamas anaranjadas, y quise imaginarme en dos segundos
cómo sería morir entre el fuego, cómo sería acabar de esa manera, cómo sería
soportar las quemaduras en mi cuerpo mientras intentaba gritar, manotear, palotear
mientras el fuego me incineraba. Los ojos se me abrieron como nunca, sentí que la
pupila se me salía cuando el fuerte sonido del fuego se acercó hasta Alffaíth que de
pronto proclamó Rucruísmo con palabras ininteligibles
A continuación sentí una fuerte presión cuando Alffaíth extendió sus brazos
hacia sus costados con ese fuerte grito y el fuego se estampó justo frente a él
arremolinándose hasta que de pronto el oxigeno se volvió a ir y mi respiración se
apagó, al mismo tiempo que lo hizo el impertérrito fuego devastador.
Caí al suelo luego de mirar cómo el fuego se congelaba en el aire.
Después todo se oscureció.
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Dentro del alma
_____________________________________________________________________
*Das
L
a vida no es tan injusta como nosotros pensamos, al
contrario, a nadie nos permitió nacer siendo malos, o siendo
buenos, siendo ricos o siendo pobres… son nuestras propias
decisiones las que nos llevan a seguir el trayecto que mejor nos
conviene, aunque a veces ese trayecto nos lleve por el rumbo
equivocado.
Existe una consistencia en los humanos muy común. Se
sabe cuando nos duele, se sabe cuando somos felices, mas
cuando amamos es algo que muchas veces nos negamos a
admitir, como si fuese un pecado mortal, como si fuese un
subscrito del demonio al que no debemos de rendirnos.
No lo es por su puesto, y hay que gritar mil veces ¡Te
Amo! Antes de morir, porque de esa manera, porque si mueres
entonces tus sentimientos habrán sido vanos, como si nunca
hubieses amado, como si nunca hubieses pensado en que esa
persona viviría contigo eternamente.
Eso es así cuando amas, el peor dolor quizá, la mejor
opción quizá…
Pero yo no lo sabía. Nunca había amado.
Ahora lo sé.
Es fácil amar, pero muy difícil ser correspondido.
O simplemente es difícil que la persona a la que amas te
ame a ti también. Ahora bien, qué pasa cuando te enamoras de
alguien que no pertenece a tu especie, cuando ese otro no es
humano… eso probablemente sea tan descabellado como besar
los labios del mismo diablo.
Y esa era yo, una estúpida ingenua enamorada de un demonio.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
El monte los ocotillos en Ciudad Guzmán Jalisco México sufrió un
enigmático incendio que según testigos duró un lapso de 20 segundos,
apagándose de una manera extraordinaria.
No hay daños graves en terreno y mucho menos víctimas, informó el
Departamento Forestal de Ciudad Guzmán.
Por su parte, el portavoz del Servicio Forestal estatal Marco Antonio
Murguía , dijo al diario “Sur de Jalisco”, que el incendio inició en la zona
oriente, en la punta del monte hasta llegar algunos treinta metros a la mitad
del mismo. Aseguró que muy poca gente lo observó, y según la teoría que
ofrece el servicio Forestal Estatal, se trató de un incendio provocado,
habían restos de una gran cantidad de gasolina que fue la causante de todo,
pero se cree que gracias a la humedad a causa de las lluvias de éste verano
el…
Ric me quitó el periódico cauteloso. Lo dobló en cuatro partes y lo puso en el
buró que estaba junto a su cama.
Era la tercera vez que lo leía en voz alta, descreída, pero preocupada.
—Ya te dije que escribieron puras idioteces— exclamó Ric sacudiendo la
cabeza inconforme— ¿A quién se le ocurre que…? ¿Y que por la humedad…?
¡Puf! Nada congruente.
—Bueno, —le dije, —Fue buena idea que don Libasteo vaciara todos esos
galones de gasolina para intentar excusar todo.
—Más bien fue una suerte que los bomberos llegaran después de que don
Libasteo fuera en mi auto por gasolina— corrigió él.
Me recargué en la cabecera de la cama, donde él permanecía recostado.
—Pero fue mejor que no te haya pasado nada malo— le di un beso en la
mejilla. Él me sonrió después de acariciar mi pequeña mano que estaba en la suya.
—Si no fueras mi hermana, “Me casaría contigo”
Lo miré y nos echamos a reír juntos.
—Como si alguna vez en tu vida hayas pensado en casarte—le solté todavía
riendo. Ric parpadeó y sonrió.
—Es una suerte tenerte cerca, y a Erika también—murmuró él con palabras
“Hermosas” y más tratándose de él, que nunca había dejado que nadie interviniera
en su corazón.
—Erika no se ha apartado de mí desde ayer— murmuró Ric bostezando, —.
Por favor Nada de decirle nada de nada a Mauri, y mucho menos a mi abuelo.
—Ya me lo has repetido veinte veces—le recordé.
—Veintiuno— afirmó.
—Está bien, Veintiuno— le seguí el juego, —. ¿Te sientes mucho mejor?
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
Él hizo un puchero cuando me miró.
—Yo estoy bien desde ayer, Margarita no debió de haber llamado a Erika
sólo porque me vio mal. En fin. Solamente fue que me bajaron las defensas a causa
de que desapareció el oxigeno dos veces, la primera vez lo hicieron los Vordrákus
enemigos. Dijo don Libasteo que no querían matarme, sólo que sufriera, y mira que
lo lograron, es terrible no poder respirar. La segunda vez lo hizo el tipo Alffaíth, él
tuvo que hacer descender el oxigeno para que así el fuego se apagara, yo no lo
soporté y por eso caí inconsciente. Don Libasteo tuvo que sacarme de esa zona, y
después me contó eso de la gasolina, de los bomberos…y esas cosas. Se tenía que
explicar de alguna manera la razón del inicio del incendio ¿no? “Los Vordrákus
provocaron el incendio por medio de Rucruísmo” qué gracioso sería esa versión en
un periódico. Yo tengo conciencia después de dos horas, me encontraba en la casa
del viejo. Me puso oxigeno. Ve qué cosas. Sabe de primeros auxilios. No sé ni
siquiera por qué te estoy contando otra vez todo esto si ya van como veinte veces
que lo hago.
—Veintiuno— le dije riéndome—Mamá te va a dar vitaminas, minerales y
hierro. Dudo mucho que permita que hagas ejercicio. Cree que ha sido por eso la
causa de tu debilitación. Por desgate físico. Un chico vanidoso y Metrosexual. Yo
creí lo mismo ésta mañana cuando te vi acostado en tu cama.
—¿Tan mal aspecto tengo?— dijo sin soltarme la mano.
En el modular de Ric escuchábamos la canción de Coldplay - Clocks con un
volumen que parecía murmullo. Muy relajante por supuesto.
—Ve la suerte que tienes— le dije mientras contemplaba su rostro. Él tenía
los ojos cerrados, —A pesar de todo, siempre eres, y serás el más guapo del
mundo. Además Estrella tiene razón. Tus ojos son tan lindos como los del actor
español: Maxi iglesias
—Maxi iglesias—repitió él con voz casi inaudible—No sé si me debo de
sentir afortunado. No lo conozco, pero tú… no vayamos tan lejos para encontrarte
una actriz que se parezca a ti… eres casi idéntica a Ariadne Díaz… pero, tus ojos
grises son más bellos… y dulces, como tú.
Por un momento hizo que me ruborizara.
Me preocupé por su salud mental. El susto le había afectado tanto que ya hasta
estaba viendo alucinaciones… ¿compararme a mí con Ariadne Días? Sacudí la
cabeza.
—Tú eres más guapo que Maxi iglesias— le dije con el afán de olvidar el
comentario anterior.
—¡Y tú más linda que Ariadne Díaz!—me respondió con una media sonrisa,
porque después se quedó dormido como un chiquillo no antes de regalarme un CD
de música instrumental que había grabado para mí. Entre la lista de autores
destacaba Richard Clayderman, mi favorito.
Le di otro beso, pero ésta vez en la frente. Quité mi mano de la suya, y me
levanté. Le puse la cobija sobre su cuerpo, apagué el modular y salí de su
habitación después de cerrar la puerta.
Me despedí de mi madre y me fui a casa de Estrella.
Éramos afortunados al no tener que asistir al Instituto ésta semana. Ya
faltaba cada vez menos para la graduación.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
¡Qué emoción!
Di un bostezo cuando me bajé del camión y caminé hasta la Mansión de
Estrella, mi nuevo hogar… mientras se arreglaba todo lo demás.
Mientras comíamos, Estrella pareció consternada cuando le platiqué todo lo
que me había dicho Ric.
—¿Pero está bien?— me había dicho preocupada.
—En lo que cabe—le respondí no estando muy bien segura de lo que yo
misma decía—A pesar de lo fuerte y valiente que es, lo que sucedió ayer lo dejó
con un pequeño trauma emocional, muy pequeño claro. Necesita descansar. No
estaba trabajando con sus cinco sentidos —recordé con rubor a la actriz con la que
me comparó— de otra manera no me hubiera dicho nada… de lo que le dijo don
Libasteo claro.
Partí un trozo de carne y me la eché a la boca. Intenté hacer los mismos
movimientos de Estrella, al parecer mascaba como treinta veces antes de pasar
cada trozo de comida.
Desde que me había ido a vivir con ella había modificado mi forma de vivir,
casi en todos sus aspectos.
Ahora hacía ejercicio con ella. Aeróbis. Mi dieta había cambiado. Incluso
cuando me veía en el espejo creí estar más chapeada. Esa tarde estuvimos
platicando en el jardín de todo esto… sobre los muertos que vivían en la muerte,
sobre los muertos que renacían, y pese a que eran cosas demasiado complicadas de
entender, con el miedo en nuestras manos reflexionamos detalladamente la palabra
Rucruísmo.
Si Ric me lo había dicho, con esa seriedad que yo conocía, debía de
preocuparme.
Ese incendio sólo significaba una cosa:
Con forme el tiempo pasaba, y nosotros seguíamos allí, en cada segundo nos
acercábamos más al precipicio en donde al fondo de él nos esperaba la muerte.
Los Padres de Estrella le hablaron por teléfono como a las cinco de la tarde,
y yo me fui a la recamara que ella me había asignado. Tenía una ventana grandota
como todas las de la casona, y la mía daba hacia un valle, pues éstas Mansiones en
conjunto estaban al pie de un monte verdín.
Por esa larga ventana entraba aire frío, aire caliente, por allí se podían mirar
aves volar, aves cantar, incluso a veces había observado a un montón de ardillas y
conejos correr entre ese monte colosal.
Rigo tenía razón. Vivíamos dentro de un valle que nos protegía con sus
montañas. Ciudad Guzmán es un sublime palacio incogible, cuyas bardas están
echas de férreas montañas verdes incapaces de sucumbir.
Y qué hermosa vista tenía yo desde mi habitación.
Me gustaba ese lugar. Siempre que habría de par en par esa venta grande,
entraba por allí el sabor a campo, a árboles, a flores… a verde. Un monte fresco
que entraba a una recamara fría.
Pero incluso nada de eso era comparado a cuando llegaba el anochecer, ya
que en ese instante todo mi mundo se iluminaba… porque en ese instante mi
mundo brillaba con un gran entusiasmo inenarrable. Como si el viento me bañara
con sus brisas invisibles, cristalinas, pero tan hermosas como los diamantes. A esa
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hora ese viento armonioso y blanco me abrazaba, mientras yo extendía mis brazos
hacia los lados e inclinaba mi cabeza hacia mi espalda, permitiendo que ese abrazo
lleno de brisa rociara todo mi cuerpo, desde mi cuello, hasta mis pies.
Sabía que la hora había llegado, la hora de decirle a Estrella que saldría a
pasear. Ella todavía hablaba por teléfono muy emocionada…
Sin molestarla salí de la casona y le di la vuelta al terreno hasta que llegué a
esa piedra cuadrada que estaba a lo alto del monte. El frío recorrió todo mi cuerpo
con sus notas frías acompañadas por la frescura de esa noche… como si el viento
me cantara una linda canción por medio de sus murmullos cantantes, hermosos y
apacibles.
Desde hacía cuatro días mi vida había cambiado, y se había vuelto azul,
como el cielo, azul como el mar en la superficie cuando el sol lo hace brillar y
destellar con gran alegría, como si ese azul le sonriera a la vida… pero incluso esa
nueva vida se me había vuelto tan azul como sus ojos, que me miraban desde esa
piedra cuadrada, mientras me esperaba, otra vez, una vez más… como desde hacía
cuatro días, los más felices de mi vida.
Corrí con una fuerza insuperable, con una rapidez extraordinaria, antes de
que desapareciera, antes de que me abandonara y me dejara con un hueco en la
soledad.
Con el poema entre mis labios, con su corazón entre mis manos, y con mi
corazón entre mis pies. Corrí con júbilo, como si de un momento a otro fuera a
despertar…
Y allí estaba él inclinado como un felino, con sus rodillas flexionadas,
mirando a través de sus dos luceros azules, bajo ese árbol único testigo de nuestro
encuentro, como si fuéramos un par de enamorados… Romeo y Julieta.
Nadie podía enamorase de nadie en un segundo, con una mirada, con una
sonrisa, con un respiro. Pero yo sí.
Nunca lo había mirado a pesar de haber sentido su mirada clavaba a mí
aquella primera vez, y más sin embargo allí estaba, sin saber si él me amaba o
solamente me cuidaba, allí estaba yo también, en aquella noche loable, sólo
bastándome su mirada, sólo bastándome hasta hora su diminuta compañía.
Nunca lo había tocado, pero sí le había hablado, a pesar de que él no me
entendía si quiera, yo le hablaba, y él como un pequeño ángel, mi ángel de la
guarda, sólo me miraba, sólo me escuchaba, sólo me contemplaba… sin
comprender lo que yo decía, y ni siquiera eso me impidió seguirle hablando los
últimos días, platicándole cosas… de mi vida, de lo que sentía, como si él fuera mi
diario que estaba dentro de mi alma, pero fuera de mis posibilidades para
alcanzarlo algún día.
Me detuve debajo de la piedra. Me envolví en mi chamarra porque tenía frío,
y él estaba allí.
Le sonreí, y él me siguió mirando, tan bello como siempre que hasta parecía
haber sido dibujado por Dios, como el resto de los Vordrákus que conocía,
incluyendo a Kalardia Diarte, la Kadressa.
Todo lo que había pasado había sido extraño, misterioso, porque primero le
temía, y ahora lo amaba. ¡Algo incomprensible! Pero verdadero.
Él me había seguido siempre, seguramente siempre, por eso cuando aquella
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tarde lo miré desde la ventana de mi nueva habitación, y salí corriendo hasta él…
supe lo que pasaba, yo pertenecía a él, y él pertenecía a mí.
Fue como un sueño de amor, en el que él y yo, éramos felices. No debía de
terminar nunca, nunca, a pesar de que ambos muriéramos o la vida nos aplastara,
nunca debía de terminar.
No era un demonio del que estaba enamorada, ahora que lo miraba cerca de
mí otra vez me di cuenta de ello… enamorarse de un demonio era pecado, sin
embargo enamorarse de un ángel, eso era algo divino, y él había venido para mí.
Solamente para mí.
Y el cuento seguía transcurriendo:
…hacía dos días, él había descubierto una manera asombrosa y hermosa de
comunicarse con ella, ¿cómo? por medio de las pinturas, las que él le regalaba a
ella para que comprendiera lo que a él le pasaba dentro de su alma… él sabía que
ella necesitaba saber la manera en la que había llegado aquella noche al febril
subterráneo, y por eso decidió pintar en lienzo una representación en donde
aparecían él y ella, cuatro imágenes divididas en el mismo lienzo: en una él
mirándola mientras ella estaba tirada en el suelo, en medio de un charco de agua,
la segunda parte era él cargándola en sus brazos, la tercera era él cargándola
mientras viajaba entre el viento de la noche fría rumbo al subterráneo, y la cuarta;
ella otra vez, pero despertando en aquél subterráneo mientras él la miraba…
Él era él, y ella era yo. Dacia Stephania.
A él le gustaba que yo hablara, que le dijera cosas; porque uno sabe lo que el
otro siente cuando sus corazones están unidos, como si fueran uno sólo, y eso pasaba
conmigo y con él, él y yo éramos una mezcla homogénea, sencillamente nuestros
corazones se hablaban mágicamente, por medio de mi voz, y él por medio de su
mirada. Por eso lo hice, por eso leí justo en su presencia ese hermoso poema de
Manuel María Flores, un poema del alma: así que con voz suave, y serena le dije
con voz igual a los murmullos del viento: Amémonos.
Buscaba mi alma con afán tu alma,
buscaba yo al ángel que mi frente
tocaba con su labio dulcemente
en el febril insomnio del amor.
Buscaba al hombre pálido y bello
que en sueño me visita desde niña,
para partir con mi cariño,
para partir con mi dolor.
Como en la sacra soledad del templo,
sin ver a Dios se siente su presencia,
yo presente en el mundo tu existencia,
y, como a Dios, sin verte, te adoré.
Y demandando sin cesar al cielo
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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el dulce compañero de mi suerte,
muy lejos yo de ti, sin conocerte
en la ara de mi amor te levanté.
No preguntaba ni sabía tu nombre,
¿en dónde iba a encontrarte? lo ignoraba;
pero tu imagen dentro del alma estaba,
más bien presentimiento que ilusión.
Y apenas te miré... tú eras ángel
compañero ideal de mi desvelo,
el casto ángel de mirar de cielo
y de la frente pálida de amor.
Y a la primera vez que nuestros ojos
sus miradas magnéticas cruzaron,
sin buscarse, las manos se encontraron
y nos dijimos «te amo» sin hablar.
Un sonrojo purísimo en tu frente,
algo de palidez sobre la mía,
y una sonrisa que hasta Dios subía...
así nos comprendimos... nada más.
¡Amémonos, mi bien! En este mundo
donde lágrimas tantas se derraman,
las que vierten quizá los que se aman
tienen yo no sé que de bendición,
dos corazones en dichoso vuelo;
¡Amémonos, mi bien! Tiendan sus alas.
Amar es ver el entreabierto cielo
y levantar el alma en asunción.
Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del Edén perdido;
amar es... amar es llevar herido
con un dardo celeste el corazón.
Es tocar los dinteles de la gloria,
es ver tus ojos, escuchar tu acento,
en el alma sentir el firmamento
y morir a tus pies de adoración.
Una lágrima brotó de mis ojos, como si un silencio suicida hubiese gritado en mi
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interior.
Mis ojos se levantaron, hasta impregnarse en los de él, y de esa manera pasó lo
que nunca esperé… por primera vez sus labios se curvearon dejando entre ellos una
constante sonrisa, con un brillo que el sol ya lo hubiera querido, con una hermosura
que el mismo cielo hubiese peleado, con una increíble sensación que me decía; Me
gusta tu voz. Con un inquietante pálpito desenfrenado en mis latidos, yo también le
sonreí, como siempre lo hacía frente a él, pero esta vez correspondiéndole, pidiéndole
que me siguiera mirando.
—Tu sonrisa es lo mejor que he visto en toda mi vida—le dije sin la esperanza
de que me respondiera.
Sus suaves labios rojos se cerraron muy lentamente hasta que ambos estuvieron
juntos.
—Fue un hermoso poema— le dije con voz entrecortada, sin apartar mi vista de
esos dos destellos azules que entraban dentro de mi Alma, pues aunque los de su
especie afirmaban que los humanos no teníamos alma verdadera, yo creía lo
contrario, y si bien, mi alma ahora ya no la tenía conmigo. La tenía él como un
extraordinario ladrón, él se la había robado. —Me fascina, es hermoso, c-como tú.
— hice una pausa que utilicé para analizar su expresión que no cambiaba, estaba allí
como una pintura más. —Originalmente el poema está escrito para una mujer, por
eso tuve que hacer unas ligeras adaptaciones cuando decidí leértelo a ti. Quise leerte
éste poema, porque dentro de él estamos tú y yo. Como si el poeta lo hubiese escrito
para nosotros dos, desde hace más de un siglo que lo escribió esperando que nuestra
historia diera frutos… aunque bueno, ya te lo he dicho más de veinte vece… bueno,
veintiún veces, te he dicho que estoy loca por no lograr interpretar lo que tú buscas
de mí.
“¡Pero qué me importa ya si estoy loca por ti! Quizá te parece tonto que te
adore, pero para una mujer como yo es fácil sentirse como se siente, más si nunca
había sentido la presencia del amor, de un protector, como tú. ¿Me preguntas con tu
mirada por qué pienso que eres un ángel? — mi voz había subido de tono, con
muchos deseos de subir a la piedra y abrazarlo, —¿A caso un ángel divino no es
capaz de trasformar un corazón destruido a causa de la vida cruel que ha llevado y
construir uno nuevo hecho con sus propias manos, con esencias de oro y de su
mismo aroma?
El viento sacudió su cabello rubio, permitiéndome de esa manera mirar su
único arete rojo que se hallaba en la oreja izquierda. Y es que era tan humano
físicamente, durante esos días había intentado encontrar en él algo que deshiciera mi
suposición, que tuviera colmillos como los Vampiros, que tuviera orejas largas
como los elfos de Tolkien, que tuviera alas, incluso que fuera un robot, como
algunos de los extraterrestres que pasaban en los documentales, pero no.
Era humano, tan humano como yo. Sólo había algo que lo diferenciaba de los
demás, y eso era su belleza, el color blanco de su rostro, no pálido, sino un color
claro con tonos rojos en las mejillas.
Me había puesto a pensar; si Kin-kong fue un gigantesco gorila que se
enamoró de una humana, ¿podría ser que un Vordráku se enamorara también de…
No.
Sentí escalofríos cuando advertí que se movió. Su mano blanca derecha con
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los dedos cubiertos por anillos plateados dejó de tocar la piedra cuadrada y se dirigió
con sumo cuidado hasta una rendija de su traje negro.
Mis ojos siguieron el mismo trayecto que el de su mano. De allí sacó algo que
brillaba, azul como sus ojos, pero de un azul cobalto. Cuando puso el objeto frente a
mis ojos me di cuenta de lo que era, una piedra como las que había dentro del
subterráneo, una pequeña piedra que cabía en sus manos y que parecía tener energía
propia. No me di cuenta qué tanto pude haber abierto los ojos que el brillo lo sentí
más penetrante. No me encandilaba, al contrario, me llenaba.
Lo miré a los ojos, entonces él extendió su mano hasta mí, y mis manos se
levantaron automáticamente, hasta que muy lentamente la mano de él depositó en
las mías esa piedra azul, sin ni siquiera sentir un rozón de su mano.
Esa hermosa piedra apenas cabía en mis dos pequeñas manitas. Sentí
electricidad de poco voltaje que me cosquilleaba como un montón de pequeñas
hormigas que comenzaban a caminar desde mis manos hasta que se esparcieron por
todo mi cuerpo.
Fue una sensación extraordinaria y tan relajante que por un momento creí que
iba a caer desmayada.
Mi corazón volvió hacer acto de presencia. Y cuando lo vi a los ojos, pude
descubrir que me observaba con una expresión en su rostro de aturdimiento, serio y
con las facciones duras, como si estuviera preocupado por algo, esperando una
respuesta de mí, por eso le dije:
—¡ES HERMOSO!
Después de que mis palabras salieron de mi boca, él sonrió de una manera
radiante que una vez más me hizo tambalear, creí que daría el zapotazo de un
momento a otro. ¡Había vuelto a sonreír! Parecía como si hubiera entendido mis
palabras, pero no fue así, fue la expresión alagada y emocionada de mi rostro la que
le pude dejar ver.
Cuando me miraba, los destellos de sus ojos me provocaban caricias en mi
piel, como si me tocara, y era tanto el placer que me provocaba que hasta sentía
dolor. Sus ojos me daban la tranquilidad que sólo un ángel podría darme.
Sólo duró una hora, como todos los días. Después se paró sin dejar de
mirarme, y como desde el primer día que me visitó, se fue hasta que le dije con mi
voz:
—¡Adiós!
Su desaparición cuando se elevó en el aire escabulléndose como brisas por
medio de los árboles mientras se iba ya no me causó tanto impacto como la primera
vez, aunque debo de admitir que no dejaba de sorprenderme, pero sobre todo,
cuando él se iba, yo ya no podía esperar para que fuera otra vez mañana.
Observé una vez más la hermosa piedra que él me había regalado, y la miré
por mucho rato, hasta que me quité la chamarra a pesar del frío y la envolví.
Entré corriendo a la casona como una chiquilla con juguete nuevo. Estrella
estaba en el despacho con su laptop. Entré corriendo y le dije:
—¡Ahorita vuelvo!
No comprendí si ella me había puesto atención, así que antes de que me
hablara entré a la habitación y guardé la piedra azul… ya tendría toda la noche para
contemplarla bajo la cobija.
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De esa manera bajé con precaución hacia la primera planta, pero Estrella ya
no estaba en el despacho.
—¡Estrella!— le hablé.
Mi amiga me respondió desde la cocina, en donde estaba su nana y dos
muchachas de la servidumbre.
—Nos prepararon la cena— me advirtió ella que ya estaba sentada en la mesa
de la cocina—¿Quieres ir al comedor?— me preguntó.
—No es necesario— le respondí mientras les sonreía a la nana y a las otras
dos chicas. Ellas me devolvieron la sonrisa y salieron de la cocina blanca, que por
cierto era muy grande, en ella podría caber tres veces mi habitación.
Me senté frente a Estrella y comimos cereal.
—Me encantaría ir contigo mañana a mirar nacer a las Estrellas, se ve que te
hace mucho bien, siempre que regresas vienes con una cara como si acabaras de ver
a tu enamorado. —Tragué saliva después de toser. —¿Me dejas que te acompañe
mañana?
—¡NO! — le solté con crudeza.
Ella alzó las cejas.
—Digo, que No sé si te hará el mismo efecto que a mí, ya que, bueno está
bien, me puedes acompañar si quieres.
Me quedé congelada. Fría como el hielo.
Ella me siguió examinando mientras se echaba a la boca el serial con su ceño
fruncido.
Tardé cinco minutos en comerme todo el cereal con leche. Llevé el plato al
fregador y a pesar de que Estrella me contradijo, yo lavé mi plato y mis utensilios.
—Que tengas buena no-che— le dije atropellando mis palabras unas con
otras.
—Ajá—murmuró Estrella aún confundida por mi actitud.
Respiré hondamente hasta que me sentí algo relajada, y con el valor para
decirle:
—¡Gracias por todo!
Ella cambio de aspecto cuando sonrió. Dejó el plato en la mesa y se acercó a
mí abrazándome.
—No, no, no. Más bien gracias a ti, por hacerme sentir que no estoy sola y
que tengo una hermana con la que comparto mi soledad, que bueno, ya no es
soledad. No sé qué voy hacer cuando te vayas. Sister.
Me hizo cosquillas en la panza y me alejé de ella corriendo por toda la casa.
—Cuantos hermanos tengo ya, Ric, tú, ¿No? ¡Ha! —me atrapó en el segundo
piso y me empecé a retorcer de la risa a causa de las cosquillas, mi punto débil.
Casi toda la noche me la pasé bajo mi cobija, abrazando, besando y
acariciando mi piedra azul. Antes de acostarme había contemplado la pintura en
lienzo que me había regalado, pero como ayer, la doblé y la guardé en mi ropero.
Con esa tarde ya habían sido cinco días los que él me había visitado sin contar
aquella noche que me llevó al subterráneo.
Con ansias apareció el alba por mi ventana con esos chorros de luz amarillo, y
con él nació el ocaso. Un día más que pasó desapercibido. Sin escuela, y con la
visita que le hice a mi madre… que se estaba recuperando, como Ric.
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Me quedé sentada en la sala… esperando a que se me ocurriera algo bueno
para impedir que Estrella me acompañara esa tarde. Sabía que era una egoísta, pero
no podía permitir que Estrella me arruinara mi único momento de paz… no podía
permitirlo. Pero a continuación…
—Aunque nos mires así, querida sobrinita— le dijo tía Eloísa a Estrella
cuando aparecieron en la casona sorpresivamente—Venimos a visitarte.
Estrella se había paralizado, y yo… “hay no”
—Eres excelente guionista y actriz— agregó tía Hilda. Ambas traían un traje
sastre oscuro. —Resultó muy bueno ese teatrito que les hiciste ayer a tus padres para
dejarnos en mal. Casi se lo tragaron todo. Lo podría esperar de Verónica, pero de
Israel no. De todas maneras no lograste que tu padre nos quitara la tutoría, y como
vez, aquí nos tienes. ¡Venimos a cenar como una linda familia!
Estrella bufó endemoniada, pero no les dijo nada. Sólo se portó indiferente.
—Hola, niña— me dijo tía Eloísa con una voz muy aguda mirándome
despectivamente de arriba abajo—. Israel me dijo que Paula tenía visita, ¡Sólo
espero y no seas una mala influencia para…!
—Tía por favor, basta— le suplicó Estrella, —¿Quieren cenar? Pues las invito
a pasar a la cocina, el comedor es repelente a la hipocresía, pero a Das y a mí,
déjennos en paz.
Estrella me llevó del brazo hasta el segundo piso mientras las tías decían
desde abajo regaños que no pude comprender.
—Das, lo siento mucho— me dijo ella avergonzada.
—Estrella, no te preocupes de verdad— le dije con un intento de
tranquilizarla, —No quiero incomodarte.
—Al contrario— me dijo ella, —Temo hacerte pasar por esto. Incluso no creo
que ésta noche me convenga que salgas, mis tías comenzaran a decir puras
habladurías, ya sabes, por ejemplo eso de la mala influencia: <<¿Qué hace una
señorita fuera de la casa al inicio del anochecer?>> Preferiría que te encerraras en
tu recamara y no salieras, digo para evitar un problema mayor. Yo me voy a
encargar de que no vuelvan, te lo aseguro. Si necesita algo esté en mi habitación.
Estrella me dio un beso en la mejilla y se fue a su recamara, quedándome
yo… <<CONGELADA>>
Entré a mi habitación como zombi. No supe cómo, pero logré cerrar la puerta
blanca con seguro, y todavía tuve el valor de sentarme en mi cama asignada y
ponerme a llorar como una magdalena… ¿Y si me salía sin importarme nada? No,
no podía hacerle esto a Estrella, lo que menos quería es que la pasara mal y que por
mi causa tuviera problemas con sus tías, y más después de lo que me había dicho.
¡Dios mío!
Ya me había pasado casi 15 minutos en mi recamara… y él seguramente me
iba a estar esperando… y yo sin poder salir… era una estupidez. ¿Por qué lloraba?
No pude soportarlo, quizá como en esos cuentos de antes debía de escaparme por la
ventana… ¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Me levanté con rapidez de la cama y abrí de par en par esas largas y
transparentes ventanas hasta que vi desde allí el suelo, el pasto verde que me
esperaba allá abajo. Estaba en el segundo piso, obvio no era valiente como para
intentar bajar desde allí arriba… NOOO. ¡Dios mío! Debía de ir, tenía que ir con…
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SUBREPTICIO
allí estaba.
Desde mi ventana, y después de escurrirme mis lágrimas lo miré en la lejanía.
Él estaba allí, arriba de esa piedra que desde mi ventana no tenía figura, pero que yo
sabía que era cuadrada.
¿Cómo iba a llamarlo?
Pero incluso fue como si con mi mirada lo hubiese atraído. Repentinamente vi
que un destello negro en segundos se estampó al pie de mi ventana. Con un fuerte
resoplido que temí que alguien se alarmara.
Le sonreí, y él inexpresivo me miró… él estaba haciendo que yo fuera feliz, y
me creí una niña caprichosa, por eso supe que él iba a ser lo que yo le pidiera, así
con mi mano le pedí que subiera… y como si yo en algún segundo lo hubiera
dudado, él de pronto estuvo dentro de mi habitación… frente a mí, casi junto a mí.
Mirarlo era una tentación, y desearlo era un menester. Me hipnotizaba.
Si el tiempo no avanzara, me hubiera quedado por siempre mirándolo, porque
ya no fue una simple emoción tenerlo cerca, sino que se había convertido en una
necesidad de tenerlo siempre junto a mí.
Lo volví a observar mientras le sonría una vez más. Nunca había estado tan de
frente junto a él, a sólo un medio metro, por eso me tomó de sorpresa descubrir lo
alto que era. Por primera vez le tuve un poco de miedo, un miedo que luego se
convirtió en una sensación fenomenal.
Sus ojos viajaron hasta el buró de madera que yacía a un lado de mi cama,
donde reposaba una pequeña vela azul aromática que llameaba con una tenue luz
azulosa y anaranjada. El olor a coco de la vela contrastó radiantemente con el aroma
de mi acompañante. Me echó lentamente una ojeada, como si me preguntara con su
mirada si podía acercarse a ella, por eso yo asentí con la cabeza, y él muy
lentamente, con movimientos lentos llegó hasta el buró, y posteriormente se flexionó
hasta quedar a cuclillas, mirando a la llama que derramaba la vela azul con mucha
atención.
Por el otro lado me acerqué a él, también junto a la vela, pero yo me senté en
la cama, y allí me dispuse a mirarlo.
Levantó su larga mano blanca que reposaba en la alfombra color rosa y
lentamente puso la palma de su mano en la llama de la vela. Por un momento estuve
a punto de evitarlo, no obstante cuando me percaté de que el fuego no causaba daño
alguno, boquiabierta lo dejé.
Estuvo casi diez minutos con la palma de su mano entre la llama, sin
producirle ningún tipo de daño, no se quemaba… ¡Sorprendente!
Me levanté contrariada y fui hasta el modular que estaba del otro lado de la
habitación y entonces dejé tocar el CD que me regaló Ric con música
instrumental… River flows in you de Yurima fue la primer pieza de piano relajante
que sonó, con un volumen suave y acogedor.
Advertí que se levantó y me miró después de sonreírme. Me estremecí.
—¿Te gusta? Los sonidos provienen de un piano— le dije. Me sentí tonta, él
no me entendía, pero si lo hiciera, seguro sabría de lo que le hablaba.
El hermoso ángel examinó con ansia por un buen rato las bocinas por donde
salía la melodía… incluso cuando la siguiente canción emergió el Vordráku pareció
disgustarse, por eso tuve que regresar al tema anterior y apretarle al botón especial
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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para que siempre se escuchara la misma canción.
A él le gustó.
De su Vesnica negra sacó otro pedazo de lienzo doblado. Chispearon mis ojos
de inquietud.
Él estiró su mano derecha dirigiéndose a mí y me lo entregó, y una vez más
sin sentir el rose de su piel.
Con una sonrisa ansiosa desdoblé con sumo cuidado el lienzo hasta que la
hermosa imagen brilló sobre mis ojos.
Pasé saliva de una manera histérica.
Me quedé pasmada y la vez conmocionada cuando miré la pintura a pesar de
que el sol se había ocultado, y la luz de mi habitación estaba apagada. Todavía los
colores rojos y anaranjados en la lejanía del cielo, así como el destello de la vela
azul me permitieron observar en medio de las sombras esa hermosa representación:
Esta vez eran dos manos debidamente pintadas y plasmadas en el lienzo con
una delicadeza que Leonardo da Vinci, Vincent van Gogh. Miguel Ángel y Pablo
Picasso hubiesen deseado: Era una mano muy blanca, como la de él, y la otra mano
del color de la mía. Tenía un fondo oscuro que hacía que esas dos manos destacaran
en la pintura. Lo que me había llamado la atención es que las dos palmas estuvieran
juntas, pegadas una con la otra… y entonces lo miré… y con una respiración entre
cortada puse la pintura en mi mano izquierda, dejando libre la derecha que
posteriormente utilicé para levantarla lentamente.
La hermosa melodía se había vuelto una música incidental para el momento
cuando seguí levantando lentamente mi mano, con mi palma extendida
completamente y muy frente a él… entonces, con movimientos casi similares él hizo
lo mismo, sus ojos brillaban más en la casi oscuridad, y eso me distrajo, pero con el
corazón puesto donde debía de estar seguí respirando, pero el aire me faltaba.
No sabía qué tan desenfrenado podría llegar a ser capaz de estar un cuerpo
hasta que sentí que la palma de mi mano y la suya se encontraron como un par de
piezas de cristal, tocándose por primera vez con una suavidad incomparable, incluso
por un momento creí que el roce había provocado chispas. Mi palma me tembló al
sentir la de él por primera vez. Cerré mis ojos pausadamente sin olvidar respirar al
tiempo que sentía estar tocando un pedazo de hielo que luego se calentaba, una
enigmática sensación que no podía entender, porque era como estar tocando hielo,
pero al mismo tiempo fuego. Lo había logrado, había tocado la gloria.
Sentirlo en mi piel fue como haber tocado por fin el sol tan lejano, fue como si
un montón de pétalos de rosas frescas, rojas y suaves hubieran besado una parte
dentro de mi alma, como si un delicado suspiro hubiese acariciado a mi virgen
corazón, que había llorado, había reído, pero jamás había amado.
Abrí mis ojos otra vez. Lo miré y supe ahora que ya no bastaba con mirarlo
para saciar mis emociones, ya no. No bastaba con tenerlo cerca para reprimir mi
soledad. No bastaba con sentir su protección teniendo en cuenta que podría llegar el
día en que quizá podría desaparecer. No iba a bastar nada si él no me amaba como
yo lo amaba a él.
Repentinamente sus ojos se cristalizaron, como si de ellos fuera a brotar una
lágrima. Entonces comprendí lo que pasaba, mi corazón me lo dijo. Él se iba a ir y
ya no iba a volver…
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Un nudo que me impidió hablar desde mi garganta me hizo temblar, entonces
despegando mi mano de la de él me le abalancé y lo abracé con fuerza mientras mis
lágrimas me estallaban. Él no movió sus brazos ni para corresponderme, y ni
siquiera para ahuyentarme, y aún así sentí un fuego que me quemó. Hundí mi mejilla
en su pecho, la sangre me hirvió por dentro cuando entre mis brazos tuve su torso,
sujeto a mí, y yo, aferrada a él, tan duro como una piedra.
No quería soltarlo jamás, y no lo iba hacer, él era mío, a donde él fuera yo iría,
¡era mío! ¡Sólo mío! ¡Nunca lo iba a dejar ir! ¡Jamás! Porque él también me amaba,
lo sentía, debía de ser así… el corazón nunca miente. Mis lágrimas cayeron en su
traje negro…
Pudieron pasar días, años o quizá siglos los que yo lo tuve junto a mí, entre
esa melodía que yacía en los bajos del silencio, y mientras yo percibía aquél gélido
aroma. Había sido suficiente para él, por eso olvidé que me había prometido a mí
misma no soltarlo nunca y lentamente me alejé de él, mis dedos se resbalaron de su
Vesnica y él me volvió a sonreír… y yo con mis parparos pesados lo seguí
apreciando… hasta que la oscuridad se volvió definitiva.
Aparecí en un sueño en el cual todo se volvió blanco… en ese lugar estaba
nevando, quizá era el nevado de colima, o simplemente en medio de una vacía
intemperie, todo en los sueños es confuso, de repente estas riendo y más tarde estas
gritando, de repente estas nadando y súbitamente luego estas volando, pero yo tenía
un objetivo ahora, lo buscaba… mientras yo estaba caminando con un vestido
blanco que me llegaba a las rodillas en medio de una tormenta de nieve… el frío me
estaba quemando mientras yo seguía caminando entre la intemperie, buscándolo.
Escuché una voz que me llamaba por mi nombre, era una voz que yo reconocía, era
la de él, incluso a pesar de saber que él nunca me había hablado.
Mi corazón comenzó a palpitar, el lugar blanco se estaba oscureciendo
mientras yo gritaba su nombre… corrí muy aprisa pero con la dificultad que
implicaba la nieve, hasta que grité de dolor al no tenerlo y desperté.
La bóveda de mi habitación fue lo primero que vi cuando abrí los ojos, era
aluzada por la casi extinguida vela azul, todavía era de madrugada, y yo estaba
acostada envuelta en mi cobertor, me levanté con precipitación buscándolo, todavía
sonaba la pieza en piano de Yurima, pero él…. No, no era posible, no podía ser…no.
¡Él ya no estaba!
Estuve a punto de soltar un grito, pero me tranquilicé mientras mis ojos
estallaban en lágrimas:
¿Y si esas visitas habían sido sólo una ilusión? ¿Y si había sido un sueño de
amor muy largo…? No, todo lo había sentido tan real…
Me pasee como loca por toda la habitación, corrí descalza hasta mi ventana y
fijé mis ojos hasta el monte oscuro… pero él no estaba, o más bien no lo veía, todo
estaba negro.
Respiré muy hondo, él iba a volver, sí, iba a volver…
Esa esperanza estuvo a punto de hacerme estallar durante toda la mañana,
Estrella a petición de sus tías había tenido que ir a invitar a su padrino a la fiesta de
graduación, lo que ella aceptó con alegría, me invitó, pero yo me negué
excusándome que me sentía mal, y no era mentira. Ni siquiera tuve el valor de ir con
mi madre.
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Toda la mañana me la pasé pintando en un pedazo de lienzo una pintura para
él, ahora iba hacer yo quien le iba a obsequiar una pintura…según Lukofkie y don
Libasteo ellos no podían percibir el color azul del cielo, por eso lo hice, por eso
recree la pintura más hermosa que jamás pude haber pintado, un cielo azul arriba de
unas escasas nubes blancas…
En la tarde ya la tenía hecha, si embargo no tan fina y perfecta como las que él
me había obsequiado, no obstante la había realizada con todo el corazón.
El ocaso llegó, y yo salí corriendo perdiéndome entre el bosque llevando
conmigo la pintura para él.
Me dirigí hasta la piedra cuadrada, pero él no estaba… ya no regresó, ni ese
día, ni los que pasaron después.
Me quedé destrozada.
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Descifre
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Helu
*
L
os subterráneos existen… ¡Dios! ¡Existen!
El resto de los días habían pasado casi inadvertidos.
Todo se resumía a una sólo palabra: «Vordrákus»
Incluso creí que era imprudente de mi parte escribir en mi diario esas crónicas
de las que estaba siendo sujeta, aunque era inevitable. No podía seguir guardando en
mi cabeza todo aquello, pues había llegado a un punto en el que ya no me cabía nada
más en mi cerebro, el que constantemente me amenazaba con reventar en cualquier
momento.
Pensé entonces en formatear mi cabeza, y así fue como inicié escribiendo en
mi diario (que no había agarrado desde el mes de abril pasado) todas mis vivencias,
y de esa manera escribir pretendiendo olvidar en mi cabeza, como si escribiendo se
me vaciara mi cerebro.
Admito que no funcionó, por su puesto.
Si de por sí la paranoia de mis padres; (Guillermo, un cuarentón homeópata, y
Enriqueta, otra cuarentona ama de casa) había llegado al límite, ahora con mi nueva
conducta, sus constantes regaños hacia a mí se volvieron habituales.
Que si me había vuelto más seria, que si cuando llegaba en la noche del
Instituto no decía “ya llegué” y me acostaba sin cenar, que si mi nueva actitud se
había vuelto más sombría e histérica, que si me molestaba de todo, que si me ponía a
llorar cuando no había un motivo evidente, que si recalaba con mis dos hermanos y
con ellos mismos sin razón alguna…
¿Acaso alguien se había tomado la molestia de preguntarme la razón por la
que me encontraba así? Para nada.
¿Entonces por qué me juzgaban?
Ellos no sabían mi estado emocional, porque según ellos como siempre la
chica rebelde y enojona era yo… ¡Dios mío, a mis 17 años!
En las reglas de mis padres decía que a los hijos sólo había que reprenderlos
cuando no estaban siguiendo las preinscripciones que los padres tenían para ellos…
en conclusión: “tú eres mi hijo y por lo tanto no sabes nada. Yo soy el padre y por lo
tanto sé lo que mejor te conviene”
¿Qué Idiotez es esa?
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¿A caso un joven no es autosuficiente para pensar lo que mejor nos conviene?
Claro que sí, y los jóvenes que no son autosuficientes es porque los padres se
encargan de subestimarlos demasiado.
Luego por qué se van de la casa al mundo de la delincuencia y de las drogas.
Esencialmente yo tenía la esperanza de algún día poder sentir que estaba
caminando por la vereda de mi vida con mis padres a mi lado.
Aunque ya habían pasado casi tres años, aún no lograba acostumbrarme a la
nueva Lucy… que se había trasformado por su bien en la tonta e ignorante Helu.
Basándome en las reglas de los jóvenes de ahora, los chicos populares tienen
derecho a burlarse de los que no lo son, ensañándose más con las chicas feas y
atarantadas como yo. ¡Genial!
Pero yo no podía dejar de aparentar ser tonta, no podía dejar de decir mis
refranes de señoras de antes, no podía dejar de hacer tonterías, no podía dejar de
hacer reír a mis amigos y compañeros a pesar de saber que de seguir así terminaría
viviendo en otra chica que no era yo realmente, pero no podía; me daba miedo no
caerle bien a la gente, por eso intenté muchas maneras de llamar su atención hasta
que encontré la solución, “Ser una Estúpida ante la sociedad”
Ésta era la tercera vez que me trasformaba en otra yo.
La primera vez lo hice en cuarto, quinto y sexto de primaria, fingiendo ser una
chica muy seria, de esa manera mis compañeros y maestros me ponían la atención
que necesitaba. Lamentablemente ser seria ya no resultó en la Secundaria, así que
cambie de estrategia, y me convertí en una chica rebelde. Cuando entré al Instituto
supe una vez más que ser rebelde o ser muy seria ya no daba resultado para llamar la
atención de los demás, así que repentinamente se me ocurrió convertirme en Helu,
apodo que me puso mi primer amigo Rigo. La chica seria, rebelde, ridícula y
anticuada.
¿Fea? De todos modos ya lo era desde nacimiento, sólo fueron necesarias unas
cuantas adecuaciones más para ser más fea todavía.
En la Universidad no iba a tener que batallar tanto en este aspecto, podría
seguir siendo Helu, porque por primera vez había conocido a un grupo de amigos
que me habían aceptado como Helu, pero no como yo soy en realidad, y ellos iban a
estar conmigo.
<<“¿¡Quién era yo realmente entonces!?”>>
No lo sabía, y eso me estaba causando serios problemas.
Siempre a todo el mundo nos gusta sufrir, y ahora en estos tiempos todo esto
se ha vuelto habitual.
Faltaban 6 días para el cuatro de Julio, el día de la graduación. De no ser
porque Estrella me invitó a pasar la fiesta en su mesa, como a Das, no hubiera
podido ir. Mis padres me habían dicho desde un principio que no tenían dinero
suficiente para desperdiciarlo en una fiesta como esa; “De todos modos ésta
graduación no es la buena. La buena será hasta el día en que te gradúes como toda
una profesionista”
¡BAH!
De todas maneras estaba ensayando el Vals sin saber todavía cómo fue que
Estrella me había convencido para inscribirme, pues en realidad sólo bailarían
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aquellos que así lo quisieran, y pues no era que yo no quisiera pero muy poco había
bailado en mi vida… aunque en los ensayos con Martín no me había ido tan mal,
pero yo había sentido que desde que me eligieron a mí para ser su pareja de baile él
había estado indiferente conmigo. Pues claro, ¿Quién en su sano juicio se iba a
poner a bailar en una chica como yo? Pero lo peor del asunto es que no me aterraba
él, ni la sola idea de que podría dar el changazo en la mitad del Vals, no, claro que
eso no me aterraba tanto aunque si me preocupaba la verdad… el asunto era “Que
tenía que ponerne un Vestido por primera vez en la vida” por lo menos el vestido
papá me lo regaló… pero ¿Cómo me iba a maquillar….? No tenía arreglo.
Ric, Rigo, Estrella, Das y yo íbamos a estar en el vals, y ninguno de nosotros
habíamos quedado como pareja. ¡Genial!
En estos días anteriores había tenido muchas cosas qué hacer. Una de ellas
era ir a llevar fotografías para nuestros documentos, ir a ensayar el vals en la sala de
teatro y puros detalles minúsculos que aparecen cuando uno tiene que graduarse de
algo.
También desde marzo pasado había comenzado con un nuevo curso, que era
secreto para todo el mundo, menos para mí y para mi familia. ¿Qué iban a pensar
mis amigos?
Se trataba de un curso intensivo para ser cosmetóloga, y estilista de belleza.
¡Qué irónico era esto!
En ese lugar es precisamente al que iba a ir para que me arreglaran… en caso
de que se pudiera claro.
El curso lo tenía por las mañanas, dos horas diarias. Obviamente cuando iba a
mis clases de belleza tenía que ponerme otro tipo de garras, realmente no cambiaba
mucho, mi peinado era el mismo, así como mi maquillaje “Mas bien sin ningún
maquillaje” sólo intentaba ponerme mi escasa ropa más decente… aquella que aún
conservaba de la secundaria cuando tuve a mi único novio Edgar, un chico genial
que no era de ésta ciudad, sino de la punta del país, de Cancún… se fue, y yo aquí
me quedé como una tonta, sufriendo y esperando que algún día regresara.
¿Por qué uno siempre se aferra a los amores imposibles? Así, por
masoquismo.
—Das se ha puesto mal desde la semana pasada— había dicho Estrella
durante el ensayo de Vals de graduación, —Su mamá cree que es por lo de su padre,
que apropósito no ha regresado.
—Lo sé—murmuró Ric mientras se sobaba el cuello—Lo que me extraña es
que se hubiera puesto mal días después de que hubiera ocurrido el problema con sus
padres cuando ella ya había estado mejor.
—A mí no me extraña—les dije fríamente, —si hay que sentir algo por ella es
simplemente valor para aceptar que es una excelente actriz, Das siempre se las ha
ingeniado para encontrar la manera correcta de llamar la atención.
Sentí que las miradas de Estrella y Ric se escabulleron entre mi pelo.
Lo cierto es que Das no era una santa de mi devoción, y hasta ahora no sabía
cómo es que la gente siempre se apiadaba de ella, de una chica que sin fingir como
yo lo hacía aparentaba ante los demás ser una joven tonta, incluso más tonta que
yo… aunque bueno, tratándose de ella dudaba mucho que fingiera, siempre lo había
hecho… a veces no soportaba que le pusieran más atención a ella que a mí… a
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Estrella, bueno, ella solita se ganaba su puesto, era una chica autoritaria a la que yo
tenía que admirar por ser como era, pero ¿A Das? No, a ella no. ¡Ahora resultaba
que hasta Estrella la tenía viviendo en su casa! Sí como no.
Ya todo el mundo se había compadecido de ella bastante con ese problema
de sus padres, está bien, teníamos que apoyarla… pero los días pasaron y a la niña se
le ocurrió protagonizar otro show, “Se la pasaba llorando todo el día sin decir un por
qué (según Estrella), había abandonado los ensayos del vals,” y puras tonterías de
esas, pobre de su madre, si de por sí ella con sus problemas ¿y ahora Das
entregándole más? Pues como que no era del todo justo.
—¿Qué? — espetó Ric luego de mis palabras.
Tuve que sonreír como una tonta para no dar a conocer mis pensamientos.
—Sólo bromeaba— les respondí. Ellos se echaron una ojeada para después
volverme a mirar sin ninguna otra reacción.
Los edificios de los grados superiores estaban vacíos por obvias razones,
nosotros ya no teníamos que asistir a clases porque ya habían terminado.
Tuvimos que esperar a Rigo que aún no salía del aula del profesor Echeverría,
en donde estaban aplicándole el examen extraordinario de Matemáticas financieras.
—¿Estuvo difícil? — le pregunté cuando salió y se sentó junto a nosotros.
—Hay gente difícil— respondió él, —que no haya exámenes difíciles. De
todos modos al principio tenía un montón de nervios saltándome por dondequiera,
pero luego me dije a mi mismo; “Mí mismo, ¿Por qué no pensar mejor en que vas a
pasar con diez el examen?”
Nos pusimos a reír.
—Rigo— le dijo Estrella divertida, —Si te interesan las apariencias, “Dile a la
gente que te contraté para hacer Idioteces”
Rigo puso los ojos en blanco mientras nosotros nos reíamos.
—No siempre digo idioteces— masculló él.
—Oh, ni qué pensarlo— repuso Estrella, —Claro que no siempre dices
idioteces, las dices nada más “Cuando estás despierto”
—Qué simpática— le reprochó él con una sonrisa fingida.
—El simpático eres tú— se defendió Estrella, —Incluso he pensado en éstos
últimos días que si las Idioteces fueran virtudes, tú ¡Serías brillante!
Al final Rigo admitió que debíamos de tomarnos la vida un poco más ligera,
aún no todo estaba en orden, y menos estuvo en orden cuando Rigo me dijo mientras
veníamos en el Mercedes Rojo de Ric:
—Pregúntale a tu padre sobre un medicamento que le permita a la gente
dormir instantáneamente.
Estrella y yo nos miramos desconcertadas.
—¿Y eso como para qué? — le pregunté verdaderamente dudosa.
—¿Ahora qué brillante idea se te está ocurriendo? Querido amigo— le dijo
Estrella mientras se empolvaba chapas en sus mejillas.
Desde atrás del auto observé cómo Rigo y Ric se lanzaban una miradita de
complicidad.
—No es bueno que interfieran en nuestros planes— intervino Ric.
Estrella dejó de sostener el espejo y los miró con el ceño fruncido.
—¿A no? —preguntó ella con sorna, —¿Y por qué debería de confiar en
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ustedes dos? «R.R.» Denme una buena razón para hacerlo; para comenzar tú, Rigo,
tus ideas no son una cosa geniales y brillantes que digamos, y qué me dices tú, Ric,
que las tuyas son tan extravagantes que se pasan del límite, y dada la experiencia de
tú última idea en la que planeabas explotar el Instituto entero con una “bomba” para
impedir que la maestra Karla Vanessa nos aplicara el examen final de
Administración pues no me quedo con una buena impresión tuya. Así que díganme
de una buena vez lo que se traen el par.
Ellos se volvieron a ver y luego sonrieron.
—No voy a preguntarle a mi padre absolutamente nada, hasta que no nos
digan lo que traman— les advertí.
—¡Bájenle de volumen a la maldita canción! — gritó Estrella con la
intolerancia pegada en sus ojos.
—Huy—murmuró Ric—. ¡Qué intensa!
Estrella gruñó antes de que Ric hiciera caso a su objeción.
—Está bien, chicas— repuso Ric mirándonos por el espejo retrovisor con una
seriedad que incluso me asustó, —Ya hablando enserio, todo esto se trata de… de
ese güero ranchero.
Me quedé petrificada.
—¿De Joaquín? — casi lo grité—¿Cómo?
Ric tardó mucho en responder.
—Todo depende de Rigo— respondió él por fin.
Una vez más los ojos verdes de Estrella se cruzaron con los míos, pero ahora
no fue ella la única que permanecía con el ceño fruncido.
—Podrían ser más explícitos— les sugirió mi amiga inexpresiva.
—Consigue ese medicamento para dormir— me pidió Rigo, — y cuando lo
tengas nos llamas a la casa de Ric, allí vamos a estar, o bien a cualquiera de
nuestros celulares. Todavía es temprano, son las 4 de la tarde, así que tienes
exactamente una hora para conseguirlo. No es que la hora importe, pero si esto
funciona, en minutos encontraremos a ese chavo, al tan Joaquín. Así que entre más
pronto lo consigas, más pronto lo encontraremos si eso es lo que quieren de verdad.
Ric llegó a las afueras de mi casa y sin despedirme me bajé del auto.
—¿Entonces qué?—me preguntó Rigo—¿Le preguntaras a don Guillermo?
Por medio del espejo de la ventana de Estrella la miré, como esperando a que
ella me dijera lo que debía de hacer. Ella no me miró, pero sí clavó un buen rato sus
ojos en los dos asientos de adelante. Repentinamente después de reflexionar para sí
misma agarró en su mano la mochila de color rosa y abrió la puerta.
—No sé ni por qué estoy haciendo esto—aseguró mi amiga después de que se
puso aún lado de mí y cerró la puerta, — pero confío en mi sexto sentido de mujer.
Confíen en nosotras, “A pesar de que nosotras no confiemos en ustedes” no sé para
qué diablos quieren un medicamento que haga dormir a la gente instantáneamente, y
ni siquiera qué tiene que ver eso con encontrar a Joaquín. En fin. Voy ayudar a Helu.
Espero en una hora haber conseguido eso que nos piden, pero todo esto siempre y
cuando me concedan una sola condición.
—La que quieras mi amor— le recalcó Ric con una sonrisa en su rostro.
—Que pasen por nosotras y nos permitan ver lo que ustedes van hacer.
—Descuida— respondió él. —Mientras tanto vamos a ir a buscar al viejo
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Vordráku don Libasteo.
Una duda más saboreó mi cabeza.
—¿Don Libasteo? — les preguntó Estrella engarruñando la nariz.
¿Qué tenía que ver don Libasteo en todo esto? Oh, sí. Todo.
—Así es. Lo necesitamos para nuestro experimento. Ya no pregunten nada
más, que ya lo sabrán después.
Sebastián desapareció al girar en la siguiente cuadra llevándose dentro de él a
los <<“R.R.”>> como los había bautizado Das.
Estrella y yo respiramos una buena bocanada de aire antes de entrar a mi
casa.
Era grande, de varios metros cuadrados, pero sólo el cincuenta por ciento del
terreno estaba fincado, no era una gran construcción, pero valía la pena observar sus
alrededores.
En el fondo de mi casa había una gran jungla, diría Rigo, pero en realidad eran
un montón de árboles de chayote, aguacate, limas, limones, toronjas y otras frutas
más. Tenía conejos, gatos, gallos, peces, dos tortugas, tres cotorros, ocho pichones,
un canario, una iguana “A pesar de que era ilegal tenerla de mascota” y cuatro
perros. ¡Me fascinaban los animales!
—Sólo le falta a tu colección un elefante—murmuró Estrella cuando
paseamos entre los árboles y los gallineros, intentando pensar en una solución para
obtener un medicamento que hiciera dormir a la gente instantáneamente.
—¿No tienes internet verdad? —me preguntó Estrella.
Negué con la cabeza.
—Lástima— se lamentó, —así hubiera sido un poco más fácil.
—Pues sí, y es que mira, Estrella, preguntarle a papá sobre ese medicamento
sería tanto como tener que darle miles de explicaciones, ¿Y qué le vamos a decir si
ni siquiera nosotros sabemos lo que pretende ese par?
—Okey—murmuró ella—Vamos a un café Internet.
El Cyber estaba a tres casas de la mía, y al final no resultó fácil encontrar algo
similar a un medicamento de esos.
—Ya pasaron treinta minutos y no hemos encontrado nada. — le dije.
—Claro que sí, mira.
Leí el nombre de ese medicamento.
—¿Es un sedante?
—Eso parece, — me respondió ella—y quiero acordarme en dónde he visto
ese título… sé que lo he leído, conozco el nombre de esas píldoras.
—¿Son píldoras?—le pregunté pegándome a la computadora de pantalla
plana.
—Sí, mira, allí dice “Nytol es una marca de fábrica de píldora durmiente
producido cerca GlaxoSmithKline. El ingrediente activo es Diphenhydramine
Clorhidrato”
“Es potencialmente peligroso tomar Nytol con alcohol, o tomar más que la
dosificación recomendada, las mujeres embarazadas necesitan buscar consejo
médico antes de usar Nytol.
“Como con cualquier otra píldora durmiente, uno no debe nunca conducir
después de tomar una dosificación. El uso a largo plazo también se desalienta
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mientras que la tolerancia al efecto ocurre sobre un par de semanas.
Diphenhydramine no es adictivo.
“Nytol no se debe nunca dar a los niños bajo edad de 16. Tomar más que la
cantidad recomendada es peligroso y la ayuda médica se debe buscar en caso del
sospechado sobredosis de esta medicación.
—¿Y ahora qué? —dije para mí.
Estrella se irguió en la silla y me miró.
—No sé— admitió ella, —Pero por lo menos ya sabemos sobre un
medicamento eficaz.
—Nos vamos a sacar la misma sino la tenemos.
Ella se rascó la cabeza intentando recordar algo mientras veníamos a mi casa.
—¿Qué te sucede ahora? —le pregunté cuando metí la llave para abrir la
puerta de la entrada.
—Pues lo mismo, no recuerdo en dónde he leído sobre ese medicamento, pero
sé que ya he visto ese título antes…
—Pues has memoria jovencita, porque ya pasan de las cinco de la tarde.
Mamá apareció en la casa cargando un par de bolsas de mandado. Mi hermano
Enrique venía con ella. Brenda mi hermana estaba en la Secundaria, también iba a
graduase en la misma temporada que yo.
—¿Qué hacen aquí ? chicas —nos preguntó mi mamá mientras le ayudábamos
a subir las bolsas al pretil de la pequeña cocina, —¿No se supone que estaban en el
Instituto?
—El ensayo terminó pronto. — le dije—Mamá, los trámites en el I.T.P.I para
los becados ya está, deberías de llevar a Brenda mañana mismo si quieres que
estudie allí.
—Pero en Febrero ya habíamos hecho ese trámite.
—No— la contradije, —En Febrero sólo fueron las preinscripciones.
—Está bien, pero mira nada más. Ni siquiera te acomediste a barrer aunque
sea el vestíbulo, Lucy ¿Qué impresión le estas dando a tu amiga…?
—«¡DAS!»—gritó Estrella sorpresivamente—. Mi padrino le dio Nytol a Das
el día en que se puso a gritar como loca… y luego se quedó dormida.
Mamá y yo la observamos con minuciosidad. A Estrella le estaban brillando
los ojos. Con velocidad sacó su celular rosita y lo abrió, supuse que buscaba en la
agenda un número hasta que lo encontró.
Mamá mientras acomodaba la verdura se había quedado observándola con el
entrecejo muy junto, intentando descifrar lo que a mi amiga le pasaba.
—¡Lo tengo! —dijo ella en la bocina del celular.
Esperó a que del otro lado del celular le respondieran y después continuó;
—Entiende que sí, ahora ven por nosotras ahora.
Estrella y yo tuvimos que mentirle a mi madre para que me dejara salir.
—Das se ha puesto un poco mal, y creo que nos necesita a todos, ya lo sabe
señora— le había dicho Estrella a mamá. —Ella está pasando por un mal momento y
pues creemos que la compañía de sus amigos debe de hacerle bien.
Mamá había abierto los ojos frustrada.
—Pobre chica, debe de estar muy mal. Yo voy con ustedes para que recemos
juntos el rosario…
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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—¡NO! — le respondí con una sonrisilla nerviosa.
Mamá me miró encogiéndose de hombros.
—Señora, de verdad no es necesario, ella sólo nos necesita a nosotros sus
amigos— complementó Estrella con otra sonrisa poco convincente.
—Está bien— dijo mamá para tranquilidad nuestra, —Que bueno que estés al
lado de esa amiga tuya Lucy, y más a pesar de que no te caiga bie…
—¡Mamá! — la interrumpí con un hilo en la voz. Nadie sabía lo que yo
pensaba al respecto de Das, salvo mamá que alguna vez se lo había dicho por alguna
circunstancia. Estrella no pareció haberla escuchado, pues su mente había estado en
algún lugar, menos en mi casa.
—Bueno, pero ten— me dio una estampita, —entrégale de mi parte ésta
imagen de la Virgen de Guadalupe y dile que rece lo que viene al reverso, de seguro
le va ayudar bastante.
Advertí que Estrella por fin volvió a la realidad cuando sus ojos chispearon de
ansiedad mientras observaba la estampita.
En quince minutos Rigo llegó hasta la puerta de mi casa manejando el auto de
Ric.
—Ric se quedó con don Libasteo. —nos puso al tanto Rigo.
—¿Les importa si me voy adelante? — nos preguntó Estrella examinándonos
a ambos.
—No, para nada— le dije. Me haría bien venir sola atrás del mercedes.
Rigo por su parte solamente se limitó a mirarla de una manera muy rara, y al
final no dijo nada.
Subimos al auto y Rigo comenzó a manejar. Él lo hacía con más cautela,
mientras que Ricardo siempre manejaba compulsivamente.
—Y bien— dijo Rigo, —¿Dónde está ese medicamento?
—No lo tenemos ahora— repuso Estrella.
—¿Qué?
—Relájate papacito, y no hagas ningún drama. No lo tengo ahora, pero si me
llevas a mi casa quizá lo podríamos encontrar.
Estrella le explicó que habíamos encontrado en internet un sedante, mismo
que el doctor Gutiérrez, padrino de Estrella le había recetado a Das.
Sin embargo Rigo no quiso adelantarnos absolutamente nada sobre lo que
planeaban con ese medicamento, salvo su ya acostumbrado parlamento: “Pronto lo
sabrán”
Cuando llegamos a la casona de Estrella nos invitó a sentar en la sala,
mientras ella se escabullía en las escaleras hasta el segundo piso.
—¡Das! — escuché decir de la voz de Rigo.
Me giré hacia la puerta principal por donde habíamos entrado y ella nos miró
cuando atravesó la puerta. Tenía muy mal aspecto, sus ojos estaban hinchados, y su
cara muy flaca. Estaba envuelta en una chamarra muy grande y su cabello
enmarañado estaba justo en todo su rostro.
—¡Acá está!— vociferó Rigo a Estrella cuando ésta comenzó a gritar que Das
había desaparecido.
Estrella bajó corriendo las escaleras hasta que sus ojos encontraron a Das.
—Oh, Das. ¿De dónde vienes?
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
—¡No ha venido otra vez! —dijo ella abalanzándose en los brazos de Estrella
mientras lloraba.
¿Qué cosa le pasaba?
—¿Quién no ha venido? Oh, Das, pero mira como vienes. ¡Creí que Erika
estaba contigo!
La nana de Estrella, una señora regordeta apareció en la sala y le dijo a
Estrella:
—En cuanto su madre se fue, la chica salió de la casa pese a que la intenté
detener. Dijo que iba a buscarlo, pero no dijo a quien. Miré por la ventana de la
cocina que se dirigía hasta la piedra cuadrada que está allá arriba del monte. Luego
se tiró en el suelo y se puso a llorar.
Rigo miró a Das conmocionado.
Y yo, miré a ella… Das… no la había visto hasta ahora, por eso por un
momento comencé a dudar que estuviera fingiendo, algo le ocurría de verdad.
Das parecía que no veía a nadie, sólo decía murmullos incomprensibles
mientras la llevábamos a su habitación.
Estrella agarró del buró una píldora que estaba adentro de una caja azul con
una portada que llevaba el título de “Nytol” arriba de unas nubes blancas.
Das se tomó la píldora y luego la ayudamos a recostar.
—Mamá te mandó esto— le entregué la estampita—asegura que si la rezas
con devoción te pondrás mejor.
Das dejó de llorar cuando miró intuitivamente a la Virgen de Guadalupe.
Nosotros nos miramos un buen rato, mientras ella seguía mirando la imagen cuando
ya comenzaba a parpadear.
—Búsquenlo— dijo con voz muy débil, —Va a funcionar, Joaquín va
aparecer… Estrella, no t-e pero-cupes por mí… ve-ve con ellos…
Das se quedó dormida instantáneamente.
—¿Le dijiste lo de Joaquín? —le preguntó Rigo a Estrella.
—¿No ves que acabo de llegar? ¿A qué hora se lo pude haber dicho según tú?
—Ah—murmuró mi amigo—Es extraño. ¿Esas píldoras son de las que me
hablaban? —Asentimos con la cabeza.
Estrella nos miró y luego dijo:
—Rigo, ¿Crees que Ric y don Libasteo tengan algún inconveniente de venir
aquí? No quiero dejar sola a Das, pero al mismo tiempo necesito saber y ver lo que
traman. Si no se puede, pues ni modo, Helu podrá ir hasta la casa de Ric…
—No te preocupes— le dijo Rigo con suavidad, la estaba mirando así de raro
como cuando él fue por nosotras a mi casa—Ric y el viejo pueden venir aquí. ¿Me
prestas el teléfono para llamarlos?
Estrella le dio su celular con una sonrisa de agradecimiento. Por un momento
creí que yo sobraba dentro de la habitación, pero cuando una Hummer negra se
estacionó a un costado del Mercedes rojo la ansiedad tomó el control de mi cerebro.
Ric entró envuelto en una chamarra roja y un Short a cuadros del mismo
color, mientras que don Libasteo llevaba un saco negro como su pantalón. Nunca lo
había visto tan elegante. Tuvo que poner su sombrero negro en el sillón antes de
sentarse en el mismo.
—¡Buena noche!— nos saludó el señor con voz sombría. La luz de la lámpara
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
ahora que había anochecido hacía que la piel blanca de don Libasteo resaltara mas.
—Bien— dijo él una vez más—Entre más pronto mejor.
Miré a Estrella poco convencida.
—Dame las píldoras— le dijo Rigo a Estrella
Ella lo miró detalladamente.
—¿Eran para ti? —le preguntó, —¿Pero para qué quieres dormirte? — Rigo le
echó una ojeada a Ric y a don Libasteo, pero ninguno dijo absolutamente nada.
—El Nytol es muy peligroso, Rigo, no voy a dejar que lo tomes así nada más.
—Das las ha tomado y no la ha pasado nada mal. Ya viste, se durmió
enseguida.
—Pero ella sólo se tomó una píldora.
—Nadie ha dicho que yo voy a tomar más de una, ¿o sí?
Mi amiga suspiró dándose por vencida.
—Aún no comprendo cómo es que vamos a encontrar a Joaquín cuando tú te
duermas. —dijo ella lo mismo que yo pensaba.
¡Nada tenía sentido!
—Todos podemos leer la mente de un cerebro más débil que el nuestro si no
lo proponemos— murmuró don Libasteo mientras jugueteaba con sus dedos.
Nadie respondimos nada.
—Yo casi nunca lo hago, es falta de respeto. En todo caso es aún más fácil
entrar en la mente de alguien cuando está dormido, porque ese alguien no está
consciente para impedir que su mente bloquee sus pensamientos en caso de que
pudiera hacerlo claro. Así que eso es lo que vamos hacer ahora, niñas. Cuando Rigo
se duerma yo voy a intentar ver lo que él está soñando.
Fruncí el ceño luego de decirle;
—¿Pero para qué querría usted entrar en los sueños de Rigo?
—Ellos no saben mi problema— le dijo Rigo.
—Oh, — murmuró el viejo volteando a ver a Rigo, que estaba sentado a mi
lado —No lo sabía. Y eso que dijiste, muchacho, no consideres tu cualidad
extraordinaria como un problema, sino como algo brillante.
—¿Qué cualidad? —preguntó Estrella impaciente, —¿Qué problema?
Don Libasteo y Ric miraron a Rigo con una indicia que le decía que debía de
ser él mismo quien nos explicara todo.
Rigo por su parte estando cabizbajo comenzó hablar. Sin mirar a nadie.
—Mi cualidad, o problema consiste en mis sueños. Y-yo. Bueno, cuando
sueño… generalmente sueño con el pasado.
—¿Con el pasado? —preguntó Estrella después de un largo respiro.
—Así es— repuso Rigo que seguía mirando la alfombra gris de la
sala—Desde niño me pasa eso. No lo puedo evitar. Incluso sé que suena un poco
ridículo, porque ¿Quién ha escuchado de gente que mira el pasado por medio de los
sueños, en lugar del futuro, que es más habitual? Incluso ¿a quién le interesaría ver
el pasado dentro de los sueños? Seguramente a nadie, preferirían ver el futuro.
“Sin embargo cuando digo que yo puedo ver en mis sueños todo el pasado, no
me refiero a mi pasado solamente, sino al pasado de gente ajena a mí. Por ejemplo,
nuestro plan consiste en pensar antes de dormir en aquella noche, el día en que se
nos aparecieron por primera vez los Vordrákus enemigos, cuando Joaquín intentó
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salvarnos.
“ ¿Por qué recordar eso? Bueno pues porque fue el último recuerdo que tengo
de Joaquín, él desapareció aquella noche y ya no volvió. No sabemos nada sobre su
familia siquiera y…
—¿En tus sueños tú podrías ver qué pasó con Joaquín después de ese día? —
le pregunté ansiosa temiendo haber escuchado mal. —¿Puedes hacerlo sin ni
siquiera haber visto nada más?
Rigo asintió con la cabeza.
—Creo que nací defectuoso—bisbiseó vacilante—Aunque bueno, sólo vamos
hacer el intento. Quizá funcione.
Sentí que me brillaron los ojos de repente. ¡Joaquín!
—Está bien—repuso Estrella— y en caso de que Rigo logre ver algo usted por
medio de su mente lo va interceptar ¿no? — dijo ahora mirando a don Libasteo.
—Etmenfismo—murmuró Ric, y el señor Libasteo asintió con la cabeza, si
embargo nadie le pusimos atención ha esa escena, sino a las siguientes palabras de
don Libasteo;
—Vamos a Descifrar el pasado por medio de un sueño.
Rigo entonces se recostó en el sillón adyacente, con los ojos bien abiertos.
No iba a creer nada hasta que esto no diera resultado.
—Estrella, por favor. — dijo mi amigo.
Ella se acercó a él y le entregó una píldora.
La mano de Rigo tembló cuando se la echó a la boca para después tomar un
buen trago de agua.
—¡Confíen en mí! — dijo al final, antes de que comenzara a parpadear.
Estrella tomó del brazo a Ric, preocupada, y él sin decir una palabra echó su
otro brazo en el hombro de mi amiga.
Sentí un gran escalofrío cuando advertí que Rigo se estaba quedando dormido.
Con una gran severidad en el rostro, don Libasteo se puso aún lado de Rigo, y
agrandó sus ojos de una manera impresionante, como cuando irónicamente la gente
dice: ¡Me quieres tragar con la mirada!
—¡Joaquín! — dijo don Libasteo después de ponerse a cuclillas, muy cerca
del oído de mi amigo. Yo estaba casi que me moría de los nervios —. ¡Sólo recuerda
a Joaquín! —continuó don Libasteo. Rigo parecía que ya estaba inconsciente,
—Aquella primera vez que sus ojos te miraron… encuentra en ellos la clave para
rastrearlo, para saber lo que él pensaba…Vamos Rigo, lo estas logrando, sigue
mirando la pupila del chico…él ya está casi impregnado en tu mente, y sus ojos en
tus ojos…No… adelanta más el tiempo, ve hasta aquella noche… recuérdala
Rigoberto… vamos, estás llegando hasta esa noche… pero aún así no es suficiente,
ve más al futuro, avanza mucho más sin apartar esa pupila perteneciente a Fahme…
exacto. ¡Allí! —exclamó.
El viejo dejó de hablar. Sus ojos ahora reposaron en el cerebro de Rigo, sin
decir nada… cada vez se abrían más, como si estuviera viendo algo.
Me dio miedo, porque el rostro del viejo se había vuelto más rudo, y
repentinamente Rigo comenzaba a sudar.
Así pasaron casi veinte minutos, en los cuales don Libasteo con los ojos bien
abiertos, inclinado junto a Rigo le murmuraba cosas que yo no les puse atención por
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la impresión que sentía.
Inexplicablemente Rigo comenzó a gemir, a convulsionar, su cuerpo tembló
desenfrenadamente.
Vi con pasmo que la nana de Estrella nos estaba vigilando más aterrada que
yo desde lo alto de las escaleras, pero luego se fue corriendo. Bajé la vista hasta el
vitral que estaba frente al sofá tinto donde reposaba Rigo. Me quedé estupefacta
cuando vi que en el vitral trasparente aparecía una imagen oscura y borrosa
precisamente en dónde debía de estar el destello de don Libasteo… ahora recordaba
las palabras de Ric… y eso de que los Vordrákus se reflejan en el espejo
deformados.
Sacudí la cabeza y clavé mi mirada otra vez en mi amigo que estaba dormido.
Rigo siguió mal mientras que don Libasteo se había puesto rojo, ambos
comenzaron a sudar con una manera tan rápida que mi terror se había vuelto pasmo.
—¿Qué sucede? — murmuró Estrella con sus labios temblándole.
—T-todo va bien—respondió Ric con la ceja derecha inclinada. También
estaba pasmado, pero él era más fuerte que nosotras dos. Sujetó a Estrella con más
fuerzas cuando Rigo convulsionó con mayor fuerza.
Repetitivamente el viejo comenzó hablarle a Rigo más fuerte:
—¡Vamos Rigo! Sigue a Joaquín, sigue a esos Vordrákus, no tengas miedo,
ellos no te harán daño a ti, ni siquiera te ven… porque esto ya pasó… tú estás viendo
desde el presente el pasado. Por eso síguelo… corre más fuerte, ve hasta ellos… no,
no intentes abrir ese lugar, no vas a poder hacerlo, mejor atraviésalo, tú puedes, estás
soñando y allí eres dueño de tu poder… así… Oh.
Cinco minutos después de eso, Rigo dejó de temblar y el viejo de hablar.
Observé a Estrella y a Ric, pero ninguno de ellos me miró a mí. Ambos
estaban concentrados en Rigo que se había tranquilizado y en don Libasteo que
había dejado de mirar a Rigo, como si todo hubiese terminado.
El viejo se levantó lentamente del suelo. Pareció que suspiró. Cerró los ojos
una fracción de segundo y después los volvió abrir, inexpresivo.
Pese a que nos miró con una pausa en cada uno de nosotros, difícilmente
podríamos haber adivinado lo que él estaba pensado.
—¿Q-que pasó? —preguntó Estrella titubeando después de soltar a Ric que
también miraba al viejo con mucho cuidado.
—Funcionó—dijo el viejo con voz sepulcral—, debes de explicarle a tu nana
lo que ha pasado aquí, pero hazlo sutilmente. No le mientas, pero tampoco le reveles
nada.
Mi amiga asintió con la cabeza para después preguntarle:
—¿Cómo interpretamos eso de que funcionó entonces?
—Sé en dónde está Joaquín. Rigoberto lo logró aunque permanecerá dormido
un buen rato más, sino es que hasta mañana, así que también es necesario que
localicen a su madre.
Estrella asintió con la cabeza temblorosa.
—Dame esos sedantes— le pidió el viejo a mi amiga, —Y tú Ric trae un poco
de agua en una botellita. Ahora mismo vamos a ir por Joaquín… sólo espero y no
sea demasiado tarde.
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Claro de Luna
____________________________________________________________________
*Helu
…Continuación
L
legamos en la Hummer negra a un claro muy oscuro. Don Libasteo venía
manejando, y Ric ésta vez yacía a su costado de copiloto.
No sé por qué se me había ocurrido a mí decir que los acompañaba, pero
debí de suponer que tenía que hacerlo en representación de Estrella, Rigo y Das que
se habían quedado en la casona de mi amiga.
Don Libasteo llevaba conduciendo más de 40 minutos sin detenerse siquiera.
No sabía mucho sobre carreteras y mucho menos sobre el mapa de mi propia ciudad,
pero era evidente que ya no estábamos en ella y ni siquiera en una carretera. Era una
vereda muy sinuosa, con hoyos y piedras por todos lados. La Hummer venía
aventones intentando atravesar los baches y rocas que impedían el camino.
Nadie había hablado absolutamente nada mientras íbamos en la travesía, pero
desde donde yo estaba pude observar que Ric miraba constantemente al viejo sin
preguntarle nada. Don Libasteo por su parte, sólo observaba por la ventana delantera
de la camioneta quizá en su intento por encontrar el lugar que había visto en el sueño
de Rigo.
Durante todo el trayecto estuve imaginando el momento en el que seríamos
atacados por esas cosas, y en mi mente estuve pensando al mismo tiempo cómo
podría defendernos don Libasteo en caso de que hubiera alternativa.
Yo por mi parte no sentía miedo en ese aspecto… por alguna razón sabía que
esos entes oscuros no estaban cerca de aquí, así que en ese sentido estuve tranquila.
Ahora nuestro objetivo era encontrar a Joaquín que había desaparecido desde hacía
un montón de semanas, y claro que lo íbamos a lograr.
—Voy a estacionarme aquí—murmuró Don Libasteo por primera vez antes de
apagar el auto dejándolo debajo de un árbol de encino.
—Es bueno que la Luna llena nos alumbre el sendero con su claro
color—repuse casi inconsciente de que estaba hablando.
Cuando me bajé de la Hummer me quedé varios segundos mirando con
parsimonia a la blanca Luna llena que brillaba en lo alto del cielo como si fuera una
diosa a la que teníamos que admirar. La noche estaba aborregada, pero ninguna nube
estaba cubriendo aquél claro de Luna. Incluso fue como si esa esfera blanca fuera
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nuestra cómplice.
Las sombras de los árboles en plena media noche tenían un aspecto de estar
guardando algo entre sus veredas, por eso comenzamos a caminar en medio de la
noche, simplemente escuchando el silencio.
Ric me sujetó de su brazo, cosa que me tomó desprevenida. Nunca lo había
hecho. Suspiré sin mirarlo y seguimos caminando.
Era una noche muy desierta y extraña en todos los aspectos, pues mientras
atravesábamos el claro, llegaban momentos en el que el aire sofocado era caliente, y
en momentos era muy frío, quizá por eso no le afectaba a Ric el ambiente a
sabiendas de que traía una chamarra puesta, pero un short a cuadros.
Ambos seguimos a don Libasteo que se dirigía hacia el fondo del laberinto
oscuro de manera zigzagueante manteniendo su mirada muy firme entre la maleza
que parecía que se movía como si tuviera vida propia, hasta que de pronto el viejo se
detuvo.
Había llegado la hora que tanto habíamos esperado.
—¿Qué sucede? —le preguntó Ric manteniendo en su voz grave la
tranquilidad que lo caracterizaba—¿Por qué se detiene?
Pero don Libasteo ni siquiera nos miró, en lugar de eso comenzó a caminar
más aprisa, y de esa manera nosotros lo seguimos.
Los árboles que enmarcaban el bosque oscuro sólo aluzado por la luz de la
luna llena comenzaban a ser de mayor tamaño, produciéndome miedo por primera
vez.
El viejo desapareció de nuestra vista luego de un sonido similar a un
relámpago. Nos detuvimos instantáneamente, y ahora fui yo quien sujetó con fuerza
el brazo de mi amigo. Él comenzó a mover la cabeza hacia alrededor.
—¿Lo escuchas? —me preguntó como susurro.
—¿Escuchar qué? — le pregunté con el mismo tono de voz que él.
—Agudiza tu oído—me dijo.
Asentí con la cabeza, pero sentía mi mano derecha tan temblorosa que tuve
que hacerla puño para que se detuviera.
Ric tenía razón, eran sonidos que estaban muy cerca de allí… la voz de don
Libasteo estaba cerca, junto a un jadeo, junto a un lamento casi inaudible.
—¡Allá! —me advirtió Ric empujándome para que avanzáramos aprisa del
otro lado del claro.
Casi estábamos corriendo, esquivando piedras grandes sueltas y hoyos que
con la escasa luz se dibujaban en el suelo negro, hasta que atravesando un
gigantesco árbol me quedé congelada cuando los vi…a don Libasteo y.. a Joaquín.
—¡Dios mío! —titubee impactada.
Don Libasteo nos miró con el ceño fruncido.
— “¡El agua, las capsulas!” — dijo él alarmado.
—Oh, se quedaron en la camioneta— respondió Ric como si se reprochara él
mismo haberlas olvidado, —Pero si quiere ahorita mismo regres…
—¡Voy yo!—¡respondió el viejo cuando se levantó del suelo con
precipitación —Quédense con él.
Antes de que respondiéramos se alzó en el suelo y se perdió entre la oscuridad
con otro sonido similar al relámpago. Pude haber muerto por la impresión, pero mi
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corazón se concentró más en el chico que estaba tirado, traía el mismo pantalón de
mezclilla azul marino que la última vez que lo vi antes de brincar de la Jeep, pero
estaba muy mugroso y roto.
Me acerqué pasmada hasta él, donde reposaba tirado en el suelo, con el pecho
desnudo, y….
Di un grito de horror al mirar que justo en el pecho, el corazón le palpitaba tan
fuerte como nadie lo creería, su rostro estaba manchado de sangre seca, como si
alguien lo hubiese golpeado. Era horrible, y tanto fue el impacto que sufrí que por
un momento olvidé que estaba tirado, gimiendo… hasta que de pronto comenzó a
gritar más y se retorció en el suelo.
Me tiré en el suelo junto a él y con mis manos temblorosas puse su cabeza
sobre mis piernas. Miré a Ric que estaba mirándonos estupefacto e inmóvil.
—¡A-ayuda-me! — dijo Joaquín con voz muy débil y recortada.
Abrió sus ojos. Estaban rojos, como su piel. Aparecieron lágrimas que
comenzaron a brotarle.
—¡Ya… ya no quiero! — siguió él. Tuvo un nuevo retorcijón que me dolió en
el alma.
—¡Dios… ayúdame! —gritó con fuerza mientras yo lo tenía junto mí. Le
comencé a acariciar sus mejillas mientras mis lágrimas caían en su pecho… ¡Era
horrible ver como sufría… y yo sin poder hacer nada!
—¡Sé…que me lo merezco, … pero ya no quiero… Dios ya no me hagas
s-frir!
—¡T-todo va a salir bien! —le prometí con un nudo en la garganta.
Joaquín siguió estremeciéndose y comenzó a gritar de dolor…
—¡NOOOO! —grité yo histérica—¡Ric… Joaquín se está muriendo! ¡Hay
que hacer algo!
Mis lágrimas estallaron… y abracé con fuerza a Joaquín, como si con eso
fuera a disminuir su agonía.
Ric me miró con sus ojos cristalinos, impotentes…
—“¡Dios Te lo suplico!” —volvió a gritar él, —¡Ya no aguanto! ¡Mátame
ya… pero no hagas que me duela máss!— junto a su nuevo grito se perdió el mío…
no podía soportar estarlo viendo… que le suplicaba a Dios como si fuera un pequeño
niño indefenso. Sentía dolor…
—¡Y-a, c-orazón! — le murmuré en el oído teniéndolo abrazado, —V-a a
pasar pronto… resiste. ¡Vas a estar bien, mi niño! ¡Vas a estar bien!
Mi llanto era inconsolable… y más lo fue cuando levanté mi rostro y sus ojos
azules suplicantes se metieron en mi pupila…
—¡Haz que pare! —me dijo como si estuviera en mis manos. Me contuve para
no volver a gritar. —¡P-or Favor, ayúdam-e!
—¡Dios mío! — le grité a la noche—¡Ayúdalo! ¡Ayúdalo!
Ric se acercó a mí y me tomó del hombro.
—Heredia, por favor— me dijo él. Su voz fue lenta, como si no supiera qué
hacer.
Un golpe estrepitoso me avisó que don Libasteo había regresado.
—¡Haga algo por favor! —le imploré al viejo esperanzada en que él pudiera
ayudarlo.
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El viejo se flexionó sobre nosotros, y Joaquín volvió a gritar mientras se
retorcía.
—¡Abre la boca! —le pidió don Libasteo a Joaquín, pero él se seguía
retorciendo como si no viera y escuchara nada —¡Vamos! ¡Montoya, ven aquí!
Ric con los pies engarrotados se acercó hasta nosotros y se inclinó.
—¡Sujétalo! —le mandó.
Ric así lo hizo, pero los brazos del chico rubio se le resbalaban de sus manos.
—¡Qué lo sujetes con fuerza! —le gritó el viejo a mi amigo. Ric con los labios
temblando agarró los brazos de Joaquín como si no quisiera lastimarlo.
—¡Tú sujeta su cabeza! —me dijo a mí.
—P-pero…
—¡Hazlo te digo! —me gritó con rudeza.
No estuve segura de que mis manos tan estremecidas fueran a retener la
cabeza de Joaquín, sin embargo no supe cómo pero lo logré. Cerré los ojos con
fuerza mientras sentía la gran fuerza que utilizaba el chico rubio por liberarse, y todo
fue tan rápido que difícilmente comprendí que todo ya había pasado.
La presión que sentía en mis manos dejó de tener fuerza. Abrí los ojos para
comprobar lo que pasaba, y vislumbré con una media sonrisa que Joaquín casi había
cerrado los ojos hasta que se quedó dormido.
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TERCERA PARTE
DECLIVE
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Historia
________________________________________________________________________________________________________
*Joaquín
Y
o no elegí esto para mí.
Pero mi sangre nació sellada
“L
a localidad de San Miguel es tan fría como la Antártida y sombría como el
cementerio en la noche. La localidad está perdida entre un bosque tupido de verde y
sin pertenecer a un municipio como tal de Guanajuato, aunque muy cerca de
Salvatierra.
Casi nadie se atrevería a pisar esas tierras a sabiendas de la existencia de la Etnia
Kurna, un grupo de raza tan enigmática y extraña con la que difícilmente podría la
gente ordinaria interactuar.
Muy pocas veces había escuchado hablar sobre esa enigmática Etnia, por eso me
tomó de extraño que durante las últimas semanas de abril mis padres hablaran tanto
sobre ellos, incluso hasta llegar al grado de decidir que nos mudaríamos a esa
localidad, donde probablemente iniciaría mi peor infierno.
—¡Feliz cumpleaños! —me había dicho mi hermano Ramsés aquella mañana
del 5 de Mayo, mientras que yo reposaba sentado en la cama de mi nueva
habitación. Dubitativo, buscando una posible causa que hubiera dado la razón a mis
padres cambiarnos inexplicablemente a esa Localidad.
—¡Feliz cumpleaños! —le devolví el saludo con una amplia sonrisa cuando
sus ojos azules me miraron chispeando atreves de la puerta.
—¡Quince años!— me dijo él con esa misma actitud entusiasmada que decía
que ya era mayor. Igual que yo.
—Aún faltan tres años para ser mayor de edad—le recordé después de darle
un fuerte abrazo. —todavía aquí en México la edad adulta es hasta los 18 años, y no
a los quince, lo bueno es que ya es una ventaja haber cumplido otro año más.
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Mi hermano gemelo asintió con la cabeza antes de clavar su mirada en la
ventana de mi habitación. Como si allí hubiera algo.
Estuvo en silencio durante tres escasos minutos examinando detalladamente
esa ventana sin reaccionar.
—¿Qué te pasa? —le pregunté ansioso.
—Sólo un presentimiento—me dijo él con una expresión en su rostro
exasperante. —Quizá la Ciudad de Guadalajara es algo insegura, pero… habíamos
vivido 15 años allí. No sé cuánto tiempo me tomará adaptarme a éste lugar tan frío,
en donde al parecer casi nunca hay sol.
—Vivimos en medio del bosque, Ramsés, además allá arriba de esos árboles
gigantes y centenarios de los que estamos rodeados existe el sol, y sólo nos dará su
brillante luz amarilla hasta el día en que esos árboles desaparezcan.
Pero jamás iban a desaparecer, como mi vida.
Ese fue el primer día en que habíamos vivido allí, un día que pasó muy lento,
demasiado lento, como sin un fuerte presagio condenado me estuviera vigilando.
Incluso así se quedó vigilándome tres días, hasta que la mañana de ese día mi madre
fue a mi habitación.
—Hijo—sus ojos no me miraron, y yo supuse que lo hacía por su propio bien.
—Las maletas están hechas, mamá.
Como lo había hecho Ramsés el día de nuestro cumpleaños, mi madre se
quedó mirando la ventana de mi habitación como si quisiera dejar en ella el dolor de
nuestra separación.
—Qué bien—murmuró ella inexpresiva—tu hermano también está listo.
Mi madre iba a salir de mi habitación cuando con mi pregunta la detuve.
—¿Por qué? —intenté mirar sus ojos claros, pero ellos se negaban a
conectarse con los míos—¿Por qué hemos venido a vivir a éste lugar? No me gusta.
Dudó en responderme, pero al final lo hizo.
—No fuimos nosotros quienes elegimos venir aquí, hijo—respondió mi madre
con amargura, y yo no hubiera descubierto que de sus ojos salían un par de lágrimas
hasta que me paré junto a ella y la miré, a pesar de que sus ojos se seguían
abnegando a mirar los míos. —Las cosas deben de ser así, mi pequeño.
—¡No quiero que llores! Mamá.
—Yo… es que no entiendes, mi angelito—la voz de mi madre retumbó en mi
pecho con una gran calidez. —Sólo espero y… me perdones, nos perdones a tu
padre y a mí… por no saber la manera correcta de poder defenderlos, a tu hermano,
y a ti.
—¿Defendernos de quien? —le pregunté aferrándome a su mano, como lo
hacía desde niño. —¿De quién mamá?
Ella me miró por fin, y sus ojos azules se metieron dentro de los míos después
de un fuerte suspiro, como si mis ojos fueran a mirar a los de ella por última vez,
como si ella en cada fracción de segundo se estuviera alejando de mí a pesar de que
la tenía muy cerca. Pero no comprendí a lo que se refería.
—Mamá, no sé lo que me dices. Sólo entiendo que nos van a dejar en un
internado, en ésta localidad, como si quisieran abandonarnos… ¿A caso ya no nos
quieren? —le pregunté brotándome inconscientemente de mis ojos una gotita de
agua.
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—Es que yo…
—Es que aún podemos escapar—le dije sin saber realmente de quien
debíamos escapar aunque el presentimiento de mi hermano lo tenía yo
también—Huyamos… vámonos del país. A Alemania, la tierra de papá, Juntos. No
tenemos por qué pasar por esto, mamá… ¡tengo miedo!
Pero a ella no le importó mi temor.
Más alejado de las viviendas rusticas de la localidad, muy perdido dentro de
un bosque había una gran construcción que parecía Monasterio de piedra negrizal
que aparentaba haberse edificado hace siglos.
“Etnia Kurna”
“Internado San Miguel”
Era la única inscripción escrita en la superficie de la puerta principal de madera. La
construcción era similar al monasterio de San Salvador de Leire, éste con un aspecto
más antiguo y sombrío.
Cuando mi hermano y yo nos bajamos del auto, advertí que nosotros ya
habíamos estado contemplados como visita a ese lugar. Lo supuse cuando miré a un
hombre alto debajo de una sotana negra, o un traje que se le parecía.
—¡Vienevé!—exclamó el hombre en forma de saludo. Mi padre se inclinó ante
él como reverencia.
Las puertas estaban abiertas, y cuando el hombre nos dijo que entráramos
sentí un fuerte retorcijón en la panza. Miré al auto donde estaba mi madre que
mantenía oculto su rostro entre la melena rubia de su cabellera. Mi padre nos miró
con esos ojos oscuros y nos dijo que entráramos con su conocida voz de orden.
Era inevitable sentir miedo a lo desconocido. Me hubiera puesto a gritar
pidiendo que me llevaran a casa como un chiquillo, y sin embargo no lo hice por la
sencilla razón de que mis padres ya no nos querían con ellos, o quizá iba a ser de
nuestro bien entrar a ese lugar.
Decidí adquirir esa versión de que nuestros padres nos habían dejado allí
porque eso era lo mejor para nosotros. Quizá hasta la mayoría de edad.
¿Entonces por qué nunca nos dijeron que cuando cumpliéramos 15 años
íbamos a separarnos?
Todo era muy extraño. No era tiempo de entrar a un nuevo curso, era Mayo…
¿Por qué nos admitieron allí entonces? Nada tenía sentido. Ya estábamos cursando
el segundo semestre de Bachillerato en Guadalajara… y ahora íbamos a ser
internados…
Cuando atravesamos las puertas de manera a menos de un metro nos esperaba
otro hombre en medio de la oscuridad, con ese mismo atuendo puesto, pero éste era
más alto y delgado. Sin decirnos nada nos condujo por un pasillo largo donde a los
lados habían velas largas pegadas a las bardas que iluminaban el lugar. De pronto
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
llegamos a un gran vestíbulo, con un gigantesco candelabro en medio de un techo
puesto arriba de más de 20 metros de altura. Allí encontramos a seis hombres más,
también con las mismas vestiduras negras, todos ellos blancos y con esa mirada
altanera y fría.
Uno de ellos, el más viejo de cabello largo y negro que parecía tener algunos
setenta u ochenta años me tomó del brazo y me llevó sin mi hermano hasta una de
las tantas puertas que estaban alrededor de ese monasterio. Ni siquiera pude decirle
adiós a mi hermano. Quizá porque estaba aterrado.
El viejo me soltó cuando entramos a una especie de laberinto oscuro, donde
había antorchas pegadas en los costados del lugar oscuro.
Me sentí en una especie de película de antes, como si hubiese llegado a la
época virreinal o colonial. Todo estaba muy frío, como si estuviéramos dentro de un
refrigerador.
Respiré hondo, muy profundamente. Los pasos fuertes de las botas que traía el
viejo eran el único sonido agudo que se escuchaba conforme pisaba una y otra vez.
Luego fueron mis respiraciones uniformes y jadeantes las que tomaron ventaja.
Así seguimos caminando, el viejo delante de mí y yo detrás de él entre un
laberinto de antorchas hasta que llegamos a un nuevo pasillo que era iluminado de la
misma manera. De allí se abría la posibilidad de seguir a la izquierda o a la derecha,
pues en frente lo único que había era una puerta. Seguimos el pasillo de la izquierda,
y sin embargo ésta vez no caminamos mucho tiempo cuando apareció una escalera,
misma que utilizamos para subir.
Quizá habían sido dos pisos, sin embargo la oscuridad al no haber antorcha
alguna hizo que yo tomara la decisión de sujetarme de la barandilla de madera y así
subir pisando lentamente escalón por escalón hasta que, cuando faltaban dos más, vi
que el viejo abrió la única puerta que reposaba al final de la escalera.
Entró y yo le seguí.
No había alternativa para seguir caminando, lo comprendí al momento que me
percaté de que ese lugar era una especie de aposento. Entonces me dijo.
—¡Ven!
Su voz fue atronadora y gutural que bien se pudo haber impregnado en las
piedras negras de la construcción. Y a pesar de eso me acerqué sin premeditación,
con un miedo terrible.
El aposento era muy grande, pero lo único que había allí eran camas de piedra
y algunos cristales muy al fondo.
El viejo se alejó después de pedirme que me acercara a él. Nuevos pasos
hicieron que me girara hasta la puerta del aposento, y por allí entró una joven mujer
que no debía de tener más de veinte años, más alta que yo con ojos verdes azulados
pero con un par de machas pardas en el iris. Era hermosa, digna de contemplar, pero
era una belleza sombría, como una demonio extravagantemente bella. Entró
caminando con la nariz apuntando al techo, traía una falda negra hasta la rodilla, y
debajo de ella sus piernas estaban cubiertas por unas medias del mismo color de su
falda y de su gabardina. Su cabello dorado lo traía recogido en la nuca y sus labios
pintados con labial café no me sonrieron.
—El otro chico es humano—dijo la hermosa mujer con voz clara y angelical,
pero incluso de esa manera tenía terminaciones sombrías y malévolas.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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—Lo supuse desde un principio—repuso aquella voz gutural del viejo—
desde que examiné sus ojos, querida Dafrossia. Por eso sin premeditaciones traje a
éste chico aquí para comprobarlo yo mismo.
—¡Es perfecto! ¿No le parece mi delegado? —preguntó la chica que se hacía
llamar Dafrosia mostrando una hilera de dientes blancos que incluso brillaron ante la
tenue luz de las antorchas.
—Oh, pero qué cosa dices, querida Dafrossia, por muchos años te he pedido
que me llames Judá.
—Me alaga, mi delegado, pero yo a usted lo respeto, ya lo sabe.
—Como mejor lo desees, querida. Pero mira—dijo cuando empezó a girar a
mi alrededor, mientras yo estaba aterrorizado manteniendo mis ojos fijos en la
antorcha de la entrada que chispeaba colores anaranjados—es apuesto, ¿No te
parece?
—Lo es—admitió Dafrossia apretando la mandíbula—Lastima que esté
contaminado.
¿De qué hablaba? ¿A qué se refería con que yo estaba contaminado?
Vi de reojo que Judá la miró por unos instantes para luego ordenarle;
—Acércalo.
Judá avanzó hasta la esquina del aposento, donde reposaba un gigantesco
espejo del tamaño de la barda. Tenía un marco que parecía muy antiguo y de
madera.
Sentí un vuelco dentro de mi panza a raíz de que las manos largas y frías
como el hielo de Dafrossia me sujetaron con fuerza la muñeca de mi mano, y sin
decirme nada me condujo hasta que llegamos al espejo.
—¡Ssssss! —siseó el viejo como una serpiente. Yo estaba mirando el suelo,
por eso no advertí el aspecto de su rostro—¡¡Portentoso!!
—Tenía usted razón, mi delegado—admitió Dafrossia fascinada, aunque yo
no comprendía por qué.
Levanté el rostro y miré a Dafrossia y luego a Judá. Ninguno me ponía
atención a mí, sino que ambos tenían clavados sus ojos en el espejo, como si
estuviesen contemplado una maravilla. Y cuan sorpresa me llevé al mirar el reflejo
del cristal. Los trajes de cada uno de mis acompañantes y el fondo del aposento eran
las únicas figuras congruentes, ya que los rostros y las manos de estos dos
despreciables seres aparecían en el espejo deformes, más bien sin ninguna forma.
Parecían sombras que nadaban en el lugar donde naturalmente deberían de estar sus
manos y sus cabezas.
Sentí un vuelco luego de suspirar aterrado. Pero fue más mi espanto cuando
advertí que mi reflejo, es decir, mi rostro también comenzaba a parpadear, como si
de un momento a otro fuera a desaparecer.
—¡¿Qué pasa?!—grité horrorizado al tiempo que me giraba con precipitación
para mirarlos. —¿Qué es lo que está pasando? ¿Dónde está mi hermano? ¿Qué nos
van hacer?
Judá respondió con una abominable sonrisa.
—¿Hacer? A ti nada, pequeño enclenque.
Miré a Dafrossia esperando a que ella me respondiera, pero no lo hizo. En su
lugar me ofreció una despreciable sonrisa.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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¿Adónde nos habían traído nuestros padres?
—Vamos a ver…—canturreó Judá divertido—¿Qué es lo que piensas ahora?
—sentí una terrible punzada que me obligó a dar un jadeo de dolor. —¡De manera
que tienes miedo! Oh, también te duele… es que eres débil. Lo siento, olvidaba que
apenas eres un adolecente de quince años, aún debes de aprender demasiado.
La punzada desapareció.
—Pero si te has puesto rojo—me advirtió fingiendo preocupación.
Me llevé mis dedos a las sienes. Estaba estremeciéndome aunque no sabía la
razón; quizá era miedo, o probablemente estaba estupefacto. Por lo que fuera tenía
que huir de allí ahora mismo.
Premeditadamente me lancé vertiginosamente hasta la puerta de madera, sin
embargo ésta se azotó sola con un fuerte estruendo que me aturdió. Vi que mis
posibilidades de salir se habían esfumado. Ahora tenía más miedo que antes, estaba
en un lugar de locos, de sicópatas, de monstruos.
—¡Sssss! —siseó una vez más— Lamento que no puedas salir de aquí por
ahora—me dijo el viejo—pero así debe de ser. Tú no eres humano—me soltó con
rudeza—Incluso jamás lo haz sido, aunque lo fingiste muy bien.
No sabía de lo que me hablaba.
—No fue suficiente nacer, querido amigo. Y debes de saber que uno de los
nuestros no nació para morir, sino para vivir. ”
—Lo sabía desde el principio—admitió el señor Libasteo después de lo que les
había dicho.
Muy pocas veces había mirado con claridad las mañanas, con ese sol resplandeciente
en la mitad del cielo anunciando el feliz medio día. El viento tenía una nueva visión
en mis ojos, no obstante los olores seguían siendo los mismos.
No comprendí hasta qué punto era diferente a los demás. Ni siquiera por qué
ahora todo lo que veía lo recibían mis ojos con una claridad jamás posible en una
vida real.
Exiguamente el amanecer había aparecido después del crepúsculo, y un día de
diferencia había en el que Heredia, Ricardo y el Señor Libasteo me habían
encontrado casi sin vida, tirado en el suelo después de escapar de la guarida de
aquellos Vordrákus.
El pantalón de mezclilla y la camisa de algodón que traía puestos pertenecían a
Ricardo Montoya, el chico alto y fuerte de aquél grupo de cinco amigos que por mi
causa había condenado a la fatalidad. La ropa me quedaba grande, pero la chamarra
de Rigoberto ocultaba el grosor de la camisa blanca. De no haber escuchado la
explicación que el señor Libasteo me dio aquella mañana, no hubiera entendido la
razón por la que yo estaba en aquella casa y ahora les estaba contando mi historia.
Desde muy temprano sabía que en la recamara blanca en la que estaba instalado
de un momento a otro iba a estar invadida por ese grupo de muchachos y del señor
mismo. Quizá por esa razón no me tomó de extraño que la puerta se abriera y por allí
entraran, aquellos que querían escuchar mis crónicas… para ponerlos al tanto de lo
que les venía por delante. Era la única manera en la que podía ayudarlos después de
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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haber sido yo mismo el causante de su desgracia.
Escuché nuevas agitaciones que se filtraron en la recamara. No tuve el valor
de mirar a ninguno mientras entraban y se acomodaban, por eso tomé como ventaja
a la ventana a la que miraba.
No tenía la intención de mirarlos, hasta que percibí aquél aroma que
repentinamente se apoderó de mí y me hizo girar estremeciéndome.
—¡No te hará daño! —me advirtió el señor Libasteo—Él es Lukofkie Stall, de
la Corddex Ándica, es el Vordráku del que te hable esta mañana. No te asustes.
El aire atmosférico se convirtió en un farfullo murmurante, oscuro y
tenebroso. Tuve que tragar saliva y luego asentir con la cabeza para que todos
comprendieran que me encontraba bien.
—Podemos esperar más tiempo—me dijo el señor—hasta que te encuentres
más tranquilo para contarnos todo.
—No—le respondí—Entre más rápido pase todo, mejor será.
Les puse atención a los chicos que por mi causa estaban metidos en todo esto;
Heredia, Dacia, Estrella, Rigoberto, y Ricardo. Todos ellos se habían sentado en un
sillón largo que estaba a la entrada de la habitación. El Señor Libasteo vestía como
de costumbre en un día ordinario en el Instituto, mientras que el Canio Mayor vestía
un pantalón de mezclilla, una playera blanca, una gorra negra y unas gafas oscuras.
Debí de suponer que para venir hasta aquí conteniéndose de cruzarse con los
humanos para no despertar su apetito había sido difícil, incluso comprendí el por qué
vestía como un humano normal. De todos modos sus brillantes ojos verdes eran
evidentes debajo de esas gafas oscuras.
Durante la primera parte de la historia todos habían permanecido callados,
incluso llegué a pensar que estaba hablándome sólo, como si no hubiera nadie. Pero
continué.
—Aun no entiendo por qué tus padres te llevaron a ese lugar, Joaquín—me
preguntó una voz suave como el viento que emergía por la ventana abierta la cual yo
estaba mirando. Ella había sido Heredia, a la que le debía la vida.
—Un Vordráku tiene las mismas cualidades que un humano durante 15 o 16
años, pues es precisamente en ésta etapa cuando la Efolina comienza a despertar y a
desplazarse por todo el cuerpo del Vordráku. Por esa razón las células muertas
resucitan llenándose pues de esa sustancia, provocando de esa manera que el
corazón les lata más fuerte, la sangre produzca más sangre, y las células en general
actúen más deprisa. A ésta etapa se le llama; Despliegue, y el Sr. Libasteo e incluso
el Canio mayor aquí presentes se los puede corroborar—dije dirigiéndome a los
humanos—La Etapa de “Despliegue” produce diversas consecuencias, entre ellas y
la más importante es que se retrasa el crecimiento, es decir, el envejecimiento. Cada
cuatro o cinco años para los humanos, es más o menos un año para los Vordrákus,
eso depende del Vordráku por supuesto, por eso uno de ellos puede llegar a vivir
hasta 500 años, y esa edad para la vista de cualquiera físicamente parecería tener
100.
Preferiría no seguir mirándolos, aunque debí de comprender las reacciones de
sus rostros.
—Esto que les estoy diciendo es de suma importancia para que comprendan lo
que sigue;
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
“Joel era un Vordráku Real descendiente de la Corddex Culminiams, que
como ya lo saben son diferentes de los demás supuestamente porque no se alimentan
de… bueno, ya lo saben, y digo “supuestamente” porque muchos solo fingen. Joel
trabajaba en la Corddex Culminiams Americana como un simple sirviente, pero fue
en uno de sus viajes hasta Guanajuato cuando quedó cautivado con una hermosa
mujer llamada Aurora, convirtiéndose en un amor reciproco y posteriormente en un
amor oculto, pues en la Corddex Americana y Europea, por muchos motivos está
estrictamente prohibido mezclarse entre especies. Lo consideran un pecado.
“Su amor apasionado fue más fuerte que un tornado, pues después de que Joel
le revelara a Aurora lo que era, y que ella lo aceptara, ambos se casaron con las leyes
humanas a pesar que eso significara para Joel estar rompiendo las reglas de los de su
Corddex. Aún así asumieron el riesgo. Joel siguió trabajando para la Corddex
Americana en la sede de Yucatán dejando a salvo a su amada esposa en Guanajuato
para no exponerla. Así vivieron durante cinco años, en los que a ambos solo les
bastaba con mirarse de vez en cuando para no levantar sospecha alguna. Pero Joel
nunca se dio cuenta de que tenía un enemigo a sus sombras, que intentó de muchas
maneras denunciar ese acto al Régimen Americano. —mi voz comenzó a
temblar—quizá no había tenido una excusa prudente para hacerlo, ¿Quién podría
demostrar que lo que el enemigo anónimo de Joel denunciaba ante el régimen
encabezado por Benjamín Oviedo, y siendo el Custorio Mayor; Maximiliano de
Anda era verdad? Nadie por su puesto, el enemigo necesitaba pruebas, y por
desgracia las encontró cuando por un accidente Aurora quedó embarazada de su
amado Joel.
“Aurora y Joel nunca comprendieron en ese momento el peligro que eso les
implicaba, hasta que meses después, un par de gemelos recibieron la vida. Joel ya
no regresó al Dromalio Americano a conciencia de lo que le esperaba, y
precisamente el día que huiría con su esposa e hijos, la Fuerza de Canios de la
Corddex Americana los aprendió en medio de la noche. Les arrebataron a sus dos
hijos, y a Joel y Aurora los llevaron hasta el Dromalio Americano en Yucatán donde
los esperaban los delegados correspondientes para su veredicto.
“Fue en el aposento principal del Dromalio Americano donde en presencia del
Custorio Mayor, el Álvan (mano derecha del Custorio Mayor) El Regímo Mayor, y
los 36 delegados principales sentenciaron con castigo a los dos enamorados. Fue
hasta el día de Movenlu (día de fiesta para los Vordrákus) donde en medio de la
aglomeración de todos los Vordrákus, y como signo de humillación, Joel fue
desterrado frente a ellos y frente a su amada esposa—una vez más mi voz se recortó.
Tuve que tomar aire para poder continuar.—Y después del sufrimiento de Aurora al
ver cómo acababan cruelmente con su amado, fue ella la siguiente, pero sin que
fuera desterrada la mataron.
—¡Dios mío! —no comprendí cual de las tres voces femeninas fue quien lo
exclamó.
—¿Y los gemelos? —ahora si pude reconocer la voz de Estrella, pasmada.
—Los gemelos—repetí con frialdad—Después de siglos, no era la primera
vez que ocurría un caso como este, por lo tanto Joel y Aurora no habían sido los
primeros. Dada la experiencia de la Corddex Culminiams, tanto Americana como
Europea en este tipo de casos, ellos mismos ya sabían el destino que a esos hijos les
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tocaba. Siempre nacían un par de gemelos, siempre seguirán naciendo un par de
gemelos cuando las especies se mezclen. Aun desconozco las razones por lo que eso
sucede, y quizá el señor Libasteo en un futuro no lo explique. En este caso, de Joel y
Aurora, también se siguió la costumbre y nacieron un par de gemelos, y como la
costumbre ha sido desde la primera vez que las especies se cruzaron, será solamente
uno del par de gemelos el que nazca con la sangre sellada, es decir, con Efolina, la
que a los 15 o 16 años adquirirá la etapa de; Despliegue. Joel y Aurora, <<¡Eran
mis padres!>>—mi corazón retumbó con un fuerte golpe. Escuché murmullos de
sorpresa luego de escuchar con qué amargura lo solté— Y Ramsés y yo, éramos ese
par de gemelos.
Cerré los ojos con fuerza, pero luego continué con la misma amargura.
—Distintos delegados fueron quienes nos dieron a un matrimonio Vordráku
Real, el Vordráku alemán Emiliano, y la Kadressa Mexicana Alejandra. Ellos nos
bautizaron tanto como las leyes Vordrákus lo demandan, y como las Leyes humanas
lo hacen a su vez. Los delegados les advirtieron que debían de entregarnos a la Etnia
Kurna de Guanajuato cuando cumpliéramos 15 años, así los delegados de ese
lugar descubrirían cual de los gemelos era cual. El Humano y el Vordráku. Yo fui el
Vordráku, lo descubrí aquel día que entré al monasterio.
“La Étnica Kurna es un grupo de Vordrákus que descienden de la misma
manera que yo. De sangre pura, y de sangre impura. Y el monasterio al que me
reclutaron se llama Aprengo, en el que aprendería en varios años todo lo referente a
mi especie verdadera. El manuscrito de Varad. Descubrir de dónde veníamos, y
nuestro objetivo. Yo no soy un Vordráku Real, sino un Vordráku de clase Kurna.
Por eso durante mi estancia en ese Aprengo muchas veces todos los muchachos que
estábamos allí éramos sobajados, nos trataban como basuras por ser de sangre
mezclada. Sufrí mucho. Afortunadamente un año después llegó mi nuevo amigo
Arén, con quien compartí mi Alcoba , y gracias a él pude aminorar el sufrimiento
que me dejó… mi hermano.
—¿Qué pasó con él? —me preguntó Heredia una vez más, y yo sin mirarla
respondí.
—Aquél primer día, cuando Judá (que resultó ser el Delegado Principado
encargado del Aprengo) me envió con la instructora, la Kadressa Dafrossia a mi
Alcoba le pregunté a ella su paradero… pero no me respondió.
“Esa misma noche me presentaron a la hora de la cena ante todo el Aprengo.
Habían casi 130 Vordrákus como yo provenientes de todos los rincones de América,
muchos de ellos al parecer ya se habían familiarizado, pues cuchicheaban entre
ellos, yo no le importancia. Habían 12 Instructores, entre ellos Ocho Instructores
varones y Cuatro Kadressas, entre la que destacaba Dafrossia, que además de ser
una Instructora también tenía el cargo de imponer los castigos. ¡Era terrible!
“Me tomó de sorpresa que la despótica y cruel Dafrossia me alejara de todos
los demás apartándome de los comedores de piedra. La seguí esperando encontrar a
mi hermano, pero lo único que encontré fue un salón gigantesco.
“—¡Adelante! Impuro—me dijo Judá que estaba sentado en una larga poltrona
de madera atrás de una mesa redonda, precavidamente adornada con un florar en el
centro y un mantel negro con reseñas extrañas. —Para darte una mejor, y más
educada bienvenida he querido cenar esta noche contigo. ¿Te importa que nos
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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acompañe la bella Dafrossia?
“—¿Dónde está Ramsés? —les pregunté frunciendo el entrecejo con profundo
odio acumulado—¿Dónde?
“Ellos me miraron con una sonrisa que hizo que me quemara por dentro de
odio.
“—Vamos, querida Kadressa, Supongo que nuestro amigo el gusarapo impuro
tiende a responder el “Sí” de esa manera— ella me sonrió terroríficamente, con una
ceja curvada. —¡Ssss! Y con respecto a ti, Repugnario malnacido, disculpa que te
hable de ésta manera, pero… siempre he odiado a los de tu clase. ¡Impuro! Tus
padres fueron unos estúpidos buenos para nada.
“—¡No le voy a permitir que hable así de ellos!—le grité con odio creyendo
que hablaba de los que hasta ese momento creí que eran mis verdaderos padres.
“ —<¡Escúchame bien!> —bramó Dafrossia con una voz suave y delgada,
pero escoltada por frialdad y crueldad—<¡Porque solamente voy a repetírtelo una
sola vez!>— Ella me miró con las dos cejas inclinadas mientras endurecía la
mandíbula—¡mugre Vordráku manchado e impuro! No creo que seas capaz de
soportar en tu primer día en ésta estancia mis castigos, de seguir con esta estúpida
actitud tuya. ¡Voy a humillarte! —me gritó cuando ya estaba sentada a un costado
de Judá, ella me miraba con odio—¿Me escuchas? Humillación, ¡Estúpido engreído!
Oh, pero mi Delegado, creo que me estoy adelantando, él no entiende nada porque
no sabe la clase de ser que es; aún nadie le ha dicho que los de su clase no valen
nada. ¡Absolutamente nada! ¡Mira que estar manchado de sangre humana! Eso es
asqueroso, pequeño animal, ¿Y nosotros somos quienes vamos a proteger a los
humanos de los de nuestra misma especie? —se burló ella compartiendo una
carcajada con Judá—Oh, —dijo ella—Ya que se dio el comentario, déjame te digo
que delegados de la Corddex Cul… Oh, todavía no sabes de lo que te hablo, así que
seré breve y contundente; y ¡Escúchame muy bien! ¡Porque solamente voy a
repetírtelo una sola vez! En determinado tiempo vienen a supervisar a éste lugar un
grupo de Delegados para comprobar que nosotros los tratamos de maravilla, con
mucho cariño y amor, ¿Lo entiendes? Donde nadie recibe ningún maltrato y nada de
eso… donde…
“—Donde nadie nos llama Impuros y mucho menos nos humillan, donde nos
tratan con una gentileza que los Delegados seguramente van a quedar tan
conmovidos que quizá creerán apropiado ponerlos (sobre todo a ustedes dos) en un
hermoso altar ¿No es así? Está bien, eso está perfectamente bien, y no se preocupen
por mí, que cuando vengan a supervisar éste “bonito” Internado voy a decir que nos
tratan de maravilla. Mientras tanto quiero que me digan ¿Dónde está Ramsés?
“—¡No me gusta que nadie me rete! ¡Estúpido malnacido! —me gritó
Dafrossia tragándome con los ojos que parecían echar fuego.
“—Espera—dijo Judá compartiendo con ella una malvada sonrisa—Que
apenas comienza lo divertido— su rostro se posicionó en mis ojos y me dijo con
lentitud—Siéntate, querido amigo. En este Aprengo sabrás dónde está tu lugar.
Sabrás lamer nuestro excremento con la lengua, sabrás ponerte de tapete cuando un
Vordráku Real valla a pasar en el vestíbulo, sabrás… ¡Oh! ¿No te sientas?
“Sentí que de mis ojos se escapaban unas lágrimas… no sabía lo que me
esperaba, pero mi hermano… oh… por miedo a que le pasara algo a mi gemelo me
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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senté con mi cuerpo temblándome de arriba abajo. Impotente.
“—Así es como funciona todo, pequeño—me dijo Judá. Ésta vez Dafrossia
sonrió. —Tu platillo está servido—me dijo el Delegado Principado con otra
sonrisa—Será hasta que terminemos de cenar cuando te diga lo que ha pasado con
él, claro, si te interesa. Siempre es mejor platicar de las cosas que nos interezan
después de estar llenos, ¿no lo crees?
“Habían utensilios de plata a los costados del gran pedazo de carne ahumado
que estaba en mi plato blanco y largo, así como una copa larga con un contenido
oscuro.
“—Por lo menos por comida y bebida no vas a sufrir en ésta estancia querido
amigo. —me dijo luego de que él y su compañera comenzaron a comer y a beber.
“Creí que iba a reventar en cualquier momento, sentí nauseas, una gran
presión, pero sobretodo una gran necesidad de ponerme a gritar, correr, buscar un
machete y arrancarles la cabeza a ambos, pero me contuve, no me iban a decir nada
hasta que hubiéramos comido ¡Qué absurdo me parecía todo! Así que para
demostrarles que no me importaba nada y acceder a sus caprichos, de un trago me
tomé toda la copa que al parecer tenía esencias de vino, o alcohol, pero su sabor me
resultó algo incomparable, como a salado… no lo sé. Luego aventé la copa de cristal
al suelo como berrinche, quería que supieran que estaba endemoniado. Agarré el
trozo de carne y me lo comí todo, necesitaba hacerlo rápido para luego vomitárselos
en la cara. Así que sin usar esos estúpidos utensilios seguí mordiendo trozos grandes
de carne sin encontrarle un verdadero sabor a lo que comía, pensando al mismo
tiempo la manera en la que iba a escapar, en la que iba a correr, en la que iba a
gritar… eran tantas cosas, que la cabeza me daba vueltas y vueltas al no poder tener
una idea clara. Me frustraba el hecho de lo que nos habían hecho los que creía mis
padres, su repentino abandono… creí que nos habían vendido, pero nada tenía
sentido, absolutamente nada, así que luego de una última mordida a otro pequeño
trozo que quedaba me sentí con suficientes fuerzas para gritarles:
“—¡Malditos! ¡Mil veces malditos! ¡Voy a irme de aquí! ¡Se los juro! ¡Voy a
encontrar a mi hermano y…!
“—¡Error! —me dijo Dafrossia pasándose la lengua por sus delgados labios
oscuros—¡Tú no vas a salir de aquí!
“—Aunque déjame felicitarte—murmuró Judá luego de otra mordida a su
trozo de carne—Hoy al final de cuentas corriste con mucha suerte.
“Los miré cuando me levanté de la silla, inexpresivo, con odio, coraje…
“—Sí, sí, pequeño—murmuró el viejo después de beber de su vino para luego
mirarme muy directo a mi pupila mientras Dafrossia con sus dedos acariciaba el
cabello de Judá—Afortunadamente encontraste a tu querido hermano.
“Con sobresalto me giré a mis alrededores, seguramente allí lo tenían
encerrado, me pasee por todo el salón moviendo y empujando todo.
“—¿Dónde lo tienen? ¿Dónde está?
“Fue Judá el que me respondió con una exultante crueldad que por un
momento creí morir;
“—Ya lo haz encontrado, querido amigo, incluso te lo acabas de comer. ¡Ssss!
Su carne…y en ésta copa… su sangre con esencias de vino.
“Dafrossia y Judá rompieron en carcajadas.
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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Con un espantoso ataque de nervios me temblaron mis manos mientras
mantenía los ojos cerrados después de haberlo recordado todo otra vez. Incluso todo
lo que les dije lo volví a revivir que por un momento quise gritar y salir corriendo de
allí, pero sabía que me debía de controlar, aunque era casi imposible.
Nada consume tanto la existencia como los dolores del alma.
Incluso si me hubieran dado a elegir, me hubiera muerto en ese instante antes
de ser testigo de cómo acaba el mundo en manos de la crueldad, la maldita crueldad.
—¡¿Ahora lo comprenden?! —grité llevándome mis manos a mi pecho—¡Soy
un monstruo! ¡Un maldito monstruo!
—No, Joaquín—murmuró el Señor Libasteo desde su lugar. —Si la nobleza
de la gente fuera como la tuya, te aseguro que no existiría el infierno.
—Señor, ¿acaso no ha entendido mi sufrimiento? Soy un Vordráku de clase
Kurna, tengo el mismo aspecto que hace dos años, cuando pasó todo… cada cinco
años cumpliré uno en realidad… quizá muera hasta los 500… ¡Quiero morir!
¡Ayúdeme! ¡Quiero…!
—Por favor, muchacho, no vuelvas a repetir eso.
La voz de don Libasteo fue pacifica;
—Hay miles de maneras para morir, pero no hay ninguna para volver a vivir
Se me fue el aire cuando escuché aquellas palabras.
—La Corddex Culminiams—continuó el señor Libasteo— no fue creada para
perjudicar a nadie, y mucho menos para hacer distinciones entre clases de
Vordrákus—parecía indignado por lo que le había revelado—La Corddex
Culminiams, tanto Americana como Europea subsiste en el mundo para defender a los
humanos precisamente de seres como Dafrossia y Judá. Lamento tanto lo que te ha
ocurrido, Joaquín, y me siento responsable por tu sufrimiento por el hecho de que yo
soy delegado independiente de la Corddex Culminiams Americana, mi trabajo
consiste en desplazarme por distintas ciudades del continente Americano en busca de
rarezas que implique el encuentro de un Vordráku infiltrado de Penflitor, o incluso de
uno de los de nuestra propia Corddex que haga mal empleo como Dafrossia y Judá.
Llevo cuatro años en esta ciudad.
“Hay otros Delegados Independientes que son los encargados de supervisar que
los 5 Aprengos de América marchen perfectamente bien. De esos Cinco Aprengos,
solamente son dos los que se encargan de enseñar a Vordrákus de la Etnia Kurna,
mientras que los otros tres enseñan a Vordrákus Reales nacidos en Luzrrat. Uno de
los dos Aprengos de la Etnia Kurna está en Guanajuato, en el que estuviste, llamado
para los Humanos como Internado San Miguel, claro que para no levantar sospechas,
y el otro Aprengo de la Etnia Kurna reposa en São Paulo Brasil. Hay siete Aprengos
en Europa, porque allá del otro lado del mundo hay cuatro continentes como; África,
Asia y Oceanía en los que por lógicas circunstancias habitan más Vordrákus Reales y
de Etnia Kurna. Lo importante ahora es que luego me obsequies un poco de tiempo
para decirme más sobre ese espantoso lugar, del que te aseguro cuando encontremos
las pruebas más explicitas pagarán muy caro tratar con esa crueldad a todos sus
residentes. Incluso ahora pienso que algunos de los Delegados que han inspeccionado
ese Aprengo deben de ser cómplices que también odian a esta clase de Etnia, es
imposible que en tantos siglos jamás se haya denunciado nada si es que éste maltrato
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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ya ha sido desde tiempo extemporáneo.
Pese a mi nuevo y extraño ritmo cardiaco, mi corazón ahora que escuchaba al
señor Libasteo trabajaba descomunalmente. Tenía una nueva esperanza, la esperanza
de salvar a los qua aún no lograban escapar de sus redes. Mi amigo Arén por ejemplo.
—Desafortunadamente—continuó el señor Libasteo con la misma expresión de
irritación— La Corddex Culminiams está dando un giro radical de lo que antes era
nuestro objetivo principal, proteger a los humanos, y qué descabellado resulta ahora
todo cuando tenemos que protegerlos, no sólo de los Vordrákus infiltrados, sino de los
de nuestra misma Corddex.
—¿Acaso todos los descendientes de la Corddex Culminiams no deberían de
sentir el deseo de la carne humana? Se supone que son una especie diferente a la que
habita del otro lado de los fallos—recalcó la voz potente de Ricardo.
—Así es, muchacho—respondió el señor—Sin embargo con el trascurso de los
milenios genéticamente hablando ha habido cambios en todos nosotros, incluso ahora
existen Vordrákus descendientes de la Raza Culminiams que a pesar de todo sienten
apetito por la carne, aunque muy poco se sabe si es realmente porque lo necesitan de
verdad o por simple placer. Obviamente son dos cosas muy diferentes. Incluso en los
Congresos Semestrales Culminiams de Ambas secciones, Americana y Europea, los
Custorios Mayores; Maximiliano de Anda y Wynn Woodman bajo el sostén por los
Delegados Superiores, han endurecido las leyes, e incluso han creado nuevos
decretos, pero tampoco hay que confiar en ellos, pues pese a su responsabilidad al
ser parte de la jerarquía mayor, también ellos pudieran ser los causantes de tantos
desastres, teoría que de resultar cierta sería un grave peligro para la sociedad
humana.
“Afortunadamente aún existimos Vordrákus como yo y mi familia, que a
pesar de todo seguimos trabajando con la misma intención de nuestro fundador
Culminiams Vud, y somos nosotros los que pelearemos sin importar las
consecuencias para que la Corddex Culminiams vuelva a ser la misma que su
creador quiso desde el principio. Quizá hablo demasiado, ya soy viejo… en realidad
tengo 327 años, queridos amigos.
Las reacciones de los humanos me hicieron girarme hasta ellos, pero luego
devolví mi cabeza hasta la ventana.
—Siento haberlos engañado, chicos, pero si de por sí les costó trabajo creer que
tenía 120, ¿ahora díganme cómo hubieran reaccionado si les digo mi verdadera edad
sin antes haber escuchado ésta historia? —el señor tosió antes de continuar.
—Supongo que ésta historia de tus padres de la que tanto te duele, fueron
precisamente Dafrossia y Judá quienes te la contaron ¿verdad?
—De la manera más ruin—respondí con recelo— y para corroborármelo me
mostraron el oficio del fallo de sentencia que le impusieron a mis padres.
El Vordráku asintió con la cabeza.
—Bien, Joaquín, Sino me equivoco, del Aprengo todos salen después de cuatro
años, y mi cerebro aún me funciona, tú entraste hace aproximadamente dos años a ese
lugar, por lo que no te creería si me dijeras que ya has sido bautizado en sólo dos años
como Vordráku.
Temí que me preguntara esto pese que afortunadamente ya lo tenía contemplado,
no obstante ya le había dicho casi lo peor de mi vida como para no revelarle lo demás,
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y sin embargo ésta vez tuve dificultad al continuar, pues en ésta última parte de la
historia, ellos, los cinco muchachos que estaban sentados en la entrada estaban
involucrados.
El aroma del Vordráku Real, Lukofkie casi me hizo sentir un resfriado.
—En efecto, señor Libasteo—le dije intentando ser prudente en mis palabras—
Yo no he sido bautizado, incluso aún no soy completamente un Vordráku, mi etapa de
Despliegue no ha terminado. Dada las circunstancias que ya les he mencionado, cada
segundo que pasé allí dentro del Aprengo, así como cada sufrimiento y tortura que
viví (disculpen que no me detenga a dar detalles, quizá después tendré valor) desde
esa primera noche, siempre estuve pensando cada segundo, cada minuto, incluso hasta
en cada suspiro en la posibilidad de escapar. Luego fue Arén, mi nuevo compañero de
Alcoba quien también me daba estrategias para lograr salir ambos de ese lugar.
“Evidentemente iba ser imposible lograrlo, y menos siendo yo el chico más
vigilado por la Instructora y Maldita Dafrossia y Judá. Sin embargo, y cuando
nuestras esperanzas ya casi habían terminado, hubo un Instructor que desde diciembre
del año pasado se acercó más a mí. Se llama Markludán con 135 años a pesar de
aparentar solamente 30. Un tipo alto y apuesto de ojos color miel, pero como todos los
demás Vordrákus de ese Aprengo, con ese par de machas pardas en el iris de su ojo, y
varias noches, después de que Arén y yo salíamos del aula de clase, él me vigilaba
minuciosamente, como si esperara encontrar algo en mí. Incluso fueron algunas de
esas veces en las que me miraba con gran detenimiento cuando sentí unas terribles
punzadas en mi cabeza, como aquella primera vez que Judá entró en mis
pensamientos, por lo que significaba que el Instructor Markludán lo había hecho
también. Se lo comenté a Arén, y entre los dos concluimos en que Markludán quería
algo de mí.
“—¿Pasa algo instructor? —le pregunté una noche que tuve valor. Él se había
mostrado sorprendido, pero sonrió.
“—Dile a tu amigo que te espere en vuestra alcoba— su voz había sido casi
silenciosa, como si no quisiera que nadie se percatara de nuestra charla.
“Arén lo había escuchado, por lo que no fue necesario que yo se lo pidiera.
Markludán me mostró una hilera de dientes blancos y filosos cuando me sonrió. Me
pregunté qué era lo que quería de mí, por ejemplo creí que a Judá y a Dafrossia, que
resultó ser la amante de Judá, (algo que me dio asco) se les había ocurrido una nueva
treta contra mí, y ahora de manos del Instructor Markludán.
“—Ha leído mi mente, Instructor—le dije cuando me llevó con precaución a su
aposento y cerró la puerta con candado.
“—Lo habréis notado—dijo mientras encendía siete largas velas moradas
puestas arriba de un candelabro de forma de abanico. Por un momento creí que haría
un ritual, pero cuando me invitó a sentar en la mesa grande de ese despacho luego de
que él lo hizo, supuse que eran alucinaciones mías.
“—Afortunadamente aún sigo siendo débil, por esa razón pude notarlo. Pero
dígame, Instructor…
“—Preferiría que cuando estemos a solas me llaméis simplemente Markludán.
“—Está bien, Markludán. Dígame pues ¿A qué quieren jugar ésta vez la
Instructora Dafrossia y el Delegado Principado Judá conmigo?
“—¡Oh no! —exclamó Markludán riendo—ésta vez el que quiere jugar soy yo.
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— Lo miré frunciendo el entrecejo. —No te asustéis, camarada, cuando hablo de jugar
no quiero decir que vaya causarte daño, al contrario, camarada, quiero jugar al héroe
contigo.
“Irrebatiblemente estaba pasmado y confundido por lo que Markludán me decía.
Puedo decir que ni siquiera sabía lo que él tramaba en realidad, por eso le pregunté.
“—Instruc… Markludán, ya he sufrido bastante desde que llegué…
“—Precisamente a eso es a lo que me refiero—me interrumpió él volviéndome a
sonreír. Su cabello corto y rubio tuvo una palidez especial cuando las llamas de la vela
del centro chispeó. —Yo viví lo mismo que tú desde hace años, pero yo no pude
escapar. He visto tus pensamientos para saber si realmente mereces que te ayude. He
visto que habréis sufrido por tu hermano lo suficiente como para que ya no tengáis
fuerzas para seguir. Incluso también vi que si aún no te habréis quitado la vida es
porque la Instructora Carmina ya les ha dicho lo que les pasa a las almas que mueren
después de un suicidio, ingenuamente no pueden renacer otra vez, sino que se
convierten en Recruve, algo que te provocaría más dolor.
“Me sentí impresionado de que hubiera descubierto todo eso de mí. Pero lo dejé
continuar.
“—Por eso quiero ayudarte. No serías al primer Vordráku que ayudo escapar.
“—¿Qué? —grité. Sentí que mis ojos chispearon igual que la vela—pero
¿Podría ser verdad? ¿Podría ayudarme a escapar?
“Markludán volvió a sonreírme otra vez.
“—Arén se pondrá feliz cuando…
“—Eh—murmuró—Vayámonos despacio, camarada. Arén saldrá de aquí si así
lo deseas, pero antes de eso vos deberéis de salir primero.
“Todavía no había comprendido por qué tanto interés en mí. Pero de cualquier
manera acepté su ayuda. Realmente no me encontraba en la posición de imponerle
condiciones después de que iba ayudarme a escapar de ese infierno, que era lo que
tanto había deseado desde un principio. Así que me fui esa noche a mi alcoba que
estaba en el segundo piso del primer pasillo subiendo las terceras escaleras de piedra.
Le revelé la gran noticia a mi amigo Arén y él con una sonrisa me dijo que no
importaba que fuera yo el primero en salir. Arén tenía las mimas caracterizas
sentimentales que mi hermano gemelo, por eso quería ayudarlo, sentí que él era mi
hermano también, aunque nunca se lo dije, además él era más chico que yo por un año,
él tenía apenas 15, y yo para ese tiempo ya tenía 16.
“Las siguientes semanas Markludán y yo tuvimos otras charlas en su mismo
aposento, por un momento creí que todo se trataba de una trampa como yo lo suponía
desde el principio, pero gran sorpresa me llevé el día que con su ayuda logré escapar
de él. No sé cómo, pero lo logramos… era libre, podía respirar el verde del bosque,
el aroma de todo el entorno del que me había excluido por casi dos años… además
casi llegaba marzo, el mes de la primavera.
“Markludán me llevó esa noche a unos kilómetros lejos de allí, donde me
esperaría otro Vordráku compinche suyo. Él regresó para que nadie fuera a notar su
ausencia, y cuál fue mi sorpresa cuando miré que el joven Vordráku que me esperaba
era nada más y nada menos que un Vordráku Real con Efolina Fría, de Penflitor, como
tú, Lukofkie. Sus ojos verdes le brillaban en la oscuridad. Pero no me espanté, porque
durante mi estancia en el Aprengo habíamos aprendido sobre ellos.
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“—Yo soy Lizardo—me dijo él con voz predominante. Me extrañó que hablara
el castellano, pues por lo general casi ninguno lo hace. Me sentí más tranquilo, pues
eso significaba que él no estaba aquí en nuestro mundo de manera infiltrada, pues por
lo general los infiltrados no hablaban ningún idioma humano. Tenía sentido que él
estuviera allí, debía de ser amigo de Markludán. —Sé que tu Efolina aún no está
totalmente en tu cuerpo, por eso no espero que viajes de la misma manera que yo.
—sabía a lo que se refería. Yo no podía suspenderme en el aire todavía porque en el
Aprengo eso lo hubiera aprendido hasta el Cuarto año.
“Lizardo me llevó caminando por más de dos horas entre la noche, muy aprisa,
pero no dijo nada, incluso yo no me cansé. Llegamos a una vivienda pequeña y muy
alejada, y ajuicio por lo que veía, realmente no estábamos en ninguna ciudad, esa
vivienda era la única de ese extenso terreno. Cuando entré allí vi que había velas
alumbrando la vivienda.
“—Así que conseguiste este lugar, Víctor—preguntó Lizardo a un Vordráku que
no le brillaban los ojos.
“—Era la más alejada de todas—respondió Víctor, el Vordráku de descendencia
Culminiams—disculpa no haberte guardado comida, empero solamente eran dos
viejos campesinos, así que no te molestes en reprenderme.
“Sentí un escalofrío. ¿El tal Víctor se había alimentado de la gente que había
vivido en esa casa?
“Lizardo entró a la vivienda y me presentó a Víctor.
“—El Vordráku del que nos habló Markludán.
“—¡Valla! —murmuró Víctor cuando me miró con la misma minuciosidad con
que lo había hecho Judá el primer día que estuve en el Aprengo. —¿Así que él será
nuestro cómplice?
“De reojo vi que Lizardo regañó a Víctor con la mirada, cosa que me hizo
ponerme a dudar. Habían dicho cómplice.
“De repente apareció una Kadressa por la puerta principal que
precipitadamente me clavó sus ojos amarillos ocre en mi rostro. Su pupila alargada
casi me pareció que se movió. Como Lizardo traía una Vesnica negra y larga así
como Amprillones plateados en sus dedos. Víctor vestía de traje negro, como un
humano normal.
“—Quiero irme—les dije a nadie en especial. Me quedé parado mirando las
tres velas que reposaban arriba de una vieja mesa de manera.
“—¿Quieres irte?—me preguntó Víctor antes de palmearme la espalda—¿Y
qué hay de tu hermano gemelo?
“Su última frase fue como si hubiese resucitado una parte de mi corazón.
¿Había dicho tu hermano gemelo? Sólo me limité a mirar a los tres Vordrákus. La
Kadressa tenía en su mirada la misma oscuridad y perversidad de Dafrossia cuando
me observaba, pese que ésta Kadressa de ojos amarillos ocre se diferenciaba por su
rostro más rudo y antagónico, de allí en más, ambas Kadressas se parecían
demasiado.
“—Oh, vamos, pequeño Vordráku—murmuró Víctor al tiempo que se dirigía
a la mesa e introducía la palma de su mano en el fuego de las llamas largas de las
velas. —Sabemos lo que te aflige y queremos ayudarte.
“Estaba desorientado, pero a la vez petrificado, dubitativo y sobretodo
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esperanzado.
“—Ramsés está…
“—¡Muerto! —completó la Kadressa de ojos amarillos ocre. —Lo sabemos,
querido. Para tu sorpresa Markludán ya nos puso al tanto de tu historia. Quiero ser
breve, porque casi no hay tiempo. Nosotros podemos hacer que Ramsés regrese a tu
lado, y así ambos busquen a… bueno, ya sabes, a los Vordrákus que los cuidaron
por 15 años.
“Un chorro de sangre recorrió cada partícula de mi cuerpo, abrí más los ojos y
los miré hasta que inconscientemente me brotó una lágrima. La Kadressa miró con
la ceja inclinada a Lizardo.
“—Pero él ya está muerto…—les dije, pero con la convicción de que ellos me
dijeran que eso no tenía ningún problema porque podrían hacer que volviera… y lo
hicieron…me lo dijeron… que volvería. ¿Y cómo no iba a creerles después de que
mencionaron el Rucruísmo, con el que supuestamente iban hacer resucitar a mi
hermano? Yo sabía perfectamente bien de lo que hablaban, sabía lo que era el
Rucruísmo, un acto salvaje y descabellado por transfigurar a la naturaleza,
Markludán nos lo había dicho en sus clases… sabía las fuertes y ocultas energías
que se manejan en el Rucruísmo como para no tener alguna duda de que mi hermano
volvería… dudé por un segundo porque Markludán jamás había dicho que por
medio del Rucruísmo se podrían resucitar… seres…. No obstante no me importó.
Después de recordar todo acerca del Rucruísmo me di cuenta de que con esto todo
era posible, incluso que mi querido hermano gemelo resucitara, y fue en esos
momentos cuando el Rucruísmo cambió de sentido para mí, pues significaba que no
sólo dañaba, sino que también beneficiaba. No saben la alegría que me embargó
saber eso… que mi hermano volvería.
“Me tuvieron allí algunos días en esa casa. Víctor me alimentaba de carne de pollo y
comida para humanos. Muy en el fondo sabía que Lizardo y la Kadressa, e incluso
Víctor se alimentaban de carne, pero eso dejó de tener sentido para mí. Eírbo era otro
infiltrado de Penflitor al que rápidamente le temí. Solo estaba esperando a que llegara
el momento, y sé que es algo egoísta de mi parte, pero ya no me importó nada, incluso
que durante la estancia de Lizardo y la Kadressa ellos se alimentaran de la especie de
la que 15 años creí que me pertenecía.
“Según ellos, para que el Rucruísmo funcionara primero debíamos hacer
distintos rituales. Yo no comprendí qué tan serio podría ser resucitar a mi hermano
por medio del Rucruísmo, así que dejé que fueran ellos los expertos quienes me
guiarán y que ellos hicieran todo lo que fuera necesario con tal de recobrar a mi
hermano.
“—Haré todo lo que me pidan— quizá esas palabras fueran las últimas que
debí de haber pronunciado en mi vida, pues gracias a eso, las cosas dieron un vuelco
más en mi de por sí desgraciada vida.
“En el mes de Marzo Víctor me trajo a ésta ciudad haciéndose pasar por mi
padre. Desconozco qué tan difícil pudo resultar falsificar mis documentos, incluso
desconozco cómo fue que llegué al I.T.P.I. pero cuando ese día llegó, todo para
ustedes comenzó… y muchas semanas después descubrí que mi hermano no iba
resucitar jamás, ellos solamente me habían utilizado para poder continuar con su
plan…
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“Antes de todo, deben de comprender donde comenzó todo, y ya no me refiero
a mi historia solamente.
“Como yo lo pensé desde un principio, la ayuda tan precipitada de Markludán
tenía un objetivo que dejaba muy lejos la verdadera intención de sacarme del
internado. No había sido coincidencia que Markludán me hubiese ayudado a escapar,
no era coincidencia que Lizardo, Eírbo y la Kadressa quisieran ayudar a un
desconocido como lo era yo para ellos. Todo esto consistía en un plan.
“Detrás de todo esto que ustedes cinco han vivido éstos últimos meses existe un
Vordráku brutal, más despreciable que Judá y Dafrossia… un ser cuyo mayor anhelo
es apoderarse del mundo, y no conforme con ello, apoderarse de las cinco Corddex de
Penflitor, y de la Corddex Culminiams de éste mundo… él es «¡Lanhamú!» (Se
pronuncia Lanjamú)—Mi voz casi fue inaudible, y aquél nombre hizo estremecer la
habitación de Ricardo, como si lo hubiésemos convocado. El simple hecho de
recordar a ese monstruo me producía terror, me debilitaba, me mataba.
—¿Haz dicho Lanhamú? —exclamó Libasteo al tiempo que una ráfaga de
viento frío hizo abrir las ventanas de la habitación estrellándose contra mi rostro.
—¡Lanhamú!—murmuró Lukofkie con voz siniestra.
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18
Vorfos
____________________________________________________________________
*Joaquín
…continuación
U
n escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Parpadee lentamente antes de apartarme del sillón que estaba junto a esa
ventana y con pánico me instalé en el borde de la cama, de tal manera que por fin
quedé frente a los siete cuerpos que estaban en la habitación.
—¿Quién es esa cosa? —preguntó Ricardo sin apartar su ruda mirada de mis
ojos. —¿Quién es?
—Si crees en el Diablo—dijo Libasteo, —Entonces adjudica su valor a
Lanhamú. ¿Fue él quien mató a Erebo? —me preguntó con los labios temblándole
—¿Lo sabes, Joaquín?
Asentí con la cabeza.
—¡Maldito! —vociferó con odio. —¡Entonces nuestra teoría era cierta!
—¿Ahora sí me dirá esa dichosa teoría que aquella tarde del incendio en los
ocotillos no quiso revelarme? —preguntó Ricardo con sus ojos bien abiertos.
Libasteo estaba pasmado, y Lukofkie no era la excepción… entonces
significaba que ellos sabían lo que yo sabía.
—¡Don Libasteo!—exclamó Ricardo otra vez—¡Hable de una buena vez! ¿A
qué teoría se refiere?
Libasteo sacudió la cabeza, pero luego, y paseando pausadamente sus ojos
examinó a cada uno de los humanos. Sin embargo fueron las palabras pausadas y
extremadamente dignas de un Vordráku con las que habló Lukofkie las que me
hicieron temblar.
—Como alguna vez se los dije, Erebo Fixtralio era un sabio ilustre. Amante
de las indagaciones, de las averiguaciones, de las investigaciones, para toda pregunta
ambicionaba una respuesta tajante, rotunda y concluyente. Eso explica su apetencia
por descifrar el secreto del nuevo Fallo que encontró en la montaña Ódan. Más que
una simple duda lo que en realidad lo estimulaba a continuar era la necesidad por
descubrir, lamentablemente no lo logró. Sin embargo tiene el nombramiento por
varios descubrimientos. Tres siglos atrás, el viejo Erebo viajaba constantemente a
ésta tierra con el único afán de desnudar el secreto de los humanos, es decir,
descubrir de qué manera trabajaban sus cuerpos, qué diferencia había realmente
entre un Vordráku y un Humano. Erebo Fixtralio después de muchos años
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trabajando descubrió algo asombroso y extraordinario; se dio cuenta que dentro de
los corazones de los humanos que había estudiado había Efolina paralizada.
—¿ Qué significa eso? —preguntó Estrella frunciendo el entrecejo.
—La verdad—intervino Libasteo—Erebo Fixtralio hace más de tres siglos
descubrió que todos los humanos aún guardan en su corazón Efolina viva, pero
paralizada, y fue él mismo quien descubrió un conjuro capaz de provocar que la
Efolina se activara provocando que despertara. Fue un conjuro único, pero a nadie se
lo reveló… los Custorios principados de Penflitor, e incluso de aquí de Luzrrat le
ofrecieron el honor de nombrarlo como Custorio de alguna Corddex, y tal era la
codicia del Corddox Embrester Coccio que incluso él mismo le ofreció entregarle el
cargo para ser el Corddox Principado de la comunidad Vordráku siempre y cuando
le revelara el conjuro, no obstante la nobleza de Erebo fue más poderosa que su
avidez, incluso muchos creen que por eso lo mataron… pero dado lo que nos has
revelado, Joaquín, Lanhamú fue quien lo asesinó… y lo hizo por…
—Porque por alguna razón que supongo todos desconocemos—respondí
interrumpiéndolo—Erebo le reveló a Lanhamú ese conjuro Rucruísta.
—¿Cómo pudo pasar? —preguntó Libasteo exasperado—¿Qué fue lo que
hizo Lanhamú en realidad para que Erebo le revelara el Rucruísmo que debía de
utilizar para que la Efolina se activara en los humanos? Es que esto es inaudito, ¡Me
niego a creerlo! ¿Qué salvajada pudo haber hecho éste ser Repugnario para que el
viejo Erebo le hubiese revelado el secreto que por siglos guardó? ¿Cómo?
—Yo lo vi—dijo una voz entrecortada. Miré que Rigoberto había
empalidecido de repente—Hace unas semanas tuve una pesadilla… llegó
inconscientemente a mí, señor. Jamás había escuchado hablar de Lanhamú, como
ahora lo llaman, pero vi cuando él mató a un viejo… salvajemente, sé que ese viejo
era Erebo, señor. Me encantaría que si mi pesadilla sirve de algo, usted mismo
pueda verla cuando quiera, podemos usar la misma manera que utilizamos para
encontrarlo…a él. —me apuntó con el dedo.
—¿Lo soñaste? —le preguntó Libasteo petrificado, —¡No es posible!, ha, ..y
por supuesto.. .que me encantaría comprobar esa pesadilla.
—¡Por favor! —gruñó Ricardo molesto—¡Explíquenos lo que sucede! Por
más que intentó no comprendo nada. ¡Qué tiene que ver la revelación de un conjuro
con nosotros!
Lukofkie apartó sus lentes oscuros de sus ojos y respondió.
—Una conjetura aceptable es que para Lanhamú era de cuantiosa importancia
descubrir el Conjuro Rucruísta que guardaba Erebo Fixtralio, lo difícil ahora es
comprender para qué. ¿Por qué querría Lanhamú hacer que la Efolina guardada de
los humanos se activara dentro del corazón? ¿Qué es lo que tramaba, o en todo caso,
trama?
—Ellos me utilizaron para mezclarme con los humanos— respondí casi
inaudiblemente —Sabían que otro Vordráku del Aprengo no iba a ser tan útil como
yo, un estúpido Vordráku que apenas sabía lo que pasaba en el exterior del mundo,
el que solamente estaba sumergido en los frustrantes recuerdos de su hermano
gemelo, al que se había comido—mi garganta se enfrió repentinamente, pasé saliva
y continué—ellos sabían que yo iba a ser cualquier cosa con tal de que mi hermano
viviera otra vez, e ilusamente les creí algo que nunca podría pasar… Aquello que
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pasó la noche de los rayos fue el conjuro que Erebo le reveló a Lanhamú…Los
Vordrákus lo hicieron… y todo aquél humano que mirase aquél Rucruísmo con sus
propios ojos resultaría afectado… entonces comprendí por qué la insistencia de
Víctor de que llevara a nuestra supuesta casa por lo menos a un humano… querían
comprobar que el Rucruísmo funcionaba… y por desgracia aquella tarde el destino
quiso que ustedes me siguieran…—los miré con mucha vergüenza y
remordimiento—No sólo fue uno, sino que me siguieron los cinco y a sabiendas de
lo que iba a ocurrir los llevé a la azotea… el conjuro se nombró a las faldas del
nevado de colima, y muchos humanos por desgracia lo miraron… no sólo ustedes
cinco… no sólo ustedes… la Efolina que reposaba en sus corazones entonces se
activó… ahora serán ¡Vorfos! Como Erebo Fixtralio los nombró hace tres siglos,
Humanos con Efolina… ¡Vorfos!...
—¿Vorfos?—preguntó Ricardo, estaba nervioso—¿Eso ha pasado con
nosotros? ¿Por eso sentimos helado nuestro Corazón? ¿Somos Vorfos? ¿Teníamos
guardada Efolina paralizada en nuestro corazón y con el conjuro se ha activado?
—Sí—respondí secamente.
—¡Dios mío! —exclamó Heredia que repentinamente se sujetó del sofá.
Las respiraciones de los cinco humanos comenzaron hacer más continuas,
evidentemente estaban estupefactos por lo que les había dicho.
—Joaquín—me llamó Libasteo con la frente arrugada—¿Cuál es la intención
de Lanhamú y sus aliados en convertir los humanos en Vorfos? Sé que lo sabes.
—Ellos…—la garganta casi se me había secado—Quieren crear un ejército de
Vorfos que les ayude a gobernar a la faz de la tierra. El único inconveniente de todo
esto es que ellos tampoco saben ciertamente las consecuencias que pueda traer
cuando los humanos se conviertan en Vorfos.
—¿Quieres decir que aún nos somos Vorfos? —me preguntó Rigoberto
esperanzado. Los cinco chicos habían empalidecido también. Estaban sentados pero
muy temblorosos, y yo los comprendí.
—Así es—respondí—Aún podemos impedir que la trasformación llegue a su
etapa final.
—¿Cómo?—preguntó Libasteo después de levantarse y ponerse a caminar
ansioso por toda la habitación. —dices que Lanhamú quiere crear un ejército de
Vorfos sin saber siquiera cuál será la reacción de éstos una vez que se conviertan. En
realidad solamente Erebo Fixtralio sabía el resultado de esas reacciones en caso de
que hubiese convertido a alguien en uno, cosa que obviamente hizo después del
conjuro, lo que nunca reveló a nadie fueron las reacciones… si son peligrosos o no,
si una vez convertidos en Vorfos cambian de aspecto, de sentimientos, si reconocen
a la gente que se supone conocían, si… se alimentan de…
—¡NO! —gritó Estrella levantándose de un salto—Yo.. yo…¡Yo no me voy a
convertir en un monstruo! ¡Hagan algo por favor! ¡Se los pido! ¡No quiero… no
quiero ser un Monstruo!
—¡Estrella!—la sujetó Ricardo intentando tranquilizarla, pero los cinco
muchachos estaban tan alterados que difícilmente alguien podría pacificarlos.
—Lukofkie—dijo Libasteo—Intervén en sus mentes, por favor, haz que se
tranquilicen.
Miré que Lukofkie los estaba mirando con el ceño fruncido, pero luego
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cambiaba rápidamente de rumbo, buscando a cada uno de los humanos.
—¡No es posible!—murmuró él agrandando sus ojos verdes—¡Sus mentes
están bloqueadas! Ya no puedo intervenir en ninguna… mente.
El viejo Libasteo respondió con una mirada de petrificación.
—¡Por Favor! —gritó el viejo—¡Deben de reaccionar! ¡Sus mentes ahora
comienzan a ser diferentes! ¡Deben de escucharme! ¡Si quieren que la trasformación
se detenga debemos de escuchar primero a Joaquín! —me miró—Porque tú sabes
cómo parar esto ¿no?
Me estremecí con su mirada tan profunda.
Estrella sollozaba sentada en el sofá, las otras dos chicas parecían estar en
estado de Shock, Rigoberto y Ricardo sólo se limitaban en acariciar los brazos de
Estrella, la chica que al final reposó en medio de los dos.
—Escúchenme bien—les dije intentando que mi voz fuera más clara—Según
lo que escuché aquella noche en la que descubrí que me habían utilizado, y por lo
tanto escuché esto que ahora les digo; para la conversión de humanos a Vorfos son
necesarios tres pasos, el primero es hacer el conjuro Rucruísta… el que ya hicieron,
se supone que los rayos que aparecieron aquella tarde fueron tan poderosos que al
entrar la energía en los ojos, ésta energía se escurrió por el cuerpo hasta llegar al
corazón, donde desde entonces la Efolina comenzó a reaccionar. El segundo paso,
consiste en esperar a que pasen dos lunas llenas, no comprendo si esto es por algún
efecto especial de la luna llena, o simplemente por medir el tiempo de alguna
manera… el asunto es que según ellos, después de que dos Lunas llenas hayan
aparecido en el cielo, significará que la Efolina está completamente preparada para
desplazarse, y es aquí cuando llega el tercer y último paso, incluso el más
importante; una vez que ya han pasado las dos Lunas llenas llega el momento para
incrustar el corazón, es decir, abrir el pecho del humano y cortar algo así como un
pedacito de ligamento que impide que la Efolina salga del corazón, así que cuando
el ligamento sea cortado, la Efolina saldrá del corazón yéndose hasta la apéndice del
humano.
—¿La apéndice? —preguntó Libasteo pasmado.
—Así es, eso fue lo que escuché. Siempre creí que éste órgano, si se le puede
llamar así, no servía para nada, y realmente hasta ahora los científicos no le han
encontrado una función como tal, pero al parecer ese órgano existe en el cuerpo de
los humanos para una acción especial, guardar la Efolina del corazón. He ahí la
diferencia entre un Vordráku y un Vorfo, los Vordrákus tenemos la Efolina activada
en todo el cuerpo, mientras que la Efolina de los Vorfos se expande exclusivamente
en la apéndice, por lo que nadie sabe que reacción tendrá después. Luego de que la
Efolina se haya desplazado hasta llegar a la apéndice es cuando un humano se le
puede considerar Vorfo.
La habitación se apoderó de una tención extremadamente oscura.
— Al Vordráku Libasteo—dije sin mirarlo—Desde un principio descubrí que
él pertenecía a la clase Culminiams, lo supe por el brillo de sus ojos, por eso le tenía
miedo, no quería acercarme a él por temor a que descubriera que yo también lo era,
la ventaja de todo esto es que aún no soy completamente un Vordráku porque no he
tenido todos los cambios, sin embargo, y a pesar de ello comprendí que don Libasteo
muy en el fondo sabía que yo era diferente, y más lo notó cuando yo comencé a
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
SUBREPTICIO
contradecirlo con lo del viaje el día del campamento en el nevado de colima… supe
que él estaba al tanto de muchas cosas… por eso ya no me volví aparecer en el ITPI.
Esa noche que descubrí sobre los Vorfos y que yo solamente era un instrumento, fue
cuando Víctor y la Kadressa platicaban de Lanhamú, al ser que nunca he visto, pero
del que he escuchado su nombre tan repetitivamente que jamás se me olvidaría
aunque perdiera la razón. Esa misma noche comprendí la razón del por qué tanto
interés en que les hablara sobre ustedes, les dije que irían al campamento de aquél
domingo, un campamento del que desde un principio tenía un mal presentimiento,
por eso en un principio me había negado a que fueran. Escuché que Lizardo y Eírbo
iban a ir por ustedes, querían ver con sus propios ojos que el Rucruísmo había sido
exitoso… ese día fue uno de los más frustrantes de mi vida, ellos los iban a
lastimar… por mi culpa… por eso aquella noche me salí de casa y los fui a buscar,
todo mi trayecto fue intuitivo, sentí una nueva agilidad que no había experimentado
en toda mi vida, significaba que ya me estaba convirtiendo en Vordráku… con
agilidad y con intuición los encontré… y allí estaba Eírbo y Lizardo…
“—¡A ellos no! —les grité, al tiempo que intentaron atacarme, porque
evidentemente sabían que yo había descubierto la verdad, y de esa manera ya no les
iba a servir para nada. Me hubieran matado si un poderoso poder interno no me haya
hecho percibir a cuatro Leopardos, a los que con unos deseos inimaginables, más
fuerte de lo que nadie pueda pensar los llamé…. Sin saber lo que hacía… otra vez lo
hice intuitivamente, y los Leopardos me ofrecieron su ayuda… lo demás ya lo
saben. Ustedes estaban fuera de control en el Jeep, por eso de un salto producto a mi
nueva agilidad abandoné el auto intentando escapar de todos… de ustedes… pero
sobretodo de esos despreciables Vordrákus que querían matarme. Para mi desgracia
me encontraron y a pesar de mi fuerza por liberarme me atraparon, llamé a los
Leopardos, pero ésta vez nadie corrió a mi ayuda, fue porque yo no puse el empeño
necesario para que vinieran a mí después de que Lizardo me golpeo la cabeza y yo
caí inconsciente.
“Desperté en una cueva, donde estaba Lizardo, Eírbo y Víctor, ésta vez la
Kadressa de nombre Kalardia—Lukofkie clavó sus ojos en mi cara—ya no estaba,
había desaparecido y ya no la volví a ver. Una vez más escapé de la muerte, a ellos
tres les pareció fascinante lo que yo había hecho al hacer que un grupo de animales
fuera a mi ayuda. Una cualidad extraordinaria que a ellos les iba beneficiar, no me
mataron al creerme necesario… Me encerraron pues durante muchas semanas, hasta
que hace tres días Víctor me llevó como de costumbre comida, pero ésta vez con una
maniobra que había estado ensayando durante los últimos días, logré golpearlo y me
alejé corriendo por el laberinto en busca de la salida de esa cueva. Fui un estúpido al
subestimar la agilidad y fuerza de un Vordráku cuando advertí que Víctor me atacó
por la espalda, sentí una presión imposible hasta que caí en el suelo, como pude me
volví a reincorporar con un dolor en la espalda… una vez más seguí mi intuición
hasta que encontré la salida, estaba en un lugar solitario en medio del claro, seguí
corriendo, hasta que Víctor se apareció frente de mí con una sonrisa fría.
“—Lamento tanto que hayas desperdiciado tu oportunidad de vivir, además va
a ser un desperdicie matarte cuando cuentas con la habilidad de manipular a tu
antojo a los animales. Pero ni modo, querido amigo, seré razonable contigo, no te
preocupes, solamente voy a matarte, quizá el destierro te lo ofrezca alguien más en
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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tu próxima miserable vida….Me has caído de maravilla estos últimos días, y como
recompensa no voy a descuartizarte, eso se me haría falta de ética, matar a un niño
que no puede defenderse de esa manera, quizá prefieras algo rápido… quizá con un
parálisis en el corazón, pequeño… ¡No! El golpe que me diste en la cabeza, a pesar
de que no me dolió merece algo más… quizá debas de sufrir… un poquito, ¿Qué tal
tres días? Vas a morir con un pequeño dolorcillo en el pecho…
“Y entonces extendiendo su brazo derecho justo en dirección de mi corazón
hizo un Rucruísmo extraño…
“Mi pecho repentinamente comenzó a temblar con un dolor extremadamente
fuerte, como si alguien lo apachurrara… fue como si en su mano hubiese traído u
una pistola invisible que me había disparado. Caí de rodillas al suelo pidiéndole
perdón… le supliqué, pero Víctor solamente se burló de mí, incluso me pateó en la
cara luego de escupirme y se marchó desapareciendo como relámpago en el cielo.
“No me gustaría recordar el dolor que sentí… porque después perdí el
conocimiento, no sé cuánto tiempo o días estuve allí tirado sufriendo hasta ayer…
que milagrosamente ustedes me encontraron, y después de dormirme me curó,
Delegado Libasteo, me curó.
Por primera vez sentí como si una burbuja de hierro hubiese salido de mi
alma, como si una pesada sensación hubiese desaparecido… ahora ellos sabían todo.
—¡Perdónenme! —fue la última palabra que logré decir como final._
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19
Sobrevivir
______________________________________________________________________
*Estrella
¡A
lerta! ¡Peligro! ¡Alerta! ¡Peligro! Dos palabras que constantemente se
repetían una y otra vez dentro de mi cabeza.
Histérica salí corriendo de la habitación donde estaba Joaquín dirigiéndome a
un lugar en específico. No tenía tiempo que perder, no tenía tiempo más que ganar,
sentí que alguien corría a mi espalda pero yo le llevaba ventaja.
Entonces me paré justo en el borde del vitral del segundo piso de la Mansión
Montoya, solamente iba ser necesario dar un salto para estamparme sobre él y de esa
manera caer hasta el vacío, donde probablemente moriría, lo que quería…¡No iba a
convertirme en un monstruo! ¡No lo iba hacer! ¡Nunca!
—¡Estrella detente!—gritó Rigo horrorizado desde el otro lado de la
barandilla de la escalera. Pero ya era demasiado tarde.
Un fuerte trago de aire y valentía fue suficiente para dar un salto desde la
escalera directo al vitral que al estamparse contra mi cuerpo se reventó haciéndose
miles de añicos.
—¡NOOOO!
Escuché los gritos aterrorizados de los presentes mientras la adrenalina de
mirar cómo me acercaba al suelo con violencia me hacía estremecer…. ¿¡Qué
había hecho!? Era tarde para preguntármelo. Cerré los ojos cuando me vi perdida y
supe que moriría. Sin embargo precipitadamente sentí una fuerte presión que me
detuvo en el aire antes de estamparme contra el suelo. Fue como una especie de
sábana invisible muy fría la que me detuvo y me hizo llegar al suelo como una
pluma.
Estaba puesta en la alfombra, tirada… pero me hallaba viva… Lukofkie me
salvó… hizo Rucruísmo… él estaba parado frente a mí con las manos extendidas.
—¡Estrella!
—¡Dios mío!
—Oh…
—¡Estrella!
Gritaban mis amigos a la vez mientras corrían escaleras abajo. Luko me
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CRÓNICAS VORDRÁKUS
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levantó del suelo y me puso sobre un sofá.
Mi corazón estaba apunto de reventarme mientras me palpitaba ferozmente…
estaba fría del terror… había estado apunto de morir suicidándome… me estremecí
de pies a cabeza mientras yacía sentada en el sillón, pasmada, petrificada, con el
corazón haciéndome… ¡Pum, pum, pum!
Lukofkie desapareció de mí vista al tiempo que de un salto llegó hasta el
segundo piso, y cuando vi que las sirvientas de la casa salieron gritando mientras
veían los miles de pedazos de vitral quebrados en el suelo supe por qué Luko había
huido.
—¡Dios mío! ¿Qué ha pasado? —gritó una de ellas llevándose sus manos a la
cara, estupefacta.
Pero yo estaba desorientada y en shock como para poder darles una
explicación, sin embargo rompí en llanto cuando Rigo con saltos impresionantes
llegó hasta a mí y me abrazó con mucha fuerza con lágrimas en los ojos…
—¡Oh, Estrella…! ¡Mi niña! ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué?
—¡Yo! ¡Y…o!
—¡No! ¡No digas nada! ¡No te preocupes! ¡Ahora estoy contigo! ¡Voy a
cuidarte! ¡Voy a protegerte! ¡No tengas miedo!
Me ahogué en lágrimas aferrándome a su cuerpo, teniéndolo abrazado… sentí
mucho dolor… pero no era por la caída, ni siquiera me había dañado el vitral, era el
dolor que a mi alma le había provocado, eran muchos sentimientos encontrados. No
podía con ellos, y ésta vez Rigo estaba conmigo, me abrazaba de tal manera como
nunca creí que lo pudiera hacer. Sentí que Das, Helu, y Ricardo estaban alrededor
del sofá del Vestíbulo, congelados.
—Sólo… solo—la voz de Ric estaba herida—Se quebró el cristal, ¡Vamos!
¡Pídele a paulino que limpie todo! —le ordenó a la mujer que estaba parada con la
boca abierta.
—Pero joven, la chica… ¿por qué está así…? ¿Cómo fue que el vitral…?
—¡No me preguntes nada! —gritó con fuerza insuperable. No lo vi, pero
presentí que estaba histérico y contrariado por todo…—¡Con un demonio! ¡Hagan
lo que les digo!
Advertí que las mujeres fueron hacer a regañadientes lo que Ric les había
pedido.
—Estrella—me preguntó Rigo en el oído—¿Te duele algo? ¿Estás bien?
Él se apartó lentamente de mí sollozando para esperar mi respuesta.
—E..stoy, bien—respondí titubeando. Aún estaba petrificada por lo que yo
misma había hecho.
Observé a los demás. Joaquín estaba en lo alto de la escalera, mirándome
consternado, pero me sonrió al percatarse de que me encontraba bien. Don Libasteo
por su parte estaba parado atrás de Ric, con una mortificación que fue evidente.
Mientras que Ric me miraba enfurecido…
—Yo… yo…—intenté decir algo congruente, no obstante estaba consciente
de que no había nada que me justificara. Merecía que Ricardo me examinara con
esas llamas en sus ojos.
—¡¿Por qué?! Estrella —me gritó Ric con recelo en su voz enérgica—¡¿Por
qué? ! ¡¿ En qué demonios estabas pensando cuando…?!
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—¡Déjala en paz! —me defendió Rigo con coraje. —¡Ella está tan mal…
afectada… y no voy a permitir que…! ¡Por favor Ricardo!
Por un momento creí que Ric me miraba con odio, pero repentinamente corrió
hasta a mí y me enrolló en sus brazos.
—¡Hubiera muerto si algo te pasa!—me aseguró Ric en voz muy baja.
Sus palabras me conmovieron.
—Perdónenme todos, ¡por favor! —les dije antes de que Ric, Rigo, Joaquín,
Helu, y Das me abrazaran todos en conjunto.
—Sé que vienen tiempos difíciles—murmuró el viejo Libasteo con voz
paternal—pero Juntos los venceremos, muchachos, no lo olviden, ¡Siempre juntos!
A ninguno lo necesitamos muerto.
Joaquín era fuerte y valiente, lo concebí aquella mañana, cuando yo intenté de
la manera más cobarde terminar con mi vida. Me había partido el alma escuchar la
amargura y tristeza con la que nos contaba su desdichada vida, y más cuando llegó a
la parte de su hermano. ¡Pobrecito! Joaquín ahora se había instalado en la casa de
don Libasteo, que resultó ser una vivienda de dos pisos y muy grande. Tenía sentido,
el señor Libasteo tenía familia y era rico.
Ahora que miraba desde la ventana de mi habitación el bosque apiñado de
verde bajo la alborada que apenas sonreía, respiré un aire nuevo y fresco. Mis
pulmones estaban acogidos por las caricias del viento de mi vida, de una vida de la
que ni siquiera yo soy dueña. Y comprendí entonces que debía de luchar, no por
morir, sino por sobrevivir…
Aun no había amado con ansias a nadie, aún no había logrado mis metas…
aún faltaban segundos, minutos, horas, días, e incluso milenios si así mi vida lo
quería para contemplar las flores, para respirar el aliento de la vida, para descubrir
los más sublimes secretos que estaban ocultos en los rincones de los bosques, donde
las rosas aromáticas se escondían cobijadas por las brillantes sonrisas de la felicidad,
donde las palomas blancas revoloteaban en medio del verano… ¿qué había de mis
padres? ¿Qué había de mis amigos? ¿Con qué derecho iba hacerlos sufrir por mi
causa? Por la causa de una niña caprichosa que sencillamente no quería seguir
viviendo, la chica que se había rendido sin ni siquiera intentarlo… ¡No! Esa chica la
desconocía, no era yo…
Ahora sabía que el perdedor no era el que perdía, sino el que se dejaba
derrotar a pesar de no haber ganado.
Estrella Basterrica… lucha… vive…vive… vive… hasta que el destino te lo
permita…
—Todo ha pasado tan rápido—le dije a Das mientras le planchaba el cabello
después de haber terminado de maquillarla—Que aún dudo que hayan pasado tres
años ya desde que nos conocemos.
Ella me mostró una sonrisa que recibí por el espejo.
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—Créelo, amiga—repuso ella—¡Hoy es nuestra graduación! —exclamó Das
entusiasmada. Ella había vuelto a la vida después de aquella extraña depresión de la
que había sido presa aquellos días. Su padre aún no había regresado.
—¡Nuestra graduación! —repetí suspirando pese que yo no tenía la misma
inquietud que mi amiga.
Sentí una nostalgia al pensarlo que por un momento creí que iba a derramar
una lágrima.
—Estrella, se supone que la chica chillona y sentimental soy yo,…
—No lo pienses de esa manera, Das. Es que todo lo que ha pasado en estos
últimos días me tiene tan preocupada, que… Hay, hermanita, Júrame que te
cuidarás.
—Te lo juro—dijo ella—¡Ah! —gritó.
—¡Ups!, lo siento—me excusé luego de que le encajé un pasador en la
cabeza.
Ella se sobó y yo sonreí avergonzada.
—¿Das?—le dije mientras le tomaba otro mechón de su cabello color
chocolate oscuro.
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo sin que te incomodes?
Ella lo pensó un par de segundos pero al final respondió.
—Claro que sí, Estrella. Pregúntame lo que quieras.
Analicé su expresión al igual que esas palabras de; “Pregúntame lo que
quieras” para poder abordarla con sabiduría.
—Bueno —murmuré —Es que he visto que últimamente miras mucho a
Joaquín. ¿Te has enamorado de él? Picarona.
Mi amiga se reincorporó precipitadamente en la silla, y por el espejo vi que
había abierto sus ojos grises como plato.
—¡No! ¡No! ¡Estrella! ¿Cómo crees? Además tú…
—Das, Das, ¡Respira querida! ¡Te has puesto verde! Cuenta hasta diez y no
te asustes, por mí no te preocupes. Joaquín es un chico hermoso de cuerpo, alma y
espíritu. Te hubiera sacado la cabeza si yo estuviese enamorada de él, pero no es así,
amiga. Después de que nos contó su historia dejé de verlo como lo venía en un
principio, ahora lo considero un buen y amado amigo. Joaquín ahora lo considero
uno más de mis hermanos.
—¿Te has dado cuenta que los R.R. lo han aceptado poco a poco? —me
preguntó Das.
—¡Sí! Esto es increíble y me da muchísimo gusto, aunque de todos modos
tenemos que proteger a nuestro nuevo y guapo amigo de esos dos ¿he?
—¿Por qué lo dices? Estrella.
Agarré otro mechón de su cabello chocolate oscuro y pasé la plancha
lentamente en él.
—¿Cómo que por qué? —respondí echándome a reír—Ayer cuando nos
vinieron a visitar, cuando tú y yo fuimos hacer las palomitas en el microondas, me
percaté de que lo estaban pervirtiendo.
—¿Cómo está eso? —me atajó mi amiga pasmada.
—Ric le preguntó que si había tenido sexo con alguna chica—volví a reír
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divertida—Pobre Joaquín, debiste de haberle visto el rostro y sus ojitos cuando negó
con la cabeza.
—Hay Dios, ya me lo imagino.
Sacudí la cabeza y dejé de reír.
—Pero haber mamacita, ¡No me cambies de tema que te había preguntado si
te habías enamorado de Joaquín!
El plan de Das de intentar confundirme casi había dado resultado.
—Estrella, ¿Qué quieres que te diga?
—Pues que lo amas.
—¿Cómo te atreves? Claro que… Bueno—pensó ella dubitativa—Reconozco
que… que Joaquín está, muy guapo, pero…¡Pero lo mismo pensé de Ric y Rigo
cuando los conocí! Estoy segura que me acostumbraré a la guapura de Joaquín.
Rompí en carcajadas.
—Vamos, Das. Admite que lo de Joaquín no es un simple espejismo que se te
vaya a pasar de la noche a la mañana, y si no me crees un día de éstos voy a grabarte
para que tú misma veas con qué intensidad lo miras. ¡Casi lo encueras con la
mirada!
—¡Estrella! ¡Por Dios! —exclamó Das sacudiéndose—Yo solo veo sus ojos
y…
—¿Lo ves? —la atajé—Lo miras demasiado y eso no es normal.
—¿Acaso no son lindos sus ojos? —se defendió ella al tiempo que le untaba
silica en otro pedazo de cabello.
—Das, hay de gustos a gustos. Sus ojos están hermosos, pero yo prefiero los
más oscuros… en gustos se rompen géneros ¿no has escuchado esa frase? ¡Imagina
que todo el mundo pensara y le gustara lo mismo! ¡Qué horror! A ti te gustan los
ojos azules, a mí me gustan más los ojos negros…
—Estrella, ¡basta!
—Como diría Ric, ¡Qué intensa! No te pongas violenta conmigo, querida,
porque mira que ese es otro síntoma de que estás enamorada, negar rotundamente al
chico que amas. Lo leí en mi revista de “Como darte cuenta que estás enamorada
por primera vez”
—De acuerdo, lo he mirado mucho—admitió por fin—Pero ¿crees que se
haya dado cuenta?
Le envié una sonrisa traviesa en el espejo.
—Te diría que no para evitar preocuparte, pero dada mi ya conocida
sinceridad “Si” Claro que se ha dado cuenta, y no lo culpo. ¿Quién no se va a dar
cuenta de que lo están mirando con las miradas llenas de fuego similares a las tuyas?
—¡Tanto así! —gritó ella temblorosa.
—Das deja de moverte que te voy a quemar con la plancha. ¡Parece que traes
pulgas en los calzones!
—Estrella, es que…
—Respira, amiga sigues verde.
—¿Verde?
—Como pino. —reconocí.
—Pero yo… Estrella por Dios no te confundas que estas provocando que me
confunda yo también.
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—Si te confundes es porque no estás segura de tus sentimientos—respondí
con otra amplia sonrisa—¡Hay Amiga! ¡Te has enamorado! ¡Y yo que creía que
serías monja! Helu por lo menos ya tuvo un novio… y tú ninguno, y dada la
experiencia con el idiota de Ezequiel el día de la discoteca…. ¡Qué emoción! ¡Tu
primer amor!¿Qué harás? ¿Vas a pedirle que sea tu novio, o vas a esperar a que el te
lo pida? ¿Se casarán por la iglesia? —aventé la plancha en el sillón próximo y entre
gritos la abracé—¡He visto unos vestidos de novia “Increíbles”! ¡Oh Das, la Luna de
miel! ¡Imagina como será ver a Joaquín desnudo! ¡Ahhh!
—¡Estrella! —gritó Das parándome en seco—¿Dices que la intensa soy yo?
No entiendes… no quiero enamórame de Joaquín, Estrella… ¡No quiero! ¡Pero
tienes razón! ¡No puedo dejar de mirar sus ojos!.. ¡Me recuerdan tanto a..!
—De qué hablas—le pregunté con el ceño fruncido—¿A quién se parecen los
ojos azules de Joaquín?
Que yo supiera Das no había tenido otro enamorado… ¿O sí?
—Estrella, vamos, péiname… no tardan en pasar tus padrinos por nosotras.
Me tranquilicé… me dije a mí misma que tenía que guardar las energías para
el baile de ésta noche, mientras tanto y como si no hubiera pasado nada continué
peinándola.
Tener de visita a Das en mi casa me ayudó a tener más fortaleza. Entre las dos
compartíamos el adviento que nos esperaba.
Das me había enseñado a rezarle a Dios por medio de la estampita que la
madre de Helu le había regalado, aquella mujer morena de manto verde con decenas
de estrellas amarillas que derrochaba paz. Admito que gracias a eso me sentí más
segura de mi futuro, aunque aun podía sentir miedo.
Mis padrinos, el doctor Eusebio Gutiérrez, y mi madrina Eugenia de Gutiérrez
llegaron a las 9:30 de la mañana a las afueras de mi casa. Das y yo salimos casi
corriendo, estuve a punto de tropezar cuando me enredé con la ridícula y espantosa
toga larga negra con contornos tintos. Ambas llevábamos el birrete en la mano.
—¡Corran chicas! —nos gritó mi madrina desde el auto negro. Mi padrino nos
sonrió desde el volante—En menos de treinta minutos debemos de estar en el
auditorio para la ceremonia…
—Madrina, Aún debemos de ir a recoger nuestros vestidos de gala para la
fiesta de hoy en la noche.
—Vamos, corazones—dijo mi padrino—Suban y aquí platican sobre sus
vestidos y esas cosas… se hace tarde.
Nos subimos al auto negro. Mis padrinos eran amigos de mis padres, y ellos
eran la contraparte de la tía Eloísa y la tía Hilda mis padrinos sí me querían. ¡Y
pensar que las odiosas tías iban a estar en la fiesta!
Con la misma prisa con la que salimos de la casona, así mismo entramos al
instituto dejando a mis padrinos en el auto. Ya nos alcanzarían después.
En la entrada del Instituto había vendedores de flores, globos y más globos…
Erika, la madre de Das y Mauricio el padre de Ric platicaban juntos al salir
del auditorio, donde permanecían un montón de padres de familia. El apuesto y
guapetón padre de Ric nos saludó con la mano.
—Chicas—nos dijo la madre de Helu a la que no había visto. Estaba atrás de
Erika y Mauri con su esposo. —Helu, Ric, Rigo y el muchacho güero los estaban
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buscando, la ceremonia va a comenzar.
Todos los padres vestían de gala, incluso la madre de Rigo llegó corriendo
llevando de la mano al pequeño Alfredo.
—Buenos días—nos saludó ella—¿Han visto a Rigo por aquí?
—Por aquí van andar—le aseguró Erika—Mira, ¿es tu hijo también? ¡Qué
grandote está!
Amalia, la madre de Rigo, igual que Erika y la madre de Helu, llevaba un traje
sastre muy bonito.
—¿Qué guapa? Señora Amalia—le dije.
—¡Gracias corazón!
—Estrella, —me dijo el pequeño Alfredo cuando advertí que Das fue con
Erika y Mauri—Agáchate—me incliné y puse mi oído en su boca—¿Rigo ya te dio
la vaca? —me preguntó como susurro.
—¿Qué vaca? —le pregunté confundida.
—Oh, no te la ha dado ¿verdad?
Apartándome de él sacudí la cabeza. El chico con una sonrisilla se fue a
brincar alrededor de los arboles. Era un encanto el pequeño de ocho años.
¿Una vaca? Me pregunté
Por un momento creí que la nostalgia iba a regresar a mí. Fue terrible mirar
cómo mis amigos tenían a sus padres con ellos en un día lleno de privilegios como
éste. Sentí tan feo no tener a mis papas en ese instante, un día tan importante para mí
que estuve a punto de ponerme a llorar… bueno, Joaquín tampoco los tendría, así
que ambos íbamos aminorar nuestro dolor juntos. De todas maneras mamá y papá
me habían llamado por teléfono desde muy temprano para felicitarme.
—Estrella, allá vienen—me avisó Das desde su lugar al tiempo que me
limpiaba los ojos. Entre un montón de togas negras de los alumnos del I.T.P.I. que
se dirigían al auditorio pude reconocer a cuatro rostros de ellos. Ric y Rigo venían
muy aprisa mientras que Joaquín venía al paso de Helu más atrás.
—¡Qué ridículas se ven ambas! —se burló Rigo en el momento que Das se
reunió conmigo.
—¿No te has visto en un espejo? —le preguntó Das frunciendo los labios.
—No lo creo—aseguré—La última vez que se miró, el pobre espejo se
reventó. — todos se echaron a reír, incluido él, pero repentinamente sentí un
escalofrío cuando recordé el vitral que sí se había reventado cuando me tiré sobre él.
—¡Oh My Good! —exclamé cuando miré a Helu llegar con Joaquín. Advertí
que Das suspiraba precipitadamente—¡Mira el aspecto que traes! Helu.
Estaba espantosa. Su trenza casi le volaba en la cara como si se hubiera
electrocutado.
—¡Por lo menos te hubieras parado los pelos como Rigo, si lo que querías
causar era esa impresión de espanto!
—Párale, Estrella—me dijo ella—No te preocupes, creo que hoy en la noche
durante la fiesta todos quedarán sorprendidos con mi nuevo cambio de Look—miró
a Joaquín convincentemente.
Mis padrinos y los padres de mis amigos entraron al auditorio entre el gentío.
—No sé que estoy haciendo aquí—murmuró Joaquín.
—¿Cómo que qué? —le dijo Rigo—Vas a graduarte.
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Aun me resulta difícil ver cómo mis amigos platicaban amenamente con
Joaquín.
—Todos sabemos que mis documentos están falsificados—dijo el rubio en
voz baja.
—Tengo una duda con respecto a eso—le dije—¿Realmente te llamas
Joaquín?
Él asintió con la cabeza sonriendo.
—Me hubiera gustado que te llamaras algo así como ¡Pancho! —dijo Ric
carcajeándose—tira más a tu personalidad.
—¡Hay no! —repuse yo.
—¡Tercera llamada! ¡Tercera! —exclamó el señor Eliseo desde el micrófono
dentro del auditorio.
Al escucharlo corrimos como toda la manada de estudiantes. Muy a lo lejos
observé a don Libasteo que nos miraba con detención.
—¡Cuidado! —gritó Helu. —Una rata güera.
—No deberías de ser tan grosera con Joaquín—murmuró Rigo al tiempo que
nos detuvimos.
Helu casi se puso verde como Das.
—Yo,. Me refería a… allá va—corrió mi amiga hasta que agarró una pequeña
rata blanca…. Claro, debía de ser así… ¡Amaba a los animales!
—Deja esa espantosa rata allí—la reprendió Ric.
—No, deberíamos dejar que sea nuestra mascota—dijo ella sonriéndole a la
rata blanca. El animal si era simpático.
—Es un Hamster—dijo Joaquín acercándose a él. —¿Ponemos llamarlo
Pancho?
Nos echamos a reír.
—Como sea—dijo Das—mientras tanto hay que entrar a la ceremonia.
Dentro del auditorio había banderas pegadas en lo alto de las instalaciones
con cada uno de los escudos de las distintas especialidades. El nuestro de
Administración yacía pegado casi en la entrada.
El evento trascurrió más rápido de lo que imaginaba. Hicimos honores a la
bandera, hubo quienes exclamaron poemas, un grupo de alumnos, en su mayoría de
segundo conformaban la rondalla oficial del instituto y cantaron amenas canciones,
entre ellas destacó el tema de Consuelito Velázquez “Bésame mucho” e incluso
hubo un grupo folclórico que se deleitó mostrando tres bailes, entre ellos el jarabe
tapatío.
Llegó el momento culmen, en el que según las reglas de los graduados dicen
que es cuando uno debe de prepararse psicológicamente para soltar en llanto a la
hora de recibir de manos del director y de la mesa de honor los documentos en el
folder negro ¡y como siempre al final dentro del folder no hay nada salvo una notita
con la fecha para que uno vaya a recoger los documentos auténticos!
Afortunadamente nuestra área fue la primera en ser llamada por el señor
Eliseo, cada uno de los nombres de mis compañeros eran nombrados al tiempo que
subían la escalera hasta el presídium.
—Basterrica Peralta Paula Estrella —escuché mi nombre de la voz del
Director.
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Con unos nervios malditos me aparté de la fila y me encaminé lentamente
hasta llegar a las gradas…
Con cuidado, me dije, de uno por uno, Basterrica, no te vayas a caer, pisa
con cuidado, sube de uno por uno.
Me sentí dichosa y realizada cuando por fin llegué hasta arriba. Solo fue
cuestión de acercarme al director quien con una sonrisa desganada me entregó un
folder.
—Este no es el mío—le dije con un volumen apropiado para que me
escuchara entre los gritos.
—No eres tú ¿Cárdenas Murguía Berenice?
—No— se me hizo estúpido que en tres años se hubiera olvidado ahora de mi
nombre.
—¿Quién es ella entontes? —preguntó rebuscando mi carpeta.
—Cárdenas Murguía Berenice es la chica que se acaba de caer—le dije.
—¡Dios mío!
Las carcajadas de los cientos de compañeros dentro del auditorio resonaron
como una canción. Solté una risilla. El director apartó sus ojos de las escaleras y
encontró mi folder.
—Felicidades—me dijo
—¡Gracias!
Saludé con una sonrisa temiendo a que soltara una carcajada por el humor que
me causaba la caída de Berenice a cada uno de los presentes del presídium, donde
destacaba la presencia del alcalde de la ciudad.
Las fotografías de mis padrinos mientras bajaba no se hicieron esperar. Tuve
que bajar las escaleras antes de caerme yo también.
Al final todo fue tan lindo y emotivo que para rematar por fin me puse a llorar
cuando el director gritó:
—A todos mis graduados les digo “Felicidades”
La rondalla oficial cantó las golondrinas mientras los alumnos aventaban el
sombrero hacia arriba agritos. Mis amigos y yo nos encontramos en la mitad del
auditorio, Joaquín apareció desde el área de informática y corrió hasta nosotros.
Todo fue tan hermoso y tan autentico cuando los seis nos abrazamos dando giros
mientras brincábamos que difícilmente hubiera recordado que debíamos de estar
alertas.
Hubo una misa especial de acción de gracias para los estudiantes católicos en
la catedral de la ciudad. Dudé mucho en entrar, jamás había ido a una misa, así que
preferí esperarlos afuera, con Ricardo y con Joaquín.
—Ric, ¡Necesito tu ayuda!—le dije a mi amigo por teléfono esa misma tarde.
—Claro que sí preciosa, ¿Qué te ocurre ahora? ¿Necesitas que te ayude
aponerte el vestido?
—¡No seas estúpido! —le solté. Escuché una risilla del otro lado del celular
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—lo que pasa es que Rigo me regaló una vaca y…
—¡Genial! —murmuró él—Otra vaca más en tu colección, pero no es más
linda que la que te regalé ¿verdad?
—Ric—le volví a decir desconcertada—Creo que no me entiendes. Rigoberto
Vetznall me regaló una vaca…¡¡Pero una vaca de verdad!!
—¿Qué? —gritó él, pero poco después reventó en carcajadas.
—¡Muy gracioso! —le dije enojada—Apuesto a que tú tienes que ver algo con
esto, ¿eh?
—No—dijo él entre sus carcajadas—Ésta vez yo no sabía nada…
—Como sea… está hermosa… la vaca…pero… la encontré en la entrada de
mi casa cuando llegamos Das y yo a casa, con un moño que dice: La vaca más
hermosa, para la chica más… ¡Hermosa! ¿Que se trae éste chico conmigo? y por si
fuera poco ¡La vaca tiene nombre! ¡Se llama Eduviges!
Ric volvió a carcajearse con un volumen tan fuerte que temí que la bocina del
teléfono fuera a estallar… y creo que ésta vez me contagió al recordar todo esto
porque repentinamente me puse a reír como loca junto a Das que estaba a mi lado
escuchando a Ric por el altavoz.
—No te preocupes—me dijo Ric cuando se serenó—creo que Mauri tiene un
amigo con un rancho cerca de aquí donde puedes poner a… ¿Eduviges?
Sonaron nuevas carcajadas.
—¡Genial! —murmuré.
—Vamos, Estrella—me dijo Das riendo cuando colgué—Es un buen detalle…
lo extraño es que… solamente a ti te haya obsequiado un regalo…
—No me mires así, Dacia Stephania, que Rigo no puede estar enamorada de
mí si eso es a lo que te refieres. ¡Eres una envidiosa de o peor! —Das dejó escapar
una risa. Lo comprendí entonces, Das había encontrado el momento de vengarse de
mí por lo que yo le había dicho al respecto de Joaquín ésta mañana— Ya han pasado
tres largos años y nunca me lo dijo, así que…
Pero no había tiempo para poner cada cosa en su lugar… casi eran las ocho de
la noche y todavía faltaba ponerme los accesorios para marcharnos a la fiesta.
—Estrella, me preocupa Helu—dijo mi amiga mientras se ponía las zapatillas
plateadas—Se fue muy mal después de misa.
—¿Y cómo no? —admití—¡Mira que Martin, su compañero de vals decirle a
última hora que no iba a asistir a la fiesta!
—Helu cree que lo hizo por ella, cree que Martín se iba avergonzar al estar
bailando el vals con una chica como ella.
—Es una lástima—reconocí mientras me ponía los aretes de plata—Helu y
Martín hacían bonita pareja de baile. ¡Martín se lo pierde! De todas maneras Helu no
debe de sentirse mal. ¡Ansío por ver su dichoso cambio de Look! va a estar en
nuestra mesa con mis padrinos, “Mis odiosas tías” con Joaquín y contigo, ya ves que
sus papas tampoco quisieron rentar la mesa para el baile.
Erika le había avisado a Das que no asistiría a la fiesta de hoy en la noche,
cosa que no le afectó a mi amiga, de todos modos desde un principio Erika le había
dicho que no iría. La razón consistía en que su padre había vuelto esa tarde
inesperadamente. Das estaba tranquila, Mauri iba asesorar a su madre con lo de la
demanda, incluso él la estaba acompañando en estos momentos de angustia.
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—Estrella, los vestidos están muy escotados—murmuró mi amiga después de
mirarse en el espejo.
—Oh, ¡pero si luces bellísima!— no era mentira. Das resultó ser una chica
con proporciones exactas en su cuerpo. Nuestros vestidos, como el del resto de
chicas que bailaríamos en el vals eran tan largos que besaban el suelo con diez
centímetros de cola arrastrando. De color vino con accesorios de plata, con un corte
de strapless súper elegante. El cabello de Das estaba distinguidamente peinado
sujeto en roles en la nuca de su cabeza con un fleco lizo y largo que le colgaba por el
rostro hasta el cuello. Como en la mañana yo fui quien la maquilló una vez más para
ocasión, quedó perfectamente bella, nunca había tenido tanta pintura en su rostro
como ese día, sobra mencionar que no parecía payaso, sino una top model .
Y yo… bueno, Bonny el chico que había ido esa tarde a peinarnos nos dejó
¡Como unas diosas!… ¡No dejé que nos maquillara! Me hizo a mí otro elaborado
peinado. Era la primera vez que mi cabello rubio oscuro lucía completamente lleno
de bucles debajo de un peinado especialmente perfecto.
Vestido largo, peinado perfecto, zapatillas y accesorios de plata, un maquillaje
espectacular. ¡Íbamos a ser las más bellas de la fiesta! Claro, faltaba ver a Helu.
No era mi imaginación. Rigoberto Vetznall se había peinado para atrás con
mucha gel. Después del uniforme desalineado del instituto nunca lo había visto de
traje, ni peinado, y… oh, traía un arete con una piedrita brillante en el oído
izquierdo…lo que lo hacía ver súper sexy… estaba increíble. Incluso su mirada ésta
vez había cambiado, parecía uno de esos chicos guapísimos de series de televisión
que con su mirada misteriosa oculta dentro de sus ojos te cautivan. Sus ojos
coronados por sus inimaginables pestañas negras rizadas chispearon cuando nos
vieron llegar a Das, a mis padrinos y a mí dentro del casino de la ciudad que estaba
rodeado por mesas redondas con flores elegantes por todos lados.
—¡Estan…! ¡Dios mío! ¡Me quedé sin aliento! —dijo Rigo con voz
temblorosa mirándonos a ambas, pero más a mí. Por primera vez me puse nerviosa
con su mirada.
Le iba a decir algo sobre la vaca, pero repentinamente vi aparecer a Ric que
venía acompañado de Joaquín.
Dios mío. Tanta belleza junta iba hacerme caer hasta atrás.
Joaquín era un auténtico querubín. Nos sonrió desde la entrada, y Ric… éste
chico traía el cabello lacio. ¡Oh! Sus bucles habían desaparecido.
—Fue idea de… —no terminó la frase mi amigo cuando sus ojos verdes se
estrellaron en nosotras—¡Estrella! ¡Das! Están increíblemente bellas… hermanita,
Das, pero nunca te había visto tan linda como… como hoy… creo que… creo que ya
no quiero ser tu hermano ¿Quieres casarte conmigo?
Nos echamos a reír.
Advertí una vez más cómo Das se había quedado mirando como hipnotizada a
los ojos de Joaquín, aunque esta vez él no se dio cuenta.
—¿Y Helu? —preguntó él mirando alrededor.
—No vendrá—repuso Rigo. —ésta tarde me habló para decírmelo, dijo que
marcó a Ric y a Estrella pero sus celulares estaban ocupados… me dijo que no se
sentía con condiciones para venir… se sentía un poco mal.
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—¡Pobrecita! —murmuré—¡Donde me entere que el Idiota de Martín está en
la fiesta! ¡Les juro que lo mato!
—¡Primero lo mato yo! —repuso Ric.
Durante la primera hora de la fiesta todos estuvimos contentos. De vez en
cuando bailamos y yo me encontraba con Andru mientras él me lanzaba guiños una
que otra vez. Rigo estuvo un buen rato en la mesa que había rentado junto a su
madre y su tío, hermano de la señora Amalia. Venía con nosotros de vez en cuando,
y yo tenía la esperanza de agradecerle por el regalo, pero no sabía cómo.
Fabiola, la estúpida roba novios estaba con justa razón coqueteando con mi
amigo Rigo… ¡Vieja estúpida!
Ésta fue la tercera vez que el vocalista del grupo versátil anunció el vals.
Los nervios que llevaba desde la mañana con caerme se manifestaron otra vez.
¡Seguía el vals! Y mientras nos dirigimos a la entrada del gigantesco casino busqué
a Eduardo, mi compañero de Vals. Sentí un escalofrío cuando miré de reojo la
manera tan gélida con que me miraba Irvin el chico de ojos color miel que me había
besado a la fuerza hace tres años durante el baile de bienvenida. Sacudí la cabeza
intentando ignorarlo.
Cuando llegué a mi lugar vi que Ric y Montserrat, su compañera de baile casi
estaban hasta atrás de la fila, eran los más altos. Margaret, la compañera Rigo estaba
temblando atrás de mí.
Vaya que con las zapatillas había crecido, casi estaba a la estatura del
muchacho de color amarillo, Eduardo, que me miraba tan sorprendido por mi
¡Belleza!… como los demás.
Y entonces comenzó.
Como si hubiera sido producto de una bella fantasía las luces se apagaron y
solamente las pequeñas flamas de las velas que reposaban en cada una de las mesas
redondas brillaron en el casino, y fue precisamente cuando las primeras notas del
tema “Untitled” de simple plan (CD) surgieron como fondo en el excelente
ambiente atmosférico de la noche.
¡Se veía todo tan romántico!
Estaba convencida de que la visita de Das en mi casa me había hecho ser así
como ella.
Eduardo me llevaba tomada de la mano mientras avanzábamos lentamente al
ritmo de las notas de la música en medio del humo blanco que nació en el escenario
mientras las familias y los otros estudiantes aplaudían con fervor.
Las veintiún parejas seleccionadas para el baile excluyendo a Helu y Martín
fueron suficientes para formar una media luna al tiempo que los chicos nos tomaban
de la cintura y nosotros levantábamos las manos y las movíamos como abanico
lentamente.
Al siguiente cambio de música comenzamos a girar desbaratando la media luna
mientras aparecían unas luces azules en el suelo que cubrieron mis zapatillas
plateadas.
Daba la sensación de estar bailando entre el agua, el brillo en el suelo del color
azul casi me hicieron perder el equilibrio, pero Eduardo me sujetó con fuerza.
El Vals transcurrió hasta su fin en medio de plausos mientras nosotros girábamos
y girábamos… fue hermoso. Al final las chicas quedamos en el aire cuando los chicos
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tomándonos de la cintura nos alzaron con dominio mientras nosotras manteníamos los
brazos extendidos.
Los presentes rompieron en aplausos y gritos de felicidad al mismo tiempo que
en el escenario salían chispas blancas como número final.
Las familias corrieron a abrazarnos, ¡Mis tías no fueron! ¡Genial! Y después del
abrazo de mis padrinos me encontré a Joaquín entre la multitud al tiempo que se
escabullía entre los demás buscándome hasta que me encontró luego de que lo llamé y
me abrazó. El apretujón casi nos había llevado hasta las gigantescas ventanas
redondas del casino, hasta que repentinamente Joaquín se alejó de mí
precipitadamente.
Su alegría se había esfumado.
—Ayer fue la segunda luna llena—murmuró con frialdad manteniendo el ceño
fruncido mientras miraba a través de la ventana. No comprendí lo que Joaquín
observaba, ya que la ventana estaba decorada y arduamente se podría mirar lo de allá
afuera, sin embargo su nueva actitud me siguió preocupando.
—Lo sé—dije—Por eso don Libasteo quiso que ayer nos reuniéramos en mi
casa. Incluso él junto con Luko estuvieron vigilando la casa, incluso hoy desde la
mañana al parecer así lo han hecho, vi a don Libasteo ésta mañana en el Instituto.
Ambos han estando inspeccionando los alrededores.
—¡Estrella! —exclamó tomándome del brazo con su mano fría. Su actitud,
¡Oh! Me estaba espantando. Comenzó a respirar hondamente directo en la ventana
como si intentara encontrar algún aroma en especial.
—¡Joaquín… me estás asustando! ¡Dime que pasa!
—Estrella, percibo energías… debemos… debemos de correr. ¿Dónde está
Libasteo?
Sin esperar a que le respondiera repentinamente con fuerza inaudita me llevó
corriendo hasta el fondo del casino, no podíamos pasar por la aglomeración de la
gente, así que con impaciencia nos escurrimos entre ellos. La música que sonaba me
pareció difusa cuando Joaquín gritó;
—¡Aléjense de la ventana! ¡Todos! ¡Salgan de aquí!
—¿¡Joaquín qué pasa!?—grité entre sollozos aterrorizada—¿¡Qué sucede!?
Me tenía sujeta, corrimos atravesando a la gente pero éstos repentinamente se
trasformaron en olas. Mi amigo siguió gritando lo mismo… que debían de salir que
allí… ¿Qué estaba pasando?
Estaba completamente desorientada igual que los invitados de la fiesta
cuando escuchaban a Joaquín.
—¡Corran! ¡Salgan!
¿Dónde estaban Rigo, Ric y Das… mis padrinos…?
Ningún miembro de la fiesta comprendimos la gravedad de las palabras de
Joaquín hasta que una fuerte explosión reventó la gigantesca ventana del casino al
tiempo que mucha gente salía despedida entre gritos retachando entre las mesas…
¡Era el fin!… ¡Todos íbamos a morir…!
Grité entre los demás gritos cuando advertí que el casino de la ciudad se estaba
incendiando.
—¡Joaquín! —grité con voz asfixiada al no encontrarlo por ningún lado luego
de haber sido empujada por la multitud.
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—¡Atención! —exclamó una voz potente desde el micrófono. —¡Las salidas
de emergencias…! ¡Utilicen las salidas de emergencias!
Los gritos de la muchedumbre se estrellaron en mis oídos y mis gritos. Corrí
con dificultad gracias a mi vestido largo sin dirigirme a un lugar en específico. El
incendio había tomado ventaja en las cortinas de las ventanas por donde había
ocurrido la explosión. Estallé en gritos nombrando los nombres de mis amigos, de
mis padrinos, de la gente que conocía, sin embargo por más fuerte que gritara mis
gritos se perdían entre los alaridos de los invitados que corrían directo a las salidas
de emergencia.
Me costó trabajo distinguir en dónde estaba parada pues al parecer me había
norteado entre la oscuridad. Quise seguir a la gente, pero todos corrían por todos
lados buscando a sus familiares correspondientes y de esa manera me estresé más.
Estaba aterrorizada, todo el salón gigante se había convertido en un caos, ni siquiera
me tranquilicé cuando escuché que a fuera del casino sonaban las sirenas de las
ambulancias… era lógico que hubieran llegado tan aprisa al tener en cuenta que
había un hospital a dos cuadras del salón de fiestas llamado “Casino”
Giré mi cabeza para todos lados en busca de alguien conocido pero no
encontraba a nadie… solo habían gritos y más gritos… me estaba volviendo loca…
—¡Estrella! ¡Ven conmigo! —reconocí la voz potente de Andru al tiempo que
me sujetaba mi brazo con la mano. Sin tener otra alternativa me propuse a seguirlo.
Nos escabullimos entre un grupo de gente que se había atorado por el montón de
mesas que estaban apuñadas en montaña en un tramo casi en la salida. Me giré para
todos lados en busca de mis amigos, pero no había nadie, incluso cuando miré hacia
donde rato antes había estado parada con Joaquín se me a figuró ver un relámpago
que salió por la ventana reventada… después fue otro relámpago que se alejó por
donde mismo… pero no, muy en el fondo adiviné lo que había ocurrido… los
Vordrákus habían venido por nosotros… ellos habían atacado el salón de eventos,
ellos habían sido los responsables de ésta desgracia, y no quería imaginarme las
consecuencias que esto iba atraer ante la sociedad y pero sobre todo a los heridos.
Logramos escapar. Salimos corriendo hasta que el viento frígido de la noche
se precipitó sobre mi rostro.
—¡Andru! ¡¿Dónde están ellos… mis amigos… mis padrinos?! Se quedaron
allá adentro… ¡Andru debo de entrar!
—Estrella, escúchame—me dijo tomándome de las mejillas de tal manera que
miré sus ojos acaramelados—¡Ellos van a estar bien! ¿Lo comprendes? ¡Ellos van a
estar bien! ¡Vendrán con nosotros en unos momentos!
Sus brazos se enrollaron con los míos cuando se percató de que me estaba
hundiendo en lágrimas.
Me escondí en su pecho penetrándome en mi nariz de su perfume. Lo abracé
con fuerza escondiéndome en él… no quería seguir viendo esa espantosa escena
donde todos salían corriendo gritando y llorando mientras los bomberos, la policía y
los paramédicos de las ambulancias entraban a rescatar a los que aún estaban
dentro del lugar. A muchos los sacaban mal heridos entre nuevos gritos… eso era el
infierno. Ahora comprendía el valor de la vida, el valor y la lucha constante por
sobrevivir.
—¡Estrella! —escuché la voz de Helu y Joaquín cuando se acercaban
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corriendo junto a mí.
Me separé rápidamente de Andru…
—Busca a tu familia—le sugerí con el corazón temblándome—voy a estar
bien…
Sus ojos derrochaban desconsuelo, y cuando vio que me dejaba en buenas
manos se alejó.
—¡Estrella! —gritó Helu que había aparecido de repente como loca
corriendo detrás de Joaquín en un mar de lágrimas envuelta en su chamarra
roja—¡Rigo…!¡Ric…! y ¡Das…! ¡Oh Estrella! ¡Sé los han llevado! ¡Se los han
llevado!
Una fuerte presión de impacto en mi pecho me hizo entrar en un profundo
sueño hasta que caí al piso desmayada.
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20
Condenados
______________________________________________________________________
*Joaquín
F
ue difícil escapar de la multitud, pero sin importar absolutamente nada logré
llevar a Estrella en brazos hasta el borde de un jardín muchas cuadras delante de
donde había ocurrido el desastre. Don Libasteo nos alcanzó enseguida con una
Vesnica negra. Helu estaba gimiendo a mi costado mientras yo intentaba hacer que
Estrella reaccionara.
—Señor, ¿Qué vamos hacer ahora?—le pregunté cuando presentí que
Estrella despertaba.
—¡Dios mío! esto ¡Es terrible! ¡Es terrible! —sollozaba Helu recargada en
un árbol.
Según Helu, ella había tenido un presentimiento mientras reposaba en su
casa, de esa manera salió precipitadamente hasta que llegó y se percató del
incendio. Fue allí donde yo la había encontrado, tuve que sujetarla para lograr que
se tranquilizara.
—¿¡Qué fue lo que pasó realmente!? —el viejo se acercó a Estrella
intrigado.
—Estrella… ella, y yo .. Estábamos en la pista—mi voz parecía haberse
quebrado—Y… presentí esas energías, señor, las conozco, por mucho tiempo viví
con ellas. Sentí cuando dos entes fuera del salón comenzaban a conjurar… y…
¡Oh! Y todo comenzó. Hicieron Rucruísmo muy fuerte, después entraron al salón
en forma de rayo, era Víctor y Lizardo, miré a ambos, corrí atrás de ellos en vano
hasta la salida, pero ellos seguían buscando a los humanos, no entiendo cómo pero
se mezclaron entre la gente y aprovechándose del ahumadero y de que la
aglomeración se encontraba estupefacta encontraron primero a Das, Víctor la cogió
en sus manos al mismo tiempo que encontraba a Rigo, él estaba junto al fuego
buscando a su hermano… les dio un golpe en la cabeza a ambos de tal manera que
se esfumó por la ventana desapareciendo. Lizardo fue quien encontró a Ricardo, lo
golpeó también y objeto que al presentir las energías de usted y Luko se sintió
perdido y se esfumó por igual.
Estrella abrió los ojos temblorosa y sin decir nada se abrazó a Helu
poniéndose a llorar ambas, aterrorizadas.
—Nos jugaron una trampa—admitió el viejo echando fuego por los ojos luego
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de dar un fuerte golpe de coraje en el árbol que se tambaleó—Luko y yo advertimos
esas energías antes que tú, era una Kadressa, lo presiento. Se acercó mucho a éste
lugar, y tanta fue su cercanidad que vislumbré cuando la Kadressa vestida de negro
con una mascara blanca cubriéndole hasta la nariz destrozaba a un policía en la
bóveda del salón, mismo que momentos anteriores había estado vigilando los
alrededores del lugar. Ella se estaba alimentando de él cuando fui tras ella. La
Kadressa es muy ágil, pues me miró con la boca llena de sangre y luego de un
rugido salió disparada por los aires, llamé a Luko astralmente, pues hemos estado
comunicándonos de esa manera, él me dijo que había encontrado a otro Vordráku
del otro lado de la calle, fue en su persecución al mismo tiempo que yo fui por la
Kadressa, y cual fue mi sorpresa que ambos Vordrákus nos alejaron tanto del terreno
que cuando menos me di cuenta el incendio había comenzado en la fiesta y Lizardo
y Víctor habían raptado a estos muchachos. Luko ha ido tras ellos, está siguiendo el
rastro.
—Señor, necesitamos ayuda, ¿Qué hay de Zallo y de Alffaíth? Nosotros solos
no podremos contra ellos, nos rebasan en número, y no quiero imaginarme que
Lanhamú intervenga.
—Alffaith ha desaparecido también desde ayer, y Zallo… éste Vordráku
desde hace unas semanas se retractó renunciando extrañamente a la Fuerza de
Canios Ándica… por el momento estamos solos.
—¡Debe de avisarle al Custorio Mayor Brimbicor! ¡Debemos de traer
refuerzos! ¡No podremos solos!
—Será muy difícil pedir refuerzos ahora, es muy precipitado, sin embargo les
he llamado a tres compinches míos pero ahora están residiendo en la ciudad de
México… vendrán en avión pero sé que es algo tardado, quizá lleguen hasta
mañana, mientras tanto debemos de ir a la guarida.
—P..pero —Estrella estaba petrificada. —Señor, los van a matar…
—Ellos no los quieren muertos ahora…—repuso el viejo Libasteo— se los
han llevado para incrustarlos.
—¡NO! —chilló la chica rubia. Ambas muchachas habían entrado en pánico.
—Lo sé—dijo el viejo—Voy a impedirlo, sé que lo lograremos. Sin embargo
ahora es la prioridad tenerlas a ustedes dos protegidas. Deben de estar tranquilas
para lograr salvar a todos.
—¡Nos buscarán nuestras familias!—gritó Helu aterrorizada atropellando las
palabras unas con otras—¡mis padres…! ¡Van hacerles daño! ¡Tengo miedo! ¿Qué
va a pasar? ¡No podemos irnos ahora así nada más sin advertirles! ¡Debemos de
decirles lo que está pasando antes de que…!
—Heredia, no hay tiempo que perder—dijo don Libasteo al tiempo que
ayudaba a levantar a ambas chicas. —Los Vordrákus no atacarán a sus familias, la
prioridad ahora consiste en ustedes cinco, y ahora que ya tienen a tres volverán por
ustedes dos, por eso tenemos que esconderlas, no pueden quedarse solas porque de
esa manera sus familias si correrían grave peligro.
Me llevé la mano a mi pecho. Por un momento quise morirme de una vez.
¡Todo era mi culpa! ¡Mi culpa…! y si algo malo les llegaba a pasar a mis amigos no
me lo iba a perdonar nunca.
Todo se había convertido en la peor tragedia de sus vidas, incluida la mía, si
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de alguna manera se podría llamar vida. Los Vordrákus que durante meses habían
actuado en subrepticio ahora habían atacado… íbamos a perder… los iban a
convertir en Vorfos si don Libasteo y Lukofkie no hacían algo rápido. Estábamos
solos, y el simple hecho de que la Corddex Culminiams americana se percatara de lo
que sucedía en la ciudad ¡Todos íbamos a estar perdidos! ¡Todos!
El automóvil blanco de don Libasteo, el que casi nunca usaba para así guardar
las apariencias arrancó atropelladamente con un rugido sordo que no se hizo esperar.
La noche gris y amarga se estaba convirtiendo en un sepulcro negro, podía escuchar
los pálpitos de los corazones de mis amigas mientras las abrazaba una en cada lado
estando sentados los tres en los asientos de atrás del auto.
Tal era la velocidad con que el auto corría que los árboles pasaban borrosos a
mi alrededor, casi invisibles.
¿Por qué debe de existir la tristeza y el sufrimiento?
¿Por qué nunca el mundo va a vivir con la paz que se merece?
¿Por qué entender que la vida es tan injusta?
¿Por qué entender que la gente de alma pura siempre sufre mientras los de alma
oscura siempre ganan la batalla?
¿Por qué creer en la esperanza cuando en mi vida la única esperanza que tenía
era la de morir de un momento a otro?
Era inevitable no pensar en esto, no obstante con muchas fuerzas intenté hacer
todo lo que estuviera en mi alcance para mantener a salvo a las dos muchachas que
iban a mi lado mientras corríamos rumbo a la guarida dejando las lágrimas en la
mitad de la noche.
Un relámpago que iluminó el cielo junto a la luna llena fue el único fenómeno
que aprecié antes de adentrarme al subterráneo que reposaba escondido debajo de las
piedras gigantes llamadas los compadres, luego de que don Libasteo removiera la
roca que hacía cubrir la boca del subterráneo.
La guarida estaba como hace dos días don Libasteo me la había mostrado. Las
piedras azules pegadas en los lados de la cueva brillaban con sus luces mortecinas.
La vereda de tepetate estaba vacía y al parecer solamente éramos nosotros cuatro los
que nos encontrábamos allí.
El viejo Libasteo se paró en seco en cuanto respiramos.
—¿Q..qué pasa? —murmuró Estrella que permanecía aspaventaba
sujetándome del brazo, como si con eso se sintiera más segura, cosa que me hacía
sentir más inútil e impotente que antes.
El viejo sin decir nada sacó con una precipitación impresionante aquella
Durrillia plateada desde su saco. Era un pequeño látigo de algunos cinco o seis
metros de largo tan filosa que podría cortar una roca con solo tocarla, era un arma de
defensa para los Vordrákus. Alguna vez las había visto en el Aprengo.
Sin que la reacción de don Libasteo me tomara de extraño hice que las dos chicas
se apartaran, yo también estaba rastreando esas energías oscuras. Allí habían estado
otros Vordrákus, sino es que ahora estaban cerca de allí.
El viejo Libasteo me miró como si no encontrara en su cabeza la mejor
manera de actuar. Quizá se preguntaba si dejarnos allí mientras él iba a buscar a los
otros Vordrákus que probablemente eran los enemigos sería una buena estrategia,
pero adiviné lo que pensaba el señor Libasteo, él sabía que de dejarnos allí todos nos
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íbamos a arriesgar a ser atacados también. Sé que a Estrella y a Heredia las querían
vivas para lograr su cruel objetivo, sin embargo a don Libasteo y a mí no nos
ocupaban de la misma manera, de encontrarnos a nosotros ellos no iban a tener la
compasión de dejarnos vivos, iban a matarnos o a desterrarnos de la manera más
salvaje y perversa que incluso yo mismo me pudiera imaginar en mis pensamientos
más descabellados.
Comprendí que en ésta noche se iba jugar nuestro destino… si todo salía bien,
don Libasteo, Luko y yo íbamos a seguir respirando la vida, y mis cinco amigos
humanos saldrían a salvo sin ser convertidos en Vorfos aunque eso ameritara
tenerlos vigilados de por vida a menos que acabáramos con esos Vordrákus.
No entendía por qué me estaba posesionando el miedo de pies a cabeza. A
pesar de que había deseado morir, ahora me aterrorizaba la simple idea, y no
obstante sabía la razón; no era el hecho de desaparecer de la tierra o incluso ya no
volver a nacer lo que me horrorizaba, sino la manera tan cruel con que esos
Vordrákus lo harían… aun no podía olvidar aquél terrible tormento del que me vi
sujeto antes de que Ric, Heredia y don Libasteo me salvaran aquella noche… ya
había conocido el dolor más que suficiente y eso me aterrorizaba… ya no quería
morir, me había acobardado, y si hubiera tenido el valor suficiente hubiera salido
corriendo de ese lugar llevándome conmigo a mis dos amigas, sin embargo ya todo
casi estaba consumado, no había vuelta atrás, estábamos apunto o de morir o de vivir
mucho tiempo más.
—No puedo dejarlos aquí desprotegidos—aseguró el viejo Libasteo quien
intentaba de manera vana ocultar su terror—. Pero si los llevo conmigo los expondré
también.
—¡Usted dijo que iríamos siempre todos juntos!—murmuró Estrella entre
lágrimas—. Y… y así es como le vamos hacer ésta noche… sin importar…—pero
no pudo terminar la frase. El agua que se escurrió por sus ojos casi fue imposible de
contenerse. Su vestido tinto para estos momentos estaba sucio y roto, ella misma le
había echo un par de roturas en los costados de las piernas para poder moverse con
más agilidad. Abracé a mis dos amigas… tal vez no volvería hacerlo nunca más.
—Señor, Heredia, Estrella—dije con un nudo en la garganta. —Yo ya no
tengo futuro… mi vida se ha destrozado por completo, ya no voy a vivir en paz el
resto de mis días teniendo en mi conciencia la muerte de mi hermano, por eso les
pido que… que… que me deje ir delante de ustedes, muy adelante… quiero
ofrecerme como carnada… si los Vordrákus me llegaran a atrapar y no hay otra
alternativa les pido que me jeden, que corran… don Libasteo, usted es más necesario
en esta vida que yo… ¡Sálvelos!
—¡No!—me contradijo Helu echándose a llorar—¡No te vamos a dejar! ¡No
lo vamos hacer!
—¡Necesito que me lo juren!—les grité con un hilo en la voz ¿Por qué no
entendían que lo que yo les ofrecía era lo mejor?—¡Por favor! ¡Júrenme que
aprovecharan el tiempo en que ellos me atrapen para huir! ¡Eso los demorará un
rato, y a usted don Libasteo se le ocurrirá de qué manera salvarlos!
—¡Joaquín, por favor no continúes…!—dijo Estrella con agonía— ¡Te lo
suplico!
—¡¡Es que no entienden que yo soy el culpable de todo!!—volví a gritar, y
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ésta vez sentí cómo una lágrima me escurría por mi mejilla—. ¡¡Por mi causa van a
convertirse en no sé qué…!! ¡Me lo merezco!… ¡Merezco morir!
—Lamento mucho no aceptar tu cobarde propuesta—respondió don
Libasteo—No juegues al héroe, pequeño, que no sabes de lo que hablas… tú no
quieres defendernos, sino acabar con tu vida de sufrimientos…
—¡No es verdad!—me defendí pasmado—Y …yo solamente…
Golpee la barda de tierra del subterráneo. Pegué mi rostro y entre lágrimas vi
que la luz azul seguía parpadeando.
Estuvimos en silencio un buen rato, hasta que don Libasteo nos ordenó seguir.
Lo miré por el rabillo del ojo al tiempo que las chicas me tomaban del brazo
para seguir.
Con mis sentimientos alborotados seguimos al viejo, que llevaba la delantera
con la Durrilla en su mano derecha llevándola al frente para atacar.
Mi cabeza comenzó a quebrarse por dentro como fragmentos de cristal
cuando seguí al viejo Libasteo que llevaba la delantera con la Durrilla en su mano
derecha llevándola al frente en modo de defensa.
—Coge una Gaunth—me ordenó el señor Libasteo sin ni siquiera mirarme.
Fue cuestión de estirar mi brazo derecho para desprender con un empuje hacia abajo
una de las piedras azules puestas en las bóvedas del subterráneo. La alcé de tal
manera que alumbró mi camino al tiempo que reanudaba mis pasos.
No tuve que preguntarme si el Vordráku que iba adelante de nosotros estaba
consciente de la oscuridad, pues dada mi propia experiencia la oscuridad ya no me
parecía negra, podía mirar finamente con casi la perfección en colores grises el lugar
por donde caminábamos. Las dos chicas que venían a mi lado no podían hacerlo por
supuesto, esa era la razón por la que sujetaba la Gaunth en mis manos.
Caminé con pasos cortos, como si temiera llegar a mi destino. Era ineludible
no parpadear constantemente mientras avanzábamos, de esa manera estaba
respondiendo mi terror, incluso en cada parpadeo podía mirar unos colmillos
delgados con arista filosa al tiempo que sentía la tortura que estos me provocaban
justo en mi pecho.
El frío poderoso que había cubierto el subterráneo durante casi una hora de
caminar con mis pies engarrotados en medio de la negrura, cada uno de los suspiros
de Heredia y Estrella se hundían entre las paredes de tepetate. El santiamén había
llegado. Poco me costó reconocerlo. La Gaunth había comenzado a titiritar cada vez
más aprisa mientras el gélido viento extraño filtrado a través de las bardas se
escabullían como si fueran latigazos de hielo golpeando nuestras pieles desnudas
como lo era el rostro y las manos. Heredia puso su mano fría junto a mi brazo
desvestido, lentamente la recorrió produciéndome un escalofrío hasta llegar a mi
mano. Mis dedos despertaron y entrelazando con minuciosidad a los de ella ambos
quedamos sujetos. Sus respiraciones precipitadas expulsando en cada una de ellas
cobardía, chocaron exabruptos en mi pecho cuando ella se me recargó con
respiraciones inertes.
Inmediatamente me detuve. Muy a lo lejos percibí un sonido sordo. Heredia y
Estrella me miraron temblorosas. Alcé mi vista que se había mantenido en el suelo
durante casi todo el trayecto, y entre un extinguido silencio sepulcral agudicé lo más
que pude mis ojos y mis oídos en la espera de una nueva reacción. Envié mis ojos a
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SUBREPTICIO
que atravesaran el pasillo que ahora se veía largo y delgado, sin embargo vibrando
por todos lados comprendí que el Vordráku Libasteo había desaparecido. Me
estremecí. No se los revelé a mis amigas por temor a que sintieran la misma
minusvalía que yo al descubrirlo, al descubrir que no sé desde hace cuanto tiempo
atrás habíamos estado atravesando el laberinto oscuro solos, sin el Vordráku
Libasteo con nosotros.
Eché mis pasos adelante girando hacia la izquierda como lo describía el
camino. Continué avanzando con ellas a mis costados intentando actuar como si
nada, Heredia y Estrella creían que muy delante de nosotros estaba el viejo… y yo
cuando las obligué avanzar más aprisa corroboré que mis suposiciones eran ciertas,
el Vordráku Libasteo no estaba por ningún lado. Afligido me mostré más agitado.
Unos nuevos estallidos muy a lo lejos como murmullos y en forma de ecos
nos hicieron pararnos en seco. Ésta vez las chicas también se habían percatado de
ese eco pues al instante me sujetaron con fuerza con un gemido. Tuve que respirar
muy hondo para procurar tomar una decisión con calma.
—Silencio—les susurré sabiendo de todos modos que las chicas estaban
calladas. Sentí que mi frase las había tomado por sorpresa, incluso presentí que
habían dejado de respirar.
Las obligué a recargarse en la barda helada y rasposa del subterráneo oscuro
mientras yo me dispuse a bajar lentamente la piedra azul, pero no me expliqué qué
tan débil me pude haber sentido que la piedra se me resbaló de mis manos hasta que
con un golpecito cayó al suelo. Mi sangre comenzó a trabajar muy aprisa. Estaba
alarmado.
Entre los nuevos jadeos de mis amigas y los míos nuevos ecos de ultratumba
se pasearon como viento alrededor del laberinto. Ellas comenzaron a temblar y yo
por un momento creí no soportar a mis piernas las que repentinamente se habían
aguadado.
Adiviné entonces que una vez más nos habíamos equivocado. La supuesta
guarida no era un lugar seguro en esos instantes… allí habían otras energías
oscuras…
Tomé la decisión de retroceder corriendo por el mismo lugar al advertir el
peligro, pero mientras corrí muy aprisa llevando a las chicas de la mano una
aparición rotunda y sombría nos detuvo en medio del camino.
—¡Bienvenidos al infierno! —murmuró el Vordráku Eírbo quien nos echó una
ojeada con esos ojos color chocolate que ahora estaban invadidos por muchas venas
de sangre que le caminaban entre el iris y la pupila como arañas rojas, lo que
significaba que en éste último lapso de tiempo se había alimentado de carne y de
sangre…
Del horror que les había provocado ésta súbita aparición a Heredia y a Estrella
ni siquiera tuvieron tiempo de gritar, sin embargo ambas temblaron estremeciéndose
de pies a cabeza con suspiros histéricos y aprensivos.
Mi postura de estupefacto duró el mismo tiempo que duró la mirada de ese
monstruo. Reaccioné tan retardadamente que difícilmente descubrí el momento en
que Eírbo se esfumó como espuma negra llevándose entre gritos a mis amigas.
Corrí entonces vertiginosamente por el laberinto oscuro… Eírbo no me había
matado porque sabía que iría tras él, y me hubiera frustrado de veras sino los hubiera
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encontrado tan rápido como lo hice.
En menos de cien metros encontré guiándome por los gritos de mis amigas
una especie de salón gigante en toda la extensión de la palabra, así como cuatro
laberintos a los costados. Siete antorchas reposaban alrededor de ese salón oscuro y
redondo.
Mi corazón no hubiera estallado en pálpitos sino me hubiera percatado del
cuerpo tirado al fondo del salón del Viejo don Libasteo, mientras que Estrella y Helu
yacían amarradas en un pilar de piedra que estaba junto a una cama del mismo
material a la mitad del salón.
—¿Le pedirás a Dios que te salve ésta vez? —me preguntó Víctor con voz
gutural parado a un costado de las chicas que no dejaban de gritar.
Eírbo, Lizardo y un Vordráku Real de Penflitor que no conocía me miraban
desde atrás de Víctor. Los cuatro Vordrákus tenían las mismas arañas de sangre
corriéndoles por los ojos…. ¿A cuanta gente habían mutilado…?
—¿Alffaíth…?—exclamó Estrella tartamudeando, dolida. —¿Por qué nos has
traicionado…?
El que se hacía llamar Alffaíth se acercó a ella con una sonrisa malévola al
tiempo que empalmando su larga mano cubría con fuerza la cara de mi amiga… ella
repentinamente y para mi sorpresa cerró los ojos como si estuviera muerta
hipnotizada… después hizo lo mismo con Heredia… ambas cerraron los ojos…
—¡No! —grité abalanzándome contra él.
—¡Te mataría ahorita mismo si no fuera por la orden de nuestro amo!—sus
ojos se abrieron más como ninguno cuando me detuvo levantándome del cuello en
lo alto con violencia —¡Odio a los humanos! Y… ¡bueno, qué te digo a ti…! ¡Luko
siempre fue un estúpido fanático de la defensa humana! ¡Si tan sólo yo hubiera sido
el Canio Mayor…!
Un fuerte golpe en mi pecho proveniente del brazo de Alffaíth me hizo
retachar hasta el final de la barda, junto a don Libasteo. Allí me quedé tirado con un
dolor inimaginable… sentí que mis costillas se habían quebrado… grité atormentado
mientras yacía sofocado y lastimado. Casi con la tierra en mi boca intenté
arrastrarme a donde fuera… el aroma de don Libasteo se filtró en mi nariz… ¡Estaba
vivo!
—¡El es mío, querido Alffaíth!—esa voz delgada y fría la hubiera escuchado
aunque estuviera muerto, incluso al mirarla y darme cuenta de que no me había
equivocado me produjo una sensación tan terrible que si hubiera podido hubiese ido
hasta ella para arrancarle la cabeza.
El cabello rubio de Dafrossia le caía como cascada en la espalda mientras me
observaba como un demonio acercándose a mí, desnuda. Traía un cuchillo largo y
grueso que estaba utilizando para acariciarse los pezones oscuros de sus senos.
Su cuerpo desnudo tan blanco como una porcelana tomó dejes sembríos al
detenerse justo debajo de una antorcha frente a mí, mirándome con una sonrisa
gélida.
—¡Son cómplices! —grité con dificultad sobándome mi pecho herido. Me
percaté que Markludán permanecía viendo el espectáculo desde el otro lado del
salón. Esperé ver aparecer a Judá de un momento a otro, pero no apareció por
ningún lado—¡Siempre fueron cómplices! ¡Todos fueron cómplices!
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Todos los Vordrákus allí presentes no vestían Vesnicas, sino unas túnicas
negras hasta el suelo con unas cofias largas del mismo color pegadas en la cabeza
hasta la cintura, dándoles una sensación de secta satánica.
—No creíste que de verdad habías corrido con suerte al escapar del Aprengo,
¿o sí? —la voz sensual y al mismo tiempo asesina de Dafrossia me hería cada vez
que hablaba—Nadie podría salir de allí… amenos que esté muerto.
—sonrió con una crueldad que estuve a punto de reventar.
—Qué iluso me resultaste, Maldito—Dafrossia me mostró sus delgados
dientes filosos como gesto de que me repudiaba. —¿Hasta cuándo se van a dar
cuenta los seres idiotas de este universo que los seres que son como tú, “Niños
buenos” siempre pierden? En las reglas de la vida no existen diversidades y
distinciones, en las reglas de la vida gana quien acaba con los perdedores. ¡Lucifer
lo hizo! ¡Se reveló ante Dios…! ¡Muchos dicen que Dios lo castigó! ¡Pero yo te digo
que fue él quien ganó! ¡Ganó su propio aposento! ¡El Infierno!
—¡No! —grité petrificado—¡Tú no vas hacer que la vida se convierta en un
infierno! ¡No vas a ser tú la que cambie el rumbo de la vida…!
—¡Silencio! —me gritó echándome una escupida en mi cara desde su
lugar—No gastes tu desdichada y contaminada saliva. ¡Tú no me vas a decir lo que
yo debo de hacer! ¡Maldito! Incluso, no sabes cuánto voy a disfrutar asesinarte
¡Estúpida Basura! —mi dolor era imposible. Pegué mi mejilla izquierda en la tierra
suelta mientras escuchaba los gritos de esa pérfida Kadressa Malnacida en la espera
de que me dañara—Pero antes, antes de matarte quiero que seas testigo de cómo
convierto a estas queridas amigas tuyas en unos Monstruos como yo…. ¡Lamento
decirte que tus otros protegidos ya están incrustados! Así que como vez ya perdiste,
¡Ellos están condenados! ¡Lanhamú va a manejarlos a su antojo! Y lamentablemente
ya no vas a estar tú en esta vida para observarlo con tus propios ojos porque vas a
estar revolcándote como ahorita en el infierno… ¡Me gusta verte sufrir! ¡Me fascina
que siempre estén mis enemigos a mis pies como unos gusanos!
—¡P…por favor! —le supliqué—¡Si eso es lo que quieres lo haré! ¡Lameré el
excremento del ser que quieras como una vez Judá me lo dijo… pero no les hagas
daño… no me lastimes más de lo que ya me has lastimado!...¡Mátame a mí si…!
—¡Oh! ¡Claro que voy a matarte a ti! Pero como ya te lo he dicho, lo haré
cuando veas cómo convierto a éstas dos Repugnarias en unos Monstruos…. ¡Quiero
que sufras…!
—¿Por qué me odias? — le grité entre tapujos…—¿Qué te he hecho yo para
que…?
—¡No seas ridículo! —me gritó. Seguí gimiendo —Los mismos estúpidos
parlamentos de película…¿Por qué me odias…?—rompió en carcajadas—Basta de
ridiculeces y para tu próximo absurdo comentario procura ser más imaginativo e
innovador. No entendiste que la gente no vive para caerle bien a los demás sino
para odiar… es la única manera para llegar hasta donde uno se lo propone…¡¿Crees
que las frasecitas estúpidas que están escritas en muchos libros van a salvarte
ahorita?! ¡Por supuesto que no! Y sin embargo yo voy a gozar… voy a gozar… para
siempre… así que escúchame bien, estúpido ¡Porque solo voy a repetírtelo una sola
vez! ¡No le temo al infierno! ¡Si me matan no voy a sufrir! ¿Lo entiendes? ¡Aún
muerta nadie me vencerá!
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—¡Púdrete viva entonces! —exclamé, pero fue ella la que se aproximó a mí y
dejando el cuchillo largo aún lado de mi cabeza me levantó con sus dedos fríos
mientras gruñía. Me cubrió la nariz y con fuerza hizo que abriera mi boca… entre
mis intentos por liberarme miré sus ojos llenos de odio y de fuego, la sangre le
bailoteaba dentro de ellos. Mis gemidos se apagaron cuando la Maldita Dafrossia
arrancó tierra del suelo y me le echó en la boca…
—¡Trágala! ¡Gusano miserable! ¡Trágala!
Con gran poder me retachó en el suelo mientras yo sentía ahogarme. La tierra
había pasado por mi garganta… no me imaginaba qué tanto me había dado a tragar
como para estarme ahogando. Mi dolor del pecho se intensificó. No podía
levantarme, sentí que me estaba hundiendo en un pantano negro, no suspiré por la
nariz mientras me revolcaba en el suelo aleteando con ambas manos y las carcajadas
de Dafrossia, Alffaíth, Víctor, Eírbo, Markludán y Lizardo se esparcían por la
habitación.
—¿¡No te has puesto a pensar que lo tuyo podría ser una simple maldición!?
—escuché muy a lo lejos la voz infernal de Dafrossia—. Todos a los que amas se
han muerto… han desaparecido de la faz de la tierra. —sus palabras se unieron a
todos mis dolores físicos—Joel y Aurora por ejemplo—murmuró fingiendo la voz
de un bebé—. ¡Tu hermanito! Que apropósito estaba delicioso—no podía gritarle…
no podía maldecirla—. ¿Y qué me dices de tus padres adoptivos? Ha, porque ¡Te
tengo noticias, querido! ¡También los maté! Hace poco, incluso me parecieron
conmovedoras las últimas palabras de Alejandra … ¡Joaquín, Ramsés… los amo!
—volvió a sonreír como una loca.
¡No podía ser posible! ¡No podía existir un ser tan perverso como ella! ¡Yo no
podía estar sintiendo tanto dolor…! ¡No podía…! ¿Por qué no había muerto? ¿Por
qué seguía vivo?
—¿Te digo cómo los maté?—me preguntó divertida—Lo hice con
Rucruísmo…. ¡Printerma! Con el mismo conjuro con que mi amo Lanhamú mató al
viejo Erebo… que asco de viejo… ¿Sabes lo que es eso? El Printerma es un
Rucruísmo muy poderoso, incluso es muy divertido y excitante ver como se
revuelcan de dolor mientras sus cuerpos se desgarran lentamente y sus huesos se
rompen con la misma lentitud. ¡Deberías de ver sus caras mientras se mueren!... la
sangre les sale a chorros por las llagas hasta que sus ojos les revientan… ¡Así te voy
a matar a ti! ¿Escuchas?
—¡NOOO! —grité al recordar a cada uno de mis seres queridos… no quería
imaginarme…. No quería nada…. No quería pensar… por fin pude respirar y abrir
los ojos… escupí la tierra, entonces la Kadressa luego de levantar el cuchillo se fue
llevándolo al frente hasta donde estaban mis dos amigas humanas que permanecían
inconscientes. ¿Qué les había hecho Alffaíth?
A pesar de mi agonía y sufrimiento hice un intento imposible por recargarme
en la barda. Estaba sudando a chorros… me estaba muriendo ahora sí. Mi cuerpo me
estaba temblando tan rápido que estuve a la espera de reventar en unos instantes
más.
Dafrossia al azar eligió a una de las dos muchachas que estaban atadas en el
pilar, y poco después comprendí que Estrella era su próxima víctima cuando vi que
la desataba y con su mano derecha la tomaba de la cintura con una agilidad absoluta.
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La puso en la piedra oscura grande que tenía una similitud a “Cama de sacrificio
utilizada por los mayas en sus tiempos” que reposaba en la mitad del salón.
Pretendí levantarme pero sentía que mis ligamentos y mis venas se me
estiraban.
Todos los Vordrákus vestidos de negro se pusieron alrededor de la piedra
donde reclinaba Estrella recostada. Advertí que las uñas negras y largas de Dafrossia
sirvieron de navajas al momento de romper el vestido tinto de Estrella hasta dejarle
el pecho desnudo. Mi voz débil no se escuchó como yo hubiera querido al momento
que Dafrossia alzó el cuchillo largo de color plata y lo clavó con lentitud justo en el
pecho de mi amiga haciéndole una rajada de casi diez centímetros. Mis nuevos ojos
de Vordráku me hicieron verlo… casi me había levantado impactado pero mi
debilidad me hizo caer hasta el suelo otra vez…
Luego de casi diez minutos intentando en vano levantarme interpreté lo que
había ocurrido… los Vordrákus habían dicho una oración oscura en una lengua
desconocida que moribundo como estaba difícilmente pude comprenderla, luego
habían bailado alrededor de la piedra mientras Dafrossia hincada arriba de Estrella
lamía con su lengua larga la sangre renegrida que escurría a chorros en el busto de
mi amiga después de que la cocieron con un pedazo delgado de hilo verde.
Pude haber pensado que Estrella Basterrica había muerto de no haber
escuchado aún los pálpitos de su corazón que precipitadamente fueron más fuertes y
constantes… como si el corazón estuviese trabajando tres veces más de lo que
cualquier humano soportaría.
Dafrossia con un salto instantáneo se paró frente a mí y me miró teniendo sus
ojos rojos clavados en los míos con el rostro embarrado de sangre.
—¡Sigue la otra chica! —me anticipó bufando con una voz trémula. Puedo
asegurar que cuando la vi, ella parecía más un feroz felino monstruoso que una bella
Kadressa. —Pero ya no puedo esperar a matarte… de todas maneras ya viste lo que
quería que vieras… cuando ella despierte será una… —rompió en carcajadas—No
sé lo que será y eso es lo más excitante. Así que por fin y de la manera más
despiadada… ¡Voy amatarte! ¡Voy a Matarte…! ¡Basura! ¡Voy a matarte…!
Al sentir la muerte frente a mí lo único que hice como final al sentirme débil y
perdido, aterrorizado y vencido solamente fue cerrar los ojos.
—¡Voy a Matarte…!
—¡Me encantaría que primero me mataras a mí…! ¡Maldita puerca!
Abrí los ojos al instante al sentir que Dafrossia desaparecía de mi lado.
La voz potente de Lukofkie retumbó en el gran salón. Él estaba parado como
un león fiero adelante de un Vordráku de ojos azules y cabello rubio largo así como
dos Kadressas más a los costados de las que solamente reconocí a Kalardia, la
Kadressa que meses atrás había sido parte del clan contrario. Un Vordráku más de
cabello largo color vino apareció atrás de los otros cuatro. Los cinco Canios de la
Fuerza Ándica se posicionaron con una postura de ataque…
Dafrossia como un perro cobarde había volado hasta atrás de Víctor,
Markludán, Eírbo, Lizardo y Alffaíth.
—¡Excelentes visitas!—murmuró Dafrossia con diplomacia desde atrás de su
clan intentando esconder en su voz su estupefacto y horror—Kalardia, mi querida
Kalardia…¿Vienes con nosotros? —Kalardia frunció el ceño extendiendo sus brazos
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con coraje—Luko, Zallo, Alcambridgue, Talmira… Alffaíth le ha hablado mucho a
nuestro amo de ustedes, y sé que si se unen a nosotros sus recompensas serán mucho
mejores a las que…
—¡Alffaíth! —gritó Luko con el ceño fruncido—¡Siempre lo supe…!
¡Talmira también tenía razón…! ¡Eres un Repugnario y vil traidor!
Alffaíth rompió en carcajadas.
—¡Lo siento, mi querido Canio Mayor! Pero yo no me conformo con una
simple vida de gentileza sin recibir nada más… Lanhamú me ha ofrecido más de lo
que nuestro Custorio Brimbicor Lay-cidio me ofreció. Incluso me he dado cuenta de
que me gusta más la perversidad y la carne… antes que defenderla… ¡No sean
estúpidos! ¡Ningún humano merece nuestra ayuda! ¡Ellos mismos se destruyen…!
¡Les estamos haciendo un gran favor!
—¡Has traicionado la confianza que todos depositamos en ti! —exclamó Luko
indignado—Incluida la de nuestro Custorio Mayor ¿Cómo y cuando fue que te
convencieron?
—En realidad todo fue desde un principio, querido Canio Mayor. Cuando tú
fuiste nombrado Canio Mayor, Eírbo, nuestro querido amigo me habló de Lanhamú
y sus planes… yo estaba maldiciéndote… basta ser imbécil para no darse cuenta de
que siempre te he odiado, y cuando Brimbicor te nombró Canio Mayor te aborrecí
aun más. Quería vengarme de todos ustedes… ¡Y qué mejor que de ésta manera!
Fingí ayudarlos cuando en realidad siempre los traicioné, les informaba a mis
verdaderos aliados los estúpidos planes de ustedes… ¡Por eso quería matar a
Kalardia aquél día en que la atraparon y la muy maldita casi revela todo! ¡Ella si fue
una traidora! ¡Y te juro Kalardia que te hubiera desterrado de la manera más
perversa si no te hubiesen tenido tan vigilada! Cuando Eírbo, Lizardo y yo venimos
a ésta maldita tierra con nuestro amo buscamos aliados, hasta que encontramos a mi
amada Dafrossia, Judá, y Markludán… allí fue cuando comenzó todo… ¡Todo!...
Dafrossia no parecía haber estado de acuerdo con que Alffaíth le hubiese
revelado a Luko aquellas palabras… lo noté en su expresión.
Luko mostró sus dientes rugiendo.
—¡Eres un maldito traidor! ¡Traidor!
—Ish-Keryot: de Keriot—gritó Alffaíth con lentitud.
“Yo soy traidor Judas varón de Keriot (Iscariote)” Traducción de lengua hebrea.
—No es necesario llegar a la violencia—murmuró Dafrossia aterrada con
voz suave…
—Luko….—intenté hablarle… no sé lo que quería decirle, pero yo ya no
podía con mi vida… ésta se me estaba terminando, pero antes quería hablarle…
quería que me jurara que cuidaría de todos mis amigos…
—¡No te le acerques! —rugió Dafrossia cuando Luko se dirigía inquieto hasta
mí…
—¿Qué te han hecho? ¡Resiste! —me dijo Luko seguro de sus palabras— Tu
dolor… va a terminar….
—¡¡Qué te alejes de él!!—chilló Dafrossia al tiempo Alffaíth gritó;
—«¡Printerma!»— y Luko se retorció como serpiente después de un grito de
dolor frente a mí.
Entonces todo pasó muy rápido.
Con un sonido sordo Zallo y Alcambridgue se escurrieron en el aire hasta
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estamparse contra Alffaíth al mismo tiempo que extendía sus brazos y los tres
Vordrákus chocaban entre sí con una estruendosa colisión.
Al advertir un sonido relampagueando me giré a la izquierda y vi que Kalardia
salía disparada hasta Dafrossia perdiéndose ambas en el aire.
Intenté moverme pero me di cuenta de que no podía, estaba paralizado por el
dolor. Al mirar al frente vi que Luko ya había ido atrás de Lizardo y Eírbo quienes
giraban entre el viento escabulléndose de Luko, sin embargo el líder de la Fuerza
Ándica resultó ser tan hábil como fuerte. En un segundo extrajo desde su Vesnica
negra una Durrilla de plata similar a la del Viejo Libasteo, y con ella enredó a
Lizardo y lo comenzó a retachar entre las bardas mientras éste chillaba de agonía, no
obstante Eírbo ya había sacado la suya también, y echándola al aire casi estuvo a
punto de golpear a Luko, pero éste aún teniendo amarrado a Lizardo, en forma de
torbellino esquivó el golpe cayendo encima de la piedra donde debía de estar
Estrella.
Talmira había agarrado a las dos chicas y se las había llevado a no sé donde,
quizá intentaba protegerlas de la lucha.
Inmediatamente el chillido de Kalardia me hizo girar hasta la izquierda
cuando vi que Dafrossia había atravesado con su mano derecha todo su abdomen
hasta salirle su puño por el otro lado. Kalardia entonces miró a su contrincante con
sus ojos crispados, pero Dafrossia fue más hábil. En el mismo tiempo que utilizó
para sacar el brazo del abdomen de Kalardia, ese mismo tiempo sirvió para
arrancarle la cabeza con sus propios dientes filosos entre rugidos, y extendiendo sus
brazos largos una energía insuperable hizo prender fuego en el cuero casi inerte de
Kalardia luego de gritar en latín la palabra ¡Destierro!
Horrorizado por ese escalofriante acto vi que la Kadressa diabólica
“Dafrossia” después de su victoria me miró con esos ojos llenos de fuego, y quizá
iba a ir por mí, sin embargo desnuda salió girando como sombra negra por el
laberinto del fondo al momento que Víctor y Markludán hicieron un Rucruísmo que
provocó que el gran salón en medio de estallidos se oscureciera… incluso hasta el
grado de ni siquiera yo poder mirar nada.
—¡Alffaíth! —gritó Luko cuando se percató que el traidor desaparecía igual
que Dafrossia.
Casi todos habían huido, lo comprendí cuando la espuma negra comenzó a
extinguirse en el salón. Sólo apareció en la escena el Vordráku Lizardo con el
cuerpo desgarrado producto de la Durrilla de Luko. El Canio Mayor volvió aguardar
la Durrilla en su Vesnica al ver el cuerpo mutilado de Lizardo, entonces extendiendo
sus brazos gritó:
—«¡Disterriust!»
Y como Kalardia, el cuerpo finado de Lizardo se prendió en fuego saliendo de
él una masa negra que flotó dispersándose con un aroma horrible que se expandió
por el salón.
Zallo y Alcambridgue habían ido atrás de los enemigos, mientras que Luko y
la recién llegada Talmira se miraban entre sí al tiempo que con un suspiro profundo
mis ojos cansados se cerraron.
Había visto lo suficiente como para ya no volver a mirar nada más el resto de mi
vida.
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21
Final
Precipitado
______________________________________________________________________
A
rriba de un montón de piedras dispersadas adentro de los laberintos
adyacentes del subterráneo estaban puestos los cuerpos incrustados alrededor de
dieciséis humanos, cuya definición ya no era la misma. Se habían convertido en
Vorfos.
Todos ellos permanecían inconscientes con los brazos extendidos cayendo
por los bordes de las piedras. Sus pechos estaban desnudos, destacando en ellos
una cicatriz de diez centímetros.
Luko y Talmira los estaban examinando con curiosidad y preocupación.
Cuando Zallo y Alcambridgue regresaron dieron por hecho que los Vordrákus
enemigos a excepción de Lizardo que estaba desterrado habían escapado.
—Perdimos—murmuró Talmira derrotada—Hemos perdido.
—Aún no—exclamó el viejo Vordráku que luego de casi ocho horas había
reaccionado, débil, pero con un prodigio en su voz que decía que viviría por mucho
tiempo más—Los chicos aún siguen con vida, y mientras eso suceda seguiremos
protegiéndolos hasta el final.
—Alffaíth nos traicionó—repuso Luko herido—nos traicionó.
—Lo sé—respondió el viejo mientras caminaba alrededor de las piedras con
los cuerpos sacudiendo la cabeza a un lado y a otro. —Por eso, y antes de ir a
Penflitor a informarle lo sucedido a Brimbicor Lay-cidio, quiero que en este
instante abandone el subterráneo aquel que ya no quiera seguir en éste camino, el
cual aún le faltan muchas veredas sinuosas por recorrer. Comprendan que esta
batalla apenas ha iniciado…
Pero nadie dijo nada. Alcambridgue se limitó a recargarse en un pilar puesto
en medio de ese laberinto, dubitativo mirando hasta el fondo del infinito.
—¿Y si sus corazones no resisten?—preguntó Luko perplejo—Palpitan con
mucha fuerza… todos están muy acelerados, la sangre perdida producto a la
incrustación se ha recuperado favorablemente, pero sigue produciendo más y más
sangre constantemente. ¿Hasta cuándo van a reaccionar? ¿En qué se van a
convertir? Debemos de ir por esa nueva Corddex oscura. Debemos de salir a la luz
para descubrir si la Corddex Culminiams se ha enterado de éste suceso, o peor aún,
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si el Régimen de Balán ya nos ha descubierto….
—Lo más conveniente por ahora es proteger a Heredia y a Joaquín. La chica
no fue incrustada, pero predigo que ellos querrán volver por ella y por los Vorfos.
Los dos chicos estaban recostados reaccionando en la entrada de ese
laberinto, y ambos estaban vivos.
Sin embargo, el Vordráku de cabello rubio y de ojos del color del cielo,
Briamzallo, sufría muy en el fondo del lugar, hincado junto a una piedra especial…
a la espera de que los hermosos y bellos ojos grises lo volvieran a mirar, a la espera
de que esa voz tan dulce, suave y musical como nunca podría encontrar otra igual
jamás le volviera hablar a pesar de que quizá nunca descifrara sus palabras. Ahora
entendía que había cometido un grave error al haberla abandonado… por su causa
la humana más hermosa del universo estaba allí, postrada e indefensa. Aún
recordaba aquellas tardes maravillosas… las más felices de su vida…aún recordaba
aquellas notas provenientes de aquél aparato mientras ella sonreía… aun podía
escuchar y contar los latidos del corazón de aquella chica cuando sonriendo corría
hasta él… aun podía recordar aquella última mirada aquél día que había decidido
renunciar a la fuerza Ándica al creer peligrosa esa situación… el creer peligroso el
amor entre una humana y uno como él…
Al limpiar con su dedo índice aquella lágrima de sus ojos que le escurría en
medio de los recuerdos se juró una cosa… Si ella despertaba… nunca, jamás la
volvería abandonar…jamás.
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He sobrevivido. He visto en ésta mañana el color del viento. La alborada me
sonríe mientras la contemplo. Parecerá absurdo, pero a pesar de todo estoy feliz. El
chico rubio está acostado en el pasto mientras seguimos contemplando el universo.
No me incrustaron. A mis amigos sí. Sin saber lo que ha de venir voy a
defenderlos. Todos ya han despertado. Pero ninguno parece estar consciente de lo
que realmente sucede. Parece estúpido decir en estos momentos que estoy
enamorada, y si logro atrapar su corazón no me importará defender mi amor como
lo hizo Aurora y Joel. Espero ganar.
El viento se ha metido hasta mis pulmones y sigo pensando. Voy a gritar. El
viento sigue soplando y sé que voy a vivir.
Ha sido un final precipitado para nuestras antiguas vidas, y sin embargo
vamos a seguir luchando por sobrevivir.
Me queda mucho por delante, y quizá llegue hasta el final. Sé que la
Corddex Culminiams se percatará de un momento a otro de éste evento, y quizá el
Régimen de Balán también lo haga en su momento, sin embargo seguiremos
viviendo en Subrepticio.
De todos modos todavía siento que en mi cabeza revolotean mis
preocupaciones…
…Dafrossia, Víctor, Judá, Eírbo, Alffaíth, y Lanhamú… la Corddex
Culminiams… el Aprengo San Miguel…
¿Aún falta tanto por descubrir?
Creo que sí.
Entraremos en dos meses a la universidad, y si Dios nos lo permite
llegaremos con vida hasta ese día.
Pero mientras esto pasa, voy a dar un respiro…
… un respiro antes de morir.
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Agradecimientos
Agradezco a Dios, porque por él vivo.
Agradezco a mis amigos y a mi novia, porque por ellos sigo vivo.
Pero agradezco todavía más a mi familia, porque por ellos siempre seguiré viviendo.
La intención de mi novela fue analizar a los humanos desde otro punto de vista. Pero
sobretodo, mi intención final fue darle a conocer a los lectores que siempre deben de estar
en una lucha constante por sobrevivir.
Espero de verdad que hayan gritado, llorado, reído, aterrado, pero sobretodo disfrutado
tanto como yo lo disfruté al escribir.
Sofía; Te amo, corazón. Sabes que eres una chica genial y fenomenal… por ti este
libro está concluido… eres mi hermosa niña… mi mayor inspiración.
Karla: La amiga que no existe a menos que uno se la invente. Tú existes, te
quiero.
Tonatiuh: Cuanta gente no es capaz de mirar a la vida como tú lo haces… te
admiro.
Alejandro; Es increíble contar con un amigo informático… jejeje. No por eso te
considero fantástico, sino por la magia que nos trasmites a todos cuando
estamos hundiéndonos en el pantano… como si fueras nuestro ángel de la
guarda.
Martín; Por ti aprendí a ser fuerte, eres valiente, luchador e inteligente. Mi gran
amigo, nunca le digas al amor adiós… sino; “Te seguiré esperando”
Alma y Esmeralda; Son un par de chicas geniales con el espíritu muy intuitivo;
nunca cambien, a pesar de que alguien se los pida…
Carolina; La mejor maestra del mundo. No sabes cuánto me has ayudado, pero
yo si lo sé. No sé tampoco como podrían haber escritores inexpertos como yo sin
saber gracias a una estupenda mujer como tú cómo contar de la mejor manera tu
historia… eres súper linda… ¡Gracias por todo, maestra linda!
Tengo nuevos amigos y lectores… Rafa, Marcial, Chantal, Aminadab, Alan… no
me olvido del mejor Bachillerato piloto más genial de todos los tiempos ITPI,
Faby, Brenda… todos son geniales, y para finalizar, ¡Gracias! a toda la
Licenciatura bajo la dirección del profesor el Lic. Luis Dante de Anda Trujillo en
la Universidad ¡¡¡¡Univer!!!!
Quizá también haya un lector al que no conozca o no haya escrito su nombre en
esta hoja por diversas circunstancias, a ellos también les doy las gracias.
Estoy seguro de que si muero… ya tendrán con qué recordarme en el futuro, y
sabrán que ésta historia la escribieron mis manos, la creó mi cabeza y la pensó
mi corazón.
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ÍNDICE GENERAL
1.
2.
3.
4.
5.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
Depredador
Presagio
Confidencia
Sombras
Aprensión
Torva
Revelaciones
Laberinto
Mensaje
Dudas
Lóbrego
Enigmas
Ataque
Dentro del alma
Descifre
Claro de Luna
Historia
Vorfos
Sobrevivir
Condenados
Final Precipitado
Visita la página oficial de Crónicas Vordrákus.
www.vodrakus.jimdo.com
Ponte al tanto de las noticias más importantes de la novela y del espectáculo, entra
a los foros de discusión y descubre secretos, enigmas de la novela y encuentra
muchos amigos….
(Nota, la página se escribe vodrakus, sin “r”)
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Porque la historia aún no
termina…
Estremécete con:
Crónicas Vordrákus
II
VesperuS
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