ERICH FROMM EN MEXICO EL PSICOANALISIS HUMANISTA Y

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ERICH FROMM EN MEXICO EL PSICOANALISIS HUMANISTA Y
Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo
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Fecha: 2011.01.21 11:31:33 -06'00'
Facultad de Historia
Erich Fromm en México. El psicoanálisis
humanista y sus aportaciones a la cultura
mexicana, 1949-1973
Tesis que presenta
Mariana Elizabeth Reyna Chávez
Para obtener el Titulo de Licenciada en Historia
Asesor: Dr. Francisco Javier Dosil Mancilla
Morelia, Mich. Diciembre de 2010
Índice
Pág.
Introducción…………………………………………………………………………………….. 5
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
1. El desarrollo económico y las transformaciones sociales……………………….. 15
2. Itinerarios del psicoanálisis en la cultura mexicana entre 1930 y
1970…………………………………………………………………………………………. 24
3. La Universidad Nacional: su participación en el desarrollo científico y cultural
de México…………………………………………………………………………………… 38
4. El psicoanálisis y la cultura……………………………………………………………. 44
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
1.
Los años de formación en Alemania. Influencia del judaísmo………….. 52
2.
Por los senderos del psicoanálisis…………………………………………….. 55
3.
La psicología social. Participación en la Escuela de Fráncfort…………. 61
4.
El movimiento freudomarxista…………………………………………………. 70
5.
Exilio en Estados Unidos. El enfoque socio-cultural del psicoanálisis…
……………………………………………………………………………………………….. 73
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
1.
Alcance y limitaciones del pensamiento freudiano de acuerdo a Erich
Fromm……………………………………………………………………………………… 85
2.
Teoría del carácter social……………………………………………………….. 92
3.
Socio-psicoanálisis del campesino mexicano………………………………101
4.
Narcisismo, biofilia y necrofilia………………………………………………. 107
3
5. Características de la sociedad moderna: la patología de la
normalidad……………………………………………………………………………………. 115
6.
Filosofía y ética humanista…………………………………………………….. 124
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis
humanista
1.
De la psiquiatría al psicoanálisis…………………………………………….. 135
2.
Indicios del discurso freudiano en el gremio psiquiátrico………………. 144
3.
Los discípulos mexicanos de Erich Fromm………………………………… 148
4. Fromm en México: redes académicas e institucionales que desenvuelve
su labor…………………………………………………………………………………… 156
5.
El psicoanálisis humanista en la cultura mexicana……………………… 163
5.1 Difusión de las teorías de Erich Fromm en los círculos
académicos………………………………………………………………………………. 163
6.
5.2
Confluencia de paradigmas en las ciencias psicológicas…………. 168
5.3
Psicoanálisis y educación…………………………………………………177
La institucionalización del psicoanálisis humanista……………………...185
Discusión y conclusiones…………………………………………………………………. 211
Fuentes………………………………………………………………………………………… 235
4
Introducción
Las múltiples facetas que acompañaron la figura de Erich Fromm se vieron entrelazadas
con el hilo de la historia del siglo XX. Conocido como crítico social, psicoanalista,
sociólogo, psicólogo social, maestro, fundador de instituciones, activista político y escritor
popular, fue un hombre que vivió bajo los preceptos de un humanismo radical y que se
mantuvo fiel a sus principios hasta el final de sus días.
Construyó sus propuestas teóricas a la par del surgimiento de los sistemas filosóficos
más influyentes de nuestros tiempos y bien puede decirse que por ello constituyen la
expresión de toda una época. Dialogó de forma permanente con los grandes pensadores
de la humanidad y sus contemporáneos para objetivar su propia perspectiva, y alcanzó
una visión del psicoanálisis que adquirió un tinte peculiar porque contribuyó a constatar
el impacto expansivo que dicha teoría representa en el terreno cultural.
En todo momento encontramos el influjo de la musa Clío en sus teorías. La historia
se convierte así en un contrapunteo que sirve de referencia para su comprensión de la
condición humana y sus atributos esenciales. Para Fromm, es un proceso dialéctico en el
que aparece el hombre a la vez como actor y observador; es, en esencia, el camino del ser
humano hacia la liberación de todos los vínculos que lo someten a algún ídolo.
Su voz es polifónica porque logra integrar notas muy variadas que permanecen en un
espectro delineado por su fe en el ser humano y la esperanza de que es posible construir
un mundo diferente. Desde una postura que afirma que la psicología puede ser la base
para la elaboración de normas objetivas de conducta, Fromm dedicó toda su vida a
comprender la forma en la que la sociedad influye en el individuo y viceversa.
Por esa razón se ganó la reputación de idealista o pollyanna,1 término que denota un
optimismo ingenuo, pero si se atraviesa la superficie, se identifica en ese calificativo una
amargura coherente con el tono nihilista que caracteriza a la sociedad contemporánea. En
tiempos que exhiben panoramas humanos y naturales desoladores, concebidos por el
sentido común como pautas normales e inconmovibles de la realidad, hace falta una
visión aguda y penetrante como la de Fromm, que haga relucir los aspectos nocivos de
nuestra sociedad, eso que él llama patología de la normalidad, que actualmente nos
conduce hacia una etapa de caos y destrucción, y a la vez presente alternativas
encaminadas a conservar la vida en todas sus formas.
1
Jay, Martin. La imaginación dialéctica. Historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de
Investigación Social (1923-1950), Madrid, Taurus, 1989, p. 173.
Introducción
Es poco conocido que este psicoanalista alemán residió en México por más de dos
décadas, entre 1949 y 1974. Su presencia se conjugó con un momento muy interesante
en la ciencia mexicana porque buscaba la consolidación de su práctica en la comunidad
internacional. Desde su llegada, Fromm se erigió como figura clave en el desarrollo de las
teorías psicoanalíticas y la fundación de las instituciones que se encargarían de
promoverlas.
Este trabajo presenta una interpretación acerca del trasfondo de ese proceso tan
importante para la vida académica y cultural de nuestro país. Es necesario mencionar que
hasta el momento de concluir esta tesis, no encontramos un estudio de carácter histórico
que se aproxime al tema empleando la metodología que ofrece la historia de la ciencia, y
en ese sentido, los resultados de nuestra investigación constituyen un primer
acercamiento. Fuera del gremio psicoanalítico, ha habido poco interés por estudiar las
inflexiones del movimiento psicoanalítico en México, a pesar de que aún se perciben los
efectos diseminados que la disciplina ha dejado en la percepción del ser humano. Si bien
es cierto que en nuestro país tardó bastante en consolidarse una tradición psicoanalítica,
el periodo que delimita el presente trabajo figura como una etapa crucial porque impulsó
la difusión de una de las corrientes más interesantes y subversivas que emergieron de las
huestes freudianas.
La investigación gira en torno a una serie de objetivos puntuales. En primer lugar,
buscamos comprender qué fue lo que determinó que Erich Fromm estableciera su
residencia en México durante veintitrés años y cómo fueron recibidas sus propuestas en
el contexto científico e institucional. En esos términos, intentaremos descifrar qué
elementos facilitaron la construcción de redes entre diversos actores para lograr la
difusión de sus propuestas teóricas. Resulta especialmente interesante conocer de qué
manera influyeron en el campo de la psiquiatría.
Además de ubicar a las personas que se formaron bajo su tutela, identificaremos los
espacios de diálogo que abrió y las aportaciones que representaron para la estructura
académica y científica de nuestro país. Así mismo, nos proponemos ubicar las obras que
este autor escribió y publicó durante el periodo de su residencia en México, con la
finalidad de explicar la importancia de esta etapa en su trayectoria profesional, y de ser
posible, distinguir la influencia de la realidad mexicana en su obra.
Un objetivo fundamental de este trabajo consiste en revelar a través de qué canales
culturales se fueron asimilando los planteamientos del psicoanálisis humanista y descubrir
6
Introducción
si logró contribuir a modificar o complementar la percepción que el mexicano tiene de sí
mismo. Para ello, es imprescindible abordar la traducción y socialización que la
comunidad formada a su alrededor llevó a cabo, para trascender el campo clínico y
participar con acciones concretas en la vida de la sociedad mexicana.
Hemos dividido esta exposición en cuatro capítulos. Para empezar será necesario
emprender un recorrido por los itinerarios de la cultura mexicana, con el objetivo de
ofrecer una mirada panorámica del contexto que permitió que la propuesta frommiana
arraigara en las estructuras colectivas. También indagaremos en la vida científica para
descubrir la dinámica prevaleciente entre las distintas comunidades y sus programas de
investigación, en particular en el marco de las ciencias psicológicas, ofreciendo una breve
explicación de las condiciones en que se gestó el interés por el psicoanálisis y las áreas del
tejido social en las que incidió.
En el intermedio iremos conociendo los planteamientos básicos del psicoanálisis
humanista, prestando especial atención a sus diferencias frente al psicoanálisis ortodoxo.
También abordaremos algunos episodios de la trayectoria profesional de Erich Fromm,
en la medida en que nos ayudarán a comprender sus teorías. El último capítulo está
dedicado a exponer las acciones más trascendentes del proyecto frommiano en México,
la difusión de su propuesta y la fundación de las instituciones que la sostienen hasta la
fecha, para concluir con una discusión acerca de su vigencia y significado.
El corpus teórico del psicoanálisis humanista ha sido tema para una enorme cantidad
de obras. Funk ha consumado un amplio catálogo bibliográfico acerca de los trabajos que
discuten las obras de Fromm. Suman más de cuatro mil entre artículos, reseñas, tesis,
libros, entrevistas y monografías, y asegura que el Archivo Erich Fromm ubicado en
Tubinga y dirigido por él, cuenta con una copia de casi todas estas producciones.2 Es
evidente que no fue posible revisar toda la bibliografía para esta investigación, pero sí
podemos hacer referencia a algunos trabajos que fueron de gran utilidad.
Algunas obras que versan sobre sus teorías incluyen datos biográficos de Fromm,
pero además existen trabajos eminentemente biográficos. En primera instancia, contamos
con una autobiografía intelectual del mismo Fromm titulada Más allá de las cadenas de la
ilusión, donde expone los pilares teóricos de su pensamiento y comparte algunas
3
experiencias de vida cruciales para su formación.
2
3
Funk, Rainer. Bibliography of the Literature about Erich Fromm, Tubinga, Archivo Erich Fromm, 2004.
Fromm. Erich. Más allá de las cadenas de la ilusión, Barcelona, Paidós, 2008.
7
Introducción
Luego encontramos Erich Fromm, de la autoría de Donald Hausdorff, y los trabajos
de Rainer Funk,4 que sobresalen por el acceso a detalles interesantes de la niñez y
adolescencia de nuestro autor, que ha logrado en su calidad de custodio de sus escritos.
Cabe mencionar que Funk ha publicado siete obras póstumas en español a cargo de
Editorial Paidós,5 que reúnen diversos manuscritos inéditos y conferencias dictadas por
Fromm alrededor del mundo, además de La atracción de la vida. Aforismos y opiniones,
publicados como síntesis de su pensamiento.6
Por su parte, Daniel Burston publicó The Legacy of Erich Fromm,7 un estudio que
se encarga de elucidar las razones por las que su trabajo ha sido menospreciado y
criticado, además de que defiende su aportación a la teoría psicoanalítica. En esta línea se
ubican también Erich Fromm and the Quest for Solidarity, de Lawrence Wilde,8 y The
Art of Living. Erich Fromm‘s Life and Works,9 de Gerhard Knapp. Ambos estudios
toman una postura favorable a la obra frommiana y postulan su vigencia para tiempos
actuales.
Hay además otros libros cuyos temas centrales son Fromm y sus principales teorías
como: El miedo a la autoridad. Las perspectivas de Erich Fromm,10 de John H. Schaar, y
Hombre y sociedad en el pensamiento de Fromm, de Florentina Moreno. Esta última
11
realiza un balance filosófico de los postulados del psicoanálisis humanista y su técnica; se
encarga también de contrastar y vincularlos con otras corrientes de la psicología, logrando
una comprensión equilibrada de sus aportaciones.
Los trabajos de Neil McLaughlin,12 Origin Myths in the Social Sciences: Fromm, the
Frankfurt School and the emergence of Critical Theory y How to become a forgotten
4
Funk, Rainer. Fromm, vida y obra, Buenos Aires, Paidós, 1987; Erich Fromm. His Life and Ideas. An
Illustrated Biography, Nueva York, Continuum International, 2000.
5
Fromm, Erich. Ética y política, Buenos Aires, Paidós, 1993; El arte de escuchar, Barcelona, Paidós,
1993; La patología de la normalidad, México, Paidós, 1994; Espíritu y sociedad, México, Paidós, 1994;
El humanismo como utopía real, Buenos Aires, Paidós, 1998; Del tener al ser, Barcelona, Paidós, 2000;
Lo inconsciente social, Buenos Aires, Paidós, 2003.
6
Funk, Rainer. La atracción de la vida. Aforismos y opiniones, Barcelona, Paidós, 2003.
7
Burston, Daniel. The Legacy of Erich Fromm, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 1991.
8
Wilde, Lawrence. Erich Fromm and the Quest for Solidarity, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2004.
9
Knapp, Gerhard. The Art of Living. Erich Fromm´s Life and Works, Nueva York, Peter Lang, 1989.
10
Schaar, John H. El miedo a la autoridad. Las perspectivas de Erich Fromm, México, Herrero Hnos,
1961.
11
Moreno, Florentina. Hombre y sociedad en el pensamiento de Fromm, México, Fondo de Cultura
Económica, 1983.
12
McLaughlin, Neil. ―Origin Myths in the Social Sciences: Fromm, the Frankfurt School and the
emergence of Critical Theory”, The Canadian Journal of Sociology, Toronto, Vol. 24, Núm. 1, junio
1999, pp. 109-139; “How to become a forgotten intellectual: Intellectual movements and the rise and fall
of Erich Fromm”, Sociological Forum, Vol. 2, Núm. 13, 1998, pp. 215-246.
8
Introducción
intellectual: Intellectual movements and the rise and fall of Erich Fromm son esenciales
porque, desde una perspectiva sociológica, se centran en la participación de Erich
Fromm en la Escuela de Fráncfort y en el surgimiento de la Teoría Crítica. Ambos
esclarecen la participación de Fromm en ese movimiento intelectual, que pese a
resumirse en un corto periodo de tiempo, reafirma su papel como miembro original y lo
trascendente de su pensamiento para épocas posteriores.
En The Humanist Perspective in Social Science: The case of Erich Fromm,13
Kenneth O‘Brian se propone rescatar el valor del enfoque humanista que Fromm
defiende a lo largo de su trayectoria, tanto en el plano de las ciencias sociales como en el
campo psicoanalítico.
Existen otros artículos que se refieren a las propuestas teóricas y prácticas de Erich
Fromm desde el punto de vista de sus discípulos. Tal es el caso de Social Character
versus the Productive Ideal: the contributions and contradictions in Fromm‘s view of
man, de Michael Maccoby, y The core theme of Erich Fromm‘s writings and its
14
implications for therapy, de Marianne Horney-Eckardt. Nos interesan estos trabajos
15
precisamente porque son una ventana que permite conocer la experiencia de trabajar con
el psicoanalista alemán. En el ensayo de Maccoby encontramos un balance crítico entre
las aportaciones y contradicciones presentes en el corpus teórico frommiano, realizado a
partir de las limitaciones que emergen de su aplicación práctica. Horney-Eckardt rescata
la pertinencia de la técnica psicoanalítica frommiana y sus alcances en la vida cotidiana de
los pacientes.
Ahora bien, la labor que desplegó Erich Fromm como orientador y maestro,
psicólogo social y filósofo humanista en Estados Unidos y México ha sido abordada por
un grupo de colaboradores y discípulos en algunos estudios, entre los que encontramos
In the Name of Life. Essays in Honor of Erich Fromm y Erich Fromm. Psicoanálisis y
16
sociedad, compilados por B. Landis y E. S. Tauber. Presentan una serie de ensayos que
17
13
O’Brian, Kenneth. The Humanist Perspective in Social Science: The Case of Erich Fromm
(www.ir.lib.sfu.ca).
14
Maccoby, Michael. “Social Character versus the Productive ideal: the contributions and contradictions
in Fromm’s view of man”, Praxis Internacional, 1982. (Online Library www.ceeol.com).
15
Horney-Eckardt, Marianne. “The Core Theme of Erich Fromm’s Writings and its Implications for
Therapy”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, Bloomfield, Vol. 11, 1983, pp. 391-399.
16
B. Landis y E. S. Tauber (comps.). In the Name of Life. Essays in Honor of Erich Fromm, Nueva York,
Rinehart and Wineston, 1971.
17
B. Landis y E. S. Tauber (comps.). Erich Fromm. Psicoanálisis y Sociedad, Buenos Aires, Paidós, 1971.
9
Introducción
relatan la particular experiencia de trabajar con Fromm, integrando perspectivas de
diversos autores y un balance de sus contribuciones al conocimiento del ser humano.
A prophetic analyst. Erich Fromm‘s contributions to Psychoanalysis, compilado por
18
Mauricio Cortina y Michael Maccoby, sigue por ese camino, recuperando las
aportaciones de nuestro autor a la teoría psicoanalítica y exponiendo el punto de vista de
analistas con amplia trayectoria respecto a la técnica humanista legada por Fromm.
En este cometido resulta indispensable Erich Fromm y el psicoanálisis humanista,19
acopiado por Salvador Millán y Sonia Gojman de Millán; obra centrada en la labor de
este pensador en nuestro país, a la manera de los otros estudios que hemos mencionado,
recopilando testimonios de colaboradores y alumnos. Allí encontramos una reseña
histórica que desglosa las acciones que emprendió —junto a sus primeros discípulos—
para consolidar sus teorías en México. Jorge Silva García completó esa tarea con otro
breve recuento histórico publicado en El humanismo de Erich Fromm,20 otro compendio
de ensayos testimoniales y críticos respecto a su figura.
En su papel de miembro de la primera promoción de psicoanalistas formados por
Fromm, Ramón de la Fuente expone su interpretación de la obra frommiana y su
significado para la comunidad científica mexicana en El pensamiento vivo de Erich
Fromm, publicado algunos años después de su muerte.
21
Acerca de la aplicación empírica de las teorías frommianas debemos destacar una
publicación de José Gutiérrez, que lleva por título El método psicoanalítico de Erich
Fromm, porque constituye la primer crítica a la técnica psicoanalítica humanista de parte
22
de uno de sus discípulos formados en México. También como alumno, Víctor Saavedra
protagoniza un intento de aproximación crítica al desempeño de Fromm como analista y
fundador de instituciones en La promesa incumplida de Erich Fromm.23 Como cuestión
central del estudio, hace hincapié en las fallas de la técnica psicoanalítica que heredaron
las generaciones de psicoanalistas mexicanos formadas bajo la veta humanista y revela las
18
Cortina, Mauricio y Maccoby, Michael (comps.). A prophetic analyst. Erich Fromm’s contributions to
psychoanalysis, Nueva York, Aronson, 1996.
19
Millán, Salvador y Gojman de Millán, Sonia (comps.). Erich Fromm y el psicoanálisis humanista,
México, Siglo XXI, 1981.
20
Silva García, Jorge (comp.). El humanismo de Erich Fromm, México, Paidós, 2006.
21
De la Fuente, Ramón. El pensamiento vivo de Erich Fromm, México, Fondo de Cultura Económica,
1989.
22
Gutiérrez, José. El método psicoanalítico de Erich Fromm, Bogotá, Tercer Mundo, 1961.
23
Saavedra, Víctor. La promesa incumplida de Erich Fromm, México, Siglo XXI, 1994.
10
Introducción
contrariedades que surgieron al interior del grupo que se adhirió al proyecto frommiano,
por lo que constituye un punto de apoyo fundamental para nuestra investigación.
Por último, no podemos dejar de mencionar las obras de Guillermo Delahanty, un
miembro de la Asociación Psicoanalítica Mexicana interesado en profundizar en la
relación entre psicoanálisis y marxismo.24 El tema traslada de manera ineludible la mirada
a los trabajos de Fromm, por ser uno de los principales representantes de esa corriente
que en su momento fue conocida como freudomarxismo. Delahanty es autor de una
serie de artículos que tratan diversos aspectos de la obra frommiana y algunas críticas
acerca de su labor en México.25
Para captar la atmósfera que dio cabida al psicoanálisis humanista, fue necesario
consultar también textos que nos ilustraran sobre el desarrollo de las ciencias
psicológicas. La monumental Historia general del psicoanálisis,26 de Ricardo G.
Mandolini Guardo, resulta básica porque explica el origen y desarrollo de la teoría
psicoanalítica fundada por Freud, pasando por las aportaciones de sus discípulos y las
invectivas que llevaron a la formulación de teorías alternativas. La obra de Erich Fromm
escribe todo un capítulo de la historia del psicoanálisis dentro de la corriente conocida
como ―culturalista‖, y tiene la distinción de cerrar el repaso histórico de Mandolini.
Para comprender algunos aspectos de la misma historia para el caso de México,
revisaremos dos obras que abordan esta temática de manera muy amplia: Treinta años a
la vanguardia y 100 años de la psicología en México, 1896-1996. También será
27
28
provechoso un pequeño libro editado por José Cueli y Lucy Reidl que presenta un
cuadro de las corrientes psicológicas que se practicaban en el país durante la década de
los setenta.29 Incursionaremos en la historia de la psiquiatría, ya que esa disciplina forma
parte de la trama en que se inserta el psicoanálisis humanista en el país. Para ese fin
contamos con el compendio coordinado por Jacques Postel y Claude Quétel titulado
24
Delahanty, Guillermo. Psicoanálisis y marxismo, México, Universidad Autónoma MetropolitanaXochimilco/Plaza y Valdés, 1987.
25
Delahanty, Guillermo. Crítica de la psicología social de Fromm, Enseñanza e Investigación en
Psicología, Vol. XVI, Núm. 1 y 2, 1990, pp. 146-155; “Fromm y el socialismo humanista”, Relaciones,
México, Núm. 11/12, 1995, pp. 134-136; “El derrumbe de la esperanza; Fromm el profeta analista”, y
“Comentarios críticos a una lectura lacaniana de Fromm”. (www.cartapsi.org/mexico/archivos.htm).
26
Mandolini Guardo, Ricardo. Historia general del psicoanálisis. De Freud a Fromm, Buenos Aires,
Ciordia, 1969.
27
Reidl Martínez, Lucy María y Echeveste García, Ma. de Lourdes (coords.). Treinta años a la
vanguardia, Facultad de Psicología, UNAM, 2004.
28
Sánchez Sosa, Juan José (ed.). 100 Años de Psicología en México, 1896-1996, Facultad de Psicología,
UNAM, 1997.
29
Cueli, José y Reidl, Lucy (eds.) Corrientes Psicológicas en México, México, Diógenes, 1983.
11
Introducción
Nueva historia de la psiquiatría. Con una mirada reflexiva y crítica, los capítulos del libro
30
integran una cabal visión de los elementos teóricos y clínicos que fueron integrando la
ciencia que hoy conocemos como psiquiatría. En este mismo sentido, pero centrados en
el caso mexicano, consultaremos Breve historia de la psiquiatría en México,31 de Héctor
Pérez-Rincón e Historia de la psiquiatría en México,32 de Germán Somolinos D‘ Ardois.
La información obtenida será contrastada con Las enfermedades mentales en México.
Desde los mexicas hasta el fin del milenio, que proporciona un repaso de las
33
instituciones y prácticas orientadas al tratamiento de las enfermedades mentales hasta
nuestros días.
Marco teórico
Nuestra investigación se inserta en el marco de la historia de la ciencia, entendida como
un campo de estudio que nos permite analizar y valorar la construcción de los hechos y
teorías científicas de acuerdo a su vinculación con el medio social, cultural, económico y
político. La ciencia, como cualquier actividad humana, es un campo interesante porque
no puede desprenderse de su entorno y responde a ciertas necesidades emanadas de un
contexto específico. Así lo ha demostrado Thomas S. Kuhn, al dilucidar las formas en las
que se organizan las comunidades científicas y las tareas que deben llevar a cabo para
alcanzar el consenso en torno a un paradigma, que se encarga de sostener el ejercicio de
una ciencia en particular. La noción de paradigma se refiere a una cosmovisión, una
forma de ver e interpretar el mundo que desarrolla métodos, teorías y acepta el tipo de
problemas para los que posee solución. Pero tiene un periodo de vigencia que termina
cuando el mundo desborda las soluciones que ofrece la teoría.
De acuerdo a Gaston Bachelard,34 el conocimiento científico avanza a través de
continuas rupturas epistemológicas; es decir, de la rectificación gradual de errores
precedentes superando esquemas teóricos convencionalmente aceptados. Esta visión nos
30
Postel, Jaqcues y Quetel, Claude. (coords.). Nueva historia de la psiquiatría, México, Fondo de Cultura
Económica, 2000.
31
Pérez-Rincón, Héctor. Breve historia de la psiquiatría en México, México, Instituto Mexicano de
Psiquiatría, 1995.
32
Somolinos D’ Ardois, German. Historia de la psiquiatría en México, México, Sepsetentas, 1976.
33
Calderón Narváez, Guillermo. Las enfermedades mentales en México. Desde los mexicas hasta el fin del
milenio, México, Trillas, 2002.
34
Bachelard, Gastón. El nuevo espíritu científico, México, Nueva Imagen, 1981; La formación del espíritu
científico, México, Siglo XXI, 1987.
12
Introducción
parece apropiada porque admite la existencia de limitantes psicológicas que intervienen
en la asimilación de nuevas categorías y programas de investigación. También funciona
como explicativa del conflicto y las tensiones que surgen en el seno de las comunidades
científicas.
Por otra parte, hemos tomado elementos de la sociología simétrica, que proponen
autores como Bruno Latour, para explicar la ciencia como un territorio que facilita la
identificación de los complejos juegos de traducción que tienen lugar en la construcción
permanente de la realidad humana. Entendemos por traducción35 el hecho de que una
disciplina aparentemente tan rígida como el psicoanálisis, se ponga al alcance de una
amplia porción de la población, trascendiendo el ámbito propiamente científico mediante
la negociación constante entre actores pertenecientes a distintas esferas para pactar
acuerdos y fijar objetivos comunes. Es en este sentido que nos referimos también a la
socialización, que se relaciona con la difusión y alcance de un determinado programa de
investigación, no sólo entre la comunidad científica sino en el grueso del tejido social.
El modelo de diálogo entre actores humanos y no-humanos en la práctica científica
proporciona la ventaja de incluir en el proceso de construcción de la realidad aspectos
que antes habían sido relegados a un segundo plano. Además, tendremos presente que
los mecanismos de institucionalización —en el sentido de afianzar el conocimiento— son
posibles gracias a la conformación de redes científicas, distribuidas en todas las
dimensiones del colectivo, que materializan la vinculación entre distintos actores.
En la medida en que buscamos salir de los cánones positivistas, tan caros a nuestra
disciplina, hemos recurrido a propuestas teóricas que nos ofrecen la posibilidad de
construir un discurso histórico cimentado en la interpretación y la valoración de fuentes
de diversa índole. Hemos efectuado un examen crítico de la bibliografía y los materiales
que consideramos pertinentes para lograr una explicación del proceso que engloba la
temática de la investigación, sustentándonos en los supuestos de la heurística y la
hermenéutica.36 La lectura de las fuentes estuvo apoyada en la necesidad de hacer aflorar
35
Latour, Bruno. La esperanza de Pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios sobre la ciencia,
Barcelona, Gedisa, 2001. Por sus connotaciones linguísticas y materiales, la palabra traducción se refiere
a todos los desplazamientos que se verifican a través de actores cuya mediación es indispensable para que
ocurra cualquier acción. En vez de una oposición rígida entre el contexto y el contenido, las cadenas de
traducciones se refieren al trabajo mediante el que los actores modifican, desplazan y trasladan sus
distintos y contrapuestos intereses.
36
Velasco Gómez, Ambrosio (coord.). El concepto de heurística en las ciencias y las humanidades,
México, Siglo XXI, 2000.
13
Introducción
lo que permanece oculto detrás del texto, abriendo la perspectiva y arriesgándonos a
omitir algunos aspectos para resaltar otros.
Entre las fuentes incluimos dos entrevistas realizadas al Dr. Fernando Martínez
Cortés y a la Mtra. Lourdes Viesca Treviño con la finalidad de recuperar el testimonio
vivo de dos personas que presenciaron los eventos que abordamos. Ambas se
incorporaron al archivo oral del ―Fondo bibliográfico y documental sobre la historia de la
ciencia en México‖, resguardado en el Instituto de Investigaciones Históricas, y quedan
como una fuente de información disponible para futuras investigaciones.
El material bibliográfico fue localizado en distintos repositorios nacionales, entre los
que cabe destacar la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Central y de la Facultad de
Psicología de la UNAM, así como las bibliotecas de las Facultades de Filosofía e Historia
de nuestra casa nicolaita y el amplio acervo de consulta que ofrece el Instituto de
Investigaciones Históricas.
14
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México
posrevolucionario
1. El desarrollo económico y las transformaciones sociales
Hablar de las transformaciones que México atravesó en la segunda mitad del siglo
XX implica mirar a través del proceso de industrialización que poco a poco fue
esparciendo su influencia hacia todas las esferas de la vida cotidiana. Pero primero que
nada tenemos que detenernos a analizar brevemente el programa político que trazó los
lineamientos para llevarlo a cabo.
En 1940, al finalizar el sexenio del Gral. Lázaro Cárdenas, se dio marcha atrás a los
anhelos de justicia social, marcando el inicio de un periodo que se caracterizó por el
retorno a prácticas más conservadoras, aunque mantuvieron la esencia populista
coherente con el sistema político mexicano emanado de la Revolución. La etapa más
radical se consideraba ya cosa del pasado, pero se recibieron con beneplácito los
privilegios consagrados por la institucionalización del régimen, que con Cárdenas había
alcanzado una estructuración que se mantendría intocable hasta la década de los ochenta.
El modelo político mexicano respondió durante todo ese periodo a las demandas y
necesidades del presidencialismo autoritario, que se convirtió en protagonista de la ópera
prima que obedeció a los acordes de la industrialización, considerada como la puerta de
entrada al modo de producción capitalista.
Cada presidente en turno después de Cárdenas se encargó de facilitar el dinamismo
económico requerido para levantar la industria en México; éste fue, por así decirlo, uno
de los objetivos principales del régimen posrevolucionario, en tanto contribuía con la
consolidación de la independencia nacional. A los ojos de la elite, la manera adecuada
para lograrlo era mantener un férreo control político sobre todos los sectores
gubernamentales y populares.
Lo cierto es que cuando Cárdenas dejó el poder en manos de Manuel Ávila
Camacho, ya se habían establecido ciertas reglas que evitarían que el jefe del ejecutivo
quedara presa de objetivos ajenos a las circunstancias concretas. El respeto al lema
maderista de la no reelección y la autonomía sexenal fueron entonces los principios
esgrimidos para mantener la estabilidad política, pero paradójicamente supeditada a la
figura del presidente.
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
El acato incondicional a los mandatos del presidente es característico de este
periodo, como herencia de la etapa caudillista de la Revolución. La Constitución de 1917
lo facultaba para nombrar y destituir a voluntad a sus colaboradores, iniciar y vetar
medidas legislativas, dictar todo tipo de disposiciones económicas, agrarias y obreras. Y
por si fuera poco, era el primer jefe de las fuerzas armadas y el director de la política
exterior. Sin más, el presidente tenía la última palabra en todos los ámbitos y nadie tenía
el poder de cuestionarlo. Ni siquiera los portavoces de los poderes legislativo y judicial,
reconocidos como contrapeso del ejecutivo en la misma Constitución. Esto se explica en
mucho con la existencia de un auténtico partido de estado del que el presidente también
era jefe: el Partido de la Revolución Mexicana, que cambió su nombre en 1946 a Partido
Revolucionario Institucional (PRI). Desde entonces, siguiendo las recomendaciones del
supremo dirigente Miguel Alemán, el partido apoyaría con todos sus medios el objetivo
de impulsar un capitalismo mixto, con el argumento de que terminaría por beneficiar a
todas las clases.1
El PRI concentró grandes cantidades de recursos estatales y mantuvo la función clave
de reclutar adeptos y preparar a los futuros funcionarios de las instancias
gubernamentales y paraestatales, que rendían cuentas al presidente y recibían
recompensas por su buen servicio. Este sistema de recompensas se utilizó al por mayor
también con diputados, senadores y las organizaciones de masas que también formaban
parte del partido, como la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) y la
Confederación Nacional Campesina (CNC). Incluso se debe incluir entre la larga lista de
integrantes del PRI a algunas agrupaciones patronales. En este sentido, los variados y
contrapuestos intereses que tenían cabida al interior de la estructura partidaria no dejaron
de provocar tensiones, pero la política corporativa y clientelar del estado se mostró muy
flexible para atender demandas, aunque fuera parcialmente, y de esta forma recuperar
lealtades.
La oposición, aunque existió, fue en realidad muy débil para contrarrestar el peso y
la influencia del partido oficial. Su existencia obedecía más bien a la necesidad de
aparentar un pluralismo conveniente para el modelo democrático, republicano y federal
consagrado en la Constitución, pero nunca puso en aprietos el monopolio del PRI. Por
lo mismo, se intentó en primera instancia cooptar y manipular a los disidentes para
1
Meyer, Lorenzo. “De la estabilidad al cambio”, en: AA.VV. Historia General de México, México, El
Colegio de México, 2000, pp. 903, 910, 911.
16
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
integrarlos a la ―gran familia revolucionaria‖, pero cuando esa táctica no funcionaba, no
había duda en recurrir a la represión.
En general, la presidencia logró mantener un cierto aire de consenso entre los
miembros activos del sistema político hasta principios de los setenta, para lo cual también
se sirvió del control de los medios de comunicación. Lo primordial para todos era llevar
adelante el programa revolucionario y sólo en la medida en que el gobierno se mostraba
incapaz con ese cometido emergían las críticas.2
México consiguió a partir de la década de los cincuenta una estabilidad económica y
política sin precedentes en Latinoamérica, a raíz del acelerado ritmo de crecimiento que
propició la articulación de diversas estrategias. Por una parte, la voluntad política de
favorecer el desarrollo de una base industrial moderna, iniciada en el porfiriato, empezó
a cristalizar desde la tercera década del siglo en diversos decretos presidenciales que, por
la vía de estímulos fiscales y protección arancelaria, estimulaban la producción. Además,
la coyuntura internacional que siguió a la Segunda Guerra Mundial generó el aumento de
la demanda de productos mexicanos y la eliminación temporal de la competencia
extranjera en el incipiente mercado interno, lo que se tradujo en más exportaciones y, por
consiguiente, en el aumento del Producto Interno Bruto. Estos recursos se invirtieron en
gasto público, así se incrementó la capacidad de la red eléctrica, se ampliaron las vías
terrestres y se impulsó la creación de comunicaciones aéreas y telefónicas.
Una gran parte de los ingresos fue utilizada para obras de irrigación que
beneficiarían a la agricultura comercial de exportación, de donde el gobierno planeaba
obtener divisas para importar los bienes de capital que la industrialización demandaba.
De manera conjunta, se dio el visto bueno a la investigación acerca de métodos
tecnológicos destinados a aumentar la producción agrícola que culminaron con el
fenómeno conocido como ―revolución verde‖. No obstante, el beneficio de estas
acciones se concentró en los agricultores privados en menoscabo del sector ejidal.
También fue desfavorable la situación de los jornaleros y demás campesinos sin tierra,
factor que explica el desplazamiento de estos grupos hacia los centros urbanos en busca
de alternativas de empleo. Así, mientras la industria mexicana fue destacando en rubros
como las manufacturas y la producción de energía, el consecuente surgimiento de una
sociedad urbana significó la sobreexplotación del campo, que debió sostener en un
principio al desarrollo industrial.
2
Ibíd., pp. 910-911.
17
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
A partir del sexenio de Ávila Camacho (1940-1946), se promovió una política de
estado que llamaba a la ―unidad nacional‖. Esto marcaba distancias respecto al régimen
cardenista que había enfrentado al Estado con los intereses empresariales. Para
convencer a los empresarios de su interés por construir infraestructura útil para la
empresa privada, Ávila Camacho orientó toda su política de inversión pública, fiscal y
laboral a favor del capital sobre el trabajo. Desde ese momento las elites —política y
económica— convergieron en un proyecto común con los siguientes objetivos: sustituir las
importaciones de bienes de consumo con producción interna, aumentar la producción
agrícola para exportar y abastecer de alimentos a la creciente población, mantener el
control nacional sobre la actividad económica, en especial sobre los recursos básicos y
estratégicos, pero sin rechazar la participación del capital extranjero en el proyecto mismo
de industrialización protegida.3
El proyecto económico y político mexicano giraba en torno al nacionalismo, que
cumplía con la función ideológica de legitimar a los gobiernos posrevolucionarios ante el
grueso de la población. Mantener la soberanía frente a cualquier intento de intromisión
era pues un objetivo primordial para la clase política mexicana, pero con el curso del
tiempo iría quedando solo en el discurso puesto que la propia dinámica del proceso
industrializador iba a requerir la afluencia de capital extranjero.
Al concluir la bonanza de la posguerra, se puso de manifiesto el desequilibrio entre
las exportaciones mexicanas y las importaciones requeridas para continuar con el
desarrollo de la industria, que pudo paliarse en parte gracias a la entrada de divisas
generadas en esa etapa por el turismo y las remesas de los braceros.
El Estado, con el presidente a la cabeza, se erigió como rector de la economía
apoyado en un aparato burocrático que manejaba las instituciones financieras —como
Nacional Financiera (NAFINSA) y el Banco de México— y otorgaba créditos a las
pequeñas y medianas empresas con el fin de fortalecer a la burguesía nacional. Regulaba
también los precios y la distribución de alimentos básicos, afectando a los patrones de
consumo de amplios sectores sociales.
En contraparte, las bajas tarifas de los bienes y servicios producidos por empresas
públicas e indispensables para la producción como la electricidad, petróleo, cemento y
acero revelaron la intención de orientar la apropiación del excedente al sector privado.
Cabe recordar que las once empresas más grandes del país pertenecían al Estado, entre
3
Ibíd., pp. 886-887.
18
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
ellas: Pemex, la Comisión Federal de Electricidad, Teléfonos de México y los
ferrocarriles.4 Fue así como además de beneficiarse de los subsidios y la protección
arancelaria, la nueva burguesía pudo aprovechar las obras de comunicación y transporte
concretadas por el gobierno; aun así, no pudieron evitarse algunas tensiones ocasionales.5
Durante el periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) se tuvo que
empezar a hacer frente al desequilibrio en la balanza de pagos echando mano de los
préstamos internacionales, que también sirvieron para no cortar los programas sociales y
provocar descontento. Este ciclo de endeudamiento continuó presente durante todos los
sexenios posteriores evidenciando que la fase de industrialización inicial había dado paso
a una más compleja, para la que las elites no se habían preparado. En realidad nunca se
contó con un proyecto de desarrollo económico a largo plazo y, aunque el
intervencionismo y la política proteccionista del Estado dieron sorprendentes resultados
en un corto periodo de tiempo, no se desencadenó la revolución industrial necesaria para
crear una tecnología propia y avanzada, que respaldara el ingreso del país a la madurez
capitalista.
En términos generales, el desarrollo industrial de nuestro país se inició con un gran
rezago tecnológico en muchas de sus ramas. La burguesía nacional se concentró en la
producción de bienes de consumo tradicional y apenas incursionó en nuevas ramas
productivas, quedando en una posición vulnerable porque no podía competir fuera del
mercado interno. Aunque el gobierno buscó la forma de mantener el predomino del
capital nacional, la inversión extranjera se fue posicionando una vez más y a paso firme
en los sectores productivos estratégicos, que ya no estaban en la minería o en la
electricidad como antaño sucedía, sino en la producción de bienes de consumo y bienes
de capital.
Los empresarios nacionales se vieron frecuentemente rebasados en capital,
tecnología y capacidad comercial por las empresas trasnacionales, situación que comenzó
a revertirse a partir de 1960 gracias a la emergencia de una tecnocracia preparada en las
instituciones de enseñanza superior, que sin embargo no suprimió la coalición de algunos
sectores con el capital externo. De acuerdo a Lorenzo Meyer, la estructura económica no
4
Ibíd., p. 893
Gracida, Elsa y Fujigaki, Esperanza. “El triunfo del capitalismo”, en: Semo, Enrique (coord.). México un
pueblo en la historia, México, Alianza, 1989, tomo 5, pp. 17, 30.
5
19
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
era en 1970 menos dependiente del exterior que en la etapa que antecedió al sexenio
cardenista.6
Con la fuerza del capital extranjero arrancó la fabricación de artículos como
televisores, refrigeradores, lavadoras, materiales de tocador, muebles, cuya demanda
provino en especial de un nuevo sector: la clase media urbana. Este sector fue escalando
posiciones en la jerarquía social de forma proporcional al descenso de campesinos,
obreros e indígenas. En la década de los sesenta ésta representaba ya un amplio
porcentaje de la población, concentrada principalmente en las ciudades, auténticos
crisoles de la vida cultural, económica y política del país. El heterogéneo sector medio
aparece como uno de los actores principales de este periodo histórico.
El origen fundamental del crecimiento capitalista fue el deterioro de las condiciones
de vida de los trabajadores. Con la explosión demográfica, creció también la fuerza de
trabajo disponible, que fue acaparada por la creciente industria. Ilán Semo afirma que ―la
productividad del trabajo en las grandes industrias y las jornadas de labores en las
pequeñas aumentaron de tal forma que la proporción entre las ganancias y los salarios
nunca dejó de crecer a favor de las primeras‖.7
El descenso de los salarios reales provocados por la inflación, las constantes
devaluaciones y la neutralización de las demandas de los trabajadores por los sindicatos
leales al poder, demostraron que el gobierno no estaba dispuesto a distribuir
equitativamente el ingreso para no afectar los intereses capitalistas.
Mientras en algunos círculos dominaba la creencia en el ―milagro mexicano‖,
constituido por el desarrollo económico sostenido y el repunte industrial, se volvía
evidente que este no había hecho más que agudizar las diferencias sociales. Así, las
huelgas y movimientos obreros, campesinos, petroleros, magisteriales que resultaron de
un breve periodo de crisis a fines de los cincuenta, consiguieron que el estado calmara las
aguas ampliando sus acciones en materia de servicios.8
Por una parte, el gobierno de López Mateos (1958-1964) se vio en la necesidad de
destinar una gran parte de su presupuesto al gasto público. Se creó el Instituto de
Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), se repartieron
6
Meyer, Lorenzo. Ob. cit., p. 896.
Semo, Ilán. “Ascenso y cólera de las clases medias”, en: Semo, Enrique (coord.). México, un pueblo…,
Ob. cit., tomo 6, p. 105.
8
Semo, Ilán. “Por el sendero de la huelga”, en: Semo, Enrique (coord.). México, un pueblo…, Ob. cit.,
tomo 6, pp. 21-66.
7
20
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
los libros de texto gratuitos, se amplió el sistema escolar y los servicios hospitalarios, etc.
Pero, en contraste, el mismo gobierno usaba su brazo armado para reprimir cualquier
brote de disidencia. Había mandado asesinar al líder campesino Rubén Jaramillo junto a
su familia y mantenía encarcelados a los representantes de los ferrocarrileros, entre
muchos más presos políticos que se habían atrevido a desafiarlo.
A pesar de su estrategia, no pudo evitar que comenzaran a abrirse espacios para el
cuestionamiento del régimen autoritario que se decía heredero de la Revolución. Algunos
factores internacionales como el contexto de guerra fría, el triunfo de la revolución
cubana y la guerra de Vietnam, contribuyeron a que la atmósfera de desacuerdo y crítica
fuera permeando en la sociedad mexicana.
Cada vez era más evidente que el modelo de industrialización no generaba beneficios
para las mayorías, que permanecían en condiciones de marginación. El ―milagro‖ había
beneficiado a muy pocos y los programas sociales no daban abasto a la creciente
población que emigraba a las ciudades. Mucho menos podía hablarse de que grupos
tradicionalmente marginados como los indígenas pudieran aspirar a recibir los servicios y
la atención a la que tenían derecho.
Tampoco podemos olvidar que la modernización a la que había sido sometida el
país favoreció un cambio cultural que tuvo por núcleo la paulatina desmantelación de las
sociedades tradicionales. En adelante, se fueron sucediendo transformaciones en
instancias como la familia y la escuela, donde los jóvenes fueron adquiriendo un papel
mucho más relevante. La aspiración a la libertad en todas sus advocaciones fue
impregnándose en las conciencias de las nuevas generaciones, seducidas ya por los
patrones de la sociedad de consumo que pregonaban el culto al individualismo.
Cuando durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), México contrajo
el compromiso de organizar los Juegos Olímpicos de 1968, los conflictos sociales se
habían extendido a dos gremios que antes habían sido considerados soporte del sistema:
los trabajadores de la salud y los estudiantes. Ambos representaban los intereses de la
clase media urbana que se manifestaba en contra de las medidas injustas y arbitrarias en
materia laboral y en el ámbito educativo.
Los médicos protagonizaron una serie de huelgas que inició en 1964, exigiendo
salarios justos y la atención a los problemas de hospedaje, vestuario, alimentación a través
de la recién conformada Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos, A. C.
Las autoridades respondieron, como era ya habitual, con el despido de algunos de los
21
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
firmantes con el objetivo de intimidar, pero eso generó una solidaridad aún mayor en el
gremio, que optó por redefinir sus demandas. Esta vez fueron más lejos y buscaron
separarse del sindicato de control oficial que les ofrecía interceder ante las autoridades.
Además, exigieron una inversión en las condiciones de contratación que cambiaban el
papel de benefactor del Estado al de patrón.
Luego de la negativa a atender las demandas del gremio y de numerosos intentos
fallidos de desarticulación por parte del gobierno, los médicos iniciaron otra huelga en el
marco del informe presidencial de 1965. Esta vez, los granaderos ocuparon los hospitales
y sustituyeron a los huelguistas con médicos militares.9
Los médicos recibirían en los años siguientes el apoyo del sector estudiantil, que se
organizó de forma inusitada en la historia del país para luchar por el derecho a la
educación que, consideraban, debía vincularse con la realidad nacional. Se rebelaron
también contra la burocracia corrupta que ocupaba las universidades y servía a la
maquinaria estatal, y expresaron su desacuerdo con la política represora del gobierno.
El movimiento se extendió por toda la República y las acciones por democratizar la
universidad se transformaron en oposición a los poderes locales. Hubo ocasiones en que
las movilizaciones de los estudiantes incluyeron a campesinos, pequeños comerciantes y
trabajadores, con voluntad para construir una alianza entre los sectores de la sociedad
civil. Mientras en provincia algunos episodios terminaron con la invasión del ejército —fue
el caso de nuestra Universidad Michoacana en 1963—, se lograron triunfos como la
desaparición del cuerpo policiaco interno de la UNAM en 1966 y la destitución del
rector, con lo que el movimiento adquirió más fuerza.
La lucha por la democracia del movimiento estudiantil fue un aviso al gobierno de
que su sistema había caducado. Los jóvenes sabían que los ideales revolucionarios habían
sido desechados para acoger los principios de una elite en el poder que no daba marco
de acción, pues afrontaba la crítica con la censura y la represión. En realidad, fue esta
violenta reacción la que favoreció que la juventud tomara una postura política más
definida, aunque es cierto que en ello intervinieron también otras fuerzas disidentes que
supieron aprovechar la coyuntura.10
Esa fue la respuesta que recibieron de parte de Díaz Ordaz en 1968. Este
anticomunista recalcitrante consideraba una grave ofensa el atentado contra el supremo
9
Semo, Ilán. “Ascenso y cólera…”, Ob. cit., pp. 110-114.
Ibíd., p. 126.
10
22
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
principio de la autoridad y antes que abrirse al diálogo prefirió deshacerse del
movimiento de la forma más brutal posible. El punto crítico de las tensiones concluyó
con la matanza y desaparición de miles de estudiantes poco antes de la celebración de los
juegos olímpicos.11
Díaz Ordaz dejó en manos de su sucesor un país que ya mostraba los signos de la
desfragmentación. La ―unidad nacional‖ se tambaleaba y el gobierno desplegó una serie
de estrategias —a veces contradictorias— que no lograron recuperar la legitimidad perdida.
El surgimiento de la Liga Agraria del Sur “Emiliano Zapata‖ que lideró Genaro
Vázquez en Guerrero y, años más tarde, de la guerrilla que dirigió Lucio Cabañas,
pusieron de manifiesto el surgimiento de facciones campesinas que ya no estaban
dispuestas a someterse a los designios de la Confederación Nacional Campesina. La
respuesta oficial se resume en dos ideas: represión y guerra de exterminio.
En 1971 todavía se hacían sentir los alcances del movimiento estudiantil cuando se
prolongó la tragedia del 2 de octubre en el capítulo conocido coloquialmente como
―Halconazo‖. A la par de estos sucesos comenzó a gestarse un fenómeno que marcaría
una inflexión para el país en las últimas décadas del siglo y que Carlos Monsiváis ha
llamado ―la ofensiva ideológica de la derecha‖.12
Era la entrada en crisis del nacionalismo mexicano y del modelo de desarrollo hasta
entonces defendido por el Estado. Por todos los canales de la derecha —la Iglesia, la clase
empresarial, las clases medias y altas, los anticomunistas, los industriales, los banqueros—
afloraron las críticas al gobierno de Echeverría13 con la finalidad de cuartear el equilibrio
político y manipular las circunstancias. A partir de 1973, la burguesía nacional muestra su
complicidad con los objetivos trasnacionales y se pone la camiseta del ―pensamiento
empresarial‖, que dispara la expansión de las conveniencias de la libre empresa y el
respeto a la propiedad privada. El último obstáculo a vencer era entonces el aparato
11
El movimiento estudiantil del 68 queda en la memoria histórica de nuestro país como uno de los
episodios más relevantes del siglo XX. Como tal, fue parte de lo que algunos autores catalogan como
revolución cultural mundial que tuvo expresiones en todo el mundo. Wallestein, Immanuel. “1968:
revolución en el sistema-mundo. Tesis e interrogantes”, Para comprender el mundo actual. Una
gramática de larga duración, La Habana, Centro Juan Marinello, 2003. Existe una amplia bibliografía
acerca del movimiento estudiantil mexicano.
12
Monsiváis, Carlos. “La ofensiva ideológica de la derecha”, en: González Casanova, Pablo y Florescano,
Enrique (coords.). México Hoy, México, Siglo XXI, 1979, pp. 306-327.
13
Luis Echeverría había sostenido relaciones cordiales con los gobiernos de Cuba, China y la URSS,
apoyó el gobierno de la Unidad Popular en Chile, había dado refugio político a los perseguidos políticos
incluyendo a la esposa de Salvador Allende, y se vio envuelto en un remolino de dimes y diretes con la
clase empresarial, intentando monopolizar el control de los medios de comunicación. Ibíd., p. 312.
23
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
estatal, fiel a una tradición que, pese a su brutalidad represora, buscaba la conciliación
entre la gran diversidad de actores de la realidad mexicana.
2. Itinerarios del psicoanálisis en la cultura mexicana entre 1930
y 1970
Es menester comenzar nuestro recorrido por los recovecos de la cultura mexicana
con un movimiento intelectual que surgió de forma paralela al estallido revolucionario.
La generación que conformó el Ateneo de la Juventud es un referente obligado para
nuestro estudio porque marca una transición clave en el campo de la filosofía, las letras,
la historia y las artes en general.
De entre sus casi cincuenta miembros los más
connotados fueron Antonio Caso, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Carlos
González Peña, José Escofet, José Vasconcelos, Nemesio García Naranjo, Martín Luís
Guzmán, Alfonso Cravioto, Jesús T. Acevedo, Roberto Arguelles Bringas, Julio Torri y
Enrique González Martínez; además de artistas como Diego Rivera, Ángel Zárraga,
Roberto Montenegro, Saturnino Herrán y Jorge Enciso.14
Ellos inauguraron una forma de organización que sería retomada por las
generaciones sucesoras, una tendencia a integrarse en redes culturales e intelectuales,
multidisciplinarias y heterogéneas que les permitieron incidir en la batalla ideológica con
sus obras pero también a través de los nexos que mantuvieron con la política nacional.
Esta forma de acción contó con una arena privilegiada, la ciudad de México, consagrada
desde el siglo anterior como centro cultural, político y económico de la nación.15
En teoría, la labor desarrollada por el Ateneo tuvo como objetivo último demoler
desde los cimientos la doctrina filosófica oficial del porfiriato: el positivismo. Sus
reflexiones tomaron como eje un afán metafísico y moralista sin contraponerlo a las dotes
de la razón. Así, promovieron el resurgimiento de la filosofía grecolatina y humanista,
tanto como la revaloración de las inquietudes espirituales del ser humano. El eclecticismo
de sus fuentes —cristianismo, filosofía oriental, Bergson, Kant, Nietzsche, Schiller, Hegel,
14
La formación y primeros años del Ateneo –de 1906 a 1911– son el tema de una reciente publicación que
rescata los aconteceres de la vida humana, las purgas internas y conflictos entre los ateneístas, así como la
dinámica de convivencia entre sus distintas perspectivas. Véase Quintanilla, Susana. Nosotros. La
juventud del Ateneo de México, México, Tusquets, 2008.
15
Curiel Defossé, Fernando. “Ambición sin límite. La intelectualidad mexicana del siglo XX”, Historia y
Grafía, México, Núm. 23, 2004, pp. 81-89.
24
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Platón, etc.— denota el interés por ahondar en la tradición universal y, a su vez, constata
el sentido de una búsqueda por elaborar y afirmarse en una tradición propia.
No obstante, debemos reconocer la enorme dificultad implícita en la pretensión de
cambiar, de un momento para otro, los sustratos ideológicos de una época. Esa era la
encomienda y en efecto las aportaciones individuales de varios de sus miembros
marcaron la pauta para el florecimiento de la cultura hispanoamericana del siglo XX,
pero su actividad como asociación no significó una ruptura definitiva con el positivismo y
los sectores más conservadores de la sociedad. Es cierto que en medio de discrepancias y
conflictos internos, el movimiento ateneísta constituyó una alternativa frente a la
posibilidad de reformas que ofreció la Revolución, pero su raigambre conservadora se
puso de manifiesto en la visión distante y abstracta que mantuvieron con respecto al
pueblo. No podía ser de otra forma, pues representaban a la nueva elite intelectual
mexicana, joven e inquieta ante el impasible régimen del General Díaz, pero todavía
inserta en sus usanzas. En opinión de Carlos Monsiváis, las acciones del grupo se
sustentaron en un culto al heroísmo adquirido de la tradición jesuita que desembocaba,
en última instancia, en la defensa de un despotismo ilustrado.16
Más que la resolución de los problemas sociales y económicos, veían en la
Revolución una coyuntura oportuna para transformar la cultura y revitalizar los valores
morales mediante la educación. Por eso fundaron la Universidad Popular Mexicana e
impulsaron las humanidades en la Universidad Nacional y en la Escuela de Altos
Estudios. En la titánica labor educativa recae la importancia primordial del Ateneo, que
se vio coronada con la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la rectoría
de Vasconcelos. Sin duda, esta empresa puede ser criticada desde diversos ángulos, pero
no deja de ser un episodio fundamental en la historia de nuestro país por sus posteriores
repercusiones. La importancia de personajes como Caso, Reyes y Henríquez Ureña
continuó vigente en la constelación cultural mexicana durante varios decenios.
Por la temática de la presente investigación es pertinente traer a colación que uno de
los ateneístas, muy reconocido en su faceta de historiador, evaluó la posibilidad de
emplear el psicoanálisis en el estudio de la historia en esos primeros decenios del siglo.
Con tintes de ingenuidad y el eclecticismo característico del Ateneo, Alfonso Teja Zabre
discutió la utilidad de los métodos freudianos para incursionar en el inconsciente
16
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX”, en: AA.VV. Historia general de
México, México, El Colegio de México, 2000, pp. 972-975.
25
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
colectivo y descifrar el sentido de los acontecimientos históricos. Con la influencia de
Max Eastman, rescató además, cosa bastante sorprendente, algunos vínculos entre el
fundador del psicoanálisis y las teorías de Marx.17 Sería exagerado suponer que estas
elaboraciones se concretaron en sus obras como una auténtica filosofía de la historia,
pero hay que tomarlas en cuenta como parte de un capítulo que nos muestra la apertura
de la comunidad intelectual mexicana a las corrientes globales de la época.
Ahora bien, el contexto que había surgido bajo el control de la facción sonorense
triunfadora en la Revolución ya dejaba asomar los riesgos de un régimen corporativo y
antidemocrático. Vasconcelos, demasiado confiado en las transformaciones propiciadas
por sus misiones pedagógicas, se atrevió a retar al caudillismo militar que ostentaba el
poder y se postuló como candidato a la presidencia en 1928. Los puntos de su programa
político revelan su intención de implantar, por medio de un gobierno civil, algunos
postulados revolucionarios básicos, pero su intento fracasó dramáticamente y tuvo que
exiliarse en Estados Unidos.18
Ante las amenazas de la disidencia, como el vasconcelismo y las tensiones originadas
por el conflicto cristero, el gobierno optó por reorganizar sus cuadros y dar inicio al
periodo de institucionalización de la Revolución. El Partido Nacional Revolucionario,
fundado en 1929, se desempeñó desde entonces como intermediario y artífice de la vida
política.
Como herederos del Ateneo de la Juventud y actores estelares de la década de los
treinta, emergieron los representantes de la generación de 1915, que atestiguó la crisis
moral que el país enfrentaba en todos los órdenes. Estos jóvenes conservaron la idea de
la cultura como factor central de la unidad en un proyecto de nación y el culto al
mestizaje. Entre sus representantes encontramos a Alfonso Caso, Antonio Castro Leal,
Manuel Toussaint, Alberto Vázquez del Mercado, Vicente Lombardo Toledano, Manuel
Gómez Morín, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno Baca. A su alrededor actuaron
personajes como Daniel Cosío Villegas y Narciso Bassols; en todos palpitaba la
preocupación por participar activamente en la vida social y política del país. Abordaron
explícitamente el vínculo de los intelectuales con el poder y no dudaron en aceptar cargos
17
Matute, Álvaro. México en el siglo XIX: antología de fuentes e interpretaciones históricas, México,
UNAM, 1984, pp. 418-421.
18
Villegas, Abelardo. El pensamiento mexicano en el siglo XX, México, Fondo de Cultura Económica,
1993, pp. 70-71.
26
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
públicos en repetidas ocasiones con la esperanza de enderezar el rumbo corrupto que el
régimen había tomado.
Ya para ese momento, el descontento y la desilusión que los sectores marginados de
la sociedad sentían por los pocos logros trasformadores de la Revolución se habían
propagado también entre las clases medias. La novela de la Revolución y la poesía, cada
una a su manera, denunciaron e informaron de las trágicas condiciones en que se
encontraba la mayoría del pueblo mexicano.19
También intelectuales y hombres de estado como Gómez Morín y Lombardo
Toledano elaboraron críticas sistemáticas y ofrecieron alternativas. Si bien enfatizaban en
sentidos divergentes, llegaban a coincidir en la necesidad de impulsar el desarrollo de la
técnica y la modernización del país. En realidad, sus acciones nunca escaparon de la
dinámica imperante en la vida política mexicana y permanecieron por conveniencia
propia a la sombra de Calles, el jefe máximo.
Más tarde, sus caminos se fueron separando porque Gómez Morín se consagró
como fundador de la oposición conservadora mientras Lombardo Toledano proclamaba
la orientación socialista que le llevó a convertirse en líder obrero por antonomasia. Es
interesante encontrar que este último manifestó su comprensión del socialismo a través
de un sentido moral y humanista para diferenciarlo del sistema rector en la Unión
Soviética. Fue el primero que habló en México de un ―socialismo humanista‖, pero
sustentado en un marxismo bastante vulgarizado que se mezclaba con la influencia
espiritual de los ateneístas, especialmente de su maestro Antonio Caso.20
Entre 1929 y 1931 se publicó Contemporáneos, una revista de cultura que aglutinó a
un grupo que vendría a darle un soplo de revitalización a la literatura, el teatro y las artes
plásticas. No compartieron más que algunas afinidades literarias, influencias, aversiones y
una actitud frente al arte, pero su obra se reconoce como parte de una misma tendencia.
Se destacaron como miembros de esta ―reunión de soledades‖, como gustaban llamarse:
Jaime Torres Bodet, Jorge Cuesta, Bernardo Ortiz de Montellano, Salvador Novo,
Gilberto Owen, Enrique González Rojo, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, José y
Celestino Gorostiza, Octavio G. Barreda, Elías Nandino, Rubén Salazar Mallén, el
músico Carlos Chávez y los pintores Agustín Lazo, Rufino Tamayo, Julio Castellanos y
19
No es aquí el lugar para detenernos a rememorar los autores y sus obras. Para quien esté interesado en
estos datos, y además en un comentario crítico de los distintos movimientos literarios, recomiendo la
lectura del capítulo de Carlos Monsiváis. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., pp. 994-1021.
20
Villegas, Abelardo. Ob. cit., pp. 82-86.
27
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Manuel Rodríguez Lozano. Plantearon un estilo de entender y vivir la cultura que
rechazaba el nacionalismo. Jorge Cuesta, el más radical de todos, afirmaba que el
mexicanismo y el revolucionarismo eran formas de misantropía y defendió
encarecidamente el derecho de admirar y beber de la cultura universal.21
Los contemporáneos difundieron ampliamente las vanguardias internacionales,
enfrentando por eso no pocas desacreditaciones. Pese a tener algunos puntos de acuerdo,
realmente no lograron congeniar con los representantes de movimientos simultáneos,
como el estridentismo, por la insistencia de estos últimos en hablar de temas
revolucionarios y sociales. Ambos eran movidos por un anhelo de justicia social acorde al
clima del momento que, sin embargo, no pudieron cristalizar en un programa ideológico
coherente.22 A pesar de las discordancias entre las distintas corrientes artísticas y literarias,
hubo una asociación en común durante los años treinta, por la que desfilaron sus diversos
representantes. De la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) se fueron
desprendiendo otras organizaciones, pero había una postura y exigencia en común, la
militancia política de escritores y artistas en general. Inclusive enviaron una comisión a
España en plena Guerra Civil para apoyar a los republicanos.23
Por otro lado, es curioso que la repulsión a la retórica revolucionaria de los
contemporáneos no fuera suficiente para alejarlos de trabajar en la administración. Varios
de ellos desempeñaron cargos al interior de instituciones gubernamentales; de esta suerte
nació, por ejemplo, la revista Examen, cuando un cercano colaborador de los
contemporáneos, Samuel Ramos, fungía como oficial mayor de la SEP. Es evidente que
nadie podía sustraerse del todo de la vorágine revolucionaria mientras residiera en el país.
En 1932 se publicaron los primeros números de la revista, que incluyeron dos
artículos de Ramos. El primero se titulaba ―Psicoanálisis del mexicano‖ y un mes más
tarde se imprimió la continuación y justificación de la iniciativa en ―Motivos para una
investigación del mexicano‖. La reacción de los detractores no fue tarda ni perezosa. Se
desató una polémica en la prensa supuestamente a raíz del lenguaje altisonante que
Ramos plasmaba para describir algunas conductas y expresiones mexicanas. Se inculpó a
Salazar Mallén del mismo delito de ultraje a la moral a causa de las alusiones sexuales
que utilizaba en su novela Cariátide, de la que Examen publicó dos capítulos. El caso fue
remitido a la Procuraduría de Justicia y Jorge Cuesta, director de la revista, apoyó en todo
21
Ibíd., p. 97.
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., p. 1005.
23
Ibíd., pp. 1017-1018.
22
28
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
momento a sus compañeros. Al final, gracias al buen criterio del juez penal, la situación
se resolvió a favor de los escritores.24
En cuanto a la opinión que mereció el ensayo psicoanalítico de Ramos, digamos que
fue muy burda. Lo calificaron de ―científicamente nulo y de escaso valor literario‖,
acusaron a su autor de ―nacionalista vuelto al revés‖, repudiaron además que esos
―jóvenes intelectuales con una profunda depresión mental fueran maestros en funciones y
orientadores de nuevas generaciones‖. Sólo por hacer notar el tono de esta ofensiva, vale
la pena reproducir un fragmento del artículo ―Los mexicanos”, publicado por Excélsior el
18 de octubre de 1932:
―El psicoanálisis, esa escuela deprimente que recoge los detritus sociales
para hacerlos objeto de estudio, y luego, mediante falsas generalizaciones
presentarlos como tipos representativos, escuela que tiene al teratólogo Freud
por apóstol, y que, como el espiritismo o la teosofía, ilusiona a muchos espíritus
con sugestiones de ciencia moderna y curiosidades de investigación original, ha
invadido también, aparte de nuestro mundo pedagógico, ciertas zonas de
nuestra juventud intelectual, que en estos momentos han despuntado en el
campo de la meditación conceptuosa o de la agudeza de ingenio‖.25
Comentarios similares aparecieron en diarios conservadores como Excélsior, El
Universal, La Prensa y El Nacional; hasta en El Machete, periódico del Partido
Comunista. El suceso, que se tornó en una acalorada defensa de la libertad de expresión
por parte de los colegas de Ramos, tuvo su origen, según Hernández Luna, en el rechazo
de las políticas educativas anticlericales del secretario de la SEP, Narciso Bassols, y en los
desacuerdos que este último había tenido con el sindicato de esa instancia.26
Aprovecharon la oportunidad para atacar también a los Contemporáneos porque su
visión de la cultura no era muy aceptada y colaboraban estrechamente con Bassols en la
SEP. La maniobra tuvo éxito porque luego de la absolución del juez todos renunciaron a
sus cargos. Recordemos que para ese entonces las pugnas ideológicas teñían todas las
esferas culturales, en los años subsiguientes los contemporáneos se convirtieron también
en blanco de ataque de los ―intelectuales proletarios‖ o artistas revolucionarios por su
24
Hernández Luna, Juan. Samuel Ramos. Etapas de su formación espiritual, Morelia, Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1982, pp. 215-217.
25
Ibíd., p. 210.
26
Ibíd., pp. 222-223
29
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
cariz elitista y europeizante. Samuel Ramos y José Gorostiza optaron por una ―vuelta a lo
mexicano‖ y pintaron su raya frente al resto.27
Habiendo sondeado la respuesta que generaría su intento por describir el
psicoanálisis del mexicano, Ramos publicó en 1934 El perfil del hombre y la cultura en
México, libro donde expone ya cabalmente las observaciones que había bosquejado en
28
los artículos de Examen. Se había esforzado desde tiempo atrás en distanciarse del
vitalismo encarnado en Antonio Caso, su más venerado representante. El modelo
filosófico francés en el que se había formado resultaba ya insuficiente para explicar los
fenómenos de la vida nacional. Los jóvenes filósofos de su generación comenzaron a
contrastar a Bergson y a Boutroux con la filosofía alemana de Scheler, Husserl, Marx,
Engels, Kant y la tradición española, sobre todo con Ortega y Gasset y Miguel de
Unamuno.
Buscando otros focos para iluminar el camino de las cuestiones filosóficas que le
concernían como mexicano, Ramos acude también a la psicología, concretamente a las
teorías de Alfred Adler. Se había entrevistado con él en Austria y tuvo la oportunidad de
visitar sus clínicas de psicoterapia infantil, enterándose de primera mano de las técnicas
que allí se aplicaban.29
Ramos simboliza un parte aguas en la historia de las ideas en nuestro país porque a
partir de su obra, proliferaron interpretaciones sobre la tipología y el carácter mexicano
en diversos ámbitos.30 A primera vista, parece contradictorio que sus artículos en Examen
hayan provocado un escándalo y dos años más tarde su libro fuera tan bien recibido, por
lo que vale abrir un paréntesis aquí para señalar algo que suele pasar desapercibido.
En la década de los treinta, México estaba viviendo una etapa de reconstrucción
social en torno a la ideología nacionalista. Entre 1920 y 1950, los temas que más
interesaron a gobernantes, médicos y científicos sociales giraban en torno al mestizaje, la
asimilación cultural y la eliminación de individuos perniciosos para el desarrollo y la salud
27
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., pp. 1018-1021.
Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México, México, Espasa Colección Austral, 1951.
29
Hernández Luna, Juan. Ob. cit., pp. 183-186
30
La obra de Ramos se inserta en una tradición presente en nuestro país desde el siglo XIX. Ezequiel
Chávez publicó en 1901 su “Ensayo sobre los rasgos distintivos de la sensibilidad como factor del
carácter mexicano”. El mismo año, Julio Guerrero abordó aspectos del carácter mexicano en: La génesis
del crimen en México. Estudio de psiquiatría social. Chávez llegó a proponer incluso que se fundara un
Instituto Psiquiátrico Nacional para estudiar al “enfermo mexicano”. Santí, Enrico Mario. “Prólogo”, en:
Paz, Octavio. El laberinto de la soledad, 10ª edición, Madrid, Cátedra Letras Hispánicas, 2003, pp. 73-74.
28
30
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
de la nación.31 La maquinaria estatal utilizó a diestra y siniestra cualquier herramienta
científica o cultural que garantizara arrojar resultados en ese sentido y se observa
claramente que el estudio de Ramos entra en este concierto.
Se apoya en las teorías de Adler,32 que le parecen adecuadas para poner en evidencia
las características negativas de la personalidad mexicana y, al propio tiempo, ofrecen un
remedio para sacarla del atraso y la mediocridad. El punto nodal de esa propuesta es un
―sentimiento de inferioridad‖, como mecanismo psicológico de compensación que
achaca a los inadaptados sociales. Los comentarios de Ramos reproducen los lugares
comunes de la ideología burguesa de la época, que ve al pueblo y sus costumbres como
impedimento para alcanzar el progreso. Llega al extremo de afirmar que ―los indios
mexicanos están psicológicamente imposibilitados para asimilar la técnica y que carecen
de la voluntad de poderío‖.33 Por eso ni siquiera se molesta en tratar de comprender al
indígena y se enfoca en el mexicano de la ciudad, el pelado y el burgués.
El filósofo michoacano elabora una idea de la cultura condicionada por la estructura
mental del hombre y los accidentes de la historia. Atribuye las causas del complejo de
inferioridad a los traumas de la conquista española y condena la tendencia de nuestro
pueblo a imitar tradiciones culturales europeas. ¿Hasta qué punto Ramos es consciente
de que está contribuyendo a formar una idea denigrante y racista del pueblo mexicano?
Sirva como ejemplo de que ningún pensador puede escapar a su tiempo.
Paradójicamente, algunos años después se dedica a promover el rescate de los
valores humanistas para contrarrestar la decadencia de la civilización y la transformación
del hombre en autómata, sujeto a las determinantes de un mundo que valora demasiado
las cosas materiales.34 Aboga también por la consolidación de la antropología filosófica
como ciencia encargada de estudiar la esencia del hombre, pero no parece que su
esfuerzo aporte nada nuevo sino que se dedica a compendiar las posturas filosóficas más
innovadoras de la época sin fusionarlas realmente con un pensamiento propio. Abelardo
31
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas del racismo en México, 1920-1950, México, Tusquets,
2007.
32
Erich Fromm critica la aproximación de Adler por limitarse a definir las motivaciones racionales y
utilitarias de la conducta humana. Refiere que el complejo sadomasoquista, de origen plenamente
irracional, es interpretado por las tesis adlerianas en sus conceptos de “sentimiento de inferioridad” y
“voluntad de poder”, como un fenómeno que responde a causas objetivas, es decir, cree que son
reacciones adecuadas frente a situaciones reales. Véase Fromm, Erich. El miedo a la libertad, México,
Paidós, 1947, p. 153.
33
Citado en Suárez y López Guazo, Laura. Eugenesia y racismo en México, México, UNAM, 2005, p.
184.
34
Ramos, Samuel. Hacia un nuevo humanismo. Programa de una antropología filosófica, México, Fondo
de Cultura Económica/ La Casa de España en México, 1940.
31
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Villegas considera que ni siquiera logra separarse del todo del vitalismo porque el leit
motiv de su filosofía continuó siendo la vida del mexicano, si bien ahora tras la óptica de
Ortega y Gasset.35
Respecto a la repercusión que su psicología del mexicano tuvo, el aludido complejo
de inferioridad arraigó de tal manera en la mentalidad colectiva, que fue retomado desde
el punto de vista histórico, antropológico y biotipológico. También fue utilizado
ampliamente por psiquiatras, criminalistas y juristas simpatizantes del movimiento
eugenista.36
Como secuela de la obra de Ramos, apareció en la literatura una cascada de
interpretaciones acerca del carácter nacional y sus distintas expresiones. De acuerdo o no
con las hipótesis del filósofo, se había sembrado ya entre los intelectuales la inquietud por
descifrar la psicología del mexicano.
No podemos dejar de mencionar una pieza teatral escrita por Rodolfo Usigli en
1938, que cimbró conciencias al retratar la realidad mexicana como una gran farsa en la
que participan todos plácidamente. Para este autor, la demagogia no es otra cosa que la
hipocresía mexicana sistematizada en la política. Expuso estas ideas en su ―Epílogo sobre
la hipocresía del mexicano‖, que acompañaba a la obra, y luego en 1952, volvió sobre el
tema en ―Rostros y máscaras‖.37 Hay que señalar que en este último escrito, Usigli
comienza a llamar la atención sobre el riesgo de convertir al mexicano en un fetiche y de
crear un mito en torno a su figura.
La llegada de los intelectuales republicanos españoles38 en 1939 se empalmó con los
propósitos del nacionalismo cultural a través de las actividades apuntaladas por el
Hyperión. Los fundadores de este grupo filosófico, que se congregó en torno a José
Gaos, fueron: Ricardo Guerra, Joaquín Macgregor, Jorge Portilla, Salvador Reyes
Nevárez, Emilio Uranga, Fausto Vega, Luis Villoro y Leopoldo Zea. Su aparición tuvo
lugar en un ciclo de conferencias sobre el existencialismo francés durante la primavera de
1948. Ese año ofrecieron también conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras de la
35
Villegas, Abelardo. La filosofía de lo mexicano, México, Fondo de Cultura Económica, 1960, p. 113
Suárez y López Guazo, Laura. Ob. cit., pp. 185, 188.
37
Ambos escritos han sido compilados por Roger Bartra en: Anatomía del mexicano, México, Plaza y
Janés, 2002, pp. 131-144.
38
Todos enriquecieron enormemente la cultura mexicana del siglo XX. Entre ellos figuran Luis Cernuda,
Emilio Prados, León Felipe, Adolfo Sánchez Vázquez, Adolfo Salazar, Wenceslao Roces, Max Aub,
Eduardo Nicol, Eugenio Imaz, Rodolfo Halffter, Manuel Altolaguirre, Joaquín Xirau, María Zambrano,
entre otros.
36
32
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
UNAM, pero para el siguiente ciclo escolar, prepararon disertaciones en torno a una
pregunta fundamental: ¿Qué es el mexicano? 39
En 1952 se consolidó el movimiento con la fundación del Centro de Estudios sobre
el Mexicano en el que participaron historiadores, sociólogos, economistas y psicólogos,
además de los filósofos fundadores. Los resultados fueron publicándose paulatinamente
en la colección México y lo mexicano dirigida por Leopoldo Zea, algo así como el líder
del grupo.
El influjo de corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología,
muy congruentes con el periodo de posguerra, es irrefutable en las obras de estos
personajes. Entre sus aportaciones más importantes está el haber incitado a las nuevas
generaciones a crear categorías extraídas de un proceso histórico propio, cuando las
europeas no pudieran ser aplicadas, de tal forma que debían también elaborar una
historia de la filosofía y de las ideas mexicanas. Desde su punto de vista, los problemas
filosóficos universales eran también mexicanos y a la inversa, en tanto todos somos seres
humanos. Notemos pues que su propósito es loable en la medida en que pretende ubicar
las tradiciones culturales e históricas de nuestro país en el tejido universal, a la altura de
cualquier otra civilización, y enfatiza la necesidad de incorporar al cúmulo de
conocimientos humanos las experiencias particulares. Quizás el telón de fondo de la
eugenesia todavía en auge tergiversó el enfoque inicial porque, como todos sabemos, las
actividades científicas emergen siempre de un contexto social y cultural específico.
A juicio de Luis Villoro, el movimiento no logró dar respuesta a las cuestiones
fundamentales de la filosofía,40 y Emilio Uranga reconoció que el proyecto quedó muy
pronto exhausto y liquidado, igual que el muralismo y la novela de la Revolución, aunque
sus representantes persistieron, de cierta forma, en la búsqueda por alcanzar los
principios que los aglutinaron.41
En 1950 se publicó la primera edición de una obra que, pese a ser contemporánea
de la filosofía de lo mexicano, vino a refrescar la visión hasta entonces entronizada,
separándose de los postulados de Ramos y ofreciendo una interpretación psicoanalítica
más meditada. El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, representa la síntesis
equilibrada del sentir y el pensar del poeta acerca de su país natal. Ya en cartas dirigidas a
39
Gaos, José. En torno a la filosofía mexicana, México, Alianza, 1980, pp. 115-117.
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., p. 1025.
41
Uranga, Emilio. “El pensamiento filosófico”, en: AA.VV. México: cincuenta años de revolución,
México, Fondo de Cultura Económica, 1962, pp. 553-554.
40
33
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Alfonso Reyes, anticipaba Paz la reacción que su ensayo provocaría en México. A la
sazón se encontraba cumpliendo con funciones diplomáticas en la embajada de México
en París —donde por cierto laboró un par de años junto a Rodolfo Usigli— y estaba
enterado de las actividades del Hyperión y de la agitación que producía el tema mexicano
durante la época.42
La respuesta inicial de sus compatriotas y colegas fue glacial. Las pocas reseñas que le
dedicaron se limitaron a describir el estudio, sin emitir opiniones o críticas. Samuel
Ramos incluyó algunos comentarios en un ensayo de 1952, pero sólo para defender sus
vetustas tesis adlerianas y objetar el concepto de soledad que Paz había utilizado como
piedra angular. Al año siguiente Paz regresó a México, para el tiempo en que Juan
Hernández Luna —discípulo de Ramos— publicaba una reseña mordaz para refutarle,
acusándolo de amargado y antirrevolucionario.
Octavio Paz era un astro con luz propia en el universo cultural mexicano. Antes de
marcharse a su peregrinar por el extranjero, había contribuido a fomentar la
retroalimentación entre los transterrados españoles y los hombres de letras mexicanos
por medio de la revista Taller. Así mismo, colaboraba intensamente en Cuadernos
Americanos, otra de las publicaciones fundamentales en el país que también permitió el
diálogo con los republicanos. En su obra poética alcanzaba a vislumbrarse la tendencia
audaz, crítica y en contra de lo establecido, que lo distinguiría a lo largo de su trayectoria y
que más tarde lo colocó en el reflector internacional como digno vocero de la cultura
hispanoamericana.
Pues bien, a su retorno ayudó a Leonora Carrington y a Juan Soriano en la
fundación del grupo de teatro experimental Poesía en voz alta. Apoyó también a Carlos
Fuentes y Emmanuel Carballo para sacar adelante los primeros números de Revista
mexicana de literatura, una de las más importantes de la época. En medio de esa
actividad, su fascinación por México le llevó a ahondar en sus reflexiones y a pulir sus
observaciones anteriores.
En 1959 publicó una segunda edición corregida de El laberinto de la soledad43 y esta
vez las réplicas procedieron del suplemento México y la cultura, editado por Fernando
Benítez. Paz tuvo que lidiar desde París con la discordancia generalizada que su obra
despertaba, porque había vuelto a sus funciones diplomáticas. Y es que su estudio acerca
42
43
Ibíd., pp. 44-46.
Paz, Octavio. El laberinto de la soledad, México, Fondo de Cultura Económica, 1959.
34
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
del mexicano era algo distinto. Se demarcaba categóricamente de la tradición nacionalista
que había dominado en aproximaciones de otros autores y exaltaba su pretensión de
comprobar que el mexicano es un ser humano como el resto de los mortales, que vive
repitiendo ciclos que es preciso superar para alcanzar la concordancia y armonía con el
mundo que le esperan al final del laberinto.44 Paz echa mano de una gran diversidad de
fuentes45 y logra un resultado atinado y honesto, porque no busca ya denigrar a sus
compatriotas o justificar los motivos de su atraso, sino comprender la dialéctica histórica y
emocional de un pueblo, los conflictos subyacentes detrás de cada acción y
acontecimiento. Es evidente la analogía que hace entre la historia de México y la biografía
de un sujeto que sufre de neurosis.
Escoge el término ―soledad‖ para expresar una tradición filosófica que pasa por
Hegel, Marx, Freud, Nietzsche y los existencialistas. La soledad es la imagen concreta —
digamos poética— del concepto abstracto de enajenación. La soledad, como la
enajenación, es para Octavio Paz el fondo último de la condición humana. Le confiesa a
Claude Fell esa convicción en una entrevista realizada en 1975: ―el hombre por el hecho
de ser hombre es un enajenado‖.46 Está refiriéndose a las condiciones humanas de
existencia, a la necesidad de encontrarse en los otros, comulgar con ellos, porque al nacer
rompemos nuestra unidad primordial con la naturaleza, vivimos desprendidos del mundo
y ajenos a nosotros mismos. Dice Paz para recalcar su diferencia con Ramos,
―más vasta y profunda que el sentimiento de inferioridad, yace la soledad. Es
imposible identificar ambas actitudes: sentirse solo no es sentirse inferior, sino
distinto. El sentimiento de soledad, por otra parte, no es una ilusión […] sino la
expresión de un hecho real: somos, de verdad, distintos. Y de verdad estamos
solos‖.
Al tocar estos nervios tan sensibles, Paz se inserta en la compleja trama del estudio
de la enajenación que estaban llevando a cabo algunos autores psicoanalíticos. La primera
edición del Laberinto incluso se dio a conocer el mismo año que las obras de Karen
Horney y David Riesman en Estados Unidos.47
44
Ibíd., pp. 175-176.
Freud, Marx, Nietzsche, Hegel, Kant, el romanticismo alemán, la influencia de sociólogos como Roger
Callois, George Simmel, Jacques Soustelle, el surrealismo como teoría de la cultura, etc. Santí, Enrico
Mario. Ob. cit., pp. 65-116.
46
Entrevista con Claude Fell “Vuelta al laberinto de la soledad”, en: Ibíd., p. 442.
47
Riesman, David. The Lonely Crowd: A Study of the Changing American Culture, New Haven, Yale
University Press, 1950, y Horney, Karen. Neurosis and Human Growth: the struggle toward self45
35
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Como vemos, el ejercicio de ponerse frente al espejo y escrutar en las translúcidas
profundidades del reflejo apasionó a amplios sectores de intelectuales durante estos
decenios. ¿Pero qué pasaba con los psicoanalistas? ¿No eran ellos los más apropiados
para abordar este problema? Entre los psicoanalistas ya reconocidos en el país apareció
uno que se aventuró a contrastar y completar algunas ideas expuestas.
Santiago Ramírez publicó en 1959 El mexicano, psicología de sus motivaciones,48
donde en primer lugar aclara su posición y su metodología de acuerdo a la ortodoxia
freudiana. En realidad, el esquema de su análisis retoma el panorama histórico utilizado
por Ramos y Paz, con quienes va intercambiado perspectivas. Pese a no reconocerlo de
manera explícita, el complejo de inferioridad guía sus reflexiones sobre el mestizo y el
indígena. De Paz toma tal vez mucho más de lo que quiso, porque expone el conflicto
familiar y el papel de la mujer en la cultura mexicana a través de la tríada Virgen-MadreMalinche; vuelve a señalar que la ausencia o participación efímera del padre en la crianza
genera hostilidad en el niño y sostiene la figura del ―ninguneo‖. Esto sólo por señalar
algunos ejemplos. Además, analiza algunas tradiciones mesoamericanas, corridos
revolucionarios, poemas, y la pintura de Diego Rivera y José Clemente Orozco para
hablar de sus características psicológicas, conflictos y rasgos patológicos.
Por desgracia, el esfuerzo interpretativo de Ramírez deja mucho que desear. Es poco
claro al exponer sus observaciones y pareciera que se contradice en cuanto a su esqueleto
teórico; incluso se perciben algunas concepciones de la psicología conductista en sus
comentarios.
En las décadas siguientes no dejaron de aparecer intentos por caracterizar al
mexicano. La bibliografía al respecto es muy numerosa y ha sido estudiada a fondo por el
antropólogo Roger Bartra.49 Sus agudas reflexiones esclarecen los posibles orígenes de
esta fiebre psicologicista que impregnó la totalidad de los canales culturales hasta la caída
del partido único del poder.
Bartra revela que la descripción del carácter mexicano era una necesidad política de
primer orden para el estado posrevolucionario. Al carecer de un proyecto o modelo de
desarrollo capitalista congruente con las condiciones del país, la elite en el poder optó
realization, Nueva York, W. W. Norton, 1950. Por cierto, Erich Fromm colaboró estrechamente con estos
analistas en Estados Unidos.
48
Ramírez, Santiago. El mexicano, psicología de sus motivaciones, México, Grijalbo, 1977.
49
Bartra, Roger. La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano, México, Grijalbo,
1996, pp. 187-199. De este mismo autor véase Anatomía del mexicano, Ob. cit.
36
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
por apoyar la legitimidad de su sistema político, corrupto y autoritario, en una estructura
de mediación que sirviera de puente imaginario entre sus representantes y el pueblo. Así,
los intelectuales, empapados de la tradición burguesa que sentía una real aversión por los
campesinos y trabajadores de las clases populares, se consagraron a la tarea de examinar y
definir una anatomía del mexicano, que incluyera ciertos rasgos y características que
justificasen sus condiciones de atraso y de pobreza.
La imagen del mexicano construida por esta pléyade de intelectuales se convirtió en
una fábula eficaz para neutralizar las contradicciones emanadas de la lucha de clases y de
un sistema de explotación rapaz. Es el propósito que se esconde en el auge del cine
nacional y la fama de prototipos como Cantinflas y la india María. La divulgación de estos
modelos suministró el sedante perfecto para las clases trabajadoras, a quienes se fue
programando para aceptar dócilmente condiciones de vida deplorables. El factor
aglutinante de esta mitología fue precisamente el constructo ideológico de la cultura
nacional como baluarte de la Revolución, custodiado desde las torres académicas y
científicas a lo largo del siglo.
No obstante, es necesario reconocer que también existió un puñado de mentes
críticas que puso el dedo en la llaga del nacionalismo y sus falacias. La narrativa mexicana
floreció con las obras de Juan Rulfo y Juan José Arreola; la poesía vio nacer figuras como
Jaime Sabines, José Emilio Pacheco y Jaime García Terrés.50 A partir de la década de los
sesenta, el mito monolítico de la Revolución y la Unidad Nacional comienza a
resquebrajarse y el auge de las clases medias le impregna un nuevo sentido a la cultura.
Una vez más asoma la búsqueda por la universalidad y la literatura —mezclada con la
historia— es su vehículo prestigiado. Se saborean las lecturas de Borges, Cortázar y
Benedetti, Vargas Llosa, y de autores innovadores como Carlos Fuentes, José Agustín y
Gabriel Zaid.
Decae el ánimo chauvinista de ―lo mexicano‖ y se abre la puerta a la influencia
estadounidense; a la par, el renacimiento del latinoamericanismo insuflado por el triunfo
de la Revolucion Cubana. Todo el mundo quiere ser moderno y rechaza la forma de vida
campesina y tradicional para encumbrar la ciudad como nido ideal, rodeado de
tecnología y seducción. Los medios masivos de comunicación, como ventana al mundo,
se van apropiando poco a poco de la mentalidad colectiva, a la vez que promueven la
desnacionalización. De acuerdo a Monsiváis, los medios confirman la sospecha de que,
50
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., pp. 1034-1048.
37
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
para una sociedad de masas, las respuestas nacionalistas son insuficientes y hasta ridículas
porque reniegan de los ideales del consumo preconizados a nivel global.51
En el entorno político, las acciones contradictorias del gobierno mexicano van
acentuando la existencia de muchos Méxicos. Hay espacios para la disidencia pero en
cuanto cruza el umbral de lo permitido, se enfrenta con la represión. Se consolidan obras
de gran trascendencia como la fundación del Museo Nacional de Antropología e Historia
para vanagloriarse del pasado mesoamericano, pero ya para finales de la década estalla el
modelo desarrollista que habían adoptado los gobiernos posrevolucionarios. Sus
episodios más dramáticos son, por supuesto, las matanzas de estudiantes del 68 y 71
respectivamente, trenzadas con los frutos de una auténtica revolución cultural.
3. La Universidad Nacional: su participación en el desarrollo
científico y cultural de México
La Universidad Nacional Autónoma se ha convertido en la institución académica y
científica más importante de México en la actualidad,52 cuna de grandes teóricos,
científicos y humanistas pero también hogar y campo de juego de la juventud, portadora
del germen de la posibilidad de un futuro diferente, mejor. Por su renovada labor de
enseñanza, discusión y transmisión de ideas e incursión en las más diversas esferas de la
actividad humana, también debe ser reconocida como un semillero primordial de cultura.
Este logro no es producto del azar, sino del trabajo conjunto y la disposición que han
mostrado las autoridades, los profesores y los propios estudiantes, para superar los
desvaríos y problemas presentes desde los agitados años de su fundación.
Fundada en 1910 gracias al empeño de Justo Sierra, tuvo que sobrevivir la tempestad
de los años revolucionarios en condiciones muchas veces precarias, a causa de las
tensiones con el Estado que han sido una constante a lo largo de toda su historia
institucional. Es al calor del conflicto como se ha ido forjando la máxima casa de estudios
de nuestro país, y no podía ser de otra manera, puesto que ha albergado a representantes
de diversas cosmovisiones y posturas políticas. Si algo debe admirarse de la Universidad
51
Monsiváis, Carlos. “La cultura nacional y los medios”, en: AA.VV. La cultura nacional, México,
UNAM, 1984, pp. 42-45.
52
La UNAM está celebrando este año su 100 aniversario y figura en el lugar 190 –de 500– en el índice de
las mejores universidades del mundo que publica Times Higher Education Suplement desde el 2004.
38
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Nacional es justamente su carácter abierto y plural, resultado de no pocos desacuerdos
pero garante del derecho a la libre expresión hasta nuestros días.
Indica Javier Garciadiego que fue hasta 1920 —con la llegada de Vasconcelos a la
rectoría— que la Universidad comienza a lograr uno de los objetivos perseguidos desde su
fundación: lograr un mejor entendimiento entre el gobierno y los jóvenes de clase media
urbana. A juicio de este autor, Vasconcelos fue el rector de mayor impacto en las tres
primeras décadas de la institución porque dio inicio a una etapa de transformaciones aún
vigentes.53
Es menester recordar que este personaje era integrante del Ateneo de la Juventud,
agrupación a la que corresponde el mérito de marcar distancias con el positivismo para
abocarse a la pesquisa de una cultura universal humanista que diera sentido a la propia y
a encontrar soluciones racionales y espirituales que implicaban el rescate de los valores
morales.54 En el marco de este ánimo reformista, Vasconcelos ofreció cargos significativos
a sus compañeros ateneístas para que colaboraran en su proyecto educativo. No podemos
ignorar que desde entonces la Universidad Nacional y la Secretaría de Educación Pública
—impulsadas por este grupo— se convirtieron en articuladores primordiales de la vida
cultural del país.
La labor del Ateneo y las políticas vasconcelistas hicieron eco en la cultura nacional
situando en el panorama la filosofía humanista. Desde la universidad, se apoyó a
numerosos artistas e intelectuales para que desarrollaran su obra —con frutos como el
muralismo mexicano—, se fomentó el espíritu latinoamericanista y la tendencia a que los
estudiantes participaran en los asuntos políticos y contribuyeran a la resolución de los
problemas sociales del país, promoviendo además en todo momento, el desarrollo
cultural.55 Así, con la aquiescencia de Vasconcelos prosperaron campañas nacionales de
alfabetización, construcción de escuelas, fundación de bibliotecas populares, formación
de maestros rurales para ponerlos a cargo de las misiones culturales, apoyo educativo a la
reforma agraria y a otros problemas nacionales.56
Aunque el contenido del proyecto denota un genuino interés por la situación
educativa del país, encarnando a su vez las manifestaciones más difundidas del
53
Garciadiego, Javier. Rudos contra científicos. La Universidad Nacional durante la revolución
mexicana, México, El Colegio de México/UNAM, 1996, pp. 412-413.
54
Monsiváis, Carlos. “Notas sobre la cultura…”, Ob. cit., pp. 972-975.
55
Garciadiego, Javier. Ob. cit., p. 418.
56
Pérez Tamayo, Ruy. Historia de la ciencia en México en el siglo XX, México, Fondo de Cultura
Económica, 2005, pp. 123-124.
39
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
nacionalismo, su postura idealista, extremadamente católica y sobre todo anticientífica,
provocó que los resultados no fuesen del todo positivos. La investigación, pese a haber
sido contemplada en los estatutos fundacionales de la universidad, fue relegada a un
segundo plano, mientras se prestó una considerablemente mayor atención a la docencia.
Como herencia del periodo vasconcelista, la ciencia y su desarrollo en diversos
niveles se identificaba con el positivismo, considerado lastre de la dictadura de Díaz. Por
esa razón, durante dos décadas esta actividad adoleció de la escasez de recursos, las pocas
e inadecuadas instalaciones y el eterno cuestionamiento de las autoridades sobre su
pertinencia o legitimidad, debido a que no se comprendía su contribución a la mejora de
la sociedad.57
A pesar de ello, la UNAM llevó adelante satisfactoriamente la formación de los
jóvenes a nivel superior, no exenta de contradicciones y algunos peliagudos episodios
generados por las relaciones con el Estado mexicano posrevolucionario.
Este asumió una política educativa orientada a beneficiar a las grandes masas sociales,
cuestión que no precisamente concordaba con los afanes tradicionales de la universidad,
enfocada a la formación de profesionales. Mientras que la política posrevolucionaria
aceptó la responsabilidad de atender la educación básica y, a partir de 1925, las
demandas del nivel medio con la creación de la secundaria, las necesidades económicas
tornaron apremiante la tendencia hacia una educación general y técnica, con la finalidad
de preparar a los jóvenes para el trabajo.
Así las cosas, la universidad se distanciaba a cada paso que daba de los objetivos
perseguidos por el gobierno a causa de su estructura liberal académica. Fue en ese
contexto en el que apareció la iniciativa presidencial de concederle relativa autonomía en
1929, sólo para dar lugar en la década siguiente a otra serie de divergencias con el
ejecutivo, antes y durante el cardenismo.
El materialismo dialéctico tuvo en esa época muchos adeptos entre los sectores
educativos dependientes del gobierno. La UNAM tuvo que defenderse tenazmente para
escapar al intento de establecer la educación socialista en sus dependencias. La acalorada
polémica que se suscitó entre Vicente Lombardo Toledano y Antonio Caso en 1933 fue
el suceso culminante de esta situación de enfrentamiento. Cabe aclarar que la cuestión de
fondo no era el rechazo a una teoría en sí, sino la imposición dogmática que el Estado
pretendía extender por todas las escuelas del país en menoscabo del espíritu plural y
57
Ibíd., p. 165.
40
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
diverso que, en opinión de los intelectuales, debía caracterizar una casa de cultura como
la universidad.
Antonio Caso, defendió con todo su arsenal crítico la libertad de cátedra y definió la
universidad como una comunidad cultural de investigación y de enseñanza que jamás
podría preconizar oficialmente como persona moral un credo filosófico, social, artístico o
científico único. Exigió respeto para todas las posturas ideológicas y la garantía de poder
trabajar sin limitantes al interior de la universidad.58
Como resultado de estas fricciones, se reformó la Ley Orgánica de la Universidad en
1933, señalando al rector como jefe nato de la institución e independiente del poder
ejecutivo, pero se puso la soga al cuello de la universidad porque el subsidio anual que
hasta entonces recibía del gobierno quedó suspendido. En su lugar, se otorgaron los
fondos en una sola exhibición y la universidad adquirió el compromiso de administrarlos
adecuadamente para su buen funcionamiento. Empero, la reforma no dio resultados
pues la casa de estudios se vio atrapada en una dinámica de corruptelas y altercados
políticos entre colaboradores ansiosos de poder.
Con Lázaro Cárdenas en la silla presidencial, la relación con la universidad tomó un
rumbo bastante peculiar. En un primer momento, el funcionario michoacano prolongó la
intransigencia mostrada por la facción que representaba Lombardo Toledano y, apoyado
en la reforma al artículo 3º constitucional, pretendió orientar la educación secundaria
hacia la formación técnica, limitando la continuación por la senda universitaria. Cabe
señalar que la implementación de la secundaria significó la pérdida de los tres primeros
años escolares para la institución que hasta ese momento se había encargado de atender
el nivel medio: la Escuela Nacional Preparatoria, dependiente de la universidad.
Como era de esperarse, las autoridades de la UNAM respondieron con un proyecto
para establecer cursos de preparación científica o de cultura superior para todos aquellos
que desearan estudiar una profesión. Cárdenas, con el Congreso a su servicio, bloqueó la
iniciativa, pero la universidad prescindió de la autorización gubernamental y continuó con
sus ―cursos de iniciación universitaria‖.59
Luego de algunos intentos fallidos de negociación y de una paralización de la vida
académica por parte de grupos estudiantiles de ―izquierda‖, favorables al régimen
58
Valadés, Diego. “La Ley Orgánica de la UNAM. Consideraciones sobre el régimen constitucional y
legal de la educación superior”, en: Blanco, José (coord.). La UNAM. Su estructura, sus aportes, su crisis,
su futuro, México, CONACULTA/ CONACYT/ Fondo de Cultura Económica, 2001, p. 143.
59
Ibíd., pp. 148-150.
41
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
corporativo de Cárdenas, éste propuso una nueva reforma a la Ley Orgánica que
retornaba a la universidad a una dependencia total —económica y política— del ejecutivo,
so pretexto de cumplir con los ideales educativos de la Revolución.
El entonces rector, Fernando Ocaranza presentó su renuncia y a manera de protesta
por el autoritarismo del ejecutivo, se retiraron otros muchos distinguidos profesores. No
quedó más remedio a Cárdenas que retractarse de presentar la reforma al Congreso, pero
en su lugar, el 30 de octubre de 1935 se creó el Consejo Nacional de Educación Superior
y de Investigación Científica, al que se delegaba la planificación para la enseñanza
superior y la investigación de acuerdo a los principios revolucionarios. El Consejo debía
encargarse de poner la alta cultura al servicio de los trabajadores y, en los hechos,
absorbería recursos que de otra forma corresponderían a la universidad.
Para confirmar lo que ya se sospechaba, el presidente apoyó en 1936 la inauguración
de la Universidad Obrera, con Lombardo Toledano como rector, y en 1937 la del
Instituto Politécnico Nacional (IPN) como alternativas a la UNAM, que se mostraba
renuente a adoptar los lineamientos socialistas.60 Al IPN le fue conferida una estructura
similar a la de su homóloga, es decir, una reunión de escuelas y dependencias, pero con
un enfoque eminentemente social, de acuerdo a las necesidades rurales, económicas o de
salud.
En contraste con esa actitud no del todo favorable a la universidad, en los últimos
años de su gobierno, Cárdenas encabezó una ensalzable faena que dio un viraje a la vida
científica y cultural del país. Me refiero a la recepción de miles de refugiados de la guerra
civil española, entre quienes figuraron personajes que enriquecieron la cultura mexicana y
contribuyeron al desarrollo de actividades como la economía, la medicina, el derecho, la
agricultura, la ingeniería, entre tantas otras.61 Esta política de apertura, sustentada en la
defensa de la democracia, le dio un sentido menos dramático al intento de injerencia que
Cárdenas había mostrado frente a la universidad. Los científicos y académicos exiliados
se integraron a distintas dependencias de la UNAM y del IPN, y participaron en su
impulso revitalizador. Con el correr del tiempo, esta última institución se convirtió
también en un sostén para el despliegue de la cultura en nuestro país.
En 1945 se aprobó una nueva reforma a la Ley Orgánica que definió la estructura
que la UNAM presenta actualmente. Fue elaborada por una connotada comisión de ex
60
61
Ibíd., p. 156.
Pérez Tamayo, Ruy. Ob. cit., pp. 178-181.
42
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
rectores y contempló la formación de una Junta de Gobierno, como organismo colegiado
contrapeso del rector y encargado de nombrar a las autoridades académicas. Se fijaron
nuevas bases para la elección del Consejo Universitario y se constituyó una Comisión de
Patronato para vigilar la administración de los fondos. Pero, aún más importante, se
refrendó el carácter nacional, autónomo y público de la universidad.
Por común acuerdo, la UNAM se consolidó como centro de generación y
transmisión de conocimientos, de análisis de problemas e irradiación cultural. De esa
manera se confirmó también el compromiso ético con la sociedad de fomentar en los
jóvenes el espíritu libre y creativo, con respeto y tolerancia.
A partir de la década de 1950 comenzaron a verse los frutos del esfuerzo continuo.
Se generalizaron los estudios de posgrado y varias escuelas se trasformaron en
facultades.62 Cada una tiene carácter de institución independiente pero es, a su vez, parte
de la universidad. El conjunto de institutos orientados a la investigación son coordinados
en dos subsistemas, uno de ciencias y otro de humanidades y ciencias sociales.
En 1954, sus facultades fueron trasladadas al campus actual de Ciudad Universitaria.
Entre 1950 y 1970, la matrícula universitaria —entre licenciatura y posgrado— aumentó
notablemente al pasar de 17271 a 64639 estudiantes.63 Además de la formación
académica, la UNAM se ha encargado de fomentar expresiones artísticas de la más
diversa índole como teatro, danza, música, cinematografía y artes plásticas, tomando parte
también en la formación espiritual de los jóvenes.
El movimiento estudiantil de 1968, que cuestionó de frente al corporativismo
imperante en la vida política puso de relieve las fallas del sistema institucional de la
universidad, pero fue en esa arena donde pudo irse gestando. La mirada crítica hacia la
realidad que desembocó en la organización de los universitarios, fue resultado de los
alcances culturales de la UNAM como institución formativa y baluarte del pensamiento
libre. Ese momento reafirmó su potencial dinámico como catalizador de las necesidades
sociales y de la demanda de los derechos, tanto individuales como colectivos.
62
Ibíd., p. 171.
Malo Álvarez, Salvador. “El presupuesto y la gestión universitaria”, en: Blanco, José (coord.). La
UNAM…Ob. cit., p. 173.
63
43
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
4. El psicoanálisis y la cultura
La cultura, como vocablo de la expresión y recreación ad infinitum de la esencia
humana en distintas latitudes y tiempos, bien puede equipararse a lo que Benoit
Mandelbrot ha denominado ―fractal‖.64 Que estas complejísimas figuras —que conservan
la misma apariencia en diferentes escalas— aparezcan en los fenómenos de la naturaleza y
en nuestro cuerpo, nos habla de la posibilidad de que exista una unidad entre el orden
social y el mundo natural todavía más allá de nuestro entendimiento. Esto no quiere decir
que la cultura humana sea un conjunto homogéneo, pues si algo caracteriza al ser
humano es justamente su sorprendente multiplicidad.
Las facultades intelectuales, creativas, físicas y emocionales que constituyen el
sustento de la cultura, son comunes a todos los hombres y han estado latentes, pese a las
diferencias, en todas las civilizaciones. Con distintos rostros y colores, el ser humano es la
matriz de la cultura y, en tanto el psicoanálisis tiene por objeto indagar en lo más
profundo de su psique, dirige su mirada también a ésta.
El psicoanálisis, desde sus primeros pasos, estuvo fuertemente imbuido en la
literatura y la historia. Freud, además de notable científico, fue un ávido lector de poesía,
mitología y coleccionista de antigüedades. Casi puede afirmarse que estas fuentes le
inspiraron a crear sus teorías en la misma medida que sus rigurosos afanes por encontrar
una explicación objetiva a las enfermedades mentales. Siempre supo que explorar en el
mundo de las ficciones, como hace el artista o el poeta, supone una sensibilidad que
arroja aportes tan visionarios como los de las ciencias y su obra se atrevió a conciliar
ambas prácticas.
Los estudios sobre mitología, historia de la literatura y de las religiones figuraron en
la agenda de las reuniones de los miércoles por la noche en la casa de Freud desde 1902,
y luego en la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Allí se discutió desde un principio acerca
de los símbolos, los mitos, las personalidades de filósofos como Nietzsche y las obras de
artistas como Leonardo Da Vinci o Wagner. Más tarde, continuaron con la expansión del
psicoanálisis hacia estos rubros discípulos como Theodor Reik y Hans Sachs —maestros
de Erich Fromm— y Otto Rank.65
64
Mandelbrot, Benoit. Los objetos fractales, Barcelona, Tusquets, 1987.
De Certau, Michel. Historia y psicoanálisis. Entre ciencia y ficción, México, Universidad
Iberoamericana/ITESO, 2003, pp. 28-29.
65
44
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
Pero el uso de la palabra como transmisor articulado de un conocimiento velado a la
conciencia resulta aún más importante para comprender la incursión del psicoanálisis en
el amplio dominio de la cultura. Las palabras se quedan cortas para expresar cabalmente
los procesos psíquicos y emocionales que experimenta el ser humano, pero al adentrase
en el horizonte del lenguaje simbólico, las teorías freudianas apuntan decisivamente hacia
una comprensión de los mecanismos que hacen posible la existencia de la cultura. El
psicoanálisis es, de acuerdo a Paul Ricoeur, un campo hermenéutico; es a un tiempo el
lugar de los símbolos y aquel donde se enfrentan las diversas maneras de interpretar.66
Es particularmente valiosa la elucidación que Jacques Lacan ha legado sobre estos
aspectos al definir al sujeto a partir del lugar en el que lo coloca la institución del lenguaje.
Esta novedosa propuesta, que afirma que el inconsciente está estructurado como un
lenguaje, nació en Francia en la segunda mitad del siglo XX, pero de alguna manera se
conecta con una experiencia preliminar, que vinculó el psicoanálisis con expresiones
artísticas concretas.
En realidad, el pensamiento de Freud se topa en Francia con varios obstáculos que
retardan su aceptación en el ámbito científico.67 Fueron algunos representantes de la
corriente literaria francesa los que fueron abriendo el camino para el psicoanálisis a
comienzos de los años veinte. Escritores como Albert Thibaudet, André Breton, Jules
Romains, André Gidé, Jaques Rivieré y Pierre-Jean Jouve se adelantaron a los psiquiatras
en aplicar algunos postulados psicoanalíticos y, sin embargo, Freud mantuvo una postura
escéptica frente a sus demostraciones de avenencia. Se dice, por ejemplo, que nunca
tomó en serio a Bretón, hombre con formación psiquiátrica que había viajado a Viena en
1921 para conocerlo y que, posteriormente, se convirtió en cabecilla del movimiento
surrealista.68
El surrealismo —fundado en 1924— cimentó su originalidad en las revelaciones del
psicoanálisis y reconoció a Freud como uno de sus precursores. Defendió la expresión
automática de las ideas y su reproducción sin censura porque buscaba la liberación de la
66
Ricoeur, Paul. Freud: una interpretación de la cultura, México, Siglo XXI, 1999, p. 11. La lectura de
esta obra es imprescindible para quien esté interesado en comprender a fondo la intrínseca relación entre
el psicoanálisis y la cultura. Sobre el empleo del psicoanálisis para comprender las expresiones artísticas
puede consultarse Schneider, Daniel. El psicoanalista y el artista, México, Fondo de Cultura Económica,
1974.
67
La tradición psiquiátrica francesa representaba por Charcot, Clairambault, Janet, Ribot entre otros, que
rechazaba el “pansexualismo” freudiano, además de una resistencia lingüística y cultural con rasgos
chauvinistas que rechazaba lo extranjero. De Certau, Michel. Ob. cit., p. 35.
68
Morales y Marín, José Luis (coord.). Historia universal de la pintura, Madrid, Espasa, 2001, Tomo 4, p.
955.
45
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
jaula racional y el flujo espontáneo del contenido inconsciente; por eso sus representantes
también recurrieron a los sueños, fantasías y delirios como fuentes de inspiración.
Surgió como un movimiento poético y revolucionario, que devino en destacadas
expresiones pictóricas y escultóricas a lo largo del siglo pasado. Al transitar por la línea
iniciada por el dadaísmo, Bretón asestó una ardiente crítica contra la tradición cultural
burguesa, que le llevó a intentar vincular el movimiento con el comunismo francés, pero
esta faceta política provocó el alejamiento de figuras que habían participado en su
definición como Antonin Artaud, Philippe Soupault, André Masson, Roger Vitral y
Francis Picabia. Luego de que Bretón fuera expulsado del partido comunista, en 1930, el
surrealismo comenzó a expandirse por todo el mundo. Fue en esta etapa que se
adhirieron al movimiento figuras como Salvador Dalí y Luis Buñuel, que también
terminaron por distanciarse y no obstante son reconocidos a nivel mundial por sus
contribuciones en el campo.69
México fue uno de los primeros países latinoamericanos en tener contacto con el
surrealismo. Apenas en 1921, llegaba Arthur Cravan, excéntrico personaje, dadaísta y
posible introductor del surrealismo en nuestro país, que se perdió en algún lugar del
Golfo de México. También se tiene noticia de la circulación de ―La revolución suprarealista‖, un texto escrito por Genaro Estrada, profesor de literatura mexicana mientras
Vasconcelos estuvo en la rectoría de la UNAM.70
Luego vino la visita del fundador del movimiento, André Bretón, para entrevistarse
con Trotsky, y quedó tan enganchado a la realidad mexicana que la designó ―surrealista
por excelencia‖ y tomó como símbolos del movimiento a dos animales casi míticos de
estas tierras: el axolote y el monstruo de Gila.71 Visitó el país en varias ocasiones y
organizó exposiciones en las que incluyó el trabajo de algunos artistas mexicanos y piezas
tan emblemáticas como las calaveritas de azúcar.
Humberto Schwarzbeck72 ha señalado que más que atrapado por la belleza y
exotismo de los paisajes mexicanos, que podían describirse como un viaje directo al
inconsciente, Bretón fue seducido por el temple revolucionario que impregnaba toda la
cultura y que coincidía con los anhelos del surrealismo. Esta corriente se alimentaba de la
69
Sebbag, Georges. El surrealismo, Buenos Aires, Nueva Visión, 2003.
Garciadiego, Javier. Ob. cit., p. 414.
71
Breton, André. “Souvenirs du Mexique”, Le Minotaure, París, Núm. 12-13, 1939.
72
Schwarzbeck, Humberto. “Bretón en México: una apostilla”, Letras Libres, México, agosto 2002.
(www.letraslibres.com)
70
46
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
identidad entre creación artística y revolución, proyectada desde nuestro país hacia el
resto del mundo y que había dado lugar a un movimiento propio de vanguardia literaria:
el estridentismo, que englobaba el diálogo y la influencia del futurismo, el dadaísmo, el
creacionismo y el ultraísmo.73
Con la disgregación de representantes del surrealismo que provocó la Segunda
Guerra Mundial, muchos emigraron a Estados Unidos. En los años cuarenta, respaldaron
el surgimiento del expresionismo abstracto y, luego de un tiempo, sentaron las bases para
la explosión del arte pop.
A la par, México se convirtió en un lugar común y escenario crucial para el
movimiento. Por diversas causas y propósitos fueron arribando, muchas veces para
quedarse, personalidades como Antonin Artaud, Wolfgang Paalen, Alice Rahon, Eva
Sulzer, César Moro, Katy y José Horna, Benjamín Peret, Remedios Varo, Leonora
Carrington, Edgard James, Luis Buñuel y Alejandro Jodorowsky. Es imposible negar la
importancia de la presencia de este selecto grupo de artistas y escritores que portaron el
estandarte surrealista, esa nueva forma de expresión sensible que tuvo en el siglo XX una
importancia comparable a la del Romanticismo en el siglo XIX.74
En 1928 Bretón había firmado junto a León Trotsky y Diego Rivera el ―Manifiesto
por un Arte Revolucionario Independiente‖. Recordemos que los tres compartían la
experiencia de haber sido expulsados del Partido Comunista y caracterizaban a Stalin
como totalitario. Por esa razón el contenido del manifiesto reza lo siguiente:
―…el arte revolucionario aspira a una reconstrucción completa y radical de la
sociedad aún cuando sólo sea para liberar la creación intelectual de las cadenas que
la atan y permitir a la humanidad entera elevarse a alturas que sólo genios aislados
alcanzaron en el pasado‖.75
Consideraban que sólo la revolución social podía abrir la ruta hacia una nueva
cultura, pero rechazaban todo tipo de control de parte de los gobiernos en el arte. Ese
mismo año, se efectuó con éxito la Exposición Internacional del Surrealismo en París,
momento cumbre del surrealismo.
73
Mora, Francisco Javier. “El estridentismo mexicano: señales de una revolución estética y política”,
Anales de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Alicante, Núm. 29, 2000, p. 258.
74
Debroise, Olivier. “Los surrealistas y México”, La Jornada, 18-19 Julio, 1986. (http://www.artemexico.com/critica/od65.htm).
75
Villegas, Abelardo. El pensamiento mexicano…, Ob. cit., p. 129.
47
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
En enero de 1940 se logró una ceremonia similar en nuestro país, aunque de menor
calado. Bretón, César Moro y Wolfgang Paalen organizaron en la Galería de Arte
Mexicano una selección de cuarenta obras de representantes europeos y de artistas
mexicanos cuyo trabajo tenía afinidad con el movimiento.
Incursionaron a fondo en el surrealismo personalidades mexicanas como Agustín
Lazo, María Izquierdo, Frida Kahlo, Manuel Álvarez Bravo y Alberto Gironella. Pero no
puede excluirse a aquellos que se acercaron al movimiento surrealista, aunque fuera
provisionalmente, como Luis Cardoza y Aragón, Roberto Montenegro, Guillermo Meza,
Antonio ―El corcito‖ Ruiz, Manuel Rodríguez Lozano, Gunther Gerzo, Raúl Anguiano y,
Xavier Villaurrutia en algunos ensayos.76
Estudiar las relaciones entre los surrealistas y la comunidad intelectual mexicana, así
como la producción creativa emanada de ese diálogo, sería motivo de otra investigación,77
pero para dar una idea de la gran importancia que tuvo esta tradición en la cultura
nacional, conviene rastrear, aunque sea brevemente, sus huellas en El laberinto de la
soledad, una obra que se convirtió en una nueva plataforma literaria a partir de la
segunda mitad del siglo pasado.
Octavio Paz tuvo contacto con los surrealistas mientras residía en París, por lo que
podemos hablar de un influjo directo de esta corriente en su obra; también los sociólogos
que lo inspiraron a abordar temas como los mitos, las fiestas, la muerte y el amor habían
participado en el movimiento. La interpretación que hace Paz de la historia de México
plantea una crítica a la modernidad emparentada a la postura surrealista.
El antropólogo James Clifford ha descrito este modelo como surrealismo etnográfico
porque, a la manera del collage, propone la renovación a partir de una reordenación
crítica de los objetos. Mediante el uso de una heterogeneidad de fuentes, consiste en una
aproximación irónica de la cultura que ataca lo familiar para volverlo extraño, pero a la
vez vuelve a investirle de sentido. Es de esa forma que procede Paz cuando analiza ciertas
costumbres, mitos, la fiesta o una expresión verbal como ―chingar‖, para descubrir ahí un
contenido inexplorado, con el propósito de revelar su contenido latente, sagrado, y así
reinvertirle de sentido y valor. De acuerdo a Enrico Mario Santí, la obra de este poeta es
una defensa de la imaginación mexicana precisamente porque se propone el rescate de
76
Debroise, Olivier. Ob. cit.
Olivier Debroise y un grupo de colaboradores se han aproximado a este tema en: La era de la
discrepancia. Arte y cultura en México, 1968-1997, México, UNAM, 2007.
77
48
Capítulo 1. Panorama socio-cultural del México posrevolucionario
aquellos estratos sagrados que sobreviven de forma marginal en la modernidad.78 Vemos
también que a través de este ensayo —y a partir de él— el psicoanálisis se va imbricando
con la raíces de la cultura mexicana, para germinar más adelante en una multiplicidad de
frutos.
78
Santí, Enrico Mario. Ob. cit., pp. 102-106.
49
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria
profesional
Si bien el propósito de este trabajo es comprender qué papel desempeñó Erich Fromm
en la difusión e institucionalización del psicoanálisis en México, el desarrollo de su
pensamiento y la influencia que pudo haber ejercido la realidad mexicana en éste durante
sus veintitrés años de residencia en el país, es importante introducir su persona, dando a
conocer algunos datos biográficos y un esbozo de su trayectoria profesional.
La vida de este crítico y psicólogo social se ha tratado ya en varios estudios dirigidos
al público de habla inglesa. Daniel Burston ha publicado una de las biografías mas
completas.1 También se han aproximado a este tema Donald Housdorff,2 Lawrence
Wilde3 y Gerhard Knapp,4 pero todos terminan por enfocarse en la obra frommiana. Los
estudios biográficos más reconocidos son los de Rainer Funk,5 cercano colaborador y
salvaguarda del Archivo Erich Fromm en Tubinga. Este autor aporta información muy
valiosa acerca de la infancia y adolescencia de este psicoanalista alemán y presenta un
cuadro general de su itinerario profesional. Por esa razón, es la fuente bibliográfica
principal para el presente capítulo.
En el 20 Aniversario de la Sociedad Internacional Erich Fromm celebrado en el año
2005, el Dr. Lawrence J. Friedman expuso su proyecto de construir una nueva semblanza
de este hombre, que profundice en aspectos íntimos, con la finalidad de dar seguimiento
al desarrollo de su personalidad. Explicó que uno de los grandes obstáculos a la hora de
indagar en la vida de Fromm es que su última esposa, Annis Freeman, destruyó la mayor
parte de su correspondencia. Al parecer, Fromm le pidió que lo hiciera en caso de que
falleciera antes que ella, porque prefería que toda la atención fuera dirigida hacia su labor
psicológica e intelectual.6 Abordamos aquí brevemente algunos aspectos personales de
este prolífico escritor, sólo en la medida en que ayudan a contextualizar sus aportaciones.
1
Burston, Daniel. The Legacy of Erich Fromm, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 1991.
Hausdorff, Donald. Erich Fromm, Nueva York, Twayne Publishers, 1972.
3
Wilde, L. Erich Fromm and the Quest for Solidarity, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2004.
4
Knapp, Gerhard. The Art of Living. Erich Fromm’s Life and Works, Nueva York, Peter Lang, 1989.
5
Funk, Rainer. Fromm. Vida y Obra, Buenos Aires, Paidós, 1987; Erich Fromm: His Life and Ideas. An
Illustrated Biography, Nueva York, Continuum Internacional, 2000.
6
Friedman, L. J. “Recovering Erich Fromm’s Life: Some Dilemmas and Preliminary Solutions”, Tubinga,
Fromm Forum, Núm. 10, 2006, pp. 12-18.
2
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
1. Los años de formación en Alemania. Influencia del Judaísmo
Erich Pinchas Fromm Krause fue hijo único nacido en el seno de una familia judía
ortodoxa, en Fráncfort del Meno, Alemania, el 23 de marzo de 1900. El año de su
nacimiento coincide con el comienzo de un nuevo siglo, de aquel que sería escenario de
infaustos eventos que dejarían una profunda marca en la historia de la humanidad.
De acuerdo a Eric Hobsbawm, la civilización occidental del siglo XIX era capitalista
desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y constitucional,
burguesa por la imagen característica de su clase hegemónica, y brillante por los adelantos
alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación. El gran progreso
material se mostraba consecuente con la posición central de Europa, cuna de las
revoluciones científica, artística e industrial, cuya economía había extendido su influencia
sobre una gran parte del mundo, subyugada por los ejércitos de los estados que
constituían el sistema de la política mundial.7
El afán imperialista de las grandes potencias europeas, que combinaba sus efectos
con la propagación del fervor nacionalista entre el grueso de la población, apuntalaba las
condiciones para romper con los tratados de paz y buscar la reconfiguración del mapa
mundial. Aunque antes de 1914 no hubo un enfrentamiento entre potencias a gran
escala, al tenor de las políticas imperialistas se mantuvieron agresivas expediciones frente
a los países más débiles con el objetivo de ampliar dominios coloniales. No obstante,
pronto resultó evidente que no quedaban territorios sin dueño, a consecuencia de lo cual,
las ambiciones se volcaron sobre los territorios ocupados por otras potencias.
Alemania, unificada en una sola nación y encabezada por el belicoso reino de Prusia,
se había asegurado, a raíz de la guerra franco-prusiana de 1871, las fundiciones de hierro
y acero de las zonas del río Rin y Lorena, la floreciente industria química de Berlín y una
imponente factoría de material bélico en Essen: el oligopolio de las fábricas de cañones y
armamentos de la familia Krupp. Con todas esas ventajas, para el alto estado alemán era
un tormento pensar que Inglaterra y Francia, con menor poderío, poseían un imperio
colonial mucho más vasto. En 1879, Alemania concertó una alianza con el Imperio
austro-húngaro, con la clara intención de posicionarse como la potencia europea
hegemónica.
7
Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 2005, p. 16.
52
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
A escala global, el nacionalismo y el imperialismo, como fuerzas dominantes
emergentes, fueron moldeando el curso de la historia contemporánea; dieron lugar a
poderes independientes armados y opuestos dentro de cada país, que gozaron de
preeminencia política, social y económica.
En ese contexto, Fráncfort, donde radicaba la familia Fromm-Krauze, era la segunda
ciudad alemana después de Berlín, con prominente tradición cultural judía. Ambos
padres eran originarios de familias rabínicas y el mismo Erich, en su etapa juvenil, se
sentía tan atraído por esta tradición que se planteó como objetivo convertirse en rabino,
interesándose por las prácticas del judaísmo hasta los 25 años.8
Fue entusiasta partícipe de la praxis de vida de los judíos eruditos durante su niñez y
temprana juventud, lo que orientó toda su actividad profesional y personal posterior;
además de que el judaísmo, como influencia teórica, le permitió forjar un sentido de
identidad y autonomía que sería revelado en la totalidad de su obra.
Los judíos no constituían un sector homogéneo en el mundo occidental. El
imaginario social había configurado, desde la época ilustrada, varias representaciones del
judío, como extraño, como paria y luego, gracias a la difusión del modo de vida burgués,
se forjó la imagen del judío opulento que se dedicaba a facilitar empréstitos al Estado. A
la par de un ascendente fervor antisemita que se manifestó de forma tajante en el siglo
XIX, emergió también una intelligentsia judía, que buscaba destacar en la comunidad
intelectual con el objetivo de propiciar la asimilación en los países receptores. La
afluencia de estos judíos con profesiones liberales se concentró en Alemania y Austria, y
llegaron a apropiarse de una extensa porción de las instituciones culturales.9
Los antepasados y maestros del joven Erich vivían y practicaban su tradición judía
apartados del mundo liberal burgués, por lo que aprendió a alejarse de los cánones de la
sociedad alemana de su tiempo. Crecer en este ambiente tan peculiar posibilitó, sin duda,
que floreciera en él un espíritu independiente y creativo, cualidades que postulará luego
en sus estudios como indispensables para el desenvolvimiento de las potencialidades
individuales del ser humano.
A decir de su biógrafo y albacea, el mundo del que Fromm procedía y en el que
había comenzado a forjar su identidad era el religioso, en el sentido tradicional de la
8
Funk, R. Fromm. Vida…Ob. cit., p. 33.
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo, 3 Tomos, Madrid, Alianza, 1981, tomo 1, pp. 86-88. La
autora analiza las vicisitudes que marcaron la historia del pueblo judío en Europa durante los siglos XIX y
XX. Explica el papel que la preeminencia económica de los judíos jugó en el desarrollo ulterior del
antisemitismo.
9
53
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
palabra, ya que se concentraba en las fuerzas y fuentes espirituales del hombre. Nos
cuenta que el mismo Erich Fromm se refería a ese ambiente en el que creció como un
mundo ―precapitalista‖ o ―preburgués‖, para diferenciarlo del mundo moderno que más
tarde sería objeto de estudio de sus investigaciones, un mundo que agitaba las banderas
del imperialismo y del nacionalismo exacerbado.10
Los que lo conocieron de cerca, como Rainer Funk, testifican que pese a conservar
durante toda su vida una actitud profundamente religiosa, Fromm nunca accedió a
convertirse en un hombre ascético que encontrara alegría en la renuncia a las cosas
mundanas de la vida. Podría decirse que su humanismo radicaba en la comprensión de
todas las religiones desde una perspectiva concreta, producto de la vida humana en la
tierra con todos los privilegios y limitaciones correspondientes.
Dentro de ese universo religioso es que surge el especial interés del Fromm
adolescente por comprender los escritos proféticos; cuestión que a la postre, mediante
una transposición, se convierte en punto cardinal de sus investigaciones y que, dicho sea
de paso, le acarrearía conflictos con colegas y críticos a lo largo de toda su carrera.
La lección más importante que el joven Erich tomaría de la comunidad judía donde
creció, fue la orientación hacia una praxis de vida negadora; este estilo de vida le
acompañó hasta el final de sus días como teórico social. En síntesis, la praxis de vida
negadora no puede equipararse al negativismo, pesimismo o incluso al nihilismo; se trata
de posibilitar lo creativo y auténtico a través de la negación de aquello que fue y es
aceptado por la generalidad, por el sentido común, aunque eso signifique segregarse de la
mayoría.11 Funk afirma que fue esta enseñanza la que permitió que el trabajo de Fromm
se orientara a tan diversas aristas, siendo consciente de que tendría que ir forjando su
propio camino y sus propias respuestas, navegando entre un mar de críticas y
desacreditaciones.
Es motivo de otro trabajo abordar los debates que generó la obra de Fromm, pero a
la luz de la misma teoría psicoanalítica, que nos dice que hay un motivo —siempre
inconsciente— que subyace a los actos humanos, llegamos a la conclusión de que es
necesario profundizar en el examen de las reacciones que su pensamiento produce en los
10
11
Funk, R. Fromm. Vida…Ob. cit., p. 8.
Ibíd., pp. 12-15.
54
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
diversos ámbitos, ya que pueden estar basadas más en prejuicios que en un análisis
contextual y razonado de sus propuestas.12
Hay que mencionar que Erich vive la Primera Guerra Mundial, en la adolescencia,
como un acontecimiento revelador, que no olvidaría jamás. Este suceso le permite
experimentar por primera vez en amplia escala, la destructividad de la que el ser humano
es capaz y la extensa atmósfera de agresión, que incluso se vivía en las aulas donde
tomaba clase.13 Sin duda, podemos catalogar esta experiencia como el principio del
despertar del jovencito de apenas 14 años, que gracias al estímulo de algunos maestros, se
animaba a hacer uso de sus facultades críticas para cuestionar el fanatismo con el que la
mayoría de la gente respondía a estos asuntos.
2. Por los senderos del psicoanálisis
En cuanto a su formación académica, concluyó el bachillerato en Fráncfort en 1918,
donde aprendió latín, inglés y francés. Ingresó a estudiar Derecho, pero la idea de llevarlo
a la práctica en una sociedad tan competitiva y hostil, no ejercía verdadera atracción en él.
Por esta razón, en 1919 decidió trasladarse a la Universidad de Heidelberg donde
finalmente se inclinó por los estudios en sociología, psicología y filosofía.14 A partir de ese
período comenzó a florecer el Erich Fromm que pasaría a la historia como uno de los
pensadores más lúcidos y controversiales del siglo XX.
En ningún campo del conocimiento humano existen teorías del todo originales y el
caso de Erich Fromm no es la excepción. Lo anterior es equiparable al ámbito de la
cultura, pues una cultura tiende a florecer gracias a la mezcla de elementos nuevos con
algunos ya presentes en otra. A lo largo de nuestra vida, pero sobre todo en el periodo de
formación que coincide con los años de juventud, tienen efecto en nosotros las más
diversas influencias, gracias a las cuales vamos construyendo nuestra propia interpretación
del mundo y, a veces, llegamos a ser capaces de aportar algún elemento novedoso que
12
Algunos autores se han encargado de analizar dichos debates y de explicar las razones por las que Erich
Fromm ha sido relegado a un plano secundario en la historia de ciertos movimientos intelectuales. Ver
por ejemplo: Rickert, John. “The Fromm-Marcuse debate revisited”, Theory and Society, Martinus
Nijhoff Publishers, Dordrecht, 1986, Vol. 15, pp. 351-400; Mc Laughlin, Neil. “How to become a
forgotten intellectual: Intellectual movements and the rise and fall of Erich Fromm”, Sociological Forum,
Núm. 13, 1998, pp. 215-246; Del mismo autor, “Origin myths in the Social Sciences: Erich Fromm, the
Frankfurt School and the emergence of Critical Theory”, The Canadian Journal of Sociology, junio 1999,
pp. 109-139.
13
Fromm, Erich. Más allá de las cadenas de la ilusión, México, Paidós, 2009, p. 14.
14
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 59-60.
55
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
complemente o modifique propuestas anteriores. Las grandes ideas son siempre un
producto colectivo, pues toda teoría se nutre de las que le anteceden. Pese a ello, es justo
reconocer el mérito de quien logra construir una propuesta creativa y novedosa, que
aglutine de forma congruente corrientes de pensamiento anteriores con ideas nuevas,
propias de la época.
En el caso particular de Erich Fromm, además de las grandes ideas filosóficas que lo
inspiraron a crear una propuesta psicoanalítica alternativa, encontramos varios personajes
con los que se fue vinculando a través de diversas redes tanto académicas como
personales.
La actitud ante la vida y ante los otros que observamos en nuestros maestros es a
menudo la influencia más directa sobre nuestra personalidad, y eso parece haber sido lo
ocurrido con este autor. Me atrevo a afirmar que haber experimentado esa dinámica en
carne propia favoreció que estableciera la misma pauta para sus posteriores propuestas
psicoanalíticas, sobre todo en lo referente a la técnica.15 Según el enfoque de Fromm, el
analista desempeña un papel fundamental en la terapia. Con su presencia y vitalidad,
debe estimular e inspirar al paciente a buscar una alternativa de vida más acorde al
desarrollo de sus potencialidades. Este aspecto de su técnica nos remite a la etapa en la
cual sus maestros influyeron de esa forma en él; por lo que consideró pertinente utilizar
el mismo modelo para su actividad como maestro y analista.
En el marco de sus años de formación, podemos hablar principalmente de dos
personajes situados dentro de la tradición judía que dejarán una huella indeleble en su
carácter y personalidad, gracias a los conocimientos que le transmitieron y a la
experiencia de conocerlos íntimamente. En Fráncfort, la figura más importante para
Fromm fue el Rabino Nehemia Antón Nóbel, hombre imbuido de la mística judía, que le
introdujo en el pensamiento humanista de Hermann Cohen.16
Un detalle importante de esta temprana etapa en la vida de nuestro personaje radica
en su adhesión temporal a un grupo juvenil sionista. El sionismo, como movimiento
político bosquejado para contrarrestar el antisemitismo, se hallaba por entonces todavía
legitimado a raíz de la algarabía que desató el ―Caso Dreyfus‖ en Francia desde fines de
1894.17 El complot y la corrupción subyacente en la condena por espionaje que recibió
15
Fromm, Erich. El arte de escuchar, Barcelona, Paidós, 1993.
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., p. 41. Ver también: Fromm, Erich. El humanismo judío, 1999.
(www.elaleph.com).
17
Arendt, Hannah. Los orígenes…, Ob. cit., pp. 135-175.
16
56
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Alfred Dreyfus, un oficial judío del estado mayor francés, probó el alcance político
inherente a la oleada de antisemitismo que invadía Europa. En respuesta, la comunidad
judía optó por organizarse en busca del establecimiento de un Estado judío soberano e
independiente, mediante métodos diplomáticos y políticos. El programa político sionista
fue fundado por Theodore Herzl, pero conforme pasaba el tiempo fueron apareciendo
figuras que lanzaron otras propuestas, cada vez mas vinculadas a los afanes imperialistas.
Por principio de cuentas, el sionismo adquirió validez porque representaba una
solución a los atropellos que se estaban cometiendo en el mundo contra el pueblo judío
y, en sentido simbólico, significó una construcción de la nostalgia y la necesidad de
recuperar la patria perdida. De acuerdo a Hannah Arendt, en la década que sucedió a la
primera conflagración mundial, el sionismo no debió su fuerza tanto a su penetración
política como a su influencia pedagógica, al explayar un análisis crítico de las reacciones
psicológicas y sociológicas en torno al antisemitismo.18 Por esa razón, consiguió muchos
adeptos en el ámbito intelectual del que Fromm comenzaba a formar parte. Pero a pesar
de su juventud, percibió muy pronto el rumbo que el movimiento sionista tomaría y
resolvió retirarse. Vale la pena abrir un paréntesis para aclarar que después del
holocausto, cuando el sionismo se pervirtió, Fromm amparó una briosa defensa de los
derechos del pueblo palestino.19
Para continuar con su formación académica se inscribió en la Universidad de
Heidelberg, donde tropezó con otro de los personajes más influyentes en sus años de
juventud: el Dr. Salman Baruch Rabinkow, su último maestro de Talmud.20 El
humanismo radical de este hombre, combinado con el estudio tradicional del Talmud y
de la cultura moderna, fue un importante estímulo para Fromm. La postura esencial que
18
Arendt, Hannah. Los orígenes…, Ob. cit., p. 123.
En 1948 se fundó el Estado de Israel con la tutela de Estados Unidos, Inglaterra y la ONU. Una serie de
leyes asimiló “legalmente” inmensas extensiones de tierras árabes cuyos propietarios fueron declarados
ausentes porque se habían convertido en refugiados a causa de la ocupación militar. Los judíos sionistas
cometieron desde entonces atrocidades, masacres y violaciones contra la población civil para contrarrestar
la resistencia a ceder su tierra. Pese a que el derecho moral y político de una persona a volver a su sitio de
residencia es universalmente reconocido, Israel ha negado el retorno y ha imposibilitado sistemática y
jurídicamente que los árabes palestinos regresen, que sean compensados por sus propiedades o vivan en
Israel como ciudadanos en igualdad de derechos ante la ley con los israelíes judíos. La negativa a
reconocer el derecho de los palestinos a la autodeterminación y a un Estado demostró ser, a través de los
años, la fuente principal del derramamiento de sangre que hoy continúa. Leyens, Germán. “El origen del
conflicto palestino-israelí”, Judíos por la Justicia en Oriente Próximo, [S. L], 2005.
20
Talmud: Código fundamental del derecho civil y canónico judío que complementa la Biblia y representa
una labor de más de setecientos años. Comprende la Misnáh y la Gemará. La primera es el texto y la
segunda los comentarios. Consta de 63 tratados y 524 capítulos, dividida en 6 órdenes principales
llamados Sedarim, cada uno de los cuales trata de manera ordenada un asunto o tema a saber: agricultura,
fiestas, matrimonio, divorcio, derecho civil y penal, ofrendas sagradas y purificaciones. Royston Pike,
Edgar. Diccionario de religiones, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 431.
19
57
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Rabinkow defendió hasta el final de sus días, afirmaba al hombre como un fin en sí
mismo y sostenía que la fuerza interior del ser humano es inseparable a su condición de
ser autónomo.
21
Un breve repaso por cualquiera de los estudios que Erich Fromm realizó durante su
vida confirma la clara influencia de Rabinkow. Su albacea literario se ha percatado de que
nuestro autor intentó verificar en sus investigaciones psicoanalíticas y socio-psicológicas
acerca del hombre en general, los planteamientos del Rabino Rabinkow, con los que
coincidía en puntos básicos.22
Como estudiante universitario, Fromm tomó distancia respecto a la tradición judía
ortodoxa y, a su vez, se benefició del encuentro con otras corrientes de pensamiento que
fueron propiciando un gradual abandono de la práctica del judaísmo. Dicho abandono
ocurrió de forma definitiva a los 26 años. Merced a que el punto clave de toda la filosofía
que había aprendido con Rabinkow residía en la autonomía del individuo y su desarrollo,
se volcó a transitar su propia senda que con el tiempo se vio enlazada con muchos otros
caminos.
Pese haber abandonado muy joven la práctica del judaísmo, es imprescindible
destacar la habilidad que Fromm desarrolló desde el inicio de su trayectoria para traducir
los planteamientos de esta filosofía, de manera que pudieran salir del ostracismo y ser
comprendidos por cualquier persona. Como afirma Funk en su biografía:
―Fromm introduce una praxis de vida específicamente judía en lo antropológico
y empírico volviendo aceptables en términos de ciencias humanas, las
determinantes de una praxis de vida religiosa. De este modo, mediante un giro
hacia lo científico humanista, universaliza el contenido humano de una religión
practicada en una comunidad de vida segregada y lo vuelve comunicable entre
todos los hombres de orientación humanista.‖23
Considero que en este sentido su faena constituye una prueba indiscutible de la
posibilidad de establecer un verdadero diálogo entre culturas.
Por otra parte, durante los años de formación en la Universidad de Heidelberg,
Fromm comienza a interesarse por diversas cuestiones sociológicas que serán temas de
estudio para sus futuras investigaciones. Por ejemplo, las regulaciones de la convivencia
social y características de instituciones como: la ley, el Estado, la religión; pero sobre todo
21
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 50-52.
Ibíd., pp. 54-55.
23
Ibíd., p. 56.
22
58
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
le interesaba comprender el influjo de los grupos sociales en el individuo, materia que se
mantendría como una constante a lo largo de su trabajo.
Es más que evidente la relación de los temas de estudio a los que se sentía atraído
con su forma de vida al crecer dentro de la comunidad judía, alejada, como hemos dicho,
de los parámetros habituales de su tiempo. Es probable que este ethos24 haya funcionado
como catalizador de la sagacidad con que se aproximó al estudio de la sociedad
contemporánea. Ya en su tesis doctoral de 1922, La Ley judía. Una contribución a la
sociología de la diáspora
25
que realizó bajo la dirección de Alfred Weber, germinaba en
la perspectiva de Fromm el enfoque sociopsicológico, aún sin contar con el instrumental
psicoanalítico que después le permitiría profundizar en el planteamiento de una
psicología social analítica. La tesis concluye que la ley judía es el ―alma del cuerpo
histórico judío‖, el aglutinante social que permite que el judaísmo sobreviva como entidad
sociológica a pesar de la pérdida de Estado y territorio, y de estar inserto en el proceso
cultural de los pueblos huéspedes.
Sumándose al interés por la sociología, surge en Fromm durante su estancia en
Heidelberg una atracción por la filosofía. Sin embargo, es importante precisar que su
interés filosófico nunca fue un fin en sí mismo, puesto que la tradición filosófica sólo le
resultaba relevante en tanto se ocupara del hombre como ser actuante. Los filósofos más
importantes para Fromm fueron Aristóteles y Spinoza, por su pensamiento ético y moral,
y Karl Marx. Bien puede decirse que estos tres conforman la piedra angular de su obra,
pero estudió las teorías más relevantes de la historia de la filosofía, entre éstas las de Kant,
Hegel, Nietzsche, Herbert Spencer, John Stuart Mill, William James, Bergson,
Heidegger, Sartre y Bloch, entre muchos otros.26 La resonancia armónica de esa
multiplicidad de voces se percibe en los distintos momentos de su obra.
Muy distinto fue el encuentro de Fromm con el psicoanálisis, que por cierto no
aconteció en el ambiente universitario, sino a través de una de sus amigas que lo presentó
con Frieda Reichmann en 1924.27 Esta psiquiatra había entrado en contacto con el
psicoanálisis en el sanatorio Weisser Hirsch, en Dresden, cuando trabajó como asistente
24
Ethos: conjunto de rasgos culturales típicos que diferencian e individualizan a un grupo de otro. Puede
utilizarse como sinónimo de “visión del mundo”.
25
La tesis permanece inédita. Existe una copia en el Archivo Erich Fromm ubicado en Tubinga,
Alemania.
26
Funk, Rainer. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 60-62.
27
También Leo Lowenthal y Ernst Simon, amigos cercanos de Fromm, conocieron el psicoanálisis a
través de Frieda Reichmann. Ibíd., pp. 64-65.
59
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
de J.H Schultz. En 1923 concluyó su análisis didáctico con Hans Sachs en Berlín para
abrir al año siguiente un centro terapéutico en Heidelberg.
El psicoanálisis, dado a conocer por Sigmund Freud en 1900 con La interpretación
de los sueños, había logrado captar el interés y el reconocimiento de una vasta porción de
la elite intelectual y científica mundial. La fundación del psicoanálisis, como teoría y
método analítico, es el hecho más trascendental en la historia de la psicología, debido a
que constituye un paso decisivo en el camino hacia el conocimiento del hombre. Como
tal, provocó en su momento un escándalo sólo comparable al derivado de la defensa del
heliocentrismo efectuada por Copérnico y a la teoría de la evolución de las especies de
Darwin.28 Freud no simplemente postuló la existencia de procesos inconscientes —
cuestión que había sido sugerida antes que él por la filosofía alemana—, sino que mostró
de forma empírica cómo es que dichos procesos operan. Este médico vienés logró
elucidar los mecanismos concretos que permiten que se exprese el inconsciente: los
síntomas neuróticos, los sueños y los pequeños actos de la vida cotidiana. Las
consecuencias de sus descubrimientos influyeron en todas las esferas de la vida cultural y
social desde finales del siglo XIX y se extienden hasta tiempos presentes. El psicoanálisis
permitía cuestionar todo en relación con las actitudes y la conducta humana, ya que
construyó conceptos claves para interpretar las motivaciones e intereses detrás de cada
acción.
En el momento en que Erich Fromm tuvo su encuentro con el psicoanálisis, esta
revolucionaria teoría se encontraba ya consolidada e imbuida de prestigio, en parte
gracias a la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional, consumada en 1910.
A partir de ese año, los miembros de la Asociación, divididos en tres grupos, comenzaron
investigaciones que en algunos casos culminaron con aportes significativos a la teoría
freudiana original y, en otros, terminaron en ruptura con el maestro.
Destacan figuras como Alfred Adler, Otto Rank, Carl Jung, Hans Sachs, Sander
Ferenczi, Theodor Reik y Karl Abraham. Hacia 1914, el psicoanálisis se practicaba ya en
Austria, Suiza, Suecia, Estados Unidos, Inglaterra, India, Canadá y Australia, y se difundía
en Hungría, Polonia y Rusia. En Alemania, la popularidad del psicoanálisis iba en
aumento, sobresaliendo ciudades como Munich y Berlín como sedes de diversos
congresos y centros psicoanalíticos.29 Por su parte, la producción teórica del fundador del
28
Mandolini Guardo, Ricardo G. Historia general del psicoanálisis. De Freud a Fromm, 3ª edición,
Buenos Aires, Ciordia, 1969, p. X.
29
Ibíd., pp. 482-483.
60
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
psicoanálisis continuaría hasta 1938; si algo caracterizó a Freud fue precisamente su
incansable espíritu de pesquisa y la destreza para construir un corpus sólido en términos
generales, pero que no excluyó ciertas variaciones a través de los años.
El contacto con la teoría psicoanalítica y la experiencia de ser analizado, desplegó
una afinidad decisiva para Fromm, promoviendo su interés por estudios de carácter
socio-psicológico. Es decir, a partir de ese momento surgió la inquietud por integrar sus
conocimientos filosóficos y sociológicos con el psicoanálisis al enfocar los problemas
desde los fenómenos inconscientes para otorgarles así un nuevo sentido.
Al haberse casado con quien fuera su analista, Fromm tuvo que continuar su análisis
en Múnich con el Dr. Wilhelm Wittenberg y posteriormente en Fráncfort con Karl
Landauer. Concluyó su análisis con Hans Sachs, quien en 1910 fuera uno de los seis
hombres de confianza de Freud.30 Parece necesario aclarar que antes de consumarse el
matrimonio con Frieda Reichmann, ambos sostuvieron un minucioso debate con
Landauer, para valorar las repercusiones que la decisión traería para Frieda en el campo
profesional y sobre todo para Fromm, que apenas se adentraba en la formación como
psicoanalista.31 Su relación amorosa concluyó con el divorcio después de un par de años,
pero mantuvieron contacto a nivel profesional hasta la muerte de Frieda, acaecida en
1957.
Después de participar como miembro de una comunidad de trabajo, inaugurada por
Karl Landauer en 1926, inició su entrenamiento en el Instituto Psicoanalítico de Berlín
bajo la asesoría de Theodor Reik, para culminarlo hacia 1930.32 Ese mismo año fue
designado
miembro
extraordinario
de
la
Sociedad
Psicoanalítica
Alemana,
consolidándose dentro de la comunidad psicoanalítica europea.33
3. La psicología social. Participación en la Escuela de Fráncfort
El Instituto Psicoanalítico de Berlín, fundado en febrero del año de 1920 por Max
Eitingon, Karl Abraham y Ernst Simmel, fue el primer instituto de formación
psicoanalítica en el mundo. Este espacio le brindó a Fromm un terreno halagüeño para
relacionarse. Fue a través de esta institución que tuvo contacto con varios de los
30
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 75-76.
Ibíd., pp. 67-69.
32
Ibíd., p. 64.
33
Ibíd., p. 74.
31
61
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
intelectuales y psicoanalistas que ejercieron alguna influencia, o bien jugaron un papel
importante en el curso de su carrera. Allí conoce, por ejemplo, a Karen Horney, que
desde entonces criticaba los supuestos de Freud del complejo de Edipo y la pulsión de
muerte. Horney se convertiría más adelante en el primer enlace entre Fromm y Estados
Unidos, país a donde emigraría para escapar del nazismo.
Fromm nunca conoció a Sigmund Freud en persona, pero compartió la teoría de las
pulsiones hasta 1932, ejerciendo clínicamente de acuerdo a los lineamientos estipulados
por la Asociación Psicoanalítica Internacional (API).
La influencia de Karen Horney pudo haber sido determinante en la decisión de
Fromm de criticar de frente los postulados del padre del psicoanálisis. Para la época en
que se conocieron, esta mujer llevaba ya una década impulsando la crítica al modelo
freudiano de corte patriarcal, enfocando sus investigaciones a los aspectos socio-culturales
en la génesis de las neurosis en menoscabo de la teoría pulsional. Karen y Erich, quince
años menor que ella, sostuvieron una relación amorosa y profesional durante varios años,
por lo que sin duda existió un intercambio de ideas que enriqueció el pensamiento del
recién graduado psicoanalista alemán.34 Las semejanzas de los planteamientos de Horney
con el pensamiento que Fromm articularía más tarde son evidentes, aunque también se
perciben diferencias que prueban que no se trató de simple mimetismo, como algunos
analistas sugieren, sino de una influencia mutua beneficiosa para ambos.
Aunque es cierto que compartió intereses con varios de los que fueran sus maestros,
la atención que Fromm prestó a dichas cuestiones fue adquiriendo relevancia de acuerdo
a sus propias vivencias. Por ejemplo, desde los años de formación en Heidelberg, cuando
aún era miembro activo de la comunidad judía, surge en Fromm la inquietud por
profundizar en la psicología de la religión. Su encuentro con el budismo, justo después de
abandonar la práctica del judaísmo, le ofreció la oportunidad de reinterpretar los
principios religiosos en referencia a un sistema de pensamiento donde al individuo se le
concedía autonomía y la autoridad debía tener fundamentos racionales.
Por otra parte, hacia el año de 1929, todavía en formación psicoanalítica, Fromm
estableció contacto con otra teoría que le revelaría una nueva forma de aproximarse a la
comprensión de los mecanismos económico-sociales y que terminaría integrando a su
reformulación del psicoanálisis: el marxismo.
34
Reyes Vallejo, Orellana. “Karen Horney, una pionera de la ruptura con el modelo freudiano para
explicar la psicología femenina y el desarrollo humano sano y neurótico”, Apuntes de psicología, Sevilla,
Vol. 20, Núm. 2, Universidad de Sevilla, 2002, pp. 15.
62
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Motivado por Karl Landauer, uno de sus analistas didácticos, Fromm participó en la
fundación del Instituto Psicoanalítico de Fráncfort. Para ese entonces, Max Horkheimer,
director del Instituto de Investigación Social, conocido popularmente como Escuela de
Fráncfort, se había sometido a un análisis con Landauer, debido a los problemas que le
generaba su incapacidad para disertar sin un texto preparado.35
El interés de Horkheimer por Freud se remontaba a la década de 1920,
parcialmente estimulado por Leo Lowenthal, que por cierto era amigo cercano de
Fromm y fue también paciente de Frieda Reichmann. Después de concluida la terapia,
Horkheimer apoyó la fundación del Instituto Psicoanalítico de Fráncfort, inaugurado el
16 de febrero de 1929. Resultó que de esa forma el Instituto se convirtió en la primera
organización expresamente freudiana en vincularse, aunque fuera de forma indirecta, a
una universidad alemana.36
La categoría de huésped que desde entonces se confirió al Instituto Psicoanalítico en
el de Investigación Social de Fráncfort, propició el ingreso de Fromm al círculo interior
de este último. Leo Lowenthal colaboraba con Horkheimer en el Instituto de
Investigación Social y recomendó a su viejo amigo para la posición de director vitalicio
del Departamento de Psicología Social, ya que desde hacía tiempo venía enfocando su
trabajo a cuestiones socio-psicológicas. Al recién inaugurado Departamento se le designó
la tarea de investigar hasta qué punto y de qué modo, el aparato psíquico del hombre es
causal o determinante en el desarrollo o conformación de la sociedad.37
Con el ingreso de Fromm, el trabajo del Instituto adquirió la dimensión que habría
de ser relevante para los años futuros: la de una investigación orientada al mismo tiempo
analíticamente y hacia el marxismo.38 Se abrió un diálogo enriquecedor para todos los
miembros, al que Fromm aportó sus ideas sobre una psicología social analítica, que
auxiliara en la resolución de problemas relacionados con el campo de estudio al que se
enfocaba el Instituto.39
35
Entrevista con Horkeimer en 1969. Citado por Jay, Martin. La imaginación dialéctica. Historia de la
Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigación Social (1923-1950), Madrid, Taurus, 1989, p. 154.
36
Ídem.
37
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., p. 88.
38
Ibíd., p. 89.
39
Es interesante apuntar aquí que una parte de los fondos para la fundación del Instituto de Investigación
de Fráncfort se obtuvo de un rico comerciante alemán radicado en Argentina, Hermann Weil por lo que
bien puede decirse que sus investigaciones fueron financiadas en los primeros años por la renta de la
tierra argentina. El dinero fue administrado por su hijo Felix Weil. Entel, Alicia, Lenarduzzi, Víctor y
Gerzovich, Diego. “La Escuela de Frankfurt en América Latina”, Escuela de Frankfurt. Razón, arte y
libertad, Buenos Aires, Eudeba, 1999.
63
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
No es raro suponer que, en parte, es gracias a esta relación con el Instituto de
Investigación Social que Fromm tiene la oportunidad de indagar en la teoría marxista.
Conoció las obras de Marx y Engels por medio de Horkheimer; revisó la
―refilosofización‖ de la teoría social marxista llevada adelante por Theodor Adorno, luego
denominada Teoría Crítica. Durante esta etapa se familiarizó con los trabajos de Herbert
Marcuse y adicionalmente comenzó a revisar el estudio de Johan Jacob Bachofen sobre
el matriarcado, que más tarde sentaría un pilar para sus teorías.40
Martin Jay afirma que fue básicamente a través de la obra de Fromm que el Instituto
intentó, al principio, reconciliar a Freud y Marx.41 Dentro de esos términos, Erich Fromm
participó activamente en la primera fase de investigaciones interdisciplinarias impulsadas
desde la Escuela de Fráncfort.
La participación de Fromm en el Instituto tuvo una innegable trascendencia y dejó
como testimonio del avance de sus teorías su primera investigación de campo. Fue
realizada a principios de la década de 1930, con el objetivo de identificar el núcleo de
carácter de los trabajadores y empleados de la región del Rin (República de Weimar).
La investigación acredita la cristalización de sus teorías socio-psicológicas, aplicadas a
un sector de la población que sería clave al momento de ascenso al poder del nazismo en
Alemania. Además certifica que Fromm, como psicólogo social, desplegaba una agudeza
y sensibilidad extraordinarias que le permitían detectar los problemas más relevantes de
la sociedad contemporánea.
Recordemos que durante esa época en Alemania, la situación política se encauzaba
ya por rumbos alarmantes. El Partido Obrero Nacional Socialista, fundado en 1920, con
Adolfo Hitler como dirigente, representaba el brazo armado de los grandes industriales y
terratenientes que constituían las clases más reaccionarias de la sociedad alemana. La
crisis mundial de 1929 y sus efectos provocaron que aumentara en forma considerable el
malestar entre el grueso de la población. Emergía en respuesta la posibilidad
revolucionaria —agudizada con el prestigio del comunismo— que representaba un peligro
para los privilegios de las clases poderosas. La situación se agudizó hasta tal punto, que
los círculos gobernantes de Alemania decidieron recurrir a la ayuda de los nazis, que
utilizaron una retórica aparentemente anticapitalista para atraerse amplias capas de
artesanos, comerciantes, así como parte de los campesinos y obreros. Los fascistas, con
40
41
Ibíd., p. 137.
Jay, Martin. Ob. cit., p. 155.
64
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
gran habilidad demagógica, manifestaban ambiciones chauvinistas y afirmaban que la
causa primordial de las desgracias de Alemania residía en la falta de ―espacio vital‖ y que,
la única salida a la grave circunstancia era la anexión de territorios ajenos.42 El apoyo que
los grandes capitales industriales otorgaban al partido nazi, dejaba entrever las verdaderas
intenciones del movimiento que hacia 1930 crecía con gran rapidez.
El contexto anterior contribuyó a que Fromm y el grupo de colaboradores del
estudio43 advirtieran la urgente necesidad de averiguar, antes de que Hitler tomara el
poder, cuántos de los trabajadores y empleados alemanes podían convertirse en
combatientes del nazismo, tomando como evidencia su estructura de carácter.
La evaluación de los resultados se efectuó de acuerdo al método psicoanalítico, por
medio de la interpretación de aproximadamente seiscientos cuestionarios que fueron
realizados sobre la base de una entrevista social y una psicoanalítica de tipo personal.44
Se encontraron con que la mayoría de los trabajadores educados en los partidos y los
sindicatos, afirmaban concientemente su fe revolucionaria pero, bajo un minucioso
análisis interpretativo, sus respuestas a los cuestionarios indicaban motivaciones
inconscientes muy distintas. La hipótesis que Fromm y sus colaboradores formularon
consistía en afirmar que quienes poseían un carácter autoritario se volverían nazis en el
caso de que Hitler triunfara, mientras que quienes tenían un carácter anti-autoritario o
democrático-revolucionario combatirían el nazismo y finalmente, quienes presentaran
rasgos de carácter combinados no se convertirían ni en fervientes nazis ni en fervientes
antinazis.45
En términos generales, los resultados de este primer trabajo de campo serían
bastante provechosos para Fromm, pues todo lo aprendido de esta experiencia fue
utilizado para optimizar el método que emplearía tres décadas mas tarde en su estudio
sobre el carácter campesino mexicano en la comunidad de Chiconcuac, Morelos.46
El vínculo profesional con el Instituto se inició formalmente en 1930 y concluyó en
1938, a causa de diferencias irreconciliables entre su postura y la de sus colegas. 47 Por lo
42
Galkin, A. “Hitler proclama el Tercer Imperio”, Antología de textos de Historia Universal y
Contemporánea, México, UNAM, 1980, pp. 273-275.
43
El estudio fue planeado y dirigido por Fromm con la colaboración de Ernest Schachtel y Anna Hartoch,
y el asesoramiento de Paul Lazarsfeld en lo concerniente a problemas estadísticos. Fromm, Erich y
Maccoby, Michael. Sociopsicoanálisis del campesino mexicano, México, Fondo de Cultura Económica,
1973, p. 44.
44
Funk, R. Fromm Vida…, Ob. cit., p. 91.
45
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., 1973, p. 44.
46
Ídem.
47
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., p. 88.
65
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
significativo de estas diferencias, que ultimaron en ruptura entre los miembros de la
Escuela de Fráncfort y Fromm, considero oportuno abordar de manera breve las
discusiones más destacadas.
Motivo primordial de las disputas fue la crítica a la teoría libidinal y la
reinterpretación del complejo de Edipo que Fromm había efectuado. Las reacciones
ocasionaron que Fromm se viera envuelto en un conflicto que se personalizó en primera
instancia con Max Horkheimer, quien consideraba que Fromm estaba prescindiendo de
los elementos verdaderamente revolucionarios de la teoría de Freud.
En tono similar, Theodor Adorno ratificó la observación de Horkheimer e incluso
se refirió al intento de Fromm de formular orientaciones de la estructura de carácter
como un ―ocultamiento ideológico al servicio del status quo psicológico del individuo‖.48
En la opinión anterior se percibe claramente la dificultad que genera para un crítico
de la sociedad contemporánea que se asume de izquierda, como Adorno, aceptar que la
estructura de carácter individual y el núcleo de carácter común a un grupo social pueda
ser determinante en el proceso social, de forma que puede frenar o bien favorecer a la
transformación por la que aboga. Más aún cuando la teoría marxista pone tanto énfasis en
la clase obrera como dirigente del proceso revolucionario.
La teoría del carácter social de Fromm introduce un nuevo elemento de complejidad
para entender los procesos sociales que van modificando la vida de los hombres. Dicha
teoría permite reiterar el valor y la importancia del factor humano, necesariamente
subjetivo y emocional, en interrelación con la esfera económica y cultural.
Las críticas, tanto de Horkheimer como de Adorno, fueron realizadas desde una
postura muy distinta a la de Fromm, quien poseía un cabal conocimiento de los hallazgos
más importantes de Freud y contaba con la experiencia clínica para sustentar sus
propuestas.
A consecuencia de las contrariedades, Fromm termina por abandonar el Instituto en
1938, justo cuando se integraba Adorno como miembro.49 Un dato curioso es que
estando en desacuerdo con las posturas de Fromm, en 1950 Adorno utilizó un formato
parecido al cuestionario interpretativo desarrollado por su ex colega en su estudio sobre
La personalidad autoritaria, pero no evaluó psicoanalíticamente las respuestas puesto
50
que carecía del entrenamiento y la experiencia clínica. De hecho, por lo general no se
48
Ibíd., p. 135.
Ídem.
50
Adorno, Theodor. La personalidad autoritaria, Buenos Aires, Proyección, 1955.
49
66
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
reconoce a Fromm su contribución en la formulación del carácter autoritario, aun
cuando lo hubiese dejado asentado ya en los resultados de su investigación con los
obreros alemanes.51
Sin embargo, Hannah Arendt publicó en 1951 un extenso trabajo sobre los orígenes
del totalitarismo que coincide con algunos aspectos del planteamiento frommiano. Sus
reflexiones sobre la psicología del ―hombre-masa‖ europeo que se acopló a los regímenes
totalitarios, remiten a las observaciones de Fromm respecto a las condiciones que
fomentan la aparición de actitudes autoritarias en las sociedades occidentales. Dice
Arendt que el aislamiento, la sensación de poca valía, la angustia y la extrema
competitividad privativas en la sociedad burguesa, producen en el individuo la
indiferencia hacia los asuntos de la vida pública y que éstas actitudes resultan muy útiles
para aquellas formas de dictadura en las que un hombre fuerte asume la responsabilidad
de los asuntos públicos.52
Neil McLaughlin ha estudiado la función de Fromm como miembro original del
círculo interior de la Escuela de Fráncfort desde una perspectiva sociológica. Atribuye los
conflictos suscitados a cuestiones económicas en relación al subsidio de las
investigaciones y a diferencias ideológicas entre las posturas de izquierda de Fromm —
quien se distinguió por su radicalidad—, y de Horkheimer y Adorno, que buscaban
colocar al Instituto en una posición segura frente a los freudianos ortodoxos para
legitimarlo dentro de las estructuras intelectuales de poder.53 También jugó un papel
importante en la ruptura el resultado de su investigación con los obreros alemanes, que
desafiaba a la ideología de izquierda revelando su debilidad. Molestaba sobre todo que la
concepción clásica de que eran las clases medias y altas las protagonistas de posturas
autoritarias, fuera desmentida.
Años más tarde y a raíz de la publicación de Eros y Civilización de Herbert
Marcuse, se generó otra disputa asentada en los mismos motivos. Marcuse formuló en el
apéndice de su obra una acerba crítica desde una perspectiva filosófica a las propuestas
del grupo revisionista del que Fromm formaba parte.
Argumentaba que los revisionistas, refiriéndose a ellos como un grupo homogéneo y
sin hacer una distinción explícita de las diferencias entre cada propuesta particular,
terminan por convertir la teoría psicoanalítica en ideología. Marcuse se opuso
51
McLaughlin, Neil. Origin Myths…, Ob. cit., p. 111.
Arendt, Hannah. Los orígenes de…, Ob. cit., p. 492, 495.
53
Ibíd., pp. 117-119.
52
67
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
manifiestamente a la teoría de las relaciones interpersonales en la que los revisionistas
enfatizaron, ya que según él, Freud reconoció la obra de la represión en los más altos
valores de la civilización occidental, que presuponen y perpetúan la falta de libertad y el
sufrimiento. Su discrepancia radica en que las escuelas neofreudianas propagaron esos
mismos valores como cura contra la falta de libertad y el sufrimiento: como el triunfo
contra la represión. Afirma que la hazaña intelectual se realiza expurgando la dinámica
instintiva y reduciendo su participación en la vida mental. Según Marcuse,
―…purificada así, la psique puede ser redimida otra vez por la ética idealista y la
religión; y la teoría psicoanalítica del aparato mental puede ser reescrita como
una filosofía del espíritu. La mutilación de la teoría de los instintos de Freud
culmina al arrancar a la sexualidad el papel constitucional, ya que sin ésta no hay
ningún conflicto fundamental entre el principio del placer y lo que él llama, el
principio de la realidad -siempre represivo-, encarnado en la cultura y la
sociedad‖. 54
En cuanto al desarrollo óptimo de las potencialidades personales por el que Fromm
aboga, Marcuse rebate que es inalcanzable porque la actual civilización, en su estructura
esencial, lo niega. Reclama que Fromm resucita todos los valores elogiados de la ética
idealista como si nadie hubiera demostrado sus características conformistas y represivas.
En adición, Marcuse desacredita aún más a Fromm por el estilo de sermón que utiliza en
sus obras y el uso de pasajes bíblicos.55
Es importante advertir que aunque Fromm argumentó ampliamente contra las
críticas de Marcuse, cuidó de no ser tan incisivo a causa de los ataques dirigidos contra su
ex colega por parte del ala conservadora durante los años sesenta. A esto hay que agregar
que la credibilidad de Marcuse efectivamente pendía de un hilo, porque trabajó para el
gobierno de los Estados Unidos durante el periodo de posguerra y luego durante la
Guerra de Corea, mientras en ese tiempo Fromm se mantuvo como un pensador radical
independiente.56
A través de los años, Fromm publicaría de forma paulatina sus réplicas a los ataques
de Marcuse, haciendo notar que la labor de este conocido filósofo iba a todas luces en
sentido contrario a la obra de Freud. Aseveraba que el gran logro del fundador del
psicoanálisis consistió en haber tomado varios problemas que la filosofía hasta entonces
sólo había estudiado en términos abstractos, para convertirlos en materia de investigación
54
Marcuse, Herbert. Eros y Civilización, México, Editorial Planeta, 1965, pp. 245-246.
Ibíd., pp. 263, 265 y 271.
56
McLaughlin, Neil. Origin Myths…, Ob. cit., p. 138.
55
68
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
empírica. Marcuse destruía ese logro al darle un giro, retransformando los conceptos
empíricos de Freud en materia de especulación filosófica, interpretando de manera
errónea conceptos como represión, narcisismo, y confiriendo un sentido distinto al que
Freud había otorgado a los principios de placer y de realidad.
Así mismo, la defensa que hace Marcuse de una práctica sexual ―libre‖,
subordinando la genitalidad —que identificaba con el matrimonio monógamo y la familia
burguesa— a los impulsos eróticos anal y oral, es vista por Fromm como una tendencia a
la regresión infantil. De acuerdo a Fromm, Marcuse pasa por alto el hecho de que para
Freud la evolución de la libido, del narcisismo primario al plano oral y anal, y luego al
genital, no es principalmente un problema de acentuación de la represión, sino que se
trata del proceso biológico de maduración, que conduce a la primacía de la sexualidad
genital en una persona sana.57
Haciendo suyo el precepto de Kant respecto a los derechos y deberes de la
conciencia ilustrada, que en última instancia encauzan al hombre por un camino para
salir de su minoría de edad, dice Fromm: ―Su ideal (el de Marcuse) era que el hombre se
volviera niño. Mi ideal era que el hombre se desarrollara por sus propios medios hasta su
máxima madurez o plenitud de su personalidad‖.58
Si bien algunas de las objeciones de Marcuse a Fromm se encuentran
fundamentadas, como el hecho de introducir ciertos temas de corte idealista y hasta
religioso en la psicología materialista de Freud, es necesario reconocer, a partir de un
análisis cuidadoso de su obra, que se mantiene como un pensador social crítico hasta el
final de su vida y no cae en una postura conformista.
Como señala Rickert, es importante recordar que fue Erich Fromm quien en El
miedo a la libertad y Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, introdujo ciertos temas
de la Teoría Crítica a una audiencia masiva, y quien durante los complacientes años
cincuenta sostuvo, junto a C. Wright Mills y otros sociólogos, una crítica radical de la
sociedad contemporánea. En opinión de este autor, Fromm, tal vez más que cualquier
otro analista, buscó agudizar las cuestiones críticas del pensamiento de Freud.59
57
Fromm, Erich. La crisis del psicoanálisis, Barcelona, Paidós, 1970, pp. 32-37.
Funk, R. Fromm, Vida…, Ob. cit., p. 138.
59
Para una discusión detallada de la disputa entre Fromm y Marcuse ver: Rickert, John. “The FrommMarcuse debate revisited”, Theory and Society, Dorchtrecht, Martinus Nijhoff Publishers, 1986. pp. 351400. Se puede consultar una entrevista del presentador norteamericano Mike Wallace a Erich Fromm
realizada en 1959 en:( http://www.youtube.com/watch?v=mPw5prYLc5w.).
58
69
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
En ese sentido, Fromm mostró hasta qué punto el psicoanálisis de Freud, sustentado
en la teoría libidinal, dependía de la moral sexual burguesa de su época, por lo cual había
recibido influencia de varios factores histórico-sociales que limitaban su propuesta. Al
dilucidar dichos factores, Fromm valoraba la aportación de Freud en su justa dimensión,
sin que con esto estuviese refutando el carácter crítico y revolucionario que ostentaba.
No debemos olvidar que el propio Freud formuló el supuesto de que la naturaleza
humana y la sociedad pueden tener exigencias contradictorias y, por tanto, es posible que
pueda estar enferma una sociedad en su conjunto. Por lo mismo, pese a las dificultades
implicadas, extiende la invitación en El malestar en la cultura a que ―algún animoso
colega se aventure a investigar las neurosis colectivas y la patología de las sociedades
civilizadas‖.60
Pues bien, Fromm acepta el desafío y enfoca sus investigaciones al estudio de los
conflictos recurrentes entre la naturaleza humana y la sociedad moderna, para entender
cuál ha sido el papel de esta última en la evolución y en el desarrollo del individuo.61
4.
El movimiento freudomarxista
Es preciso ubicar que la década de los treinta, dentro del contexto internacional, marca
un periodo de crisis económica global que pone en el reflector las características
irracionales del sistema capitalista, principal objeto de estudio de la teoría marxista. Por
esa razón, la iniciativa de integrar la teoría y práctica del psicoanálisis al materialismo
histórico no se reduce sólo a Fromm ni al Instituto de Investigación Social de Fráncfort.
El interés fue compartido por varios psicoanalistas que advertían la necesidad de discutir
la importancia del factor subjetivo en las revoluciones. Entre los más sobresalientes
encontramos a Wilhelm Reich, Siegfried Bernfeld y Otto Fenichel. Los esfuerzos
desembocaron en un movimiento intelectual y práctico conocido como freudomarxismo,
que se dio a la tarea de discutir qué sucede con la conciencia de clase de los movimientos
obreros, además de utilizar el psicoanálisis como técnica de concientización ante la
amenaza que representaba el ascenso de los nazis al poder.62
60
Freud, Sigmund. El malestar en la cultura y otros ensayos, Madrid, Alianza, 1992, p. 5.
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Hacia una sociedad sana, México, Fondo
de Cultura Económica, 1956, pp. 24-25.
62
Herrera Guido, Rosario. “El programa Freudomarxista”, Devenires, Morelia, Vol. IV, Núm. 8, 2003, pp.
99-100.
61
70
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
El movimiento freudomarxista resultaba relevante debido a que en la práctica política
de emancipación de la clase obrera, faltaba una teoría del mecanismo por el que las
condiciones materiales de existencia se convertían en ideología en la conciencia humana,
así como una explicación del porqué las mayorías explotadas aceptaban sus condiciones,
incluso en contra de sí mismas.63 No obstante, las reacciones que el movimiento provocó
entre pensadores liberales y conservadores coincidían en que el pesimismo básico de
Freud sobre las posibilidades de cambio social era incompatible con las esperanzas
revolucionarias de un verdadero marxista.64
Algunos autores que se han aproximado al estudio del freudomarxismo, como
Rosario Herrera Guido y Armando Suárez,65 sostienen que la idea de conjuntar el
psicoanálisis con el marxismo es un intento fallido puesto que las teorías difieren en sus
objetivos fundamentales. Argumentan que mientras el psicoanálisis busca lograr la
liberación del individuo de la represión, en este caso interpretada como del tipo sexual, el
marxismo busca liberar a la sociedad de la opresión económica y política.
A decir de Herrera Guido, el freudomarxismo logró introducirse en los programas
del movimiento proletario porque prometía el equilibrio económico, político y sexual: la
realización plena del sujeto, a través de la cual la sociedad entera debería lograr el mismo
objetivo. En su opinión:
―…el impasse66 del freudomarxismo responde a que pide el sacrificio de este
sujeto (en bien de la comunidad) concebido como alienado en el individualismo
burgués y en la represión de sus pulsiones. Se trata de sacrificar el lujo de vivir
diferente, en bien de un Estado que reclama estar y no existir; para una sociedad
donde ningún sujeto tiene ya razón de entrar en divergencia y oposición, sino
como parte de un todo que debe renunciar a la diferencia‖.67
Para efectos de este estudio es necesario puntualizar que dicha objeción no puede
ser aplicada de forma análoga entre todos los representantes del movimiento.
En el caso de Erich Fromm, es posible afirmar que su integración de la teoría
marxista desde la etapa en la Escuela de Fráncfort, estuvo siempre bien articulada
respecto a sus experiencias en el campo de la psicología, culminando en un sistema
63
Ibíd., p. 104.
Jay, M. Ob. cit., p. 152.
65
Suárez, Armando. “Freudomarxismo: pasado y presente”, Razón, locura y sociedad, México, Siglo
XXI, 1995, pp. 142-166.
66
Impasse: Punto muerto o situación sin salida. Estancamiento.
67
Herrera Guido, Rosario. Ob. cit., p. 119.
64
71
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
teórico psicoanalítico con potente interpretación sociológica. La atracción por penetrar en
el ámbito de la psicología social va de la mano con el objetivo primordial del
psicoanálisis, que es el sujeto en su individualidad, aspecto que queda demostrado en su
trabajo de campo.
Si bien Fromm dedica sus investigaciones a comprender el mecanismo por medio
del cual se forja la base común del carácter de los grupos sociales, tiene siempre en
cuenta que la entidad básica del proceso social es el individuo, sus deseos y sus temores,
su razón y sus pasiones. Nuestro autor redacta la suma de su teoría psicoanalítica,
consciente de que para entender la dinámica del proceso social es necesario comprender
la dinámica de los procesos psicológicos que operan dentro del individuo, del mismo
modo que para entender al individuo debemos observarlo en el marco de la cultura que
lo moldea.68
Valga decir que en relación a los otros colaboradores del freudomarxismo, aunque es
posible identificar puntos de acuerdo, Fromm mantuvo siempre una postura autónoma.
En particular, el contacto con Wilhelm Reich —quien fuera el miembro más activo del
freudomarxismo—, se convirtió en punto de tensión cuando Fromm abandonó la teoría
de la libido y restó importancia al elemento sexual, que en el sistema de Reich era
preeminente.
Hasta aquí se ha recorrido sucintamente el proceso por medio del cual Erich
Fromm, en el camino hacia su madurez intelectual, cambia su foco de atención desde la
comunidad judía en la que había crecido hacia la sociedad moderna, visualizándola desde
la perspectiva que le ofreció el materialismo histórico y la comprensión dialéctica de la
realidad.
Su particular contribución a esta perspectiva puede empezar a explicarse desde una
idea expresada por su biógrafo: a Fromm le parecía evidente que incluso a la
comprensión marxista de la realidad le faltaba ―una teoría de los enlaces psíquicos
mediadores entre la base y la superestructura‖.69 Una de sus contribuciones más
interesantes al marxismo deriva de su afirmación de que la conciencia no se determina
exclusivamente por el ser social, sino también por un inconsciente colectivo, utilizando la
categoría propuesta por Carl Jung. Estaba convencido de que la estructura psíquica se
68
69
Fromm, Erich. El miedo a la libertad, México, Paidós, 2008, p. 23.
Funk, R. Fromm, Vida…, Ob. cit., p. 63.
72
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
determina a partir de una adaptación dinámica a la estructura económica, social y
cultural.
La integración que realiza de la teoría marxista y el psicoanálisis le permite
aventurarse a tratar de comprender los mecanismos psíquicos que rigen a la sociedad y, a
su vez, a raíz de esa variedad de influencias y distintas perspectivas con que aprendió a
acercarse a los problemas a lo largo de su vida, Erich Fromm efectuó una crítica tanto a la
teoría como a la técnica inaugurada por Freud.
Sin embargo, su labor profesional se vio afectada por la presión de los sectores
reaccionarios de la sociedad alemana, que apoyados en las filas del nazismo embistieron
contra la comunidad científica e intelectual del país. Vale la pena recordar que el Instituto
Psicoanalítico de Berlín y demás asociaciones psicoanalíticas se vieron forzadas a la
disolución —a pesar de haber ―dado de baja‖ a todos sus miembros judíos— debido a que
se prohibió el estudio, difusión y ejercicio del psicoanálisis por el origen judío de su
fundador; incluso llegó a prohibirse el uso de la terminología psicoanalítica.70 Tal
situación de censura y agresión obligó también a que el Instituto de Investigación Social
trabajara en Ginebra hasta 1934. Ese año, gracias a los contactos previos con científicos
estadounidenses, se logró la adscripción a la Universidad de Columbia. Fromm, como
tantos otros pensadores alemanes en aquellos tiempos, se vio forzado al exilio a causa de
la guerra y emigró hacia Nueva York.71
5. Exilio en Estados Unidos. El enfoque socio-cultural del
psicoanálisis
El psicoanálisis echó raíces en Estados Unidos en épocas muy tempranas. En 1909, un
año antes de que se fundara la Asociación Psicoanalítica Internacional, la Universidad de
Worcester en Massachussets, extendió una invitación a Sigmund Freud y Carl Jung para
que impartieran una serie de conferencias. Las semillas germinaron un par de años más
tarde con el establecimiento de la Asociación Psicoanalítica Norteamericana, en 1912, y
el surgimiento de varios institutos afiliados.72
70
Álvarez del Castillo, Rodolfo. “Psicoanálisis en México: una triple genealogía. Fromm, API, Caruso”,
Revista Carta Psicoanalítica, Núm. 8 (www.cartapsi.org).
71
Funk, R. Fromm. Vida..., Ob. cit., p. 93.
72
Mandolini Guardo, Ricardo G. Ob. cit., p. 481.
73
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Erich Fromm había sido invitado por Karen Horney a impartir conferencias en la
ciudad de Chicago en 1933. Gracias a esa visita previa y a que un grupo considerable de
colegas compartió el lamentable destino común del exilio, pudo comenzar a establecer
vínculos con el círculo psicoanalítico estadounidense. En Nueva York se reencontró con
Horkheimer, Marcuse, Lowenthal, Pollock y Wittfogel para continuar con su cargo en el
Instituto de Investigación Social y abrió un consultorio para desempeñar su actividad
clínica. 73
La experiencia humana del exilio es otro factor que, siendo producto de la historia,
proporciona la posibilidad de crear vínculos con la otredad en cualquier región del
mundo. Arnaldo Kraus menciona:
―quizá a partir de esa sensación de no pertenencia, del despojo forzoso del
pasado y de la modificación de muchos deseos cimentados en la historia de la
tierra, su tierra, su Alemania, nació el compromiso hacia lo social, con el otro‖. 74
No cabe duda que el exilio, esa experiencia de sentirse siempre otro y extraño pero a
la vez parte de todo y de todos, se convierte en un factor que alimenta su compromiso
social. Pero no hay que olvidar que desde su juventud, Erich Fromm había sentido una
fuerte atracción por los escritos proféticos que simbolizan un genuino interés en el
destino de la humanidad y el compromiso que se asume de presentar al otro las distintas
alternativas que tiene, con la finalidad de que elija de forma consciente su camino. A
diferencia de Kraus, creo que desde el inicio de su carrera Fromm, establece un claro
compromiso con la humanidad y que en el trayecto no hará más que ajustarlo a una serie
de objetivos puntuales.
Su lucha por conducir al ser humano hacia su libertad y autonomía, además de ser
motivo de sus investigaciones psicoanalíticas, se pone de manifiesto también a través de
su compromiso y participación activa en la vida política de cualquier sociedad en la que
estuviera presente. Su incursión en debates acerca de temas tan álgidos como el nazismo
en Alemania, los errores del socialismo real, el desarme nuclear, la guerra de Vietnam, la
crisis de los misiles en Cuba; su desacuerdo con la fundación del Estado de Israel; su
apoyo al Partido Socialista y participación en la campaña presidencial del candidato
73
Funk, R. Fromm. Vida..., Ob. cit., p. 93.
Kraus, Arnoldo. “Fromm y la mirada del otro”, en: Silva García, J. (comp.). El humanismo de Erich
Fromm, México, Paidós, 2006, p. 117.
74
74
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
demócrata Eugene McCarthy en Estados Unidos,75 son solo algunos ejemplos de su
postura política, coherente con el papel de ciudadano activo responsable.
Para el momento en que Fromm llega a Nueva York, en 1934, su reformulación del
psicoanálisis ya había comenzado a difundirse entre sus colegas y se suscitaron
interesantes discusiones. Desde que fue designado director del Departamento de
Psicología Social del Instituto en Fráncfort, Fromm comenzó a delinear lo que sería para
él la función de la Psicología Social Analítica. Sus primeras investigaciones sobre la Ley
Judía y el trabajo de campo con los trabajadores alemanes le permitieron respaldar el
valor del enfoque socio-psicológico que residía, según su punto de vista, en detectar las
tendencias psíquicas comunes de un grupo que desempeñan un papel decisivo en el
proceso social.76
Para el año de 1938, cuando Fromm interrumpe su colaboración con el Instituto de
Investigación Social, llevaba tiempo intercambiando reflexiones acerca de los postulados
psicoanalíticos con un grupo de colegas. La persona más destacada del grupo era Karen
Horney, con quien Fromm compartió los conceptos sociológicos y culturales con que
trazaba sus propuestas. Compartieron también amistades provenientes de círculos muy
diversos, de cuyas opiniones y teorías se fueron nutriendo.
Uno de ellos fue George Groddeck. Su personalidad y puntos de vista sobre la
envidia del hombre hacia la procreación y su representación del terapeuta como madrepadre, dejaron su estampa en la producción intelectual de Fromm.77
Otra figura importante fue el psiquiatra estadounidense Harry Stack Sullivan, quien
ejerció en Nueva York entre 1931 y 1939, autor de la teoría de las relaciones
interpersonales que Fromm utilizaría para sostener su caracterología. Erich Fromm,
Karen Horney, Clara Thompson, Edgard Shipley y William Silverberg conformaban
junto a Sullivan y su hijo, James Sullivan, el ―Zodiac Club‖. Se reunían semanalmente
para debatir sobre distintos temas, aunque participaban todos de las convicciones
humanistas y el interés por el conocimiento de las ciencias sociales.78
75
Fromm, Erich. La revolución de la esperanza, México, Fondo de Cultura Económica, 1970; Ética y
política, Buenos Aires, Paidós, 1993.
76
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., p. 103.
77
Ibíd., pp. 78-82.
78
Ibíd., p. 141.
75
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Rainer Funk relata que se conformó un grupo más de amigos que también compartía
los intereses sociológicos. Estaba constituido por Abraham Kardiner, John Dollard,
Harold Lasswell y las antropólogas Margaret Mead y Ruth Benedict.79
Viviendo en Nueva York en calidad de exiliado, Fromm comienza a dar forma a su
producción intelectual, que a partir de ese momento sería continua. En el periodo que
abarca de 1936 a 1940, escribió su primer libro, anunciado en el informe de 1938 al
Instituto de Investigación Social bajo el título El hombre en el Estado autoritario.80 La
pertinencia de este estudio sobre el problema de la libertad humana resultaba
incuestionable, puesto que incluía un capítulo provocador sobre la psicología del
nazismo, en momentos en que estallaba la Segunda Guerra Mundial.
El libro fue publicado en 1941, se tituló El miedo a la libertad y hoy sigue siendo una
de sus obras capitales. Cronológicamente el planteamiento socio-cultural del psicoanálisis,
aunque llevaba ya tiempo en gestación con Horney a la vanguardia, fue formulado en esa
misma década por otros miembros del grupo culturalista en diversas obras.
La posición culturalista tiene antecedentes que se remontan al propio Freud. Sería
erróneo suponer que el maestro no había reconocido el valor de las relaciones personales
a las cuáles los culturalistas dan tanta importancia; sólo que sus trabajos se centraron en la
dinámica de las pulsiones.81
Cabe mencionar que a los ojos de Fromm, la tendencia a clasificarlo junto a Horney
y Sullivan en la ―escuela culturalista o neofreudiana‖ parece injustificada. Lo expresa de la
siguiente manera:
―A pesar de que éramos amigos, trabajábamos juntos y teníamos ciertos puntos de
vista en común —en particular una actitud crítica frente a la teoría de la libido—, las
diferencias existentes entre nosotros eran mayores que las similitudes,
especialmente en cuanto al punto de vista ―cultural‖. Horney y Sullivan pensaban
en pautas culturales en el tradicional sentido antropológico, en tanto que mi
enfoque estaba fundado en un análisis de las fuerzas económicas, políticas y
psicológicas que constituyen la base de la sociedad‖.82
Como haya sido, las obras de estos autores aparecen en la historia del psicoanálisis
como parte de la corriente culturalista que comenzó a florecer en Estados Unidos desde
79
Ídem.
Ibíd., pp. 143-144.
81
Mandolini Guardo, Ricardo G. Ob. cit., pp. 381-382.
82
Fromm, Erich. La crisis…, Ob. cit., p. 39.
80
76
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
1933, en oposición a la ortodoxia; y la influencia de Sullivan y Horney en el pensamiento
frommiano es innegable. Es importante destacar que estas propuestas no fueron bien
acogidas en el seno de la comunidad científica internacional, que se declaraba partidaria
del psicoanálisis. Por ello, la vinculación de Fromm y de otros destacados miembros del
grupo como Karen Horney, Harry Stack Sullivan, Abraham Kardiner y William
Silversberg, con redes académicas e institucionales importantes, fue fundamental para
conservar, pese a los ataques, una posición independiente y al mismo tiempo inserta
dentro del marco de la comunidad psicoanalítica.
Tras la publicación de las obras de Kardiner y Horney83 a las que debía adherirse El
miedo a la libertad de Fromm, el grupo culturalista tuvo que afrontar acaloradas
discusiones con algunos colegas del Instituto Psicoanalítico de Nueva York, a causa de las
marcadas diferencias con los postulados freudianos originales. Los sucesos posteriores se
vieron enmarcados dentro de esa dinámica de rechazo, pero pronto saldría a relucir la
capacidad de vinculación y socialización que los distintos miembros del grupo
desplegarían para continuar con su trabajo sin socavar sus convicciones socio-culturales.
Resultaba evidente que su labor estaba dando resultados, ya que los planteamientos
socio-culturales lograban una atracción cada vez mayor entre los estudiantes. A razón del
riesgo que en ello veían los grupos ortodoxos, en la reunión anual de la Sociedad
Psicoanalítica de Nueva York de 1941, se optó por despedir a Karen Horney de sus
cargos de analista y docente en el Instituto. Dicho suceso provocó que fuese fundada, en
mayo de ese mismo año, la Asociación para el Progreso del Psicoanálisis, a la cual se
integraron Clara Thompson, Bernard S. Robbins, Harmon S. Perón y Sara R. Kelman,
además de catorce candidatos a formación. William Silversberg fue nombrado presidente
y en el mes de junio, gracias a la colaboración del Colegio Médico de Nueva York, se
fundó el Instituto Norteamericano de Psicoanálisis como entidad formativa del nuevo
organismo. Sullivan y Fromm, que no tenían formación médica, fueron nombrados
miembros honorarios pero Fromm no estuvo dispuesto a aceptar su ingreso a menos de
que se le reconociera plenamente como analista didacta y analista supervisor.84
Es necesario aclarar que para la época, la discusión acerca del origen médico
obligatorio de los psicoanalistas estaba muy en boga en el gremio norteamericano. No
siendo médico, Fromm tuvo que desafiar una y otra vez el intento de los grupos
83
Karen Horney publicó La personalidad neurótica de nuestro tiempo en 1937. Ese mismo año apareció
El individuo en sociedad de Abraham Kardiner. Funk, R. Fromm. Vida..., Ob. cit., p. 143.
84
Ibíd., p. 144.
77
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
ortodoxos de limitar su participación a seminarios teóricos, excluyéndolo de la clínica y
técnica psicoanalítica. La mayoría de los miembros de la comisión designada para tomar
una decisión votó por el retiro de Fromm, pero la presidenta Clara Thompson tomó
partido a favor de éste y cuestionó el dictamen, exponiendo que en realidad se trataba de
un problema de índole personal transferido a la esfera política.
El conflicto personal al que Thompson se refería se había generado entre Erich
Fromm y Karen Horney a raíz de que la hija de esta última, Marianne Horney, fue
analizada por Fromm a sugerencia de la propia Karen. Los resultados de la terapia se
transcribieron en un alejamiento de Marianne respecto a la figura de su madre, respuesta
normal en el ámbito psicoanalítico y que por lo general tiene una connotación positiva;
pero que pareció disgustar a Karen de tal manera que decidió no apoyar a Fromm en la
controversia. Cabe señalar que Marianne, quien también era analista, había enfrentado a
su madre públicamente en numerosas ocasiones, manifestando la incongruencia de sus
propuestas teóricas con su vida personal. Mientras Karen Horney sostenía que las
neurosis se originaban a causa de un ambiente familiar hostil y la falta de cariño, su hija
afirmaba haber sufrido por falta de cariño de su madre en la infancia.85 A estos factores
hay que añadir el hecho de que Fromm decidió terminar la relación amorosa que había
mantenido con Karen, lo cual sin duda provocó resentimientos en esta mujer.
De esta forma, el peso de la figura de Horney posiblemente influyó en la votación
final de 1943, que dejó a Fromm fuera del Instituto Norteamericano de Psicoanálisis. En
un gesto de solidaridad frente a esta decisión autoritaria, renunciaron también Clara
Thompson, Harry Stack Sullivan, Janet Rioch y Lionel Blitzsten. Más adelante se unieron
Leopold Rosanes, Ben Wieninger, Georg Goldman, Edward S. Tauber, James Molones,
Meyer Maskin, Marjorie Jarvis y Ernest Hadley.86
Teniendo en cuenta la trayectoria de Erich Fromm y de los personajes que
permanecieron a su lado después de los enfrentamientos, era imposible esperar que se
quedaran de brazos cruzados. Y en efecto, de este grupo y de otro proveniente de la
Sociedad Psicoanalítica de Washington-Baltimore emergieron los fundadores de una filial
neoyorkina de la Escuela de Psiquiatría de Washington, que en 1936 había inaugurado
Sullivan. Los fundadores fueron Harry Stack Sullivan, Erich Fromm, Frieda FrommReichmann, Clara Thompson y David y Janet Rioch.
85
86
Reyes Vallejo, Orellana. Ob. cit., p. 17.
Funk, R. Fromm. Vida..., Ob. Cit., p. 147.
78
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Hacia 1946, ya finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Escuela definió sus
actividades y fue denominada Instituto William Alanson White de Psiquiatría,
Psicoanálisis y Psicología, donde el estudio del psicoanálisis se complementó con el de
otras ciencias sociales y humanas, además de contar con una clínica para brindar atención
a gente de escasos recursos. Erich Fromm estuvo a cargo de dirigir la formación y
presidió el cuerpo docente de 1946 a 1950.87
Llegado el año de 1954 resurgió el problema de la formación de no médicos, esta
vez para atacar directamente al Instituto William Alanson White y, algo insólito, desde
sus entrañas.88 Un grupo de alumnos del William Alanson, todos médicos, presentó una
carta donde aseguraban sentirse excluidos del ambiente psicoanalítico internacional, a
causa de la postura que sostenía la institución de que formaban parte. La situación
congregó de inmediato a los fundadores del William Alanson para organizar una defensa.
Fromm se encontraba en México para entonces, desde allá emitió su opinión y sus
compañeros le mantuvieron bien informado al respecto de la resolución, que por cierto
fue negativa para los alumnos protestantes.
Ya desde 1943, cuando se concretó la ruptura con el grupo de Horney, estaba este
tema a la luz pública en Estados Unidos. El debate parece un tanto absurdo, sobre todo
teniendo en cuenta que el mismo Freud estaba a favor de la formación de no médicos;89
sin embargo, en Estados Unidos se optó desde el comienzo por una postura muy
restrictiva a través de la Asociación Psicoanalítica Norteamericana. Se entiende que la
cuestión de fondo ante esta situación provenía de la reformulación del psicoanálisis
efectuada por el grupo del William Alanson, que molestaba no solamente a psicoanalistas
sino a numerosos grupos dentro del ámbito académico. En este tenor, con motivo de su
insuficiente ortodoxia y de carecer de formación médica, Fromm había sido excluido de
la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1953 y años después, en 1956 y 1959
respectivamente, se discutía su condición de miembro en la Sociedad Psicoanalítica de
Washington-Baltimore.90
El movimiento psicoanalítico norteamericano exhibe una multiplicidad de posturas
teóricas precisamente porque se convirtió en el principal escenario para la actuación del
87
Ibíd, p. 148.
Funk, R. “Erich Fromm´s Role in the Foundation of the IFPS. Evidences from the Erich Fromm
Archives in Tuebingen”, International Forum of Psychoanalysis, Estocolmo, Vol. 9, Núm. 3-4, octubre
2000, pp. 167-186.
89
Freud, Sigmund. ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, Obras Completas, 2ª edición, Buenos Aires,
Amorrurtu, 1986.
90
Funk, R. Fromm. Vida..., Ob. cit., p. 151.
88
79
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
gremio freudiano a este lado del atlántico. Desde la década de 1920, las ideas de Freud
comenzaron a traducirse para servir a los intereses del sistema capitalista. Se sabe, por
ejemplo, que un sobrino de Freud —Edward Bernays— fue pionero en la industria
publicitaria gracias a la aplicación de técnicas psicoanalíticas para descifrar las
motivaciones inconscientes que orillaban a la gente a comprar ciertos productos. Pronto
los psicoanalistas se vieron muy solicitados como asesores de las grandes corporaciones y
de los dirigentes políticos que andaban en busca de un método de manipulación de
masas eficiente. Al parecer, la idea de que las masas eran completamente irracionales y
por tanto incapaces de comprender su papel en la construcción de la ―democracia‖ se
filtró a los círculos políticos y sustentó los métodos de terrorismo psicológico que se
utilizaron como arma principal durante la guerra fría.91
Mientras un ambiente de relativa libertad suministró el terreno propicio para el
surgimiento de corrientes tan peculiares como la culturalista o la mística de Carl Jung, las
redes psicoanalíticas afiliadas a la ortodoxia acogieron una postura más apegada al
discurso clínico adaptativo descuidando así, las pautas que hubiesen posibilitado un
desarrollo teórico. Celosas de sus posiciones de poder, entendieron el psicoanálisis en el
marco de una visión pragmática, y se comprometieron con la tarea de esculpir
ciudadanos modelo, que se adaptaran a los patrones de consumo requeridos para
continuar con el dinamismo económico. Esto fue posible gracias al apego de mostraron
hacia la psicología del yo, fundada por Heinz Hartmann en 1939 e incansablemente
impulsada por Anna Freud, que sostenía la posibilidad de controlar los impulsos
irracionales mediante un fortalecimiento del ego a través de la sujeción a las normas
sociales aceptadas.92
Entre 1940 y 1960, los psicoanalistas adquirieron un poder monstruoso en Estados
Unidos.93 Es evidente que las ideas originales de Freud perdieron el cariz subversivo que
les caracterizaba y se deslizaron hacia fines opuestos a la liberación, que constituía el
objetivo primario de la tópica psicoanalítica. Con los años, fueron degenerando en otras
91
Ver primeros dos capítulos de la serie “The Century of the Self” de Adam Curtis, Londres, BBC, 2002
(http://www.archive.org/details/the.century.of.the.self).
92
Fromm, Erich. La crisis del psicoanálisis, Barcelona, Paidós, 1971, pp. 39-45.
93
En 1946 el presidente Truman dio a conocer el Plan Nacional de Salud Mental donde se aceptaba que
las enfermedades mentales eran un problema de salud pública en Estados Unidos. La mayoría de los
soldados regresaron de la guerra sufriendo algún tipo de desequilibrio y eso preocupaba a las cúpulas
dirigentes. Desde de esos años, se apoyó económicamente a los departamentos psiquiátricos de varias
universidades para que concretaran investigaciones en esta materia. La CIA llegó al extremo de intentar
modificar la personalidad de los individuos en la década de los sesenta y utilizó todo tipo de tácticas para
lograr lo que denominaban la “Ingeniería del consenso”.
80
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
corrientes psicológicas, como el conductismo, que apostaron por la predicción y
manipulación de la conducta humana, bajo un marco ideológico útil al sistema de
dominación.
En ese contexto, podemos comprender la molestia que les generaba la propuesta de
Fromm y además, que junto a su red de colegas incidiera en temas de la vida política
norteamericana. La faceta política de Fromm había quedado expuesta con la publicación
de Psicoanálisis de la sociedad contemporánea en 1955, obra que criticaba de frente las
características negativas del sistema capitalista y el estilo de vida estadounidense
promovido por la industria publicitaria.
En esa misma década, Fromm dedicó tiempo y esfuerzo a la revitalización del
Partido Socialista de ese país, redactando un nuevo programa apoyado en su idea de
construir un socialismo humanista. Desafortunadamente, la burocracia dominante del
partido enturbió la posibilidad de cambio y Fromm se retiró de los cuadros.
Aunque a partir de 1950 residió en México, su actividad política en Estados Unidos y
otras partes del mundo se mantuvo constante hasta 1968 a través de diversas actividades.
Antes que nada, sus libros fueron un vehículo eficaz para comunicar sus reflexiones y
propuestas, le ganaron la fama necesaria para que su voz fuera escuchada entre sectores
de la mayor importancia en la escena intelectual y política.
Fromm delineó sin rodeos su postura frente a los temas que abordó y en numerosas
ocasiones redactó cartas que llegaban a las manos de senadores, periodistas y demás
figuras públicas. Esta práctica epistolar fue apoyada por David Riesman, Roger Hagan, H.
Stuart Hughes, A. J. Muste, Robert Heilbronner, Seymour Martin Lipset, Stewart
Meachan, Charles Osgood y Michael Maccoby, que integraron el Comité de
Correspondencia junto a Fromm durante los años sesenta. A partir de 1964, publicaron
todas las misivas en un boletín mensual rotulado como El corresponsal.94
También participó en la fundación de movimientos por la paz y a favor del desarme
nuclear antes de que la idea se mencionara oficialmente en los sectores políticos de
izquierda. En 1957 se formó la Comisión Nacional para una Política Nuclear Sana, que
luego se opuso contra la guerra en Vietnam. En este tenor, analizó las manifestaciones del
anticomunismo norteamericano y los lineamientos de la política soviética. 95
94
Rainer Funk ha hecho una compilación de las reflexiones de Fromm publicadas en El corresponsal en
una obra póstuma: Fromm, E. Ética y política, Barcelona, Paidós, 1993.
95
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 176-179.
81
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
Su estrategia fue dando frutos en varios sentidos: en 1962 participó como
observador en la conferencia sobre el desarme nuclear en Moscú y, en 1974, el senador
James W. Fullbright solicitó su opinión para integrarla al debate sobre la política de
desarme que tendría lugar en el senado estadounidense.96
Fromm aprovechaba su creciente prestigio para realizar peticiones, ya fuera de forma
individual o en colectivo, al lado de otras personalidades del mundo intelectual
internacional. Así por ejemplo, en 1964 requirió la cooperación de Bertrand Rusell para
pedir la liberación de Heinz Brandt, condenado a trece años de prisión en la República
Democrática de Alemania. En medio de ese despliegue de actividad, Fromm atendió sus
tareas de profesor de 1957 a 1961 en la Universidad Estatal de Michigan y, a partir de
1962, aceptó un puesto como profesor adjunto en la Universidad de Nueva York.
Durante los sesenta, cultivó la relación con los socialistas que coincidían con su
orientación humanista. Tuvo estrecho contacto con el grupo Praxis de Yugoslavia y, en
junio de 1963, viajó a Dubrovnik para participar en un simposio junto a Dajo Petrovic,
Milan Pruha, Pedrag Vranicki, Lucien Goldman, entre otros.
En 1965, Fromm logró organizar un simposio titulado ―Humanismo socialista‖ para
discutir esta tendencia. Reunió al grupo yugoslavo con Ernst Bloch, Bertrand Russell,
Leopold Senghor, Raya Dunayevskaya,97 Humberto Cerroni, Maximilien Rubel, Herbert
Marcuse, Danilo Dolci, T. B Bottomore, Matilde Neil, Oskar Schatz, Ernst Florian
Winter, Paul Medow, Stephen King-Mall, Galvano Della Volpe, Eugene Kamenka,
Irving Fetscher y Adam Schaff. El diálogo entre todos estos socialistas fue particularmente
fructífero porque, pese a que había divergencias entre sus perspectivas, se dio la
posibilidad de discutirlas ―desde la atalaya del humanismo‖, bajo el entendido de que lo
esencial de las reflexiones era el ser humano y sus posibilidades de transformación.98
Participó además en la Ayuda a los Refugiados Españoles, en la Organización para la
Reunificación, fue miembro del Comité para Nuevas Alternativas en Medio Oriente que
buscaba el retorno del pueblo palestino a sus tierras, del Círculo de Amigos de Danilo
Dolci y del comité nacional de la Comisión Norteamericana por las Libertades Civiles.
También colaboró con el Instituto de Investigaciones para la Paz ubicado en Washington
y ayudó a la Organización Internacional por el Desarme y la Paz. Emitió su opinión sobre
96
Ibíd., p. 181-182.
Raya Dunayevskaya compartía con Fromm, además de una postura marxista-humanista, el haber
residido en Estados Unidos y México durante su exilio. Llegó a nuestro país en 1937 como secretaria de
Leon Trotsky.
98
Fromm, Erich. et.a) Humanismo socialista, 2ª edición, Buens Aires, Paidós, 1968, p. 9-15.
97
82
Capítulo 2. Erich Fromm: formación y trayectoria profesional
el brote del terrorismo en Alemania y en 1975 fue solicitada su intervención en el
proceso de los prisioneros inculpados.99
A los 74 años de edad, su médico le recomendó disminuir su ritmo de viajes y
decidió trasladarse definitivamente a Suiza en compañía de su tercera esposa. La ciudad
de Locarno sería su última morada, donde las autoridades reconocieron su trayectoria
condecorándolo con el título de ciudadano honorario. Pese a que se encontraba
recuperándose de una fractura en el omóplato y padecía de un problema renal, en 1975
ofreció una conferencia ante más de 400 asistentes que ratificó su buena reputación.
En 1976 concretó Tener o ser, una de sus obras más importantes, puesto que
constituye una síntesis de su filosofía de vida cimentada en su experiencia psicoanalítica y
en las enseñanzas de Marx y Meister Eckhart. En 1977 y 1978 sufrió un segundo y tercer
infarto, que le obligaron a someterse al implante de un marcapasos. Su salud se
encontraba ya muy deteriorada, pero con la vitalidad que le era característica continuó
entrevistándose con algunos periodistas que difundieron su obra en Alemania, como
Hans Jurgen Schultz, Jurgen Lodemann, Heinrich Jaenecke, Alfred A. Hasler y Adalbert
Reif.100
No pudo asistir a la ceremonia de entrega del premio Nelly Sachs en 1979 y como
falleció cinco días antes de su cumpleaños, el 18 de marzo de 1980, tampoco pudo
recibir en persona la placa de Goethe con la que Fráncfort, su ciudad natal, le honraba.
En México también se preparaba para ese año un festejo en su honor que se vistió de luto
con la noticia de su muerte.
Fig. 1. Dedicatoria a Erich
Fromm, periódico
Excélsior 23 de marzo
1980.
99
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 183-186.
Ibíd., pp. 190-194.
100
83
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis
humanista
Para entender la resonancia de la propuesta psicoanalítica que arribó a México con Erich
Fromm en 1949 es necesario analizar el contenido de algunos aspectos centrales en su
obra. Atenderemos las diferencias de sus teorías respecto a las formulaciones originales
de Sigmund Freud, puesto que es en este sentido en el que Fromm representa un
resquiebre tanto con la práctica del psicoanálisis ortodoxo como con la teoría que la
sustenta. Es evidente que abordar todas las aristas que derivan del psicoanálisis humanista
supera en mucho los límites de este trabajo. Por esa razón, en este capítulo nos
centraremos en algunos puntos que nos permitirán delinear los planteamientos básicos
del psicoanálisis humanista y comprender a partir de qué líneas florece la propuesta
frommiana.
1.
Alcance y limitaciones del pensamiento freudiano de acuerdo a
Erich Fromm
Comenzaremos aclarando que Erich Fromm nunca estuvo de acuerdo en que el
psicoanálisis humanista fuera considerado postura disidente a la de Freud. Afirmaba que
el psicoanálisis es necesariamente freudiano, por lo cual, la verdadera alternativa estaba
entre utilizarlo como método analítico y aplicarlo bajo este supuesto, o bien conformarse
con la práctica de un psicoanálisis dogmático y fosilizado, bajo estricto control
burocrático. Desde su punto de vista, la fundación de la Asociación Psicoanalítica
Internacional en 1910 y el haber investido la figura de Freud de un halo sagrado, como
jefe máximo del movimiento, contribuyó a frenar de forma tajante el desarrollo teórico
de lo que otrora fuera una concepción revolucionaria del ser humano.
Por su parte, muchos autores, incluyendo algunos de los más fieles seguidores de
Freud, han sostenido que la reformulación frommiana buscaba denostar la importancia
de los factores más subversivos del psicoanálisis, supuestamente resguardados por los
cánones estrictos de la Asociación. En realidad, Fromm afirma que uno de los objetivos
que se planteó, desde el inicio de su carrera como psicoanalista, fue rescatar los
principales descubrimientos del maestro vienés, librándolos de las distorsiones
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
propiciadas por las premisas filosóficas dominantes en el contexto socio-cultural en el que
fueron producidos.
En palabras de Fromm,
―Esta meta no constituye una revisión de Freud, ni un neofreudismo. Es por
el contrario, el desenvolvimiento de la esencia del pensamiento de Freud a través
de la interpretación crítica de sus fundamentos filosóficos, sustituyendo al
materialismo burgués por el histórico.‖ 1
La peculiar interpretación de la obra de Freud realizada por Fromm adquiere
relevancia al afirmar que existen por un lado aspectos esenciales, que constituyen los
fundamentos del psicoanálisis, y por otro, aspectos que podrían considerarse marginales,
debido a que fueron producto del contexto filosófico y social de la época en que surgió
dicha teoría, y por tanto deben estar sujetos a discusión. La actitud dogmática que Fromm
identifica en el psicoanálisis ortodoxo radica precisamente en la tendencia a negar la
diferencia entre lo esencial y lo marginal, concediendo a ambos aspectos la misma
validez.
En este sentido, Erich Fromm acepta como descubrimientos esenciales de Freud y
fundamentos del psicoanálisis, en primer lugar, la premisa de que el hombre es
impulsado por fuerzas que operan sin su conocimiento, es decir, que existen mecanismos
inconscientes que determinan la conducta. En su opinión, corresponde a Freud también
el mérito de probar que es posible hacer surgir estas fuerzas irracionales en la conciencia,
a través del estudio de ciertos fenómenos como la transferencia, la resistencia, la
represión, los sueños, los actos fallidos y la asociación libre. Reconoce que al formular un
método para comprender cómo funcionan estos mecanismos, Freud se aventuró a
explorar el inconsciente, dejando al descubierto un conflicto psíquico presente en todos
los seres humanos.2
Así mismo, construyó un concepto dinámico del carácter, como estructura
relativamente permanente de las pasiones, e implantó los cimientos del estudio
sistemático de dicha estructura. No obstante, Fromm afirma que mientras para Freud el
ámbito familiar era el más relevante para comprender la conformación de los distintos
tipos de carácter, para ajustarse a las exigencias de un nuevo siglo, el psicoanálisis debía
1
Fromm, Erich. Grandeza y limitaciones del pensamiento de Freud, México, Siglo XXI, 1979, p. 36.
Fromm, Erich. “Los fundamentos y el desarrollo del psicoanálisis”, Revista Mexicana de Psicoanálisis,
Psiquiatría y Psicología, México, Núm. 1, 1965, p. 13.
2
86
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
tomar en cuenta el hecho de que ese ámbito se determina por la estructura económica y
de clase. Para Fromm, la familia constituye entonces un ―agente psicológico de la
sociedad‖, cuya función es transmitir el carácter de esta sociedad al niño, antes de que
tenga su primer contacto con ella.
Como señalamos líneas arriba, Fromm acepta como herramienta psicoanalítica
indispensable el estudio de los fenómenos por medio de los cuales se manifiesta el
inconsciente, pero otorga una importancia trascendental a los mecanismos de resistencia
y transferencia como problemas humanos generales, debido a que constituyen fuerzas
emotivas muy poderosas.3
Para Fromm la transferencia es un mecanismo clave puesto de relieve por Freud,
quien explicó este fenómeno que se presentaba en el análisis, como la repetición de la
actitud de apego u hostilidad que el paciente había desarrollado desde niño hacia la figura
del padre o la madre. Es decir, percibía que los sentimientos del paciente hacia sus
progenitores eran trasferidos hacia la persona del analista.
Fromm realiza una transposición del concepto de transferencia a la esfera social,
política y religiosa donde adquiere, desde su punto de vista, una importancia aún mayor
que en el terreno clínico. Asegura que el fenómeno de la dependencia voluntaria, en el
que un individuo busca compensar su inseguridad sometiéndose a una autoridad que le
haga sentirse protegido, ocurre con bastante frecuencia en la vida adulta, y que una
sociedad cuyos miembros estén asustados y angustiados necesita ídolos. En muchos
acontecimientos históricos resulta evidente cómo la transferencia social puede
desencadenar grandes catástrofes; el caso del nazismo en Alemania es uno de los más
estudiados por Erich Fromm.
Por lo señalado hasta aquí podemos ir percibiendo que este autor, a la vez que
reconoce que el psicoanálisis dio un giro radical a la percepción que se tenía del ser
humano, se propone equilibrar los planteamientos freudianos y profundizar en sus
aspectos más críticos.
En principio, Fromm se aboca a la tarea de revelar de qué forma esta teoría fue
perdiendo su cualidad revolucionaria. Más allá del tono simplificador de la cronología,
considera que el siglo XIX, como entidad social y cultural, llegó efectivamente a su
término cuando comenzaba la Primera Guerra Mundial, en 1914. Ningún pensador
puede escapar a su época, con las ventajas y limitantes que ello supone, y Sigmund Freud
3
Fromm, Erich. El arte de escuchar, Barcelona, Paidós, 1993, pp. 119-125.
87
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
fue un hombre de su propio siglo, que compartió la ideología de la clase burguesa a la
que perteneció y la filosofía predominante del materialismo mecanicista.4 Fue por esos
motivos que el médico vienés describió en gran parte de su obra la experiencia del varón
patriarcal capitalista, competitivo y hostil, ante quien la mujer aparecía claramente como
ser inferior. Es innegable que esos elementos yacen bajo la elegancia y genialidad del
discurso freudiano, que se erige como un retoño decimonónico.
Así, en una primera etapa congruente con la creencia de que el sustrato de todos los
fenómenos mentales se encontraba en los procesos fisiológicos, Freud pensó en el
hombre como una máquina reglamentada por la necesidad de reducir sus tensiones
internas, producidas químicamente, siempre que esta tensión se elevara más allá de un
determinado umbral. Esta tensión de naturaleza sexual y el concepto de placer, según lo
formuló Freud, era el de alivio de una tensión libidinosa.5 Estaba convencido de que
todas las pasiones estaban enraizadas en la energía sexual; de ahí su intento por encontrar
una conexión entre la historia de la enfermedad mental y acontecimientos específicos de
la vida sexual del individuo.
Sin embargo, Fromm señala que la teoría de la libido, por mucho tiempo
considerada el elemento más explosivo del psicoanálisis, también fue producto del marco
socio-cultural de la sociedad burguesa decimonónica, que aparecía a los ojos de Freud
como representativa de la civilización humana. No podemos ignorar que esta teoría
introdujo un componente provocador para una época en la que los temas relacionados
con el ejercicio de la sexualidad eran considerados tabú. El hecho de que la represión de
los deseos sexuales fuera común entre la clase media del siglo XIX y principios del XX,
propició que Freud llegara a convencerse de que el contenido sexual era el material
reprimido de mayor importancia y, por tanto, un factor que conducía a la neurosis.
Para el momento en que Fromm realizaba su aportación al psicoanálisis, resultaba
evidente que el sexo había perdido la etiqueta de tabú para convertirse en una cuestión
cotidiana. Para la sociedad del siglo XX, el problema de fondo no era ya la represión
sexual; de hecho, el sexo se iba convirtiendo rápidamente en un artículo de consumo, en
concordancia con el esquema y las necesidades económicas de la época.
Una diferencia fundamental entre el sistema de Freud y la propuesta de Fromm se
refiere a la distinción entre los fenómenos psicológicos de escasez y abundancia. Fromm
4
5
Fromm, Erich. “Los fundamentos…”, Ob. cit., p. 15.
Ibíd., p. 17.
88
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
afirma que el nivel primitivo de la existencia humana es el de la escasez. Solamente
cuando el hombre llega a disponer de mayor tiempo y energías que los indispensables
para la satisfacción de sus necesidades primarias, puede desarrollarse la cultura, y con
ella, aquellos impulsos que acompañan al fenómeno de la abundancia. Los actos libres,
espontáneos, son siempre fenómenos de abundancia y todos los logros específicamente
humanos nacen de ésta. Sin embargo tanto las necesidades fisiológicas como las
necesidades psíquicas irracionales forman parte de un sistema de escasez.
Para ejemplificar por qué considera las ideas de Freud como parte de una psicología
de la escasez, Fromm nos habla de la sexualidad. En ella, Freud observó tan solo el
elemento de compulsión fisiológica y reconoció en la satisfacción sexual el alivio de una
tensión que identifica con el placer. El impulso sexual como fenómeno de abundancia y
el placer sexual como goce espontáneo —cuya esencia no reside en la eliminación de una
tensión— no hallaron lugar alguno en su psicología. Además, Fromm hace hincapié en el
carácter engañoso del deseo sexual, ya que tiende a la fusión y no nada más es apetito
físico, sino que puede ser estimulado por la angustia de la soledad, por el deseo de
conquistar o de ser conquistado, por la vanidad, el deseo de destruir o bien por el amor.6
De acuerdo a Fromm, esta preeminencia de lo sexual en el edificio teórico freudiano
se tornó una limitante para sus ulteriores reflexiones. Lo ejemplifica así en referencia a
uno de los postulados más sobresalientes del psicoanálisis: el complejo de Edipo.
Siguiendo el mito griego de Edipo Rey, Freud propuso que al despertar los deseos
sexuales del niño pequeño, éstos se dirigen a la madre, por lo cual tiende a tomar al
padre como a un rival, al que busca reemplazar y, en última instancia, eliminar para
poseer a la madre, aunque no sin sentimiento de culpa.
Fromm advierte que si bien es cierto que esta situación puede llegar a ocurrir, ya sea
en la vida real o en la forma de una fantasía, no tiene la validez universal que Freud le
concedió. Lo que rescata en este caso es el descubrimiento freudiano de la importancia
del vínculo materno. Identifica el apego que tanto el niño como el adulto sienten por la
madre o por las figuras maternas, como uno de los deseos emocionales más profundos
de la existencia humana, que radica en el anhelo de amor y protección absoluta.
Por su parte, basándose en la interpretación de la trilogía de Edipo escrita por
Sófocles: Edipo Rey, Edipo en Colona y Antífona, Fromm concluye que la hostilidad
hacia el padre no tiene que ver con la atracción sexual hacia la madre. Observa que lo
6
Fromm, Erich. El arte de amar, México, Paidós, 2004, p. 59.
89
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
que el mito, en sus tres distintas etapas, intenta caracterizar es un fenómeno típico de la
sociedad patriarcal, en la que el hijo se encuentra sujeto a la voluntad del padre y por
tanto, surgen deseos en él de rebelarse contra su autoridad. Señala que esa conclusión
resulta evidente si se estudia a detalle la trilogía, cosa que no hicieron ni Freud ni sus
seguidores. 7
Fromm no deja de hacer alarde a la genialidad de Freud, a quien considera un gran
científico con la capacidad de percibir hasta el más mínimo detalle de los fenómenos,
pero señala que con frecuencia su actitud raya en el racionalismo obsesivo, que le lleva a
construir teorías a partir de pequeños trozos de evidencia, que luego hace encajar en una
interpretación teñida de ciertos prejuicios.
Otra cuestión interesante es que Fromm reconoce que al lado del científico que
habitaba en Freud, latía también un espíritu humanista que se hizo presente sobre todo al
final de su obra. El choque que produjo en él la Primera Guerra Mundial movilizó su
inquietud por comprender los orígenes de la violencia y de la hostilidad. Aunque era
imposible que superara el marco de ideas decimonónicas que confinaban sus teorías, en
el trayecto final generó nuevos descubrimientos de enorme trascendencia, que
transformaron el núcleo de su sistema.
Con la introducción del narcisismo en 1914, se derrumbaba el esquema dualista que
Freud había manejado en su teoría anterior, que comprendía por un lado los impulsos
sexuales y, por el otro, los impulsos del ego, vinculados ambos al instinto de
conservación. El narcisismo, concebido como complemento del instinto de conservación
procedía, según Freud, también de la libido; cuestión que implicaba afirmar un monismo:
que todos los impulsos eran libidinales. La acepción anterior acercaba al sistema
freudiano a la herejía cometida por Carl Jung, uno de sus primeros discípulos, que
sostenía que la libido denota todo tipo de energía psíquica.8
En medio de esa coyuntura, Freud intentó solventar el conflicto formulando un
nuevo dualismo, en el que buscaría insertar todos los fenómenos a la manera en que
había hecho con su teoría de la libido. En Más allá del principio del placer,9 publicado en
1920, postuló la existencia de un principio filogenéticamente muy antiguo, que llamó
7
Fromm, Erich. Grandeza y limitaciones…, Ob. cit., pp. 41-54. Ver también “El complejo de Edipo:
comentarios sobre el caso del pequeño Hans”, en: La crisis del psicoanálisis, Barcelona, Paidós, 1971, pp.
108-121.
8
Fromm, Erich. Grandeza y limitaciones…, Ob. cit., p. 137.
9
Freud, Sigmund. Más allá del principio del placer, Obras Completas, 2ª edición, Buenos Aires,
Amorrortu, 1986.
90
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
―compulsión a la repetición‖. A dicho principio le atribuyó la función de restablecer una
situación previa, de retornar de la vida orgánica al estado originario de existencia
inorgánica. Esta reflexión dio paso a la sustitución de su antigua dicotomía, entre
impulsos del ego e impulsos sexuales, por una nueva polaridad: el impulso hacia la vida y
la pulsión de muerte.
Aunque es preciso señalar que ambas etapas teóricas del pensamiento freudiano
comparten el axioma de que la ley que rige el aparato psíquico es la tendencia a reducir la
tensión a un nivel bajo constante, pues plantea que la pulsión de muerte se basa en el
―principio del Nirvana‖10 que equivale a nivel cero, la nueva polaridad presente en sus
últimas obras modificaba el enfoque fisiológico mecanicista en que generalmente había
sustentado sus teorías.
En adelante, el enfoque biológico que supone a cada célula viva dotada de las dos
propiedades fundamentales de la materia —Eros y el ansia de muerte— ocuparía un lugar
prominente. Es importante mencionar que la pulsión de muerte no fue del todo
asimilada por los discípulos freudianos, que quizá carecían de la visión para captar un
concepto tan profundo. Fromm se atreve a decir que ni siquiera Freud tuvo plena
conciencia del cambio que esta nueva formulación proponía. Ésta giraba ahora en torno a
una orientación biológica en que las fuerzas fundamentales de la vida y la muerte, se
convierten en fuerzas primigenias que motivan al hombre. Gracias a estos
descubrimientos Freud dio cabida por vez primera al concepto de unión y amor, como
las únicas vías que pueden frenar los impulsos destructivos.11
Por último, Fromm acepta como aspecto esencial del psicoanálisis la importancia del
periodo de la niñez en la formación del carácter, pero indica que al mismo tiempo hay
que tener presentes los factores constitucionales o genéticos y la forma como estos
interactúan con el medio ambiente en el curso de la infancia. La suposición de que todas
las tendencias irracionales en el adulto son esencialmente la repetición de experiencias
infantiles, constituye en opinión de Fromm otro elemento condicionado por el contexto
social y cultural del siglo XIX. Explica que en ese periodo histórico predominaba entre la
10
Fromm, Erich. Grandeza y limitaciones…, Ob. cit., p. 139. Fromm disiente con esta interpretación.
Afirma que el Nirvana budista no es un estado de ausencia de vida producido por la naturaleza. Tiene más
bien la tendencia opuesta y se logra mediante el esfuerzo espiritual del hombre que halla la salvación y la
terminación de su vida cuando ha logrado sobreponerse a toda codicia y egoísmo y está lleno de
compasión por todos los seres vivos. En el estado de Nirvana se goza de la alegría suprema.
11
Ibíd., pp. 156-158.
91
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
clase media la idea de que la vida era segura y tranquila, mientras que casi no se prestaba
atención a la naturaleza trágica de la vida, a la impotencia y la irracionalidad.12
A diferencia del fundador del psicoanálisis, Fromm nos dice que la irracionalidad del
hombre adulto no puede explicarse sólo como regresión a la inseguridad infantil. En la
sociedad industrial contemporánea, la angustia, el miedo y la impotencia ante las
desmedidas fuerzas naturales y sociales son parte inherente de la existencia humana. Sus
observaciones no pretenden negar la importancia del descubrimiento de que las vivencias
de la infancia tienen una función trascendental en el desenvolvimiento del hombre y que
en efecto, son la causa de muchas patologías; pero afirma que el ser humano, mientras
más se relaciona con el exterior y con sus semejantes, más se enriquece. En su opinión,
la estructura del carácter y de la neurosis no se establece plenamente en la infancia, sino
que al ser un sistema abierto de energía, el ser humano puede ir cambiando y
transformándose con nuevas experiencias.13
Cabe señalar que a causa de estas reflexiones, dirigidas hacia los aspectos
sociológicos y culturales implícitos en las teorías de Freud, Fromm tuvo que enfrentar
diversos ataques y críticas provenientes tanto de la comunidad psicoanalítica como de
otras esferas académicas. Ya hemos abordado en el primer capítulo el caso de sus colegas
de la Escuela de Fráncfort.
Al analizar la reivindicación de los que considera aspectos esenciales del
psicoanálisis, es posible constatar que Fromm no buscaba desprestigiar ni atacar a Freud.
Es más, elaboró sus teorías partiendo de esos fundamentos psicoanalíticos y trazó la
patología humana siguiendo tres vectores del pensamiento de Freud: la fijación
incestuosa, biofilia-necrofilia y el narcisismo.14
2.
Teoría del carácter social
Tal vez la contribución más importante de Erich Fromm a las ciencias sociales sea su
teoría del carácter social, en la cual logra concretar sus hallazgos respecto a la
interrelación de los factores socioeconómicos, psicológicos e ideológicos dentro del
proceso social. Pero antes de discutir en qué consiste, es preciso exponer las bases sobre
las que se asienta, es decir, el concepto de carácter.
12
Fromm, Erich. “Los fundamentos…”, Ob. cit., p. 17.
Fromm, Erich. El arte de escuchar, Ob. cit., pp. 59-62.
14
Saavedra, Víctor. La promesa incumplida de Erich Fromm, México, Siglo XXI, 1994, p. 26.
13
92
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
La explicación teórica que había formulado Freud reside en la concepción de que la
energía con que está cargado el síndrome de carácter se deriva de la libido, contenida en
las correspondientes zonas erógenas pregenitales.15 En cambio, la propuesta teórica de
Erich Fromm analiza la personalidad humana a través de la comprensión de las
relaciones que el hombre establece con sus semejantes, con el mundo, con la naturaleza y
consigo mismo. A tono con la teoría de las relaciones interpersonales de Harry Stack
Sullivan, advierte que el problema central de la psicología es el de la forma de conexión
del individuo con el mundo.
Desde el punto de vista de Fromm, las necesidades y deseos que giran en torno a las
relaciones del individuo con sus semejantes, como el amor, el odio, la ternura, la
simbiosis, entre otras, constituyen fenómenos psicológicos fundamentales, mientras que
para Freud sólo son resultados secundarios de la frustración o satisfacción de los
impulsos.
A diferencia del fundador del psicoanálisis, Fromm parte de un análisis
sociobiológico para tratar de comprender qué tipo de vínculos con el mundo, las
personas y las cosas, puede y debe desarrollar el hombre en su vida. Además, concibe
que la energía total existente en un organismo vivo, que le impulsa a sobrevivir y a
expresarse, es la misma que alimenta al sistema de carácter.16
Propone que en el proceso de su vida, el hombre se relaciona con el mundo de dos
maneras:
1)
adquiriendo y asimilando objetos (proceso de asimilación).
2)
relacionándose con otras personas y consigo mismo (proceso de
socialización).
Ambas formas de relación son abiertas y no instintivamente determinadas como en
los animales.17 Primero que nada, el ser humano tiene que abastecer sus necesidades
materiales y asegurar las necesidades de supervivencia del grupo. Fromm ha designado a
esto ―proceso de asimilación‖ y en su caracterología indica que sólo hay ciertas formas en
que el hombre puede asimilar las cosas para su propio uso, a saber: recibiéndolas
pasivamente, tomándolas por la fuerza, acumulándolas o produciéndolas con su trabajo.
15
Fromm, Erich y Maccoby, Michael. Sociopsicoanálisis del campesino mexicano, México, Fondo de
Cultura Económica, 1971, p. 32.
16
Ibíd., p. 33.
17
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, México, Fondo de Cultura Económica, 1953, p. 72.
93
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
De igual forma, como ha sido dotado de autoconciencia, necesita establecer alguna
forma de relación que le permita sentirse seguro y le salve de experimentar el aislamiento
y la soledad que producen desequilibrios mentales. Hay que tomar en cuenta que
también es necesario relacionarse con otros para protegerse de los peligros de la
naturaleza; aquí radica el origen de todo tipo de organización social. En este ―proceso de
socialización‖, el hombre puede relacionarse con los demás de manera simbiótica (sádica
o masoquista), en formas destructivas, en forma narcisista o bien en forma amorosa.18
Las orientaciones por las cuales el individuo se relaciona con el mundo constituyen
la médula de su carácter. Así, Fromm señala que el sistema de carácter es un sistema
dinámico que posee ciertos rasgos definidos, que cambian solo en tanto todo el sistema
cambia, pero no independientemente. Se forma como respuesta a la configuración social
total; sin embargo, esta respuesta no es arbitraria, está condicionada por la naturaleza del
hombre, que determina las formas en que puede ser canalizada la energía humana.
Este punto es uno de los más sobresalientes de la propuesta frommiana, puesto que
considera que hay una esencia que corresponde al hombre, aquello que lo hace ser
humano y que, por tanto, es común a toda la especie. Acepta que la evolución humana
tiene su raíz en la capacidad de adaptación del hombre, pero también en ciertas
cualidades indestructibles de su naturaleza. Son esas cualidades las que le impulsan a
buscar siempre mejores condiciones que se ajusten a sus necesidades intrínsecas. De esta
manera, Fromm echa abajo el mito de la infinita maleabilidad de la naturaleza humana y
afirma que si esto fuera cierto, el hombre sería únicamente un títere de los órdenes
sociales a los que se adaptaría sin resistencia y no, como lo ha demostrado la historia, un
agente de transformación, cuyas propiedades íntimas reaccionan contra la presión de
modelos sociales y culturales desfavorables para el despliegue sus potencialidades.19
Para Fromm, el sistema de carácter se basa en la noción de adaptación dinámica. Se
entiende pues que mientras el ser humano se adapta a las condiciones externas de su
vida, se crea algo nuevo en él, surgen nuevos impulsos que en adelante determinan sus
acciones. El carácter es, por consiguiente, la forma relativamente permanente en que la
energía humana se estructura en el proceso de relacionarse con los demás y de asimilar la
naturaleza. Por lo anterior, en sentido dinámico, se convierte en un sustituto del instinto y
18
19
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., p. 32.
Fromm, Erich. El miedo a la libertad, México, Paidós, 1947, pp. 34-35.
94
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
unifica la acción de una persona; le hace actuar espontáneamente a pesar de que sus
acciones no son determinadas por instinto.
Siguiendo este razonamiento, el estudio del carácter trata de las ―fuerzas
inconscientes que motivan al hombre‖, ya que el modo de obrar, de sentir y de pensar de
una persona, lo determina en gran parte la especificidad de su carácter y no es, como a
menudo se piensa, el resultado de respuestas racionales a situaciones reales. Una de las
grandes contribuciones de Freud radica justamente en invalidar esta concepción
racionalista de las acciones humanas. No hay actos inocentes, hay motivos inconscientes
detrás de cada uno de ellos. No obstante, para evitar confusiones es importante aclarar la
diferencia entre rasgos de conducta y rasgos de carácter.
El rasgo de conducta es una respuesta adaptativa a una situación social dada y es, en
esencia, resultado del aprendizaje. Por esta razón, los rasgos de conducta cambian con
relativa facilidad cuando las condiciones cambian; este es el campo de estudio de la
psicología conductista.20 Otro factor que entra en juego a la hora de actuar es el
temperamento, que alude al modo de reacción de una persona y eso sí que es algo
constitucional e inmodificable. Pero los rasgos de carácter se forman por adaptación
dinámica, esencialmente por las experiencias vitales de un individuo, en especial por las
de la infancia, y persisten aún cuando se vuelvan perjudiciales frente a distintas
circunstancias. Pese a que lo anterior puede sonar un tanto determinista, Fromm sostiene
que el carácter es modificable hasta cierto punto por el conocimiento de uno mismo y
por nuevas experiencias.21
En su caracterología distingue cuatro orientaciones de carácter que tilda con el
calificativo de improductivas, que se ajustan al cuadro clínico del carácter pregenital
presentado por Freud.22 Estas son: la orientación receptiva, la orientación explotadora, la
orientación acumulativa y la orientación mercantil.
23
La diferencia teórica con la propuesta freudiana se manifiesta al analizar el carácter
acumulativo y al presentar una orientación productiva como ―tipo ideal‖, objetada por
muchos autores psicoanalíticos con el argumento de que conlleva un efecto negativo al
imponerse como modelo al paciente neurótico.
20Fromm,
E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 28-29.
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis…, Ob.cit., p. 65.
22
Carácter anal, oral-receptivo y oral-sádico. El carácter genital representa al individuo sano y normal.
23
Para una descripción detallada de las características de las orientaciones de carácter que Fromm propone
se puede consultar: Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 75-130.
21
95
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
La orientación productiva toma como base la descripción del carácter genital de
Freud, pero va más allá del aspecto sexual. Es cierto que la noción de productividad se
convierte en un referente de la caracterología frommiana, pero es porque la concibe
como una cualidad esencial del ser humano, que es capaz de transformar las materias que
se encuentran al alcance de su mano, haciendo uso de su facultad de razonar e imaginar.
No solamente puede producir y crear, sino que de acuerdo a su posición en el mundo,
debe hacerlo si quiere sobrevivir. La orientación productiva de la personalidad se refiere
a una actitud fundamental, a un modo racional y amoroso de vinculación en todos los
campos de la experiencia humana. Incluye las respuestas mentales, emocionales y
sensoriales hacia otros, hacia uno mismo y hacia las cosas; la productividad es, en síntesis,
la capacidad del hombre para emplear sus fuerzas y realizar sus potencialidades
congénitas.24
Fromm sostiene que el hombre no es perezoso por naturaleza,25 pero el hambre y la
fuerza nunca pueden ser condiciones para la actividad productiva. Por el contrario,
manifiesta que la libertad, la seguridad económica y una organización de la sociedad en la
cual el trabajo pueda ser la expresión más significativa de las facultades del hombre,
constituyen los factores conducentes a la expresión de la tendencia natural del hombre a
hacer uso productivo de sus poderes. En su opinión, el modelo económico capitalista,
donde el hombre pierde importancia y se subordina a una gran maquinaria productiva,
no favorece el despliegue de las facultades productivas del ser humano, y en esto coincide
con Marx.
La descripción de la orientación mercantil es una contribución de Fromm al estudio
del carácter porque parte de las características de la sociedad industrial contemporánea
que se imprimen en la psique del individuo. En una sociedad competitiva al extremo, lo
más importante para alcanzar el éxito y el prestigio es saber venderse en el mercado de
las personalidades.
Para respaldar su hipótesis de que la estructura socio-económica influye de forma
directa en la conformación del carácter, Fromm fue instaurando en su elaboración teórica
una correspondencia entre las orientaciones de carácter y una etapa histórica concreta.
No obstante, explica que todas las orientaciones forman parte del equipaje humano y que
el predominio de cualquiera de ellas depende en mucho de las singularidades de la
24
Ibíd., pp. 98-107.
Fromm, Erich. “El hombre ¿es perezoso por naturaleza?”, La patología de la normalidad, Barcelona,
Paidós, 1994, pp. 131-178.
25
96
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
cultura en la que al individuo le toca vivir. Afirma que no existe ninguna orientación en
forma absoluta, se trata siempre de combinaciones, pues el carácter de una persona jamás
representa exclusivamente una de las orientaciones improductivas o la productiva.
Tampoco hay nadie que carezca por completo de productividad; de hecho, las
orientaciones improductivas, tal como Fromm las describe, pueden considerarse como
distorsiones de actitudes que, en sí mismas, constituyen una parte normal y necesaria de
la vida. Cualquiera de las orientaciones improductivas posee, por consiguiente, un
aspecto positivo y otro negativo, de acuerdo con el grado de productividad que ostente la
estructura total del carácter. Resumiendo, cuando predomina la orientación productiva
en el sistema de carácter, las orientaciones improductivas que se combinan con ésta
adquieren cualidades constructivas.26
Ahora bien, aunque Freud aceptó desde un principio que la psicología individual es
a la vez psicología social, sus investigaciones se aproximaron a la comprensión de los
mecanismos que rigen la primera. En contraste con el padre del psicoanálisis, Fromm
sostiene que la relación entre individuo y sociedad es de carácter dinámico. Establece que
la sociedad, además de una función represora, ejerce también una función creadora. De
acuerdo a este autor, las inclinaciones humanas más bellas así como las más repugnantes,
no forman parte de una naturaleza humana fija y biológicamente dada, sino que resultan
del proceso social que crea al hombre; y a la vez que el hombre es producto de la
historia, también la historia es producto del hombre. Sin duda, Fromm destaca como uno
de los pensadores más perspicaces del siglo XX al indagar desde la década de los treinta
en el campo de la psicología social analítica. 27
Su teoría del carácter social introduce un componente novedoso al materialismo
dialéctico de Marx y Engels, al develar los mecanismos psíquicos que intervienen para
que la superestructura se convierta en reflejo de la estructura socio-económica. Fromm
denomina carácter social al núcleo esencial de la estructura del carácter de la mayoría de
los miembros de un grupo; esa ―matriz de carácter‖ se desarrolla como resultado de las
experiencias básicas y los modos de vida que comparten; es decir, como adaptación a
condiciones económicas, sociales y culturales concretas. Por supuesto que es menos
específico que el carácter individual y además, dentro del grupo nunca dejarán de existir
26
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 127-128.
Fromm, Erich. “Método y función de una psicología social analítica”, Zeitschrift fur Socialforchung,
Hirschfeld-Leipzig, 1932. En este trabajo Fromm aborda por primera vez la relación entre materialismo
histórico y psicoanálisis.
27
97
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
individuos con una estructura de carácter distinta a la de la mayoría, pero las acciones del
grupo como colectividad estarán determinadas por el carácter social dominante. 28
Estructura
Superestructura
(ideología)
Socioeconómica
Carácter
social
Fig. 2. Teoría del carácter social
La formación del carácter social está mediada entonces por la influencia integral de
la cultura, que incluye los métodos de criar a los niños, la educación, instrucción,
literatura, arte, religión, costumbres, música, etc. Y consuma una función subjetiva clave:
la de conducir al individuo a obrar de conformidad con lo que es necesario desde un
punto de vista práctico; incluso le permite experimentar una satisfacción psicológica
derivada de su actividad. En estos términos, se deduce que la conformación del carácter
social es indispensable para que la sociedad funcione, ya que en un proceso dialéctico, al
adaptarse a las condiciones sociales, el hombre desarrolla aquellos rasgos que le llevan a
desear lo que tiene que hacer, de acuerdo al papel que le corresponde en la sociedad. 29
El carácter social internaliza las necesidades de un sistema económico y social
determinado, haciendo que se conviertan en parte de la conciencia de cada uno de sus
miembros. A causa de lo anterior, permite que las energías humanas se enfoquen hacia
las tareas requeridas sin la necesidad de que algo o alguien estén recordando al individuo
sus obligaciones. Fromm señala que el carácter social cumple con una labor
cohesionadora, se convierte en algo así como la argamasa de la estructura social, pero
aquí mismo realiza otra brillante observación.
28
29
Fromm, Erich. El miedo…, Ob. cit., pp. 33-34, 268.
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., p. 269.
98
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Las condiciones económicas evolucionan mucho más rápido que la estructura de
carácter. Es por esa razón que llega el momento en que se produce un retraso, un desfase
entre estos dos elementos, y entonces el carácter social puede transmutarse en dinamita
peligrosa para la estructura de la sociedad. Cuando los rasgos de carácter ya no son útiles
para un nuevo sistema económico, es decir, cuando las acciones de un individuo
dificultan sus propósitos económicos o bien no encuentra en su vida cotidiana suficientes
oportunidades para obrar de acuerdo con su forma de ser, aparecen los sentimientos de
frustración y de angustia; fuerzas psicológicas que a la postre pueden dirigir el rumbo del
proceso social. 30
Otro de los planteamientos de Fromm que toca fibras sensibles entre los científicos
sociales es la afirmación de que el éxito de una ideología se debe a su capacidad para
satisfacer las necesidades humanas específicas que destacan en un carácter social dado.
Esto quiere decir que nuestro carácter nos hace inclinarnos por ciertas ideas frente a
otras. El planteamiento explica por qué hay ideas que pueden ser admitidas de forma
consciente por ciertos grupos, pero como no consiguen tocar las raíces de la estructura de
carácter, no sirven como criterios para actuar en momentos de crisis. El trabajo de campo
con los obreros alemanes dirigido por Fromm en la década de los treinta, es la prueba
irrefutable de este principio.31
Por último, hay una distinción más respecto a las concepciones freudianas. Fromm
argumenta que la importancia de las experiencias infantiles no excluye cambios
posteriores de carácter. Reconoce que la estructura de carácter adquirida en la infancia es
constantemente reforzada en la vida posterior, sólo mientras las circunstancias socioeconómicas no cambien. Cuando las condiciones cambian de manera importante, el niño
e incluso el adulto más tarde, tienen la oportunidad de manifestar orientaciones que han
estado latentes en su desarrollo y que resultan más apropiadas para afrontar las nuevas
circunstancias. Como puede constarse, para Fromm la estructura de carácter no siempre
es rígida e incapaz de ser modificada; el hecho de que no se modifique se debe, en su
opinión, al continuo reforzamiento del ambiente o a que, en efecto, el sistema haya
perdido su capacidad regenerativa, lo cual constituye un signo inequívoco de
enfermedad.32
30
Ibíd., p. 270.
Fromm, Erich. El miedo…, Ob. cit., pp. 266-267.
32
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 41-43.
31
99
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Pero reconoce que para que la estructura de carácter pueda ser modificada, se
requieren cambios en todas las esferas en que se desenvuelve la vida. Debido a que
funciona como sistema en el que cada una de las partes se vincula con las demás, tenderá
a absorber e invalidar cualquier cambio efectuado en un rasgo específico.
Esta es la parte de su propuesta que merece una atención especial porque apuesta
por una posibilidad de cambio a nivel integral. Refrenda que la transformación individual
no podrá consumarse sin cambios en la sociedad. Todo depende de que los elementos
del sistema de carácter hayan conservado cierta flexibilidad y capacidad de regeneración,
lo que implica que Fromm mantiene una posición realista que no colinda con el
pesimismo. Su postura adquiere sentido porque no excluye la fe en el ser humano y en su
capacidad para transformar la realidad. Maccoby, discípulo y paciente de Fromm por
más de ocho años, lo explica así:
―Fromm tiene fe y esperanza en la humanidad, pero no es ni optimista ni utópico.
El escribe acerca del potencial humano para el desarrollo, pero tanto como
cualquier otro pensador moderno, reconoce, analiza y lamenta las tendencias
humanas destructivas. No es un conformista, porque mediante la exploración de las
relaciones entre la destructividad y las condiciones sociales, nos apunta hacia esos
acuerdos sociales- condiciones de trabajo, tecnología- que deben ser cambiadas
para alentar el verdadero desarrollo positivo del potencial humano‖.33
Es evidente que la teoría del carácter social tiene mucho que decir a una disciplina
como la historia, al introducir el factor subjetivo en la comprensión de los procesos
sociales.34 Si, como dijera Marx, son los hombres quienes construyen la historia, hay que
entender cuáles son las fuerzas psicológicas detrás de sus acciones. Desde luego que
Fromm no fue el primero en hablar del carácter común a un grupo social,35 pero se
ocupó de articular un método para su estudio sistemático. La teoría del carácter social
nos brinda un acceso a las razones más profundas del acontecer histórico y enarbola una
alternativa viable para incidir en la transformación social.
33
Maccoby, Michael. “Social Character vs the Productive Ideal: the Contribution and Contradiction in
Fromm`s view of Man”, Praxis International, 1982. Ceeol Library Online (www.ceeol.com).
34
Se considera a Erich Fromm uno de los fundadores de la corriente conocida como Psicohistoria, que
tuvo mucho auge en la década de los sesenta en Estados Unidos. Friedman, Lawrence. “Recovering Erich
Fromm´s Life: Some Dilemmas and Preliminary Solutions”, Fromm Forum, Tubinga, Núm. 10, 2006, pp.
12-18.
35
Se encuentran referencias a la existencia de un carácter nacional en textos tan antiguos como la Biblia.
También sugirieron su existencia antes que Fromm teóricos como David Hume y Tocqueville.
100
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Si bien el cuerpo teórico frommiano demuestra que las condiciones económicas,
sociales e ideológicas operan en el proceso social provocando una transformación del
hombre mismo para adaptarse a éstas, también prueba que a su vez los factores
psicológicos contribuyen a moldear el proceso económico y social, por lo cual, mientras
el ser humano exista, un cambio es siempre posible.
3.
Socio-psicoanálisis del campesino mexicano
Una de las acciones más trascendentes que Erich Fromm realizó en México fue
promover y dirigir una segunda investigación de campo, para poner a prueba su teoría del
carácter social. En 1957, a dos años de haber cumplido con la formación del primer
grupo de psicoanalistas mexicanos, contaba con un proyecto para realizar un estudio
entre los campesinos de una comunidad aledaña a su residencia en Cuernavaca.
La población de Chiconcuac le pareció atractiva por ser representativa de las
comunidades campesinas del valle de México, organizadas en ejidos. Era conocedor del
programa de reforma agraria que había sido impulsado en nuestro país durante el
período revolucionario y del proceso de industrialización que había comenzado a
transformar las estructuras económicas tradicionales. Su vocación de psicólogo social lo
incitaba a indagar en los cambios que la forma de organización ejidal había suscitado en la
personalidad y el carácter de los campesinos.
El estudio que implicó siete años de intensa labor, de 1957 a 1964, contó con la
participación de numerosos colegas y amigos. El apoyo económico de varias instituciones
nacionales y norteamericanas fue crucial para sostener la extensa etapa de recopilación de
datos y remunerar a algunos de los colaboradores que le dedicaron tiempo completo.36
El interés por estudiar a las poblaciones campesinas alrededor del mundo fue
compartido por los antropólogos en esa misma época.37 En México, a partir de los años
36
Entre las instituciones que financiaron la investigación se encuentra la Secretaría de Salubridad y
Asistencia Pública, el Foundations Fund for Research in Psychiatry por cuatro años; el apoyo de la Albert
and Mary Lasker Foundation, American Friends Service Comittee. Se contó además con becas del Center
for Advanced Study in the Behavioral Sciences, Institute for Policy Studies y el Instituto de Salud Mental
del Public Health Service. Para la lista completa del grupo de colaboradores consultar: Fromm, E. y
Maccoby, M. Ob. cit., pp. 7-14.
37
Redfield, Robert. Tepoztlan, a Mexican Village, Chicago, The University of Chicago Press, 1930;
Peasant Society and Culture. An Anthropological Approach to Civilización, Chicago, The University of
Chicago Press, 1956; Lewis, Oscar. Life in a Mexican Village: Tepoztlan Restudied, Chicago, The
University of Chicago Press, 1951; Wolf, Eric R. “Types of Latin American Peasantry: A Preliminary
Discussion, American Anthropologist, Núm. 57, 1955, pp. 452-471.
101
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
veinte,
el
programa
político
posrevolucionario
impulsaría
las
investigaciones
antropológicas entre comunidades rurales, principalmente indígenas, con la finalidad de
adaptar y regenerar a sus miembros para integrarlos al proyecto de modernidad. La labor
fue continuada hasta finales de la década de 1950 por la biotipología, que buscaba
descifrar además una patología de la miseria. Según sus representantes, esta disciplina
―…conjugaba las orientaciones de la psicología, la biología, la antropología, la
endocrinología, la psiquiatría, la medicina y las matemáticas con el fin de explorar
conjuntamente los caracteres somáticos y psíquicos de los grupos humanos‖.38 En
realidad, los estudios biotipológicos eran todavía portadores del estigma de racismo que
había dominado las ciencias en México durante el siglo XIX.
El estudio que Erich Fromm planteó se escapaba del esquema general de
aproximación a las poblaciones campesinas. Con las herramientas psicoanalíticas a la
mano, su objetivo era presentar una serie de datos empíricos sobre los valores e impulsos
arraigados en el carácter del campesino, para comprender sus respuestas a las nuevas
exigencias que acompañaban al proceso de industrialización. Como hemos visto, sus
observaciones se asentaban en sus respectivas teorías, que toman como eje medular los
factores socio-económicos y culturales para explicar la formación del carácter común a un
grupo social, que en última instancia define la conducta colectiva.
La importancia de contar con este tipo de información radica en que el éxito de los
proyectos educativos y económicos entre cualquier sector social, depende casi
exclusivamente de que se tomen en cuenta las actitudes, emociones y valores dominantes
en el carácter de sus miembros. Pero a diferencia de los estudios antropológicos
enfocados desde la psicología conductista, como el que George M. Foster consumaba en
Tzintzuntzan,39 que tienden a observar a la sociedad campesina como un lastre para el
progreso económico en la sociedad industrial, Fromm percibe que en el mundo
moderno, ésta representa un reducto de valores humanos centrados en la vida, que no
deben sacrificarse en nombre del ―progreso‖.
38
José Gómez Robleda citado por Beatriz Urías Horcasitas en: Historias secretas del racismo en México,
1920-1950, México, Tusquets, 2007, pp. 54-55.
39
Foster, George M. Tzintzuntzan. Los campesinos mexicanos en un mundo en cambio, México, Fondo de
Cultura Económica, 1972; “El carácter del campesino”, Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría y
Psicología, México, Núm. 1, 1965, pp. 83-106. Fromm pidió a Foster que revisara los resultados de su
investigación; se realizaron comparaciones entre una sociedad campesina con tradición cultural indígena
como Tzintzuntzan y Chiconcuac, una sociedad campesina mestiza sin tradición indígena.
102
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Observa que el problema es mucho más complejo de lo que parece, pues no se trata
sólo de utilizar tecnología más avanzada en la agricultura,
―…junto con las nuevas técnicas nacen nuevos valores que empujan hacia el
consumo máximo, la subordinación del hombre a los requerimientos de la
máquina y el lucro, la enajenación, la destrucción de la cultura campesina
tradicional y con ello el valor transutilitario del disfrute de la vida a través del arte,
la danza, la música y los rituales.‖ 40
La investigación llevada adelante por Fromm y Michael Maccoby tuvo por objeto
contribuir a plantear opciones para concertar el espíritu humanista presente en la
concepción vital del campesino, con las técnicas modernas de la agricultura.
No es casual que hayan escogido México como escenario de su investigación.
Identificaban que para esa época, la transición de una sociedad con rasgos feudales estaba
apenas en ciernes y advertían que la realidad mexicana ofrecía la posibilidad de incidir en
la construcción de una forma de industrialismo humanístico.41 Advertían también los
peligros de que países como México imitaran las medidas que se aplicaban en los países
más desarrollados. Estaban convencidos de que se podían satisfacer las necesidades
materiales de la población respetando los ideales y valores tradicionales, bajo el
entendido de que la producción económica debe ser sólo un medio para una vida
humana próspera. Confiaban en que la participación activa y responsable del individuo
en la vida económica y social, podía suprimir el sentimiento de impotencia prevaleciente;
para lo cual se necesitaba lograr que éste dejara atrás sus actitudes condescendientes.
El método empírico que se utilizó para el análisis de las 162 familias de Chiconcuac,
consistió
en
aplicar
un
cuestionario
interpretativo,
complementado
con
el
Psicodiagnóstico de Rorschach y la Prueba de Apercepción Temática (TAT). El
cuestionario desarrollado por Fromm fue utilizado por primera vez en el estudio con los
obreros alemanes y se adaptó al contexto campesino. Las preguntas tocan puntos
cardinales de la vida familiar del individuo y algunas intentan dilucidar cuestiones más
profundas acerca de su percepción de la vida. La interpretación psicoanalítica toma en
40
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 20-21.
Fromm, Erich. “Problemas psicológicos del hombre en la sociedad moderna”, La patología…, Ob. cit.,
p. 49. Conferencia presentada en la Academia Nacional de Medicina en la ciudad de México en 1964.
41
103
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
cuenta la totalidad de las respuestas y su relación entre sí.42 También se utilizó el método
de observación participante, pues los autores convivieron con la comunidad a lo largo de
todo el estudio. Durante cuatro años se contó con la asesoría de los antropólogos Albert
Schwartz y Lola Romanucci Schwartz, quienes ayudaron a objetivar los resultados de los
cuestionarios interpretativos.
Queda pendiente hacer un balance general de los resultados de la investigación. Pero
podemos adelantar algunos aspectos que permiten comprender los mecanismos
psicológicos que subyacen en la cultura popular mexicana. Es interesante observar que el
estudio aporta datos empíricos que corroboran algunas hipótesis ya bosquejadas en el
ámbito literario.43
Por ejemplo, Fromm y Maccoby confirman que la fijación materna es el factor
central en la formación del carácter campesino; pero aplica para todos los mexicanos en
cuanto el sistema patriarcal, dominante en apariencia, se encuentra subordinado al
principio materno. Este hecho explica la generalización de actitudes compensatorias
como el machismo. Aunque por ley y costumbre a la mujer se le atribuye una debilidad,
en la familia es ella la que lleva las riendas, tanto en lo que respecta a la administración
monetaria, como a la crianza de los hijos.
Es indudable que la sociedad mexicana está emocionalmente centrada en la madre,
fenómeno que se pone de manifiesto también en las actitudes religiosas, principalmente
respecto a la adoración a la Virgen de Guadalupe. El vínculo incestuoso con la madre
influye así mismo en la inclinación hacia el alcoholismo, con niveles preocupantes entre
los aldeanos para el momento de la investigación.44
El escrutinio psicoanalítico penetró en todas las esferas de la vida del campesino:
modos de trabajo, relaciones familiares, condiciones de existencia y escala social. Se dio
seguimiento a los aspectos socio-culturales que influyen en la conformación del carácter
desde la infancia hasta la adultez. Así, se analizaron los contenidos de los juegos
populares entre los niños de la comunidad y sus significados axiológicos.45 Se demostró
42
Se puede consultar el cuestionario completo en el Apéndice A de la obra citada. Los autores del estudio
decidieron aplicar también pruebas psicoanalíticas clásicas para comparar y objetivar los resultados del
cuestionario interpretativo. Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 312-318.
43
Paz, Octavio. El laberinto de la soledad, México, Fondo de Cultura Económica, 1959.
44
Maccoby, M. “El alcoholismo en una comunidad campesina”, Revista Mexicana de Psicoanálisis,
Psiquiatría y Psicología, México, Núm. 1, 1965, pp. 38-64.
45
Maccoby, M, Modiano, N, and Langer, P. “Games and Social Character in a Mexican Village”,
Psychiatry Washington, Washington, Vol. 27, Núm. 2, mayo 1964, pp. 150-162.
104
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
cómo es que los juegos se convierten en importantes instrumentos ideológicos, que van
preparando a los niños y niñas para su papel en la comunidad.
Aunque se abordaron las diferencias de carácter entre hombres y mujeres, Fromm y
Maccoby concluyeron que el carácter social del pueblo se compone de tres orientaciones.
La más frecuente es el carácter improductivo-receptivo. Le siguen el carácter productivoacumulativo y, por último, el carácter explotador, que se combina con productividad en
algunos casos.46
Para determinar la relación entre los factores económicos y las distintas orientaciones
de carácter localizadas en la comunidad de Chiconcuac, se tomaron en cuenta los
antecedentes prerrevolucionarios de los aldeanos. Se arribó a la conclusión de que
aquellos peones procedentes de las haciendas que recibieron tierra con el reparto en la
Revolución, no contaban con la estructura de carácter apropiada para enfrentar los
desafíos del campesino, que depende de su propio empeño y habilidad para conservar
sus cosechas y venderlas en el mercado.
De esa forma elucidaron que la orientación improductivo-receptiva tiene sus raíces
en la historia de la estructura feudal de la sociedad mexicana. Esta dio origen a una serie
de rasgos socio-psicológicos que caracterizan la organización política, incluso hasta
nuestros días. Observaron la existencia de una marcada jerarquía de dependencias de
abajo hacia arriba; que la seguridad y el progreso individual no se obtienen de acuerdo a
logros y competencia como en la sociedad moderna, sino sobre la base de una lealtad
absoluta al superior a cambio de ―favores‖. En consecuencia, el mexicano —tanto el
campesino como el individuo de clase media— considera todo lo que recibe como un
favor y no como derecho.
También se indagó en los modos de relación, encontrando que el carácter sociopolítico del pueblo se identifica por la sumisión, combinándose con actitudes de
autoridad tradicional y autoritarismo en menor grado. Conviene destacar que la categoría
de autoridad tradicional surgió como resultado de este trabajo de campo; constituye una
aportación específica de la realidad mexicana al psicoanálisis humanista.
El panorama campesino le permitió a Fromm matizar su concepto de carácter
autoritario, revelando que la autoridad puede combinarse también con actitudes
amorosas y democráticas. El individuo que se rige por la autoridad tradicional no es
sadomasoquista, no cree que la fuerza hace la razón ni se identifica con el poder. Pero
46
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 151-170.
105
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
tampoco desafía las pautas sociales tradicionales porque le proporcionan un sentido de
continuidad, de seguridad y de significado.47
En una conferencia presentada en el Seminario Latinoamericano de Salud Mental
celebrado en Cuernavaca en 1962,48 Fromm habló de uno de hallazgos más preocupantes
en la sociedad campesina mexicana: la sumisión al destino. Se refiere a este rasgo como
una forma de enajenación que promueve una ausencia fatalista de esperanza. El
campesino cree que no puede hacer nada para cambiar su posición, que la vida pasa y
que debe aceptar su destino.
Los resultados globales de la investigación evidenciaron el proceso de desintegración
de la sociedad campesina en todos sus aspectos. La forma en que las coloridas fiestas, los
placeres de la vida que consisten en relacionarse y trabajar con sus semejantes, afirmar su
identidad y dedicarse a actividades culturales son paulatinamente sustituidos por la
bebida, la riña, la televisión y el ocio total.
Los hallazgos confirman que desde los años sesenta, la presión de la sociedad
industrial se hacía sentir en el creciente interés por aumentar las ganancias materiales para
lograr un nivel más alto de consumo. La fluctuación entre la ciudad y el campo,
acentuada por los jóvenes que buscan su formación académica fuera de la comunidad,
contribuía a que la población campesina fuera incorporando las necesidades creadas por
la industria publicitaria.
En el marco del estudio se llevaron a cabo diversos ensayos para observar las
respuestas psicológicas de los aldeanos a distintos estímulos culturales y laborales. En
estos ejercicios afloraron todas las actitudes negativas que suelen presentarse en los
proyectos gubernamentales dirigidos a estos sectores.
La táctica de los conductores del estudio fue sacar a relucir las actitudes nefastas, sus
sustratos emocionales y argumentar las motivaciones inconscientes que las originaban,
con el objetivo de movilizar las energías productivas entre los campesinos. Con ejemplos
concretos de la vida diaria sometidos a discusión, los psicoanalistas implicados en el
estudio fueron despejando, con paciencia, aquellos factores que obstaculizan el progreso
material y humano de los campesinos. Es imposible pasar por alto el enorme
compromiso social que esto representa. Traer a la conciencia aspectos de la propia
47
48
Ibíd., pp. 116-117.
Fromm, Erich. “Mi idea de la salud mental”, La patología..., Ob. cit., p. 114.
106
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
conducta que por lo general permanecen insospechados, puede establecer una base
objetiva para la acción en un futuro.
Fig. 3. Fromm con algunos de los campesinos que participaron en el estudio. En la foto de la
derecha acompañado de sus discípulos mexicanos.
Por último, no podemos dejar de mencionar que este método de investigación
inaugurado por Fromm, continúa siendo aplicado en México por algunos de sus
alumnos. Se le denomina Proceso de Intervención socio-psicoanalítica y ha generado
valiosos resultados en los últimos años.49 Ha inspirado, así mismo, a algunos psicólogos
que ahora se proponen construir una teoría del carácter cultural para estudiar las
necesidades psicoculturales de algunos grupos étnicos en Chiapas.50
4. Narcisismo, biofilia y necrofilia
Como expusimos en el primer apartado de este capítulo, Erich Fromm construyó sus
teorías apoyándose en los descubrimientos que Freud realizara en sus últimos años y que
pusieron en entredicho su anterior esquema: el narcisismo y los impulsos hacia la vida y
hacia la muerte.
El mismo Freud reconoció que el narcisismo era una de las revelaciones más
fecundas del psicoanálisis y lo utilizó para explicar fenómenos como el amor, el miedo, la
psicosis, los celos e incluso para comprender la lealtad de las masas a sus gobernantes.
49
Gojman de Millán, Sonia. “A Sociopsychoanalytic Intervention Process in a Mexican Mining Village”,
International Erich Fromm Society, Tubinga, 1992, pp. 47-56.
50
Aguilar Jiménez, Efraín. “Una variante del carácter cultural”, Enseñanza e Investigación en Psicología,
Xalapa, Universidad Veracruzana ,enero-junio, Vol. 10, Núm. 1, 2005, pp. 191-207.
107
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Según su perspectiva, el narcisismo primario es el estado natural del hombre en su
infancia temprana, mientras aún no tiene relación con el mundo exterior. Al correr los
años en el desarrollo normal, cuando el niño tiene que empezar a relacionarse con las
personas y el entorno que le rodea, es decir dirigir su libido a objetos exteriores, se
establece un narcisismo secundario, que permanece latente en cierta medida durante toda
la vida. De acuerdo a Freud, en la persona normal el narcisismo se ha reducido al
mínimo socialmente aceptado y por tanto, ésta tiene la capacidad de razonamiento y de
amor al objeto.51
A diferencia de Freud, quien parte de su concepto de libido sexual para explicar el
narcisismo, Fromm lo concibe enraizado en una energía psíquica total, que envuelve y
mantiene unido al organismo vivo. Pero además de comprenderlo como fenómeno
individual, complementa las reflexiones de Freud en cuanto fenómeno social.
Empieza por aceptar que el narcisismo tiene, al igual que el sexo, una función
biológica. El hombre necesita interesarse en sí mismo para poder defenderse de los
peligros exteriores y lograr su supervivencia, ya que su aparato instintivo no es tan eficaz
como el de los animales. Pero se da la paradoja de que en formas extremas el narcisismo
puede estar en contraposición a la supervivencia, porque de no cooperar con otros, el
hombre fracasaría en el afán de protegerse y de abastecer sus necesidades materiales.
Fromm arriba a la conclusión de que el narcisismo es un fenómeno natural en el ser
humano, mientras se mantenga en un nivel óptimo, pero puede transfigurarse en una
patología si llega a niveles en los que deforma el juicio racional y provoca una aguda
desconexión con el mundo. Encontramos un ejemplo de la expresión más patológica del
narcisismo en los pacientes esquizofrénicos, para quienes la única realidad es lo que
ocurre en su interior, sus emociones, sus pensamientos, sus necesidades.
Ahora bien, dado que la sociedad se compone de seres humanos, el narcisismo
individual adquiere una dimensión culminante en el terreno colectivo. El narcisismo de
grupo cumple una función sociológica al transformarse en plataforma de cohesión entre
todos sus miembros. Si los logros creativos en la esfera cultural, intelectual o material de
ese grupo son particularmente notorios, se ejerce un contrapeso saludable a la energía
narcisista, manteniéndola en niveles benignos. Pero si lo que el grupo busca es subrayar
un pretendido esplendor, sus logros y superioridad frente a los de otros grupos, con fines
no productivos —en el sentido frommiano—, entra en escena la versión peligrosa del
51
Freud, Sigmund. Tótem y tabú, Obras completas, 2ª edición, Buenos Aires, Amorrortu, 1986, p. 467.
108
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
narcisismo social. Porque el narcisismo social desempeña otra función sociológica, sobre
todo en sistemas económicos desiguales e injustos para con las mayorías. Para individuos
pobres económica y culturalmente, el orgullo narcisista de pertenecer a un grupo es la
única fuente de satisfacción disponible y resulta, por cierto, muy efectiva para encauzar las
propias frustraciones hacia el otro, el que es diferente.52
Analizando el papel que desempeñaron las clases medias bajas en el movimiento de
Reforma del siglo XVI y en el triunfo del fascismo durante el siglo pasado, Fromm pone
en evidencia este mecanismo de compensación. Al verse confinadas a un papel
secundario en las sociedades industrializadas, las clases medias sacan a flote sus angustias
a través de actitudes hostiles y destructivas que explican por qué es común que las
posturas racistas o nacionalistas les resulten tan atractivas. Por lo general, la figura de un
―jefe‖, al que el individuo transfiere su propio narcisismo en un acto de simbiosis, 53 ha
demostrado ser una fórmula infalible para llevar estas posturas hasta sus últimas
consecuencias.
Todas las ideologías que sustentan la superioridad de un grupo sobre todos los
demás, producen el tipo de satisfacción narcisista del que hablamos. No deja de ser
preocupante que sigan teniendo éxito en nuestras sociedades actuales, cuestión que
confirma la importancia de estudiar a profundidad el fenómeno del narcisismo social.
Hay además otro factor que se conecta con la dinámica narcisista: el vínculo
incestuoso. Freud se percató de la existencia de ese vínculo, pero quedó a la sombra de la
sexualidad cuando enunció el complejo de Edipo. Fromm afirma que la fuerza que está
detrás del apego a la figura materna se encuentra presente en ambos sexos en una fase
pre-edípica, y lo identifica como fenómeno central en el proceso evolutivo del ser
humano. Esa tendencia incestuosa, aunque pueda originar deseo sexual en algunos casos,
comprende siempre el deseo de protección absoluta, el anhelo de evadir
responsabilidades, y continúa presente en la vida adulta.
El punto medular frente a ese poderoso vínculo, es que el ser humano se ve
escindido entre dos tendencias: entre nacer, progresar, crecer continuamente alcanzando
el pleno desarrollo de sus potencialidades, y volver al seno materno, acentuando su
52
Fromm, Erich. El corazón del hombre. Su potencia para el bien y para el mal. México, Fondo de
Cultura Económica, 1966, pp. 80-89.
53
Simbiosis: En sentido psicológico se refiere a la unión de un yo individual con otro (o cualquier otro
poder exterior al yo), unión capaz de hacer perder a cada uno la integridad de su personalidad,
haciéndolos recíprocamente dependientes. Fromm, E. El miedo…, Ob. cit., p. 160.
109
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
inseguridad y dependencia. Es esa constante oposición la que hace que el hombre busque
en todas las etapas de su vida figuras sustitutas de la madre a las cuales someterse. La
transferencia de la función materna hacia la naturaleza, la familia, el clan, la nación o la
raza, ejerce entonces la misma función sociológica que el narcisismo social.
Como se mencionó líneas arriba, el vínculo incestuoso con la madre es un fenómeno
palpable tanto en hombres como en mujeres durante toda la vida. Es por esto que puede
exhibirse en formas prácticamente inofensivas o bien alcanzar un grado peligroso de
regresión. Lo anterior se debe a que además del intenso apego, el vínculo conlleva el
temor a la madre, como dadora o destructora de la vida; temor que puede llegar a
debilitar el sentido de fuerza e independencia en el individuo que se traduce en un
terrible miedo a la libertad. Los casos de simbiosis incestuosa, en los que un individuo
padece a causa de un penetrante deseo de regresar al seno materno, son fuente de graves
enfermedades mentales. Por otra parte, los casos de fijación incestuosa hacia sustitutos de
la madre, como la nación o la raza, son más difíciles de notar por el individuo común,
porque sus juicios tendenciosos y deformados son aceptados por consenso entre el grupo
social al que pertenece. Incluso se toma a estas actitudes incestuosas por virtudes,
racionalizándolas como amor a la patria, deber, honor, etc.54
En este punto conviene destacar que en todas sus obras, Erich Fromm se caracteriza
por presentar una dualidad que a primera vista puede parecer simplificadora, pero que
en el fondo encaja en una red de posibilidades y matices tan infinitos como el ser
humano. Hay una idea clave para entender esta postura, que sustenta la teoría y praxis
frommiana: ―nada humano me es ajeno‖. Adoptando el aforismo de Terencio, este
pensador reconoce que todas las experiencias humanas, incluyendo las más grotescas,
tienen sus raíces en la naturaleza intrínseca de la especie. Así, concibe los fenómenos
patológicos como manifestaciones corrompidas o amplificadas de fenómenos y procesos
naturales; por tanto, recomienda atender a la realidad concreta en la que se producen.
Pero hay un elemento paradójico que distingue el acercamiento frommiano. La
experiencia humana particular es para él indescifrable. Se puede describir a la ―persona‖
—la máscara que todos usamos frente al mundo—, pero el ser humano vivo no puede ser
descrito. No se puede describir su individualidad total ni captar su ser único concreto, ni
siquiera por empatía porque no hay dos seres humanos idénticos. Desde su punto de
54
Fromm, Erich. El corazón del…, Ob. cit., pp. 113-116.
110
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
vista, solo en el proceso de compartir la vitalidad puede un ser humano romper la barrera
que lo separa del otro.55
Su objetivo no es entonces presentar una visión rígida y determinista de la naturaleza
humana, pero a partir del análisis de la situación existencial de hombres y mujeres en la
tierra, reconoce que hay dos alternativas insalvables. Sus conceptos de biofilia y necrofilia
son la expresión de esa premisa. Representan un desarrollo teórico frente a los conceptos
freudianos del impulso hacia la vida o Eros y la pulsión de muerte.
Freud los había identificado como fuerzas de igual magnitud en constante lucha e
inherentes a la vida misma. Pensó que el impulso hacia la muerte, el ansia destructora,
nace con el ser humano y difiere principalmente con respecto al objeto al que se dirige,
que puede ser otras personas, el mundo o el individuo mismo. Desde el punto de vista de
Fromm, esas fuerzas contrarias no actúan con la misma intensidad. Le atribuye a todo
organismo vivo, en primer lugar, la tendencia a conservar la vida. En adición, señala que
la materia viva tiende también a integrar y a unir, a fundirse con entidades distintas y
opuestas para crecer de modo estructural. El ciclo de la vida es unión, nacimiento y
crecimiento, así como el de la muerte es cese del crecimiento, desintegración y
descomposición.56
En sentido aristotélico, para Fromm, el impulso hacia la vida constituye la
potencialidad primaria del hombre, es decir, se desarrolla si existen las condiciones
apropiadas para ello. La potencialidad secundaria —la orientación necrófila—, aparecerá
sólo si las condiciones son opuestas a las necesidades existenciales. Esto quiere decir que
ambas potencialidades coexisten, pero llegan a actualizarse sólo en presencia de las
circunstancias requeridas.57 En estos términos, asume que el impulso hacia la muerte, la
necrofilia, es un fenómeno psicopatológico y no parte de la biología normal. Crece y se
impone en la medida en que Eros no se despliega. A partir de sus investigaciones y de su
experiencia clínica, Fromm sostiene que las fuerzas destructoras de la vida se manifiestan
en los individuos en razón inversa a las fuerzas propulsoras; que entre más intensa sea
una más débil será la otra. Deduce que la intensidad del impulso destructivo es
proporcional al grado en que se encuentra bloqueado el desarrollo de las capacidades
55
Horney Eckardt, Marianne. “The Core Theme of Erich Fromm´s Writings and its Implication for
Therapy”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, Bloomfield, Vol. II, Núm. 3, 1983, pp.
391-399.
56
Fromm, Erich. El corazón…, Ob. cit., pp. 52-53.
57
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., p. 235.
111
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
sensoriales, emocionales, físicas e intelectuales de una persona.58 Y va todavía más lejos al
indagar en las condiciones individuales y sociales que fomentan la necrofilia.
Fromm prestó mucha atención al fenómeno de la destructividad humana, puesto que
fue testigo de las calamidades producidas por las guerras del siglo XX. No emplea el
término para designar una perversión sexual, sino literalmente, como ―amor a la muerte‖.
El primero en utilizarlo en este sentido fue Miguel de Unamuno en 1936; como
respuesta a un discurso del general Millán Astray en la Universidad de Salamanca que
concluyó con el grito ―¡Viva la muerte!‖, el filósofo español expresó:
―…ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito, ¡Viva la muerte! (…) el general
Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más
bajo. Me atormenta el pensar que el general Astray pudiera dictar las normas de la
psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de
Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se
multiplican los mutilados a su alrededor.‖
La prolongada etapa del franquismo en España ratificaría la tragedia implícita en las
palabras de Unamuno. Fue por eso que Fromm no halló mejor concepto para expresar
ese rasgo de carácter psicopatológico tan latente en la sociedad contemporánea.
El concepto de necrofilia de Fromm también presenta ciertas analogías con el
carácter anal descrito por Freud. En referencia a su experiencia clínica, afirma que no es
la instrucción para evacuar en el baño, con sus efectos sobre la libido anal, el motivo
dinámico de la formación del carácter anal. Dice que es crucial el carácter de los padres,
primordialmente el de la madre, que por su odio o su miedo a la vida, insiste demasiado
en orientar el interés del niño hacia los procesos de evacuación, moldeando sus energías
de manera que surja en él una pasión por poseer y atesorar. En su opinión, el carácter
anal y el necrófilo son cualitativamente iguales en su afinidad con lo muerto; sólo se
diferencian en la intensidad de esa afinidad. En otras palabras, para Fromm la necrofilia
es la forma maligna de la estructura de carácter anal.59
Las personas con orientación necrófila se sienten fascinadas por lo muerto, lo
marchito: cadáveres, heces, basura, máquinas. Gozan hablando de enfermedades, de
destrucción, de violencia porque paradójicamente es lo único que los hace sentir vivos.
Prefieren vivir en el pasado, sus recuerdos están llenos de sensiblería pero en realidad
58
59
Ibíd., pp. 233-235.
Fromm, Erich. El corazón…, Ob. cit., pp. 57-59.
112
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
son fríos, hoscos, devotos de la ley y el orden por su temor a la incertidumbre y
espontaneidad de la vida. Su actitud ante la fuerza es esencial para comprender la forma
en que ven el mundo; les seduce la posibilidad de tener poder para matar o dominar a
otros, aman tener el control. Su perspectiva de la vida es mecánica, por lo que admiran
las máquinas por encima de las personas, que aparecen a sus ojos como cosas. Es común
que sientan cierta atracción por la oscuridad, puesto que inconscientemente buscan
regresar al útero materno y al estado inorgánico.60
Anatomía de la destructividad humana, uno de los últimos libros que publicó
61
Erich Fromm en vida, es una penetrante inquisición en términos científicos y culturales
de la orientación necrófila para explicar los umbrales de destructividad que el ser
humano puede alcanzar. Aquí solo fue posible hacer una breve descripción de algunos de
los rasgos que caracterizan dicha orientación para corroborar que el concepto no es pura
abstracción. Sin embargo, es preciso aclarar que no es necesario que todos los rasgos
coexistan para identificar la necrofilia, esta varía mucho en cada individuo. Lo importante
es identificar el grado de necrofilia en comparación con las tendencias biófilas y si la
persona tiene conciencia de ello, o bien nubla su juicio con racionalizaciones. Trataremos
las implicaciones sociales de la necrofilia en el siguiente apartado, cuando abordemos el
análisis de la sociedad contemporánea que nos legó este eminente sociólogo. Para
sintetizar con palabras de Fromm:
―La necrofilia constituye una orientación fundamental; es la única respuesta a la
vida que está en completa oposición con la vida; es la orientación mas morbosa y
peligrosa de que es capaz el hombre‖.62
Pero en el hombre palpita con ímpetu la tendencia a conservar la vida y a luchar
contra cualquier cosa que la amenace, buscando en su lugar la fusión que resulta en la
creación de algo nuevo. Estas son expresiones elementales de la biofilia, el ―amor a la
vida‖ en sentido literal.
El pleno despliegue de esta orientación fundamental es justamente lo que Fromm
expuso en su caracterología como productividad. La persona que ama la vida se ve
atraída a todos los procesos de crecimiento, prefiere construir a conservar, busca la
aventura en vez de la seguridad y la certidumbre. Su sentido de la vida es funcional y
60
Ibíd., pp. 38-45.
Fromm, Erich. Anatomía de la destructividad humana, México, Siglo XXI, 1975.
62
Fromm, Erich. El corazón…, Ob. cit., p. 45.
61
113
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
percibe la totalidad no sólo como suma de las partes, goza de todas las experiencias y es
capaz de vincularse con su entorno y con los suyos de forma amorosa63 y racional. Según
veremos en un próximo apartado, en el amor a la vida está la base de la ética y filosofía
humanistas.
Por ahora basta dar un perfil general de estas dos orientaciones fundamentales a
condición de que se entienda que en la mayoría de la gente lo que existe es una mezcla
entre ambas tendencias. Aunque si queremos hallar muestras de personalidades
netamente necrófilas, Hitler y los generales alemanes nazis proporcionan ejemplos claros.
En estos casos extremos se observa una interrelación de la tendencia necrófila con los
fenómenos de narcisismo patológico y fijación simbiótica en la madre que Fromm ha
denominado ―síndrome de decadencia‖.64
En el caso de la mayoría de las personas, la importancia de comprender cuál de las
dos orientaciones predomina radica en que, de acuerdo a la hipótesis de Fromm, la falta
de conciencia en cuanto a la preponderancia de actitudes necrófilas, ocasionará que la
tendencia opuesta —el amor a la vida— se vea poco a poco debilitada.
En sus obras señaló una amplia gama de razones por las que un individuo se ve
orientado hacia estas manifestaciones, pero todas confluyen en un aspecto esencial
determinado por la situación humana.
El ser humano requiere más que la satisfacción de sus necesidades fisiológicas,
necesita resolver el problema de su existencia encontrando sentido a su vida. Posee
voluntad y capacidad para transformar el mundo y se siente impulsado a hacerlo, esa es
su potencialidad. Crear y transformar es trascender la situación de criatura en la que nace
y convertirse realmente en humano. Pero cuando por distintos motivos, esa potencialidad
se ve mutilada, se perturba el equilibrio humano y se ve forzado a encontrar otra forma
de trascender. Fromm concluye que destruir la vida también es trascenderla, ya que
suministra un escape al insoportable sentimiento de la pasividad total, la impotencia.
Mientras para crear el hombre debe desarrollar y hacer uso de todas sus cualidades, para
destruir solo necesita una: la fuerza. Ésta es la válvula de escape de los individuos a
quienes se ha negado la capacidad de expresar positivamente sus potencias
63
Para Fromm el amor es una actitud ante la vida, una orientación del carácter que determina el tipo de
relación con el mundo como totalidad, no con un objeto amoroso. Es un poder activo en el hombre que
consiste en dar como expresión de vitalidad; que atraviesa las barreras que lo separan de sus semejantes.
Los elementos básicos comunes a las distintas formas de amar son: cuidado, responsabilidad, respeto y
conocimiento. Fromm, Erich. El arte de amar, México, Paidós, 2004.
64
Fromm, Erich. El corazón…, Ob. cit., p. 126.
114
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
específicamente humanas. Es entonces cuando el afán de destrucción se convierte en un
impulso tan intenso como el deseo de vivir, porque es lo que da sentido a su existencia.65
Esta vertiente fue señalada más tarde por Víctor Frankl a partir de su propia experiencia
en un campo de concentración.66
En consonancia con el estilo profético que distinguió sus escritos, Fromm busca
transmitir un mensaje: que el hombre tiene la potencia para el bien y para el mal, pero es
libre para escoger su propio camino y debe aceptar las consecuencias de su elección.
Puede elegir el camino de la vida o el camino de la muerte, pero no le es posible
permanecer indiferente. Esta disyuntiva es, según Fromm, el motor de la vida humana y
aunque ambas opciones constituyen soluciones al enigma de la existencia, una tiene un
carácter progresivo y conduce al despliegue de las potencialidades humanas, mientras que
la otra es regresiva y representa un estado patológico.67
5.
Características de la sociedad moderna: la patología de la
normalidad
La humanidad desfila ya hacia el final de la primera década del siglo XXI y cada paso
confirma la vigencia del pensamiento de Erich Fromm. De entre sus más cercanos
colaboradores, hay quienes afirman que este pensador estuvo siempre consciente de que
sus ideas no serían cabalmente comprendidas hasta décadas después de su muerte.68 Aun
cuando este multifacético personaje se mostró en todo momento contrario a las
ortodoxias, sus investigaciones se erigen como un pilar indispensable para todos los
interesados en las ciencias sociales. El talante visionario de su obra se pone de manifiesto
sobre todo en lo que atañe a su incisivo y certero análisis de la sociedad industrial.
A lo largo de sus estudios, se adentró al profundo océano inconsciente para
decodificar la correlación entre el individuo y la sociedad moderna. Su teoría del carácter
65
Ibíd., pp. 28-30.
Frankl, Víctor. El hombre en busca de sentido, 2ª edición, Barcelona, Herder, 2004.
67
Freud ha mostrado cómo la fijación o regresión a una orientación que corresponde a una etapa evolutiva
anterior, ya no es adecuada, teniendo en cuenta la etapa de desarrollo que la persona ha alcanzado.
Fromm utiliza el término regresión en el mismo sentido, excepto que no utiliza la teoría de la libido.
Afirma que cada orientación tiene en sí misma varios niveles de regresión, que va del nivel normal hasta
el patológico más arcaico. Propone entonces que se determine el estado patológico no de acuerdo con la
distinción de diferentes niveles en el desarrollo de la libido, sino de acuerdo con el grado de regresión que
pueda determinarse dentro de cada orientación, tomando en cuenta los modos de asimilación y los modos
de socialización.
68
Entrevista realizada por José Alberto Castro al Dr. Aniceto Aramoni, “En su centenario, Erich Fromm
en el diván de sus discípulos”, Revista Proceso, México. (www.psicomundo.org/fromm/fromm.htm).
66
115
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
social es el eje vertebrador del influjo mutuo entre las características socio-económicas de
la sociedad moderna y la psique humana. Nuestro autor parte de una pregunta que dejará
en el aire el propio fundador del psicoanálisis: ¿puede estar enferma una sociedad en su
conjunto? Una porción de las respuestas que surgen de esta interrogante se liga a la
conclusión radical que ya había sido expresada por Marx en el siglo XIX: la atmósfera
psicológica prevaleciente en el capitalismo genera consecuencias perniciosas para la salud
mental del hombre medio.69
A estas alturas, cualquier persona con un mínimo de sensibilidad puede corroborar
la verosimilitud de tan abrupta conclusión. Uno va por la calle en las grandes ciudades y
poca gente es capaz de expresar una sonrisa cuando escucha un saludo cordial. La prisa
por llegar al trabajo, la competencia por ganar un asiento en el transporte público, la
desconfianza que genera que algún extraño se acerque a pedir información, los aires de
superioridad de aquel que maneja un auto de lujo, en fin, toda esa densa atmósfera que
rodea la vida cotidiana parece demostrar que los hombres y mujeres de nuestros días han
perdido la capacidad óptima de convivencia. Viven a máxima velocidad en un estado
paranoico que termina por aislarlos de sus semejantes.
Ahora bien, el análisis que Fromm presenta del capitalismo, como sistema socioeconómico, político y cultural, se asienta en un amplio recorrido histórico que se remonta
hasta sus orígenes en el siglo XVI y va distinguiendo las fases por las que atravesó con el
paso del tiempo. Atribuye a cada fase rasgos psicológicos específicos, desarrollados de
acuerdo a los requerimientos del sistema para su buen funcionamiento. Por razones de
espacio, en este apartado nos centraremos en los aspectos característicos de la sociedad
industrial capitalista de la primera mitad del siglo XX, a los que Fromm dedicó la
mayoría de sus estudios, y que son en buena medida perpetuados en la actualidad.
Este psicólogo social abrazó la perspectiva del materialismo dialéctico para estudiar
los efectos que el modo de producción capitalista tiene sobre el ser humano; es decir, los
cambios en el carácter, las actitudes, las formas de expresión y de cosmovisión que ha
modelado. No quiere decir que fuese un detractor arbitrario de esta forma de
organización; no titubeó, por ejemplo, en reconocer la evolución que este sistema trajo
consigo y se encargó de subrayar las posibilidades que dibuja, al facilitar como nunca
antes en la historia la satisfacción de las necesidades materiales de la humanidad. Así
69
Fromm, Erich. Marx y su concepto del hombre, México, Fondo de Cultura Económica, 1962, pp. 36-54;
Del mismo autor “La contribución de Marx al conocimiento del hombre”, La crisis del psicoanálisis, Ob.
cit., pp. 75-93.
116
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
mismo, destacó sus contribuciones al desarrollo de la personalidad humana, al conceder
mayor grado de libertad de los vínculos tradicionales prevalecientes en la sociedad
medieval: la familia, la Iglesia, el señor feudal. Reconoció pues que mediante la
aceptación de la igualdad entre todos los hombres, se abría la oportunidad de escalar
posiciones de acuerdo a los propios méritos y acciones. En pocas palabras, Fromm
admite que con estos y otros cambios, el sistema capitalista fue favoreciendo las
condiciones para que floreciera un individuo activo, crítico y responsable. 70
El problema reside en que, de acuerdo al punto de vista dialéctico, esta nueva
libertad vino acompañada de un aspecto negativo. La ruptura con los lazos tradicionales
que aseguraban al individuo su posición en la sociedad, significaba enfrentar el mundo
solo, forjar su futuro aislado y en competencia con los demás que buscan lo mismo que
él. Lo anterior, de acuerdo a Fromm, se traduce en sensaciones de insignificancia e
impotencia que generan una intensa angustia. La soledad, es decir, el sentido de
separatidad que emana de la situación existencial del hombre, es el motor que echa a
andar sus pasiones. Esas poderosas fuerzas emocionales son cruciales para entender el
funcionamiento de la sociedad capitalista contemporánea, pues se encuentran en la raíz
de muchos problemas psicológicos actuales, proyectados hacia las esferas políticas y
culturales.
Colocando en el centro de su reflexión el tema de la libertad humana, para
comprender fenómenos como las democracias o los sistemas totalitarios que se
posicionaron alrededor del globo en el siglo XX, Fromm ofrece un rico panorama sociopsicológico que desmenuza en términos humanos, los resultados de la imposición del
capitalismo.
Es de sobra conocido que el gran avance de la técnica y de las ciencias producido
entre el siglo XIX y el XX es la plataforma básica del funcionamiento capitalista. Toda la
organización económica descansa sobre una noción ilimitada de recursos que suscita el
principio de la producción y el consumo en masa. Como consecuencia, el mercado se ha
convertido en referente exclusivo para todas las actividades humanas. El mensaje se lee
por todas partes: lo que importa es vender, trátese de artículos, tecnología o personas,
porque éstas son estimadas como encarnaciones de un valor de cambio. Esto se relaciona
con uno de los rasgos económicos más sobresalientes de la sociedad industrial, que
70
Fromm, Erich. El miedo…, Ob. cit., pp. 115-116.
117
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
determina la aproximación hacia cualquier aspecto de la realidad: el proceso de
cuantificación y abstracción. 71
La diferencia más evidente entre el modo artesanal tradicional de producción y la
gran empresa moderna es la obsesión por medirlo y contarlo todo. Lo anterior significa
que el conocimiento concreto de los requisitos para la manufactura ha cedido su lugar a
la abstracción, que permite homogeneizar y cuantificar en cifras todo lo referente a la
actividad laboral. Incluso los trabajadores han perdido su papel concreto en la
producción, transformándose en pequeñas y reemplazables piezas de una mega máquina
controlada por entes impersonales, que miden los éxitos únicamente con el parámetro de
las ganancias monetarias.
La división del trabajo ha alcanzado en el capitalismo, un nivel extremo, al grado de
que en la empresa moderna, al obrero se le asigna una función especializada que le
impide tener contacto con el producto final de su trabajo. Trágicamente su función bien
podría definirse como trabajo mecánico aplicado a actividades para las que, o no se han
inventado todavía máquinas o, éstas representarían un costo mayor que la mano de obra
humana. La situación del gran ejército de ―empleados de cuello blanco‖ que integran la
clase media actual no es muy diferente. Psicológicamente deben lidiar con el hecho de
que son pequeñas partículas deambulando en un ambiente laboral hostil en busca del
éxito.72
Es verdad que este proceso de abstracción y cuantificación ha permitido al hombre
desarrollar una vigorosa industria y que, por su parte, la capacidad de abstracción ha
jugado un importante papel en la evolución del pensamiento filosófico y científico.
Fromm afirma que ambas son cualidades indispensables que el ser humano posee para
relacionarse con la realidad. El inconveniente radica en que estas cualidades han
trascendido el campo de la producción económica e invadido la actitud del hombre hacia
las personas; además han provocado la pérdida de su capacidad de percibir la
singularidad y los aspectos concretos de la realidad. Ofrece innumerables ejemplos de
este fenómeno en expresiones coloquiales que no caben en estas páginas, pero todos
tienen en común el manejo de cualquier tipo de información en cifras y abstracciones
que rebasan las dimensiones humanas. En las charlas de café, en las aulas y en las calles
se habla de millones de muertos en las guerras, de millones de pobres, de infraestructura
71
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, México, Fondo de Cultura Económica,
1956., pp. 96-99.
72
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., p. 133.
118
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
de millones de dólares, de ganancias. Todo es cuantificable y se vuelve expresión de un
empuje artificial que controla la vida humana, alejándola de su dimensión concreta y
real.73
Esta perspectiva economicista de la vida ha modelado en la sociedad —desde
mediados del siglo XX hasta nuestros días—, una orientación de carácter receptivo, cuya
finalidad primordial es recibir, chupar, buscar siempre algo nuevo, vivir con la boca
constantemente abierta, por así decirlo. Se mezcla íntimamente con la orientación
mercantil, que Fromm describió en la década de 1940, antes de que se convirtiera en el
prototipo de los hombres y mujeres occidentales.74 Ésta se refiere explícitamente a un
modo de existencia dirigido a poseer, tener, incorporar, devorar, consumir al máximo
porque de esa forma se llena el vacío interior originado por el descuido del verdadero
ser.
La idea de que los individuos de nuestras sociedades ansían llenar sus vidas con
artículos e ilusiones de placer ha sido desarrollada por los exponentes más críticos de la
sociología contemporánea, como Gilles Lipovetsky y Zygmunt Bauman. Ambos perciben
la tendencia dominante hoy en día de adoptar una identidad versátil que da apariencia de
pluralidad y quizás de autenticidad, pero que en realidad representa una fragilidad y
desarraigo alarmante porque trata de expresar que es posible vivir sin objetivos
trascendentes, sin un centro de gravedad entre una desconcertante confluencia de fuerzas.
En afinidad con nuestro autor, Bauman termina subrayando la necesidad de buscar la
propia identidad como tarea y responsabilidad vital del ser humano.
Fromm demostró que la modalidad orientada a tener, es aplicable a todo cuanto
surge de la vida humana y no sólo se refiere a posesiones materiales; puede influenciar la
aproximación hacia el conocimiento y la memoria, las relaciones personales, el cuerpo, la
música, la salud, la naturaleza, la fe, el amor, etc.75 Paulo Freire esgrimió este concepto al
describir las formas de educar preponderantes en la actualidad; las rotula con el término
de ―educación bancaria‖ porque lo importante para esas prácticas es acumular los
conocimientos que el profesor deposita en el alumno.76 Este pedagogo fue muy perspicaz
en darse cuenta de que esa concepción se traslada luego a todas las prácticas sociales y
73
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la…, Ob. cit., pp. 100-104.
Para una descripción detallada de la orientación de carácter mercantil véase Ética y psicoanálisis, Ob.
cit., pp. 81-97.
75
Fromm, Erich. ¿Tener o Ser?, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 42-90.
76
Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido, México, Siglo XXI, 1970, pp. 77-81.
74
119
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
culturales, en las que el individuo queda reducido a un mero espectador, un receptor de
contenidos que buscan convencerlo de permanecer en un estado de opresión.
Fromm identifica la enajenación como el rasgo caracterológico dominante del
carácter social contemporáneo. Un vocablo que curiosamente fue utilizado durante
mucho tiempo para referirse a los locos o desequilibrados mentales, y que fue
reformulado por Marx. Nuestro autor hace coincidir la connotación de ese concepto con
el fenómeno de la idolatría de los pasajes bíblicos, contra la que se manifestaron los
profetas.77 Sin duda, esta posición parece bastante controversial, pero como veremos en
seguida, enajenación es un término apropiado para describir la situación del individuo en
la sociedad industrial.
Se entiende por enajenación un modo de experiencia en el que la persona no se
siente a sí misma como centro de su mundo, como creadora de sus propios actos; los
productos de sus acciones se convierten en amos, a los cuales adora y obedece sin
protesta. Sus energías vitales se han vertido sobre objetos e instituciones que se
transfiguran en ídolos y, por tanto, ya no se consideran resultado del propio esfuerzo
productivo. Basta observar la subordinación generalizada hacia el dinero, el mercado o el
Estado, para comprender los alcances de esta definición.
En la sociedad actual, el hombre no es dueño de su voluntad, porque es
continuamente arrastrado por fuerzas irracionales y sólo se considera valioso si los demás
así lo juzgan. Depende de los demás porque su seguridad está en el conformismo, en
seguir al rebaño y renunciar a su diferencia e individualidad. Ese es el tipo de hombre
que requiere el capitalismo en su fase industrializada para funcionar; seres robóticos
sugestionables en todos los sentidos, que consuman en masa sin importar si efectivamente
lo hacen para suplir necesidades; autómatas que obedezcan pautas de conducta impuestas
por autoridades anónimas, tales como la opinión pública, la moda, la propaganda, la
televisión. De paso, vale resaltar que esta autoridad invisible es más efectiva que la
autoridad manifiesta, ya que logra infiltrarse en la mente del individuo y este siempre
actuará para complacerla aunque crea lo contrario.
Este es el espejismo en que vive el ser humano de nuestro tiempo, cree que es libre
para actuar como lo desee, pensando en su propio beneficio, cuando en realidad está
siendo manipulado en todo momento por la gran maquinaria económica, que fiscaliza
incluso sus opciones de entretenimiento y diversión. Como ya se ha dicho, el problema
77
Fromm, Erich. “Idea…”, Ob. cit., p. 113.
120
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
de fondo reside en que el hombre no ha sabido superar el peso que echa sobre sus
espaldas la libertad. Cortó sus vínculos de pertenencia a la tribu, al clan y emergió como
individuo, pero no ha desarrollado sus facultades críticas ni su independencia para
construir su propio camino. Por el contrario, se siente angustiado ante el eterno
recordatorio de la insignificancia de su existencia, que ve impreso en las fuerzas naturales
y sociales. Hemos señalado cómo es que la estructura socio-económica del capitalismo
acentúa esas emociones.
La profunda desesperación a la que el individuo debe enfrentarse le obliga a buscar
soluciones. Desafortunadamente suele refugiarse en ciertos mecanismos de evasión, que
no son más que auténticas expresiones del miedo a la libertad. Estos mecanismos le
devuelven una peligrosa ilusión de seguridad y se tornan en fuerzas irracionales que
inciden directamente en la causalidad histórica. 78
Entre estos podemos mencionar la válvula de escape de la destructividad, enlazada
con los sistemas totalitarios o fascistas, que se nutren del complejo sado-masoquista.
Fromm piensa que tanto el sadismo como el masoquismo parten de la incapacidad básica
de soportar el aislamiento y la debilidad del yo. El binomio —que por cierto se encuentra
potencialmente presente en todos los seres humanos—, simboliza la renuncia a la
integridad individual y la dependencia simbiótica de un ente poderoso que ofrezca
protección, a la vez que implica una tendencia neurótica al sometimiento. Pero en las
democracias occidentales, el mecanismo de evasión más frecuente es la conformidad
automática, solución adoptada por la mayoría de los individuos ―normales‖.
Explica Fromm que la conformidad automática puede compararse con el mimetismo
de algunos animales. El individuo adopta el tipo de personalidad sugerido por las pautas
culturales y termina por convertirse en un ser exactamente igual a todos los demás; siente,
piensa y hace lo que los demás quieren que haga, es decir, se despoja de su ser único y se
transforma en autómata. Vive sin advertirlo en un estado de embriaguez hipnótica
colectiva, que entorpece su capacidad de percibirse a sí mismo y a la realidad de forma
objetiva.79
Uno de los ejemplos más preocupantes de la cultura de la enajenación es la actitud
de impotencia que el hombre demuestra ante las catástrofes sociales. Ha olvidado que es
el creador de su estructura socio-económica y declina toda responsabilidad de tomar el
78
79
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 141-184.
Ibíd., pp. 183-187.
121
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
timón. Transfiere sus cualidades críticas y constructivas a los jefes de estado, a los
gerentes de empresas o los expertos científicos; acepta que controlen su vida y la de los
suyos, aunque eso represente poco o nada de bienestar. Esa tendencia es más evidente
que nunca en los momentos de crisis económicas y de guerras; situaciones que suelen
experimentarse como catástrofes naturales y no como lo que son, resultado de la
actividad del ser humano.
La enajenación es la enfermedad del hombre de nuestros días, la patología de la
normalidad80 que crea un nuevo tipo de inhumanidad: la indiferencia.81 A estos factores
debe agregarse que en el ser humano actual, las tendencias necrófilas laten cada vez con
más fuerza. Es una de las consecuencias de la indiferencia ante la vida, que se manifiesta
en el espíritu burocrático predominante. A nadie se le escapa que los burócratas gozan de
un poder casi absoluto porque son esenciales para el funcionamiento de los gobiernos, de
las empresas e instituciones, pero cosifican todo aquello que manejan, incluyendo las
personas, se vuelven insensibles ante las necesidades humanas porque realizan su trabajo
de forma maquinal.
La fascinación que ejerce la tecnología deja en segundo plano las capacidades y
energías humanas en la resolución de problemas. El cibernauta, por ejemplo, ha llegado a
tal grado de enajenación que sustituye el contacto personal por una realidad virtual,
escénica, montada y falsa.82 La escisión entre pensamiento, afecto y voluntad en el
hombre cibernético, es una clara manifestación de aspectos ezquizoides, dice Fromm. Es
un hombre monocerebral, que observa el mundo a través de una lente intelectual para
saber cómo funcionan las cosas y cómo puede manipularlas; esa es la esencia misma del
progreso moderno, la base de la dominación técnica del mundo y del consumo masivo, la
―razón instrumental‖, para emplear un término de la Teoría Crítica.83 Esta diatriba se
extiende hasta nuestros días en las reflexiones de los constructivistas como Bruno Latour,
Isabelles Stengers, Edgar Morin, entre tantos otros pensadores que continúan
desenmarañando las pautas de la modernidad y brindando alternativas.
80
Tal vez Fromm fue el primero en plantear el término de patología de la normalidad, pero entre otros
autores que entrevén los efectos patógenos del proceso de normalización encontramos a David Cooper,
Maud Mannoni y en general toda la corriente de la antipsiquiatría.
81
Fromm, Erich. “Problemas psicológicos del hombre en la sociedad moderna”, El humanismo como
utopía real, Barcelona, Paidós, 2007, pp. 42-46.
82
Funk, Rainer. “La vigencia de la obra de Erich Fromm”, en: Silva García, Jorge (comp.). El humanismo
de Erich…, Ob. cit., pp. 41- 42.
83
Fromm, Erich. Anatomía de la…, Ob. cit., p. 349. Gilles Deleuze identifica una mutación en el
capitalismo gracias a las funciones de las máquinas informáticas, que han instalado una sociedad de
control bien distinta a las sociedades disciplinarias de la primera mitad del siglo XX.
122
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
Respecto a este nuevo tipo de carácter esquizoide y necrófilo —por ser producto
histórico del capitalismo plenamente desarrollado—, afirma nuestro autor:
―La muerte ya no se expresa simbólicamente por heces ni cadáveres
malolientes. Sus símbolos son ahora máquinas limpias y brillantes; no atraen a
los hombres las deposiciones olorosas sino las estructuras de aluminio y vidrio.
Pero la realidad que oculta esta fachada antiséptica se hace cada vez más visible.
El hombre, en nombre del progreso está transformando el mundo en un lugar
pestilente y envenenado (y esto no es simbólico). Corrompe el aire, el agua, la
tierra, los animales…y a sí mismo. Está haciendo esto en un grado tal que
parece dudoso que la tierra sea habitable dentro de cien años. Conoce los
hechos, pero a pesar de los muchos que protestan, los que llevan las riendas
siguen adelante con el ‗progreso‘ técnico y están dispuestos a sacrificar todo lo
que es vida por el culto a su ídolo. En tiempos anteriores, los hombres
sacrificaban también sus hijos o los prisioneros de guerra, pero jamás estuvo el
hombre en la historia dispuesto a sacrificar toda la vida a Moloc: la suya y la de
toda su descendencia. Da igual que lo haga intencionalmente o no. Si no
tuviera conocimiento del peligro posible, podría descargársele de esa
responsabilidad. Pero es el elemento necrófilo el que le impide aprovechar el
conocimiento que posee‖.84
No podemos concluir este apartado sin señalar que la perspectiva frommiana ha
renacido en la mirada de notables sociólogos que prosiguieron escudriñando las
características que el orden social adquirió desde los años cincuenta, es decir, que de
algún modo pueden considerarse sucedáneos en la tradición de pensamiento crítico a la
que perteneció Fromm.
Jean Baudrillard y Gilles Lipovetsky concuerdan en que el narcicismo encuentra un
sentido extremadamente importante a escala social y que en nuestros días, en lugar de
suponer una plataforma cohesionadora como dijera Fromm, se ha encargado de apartar
al individuo de la vida pública, sumergiéndolo en un proceso de personalización que le
invita a ceder ante la seducción permanente de la sociedad de consumo,85 que le
suministra los canales necesarios para exhibir su personalidad. En la fase histórica que
estamos viviendo, ya no se requieren seres que sigan al rebaño, sino seres flexibles, fieles
a una ética hedonista y dispuestos a proyectar su subjetividad en todas las situaciones
cotidianas. Que se sientan únicos, pero que sean indiferentes ante todo. Si Nietzsche
declaró muerto a Dios en el siglo XIX y Fromm afirmaba lo mismo sobre el ser humano
en la primera mitad del XX, Lipovetsky demuestra que hoy a nadie le importa un bledo.
84
85
Ibíd., p. 348.
Baudrillard, Jean. El otro por sí mismo, 4ª edición, Barcelona, Anagrama, 2001, pp. 49-64.
123
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
El sentido patológico que esgrimió Fromm de la enajenación permanece porque, de
acuerdo a este sociólogo francés, la apatía representa una nueva conciencia y forma de
socialización, la bandera con la que marcha Narciso, el hombre de ahora, por el mundo. 86
Baudrillard postula la existencia de un narcicismo dirigido porque la norma
autoritaria se sustituye con una indicativa y aparentemente sutil, a través de consejos
prácticos que aparecen en anuncios joviales y atractivos. Además, mediante las
aportaciones del estructuralismo, develó que la búsqueda del éxito y la riqueza, y por
tanto toda la dinámica del consumo, se sustenta en la adquisición de signos antes que de
objetos; el significado se vuelve entonces más importante que la utilidad que puedan
ofrecernos.87
Como vemos, estas disquisiciones llevan hasta sus últimas consecuencias algunas
premisas del pensamiento frommiano y dan cuenta del grado de complejidad que
nuestras sociedades han alcanzado. Con la ventaja del tiempo y la mirada retrospectiva
confirman lo que nuestro autor había predicho y criticado acerca del potencial sugestivo
del psicoanálisis —tal como se practicó en el primer mundo— para adaptar al individuo a
los patrones sociales opresores y alienantes de la sociedad industrializada.
6. Filosofía y ética humanista
Partiendo de la premisa de que no hay nada más valioso que el ser humano, el punto que
determina la praxis del psicoanálisis humanista es el análisis de la condición humana de
existencia.
La interpretación psicoanalítica de Erich Fromm estuvo siempre imbuida de una
visión sociológica en estrecha relación con una perspectiva cultural. Planteó que la
personalidad no puede ser comprendida a menos que se considere su relación total con
el mundo, es decir, las condiciones concretas en las que se desenvuelve. Postuló que al
ser humano corresponde una esencia, una naturaleza intrínseca que engloba
contradicciones y potencialidades específicas. Así, desde hace miles de años posee todo
el equipo orgánico que lo distingue de los demás seres vivos. Es parte de la naturaleza
porque es producto de la evolución general de las especies; tiene necesidades fisiológicas
86
Lipovetsky, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Barcelona,
Anagrama, 1990, pp. 36, 43.
87
Baudrillard, Jean. El intercambio simbólico y la muerte, Caracas, Monte Ávila, 1993.
124
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
que comparte con los animales y, sin embargo, no posee un aparato instintivo tan
desarrollado como éstos.
Al nacer es la más débil de las criaturas, pero esa debilidad biológica constituye a la
vez la base de su fuerza y la causa primordial de su desarrollo, pues posee en cambio
capacidad para razonar y pensarse como entidad separada de la naturaleza. Pero estas
condiciones de existencia le envuelven en una dicotomía que le produce cierto
desequilibrio, porque no puede librarse de su mente, que le hace tener conciencia de sí, y
tampoco de su cuerpo que le impulsa a estar vivo.88
El saber que no tiene ningún control sobre su nacimiento ni sobre el momento de su
muerte le ocasiona un fuerte conflicto y una sensación de incertidumbre. A decir de
Fromm, no existe ningún ―impulso de progreso‖ innato en el hombre; es la contradicción
inherente a su existencia la que lo hace seguir adelante, porque la mente humana posee
un dinamismo propio y no puede permanecer pasiva frente a una contradicción. Esas
dicotomías existenciales son pues la fuente de todas las fuerzas psíquicas que mueven al
hombre, de todas sus pasiones, afectos y ansiedades.89
La única forma sensata de solucionar esta dicotomía es enfrentar la realidad y admitir
que tiene que sobrevivir en un universo indiferente a su destino; debe reconocer que no
existe ningún poder que lo trascienda, que pueda brindarle respuestas, por lo cual sólo le
queda desarrollar su razón para crear un mundo donde se sienta en su hogar. En
términos simples, su vida debe orientarse a lograr una nueva armonía con sus semejantes
y con la naturaleza.
La aceptación de esa responsabilidad le permite entender que solamente usando sus
habilidades puede dar sentido a su vida. Si quiere mantener el equilibrio mental tiene que
satisfacer sus necesidades psíquicas ineludibles. La más importante es su necesidad de
vinculación con sus congéneres, esta es la base de toda la gama de relaciones humanas.
Necesita trascender el estado de cuerpo vivo, porque aun cuando estén satisfechos su
hambre y su impulso sexual, le hace falta sentirse arraigado a algún lugar. Además,
necesita desarrollar un sentido de identidad, es decir, percibirse como centro y sujeto de
sus acciones. Otra necesidad intrínseca en el ser humano, que ha sido expresada en todos
los sistemas filosóficos y religiosos a través de la historia, es la necesidad de contar con un
88
89
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la…, Ob. cit., pp. 28-32.
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 53-54
125
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
marco de orientación y devoción, que le proporcione una explicación sobre los motivos
de su existencia.90
Fromm afirma que no hay opción entre tener o no tener ideales. Todos los hombres
son idealistas. Luchan por algo que va más allá de las complacencias físicas; es el sentido
que de acuerdo a este pensador tan versado en la Biblia y el Talmud subyace en la frase:
―No solo de pan vive el hombre‖. Sin embargo, otorga mucha importancia al hecho de
que hay diferentes clases de ideales, que representan soluciones cualitativamente distintas
a las contrariedades de la vida. Lo mismo sucede con las necesidades psíquicas que
mencionamos, pueden ser satisfechas de diversos modos, que dependen en gran parte de
la forma en que esté organizada una sociedad; cada cultura ofrece entonces una
alternativa. Pero percibe una bifurcación a la que llegan todos los senderos: se puede
optar por el culto al poder y la destrucción o al de la razón y el amor. Por tanto, es
menester juzgar los ideales de acuerdo con su verdad, esto es según Fromm, de acuerdo
con el grado en que conducen al despliegue de las potencialidades humanas y en
consecuencia, constituyen una respuesta real a la necesidad de lograr equilibrio y armonía
en el mundo.
Conviene esbozar aquí el concepto de salud mental que este autor postula para
todas las épocas y todas las culturas:
―La salud mental se caracteriza por la capacidad de amar y de crear, por la
liberación de los vínculos incestuosos con el clan y el suelo, por un sentimiento
de identidad basado en el sentimiento de sí mismo como sujeto y agente de las
propias capacidades, por la captación de la realidad interior y exterior a nosotros,
es decir, por el desarrollo de la objetividad y la razón.‖91
Fromm le da un giro a la noción de salud mental, que se define como adaptación del
individuo a su sociedad, y la describe como adaptación de la sociedad a las necesidades
del hombre. En adición, recomienda analizar el papel que ésta desempeña como
propulsora o paralizadora de la expansión productiva de las facultades humanas.
Desde el psicoanálisis humanista, la neurosis es algo más complejo que la
incapacidad de funcionar en la sociedad, es la enajenación de uno mismo, de la
humanidad y de la naturaleza; puede ser incluso una respuesta a las condiciones
patógenas fomentadas por la sociedad. La terapia humanista no se detiene entonces en la
90
91
Fromm, Erich. “Psychic Needs and Society”, Fromm Forum, Tubinga, Núm. 5, 2001, pp. 16-20.
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la…, Ob. cit., p. 63.
126
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
desaparición de los síntomas, sino que busca una transformación profunda de la
estructura de carácter; el proceso curativo es un proceso de paulatina concientización
para ejercer la libertad.92 Hay que decir también que Fromm insiste en que el método
psicoanalítico debe convertirse en una herramienta indispensable para el conocimiento
del hombre, aún cuando éste no padezca de síntomas neuróticos.93
Otro elemento controversial en su obra es el énfasis que pone en la similitud que
este concepto de salud mental presenta con los postulados de las grandes religiones.
Afirma que con ligeras discrepancias, estas normas para la vida humana fueron ya
prescritas por personajes en distintas épocas y espacios, como Buda, Lao-Tse, Confucio,
Akh-en-Aton, Moisés, Isaías, Sócrates y Jesús. Entiende que esta aseveración carece de
significado para la mayoría de los psicólogos y psiquiatras, asumiendo que basan su
práctica en las premisas materialistas decimonónicas, que no conciben la existencia de
fenómenos psíquicos sin ubicar su fuente en procesos fisiológicos.94
En el momento en que Fromm construía su teoría, sabía que las investigaciones en la
neurofisiología y disciplinas afines estaban arrojando resultados indispensables para
comprender el funcionamiento del cerebro, pero insistía en que era posible vislumbrar el
sustrato de las pasiones específicamente humanas a través del estudio de la práctica de la
vida, tal como resulta de las condiciones de existencia, con todo y las dicotomías a las que
nos referimos más arriba.
Tal vez se entienda mejor esa postura recordando que el pensamiento de Fromm se
vio fuertemente influenciado por la filosofía del budismo zen, que ampara una posición
radicalmente distinta a la de la ciencia occidental.95 Se había introducido en su juventud al
misticismo judío, pero luego incursionó en el budismo para continuar su acercamiento al
inconsciente y a la vida espiritual humana. Su insistencia en relacionar sus teorías con la
92
Moreno, Florentina. Hombre y sociedad en el pensamiento de Fromm, México, Fondo de Cultura
Económica, 1981, pp. 74-76.
93
Rebasa los límites de este trabajo el análisis de la técnica psicoanalítica frommiana. Existen numerosos
estudios centrados en esas cuestiones: Gutiérrez, José. El método psicoanalítico de Erich Fromm, Bogotá,
Tercer Mundo, 1961; Saavedra, Víctor. La promesa…, Ob. cit; Delahanty, Guillermo. “El marxismo
humanista en la técnica psicoanalítica de Erich Fromm”, Revista Carta Psicoanalítica,
(www.cartapsi.org); Funk, Rainer. “La aproximación de Fromm a la teoría psicoanalítica y su relevancia
para el trabajo terapéutico”, El carácter social, su estudio, un intercambio de experiencias, México,
IMPAC, 1993; Horney-Eckardt, Marianne. “The Core Theme of Erich Fromm’s Writings and its
Implications for Therapy”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, Vol. 11, 1983, pp. 391399. Además fue publicada una obra póstuma donde el propio autor discute su técnica: Fromm, Erich. El
arte de escuchar, Ob. cit.
94
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la…, Ob. cit., pp. 64, 66.
95
Fromm, Erich. Budismo zen y psicoanálisis, México, Fondo de Cultura Económica, 1964.
127
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
mística y la religión proviene del interés por demostrar que todo es producto del drama
humano, de la vida cotidiana que cada uno de nosotros enfrenta. De acuerdo a este
pensador, las diferentes religiones son respuestas al enigma de la existencia y en su
función de marcos de orientación, buscan conducir al hombre hacia su óptimo
desarrollo. Por ello considera importante rescatar la sabiduría proveniente de estos
sistemas ancestrales de pensamiento, que ilustran a todo color la figura humana y que con
frecuencia son vaciados de contenido o tergiversados para servir a los fines de la
enajenación.
Su invitación a orientar la vida humana hacia el objetivo de ser deviene de su
acercamiento al misticismo del Maestro Eckhart. La teología negativa de este personaje
había despertado la admiración de Hegel y de representantes del budismo como Suzuki.96
Sus planteamientos acerca de la religiosidad y el desapego encontraron cabida en el
pensamiento de Fromm, interconectados a la visión humanista de Marx. En la obra
frommiana, ambas propuestas se entrelazan en una danza que celebra la vida y la
divinidad en un sentido no teísta.
Eckhart denunció la estructura posesiva de la existencia como el mal que impide la
libertad del hombre, su viveza y el encuentro de sí mismo; Marx hizo lo mismo y pregonó
como objetivo último la realización del hombre, la superación del ansia de tener y
consumir, y la adquisición de su libertad. Junto a estos autores y a Albert Schweitzer,
Fromm expresa su convicción de que la reverencia y el amor por la vida son el principio
de ese arduo camino hacia la autonomía.
La postura humanista de Erich Fromm es muy clara y se encarga de examinar al
hombre en su totalidad. Tal como Jean Paul Sartre, comprendió que el hombre está
condenado a ser libre y que en el ejercicio de su libertad se va forjando, pero fue capaz
de construir una propuesta orientadora.
Para él, la psicología no puede separarse de la filosofía y de la ética, ni de la
sociología y la economía. Afirma que a la psicología no solamente incumbe desbancar
juicios éticos falsos, sino que además, puede ser la base para la elaboración de normas
válidas y objetivas de la conducta. Fromm se muestra convencido en todo momento de
que los problemas de la ética no pueden omitirse en el estudio de la personalidad, ya sea
en forma teórica o terapéutica. En su opinión, la comprensión de la motivación
96
Fromm, Erich. “Tener y ser en el Maestro Eckhart y Karl Marx”, El humanismo como…, Ob. cit., pp.
146-177.
128
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
inconsciente abrió una nueva dimensión para la investigación ética porque reveló que no
basta con analizar vicios y virtudes como rasgos aislados.
Conforme a la plataforma teórica psicoanalítica, hace hincapié en que la única forma
en que la ética puede establecer juicios de valor acerca de acciones separadas es
ocupándose de la estructura de carácter como un todo. Curiosamente, esto choca con la
concepción freudiana de tintes relativistas, que argumentaba que la psicología podía
ayudar a comprender la motivación de los juicios de valor, pero no a establecer la validez
de los mismos. Freud prefirió no inmiscuirse con la ética en tanto no fuera de corte
personal. No obstante, el espíritu ético humanista del médico vienés se hace presente en
su concepto de verdad, cuando afirma que ésta es algo más que el producto de
necesidades y deseos bajo ciertas condiciones externas. De hecho, crea el psicoanálisis en
el intento por descubrir la verdad más profunda acerca del ser humano. 97
Marianne Horney Eckardt, hace notar que la relación entre los valores morales y la
neurosis siempre ha sido un tema incómodo para los psicoanalistas, y reconoce la
entereza de Fromm por haber formulado una propuesta psicoanalítica coherente con
normas éticas que parten de la vida humana.98
En contraste con la aceptación generalizada en la sociedad moderna de una posición
relativista, que propone que los juicios de valor y las normas éticas son asunto de gusto o
preferencia individual, Fromm rescata la validez de la Ética Humanista. Al lado de
pensadores de la talla de Kant, señala que el conocimiento de la naturaleza humana no
conduce al relativismo ético; que las normas morales se basan en cualidades inherentes al
hombre y que su violación origina una desintegración mental y emocional.
La Ética Humanista se basa formalmente en el principio de que sólo el hombre por
sí mismo puede determinar el criterio sobre virtud y pecado, no una autoridad superior
que lo trascienda. Se funda en el principio nietzscheano de que ―bueno‖ es aquello que
propicia el despliegue de sus potencialidades; y ―malo‖ es todo lo que le perjudica,
tomando como único criterio de valor ético el bienestar del hombre. Dicho de otro
modo, lo ―bueno‖ es la afirmación de la vida, la orientación biófila; la virtud es la
responsabilidad hacia la propia existencia. Lo ―malo‖ es la mutilación de las potencias del
hombre y el vicio, la irresponsabilidad consigo mismo.99
97
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 46-49.
Horney Eckardt, Marianne. “Fromm y su concepto de biofilia”, en: Silva García, Jorge (comp.). El
humanismo de Erich…, Ob. cit., pp. 78-79.
99
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 19, 25.
98
129
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
A diferencia de la ética autoritaria, el fin de la ética humanista no es la represión de
la maldad del hombre, sino el uso productivo de las potencialidades primarias congénitas
del hombre. El juicio humanista de los valores éticos posee el mismo carácter lógico que
el juicio racional en general. Se establecen juicios de valor de acuerdo a ciertas cualidades
íntimas de los objetos y no desde una posición divina o superior facultada para condenar
o perdonar.
Aclara también Fromm que la ética no puede ser absoluta, porque hay conflictos
éticos insolubles que emanan de las dicotomías existenciales. Frente a ese dilema, exhorta
a diferenciar entre la ética universal, conformada por normas de conducta cuyo fin es el
crecimiento y desarrollo del hombre, y la ética socialmente inmanente, que estipula
normas necesarias para el funcionamiento y supervivencia de una clase específica de
sociedad.
La reflexión sobre la autoridad ocupa un lugar central en sus propuestas porque va
de la mano con la práctica de la ética humanista. No se apoya en la fuerza y en la
explotación, como en el caso del autoritarismo. En la situación psicológica que deriva de
un ejercicio racional de la autoridad prevalecen las actitudes de admiración, amor o
gratitud, aunque existan antagonismos, y tiende a disolverse tarde o temprano porque está
pensada para fomentar el crecimiento.
En el ser humano, según nuestro autor, convive una conciencia autoritaria con la
conciencia humanista, por lo cual es necesario saber diferenciar entre sus respectivas
fuerzas e interrelación. La primera es la voz de una autoridad externa interiorizada, que
por lo general es irracional y, por tanto, faltar a sus mandatos produce un fuerte
sentimiento de culpa y angustia; es similar al superyó freudiano. Fromm señala que el
influjo de la autoridad irracional genera un círculo vicioso difícil de romper porque va
debilitando la voluntad de la persona volviéndola cada vez más dependiente. Vale
recordar que la ética autoritaria ha desempeñado un papel estelar en el curso de la
historia; cumple con una función social elemental al garantizar el autosacrificio y la
sumisión de los individuos.
En cambio, la conciencia humanista es una reacción del ser humano desde el centro
de su ser. Es una reacción de la personalidad total al cumplimiento o frustración de sus
capacidades individuales y se traduce en una fuerte carga emocional difícil de ignorar. Las
acciones, pensamientos y sentimientos que conducen al efectivo funcionamiento y al
130
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
despliegue de la personalidad producen un sentimiento de aprobación interior, de
tranquilidad, que expresa la integridad interior del hombre.
De esta forma, Fromm percibe que hay una acción recíproca entre la productividad y
la conciencia humanista, situación que no deja de ser trágica para el hombre moderno,
porque su conciencia es más débil cuando más la necesita. Afirma que mientras más
productivamente se vive, más fuerte es la conciencia, y en consecuencia, es estimulada la
productividad; y viceversa, mientras menos productivamente se vive, más se adormece la
propia conciencia.100
Finalmente llega a la conclusión de que solo analizando la naturaleza del hombre —
sus atributos esenciales en cualquier época— y descubriendo las contradicciones entre sus
intereses reales y aquellos que le son impuestos por su sociedad, puede arribarse a
normas objetivamente válidas.
De acuerdo a Fromm, en ninguna época de la historia el hombre ha alcanzado la
fase óptima de desarrollo anhelada por el pensamiento humanista. A partir del siglo XIX,
las condiciones económicas comenzaron a prosperar de forma inusitada y la humanidad
se acercaba a la posibilidad de satisfacer las necesidades materiales de la mayoría. Con
ese logro, se advertía que la carrera hacia la disminución del trabajo material necesario
podía encauzarse hacia al perfeccionamiento espiritual y cultural. Por desgracia, un
análisis profundo revela que los problemas morales más acuciantes de la sociedad
moderna derivan precisamente de esos adelantos tecnológicos que el hombre no ha
sabido calibrar.
La economía e industria capitalista requiere de un hombre deshumanizado,
convertido en autómata. En el marco de este sistema, el ser humano ha dejado de ser un
fin para convertirse en un medio. Los hombres y mujeres del siglo XX son seres
enajenados que transfieren la vivencia de sus capacidades y experiencias a ídolos que ellos
mismos han fabricado como: las máquinas, las armas, el dinero, la tecnología, el Estado.
Un aspecto esencial de este problema moral es la actitud del hombre del siglo XX y
más aún del presente siglo, frente a la fuerza y el poder. El poder y la razón existen en
planos diferentes y la fuerza jamás podrá revocar la verdad, pero es evidente que sirve de
maravilla a los intereses de dominación.
El concepto de poder ha sido malinterpretado, pues si bien puede equivaler al
dominio, posee también otra connotación descifrada por Aristóteles y Spinoza: la de
100
Fromm, Erich. Ética y psicoanálisis, Ob. cit., pp. 157-175.
131
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
potencia. Al someterse al poder-dominio, ya sea por miedo o por esperar protección y
comodidad, el hombre pierde su poder-potencia. Pierde su poder para hacer uso de
todas aquellas capacidades que le hacen humano; su razón cesa de actuar aunque pueda
usar su inteligencia para manejar objetos y acepta como verdad lo que aquellos que tienen
el poder le imponen.101
La libertad entendida como aptitud para preservar la propia integridad contra el
poder, para percatarnos de lo que podemos llegar a ser, es la condición básica para la
moral. Para Fromm, al igual que para Bergson,102 la libertad no es algo abstracto, tiene
que ver con permanecer atento y activo para tomar decisiones constantemente, día a día
en distintas situaciones. Pero en las democracias modernas, el problema adquiere
proporciones descomunales porque gobierna la indiferencia; a casi nadie le interesa
participar ni tomar decisiones. Ésta es para Fromm la nueva forma de inhumanidad; la
total enajenación de la vida, la indiferencia frente a todo.103
Cualquiera que revise sus libros puede encontrarse con una visión del ser humano
que no ha podido llegar a culminarse en cinco mil años de civilización. Pese a ello, aún
en el marco de los episodios más destructivos y catastróficos protagonizados por el afán
de poder y dominación, yace en este humanista incondicional la esperanza y la fe en que
el hombre es capaz de actuar voluntariamente de forma libre y responsable.
La esperanza, dice Fromm, es un elemento intrínseco de la estructura de la vida, de
la dinámica del espíritu del hombre y se encuentra estrechamente ligada a la fe. Ambas se
refieren a una actitud frente a la realidad de la posibilidad; no a la predicción del futuro,
sino a la visión del presente en estado de gestación. En términos simples, es como saber
que una semilla germinará siempre que las condiciones adecuadas para ello estén
presentes. No son actitudes pasivas como tiende a pensarse, requieren de una disposición
a la acción, utilizando la capacidad de razonamiento.104
No se retractó jamás de su idea de que en la esencia del ser humano residen las
posibilidades de alcanzar una nueva armonía con su entorno, porque la semilla nace con
cada uno de nosotros, pero aseguraba que sólo a través de una praxis de vida en la que
todos los órdenes (la economía, las formas de relación y los valores) fueran conformados
101
Ibíd., pp. 265-266.
Xirau, Ramón. “Erich Fromm: What is Man´s Struggle?”, en: B. Landis y E.S Tauber (eds.) In the
Name of Life. Essays in Honor of Erich Fromm, Nueva York, Rinehart and Wineston, 1971, pp. 157.
103
Fromm, Erich. “El hombre moderno y su futuro”, El humanismo como…, Ob. cit., pp. 36-37.
104
Fromm, Erich. La revolución de la esperanza, México, Fondo de Cultura Económica, 1970, p. 24.
102
132
Capítulo 3. Planteamientos básicos del psicoanálisis humanista
por una misma orientación humanista, se desarrollarían las capacidades acordes a la
razón. Lo expresa de la siguiente manera:
―La salud mental y la supervivencia de la civilización exigen que renazca el
espíritu de la Ilustración, un espíritu inflexiblemente crítico y realista,
expresado en el síndrome de pensamiento, conocimiento, imaginación y
esperanza. Un espíritu liberado de sus prejuicios excesivamente optimistas y
racionalistas; y que a la vez, se reaviven los valores humanistas, no
proclamados, sino practicados en la vida personal y en la vida social.‖ 105
Sus reflexiones, que muchos consideran utópicas, se articulan con una serie de
sugerencias prácticas y propuestas concretas encaminadas a aplicar los principios
humanistas en la planificación gubernamental y comercial. Fromm se mostró siempre a
favor de una transformación radical de la sociedad —política, económica, cultural,
psicológica—, abogando por el establecimiento de un socialismo humanista106. Sus análisis
siempre corrieron a la par de una seria reflexión respecto a las alternativas reales para
construir una sociedad tecnológica humanizada y los obstáculos que habrían de
sortearse.107
105
Fromm, Erich. “Problemas psicológicos del hombre…”, El humanismo como…, Ob. cit., p. 50.
Fromm, Erich.et.al. Humanismo socialista, Buenos Aires, Paidós, 1968; Ver también “Planificación
humanista”, La crisis…, Ob. cit., pp. 94-107. Conferencia presentada en el Instituto de Ciencias de la
Administración de Los Ángeles, en 1968.
107
Fromm, Erich. Psicoanálisis de la…, Ob. cit., pp. 237-291.
106
133
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del
psicoanálisis humanista
1.De la psiquiatría al psicoanálisis
Para comenzar, realizaremos un breve recorrido por los avatares de la psiquiatría en
México, con la finalidad de comprender el contexto en el que nace y el paradigma que
propició su paulatina profesionalización en el ámbito científico. Es importante ahondar
en estos aspectos porque los primeros discípulos de Fromm se desempeñaban como
psiquiatras, pero sobre todo porque la visión teórica que se forjó respecto a la psiquiatría
en el siglo XIX mexicano siguió vigente hasta la década de 1940. Esa visión gozó de vasta
aceptación entre el grueso de la comunidad médica, y aun luego de sortear una serie de
reformulaciones, siguió permeando el desarrollo de la psiquiatría hasta la época en que
comenzaron a discutirse los postulados freudianos.
A través de este hilo conductor, seremos capaces de explicar el tejido en que emerge
el interés por el psicoanálisis y las consecuentes limitaciones que pudieron haber
enfrentado los médicos mexicanos para comprender dicha teoría, que representaba un
paradigma distinto al que había dirigido la práctica psiquiátrica en el país.
La aparición de las teorías de Sigmund Freud en nuestro país se encuentra
estrechamente vinculada con la práctica de la psiquiatría. Esta disciplina que se había
fraguado en Europa en los albores del siglo XIX, avanzó a paso más lento en México, ya
que el interés por el estudio de las enfermedades mentales afloró hasta el último tercio de
esa centuria.1 Como el resto del cuerpo teórico predominante en la medicina, desde sus
orígenes la psiquiatría mexicana se vio fuertemente marcada por la tónica francesa. Es
bien sabido que la mayor parte de las transformaciones que la medicina experimentó en
el país durante la segunda mitad del periodo decimonónico fueron producto de
innovaciones importadas desde Francia.2
La locura —no siempre vista como enfermedad— forma parte de la realidad humana
y, por eso, ha estado presente en el discurso de la experiencia histórica universal. En
1
Somolinos D’ Ardois, German. Historia de la psiquiatría en México, México, Sepsetentas, 1976, pp.
142-148.
2
Téllez, Eduardo y González Bonilla, Gustavo. “La influencia francesa en el desarrollo de las ciencias
médicas en México”, Memorias del Primer Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y de la
Tecnología, México, Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, 1989, tomo I, pp.
285-287.
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
tiempos coloniales era concebida como resultado del abandono de Dios, castigo divino,
posesión del demonio o bien como efecto emanado de las conjunciones de los astros;3 ya
para el siglo XVIII se pensó que podía ser tratada y tal vez curada, a través de las más
diversas actividades físicas y artísticas que estimulaban al paciente.4 No obstante, esta
ingeniosa idea promovida por Pinel y sus seguidores atravesaría durante el siglo XIX por
una interesante transmutación.
Los descubrimientos de Charles Darwin en el campo de la selección natural
desencadenaron una revolución cultural, propiciaron un vuelco definitivo en las
concepciones científicas de la época victoriana que tuvo proyección a nivel global. Francis
Galton, primo de Darwin,5 dio seguimiento a las teorías sobre la herencia que éste había
formulado, pero las interpretó de forma distinta. Al discrepar con la noción del cambio
gradual en las especies, daba nula o mínima importancia a la influencia de los factores
ambientales. Para Galton, todas las características de una raza o grupo social se
determinaban exclusivamente por dispositivos como la herencia y la selección, que
representaban el motor natural del proceso evolutivo, incidiendo en la subsistencia de los
individuos más aptos y capacitados. Además, empleando criterios estadísticos, Galton
diseñó un método de evaluación antropométrica para detectar desviaciones en los grupos
humanos, transmitidas de forma hereditaria.6 Esta postura, definida como darwinismo
social, ejerció una notable influencia en la cultura y en la política gracias a las obras de
autores como Spencer o Gobineau.
Es preciso señalar que el surgimiento de esta corriente sustentada en las teorías de
Galton no fue un hecho fortuito. Recordemos que en el marco temporal del siglo XIX
también se inserta la Revolución Industrial, fenómeno que repercutiría directamente en
el campo social al consolidar la estructura de dominación del sistema capitalista mundial.7
Las marcadas desigualdades económicas entre las clases sociales y sus consecuentes
efectos, tanto en la esfera de la salud como en la de la convivencia, conjugaron en un
3
Bernal Sagahón, Miguel y Saldaña, Juan José. “La psiquiatría en México en el cambio del siglo XIX al
XX”, Memorias del X Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, México,
Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, 2006, pp. 588-599.
4
Se atribuye a Philippe Pinel la fundación de la clínica como camino consciente y sistemático en el
tratamiento de las enfermedades mentales en el S. XVIII y es considerado por ello, “padre de la
psiquiatría”. Su propuesta consistió en liberar a los pacientes de los grilletes e instrumentar un
“tratamiento moral” que incidiese en la parte intelectual de los pacientes para disuadirlos de sus ideas
delirantes.
5
Ginzburg, Carlo. “Semejanzas de familia y árboles de familia: dos metáforas cognoscitivas”,
Contrahistorias. La otra mirada de Clío, Morelia, Año 4, Núm. 7, 2004, p. 20.
6
Suárez y López Guazo, Laura Luz. Eugenesia y racismo en México, México, UNAM, 2005, pp. 21-23.
7
Bernal, John D. La ciencia en la historia, México, Nueva Imagen, 1981.
136
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
terreno fértil para que los supuestos que subrayan el valor de la elite intelectual y
científica se expandieran a otros países. En esta tesitura, la herencia como factor que
explicaba la existencia de las enfermedades mentales, la pobreza y en general, todo tipo
de conductas consideradas antisociales, se consolidó muy pronto como plataforma
científica en el campo de la psiquiatría.
La creencia fue afianzada por la teoría del degeneracionismo social que formuló el
médico francés August Bénedict Morel en 1860. Bajo un tinte estrictamente religioso,
Morel pensaba que había un hombre primitivo perfecto creado por Dios y, por tanto,
cualquier variación del tipo ideal era considerada una degeneración. Motivado por un
recorrido que realizó por varias cárceles, propuso la existencia de un vínculo entre la
variable racial hereditaria y diversas conductas individuales que repercutían sobre el
bienestar colectivo como la locura, las perversiones sexuales, la criminalidad y la
toxicomanía.8 En lugar de hablar de la cura o tratamiento de la locura, el
degeneracionismo se ofrecía como instrumento preventivo, ya que planteaba como
orígenes de este padecimiento, además del factor hereditario, una serie de hábitos
viciosos —como el consumo de alcohol o de drogas, los malos preceptos morales y una
vida sexual anormal— que podían controlarse con medidas efectivas.
En los años siguientes, la preocupación por desarrollar métodos con pretensión de
cientificidad que fueran capaces de detectar atavismos y rasgos degenerativos entre los
grupos sociales, considerados ―más bajos‖, dio paso al surgimiento de varias teorías. Así
por ejemplo, la frenología, que proponía que el tamaño y características del cráneo eran
indicadores del grado de civilización de un individuo, había sido formulada por el alemán
Franz Gall y gozó de gran aceptación en Francia. En ese mismo país, Valentin Magnan
dio continuidad a los postulados degeneracionistas, pero daba más importancia a la
influencia del ambiente que las tesis originales de Galton. Desde Italia, la antropología
criminal de Cesar Lombroso se colocó entre las cúpulas jurídicas positivistas al definir
una serie de rasgos anatómicos que permitían identificar delincuentes y débiles mentales
en potencia de serlo.
Todas estas teorías, surgidas en distintos países (la de Galton en las Islas Británicas, la
de Paul Broca y Morel en Francia y los modelos de Franz Gall y Lombroso en Alemania
8
Ríos Molina, Andrés. La locura durante la Revolución Mexicana. Los primeros años del Manicomio
General de La Castañeda, 1910-1920, México, El Colegio de México, 2009, p. 63.
137
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
e Italia respectivamente) determinaron un sustrato biológico que desde entonces
imprimió a la psiquiatría un sello particular.9
También es posible ubicar en todas ellas un elemento subyacente, acorde a la
ideología que estos autores compartían: la convicción de que los responsables del
deterioro social, para ellos evidente, eran las clases proletarias o campesinas, vistas como
inferiores de acuerdo a las ―leyes naturales‖ que la ascendente burguesía esgrimía para
justificar la exclusión, la opresión y el colonialismo.
Existen registros de que se tuvo noticia de la existencia de dichos modelos en el
continente americano. Una gran cantidad de autores siguieron los postulados de todas
estas teorías, adaptándolas al medio social del que formaban parte. Los casos de Estados
Unidos, Cuba, Perú, Argentina y Brasil han sido objeto de algunos estudios, pero queda
fuera del marco de este trabajo abordarlos aquí en detalle.10 En el caso de México, el
interés por los padecimientos mentales también se suscitó a raíz de una coyuntura
histórica específica.
El siglo XIX significó para nuestro país un largo episodio convulsivo que desató un
caos social, económico y político, que sólo comenzó a ser frenado a partir del triunfo
liberal contra la invasión militar francesa en 1867. Paradójicamente, la influencia cultural
de Francia, que ya se dejaba sentir en el terreno médico desde unas décadas antes,
arraigó de forma decisiva durante esa época. Sin negar los objetivos colonialistas
implícitos, es menester reconocer que las comisiones científicas y culturales que
acompañaron a la incursión militar lograron concretar algunos inventarios de los recursos
de la nación y se encargaron de cultivar la ciencia, las letras y las bellas artes. 11 Al propio
tiempo, las ideas degeneracionistas rondaban en el ambiente de la época por lo que
comenzaron a inculcarse paulatinamente en México a través de distintas sociedades
científicas. Cabe destacar que tiempo más tarde llegaron a convertirse en punto de enlace
entre la medicina, la psiquiatría y otras disciplinas científicas como la etnología, la
antropología y el derecho.12
9
Ídem.
Para quien se interese en estudiar esta temática sugerimos consultar: Stephan, Nancy L. The Hour of
Eugenics. Race, Gender and Nation in Latin America, Ithaca and London, Cornell Universitity Press,
1991 y Graham, Richard. The Idea of Race in Latin America, 1870-1940, Austin, University of Texas
Press, 1990.
11
Trabulse, Elías. Historia de la ciencia en México, México, Fondo de Cultura Económica /CONACYT,
1994, p. 235.
12
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas del racismo en México 1920-1950, México, Tusquets,
2007, p. 47.
10
138
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Pero además de la amplia aceptación de los modelos franceses por parte de los
médicos mexicanos, existe otro factor que determinó que la teoría de Morel fuera tan
bien acogida en el país: la presencia de los indígenas. El colorido mosaico étnico y
cultural que conformaba la realidad mexicana y, la participación de grandes masas de
población campesina e indígena en los procesos de cambio que el país iba viviendo,
ponían de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre el lugar que se debía asignarles, en
aras de la modernización.
La postura que enraizaba en la teoría de Morel, permitía catalogar al indígena como
remanente de un régimen arcaico y por ende, como obstáculo para el progreso. En este
tenor, la elite médica y política agrupó a los indígenas tras la etiqueta de ―clases peligrosas
o indeseables‖. Para los médicos mexicanos, entre los indeseables se encontraban además
los locos, débiles mentales, alcohólicos, prostitutas, criminales y todo tipo de
degenerados; naturalmente su existencia preocupaba tanto a gobernantes como a
científicos porque estaban convencidos de que obstaculizaba los avances anhelados por el
liberalismo.
Queda entendido que el pacto social que afirmaba la igualdad de todos los hombres
ante la ley, sólo contemplaba a las capas privilegiadas, dejando fuera a la mayoría de la
población. Así, el positivismo como sistema filosófico y proyecto político, importado
desde Francia, se presentaba ante los ojos de los dirigentes mexicanos como herramienta
eficaz para la reestructuración de la sociedad mexicana, garantizando la sumisión de las
mayorías a los decretos de las ―verdades demostrables de la ciencia positiva‖, que sólo
una minoría podía comprender pero que todos debían acatar. 13
El profundo vínculo entre el poder político y la ciencia definió la trama específica
que desde el periodo decimonónico se encaminaba a definir los parámetros del nuevo
Estado burgués. Para ello había que encajar dentro de los límites definidos —normales o
patológicos— a todos los individuos. Las ciencias se mostraron en todo momento como
idóneos instrumentos para canalizar los objetivos políticos que apostaban por ingresar a
las rutas del progreso.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la comunidad médica que agrupaba en su
seno a los médicos legistas, precursores directos de los psiquiatras en México, se
posicionó muy cerca de los centros de poder y ocupó un lugar preponderante en la
definición de las políticas públicas que se dictaron desde el Estado. En lo que atañe a las
13
De Gortari, Eli. La ciencia en la historia de México, México, Grijalbo, 1979, pp. 298-308.
139
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
enfermedades mentales, supuestamente imposibles de erradicar por ser producto de
configuraciones hereditarias, se fue conformando una visión orientada a evitar que se
atentara contra el equilibrio social. Las acciones llevadas a cabo por el incipiente gremio
psiquiátrico derivaron del propósito de definir teóricamente si dichos padecimientos eran
nocivos para la sociedad al fomentar la degeneración.
Si tomamos en cuenta que los criterios nosológicos para diagnosticar algún trastorno
psíquico real eran muy deficientes, resulta claro que tras la pretensión de encaminar al
Estado liberal por las sendas del progreso, se encubría el propósito de mantener bajo el
yugo a grandes sectores de la población que resultaban incómodos por no ajustarse a los
parámetros de normalidad que la nueva sociedad demandaba. Así también, podemos ver
que el creciente interés por las enfermedades mentales y la irrupción de la psiquiatría
como campo fundamental del quehacer médico, tienen su razón de ser en medio de un
trasfondo político y social congruente con un proyecto de Estado. En este sentido, se
observa que la paulatina consolidación de la práctica psiquiátrica en México se logra a
partir de la puesta en marcha de una serie de operaciones de traducción, mediante la que
se obtiene una retroalimentación constante entre fines políticos y aspectos científicos.
En medio de los festejos por el centenario de la Independencia, el año de 1910
albergaría el nacimiento de la Universidad Nacional y pocos días después, el estallido de
la Revolución. Al concluir esa primera década del siglo XX, el suceso más sobresaliente
en cuanto al tema psiquiátrico fue la fundación del Manicomio General conocido como
La Castañeda.
Por un lado, el establecimiento de dicha institución basada en las innovaciones
hospitalarias de Francia, Inglaterra, Alemania y Bélgica, colocaba al país a la altura de las
grandes metrópolis; por otro, cooperaba con las tareas de control social, ya que el
estatuto irracional y en ocasiones peligroso del loco le convertía en objeto de exclusión.14
A grandes rasgos, durante la dictadura porfirista no se distinguieron cambios
sustanciales en los argumentos teóricos a los que se habituaba la práctica psiquiátrica. Esta
etapa nos permite mostrar de qué manera la ciencia puede basarse en auténticas
convicciones ideológicas y distorsiones que favorecen la hegemonía de un grupo social. El
darwinismo social, sustentado por el positivismo spenceriano, era la ley natural que el
grupo conocido como ―los científicos‖ utilizaba para justificar un proyecto político
14
Capetillo Hernández, Juan. “Cuerpos sin historia. De la psiquiatría al psicoanálisis en México”, Frenia.
Revista de Historia de la Psiquiatría, Madrid, Vol. VIII, 2008, pp. 9-10.
140
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
autoritario y excluyente, que además era promovido ampliamente desde el ámbito
educativo.
De acuerdo a todo lo expuesto hasta aquí, podemos deducir que la fundación del
Manicomio General se efectúo en consonancia con la línea ideológica definida por el
proyecto político mexicano liberal. Es más, el establecimiento de La Castañeda era parte
de un programa que incluía la creación de una penitenciaría y de varios centros
correccionales.15 Desde esa óptica, la reclusión de los alienados en el manicomio se hacía
con el objetivo primordial de evitar que perturbaran el orden social. Sin duda, todos los
médicos que se perfilaron hacia la práctica psiquiátrica debieron estar al tanto de lo que
sucedía en La Castañeda, al menos hasta 1968, año en que dicha institución fue
clausurada. En sus pabellones se fue estructurando paso a paso la comunidad psiquiátrica
mexicana. Del reducido grupo de psiquiatras que se formó y ejerció durante las primeras
tres décadas del siglo XX, surgieron los que en primera instancia contactaron a Erich
Fromm y, posteriormente, se enlistaron para formarse como psicoanalistas bajo su tutela.
Aunque se había venido gestando desde fines del siglo XIX, la profesionalización de
la psiquiatría en México tuvo lugar finalmente hacia 1920, al integrar a los conocimientos
médicos, las aportaciones de la neurología y la psicología. Sin embargo, la perspectiva
acerca de las enfermedades mentales que había dominado en el periodo decimonónico
continuó siendo el referente para esta primera etapa de la práctica psiquiátrica, en la que
se observa continuidad en el uso de criterios nosológicos. La cuestión de fondo radica en
el hecho de que a principios del siglo XX, los médicos mexicanos seguían aplicando el
concepto de herencia tomado de la medicina francesa del siglo anterior.16
Entre el connotado grupo de psiquiatras que ya ejercía durante ese periodo
encontramos a: José Meza Gutiérrez, Manuel Guevara Oropeza, Francisco Miranda,
Samuel Ramírez Moreno, Leopoldo Salazar Viniegra, Guillermo Dávila, Mario Fuentes,
Adolfo M. Nieto, Marín Ramos Contreras, Raúl González Enríquez, Edmundo
Buentello y Alfonso Millán.17 Otros reconocidos psiquiatras que ejercieron en el
15
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas…, Ob. cit., p. 131.
López Beltrán, Carlos. “Enfermedad hereditaria en el siglo XIX: discusiones francesas y mexicanas”,
en: Cházaro, Laura (ed.). Medicina, ciencia y sociedad en México, Siglo XIX, Zamora, El Colegio de
Michoacán, UMSNH, 2002, p. 107.
17
Urías Horcasitas, Beatriz. Ob. cit., p. 132.
16
141
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Manicomio General y en otros hospitales privados fueron: Juan Peón del Valle, Nicolás
Martínez, Francisco Nuñez Chávez, Manuel Falcón y Carlos Pavón.18
Después de la guerra civil que desató el movimiento revolucionario y de sus
catastróficas consecuencias, se presentó una vez más la urgente necesidad de reestructurar
al país. En esta ocasión, para el sector representante de la burguesía que había derrocado
al régimen oligárquico de Porfirio Díaz, afloró la necesidad de neutralizar el ímpetu de
las masas de campesinos e indígenas que habían jugado un papel clave en el proceso
revolucionario.
Se tornó imperioso llevar a cabo una ―revolución antropológica‖ que diera paso al
nacimiento de un hombre nuevo, el ciudadano del futuro, mestizo y digno representante
de la nación mexicana. Conforme a ese contexto, las ideas acerca de la degeneración
social y racial fueron objeto de un reajuste teórico, que en líneas generales prolongaba el
planteamiento político decimonónico.
En contraposición a la retórica revolucionaria que proclamaba la realización de las
ideas de justicia social, las acciones de los nuevos gobernantes darían continuidad al
proyecto de modernización que había prevalecido durante el porfiriato; para ello, se echó
mano de la misma herramienta: la ciencia. Las condiciones de vida de la vasta mayoría no
experimentaron cambios con el triunfo de la Revolución, ya que la facción
constitucionalista se encargó de eliminar de la jugada a los sectores populares
representados por Villa y Zapata.
Al concluir el convulsivo periodo revolucionario, el Estado mexicano adquirió
nuevas facultades. A partir de ese momento se le confirió el derecho y la obligación de
regular todo lo referente a las medidas sanitarias que, en teoría, apostaban por una
mejora en las condiciones de vida del grueso de la población.19 La devastación material y
el brote de problemas sanitarios de gran magnitud ocasionados por la guerra, provocaron
la movilización del frente médico, que se adhería al consenso científico de la época.
18
Calderón Narváez, Guillermo. Las enfermedades mentales en México. Desde los mexicas hasta el final
del milenio, México, Trillas, 2002, p. 53.
19
La Constitución de 1917 dio especial importancia a las políticas de salubridad y logró que el Consejo
Superior de Salubridad -luego transformado en Departamento de Salubridad Pública-, dependiera
directamente del Poder Ejecutivo. En 1925 fue promulgado el nuevo Reglamento General de Salubridad
Pública y en 1926 el Código Sanitario. De este último año datan asimismo la Ley de Migración y el
Código Civil. En 1929, el Departamento de Salubridad creó el Servicio de Higiene Infantil. En todas estas
reglamentaciones se identifica la influencia de la eugenesia. Para más detalle ver: Urías Horcasitas,
Beatriz. Ob. cit., pp. 108-109.
142
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Fue entonces que las teorías sobre la herencia y el degeneracionismo social sirvieron
de preámbulo a otra corriente que prometía ayudar a ―mejorar la raza”: la eugenesia.
Delineada a partir de los postulados galtonianos que afirmaban la superioridad de las
razas occidentales, esta corriente tuvo expresiones extremas en la Europa del siglo XX al
vincularse con el fascismo.
En nuestro país, la eugenesia nunca llegó a formularse en estos términos, pero marcó
la tónica y el desarrollo de todas las disciplinas científicas al menos hasta la década de los
sesenta.20 Al considerar que la armonía y el progreso de la sociedad dependían de la
homogeneidad racial, esta corriente hizo resurgir los prejuicios relacionados con la
inferioridad de los indígenas, sifilíticos, tuberculosos, alcohólicos, de los locos y de todo
miembro de ese ejército de degenerados que se escapaban de la norma civilizada. En
adelante, las autoridades médicas consideraron necesario formular medidas que
controlasen la reproducción de los indeseables. Con beneplácito del poder político en
turno, los postulados eugénicos con pretensiones de cientificidad, se utilizaron para
legitimar la homogeneización racial y cultural que enarboló el nuevo proyecto nacional
con expresiones como el vasconcelismo y el indigenismo. El fenómeno de la mestizofilia,
como ha sido denominado por algunos autores,21 se erigió como doctrina para la
reconstrucción del país, en boca de los manifiestos nacionalistas.
De forma concreta, los consejos eugenésicos transmutaron a partir del régimen de
Álvaro Obregón en legislaciones, que contemplaban una transformación a largo plazo,
sobre todo por medio de políticas de migración —de preferencia europea—, mestizaje y
educación; incluso hubo intentos de despenalizar el aborto con el objetivo de controlar la
vida reproductiva de las personas.
El hecho que salta a la vista es que los representantes de esta corriente supieron
vincularse a otros movimientos, disciplinas e instituciones, a nivel mundial, con lo cual
garantizaron el éxito de su difusión. Las acciones encaminadas a eliminar factores
hereditarios perniciosos para la sociedad mexicana, con la justificación de preparar al
ciudadano del futuro, se impulsaron desde el Departamento de Salubridad vinculado a
20
Entre 1940 y 1950, la eugenesia tuvo su expresión organicista en la biotipología que a su vez se vinculó
con la demografía impulsada desde el Estado. Los biotipólogos afirmaban haber dejado atrás las teorías
de superioridad racial y sin embargo, utilizando experimentación fisiológica de laboratorio, postulaban la
existencia de diversos “biotipos”, con capacidades diferentes; cuestión que, en los hechos, sólo significó
una readaptación del racismo existente en las décadas anteriores. Stern, Alexandra. “Mestizofilia,
biotipología y eugenesia en el México posrevolucionario: hacia una historia de la ciencia y del Estado,
1920-1960”, Relaciones. Revista de Estudios Históricos, Zamora, Vol. XXI, Núm. 81, 2000, pp. 80-91.
21
Ibíd., p. 60.
143
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
instituciones como la Secretaría de Educación Pública. Esta última, delegó en ciertas
dependencias de nueva creación, la aplicación de pruebas de inteligencia y estudios
antropométricos a la población infantil.22
Laura Luz Suárez considera que la confianza que exhibe el caso mexicano, desde el
auge del positivismo, en la posibilidad de generar trasformaciones por medio de la
educación y normas estrictas, puede atribuirse a que las tesis de Valentin Magnan —que
rescataban la influencia del ambiente social en las patologías transmitidas a la
descendencia— tuvieron más peso en nuestro país que la concepción galtoniana.23
La psiquiatría no escapó de los parámetros que dictaba la eugenesia. A partir de ese
momento, la higiene mental devino como disciplina encargada de dirigir las medidas
preventivas que desde el Estado, se orientaron a controlar tanto las enfermedades
mentales como la criminalidad.
La higiene mental compaginó la ―teoría de la defensa social‖ con las ideas
degeneracionistas. Esta subrayaba la peligrosidad del loco para la sociedad por ser un
criminal en potencia y el derecho de ésta a defenderse de tales amenazas. Aunque no era
nada nuevo, pues esta idea estuvo presente en las discusiones académicas y científicas
desde el siglo anterior, la correspondencia entre locura y criminalidad fue la chispa que
encendió los ánimos y provocó las significativas discusiones que permearon la
consolidación de la disciplina psiquiátrica en la década de 1930.
2. Indicios del discurso freudiano en el gremio psiquiátrico
Si nos detenemos un momento para reflexionar, podremos constatar que a principios del
siglo XX no existía un contexto realmente propicio para la introducción del psicoanálisis
en México. Los supuestos teóricos en que se basaban las observaciones científicas de la
época, generaron una tendencia a captar de forma inexacta los planteamientos de Freud.
Así, positivismo, degeneracionismo e higiene mental fueron proyectos que se fueron
entrecruzando en la línea temporal, para solapar medidas autoritarias con dejos de
racismo, acordes a la conformación de un nuevo estado nacional, que en vez de suprimir
las enormes desigualdades entre los diversos sectores de la población, se encargaba de
enfatizarlas.
22
Urías Horcasitas, Beatriz. “Degeneracionismo e Higiene Mental en el México posrevolucionario 19201940”, Frenia. Revista de Historia de la Psiquiatría, Madrid, Vol. IV, Núm. 2, 2004, pp. 62-63.
23
Suárez y López Guazo, Laura Luz. Ob. cit., p. 195.
144
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
No obstante, los primeros planteamientos de Freud encontraron cabida entre el
incipiente gremio psiquiátrico mexicano, aunque desde una perspectiva que cercenaba el
corpus teórico que, desde que vio la luz pública en 1900, se convirtió en parte aguas de la
historia de la psicología.
En consonancia con lo que hemos señalado hasta aquí, podemos afirmar que el
paradigma imperante en la esfera médica mexicana hizo las funciones de un velo en los
ojos, que fue determinante en la manera en que se entendieron las ideas de Freud.
Los primeros textos que hablan de las propuestas freudianas en México se deben a la
pluma del médico michoacano José Torres Orozco, quien probablemente leyera a Freud
en alemán.24 En un artículo aparecido en 1922, Torres Orozco recoge la teoría del
médico vienés y sistematiza las ideas principales, con el propósito explícito de facilitar su
divulgación entre sus compatriotas, al considerarlas: ―las más grandes adquisiciones
modernas de la ciencia psiquiátrica‖.25
Pero en lugar de hablar de un solo acto introductorio, debemos suponer que el
conocimiento acerca del material psicoanalítico había comenzado a circular a través de
revistas, panfletos y otro tipo de publicaciones provenientes del extranjero, que se
filtraron a los círculos científicos y culturales tiempo antes de que Torres Orozco
efectuara su síntesis. Es notable que este autor haga referencia, por ejemplo, a una revista
alemana donde se tocan temas relacionados con la sexualidad infantil.26 Probablemente
esa infiltración se debió al estallido de reacciones que suscitó a nivel mundial y en
incontables ámbitos, el surgimiento de una teoría que indagaba en los aspectos más
profundos de la psique humana, que concernía a todo y a todos, en la medida en que
cada uno de nosotros personifica ese objeto de estudio del que Freud se ocupó hasta el
final de su vida: el ser humano.
En el artículo de Torres Orozco se encuentran palpitando algunas ideas freudianas,
pero de épocas tempranas. Vale recordar que Freud fue modificando sus teorías
periódicamente, aspecto que desafortunadamente pasó desapercibido en la primera
traducción española apoyada por Ortega y Gasset que, dicho sea de paso, se extendió de
Páramo Ortega, Raúl. “Freud in Mexico”, Munich, 1992 (www.raulparamoortega.de).
Torres Orozco, José. “Las Doctrinas de Freud en la Patología Mental”, Revista México Moderno,
México, Año II, Núm. I, agosto 1922, pp. 39-53.
26
Zeitschrift fur Kinderheiluknde, Berlín, Núm. 1-2, noviembre 1921. Citado por Torres Orozco, José. Ob.
cit., p. 42.
24
25
145
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
1922 a 1934.27 En un principio, Torres Orozco fundamenta sus observaciones respecto a
la importancia de lo sexual en la endocrinología, cuestión que evidencia el velo positivista
que aún determinaba la práctica médica mexicana.
Este joven médico había conseguido un puesto en el Manicomio General en 1918 y
no hay razón para dudar que el discurso freudiano estuviese ya circulando entre los
psiquiatras que ahí laboraban.28 Pero el hecho de que haya circulado entre algunos
lectores no significa que tuviera trascendencia en los juicios o en la práctica de los
psiquiatras.
No obstante, se tiene noticia de que para la década de los veinte, el Dr. José Meza
Gutiérrez junto con el Dr. Francisco Miranda, catedráticos en la Escuela Nacional de
Medicina y psiquiatras del Manicomio General, enseñaban dentro de sus clases las teorías
de Freud y de Pierre Janet. No hay que olvidar que Sigmund Freud formó parte del
grupo de discípulos del eminente neurólogo Jean Marie Charcot, que trabajó en La
Salpetriere, entre quienes también figuraron Pierre Marie y Pierre Janet. Está
documentado que entre 1910 y 1913, los alienistas de La Castañeda utilizaron los
planteamientos que Charcot había formulado acerca de la hipnosis para tratar la histeria.29
Freud estuvo vinculado tanto a la tradición psiquiátrica francesa como a la alemana, pero
por las características del ámbito médico mexicano, era más plausible que surgiera el
contacto con las primeras ideas freudianas, más afines al bagaje cultural francés.
El Dr. Meza Gutiérrez, quien fuera primer director de La Castañeda, dirigió en 1923
la tesis titulada Psicoanálisis, que presentó el médico Manuel Guevara Oropeza.30 Vale la
pena puntualizar que para aproximarse al tema, Guevara Oropeza tomó como pilares las
teorías de Freud, como representante de la escuela alemana, y los planteamientos de
Janet como herederos de la escuela francesa. El hecho de que conjuntara en un mismo
trabajo a dos teóricos que en realidad sostenían posturas muy divergentes, nos habla de
que el psicoanálisis estaba siendo interpretado de forma muy peculiar, de acuerdo al
contexto científico mexicano de la época. Guevara Oropeza identifica la teoría freudiana
a la formulada por Janet, además de que critica la visión pansexualista, claro, sin restar
importancia a la necesidad de implantar medidas educativas que previnieran ―tendencias
27
Freud, Sigmund. “Sobre la versión castellana”, Obras Completas, 2ª. Edición, Buenos Aires,
Amorrortu, 1986, pp. 1-2.
28
Hernández Luna, Juan. El último positivista mexicano, Morelia, Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo, 1980, pp. 35-52.
29
Ríos Molina, Andrés. Ob. cit., pp. 100-103.
30
Guevara Oropeza, Manuel. Psicoanálisis, Tesis de Medicina, Escuela Nacional de Medicina, 1923.
146
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
perversas y malformaciones en la conducta‖. Concluye pues este autor que el
psicoanálisis no es una ciencia nueva, ni una psicología revolucionaria, ni una panacea de
las enfermedades mentales.31
Juan Capetillo Hernández sostiene que la admisión del discurso freudiano en
México estuvo marcada por los debates que se daban en los centros intelectuales
europeos en torno a los alcances del impulso sexual. También estaba sobre la mesa la
batalla por definir quién era merecedor del título de descubridor del inconsciente.
32
Conviene señalar que en 1895, a partir de la publicación de Estudios sobre la histeria de
Freud, donde apuntaba ya hacia un suceso sexual traumático en los orígenes de esta
afección, Janet se convierte en su contrincante declarado. Si continuamos en ese orden de
ideas, la visita de este psiquiatra francés a México, orquestada en 1925 por el Dr. Meza
Gutiérrez, permite delinear la forma en que se leían los textos psicoanalíticos en la
década de los veinte. De forma un tanto burlona para Janet, su visita promovía las teorías
freudianas al intentar criticarlas.
Janet fundó junto a Ezequiel A. Chávez, Meza Gutiérrez, Enrique O. Aragón,
Francisco Miranda y Guevara Oropeza, la Sociedad Mexicana para Estudios Psicológicos,
que no sobrevivió más de cuatro sesiones.33 Pero como consecuencia de su visita se
estableció la instrucción formal de la psiquiatría en la carrera de medicina de la
Universidad Nacional en 1926, cuestión de fundamental importancia, puesto que la
psiquiatría fue el suelo discursivo y práctico en el que emergieron el freudismo y el
psicoanálisis en México.34
Ese mismo año apareció en la Revista Medicina un artículo del Dr. José Zozaya
titulado ―Higiene mental‖, donde se esboza el debate acerca del discurso freudiano
dominado por tintes eugénicos. El autor hace hincapié en que la instrucción de los niños
31
Rocha Guzmán, Guadalupe. Las instituciones psicoanalíticas en México. Un análisis de la formación de
analistas y sus mecanismos de regulación, Tesis de Maestría, Universidad Autónoma Metropolitana,
México, 1998. (http://psicologiasocial.xoc.uam.mx/textos/arctex/Rochatesis.html).
32
Capetillo, Hernández, Juan. Ob. cit., p. 5.
33
Perez Rincón, Héctor. “Aspectos de la psiquiatría en Europa y en América: México.”, en: Postel,
Jacques y Quetel, Claude. (coords.). Nueva Historia de la Psiquiatría, México, Fondo de Cultura
Económica, 2000, p. 527.
34
Capetillo Hernández, Juan. Ob. cit., p. 6. Con fines metodológicos varios autores manejan la distinción
entre freudismo y psicoanálisis, incluyendo la práctica psicoanalítica sólo en el segundo término. Por
freudismo se entiende, de una manera mucho más amplia, la incursión de las ideas freudianas en diversos
ámbitos. Ver también Paul Lauret-Assoun. El freudismo, Siglo XXI, México, 2001.
147
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
en asuntos de higiene sexual tiene por objeto primordial prevenir enfermedades venéreas
y la inmoralidad.35
Los mencionados documentos, las obras de Torres Orozco que se extendieron hasta
1925 y otra tesis titulada Isaena. Un caso de tratamiento psicoanalítico,36 que presentó
José Quevedo Jr. en 1929, dan prueba de la recepción inicial de la obra de Freud en los
círculos científicos de nuestro país.37
Pero no podemos pasar por alto que al mismo tiempo que las ideas psicoanalíticas
circulaban en el ambiente, las discusiones sobre la responsabilidad criminal de los
alienados quedaron insertas definitivamente entre los tópicos estudiados por la
psiquiatría.38 Así, el Dr. Meza Gutiérrez examinó en esa misma década el problema que
generaban los conceptos de responsabilidad atenuada, libre albedrío y abolición temporal
de la conciencia en relación a los enfermos mentales.39
En términos generales, resulta interesante observar cómo los médicos y psiquiatras
mexicanos fueron enlazando los postulados freudianos con la tendencia preponderante
de la higiene mental y la eugenesia, en boga durante el periodo posrevolucionario. Del
ámbito psiquiátrico inmerso en esa dinámica, irían irrumpiendo los miembros del grupo
frommiano inicial.
¿Quiénes eran? ¿Qué caminos habían transitado antes de ingresar a la formación
psicoanalítica? ¿De qué redes académicas formaban parte?
No es posible recuperar aquí la trayectoria completa de todos ellos, pero
abordaremos algunos aspectos relevantes que nos permitirán comprender los motivos
que los impulsaron a adherirse al proyecto psicoanalítico de Fromm a finales de 1940.
3. Los discípulos mexicanos de Erich Fromm
Podemos situar la génesis del interés por las enfermedades mentales en el campo de
acción de la medicina legal que, de acuerdo a los lineamientos de los Códigos Civil de
1870 y Penal de 1871, tenía facultades para reconocer entre los criminales a los dementes
35
Rocha Guzmán, Guadalupe. Ob. cit., p. 12.
Quevedo, José. Isaena. Un caso de tratamiento psicoanalítico, Tesis de medicina, Escuela Nacional de
Medicina, 1929.
37
Capetillo Hernández, Juan. Ob. cit., p. 4.
38
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas…, Ob. cit., pp. 131-132.
39
Meza Gutiérrez, José. “Acerca del criterio de la responsabilidad en los insanos”, Gaceta Médica de
México, México, Vol. LVIII, Núm. 1, 1927.
36
148
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
o locos. Al criminal alienado se le eximía de su responsabilidad penal aunque se le
siguiera considerando peligroso. En materia civil, la locura era un impedimento para el
ejercicio de ciertos derechos, tales como comprar o vender bienes, contraer matrimonio y
redactar testamentos.
Los códigos redactados en 1929 y 1931, respectivamente, retomaron la idea de la
peligrosidad de los locos —aunque ahora con la noción de temibilidad— y restringían el
papel de los psiquiatras para intervenir a favor de éstos. Esta situación enmarca lo que
Cristina Sacristán ha denominado ―desamparo jurídico del psiquiatra‖, condición que se
mantuvo constante desde la eclosión de la disciplina en México. 40
Para el cambio de siglo, el enfoque terapéutico que en apariencia cobraba fuerza con
la fundación de La Castañeda, fue continuamente menoscabado por el desgaste que
implicaba para los psiquiatras tratar de proteger a los internos de abusos, ya fuera por
parte de sus familias que muchas de las veces los internaban para arrebatarles sus bienes,
o de la autoridad irrestricta del Estado, que les retiraba el derecho a ejercer sus facultades
jurídicas al momento de ingresar al manicomio. Otro grave problema que terminó por
hacer fracasar la visión asistencial de la locura fue la sobrepoblación, que a partir de la
década de los treinta propició condiciones de hacinamiento que tornaron imposible el
tratamiento adecuado para los pacientes. Ante tal situación, los psiquiatras solicitaban que
se internara solo a los individuos que no pudiesen convivir en sociedad, es decir, los casos
de inadaptación o peligrosidad más evidentes.
En esa coyuntura, distinguidos psiquiatras, como Samuel Ramírez, Manuel Guevara
Oropeza y Alfonso Millán, participaron en acalorados debates frente a instancias como el
Departamento de Salubridad y la Cámara de Diputados, para pedir una resolución que
legitimara sus funciones y reconociera su derecho a decidir quiénes debían ser recluidos
en el manicomio.
Alfonso Millán41 fue en ésta época uno de los representantes más activos de la
higiene mental en México. Había asistido a dos congresos en París, en 1922 y 1937,
organizados por Edouard Toulouse, el gran promotor de esta corriente en Francia.
Como director de La Castañeda, Millán argumentó su desacuerdo frente al código penal
que otorgaba la custodia del enfermo que delinquía a instancias judiciales antes que
permitir al psiquiatra determinar si requería atención médica.
40
Sacristán, Cristina. “Entre curar y contener. La psiquiatría mexicana ante el desamparo jurídico 18701944”, Frenia. Revista de Historia de la psiquiatría, Madrid, Vol. II, Núm. 2, 2002, pp. 60-80.
41
Cursó en París la especialidad en psiquiatría forense y medicina legal.
149
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
No resulta sorprendente entonces que se destacara en los debates entre psiquiatras y
juristas recogidos en la revista Criminalia durante 1938. Millán sugería la expedición de
una Ley General de Alienados y se negaba a aceptar la intervención judicial en La
Castañeda, que recluía en el pabellón de agitados y reos a los enfermos procesados.
Como en estas discusiones aún se evocaba la sombra de la herencia como agente
causante de enfermedades y comportamientos peligrosos, las respuestas de los juristas se
ajustaron al programa preventivo que se formuló de acuerdo a los lineamientos de la
higiene mental, disciplina que como recordará el lector, había surgido como expresión de
los preceptos eugénicos. Al final, prevaleció la negativa a atender las demandas de Millán,
que representaba al gremio psiquiátrico, y se ratificaría al loco como responsable penal de
sus actos.42
De acuerdo a Cristina Sacristán, en realidad los psiquiatras terminaron por articular
el discurso legitimador de su práctica, más en torno a la contención de la peligrosidad de
los locos que a objetivos reales de tratamiento. Lo anterior a razón de que los internos
que no hubiesen ingresado en calidad de reos, podían salir del manicomio pasando por
encima de la autoridad médica, incluso si no mostraban mejoría y representaran un
peligro potencial para la sociedad. El que no siempre fueran tomados en cuenta a la hora
de determinar si un paciente podía salir del nosocomio, molestaba en gran medida a los
psiquiatras. En 1932, en el X Congreso Médico Nacional, Alfonso Millán llegó a plantear
la necesidad de una profilaxis en este terreno como parte de las obligaciones del Estado,
al igual que se estaba haciendo en otros campos de la salud.43
La década de 1930 significó la entrada a una nueva era para la psiquiatría mundial
con el descubrimiento de los neurotransmisores. Aunque en nuestro país se tiene noticia
de algunas innovaciones introducidas por el uso de químicos en el tratamiento,44 se
observa que el paradigma que venía definiendo las enfermedades mentales desde el siglo
XIX seguía presente, aunque hubo de atravesar alguna que otra reformulación para
maquillar lo que de otra forma sonaba a pasado remoto.
La postura adoptada por los psiquiatras que buscaba deslindar a los locos de su
responsabilidad criminal parece a primera vista más tolerante, pero si miramos de cerca,
42
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas…, Ob. cit., pp. 135-137.
Sacristán, Cristina. “Entre curar y contener…”, Ob. cit., pp. 76-78.
44
La Gaceta Médica de México publicó varios trabajos que hablaban sobre la introducción de sustancias
químicas en el tratamiento de los padecimientos mentales. Citado por Urías Horcasitas, Beatriz. Historias
secretas…, Ob. cit., p. 242.
43
150
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
encontraremos que se define en torno a los mismos propósitos de proteger a la sociedad
de conductas peligrosas, eludiendo la reflexión sobre la posible génesis social de estos
comportamientos. En realidad, la consideración de que el delito y la enfermedad mental
eran manifestaciones de un mismo proceso degenerativo, continuaba vigente a mediados
de los años treinta. En el campo de la profilaxis, con la finalidad de evitar la reproducción
de individuos indeseables o nocivos para el progreso de la nación, se discutió
ampliamente la posibilidad de esterilizar a los enfermos mentales; desde la misma óptica
se llegó a proponer incluso la pena de muerte para los criminales reincidentes.
En esa década se conformaron varias instituciones bajo los estatutos de la higiene
mental, con subsidios del Departamento de Salubridad y la Secretaría de Educación
Pública, donde observamos la participación de algunos de los primeros discípulos de
Erich Fromm. Así por ejemplo, Raúl González Enríquez había aplicado en 1934, para el
Departamento de Psicopedagogía e Higiene dependiente de la SEP, pruebas
psicométricas a 47 niñas de entre siete y ocho años de edad, reportando el hallazgo de un
―complejo de inferioridad‖ como rasgo característico del grupo.45 También fue impulsor
de los primeros programas de educación sexual en las escuelas secundarias en la década
de los cuarenta.
En 1936, Alfonso Millán, Samuel Ramírez Moreno y Raúl González Enríquez
fundaron la Sociedad de Estudios de Criminología, Psicopatología e Higiene Mental, así
como la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría. Al año siguiente, ese organismo
editó la revista Archivos de Neurología y Psiquiatría de México, con una orientación
netamente eugenésica.46 A través de esas instancias se siguió discutiendo sobre la
peligrosidad y situación legal de los alienados, la relación entre delincuencia y
alcoholismo y, la posibilidad de esterilizar a los enfermos mentales.
Pero la publicación que destaca por su importancia en el ámbito psiquiátrico
mexicano del siglo XX, dirigida por Samuel Ramírez Moreno y Guillermo Dávila, fue la
Revista Mexicana de Psiquiatría, Neurología y Medicina Legal. Se publicó entre 1934 y
1947, y promovió intensamente la higiene mental en los países latinoamericanos,
logrando una importante participación en el Primer Congreso Interamericano de Higiene
Mental, llevado a cabo en Río de Janeiro en 1935. Parece interesante advertir que entre
las secciones técnicas del congreso, había una dedicada al Psicoanálisis. De igual forma,
45
46
Stern, Alexandra. “Mestizofilia, biotipología y eugenesia…”, Ob. cit., p. 85.
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas…, Ob. cit., p. 139.
151
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
en 1934 la revista Criminalia publicó un artículo que versaba sobre ―El psicoanálisis en el
examen de los delincuentes‖, 47 pero es muy improbable que la interpretación saliera del
marco de la teoría de la defensa social.
En los márgenes académicos, Alfonso Millán relata que hacia 1934, él junto a
Guillermo Dávila y Raúl González Enríquez, sustentaban conferencias sobre la obra de
Freud en la Facultad de Medicina de la UNAM. También menciona que González
Enríquez organizó en 1937 un seminario para leer y comentar los textos del fundador del
psicoanálisis.48 Lo anterior nos permite inferir que antes de la llegada de Fromm,
predominaba en México una concepción esencialmente ortodoxa de la teoría
psicoanalítica, circunscrita, como ya hemos referido, a la corriente psiquiátrica en uso: la
higiene mental.
Hay un testimonio de Millán particularmente llamativo porque sostiene que tanto él
como sus colegas se interesaban por las aplicaciones del psicoanálisis a la comprensión de
los fenómenos socio-culturales mexicanos desde 1934. Si se observan los detalles del
contexto cultural que se ha examinado en el primer capítulo, como el escándalo que se
desató en la prensa en 1932 a causa de los artículos de Samuel Ramos, se podría articular
dicha declaración. Pero en cuanto al terreno científico, en momentos en que la higiene
mental se encontraba en pleno apogeo, parece difícil suponer un tipo de interpretación
que en realidad fuera psicoanalítica.
Es importante recordar que el planteamiento psicoanalítico que se perfilaba hacia la
comprensión de los fenómenos socio-culturales, forma parte del contenido básico de las
propuestas que compartía la corriente culturalista de la que Fromm era miembro. No era
así para el planteamiento ortodoxo, que enfatizaba en la teoría pulsional y en el análisis
individual. Además, para la década de los treinta el proyecto del grupo culturalista estaba
apenas en ciernes en Estados Unidos.
También hay que decir que no existía en México una comunidad de psicoanalistas
de profesión. El mismo Millán relata que los primeros psicoanalistas mexicanos optaron
por formarse en Estados Unidos, Argentina o Francia a partir de 1947.49
A fines de 1943, Raúl González Enríquez, Mariano Vázquez y Rubén Vasconcelos
habían encabezado a un grupo de jóvenes estudiantes en las ―reuniones del pabellón 16‖,
correspondiente a neuropsiquiatría del Hospital General. En un principio, el grupo
47
Urías Horcasitas, Beatriz. Historias secretas…, Ob. cit., pp. 245, 254.
Millán, Alfonso. “El desarrollo de la Sociedad Psicoanalítica…”, Ob. cit., p. 5.
49
Ídem.
48
152
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
estuvo conformado por José Luis González, Ramón Parrés y Santiago Ramírez; más tarde
se integrarían Alfredo Namnum, Avelino González, Jaime Tomás y José Remus, para
fundar el ―Círculo de Estudios Freudianos‖. 50 Fueron estos jóvenes quienes decidieron
continuar su formación en el extranjero. Cuando retornaron, entre 1952 y 1953, se
erigieron como representantes de la corriente psicoanalítica ortodoxa en México.
Estamos hablando entonces de la presencia de dos posturas psicoanalíticas durante la
década de 1950, cuyos representantes fueron arando terreno por cuenta propia, para
luego esparcir las semillas de la escuela freudiana en nuestro país; aunque la protagonista
del proceso de institucionalización fue la postura frommiana.
Por ahora basta hacer notar que las figuras dominantes de la psiquiatría mexicana de
la época, como González Enríquez, Millán y otros personajes destacados también en el
Colegio de Psicología, por entonces dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UNAM, como Guillermo Dávila, Abraham Fortes y Armando Hinojosa, fueron maestros
de esa generación de la que surgiría, por un lado, el grupo de psicoanalistas ortodoxos, y
por otro, los jóvenes organizadores del curso de especialización en psiquiatría que se
integrarían al grupo frommiano.
Respecto a los motivos que llevaron a la inclinación por Freud, en palabras de
Santiago Ramírez, uno de los más reconocidos representantes de la ortodoxia freudiana:
―en aquel entonces cualquier psiquiatra medianamente formado sabía de la
existencia de Freud y de su obra; la edición de las llamadas Obras Completas,
traducidas tan nefastamente por López Ballesteros y de Torres formaba parte de
las bibliotecas de las personas medianamente ilustradas, fuera porque habían sido
leídas –en el menor de los casos-, fuera por esnobismo y petulancia intelectual‖.51
Como se ha podido observar, varios de los primeros alumnos de Fromm se
encontraban inmersos en el paradigma de la higiene mental, por lo cual, parece difícil
concebir que la visión hegemónica frente a las enfermedades mentales fuera
transformada de la noche a la mañana en función de las nuevas interpretaciones que
ofrecía el psicoanálisis de corte humanista, formulado por Fromm. Lo que sí podemos
percibir, es que el psicoanálisis se presenta ante los ojos de los psiquiatras mexicanos
como un paradigma distinto, que cuestionaba el sustento teórico que atribuía a la
50
51
Ramírez, Santiago. Ajuste de cuentas, México, Océano, 1996, p. 23.
Ibíd., pp. 81-82.
153
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
herencia la causa primordial en el origen de los trastornos psíquicos. El psicoanálisis
humanista significaba, por tanto, un cambio en la visión del mundo, una nueva forma de
observar y de entender la realidad de los hechos humanos.
La labor e influencia de los médicos españoles que arribaron a México a fines de los
años treinta, como: Gonzalo Lafora, Isaac Costero, Sixto Obrador, Pascual del Roncal y
Dionisio Nieto, fue vital para reemplazar por fin la concepción degeneracionista en la
explicación de las enfermedades. Para el caso de las afecciones mentales, fueron
esenciales las contribuciones de Costero, Lafora y Nieto, eminentes psiquiatras herederos
de la escuela neurobiológica de Santiago Ramón y Cajal, que destacaba los factores
orgánicos en ese tipo de padecimientos.52 Se integraron a los centros de trabajo existentes
en su país receptor e impulsaron la creación de nuevos centros de investigación, en
donde desarrollaron aportaciones de enorme relevancia.53
Guillermo Calderón Narváez relata que durante la década de los cuarenta laboraban
hombro a hombro en el Manicomio General los representantes de distintas corrientes,
como Mario Fuentes, Dionisio Nieto, Agustín Caso, Santiago Castillejos y Alfonso
Escobar, responsables del departamento de Observación mujeres. Así mismo, en el
departamento de Observación hombres, dirigido por Raúl González Enríquez, laboraban
José Luis Patiño, Aniceto Aramoni y Jorge Derbez, entre otros. Ambos departamentos
recibían a todos los enfermos que ingresaban al manicomio, desde ahí eran canalizados o
bien se les daba tratamiento cuando había posibilidades de recuperación. Cabe
mencionar que esta época se distinguió por la utilización de los tratamientos de choque:
cardiazólico, con insulina y electroconvulsivo. Los psicofármacos no fueron utilizados de
forma generalizada hasta la década de los sesenta.54 Fue Dionisio Nieto el encargado de
dirigir los primeros ensayos en el pabellón piloto de La Castañeda, para evaluar los
efectos de antidepresivos, antipsicóticos y anticonvulsivos en los pacientes.55
Respecto a otros cuatro miembros de la primera generación de psicoanalistas
formada por Fromm, a saber: Ramón de la Fuente Muñiz, Francisco Garza, Jorge Silva
García y Jorge Velasco Alzaga, se distinguen por la formación que recibieron en
52
Perez Rincón, Héctor. “Aspectos de la psiquiatría...”, Ob. cit., pp. 527-528
Dosil Mancilla, Francisco Javier. “La estela de Cajal en México”, Arbor. Ciencia, Pensamiento y
Cultura, Vol. CLXXXV, Núm. 735, enero-febrero 2009, pp. 29-40.
54
Calderón Narváez, Guillermo. Ob. cit., pp. 62-66.
55
Sacristán, Cristina. “En defensa de un paradigma científico. El doble exilio de Dionisio Nieto en
México, 1940-1985”, en: Rafael Huertas y Ricardo Campos (coords.). De la "Edad de Plata" al exilio:
construcción y "reconstrucción" de la psiquiatría española, Madrid, CSIC/ Frenia, 2007, p. 104.
53
154
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
universidades y clínicas estadounidenses. Algunos se habían perfilado por la psiquiatría
desde antes de su salida del país.
Jorge Silva García se graduó en 1945 de la Escuela Médico Militar. De 1946 a 1948
realizó su residencia en el Illinois Neuropsychiatric Institute. A su regreso a México,
trabajó en el servicio de neuropsiquiatría del Hospital Central Militar hasta 1956, cuando
concluyó su formación psicoanalítica.
El otro Jorge de apellido Velasco se había graduado como Maestro en Ciencias
Sanitarias y continuó sus estudios en la Brooke Army Medical Center de Fort Sam
Houston y en la Escuela de Higiene y Salud Pública de la Universidad de Johns Hopkins,
en Baltimore. Se especializó en Administración de Salud Pública en el área de Higiene
mental y finalmente regresó a México para incorporarse al Hospital Central Militar y a la
UNAM.56
Por su parte, Ramón de la Fuente cursó la carrera de Medicina en la UNAM e
incursionó en el estudio de las enfermedades mentales desde el tercer año. Relata que
solía recorrer los pasillos de La Castañeda al lado del Dr. Samuel Ramírez Moreno,
quien le ofreció la beca que le permitió realizar su residencia de especialidad en
neuropsiquiatría en el Clarkson Memorial Hospital en Omaha, Nebraska. De la Fuente
afirma que escogió esta pequeña clínica porque le interesaba estar al servicio de A.E.
Bennett, iniciador de los servicios psiquiátricos en hospitales generales, como alternativa
al trato de asilo en instituciones alejadas de las ciudades. Tuvo contacto también con las
Universidades de Columbia y Nueva York con motivo de cursos de posgrado. Cuando
regresó a México, trabajó como ayudante de Ramírez Moreno en la clínica y en la
enseñanza en la Facultad de Medicina.57 No está de más señalar que en 1951 fue director
de la revista Archivos Mexicanos de Neurología y Psiquiatría, una de las más prestigiosas
del ramo.58
56
Campillo-Serrano, Carlos. “Dr. Jorge Velasco Alzaga In memoriam”, Gaceta Médica de México,
México, Vol. 135, Núm. 2, 1999, pp. 231.
57
De la Fuente Muñiz, Ramón. “Memorias de un psiquiatra. De La Castañeda al Instituto Nacional de
Psiquiatría”, Letras Libres, México, Núm. 92, 2006.
58
Fernández Guardiola, Augusto. Las neurociencias en el exilio español en México, México, Fondo de
Cultura Económica, 1997, p. 83.
155
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
4.
Fromm en México: redes académicas e institucionales en que
desenvuelve su labor
El año de 1949 enmarca la llegada de Erich Fromm a México, país en el que encontraría
un fructífero espacio de trabajo durante más de dos décadas. No fue este su primer
encuentro con tierras mexicanas; dos de sus alumnos mexicanos, Jorge Silva García59 y
Alfonso Millán,60 comentan que Fromm había visitado el país antes de establecer contacto
con el grupo de psiquiatras de la Universidad Nacional. En efecto, Erich Fromm estuvo
involucrado profesional y sentimentalmente con la psicoanalista Karen Horney durante
varios años, y las hijas de esta última vivían en Cuernavaca. Fromm la acompañó a pasar
temporadas vacacionales en un par de ocasiones. Dos de las obras más importantes de
Horney fueron escritas mientras se encontraba de retiro en Cuernavaca,61 y en El miedo a
la libertad de Fromm publicado en 1941, hay una breve referencia a los campesinos e
indígenas mexicanos, que indica ya cierto interés del destacado sociólogo y psicoanalista
alemán por la cultura mexicana.62
Dado que siempre fue un observador incansable de la realidad social y desde 1933
había emigrado a Estados Unidos, era natural que aprovechara la cercanía de su nueva
morada con México para conocer el escenario vital de las antiguas civilizaciones
mesoamericanas, aquel Nuevo Mundo que tanto sorprendió a los colonizadores
europeos. Después de todo, es innegable que México ha ejercido un fuerte magnetismo
entre artistas, intelectuales y científicos provenientes de todas las latitudes. En parte quizás
porque el país ha tomado posición como referente obligado para las nociones de
diversidad y riqueza —tanto cultural como ecológica—, con los matices y contradicciones
que reafirman su esencia única.
En 1949, Erich Fromm vino a pasar una temporada en San José Purúa, en busca del
alivio que las aguas termales podían ofrecer para su segunda esposa Henny Gurland,
quien padecía los estragos de la artritis reumatoide.
59
Silva García, Jorge. “Erich Fromm en México: 1950-1973”, en: Silva García, Jorge (comp.). El
humanismo de Erich Fromm, Paidós, 2006, p. 64.
60
Millán, Alfonso. Ob. cit., p. 5.
61
Karen Horney escribió en Cuernavaca: La personalidad neurótica de nuestro tiempo (1937) y Nuestros
conflictos interiores (1945). Véase Reyes Vallejo, Orelllana. “Karen Horney, una pionera de la ruptura
con el modelo freudiano para explicar la psicología femenina y el desarrollo humano sano y neurótico”,
Apuntes de psicología, Sevilla, Universidad de Sevilla, Vol. 20, Núm, 2, pp. 10-21.
62
Fromm, Erich. El miedo a la…, Ob. cit., p. 265.
156
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
La década de 1940 significó para México la entrada a un periodo histórico distinto. A
grandes rasgos puede decirse que al concluir el cardenismo y estallar la Segunda Guerra
Mundial, la Revolución dio por terminados los grandes proyectos de reforma social y
política. Sus nuevos dirigentes decidieron para el país un nuevo proyecto, la entrada a la
modernidad a partir de la industrialización.63
La historia de los cambios ocurridos en México a partir de 1940 y a lo largo de la
segunda mitad del siglo XX es la historia del desarrollo de una base industrial, que
aunque poco competitiva en términos mundiales, desencadenó todas las consecuencias
características de este tipo de procesos en los países subdesarrollados: alto crecimiento
demográfico, supeditación de la agricultura a las necesidades de la industria, incremento
desproporcionado del sector terciario, urbanización descontrolada y una injusta
concentración de la riqueza; al mismo tiempo, se dio un aumento en el gasto social, sobre
todo en los rubros de educación y salud, pero sin eliminar la marginación. Irrumpieron
también como efectos inevitables de la industrialización, la contaminación y la
destrucción ecológica.64
En el marco de ese repunte industrial, se abrió un espacio para profesionalizar la
práctica médica y ponerla al alcance del grueso de la población. El objetivo se materializó
en obras como la modernización del Hospital General y el establecimiento del Instituto
Mexicano del Seguro Social. Se inauguraron también el Hospital Militar de México, el
Instituto Nacional de Cardiología y el Hospital para Enfermos de la Nutrición.65
Hacia el final de los años cuarenta, esta etapa de profesionalización e
institucionalización se extendió también al campo de la psiquiatría. Esta última, en
conjunto con el resto de las neurociencias, había recibido un importante estímulo con la
llegada de varios científicos españoles que fueron acogidos por el gobierno del general
Lázaro Cárdenas en 1939. Se creó La Casa de España, transformada después en El
Colegio de México, con el objeto de recibir al numeroso grupo de expatriados que
pasaría a integrarse a la vida científica y cultural del país. Gracias al apoyo de este
organismo y de la Fundación Rockefeller, en 1941 se fundó el Laboratorio de Estudios
Médicos y Biológicos con sede en la Universidad Nacional Autónoma de México. A
partir de entonces, el desarrollo de las neurociencias conocería una etapa memorable.
63
Meyer, Lorenzo. “De la estabilidad al cambio”, en: AA.VV. Historia General de México, México, El
Colegio de México, 2000, p. 885.
64
Ídem.
65
Calderón Narváez, Guillermo. Ob. cit., p. 59.
157
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Los psiquiatras transterrados se encargaron de potenciar la enseñanza, establecer
publicaciones y centros de trabajo donde a la vez pudiesen continuar con sus proyectos e
investigaciones, interrumpidos de golpe por la guerra civil española. Para entender la
trascendencia de su labor debemos tomar en cuenta que el Laboratorio de Estudios
Médicos y Biológicos fue la primera institución de México que se dedicó específicamente
a la investigación neuropsiquiátrica.66
Años más tarde, con el traslado a la nueva ciudad universitaria, el Laboratorio
cambió de nombre por el de Instituto de Investigaciones Biomédicas, y la materia de
psiquiatría comenzó a impartirse también en el Instituto de Biología y el Colegio de
Psicología.67 En ese contexto, entre 1948 y 1950 un grupo de médicos formado por
Aniceto Aramoni, Arturo Higareda, Armando Hinojosa y Jorge Derbez, se propuso
organizar un curso de especialización en psiquiatría bajo la orientación de su profesor, el
Dr. Raúl González Enríquez, quien trabajaba en el Manicomio de La Castañeda, a la vez
que organizaba la Clínica de Neuropsiquiatría del Instituto Mexicano del Seguro Social.68
El año de 1950 llegaba a su término cuando los médicos Abraham Fortes y José
Zozaya —entonces director de la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina de la
UNAM—, descubren la presencia de Erich Fromm en México. En seguida piden
referencias sobre él al Dr. José F. Díaz, quien era conocedor de El miedo a la libertad,
para entonces la única obra de Fromm traducida al español. Díaz confirma el prestigio
del psicoanalista alemán radicado en Nueva York y luego de consultarlo con tres
destacados psiquiatras, profesores de la Universidad, Raúl González Enríquez, Guillermo
Dávila y Alfonso Millán, se toma la decisión de invitarlo a participar en el curso de
especialización que apenas comenzaba.69
Al revisar los diversos testimonios existentes sobre este acontecimiento que labraría
un nuevo capítulo en la vida científica y cultural del país, se detecta una coincidencia.
Relatan que fue sin premeditación alguna y casi por azares del destino, cómo los médicos
mexicanos vieron sus caminos entreverados con esta figura tan reconocida en el ámbito
psicoanalítico internacional. Es preciso señalar que para la época en que se dio este
encuentro, Erich Fromm —con veinte años de experiencia— aún era miembro reconocido
66
Carpintero, Heliodoro. Los exiliados españoles y la psicología, Universidad Complutense de Madrid,
2001, pp. 34-35. Dosil Mancilla, Francisco Javier. “La estela de Cajal…”, pp. 29-40.
67
Fernández Guardiola, Augusto. Las neurociencias…, Ob. cit., pp. 45-47.
68
Derbez, Jorge. “Fromm en México: reseña histórica”, en: Millán, Salvador y Gojman de Millán, Sonia
(comps.). Erich Fromm y el psicoanálisis humanista, México, Siglo XXI, 1981, pp. 27- 29.
69
Silva García, Jorge. Ob. cit., pp. 64.
158
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
de la Asociación Psicoanalítica Internacional y de otras filiales. Como sociólogo gozaba
aún de mayor prestigio; incluso en algunas críticas que había recibido de los círculos
psicoanalíticos ortodoxos, se evidenciaba que no había dudas sobre sus dotes en el
campo de la sociología.70
Pese a su ruptura con los miembros de la Escuela de Fráncfort y su distanciamiento
de los representantes del movimiento freudomarxista, la trayectoria psicoanalítica de
Fromm en Estados Unidos, al lado del grupo ―culturalista‖ que navegaba un poco a
contracorriente, había alcanzado bastante solidez, por lo que no cesaban las actitudes
pendencieras en su contra. Quizás buscando un nuevo aire, Fromm aceptó la invitación
de los médicos de la UNAM y al inicio, se trasladaba desde San José Purúa hasta la
ciudad de México cada miércoles para impartir un seminario sobre dinámica del
inconsciente en el marco del curso de especialización. En el seminario, Fromm abordó
los temas que quedarían plasmados en una posterior publicación.71 Jorge Derbez habla de
la atracción que su figura ejerció sobre los alumnos desde esos primeros encuentros:
―…por su calidad humana, por su espíritu científico, por su claridad didáctica.
Erudición y a la vez originalidad; penetración, profundidad, amplitud de
perspectivas y a la vez modestia y sencillez; candor a la vez que escepticismo y
cautela‖. 72
Concluida esta primera fase de su participación con éxito, los alumnos del curso de
especialización le plantearon una segunda propuesta; esta vez un compromiso mayor,
puesto que implicaba que viniese a residir a México para formar a un primer grupo de
psicoanalistas. El ―Proyecto México‖ consistía en integrar a Fromm al cuerpo docente de
la Facultad de Medicina de la UNAM como profesor extraordinario, para que iniciara la
preparación de los médicos que tendrían el privilegio de convertirse en los primeros
psicoanalistas formados en el país. El Dr. José F. Díaz, quien por cierto, al momento de
la llegada de Fromm organizaba un departamento de higiene mental dependiente de la
división de graduados, le cedió su plaza y se encargó de consumar los trámites necesarios.
70
Reseña de El miedo a la libertad escrita por el psiquiatra Karl Menninger en el periódico The Nation en
1942. Menninger fue uno de los primeros representantes de la ortodoxia freudiana en atacar a Fromm
poniendo énfasis en su falta de formación médica. Citado por McLaughlin, Neil. Origyn Myths…Ob. cit.,
p. 117.
71
Fromm, Erich. El lenguaje olvidado. Introducción a la comprensión de los sueños, mitos y cuentos de
hadas, Nueva York, Rinehart & Co. Inc., 1951. La primera edición en español es de 1957.
72
Derbez, Jorge. Ob. cit., pp. 27-29.
159
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Fueron trece los suscriptores al primer grupo por lo que ganaron el epígrafe de ―los
13 apóstoles‖. Entre éstos se encontraban psiquiatras con amplia trayectoria, que habían
estudiado y promovido la obra de Freud con anterioridad, como Raúl González
Enríquez, Alfonso Millán y Guillermo Dávila.
Se integraron también Aniceto Aramoni, Jorge Derbez, Arturo Higareda y Armando
Hinojosa, coorganizadores del curso de especialización que había propiciado el primer
contacto con Fromm, y cuatro psiquiatras formados en Estados Unidos: Ramón de la
Fuente, Francisco Garza, Jorge Silva García y Jorge Velazco. Además, se interesaron en
participar Abraham Fortes y José F. Díaz, miembros del cuerpo docente de la
Universidad; después de unos meses, se integró José Gutiérrez de Colombia.73
Originariamente se denominaron Grupo Mexicano de Estudios Psicoanalíticos y se
sometieron a un análisis didáctico mientras continuaban con su formación bajo la asesoría
de Erich Fromm. Hablar de esta tarea resulta fácil, pero seguramente significó una labor
muy ardua que exigía un esfuerzo extraordinario por parte de Fromm, quien era el único
supervisor y conductor de los seminarios teóricos, clínicos y de investigación.
Silva García comenta que dedicaba dos horas de análisis didáctico por semana a cada
alumno, además de tres seminarios durante la fase intensa del entrenamiento que
concluyó en junio de 1956.74 Lo anterior no era visto con buenos ojos por la comunidad
psicoanalítica internacional, que ponía en tela de juicio la validez de una formación
dirigida por una sola persona. Pero la historia del movimiento psicoanalítico marca que el
caso mexicano no fue el único que se desarrolló con esas características, lo mismo
ocurrió, por ejemplo, en Uruguay bajo la dirección de Willie Baranger.75
Fromm nunca fue hombre de una sola tarea; de forma paralela al ―Proyecto
México‖, organizó metódicamente su tiempo para cumplir con los compromisos que
había dejado en la ciudad de Nueva York en el Instituto William Alanson White, al que
volvía un par de meses al año durante el tiempo de residencia en México. Así mismo,
73
Ibíd., p. 30.
Silva García, Jorge. Ob. cit., pp. 68-69.
75
Álvarez del Castillo, Rodolfo. “Psicoanálisis en México: una triple genealogía. Fromm, API, Caruso”.
Revista Carta Psicoanalítica, Núm. 8 (www.cartapsi.org). Parece importante mencionar que el
psicoanálisis fue penetrando en Latinoamerica por la misma época en que Fromm iniciaba la formación
de los médicos mexicanos. La Sociedad Colombiana de Psicoanálisis fue aprobada en 1959 por la
Asociación Psicoanalítica Internacional (API). En Chile eso había ocurrido en 1949, y fue sede del Tercer
Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis en 1960. La presencia de analistas vinculados a la Asociación
Psicoanalítica Argentina fue esencial para el despunte de la disciplina en estos países, lo que quiere decir
que predominaba el enfoque ortodoxo. En Perú, la consolidación de los psicoanalistas vino más tarde, en
los setenta. Asociación Latinoamericana de Historia del Psicoanálisis (www.alhp.org).
74
160
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
entre 1942 y 1953 fue docente de la Facultad Bennington, en Vermont. 76 Y no solo debía
saldar compromisos de trabajo en Estados Unidos, pues mantuvo contacto con colegas y
amigos alrededor del mundo, participando con frecuencia en conferencias y foros
internacionales, además de que escribía periódicamente artículos para la prensa o revistas
especializadas tanto en México como fuera.
Del periodo de formación, desde 1951 hasta 1956, Silva García, Derbez y Millán
proporcionan algunos detalles. Los seminarios comprendieron el estudio de la obra de
Freud, además de las particulares aportaciones de Karen Horney, Alfred Adler, Carl
Jung, Harry Stack Sullivan, Sándor Ferenczi y la propia obra de Fromm. De igual
manera, los seminarios clínicos consistieron en una minuciosa revisión de los casos
clínicos de Freud y posteriormente se revisaron casos en terapia con miembros del grupo.
Es necesario destacar que aunque Fromm fue el responsable de dirigir todo lo
referente a los seminarios, contó con el apoyo de varios colegas que vinieron desde
Nueva York a impartir tanto horas de supervisión individual como seminarios teóricos y
clínicos. Millán menciona entre ellos a Nathan Ackerman y John W. Thompson de la
Universidad de Columbia; Edward S. Tauber, Rose Spiegel y Clara Thompson del
Instituto William Alanson White77. Fueron invitados también en calidad de conferencistas
Michael Balint, Roy R. Grinker, William Wolf, Stephan Kinghall, Irving Bieder,
Spurgeon English, Jude Marmor, Paul J. Moses, los sociólogos R. Goldman y Dajo
Petrovic, y el teólogo Paul J. Tillich. Se contó con la presencia de los psiquiatras Sato de
Japón y Henry Ey de Francia78 así como de personalidades tan magnéticas como Daisetz
T. Suzuki, que dirigió un seminario sobre Budismo Zen, y Charlotte Server, que vino a
dar al grupo mexicano entrenamiento sobre concientización corporal.79
Revisando esta lista podemos constatar que el programa formativo elaborado por
Fromm abarcaba una interesante diversidad de propuestas, enriquecidas con perspectivas
provenientes de otros campos de estudio, seguramente con el propósito de favorecer un
estímulo tanto personal como académico. Y es que de forma paralela a la formación
teórica, los alumnos se integraron en pequeños grupos dedicados a la investigación en
torno a temas relacionados con fenómenos culturales mexicanos.
76
Funk, R. Fromm. Vida…, Ob. cit., pp. 148, 153.
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 69.
78
Ibíd., p. 32.
79
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 69.
77
161
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Derbez menciona que durante esos primeros años, las principales investigaciones
circundaban el tema ―Psicoanálisis de la función materna‖. Lo anterior denota el
particular interés de aplicar el psicoanálisis a los asuntos de la vida social a la que Fromm
se integraba. Esta iniciativa también se muestra acorde con la trayectoria profesional de
este hombre, que buscó siempre ligar los fenómenos psíquicos individuales y colectivos
con las formas en que se estructura la sociedad.
El propio Alfonso Millán manifiesta que desde la primera generación existió el
interés por la investigación clínica, especialmente en el campo de la psicología social,
debido a los problemas que planteaba la transición de una sociedad agraria tradicional
hacia la creciente industrialización. El fenómeno de la industrialización había captado la
atención de Fromm desde épocas tempranas en su carrera; su agudeza crítica y su
enorme experiencia le permitían vislumbrar los resultados psicológicos que arrojaría
dicho proceso en un país como México, no muy distintos de los generados en otros
países subdesarrollados.
Pues bien, al terminar la primera etapa de formación a finales de 1956, la necesidad
de fomentar el desarrollo de la ciencia psicoanalítica en el país condujo a que el Grupo
Mexicano de Estudios Psicoanalíticos diera el siguiente paso y se constituyera en
Sociedad Mexicana de Psicoanálisis, con carácter de asociación civil no lucrativa. La
Sociedad fue presidida en primer lugar por Alfonso Millán, continuando con el cargo en
las siguientes dos ocasiones Jorge Silva García y Ramón de la Fuente.80 Los alumnos de
esta primera generación continuaron con su análisis personal, pero luego de un lustro de
formación ya se identificaban como psicoanalistas.
Fig. 4. Erich Fromm con sus alumnos. De izquerda a derecha: Alfonso Millán, Arturo Higareda, Aniceto
Aramoni, José Gutiérrez, Francisco Garza, Armando Hinojosa. La casa de Fromm en Cuernavaca.
80
Millán, Alfonso. Ob. cit., p. 6.
162
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Sería errado suponer que la sola presencia de Erich Fromm en México era suficiente
para llevar adelante el proceso de enseñanza, difusión e institucionalización del
psicoanálisis humanista en el ámbito académico y científico. No cabe duda que este
proyecto tuvo que haberse apoyado en redes existentes antes de su llegada. El sostén que
recibió de parte de esas redes académicas y científicas, fue canalizado a través de las
figuras de sus alumnos que gozaban de amplio reconocimiento. Así, desde posiciones
estratégicas fueron asumiendo una extensa tarea difusora de la que damos cuenta en
seguida.
5. El psicoanálisis humanista en la cultura mexicana
5.1 Difusión de las teorías de Erich Fromm en los círculos académicos
En mayo de 1956, antes de que se fundara la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis,
Fromm había organizado, en la Facultad de Medicina de la UNAM, la conmemoración
del centenario del natalicio de Freud, emprendiendo así la difusión oficial entre el
público universitario del discurso freudiano, con las respectivas reformulaciones que él
había efectuado.
En esta línea de divulgación también se hizo cargo de la dirección de la colección
Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis, editada a partir de ese año por el Fondo de
Cultura Económica. El alcance de esta serie, que publicaba tratados clásicos y recientes
acerca de estas disciplinas, se extendió a toda la comunidad de habla hispana, por lo que
bien merece ser designada como una de las acciones más trascendentes realizadas por
Fromm desde México. Arrancó con la publicación de Psicoanálisis de la Sociedad
Contemporánea, que había visto la luz en su versión inglesa un año antes, y continuó
editando varios de sus libros.81
Ambas acciones revelan el interés por difundir el psicoanálisis humanista entre el
grueso de la población mexicana y serían extendidas en los años siguientes por los
primeros alumnos. El segundo curso formativo de la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis
dio inicio en 1957 y a partir de entonces, la enseñanza quedaba en manos del grupo
81
Actualmente el Fondo de Cultura Económica sigue editando la colección Biblioteca de Psicología,
Psiquiatría y Psicoanálisis. Silva García, Jorge. Ob. cit., pp. 69-70.
163
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
inicial, aunque Fromm continuó asesorando en lo necesario y participando con
seminarios teóricos y clínicos.82
De acuerdo a la postura humanista que caracterizaba a Fromm y al espíritu de libre
pensamiento que, según los estatutos, orientó su actividad como promotor del
psicoanálisis, se incluyeron en el programa conocimientos de biología, antropología,
sociología, filosofía y literatura. Alfonso Millán especifica los nombres de los cursos
semestrales: Conceptos filosóficos fundamentales, Mitología y simbolismo, Antropología
y sociología, Psicoanálisis del carácter de personajes literarios y Problemas sociopsicológicos de la cultura mexicana. Se impartieron también seminarios sobre Problemas
actuales de la biología y de la neurofisiología y Psicoanálisis del niño y del adolescente.
83
Involucrando de lleno a sus alumnos en el terreno de la investigación sociopsicológica de la que era precursor, comenzó en 1957 con la primera fase del estudio en
la comunidad de Chiconcuac. Así pues, además del propio Fromm, también los otros
miembros de la Sociedad Psicoanalítica Mexicana tuvieron que combinar las actividades
académicas y el trabajo de campo en esta etapa, apoyando en lo necesario. Es menester
destacar que Millán y Aramoni participaron en la formulación del cuestionario
interpretativo que se usó en las entrevistas con los campesinos. José Zozaya utilizó sus
conexiones para conseguir la intermediación de la Secretaría de Salubridad, que canalizó
una ayuda financiera recibida de la Secretaría de Gobernación.84
Desde ese momento, el grupo frommiano se organiza para dar inicio a una serie de
medidas encaminadas a promover la aplicación del psicoanálisis a diversos campos,
trascendiendo así su rol como terapia. Esta labor de traducción y socialización sostenida
por los primeros discípulos no puede ser cabalmente entendida si dejamos fuera de la
ecuación el hecho de que algunos de ellos ocupaban puestos en las altas jerarquías de las
instituciones de salud y, desde tiempo atrás, se habían venido posicionando
estratégicamente en la academia.
Millán y De la Fuente prosiguieron con la tarea de organizar el curso de
especialización en psiquiatría, homólogo del que había traído a Fromm a México, aunque
ahora se agregaba la perspectiva psicoanalítica humanista al tronco común. El Dr.
González Enríquez no alcanzó a ver los frutos del curso que había inaugurado, ni a
culminar su entrenamiento psicoanalítico porque falleció en 1952. El lamentable suceso
82
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 33.
Millán, Alfonso. Ob. cit., pp. 7-8.
84
Fromm, E. y Maccoby, M. Ob. cit., pp. 7-8.
83
164
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
se originó en el marco de un curso de enfermería psiquiátrica que González había
organizado en Veracruz. El evento reunió a enfermeras procedentes de varios países
latinoamericanos, pero culminó de forma trágica cuando la embarcación en la que iba el
doctor, acompañado de un grupo de asistentes, se perdió en medio de una tormenta en
alta mar.85
A pesar de la pérdida, el grupo frommiano continuó con su cometido y en 1955 se
concretó una de las acciones que tiene resonancia hasta nuestros días en el campo de la
medicina y la educación. Millán y De la Fuente fundaron ese año el Departamento de
Psicología Médica y Salud Mental, adscrito a la Facultad de Medicina de la UNAM.86
Desde el nuevo departamento se impulsó la modificación al plan de estudios de la
Facultad incorporando la Psicología Médica como asignatura, con el objetivo de preparar
a los futuros médicos para el trato con los pacientes. El enfoque frommiano permitía que
se observase con mayor claridad la importancia de los factores sociales en el proceso de
la enfermedad, pero por encima de todo, enfatizaba en atender las necesidades del ser
humano como totalidad. La asignatura tomó, además, elementos de las teorías de Von
Bertalanffy y Kurt Goldstein, ya que también estipulaban la interlocución entre los
órdenes biológico y socio-cultural.87
Tiende a pensarse que la comprensión de estos aspectos se encuentra implícita en el
quehacer de los médicos pero, tomando en cuenta la masiva especialización que
prevalece en todas las ciencias y la visión cada vez más tecnificada, economicista y
cosificada que la sociedad industrial promueve, resulta indudable que preparar a los
estudiantes de medicina para entender los fenómenos psicológicos, tanto propios como
los de sus pacientes, constituye una reforma estructural que recupera los valores
esenciales del saber médico.
Ramón de la Fuente asegura que la inquietud por introducir la psicología en las
asignaturas de la carrera de Medicina surgió de una cuestión práctica. Según su
testimonio, la fundación de un servicio de psiquiatría en el Hospital General demostró las
flaquezas de la relación médico-paciente y puso en evidencia la necesidad de comprender
las situaciones de vida, tensiones, crisis, pérdidas y frustraciones que intervienen en la
85
Calderón Narváez, G. Ob. cit., p. 74.
Sacristán, Cristina. “En defensa de un paradigma…”, Ob. cit., p. 109.
87
De la Fuente, Ramón. “La enseñanza de la psicología médica en la Facultad de Medicina de la UNAM”,
Revista de la Facultad de Medicina, México, Vol. 49, Núm. 2, UNAM, marzo-abril, 2006, p. 52.
86
165
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
evolución de cualquier estado patológico.88 Se entiende que en esta experiencia emergió
también la necesidad de canalizar hacia un servicio adecuado todos aquellos casos en que
no hubiese un trastorno mental grave, susceptible de tratamiento psiquiátrico.
Luego de haberlo sometido a discusión, se acordó impartir los cursos de psicología
médica durante los tres primeros años de la licenciatura; actualmente se ofrecen dos
cursos teóricos, durante el primer y segundo año, que se complementan con un curso
clínico en el tercero, cuando los alumnos comienzan a trabajar en los centros de salud.
Para puntualizar la diferencia de esta perspectiva con el enfoque de la medicina
biomédica tradicional, se empleó el término de ―medicina humanística‖. La propia
expresión, acuñada por Millán, denota una influencia frommiana indiscutible. Bajo este
rubro la enseñanza de la medicina adquirió una orientación psico-bio-social, con el ser
humano al centro de las reflexiones. En palabras de uno de los herederos de este
enfoque, ―se trata de atender y ayudar a sanar al ser humano, no de tratar órganos
enfermos‖.89
No obstante, durante la primera etapa hubo que afrontar varios problemas técnicos
debido a que no se contaba con el personal capacitado para lograr una experiencia
significativa entre los estudiantes. De la Fuente afirma que fue hasta 1964 cuando la
enseñanza de la psicología médica adquirió unidad y proyección en la clínica.90 Él se
adjudicó la tarea de elaborar el libro guía para la materia; la primera edición se publicó en
1959 y la segunda se sigue utilizando en prácticamente todas las escuelas de medicina del
país.
En esta faena tan importante para el ámbito médico sobresale Raoul Fournier91
Villada como uno de los principales facilitadores. Fue director de la Escuela de Medicina,
de 1954 a 1962, trayecto en el que se le reconoció como facultad. Sus acciones
propiciaron cambios muy favorables para la enseñanza y la investigación, presidió el
traslado de las instalaciones a la nueva Ciudad Universitaria, fundó la revista La Prensa
Médica Mexicana y, en 1956, impulsó la creación del Archivo Histórico de la Facultad de
88
De la Fuente, Ramón. Psicología médica, 2ª edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, pp.
7, 9.
89
Martínez Cortés, Fernando. “Las humanidades en medicina. La formación del médico del siglo XXI”,
Conferencia magistral presentada en el X Congreso Nacional y V Congreso Internacional de Historia y
Filosofía de la Medicina, Morelia, mayo 2010.
90
De la Fuente, Ramón. Psicología…Ob. cit., p. 8.
91
Durante su trayectoria ocupó también cargos directivos en diversa instituciones de salud mexicanas y
extranjeras. De 1967 a 1970 fue integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM. (www.100unam.mx).
166
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Medicina que sigue en funciones.92 Fue paciente de Fromm y, aunque no formó parte de
los ―13 apóstoles‖, se convirtió en una especie de aliado del grupo, por lo que dio el visto
bueno a la reforma llevada adelante por Millán y De la Fuente.
El Dr. Fernando Martínez Cortés, graduado como médico general en 1948,93 se
formó muy de cerca a este gastroenterólogo y relata que el espíritu humanista siempre fue
parte de la personalidad de Fournier. Casado con Carolina Amor, hermana de la dueña
de una de las primeras galerías de arte en la ciudad de México, estuvo inmerso en un
copioso ambiente cultural que promovió entre colegas y alumnos.94 Este factor puede ser
relevante a la hora de comprender la afinidad que el gremio médico mexicano demostró
con la propuesta de Fromm.
En ese entonces, Jorge Derbez, Guillermo Dávila, Alfonso Millán, Ramón de la
Fuente y Jorge Velasco habían ingresado a la Academia Nacional de Medicina, que reúne
a la crema y la nata de la profesión en México. A través de sus alumnos, Fromm
consiguió numerosas invitaciones para pronunciar conferencias, dando a conocer en
persona los postulados del psicoanálisis humanista. Hay que agregar que Dávila era en
esa época, jefe de Servicios Médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social, puesto de
gran relevancia en el sistema de salud de nuestro país. Ambas instancias se convirtieron
entonces en plataformas de difusión y acción del psicoanálisis humanista.
En 1957, Fromm fue nombrado miembro honorario de la Academia Nacional de
Medicina.95 El hecho llama la atención, porque Fromm no tenía formación médica.
Recordemos que ese fue uno de los motivos recurrentes de confrontación con el sector
psicoanalítico ortodoxo a lo largo de toda su trayectoria. Su postura en esa querella se
mantuvo acorde a la del propio Freud y abogó por el derecho a la formación
psicoanalítica de personas provenientes de todas las disciplinas; junto a otros colegas, se
encargó de que ese derecho quedara institucionalizado en el William Alanson White de
Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología de Nueva York. Sin embargo, la historia del
movimiento psicoanalítico mexicano, al menos en lo que respecta al período inaugural, se
distingue por la presencia y el impulso recibido de parte de la comunidad médica.
92
Martínez Barbosa, Xóchitl. “El Archivo Histórico de la Facultad de Medicina”, Revista de la Facultad
de Medicina, 2006. (www.revistafacmed.com/2006/MarzoAbril/un062c.pdf/ArchivoHistFacM).
93
Alcántara Valencia, Hilda E. (editor) Revista Educativa para la Salud, México, Año 13, Núm. 138,
Junio 2010, p. 58.
94
Entrevista con el Dr. Fernando Martínez Cortés, junio 2010.
95
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 34.
167
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
5.2 Confluencia de paradigmas en las ciencias psicológicas
Ya se había mencionado que desde la década de 1950 existieron en México dos posturas
psicoanalíticas distintas. Los jóvenes médicos mexicanos que buscaron formación
psicoanalítica en el extranjero comenzaron a regresar para el tiempo en que el grupo
frommiano concluía su entrenamiento. La mayoría provenía del instituto de formación de
la Asociación Psicoanalítica Argentina, que se caracterizaba por una posición fiel a los
principios de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API).96
A decir de Alfonso Millán, en un principio hubo intenciones de que ambos grupos
trabajaran en conjunto, pero se echaron por la borda a causa de roces personales y
discrepancias institucionales. Para empezar, la relación entre las figuras dominantes de la
psiquiatría clásica y los médicos que regresaron a México investidos como psicoanalistas
había adquirido tintes de tensión, incluso antes de que estos últimos se hubiesen
marchado. Así lo refrenda Santiago Ramírez en una de sus últimas obras.
Desde su punto de vista, la salida del país —de él y sus compañeros— provocó cierta
inquietud entre la ―vieja guardia‖ de la psiquiatría, como Millán, González Enríquez y
Guevara Oropeza, que no querían verse rebasados por los estudiantes. Aunque menciona
que recibieron apoyo de algunos otros maestros como Raoul Fournier, Mariano Vázquez
y José Gómez Robledo, asegura que una de las principales razones de que el grupo de
psiquiatras dominante en el ámbito académico contactara a Erich Fromm a fines de 1949,
fue el interés por salir al paso de sus estudiantes y no arriesgar sus posiciones de poder.97
Hay que recordar que todos ellos habían sido lectores y, hasta cierto punto, promotores
de la obra freudiana pero debieron percatarse de que los planteamientos psicoanalíticos
no habían logrado penetrar en las estructuras académicas y científicas del país. El
psicoanálisis llevaba medio siglo de vida por esas fechas y, luego de superar las limitantes
96
En el contexto latinoamericano, fue Argentina hacia 1914, uno de los primeros países en hacer
referencia al pensamiento de Freud. Un par de décadas más tarde, ese país se consolidó como referente
respecto a la teoría psicoanalítica. Ben Plotkin, Mariano. Freud en la Universidad de Buenos Aires: la
primera etapa hasta la creación de la carrera de psicología, Buenos Aires, Estudios Interdisciplinarios
de América Latina y del Caribe, Vol. 7, Núm. 1, enero-junio, 1996.
El que algunos de los médicos mexicanos optaran por acudir a formarse a este país pudo deberse a que la
escuela sudamericana se vio favorecida por una legislación del presidente Juan Domingo Perón, entre
1946 y 1955, que habilitaba a los médicos que llegaban a Argentina a estudiar sus especialidades -entre
éstas la de psicoanalista-, a ejercer su profesión durante el tiempo que durara su entrenamiento y, de esa
forma, se les facilitaba cubrir los gastos económicos de su formación. Blanck-Cereijido, Fanny. “Del
exilio. Psicoanalistas rioplatenses radicados en México”, 2001. (www.psicomundo.com.mx).
97
Ramírez, Santiago. Ob. cit., pp. 79-81.
168
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
que acarreó la segunda conflagración mundial, había logrado consagrarse en la
constelación científica internacional.
Teniendo esto presente, se formó una comisión con representantes de ambas
tendencias para acordar un plan de trabajo y la fundación de una asociación mexicana.
Por el grupo frommiano participaron Guillermo Dávila, Alfonso Millán y Ramón de la
Fuente, y por el ortodoxo, Santiago Ramírez y Ramón Parrés. El arreglo nunca llegó a
concretarse y el grupo de jóvenes psicoanalistas repatriados decidió acatar todas las
restricciones y estatutos de la API. Incluso renunciaron a las cátedras que sus ex
profesores les habían ofrecido en el Departamento de Psicología Médica y Salud Mental
de la Facultad de Medicina.98 A continuación reproducimos el testimonio de Parrés y
Ramírez:
―En esa época se hicieron esfuerzos tendientes a integrarnos con el grupo de
Fromm pero nos dimos cuenta de que esto no era posible, no obstante que
significó el rechazo de posiciones académicas, facilidades editoriales, ayuda
financiera y posiciones directivas. El examen crítico de la posición teórica, tipo de
psicoanálisis personal, forma de supervisión terapéutica y educación académica se
encontraban tan por debajo de los más elementales requisitos exigidos por
cualquier sociedad psicoanalítica, que nos hicieron renunciar categóricamente a
cualquier intento de integración‖.99
Aquí llegamos a un punto de suma importancia. Fromm fue expulsado de la API en
1953, lo cual significaba que ni los postulados del psicoanálisis humanista ni la labor
formativa emprendida por Fromm en México contaron con el reconocimiento oficial. A
consecuencia de lo anterior, el grupo frommiano no tenía posibilidades de convertirse en
representante de la corriente freudiana en el país y al final, este fue el factor que
determinó el distanciamiento entre ambos grupos psicoanalíticos.
Los ortodoxos estaban convencidos de que eran ellos los únicos y ―verdaderos‖
psicoanalistas, el grupo de Fromm les resultaba incómodo por salir de los cánones
internacionales, cuestión que desde su punto de vista reflejaba un ínfimo nivel teórico. Al
principio, decidieron permanecer bajo el ala protectora de la Asociación Psicoanalítica
Argentina100 y finalmente, en 1957 durante el XX Congreso Internacional de Psicoanálisis,
98
Millán, Alfonso. Ob. cit., p. 6.
Rocha, Guadalupe. Ob. cit., p. 10.
100
El movimiento psicoanalítico en Argentina tiene estrecha conexión con la experiencia del exilio, puesto
que con el objetivo de escapar de las dictaduras totalitarias europeas, se instalaron en el país varios
99
169
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
se les confirió la categoría de sociedad componente de la API. Se reconocieron como
integrantes de la Asociación Psicoanalítica Mexicana a: Rafael Barajas, Ramón Parrés,
Santiago Ramírez, José y Estela Remus, José Luis González, Carlos Corona, Fernando
Césarman, Francisco González, Luis Féder, Víctor Manuel Aiza, Alfredo Namnum y
Avelino González.101
Es curioso que el número de integrantes ascienda a trece, igual que en el grupo
frommiano. Puede ser casualidad, pero podemos atrevernos a sugerir que simbolizaba la
definición de un campo de batalla a la manera del ajedrez, donde se asigna a cada
adversario un número equivalente de piezas. Y esto parece corroborarlo el hecho de que
dos de los miembros aceptados en la Asociación carecían de formación médica: Luis
Féder, que era psicólogo, y Estela Remus, que se había graduado como química
farmacéutica. No olvidemos que la formación psicoanalítica, de acuerdo a la API, era un
derecho exclusivo para los médicos. Tal vez la presencia del psicoanálisis humanista y el
sostén que se le estaba dando fuera un aliciente para que se canalizara tan rápido el apoyo
internacional de las filiales ortodoxas hacia el pequeño grupo mexicano representado por
Ramírez y Parrés.
Los avatares que acompañaron a este grupo son tema para otro trabajo. Fundaron su
propio instituto formativo, luego se fueron dividiendo en subgrupos a causa de tensiones
entre los miembros iniciales y comenzaron a abrir el campo psicoanalítico a los
profesionistas de distintas áreas.102 En la década de los sesenta se vieron envueltos en una
controversia que llegó hasta oídos del vaticano, a raíz de haber psicoanalizado a varios
monjes benedictinos en Cuernavaca, incluyendo al prior Gregorio Lemercier, quien
terminó por ser excomulgado.
El grupo representante de la ortodoxia freudiana tuvo presencia también en la
UNAM, sobre todo en el Colegio de Psicología,103 por entonces dependiente de la
personajes destacados en el campo, quienes desde su llegada, se propusieron transmitir sus conocimientos
entre las nuevas generaciones de psicólogos y psiquiatras, contribuyendo a la eclosión de la disciplina.
Entre los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina encontramos a: Ángel Garma, exiliado
español compañero de Erich Fromm en el Instituto de Berlín; Celes Cárcamo, formado en París; Marie
Langer, exiliada vienesa, además de Guillermo Ferrari Hardoy, Enrique Pichón Rivière y Arnaldo
Raskovsky, todos descendientes de inmigrantes europeos. Blanck-Cereijido, Fanny. Ob. cit., 2001.
101
Rocha, Guadalupe. Ob. cit., p. 12.
102
En 1965 se funda la Asociación Mexicana de Psicoterapia Psicoanalítica a partir de un grupo escindido
de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. El nuevo grupo aceptaba como candidatos a psicólogos y
miembros de otras disciplinas. Se caracterizó por la preponderancia de mujeres. Ramírez, Santiago. Ob.
cit., p. 91.
103
El Departamento de Psicología pasó a ser Colegio en 1956 mediante la modificación del plan de
estudios de la maestría y la creación del doctorado.
170
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Facultad de Filosofía y Letras, pero se enfrentó en todo momento a la postura frommiana
que desplegaba su influjo institucional desde la Facultad de Medicina. Aquí es donde se
pone de manifiesto la excepcionalidad del movimiento psicoanalítico mexicano en su
primera etapa, pues el grupo que no contaba con la aprobación de la API resultó ser el
más beneficiado en la academia.
La tendencia psicoanalítica adquirió mucho peso en la formación de psicólogos. Esto
se debió, en gran parte, a que en la planta profesoral y administrativa se encontraban
quienes se estaban formando con Fromm. Raúl González Enríquez fue jefe del
Departamento de Psicología desde 1949 hasta su muerte en 1952. Instauró en el
programa de maestría la cátedra Información Psicoanalítica para Psicólogos, que años
después impartiría Santiago Ramírez. Este último había sido titular del área de psicología
infantil antes de buscar su formación psicoanalítica en Argentina.
Pero además de las dos posturas psicoanalíticas era visible en el ámbito académico y
científico de la Universidad Nacional, la confluencia de otros paradigmas al interior de las
ciencias psicológicas. Así, en 1949, mientras algunos todavía discutían acerca de la
vinculación entre la psicología y la filosofía, se abrió un Laboratorio de Fisiología en el
Departamento de Psicología para que el Dr. Efrén del Pozo realizara estudios sobre el
sistema nervioso central y prácticas demostrativas en presencia de los alumnos. Del Pozo
impartía entonces la cátedra de Neurofisiología y Dionisio Nieto la de Neuroanatomía. El
mismo año regresó a México el Dr. Rogelio Díaz Guerrero, luego de concluir su
entrenamiento en Estados Unidos, y gracias a su actividad comenzó a posicionarse el
enfoque de la psicología experimental.104
El suplente de González Enríquez en el Colegio de Psicología fue Guillermo Dávila,
quien ocupó el cargo de Consejero Técnico hasta 1957.105 Dávila, notable funcionario
público y dueño de una clínica psiquiátrica privada, era reconocido entre los estudiantes
como ―El Gran Maestro‖. Considerando que, además de representante de los profesores,
el Consejero Técnico era una autoridad académica y administrativa, es posible elucidar el
grado de influencia que este personaje llegó a tener. Muchos lo admiraban por su
104
Sánchez Sosa, Juan José (ed.). 100 Años de la Psicología en México, 1896-1996, México, Facultad de
Psicología, UNAM, 1997, p. 64.
105
Ese año perdió la votación para continuar con el cargo y fue sustituido por José Luis Curiel, quien
permaneció al frente del Colegio de Psicología hasta 1963. Reidl Martínez, Lucy María y Echeveste
García, Ma. de Lourdes (comps.).Treinta años a la vanguardia, México, Facultad de Psicología, UNAM,
2004, pp. 26-28.
171
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
―sentido social‖, ya que desde su puesto en el IMSS había diseñado un atinado proyecto
de prestaciones sociales para elevar la calidad de vida de los trabajadores.106
Es posible que la presencia de los científicos españoles que habían sido recibidos por
la política cardenista determinara que, hasta mediados de los cincuenta, muchos de los
estudiantes que se decantaron por la investigación lo hicieran en el campo de las
neurociencias o la cardiología. El despunte de la neuropatología y la neurofisiología que
cristalizaba en las investigaciones de Isaac Costero, Efrén del Pozo y, en especial, las que
Dionisio Nieto llevaba a cabo en La Castañeda y en el Laboratorio de Estudios Médicos
y Biológicos, ya comenzaban a hacerse notar. Además, la neuroquímica tuvo un inicio
favorable gracias a la presencia de Guillermo Massieu, pionero de la bioquímica de la
epilepsia en el Instituto de Biología.107
A fines de los cincuenta se había consolidado también un notable grupo de fisiólogos
que pronto escaló posiciones en la jerarquía académica. Destacan personajes formados
en universidades estadounidenses como Arturo Rosenblueth, Efrén del Pozo, José
Joaquín Izquierdo,108 y científicos españoles como Rafael Méndez y Ramón ÁlvarezBuylla. Desde sus labores en el Instituto Nacional de Cardiología impulsaron la
fundación de la Sociedad de Ciencias Fisiológicas, que celebró su primer congreso
nacional en 1958. 109
La presencia de todas estas corrientes encarnadas en figuras que participaron como
profesores en la Facultad de Medicina y en el Colegio de Psicología,110 nos sugiere una
dinámica de convivencia en la que debieron haber sido frecuentes algunas tensiones, ya
que implican distintas formas de aproximarse al estudio de la mente humana tanto en la
práctica docente como en el desempeño profesional.
106
Ibíd., p. 40.
Dionisio Nieto se dedicó al estudio de las lesiones cerebrales de la psicosis alcohólica, la esquizofrenia
y la cisticercosis. Fernández Guardiola, A. Ob. cit., pp. 47-49.
108
Estudió con el fisiólogo norteamericano Walter B. Cannon, que postuló la teoría de la homeostasis.
Para Cannon ese modelo podía aplicarse también al cuerpo político; desde 1920 hasta 1940 sostuvo que
las naciones requerían mecanismos de regulación incrustados para asegurar un progreso constante y libre
de perturbaciones. Por eso argumentaba a favor del establecimiento de una “biocracia”, formada por
asambleas encargadas de dirigir la economía y las energías humanas. En ese entendido, Izquierdo apoyó
los censos eugenistas y la experimentación clínica del Estado posrevolucionario mexicano mediante los
estudios biotipológicos, sustentados en la experimentación de laboratorio de acuerdo al enfoque
fisiológico. Stern, Alexandra. “Mestizofilia, biotipología…”, Ob. cit., pp. 74-76.
109
Fernández Guardiola, A. Ob. cit., pp. 34, 37.
110
En 1962 estaban en la planta de profesores de psicología: Fernando Césarman, Jorge Derbez, Alfonso
Escobar, Augusto Fernández Guardiola, Efrén del Pozo, Abraham Fortes y Dionisio Nieto. Reidl
Martínez, L. y Echeveste García, Ma. de Lourdes. Ob. cit., pp. 31-33.
107
172
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Al pasar los años, la confluencia de paradigmas se fue haciendo más notoria en el
seno de la psiquiatría. Ya en el curso de especialización en psiquiatría al que Fromm
había sido invitado, se observaba la participación de Guillermo Dávila para lo referente a
psicopatología, de los doctores José Luis Patiño y Abraham Fortes para la clínica, Efrén
del Pozo como asesor en la rama de neurofisiología, Dionisio Nieto en neuropatología,
Pascual del Roncal111 en pruebas psicológicas, además de la participación de los
antropólogos Monzón y Claudio Esteva.112
Debemos tomar en cuenta que la psiquiatría carecía de los fundamentos teóricos y
clínicos definitivos que la identifican como disciplina científica en el presente, es decir
que para ese momento, la práctica psiquiátrica no había alcanzado el grado de
institucionalización requerido para unificar su discurso y su práctica. El curso de
especialización, que se impartió a través de la Escuela de Graduados de la Facultad de
Medicina, constituía un intento de formalizar su enseñanza. El Departamento de
Psicología Médica y Salud Mental, fundado en 1955, también debió haber desempeñado
un papel crucial en esa tarea.
Cristina Sacristán afirma que entre 1955 y 1970, los paradigmas que se disputaron la
hegemonía en el terreno psiquiátrico fueron el neurobiológico y el psicoanalítico.113
Sostiene que el paradigma neurobiológico, cuyo representante más connotado fue
Dioniso Nieto, fue marginado a razón de la pujanza institucional que acompañó al
psicoanálisis humanista desde su arribo a las aulas universitarias. Según esta versión, la
neuropsiquiatría, que se perfilaba hacia la búsqueda del sustrato lesional de las
enfermedades mentales, se vio opacada por el psicoanálisis humanista que la presencia de
Fromm promovía. Afirma que este psicoanalista heterodoxo propagó la idea de que no
había lesiones cerebrales en padecimientos como la esquizofrenia, mientras Nieto
consagraba sus investigaciones a ubicar su origen orgánico. Quizás el planteamiento de
Sacristán resulte un poco exagerado, pues como ella misma ratifica, en ese periodo la
Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría abrigaba a representantes de ambas
corrientes.
111
Pascual del Roncal impartió en 1947 dos cátedras en el Departamento de Psicología: “Higiene mental”
y “Psicoterapia y Psicodiagnóstico de Roscharch”. Reidl Martínez, L. y Echeveste García, Ma. de
Lourdes. Ob. cit., p. 24.
112
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 28.
113
Sacristán, Cristina. “En defensa de un paradigma…”, Ob. cit., p. 100.
173
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Acaso lo que estaba sucediendo tiene que ver con una profunda reestructuración en
la comunidad psiquiátrica mexicana, que sólo unos años antes de la llegada de Fromm al
país seguía participando del paradigma de la higiene mental. Recordemos que durante
mucho tiempo se intentó incluso enmarcar al psicoanálisis en esa corriente.
Con la certera labor de los científicos españoles que llegaron en 1939 se fue
desentrañando la longeva y obcecada posición que los psiquiatras mexicanos habían
sostenido frente a las enfermedades mentales. Pero quedaba por definirse qué paradigma
adoptaría la psiquiatría mexicana en adelante, cuestión que se tradujo en un inevitable
enfrentamiento entre los modelos disponibles. El psicoanálisis humanista representó en
esta época un competidor bastante sólido y más adelante veremos cómo la continua
promoción que lideró el grupo frommiano fue fundamental para lograr la
institucionalización de esta práctica en nuestro país.
A diferencia de Fromm, Nieto no contó con un grupo de discípulos tan bien
relacionado políticamente, pero no podemos llegar al punto de considerarlo marginado.
Sus investigaciones en campos como la neuropatología, la psicofarmacología, la
psiquiatría experimental, la bioquímica del cerebro y la neuroanatomía comparada,
fueron ganando reconocimiento de parte de la comunidad científica internacional y
sentaron las bases para el nacimiento de la psiquiatría biológica en México.
Tampoco parece apropiado afirmar, sin más, que Fromm negaba rotundamente la
existencia de lesiones cerebrales en padecimientos como la esquizofrenia y otro tipo de
psicosis. Por el contrario, siempre manifestó que quedaban muchas cosas por descubrir,
por lo que exhortaba a que la neuropsiquiatría conjuntara sus nuevos hallazgos con el
psicoanálisis para develar el enigmático funcionamiento de la mente humana. En este
caso podemos atribuir el enfrentamiento del que da cuenta Sacristán a un hecho ya
señalado por Thomas S. Kuhn: que mientras no se ha llegado al ejercicio de la ciencia
normal, es posible que dos paradigmas coexistan en una misma disciplina como ―modos
inconmensurables de ver el mundo‖.114
No podemos pasar por alto que la disputa entre ambas posturas puede rastrearse
hasta los albores de la historia de la psiquiatría. Ni Freud se libró de entrar en la
polémica. Vale recordar que en los comienzos del psicoanálisis intentó apegarse
114
Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas, 2ª edición, México, Fondo de Cultura
Económica, 2004, pp. 16-17.
174
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
estrictamente a la neurología,115 pero luego fue percibiendo que sus esquemas basados en
un aparato anatómico, se desgarraban al no poder explicar los complejos fenómenos que
se manifestaban en el cuerpo de las histéricas. En La interpretación de los sueños116
esbozó una instancia que trasciende lo biológico, un aparato psíquico que se erige como
el campo del inconsciente, del saber insabido. A partir de ese descubrimiento, Freud
decidió alejarse de la neurología y emprender su búsqueda por los mecanismos más allá
del sueño y la neurosis. Ese camino lo llevó a entrar de lleno en el terreno de la cultura y
a observar en la mitología el drama universal por excelencia. En lo sucesivo, sus teorías
tendrían como punto de partida la existencia de un conflicto psíquico como origen de los
síntomas neuróticos.117
Lo cierto es que durante la década de los sesenta, el psicoanálisis humanista alcanzó
el pináculo en nuestro país. Además, en 1966 se consolidaron las tendencias
psicoanalíticas en la enseñanza de la psicología con la modificación del plan de estudios y
la creación de la figura de Coordinador del Colegio para equilibrar el poder del
Consejero Técnico. Guillermo Dávila había sido elegido para ocupar este nuevo puesto,
pero como ya era muy mayor, decidió rechazarlo y fue ocupado finalmente por Santiago
Ramírez.118
Como baluarte del psicoanálisis humanista en esa institución permaneció Raymundo
Macías, que por cierto había organizado un Departamento de Psicología en el pabellón
central de La Castañeda.119 De forma paulatina se fueron integrando otras perspectivas en
colaboración con la Facultad de Medicina, el Instituto de Investigaciones Biomédicas y el
Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.120 Algunos años después, tras el intento
de independizar el ejercicio de la psicología del psicoanálisis,121 siguiendo el discurso de
eficientización tomado del modelo norteamericano, se fueron privilegiando enfoques
115
Freud, Sigmund. Psicología para neurólogos. Obras completas, 2ª edición, Buenos Aires, Amorrortu,
1986.
116
Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Obras completas, 2ª edición, Buenos Aires,
Amorrortu, 1986.
117
Bercherie, Paul. Los fundamentos de la clínica. Historia y estructura del saber psiquiátrico, Buenos
Aires, Manantial, 1986, p. 152.
118
Reidl Martínez, L. y Echeveste García, Ma. de Lourdes. Ob. cit., p. 40.
119
Calderón Narváez, Guillermo. Ob. cit., p. 74.
120
Reidl Martínez, L. y Echeveste García, Ma. de Lourdes. Ob. cit., p. 44.
121
El reconocimiento como Facultad de Psicología se logró en 1973. Tarcena, Elvia. “El conductismo en
la psicología en México. Condiciones sociales e institucionales de su surgimiento”, Memorias del I
Coloquio Latinoamericano de Historia y Estudios Sociales sobre la Ciencia y la Tecnología, México,
2007, pp. 1120-1122.
175
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
como el conductismo, la psicología industrial, el cognoscitivismo, la teoría de la
información, etc.122
Fig. 5. Corrientes psicológicas/psiquiátricas en México entre 1950 y 1970123
Corriente
Representantes
Gasoterapia
Víctor Uriarte
Farmacoterapia
Electroterapia(terapias de choque)
Dionisio Nieto (primeros experimentos
en La Castañeda)
Mario Fuentes
Psicocirugía
Manuel Velasco Suárez
Psicoanálisis ortodoxo
Santiago Ramírez, Ramón Parrés
Psicoanálisis humanista
Erich Fromm y discípulos
Psicología Industrial
José Huerta
Psicología transcultural
Rogelio Díaz Guerrero
Psicología conductista
Emilio Ribes
Neurofisiología
Raúl
Hernández
Peón,
Fernández Guardiola
Carlos E. Biro
Psiquiatría comunitaria
Augusto
Al interior de la Facultad de Medicina, el enfoque bio-psico-social que enarbolaba la
postura frommiana tuvo que cohabitar con el paradigma de la biomedicina que hacia
finales de los cincuenta experimentó una transformación: desde entonces se comenzó a
prestar más atención a los aspectos moleculares y bioquímicos. La influencia de los
modelos científicos norteamericanos se hizo presente a través de personas formadas en
sus universidades, como José Laguna, Ruy Pérez Tamayo, Efraín Pardo Codina y
Guillermo Soberón. Cuando regresaron a México, fueron vigorizando gradualmente los
nuevos criterios de la ciencia mundial, con miras a la productividad y el reconocimiento
internacional, y promovieron la adopción de la lengua inglesa como idioma científico.
En esta tesitura, arribó también a México la biología molecular durante los sesenta en
las personas de Jaime Mora, Rafael Palacios, Mario Castañeda, Luis Cañedo y Jaime
Martuscelli. 124
122
Cueli, José y Reidl, Lucy. Corrientes psicológicas en México, México, Diógenes, S.A., 1983.
Gómezjara, Francisco. “La otra psicología”, en: Gómezjara, F. (ed.). Alternativas a la psiquiatría y a
la psicología social, México, Fontamara, 1982, pp. 108-112.
124
En 1957 se funda la Sociedad Mexicana de Bioquímica. Larralde, Carlos. “Las ciencias biomédicas y el
papel de la UNAM”, Blanco, José (coord.) La UNAM. Su estructura, sus aportes, su crisis, su futuro.
México, CONACULTA/CONACYT/Fondo de Cultura Económica, 2001, p. 310.
123
176
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
La escalada de personajes como Pérez Tamayo y Soberón, que pugnaban por la
instauración de métodos más prácticos y eficientes en el terreno de las ciencias
biomédicas, abrió paso al ascenso de disciplinas como la patología, la fisiología celular, la
biología molecular, la bioquímica y la biotecnología, iniciando la fase de
profesionalización de la ciencia moderna en la universidad.125
5.3
Psicoanálisis y educación
El psicoanálisis humanista también se vio reflejado en lo referente a los problemas que
derivaban del ejercicio de la educación superior. En mayo de 1954 se creó el
Departamento de Psicopedagogía de la Universidad Nacional, subordinado a la rectoría.
Jorge Derbez fue el comisionado para introducir la perspectiva frommiana, que abría una
nueva dimensión en la comprensión de la práctica pedagógica, sus objetivos y
limitaciones. Derbez, quien fue director del Departamento por poco más de una década,
de 1956 a 1967, afirma que una labor análoga fue encabezada por el Dr. Flores Oramas
en el Instituto Politécnico Nacional.126
Esta óptica propició que en 1956 Armando Hinojosa encabezara una investigación
psicoanalítica sobre las orientaciones de carácter en los estudiantes de medicina a través
del recién creado Departamento de Psicología Médica. Preocupados por el aumento de
las deserciones y los fracasos académicos entre los universitarios, decidieron dar
seguimiento a una muestra representativa de alumnos de nuevo ingreso de la Facultad de
Medicina. El estudio se apoyó en el método de investigación socio-psicológica elaborado
por Fromm; se clasificó a los estudiantes según género, edad, coeficiente intelectual y
datos socioeconómicos para establecer correlaciones significativas entre las variables.
Como herramienta fundamental se utilizó el cuestionario interpretativo127 y sus resultados
se cotejaron con el psicodiagnóstico Roscharch, la Prueba de Apercepción Temática
(TAT) y algunas pruebas psicométricas.128
125
Ibíd., 311-315.
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 34.
127
El cuestionario fue rotulado con las iniciales de Medicina, Ciudad Universitaria M.C.U. El Dr.
Martínez Cortés nos ha confiado que por influencia de grupos ultra conservadores en la universidad, el
cúmulo de información obtenida en esta investigación fue quemado. Al parecer argumentaron que los
médicos responsables del estudio se estaban metiendo con asuntos demasiado íntimos de los estudiantes.
128
Hinojosa, Armando. “Estudio psicoanalítico del carácter en estudiantes universitarios”, Revista
Mexicana de Psicoanálisis…, Ob. cit., pp. 20-37.
126
177
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Los resultados son muy atractivos129 porque luego de seis años de recopilación de
datos, pudo establecerse una comparación entre los rasgos de carácter predominantes al
momento de ingresar a la carrera y al concluirla. Es decir, fue posible identificar la
evolución, académica y personal, de los alumnos que finalizaron la licenciatura; pero
sobre todo, hacer una especie de pronóstico acerca de su futuro desempeño como
médicos, puesto que los rasgos de carácter persisten como una unidad que aglutina las
energías psíquicas del ser humano. No está de más dar a conocer que la orientación de
carácter más frecuente entre este grupo fue la receptivo-explotadora, de acuerdo a la
caracterología de Fromm. Encontraron que, en consonancia con las teorías de este
último, la presencia del complejo sado-masoquista entre los estudiantes determina la
proliferación de actitudes autoritarias y/o sumisas en menoscabo de la independencia, la
constancia y la racionalidad.
Es evidente que este tipo de estudios podrían resultar ventajosos en la actualidad
para identificar a aquellos estudiantes que tengan la disposición y las aptitudes requeridas
para ejercer una profesión tan substancial como la medicina. Se disminuirían los índices
de deserción y, de alguna forma, se estaría garantizando que los egresados están
capacitados, humana y académicamente, para ejercer dicha profesión, que implica
aceptar un estilo de vida, a menudo arduo, con vocación de servicio.
Este derrotero que vinculaba psicoanálisis y educación fue seguido también por José
F. Díaz, quien se dedicó al psicoanálisis infantil y se encargó de establecer servicios de
consulta y orientación en diversas escuelas de preescolar y primaria; colaboró además en
la introducción del método Montessori en México.
Entre todas estas actividades, hay que subrayar la activa participación de Fromm en
el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), fundado en 1961 por Iván Illich en
Cuernavaca. Illich residía, al igual que Fromm, en esa pequeña ciudad del estado de
Morelos. Ex sacerdote y audaz crítico de los modelos educativos de la sociedad moderna,
Illich desarrolló también unas posturas radicales en torno a la Iglesia, la cultura y la
medicina, que encontraban puntos de acuerdo con las propuestas frommianas enclavadas
en la perspectiva humanista. Se suscitó entre estos dos pensadores un diálogo constante y
fructífero que llega a nuestras manos a través de sus escritos. Fromm citó en varias
ocasiones las críticas al sistema educativo y la propuesta de educación desescolarizada de
129
Hinojosa, A. y A.C. Pascal. Análisis psicológico del estudiante universitario. Una técnica para el
estudio dinámico del carácter, México, La Prensa Médica Mexicana, 1967.
178
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Illich, que comprendía un proyecto alternativo al establecido.130 El intercambio de ideas
quedó plasmado también en la obra Y seréis como dioses, donde Fromm agradece a Iván
Illich por ayudarle a comprender la literatura religiosa relacionada con la historia de la
pasión.131
Desde el año de su creación hasta mediados de los años setenta, el CIDOC fue un
lugar de encuentro para muchos intelectuales americanos y latinoamericanos dedicados a
la reflexión sobre la educación y la cultura. De esa época datan los acalorados debates
sobre educación, escolarización y concientización entre el pedagogo brasileño Paulo
Freire e Iván Illich.132 El centro contaba con una biblioteca de reconocido prestigio e Illich
dirigía personalmente seminarios sobre alternativas institucionales en la sociedad
tecnológica. Cabe mencionar que sus observaciones, en lo que a tecnología y sociedad se
refiere, fueron tomadas en cuenta para la investigación que Michael Maccoby realizó
sobre el carácter social de un grupo de gerentes de empresas de alta tecnología en
Estados Unidos.133
Del mismo modo, el psicoanálisis humanista sirvió de contrafuerte a los métodos de
la pedagogía crítica ideados por Paulo Freire para alfabetizar y despertar las conciencias
de los campesinos y obreros de los países tercermundistas. Su obra capital, Pedagogía del
oprimido, contiene un minucioso análisis de las relaciones entre educadores y alumnos
134
en una sociedad opresora, como la presente, y sus efectos sobre la conciencia de los
hombres. En sus reflexiones encontramos continuas referencias a conceptos
desarrollados por Fromm, pero no los menciona de forma superficial, sino que los utiliza
para plantear un método real y objetivo que ayude a superar los obstáculos psicológicos
que bloquean el camino hacia la libertad.
Freire abreva de la fuente de conocimiento acerca del hombre legada por Fromm en
sus obras, comparte con él una inquebrantable fe en el ser humano y la esperanza
revolucionaria, que significa acción y lucha constante por transformar la sociedad. El
diálogo entre estos dos pensadores tan comprometidos con la causa educativa resulta
alentador para cualquiera que se interese en esos temas. Solo basta mirar con atención los
problemas que nos aquejan en la actualidad para percibir que la única vía que nos
130
Fromm, Erich. ¿Tener o Ser?, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 55.
Fromm, Erich. Y seréis como dioses, México, Paidos, 1984.
132
Gajardo, Marcela. “Ivan Illich”, Perspectivas. Revista trimestral de educación comparada, París,
UNESCO, Vol. XXIII, Núm. 3-4, 1993, pp. 803-811.
133
Maccoby, Michael. El ganador, México, Lasser Press Mexicana, 1977, p. 9.
134
Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido, México, Siglo XXI, 1970.
131
179
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
conducirá hacia auténticas soluciones tiene, como punto de partida, la educación, una
educación como práctica de la libertad, para expresarlo con palabras de Freire.135
Las inquietudes de Fromm en torno a cuestiones educativas laten con fuerza en el
prólogo de la obra Sumerhill, un punto de vista radical en educación136 de A.S Neill,
editada en 1963 por el Fondo de Cultura Económica, que en palabras de Derbez ―fue
heraldo de un movimiento de humanización de la pedagogía en México‖.137 En esa
introducción manifiesta su consternación por el predominio de lo que él llama ―autoridad
anónima‖ en las escuelas, sustituta de la imposición forzosa que reinaba en épocas
pasadas pero más efectiva, puesto que maneja las tácticas de persuasión y sugestión
aplicadas en la sociedad de consumo. Elogia la experiencia de Sumerhill justo porque al
apartase de esa directriz, impulsa una educación progresista, libre y promueve el interés
por la vida.
Además, Fromm observaba de cerca las dinámicas surgidas en un asilo para niños
dirigido por Father Wasson en Cuernavaca. Incluso hace mención en Socio-psicoanálisis
del campesino mexicano del éxito que esta organización estaba teniendo entre los niños
138
y niñas huérfanas debido a que se sustentaba en el amor incondicional, a diferencia de
otras organizaciones del mismo tipo que se apoyaban en el castigo y la disciplina forzada.
A partir de todas estas acciones, podríamos afirmar que la tendencia a la
humanización de la medicina y la educación en México fue acentuada por la presencia de
Erich Fromm, aunque es indudable que el contexto socio-cultural de la época fue
fundamental para permitir que los debates que este psicoanalista proponía incidieran de
forma explícita en esos campos. De ninguna manera pretendemos otorgarle la vestidura
de personaje fundador o de héroe mítico, mas bien se trata de reconocerlo como uno de
los actores más relevantes de la vida científica y cultural del México de la segunda mitad
del siglo XX.
Ese rol transterapéutico del psicoanálisis que Fromm tenazmente estimulaba, abrió
también espacio para una nueva interpretación de la delincuencia. Así, otro de sus
135
Por cierto, hay que decir que las propuestas pedagógicas de Freire han tenido presencia en Michoacán
gracias a que uno de sus discípulos desarrolló un proyecto en Pátzcuaro, en el Centro Regional de
Educación Fundamental para América Latina (CREFAL). Ahora se denomina Centro de Cooperación
Regional para la Educación de Adultos en América Latina, y sigue difundiendo los principios de la
pedagogía crítica.
136
Neill, A.S. Sumerhill, un punto de vista radical en educación, México, Fondo de Cultura Económica,
1963.
137
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 35.
138
Fromm. E. y Maccoby, M. Ob. cit., p. 281.
180
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
alumnos, Arturo Higareda, se aventuró a la comprensión de los fenómenos de
delincuencia juvenil139 desde la concepción humanista que Fromm se había encargado de
reafirmar entre ellos. Sería interesante indagar hasta qué punto la perspectiva
psicoanalítica permitió transformar la visión sobre la criminalidad que había prevalecido
entre los psiquiatras durante las décadas anteriores, cuando regía el paradigma de la
higiene mental. La tarea queda pendiente, pero podemos anticipar que en definitiva, el
psicoanálisis humanista ofreció una nueva plataforma desde la cual explicar la agresión y
el impulso destructivo que acompaña a los actos criminales, integrando aspectos de corte
social, económico, cultural y biopsicológico.
Uno de los acontecimientos más destacados en el plano de la difusión se integró al
programa de entrenamiento de los discípulos mexicanos de Fromm. En el verano de
1957, Fromm impartió, junto a Daisetz T. Suzuki, un seminario sobre Budismo Zen y
Psicoanálisis. Durante una semana se expusieron los principios del budismo zen, se
discutieron las dinámicas conscientes e inconscientes, el tema del yo, las aportaciones de
distintas teorías psicoanalíticas y, en general, las relaciones y diferencias entre estas dos
corrientes de pensamiento.
Fig. 6. Fromm, Millán y Aramoni
Fig. 7. Suzuki y Erich Fromm
El diálogo establecido entre la filosofía oriental, inclinada a encontrar la unidad y
armonía con el universo, y la filosofía occidental, que tiende a la abstracción, era ya un
elemento presente en la obra de Fromm, quien conocía a Suzuki desde la década de los
cuarenta. El seminario fue organizado con el objetivo de abrir una novedosa perspectiva
139
Luego de la muerte de Higareda, acaecida en 1969, esta labor fue continuada por Carlos Tornero.
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 34.
181
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
entre los asistentes, invitándoles a integrar los conocimientos teóricos psicoanalíticos con
la mirada espiritual, para vislumbrar la realidad de la vida humana en toda su
complejidad. Fue enorme la trascendencia cultural de este evento realizado en
Cuernavaca, que por esos tiempos comenzaba a proyectarse como una comunidad de
artistas e intelectuales procedentes de todo el mundo. Aunque el seminario fue dirigido a
un sector particular, no se excluyó la transmisión de los temas abordados porque, de
manera previa, Fromm y Suzuki habían sustentado una serie de conferencias en la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM ante un público diverso y numeroso.140
Al seminario asistieron cerca de cuarenta psiquiatras y psicólogos, entre los alumnos
mexicanos y colegas provenientes de Estados Unidos. Participaron como ponentes,
además de Fromm y Suzuki, R. de Martino, M. Green, J. Kirsch, I. Progoff, A. Stunkard,
E. Tauber, P. Weisz y Charlotte Server, que habló sobre su método de concientización
corporal. Los resultados fueron publicados en español por el Fondo de Cultura
Económica en 1964, durante la época de mayor auge del psicoanálisis humanista en
México.141
Para Fromm era muy importante que sus alumnos tuvieran el control de su cuerpo,
por lo cual implantó la meditación en su programa de entrenamiento permanente.
Alejandro Jodorowsky142 relata que cuando llegó a México, alrededor de 1960, inició un
laboratorio de investigación de las expresiones corporales al que se integró el grupo de los
―apóstoles‖. Después de un tiempo de trabajar con ellos, Jodorowsky aceptó
acompañarlos al Sanatorio Tlalpan, propiedad del Dr. Millán, para seguir la pista del
lenguaje corporal de los enfermos. La cooperación fue muy provechosa para este
controvertido actor y director chileno porque dio origen a su primer contacto con el
budismo zen. Al parecer, Fromm y sus alumnos habían construido un zendo en la
campiña para Ejo Takata, un monje japonés que se encargaba de guiar a los psiquiatras
en sus ejercicios de meditación zen a petición de Fromm. Luego de expedir un cheque
como donativo para la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis, Jodorowsky fue invitado a las
sesiones matutinas con Takata. Comenta que al cabo de un tiempo, Takata se marchó
140
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 72.
Los nombres completos de las ponencias se encuentran en Fromm, E. y Suzuki. D. Budismo zen y
psicoanálisis, México, Fondo de Cultura Económica, 1964, p. 7.
142
Jodorowsky, Alejandro. La danza de la realidad, México, Siruela, 2005, pp. 268-275. Este
multifacético personaje vivió en México hasta 1977. Entre sus variadas actividades incursionó en el
teatro, el cine, el cómic y realizó investigaciones muy interesantes en el campo de la magia y chamanismo
que, combinadas con conocimientos psicológicos poco ortodoxos y el estudio de varias corrientes
espirituales, sustentaron su terapia denominada psicomagia.
141
182
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
del zendo porque descubrió que los psiquiatras tomaban píldoras para aparentar una
meditación profunda. Luego de ese episodio, el monje se internó en la sierra y vivió en
distintas comunidades rurales, ofreciendo sus conocimientos a cambio de comida y
alojamiento. Se sabe que llegó a hospedarse también en la casa de algunos artistas,
cuestión que evidencia el estrecho contacto que algunos círculos artísticos mantuvieron
con los psicoanalíticos en esa época.143
Fromm continuó con la difusión de sus teorías y reflexiones tomando la iniciativa
para organizar en 1964 un ciclo interdisciplinario de conferencias titulado La situación
del hombre en el mundo moderno. El título da muestra del objetivo fundamental que
este evento perseguía, introducir entre los mexicanos una valoración objetiva de la
realidad, subrayando las amenazas presentes y futuras además de que, por lo general,
para concluir Fromm centraba toda su atención en las alternativas y posibilidades
esperanzadoras.
Recordemos que en la década de los sesenta comenzó a menguar la opinión
indulgente hacia el sistema capitalista. En los países más débiles iban saliendo a relucir las
consecuencias de la forzada industrialización y además, el escenario de posible
destrucción nuclear implícito en las tensiones de la guerra fría, acentuaba la urgencia de
recapacitar acerca de la responsabilidad de cada persona, como miembro de su sociedad,
para tomar conciencia, organizarse y actuar en favor de la vida, la paz y la justicia social.
Aunado a esto, surgía la ineludible necesidad de analizar los avances científicos y
tecnológicos que estaban modificando la totalidad de las estructuras sociales, desde una
perspectiva en la que el ser humano ocupara un lugar primordial.
Entre los ponentes estuvieron el economista Victor L. Urquidi, el biólogo Raúl
Ondarza, el físico Nabor Carrillo Flores, el filósofo Ramón Xirau, el historiador del arte
Justino Fernández, el teólogo Iván Illich y Erich Fromm como psicoanalista. Las
conferencias tuvieron un rotundo éxito pues se contó con la participación de más de tres
mil asistentes tan solo para escuchar la conferencia de Fromm.144 Ya para entonces era
extraordinario el reconocimiento que su figura había alcanzado entre el grueso de la
población mexicana. Su nombre resonaba hasta las esferas más altas del poder político y
llegó a ser invitado a reuniones privadas con el presidente de la República.145
143
Debroise, Oliver (ed.). La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México 1968-1997, México,
UNAM, 2007, p. 95.
144
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 71.
145
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 39.
183
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Ese mismo año, Fromm participó también como conferencista en el ciclo
Humanismo y Pediatría, organizado en colaboración con la Academia Mexicana de
Pediatría. Dos años después, en 1966, fue convocado a un coloquio en la Escuela
Nacional de Ciencias Políticas de la UNAM, al lado de distinguidos sociólogos como
Irving Louis Horowitz, André Gortz, Víctor Flores Olea, y un antiguo colega, Herbert
Marcuse.146
En términos generales, fue notable la forma en que la construcción teórica de este
hombre se conjugó siempre con su labor de representación pública. Su incansable
actividad como conferencista y articulista le llevó a ocupar un lugar predilecto entre la
audiencia de diversos países. Debemos asumir que una parte considerable de sus ingresos
provenía de este tipo de actividades, a la que se sumaban los recibidos de las casas
editoriales por la venta de sus libros. Estos fueron traducidos no sólo al español, sino a
varios otros idiomas y alcanzaron altas cifras de venta desde hace muchos años. Incluso
hoy en día se puede caminar por la calle y encontrar un libro de Fromm a la venta en
cualquier puesto de periódico. El estilo claro y directo en que escribía, colmado de
ejemplos cotidianos, hace posible que prácticamente cualquier persona comprenda sus
planteamientos.
Por otra parte, es interesante observar que a partir de la década de los cincuenta, sus
conferencias estuvieron teñidas de referencias a la realidad mexicana. Rainer Funk ha
reunido un gran número de estas intervenciones para publicarlas de forma póstuma; los
textos son la evidencia de que no perdía oportunidad para dar a conocer aspectos
culturales o sociales del país que lo acogió durante veintitrés años. Muchas de las veces lo
hacía en forma de ejemplos para explicar algo relacionado con sus teorías o simplemente
mencionaba algo que le llamaba la atención.
El testimonio de Hernando Ibarra, hijo de su cocinera personal, ofrece ciertos
matices. Escudriñando en sus recuerdos de la infancia afirma que Fromm nunca se ajustó
del todo a la cultura mexicana, aun cuando parecía que se sentía bastante cómodo
radicando en el país. Encontraba los platillos tradicionales muy picantes, le molestaba
mucho la impuntualidad y, aunque ya dominaba la lengua, rara vez se interesaba por leer
textos en español. Por otra parte, al haber aceptado convertirse en padrino de Rebeca
146
Las conferencias fueron recopiladas en: Fromm, E. et.al. La sociedad industrial contemporánea,
México, Siglo XXI, 1968.
184
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Aramoni Serrano,147 hija de uno de sus más fieles discípulos, Fromm demuestra su interés
en hacerse partícipe de los valores tradicionales de la cultura mexicana.
En 1965, la editorial Fondo de Cultura Económica publicó el libro Escucha, yanqui
de C. Wright Mills. La postura radical de este sociólogo había ocasionado un evidente
disgusto en las cúpulas gobernantes de Estados Unidos y la edición española provocó que
la embajada norteamericana presentara una solicitud de veto ante el gobierno de Gustavo
Díaz Ordaz. Como consecuencia, Arnaldo Orfila Reynal renunció a su cargo directivo en
la editorial y para contrarrestar esta presión reaccionaria, recibió el apoyo de un grupo de
intelectuales que se organizó en defensa de las libertades de prensa y de expresión. Los
trabajos del grupo concluyeron en 1966 con la fundación de Siglo XXI Editores. Fromm
aparece como uno de los socios accionistas.148 La editorial es hoy en día una de las más
importantes en Latinoamérica, fomentó desde sus inicios el intercambio de ideas y a lo
largo de los años, ha mantenido su talante crítico e independiente. La sección de
psicología y psicoanálisis ha recibido un gran impulso, cuenta con una amplia colección y
lleva la vanguardia sobre estos temas. En la década de los setenta dirigió esta sección el
español Armado Suárez, introductor de Lacan en México y fundador del Círculo
Psicoanalítico Mexicano.
6. La institucionalización del psicoanálisis humanista
Después de diez años de extensa labor en el ámbito académico mexicano, Erich Fromm
y su grupo de discípulos consiguieron que, en 1960, la Universidad Nacional reconociera
oficialmente la formación psicoanalítica. La tarea había sido llevada a cabo por la
Sociedad Mexicana de Psicoanálisis desde su fundación pero, a partir de ese momento, el
entrenamiento con el grupo frommiano se realizaría desde un curso de especialización en
psicoanálisis avalado por la División de Estudios Superiores de la Facultad de Medicina
de la UNAM, conocida coloquialmente como Escuela de Graduados. Una vez más fue
decisivo el apoyo que los ―apóstoles‖ recibieron de Raoul Fournier para lograr que el
psicoanálisis se registrara como especialidad médica y posteriormente, se abriera la
opción de cursar una maestría en psicoanálisis mediante estudios adicionales de dos o
más años enfocados a la investigación.
147
148
Entrevista con Hernando Ibarra citada por Friedman, Lawrence. Ob. cit., 2006, pp. 6.
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 70.
185
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Por su parte, la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis fue acrecentando sus actividades,
haciendo patente la necesidad de reorganizarse para separar las tareas de enseñanza y lo
referente a la investigación. Este esfuerzo culminó en 1963 con la fundación del Instituto
Mexicano de Psicoanálisis, también como asociación civil no lucrativa, gracias a que Silva,
Aramoni, Díaz y Garza se movilizaron para conseguir donativos que financiaron la
construcción de un edificio.149
La inauguración del Instituto Mexicano de Psicoanálisis (IMPAC A.C.) tuvo lugar el
8 de marzo de 1963 y su primer director, como era de esperarse, fue Erich Fromm. En
honor a su extensa labor de enseñanza, en 1969 se le extendió el nombramiento vitalicio.
De acuerdo a los postulados humanistas frommianos se organizó el nuevo instituto de
forma similar al William Alanson White de Nueva York. Se incluyó entre las
instalaciones una clínica que ofrecía terapia a personas de escasos recursos, además de
contar con consultorios, biblioteca, salones de clase, salón de reunión, auditorio y un
departamento destinado para profesores huéspedes.150
Las funciones de la sociedad consistieron en congregar a los egresados del instituto,
resolver problemas profesionales y organizar lo referente a la difusión e intercambio
científico. De 1966 en adelante, el IMPAC se hizo cargo de la formación psicoanalítica,
siempre bajo la supervisión académica y administrativa de la UNAM.
De acuerdo a Millán,151 la investigación clínica y teórica ocupó un lugar preeminente
en la enseñanza. Se conformaron siete grupos de trabajo, dirigidos por los primeros
alumnos.152 La figura 8 presenta un cuadro con los temas trabajados y los responsables.
149
Millán, Alfonso. Ob. cit., pp. 6-7.
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 71.
151
Alfonso Millán fue miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM de 1959 a 1969. En 1965 fue
investigado por la Dirección Federal de Seguridad con motivo de un rumor que lo responsabilizaba de
estar escondiendo a Ernesto “Che” Guevara en su hospital psiquiátrico de Tlalpan. Se le acusaba de ser
simpatizante de los comunistas, como su hermano Ignacio, quien fuera médico de cabecera de Diego
Rivera y Frida Kahlo. Se le absolvió después de las averiguaciones, pero tal parece que su nombre quedó
registrado de forma permanente en las listas de las agencias de seguridad mexicanas.
(http://latalacha.com.mx/2010/03/alfonso-millan-maldonado/).
152
Millán, Alfonso. Ob. cit., p. 8.
150
186
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Las neurosis obsesivas
E. Fromm y Guillermo Dávila
Neurosis de carácter con ansiedad grave
E. Fromm, J. Silva García y A. Millán
La paranoia y los rasgos paranoides en las
neurosis
Aniceto Aramoni y Arturo Higareda
Simbolismo
Francisco Garza
Aplicación de principios y métodos
psicoanalíticos a la clínica psiquiátrica
Ramón de la Fuente
Enseñanzas psicológicas extraídas de la
literatura universal
Armando Hinojosa
Psicoterapia breve
Jorge Silva García
Fig. 8. Temas que se trabajaban en los grupos de investigación
Víctor Saavedra, miembro de la tercera generación de psicoanalistas formados entre
1961 y 1964, confirma la influencia y el prestigio que rodeaba la figura de Fromm en esos
tiempos. Comenta que ―la mayoría de los psiquiatras anhelaban ser aceptados al
entrenamiento psicoanalítico frommiano y se consideraba un ser privilegiado quien lo
lograba y el que no, se sentía como excluido del paraíso‖.153
La presencia de Fromm fue constante durante la tercera promoción, impartió un
seminario semestral y a partir de 1965 fueron seleccionados algunos miembros de las tres
generaciones para integrar dos seminarios de investigación. Uno se abocó al estudio de la
angustia y otro al fenómeno de obsesión-compulsión; durante cuatro años los egresados
se reunieron los fines de semana en la casa de Fromm en Cuernavaca. Las sesiones se
suspendieron en 1969 a raíz del infarto que Fromm sufrió después de participar en la
campaña presidencial estadounidense del año anterior.
Fig. 9. Seminario en casa de Fromm, 1964.
153
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 30.
187
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Es importante hacer hincapié en que el ingreso al instituto no era cosa fácil. Con el
objetivo de alcanzar un método de selección riguroso se examinaban factores de diversa
índole. Esto tiene una estrecha relación con la manera en que Fromm concebía la
organización, plasmada en un pequeño escrito de 1957, donde bosqueja un proyecto
para la conformación de un ―Instituto de la ciencia del hombre‖.154
En tal ocasión expresa su convicción de apoyar, principalmente, el trabajo de
personalidades productivas y que uno de los fines del instituto es precisamente descubrir
a estas personas talentosas y creativas para integrarlas a un plan sistemático de estudio ya
definido. Es muy probable que esta idea fuera aplicada en el IMPAC, pues Millán
certifica que para elegir a los candidatos se tomaban en cuenta además de las aptitudes
intelectuales, los rasgos de carácter, los intereses genuinos, la capacidad de devoción al
hombre y las cualidades emocionales.155
Nos dice que para la segunda promoción (1957-60) fueron aceptados 14 de 42
solicitantes, para la tercera (1961-64) 15 de 36 y en la cuarta (1965-1968) sólo 9 de 28
aspirantes.156 En una ponencia sustentada el 24 de marzo de 1990, el Dr. Jorge M.
Velasco Alzaga proporcionó una lista nominal de las trece generaciones formadas en el
psicoanálisis humanista hasta esa fecha que difiere de la información presentada por
Millán. Se observa que la segunda y tercera generación fueron las más numerosas, con 17
y 12 miembros respectivamente, mientras que a partir de la cuarta el número no excede
de 9 integrantes.157
Por eso no sorprende que al correr de los años se fueran incorporando tan pocos
miembros a la Sociedad. Derbez reporta que entre 1969 y 1970 ingresaron Carlos García,
Fernando Narváez, José Rubio, Víctor Saavedra, Leonardo Santanelli y Eduardo Zajur; se
les unió Michael Maccoby en 1973; Giuseppe Amara, Dario Urdapilleta, Alfonso Macías
y Mario Augusto Reyes en 1977, y Sergio Altamirano, Alejandro Córdova y Juan Grijalva
en 1979.158
Reproducimos en seguida el listado de las cuatro generaciones formadas mientras
Fromm todavía residía en el país.
154
Fromm, Erich. La patología de la…, Ob. cit., pp. 121-130.
Millán, Alfonso. Ob. cit., p. 8.
156
Ídem.
157
Velasco Alzaga, Jorge. “Perfil biográfico de Erich Fromm”, Primer Congreso Nacional de
Psicoanálisis Humanista, México, 1990, pp. 86-88. El autor proporciona los nombres de los integrantes
de trece generaciones del IMPAC.
158
Derbez, Jorge. Ob. cit., pp. 39-40.
155
188
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
4ª generación (1965-1968)
Julieta Bello, Mario Cárdenas, Numa Pompilio,
Juan Ceballos, Adriana Cossío, Jose Antonio Flores
Oramas, Miguel Foncerrada, Luis Antonio
Gamiochipi, Carlos García, Carlos Krauss, Carlos
López Elizondo, Carlos Tornero, Dario
Urdapilleta, Eduardo Zajur, Concepción Zúñiga,
Manuel Fernández, José Rubio.
Héctor Chavarría, Juan Grijalva, Michael Maccoby,
Julián McGregor, Fernando Narváez, Socorro
Rodríguez, Leonardo Santanelli, Víctor Saavedra,
Juan Ignacio Valdés, Jesús Zavala, Francisco Rojas,
Roberto Saldaña
Giuseppe Amara, Oscar León, Mauricio Lubezki,
Raymundo Macías, Mario Augusto Reyes, Alfonso
Macías Moreno.
5ª generación (1969-1972)
Sergio Altamirano, Alfredo Castillo, Alejandro
Córdova, Juan de Dios Hernández, Rubén Luna,
Guillermo Melo.
2ª generación (1957-1960)
3ª generación (1961-1964)
Fig. 10. Alumnos del IMPAC que convivieron con Erich Fromm
No parece descabellado suponer que las referencias al grupo frommiano en la
universidad se fueran inundando de opiniones negativas por ese recelo que mostraban al
no aceptar a cualquiera que deseara pertenecer a sus huestes. Esa percepción está
presente en el propio testimonio de Saavedra, que los caracteriza como un grupo
hermético y elitista.159
En 1961, Fromm había sugerido a Werner Schwidder y Franz Heigl la conformación
de una instancia que agrupara a las asociaciones psicoanalíticas que no fueran
contempladas por la Asociación Psicoanalítica Internacional (API). Todo con el
propósito de sembrar un contexto libre y plural de discusión en el campo e
institucionalizar la cooperación y el diálogo, a través de una federación internacional
alternativa a la burocracia representada por la API.
Las condiciones óptimas para echar a andar este proyecto se dieron en el marco de
un Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Dusseldorf, al que Fromm fue
invitado. Su presencia en el congreso simbolizaba el inicio oficial de la cooperación entre
la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis y algunos grupos homólogos europeos. Cabe
señalar que aunque se invitó a todos los asistentes del congreso a participar en la
federación, al final sólo tres grupos quedaron afianzados. Para Fromm esto no significaba
una derrota pues comprendía que la idea de desafiar a la ortodoxia freudiana no
159
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 31.
189
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
despertara interés en la mayoría; él mismo había tenido que enfrentar en reiteradas
ocasiones los embates del gremio. 160
Luego de discutir ampliamente los lineamientos rectores se consumó en 1962 la
fundación de la Federación Internacional de Sociedades Psicoanalíticas161 en Ámsterdam.
En este primer foro se definieron los integrantes: la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis,
el Grupo Alemán de Psicoanálisis, representado por Werner Schwidder, y el Círculo de
Psicología Profunda de Viena de Igor Caruso. A sugerencia de Fromm, se integraría
tiempo después el Instituto William Alanson White, con Gerard Chrzanowski a la
cabeza. Se había previsto la participación del Grupo Ámsterdam, pero su representante
en turno, A. J. Westerman-Holstijn, prefirió permanecer bajo las prescripciones de la
API.162 El II Foro de la Federación tuvo lugar en Zurich en 1965 y asistieron veinte
mexicanos entre psicoanalistas y alumnos del curso de especialización. 163
Aunque Fromm fue la mente creativa detrás de todo el proyecto, no colaboró como
se esperaba en la fundación ni en el desarrollo ulterior del grupo. Esto se debió a que
durante la década de los sesenta estuvo bastante inmiscuido en asuntos políticos.
Participó activamente en las discusiones sobre la guerra fría a favor del desarme nuclear,
incluso formó un comité junto a David Riesman y Michael Maccoby para asesorar a
algunos congresistas estadounidenses. Promovió intensamente en Estados Unidos,
Polonia, Yugoslavia y Checoslovaquia su proyecto de construir un socialismo humanista y
publicó varias obras. No olvidemos que además, debía cumplir con sus cargos
académicos en México y en Nueva York.
Por tanto, el verdadero impulsor de la Federación fue Franz Heigl, quien se
desempeñó como secretario hasta 1972. La participación de Fromm se limitó a proponer
la entrada de otras asociaciones o a dar el visto bueno acerca de algunas personas. En este
sentido, tal parece que mantuvo una postura restrictiva frente al proselitismo que Igor
Caruso estaba ejerciendo y recomendó a Heigl actuar con cautela.164
160
Funk, Rainer. “Erich Fromm`s Role …”, Ob. cit., pp. 167-171.
A lo largo de sus 47 años de existencia, su actividad principal ha sido realizar foros y conferencias
internacionales. La Federación ha realizado catorce Foros Internacionales de Psicoanálisis: Ámsterdam
1962, Zurich 1965, México 1969, Nueva York 1972, Zurich 1974, Berlin 1977, Zurich 1985, Rio de
Janeiro 1989, Florencia 1994, Madrid 1998 Nueva York 2000, Oslo 2002, Belo Horizonte 2004, Roma
2006 y Chile 2008. El foro de 2010 se realizará en Grecia. Actualmente veinticinco sociedades
psicoanalíticas de catorce países son miembros de la IFPS. (www.ifps.com).
162
Funk, Rainer. “Erich Fromm`s Role in the Foundation of the IFPS…”, Ob. cit., p. 169.
163
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 71
164
En 1966 Caruso propuso la fundación de una Federación Internacional de Círculos de Psicología
Profunda. En 1969 se fundó en la ciudad de México el Círculo Mexicano de Psicología Profunda.
161
190
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
El interés de Fromm en la promoción de la Federación se explica por la oportunidad
de darle proyección a la sociedad mexicana en el ámbito psicoanalítico heterodoxo
internacional y a la vez consolidar su labor formativa. Fue él quien propuso México como
sede para el tercer foro, que estaba programado para 1968. Como ese año se celebraban
los Juegos Olímpicos y además se había comprometido a coordinar la campaña electoral
del senador norteamericano Eugene McCarthy, acordaron posponerlo para 1969. A
última hora, Fromm no pudo asistir al III Foro debido a que se encontraba en Suiza,
recuperándose de un infarto sufrido por exceso de trabajo. No obstante, se logró una
amplia participación y se cumplió el objetivo de Fromm de colocar a nuestro país en el
reflector como sede psicoanalítica ya reconocida a nivel mundial.165
A decir de Derbez, el foro les brindó la ocasión para establecer un contacto vivo y
muy estimulante con las corrientes de pensamiento desarrolladas en Estados Unidos y en
Europa, además de que fue un espléndido escenario para el despliegue del psicoanálisis
humanista. Esto se concretó asimismo a través del convenio, entre los miembros de la
federación, de vincular sus órganos de difusión.
De 1965 a 1975 se publicó la Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría y
Psicología, continuando con la línea de divulgación en torno al psicoanálisis que Fromm
había inaugurado en México. Algunos de los artículos que publicó habían aparecido en la
Internationale Zeitschrift fur Psychoanalyse und Pshychosomatische Medizin, publicada
por la Sociedad Psicoanalítica Alemana, y en la revista Contemporary psychoanalysis,
órgano de difusión del Instituto William Alanson White de Psiquiatría, Psicoanálisis y
Psicología.
En la editorial del primer número, Erich Fromm aclara la importancia de mantener
el diálogo con posturas psicoanalíticas distintas a la suya; subraya además la necesidad de
tomar en cuenta los hallazgos clínicos de la psiquiatría, especialmente en un periodo en
el que continuaban lográndose progresos revolucionarios en la neurofisiología, la terapia
Funcionó hasta 1973 y sus principales impulsores fueron discípulos de Caruso: Raúl Páramo-Ortega y
Armando Suárez. También participó Jaime Cerdeña que había renunciado a la Asociación Psicoanalítica
Mexicana. Suárez y Páramo se retiraron en 1970 a causa de desacuerdos para fundar el Círculo
Psicoanalítico Mexicano. Este acogería posteriormente a los sudamericanos que llegaron a México para
refugiarse de la persecución política. Álvarez del Castillo, Rodolfo. “Triple genealogía…”, Ob. cit., pp. 79.
165
Chrzanowski, Gerard. “Erich Fromm`s Escape from Sigmund Freud. An introduction to Escape from
Freedom”, International Forum of Psychoanalysis, Estocolmo, Vol. 6, Núm. 3, 1997, p. 187.
191
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
y la quimioterapia. Para cerrar, vuelve a insistir en la íntima conexión del psicoanálisis
con disciplinas como la psicología, la filosofía, la antropología y la sociología.166
La revista fue el órgano oficial del IMPAC y de la Sociedad Mexicana de
Psicoanálisis. Su publicación cuatrimestral y distribución corrió por cuenta del Fondo de
Cultura Económica hasta 1975, año en que fue cancelada por falta de fondos. Para suplir
la revista, a partir de 1979 se comenzó a publicar anualmente Temas de psicoanálisis
como memoria de los trabajos leídos en las reuniones mensuales y en los congresos
anuales de la Sociedad.167
Desde la perspectiva que nos brinda más de medio siglo de distancia, podemos
deducir que en la decisión de aceptar residir en México por parte de Fromm
intervinieron varios factores.
Por un lado, el clima extremoso de Nueva York empeoraba la enfermedad de su
esposa, así que al parecer el matrimonio tenía contemplado pasar temporadas
relativamente largas en México. Desafortunadamente Fromm quedó viudo en 1952 pero
la oportunidad de contribuir a la promoción del psicoanálisis desde la Universidad a
partir del enfoque que había ido desarrollando durante toda su vida fue, seguramente, un
estímulo profesional importante. Además, el contexto cultural mexicano le ofrecía un
espacio favorable tanto para desarrollar sus teorías como para aplicarlas y, a su vez, le
permitía mantener una posición conveniente para observar a distancia y con toda
claridad, los fenómenos socio-psicológicos de la sociedad moderna industrializada, su
principal objeto de estudio.
A esas alturas de su carrera, habiendo ya desempeñado un papel protagónico en la
fundación de instituciones en su país natal y en Nueva York, se sintió atraído con la
posibilidad de aplicar estas experiencias a una realidad nueva y tan peculiar como la
mexicana.
Respecto al éxito en la difusión del psicoanálisis humanista, lo cierto es que Erich
Fromm, desde su llegada a México, comenzó a vincularse a sectores que indudablemente
favorecieron la propagación de sus propuestas gracias a la posición privilegiada de que
gozaban. Uno de éstos fue el sector académico, a través de la UNAM. Recordemos que
los médicos que tomaron la iniciativa de invitarle a quedarse formaban parte del cuerpo
docente y administrativo de la Universidad y a tal grado les interesaba su participación
166
Fromm, Erich. “Editorial", Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría y Psicología, México,
Núm.1, 1965, pp. 3-4.
167
Derbez, Jorge. Ob. cit., p. 41.
192
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
que incluso uno de ellos, José F. Díaz, cedió su plaza en la Escuela de Graduados para
que se le otorgara a Fromm y se integrara sin problema al curso de especialización en
psiquiatría.168
En este sentido, parece acertado el concepto de marginalidad óptima acuñado por
Neil McLaughlin para comprender el contexto sociológico que facilitó la capacidad
creadora de Erich Fromm y la efectiva difusión de sus teorías durante los años cuarenta,
cincuenta y sesenta en Europa, Estados Unidos y México.169
Coincidimos con McLaughlin cuando afirma que Fromm estuvo vinculado a muchos
pensadores, tanto conocidos como desconocidos, que influyeron en su pensamiento.
Pero lo más importante fue que sus ideas siempre estuvieron insertas en redes y
organizaciones supeditadas a tradiciones de producción de conocimiento al centro de la
vida académica.170
Si echamos un vistazo a la trayectoria profesional de Fromm abordada en el segundo
capítulo, podremos constatar esta afirmación; por ejemplo, recordando su posición en
centros de la trascendencia del Instituto de Investigación Social de Francfort, su paso por
diversas universidades estadounidenses y, en el caso de México, el cobijo que le brindó la
UNAM en todo momento.
El concepto de marginalidad óptima también hace alusión al contexto intelectual del
que se desprende la peculiar propuesta frommiana, que logra nutrirse de diversas
corrientes de pensamiento como el marxismo, el psicoanálisis, el judaísmo, la sociología,
el budismo zen, efectuando una síntesis original y, sin embargo, no se coloca en la
ortodoxia respecto a ninguna de ellas. Por esa razón, puede decirse que realizó
aportaciones valiosas a todas estas corrientes a través de su perspectiva pero, al mismo
tiempo, su posición intelectual se mantuvo en los márgenes en la medida en que fue
crítico. Para resumir con palabras de McLaughlin, ―Fromm generó muchas ideas desde
los márgenes, pero nunca fue marginado‖.171
Como ya habíamos mencionado, varios de los psiquiatras que comenzaron su
entrenamiento psicoanalítico con él, habían alcanzado puestos en las altas jerarquías
administrativas, cuestión que comprueba que prácticamente es esta interesante dinámica,
168
Silva García, Jorge. Ob. cit., p. 64.
McLaughlin, Neil. “Para un renacimiento de Fromm ¿qué debemos hacer?”, en: Silva García, Jorge
(comp.). El humanismo de..., Ob. cit., pp. 21-23.
170
Ídem.
171
Ibíd., p. 25.
169
193
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
que combina la centralidad con la marginalidad, la que permite a Fromm acceder a una
posición favorable para completar una gran parte de sus teorías en México. En pocas
palabras, este hombre supo aprovechar muy bien en este país los contactos y
subvenciones necesarias para proceder con la labor de enseñanza, institucionalización y
divulgación de su propuesta psicoanálitica humanista.
La gesta psicoanalítica desplegada por Fromm en México puede explicarse a partir
de lo que Bruno Latour denomina sistema circulatorio de los hechos científicos. 172 En su
intento por comprender cómo es que la ciencia se va conformando paulatinamente en el
seno de un colectivo, Latour refiere la existencia de cinco bucles que constituyen cinco
tipos de actividades que un actor, en nuestro caso representado por Erich Fromm, debe
realizar de manera conjunta para lograr que su propuesta sea situada en el campo de una
disciplina científica. Es elemental entender que cada una de las actividades establece un
lazo de retroalimentación consigo misma y con las otras cuatro, por lo cual, la omisión de
cualquiera de estas significaría necesariamente el fracaso de las otras cuatro.
Los cinco bucles que componen el sistema circulatorio de los hechos científicos son:
movilización del mundo, autonomización, alianzas, representación pública y por último
vínculos y nodos.
173
Fig. 11. Sistema circulatorio de la ciencia
172
Latour, Bruno. La esperanza de Pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios sobre la ciencia.
Barcelona, Gedisa, 2001. pp. 121-136.
173
Ibíd., p. 121.
194
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
La movilización del mundo caracteriza plenamente la actividad científica desde sus
orígenes. Significa sacudir el mundo y hacer que los objetos se muevan en torno a
nosotros, ubicándolos en lugares precisos para transformarlos en una sucesión de
inscripciones que, finalmente, llegan a conformar investigaciones y teorías. Habiendo
hecho esto, en seguida tiene lugar un proceso de autonomización, por medio del cual, un
investigador encuentra a sus colegas y de cierta forma les convence a ser partícipes de esa
transformación del mundo que él propone mediante sus teorías. Este bucle aborda el
modo en que una disciplina o una profesión se vuelve independiente, y conforma su
propio criterio de valoración y relevancia; es decir, se refiere al proceso de
institucionalización porque atiende las organizaciones, recursos, estatutos y regulaciones
que mantienen unida a la muchedumbre de colegas. En realidad las instituciones son tan
necesarias para la resolución de problemas como el flujo regular de datos que se obtiene
de la movilización del mundo.
Ahora bien, para que el trabajo científico se desarrolle a cualquier escala es preciso
movilizar también agrupaciones que cuenten con los recursos necesarios para proceder
con las investigaciones que sustentarán una nueva teoría. Establecer alianzas se vuelve
entonces un factor crucial, sin el cual no es posible adquirir autonomía y no hay manera
de fundar ninguna nueva institución. Pero es evidente que las alianzas no surgen de una
inclinación natural, es necesario crearlas trabajando el mundo social y material para que
aparezcan, por lo que pueden adoptar innumerables formas. Aparte de movilizar
instituciones importantes, mediante lo que Latour llama representación pública, los
científicos deben cultivar sus relaciones con la gente común y corriente, con los
periodistas y los llamados ―expertos‖, es decir, impulsar la socialización en masa de
objetos nuevos, ya sean átomos, fósiles, teorías o estadísticas. Aquí aparece el riesgo
inevitable de que estos nuevos objetos sacudan o tambaleen las prácticas sociales
cotidianas al intervenir en el sistema de creencias y opiniones existente.
Dicho de otro modo, esta actividad nos permite esclarecer cómo las sociedades han
formado sus representaciones de lo que es la ciencia y es de fundamental importancia, ya
que la oleada de información entre éste y los otros tres bucles, ejerce un influjo
permanente sobre los supuestos que los científicos tienen acerca de sus propios objetos
de estudio. Cabe entonces hacer notar que se va conformando un proceso dialéctico, de
constante retroalimentación.
195
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Luego de describir las cuatro actividades que Latour equipara a los intrincados vasos
sanguíneos y arterias que transportan el flujo sanguíneo, toca explicar la función del
contenido conceptual, que se asemeja a la del corazón siempre palpitante. A este bucle,
denominado vínculos y nodos, le caracteriza la firmeza del núcleo en el centro de una
red, porque ha de mantener unidos un montón de recursos heterogéneos. El contenido
de una ciencia, aunque sea la encrucijada para diversos senderos, es en sí mismo un
contenedor, porque lo que mantiene a un colectivo firmemente unido son justamente los
conceptos. En relación a lo anterior, entendemos que la validez científica de un concepto
proviene de la íntima conexión o vascularización que logre establecer con un abanico de
recursos amplio y heterogéneo. Sintetizando, la ciencia no es una actividad que pueda
realizarse de forma aislada, requiere de la interacción constante en el seno del colectivo
integrado tanto por humanos como por no humanos.
Es posible utilizar el modelo que Latour nos proporciona para explicar de qué forma
llegó el psicoanálisis humanista a verse absorbido en las discusiones psicológicas y en la
vida científica y cultural mexicana. Fromm venía efectuando una movilización del mundo
a lo largo de su itinerario profesional en Alemania y Estados Unidos mediante sus
investigaciones y propuestas teóricas. Fue consolidando con éxito su vinculación a
sectores académicos e institucionales importantes donde se encontró con algunos colegas
que participaron de su particular interpretación de las teorías psicoanalíticas. En México
el proceso fue similar, puesto que desde su llegada se concretó el proceso de
autonomización a través del contacto con los médicos mexicanos interesados en sus
interpretaciones, de ahí resultó la formación del primer grupo de psicoanalistas y la
fundación de la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis como el organismo que, en adelante,
se encargaría de difundir y arraigar el psicoanálisis humanista en el país.
Gracias a la construcción de alianzas con instituciones tan prestigiadas como la
Universidad Nacional Autónoma de México y la Academia Nacional de Medicina se
logró fundar el Instituto Mexicano de Psicoanálisis y la Federación Internacional de
Sociedades Psicoanalíticas. En la conformación de esta última fue primordial el contacto
que Fromm mantuvo con sus colegas europeos y estadounidenses.
También es necesario señalar la destacada labor de representación pública que
Fromm efectuó de forma simultánea con las otras cuatro actividades desde sus primeros
años en el país. El apoyo del Fondo de Cultura Económica constituye un factor clave en
este campo, puesto que además de publicar algunas de sus obras, editó la Biblioteca de
196
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Psicoanálisis, Psiquiatría y Psicología e imprimió durante diez años la Revista Mexicana
de Psicoanálisis, Psiquiatría y Psicología. De igual manera, fueron de gran trascendencia
los ciclos de conferencias que organizó, su participación como articulista en revistas y
periódicos nacionales, el seminario de Budismo Zen realizado en Cuernavaca en 1957 y,
en general, la socialización que sus primeros discípulos llevaron a cabo.
Ciertamente, podemos explicar la resonancia de las propuestas frommianas
partiendo de esa labor sincrónica de movilización del mundo, autonomización, alianzas,
representación pública y, vínculos y nodos llevada a cabo durante más de dos décadas en
México. Respecto a este último bucle que se refiere al contenido conceptual, queda
reconocer que Fromm fue un trabajador incansable. Mientras residió en nuestro país,
publicó alrededor de una veintena de libros, junto a decenas de artículos y colaboraciones
para otras publicaciones. En el despacho y consultorio de su casa en Cuernavaca, que
daba hacia su exótico jardín, este pensador llegó al vértice de su producción teórica.
Aunque el corpus central de sus teorías había quedado definido desde sus primeras
obras, no paró de enriquecer su pensamiento, además de que incursionó en asuntos de la
vida política mundial para aterrizar y contrastar sus disquisiciones.
A continuación ofrecemos un listado con las publicaciones de Erich Fromm entre
1950 y 1973. No sin antes aclarar que, como conservó buena relación con diversas casas
editoriales, muchas de sus obras fueron publicadas primero en inglés y en alemán. El año
de las traducciones al español —cuando las hubo— se encuentra entre corchetes en la
ficha bibliográfica y, por lo general, han sido editadas por la editorial Paidós o el Fondo
de Cultura Económica.
AÑO
OBRAS PUBLICADAS
1950
Psicoanálisis y religión, Buenos Aires, Psique. [1956]
1951
El lenguaje olvidado. Introducción a la comprensión de los sueños, mitos y cuentos de hadas, Buenos
Aires, Hachette. [1960], “Man-woman”, en: M. Hughes(ed.). The People in your life:
Psychiatry and Personal Relations, Nueva York, Alfred A. Knopf.
1952
1954
1955
“La contribución del psicoanálisis a las ciencias sociales”, La Prensa médica mexicana.
“The Psychology of Normalcy”, Dissent.
Psicoanálisis de la sociedad contemporánea: hacia una sociedad sana, México, Fondo de Cultura
Económica. [1956]
“Las implicaciones humanas del radicalismo instintivo”, Dissent y Revista de la Universidad
de México, Vol. 12, 1963. Publicado como capítulo en el libro Marcuse Polémico, Buenos
Aires, Paidós, 1968, “Ciudadanos en pro de la razón”, Barcelona, Paidós. (1993), “The
present human condition”, The Anerican Scholar, Núm. 25., “Remarks on the Problem of
Free Association”, Psychiatric Research Report, Núm. 2., “Psychoanalysis”, en: Newman, J.
197
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
1956
1957
1958
1959
1960
1961
1962
1963
R (ed.). What is Science? Twelve Eminent Scientists and Philosophers Explain Their
Various Fields to the Laymen, Nueva York, Simon & Schuster.
El arte de amar, Buenos Aires, Paidós. [1961], “A counter rebuttal to Herbert Marcuse”,
Dissent.
“Las bases científicas y filosóficas del psicoanálisis”, Gaceta Médica de México, Vol. 87
Núm. 12, “Sobre las limitaciones y peligros de la psicología”[1963)], ¿Socialismo o
robotismo?, El Sol, Uruguay, “Man is Not a Thing”, Saturday Review.
“El psicoanálisis: ¿ciencia o línea partidista?”, Bogotá, Círculo de Lectores [1985], “Los
factores sociales y su influencia en el desarrollo del niño”, La Prensa Médica Mexicana, Vol.
23, “The Moral Responsability of Modern Man”, Merril Palmer Quarterly of Behavior and
Development, Núm. 5.
La misión de Sigmund Freud, México, Fondo de Cultura Económica. [1960]
“Values, Psychology and Human Existence”, en: Maslow, A. H (ed.). New Knowledge in
Human Values, Nueva York, Harper&Bros., “The Creative Attitude”, en: Anderson, H. A
(ed.). Creativity and its Cultivation, Nueva York, Harper&Bros., “Freedom in the Work
Situation”, en: Harrington, M. y Jacobs, P. (eds.) Labor in a Free Society, Berkeley y Los
Angeles, University of California Press, “Love in America”, en: Smih, H.(ed.). The
Search for America, Englewood Cliffs, Prentice Hall.
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“A nuestros lectores”, Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría y Psicología
Se observa que la mayoría de sus escritos aparecen en publicaciones extranjeras. El
porcentaje de obras que publicó en periódicos o revistas mexicanas equivale apenas al
19.2% de su producción en este periodo. Esto nos dice que, desde su morada en México,
se mantuvo al tanto de lo que ocurría en el mundo académico y participaba ampliamente
en los debates.
En la gráfica (fig. 12) hemos ilustrado el total de sus publicaciones, desde 1925 hasta
su muerte en 1980, y es evidente que los veintitrés años de residencia en México fueron
los más productivos de su carrera.
200
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Producción teórica
número de obras
60
50
40
30
20
Estancia en México
10
0
1925
1935
1945
1955
1965
1975
1980
Libros
0
1
4
9
6
1
2
Artículos
34
25
8
48
52
20
0
Resulta interesante traer a colación que pese a su intervención e influencia en la
fundación de varias instituciones, hay algunos colegas y alumnos de Fromm que ratifican
su convicción de no crear una escuela propiamente frommiana en su intento por
contrarrestar la consolidación de una ortodoxia en torno a su postura.174
El camino que transitó Erich Fromm revela que se consolidó desde muy temprano
como un pensador resistente a todas las ortodoxias intelectuales; la consecuencia lógica
era que se negara a que su teoría fuese vista como dogma. En efecto, Fromm expresó
siempre su oposición al proselitismo y la burocratización en cualquier área, por su
capacidad enajenante al bloquear toda posibilidad de crecimiento. Lo expresa así, por
ejemplo, al referirse a su relación con Freud,
―en realidad toda teoría que no cambia en el plazo de sesenta años ya no es, por
ese mismo hecho, igual a la teoría originaria del maestro; es una repetición
fosilizada y al ser una repetición es realmente una deformación‖.175
Sin embargo, lo acontecido en México durante el periodo que enmarca la presencia
de Fromm en los círculos académicos ha suscitado opiniones contrapuestas y
descalificaciones entre sus propios alumnos. Algunos aseguran que fue precisamente una
labor de burocratización jerárquicamente definida que derivó en lucha fratricida la que
174
Ver el artículo de Horney Eckardt, Marianne. “The core theme of Erich Fromm`s writings…”, Ob. cit.,
pp. 391-399. Revisar también el artículo de Silva García, J. Ob. cit., p. 70.
175
Fromm, Erich. El corazón del hombre…, Ob. cit., pp. 8-9.
201
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
describe el desarrollo y difusión del psicoanálisis humanista en este país. Según Víctor
Saavedra,
―Fromm fundó en México una escuela que lleva su estilo propio, tal que impide a
cualquier analista que estructure su propia singularidad de sujeto constituido y
como tal pueda contribuir con su propio artefacto, con su participación particular
a la creación continua de un cuerpo doctrinario, puesto que éste se constituyó
con Fromm en un dogmatismo creencial‖.176
Michael Maccoby confirma que Fromm fue idealizado en México por sus discípulos,
como distanciándose de ellos, porque no poseían el conocimiento necesario para debatir
o refutar sus teorías y al final eran aceptadas como verdad infalible, pero sobre todo
atribuye esta idealización al efecto de fenómenos trasferenciales no resueltos.177 Maccoby,
paciente y colaborador de Fromm durante ocho años, perpetró una profunda crítica a su
maestro y puso en evidencia algunas contradicciones en sus teorías. De acuerdo a su
propia experiencia como analista, nos dice que:
―…para un paciente con impulsos infantiles reprimidos e ideales grandiosos, una
terapia como la de Fromm, puede incrementar la resistencia, la transferencia y el
sentido de culpa acerca de la propia inferioridad, improductividad y dependencia.
En lugar de recordar y experimentar impulsos infantiles, humillaciones, ira y
miedos como medio para superarlos, el paciente intenta resolver sus conflictos
convirtiéndose en una persona ideal, como el maestro. Al hacer esto, puede
someterse otra vez a la autoridad y reprimir los impulsos sexuales o violentos
contra el padre. Como resultado, algunos pacientes frommianos se identifican
plenamente con el maestro y dirigen sus impulsos irracionales hacia otros‖.178
Saavedra, quien formó parte de la Mesa Directiva del IMPAC de 1972 a 1978,
retomó esa visión y la respaldó en un estudio acerca de la falta de técnica psicoanalítica
que legó Erich Fromm a sus discípulos mexicanos. En una línea de interpretación
lacaniana, concluyó que Fromm fomentaba en el paciente una ―idealización del analista,
que invadía el proceso analítico con sus propios significantes, encarnando y actuando su
modelo ideal de líder religioso que sabe el camino y que urge a que lo sigan‖. Incluso
176
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 156.
Maccoby, M. “Michael Maccoby`s Memories of Erich Fromm”, Standpoint Magazine, Reino Unido
(www.standpoint.uk).
178
Maccoby, Michael. “Social character vs the productive ideal…”, Ob. cit., p. 79.
177
202
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
llega al punto de acusar al psicoanálisis humanista de cometer iatrogenias a causa de ese
enfoque.179
En resumen, ambos autores desaprueban la postura frommiana de utilizar el
psicoanálisis para orientar al paciente hacia el desarrollo de sus potencialidades
inherentes, argumentando que el objetivo primordial de la terapia, tal como fue
formulado por Freud, es curar las neurosis180 invalidantes que originan comportamientos
irracionales y ocasionan sufrimiento a los pacientes.
A decir de Jorge Silva García, en los seis años de formación al lado de Erich Fromm,
―hubo pugnas y luchas, celos y envidias, la rivalidad fraterna que era de esperarse,
y se forjaron lazos de empatía, simpatía y camaradería. En medio de todos, la
figura serena, amable y comprensiva de Fromm a quien amábamos y temíamos.
Primero el temor irracional al rechazo, al ostracismo, a ver suspendido nuestro
entrenamiento al ir emergiendo los aspectos negativos de nuestra orientación de
carácter; luego, el temor nacido del parámetro que él representaba al vivir las
pautas de su enorme capacidad creativa, su lucidez aguda, perspicaz… ejemplos
difíciles de alcanzar‖.181
Los discípulos de Fromm han emitido comentarios y testimonios de toda índole, a
veces contradictorios entre sí, pero no podía ser de otra manera, si sabemos que en un
proceso tan complejo como el que implica crear vínculos y solidaridad entre colegas, con
el fin de posibilitar el desarrollo de una teoría, intervienen muchos factores y se ponen en
juego muchos intereses, por lo cual siempre surgirán puntos de vista diferentes.
Como fue espectador y partícipe de las tensiones que surgieron al interior del grupo
frommiano, Saavedra tomó muy en serio su rol de inquisidor y se propuso arrojar luz
sobre estos testimonios. De hecho, en su libro aparecen fragmentos de las entrevistas que
realizó a casi todos los miembros fundadores de la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis.
Lo curioso es que los relatos de incidentes que ocasionaron fricciones o rupturas con
Fromm suenan francamente triviales tomando en cuenta que se trata de psicoanalistas
preparados para manejar sus regresiones infantiles. Claro que terminan acusando a
Fromm de manipular la situación al hacer uso del poder transferencial generado por la
relación analítica, pero insisto, la situación es grave puesto que se supone que ya estaban
179
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 164.
Neurosis y/o comportamiento neurótico: alude al sufrimiento psíquico y/o somático en que viven las
personas que no han podido encontrar una mejor solución a su vida, sufrimiento originado por una
conflictiva particular gestada en su infancia, conflictos que tienen como característica el repetir dicha
problemática en diferentes circunstancias, en diferentes momentos de la vida y con diferentes “objetos”
en tanto no se tiene conciencia de ella y, por lo tanto, se pueda encontrar una solución diferente.
181
Silva García, Jorge. Ob. cit., pp. 66-67.
180
203
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
formados como psicoanalistas y que debían emplear esa prerrogativa con sus propios
pacientes.
Sin embargo, hay hechos que no pueden ser evadidos. El primer conflicto registrado
por Saavedra se suscitó a partir de un libro que escribió José Gutiérrez sobre la técnica
psicoanalítica frommiana. Al parecer, Gutiérrez vislumbró muy pronto los efectos
contraproducentes que podía alcanzar en los pacientes más inestables y, aunque no los
formuló de manera desafiante hacia su maestro, fue retirado de la sociedad en 1961 por
disposición de Fromm.
Abraham Fortes también fue obligado a renunciar a la sociedad en 1965 porque
reclamaba no haber recibido un tratamiento psicoanalítico eficiente por parte de Fromm
y decidió buscarlo con Avelino González, miembro de la Asociación Psicoanalítica
Mexicana. No sorprende que este suceso haya molestado tanto a Fromm, viniendo de
uno de sus discípulos. ¿Acaso debía seguir admitiendo a una persona que después de
haber concluido su formación y análisis en el psicoanálisis humanista decidiera regresar a
los postulados ortodoxos? La decisión de Fortes prueba que no estaba satisfecho en el
grupo frommiano, pero luego reclama que le fuesen retirados sus derechos como
miembro de la sociedad.
Estamos tocando un punto extremadamente sensible. Parece que la principal
contradicción que Saavedra trata de enfocar en el proceder de su maestro radica en el
concepto de autoridad, que ocupa un lugar central en la perspectiva humanista.
Asevera que mientras Fromm profesaba ante todo el mundo el antiautoritarismo, la
estructura del IMPAC se caracterizaba por ser piramidal y autoritaria. Esto lo ilustra con
la exposición de algunas acciones del maestro que, desde su punto de vista, evidenciaron
favoritismos que causaron una intensa rivalidad entre sus propios discípulos. Así sucedió
con Jorge Velasco y Ramón de la Fuente en 1959. Ambos quedaron enfrentados por la
decisión de Fromm de apoyar al segundo en la adquisición de la plaza de Psiquiatría
Infantil que ofrecía la Academia Nacional de Medicina. Hay que decir que en esta
disposición, que concluyó con el alejamiento de Velasco, tuvieron mucho peso también
las opiniones de Millán y Dávila, que también se inclinaron por De la Fuente.182 Y es que
desde sus años mozos había sabido ligarse a la vieja guardia de la psiquiatría mexicana,
quizás con la ambición de erigirse como su legítimo continuador. Contrajo nupcias con la
182
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 149.
204
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
hija de Samuel Ramírez Moreno, aquél generoso maestro que le otorgó la beca de
posgrado en el extranjero y le compartió sus cartas de presentación.
Jorge Velasco Alzaga se alejó del grupo frommiano pero persistió en la línea de la
paidopsiquiatría y el psicoanálisis infantil. Entre 1960 y 1964 fue Asesor Regional en
Salud Mental de la Oficina Sanitaria Panamericana de la Organización Mundial de la
Salud (OMS) y diseñó el Primer Programa de Salud Mental para las Américas, creando
los cimientos para un desarrollo de políticas conjuntas. En 1965 fundó el Hospital
Psiquiátrico Infantil Dr. Juan N. Navarro, primero del género en nuestro país y cuna de
un número importante de psiquiatras infantiles.183
Ramón de la Fuente suplantó a Fromm en la dirección de la Biblioteca de
Psicología,
Psiquiatría
y
Psicoanálisis,
aunque se
había
venido
distanciando
paulatinamente del psicoanálisis. Así, en 1966 fundó la Asociación Psiquiátrica Mexicana
mientras comenzó a navegar en los océanos de la bioquímica del cerebro. La revista que
publicaba, Psiquiatría, era más afín al paradigma organicista, en esa década enfrentado a
la postura psicoanalítica.
De la Fuente es un personaje clave en la historia de la psiquiatría mexicana;
aprovechando su habilidad política se convirtió en impulsor y fundador de instituciones
como el Consejo Mexicano de Psiquiatría y el Instituto Mexicano de Psiquiatría. Aunque
reconoció a Fromm el mérito de haber renovado el psicoanálisis184 y el impacto que esta
disciplina asestó en la cultura mundial, se consagró al tratamiento neurofarmacológico de
las enfermedades mentales y se identificó hasta el final de sus días como psiquiatra. El
contacto con el paradigma psicoanalítico se convirtió en un suceso anecdótico de su etapa
juvenil y afirmaba que de Fromm había heredado, “mas que nada, su fino humanismo y
proyección social‖. Pero públicamente se adhirió al ―objetivo principal de la investigación
científica
en la
psiquiatría: relacionar
hallazgos derivados
de los enfoques
neuroanatómico, funcional, neuroquímico y molecular, para establecer las bases de la
psicopatología‖.185
Entre 1970 y 1972, Fromm había designado a Francisco Garza como director del
IMPAC, pero éste al parecer no estuvo dispuesto a ―seguir sus recomendaciones‖ y
también decidió retirarse. Lo anterior desató una pugna entre Millán y Aramoni, que
183
Campillo-Serrano, Carlos. Ob. cit., p. 231.
De la Fuente, Ramón. El pensamiento vivo de Erich Fromm, México, El Colegio Nacional/Fondo de
Cultura Económica, 1989.
185
De la Fuente, Ramón. “Memorias de un psiquiatra…”, Ob. cit.
184
205
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
competían por la posición que Garza había rechazado. Una vez más, Saavedra refiere que
el apoyo de Fromm se dirigió a Aramoni, por lo que Millán rompió con el grupo y con el
psicoanálisis definitivamente. Al ver a sus colegas desintegrarse, Armando Hinojosa
decidió fundar otro grupo.
Con las muertes de González Enríquez, Higareda y Dávila,186 y el alejamiento del
resto, sólo quedaban tres custodios del psicoanálisis humanista en el IMPAC. Entre Jorge
Silva y Aniceto Aramoni, que se disputaban el título de favorito del maestro, hubo
constantes problemas. En 1973, ambos renunciaron a sus puestos en el IMPAC, dejando
en su lugar a Fernando Narváez y Víctor Saavedra como director y tesorero
respectivamente. En el verano de ese año, Fromm decidió salir definitivamente del país
para pasar sus últimos años en Suiza. Hasta 1977 mantuvo correspondencia regular con
Narváez, pero esta se vio interrumpida a causa de un curioso incidente reportado por
Saavedra.
Ignacio Millán, uno de los miembros de la sexta generación, le escribió a Fromm
informándole que se estaban realizando cambios en el IMPAC que traicionaban los fines
del psicoanálisis humanista. Fromm pidió una explicación a Narváez y a Saavedra, que
respondieron a detalle para probar que su desempeño era congruente con los criterios
humanistas. Pero no recibieron el visto bueno del maestro y tomaron el silencio como
símbolo de su ruptura oficial con el IMPAC. Aunque fueron discretos respecto a este
suceso, revelan que les originó algunos conflictos íntimos. Sobre todo quedaron
decepcionados de Fromm quien, según su punto de vista, ―prefirió solapar
las
difamaciones de Millán‖.187
No es posible saber con certeza qué fue lo que pasó por la mente de Fromm en ese
momento pero, después de haber dedicado dos décadas de su vida a construir y a formar
en México una comunidad psicoanalítica que continuara con su línea de pensamiento,
podemos imaginar que llegó a un punto donde percibió que no podía intervenir más.
Además, poco podía hacer desde su morada de retiro en Locarno, después de todo, ya
no le correspondía sacar adelante el IMPAC ni mediar en los conflictos entre sus
discípulos. Quizás no contestarles significaba que delegaba, por fin, toda la
responsabilidad en ellos. También parece que Saavedra y Narváez olvidaron que la salud
186
187
Raúl González Enríquez murió en 1952, Guillermo Dávila en 1968 y Arturo Higareda en 1969.
Saavedra, Víctor. Ob. cit., pp. 31-32.
206
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
de su maestro se encontraba bastante debilitada, y que en esos años tuvo que someterse a
un implante de marcapasos.
Hay algunos indicios para suponer que, pese a sus esfuerzos, los discípulos
mexicanos no llegaron a identificarse nunca de manera genuina con su postura. Alejandro
Joorowsky comenta que en su primer encuentro con Fromm la charla se extendió de tal
manera que el maestro le invitó a continuarla mientras degustaban la comida de un
restaurante en Cuernavaca. Como Fromm padecía de insuficiencia cardiaca, le propuso
que le acompañase en el auto para que sus discípulos disfrutaran de una caminata en
armonía con la naturaleza. Dice Jodorowsky que Fromm le aseguró que tendrían tiempo
suficiente para intercambiar ideas porque sus pupilos, conversando entre ellos y
admirando el paisaje, tardarían por lo menos una hora en llegar. Para sorpresa de ambos,
todos llegaron al borde del desmayo y uno hasta vomitó, a raíz de que la caminata se
convirtió en carrera. Fromm se limitó a sugerirles que aumentaran su esfuerzo en las
sesiones con Ejo Takata con el fin de que se abrieran a nuevas experiencias y aprendieran
a modular su egolatría. 188 A partir de sus vivencias al lado del grupo, Jodorowsky afirma
que Fromm no era el padre severo que proyectaban sus discípulos y su testimonio parece
resumir la dinámica de grupo de la primera generación.
Giuseppe Amara y Michael Maccoby189 aseguran que había dos razones por las que
Fromm sentía una profunda frustración. Primero, porque desde la década de los sesenta
estuvo consciente del fracaso terapéutico del psicoanálisis personal, tal vez por eso dedicó
mucho más tiempo a buscar la forma de articular esta propuesta teórica como
herramienta de análisis social. Segundo, se dio cuenta de que entre sus seguidores había
muy poca creatividad y que sus estructuras caracterológicas carecían de la flexibilidad
necesaria para transformarse y alcanzar una orientación productiva. Esta fue la gran
paradoja de su empresa en México. Había puesto todas sus expectativas en estas personas
y al final, su proyecto no alcanzó el desarrollo esperado.
Veamos una conclusión extraída por Saavedra de su experiencia y de los testimonios
de sus compañeros,
188
Jodorowsky, Alejandro. Ob. cit., pp. 270-271.
Ponce, Roberto. “Giuseppe Amara habla sobre el libro La promesa incumplida de Erich Fromm y de
los errores de su maestro”, Revista Proceso, (www.proceso.com.mx/hemerotecaint.html?arv=123057);
“Michael Maccoby`s memories…”, Ob. cit.
189
207
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
―…Fromm en su actuación de modelo encarnado demandaba a sus pacientes un
proceso de purificación, un despojarse de su codicia, un renegar de la modernidad,
para convertirse en seres productivos y fieles a su modelo. En la medida en que no
cumplían eran rechazados, cuestionados y hasta eliminados. Fromm describe el
camino, la alternativa a seguir y, en la medida en que sugería la solución impedía la
inventiva […] También los metía en una contradicción y en una falsedad: tenían que
aparentar ser los sustentadores de una ideología humanista y ocultar su inserción en
la modernidad; tenían que aparentar ser y ocultar el tener‖.190
La declaración es franca, pero desde mi punto de vista, engloba algunas percepciones
sombrías de las propuestas frommianas. Saavedra malinterpreta el concepto de
productividad, porque parece entenderlo como algo abstracto, un estado casi angelical,
cuando para Fromm constituye ni más ni menos que la expresión de las capacidades
humanas. A partir de la lectura de sus obras uno llega a comprender que en su
perspectiva yace el germen crítico que pone en tela de juicio los supuestos ideológicos
que sustentan el estadio moderno. El tiempo fue dándole la razón y sus reflexiones
ofrecen todavía variables indispensables para comprender los mecanismos psíquicos que
rigen en la sociedad.
Existen testimonios que confirman que en terapia Fromm era implacable, al estilo
del budismo zen, y que buscaba conflictuar profundamente a sus pacientes para movilizar
toda la energía inconsciente disponible.191 Además, siempre exhortaba a la acción pues
para él ningún conocimiento o enseñanza adquiere su fuerza transformadora hasta que se
aplica. Esta actitud podía parecer agresiva y molesta ante mucha gente, pero debemos
comprender que, en vista de su fe en el ser humano, Fromm ponderaba un enfoque
psicoanalítico que rebasaba la supresión de los síntomas neuróticos, invitaba a la
subversión radical del estilo de vida que los había provocado.
Como hemos podido constatar, entre 1949 y 1973 se conformó alrededor de la
figura de Erich Fromm una comunidad psicoanalítica que supo crear redes, realizar
traducciones y deslizamientos de metas para consolidarse en el ámbito científico
mexicano. Fromm actuó en todo momento como un nodo que vinculó a los actores
mexicanos con otras redes internacionales pero quedan en el aire algunas interrogantes:
¿Qué fue lo que llevó a Fromm a fundar una escuela en México? ¿Por qué se decidió a
llevar a cabo la institucionalización del psicoanálisis humanista en nuestro país?
190
Saavedra, Víctor. Ob. cit., p. 140.
Horney Eckardt, Marianne. “The Core Theme of Erich Fromm´s Writings…”, Ob. cit., pp. 397-398;
Chrzanowski, Gerard. “Fromm`s Escape from Freud…”, Ob. cit., p. 2.
191
208
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
Nadie mejor que él conocía los riesgos de este proceso. El surgimiento de la
burocracia que asumió las funciones de proteger el legado de Freud, fue blanco constante
de sus críticas y reflexiones. Nunca titubeó en afirmar que esa burocracia carecía de la
grandeza y auténtico radicalismo del fundador, y que había convertido el psicoanálisis en
un campo estéril.192
Michel de Certau ha ilustrado que cualquier discurso, equivale a ―nada‖ cuando no
está autorizado por la institución. En la medida en que quiere ―hacer creer‖ que se refiere
a los sucesos reales, el discurso necesita echar a andar la maquinaria institucional que
garantiza una operación casi mágica, sustituyendo la nada por la autoridad. Freud
comprendió que para ser válida, su práctica tenía que apoyarse en un saber acreditado
por el nombre propio de una institución, por un lugar histórico. Dice el autor,
―El realismo, es decir la legitimación del discurso por sus referencias, se
inaugura con el autor, autorizado por una agregación social, y pasa del autor a
su texto, autorizado por los acontecimientos que presume expresar o significar.
Contrariamente a toda la tradición científica que ha postulado una autonomía
del discurso con relación al lugar de su productor, el lugar tiene un efecto
epistemológico sobre el texto: la pertenencia social interviene de manera
decisiva en la definición del estatuto del discurso‖.193
El poder político de la institución conlleva un efecto paralizante pero es preciso
desplegar esta operación si lo que se busca es situar una propuesta en el panorama
científico, es decir, conferirle de una referencialidad. Es un proceso cargado de
ambigüedades, que implica riesgos, es cierto, pero que si tiene éxito, garantiza la
posibilidad de esparcir una semilla, de continuar con la movilización del mundo que
impulsará a los otros cuatro bucles del sistema circulatorio de la ciencia al que nos
hemos referido.
Fromm percibió en nuestro país un espacio de esperanza, de posibilidad y
confió en que sería capaz de manejar el proceso de forma más acertada que las
asociaciones ortodoxas. Pero no fue labor de un solo hombre. Intervinieron las
pasiones y voluntades de un puñado de hombres, cuyas acciones revelan que no
buscaban comprometerse con un proyecto humanista y radical como el de Fromm;
tal vez tampoco lo entendieron. La estructura corporativa y clientelar, fomentada por
192
Fromm, Erich. El psicoanálisis ¿ciencia o línea partidista?, La condición humana… Ob. cit., pp. 54-55.
De Certau, Michel. Historia y psicoanálisis. Entre ciencia y ficción, México, Universidad
Iberoamericana/ITESO, 2003, p. 59.
193
209
Capítulo 4. Fundación de instituciones y difusión del psicoanálisis humanista
el modelo político mexicano, se había infiltrado en las esferas académicas y
científicas, generando luchas intestinas por el poder.
En su momento, la alianza con Fromm proporcionaba una ventaja frente a otras
posturas, pero luego la ambición comenzó a manifestarse al interior del mismo
grupo. Lo irónico es que Fromm sea acusado de autoritario y se haga recaer en él
toda la responsabilidad por el fracaso del proyecto en México. Seguramente cometió
muchos errores, pero cuesta trabajo aceptar que su trayectoria, caracterizada por una
coherencia e integridad admirables, pueda ser puesta en duda por los sucesos que
acompañaron su estancia en nuestro país. Quedan como evidencia sus libros que no
pierden vigencia, y los testimonios de otros alumnos y colaboradores —europeos y
estadounidenses— que admiten que el maestro buscó siempre mantener un equilibrio
entre sus ideales mesiánicos, tan profundamente arraigados en su personalidad, y el
pensamiento racional que lo llevaría a formular alternativas viables frente a
situaciones de máxima importancia en el mundo contemporáneo.
210
Discusión y conclusiones
En mis años de licenciatura escuche de voz de una gran maestra un consejo que resultó
muy valioso en esta primera aventura como investigadora. ―Escojan un tema que les
apasione, que vaya de acuerdo a su proyecto de vida‖, decía, porque hacer una tesis es
como tener un romance, significa dormir, soñar y pasar días enteros cavilando en torno a
la serie de interrogantes que dan sustento a la investigación, coqueteando con todas las
interpretaciones posibles y, a menudo, dudar de los resultados. Sus palabras me
acompañaron en todo el proceso y subrayaron la importancia de aprender a combinar la
actividad profesional con la vida íntima, de buscar la congruencia, la disciplina y la
entereza sin esquivar ninguna experiencia o emoción por distante que parezca de estos
objetivos. Entendí que la investigación, como todo proceso creativo, es un ejercicio
constante de reflexión y autocrítica que conlleva momentos de incertidumbre y profunda
angustia, porque nos sabemos en búsqueda, estamos conscientes de que somos
navegantes arrojados a un océano donde abundan los remolinos, y que sólo nos queda
echar mano de las herramientas disponibles para mantenernos a flote y dirigir el rumbo.
Percibo que he llegado a la escritura de estas líneas siendo una persona diferente a la
que era cuando comenzaba la aventura. Adentrarme en la realidad psíquica del ser
humano, con todo y sus impulsos obscuros e irracionales, me ha permitido reconocerme
en los otros, mis congéneres, e identificar mi rostro en sus reflejos. He podido explorar
parajes íntimos para tomar conciencia de mis conflictos y empezar a trabajarlos. Entiendo
que no se puede evitar el conflicto porque es parte sustancial de la vida, pero que es
posible forjar nuevas condiciones a partir de él. Estoy aprendiendo a desaprender, a dejar
a un lado los prejuicios, a practicar la tolerancia en la cotidianeidad, a escuchar y a
dialogar con los que me rodean. Me doy cuenta que es apenas el comienzo de un largo
recorrido, pero para mí esos son los resultados más importantes de este trabajo porque se
empalman con el principal desafío de la disciplina que elegí para acompañar mi proyecto
de vida.
Creo que al seguir el camino de la historia, contraemos el enorme compromiso de
escarbar en todas las esferas de la vida y en lo más recóndito del ser humano para
comprender los motivos que lo impulsan a moldear su realidad, a construirla y
deconstruirla constantemente, a veces sin darse cuenta de que se transforma él mismo en
el proceso. Como ríos subterráneos, debajo de la historia fluyen y confluyen muchas
historias inconscientes, por eso es imposible explicar los hechos históricos solamente
Discusión y conclusiones
desde una perspectiva racional, sin entender lo que el ser humano, que es cada uno de
nosotros, siente y piensa. Debemos ser capaces de comprender y respetar todas las
tradiciones culturales porque brotan de una necesidad esencial que compartimos todos,
la de darle sentido a nuestra existencia. Pero no se trata sólo de conocerlas en un afán de
erudición, sino que nos corresponde jugar el papel de interlocutores en medio de una
realidad demasiado compleja para analizarla por separado, un mundo dinámico y
contradictorio que exige de nosotros la mayor atención y voluntad para captar los canales
de comunicación que permitirán alcanzar un nivel de funcionamiento armónico.
Hacer historia también implica tomar riegos, atreverse a proponer nuevas
interpretaciones teniendo presente que la mejor interpretación siempre será aquella que
deja abiertas el mayor número de respuestas posibles. No podemos temer al error
porque constituye una nueva plataforma para la construcción del conocimiento, que
invariablemente será colectiva. El historiador debe servir de brújula en momentos de
extravío y no puede renunciar a su responsabilidad de incidir en esa transformación o
metamorfosis tan apremiante en nuestros tiempos, es decir, no puede dejarse llevar por la
peligrosa ilusión de la neutralidad. Ninguna idea o reflexión humana puede calificarse de
neutral porque tuvo que ser producida en un contexto económico, emocional y sociocultural concreto. Me sumo a todas las voces que han recalcado lo absurdo de esa
pretensión de neutralidad, porque he visto la desesperación y el desconcierto que se
esconden detrás de la apatía o el bienestar fingido de quienes prefieren mantenerse al
margen de la política. No dejará de existir la posibilidad de encallar en esa postura y
tampoco se trata de imponer nuestra propia visión, pero nos corresponde identificar
mentes abiertas e intuitivas, dispuestas a cuestionar el telón de fondo de sus vidas y
orientarlas hacia la reflexión crítica, sobre todo como acompañantes, asumiendo que el
aprendizaje será recíproco y enriquecedor.
Los supuestos del psicoanálisis humanista se han convertido en punto de partida
para una búsqueda más amplia por definir aquello que nos constituye como humanidad.
Y siendo que, de acuerdo a las más recientes teorías de la física, somos una reproducción
en miniatura del universo, la búsqueda implica así mismo descifrar los enigmas de
nuestra realidad y asumir nuestra participación en su trazo. A partir del estudio de este
corpus teórico he visto aparecer un abanico de posibilidades que continúa
multiplicándose conforme avanza el tiempo y voy conociendo, poco a poco, los vínculos
que las unen. Por eso tengo que comenzar estas discusiones finales hablando de mi
212
Discusión y conclusiones
perspectiva acerca de esta propuesta, aunque se haya diseminada en los capítulos que
conforman el trabajo.
El debate sobre la pertinencia de referirnos a Erich Fromm como psicoanalista o no
parece fuera de lugar. Aunque se asumió en todo momento como continuador de Freud,
es probable que sus detractores ortodoxos hayan atinado en afirmar que sus teorías
representan una ruptura insalvable con el psicoanálisis. Esto sólo si entendemos al
psicoanálisis como un corpus teórico estático e inamovible, porque es evidente que todas
sus reflexiones parten del camino inaugurado por el médico vienés.
Su aportación se dirige más bien hacia el campo de las ciencias sociales e la medida
en que introduce elementos de complejidad que tienen que ver con nosotros mismos.
Por lo general, los psicoanalistas difieren de la idea frommiana de que el ser humano
puede alcanzar un estado de vida armónico porque lo conciben como un ser en falta, un
ser que vive buscando un objeto perdido imposible de hallar. Creo que la postura de
Fromm no es opuesta a esa creencia, al contrario, justo porque admite que el hombre
tiene que encontrarle sentido a su existencia, en el camino de la búsqueda invita al trabajo
constante, al desarrollo de nuestras capacidades y sobre todo, a comprender que lo que
sucede a escala social es un reflejo de lo que sucede en nuestro interior. En otras
palabras, sostiene que el cambio social resulta imposible si no empezamos a transformar
nuestras actitudes y a percatarnos del alcance de nuestros deseos. No es una postura
simplista porque comprende también la necesidad de realización y participación en la
vida comunitaria.
El mérito de Fromm reside en su habilidad para desdoblar las elucidaciones que
alcanzó Freud al final de su construcción teórica, articulándolas con su visión sociológica
y antropológica. Es sin duda uno de los representantes más lúcidos de un pensamiento
que podríamos denominar ―de frontera‖ en el siglo XX. Se distingue de sus colegas
ortodoxos también por haber aceptado el reto de aplicar los descubrimientos del
fundador del psicoanálisis, actualizándolos, al estudio de los grupos sociales de su tiempo.
Su concepción de la teoría como algo vivo, en transformación permanente, posibilitó que
construyera una propuesta novedosa a la que integró todas las herramientas que fue
adquiriendo en su formación y durante su trayectoria profesional.
Es posible identificar la huella de su pensamiento en la antropología gracias al
contacto que sostuvo con personajes como Ruth Benedict, Margared Mead y Ralph
Linton. Hay un fenómeno similar en la pedagogía crítica, ya que Freire empleó varios
argumentos del psicoanálisis humanista en la construcción de sus teorías; a su vez, Freire
213
Discusión y conclusiones
ha influido en el pensamiento de notables pedagogos contemporáneos como Henry
Giroux y Peter McLaren, que se declaran a favor de un marxismo humanista y trabajan
por el fomento de una ciudadanía crítica en las aulas.
En contrapartida a lo que ocurre en el campo psicoanalítico, el pensamiento de
Fromm sigue floreciendo en las corrientes de sociología crítica que han extendido el
análisis de la sociedad contemporánea y sus pautas. Sus ideas palpitan todavía en las
lúcidas reflexiones de Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, Zygmunt Bauman, por
mencionar algunos nombres, y en el creciente interés por la sociología de las emociones.
Además, Neil McLaughlin asevera que en Norteamérica se ha desatado en los últimos
años una ola de sociología psicoanalítica feminista y una interpretación novedosa de la
perspectiva criminalística de Fromm. Además, se ha utilizado su teoría del carácter social
para explicar la violencia en los Balcanes.1
Considero que su mayor aportación a las ciencias sociales deriva de la aplicación de
dicha teoría. Su método de investigación socio-psicológico parece una herramienta muy
atractiva para analizar y valorar cualquier tipo de proyecto en momentos de crisis como el
que vivimos actualmente, pero conlleva una desventaja. La interpretación psicoanalítica
resulta imprescindible para evaluar las respuestas de los cuestionarios, que son la piedra
angular de este método empírico. De cualquier forma, me parece que es necesario seguir
explorando esta vertiente consumada en nuestro país en los años sesenta. Invita al trabajo
inter y aun transdisciplinario, porque evidencia la necesidad de que distintas disciplinas
sociales intercambien y contrasten sus resultados incesantemente para superar sus
respectivas limitantes en la comprensión de la realidad humana.
La argumentación crítica por medio de un lenguaje de esperanza es otro de los
puntos encomiables de las teorías frommianas. Se distingue así como un pensador
pionero en la tradición posmoderna, que conservó una postura equilibrada entre la
necesidad de demoler ciertos conceptos y actitudes de la sociedad occidental, y proponer
alternativas dentro de un marco ético y político bien definido. Sus reflexiones sobre la
libertad y su ejercicio en la vida cotidiana ponen de manifiesto el grado de realismo que
su enfoque ponderaba. No se dejó llevar por el catastrofismo que tiende a paralizar toda
iniciativa, más bien fue desgajando con su mirada crítica y todo su instrumental teórico las
posibilidades de acción, vaticinando algunas de las consecuencias. Estoy convencida de
que no sirve de nada sacudir los cimientos ideológicos de un colectivo sin mostrar al
1
McLaughlin, Neil. “Para un renacimiento de Fromm ¿qué debemos hacer?”, en: Silva García J. (ed.) El
humanismo de Erich Fromm, México, Paidós, 2006, pp. 17-18.
214
Discusión y conclusiones
propio tiempo alternativas que permitan cambiar de rumbo. La trayectoria y la obra de
de Fromm pueden resumirse como una inquebrantable lucha por abatir el relativismo, la
neutralidad y el pesimismo, ilusiones empleadas todavía como mecanismos ideológicos
de control.
Fromm fue capaz de mantener a lo largo de su carrera una congruencia admirable a
pesar de los embates, las desacreditaciones y la incomprensión que sus interpretaciones
generaban. Desde mi punto de vista, la congruencia es una de las metas más difíciles de
lograr en la vida porque requiere, además de sortear obstáculos exteriores, la superación
de conflictos interiores continuos. Decidirse a abrir brechas en lugar de ir tranquilamente
por los caminos dibujados implica desarrollar cierta tolerancia a la frustración y un
sentido de independencia difíciles de alcanzar. En ese sentido, la vida de Fromm resulta
inspiradora. En vez de buscar una salida fácil abrazó su compromiso intelectual de
subrayar las condiciones patológicas de la sociedad moderna que iba detectando en sus
análisis, y exigió desde todas las tribunas posibles los cambios que consideraba
pertinentes en función de sus develamientos.
Aclaró en todo momento el sustrato primordial de sus propuestas: la fe en el
potencial humano para liberarse de todas las cadenas que lo mantienen sojuzgado y
construir una realidad más justa donde prevalezcan las expresiones de la razón, el amor,
la empatía y el respeto. Su fe en el hombre proviene del diálogo que sostuvo con poetas y
eminentes filósofos, en calidad de representantes de la humanidad, como Kant, Meister
Eckhardt, Balzac, Nietzsche, Goethe, Dostoievski, Spinoza, Sartre, Marx, Engels, Freud,
entre tantos otros que vuelven a hablar a través de sus escritos. Su conexión con diversas
corrientes espirituales también asiste a la finalidad de desentrañar esa complejidad
humana tan apabullante y maravillosa.
En la historia de la psicología, las teorías de cuño frommiano pueden ubicarse dentro
de una amplia corriente de alternativas que introducen una nueva concepción de salud y
enfermedad mental, alejadas de la tendencia a la medicalización de la vida que tanta
importancia vino a tomar en la sociedad industrializada. El psicoanálisis humanista se
encarga de mostrar cómo las estructuras socio-económicas y culturales constriñen al ser
humano en todos los niveles (personales, comunitarios, espirituales, sexuales, etc.) por lo
que éste reacciona, de modo consciente e inconsciente, para contrarrestar los pesados
influjos de las normas establecidas.
La conmoción que representó para el movimiento psicoanalítico puede
menospreciarse si no se toma en cuenta el contexto político en el que nació. Recordemos
215
Discusión y conclusiones
que entre 1940 y 1960, los psicoanalistas se convirtieron en aliados de las grandes
corporaciones y de los dirigentes estatales. Mientras por todas partes se montaba una
realidad ilusoria donde el individuo se sentía libre y feliz, Fromm recalcaba la falsedad de
regímenes donde la democracia era tan sólo ―consenso manipulado‖ y la felicidad
significaba consumo permanente. Enfrento a sus colegas y expuso su complicidad con los
fines enajenantes.
A diferencia de la corriente ortodoxa del psicoanálisis, de la psiquiatría y de otras
tantas corrientes psicológicas, su tarea no consiste en adaptar al individuo a las
condiciones de opresión en que vive para que cumpla su rol social, sino en capacitarlo
para hacerles frente y trabajar con él para alcanzar su superación. En estos términos,
Erich Fromm destaca como el baluarte más sólido del freudomarxismo, cuestión que
paradójicamente le llevó a distanciarse de los partidos políticos marxistas-leninistas en la
medida en que la doctrina socialista y, en general, la propaganda izquierdista, seguía
reacia a aceptar la importancia de comprender los mecanismos inconscientes que rigen
toda acción humana. Muchos de sus miembros siguen pensando que el hombre es un ser
plenamente racional y que la función del partido es hacerles ver la estructura de
dominación imperante a través de escuelas de cuadros, folletos y lecturas ―liberadoras‖,
como si los argumentos lógicos fuesen suficientes.
No obstante, debemos reconocer que ha habido ensayos para integrar la psicología
social a la reflexión sobre los movimientos sociales latinoamericanos en los últimos años.2
Habría que verificar sobre qué móviles teóricos se asienta porque no es la psicología
social analítica que postulaba Fromm desde 1930; ha tomado elementos de la psicología
conductista, maneja interpretaciones estrictamente sociológicas o bien sigue ponderando
la teoría de la libido. De cualquier forma, la iniciativa está presente y eso significa que
vamos acercándonos a un camino más atinado para comprender el curso de los procesos
sociales.
Podemos afirmar que la labor desplegada por Erich Fromm en nuestro país
constituye una de las primeras experiencias de psicología alternativa. En cierta forma
sentó las bases para el surgimiento de otros proyectos de este tipo, como por ejemplo el
Círculo de Psicología Dialéctica creado en 1969, y la Red de Alternativas a la Psiquiatría,
que ejerció una actividad considerable en México durante la década de los setenta y
principios de los ochenta. A través de la Red se hizo presente la corriente de la
2
Parra, Marcela A. “La psicología comunitaria en América Latina”, Poiesis. Revista Electrónica de
Psicología Social, Córdoba, Núm. 15, Junio 2008, pp. 1-7.
216
Discusión y conclusiones
antipsiquiatría, que cimbró por un tiempo las columnas del edificio psiquiátrico oficial
enfatizando su vinculación con prácticas autoritarias y deshumanizantes, perfiladas hacia
el mantenimiento de las condiciones de explotación.3
Como hemos podido constatar, las nociones psicoanalíticas se habían ido infiltrando
en los itinerarios de la cultura mexicana desde las primeras décadas del siglo a través de la
presencia del movimiento surrealista y al propio tiempo, fueron encontrando espacio en
el ámbito médico, primero con José Torres Orozco y luego en las ideas de otros
distinguidos personajes de la psiquiatría mexicana como José Meza Gutiérrez y Manuel
Guevara Oropeza. La visita de Pierre Janet en 1925 detonó este incipiente interés por
aproximarse a las enfermedades mentales a partir de una extraña mezcla del pensamiento
freudiano con los cánones de la psiquiatría francesa, diluyendo el primero en el
paradigma rector del degeneracionismo y la higiene mental hasta la cuarta década del
siglo XX.
Aunque en el intermedio surgieron el ensayo psicoanalítico de Samuel Ramos,
cimentado en la psicología individual de Alfred Adler, y los seminarios organizados por
Millán, González Enríquez y Dávila para leer a Freud, no existía una comunidad de
psicoanalistas profesionales que trabajara por la consolidación de esta corriente en
nuestro país. Por lo mismo, tampoco se utilizó realmente para tratar las enfermedades
mentales, apareció más bien como una perspectiva que resonó en el contexto cultural al
aplicarse a la comprensión de ciertos fenómenos sociales que preocupaban a la elite
intelectual, científica y política, porque reflejaban el atraso respecto al ideal de progreso.
En esa tesitura, se intentó subordinar los planteamientos freudianos al esquema
eugenésico de la higiene mental; el que algunos médicos hayan utilizado la importancia
que Freud otorgó en su sistema a los impulsos sexuales para apoyar sus programas de
higiene y educación sexual es un ejemplo muy claro de ese criterio.
El elevado volumen de obras que prolongó los aspectos desarrollados por Samuel
Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, constituye un testimonio
historiográfico de las múltiples interpretaciones del psicoanálisis que convivieron en la
3
Decimos que es una de las primeras experiencias de psicología alternativa porque debemos tomar en
cuenta que en México existe una tradición ancestral de curanderismo mágico que puede equipararse a la
práctica de una psiquiatría popular. Esta vertiente no ha sido lo suficientemente explorada y existe desde
tiempos mesoamericanos. Su concepción de la locura como epifanía o mensajes divinos, permite una
revalorización de estas experiencias que ayudan a soportar la carga de la explotación que pesa sobre las
espaldas de la población. Gómezjara, Francisco. “La otra psicología”, en: Gómezjara, F. (ed.)
Alternativas a la psiquiatría y a la psicología social, México, Fontamara, 1982, pp. 121-138.
217
Discusión y conclusiones
academia, sin que alguna lograra salir del cauce positivista que corría por debajo de las
pretensiones de modernidad.
Cabe destacar que el mutuo influjo percibido durante esa época entre el ambiente
científico y el tejido cultural comprueba que la ciencia es un constructo humano, que
responde a condiciones sociales específicas y por ello es un producto histórico sujeto a
modificaciones. También ilustra que, para obtener validez científica, los conceptos
requieren de la participación de ciertos mecanismos culturales legitimadores. Para decirlo
sin ambages, la ciencia no es una actividad neutral, está inserta siempre en el marco de
una ideología y un proyecto político bien delineado.
Recordemos que al finalizar la década de los treinta se agregó el paradigma
neurobiológico a este revoloteo de interpretaciones sobre las enfermedades mentales y
que, gracias a que sus portavoces se integraron a las instituciones superiores de educación
y contribuyeron a la fundación de otras orientadas a la investigación, se fue modificando
la visión hasta entonces incólume sobre la locura y sus diversas manifestaciones.
En este sentido, la anomalía observada en el trasfondo de la higiene mental dio paso
a un clima de indeterminación teórica que Thomas S. Kuhn denomina periodo
preparadigmático, caracterizado por los frecuentes debates acerca de los problemas,
métodos y normas de solución convenientes para un campo de estudio.4 Siguiendo a este
autor, podemos afirmar que la psiquiatría mexicana se hallaba, entre 1940 y 1970, en una
etapa de exploración para alcanzar un consenso en la investigación que la definiera como
territorio científico reconocido a nivel internacional. Los tiempos habían cambiado y era
forzoso redefinir su orientación de acuerdo a las nuevas necesidades socio-económicas,
políticas y culturales. El psicoanálisis, ya como disciplina definida, participó en esos
debates principalmente a través de dos posturas: la ortodoxa, que practicó su influencia
en la clínica privada y en la Escuela de Psicología de la UNAM y, el psicoanálisis
humanista que arribó al país en la persona de Erich Fromm en 1949.
La corriente psicoanalítica ortodoxa fue impulsada en nuestro país por un grupo de
jóvenes formados en el extranjero, alumnos de los psiquiatras que se habían ocupado de
estudiar las ideas freudianas desde la segunda década del siglo. Compartió algunos
espacios con el psicoanálisis humanista pero no llegó a contar con el apoyo y la
proyección que benefició a la corriente frommiana.
4
Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas, 2ª edición, México, Fondo de Cultura
Económica, 2004, p. 96.
218
Discusión y conclusiones
En el recorrido por la cultura mexicana que hicimos en la primera parte de esta
investigación, intenté subrayar algunos puntos que permiten articular una explicación de
la buena recepción que acompañó a las teorías de Erich Fromm en México. Por una
parte, es posible detectar en ellas algunas coincidencias con las discusiones que
permearon el ámbito intelectual del periodo posrevolucionario mexicano. Su amplio
espectro humanista, compenetrado con la defensa de los valores de la tradición filosófica
moral, su conexión con el marxismo y su postura socialista fueron aspectos que,
indudablemente, aparecieron oportunos ante los ojos de la elite heredera del régimen
cardenista que lo invitó a integrarse al cuerpo académico de la UNAM. Por la otra, y de
forma un tanto irónica, este grupo de psiquiatras5 utilizó las credenciales que portaba
Fromm y la glosa del psicoanálisis humanista como trinchera para preservar ciertas
posiciones
de
poder
inconscientemente—
y
conquistar
otras,
anhelo
que
dominaba
—incluso
todas las esferas de la vida política mexicana. A la llegada de
Fromm, las instituciones educativas y de salubridad, de las que estos psiquiatras formaban
parte, se encontraban muy imbuidas del modelo burocrático y autoritario del Estado; a la
larga ese modelo iría irrumpiendo como un obstáculo para el desarrollo teórico de esta
corriente.
Sin embargo, es menester reconocer que la exitosa empresa de institucionalización y
difusión del psicoanálisis humanista no hubiera sido posible sin la constante actividad de
Fromm y del nutrido grupo de actores que marcharon a su lado y complementaron su
labor durante los veintitrés años que residió en el país.
A grandes rasgos, podemos dividir ese proceso en tres etapas. Durante todo el
periodo, Fromm actuó como un nodo articulador y se vinculó con otros muchos actores
para realizar simultáneamente las actividades que integran el sistema circulatorio de la
ciencia.
Primera etapa. Vínculos con sus futuros colegas y construcción de alianzas
(1949 a 1956)
5
Me refiero a los “13 apóstoles”, la primera generación de psicoanalistas formados bajo la tutela de Erich
Fromm: Raúl González Enríquez, Alfonso Millán Maldonado, Aniceto Aramoni Shoucair, Guillermo
Dávila García, Jorge Derbez Muro, Abraham Fortes Rudoy, Ramón de la Fuente Muñiz, José F. Díaz,
Francisco Garza, Arturo Higareda Lyden, Armando Hinojosa Cavazos, Jorge Silva García, Jorge Manuel
Velasco Alzaga.
219
Discusión y conclusiones
A partir del contacto con los médicos de la UNAM que fueron a buscarlo a San José
Purúa, Fromm se compromete a participar en el curso de especialización en psiquiatría.
Como fruto de este acercamiento, acepta la propuesta de formar en el psicoanálisis
humanista a un grupo de trece psiquiatras; el periodo de formación y análisis inicial se
extendió de 1951 a 1956.
Este judío alemán llegó al país afiliado a la Asociación Psicoanalítica Internacional,
máxima autoridad en el campo, por lo que el proyecto mexicano recibió todos los apoyos
que la influencia y el prestigio de sus primeros alumnos podían ofrecer. Para 1953,
cuando se le comunica que ha sido expulsado de esa asociación, ya estaba a la mitad de
camino en el entrenamiento y la noticia no provocó la interrupción de sus labores.
Quizás para sus alumnos mexicanos no tuvo mucha importancia el hecho de que su
maestro perdiera las cédulas que garantizaban el reconocimiento internacional a su labor
porque sabían que había formulado una interpretación distinta, en el marco de la
corriente culturalista consagrada en Estados Unidos en la década de 1940. Para Fromm,
tal vez fuera una señal de que debía proseguir con su labor si lo que buscaba era colocar
el psicoanálisis humanista en el panorama científico mundial. Su figura —rodeada de
controversia— era reconocida sobre todo en Europa y Estados Unidos, pero en los países
latinoamericanos apenas algunos círculos académicos tenían noticia de El miedo a la
libertad.
En 1954 se creó la primera institución universitaria con influencia directa del grupo
liderado por Fromm. El Departamento de Psicopedagogía fue dirigido por uno de sus
discípulos, Jorge Derbez, por más de diez años y desde allí se comunicaron los resultados
de las investigaciones que el grupo iba realizando, por ejemplo, el estudio caracterológico
de los estudiantes de medicina que dirigió Armando Hinojosa en 1956.
El estudio debió haber sido ampliamente difundido en una diversidad de esferas,
porque el ex presidente Emilio Portes Gil le hace honor en un texto que versaba sobre la
misión del maestro universitario, publicado en la década de los sesenta, donde lamenta la
crisis que atravesaba la máxima casa de estudios.6
La investigación de Hinojosa fue posible porque en 1956 se había concretado otra de
las acciones que aseguraría la influencia del psicoanálisis humanista en la formación de
6
Portes Gil, Emilio. “Lo que deben ser las universidades. Su fin y su misión. Misión del maestro
universitario,
la
juventud
y
sus
deberes.”
(http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/autobiografia/8_12.html)
220
Discusión y conclusiones
los médicos mexicanos durante varias décadas. La fundación del Departamento de
Psicología Médica y Salud Mental, avalado por Alfonso Millán, Ramón de la Fuente y
Raoul Fournier, implicó una modificación en el plan de estudios de la Facultad de
Medicina de la UNAM y la introducción del enfoque bio-psico-social que mantiene hasta
nuestros días.
Ese mismo año, Fromm consigue la alianza del Fondo de Cultura Económica, la
editorial más importante del país en esa época. Como director de la colección Biblioteca
de Psicología y Psicoanálisis, supervisó la edición de algunos tratados clásicos y se
tradujeron al español dos de sus obras más significativas. Se publicó Ética y psicoanálisis
en 1953 y Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea en 1955, a la par de la edición
inglesa.
Debemos resaltar que México se convirtió entre 1940 y 1960 en el mayor productor
de libros en Latinoamérica y exportaba el 75% de esa producción.7 Esto nos da una idea
del impacto que significó para la divulgación de las teorías frommianas la alianza con esa
editorial.
Segunda etapa. Producción teórica constante, representación pública, traducción y
socialización de los postulados del psicoanálisis humanista
(1957 a 1964)
En este periodo se ubica el comienzo de una intensa y sostenida campaña de difusión de
la propuesta teórica de Erich Fromm en México a través de publicaciones, conferencias y
la presencia de sus discípulos tanto en instituciones educativas como en el sistema de
salubridad.
En primer lugar, se consolida la enseñanza del psicoanálisis humanista con la
formación de la segunda y tercera generaciones. Los primeros discípulos intervienen ya
como responsables de los cursos, siempre bajo la supervisión de Fromm y de algunos
colegas que vinieron a auxiliarle desde distintas latitudes. Así mismo, surgen iniciativas
para aplicar el psicoanálisis a otras disciplinas, persiguiendo el objetivo transterapéutico
sugerido por Fromm.
Entre las actividades formativas sobresale el seminario sobre Budismo zen y
psicoanálisis, que resonó a nivel internacional gracias a la asistencia de un numeroso
7
Torres, Valentina. “La lectura, 1940-1960”, en: Greaves, Cecilia (coord.) Historia de la lectura en
México, México, El Colegio de México/Ediciones Ermitaño, 1998, pp. 316-318.
221
Discusión y conclusiones
grupo de colegas. El seminario marcó la pauta del programa de entrenamiento
frommiano porque el contacto con la filosofía zen, los métodos de concientización
corporal y las prácticas de meditación fueron un requisito para los alumnos que buscaran
formación psicoanalítica en el grupo.
En 1957 arrancó también la investigación socio-psicológica del carácter campesino en
Chiconcuac, que durante un tiempo mantendría ocupados a todos los miembros de la
primera generación, pero sobre todo a Fromm y a Michael Maccoby, que orquestaron la
recopilación de datos hasta 1964 y luego se encargaron del análisis y la redacción de los
resultados.
En 1960 se dio el paso definitivo para lograr la institucionalización del psicoanálisis
humanista en la Universidad. Se abrió un curso de especialización en psicoanálisis en la
División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina, y tiempo más tarde una
maestría. Con el visto bueno de la UNAM, la tarea quedó en manos del Instituto
Mexicano de Psicoanálisis de 1966 en adelante.
En esos años, Fromm había conseguido aterrizar la cooperación y el diálogo entre
corrientes psicoanalíticas heterodoxas por medio de la Federación Internacional de
Sociedades Psicoanalíticas (FISP), fundada en 1962, y con otras posturas pedagógicas y
políticas a través del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) creado por Iván
Illich. El intercambio de ideas y la retroalimentación entre Fromm y este pensador
prosiguió por varios años arrojando resultados que se materializaron en algunas obras.
Con la presencia de un séquito de intelectuales y artistas, aun cuando no participaran en
las discusiones que tenían lugar en el CIDOC, Cuernavaca se fue haciendo fama de
pequeño universo cosmopolita y contracultural que suministraba un espacio libre de
diálogo y experimentación. Esa visión se extrapoló incluso hacia las huestes eclesiásticas
porque era el hogar de Monseñor Sergio Méndez Arceo, comprometido con la teología
de la liberación.
Esta dinámica de confluencia entre diversos enfoques apareció también en los
círculos científicos mexicanos que actuaban al interior de la UNAM. Así las cosas, el
psicoanálisis humanista, encarnado en sus representantes, tuvo que dar la batalla para
consolidarse en los espacios educativos y obtener cotas de poder más altas. En realidad
tuvo bastante éxito y puede afirmarse que hasta 1965, experimentó una época de gran
prosperidad en ese sentido.
222
Discusión y conclusiones
Tercera etapa. Activismo político, delegación de responsabilidades y conclusión del
proyecto en México (1965 a 1973)
México adquirió su carta de naturalización en las redes psicoanalíticas internacionales
gracias a la participación de una comitiva, presidida por Fromm, en el II Foro de la
Federación Internacional de Sociedades Psicoanalíticas (Zurich 1965). Ante la mirada de
todos los asistentes desfiló el grupo depositario de los postulados del psicoanálisis
humanista. Ningún otro grupo de analistas en el mundo contaba con esa distinción.
Aunque Fromm fue maestro en varias universidades norteamericanas y contribuyó a la
formación de muchas generaciones de analistas, no puede hablarse de una escuela
propiamente frommiana a excepción de la conformada en nuestro país. Esto muy a su
pesar porque, como vimos, se negaba rotundamente a la posibilidad de que surgiera una
ortodoxia en torno a sus teorías.
En el Instituto William Alanson White de Nueva York, el psicoanálisis humanista
era una corriente contrastada con los enfoques de otros notables psicoanalistas y
psiquiatras, y por ende más equilibrada. En cambio, el Instituto Mexicano de
Psicoanálisis profesaba las teorías de Fromm por encima de cualquier otra perspectiva,
aunque en el discurso se defendiera la idea de que estaban abiertos al debate. Es
innegable que los espacios para el diálogo se abrieron, pero ninguno de los alumnos
mexicanos sostuvo una crítica —en caso de haberla formulado— que diera paso a una
reestructuración teórica importante o a nuevos derroteros en el psicoanálisis humanista.
De 1965 a 1975, se publicó la Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría y
Psicología con el auspicio del Fondo de Cultura Económica. La revista sirvió como
vehículo para transportar las ideas frommianas, y además contempló la participación de
las otras sociedades que integraban la FISP.
En vista de la delicada situación política que se vivía a nivel mundial, los años sesenta
significaron para Fromm un periodo de intenso activismo, viajes y solidaridad con
múltiples movimientos sociales. Escribió incansablemente desde México sobre tópicos de
interés general y delegó tareas entre sus alumnos para continuar con su producción
teórica. El año de 1968 lo dedicó casi por completo a apoyar la campaña presidencial del
candidato demócrata en Estados Unidos. Siguió conduciendo un par de seminarios de
investigación en su casa de Cuernavaca, hasta que sufrió un infarto en 1969 como
consecuencia del desgaste físico del año anterior. Por esa razón no concurrió al III Foro
de la FISP celebrado en nuestro país durante ese año, que simbolizaba la coronación de
223
Discusión y conclusiones
su labor formativa de dos décadas y la aceptación de México como sede psicoanalítica en
el mapa global.
En 1971, se publicaron por fin, luego de años de retraso, los resultados de la
investigación realizada con los campesinos mexicanos. La obra constituye, por así decirlo,
el corolario del proyecto de Fromm en nuestro país y por eso llama la atención que se
haya dado a conocer hasta la recta final, pero aclara Maccoby que la tardía publicación
obedeció, en parte, a la dificultad de compaginar la apretada agenda de los dos autores.
Para ese momento ya se habían desatado las luchas intestinas entre sus alumnos, que al
parecer nunca tuvieron una relación armoniosa como colectivo, pero los testimonios
tienden a responsabilizar a Fromm de tal situación. En 1973 sale definitivamente del país
para pasar sus últimos años en Suiza.
Trascendencia del proyecto y aportaciones a la cultura mexicana
Con casi cinco lustros de actividad en nuestro país, Erich Fromm debe ser reconocido
como uno de los principales actores de la vida cultural de la segunda mitad del siglo XX.
Las discusiones que introdujo y algunos de los espacios que abrió han permanecido hasta
nuestros días; no obstante, es necesario hacer una reflexión acerca del significado de
aquel proyecto al que dedicó una buena parte de su vida.
Hasta el año de 1973, que salió del país para no volver, sumaba cincuenta y cinco el
número personas formadas en el psicoanálisis humanista. Este personaje pensó siempre
en términos de cualidad antes que cantidad, por lo que resulta irrelevante saber
exactamente cuántas personas pertenecen a esta corriente en la actualidad. Lo que toca
valorar es principalmente si esta agrupación, por pequeña o enorme que sea, ha sido
capaz de continuar con su obra y de qué forma.
Tenemos que centrar este balance en la primera generación que fue preparada
precisamente para asumir las labores de enseñanza al lado de Fromm y para cumplir la
faena de ir cuajando el proyecto del que también fueron artífices. El epígrafe de
―apóstoles‖, que se ganaron durante la primera etapa de entrenamiento, ha servido a
algunos autores para explicar lo sucedido con esta corriente psicoanalítica en nuestro
país. Expresa Gomezjara que en los cimientos terminaron por sepultar el pensamiento
vivo y subversivo del maestro.8
8
Gomezjara, Francisco. Ob cit., p. 128.
224
Discusión y conclusiones
No es que así lo hubieran planeado, pero las condiciones en las que este proyecto
surgió fueron determinantes en su desarrollo posterior. Como hemos tratado de mostrar,
la figura y la obra del maestro fueron utilizadas como significante que les investía de un
prestigio legitimador en la comunidad científica mexicana, cuando para ellos carecía de
un significado real.
Quizás ninguno de estos discípulos logró identificarse con el itinerario de Fromm y
su postura radical. Y no hay razón para dudar que este último lo supiera porque
reconocía que las ideas, tal como el ser humano, debían atravesar momentos de
permanencia y cambio, que los fenómenos vinculados con la experiencia psíquica se
desarrollan, crecen y se deterioran en la medida en son parte de la vida misma. Si los
conceptos que expresan esas experiencias se enajenan, pierden realidad y se transforman
en un artefacto ideológico de la mente del hombre, una ficción. En otras palabras, se
pueden repetir los postulados básicos de una teoría pero conforme no han arraigado en
una experiencia emocional significativa, no será posible aplicarlos en la cotidianeidad ni
crear algo nuevo a partir de ellos.
Era el riesgo implícito también en la institucionalización del psicoanálisis humanista y
Fromm tenía plena conciencia de ello. Pero si buscaba construir una plataforma para sus
ideas con el fin de trasladarlas a un debate intelectual más amplio, debía correr ese riesgo.
Además, hay un factor que creo pertinente traer a colación. Recordemos que no hubo
ningún proceso de selección para esta primera generación con la que iba a compartir sus
experiencias, tuvo que aceptarlos a todos porque, según los testimonios, eran ellos los
más interesados en formarse como psicoanalistas. A algunos los conoció como alumnos
en el seminario que impartió en 1950, pero la mayoría eran psiquiatras en edad madura,
con vasta trayectoria en una cosmovisión muy distinta al psicoanálisis humanista.
Suponiendo que Fromm se percató de esa situación, tenemos que preguntar ¿por
qué aceptó formar y asociarse con estas personas? En congruencia con sus ideas, pienso
que creyó posible incidir en el cambio de orientación de sus estructuras de carácter
mediante el análisis y el trabajo constante. Sólo después confirmó el surco tan profundo
del sistema político posrevolucionario en la forma de pensar y de actuar de los
mexicanos, que se vio reflejada al interior de esta agrupación.
La magnética personalidad de Fromm ejerció una atracción de doble filo entre sus
seguidores. Su figura adquirió un sesgo patriarcal, un aura de iluminación que se
mezclaba con actitudes amorosas y facultades de autoridad que provocó una lealtad
absoluta en una primera etapa, en la que fue respetado y venerado, pero luego
225
Discusión y conclusiones
acusándolo de autoritario, algunos alumnos fueron impugnándole hasta el punto de
convertirse en detractores.
Todo esto apunta en dirección a las críticas que se han hecho de la técnica
psicoanalítica frommiana en cuanto a la supuesta incompetencia de Fromm para manejar
adecuadamente la transferencia y contratransferencia en la relación analítica y sus
consecuencias iatrogénicas. Como aclara Maccoby, autor de una de las críticas más
niveladas, la terapia de Fromm puede resultar nociva en los casos de neurosis más graves
porque para una persona que sufre a causa de los impulsos reprimidos que le hacen
repetir ciclos viciosos de conducta, la exigencia de productividad de la técnica frommiana
le permite esconderse tras el ejemplo del analista sin llegar al fondo de sus propios
conflictos. Siguiendo a Freud, dice Maccoby que no puede esperarse mucho de un
neurótico,9 pero ¿eran acaso los discípulos frommianos neuróticos irremediables?
Para Fromm, la transferencia es un problema nodular en la vida y no sólo se
presenta en la terapia; se encuentra enraizado en la necesidad de que alguien se haga
responsable de nosotros de forma incondicional, lo que nos hace dependientes y
sumisos. La vida se trata precisamente de lo contrario, de buscar la libertad y de
responder por nosotros mismos. Por eso la dependencia transferida al analista como
figura paterna se ve reforzada por la impotencia existencial del sujeto.
Maurice R. Green expone en un pequeño artículo10 su experiencia de trabajar con
Fromm y los discípulos mexicanos en un seminario. Afirma que por una parte, este
presentaba sus casos clínicos para que se discutiesen entre todos, sin pretender guiar las
reflexiones en calidad de maestro que lo sabe todo, pero cuando detectaba algún engaño,
simulación o farsa no dudaba en mostrar su desprecio contundente. Green relata que
estas reacciones de Fromm parecían impactar mucho en la sensibilidad de algunos
alumnos; afirma que lo mismo sucedía en sus conferencias con algunos asistentes, que se
mostraban incómodos con la honestidad y dureza con que Fromm expresaba sus puntos
de vista sobre las manifestaciones de la enajenación.
El hecho es que entre sus alumnos, la figura de Fromm quedó balanceándose entre
el padre amoroso y el castigador. No parecen haber alcanzado la independencia necesaria
para aproximarse a su obra y a su persona como un eminente colega, que buscaba
retroalimentación para educarse junto a ellos y compartir experiencias de vida. Muy
9
Maccoby, Michael. “Social character vs the productive ideal: the contributions in Fromm’s view of
man”, Praxis Internacional, 1982. (www.ceeol.com)
10
Green, Maurice R. “Erich Fromm, mi maestro”, en: Silva García J. (ed.) El humanismo de Erich
Fromm, México, Paidós, 2006, pp. 87-88.
226
Discusión y conclusiones
pocos de los discípulos mexicanos continuaron por la senda humanista, radical y
congruente a la que Fromm incitaba. La mayoría se dedicó al ejercicio privado de la
clínica, mientras reclamaba por haber recibido enseñanzas muy ambiguas respecto a la
técnica. Participaron ocasionalmente en foros, nacionales e internacionales, para
reafirmarse como herederos y recapitular la obra frommiana, sin las rectificaciones que
evidenciaran que los postulados del psicoanálisis humanista estaban vivos y en constante
transformación.
De los discípulos formados en México, Michael Maccoby y Giuseppe Amara son los
más destacados. El primero ha hecho hincapié en la necesidad de actualizar el
pensamiento de Fromm y ha contribuido a complementar la descripción teórica de su
caracterología para ajustarla a las nuevas condiciones tecnológicas. Como director de The
Maccoby Group, una organización ubicada en Washington D.C., ha dirigido estudios
socio-psicológicos en empresas y fábricas de ciencias aplicadas. Por su parte, Amara
reconoce que las observaciones que Fromm dejara asentadas sobre la sociedad moderna
han sido rebasadas, y que es menester desarrollarlas para seguir explotando su potencial
crítico en el campo social, porque acepta el frecuente fracaso del psicoanálisis como
terapia individual.11
Respecto al destino de algunos de los ―13 apóstoles‖, Jorge Derbez abrió una escuela
para niños con necesidades especiales y, de acuerdo a uno de sus amigos, continuó
ejerciendo como psicoanalista, no sin antes enviar a sus pacientes a que se hicieran una
limpia.12 Jorge Silva García continuó las reflexiones sobre agresión y destructividad que
Fromm desarrolló en la última fase de su trabajo, publicando artículos que han sido
traducidos a otros idiomas. Ha sido docente en sociedades psicoanalíticas de varios países
y hasta 2006 era miembro de la Academia Americana de Psiquiatría Dinámica y
Psicoanálisis.
El que más libros ha publicado es Aniceto Aramoni,13 que ahora se ha convertido en
la figura homenajeada del Instituto Mexicano de Psicoanálisis (IMPAC A.C.) y se asume
públicamente como seguidor y legatario del fundador del psicoanálisis humanista.
Por fortuna, todavía hay analistas impulsando el método socio-psicológico en
México. Salvador Millán y Sonia Gojman —alumnos de la sexta y séptima generación del
11
Ponce, Roberto. . “Giuseppe Amara habla sobre el libro La promesa incumplida de Erich Fromm y de
los errores de su maestro”, Revista Proceso (www.proceso.com.mx/hemerotecaint.html?arv=123057).
12
Entrevista con el Dr. Fernando Martínez Cortés, Junio 2010.
13
De acuerdo al perfil publicado en la página web oficial del IMPAC, es autor de 27 obras.
(www.impac.org.mx).
227
Discusión y conclusiones
IMPAC— presiden el Seminario de socio-psicoanálisis A.C., integrado por profesionales
de diversas disciplinas, y miembro de la Federación Internacional de Sociedades
Psicoanalíticas. Desde 1980 han dirigido algunos estudios, con el apoyo de CONACYT,
orientados a fomentar los rasgos de carácter productivo y la biofilia en comunidades
rurales.14 Estos analistas fueron también asesores de un estudiante de psicología de la
Universidad Veracruzana en el proyecto ―El carácter cultural de la etnia zoque de Tuxtla
Gutiérrez‖, sustentado en la teoría del carácter social de Fromm.15
En contrapartida a lo que ocurre en el campo psicoanalítico, el pensamiento de
Fromm sigue floreciendo en las corrientes de sociología crítica que han extendido el
análisis de la sociedad contemporánea y sus pautas. Sus ideas palpitan todavía en las
lúcidas reflexiones de Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, Zygmunt Bauman, por
mencionar algunos nombres, y en el creciente interés por la sociología de las emociones.
Además, Neil McLaughlin asevera que en Norteamérica se ha desatado en los últimos
años una ola de sociología psicoanalítica feminista y una interpretación novedosa de la
perspectiva criminalística de Fromm. Además, se ha utilizado su teoría del carácter social
para explicar la violencia en los Balcanes.16
En nuestro país, sus ideas tiñeron la formación de las generaciones de jóvenes
formadas en la UNAM, por lo menos entre 1950 y 1970. Libros como Ética y
psicoanálisis, El miedo a la libertad y Psicoanálisis de la sociedad contemporánea fueron
textos obligatorios para los estudiantes de Preparatoria y de algunas carreras
profesionales. No olvidemos que en la Facultad de Medicina, el enfoque humanista
subsistió a través de las acciones del Departamento de Psicología Médica; como reacción
en cadena, llegan estas acciones hoy por hoy hasta la Universidad Michoacana, gracias al
trabajo de Fernando Martínez Cortés, que impulsa incansablemente el diálogo entre las
ciencias sociales y la medicina.
Erich Fromm convivió de cerca con magnas figuras de la vida intelectual y cultural
del México de la segunda mitad de siglo, como Pablo González Casanova, Ramón Xirau,
Iván Illich, Alejandro Jodorowsky, Monseñor Sergio Méndez Arceo, etc. El arte de amar
fue uno de sus libros más leídos y hasta mediados de los setenta, cuando comenzaron a
llegar los psicoanalistas argentinos exiliados, la concepción del psicoanálisis prevaleciente
14
Gojman, Sonia. “A Sociopsychoanalytic Intervention Process in a Mexican Mining Village”,
International Erich Fromm Society, Tubinga, 1992, pp. 47-56.
15
Aguilar Jiménez, Efraín. “Una variante del carácter cultural”, Enseñanza e Investigación en Psicología,
Xalapa, Vol. 10, Núm. 1, Enero-Junio, Universidad Veracruzana, 2005, pp. 191-207.
16
McLaughlin, Neil. “Para un renacimiento de Fromm ¿qué debemos hacer?”, en: Silva García J. (ed.) El
humanismo de Erich Fromm, México, Paidós, 2006, pp. 17-18.
228
Discusión y conclusiones
entre los sectores populares del país giró en torno a la corriente humanista que Fromm
introdujo. Tal vez porque a sus ojos resultaba menos encriptada y desconcertante que la
postura ortodoxa. La paradoja estriba en que si bien sus obras han sido leídas, no se
acostumbra a citarlo. Pocos autores aceptan que sus ideas hayan sido influenciadas por la
perspectiva frommiana, sobre todo a causa de las desacreditaciones a la que fue sometida
en la década de los sesenta, con Marcuse a la cabeza. Fue este último el autor más
aplaudido por los movimientos estudiantiles del 68.
Para cerrar, quiero exponer algunas reflexiones sobre el trabajo que, desde mi punto
de vista, constituye la aportación decisiva de la obra frommiana a la cultura mexicana. Me
refiero al trabajo interdisciplinario que dirigió, junto a Maccoby, en la comunidad de
ejidatarios de Chiconcuac.
En un artículo publicado en 1967, Michael Maccoby hace un análisis historiográfico
del corpus literario producido durante la fiebre por definir el ―carácter mexicano‖ y
corrobora su carácter especulativo. Destaca que ninguno de los ensayos está sustentado
en un marco teórico coherente, por lo que tienden a mezclar intuiciones y
aproximaciones conductistas que dibujan un cuadro bastante sombrío, con demasiado
énfasis en los aspectos patológicos. Hace notar también la imposibilidad de agrupar los
tipos de población indígena, mestiza, obrera, campesina, urbana, etc., en un solo
concepto de mexicanidad y demuestra que dicho concepto ha tomado siempre como
muestra las poblaciones del altiplano central, dejando fuera las diferencias socioeconómicas y las características culturales de distintas zonas geográficas del país. De
antemano, con estas reflexiones va apuntando hacia una dirección que no coincide con la
curva psicologicista, tan marcada en las décadas anteriores.
Con la teoría del carácter social de Fromm como referente, desmiente la posibilidad
de emitir un juicio homogéneo sobre el mexicano, poniendo en evidencia el sustrato
ideológico de las interpretaciones que filósofos, ensayistas, literatos, políticos y científicos
se habían encargado de pregonar.
Respecto a las aproximaciones de sus colegas psicoanalistas, como Santiago Ramírez
y Aniceto Aramoni, opina que son válidas porque arrojan luz sobre el conflicto entre los
sexos que, naturalmente, ejerce un efecto patogénico sobre cualquier individuo; pero,
aunque reconoce el sustento clínico de tales conclusiones, critica la tendencia de sus
colegas a generalizar.
Fromm y Maccoby verifican que la dependencia extrema de la madre es un
fenómeno muy extendido en México, pero ofrecen matices muy interesantes. En vez de
229
Discusión y conclusiones
atribuir el origen de ese fenómeno únicamente a factores históricos, insisten en la
necesidad de comprender cómo es que la realidad social se encarga de reafirmarlo
continuamente. Así, utilizan las variables socio-económicas para explicar la desintegración
familiar que provoca el conflicto permanente entre el principio patriarcal y el vínculo
incestuoso con la madre. Demuestran que mientras el padre es capaz de traer el pan de
cada día a la casa, el principio patriarcal permanece inalterado, pero en cuanto esta
situación cambia, los hijos lo rechazan y permanecen dependientes de la madre.
Observan que el fenómeno se acrecienta con la migración de los campesinos a las
ciudades, porque las señoras pueden conseguir trabajo como servidoras domésticas
frecuentemente más rápido que los campesinos, a quienes les falta la preparación técnica
para los empleos en el mundo industrial.
También desmienten que los rasgos patológicos descritos por otros autores se
puedan tomar como regla general. Es más, a partir de los resultados del trabajo
concluyen que de abolirse el régimen político corrupto, imperante en nuestro país, habría
una vasta porción de la población que se inclinaría por estructuras democráticas,
apoyadas en un modelo de autoridad tradicional. Con estos ejemplos pretendo mostrar
que los resultados de la investigación, constituyen el material empírico necesario para
contrastar, por vez primera, las ideas convertidas en lugar común acerca del mexicano. El
análisis y las reflexiones de Fromm y Maccoby, contribuyeron a que el mito del mexicano
inferior, hipócrita, relajiento, resentido, machista, entre otros adjetivos nefastos que
pesaron sobre su retrato se fuera transformando. Por lo menos ofrecieron un panorama
muy claro de la sociedad campesina, que portó el estigma del atraso desde que los afanes
modernizadores impregnaron las estructuras políticas y culturales del país.
Decía Michael Maccoby en 1967;
―México es también un país en donde abunda el talento creador, donde, a pesar
de la alta incidencia del alcoholismo, la mayoría de los hombres son sobrios y
trabajadores, y donde a pesar de la pobreza combinada con una historia de
explotación y de violencia, tanto los hombres como las mujeres buscan libertad y
una vida pacífica. Los mexicanos se sienten orgullosos de instituciones tales como
los programas de Seguridad Social y ejidal, que son fruto de la Revolución de
1910. Se quejan de sí mismos y de su gobierno unipartidista, porque hay una gran
brecha entre los ideales revolucionarios y la realidad. La corrupción y la
explotación no se han disuelto, y son pocos los mexicanos que pueden creer que
alguna autoridad colocará antes que a su propio interés, al pueblo. Pero cuán
diferente es este fatalismo y esta resignación pasiva de los de otras sociedades
campesinas, como las de Europa meridional, el Cercano Oriente o el Asia
230
Discusión y conclusiones
sudoriental que no pueden ni siquiera enorgullecerse de instituciones progresistas
como las mexicanas y que han carecido de la lenta evolución de las instituciones
democráticas y de los derechos individuales bajo la ley‖.17
La visión de México que Fromm y Maccoby imprimieron en Socio-psicoanálisis del
campesino mexicano, invitaba a modificar la percepción que los mexicanos tenían de sí
mismos y cuestionó la ideología posrevolucionaria construida en torno al carácter
nacional. Queda como una herramienta que puede seguirse aplicando en la actualidad
para exorcizar demonios, desvanecer ilusiones y construir espacios de esperanza desde
una postura realista que haga frente al nihilismo prevaleciente en nuestras sociedades.
Después de esta recapitulación, nos resta valorar la correspondencia entre los
objetivos planteados al inicio de la investigación y los resultados que hemos venido
presentando, para lo cual ofrecemos las siguientes conclusiones:
1.
La larga estancia de Erich Fromm en México se explica por la oportunidad
que recibió de la comunidad médica para promover sus planteamientos
teóricos en los países latinoamericanos, apoyado en estructuras académicas de
gran relevancia. Su propuesta psicoanalítica logró aglutinar un grupo de
trabajo que participó de su peculiar interpretación, porque representaba una
innovación, un programa de investigación distinto al que había dominado en
las ciencias psicológicas durante las décadas pasadas. A su llegada, encontró
un clima de apertura propenso a la modificación de la visión positivista que
había permanecido entre los círculos intelectuales y científicos mexicanos
desde el periodo decimonónico.
2.
El éxito en la difusión e institucionalización del psicoanálisis humanista
responde a la vinculación de Fromm con las redes políticas y científicas
mexicanas, a través de diversos actores que ocupaban un espacio privilegiado
en esa constelación. Entre ellos hubo, desde un principio, encuentros y
desencuentros, tensiones y conflictos, que precisaron de una actitud de
negociación permanente, para lograr el cometido de consolidar su proyecto
en el ámbito científico mexicano. Mediante la puesta en marcha del sistema
17
Maccoby, M. “El carácter nacional mexicano”, México, Revista Mexicana de Psicoanálisis, Psiquiatría
y Psicología, Núm. 7, 1967, p. 248.
231
Discusión y conclusiones
circulatorio de la ciencia (movilización del mundo, autonomización, alianzas,
representación pública, vínculos y nodos),18 Fromm aseguró para sus teorías,
una posición en el panorama científico mundial y moduló el contacto entre
las redes mexicanas que le brindaron sostén, y las redes psicoanalíticas
internacionales.
3.
El hecho de que la comunidad médica, con el gremio psiquiátrico a la cabeza,
se haya erigido en el bastión del psicoanálisis humanista en nuestro país,
determinó que el proyecto se fuera reduciendo a una táctica para obtener y
conservar posiciones de poder, extirpando las potencialidades subversivas que
acarreaba. En este sentido, podemos afirmar que la propuesta frommiana
estaba ligada a un proyecto de transformación social a gran escala que no fue
continuado al momento de su partida. El programa de investigación que
delineó, no fue asimilado por la comunidad psicoanalítica que se formó a su
alrededor, en la medida en que requería de un marco epistemológico con el
que nunca lograron identificarse. Como resultado, los planteamientos teóricos
que Fromm introdujo atravesaron una serie de traducciones que terminaron
por encontrar el camino de vuelta a perspectivas mecanicistas, enraizadas en
la ideología dominante.
4.
Sin embargo, ese juego de traducciones, apuntalado por las labores de sus
discípulos, propició que el psicoanálisis humanista fuera penetrando en los
vasos comunicantes de la cultura mexicana. Aunque se asoció de forma
directa con la medicina y sus representantes, tuvo una notable presencia en las
esferas educativas y en la atmósfera intelectual de la década de los sesenta, su
periodo de mayor auge. Paradójicamente, en las ciencias sociales su influjo
fue mucho más débil, limitándose a algunos episodios de participación en
coloquios o en publicaciones, pero siempre bajo la etiqueta de psicoanalista,
vinculado a los círculos psiquiátricos.
5.
El resultado más provechoso de la traducción de las teorías de Fromm y su
aplicación a la realidad mexicana, parte de la investigación socio-psicológica
18
Latour, Bruno. Ob. cit., pp. 120-131.
232
Discusión y conclusiones
que dirigió en Morelos. Es allí donde se refleja con más fuerza, la incidencia
de las condiciones específicas de vida que experimentó en el país. Como
vimos, la realidad mexicana aportó nuevos elementos a sus formulaciones
teóricas y, al propio tiempo, éstas brindaron interpretaciones que rompieron
con los mitos que rodearon la figura del mexicano desde el siglo XIX.
6.
La cúspide de la producción teórica frommiana se ubica entre 1950 y 1973,
coincidiendo con el tiempo que este pensador vivió en nuestro país, lo cual
ratifica, de por sí, la importancia de este periodo en su trayectoria vital y
profesional. México significó entonces para Fromm un espacio de
posibilidad, un puente que le facilitó la comunicación con distintas vías de
interpretación, y al mismo tiempo le permitió conservar una posición
autónoma respecto al movimiento psicoanalítico ortodoxo. En ese periodo
alcanzó su madurez intelectual y continuó con su construcción teórica y la
aplicación de sus teorías para comprender los problemas más acuciantes del
momento. El impacto y vigencia de su pensamiento en las ciencias humanas y
en los círculos políticos sigue afirmándose alrededor del mundo, y no
obstante, sin su presencia en nuestro país, su propuesta no logró diversificarse
ni sirvió de plataforma para nuevos enfoques o planteamientos.
233
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