MATILDE

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MATILDE
MATILDE
MATILDE GARCÍA PASTOR
MATILDE García Pastor Granollers 1998.
Hace un día gris de los que no te apetece hacer nada ni ir a ninguna
parte, solo el pensamiento es el que se permite el lujo de viajar y
volar en el tiempo. Recordar, ya lo dice la canción, es volver a
vivir, hechos, cosas lugares, pasado. La mente que cosa tan
extraordinaria en un segundo puede trasladarte a kilómetros de
distancia y ver los lugares donde habías vivido, hasta sentir sus
aromas como si de verdad estuvieras allí, recuerdos buenos, otros
no tan buenos, algunos malos, en conjunto no es mas que la vida.
Ayer día 3 de mayo fue el día de la madre y hubiera sido el
cumpleaños de la mia, hace 4 años que murió, pero su recuerdo
sigue vivo, potente. Como era ella.
Todo empezó en Valencia sobre el 1880 mas o menos cuando una
muchacha llamada María, apodada la guapa, se casó con Vicente un
buen mozo con unos preciosos ojos verdes; de familia
medianamente acomodada. (Pensando en la época a que me estoy
refiriendo, debían de estar muy bien considerados). Vicente era
curtidor y tenía una pequeña industria de pieles. Todo iba muy bien,
eran felices, se amaban y como en los cuentos tuvieron muchos
hijos, 9 en total, 5 varones y cuatro hembras. De pronto, todo
cambió, Vicente empezó a beber, algunas veces llegaba borracho a
casa, abroncando a todo el mundo, sin causa ni motivo, el trabajo
comenzó a fallar, la fábrica se fue a pique y María se inventaba lo
que podia para sacar su familia a flote. Los hijos habían crecido,
dos de las niñas María y Pepita tenían una gran afición a cantar y
bailar, lo que hacían con mucha gracia.
Pronto formaron parte de una compañía infantil que en esa época
actuaba por los pueblos.
Eran los tiempos en que Raquel Meller empezaba a ser una famosa
cupletista, y a la pequeña María que se sabia de memoria todos sus
cuplés y la imitaba a la perfección, comenzaron a llamarla la"petit
Raquel". Pepita en cambio seguía con el baile, formando así las dos
un gracioso dúo, que debidamente vestido y presentado por su
madre, empezó a hacerse popular, ganando terreno en el mundo de
la farándula.
Un buen día la madre toma la decisión (después de una larga
discusión con su marido) de trasladarse a Barcelona donde piensa
que todos tendrán más oportunidades de trabajo. Gracias a una
parienta consiguen instalarse en un piso de la calle S. Olegario. No
voy a explicar la vida de toda la familia en la siguiente etapa, ya
que mi intención es centrarme en la de Pepita, que después de
recibir unas cuantas lecciones de baile, empieza a actuar en las
distintas salas de "Varietés" y cabarets de la ciudad.
Han pasados unos años, los 2 hermanos mayores de Pepita se han
emancipado, (uno se fue a Chile y el otro se casó), el resto sigue
viviendo en la casa paterna. María (la petit Raquel) sigue cantando,
pero ya sin formar el dúo con Pepita. Las dos comienzan a triunfar
cada una por su lado.Se han convertidos en dos jóvenes muy guapas
y naturalmente tienen muchos admiradores, siempre mantenidos a
la debida distancia por su madre.
Los cabarets de la época (1920) eran frecuentados en su mayoria,
por jóvenes y no tan jóvenes de clase alta o media acomodada.
Estaba de moda tener por pareja una artista y "retirarla" del trabajo.
Pepita despertaba la admiración y deseo de mas de uno de esos
clientes, pero ella sabía moverse en medio de este ambiente, (a
pesar de su juventud) con una gran dignidad, en el fondo, orgullosa
de saberse admirada por todos.
En uno de los locales, en el que estuvo bastante tiempo contratada
como "Bailarina de clasico Español" se fijó en un muchacho que
acudía diariamente al local y cuando actuaba no apartaba la vista de
ella. Iba acompañado de 2 o 3 amigos, todos ellos muy elegantes y
de muy buena manera. El era rubio, alto, delgado, no demasiado
agraciado, ya que tenia una nariz bastante prominente, pero había
algo en el que la atrajo deasde el primer momento.
Cuando finalizaba su actuación y salia a saludar a algún conocido
(siempre acompañada por su madre) miraba de pasar cerca de la
mesa donde se sentaba "el". Como quien no quiere la cosa,
saludaba y seguia su camino, pero ese cruce de miradas podia decir
muchas cosas.
Una noche, al fin, hablaron se llamaba Ramón, era soltero y
acababa de llegar de Oxford, donde había cursado algunos estudios,
(como el mismo decia, no todos los que sus padres hubieran
querido) era muy alegre y simpático, estuvieron hablandoy siendo
sin darse cuenta que el tiempo pasaba hasta que le dijeron que
tenían que despedirse. A partir de este día comenzaron a verse a
escondidas de la madre. Se habían enamorado y no sabían que
hacer, Pepita tenia solo 19 años y no se atrevía a enfrontarse con
sus padres que por otra parte vivían de lo que ella y María ganaban.
Esperaron unos días hasta que finalizó el contrato (Ramón ya había
trazado el plan). El mismo dia cuando, por la noche salían del local,
se presentó con un coche cogió a Pepita la metió dentro y en el mas
puro estilo pelicuelro se la llevó a toda velocidad.
A la pobre Sra. María casi le da un infarto, se quedó petrificada,
casi sin habla y sin saber que hacer hasta que reaccionó ¡Que
alguien avise a la policia, han raptado a mi hija! Sollozaba y gritaba
la pobre mujer. Viéndola así los amigos de Ramón que conocían de
sobra la historia la consolaban explicándole que no era un
secuestro, que los dos se querían y se habían fugado, porque sabían
que ella nunca les hubiera dado permiso para hacerlo, que tuviera
paciencia y esperase que no tardaría mucho en tener noticias suyas.
Efectivamente al cabo de unos días los padres recibieron una carta
en la cual Pepita les explicaba los motivos por los que se habia ido
a vivir con Ramón y lo feliz que era. Estaba viviendo en una
preciosa torre rodeada de almendros y un jardín lleno de flores,
todo era tan perfecto que a veces pensaba que era un sueño y tenia
miedo de despertar. Les pedia perdón y les prometia que pronto iria
a verles.
Pasado un tiempo un hermoso coche negro, reluciente se paraba en
la calle S. Olegario. Ayudada por el chofer bajaba una Sita.
elegantemente vestida que no era otra que Pepita. Sus padres y
hermanos casi no la reconocieron. Luego de los abrazos,%besos y
lloros de rigor, les explicó lo bien que estaba, los viajes que ya
habían hecho y los que tenían en prespectiva y que a partir de ahora
estañan siempre en contacto.
Han pasado 4 años, María (la cupletista) ha dejado de cantar momentáneamente- ya que siguiendo el ejemplo de Pepita se fugó
con un músico del que se quedó embarazada al poco tiempo.
Regresó al hogar de los padres y dio a luz un niño al que pusieron
por nombre "Alejandro". Pepita lo apadrinó, en realidad ella y
Ramón se cuidaban desde hacia un par de años de ayudar a la
economía familiar bastante maltrecha.
El caso es que la economía de Ramón empezó a vacilar, cosa
normal si tenemos en cuenta el tren de vida que llevaban. En la
torre tenían: chofer, jardinero, cocinera y camarera, por supuesto
coche, con el que continuamente hacían viajes a París, Monaco etc..
a esto le añadimos las fiestas, el lujo. Total pasó lo que tenia que
pasar. Ramón se arruinó, lo malo es que no fue el solo, ya que los
otros dos hermanos varones que tenia, hicieron más o menos lo
mismo qu él, así que entre los tres llevaron a auna de las familias
más ricas de Barcelona a la quiebra.
Como dice el refrán "donde no hay harina todo es "mohína". Entre
Ramón y Pepita empezaron a haber discusiones, desaveniencias, no
habia viajes. El se iba a casa de los padres y estaba días sin
aparecer, cuando volvía, lo hacia cada vez mas malhumorado y
ausente, las cosas iban de mal en peor. De pronto un buen día la
sorpresa...Pepita está embarazada. Dios mió ¿Que hacer? Vaya
momento para quedarse en estado.
En principio la idea es abortar ya que Ramón le ha comunicado que
no se puede casar con ella, porqué se ha prometido a una prima rica
para salvar a sus padres de la ruina, a la cual llevaran el y sus
hermanos. Se ponene de acuerdo y piden ayuda a un medico amigo
dispuesto a hacerlo, pero en el ultimo momento se arrepienten y no
quieren llevarlo a cabo.
Pepita sigue viviendo en la torre y con su embarazo adelante,
decide ir a ver los hermanos de Ramón por si ellos pueden hacer
algo, para evitar la boda, pero es inútil está todo decidido y tienen
fijada la fecha. A el lo tienen vigilado y controlado para qu no
pueda encontrarse con ella.
Al fin llega el dia y da a luz en la torre, acompañada de su madre y
sus hermanas, pero sin su amor, su gran amor, que en ese mismo
momento dejó de serlo.
Ha tenido una niña, grande sana y llorona, muy llorona, como si
presintiera que habia venido a un mundo que le seria hostil, como si
quisiera cobrarle la deuda de una culpa que ni ella ni nadie cometió.
A la niña la han bautizado en la parroquia de la Bonanova con el
nombre de Matilde (que es como se llama la madre de Ramón) con
la esperanza de que si olvida que tiene una hija, al menos del
nombre no podrá olvidarse. Pasados unos días, se ha tenido que
desalojar la casa, han vendido lo que han podido y el resto de los
muebles los han guardado en un guardamobles. Pepita se ha puesto
en contacto con su antiguo empresario para que le de algún contrato
para fuera de España, ha convencido a sus hermanas Maria y
Consuelo (que también hacía pinitos en el baile) para que la
acompañen.
Con el dinero que ha sacado de la venta de los objectos de valor que
tenia, se han hecho el vestuario y recordando sus raices valencianas
han bautizado el recien formado trio con el nombre de "Las Turias",
están dispuestas a lanzarse un poco a la aventura ya que aunque
tienen un contrato para Alemania, ninguna sabe idiomas, solo
Pepita un poco de francés, que aprendió cuando vivia con Ramón,
pero son jóvenes y están decididas. Pepita para olvidar sus penas y
las otras para escapar de la pobreza y poder viajar, un sueño que
hasta ese momento parecia inalcanzable.
La pobre Sra. María, la madre de "Las Tunas" y de dos chicos más,
que todavia quedan en la casa, amen del nieto y la nieta, está
desesperada, a Vicente el padre le han perdido el respecto y su
opinión no cuenta para nada, el lo sabe y permanece callado,
sabiendo y asumiendo su culpabilidad debido a su afición a la
bebida, pensando que no tiene ningún derecho a esigirles nada, pero
ya no hay remedio, las hijas se han marchado al estranjero, con la
promesa de que cuando empiecen a ganar dinero les mandarán, lo
que puedan para ayudar a la manutención de los dos pequeños que
han dejado, Alejandro con 2 años y Maty con 20 días.
Pasados unos meses durante los cuales han tenido noticias de las
artistas. No les va mal trabajan y tienen bastante éxito..sobre todo
Pepita con sus solos de baile y también María con sus canciones,
Consuelo va mas de complemento, aunque con el baile cada vez va
mejor.
Mientras tanto la abuela María se ha enterado de la boda de Ramón
y de donde ha montado un despacho de venta de automóvile, ni
corta ni perezosa coge a la pequeña Maty, que tiene 10 o 11 meses
y empieza a dar sus primeros pasos, se presenta en la oficina,
pregunta por el Sr. Ramón Llusá y espera.
Cuando Ramón sale y la vé casi se cae. ¿Vd.? ¿Que hace aqui? ¿Le
ha pasado algo a Pepita? (Se ha quedado pálido). Tranquilo
hombre, mi hija está bien,
lejos pero bien. He venido para que conozcas a la tuya, esta niña
que llama Matilde y es tu hija. Siempre que quiera verla, ya sabes
donde hacerlo, pues está viviendo con nosotros en el mismo sitio de
siempre. Si nos mudamos a otro piso, (que quizas lo hagamos) ya te
lo comunicaremos. El caso es que no te olvides de que eres su
padre, precisamente por eso le hemos puesto elmismo nombre de tu
madre y hermana, para que siempre lo recuerdes. Efectivamente han
cambiado de piso y de barrio, pero Ramón nunca ha ido a ver a su
hija, pero la abuela erre que erre lleva a la niña a la oficina, donde
no tiene más remedio y muy a su pesar que mirarla y decirle a la
abuela , " que es una nena molt maca". Asi llega el año de la
Exposición Universal 1929; Alejandro tiene 4 años y Maty 2,
cuando "Las Tunas" vienen a Barcelona para rehacer el vestuario y
ver a la familia, están un par de meses y se vuelven a marchar a
Alemania, donde tienen trabajo y con mucho éxito.
Pasado un tiempo el único hijo que queda en la casa, se pone
enfermo, Vicente y María deciden irse otra vez a Valencia, no a la
capital sino a un pequeño pueblo llamado "Navaja" ya que allí
tienen unos parientes ricos que les ceden una casa, de las varias que
tienen. Escriben a las hijas comunicándoles su decisión y dándoles
la nueva dirección también se lo comunican a Ramón, para que
sepa donde están y se marchan al pueblo. La casa está muy bien, es
de dos plantas, sobre todo la de arriba muy espaciosa con
habitaciones a lado y lado de la escalera. María enseguida que lo
tiene todo organizado reserva tres habitaciones de un lado de la
escalera para cuando regresen sus hijas, las tiene siempre arregladas
y cerradas para qu los crios no lass ensucien. En el pueblo se vive
muy bien Maty y Alejandro, se lo pasan estupendamente allí todo el
mundo los conoce, van al rio a bañarse, juegan por la calle, van a
los huertos a coger fruta y son muy felices con los que ellos creen
son sus padres y el tio "Lolo", que es muy cariñoso y alegre, pero
un día la "mareta" , como ellos la llaman, les explica con lagrimas
en los ojos que el tio "Lolo" se ha ido y nunca volverá. ¿Muy lejos?
Pregunta Maty. Si al cielo. Alejandro también llora y Maty les dice
a los dos yo me quedo y no me marcharé nunca, no lloréis más.
Desde ese momento todo empieza a cambiar Maty no hace mas que
preguntar cosas a Alejandro, con el que tiene absoluta fé y
confianza. ¿Porque la "Mareta" no canta y rie como antes?..¿Porque
va a un jardin que se llama cementerio y pone flores encima de una
piedra que tiene el retrato del tio Lolo. Alejandro le explica que irse
al cielo es morir. Que la gente y los animales se mueren y los
entierran en aquel jardin. Así (contesta Maty) es mentira río se van
al cielo.
La abuela que los está oyendo, les dice a los dos. No es mentira, el
cuerpo se queda en la tierra y el alma se va al cielo, ¿y que es el
alma? Preguntan los dos a la vez. Es una cosa que todos llevamos
dentro pero que no se ve y basta de preguntas y a jugar un rato
mientras os preparo la cena. El tiempo transcurre feliz y
tranquilamente, hasta que un día, todo cambia, se ha recibido una
carta y vienen las "chicas".Los "yayos" van arriba y abajo,
limpiándolo todo se han abierto las habitaciones que nosotros
llamábamos secretas: cuidadito, con entrar y ensuciar nada, nos
advierten. A nosotros también nos bañan y nos visten como si
fuéramos a hacer una foto..¿Que pasa? ¿Vamos a retratarnos?. No.
Llegan vuestras madres. Nos quedamos callados, mirándonos.
Alejandro es el primero en reaccionar¿Que madres? Tu eres nuestra
madre y el yayo nuestro padre. No, no..contesta la abuela, ya os lo
he explicado muchas veces, nosotros, el yayo y yo somos vuestros
abuelos y vuestros padres estaban de viaje.. Como el tio
Lolo..(Contesta Maty) así no volverán..No ellas estaban en el
estranjero y llegan hoy, así que sentaditos mirando cuentos, para
que no os ensuciéis; nos quedamos expectantes esperando, hasta
que el sonido de un motor de coche, nos hace levantar de un salto y
salimos corriendo a la calle, (nosotros y todos los vecinos ya que en
esa época al pueblo venían pocos coches..Maty instintivamente se
esconde detras de Alejandro, mirando de reojo, cuando se habren
las puertas y bajan tres Sras muy guapas altas y con sombrero,
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todos nos quedamos atontados mirándolas; cuando las tres corren y
se abrazan a los yayos que lloran, dicen de alegría.
Pasados unos momentos, se nos quedan mirando y dos de las Sras
vienen hacia nosotros. Alejandro me coje fuertemente de la mano y
me dice, no tengas miedo estáte tranquila, pues yo sin saber porque
estoy temblando. Una de las dos se abraza también llorando a
Alejandro diciendo que grande y guapo estás, la otra s*e queda
mirándome fijamente y me dice ¿No me vas a dar un beso? Se lo
doy y me voy corriendo con la "mareta" y la otra Sra que me
levanta en brazos y me dice Matildita, que grande estas y me da un
par de besos antes de dejarme en el suelo, desde donde miro a las
otras dos Sras que están besando y abrazando a Alejandro. No
entendemos nada hasta que la "mareta" hace las presentaciones.
Alejandro esta es Maruja, tu madre; Matilde esta es Pepita, la tuya.
Pero si Maty y yo somos hermanos dice el. Nada de hermanos salta
Pepita, sois primos, primos hermanos y nada mas, que quede claro.
Después ya hablaremos les dice a los yayos de todo este lio que
tienen armado..Entramos a la casa, ellas a su zona y nosotros a la
nuestra, lo primero que preguntamos es ¿Cuando se van? No se van,
se quedan ¿Para siempre? Claro, son vuestras madres y ya es hora
de que viváis con ellas; la "mareta" está muy cansada y necesita que
la ayuden. Ya lo haremos nosotros ¿Verdad Maty? Contesta rápido
Alejandro, si si añade Maty, nos portaremos muy bien , fregaremos,
no ensuciaremos nada..lo que tu digas y quieras. Bueno, bueno,
ahora a dormir, que son demasiadas emociones para un día, y
mañana..Dios dirá..
Lo cierto es que a partir de ese día todo cambió, nos fuimos a vivir
a Barcelona, al lado del mercado del "Borne" donde siempre había
movimiento de carros repletos de verduras y frutas y todo el mundo
gritaba mucho. Era divertido contemplar el bullicio, la gran
cantidad de gente que se reunia para comprar y vender por las
mañanas luego por la tarde la cosa se calmaba, venian los de la
limpieza y al anochecer parecia otro barrio, todo quedaba muy
tranquilo, hasta la mañana siguiente. Pasado un tiempo, las mamas
y los yayos decidieron cambiar de domicilio y nos fuimos al pasaje
de la Paz, que era una calle cubierta por una gran claraboya de
cristal, en la cual Alejandro y yo corrimos grandes aventuras ya que
pasábamos de un lado de la calle al otro lado por encima de la
claraboya.
Un día se rompió un cristal y Alejandro se quedó colgando hasta
que lo rescataron y que yo recuerde no volvimos a hacerlo
más..Que irónico resulta recordar que viviendo en el pasaje de la
"Paz" empezó mi "guerra" particular, cada día que pasaba la
"mareta" ( a la cual debíamos llamar yaya) estaba más mustia, más
callada, se levantaba tarde y se limitaba a cumplir las órdenes de las
"mamas" nuestras, sobre todo de mamá Pepita, que por lo visto era
la que mandaba más. Me daba perfecta cuenta de que yo no le caia
nada bien, siempre repetía ¿a quien habrá salido esta niña?¡Rebelde,
fea, uraña! En cambio Alejandro es tan guapo! Tan cariñoso, tan
buen nene!
A mi me daba mucha rabia cuando la oia, porqué en el fondo
comprendía que algo de razón tenya. Alejandro en verdad era muy
guapo y ella Pepita también lo era y mucho, así que a su lado yo
naturalmente llevaba las de perder, pues en verdad era bastante fea
y también arisca, en resumen, el patito feo de la familia.
El recuerdo de esos dias está un poco confuso en mi memoria, se
que vivia enfadad con todo el mundo; la yaya no se levantaba de la
cama, el yayo iba como un fantasma arriba y abajo sin decir nada.
Todos hablaban bajito, hasta Alejandro, parecia que se había puesto
en contra de mi, o ¿era yo que me había puesto en contra de todos?
El caso es que estaba furiosa y siempre que podia me escondía en
un rincón a llorar.
Una mañana me levanté y la casa parecia otra, habían venido los
tios Amadeo y Ricardo, que eran hermanos de las "mamas".
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Alejandro estaba abrazado a su mamá y estaba llorando; todos
estaban muy serios. Yo me asusté mucho, corrí hacia Alejandro y le
pregunté ¿Que pasa? ¿Porque lloras? Antes de que el me contestara,
mi mamá me miró muy seria y me dijo, la yaya ha muerto!
La imagen que tengo de aquel momento es muy extraña, es como si
yo también me hubiera quedado muerta por dentro, me quedé fria,
helada, creo que no solté ni una lagrima. Mi madre me zarandeó,
muy enfadada diciendo: Mirarla no tiene sentimientos, ni siquiera
llora, por la que le ha hecho de madre hasta este momento. Yo
seguía sin llorar, deseando que todos se fueran y me dejaran sola.
Por fin el tio Amadeo me cogió de la mano y dijo ya me la llevo yo
a mi casa.(Creo que desde ese día siempre tuve un especial cariño
por el tio Amadeo, en cierto modo fue mi liberador, ya que lo que
yo anhelaba en ese instante era desaparecer). Es curioso ¿porque
hay recuerdos que se quedan frescos en la memoria, como si
hubieran sucedido ayer, y en cambio te olvidas de cosas muchos
más recientes? La mente, que gran misterio.
Estamos a finales de 1935, hemos vuelto a cambiar de casa. Ahora
vivimos en el "Paralelo" en un piso muy bonito, grande, nuevo, con
un cuarto de baño, con bañera y todo. Es un ler piso con dos
grandes balcones de piedra que dan a la calle que es muy ancha y
por donde pasan los tranvias y los coches, la acera también es muy
ancha y podemos jugarmuy bien. El piso lo ha escogido Pepita,
porque allí al lado viven dos amigas de ella (Celeste y Genu) el
caso es que a todos nos gusta mucho. Tio Ricardo, desde que murió
la yaya, se ha instalado con nosotros y cada día nos da clase, nos
hace recitar versos de Calderón de la Barca, nos enseña matemática
y nos tira de las orejas cuando no estamos atentos o no sabemos la
lección.
A sus hermanas también le mete broncas cosa que no les gusta
nada, así que le han buscado una novia (como ellas dicen para que
se case, se vaya y las deje tranquilas), cosa que al fin han
conseguido, se ha casado y se ha ido a vivir a otro piso. Alejandro y
yo estamos encantados, porqué así prácticamente nadie nos
controla.
Consuelo y Maruja se han puesto a trabajar, una en el teatro
"Cómico" de corista y la otra en un teatro de variedades. Pepita no
trabaja, pero no está nunca en casa , por el día duermen.
El yayo y nosotros dos hacemos nuestra vida aparte. Hemos hecho
muchos amigos, en el barrio, somos muy populares, a Alejandro le
llaman "Popeye", porque aunque es delgado es muy fuerte y cuando
hacen lucha gana a todos los otros chicos del barrio, por supuesto
siempre vamos juntos a todas partes.
A dos puertas de nuestra casa hay un colmado i los dueños tienen
dos hijos, un chico y una chica. El niño es de mi edad y la niña un
poco más pequeña. Al lado hay una peletería donde también hay 3
niñas y un niño. En total ya formamos una buena pandilla, cuando
no jugamos en la calle nos reunimos o en el colmado o en la
peletería, en la parte de atrás, donde hay un gran patio medio
cubierto. Allí organizamos espectáculos, hay quien esplica chistes i
hace juegos de magia, yo por supuesto canto y bailo ya que me sé
todos los cuplés que están de moda, me aplauden mucho y me dicen
que seré una gran artista.
Un día estábamos jugando en la calle cuando de pronto se para un
coche negro, enorme, de el baja un Sr. muy alto con sombrero, muy
elegante y va hacia el portal donde vivimos nosotros. A mi casi se
me para el corazón. Alejandro (dijo en voz baja) es él, es el Sr. que
Íbamos a ver con la yaya. ¿Seguro?..Si, si, seguro. El Sr. ha entrado
en el portal y está hablando con la portera, nosotros lo espiamos
desde fuera y vemos como coge el ascensor y sube; el resto de la
pandilla nos pregunta: ¿Quien es? Alejandro contesta: me parece
que es el padre de Maty. ¿Mi padre (digo yo) y el tuyo también no?
En esto que el yayo se asoma al balcón y nos llama, subir
enseguida.
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Subimos un poco asustados. En casa solo estaban el yayo y la tía
Maruja o sea la madre de Alejandro y el Sr. alli sentado muy serio.
Cuando nos vio se levantó y se acercó a nosotros. Tu eres
Alejandro, estas muy alto ¿Cuantos años tienes? 10 pero pronto
cumpliré 11. Luego se me queda mirando y me dice¿Te acuerdas de
mi?. Si, un poco contesto casi sin voz. Bueno ya veo que estáis
bien, os podei ir a jugar, si queréis.
Nos marchamos corriendo, pero nos quedamos vigilando la puerta
para ver marchar al Sr. en su gran coche. Alejandro afirma que es
mi padre y que el suyo está muerto. Cuando a la noche nos
quedamos solos con el yayo se lo preguntamos ¿De quien es el
padre el Sr. alto?
-El Sr. Alto se llama Ramón y es el padre de Matilde, ha venido a
saber como estabas y nos ha dado dinero para comprarte ropa y lo
que te haga falta. A partir de este momento, de tanto en tanto
aparece mia "padre" nos da dinero e se marcha. Un día se
encontraron con mi madre y se dieron un beso, me puse muy
contenta, pensé, ahora harán las paces y viviéremos todos aquí, pero
no fue así, el seguia viniendo, alguna vez mi madre se iba con el en
su coche pero nada más..De todas formas cada vez esperaba con
mas ilusión su visita, si estábamos en la calle y lo veíamos llegar,
comamos a abrirle la puerta del coche, alguna vez nos daba una
vuelta por la plaza España y nos dejaba otra vez en casa, cosa que
nos daba una gran alegría.
El tiempo iba pasando Sandro había cumplido 11 años, llegó el
verano y yo cumplí 9.
El verano siempre me ha parecido estupendo pero en esa época el
recuerdo que tengo es que era fabuloso, todo estaba verde y florido,
las copas de los plátanos de la calle llegaban casi al balcón, nunca
teníamos trio y las noches eran fantásticas, los vecinos sacaban
sillas a las aceras y hacían tertulias mientras los pequeños
jugábamos a tocar y parar a la "charranea"; a chapas, a infinitad de
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juegos. La Sra. Enriqueta (la dueña del colmado) ponia una especie
de "paradeta" y vendia tajadas de melón y de sandia que tenia
dentro de un valde grande con agua y hielo. A Sandro y a mi alguna
vez nos regalaba una tajada, porque eramos muy amigos de sus
hijos Eduardo y Amparo.
La verdad es que nos tenian mucho cariño tanto ella como el Sr.
Pepito su marido.
Todo era bastante...digamos "idílico" hasta que se rompió el
encanto. Mis recuerdos del momento no están muy claros, veo a mi
padre sin coche, sin sombrero, en camisa, despidiéndose (me
parecía asustado) por un tiempo.
Los tranvías parados, una especie de silencio raro, todos en casa sin
poder salir a la calle, los balcones cerrados. Tio Amadeo y tío
Ricardo vienen a casa a hablar con el yayo y sus hermanos. Los
facistas o nacionales (que es lo mismo) se han levantado y estamos
en guerra ¿Nosotros que somos? (preguntamos Alejandro y yo)
Republicanos, naturalmente, contestan casi todos a la vez. Las
tiendas, los cines, los teatros todo está cerrado. Dicen que han
quemado la iglesia que estaba a dos calles detrás de casa, que el
cura se ha escapado, se ve que también querían quemarlo. Mucha
gente del barrio se han marchado fuera de Barcelona a los pueblos,
no se si eran facistas o qué. El colmado de la Sra. Enriqueta se lo
"requisaron" , o sea que lo vaciaron y se lo llevaron todo; creo que
pudo salvar algún jamón que no se donde habían escondido; así que
cerraron y también se fueron. De toda la pandilla hemos quedado la
mitad..Después de unos días de no poder salir de casa, ya que por el
paralelo solo pasaban camiones cargados de "milicianos" (así
llamaban a una especie de soldados, masculinos y femeninos, que
también había mujeres) que iban por la calle armados con escopetas
y pistolas cantando canciones revolucionarias, que eran muy
bonitas y yo enseguida aprendí a cantar, y entanto entanto se liaban
a tiros con otros revolucionarios que por lo visto eran de otros
partidos y no estaban de acuerdo. Yo no entendía nada, unos eran
de la CNT, otros de la FAI del Pum, era un lio. Los tíos Amadeo y
Ricardo también opinaban lo mismo, ya que ellos eran de "otro
partido catalanista" que estaba formado por intelectuales, escritores
etc..y esperaban que en unos días las cosas se calmaran y se pudiera
circular por la calle con mas o menos tranquilidad. Claro (decían
ellos) si no nos ponemos todos de acuerdo, así no podemos ganar.
El caso es que la gente empezó a salir a la calle, los tranvías a
circular, abrieron los cines, los teatros, la madre de Sandro y la tia
Consuelo empezaron otra vez a trabajar y a la mía la colocaron en
un hospital de auxiliar de enfermera, estaba muy guapa con su bata
blanca. Cuando venia por casa (que no era muy a menudo) siempre
lo hacia acompañada de amigos, se estaban un poco y se
marchaban. A Alejandro y a mi nos convenia más que no vinieran,
ya que siempre nos abroncaba y nos hacia escribir y leer y no nos
dejaba ir a la calle. En realidad era la única que nos infundía
respecto, yo diria yo diria que incluso un poco de miedo.
Recuerdo que si alguna vez cuando llegava y estábamos todos
jugando en la calle, el primero que la veía gritaba: "tu madre" y
habia una desvandada general y todos desaparecían. Es curioso
como ahora al recordarlo me hace gracia pensar el gran dominio
que tenia no solo sobre nosotros los de casa, sino sobre los amigos
del barrio. Tenía una gran personalidad y ni su padre ni sus
hermanos, nadie se atrevía a contradecirla, so riesgo de caer en una
fuerte discusión.
Empezamos a darnos cuenta de que estábamos en guerra, porqué la
comida se acabó, por la noche no habia luz. Barcelona estaba
oscura. Es una impresión que me quedó muy grabada. íbamos a
todas partes a oscuras, pugábamos en los tranvías parados, nos
acostumbramos como los gatos a ver en la oscuridad y atentos al
sonar de las sirenas anunciando los bombardeos, aunque nosotros
antes de que sonaran, ya sabíamos
si las "pavas" (como
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llamábamos a los aviones) venian cargados o ya habian descargado
sus bombas en otro sitio, por el sonido. Cuando iban cargados era
grave, profundo te dejaba casi sin respiración, te pegabas al suelo
con el "palito" entre los dientes. (Un truco, decían los mayores para
no reventar si cahian las bombas muy cerca) y esperabas a ver que
pasaba. El silbido que hadan era terrorifico y seguidamente la
explosión. Tanto si era lejana como cercana nos levantábamos y
continuábamos nuestro camino. Lo divertido era si te pillaba en el
cine, al principio todo el mundo salia corriendo en busca del
refugio, pero a medida que nos acostrumbramos a los bombardeos,
paraban la sesión (porqué cortaban la luz claro) y la mayoría de
gente nos quedábamos quites en las butacas, en silencio, como si
con este silencio quisiéramos pasar inadvertidos, a los bombarderos
que pasaban cargados por encima de nuestras cabezas. Animales de
costumbres somos, aunque estas sean tan horribles como la guerra,
el hambre el frió el miedo....peri el instinto de sobrevivir es mas
grandes que todos los miedos y así luchábamos para lograrlo,
calmando nuestra hambre atiborrándonos de pastillas de "leche de
burra" (eso decia el tubo) que eran muy dulces, pastillas para la tos,
de regaliz. Haciendo cola en los mercados para un pote de leche
condensada. También descubrimos un colegio que asi entrar te
daban un pedazo de pan y un vaso de leche, pero enseguida
descubrieron que no eramos de ese barrio, ni estábamos apuntados
en la lista ni nada y se acabó, que fuéramos donde nos tocaba.
Que yo recuerde en toda la guerra no fuimos a ninguno.
Los Domingos o festivos reanudamos una costumbre que habíamos
adquirido al morir la yaya María, que consistía en ir con el yayo a la
Sagrera, (en ese tiempo era un pueblo, fuera de Barcelona) donde
vivían el tio Tarsilo (viudo de la tía Tomaseta, que ra la hija mayor
de los yayos, y había muerto un poco antes que la yaya) con sus
cuatro hijos, que lógicamente eran nuestros primos hermanos. A
Sandro y a mi nos encantaba porque era un viaje muy largo,
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primero en tranvía y después a pié.Vivian en una casa tipo masia.
en medio del campo, y al lado tenían la fábrica de curtidos de piel,
ya que el tio era curtidor. Nos lo pasábamos muy bien jugando al
escondite con los dos primos que eran de nuestra edad, Tino y
Lolin, ya que los dos mayores casi siempre se marchaban, con los
de su edad. Nos escondíamos, colgándonos entre las pieles que
pendían de unas barras largas, para secarse. Todo hacía un olor muy
particular, fuerte, que te quedaba impregnado en la piel, también
íbamos a bañarnos en una acequia que pasaba allí cerca y los chicos
pescaban ranas para llevárselas al abuelo que se comia las ancas,
cosa que a mi me daba mucho asco.
Luego cuando empezaba a oscurecer regresábamos a casa, pero
ahora con la guerra ya no era lo mismo, los dos primos mayores
Manolo y Pepita se habían alistado al partido comunista, el tio tuvo
que cerrar la fábrica y dejamos de ir. El primo Tino se escapó de
casa y nos vino a decir en secreto a Alejandro y a mi que se iba de
grumete en un barco, que nos fuéramos con el, estábamos
dispuestos a hacerlo, sobre todo yo pero a la hora de irnos
Alejandro se arrepentió y Tino se marchó solo, menuda aventura
nos perdimos.
La guerra seguía, seguían los bombardeos cada vez más fuertes,
morían conocidos, amigos, parientes....seguía el hambre, no
teníamos nada, recuerdo que no sé quien trajo dos sacos uno de
nabos y otro más pequeño de avellanas, como a Alejandro los nabos
le hacían vomitar, él solo comía avellanas y yo nabos.
A mi madre unos amigos la habían colocado de directora o algo
parecido de una prisión de mujeres que había en las Corts, así que
casi no la veíamos. Ahora con la distancia de los años por delante,
pienso que era una mujer muy valiente; con 37 años que era la edad
que entonces tenia, arriesgarse a hacer esa clase de trabajo peligroso
y de gran responsabilidad, la verdad es que se necesita tener mucho
valor y ella lo tenía..A todo esto el yayo enfermó y lo llevaron al
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Hospital, (no se a cual) y al poco tiempo murió. Su muerte me
afectó mucho. Lo que yo sentia por mi abuelo es un poco difícil de
explicar, aparte de un gran cariño sentia por el una gran pena, no sé
porqué; supongo que a pesar de mis pocos años, comprendía que el
no era feliz, había perdido el respecto de sus hijos y se sentia
culpable y desgraciado al mismo tiempo. A mi manera, yo lo
entendia y me dolía mucho. El caso es que su pérdida, hizo que
Alejandro y yo estuviéramos más unidos, pues su falta nos dejó, en
cierta manera, bastante solos, ya que nuestras respectivas madres y
la tia bastante trabajo tenían en cuidarse ellas, para encima tener
que cuidar de nosotros. Así que Alejandro y yo, siempre juntos, eso
si, nos buscábamos la vida como podíamos con el hambre, ese
hambre que distraíamos con pastillas o con cualquier porquería
mínimamente comestible y esquivando los bombardeos.
Por si eso fuera poco, cogimos la Sarna, una enfermedad de la piel
que picaba como un demonio y nos dejó el cuerpo como se suele
decir "en carne viva". Para curarla íbamos en la "C/Nueva", donde
nos frotaban el cuerpo con "estropajos", agua caliente y "azufre",
que era para morirse.
No se lo que era peor, en este caso si el remedio o la enfermedad;
pero después de un tiempo de sufrimiento y lloros, muchos lloros,
si, nos curamos.
A tio Ricardo lo habían hecho alcalde de Masquefa, supongo que
como el era un intelectual muy pacifico para que pusiera un poco de
orden y paz en el pueblo que como la mayoría se habían
desmadrado. Vino a despedirse y se llevó a Alejandro solo a él,
porque tía Teresa que era su mujer no quería más responsabilidades.
Estuve llorando toda la noche, pensando que sería de mi sin su
apoyo y adonde podría ir yo sola.
Ahora pienso en aquellos momentos, que para mi fueron "tan
trágicos" y en lo rápidamente que se me pasaron cuando tía
Consuelo accedió a llevarme con ella al teatro Cómico donde
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trabajaba cada noche de "señorita" de conjunto, como las llamaban.
Me encantaba ver la revista desde un lateral del escenario, como
bailaban y cantaban me aprendí todas las canciones y pensaba de
mayor, seré artista. Algunas noches venía mi madre a buscarnos y
aunque no me hacía demasiado caso, a mi me daba mucha alegría,
la miraba embelesada ¡que guapa era! No es de extrañar, por tanto,
que mirándome, dijera ¡Mira que es lletja, la chiqueta! ¿A qui se
sembla?
Al oiría me daba rabia, pero luego pensaba ¡para que te enfadas! si
es verdad.
Alejandro era el guapo y yo la fea. esa era la realidad y tenía que
aceptarla.
Hacia finales del 38 (o sea de la guerra) a mi madre la destinaron
como directora a una cárcel de Sabadell que según decian era un
penal de hombres; me llevó con ella, recuerdo que fue muy
emocionante para mi, en primer lugar por el hecho en si de vivir, o
sea estar todo el día con mi madre, cosa que no había podido
conseguir desde que llegó del extranjero.Era un edificio muy
grande con un patio interior y un huerto donde cultivaban verduras
y donde yo me pasaba la mayor parte del día ya que el preso que
cuidaba del huerto estaba encargado de cuidar de mi, era bastante
mayor, hacia muchos años que estaba en la cárcel porqué según
contaba, cuando joven, había matado a su mujer y le castigaron a
condena perpetua pero casi no se acordaba. También hacía de
cocinero y a mi me encantaba ayudarle. Cuando llegaba la noche,
mamá y yo dormíamos en una habitación como una celda, pero yo
me sentía muy feliz al estar a su lado, para mi imaginaba, que en
vez de la cárcel estábamos en un lujoso Hotel pasando unas felices
vacaciones. No sé el tiempo exacto que estuvimos allí, creo que
fueron pocos meses, mis recuerdos de esa época están un poco
borrosos.
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Me acuerdo que un buen día apareció tio Ricardo diciendo que nos
teníamos que ir a toda prisa para Barcelona, que los "Nacionales"
estaban a punto de llegar, o llegando ya, el caso es que cuando
fuimos al piso de Barcelona, ya nos esperaban tia Consuelo, tia
Maruja y tio Amadeo. Mamá hizo una maleta apresuradamente,
cogió el abrigo de piel y las joyas que tenía y se fue con tio Ricardo
y unos amigos que la esperaban en un coche..yo también quiero ir
contigo, grité, cuando el coche ya se ponia en marcha..
Ahora no puede ser, me dijeron las tias, mientras veíamos como se
alejaba a toda velocidad..Me puse a llorar, porqué no entendía nada,
entonces Alejandro me explicó que la guerra se estaba acabando, o
que ya estaba acabada, que la habían ganada los fascistas, o sea los
que llamábamos "Nacionales" (Todavía no sé porque) y que
nosotros éramos republicanos, o "rojos" (como nos llamaban ellos)
y tio Ricardo y mi madre como habían ocupado cargos políticos se
habían ido a Francia, para que los que habían ganado no pudieran
cogerlos y encerrarlos en la cárcel, pero que seguramente seria por
poco tiempo..
Enero de 1939
Los "nacionales" han llegado, en los balcones la gente cuelga
mantones y banderas, por el Paralelo desfilan muchos soldados, de
varias nacionalidades, moros italianos.
Alejandro, yo y todos los chavales del barrio estamos en la calle
contemplando como pasan y nos dan pastillas de chocolate y potes
de leche condensada que allí mismo nos comemos. Todo el mundo
parece muy contento y gritan "viva, viva". Por la noche se
encienden todas las luces, las farolas brillan, toda Barcelona reluce
iluminada. (Después de tres años de ir a todas partes a oscura, las
casas con los porticones cerrados), es una imagen que nunca
olvidaré, las calles llenas de luz y de gente gritando, se acabó, la
guerra se acabó, ya no habrá más bombardeos, ni mas hambre ha
llegado la paz....y la pos guerra.
Hay comida, pero escasa y se ha de repartir, salen las tarjetas de
racionamento con sus cupones para ir a comprar lo más necesario
como pan, aceite, arroz etc.. y cuando se acaba, se acaba, así que
hay que madrugar y hacer grandes colas y esperar que te llegue y no
se termine antes de que te toque el turno.
Hay paz pero la gente ya no está tan contenta. En casa seguimos
pasándolo mal, por si fuera poco, en tanto en tanto, nos visita la
policía, para interrogarnos sobre el paradero de mi madre y del tio
Ricardo a lo que siempre contestamos que no sabemos nada de
ellos, ni de donde están (lo cual les mosquea mucho) pero en
realidad estuvimos bastante tiempo que decíamos la verdad, ya que
no teníamos noticia alguna de ninguno de los dos, hasta que un día
a través de unas amigas francesas que eran (fachas) pero buenas
amigas nuestras y ademas vecinas, supimos que mamá estaba en
Perpignan y estaba bien y tio Ricardo en Argelais en un campo de
Concentración, pero a punto de salir para irse a México.
A partir de ahí pudimos establecer comunicación telefónica, aunque
con un complicado sistema, propio de la época, teniendo en cuenta
que en ese tiempo casi nadie tenía teléfono, te mandaban un aviso
de conferencia mediante un papel, diciendo más o menos "a tal hora
tal día en la central telefónica que quedaba mas cerca de tu
domicilio para hablar (en este caso con Perpignan).
Imaginaros la emoción que sentiamos pensando que íbamos a
hablar con mamá.
Media hora antes de lo previsto ya estábamos allí las tias, Alejandro
y yo.
Cuando por el altavoz llamaron familia García, pasen a la cabina
n°3, las lágrimas casi no nos dejaban hablar, primero lo hicieron las
tias, después lo hice yo, que recuerde, solo pude decir mamá ¿estás
bien?. Por ultimo Alejandro que tuvo el tiempo justo para decirle
adiós. Pasados unos días se nos presentaron en casa el primo Tino y
la prima Lolín, hechos un desastre.
La verdad es que su historia merecería todo un capitulo aparte, pero
la resumiré.
Toda la familia se había marchado al exilio, una vez en Francia los
separaron en dos grupos. Los hombres en un campo de
concentración y los niños con la hermana mayor en otro. Fue la
última vez que se vieron. Al cabo de un tiempo, (en extrañas
circumstancias) murió dicha hermana, los dos pequeños Tino y
Lolín huyeron. Atraversando las montañas, sin saber exactamente a
donde iban, casi milagrosamente llegaron a nuestra casa, donde
momentáneamente se quedaron a vivir. Fue una odisea increíble.
Aún hoy después de los años pasados, cuesta imaginar como lo
lograron, siendo al fin y al cabo dos niños de solo 9 y 11 años.
La vida transcurría, mas o menos, llamárnosla normal, cuando un
día apareció "el Sr. alto", o sea mi padre. Como casi siempre
estábamos todos, primos y amigos jugando en la calle, vimos un
coche que se paraba al lado de la cera (en esa época se veían muy
poco) nos quedamos parados contemplándolo, hasta que bajó "el".
Se nos quedó mirando a todos, supongo que intentando
reconocerme entre toda la "trape". Fue Alejandro quien se le acercó
y le dijo: Hola, Maty está aquí conmigo. Yo lo miraba entre
asustada y orgullosa de que aquel Sr. con aquel coche fuera mi
padre. Que todos lo vieran. ¿ Podemos subir al piso? Tengo que
hablar - nos dijo - En casa estaba solamente tia Consuelo, cuando lo
vio casi se desmaya ¡ Cuanto tiempo ha pasado! que sorpresa! Creo
que no sabia que decir. Total: Al comenzar la guerra se tuvo que
marchar pues lo buscaban para matarlo, no por sus ideas políticas
(según el, aparte de ser y sentirse muy catalán, no tenía alguna en
concreto) sino por su posición acomodada, no se había podido
poner en contacto con nadie y ahora de vuelta a "su" casa,
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"necesitaba" saber que habían sido de mi madre, de mi, y el resto de
la familia.
La tia le explicó toda la historia, que mamá estaba en Francia, que
ella si se implicó en política, cuando nó, tuvo un cargo que no podia
volver, porqué como mínimo íria a la cárcel, pues habían varias
denuncias en su contra. Los que habían muerto, los que habían
desaparecido y los que quedábamos. Se quedó callado un momento,
pensando; enseguida dijo, hay que buscar un colegio para Matilde,
ya. Los gastos a mi cargo. Encargaros tu y Maruja de encontrarlo
pero rápido. Se levantó, nos dijo adiós, pronto nos veremos, y se
fue, no sin dejarnos un poco de dinero para los primeros gastos.
Alejandro y yo bajamos corriendo tras él a tiempo de ver como se
alejaba en su bonito coche, enseguida explicamos a la cuadrilla de
amiguetes toda la conversación, sobre todo lo relativo al colegio
que nos dejó un poco pensativos ¿ a cual me tocará ir ? decia yo.
Bueno ya veremos ¡ no será lejos de aquí del barrio !
Tia Maruja, a través de una amiga, (gran guitarrista y cantante) que
en su juventud estuvo en un colegio muy bueno en la Bonanova, se
puso en contacto con mi padre, para ver si todavía existia.
Casualmente después de una pequeñas reformas y reunir otra vez a
las monjas que tuvieron que abandonarlo durante la guerra, abría de
nuevo sus puertas. Papá dio su aprobación y los días que siguieron
fueron un poco frenéticos. Hacer no sé que papeles, la modista
uniformes, me compraron zapatos ropa interior muy rara- mientras
yo pensaba ¿ todo este jaleo para ir al colegio? y ¿ donde está esa
escuela?
Por fin el 14 de marzo de 1939 (que además era mi santo) llegó el
gran día. Tia Consuelo me hizo vestir con un vestido negro lleno de
pliegues, calcetines y zapatos negros, menos mal que llevaba un
gran cuello blanco con un lazo azul y un cinturon del mismo color
que el lazo, sino como dijo Alejandro, parecía una cucaracha.
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Lo que más me gustó era una gran capa, negra por supuesto, que me
serviría - "pensaba yo" para jugar a mosqueteros.
Todo esto rematado con una boina, tipo sombrerito. y unos guantes
blancos, tia Consuelo cogió una maleta y dijo, despídete de
Alejandro ¿Porqué no puede venir? - pregunté yo - Porqué es un
colegio de chicas y a el le tocará ir a otro. Venga vamonos, que
hacemos tarde. Sandro se quedó muy serio y a mi me empezó a
recorrer por el cuerpo una especie de miedo una angustia, que no
sabia explicar.
Cojirnos un taxi, lo cual me extrañó muchisimo, ya que entonces
Íbamos o en tranvia o a pié a todas partes. ¿Que está muy lejos? Pregunté - Un poco - contestó la tia, que también estaba muy seria.
Después de un trayecto que a mi me pareció larguísimo, llegamos a
una plaza grande y muy bonita La Bonanova, casi al lado paramos
en una puerta que decia "Colegio de Sta. Eulalia". Subimos una
escaleras llamamos y nos abrió una monja que a mi me pareció que
llevaba alas en la cabeza (después supe que a eso lo llamaban
"Toca") muy sonriente nos hizo pasar a una salita, donde había otra
monja igual, pero más bajita también muy sonriente, que era la
directora, tia Consuelo le dio unos papeles y la maleta luego se
dirigió a mi, diciendome que me portara bien que ya vendrían a
verme que obedeciera a las monjas...
Entonces lo entendí, me quedaba allí encerrada, a comer a dormir
sin poder salir, por eso no había venido Alejandro. Inmediatamente
me levanté y dije, yo no me quiero quedar aquí, tia Consuelo estaba
consternada y no sabía que hacer, la directora tocó un timbre y
vinieron dos monjas más, le dijeron a la tia que se fuera y no se
preocupara, que la reacción era normal.
Cuando la puerta se cerró detrás de tia Consuelo y me quedé sola
con las monjas empecé a llorar y a gritar me escaparé no me
quedaré, esto es como la cárcel.
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Las pobres monjas no sabían como consolarme, al fin la directora
me hizo sentar y recuerdo muy bien sus palabras.
Me dijo: " Te guste o no te guste, te vas a quedar un tiempo aquí,
esto es un internado y no una cárcel, aquí hay muchas niñas como
tu y vendrán más porqué hace poco que hemos empezado estas aquí
por tu bien para educarte y hacerte una Señorita, de ti depende que
se te haga más o menos agradable las hermanas y yo te ayudaremos
en todo lo que podamos, siempre que tengas un problema o una
queja me la vienes a explicar y procuraré solucionarlo pero piensa
que con rebeldía no conseguirás nada. Ahora acompaña a Sor María
que te presentará a tus compañeras te dirá cual es tu número y
donde dormirás y dejarás tus cosas". Calmada pero rabiosa seguí a
Sor Mana cruzando pasillos, subiendo escaleras, procurando
acordarme por donde pasaba para llegar otra vez a la puerta y
escapar que es en lo único que pensaba. Por fin llegamos a una
larga galería, encristalada, donde había unos armarios con números,
el tuyo es el 7 me dijo la monja, deja tu cepillo de dientes y tu
jabón, Frente a los armarios una larga "pica" con varios grifos
donde debíamos lavarnos. Una serie de puertas daban a dicha
galería. Abrió la primera, era una gran habitación con 12 camas, 6
cada lado, en medio de cada una de ellas, un armario también
numerado, - este es el tuyo (me dijo refiriéndose al n°7, guarda tus
cosas y me das la maleta, cuando esté vacía) y esta tu cama.
Cada mañana una hermana os viene a despertar, después de asearte
y vestirte, debes hacer tu cama bien hecha, como está ahora, cuando
tengas ropa sucia dejarla en un cesto que ahora te enseñaré donde
está. - la seguí al otro lado de la habitación, otra puerta daba a un
corto pasillo, de donde salía otra escalera más ancha que la que
subimos antes. Abrió una de las 3 puertas que daban a él y era un
enorme cuarto de baño.. Antes de ir a dormir, debes hacer "tus
necesidades" "me dijo", ya que una vez en la cama y se han
apagados las luces, no puedes levantarte, ni salir de la habitación. A
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menos que estés enferma, en ese caso irías a la enfermería. Estas
otras puertas son respectivamente la clase de corte y confección
otro dormitorio (mas grande que el primero) y una clase con mucho
pupitres, en ese momento vacía, a donde se accedía como a los
dormitorios, por una puerta más grande desde la galería, donde al
fondo de todo había un cuarto pequeño que era un lavabo con
water.
Luego, una vez guardadas mis cosas y entregado la maleta, bajamos
por la misma escalera que habíamos subido, esta vez hasta bajo del
todo, iba a parar a un patio bastante grande con 4 arboles, altos y
frondosos, rodeados de unos bancos hechos de ladrillos, donde
estaban sentadas varias niñas. Sor María dio unas palmadas y dijo
un "momento de atención", las niñas que estaban jugando se
acercaron, - os presento - dijo señalándome a mi, - a Matilde García
vuestra nueva compañera, se va a quedar una temporada interna
como vosotras, espero que seáis todas buenas amigas y la ayudéis
enseñándole las cosas que como novata todabía no sabe, , te dejo
para que os conozcáis. Cuando la hermana se hubo marchado, me
quedé allí de pié viendo como todas me miraban como se fuera un
bicho raro. Una rubita con "tirabuzones", muy fina y mona, fue la
primera que se me acercó diciéndome me llamo Ma Dolores ¿ como
llevas el pelo tan corto y tan morena? - Pareces un chico, - las
demás se pusieron a reir, asi que fea, - Conque un chico y fea - eh?
Agarré a la rubita por los pelos y la zarandeé de tal forma que todas
se pusieron a gritar. Immediatamente apareció una monja que me
cogió por la espalda y me dijo - pero que es esto - ¿de donde has
salido tu, así de salvaje?- agarrándome de la mano me llevó al
despacho de la directora. Sor Dolores (que así se llamaba) se me
quedó mirando muy seria y me dijo. Explícame que ha pasado.- Yo
tenia muchas ganas de llorar y salir corriendo o de gritar, no sabia
exactamente lo que me pasaba, me quedé callada - Si no me dices lo
que ha pasado, - volvió a insistir - , no podré ayudarte. Entonces
con toda mi rabia le expliqué tal y como había sucedido todo. Sin
decir nada, abrió un armario después de buscar sacó un espejo y me
dijo mirate, por favor, vi mi cara morena con el ceño fruncido, mi
corto pelo, - antes que yo contestara añadió, es verdad que pareces
un muchacho y con esa mirada de enfado, hasta feo.- Ellas hicieron
mal en burlarse, pero tu también al tirarle de los pelos. Hemos de
aceptar como somos y procurar mejorar cada día, la belleza física
no tiene valor la que cuenta es la de dentro, espero que poco a poco
lo irás entendiendo y calmando, sobre todo aprendiendo a
dominarte. Lo de hoy no quiero que vuelva a suceder, si alguien se
burla o te molesta me lo dices a mi.- pero tu ni se te ocurra levantar
la mano contra nadie, si nó me veré obligada a castigarte.
Ahora puedes volver al patio.
Después de este tormentoso primer día pasé unos cuantos, sin
hablar con nadie me levantaba y acostaba llorando, pensando que
nunca más saldría de allí ni podría ver a mi familia, mis amigos, me
sentía triste y desgraciada, a mi pesar fui aprendiendo los nombres
de todas las hermanas y también el de mis compañeras, ellas
intentaban consolarme, me invitaban a jugar aunque me tenían un
poco de miedo. Los sábados eran día de visita, pero a mi no me
venía a ver nadie. Le pregunté a Sor Doloresel ¿porqué?- Me
contestó, que hasta que no estuviera más adaptada y me pasara el
afán de escapar, ni tendría visitas, ni saldría a pasear con el resto de
alumnas que lo hacían los Domingos.- Fueron pasando los días, el
colegio se fue llenando y vinieron muchas mas internas, más
pequeñas que yo, y alguna como yo o más mayor, empecé a darme
cuenta que si las demás estaban contentas, porqué no podía estarlo
yo? Las hermanas me trataban con cariño y tenían mucha paciencia
conmigo y mis rebeldías que poco a poco se fueron calmando.
Llegó el mes de Mayo, que era el mes de la Virgen María, cada día,
una niña distinta le decia una poesía y le dejaba una flor en el altar
de la capilla que teníamos dedicada a la Milagrosa patrona de las
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"Paulas", que así se llamaba la orden a la que pertenecían las
monjas.
A mi lo de recitar me encantaba y me aprendí una de las más largas.
Por fin un sábado me llamaron para que fuera a la sala, donde
venían las visitas. Casi no podia creerlo. - Vino tía Maruja con
Alejandro, cuando los vi, casi no podía hablar....Me encontraron
muy cambiada. Sandro, me explicó, que con los chicos del barrio y
los otros primos habían intentado venir a rescatarme, pero había
sido imposible- . También me trajeron una carta de mi madre con
una dirección, donde yo podía escribirle..prometieron venir a verme
el próximo sábado-, cuando se fueron, me quedé tan triste que no
quise ni cenar. Sor Petronila, que era la encargada del comedor y
estaba muy contenta conmigo, porqué era de las pocas que siempre
me comía todo lo que nos servían (que no eran manjares
precisamente), no podia creérselo. Si te pones así no te dejarán
tener visitas ¿No lo comprendes? Venga a cenar, que una semana
pasa volando y volverás a verlos. Aquí no queremos caras tristes
sino alegres. Me resigné, cené y me fui a reunir con el resto de
internas, que estaban en una salita cerca del comedor donde nos
dejaban estar charlando hasta la hora de ir a dormir siempre
acompañadas de una hermana que a quién quisiera oiría explicaba
historias, mas bien vidas ejemplares de santos y mártires. Allí como
es natural nos reuníamos en grupos por edades y por simpatías;
curiosamente, las primeras alumnas que conocí, las que se rieron de
mi, cuando llegué, eran ahora mis mejores amigas. Mercedes,
Montserrat, María Asunción, Ma Dolores (la rubita fina y mona) y
Juli. Todas teníamos la misma edad, mes más, mes menos, aunque
con caracteres diferentes nos entendíamos bien. íbamos a la misma
clase, estudiábamos lo mismo nos ayudábamos en los deberes y nos
hacíamos confidencias sobre nuestras vidas y familias. La verdad es
que mi caso era bastante diferente del resto, solo había una entre mi
grupo, Juli, que también tenía un padre a quien casi no conocía y
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estaba en Costa Rica, pero al menos la madre estaba aquí y venía a
verla cada semana. Entre las pequeñas también había algunas sin
padre, pero era a causa de la guerra, que habían muerto.
De todas formas, cada vez que se hablaba de los padres, yo lo
pasaba muy mal, el llevar los apellidos solo de mi madre y no poder
ni mencionar al mió, porqué estaba casado con otra mujer. En esa
época era una cosa degradante, vergonzosa, como si yo tuviera la
culpa de ello, pero era así, para la sociedad yo era una hija
ilegítima, una tara que durante años pesó sobre mi y marcó mi vida.
Sobre todo aquí en el colegio, donde estaba rodeada de niñas de
clase acomodada, no aristocráticas, pero la mayoría de muy buenas
familias y entre las cuales, muy a mi pesar me encontraba bien,
hasta que llegaba el momento fatal, ¿ y tu papá, y tu mamá?
Entonces se rompía el incanto y me daba cuenta de que yo no era,
ni podía ser como ellas.- He de reconocer que en estas crisis de
rabia, dolor, humilliacción, me ayudó siempre mucho Sor Dolores
"la Superiora"; en realidad fue como una madre para mi, desde el
primer momento supo conocer mis debilidades, mis miedos, mi
modo de ser en definitiva. Casi nunca se equivocaba en los consejos
que me daba, me consolaba diciendome que los verdaderos valores,
están en la persona, en su forma de ser, en su capacidad de
comprensión en su inteligencia, en su corazón y no en su dinero, ni
en sus apellidos, los cuales por supuesto había que respetar, siempre
y cuando lo merecieran. Lo bueno de estas palabras, es que aparte
de calmar mi genio y mis penas servían para un querer superarme
en todo lo que podía hacer, o sea estudiar, aprender. Me apuntaba a
todo, francés, música, contabilidad y lo hacía a gusto, sacaba
buenas notas y las monjas estaban contentas conmigo, decían que
era lista y aprendía rápido. Al mismo tiempo nos estaban
preparando para hacer la Ia Comunión, ya que debido a la guerra
ninguna de las que estábamos internas, ni las externas de la misma
edad, la habíamos hecho. Yo lo hacía con verdadera devoción,
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estaba convencida de que eso me haría ser mejor en todo, y
esperaba el día con gran ilusión. Las monjas se lo comunicaron a
mis tias, que la verdad sea dicha, no mostraron demasiado
entusiasmo, ni interés, aparte de no tener el dinero suficiente para
comprarme el vestido y todos los complementos que en esa época
se estilaban, así que se lo dijeron a mi tutor, que era un señor que
venía a pagar el colegio cada mes y se informaba también de mis
progresos y a quien las monjas en su buena fé, habían creído mi
padre. Hasta que un día fui en persona a saludarlo, pensando yo
también que lo era pero no quería verme, para no comprometerse.
Nerviosa e ilusionada de la mano de Sor Dolores entré en el
despacho..y Oh desilusión no era mi padre..Era un abogado gran
amigo de el, encargado de pagar mis gastos y de tenerlo al corriente
de todo lo que hacía y aprendía..Sor Dolores le puso al corriente de
lo relativo a la Ia Comunión y del dinero que más o menos se
necesitaba para el gran día, yo lo saludé educadamente, como me
habían enseñado y salí corriendo del despacho, ya que no podía
aguantar por más tiempo las ganas de llorar. O sea que era verdad,
mi padre pagaba todos mis gastos- y como decían las hermanas, (yo
debía de estarle muy agradecida), pero no podia verle, ni decir
quien era y eso me dolía, me dolía mucho y cuando veia a las otras
niñas con los suyos, sentía envidia y pena. Solo me consolaba con
las visitas de las tias y Alejandro, que ahora al menos Alejandro
venia cada semana y me explicaba las novedades qua había en el
barrio y como todos me echaban de menos y como les explicaba lo
cambiada que estaba. El trabajaba de aprendiz con un trapero, e iba
a un colegio o academia a aprender las "cuatro reglas" que así se
llamaba lo que ahora diríamos básica. Le prometí que cuando
pudiera salir e ir a casa le llevaría libros, para que pudiera aprender
muchas cosas como yo.
Cuando faltaban unos días para el señalado, el de mi Ia Comunión,
llegó (de parte de mi padre, por supuesto) el dinero para comprarme
todo lo necesario. Las hermanas llamaron a mis tías para que
vinieran a buscarlo y junto conmigo fuéramos a comprar el atuendo.
Yo no cabía en mi de gozo pensando que al fin podía salir e ir al
barrio, ver a todos los amigos, la gente la calle, estaba tan contenta,
que Sor Dolores un poco preocupada, me dijo - Piensa que has de
estar aquí antes de las nueve de la noche, y que el Domingo que
viene harás la Comunión, por favor no lo olvides.(Ahora pienso que
la pobre debía de estar pensando que ya no volvería). Pero si volví,
triste por dejar atrás, otra vez a mis seres queridos a mis amigos a
mi barrio, pero al mismo tiempo con un sentimiento muy especial,
como si también regresara a casa. Todas las hermanas me esperaban
muy contentas y las compañeras internas también (Creo
sinceramente que no confiaban mucho en volver a verme). Ya todas
tenían el vestido blanco, los velos, los zapatos, el misal el rosario...y
el tuyo ¿donde está? me preguntaron. ¡El mió! Bueno veréis, no
sabía muy bien como explicarlo, en cierto modo me daba un poco
de vergüenza que pensaran que mi familia era pobre. El caso es que
mis tias y mi primo están pasando un mal momento. No tienen
trabajo y el dinero que tendríamos que gastar en todo el vestuario,
lo necesitan para pagar otros gastos más necesarios. Al fin y al cabo
supongo que la Comunión también la puedo hacer con el uniforme
de los Domingos ¿No? Las hermanas me dijeron que si, que desde
luego. Sor Carmen que era la modista y la profesora de corte, me
hizo un uniforme nuevo, de un género suave y brillante como la
seda, Sor Dolores me regaló un Rosario de Nácar y el
Devocionario. Me compraron zapatos, medias y mantilla. Llegó el
gran día, Sor Ignacia que era la encargada de arreglar y limpiar la
capilla (siempre ayudada por una de las alumnas) la había arreglado
preciosa llena de flores blancas, olía a azucenas y nardos un olor
fuerte y dulzón, (siempre que he tenido ocasión de olerlo,
inevitablemente me traslado en el tiempo a ese momento). La
ceremonia era a las 11 de la mañana, pero desde la 7 que era un no
parar de mamas vistiendo a sus hijas como si fueran novias.
Familiares que ya se instalaban en la Capilla para coger buen sitio,
las monjas dando ordenes a las que hacíamos la Ia Comunión, a las
que no la hacían y a todo el mundo. Sor Dolores, nuestra directora,
creo que era la única que conservaba la calma, me vio y me
preguntó ¿vendrá algún familiar tuyo? Si, supongo, respondí no
demasiado segura de que llegaran a tiempo de la misa. Bueno, no te
preocupes, nos tienes a todas las hermanas, que ahora somos como
tu gran familia, después recibirás a Jesús, que es como tu hermano
mayor y nunca te dejará, así que has de estar muy alegre, muy feliz.
Feliz feliz, no sé si lo estaba,emocionada, si, mi alma y mi cuerpo
rebosaban de fé, no sabía como, pero creía firmemente, que al
recibir la Sagrada Forma Jesús estaría conmigo para siempre. Eso
si, mientras fuera buena y no lo ofendiera pecando, cosa que por
otra parte había prometido no hacer. Por fin llegó la hora, nos
pusieron en fila de a dos. Creo que en total debíamos ser unas
veinte, como todas, menos yo, iban de blanco, me pusieron delante.
Cuando el órgano tocado por Sor Ignacia empezó a sonar, abrieron
la puerta y muy lentamente fuimos entrando por el pasillo central,
hasta situarnos en los primeros bancos, reservados para las
comulgantes. La capilla, que no era demasiado grande estaba a
tope, había mucha gente de pie, en los pasillos laterales y en la
puerta. Como, al menos yo iba, con la mirada fija en el altar no
pude ver si había venido alguien de los mios y rezaba interiormente
con todas mis fuerzas para que así fuera. Acompañadas por los
cánticos de las monjas comulgamos por Ia vez. Sin lugar a dudas
creo fue uno de los momentos más mágicos y emocionantes que he
tenido a lo largo de mi vida. Finalizada la ceremonia, en medio de
todo el barullo de felicitaciones, besos etc.. distinguí a mi tia
Maruja y Alejandro. Habían venido, que alegría! Les abracé y
después de despedirme de todo el mundo nos fuimos los tres a
celebrarlo. En casa nos esperaba Tia Consuelo que había hecho
chocolate desecho que nos supo a todos a gloria..Por la tarde fui a
ver a los amigos del barrio, que no se acababan de creer estuviera
tan conformada, estando encerrada en aquel "convento", como ellos
lo llamaban. Estoy bien, de verdad, tengo muchas amigas, las
monjas son muy buenas y me tratan bien, además aprendo muchas
cosas, pero a vosotros no os olvido, siempre seréis mis prefendos.
era la verdad.
Cuando llegaba la hora de volver al colegio, lo hacía, pero con una
especie de desasosiego, de angustia, de ganas de llorar que
reprímia, para no apenar a los que me acompañaban. Para no pensar
que estaba encerrada, lo mejor era hacer muchas cosas, así que me
dediqué a estudiar con todas mis fuerzas, sobre todo la música.
Teníamos un profesor de piano, después de estudiar mucho solfeo y
canto que era stupendo. "el Sr. Plá" tocaba el violín en la Orquesta
del Liceo y daba clases de piano, bajito, delgado, nervioso con
mucha paciencia para enseñar, si veía que tenías interés, si no se
enfadaba mucho, pero un gran profesor. Cuando empezamos a tocar
lo hicimos un grupo de 12 o 14 alumnas. Cuando nos hubo dado, no
mas de 5 o 6 clases, nos reunió a todo el grupo y muy amablemente,
una por una preguntando si de verdad queríamos seguir estudiando,
el porqué, si nos gustaba, si teníamos auténtica ilusión de hacerlo.
Total, de 14, quedamos 5- pero hombre de Dios, le decían las
monjas no haga eso, que se queda sin alumnas y sin dinero,
lógicamente. Prefiero quedarme aunque solo sea con una alumna
pero con ganas y dotes para aprender, que con 20 sin ninguna
motivación. Yo me dediqué con verdadera afición, ponia toda mi
alma en aprender y el Sr. Plá me animaba a que continuara, siempre
me decia que tenía el sentimiento necesario para ser una buena
concertista, que no lo dejara que estudiara mucho, sobre todo la
técnica, que es donde fallaba más. A medida que fui aprendiendo,
me encantaba interpretar a Liz, Chopin..sus melodías nostálgicas,
tristes, románticas..
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Tocando el piano, olvidaba todos mis temores dudas angustias..era
como si de repente me trasladara a otro mundo.
Los años fueron pasando, mi querida Sor Dolores, murió. Fue un
golpe muy duro para mi, ya que en ella había puesto el cariño de la
madre que tanto encontraba a faltar. Ya tenía 16 años y me había
vuelto tan recatada y mística que me daba miedo salir del colegio,
quería hacerme monja, pero la orden a la cual yo deseaba entrar, no
aceptaban ilegitimas, así como suena, - otro gran desengaño - solo
había una orden que me aceptaba a partir de los 18 años, pero era de
rigurosa clausura y eso no lo tenía del todo claro.
El internado iba cambiando, venían nuevas alumnas y se marchaban
otras, de las que empezamos, más mayores, solo quedaba yo,
algunas de mis mejores amigas, seguían viniendo al colegio, en
calidad de externas y seguíamos teniendo una fran amistad sobre
todo con Mercedes Pujol, siempre me invitaba a su casa si
celebraba alguna fiesta, allí yo era como una más de la familia, para
mi era como si fuera mi hermana siendo muy distintas de
caracteres, en cambio nos comprendíamos perfectamente.
Durante estos años mantenía correspondencia con mi madre, sabía
que las cosas le iban cada vez mejor, que tenía muy buenas
amistades francesas y españolas y que de momento no pensaba
volver. En esta época vino a verme de su parte un Sr. muy amable,
el cual era, creo muy rico, dispuesto a adoptarme y darme sus
apellidos, cosa naturalmente que rechacé, ya que para mi solo había
un padre, aunque lo viera bien poco y una madre, a la que hacía
años no veía y así mismo se lo hice saber.
El tutor que venía cada mes a pagar, e informarse de mis progresos
en los estudios, era el mediador entre mi padre y yo, al mismo
tiempo le tenia enterado de todo lo que yo pensaba hacer, así que
vino a decirme de su parte que de hacerme monja, ni pensarlo que
como se acercaban las vacaciones de verano, procuraría verme para
hablar del asunto. Así lo hizo, vino a casa a buscarme y mientras
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paseábamos en su bonito coche, hay que decir que en esta época
corrían pocos com el de el se iba asegurando de lo bien educada que
estaba, de lo bien que hablaba francés también lo escrbia
perfectamente, tocaba el piano acababa los estudios de peritaje
mercantil, en fin de todo lo que había aprendido durante estos años.
Una vez pasado el examen, ya que eso parecía, estaba esperando su
discurso.
Mi padre era una persona muy especial, aunque no tenía el placer
de vivir con él ni siquiera de verlo muy a menudo, me gustaba
mucho estar y hablar con él, no era guapo pero era alto muy alto,
elegante y muy educado, jamás decía un taco, recuerdo que incluso
para no decir "puñeta" decía puñefla y eso si estaba muy enfadado.
Nunca te decía las cosas directamente, siempre buscaba una
metáfora, un rodeo una historia, a mi me hacía mucha gracia,
aunque en el fondo me confirmaba lo que siempre pensé, su gran
defecto, la falta de valor, la cobardía. En esta ocasión me explicó
que había soñado que yo iba a vivir con él y su Sra claro, que los
dos me adoptaban, que vivía como una autentica Sita, sin faltarme
de nada, coche ropa piano, una torre preciosa, y eramos muy
felices..pero..por supuesto había un gran pero, debía renunciar a mi
madre a mis tias a mis primos a toda mi familia, tenía que
comprender que la dos cosas no podían compaginarse ni ellos
podían aceptarlo. Naturalmente cuando hubo terminado, le contesté
que era un "sueño" muy hermoso, fantástico, pero que solo había
sido eso un "sueño" muy bonito, pero irrealizable porqué tu sabes
perfectamente le dije que yo nunca renunciaría, ni a mi madre ni a
la familia con la que me he criado y a quienes quiero con toda mi
alma, como tampoco quiero renunciar a tu cariño de padre, aunque
me ofrezcan otros apellidos, "como ya ha sucedido". Quede claro
que solo tengo una madre, lejos, pero así me ha tocado, ella es la
única madre que quiero y tu aunque solo sea en secreto, o quizas
después de esto no quieras verme más, para mi eres y siempre serás
el único padre que quiero. El permaneció callado y serio después de
dar unas vueltas con el coche, me dejó a la puerta de casa
diciendome, este curso será el último que estarás interna, cuando
termine podrás volver con "tu familia" y dejaremos de vernos,
espero sepas aprovechar las enseñanzas de estos años pasados en el
internado, me dio un beso y se fue.
Con unas enormes ganas de llorar estaba tan trastornada que no me
atreví a subir a casa, entré en el colmado, donde vivia Amparo,
(aunque 2 años menor que yo por su carácter decidido y desparpajo,
parecia mayor. En los últimos años de todo el barrio eramos las más
amigas y tanto sus padres como su hermano Eduardo, eran para mi
y Alejandro como nuestra segunda familia) ella era mi consejera y
confidente. Cuando me vio ya sin poder contener las lagrimas,
entramos en su cuarto y muy asustada me pregunto ¿que pasa?.
Llorando como una tonta, le expliqué todo lo sucedido. Me he
quedado definitivamente sin padre y lo siento mucho. Ella, supongo
que para consolarme me dijo, ni hablar, has hecho muy bien, ya
verás como volverá.
Mas tranquila me fui para casa y a las tias les expliqué, que solo me
quedaba un año de colegio y regresaría para quedarme, sin añadir
nada de lo que habíamos hablado con papá.
Durante todo el último curso solo tuve noticias de mi padre a través
del tutor, - está bien, - ha ido de viaje,- ha regresado y te manda
recuerdos. Al fin terminó, me despedí de las monjas con una mezcla
de pena y alegría, me iba para no volver no acababa de creérmelo.
Las monjas me abrazaban, algunas llorando, se buena, pórtate bien,
ves a misa, ¡cuidado con los hombres! ven a vernos. Esta siempre
será tu casa te encontraremos mucho a faltar. Que cúmulo de
emociones, estaba a punto de cumplir 19 años y no tenía ni idea de
lo que debería hacer en adelante.
Las tias habían dejado de hacer de artistas y estaban trabajando en
un Frontón, una vendía unos boletos que servían para hacer
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apuestas, y la otra era la telefonista, las había colocado tio Amadeo
que era el único hermano varón que quedaba en Barcelona y estaba
de encargado en dicho Frontón. Era un trabajo agradable y fácil
para ellas que no habían hecho en toda la vida, otro que no fuera
cantar y bailar.
Ganaban un sueldo decente y no había que pasar miserias.
Alejandro ya llevaba unos años trabajando en una agencia de
aduanas, donde entró de botones, siendo casi un niño. Las cosas
parecía que empezaban a ir un poco bien en cuanto a mi madre,
habíamos recogido firmas de amigas de ella que eran del "régimen"
o sea "fachas" y cartas de gente que había favorecido durante la
guerra para que pudiera regresar sin miedo de ir a la cárcel, pero
nos daba excusas ¡que no! que tenía miedo, que no se fiaba. Total,
por unas averiguaciones que hicimos lo que pasaba es que tenía un
novio español y como el no quería volver pues ella tampoco. A las
tias también les salían novios pero no tenían mucha suerte porqué
les duraban poco. Habían pasado un par de meses de mi salida del
colegio, cuando una tarde apareció mi padre, muy tranquilo, como
se hubiera visto el día anterior, preguntando ¿que hacía? ¿donde
iba? ¿Que pensaba hacer? Mi idea era ponerme a trabajar en algún
despacho o en las oficinas del Frontón si el tio Amadeo podía
colocarme. Se puso como una furia, ni hablar de trabajar ni en un
despacho y menos nel Frontón. Ahora irás a aprender inglés a casa
del tutor; que su mujer es inglesa y da clases dos días a la semana.
Cuando acabes vendré a buscarte y ya veremos. Las tias le
explicaron lo de mi madre, - ya te dije que lo mejor que podías
hacer era olvidarla, pero eso lo has de decidir tu. Mañana te vendré
a buscar para que conozcas a tu profesora de inglés y luego iremos
a merendar y se marchó, tan contento. Empecé a estudiar inglés,
con dicha Sra. que estaba como una cabra, tenía ocho hijos, y las
clases eran un show, porqué los niños interrumpían, entraban y
salían, la verdad es que aprender, no aprendía gran cosa, pero era
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divertido y me lo pasaba muy bien. Cuando terminaba, papá venia a
buscarme y le encantaba que yo le explicara todas las anécdotas
pasadas. íbamos a merendar, a veces al cine, me explicaba cosas del
tiempo vivido con mamá, de su carácter, de su genio, pero se notaba
que la había querido mucho. También me hablaba de su Sra. que era
muy buena, que estaba un poco delicada del corazón, que tenía muy
buen carácter.¡ Tu te llevarías bien con ella! Entonces yo procuraba
cambiar de conversación. Se acostumbró a que yo fuera a buscarle
al despacho, sin decir jamás que era su hija. Eso nunca, me llevaba
a cenar a los mejores restaurantes, a visitar exposiciones y ¿que
pasaba?.- Allí donde fuéramos, siempre encontrábamos algún
conocido de el e inmediatamente salia.j no me llames papá! La
mayoría de las veces se acercaban a saludar. Caramba, Ramón que
bien acompañado ¿No me presentas? Si, la Srta. García el Sr. o
Sres. Fulanito y yo me quería morir, por no poder decir es mi padre.
En cambio a él esta situación le divertía la mar, después me
comentaba ¿ Has visto la cara que ha puesto? A saber lo que ha
pensado. Pues a mi no me hace gracia, a mi me gustaría poder decir
a los cuatro vientos que eres mi padre. ¡ Bah a esa gente no les
importa nada si eres mi hija o no! Un día vino a buscarme como de
costumbre al ir a sentarme a su lado había una Sra. muy seria, muy
bien arreglada. Papá me dijo siéntate atrás, lo hice y me presentóLa Srta. Matilde, la Sra. Mercedes - mucho gusto, le dije,
educadamente, pero pensando ( ¿y esta quién será?)- Así que has
terminado los estudios, y ahora estás aprendiendo ingles.- ¿que te
gustaría hacer ? - Trabajar le contesté, rápida. Ya pero no te dejan,
verdad? No me atreví a decir nada más, por miedo a meter la pata.
Papá se puso un poco nervioso, me acompañó a casa y casi sin
despedirnos dijo - Hasta pronto. Después de este incidente, que
comentamos, por supuesto, con Alejandro y las tias. Si sería una
amiga, si sería, una de sus hermanas,- pensé lo mejor es cuando
vuelva a verlo preguntárselo y punto.
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Estuvo unos días sin venir, ni llamar por teléfono, lo cual me
extrañó. Como el marido de mi profesora de Inglés era él que me
hizo tantos años de tutor y había confianza, le pregunté si sabía algo
de papá.- Me parece que ha estado unos días resfriado o algo así.
De repente le pregunté ¿como se llama la Sr. de mi padre? Mercedes, me contestó, ¿po que ?- No por nada, curiosidad mía.
Así que descubrí, que la Sra. seria de las preguntas que me miraba,
como si me quisiera diseccionar el día del paseito en coche, era su
mujer. Supongo que quería ver por si misma como era la hija de la
"artista". Comprendo que con muy buenos ojos no podía mirarme
por mucho que se esforzara, más, sabiendo que ella no podía tener
hijos.
Las visitas se reanudaron sin mediar ningún comentario al respecto.
Papá me pasaba una mensualidad, para que me pudiera comprar
ropa adecuada para salir con él y ayudar en los gastos de la casa, ya
que aunque las tías y Jandro trabajaban los sueldos de la postguerra
no daban para mucho. Quería mucho a Alejandro, le interesaba
saber donde trabajaba, si prosperaba, si lo trataban bien ahora,
cuando lo veía siempre le decía lo mismo, eres el hombre de la
casa, sobretodo cuida bien de tu prima y vigila sus amistades. Vaya
consejo, si es lo que siempre había hecho. Yo estaba un poco
cansada de salir con papá y aguantar las risitas de los conocidos que
encontrábamos y de ahora no me llames papá, ahora sí. Al fin me
llegó la ocasión. Como de costumbre fui a su oficina a buscarlo y
en ese momento tenía una visita, así que me senté a esperarlo en
una salita. Al momento apareció un joven, empleado de mi padre,
para decirme que debería esperar un rato, que porqué una chica tan
joven como yo salía siempre con un Sr. tan mayor, que había
muchos jóvenes , el por ejemplo, que también tenía coche. Que
bien, le contesté, señal que mi padre le paga un buen sueldo para
podérselo permitir. En ese momento apareció el y antes de que
ninguno abriera la boca, roja como un tomate del sofoco que
llevaba encima, le dije, le quieres decir a este joven que soy yo de
ti.
Mi padre estaba un poco perplejo, el hombre no sabía que había
pasado, pero al ver mi cara y la del otro que también estaba,
(asombrado, cuando menos,) dijo ¿Que pasa aquí? - Le quieres
decir quien soy - Repetí con la voz un poco mas alta.
Si claro, es mi hija, lo que pasa es que aquí en el despacho no lo
sabía nadie, pero porqué he de decirselo a éste precisamente, es que
¿te ha faltado al respeto? - No, contesté, solo tenía dudas de que
vínculo o parentesco me unía a ti y he querido que quedara bien
claro. Ahora ya podemos irnos. Después de esto, le dije a mi padre
que cuando tuviera ganas de verme, viniera a casa que para mi se
habían terminado las salidas a los sitios elegantes, que comprendía
que el disfrutaba y se lo pasaba muy bien con las situaciones
equivocas que provocaba al presentarme como una "Sita, conocida
o amiga", pero yo lo pasaba muy mal, se disgustó un poco, pero lo
comprendió. Al único sitio que iba, cuando el no podía venir era a
su despacho, porque allí ya todos sabían quien era.
Cuando cumplí 20 años, papá me dijo - que quieres que te regale? Quiero ver a mi madre, le respondí. ¿Pero ¿como?
Tia Consuelo y yo ya nos lo habíamos programado, iríamos a
Andorra y mamá vendría desde Francia y allí nos encontraríamos.
Solo unos días, los que tu dispongas por favor, papá, es mi mayor
ilusión.
Bueno, bueno, (al fin accedió) yo os pago el Hotel, el viaje, los
gastos, pero vosotras os preocupáis de los papeles, salvaconducto
etc. Hablo del año 1947 en que ir a Andorra era peor que ir al
Canadá, más teniendo en cuenta que eramos familia de una "roja"
exiliada.. Lo primero es ir al Registro Civil a por la Fé de
nacimiento, pues yo solo tenía la Fé de Bautismo, que para entrar al
Colegio fue suficiente, pero no para hacer un pasaporte
etc..Decidida me fui al Registro a solicitarla ¡cual no sería mi
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sorpresa! cuando después de mucho mirar i buscar en la fecha de mi
nacimientoresultó que no estaba registrada. ¿ Pero como puede
ser?.- Pues no, sus padres no la registraron, así que tendrá que venir
con ellos, para que arreglen su error ahora.
Pero ahora no puede ser, contesté angustiada y desesperada.
¿Porque? - Han muerto? No!. El caso es que mi madre está en el
exilio y mi padre...no sé quien es.
¿No sabes quién filé tu padre? ¡No! ¿ Hay algún pariente tuyo que
lo sepa? Al menos ya que, por lo que veo habrás de registrarte tú,
podrías tener su apellido. De lo contrario habremos de poner hija de
padres desconocidos y escoger unos al azhar. No, por favor,
repliqué, aquí hay hermanos de mi madre que pueden dar fé de que
soy su hija y al menos llevar los de ella. Bueno, pues ven con
alguien que pueda justificarlo. Corriendo fui a buscar a tio Amadeo
y después de explicarle todo el tinglado, hice que me acompañara,
el tio lo hizo de buena gana no sin antes, reprochar a su hermana o
sea a mi madre del enorme descuido, ¡ ya está bien, con Alejandro
pasó lo mismo; no tienen arreglo, y tu, dijo dirigiéndose a mi, eres
tonta, porqué ahora era la mejor ocasión para decir el nombre de tu
padre y ponerte su apellido y yo podría jurarlo tranquilamente, en
fin tu sabrás lo que haces. Una vez en el Registro, tio Amadeo,
luego de presentar sus papeles, juró que yo era hija de su hermana
Josefay al fin me registraron con los apellidos García Pastor de mi
madre, no sin antes insistimos a los dos, si conocíamos los de mi
posible padre. Lo único que sabemos es que se llamaba Ramón,
dijimos y aquí se acabó la historia.
Cuando se lo expliqué a mi padre se quedó bastante afectado, yo
diría que incluso un poco avergonzado. Me sabe muy mal. (dijo)
que por nuestra culpa, tú tengas que pasar estos tragos, pero es que
por el momento no puedo arreglarlo. Gracias por tu silencio. Una
vez arreglada mi situación, ya con todos los papeles en regla, tia
Consuelo y una servidora, cogimos un Autocar y nos fuimos a
Andorra, a Les Escaldes para ser mas exactos, donde previamente
habíamos reservado en un Hotel, 2 habitaciones, una para tia
Consuelo y otra para poder estar los 4 días que era lo que podíamos
quedarnos junto a mi madre. Tanto la tia como yo estábamos tan
nerviosas y emocionadas que casi no hablábamos, para no
hedíamos a llorar. Nosotras llegamos antes y habíamos quedado en
esperar al Autocar que venía de Francia a la puerta del Hotel.
Aunque nos habíamos escrito, mandado fotos, eran ocho años sin
vernos. De una niña de 12 años a una joven de 20. ¿Como me
encontraría? ¿Tendría tantas ganas de verme como yo a ella?
Cuando vimos acercarse al Autobús, las dos temblábamos. Llegó,
paró, fue bajando la gente, al fin, ella, ¡Que guapa! Con un traje de
chaqueta, muy elegante y sonriente, tia Consuelo fue la primera en
abrazarla, ya sin poder contener las lagrimas de alegría, yo esperaba
detrás de ella, ensimismada mirándola, incapaz de decir una
palabra. Luego de besarse las dos y decirse lo bien que cada una
encontraba a la otra, se separó de tia Consuelo y mirándome
fijamente, me dijo .- Madre mía ¡ que grande eres! ¡No te se ocurra
llamarme mamá! - Me quedé petrificada, no sabía si hablar en
broma o en serio; me abracé a ella llorando, pero me apartó,
mirándome de arriba a bajo. ¿A quien te pareces? A mi no
¿verdad?. No sé ¿ quizas a tu padre? Bueno, tranquilizaros, que os
presentaré, pues yo no he venido sola. Entonces reparamos en un
Sr. que estaba detrás de ella sin decir nada. Os presento a Alberto
un buen amigo mió, - mi hermana y "no lo repitas a nadie", mi hija.
La tia y yo nos miramos ¿amigo? Este era el novio a causa del cual
no podía volver a España, mejor dicho no quería, ya que poder hace
tiempo que podía. El susodicho nos saludó muy amablemente,
sobre todo a mi, se había dado cuenta perfectamente, del impacto
que me causó el poco, uque digo poco, poquísimo"., afecto con que
me recibió mi madre.. Con la ilusión que hice el viaje, lo que me
costó convencer a papá para que nos lo pagara, no podía creérmelo.
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La tia le estaba diciendo a mamá lo de las 2 habitaciones del Hotel
y ella muy sonriente le contestó, me parece perfecto, una para ti y
una para Maty porqué Alberto y yo vamos a casa de unos amigos
que ya nos esperan. Comeremos todos juntos, podemos pasar todo
el día, y mañana ya quedaremos. Por cierto ¿cuantos días podéis
estar? Dos contesté yo rápidamente. Tia Consuelo, me miró pero no
dijo nada. No es mucho, pero suficiente para ver el cambio que
hemos hecho en estos años ¿verdad? Sobre todo tu, hija, que
barbaridad hay que ver lo mayor que te has puesto.
Cuando a la noche volvimos al Hotel la tia y yo, estábamos las dos
apenadas y bastante furiosas, habíamos pasado el día, rodeadas de
gente que no conocíamos de nada que no nos hicieron ni puñetero
caso, ya que se pasaron el día hablando de política y de sus cosas.
La desilusión fue mayúscula, tanto que al día siguiente, decidimos
regresar. Fuimos a despedirnos de mamá y Alberto, por mi parte
con bastante frialdad, él, nos dijo, ahora la próxima visita tenéis que
hacerla a Francia. No sé contesté, a lo mejor a mamá no le hace
tanta gracia, que todos se enteren de lo mayor que es su hija. Pues
no se que decirte, contestó ella. Nos dimos un beso, un abrazo y nos
marchamos.
Cuando llegamos a Barcelona, papá nos vino a recibir al autobús.
¿Que ha pasado? preguntó ¿Como es que habéis regresado antes?
Porqué mi madre no podía estarse más días le contesté y nosotras
hemos hecho lo mismo.
Total lo importante era vernos y eso ya lo hemos conseguido. Papá
se me quedó mirando y dijo. - A mi no me engañas. La visita no ha
ido muy bien, yo ya te lo dije.Tu madre es como es, la conozco muy
bien. No digo que no te quiera, pero si a su manera, ella no
cambiará su vida ni por ti ni por nadie. Tu creia que al verte a ti se
vendría contigo y te has llevado una desilusión. Al menos has
cumplido tu deseo, de verla y no podrás decir que yo te lo he
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negado. Un deseo que si más no sirvió para quitarme un poco la
obsesión de querer estar a su lado.
En el barrio habíamos formado un grupo de casi veinte entre chicos
y chicas y estavamos muy unidos, ya que la mayoría nos
conocíamos desde pequeños, a mi debido a mis años de internado,
mis manera o educación, para todos era lo que ahora diríamos la "
Pija", aunque ellos me llamaban "Niña Gótica", eso si
cariñosamente y soltaban tacos para verme ruborizar. La verdad es
que eramos todos como una gran familia nos reuníamos siempre en
el colmado, ya que detrás tenían la vivienda y era una especie de
club para todos, y en verano en la calle. Los Domingos iabamos a
una sociedad, bueno un local que se llamaba o lo llamábamos
nosotros "Los Tranvías", donde con un tocadiscos bailábamos y
también hacíamos teatro. No sé de donde sacábamos los libretos y
guiones, no teníamos director, nosotros nos lo hacíamos todo
vestuario, escenografía, pero era estupendo, ensayábamos por la
noche, después de cenar, en el colmado por supuesto. La Sra.
Enriqueta, la propietaria, a veces, no siempre, nos obsequiaba con
galletas, aparte de pasárselo bomba viéndonos ensayar, hasta se
permitía hacernos alguna sugerencia.
A nuestro "cuadro escénico" se habían añadido algunos personajes
que no eran propiamente del barrio, pero que nos habíamos
conocido en los "Tranvías" y tenían algo más de experiencias
teatral que nosotros.
El éxito lo teníamos asegurado, pues el local lo llenábamos
solamente con los parientes y amigos de los que actuábamos, más
los asiduos de cada Domingo.
En realidad que tuviéramos verdadera vocación teatral eramos
Amparo y yo, al menos las que nos lo tomábamos más en serio, ya
que para los otros era la juerga padre. A mi es que me encantaba
salir al escenario, de verdad que me transformaba, me olvidaba de
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mis timideces, vergüenzas, penas de todo, era como si estuviera en
otro mundo, hasta que la obra se terminaba no volvía a la realidad.
Hicimos cantidad de obras, hasta una vez nos vino a ver, (no se
porqué) un famoso director de cine de la época "Iquino", que
quería hacernos una prueba para una película a Amparo y a mi.- por
supuesto, yo no fui, porqué no me dejaron. Amparo si, pero al fin
todo quedó en el aire.
Fue una de las épocas, que yo recuerdo, más felices de mi vida.
Llegó el verano e Íbamos a nadar a Los Orientales, playas y
piscinas solo para Sras. también íbamos a las piscinas de
S.Sebastián en la Barceloneta, porqué ahí si era mixto y podíamos ir
todos juntos. Me había acostumbrado tanto a ir siempre con
Alejandro, Tino, Amadeo. Todos primos mios, a mas de los del
barrio, que cuando se acercaba alguno en plan pretendiente, me
sorprendía, lo primero que pensaba es que quería burlarse de mi y
lo "espantaba" rápidamente. En realidad me consideraba poco
atractiva, me comparaba siempre con mi madre, las tias, tan guapas
todas, el mismo Alejandro era el "Robert Taylor" del barrio. Todas
las chicas habían estado enamoradas de él en algún momento.
Amparo, Lolin todas eran más guapas y atractivas que yo, a quien
podia gustarle?- pero a mi pesar se ve que si por qué en esa época
tuve varios enamorados me mandaban cartas, poesías, cuando
Íbamos a bailar, solo bailaban conmigo, me decían que me q uerian
etc.. y yo que no me lo creia. Juventud divino tesoro.
De repente empecé a encontrarme rara tenía pinchazos en el lado,
sudores, me cansaba cuando hacía el trabajo de casa, en realidad,
menos cocinar, que lo hacía tía Consuelo el resto de las labores de
hogar, osea lavar planchar, fregar etc. lo hacía yo. Como siempre se
lo explicaba a Amparo, ella tampoco se encontraba muy bien,
comía poco y estaba muy delgada, decidida como siempre me dijo,
iremos al Dr. Montoliu que tenía el consultorio al otro lado de la
calle y era cliente del Colmado, que nos diga lo que nos pasa. Así
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que sin decir nada a nuestras respectivas familias, fuimos a que nos
visitara a las dos. Ya nos conocía, pues era el medico de cabecera,
creo, de casi todo el barrio. Nos examinó, y nos hizo una
radiografía a cada una. Cuando estén las dejaré en el colmado, así lo
hizo. Cual no sería mi sorpresa cuando me llama la madre de
Amparo y llorando muy apesadumbrada me dice que en la
radiografía de su nena hay una carta del médico diciendo que tiene
tuberculosis que vaya urgentemente a visitarse, que es bastante
grave. ¡Ya le decía yo que comiera más, que estaba muy delgada !
Bueno mujer, la consolaba yo, supongo que algún remedio habrá.
De momento que ella no se entere y se asuste, hasta que hable con
el médico y vea que puede hacerse , yo la acompaño.
Con las dos radiografías sin que Amparo se diera cuenta nos fuimos
a ver el Dr. En cuanto nos vio se quedó un poco sorprendido,
mirándome a mi, dijo que ¿no estás con tus tias? Si, pero acompaño
a la Sra. Enriqueta por lo de Amparo. Muy serio, nos hizo sentar, (
el pobre no sabía como decirlo) Aqui ha habido un error, Amparo
no tiene más que un poco de anemiaque con un reconstituyente se
arregla.
¡Así que la enferma grave era yo, La radiografía mala era la mía !
Me quedé helada. El Dr. estaba diciendo, mejor vengan tus tias a
hablar conmigo. Al fin reaccioné. No se preocupe, le dije, ahora ya
sé lo que pasa y no hace falta que me engañen. - Lo primero es ir a
un especialista y él dirá lo que se debe hacer.- piensa que cada día
hay nuevos inventos y medicamentos que tú eres fuerte, joven y lo
superarás.
Si - claro, contesté, viendo la cara de la Sra. Enriqueta que estaba
desolada y no sabía como disimularlo. (Haciendo de tripas corazón)
intenté consolarla, No se preocupe, mujer, no se lo tome así, ya verá
como soy capaz de salir adelante, tiene que estar contenta de saber
que Amparo no tiene nada, ella no es tan fuerte como yo y le
hubiera costado más el superarlo.
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Dejé a Enriqueta en el colmado y me fui para casa con la carta del
Dr. en la mano..La cabeza me ardía, de fiebre, de pena, de pánico.¡Dios mío! (pensaba) estoy lo que todo el mundo llamaba,
"Tísica", nadie podrá acercarse a mi, por miedo al contagio y al fin
moriré, pues que yo sepa para esta enfermedad todavía no han
encontrado remedio. ¿Como se lo diré a las tias, a Alejandro? a mi
padre? - Con lo maniático que es no querrá ni verme. Tendré que
irme a un Hospital para no contagiar a nadie. ¿Y mi madre? No
podré volver a verla. Bueno, supongo que iré al cielo y desde allí
los veré a todos. ¿Y si no hay ? Que angustia, que miedo sentía;
incapaz de enfrentarme a las tias serenamente como pretendía, cogí
el ascensor y me fui a la azotea, (refugio, sitio de reflexión de
Alejandro y yo cuando éramos pequeños).
Después de llorar un buen rato, llegué a la conclusión, de que una
buena cristiana (como yo era en ese momento) aunque me doliera
en el alma, tenía que aceptar lo que Dios me mandara, con dignidad
y resignación, como hacían los mártires en la antigüedad. En
realidad creo que la fiebre que tenía, me hacía sentir un poco "Juana
de Arco" . No sé cuanto tiempo estuve allí arriba, pensando y
pensando, al fin me decidí a bajar. No había terminado de llamar,
cuando.se abrió la puerta, primero tia Consuelo, detrás tía Maruja¿Se puede saber dónde estabas? Aquí esperándote, ¿nosotras que
nos hemos de ir al frontón? Al menos avisar a donde ibas. - Sin
darme tiempo a responder se fueron las dos y allí me quedé yo, sin
saber exactamente que había pasado, o que tenía que hacer. Cerré la
puerta, entré hasta el comedor y me senté a esperar a Alejandro que
aún no había llegado. Al cabo de un rato llegó y nada más verme,
dijo ¿que te pasa? - ¿No te encuentras bien? Sin poderme contener,
entre llantos, logré explicarle todo lo que había pasado, desde el
principio, que fui con Amparo al médico hasta el final. ¿Y la tia
Consuelo y mi madre, no lo saben? No me han dado tiempo de
decirles nada. Bueno, calma, no creo que sea tan grave, de todas
49
formas lo primero que hemos de hacer es avisar a tu padre. Voy a
llamarlo por telefono para que venga tan pronto como pueda , tu no
te muevas de aquí. La cabeza me dolía, tenía escalofríos y me
costaba respirar, interiormente iba rezando. Señor , si he de morir,
no permita que sufra demasiado que es lo que más miedo me da, ni
que haga sufrir a los demás. Al poco tiempo volvió Alejandro, ya
he hablado con tu padre, dice que vendrá enseguida.
Efectivamente no había pasado ni una hora, cuando llegó, yo no me
atreví ni a acercarme, él me besó en la frente y me dijo, tienes fiebre
seguro, deberías estar en la cama. Leyó el informe del Dr. Montoliu
le pidió a Alejandro su dirección, - voy a hablar con el dijo, ahora
vuelvo. Yo, un poco más tranquila, al ver la reacción de mi padre y
más que nada al haberlo podido explicar todo, me metí en la cama,
estaba muy cansada y creo que me quedé dormida.
Los días siguientes, los recuerdo como un pequeño caos, me
cambiaron de habitación a la que tenía balcón, (tenía que estar
siempre abierto para que estuviera ventilada) todas mis cosas,
ropas, platos, vaso debían hervirse y estar aparte. Las tias iban
arriba y abajo del piso hablando bajito, para que yo no intendiera lo
que decían. Solo Sandro se mantenía más o menos normal, aunque
no lo dejábanos ni acercarse a la cama, él me traía recuerdos de
todos los amigos del barrio que deseaban mi recuperación. De todos
ellos el único que se atrevió a subir a verme fue Eduardo y aunque
le dije que no pasara de la puerta, cojió una silla y se sentó a mi
lado, explicándome lo mucho que todos pensaban en mi y las ganas
de que me pusiera pronto buena ya que pensaban hacer otra obra de
teatro y sin mí no sería lo mismo ya que me consideraban su
"estrella". Su visita me emocionó mucho, me hizo dar cuenta del
cariño, que todos me tenían y desear con todas mis tuerzas curarme.
Mi padre entretanto, con la radiofrafía que me había hecho el Dr. de
cabezera, había ido a consultar a varios amigos médicos que tenía.
Mientras tanto las tias para alimentarme y curarme, me daban toda
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clase de remedios caseros, a cual más desagradable, con la buena y
sana intención de ponerme buena.
Tia Consuelo, que era una gran fumadora (y no demasiado
creyente) hizo la promesa de dejar de fumar, para que yo me curara.
Pero el caso es que yo empeoraba, no tenía apetito, la fiebre no me
dejaba, tenía dificultad para respirar y me encontraba francamente
mal. Al cabo de unos días de varias consultas, vino a buscarme
papá y me llevó a la Clínica Platón, donde el Dr. Caralps, gran
amigo de él, me visitó. Como es de suponer, no me enteré de lo que
hablaron. Aunque más tarde supe que su intención era operarme,una operación que se hacía en esa época llamada "Plastia", que
consistía, más o menos, en sacar dos costillas de la espalda e
inutilizar el pulmón enfermo. Con lo cual aparte de dejar la espalda
hecha un asco, te quedabas con solo un pulmón funcionando.
Afortunadamente para mi, como a papá le aterrorizaban los
quirófanos y las operaciones y también había consultado a otro de
los mejores especialistas de la época el Dr. Reventós, éste le dijo
que antes de llegar al recurso de la operación, que para él, siendo yo
tan joven valía la pena probar el reposo, controlado en un Sanatorio
que él regentaba en el Brull (Montseny) con unos métodos que
practicaba, que en algunos casos habían dado buenos resultados,
que probáramos unos meses, si en ese tiempo no mejoraba entonces
iríamos por la operación.- Yo estaba francamente asombrada de ver
a mi padre con el interés que se había tomado por resolver lo de mi
enfermedad, me llevaba en su coche, a su lado, de médico en
médico, sabiendo lo aprensivo que era, pensé de verdad, ahora si
creo que mi padre me quiere. Al fin me llevó a casa y le dijo a las
tias, que me compraran camisones, una bata, necesser etc. que en un
par de días, después de hablar con el Dr. Reventós, vendría a
buscarme para llevarme al Sanatorio. Las tias y Alejandro
disimulaban, pero se les veía muy tristes, estoy segura que en ese
momento pensaban, que mi vida al Sanatorio era la despedida, pero
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no de casa, sino de la vida. Exactamente a los dos días vino papá a
buscarme, me despedí de las tias, (reprimiendo las tres las ganas de
llorar) todabía, me quedó humor para hacer broma como si me fuera
de excursión. De Alejandro ya me había despedido, pues se había
üiáíchado a trabajar.
En el camino papá me iba diciendo, el Montseny es muy sano, con
esos aires, seguro que te pondrás bien. Has de procurar comer
mucho, hacer todo lo que los médicos te mandan. Tendrás teléfono,
uiJquier cosa que te guste, o no vaya bien, me llamas.
Era agradable oirlo, ¡igual si! pensaba, igual me curo, sin necesidad
de operación o me muero. ¡Que sea lo que Dios Quiera!
El camino se me hizo bastante largo al fin después de dejar la
carretera, por un camino como de carro, llegamos a una gran
planicie, donde se levantaba un edificio rojo cubierto en parte de
L edaderas, rodeado de plantas y flores. Era muy bonito, nada que
ver con lo que me había imaginado, (yo pensaba que sería blanco,
con ventanas cuadradas, tipo hospital, o cárcel no sé). Entramos a
un amplio y hermoso "Holl", donde habian varios Srs. sentados en
sendos sillones, cuando de repente mi padre se puso rígido y
exclamó ¡ Vaya por Dios! ¿Que pasa, le pregunte? Volviéndose
hacia mí, como queriéndose ocultar, me dijo en voz baja. Uno de
los que están ahí sentados leyendo, es primo mio.Pues mira si aquí no puedo decir que eres mi padre, vamonos a otro
sitio, o volvemos a casa. Si me quedo aquí es con la condición de
poder decir quien eres.
Piénsalo, pero ya, porque tu primo te ha visto y viene para acá, al
tiempo de decir eso, salieron una enfermera y un Dr. que se
dirijieron hacia nosotros. Vienen de parte del Dr. Revenios,
¿verdad?. Tu eres Matilde?.- Si contestamos, los dos al unísono. El
primo de papá, lo saludó y preguntó, ¿habéis venido juntos?. Pero
tu no estás enfermo. Yo no no, es ella .- ¿Y "ella" ¿quien es?.Siguió preguntando. Yo miré a mi padre y esperé.- Estaba rojo, y al
fin contestó, es mi hija, pero por favor guárdame el secreto. 6Tu
hija? dijo con una enorme cara de asombro, caray Ramón esto si
que no me lo esperaba, que callado lo tenías. Nadie de la familia lo
sabe, espero y confío que siga así. Dicho esto nos fuimos con el Dr.
y la enfermera que me enseñaron, la que iba a ser no sé por cuanto
¡lempo mi habitación.
Tenía cuarto de baño y una terraza que daba a un prado verde
bordeado de altos árboles, era muy bonita, como si fuera de un
Hotel. Papá se despidió de mi, con la promesa de venirme a ver
cada semana, e inmediatamente el Dr. me mandó acostar. Entonces
me fijé en la cama, tenía los pies levantados, apoyados en dos tacos
o conos de madera, que la mantenían con una inclinación de casi 50
cm. ¿Tengo que estar acostada en esta posición mucho tiempo?
Pregunté.- Ya que al rato estaba medio mareada.- Hasta que el Dr.
ordene lo contrario.- Pasé unos días muy malos, seguía teniendo
fiebre, sudores, me faltaba el aire, no podía moverme de la cama sin
ayuda de la enfermera y solo lo hacía para ir al lavabo. No comía
nada, solo me alimentaba a base de unas ampollas bebidas, con no
sé que otro mejunque que me daban. Cada dos días me llevaban en
camilla a la sala de abajo para hacerme radiografías, eso era para
controlar una lesión que tenía, por lo visto, muy cerca de la "Aorta"
y si avanzaba, pues podía morir. La verdad es que me encontraba
tan mal, que todo me daba lo mismo. El Dr. Clariana, que entonces
estaba de residente fijo, venía a verme a menudo, me animaba
diciendome que cada día mejoraba, pero yo no lo creía.- También
venían a verme otros enfermos.- Tenemos ganas de que te levantes
eres la única chica joven que hay aquí, has de hacer un esfuerzo y
ponerte bien, podrás salir a tomar el aire al prado a la galería, todos
eran muy amables y simpáticos, pero yo no mejoraba ni a la de tres
estaba convencida de que iba a morirme.
Pasé casi tres meses así, apenas sin moverme, pero por suerte la
lesión no había crecido, sino que parecía se cerraba un poquito.
Entonces empezaron a permitirme ir de la cama a una galería
enorme donde, en una gandula podia estar en posición normal, un
poco incorporada y hablar con los otros enfermos que podían
levantarse y pasear. Fue muy emocionante y divertido, el primer día
que me llevaron, porqué vinieron todos a saludarme y presentarse.
Todos querían estar a mi lado. Hasta que la enfermera tuvo que
poner orden, como si fueran colegiales.
Era verdad, la mayoría eran hombres, de todas las edades, pero
abundaban los jóvenes al menos en mi planta. Supe que arriba había
otra planta, con otra galería y que allí si habían chicas, pero eran un
poco mayores que yo. Poco a poco, fui conociéndolos a todos y
quieras que no seleccionando con los que te encontrabas más
cómoda, o mas identificada. Pronto tuve una corte de seguidores,
admiradores, o amigos incondicionales, como si nos conociéramos
de toda la vida. Es increíble lo que une e iguala la adversidad, en
este caso la enfermedad aquí, uno más otros menos, todos
padecemos de lo mismo, nadie tiene miedo de nadie. El futuro es
tan incierto para todos que el menor síntoma de mejoría lo
aprovechamos al máximo, simplemente para respirar, contemplar el
cielo o reunimos sentados en nuestras "gandulas" y charlar de
nuestras vidas pasadas, de nuestros seres queridos, de nuestras
penas y alegrías.- También es divertido descubrir la personalidad de
cada uno y aquí hay un buen ramillete de diversidades. Tenemos a
un mago famoso que nos hace unos juegos increíbles,
verdaderamente mágicos, un aristócrata (creo que es marqués) un
poco solitario, un futbolista tan joven como yo, pero más bruto, un
psiquiatra vasco, que a mi me da un poco de miedo, aunque le
aprecio y él también a mi, pues tiene poder Hipnótico. Solo
pasándote la mano por la frente y mirándote te cura el dolor de
cabeza.
Creo que está bastante grave y él como médico lo sabe, pero está
como prácticamente todos, resignado a su muerte.
Hay un famoso y joven oculista, que mas que enfermo, está en plan
de reposo, pues tiene fama, según se rumorea por aquí de ser un po
co juerguista,- Un Noruego joven y mono, muy tímido, que solo me
mira, pero no se atreve a hablarme. Otros jóvenes que no son tan
tímidos, que te hablan tanto y te dicen tantas cosas, que has de
decirles basta. Después está el grupo de los mayores, hay unos
cuantos Sres. muy señores, de la edad aproximadamente de mi
padre, que me colman de atenciones, sobre todo dos de ellos, que
además siempre van juntos, pues se ve que son amigos de hace años
y están esperando que venga mi padre a verme, porqué lo conocen y
quieren darle la bronca por no reconocerme. Uno es casado, con
hijos y tiene una cadena de tiendas en Barcelona, pero los hijos no
lo vienen a ver, no sé porqué. El otro es soltero y tiene propiedades
y unas salinas por Andalucía, siempre me dice, ojalá alguien me
dijera ahora que tiene una hija o hijo mió. Traen al médico y
enfermeras de cabeza, ya que hacen lo que quieren, según me han
dicho en su habitación tienen tabaco y bebidas. Yo les reñía el otro
día diciendoles, que vaya ejemplo daban que así nunca se curarían,
eso ya lo sabemos,, ni así ni de la otra manera, me contestaron. Tu
si debes hacer todo lo que te manden y curarte, eres joven, con toda
una vida por delante. Nosotros difícilmente podemos cambiar, y nos
queda poco por hacer. El día que vino papá a verme estaba muy
contento, con mi leve mejoría y porqué traia un medicamento que
en Suiza se estaba experimentando con mucho éxito y el Dr.
Revenios estaba de acuerdo en que yo empezara a tomarlo, era muy
caro, pero papá estaba dispuesto a todo, con tal de que sanara. Era
la Streptomicina y otras pastillas que llamaban Pass, el caso es que
según decían curaban la Tuberculosis, no siempre, pero en según
que circunstancias, si. Yo estaba muy emocionada, ¿ sería posible,
que de verdad pudiera curarme, completamente, sin operación, u
otras curas horribles, que hacían como el Neumo? y como yo ¿otros
enfermos? Ya estábamos despidiéndonos y aparecieron mis dos
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"amigos", cuando papá los vio, cambió la cara. ¿Que hacéis
vosotros aquí?- No digáis que estáis enfermos. ¿Os habéis puesto
todos de acuerdo para venir al mismo sitio? De verdad que estoy
asombrado, no me creo, para nada estéis enfermos. Seguro que
estáis de visita. ¿Has terminado? Le dijeron y se dieron un abrazo.
Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y nunca nos dijiste que
tenías una hija. Serás tonto, con lo orgulloso que deberías sentirte
de tenerla, pudiera yo estar en tu piel, le decía M.
Te aseguro que me iría al "otro barrio" tranquilo y feliz de haber
podido dejar algo bueno y hermoso de mi en la tierra, y tu ¿que
esperas para reconocerla? Papá se enfadó mucho, les dijo que no se
metieran donde no les llamaban, que bastante trabajo tenían, en
arreglarse ellos. Total el encuentro acabó como el "Rosario de la
Aurora", él se filé como una furia, yo no sabia que decir ni que cara
poner y los otros dos también se fueron enfadados.
Después de este incidente, en un par de días, no volví a ver a mis
amigos ya que tenían sus habitaciones en la Planta Baja y si ellos no
subían yo, todabía no podía circular mas que por el salón y Galerías
de la Planta Ia. Pero el que si subió fue el "primo", me saludó muy
amablemente. Vi a tu padre el otro día cuando vino a verte, te trajo
un medicamento de Suiza muy bueno, me dijo.¿No? Si, le contesté,
ya he empezado a tomarlo Veremos que tal va, el Dr. lo dirá, y Vd.
¿Como está? Yo tenia poca cosa y puedo regresar a casa. Me iré a
una finca que tenemos en la Cerdanya, para completar el reposo,
pero en realidad ya estoy bien. He venido a despedirme de ti, me
alegro mucho de haberte conocido.
Lástima no pueda explicarlo al resto de la familia, como sería mi
gusto. Deseo que te restablezcas y todo le vaya muy bien.
Me dio la mano y se marchó.
Hubo días de cambio, unos se fueron otros murieron, vinieron de
nuevos, entre las novedades, cambiamos de Dr. se fue Clariana, con
su vozarrón y grande personalidad entró el Dr. Llobet, alto como él
pero de modales suaves y pocas palabras. Nos visitó a todos uno
por uno, decidido a poner un poco de orden en el desorden que
según él reinaba en el Sanatorio.
Vigilaba mucho las horas de reposo, los medicamentos, los análisis,
las radiografías, quien podia moverse y quien no.
Al principio lo encontramos todos muy pesado, acostumbrados a
Clariana que, nos dejaba un poco a nuestro aire, le llamábamos
"General en jefe" Pasaba visita acompañado de una enfermera, tan
serio que causaba respeto.
Como ya me encontraba mejor y tenía ganas de broma
aprovechando el cambio de médico, uno de los enfermos vestido
como tal y yo de enfermera nos fuimos a la galería de la 2a planta,
donde no nos conocían y pasamos la visita, diciendo no sé cuantos
disparates presentándonos como los nuevos. Ni que decir tiene que
cuando pasó el autentico se formó el lío.
Inmediatamente el director D. Reventos, vino a verme, diciendome
que estaba muy contento de ver que el nuevo medicamento hacía su
efecto se veía que me encontraba mejor, pero que recordara que
estaba en un Sanatorio y debía seguir las normas. Por la mañana
podía bajar al prado, reposar en una tumbona, leyendo o
simplemente contemplando las nubes, lo cual me llenaba de
felicidad que duraba poco; pues (como decía Revenios) eres como
un imán, no sabes como, pero al rato, todo el mundo está en el
prado, y era verdad, ahora uno, ahora el otro, al poco todos estaban
a mi alrededor, me ponían al coriente de todo lo que pasaba, quién
se había curado más o menos, quién estaba peor, quien ya no estaba
en este mundo, los nuevos; - por cierto, ha entrado uno, me dijeron,
muy raro, es un aristócrata un conde creemos, joven, pero más que
enfermo de los pulmones parece estarlo de la cabeza.
Está en la habitación principal de la Planta baja, o sea que debe
tener mucho dinero.
Bueno aquí llega el "General", se acabó la reunión todo el mundo a
su sitio, que es tarde.
Mi habitación estaba al lado de un gran salón, donde podíamos
reunimos y recibir las visitas. En un lado había un piano antiguo
pero, que sonaba bastante bien y al que me habían dado permiso
para tocar.
Precisamente estando haciéndolo, se acercó un joven a quien no
conocía, se sentó en el sillón de al lado sin decirme nada y se quedo
quieto. Al momento dejé de tocar, no por favor, sigue tocando me
gusta mucho.
Es que ya he terminado dije levantándome. Lástima lo haces muy
bien. Gracias. Antes de que tuviera tiempo de irme se presentó. Me
llamo Carlos, me dio la mano, diciéndome estaré un tiempo por
aquí, ya nos veremos y se fue por donde había venido.
Otro de los que han venido nuevos, pensé, no está mal pero un poco
raro.
Aunque bien mirado todos los que aquí estábamos muy normales
no éramos.
Esta enfermedad, los médicos ya lo dicen, provoca un cierto
romanticismo, te crea un estado supersensible, por algo es el mal de
los poetas, de algunos músicos como Chopin etc..
El Dr. riendo me dice que todos los hombres del Sanatorio, jóvenes,
viejos, solteros y casados, están enamorados de mi.
Claro, contesto, como yo los quiero a todos. Me doy cuenta que a
medida que mejoro les alegro la vida a los que están peor, los más
mayores, los que están más solos, procuro animarlos, que no se
dejen vencer por la enfermedad, que confíen en Dios, tengan
voluntad, miradme a mi, como estaba de mal y como estoy ahora y
eso que de curada nada de nada. Les digo tonterías, pero les hago
reir, les explico historias, de cuando estaba en el colegio, de cuando
hacía teatro, anécdotas. Así olvidan sus males momentáneamente.
Todos procuramos olvidarlos, para sentirnos un poco más felices.
He olvidado comentar, que después de dejarme en el Sanatorio (a
parte de las tias, que ya lo habían hecho) papá, escribió una carta a
mi madre, larga, extensa y casi dramática, explicándole con todo
detalle mi enfermedad, incluso exagerándola creo un poco, para así,
llegarle más directamente al corazón y prácticamente obligarla a
venir, ya que él opinaba que nunca en su vida había estado tan
necesidada de su cariño y aunque él se preocupaba de que no me
faltara nada, referente a cuidados físicos o médicos, no era lo
mistíio que poder contar con su presencia. Al menos con sus visitas.
Exactamente no sé lo que decía, pero se vé, que era una carta
enternecedora y tanto las tias, como papá y yo misma, confiábamos
de verdad en su vuelta. Incluso le habían arreglado su antigua
habitación, ya que al no estar yo habían pintado el piso. Pero
nuestro gozo en un pozo. Me escribió una carta a mi y otra a las
tias, diciéndonos mas o menos que papá siempre había sido muy
exagerado, habiéndote visto lo grandullona y fuerte que se te veia
(decía) cuando nos encontramos en Andorra, no creo, en tan poco
tiempo, hayas podido enfermar de esa manera. Por otra parte si ya
estás en un buen Sanatorio que te cuidan bien, cosa que no dudo,
poca cosa podría hacer yo y ahora la verdad es que no me es posible
regresar etc..etc..Después de esta respuesta, papá se indignó tanto
que me prohibió volviera a escribirla ¡nada! olvídate de ella para
siempre. Está bien claro; que tu, no eres lo más importante en su
vida.
Aunque fue un golpe duro, he de confesar que quizás un tiempo
atrás lo hubiera sido más. Ahora estaba viviendo en su mundo un
poco irreal, nunca había estado tan mimada, agasajada, todos se
desvivían por complacerme, me regalaban flores, colonias,
bombones, me sentía como si yo fuera una 'Vedette'" o una princesa
de "Cuento de Hadas".
Cuando Alejandro y tia Consuelo venían a verme, cosa que hacían
muy a menudo, se quedaban maravillados de lo que todos me
apreciaban y de los detalles que tenían conmigo. Alejandro me
decia - por lo que veo nunca querrás marcharte de aquí, con lo bien
que te tratan.- Algo de razón tenía, un poco de miedo a salir , a
volver; aquí me sentía segura, querida, solo con la única
preocupación de ganar la batalla a la enfermedad, al tiempo y vivir
lo único que importaba! Por fin, podía vestirme y bajar al comedor,
todo un acontecimiento en nuestro mundo ya que era una clara
señal de que la cosa iba bien. Cada uno tenía mesa numerada y fija,
la de mi lado estaba vacía, enfrente, a no mucha distancia mis dos
grandullones amigos, que con permiso del Dr. el cual comía en una
mesa un poco apartada del resto me obsequiaron con una copa de
"Champagne"; para celebrarlo. En este momento llegó el ocupante
de la mesa vacía. Hola me alegro mucho de volver a verte, estás
muy guapa, "bon apetit" y se sentó tranquilamente. Era el joven del
piano, el "raro". Vaya, pensé de todos, me ha tenido que tocar a mi
de vecino de mesa. Cuando salíamos del comedor el Dr. se acercó a
mí. Me he fijado en lo poco o casi nada que has comido, si no te
esfuerzas en comer un poco más, no hará falta que bajes, así que
espero pongas un poco de voluntad. Pide lo que te apetezca, pero
come.
¡Que antipático! pensé. Creo que es el único de todo el "Sana", que
no me cae bien. Siempre tan serio, tan profesional. Solo de verlo me
daba rabia.Me fui hacia fuera donde ya teníamos las Tumbonas
preparadas, para descansar. Aún no había terminado de eslizarme
ya estaba a mi lado el "raro", bueno se llamaba Carlos. ¿Vas a
descansar o a leer? ¿Porqué? le pregunté. Porqué tengo muchos
libros y te los puedo prestar o regalar si lo prefieres. Y para que me
los tienes que regalar. Porqué tu vas a ser mi novia primero,
después mi señora claro. ¿Quee? Me eché a reir, con todas mis
ganas. De verdad que eres el tipo más gracioso de todos los que han
pasado por aquí. Riete lo que quieras, pero desde el primer
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momento que te vi supe que serías mi mujer, así que ves haciéndote
a la idea.
Me besó la mano, se levantó y se fue. Yo estaba tan asombrada que
no sabía si reirme o ponerme seria. Como es natural lo comenté con
el resto de amigos, unos decian que fuera con cuidado que el "tío"
estaba loco. Otros que era un niño mimado que no le hiciera caso.
Pero la cuestión es que cada mañana me despertaba dándome los
buenos día , por teléfono, me mandaba un ramo de flores con
poesías, frases de amor y a las enfermeras, y al mismo Dr. Reventos
les había dicho que eramos novios que en cuantos saliéramos y yo
estuviera bien, nos casaríamos. Tanto es así, que fui a hablar con el
Dr. residente y después con Revenios, para decirles que todo se lo
inventaba que yo no era su novia ni la de nadie. Pero él seguía en
sus trece, hizo venir a su abuela que era Condesa del M. para que
hablara con el Dr. y se enterara exactamente de como estaba yo. Me
mandó el Párroco del Brull, con el que yo tenía una buena amistad
ya que cada Domingo venía a decir misa a la capilla del Sanatorio,
y todo el tiempo que me tocó estar en cama, y no podía ir a la
Iglesia, venía a darme la comunión a la habitación, era lo que se
dice un "Santo Varón" por eso lo convenció para que hablara
conmigo - Es un buen chico, está muy enamorado de ti, tiene
buenas intenciones, quiere que yo os case aquí en el Brull y no es
mal partido. Pero, padre si yo ni tan siquiera lo conozco, perdone
creo que está mal de la cabeza, así que si vuelve a insistir Vd. dígale
que se olvide y se vaya con la música a otra parte. No acabó aquí la
cosa, la "Condesa" fue a hablar con Alejandro, para ver si mi padre
estaría dispuesto a darme el apellido para casarme con el "Conde",
porqué sino no quedaba tan bien. Sandro vino a verme convencido
de que yo le había dicho que si, hasta que le expliqué toda la que
había armado. -Entonces ¿que he de hacer? ¿Romperle la cara?.- No
hombre no, pronto se irá, me lo ha dicho el Dr. y mientras tanto yo
voy siempre rodeada de amigos y no lo dejo ni acercar. Ahora en la
61
habitación, cuando no estoy, como no se puede cerrar con llave me
deja, Fotos suyas dedicadas "a mi gran amor" el otro día me dejó un
estuche con una cruz antigua de pedrería, que según el perteneció a
su familia y ahora debía ser mia.
Por supuesto la encargada de la limpieza se lo devolvió todo. Al fin
Carlos se despidió diciendome que hiciera mucha bondad, que me
curara pronto, que volvería a buscarme.
Aunque todo el tiempo que duró fue diversión para todos, pues
estábamos pendientes de cada día la que organizaba y era como si
fuéramos al teatro, en el fondo sentí un gran alivio, pues empezaba
a tener sensación de acoso, de falta de libertad para circular sin
miedo de encontrármelo en todas partes. Así que lo celebramos a lo
grande. Al cabo de unos días me avisaron que mi padre me
esperaba en el coche a la puerta del "Sana" para ir a dar un paseo.
Antes de salir se me ocurrió mirar por la ventana , para ver donde
había parado el coche, menuda sorpresa y sobresalto me llevé, no
era mi padre era el chofer del loco de Carlos y naturalmente él
estaba dentro. Me vio y bajó inmediatamente, gritando ¡ he venido a
buscarte y no me iré sin ti! Tan rápida como pude me fui directa al
despacho del Dr. que era lo que me quedaba más cerca. Cuando me
vio entrar, dijo ¿No te encuentras bien?Si, si le dije casi sin respirar.
Es el loco que me quiere llevar, ¿Que dices? ¿de que loco hablas?
Salió al recibidor y se encontró con él. Bueno ¿que pasa aquí? A ti
ya te dimos de alta y aquí no tienes nada que hacer, o te vas por las
buenas o llamo a la policía para que se te lleven, creo que ya has
montado bastante escándalo y ni a tí ni a tu familia os conviene
armar mas jaleo. Debido al sarao que se había formado, habían
acudido algunos enfermos y enfermeras, para ver que pasaba, así
que protestando todabía, no tuvo más remedio que marcharse.
Escuso deciros la juerga que se montó después, - Lo nunca visto,
secuestro en el Sanatorio.- Pobrecito eso si es amor - Maty ¿porqué
eres tan cruel y no te has ido con él? Es la primera vez que pasa un
caso como éste. Lo publicaremos en el periódico. Si, si Os podéis
reir tanto como queráis, pero buen susto que me he llevado. De
todas formas, quedó bien claro, que a pasear por el prado sola no
iría por si acaso.
Con todos estos jaleos el Dr. residente se responsabilizó mucho de
mi, se trasladó a la mesa de mi lado en el comedor, para vigilar
(según él), de cerca lo que comía. Cuando paseábamos, venía el
también y casi siempre a mi lado. Si nos reuníamos en el salón, no
faltaba. Mis dos "grandullones" amigos, empezaron a hacerme
bromas. Tenemos un buen medico ¿eh? Se preocupa de los
enfermos, sobre todo de ti ¿no? Se le enturbian las gafas cuando te
mira. No digas que no lo has notado. Si que lo había notado, y no
me desagradaba, ya no me parecía tan antipático al contrario, me
hacia gracia su forma suave de hablar, aunque te estuviera riñendo,
su risa, su humor un poco inglés, en resumen me gustaba bastante.
Por la mañana esperaba impaciente la hora en que con la enfermera
pasaba visita, te tomaba el pulso y con voz suave te preguntaba,
¿has descansado bien? ¿Como te encuentras?
Todo el mundo se había dado cuenta de que nos gustábamos,
aunque procuráramos disimularlo. Hasta que un día se decidió y me
lo dijo claramente, que yo le gustaba mucho, que le encantaría
formalizarlo, pero que mientras estuviéramos en el Sana debíamos
guardar las formas., sino el Dr. Reventós lo mandaría fuera. Que yo
hiciera todo lo posible, para curarme pronto, en cuanto me dieran el
alta, él también se iría y ya podríamos ser novios, si quieres antes
puedo hablar con tu padre.
Yo le dije que esperara, que no fuera tan deprisa, que yo aún no
sabía cuanto tiempo me quedaba de estar enferma, ni siquiera sabía
si llegaría a curarme del todo, y si no me curo no seré novia de
nadie.
Mientras tanto al Sanatorio habían llegado 2 chicas nuevas jóvenes,
como yo, una Dolors, muy simpática y muy guapa, alparecer no
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demasiado enferma, con la que enseguida conectamos, haciéndonos
buenas amigas y ayudándonos a compartir los "Fans, cosa que nos
divertía mucho a las dos. La otra, una mallorquína, muy mona, pero
pija, pija que "estaba morena sólo del tiempo que estaba en el yate,
pues tomar el sol lo que se dice tomarlo, no lo hacía". Tampoco es
que estuviera muy mal, pero sus "papas" la trajeron para que
descansara, se recuperara y nada mejor que los aires de la montaña,
lejos del mar y los "yates".- Yo confieso que la imitaba
ridiculizándola, porqué no me cahía muy bien, ahora pienso que en
el fondo quisas lo que le tenía era un poquito de envidia.
Mis dos queridos y grandullones amigos cada vez estaban peor,
"Conty" el que estaba casado, se despidió de su gran amigo Mestres
y de mí diciendonos que se volvía a su casa, aquí ya no me pueden
hacer nada y prefiero "acabar" allí, no me gustaría nada, que
tuvierais como último recuerdo mió, mi final, quiero que me
recordéis así con alegría brindando con champagne. Así lo hicimos
y se marchó.
A los pocos días, Mestres, que desde que se había marchado su
amigo, parecía un alma en pena (que ni yo que siempre lo hacía
reír, conseguía alegrarlo) me dijo que quería hablar conmigo. Ya lo
estamos haciendo ¿no? Lo que voy a decirte es muy serio, no tengo
más familia que una hermana en Andalucía, y unos cuantos
sobrinos. Siempre me has oido decir que me hubiera encantado
tener un hijo o hija, pero debido a la vida que he llevado, o lo que
sea, el caso es que no tengo. He estado pensando mucho, quiero
operarme, cosa que los médicos no están del todo de acuerdo, por
mi edad, por como estoy, me han dicho que no quieren engañarme
y que no tengo muchas garantías de que salga bien y que incluso
podría quedarme en la operación, pero bajo mi absoluta
responsabilidad quiero hacerlo. No quiero acabar consumiendo lo
que me quede de vida en un Sanatorio, aunque sea tan agradable
como este. Todo esto te lo digo, porqué si tu estuvieras de acuerdo,
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haría venir al notario te daría mis apellidos y juraría si fuera
necesario que tuve amores con tu madre y soy tu verdadero padre y
podrías heredar, "cuando yo falte", parte de mi patrimonio, que es
bastante; tengo unas casas en Barcelona y tierras y unas salinas por
Andalucía y algunos bienes más, que podrías repartir con mi
hermana y sobrinos pues hay suficiente para todos, ya que tu padre
no quiere, de momento, reconocerte oficialmente; yo estaría
encantado de que llevaras mi apellido, me sentiría muy orgulloso de
que tu firmaras con el, me iría de este mundo feliz pensando que
había dejado una digna descendencia y la mejor obra de toda mi
vida.
Si dices que si mañana mismo lo arreglamos.- La verdad es que me
quedé sin saber que decir. Es la oferta más generosa y fantástica
que me han hecho en toda mi vida, y por lo bueno que eres y el
cariño que te tengo me encantaría poder decirte que si, pero ya
sabes como soy, como quiero a los míos, me es imposible aceptarlo,
aunque me duele el tener que darte esta negativa. A pesar de sus
defectos, de que quizas nunca me reconozca como hija, para mi
solo hay y habrá un padre y eso si lo reconozco a el como tal, lo
mismo que a mi madre aunque no la tenga al lado. Los quiero y no
puedo remediarlo ¿Lo comprendes, verdad?.- De todas formas
siempre recordaré tu ofrecimiento. A los pocos días de esta
conversación, Mestres se fue a Barcelona para operarse. Fue una
despedida de las más tristes, el marchó convencido de que no
volveríamos a vernos, como así sucedió, ya que no resistió la
operación.
Fueron días muy tristes para mi, en poco tiempo, perdí a dos buenos
y muy queridos amigos, los encontraba a faltar mucho, sus bromas,
sus peleas con el médico y las enfermeras, en definitiva su
presencia. No era yo sola, la que notaba su ausencia durante unos
días, pareció como si de repente se hubiera hecho el silencio, como
si todos habláramos bajito.- pero afortunadamente la vida sigue, el
< onsuelo se impone a la pena todabía quedamos un buen grupo de
amigos la mayoria jóvenes, con muchas ganas de vivir, de olvidar
ios momentos tristes, de reir de recordar anécdotas, cosas alegres,
de hacer proyectos, el más inmediato salir de aquí completamente
curados, volver cada uno con sus rerspectivas familias, reanudar la
vida donde la dejamos, como aparcada. Aquí hemos aprendido
muchas cosas, a convivir con el dolor, el sufrimiento, a aceptarlo,
no con alegría, pero si con cierta resignación "irónica" riéndonos un
:*oco de nuestros males y por encima de todo aceptándonos, con
todas nuestras debilidades, ayudándonos unos a otros a pasar los
malos tragos y aprovechando al máximo los buenos, además ahora
tengo otra ilusión, volver a Barcelona estando bien podré pasear
con Francesc, presentarlo a mis amigos ¡por fin te has decidido!
Seguro que me lo dirán. Será una sensación agradable sentirte
querida y querer, y poderlo decir a los cuatro vientos. No como
aquí, que hemos de disimular y hacer ver que no pasa nada. El ya
procura buscar alguna ocasión para estar a solas conmigo, pero yo
yo no sé porqué, siempre lo evito. A veces creo que soy un poco
tonta, se supone que lo quiero, deseo estar a su lado, y cuando tengo
oportunidad de hacerlo, me escabullo y me voy corriendo. El ya me
lo dice, que no hay quien me entienda. Supongo que cuando
estemos fuera de aquí, no me harás lo mismo, pues ahora más bien
parece que te dé miedo.
Ha llegado el verano y esto en vez de un Sanatorio, parece un lugar
de veraneo. Teniendo en cuenta que hay tres edificio separados
completamente, el central y mayor, que es donde estamos,
podríamos decir, la elité de los enfermos, aparte de tener las
mejores habitaciones, reúne también a los considerados menos
graves, más jóvenes, con menos problemas añadidos de otros
males. Aquí en la Planta baja, está el despacho del Dr. la unidad de
Rayos X, el comedor, la cocina, la enfermería y 4 habitaciones que
casi siempre ocupan gente importante. Dos ya quedaron vacías, al
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irse mis queridos y siempre recordados amigos. Las otras dos, una
ya estaba ocupada por el famoso oftalmólogo, y a la de al lado ha
venido una tía de él, que es concertista de piano y como es muy
amiga de la Sra. Revenios, le apetecia venir a descansar aquí junto a
su sobrino. A más el propietario de toda esta finca que es un Sr.
cincuentón muy aristocrático gran amigo del Dr. Reventós, que
viene muchos fines de semana para ir a cazar, también se queda a
pasar el verano en un departamento que siempre tiene reservado en
un pabellón adjunto, por eso digo que esto se parece más a un Hotel
que a un Sanatorio.
Separados por un buen pedazo de prado está otro edificio más
pequeño, que llamamos familiarmente "la casita de las enfermeras"
que es donde se alojan ellas el Dr. residente el cocinero y resto de
empleados, un poco más alejados están la Capilla y otro edificio
donde se hospedan los enfermos más graves y tras todo esto oculto
por una barrera de árboles está el Cementerio. Todo esto lo he
descubierto dersde que puedo pasearme y salir al exterior, ya que
antes mi mundo se limitaba a la habitación, galería, salón y
comedor.
He tenido oportunidad de visitar el pabellón de los que están peor,
(aunque lo tenemos prohibido), supongo que para evitar que nos
deprimamos y es que no hay para menos. He conocido a una chica,
(exactamente no sé que edad tendrá) ni se lo he preguntado, se
llama Rita que está prácticamente en los huesos, tiene un hermano
pianista y hemos charlado un buen rato, hasta que ha venido la
enfermera y me ha hecho marchar. Antes de irme, (por lo bajo) le
he prometido que a pesar de la prohibición volvería. Cosa que,
estoy segura me ha agradecido, pues recibe poquísimas visitas,
aparte de las del médico y enfermeras. Da mucha pena el ver como
a pesar de los nuevos medicamentos, todabía, hay tanta gente sin
remedio posible, sin apenas esperanza. Ahora que los he visto, cada
vez que puedo escaparme los visito, en realidad no puedo hacer
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nada por ellos, más que darles un rato de compañía, de alegría, les
divierte ver como me escondo para que no me pille la enfermera o
el médico, como si fuéramos niños jugando al escondite, sobre todo
a Rita que es con la que paso mayor tiempo, explicándole lo que
pasa en la "casa grande" como he tocado el piano con la Sra. Vila la
concertista, a 4 manos, para mi fue un gran honor el poder hacerlo,
lo agradable que és y que está empeñada en que su sobrino y yo nos
hagamos novios, yo le digo que lo veo difícil, porqué ella no sabe
que a mi no me gusta nada ni yo a él, aunque a veces entramos del
brazo en el comedor para hacerla contenta. Contándole estas y otras
tonterías, la distraigo y el tiempo le pasa más rápido, pero cada vez
la veo más desmejorada, últimamente, solo hablo yo, para que no se
canse.
Hace un rato que he llegado, no sé que historia le estoy explicando,
cuando me extiende los brazos mirándome como si quisiera
decirme algo, me acerco, cogiéndole las manos, tiene un golpe de
tos y cae desmayada encima de mi. Asustadísima llamo a la
enfermera que viene enseguida, haciéndome marchar, también llega
el médico que me hace ir a cambiarme de ropa, pues me ha
manchado de sangre.
Cuando estoy debidamente desinfectada, y un poco más calmada,
me doy cuenta de lo que ha pasado, no ha sido un desmayo ha
muerto, prácticamente en mis brazos.
Es una experiencia y una impresión que a pesar de los años pasados
no he olvidado. De todos los que empezamos este "llamémosle",
periodo de internamiento juntos quedamos muy pocos, algunos han
tenido la suerte de curarse, como yo, (que estoy en vísperas de
marcharme) y se han ido felices y contentos, otros también se han
marchado, como Rita, Mestres y tantos otros para siempre, aunque
para los que tenemos fé es hasta que volvamos a encontrarnos.
Los médicos han hablado con papá, puedo dejar el Sanatorio, pero
todabía debo cuidarme aun me quedan unas decimitas de fiebre que
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no acaba de irse, estoy bastante delgada y he de tomar calcio,
alimentarme bien, no puedo ir a la playa y he de seguir algunas
normas. Lo mejor dicen es que pudiera irse a vivir a algún pueblo,
pues Barcelona no es muy recomendable en plan de aire puro.
Después de hablar con las tías, resulta que una amiga de ellas y de
mi madre, tiene una finca donde está viviendo desde hace unos años
en Llinás del Valles, un pueblo pequeño y según dice muy sano y
agradable. Además conoce al medico, un joven muy eficiente y
OÍ ¡tendido. Ella misma se encarga de buscar una casa, papá está de
acuerdo, la alquila, después de convencer a tía Consuelo, para que
esté conmigo, voy directamente del Brull a Llinás del Valles. Al
despedirme yo del Sana, también se ha despedido el "medico
residente'' como habíamos pactado, quedamos en volver a
encontrarnos ya en mi nueva residencia para hablar de nuestro
compromiso.
Una vez en el pueblo "Celeste", que así se llama, nuestra amiga,
nos presenta al Dr. Morlans, el joven médico de quien tan bien nos
había hablado.Papá le encomienda mi cuidado, que se limita a
Harme una inyección cada dos días y controlar si todabía sigo con la
fiebre, también puedo pasear, pero sin cansarme.
Una vez bien instalada, papá se va no sin antes advertirnos de que
le tengamos bien informados de todos mis pasos y avances.
Con todo este tinglado, no sabe que yo sigo escribiéndome con
mamá, con que él me había prohibido, después de su famosa y
negativa respuesta, cuando me puse enferma, ahora le he
comunicado mi salida del Sanatorio y que estamos tía Consuelo y
yo viviendo en Llinás, que hemos venido aquí gracias a que su
amiga Celeste nos ayudó a buscar una casa, estamos muy bien ya
que es un sitio muy tranquilo, rodeado de bosques. Alejandro y tía
Maruja siguen estando en el piso del Paralelo. Han pasado unas
semanas Francesc (el médico del Sana) ha hido a hablar con mi
padre para pedirle permiso para salir conmigo viene a verme un par
de días por semana, ya que tiene el despacho y consultorio en
Barcelona, dice que está arreglando el piso para cuando nos
casemos. Papá también viene a verme a menudo y se preocupa de
que no nos falte de nada, así que todo va como una seda, también
he conocido a la Sra. del Dr. Morlans, Pepita que es una persona
encantadora, tiene dos niños preciosos y nos hemos hecho muy
amigas, es curioso como surge entre según que personas una
corriente de simpatía, como si ya nos conociéramos de mucho
tiempo, a parte de tener algunas cosas en común, como el haber
estado educadas con las mismas monjas aunque en distintos
colegios, tenemos casi las mismas ideas.
Como siempre cuando las cosas van tan bien parece tenga que
surgir algo que lo estropee.
Es el caso que mi madre escribió diciendo que estaba pensando en
volver, que ya estaba cansada de estar en Francia, que tío Ricardo
(su hermano) se había marchado a México y tenía ganas de estar
con la familia. Aparte de todo esto, el novio que tenia se fue a Paris
a vivir con su madre y lo habían dejado correr o sea habían
terminado. Hasta aquí todo correcto, normal que quisiera
volver.Pero, claro había que comunicárselo a papá, lo que me temía
sucedió. Puso el grito en el cielo. Cuando la necesitaba, cuando
estuviste grave, cuando yo personalmente le escribí para qu viniera,
no quiso hacerlo! y Ahora se acuerda, ahora no la necesitamos para
nada, si ella viene aquí contigo, y tu la aceptas, no cuentes más
conmigo para nada. Piénsalo bien antes de decidirte. Comprendo
que tienes toda la razón del mundo, le contesté, pero es mi madre,
está en un mal momento y no puedo decirle que no quiero que
vuelva cuando es lo que siempre he estado deseando.
Ya sé que han pasado 12 años y somos casi unas extrañas, que nos
costará adaptarnos, pero yo no puedo negarle mi apoyo.
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Pues veremos como os las arregláis sin el mío, vosotras mismas.
Dicho esto se marchó enfadadisimo y tía Consuelo y yo nos
quedamos desconsoladas, pensando que deberíamos hacer.
Económicamente dependíamos de el, ya que tía Consuelo había
dejado su trabajo en el Frontón para estar conmigo y yo no sabía lo
que era trabajar aunque estaba dispuesta a hacerlo.
Total, llegó mi madre, después de las lógicas lágrimas, emociones
abrazos y demás, nos explicó todas sus vicisitudes desde que se fue
exilada, como después se rehizo las buenas amistades que tubo y
aún conservaba. Como conoció a Alberto, el que había sido su amor
(al cual nosotras conocimos en Andorra) como hicieron la
Resistencia juntos, él era un idealista y llegó a ser un personaje
importante, pero un poco loco, al menos tanto tía Consuelo como
yo así lo clasificamos cuando lo conocimos y no nos equivocamos
pues ahora creo que había perdido su credibilidad en Perpignan y
por eso se había marchado a París donde vivía su madre. Mamá
cuando vio que había perdido (todos, digamos sus dones) no quiso
saber nada más de el y mucho menos de su mamá y decidió volver.
Tía Consuelo le dijo algunas cosas (como su hermana que era), que
a mi madre le sonaron a reproche y no le gustaron nada, después de
una larga discusión, tía Consuelo decidió marcharse con tía Maruja
y Alejandro. Lo siento, me dijo, pero como tu bien dices y
defiendes, ella es tu madre, al fin y al cabo en este sentido yo
siempre tengo las de perder, quedaros las dos y ya te apañarás con
tu padre, veremos como te las arreglas y se fue.
Yo estaba muy desconcertada, mamá había venido sin un duro,
delgada, medio enferma, un poco como el Tango "Pane y
descangallada" , la casa la teníamos pagada, pues papá pagaba el
alquiler por años, Comida y dinero, más o menos para un mes.
Había que pensar rápidamente que hacer, pues papá me lo había
dicho bien claro o mi madre o él, la decisión ya estaba tomada,
esperaría que mamá se repusiera y me prondría a trabajar, no sabía
en qué, pero algo encontraría, tenía mis estudios de comercio, de
Francés, de Piano, mal iría que no me sirvieran; de momento lo
importante era que las dos estuviéramos unidas, aunque me sabía
muy mal que nada más llegar se hubiera enfadado y peleado con
sus hermanas al fin y al cabo me habían hecho de madres,
sobretodo tía Consuelo. Espero que mas adelante se arregle,
(Jomo cada semana Francesc vino a verme y se quedó muy
sorprendido, cuando le presenté a mamá estaba al corriente de todo
lo que había pasado desde que me puse enferma y nunca había
;entido simpatía hacia mi madre, así que desde el primer momento
que la vio no pudo disimular su antagonismo hacia ella.
Una corriente de antipatía se estableció desde aquel momento entre
ambos y estar enmedio no resultaba nada agradable, pero yo seguía
teniendo confianza en que cuando pasara un tiempo....
Entre tanto las tías habían llamado a mi padre y le habían explicado
lo que había pasado, como había llegado mamá, en la situación que
estábamos. Total que papá como siempre, por cariño hacia mi, nos
mandó la mensualidad con una carta que me decía que ni se me
ocurriera buscar trabajo que ya vendría a verme a mi, que de mamá
no quería saber nada, después de leer la carta ella dijo, eso es propio
de él pero ya se le pasará.
Cada día íbamos paseando a casa de Celeste (la amiga de mamá y
las tías) "Can Bogatell", era una especie de masía pero por dentro
con todas las comodidades, calefacción etc. y decorada con mucho
gusto, su esposo era un Sr. muy simpático aunque por lo visto no
andaba bien de salud. Con mamá se conocía desde jóvenes también
conocía a papá. Era muy agradable estar con ellos, muchas veces
nos quedábamos a comer o a cenar, tenían cocinera y camarera y
ese ambiente supongo que a mamá le recordaba tiempos pasados,
cuando ella también las tenía, antes de nacer yo y vivia con papá.
Durante un tiempo cada vez que venía mi padre a verme, llamaba,
yo bajaba y nos Íbamos a pasear ya que no quería encontrarse con
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mi madre ni hablar con ella, hasta que al fm le dije que eso era una
tonteria que un día u otro habían de verse y hablarse puesto que
estábamos juntas y así seguiríamos. Costó un poco pero cedió, se
encontraron se saludaron fríamente y en esta ocasión fue mamá la
que se fue a comprar para no "ponerlo violento" dijo..He de
reconocer, a pesar de los pesares, que mi madre era única y
admirable, consiguió que papá nos aumentara la mensualidad, que
cediera, a cambiarnos a una casa más bonita, confortable y más cara
por supuesto, que nos pagara una mujer de hacer faenas, ya que ella
no estaba dispuesta a hacerlo y no podía consentir que lo hiciera yo.
Para no tener que cocinar, como a mi no me apetecía casi nada,
llegó a un acuerdo con la dueña de la Fonda Cervera, la Sra. Rosa,
una persona encantadora y generosa, Íbamos a comer cada día allí
aparte de que era una gran cocinera, tenía mucha paciencia, sobre
todo conmigo, si no me gustaba una cosa, me traía otra, el caso era
verme comer, sino se enfadaba. A mi fonda se viene a comer, sino
no se viene.
Tenia una hija, Carmen, un poco tímida, pero tan encantadora como
su madre, con la que pronto simpatizamos.
Durante el verano, el pueblo se llenaba de veraneantes, había una
"Colonia veraniega" muy selecta y numerosa, las calles estaban
muy animadas, con mucha juventud, paseando a pié o en bicicleta,
sobre todo la calle de la Estación era la mejor, tenía dos bares, uno
donde iba toda la gente del pueblo "Can Bruguera" en el piso
superior tenía una gran sala donde se hacía baile, teatro etc.. el otro
"Casa Pepito" era el de los veraneantes, punto clave de reunión,
donde se hacía el "vermut", el café y donde el dueño a quien
llamábamos Dn. José (cosa que a él le gustaba mucho) nos ponía al
corriente de todas las hazañas de las realezas Europeas y
aristocracias españolas, estaba al día de todos los acontecimientos
que publicaba el Hola, su revista preferida, pues le encantaba la
gente elegante, con clase, como él decía.
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Era un personaje entrañable, de los que quedan siempre en el
recuerdo. También estaba la Farmacia, regentada por tres hermanos
Valencianos, 2 hombres y una mujer solteros los tres, con años
suficientes para seguir siéndolo. Al poseer uno de los pocos
teléfonos que en ese tiempo había en el pueblo, y ser yo por parte
di madre de familia valenciana, me cogieron grande simpatía y
cariño, cosa que nos sirvió para poder utilizar su teléfono casi como
propio. Francesc, mi novio, por ejemplo, siempre me dejaba sus
rev :os allí, papá lo mismo, lejos de molestarse, al contrario se
sentían orgullosos de que les demostráramos, así nuestra confianza.
Además, conocían personalmente a Francesc, pues como venia en
tren, cuando se iba yo lo acompañaba a la estación, pasando
inevitablemente delante de la Farmacia, cosa que naturalmente,
obligó a las presentaciones, lo mismo que al Dr. y Sra. que también
vis ¡ai en dicha calle. Otro punto de reunión era la piscina, por la
m¿:n:ina la gente tomaba el sol, se bañaba, hacia el aperitivo y por la
noche se hacían fiestas con orquesta o con tocadiscos, también
\\M ••]::. una bolera donde se hacían concursos.
En poco tiempo hice muchos amigas y amigos; aunque me habían
prohibido tomar el sol y bañarme, comencé a hacerlo en pequeñas
dosis, para ver como me sentaba, cada día me encontraba más
fuerte, pero lo que nos preocupaba a los médicos y a mi, era que
seguía con las décimas de fiebre, y no sabíamos de donde podían
venir hasta que después de un examen riguroso llegaron a la
conclusión de que podía ser de las amígdalas. De nuevo tuve que ir
a la Clínica Platón, cosa que me horrorizaba bastante, donde me
operaron y me las quitaron. Una vez repuesta de la operación, la
fiebre desapareció, lo que sirvió para que me dieran definitivamente
el alta.
Una de las veces que vino Francesc, fuimos paseando hasta la casa
de Celeste, ya que tenía ganas de que se lo presentara cuando
llegamos, a más de mamá, que iba cada tarde, estaba la hermana
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ella, Genie, que vivia en Barcelona al lado de las tías, a la cual yo
conocía desde pequeña, pero ahora debido a mi larga ausencia, no
habia visto desde hacia tiempo. Después de abrazarnos, saludarnos,
las preguntas de rigor ¿como estas? Que gana tenía de verte etc.. les
presenté al Dr. que estaba calladito esperando termináramos las
salutaciones. Una vez presentado, tomamos el the con ellas, ritual
que seguían cada tarde y al que casi ya me habían acostumbrado.
Cuando empezaba a anochecer, junto con mamá regresamos, ella se
quedó en casa y yo como siempre fui a despedir al Doctorcito a la
estación.
Al siguiente día, nos habían invitado a comer, como tantas veces a
Can Bogatell cuando llegamos, después de saludarnos, Genie sin
más preámbulos me soltó ¿que, ganaste tu verdad?- Yo muy
extrañada, sin saber de que me hablaba, pregunté ¿el que?- Al Dr.,
dejó a su novia por ti, o no? Me quedé sin respiración. Quieres
explicarte más claro, por favor. Me parece que he puesto la pata,
dijo, creo que tu no sabias nada..Me explicó, que el susodicho Dr.
tenía una novia, desde que eran estudiantes, enfermera, que el piso
donde tenía el Consultorio, y (que a mi me había dicho lo estaba
arreglando para los dos) empezó a arreglarlo con la novia para
casarse hacía 7 años, pero cuando fue al Sanatorio y me conoció a
mi se enamoró y dejó plantada a la pobre chica, después de 8 años
de noviazgo con el piso, casi a punto para casarse y con 30 años,
lógicamente del disgusto había estado enferma con una fuerte
depresión.. Genie lo había sabido todo a través de una sobrina que
por casualidad era amiga de la ex. Cuando acabó de hablar, mi
madre dijo, ya sabía yo que no era trigo limpio, de todas formas
tampoco es tan grave, no estaban casados, es libre para ir con quien
le guste más. Sin querer oír mas comentarios, me marché para casa.
Cuando llegó mamá le dije que no quería hablar del asunto que
tenía de pensar fríamente que debería hacer.
Habíamos quedado para el sábado y tenia un par de días para
decidirme, estaba furiosa por el engaño, ahotra que empezaba a
ilusionarme de verdad, que estaba completamente bien de salud,
que la convivencia con mi madre y mi padre parece que se iba
arreglando, que no habían tantas tensiones, tenía que pasarme esto,
que desengaño tan grande, lo mismo que ha hecho con ella puede
hacérmelo a mi, si encuentra otra que le guste más; y lo peor no es
eso, pensaba, lo peor es habérmelo ocultado.
El sábado, como sabía la hora que llegaba me fui a la estación a
esperarlo, se alegró mucho al verme allí. Que sorpresa más
agradable, no le dejé terminar. Hemos de hablar, seriamente del
futuro, le dije ¿De verdad tenías intenciones de casarte conmigo?
¿Porqué dices tenias? tenía y tengo esa intención. Explícame que
pasa, que no entiendo nada.
Creo que tu eres quien debe darme alguna explicación, del engaño
en que me has tenido todo este tiempo. Después de eso me dio toda
clase de explicaciones, que nunca había querido engañarme, que
pensaba decírmelo más adelante que no era el primer caso, que
estando con alguien se enamorara de otra, que el me quería. Que
sentía mucho el haberle hecho daño, a su ex novia, pero lo que
sentía por mi era muy diferente. Estuvimos sentados en un banco de
allí mismo, de la estación, hablando y hablando, no sé cuanto
tiempo. Le dije que se fuera, que no volviera hasta que lo hubiera
pensado bien y le diera una contestación.
Lo pensé, le dije que no quería verle más, había perdido la
confianza en él.
Quizás algún día me arrepienta, pero de momento seria incapaz de
volver contigo como si nada hubiera pasado. Vuelve con tu novia,
seguro que te perdonará, al fin y al cabo a ella no la engañaste,
pensará que fue una aventura pasajera. Estuvo llamando, día y días
a la Farmacia, me escribió, fue a ver a mi padre a Alejandro, pero
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me trumtuve firme y no le vi más.Bueno, verle si le vi, pero no
quise hablar ni saber nada más de él.
Durante este tiempo había aumentado la amistad que tenía con el
Di y Sra. conocí a los padres de ella, a sus dos hermanas, una de mi
edad Gloria y otra más joven Milagros, inmediatamente
sintonizamos, sobre todo con ésta última, simpática y alegre como
una castañuelas, como pasaba días con su hermana mayor, en
Llinns, salíamos de escursion con un grupito que se había formado
en la piscina con algunos veraneantes, hacíamos meriendas en casa
de mío de ellos, con el que yo tenía una buena amistad.
Cuando se enteró de mi ruptura de compromiso, me hacía toda clase
de bromas, decía que estaba contento porqué así tenía el camino
libre, para acercarse a mi. La verdad es que el compañerismo de
este grupo y los consejos de Pepita la Sra. Morlans y sus cariñosas
pal ¡i i as de consuelo, me ayudaron mucho a olvidar mi. digamos,
Irn v s sentimental.
Alejandro y los amigos del barrio venían a verme, con la excusa de
pasar un día en el campo. Se habían formado parejas algunos se
habí;i!i casado otros estaban a punto de hacerlo como Eduardo y
Angelina a cuya boda fuimos todos. Alejandro después de tantos
uüo.-; de verse como amigos se había prometido con Amparo, lo cual
me daba mucha alegría ya que ella seguía siendo mi mejor amiga,
habían decidido casarse pronto. También se había casado Carmen la
hija de los dueños de la Fonda Cervera, con Enrique Font, un joven
que vivía allí y llevaba años enamorado de ella. Pepita, la Sra. del
medico había tenido una niña y estaba loca de alegría, aunque tenía
dos varones muy hermosos, le hacía mucha ilusión tener una nena.
Mamá seguía en contacto con sus amistades de Perpignan e invitó a
pasar unos días con nosotras a un matrimonio que eran de la
aristocracia francesa, los Ducup de St. Paul, vinieron en un coche
blanco conducido por ella, (ya que él estaba casi invalido desde la
guerra del 14, en donde siendo piloto de aviación lo habían herido y
derribado) acompañados por 3 perritos "Chihuahua'7, causando gran
expectación en el pueblo, ya que en la época a que me refiero, los
oches se podían contar con los dedos de la mano y los pocos que
circulaban por el pueblo, negros. A más, conductoras femeninas
oasi ninguna. Enseguida se hicieron populares y amigos de todas
nuestras amistades. Sobre todo a Auge, la Sra. le gusto mucho
Llinás, a partir de ese momento solía venir a menudo, con sus
perritos y su coche blanco. Nos enseñó a jugar al "Bridge" un juego
de cartas, difícil pero muy distraido y diverido, con los Morlans y
ios Font montábamos partidas que a veces duraban hasta la
madrugada.
Se acercaba la verbena de SJuan y con Pepita, hablamos de
organizar una en el jardín de la casa donde vivíamos mamá y yo,
aunque nosotras habitábamos la primera planta, en la de abajo
donde estaba el jardín no había nadie y podíamos utilizarlo. Fuimos
invitando a las amigas con la condición de que todas lleváramos
trajes largos, por supuesto nos los hicimos nosotros con
"Tarlatana", blancos, negros, de color y los chicos debían venir con
Smoking o con traje negro, quien no lo tuviera. Invitamos a los
padres de Pepita, a sus hermanas y de Barcelona a Alejandro y
Amparo y unos cuantos amigos pues se trataba de que todo el
mundo tuviera pareja. Llegó el día de la verbena, entre el Dr.
Morlans, un muchacho del pueblo aficionado a la electrónica y yo
arreglamos el jardín con farolillos, luces y el equipo de música que
no era otro que un tocadiscos con un par de altavoces. Todos
estábamos muy ilusionados, por la tarde llegaron ya los de
Barcelona, pero fallaron tres chicos que no pudieron venir, muy
disgustada, pues era yo la que me había encargado y propuesto que
todas tuvieran pareja me fui a casa de Pepita, para ver como lo
podíamos solucionar ya que a mí no se me ocurría a quien más
podíamos llamar.
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Ella que tenía soluciones para todo, enseguida dijo - Ya está,
llamaré a mi hermano a Granollers y que él se traiga a dos amigos,
^además, debían de ser altos, ya que dos de las que quedaban
desparejadas eran las hermanas Domenech, que medían casi 1,80
m.) pero Pepita, le dije, ¿como quieres que tu hermano, a quien ni
siquiera conozco, que nunca viene por aquí, acepte?
Ya verás sino, muy decidida cogió el telefono y marcó, yo
escuchaba pegada al auricular, para oir que decía, después que lo
tueron a buscar, ya que el teléfono era de un vecino, oimos su voz
¿Si? - Pedro soy Pepita tu hermana y a continuación le soltó todo el
parrafazo, tengo un compromiso, no me puedes fallar, nunca te he
pedido nada y yo que sé cuantas cosas más. Mira contestó él, me
pillas de casualidad, porqué he venido a cambiarme y enseguida me
voy, no me apetece nada ir a una de esas fiestas de tus amiguitos
"cursis y tontos" , aparte ponerme a buscar dos amigos y altos por
si faltara algo, yo le hacía señas a Pepita para que no insistiera,
después de escuchar la respuesta, pero ella insistió. Si me dejas en
la estacada y no vienes, olvídate de que eres mi hermano etc.etc.etc.
Una vez hubo colgado, me dijo, Tranquila que vendrá, yo no lo
creia así, pero no dije nada y me fui a casa para ultimar los detalles
y arreglarme.
El jardín estaba precioso todo illuminado al fondo habíamos
colocado unas mesitas con sillas, para quien quisiera sentarse y en
otra mesa grande las cocas y las bebidas, cava refrescos y en un
gran recipiente de cristal una Tisana de fruta. A la puerta de entrada
de la casa, dos bandejas de mimbre, encima del mueble del
recibidor, llenas de gardenias, (cogidas esa misma noche de dos
enormes macetas que teníamos en la terraza) mamá y yo, vestidas
con nuestros elegantes trajes largos, esperábamos y recibíamos a los
invitados que iban llegando, mamá les ponía a las Sras. tres flores
en el escote y yo a los caballeros una en la solapa. Todos llegaban
como habíamos pactado, la amyoria con Smoking, y las chicas con
79
sus trajes largos. Nuestro amigo electrónico, ya hacía rato que había
puesto la música en funcionamiento de momento todo iba como una
seda. Mamá había ido a sentarse con los papas de Pepita que
llegaron junto con sus hijas Gloria y Milagros, un poco más tarde
vinieron Pepita y Mariano, (ella convencida de que su hermano no
la defraudaría), muy guapa, a pesar de que volvía a estar
embarazada, les preguntó a sus padres por él.- lo habían visto pero
no sabían que pensaba hacer.
La fiesta estaba en pleno apogeo, resultaba muy bonito ver a las
parejas bailando, otros sentados bebiendo o charlando, mucha gente
del pueblo estaba curioseando a través del seto y las verjas ya que
en Llinás no habían visto una verbena tan elegante, (al menos eso es
lo que comentaron después) Yo los contemplaba desde la entrada,
cuando llamaron a la puerta, abrí y sorpresa tres jóvenes, 2 muy
altos y uno más bajito estaban en la puerta, eso si vestidos con
trajes claros de verano, que al ver como todo el mundo iba de
etiqueta hicieron gesto de irse para atrás, pero el más bajito los
empujó para delante y entraron.- Les puse la gardenia en la solapa y
después de preguntarles el nombre a los dos más altos,
inmediatamente les presenté a las hermanas Domenech, volví al
lado del que se había quedado en la entrada, mirando y le dije- tu
debes de ser Pedro, el hermano de la Sra. Morlans, ¿no?
Si, contestó, y ¿tu?- Yo soy una de las niñas Cursis y tontas amigas
de tu hermana, que dá la fiesta.
Hubo unos momentos de tensión, él me miró se sonrió y como la
música sonaba, me dijo ¿quieres bailar?.- Bueno.- Bailamos casi
toda la noche, lo hacía tan bien. Cuando la fiesta terminó, a altas
horas de la madrugada, quedamos en repetirla para la verbena de
S.Pedro, pero esta vez en el jardín de las hermanas Domenech, que
eran las propietarias de la otra Fonda que había en el pueblo. Tando
Pedro como sus dos amigos, que se lo habían pasado muy bien, se
apuntaron para la próxima, pero eso si esta vez vestidos normales.
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Al día siguiente mamá me comentó, el hermano de la Sra. Morlans,
es muy agradable, ¿baila bien, verdad? porqué no paraste de bailar
con él.- Si, le contesté, baila muy bien es como si lo hubiéramos
hecho toda la vida.
Alejandro (que se habían quedado a dormir con Amparo) pero en
habitaciones separadas, pues aún no estaban casados, dijo, cuidado
que tiene cara de pillo y conquista a las chicas bailando. Lo cierto
es que estaba deseando que llegara la verbena de S.Pedro, para ver
si de verdad venía y volverlo a ver. En la piscina, nos encontramos
con el grupo y comentamos lo bien que lo habíamos pasado, mi
amigo (al que llamábamos Tarzan, porqué nadaba muy bien y tenía
un cuerpo atlético) dijo, estuvo todo estupendo, pero el "bigotillo".
te acaparó toda la noche espero que la próxima verbena, no le
dediques tanto tiempo.- Hombre, era el hermano de la Sra. Morlans
y tenía que hacerle el parabién.
Además, yo dedico mi tiempo a quien me apetece. Después de mi
respuesta contundente ya no hubo más comentarios y llego la tan
esperada verbena. Las Domenech se volcaron en prepararla, fuimos
los mismos prácticamente que en la de S.Juan, Pepita comentó,
pues esta vez no le he dicho nada a Pedro, pero por lo visto les
gusta a él y sus amigos porqué han vuelto.
Yo intentaba disimular, bailando con uno, charlando con otro, pero
estaba deseando que viniera a buscarme. El me había saludado
amablemente al llegar, pero después se había puesto a charlar con
su cuñado el Dr., por fin se decidió, en un momento que yo estaba
distraída hablando con María, una de las amigas del pueblo, me
tocó suavemente la espalda ¿Qué, bailamos? Por un momento
estuve tentada de descirle que no mwe apetecía, para demostrar que
no me importaba nada, pero mientras lo pensaba y sin darme cuenta
ya estaba en sus brazos dando vueltas al ritmo de la música.
Sus padres, a los que ya conocía de bastante tiempo, nos miraban
pasar sonrientes, bailáis muy bien los dos, hacéis buena pareja, lo
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decían, yo diría, no demasiado convencidos, supongo que pensando
en lo poco que duraría.
Sea como fuera, Pedro fue viniendo a "ver a la familia" a menudo.
Mariano que siempre decía lo que pensaba, estaba un poco
extrañado igual que Pepita. No lo entiendo, decía, ha pasado tiempo
y tiempo, que no le veíamos el pelo, a veces hasta pensábamos que
no se acordaba que aquí tenía familia, ahora de repente viene,
cuando menos te lo esperas y quiere estar en todas nuestras
celebraciones, es estupendo, pero un poco raro, no es propio de él.
Debe de estar cambiando. El caso es que tanto las celebraciones de
los Morlans Molina como las nuestras, las hacíamos conjuntas, así
que como quien no quiere la cosa, Pedro y yo nos fuimos viendo,
haciendo amistad, hablábamos de muchas cosas, sobre todo yo le
iba explicando mis aventuras y desventuras, conocía a casi toda mi
familia, igual que yo conocía a la suya y así íbamos pasando el
tiempo, a mi madre le cahía de maravilla, decía que era un
muchacho erducado, atento, sexi, simpático, le encontraba todas las
cualidades, lo cual a mi me alegraba mucho, ya que yo, de lo que
estaba segura, es de que me estaba enamorando como una tonta de
él, pero en silencio, sin decir nada a nadie y esperando no se me
notara demasiado o al menos eso creía yo, porqué Pepita su
hermana, con la que estábamos muchos ratos juntas, ya que me
ayudaba a hacerme algún vestido y pasábamos tardes cosiendo algo
debía sospechar, ya que conversando salía el tema de su hermano,
es muy buen muchacho, decía, pero va muy a la suya tiene o ha
tenido siempre, muchas pretendientes nunca, que sepamos, una
novia formal siempre se escabulle, es muy independiente no quiere
ataduras. Ahora, no nos engañemos, se le nota que tiene un interés
especial por tí, pero a mi me da mucho miedo que tú te lo tomaras
en serio y luego a él se le pasara. Yo te quiero como a una hermana
y por nada del mundo quisiera por muy hermano mío que sea,
tuvieras que sufrir por su culpa. Yo procuraba tranquilizarla
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diciendo que entre él y yo solo había una buena amistad, una mutua
simpatía, no negaba que lo encontraba atractivo pero nada más.
Llegó la Fiesta Mayor, ayudada por Pepita, me hice un vestido
blanco, muy bonito, ya que para ir al "Embalat" era casi obligado,
estrenar algo. Como cada año en la Pza. Sta. María se montaba el
"Entoldado" y todo el pueblo se vestía de fiesta, llegaban los
caballitos, el tiro al blanco, la feria, todo el mundo estaba muy
alegre y se celebraba mucho, había sardanas concierto pero la fiesta
cumbre era el baile de noche en el "Embalat". Todo el mundo lucía
sus mejores galas, los hombres, con sus trajes impecables, las
mujeres,, todas o casi todas con sus nuevos vestidos.
Los palcos engalanados con mantones, flores luces, un ambiente
increíble. En mi memoria han quedado gravadas esas mágicas
noches de Fiesta Mayor, donde todo el mundo era participe, los
niños con sus bolas de confetti, sus serpentinas, los mayores
sentados en los palcos contemplando como los mas jóvenes
bailaban, los enamorados, los que no lo estaban, pero pensaban,
igual esta noche encuentro el amor de mi vida.
Me puse mi vestido nuevo y me fui al Embalat, los Morlans Molina
tenían dos palcos, ya que por la Fiesta venían los padres de Pepita,
sus tías, sus hermanas, familia de Mariano, sus sobrinos etc. mamá
y yo estábamos o con ellos o al lado con Carmen y Enrique y el
resto de la familia. Después de saludar a todo el mundo y ver con
gran desilusión que ¡el! no estaba, no había venido ¿Porqué me
dolia tanto? No quería pensar y me puse a hablar con Gloria y sus
primos Ramón y Santi a quienes ya conocía de haber coincidido en
alguna de las fiestas de los Morlans. El baile ya había empezado y
Ramón me dijo si me atrevía a bailar con él pues no sabía
demasiado,lo que no tenía es ni idea, en fin cuando acabó me pidió
disculpas por los pisotones. No te preocupes, con el tiempo ya
aprenderás y los dos nos pusimos a reir. Aún estábamos riendo
cuando ai una voz, para mi inconfundible. Estáis muy divertidos,
veo. Era Pedro, mirándome dijo.- ¿Vas de comunión? ¿cuando
repartirás las estampitas?.- Si en ese momento hubiera podido, le
habría dado dos bofetones, o le hubiera arañado.- todos me habían
encontrado tan bien, tan favorecida con mi vestido blanco y a él no
se le ocurrió nada más que la bromita de la comunión, menos mal
que después bailando se me pasó el enfado.
Después de la fiesta siguió viniendo, me acompañaba a pasear,
mamá, algunas veces lo invitaba a comer, hacíamos partidas de
Bridge, si tenía que ir a Barcelona para alguna cosa, se ofrecía
como guía y acompañante, pero siempre en plan de amigos, nunca
la más mínima insinuación, jamás una palabra que demostrara, un
sentimiento más fuerte que la amistad. No estoy segura, pero creo
que con este juego, estuvimos un año y pico, quizás menos, no sé,
el caso es que todo el pueblo, nos hacía novios, yo ya estaba harta
de decir que no, que solo eramos amigos, hasta sus hermanas
dudaban ya de mi palabra, así que tomé una determinación. Alice la
amiga francesa de mamá me había invitado cantidad de veces a ir a
Perpignan a pasar unos días con ellos, daba la casualidad que nos
había avisado de su venida, le dije a mamá voy a hacerme el
pasaporte (en este tiempo no se podía ir sin él) cuando Alice se
vaya me iré con ella, así haré practicas de francés y conoceré un
poco de Francia, si te parece bien, por supuesto antes se lo
comunicaré a papá, espero no tenga inconveniente. Se lo dije y
después de unas cuantas recomendaciones, accedió. Esperé que
viniera Pedro, como hacía ya casi por costumbre y le dije- Tendrías
que acompañarme si pudieras a hacerme el pasaporte, pues viene
Mme. St.Paul a pasar unos días y cuando se vaya me iré con ella
una temporadita a Perpignan, por un momento se quedó callado sin
decir nada- bueno, dije yo, si no puedes ya lo haré sola,- no, no, no
es eso, es que me has pillado de sorpresa, después estuvo
diciendome, que no sabía porqué motivo tenía que irme, si mis
padres estaban de acuerdo, de que mosca me había picado y un
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sinfín de tonterías más, pero ninguna razón de peso que justificara
su mal estar.
Valiéndose de sus amistades femeninas me arreglaron unos papeles
que eran necesarios para el pasaporte y yo no tenía, de algo que
llamaban "Servicio Social" , una vez todo en orden y ya con el
pasaporte en mi poder, organizamos una cena de despedida en mi
casa, con los Morlans Alejandro, Amparo y él por supuesto.
Se pasó toda la velada, intentando quedarse a solas conmigo, con
variadas excusas, de vamos a buscar leña para la chimenea, que
estaba en el cuarto de abajo etc., pero no quise darle oportunidad.
No sabía que quería decirme, pero pensaba que fuera lo que fuera,
tiempo es lo que más había tenido para hacerlo, ahora ya estaba
decidida me iría por un tiempo, lo olvidaría y punto. Al menos eso
creía en ese momento.
Quedamos que antes de irnos, por la mañana pasaríamos a
despedirnos por su casa y recoger un obsequio que tenían para
Alice. Así lo hicimos, me moría por ver que cara pondría Pedro, al
ver que de verdad me iba, pero la sorpresa me la llevé yo cuando
Pepita nos dijo, Pedro no ha podido quedarse a despediros, no sé
que tenía que hacer, se ha ido en el primer tren para Barcelona. Me
dio tanta rabia que se me saltaron las lágrimas, tanto que hasta
Mariano dijo ¡eh! que no te vas para siempre, suponemos que
volverás, pero Alice que era muy observadora, durante el viaje, me
dijo yo sé porqué lloraste, estás enamorada y temes que él no sienta
lo mismo.
Haces muy bien en venirte a Perpignan, lo pasaremos
stupendamente y quién sabe igual conquistas algún francés y
olvidas al españolito.
Mi estancia en Perpignan fue de la más distraída, no parábamos un
momento, los St. Paul tenían muchísimas amistades, de lo más chic,
quien no vivía en un Palacio, tenía un castillo, para mi era como si
estuviera soñando, algunos habían conocido a mi madre, y todos me
trataban con mucho cariño; la petit espagnole como me llamaban,
tan educada, tan bla bla y que bien habla francés, al principio me
daba vergüenza hablarlo y no los entendía, pero a los pocos días me
solté y casi parecía francesa.
Jean Jules el marido de Alice, me trataba como si fuera una niña
pequeña, al no tener hijos supongo que le hacía ilusión que
estuviera con ellos, cada vez que salía, al volver me traía un regalito
y tenía que adivinar de que se trataba yo le seguía el juego y él era
feliz, Alice se reía un poco de los dos, decía que ya eramos
mayorcitos para jugar a las adivinanzas pero mientras tanto él se
olvidaba un poco de sus dolores, ya que sus piernas le hacían sufrir
mucho, eso le hacía cambiar de humor constantemente, cuando
estaba de malas no podías ni hablarle, entonces con Alice cogíamos
a los perritos, el coche y nos Íbamos a pasear, a Argeles, a Ceret, no
importa donde para mi todo era nuevo.
Ya llevaba algo más de quince días, cuando recibimos una llamada
de Pedro que llegaba en el tren al día siguiente por la mañana, como
Alice lo había invitado varias veces, le había tomado la palabra y
venía un par de días, nos avisaba para que fuéramos a la estación a
buscarlo porqué no sabía la dirección.
Tanto Alice como Jean Jules, me hacían muchas bromas al
respecto, viene para que no te quedes con un francés, está celoso
como un "moro". No creo que solo venga para vernos a nosotros y
conocer Perpignan. A la mañana siguiente, fuimos a la estación a la
hora indicada, muy afectuoso nos saludó a las dos, pero a mi sin
apenas mirarme , cosa que le agradecí, ya que estaba tan nerviosa
que ni sé la cara que debía poner.
Estuvimos todo el día paseando por el Castillet, la Basse, fuimos a
comer y al fin regresamos a la casa de la "rué general Legrand". que
es donde vivían. Una casita no demasiado grande, pero llena de
encanto.
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En la planta baja estaba la cocina el comedor, despacho de Jean
Jules donde guardaba su fabulosa colección de sellos, en donde
cada mañana se encerraba a clasificar las nuevas adquisiciones o
contemplar las antiguas y en donde no podía entrar ni a quitar el
polvo, ni arreglar nada, so pena de recibir la bronca, como me tocó
a mi, por haber osado hacerlo. También había un pequeño patio y
un salón con un piano de media cola precioso. Eso si todas las
paredes absolutamente todas, incluyendo las de la escalera que
subía hasta las habitaciones que estaban en la planta superior, llenas
de cuadros de todos los tamaños. Toda la casa en si era como un
museo, llena de jarros de porcelana china, figuras de marfil,
muebles lacados de Indochina y vitrinas llenas de los más diversos
y exóticos objetos restos de un patrimonio y un pasado fastuosos
para nosotros solo imaginable a través de la lectura de cuentos o
novelas románticas de ficción.
En este ambiente tan especial cenamos los cuatro, acabada la cena
Jean Jules se despidió y se fue a sus habitaciones a descansar, Alice
sirvió el café en el salón, bajó el volumen de la música que tenía
puesta, para no molestar a su marido, dejó la luz solo de una
lámpara, para tener más intimidad como ella dijo y mientras Pedro
y yo hablábamos desapareció, la llamamos y dijo, me voy a dormir
cuando Pedro se vaya cierras la luz y la puerta ¡hasta mañana,
buenas noches!- El recuerdo de esa noche está en mi mente, como
si no hubiera sido real, como un sueño, fue todo tan romántico, tan
dulce, tan fantástico. Por fin me dijo que me quería, que se había
dado cuenta que necesitaba verme, estar a mi lado, que no quería
perderme y que si yo sentía lo mismo por él sería el hombre más
feliz, sino desaparecería de mi vida para siempre. Naturalmente, le
dije que si que yo sentía lo mismo por él desde hacía tiempo, nos
besamos, un beso suave, corto con toda el alma. Fue mi primer beso
de verdadero amor, después se marchó, no sé si llegué a dormir
algo. Cuando Alice se levantó me preguntó ¿como fue anoche? La
abracé, radiante de alegría y le expliqué lo sucedido, Jean Jules que
nos había estado escuchando dijo - Esto se tiene que celebrar
Iremos todos a comer a Colliure, cuando llegó Pedro estábamos
todos listos esperándolo para marchar, los dos le felicitaron muy
contentos ya que le tenían mucho afecto y simpatía. El recuerdo de
ese día, los dos abrazados paseando con el maravilloso paisaje del
Campanario dentro el mar, con su roja cúpula brillando al sol, las
rocas el castillo de los Templarios, alzándose majestuoso
dominándolo todo, es imborrable. Siempre que he vuelto a Colliure,
siento un no se qué especial a parte que es un pueblo precioso, para
mi siempre será el escenario de nuestras primeras promesas de
amor.
Pedro regresó a España, pero quedamos en no comunicar, nuestro
compromiso hasta que yo volviera, para hacerlo los dos juntos.
Tanto los St. Paul como yo estábamos felices y encantados
pensando, cuando se lo dijéramos a mis padres, con lo bien que les
cahía él y toda su familia, estarían más que contentos. Todabia
estuve un tiempo en Francia pero esta vez con la alegría de saber
que al volver todo sería distinto, me esperaba mi amor, que se lo
diriamos a toda la familia, y todos seguro se alegrarían mucho ya
que en realidad me consideraban como una más de ellos. De regreso
a casa no pude esperar a que viniera Pedro y le dije a mamá lo que
había pasado, que él había venido, que nos queríamos y teníamos
intención de casarnos, lo feliz que me sentía, convencida de que ella
también se alegraría.Muy al contrario, se enfadó mucho, que lo
habíamos tramado todo a sus espaldas, con la complicidad de Alice,
que era una locura, que ese chico no tenía donde caerse muerto, ni
tenía porvenir, que se cansaría de mi y me dejaría a los cuatro días,
que me engañaría y me pasaría lo mismo que con el médico.
Quedé aturdida, horrorizada y desesperada pero ¿como puede ser,
que mi madre reaccione así? Si le tenía una gran simpatía, si
siempre me decia que era un muchacho encantador no entendía
nada, y así se lo dije, pero no hubo nada a hacer. Desde ese mismo
instante, nos declaró la guerra a Pedro y a mi. Cuando llego tan
contento él, pensando igual que yo, que todos estarían encantados
se encontró la desagradable sorpresa de los reproches de mi madre
le dijo casi todo lo mismo que me había dicho a mi, que si mi padre
ya lo sabía y que ya veríamos cunato duraría.
Nos fuimos a dar un paseo, para comentar lo que estaba pasando, lo
encontramos de lo más raro, así lo dijimos a Pepita y Mariano, que
muy al contrario de mi madre estaban contentísimos. Por la tarde
fuimos los dos a Barcelona a encontrarnos con mi padre para
comunicárselo, yo con un poco de miedo, esperando no reaccionara
igual que mamá. Para nuestra tranquilidady satisfacción, se lo tomó
estupendamente.
Toda la familia de Pedro le gustaba mucho, nos dijo que estaba
encantado de que yo en un futuro formara parte de ella ya que para
él eran un modelo a seguir, deseaba que nos quisiéramos mucho
etc.etc.etc. En cuanto a la reacción de mamá, nos dijo que no
hiciéramos mucho caso, que lo de ser madre le venía muy de nuevo
y como era bastante celosa, seguro que piens, ahora otra vez voy a
quedarme sola pero ya le pasará, no os preocupéis. Como los dos
sois ya mayorcitos, supongo, no querréis tener un noviazgo largo,
asi que ir pensando, donde os interesaría vivir, como y cuando os
queréis casar yo puedo proporcionaros un piso en Barcelona. Bueno
tampoco hay que precipitarse, pensarlo bien y cuando estéis
decididos lo hablamos y tranquilos que yo corro con los gastos.
Durante este periodo de tiempo, murió el Sr. Susaeta, marido de
Celeste, como no tenían hijos, ella quedó muy sola en aquella casa
tan grande y la puso en venta. De nuevo, perdí una oportunidad de
ser propietaria de unos terrenos, llamados "Los Rourets" una franja,
casi al limite de la propiedad llena de robles, (de ahí el nombre) que
a mi me gustaba mucho y que Celeste y Susa su marido me habían
regalado, pero que tenía que escriturarse, cosa que nunca hicimos,
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así que cuando la finca se vendió todo pasó a ser propiedad de los
Costa, con los que también hicimos una buena amistad, pero que
nunca supieron de lo pactado anteriormente.
Joaquim Costa el nuevo propietario de "Can Bogateir.tenía varios
negocios entre ellos la fabricación y distribución de un producto
francés llamado "Phoscao"» que era cacao en polvo y necessitaba un
representante. Como lo que hacía Pedro en ese momento,
precisamente era representar comercialmente a varias firmas con
diversos productos, se ofreció para representar también el suyo,
cosa que hizo con mucho éxito, dándolo a conocer al menos en toda
Cataluña. Eso hizo que aumentara la amistad que ya teníamos tanto
con Joaquín como con Luisa su mujer, los que por cierto formaban
una pareja de lo mas original, ella de Pamplona, vasca por los
cuatro costados, poco dada a las bromas, educada, muy Sra.
simpática sin pasarse y según con quién, pues no sabía hacer
demasiados cumplidos. El, todo lo contrario, catalán, "pero mucho"
guasón, bromista, de lo más extrovertido, con ganas siempre de
juerga y muy simpático. Tenían 2 niños entonces pequeños, no
recuerdo exactamente de que edad, quiza entre 6 y 11 años. Uno era
malísimo, del cual Joaquín siempre decía bromeando que se lo
había mandado Dios, para quitarle las ganas de tener otro, la verdad
es que con ellos lo pasábamos muy bien, mamá se había hecho muy
amiga de la madre de Joaquim que vivía en Barcelona, pero pasaba
temporadas en Llinas y salían juntas a pasear muchas veces, lo cual
nos iba muy bien a Pedro y a mi, pues podíamos hacer lo mismo sin
depender del estado de animo que ella tuviera para acompañarnos, y
oír sus irónicos y ácidos comentarios. Llegó mi santo e hicimos una
comida de celebración, a la que vinieron los Costa, los Morlans, los
Molinas y Alejandro y Amparo, que ya estaban a punto de casarse,
habían decidido hacerlo en el mes de Julio y estaban arreglándolo
todo el piso etc..Me trajeron varios regalos, flores etc., Pedro se
presentó con un ramo de violetas, no demasiado grande, a mi me
90
n ¡aban mucho, pero en ese momento pensé que al lado de los
oíros ramos más espectaculares, quedaba un poco pobre, más que
nada por la mirada de desprecio que le dirigió mi señora madre. Sin
inmutarse me dijo, con mi amor, huélelas. Le di un beso las olí y fui
<• ponerlas en un jarrito con agua, él insistía, -no las has olidos
bien,- yo pensé ¿Qué le pasará, porqué insiste en que huela las
\ ioletas?- Sostenía el jarrito con la mano, mirándome, casi
suplicante, así que me acerqué a olería, un poco extrañada, al
;: /ichar la cabeza mirando las flores vi que algo brillaba en medio
i te ellas, lo saqué y era un aro de brillantitos, precioso con la fecha
del día 14 grabada, fue tan emocionante, lo enseñé a todos, al
mismo tiempo Pedro se acercó a mamá diciendole esto es para que
o a que vamos a casarnos, que va en serio, pero Vd. no perderá una
luja, sino ganará un hijo. Yo me sentí muy feliz porqué pensé que
sin podía significar la paz entre ellos, pero no fue así, a medida
qn<: pasaba el tiempo, la tensión era mayor, Pedro a penas se atrevía
a subir a casa nos veíamos en casa de Pepita y Mariano o paseando
ñor el pueblo, pues mamá cada vez le tenía más manía, como
además veía que papá estaba encantado con nuestro noviazgo la
tomaba conmigo, no quiero ni recordar las barbaridades que en ese
tiempo, me dijo, siempre con la colitilla final, " ese no se casa
contigo, ya verás como te dejará".
Yo que en esa época estaba llena de complejos, me encontraba fea,
inútil, medio enferma, sin apellidos, con una familia digamos
átipica empezaba a creer que mi madre tenía razón que cuando lo
pensaran bien él y toda su familia, me dejaría. La angustia de pensar
que eso podía suceder no me dejaba saborear la felicidad del
noviazgo, lo malo es que este malestar se lo transmitía a él y a
veces terminábamos discutiendo y enfadándonos, sin ningún
motivo serio. Quizás el trabajo que tenía, el cual le obligaba a estar
de viaje, en cierto modo ayudó a no tener que aguantar tan
frecuentemente mis neuras y miedos. De todos los sitios donde iba
me mandaba postales, cartas, esquetas, pero siempre con amor. Eso
me confortaba mucho y hacía que los encuentros fueran más
deseados.
Fuimos a la boda de Alejandro y Amparo nos juntamos todas las
familias la de Amparo bastante numerosa, la nuestra no tanto, los
amigos del barrio, menos mi madre, como aún estaba enfadada con
sus hermanas, no quiso ir, eso que Alejandro era su sobrino
preferido. Siempre he pensado que lo quería más a el que a mi,
(cuando pequeños, había oído tantas veces lo guapo que era el, lo
fea yo, lo cariñoso, tierno al lado mío, que era arisca y uraña). No sé
pero siempre tuve la impresión que hubiera deseado que él y no yo
fuera su hijo. Son ideas que pertenecen al pasado y que de vez en
cuando, te vienen a la mente, afortunadamente ahora sin
molestarme demasiado, bastante me hicieron sufrir en otros
tiempos.
Tuvimos otra boda, la de Milagros la hermana pequeña de Pedro, se
casó con un fabricante de Granollers Marcos y fue una boda muy
hermosa. Ella estaba preciosa, pues era una joven muy guapa.
Después de esas bodas las familias empezaron a decir lo clasico, y
vosotros ¿que, para cuando la vuestra? Pedro y yo lo habíamos
hablado muchas veces, lo nuestro era muy diferente yo necesitaba
un cambio drástico en mi vida, total. Quería alejarme de una vez de
todos mis problemas no solo casándome lo lograría, teníamos que
marcharnos lejos, empezar de verdad una nueva vida, sin
condiciones, sin ataduras, solos, formar una familia, la nuestra. Al
primero que se lo comunicamos fue a mi padre, lógicamente, nos
llamó locos, no sabéis lo que decís etc., nuestro primer
pensamiento era irnos a Montevideo, (creo recordar porqué Pedro
tenía algún conocido allí) después de aguantar el primer choque y
demostrarle que estábamos decididos a marchar, que no
pensábamos cambiar de idea, por lo tanto ni queríamos piso, ni
92
muebles, solo dinero para el viaje y maletas así de claro lo dejamos
para que pudiera reflexionar.
La segunda parte fue más penosa, reunimos a la familia de Pedro,
para comunicarles que ya teníamos fecha para la boda, pero que lo
únicos regalos que aceptábamos eran en metálico, porqué después
de la boda emigrábamos para America. La mamá de Pedro que era
una mujer dulce, suave y sensible a más no poder, se hecho a llorar,
primero por la alegría de saber que nos casábamos, después por la
pena de perdernos, en general todos protestaron, cada uno daba su
razón para que no lo hiciéramos, al final el padre nos dijo que si esa
era nuestra decisión, vosotros sabéis porqué lo hacéis, y yo lo
respeto. Todabía faltaba mi madre, nos armamos de valor y se lo
dijimos. Lo primero que nos contestó fue: - Hasta que no os vea
casados, no me lo creo, después añadió, pensáis iros abandonando a
todo el mundo, tu todabía, le dijo a Pedro, pues son mucha familia y
ni se darán cuenta casi, pero y yo, ¿ piensas dejarme solas?. Sola
no, le contesté tú también tienes familia, hermanas, sobrinos, solo
tienes que hacer las paces. Bueno después de esto siguió una agria
discusión que no hace falta detallar.
Como estábamos a principio de verano, pensamos, si podía ser
casarnos en Noviembre y así mientras preparábamos los papeles del
casamiento ir preparando también los otros para irnos, ya que no
era tan fácil salir, tenías que tener un contrato de trabajo para ir
como emigrante, era un poco complicado y comenzamos los
preparativos. Por supuesto quería casarme por la Iglesia y de
blanco, bueno, en realidad en esos años en España creo, solo podías
casarte por la Iglesia, o eso o juntarte y estaba muy mal visto, me
puse en contacto con una amiga de la familia Molina y también
mia, que tenía una casa de modas en Barcelona, ella sería la
encargada de hacerme el traje de novia y el resto del ajuar. Papá me
dio carta blanca para que escojiera lo que más me gustara, sin
reparar en gastos. Uno de esos días hablando con él nos dijo, que
93
tenía un amigo íntimo de toda la vida que también conocía a mamá
de su juventud y de los pocos que sabían de mi existencia, que
hacía unos cuantos años tenia negocios y estaba en Venezuela, le
había explicado nuestro plan de casarnos e irnos a Montevideo para
ver que le parecía, ya que el conocía todos esos países.
Inmediatamente le contestó diciéndole que donde debíamos ir era a
Venezuela que con ganas de trabajar y siendo jóvenes como éramos
había muchas más oportunidades, que le dijéramos la fecha del
casamiento que él quería ser padrino y si estábamos de acuerdo nos
arreglaría el papeleo, para después irnos a Caracas. Papá nos lo
explicó, la última palabra la tenéis vosotros, dijo. Estuvimos
discutiendo sopesando que podía ser mejor, de conocer, no
conocíamos nada, ni una, ni otra opción si al menos en Caracas
había alguien que nos pudiera orientar, siempre era una ventajaasí
que decidimos aceptar la oferta de Federico. Papá le dijo que fuera
arreglando papeles, y cuando supiéramos la fecha exacta de la boda
se lo comunicaríamos y que lo aceptábamos como uno de los
padrinos, ya que teníamos a varios que optaban a serlo. Entretanto
Pepita estaba esperando su quinto hijo o hija, que entonces no se
sabía y habíamos quedado que yo sería la madrina y Santi, su primo
el padrino, como lo esperaba a principios de Enero, nosotros nos
casábamos en Noviembre y teníamos pensado marchar a América
después de la boda, acordamos pasar las Navidades con la familia,
esperar el nacimiento y luego irnos. El vestido de novia que
escogiera un modelo de Balenciaga, de raso color marfil, liso
sencillo con un recogido atrás formando un poco de cola.
Rompiendo todas las normas me hice hacer una corona pequeña,
con perlitas y flores imitando el azhar y de allí salía un inmenso
velo de tul cubriéndolo todo, además me corté el pelo a lo Garcon,
cuando la moda entonces eran las novias con grandes coronas o
diademas sobre melenas largas y rizadas y vestidos amplios.
94
í'ue una boda bastante íntima familiares y amigos de los de verdad,
de siempre y algunos más recientes de compromiso. Mi madre no
tuvo más remedio que doblegarse a la evidencia de que al fin había
llegado ese día, que no creía llegara nunca para mi. Pepita y
Mariano la vispera de la boda habían arreglado, la que hasta
entonces había sido mi habitación de soltera toda de color blanco,
con la cama de matrimonio, con volantes de organdí, puntillas en el
tocador, un jarrito de plata con flores blancas, parecía de cine,
encima de la cama mi camisón de novia, blanco por supuesto. En
un maniquí, al lado de la cama mi vestido y todos los
complementos. Esa noche debía dormir en otra habitación y
también estaban Alejandro y Amparo, que estaba embarazada de 6
meses, esta vez con mucha ilusión, pues había tenido 3 abortos,
pero siempre muy al principio del embarazo, así que esta vez seguro
que lo conseguía y todo iría bien, al menos eso es lo que todos
deseábamos. Dormir la verdad es que dormimos poco nos pasamos
la noche hablando, yo con Amparo, pues como no había más camas
dormimos juntas, mamá en la suya y Alejandro en un camastro que
teníamos para alguna emergencia. Con Amparo recordando todas
las aventuras, pasadas habidas y por haber, hasta que a pesar de
todos los nervios y emociones, el sueño nos rindió.
A la mañana siguiente, vinieron a ayudarme a vestir la amiga que
me había hecho todo el vestuario y otra amiga que era modista de
Llinás y me había ayudado a hacer lo que llamábamos el ajuar,
combinaciones, camisones, sabanas, todo bordado con cantidad de
puntillas y filigranas como solía hacerse en esa época. Estaba tan
emocionada y nerviosa que casi no sabía, si lo que estaba pasando
era real o lo estaba soñando, una de las cosas que más feliz me
hacía era el haber conseguido la promesa de papá de llevarme al
altar. En un principio no estaba muy convencido, quería que lo
hiciera Alejandro, al fin prometió hacerlo él, supongo que no se
arrepentirá. Iban llegando los invitados una de las primeras en
95
llegar fue Mm. St.Paul la abracé, llena de alegría, tenía muy
presente que fue un poco gracia a ella que se adelantaron los
acontecimientos. Hablaba y hablaba con todo el mundo sin saber
muy bien lo que decía, mi pensamiento estaba pasando lista a todo
lo acontecido y a lo que estaba por llegar, ¿qué pasaría? ¿Hacíamos
bien en irnos? - Mamá se marchaba después de Navidad con tío
Ricardo a México, le apetecía mucho conocer aquel País y
seguramente se quedaría a vivir con él, ya que no tenía ganas de
vivir con sus hermanas, papá le pagaba el viaje, (encantado de que
se fuera lejos de él y de nosotros). Ya se había vestido para la
ceremonia, estaba guapísima, me acerqué y se lo dije, estas muy
guapa ella me miró, me dio un beso y me dijo, tu también lo estarás
con tu vestido de novia, si es que vas a vestirte de una vez. Dios
mió y papá sin llegar, ya me iba a la habitación donde me esperaban
las amigas para vestirme cuando llegó. ¿Pero aún estás así, que
quieres llegar tarde como todas las novias hacen? - Le di un beso y
fui corriendo a vestirme.
Después todo fue sucediendo como si yo andará entre las nubes,
salí, todos me decían cosas bonitas, llegó Santi con el ramo, me
recitó una poesía, hicieron fotos, papá me cogió del brazo y
bajamos la escalera, que estaba igual que la puerta adornada de
flores. Allí estaba el coche de papá, pero lo conducía el taxista de
Llinás para que así él estuviera sentado a mi lado.
Llegamos a la iglesia de "Collsabadell" , (donde nos casamos)
dentro ya estaban los invitados y familia de Pedro, cuando sonó la
marcha nupcial las piernas me temblaban, cogí fuertemente el brazo
de mi padre y entramos. En el altar de pié al lado del sacerdote me
esperaba Pedro, pero con la emoción del momento, miope como
soy, sin gafas que iba, no le vi la cara hasta que estuve a su lado.
Que felicidad, pensé podremos estar siempre juntos. Cuando tomó
mi mano para ponerme el anillo me di cuenta de que nunca antes
había sentido por nadie el amor que sentía por él.
96
r
V"-ípués de las fotos de rigor, las felicitaciones, fuimos a celebrarlo
a Motel Europa comida, champagne, más fotos, jamás me había
uncido tan feliz, estaba ya casada con el hombre que amaba, mi
n ídre y mi madre estaban juntos hablando amigablemente yo diría
pie hasta cariñosamente, por un momento sentí como si siempre
tibiera sido así, unos padres normales como los de Pedro, como los
úc la mayoría de la gente, era fantástico verlos así, pronto se me
¡cabo el tiempo de reflexión, empezó el baile y todos a bailar.
cderico, el amigo de papá que vino de Venezuela para asistir a
•luostra boda, nos dijo que ya lo tenía todo arreglado, que cuando
llegáramos a Caracas, nos estaría esperando y enseguida tendríamos
imbajo y casa donde vivir, nos dejó su tarjeta con la dirección y
1,'iuó bailando, esta vez con Alice.
i ciábamos en pleno Sarao, cuando avisaron al Dr. Morlans, por
,U.-.fono de que en Llinás había habido un atraco en la "Caja de
MUH.TOS" , con heridos y lo necesitaban urgentemente. En ese
nnmentó el único coche que quedaba disponible era el de papá,
labia adornado con las flores y lazos de "novios", así que como
> otros teníamos que volver a Llinás, nos despedimos de todos.
Papá hizo cargar por los camareros una enorme cesta que nos dejó a
los intrigados por lo que contendría. Se puso al volante, Mariano
;i su lado, detrás nosotros vestidos todabía de novios, y como las
películas americanas, a toda velocidad, regresamos a Llinás, fuimos
directos al lugar de los hechos, como diría un reportero. Allí ya
í nían el botiquín de urgencias y Mariano se puso al trabajo,
(1 \spues de asegurarnos que nohabía nadie grave y no necesitaban el
coche, Papá nos acompañó a casa, pues pensábamos pasar la noche
de novios allí. Ayudado por Pedro subieron la cesta. Una vez arriba
la abrimos y tenía desde langostinos Patés, quesos, tostadas toda
clase de ezquisiteces y por supuesto una caja de Cava. Nos deseó
toda clase de felicidades y nos aconsejó nos quedáramos en casa un
par de días tranquilos, mientras duren los víveres, nos dijo
97
bromeando, después podéis hacer un pequeño viaje de despedida
por España, será mi penúltimo regalo, nunca último, hasta que os
vayáis definitivamente.
Nadie os molestará, estad tranquilos, tu madre se quedará estos días
en Barcelona en casa de Alejandro, así que sed felices. Lo fuimos y
mucho, teníamos leña para la chimenea, para "no pasar frío",
Mariano pasaba cada día con la moto, tocaba el claxon, nosotros
para indicar que todo iba bien, abríamos y cerrábamos la persiana y
se iba. Los viveres duraron 4 o 5 días no recuerdo exactamente, así
que regresamos de nuestro particular paraíso, para enfrentarnos con
la cotidiana realidad de la vida. Naturalmente a los primeros que
fuimos a ver, Mariano y Pepita, después de tener una charla con el
Dr. y explicarle " mis problemas ", pues alguno hubo, todo quedó
aclarado y nos fuimos a ver a mi padre, para darle las gracias por su
feliz gran idea de dejarnos solos y tranquilos varios días, también a
mamá a Alejandro para que todos supieran que estábamos bien.
Una vez cumplimentados todos los familiares hicimos las maletas,
nuevas por cierto, ya que eran uno de los regalos pactados,
comenzamos nuestro viaje de "Lluna de miel". Zaragoza, Murcia,
Cartagena, Toledo cerquita de él, estuvimos invitados a "Torrijos".
un pequeño pueblo donde tenían una gran finca un primo de Pedro
casado con la hija de un Terrateniente, prácticamente todo el pueblo
trabajaba para ellos, ya que eran propietarios de la única fabrica de
conservas que había, a más de las granjas, de un enorme coto de
caza donde iban a cazar, Franco, su yerno el Marqués de Villaverde
y algunos toreros famosos como Dominguín etc..y de un precioso
palacio que tenían reservado para las fiestas que después de las
cacerías hacían todos estos personajes.Tanto el primo como su Sra.
que por cierto no era tan agraciada como él pero eso si, muy
educada, simpática y sobre todo muy "señora", en toda la extensión
de la palabra. Tenían muchos sirvientes cocineros, camareras, tan
respetuosos y serviciales que tanto a Pedro como a mi, nos hacían
98
senilr un poco incómodos pues no estábamos acostumbrados a este
tipo de "servicio", no les estaba permitido hablar con los invitados
y como yo les saludaba y preguntaba alguna cosa del pueblo,
Pe dad que así se llamaba la "señora", me dijo que por favor no lo
iit' u:ra para no romper las normas de la casa.
en vista de "esta" y otras "normas", que a nosotros no nos
yn.iaban nada, en vez de una semana que pensábamos pasar con
d! );, a los dos días no sé que excusa nos inventamos y nos fuimos
mu a Madrid, donde visitamos El Escorial, Aranjuez, después de
unas intensos días de visitas de Museos, Palacios etc.. dimos por
íuializado nuestro viaje de despedida de España y regresamos a
nuestro nido, (aunque por poco tiempo), de amor.
Homo en teoría sería la última Navidad al menos por un tiempo,
que ¡jasaríamos en familia Pedro que era y es un artista, decoró toda
i.i ,acia con unos adornos hechos por él preciosos hizo vitrales con
MÍPoles con cepas de uvas y parras adornó los muebles del
comedor, también pusimos un gran árbol de Navidad para hacer la
celebración en casa, así lo hicimos. Fue una fiesta inolvidable,
también celebramos la llegada del nuevo Año 1956, con la ilusión y
esperanza de que nuestro cambio fuera para bien.
i despedimos a mamá, que marchó a México en un barco no muy
.^ runde, pero muy bien equipado, con la promesa de escribirle tan
pronto como llegáramos nosotros a Caracas.
A los pocos días el 11 de Enero, para ser exactos, casualmente
aniversario de Pedro, nació el quinto hijo de Pepita, a cuyo parto,
quise asistir ya que iba a ser su madrina. Fue un niño precioso como
todos los que había tenido. Presenciar un nacimiento es algo que no
se olvida nunca. Espanta, sobrecoje ver el dolor de la mujer,
momentos antes de parir, pero cuando ves salir aquel ser pequeño,
sucio, vivo, llorando, es sublime, una emoción tan grande que es
difícil de explicar, tenía miedo de no poder aguantar hasta el final,
pero lo hice y me alegré mucho, de haber resistido. No así Pedro
99
que estaba en el salón esperando y cuando salió Mariano a
enseñarle que había sido un niño, todabía con el cordón umbilical
colgando, se cayó desmallado, afortunadamente encima de un sillón
que había detrás.
Mientras tanto, nosotros íbamos recogiendo y embalando lo que
pensábamos llevarnos, lo que no lo distribuimos entre casa de
Pepita y los padres de Pedro, papá le regaló a Pedro un baúl
precioso, que se había hecho hacer exclusivamente para él (como
un pequeño armario, con sus colgadores, cajones,todo forrado una
obra de arte) para que en el viaje llevara todas sus cosas bien
arregladas. Lo teníamos todo casi a punto, pensábamos irnos
después del bautizo de Germán, que era el nombre escogido para el
recien nacido, pero aún faltaba una nueva sorpresa, a mi no me vino
la regla, lo consulté con Mariano, me hizo unas pruebas y
efectivamente estaba embarazada.
En principio una gran alegría, después, dudas temor ¿Qué pasaría?
El viaje ya estaba prácticamente en marcha, teníamos los billetes
para un buque "El Lucarna", que pasaba por Barcelona a finales de
Enero, nos habíamos vacunado, teníamos los contratos de trabajo,
pasaportes todo a punto. Eso es lo que yo quería, lo que habíamos
acordado, por lo que nos habíamos enfrentado a todos los peros de
la familia. ¿Porqué ahora tenía tanto miedo, tantas dudas, porqué
sentía esa angustia? Que desde luego guardé para mi, para no
enturbiar la alegría que sentía toda la familia. A mi padre, les
supliqué a todos que no le dijeran nada de mi embarazo, hasta el día
de nuestra marcha.
Como estaba previsto, se bautizó a Germán, Santi y yo fuimos los
padrinos y unos pocos días después embarcamos. Si todas las
despedidas dicen que son tristes, esta os aseguro que no sé como
fue, casi al momento de subir a bordo le dijimos a Papá, que creía
estar embarazada. Por poco se desmaya. Lo dices ahora, claro
100
porqué se lo sé antes, este viaje no lo hacéis.- Sobre todo, tenerme
al corriente de cómo va todo.
El que tenía fama, además justificada, de tener lo que dicen "flema
Inglesa, que nunca perdía las formas, en esta ocasión, si las perdió
estaba desmoronado el pobre, no sabía que decir le entregó a Pedro
un escrito, una especie de decálogo, con el encargo para los dos de
cumplirlo.
Los padres de Pedro, lloraban, bueno la madre, el padre se hacía el
fuerte, aguantando sus lágrimas. Al despedirse me dijo, cuidaros
mucho y por favor dame un nieto varón, para que el apellido
Molina no se pierda y perdure.
Hacía un frío horrible, creo fue uno de los peores inviernos. Que se
recordaban, nosotros lo notábamos más, muy juntos, en el puente
viendo como se alejaba el puerto, como las figuras se iban
empequeñeciendo hasta convertirse en puntitos.
Dejamos la cubierta y nos fuimos al camarote, allí encontramos una
cubitera con una botella de "Champagne", dos copas y una nota de
papá deseándonos, buen viaje. La abrimos y todabía con lágrimas
en los ojos, hicimos nuestro primer brindis a bordo. El camarote era
pequeño, lo cual nos extrañó, pues no era lo pactado, lo estábamos
comentando, cuando vino un oficial a comunicarnos, que hasta que
pasáramos, no se que límite, de alta mar, como llevábamos papeles
de emigrantes, no pasaríamos al camarote que de verdad teníamos
reservado, que fue a la mañana siguiente. (Yo pensé, valiente
tontería, pero eran las leyes de emigración y del mar) en este caso el
camarote era como una habitación de hotel con su baño y su
pequeño vestíbulo, con dos ventanitas redonda para ver el mar,
llamadas "Ojos de Buey". A la hora de comer, conocimos al
Capitán y toda la tripulación, casi todos italianos, ya que el buque
era de una compañía Italiana, menos el médico que era catalán de
"Roses", también nos presentaron más o menos al resto de los
pasajeros, dos alemanes con aspecto de ser de la SS, un francés
101
madurito pero muy moderno, dos Sras. Italianas muy modosas, una
pareja joven, canarios, un Sr. mayor, catalán, parlanchín y decidido,
que se presentó él, una madre y una hija inglesas. En total
formábamos un pasaje de lo más variopinto. Al segundo día de
navegación el mar, que ya estaba un poco movidito, cuando salimos
del puerto, se encabritó de tal forma que parecía que íbamos en las
montañas rusas todo lo de la mesas se fue al suelo. Pedro por querer
salvar un jarro se estampó contra la pared. Todo el mundo se
marchó al camarote, bien mareados, yo creo que estuve dos o tres
días, sin salir de él, devolviendo continuamente, a pesar de tener un
camarero de lo más amable que me insistía en que tomara fruta o
jugos, para tener algo en el estomago pues así, decía, se pasa mejor.
El médico me visitó, al saber que estaba embarazada de un mes y
no sé que me dio para aliviarme pero no era yo sola la que estaba
así, hubo un par de días que el único que subió a comer de todo el
pasaje fue Pedro y lo hizo con el capitán y los oficiales, por eso
después durante todo el viaje le llamaban "Pedro el Marinero",
fueron unos días fatales, hasta que llegamos a Canarias, allí
estuvimos parados un día y ya cambió todo. Cuando salimos de
Tenerife, el mar estaba tranquilo, hacía sol y todo se estabilizó, nos
hizo mucha gracia, el cambio, de un día para otro todos los oficiales
y marinos, que cuando embarcamos a Barcelona y durante este
trayecto iban vestidos de "Azul Marino", se pusieron de blanco
también habían abierto y llenado la piscina, o sea que en solo 5
días, pasamos del Invierno al Verano. Ya me encontraba
perfectamente, así que fuimos a bañarnos a la piscina, el caso es que
era toda por igual de honda, y como Pedro no sabía nadar, se tiró
con un salvavidas de los del barco, lo cual fue motivo de juerga y
de risa para todos, la ventaja de viajar en barco es que enseguida te
haces amigo de todo el mundo, siempre de unos más que de otros.
El Sr. mayor se llamaba Dalmau, a mi me llamaba "Pubüia", era
difícil hacer algo sin encontrártelo. Por la mañana se hacían juegos
102
c.t. ••ibierta, se iba a la piscina aperitivo y comida, por la tarde,
juegos de cartas carreras de caballo, (de madera, por supuesto)
campeonatos de canasta, que el Sr. Francés siempre ganaba, se
tomaba el té y por la noche, era lo que a mi más me gustaba,
después de cenar, se bailaba, con una orquesta Italiana que tocaba
como los ángeles. Todos se vestían de gala las Sras. Con trajes
largos o cortos de "Coctel", los Sres. De oscuro o con Smoking.
Pedro estaba guapísimo con el suyo, que se lo había regalado mi
pauie, para el viaje. Yo llevaba el vestido de novia reformado,
cubierto de un tul verde transformado en un traje de noche largo,
precioso, a parte de otros cortos, pero muy bonitos. La verdad es
que en el baile, tenía mucho éxito, si casi no podía bailar con mi
marido, eso si muy educadamente le pedían permiso, ¿me permite
bailar con su Sra.? Si ella quiere claro. El comisario, el francés, los
alemanes, estos solamente cuando tocaban un vals, una vez venía
uno y si tocaban otro el compañero. Primero se cuadraban delante
de Pedro pegaban taconazo, después delante de mi lo mismo y a
balar. Era divertido, interveníamos en casi todos los juegos,
hablábamos, hasta con las inglesas sin saber inglés, éramos un
poco, como el centro de atención, supongo que influía un poco el
hecho de saber que éramos recién casados, no sé el caso es que
ñiéramos donde fuéramos, nos esperaban y recibían con alegría,
tanto es así que el Capitán nos llamó, para decirnos que si podíamos
hacerle un favor. Como son tan populares, nos dijo, tienen facilidad
en hacerse amigos, si no les molestara me gustaría poner en su mesa
a la pareja de Canarias, que siempre andan solos y parece que
tienen problemas para comunicarse con los demás, como Vs. Son
españoles y hablan el mismo idioma quizas se animen. A mi me
gusta que todo el pasaje lo pase bien y tengan un buen recuerdo del
viaje y a esos jóvenes les cuesta integrarse.
Por nosotros no hay inconveniente, le respondimos, ahora falta que
ellos estén de acuerdo, pues es verdad que son muy reservados.
103
H:itomos la prueba, si no resulta, cada uno a su sitio y aquí no ha
pábulo nada, eso si por favor no digan que yo se lo pedí.
I i•••";',<) el mediodía, fuimos a comer y muy decididos, nos sentamos
en la mesa de la pareja en cuestión, que ya estaba preparada para
vü..uro, (conocernos, ya nos conocíamos pero habíamos hablado
pi>ú)), así que fuimos directos.
IVrdonad ¿os sabría mal compartir la mesa con nosotros? Es que
sonsos los únicos españoles (a parte del Sr. Dalmau) y poder hablar
mientras comemos, en el mismo idioma y con otros jóvenes como
ni ^ otros, sería más divertido ¿no os parece? Naturalmente siempre
que a vosotros no os moleste y prefiráis estar solos. Les habíamos
pillado por sorpresa y estaban un poco perplejos. Se miraron y se
lincharon a reir, ella contestó, con ese acento suave y lento que
tienen los Canarios. Son increíbles, es la primera vez que nos ocurre
u* cosa semejante, saben, les veníamos observando desde que
3
^arcaron y nos caen de lo más bien, nos encanta que se sienten
cutí nosotros y así podremos conversar. Sabemos como todos, que
o ¡ recién casados, que van a Venezuela por primera vez, nosotros
' irnos allá desde hace unos años, nos tomamos unas vacaciones y
ai tora regresamos a Caracas, nos preocupa verles tan alegres,
r ifiados, sin saber exactamente donde van.
1 es explicamos detalladamente como surgió la idea de emigrar,
como Federico asistió a la boda y nos ofreció el ir a Venezuela con
trabajo casi seguro más vivienda, como éste señor era solvente con
creces, y no podía fallarnos, pero al parecer no lográbamos
convencerles. Caracas es tan grande, nos decían, hay tanta gente
distinta y de tan diferente cualidad. No se preocupen les
contestamos, a nosotros todo nos irá bien. A partir de ese momento
nos hicimos grandes amigos, no solamente comíamos en la misma
mesa, sino que pasábamos muchos ratos juntos. Cuando se
enteraron de que yo estaba esperando un bebé se alegraron mucho,
ellos llevaban 5 años casados y aunque lo querían no les llegaba. El
104
viaje estaba llegando a su fin, paramos en Las martinicas, en
Guadalupe concretamente una Isla francesa, donde tuvimos la
sorpresa de saber que el Sr. Francés que viajaba con nosotros, con
aire de conquistador, era un diplomático, que se quedaba en la isla
en calidad de embajador o algo así, pues vinieron las autoridades a
recibirlo con todos los honores. Estuvimos todo un día, la isla era
muy bonita y exuberante, pero más bien dejada y sucia, con un olor
por todas partes a Ron que es lo que se fabricaba, que mareaba, así
que después de dar unas vueltas admirando su exótica naturaleza,
regresamos al barco, donde nos esperaba el Capitán muy sonriente,
ya que al bajar nos lo había advertido. También hicimos escala en
Trinidad, otra isla, pero esta inglesa, verde, limpia, cuidada, las
autoridades, que subieron a bordo impecables, con sus uniformes
blancos, los oficiales la mayoría negros, uno sobretodo llamaba la
atención con unos preciosos ojos verdes, sobre su piel como el
ébano, inevitablemente tenías que mirarle, El paso por estas islas,
era muy espectacular, ya que el barco había de pasar por una
especie de canales, despacito para no embarrancar por las distintas
profundidades, los nativos salían con sus barcos, haciendo música
sobre toneles vacíos; pidiendo a los pasajeros que les tiraran dólares
y se lanzaban al agua para pescarlos. Era todo un espectáculo a los
que ya habían hecho este viaje alguna vez, no les llamaba la
atención porque ya conocían la costumbre, pero nosotros
estábamos, fascinados y apenados, ya que entre los pescadores de
monedas había muchos niños, verlos zambullirse detrás de los
dolares que cahian nos hacía sufrir. El Sr. Dalmau que por lo visto
había hecho este viaje muchas veces, nos dijo que la primera vez
que los vio le paso lo mismo, pero ahora ya se había acostumbrado.
A medida que nos acercábamos al final del viaje o sea a Venezuela,
nuestros amigos, Freddy y Lydia, los canarios de nacimiento,
porqué de nacionalidad eran venezolanos, se mostraban más
inquietos por nosotros, por nuestra desprecoupación nos dieron su
105
dirección, particular y del negocio que tenían, que era de material
quirúrgico sus teléfonos, nos hicieron prometer que cualquier
inconveniente que nos surgiera les avisaríamos o iríamos
directamente a buscarlos.Llegamos a la Guayra, el puerto de
Caracas, de noche y fondeamos fuera del puerto ya que debíamos
desembarcar a la mañana siguiente. El capitán nos dio dio cena de
despedida, luego hicimos una gran fiesta con baile y música hasta la
madrugada, nos retiramos al camarote, pero no dormimos,
dejándolo todo preparado esperando que amaneciera para ver la
entrada al puerto, allí debía esperarnos un coche, que a su vez nos
llevaría a la oficina del Sr. Federico nuestro padrino de boda.
Estábamos muy nerviosos, el viaje había sido fantástico
maravilloso, pero la verdadera aventura empezaba ahora ¿qué clase
de trabajo nos darán? ¿Cómo sera la gente? ¿Nos adaptaremos?
¿encontraremos a faltar a la familia mucho? Pronto saldríamos de
dudas, el barco se acercaba lentamente al puerto, la primera
impresión era espectacular, el color lo inundaba todo, el cielo muy
a/ul, la mar verde oscuro, sobre la superficie del muelle infinidad
de manchas de todos los colores, como si fuera la paleta de un
pintor, conforme fuimos distinguiendo mas cerca lo que eran,
coches, de todos los colores rojos, verdes, azules, amarillos.
Acostumbrados a los negros blancos como máximo atrevimiento
con verde pálido llamaba mucho la atención, costaba adecuar la
vista a tanto colorido. Nos sacó de nuestro ensimismamiento, la voz
del medico de Roses y el comisario, querían retratarse conmigo,
para tener un recuerdo, hicimos la foto en el puente de popa y nos
despedimos, ya que después dijeron cuando lleguemos no había
tiempo de nada.
También nos despedimos de los Fontedra (el matrimonio canario)
pues como ellos eran venezolanos, desembarcaban los primeros,
bueno y de los alemanes, los italianos, quieras que no habíamos
convivido 12 días juntos, que había sido la duración del viaje. Ya
106
habíamos atracado, que emoción, un montón de gente estaba
esperando ¿cual sería nuestro emisario? Vimos descender por la
escalera a Freddy y Lidya, nos saludaron con la mano y se fueron,
después de los trámites del papeleo, del equipaje, comprobaciones
de pasaportes, etc descendimos con nuestro equipaje de mano,
había pasado una hora de que bajaron los venezolanos. Mirábamos
a izquierda y derecha, esperando ver algún cartel con nuestro
nombre, o alguien con cara de buscar a alguien, peero nada. Todos
se fueron marchando cada cual con quien le esperaba, y nosotros
allí esperando, sin saber que hacer ni hacia donde dirigirnos. Se
habían retrasado esperaremos un poco más y si no viene nadie a
buscarnos, veremos la forma de llegar allí ya que tenemos la
dirección. De pronto vimos un coche que venía hacia nosotros, era
un taxi, ahí llegan pensamos, cual no sería nuestra sorpresa cuando
vimos bajar a Freddy que nos dijo, ¿no vino nadie a buscarles,
verdad? Estábamos tan sorprendidos, que no sé ni que contestamos.
Suban, dijeron y les llevaremos a la dirección que tienen. ¿Pero
como es que todabía estaban aquí? Si hace más de una hora que
desembarcaron, les preguntamos. Porque, nosotros conocemos el
país y sabemos que estas cosas pasan, estuvimos esperando para
asegurarnos de lo que, no sé porqué, imaginábamos que nadie
vendría por Vs.- Estábamos tan agradecidos por su detalle, cuando
nos dejaron en la puerta de la dirección que llevábamos escrita,
Pedro quería pagar el Taxi, cosa que no consintieron. Guárdense el
dinero para otra ocasión que les haga falta. De nuevo nos
despedimos, dándoles las gracias por todo lo que habían hecho por
nosotros y entramos en el edificio. Había un cartel en la puerta con
el nombre que llevábamos escrito y entramos, lo primero que vimos
fue un gran retrato de Federico, lo cual nos tranquilizó, estamos en
el sitio adecuado, pensamos. Un señor se nos quedo mirando,
preguntando ¿Qué desean? Pedro se presentó y explicó la sorpresa,
más bien desagradable de que no nos hubieran venido a buscar,
107
como quedamos con Federico que le dijera que ya habíamos
llegado y deseábamos verle para que nos dijera, explicara, en fin
que debíamos hacer, a donde ir etc.- Cuando acabó de hablar, el Sr.
sin inmutarse, dijo ¿Son españoles?- Vs. Son de los que creen que
acá los perros los atamos con longanizas y los bolívares ruedan por
la calle. Nosotros contesté, rápida lo que queremos es hablar con el
Sr. Federico, que debe de ser su jefe, si no me equivoco. Dn.
Federico, contesto con cara de poco amigos, tuvo un ataque al
corazón y lo llevaron a Suiza, donde esperemos se recupere y no
dejó nada escrito sobre Vs. Por tanto les recomiendo que lo primero
busquen un sitio para alojarse. Aquí tienen el periódico local donde
vienen los Hoteles, pensiones, y también las ofertas de trabajo y
mañana pueden pasar por la agencia de Transmediterránea, que
quizas sepan algo sobre Vs. Pueden dejar sus cosas acá, mientras
encuentran el sitio adecuado. Sin saber más que decir, atontados por
la noticia que nos habían dado salimos a la calle, una Avenida
ancha y larga que no se veía el final. Con el periódico que nos había
dado debajo del brazo, nos pusimos a andar sin rumbo fijo. Como
era hora de comer entramos en el primer sitio que nos pareció un
Restaurante, si lo era pero turco, nos sirvieron un Cous-cous, que
apenas provamos. Teníamos solo 300 Dolares y las prespectivas no
eran muy alentadoras. Pedro se derrumbó, lo mejor que podemos
hacer, dijo, es volver al barco, no zarpará hasta mañana, con los
amigos que nos hemos hecho seguro que aceptan que les paguemos
el billete a la llegada, no podemos quedarnos así sin trabajo, sin
dinero, tu embarazada, acostumbrada a vivir sin que nada te faltara.
No puede ser. Le calmé como pude, escúchame bien, hemos venido
por nuestra voluntad y aquí nos quedaremos, primero buscaremos
una pensión que podamos pagar con los 300 Dolares que nos
quedan, después trabajo y seguro lo encontraremos en una ciudad
tan grande algo habrá para nosotros. Ahora a mirar, la primera que
fuimos (en el periódico ponía comida española) nada más entrar,
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olía a incienso por todas partes, con tapices de dragones en las
paredes, un ambiente que daba un poco de miedo, resulta que en los
antepasados de los dueños había algún español, ellos eran filipinos.
Dijimos que lo pensaríamos y nos fuimos corriendo, buscando,
buscando, dimos con un anuncio que nos recordó Barcelona.
Pensión María y la dirección era en Sarria aunque aquí lo
pronunciaban con acento en la í. Después de mucho preguntar,
acertamos el Bus que nos llevó allí. La Sra. María dueña de la
pensión si era española, aunque llevaba un montón de años en
Caracas, le quedaba una habitación y cobraba por adelantado, nos
dijo que allí vivían varios españoles, así que agotados y cansados
como estábamos, después de casi todo un día buscando no lo
pensamos más y nos quedamos. A la hora de cenar conocimos al
resto de los inquilinos, todos eran hombres, unos más jóvenes y
otros mayores, nos presentamos, los saludamos a todos y nos
fuimos a dormir, la habitación era más pequeña que el camarote del
barco y el baño estaba en el pasillo, comunitario por supuesto y
bastante sucio, pero no hicimos ningún comentario, nos acostamos
bien abrazados sin decir nada, aunque imagino que los dos
debíamos pensar algo parecido. Después del lujo del barco, de todas
las comodidades, esto resultaba tan deprimente que pensarían
nuestras familias si nos vieran, pero Dios nos ayudará y saldremos
adelante, con estos o parecidos pensamientos, me dormí. Nos
levantamos temprano para ir a buscar las bolsas de mano que
dejamos en la oficina de Federico e ir a Transmediterránea que
estaba en frente, allí conocían a Federico y sabían algo de un
matrimonio que llegaba en el Lucania, pero nada más, por amistad
hacía él y por ser españoles se ofrecieron a irnos a buscar el
equipaje al muelle y llevárnoslo a la pensión a Pedro le dijeron que
mirarían de colocarlo en la Guayra y en la oficina a lo mejor había
algo para mi, casi como quien dice en plan limosna. Un sacerdote
español que oyó la conversación mientras esperaba, nos dijo. No se
100
preocupen, " como los gitanos", "mal comienzo para un buen fín" .
Lo miramos, pero no nos hizo gracia. Una vez recuperado el
equipaje y colocado como pudimos en la pensión fuimos a una
gencia a poner un anuncio de profesora de francés y Pedro de
comercial ya que nos dijeron que a los españoles enseguida los
contrataban, pero nada. Como habíamos pagado por adelntado, nos
quedaban a penas unos cuantos bolívares que guardábamos para
desplazarnos en el autobús ya que donde vivíamos quedaba lejos
del centro comercial, que más o menos conocíamos y a donde
íbamos para ver si salía alguna oferta de trabajo que estuviéramos
en disposición de hacer. En uno de esto viajes, mientras
comentábamos en catalán, si había suerte, una viajera que iba
detrás, nos dijo. Llevan poco tiempo aquí ¿verdad? Y las cosas no
van bien. Pues no, no mucho, contestamos. Son catalanes ¿verdad?
Es que yo soy gallega y he reconocido el acento. Miren yo les
puedo dar 200 bolívares y cuando encuentren trabajo ya me los
devolverán. Nos quedamos tan asombrados, aquella mujer, que se
le veía más bien humilde, sin conocernos de nada, nos estaba
ofreciendo una cantidad en esos momentos muy importante. Le
dimos las gracias de todo corazón, pero no los aceptamos. No se
ofenda, pero no queremos dinero, buscamos trabajo. Pues miren, se
me acaba de ocurrir, en la avenida Urdaneta, hay una tienda que los
que trabajan allí son catalane, y creo buscaban gente. Se llaman
Peris. Nos dijo el Bus que debíamos tomar y la dirección exacta, le
dimos otra vez las gracias y nos fuimos para allá agradecidos,
pensando que en el mundo había muy buena gente y con la
esperanza de que siguiera esta buena racha. Una vez localizada la
tienda, entramos muy dignamente, preguntando por el Sr. Peris a
una Sra. Más o menos de mi edad, que allí estaba. ¿Qué desean de
él? Pedro dijo, no, solamente saludarlo, somos conocidos y
pasábamos por aquí. Que raro, nos contestó mirándonos extrañada.
10
Es mi esposo, llevamos unos años casados y a Vs no les recuerdo ni
creo haberles visto nunca y conozco a todos sus amigos.
Avergonzados por la mentira, le dijimos la verdad de todo lo que
había pasado le explicamos el encuentro con la gallega, que
buscábamos trabajo, lo que nos había sucedido y casualmente la
tienda donde estábamos se encontraba precisamente, casi enfrente
de la oficina del Sr. Federico Fernandez, el primer sitio a donde
fuimos a pasar. Mientras hablábamos, llegó el Sr. Peris, su señora,
le explico toda la historia y nos presentó, a él le hizo mucha gracia
la manera de entrar y el poder hablar en catalán, con gente recien
llegada de España, ya que hacía, cuatro o cinco años que estaban
aquí en Caracas. Nos dijo que nos esperáramos un momento, se fue
con su Sra., estuvieron un rato dialogando y regresaron, miren,
dijeron, les vamos a hacer una propuesta, (porque esta parece cosa
más bien de la providencia) Resulta que nosotros trabajamos para
una cadena de tiendas, con el nombre del rótulo de la nuestra
"Lecuna y C a '\ ahora precisamente queríamos viajar a España y
pero antes de hacerlo, el dueño, Sr. Lecuna, nos encargó
buscáramos una pareja, a poder ser catalanes, para hacerse cargo de
ésta tienda i la señora en mi lugar y el Sr. la parte comercial como
sustituto de mi esposo. Nos arriesgamos, pero nos inspiran
confianza, si están dispuesto, mañana por la mañana, vienen e
iremos a presentarles al jefe como si fuéramos amigos y nos
conociéramos de tiempo. Si el señor está de acuerdo y vs. Le caen
bien, se puede decir que ya encontraron trabajo, nosotros todabía
estaremos unos días por aquí, y les diremos como va todo. Sobre
todo no digan que acaban de llegar, así que hasta mañana.
Cuando regresábamos en el autobús a la pensión, pensábamos que
lo que nos había pasado, era casi milagroso, esperábamos que
llegara el día siguiente con impaciencia y rezando para que Dios, el
destino o la providencia, lo que fuera, siguiera ayudándonos. De los
personajes que habitaban en la pensión con nosotros, había tres que
se destacaban de los demás, por sus modales y cultura, eran jóvenes
más o menos como nosotros, uno era médico, aragonés, muy
agradable, estaba tratando de revalidar la carrera para poder
ejercerla, mientras tanto hacía de "visitador medico"', o sea
(vendedor de productos farmacéuticos) junto a otro, castellano
también. Lo verdaderamente insólito era que estaban aprendiendo a
conducir a la vez. O sea, habían comprado un coche, usado por
supuesto, uno manejaba el volante, el otro las marchas y así iban
por el mundo preparándose según ellos para sacar el carnet. El
tercero era un joven, bajito, más bien tirando a enano, pero con un
gran cerebro. Trabajaba en I.B.M. una central de calculadoras y
toda clase de aparatos electrónicos. Con estos tres, comentamos lo
que nos había sucedido, ya que con el resto, no hablamos
demasiado. A las 8 en punto, (como habíamos quedado con Rosa
Peris) estábamos en la puerta de la tienda, bien vestidos y
arreglados. Rosa nos saludó dirigiéndonos los tres a la central
donde estaba el dueño, que era quien debía darnos el visto bueno.
Después de las presentaciones, de un pequeño interrogatorio por
parte del Sr. Lecuna unos cuantos detalles relativos al viaje de los
Peris y poca cosa más, nos dio el aprobado. Total, que por increíble
que parezca, a los pocos días de haber llegado, estábamos
trabajando, yo de encargada de una tienda de electrodomésticos y
Pedro de vendedor o comercial, como se llame. Lo cómico o
trágico, que en esos momentos es lo que era para mi, es que yo no
tenía idea de lo que era un televisor, ni una nevera eléctrica, ni una
lavadora automática, eran unos objectos completamente extraños
para mi, de variadas formas y marcas, que no sabía como
funcionaban ni siquiera como se abrían. Suerte que había un
empleado gallego llamado Delmino, que vivía en el sótano, era el
mozo encargado de la limpieza, un buen hombre que nos ayudó
mucho tanto a Pedro como a mi a ponernos al día de cómo
funcionaba todo y de la forma que allí se trabajaba, ya que los Peris
a los dos días de estar nosotros contratados se fueron a España, con
nuestra promesa de hacerlo lo mejor posible, para que no hubieran
quejas del relevo que ellos habían buscado, ya que pensaban volver.
Ahora que lo piensas en la distancia es de lo más divertido, pero en
aquellos momentos lo pasamos muy mal, si que el idioma es el
mismo, pero hay tantas palabras distintas, tantos significados
diferentes de una misma palabra, los accentos según las regiones, la
rapidez con que hablan, en realidad, los primeros días, no
entendíamos nada. Te preguntaba un cliente ¿qué hubo "Missia"?
¿Quantas trompas tiene este televisor? Yo ni sabía lo que era una
trompa (como no fuera la de los elefantes), y mucho menos las que
podía tener aquel aparato, así que según el tamaño contestaba al
hazar.. 2 o 3 y por la cara del cliente comprendía, que aquello no
podía ser.
Delmiro el pobre hacía lo que podía, para instruirme, pero tampoco
es que fuera un experto en electrónica, para colmo, todos los
folletos de instrucciones, venían en Inglés y aunque yo tenía alguna
noción, no era suficiente para interpretarlos, pero como "no hay
mejor maestra que la necesidad" pronto fuimos aprendiendo, sus
nombres, sus precios etc..las maneras de la gente. A parte de los
venezolanos, que había grandes diferencias entre ellos, los de
Maracaibo (maracuchos) Andinos etc, estaban, los italianos,
portugueses, israelis, alemanes. Os aseguro que era un poco como
la "Torre de Babel". Nunca había visto tal diversidad de gente,
conviviendo como en Caracas, era un continuo cambio de actitud,
de trato, de comportamiento. Sin proponérnoslo hicimos un curso
accelerado de sociología. El que llevó la peor parte fue Pedro, ya
que el solo tenía tres horas, en la tienda donde yo me quedé de
encargada, durante las cuales todas las ventas que se hicieron
corrían por su cuenta, en teoría resultaba prometedor, pero en la
realidad fue fatal, ya que eran las del mediodía, horas de comer,
mucho calor, pasaba poquísima gente, pero él no se desanimó se
.13
ponía en la puerta y saludaba a todo el que pasaba, - Buenos días Adiós, y así se fue ganando la confianza de los más asiduos del
barrio y aunque solo fuera por curiosidad entraban a ver a los
nuevos empleados y comenzó a vender alguna cosa. El sistema de
ventas era mayormente a plazos y los vendedores hacían turnos, una
semana durante 3 horas en una tienda otra semana en otra y así iban
cambiando, yo estaba fija con un sueldo mensual, pero ellos iban a
comisión, así tenían más interés en hacer ventas. De esta forma
fuimos conociendo al resto de vendedores, pues a lo largo del día,
pasaban hasta tres distintos, según las horas que les tocaba, el resto
del tiempo debían hacer un trabajo casi de investigación para saber
si el cliente que les había comprado era de fiar o era mal pagador,
un sistema, en fin que sobre todo a los novatos les resultaba muy
complicado, pero bastante eficaz. Ya llevábamos un tiempo
trabajando pero seguíamos sin dinero, pues hasta fin de mes no
cobrábamos, así que continuábamos pasándolo mal, sobre todo yo
debido a mi embarazo y a que vi a nuestra patrona en la pensión
quitar de encima de los platos de la comida que nos iba a servir, una
especie de bichos que allí llamaban "Chiripas" y los llevaba a la
mesa no pude comer más. Me entraban nauseas y no había manera,
comía fruta, cuando la había, alguna vitaminas que me daban los
visitadores médicos y para de contar. Pedro le hechaba más
voluntad, pero estaba casi como yo, fueron unos días muy duros, ya
que en el trabajo debíamos disimular que prácticamente estábamos
pasando hambre, esperando que llegara el fin de mes para ver que
es lo que cobrábamos, entre los dos y que es lo que podríamos
hacer. Por fin llegó, Pedro, claro cobró muy poco debido a las pocas
ventas que hizo y con lo mío no daba para cambiarnos de pensión,
ya que algunas que habíamos visto eran más caras y nos quedaban
más apartadas del trabajo. Así que hubo que armarse de valor y de
estómago para seguir allí, de todas formas una vez pagada la
pensión nos quedó algo, para poder comprar fruta galletas de
14
reserva. También mejoró un poco la limpieza, después de hablar
con la Sra. María y explicarle mis ascos debido a mi estado. Entre
unas cosas y otras, haciendo de tripas corazón, fuimos
adaptándonos, con añoranzas a veces con ataques de pena y de
llanto, recordando lo que habíamos dejado atrás, pero siempre sin
rendirnos, con ganas de seguir adelante.
En la empresa donde trabajamos estaban contentos con nosotros,
aunque parezca increible, con la cantidad de problemas que nos
encontramos no tuvimos fallos dignos de resaltar. Sin apena
conocer la moneda, todabía no me explico como pude llevar la
contabilidad, de todo lo que se vendía, al contado, a plazos, el
inventario del genero que salía del que entraba, atender el teléfono,
ayudar al vendedor con los clientes.Yo, que no había trabajado
nunca lo máximo que había hecho era vender libros el día de
S.Jordi, en la "Librería Francesa" de Barcelona, ayudando a unos
amigos que trabajaban allí. En cierto modo me sentía feliz y
satisfecha de haber superado el miedo y la inseguridad de los
primeros días, cuando pensaba no seré capaz de hacerlo, me
despedirán a los cuatro días, pero no, el Sr. Lecuna, que era el jefe
supremo, estaba encantado con el resultado, que le daban los
catalanes ( no por nosotros en particular) sino, por la plantilla de
empleados que tenía, en la que la gran mayoría eran catalanes.
Según él, éramos trabajadores, y de fiar, cosa que por lo visto no
abundaba en otros de distintas nacionalidades con las que había
hecho la prueba.
Así las cosas, nuestra seguridad en que las cosas iban cambiando,
para mejorar iba aumentando y eso nos daba muchas esperanzas
sobre todo pensando en que cuando naciera nuestro hijo, tuviera,
sino lo ñejor, si todo lo necesario. Durante este tiempo habíamos
hecho, una cuantas amistades, un matrimonio, catalán él y murciana
ella, con un bebé, Jordi, muy agradables, también de nuestra edad,
pero ya llevaban un tiempo en Venezuela. Vinieron a saludar a los
.15
Peris, de los que eran muy amigos, sin acordarse de que estaban de
viaje, y así nos conocimos. Luego ya pasaban a saludarnos, para
saber como nos iban las cosas y al mismo tiempo nos ayudaban con
palabras e informaciones sobre el país que desconocíamos. Pedro a
fuerza de estar en la puerta, saludando a diestro y siniestros, había
conseguido a más de algunos, buenas ventas, amistades bien
curiosas, las que más, fueron dos Sras. Mayores, muy bien
arregladas, cada día pasaban por delante de la tienda, contestando al
saludo de Pedro, por fin un día entraron, hicieron una pequeña
compra, creo que como excusa para hablar un rato con nosotros,
eran escritoras y trabajaban en el "Periódico Universal" uno de los
más prestigiosos de Caracas, de verdad encantadoras, pertenecían a
la generación que ellas mismas llamaban "Antañona", hablaban
suave, despacito, nos explicaban como era su gente sus costumbres,
su tierra, era una gozada el oirías.
Cuando supieron que estaba esperando un bebé se alegraron mucho,
" este o esta me decían será venezolano" y Vs. cuando nazca se
sentirán un poco más integrados acá, terminarán, amando este gran
país, que el único defecto que tiene, (decían) son sus dirigentes.
Nosotros entonces no lo sabíamos, pero tenían toda la razón.
Los Peris regresaron de su viaje y vinieron a saludarnos e
informarse de cómo nos había ido, nos confesaron que más de una
vez habían pensado en nosotros y en como nos las habíamos
arreglado, sin previa preparación, como nos dejaron. Quedaron
gratamente sorprendidos de nuestra rápida adaptación.
Naturalmente, como yo en realidad estaba de suplente, pensé ahora
a la calle, pero no, el Sr. Lecuna me llamó,. "Mire, Rosa volvió por
lo tanto a Vd. la voy a trasladar a otra tienda que tengo en el
Silencio, ¿le parece bien?. A mi me pareció de maravilla, ya que lo
que temía era quedarme en paro. La tienda era más pequeña, el
barrio más conflictivo curiosamente se llamaba "El silencio" y era
donde siempre había más jaleo y más ruido, pero por suerte tuve a
116
un compañero, vasco, grande, de cuerpo y de alma que hizo que
volviera a sentirme segura y recuperara la tranquilidad, que había
perdido, un poco, al ver el sitio que me había tocado en suerte. Fue
bastante duro, sobre todo porqué con Pedro, no nos veíamos hasta
finalizar la jornada, lo cual acrecentaba el deseo de vemos y estar
junros...Por fortuna Rosa Peris, encontró un trabajo que le interesó
más y volvieron a trasladarme a la Avenida Urdaneta o sea a la
tienda que empecé, locual me alegró mucho a mi, no tanto al
compañero Dohiozoba, mi amigo vasco, que se había acostumbrado
a mi compañía, a nuestro ratos de charla. Nos despedimos con la
promesa de ir a verlo de vez en cuando.
El tiempo iba pasando, mi barriga aunque iba creciendo, sea porqué
estaba muy delgada, o por las faldas anchas que llevaba, la cuestión
es que no se me notaba demasiado.
Me habían aconsejado que cuando estuviera de 5 o 6 meses lo
dijera a la empresa, más que nada para que me viera el médico, ya
que aparte del que vivía en la pensión y me daba las vitaminas,
visitarme, no me había visitado nadie.
Así que lo comuniqué. Bueno me dijeron, pero no hacía falta, hasta
que esté más avanzada. Es que estoy de 6 mese. La secretaria de
Dirección quien me atendía, saltó. ¿Y donde lo llevas, mi amor? Si
apenas se te nota. Total, fui a visitarme, un consultorio parecido a la
Seguridad Social de aquí, pero mucho más sencillo, más pobre,
bueno diferente. El Dr. era un italiano, se llamaba "Francesco
Alliegro". me faltó tiempo para hacerle la broma, (en esa época en
España estava de moda la canción Francisco Alegre y Ole) de la
canción española, me dijo que todo estaba bien y que cuando fuera
de parto me apuntó el nombre de la Clínica donde debía ir para que
me atendiera el y punto.
Tanto Pedro como yo estábamos muy preocupados, porqué no
queríamos que nuestro hijo viniera al mundo, estando todabía en la
pensión, pero los apartamentos que veíamos eran muy caros y no
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estaban a nuestro alcance y solo faltaban 3 meses, otra vez
empezábamos a desesperarnos, cuando un día hablando con Jordi y
Charito (el matrimonio amigo de los Pens ahora amigos nuestros
también ) de nuestro problema, nos comentaron que ellos vivían en
un barrio que era un poco como el "Harlem" de "Nueva York",
pero Jordi trabajaba en una Cristalería que era de un primo suyo,
encima de la cual había tres apartamentos, en uno de los cuales
vivían ellos otro un matrimonio italiano y el más pequeño creían
estaba vacío. Se ofrecieron a preguntar el precio y a enseñarnos
donde estaba para ver que opinábamos. Dijimos que si enseguida y
ese mismo día fuimos con ellos a verlo. El barrio se llamaba
"Katya" y aún de día impresionaba un poco, pero frente a las
Cristalerías donde estaban los pisos, había un gran Mercado y eso
ya me gustó más, pensé, al menos el ir a comprar me resultará bien
fácil, la verdad es que mi mente buscaba desesperadamente cosas
positivas en un entorno que a primera vista, me parecía más bien
desolador. Vimos el apartamento, era muy pequeño, pero suficiente
para los dos y tenía otra cosa que me gustó, un pequeño patio al que
se accedía desde la cocina, desde donde podía ver el cielo, ya que el
resto era interior. El precio se ajustaba a nuestro presupuesto, así
que no lo pensamos más y lo alquilamos, sin muebles, por supuesto,
pero contentos pensando que nuestro hijo, ya tenía casa, cuando
naciera, no una pensión. Nos despedimos de los compañeros, con
pena y alegría ya que no en vano, convivimos durante unos meses,
como si fuéramos una familia, con la promesa de que les
comunicaríamos el nacimiento del bebé y deseándonos todos
mucha suerte en el futuro. Trasladamos nuestros baúles y maletas,
compramos un somier con patas más un colchón y una tabla de
planchar. Eso si teníamos nevera, cocina y lavadora ultimo modelo,
concedidos por el Sr. Lecuna, a un buen precio y mejor crédito. El
primer día que dormimos en nuestro piso fue maravilloso, ni en un
palacio nos hubiéramos encontrado mejor. Al fin solos, más que
una exclamación, fue un grito de alegría. Nuestros amigos y ahora
vecinos Jordi y Charo nos presentaron a los otros vecinos que eran
un matrimonio italiano sin hijos, muy alegres y simpáticos, también
a un amigo que trabajaba de paleta y era el único que tenía coche
vivía al lado de la fábrica. Cumplidos los ocho meses de embarazo,
me dieron la baja, por maternidad Charo me regaló un "capazo" de
recién nacido, lo tenía de cuando nació el suyo y una bañera. Con el
amigo paleta, habíamos hecho el trato de que enseguida que me
encontrara mal lo avisaríamos, para acompañarnos a la clínica y
llegó el gran día, mas bien la gran madrugada. Me pregunto por que
extraña razón la mayoría de los partos comienzan casi siempre en la
madrugada. Bueno avisamos al paleta después de varías
contracciones y con las consabidas dudas de Pedro ¿seguro que no
te equivocas? Tenía el coche lleno de sacos de cemento, así que
tuvimos que esperar que lo vaciara y terminara de despertarse. Por
fin llegamos a la clínica, indicada por el Dr. en la tarjeta que
llevaba. Juan, el paleta, se marchó deseándonos que todo fuera bien.
Me instalaron en una habitación diciéndome que me pusiera un
camisón y esperara, los dolores cada vez eran más seguidos y Pedro
ya no sabía que hacer, cuando de repente entró una enfermera
diciendo que tenía que irme de aquella habitación, pues era de una
enferma que salía del Quirófano, que la clínica estaba completa y
allí no podían atenderme, que fuéramos a la "Candelaria" que
estaba muy cerquita en la otra esquina y allí lo hacían. Sin ánimos
para vestirme, con una bata por encima, casi sin poder caminar,
debido a los dolores no sé como llegamo a la otra clínica. Recuerdo
que Pedro entró gritando, "aquí se queda, haya o no haya cama
¿dónde está el Dr. Francisco Alliegro? Una enfermera lo cogió
calmándolo y otra se me llevó a la sala de partos.
Cuando ya que no podría más, me vino a la mente una frase que
decían las monjas. "Que Dios no te mande todos los dolores y
males que el cuerpo puede resistir", y di a luz. No hay nada
19
comparable a esa sensación, en principio lo miras y casi no puedes
creer, que hayas sido capaz de traerlo al mundo, hasta que oyes su
llanto y sientes su frágil cuerpecito junto al tuyo y te dicen es un
niño muy hermoso, piensas, Dios mío, es mi hijo, de Pedro y mío
entonces te invade una emoción, una alegría, también una paz, una
gran calma, como si el cuerpo te dijera, ya está, lo lograste, ahora
descansa.
Cuando el niño estuvo arregladito, entró Pedro me besó muy
emocionado, vio al niño y dijo que grande y que guapo es, nos
miramos y sin saber porqué nos pusimos a llorar, como dos crios.
El nombre ya hacía tiempo que lo teníamos escogido si era niño,
Sergio, Pedro estaba feliz, pues deseaba con toda el alma que fuera
un varón.
Enseguida escribimos a toda la familia comunicándolo, sobre todo
al abuelo "Juan Antonio", tranquilizándolo, yo había cumplido,
teníamos un Molina, la saga continuaba. Después de dar a luz, yo
estaba tan delgada, que cuando la enfermera me preguntó si quería
amamantar a mi hijo o criarlo con biberón, le dije ¿Podré? Claro
que si y así fue, pude y bien gracias a Dios. Una vez instalados en
casa con nuestro hijo, decidimos ir a ver a los amigos del barco, el
matrimonio que nos esperó en el muelle hasta que bajamos del
buque y luego nos acompañó a nuestro primer destino.
Bien arreglados con nuestro precioso bebé, tomamos un taxi, que
nos llevó a un bonito barrio residencial, concretamente a la puerta
de una torre con jardín. Llamamos a la puerta bastante nerviosos,
pensábamos mira que si ya ni se recuerdan de nosotros, han pasado
nueve meses, sin que les dijéramos nada y ahora de repente,
aparecemos. Estando en estas reflexiones se abrió la puerta y
apareció Lydia, sus ojos primero reflejaron asombro, al momento
alegría, - Por favor, Gracias a Dios que los veo.- Pasen a dentro.Freddy, ven a ver quien vino.- Fue de lo mas emotivo, los dos nos
recibieron con verdadero entusiasmo. Estuvimos horas hablando,
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explicándoles, nuestros apuros, nuestras peripecias, todas nuestras
andanzas por Caracas hasta llegar al nacimiento de Sergio, nuestro
hijo. Nos preguntaron si teníamos intención de bautizarlo.
Naturalmente respondimos. Por favor nos encantaría dejaran que
fuéramos los padrinos. (Como todabía no sabíamos como
funcionaba el hacerlo por poderes con la familia de España) e
insistieron tanto, que aceptamos.
Mamá, desde México, nos mandó el traje de Cristianar, todo de
ncaje blanco, precioso.
Lo arreglamos de manera que fuera en festivo para invitar a los
pocos amigos que teníamos. A falta de muebles, Pedro con unos
caballetes y un gran tablero que nos dejaron los de la Cristalerías,
improvisó una estupenda mesa y como ropa no nos faltaba, ya que
teníamos todo el ajuar de novios, en el baúl, estrenamos un precioso
mantel de hilo bordado de Talavera, los baúles cubiertos con
mantas y varios cojines, algunas sillas que nos dejaron los vecinos,
total quedó un conjunto un tanto exótico, moruno, pero divertido.
Al llegar a la Iglesia, quedamos sorprendidos, pues los que iban a
bautizarse, eran de todas las edades, menos bebés, iban caminando,
de 3, de 8 de 10 años, hasta algunos adultos. El único que iba en
brazos, primeros míos, después de la madrina era Sergio, la gente
nos miraba y decían, ¿españoles, verdad?- Se nota porque acá los
bautizamos a partir de que puedan ir ellos caminando y Vs casi
recién nacidos. Fue un bautizo, muy singular, tan distinto, del
último a que asistimos en España, en el que yo fui madrina de
Germán, con toda la familia, los amigos. Miraba a mi alrededor y
solo veía caras extrañas distintas, de otras razas, de otros colores,
que me miraban sonrientes, quizas, pensé, la extraña en este
momento, para ellos, soy yo, con mi bebé tan blanco, tan chiquito.
Como me gustaría tener a toda la familia a mi alrededor, para que lo
vieran y celebrarlo todos juntos. Miré a Pedro, los ojos le brillaban,
quizas conteniendo las lágrimas que pugnaban por salir, haciéndose
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el fuerte me sonrió apretándome la mano. Supe que estaba
pensando lo mismo que yo.
Los padrinos, Freddy y Lydia, estaban felices y radiantes, era la
primera vez que apadrinaban a alguien, no paraban de decir, es un
niño precioso, se sentían tan orgullosos, que casi parecían los
padres. Freddy quiso llevarlo en brazos hasta la casa, eso si siempre
asesorado por Lydia, de cómo debía llevarlo y vigilado de cerca por
mi, que no la tenía todas, ya que ellos no tenían hijos y no acababa
de fiarme de sus habilidades. A pesar de todo, fue una bonita
celebración, los vecinos, algunos amigos del trabajo, de la pensión
donde habíamos estado, hubo pasteles, champagne y por encima de
todo, un sentimiento de compañerismo, diferente del que se podía
sentir en España, aquí se notaba la necesidad que teníamos todos de
la familia y de alguna manera lo compensábamos, así con los
amigos, ayudándonos y compartiendo los momentos buenos y los
malos, cosa que contribuía a no sentirte tan fuera de lugar, a saber
que no estábamos solos, que formábamos parte de un grupo, sino
con las mismas ideas, si con iguales deseos de prosperar i situarnos
de la mejor manera posible.
Después de cobrar los dos meses que daban por maternidad, me
tuve que despedir del trabajo, ya que no podía dejar a mi hijo solo,
ni tenía a nadie para confiárselo afortunadamente a Pedro le iba
bien con sus ventas y nos apañábamos. Pudimos comprar una mesa,
cuatro sillas, un sillón, el piso ya parecía otra cosa. Se acercaba
Navidad, pronto haría un año que llegamos. Que rápido pasa el
tiempo, haciendo balance de todo lo que nos había pasado,
quitando, dejando a parte los malos tragos, podíamos considerarnos
afortunados, teníamos salud, un hijo precioso, buenos amigos que
nos apreciaban. Los padrinos de Sergio, casi todos los festivos
venían a buscarnos y nos llevaban a "Los Caracos", una
urbanización tocando a la playa y al lado de la selva, donde tenían
una casita, era un sitio muy bonito, para nosotros nos resultaba de
122
lo más exótico y chocante leer carteles en donde te avisaban que no
dejaras basuras en la puerta, ya que durante la noche bajaban los
pumas a comérselas y mejor que a partir de una determinadas horas
no salieras de la casa, era emocionante, aparte de la belleza natural
de la playa, con las palmeras casi tocando el agua, los colores tan
bailantes, una variedad de verdes, de plantas, de flores, el azul del
cielo tan intenso las casas, pintadas de rosa, de azul, costaba
acostumbrarse a esa explosión multicolor que casi te hacía daño a la
vista.
íambién hicimos excursiones, con otro matrimonio, el trabajaba
üii Pedro tenía una ranchera y siempre nos juntábamos un grupo,
descubriendo nuevos parajes a cual más salvaje, pero preciosos
todos.
En todo este grupo, nadie tenía criaturas así que Sergio se convirtió
i!i la mascota, como además de bello, era un niño tranquilo bueno y
siempre reía, era el mimado, a Pedro y a mi casi ni nos lo dejaban
tener. En cierta manera, viendo a nuestro niño, algunas de la parejas
se animaron para ir en busca de uno. Nos habíamos hecho socios
del "Centre Cátala" allí nos encontrábamos con casi todos los que
trabajaban en "Lecuna y C" y otros catalanes que vivían en
Caracas. A través del "Centre", con la colaboración de algún amigo,
a más de un emigrante llegado en peores circumstancias que
nosotros, le habíamos encontrado trabajo, casa y apoyo moral, que
tanta falta hace en estas circumstancias. En resumen el balance de
este casi primer año, era bastante positivo, habíamos mejorado un
poco nuestra calidad de vida ayudando incluso a otros en peores
condiciones, recién llegados, entre ellos mi primo Amadeo que
imitando nuestro ejemplo, se había presentado en Caracas, en busca
de aventuras y fortuna. De momento, pudimos colocarlo de
"Barman" en el "Centre Catalan'Yva que él tenía experiencia en este
oficio) le encontramos un sitio para vivir y estábamos nosotros que
éramos familia, para que no se sintiera solo y desamparado.
123
Llegó la Navidad, la primera que pasábamos lejos de todos los seres
queridos, acordamos pasarlas en casa de los amigos y vecinos Jordi
y Charito, así nos hacíamos mutua compañía. Pedro para recordar el
frió de nuestra tierra en esa época, fabricó una wtLlar de foc" de
madera y cartón con luces rojas simulando el fuego. Nos pusimos
elegantes. Charito hizo la comida, ayudada no demasiado por mi,
pues en esa época, la verdad es que yo de cocina andaba, mas bien
mal aunque tenía un libro de recetas, muy bueno, que guardaba
como un tesoro, pues me lo había regalado el día de mi boda
"Paco" el dueño de la Fonda Europa de Granollers, siguiendo las
cuales, empezaba a atreverme a hacer algún que otro platillo.
También vinieron un par de amigos de ellos y nuestros y todos
juntos pasamos nuestras primeras Navidades en Caracas, con calor
(cosa inaudita para nosotros) con nuestro primer hijo que con solo 3
meses, solo sabía que estaba bien y se sentía muy querido por sus
padres y por todos los que lo conocían. Brindamos por los presentes
y sobre todo por los ausentes, eso si con champagne francés, allíen
ese tiempo era tan barato como el español.
Yo seguía amamantando a Sergio que cada vez estaba más
hermoso, pero como Pedro se iba por la mañana y no volvía hasta la
noche, al estar yo sola casi no comía total, que un día me levanté
sin saber donde estaba, ni quien era, con una amnesia temporal
afortunadamente, asustadísima salí a la entrada del piso, (se conoce
que gritando) ya que no era consciente de lo que hacía, por suerte
Charito, me oyó y cuando me vio en ese estado avisó a Jordi su
marido para que a su vez llamara a Pedro. Me llevaron al médico y
lo único que tenía era eso debilidad, falta de alimentación, así que
me ordeno que dejara de dar de mamar, que empezara a darle
papillas al nene que ya tenía 8 meses, que me cuidara yo
alimentándome más, todo esto ayudada con una vitaminas y
problema resuelto. De todas formas, esto nos hizo replantearnos,
que quizas nos convendría un cambio de ambiente al menos de
124
barrio un sitio que no quedara tan alejado y que nos permitiera
vernos al menos a las horas de comer. Pedro que ya estaba bien
relacionado, empezó a preguntar, a indagar, hasta que le salió una
propuesta, se trataba de montar una compañía de gas en Maracay,
una ciudad del interior (que no conocíamos por supuesto) ya que
esta firma "Di Gas" afincada en Caracas necesitaba expansionarse,
y quería a una persona joven, trabajador y de confianza que se
prestara a hacerlo, desde luego corriendo a cargo de la Ca todos los
gastos. Estuvimos días mirando los pros y los contras, lo
consultamos con los padrinos, amigos, hasta que llegamos a la
conclusión de que era una buena proposición. Nos informamos de
donde paraba Maracay, solo estaba a 100 Km de Caracas, distancia
que en Venezuela no representaba nada. La misma empresa se
encargó de alquilarnos una casa y un local para montar el negocio,
dándonos toda clase de documentación y facilidades para hacer el
traslado. Nos despedimos de todos los amigos, con la promesa de
que cuando estaríamos bien instalados, vendrían a vernos. La "'DiGas" se encargó de llevar todos nuestros enseres, que tampoco es
que fueran demasiados, y nosotros nos fuimos en un Ford, que
Pedro había comprado por 500 Bolívares, para poderse desplazar
por Caracas. El motor estaba bien pero el interior estaba medio
destrozado, pues el que se lo vendió lo tenía en un gallinero y las
gallinas se habían comido casi toda la tapizería, pero con unos
cojines y unas mantas
luego de una buena limpieza, lo
solucionamos. También tenía una puerta que no cerraba bien y
cuando circulábamos con él la gente nos avisaba.- "Llevan la puerta
mal cerrada".- Les dábamos las gracias y hacíamos ver que la
cerrábamos, pero se quedaba igual, lo qual casi siempre era motivo
de diversión o de risas, sobre todo si llevábamos a algún amigo.
Por cierto hasta que Pedro se acostumbró a la manera de conducir
por Caracas y a su inmenso tráfico. Al principio de tener el coche,
solo salíamos de noche, para conocer bien las calles y perder el
125
miedo, pues verdaderamente daba pánico ver como conducían. Pero
en poco tiempo se hizo un experto y "metia el morro" como decían
por acá, como cualquier venezolano.
Llegamos a Maracay, la primera impresión es que era, más parecido
a una ciudad de provincias, más tranquilo, nada que ver con
Caracas, mucho mas pequeño y ¡ oh sorpresa! Tiene mar, exclamé,
llena de alegría, pero enseguida me aclararon, que no era mar era
agua dulce, pues era un inmenso lago en donde inclusive había unas
cuantas islas. No sé si por la visión del lago o porqué exactamente,
pero sentí una alegría interior, el sitio era acogedor, instintivamente
le dije a Pedro Aquí estaremos bien, seguro, me lo dice el corazón,
que hemos acertado viniendo. Sergio se había quedado dormido,
durante el viaje, se despertó cuando paramos a preguntar por la
"Urbanización Guey" que es donde estaba nuestra casa. Luego de
unas vueltas, la encontramos, se entraba pasando por en medio de
dos edificios, no muy altos, a una especie de plaza, rodeada de unas
cuantas torres con jardín, donde paramos. De la primera de las
casas, salió una joven, morena de pelo, que no de piel, a la que
preguntamos por el número de la casa, donde íbamos si sabía donde
paraba. Nos quedamos gratamente sorprendidos, cuando nos
contestó ¿Son catalans?.- Naturalmente, le dijimos, como lo había
adivinado? Aunque estaba claro, que sobre todo a Pedro, por el
acento. Enseguida salió su marido, los dos eran de Tarragona.- Es
increíble la alegría que sientes, cuando estas en otro país al
encontrar a otra persona, del tuyo, ademas catalanes.- Nos
presentamos, mutuamente, con la suerte añadida, que Manuel y
Lolita Romero (así se llamaban) eran los administradores de la
urbanización, y sabían de nuestra llegada, solo que había un
inconveniente. La casa donde debíamos ir, la habían fumigado y no
se podía entrar hasta el cabo de tres días, en la casa de ellos no
cabíamos, porqué tenían a tres muchachos también españoles
126
realquilados.- Bueno, dijimos, un poco desilusionados buscaremos
una pensión para pasar estos tres días.
Mientras estábamos hablando, del jardin de la casa de enfrente salió
un joven alto, no demasiado agraciado, al que Lolita ( que se veía
una mujer muy decidida) llamó.- Pepe, ven por favor que te
presentaré a los que serán nuestros nuevos vecinos. El sussodicho,
se acercó, nos saludó muy educadamente y dijo que niño tan
precioso tenéis.- En un momento los Romero le explicaron la
fatalidad de la fumigación, justo el día de nuestra llegada, y como
podíamos solucionarlo, para que no tuviéramos que ir a ninguna
pensión. Inmediatamente Pepe contestó. Eso ya está arreglado , yo
estoy solo, tengo habitaciones de sobra hasta que lleguen mi
hermano y la que será mi mujer, ya que me caso por poderes.
Mientras, podéis acomodaros en mi casa yo estaré encantado de
tener compañía, así que no se hable más. Nosotros estábamos que
no sabíamos que decir. Por favor no queremos molestar a nadie, ya
buscaremos una pensión. No nos dejaron acabar la frase. Mirad en
esta urbanización, la mayoría somos españoles, por suerte casi
todos de edades parecidas y formamos casi una familia. Estábamos
pendientes de quien venía a la casa , que alquilasteis desde Caracas
y estamos encantados de que seáis vosotros, aunque todabía no nos
conozcamos, así que si queréis formar parte de este grupo, aceptar
la oferta de Pepe y basta. Ante estos argumentos, nos vimos casi
obligados a aceptar, con nuestro gran agradecimiento pues en
verdad que no resultaba nada agradable ir con el niño a buscar
pensión, aunque solo fuera por tres días. Pepe resultó ser un tipo
fantástico, simpático, alegre generoso y muy amante de los niños,
enseguida se hizo amigo de Sergio, aunque en realidad eso no era
demasiado difícil ya que el chaval se hacía amigo de todo el mundo.
Nos explicó como había llegado a Venezuela, vendiendo bisutería
fina de "Sedo", una casa muy importante de Barcelona, ahora
trabajaba para una casa americana que le permitía vivir mejor, y
había alquilado la torre para casarse y traer a su mujer y a su
hermano, con el que estaba muy unido, pues era la primera vez que
se separaban desde que eran pequeños. Eran huérfanos y desde muy
jovencitos, habían trabajado los dos en la famosa casa "Sedo",
donde les habían tratado , como si fueran de la "familia" y tuvieron
que marcharse y Pepe como hermano mayor vino a preparar el
terreno para después llamar a Vicente. Nosotros por nuestra parte,
también le explicamos todas nuetras aventuras, así que en dos días,
sabíamos la vida y milagros de ambos y parecía que nos
conociéramos de siempre. Pepe no sabía ni papa de cocma y estaba
harto de comer en restaurantes y sino bocadillos o "arepas", una
especie de torta de harina de maiz, la qual rellenaban de carne o de
pollo, picaditos con salsa más bien picante, se puede decir que era
uno de los platos típicos del país, así que yo para compensar,
"armada" de mi libro de recetas, me esmeré en preparar algunos
platos, con sabor "español" a pesar de estar en fase de
experimentación, hay que reconocer que alguno me salía bastante
bien,- según Pepe todos estupendos.- si por él fuera, ya podíamos
quedarnos a vivir con él, gratis, solo a cambio de que yo cocinara.
Se notaba que llevaba demasiado tiempo solo, por como agradecía
cualquier detalle. Durante los tres días que estuvimos en su casa,
fuimos conociendo al resto de vecinos, dos matrimonios catalanes
uno de ellos con un niño algo mayor que el nuestro, unos vascos, un
madrileño, dos matrimonios venezolanos, que los dos señores
casualmente eran pilotos de aviación, uno civil y el otro militar, los
dos con un montón de niños, finalmente los de al lado de nuestra
casa, una pareja formada por un Canario y una venezolana, muy
guapa y joven que tenían un niño y una niña, también mayores que
el nuestro. Mientras tanto Pedro, había ido a conocer el local donde
debían trabajar y a ponerse al corriente de la clase de trabajo que
era, ya que solo tenía ligeras nociones, por lo que le habían
explicado en Caracas, del funcionamiento del mismo. La cosa
128
consistía (mas o menos) en dar a conocer, en Maracay y alrededores
la compañía de gas, "Di-Gas", teniendo en cuenta que en el
mercado, competían libremente varias marcas como la "Shell" etc.
Por supuesto todas a base de "bombonas", o sea que fácil no era. Al
mismo tiempo en el local se vendían, cocinas, neveras lavadoras,
eléctricas y otras adecuadas para funcionar con gas. Lo primordial
por lo tanto era encontrar clientes, naturalmente empezando por la
urbanización.
Pasados los tres días, Romero nuestro vecino y administrador nos
dio las llaves y pudimos por fin abrir y ver como era nuestra casa,
en realidad eran casi todas iguales, de una sola planta, rodeada de
un jardín, estrecho en el lateral y más amplio al frente y detrás de la
casa. Se entraba a través de un porche de mosaico, a un salón
comedor bastante grande, cocina amplia, un pequeño pasillo, con
dos habitaciones grandes, baño, puerta trasera y jardin, al lado de la
puerta había un cuarto bastante grande, prácticamente era otra
habitación, ya que estaba pegada a la casa, pero se entraba por el
jardín, donde también había un lavadero e instalación preparada
para lavadora. La casa era sencilla, pero a mi me pareció preciosa,
todas las estancias tenían grandes ventanas, no había ni un solo
rincón oscuro, la claridad incluso deslumhraba estaba recién pintada
y todabía olía un poco a desinfectante. Los vecinos nos ayudaron a
trasladar las cosas que teníamos, guardadas en un almacén, cercano
en espera de poderlas colocar. Una vez colocadas nos dimos cuenta
de lo poco que teníamos, en muebles, que no en ilusiones, de eso
montones.- Las primeras bombonas de la recién estrenada
Compañía "Di-Gas", por supuesto, fueron las de nuestra cocina.
Inmediatamente, Pedro contrató a dos trabajadores (recomendados
por Romero) uno para el transporte y otro instalador. De Caracas, a
parte de todo el material le mandaron un camión y un "Jeep", para
uso personal y por si había que servir algún pedido urgente. Los
primeros clientes naturalmente fueron los de la urbanización, todos
129
cambiaron de compañía lo qual representó un triunfo para Pedro
delante de los jefes de Caracas, que no más llegar ya consiguió
clientes. Parecía que por fin, habíamos acertado. En el trabajo Pedro
era como si fuera el dueño, solo tenía que pasar cuentas a fin de
mes a Caracas de los clientes y las ventas que se habían hecho, pero
tenía absoluta libertad para aceptar o no a los clientes, que venían
en busca de sus servicios, en función de la confianza que le
inspiraran. Los dos ayudantes que contrató uno Jenís era vasco, un
poco bruto, pero noble y trabajador, el otro, "Reyes", un negro
grande como un armario ropero, conducía el camión y se cargaba
las bombonas, que eran enormes al hombro como si fueranm
plumas. En poco tiempo entre unos y otros leyendo prospectos, y
fijándose mucho en como funcionaba todo Pedro fue ganándose la
confianza de la gente e hizo muchos clientes.
Con los vecinos, ya éramos grandes amigos, habíamos podido
comprar los muebles que nos hacían falta, tenía la nevera llena de
comida. Sergio ya caminaba crecía sano precioso, era la admiración
de todo el vecindario, además de "bello catire" , como le llamaban
(catire quería decir rubio) por lo bueno.
Lolita y Romero, que no tenían hijos, cuyo jardín por la parte de
atrás se juntaba con el mió, habían abierto una puerta y así nos
comunicábamos sin necesidad de salir a la calle y siempre me
pedían, por favor déjanos un rato a Sergio.
Se lo llevaban a pasear, le compraban juguetes les tuve que llamar
la atención, para que no me lo mimaran tanto, por si faltaba algo
nos regalaron una perrita, bebé de pastor alemán, yo no quería pero
cuando la vimos jugando con Sergio, nos la quedamos.
Nuestro amigo Pepe se casó por poderes y preparamos una fiesta
para recibir a su esposa y a su hermano. Se llamaba Ma Rosa "Roig
y Llop y Folch i Torres", recalco el nombre, porque la Sra. Llegó
con muchos "humos" nos miraba a todos un poco por encima del
hombro. Tan diferente de Pepe que era la sencillez personificada.
Nos quedamos un poco decepcionados, con la esperanza de que
cambiaría y se adaptaría a los humildes "García Giménez" y resto
de los mortales que allí vivíamos. Si una cosa me gustaba de los
venezolanos y de los que ya hacía tiempo que vivian allí era que los
origines, los apellidos, los rangos, les importaban un comino, o un
"carajo", como ellos decían, solo tenía valor la persona, como era
en realidad, si era simpática, desagradable, trabajadora, floja (igual
a gandul) si caia bien o mal, lo demás, si fuera marqués o lacayo,
negro o blanco o indio, les tenía sin cuidado. Era un pais muy
primitivo, muy hermoso lleno de oportunidades y contrastes.
Nadie extrañaba por ejemplo de ver a un ingeniero trabajando en
una gasolinera, o a un medico haciendo de vendedor, la gente se
movía mucho, cambiaban de ciudad y por lo tanto de empleo.
Nosotros también lo habíamos hecho, pero aquí creo que estaremos
bastante tiempo, estamos muy a gusto, con el trabajo, con la gente
que nos rodea, solo hay una cosa que resulta molesta, más para
Pedro que para mi. "el calor", aquí es trópico, o sea que todo el año
és igual solo cambia un mes como máximo que llueve, "pero llueve
llueve", con tal fuerza que si sales a la calle casi te ahogas.
Poco a poco nos fuimos adaptando a las costumbre, no a todas, ya
que para el venezolano el tener más de una mujer, por ejemplo, era
normal, lo chocante es que a las mujeres también les parecía bien,
casi casi era motivo de presunción por su parte, pues como decían,
así demostraban que su hombre era muy macho, lo más admirable
era que los hijos habidos de dos o tres mujeres, se consideraban
hermanos, se querían como a tales y se llevaban la mar de bien.
Para nosotros que veníamos de una época de total represión sobre
todo sexual, que considerábamos el matrimonio sagrado y para toda
la vida, (sobre todo yo con la estricta educación religiosa que tuve)
esta manera de vivir tan libre tan sin perjuicio, en un principio nos
parecía completamente inconcebible. De todas manera, cada vez
había más parejas mixtas españoles con venezolanas, sobre todo,
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canarios, que se ajustaban mas a nuestras normas un solo hombre,
una sola mujer, al menos simultáneamente. Otra cosa era si se
divorciaban o separaban, podían tener otra u otro.
Sergio cimplia su primer año y los padrinos vinieron a festejarlo, a
traerle sus regalitos y nos dieron la buenanueva, de que Lydia
estaba en estado, estaban contentísimos y convencidos de que el ser
padrinos de Sergio, el habernos conocido, les había dado suerte,
pues llevaban 5 años intentándolo sin conseguirlo.
Nosotros nos alegramos mucho por ellos, pues sabíamos la ilusión
que tenían y los grandes deseos de ser padres. También vinieron los
amigos de Caracas, nuestros antiguos vecinos. Todos estaban
encantados de ver nuestra nueva situación que había mejorado
notablemente.
La relación con los vecinos no podía ser mejor, verdaderamente era
como si fuéramos una gran familia. Al anochecer que es cuando se
estaba más fresquito, nos reuníamos o en casa de uno, o de otro, a
tomar refrescos o "combinaciones", que a veces no resultaban tan
frescas, y lo pasábamos bien, explicando cada uno, las andanzas del
día, o los motivos que les impulsaron a venir a esta hermosa tierra.
Hablábamos de nuestras familias, de nuestros proyectos, en lo que
casi todos coincidíamos era que no sabíamos cuando, pero
volveríamos a nuestro país, eso si "todos ricos"! Además de los que
vivíamos en la urbanización, había un grupo de 3 o 4 jóvenes
catalanes, solteros, que se nos añadieron a la fraternidad y se
apuntaban a todas las tertulias, eran muy alegres y divertidos dos
eran hermanos los Baró, el otro Micky tocaba la guitarra y la
armónica a la vez con un artilugio que se había fabricado de lo más
original. Como de momento, nosotros éramos los únicos que
teníamos un nene pequeño, se fue imponiendo la costumbre de
hacer las reuniones en nuestra casa, al menos esa fue la excusa, el
caso es que todo el mundo venía y a nosotros no nos disgustaba, a
Ma Rosa, la mujer de Pepe, ya le habían bajado un poco los humos,
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comprendió que en este país, los apellidos y abolengos no servían
de nada y menos en nuestra cuadrilla, que procurábamos tomarlo
todo con buen sentido del humor. Vicente el hermano de Pepe era
tan simpático y agradable como él pero en guapo. Tampoco es que
fuera un Adonis, pero si bastante agraciado.
De nuevo llegaron las Navidades, estas con mucho mejor carisma,
que las primeras (pasadas en Caracas). Mamá nos escribió
diciendonos que le haría ilusión venir a conocer a su nieto, así que
le contestamos que lo hiciera por Navidad y pasaríamos las fiesta
juntos. La fuimos a buscar al aeropuerto, fue muy emocionante,
aunque nos escribíamos bastante a menudo, no nos veíamos desde
que nos casamos, llegó guapa, elegante, como siempre cuando vio a
Sergio, se quedó parada mirándolo, hasta que dijo "verdaderamente
lo habéis hecho bien", es un niño muy guapo. En las fotos que me
mandasteis ya se veía, pero al natural es precioso. Sergio le dio un
beso y le dijo yaya, con toda naturalidad, como si la hubiera vista
cada día. Cuando vio el coche, preguntó con ironía ¿Ya llegaremos
a Maracay?. Aunque de dentro está un poco escacharrado, el motor
que es lo que importa (contesto Pedro) está perfectamente. De todas
formas a principio del próximo año creo que podremos comprar
otro mejor. De momento con este y el "jeep" que tengo de la
empresa ya nos arreglamos. Llegamos a Maracay sin novedad, el
sitio no le pareció mal, - No es muy grande dijo, pero es agradable,
refiriéndose a la casa, parece confortable.- Y lo és, le contestamos,
aquí estamos muy a gusto, y tenemos unos vecinos magníficos, ya
los conocerás, todos saben que venía y tienen ganas de saludarte.
Efectivamente asi fue, al anochecer, como era costumbre
empezaron a llegar los amigos. Mi madre, tenía una virtud o
cualidad o no sé como llamarlo, de puertas afuera, o sea para las
amistades, era la persona más encantadora, con una conversación
inteligente, graciosa, simpática, todo el que la conocía quedaba
prendado de ella, así que mis vecinos y amigos no iban a ser menos.
¡Que madre más fantástica que tienes! Yo la miraba y pensaba.- es
verdad, es una mujer excepcional. Nos había traído muchos regalos
de México, ropa para Sergio un vestido y unos zapatos para mi, un
encendedor para Pedro. Nos explicó que ya no vivía con tío
Ricardo, (cosa que ya sabíamos) porque prefería vivir en la Capital
sola, que trabajaba en un colegio muy elegante, de curas de una
orden que nunca habíamos oido nombrar "Los Legionarios de
Cristo", que el director "Padre Navarro" la apreciaba mucho y
estaba muy contenta, pues con lo que tío Ricardo le mandaba cada
mes, y lo que ella ganaba, cicía como una reina ya había hecho dos
viajes a Estados Unidos y ahora aunque lo principal era conocer a
su nieto, quería ir a Caracas, para ver a Amadeo, que también se
había casado por poderes, con Felisa, una chica muy maja,
peluquera. Amadeo del "Centre Cátala", había pasado a un
restaurant francés llamado "La Bastilla", donde iban la "flor y nata"
de la gente de dinero, Caraqueños, estaba muy bien considerado, ya
que era un gran "Barman" y ganaba bastanes Bolívares, había
alquilado un piso en un sitio céntrico y les iba muy bien. Nosotros
seguíamos viéndonos de tanto en tanto así que prometíamos
acompañarla a su casa una vez celebrada la Navidad, cosa que
hicimos en la intimidad, los cuatro, la comida, ya que después, se
organizo una fiesta colectiva, que duró hasta la madrugada.
A los dos días ya notábamos que mamá estaba impaciente por irse a
Caracas, ya nos había visto, había pasado la Navidad, conocía
Maracay, el lago, ya tenía bastante así que la acompañamos a casa
de Amadeo y Fely. Por cierto que Fely estaba esperando un hijo,
después de felicitarlos, saludamos y explicamos un poco las
mejoras de cada uno, dejamos a mamá con ellos con el encargo de
que llamara cuando quisiera volver, ya que quería visitar bien
Caracas. Desde luego, (comentábamos cuando volvíamos Pedro y
yo a maracay) no cambiará nunca, viene a conocer a su nieto, hacía
dos años que no nos veía y con tres días, ya tiene bastante, prefiere
134
quedarse en casa del sobrino, hasta que se canse y regrese a
México. En fin ella es así y no la vamos a cambiar, hay que quererla
como és y no darle más vueltas.
Después de unos días en casa de Amadeo, nos llamó para que la
acompañáramos al aeropuerto y despedirse. Así lo hicimos, le
dimos muchos besos y recuerdos para tío Ricardo y se fue, tan
fresca y alegre como había llegado, en cambio yo (reconozco que
soy una tonta sentimental) me quedé viendo como el avión
despegaba con los ojos llenos de lágrimas, pensando que me
hubiera gustado tenerla más tiempo a mi lado, que sintiera por mi el
cariño que yo sentía por ella. Sergio seguía diciendo asios con una
manita hechando besos al aire, hasta que Pedro dijo, que ¿nos
vamos?
Por la urbanización, parecía que hubiera pasado la "Diosa de la
fertilidad" Ma Rosa la esposa de Pepe, estaba encinta, otra pareja,
que eran Catalanes "Rosa y Conrad" también y por si faltaba algo,
"una servidora". Si Sergio solo tiene 16 meses, igual estás
equivocada, (palabras de Pedro) para confirmarlo fui al médico que
nos había recomandado "Micky" ya que él como visitador medico,
conocía a todos los de Maracay.
Un alemán, alto como un castillo, casado con una enfermera
delgada, bajita, catalana y aparentemente, mayor que él, muy atenta
y simpática. Después de examinarme y hacer una pruebas, aseguró
que estaba embarazada. A diferencia del médico que me asistió
cuando tuve a Sergio este me hizo un historial clínico,
impresionante, me exigió, si quería que él me atendiera en el parto,
siguiera todas sus indicaciones y me sometiera a controles
periódicos, si no estaba dispuesta a hacerlo, podía buscar otro
ginecólogo. A pesar de su seriedad casi brusquedad, a mi me
inspiró confianza y prometí seguir sus instrucciones. Le llevamos a
Sergio, para que le hiciera un buen reconociemiento, ya que no
había ningún pediatra que nos inspirara confianca.
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Estuvo de acuerdo, nos dijo que además de ginecólogo, era
cirujano, analista y podía ser perfectamente nuestro medico de
cabecera . No se porque, ya que físicamente no se parecia en nada,
me recordó a mi cuñado Mariano supongo, que por su seriedad y su
efectividad así que después de examinar al niño, pesarlo, medirlo,
nos dijo que era un niño sanísimo, que sena muy alto cuando
fueraadulto, nos hizo unas listas de las comidas adecuadas para él y
para mi debido a mi embarazo, o sea que desde entonces, cualquier
problema que teníamos lo llamábamos, y nunca nos fallaba.
Entretanto MaRosa dio a luz en la misma clínica que iba yo, pero
con otro ginecólogo, la acompañé con Pepe, que estaba como un
flan, últimamente, lo había hecho en las ultimas visitas y creían que
éramos hermanos. A pesar de ser un parto normal se puso tan
histérica, que el médico le dio una bofetada, ante la sorpresa de
todos, al momento se tranquilizó y parió su primer hijo, un varón.
Pepe estaba feliz, pues es lo que el deseaba, pero ella estaba furiosa,
ya que quería una niña. La verdad es que fue un parto bastante
atípico.
Al mismo ritmo de crecimiento de Sergio creció la perrita que nos
habían regalado le habíamos puesto de nombre "Bessy", en
recuerdo de una "Cooly", que habían tenido mis padres antes de
nacer yo, y se convirtió en un hermoso ejemplar de pastor alemán,
lo malo es que tenía poco de pastor y mucho de loba, protegía a
Sergio como si fuera su cachorro y si Pedro o yo le regañábamos
por algo ( que era en contadas ocasiones) nos enseñaba los dientes,
como si quisiera decirte, a este ni tocarlo. Como guardiana era
fantástica, nadie se atrevía a abrir la reja sin avisarnos. Incluso a
través de la verja, mordió a la muchacha del piloto que vivía
enfrente cuando pasaba por delante de la casa. Fue un momento
tenso y terrible, a más del disgusto que tuvimos, se presentó el
susodicho un poco pasado de copas, pistola en mano, que quería
matar a la perra. Afortunadamente, la teníamos atada en el patio de
136
atrás y entre Pedro y yo conseguimos calmarlo, con la promesa de
que solo la dejaríamos suelta por la noche, pero el susto fue
morrocotudo ya que todos sabíamos, Venezolano bebido y armado,
peligro eminente. A partir de ese momento durante el día la
teníamos en el patio o jardín de atrás de la casa, así no había peligro
y cuando nos íbamos a dormir la soltábamos y os aseguro que
podíamos dormir tranquilos.
Cada vez nos encontramos mejor en este país, maravilloso,
exuberante, que es Venezuela, sobre todo aquí en Maracay, los
fines de semana, casi toda la "cuadrilla" por no decir toda, vamos a
pasarlos al "Hotel Maracay", está a las afueras en una pequeña
colina y es una maravilla, con un precioso campo de golf, piscina,
se come estupendamente y por la noche, hay baile y espectáculo, Ni
en España, ni en lo poco que conozco de Francia, habíamos visto
otro igual, ni siquiera parecido, lo mejor de todo es que aquí, te lo
puedes permitir, sin arruinarte por eso, y sin necesidad de ser
millonario. Cuando teníamos algunos días más de fiesta, como en
Semana Santa, entonces nos íbamos en caravana, quiero decir
siempre 6 o 7 coches, a sitios mas lejanos a descubrir playas,
completamente salvajes, en estado natural, montábamos nuestro
campamento con las tiendas de campaña, era de lo más
emocionante, nos sentíamos como si de verdad fuéramos los
primeros en pisar esas arenas siempre nos pasaba alguna anécdota,
como el día que hicimos una ruta equivocada, llegamos a la playa
de noche, con bastante viento. Donde terminaba la arena, se
levantaba un muro, medio derrumbado, pero de piedra, sólido, así
que montamos las tiendas pegadas a el, y dormimos tan ricamente a
su amparo, cual no sería nuestra sorpresa al despertarnos y ver que
el muro pertenecía a un antiguo cementerio, indio seguramente y
abandonado. Nadie dijo nada, pero todos estuvimos de acuerdo en
marcharnos a la otra parte de la playa. Otra vez en otra de nuestras
excursiones aventuras, también cerca de la playa encontramos una
137
casa (más bien cabana) abandonada. Los hombres dijeron de hechar
un vistazo, antes de entrar todos, lo primero que vieron fue una
enorme serpiente enroscada en un rincón, probablemente
durmiendo. Salieron de un salto y luego de apartarnos todos bien
lejos, los más valientes, decidieron entrar a por ella con un machete
que siempre llevábamos. Las mujeres gritábamos, no por favor no
lo hagáis, vamonos a otro sitio, os puede atacar. Primero, dijeron, le
hecharemos un cubo de agua, que fueron a buscar al mar, ya que no
se había movido, igual está muerta, - no os fiéis, les decíamos desde
lejos.- al final los dos más fuertotes del grupo, uno con el cubo de
agua y el otro con el machete entraron. Fuera esperábamos todos
con el suspense en el alma, cuando aparecieron, riendo a carcajadas.
De momento pensamos les ha picado y se han vuelto locos, pero no,
lo que todos creímos era una enorme serpiente enroscada, no era
más que una gruesa cuerda, (muy bien enroscada por cierto)
cubierta de moho de sabe Dios cuanto tiempo y que así a primera
vista nos engañó a todos, y nos hizo pasar un mal rato, aunque
también sirvió, para que después estuviéramos riéndonos durante
días pensando y comentando las caras de susto de todos, el jaleo
que armamos, todo por una simple cuerda. De todas maneras por
los sitios que íbamos lo más normal era encontrar algún bicho raro.
Tener que parar todos los coches porque cruzaban el camino, unos
osos hormigueros, además se nos quedaban mirando parados como
diciendo, y estos que clase de animales serán? Pasar junto a miles
de enormes cangrejos grises, feos, capaces de reventar un caucho de
un coche con sus enormes pinzas. Salir corriendo de un sitio,
porque nos invadían y picaban unas hormigas rojas y gordas tipo
"marabunta". A pesar de todos los sustos y de los bichos , que
pregunto ¿porqué serán tan grandes? El país sigue siendo
maravilloso, y esto que solo conocemos una pequeña parte.
Curiosamente, a parte de Caracas, donde creo están concentrados,
más de la mitad de habitantes de todo Venezuela, el resto de
138
ciudades que vamos conociendo, como Valencia o el mismo
Maracay no son demasiado grandes, conservan ese aire un poco
provinciano, por otra parte te das cuenta, que a las afueras de
cualquiera de ellas, está la selva. No como en España que te ibas al
bosque o la montaña a hacer un Pic-nic. Aquí no hay bosques, es
selva tropical, hermosa frondosa, enorme, exuberante, pero no apta
para ir de merienda. Por eso, casi todas las ciudades están siguiendo
la costa y en el interior hay grandes distancias de una a otra y
muchas menos ciudades y en medio de todo esto selva, ríos y lagos.
Todabía no conocemos el rio Orinoco que según creo es uno de los
más largos y caudalosos del mundo, pero pronto podremos hacerlo
ya que una de las familias venezolanas que viven en la
Urbanización, a parte de los dos pilotos, poseen una hacienda en un
pueblo a orillas del río y han prometido invitarnos a todos a pasar
un fin de semana, nos hace mucha ilusión, pues eso si está en el
corazón de la selva.
A Caracas, vamos de vez en cuando para visitar a los amigos y
parientes, por cierto que tanto Lydia (la madrina de Sergio) como
Fely la mujer de mi primo Amadeo, tuvieron sus respectivos bebés,
la primera una niña a la cual pusieron de nombre Lydia, como su
mamá y la segunda un niño, al que llamaron Amadeo como su
papá.
Mi primo estaba en tramites para hacer venir a sus padres, tía Rosita
y tío Amadeo, para que conocieran al nieto y si les gustaba el país,
se quedaran ya que Montse su otra hija se había casado y también
se había venido a vivir a Caracas.
Así estarían toda la familia juntos. A nosotros nos pareció
estupendo y quedamos en hacer una celebración todos, cuando
llegaran.
Mientras tanto en Maracay las cosas seguían yendo bien, habíamos
cambiado de coche, vendimos el Ford y compramos un "Dodge"
grande con dos tonos de verde, en ese tiempo era moda los coches
139
de dos tonalidades, también era de segunda mano, pero este estaba
impecable, según Pedro gastaba mucha gasolina pero como estaba a
10 centavos el litro. Desde luego fue una fantástica época, para
nosotros los emigrantes, la vida era super barata, el que tenía ganas
de trabajar, encontraba trabajo fácilmente, sino de una cosa de otra.
Si eras agricultor el gobierno te daba herramientas y tierras gratis,
con tal que las cultivaras. Había muchos canarios acogidos a este
plan y referente a la fertilidad de la tierra, no había otra mejor.
Conocíamos a un Valenciano, que tenía un immenso terreno lleno
de naranjos y limoneros y el hombre estaba encantado, pues hacía
dos cosechas al año de naranjas, curiosamente no se ponían rojas,
la piel era de color verde pero por dentro jugosas y dulces como las
de Valencia. Se había hecho una bonita casa con piscina y pensaba
quedarse aquí toda la vida, decía que había encontrado el "paraíso".
Los que supieron guardar y ahorrar, (cosa que nosotros nunca
supimos hacer) llegaron a tener algún capital, claro que siempre a
costa de algo, no tener familia, no ir a un buen hotel de vacaciones,
no tener la casa siempre llena de amigos, (como si fuera un centro
de acogida). Nosotros teníamos lo suficiente para vivir bien y lo
hacíamos disfrutábamos con la buena comida, la buena bebida,
ayudábamos a quien lo necesitaba, en una palabra éramos felices,
nos queríamos teníamos un hijo precioso y otro a punto de llegar.
Como el anterior, mi embarazo era normal, esto si, controladísimo
por el Dr. Ludxxiger, nuestro médico particular.
Cuando utilizamos la expresión "El mundo es un pañuelo", no nos
paramos a pensar lo verdadera que es. Resulta que desde que nos
instalamos en Maracay, cada semana pasaban a vender distintas
cosas, un marroquí vendía ropa, otro traía cacharros de cocina pero
venía un italiano, que traía piezas de cristal de murano, las vecinas
me dijeron que aunque no comprara nada, saliera a ver la
mercancía, como hacían todas y eso ¿por qué?- pregunté - Cuando
venga lo verás, y vino y salí y lo comprendí. Era un hombre muy
140
guapo, con unos ojos verdes preciosos, además como buen italiano,
dicharachero, halagador, tenía una palabra amable i precisa para
cada una, total, Genaro, que así se llamaba había revolucionado el
barrio, creo que no había una casa que no tuviera al menos un
cenicero de murano, como mínimo el caso es que viéndolo semana
tras semana, parecía formar parte del barrio. Hasta aquí nada que
ver con lo del "mundo es un pañuelo" pero, ete aquí un día le dije a
Pedro que me acompañara a una tienda que me habían
recomendado para comprarme un vestido de fiesta ( ya que la ropa
de diario me la hacía yo) pues teníamos que ir a Caracas a un
bautizo y había que ir elegante. La tienda se llamaba "Quinta
Avenida". Las propietarias madre e hija (me habían dicho) traían la
ropa de Estados Unidos, a buen precio.
Entramos, empecé a mirar modelos que fueran anchos y adecuados
a mi barriguita, cuando la hija (que es la que me atendía) se me
quedó mirando fijamente, cosa que me sorprendió un poco, y me
dijo ¿Te llamas Matilde García? Si contesté, todabía más
sorprendida y estabas interna en el "Colegio Santa Eulalia" de la
Bonanova de Barcelona?- Mientras ella hablaba, a mi vez la estaba
mirando y enseguida dije ¿Aniteta? - Claro, Nos abrazamos las dos
muy emocionadas, ante el asombro de Pedro y de su madre, que
estaba al fondo de la tienda. Entonces les explicamos, habíamos
estado al menos 4 años juntas en el internado, hasta que ella se fue,
era bastante más joven que yo precisamente era una de las que yo
como mayor debía cuidar que cada mañana se lavara bien y peinarle
las trenzas, que entonces llevaba, por eso a mi me reconoció antes
que yo a ella. Su madre también se acordaba de mi y yo de ella,
pues era una Sra. Muy extremada, y cuando venía al colegio a verla
llamaba la atención y seguía llamándola, con su pelo Rubio Platino,
delgada, bien vestida, pero seguía siendo extremada. Todo lo
contrario de Anita, sencilla, casi sin pintar con su negro pelo rizado,
ahora corto, alta y bastante delgada. Me explicaron que el padre es
14]
quien había venido primero, luego ellas dos, que habían puesto esta
tienda, la madre hacía viajes a Miami, de donde traía los vestidos y
les iba muy bien. Anita tenía novio y estaban a punto de casarse,
nos invitaron a cenar a su casa, luego de darnos la dirección, para
presentárnoslo y por supuesto estábamos invitados a la boda. Me
llevé un vestido, casi regalado y no paraba de pensar, Dios mío,
quien iba a decir, que en la otra parte del mundo me iba a encontrar,
nada menos con una compañera de colegio, verdaderamente "El
mundo es un pañuelo". Pero la historia no acaba aquí. Fuimos a
cenar y nos presentó al novio. Segunda sorpresa era "Genaro", el
bello italiano, del murano, los dos nos pusimos a reir, hasta que
Anita sorprendida, dijo ¿os conocíais? - Naturalmente contestamos,
los tres a la vez, ya que Pedro también había hablado alguna vez
con él. Es el proveedor de cristal murano de toda la urbanización
fuey y aunque tiene a todas las Sras. Enamoradas, estáte tranquila
ya que todas están casadas. Pasamos una velada muy agradable,
sobre todo comentando y riendo de las casualidades que tiene la
vida. Desde luego fuimos a su boda, con mucha ilusión, a pesar de
que yo me encontraba fachosa y pesada debido a mi avanzado
estado. Siguiendo el refrán de no hay dos sin tres, o como si todos
los hados, magos o reyes del azar, se hubieran puesto de acuerdo,
vimos anunciado en el programa de fin de semana del "Hotel
Maracay", donde íbamos muy a menudo, la actuación de los
"Chavales de España" orquesta dirigida por "Manolo Palos", amigo
de barrio y de infancia que desde hacía años estaban aposentados en
Estados Unidos. Madre mía yo con esta facha, ni me conocerá, la
verdad es que estaba enorme, ya había salido de cuentas, o sea que
estaba esperando el momento, pero esta ocasión no nos la podemos
perder, así que acompañados como siempre de todo el grupo, nos
fuimos para allá , todos pendientes de que al menor síntoma, para la
clínica. A pesar de la barriga si me conoció, estuvimos muy
contentos de volvernos a ver, le presenté a todos los amigos, él a su
142
v" ios presentó a los componentes de la orquesta, comimos juntos,
fu <rdamos familiares, amigos mutuos, canciones de la época, que
. = había compuesto, muy joven. Nos hicimos fotos, para el
recuerdo, Sergio se lo pasó bomba jugando con un pernio
Chiguagua" que llevaba que le había regalado "Xavier Cugat'\ que
-.k Mecho es el que los había contratado y ayudado cuando llegaron
i unérica. Nos despedimos ya que al día siguiente marchaban para
%
* ¡mi, donde Manolo tenía una casa y residía.
¡ó si fue a causa de la emoción o que ya tocaba, el caso es que a
• iiadrugada siguiente, me puse de parto, los dolores eran tan
.cguidos, que Pedro no se atrevió a decirme aquello de "seguro que
.;u te equivocas". Dejamos a Sergio en casa de Lolita, llamamos al
Dr Ludxxiger y nos fuimos a la clínica. Es verdad que cada
embarazo y cada parto son diferentes pues este por lo que yo sentía
tía acelerado, tanto que fue entrar al quirófano, mejor dicho, sala
vii parto, casi no dio tiempo a terminar de acomodarme, cuando
simultáneamente, sentí el dolor de parir y un pinchazo tan horrible
•jü medio del cráneo, al mismo tiempo que notaba que me iba no sé
donde, pero pensé esto debe ser la muerte.
1N0 recuerdo nada más, solo que cuando desperté, me estaban dando
>uoro, me habían hecho una transfusión de sangre, y por lo visto,
habían habido unos momentos críticos, debido al tamaño de la
criatura que al nacer así como quien dice de estampida, dio como
resultado, tuviera una gran hemorragia, que fue lo que me provocó
el pinchazo en la cabeza con la consabida pérdida de conocimiento.
Cuando ya estube consciente, pregunté ¿qué ha sido, niño o niña? Ha sido, me dijo el Dr. un " torito Aragueño de 4,500 Kg."
(Maracay era la capital del estado de Aragua y su símbolo era un
toro) precioso, pero muy impaciente por venir a este mundo. Aquí
lo tienes limpio y vestido. Dios mío, exclamé, que preciosidad si
parece un niño de tres meses. Era rubio con ricitos y todo, unos ojos
claros enormes, gordito, para nada parecía un recién nacido, y
143
Pedro ¿dónde esta? Pregunté, lo ha visto ya.- Si ya lo vio, ahora
entrará, en ese momento llegó, me besó muy emocionado, casi no
podía hablar, estaba tembloroso. Había oído al medico decir el niño
está bien, déjenlo, es la madre que se nos va y se había asustado
mucho. Bueno le dije, que la ha parido soy yo y vaya niño que
tenemos este se llamará Pedro, porqué es igual de guapo que tu.
Hasta el día siguiente no dejaron que tuviera visitas, fue bien,
porqué estaba verdaderamente agotada. Sergio vino con su padre,
me llenó a besos, estaba muy contento de tener un hermanito tan
bello, verlos juntos me causaba un placer, una alegría tan grande
que inmediatamente me hizo olvidar el dolor pasado. Para bautizar
a Pedrito, quedamos en hacerlo en una Iglesia, que frecuentábamos
los de la urbanización, unos más que otros, de unos Padres (creo
que eran Franciscanos) que prácticamente, la estaban construyendo,
con nuestra ayuda, llamada "La Barraca" porqué en realidad se
estaba haciendo una barraca, primero el techo, después los bancos,
poco a poco había tomado forma de Iglesia. La cuestión es que
después de haber escogido el día, nos presentamos en la parroquia,
toda la comitiva, con los que hacían de padrinos, por poderes, pues
con su beneplácito, los auténticos debían ser Alejandro (mi primo)
y mi madre y el cura que debía bautizarlo, estaba en una boda en
Valencia. Pasado el primer momento de sorpresa y enfado Romero
y Pepe y no se quién mas se ofrecieron para ir a buscarlos, después
de averiguar en que lugar de Valencia estaban.
Nos armamos de paciencia y decidimos esperarnos, no sin antes
comentar. Esto en España no nos había podido suceder nunca..Al
cabo de una hora o quizás más, llegaron nuestros amigos con los
Padres, más bien alegres, ya que venían de una boda, pidiéndonos
toda clase de excusas, pues habían confundido la fecha. Al fin,
bautizaron a nuestro hijo, no sin recibir, algunas bromas y
chirigotas de los que tenían más confianza.
144
(1958) Esta Navidad, mamá no pudo venir aunque tenía muchas
ganas de conocer a su segundo nieto y ahijado, porqué había
quedado en pasarlas con tío Ricardo en Celaya, prometió que lo
haría en las vacaciones de verano, pero no estuvimos solos pues Ma
Rosa, Pepe, Vicente y los solteros que estaban solos vinieron a
celebrarlo con nosotros.
Por esta época y no sé exactamente a través de que amistad,
conocimos a una venezolana, separada con una hija de 15 años, que
ca;;i no sabías quien era quien, ya que Berta (así se llamaba) tenía
30 años. Muy bien llevados, muy atractiva, muy sofisticada y por lo
visto muy bien acomodada. Venía con un cochazo, enorme,
americano vestida a juego con los colores del coche. Traía a todos
los solteros y (los que no lo eran) de cabeza cosa que a las que
teníamos marido no nos hacía demasiada gracia, en cierta manera
vino a revolucionar nuestras costumbres, en nuestro grupo unos y
otras teníamos nuestros fans, nuestros admiradores. Pedro, por
ejemplo,era admirado por la mayoría de señoras, tenía un don
especial, era amable con todas, mañoso, lo mismo arreglaba un
grifo, que un enchufe, estaba muy solicitado, pero eso era un
coqueteo inocente y los dos lo sabíamos, en el fondo yo sé que lo
que más nos envidiaban era lo unidos que estábamos y el amor que
nos teníamos, pues no todas las parejas podían decir o presumir de
lo mismo. Pero ésta Berta, era diferente, coqueta, muy liberal y sin
perjuicio, ya en la primera fiesta, que estuvo con nosotros se la vio
coqueteando descaradamente, en este caso con los hermanos Baró,
aunque solteros, con los dos a la vez, disfrutaba siendo admirada
por todos y no tenía ningún recato en confesarlo.
Nos invitó a todos a su casa de Caracas, a una fiesta que organizaba
para presentarnos a su mamá. Por supuesto podíamos ir con los
niños, ya que no quería que faltara nadie.
En medio de Caracas, no podíamos imaginar, se hubiera podido
hacer esa casa una torre, de dos plantas y un sótano, donde tenía un
145
enorme salón, con una "'barra de bar" con toda clase de bebidas.
parecía una discoteca una piscina cubierta rodeada de jardin. Era
preciosa, parecía una de esas casas que salen en las revistas de cine,
que a veces crees que no pueden existir de verdad. Pues esta existía
y era real. Conocimos a la mamá tenía 45 años o sea que las tres
generaciones, parecían más hermanas que otra cosa y por lo que
ellas mismas explicaban, se disputaban los novios. Yo me las
miraba y pensaba, hay que reconocer que tienen su gracia, Berta,
.obre todo, guapa, guapa no era, tenía la piel oscura, no de mulata,
,nó de india venezolana, que es más rojiza, no muy alta, lo qual
suplía con unos buenos tacones, estaba bien de cuerpo, ojos muy
expresivos, una conversación amena, en conjunto resultaba exótica,
atractiva, y desde luego ella lo sabía y sacaba buen partido de ello.
Perfecta anfitriona atendía a todo el mundo, que a nadie le faltara
nada yo como llevaba a los dos niños, estaba más pendiente de ellos
sobre todo de Pedrito que solo tenía unos meses. De repente me di
cuenta que no estaba Pedro, todos mis sentidos se pusieron en alerta
sobre todo al descubrir que también faltaba "Berta". ¿Dónde han
ido? — Pregunté- No se quién, me respondió, Creo que quería
enseñarle una habitaciones. ¿Cómo? A el solo? - Me puse en pié de
un salto, dejé a Pedrito con Lolita y cuando me disponía a subir las
escaleras, aparecieron los dos con un vaso en la mano y charlando
tranquilamente, cariño, me dijo él al verme que casa tan bonita
¿verdad?- Fantasctica le respondí, fulminándolo con la mirada, ella
se fue con un grupo a seguir hablando y él como si no hubiera visto
la forma en que lo miré, me dijo ¿y los niños, donde están? - Con
Lolita, vamos a buscarlos y vamonos a casa, que para ellos ya se
está haciendo demasiado tarde. De acuerdo, despidámonos. Así lo
hicimos, con toda la amabilidad que pude fingir, le di las gracias
por lo bien que lo habíamos pasado, pero claro los niños tienen que
seguir un horario y están cansados. Lolita Romero y unos cuantos,
también se despidieron, para que no marcháramos solos y nos
146
fuimos para casa. En el camino de regreso le pregunté ¿Qué te lo
has pasado bien? Si, como tu, supongo o ¿no? - Verlo a él tan
sereno y tranquilo todabía me ponía más furiosa, pero ¿porqué? Me
preguntaba, igual no ha pasado nada. No creo que tuviera la
desfachatez...además, él me quiere y no sería capaz de hacerlo ¿o
si?
Una vez que los niños estuvieron acostados, como yo seguía seria,
Íríe dijo.- Ya sabes como es Berta y como le gusta llamar la
atención quería enseñarme una decoración, precisamente para que
Lodos pensarais ¿qué hacen?, y eso ha sido todo, nada más. Lo que
siguió a continuación, no creo necesario explicarlo aquí, digamos
que me convenció de que yo era lo único importante en su vida y
estaba seguro, seguiría siéndolo por muchos años.
De todas formas lo que pasó exactamente, nunca lo supe, ni lo
sabré, pues aún ahora después de los años pasados si alguna vez lo
r
omento, se ríe y dice nada, no pasó nada.
La amistad con Berta, siguió, cuando hacíamos alguna celebrtación,
,e la invitaba y venía. Ella también nos invitó a nosotros, a un
lamoso restaurante para que conociéramos a su ex marido, fue de lo
más chocante y divertido, ella invitaba, pero el que lo pagó todo fue
él, militar de alta graduación, a pesar de estar separados, mantenían
una buena relación, cosa que ya sabíamos por boca de ella que vivía
felizmente, sin dar golpe, como una reina de la asignación que le
pasaba, como madre de la hija de ambos.
A las afueras de Maracay había unos terrenos, llenos de "Palmeras
bananeras", llamado el barrio del "Limón", donde Pedro compró
unas parcelas e hizo un almacén para las bombonas de Gas: Jesús el
vasco que trabajaba con él se arregló una vivienda y aún de noche
hacía de vigilante. Esto viene a cuento, porqué desde que nació
Pedrito en casa teníamos un grave problema con la perra "Bessy".
Adoraba a Sergio, pero cuando le enseñábamos al bebé, se escondía
y si pretendía acercarla a la cuna, me enseñaba los dientes, estaba
147
claro que no lo aceptaba y yo cogí miedo de que en un descuido
pudiera hacerle daño. Como de todas formas cada vez estaba más
salvaje y a casa no venía nadie hasta que no estuviera atrás atada,
decidimos llevarla al almacén con jesús, que cosa rara era de los
pocos que se entendían bien con ella. Aprovechando que Sergio
estaba en casa de María y Sabino otros amigos de la urbanización
que tenían un hijo mayor que Sergio, pero no pasaban muchos ratos
jugandos juntos, y con gran disgusto por mi parte, ya que a pesar de
lo bestia que era yo me la quería mucho, Jesús se la llevó, el trabajo
fue cuando Sergio llegó, convencerlo de que lo mejor para la perra
era estar allí en el Limón, que tenía más espacio para correr y no
había peligro de que mordiera a nadie y que papá lo llevaría de vez
en cuando a visitarla para que viera que estaba bien, y que lo
habíamos hecho para que no le hiciera daño a su hermanito, esto,
acabó de convencerle, pues estaba entusiasmado con él, en cuanto
le oía llorar o protestar, si yo no iba corriendo, se enfadaba y quería
saber que le pasaba. A todo el que venía, lo primero que le decía era
que fuera a verlo, se sentía verdaderamente orgulloso de su
"manito" como él le llamaba. Por cierto que como guapos no sabías
a quien escoger de los dos pero en carácter, ya de meses se veía
bien distinto a Sergio. Acostumbrada a su bondad y tranquilidad, a
su entendimiento desde bien pequeño. Pedrito era todo lo contrario,
movido, protestón si no le hacías caso enseguida, menos mal que
tragón y dormilón eso si, como su hermano.
Poe ese tiempo habíamos descubierto una especie de "chiringuito",
"resataurante" de un valenciano, que hacía "paellas". Las hacía en
un patio en el suelo, con leña como los auténticos valencianos las
hacían, así la albufera y en los pueblos, buenisimas, muchos
Domingos tomamos la costumbre de ir alia, vamos a "Can Paella",
de tanto decirlo, el nombre le gustó al dueño y como no tenía
rotulo, le puso "Can Paella", por cierto que empezó a coger fama y
cada vez tenía mas clientela y de "Chiringuito", se convirtió en
14S
local de moda en Maracay, pero siempre que íbamos nosotros,
teníamos un trato un poco especial, en cierta manera nos halagaba ,
pues nos sentíamos un poco los descubridores. Un Domingo de
tantos, cuando nos disponíamos a ir, nos vino la mujer del piloto
militar "Quintero" dicíendonos que había habido un golpe de
estado, habían derrocado a "Pérez Giménez", que era el actual
Presidente que en Caracas, estaban de "revolución", que su marido
había marchado con el helicóptero para allá y que no nos
novieramos, pero nosotros, no hacíamos mucho caso, pues
sabíamos el chiste que decía "Venezuela es como un L.P. trenta y
tres revoluciones por minuto" además, ese día teníamos invitados a
Jordy y Charito, así que no todos, pero algunos fuimos para allá.
Desde luego había mucho movimiento de camiones de soldados.
Comimos nuestra correspondiente paella y al salir, tuvimos que
pasar por entre una fila de soldados armados, pidiendo
identificaciones. A pesar de todo a la noche fuimos a bailar al Hotel
Maracay, ya que se lo habíamos prometido a los amigos de Caracas,
lo pasamos muy bien, hasta el punto, que una de las "vedettes"
cojió a Pedro per su cuenta y lo hizo cantar y bailar con ella, cosa
de la que quedó constancia en una gran fotografía que le hicieron.
Al volver a casa, nos avisaron de que la cosa había sido seria y que
por las calles de Caracas andaban a tiros, así que nuestros amigos
tuvieron que quedarse a dormir a la espera de que al día siguiente
las cosas se hubieran calmado. Como sospechamos al día siguiente
ya todo se había normalizado, almenos por lo que se refiere a los
altercados callejeros, teníamos un nuevo presidente Betancourt, los
nativos estaban contentos, decían que este sería mejor, que "Pérez
Giménez" no había hecho más que robar. Nosotros, lo único que
sabíamos es que durante su mandato los militares hacían lo que les
daba la gana y todos o casi todos vivían como reyes, mientras en los
"ranchitos" alrededor de Caracas, la gente vivía miserablemente, la
pregunta es ¿ahora cambiará, con este nuevo presidente? El tiempo
149
i* dirá. Nosotros teníamos nuestro trabajo, la vida no había
cambiado, deseábamos que mejorara para los más necesitados, no
era justo que en un país tan rico, tan grande, tan poco habitado
hubiera gente pasando miseria. Claro que eso pasaba
principalmente en la Capital, porqué estaba superpoblada y la vida
., sa mucho más difícil. En el interior, la gente vivía mejor y los que
vivían en la selva, todabía había tribus viviendo exclusivamente de
h., naturaleza que ni sabían si tenían presidente, ni donde estaba
aracas.. Esto pudimos comprobarlo durante el carnaval que nos
olimos 4 días a "Choroní", un lugar, en la cumbre de una montaña,
donde unos italianos habían construido un Hotel, precioso,
t prácticamente en medio de la selva. Desde allí se organizaban
algunas excursiones a caballo, sin alejarse demasiado, donde
habíamos podido comprobar que vivían una de esas tribus,
completamente de los recursos de la naturaleza, felices y tranquilos.
Bueno, lo de tranquilos, desde que los italianos habían abierto el
ilotel, no tanto, porqué a todo el mundo le llamaba la atención y
como eran muy pacíficos y amables, casi era visita obligada. Creo
que ya casi se habían acostumbrado, te miraban se reían, te ofrecían
frutas, habían empezado a decir alguna palabra en castellano.
Alguien dijo, pobre gente, como viven. No sé, no lo tengo tan claro,
mirando sus caras sonrientes, sus robustos cuerpos, creo que más
bien somos nosotros los que le demos pena a ellos. Trabajando
como desesperados para ¿vivir mejor? ¿Dónde está el limite?
Cuando tenemos un coche, si ganamos más lo queremos mejor y
una casa y así sucesivamente. Ellos si son libres, mientras nosotros,
los civilizados les dejemos con el afán del progreso, poco a poco le
vamos quitando sus tierras, su habitat, su libertad a cambio ¿de
qué? - De que aprendan a trabajar y se conviertan en esclavos como
nosotros. Uf, debe ser el día, que está gris y nublado y me he
contagiado, normalmente veía las cosas con más optimismo.
150
Llegó el mes de Julio y mamá nos comunicó que vendría a pasar
unos días para conocer a su segundo nieto, a más, como tío Amadeo
(su hermano) estaban con tía Rosita, su mujer, en Caracas, con sus
hijos, aprovecharía para verlos a todos. Pednto tenía 8 meses,
empezaba a tomar biberones, para poder destetarlo, era fuerte listo y
muy vivaracho, no era tan alto como Sergio (me refiero cuando
Sergio tenía 8 meses, que era mas largo) pero si más ancho de
espalda. Le habíamos puesto la cuna en la habitación donde dormia
su hermano y cuando se despertaba si el otro dormía y no le hacía
caso empezaba a gritar y a echarle los muñecos, la almohada todo
lo que podía, si yo no iba enseguida Sergio se venía a nuestra cama
a dormir hasta que se calmara.
Cuando mamá llegó, le arreglamos la habitación que daba al
exterior. Eso si bien pintada y arreglada, para que no nos protestara,
aunque preparados, porqué sabíamos que no duraría demasiado y
se iría a Caracas. Pedrito le causó una gran impresión enseguida
dijo que se parecía a ella, por los ojos verdes, ( la verdad es que los
tenía igual que su padre), pero para que estuviera contenta le
dijimos que si, que era igual que ella para algo era su madrina, a
Sergio lo encontró muy grande y tan guapo como siempre.
Trajo, juguetes para los dos, ropa y un llavero de plata para Pedro.
Nosotros le regalamos una orquídea de oro (que era la flor nacional)
en forma de broche; le gustó mucho y estuvo muy contenta. Esta
vez tuvimos la suerte de tenerla unos días más, también, debido a
que la llevamos varias veces al "Hotel Maracay" donde nos
bañamos en las piscinas con los nenes con los que disfrutó mucho,
también a comer a "Can Paella", que ya había dejado de ser un
chiringuito, aunque a nosotros, todabía nos hacía las paellas en el
patio con el fuego de leña, cosa que a mi madre, como buena
valenciana que era, le encantó. Al fin la acompañamos a Caracas, a
casa de Amadeo. El niño de ellos, algo mayor que Pedrito, también
era precioso. Pasamos el día juntos, Pedro y yo regresamos a
151
Maracay, no sin antes quedar de acuerdo, para ir a acompañar a
mamá al aeropuerto, cuando quisiera irse. Tio Amadeo, prometió
venir a pasar unos días con nosotros, ya que a el Caracas no
acabava sw gustarle, demasiado grande y demasiada gente, decía.
Me parece que donde estáis vosotros me gustaría más. Siguiendo el
curso de la vida, todo llega y todo pasa, así que otra vez fuimos a
despedir a mi madre al aeropuerto. Esta vez éramos cuatro,
diciéndole adiós, Sergio comentó ¿porqué la yaya siempre se va? Porque, ella vive en México allí tiene su casa y le gusta mucho,
después nos viene a ver y nos trae regalos y así es más divertido
¿No?.- No sé si le convence, pero no dijo nada más.
Como había prometido, tío Amadeo, cojió un tren, (que según creo
era el único que circulaba por Venezuela) desde Caracas a Maracay
y se nos presentó en casa: Nos explicó que el viaje resultaba
maravilloso, por lo exótico. Nosotros no lo habíamos hecho nunca y
no teníamos ni idea. En fin su intención era, si no molestaba,
quedarse unos días, y sacarse el carnet de conducir ya que
consideraba que sería mas fácil que en Caracas. Pedro dijo que lo
arreglaría, total debía hacer unas pruebas con un ""Fiscal" (así
llamaban a los guardia de tráfico) y poca cosa más. Ahora hacía
tiempo que no conducía, pero en España, unos años atrás había sido
"taxista" y eso no se olvida. Pedro le arreglo todo, lo del papeleo y
llegó el día del examen. Por lo visto todo fue bien hasta que el
"fiscal" le dijo siga o pare no sé, el caso es que tío Amadeo hizo lo
contrario de lo que debía hacer y no le querían dar el carnet. (Esta
anécdota la explico para que se hagan una idea de como
funcionaban las cosas en esa época). La cosa se arregló con un par
de botellas de Wisky, a más de beberse un par de copas, con dicho
fiscal y decirle un par de veces, "tu sabes, tu eres mi amigo, mi
llave", así obtuvo su carnet, que por cierto creo no utilizó, pues en
Caracas le daba miedo conducir. Estuvo bastantes días con
nosotros, todos los amigos le llamaban "tío Amadeo",
152
cariñosamente, y estaban encantados oyendo sus historias y
anécdotas que tenía muchas, la verdad es que era un valenciano con
mucha gracia y simpatía, al que yo tenía un cariño muy especial, no
solo porqué fuera el hermano mayor de mi madre sino por su
carácter jovial y siempre optimista, lo cual me hacía sentir muy
cercana a él, ya que en eso me parecía bastante.
Se fue, con su familia, con la promesa de que siempre que se
sintiera agobiado por la gran ciudad, vendría a pasar unos días con
nosotros.
v tío se quién se le ocurrió la feliz idea de construir una barca, para
cuando fuéramos de excursión a la playa y dicho y hecho, en el
dique seco" del porche de mi casa, se empezó la construcción,
<ürígida por el "Técnico ingeniero de refrigeración", (que no de
barcas) "Sabino el manitas", apodo sobradamente ganado, porqué
entre él y Pedro eran capaces de arreglar y fabricar lo más
insospechado, eso si ayudados por el resto de fieles seguidores, que
no poseían dichas virtudes, pero seguían incondicionalmente sus
indicaciones. Pues aunque parezca mentira después de no se
cuantos días de trabajo de ruido, de golpes, de olor a pintura, de
algunos enfados tipo "Estoy hasta el gorro de todos vosotros, de la
barca, y de quién tuvo la idea", la barca se terminó, y quedó hasta
bonita pintada de rojo y blanco con sus banquitos para sentarse, se
veía bien, como una barca de verdad, faltaba la gran prueba.
¿Flotaría? La botadura fue en el lago y "Hurra, flotó". Sabino ya
tenia preparado el remolque, para la próxima excursión que íbamos
a hacer a una playa llamada Patanemo, para probar la barca en el
mar. Desde luego, hay que reconocer que el tal Sabino, era un
artesano increíble. Un camión viejo que compró, no se donde, lo
había transformado en una "Roulotte", con sus camas, sus neveras,
(donde todo el grupo, depositava los víveres y bebidas), su cocina.
Había que verlo para creerlo. A mi particularmente, me servía para
cargarle todo lo que no nos cabía en el coche. Aprovechando unos
días, que no sé porqué motivo, todo el mundo tenía fiesta, nos
fuimos toda la "troupe" con nuestra barca, por descontado, gacía
Patanemo. Siempre que íbamos a un sitio nuevo, contábamos con la
ayuda y guía de Romero, era el más veterano, en años pasados en
Venezuela, además era transportista y se conocía casi todas las
carreteras del país, alguna vez se "colaba", pero pocas. De todas
maneras, antes de salir, siempre trazábamos la ruta a seguir, en el
mapa, que todos llevábamos, por si alguien perdía la "caravana"o se
atrasaba por cualquier motivo, supiera a donde ir. Sin novedad
llegamos a Patanemo, una playa inmensa y solitaria como casi todas
a las que íbamos: Esta tenía la novedad que un rio desembocaba en
ella, lo cual nos hizo mucha ilusión, pues enseguida pensamos que
a lo mejor con la barca podíamos remontarlo. Lo primero como
siempre, montamos las tiendas de campaña, no en círculo como los
indios, pero si cerca una de otras y apartados de la selva que
empezaba al terminar la arena, ya que no sabíamos la clase de
habitantes que podían haber en ella. Por la noche incendiamos un
par de hoguera, a mas de las luces de gas y linternas que todos
llevábamos. Nuestra tienda era pequeña, pero una vez cerrada era
hermética como una caja, las colchonetas donde dormíamos, se
montaban sobre una base de aluminio y eran cómodas como una
cama. Lo teníamos todo super medido, la cuna de Pedrito, en medio
y cruzado a la entrada Sergio. Aunque alguna vez le hacía ilusión
dormir en la "casa camión" con su amigo Carlos, que era el hijo de
Sabino y María. Para no gastar demasiada luz nos fuimos a dormir
temprano, con la idea de al día siguiente probar la barca en el mar;
Como siempre los primeros en despertarse fueron los niños, a
remolque de ellos todos los demás. El mar estaba movidito, así que
a probar la barca, fueron los tres más jóvenes del grupo Alberto,
Sta. María y Manolo, recomendándoles que por favor no se alejaran
mucho. Ni mucho ni poco, apenas la pusieron en el agua y vino la
primera ola, la tumbó. Como era de aluminio no tenía suficiente
154
»cso, o yo que sé lo que le faltaba. Con muchos esfuerzos y apuros
yudados por el resto, lograron sacarla del mar, convencidos ya que
d o era posible navegar en ella, por aguas tranquilas, ¿cómo las del
no? - por ejemplo. Primero hicieron la prueba, "los tres valerosos
muchachos". Ahí si funcionó, como no había excesivo entusiasmo
1
iniciar la aventura, al final nos unimos Pedro, Sabino con una
-amara y yo. El rio bajaba tan tranquilo, que remar contra corriente
¡\o costaba nada, a lado y lado una espesa vegetación te impedía ver
¡aás allá de la orilla. A medida que Íbamos internándonos en la
v Iva siguiendo el curso, se iba espesando más y más hasta el punto
que en algún tramo, pasamos agachados pues las ramas de una
orilla se entrelazaban con las de la otra. Llegamos a un pequeño
claro, donde al fin se divinaba un poco de arena, Pedro en plan
'Colón", dijo "Tierra" y saltó con un palo que llevaba e
inmediatamente, empezó a hundirse en una especie de lodo que
liabía debajo de la arena. El resto fue morrocotudo, tirando todos
del palo que llevaba, logramos subirlo a bordo, con las piernas
negras de lodo y la cara blanca del miedo que pasó.
A continuación empezamos a oír unos sonidos extraños, alguien
dijo - igual son cocodrilos, en estos ríos suelen haber - Solo nos
faltaba eso, con el pánico que ya llevábamos encima, empezamos a
remar para abajo, con todas nuestras fuerzas hasta llegar a la arena
de la playa, donde nos estaban esperando el resto de amigos, un
poco preocupados, pues desde la arena no se veía nada y por lo
visto la espera se les había hecho larga.
Después de explicar nuestra aventura y una vez Pedro pudo quitarse
el lodo, que costó bastante, decidimos dejar la barca en la arena,
para que los chavales jugaran dentro de ella a piratas y no intentar
más aventuras.
Pedrito tenía 11 meses, cuando empece a sentir unos síntomas, de
sobra conocidos por mi, lo commenté con Pedron y su immediata
respuesta fue - No puede ser, si acabas de destetar a Pedrito.-
155
Esperé unos días y fui a que el Dr. Ludxxiger, me confirmara lo que
yo ya sospechaba, estaba otra vez embarazada Pedro no acababa de
creérselo, - no lo entiendo, iba diciendo, como el Dr. Le oyó, le
contestó, - pues es fácil, Vd. Mejor que nadie es quien debe
entenderlo y saberlo, - Que está embarazada es seguro, lo demás,
Vs. Sabrán. Sintiéndome ofendida le contesté.- Por favor, con estas
cosas no se bromea. Como en el anterior embarazo me exigió un
estrito control, de comida bebida, de peso, para ver si lográbamos
que la criatura no fuera tan grande. A todo esto, se añadía otro
inconveniente, si yo quería que él me atendiera el parto, cosa que
afirmé, tendría que estar preparada para ir a Caracas, ya que en la
Clínica de Maracay, los doctores nativos, le estaban haciendo,
últimamente, "boicot", con el quirófano, si necesitaba "Plasma"
etc., ya que se les estaba llevando toda la clientela, y la Clínica que
éste estaba construyendo, todabía no estaría terminada cuando a mi
me tocara alumbrar.
Acordándose de cómo fue el parto de Pednto en que necesité
transfusión de sangre etc. quería estar preparado y que no le faltara
de nada y solo tenía absoluta y plena confianza en esta clínica de
Caracas. Como apenas estaba de dos meses, tenía tiempo para
reflexionar. Si me ponía en manos de otro Ginecólogo del país, que
también los había buenos me dijo, lo entendería perfectamente, ya
que Caracas estaba a 100 Km. De Maracay y no dejaba de ser un
riesgo.
Entretanto, Pedro perdió su trabajo. Resulta que al lado del local de
la "Di Gas" (la empresa donde trabajaba) había otra tienda de
electrodomésticos, regentada por un colombiano, Lozano, casado
con una vasca, de los que también nos hicimos muy amigos,
últimamente incluso venían con todo el grupo a las excursiones que
hacíamos y a todas las fiestas, (que por cierto siempre había alguna
en prespectiva) al tener yo dos niños pequeños, por decisión
unánime, los santos, los cumpleaños de cualquiera de los del grupo,
156
se celebraban en nuestra casa, así que no es de extrañar que a
menudo hubiera "Guateques" y nuestra casa fuese una especie de
"Centro" o "Casal" de la urbanización.
Dicho esto, sigo con el amigo Lozano, por lo visto tenía un jefe,
con el que no se entendía, le debía mucho dinero y quería
marcharse de dicha empresa, entonces le pidió a Pedro que le
hiciera el favor de firmarle unos recibos como si él hubiera recibido
comisiones por la venta de electrodomésticos. Dichas comisiones,
se las quedó Lozano, y así se cobraba lo que el jefe le debía y no
quería pagarle. Cerró la tienda y se largó. Por este motivo, sin
comerlo ni beberlo, la empresa de Pedro, creyendo que él de
verdad, había cobrado dichas comisiones, le dieron el finiquito y
por deslealtad a la empresa lo pusieron de patitas en la calle. De
nada sirvió que Pedro explicara como fue el asunto, no lo creyeron.
O sea que por hacerle un favor a un amigo, se fue al traste el buen
negocio que tenía montado, y lo de amigo, es un decir, por que un
amigo no te engaña como lo hizo este aunque al cabo de un tiempo,
recibimos una carta desde Estados Unidos, disculpándose y
dándonos toda clase de excusas, pero el mal ya estaba hecho.
Afortunadamente, estuvimos poco tiempo en el paro, ya que por
mediación de Vicente (el hermano de Pepe) que trabajaba para una
poderosa empresa "Tamayo y Ca" de importación y exportación,
con sede en Caracas y con su recomendación, le dieron a Pedro una
representación para Maracay y comarca de toda una serie de
productos de papel, desde manteles servilletas, papel para las
gasolineras, pañuelos etc. Como en ese momento, teníamos un
coche pequeño Renault, después de explicarle en que consistía su
trabajo, que simplemente era dar a conocer los productos y abrir
mercado, le llamaron a Caracas, para que fuera a recoger el coche
que le habían asignado. Una camioneta, tipo ranchera de color rojo,
nueva de trinca, recién importada americana, preciosa. Estábamos
contentísimos. En mi interior, pensaba que siempre en los
momentos más difíciles, Dios nos hechaba una mano, nunca nos
abandonaba y desde el fondo de mi corazón, le daba gracias porqué
así fuera. El nuevo trabajo para Pedro era coser y cantar, pues lo de
presentar un producto convencer y vender era lo suyo, tenía una
gracia un don especial para esto, solo había un inconveniente, tenía
que salir de viaje, ya que debía cubrir un extenso territorio. Como a
mi todabía me faltaban 3 meses, para dar a luz, decidimos que
empezaría por el trayecto más largo para poder estar cerca cuando
me tocara parir.
Fue muy duro tener que separarnos, desde que nos casamos, no lo
habíamos hecho, pero no había mas remedio. - Vete tranquilo ya
sabes que nunca estaré sola, me cuidaré, total serán ocho días. Que
pasarán volando y estoy rodeada de buenos amigos que velarán por
mi. Tú eres el que debe cuidarse e ir con mucho ojo, no conducir
nunca de noche y por favor, llamar todos los días, para saber como
estás. Después de varias y mutuas recomendaciones se fue. Durante
el día, la verdad es que casi ni me daba cuenta de que "él" noestaba,
con el trabajo que tenía, solamente vigilando a Pedrito, era un
auténtico diablillo, no paraba un momento, como ya caminaba y le
encantaban los "bichitos" en cuanto me descuidaba ya traía algo en
los dedos, cualquier cosa que se moviera, un escarabajo, un
saltamontes un escorpión, no paraba para sustos, el pobre Sergio
hacía lo que podía para entretenerlo, gracias a eso pasaban muchos
ratos jugando juntos, hasta que Sergio perdía la paciencia y se
armaba la batalla, cuando ya dormían venían los amigos a hacerme
compañía, para ver si necesitaba algo. Esperaban que cerrara bien
las puertas, aveces daban una vuelta, tocando el "claxon" y se iban,
entonces es cuando de verdad me daba cuenta de que estaba sola,
bueno tenía a los niños pero me faltaba "él". Los dos primeros días
apenas pude dormir. Oía ruidos por todas partes, no sé cuantas
veces me levanté para ver a los niños, que afortunadamente
dormían plácidamente, aunque Sergio que era muy listo y sensato
158
para la edad que tenía, antes de ir a dormir me dijo, ¿porqué no ha
vuelto papá? ¿dónde está?- Le expliqué que estaba trabajando etc.
etc. hasta que conseguí que se durmiera. Pero como bien dice el
refrán "el hombre es un animal de costrumbres", así que al tercer
día, aunque me costó, pude dormir, pero esperando y soñando en su
regreso. Pasaron los ocho días, sin novedad, siempre acompañada
por mis fieles amigos, que venían cada día se llevaban a pasear a
Sergio y Pedrito, me acompañaban a comprar. Se portaron de
maravilla. Decian ellos- Debemos cuidarte, sino cuando vuelva
Pedro si no lo hemos hecho bien, igual se enfada y cerráis el
"Club"- Menuda pandilla de frescos, les contestaba yo. Pero en
realidad les estaba muy agradecida. Y llegó Pedro, le hicimos un
recibimiento apoteósico, los niños, yo y los vecinos que le vieron
llegar. Sergio, no le soltaba la mano, como si así quisiera decirle
que no volviera a marcharse, Pedrito en sus brazos, tirándole de los
pelos y dándole besos y yo feliz y tranquila pensando que estaba en
casa y todo había ido bien. Quizas, parezca exagerado, hasta una
tontería, lo que explico, pero para nosotros fue muy importante,
nuestra primera separación, fue una prueba de lo que nos
necesitábamos, del auténtico cariño que nos teníamos de lo mal que
lo pasamos estando lejos el uno del otro, pero por desgracia, no fue
la última ya que tenía que seguir saliendo fuera para hacer nuevos
clientes, aunque esta vez no estaría tantos días seguidos. Había que
tener paciencia, hasta los nenes parecia que lo entendían más, por la
forma de despedirse, iban detrás de él cogiéndole por los pantalones
o donde podían, como si quisieran impedir que se fuera cosa que no
habían hecho nunca antes, cuando trabajaba en Maracay. De todas
formas el trabajo resultó bastante productivo, una vez hehco el
cliente, la casa ya se encargaba de mandar el material, siempre con
una comisión para Pedro así que por lo que se refiere a la economía
en el cambio, casi casi, salimos ganando. A medida que mi
embarazo aumentaba, fue haciendo las salidas más cortas por si
acaso se adelantaba la cosa. Al entrar al octavo mes el Dr.
Ludxxiger, nos dio instrucciones de todo lo que debíamos hacer. Se
trataba de no demorar nada la salida de Maracay, debíamos
llamarle, al primer síntoma, por pequeño que fuera, el vendría
inmediatamente, preparado, para cualquier emergencia, yo debía ir
con él en un coche y Pedro con el suyo detrás fuera la hora que
fuera, era importante la rapidez en iniciar el viaje. No debíamos
olvidar que la Clínica estaba a 100 Km. de distancia. Este último
mes fue fatal, a pesar del régimen, de cumplir a raja tabla todas las
normas impuestas, de hacer ejercicios físicos, estaba gordísima,
pesada, me habían salido algunas varices y con los nervios a flor de
piel. Es verdad que confiaba ciegamente en el Dr., pero me daba
pánico la distancia a recorrer ¿y si tenía un parto como el de Pedro?
Que no dio tiempo a nada. Luego las dudas, tenía dos niños
preciosos, como sería éste, o quizas sería una niña. Dios mío,
ayúdame, sea lo que sea, que venga bien, sano, y que nos de tiempo
para llegar a Caracas.
Cada noche me iba a dormir con estas y otras reflexiones por el
estilo, deseando que los días pasaran rápidas y todo hubiera
terminado.
A todo esto, como los amigos lógicamente estaban enterados de la
decisión tomada, de ir a dar a luz a Caracas, como siempre había
división de opiniones, unos que era una locura, que podía parir en
medio del camino. Otros que lo principal era la confianza en el
médico y que aguantaría. Lolita y Romeo, como iban a ser los
padrinos de lo que viniera, ¿niño o niña? Habían decidido
acompañarnos, o sea que estaban preparados para salir pitando, tras
nosotros, en cuanto los avisáramos, los tres solteros, que vivían de
realquilados en su casa, dijeron que también querían seguirnos en
avisar a Lolita, porque se lo habíamos prometido y los demás ya se
espabilaran. Cumplida ya la cuenta, resultaba hasta cómico, cada
día todos pasando a preguntar ¿qué, será hoy? - Como te sientes? -
160
Tienes la cara diferente, será esta noche.- Viendo el interés que
despertaba, pensaba, seguro que aunque tuviera toda la familia aquí
no me sentitiria más acompañada y arropada. Y llegó el día, mejor
dicho, la madrugada, nos fuimos a dormir dejándolo todo preparado
como veníamos haciendo, desde que cumplí, apenas pude dormir
me sentía mal, pero no tenía dolores, así que esperé, pasadas las 5
de la mañana tuve el primer aviso, inmediatamente, llamé al Dr.
Como estaba pactado, mientras Pedro metió a Sergio y Pedrito
dormidos en el coche avisamos a Lolita y unos minutos mas tarde
apareció el Dr. Con su "Wolswagen" "escarabajo". Resultaba
gracioso ver a sus casi 2 metro de estatura, doblados allí dentro. Sin
bajar del coche, abrió la puerta y me hizo sentar a su lado. Pedro ya
estaba preparado, así que nos pusimos en marcha. El Dr. Iba con su
bata blanca, detrás llevaba el maletín, toallas y una sábana, por si
acaso, me dijo. Ahora, tu debes ir respirando profundamente,
tranquila, que todo irá bien, cada vez que tengas una contracción,
me aprietas el brazo, puedes gritar si quieres, pero sobre todo
respira profundamente y confía que llegaremos a tiempo. Yo no
había tenido tiempo de fijarme, pero por lo visto detrás de nosotros
venían 5 coches, cuando pasamos "la Alcabala" (lo que aquí se
denomina peaje) apenas nos paramos, diciendo, parto, es un parto,
los 5 coches diciendo lo mismo. Supongo que si se hubiera podido
filmar, resultaría una buena comedia. A mi cada vez, me venían las
contracciones, mas seguidas y no le apretaba el brazo, se lo
estrujaba, él me tranquilizaba. Sobre todo no te ponga nerviosa,
respira que ya falta poco. Nerviosa, noes que ya no podía más,
cuando ya pensaba que no podría aguantarlo, paró el coche, no
podía creerlo, habíamos llegado. Prácticamente en brazos, me entró
a la Clínica, donde nos estaban esperando, con todo preparado ya
que él había avisado antes de salir. Fue llegar, ponerme en situación
y así vino al mundo Osear. Considerando, los dos anteriores partos,
este fue el mejor, ya que el viaje ayudó a que dilatara, cosa que para
161
mi era más difícil, al menos eso me dijo el Dr. Me enseño el recién
nacido tan contento como si fuera el padre de la criatura. Es otro
niño, precioso, no tan gordo como Pedrito, pero más largo, 4,100
Kg. también es un buen peso, ¿viste como lo conseguimos?
Estaba tan contenta de que todo hubiera terminado felizmente, que
me puse a llorar de alegría, supongo, o de emoción al ver mi tercer
hijo en mis brazos. Este al contrario de Pedrito era "peloncito", pero
rnsadito con una cabeza redondita precioso. Entró Pedro, con
Sergio y Pedrito de la mano, se habían despertado y querían ver a
su hermanito, pues ya les habían dicho que era un LVarón". Entre
risas y lagrimas, después de besarnos al niño y a mi, me explicó que
cuando salió la enfermera a comunicar que había sido un niño y que
los dos estábamos bien fue de lo más divertido, ya que había 4 o 5
señores paseando nerviosos en la '"sala de Espera" y preguntó ¿Se
puede saber ¿quién es el padre?
Después de que el Dr. Autorizara (visto lo extraordinario del caso) a
que entraran a saludarme y ver al niño, los que nos habían venido
siguiendo, Lolita y Romeo se llevaron a los dos mayores, Sergio y
Pedrito,- Pedro se quedó conmigo y el resto de la comitiva se
fueron para Maracay. En la Clínica, todo el mundo lo comentaba,
nunca habían tenido un caso igual, primero que viniera a dar a luz
desde tan lejo y después que lo hiciera tan bien acompañada, no
siendo-jii siquiera parientes.
Siempre he pensado, que mis partos han sido distintos y cuando
menos originales. Me vinieron a ver, como no, tío Amadeo y los
primos Montse y Amadeito, con sus respectivas parejas, no sabían
nada de mi odisea, hasta que Pedro los llamó y se lo explicamos
todo. No se lo dijimos antes para no angustiarlos, sin saber como
iria o que podría pasar. Felisa la mujer de Amadeito estaba también
embarazada de su segundo hijoy había decidido irse a España a dar
a luz pues quería tener a su madre al lado y a su hermanos. Tío
Amadeo y tía Rosita la acompañaban, pues tenían ganas de volver a
162
España. Ya somos mayores, me dijeron, esta tierra es muy hermosa,
pero es para los jóvenes, nosotros ya tenemos unas raices hechadas,
alia en el viejo continente. Allí os esperaremos si es que algún día
decidís volver. Me dio un poco de penita que se fueran pues aunque
no demasiado a menudo, las visitas de tío Amadeo eran siempre
motivo de alegría.
Dentro de la gama de personajes pintorescos, que pasaban por la
urbanización, tuvimos que añadir uno mas, este en verdad muy
especial, se me presentó en casa, dándose a conocer era el nuevo
párroco, a cuya parroquia, según él, pertenecía nuestra
urbanización, como sabía que íbamos a misa, (cuando íabamos) a la
"Barraca", que además de quedarnos lejos, no era nuestra parroquia,
venía a comunicarnos, que ahora si la tendríamos. De momento,
párroco y una cuadra que él mismo ayudado por unos cuantos
voluntarios, estaba convirtiendo en Iglesia. Era español, me parece
que asturiano, pero bastante mayor, lo cual nos llamó la atenciónComo un sacerdote ya de cierta edad como Vs. Se atreve a aceptar
una parroquia, inexistente, con el compromiso de levantarla y
ponerla en funcionamiento? - le preguntamos - Con la ayuda de
Dios ante todo, y la de unos cuantos feligreses, nuenos, dispuestos a
ayudar, como Vs. - Recordar, la fé mueve montañas. Quedé
cautivada y admirada de aquel hombre, casi casi un anciano en edad
de jubilarse, con tal fuerza de voluntad, seguridad, que convencía y
lograba llegarte al corazón. Fuimos a ver lo que sería nuestra
parroquia, había que tener mucha imaginación, para ver en aquella
destartalada nave, con una cruz de madera en la puerta, una Iglesia,
pero ver a aquel hombre decir misa, ante una simple mesa de
madera, cubierta con un sencillo mantel blanco, oir sus palabras,
llenas de bondad, de fé, de esperanza - No miréis alrededor, la
Iglesia sois vosotros todos los que estamos aquí - Sin lugar a dudas
son las ceremonias religiosas, a las que he asistido durante mi vida,
con más devoción y de las que guardo, sino el mejor, un gran
163
recuerdo. - Después de nacer Osear, vino a felicitarnos y a
preguntar si pensábamos bautizarlo. Naturalmente le dijimos que si,
supongo nos dijo, lo haréis en la Parroquia principal o en la
"Barraca", que ya está acabada. Pues no, le dijimos, pensamos
bautizarlo en nuestra parroquia, queremos sea Vd. El que lo haga.
Como es natural, todos los vecinos o casi todos, contribuimos a
adecentar "nuestra iglesia", la vivienda del Párroco y prepararlo
todo para el primer bautizo que se celebró en la Parroquia "Güey",
bajo la protección de la Virgen de "Coromoto". El día del bautizo,
como en los anteriores, vinieron nuestros amigos de Caracas y nos
pusimos todos nuestras mejores galas, como si fuéramos en la
mismísima catedral. Solo por ver la cara de satisfacción del párroco,
cuando nos oió llegar con nuestro bebé, valió la pena. No solo fue
el primero de la parroquia, sino que fue un gran bautizo. Los
padrinos como ya estaba convenido fueron Lolita y Romero,
quieras que no, como Romero se llamaba de nombre Manuel y
quería ponérselo al niño, al final aceptamos, que se llamara Osear
Manuel, nombre compuesto, cosa por otra parte muy corriente en
Venezuela, finalizando como siempre con una gran fiesta de
celebración.
Pedro seguía con sus viajes, aunque procuraba hacerlo lomas cortos
posible, para no dejarme demasiados días con los tres niños sola.
La mejor maestra, paratodos es la practica. Cuando tuve a Sergio
me faltaban horas para todo, no daba abasto, no me quedaba tiempo
para nada, cuando vino Pedrito, al principio pensaba ¿cómo me las
arreglaré? - Pues simplemente, te las arreglas ya tienes una
experiencia del primero, has aprendido a manejarlo, has perdido el
miedo (con Sergio, recuerdo tenía pánico al bañarlo, simplemente
de que se me escurriera de las manos) sabes como darle el pecho,
como acostarlo, te sientes mas segura y el tiempo te cunde más y
llega el tercero ahí la cosa se complica, no por el bebé que sabes
perfectamente lo que hay que hacer, resulta que el primero va a
1M
cumplir 4 años, esbueno tranquilo, pero todabía pequeño, el
segundo no llega a los 2 años, 20 meses para ser exactos, revoltoso,
movido, inagotable. Aquí es cuando de nuevo hay momentos que te
sientes impotente, por ejemplo estás dándole la teta al pequeño y
oyes un grito desde la calle.- "Señora que su niño está regando a
todo el que pasa con la manguera". Sales con el niño pegado al
pecho como puedes, cortas el agua, llamas Sergio, por favor,
entreten un momento a Pedrito, (porque el de la manguera es él)
terminas de dar el pecho, lo mejor que puedes y a seguir. De todas
formas, te das cuenta de que eres capaz, de atender a los tres niños,
hacer las labores propias del hogar y no acabar el día del todo
extenuada, aunque muchas veces ni yo misma sé como lo lograba.
Lo que decia al principio, "la practica". Una cosa si es segura no
hay tiempo para el aburrimiento, ni siquiera para pensar ¿qué hacer
mañana? ya que lo más probable es que hagas todo lo contrario de
lo que pensaste. Hecha esta reflexión, explicaré uno de los
episodios de mi vida del que no me siento nada orgullosa y en el
que tomé una decisión totalmente equivocada. Es el caso que
nuestro amigo Vicente, se iba a España, a pasar un mes o dos de
vacaciones, se llevaba a su sobrino Alberto, el hijo de Pepe y Ma
Rosa, un año menor que Sergio, para que le conocieran los abuelos.
Como a nosotros, nos escribían continuamente diciendo lo mucho
que les gustaría conocer a nuestros hijos, no solo por fotos, sino
personalmente, empezamos a darle vueltas a la idea de mandar a
Sergio que ya tenía 4 años, y darles esa sorpresa, sobre todo a los
padres de Pedro, al menos así conocerían al mayor de los nietos
"Molina". Vicente ya nos lo había propuesto. Total como máximo
estaría 2 meses, por supuesto el viaje lo haría en avión y confiaba
que las azafatas le ayudarían a cuidar de los dos niños.
Al final entre unos y otros nos convencieron escribimos a la
familia, diciendo la fecha y hora más o menos exacta en que
llegarían para que fueran al Aeropuerto a recoger a Sergio. Hicimos
165
todo el papeleo necesario y llegó el día, a parte de la la ropa
necesaria quiso llevarse un maletín con todos sus cochecitos
miniatura (sus juguetes favoritos).
Más o menos, le explicamos que iba a España que era el país de
papá y mamá, que conocería a sus abuelos, primos, que eran los que
nos mandaban fotos, que todos tenían muchas ganas de verle, que
se portara bien y les diera muchos besos de nuestra parte. Iba
contentisimo de saber que subiría a un avión grande como el que se
fue yaya Pepita, con Alberto y tío Vicente (él le llamaba así). En
cuanto llegamos a "Maiquetía" (el aeropuerto) yo, ya no lo tenía tan
claro, empecé a sentir una pena, un temor, una angustia.
Exactamente no sabía lo que era, o si, la suma de las tres cosas.
Pedro se dio cuenta y me dijo. - Bueno ahora no vayas a
arrepentirte y hagamos un numerito, que solo serán dos meses como
máximo y les damos esa alegría a la familia. Procurando disimular
las ganas de llorar, que de repente me habían entrado, después, de
que Vicente por enésima vez me asegurara que cuidaría muy bien
de los dos y que me quedara tranquila, subieron al avión. Sergio
tirándonos besos con su manita hasta que le perdimos de vista.
Pedrito se puso a llorar, desconsoladamente, porqué quería irse con
su hermanito en el avión, hasta que su padre lo convenció de que él
iría con papá en otro más grande. Al fin regresamos a casa, a la
espera de la llamada que había prometido hacer Vicente desde el
mismo Aeropuerto del Prat, en cuanto llegara. Durante toda la
noche, sin apenas poder dormir, me preguntaba si habíamos hecho
bien en mandarlo, en como lo recibirían, si encontraría a faltar a sus
hermanos, a nosotros, si le sentaría bien el cambio de clima, hasta
que al fin el sueño me rindió. Los viajeros llegaron felizmente a
Barcelona, donde los recibieron Alejandro y Amparo, por parte mía
y abuelos y no sé cuantos familiares más por parte de Pedro. Las
dos familias estaban encantadas con el niño, creo que incluso el
abuelo Juan Antonio y Alejandro se disputaban por tenerlo más
166
días. El caso es que pasaron los dos meses Vicente volvió, pero sin
Sergio y empezaron las cartas, la familia de Pedro por un lado y
Alejandro por el otro, que volviéramos, que hacíamos con tres
niños, en América, lejos de todos, solos, Demasiado tiempo de
separación. Alejandro empezaba a trabajar en Aduana por su cuenta
y necesitaba alguien que le ayudara, de confianza y ¿Quién mejor
que Pedro? Sergio está muy feliz (me decían ) con los abuelos, los
tíos los primos, así que mejor venis todos aquí. A mi me empezó a
entrar la "morriña" como dicen los gallegos, añoraba a mi hijo
mayor. Lo mejor que podemos hacer es volver a España, tienen
razón, llevamos demasiado tiempo separados. Vete tu con los niños
una temporada, para ver como están las cosas, me decía Pedro, si
todo va bien, después voy yo. Ni hablar, vinimos juntos, y
volveremos juntos. Que días, Dios mío, de dudas de discussiones.
Ahora, que el nuevo trabajo de Pedro iba viento en popa, le iban a
poner un almacén en Maracay, con todos los productos que
distribuían y a él como gerente, encargado, sin siquiera tener que
viajar. Que dilema, ¿qué hacemos? Lo que está claro es que no
podemos seguir así. Nosotros aquí, Sergio allí. Yo cabezota, no
quería irme sin Pedro, él no quería abandonarlo todo, había costado
mucho llegar a este nivel de bienestar, de adaptación. Estaban los
amigos los buenos amigos, también dolía dejarlos, en cierto modo
eran como una segunda familia. Las reuniones en casa ya no eran lo
mismo estábamos tristes, arrepentidos de haber tenido la idea de
mandar a Sergio. Los amigos nos aconsejaban, unos decían.dejarlo todo tal cual, os vais un mes o dos y volvéis todos otra vez,
una vacaciones. Otros decían, no lo hagáis, si os vais no volvereis,
la familia no os dejará. El tiempo pasaba, había que tomar una
decisión, yo ya no podía más, quería volver, me costó bastante
convencer a Pedro, al fin lo logré. Lo logré, pero no me sentía nada
bien tenía la impresión de estar equivocándome otra vez, él no
quería volver lo hacía por mi, si después halgo fallaba, la culpa de
167
quien sería, mía y nada mas que mía.. La decisión estaba ya tomada
nos volveríamos a España, pero habían muchas cosas que poner en
orden, teníamos que vender unos terrenos, que compramos en "El
limón", los muebles, cosas que no podíamos llevarnos. Lo primero,
Pedro fue a comunicar a sus superiores, lo que habíamos decidido,
para que tuvieran tiempo de buscar un sustituto. No querían creerlo
ahora que le hacían tan buenas proposiciones, incluso estaban
dispuestos a aumentarle sueldo, comisiones, de ninguna manera
querían que les dejara. Cuando ya vieron que no había nada que
hacer, le dijeron que le guardarían el puesto durante unos meses por
si acaso decidía volver. Fuimos a Caracas a comunicárselo a mis
primos, a los "Peris", los que nos dieron nuestro primer trabajo, a
los "Gurry", a los padrinos de Sergio. Todos nos decían lo mismo,
os vais en vuestro mejor momento, para lavraros un buen futuro.
Deseamos que no os equivoquéis y si decidís volver, aquí
estaremos para ayudaros en lo que haga falta. Sabíamos que todos
nos apreciaban, pues continuamente habíamos tenido pruebas de
ello. Pero ahora cuando sabían que nos íbamos, nos dimos cuenta
de lo grande de este aprecio, era increíble, incluso "Quintero" el
piloto venezolano, cuando se enteró, vino a decirnoa que si por
casualidad, estábamos pasando un mal momento económico y por
eso nos marchábamos, que él tenía ahorrados unos bolívares, que
estaban a nuestra disposición y que se los devolveríamos cuando
pudiéramos, sin ninguna prisa. Nos llegó al alma, su afecto y
generosidad, trabajo nos costó hacerle comprender, que no era nada
de eso que simplemente, añorábamos nuestra familias, nuestra
tierra. Aquí estábamos muy bien, todo es fantástico, la tierra y
vosotros, seguro que cuando estaremos allá os encontraremos
mucho a faltar, queremos volver y quien sabe, quizas lo hagamos..
Lolita y Romero, los padrinos de Osear estaban desolados. Eso no
se hace, nos decían, nos habéis puesto la miel en la boca
haciéndonos padrinos de "Osear Manuel" y ahora nos la quitáis,
168
yendovos. El fallo fue mandar a Sergio, ahora estaríamos todos aquí
felices y tranquilos y no se os hubiera ocurrido marcharos..
Conforme pasaban los días y veíamos más cerca la fecha de nuestra
marcha, más raros nos sentíamos. Es difícil de explicar, por una
parte estábamos contentos deseosos de llegar a España, para ver a
nuestros familiares sobre todo a nuestro hijo al que añorábamos con
todo el corazón, por otra sentíamos una gran tristeza al dejar todo lo
que nos había acompañado, durante estos pocos años, la casa, la
tierra donde habían nacido y crecido nuestros tres hijos, el trabajo,
los amigos los paisajes tan exuberantes, las playas. Sobre totodo el
color, esa claridad que lo inundaba todo. Esa sensación de aventura,
cada vez que descubrías un nuevo lugar un nuevo pueblo, la forma
de ver la vida, de las gentes de aquí, tan primitiva, a la vez que
sencilla y natural, no entienden de protocolo, no saben fingir, les
caes bien o mal, pueden apreciarte mucho o tratarte con absoluta
indiferencia. Debido al clima, más bien caluroso, poco trabajadores
y nos miman a los extranjeros, mas bien con extrañeza, no acaban
de compreder el por qué venimos a su tierra tan hermosa para
matarnos a trabajar, en vez de a disfrutarla. No entienden, nuestra
moralidad, para ellos la naturaleza manda sobre todo. La palabra
infidelidad, no existe ya que el tener una o más mujeres o a la
inversa, es normal y nada mal visto. Así son y así hay que
aceptarlos, igual que ellos aceptan la variedad de gentes y
costumbres que invadimos su país, con pretenciones muchas veces,
además, de imponérselas.
Creo que estos años vividos aquí, nos han servido, para aprender a
valorar más lo que de verdad tiene valor, los sentimientos de las
personas, la solidaridad la amistad, la generosidad, la comprensión
y sobre todo la tolerancia, cosas importantes cuando estás en un
país donde reina la diversidad de razas y culturas y donde has de
aprender a aceptar unas normas para que a su vez seas tu aceptado
con las tuyas.
169
EL RETORNO
Mo puede ser que tantos bultos sean para llevárnoslos, baúles, cajas,
paquetes. Hemos tenido que decir a los amigos que por favor, no
nos traigan más regalos, es imposible que nos lo podamos llevar
todo. Por supuesto nos vamos en barco, es un Transatlántico, se
llama "Venezuela", doble de grande del que vinimos, aunque de la
misma compañía "Fratelli Grimaldi". La Ca Transmediterránea nos
lo ha arreglado de manera que podamos llevarnos, más equipaje de
la cuenta, como familia numerosa y en traslado de domicilio y de
país. Estos últimos días son de locura la casa parece un almacén,
aparte de los muebles, que siguen en su sitio, por todas partes hay
cajas y bultos, buscas una cosa y ya no sabes si la has empaquetado,
o donde puede estar. Pedrito se lo pasa bomba , para él todo es
motivo de juego, igual te lo encuentras encima de una caja, que
escondido tras un baúl. Por si fuera poco, hoy se nos han presentado
los dueños de un pequeño Supermercado que hay en la
urbanización, dos hermanos portugueses, en donde de tanto en tanto
todos íbamos a comprar algo, con una enorme caja, llena de latas,
de café, de galletas, de caramelos, de "Wiscky". Para que no nos
olviden y tengan un pequeño recuerdo de nosotros. Me ha faltado
poco para ponerme a llorar. Por favor, no puede ser, no van a
dejarnos subir a bordo con todo esto, se lo agradecemos de corazón
pero no podemos aceptarlo. Si, si, no pueden despreciárnoslo, bien
cerrado y sellado, todo esta debidamente enlatado, pueden
170
llevárselo perfectamente. Después de todabia darles unos juguetes a
los niños, se han despedido, muy compungidos, por nuestra marcha.
Ha sido un duro golpe, ni Pedro ni yo, nos lo esperábamos, los
amigos bueno, pero esta buena gente que siempre tenían una
palabra amable para los niños. Cuando Pedro estaba de viaje,
dispuestos a traerme a casa lo que me hiciera falta, atentos,
solícitos, pero nada más, la verdad es que no podíamos imaginar
esta reacción tan cariñosa, nos quedamos mudos y maravillados.
Entre todos nos lo están poniendo cada vez más difícil, todo el
mundo nos está dando tantas muestras de afecto incluso los que
menos te lo esperas que acentúa esta sensación de dolor, de pena,
mezclado con la emoción y alegría de saber que volvemos con los
nuestros resulta angustioso, tienes ganas de reír, de llorar, de que no
te digan nada y encontrarte ya en el barco, en altamar.
Nos han organizado una fiesta de despedida, la última en Maracay,
pero la haremos, como casi todas, en casa. Nos han traído buenos
recuerdos, a Pedro le han fabricado una medalla al mérito y la
paciencia, por aguantarlos a todos. Cuando hemos hecho el brindis
final, todos hemos puesto el nombre y la fecha en el borde de la
copa y cada uno ha prometido guardarla de recuerdo. Cuando ya
nos disponíamos a ir a dormir, pues se había marchado todo el
mundo, aparecieron los tres mosqueteros los dos hermanos Baró y
Micky, todabia con sus copas en la mano, ¿Qué pasa, os olvidasteis
de algo? - Preguntamos - No, hemos tenido una gran idea, nos
contestaron, los tres a la vez. Bueno, explicarla rápido que es tarde- Marchandos ahora (siguieron) llegareis a España a finales de
Septiembre, por lo tanto las Navidades las pasareis allí.
Naturalmente .- Queremos que hagáis con nosotros una promesa.
¿De que se trata? Preguntamos ya intrigados. El día I o del próximo
año a las 12 en punto del mediodía, en la Pza. Calvo Sotelo, nos
reuniremos los cinco, con estas copas para brindar por el Nuevo
Año. Hemos de prometer todos que no faltaremos. Los que ya
17'
estaremos en España, dijimos, lo tendremos más fácil que vosotros,
pero prometemos acudir a la cita, para ver que pasa.
Por fin llegó el día de la marcha los de Transmediterránea se habían
encargado de trasladar nuestro equipaje a la Guagua y embarcarlo,
uosotros fuimos a Caracas, para despedirnos de los Peris y recoger
de la Agencia unos papeles que nos faltaban, no sé exactamente lo
que nos entretuvo, pero la verdad es que llegamos al puerto, cuando
daban la última señal para embarcar, tuvimos el tiempo justo para
dejarle el coche a Vicente, que debía devolverlo y darnos cuenta de
que estaba más de medio Maracay despidiéndonos, a más de los
padrinos de Sergio y varios amigos de Caracas. El muelle estaba
lleno de gente llorando, agitando sus manos diciendonos, adiós. No
podíamos creer lo que estábamos viendo, habían venido todos, sin
decirnos nada, absolutamente todos. Fue la despedida más
emocionante que hemos tenido en la vida. Estuvimos llorando y
diciendo adiós hasta que los perdimos de vista.
Nuestra primera noche a bordo, la pasamos dedicados casi
exclusivamente a asegurar sobre todo la cama de Pedrito, a
situarnos, a conocer al servicio que nos debía atender y orientarnos
ya que el barco era bastante grande y con los niños había que tener
mucho cuidado, con Osear no había problema, pues justo empezaba
a caminar y lo teníamos controlado, a más le encantaba que lo
lleváramos en el cochecito, pero Pedrito era diferente, se te
escapaba en un abrir y cerrar de ojos, así que por consejo del
"Capitán", le compramos una correaje especial para pasear por
cubierta.
De todas formas teníamos un personal fantástico, los niños comían
antes y después mientras comíamos los mayores los tenían en una
guardería, donde los entretenían con toda clase de juegos hasta que
los papas íbamos a buscarles. Estaba todo muy bien compaginado,
lo que el personal no sabía es con quien se las estaba jugando.
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Pedrito con su carita y sonrisa de Ángel, se los había conquistado a
todos, tan vital, tan alegre, tan simpático. Tan pillo, añadi yo.
Una mañana, cuando nos disponíamos a ir a comer, mientras
teníamos a los dos niños en la guardería, notamos un cierto revuelo
en el servicio, alguna señal de alarma, no sé por qué, pero
inmediatamente me vino al pensamiento, Pedrito, ¿se les puede
haber escapado? - Vamos a comprobarlo. Efectivamente, las chicas
de la guardería, estaban desoladas, no sabían como podía haber
sucedido, pero lo cierto es que Pedrito había desaparecido- Todo el
personal andaba buscándolo, procurando disimular el pánico que
todos sentían y mirando de conservar la calma, cosa que a mi ya me
era muy difícil. No sé el tiempo que pasó el caso es que un oficial lo
descubrió intentando meterse dentro de una barca salvavidas.
Afortunadamente estaban cubiertas con lonas, bien amarradas y no
pudo levantarla, sino difícilmente lo hubiéramos encontrado. No sé
quién le hizo una fotografía cuando bajaba por la escalerilla para
que conservara una prueba del susto que nos dio a todos. Desde ese
día redoblaron la vigilancia en la guardería, no abrían la puerta para
nada y nosotros procurábamos estar todo el tiempo que podíamos
con ellos. Por la noche para poder asistir a las cenas y bailes que
hacían, las literas donde dormían, las cubrían con unas redes, de
donde resultaba imposible salir, pero así y todo como yo no me
fiaba, teníamos a un camarero "Vittorio" que estaba de guardia, en
la habitación hasta que volvíamos. Era un joven, estupendo, gracias
a él pudimos disfrutar de todas las fiestas que cada noche se
organizaban. Por cierto, una de esas noches montaron un carnaval y
dijeron que las Sras., fueran todas disfrazadas, claro yo llevaba
disfraces, pero los tenía en un baúl que estaba en las bodegas del
barco. El capitán me dijo que eso no era un problema que sabían
perfectamente el lugar del equipaje, que correspondía a cada
camarote, que bajara con un oficial y dos marineros y podría coger
mi vestido. Así lo hicimos, pero ojalá no lo hubiera hecho, el bajar
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ya resultaba tétrico, estaba bastante oscuro, olía fatal, para llegar al
sitio donde estaban los equipajes, tuvimos que cruzar por una
especie de sala, donde sentados en el suelo, habían una cantidad de
personas, la mayoría de color, entre cestos con fmtas, alguna maleta
y bultos, supongo de ropa el mal olor era insoportable, a mi el
corazón me dio un vuelco. Dios mío, sería posible ¿todabia existía
la esclavitud? El oficial, viendo mi cara, me hizo entrar rápidamente
en el departamento de equipajes y me indicó donde estaba lo mío.
Coja su vestido y salgamos de aquí y por favor Sra. No ponga esa
cara, que no son esclavos después se lo explico. Medio mareada por
el calor que allí hacía y el mal olor, busqué lo que necesitaba y
salimos de allí. Me sentía muy mal, nosotros, pensaba pasándolo
bien, de fiesta, con todos los lujos y esa pobre gente, allí abajo, sin
apenas poder respirar, sin comer quizás. Estaba a punto de ponerme
a llorar. El oficial me hizo sentar y me dijo, siento lo que ha pasado,
hubiera tenido que avisarla esa gente que Vd. Vio, son de Margarita
y van a Inglaterra, por razones de trabajo. Naturalmente no pagan
pasaje, pero les damos de comer, tienen sus baños y salen a cubierta
por la noche y por la mañana, no a las de Vs., pero tienen sus
espacios y por supuesto han embarcado con absoluta libertad, eso
es un convenio que tiene la Ca de llevar un cierto número de
personas, que si no fuera en estas condiciones no podrían viajar. Así
que tranquilícese y prepárese para el baile de esta noche, ¿de
acuerdo?
Pero no me tranquilicé, fui al camarote y se lo explique todo a
Pedro, la pena que tenía, el mal rato pasado, el dolor que sentía por
aquella gente, pero ¿qué podíamos hacer nosotros? - No era nada
ilegal. Se hacía con su entero consentimiento, así que procuramos
sacárnoslo del pensamiento, sino íbamos a pasar el resto del viaje
amargados, y tampoco se trataba de eso. Se hizo el baile de
Carnaval e incluso gané un premio. También organizaron una fiesta
de disfraces para los pequeños, ahí la gracia consistía en que te
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daban unos rollos de papel y unas cartulinas y con eso le tenías que
fabricar al niño un traje. Exprimiendo la imaginación, con manitas y
tijeras, nos salió un mosquetero de lo más chulo al que por cierto
también le dieron un premio, lo que pasa es que él se adjudicó el
que más le gustó, no el que le tocaba y aunque intentaron
cambiárselo, no hubo manera.
Viajar en barco, si tienes la suerte de no marearte, es una gran
experiencia. Tuvimos la suerte de comprobarlo en el viaje de ida a
Venezuela, del que siempre conservaremos un gran y buen
recuerdo, sobre todo de las personas con las que hicimos el viaje.
Ahora en éste, de vuelta a España, también hemos conocido a
personas bien diferente, personas que en un ambiente normal
nuestro del círculo donde nos movemos, jamás habíamos conocido,
como por ejemplo, una señora inglesa mayor, parienta, creo prima
de la Reina de Inglaterra, con la que nos hicimos muy amigas,
debido a que estaba enamorada de nuestros hijos, sobre todo de
Pedrito, al que le dejaba abrir su bolso y buscar caramelos, cosa
bastante inaudita, teniendo en cuenta que la tal dama llevaba sus
joyas más preciadas siempre en el bolso del que no se separaba
nunca, acompañada eso si de una persona de seguridad. Un poco
rara sí era, pero muy agradable, medio en italiano, medio en gestos,
algo de francés el caso es que lo conseguíamos. También viajaban
unos millonarios cubanos huyendo de Fidel, italianos, españoles,
una troupe de griegos, una Folklórica que volvía de una tournee,
nosotros, mi amiga Aniteta con su niño, que iban a Italia a conocer
la familia de Genaro (su marido). Una variada gama de personajes,
que durante 12 días convivimos, jugamos, paseamos, conversamos,
más o menos procuramos entendernos. Durante estos días creo que
nadie es como es, estamos flotando, "y nunca mejor dicho", todo el
mundo es amable, no hay discusiones serias, ni preguntas
indiscretas. La vida que llevabas antes de embarcar o la que llevarás
después, no interesa demasiado. Estás en otra dimensión, rodeado
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por el silencio del cielo y del mar, piensas lo insignificante y
pequeño que eres, frente a la grandiosidad de la naturaleza y te
encuentras bien, en paz. Supongo que los problemas que cada uno,
pueda o no, encontrarse al llegar a su destino, durante el viaje los
aparca, los guarda en el fondo de la memoria, para que no molesten
y permitan disfrutar en toda plenitud de estos días de bienestar y
sosiego. Los niños, después del percance de Pedrito, se portan muy
bien, a parte de que están muy bien vigilados. Cada día hay una
fiesta diferente, "la noche Napolitana", la del ''Vesubio". Solo un
día, dejamos de disfrutar de esta maravillosa calma, fue por la
noche, de repente el barco se empezó a mover de lado a lado,
crujiendo de una forma, como si se quejara de los bandazos que le
daba el oleaje y fuera a romperse en mil pedazos. Todos estábamos
muy asustados, aunque el capitán y los oficiales, procuraban
calmarnos, diciéndonos.- Tranquilos, no pasa nada, hemos pillado
la cola de un ciclón, o tifón (no se exactamente lo que nos decían)
pero enseguida lo dejaremos atrás. Nos fuimos a los camarotes, los
niños afortunadamente dormían bien sujetos en sus literas, sin
enterarse, pero nosotros estábamos muertos de miedo. En estos
momentos, te das cuenta de lo poquita cosa que somos, aquel barco
tan grande tan sólido, tan seguro, está bailando, como si fuera una
forma que piensas, Dios mío ahora no se podrá levantar y te quedas
callada rezando, oyendo aquel terrible ruido del mar embravecido,
chocando con las paredes del buque, que ya no te parecen tan
fuertes ni tan seguras, pero te resistes a pensar que aquello pueda
ser el final y esperas como dicen los marinos, que pase pronto.
Crujiendo suavemente, se endereza, parece que se estabiliza, el
rugir de las olas se va alejando, el bamboleo se va calmando. Nos
atrevemos a salir de los camarotes. Un oficial nos comunica, que ya
podemos dormir tranquilos, hemos dejado la tormenta atrás y en
adelante el mar seguirá en calma. En ningún momento (nos dice) ha
habido peligro de naufragar, pero comprende que hemos pasado
unos momentos muy desagradables, en nombre del "Cielo", nos
pide mil excusas, dándole así un toque de humor a la negra noche
pasada. Al día siguiente, bajo un radiante sol con un precioso mar
en calma, como si nada hubiera pasado, seguimos tranquilos
nuestro viaje, pero ya contando los pocos días que nos quedan y
con unas ciertas ganas de pisar tierra firme. Nos avisan de que en un
día llegaremos a Tenerife donde el buque permanecerá varias horas,
podremos desembarcar, visitar un poco la ciudad hacer algunas
compras. Hemos atracado a primera hora de la mañana, así que
prácticamente, tenemos todo el día, para pasear por Sta. Cruz. En el
viaje de ida, también lo hicimos, ya que fue la primera escala
después que salimos de Barcelona, osea que más o menos
conocíamos, por donde andábamos. Tampoco nos interesaba
alejarnos demasiado del muelle, no fuera cosa que se nos pasara el
tiempo y nos dejaran en tierra. De vuelta a la mar, cuando perdimos
de vista las costas Canarias, un cosquilleo te empezaba a subir por
el cuerpo ahora la próxima costa que veremos será ya Barcelona:
Gibraltar lo mas seguroes que lo pasemos de noche y espero que
tranquilos. La emoción, los nervios se iban apoderando de nosotros
¿cómo estarán todos? - Sergio habrá crecido. Ha pasado más de un
año. No nos habrá olvidado, ni a sus hermanos. Que ganas tenía de
verlo.
Ahora si, con el pasaje empezamos a saber cada uno donde irá, se
intercambian direcciones. La dama inglesa querría llevarse a
Pedrito con ella, - no sabe lo que dice, pronto nos lo devolveríacomentamos riendo.
-De veras, les voy a encontrar a faltar mucho, nos dice, ¿Porqué no
se vienen a Londres, conmigo? - Es lo que pasa en estos viajes, que
te encariñas con la gente, (no con todos, por supuesto) y cuando
llegas al final casi te da pena que se acabe y el tener que despedirte.
Estamos llegando a Barcelona, ya se divisa el castillo de Montjuic,
casi enseguida los muelles y detrás la estatua de Colón. Suponemos
que habrán venido, casi toda la familia a recibirnos, ya que estaban
avisados del día y más o menos la hora de llegada. A medida que el
barco se va acercando, intentamos reconocer, en medio de la gente
a los nuestros. Pedro que tiene muy buena vista, me dice he visto a
Alejandro con Sergio, delante de todos yo intento verlos pero no
logro distinguirlos, él me va diciendo, ahora he visto a Pepita y
Mariano y a los papas. Todos están saludando. Nosotros también lo
hacemos, aunque yo no veo a nadie a pesar de las gafas, las
lagrimas me impiden ver nada, si emocionante fue la despedida
también lo es la llegada, con diferencia, esta con la alegría del
reencuentro con todos los familiares pero sobre todo con nuestro
hijo Sergio. Pedro que lo ha visto me va diciendo que está muy
guapo y alto. Pednto no para de gritar y saludar, el trabajo es
nuestro para sujetarlo. Osear no sabe exactamente lo que pasa, pero
también está muy excitado y grita imitando a su hermano. El barco
ya ha atracado, pero hemos de esperar a que suban los de aduanas y
los responsables a revisar los pasaportes, documentaciones etc..En
cuanto han puesto la escalerilla, los primeros que han subido a
bordo han sido Alejandro y mi querido Sergio, en cuanto nos ha
visto, ha venido corriendo a nuestros brazos, sin parar de darnos
besos a su padre y a mi y sin querernos soltar. Pedrito y Osear, se
han unido al abrazo, como diciendo, nosotros también estamos
aquí.
Pasados los primeros momentos, ya un poco más calmados, hemos
abrazadoa Alejandro que también estaba muy emocionado. El se ha
encargado de ponerse de acuerdo con los de aduana para hacerse
cargo del equipaje. Una vez todos los papeles en regla, nos hemos
despedido,del capitán, de los oficiales y de nuestros compañeros de
viaje y hemos bajado a tierra.
Harían falta unas cuantas hojas más para explicar todas las
emociones que fuimos sintiendo al ver a toda la familia que vino a
recibirnos, los padres de Pedro, sus hermanas, los sobrinos, que
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apenas reconocimos Amparín y Sandrito, hijos de Alejandro y
Amparo eran más o menos como Sergio y Pedrito. Pepita y
Mariano tenían 6 el último como Osear. Milagros 3 en fin no
dábamos abasto a abrazar a besar a preguntar a mirarnos. Al final
después de unas cuantas deliberaciones y un acuerdo unánime,
decidimos irnos con Alejandro y Amparo a Castelldefels, donde
ataban finalizando de pasar sus vacaciones en una torre de unos
tíos de Amparo, que les habían alquilado, donde ya teníamos sitio
preparado y mientras tanto pensar donde nos instalaríamos, cosa
que estaba por decidir.
El verano se acabó, los padres de Pedro y Gloria, hacía un tiempo
que se habían trasladado a vivir a Barcelona, a una casa de mamá
Rosita, donde habían abierto una tienda de moda que regentaba
Gloria, ayudada por su padre Juan Antonio, así que nos dijeron que
provisionalmente, podíamos instalarnos en su piso de Granollers,
que estaba completamente amueblado, listo para vivir y que ellos
ahora no utilizaban. Así lo hicimos, después de trasladar todos
nuestros baúles, cajas y enseres, que dejamos de momento sin abrir,
on previsión de otro posible traslado ya que de momento Pedro
había empezado a trabajar en la aduana con Alejandro, en
Barcelona naturalmente, así que pensamos, lo más probable es qué
tengamos que ir a vivir a Barcelona, tarde o temprano, para que
Pedro no tuviera que viajar cada día, arriba y abajo.
Quisiera explicar una anécdota de nuestra primera Navidad,
después del regreso a España. Las fiestas Navideñas las pasamos en
Llinás con toda la familia de Pedro, repartidas con las de Año
Nuevo que teníamos que celebrarlas con Alejandro y mi familia.
La anécdota es que recordando la promesa que hicimos al
despedirnos en Venezuela con los amigos, de reencontrarnos en la
Pza Calvo Sotelo el Io de Año con nuestras respectivas copas para
hacer un brindis por el Año Nuevo - Pedro y yo lo comentábamos,
¿qué hacemos? ¿Vamos? - No vendrán, es imposible, ni se
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acordarán. Pero lo prometimos, y las promesas se han de cumplir.
Al menos nosotros podemos hacerlo. Total, coj irnos nuestras dos
copas con nuestro nombre y la fecha marcada, una botella de Cava,
por si acaso y nos fuimos, antes de que dieran las 12 del mediodía
del Io de año, como habíamos pactado, al sitio indicado. íbamos sin
demasiada confianza, pensando que era absurdo, creer que unos
jóvenes al otro lado del mundo, nos habían hecho prometer, lo que
ahora nos parecía una tontería y más tontos nosotros de creérnoslo y
acudir a la cita. Llegamos al sitio ¡no podíamos creerlo! Allí
estaban los tres con sus copas y otra botella de Cava. Cuando nos
vieron llegar, se lanzaron a nuestros brazos con un grito de alegría,
que hizo girar en redondo a los pocos transeúntes que circulaban
por la plaza. Nos abrazamos todos llorando de emoción, hablando
todos a la vez diciendonos, pensábamos que no vendríais. Subimos
al piso que tenía la abuela de los hermanos Baró, ante el asombro
de ella y después de explicarle la promesa hicimos el brindis por el
Nuevo Año y rompimos las copas como hacen los rusos. Es una
anécdota trivial si se quiere, pero para nosotros, tuvo un gran
significado, el recuerdo de una gran y buena amistad que supo
mantener a pesar de las distancias, una promesa.
Ahora con la serenidad de contemplar las cosas, desde la distancia
del tiempo transcurrido me pregunto ¿ que fue más difícil? Para mi
la adaptación a una tierra nueva, extraña, casi primitiva como
Venezuela? O la readaptación, aquí en Granollers, gris, frío, sin las
comodidades a que me había acostumbrado en América, sin aquell
color, aquella claridad, encerrada entre cuatro paredes, con tres
niños, muertos de frío todo el día, por si fuera poco, me agarraron
todas las enfermedades habidas y por haber, sin demasiados medios
económicos. Fue duro, de verdad que la readaptación, considero fue
peor, con el agravante de que no podía quejarme, era yo la que
había insistido hasta la saciedad en volver, todo el mundo daba por
180
supuesto, lo felices que debíamos sentirnos, por estar en nuestra
tierra de nuevo con los nuestros, y en parte era verdad, el sentirte
cerca de la familia, era bueno y agradable, pero el tipo de vida, era
nuy distinto, no había comparación, era como haber pasado del día
a la noche, de la luz a la oscuridad. Por suerte el tiempo pasa, la
realidad se impone, vuelves a adaptarte, a amoldarte, olvidas, te
consuelas, empiezas una nueva etapa.
Mi madre al saber que habíamos regresado a España, también lo
hizo y se vino a vivir con nosotros, a pesar de que mi padre siempre
nos advirtió que no lo permitiéramos, que no nos dejaría vivir
tranquilos (razón no le faltó) pero siendo yo su única hija, no podía
hacer otra cosa.
A los dos años de estar aquí, supongo que para acabarme de
adaptar, nació mi cuarto hijo Román llenando de alegría y felicidad
nuestro hogar. Fue un bebé precioso, grande como sus hermanos y
que me confirmó que aunque hubiera cambiado de clima y país, lo
mío era seguir teniendo varones, con lo cual llegamos a la
conclusión de que con éste ya había bastante.
Mis hijos ya son adultos, hacen su vida, siguen sanos hermosos,
creo felices, dentro de lo que cabe esperar en esta vida este es el
mayor premio que he tenido en mi vida, junto al hombre que Dios
me dio por compañero y que siempre me acompañó en todos los
momentos buenos y malos, deseo y espero que así sea por muchos
años.
FIN

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