Las atribuciones simbólicas de la cocaína en la

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Las atribuciones simbólicas de la cocaína en la
Informe / Txostena
19
Las atribuciones simbólicas
de la cocaína en la población
joven consumidora
ETXEBIZITZA ETA GIZARTE
GAIETAKO SAILA
DEPARTAMENTO DE VIVIENDA
Y ASUNTOS SOCIALES
Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia
Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco
Vitoria-Gasteiz, 2007
Las atribuciones simbólicas de la cocaína en la población joven consumidora / [Instituto Deusto de
Drogodependencias (IDD) de la Universidad de Deusto ; coordinación, Nieves García del Moral ;
redacción, Elisabete Aróstegui Santamaría]. — 1ª ed. — Vitoria-Gasteiz : Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia = Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2007
p. ; cm. — (Informe Txostena ; 19)
ISBN 978-84-457-2590-0
1. Cocaína-Consumo-Euskadi. 2. Jóvenes-Consumo de drogas-Euskadi. I. García del Moral, Nieves. II. Aróstegui Santamaría, Elisabete. III. Instituto Deusto de Drogodependencias.
IV. Euskadi. Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales. V. Serie.
613.83-053.81(460.15)
Instituto Deusto de Drogodependencias (IDD) de la Universidad de Deusto.
Coordinación: Nieves García del Moral.
Redacción: Elisabete Aróstegui Santamaría.
Araceli Fernández Iglesias.
Nieves García del Moral.
Urko Mugeta Izaola.
Mireia Sanz Vázquez.
Edición:
4
1.a setiembre 2007
Tirada:
1.000 ejemplares
©
Administración de la Comunidad Autónoma del País Vasco
Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales
Internet:
www.euskadi.net
Edita:
Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia
Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco
Donostia-San Sebastián, 1 - 01010 Vitoria-Gasteiz
Fotocomposición:
Ipar, S. Coop.
Zurbaran, 2-4 (48007 Bilbao)
Impresión:
Grafo, S.A.
Avd. Cervantes, 51 (48970 Basauri)
ISBN:
978-84-457-2590-0
D.L.:
BI-2.684-07
TÍTULOS PUBLICADOS EN LA COLECCIÓN INFORME/TXOSTENA:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
Estudio referente a conceptos y terminología en reducción de la demanda
Las drogas de síntesis en Bizkaia: un estudio exploratorio de las pautas de consumo
Sintesi-Drogak
Drogodependencias: reducción de daños y riesgos
Escuelas de padres y madres: propuestas de actuación
Cannabis: de la Salud y del Derecho: Acerca de los usos, normativas, estudios e iniciativas
para su normalización
Los medios de comunicación social ante el fenómeno de las drogas: un análisis crítico
Drogas ilícitas, vida recreativa y gestión de riesgos: estudio-diagnóstico de necesidades de
intervención en prevención de riesgos en ámbitos lúdico-festivos de la CAPV
Situación psicosocial de consumidores de heroína no adscritos a tratamiento en el País
Vasco
Drogas: Exclusión o Integración Social
Delimitación del «status» jurídico del ciudadano «consumidor de drogas»
El uso de ketamina en el País Vasco: de fármaco anestésico a droga de fiesta
Incumplimiento penal y penitenciario de personas consumidoras de drogas
Factores de Riesgo y de Protección frente al Consumo de Drogas: Hacia un Modelo Explicativo del Consumo de Drogas en Jóvenes de la CAPV
El alumnado y las drogas desde la perspectiva del profesorado: ¿qué opina el personal
docente vasco?
Drogas de ocio y perspectiva de género en la CAPV
Documento técnico para un debate social sobre el uso normalizado del cannabis
Estudio documental sobre drogas y violencia de género
5
Índice
Índice
Índice
Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
9
1. Marco teórico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
11
2. Metodología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
47
3. Perfil del colectivo encuestado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
55
4. Incidencia de la cocaína en la vida de sus consumidores y consumidoras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
63
5. Percepción de las relaciones personales en el colectivo entrevistado
83
6. El ocio y el uso del tiempo libre entre los consumidores y las consumidoras de cocaína . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
103
7. El consumo de drogas visto por los consumidores y las consumidoras de cocaína . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
119
8. Efectos derivados del consumo de cocaína . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
145
9. Connotaciones sociales asociadas al consumo de cocaína . . . . . . .
161
10. Connotaciones personales asociadas al consumo de cocaína . . . . . .
183
11. Conclusiones generales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
215
12. Aportación final . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
229
Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
239
7
PRESENTACIÓN
El presente informe, titulado Las atribuciones simbólicas de la cocaína entre
consumidores de 18 a 35 años corresponde al estudio realizado por el Instituto de
Drogodependencias de la Universidad de Deusto en una muestra de consumidores
de cocaína del País Vasco. Su realización ha sido posible gracias a la ayuda económica
concedida por Orden de 30 de marzo de 2005 de la Dirección de Drogodependencias
(Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales) del Gobierno Vasco.
El estudio se ha llevado a cabo siguiendo una metodología, básicamente,
cualitativa, con 50 entrevistas personales en profundidad, realizadas a personas que
reunían el requisito de ser consumidoras habituales de cocaína. El sistema seguido
para reclutar la muestra ha sido el de «la bola de nieve» que ha permitido configurar
un colectivo representativo de los usuarios y las usuarias de cocaína de entre 18
y 35 años. Asimismo, un amplio soporte bibliográfico, recopilado para este fin, ha
permitido elaborar un marco teórico en el que se presentan las principales teorías al
respecto y que, a la vez, ha servido para comparar los resultados obtenidos con otros
estudios existentes.
Es de esperar que este trabajo incremente el conocimiento del perfil, motivaciones
y representaciones de quienes consumen actualmente cocaína y así poder contribuir
a una acción preventiva eficaz.
El equipo redactor del informe, integrado por profesionales con formación y
experiencia probada en sociología, psicología y comunicación, ha estado coordinado
por Nieves García del Moral e integrado por Elisabete Aróstegi, Araceli Fernández,
Urko Mugeta y Mireia Sanz.
En la realización de las entrevistas han participado los y las componentes del
equipo redactor y además también han colaborado Jaione Endemaño, Itxaso Ugarte
y Jaxinto Albizu.
NIEVES GARCÍA DEL MORAL
Coordinadora del estudio
9
1. Marco teórico
Ketamina,
un fármaco anestésico
1.1. INTRODUCCIÓN
Los datos relativos a la prevalencia de consumo, sin duda, permiten evidenciar
el aumento del uso de sustancias estimulantes de todo tipo, entre ellas la cocaína.
Este aumento no sólo se refleja en nuestra comunidad, sino también en el contexto
español y el europeo.
Respecto a nuestra Comunidad Autónoma es preciso resaltar que al actualizar
los datos del presente estudio, con vistas a su publicación, y disponer de la información aportada en Euskadi y Drogas 2006 comprobamos que por primera vez en 14
años en 2005 desciende la prevalencia experimental del consumo de la totalidad de
las principales drogas ilegales, a excepción de la heroína. Al tratarse de una primera
constatación es preciso esperar a comprobar si se trata de un fenómeno aislado o si
continúa en años sucesivos.
Y aunque estos datos por sí mismos permiten vislumbrar nuevas tendencias en el
mercado de las drogas, resulta necesario ir más allá para responder a preguntas como
son: ¿a qué responde esta realidad?, ¿qué ha provocado el aumento y consiguiente cambio de la demanda de las sustancias estimulantes?, ¿qué aspectos relativos a la propia
sustancia, a las personas que la consumen o al contexto social son los que han condicionado este aumento y, por ende, el cambio del tipo de sustancia demandada?
No se debe olvidar que en torno al uso de toda droga coexisten tres vértices
cuyo análisis es necesario y complementario: la sustancia, quienes la usan y el contexto social en el que se produce dicho consumo. Aspectos, como se ha dicho, íntimamente relacionados entre sí, de tal manera que aparecen solapados al estudiar cada
uno de ellos.
En cuanto a la sustancia, si bien no se han aportado excesivos datos comparativos
con respecto a la prevalencia de consumo de otras drogas cuya presencia ha sido más
común hasta ahora, la información de todos los estudios en torno al tema, además
de la confirmación proveniente desde los diversos observatorios, pone de manifiesto
una evidente tendencia a sustituir las sustancias depresoras del SNC por una mayor
demanda de las estimulantes.
13
En cuanto a las personas usuarias existe la necesidad de conocer cuál es el nuevo
perfil de éstas de cara a adecuar la oferta asistencial y/o preventiva, con el objeto de
conocer e intervenir sobre los factores de riesgo y protección relacionados con el
consumo: si son diferentes a los relacionados con otras sustancias más demandadas
en otros momentos o si existe cierta especificidad entre los usuarios y usuarias relacionada con la cocaína, es decir, si se puede afirmar que esta nueva elección corresponde a un determinado perfil de quienes la consumen.
En cuanto al contexto social, resulta imposible obviar que la jerarquía de valores
actuales, las condiciones macro y microsociales relacionadas con los aspectos económicos, culturales, laborales, los intereses mediáticos, los nuevos estilos de ocio, el
cambio en el concepto de éxito social y una larga lista de cuestiones interrelacionadas
entre sí y relacionadas con los otros dos vértices anteriormente mencionados, explican en gran medida este cambio de tendencias.
Sin olvidar ninguno de los aspectos mencionados, el presente estudio se centra
en el análisis de consumidores y consumidoras de drogas psicoactivas estimulantes,
concretamente de la cocaína, intentando, a través del análisis de los propios testimonios de quienes la consumen, analizar y dar a conocer, en la medida que la muestra
seleccionada lo permite, quiénes son las nuevas personas que consumen, cuáles son sus
características, qué les impulsa a iniciar y mantener este consumo, cuáles son sus expectativas, cómo se perciben con relación a este uso, cómo afecta este consumo a sus
vidas, qué les proporciona y qué aspectos relacionales y sociales están vinculados a este
fenómeno. Así pues, el repaso de los estudios que hacen mención a esta cuestión será
el material que permita, una vez expuesto, contrastar esas evidencias con el extenso
material que este estudio cualitativo nos ha permitido recabar.
Como afirman Calafat y otros (2002), en nuestro país existe ya un extenso bagaje de investigaciones sobre drogas, sin embargo estas siguen siendo insuficientes
debido básicamente a la rapidez con que cambian las modas de consumo así como a
la permeabilidad del contexto social en incorporar nuevas sustancias. «Entender por
qué se consume cocaína en la actualidad plantea el reto de cambiar los modelos descriptivos que dominan el panorama científico-social ante el consumo de drogas por
un modelo más explicativo que entre en las razones y motivaciones del consumo.»
1.2. ASPECTOS RELATIVOS A LA PROPIA SUSTANCIA
Los estimulantes han sido tradicionalmente usados para combatir la fatiga, el
hambre y el desánimo ya que provocan una mayor resistencia física transitoria gracias
a la activación directa del SNC.
14
La cocaína, en concreto, es un estimulante cerebral extremadamente potente
de efectos similares a los de las anfetaminas. Es, además un enérgico vasoconstrictor
y anestésico local, siendo absorbido por las mucosas nasales cuando se aspira, se
metaboliza en el hígado y se elimina por la orina. Fue utilizado inicialmente para el
tratamiento de trastornos respiratorios y depresivos y por sus efectos analgésicos fue
utilizado en intervenciones quirúrgicas. Posteriormente se empleó con fines militares
por su efecto vigorizante y el componente de agresividad que otorga.
No puede dejar de aludirse al concepto cocaína sin mencionar a Freud, quien
inició los estudios acerca de los beneficios de su uso. Posteriormente, otros autores
han ratificado, entre los usuarios y las usuarias habituales de la sustancia, la existencia
de síntomas o del conocido síndrome de abstinencia, depresión, fatiga, toxicidad y
alucinaciones. Sus efectos en el sistema nervioso central son casi instantáneos: Un
destello de euforia, dulce y de corta duración, a menudo repetido.
Pero ¿qué se esconde tras sus efectos placenteros? Los actuales estudios con
pacientes crónicos adictos a la cocaína revelan la existencia de distintos trastornos
como son: depresión, psicosis paranoide, ataque de pánico, euforia compulsiva, alucinaciones, anorexia, bulimia, un comportamiento antisocial y destructivo, así como
diversas complicaciones médicas: impotencia, infarto cerebral, perforación del tabique nasal, aborto, infarto de miocardio, infección por VIH.
No hace mucho se pensaba que era inofensiva, la droga perfecta, pero su uso
puede ser fatal y ocasionar la muerte repentina, aún cuando se utilice sólo de forma
ocasional. Con el tiempo tiene sutiles efectos secundarios. A nivel físico, el uso repetido de cocaína daña las fosas nasales, causando congestión crónica y daños en el
hígado y los riñones y dado que es un vasoconstrictor ralentiza el flujo de oxígeno y
nutrientes al sistema. En un nivel psicológico y neurológico los efectos secundarios
van desde inquietud y paranoia hasta mareos y ataques de apoplejía.
Cunningham y Andrew (1988) consideran que a pesar de que la clasificación legal
de la cocaína entra dentro de la categoría de los narcóticos (Acta Harrison, 1914) por
ser una droga que adormece los sentidos, estiman que en realidad es un estimulante,
el más poderoso de todos los estimulantes naturales.
Consideran estos autores que veinte años atrás el uso de la cocaína era raro. Era
la reina de las drogas de los bohemios, usada por artistas, músicos y rebeldes de clase
baja. Durante los setenta, el incremento de las restricciones gubernamentales sobre
las anfetaminas provocó el aumento del atractivo de la cocaína. Su alto precio en las
calles la convirtió en una droga glamourosa, una droga de elite. De ser un producto
utilizado en las grandes altitudes y en regiones remotas de Latinoamérica por las
personas que trataban de aclimatarse en las atmósferas rarificadas en las que vivían,
15
una vez lejos de sus raíces y lejos de las expectativas culturales normales con las que
creció se encontró en altos niveles de estructuras corporativas o en lo alto de los
edificios de Wall Street.
Según Casanova y otros (2003) esta droga que comenzó siendo elitista y asociándose en la década de los sesenta a las clases sociales altas ha conseguido romper esta
barrera y ha llegado a toda la población por igual, independientemente de su estatus
económico, debido a su abaratamiento.
En la CAPV, Meana y Barturen, ya en 1993, señalaban la tendencia al incremento
de la utilización de drogas estimulantes, aunque también hacían referencia a un cambio histórico en su percepción social. De la inicial aceptación y tolerancia social de
su uso, debido a los efectos beneficiosos logrados a través de su consumo (euforia,
disminución subjetiva de la sensación de cansancio, insomnio, aumento de la energía,
etc.), a un rechazo generalizado cuando se produce un nuevo patrón de uso y nuevas
formas de producción.
Aunque no se puede hablar de la existencia de un síndrome de abstinencia físico
importante a la hora de hablar del consumo de estimulantes, se ha verificado la tendencia a la autoadministración de la sustancia motivada por los efectos reforzantes
experimentados tras su ingesta. Sus efectos altamente adictivos han llevado a la APA
(Asociación Psiquiátrica Americana) a considerarla en el DSM IV como un trastorno
de abuso, dependencia, intoxicación y síndrome de abstinencia. Dado que los efectos
de la cocaína sobrepasan su punto álgido a los treinta minutos, el individuo precisa
varias dosis durante el día para alcanzar cierta estabilidad emocional y evitar el efecto
disfórico que la propia droga ocasiona luego de varias horas desde la ingesta.
El hecho de que esta droga esté actualmente tan presente en nuestra sociedad
se debe probablemente a que provoca una disminución de los umbrales de recompensa, a la inmediatez de sus efectos placenteros y a la escasez de efectos residuales
a corto plazo.
El patrón habitual e inicial de consumo consiste en la experimentación con la sustancia y la obtención de los mencionados efectos gratificantes. Tras la exposición se
produce un período de anhedonia, apatía, cierta afección depresiva y la necesidad de
conciliar el sueño. En algunos individuos puede aparecer un alto grado de ansiedad y
manifestaciones conductuales agresivas. Tras este proceso de afectación emocional,
se reanuda la urgencia por consumir la sustancia con el fin de paliar estos últimos
efectos psicológicos negativos.
Fisiológicamente hablando, la vía de administración condiciona el tiempo de desarrollo de la dependencia a la sustancia, ya que la forma de consumo masticada va a
16
proporcionar una menor cantidad de principio activo a nivel sanguíneo con respecto
a la vía de administración endovenosa.
Lizasoain y otros (2001) exponen gráficamente las formas de abuso en función de
la forma de uso de la sustancia
Tabla 1: Formas de abuso
Porcent.
en
plasma
Velocidad
de aparición
de efectos
Mascado
infusión oral
20-30%
Lenta
60 Minutos
30-60
Minutos
No
12-75%
Tópica:
ocular genital,
intranasal
(esnifar)
20-30%
Relativ.
rápida
5-10
Minutos
30-60
Minutos
Sí
largo plazo
Clorhid.
cocaína
12-75%
Parenteral:
endovenosa
subcutánea,
intramuscular.
100%
Rápida
30-45
Segundos
10-20
Minutos
Sí
corto plazo
Pasta de
coca
40-85%
(Sulfato de
cocaína)
Fumada
70-80%
Muy
rápida
8-10
Segundos
5-10
Minutos
Sí
corto plazo
Cocaína
base
30-80%
(alcaloide
cocaina)
Inhaladafumada
70-80%
Muy
rápida
8-10
Segundos
5-10
Minutos
Sí
corto plazo
Tipo de
sustancia
Concentración
de cocaína
Vía de
administración
Hojas de
coca
0,5-1,5%
Clorhid.
cocaina
Conc.
máxima
plasma
Duración
efectos
Desarrollo
dependencia
— Las vías habituales de administración son:
•
•
•
•
•
Oral (masticada).
Esnifada.
Endovenosa.
Speed-ball (asociada a heroína).
Fumada e inhalada al mismo tiempo.
— Las formas de consumo habituales son:
• Base-libre (Free-base): Inhalación de vapores, producidos por el calentamiento de clorhidrato de cocaína con bicarbonato sódico.
• En forma de crack: Clorhidrato de cocaína con agua más bicarbonato sódico
pero realizando el calentamiento en una superficie plana, lo que origina una
absorción rapidísima consiguiendo casi de inmediato altas concentraciones
en el cerebro.
17
• También existe su uso por vía tópica por el carácter anestésico que posee,
aunque su uso está menos difundido y en muchas ocasiones tiene un sentido
más ritual, como por ejemplo su aplicación genital tópica en ciertos rituales
eróticos.
— En cuanto a los patrones de uso Schnitman diferencia cinco patrones definidos:
• Consumo circunstancial: En general son personas que habitualmente no
consumen drogas, excepto algún consumo moderado de alcohol, que por
curiosidad o en un acto social presentan un consumo esporádico, y que
en muchos casos no se vuelve a producir. El peligro de este consumo es la
ritualidad, que puede condicionar nuevos consumos ante situaciones semejantes.
• Consumo laboral: Este tipo de consumidor busca eliminar la timidez y las
inhibiciones de carácter que su perfil depresivo les produce. Lleva una relación directa con aquellas personas que requieren un constante estado de
vigilia y agresividad en su trabajo, como cargos directivos de empresas y
profesionales liberales. Comienzan en general evitando el consumo durante
la mañana, en la que se estimulan con café o estimulantes más leves y la
toman por la tarde, cuando se produce un agotamiento de la capacidad de
vigilia y mayor cansancio, aunque posteriormente llegan a un consumo que
incluye las mañanas y las tardes.
• Consumo de fin de semana: Caracteriza a este tipo de consumidores tener
una ceremonia social concreta, el llamado «viernes cultural» o «la noche
de fiesta», en la que habitualmente se mezclan consumo de alcohol y de
estimulantes como anfetaminas basura o cocaína, habiendo pasado en los
últimos años a la noche del jueves en población como la estudiantil universitaria o funcionarios desplazados a capitales de provincia, que reivindican
la noche del jueves, ya que generalmente, al día siguiente se trasladan a su
ciudad de origen, donde celebran la noche del viernes con el patrón que
estamos describiendo.
• Consumo situacional: Son las personas consumidoras relacionadas con la
cocaína por razones comerciales, generalmente son distribuidoras y que
presentan una gran disponibilidad a la sustancia.
• Consumo compulsivo: Son consumidores y consumidoras que presentan
con gran frecuencia un trastorno del control de los impulsos, lo que les lleva
a un consumo continuado, pasando el resto de actividades y relaciones a
un segundo plano. Pueden llegar a tomar grandes cantidades diarias de la
sustancia que acaba siendo el único objetivo de su vida y a un nivel de marginación importante.
18
1.3. PREVALENCIA DEL CONSUMO DE COCAÍNA
No se puede comenzar a abordar el fenómeno del consumo de la cocaína y analizar el perfil de las personas usuarias de esta sustancia sin contextualizar el fenómeno,
al menos en términos epidemiológicos.
Para ello contamos con datos de la CAPV, de España y de Europa recogidos básicamente a través de los Observatorios Vasco, Español y Europeo, respectivamente,
y de otros informes relevantes como el de Euskadi y Drogas en Euskadi, la Encuesta
Domiciliaria en España y otros estudios a los que se hará referencia.
El Informe 8 del Observatorio Vasco de Drogodependencias de 2005 (pendiente
de publicación) aporta datos procedentes de indicadores directos e indirectos sobre
el consumo de drogas y sus consecuencias en 2003 y 2004.
El indicador tratamiento de dicho informe recoge, entre otras cuestiones, datos
acerca de la droga principal que causa la admisión a tratamiento, señalando que «en
los últimos años la presencia de sustancias estimulantes toma una relevancia manifiesta, ya que en 2003 el 68% y en 2004 el 73,3% de las primeras admisiones a
tratamiento se producen por el consumo principal de algunas de las sustancias estimulantes más habituales, siendo la primera de ellas la cocaína.
Tabla 2: Admisiones a tratamiento por abuso de cocaína en función de la
realización de un tratamiento previo o no en la CAPV, 1996-2004 (En %)
Total
96
97
98
99
00
01
02
03
04
4,5
7,8
11,8
21,8
23,0
26,3
31,0
42,6
47,7
96
97
98
99
00
01
02
03
04
2,6
4,0
6,2
12,2
15,4
16,8
24,6
28,8
36,2
Con tratamiento previo
Sin tratamiento previo
96
97
98
99
00
01
02
03
04
8,5
15,2
22,3
37,8
34,9
40,4
39,6
57,9
61,2
Fuente: Observatorio Vasco de Drogodependencias, Informe 8.
Al comparar los datos del País Vasco con los ofrecidos por el Observatorio
Español, no sólo se comprueba que también en el Estado español el volumen de
19
demandas de tratamiento que genera el consumo de cocaína ha ido en aumento,
sino que, además, la prevalencia de quienes consumen esta sustancia en la CAPV es
superior a la del Estado, en todos los años, salvo en 1997.
Tabla 3: Admisiones a tratamiento por abuso de cocaína en la CAPV y en el Estado
español, 1996-2002 (En %)
Conjunto Estado Español
Conjunto Comunidad Autónoma Vasca
97
98
99
00
01
97
98
99
00
01
02
8,9
11,3
17,5
17,2
19,0
7,8
11,8
21,8
23,0
26,3
31,0
Fuente: Observatorio Vasco de Drogodependencias, Informe 8.
El Observatorio europeo destaca, en lo que a nuestra realidad concierne, que sus
fuentes de recogida de datos muestran que España y los Países Bajos fueron, en 2000,
los países de la UE con el mayor porcentaje de pacientes que solicitaron tratamiento
por consumo de cocaína como droga principal.
Según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (2006), la cocaína se está convirtiendo en la droga estimulante preferida por muchos jóvenes europeos. Los indicadores del tráfico y del consumo de cocaína reflejan mayoritariamente
un aumento de la importación y el uso de las drogas, con pruebas crecientes de los
problemas sanitarios relacionados con la cocaína. Los niveles más elevados de consumo de cocaína corresponden a España y Reino Unido, ya que según los informes
proporcionados por estos países entre un 6% y un 7% de los adultos y de las adultas
jóvenes la ha utilizado en el último año.
El porcentaje más elevado de pacientes que solicitan tratamiento por consumo
de cocaína corresponde a España con un 26% de demandas. Continúa el informe europeo manifestando que la cocaína desempeña un papel determinante en el 10% de
todas las muertes relacionadas con el consumo de drogas. Sin embargo, las muertes
atribuidas al consumo exclusivo de la cocaína siguen siendo infrecuentes, a pesar de
la preocupación por la capacidad de esta droga de agravar los problemas cardiovasculares.
En la CAPV, otros indicadores como el de urgencias y el de mortalidad confirman
el aumento de los episodios clínicos atendidos en urgencias por el uso de la cocaína,
así como de los fallecidos en los que se encontró restos de esta sustancia.
Por último, y en lo relativo a las incautaciones de los diversos cuerpos policiales,
éstas no hacen sino reflejar la realidad del mercado, es decir, la oferta de sustancias
20
en función de la demanda de quienes consumen, coincidiendo en el aumento de las
cantidades de cocaína aprehendidas.
También en relación a la población vasca, la encuesta a la población general
denominada Euskadi y Drogas, añade datos adicionales y refleja las mismas tendencias.
Se trata de un estudio que se viene realizando cada dos años desde 1992 a una
muestra representativa de vascos y vascas de 15 y más años al objeto de conocer la
posición de la ciudadanía vasca ante las drogas, la prevalencia del consumo de drogas,
así como las actitudes, el discurso social, las percepciones, estereotipos y la postura
que se mantiene ante su situación legal, su aceptación social y la convivencia que la
sociedad vasca sostiene con las drogas.
En conjunto, se han llevado a cabo un total de ocho estudios que permiten realizar
análisis evolutivos, especialmente en aquellas sustancias en las que se ha modificado
poco el indicador utilizado para medir el consumo. La última encuesta llevada a cabo
es de 2006. Presentamos aquí algunos de los resultados del estudio, especialmente
aquellos que pueden ser más relevantes para conocer el diagnóstico de situación del
fenómeno de las drogas.
Tradicionalmente Euskadi ha destacado por tener un consumo de anfetaminas superior al resto de comunidades del Estado. Es la sustancia más consumida en la CAPV
a lo largo de la vida, ya que un 8,8% de la población la ha probado en alguna ocasión,
pero no es la sustancia más consumida recientemente ya que la cocaína desde el año
2004 ha ocupado su lugar. El 2,6% de las personas en Euskadi ha consumido cocaína
durante 2006, prevalencia superior a la de las personas consumidoras de anfetaminas
que es del 2,4%.
Por primera vez desde el inicio de la serie Euskadi y Drogas, el análisis evolutivo del consumo de drogas en los últimos 14 años muestra, que la prevalencia del
consumo de drogas ilegales cae para casi la totalidad de las sustancias analizadas.
De hecho, si se analiza la evolución del consumo experimental (una vez en la vida)
de las sustancias ilegales principales, observamos respecto a 2004 un descenso de
la prevalencia de uso de todas ellas, salvo la heroína, sustancia que experimenta un
crecimiento muy limitado
El éxtasis es la sustancia cuyo consumo desciende de forma más notable. En el
caso de la cocaína, las anfetaminas y el LSD el descenso es pronunciado con respecto a 2004; no obstante, los consumos registrados en 2006 se mantienen todavía en
niveles históricamente elevados. De hecho, la CAPV se sitúa a la cabeza de Europa
en el consumo de drogas ilegales, ya sea tanto entre la población juvenil como en
21
relación al conjunto de la población. Concretamente con relación a la cocaína, los
datos indican que Euskadi estaría a la cabeza en el consumo experimental de esta
sustancia.
Tabla 4: Evolución del consumo de drogas ilegales en la CAPV (En%)
1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006
Alguna vez en la vida
Speed, anfetaminas
Éxtasis
3,4
—
3,9
1,0
4,3
1,9
4,9
2,3
5,6
2,3
7,5
3,3
11,1
4,5
8,8
2,6
LSD
2,2
3,1
2,5
2,9
2,3
3,8
6,6
4,3
Cocaína
3,2
3,6
3,9
4,2
4,7
6,7
9,9
8,1
Heroína
0,7
0,9
0,8
0,8
0,4
1,0
0,9
1,0
Speed, anfetaminas
1,1
1,2
1,0
0,8
0,9
2,2
2,8
2,4
Éxtasis
—
0,2
0,5
0,2
0,4
1,1
1,3
0,6
Cocaína
0,6
0,8
0,5
0,2
0,9
1,8
3,4
2,6
En el último año
Fuente: Euskadi y Drogas 2006.
El análisis por género muestra que en el consumo de drogas, de cualquier sustancia, tiene una menor implicación el colectivo femenino pero, curiosamente, en
el mismo orden y rango que el masculino. Es decir, no existen sustancias con mayor
preferencia masculina o mayor preferencia femenina. Las mujeres consumen igual
que los hombres, sólo que existe un menor número de mujeres implicadas en el
consumo.
Con relación a la cocaína, el consumo masculino resulta sustancialmente más
elevado que el femenino. En el tramo de edad más joven, sin embargo, entre las
personas de 15 a 19 años de edad, la prevalencia de consumo femenino es prácticamente idéntica. Asimismo, en el tramo de 30 a 40 años parece también producirse
un acercamiento en las tasas de consumo masculinas y femeninas.
Respecto a la edad, observamos que la edad media en que las personas consumieron por primera vez una droga, distinta del cannabis, se sitúa cerca de los
20 años (19,8). Esta media de edad es ligeramente más alta que la registrada en
el anterior estudio de 2004. En el caso de la cocaína, el primer uso se sitúa en los
21,3 años. El inicio en el uso de esta sustancia es algo inferior en el caso de las
mujeres.
22
En España se cuenta con los datos de la encuesta domiciliaria sobre consumo de drogas en la población general desarrollada por el Plan Nacional sobre
Drogas. Desde esta fuente y en el análisis que se presenta a continuación, se
refleja únicamente la prevalencia de consumo referida a la cocaína (en polvo y
base) utilizando, en lo que a la metodología se refiere, diversos períodos de referencia: vida del entrevistado, 12 meses previos a la encuesta y 30 días previos
a la encuesta.
En 2005, según las citadas fuentes, las sustancias psicoactivas ilegales de consumo
más extendido en la población española fueron los derivados cannabicos, la cocaína
y el éxtasis por este orden. El resto de drogas de comercio ilegal estuvo menos extendido.
Tabla 5: Prevalencia del consumo de cocaína (en polvo y base) en el colectivo
entrevistado de 15-64 años en España (En%)
1995
1997
1999
2001
2003
2005
Alguna vez en la vida
Cocaína en polvo
Cocaína base
3,4
0,3
3,4
0,4
3,1
0,4
4,8
0,5
5,9
0,5
7,0
0,6
Últimos 12 meses
Cocaína en polvo
Cocaína base
1,8
0,1
1,6
0,1
1,6
0,2
2,5
0,1
2,7
0,1
3,0
—
Últimos 30 días
Cocaína en polvo
Cocaína base
—
—
0,9
0,0
0,9
0,1
1,3
0,0
1,1
0,0
1,6
0,1
Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta Domiciliaria sobre Abuso de Drogas en España
(EDADES). Observatorio Español sobre Drogas (OED). DGPNSD.
En 2005, la edad media de inicio en el comportamiento de consumo de drogas
muestra diferencias importantes dependiendo de la sustancia de que se trate. La
experimentación es más precoz con las sustancias legales que con el resto de sustancias. En el caso de la cocaína en base, la edad media de inicio se sitúa en torno a
los 20,8 años. En lo que respecta a la cocaína en polvo sube hasta una edad media
de 20,6.
23
Tabla 6: Edad media en el consumo de consumo de cocaína (en polvo y base) en el
colectivo entrevistado de 15-64 años en España (En %)
1995
1997
1999
2001
2003
2005
Cocaína en polvo
21,4
21,3
21,8
20,4
20,9
20,6
Cocaína base
21,8
20,6
20,1
19,6
20,1
20,8
Edad media (años)
Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta Domiciliaria sobre Abuso de Drogas en España
(EDADES). Observatorio Español sobre Drogas (OED). DGPNSD.
1.4. PERFIL DE LOS USUARIOS Y LAS USUARIAS DE COCAÍNA:
DATOS Y ESTUDIOS AL RESPECTO
Como se ha manifestado anteriormente, existen numerosos estudios acerca de
las drogas. Sin embargo, los cambios a nivel macro y microsocial nos presentan un
escenario cambiante que afecta también a las drogas. Al tipo de sustancias de elección, formas de consumo de las sustancias, así como del perfil de quienes consumen
dichas drogas.
Tal y como se ha verificado a través de los datos de los diversos estudios y los de
los observatorios, nos enfrentamos a un aumento del consumo de sustancias estimulantes, siendo la cocaína la principal elección.
Se percibe por parte de los y las profesionales la necesidad de adecuar la atención
terapéutica a estas nuevas drogas, a las nuevas formas de consumo y a las nuevas
características de los consumidores. Sin embargo, y a pesar de que este aumento
de la presencia de la cocaína venía advirtiéndose, no existen muchos estudios que
vayan más allá de lo puramente epidemiológico, resultando que los pocos existentes
evidencian la necesidad de crear un modelo explicativo del consumo de estimulantes
específico y diferente del que en otro momento se utilizó para explicar el consumo
de otras sustancias como por ejemplo la heroína.
Una rápida mirada por los buscadores más comúnmente utilizados relacionados
o no con las drogas, nos enfrenta al hecho de que bajo el epígrafe «perfil de usuarios
y usuarias de cocaína» o términos similares no ofrece excesivos resultados. Y de los
que se apuntan, pocos de ellos son utilizables en términos científicos. Es decir, no
todos poseen un rigor y seriedad científica como para ser tenidos en cuenta.
Desde la hipótesis de que la elaboración de un marco teórico explicativo y específico del consumo estimulantes, entre ellos la cocaína, pasa por el conocimiento de
24
las variables relacionadas de manera diferencial con el consumo de estas sustancias y no con el de otras, parece necesario ahondar en el estudio y el discurso de
quienes las consumen y comparar esta información con las variables relacionadas y
validadas en el estudio de otras sustancias. Desde esta premisa, este marco teórico
más que ofrecer un repaso de los efectos de las sustancias estimulantes y de la prevalencia de su consumo, pretende incorporar algunos de los estudios que sobre el
perfil de los usuarios y las usuarias de cocaína se han desarrollado en España, con
el fin de proceder posteriormente a comparar los datos de nuestro estudio en la
CAPV con éstos, y confirmar o refutar los hallazgos de otros autores en función del
análisis de nuestros datos.
Hemos elegido, pues, cinco estudios en los que se ahonda en la cuestión del perfil
de quienes consumen cocaína. Pese a las diferencias metodológicas de los diferentes
estudios y las del nuestro, existen aspectos que parecen repetirse y tomar peso y
consistencia en unos y otros.
El primero se desarrolla tomando como muestra a población universitaria de
Castellón, con el fin de conocer el nivel de consumo entre el alumnado y algunas
de las características sociodemográficas de las personas consumidoras. El cuestionario no integra gran cantidad de variables y confirma pocas de ellas. Sin embargo, nos
ha parecido interesante incluir este estudio, dado que parte de nuestra muestra está
también relacionada con facultades universitarias.
El segundo estudio se ha seleccionado porque habla del perfil de quienes consumen cocaína y han pasado por un servicio de atención a las drogas, población que
también está representada en nuestro estudio.
El tercero se desarrolla en una muestra de reclutas y otra de estudiantes y las
conclusiones no llegan a aportar mucha información. Se ha seleccionado, sin embargo por tratarse de un estudio en el que la población diana no era consumidora pura
de cocaína, sino que, en muchos casos, coexistía el consumo de otras sustancias;
circunstancia que también refleja nuestro estudio.
El cuarto de los estudios seleccionados, es uno de los primeros que ya en 1992
plantea el objetivo de estudiar en profundidad los patrones y características del uso
y abuso de cocaína, analizando la relación entre la droga y quienes la consumen: la
atracción por la sustancia, las circunstancias sociales que envuelven al consumo y a
las personas consumidoras, el entorno en el cual se consume la droga, la frecuencia y
los métodos de consumirla, el nivel de adicción y dependencia, llegando a establecer
una de las primeras aproximaciones al establecimiento de la tipología de las personas
consumidoras.
25
Finalmente, el quinto de los estudios, el más completo, más reciente que el anterior (2001) y el que incluye el mayor número de variables es el que más se acerca
metodológicamente y en cuanto al planteamiento de sus objetivos a nuestro estudio
y el que permitirá extraer más conclusiones desde la comparabilidad entre uno y
otro. El coste temporal y el esfuerzo que suponen los estudios cualitativos, dada la
gran cantidad de información que extraen, reportan por otro lado muchísima y muy
rica información.
1.4.1. C ASANOVA M ORENO , S., C ASTELLÓ P ÉREZ , S., M ARCO P RATS , L. y
MONTESINOS TORRES, R. (2003). Estudio del perfil del consumidor de cocaína
en la Universidad Jaume I. Castelló de la Plana: Universidad JaumeI
Estos autores utilizaron para su estudio una muestra universitaria de la Universidad
Jaume I en Castellón de la Plana, cuyo rango de edad coincidía con la población facultativa, es decir, las personas cuya edad oscilaba entre 18-21 años y que, según su
hipótesis, representaban a la población de riesgo.
La muestra seleccionada fue de 100 estudiantes universitarios, escogidos de
forma aleatoria, de modo que representaban a los tres campus de la mencionada
Universidad. El procedimiento empleado en el estudio fue la elaboración propia
de un cuestionario elaborado a raíz de tres entrevistas realizadas a estudiantes
consumidores de cocaína y de extensa información teórica. El cuestionario constó
de 18 ítems con diferentes alternativas de respuesta donde el sujeto tenía que
responder aquella que más se adecuara a su comportamiento, conocimiento o
preferencia.
En cuanto a la prevalencia de consumo, los autores confirmaron que un 44% de
los universitarios y las universitarias afirmaron consumir cocaína. Así, en 2002, pudieron afirmar que 5.280, de los 12.000 estudiantes matriculados en la Universidad
Jaume I, eran consumidores y consumidores de esta sustancia, mientras que un 4%
del alumnado la consumían con frecuencia.
En cuanto al perfil del estudiante consumidor de cocaína afirmaron que el consumo que realizaban los y las estudiantes era un consumo mayoritariamente esporádico (51,2%) y exploratorio (39,5%). Un 81% afirmó no haber tenido contacto
con la sustancia en la propia universidad, mientras que un 2,3% sí lo hizo en esta
ubicación.
Como media, la población estudiada contaba con una edad aproximada de 21
años, aunque no hallaron grandes diferencias dentro del rango universitario (18-26
años). Tenían un nivel económico medio y estudiaban carreras jurídico-económicas
(48,8%) o humanas-sociales (34,9%). Mayoritariamente fueron varones (55,8%).
26
La prevalencia del consumo estaba marcada por el sexo (los hombres consumían
más veces, pero no por la edad). El consumo que realizaban las mujeres era mayoritariamente experimental (probarlo) en un 57,1% de los casos.
El 58,1% de los sujetos empezaron a consumir entre los 18-20 años (edad universitaria), solían frecuentar pubs (48,8%) y discotecas (34,9%) con un estilo de
música variado, aunque mayoritariamente era Rock y Bakalao (34% y 20,9% respectivamente).
La mayoría vivía con sus padres (86%) y un 74,9% de estas familias desconocía
este consumo. Además el 95,3 % de los sujetos consideraba que su consumo no
había deteriorado la relación familiar. El motivo de inicio de consumo manifestado
fue la diversión (81,4%).
Son las amistades quienes iniciaban a este consumo (72,1%) y eran los amigos y
amigas en un 62,8% de los casos quienes compraban la cocaína, sólo el 27,9% afirmó
haberla comprado él o ella misma. El dinero para el consumo procedía de la asignación familiar (60,5%). La vía de consumo preferida era la esnifada (48,8%) pero un
41,9% utilizaba las vías esnifada y fumada.
Eran personas que nunca habían recibido ayuda o un tratamiento y que afirmaron tener conocimiento de los riesgos del consumo de la sustancia (86%). Los datos
mostraron que el 77,2% de los sujetos afirmó rotundamente conocer los riesgos del
consumo de cocaína, pero sin embargo, al presentarles una lista con seis de los posibles
efectos, únicamente el 54,4% de estudiantes conocía cuatro o más de los síntomas, lo
que llevó a los autores a concluir que existía un alto porcentaje de universitarios y universitarias que no conocían los riesgos a largo plazo que provoca esta sustancia.
También concluyeron que no existía correlación entre el consumo de cocaína y
la música preferida por los y las estudiantes, aunque sí pudieron afirmar que existía
una relación entre los locales a los que usualmente acudían (Pubs y discotecas) y el
consumo de cocaína.
Como conclusión del estudio, los autores destacaron el gran porcentaje de universitarios y universitarias que afirmaron consumir cocaína (44%), dato preocupante
por los efectos que puede llegar a causar en esta población, como podrían ser las
alucinaciones y los cambios violentos de humor, lesiones cerebrales y en el sistema
nervioso; pero todavía más preocupantes serían los efectos que repercuten sobre el
rendimiento escolar, como son una disminución de la atención y la concentración.
Parece, pues, que existe una relación entre el consumo de cocaína y una disminución
de la atención y la concentración con un bajo rendimiento escolar y repetición de
curso.
27
Vieron que entre el porcentaje de sujetos que consumían cocaína en su muestra,
un 22% lo hacía esporádicamente. Relacionando esto con los datos del Observatorio
Nacional de Drogas, encontraron que a medida que el sujeto experimentaba con el consumo esporádico y veía que no tenía ningún problema o efecto residual sobre él, aumentaba el consumo hasta llegar a ser habitual sin tener en cuenta los efectos a largo plazo.
Tras la obtención del perfil del y de la estudiante que consumen cocaína en la
Universidad Jaume I, los autores procedieron a comparar este perfil con el hallado
en otros estudios, llegando a las siguientes conclusiones:
— Se observó un mayor consumo por parte de los hombres en todos los perfiles.
Así en la Comunidad Valenciana consumían 4 veces más los hombres que las
mujeres, por ello es mayor el número de hombres que reciben tratamiento
(93%).
— Los hallazgos del estudio no correlacionan una influencia de la edad en el consumo, lo que contradice los datos ofrecidos por el Observatorio Español sobre
Drogas, que afirma que a mayor edad aumenta el consumo.
— Mayoritariamente los estudiantes de la Jaume I empezaron a consumir entre los
18 y 20 años, influenciados por sus amistades y buscando la diversión, datos que
apoyan otros estudios como los de la Comunidad Valenciana que afirmaban que
el inicio del consumo se encuentra alrededor de los 20,5 años, habiendo casos
puntuales en torno a los 15,4 años.
— Los datos obtenidos confirmaron que quienes consumen cocaína frecuentaban
pubs y discotecas, no encontrando relaciones significativas en cuanto a la música preferida. Estos datos también coinciden con perfiles nacionales.
— La mayoría vivía con sus padres y afirmaban que no se habían deteriorado sus
relaciones, esto podría deberse a que se trataba de un consumo esporádico,
ya que parece evidenciado que el consumo crónico afecta a las relaciones.
— Se trataba de personas que nunca habían recibido tratamiento, aunque los
datos ofrecidos por otras fuentes mostraron que un 2% de personas con
estudios universitarios estaba recibiendo tratamiento.
— Se encontró que a pesar de que la mayoría de los sujetos (77,2%) afirmó
conocer los efectos de la cocaína, solamente conocían aquellos efectos más
comunes (perforación del tabique nasal), pero desconocían otros efectos que
también son perjudiciales para su salud, como el aborto y la impotencia sexual,
lo que indica que se debería hacer prevención primaria con el fin de dotarles
de una mayor información, aumentando sus recursos y estrategias para evitar
el inicio del consumo.
Rompiendo con cualquier estereotipo que relacione el tipo de música con el
consumo de la cocaína los autores comprobaron que no existía relación entre ambas
28
variables, lo que justifica que la cocaína se haya extendido en la sociedad, ya que no
está ligada a una subcultura recreativa en concreto.
En la correlación de los datos de este estudio con los del informe europeo que
afirmaba un aumento del consumo de cocaína modesto pero constante, cabe destacar la relación existente entre el consumo de la cocaína y los lugares de ocio que más
frecuentaba la población estudiantil, siendo estos pubs y discotecas, lo que les llevó
a concluir que su consumo se llevaba a cabo mayoritariamente los fines de semana.
Es así como se vio una asociación directa entre la frecuencia de salidas nocturnas y
el grado de experimentación con la cocaína. Entre quienes no salían de noche la prevalencia de uso era de 0,5%, mientras que aquellos y aquellas que salían tres o más
veces a la semana alcanzaban el 10,2%.
Por último, el estudio trató de concienciar a través de sus resultados de que
el alumnado de la Jaume I no solo tenía contacto con la cocaína, sino también con
las drogas de diseño (37%) y por supuesto con el tabaco y el alcohol. Viendo que
era una población que realizaba un policonsumo era casi obligatorio un estudio
en profundidad sobre estas y otras drogas que perjudicaban a los y las estudiantes.
1.4.2. PEDRERO PÉREZ, E.J. y PUERTA GARCÍA, C. (2003). Atención a usuarios de
cocaína desde un centro de atención a drogodependencias (CAD-4). Madrid:
Centro de Atención a Drogodependencias del Ayuntamiento de Madrid
El objetivo de estos autores fue presentar el trabajo realizado desde un Centro
de Atención a Drogodependencias del Ayuntamiento de Madrid con la población
que demandaba tratamiento por abuso/dependencia de cocaína intranasal o inhalada
y que representan un grupo de usuarios y usuarias en constante crecimiento en los
últimos años.
Los autores confirmaron que, desde su apertura, los Centros de Atención a
Drogodependencias del Ayuntamiento de Madrid habían tenido a la cocaína como
una droga objeto de trabajo pero generalmente como sustancia de administración
secundaria a la de los opiáceos. Los estudios epidemiológicos, no obstante, informaban consistentemente de un incremento del consumo de cocaína no circunscrito a
los adictos a heroína, sino asociado a un patrón de consumo menos desintegrador,
relacionado con situaciones lúdicas, en una población con más formación y mayor
poder adquisitivo.
Mientras en otros países la cocaína se había expandido hasta configurar el principal problema en relación a las drogodependencias, en España parecía no llegar nunca
29
la tan anunciada «epidemia de cocaína», hasta el punto de animar a parte del personal
técnico y dedicado a la investigación a dudar de que llegara a presentarse algún día.
En el momento de realizar el estudio y sin que los autores valoraran que el consumo llegara a alcanzar entonces auténticas dimensiones epidémicas, corroboraron
que la cocaína iba ganando terreno a tenor de la información proporcionada por
todos los indicadores. Constataron que desde el año 1995 aumentaron las demandas de tratamiento motivadas por el consumo de esta droga y el CAD-4 no fue una
excepción.
Las urgencias hospitalarias y defunciones motivadas por el consumo de cocaína
superaron, en el año del estudio, a las producidas por consumo de heroína, mientras que disminuían los delitos contra la propiedad característicos de los adictos
a opiáceos. Además se incrementaron los delitos violentos asociados al consumo
de alcohol y cocaína.
Por otra parte partían de la constatación de que la progresiva instauración de los
Programas de Mantenimiento con Metadona, llevaba aparejada históricamente un
incremento del consumo de cocaína en sus formas de administración más agresivas:
intravenosa y fumada en forma de base o crack. El patrón de expansión de estas modalidades de consumo se superponía geográficamente al desarrollo de los programas
de sustitutivos opiáceos. El incremento de la oferta propiciaba paralelamente el uso
de la sustancia en otros grupos de población.
En cuanto al perfil, los autores señalaron la existencia de una incipiente detección
de patologías psiquiátricas motivadas por el consumo de cocaína, en especial en unidades de agudos, aunque también en servicios ambulatorios de Salud Mental: en el
primer caso se trató de crisis psicóticas motivadas por ingestas masivas de cocaína o
por dosis menores en individuos con predisposición a desarrollar estas patologías; en
el segundo caso, se trataría más de trastornos anímicos de tipo depresivo o trastornos de ansiedad, obsesivos y fóbicos desencadenados por el efecto de la sustancia.
En este panorama parecía cada vez más evidente que los dispositivos de atención a drogodependencias debían estar preparados para hacer frente a un problema nuevo, con características muy diferentes de aquellos que motivaban la intervención en tiempos pasados. Si el usuario o la usuaria eran diferentes, si sus
conductas eran diferentes, si las patologías asociadas afectaban diferencialmente a
su organismo y si la problemática social concomitante era sensiblemente diferente,
los CADs y el resto de recursos de tratamiento deberían hacer las modificaciones
precisas en sus intervenciones para procurar una atención adecuada a estos consumidores y consumidoras, tal y como ya había sucedido en otros países.
30
Características diferenciales de usuarios de cocaína intranasal o inhalada
En el ámbito fisiológico
En relación con usuarios y usuarias de otras sustancias, quienes consumen cocaína presentaban una ausencia casi generalizada de patologías orgánicas, en especial
aquéllas de carácter infeccioso. Sí era frecuente, en cambio, que si se producía el
consumo asociado de alcohol se observaran las alteraciones enzimáticas habituales:
elevación de GOT, GPT y GGT, así como incremento del VCM en el hemograma.
Ocasionalmente se presentaban otros síntomas en la esfera cardiovascular, patología
respiratoria y trastornos metabólicos leves.
Con gran frecuencia se observaron trastornos por malnutrición atribuibles tanto
al efecto anorexígeno de la cocaína como al estilo de vida del consumidor o consumidora que suelen dedicar largas sesiones a la autoadministración de la sustancia, lo
que compite temporalmente con la alimentación. No obstante, estos problemas remiten con rapidez una vez instaurada la abstinencia, produciéndose una sobreingesta
compensadora.
En el ámbito psicológico
Los problemas encuadrables en este ámbito fueron los que se presentan con
mayor frecuencia, previamente al consumo, concomitantes o como consecuencia de
la retirada de la droga.
— TRASTORNOS PREVIOS:
En algunos casos, la información que proporcionó la familia hizo pensar que el
sujeto pudiera haber sido diagnosticado previamente de trastorno por déficit
de atención con hiperactividad en alguno de los subtipos que detalla el DSM-IV.
Sin embargo, el diagnóstico post-hoc careció de relevancia clínica.
Lo mismo pudo decirse de los indicios que apuntan a la existencia de trastornos
afectivos en la adolescencia sobre los cuales la cocaína hubiera podido actuar
como instrumento de automedicación. Sin embargo, era más frecuente que el
consumo se instaurara sobre una persona que, hasta entonces, había sido catalogada por sus referentes significativos como una persona normal, cumplidora de
sus responsabilidades y eficaz en el desempeño de sus obligaciones.
— TRASTORNOS CONCOMITANTES:
Durante las fases de consumo, el individuo solía relatar un conjunto de problemas psicológicos cuya identificación podría ayudar a determinar el grado de
31
deterioro y orientar sobre el curso que podría tomar el caso de presentarse
las muy probables recaídas.
— LOS PROBLEMAS MENCIONADOS MÁS FRECUENTES FUERON:
• Trastornos de la memoria circunscritos a acontecimientos relacionados con
las fases de consumo. No existía evidencia de fallos en la memoria inmediata, ni en la fijación, ni en la recuperación en el momento de la entrevista,
pero sí fue frecuente que el sujeto relatara la existencia de «lagunas mentales» o de «incapacidad para recordar secuencias de hechos» que debía
realizar tanto en las fases de consumo como en las subsiguientes de recuperación. No obstante, la hipótesis que manejaron fue que, en realidad, no se
encontraban frente a fallos en los procesos de memoria, sino a trastornos
atencionales provocados por el intenso ritmo de procesamiento de información a que se veía sometido el sujeto, de modo que su campo atencional
se reducía, concentrándose sobre actividades relevantes.
• Trastornos afectivos y del estado de ánimo del tipo ansiedad y depresión. Los
trastornos de ansiedad estarían más relacionados con la fase de consumo y
podrían explicarse directamente por la actividad bioquímica y neurológica
de la sustancia, mientras que los trastornos depresivos se instauraban durante las fases de recuperación, presentando componentes tanto biológicos
como cognitivos: biológicamente se corresponderían con fases de agotamiento celular, tanto a nivel de reservas de neurotransmisores como a nivel
de reservas energéticas del organismo. Esto justificaría en gran medida que
tales trastornos tuvieran ese carácter transitorio y que, tras la fase de recuperación, se instaurara un funcionamiento normal.
Cognitivamente, las fases depresivas se caracterizaban por sentimientos de culpabilidad, decremento de la autoestima, vergüenza ante sus referentes, disminución
de la eficacia autopercibida frente al control del consumo, etc.
Tanto estas cogniciones como la situación física descrita actuarían con gran frecuencia como estímulos desencadenantes de una nueva fase de consumo, de modo
que la cocaína sería, a la vez, elemento depresógeno y automedicación antidepresiva,
generando un círculo vicioso de difícil abordaje por el individuo.
De manera generalizada se presentaba una hipersensiblidad en las relaciones
sociales, en una graduación que abarcaría desde una moderada suspicacia hasta un
delirio de persecución. Lo más habitual era que el sujeto reconociera sentirse perturbado por la observación de los demás, que la considerara excesiva e injustificada,
mientras se encontraba bajo los efectos del estimulante; en las fases de recuperación
y en los intervalos sin consumo esta suspicacia no era relevante ni perturbadora y
32
el individuo la asociaba directamente a la sustancia y a los entornos de consumo.
Sin embargo, frecuentemente esta suspicacia evolucionaba hasta la generación de
ideas de persecución que, en algunos casos, se constituían en ideación delirante con
autocrítica y en fases posteriores sin ella, de modo que el sujeto vivía inmerso en un
delirio permanente.
También hallaron la aparición, de forma habitual, de conductas agresivas, en una
primera fase y asociadas al consumo, pero en etapas posteriores estas conductas se
constituían como un estilo de reacción frente a una amplia gama de estresores. En
especial, estas conductas agresivas autodirigidas o, más frecuentemente, heterodirigidas, se producían en el contexto en el cual se desencadenaba la suspicacia y se
producía la atribución al otro de intentar perjudicarle de una u otra manera.
En algunas ocasiones, se habían presentado conductas autolesivas o intentos de
autolisis, pero más frecuentes eran las peleas callejeras, en locales recreativos o en
el ámbito familiar. Es preciso tener en cuenta que determinados consumidores y
consumidoras de cocaína pertenecían a grupos en los cuales la violencia era una conducta altamente valorada (grupos políticos radicales, grupos ultras deportivos, determinadas «tribus urbanas») por lo que fue conveniente, en la medida de lo posible,
desvincular la etiología neurobiológica de la meramente cultural, o bien, considerar
la interacción entre ambas.
En el ámbito socio-relacional y ocupacional
La problemática social de esta población suele ser radicalmente diferente de la
presentada por los consumidores de otras drogas (heroína y alcohol). Generalmente
se trata de sujetos bien integrados, con trabajos estables u ocupaciones que, de
forma discontinua, presentan altos grados de estabilidad. Su formación académica
es media o alta y su nivel social se distribuye entre clases medias. Rara vez existe
una problemática judicial, salvo en situaciones en que se han visto envueltos en
riñas callejeras y se han producido situaciones de violencia contra las personas o
las cosas.
No obstante, a medida que la población que solicitaba atención en el CAD
presentaba una mayor varianza, acudían con más frecuencia otros sujetos que
desarrollaban su trabajo en el sector comercial y en servicios, como la hostelería.
Se trata de actividades con horarios amplios, con exigencias de sobreesfuerzo, en
las cuales al menos en las primeras fases del consumo, la cocaína cumpliría una
función energizante que permitiría afrontar tales demandas. Con posterioridad,
la droga iría invadiendo otros ámbitos de su vida hasta controlar por completo
su conducta. En esta población, la falta de recursos sociales provocaría una más
33
rápida desinserción y abocaría a situaciones que son comunes a quienes usan
otras drogas.
En ambos segmentos de población un hecho era común: la carencia de recursos
de utilización del tiempo libre. La retirada de la cocaína provoca sistemáticamente un
vacío vivencial en el sentido de carecer por completo de actividades alternativas por
encontrarse ligadas todas las disponibles al uso del estimulante.
También suelen presentarse problemas en el seno familiar ligados a las conductas agresivas o violentas desarrolladas durante las fases de consumo. Tanto los progenitores, como en otros casos las parejas, habían padecido el exceso de violencia,
acudían con miedo de que pudieran repetirse y, en algunos casos, rompían los
vínculos con la persona drogodependiente en previsión de que volvieran a suceder.
Esta desestructuración familiar, consecuencia de los episodios violentos, era una
secuela extremadamente difícil de revertir, por cuanto nadie podía asegurar que
en las previsibles recaídas pudieran acaecer nuevamente, tanto más cuanto que,
en ocasiones, el trabajo social estuvo encaminado precisamente a la protección
de los familiares más vulnerables (menores, mujeres) por encima del tratamiento
rehabilitador del adicto.
Lo más frecuente era que el sujeto acudiera con la creencia de «no ser como los
toxicómanos» o pertenecer a una población diferente de la que observaba en la sala
de espera. Tanto da que en esa sala de espera existieran cada vez más asiduamente
personas con una problemática similar a la suya; el hecho es que para gran parte de
estos individuos acudir a un Centro de Drogodependencias provocaba una intensa
disonancia cognitiva que no podía ser resuelta en ese momento sino en fases posteriores. Desestimar esa creencia sin disponer del tiempo suficiente para modificarla
haría, muy probablemente, perder al usuario o usuaria.
En definitiva, dada la especial idiosincrasia de los sujetos consumidores de cocaína, se optó por una intervención inicial aséptica y ágil para dar respuesta a la
expectativa de acción rápida que presentaban, una cita de valoración lo más pronto
posible y demorar cualquier otra intervención hasta tanto ésta se viera rodeada de
un encuadre terapéutico adecuado.
Igualmente, esa primera cita de valoración fue clave de cara a mantener la adherencia de estos sujetos. Aquí surgían todo el conjunto de creencias estereotipadas
que arropan el consumo de esta sustancia, por lo que era necesario comenzar un
trabajo de reestructuración cognitiva desde ese momento, irrenunciable.
Pero, además, ese primer momento era importante a la hora de revisar las creencias, de discutirlas con el sujeto (y con sus familiares si le acompañaban), de aportar
34
la información necesaria para el cuestionamiento y, en definitiva, de consensuar un
marco conceptual aceptable para ambas partes. Con posterioridad, tiempo habría
de trabajar en citas psicoterapéuticas la reestructuración cognitiva como estrategia amplia, pero ésta debía ser iniciada desde esa primera cita, eliminando temores,
desestimando etiquetas y estimulando la motivación a participar en un tratamiento
desde presupuestos aceptables para el sujeto.
La población atendida en este período se situó en un rango de edad comprendido
entre los 16 y los 45 años, con una media de 29. La antigüedad en el consumo en el
momento de la demanda fue entre 1 y 9 años de consumo, con una media de 4,5
años desde el primer contacto con la sustancia. Es de destacar que quienes demandaron atención tras el primer año de consumo tenían en común la no utilización conjunta de sustancias con efectos tranquilizantes (alcohol, opiáceos, tabaco) y que en
estos y estas pacientes los síntomas aparecieron y se incrementaron a una velocidad
muy superior en comparación con el resto.
En estos sujetos el núcleo central de la intervención se situó en el plano psicológico, en especial en aquellas actuaciones que tienen como objetivo la modificación de
creencias sustentadoras del consumo y el incremento de la capacidad percibida por
el usuario para manejar el consumo. Tales creencias pueden bloquear la intervención
terapéutica si no son manejadas adecuadamente desde un principio. Por otra parte,
la habitual suspicacia de estos sujetos (reforzada por los propios episodios de consumo) y el apremio con que formulan sus demandas, sitúan como punto clave del
tratamiento a los y las profesionales que reciben al sujeto en la primera entrevista:
es preciso sentar las bases de la relación terapéutica y formular conjuntamente los
objetivos intermedios y finales de la intervención.
Finalmente, los autores quisieron hacer constar un hecho: las creencias que
justifican el consumo de cocaína tenían un soporte social. La supuesta inocuidad
de esta droga, su aparente controlabilidad, su asociación con actividades lúdicas y
de esparcimiento, eran creencias que formaban parte de la imagen social que esta
droga mantiene aún en amplias capas de población, no habiendo sido capaces de
modificarlas las sucesivas campañas de prevención realizadas desde diversas instituciones. Un ejemplo de la inadecuación de estas campañas podría ser una de las
más recientes: mientras a las pastillas (estimulantes anfetamínicos, se supone) se
les atribuye como efecto indeseable la ideación paranoide y la agresividad interpersonal, a la cocaína se le atribuye únicamente su capacidad de producir insomnio
que, lejos de ser indeseable, es precisamente uno de los efectos más buscados por
quienes la utilizan. Deberían revisarse los mensajes que tales campañas transmiten
y enfocarlos a objetivos más apropiados a las dimensiones del problema que se
pretende evitar.
35
1.4.3. SÁIZ, P.A., GONZÁLEZ, M.P., PAREDES, B., MARTÍNEZ, S. y DELGADO,
J.M. (2001). Personalidad y uso-abuso de cocaína. En: Francisco Pascual,
Meritxell Torres y Amador Calafat (eds). Monografía cocaína. Madrid:
Socidrogalcohol
Uno de los factores de personalidad que ha sido relacionado con la conducta
de uso/abuso de cocaína es la «búsqueda de sensaciones». Este rasgo, definido por
Zuckerman, se caracteriza por la búsqueda de experiencias y sensaciones intensas,
novedosas, variadas y complejas, y por la voluntad de experimentar y participar en
experiencias que comporten riesgos de diversos tipos (físico, social, legal...). En un
estudio posterior, Zuckerman amplia este rasgo de la personalidad pasándolo a denominar «impulsividad no socializada/búsqueda de sensaciones» y considerándolo
integrador de los aspectos básicos de la impulsividad de Gray y del psicoticismo de
Eysenck. Además, diferencia en él cuatro subdimensiones: búsqueda de emociones
(aventuras, riesgos), búsqueda de excitación (experiencias), desinhibición y susceptibilidad al aburrimiento.
Diversos autores han demostrado la especificidad de estas subdimensiones en
cuanto al tipo de droga consumida. Concretamente, Zuckerman pone de manifiesto
que, especialmente, las subescalas de búsqueda de excitación y desinhibición se relacionan con la frecuencia de consumos, siendo los psicoestimulantes los que muestran
las mayores correlaciones.
Con el objeto de aclarar la relación entre la personalidad y el uso-abuso de sustancias ilegales, entre ellas la cocaína, en el Área de Psiquiatría de la Universidad de
Oviedo se realizó, desde el año 1995, un seguimiento del consumo de sustancias en
los las jóvenes de Asturias.
Los datos del presente estudio se obtuvieron de dos poblaciones complementarias, por un lado los jóvenes que se incorporaban al Servicio Militar (n: 3.634) y, por
otro, jóvenes estudiantes de secundaria (n: 2.841).
La edad media de los reclutas era de 20,28 años y el 100% eran varones. En el
caso de los estudiantes la edad media era de 15,87, sin que existiesen diferencias
estadísticamente significativas en función del sexo (15,85 los hombres frente a 15,89
las mujeres). El 50,9% eran hombres. En cuanto al nivel de estudios que estaban
realizando el 28,4% estaba cursando 1.º de bachiller, el 6,1% 2.º de la ESO, el 33,8%
3.º de la ESO, el 28,9% 4.º de la ESO, y el 2,8% módulos de FP.
En el caso de los reclutas, los cuestionarios se administraron, sin previo aviso y
de acuerdo con los servicios médicos del regimiento, un día de la 1.ª semana de su
incorporación. Tras una breve explicación de los objetivos del estudio para los que
36
solicitábamos su cooperación y de cómo habían de rellenar las hojas de respuesta,
se leían las preguntas en voz alta. Cada recluta contestaba de forma anónima en su
hoja de respuestas.
Con los y las estudiantes se siguió el mismo procedimiento, aunque al ser las clases
muy reducidas no se leyeron las preguntas sino que a cada estudiante se le proporcionó
el cuadernillo de preguntas y la hoja de respuesta en la que debían contestar. La encuesta incluía unos mínimos datos sociodemográficos (edad, sexo, estado civil, curso,
y situación laboral) y las versiones españolas del Cuestionario de Consumo de Drogas
de la OMS, del Cuestionario de Personalidad de Eysenck para Adultos (EPQA) y de la
Escala de Búsqueda de Sensaciones (Forma V) de Zuckerman.
Características de personalidad
En todos los datos de personalidad que se van a referir a continuación es necesario tener en cuenta la presencia de una variable confusora: el consumo de otras
sustancias. En las tres muestras estudiadas (reclutas, estudiantes varones y estudiantes mujeres) no existían consumidores «puros» de cocaína, sino que el consumo de
la misma se asociaba en todos los casos al de otras sustancias legales y/o ilegales. Por
tanto, es posible que las diferencias de personalidad que se exponen a continuación,
asociadas al consumo de cocaína, se deban, al menos en parte, al hecho de que estos
sujetos eran policonsumidores:
1. El consumo de cocaína estuvo fuertemente asociado con el consumo de otras
drogas legales e ilegales.
2. Dicho policonsumo dificultó el establecimiento de un perfil psicológico propio
de los consumidores de cocaína.
3. En este sentido, la conclusión de los autores pasa por optar por la cautela y
sólo llegan a afirmar que en su estudio, aquellos y aquellas policonsumidores
que además consumían cocaína mostraban un perfil diferencial que se caracterizaba por unos mayores niveles de búsqueda de sensaciones y psicoticismo
que los detectados en otros individuos consumidores de drogas ilegales y en
quienes no consumían drogas ilegales.
1.4.4. DÍAZ, A; BARRUTI, M.; DONCEL, C. (1992). Les línies de l’exit? Naturalesa
y extensió del consum de cocaína a Barcelona. Barcelona. Laboratori de
Sociología. ICESB y Área de Salut Pública del Ajuntament de Barcelona
Se trata de un estudio cualitativo basado en técnicas etnográficas y de trabajo de
campo antropológico, aunque también utiliza técnicas cuantitativas para analizar la
prevalencia del consumo.
37
El estudio se desarrolló en tres ciudades catalanas y la muestra (153 personas) se
reclutó a través de la técnica de bola de nieve. El Instrumento de recogida de datos
contenía preguntas abiertas y semiestructuradas en torno al perfil sociodemográfico
de la muestra seleccionada, factores vitales más significativos, situación actual (profesional, estilo de vida, relaciones personales), historia toxicológica, experiencia con la
cocaína (inicio, evolución, patrones de uso, descripción de los efectos, etc.), aspectos sociales y culturales relacionados con la cocaína, aspectos económicos (coste y
formas de suministro), control social (conflictos y actividades ilegales y aspectos de
salud pública) y percepción de la situación por parte de los centros de tratamiento y
sus profesionales.
Entre las conclusiones cualitativas más relevantes del estudio está, como se ha
mencionado, la aproximación al establecimiento de diversos perfiles de consumidores y consumidoras de cocaína que los y las autoras del estudio clasifican como:
— Experimentales: Quienes consumen la sustancia a modo de prueba, por curiosidad, quienes desean experimentar por las expectativas ligadas a la sustancia
en torno a efectos como euforia, una aumento de la estimulación y motivación
sexual, etc. Es un consumo que se produce entre los iguales y de carácter social.
— Sociales: El consumo se produce en contexto de fiesta y siempre relacionada
con ésta. Fuera de este contexto el consumo es considerado negativo o no
procedente.
— Circunstancial: El contexto de uso es también la fiesta pero el rol que cumple
la sustancia es más importante y asociado a un consumo elevado de alcohol. En
ocasiones este consumo va ligado a situaciones de crisis personal o emocional
o un trabajo intenso que requiere un mayor rendimiento.
— Situacional: Además de producirse un consumo ligado al contexto recreativo,
el consumo también se produce en contextos laborales y a exigencias de este
contexto (el mundo de la moda, de la publicidad, del espectáculo, medios de
comunicación, etc.), en donde se consume de forma abierta y es donde la mitología que rodea a la sustancia se hace más relevante.
— Elitista: Se caracteriza por ser un consumo que se produce en ambientes de
élite, definido por un estilo de vida exclusivista y relacionada por el prestigio.
En estos ambientes hay una gran disponibilidad de droga de calidad integrada
en un estilo de vida.
— Comercial: Está ligado al tráfico de drogas que un consumo controlado para
inspirar confianza a los clientes.
— Disfuncional-Compulsivo: Indica niveles elevados de consumo en términos de
frecuencia y cantidad, de relativa larga duración y que producen cierto tipo
38
de dependencia psicológica. El consumo es el elemento central de la organización vital de quienes consumen que interfiere con otras conductas (relacionales, profesionales, etc.).
— Heroinómanos: Se trata de aquellas personas provenientes de la subcultura de
la heroína que utilizan la cocaína como forma de contrarrestar los efectos de
la primera. Se usa preferentemente por vía intravenosa y en grandes cantidades.
— Exheroinómanos: Se caracterizan por tener el perfil de «politoxicómanos/as»,
haber roto la relación con una anterior subcultura ligada a la heroína, el consumo de cocaína se hace por vía intranasal y en contextos normalizados, siguiendo los mismos patrones de consumidores y consumidoras del tipo social,
circunstancial y/o situacional.
1.4.5. CALAFAT, A., JUAN, M., BECOÑA, E., FERNÁNDEZ, C., GIL, E. y LLOPIS, J J. (2002). Vida social de la cocaína. Palma de Mallorca: Irefrea España,
Instituto Europeo para el estudio de los Factores de Riesgo en la Infancia y la
Adolescencia
Se trata de una investigación cualitativa desarrollada en cinco ciudades españolas
a través de la observación de campo en locales recreativos y entrevistas en profundidad, 51 en total, a consumidores y consumidoras en tratamiento, consumidores
y consumidoras que no estaban en tratamiento y profesionales de los centros de
tratamiento.
El análisis se centró en el colectivo de personas consumidoras socialmente integrado.
Se destacaron tres arquetipos de individuos consumidores diferenciados por el
uso y significado que daban a la sustancia: los ‘aristocráticos’, los ‘recreativos’ y los
‘atrapados’. Se ha descrito el significado que va adquiriendo la cocaína para las personas consumidoras de cada uno de estos colectivos, los estilos de consumo, la función
del consumo en las relación con quienes consumen otras sustancias y quienes no
consumen, los rituales de la compra, la gestión de la economía, el control y el riesgo
y, finalmente, la entrada en un programa de tratamiento de ciertos consumidores y
consumidoras.
El análisis subrayó la estrecha relación de la cocaína con la búsqueda de placer,
la diversión, como ingrediente privilegiado del ritual entre amistades, como fetiche
de celebraciones importantes, anzuelo para ‘ligar’, mercancía de negocio y sustancia
maligna con capacidad de posesión para quienes entran en un proceso adictivo.
39
La comprensión del consumo de cocaína supuso hacer una diagnosis social presentando algunos de los valores más dominantes de nuestra sociedad: el dominio
de lo individual, el éxito, el consumo, la subordinación de los medios a los fines y la
creencia en los poderes mágicos de la ‘tecnología’.
Conclusiones del estudio
Los efectos neurofisiológicos de la sustancia ayudarían a explicar el éxito de la
cocaína entre los sujetos usuarios, pero además estos efectos enlazan muy bien con
ideales, valores y objetivos en relación con el éxito, prestigio, placer, diversión, etc.,
definidos todos ellos a partir de logros individuales.
La cocaína es un estimulante muy poderoso, una droga muy seductora y ‘golosa’
como afirmaron ciertos consumidores y consumidoras. Quienes consumen no son
personas a las que simplemente les engañaba una ficción, una idea abstracta e ideal
que luego no existía. La cocaína no necesita de una campaña publicitaria, como ocurre con muchos productos, para convencer de algunas de sus cualidades mágicas. La
cocaína no necesita de ninguna publicidad, se vende por sí sola porque sus efectos
son poderosos. Por eso es una droga.
La cocaína se ha insertado en la dinámica recreativa y en menor medida, pero
también, en el mundo laboral, dos espacios donde se gestionan las posiciones sociales
y las relaciones de poder. La cocaína ha sido adoptada por miembros de clase mediaalta quienes han contribuido a definirla como una droga controlable e instrumental.
En los últimos años se ha ido extendiendo a otros grupos sociales, especialmente a
jóvenes que la utilizan en la vida recreativa, pero también a grupos más marginales de
individuos ex-heroinómanos.
Los estudios sociales sobre el consumo de drogas habían mostrado hace años
una relación entre ese consumo con problemas sociales estructurales como son la
pobreza, el paro, las desigualdades, la falta de oportunidades de los jóvenes, etc. Sin
embargo, la aparición de las llamadas drogas recreativas está requiriendo un nuevo
enfoque, una nueva aproximación social distinta a ese modelo de ‘respuesta perversa’ a problemas sociales.
El nuevo modelo debiera analizarse como una ‘respuesta perversa’ al logro de
ideales positivos. Ello supone una aproximación interpretativa distinta y más atrevida.
La cocaína responde a ideales positivos (placer, diversión, éxito, prestigio), se ajusta a
mecanismos muy valorados (inmediatez, eficacia, magia) y se ha vinculado a personas
de posición social alta quienes construyen su significado y lo transfieren a otros grupos. Por todo ello es más complejo describir el lado perverso del consumo, porque
40
la cocaína disfruta de una protección cultural elaborada entre quienes participan en
su consumo y su distribución.
La cocaína es la sustancia «reina» y lo es porque como sustancia tiene efectos más
poderosos que otras sustancias en el logro de objetivos socialmente muy preciados.
Los medios de comunicación de masas tienen una gran responsabilidad en la socialización de la juventud y en la transmisión de estrategias y valores. Es a través de ellos
que se está gestando la idea de una sociedad del bienestar definida por el hedonismo
vinculado al consumo, la supremacía del individuo junto con la invisibilidad de las
influencias sociales, el poder omnipotente de la tecnología, capaz de lograr milagros
superando los límites impuestos por la naturaleza y en especial los límites del cuerpo
humano.
La seducción de lo nuevo frente a la banalización de la tradición, dinámica muy
arraigada en la cultura norteamericana y con consecuencias patológicas en términos
de ansiedad y aislamiento. Las nuevas pautas culturales transmitidas a través de los
medios de comunicación de masas se complementan muy bien con el consumo de
drogas y muy especialmente con la cocaína.
Se indagó también en los significados que contribuían a otorgar una entidad social
a la cocaína. Ello se realizó desde la experiencia de personas que convivían con la
sustancia, algunas desde el lado problemático, en centros de tratamiento y otras en
el lado positivo, personas consumidoras que controlaban el consumo y consideraban
que la cocaína no les causaba problemas en sus vidas.
En los centros de tratamiento se entrevistó tanto a profesionales como a consumidores y consumidoras. Se trató de un análisis que proporcionó una información cualitativa y subjetiva con la que se pretendió describir una cultura, definir significados y dar luz a vínculos simbólicos que emparentaban el consumo con ideales
sociales.
Aunque es cierto que el consumo de cocaína puede delimitarse en términos
sociales, también lo es la diversidad de colectivos que participan de su consumo.
Hay jóvenes de todas las edades, aunque predominan los y las jóvenes más adultos,
mayores de 20 años, pero con tendencia a bajar la edad de inicio en el consumo.
Consumen hombres y mujeres, aunque ellos (un poco) más.
Hay sujetos consumidores con estilos muy distintos en relación al estilo de
vida y de ocio de cada uno. Participar de la vida nocturna es sinónimo de estar
cerca o dentro del consumo. El consumo de cocaína en España tiene mucha
presencia en el ámbito recreativo, pero ese ámbito es muy diverso y puede decirse que la cocaína está en muchos de sus espacios, en las macrodiscotecas de
41
bakalao, en los pubs, conciertos, festivales, en fiestas privadas o en cenas íntimas
entre amistades.
La delimitación viene dada por ser el espacio recreativo, el privilegiado y entre
aquellos grupos implicados con el ascenso social, con necesidad de éxito y prestigio.
Se han descrito tres arquetipos de personas consumidoras que conformarían la
población mayoritaria consumidora de cocaína y que serían parte de la población
socialmente ‘integrada’ e incluso bien posicionada a nivel económico, laboral y relacional. Las etiquetas son un tanto metafóricas pero indicativas del significado que
adquiere la cocaína en cada colectivo.
Estarían, pues, los consumidores, y las consumidoras, ‘aristocráticos’, ‘recreativos’ y ‘atrapados’. La diferencia entre estos tipos se debe al estilo de consumo y al
lugar que ocupa la cocaína en sus vidas. Los ‘aristocráticos’ consumen de forma más
sibarita, en ciertas ocasiones especiales y la cocaína es una fuente de placer más entre
otras que forman parte de sus vidas. Los ‘recreativos’ hacen un uso de la cocaína en
el espacio de la diversión y junto con otras drogas recreativas.
La cocaína ocupa un lugar importante en las relaciones y en la fiesta. Algunos
individuos de este colectivo tienden a un consumo más compulsivo y quedan atrapados en la adicción. Son quienes experimentan con más crudeza las consecuencias
económicas, familiares y patológicas del consumo. La cocaína les invade la vida y se
convierte en el centro de sus actividades.
La imagen positiva del sujeto consumidor de cocaína se crea por oposición a la
del consumidor o consumidora de heroína. Quienes consumen cocaína son personas
integradas, que buscan el éxito social, obtener mayor prestigio y son individuos consumidores de los elementos dominantes de nuestra sociedad.
La imagen que desarrollan del sujeto heroinómano es lo opuesto, son los perdedores y fracasados. Ello les lleva a una actitud casi xenófoba con respecto a los grupos
marginales, lo que trasciende a su propio colectivo en quienes necesitan entrar en
tratamiento.
El consumo de cocaína es muy instrumental y se relaciona con el logro de objetivos individuales: divertirse, obtener placer, mayor aguante físico, mejorar la posición
de prestigio en el grupo, etc., sin embargo, el ritual del consumo es más colectivo; se
establecen relaciones de solidaridad entre los sujetos consumidores para disfrazar el
consumo ante quienes no consumen, para comprar la sustancia, para esconderse en
un lavabo y esnifar.
42
La cultura del grupo es importante en la gestión del consumo. La solidaridad entre los miembros del grupo está muy en relación al consumo y se rompe con quienes
entran en una fase problemática; estos casos pasan a ser vistos como fracasados que
no han logrado ganar el pulso a la sustancia, mantenerla controlada y no saben mantenerse en las relaciones de poder. El éxito está en consumir sin traspasar la línea del
abuso, o por lo menos que la adicción no adopte signos visibles.
La gestión de la economía personal es clave en la cultura de la cocaína. Las personas consumidoras ejercen una gestión racional que les permita incorporar el consumo a sus gastos, eligen proveedor y eligen los mecanismos para abastecerse. La
racionalidad es distinta en cada uno de los colectivos, según sea la relación que tengan
con la sustancia. Quienes ejercen un consumo ‘aristocrático’ tienen sus propios vendedores de confianza que les sirven a domicilio, saben cuanto dinero pueden destinar
para comprar cocaína sin que sus economías se vean afectadas. Los consumidores
‘recreativos’ conocen una diversidad de formas de proveerse, están más cercanos a
los ‘camellos’ y compran en grupo. Los consumidores ‘atrapados’ son quienes han
perdido el control de la economía, algunos roban a miembros de sus familias o en el
trabajo, otros entran en el ‘trapicheo’ como forma de pagarse su propio consumo,
otros y otras se endeudan con quienes les venden y entran en una situación conflictiva en que se ve envuelta toda la familia. Es interesante comprobar que la dedicación
al ‘trapicheo’ no implica marginalidad ni desprestigio dentro del contexto de los usuarios y usuarias de cocaína.
La cocaína se complementa con el alcohol. Ese vínculo transfiere a la cocaína parte de sus valores positivos en el espacio ritual de tal forma que las dos sustancias se
fortalecen mutuamente. La cocaína permite mayor consumo de alcohol y, a cambio,
el alcohol transfiere a la cocaína parte de su simbolismo como sustancia totémica de
la fiesta, la diversión y las relaciones.
La cocaína afecta de forma muy distinta a quienes la consumen, hay personas
consumidoras que consiguen funcionar sin excesivos problemas, sin desarrollar
una adicción hacía la sustancia y saben gestionar el consumo. Para otras es distinto, otras entran en un entramado de problemas de distinta índole. Por tanto, resulta una sustancia peligrosa o perversa para algunos y algunas, pero no para todo
el mundo. Ese hecho fortalece la idea de que ‘el problema’ está en los individuos
que la consumen, unos son fuertes y otros ‘fracasan’, versión muy pertinente
en esa dinámica individualista y neoliberal que se acopla tan bien al consumo de
cocaína.
Los consumidores ‘atrapados’ que entran en tratamiento elaboran otro significado de la cocaína, pasa a ser vista como sustancia maligna y seductora, una especie de
43
sirena que con sus cantos atrae al marinero para devorarlo. Este grupo ha de crear
estrategias que lo inmunice contra el consumo, para ello necesita reelaborar valores,
plantearse nuevos estilos de vida, establecer un nuevo pacto familiar y asumir su
‘debilidad’ frente a la sustancia.
Los centros de tratamiento plantean su estrategia en orientar hacia ese cambio
de objetivos vitales. En ese sentido los y las terapeutas se convierten en guías mesiánicos, en educadores y en jueces del bien y el mal.
La cultura de la cocaína crea en su propia lógica los elementos que dificultan
que la experiencia de que los casos que son afectados por la adicción y el tratamiento influyan en los consumidores. La relación queda limitada al plano del
consumo ‘positivo’ y se rompe cuando alguien entra en tratamiento. Para quienes
consumen y gestionan el consumo de forma controlada los afectados y afectadas
son personas con incapacidades y carencias que no saben estar a la altura que
exige la sustancia.
Los consumidores, y consumidoras, ‘exitosos’ legitiman así los valores simbólicamente vinculados a la cocaína: el ascenso social, la etiqueta, el buen gusto, el prestigio, la competitividad, la búsqueda de placer y bienestar, y todo ello definido como
satisfacciones individuales y a las cuales no todo el mundo tiene acceso.
La promoción informal que se hace de las drogas debe tenerse muy en cuenta
para comprender la extensión de su consumo. En el caso de la cocaína esa promoción procede de un grupo social influyente, por ser de clase media alta, quienes etiquetan la sustancia con valores altamente positivos, haciendo caso omiso e
invisibilizando las consecuencias negativas en ‘los otros’. Es una situación de narcisismo de un grupo que se sabe dominante, que es profundamente egocéntrico
e incapaz de comprender al ‘otro’ si las necesidades de ese otro o de esa otra no
concuerdan con sus intereses y por ello profundamente insolidario. Sin embargo,
es un grupo con una gran capacidad de disimular su estrategia egocéntrica, implicando en sus intereses a toda la sociedad y convenciendo a otras personas a que
compartan sus intereses y los defiendan como propios.
Por ello y atendiendo a las necesidades de la salud pública, las diferencias entre
colectivos sociales y las relaciones de poder se deben seguir de cerca. En especial
porque hay grupos con mayor capacidad que otros en definir necesidades, estrategias sociales, valores, mercado, etc. Esos colectivos actúan en función de sus propias
necesidades y menos desde una mirada social, sensible a las diferencias y con un
proyecto de sociedad.
44
La importancia que está adquiriendo el consumo de drogas en el espacio de la
diversión, y muy en especial la cocaína, abre la necesidad muy urgente de nuevos
discursos y espacios en que la diversión no esté subordinada al consumo.
Finalmente los autores coinciden en subrayar que las drogas pueden llegar a convertirse en una plaga en nuestra sociedad, y no por las sustancias en sí mismas, sino
por el uso adictivo que se hace de ellas (favorecido por los componentes químicos de
las sustancias). La promoción social de las drogas es la clave, puede ser una promoción directa o indirecta, como ocurre con la cocaína. De cualquier forma se crea un
discurso legitimador que explica la aceptación social de la sustancia y el incremento
de su consumo. Para hacer frente al uso abusivo de las drogas es necesario influir en
la definición de los espacios culturales y sociales, especialmente los que tienen que
ver con la diversión.
45
1. Metodología
2.
Marco teórico
En este informe se ha empleado la técnica cualitativa recabando la información
pertinente a través de entrevistas individuales abiertas y semidirigidas.
El universo ha sido la población consumidora de cocaína en la CAPV en un
rango de edad comprendido entre los 18 y los 35 años. Como categoría consumidor o consumidora de cocaína se ha considerado a quienes la han consumido
habitualmente a partir de un consumo mínimo mensual y que consuman en el
presente o que hayan estado consumiendo hasta fechas recientes. No se ha pretendido abstraer a las personas que consumen exclusivamente cocaína, algo no
procedente dado el policonsumo actual, pero sí se ha prescindido de los heroinómanos y las heroinómanas debido a que sus características pudieran desdibujar el
perfil buscado.
La muestra ha sido fijada a partir de Euskadi y Drogas 2004, (Laespada y cols.) dado
que eran los últimos datos publicados en la fecha de realización del trabajo de campo.
Las proporciones de la muestra, en relación a las variables edad y género, han
sido las correspondientes a la población consumidora de esta sustancia, con un ligero
desvío de dos casos menos entre menores de 25 años debido a la gran dificultad de
su acceso. Esos dos casos han engrosado el grupo de mayores de 25 años.
Así la muestra ideal de la población consumidora de cocaína para nuestro estudio
(consumo mínimo una vez o más al mes) era, para cincuenta casos, de treinta y cinco
hombres y quince mujeres. En la muestra real se cumplió rigurosamente respecto al
género pero en cuanto a la edad las 19 entrevistas que correspondían a menores de
25 años se redujeron a 17 personas dada la casuística anteriormente comentada; en
compensación de las personas mayores de esa edad —que debían ser 31— fueron
entrevistadas 33. Entre estas hubo además dos personas que superaban dicha edad
pero sin llegar a los cuarenta años.
El procedimiento seguido para reclutar la muestra ha sido el de «bola de nieve».
Esta técnica es un método de muestreo intencional, no probabilístico y cualitativo
que consiste en contactar con determinados sujetos que reúnan las características
precisadas por el estudio que se esté realizando. Una vez obtenida su colaboración
49
se inicia con ellos un proceso en cadena pidiéndoles que indiquen a otras personas
que, reuniendo las condiciones requeridas por el perfil precisado, estén dispuestas a
participar, repitiéndose con ellas la misma operación hasta completar la muestra necesaria. Los primeros contactos se establecen a través de redes formales e informales. En este trabajo se partió de centros de tratamiento, programas de ocio y otros
servicios sociales así como de jóvenes en general.
De acuerdo a las características de las entrevistas abiertas, éstas se mantuvieron
en un diálogo «face to face», directo y semidirigido, abordando los temas contenidos
en el guión de la entrevista. Esto ha permitido una aproximación cualitativa, informal
y abierta, facilitando así en lo posible la autodeterminación expresiva del colectivo
encuestado.
Las entrevistas fueron grabadas en audio para una vez transcritas realizar un análisis cualitativo y de contenido de la información obtenida. La lectura de las transcripciones se ha llevado a cabo de forma sistemática y objetiva.
Tal y como estaba previsto se realizaron cincuenta entrevistas durante los meses de
enero, febrero y marzo de 2006. Previamente en diciembre de 2005 se pasó un pretest
(seis entrevistas) con cuyos resultados se completó y mejoró el guión definitivo.
Quienes se encargaron de llevar a cabo las entrevistas fueron cinco licenciados y
licenciadas en sociología, psicología y periodismo con experiencia en este trabajo.
Las entrevistas, cuya duración media sobrepasó los sesenta minutos, se desarrollaron en centros de cultura, domicilios y establecimientos de hostelería, a voluntad
de quienes fueron objeto de la entrevista.
Los rechazos para acceder a las entrevistas fueron bastante numerosos, principalmente entre la gente más joven, pero una vez que aceptaban, tras un primer
momento de romper el hielo, se ha conseguido un buen nivel de comunicación
y, a juicio de quienes entrevistaron, un grado positivo de sinceridad. En todo
momento se ha garantizado y mantenido el total anonimato de las personas entrevistadas.
2.1. OBJETIVOS
El conocimiento que pretende facilitar este informe en relación a las personas
consumidoras de cocaína versa sobre:
— El perfil sociodemográfico de los individuos consumidores de esta sustancia.
50
— La representación social que esta sustancia tiene entre ellos, las ventajas y
riesgos atribuidos a su uso, la cantidad y calidad o veracidad de la información
que se maneja respecto a la sustancia.
— La implicación del consumo en su vida laboral, familiar y social.
— La identificación de los estilos de vida que promueven este consumo.
— El policonsumo que se desarrolla entre consumidores y consumidoras de cocaína y los patrones de uso de las drogas, la implicación en otro tipo de comportamientos y su relación con otras conductas de riesgo.
Todo ello con el fin de comprobar algunas de las hipótesis de partida:
— La existencia o no de un perfil específico de personas consumidoras de cocaína. Si se corresponde o no con un perfil específico de otras sustancias estimulantes y si se contrapone al de los sujetos consumidores de otras sustancias
depresoras y/o que alteran el SNC.
— Conocer si existen variables específicas (o las variables más relacionadas, o
relacionadas en mayor medida) con este perfil de usuarios y usuarias.
— Explicar en la medida de lo posible a qué responde el cambio constatado en
cuanto al mercado de las drogas, en el que se comprueba una creciente tendencia al uso de sustancias estimulantes, entre ellas la cocaína (aspectos relacionados con el propio mercado y la sustancia, aspectos personales, culturales
y sociales).
— Contrastar los datos de este estudio con otros estudios similares desarrollados.
51
GUIÓN DE ENTREVISTA
1. PERFIL
• Género, edad, nivel de estudios, profesión, situación laboral actual.
• Composición familiar: si tiene padre y madre. N.º de hermanos y hermanas y lugar que
ocupa (mayor, menor).
• Económicamente independiente o recibe ayuda familiar u otra.
• Si no vive con sus progenitores, ¿a qué edad salió de casa?
2. RELACIONES1
• Qué tipo de amistades tiene: del trabajo, de los estudios, de la infancia, de la pareja,…
(Describir)
• Grado de satisfacción con:
— Pareja, hijos e hijas.
— Progenitores, hermanos, hermanas…
— Amistades.
— Compañeros y compañeras de trabajo o de estudios.
3. COMO SE SIENTE
• En sus estudios o vida laboral (historia laboral): grado de exigencia, dedicación al trabajo,
etc.
• Percepción de éxito o de fracaso. Abordar, de manera discreta y tratando de no dirigir la
respuesta, cómo describiría un modelo de éxito.
• Expectativas de futuro.
• Nivel económico-poder adquisitivo: qué sueldo tiene.
4. OCIO Y TIEMPO LIBRE2
•
•
•
•
A qué lo dedica: aficiones, práctica deportiva, lugares que frecuenta.
Nivel de satisfacción con sus actividades de ocio.
Qué es lo que le gustaría hacer y no hace.
Con quién pasa el tiempo libre: mujer/marido/pareja, amistades, hijos,hijas etc.
5. CONSUMO
• Qué drogas ha consumido y cuales consume actualmente (aclarar que interesa mucho el
consumo de alcohol).
• ¿Se considera dependiente de alguna sustancia?
• Cuándo y dónde consumió cocaína por primera vez (edad, circunstancias, cuadrilla…).
12
1
2
52
.../...
Empezar con una pregunta neutra y a continuación preguntar sobre el grado de satisfacción.
Intentar que especifique bastante este apartado.
GUIÓN DE ENTREVISTA
• Por qué diría que comenzó a consumir cocaína.
• Razones para probarla: curiosidad, problemas familiares, de estudios, laborales etc. Como
diversión. Porque es algo prohibido. Porque está de moda y se consume entre sus amistades.
• Por qué sigue consumiendo: por placer, para evadirse de los problemas, para relajarse. Para
divertirse. Para seguir la moda. Para hacer algo que está prohibido.
• Prefiere la cocaína a otras sustancias. Por qué.
• Actualmente cuánto consume, con qué periodicidad y cómo la consume. Inhalada/inyectada/fumada (plata, chinos). Consume en soledad o en compañia. Consume únicamente los
fines de semana y / o entre semana.
• Cuántas veces consume, si hay algún día fijo o fechas fijas para consumir...
• Cree necesario consumir drogas para «alternar» en su ambiente habitual.
• Qué circunstancias actúan como detonante para consumir. Qué cosas vuelven a llevarle
al consumo, qué le incita a repetir el consumo, qué activa el que vuelva a consumir.
• Dinero que destina al consumo de cocaína y cómo lo obtiene (posible venta de sustancia).
• Conoce su entorno (familiar, laboral, de amistades…) la existencia de ese consumo.
• Condiciona el consumo la relación con ese entorno.
• Las recaídas.
6. EFECTOS
• Efectos que le produce: qué siente cuando consume y qué siente cuando no puede consumir.
• Describir la percepción que tiene sobre los efectos que produce el consumo de la cocaína (adelgaza, anima, aumenta la resistencia, mejora la sexualidad, aumenta la capacidad
de trabajo, mejora las relaciones sociales, hace sudar, «quitapenas», mejora la creatividad, etc.).
• Puede ocasionar problemas serios en la salud. Problemas familiares, económicos, marginación... Incluir referencias a problemas de salud mental, como episodios de paranoia, de
psicosis u otros.
7. CONNOTACIONES SOCIALES
•
•
•
•
•
•
•
El consumo de cocaína da prestigio social.
Cree que el consumo de cocaína implica la adicción a esa sustancia.
Es una droga que se asocia al éxito.
Cree que las personas famosas y con poder suelen consumir cocaína.
Piensa que entre delincuentes se suele consumir cocaína.
Se «pierden» algo quienes no prueban la cocaína.
Cree que el consumo de esta droga tiene consecuencias sociales no deseables: problemas
de convivencia ciudadana, robos, etc.
.../...
53
.../...
GUIÓN DE ENTREVISTA
•
•
•
•
Hay diferencias entre quienes consumen cocaína y quienes consumen otras drogas.
Es un problema para el individuo y/ o para la sociedad.
La cocaína debe continuar siendo ilegal o habría que legalizarla.
A partir de qué edad se podría autorizar el consumo.
8. CONNOTACIONES PERSONALES
• A él o a ella personalmente le condiciona su proyecto de vida.
• Qué riesgos ha vivido a causa de la cocaína (los reales, vividos personalmente y los que
estima y percibe).
• Si pudiera volver atrás volvería a consumir cocaína.
• Cree que puede controlar su consumo de cocaína.
• Conoce la existencia de terapias correctoras eficaces.
• Ha intentado dejarlo en alguna ocasión.
• Si piensa dejarlo. Percepción de la dificultad de dejarlo, cuánto cree que le costaría
dejarlo.
• El consumo le ha llevado a alguna cuestión violenta. Cuando ha consumido, pierde el
control o se ha visto involucrado o involucrada en alguna pelea (alteraciones producidas
por el consumo de la cocaína).
• Podría hacer una valoración de «daños» resultantes del consumo de cocaína (problemas
de salud, gasto económico difícil de asumir, problemas laborales, estados de ánimo violentos,
discusiones, accidentes de tráfico relacionados...).
3NOTAS:4
NOTAS:
* En las preguntas se han incluido comentarios en cursiva. Esas aportaciones están dirigidas únicamente a la persona que realiza la entrevista, que podrá utilizarlas para aclarar a quienes entrevista el
aspecto concreto al que debe contestar. Para evitar dirigir en exceso la entrevista, es aconsejable dejar
abierto el campo de respuestas y recurrir a esas ayudas sólo cuando sea necesario.
* Al finalizar la entrevista el entrevistador o la entrevistadora deberá anotar el tiempo de duración
y el lugar donde se ha celebrado, así como si fue sencillo o complicado concertarla. Además, deberá recoger sus percepciones acerca de la actitud de la persona entrevistada (nivel de sinceridad, sensación de
incomodidad, etc.). Es necesario que transcurra el menor tiempo posible para recoger estas impresiones al finalizar la entrevista, pues de lo contrario es muy probable olvidar detalles que son de interés.
* También interesa la descripción de su aspecto físico y forma de vestir.
54
3. Perfil del colectivo
encuestado
3.1. DESCRIPCIÓN DEL PERFIL DEL COLECTIVO ENTREVISTADO
Para presentar los datos concernientes al perfil de las personas entrevistadas se
han elaborado las tablas que describen diferentes datos del colectivo estudiado. Así,
figuran las características de edad, género, nivel de estudios, etc., los llamados datos
sociodemográficos y además su situación económica, con quién conviven, la composición familiar y la edad en que salieron de casa, etc.
EDAD
ECONO.
GÉNERO
INDEPENDIENTES
SITUACIÓN
50
LABORAL ACTUAL
ENTREVISTADOS
ESTADO CIVIL
COMPOSICIÓN
PROFESIÓN
FAMILIAR
NIVEL DE
ESTUDIOS
57
DATOS CUANTITATIVOS
(Números absolutos)
EDAD
Número
De 18 a 24 años
De 25 a 35
17
años3
33
Total
50
GÉNERO
Número
Hombres
35
Mujeres
15
Total
50
ESTADO CIVIL
Número
Casado, casada
Soltero, soltera
Separado, separada
Total
HIJOS O HIJAS
Sí
Con pareja
21
Sin pareja
24
4
50
Número
6
No
44
Total
50
N.º HIJOS O HIJAS
58
1
Número
1 hijo o hija
5
4 hijos y/o hijas
1
Ninguno, ninguna
44
Total
50
COMPOSICIÓN FAMILIAR4
Padre y madre
Número
38
Madre
10
Padre
1
Ni padre ni madre
1
N.º de hermanos y/o hermanas
1a2
3a4
5a7
Ninguno,
ninguna
Total
25
16
4
5
50
1
COMPOSICIÓN FAMILIAR 2
Número
Progenitores no separados
33
Madre viuda
10
Progenitores separados
Total
LUGAR OCUPA ENTRE LOS HERMANOS
Mayor
Entre los medianos o medianas
Menor
Hijo único o hija única
Total
NIVEL DE ESTUDIOS
Sin graduado
Graduado escolar
Bachiller
FP
7
50
Número
14
8
23
5
50
Número
4
14
5
12
Estudios superiores
9
Cursando estudios superiores
6
Total
4
50
Composición familiar: Si la tiene en la actualidad.
59
ABANDONO DE LOS ESTUDIOS
Número
Sí
25
No
25
Total
50
TRABAJOS A LO LARGO DE SU VIDA
Número
Hostelería
22
Talleres
10
Construcción
7
Estudiantes
7
Profesiones
liberales5
5
Otros
6
Nada
8
Total*
65
* Respuesta múltiple23
HAN TRABAJADO (CON ANTERIORIDAD)
Número
Sí
38
No
12
Total
50
TRABAJAN ACTUALIDAD
Número
Sí
29
No
21
Total
50
ECONOMICAMENTE INDEPENDIENTE
Sí
23
No
No
Número
18
totalmente6
Total
9
50
5 Profesiones liberales: agrupa las profesiones de derecho, medicina, sociología, ingeniería, priscología, periodismo, etc.
6 Totalmente no: Son económicamente independientes pero viven en casa de sus progenitores.
60
EDAD SALIO DE CASA
Número
Nunca
19
15 a 20 años
17
21 a 25 años
6
26 a 30 años
5
31 a 35 años
1
Desconocido
2
Total
50
SITUACIÓN
Número
Sin tratamiento
27
En tratamiento
18
Prisión
5
Total
50
El grupo entrevistado consta de 50 personas de 18 a 35 años, de las cuales 35
son hombres (70%) y 15 mujeres (30%). Respecto a la edad el 34% es menor de
25 años y un 66% es mayor. Así, se observa que de acuerdo a la muestra (ver metodología), el colectivo es representativo del universo de personas consumidoras de
cocaína de esas edades.
La gran mayoría son célibes. Sin embargo, 21 tienen pareja, mientras que 24 afirman permanecer en la actualidad sin pareja. Por otro lado, sólo un caso está casado
y cuatro están separados. En cuanto al número de hijos o hijas, la mayor parte (88%)
no tiene descendencia.
La población entrevistada, en gran parte, pertenece a familias constituidas por
sus padres y madres (86%), mientras que un 14% convive con sus madres. También
habría que tener en cuenta que un 20% ha vivido desde su infancia con sus madres
debido al fallecimiento de sus padres.
La mitad del colectivo entrevistado tiene uno o dos hermanos o hermanas, siendo los menos numerosos los hijos o hijas únicos (10%). Existe también un porcentaje
alto de pertenecientes a familias numerosas (40%). En lo que se refiere al lugar que
ocupan entre sus hermanos o hermanas casi la mitad son los o las menores de la familia (46%), siguiéndoles con un 28% quienes ocupan la posición de más edad.
En relación al nivel de estudios alcanzado por el colectivo entrevistado, un 30%
tiene estudios superiores, de los cuales un 12% todavía los está cursando actualmente. Por otro lado, el 28% tiene el graduado escolar, siendo muy pocos los casos de
61
quienes no llegan a dicho nivel educativo. Hay que hacer notar que el 50% afirma
haber dejado los estudios hace años retomándolos más tarde.
Tres cuartas partes del colectivo entrevistado dicen haber trabajado con anterioridad, pero solo un 58% afirma hacerlo en la actualidad.
Cabe destacar que 22 reconocen haber trabajado alguna vez a lo largo de su
vida en la hostelería, resultando está profesión la más mencionada. En segundo lugar
aparecen los talleres (10) y la construcción en tercer lugar (7), siendo las profesiones
liberales las que menos se mencionan (5).
En lo que se refiere a su economía, 23 afirman ser económicamente independientes y vivir fuera del hogar familiar, mientras que 18 conviven en casa de sus
progenitores y reciben ayuda familiar. Un dato a tener en cuenta es que nueve de la
totalidad de quienes han sido entrevistados explican que son económicamente independientes pero continúan en el hogar familiar.
Así, un 38% del colectivo entrevistado dice no haber dejado nunca el hogar materno, mientras que el 58% ha salido alguna vez a lo largo de su vida, siendo la edad
más frecuente para hacerlo de los 15 a los 20 años (34%), siguiéndoles de lejos los
que se han marchado de casa entre los 21 y los 25 años (12%).
Finalmente, cabe apuntar que más de la mitad de la población entrevistada está
constituida por personas que no han estado en ningún centro de tratamiento (54%),
mientras un 36% sí lo ha estado y un 10% se encuentran actualmente en prisión.
62
4. Incidencia
de la cocaína en la vida de
sus consumidores y
consumidoras
La influencia o no del consumo de cocaína y el grado de su incidencia en la vida de
quienes la consumen depende, evidentemente, de varios factores. No se pretende
aquí controlarlos pero sí que, con vistas a la obtención de ciertas conclusiones, este
informe parte de personas que, con mayor o menor asiduidad, tienen en común el
hábito de su consumo. Ciertamente, el impacto no suele ser el mismo en veinteañeros que en una persona de más de 30 años ni tampoco es igual cuando su inicio
se ha producido durante la adolescencia o con más edad. El entorno familiar y socio
ambiental que les rodee constituye otro aspecto que potenciará o aminorará la intensidad de sus consecuencias. Unido a esto las peculiaridades (psíquicas, fisiológicas…)
del propio individuo pueden tener como resultado que su consumo sea o no compatible, en mayor o menor grado, con una vida normalizada. Ahora bien, este apartado
trata de reflejar cómo percibe la población entrevistada su devenir en los estudios,
en el terreno laboral y en lo económico. Si sienten satisfacción con su situación o si se
consideran fracasados o fracasadas, cuáles son sus expectativas de futuro y cuál sería
para estas personas un modelo de éxito.
4.1. NIVEL DE ESTUDIOS ALCANZADO
Los datos cuantitativos indican los niveles adquiridos en los estudios (ver apartado
perfil) pero quizás lo que puede tener más interés sea remarcar la elevada proporción de individuos consumidores (50%) que han abandonado sus estudios. Cuando
se trata de valorar la influencia del consumo de drogas en el comportamiento en la
escuela y en los estudios logrados surge el dilema de si el consumo lleva al abandono
del estudio o de si es el fracaso escolar el que conduce a buscar refugio en las sustancias que proporcionan evasión, adoptando jóvenes y adolescentes comportamientos
difícilmente compatibles con la buena marcha de la vida escolar y de los estudios.1
En este informe, cuya característica de cualitativo hay que tener presente en
todo momento7, las respuestas de la población entrevistada, como se mencionaba,
7
Lo que hace que no sea factible el interpolar sus resultados con una fiabilidad equis.
65
ponen de relieve que la mitad de ella ha dejado los estudios. No parece por tanto
muy compatible el consumo de cocaína con el estudio:
Estudié hasta 3.º de ESO pero lo dejé cuando tenía 17 años. En el instituto consumía a diario cocaína y la pasaba a otros compañeros, primero
la regalaba y luego la vendía.
Desde 5.º de EGB ya sacaba malas notas, después en el instituto no estudiaba nada, iba todos los días drogado, llevaba más y allí me seguía
drogando.
Estudié hasta 3.º de ESO. Luego lo dejé y me fui a un taller para aprender
a soldar. Allí tampoco lo acabé. Después me fui al mundillo de la calle.
Desde entonces no he vuelto a estudiar.
Hice dos cursos de REM, estuve dos años sin aparecer, hacía piras y allí
empecé con los porros y el alcohol desde la mañana. Bebíamos mucho por la mañana y jugábamos al kinito. Cuando tenía 16 años iba al
gaztetxe y allí fue donde empecé a tontear con las drogas.
Estuve estudiando EGB y luego me apunté a la Cruz Roja para hacer auxiliar sanitario pero no acabé porque cuando tenía 15 años me metí en
el mundo de la droga.
En este tema se entremezcla también la relación con compañeros y compañeras
que no estudian:
Dejé los estudios cuando empecé a juntarme con gente repetidora, me gustaba más ese tipo de gente, tendemos a juntarnos los más rebeldes.
Es remarcable que los propios protagonistas califican como malas compañías a
aquellas cuadrillas que pasan de estudiar y consumen. Hay casos de quienes están en
tratamiento o se plantean dejar el consumo de cocaína y a la vez hablan de retomar
los estudios:
Dejé la ESO sin terminar y ahora quiero ver si la acabo, hacer algún módulo, por eso no me planteo trabajar todavía, mientras mi padre me
apoyará económicamente.
Mi idea es seguir estudiando. Cuando tenga la cabeza más despejada me
voy a matricular en la ESO. Mis expectativas son ir despacio, pero me
gustaría estudiar. No quiero ser camarera toda la vida.
Me arrepiento de no haber acabado los estudios, pero en aquel momento
no podía ser, entonces, tiempo al tiempo igual me encuentro mejor
y acabo los estudios.
66
4.2. SITUACIÓN ECONÓMICA LABORAL
Considerando el conjunto de los testimonios puede aventurarse que quienes han
comenzado su consumo siendo muy jóvenes han visto sus estudios interrumpidos
por ese consumo. Sin embargo, entre quienes se han iniciado siendo mayores aparece cierta compatibilidad con lo profesional cuando se da un consumo que podría
calificarse como mesurado:
Estoy muy bien reconocido a nivel de asociaciones de empresas, de medios de comunicación y del Gobierno de Navarra. A pesar de eso no
me estanco, siempre ambiciono más. Mi salario en estos momentos
viene a ser de 4.000 euros al mes.
En mi vida laboral me siento muy bien, trabajo hasta el jueves en la empresa familiar como electricista. Luego en el bar el fin de semana,
antes tuve muchos problemas pero ahora es diferente, la gaupasa es
dinero.
Esta «coexistencia» entre la disciplina laboral y el consumo de cocaína exige
adoptar ciertas estrategias, es preciso «controlar», algo de lo que no todos ni todas
son capaces:
En mi trabajo me siento muy contenta he ido progresando, de trabajar
en bares al trabajo que tengo hoy en día en una asociación, no me he
quedado la última de la cola.
Con respecto al consumo y al trabajo, yo los separo. Solamente en un
tiempo hace unos años en que el consumo era elevado y muy continuado llegué a consumir para poder seguir trabajando, porque la
noche anterior también había consumido y no había pegado ojo, esto
se dio durante una temporada, pero quitando eso, no consumo para
trabajar, ni consumo en el trabajo y trato de no hacerlo entre semana.
La razón es que me cambia el carácter y mi trabajo se basa mucho en
la buena relación con clientes y relaciones sociales. Si consumo me
aíslo más y me pongo más arisca.
Otra casuística es la de la población entrevistada que cuenta haber recurrido a la
cocaína para resistir el trabajo pues ciertos trabajos por su dureza o por sus características de ambiente, de horario, etc. les predisponen a consumir:
Mientras estaba trabajando nunca me faltó de nada y vivía como quería.
Solo con lo que es el sueldo del trabajo llegué a ganar 7.200 euros
al mes cuando estaba en Alemania, pero es un trabajo muy matado,
67
doce horas al día de lunes a domingo, mucha tralla, al final tenía que
consumir por fuerza».
Soy un tipo muy dedicado, para mi el trabajo es lo primero. Me ha ayudado a conocer mucha gente, gente de todo, muy buena y muy calamidad también, hay mucho vicioso en esta profesión (hostelería) tal
vez tengan que ver los horarios que tenemos, no sé. Ahora sí te digo,
para la fiesta soy el más golfo, pero para el trabajo soy el mejor también. Aunque haya tenido épocas de ir de fiesta hasta la madrugada
luego al día siguiente ahí estaba rindiendo a tope, claro que consumía
bastante, incluso en el trabajo.
También existe la conexión del trapicheo para tener medios que permitan adquirir la droga y que en algún caso llega a convertirse en el «modus vivendi». Hay
quien comenta en este sentido que la venta de droga le resultaba más lucrativa que
el sueldo:
Con 21 años que tengo he trabajado poco, debido a una vida fácil, lo que
sacaba en una noche era lo que sacaba trabajando un mes.
Ahora bien, lo que predomina son los testimonios de quienes dicen que su consumo ha incidido negativamente en su vida laboral. El consumo absorbe el sueldo o
resulta incompatible con la vida cotidiana:
En el trabajo me siento raspado, bastante raspado, el poco tiempo que
tienes para consumir cocaína es por la noche y claro luego te acuestas
a las cuatro y levántate a las ocho para ir a trabajar. Llegas tarde casi
todos los días sin ganas de nada.
Al principio venían bien las cosas. Te sacas el título, empiezas a trabajar, los
padres te han visto que has hecho un poquito y te ayudan para un coche… Pero luego te vas torciendo y llegas a perderlo casi todo. No tengo
ni un duro a pesar de que he estado trabajando porque todo se iba ahí.
En el trabajo yo creo que he tenido éxito pero la he cagado porque cada
vez que cogía el dinero, no volvía hasta que lo había gastado todo en
cocaína, eso eran dos o tres días, volvía al trabajo y el jefe me cogía.
Pienso que me cogía porque soy un buen trabajador, pero siempre
me advertía, la próxima vez…
El poner tierra de por medio a veces no resulta suficiente:
En realidad yo salí de mi país para salir de la droga, donde me había metido, no quería terminar como tanta gente, y como mi hermano, pero
68
cuando llegué aquí y ví que no conseguía trabajo y las cosas no eran
fáciles, pues mira vine para prosperar y salir de lo malo, y ahora estoy
en la cárcel, que ironía.
Después de haber permanecido en el consumo cuesta reincorporarse a la normalidad:
Me da un poco de miedo porque pienso que pueden notar que tengo
cara de drogadicta, aunque ya he perdido un poco ese miedo y quiero
buscar trabajo.
Todo esto se ratifica con el hecho de que si bien las tres cuartas partes de la población encuestada han trabajado en alguna ocasión el porcentaje desciende al 42%
cuando nos referimos a quienes lo hacen en la actualidad.
Respecto a su nivel adquisitivo es vario, en correspondencia con la composición
de la muestra en la que figura desde gente que trapichea, hasta obreros, arquitectos
y empresarios. Esto significa que el consumo de cocaína no es en absoluto algo exclusivo para personas de un determinado nivel social. De hecho, algo más de la mitad
de la población entrevistada no se considera económicamente independiente. Así
son muchos los casos en que reconocen que tienen que recurrir al apoyo económico
familiar:
Necesito del apoyo económico de mi padre para seguir adelante.
El dinero es lo que más me come la cabeza. Ahora tengo que depender
de mi madre, aunque me gustaría trabajar en cualquier cosa, me gustaría estudiar para tener dinero los fines de semana. Si pudiera hacer
algún curso y luego algún trabajillo por horas, aunque igual luego me
pongo a trabajar y estoy encantada con eso.
Entre la gente más joven sobre todo entre quienes están estudiando abundan los
casos de total dependencia de los padres y de las madres, buscando ciertos complementos en el entorno familiar:
Yo dependo de mis padres, no tengo un duro y de vez en cuando ayudo
a mi novio en su trabajo. Es haciendo reportajes de bodas y así, pero
tampoco saco mucho y tampoco es siempre.
Mis padres me dan paga los fines de semana, yo no hago nada para conseguirlo. Y nada, un poco de mi abuela, un poco de mi tío, un poco de
lo otro… se puede salir los fines de semana.
Pero sin plantearse un trabajo en serio aunque se disponga de escasos medios:
69
Dependo de mis padres, no me quejo porque me dan muchas facilidades.
Me gustaría trabajar y tener mis pelas, pero si trabajas dentro de lo
que estás estudiando pues no cobras un duro.
Yo dependo económicamente de mis padres así que el dinero del que dispongo es la paga mensual que es de unos 120 euros, más algún dinero
extra que me saco cuidando a mis sobrinos y algo que saco por ahí.
A mi me dan dinero mis padres para tomar algo el fin de semana y tal,
pero claro, yo me lo gasto en otras cosas que son más caras, y entonces no me llega. Ando bastante justa.
Hay quienes reciben ayudas sociales que les permiten ir tirando si no tienen responsabilidades familiares:
En la actualidad vivo de la ayuda del Ayuntamiento y de lo que trabajo los
fines de semana. No es mucho dinero, pero me da para vivir.
Lo que me dan de la baja, es justillo, pero como vivo con mi madre pues
ahorro un dinerillo, pero si estuviera casado es una miseria.
Algunas personas se valen de su familia para que les controle el dinero del que
disponen y así no gastárselo todo en cocaína:
Ahora estoy con buen sueldo, pero prefiero que me controle mi madre,
me está controlando el dinero por evitar… Yo le pido lo que necesito, porque antes al tener tarjeta… Y prefiero decirle amá venga,
hasta que me vea yo más o menos. Así le doy mi cartilla y mi tarjeta y
estoy bien económicamente.
Puesto que con un buen poder adquisitivo reconocen que consumen más:
En la calle manejaba bastante dinero, por eso consumía mucha droga. No
sé decirte el dinero exacto, pero mucho y más para alguien tan joven.
Efectivamente si manejan su dinero pueden gastarlo todo en la droga:
Económicamente he ganado y gano muy bien. Ahora estoy logrando ahorrar un poco, pero hasta hace nada me lo he gastado todo, excepto
cuando alguna novia me ha organizado un poco la plata, abriéndome
una cuenta en el banco. Hasta entonces, si ganaba 1.300 euros al mes
los llevaba a casa y los gastaba en restaurantes y en vicio, marihuana
todos los días y cocaína casi todos. En ningún momento me ha faltado
dinero pero podría tener un montón ahorrado si no me lo hubiera
gastado en cocaína.
70
Se dan casos en que el dinero proviene de la venta de la cocaína:
Me deben dinero de la coca y ese dinero lo voy a cobrar. Seguro, es dinero de droga, pero es mío. Está mal conseguirlo así pero si te la has
jugado para ganártelo es tuyo.
Tengo un sueldo de 920 euros, más otros 600 que me saco vendiendo
canutos, hachís… Y con 1.500 euros no me llega ni para un mes, es
decir, la ruina.
Hay sujetos consumidores que llegan a robar:
Yo ganaba al mes 280.000 pesetas más o menos. Cuando cobraba me lo
gastaba todo en dos o tres días, a veces en uno, todo en cocaína, no
volvía a trabajar hasta que me lo había gastado todo, ni a trabajar, ni a
dormir ni a nada. Además también he robado y he andando al descuido para pagarme el consumo.
Cuando trabajaba en el puerto, ganaba bien, en el puerto se hacía dinero,
en parte con el trabajo y en parte con otros trabajitos…
Entre quienes definen su nivel adquisitivo predominan las personas que lo califican como medio especificando que pueden defenderse porque no tienen a nadie que
dependa de ellas:
El sueldo bien, yo vivo solo y me da para casi todo, porque soy independiente.
Al concretar el sueldo las cifras presentan un abanico muy amplio. El mínimo son
756 euros y el máximo 7.200 euros pero la mayoría se sitúa entre los 1.000 y los
2.000 euros.
4.3. VALORACIÓN DE SU VIDA
Al margen de lo que dicen ganar es interesante conocer cómo se sienten, si su
autopercepción en estos campos (estudio, trabajo) y en su vida en general es de éxito
o de fracaso.
Ahora bien, al hacer balance en este tema, la mayoría del colectivo encuestado
se centra en el terreno laboral como base para valorar su situación y la gran mayoría
dice sentirse satisfecha:
Me percibo como una persona con muchísimo éxito en lo laboral. En este
terreno me tienen en una alta y buena consideración y yo también. Lo
71
cierto es que trabajo muchísimas horas y lo hago bien. Muchos fines
de semana me traigo trabajo a casa y en días de labor no llego a casa
antes de las nueve y media.
Estoy muy orgullosa con el trabajo que he realizado en este local. Haber
llegado con mi propio esfuerzo a donde estoy, hacernos un hueco y
poder acceder a lo que siempre hemos querido, no ha sido fácil. Este
pub lo hemos levantado entre las dos y ha sido muy costoso. Para mí
eso es el éxito, tener un objetivo y acabar consiguiéndolo.
En cuanto al trabajo, pues no te creas que solo he robado y vendido,
también he trabajado y si trabajo lo hago para hacerlo bien. La percepción que tengo de mí mismo en el trabajo es normal.
Me considero una persona muy autónoma, me gusta tener mis decisiones
con mi trabajo y sé lo que tengo que hacer y cual es mi camino. Estoy
muy contento, así como hace veinte años estuve estudiando electrónica, y no sabía a donde iba y lo que hacía, pues ahora no.
A nivel laboral estoy contenta porque yo creía que no me iba a quedar otra
opción que volver a la hostelería y yo no quiero trabajar en hostelería.
Me parecía mal todo. Estoy contenta porque hay un montón de gente
que me está buscando cosas en la limpieza. Igual me cuesta porque
estoy acostumbrada a estar rodeada de gente, pero tengo ilusión.
Aunque también hay alguna consumidora que se define como saturada:
En mi trabajo me siento muy jarta; le dedico casi todo, tengo una percepción de éxito pero con un elevado coste personal, al dejar de hacer
parte de mi vida y tampoco le voy a poder dedicar muchos años.
Constituyen prácticamente una excepción quienes asocian el éxito al posible
abandono del consumo de la cocaína:
Para mí el éxito es ser feliz sin consumir nada. Estas dos cosas me parecen muy difíciles, aunque creo que estoy en el camino.
Curiosamente son bastantes los casos, singularmente entre la gente más joven,
que no se plantean la valoración de su vida. Son quienes no trabajan, algunos y algunas
estudiantes que viven en lo económico dependiendo de sus familias. No se sienten
demasiado a gusto pero tampoco con planteamientos de hacer algo por ahora. Se
diría que dejándose llevar en la comodidad de no tener problemas para vivir pero
sin expectativas. Procurando reunir algo de dinero extra para comprar la cocaína y
recurriendo a su entorno:
72
No me planteo el éxito, yo tengo la cosa clara, no he tenido grandes expectativas, si querría algo lo haría.
Yo con los estudios… ni les dedico todo el tiempo que les debería dedicar, ni me esfuerzo todo lo que debería. Solamente me dedico a ir
aprobando y pasando de curso. No me exijo mucho. Así que no me
quejo, me va más o menos bien.
En mi vida fracaso no, tampoco he ido tan mal, creo que me ha ido bien,
tengo la mujer trabajando en una casa y bien.
En este tenor de indefinición son numerosos los casos que manifiestan un sentimiento de duda respecto a sus logros:
Mi percepción del éxito no lo sé. La gente me dice si en año y medio
has encontrado trabajo, te has estabilizado, joder, te has buscado un
hueco en la empresa, eres importante, te has independizado y estás
estudiando. No tengo la sensación de éxito de las cosas que he logrado, me he buscado un hueco en la sociedad para pasar desapercibido.
No suelo mirar para detrás.
No tengo una percepción de éxito o de fracaso, cuando estaba metido
en el consumo pues estaba mal pero tampoco de fracaso, y de éxito
tampoco porque todavía me quedan muchas cosas para hacer. Ahora
mismo estoy todavía sin recuperarme, estoy tomando antidepresivos, ya llegará el éxito.
Ahora mismo me queda un poquito de capacidad de analizar las cosas, y
a veces me llevo a pensar que cuando tú piensas que eso está bien o
mal, suelo dudar de que esté bien o mal.
No tengo muy claro lo que quiero en la vida ahora mismo, y lo que quiero
hacer. Espero ser feliz, aunque no sé en el futuro lo que será.
Hay quienes transmiten un sentimiento de ansiedad derivado de su trabajo, de
inestabilidad:
Yo respecto al éxito aparte de que mi trabajo es muy exigente creo que
a veces soy todavía más exigente, y tengo una percepción como de
que a veces está muy arriba, muy lejano. El fracaso a su vez lo veo
muy abajo.
Como la exigencia es grande el éxito es como que el listón está muy alto.
Entonces yo no veo tan claro el éxito a día de hoy.
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He tenido altibajos, he tenido siempre dos éxitos y dos fracasos o sea
subir y bajar, bajar y subir, la primera podría ser por lo del hijo, desde
entonces no andaba bien, después al separarme de la compañera y
no ver al hijo, podría decir fue el primer castañazo, entonces ya más
bien entré fuerte en el mundo del trapicheo y todas esas cosas, el
consumo y todo esto y más adelante, la última vez al detenerme y
todo esto supone, la baja vital.
Se dan testimonios, no demasiados, de quienes declaran su fracaso y hay quien
achaca su fracaso al consumo de la cocaína a la vez que se sienten impotentes para
salir de donde están:
En este momento tengo sentimiento de fracaso, porque he empezado
muchas cosas y no he acabado ninguna. Ahora mismo, sí es de fracaso, pero antes no lo pensaba.
Mi percepción es de fracaso, lo veo todo complicado y tiene que ser poco
a poco.
En estos últimos años de fracaso he estado consumiendo y he desperdiciado el tiempo durante siete u ocho años, tanto con las relaciones con mis padres como para tener una novia, tengo esa
percepción. En concreto lo achaco al consumo. Yo he visto gente
que consumía de otra manera, yo me aislaba, otra gente estaba
más dicharachera, y a mí me aislaba, claro que eso no lo ves hasta
que tocas fondo.
También hay quienes experimentan una convicción de éxito, aunque sean pocos
y pocas:
Todo lo que he conseguido es un éxito. Para mí.
Tengo la sensación de que he tenido éxito. Jugaba al fútbol en el Atletic,
en benjamines. Cuando acabe el tratamiento volveré a jugar al fútbol.
También los estudios iban bien y, por todo ello creo que no tengo
motivos de queja.
Haciendo un pequeño balance la percepción en mi vida es de éxito, siempre se puede mejorar todo, de irme de casa con cuatro duros, a
plantearme para el año que viene empezar a pagar mi hipoteca e ir
a más. Tengo un trabajo que me motiva y también una pareja para
compartirlo.
74
4.4. MODELOS DE ÉXITO
Al tratar de concretar qué ven como un modelo de éxito de entrada resaltan a
personajes del mundo del deporte, singularmente futbolistas, lo que denotaría una
postura propia de una inmadurez que suele caracterizar a la adolescencia:
Me hubiera gustado el llegar a ser Ronaldinho, lo admiro por su talento
para jugar al fútbol, igual es un poco ídolo también.
Admiro a Joaquín, el del Betis. Ese desde luego es mi ídolo. Me gusta el
fútbol, pero sobre todo el Betis y Joaquín. Es el que más me gusta y
Joaquín es mi líder.
Mi ídolo es Ronaldinho, porque a mí me gusta mucho el fútbol y me gusta
como juega él.
Mi ídolo, supongo que como el de todo el pueblo argentino es Maradona,
es el símbolo del país, no por haber estado en la droga, claro, sino por
todo lo que ha sido.
Motoristas y automovilistas encarnan también el ideal del triunfo:
Mi ídolo indiscutible, la persona que más admiro y quien me hubiera gustado llegar a ser es sin duda el piloto de rally Carlos Sainz.
De famosos admiro a Fernando Alonso y a Dani Pedrosa, me encantan las
motos y los coches y ellos han llegado a ser los mejores.
Mi ídolo es Dani Pedrosa, a mí me encantan las motos y él es lo más.
Otras personas entrevistadas admiran a figuras varias:
No sé a quien admiro. A mí me gusta Madona la cantante. Es un poco el
ejemplo de la mujer que ha luchado para llegar a lo más alto.
Yo siempre he admirado al Ché Guevara, desde pequeña.
Aunque algunas veces no sean personalidades precisamente ejemplares:
Admiro a Tonete, es un personaje de película, consume de todo, se pasa
la vida robando y al final acaba muerto. Siempre me ha molado lo
que hacía. Ahora no tengo ninguno pero antes éste siempre ha sido
mi ídolo.
En otros casos el tener capacidad de mandar y el ganar dinero es lo que les provoca admiración:
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Admiro al encargado de cualquier obra porque son los que mandan a lo
oficiales y son los que ganan más.
Admiro mucho a chefs con los que he trabajado, me gusta adonde han
llegado, a ser tan reconocidos y les admiro también porque considero
que son muy buenas personas.
Ahora bien, los casos anteriores no están generalizados y aflora con más frecuencia un sentimiento familiar:
A lo que realmente aspiro en esta vida es a tener una vida normal: una
familia, un trabajo, y todo sin drogarme. Eso es lo que me gustaría.
Ese es mi modelo de éxito.
En cuanto a que te diga a quien admiro yo, no sé, no me he puesto a pensar en eso, no admiro a ningún famoso. Me gusta vivir el momento
y el día a día, las fantasías no se hacen realidad. Lo que yo quiero es
tener un trabajo estable y un hogar, esa es mi aspiración, me da más
igual en qué, mecánico, electricista o lo que sea.
Nunca me he planteado un modelo de éxito en la vida. Por ejemplo soy
muy clásica en algunas cosas, no me gustaría tener un hijo sola, no
quiero a criar a mi hijo sola. Me gustaría tener una vida en pareja.
Con lo moderna que soy para algunas cosas, para otras soy clásica.
De todas maneras, si las cosas no me van bien por seguir un modelo
no seguiría, si tengo que dejarlo con mi pareja porque las cosas no van
bien, sería la primera que lo haría.
Los progenitores son admirados por sus hijos e hijas aunque no los definen como
modelos y, en algún caso, no parecen realmente modélicos:
Mi ídolo, cuando era pequeño para mí era mi padre. Yo no vivía con él,
casi no lo conocía, pero escuchaba comentarios de que era el mejor
robando y cosas así.
Yo siempre he admirado mucho a mi padre y a mi madre. A mi padre
porque se ha perdido muchas cosas nuestras y lo ha asimilado muy
bien. Y a mi madre porque le ha tocado currarse todo lo nuestro y
también lo ha llevado muy bien.
Admiro mucho a mi padre, aunque no se lo diga nunca, creo que él habla
poco, pero es muy sabio, cuando me dice algo da en el blanco.
La admiración expresada hacia las madres y las novias no tiene fisuras:
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No tengo ídolos y como admirar, admiro a mi madre, que es mi punto
de apoyo.
Admiro muchísimo a mi madre, porque es todo para mí.
En cuanto a la persona que más admiro, yo te diría que no es ningún
famoso, es mi novia, la admiro por todo lo que está haciendo fuera y
mantener todo a flote.
Como admirar, admiro a mi novia, sobre todo en lo laboral, ella es muy
ordenada y organizada.
Finalmente hay quienes no tienen ningún ídolo y, de tenerlo, ellos y ellas serían
sus propios sujetos de admiración dejando aflorar un sentimiento egocéntrico:
Ya de mayor, no tengo ídolos, yo quiero ser mi propio ídolo, que me
idolatren a mí.
En mi modelo de éxito estaría trabajar de manera autónoma, que me
fuera bien el tema de los masajes. Trabajar en lo mío, en lo que me
gusta. Tener una casa donde vivir...
Yo creo que no admiro a nadie, al menos no admiro a nadie mucho. Hay
algunos cantantes que digo, mira que bien lo ha hecho, que buen
músico es, pero nada más.
Mi modelo de éxito en la vida sería ser feliz, estar a gusto contigo mismo,
sentirte realizado, hacer algo que te llene. Yo creo que lo primero es
estar a gusto con uno mismo.
4.5. EXPECTATIVAS DE FUTURO
Por lo que se refiere a las expectativas de futuro del colectivo encuestado la mayoría para responder se ubica en el terreno profesional, aspirando a un buen sueldo
y a un trabajo que les satisfaga:
A mi me gusta mucho el mundo de los coches. Me encanta. Quisiera terminar la carrera y dedicarme a trabajar, ganar dinero.
Con respecto a mi proyecto de futuro y mis expectativas, me gusta la
mecánica, desde los doce a los dieciocho años trabajé en el taller mecánico de un amigo, siempre estaba ahí, me gustaba mucho y espero
volver a eso.
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Tengo expectativas de ganar más dinero y de trabajar menos. Esas son
mis expectativas de éxito.
En cuanto a mis expectativas de éxito me gustaría seguir con el trabajo,
bueno, ir quitándome de la noche, eso es lo primero para ir haciendo
lo que me gusta.
Expectativas de futuro acabar lo que me queda de pagar del bar, alquilarlo e irme a otro sitio y hacer lo que pueda, siempre haciéndolo algo
mejor.
Mi expectativa de futuro es vivir como diseñador, trabajar con el arte,
que es lo que estoy haciendo, vivir de esto, poco a poco lo voy construyendo.
En segundo lugar, en cuanto a número, aparecen quienes expresan deseos en los
que a las perspectivas laborales se une la esperanza de una vida familiar:
Con respecto a mi proyecto de futuro, primero salir de prisión y seguir
con mi pareja, y en cuanto al trabajo, lo cogeré en una carpintería,
es lo que me gusta y es más tranquilo. Lo de refractario también me
gustaba pero es demasiada tralla solo volvería en condiciones de necesidad.
La expectativa de futuro es trabajar de lo que he estudiado, buscar mi
piso cuando esté bien y asentarme con mi novia y también encontrar
un trabajo fijo, porque ahora mismo estoy de temporal.
Estabilizarme económicamente, poder estar con mi pareja, entrar en un
piso, tener una familia.
Con respecto a mi proyecto de futuro, quiero trabajar y cuidar a mi familia y a mi novia, cuando digo familia quiero decir a mi madre y a mis
hermanas.
Ahora quiero echarme novia, tuve hace seis años o así, y por la culpa del
consumo me fue mal y ahora es lo que más quisiera sentar un poco la
cabeza, tienes amigos, pero falta la parte femenina.
En el futuro me gustaría seguir con este chico y con mi hija. Hasta ahora
no he tenido buena suerte.
Aunque también se da algún caso que, tras una experiencia negativa, no quiere
volver a intentar la vida en pareja:
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Estuve bastantes años con una chica, nos compramos un piso juntos y al
final lo dejamos. Lo vendimos, terminamos a palos y no quiero repetir
otra vez lo mismo. Si salgo de casa no quiero repetir lo mismo.
Dos personas que han venido a vivir a la CAPV procedentes de otro país expresan sus deseos de regresar a su patria:
Con respecto a mi proyecto de futuro y mis expectativas, yo quisiera
volver a mi país con mi pareja y retomar allí. Este país no me gusta
mucho, no me gusta el ritmo de la gente, su día a día, nosotros somos
muy distintos, no me adapto. Tal vez quisiera hacer algo de dinero y
volverme para allí.
Con respecto a mi proyecto de futuro y mis expectativas, me gustaría
de acá a unos años, cuando piense que ya he aprendido todo lo que
quiero, volver a la Argentina y montar allí un negocio propio.
Ciertos individuos entrevistados aspiran a una normalización en su vida personal
tras abandonar el consumo de cocaína:
Mi propósito es encontrarme a mí mismo, realmente, sin drogas, sentirme querido, estar con gente, poder ir al monte, poder hacer un
montón de cosas que no he podido hacer cuando consumía y siempre
me han gustado y dejar de pensar como pensaba en esa época, dejar
de ser el durito y de hacerme el durito…
Mi ideal de vida no es tanto tener una familia, sino llevar una vida normal,
como la de todo el mundo, no una vida de ajetreos y de estrés, hacer
lo que no he hecho hasta ahora.
Son numerosos quienes no tienen demasiado claras las expectativas de su futuro.
Las dudas son frecuentes entre estudiantes que a veces no llegan ni a planteárselo:
Soy bastante veleta, no pienso a largo plazo. Pero no me importaría seguir como estoy.
No tengo perspectivas de futuro, solo es vivir el momento.
Me parece importante mi carrera. El futuro no lo sé, lo que surja, no me
lo planteo.
El futuro no lo tengo muy claro. Hay muchas cosas que hacer y poco
tiempo y pocas ganas para hacerlas. Seguramente acabaré de camarera o algo así.
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En los estudios me siento insegura por lo demás no tengo muy claro lo
que quiero en la vida ahora mismo y lo que quiero hacer. Espero ser
feliz, aunque no se el futuro lo que será.
Hoy por hoy quiero acabar la carrera, por lo demás estoy un poco confusa porque no sé que va a pasar cuando acabe la carrera.
4.6. EN RESUMEN
Aceptado el consumo de las drogas, de la cocaína concretamente, como un
hecho social común a personas con diferentes estilos de vida se ha tratado en este
apartado de conocer la repercusión de su uso en determinadas esferas de la vida de
quienes la consumen. Además, y a la vez, se ha pretendido constatar si la población
entrevistada mantiene o no patrones comunes de comportamiento, de comprobar si
existe una concomitancia en los modos de actuar y/o en el autoconcepto de la gente
que la consume.
Los aspectos abordados se han referido a la valoración de sus vidas en lo que
respecta a estudios y trabajo. Así como a saber quién representa para ellos y ellas
su modelo de éxito y hacia qué perspectivas orientan su futuro. De los testimonios
recabados puede deducirse que:
— Son bastantes los casos en que el consumo de cocaína, y de otras sustancias, se
ha interpuesto en el cumplimiento de la exigencia que conllevan los estudios.
Esta afirmación se basa en la elevada proporción de personas entrevistadas que
los han abandonado. Ahora bien, hay casos que cuentan con estudios superiores o que los están cursando. Así, se podría avanzar, según las manifestaciones
recogidas, que el consumo prematuro hace bastante difícil conducir a buen
término los estudios. Mientras que quienes se acercan menos tempranamente
a la cocaína tienen, en principio, más posibilidades de «controlarla», haciéndola
compatible con otras actividades.
— El binomio consumo de cocaína/trabajo ofrece diferentes resultados. Desde
consumir para rendir más en el trabajo (por su dureza o alta exigencia) hasta
no poder afrontar la vida laboral debido al consumo, pasando por tener que
dejar de trabajar para conseguir más dinero por «otros medios» más lucrativos
que permitan hacer frente al costo de la droga, llegando a comportamientos
delictivos con las consecuentes penalizaciones.
Hay profesiones a las que rodean circunstancias (horario, ambiente, etc.) más
proclives al consumo como por ejemplo la hostelería. También se dan casos,
bastante excepcionales, que consiguen que el consumo no afecte a su rendi80
miento laboral. Estos últimos corresponden normalmente a quienes reducen
el consumo a los fines de semana y a periodos vacacionales, los consumidores
lúdicos podríamos llamarlos. Ahora bien son varios quienes reconocen que,
con vistas a una normalización, han tenido que prescindir del consumo y que
para ello han buscado ayuda en tratamientos terapéuticos e incluso algunos y
algunas apoyo familiar.
— Al plantearse la valoración de su vida también se reflejan posturas diversas
desde quienes experimentan satisfacción hasta quienes autoperciben su fracaso siendo numerosos aquellos y aquellas que transmiten un sentimiento de
indefinición. Parecen carecer de metas respecto a las cuales poder valorar su
devenir vital.
— En la población encuestada se señalan como ídolos (así lo formulan) principalmente a personajes del mundo del deporte (fútbol y motor) aflorando también
la admiración hacia madres y novias. Hay quienes patentizan una faceta egocéntrica al querer atraer sobre sí mismos la consideración de los demás.
— El trabajo es el eje que centra y condiciona las perspectivas de futuro de la
muestra entrevistada apareciendo unido al deseo de una vida con pareja, con
familia. Aunque también en este punto les surgen muchas dudas sobre lo que
les puede deparar el día de mañana.
— Hay quienes, al expresar sus posicionamientos, apuntan al consumo de cocaína
como algo que les ha condicionado o que se plantean abandonarlo para seguir
adelante pero esto no es una constante.
Tras los rasgos expuestos de la población descrita cabe apuntar que, de no tratarse de algo muy esporádico, medido y entre personas adultas con una vida normalizada, el consumo de cocaína, supone un obstáculo ante el estudio, un impedimento en
la vida laboral y una inseguridad para abordar el futuro.
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5. Percepción de las
relaciones personales en
el colectivo entrevistado
¿Qué tipo de amistades tiene?
¿Cuál es el grado de satisfacción en cuanto a las relaciones interpersonales?
¿Cómo percibe el trato con padres, madres, hermanos, hermanas, pareja, hijos,
hijas, amistades…?
Estas son algunas de las preguntas que, en este apartado, se han dirigido a las
personas que componen la muestra, y que todas han respondido de manera más o
menos detallada.
El objetivo perseguido al plantear estas cuestiones era conocer con qué respaldo personal y afectivo vivía —y había vivido— cada protagonista de este estudio
durante su proceso de consumo de cocaína.
Las descripciones nos van a permitir definir diversos conceptos que, sobre la
amistad, se describen en las entrevistas y que, en cierto modo, podrían relacionarse
con las diferentes etapas del proceso de consumo, adicción o deshabituación con
respecto a la cocaína. Asimismo, las relaciones familiares aparecen descritas desde
puntos de vista muy diversos. Madres y padres con quienes se mantienen relaciones
positivas y satisfactorias, o hermanos y hermanas que están presentes, de manera
destacada, en las historias de vida, contrastan con esos otros casos, en los que la
ausencia de uno, o de los dos progenitores, ha sido la realidad vivida, junto a hermanos y hermanas con quienes las experiencias compartidas distan de ser positivas.
En cuanto a la relación con la pareja, las declaraciones permiten apuntar que la
estabilidad no es una nota dominante. Como tampoco lo es la presencia de descendientes. Y, cuando estos últimos existen, las referencias a ellos de las personas consultadas son escasas y poco destacables.
En este apartado hemos analizado las respuestas intentando encontrar elementos comunes en ellas. Se perseguía el propósito de analizar la posible predominancia
de alguna de las situaciones generadas en este grupo. En alguno de esos supuestos
se han utilizado como referentes datos estadísticos relacionados con la población
de la CAPV, pero sin perder la perspectiva de que estamos realizando un trabajo
cualitativo.
85
Tras esa premisa hay que destacar que un 34% de quienes componen la muestra objeto de estudio forman parte de núcleos familiares de madres con hijos o hijas. En cambio, el Eustat arroja un 12,6% de esta misma tipología de núcleo familiar,
en la CAPV y en el año 2001.
En cuanto a los núcleos en los que el padre es el único responsable familiar, la
incidencia en este colectivo se sitúa en el 2%, cifra muy similar al 2,9% registrado
por el Eustat, en el mismo periodo y para igual ámbito de influencia.
De nuevo incidimos en que la muestra no es lo suficientemente amplia como
para que las cifras puedan considerarse determinantes. Además los individuos entrevistados tienen más de 18 años, y un 66% de ellos superan los 25. Este hecho
implica un proceso demográfico en el que la edad de los progenitores va en aumento y, en consecuencia, las posibilidades de fallecimiento son mayores.
Los datos de los núcleos monoparentales incluyen tanto a los progenitores separados como a los fallecidos. En algunos casos el fallecimiento se refiere a edades
muy tempranas de los sujetos analizados, pero en otros ese dato está sin especificar.
Ese hecho relativiza la importancia de esa ausencia en el desarrollo del y de la joven,
y en la posible consideración de factor de riesgo, en relación al consumo de drogas.
No obstante, la diferencia derivada de comparar los datos de la muestra con los de
la población en general es tan elocuente que merece ser tenida en cuenta.
El lugar que los sujetos estudiados ocupan en el número de hermanos y hermanas
de su entorno familiar ha sido valorado en las entrevistas. Aquí la alta incidencia que
tienen los hijos e hijas menores, junto con los únicos y únicas, está constatada. De los
50 casos, 23 son los y las menores y hay cinco casos más sin hermanos o hermanas.
También en este aspecto, con un planteamiento de análisis cualitativo, utilizaremos ese 56% de casos para desarrollar hipótesis relacionadas con la posible influencia que la sobreprotección pueda tener en el consumo de sustancias adictivas.
Las respuestas han sido variadas pero, al mismo tiempo, agrupables, y por eso
nos hemos permitido tres categorizaciones. Por un lado hemos englobado las respuestas que provienen de quienes han optado por dejar el consumo, y para ello
han recurrido a un tratamiento, que puede ser ambulatorio o mediante el ingreso
en un centro de tratamiento. En este capítulo que aborda las relaciones personales
nos referiremos a este tipo de individuos como ‘abstinentes’. En cuanto a esas otras
personas que no perciben su consumo como problemático, porque objetivamente
no lo es o porque ellas no lo creen así, las calificaremos de ‘consumidores’. Hay un
tercer grupo de individuos que se encuentran en prisión. Las peculiaridades propias
de este colectivo hacen aconsejable que sea analizado de manera independiente. A
ellos les denominaremos ‘encarcelados’.
86
5.1. LAS AMISTADES
Quiénes son sus amigos y amigas, de qué ámbito de relación proceden y desde
cuando los mantienen. Las preguntas de la entrevista iban dirigidas a conocer estos
aspectos de la vida relacional de los sujetos de la muestra. También se preguntaba
por su grado de satisfacción respecto a esas relaciones.
El grupo de ‘consumidores’ está compuesto por quienes reconocen consumos
ocasionales, o más frecuentes pero, según su valoración, nunca con necesidad de
tratamiento. En general hablan de relaciones de amistad numerosas, agradables y
más o menos duraderas.
Tengo amigas de la universidad, de fuera de la universidad y también de la
infancia. Y salgo con todas ellas.
Tengo amigas de la uni y de la infancia, que son las mismas con las que
sigo andando.
En ambos casos se trata de mujeres jóvenes, que admiten consumos ocasionales
de cocaína, siempre vinculados a determinados ambientes de ocio.
Otra mujer, con estas mismas características, diferencia el tipo de amistades, en
función de momentos:
Tengo otros amigos de callejear por ahí.
Y en otro caso la entrevistada asegura que tiene amigos de la infancia,
aunque salgo con gente de fuera de esos ambientes, que he conocido a
lo largo de mi vida.
Una de las ‘consumidoras’ reconoce consumos de viernes a domingo y en el
ámbito laboral que se desarrolla en el sector hostelero. Ella relata:
Tengo muchos amigos. En mi caso se mezcla un poco la vida privada y la
profesional. A través de la barra conoces a mucha gente que pasan a
ser tus amigos, y los que eran tus amigos, de la infancia, de estudios…
pasan a ser conocidos, porque no coincides con ellos, no tienes horarios comunes.
Hay otra mujer que describe dos círculos de amistad, perfectamente diferenciados por el consumo de sustancias:
Tengo un círculo muy de drogas y otro que es muy sano. No son de la infancia, porque he perdido el contacto, son más bien de la universidad.
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También hay un testimonio femenino —que es el único de estas características y emitido por una mujer ‘consumidora’— en el que diferencia amigos y conocidos.
No puedes decir que toda la gente que conoces sean amigos. Pero creo
que sí, que sí tengo buenos amigos.
Y en este mismo caso pone de manifiesto algunas dudas respecto a la fidelidad
de sus amistades.
Nunca me lo han tenido que demostrar. No he pedido grandes favores.
Pero creo que si los necesitara, estarían ahí.
En cuanto a los hombres del grupo de ‘consumidores’, los testimonios se diferencian en poco respecto a los que hacen las mujeres de esta tipología.
Tengo amigos del colegio de toda la vida, y salgo con ellos
Tengo amigos de la infancia alrededor de 12, seis chicos y seis chicas.
Casi todos titulados universitarios, independientes económicamente.
También amigos de la carrera y otro grupo de amigos relacionados
con una terapia gestal que estoy haciendo.
Amigos conservo los de la infancia, siempre los mismos. Los considero
amigos de verdad,
Explica un varón de 38 años, quien añade:
Tengo también un montón de conocidos, del trabajo, de mis aficiones…
En otro caso el entrevistado define que
amigos de la infancia he mantenido dos o así, muy pocos. La mayoría son
de la carrera, del trabajo y también variopintos, raros, de aquí, de allí.
Un poco indefinibles.
Existe otro testimonio en el que se habla de los amigos como
gente de salir por ahí de discotecas desde hace tiempo.
Y un caso más para quien sus amistades son esporádicas y casuales.
Voy cogiendo, voy cogiendo, o sea, puedo tener amigos como si fuesen
de toda la vida.
Uno de los ‘consumidores’ reconoce la existencia de
varias cuadrillas, depende de lo que quiera hacer a la noche.
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Y hay otro para quien entre ‘amigo’ y ‘conocido’ existe una diferencia meridiana.
Más que todo tengo muchos conocidos, pero algún que otro amigo también. Los conocidos son más para la fiesta y el vicio.
En la misma línea, otro de los entrevistados asegura que tiene
todo tipo de amigos cocainómanos, no cocainómanos y hasta gente que
odia la droga y todo esto.
En cuanto al grado de satisfacción que suponen estas relaciones, hay pocas
expresiones claras y definidas al respecto. Es cierto que son muy pocos los ‘consumidores’ que se refieren a la aportación que les suponen estas amistades, pero
también lo es que sólo uno de ellos deja patentes sentimientos de insatisfacción
al respecto. Parece como si nada esperasen y, por ello, el comportamiento de sus
amistades no les defrauda.
Para ilustrar esas afirmaciones, referimos la respuesta de un hombre de 24 años,
que no muestra insatisfacción por sus relaciones y las describe así:
Con los amigos es subir a la lonja, unas ‘birritas’, unas rayitas… como
siempre. Y hablar después de consumir cocaína, pero depende de
cómo estés. Si estás un poco borracho igual si hablas. Pero si estás
solo con cocaína, no hablas nada. Te quedas apalancado.
Otro de los entrevistados, de 28 años, afirma que mantiene una buena relación
de amistad pero puntualiza:
Hombre, siempre hay alguno con el que no me hablo, pero lo típico. Yo
también tengo mi mala hostia, me reboto y pueden pensar también
que yo soy un cabrón, estoy segurísimo
En otro de los casos, la valoración de la amistad está relacionada con el comportamiento mostrado por las amistades en relación al consumo. El sujeto considera que el amigo de verdad es aquel que sabe marcarle los límites.
Si por ejemplo tienes un día que se te está yendo la olla con drogas, pues
entonces los amigos no me dejarán seguir tomando nada y me dirán:
¡eh chaval!
Hay dos hombres, de 29 y 38 años, que son más expresivos al valorar sus amistades. El primero indica que:
El grado de satisfacción que tengo es bastante grande.
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Y el segundo mantiene:
Los considero amigos de verdad. El nivel de satisfacción que tengo es
muy alto.
También hay una mujer que se reconoce
muy satisfecha con los amigos que tengo.
Sin embargo, parece como si en su valoración la cantidad primase sobre la calidad de esa relación. Incluso, aparenta cierta contradicción, porque expresa algo de
presión, y cierta necesidad de cambiar de ambiente.
A veces digo que no voy a salir porque voy a encontrarme con mogollón
de gente. A veces también necesitas cambiar de ambiente.
Entre el otro colectivo, el denominado de «abstinentes», la percepción es muy
diferente a la expresada por el grupo de los ‘consumidores’. Para la mayoría de sus
integrantes el concepto de amistad tiene un contenido profundo e implica una relación sincera y auténtica. Los amigos y amigas han tenido ocasiones para demostrar
que lo son. Muchos han vivido momentos duros; situaciones de soledad derivadas
del abuso de la sustancia; han tocado fondo y, desde ahí, han iniciado otro camino
en el que están acompañados por algunas personas próximas, en ocasiones amigos.
Quizá por ello son abundantes los que dicen:
No tengo amigos.
Algunas declaraciones hablan por sí solas. Por ejemplo, una mujer de 25 años,
ingresada en una comunidad terapéutica asegura:
Durante los 10 años que he estado en la droga he tenido conocidos, no
amigos.
Hay otra entrevistada, de 32 años, que describe así cómo percibe las relaciones
personales en su trayectoria:
En los momentos de más consumo me hice un mundo aparte. Durante
esa época me di cuenta de que mucha gente estaba a mi alrededor
por lo que tenía, no por lo que valía. Yo, al tener un bar, siempre tenía
dinero.
Hay otro caso que asume la responsabilidad de la pérdida de relación con sus
amigas.
A las amigas las he llegado a abandonar a todas. No me porto muy bien
con la gente.
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Estas mujeres ‘abstinentes’ interpretan que la amistad es una relación de entrega mutua, rara de conseguir y muy importante. Como ejemplo aportamos la
siguiente declaración:
Sólo tengo un colega, que es más que amigo. Yo no voy a perder a esta
persona por nadie en el mundo. Gracias a él aprendí a ser quien soy,
a sonreír, a leer, a comunicarme.
En los hombres de este grupo la percepción se asemeja mucho a la anterior.
Pero en alguno de los casos se han observado referencias al prestigio generado entro los grupos de pares, a través de la imposición, por la fuerza, por la trasgresión
de normas y costumbres o por la osadía. Uno de los entrevistados, un joven de 18
años que está en una comunidad terapéutica participando en un proceso de deshabituación, explica así el proceso de inserción en el grupo de referencia, la importancia que el consumo tenía en esa incorporación y su actual percepción respecto al
mismo:
Al principio nos tenían como chavales pero, poco a poco, nos hemos ido
ganando el respeto. Ahora no me gusta recordarlo, pero me ganaba
el respeto no sólo por el consumo sino por los rollos que tenía, por
las peleas…
A esto añade que:
Ahora voy por la calle y veo quienes eran mis amigos y quienes no.
Quienes eran los que sacaban lo bueno que hay en mí y quienes no
querían sacarlo.
Es este mismo joven el que describe una práctica, que él reconoce como habitual, entre quienes consumen cocaína inhalada de botella y están compartiendo la
sustancia:
La navaja está al lado. El que mete la mano cuando no le toca, la navaja
le va a los dedos siempre. Hay ‘zorreras’ en ese juego y quienes son
amigos y quienes no.
Asegura que entre los consumidores, aquellos que tienen varios cortes en los
dedos no son fiables y enseña una cicatriz en su mano, que le recuerda una de esas
agresiones.
El planteamiento expresado por otro de los protagonistas del estudio resulta de
interés, porque otorga un exclusivo carácter comercial a las supuestas relaciones
de amistad existentes en su época de mayor consumo.
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Me he tenido que labrar amistades nuevas, o volver a reanudar algunas
anteriores porque todo lo que había a mi alrededor, cuando consumía, giraba en torno al intercambio de sustancia por dinero. Cuando
vendes y demás, no hay amigos, se trata de ‘socios’.
Hay varios casos, vinculados a hombres en tratamientos ambulatorios, en los
que no se ha producido un proceso de desencanto como los ya descritos, y las relaciones de amistad son estables y satisfactorias.
Tengo amigos y soy muy afortunado, ninguno es consumidor excepto
uno. Y eso me ha ayudado.
Según se desprende de varias declaraciones, en la época de consumo intenso
hay casos en los que se produce una ruptura con el entorno anterior. Pero existe la
experiencia de retorno a ese mismo ambiente y a las personas que lo componen.
En ocasiones, proporciona un referente sólido y un apoyo para quienes desean recuperar hábitos de vida más saludables.
Tengo amigos de toda la vida, que verdaderamente son mis amigos desde
los cuatro años. Aunque los perdí durante un tiempo, los he vuelto a
recuperar.
El grupo de ‘encarcelados’ plantea una posición muy similar a la de los ‘abstinentes’, aunque quizá algo más generalizada. Las declaraciones recogidas son:
Amigos tengo pocos.
Conservo algunos de la infancia.
Tengo dos amigos, que son de la infancia.
Amigos no tengo, porque amigos no hay, sólo conocidos. Lo sé porque
cuando los necesitas no están. Sólo están si hay intereses.
Con todo lo anterior, podemos deducir que el entorno tiene una influencia en el
comportamiento del individuo. Pero también entendemos que esa presión es relativa. Los testimonios nos muestran que las personas cambian de grupo de referencia
cuando no respetan o admiran los valores y hábitos dominantes en ese grupo, o a
quienes los representan. O simplemente porque quieren vivir prácticas de ese grupo, como por ejemplo el consumo de drogas.
Hay varios testimonios de ‘abstinentes’ que olvidaron a sus amistades de siempre —las que representaban hábitos de ‘vida sana’— para introducirse en otros
grupos, con personas que apenas conocían pero que, en un momento dado, ponían en escena un modelo de éxito, o de diversión, o de trasgresión de las normas,
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admirado por los individuos en cuestión. Asimismo, se percibe una vuelta atrás
en personas de esta misma categorización, cuando optan por recuperar aquellas
relaciones, que abandonaron voluntariamente para experimentar estilos de vida
en apariencia más atractivos. Esta regresión de los individuos ‘abstinentes’ exige
un cambio relacional porque los valores perseguidos son diferentes de los que
imperaban en su último grupo de referencia. Por ello, el desinterés o la entrega
en la relación de amistad son cuestionables. Buscan la funcionalidad del grupo para
conseguir sus objetivos, a la vez que esperan de los integrantes de ese grupo que
evolucionen con él.
Desde este punto de vista se observa un ir y venir de gente, buscando un lugar
en el que sus propósitos y objetivos puedan cumplirse. En consecuencia, cabría
plantearse que no es el grupo el que influye al individuo, sino a la inversa, el individuo se sirve del grupo. Sin embargo, no podemos olvidar que ese individuo necesita
del apoyo que le supone el sentimiento gregario y la sensación de pertenencia para
hacer realidad los propósitos que, en principio, sólo están en su cabeza, sólo son un
proyecto. Y en soledad no se encuentra capacitado para materializarlos.
También podemos deducir el grado de idealización o el ‘glamour’ que envuelve
a muchos de esos proyectos individuales, que al contrastarlos con la realidad dejan
de tener ese atractivo, y es cuando los individuos descubren la peor cara que ofrece
el consumo de la cocaína.
5.2. LA FAMILIA
Todos los componentes del colectivo encuestado tienen un entorno familiar,
más o menos amplio, próximo y disponible. En general, los progenitores estarían en
el primer lugar de referencia familiar para los entrevistados y las entrevistadas, aunque la importancia que otorgan al papel que juegan no es muy alta.
5.2.1. Los padres y las madres
Más de la mitad de la población entrevistada vive en el hogar familiar y nueve,
además, dependen económicamente de los progenitores. Teniendo en cuenta la
composición de la muestra en el espectro de edad, al menos hay 10 personas mayores de 25 años que permanecen en el hogar familiar.
Las relaciones que describen con sus progenitores son, en general, tibias, secundarias y con un escaso grado de comunicación, aunque hay varios ejemplos de todo
lo contrario, de vínculos familiares estrechos e importantes.
93
En relación a las primeras, destacamos las siguientes:
Supongo que tengo la misma relación que la mayoría de los hijos.
Tengo mis más y mis menos.
No les veo mucho.
En cuanto a las segundas, están ilustradas por estos testimonios:
Tengo muy buena relación con mi familia, aunque la añoro.
Tengo muy buena relación. Para mi es importante este punto y trato de
cuidarlo.
En algunos casos se refieren a un punto de inflexión en estas relaciones, al dejar
el hogar familiar.
Estoy muy contento. Desde que me fui de casa a los 24 años, mis relaciones han mejorado.
En otros se plantea la ausencia de contacto, al tiempo que se hace referencia
al cariño. Y esa divergencia entre sentimiento y actuación la explica el entrevistado
por un sentimiento de culpabilidad o de vergüenza.
Me comunico muy poco, la verdad, me acuerdo mucho de ellos, pero
no les llamo casi. Creo que me cuesta tanto llamar a casa porque me
hace sentir culpable, porque yo sé que no me porto bien.
Hay varios sujetos que diferencian entre la relación que mantienen con el
padre y con la madre y, en estos casos, suele ser la madre la que se encuentra
próxima y cercana, aunque también aparece como la persona con la que se discute y pelea.
Con mi madre tengo un buen trato. Con mi padre no trato.
Con mi padre no he tenido mucho relación pero con mi madre me siento
bien. Estoy muy orgulloso de ella.
Me llevo bien con mis padres, aunque con mi madre discuto bastante,
no por el problema de las drogas sino en general; de la casa, del jardín…tenemos diferentes formas de pensar.
La relación con mi madre es muy mala. Siempre ha sido chillando y así,
pero desde que se ha enterado de que consumo, porque se lo he
contado yo, pues mucho peor. Pero a mi me da igual no tener buenas
relaciones. Ni me pone triste ni nada, yo lo afronto.
94
En ocasiones reconocen una relación mejorable.
La relación es regular, sobre todo a raíz del problema de las drogas.
Con mi familia la verdad es que la relación tampoco es muy buena.
E incluso inexistente, como es la descrita por un hombre, que se encuentra en
prisión y afirma que:
Desde hace años no mantengo ninguna relación con mi madre, mi padre
o mi padrastro.
Algunos sujetos muestran admiración y respeto por la aportación de alguno de
sus progenitores. Así, una mujer, de 34 años, se refiere a su madre, separada de su
padre hace varios años:
Con mi madre la relación es muy buena. Todos la queremos mucho.
Cuando vas creciendo te das cuenta de lo que ha tenido que hacer
para sacarnos a los seis hijos adelante, y con una pensión muy pequeña.
Y otros destacan las carencias vividas:
Me hubiese gustado que hubieran estado más pendientes de mí en algunos momentos.
En otros casos, siempre del grupo de ‘abstinentes’, se refleja la comprensión y
la culpa que los individuos entrevistados experimentan por las penalidades que, derivadas del consumo, han hecho vivir a sus padres.
Veía a mi padre que me llevaba al Juzgado, o centros de menores. Iba
con cara de pena y no me decía ni adiós. Ahora viene aquí, vamos al
cine, hablamos. Tiene otra cara el hombre. Y cuando le veo así, todo
va bien y voy a casa de mi abuela, lloran de alegría. No sabes lo bien
que me siento.
Uno de los entrevistados, también ‘abstinente’ refiere situaciones violentas, en
la época de consumo:
A mi padre he llegado a levantarle la mano. Ahora es muy diferente
Entendemos que, en este apartado, además de las expresiones recogidas tiene
importancia otra información, relacionada con los datos objetivos.
La proporción de familias, a las que pertenecen los sujetos entrevistados, en las
que el padre está ausente es muy alta. Como apuntábamos al inicio, hay un 34% de
95
casos. Reconocemos que existe una limitación para comparar la proporcionalidad
de una muestra específica y la registrada con el conjunto de la población. No obstante, creemos necesario remarcar la alta proporción que la ausencia paterna tiene
en estos casos.
Hay dos casos en los que los padres han sido drogadictos y alcohólicos, y también existen dos sujetos con hermanos o hermanas en esta misma situación. Aunque
a este respecto no podemos pronunciarnos en cuanto a la relación de causa-efecto
que ese hecho pueda tener respecto al consumo de cocaína.
5.2.2. La pareja
En el colectivo entrevistado 24 personas reconocen que, en este momento,
mantienen relaciones con una pareja estable. Son algo menos de la mitad, y aquí se
incluyen quienes conviven y aquellas otras parejas que comparten tiempo de ocio.
La cifra, en principio, resulta escasa, pero carecemos de datos relativos a esta
misma franja de edad en la población general que permitan comparar estos comportamientos con los del conjunto de la población. En cualquier caso, partiendo de
los datos objetivos y analizando los testimonios recogidos, no se puede mantener
que se trate de un grupo de éxito en las relaciones de pareja.
En la valoración que hacen de esa relación no son muy efusivos. Por ejemplo,
una joven universitaria explica:
La relación con mi novio es sin más, llevo ya cinco años con él.
En otro de los casos se plantea:
Con mi pareja las cosas van regular, yo diría que con algunas crisis pero
bueno. Él también es consumidor.
Hay otra declaración de características similares.
Con mi pareja tengo problemas. Está dura la cosa, pero bien. Me imagino
que son crisis que pasan.
También hay relaciones que definen como «un poco rara». Es el caso de un
hombre, de 27 años, quien explica:
No estamos de novios como antes, aunque nos seguimos viendo mucho. Hemos tenido muchas discusiones y hasta hemos llegado a las
manos. Ella está muy loca y yo no me quedo atrás. Creo que nos
cuesta estar separados, pero juntos nos hacemos mucho daño. Ella
96
también se mete cocaína y fuma bastantes porros, y es entonces
cuando se arma.
En otras ocasiones indican satisfacción pero sin extenderse.
Con mi pareja tengo muy buena relación
Explica una mujer, de 39 años.
Y hay veces en las que muestran reconocimiento y la importancia que le conceden a su pareja.
Es consumidora de cocaína pero no en el nivel que tengo yo. Es una chica
muy guapa, tiene coche, tiene trabajo, tiene de todo… y ella me iba
a dejar porque me veía muy mal.
A la vista de los resultados, podría concluirse que el éxito en las relaciones de
pareja no es una de las características que define a este grupo, en el que un solo individuo tiene el estado civil de casado, mientras que cuatro están separados.
En cuanto a sus valoraciones, tampoco son muy numerosos los casos en los que
refieren una relación satisfactoria y fructífera. Por el contrario, las muestras de descontento aparecen con claridad, incluyendo referencias a la agresión física.
5.2.3. Los hijos e hijas
La importancia que estos entrevistados han concedido a la relación con los descendientes es, aparentemente, escasa. Cinco de los 50 entrevistados son padres y
una es madre. Uno de ellos tiene cuatro hijos, y el resto uno.
Conviene puntualizar que en ninguna de las preguntas del enunciado se planteaba específicamente cómo percibían la relación con sus hijos e hijas.
La mujer entrevistada, que es madre de una niña, explica que:
Desde hace cuatro años vivo sola con mi hija. Antes he vivido con mi
madre y mi ex marido.
También se refiere a jornadas de trabajo demasiado largas, que ha limitado porque
apenas veía a la niña. Por eso estoy trabajando de camarera sólo los días
de fiesta o en algún acontecimiento porque, además, está estudiando
y necesita mi ayuda.
Hay un padre que se refiere a su hija de nueve meses, que vive con la madre, y
explica:
97
Mi hija es muy chiquitina. Con la madre intento llevarme bien porque
quiero que crezca sin movidas y sin gritos. Le dije a su madre que
se quedara con el piso para que la niña estuviera bien. La veo
cuando voy a casa de mis padres, que son muchos días. Mi ex mujer puso la condición de que estuvieran mis padres cuando viera
a la niña.
El que tiene cuatro hijos, de dos relaciones diferentes, está en prisión y en ningún momento se refiere a experiencias compartidas con ellos, o habla de los sentimientos que su ausencia le provoca.
5.2.4. Los hermanos y hermanas
Hermanos y/o hermanas aparecen en 45 de estas historias de vida. Pero la importancia que les conceden y el carácter de la influencia que pueden, o han podido
ejercer en los individuos entrevistados es muy diferente.
En la mayoría de los casos se refiere una buena relación, aunque el grado de
contacto es diferente, y suele disminuir cuando alguno de los hermanos o hermanas, o la persona entrevistada, vive fuera del hogar familiar.
Con mis hermanos como que no… tengo poca relación porque viven
fuera de casa.
Explica un varón de 24 años. Y, en otras ocasiones, esa circunstancia no supone
ningún problema.
Con mis hermanos me llevo muy bien. Y aunque ya no vivan en casa,
suelo estar bastante con ellos.
Hay quien describe una relación conflictiva:
Con mis hermanas tengo una relación muy cercana, aunque a veces también muy conflictiva.
Explica una mujer, estudiante, de 23 años, mientras que otra, de 25 años y perteneciente al grupo de ‘abstinentes’, describe con entusiasmo que está en su casa,
como creía que nunca podría estar.
Y refiere cómo se ha incorporado a las amistades de sus hermanas.
Otro testimonio, también de mujer, considera sus «mejores amigas» a su hermana y su cuñada, con quienes mantiene una «relación buenísima». Fue a ellas a las
que se dirigió en un momento de crisis.
98
Ha habido una temporada, cuando más he consumido, que me hice un
mundo aparte. Me vi tan mal que les pedí ayuda a mi hermana y a mi
cuñada. Veía que sólo consumía y no hacía nada de provecho. Y yo no
soy así. Me encerré en mí misma.
En otra ocasión, también una mujer plantea su decepción por el comportamiento de sus hermanos.
Se han portado muy mal. Después de todo lo que mi padre les ha dado no
quieren saber nada, se han vuelto muy egoístas. Sólo van por la pasta.
Siempre les he tenido idealizados a mis hermanos.
Conviene referirse al hecho de que hay 23 personas que son los y las menores
de la familia. A este número hay que sumar los cinco casos de hijos e hijas únicos
que participan en la muestra. Esto nos da un total de 28 personas —56%— de individuos susceptibles de estar afectados por otro de los factores de riesgo relacionados con el consumo de drogas, que es el de la superprotección.
En relación a esos efectos derivados de una atención y cuidados excesivos, la
doctora Belén del Amo, mantiene: «La finalidad de toda educación es que cada
persona actúe bien y autónomamente. Hacerse mayores lleva consigo la aceptación
de las dificultades. Hacerse a la idea de que no todos los bienes son agradables. De
que hay bienes arduos. De que lo que cuesta mucho a veces es muy valioso, sobre
todo en el crecimiento personal. Esto requiere superar el problema de las facilidades excesivas que padecen las últimas generaciones. Porque son muy negativas las
consecuencias de recibirlo todo hecho. De nadar en la abundancia sin esfuerzo. El
mundo de la vida real es duro, muy duro, al revés de la idea que se les hace concebir por medio de tantas facilidades y tan escasas exigencias. De tanta superprotección. Ésta consiste precisamente en evitarles esfuerzos y problemas, y no digamos
sufrimientos, a los hijos y a los alumnos. La superprotección es un factor de riesgo
psiquiátrico muy grave.
Para conseguir la necesaria autoestima hay que superar la superprotección y sus
secuelas. Y para conseguir la no menos necesaria autoaceptación que acompaña a la
autoestima. Y la asertividad, que la proyecta a las relaciones con los demás y que es
el síntoma significativo de ese grado de madurez y de equilibrio»8.1
8
Conferencia pronunciada en Pamplona el 8 de marzo de 2003.
99
5.3. EN RESUMEN
Las personas que han aportado sus vivencias para que este informe se haga realidad han contado cómo ven su entorno de amistades y familiares.
En todos los casos, incluso en aquellos referidos a personas procedentes de
otros países, y a los que se encuentran en prisión, el entorno descrito es amplio e
influyente. Sus vidas han estado —y están— condicionadas por ese sistema relacional. Y, al mismo tiempo, estos individuos están condicionando ese entorno.
La importancia que ese entramado de relaciones personales tiene en el uso y
el abuso de drogas está probada. No admite discusión. La familia y el entorno de
amistades puede ser un importante factor de protección, o de riesgo, según se
desarrollen las relaciones y en función de las experiencias que el sujeto viva en esos
ámbitos. Y los testimonios permiten hacer algunas puntualizaciones, que se derivan
de la descripción hecha por estas 50 personas.
— El concepto de amistad evoluciona con las circunstancias. Los individuos
que han experimentado diferentes fases del consumo de drogas —desde la
aproximación hasta la dependencia— consideraban una persona poco fiable
a ese mismo individuo que hace no mucho era su ‘colega’, con el que compartía sus momentos de ocio, diversión, y también de consumo.
— El individuo elige al grupo de referencia, y también el grupo elige al individuo.
La elección es mutua, está movida por intereses y tiene consecuencias de
causa-efecto para todos los implicados. Aquí, el cambio sólo es posible si se
produce una modificación en los objetivos que cada uno de los o las integrantes tenía al acercarse a ese conjunto de personas. El grupo ejerce en el
individuo la influencia que él desea recibir. Los consejos sólo se oyen cuando
quieren ser escuchados, y si un miembro del entorno de amistad de alguien
que consume se manifiesta en contra de ese consumo, producirá su rechazo
si no está en disposición de modificar su conducta. En cambio, si desea un
apoyo para cambiar, aprovechará esa oportunidad que se le brinda.
— La influencia de la familia, en cambio, tiene un carácter más sólido. En este
entorno la elección no es posible y cada uno asume la que le ha tocado.
— Además de las muestras explícitas, en este apartado el interés puede venir
de las cifras, o de aquello que no se dice. La importancia numérica de la
ausencia paterna puede ser de interés. Las relaciones frías o crispadas o
la falta de comunicación pueden convertirse en factores de riesgo en relación al consumo abusivo, en este caso de cocaína. Frente a eso, el afecto, la
entrega, la fidelidad de los progenitores; el estar ahí pase lo que pase… Son
factores de protección, que también aparecen y ejercen como tales. Eso se
100
observa de manera meridiana cuando alguien que se encuentra en fase de
tratamiento de la adicción habla de la importancia que la familia tiene en
ese proceso, o de lo que «me han aguantado». Ahí perciben con claridad el
afecto, y eso les genera motivos para el cambio; para no defraudar.
— A los hermanos y hermanas les conceden un papel menos importante.
Aunque son varios los testimonios que se refieren a ellos y ellas con afecto,
con admiración e incluso describiéndoles como las personas a quien han recurrido para superar su peor momento, o para cambiar de hábitos.
— El éxito no define las relaciones de pareja de estos sujetos. Menos de la mitad reconocen la existencia de una pareja estable, incluyendo aquí los que no
conviven. Hay una sola persona que está casada, y cuatro están legalmente
separados. También a este respecto, además de las cifras hablan ellos, y
mientras unos describen relaciones difíciles, incluso violentas, otros se refieren
a su pareja con admiración, respeto y cariño.
— Hay cinco hombres y una mujer que han tenido hijos e hijas. Uno de los hombres ha tenido cuatro y todos los demás uno. Pero apenas se refieren a ellos.
Intuimos que la relación con hijos e hijas es escasa, aunque no lo han descrito,
ni se refieren a eso como una carencia, o un problema para ellos o para sus
descendientes.
— La superprotección en el entorno familiar asoma a este estudio. Hay 23 personas que son los menores de la familia, y a este número hay que sumar los
cinco hijos únicos que participan en la muestra. De nuevo otro de los factores
de riesgo está presente.
101
6. El ocio y el uso
del tiempo libre entre
los consumidores y las
consumidoras de cocaína
El ocio es considerado como un logro de las sociedades del bienestar, como
el espacio donde el individuo se libera de las obligaciones impuestas por el mundo
laboral, la etiqueta y la rutina para dedicarse a aquellas otras actividades que elige
libremente y que le permiten desarrollar algunas de sus mejores cualidades.
Pero también ha sido asimilado por el mercado y está siendo definido por los
criterios del consumo, lo que ha dado lugar a una industria muy activa dedicada a
promocionar actividades que no dejan de expandirse contribuyendo activamente
a crear y establecer determinados estilos de vida.
Disponer de tiempo para dedicarlo a ‘sí mismo’, para ‘liberarse’, es ya un criterio clave en la definición de calidad de vida y, por tanto, de alguna forma, una necesidad. Pero la experiencia del ocio no depende únicamente de disponer de tiempo,
sino de actuar en ese tiempo que se supone propio, de hacer algo considerado
creativo, liberador y de participar de la industria del ocio.
Así, este apartado aborda una serie de aspectos relacionados con el tiempo de
ocio del colectivo entrevistado, como por ejemplo a qué dedican el tiempo libre
(aficiones, prácticas deportivas, lugares que frecuentan), el nivel de satisfacción que
obtienen con esas actividades, qué les gustaría hacer que no hacen y con quién pasan su tiempo libre (pareja, amistades, familiares, etc).
En definitiva, se trata de conocer de cómo dispone la población entrevistada
de un tiempo libre, socialmente definido. De esta manera se aborda el objetivo de
comprobar si este colectivo participa de un determinado estilo de ocio.
6.1. DEDICACIÓN AL OCIO
Sobre la dedicación que dan a su tiempo libre, más de la mitad de la muestra
entrevistada (58%) afirma que la mayor parte lo dedican exclusivamente a «salir de
fiesta», ir a discotecas, pubs e ir de ‘poteo’. Para valorar estos hábitos hay que tener
presente que una parte importante de ellos y de ellas (34%) corresponden al grupo
de edad comprendido entre los 18 y los 24 años.
105
De entrada se puede observar una importante diferencia entre quienes afirman
que salir de fiesta es lo único que hacen y quienes, además, practican otras actividades en su tiempo de ocio. Algunas de las afirmaciones de los primeros son:
A partir de los 22 me he dedicado básicamente al levantamiento de vidrio.
No hago ningún tipo de deporte, mi tiempo libre lo paso saliendo de
fiesta. Lo que hago es irme de bares.
En general no hago nada con mi vida más que venir a clase y salir de
fiesta.
Lo único que hago con mi tiempo libre es: entre semana ir a tomar algo
a alguna cafetería con mis amigas, y los fines de semana pues… discotecas y bares.
Por otra parte, quienes además de salir de fiesta dedican parte de su tiempo de
ocio a otras actividades, puntualizan que lo primero es lo que más les gusta:
…aunque la gran parte de mi tiempo libre lo paso saliendo de fiesta sobre
todo por discotecas y así.
Lo que más hago en mi tiempo libre es ir a bares y discotecas, a donde
sea que me pueda quedar de fiesta hasta tarde.
Lo que más me gusta, de todas formas, es la discoteca, bailar. Cuando voy
no paro quieto.
Es remarcable que los y las protagonistas califican el salir por la noche los fines
de semana como algo normal, como algo que hace todo el mundo:
Me gusta salir como a todo el mundo… Me gusta irme de fiesta por muchas cosas.
Entre el colectivo entrevistado el consumo de cualquier sustancia psicoactiva,
en especial la cocaína, está directamente relacionado con la vida recreativa porque
el consumo se produce en ese espacio social adjudicado al ocio y a la diversión
(Monografía Cocaína, Vol. 13. Adicciones 2001). Dicha relación se puede constatar
también en la encuesta escolar del Observatorio Español 2000.
Así, en numerosas descripciones del colectivo entrevistado se puede observar
dicha relación:
Mi tiempo libre se basa en salir de fiesta, drogarme, jugar a los videojuegos…
106
Mi tiempo libre lo paso en fumar porros y poco más…
…y algunos fines de semana a discotecas o así y afters y llegar el domingo
al mediodía.
Por la noche depende, cuando consumo me voy a sitios donde se consume, bares, discos y afters. Si no consumo, no salgo prácticamente…
Los fines de semana he ido más a grandes discotecas, acá en Bilbao también, ahí sí, me ponía bien a alcohol, cocaína y en varias ocasiones
hemos terminado la noche, bueno, ya de mañana en un club de chicas...
También se encuentra a quienes, gustándoles esos ambientes para su vida recreativa, no acuden por tener miedo a recaer en sus consumos:
Lo que más me gusta, de todas formas, es la discoteca, bailar. Cuando voy
no paro quieto. Sé que a las discotecas a las que he ido normalmente
no puedo ir porque allí se mete todo el mundo. Ese ambiente no lo
quiero ver ni en pintura. Yo llamo discotecas a los pubs de Bilbao,
esos locales donde también puedes bailar y te lo pasas bien.
El tiempo de ocio lo dedicaba a jugar al fútbol, a salir de fiesta, a discotecas. Pero no ha sido al mismo tiempo, las discotecas vienen a la vez
que la cocaína.
Por otra parte, la segunda opción de entrevistados y entrevistadas para llenar su
tiempo libre es hacer todo tipo de deportes (un 38%), siguiéndole la música (18%),
la televisión (14%), el ordenador (12%) y por último la play station con un 6%.
Yo he hecho mucho deporte, he sido hasta levantador de piedra una
temporada y después me ha gustado mucho la mountain-bike, he
practicado también king-boxing, me gustaba mucho como deporte y
me gusta mucho hacer pesas.
Me gusta, por ejemplo, ir al monte, estar ahí con tus amigos en el monte
en otro rollo. No es como estar en la calle, se está en un ambiente
natural, es guapo. Por cambiar un poco también...
La música, es lo que más me gusta. Tengo un grupo, toco en un grupo,
llevó en él dos años. Siempre mi tiempo libre, más o menos, a lo largo
de mi vida, lo he dedicado a la música.
El tiempo libre lo dedico sobre todo a tocar la guitarra, puedo pasar horas y no me entero.
107
El ocio lo paso en la televisión…
Me gusta mucho ir al cine, también ver pelis de video en casa, me gusta
mucho la televisión, me suelo quedar hasta tarde viendo algún programa…
Mi tiempo de ocio lo dedico a salir con los amigos y con la novia y a jugar
con la play.
Me gusta mucho ir a un ciber y chatear con mis hermanos. También
me gusta muchísimo jugar al fútbol… Además de eso, me gusta la
play-station.
Existen también casos que afirman no tener espacio en su vida para su tiempo
de ocio (8%), aunque habría que puntualizar que gran parte de estos trabajan en la
hostelería.
Casi no tengo tiempo libre…
Ocio tengo muy poco entre semana, y los fines de semana también muy
poco. Lo que pasa que yo he elegido una profesión en la que se me
junta, que intento juntar el ocio y el trabajo.
Mi tiempo libre…, si no tengo tiempo libre.
Tiempo libre prácticamente no tengo, trabajo seis días a la semana y el
domingo suelo estar a ver un poco la tele, a dormir y poco más, porque yo abro a las seis de la tarde y cierro cuando toca, alrededor de
la una o las dos.
Explica otro varón hostelero de 32 años, quién añade muy claramente:
El tiempo libre lo paso trabajando, trabajando.
Por tanto, se puede concluir que existe una conexión entre las denominadas
salidas festivas y el consumo de cocaína, ya que la gran mayoría del colectivo entrevistado que actualmente ingiere esta sustancia, tiene como prioridad a la hora de
ocupar su tiempo de ocio el «salir de fiesta».
6.2. CON QUIÉN COMPARTEN SU TIEMPO DE OCIO
En este apartado se observa una notable diferencia en el colectivo estudiado,
entre quienes en estos momentos reciben tratamiento y quienes no han ingresado
nunca en ningún centro de este tipo. Esta diferencia consiste en que los y las que se
108
encuentran en tratamiento gozan de una vida recreativa muy diferente a quienes no
están en esa situación.
Así, las personas entrevistadas que en la actualidad se encuentran en tratamiento, comparten gran parte de su tiempo libre con la familia o la pareja mientras que
la gran mayoría de las que no están en esa situación pasan su ocio con amistades y
novios o novias exclusivamente, relegando la familia al tercer lugar. En este sentido
se manifiestan la gran mayoría de los individuos entrevistados que están en tratamiento:
Mi tiempo libre, ahora lo paso con mi familia, porque no conozco a nadie
que no haya consumido ningún tipo de droga y aquí se nos exige, yo
si voy con la cuadrilla que he andado toda la vida fuman hachís.
En estos momentos salgo con este amigo, mis padres y mi hermana.
El tiempo libre lo paso solo o con mi familia, voy a verles.
Si bien en otros dos casos alegan estar más libres y compartir esporádicamente
algo de su tiempo con alguna persona amiga, pero siempre sin dejar a la familia:
Mi tiempo libre lo paso con parejas, familia y la caza.
Mi tiempo libre lo paso con mis padres y mi novia. El otro día fui a un
concierto y sí fui con unos amigos, otra pareja, pero con los amigos,
desde que entre aquí, no tengo relación.
Un varón de 29 años añade:
Con los amigos tampoco estoy apenas, ya que el resto del tiempo lo paso
con mi chica o con mi hija.
En el otro colectivo, el que abarca a quienes no están en tratamiento, la percepción es muy diferente a la expresada por quienes sí lo están. Para la mayoría de
éstos y de éstas el concepto de con quién pasar el tiempo libre tiene un significado
muy distinto, como:
El tiempo libre lo paso con mis amigas y mis parejas; la familia la verdad la
veo poco…, con mi hermana pequeña salgo como amiga.
Suelo salir con mi pareja sobre todo y con mis amigas.
Suelo pasar mi tiempo libre con mi novia y amigos, pero menos con la
familia, más con la novia.
Uno de los entrevistados añade que:
109
En general, mi tiempo libre lo paso con mi novia y mis amigos, con mi familia no paso mucho tiempo, la verdad es que mi vida personal nunca
la he compartido con mi familia.
Existe otro testimonio de un varón de 30 años que define a los amigos como
una familia:
El tiempo libre lo paso con los amigos, con la familia muy a gusto…, y
con los amigos que es como parte de otra familia, paso mucho más
tiempo con los amigos; que igual estoy con ellos dos o tres veces al
mes pero es como si fuera mi familia no de sangre.
Por otro lado, hay un porcentaje menor que afirma que le gusta compartir su
tiempo de ocio con sus parejas y amistades pero diferenciando la compañía si ese
tiempo de ocio se produce por la noche o por el día y para consumir algún tipo de
sustancia o no.
Normalmente es mi pareja; pero si se trata de salir por la noche y consumir, entonces busco la compañía de conocidos, o incluso me decido
a salir solo.
En cuanto a la compañía que elijo para compartir mi tiempo de ocio,
normalmente es mi pareja, amigos y conocidos; aunque en alguna
ocasión reconozco haber salido a bares y locales de noche solo.
Otro varón reconoce que:
En los momentos donde el consumo de cocaína era mayor no me gustaba
la gente porque la cocaína es muy depresiva, te hace estar mal, solo
estás bien en el momento que la tienes. Cada día es levantarse y…
pierdes toda la ilusión, no tienes ningún objetivo.
De lo anterior, se puede deducir que las amistades, la pareja y la familia son las
tres opciones más elegidas por el colectivo entrevistado, siendo un factor clave de
diferenciación el hecho de que estén o no en tratamiento de cocaína.
6.3. QUÉ LES GUSTARÍA HACER Y NO HACEN
Respecto a las inquietudes que tiene el colectivo entrevistado sobre lo que les
gustaría hacer y no hacen se observa que la gran mayoría coincide en torno a la misma respuesta: practicar deporte y en especial, los denominados deportes de riesgo,
como puenting, escalada, paracaidismo, snowboard, ski y los deportes de contacto
(artes marciales, karate, etc.).
110
Otra de las respuestas más comunes son las opciones de viajar, tocar algún instrumento, tener tiempo para leer y una minoría menciona el estar sin compañía, es
decir, les gustaría pasar su tiempo de ocio en soledad.
Así las actividades que preferirían y no hacen se pueden clasificar en dos grupos:
por un lado los deportes, incluidos los de riesgo (que son los más nombrados) y por
otro el resto (viajar, música, leer, etc.).
La razón a la que más han aludido para ‘querer y no poder’ realizar este tipo
de actividades ha sido el coste de las mismas. Es decir, muchos y muchas explican
que no acuden a disfrutar de estos deportes por lo que su precio supone para sus
economías. Otros individuos entrevistados también han hecho referencia al trabajo,
explicando que no les deja tiempo dado que les absorbe demasiado.
Entre las respuestas de las personas que han nombrado la opción de practicar
deportes en su tiempo de ocio, se mencionan las siguientes aficiones:
Sí es verdad que me gustaría volver a jugar al fútbol con mis amigos, es lo
único que echo en falta.
En deporte me gusta mucho el trecking, me gusta mucho y tengo que
descubrir más cosas. Cosas tranquilas, me gustaría buscar orientación
de hobbys, porque me parece súper importante.
Como referencia de quienes optan por el deporte que supone cierto grado de
riesgo, pueden reflejarse los siguientes testimonios:
En cuanto a algo que me gustaría hacer y no he hecho, pues me gustaría
hacer deportes de riesgo, snowboard, paracaidismo,...
Lo que me gustaría hacer y no hago es lo que he comentado de full-contact, cualquier cosa de defensa personal.
Me gustaría hacer puenting o algún deporte de riesgo. Eso sí que me
gustaría para liberar toda la adrenalina.
Me gustaría hacer las «artes marciales», «kárate», «yoga», me gusta pensar, relajarme.
Algo que me gustaría hacer sería, que me llevaran a un pico (monte) con
mi tabla snowboard y surfear; eso sé que no puede ser…
Otro varón de 21 años añade:
En cuanto a algo que no haya hecho nunca y que me gustaría probar, pues
me encantaría hacer paracaidismo, y lo haré, lo que he querido hacer
lo he hecho...
111
Tal como anteriormente se ha comentado, varios testimonios indican que no
hacen ese tipo de actividades deportivas por ser muy costosas o por no tener tiempo para realizarlas, en las manifestaciones que siguen se unen las dos razones:
También hay deportes que me gustaría practicar como el snowboard.
Me da un poco de miedo porque soy «cabra loca» y al final sería de
los que acaban yendo «fuera de pista». Además es un deporte muy
caro.
A mí me gustaría hacer en plan deportes de riesgo, lo que pasa que no se
puede por la economía. A todo no se llega.
Practicar el esquí y el snow, me gusta pero por falta de tiempo y de dinero, no lo hago.
Sí me gustaría hacer ski pero es que es muy caro, y si no puedo, pues
ponerme un poco en forma, nadar.
Una mujer de 30 años añade:
Dedico menos tiempo al ocio del que me gustaría, porque me absorbe el
trabajo…me gustaría salir al monte pero como no tengo coche ni carnet, dependo de alguien que me lleve y a veces lo echo de menos.
Otro varón asegura:
Me gustaría engancharme con el deporte otra vez, a ver si ahora que empieza el año hago alguna cosilla, lo que pasa es que al estar de noche,
ando con el tiempo justo también.
En uno de los casos, el entrevistado añade:
Hay muchas cosas que me gustaría hacer y no se puede por falta de pelas,
por ejemplo salir aun más de fiesta.
Por otro lado, entre quienes responden que les gustaría hacer otro tipo de actividades, como viajar, tocar algún tipo de instrumento o leer, se encuentran quienes
mantienen:
Me gustaría hacer y no hago, ir de viaje, aunque lo hago cada vez que
puedo.
Me gustaría viajar más. Solemos viajar, pero me gustaría poderme permitir el lujo de hacer más viajes.
Otras dos mujeres de 24 y 23 años, añaden:
112
Cosas que me gustarían… viajar más, tener más tiempo para mí y mis
amigos, conocer sitios nuevos.
Me gustaría hacer un montón de cosas, aparte de conocer un montón de
culturas, de idiomas, de saber, de conocer. Tengo muchísima curiosidad por todo.
También se encuentran otro tipo de declaraciones, como:
Me gustaría tocar el piano. Me gustaría, por ejemplo, en el rollo cultureta
poder moverme más, y el fin de semana que suelo salir me gusta
auto.
Lo que me gustaría hacer en el tiempo libre es tocar la guitarra, cantar.
Antes tocaba la guitarra pero ahora lo tengo olvidado. Me gustaría
retomarlo.
Me gustaría hacer de todo, me gustaría ser más constante, pintar, escuchar a la gente y saber qué me dice, realmente lo que más me gustaría
seria pintar.
En otros dos casos relacionados con la lectura explican que:
Me gustaría pasear, conocer más las calles, un poco de deporte, leer…
poco más.
… y me gustaría leer más, que no leo nada ya y estar más tiempo solo,
viajar.
También se encuentran quienes afirman:
Me encantaría arreglar la moto e irme por ahí, ir con mis tíos al caserío
y pintarlo, dar de comer a los perros y a los conejos allí, cortar la
hierba, y no ir a destrozarlo, como he ido con los colegas. Quisiera
comprar un coche, no tengo.
Asimismo, las razones por las que atestiguan que no pueden realizar las actividades que desean, en estos casos son muy similares a las anteriores comentadas,
la economía es el factor fundamental del querer y no poder, pero con diferentes
testimonios.
Me gustaría viajar más, no lo hago por la falta del dinero. Pero creo que
no hay ninguna otra cosa que no haga y me gustaría.
La verdad es que, por una parte, tengo muy poco tiempo, y por otra tampoco es que tenga mucha gente con los que comparto aficiones… Yo
113
creo que hay muchas cosas que me gustaría hacer en el tiempo libre
que no hago…igual irme a pasar el día a Donosti, otro día a Gasteiz,
otro a Laredo. Coger una tarde libre y pillar el bus e irte por ahí, eso
es lo que me gusta.
Dos entrevistados emiten opiniones más confusas cuando explican que:
Sí me gustaría hacer algo, pero no sé el qué. Bueno me gustaría ir a esquiar, pero es muy caro. La verdad es que no me importa mucho no
tener aficiones.
No se me ocurre nada que no hago y sí me gustaría hacer. Igual ir a esquiar. He ido varias veces y me mola mogollón, pero tampoco lo echo
mucho en falta. Además es súper caro.
Un varón de 32 años, define la influencia que han tenido sus consumos a la hora
de realizar en la actualidad las actividades que le hubieran gustado:
Me gustaría seguir haciendo lo que hago, esquiar, monte, etc. Si me
preguntas qué tendría que hacer de aquí a dos años pues... dos
viajecitos al extranjero, porque me he gastado tantos millones en
drogas; he perdido todo el pequeño patrimonio que he tenido, lo
perdí y cuando consumes mucho el dinero es solamente para eso,
mi idea es en los dos próximos años hacer dos viajes de 15 días al
extranjero.
Con todo lo anterior comentado, se puede concluir que la gran mayoría del
colectivo entrevistado atestigua que ‘el querer y no poder’ se debe básicamente al
gasto que les puede suponer para su economía, siendo las actividades más mencionadas las deportivas y en concreto las de riesgo.
6.4. GRADO DE SATISFACCIÓN CON SU TIEMPO DE OCIO
A la hora de recoger la satisfacción que tiene el colectivo entrevistado con su
tiempo libre, ha resultado que la mayoría de las personas entrevistadas no ha respondido a esta pregunta de manera clara.
No obstante, una parte numerosa de quienes han contestado afirman estar
contentos y contentas con las actividades que realizan en su vida recreativa (45%),
mientras que en segundo lugar se encuentran quienes tienen una satisfacción media
(29,5%), ocupando el último lugar los y las que no muestran satisfacción con la utilización que hacen de su tiempo de ocio.
114
Las afirmaciones de quienes dicen estar a gusto con su tiempo libre son de este
tenor:
Sí estoy satisfecho con mis actividades, tengo mis más y mis menos, pero
estoy contento.
Mi nivel de satisfacción con respecto a mi aprovechamiento del tiempo
libre es bastante bueno, hago lo que me gusta y cuando tengo días
libres o vacaciones me suelo ir a viajar por ahí, y a visitar amigos y
conocidos que viven en otras ciudades.
Me siento bastante satisfecho con respecto al modo en que aprovecho
mi tiempo de ocio.
Estoy bastante contento con lo que hago…
Un varón de 33 años añade:
Estoy contento porque estoy con la gente que me acompaña y me
quiere.
Mientras otros dos afirman estar satisfechos pero añadiendo:
Estoy satisfecho pero se podrían hacer más cosas.
Estoy satisfecho pero se podrían hacer más cosas, salir más los fines de
semana a visitar sitios o así, pues por ejemplo viajes.
Otro de los entrevistados habla de estar satisfecho sólo cuando consumía cocaína:
Estaba satisfecho porque estaba drogado.
También un varón de 21 años explica que:
En cuanto al tiempo libre estoy satisfecho con mi aprovechamiento del
mismo, especialmente en las temporadas de no consumo, y en esos
periodos de no consumo ese tiempo lo comparto con mi pareja y
también con amigos; en cambio cuando consumo, ese tiempo lo
comparto exclusivamente con conocidos.
Por otro lado, los y las que afirman tener una satisfacción media señalan:
El nivel de satisfacción sobre cómo paso el tiempo de ocio lo situaríamos
en un nivel medio.
Otro incide en el mismo sentido:
115
La satisfacción de lo que hago es media, creo que es por falta de
tiempo.
Alguno de los entrevistados diferencia entre la satisfacción respecto a su tiempo
libre entre el fin de semana y los días laborables, definiendo:
Entre semana el grado de satisfacción es bajo. Veo que es poco ocio y
necesito bastante más. El fin de semana lo veo bastante cumplido
y estoy contento con él.
También afirma uno de los entrevistados:
Mi nivel de satisfacción con respecto a mi aprovechamiento del tiempo libre es más bien medio, a veces lo aprovechaba bien (deporte, ciber),
y otras veces, esas que salía de noche hasta tarde, pues no me siento
muy satisfecho
Por último, hay quienes manifiestan insatisfacción con la aportación que les
supone su tiempo libre, explicando que siempre se puede hacer más de lo que
se hace, o que el trabajo no les deja disfrutar todo lo que quisieran, como por
ejemplo:
Del todo satisfecho nunca, ya te digo que siempre quiero buscar más
cosas, me gusta probar de todo.
Por mi trabajo estoy muy poco satisfecho de mi tiempo de ocio, porque
cuando la gente se divierte, entonces yo tengo que trabajar y lo tengo
asumido y son seis años ya todos los fines de semana a las seis de la
mañana
En conjunto, se puede concluir que están contentos y contentas con el disfrute
de su tiempo de ocio, aunque sí es verdad que les gustaría poder practicar otro tipo
de actividades, como han expresado.
6.5. EN RESUMEN
Tras lo expuesto, más que llegar a establecer si la población entrevistada comparte un determinado estilo de ocio, que pudiera estar influido por su calidad de
consumidores y consumidoras de cocaína, lo que sí cabe afirmar es que el empleo
de su tiempo libre está condicionado bien por el nivel de su consumo o también por
el momento que atraviesan en sus trayectorias de consumo de cocaína. Es decir, los
factores que aparecen como más influyentes son el que se trate de personas con un
116
consumo moderado o alto y, sobre todo, el que se hayan planteado el abandonarlo
y/o estén siguiendo un tratamiento de desintoxicación.
— Así quienes consumen dedican casi íntegramente su tiempo libre a salir de
fiesta. De este hecho no cabe extraer grandes conclusiones ya que se trata
de un hábito común entre la juventud. Lo remarcable es que para éstos y éstas la compañía que eligen en su tiempo de libre disposición está claramente
tintada por lo que van a hacer. Evidentemente no van a ir a consumir en familia, irán con sus colegas o, a veces, con sus parejas dependiendo de que éstas,
a su vez, consuman. Además llegan a discriminar el estilo de amistades con las
que van a salir esa noche en previsión de sus planes de consumo.
— Este comportamiento es bastante obvio pero de los testimonios aquí recogidos se trasluce —aunque no es el objeto de este apartado— que el consumo
severo condiciona las relaciones con las amistades, con hermanos y hermanas
y que quienes consumen a ese nivel mantienen escaso contacto con su familia.
— En cuanto a quienes se han planteado moderar el consumo o abandonarlo,
evitan las salidas en plan de fiesta pues temen no ser capaces de controlarse y
por ello recurren a la pareja abstemia y a la familia como refugio «sin».
— Las aficiones de quienes tienen además otras actividades lúdicas se orientan
mayoritariamente hacia el deporte, singularmente el deporte de riesgo que
conlleva emociones fuertes. La música también atrae a una parte de la población entrevistada.
— El grado de satisfacción que se deriva del empleo del tiempo libre es moderado. Quienes se dedican a ir de fiesta (consumo incluido) hacen lo que les
agrada y en ningún caso mencionan dificultades económicas para realizar esos
planes, dificultades que sin embargo son reiteradamente expresadas por entrevistados y entrevistadas al hablar de poder permitirse la práctica de ciertos
deportes.
— Para algunos y algunas la escasez de tiempo libre es un obstáculo y son menos
quienes apuntan que el consumo al haber sido prioritario para ellos y ellas ha
centrado su interés y ha absorbido todo su dinero alejándoles de otras alternativas de disfrutar de su ocio.
117
7. El consumo de drogas
visto por los consumidores
y las consumidoras de
cocaína
El presente apartado muestra una nueva descripción de las personas que
conforman este estudio, en este caso, en relación al consumo de drogas, y más
concretamente, en relación al consumo de cocaína. Se trata de reflejar el tipo de
sustancias consumidas, sus preferencias a este nivel, las razones para consumir,
cómo fueron sus inicios, las características del consumo, cuáles son las circunstancias detonantes del consumo, cuánto dinero se destina a este fin, y finalmente, cómo afecta este consumo a sus vidas. Se trata en definitiva de exponer las
pautas de consumo de la muestra, así como de establecer diferencias, en la
medida de lo posible, entre los diferentes subgrupos apreciados en la población
entrevistada.
7.1. SUSTANCIAS CONSUMIDAS
La gran mayoría de las personas entrevistadas ha consumido a lo largo de su
vida diferentes tipos de drogas, aunque fundamentalmente los consumos más significativos a lo largo del tiempo, han sido los de alcohol, hachís, speed y cocaína.
Otras drogas como el éxtasis, los tripis y la ketamina obedecen a consumos mucho
más minoritarios o puntuales. En relación a la heroína, tan sólo tres de las personas
entrevistadas han probado esta sustancia; dos de ellas, en prisión en la actualidad, la
consumen habitualmente.
En cuanto al consumo actual, las drogas más consumidas por el colectivo entrevistado son el alcohol, el hachís y la cocaína. Hay que puntualizar que algunas de las
personas entrevistadas, fundamentalmente las que reciben tratamiento en la actualidad y aquellas que se encuentran en prisión, no han consumido ninguna de estas
sustancias durante los últimos meses.
Como característica relevante a destacar, podemos mencionar la asociación
entre el consumo de cocaína y el consumo abusivo de alcohol en un porcentaje importante de la muestra del estudio (52%). En palabras de los propios sujetos entrevistados, la cocaína se complementa con el consumo de alcohol, ya que permite un
mayor consumo de esta sustancia.
121
El problema gordo lo he tenido con el alcohol y la cocaína como adicción.
Yo creo que el consumo de alcohol y cocaína van muy unidos; normalmente el que toma cocaína toma también alcohol. A veces incluso
para quitar una borrachera, te metías una raya y te quedabas como
nuevo.
La cocaína te pide consumir alcohol, para nivelar.
Alcohol sí, con el tema de la farlopa, pues sí, para equilibrar.
El alcohol lo tomo después de la coca … para quitar la rayada que te da.
Suelo consumir cocaína, sobre todo cuando bebo alcohol.
Cuando consumo cocaína me gusta tomarla con alcohol, también puedes
tomarla con agua, pero no es lo mismo. Es lo que me gusta, meterme
una raya y consumir un cubata. Es como un ritual.
Cuando consumo cocaína bebo una burrada, aguanto muchísimo, cuando
veo que decaigo me meto otra raya.
7.2. CONSIDERACIÓN DE SU DEPENDENCIA
Salvo muy pocas excepciones, la mayoría de quienes han sido entrevistados
no se ha considerado dependiente de ninguna sustancia en ningún momento de su
vida, ya que tan sólo 16 de las 50 personas entrevistadas, reconoce ser drogodependiente.
Creo que he tenido mucho enganchón, porque consumía una barbaridad.
Sé que seré un drogodependiente toda la vida, sé que si dentro de 10
años pruebo un poco, ya la he fastidiado.
¡Pues claro que me considero yonky! Soy muy consecuente y sé que he
sido toxicómana.
Yo he llegado a consumir compulsivamente, yo he sido un cocainómano
compulsivo.
Me considero drogodependiente siempre, aunque no consumas siempre
seré drogodependiente, de por vida… ahora lo tengo muy claro…
122
En relación a la sustancia de abuso la gran mayoría responde que sería la cocaína, salvo en muy pocos casos, en los cuales reconocen ser dependientes de otras
sustancias, concretamente en dos casos se consideran dependientes del hachís y en
un solo caso del speed.
Es remarcable que tan sólo un 38 % del colectivo de personas que han recurrido a un tratamiento reconozca ser dependiente de alguna sustancia. La mayoría
mantiene tener o haber tenido un problema con la sustancia, pero no ser drogodependiente.
No me he considerado nunca dependiente de la sustancia, ni toxicómano, ni nada de eso.
Ahora no me considero toxicómano. Antes, durante los tres meses que
consumí tanto...pues no sé, lo estuve pensando si era o no era toxicómano.
7.3. INICIO EN EL CONSUMO DE COCAÍNA
Con respecto a la edad de inicio en el consumo de cocaína se puede observar
que muchos componentes del colectivo entrevistado para este estudio se han iniciado en el consumo a edades muy tempranas, ya que casi la mitad de los entrevistados y entrevistadas han probado esta droga siendo menores de edad.
La edad media de inicio al consumo de cocaína entre las personas entrevistadas
se sitúa en los 17 años, sin diferencias significativas por sexo. Tampoco han sido
apreciadas importantes diferencias entre quienes han recurrido a un tratamiento, la
población reclusa y el resto de la muestra.
En relación a las circunstancias que rodean a este primer consumo la respuesta
es casi unánime, en el sentido de que la mayoría tuvieron un primer consumo en un
contexto recreativo (nochevieja, fin de semana, fiestas patronales).
Empecé a consumir con 16 años. Me acuerdo de aquel día en la discoteca
Image de Berango.
Mi primer consumo de cocaína fue en un fin de semana, por la noche, en
la casa de una amiga.
Empecé a consumir en un bar… en una fiesta, no me acuerdo si en nochevieja, o las fiestas el barrio.
123
Empecé muy joven, de juerga con los amigos. Íbamos a fiestas, a gansos,
a las fiestas de los pueblos. Echábamos cocaína a los katxis…
Cuando probé la cocaína estaba en una cena del euskaltegi.
Cabe destacar que dos personas de la muestra señalan que empezaron a consumir esta sustancia en su entorno laboral, concretamente el de la hostelería. De
hecho, uno de los colectivos más relacionados con el consumo de cocaína es el de
los y las profesionales de este gremio.
Yo empecé en el ambiente de la noche de la hostelería… tengo muy claro
que si pudiera volver atrás no volvería nunca a consumir, ni me metería a trabajar en hostelería.
Empecé a consumir cocaína en el bar en el que trabajaba.
Tan sólo un varón entrevistado indica que su consumo comenzó durante el
Servicio militar.
La primera vez que la probé tenía 18 años. Estaba en la mili y consumíamos para divertirnos.
Por otra parte, todas las personas entrevistadas coinciden en que esta sustancia
fue ofrecida por algún amigo o conocido.
La primera vez que probé fue con 16 años y me la ofrecieron unos amigos…
Empecé a consumir con 18 años, con los amigos. Casi toda mi cuadrilla
ha sido consumidora.
Un día de fiesta me ofrecieron los amigos, y tal y vamos a probar.
La consumí concretamente, con un amigo mío que estudié con él. Con
él empecé…
En el caso de las mujeres, casi la mitad de ellas fueron introducidas en el mundo
de la cocaína a través de un amigo especial, novio, etc.
Consumí cocaína de manos de un hombre como con casi todas las drogas.
Andaba con un chico que consumía y le tenía muy cerca y ahí empecé a
consumir.
En fiestas de Bilbao conocí a mi novio que me introdujo en el tema del consumo de drogas. Fui a vivir con él porque en casa no estaba bien…
124
Yo empecé sobre todo cuando comencé a salir con mi ex novio. Él consumía, pero tenía muchísimo control...
7.4. RAZONES PARA INICIAR EL CONSUMO
La mayor parte de la población entrevistada en este estudio señala la curiosidad
como una de las razones principales a la hora de empezar a consumir cocaína.
La probé por curiosidad, como todo el mundo consumía…dije, vamos a
probar la coca a ver qué hace eso.
Más que nada por curiosidad, por lo que te contaba la gente de lo que te
hacía sentir.
Fue por curiosidad, nos atraen en cierta manera las drogas, es una experiencia diferente.
Lo hice por curiosidad, creo que hay que probar de todo, de hecho creo
que he probado todo tipo de drogas.
Un porcentaje más pequeño del colectivo entrevistado señala también la
presión social o la necesidad de sentirse integrado en un grupo. Precisamente,
la presión por parte del grupo para consumir es una de las variables explicativas del
consumo de sustancias.
Lo hice porque se consumía entre los amigos, no iba a ser el más cagón.
Iba con gente mayor que lo hacía, y es la típica actitud de chaval que no
quiere quedar mal.
Yo creo que empecé para ser igual que la gente, para estar como ellos,
para juntarte a gente.
Consumía porque mis colegas lo hacían también, y en fin, es porque consume todo el mundo, yo no me iba a quedar atrás.
Yo empecé por dejarme llevar un poco por el ambiente de los amigos…
Una minoría señala también, entre otras razones, la diversión, la moda o el
atractivo de las drogas, la forma de vida…
Yo no creo que fue por curiosidad, sino porque es lo que había.
Estaba con unos amigos en la discoteca, me ofrecieron y la probé, ¿por
qué no?
125
Antes había consumido speed. Me invitaron en ese momento y accedí.
Me apetecía meterme algo.
Creo que lo hice por divertirme.
Considero que lo que buscaba, era no sé, pasármelo bien.
El consumo formaba parte de mi estilo de vida, siempre he robado…
7.5. RAZONES PARA SEGUIR CONSUMIENDO
Los motivos por los que la población de la muestra consume en la actualidad
son muy variados. Por un lado, predominan los testimonios de quienes dicen utilizar
esta droga fundamentalmente para divertirse o por placer. En este sentido, algunas
de estas declaraciones hacen referencia a los efectos de esta sustancia (sentirse de
forma diferente, evitar el cansancio, ser más abierto, etc.).
Yo consumo por placer, porque me parece muy útil y muy creativo en
ciertos momentos. Igual para tener conversaciones, para hablar con
gente, para divertirte de otra manera.
Sigo porque me gusta, para divertirme y no sé, para disfrutar el momento.
Ahora consumo por gusto, es parte de la diversión.
Me gusta mucho la fiesta, sin droga también, pero con droga me gusta
más.
Por otro lado, un número ligeramente menor de personas entrevistadas argumenta que consume esta sustancia con la finalidad de eludir sus problemas.
Para tapar los problemas, por supuesto, se supone que en ese estado te
quitas los problemas, o por los menos, los tapas.
Llega un momento que para tapar los problemas haces locuras…La droga elimina la sensación de problemas, los tapa y te produce un falso
bienestar.
La verdad es que la consumía porque me encontraba mejor, me evadía de
los problemas y me relacionaba mejor.
También se desprende de las declaraciones de otras personas entrevistadas que
el ambiente en el que viven o se encuentran, puede ser determinante a la hora de
consumir cocaína.
126
La verdad es que no sé por qué la sigo consumiendo. Supongo que al salir
de fiesta y ver a mis amigos, no lo puedo evitar.
La rutina, porque estás con la misma gente, la misma marcha, el mismo
sitio. Al final, salir de ese círculo, una vez que llevas tiempo, es difícil.
Sigo consumiendo por el entorno en el que te relacionas, te mueves con
gente que están con el rollo y al final te metes en él, influye mogollón.
Existen testimonios también de quienes declaran haber consumido por motivos
laborales.
El consumir drogas me ayuda bastante, sobre todo cocaína, me da el
subidón. Necesito un estimulante para trabajar.
Para trabajar, de camarero, porque te deja tranquilo.
Un poco por cuestión de que yo el viernes y el sábado tengo que estar en
el bar y no aguanto, se me caen las pestañas…
Volví sobre todo por el estrés del curro. El curro de recaudador es muy
estresante. No es cansancio físico, es estrés mental...
En otros casos el motivo señalado es contrarrestar los efectos de algunas otras
sustancias, como por ejemplo los del speed y los del alcohol.
Si estás demasiado de subidón, para bajar un poco, si has tomado speed
a última hora tomas para no estar tan arriba.
Yo la consumo porque aguantas más bebiendo…
Yo no busco los efectos objetivos de la cocaína, la consumo para bajar el
alcohol en sangre.
Por último, hay dos casos de personas que confiesan seguir consumiendo ante
la imposibilidad de abandonar el consumo.
Yo sigo consumiendo de vez en cuando, pero estoy intentando dejarlo.
Sigo consumiendo porque estoy enganchada. No hay otra cosa.
Seguí consumiendo por diversión, pero al final porque me enganché.
7.6. PREFERENCIA EN CUANTO A LA SUSTANCIA
En relación a la preferencia con respecto a las drogas consumidas la gran mayoría de las personas entrevistadas consideran que prefieren la cocaína en compara127
ción a otras sustancias. Las razones son, fundamentalmente, los efectos inmediatos
de esta droga.
He preferido la cocaína a otras sustancias porque me da mucha energía,
te sientes que puedes hacer de todo.
Prefiero la cocaína porque es un estimulante… me ayuda bastante... me
da el subidón.
Sí que prefiero la cocaína a otras sustancias. Sobre todo por los efectos y
me siento y me sienta mucho mejor.
Prefiero la cocaína, creo que es la mejor psicológicamente.
La preferida para mí era la cocaína. Sí, porque el hachís me daba muchas
paranoias y el speed, a lo largo de los días también, si lo consumía de
seguido terminaba con paranoias. La cocaína no llego a darme tantas
paranoias.
Me gustan las sensaciones que me produce esta sustancia comparativamente con otras que haya probado.
Otra de las razones para preferir esta sustancia hace referencia a los efectos del
día siguiente.
Prefiero la cocaína a otras sustancias porque me despierta, me activa, me
llena de energía, puedo con todo y cuando llego a casa me fumo un
porro y me duermo.
Prefiero la cocaína a otras sustancias porque me despierta, no me emborracha, y cuando llego a casa me duermo.
Prefiero la cocaína a otras sustancias, sobre todo porque la resaca es
diferente.
Con la cocaína no me siento mal al día siguiente. Me gusta por los efectos
que tiene después.
Con la cocaína al día siguiente estás normal, puedes comer con tus padres. Pero si tomas pastillas, speed o anfetaminas, al día siguiente tu
cara no es buena, no puedes comer, no duermes.
Un grupo importante, aunque ligeramente menor de personas entrevistadas,
confiesa que sus preferencias con respecto a las sustancias varían en función del
momento y de las circunstancias.
128
Yo creo que según en cada momento... si es para tener una conversación
con una gente, con unos amigos y tal, pues igual prefiero la cocaína. Si
es para salir... o sea, según en que circunstancias, prefiero una u otra.
No sé si prefiero la cocaína a otras sustancias…Es que depende de la
situación y de la temporada, eso también va por temporadas. Creo
que no tengo ninguna droga preferida.
Trabajando o estando de fiesta de una forma más tranquila pues sí, porque el estado en que te encuentras es más tranquilo y más relajado.
Pero si lo que he buscado es irme de fiesta y olvidarme de todo, pues
mejor otras, como el speed.
No prefiero la cocaína a otras drogas, en realidad me gusta más la ketamina, pero depende en qué situación; encerrado prefiero la cocaína…
Finalmente, un número pequeño de individuos prefiere otras sustancias a la cocaína.
No diría que la cocaína la que más, igual las anfetaminas podría ser preferente, entre una y otra….
Antes sí porque era lo que estaba ahí día a día, porque se hacía más vida
con ella… por la moda. Ahora mismo no prefiero la cocaína.
No prefiero la cocaína frente a otras sustancias porque no me aporta
tanto como otras drogas, no sientes mucho lo que te hace...la cocaína
sólo la utilizo para estar en el momento o para aguantar o para llevar
mejor la noche.
No prefiero la cocaína a otras porque soy un poco tímida y con la coca
me quedo dura, me voy hacia adentro, me canso mucho y no es
divertido. Hay otras sustancias que me divierten y me aportan algo,
entonces la coca tiene ahí ese punto negativo…
7.7. CARACTERÍSTICAS DEL CONSUMO
En este punto se trata de constatar la frecuencia del consumo, la cantidad de
cocaína consumida habitualmente, así como la forma elegida a la hora de consumir
esta sustancia por parte de las personas entrevistadas en este estudio.
En primer lugar, y en relación a la frecuencia del consumo, es lógico pensar que
pueden existir diferencias importantes entre aquellas personas que han recurrido a
129
un tratamiento, y aquellas que no se encuentran en dicha situación. Efectivamente,
existen diferencias relevantes entre estos dos grupos, ya que el 75 % de las personas que se encuentran realizando un tratamiento han tenido un consumo diario de
esta sustancia. Sin embargo, y en relación al resto de la muestra, podemos observar
que, a excepción de un solo caso, este consumo se limita a un consumo mucho más
esporádico, fundamentalmente centrado en los fines de semana.
Mi consumo en los últimos años ha sido casi todo de fin de semana.
Suelo consumir los fines de semana, a no ser que vayamos de viaje a algún
sitio…
Existen casos, no obstante, en los que este consumo viene siendo realizado con
una frecuencia incluso menor.
La frecuencia actual de consumo es cuando me apetece. Puede ser una
vez al mes o cada dos meses. He visto cosas impresionantes de gente
que consume todos los días, pero yo no lo necesito.
Yo consumiré unas cinco o seis veces al año. Una vez cada dos meses.
Siempre en fiestas acompañados de mucha gente… Yo intento que…
al día siguiente no tenga que ir a trabajar.
Suelo meterme últimamente cuando me invitan, una vez cada mes, una
rayita o dos, no te suelen dar mucho más.
Ahora el consumo es muy esporádico, puntualmente, si voy de fiesta.
Hay rachas que consumo y hay rachas, igual un año que no consumo,
porque es cuando surge.
En cuanto a la cantidad consumida, existen diferentes variaciones entre los sujetos que configuran nuestra muestra, pudiendo oscilar el consumo entre medio
gramo, y gramo y medio al día, siendo incluso menor en aquellas personas que consumen de forma más esporádica.
Consumo de forma muy esporádica. Suelo consumir dos o tres rayas
normalmente, cuando más he consumido han sido cinco. Esto no llega a medio gramo; con medio gramo sacas unas 10 rayas.
Sólo consumo el fin de semana, mientras trabajo. Ahora tengo una época
que estoy intentando trabajar sin consumir... Consumo medio gramo
más o menos en todo el fin de semana.
Me suelo meter una vez al mes. Más o menos pillamos siempre un gramo
para dos o así.
130
En contraposición encontramos diferentes testimonios de algunos individuos
que han recurrido a un tratamiento, que han llegado a consumir, especialmente durante el fin de semana, cantidades mucho más importantes.
Ha habido temporadas en las que consumía todos los días de la semana.
He llegado a consumir hasta cinco gramos en un día.
Al final la consumía todos los días. Consumía entre un gramo, y gramo y
pico, y los fines de semana cinco o seis gramos.
El último año, o los últimos nueve meses consumía a diario. Uno, dos o
dos gramos y medio al día. El viernes podían ser tres y el sábado hasta
cinco. En total podían llegar a los 18 a la semana.
Por último, y en relación al grupo de personas entrevistadas que se encuentran
en prisión, podemos decir que su patrón de consumo coincide prácticamente con
el grupo que ha optado por dejar su consumo y recurrir a un tratamiento, ya que
salvo una persona, el resto ha mantenido un consumo diario de cocaína. Asimismo,
las cantidades consumidas habitualmente, son considerables.
Me metía todos los días y no menos de cuatro o cinco gramos, seguro
que mucho más.
Claro que había fechas…pero la verdad es que yo consumía diariamente
al final, lo máximo fueron 17 gramos una nochevieja, estábamos una
chica y yo y consumimos lo mismo los dos, teníamos veinticinco gramos para la noche y tuvimos que ir a por más.
Consumía todos los días, pero los fines de semana llegaba a meterme
hasta doce gramos.
En cuanto a la vía habitual de administración de la sustancia, es decir si la consumían esnifada, fumada en sus diferentes formas, o inyectada, la mayoría responde
que consumía esta sustancia esnifada. Tan sólo algunas de las personas que realizaban un tratamiento terapéutico o se encontraban en prisión en el momento en que
fueron entrevistadas, confirmaron un consumo de cocaína diferente.
… no menos de cuatro o cinco gramos, seguro que mucho más, además
ahí no sólo la esnifaba y fumaba en cigarros, empecé a fumarla en
base, en una ocasión me la inyecté, fue una pasada, todo mucho más
intenso...
Normalmente la he consumido fumada en cigarrillos, allí en mi país
(Ecuador) viene preparada para consumirla así…
131
Primero la consumí esnifada, pero poco después en botella y plata, luego
ya empecé a mezclarla con heroína.
La frecuencia del consumo de cocaína fue, durante un año, esnifada y
fumada.
El consumo lo hago fumando, en una botella, acompañado por otras personas.
He consumido la cocaína fumada, los tres primeros meses, y posteriormente inyectada.
Finalmente, y al igual que en el punto anterior, mencionar que únicamente los
sujetos que han recurrido a un tratamiento o se encontraban en prisión en el momento de la entrevista, han consumido esta sustancia solas en ocasiones, mientras
que el resto del colectivo entrevistado acostumbran a consumir cocaína casi siempre acompañados de otra u otras personas.
7.8. FECHAS FIJAS PARA CONSUMIR
En relación a los días fijos para consumir podemos distinguir tres grupos distintos en la muestra del estudio. Por una parte, podemos diferenciar un primer grupo
entre el que se incluirían quienes en algún momento de su consumo, especialmente
al principio, sí tuvieron unas fechas fijas a la hora de consumir.
Yo no tenía días significativos, en la mili sí, pero luego, en esta última temporada eran todos los días.
Las fechas fijas para consumir eran los cumpleaños, la nochevieja, por
supuesto, también siempre que ibas a conciertos, aunque al final ya
no había fechas, era ya en cualquier ocasión.
Cuando empecé consumía el día del cumpleaños, el día de nochevieja,
que parecía que si ese día no consumías te ibas a morir. Luego, cualquier día era bueno para mí, incluso trabajando.
Cuando consumía con la cuadrilla, cuando íbamos de fiesta, sí había días
señalados para consumir: nochevieja, cumpleaños…
Por otra parte, podemos distinguir otro grupo de personas, que aún no habiendo tenido un consumo habitual de cocaína, nunca han tenido fechas fijas a la hora de
consumir.
132
Me parece una tontería ponerte sólo en días señalados (nochevieja, cumpleaños…). Yo sobre todo consumía los fines de semana.
Cuando empecé a consumir lo hacía sólo los fines de semana… Lo de las
fiestas, nochevieja, etc. me daba un poco igual.
Mi consumo era de fin de semana, entre semana nunca consumía, no
tenía ninguna fecha concreta para consumir, lo hacíamos el fin de semana y ya está.
Normalmente consumo los fines de semana, no tengo días fijos. Suele ser
si tengo alguna cena o así. Depende mucho de con quién salga.
Así como el éxtasis igual lo consumo alguna nochevieja, cumpleaños, algún concierto, con la coca no hay días señalados.
Lo de las fechas, nochevieja, cumpleaños...no me incumbe, yo consumo
cuando me toca trabajar. Si me toca en esas fechas consumo, si no,
no consumo.
Existe un tercer grupo, conformado aproximadamente por el 50 % de la población entrevistada, el cual señala la importancia de estas fechas a la hora del consumo.
Hay momentos en los que la cocaína está siempre presente, en cumpleaños, en nochevieja, en fiestas… el fin de semana…Hay gente que no
está enganchada. Lleva toda la semana trabajando, y el fin de semana
pilla su dosis, su gramo o lo que sea y el lunes se acabó.
Días fijos el viernes y sábado, nochevieja, no sé, las fiestas de guardar que
digo yo, las fiestas de Santutxu, las fiestas de Bilbao… Puedo decir
que lo tengo asociado en la cabeza ya.
Ahora sólo consumo cocaína de forma esporádica, por ejemplo, cuando
son fiestas aquí de Santurtzi, en nochevieja, en carnavales…
Para el consumo sí tengo fechas fijas, aparte de los fines de semana que
surge, claro. Las nocheviejas, bodas, cumpleaños y fiestas especiales,
en esas ocasiones es fijo el consumo entre otras cosas porque tú
mismo lo preparas, compras la droga con antelación para ti y el resto
de la gente con la que hayas quedado.
Por ejemplo sí puedo decir en nochevieja fijo, me pego una fiesta con
algo, que no tiene por qué ser con cocaína, puede ser con otra
cosa…siempre va a ser una fiesta, sé que esa fecha va a ser para desmadrarse siempre…
133
7.9. NECESIDAD DE LAS DROGAS PARA «ALTERNAR» EN SU
AMBIENTE HABITUAL
Teniendo en cuenta los testimonios de las personas entrevistadas en este estudio, podemos deducir que la mayoría de ellas piensan que no es necesario consumir
drogas para encontrarse o «alternar» en su ambiente habitual.
No creo que sea necesario consumir drogas para salir, aunque mucha
gente lo hace.
Ahora creo que no es necesario las drogas para alternar en mi ambiente
habitual. Está comprobado. Ahora salgo de fiesta y me tomo unas
cervezas y nada más, y estoy genial.
Para moverme en mi ambiente habitual creo que no es necesario consumir, falta información.
No creo que es necesario consumir para estar en ese ambiente. Yo he
llegado a salir de fiesta y no meterme nada. Cuando digo nada me
refiero a la coca, porros y alcohol sí.
Algunos sujetos entrevistados piensan que el consumo de drogas estaría más
relacionado con momentos de agobio, trabajo, etc., y no tanto, con momentos lúdicos o de fiesta.
Creo que para alternar no es necesario consumir. De hecho, yo me lo
paso bien aunque no consuma nada. Cuando consumo no es para
pasármelo bien, sino porque estoy agobiado.
En mi ambiente habitual no se consume, así que no veo necesario consumir. Podría volver a consumir si no tuviera una meta en la vida, un
trabajo, consumiría porque algo me agobia mucho.
Sin embargo, y a pesar de estas afirmaciones, podemos constatar que de muchas de las entrevistas realizadas, se deduce una cierta influencia del ambiente habitual a la hora del consumo.
No creo que sea necesario consumir para salir de fiesta, aunque quieras
que no, al final si no consumes una cosa consumes otra. Si no son
drogas va a ser alcohol, y si no será tabaco.
En este momento no creo que sea necesario consumir drogas para estar
en mi ambiente habitual. Además ese ambiente ya no me va. Puedo
ir a algún concierto, pero nada más. Un gran detonante podría ser el
ambiente habitual. Sé que tengo que alejarme si no quiero consumir.
134
Para alternar no creo que es necesario, hombre una cosa es lo que yo
creo y luego…
Para salir creo que no es necesario consumir. Depende del grupo de amigos que tengas. Si los de tu cuadrilla consumen, tú tienes que consumir, sino estás en niveles distintos, no conectas, o no consume nadie
o consumen todos.
Creo que no es necesario consumir para salir por mi ambiente habitual,
pero sí creo que al final te juntas sólo con gente que consume.
Para alternar no creo que sea necesario consumir. Consumo porque me
gusta, la tienes ahí y te apetece, y por tener el mismo mono que los
amigos... el día que sales con ellos caes.
Creo que no es necesario consumir para alternar en mi ambiente habitual,
hombre, mis amigos consumen y a veces he tenido que dejar de hacer
cosas por no consumir. Por ejemplo, si hay fiestas en otro sitio quedarme en el pueblo para no meterme, porque si voy, sé que consumo.
Yo no lo veo necesario. Lo que sí lo veo es útil, divertido.
Finalmente, y respecto a este punto, incluir algunos de los pocos testimonios de
quienes sí han considerado necesario el consumo de drogas para encontrarse en sus
ambientes habituales.
Sí que es un poco necesario. Porque si no, no cuadras, no te ríes de las
mismas cosas, no estás en el mismo ambiente, ni te entienden, ni
entiendes una mierda.
No sé si es necesario consumir en mi ambiente habitual. Igual sí, igual
no todo el mundo, yo desde luego si me meto una rayita, en el trato
social doy mucho más que si no lo hago.
7.10. CIRCUNSTANCIAS DETONANTES PARA EL CONSUMO DE
DROGAS
Salvo muy pocas excepciones, la mayor parte de los componentes del colectivo
entrevistado acepta la existencia de determinadas circunstancias que podrían precipitar el consumo en un momento determinado. Entre estas circunstancias encontramos dos grandes grupos. Por una parte, aquellas personas que reconocen que el
principal detonante serían los problemas personales.
135
He consumido muchas veces por el hecho de hacerlo o para quitarme
de problemas.
Sobre todo porque le das muchas vueltas al coco. También cuando discuto con mis padres. Si discuto con ellos tengo que hacer un gran
esfuerzo para no consumir.
Podría volver a consumir si no tuviera una meta en la vida, un trabajo,
consumiría porque algo me agobia mucho.
La enfermedad de mi padre me llevó otra vez a consumir, fue decisiva…
Hoy por hoy estoy bien y pienso que no voy a consumir, pero hay momentos en los que estoy agobiada. Cuando me agobio me da por
llorar y en esa situación si me ponen droga delante creo que podría
volver a consumir.
Creo que consumir como lo hacía, no voy a volver. Si lo hiciera sería por
problemas, no sé qué decirte.
El detonante para consumir es que me vayan mal las cosas, el trabajo y
así.
Por otra parte, otro grupo de personas entrevistadas acepta que serían las amistades, el ambiente en que se encuentran inmersos, y la fiesta, las principales razones
que podrían precipitar un nuevo consumo.
Vuelves porque algunas veces las amistades...porque después de tanto
tiempo tienes vínculo con la droga.
El detonante para el consumo podría ser el ir de fiesta y el que ese consumo te permitía estar a lo último y no ser menos que los demás.
Un gran detonante podría ser el ambiente actual, la música bacalao. Sé
que tengo que alejarme de ese ambiente si no quiero consumir.
Después de dos años sin consumir volví porque no quería ser distinto a
los demás. Todos mis amigos consumen. No quiero echar la culpa a
nadie…pero ese fue uno de los detonantes …
Creo que existen determinados ambientes que actúan como detonantes
para el consumo. Siempre puedes elegir, pero hay situaciones en las
que sí te llaman a consumir, y en torno a los días de salir. Yo creo
que sí. Si salgo con unos amigos o con otros, el comportamiento es
diferente.
136
Yo principalmente es que alguien que tenga delante tenga cocaína. Si alguien que me rodea tiene cocaína, caigo. No hay otra razón…
Pues encontrarme con unos buenos amigos, o un tiempo libre con gente
que me apetece estar, o una celebración, tener que celebrar algo.
A destacar que una pequeña minoría señala como detonantes para el consumo
de cocaína el consumo excesivo de alcohol, o el hecho de necesitar o querer mantenerse despierta para ir de fiesta, a trabajar, etc.
El detonante para consumir es a veces el cansancio… después de dar cenas
en el bar, entonces o me meto algo o me tengo que ir a casa porque
estoy destrozada, si quiero salir otra vez, necesito consumir cocaína.
Normalmente suele ser que estás de fiesta y tienes idea de estar mucho
tiempo…hay veces que igual que vas a estar tres días de fiesta, un
festival o algo, o aguantar un día entero…
7.11. DINERO DESTINADO AL CONSUMO DE COCAÍNA
Existen diferencias importantes en relación a este punto entre las personas entrevistadas que realizan un tratamiento y las que se encuentran en prisión, y aquellas
que no se hallan en ninguna de estas situaciones. En este sentido, podemos decir
que tanto quienes realizan tratamiento, como la población reclusa, han destinado
por una parte, importantes cantidades al consumo de cocaína, y por otra parte, han
delinquido en muchos casos a fin de costearse esta sustancia.
En cuanto al dinero que he invertido en cocaína, pues todo lo que he tenido, todo mi sueldo, unas 280.000 ptas. más lo que conseguía robando
y demás. El dinero no me dura nada en el bolsillo.
Me gastaba casi todo el dinero en salir los fines de semana, lo que ganaba
lo gastaba en salir.
He gastado mucho dinero en cocaína…me he llegado a gastar el salario
de mi trabajo, del que vivíamos yo, mi pareja y mis hijos, y además
también conseguía algún otro dinero en el puerto con otras cosillas.
He gastado muchísimo dinero en cocaína, me sacaba lo que sacaba trabajando y también lo que sacaba con robos y vendiendo.
A la semana 70.000 ptas. fácil, y al final gastaba todo el sueldo. He llegado
a robar dinero hasta a mis padres para comprar.
137
En ocasiones ganaba 9.000 € en un mes y pico, y casi todo era para la
cocaína. Por el hecho de traficar tenía la ventaja de que me ofrecían
precios especiales.
Necesitaba mucho dinero para hacer frente al gasto derivado del consumo. Ese dinero lo obtenía de la venta, o me fiaban. Al principio es
fácil y va bien, porque lo colocas fácil y lo que tú consumes te lo dejan
a mitad de precio. Pero luego las cosas se complican…tienes que
echarte a la calle, a robar o a lo que sea.
He tenido muchísimo dinero, para dar y tomar porque mi marido traficaba. Se iba mogollón de pasta en droga; todo el dinero de mi curro,
lo que me daban, el dinero que él tenía. Salías una noche e igual te
gastabas 300 €.
También existen testimonios de pertenecientes a estos grupos (población en
tratamiento y reclusa) que, aún habiéndose gastado importantes cantidades de dinero, lo han conseguido a través de su trabajo.
Creo que me habré gastado en drogas entre 15 a 20 millones, tenía mucho trabajo, ganaba bien. Sí es verdad que alguna vez me han dejado
dinero pero lo he devuelto siempre. Nunca he quitado una peseta a
nadie, nunca he quitado ni vendido.
Solía gastar unos 30 € al día, si tenía más, gastaba más. No he vendido
nunca.
En cuanto al dinero destinado a la droga, todo lo que podía, todo lo que
no iba destinado a mi hija y a la casa. De todas formas nunca he robado, ni he pedido dinero.
He gastado muchísimo dinero en cocaína, 300 € los fines de semana y
unos 90 € el resto de los días. Yo siempre me he financiado la droga
con mi trabajo…
Me he llegado a gastar cerca de 50.000 ptas. al mes. Nunca he traficado,
ni me he prostituido, no gastaba más que lo que tenía.
De las entrevistas realizadas a las personas que no han recurrido a un tratamiento se vislumbra que la mayor parte de ellas, han destinado cantidades visiblemente
menores al consumo de cocaína.
Ahora pueden ser unas 25.000 ptas. al mes las que dedique a ese fin. Ese
dinero es proveniente de mi trabajo, nunca he incurrido en ningún tipo
de actividad delictiva para conseguir dinero, no lo he necesitado.
138
Destino muy poco dinero para el consumo porque al consumir 6 o 7 veces al año, la compra la realizo yo, o sea que poquito.
El consumo económico es prácticamente nulo, 120 € al año como mucho, como muchísimo.
Ahora mismo destino muy poco dinero al consumo. Es difícil decirlo porque soy una persona muy sociable y me relaciono con mucha gente, y
ha habido veces que he pasado la noche sin gastar un duro.
Destino poco dinero a la cocaína. Lo que es comprar, tampoco he comprado tantas veces, siempre tienes algún conocido que te invita. El
otro día por ejemplo compré con mi novio y pusimos 15 € cada uno.
Yo nunca he traficado.
La obtenía a través de amigos; nunca he consumido gran cantidad y nunca
he tenido problemas económicos por la coca.
Yo consumo 400 € o así al año. El dinero lo saco de mi trabajo, de mi
sueldo.
Nunca he destinado mucho dinero a la cocaína. Igual me he gastado unas
300.000 ptas., pero desde el principio, en unos años. Yo nunca he
traficado, siempre he obtenido el dinero de mi trabajo.
En este grupo son pocas las excepciones de quienes mantienen un mayor gasto
económico, y menos aún las de quienes han llegado a traficar con esta sustancia.
Me he llegado a gastar una media de 900 € al mes. Nunca he traficado,
pero en un bar siempre tienes dinero, coges la caja y ya está, era mi
dinero y el de mi hermana...a ella siempre le he ido pagando.
Muchas veces me he gastado casi el sueldo, unos cien billetes. En un fin
de semana igual 50.000 ptas. Al principio vendía cuando empecé a
drogarme.
He destinado mucho dinero a la cocaína, mucho. No te lo podría decir. El
que he cobrado y lo que rapiñaba.
Como también la he vendido y la obtengo por amigos, me sale más barato. Unas veces destino 40 € y otras me sale gratis.
Es una sobrada lo que destino al consumo pero lo consigo con mi esfuerzo y con mi sudor.
139
7.12. CONOCIMIENTO DEL ENTORNO DE LA EXISTENCIA DEL
CONSUMO
A este respecto se trata de comprobar hasta qué punto el entorno cercano de
la población entrevistada, tiene conocimiento de la existencia del consumo de drogas, y más concretamente del consumo de cocaína.
Podemos distinguir dos grandes grupos. Por una parte, podemos situar a quienes realizaban tratamiento en el momento de la entrevista, así como a quienes se
encontraban en prisión, ya que, salvo una excepción, el entorno de ambos grupos
son conocedores de la existencia del consumo de cocaína por parte de las personas
entrevistadas.
En relación a quienes han recibido tratamiento podemos comprobar, como dato
significativo, que muchas de las personas del entorno del sujeto entrevistado, especialmente la familia, ha sido conocedora de este hecho en el momento de iniciar el
proceso terapéutico.
Mi entorno conoce la existencia de mi consumo, aunque mi madre se ha
enterado ahora que he empezado el tratamiento.
Mi familia no sabía que consumía claramente, la familia nunca lo quiere
saber. Saber, sabían que he probado todo tipo de drogas. Darse cuenta de cómo yo estaba encadenado no, no han sido conscientes. Mi
madre habrá sufrido al enterarse.
Mi entorno familiar conocía el consumo, al final, antes no.
Mi familia conoce la existencia del consumo, aunque se han enterado
hace dos años, cuando estuve ingresada.
Mi entorno no conocía mi consumo, bueno mi novia y mis amigos sí, mi
familia no sabía nada, lo supieron el día que me dieron las taquicardias
y tuvieron que llevarme al hospital.
Por otra parte, podemos distinguir otro grupo perteneciente a la población
entrevistada restante. En este sentido, los individuos entrevistados acostumbran a
ocultar la existencia del consumo, especialmente a la familia (con la excepción de
algún hermano o hermana). Tan sólo algunas de las personas más cercanas al individuo (pareja, amistades…) conocen la existencia del consumo de cocaína.
Mi pareja sabe que consumo porque ella también lo hace, pero no sabe
todo lo que consumo. Mis amigos y conocidos saben o se imaginan
que consumo, si ellos no consumen yo prefiero ocultarlo…Con la
140
familia pasa lo mismo, nunca se ha hablado de ello, yo no me presto,
pero ellos se imaginan, sobre todo mi hermana, creo yo.
Mis amigos conocen de mi consumo. Mi familia no. En el trabajo tampoco saben. Lo cierto es que tampoco yo lo oculto demasiado…pero
prefiero mantenerlo en un cierto nivel de discreción, especialmente
a nivel laboral…
Mis padres no saben que he consumido drogas…el resto de mis hermanos lo saben…Mis amigos también conocen que consumo, nunca me
ha importado.
En mi entorno mis amigos sí lo saben y mi familia sí sabía antes que consumía. Antes se imaginaban que consumía, en cambio ahora no lo
tienen muy presente. Ahora ya eres un poco más adulto, maduro,
curras en otra ciudad, tienes novia, entonces como que se camufla y
por respeto a ellos no se lo diría, claro.
En relación a este último grupo, existe un número escaso de personas que no
han ocultado el consumo de drogas en su entorno más cercano. Consideran que
su familia puede ser conocedora de ello, aunque nunca lo han hablado de manera
abierta.
Mi familia sabe que consumo, mis padres se imaginan, mis hermanos lo
saben y mi hermana se imagina, mis amigos la mayoría sí. Tampoco lo
voy a hacer público, pero tampoco me corto.
Mis padres se imaginan mi consumo y todo mi alrededor lo sabe.
Considero que mi entorno familiar, laboral, de amigos…conoce mi consumo, no lo hemos hablado, pero yo creo que sí.
Finalmente existe un caso en el que se ha ocultado el consumo de cocaína, y no
el de otras sustancias.
En mi entorno, mi familia, saben que fumo porros, pero no saben lo de
la cocaína.
7.13. INFLUENCIA DEL CONSUMO EN LAS RELACIONES CON EL
ENTORNO
Al igual que en el punto anterior podemos distinguir dos grandes grupos. Por
una parte, y como ya hemos comentado anteriormente, tanto el entorno de la po141
blación en tratamiento como el de la población reclusa, son conocedores del consumo de cocaína de la población entrevistada. En este sentido, parece que para la
mayor parte de la población entrevistada, el conocimiento del consumo condiciona
de manera relevante las relaciones.
A mí me ha condicionado mucho el consumo con el entorno, porque yo
al final perdí una serie de amigos que luego volví a recuperar, pero lo
condiciona totalmente.
Creo que todo esto ha condicionado mucho mi relación con mi entorno,
y con mi familia y mi novia también, porque al estar casi siempre
drogado, pues ya ves.
La relación con mi familia está condicionada por el consumo. En dos meses no les puedo demostrar todavía que estoy bien. Siempre he estado mal, sólo me conocen así.
El entorno sí condiciona porque abres frentes con todo el mundo, con tu
familia, se preocupan; por suerte he recuperado a mis amigos y me
han vuelto a dar su apoyo.
El consumo ha condicionado sin duda la relación que yo tengo con todos
ellos y la que ellos tienen conmigo, más desconfianza.
La gente te aparta un poco, porque estás medio loco, haces cosas que no
son normales. Sí, te vas quedando solo, y se da una circunstancia que
la gente con la que quieres estar no quiere estar contigo, y con la que
no quieres estar, es la que viene a estar contigo.
Existe un pequeño subgrupo, entre las personas que realizan tratamiento, las cuales afirman que sus relaciones han mejorado tras el conocimiento de su consumo.
Ahora es cuando más unidos estamos. En los últimos años no hablaba
con nadie de mi familia. Hablaba lo justo. Siempre decía que estaba
cansado.
El consumo no ha condicionado en absoluto mis relaciones. Tengo buenos colegas y mi familia me ha apoyado.
La relación con mi familia no sólo no ha empeorado a raíz de que se
enteraran de mi consumo, sino que ha mejorado. También con mis
hermanos la relación es mejor.
La relación con ellos no ha cambiado, bueno sí ha cambiado pero a mejor.
Ahora saben que si me da el cuarto de hora era por lo del consumo
y eso.
142
En relación a las personas que no han recurrido a un tratamiento, existe una
mayor diversidad de opiniones a este respecto. En la mayor parte de los casos entrevistados consideran que el consumo no condiciona en absoluto las relaciones con
el entorno.
La cocaína no condiciona mis relaciones. Porque no la utilizo como medio
de escape sino para divertirme en el momento.
El consumo nunca ha condicionado mis relaciones con ellos, nos llevamos
todos muy bien.
El consumo no me condiciona mi relación con el entorno, soy una persona muy abierta. Soy igual de abierto consumiendo o no.
Sin embargo, existe un porcentaje que manifiesta que las relaciones con su
entorno sí se han visto perjudicadas, fundamentalmente debido a los efectos de la
cocaína.
Creo que el consumo sí condiciona la relación con el entorno. Cuando
estoy bajo los efectos de la sustancia el comportamiento se altera
respecto al habitual del individuo, por lo que también las relaciones
que se generan en esos momentos se verán afectadas.
El consumo relaciona la relación que tengo con ellos, y condiciona mucho
de mi vida personal, no encuentro la tranquilidad y el equilibrio…He
abandonado relaciones de pareja anteriores debido a mi consumo,
me pongo muy loco, muchas discusiones y me pongo muy celoso y
violento.
El consumo me ha condicionado las relaciones en el sentido de que cuando consumía mucho, yo me ponía muy rara, me encerraba en mí
misma…
La coca igual hace que la relación con mi familia sea algo peor porque
llegas, te encierras en tu cuarto y estás en tu mundo, no tengo mucha
relación con ellos.
7.14. LAS RECAÍDAS
A la vista de las entrevistas realizadas podemos deducir que el concepto de
recaída ha sido, únicamente interiorizado, por las personas que han recurrido a un
tratamiento en los últimos meses, ya que quienes no pertenecen a este grupo consi143
deran que no han tenido ninguna recaída, aunque hayan intentado dejar o disminuir
el consumo.
Alguna vez sí que he intentado no consumir. Últimamente estoy más hogareña, no me apetece tanto salir, porque cuando salgo sé que aunque yo no compre, me van a ofrecer. Intentarlo dejar del todo no me
lo he planteado, como no soy una gran consumidora.
Tampoco es que considere que he tenido recaídas, me ha pasado que no
quería consumir y he consumido, eso muchas veces; no sé si eso es
una recaída. Creo que no…
Por otra parte, algunas de las personas que reciben tratamiento en la actualidad, sí reconocen haber tenido recaídas en relación al consumo
de cocaína.
Recaí después de una boda… tuve un consumo, paré unos meses y cometí un error…
He tenido varias recaídas desde que hago el tratamiento, aunque cada
vez consumo menos.
En cuanto a las recaídas, a veces he intentado dejar el consumo por mi
cuenta, pero imposible. Si no tienes ayuda es muy difícil.
He tenido recaídas porque he intentado algunas veces dejarlo por mi
cuenta y no he podido, igual he estado hasta diez días sin consumir,
pero luego volvía.
144
8. Efectos derivados del
consumo de cocaína
Las drogas son sustancias que al ser ingeridas pueden causar diferentes efectos,
los cuales pueden variar en función de la persona, las circunstancias del consumo,
la asiduidad, etc. El propósito de este apartado es conocer, a partir del discurso
de los propios sujetos consumidores, estos efectos producidos por el consumo
de cocaína. Por otra parte, se trata también de evidenciar, por medio de los testimonios textuales del colectivo de individuos que ha participado en este estudio, la
percepción que tienen sobre los efectos que produce este consumo. Asimismo, son
descritos los diferentes problemas relacionados con el consumo de esta sustancia,
en opinión de la muestra.
8.1. EFECTOS PRODUCIDOS POR EL CONSUMO
La cocaína es una sustancia estimulante, relacionada con el espacio del ocio, de
la fiesta y la diversión, por lo que es lógico pensar que para la mayor parte de la población entrevistada los efectos producidos tras su consumo sean de desinhibición
fundamentalmente. En efecto, en nuestra muestra una gran parte de las personas a
las que nos hemos dirigido valora positivamente los efectos de la cocaína, resaltando aspectos positivos para la socialización e integración en el grupo.
Cuando consumes te sientes en el momento, supersegura de ti misma,
protegida por el grupo, todo muy buen rollo, la música, no piensas en
nada, conoces a gente…
Cuando consumo me siento el rey, me creo que pueda hacer lo que quiera, que nadie me va a decir nada… que soy el que más.
Lo que siento es euforia y estimulación, sensación de arreglar el mundo…
ganas de hablar y confianza.
Cuando consumo estoy bien, más acelerado, pero es una aceleración que
gusta. Pero bien, es divertido.
Yo cuando consumo me siento bien. Sí que estás más acelerada pero no
llego a límites de nerviosismo, ni nada.
147
Cuando consumo me pongo más hablador, bueno, ya sin consumir hablo
bastante, pero aún más, no sé, me siento más animado, como que me
doy más cuenta de las cosas y me divierto más.
Cuando consumo me siento con mucha energía, de subidón, puedo
aguantar lo que me echen.
Cuando consumo me siento bien, con más energía, más activo, más despierto, y como que puedo con todo, como que tengo el poder.
En el momento del consumo yo me siento bastante activo…también me
siento más hablador, más suelto.
Una noche que estás cansado, te metes cocaína y no te sientes tan cansado o tienes más energía para hablar…
Te sientes con más ganas de todo. Yo noto bienestar, alegría, comodidad,
estoy a gusto.
Los efectos son una gozada. Nunca me ha sentado mal. Te sientes más
agitado y te sientes guay, muy bien.
A mi la cocaína me despeja, me da euforia y sobre todo me da un punto
de creatividad… a mí siempre me estimula.
A pesar de las características propias de la cocaína como sustancia estimulante,
existen testimonios de individuos entrevistados que atribuyen a la cocaína efectos
diametralmente opuestos.
A veces me metía una raya y me quedaba callada, me daba por no hablar,
pero me comía mucho la cabeza, porque era muy consciente.
Me resulta difícil explicarte los efectos que te produce el consumo de
cocaína. Hoy en día si me meto una raya, me apaga, me anula porque
yo soy una persona muy activa. Me cuesta hasta razonar.
Cuando me meto una raya de cocaína, tengo la sensación de rigidez, de
meterme en mí misma, de agarrotarme, de aislarme un poco.
Lo cierto es que me quedo como un poco antisocial o asocial, no sé,
como aislado a veces, pero me gusta la sensación.
La sensación es de agarrotamiento…te quedas tenso, agarrotado, no te
da por bailar ni nada, entonces es un rollo de tensión.
Cuando consumo me quedo más tranquilo y relajado, me siento reposado y observo, estoy como fuera de todo.
148
Cuando consumo yo me encierro. Yo soy al revés de la gente, que habla
mucho y así, yo no… Además me siento mal porque yo no quiero
consumir así. Además a mí me destroza la cabeza.
Según algunos testimonios, los efectos de la cocaína difieren en función del momento en el que se esté produciendo la ingesta. En una primera etapa la cocaína
puede ejercer una acción estimulante, pero a medida que su consumo se prolonga
en el tiempo, estos efectos pueden variar.
Al principio me producía euforia y bienestar, desinhibición. Luego, ya me
daba apatía, tenía el deseo de consumir, pero una vez que consumía
ya no me apetecía. No me gustaba cómo me sentaba…
Por otro lado, algunos casos entrevistados atribuyen a los efectos físicos de la
sustancia ciertas connotaciones negativas.
Ha sido echar una raya y darme vueltas la cabeza, no puedo mentir, el
estómago te lo muele, las heridas de la nariz…
Cuando consumía me dejaba todo esto dormido (señala la garganta),
también la mandíbula y la boca.
Según se desprende de algunas declaraciones, en ciertas ocasiones el consumo
de cocaína puede producir también consecuencias psicológicas adversas, ya que un
número importante de personas entrevistadas informan sentir ansiedad tras el consumo de esta sustancia.
Te da una ansiedad que no sabes cómo quitarla, empiezas a meterte más,
bebes, tampoco te entra, pero bebes y bebes…igual hablas hasta
chorradas, mucha inquietud.
A mí la cocaína me pone como una moto. Además soy muy nervioso de
por sí. Cuando consumía era la bomba.
Cuando consumía lo único que quería era consumir más. Yo era meterme
y querer más. Cuando consumía quería tener todo controlado. La
cabeza me iba muy deprisa.
Lo que siento es ansiedad, paranoias, cansancio, molestias, horrible.
Los efectos eran de fobia, ansiedad, euforia…
Cuando consumo…al principio te sienta bien pero cuando ya llevas una
temporadita no te sienta tan bien, empiezas a sentir ansiedad…
149
Al principio del consumo noto una euforia que te va entrando, como una
sensación placentera…Luego estás como chungo, como que me falta
algo.
En relación a los efectos psicológicos, las declaraciones de algunos sujetos entrevistados hacen alusión a la agresividad.
Me generaba mucha agresividad, euforia, creías que te comías el mundo.
Lo que sí me producía a veces el consumo era agresividad, me volvía más
violenta, más irritable. Cuando consumía no me paraba a pensar en
lo que hacía.
Si estoy de mal humor al consumir me quedo apartado, observando, arisco y amenazador con la mirada, me obsesiono con las cosas y con las
personas…También me pongo bastante agresivo.
Lo mismo estás súper tranquilo, que te entra la locura, estás súper apagado, súper contento, súper agresivo, es una bomba que no se puede
controlar.
8.2. EFECTOS PRODUCIDOS POR LA ABSTINENCIA
Las opiniones a este respecto son casi unánimes. La mayor parte de la población entrevistada muestra sentimientos de rabia e indignación ante una situación en
la que no pueden consumir.
Te da rabia cuando quieres consumir y no puedes obtener, te pone de
mal humor.
Cuando no la consumo es que me falta esa rapidez, me falta algo.
Si no puedo consumir y me apetece, por ejemplo, cuando se acaba lo
que llevo y sé que no puedo consumir más donde estoy, me agobio
unas horas.
Cuando no puedes consumir, pues se te amarga un poco la noche, sí te
amarga un poco el rollo.
Cuando no podía consumir estaba ansioso, pensando en ello todo el
tiempo. Pensando que me iba a sentar bien…
Cuando no puedo consumir cocaína siento que quiero consumirla. Si no puedo consumirla a veces me pongo de un mal humor… No sé qué hacer.
150
Son especialmente explícitas las declaraciones que, respecto a este tema, provienen de la población reclusa y en tratamiento. La mayor parte de ellos y de ellas
muestran sentimientos de ansiedad, nerviosismo…, y en ocasiones hacen alusión a
los poderes adictivos de esta sustancia.
Si quiero consumir y no puedo, me pongo nervioso y violento.
Cuando no podía consumir sentía rabia, coraje. Muchas veces estaba en
casa y no tenía nada para ponerme y pensaba, ahora voy a bajar y
pegar el palo a alguno.
Cuando no podía consumir estaba nervioso, como con ansiedad.
Cuando no podía consumir, tenía muchas ganas de consumir. Dicen que
el mono de la cocaína no existe, el físico, pero sí existe, es por los
cortes que le hacen a la cocaína.
Cuando no consumía me sentía mal porque estaba depresiva.
Cuando no consumía me sentía mal. Podía tener un gramo de cocaína
en el bolsillo y no consumirlo y sentirme bien. Pero si no lo tenía ya
estaba nervioso.
Cuando no puedes consumir remueves Roma con Santiago. Tienes una
sensación de desazón, te revuelves contra el entorno, sientes que lo
necesitas y te sientes mal contigo mismo.
Cuando no puedo consumir, no sé cómo explicarte…si sé que hay, no
paro hasta conseguirla.
Por último, sólo son excepción quienes muestran sensación de indiferencia ante
esta situación.
Pues me aguanto. Un poco de ¡ay que pena que no hay, pues nada! A
aguantarme. No ha pasado nada. Nada malo.
No noto ningún efecto si no la consumo.
Nunca me ha pasado el querer y no poder. Cuando no he consumido ha
sido siempre por voluntad propia, por lo que no he sentido nada. No
me considero ni que estoy enganchada, ni nada.
Yo personalmente cuando no puedo consumir es porque no quiero.
Cuando no puedo consumir, y quiero y no puedo, me busco otra droga o
hago otra cosa, no me vuelvo loco como otros.
151
Cuando no consumo y son días normales, pues bien. Pero días de fiesta
sin consumir no sé lo que se siente porque no lo he hecho.
8.3. MITOS Y REALIDADES EN RELACIÓN A LOS EFECTOS QUE
PRODUCE EL CONSUMO DE COCAÍNA
Una gran parte de la población entrevistada vincula los efectos de la cocaína con
la sexualidad, y no precisamente porque la cocaína contribuya a un mayor placer,
sino más bien porque dificulta, en su opinión, las relaciones con el sexo opuesto.
Las relaciones con las chicas cuando estaba puesto, chungo. Con los tíos
me daba igual.
Con las chicas las relaciones no son mejores. En general no les gusta que
consumas, pocas son a las que les gusta el rollito ese.
La sexualidad creo que no mejora, ni las relaciones sociales.
Si tienes una novia te manda al cuerno.
Te afecta a la sexualidad. Al principio es súper divertido, pero luego mal.
En cuanto al sexo…cuando ya te metes mucha coca, después de un tiempo pues nada.
En cuanto a la sexualidad, para mí que es peor, sobre todo si tu pareja
no ha consumido o si cada uno lo ha hecho en un momento distinto,
como que no estás a lo que estás, te descentras y piensas que tu pareja se va a dar cuenta de que vas puesto.
En cuanto a la sexualidad a mí me la empeora, me cuesta mucho, y además no estoy en lo que tengo que estar…prefiero el sexo sin estar
puesto, lo vivo más con la pareja.
Las relaciones sexuales, en mi caso, se ven limitadas con el consumo…no
vayas a estar con tu novia, porque no puede ser.
Con respecto a la sexualidad, en mi opinión la empeora, no estás a lo que
estás, sobre todo si tu pareja no se ha metido.
En cuanto a la sexualidad, no mejora nada…no disfruto, estoy nervioso,
inquieto, es todo muy animal, sin ningún tipo de ternura.
En el sexo es como que aumenta la resistencia, pero creo que se pierde
un montón de sensualidad, es como que estás anestesiado, no termi152
nas de sentir, para mí la cocaína con el sexo utilizándola habitualmente creo que es horrible…
Por otra parte, un porcentaje muy alto del colectivo entrevistado admite que
la cocaína inhibe el apetito y por tanto, hace perder peso. Casi nadie percibe este
efecto de manera contraria.
Te adelgaza porque no comes.
A mí me adelgazó bastante el consumo.
A mí me adelgazaba muchísimo.
El hambre te lo quita, yo baje 10 kilos.
A mí me adelgazaba el consumo. Me daba por no comer, comes menos.
Otro efecto es que me hace adelgazar, no es algo que yo busque, pero
me quita el hambre.
Me quita el hambre, aunque me preocupo de comer bien.
Puedes estar un montón de tiempo sin comer, luego durante la semana
tienes que recuperar un poco y el cuerpo se alimenta, pero no estás
a alimentarte bien.
Te quita el hambre, yo cuando entré aquí todo el mundo me lo decía,
demasiadas horas despierto y mal alimentado.
Bajas de peso porque la comida no entra. Al bajar de peso bajan las defensas… sin duda alguna la salud empeora.
En el caso de las mujeres el hecho de perder apetito —y en consecuencia
peso— tras el consumo de cocaína, podría suponer una razón más que se sume a
las que le inducen al consumo de esta sustancia. Es especialmente revelador el siguiente testimonio.
Hace adelgazar. Eso me gusta mucho. No se nota mucho, pero yo sí me
lo noto. Yo sé por ejemplo que en fiestas de Santurce, si salgo los dos
fines de semana, sé que voy a consumir y voy a adelgazar, poco, pero
voy a adelgazar.
Entre los pocos casos de individuos entrevistados que no perciben la cocaína
como sustancia adelgazante, podemos destacar los siguientes testimonios.
Yo no he adelgazado y tampoco me ha servido para aumentar la capacidad de trabajo. En mi caso todo lo contrario.
153
A mí la cocaína no me adelgazaba, ni me quitaba el hambre, es más, si
tenía hambre antes de metérmela, me la metía y tenía más.
En cuanto a adelgazar, siempre he comido muy bien, así que eso yo no
lo he notado.
Otro de los posibles efectos tras el consumo de cocaína percibido por una
parte importante de la población entrevistada, y en relación al ámbito laboral, es el
aumento de resistencia en este ámbito.
En cuanto a aumentar la resistencia en el trabajo, sin duda… para aguantar más horas y no decir que estaba agotado.
En mi caso aumenta la capacidad de trabajo. Cuando consumes eres más
rápida, estás más despierta.
Al consumir te da la sensación de más aplomo para hacer las cosas.
Duermes poco, te da como vitalidad.
Mejora también mucho la resistencia.
A pesar de estas declaraciones, otro amplio sector de la muestra piensa que
el consumo de cocaína en ambientes laborales puede ser beneficioso pero, únicamente, durante un tiempo concreto. Asimismo, en su opinión el consumo de esta
sustancia puede dar lugar también a situaciones problemáticas.
En el trabajo aumenta el rendimiento, pero si el consumo es diario el
cuerpo no lo aguanta.
Creo que produce una mayor capacidad en el trabajo, pero luego te duele más el cuerpo.
Al principio mejora las relaciones en el trabajo, pero a la larga puedes
tener líos, ya te he dicho que a veces estás más agresivo.
Resistencia, seguridad, captas más las cosas, estás más atento, más capacidad en el trabajo… pero todo esto sólo en una fase inicial.
Para trabajar muy mal, no estás a gusto.
En el trabajo rindes más, pero me parece que es ficticio. Igual me ha parecido que haces las cosas más brillantes, tienes otra percepción que
te puede parecer más lúcida, más fina. Pero como con otras drogas,
igual es un poco ficticia. Que lo ves así, pero…
La capacidad de trabajo sí puede aumentar, pero al principio.
154
La gente que está enganchada no puede salir a trabajar sin tomar coca,
porque cree que le da esa fuerza. Yo creo que son cosas más de su
cabeza.
Por último, y en relación a la integración en el grupo de iguales, muchas personas entrevistadas perciben que la cocaína permite una mayor integración social en
los espacios de ocio.
Las relaciones con los amigos, con los chicos, sí son mejores.
Favorece las relaciones sociales, aunque hay veces que hablas y no te
acuerdas de lo que has dicho.
Para algunos mejorará la vida social y para otros no. En mi caso me favorecía las relaciones.
Me facilita las relaciones con los demás.
Igual mejora también las relaciones sociales, puede ser, es otra manera
de estar.
Contrariamente a estas declaraciones, hay algunos casos entrevistados que aseguran que las relaciones sociales pueden verse empeoradas a consecuencia del consumo de esta sustancia, especialmente con aquellas personas que no consumen.
Las relaciones con los colegas van peor cuando consumes.
Para mí la cocaína no mejora las relaciones. Te acaba hundiendo más.
No facilita las relaciones sociales, cero, las personas nada…
Yo creo que las relaciones sociales no se mejoran con el consumo porque
aunque te sueltas más también te pones más tonto.
Las relaciones sociales con la gente que consume sí se mejoran, pero con
gente que no consume, no. Yo me agobio mucho con esa gente.
8.4. PROBLEMAS OCASIONADOS EN RELACIÓN AL CONSUMO DE
COCAÍNA
Según se desprende de las declaraciones aportadas por quienes han participado
en este estudio, la cocaína afecta de forma distinta a cada persona. Aunque hay un
grupo de individuos consumidores, especialmente aquellos cuyo consumo es menor, que consiguen funcionar en su vida sin excesivos problemas, la mayor parte de
155
la población entrevistada confiesa una serie de dificultades vinculadas al consumo de
esta sustancia. A este respecto, son especialmente mencionados los efectos negativos relacionados con la salud. Concretamente, y respecto a la salud física, estos son
algunos de sus testimonios.
La cocaína puede acarrear problemas de salud, incluso la muerte.
Sin duda alguna la salud empeora.
Problemas de salud sí he tenido, igual al día siguiente cuando te sientes
muy mal…
En cuanto a los efectos perjudiciales, pues la salud. Sin ir más lejos tengo
el tabique nasal perforado, tengo un agujero hace ya tiempo…En este
sentido de la salud, al consumir también te hinchas, aunque estés bebiendo toda la noche no vas apenas al baño.
A nivel de salud física yo creo que las vías respiratorias se resienten muchísimo.
Creo que puede provocar problemas de salud física y psicológica, al menos a largo plazo.
El consumo de esta sustancia puede provocar problemas graves de salud,
incluso la muerte.
Problemas de salud también me he sentido mal, el pecho y el corazón,
taquicardias de esas.
En cuanto a la salud psicológica, son numerosísimos los testimonios que hacen
referencia a los problemas mentales, la mayoría hace alusión a los episodios de paranoia.
En cuanto a efectos de paranoia sí, cuando me he metido mucho, me he
sentido así. En alguna ocasión de hecho, no he pegado ojo en toda
la noche pensando que había alguien fuera de la puerta de mi casa.
Esto lo he preguntado a otra gente que consume bastante y me ha
comentado que es habitual.
Yo sí he tenido problemas de ansiedad. Antes yo no sabía lo que era estar triste, triste desde dentro, síntomas depresivos, no quería hablar
con nadie. No me gustaba a mí misma. También he tenido muchas
paranoias, sobre todo con mi compañero. Llegas a pensar que no le
importas a nadie, ni a la persona con la que vives… También he llegado a oír voces en otra habitación que no había nadie, oía las voces
156
de mi hermana, de mis padres, de mis amigos. Esto me destrozaba la
cabeza, eran alucinaciones auditivas.
También he tenido alucinaciones, oía voces que me llamaban por mi
nombre.
A mí a veces al día siguiente me deja el consumo sin ganas de nada. A
veces llego a casa y no puedo dormir, la cabeza me va súper deprisa
y te sientes fatal…sé que puede afectar también el consumo con el
rollo de las paranoias y eso.
Creo que puede ocasionar problemas graves, incluso la muerte porque
al final la cabeza no está en su sitio y te puede llevar a hacer cualquier
cosa, si estás con el mono…Hay paranoias y empiezas a distorsionar
un poco la realidad. Lo que tú no sabes lo empiezas a crear aunque
no sea cierto.
En cuanto a efectos perjudiciales que yo he vivido, pues por ejemplo
mucha paranoia, me quedo como vigilante cuando me meto y cuando
alguien se me queda mirando enseguida pienso mal. Me pongo muy
alterado, agresivo y violento. Me he metido en peleas y muchas discusiones, sobre todo con mis parejas…en esos momentos es como que
me puede la ira y la obsesión y no me puedo controlar.
Cuando me meto me pongo muy paranoico, muy agresivo y muy celoso. Me he metido en muchas peleas, incluso he pegado a chicos por
mirar a mi novia, sin más ir a por ellos y meterles un puñetazo. En
muchas ocasiones me han tenido que separar porque yo no paraba,
no sólo por celos sino por pensar que alguien me miraba mal o cualquier cosa.
En cuanto a efectos perjudiciales, pues muchas paranoias…me he visto
en peleas y en comportamientos agresivos. Estar en la discoteca, sentir que alguien me mira mal, ir al baño, meterme una raya, salir del
baño e ir hacía esa persona y pegarle directamente por nada.
Todos me tienen miedo cuando voy encocao. Me pongo muy paranoico
y violento, tengo alucinaciones, he visto bichos en la comida, he oído
voces, me he creído que era Jesucristo…y me he metido en peleas.
La cocaína te produce paranoias porque los efectos son psicológicos, no
es como con la heroína, que son físicos. A mí me ha pasado de quererme quitar la vida y eso era todo por la coca. A mí me han tenido
157
que atar en Basurto porque me sentó muy mal la coca que había
tomado…
Para mí los riesgos del consumo de cocaína son sobre todo sobre la salud.
Yo he sufrido un estado psicótico, manía persecutoria. Me tiré por la
ventana desde un cuarto piso…
A veces he visto también alucinaciones. Una vez entré en casa y había
pitufos que no me dejaban entrar. Empecé a pegarme con todos…
Los efectos de la cocaína son, ansiedad, fobias, yo hablaba mucho solo…
me daba por estar solo, me daba la sensación que todo el mundo se
estaba dando cuenta del puestón que llevaba.
Por otro lado, la mayor parte de la población reclusa entrevistada, hace referencia a los problemas delictivos como consecuencia del consumo de cocaína.
A mí me ha traído muchos problemas. Mira donde estoy, en la cárcel.
El consumo te puede llevar a la cárcel porque has terminado haciendo
alguna liada, en el transcurso de esa liada te puede pasar cualquier
cosa.
En cuanto a los efectos más negativos que yo he vivido, pues por ejemplo
verme aquí en prisión, por necesitar más dinero para meterme.
En cuanto a los efectos más negativos que yo he vivido, pues que he acabado en el psiquiátrico y en la cárcel, y que hago daño a mi familia.
Asimismo, hay un pequeño grupo que apunta hacia otro tipo de problemas, fundamentalmente de índole familiar.
El consumo de cocaína creo que puede estar vinculado a casos de violencia doméstica porque no estás en el rollo.
El consumo de cocaína es motivo de problemas familiares, porque una
cosa lleva a la otra y si hay problemas de salud, eso repercute en el
entorno familiar.
Puede provocar problemas familiares y económicos. Te puede llevar a
la exclusión, porque te independizas mucho, te importa lo tuyo y lo
demás te da igual.
Finalmente, una pequeña minoría se refiere a los problemas económicos ocasionados por el consumo de esta sustancia.
158
En cuanto a los efectos perjudiciales que yo he vivido, pues sobre todo
el dinero, te gastas mucho dinero que te haría falta para otras cosas.
A mí me abandonó mi primera mujer por consumir y gastarme todo
el dinero en eso, me gastaba el dinero que era para alimentarla a ella
y a mis hijos.
Por supuesto el perjuicio económico, claro.
8.5. EN RESUMEN
La cocaína es una sustancia estimulante capaz de provocar una serie de efectos
fisiológicos inmediatos, unidos a un conjunto de sensaciones subjetivas, las cuales
varían en función de la dosis, de la forma de consumo, así como de la vía de administración. Conocer los efectos tras el consumo de cocaína en nuestra muestra,
así como la percepción de los efectos producidos tras el consumo, y los posibles
problemas relacionados con la utilización de esta sustancia, son el objetivo de este
apartado.
— Para la mayor parte de la población entrevistada la cocaína produce una
sensación de euforia, hiperactividad, aceleración, etc. en el organismo. Estos
efectos producen, en consecuencia, una sensación de fortaleza, aumento de
confianza y bienestar tras el consumo, y contribuyen, sin duda, a la fiesta y a
la diversión, por lo que para muchas personas esta sustancia se puede convertir en un instrumento destinado a lograr este fin.
— A pesar de los efectos positivos apreciados por gran parte del colectivo entrevistado, hemos podido comprobar, en algunas de las declaraciones de los
individuos de la muestra, cómo la cocaína puede provocar también consecuencias no siempre placenteras, a pesar de la posible resistencia a asumir
los efectos negativos de esta sustancia a la que hacen alusión ciertos autores
(Calafat, Juan, Becoña y cols. 2001). En este sentido, algunas personas entrevistadas confirman sentir apatía, irritabilidad y ansiedad tras el consumo de
cocaína.
— Existe una cierta unanimidad entre los sujetos entrevistados en reconocer
diferentes sentimientos asociados a la rabia y la indignación ante una situación
en la que no pueden consumir. En algunos individuos, especialmente en la
población reclusa y en tratamiento, pueden aparecer síntomas de ansiedad y
manifestaciones conductuales agresivas ante el ansía de consumir nuevamente cocaína.
— En relación a la percepción sobre los efectos que produce el consumo de
cocaína, la población entrevistada percibe que la respuesta sexual disminuye
159
tras el consumo de esta sustancia. Este hecho, en su opinión, dificulta en gran
medida las relaciones con el sexo opuesto.
— Otro de los efectos percibidos en relación al consumo de cocaína por la mayor parte de las personas entrevistadas en nuestro estudio, es la falta de apetito. En opinión de algunos autores (Calafat, Juan, Becoña y cols., 2001) este
hecho podría influir en la promoción del consumo de cocaína, especialmente
entre las mujeres, ya que como comentan quienes consumen esta sustancia,
la cocaína ayuda a perder el apetito y en consecuencia, el peso. Esa puede
llegar a ser una razón poderosa para consumir, dada la actual presión social
hacia la delgadez.
— Un número importante del colectivo entrevistado percibe que el consumo de
cocaína aumenta la capacidad y resistencia en el ámbito laboral. Esta opinión
no es compartida por un amplio sector de la muestra al considerar que estas
características positivas sólo permanecen durante una fase inicial.
— Respecto a las relaciones sociales, existe también diferencia de opiniones; por
una parte, para un número relevante de personas entrevistadas la cocaína actúa como una droga integradora, en el sentido que favorece las relaciones y
la desinhibición. Por otra parte, también se dan casos de quienes opinan que
el consumo de cocaína afecta negativamente a las relaciones.
— El consumo de cocaína genera una serie de problemas de diversa índole en la
población consumidora. Estos problemas pueden aparecer no sólo en quienes
tienen un consumo habitual, sino también en quienes se refieren a su consumo
como esporádico. Son especialmente comentados por la muestra los problemas relacionados con la salud, tanto con la física como con la mental. En relación a esta última cabe señalar a la paranoia como la enfermedad más mencionada.
— Otro grupo de problemas originados por el consumo de cocaína lo constituyen aquellos referidos a la familia, a la economía y a los problemas con la ley.
Estos últimos son especialmente mencionados por la población reclusa de
nuestra muestra.
160
9. Connotaciones sociales
asociadas al consumo de
cocaína
En este apartado se quiso conocer cuáles eran, en opinión de la población entrevistada, las connotaciones sociales asociadas al consumo: si consideraban que el
uso de la sustancia ofrecía o estaba relacionado con el prestigio social y el éxito o, si
por el contrario, en su imaginario, estaba relacionado con otro tipo de consumidores con una trayectoria vital muy alejada de los anteriores: los delincuentes. En definitiva, otra de las preguntas que resumiría, confirmaría o desmentiría la veracidad
de la respuesta previa era la que pretendía ahondar más en este aspecto y cuestionaba si para quienes consumen cocaína existían diferencias entre sus usuarios y
usuarias y quienes consumen otras sustancias.
Finalmente, en aras a valorar los posibles beneficios que atribuían al consumo,
se les preguntó si consideraban que las personas que no consumían cocaína ‘se
perdían algo’ potencialmente beneficioso y si percibían algún tipo de consecuencia
negativa (y/o) no deseable en el ámbito social, personal y relacional. Yendo un poco
más allá, se consideró la posibilidad de hablar, no sólo de las consecuencias negativas del consumo sino de los problemas que pudieran derivarse del mismo.
A partir de ahí, de la consideración personal y social de los pros y de las contras
asociados al consumo, se valoró la actitud de la población entrevistada usuaria de la
sustancia, a favor o contra de la legalización y, de quienes estuviesen a favor de tal
medida, si establecerían un límite de edad para ello.
9.1. PERCEPCIÓN SOCIAL DE ÉXITOS Y FRACASOS DERIVADOS
DE LA COCAÍNA
La gran mayoría de la población entrevistada opina que la cocaína no da prestigio social. Tal vez, y como señala Calafat (2001), la cocaína se hizo popular en
Estados Unidos en la década de los 70 y fue en los 80 cuando adquirió una extensión tal que fue considerada una epidemia. En aquellos años, el consumo de cocaína
se impone como una moda entre la clase media americana «muy implicada con el
éxito y el prestigio en una sociedad altamente competitiva». Calafat añade que en
España, obviamente, la cocaína también fue «adoptada por la clase media y alta
163
en un proceso de imitación, pero su fama va expandiéndose a otros colectivos, especialmente a los jóvenes en el espacio recreativo».
Es posible que este informe, realizado en 2006, no haga sino confirmar el cambio en la percepción social del uso de la cocaína, una vez que comienzan a detectarse determinados problemas sanitarios en las personas usuarias de la sustancia en
España (Díaz, 1992).
Esta hipótesis queda confirmada en varios de los testimonios, ya que, independientemente de considerarla una droga de éxito en otros momentos históricos o
entre los casos más jóvenes —cuestiones ambas que trataremos a continuación—
entrevistados y entrevistadas se refieren a su capacidad adictiva y los problemas
que esto acarrea.
Los que se muestran a continuación no son sino unos ejemplos de la inmediata
asociación que se establece entre el consumo de cocaína y los problemas que genera su uso:
El consumo de cocaína no da prestigio social ni éxito, creo que no. El
consumo de cocaína lleva a la adicción muchas veces...
Para mi no se asocia al éxito porque puede llevarte a la muerte.
No creo que en estos momentos aporte prestigio social. Creo que es
adictiva, por supuesto. Se piensa que no, pero sí. Y tiene algo de
mono físico. Te toca mucho la cabeza.
Creo que no da prestigio social. Tarde o temprano supone adicción.
El consumo de cocaína no da prestigio social... sí puede ocasionar problemas de salud. De un día para otro lo notas y en una larga temporada,
mucho más, psicológicamente y de todo. También puede ocasionar
problemas económicos y gordos.
La cocaína creo que no da prestigio social. Yo creo que puedes acabar
enganchado, depende de cómo la tomes y con quién la tomes. No se
asocia al éxito, me parece durísimo.
Estos son sólo algunos ejemplos de lo que mayoritariamente recogen las 50
entrevistas. Como se comentaba antes de presentar los testimonios, son pocos
quienes consideran la cocaína una droga relacionada con el éxito, al menos en este
momento. Pero lo que sí resulta llamativo es la asociación inmediata del consumo
con una de las consecuencias más negativas del mismo: los problemas de adicción y
el riesgo de muerte o de problemas psicopatológicos que acarrea, corroborando la
afirmación de Díaz (1992).
164
9.2. REDEFINICIÓN DEL PAPEL SOCIAL DE LA COCAÍNA.
DEMOCRATIZACIÓN DEL CONSUMO
En cuanto al cambio en la percepción que ha sufrido la sustancia, antes relacionada con el éxito, los testimonios presentados a continuación son una evidencia de
la ‘redefinición’ y evolución de este cambio:
Para mí el consumo de cocaína no da prestigio social. Qué bobada. Hoy
en día, además, consume todo el mundo, consume cualquiera. Antes
sí que había drogas de primera y eso. Hoy en día, no.
Supuestamente sí es una droga que se asocia al éxito. Hay gente que la
relaciona. Se ha relacionado durante muchísimo tiempo, pero yo no
creo que ahora sea así.
No creo que en estos momentos el consumo aporte prestigio social [...] en
cuanto al éxito, parece que en la sociedad sí se cree que procure ese
éxito, pero no deja de ser una manera de animar a la gente, sin más.
El consumo de cocaína antes sí creía que daba prestigio y eso. Para mí, el
que consumía cocaína era el más guay. Por eso lo hacía yo.
Para mí siempre ha sido una droga con un gran prestigio social. Antes
costaba 10.000 pesetas y era muy difícil conseguirla...hoy en día cuesta lo mismo y hay a patadas. La puedes comprar en cualquier sitio.
Por otra parte, y siguiendo la teoría de Calafat, en Estados Unidos, el consumo
de derivados de la coca a través de un complejo proceso de transformación —por
ejemplo el crack y otras formas de consumo diferente a la esnifada, como la que se
hace por vía inyectada— establece una diferencia en la percepción de las propias
personas consumidoras, integrándose esa variación de personas que engloban los distintos tipos de consumo en diferentes estratos sociales, en diversas subculturas [...],
como pertenecientes a clases menos favorecidas.
Sí, hoy en día, la mayoría de la gente que va a comisaría está con la famosa
base y la botella de fumar cocaína y eso sí que es la bomba. Un adicto a
la base... robas hasta a tu madre, apaga y vámonos... eso es lo peor.
Yo creo que puedes acabar enganchado depende de cómo la tomes...
El consumidor de coca, ahora, no es visto como un marginal, pero bueno...ya pasarán cosas nuevas y será como el caballo ahora.
Ahora la cocaína está al alcance de todos. Antes se decía que el speed era
la cocaína de los pobres. Hoy no.
165
El que la fuma en base ya sabe el rollo que tiene. Nosotros les llamamos «yunis», porque son casi yonkys [...] En cuanto a las formas de
consumo, es diferente el que se mete en el watercito y se toma sus
tiritos [...] yo creo que la cocaína es la reina mala de todas las drogas. Supera con mucha ventaja al caballo porque mucha gente que
he visto, nuevas generaciones, han terminado inyectándose cocaína,
y se está pasando a hacer mezclas, cortan la cocaína con la heroína
porque sube más.
… los delincuentes la consumen de diferente manera. Creo que si te la
inyectas es mucho más agresivo. Yo no la he probado nunca así, ni
quiero hablar de ello.
La mencionada epidemia a la que se ha hecho referencia anteriormente no sólo
queda confirmada a través de la información de diversos Observatorios y estudios
al respecto. No sólo es real la información acerca del aumento de la prevalencia de
consumo, sobre las demandas de tratamiento que se están generando o el notable
ascenso de las incautaciones de la sustancia. También las propias personas usuarias de
la cocaína manifiestan mayoritariamente su opinión al respecto afirmando, sin lugar a
dudas, que el consumo de cocaína está ampliamente extendido, que se puede adquirir en cualquier sitio y sin ninguna dificultad. La oferta de la sustancia y el fácil acceso a
la misma son cuestiones que responden de forma proporcional al aumento de la demanda; es decir, la disponibilidad de cualquier droga —si el acceso a la misma es fácil
por oportunidad de mercado y coste— correlaciona con un aumento del consumo.
La hay a patadas. La puedes comprar en cualquier sitio. Lo que no comprendo es que puedas encontrarla en cualquier lugar, cualquier cafetería...
Creo que la coca está en todos los sitios... la consume todo dios.
Ahora los jóvenes la tienen cuando quieren.
Creo que esta sustancia está bastante extendida y se adquiere con facilidad. Incluso que cualquier persona, de cualquier edad y ambientes
diversos puede conseguirla.
9.3. PERCEPCIÓN RELACIONADA CON EL CONSUMO DE COCAÍNA
ENTRE LOS FAMOSOS
A pesar de que las personas consumidoras opinen que la percepción social del
uso de cocaína no está relacionada con el éxito o el prestigio social, no son pocas las
166
que la relacionan con el mundo de los famosos, el mundo de la moda y lo artístico.
Su descripción transmite la sensación de que, para ellas, los famosos tienen algún tipo
de control sobre la sustancia que va más allá del que ellas han podido ejercer sobre
su propio consumo. Es decir, cuando relatan su propia experiencia con el uso de la
cocaína, y como se ha dicho anteriormente, lo relacionan a renglón seguido con multitud de problemas sanitarios y consecuencias indeseables que ellas mismas han experimentado. Sin embargo, otorgan a quienes consumen de ese mundo de ‘glamour’ un
autocontrol sobre el consumo, llegando a mencionar el nombre de gente famosa o
personas que ocupan cargos profesionales prestigiosos, como jueces, políticos, etc.
Conozco a muchas personas con poder y famosas que consumen. Muchas
más de lo que la gente piensa. Me gustaría que les hicieran a muchos
políticos las pruebas, porque la mayoría consume. La suelen asociar
al éxito.
Los famosos, creo que la consumen el 90%.
Las personas con mucho dinero quieren cada vez conocer más cosas
y por eso quizás a veces consumen. Con dinero pierdes el miedo a
todo. Crees que como tienes dinero no te va a pasar nada...
¿De la televisión? Muchos. Sólo verles los labios, la boca... son síntomas
muy claros, estoy seguro. Se les nota en los gestos, la lengua... y algún
político creo que también, cada vez más difundido.
Creo que tanto los delincuentes como los famosos con poder consumen
droga. Es decir, si el famoso está unido a la fiesta, no hay fiesta sin
droga. Si es gente de la noche, es normal que consuma...
Los famosos creo que consumen, los ejecutivos la consumen.
Creo que la mayoría de los famosos consumen. Considero que lo hacen
porque tienen mucho que tapar y es una manera socialmente aceptada para estar siempre con buena cara, para estar bien.
Yo creo que sí es una droga que se asocia al éxito. Prueba de ello es que
continuamente sale en televisión gente famosa relacionada con las
drogas. Por ejemplo Kate Moss o el cantante José el Francés […].
Muchos futbolistas consumen droga. A veces, cuando dicen que uno
tiene una lesión y va a estar dos semanas sin jugar, es mentira. Es que
le han pillado en los análisis internos y le tienen que dejar sin jugar.
...mira los cantantes y eso... todos consumen cocaína. Te puedo hacer
una lista de famosos que consumen, no me hace falta conocerlos.
167
Con sólo mirar sus caras sé si consumen. Mira si no la cara de Kiko
Matamoros. Me dirás que salía normal. Los de Gran Hermano también.
En cuanto a establecer la diferencia entre las personas consumidoras y aquellas
sin relación con la cocaína, las respuestas se dividen. Para algunos sujetos la cocaína
es una droga que ha llegado a toda la población y no hay distinciones sociales. Lo
mismo la consumen famosos que delincuentes, jóvenes que personas mayores. Tal
vez, la diferencia radica en la forma de obtener la sustancia, que hay quien la consigue porque cuenta con recursos económicos y quienes deben implicarse en conductas delictivas para conseguir el dinero necesario para su compra.
Hay personas que consideran que no es una droga al alcance de todos los bolsillos y que el consumo está más extendido entre quienes tienen un mayor poder
adquisitivo, aunque perciben que el tráfico de dicha sustancia —conducta delictiva
por otro lado— proporciona a quienes lo practican una forma de obtención de
dinero y de la propia sustancia. Incluso, se ha podido detectar la idea de que el posible éxito que rodea a la cocaína también puede provenir de esta fuente, es decir, de
la cantidad de droga que ‘manejes’, con independencia de la forma en que haya sido
obtenida. Asimismo, parece síntoma de ‘status’ el tipo de personas de las que el
individuo se rodea, y la disponibilidad de cocaína en ese grupo social. En este caso,
el éxito iría unido al número de relaciones sociales que permite disponer sin problemas de una cantidad más o menos importante de la sustancia.
9.4. LA COCAÍNA ENTRE LOS DELINCUENTES
En algunos casos, la población entrevistada, sí establece diferencias entre los
diferentes tipos de personas consumidoras. En lo que respecta a las formas de consumo de la sustancia los delincuentes lo harían por vía intravenosa en mayor medida, mientras que quienes la consumieran por vía esnifada gozarían de un mayor
prestigio o, dicho de otra manera, cierto nivel o clase superior. También están quienes relacionan la heroína con el delincuente, con el «yonky» tirado, mientras que la
cocaína sería una sustancia más de élite.
Los delincuentes no tengo ni idea. Yo creo que son los yonkys los que,
consumen más heroína ¿no? […] En la coca igual se da más el robo
de guante blanco.
Está por igual a niveles de políticos y jueces, pero también entre delincuentes. Está en todas las capas sociales...
168
La cocaína también está asociada a la delincuencia.
Yo... los delincuentes que conozco que consumen cocaína tienen mucho
dinero. Los delincuentes comunes se agarran a lo que haya.
Yo creo que habrá de todo, pero que si un delincuente consume cocaína
es más peligroso y peor. O sea, habrá que tener más cuidado porque
va a tener más dinero, va a tener el equilibrio mental más alterable y
yo tendría un poco más de cuidado.
Los delincuentes consumen de diferente manera (que los famosos). Creo
que si te la inyectas es mucho más agresivo.
Todo el mundo quiere consumir coca, otra cosa es que no haya dinero
para consumirla...
Para mi socialmente sí está bien visto. Porque tú dices que te ha robado un yonky la cartera y todo el mundo te va a decir que es lo más
normal del mundo. Pero un farlopero ya tiene suficiente dinero para
consumir farlopa, así que no va a necesitar robar.
En el ámbito de la delincuencia, podría ser la cocaína o podría ser el
speed o la heroína, no sé, depende de la persona.
...nadie se imagina a un toxicómano de farlopa ¿sabes? Sino uno que se
pincha.
9.5. EDAD DE INICIO AL CONSUMO
Otro aspecto que mencionan las personas entrevistadas de más edad es la percepción que tienen de que ha descendido el inicio de la edad de consumo y que
quienes consumen son bastante jóvenes:
Ya cualquiera consume cocaína, incluso gente muy jovencita.
Sales por ahí de cena y ves a chavales de 16 años...todos están igual en
el barrio.
Lo que más me preocupa es el consumo de los menores. Conozco mucha
gente menor de 18 años que consumen de seguido... incluso me han
pedido dinero para ello. Creo que habría que hacer algo al respecto,
para que la fueran dejando poco a poco.
Para mi no es un síntoma de prestigio social, pero entre los más jóvenes
creo que sí. Para ellos es el poder llegar al final, a completar el ciclo,
169
porque la cocaína está considerada como la cota más alta. Los chavales compran más fácil el costo y la cocaína que el alcohol [...], creo
que para ellos es una forma de dar pasos y el último es ese. También
es cierto que hay riesgo porque es una edad muy mala, en la que no
son nada. En estos casos, lo más aconsejable para actuar con los chavales es trabajar por el consumo responsable. Yo nunca les digo que
tienen que tomar algo o no tienen que tomar nada. Pero tienen que
intentar saber qué es lo que están haciendo y qué es lo que están tomando...Empiezan con 16 ó 17 años, pero siempre hay excepciones.
Creo que la consumen de forma esnifada.
9.6. ESPECIFICIDADES DE LAS PERSONAS CONSUMIDORAS
DE COCAÍNA
Al preguntar si existen diferencias entre quienes consumen cocaína y los sujetos
que consumen otras sustancias, también aparecen diversas respuestas. Hay quienes
establecen una clara distinción. Como se ha dicho anteriormente, la cocaína no está
tan asociada a los conceptos de yonky y/o toxicómano. Sin embargo, otros y otras,
principalmente quienes han estado en tratamiento por un problema de adicción, llegan a considerar que, aunque el tipo de dependencia es distinto, finalmente se llega
a ser un adicto, con independencia de la sustancia consumida. En cualquier caso, a
pesar de valorar que en definitiva se llega a depender de la sustancia, éstas y éstos
consumidores no llegan a aplicar los adjetivos que aparecen estrechamente ligados
al uso de la heroína (yonky, tirado, etc.).
La cocaína tiene un nivel, no sé cómo decirlo, de prestigio. Antes, el que
se metía heroína era un yonky, era un guarro y al cocainómano no se
le considera un toxicómano, no se le considera adicto, y hay gente
que puede vivir sin esa dosis.
Yo no creo que la cocaína tenga un enganche. Es psicológico, sobre todo
si la esnifas. Yo creo que está todo en la cabeza.
Sí hay diferencia entre los que consumen cocaína y los consumidores de
otras drogas. Una es el dinero. Para consumir coca hace falta mucha
pasta. También la dependencia que producen las drogas es diferente.
La dependencia de la cocaína es psicológica. Sin embargo, la de heroína, speed y el éxtasis enganchan mogollón.
Hay muchísima diferencia entre aquellos que consumen cocaína y los que
optan por otras sustancias. Los que consumen otras drogas no se
170
tienen que echar a robar porque son mucho más baratas. Pero si te
haces coca, no te satisface del todo. Necesitas más y te echas a la
calle, para robar, o tienes que pedírselo a tu padre.
Yo creo que los consumidores, cuando llegan a lo más bajo, son todos
iguales. Da igual lo que te metas. Los que empiezan sí son distintos. El
alcohol se consume en la plaza, las pastillas en la discoteca, la heroína
en la calle, pero al final todo es lo mismo.
A la gente que consume cocaína no se la suele marginar, sin embargo a
los que consumen heroína, sí... aunque es una tontería porque no te
das cuenta de que tienen el mismo problema que tú.
Si tú estás con alguien y eres consumidor de cocaína nadie se da cuenta.
Con la heroína se entera todo el mundo, con la gente que se pincha,
se nota.
No creo que exista diferencia alguna entre consumidores de cocaína y de
otras sustancias. Todos somos iguales, enganchados a algo, da igual a
qué.
En mi opinión no hay diferencia entre los consumidores de cocaína y los
consumidores de otras sustancias. Es todo droga, y de un modo u
otro te trae problemas.
El que consume heroína está todo tirado. Si consumes cocaína está bien.
No sé cómo explicarlo. Estás más despierto, pero eres el mismo.
Creo que la adicción a la cocaína es psicológica, no es como la del caballo.
Esa sí que es física. La de la cocaína es igual que la del tabaco, psicológica. Ya te he dicho que yo me he considerado una yonky, con clase,
pero una yonky. Creo que te engancha, que es adictiva, te vuelves
dependiente, aunque la dependencia es psicológica.
Sí hay diferencia entre los consumidores de cocaína y los de otras drogas.
Su personalidad y todo es diferente, aparte de la personalidad que
tengan ellos mismos. La personalidad que les da la farlopa es diferente, por ejemplo, a la del speed. La gente que consume speed es más
enérgica, no sé.
Me parece muy distinto el consumo de cocaína que el de heroína, por
ejemplo. El de coca está más relacionado con el ocio, no sé, es distinto.
171
9.7. LA AUSENCIA DE CONSUMO VALORADA COMO UNA PÉRDIDA
Al preguntar si la población entrevistada consideraba que quien no consumiese o probase la cocaína «se perdía algo», también hay respuestas de todo tipo.
Quienes están o han estado en prisión o en tratamiento por un problema de
adicción opinan mayoritariamente que no; que quien no lo ha probado no pierde
nada. Es más, afirman que gana en calidad de vida y se evita muchas de las consecuencias indeseables que ellos y ellas han experimentado. Desde evitar el paso
por la prisión o por un proceso terapéutico, a la experimentación de muchas situaciones que han afectado a su salud física y mental. Por otro lado, varios sujetos
de los más jóvenes y quienes consideran que no dependen de la sustancia, afirman
que quien no la ha probado sí se pierde una experiencia ‘positiva’. En general, estos últimos tratan de establecer la diferencia en la cantidad consumida. En probar
o consumir habitualmente. Al hecho de probar no se le atribuye excesivo riesgo.
El problema viene cuando se asienta como un hábito, cuando uno, o una, mismo
cree que está o no está enganchado.
También aquí, hay diferencias en cuanto a lo que atribuyen al consumo o experimentación en relación con diferentes sustancias. Bastantes personas otorgan cierta inocuidad al consumo de cocaína y opinan que, en el caso de crearse una posible
dependencia, ésta es más de orden psicológico. La dependencia a otras sustancias
es para algunos y algunas componentes del colectivo entrevistado más grave.
No sé si se pierden algo los que no la consumen. Eso va con las personas.
Si no consumen será que no tienen curiosidad.
Ni te pierdes nada si la pruebas, ni tampoco te pierdes nada si la dejas de
probar. Porque es como todo, sólo probarla no es...
Yo creo que hay que probar de todo, aunque creo que yo, el caballo, no
lo probaré nunca, pero tampoco pasa nada si quieres ponerte una
raya. Por una raya no te va a pasar nada.
Por una parte pienso que no, que mejor para ellos que no la prueben, por
si se enganchan. Pero por otro lado, es una experiencia que todo el
mundo debería pasar para saber lo que hay que hacer y lo que no.
Realmente no creo que se pierdan algo. Yo, es una experiencia que he
pasado. Tampoco me arrepiento, pero tampoco creo que sea algo
por lo que haya que pasar.
Sí, creo que se pierden algo. Es una experiencia en tu vida, aunque no la
repitas.
172
La gente que no la prueba para mi sí se pierde algo. Es una experiencia
diferente. Por probarla una vez vas a aprender lo que es, lo vas a
experimentar, y si no la pruebas nunca no vas a saber lo que es y eso
que te pierdes.
Yo creo que sí deberían probarla porque es una experiencia que te pierdes. Pero es lo que dicen ¿no?, con cuidado porque engancha.
No te lo pierdes exclusivamente con la coca. Pero quien no prueba algún
tipo de droga alguna vez, sí se lo pierde. Mientras sea alguna vez...
Yo sí soy partidario de probar de todo. Entonces, el que no ha probado
algo, sí se pierde, sin duda.
Pienso que los que no consumen no se pierden nada. Es más, los que
consumimos somos los que perdemos.
Los que no la prueban no sólo no pierden, sino que salen ganando, porque pueden tener una vida normal.
Ahora mismo diría al que no la ha probado nunca que no lo haga.
Nadie se pierde nada por no probar la cocaína, lo que pasa es que la gente que consume quiere que otros también consuman. Te convencen
con ese argumento, que te estás perdiendo algo.
Yo, si con esta entrevista algún joven me escuchara, le diría que, por
favor, que no sabe lo que está haciendo. Que no se meta cocaína
porque es la peor droga que hay, es la droga dura, junto a la heroína.
Las peores que hay.
Creo que en esta vida hay cosas buenas y malas y la droga es de las buenas. Yo creo que habría que probarla.
La gente que no consume cocaína se pierde un montón de problemas,
porque la droga te aísla. Mi padre era maestro, tenía amigos y familia,
pero al final se acabó aislando. Te vuelves más egoísta.
Desde luego, y a raíz de los testimonios anteriores, parece que son más quienes
consideran que resulta interesante probarla. Que efectivamente, algo pierdes si no
lo haces, aunque también queda claro que establecen una línea muy definida entre
la experimentación y el consumo.
173
9.8. LA COCAÍNA COMO UN PROBLEMA PARA EL INDIVIDUO Y PARA
LA SOCIEDAD
A continuación, merece la pena narrar algunas de las experiencias de quienes
han llegado al consumo habitual en algún momento de su vida. Algunos de ellos y de
ellas, a pesar de todo, consideran que esa prueba resulta de interés.
La mayoría de las declaraciones hacen referencia a la relación entre el consumo
de cocaína, la violencia y agresividad, la violencia doméstica, problemas de aislamiento, problemas familiares, económicos y judiciales, además de los sanitarios.
El consumo implica muchos problemas de salud y problemas mentales,
problemas de falta de memoria y problemas de corazón...muchísimos. Incluso infartos...te puede pegar un shock en cualquier momento [...] te lleva a robos, a violencia, alteraciones del orden. También
creo que está relacionado con casos de violencia doméstica. Yo he
llegado a romper mi habitación entera. Una noche me llevé y vendí
la televisión, el vídeo y un ordenador para comprar una ración de
coca.
Sé que el consumo puede provocar problemas de convivencia. Conozco
el caso de una pareja que se han cascado los dos.
Creo que genera violencia. Da lugar a que alguien, para conseguir dinero
entra a robar y, como además no está tranquilo, es una máquina y un
riesgo importante. Detrás de la violencia doméstica y los malos tratos
puede estar la coca. La cabeza funciona que no te puedes ni imaginar,
a una velocidad que no sé cómo decirte. Puede empezar la maquinaria a ver cosas que no existen. Te vuelves celoso y eso puede generar
violencia doméstica.
Si te pasas de dosis puede llegar la muerte. Aquel día que me metí el doble, noté una presión en el pecho que creí que me daba algo. También
te da problemas familiares, etc. Todo cambia a peor a tu alrededor,
pero te da igual.
Creo que es una droga heavy. Creo que es una droga que te puede ayudar
con el tema social y también puede hacer que te quedes sin amigos,
yo lo he visto [...] la cocaína, como te guste, no la quieres compartir
con nadie, es una droga que te inclina hacia la mentira.
A nivel psicológico he cambiado. Lo que da miedo es el futuro, cómo me
va a quedar la cabeza...
174
Creo que produce problemas sanitarios, hemorragias, problemas familiares y problemas de robos.
He llegado a saltar por la ventana, he cogido cuchillos... veo que hay gente
que está muy mal. Yo estoy psicótico pero me doy cuenta. Hay gente que no. Además, al final, te vuelves politoxicómano. He oído que
muchos de los que se metían cocaína acaban metiéndose heroína.
Puede ocasionar muchos problemas de salud, pero sobre todo crea problemas familiares y económicos. Yo he tenido varias parejas pero
por la cocaína he tenido que dejarlas...me hubiera casado con ellas,
pero...
El consumo trae problemas de convivencia, más inestable emocionalmente, cambios de humor, te puedes poner más violento, dependiendo
de cómo te vaya subiendo y bajando, entonces el día que no te ha
entrado bien, te pones violento y eso afectará a todos los que estén a
tu alrededor, que te van a oír las voces, los gritos, los golpes contra lo
que sea y tal. Entonces sí se deteriora, afecta a todo, puedes discutir
con el del bar, con el panadero o con quien sea.
Cuando consumes sí que pierdes la olla y haces burradas. Una vez hicimos una gorda. Estuvimos toda la noche metiéndonos y con un coche
marcha atrás, rompimos una joyería de la Gran Vía de Bilbao y entramos a robar. Yo pude escaparme. Salí corriendo pero algunos dieron
el chivatazo y fue cuando acabé en la cárcel [...] hace tres semanas
estuve también en el calabozo. Llamé yo a la policía. Arriba nuestro
vive un moro que siempre está haciendo ruido por la noche y no nos
deja dormir. Me entró la paranoia y le quería matar con un cuchillo
de carnicero. Me dije a mí mismo, o le mato a él o me mato yo. Vino
la policía y me detuvieron hasta que me calmé. A veces te calman a
fuerza de palos. Ellos saben cómo darte para que no les puedas delatar, con guantes y eso. La policía funciona así, es una mafia.
Yo puedo tener miedo si voy a robar, pero si me meto un par de rayas de
coca cuando voy a robar, la cosa cambia. Me crezco para robar.
Creo que tiene como consecuencia la ruptura de pareja y de pérdida de
amistades. Yo lo veo como una pérdida económica y emocional con
otra gente.
La gente, a veces, te acaba timando por una raya. Timando pero a la cara.
Hay gente que consume lo de él, lo tuyo, lo del otro... hay gente a la
175
que has invitado y luego se esconde para no invitarte a ti. El consumo de cocaína hace, a veces, tener comportamientos muy egoístas.
Luego hay gente que se pone también más agresiva cuando consume.
Está como a la defensiva.
El consumo tiene consecuencias indeseables como robos, porque el consumo implica muchísimo gasto de dinero. También conlleva consecuencias como problemas de inseguridad porque el consumo implica
muchos cambios en el estado de ánimo, mucha ansiedad, gente que
se pone muy nerviosa.
Como se puede comprobar tras el análisis de estos últimos testimonios, resulta
curioso que tantas de estas mismas personas consideren beneficioso el hecho de
probar la sustancia. Parece que la diferencia tiene que ver, como se ha dicho, en la
posible distinción entre probar y consumir. En cualquier caso, la percepción del escaso riesgo que entraña la experimentación con la sustancia puede mitigar los efectos de la información acerca de las consecuencias negativas, que quienes consumen
sí parecen conocer.
La totalidad de las personas que han referido la experimentación de los efectos
negativos relatados anteriormente, consideran que el consumo de la cocaína, como
se puede percibir, acarrea consecuencias no deseadas, tanto para el individuo como
para la sociedad. Los problemas de salud, económicos y de violencia afectan más al
individuo. La violencia doméstica y los problemas judiciales entran más en el ámbito
social.
La dependencia de esta sustancia es, sobre todo, un problema para el
individuo, y a partir de él trasciende como problema al resto de la
sociedad.
El consumo de drogas no tiene porqué ser un problema para el que consume, ni para la sociedad. Siempre ha habido drogas, el ser humano
siempre las ha utilizado. Lo que pasa es que la sustancia tiene que
ser buena y el ser humano tener información para saber lo que está
haciendo.
Es un problema para el individuo, a la sociedad que le den por el culo. La
sociedad tiene la culpa de que ese individuo esté mal, pero el primer
perjudicado es él.
Creo que el consumo tiene consecuencias sociales no deseables, por
ejemplo, más inseguridad, más robos y más peleas y agresiones.
176
Para mi, un problema social no lo veo. Yo veo que es más un problema
personal. La cocaína no creo que destroce barrios, destroza familias.
Es un problema para el individuo, no para la sociedad.
Las principales consecuencias del consumo de drogas son para las personas más que para la sociedad. Se convierte sobre todo en un problema para el individuo.
Creo que es tanto un problema para el individuo y para la sociedad.
Creo que es un problema social porque acabas robando.
9.9. LA LEGALIZACIÓN DEL CONSUMO
Finalmente, la opinión del la población entrevistada acerca de la posibilidad de
legalizar el consumo también genera opiniones encontradas. La mayoría aconseja
aplicar una medida aprobatoria, pero añaden la necesidad de procurar información
respecto a la sustancia y sus efectos. Existen discrepancias tanto en lo que se refiere
a la legalización como sobre la edad aconsejable para permitir el acceso. Entre quienes están a favor de legalizar el consumo, la mayoría, establece los 18 años como
límite mínimo, considerando que el límite de la mayoría de edad otorga ya cierta
madurez. Éstos y estas, hacen hincapié en el hecho de que la legalización favorecería un consumo con garantías en cuanto a la calidad de la sustancia. Otro de los
argumentos que aparece en varios de los testimonios es el poder y el atractivo de lo
prohibido, que a determinados jóvenes pueden conducir al consumo.
¿Legalizar la cocaína? Sí hombre, para los caballos. No, yo no la legalizaría,
es muy peligrosa.
¿Legalización? Sí, pero con un montón de información y con sentido común. No haría falta límite de edad. Me parece que los padres deberían saber si su hijo es maduro o no. Yo llevo consumiendo desde los
18 años. La marihuana la legalizaría ya y no pondría límite de edad.
Mi opinión es que para nada habría que legalizarla. ¿Cómo voy a decir
eso? A mi casi me da un susto de muerte.
Ahora no legalizaría la cocaína. Hace unos años sí. Ahora no porque es más
difícil dejarlo si la legalizan. Hace unos años sí, porque la consumía yo.
Para mi las drogas no habría que legalizarlas. Ya sé que hay muchos intereses creados. Es un gran negocio, por eso creo que la gente acaba
177
consumiéndolas, pero también son un peligro y no podemos dejarlas
en la calle, sin más.
En cuanto a legalizarla, para nada. Pienso que debe seguir siendo ilegal, y
además pienso que debería existir una mayor vigilancia para que no
sea accesible a tantas personas. Como te he dicho antes, hay muchos
menores que consumen mucho.
Pienso que hay que legalizarla. La gente va a hacer lo que le prohiban por el
hecho del atractivo de estar prohibido. En cuanto a la edad para legalizarla, no sé. Decir que a los 18 es lo más fácil, por lo de la mayoría de
edad, pero a los 18 aún se es muy joven. No sé a qué edad, igual a esa.
Para mí el consumo no se puede legalizar, esto se convertiría en una sociedad de desmadre, aunque por otro lado, igual estaría bien, habría
más control, de cortes y eso. Por una parte igual sí, porque la gente
no tendría que robar ni hacer locuras. No sé qué decirte.
A mi sí me gustaría vivir en una sociedad en la que fuera legal la cocaína.
Me gustaría legalizarla. Pero yo lo que haría primero es legalizar el
hachís y otras drogas como blandas. Esperaría cinco o seis años, o 10
para que la educación sobre el tipo de drogas fuera creciendo y no se
consumiera de manera compulsiva ni evasiva ni autodestructiva. La
legalizaría a partir de los 18 también.
No la legalizaría porque, por ejemplo, he estado en Holanda varias veces
y la gente está cada vez más desquiciada. El tema de la legalización me
parece muy peliagudo y al final la droga siempre es dinero y poder.
Pienso que sí, así estaría más controlada y tal vez menos gente consumiría, al no ser algo prohibido. Lo prohibido siempre da morbo y un
atractivo extra.
No se debe legalizar, para nada. Habría que quemar todas las plantaciones de coca. Se podría hacer pero no quieren. Está el gobierno y
todos metidos y no hay forma de parar.
Si te digo la verdad, prefiero que no la legalicen, porque si la legalizan tendría
que pasar por todo ese rollo de sanidad y en vez de costarte 30, te costaría 40, sería peor. Si autorizasen sería a partir de los 18 o 20 años.
Yo creo que no habría que legalizarla, más que nada porque no produce
los mismos efectos en todas las personas y no todo el mundo tiene la
suficiente cabeza para saber dónde está el límite.
178
Yo legalizaría todas las drogas, porque no sabes la cantidad de mierda
que nos estamos metiendo. Permitiría el consumo a partir de los 21
años, o igual más, a partir de los 30. No sé, igual es mucho, pero es
que tienes que tener cabeza para consumirlas.
Creo que legalizándola se evitarían muchos problemas, y advirtiendo de
sus consecuencias. Lo ilegal siempre atrae. Si fuera legal igual se consumiría menos, como el tabaco. La legalizaría a partir de los 25 años
porque la gente es más madura.
9.10. EN RESUMEN
En cuanto al prestigio social que el colectivo entrevistado asocia al consumo de
cocaína, se comprueba que existe cierta contradicción. Por un lado, muchas personas no consideran en absoluto que para ellas haya sido una droga asociada al éxito,
básicamente por los problemas asociados al consumo. De hecho comentan la multitud de experiencias indeseables que ha acarreado el consumo en sus vidas (prisión, violencia, pasar por un proceso de tratamiento, problemas sanitarios físicos y
mentales, familiares, etc.). Entre éstos y éstas hallamos sobre todo a los sujetos
entrevistados de mayor edad, quienes consideran que han sobrepasado el consumo
experimental o iniciático, la luna de miel inicial y que han llegado a la adicción, producto de la cual se han visto inmersos en multitud de dificultades.
— Entre los y las más jóvenes, que asocian aún el consumo a la experimentación, al fin de semana y al espacio recreativo, no existe la misma percepción
y no son, en su mayoría, quienes consideren que ese consumo ocasional les
haya acarreado experiencias negativas. No se consideran adictos y el hecho
de consumir puede implicar la disposición de dinero, la asociación con la fiesta, el mantener un ‘puntillo’ que te permite aguantar toda la noche sin dormir,
relacionándote con la gente, etc.
— Para los y las de más edad, y especialmente quienes han reconocido un consumo habitual y una adicción, resulta alarmante la edad en la que en este momento se inicia la juventud en el consumo y atribuyen a éstos y éstas cierta
necesidad, cubierta por el consumo de la sustancia, de ir de ‘guays’, de líderes, sin ser conscientes de los riesgos que puede acarrear un consumo que, a
su juicio, casi sin lugar a dudas, deriva en adicción más tarde o más temprano.
— Tanto quienes suscriben la primera postura como quienes sustentan la segunda, comentan la percepción de la extensión del consumo. Consideran
que el consumo de cocaína está bastante normalizado y generalizado, que la
179
sustancia está en cualquier parte y que no existen excesivas dificultades para
adquirirla.
— Tal vez —indican— antes era una droga asociada al prestigio y al éxito, dado
su precio y la imposibilidad de acceder a ella por parte de algunas personas.
Sin embargo, hoy en día, el precio no es un obstáculo y acceden a ella individuos de todas las capas sociales, utilizando para ello distintos medios, más o
menos legales.
— Sin embargo, y a pesar de no asociarla al prestigio y al éxito, la cocaína sigue
teniendo relación con el ‘glamour’, el famoseo, lo artístico, el mundo de la
moda, la farándula, los personajes públicos, etc. De hecho, casi la totalidad de
la población encuestada cree, opina, o afirma que conoce a gente popular o
con poder que la consume. Y no dudan en poner nombres y apellidos a estas
personas. En cualquier caso, parece que estos personajes públicos tienen
cierto blindaje sobre las consecuencias indeseables que ellos y ellas sí han llegado a experimentar.
— Y, por supuesto, establecen diferencias entre quienes consumen cocaína y
quienes consumen otro tipo de drogas. En el imaginario social persiste la idea
de que el individuo toxicómano es el que consume heroína, el que está tirado, el que se pincha. Quienes consumen cocaína no llegan a esa marginalidad.
De hecho, según algún testimonio literal «son más persona».
— Con respecto al hecho de probar la cocaína y ganar o perder una experiencia
haciéndolo o dejando de hacerlo, el colectivo entrevistado establece una clara diferencia entre probar y consumir habitualmente. La mayoría considera
que probarla es una sensación que no debería perderse nadie. Otra cosa es
consumir, es decir, engancharse al consumo. En lo que sí parecen coincidir es
en la capacidad de la cocaína de establecer un proceso adictivo rápido, aunque el hecho de considerar que éste es de características psicológicas, tal vez
reste cierta percepción de riesgo a esta adicción.
— Curiosamente, y a pesar de la consideración de los beneficios asociados al
consumo puntual de cocaína, existen testimonios dramáticos de algunas personas entrevistadas. En ellos refieren situaciones como, por ejemplo, estar al
borde de la muerte o de un infarto, perder la cabeza, robar, sufrir ideas paranoides e incluso llegar a decidir matar a otra persona.
— La totalidad parece conocer los riesgos y los efectos indeseables del consumo
habitual de la sustancia. En algunos casos por experiencia propia y en otros
por lo que han oído o visto en otras personas. Parece, una vez más, que la
información no correlaciona necesariamente con un cambio de actitud o de
conducta, tal y como se demuestra también en el consumo de otras sustancias como el tabaco y/o el alcohol.
180
— Las principales consecuencias negativas del consumo de la cocaína, según la
muestra entrevistada, afectan principalmente a la propia persona consumidora. Sobre todo desde el aspecto sanitario. La afectación social tiene más
que ver con los aspectos judiciales con los que se relaciona, que suelen estar
producidos por la existencia de más robos y más violencia.
— Finalmente, la gran mayoría está de acuerdo con la legalización del consumo, siempre y cuando se acompañe de medidas de otra índole como la información y/o la existencia de sitios específicos para consumir. Consideran
que desparecería el tráfico de sustancias ‘cortadas’, de dudosa calidad, con
lo que algunos de los aspectos sanitarios quedarían preservados. También
se menciona el atractivo que supone cualquier prohibición. Son muchos y
muchas quienes coinciden en que la mayoría de edad sería la edad óptima
para acceder a la sustancia.
— Quienes no aprueban la legalización consideran que tal medida supondría un
caos social, ya que aún no existe, en su opinión, una cultura y una madurez
suficiente para realizar un consumo responsable.
181
10. Connotaciones
personales asociadas al
consumo de cocaína
Los efectos del consumo de cocaína, en la faceta personal de las 50 personas
entrevistadas, es motivo de análisis en este apartado, con el que se pone el punto
final al presente estudio. Las preguntas contenidas en el enunciado de la entrevista
iban dirigidas a conocer la posible influencia de ese consumo en la realización de
los proyectos que estas personas tenían planteados, y en su estado de salud, física y
psíquica. Asimismo, se quería averiguar si, desde su punto de vista, existían ‘daños’,
generados por la cocaína y relacionados con áreas de la vida tan diversas como la
economía, la afectividad, la evolución profesional, o cualquier otro con efectos sobre la convivencia y la vida en sociedad.
Además de lo anterior, se ha buscado una respuesta sobre los posibles comportamientos violentos de estos individuos, cuando se encontraban bajo los efectos de
la cocaína y si, de algún modo, esa sustancia puede haberles situado en una situación
de riesgo de accidente de tráfico.
Si ha existido en su trayectoria algún proceso de deshabituación, o si conocen
las posibilidades de ayuda que la sociedad les ofrece en el supuesto de que opten
por dar ese paso, también es motivo del presente estudio. Incluso, se pregunta por
la postura que adoptarían si pudiesen volver a un momento anterior al primer consumo. ¿La probarían de nuevo? Sus aportaciones permiten valorar hasta qué punto
consideran que el ‘pago’ que la droga les ha exigido —y les exige— merece la pena.
A pesar de que, en general, la muestra entrevistada ha aparecido como «sincera» a los ojos de quienes les han encuestado, este apartado de la entrevista refleja
algunas contradicciones. Creemos que ha habido propósito de veracidad, pero ésta
difícilmente puede conseguirse cuando existe un autoengaño, o la imposibilidad de
afrontar la realidad en todas sus dimensiones.
La cocaína proporciona sensación de poder. Eleva la autopercepción del individuo
que se encuentra bajo sus efectos y le hace sentirse superior; incluso todopoderoso.
Alexander Shulguin describe así sus efectos: «Es una droga que despierta la agresividad,
un estimulante que da una sensación de poder, de que estás en la cima del mundo».
Después de experimentar esas sensaciones, sería necesario un alto grado de
realismo para asumir y reconocer —ante alguien extraño que le pregunta por sus
185
vínculos con esa sustancia— que uno mismo es un ser como cualquier otro, quizás
más vulnerable que la mayoría porque, en cierta medida, basa su seguridad en la
ingesta de una sustancia. La adicción puede haber condicionado y hasta dirigido
sus decisiones y actos. Pero asumirlo explícitamente exigirá un trabajo previo de
reflexión y una valoración de causa-efecto que ofrezca un resultado claramente negativo para el individuo. Sólo después de eso, la persona que consume podrá despojarse de la falsa percepción de poder y asumir la realidad de su propia dimensión.
La diversidad de situaciones y momentos relacionados con el consumo plantea
también una variada muestra de percepciones. Entre las personas participantes en
el estudio hay jóvenes que están comenzando su ‘relación’ con la sustancia, junto
a quienes llevan varios años vinculados a ella, con un mayor o menor grado de dependencia. Y también están quienes han ‘roto’ la relación de dependencia que antes
mantenían. A la vista de los testimonios podemos afirmar que esa percepción está
condicionada por el momento en el que se encuentren, y que un mismo individuo
cambiará su visión respecto a la cocaína, a lo largo de su vínculo con ella.1
A este respecto, Calafat y otros describen así el proceso de evolución que experimentan los consumidores, en su percepción respecto a la sustancia y sus efectos9: «La relación con la cocaína se inicia con una ‘luna de miel’ en que la sustancia
fascina y seduce, algunos aprenden a mantener una relación intermitente con la sustancia con lo que consiguen prolongar durante años o toda la vida el encantamiento.
Otros pasan a un consumo más frecuente e instrumental y de ellos una parte quedan completamente atrapados en su seducción. Cuando eso ocurre el encantamiento de los efectos que produce la sustancia desaparece y sólo queda la necesidad de
consumirla, el impulso dominante de la adicción».
Los análisis posteriores tienen su punto de partida en las declaraciones recogidas. Pero, una vez más, además de las expresiones directas y explícitas tendremos
en cuenta las omisiones; las contradicciones y aquellas manifestaciones más o menos implícitas que, de algún modo, también suponen un grado de información interesante para el estudio.
10.1. PROYECTO DE VIDA
La influencia que el consumo de cocaína ha tenido en el desarrollo y la materialización de los proyectos que estas personas se habían trazado en su vida es diversa,
según se desprende de sus respuestas. Pero podemos agruparlas en función de al9
186
«Vida social de la cocaína» Calafat, A.; Juan, M.; Begoña, E.; Fernández, C.; Gil, E.; Llopis, J.J.
gunas características, como por ejemplo, la presencia de esa sustancia en sus vidas
actuales; si el consumo es para ellos y ellas, ahora, una constante o, por el contrario, han optado por recurrir a tratamientos que les ayuden a conseguir la deshabituación.
Si retomamos la clasificación apuntada en el apartado titulado Relaciones personales, dispondremos de tres tipologías, también útiles en esta ocasión. Los ‘abstinentes’ masculinos aceptan la influencia que el consumo de cocaína ha tenido en el
desarrollo de su proyecto de vida. Y lo hacen en una proporción que se aproxima al
80%. En cambio, entre los ‘consumidores’, apenas el 20% reconoce que el consumo de la sustancia ha tenido repercusiones a la hora de llevar adelante aquello que
tenían previsto.
Esta divergencia en la interpretación puede estar motivada por múltiples factores. Y, de entre ellos, destacamos el grado de adicción por considerar que juega un
importante papel. Es habitual que sólo algunos de los sujetos que llegan a una fase
avanzada se replanteen la situación y opten por abandonar ese hábito de consumo.
La recompensa ya no es tan placentera y el precio exigido por ella resulta cada vez
más elevado.
De entre esa mayoría de ‘abstinentes’ destacamos los siguientes testimonios,
que indican lo que se ha dejado en el camino del consumo, y el grado de reconocimiento que, de esa realidad, hacen los propios actores:
La cocaína me ha cambiado la vida. Yo soy un chaval de 19 años. Ahora
tendría que estar con mi novia y mis amiguetes, y no haciendo un tratamiento en comunidad, que es donde voy a ir el mes que viene.
Otro de estos protagonistas describe así el ‘peaje’ de la cocaína en su vida:
Si no hubiera consumido mi vida habría sido mejor. Igual no me habría
separado, no habría tenido tantas movidas con mis padres, habría
seguido trabajando y no me hubiera ido al paro.
Hay más casos en los que se culpa a la sustancia de fracasos en diferentes ámbitos.
Si no hubiera consumido igual hubiera orientado mi vida de otra forma.
Igual hubiera seguido con el negocio, igual tampoco me hubiera divorciado.
Estas declaraciones permiten una reflexión en otro sentido. La cocaína, para
estos y estas ‘abstinentes’ que han renegado del consumo cumple otra función, a
pesar de que no la ingieran. De nuevo es instrumentalizada pero, ahora, oferta algo
187
diferente a lo que les proporcionaba en la época de consumo. En este momento
están alejados de ella, se exigen no volver a tomarla. Una buena táctica para conseguirlo puede ser demonizarla, hacerla causante de todos los males vividos. Con ello
se consigue un doble objetivo: se facilita el alejamiento porque los efectos perversos
que se la han adjudicado son muchos, y la recompensa que ofrece cuesta demasiado. El principio de efectividad ya no se cumple, y el balance resulta negativo. Al mismo tiempo, el individuo se libera de responsabilidades personales en relación directa con los fracasos vividos. Alguno de los entrevistados otorga a la cocaína la culpa
de todo lo malo que le ha sucedido. Aseguran que, por culpa de esa sustancia, no
eran responsables de sus actos. Eso les facilita las cosas. Los sentimientos de fracaso, de culpabilidad, la ira, el desencanto… pueden dirigirse a algo ajeno, exterior al
sujeto que tomó la decisión de probar, de consumir y de depender de la sustancia.
De este modo las expectativas de futuro también pueden aparecer como ilimitadas, porque el individuo está a salvo; su integridad, su responsabilidad, la capacidad de tomar decisiones… no se cuestiona. Los errores cometidos en la fase
anterior de su vida se achacan a la cocaína pero, a partir de su deshabituación, la
vida continuará sin esa sustancia. En ese supuesto todo es posible y el futuro puede
interpretarse como perfecto. Una de las declaraciones recogidas ilustra a la perfección este razonamiento. Se trata de un hombre de 35 años, que participa en un
proceso de deshabituación ingresado en una comunidad terapéutica. Está separado
de su mujer; ha perdido su trabajo y también a su última novia. Afirma que el consumo le ha condicionado su vida, pero añade:
Mi proyecto de vida viene ahora. Hasta ahora igual no tenía ninguno.
En otros casos se refieren a los efectos sociales perversos, de esta droga que,
supuestamente y para un amplio sector social, es sinónimo de éxito social:
Sí, claro que me ha condicionado, porque la gente te tiene por un enajenado, una persona que no se puede contar con ella. Se da cuenta
el día que has consumido y entonces no te hablan, no quieren estar
a tu lado. Y eso te duele mucho. Cuando estás bien, a la gente que
te ha hecho eso no la quieres perdonar. Y notas que quienes te han
conocido te desprecian.
Hay otra ocasión en la que aparece de nuevo ese efecto antisocial.
Mi vida sí se ha visto condicionada porque la cocaína te aísla, no te deja
ver cosas que tiene la vida.
Según las personas expertas, para quienes consumen cocaína es un reto mantenerse en la frontera, no traspasar la línea que lleva a la adicción. Esta sustancia otor188
ga poder y, en buena lógica, esa omnipotencia está en contradicción con la dependencia. Por eso, quienes reconocen que han superado la barrera e inician el viaje de
retorno son los perdedores. Los doblemente perdedores. Son quienes están fuera,
se imponen la marginación del grupo porque no son fuertes. A la vez, su imagen
resulta agresiva a quienes a pesar de consumir se consideran ‘a salvo’, porque les
pone ante los ojos una situación a la que están expuestos, o que en realidad están
viviendo. Y eso genera rechazo. Calafat, y otros, mantienen10: «Algunos de los consumidores que llegan a ese extremo se esconden de su círculo de amigos quienes
controlan mejor el consumo, se avergüenzan de su adicción y se inicia un proceso
de exclusión marcado por ‘la ley del silencio’. El estigma de quien cae en la adicción
lleva el castigo del aislamiento social».2
Uno de los pocos casos de ‘abstinentes’ para quienes el consumo no ha sido
determinante en su proyecto de vida, incluye alguna matización al hacer ese planteamiento:
He dejado de hacer un montón de cosas que no sabía que estaban ahí.
Las he dejador por ir de fiesta. El consumo me ha condicionado la forma de vida, pero no la vida actual. Ahora mismo estoy muy satisfecho
de cómo estoy funcionando».
En cuanto al colectivo masculino de los ‘consumidores’, en un gran porcentaje
se plantea de manera negativa la influencia de la sustancia en su toma de decisiones.
En los pocos casos en los que se reconoce el efecto condicionante de la cocaína, se
produce con matizaciones y contradicciones al respecto.
Uno de los testimonios de este colectivo que, de manera más clara, reconoce
ese hecho, es el de un joven de 28 años, que estudia y trabaja a la vez. Explica:
El consumo de drogas me ha condicionado la vida en sí, no el proyecto.
Durante mucho tiempo sólo me ha preocupado la fiesta; salir los fines
de semana. En todo ese tiempo no me ha importado ni el trabajo,
ni los estudios. Si consumes, al final no cedes el mismo tiempo, ni el
mismo interés, al trabajo y a los estudios.
Hay dos casos que plantean este consumo, en cierto modo, como una carga
permanente, que llevas quieras o no. Uno es un joven universitario de 20 años, que
manifiesta:
Sí me puede condicionar en cierta manera, porque siempre está ahí,
como el ludópata que tiene la movida detrás.
10
«Vida social de la cocaína» Calafat, A.; Juan, M.; Begoña, E.; Fernández, C.; Gil, E.; Llopis, J.J.
189
El otro, es un varón de 27, que proviene de Argentina y llegó a España en 2001.
Él explica:
No pienso que a mí la cocaína me condicione mi proyecto de vida. Pero
lo cierto es que siempre está ahí. En algún momento he querido salir
de esto y no volver, pero no lo he logrado. Siempre he vuelto. Bueno,
más bien, no lo he dejado del todo.
Como muestra de cierta contradicción, recogemos la frase siguiente de un entrevistado, de 32 años:
A mi no me ha condicionado mi proyecto de vida. Pero bueno, antes sí,
ahora no; antes me ha cerrado las relaciones con los demás.
Y también está la de otro, que asume el carácter condicionante y al mismo
tiempo trata de minimizarlo.
El consumir coca no me condiciona mi proyecto de vida. Aunque no tengo dinero para comprarme una chaqueta si quiero. Pero te condiciona solo en cosas materiales.
Por su parte, las mujeres son incluso más tajantes, y en ellas las posturas se
vuelcan de manera drástica cuando nos trasladamos del grupo de ‘abstinentes’ al de
‘consumidoras’. Mientras que las primeras reconocen sin paliativos la limitación que
les ha supuesto el consumo, las segundas niegan cualquier condicionante que pueda
derivarse de la cocaína.
Del primero de estos grupos destacamos el testimonio de una joven de 28
años, que ha vivido en la calle, no tiene formación profesional; carece de un círculo
de amigos y hace frente a sentimientos de temor muy diversos. En su opinión,
El consumo de cocaína me ha condicionado toda la vida.
Hay otro caso, en el que la entrevistada responde:
¿Qué si me ha condiciona mi vida? A veces no sé ni cómo puedo estar
viva.
Otra de las mujeres se refiere al efecto de aislamiento, ya manifestado por los
hombres.
El consumo me ha condicionado la vida en muchos momentos. Por ejemplo, cuando no me he querido relacionar con gente. El no querer que
me vieran, el no querer ver a nadie…
Y hay otra declaración algo mas escéptica, aunque quizá más realista.
190
A mí el consumo me ha cambiado los proyectos que tenía en mi vida.
Aunque tampoco los iba a hacer por falta de interés.
Las ‘consumidoras’, por su parte, a priori defienden su libertad de movimientos
respecto al futuro. No obstante, en algunos casos le conceden a la cocaína ese efecto, pero nunca referido a ellas mismas sino a otras personas. Por ejemplo:
No me condiciona para nada mi proyecto de vida. Pero sí creo que puede
condicionarlo a la gente que está realmente enganchada.
De la peña con la que yo andaba antes, que se metían mogollón y los que
siguen ahí, no estudian, están en el curro mal porque no les gusta ni
les motiva para nada. Hablas con ellos y se les olvidan las palabras, se
pierden en la conversación. Entonces, en ese sentido, te condiciona
el estilo de vida.
Incluso, al referirse a ellas mismas pueden admitir esa influencia, pero en pasado
y como ya superada.
No me condiciona. Para nada. Sí que igual hubo un momento en el que
pudo condicionármelo algo. Pero ahora mismo, para nada.
Mi proyecto de vida no está condicionado. Me asusté un día cuando me
desperté, cogí, me puse una raya y me levanté. De repente me di
cuenta: ¡hostia!, he desayunado una raya de cocaína, esto no va bien.
Creo que es una droga peligrosa. Es como la gominola de las drogas.
Hay un tercer grupo, en el que estarían englobados los hombres entrevistados
en prisión. Se trata de cinco hombres, y aquí las opiniones están divididas.
A mí la cocaína me ha condicionado por completo mi vida. Haberla visto
y tenido a mano desde tan joven y haber consumido tanto… No he
estudiado como hubiera debido, casi no tengo amigos, mi salud, mis
delitos, la cárcel… Para mí me ha marcado totalmente.
Así explica un joven de 21 años su percepción respecto a la influencia del consumo. En este caso resulta evidente la instrumentalización que hace de la cocaína, y el
traslado de las responsabilidades propias hacia el consumo de esta sustancia.
En cambio, otro de los encarcelados, que tiene 24 años lo plantea desde un
punto de vista de autocontrol.
No pienso que a mí la cocaína me condiciona mi proyecto de vida Yo
quiero salir de esto y no volver.
191
10.2. PERCEPCIÓN DE DAÑOS GENERADOS POR EL CONSUMO
DE COCAÍNA
El colectivo entrevistado conoce los efectos negativos del consumo de cocaína,
y así lo admiten en la mayoría de los casos. Unas veces reconocen que los han padecido, y otras que los han observado en personas de su entorno próximo. Hablan
de problemas físicos y psíquicos, de estados de ánimo depresivos, de ‘paranoias’, de
actitudes de aislamiento, de desajustes económicos de importancia… Pero son numerosos los casos en los que esa información no supone un freno, o un motivo que
les lleve a alejarse del consumo.
La valoración de daños es algo diferente —en general— si la hace un ‘abstinente’ o un ‘consumidor’. Eso puede ser debido a que la experiencia que el primero
tiene con la sustancia es más completa, porque necesariamente ha superado la fase
‘luna de miel’ con la cocaína. Y también puede estar motivado por una necesidad de
coherencia. En ocasiones puede resultar paradójico, y contra la lógica y el principio
de autoconservación, que los individuos estén dispuestos a pagar precios tan elevados como ellos mismos reconocen, en forma de problemas personales, de salud o
dificultades sociales.
Una mujer, de 27 años e incluida en el grupo de ‘consumidoras’ describe así los
daños:
Sobre todo para la salud. La nariz, los pulmones… Mentalmente también,
por el bajón. En el tema social, te puedes quedar sin trabajo, te puedes quedar sin familia, sin un puto duro y acabar en un agujero.
Otra, de 30 y que, aunque no está en tratamiento, asegura haber dejado de
consumir hace unos meses, plantea que la cocaína,
te destroza y pulveriza la nariz. Con el speed no pasa, o con las anfetaminas, pero con la cocaína lo notas desde el segundo día. La garganta
también te la destroza; el rollo de no comer, de no dormir bien; el
rollo depresivo; el económico… Y si empiezas a estar enganchado,
muchos problemas con tus relaciones, con tu trabajo…
En ocasiones aparece la contradicción. Supuestamente no hay ‘peaje’ por el
consumo, pero las descripciones de daños son claras, definidas y aunque se achaquen a otros, en cierto modo, se hacen en primera persona. Así, una mujer de 34
años, que trabaja como camarera relata:
A mí no me ha pasado nada porque tampoco consumo mucho. Pero he
visto a gente que durante la noche asegura que todo es muy bonito,
192
consumes, te lo pasas bien, pero al día siguientes estás totalmente
destrozado física y psicológicamente, preguntándote, por qué me habré metido, y pasándotelo mal. Yo, por ejemplo, cuando consumo
soy consciente de lo que va a pasar al día siguiente, pero hay mucha
gente que no.
Otras veces los ‘consumidores’ admiten los efectos negativos, sin ningún paliativo y a pesar de que pueda suponer evidencia de comportamiento incoherente o
en contra de los más elementales principios de autoconservación. Uno de los entrevistados, de 27 años, que en este mismo apartado respondió que este consumo no
condicionaba su proyecto de vida, sostiene:
La cocaína me ha traído muchos problemas, sobre todo de cabeza. Me
pongo muy loco, muy agresivo. He gastado mucho dinero y he dado
muchos disgustos a personas queridas. Y, sobre todo, me hace estar
muy descentrado en mi vida personal y a la hora de organizarme el
futuro a medio plazo. Digamos que vivo al día.
Y los hay que aseguran estar al margen de esos daños que ven en su entorno.
Incluso manejan porcentajes, basados únicamente en percepciones, que podrían
tranquilizarles porque alejan las probabilidades de que a ellos les pase.
Yo también he visto roturas de pareja, de familia, de negocios… intentos
de suicidio. Pero de mi entorno igual un 5%. El otro 95% igual la consume un poco como yo, y no ha tenido ningún problema. Que haya
visto esas cosas no significa que la sustancia te vaya a llevar siempre
a ellas. O sea, existen y pueden pasar, pero por regla general no se
llega a esos extremos.
Respecto a las consecuencias físicas, las taquicardias son las dolencias que con
más frecuencia describen, y eso les lleva a pensar que el consumo de cocaína puede
provocar problemas coronarios. También se refieren a las afecciones en las vías respiratorias, y en algunos de estos casos reconocen que tienen el tabique nasal perforado. Las dificultades para conciliar el sueño están bastante generalizadas, y hay
algunos casos de dolores de cabeza, achacados al consumo de esa sustancia. Uno
de ellos es el relatado por un joven de 22 años, que está en fase de tratamiento ambulatorio para la deshabituación.
He tenido dos o tres dolores de cabeza al año, y me asusto. Tuve una
migraña de una semana, y estuve en el hospital con oxígeno… fatal.
En cuanto a las afecciones mentales, las ‘paranoias’ son el común denominador
para los entrevistados. Alguno de ellos asegura que «eso está a la orden del día».
193
También reflejan pérdida de la memoria y la capacidad de concentración, relacionadas con el consumo de cocaína. Incluso, llegan a plantear la existencia de brotes
sicóticos y su temor de que corren «riesgo de enloquecer».
Creo que lo he cogido a tiempo, pero he perdido memoria, capacidad
de concentración, he tenido lapsus. Los daños son más psicológicos
que físicos.
Roncero y otros consideran que los síntomas psicóticos son una de las complicaciones más habituales producidas por el consumo de cocaína, y los describen así11:
«Los síntomas psicóticos son una de las complicaciones más habituales producidas
por el consumo de cocaína, ya sea agudo o crónico. La psicosis del cocainómano
suele estar precedida de un periodo de suspicacia, recelo, conductas compulsivas y
ánimo disfórico. Habitualmente cursa con un importante componente de agresividad
y agitación. La paranoia transitoria es el más característico de estos síntomas, también
pueden presentarse vívidas alucinaciones aisladas, generalmente en el contexto del
consumo, y que son criticadas por el individuo, por lo que no cabría hablar de psicosis
en este caso sino de alucinosis cocaínica. La paranoia inducida por cocaína es un aparatoso cuadro psiquiátrico que se presenta entre el 53% (Brady et al. 1991) y el 68%
(Satel et al. 1991) de los consumidores que cumplen criterios de dependencia a dicha
sustancia. La aparición de la paranoia inducida suele variar entre 25 y 57 meses desde
el inicio del consumo regular, con una media en torno a los tres años. No hay diferencias estadísticamente significativas en el patrón de consumo, en cuanto a la cantidad
de cocaína y el tiempo de dependencia, de los individuos que desarrollan paranoia
y los que no, tampoco en la edad o la raza». Brady et al. en la publicación ya citada
encontraron una mayor predisposición en los hombres que en las mujeres, así como
en aquellos que consumían la cocaína por vía intravenosa respecto a los que lo hacían
vía intranasal. La psicosis inducida por cocaína suele ser autolimitada, y cede sin tratamiento en las horas siguientes al cese del consumo. Es excepcional que los síntomas
se prolonguen más allá del periodo de «crash» (hipersomnia que sigue a la abstinencia
reciente).3
La sensación de seguridad y la supuesta agilidad en la respuesta que producía el
consumo de cocaína desaparece cuando deja de ingerirse. Y eso es visto como una
pérdida importante por uno de los entrevistados ‘abstinentes’, que asegura:
No sé si la cabeza me va a dar para hacer otras cosas sin ninguna ayuda
de cocaína. A una persona se le podría hacer una prueba de ejercicios
numéricos o casas de esas y si le das una raya seguramente se vería
11 Roncero, J.; Ramos, J. A.; Collazos, F.; Casas M. «Complicaciones psicóticas del consumo de
cocaína»
194
la agilidad mental. También es cierto que la agilidad mental se va apagando. Te quedas torpe y no sabes hacer la ‘o’ con un canuto. No eres
capaz. Te pones a leer las instrucciones del móvil y no entiendes. Y no
sabes si en el futuro, sin ella, podrá hacer lo que hacías.
El aspecto económico de la vida de las personas entrevistadas se ha visto afectado, aunque en varios de los casos de ‘consumidores’ asumen el gasto como uno
más de los dedicados al ocio, y afrontado con ingresos derivados del trabajo, o financiado por la familia.
Sin embargo, entre los y las ‘abstinentes’ se plantean pérdidas de bienes como
consecuencia del consumo. El piso, el coche, o la deuda con el banco a la que están
haciendo frente, aparecen en las descripciones. Incluso, el robo de dinero en el domicilio familiar, a padres y hermanos, se reconoce en alguno de estos relatos.
Relacionado con este mismo aspecto, la pérdida del trabajo o la falta de proyección profesional se achaca, en ocasiones, al consumo de cocaína.
Los ‘daños’ a las relaciones personales también surgen en la valoración de los y
las ‘abstinentes’, y en alguno de quienes consumen. No obstante, este análisis estaría realizado en un apartado anterior.
También se describen riesgos, de muy distinto calado, que no se han traducido
en hechos lamentables. Por ejemplo:
El mayor riesgo que he vivido por la cocaína ha sido el de una posible
entrada en prisión.
O esos otros casos, en los que en una situación de pérdida de control, provocada por el consumo, han podido hacerse un daño irreparable.
He estado a punto de ser atropellado por no querer quitarme de delante
de un coche en marcha; o de romperme algo tirándome desde el
balcón de un piso.
Hay veces que los sujetos refieren peligros generados, no por el consumo sino
por la coyuntura que lo rodea.
Los riesgos están ahí. Desde la transmisión de enfermedades a los riesgos
físicos inminentes porque estás a deshoras en mal sitio. Hay peligro
de que, en cualquier momento, salte la chispa.
En otras ocasiones, las situaciones límite están relacionadas con la conducción
temeraria. Una mujer ‘abstinente’, de 24 años, explica que:
195
Sales corriendo y no miras a donde vas; llegas al coche y te puedes llevar
a alguien por delante y alejarte de personas hasta que se te pase la
paranoia. No puedo volver atrás, no podemos…
Otra joven, que está en tratamiento ambulatorio, relata:
A cuenta de la coca me he arriesgado a hacer cosas con mi ex marido que
me podía haber matado en cualquier curva de la carretera. También
nos podía haber cogido la policía con las manos en la masa. Pero en
ese momento no lo ves, lo vives como un reto que te pones a ti misma. Y luego dices, ¿por qué lo he hecho?
También una universitaria, de 22 años, reconoce que el consumo puede provocar accidentes de tráfico.
Sí he vivido riesgos, porque no ves el peligro de la misma manera. No
eres consciente del peligro. Todos los riesgos que he sufrido siempre
han sido con el coche y la cocaína. No son buena mezcla.
Y también se ha puesto de manifiesto cómo ese consumo puede arriesgar a
personas del entorno.
Aunque tu pienses que no; corres riesgos. Yo, aunque no he cogido el coche, me he montado cuando no tenía que haberme montado con esa
gente, porque estaban como yo y podía haber pasado una desgracia.
La percepción de la realidad queda distorsionada por el consumo, según describen algunas de las personas entrevistadas. En consecuencia, la definición del riesgo
vivido en determinadas situaciones, y su alcance, puede resultar poco fiable, por excesiva o por escasa. No obstante, destacamos algunas de las manifestaciones recogidas, porque ponen de manifiesto que la definición de la realidad vivida, para ellos y
ellas, incluye esas experiencias. Una mujer ‘consumidora’ de 23 años explica:
En una discoteca estaba con un amigo que tenía un pasadón de puta madre. Esperamos a que se le bajara, pero no le dio la gana. Se saltó
un peaje y no sabíamos si había atropellado a alguien. Y lo peor es
que la droga te confunde. Piensas que controlas y no controlas. Las
percepciones te cambian y así corres muchos riesgos y encima ni te
enteras.
En esa misma línea, un hombre ‘abstinente’ de 35 años reconoce que le resulta
complejo diferenciar entre los riesgos imaginarios y los que realmente había sufrido.
Hay riesgos que todavía hoy no sé si eran reales o no. He tenido muchas
paranoias con la cocaína. He llegado a sacar un cuchillo a la vecina.
196
Todo el mundo me parecía malo. Y esa sensación de paranoia no se
la deseo a nadie. Intentas dormirte y sientes que te ahogas. Y estás
alerta de todo. Los ruidos del vecino; ves una sombra en la puerta; te
levantes, miras…
Este mismo entrevistado también relata experiencias reales, que ponen de
manifiesto cierta predisposición a llegar a los extremos, que en su caso se producía
tras el consumo de cocaína:
El ir cargado, con droga en el coche, y pasar por una gasolinera donde
está la guardia civil. Y parar a repostar ahí, sin tener necesidad, buscando el riesgo. Y salir arreando y mirando por el retrovisor.
Existe reconocimiento de la relación existente entre el consumo de cocaína
y los accidentes de tráfico. Incluso se han hecho públicas propuestas para hacer
frente a ese problema. En ese sentido, recogemos la aportación del Servicio de
Drogodependencias de la Cruz Roja de Córdoba12. «Los controles toxicológicos
de consumo de cocaína similares a los del consumo de alcohol en los eventos sociales, donde se conoce a ciencia cierta que se producen de forma sistemática, sobre todo para la conducción de vehículos de motor, podrían ser un medio de disuasión que evitaría complicaciones en accidentes y muertes de tráfico, aunque
se tendría que valorar la posibilidad no solamente sancionadora del consumo,
sino el incentivar a aquellos jóvenes que den controles negativos con premios
como refuerzo a una diversión sana fuera del consumo de sustancias adictivas».4
10.3. RELACIÓN ENTRE COCAÍNA Y COMPORTAMIENTOS
VIOLENTOS
Violencia y cocaína tienen muchos puntos de encuentro, según los testimonios
recogidos de las 50 personas participantes en este estudio. Ellas describen cómo, el
consumo, lleva con frecuencia a discusiones y enfrentamientos violentos.
El contenido exacto de las preguntas en las que basamos estas interpretaciones
eran: «¿El consumo de cocaína le ha llevado a alguna cuestión violenta? ¿Cuando ha
consumido ha perdido el control, o se ha visto involucrado en alguna pelea?».
El concepto de «violencia» que perseguíamos era amplio e incluía —además
de los físicos— elementos psicológicos o verbales. Pero fueron los sujetos de la
muestra quienes lo delimitaron. En la mayoría de los casos se han referido a enfren12
Bartolomé Cañuelo, Maria del Pilar García. «Perfil de los usuarios de cocaína»
197
tamientos físicos, y en las pocas ocasiones que hablaban de otras formas de tensión
las minimizaban, como si no mereciesen incluirse en la categoría de comportamientos violentos. Por ejemplo, un hombre de 27 años, en tratamiento ambulatorio,
plantea:
No soy persona violenta. Soy tranquilo. Gritos y mal genio sí.
Esa percepción se registra en ambos sexos, en ‘abstinentes’ y ‘consumidores’
pero, con mayor prevalencia, en los primeros. Para explicar esta diferencia podemos
recurrir a dos razones que, a nuestro entender, sino las únicas al menos son cruciales
en este proceso de reconocimiento. Los y las ‘abstinentes’ han experimentado una
relación con la cocaína más intensa y extensa que quienes son ‘consumidores’. Eso
les permite referir vivencias a las que ‘consumidores y consumidoras’ no han llegado,
y puede que nunca lleguen. También debe tenerse en cuenta el hecho de que ‘los y
las abstinentes’ están en un momento de ‘sinceridad’. Han asumido la dependencia,
participan en un tratamiento de deshabituación y han objetivado —o tratan de objetivar— el consumo de cocaína. Observan los efectos y experiencias que la sustancia
y ellos y ellas han compartido como si se tratase de algo ajeno, y se permiten juicios
duros o realistas. En cambio, quienes siguen consumiendo comparten su vida —en
mayor o menor medida— con la cocaína, y la defienden por coherencia, porque no
se han planteado —o no han podido— renunciar a ella. En muchos casos la sustancia
forma parte del tiempo de ocio, se la vincula con experiencias de libertad y poder, y
está rodeada de cierto halo mágico. Es lógico que los y las que consumen tiendan a
ocultar los efectos perversos, al menos en lo que a ellos y ellas se refiere. Podrán reconocer comportamientos violentos en otras personas consumidoras, pero tenderán
a ocultar los que se han generado en ellos y ellas.
Hay ocasiones en las que los sujetos reconocen actitudes violentas propias. Pero
otras las niegan en sí mismos, admitiendo que existen en otros individuos consumidores. Por ejemplo, un hombre de 24 años, relata:
Yo he sido siempre una persona tranquila pero, hombre, igual sí ha habido veces que estás en un bar, saliendo o lo que sea, y como hay
tanta gente, igual recibes algún empujón. Y le miras a él con mala cara
porque piensas que lo ha hecho queriendo. Pero personalmente, yo
nunca he tenido una bronca por culpa de la cocaína. Pero otra persona que no fuese yo, podría ponerse más violento con la cocaína.
Otro, del mismo colectivo y cinco años mayor que el anterior, afirma:
Yo por el consumo de cocaína nunca me he visto violento. Si que los
cocainómanos, sí que he visto cocainómanos muy suspicaces, que se
han alterado. Sí, eso sí.
198
Un tercero, de 32 años, plantea:
No me he visto involucrado en ninguna pelea. Sí es verdad que he visto
peleas, porque la cocaína te hace ser más árido, más irascible.
Hay reconocimiento de comportamientos violentos en un ‘consumidor’ que admite la existencia de peleas derivadas del consumo pero, al mismo tiempo, atribuye
a otros la responsabilidad.
El consumo sí me ha llevado a situaciones violentas. Ya te he dicho antes
que por ponerme tonto me he mezclado con macarras y han llegado
a pegarme.
Y también tenemos a otro integrante de este colectivo que, sin paliativos, vincula en él cocaína y violencia.
El consumo me ha llevado a situaciones violentas. Lo que he dicho, cuando consumes te crees que eres el puto raro. La ‘farlopa’ es super
agresiva. Un tío ‘farlopado’ es ansioso, eufórico, estás acelerado y
puedes hacer cualquier cosa.
Conviene destacar que describe las características del ‘farlopado’ —según su
propia definición— en tercera persona. Sin embargo, cuando habla de las sensaciones experimentadas pasa al plural y, con ello, se incluye.
Entre los y las ‘abstinentes’ las descripciones de situaciones donde existe violencia física aparecen más crudas y tajantes, aunque en ocasiones están descritas con
un enfoque que trata de disculpar la actitud de quien hace el relato:
He vivido peleas estando puesto, y no estando puesto también. La gente te busca la boca. Hay gente que no se controla su morón y te va
buscando, hasta que te encuentra. Yo nunca he ido buscando peleas,
pero si estás con una persona y le sienta mal, se pone agresivo y al
final acabas dándote con él. Yo cuando salgo de fiesta nunca busco
movidas, pero si me buscan, al principio no me van a encontrar, pero
si siguen y siguen, al final sí.
Otro joven, de 19 años, reconoce de modo natural:
Situaciones violentas a causa de la cocaína he vivido muchísimas. ¡He roto
y me han roto la cara más veces! También he vivido muchísimas peleas.
Aparte de lo agresivo que soy yo, con la cocaína pues todavía peor.
Hay un tercer testimonio, que recogemos porque refiere violencia en el interior
del hogar, sobre todo con su hermano.
199
Nos hemos pegado, incluso. Mi hermano entraba por la puerta, veía que
había consumido y decía ¿ya estás? También influía que yo oía voces.
Como contrapunto, incluiremos uno de los testimonios, en los que la cocaína
no es causa de actitudes, sensaciones o comportamientos violentos.
Nunca he vivido ninguna situación violenta, ni de agresividad derivada
del consumo. Bueno, ni siquiera sin relación con el consumo. No sé
lo que es eso. Tampoco le he puesto nunca la mano encima a mi ex
mujer. Siempre la he tratado con respeto.
En el análisis de los supuestos efectos de agresividad generados por la cocaína,
encontramos diferencias en la percepción que han mostrado las mujeres y la que
describen los hombres. Las ‘abstinentes’ de este grupo de análisis reconocen, casi
por unanimidad, la existencia de violencia derivada del consumo, la mayoría de las
veces en el ámbito del hogar y, además, ellas son las víctimas.
A este respecto, E. Arostegi y A. Urbano plantean la existencia de relación entre el fenómeno de la violencia y el consumo de drogas13. «En los EE. UU. Fazzone
y otros (1997) relacionan el fenómeno de la violencia doméstica con el consumo
de drogas. El 30% de las pacientes femeninas, consumidoras o no de drogas sin
síndrome postraumático han sido víctimas de la violencia doméstica. Las agresiones
físicas ocurren entre el 8% y el 13% de los matrimonios. Cuanto más frecuente es
el consumo de drogas en el ámbito cotidiano de la pareja, la violencia aumenta en
intensidad y frecuencia.»5
Algunos de los testimonios recogidos resultan impactantes, por los hechos en sí
y porque la protagonista sea capaz de revivirlos. Una joven, de 25 años y sometida
a un tratamiento ambulatorio de deshabituación, explica:
Las situaciones violentas que he vivido a consecuencia de la coca han sido,
sobre todo, las palizas de mi ex marido. También una pareja que nos
debía 18.000 pesetas me pegaron una paliza para que no les volviera
a pedir el dinero. Casi me tienen que llevar al hospital. Ellos vinieron
puestos y yo también me estaba poniendo, porque estaba con una
depresión horrible. Me atacaron los dos. Hoy en día no tengo movilidad en un hombro.
Otra joven, de 32 años, cuenta:
El consumo sí me ha llevado a situaciones violentas con mi pareja. No
con la actual, con la anterior. Una vez me tiró un tenedor. A partir de
13
200
Arostegi. E.; Urbano, A. «La mujer drogodependiente».
aquí lo dejamos. Me marché de casa, y eso que éramos consumidores
habituales. Pero llegamos a situaciones agresivas. También he visto
muchas situaciones de este tipo, aunque no iban conmigo. El consumo genera agresividad en muchas personas.
Hay una tercera, que describe cómo mantenía enfrentamientos violentos, en los
que ella tenía una actitud activa. No plantea las situaciones como víctima, pero finalmente se reconoce injustamente tratada.
He vivido muchas situaciones violentas, con cualquiera que me tocara las
narices. Si tenía que romperme la cara me daba igual, tío o tía. Con
mi ex novio también me he pegado. Me dejó sorda de un oído. Le
denuncié, pero él también a mí, a raíz de mi denuncia. Yo tenía partes
del médico y del hospital y todo, pero salió ganando él. Un colega le
hizo un parte médico inventado. Siempre ha comprado a la justicia.
Le tuve que pagar y todo.
A pesar de que la cocaína y la exclusión aparecen como conceptos alejados,
una de las descripciones, de una ‘abstinente’ de 25 años los acerca cuando relata las situaciones violentas vividas por el consumo y, al mismo tiempo, pone de
manifiesto la indefensión que vive la mujer que se encuentra en esas situaciones
extremas.
El consumo me ha llevado a muchas situaciones violentas. En los arcos
de La Naja, estando consumiendo, muchas veces aparecían personas
que decían: mato a tu marido y te vienes conmigo. A veces ha venido
alguien ‘encocao’ y nos ha querido hacer daño. Mi ex ha tirado a varios a la ría. Otras veces se ha liado a pinchazos con esa gente.
Esta joven, a lo largo de la entrevista, también plantea violaciones y abusos
sexuales, ha vivido en la calle y ha vendido cocaína y otras sustancias.
Entre las ‘consumidoras’, la percepción del vínculo entre cocaína y violencia es
muy diferente. Algunas reconocen que el consumo puede generar violencia, pero
en ningún caso se reconocen víctimas de malos tratos. Ni siquiera se describen implicadas en peleas, aunque admitan que se generen por ese consumo.
Personalmente, nunca me he visto involucrada en ninguna pelea. Pero sí
conozco casos. A algunas personas la cocaína les pone más agresivos.
Yo creo que sí.
También reconocen que han observado cómo la sustancia puede cambiar su
carácter.
201
No he tenido situaciones violentas, pero irritantes sí. Malas contestaciones, fruncir el ceño… La tensión la echas fuera, creo que a todos nos
pasa. Pero no he perdido el control.
Añadido al anterior, tenemos a otro colectivo de mujeres —también víctimas de
la violencia generada por el consumo de cocaína— al que hemos llegado de manera
indirecta. Se trata de aquellas parejas referenciadas por los hombres, que según
ellos mismos afirman, se han visto envueltas en violencia y tensión y, tal y como reconocen los causantes, cuando ellos se encontraban bajo los efectos de la sustancia.
La información resultante es considerada de gran valor puesto que, en principio,
está a salvo de toda duda. La veracidad de las afirmaciones se fundamenta en el hecho
de que, ese tipo de actos cuenta con un amplio rechazo social. Difícilmente podría
una persona atribuirse su autoría sin ser del todo ciertos. Más bien, creemos que lo
contado pudiera ser una parte de una realidad más amplia y escondida. Porque desde un criterio lógico cabe suponer que alguno de los entrevistados haya ocultado las
agresiones de las que ha hecho objeto a su pareja, porque supone que ese reconocimiento le granjeará una mala imagen, que quedará plasmada en el estudio. Además
—como efecto de menor importancia, pero a tener en cuenta porque la pregunta
se plantea cuando la entrevista está finalizando, y para ese momento se ha alcanzado
cierto grado de proximidad— podría terminar con la empatía generada con la persona que lleva a cabo la entrevista que, en la mayoría de los casos, era una mujer.
Un hombre ‘abstinente’, de 27 años, reconoce peleas y discusiones,
sobre todo en pareja. Creo que el mayor riesgo al que he estado expuesto es que algún vecino, o ellas mismas, hubieran llamado a la policía y
me hubieran llevado preso. Me he puesto en situaciones muy violentas, de agresiones y peleas por el consumo. Me pongo muy loco, muy
obsesivo y muy alterado.
Hay dos ‘consumidores’ que admiten violencia con sus compañeras, pero no
reconocen la agresión:
He sido violento con mi compañera. A ella no le he puesto la mano encima pero he roto puertas a puñetazos y han salido cosas volando por
la ventana.
Tenía problemas con mi novia. No tuve golpes con ella ni la agredí pero
yo mismo me causé unas cuantas heridas, porque la lié a golpes contra el cristal de un escaparate.
Un joven, de 27 años, describe que se encuentra en prisión
202
por haber quebrantado una orden de alejamiento que tengo de mi padre,
por haberle agredido en varias ocasiones.
Culpa al consumo de su agresividad:
Yo si me doy una raya, o un tiro con la botella, ya no controlo.
Asimismo, indica que en la actualidad no tiene pareja estable, y reconoce que
puede ser debido a las actitudes violentas generadas por la cocaína.
No he tenido parejas estables desde hace 10 años. Sólo relaciones de uno
o dos días. La razón supongo que es que las tías me tienen miedo, al
menos las que me conocen. Me meto mucho y me pongo muy loco.
Hay otro hombre, también en prisión, que plantea cómo la cocaína le ha provocado episodios psiquiátricos,
que me han llevado a actos violentos. Ha llegado a poner en riesgo mi
propia vida y la de otros, entre ellos la de seres queridos.
10.4. AUTOCONTROL Y PRIMER CONSUMO
A los y las participantes en este estudio se les ha pedido un ejercicio de reflexión, al preguntarles si su comportamiento cambiaría ante el supuesto teórico de
poder volver atrás, y planteando la hipótesis de que, en ese caso, pudiesen elegir
entre probar la cocaína o no hacerlo.
Los sujetos han realizado ese esfuerzo de imaginación, en la mayoría de los casos. Únicamente una mujer ‘abstinente’, de 24 años, se ha negado, afirmando que
No puedo volver atrás. No podemos.
En cuanto a las respuestas obtenidas, existen diferencias en función de que provengan de uno u otro de los colectivos. Mientras los y las ‘abstinentes’ optaban, en
la mayoría de los casos, por ni siquiera probar la cocaína si pudiesen volver atrás, un
alto porcentaje de quienes consumen aseguraba que volvería a consumir, esa primera vez y las sucesivas.
Como ejemplo de las afirmaciones del primer colectivo incluiremos las siguientes:
Si volviera a mis 17 años nunca consumiría.
Si volviera atrás nunca volvería a consumir. Nunca.
203
En otros casos la afirmación está matizada.
Hombre, no se puede decir de esta agua no beberé, pero yo tengo el
convencimiento total de haber tocado fondo. No volvería.
Si pudiera volver atrás creo que no volvería a consumir cocaína. Pero no
lo sé. Creo que no. Sabiendo lo que sé ahora, igual la consumiría pero
no dejaría que me afectara.
Y hay quien incluye en el ejercicio una alta dosis de realismo, considerando que
la presión del entorno es difícil de superar.
Si pudiera volver atrás igual volvería a consumir, porque en los círculos
en los que he estado, cuando era joven, se consumía cocaína. Yo veo
muy difícil que la gente no la pruebe.
Otras de las personas participantes en el estudio, de poder volver atrás, no sólo
cambiarían su relación con la cocaína sino también el sector profesional en el que se
han desenvuelto en su época de consumo.
Después de todo, tengo muy claro que si pudiera volver atrás no volvería
nunca a consumir, ni me metería en hostelería.
En la misma situación está un hombre, de 28 años, que trabajaba como recaudador de máquinas tragaperras y asegura que, cuando vuelva a su actividad laboral,
preferiría hacerlo en el taller de reparación de esas máquinas.
Si pudiera volver atrás creo que no volvería a consumir cocaína. Pero no
lo sé. Creo que no. Sabiendo lo que sé ahora, igual la consumiría pero
no dejaría que me afectase. La diferencia está en coger hoy un gramo
y no volver a cogerlo hasta el año que viene. Si volviera a ser joven
no podría decirte que no la iba a consumir. No me gustaría, pero no
lo sé seguro.
Para quienes consumen las cosas son bien distintas. Más del 80% de participantes que se engloban en este colectivo asegura que volvería a consumir. Por ejemplo,
un hombre de 20 años, que también ha reconocido el condicionante que este consumo ha supuesto a su proyecto de vida, mantiene:
Si pudiera volver atrás, creo que volvería a probar en idénticas condiciones.
Otro varón, éste de 32 años, asegura que
Si volviera atrás fijo que volvería a consumir.
204
Al hacerle esta pregunta a uno de los sujetos, se refiere a uno de los viajes que,
con un grupo de amigos, ha proyectado a Galicia con el propósito principal de obtener y consumir cocaína, supuestamente con un alto grado de pureza. Se trata de
un varón, de 29 años, que asegura:
Yo sí. Y voy a seguir haciéndolo. Tenemos un viaje a Galicia dentro de dos
semanas, que estamos pensándolo desde hace ya un mes.
Otro ‘abstinente’, éste de 27 años, mantiene que en una supuesta segunda
oportunidad probaría de nuevo,
quizás no en la medida que lo he hecho. Pero me he divertido mucho
haciéndolo y ha sido una etapa de mi vida en la que he aprendido
muchas cosas.
En otro de los casos, también de un ‘consumidor’, aparecen supuestos diversos,
que irían en función de los posibles efectos del consumo.
Si drogarme va a suponer pasar todo lo que he pasado, pues igual no.
Pero si pudiera hacer un consumo mucho más inteligente, pues entonces sí volvería a consumir.
Pero la realidad es que el conocimiento de lo que viene después sólo llega
después de vivido. Difícilmente se puede adquirir la percepción de esa realidad
a través de consejos o con información empírica de la cocaína y sus efectos. Ni
siquiera la visión de esas consecuencias en compañeros o amigos es eficaz, en
muchas ocasiones.
Alguno de los entrevistados se plantearía un cambio, de volver atrás, aunque en
realidad se refiere a la venta de la sustancia, porque considera que ese sería el camino para controlar la intensidad en el consumo.
Volvería a consumir cocaína, aunque la hubiera dejado antes de vender
porque, claro, si vendes consumes. Consumiría de vez en cuando.
Una mujer de 23 años, también abstinente, defiende la teoría de que lo mejor
es probarla a una edad temprana, cuando las posibilidades económicas aún suponen
una traba al individuo para la adquisición de la sustancia y, en consecuencia, sus posibilidades de habituarse a ese consumo son menores.
Cuanto antes la pruebes mejor porque así ya sabes lo que hay y, sin embargo, la gente que la prueba más tarde entra ya con los riesgos, con
la pasta y con los horarios que te lo permite todo. Así que yo soy
partidaria de probarla, pero con cabeza.
205
Otra de las entrevistadas volvería a repetir el momento de probar la cocaína,
aunque quizás optaría por apartarla de su vida profesional.
A mi me gusta probarlo todo. Soy muy curiosa. Me gusta conocer las
drogas, me gusta experimentar. Igual cambiaría un poco el no tener
que asociarlo al trabajo. Aunque no sé, eso depende de las circunstancias.
Tras ofrecer al colectivo entrevistado en el estudio la posibilidad de volver a
escribir su historia, se les preguntó si controlaban el consumo de cocaína. Aquí, son
muchos los casos de quienes afirman que volverían a consumir y, al mismo tiempo,
consideran que controlan el consumo. También predominan aquellas personas que,
de volver atrás, actuarían de modo diferente al que lo hicieron y que, asimismo,
indican que su control del consumo es limitado. Incluso, existe correlación entre las
dudas planteadas respecto a la primera de las cuestiones, y las que muestran en la
respuesta referida a las segundas.6
Las afirmaciones recogidas indican que, en muchos de los casos analizados, los
individuos miden el grado de control por la existencia de periodos de abstinencia,
mezclados con otros de consumo. En ocasiones esa percepción tendrá un sentido lógico y real, y esos periodos serán debidos a que el control existe. Pero hay
que tener en cuenta que los procesos neurofisiológicos generados por la sustancia
provocan efecto de saciedad, que el individuo traduce en espacios de ausencia de
consumo. Calafat y otros plantean al respecto14: «Es verdad que también hay condicionantes neurofisiológicos en la frecuencia de consumo de cocaína especialmente
cuando el consumo es frecuente. Una gran parte de quienes consumen, incluida el
grupo de adictos y adictas, interrumpen el consumo tras varios días de atracones
de cocaína, pero no por su propia voluntad o capacidad de control sino porque la
cocaína provoca un efecto de saturación que autolimita el consumo a periodos de
abuso compulsivo seguido de cortos periodos de abstinencia, y vuelta a empezar».
Hay dos hombres ‘consumidores’, que reconocen su autoengaño.
Al año y pico de empezar a consumir me di cuanta de que no lo podía
controlar. Al principio creía que controlaba, pero no era así. Pensaba
que consumía cuando yo quería, y era así, pero porque ya estaba
enganchado.
Pienso que me miento cuando digo que puedo controlar el consumo,
porque el hecho es que no he parado de consumir nunca por un
14 Calafat, A.; Fernández Gómez, C.; Juan Jerez, M. Uso recreativo de cocaína y asunción de riesgos:
Resultados convergentes en cuatro muestras.
206
periodo largo. Mi pensamiento es dejarla por completo, sobre todo
porque es un gasto enorme de dinero. No sé si podré hacerlo. Una
cosa es lo que quiero y otra lo que hago.
Entre ‘consumidores’ encontramos alguna declaración que podría encubrir el
supuesto de la saciedad, al que antes nos referimos.
Ahora puedo controlar mi consumo, cosa que antes era bastante difícil.
He estado fines de semana sin meterme pero, bueno, al segundo la
inercia me ha llevado a consumir.
En relación a los y las ‘abstinentes’, el control del consumo se refiere al periodo
actual, es decir, de tratamiento. Cuando hablan de su etapa anterior describen las
cosas de otra manera.
Un hombre de 34 años, internado en una comunidad terapéutica, plantea:
No sé si ahora conseguiré controlar el consumo. Por ahora lo estoy consiguiendo. El paso que he dado —de entrar en este programa de deshabituación— es muy importante. Soy optimista.
Otro, describe así su percepción:
Al principio controlas, o crees que controlas. Es muy difícil creer que no
controlas. Esta es la primera vez que he tomado la decisión de dejarlo, porque es ahora cuando he tocado fondo. Y creo que tienes que
tocar fondo para darte cuenta.
Hay un tercero, en tratamiento ambulatorio, para quien:
El consumo es incontrolable. Ahora estoy en ello, pero todavía llevo poco
tiempo.
Y otro más que afirma:
Controlar el consumo de cocaína es super difícil, sobre todo porque
cuando estás mal no puedes decir que no.
Y una mujer, en fase de tratamiento de la adicción, corrobora esta visión:
Creo que puedo controlar el consumo. Si no quiero no consumo, aunque
también te digo que es muy difícil. A veces estás nervioso, con la
guardia baja y si tuvieras drogas…
Hay una mujer, abstinente, que apunta su control actual del consumo, y se refiere a su embarazo como el principal elemento que reafirma ese control.
207
Creo que sí puedo controlar el consumo. Bueno, ahora estoy embarazada, cuando deje de estarlo no sé lo que va a pasar. Pero creo que sí.
Otra, del colectivo consumidor, en este mismo sentido, asegura:
Si por ejemplo algún día tengo un hijo, por supuesto que lo dejaría.
Además dejaría también el tabaco y el alcohol, también dejaría de
salir por la noche.
En el colectivo de ‘consumidores’, las declaraciones describen situaciones que,
en general, ofrecen una imagen de autocontrol del consumo.
Puedo controlar perfectamente mi consumo. Yo consumo igual dos o
cuatro veces al mes, y para mí no hay necesidad de control. Lo que
tengo que controlar es que tengo que levantarme todos los días a las
siete de la mañana, y no mi consumo que es esporádico.
Puedo controlar el consumo, estoy convencido. He intentado dejar en
alguna ocasión y lo conseguí. Pero luego volví por problemas amorosos.
En alguna resaca me he planteado no consumir más. Eligiendo bien el
momento me plantearía dejarlo. Creo que no me costaría y lo dejaría
sin ningún esfuerzo. No lo pasaría mal.
10.5. TERAPIAS: GRADO DE CONOCIMIENTO Y ACTITUD ANTE
ELLAS
Las terapias que tienen por objetivo principal la deshabituación del consumo de
cocaína son, sin duda, conocidas para el conjunto de personas que integran el colectivo de ‘abstinentes’, ya que en su totalidad participan en alguno de esos programas.
De ahí que se haga necesario hacer una distinción, centrando en las opiniones
vertidas por quienes consumen actualmente del interés en relación al grado de conocimiento que, de esas terapias, tienen quienes consumen cocaína. Asimismo, serán los y las ‘abstinentes’ quienes, fundamentalmente, aportarán opiniones cualificadas cuando se trate de valorar la eficacia y la dificultad que encuentran para afrontar
con éxito esos tratamientos.
Los y las ‘abstinentes’ que han respondido a esta entrevista están divididos entre
quienes llevan a cabo su proceso de deshabituación en una comunidad terapéutica y
quienes lo hacen en tratamientos ambulatorios, de diferente signo.
208
Hay testimonios que refieren que han pasado por otros procesos, y los valoran así:
Estuve en Proyecto Hombre. No me gustaba el ambiente que había allí.
Aquí los doctores son más simpáticos. Además, a los pacientes de
aquí ya los conozco. Son del barrio. En Proyecto Hombre tampoco
te dan medicación, y así es más difícil. También he estado con un
neuropsiquiatra, por lo de mi enfermedad, por lo de la cabeza. Con
él estuve contento,
explica un joven, de 19 años que asiste a un Centro de salud mental. Otro, de 28 e
incorporado al tratamiento en el mismo lugar que el anterior, asegura que también
conoce esos procesos, y muestra descontento:
Estuve en Proyecto Hombre y no me gustó. Dicen que es gratis y luego
te piden la voluntad porque tienes que adquirir el compromiso. A mi
ese rollo no me va. Es una movida rara. Aquí estoy contento. Me está
costando mucho dejarlo. Cuesta muchísimo, pero se puede hacer.
Un tercero, que participó en Proyecto Hombre durante tres años, cree que
está bien porque estás día a día con gente que tiene los mismos problemas que tú. Tienes un montón de obligaciones, no puedes andar
sólo… Lo veo útil y, si quieres dejarlo, yo creo que lo dejas.
Hay otro testimonio referido a esa misma organización, que dice:
Te ayudan cuando uno está mentalizado de que le hace falta.
Uno de los entrevistados cuestiona la eficacia de las terapias y pone el acento en
la decisión del individuo.
No creo mucho en las terapias. A mí me va bien, pero porque tengo mucha fuerza de voluntad. Aquí, en este centro, sí se preocupan mucho,
pero la terapia está en ti.
En ese mismo sentido, una joven de 32 años cree que estos procesos
son psicológicos. A mí no me interesaba más estar en esta vida y por eso
dejé de consumir como lo hacía. Pedí ayuda en voz alta y me dije: lo
tienes que dejar. Ya, cuando lo dices en voz alta y se lo dices a alguien,
es diferente y las cosas pueden empezar a cambiar.
Y una mujer plantea la importancia de quién sea el profesional que lleve a cabo
la terapia, e incluso de su sexo:
209
En las terapias me influye mucho la persona con la que estoy. Tengo que
encontrarme a gusto. Por ejemplo, me siento mejor con chicas, igual
por lo que he pasado. La psiquiatra con la que estoy ahora es muy
maja, me da consejos de madre, de cómo puedo educar a mi hija.
Hay un hombre, de 31 años e ingresado en una Comunidad terapéutica, que reconoce la eficacia del tratamiento en el que participa y, a la vez, relata que estuvo
en Zamudio, pero allí te tratan problemas mentales y creo que no están
preparados para este tipo de tratamiento.
Otro de los ingresados plantea que no conoce otras terapias, pero ha oído que
esta es la mejor. Asimismo, describe que se ha visto sorprendido porque
pensaba que iba a estar más protegido por los psicólogos y los monitores. Pero me he dado cuenta de que, al final, el trabajo lo tienes
que hacer tú.
Una mujer, también ingresada, plantea que
las terapias son buenísimas. Ahora se sabe más del tema, pero a veces
tienes necesidad de hablar más. Necesitas mucha comprensión por
parte de los profesionales. Aquí estoy contenta.
Finalmente, un hombre, que lleva cinco meses ingresado en el centro, explica
las dificultades de este proceso.
Es muy jodido. Hay gente que tiene que entrar en la cárcel, y lo prefiere.
Yo he visto dos ejemplos.
En cuanto a los casos de ‘consumidores’, en su mayoría afirman un desconocimiento absoluto de las terapias correctoras para quienes tienen adicción a la cocaína. Esta postura refleja, en muchas ocasiones, que personalmente las consideran
innecesarias para sí, bien porque su consumo es casual o esporádico, y no existen
vínculo adictivo, o porque quieren creerlo así para evitar enfrentarse a una situación
que no deseen mirar de frente.
En relación a esta última posibilidad, recogemos la afirmación de un hombre, de
38 años, que reconoce la imposibilidad de controlar el consumo y que «es la cocaína la que te controla a ti». En relación a las terapias, asegura:
Sé que existen tratamientos, pero nunca los he considerado necesarios
para mí.
Como ejemplo del primero de los supuestos, tenemos el testimonio de una
mujer, de 34 años que afirma:
210
No conozco ninguna terapia. Pero es que tampoco he intentado dejarlo.
Y el de un hombre, de 27, que sabe que existen,
pero no me he informado porque no me han hecho falta.
Otras veces, además de pensar que no se corre ningún riesgo de adición, entienden que, de habituarse al consumo, podrían atajarlo sin problemas.
No me he informado. Se que hay cosas por ahí para dejarlo, pero no tengo interés. Y si algún día quiero dejarlo, no creo que cueste mucho.
Incluso hay quien demuestra que está informado, pero sin que exista interés
personal; sin haberse planteado su utilización.
Conozco gente que ha estado en Proyecto Hombre. Pero no conozco
a fondo de qué van esas terapias ni nada. Sé que como esa debe de
haber unos cuantos centros más que te ayudan a superar estas adiciones, pero…
En otras ocasiones, su distancia o falta de información respecto a estos tratamientos obedece a cierto temor:
No conozco ninguna terapia. A veces pienso en dejarlo, pero creo que es
muy difícil. Creo que dejarlo totalmente me costaría mucho.
Y hay quien plantea la necesidad de incrementar la oferta de tratamientos:
Creo que existen muy pocos centros con terapias correctoras, y habría
que dar más información. Se que existen en Estados Unidos, porque
he trabajado en el tema de las drogas, pero los usuarios no lo conocen.
Asimismo, se plantea la necesidad de asistir a las personas que componen el entorno del consumidor.
Yo no conozco, me informé mucho en su día y creo que hay poquísimo
para la gente que está al lado de los que se drogan.
10.6. EN RESUMEN
El consumo de cocaína ha repercutido en la faceta personal de las 50 personas
entrevistadas, en mayor o menor medida. El colectivo de ‘abstinentes’ reconoce
que su vínculo con la sustancia les ha alterado considerablemente la vida, mientras
211
que entre ‘consumidores y consumidoras’ hay quienes no le conceden esa importancia a la sustancia, porque creen que no la tiene o porque se niegan a admitir ese
hecho.
— En cuanto a la realización del proyecto de vida de cada uno de estos sujetos, y la influencia que el consumo haya podido tener en su desarrollo, las
respuestas se han agrupado por sí solas. Entre quienes están clasificados
y clasificadas como ‘abstinentes’ el 80% reconoce que el consumo de cocaína ha sido un impedimento, en cuanto a la realización de sus proyectos.
En cambio, entre ‘consumidores y consumidoras’ apenas el 20% admite
esa influencia. Entendemos que, en buena medida, esta divergencia en
la interpretación está influida por el momento de relación con la cocaína
que están viviendo. El primer grupo ha pasado por diferentes etapas, y en
muchos casos han ‘tocado fondo’, como reconocen. Han superado la fase
‘luna de miel’ y han visto otras caras menos gratificantes del consumo. En
cambio el segundo grupo está asentado en el consumo. Puede ser que sólo
perciban los elementos positivos de este hábito. Aunque también es posible que estén afrontando otras consecuencias negativas. En este supuesto,
deberán mantener una explicación de su comportamiento que resulte
coherente. No pueden admitir que el ‘peaje’ pagado a la cocaína resulta
excesivamente alto para la gratificación que esta sustancia, aparentemente,
les ofrece.
— Por otra parte, los y las ‘abstinentes’ instrumentalizan la cocaína que en el
pasado consumieron. En este momento se han alejado de ella, se exigen no
volver a tomarla. Una buena táctica para conseguirlo puede ser demonizarla,
hacerla causante de todos los males vividos. Con ello se consigue un doble
objetivo: se facilita el alejamiento porque los efectos perversos que se la han
adjudicado son muchos, y la recompensa que ofrece cuesta demasiado. Al
mismo tiempo, el individuo se libera de responsabilidades personales en relación directa con los fracasos vividos.
— En cuanto al colectivo ‘consumidor’, puede ser un elemento a valorar el hecho de mantener la sensación de poder y control que otorga la sustancia. Si
admiten que está influyendo, por encima de sus propias decisiones, en sus
propósitos vitales, estarán reconociendo también su debilidad. De ahí que,
aún en aquellos casos en los que el consumo esté siendo determinante, es
difícil que lo reconozcan.
— El hecho de que la cocaína genera daños es un punto de encuentro para la
muestra que protagoniza este estudio. La respuesta unánime es de reconocimiento de esa realidad. Sin embargo, mientras las personas ‘abstinentes’ admiten que los han padecido, entre las personas ‘consumidoras’ hay un buen
212
número que habla de experiencias ajenas, porque ellas mismas no han vivido
esas situaciones o porque así lo mantienen.
— Entre los daños físicos que esta sustancia provoca aparecen los problemas
en el tabique nasal, la garganta, los pulmones, las taquicardias y hay referencias a intensos dolores de cabeza. Entre los psicológicos la dolencia más
frecuente a la que se refieren son las ‘paranoias’, los temores injustificados,
seguido de las dificultades de concentración, los ‘lapsus’ mentales, los brotes depresivos y los psicóticos. En relación a los problemas sociales y de
comportamiento, hay referencias frecuentes a la agresividad, la pérdida
de oportunidades laborales y económicas, los problemas de carácter penal,
los relacionados con el círculo familiar y de amistad, y los riesgos de accidentes de tráfico.
— El binomio cocaína-violencia aparece, en las respuestas registradas, muy vinculado. La mayoría reconoce que el consumo de esa sustancia genera agresividad, bien porque estas personas lo han experimentado así, bien porque lo
han visto en otras. En muchos casos se relatan sucesos violentos, en los que
el principal protagonista era el sujeto entrevistado. En este sentido, cabe destacar que las mujeres ‘consumidoras’ afirman haber sido víctimas de maltrato
infringido por sus compañeros, y también hay hombres que reconocen haber
maltratado a sus compañeras.
— Hay otra relación de dos términos, habitualmente distantes, y que son cocaína y exclusión. En alguno de los relatos se acercan, y aparecen descritas situaciones que habitualmente se han venido atribuyendo al consumo de heroína.
— Si pudiese volver atrás, ¿qué decisión tomaría? ¿Volvería a consumir cocaína?
A esta pregunta, en el colectivo de ‘consumidores y consumidoras’ la respuesta más habitual ha sido «volvería a probarla», mientras que en el de ‘abstinentes’, la mayoría asegura que no lo haría. Además, en el primero también
predominan quienes afirman que controlan el consumo, y del segundo grupo
la mayoría cree que ese control es difícil de conseguir, y no lo han ejercido en
muchas épocas de su relación con la sustancia.
— Los procesos neurofisiológicos generados por la cocaína provocan efecto de
saciedad, que algunos individuos traducen en espacios de ausencia de consumo. Ese hecho puede hacer creer que es él, o ella, quien controla la intensidad de la ingesta, facilitando el autoengaño que le permite mantenerse, una
vez más, en la sensación de poder y control.
— Un factor que ayuda al control es el hecho de la maternidad, según se desprende de los testimonios de dos de las mujeres entrevistadas, una de ellas
embarazada, que encuentra en ese hecho motivos para abandonar el consumo.
213
— Los sujetos ‘consumidores’ desconocen la existencia de terapias, en su mayoría. En los pocos casos que saben de su existencia, las ven como algo lejano e
innecesario. En cambio, la mayoría de ‘abstinentes’ suman al conocimiento de
la que están siguiendo en la actualidad, el de otros tratamientos por los que
han pasado, y en algunos casos se permiten valorar unas y otros. Asimismo,
hay referencias a la importancia que le otorgan a la persona que las imparte,
al hecho de que vayan acompañadas de medicación y a que la inclusión en
este proceso responda a la decisión firme y razonada del individuo que la
protagoniza.
214
11. Conclusiones generales
El presente estudio ha sido planteado con el objetivo de conocer las atribuciones que una población joven y consumidora de cocaína otorga a los efectos y
consecuencias derivados del consumo de esa sustancia. Asimismo, se ha analizado
el entorno familiar y social de estas personas, su situación profesional y laboral, la
utilización que hacen del tiempo de ocio, los modelos de éxito que manejan y, en
general, los objetivos y proyectos que guían su vida.
La muestra ha sido obtenida por el sistema de bola de nieve, resultando un colectivo variado y, en cierto modo, representativo del espectro en el que la cocaína
se está consumiendo en estos momentos. Desde esa variedad ha sido posible analizar los puntos de encuentro o las coincidencias existentes en las respuestas de los y
de las participantes, lo que ha permitido agrupar afirmaciones y opiniones vertidas,
sobre todo en base a características como la situación de consumo o abstinencia en
el momento actual; la edad y el sexo.
El análisis de los testimonios se ha hecho a partir de planteamientos o puntos de
partida diversos. Por ejemplo, por un lado se ha abordado la incidencia del consumo
en la vida personal de los individuos participantes, mientras por otro se han tratado
los ‘daños’ generados por la ingesta de cocaína. En buena lógica, habrá casos en los
que las manifestaciones vertidas en una y otra ocasión coincidan. Eso ha podido dar
lugar a cierta reiteración, que se ha conservado porque el fundamento del estudio
realizado en cada uno de los puntos así lo aconsejaba. Además, la confluencia de valoraciones a partir de la división temática ha permitido corroborar la coherencia del
análisis en su conjunto y, a la vez, la fiabilidad de los testimonios, ya que en ellos no
se han detectado notas discordantes que hagan dudar de su veracidad.
Se ha incluido un marco teórico en el que, además de aportar datos relativos a
la propia sustancia, se ha abordado la prevalencia del consumo, el perfil del colectivo consumidor de cocaína y las características diferenciales entre quienes consumen
la cocaína por el procedimiento intranasal o la inhalan. Esta información está sostenida por informes y trabajos que gozan de reconocimiento y suponen un referente
en el escaso espectro de estudios cualitativos desarrollados sobre esta sustancia.
Se han seleccionado cinco en función de diversos criterios relativos a la muestra,
217
la metodología, las variables analizadas, etc. Entre ellos cabe destacar aquellos que
avanzan o se aproximan al establecimiento de un perfil específico de los sujetos
consumidores de cocaína en contraposición a quienes consumen otras sustancias.
No sólo por los efectos de la sustancia en sí, sino por la atribución personal, social y
simbólica que la persona consumidora realiza respecto a este uso. En este sentido
cabe destacar la importancia de mencionar el estudio realizado en 1992 por Díaz,
Barruti y Doncel en Barcelona y el de Calafat y otros, en el año 2002, en cinco ciudades españolas.
En relación con las publicaciones que han sido consultadas, existen similitudes
entre las conclusiones en ellos recogidas y las que aparecen en esta ocasión aunque,
al mismo tiempo, hay que remarcar la aportación que este informe pueda suponer
por la amplitud de cuestiones abordadas.
11.1. PERFIL DE LA MUESTRA
El estudio se ha afrontado sin hipótesis previas, con una muestra plural, conseguida a través de una búsqueda abierta del perfil emergente y sin que, con las respuestas obtenidas, se tratase de corroborar algún supuesto establecido. Eso otorga
a los resultados el valor de la imparcialidad.
Entre las características demográficas del colectivo participante resalta la ausencia
de la figura paterna en la vida cotidiana del 34% de los sujetos entrevistados/as. De esas
ausencias, en el 20% se deben al fallecimiento del progenitor y en el 14% restante a la
separación de los padres, habiendo elegido el sujeto la convivencia con la madre.
La situación de hermano o hermana menor es otro de los puntos a resaltar. Casi
la mitad de quienes componen la muestra son los vástagos menores de la familia
(46%), siguiéndoles con un 28% quienes ocupan la posición de más edad.
Se ha constatado una clara diferencia en las apreciaciones vertidas por quienes
están consumiendo en la actualidad (54% del colectivo encuestado) y quienes han
optado por afrontar un tratamiento de deshabituación (36%). La muestra se completa con un 10% de individuos consumidores que, al hacer la entrevista, se encontraban recluidos en prisión.
11.2. INCIDENCIA DEL CONSUMO EN SU VIDA
El consumo de cocaína incide, negativamente, a la hora de llevar a buen término
la vida académica, en especial cuando comienza en fases previas de la formación.
218
Un 18% de la muestra ha completado estudios superiores, y un 12% más los está
llevando a cabo. La mitad dejó los estudios incompletos pero ha habido quien los ha
retomado años después.
En cuanto a las posibilidades de compatibilizar la vida laboral y la ingesta de la
sustancia, también parecen limitadas. Tres cuartes partes de la población entrevistada aseguran que han trabajado en alguna ocasión, aunque ese porcentaje se sitúa
por debajo del 60% al referirse a la existencia de una ocupación actual. La hostelería es el sector de actividad más mencionado por los sujetos de la muestra. Este
hecho puede indicar que ese tipo de trabajo demanda un sobre esfuerzo —relacionado con el estrés, la actividad física o los horarios— que puede verse compensado
con el consumo. A esas circunstancias habría que sumar la facilidad de acceso a la
cocaína, porque al tratarse de una sustancia ligada a los espacios y tiempos de ocio,
es en locales hosteleros donde, con preferencia, se maneja. La situación económica,
para la mayoría de la muestra entrevistada es, en general y en coherencia con su
posición profesional, un tanto precaria. Es alto el porcentaje de quienes dependen
financieramente de sus familias, y también de quienes, aún contando con algún recurso y con edad apropiada para ser independientes, residen en el hogar familiar.
Cuando las personas entrevistadas hablan de su relación con la cocaína hay que
definirlas, al menos, como benevolentes. Sin embargo, conviene distinguir las manifestaciones de aquellos sujetos en proceso de deshabituación, de las de quienes
están en fase de consumo. En el primer grupo algunos y algunas son capaces de
asumir, en cierta medida, su dependencia de la cocaína. Sin embargo, en el segundo
domina la percepción de autocontrol. El conjunto deja patente que el consumo no
es un fracaso, pero sí la dependencia. Desde el propio colectivo se definen los parámetros que rigen a la hora de excluir a las personas que están consideradas como
‘perdedores y perdedoras’, porque han sido incapaces de controlar. La sustancia es
propia de quienes triunfan. Cualquiera que reconozca la dependencia queda fuera
de esa categoría y, por tanto, tenderá a ocultar su consumo, que en esta situación
deberá practicar en privado, alejándose del grupo.
Para este colectivo sus ídolos son personajes del mundo del deporte (fútbol y
motor) aflorando también la admiración hacia madres y novias. Hay individuos que
patentizan una faceta egocéntrica al querer atraer sobre sí mismos la consideración
de los demás.
Cuando estas personas definen su futuro lo ven condicionado por el trabajo,
por su proyecto de familia y, en pocos casos, por el abandono del consumo. Son
muchos y muchas quienes obvian plantearse objetivos a largo plazo. Viven el momento presente, los planes de futuro que exijan paciencia y un esfuerzo largo y
219
continuado, no encajan en quienes el futuro inmediato y el placer instantáneo priman sobre otras muchas cosas.
11.3. RELACIONES PERSONALES
La amistad es a la vez un concepto ambiguo, en ocasiones, y definido en otras.
El colectivo, en general, lo utiliza como síntoma de éxito. El número de sus amistades, así como la capacidad de relacionarse en ambientes diferentes y con personas
consideradas ‘de éxito’ está bien visto. Pero esas relaciones varían en función de la
situación de consumo que se esté viviendo. Entre los y las ‘abstinentes’ existe un
análisis duro y distante de las relaciones mantenidas en el periodo de consumo. Se
habla de ‘socios’ al darse casos en que se mantenían negocios, más que amistad.
Entre quienes consumen se plantea la existencia de grupos específicos, con los que
se relacionan cuando tienen la intención de consumir, y otros a los que acuden con
fines diferentes. El análisis de estos testimonios permite apuntar que el individuo y
el grupo se eligen mutuamente de acuerdo a la función. Es cierto que el primero
es influido por el segundo, pero también lo es que el sujeto, en muchas ocasiones,
toma la decisión de introducirse en ese grupo, porque es ahí donde cree que está
aquello que busca —en este caso el consumo de cocaína—. Y son varios los casos
en los que el acercamiento al grupo de consumo lleva parejo el abandono —definitivo o temporal— de otro, en el que antes participaban.
La relación familiar agradable y satisfactoria resulta escasa entre el colectivo
consumidor. Sin embargo, la familia se convierte en el reducto seguro al que estas
personas acuden cuando inician tratamiento de deshabituación. Incluso, en algunos
casos refieren que ha sido el motivo que les ha llevado al abandono de la sustancia.
La madre ocupa el papel principal. El padre también está presente y la influencia de
hermanos y hermanas es mencionada en pocas ocasiones. En cuanto a los factores
de riesgo, generados en la propia familia, hay referencias a progenitores dependientes de drogas y alcohol, y también existen hermanos o hermanas drogodependientes. Incluso, en un caso se refiere a un hermano fallecido como consecuencia del
consumo de heroína. El desconocimiento del consumo, por parte de la familia es
la tónica general. Sin embargo, es la primera en saberlo cuando optan por iniciar el
tratamiento encaminado a la deshabituación.
La población entrevistada tampoco destaca por el éxito en las relaciones de
pareja. Menos de la mitad reconoce la existencia de pareja estable, y entre los abstinentes masculinos esta figura aparece como la tabla de salvación, a la que se agarran
con fuerza, atribuyéndole, en cierta medida, la responsabilidad del abandono de su
220
consumo. El número de hijos e hijas es pequeño, y las referencias a la descendencia
apenas aparecen.
11.4. OCIO
La utilización del tiempo de ocio está muy relacionada con el consumo de cocaína. Hay que puntualizar que la realidad vivida por el colectivo de ‘abstinentes’ es
diferente a la del resto. La limitación establecida por el tratamiento obliga a cambiar
de hábitos, y alejarse del ambiente de fiesta que, básicamente, llena el ocio de quienes consumen. En cambio, este otro grupo planea su ocio en torno a la fiesta y, en
muchos casos, en función del consumo, aunque también existe esa relación inversa,
que se produce cuando el estilo, el ambiente o la necesidad de ‘pasarlo tan bien
como los otros’ es lo que provoca el consumo.
El tiempo libre lo comparten, principalmente, con amistades y con la pareja.
Esta respuesta queda relativizada en el caso de quienes han abandonado el consumo de la sustancia. Los y las ‘abstinentes», en algunos casos, comparten con los
integrantes de su entorno familiar algo de este tiempo.
Otras preferencias apuntadas por la población entrevistada indican una tendencia hacia los deportes de riesgo que pueden hacer sentir fuertes emociones. El interés por producir o escuchar música, así como por las salidas al monte también son
mencionadas en algunos casos. En general, el grado de satisfacción con su ocio es
moderado. Pero, mientras que quienes consumen y disfrutan de este consumo en
las fiestas no mencionan ningún problema para conseguir el dinero necesario para
afrontarlo, entre los y las abstinentes hay repetidas referencias a la escasez de recursos, o a límites de tiempo libre para las prácticas que han descrito como ideales.
11.5. CONSUMO
El policonsumo de drogas legales e ilegales está presente en la generalidad de
los individuos participantes en este estudio, al igual que sucede en otros realizados. Además, en el caso de la cocaína el vínculo con el alcohol es muy estrecho,
siendo utilizada para mitigar sus efectos y, así, permitir un mayor consumo de
alcohol.
La autoconsideración como drogodependientes no existe en este colectivo, ni
respecto a la cocaína ni en relación a cualquier otra sustancia. Esa situación es negada incluso por quienes siguen tratamientos de deshabituación que, en todo caso,
221
pueden referir una situación problemática, e incluso de dependencia, pero ya pasada y superada.
Los testimonios indican que la edad de inicio en el consumo de cocaína, en el
caso de estos 50 sujetos, ronda los 17 años, dato que se sitúa por debajo de las cifras hasta ahora manejadas en otros estudios. En cuanto a los motivos, la curiosidad
y el que alguien próximo induzca a hacerlo, son las principales causas que llevan a
ese primer consumo, mientras que la búsqueda del placer y la diversión encabeza
las razones expuestas para justificar la repetición de la ingesta. Hay dos tipologías
de personas consumidoras, descritas en estudios precedentes, que también están
presentes en éste. Una de ellas correspondería a quienes mantienen consumos
«controlados», reservados a momentos especiales —nochevieja, cumpleaños, fiestas populares— y también a fines de semana. Otra sería la que engloba el consumo
«problemático», caracterizado por ser diario y a menudo compulsivo.
La forma de consumo más generalizada entre estos 50 sujetos es el inhalado de
cocaína clorhidrato. Aparece la ingesta por vía parenteral y la pulmonar, pero entre
la población reclusa y en personas que están en tratamiento. Con carácter general,
la inhalada goza de prestigio y reconocimiento. En cambio, cualquiera de las otras
vías cuenta con el rechazo de la mayoría que, en ocasiones, asimila esas prácticas
con grupos sociales alejados de la imagen de prestigio y control de la que gozan
aquellos en las que se inhala.
El desembolso económico para hacer frente al consumo es tan variado como la
tipología de consumidores y consumidoras. En algunos casos, lo afrontan con el dinero
disponible para el tiempo de ocio, que proviene del trabajo personal o de la aportación
de la familia. En otras, la venta de cocaína está presente, permitiendo así unos ingresos
‘extras’, a la vez que disminuye el precio pagado por la sustancia que se consume.
En cuanto a las razones que pueden conducir a abandonar su relación con la cocaína, en el colectivo de personas que han abordado un proceso de deshabituación,
se refieren a la vivencia de paranoias y otros padecimientos psicológicos o mentales;
el aislamiento generado por el consumo compulsivo y el gasto excesivo que, unido
a dificultades laborales, provoca desajustes económicos de importancia.
11.6. EFECTOS DERIVADOS DEL CONSUMO
Los y las participantes en la muestra han descrito cuáles son, a su juicio, los
efectos generados por el consumo de cocaína. La valoración varía en la medida que
su consumo evoluciona, desde los encuentros esporádicos y festivos hasta el con222
sumo compulsivo. Las vivencias descritas están compuestas por aquellos estímulos
fisiológicos y constatables, propios de una sustancia estimulante, unidos a otros
más subjetivos, generados por las circunstancias que rodean ese consumo y por la
predisposición o el prejuicio individual. Respecto a los primeros, la mayoría del colectivo consumidor describe sensaciones de euforia, hiperactividad, aceleración…
Asimismo, quienes participan en el estudio han mostrado que también hay otras
consecuencias, menos placenteras, como apatía, irritabilidad y ansiedad.
En relación a la percepción subjetiva de los efectos, el imaginario del conjunto
de la muestra, de manera más o menos consciente, maneja el principio de que la
cocaína incrementa las capacidades físicas e intelectuales, permite superar límites
y sitúa al individuo en un plano superior al que, en circunstancias normales, estaría. Asimismo, hay referencias recurrentes, no siempre demostradas, que hablan
de una mayor capacidad laboral, aunque también es cierto que para otro conjunto de
individuos entrevistados esas consecuencias desaparecen cuando se incrementa la
frecuencia en el consumo. En relación a la incidencia del consumo en la actividad
sexual, la opinión mayoritaria es que tras la ingesta, la respuesta sexual sufre modificaciones, que pueden devenir en un comportamiento menos afectuoso y «más
animal», según ellos y ellas apuntan, dejando en evidencia la dificultad que el consumo genera en la relación con el sexo opuesto. Cuando se refieren a la incidencia en las relaciones sociales las opiniones están divididas. Mientras hay quienes
atribuyen a esta sustancia una capacidad integradora, derivada de la desinhibición,
otros y otras plantean el aislamiento como uno de sus efectos. Otra de las atribuciones que el colectivo entrevistado otorga a la cocaína es la pérdida de apetito. Y
eso puede convertirse en uno de los atractivos de la sustancia, en especial entre
las mujeres que persigan un modelo físico basado en la delgadez.
En cuanto a los efectos indeseados, los problemas físicos y mentales, las dificultades en la relación familiar, los problemas económicos y los legales, son los que
aparecen con más frecuencia.
La situación de ‘no consumo o abstinencia’ tampoco deja indiferentes a quienes
estaban habituados al mismo. Desde este colectivo asocian los efectos que causa
la abstinencia a la rabia y la indignación, y en algunos individuos —principalmente
entre personas en prisión y quienes están en tratamiento— aparecen descritos síntomas de ansiedad.
11.7. AFECCIONES SOCIALES
La contradicción es la nota dominante en cuanto a la descripción que las personas participantes hacen de cómo perciben la incidencia social del consumo de cocaí223
na. Son los mismos sujetos quienes niegan que el consumo de cocaína proporcione
prestigio social los que a la vez relatan cómo, gracias a ese consumo —y en ocasiones a la venta o al manejo de ciertas cantidades de cocaína— gozan del reconocimiento y la admiración de quienes componen su entorno social. Mantienen que esta
sustancia es consumida por las personas de éxito, aunque también la consideran
habitual en entornos delictivos. En general creen que está al alcance de cualquiera, tanto por el precio como por la posibilidad física de adquirirla, pero al mismo
tiempo admiten que cuesta más que el resto de estimulantes que se consumen con
mayor frecuencia en los ambientes festivos.
El componente más joven de la muestra asocia el consumo a la experimentación, a los fines de semana y al espacio recreativo. Los miembros de edades más
reducidas son quienes, en menor medida, reconocen problemas o experiencias
negativas derivadas del consumo. En cuanto a las recompensas que reciben, la sustancia les ofrece un estatus, porque se les presupone la disponibilidad económica
suficiente, el haber superado las fases previas de consumo de otras drogas, y les
permite aguantar ‘de fiesta’ más tiempo y con mayor capacidad de relación social.
Todo ello sitúa a estos y estas jóvenes en el lugar de honor dentro del grupo y les
capacita para desempeñar el papel de líderes.
Quienes tienen más años, y sobretodo quienes participan en tratamientos de
deshabituación, muestran alarma ante la corta edad a la que ahora la juventud accede al consumo de cocaína. Saben que los y las de menor edad —y en especial quienes sienten la necesidad de destacar sobre el resto— tienen una alta recompensa
por ese consumo y, después de la experiencia por ellos y ellas vivida, consideran
que están corriendo un alto riesgo de adicción.
La cocaína es consumida por un tipo de personas diferente del que utiliza habitualmente otras drogas. Los sujetos que respondieron la entrevista reconocen
que han ingerido la mayoría de las sustancias que circulan en ámbitos recreativos,
pero establecen diferencia clara entre quienes consumen cocaína y quienes consumen cualquier otra droga. En su opinión, quien consume cocaína no alcanzará
la adicción y, en ningún caso, la marginalidad del ‘yonky’ de heroína. De hecho,
según algún testimonio literal, el consumidor o consumidora de cocaína «es más
persona».
El modelo ideal de consumidor sigue teniendo relación con el éxito y el ‘glamour’, el ‘famoseo’, el mundo de la moda, los personajes públicos... Muchos y muchas indican nombres y apellidos de personas poderosas de las que saben que consumen esta sustancia. Pero, curiosamente, el colectivo participante en el estudio,
les otorga un blindaje especial que los sitúa a salvo de los efectos negativos de ese
224
consumo. En este sentido, los medios de comunicación están contribuyendo negativamente, ya que a través de ellos se muestra la adicción de algunos personajes
públicos admirados, y también son los «mass media» los que transmiten conceptos
falsos, que refieren recuperaciones milagrosas de algunos personajes y el abandono
de la adicción, en poco más de una semana.
En opinión de una amplia mayoría, el hecho de probar la cocaína es una sensación que nadie debería perderse. Incluso quienes están en fases de abandono del
consumo, con lo que ello les exige, piensan así. El conjunto de los sujetos diferencia
entre ‘probar’ y ‘consumir’, y parece que confían en su capacidad para controlar, sin
rebasar los límites entre ambos conceptos, a pesar de que en muchos casos vivan
las consecuencias derivadas de esa falta de control.
En cuanto a los efectos negativos del consumo para la sociedad, entre las personas de la muestra la opinión mayoritaria es que, sobre todo, éstos afectan al individuo. Las afecciones sociales que reconocen tienen relación con aspectos jurídicos,
derivados de un incremento de robos y violencia, con base en el consumo de cocaína.
La legalización es defendida, en buena medida, por el colectivo entrevistado.
Algunas premisas que sugieren como necesarias hacen referencia a la necesidad de
informar y educar. En cuanto a la edad de acceso a la sustancia, la mayoría legal suele ser elegida, aunque los argumentos para justificarlo no siempre son sólidos o válidos. Quienes participan en tratamientos de deshabituación son quienes, en menor
medida, defienden esta legalización del consumo.
11.8. AFECCIONES PERSONALES
La influencia del consumo en el desarrollo del proyecto de vida ha sido valorada
de muy distinta manera por quienes afrontan un tratamiento que por quienes están
en periodo de consumo activo. El 80% de los primeros interpreta que la cocaína
ha afectado negativamente el desarrollo de su proyecto vital. En cambio, entre el
colectivo de consumidores y consumidoras activos apenas el 20% reconoce esa
influencia. Entre los y las abstinentes se ha detectado cierta tendencia a instrumentalizar la cocaína. En su actual situación, de alejamiento del consumo, otorgan a la
sustancia la responsabilidad de todo lo malo que ha pasado en sus vidas. De este
modo consiguen reforzar su disposición a la abstinencia, a la vez que dejan abiertas
todas las oportunidades para la nueva etapa que inician en su vida, porque con este
planteamiento, es la cocaína, y no ellos y ellas, la responsable de todos los males
vividos.
225
Los daños que describen como consecuencia del consumo son variados. En
unas ocasiones los reconocen como propios y, en otras dicen haberlos visto en
otras personas. En relación al ‘peaje’ físico de la cocaína, se describen roturas del
tabique nasal, afecciones en las vías respiratorios, taquicardias y, en algunos casos,
dolores de cabeza muy intensos. Las afecciones psicológicas descritas son abundantes. La más frecuente es la paranoia, que estaría seguida de temores injustificados,
dificultad de concentración, brotes depresivos o psicóticos… En cuanto a los problemas de carácter social, aquí surgen los derivados de la agresividad, la pérdida de
oportunidades laborales y económicas y los riesgos de accidentes de tráfico, que
según los testimonios recogidos, se multiplican tras el consumo.
Cocaína y violencia son términos que en el presente estudio aparecen muy
vinculados. Los episodios narrados muestran tendencia a la agresividad en la mayoría de los casos de consumo. El componente de género resulta determinante a
la hora de padecer las consecuencias de esa alteración del comportamiento. Las
mujeres abstinentes relatan sus experiencias como víctimas de violencia doméstica,
y también algunos hombres describen actuaciones agresivas para con su pareja.
Ante la posibilidad de eliminar de sus vidas el contacto con la cocaína, entre la
muestra participante en el estudio domina la tendencia a volver a repetir los pasos
que les condujeron a probarla. Son quienes consumen actualmente los y las que en
mayor medida, se manifiestan de ese modo, mientras que entre quienes han abandonado el consumo las opiniones están divididas.
El sentimiento de que ejercen control sobre su consumo, y sobre sus vidas, es
elemento común del colectivo que compone esta muestra. Entre quienes están consumiendo al realizar la entrevista, se encuentran sujetos que fundamentan su idea en
el efecto saciedad que produce la cocaína. Hay individuos que traducen esa saturación
en espacios de ausencia de consumo. Y ese hecho puede hacerles creer que son ellos
quienes controlan la intensidad de la ingesta, facilitando el autoengaño.
La información relacionada con las terapias y tratamientos de deshabituación
es casi inexistente para los sujetos a los que nos hemos dirigido, siempre y cuando
hablemos de quienes consumen en la actualidad. Desconocen que existan iniciativas
públicas o privadas que faciliten el abandono del consumo, y tampoco les preocupa
si las hay o no.
11.9. EN RESUMEN
En líneas generales nuestro trabajo se ha ceñido a la descripción de los testimonios recabados de un colectivo de consumidores y consumidoras de cocaína.
226
Es destacable que a lo largo de su redacción se ha ido haciendo patente la convergencia con las conclusiones de otros estudios al respecto y de forma singular con la
monografía sobre cocaína de Calafat (Calafat, Juan, Becoña y cols. 2001). La vinculación entre el consumo de cocaína y la violencia es una de ellas. La búsqueda de poder y control en esta sustancia ha sido otro de los puntos de encuentro, junto con
la elección de la curiosidad como el principal motivo de inicio al consumo. También
hay coincidencia en la descripción de los síntomas vividos en las diferentes fases de
consumo. Y en la descripción de cómo la sociabilidad y el éxito iniciales dan paso al
aislamiento y al fracaso de quienes han traspasado la línea del autocontrol y se encuentran a expensas de la cocaína.
Las coincidencias continúan al referirnos a las vías de consumo y la representación que para el conjunto del colectivo entrevistado tenía cada una de ellas; cuando
se describen los efectos —deseados o ignorados— de la cocaína; al hablar de la saciedad generada por esta sustancia en determinadas ocasiones, y la confusión y falsa
sensación de autocontrol que crea en los sujetos; o la clara diferenciación entre los
grupos de consumidores ocasionales o festivos y aquellos otros compuestos por
personas que consumen de manera compulsiva.
En otro orden de cosas, después de analizar una y otra vez los testimonios
podemos describir la existencia de diversas fases en el consumo, con efectos individuales y sociales totalmente opuestos en cada una de ellas. En un primer momento
el consumo facilita la relación y el éxito social, concede al individuo la categoría de
‘exitoso’ y le induce a pensar que está a la cabeza, que lidera y marca tendencias.
Más tarde, esa misma persona si no se mantiene en un consumo aceptado como
moderado será rechazada por el grupo acusada de haber perdido el control pues
sus pares verán reflejada en ella la cara fea de la droga, el ‘peaje’ que algunos van
a pagar. Por eso le alejarán de su entorno, y el sujeto se recluirá, huirá del grupo y
vivirá sólo, con la cocaína, sus miedos y las paranoias que le genera.
Un aspecto trascendente en la consideración de la cocaína es que la sociedad
está retroalimentando esa tendencia a creer que la cocaína es «la gominola de las
drogas», tal y como se cita en uno de los testimonios. Los medios de comunicación
hablan de famosos que consumen, y rara vez de personas problemáticas o marginales. Incluso, algunos de estos personajes son contratados por programas de televisión de máxima audiencia, con lo que dota a su imagen de un halo de ingenio, capacidad mental y ‘savoir-faire’ que, en alguna manera, se hace extensivo a la cocaína.
Con las anteriores premisas, es lógico que los sujetos entrevistados no tengan
conciencia de drogadicción y que ignoren los efectos negativos generados por la
sustancia en ellos y ellas mismas aunque sean capaces de verlos en otras personas.
Sólo de este modo será posible un cierto grado de coherencia entre el propósito de
227
superar sus propios límites, que al parecer persiguen con el consumo, y las pérdidas
a las que saben que les conducirá el consumo compulsivo.
A pesar de que el enfoque de género no ha tenido, en esta ocasión, un tratamiento específico, el estudio arroja diferencias achacables a esa variable claras y
dignas de ser remarcadas.
Así ha quedado patente que la mujer es especialmente víctima de la agresividad
derivada del consumo de cocaína. Aquellas que siguen tratamientos de deshabituación, casi en su totalidad, se han reconocido víctimas de malos tratos. Además,
existe otro colectivo silencioso, quizá ajeno a ese consumo, que tal y como los propios agresores reconocen ha padecido golpes y violencia verbal cuando sus parejas
habían ingerido cocaína. Y son estas mismas mujeres —en ocasiones maltratadas—
quienes, cuando el hombre afronta el proceso de deshabituación, se convierten en
su soporte, el pilar que les impulsa a continuar y sobre las que se descarga una buena parte de la responsabilidad correspondiente al éxito o fracaso de ese proceso.
Las versiones recogidas apuntan un inicio al consumo que, en ellas, muchas veces
está motivado por la presión de su pareja. Eso, unido a los hechos antes descritos,
sitúa a la mujer en un papel pasivo, consumiendo o en abstinencia, relatando una
historia de vida que, en cierta medida, ha estado dirigida o condicionada de modo
fundamental por hombres, consumidores o abstinentes. Una de las entrevistas realizadas corresponde a una lesbiana. Curiosamente, en ella no hay síntomas de pasividad
o victimismo. Quizá el rol que ejerce en su relación de pareja le permite una posición
más sólida, alejada del tradicional, de apoyo y sumisión al sexo opuesto.
En esta última fase del estudio, después de análisis y discusiones en el seno del
equipo redactor, podemos asignar a esta droga el calificativo de ‘individualista’. Sin
embargo, el sentido exacto del término está encaminado a definirla como la droga
de un individuo, no necesariamente aislado socialmente, que busca su propio placer y la recompensa inmediata; que trata de vivir lo mejor del momento presente,
ejerciendo el que para él o ella es un derecho inalienable al disfrute. A diferencia de
épocas anteriores, ese derecho no se plantea como un premio al esfuerzo previo,
sino porque sí, sin necesidad de disponer de razones o motivos.
En el colectivo entrevistado de menor edad se ha apreciado la presencia de una
categoría de jóvenes indecisos, tibios, sin expectativas. Su capacidad de frustración
o de empecinamiento en un proyecto, sea del interés que sea, parece muy limitada. En cierta medida este modelo guarda similitud con ciertas imágenes virtuales
—especialmente representadas en videojuegos y en la publicidad— en las que los y
las jóvenes pasan por la vida volando, sin pisar tierra. Curiosamente, en uno de los
testimonios recogidos se describe así el efecto de la cocaína.
228
12. Aportación final
Las reflexiones que finalmente se presentan constituyen el último paso de cualquier trabajo de investigación que integra, por definición, la premisa de efectuar una
aportación científica al universo de conocimientos relacionados con el objeto de
estudio. Se trata, pues, de poner en relación las conclusiones, las percepciones y el
análisis de resultados con el marco teórico inicial que ha servido de referencia para
plantear las hipótesis y los objetivos de la investigación. De este modo se puede
confirmar, desmentir, ratificar, poner en duda o ir más allá del planteamiento inicial
propio, o del proveniente de otros estudios y autores.
La forma de trabajo adoptada, en esta ocasión, ha sido la de seleccionar y
transcribir aquellas declaraciones que se han considerado de interés, por su riqueza y porque contenían variables importantes y suficientemente explicativas. En
este sentido, se ofrece la posibilidad de la aproximación a un texto que contiene
testimonios literales facilitados por el colectivo de consumidores y consumidoras,
apoyados por planteamientos teóricos. El equipo investigador estaba libre de directrices previas, y ha encaminado sus esfuerzos a clasificar y transmitir las percepciones recabadas de la muestra, procurando destacar los elementos comunes
que afloraban y dotándoles de la representación que les correspondía. Con ellos
se ha interpretado la percepción que, del mundo que les rodea, tiene el colectivo
entrevistado. Al mismo tiempo, han permitido elaborar supuestos explicativos
relacionados con las causas y efectos vinculados al consumo, apoyados para ello
en el propio bagaje intelectual y profesional de sus componentes y en el marco
teórico seleccionado, en el que ya se apuntaban ideas de peso.
Posteriormente, el apartado de conclusiones contiene un resumen de los aspectos relacionados con cada apartado sometido a análisis y que coincide con todas y
cada una de las cuestiones que recaba el cuestionario, que ha sido el instrumento
de recogida de datos utilizado.
Es importante hacer hincapié en la escasez de estudios cualitativos en torno al
fenómeno de las drogodependencias y, por ende, de los que con esa metodología
se han acercado a profundizar específicamente en el consumo de una sustancia
como es la cocaína, cuyo uso se ha extendido de forma notable y evidenciada en
231
los últimos años. Se ha considerado adecuado tomar como referencia estudios de
probado rigor científico y similares al nuestro en metodología, variables, objetivos
y perspectiva temporal. De ellos volver a recalcar que el que posiblemente nos ha
permitido comparar más resultados, establecer convergencias y avanzar conclusiones ha sido el más reciente, de Calafat, Juan, Becoña y cols. Elaborado en 2001.
Más allá de quedarse en el simple análisis sociodemográfico de las características
de las personas usuarias, resulta interesante conocer si sus percepciones correlacionan de alguna manera con una modificación de hábitos y valores; con los mensajes
trasmitidos por la publicidad; con variables de tipo macro y microeconómico; con
esa supuesta imagen ‘ideal’ (en términos profesionales, personales, relacionales y
sociales) que nos permite considerarnos y que nos consideren como personas integradas en este nuevo contexto social. Por otro lado, aunque estrechamente relacionado con la sustancia y su entorno e incluso por encima de ambas cuestiones, es
necesario conocer cuál es el sentido que los y las consumidores otorgan a este consumo y qué buscan en él. Desde este punto de partida se pueden obtener indicios
que permitan explicar el cambio radical relacionado con el consumo de sustancias
actual y el de otros momentos históricos.
El estudio que presentamos plantea diferencias respecto al tipo de persona que
consume cocaína y el de otro tipo de sustancias. Eso afecta y requiere una nueva
definición de muchos de los conceptos tradicionales que se han manejado hasta el
momento, tanto desde lo social como desde lo asistencial (dependencia, tolerancia,
recaída, drogodependiente, reinserción social, etc.).
Por ejemplo, como se habrá podido observar a través de los testimonios, la
mayoría de las personas entrevistadas no se perciben como drogodependientes,
y ven como tales a los individuos consumidores de heroína que necesitan su dosis
diaria, que están tirados en la calle —por decirlo en términos vulgares— enfermos,
débiles, sin control sobre sus vidas y sobre su consumo, vinculados a actividades
delictivas y un largo etcétera. Hasta ahora, en el imaginario social, el consumo de
heroína se relacionaba inicialmente con el vicio, posteriormente y desde un talante
más compresivo con la enfermedad y finalmente se abordó desde la necesidad de
entenderlo como una solución compensatoria de personas con carencias personales, familiares, económicas, culturales, sociales, con falta de recursos de toda índole,
es decir, con personas «marginales» o socialmente excluidas. En relación a los sujetos consumidores de cocaína debemos enfrentarnos a la necesidad de adaptarnos
desde la prevención, la asistencia terapéutica y la inserción social porque estas personas no responden a esos adjetivos. No utilizan el consumo como un recurso para
paliar carencias, sino que se trata de individuos que utilizan una sustancia, la cocaína,
desde parámetros puramente instrumentales.
232
Desde la lectura de los testimonios se observa cómo los sujetos consumidores
perciben que ese plus de energía que proporciona la cocaína permite hacer frente
a muchas de las exigencias profesionales (fomentando su agresividad, su competitividad, el alcanzar un estatus profesional relacionado con una economía más saneada), a las que hay que añadir otras, relacionadas con responder a la imagen de
quien, además de triunfar profesionalmente, también es capaz de mantener una
vida social exitosa, una gran cantidad y diversidad de relaciones sociales y ‘amistades’, que también puede disfrutar de otros placeres en su ‘más que merecido’
espacio de ocio, el poseer y transmitir una imagen externa de éxito económico,
adquisitivo, de poder, etc. Así que no estamos hablando de la persona adicta o
procedente de una familia desestructurada, sin estudios, sin oficio, sin rumbo, sin
proyectos más allá de conseguir la dosis diaria. La muestra incluye personas que
han alcanzado altas cotas profesionales; que proceden de familias que a priori no
presentan factores de riesgo; que tienen una vida más o menos estructurada, una
planificación de objetivos vitales, etc.
Evidentemente, poco tienen en común ambos perfiles de usuarios y usuarias
de sustancias, luego, como se apuntaba, tanto desde la prevención como desde lo
asistencial resulta necesario un cambio en la comprensión de este nuevo fenómeno
si lo que se desea es adaptarse y dar una respuesta eficaz desde todas las instancias
que se relacionan de una u otra forma con el problema de las drogodependencias.
Tampoco se concluye que todas las personas que consumen cocaína responden a este perfil modélico, están integradas y tienen un control sobre si mismas y
sobre su consumo, o que éste no afecte en ningún caso de forma negativa en sus
vidas. De hecho, una de las conclusiones importantes en la que coincidimos con el
estudio de Calafat y cols. es que, a pesar de encontrar que muchos y muchas de los
componentes de la muestra siguen considerando que la cocaína es una sustancia
relacionada con el prestigio social, está idea se va desmontando a medida que comienzan a ser evidentes muchos de los aspectos negativos que acarrea el consumo,
entre los que podemos citar la mortalidad asociada, el aumento de las demandas de
tratamiento por la imposibilidad de control de una ingesta que llega a ser en muchos casos abusiva, los aspectos psicopatológicos tan estrechamente relacionados
con el consumo crónico de la sustancia, las urgencias puntuales que requieren atención sanitaria suscitadas por la calidad de la propia sustancia. Sin embargo, aunque
la percepción social está en evolución, la cocaína sigue gozando de una protección
simbólica y unas atribuciones estrechamente relacionadas con algunos conceptos
como prestigio, poder económico, poder social, inocuidad, etc.
Como señala el estudio de Calafat, resulta un tanto difícil contemplar los aspectos negativos y desmontar los supuestos benéficos que se le atribuyen a la sustancia,
233
desde el momento en que permiten alcanzar tantas y tan variadas recompensas. El
consumo de cocaína crea entre quienes la consumen la idea de que les permitirá
sobrepasar los límites físicos y mentales que perciben como una exigencia social.
La cocaína vive una época dorada, tal y como demuestra la extensión del consumo. Las razones para ello pueden encontrarse en los análisis antes realizados. Pero
es aconsejable tener en cuenta que otras sustancias, ahora denostadas, han vivido su
momento de gloria. El tabaco es un ejemplo claro. Basta con retrotraernos dos décadas para contemplar cómo fumar era una práctica social de ‘buen tono’ y el humo
de un cigarro ponía el toque perfecto a la escena romántica de una película. Incluso,
entonces los y las adolescentes sentían que dejaba de serlo por encender un pitillo.
También la heroína tuvo momentos dulces. Y fueron numerosos los personajes
públicos, sobre todo relacionados con la música y otras expresiones artísticas, que
incluso hacían apología de ese consumo, que les permitía situarse en planos superiores respecto al resto de mortales. En el caso de ambas sustancias, la percepción
social ha cambiado, y ahora su utilización está proscrita. Las razones que han producido esos cambios de valoración serán múltiples, pero entre ellas ocupa un lugar
preferente el hecho de que ya nadie puede negar sus efectos perversos.
Desde el análisis de lo social cabe preguntarse cuáles son los modelos personales que nos permiten ser aceptados, valorados y reconocidos socialmente en este
momento. Un breve repaso a la publicidad de cualquier revista juvenil o de adultos jóvenes, muestra que las personas y las características de quienes se definen y
son definidos como triunfadores, encarnan los valores que transmite la publicidad.
Las necesidades que intenta generar provocan en los potenciales consumidores y
consumidoras la necesidad de presentismo, de vivir aquí y ahora; el egocentrismo,
el hedonismo y el derecho al placer; la importancia por la posesión de ‘cosas’ de
determinada marca que te permiten acceder, diferenciarte y pertenecer a un estatus social que te sitúa en otro nivel y te distingue de los demás; a la tecnología en
permanente cambio a la que es necesario adaptarse y estimula los sentidos para no
quedarse atrás; la paradoja de los contactos virtuales (internet, móviles, cámaras)
que permiten relacionarse con los demás desde la distancia, evitando la presencia
física necesaria para que se generen auténticas relaciones de amistad que provienen
de la empatía, del compartir, del tener tiempo para dedicar al otro, para escucharle, el individualismo feroz a pesar y por encima de los y de las demás para el logro
de los objetivos personales, etc. A nuestro juicio, el uso de la cocaína encaja como
medio o instrumento de adaptación a este mundo de prisas, cambios y exigencias
constantes. Y no sólo como instrumento para poder responder a estas exigencias,
sino como recompensa por el sobreesfuerzo. Se ha pasado de la percepción de uno
mismo como sujeto de obligaciones a sujeto de derechos.
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Una de las principales hipótesis del trabajo de Calafat es comprobar la correlación positiva existente entre el consumo de cocaína y el ascenso en la posición de
prestigio y poder definido como un logro individual, según él no sólo en espacios
recreativos sino en espacios laborales.
En nuestro estudio, coincidimos en que los individuos más jóvenes, que están
en una fase iniciática de uso experimental de la sustancia y que no han vivido experiencias negativas derivadas de su uso, atribuyen al consumo de cocaína un valor
simbólico importante en la medida en que acceden a una sustancia que requiere una
mayor disponibilidad económica que tal vez la obtengan a través del ‘trapicheo’ que,
curiosamente, no está excesivamente mal visto entre ellos ni entre consumidores y
consumidoras de más edad. A la juventud le permite asumir un pequeño riesgo
semicontrolado que cubre la necesidad de arriesgar, le otorga prestigio y liderazgo
entre su grupo de iguales y puede llegar a convertirse en ese último paso que les
permitirá incorporarse al mundo adulto, del éxito y el prestigio. Los sujetos consumidores de mayor edad ven ese trapicheo con benevolencia, como algo ‘simpático’,
y se refieren a él con comentarios tales como «mira que listo y cómo sabe buscarse
la vida», porque dispone de una fuente de ingresos que su edad, formación, etc. no
le van a permitir alcanzar de otra forma.
En cuanto a la afirmación del prestigio que otorga este consumo en el contexto laboral, debemos distinguir en qué medida se equipara el éxito profesional
al éxito académico o si el parámetro académico queda a un lado a la hora de
hablar de éxito. ¿Por qué hacemos tal distinción? Porque, efectivamente, sí hemos hallado algunas evidencias desde las que coincidimos en afirmar que hay
personas que han superado un proceso académico y han conseguido un trabajo
prestigioso relacionado con ese expediente docente. Consumen cocaína de una
forma controlada y tal vez ese consumo les permita atender a ciertas exigencias
laborales. Sin embargo, nuestro estudio pone de manifiesto que la mayoría de
los y de las integrantes de la muestra ha abandonado los estudios en fases más
o menos tempranas, y que eso les ha limitado a profesiones menos cualificadas.
Aunque es absolutamente legítimo que valoren positivamente el logro de sus
éxitos profesionales, muchas veces basados en el salario, en tener en propiedad
un local, en la consideración de sus jefes o en su propia percepción de buen trabajador o trabajadora.
A nuestro juicio, el estudio de Calafat no afirma que el consumo de cocaína
afecte al plano laboral y/o profesional (hace más hincapié en la afectación de otros
aspectos vitales como la familia, la pareja, los problemas económicos o judiciales de
algunos individuos consumidores). Para quienes hemos realizado este estudio merece la pena señalar que tal vez el consumo de cocaína correlacione con la disminu235
ción de la edad de abandono de los estudios y el cambio constante y la inestabilidad
laboral entre algunas personas usuarias de la sustancia.
Claro que desde el comentario precedente cabe hablar de las tres tipologías de
consumidores que define Calafat. Los aristocráticos, los recreativos y los atrapados.
Por las características de nuestras entrevistas no llegamos a establecer una tipología
de individuos consumidores, pero sí coincidimos en que existen diferencias relacionadas con variables como la incorporación a un tratamiento de deshabituación, la
edad, el género y otras, que marcan un discurso y posicionamientos diferentes.
Ciertamente, en nuestra muestra hemos conocido a personas que, efectivamente, llegaban a desarrollar un consumo controlado de la sustancia y que, desde
ahí legitimaban su uso, incluso la legalización dados los beneficios que les proporcionaba y la ausencia de afecciones negativas. Establecían diferencias entre ellas y otro
tipo de perfil a partir de variables como el autocontrol, la mayor pureza de la vía de
consumo (básicamente esnifada), la mejor calidad de la sustancia que su poder adquisitivo les permitía obtener, la total ausencia de problemas judiciales o de relación
con conductas «marginales» propias de quienes consumen otras sustancias, la correcta gestión de su economía, el prestigio social que les proporcionaba y el placer
que les producía su uso.
Los individuos más jóvenes, tal y como se ha dicho apostaban más por la «aprobación» de la experiencia de «probar» la sustancia; es decir, el que no la prueba «sí
se pierde algo» (que percibimos que para ellos y ellas tiene connotaciones positivas)
como una experiencia por la que debería pasarse. Están también más a favor de la
legalización, desconocen en gran medida los riesgos asociados al consumo debido a
que la frecuencia y la intensidad de su propio consumo no ha llegado a generar daños o consecuencias negativas, consideran que no tienen un problema de adicción
porque no consumen diariamente y por ello tampoco afecta excesivamente a su
economía. También les permite «aguantar mejor la noche», estar más en sintonía
con otros, desinhibirse, jugar al riesgo, experimentar nuevas sensaciones e ingresar
en el mundo de los adultos «con prestigio».
Muy diferente es el discurso de quienes han pasado por un tratamiento de deshabituación. No están tan dispuestos a considerar la experimentación como algo beneficioso, no consideran en la misma proporción que se deba proceder a la legalización.
Han sufrido, vivido y padecido la pérdida de cuestiones que luego han considerado
valiosas, tales como la familia, la descendencia, las amistades, la salud, las consecuencias que van a mantenerse de por vida tras su paso por esa experiencia, etc.
Coincidimos con Calafat en que para quienes no han abusado, aquellas personas
que han traspasado la línea y han caído en la red son diferentes, fracasadas y débi236
les. No merecen estar en su entorno. Atribuyen la responsabilidad a la debilidad
personal y a la falta de control. Aquí no cabe el entendimiento de las características
de la sustancia con su potencial adictivo, ni las cuestiones sociales, relacionales, contextuales que hayan afectado a ese individuo. La referencia, el éxito o el fracaso son
atributos del individuo. No existe la necesidad de entender, de solidarizarse, etc...
«no has podido, no has llegado, no mereces estar entre nosotros. Tú eres de otra
clase...eres un adicto o adicta, un o una yonky».
Si bien quienes consumen abusivamente cocaína suelen incurrir en delitos, algo
que ocurre habitualmente entre los heroinómanos y las heroinómanas, en las conductas problemáticas entre unos y otros existen diferencias. Así entre consumidores y consumidoras de heroína predominan los delitos contra la propiedad, robos
con intimidación y/o con fuerza, y entre los y las usuarias de cocaína suele tratarse
de robos a pequeña escala, robos domésticos, riñas y peleas callejeras relacionadas
en ocasiones con los efectos psicotrópicos derivados de su consumo de cocaína
(paranoia, ansiedad, nerviosismo, aumento de la agresividad, etc.).
Pero en lo que sí coinciden las personas «atrapadas» es en las consecuencias
negativas que el uso de la sustancia ha provocado en el orden familiar y económico,
cuestiones que también recoge el estudio de Calafat. En el nuestro, tras el análisis
de los testimonios y yendo un poco más allá de lo que afirma el mencionado autor,
podemos llegar a establecer una más que probable correlación entre el consumo de
cocaína y la violencia de género o violencia doméstica. Son bastantes los testimonios en los que se recoge la importancia y la reiteración de este hecho.
Respecto a las implicaciones del consumo de cocaína y los recursos asistenciales, parece posible hipotetizar la necesidad del establecimiento de un tipo de recurso y atención específica a quienes consumen esta sustancia, desde la dificultad de
considerarse personas adictas o dependientes, con una problemática idéntica a la
de las personas atendidas por el consumo de heroína, desde la inmediatez y urgencia de la demanda de atención, desde las características específicas y diferenciales
de los factores personales, relacionales y sociales de estos y de estas consumidoras.
Finalmente quisiéramos apuntar la trascendencia de la extendida aceptación de
esta sustancia y en consecuencia la conveniencia de concienciar a la sociedad de las
consecuencias adversas de su consumo.
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