AGUAITA VEINTICUATRO / DICIEMBRE 2012 115

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AGUAITA VEINTICUATRO / DICIEMBRE 2012 115
AGUAITA V E I N T I C U A T R O / D I C I E M B R E 2 0 1 2
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Esthercita Forero,
una huella musical
en el Caribe.
Álvaro Suescún T.
Si de legados se trata, el de esta compositora nacida en la Barranquilla provinciana, y vinculada a la forja
musical del Caribe colombiano, fue el de resaltar la importancia de nuestra región frente al excluyente concepto
de identidad que. a partir de prejuicios raciales y sociales,
pretendían imponer las élites capitalinas desde las esferas
gubernamentales, interesadas sobre todo en mantener las
regiones periféricas a espaldas de los avances técnicos y
sociales que se daban en el mundo y promover grandes
diferencias entre las regiones en nuestro país. La perspectiva desde la que nos miraban en la primera mitad del
siglo XX, partía del paradigma según el cual la cultura
blanca del altiplano encarnaba la civilización, mientras
que la costa caribe, poblada en su mayoría de negros, estaba sumida en la barbarie que se debía superar. Lograr
el reconocimiento en medio de tantas limitaciones, que
se agigantaban en relación con el género femenino, era
como aferrarse a una proeza. Tal fue la empresa en la que
se empeñó Esthercita Forero.
Esthercita se inició actuando para las emisoras locales durante prolongadas giras artísticas por los poblados ribereños del Magdalena. Posteriormente extendió
su aventura por el departamento de Santander cuando
partió en búsqueda de la familia de su padre, Laureano
Forero. En 1938, con apenas 19 años, acompañada de
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aquel entonces recién nacido, actuó repetidamente en los
radioteatros de Bucaramanga. El encuentro con su progenitor, a quien hasta entonces no conocía, terminó en
una frustración. De allí salió, en febrero del año siguiente,
hacia Armenia, donde actuando y cantando en el radioWHDWURGH/D9R] GH$UPHQLDDÀQyVXVFRQRFLPLHQWRV
acerca del manejo del escenario y, una vez se sintió segura, se dirigió a la capital de la república donde, en poco
más de un mes, consiguió el reconocimiento a su talento.
Jorge Artel, el gran poeta cartagenero, fue su guía
para el conocimiento de nuestro folclore. Fue él quien
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le habló de la música del Caribe, de sus diferencias y
similitudes con las de las Antillas, y quien la orientó en el
dominio de ritmos de la región como el bullerengue, el
porro, el fandango y la cumbia, con la convicción de que
solo se podría adquirir una conciencia continental a partir
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la instruía acerca de las valiosas incidencias de nuestra
cultura Caribe, y así empezó Esther Forero a convertirse
en intérprete de nuestra música popular y a iniciar una
intensa exploración de las raíces de nuestra música al
oriente del rio Sinú, en los montes de María, San Jacinto,
El Carmen de Bolívar y por las tierras ribereñas del delta
del Magdalena. Tal fue la escuela donde Esther Forero
aquilató su formación artística.
A Jorge Artel lo había conocido una mañana cartagenera de soles dispersos, en agosto de 1943, en la Dirección de Cultura, en la que el poeta desplegaba su proverbial elocuencia en amena charla con Aníbal Esquivia y
Adolfo Mejía. Ella, recién llegada de Panamá, había acudido hasta allí para saber si podía actuar en “el corralito
de piedra”, como ya le decían a la ciudad de las murallas.
Tenía como antecedente la presentación, ocho años atrás,
en “La Rapsodia de Usiacurí”, de una comedia musical de
$XUHOLR0DUWtQH]0XWLV(VTXLYLDGLUHFWRUGHDTXHOODRÀcina, obtuvo cupo para una función de gala en el Teatro
Heredia, de la que Adolfo Mejía con su grupo fueron los
acompañantes musicales, y Jorge Artel el presentador y
también promotor de unas presentaciones en Radio Colonial. Así se hicieron amigos.
Al regresar a Barranquilla alimentada de una nueva
savia y dispuesta a diseminarla en el paraíso natural de
nuestro folclore, empezó a moverse como pez en sus
aguas, para concebir la saga histórica hecha música en
VXVFDQFLRQHVKDVWDDEULUHVHGHVÀOHGHIDUROHVPXOWLFRORres, espectáculo que ella rescató del olvido imponiéndolo
como una de las actividades principales del Carnaval de
Barranquilla.
En 1950, llegó Esthercita a Puerto Rico. Allí supo
interpretar ese terco empeño del maestro Rafael Hernández en iniciarla en las lides de la composición musical. En
otros países de aquella prolongada gira que le tomó poco
más de diez años, había escrito algunas melodías que fueron grabadas en Venezuela, Panamá, Costa Rica y México. En República Dominicana compuso el bolero “Santo
Domingo”, convertido en un éxito de tales proporciones
que la animó a continuar explorando esta nueva faceta
artística y entonces compuso y grabó, también con la
dirección del maestro Hernández, respaldado en su orquesta, y con René Touzet, Mario Bauzá, Avelino Muñoz,
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trío oriental, Tito Puente y Mardoqueo Girón, muchas
canciones que le granjearon la amplia popularidad que
encontró en Nueva York y en Ciudad México, ciudades
donde permaneció por más de cinco años. En adelante
siguió grabando canciones del gran Caribe que mezclaba
con las de Pacho Galán, Lucho Bermúdez, José Barros y
otros compositores de este patio de vientos perdidos, las
cuales bien recibidas en todas partes.
hombre del palo”, “La bollera”, “Coquito de agua”,
“Regálame una rosa”, “La renga”, “Pájaro macuá”
y “Barú”, y en otras canciones con las que tatuó su
nombre en el corazón del Caribe, sin que obtuviera
nada diferente al amor y al reconocimiento que hoy,
merecidamente, se le profesan a su persistencia y a
su amplio legado musical.
Las piezas musicales de Esther Forero son historias de vida puestas en escena, relatadas y mezcladas
con episodios surgidos de su imaginación elaboraGDVFRQPXFKDVDELGXUtDOLWHUDULDHQVXRÀFLR'LVfrutando de la soledad fueron llegándole las melodías, en una marcha rutilante y frenética al amparo
de las suaves brisas que se desprenden del río, elevadas en sus acordes como homenaje a nuestras tradiciones. Ese testimonio de amor escrito está en “El
caño de la ahuyama”, “Los barcos del Magdalena”,
“La Guacherna”, “Tierra barranquillera”, “Tambores de Carnaval”, “Bombo y maracas” “La luna
de Barranquilla”, “Río Magdalena” “Volvió Juanita”, “Palito´e matarratón”, “La caminadora”, “El
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