La Decimotercera Candela

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La Decimotercera Candela
JUSTIFICACION
Usted se preguntará qué es eso de La decimotercera
c a nd e la . Pu e s b ie n ; és e p re te n d e s e r e l tí tu l o l ó gico que responda a lo que estoy haciendo. Porque
lo que e s to y h ac ie ndo e s tr at ar de "encen der u n a
vela", lo cual es infinitamente mejor que "maldecir
la oscuridad". Este es mi decimotercer libro y espero
que sea mi candela decimotercera.
Quizás usted crea que es una velita muy pequeña,
de esas que se ponen en las tortas de cumpleaños.
Sin embargo, nunca he tenido ninguna cl ase de
tortas con velas; ¡ni siquiera tuve jamás una torta de
c u mp l e añ o s ! De m an e r a q u e ah o r a , c o n mi d ie t a
residual baja de no más de mil calorías, que me restringe la ingestión de azúcar, ya es demasiado tarde
para que me preocupe.
Así, pues, pido disculpas; hagamos como si ésta
fuese La decimotercera candela, aun cuan do sea
pequeñita como la de la torta de cumpleaños de una
muñeca.
CAPITULO I
La señora Marta Mac Goolioogly se dirigió res ue lta mente y- a
grandes trancos hacia la puerta de la coc i na , l l e v a n d o a f e r r a d o
e n s u m a n o r e g or d e t a u n ajado trozo de diario. Ya fuera, en el
reseco terreno cubierto de maleza que servía de "jardín posterior",
se detuvo y echó una mirada furibunda en derredor, c o m o u n t o r o
embravecido
que
en
época
de
celo
esperase la llegada de
rivales. Satisfecha —o disgustada— de que no hubiese a la vista
adversarios
con
q uienes
ha bérsela s,
se
precip it ó
hacia
la
derruida cerca que demarcaba los lindes del jardín.
Apoyando cómodamente su más que exuberante busto en un
poste carcomido, cerró los ojos y abrió la boca.
— ¡Eh, Ma ud ! —bra m ó hac ia el otr o lad o d e los jardines
contiguos, y el paredón de la fábrica cercana r e f l e j ó e l e c o d e s u
v o z — . ¡ E h , M a u d ! ¿ D ó n d e estás?
C e r r ó l a b o c a , a b r i ó l o s o j o s y s e q u e d ó a g u a r dando.
De la dirección de la casa siguiente a la más próxima llegó el
ruido de un plato que se rompe al caer; desp ué s, la puerta de la
coc ina
de aquella casa
se
abrió,
y
salió
con
albor otado
í m p e t u u n a m u j e r pequeña y enjuta, secándose las manos en su
pringoso delantal.
— ¡Vaya! —rezongó ásperamente—. ¿Qué quieres?
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LOBSANG RAMPA
—
¡Mir a , Ma ud ! ¿Ha s v is t o e s t o ? — r e s p ond i óle Ma r t a a v oz
e n c ue llo, a git a nd o p or e nc im a d e s u cabeza el ajado trozo de papel
de diario.
¿Cómo quieres que sepa si lo he visto si primero
no lo v e o? — b uf ó Ma ud— . A lo m e jor lo v i; p er o, a lo mejor, no.
Bueno, ¿qué pasa? ¿Algún otro escándalo pasional?
L a s e ñ o r a M a c G o o h o o g l y b u s c ó a t i e n t a s e n e l bolsillo de
su delantal y extrajo unos grandes anteojos de armadura de asta
profusamente tachonada de piedrecillas. Antes de ponérselos, limpió
con cuidado los cristale s con el rued o de s u falda y s e alis ó los
cabellos detrás de las orejas. Después se frotó ruidosamente la nariz con el
revés de la manga y vociferó:
Es del Dominio; me lo mandó mi sobrino.
¿Del
Dominio?
¿Qué
negocio
es
ése?
¿Están
li q ui d a nd o ? — gr it ó Ma ud , m o s t r a nd o i nt e r é s p or primera vez.
Molesta, Marta tuvo un arrebato de cólera.
— ¡No! —chilló exasperada —. Pero, ¿no sabes n ad a? El
D o m i n i o , ¡ e n t i é n d e l o ! , e l C a n a d á . E l Dominio del Canadá.
Me lo mandó mi sobrino. Espera un momento, que voy para allá.
Descolgó su busto del poste y, guardando los anteoj os e n e l
b ols i llo d e l d e la nt a l, a t r a v es ó a p r is a e l fragoso jardín y el
camino de los fondos. Maud susp i r ó c o n r e s i g n a c i ó n y f u e
l e n t a m e n t e a s u e n cuentro.
— ¡Mira esto! —aulló Marta, no bien se encontrar o n e n e l
c a m i n o , j u n t o a l p o r t ó n d e l j a r d í n , d e l lado desocupado entre
las casas de ambas—. ¡Fíjate la est upid ez que es cribe n ahora! ¡El
alma! ¡Qué v a a haber semejante cosa! Cuando estás muerta, estás
muerta. Así: ¡Puf!
Con el rostro encendido, sacudió el papel delante de la nariz
larga y afilada de la pobre Maud y dijo encolerizada:
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
—No e nt ie ndo cóm o p ued en s alirse c on la s uya. M or ir s e e s
c om o s op la r una v e la ; d e s p ué s no ha y nada. Mi p obre ma rido
—que s u alma descanse en Dios— decía siempre, antes de
morir,
que
sería
un
gran
aliv io
sab er
que
no
v olv ería
a
enc ontrarse de nuevo con sus viejos conocidos.
Ante este mero pensamiento se puso a gimotear.
Maud O' Haggis miraba a los lados d e s u nariz y esperaba
pacientemente a que su compinche se calm a s e . P o r f i n e n c o n t r ó
u n a o p o r t u n i d a d y l e p r e guntó:
— P e r o ¿q u é a r t íc u l o e s é s e , q u e t e ha a lt e r a d o tanto?
Sin poder hablar, Marta le extendió el fragmento ajad o d e
diario q ue le había causado t oda esa con moción.
—No, querida, —le dijo de pronto, cuando recobró la voz—. Estás
leyendo el lado del revés.
Maud dio vuelta el papel y comenzó a leer nuevamente. Mientras
lo hacía, con los labios pronunciaba silenciosamente las palabras,
— ¡Vaya! —exclamó—. ¡Nunca me había enterado de nada
parecido!
Marta sonrió con radiante satisfacción.
—Es algo extra ño, ¿e h? , que se pub liq ue n tales tonterías.
¿Qué piensas tú?
Maud volvió varias veces la página de un lado y de otro y
comenzó a leer nuevamente el lado contrario. Al cabo, dijo:
— ¡Ah; ya s é! He le n Hensba um nos lo exp licará; s a b e d e
t o d o s o b r e e s t a s c o s a s . C o m o q u e l e e l i bros...
— ¡Oh! No soporto a esa mujer —replicó Marta—. ¿Sa b e s q u é
m e d ij o e l ot r o d ía ? " D i os n o p e r m i t a que se le hinche el
v ientre, señora MacGoohoogly". E s o e s l o q u e m e d i j o , ¿ t e d a s
c u e n t a ? ¡ L a m u y descarada! ¡Bah!
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LOBSANG RAMPA
—P er o e s tá e nter ad a; sa be un m ont ón d e c osa s sobre todo
esto, y, si queremos llegar al fondo de la cuestión —dijo agitando
bruscamente la dichosa hoja de papel—, tenemos que hacerle el
juego y adularla. Anda, vamos a verla.
Marta señaló hacia el camino y dijo:
— A l l á e s t á , t e n d i e n d o s u r o p a i n t e r i o r . B u e n a pieza es. Fíjate
en esas panty hose nuevas; debe de c o n s e g u i r l a s e n a l g ú n s i t i o
e s p e c i a l . P a r a m í , y o tengo de sobra con las buenas bombachas de
antes. —Levantóse las faldas para mostrarlas y agregó—: Te tienen más
abrigada cuando no se tiene ningún hombre, ¿no?
Soltó una risa vulgar y ambas se echaron a andar tranquilamente por el
camino en dirección de Helen Hensbaum y de su ropa lavada.
En el preciso instante en que estaban para entrar en el jardín de
aquélla, el estrépito de un portazo las detuvo. Del jardín vecino surgió un
par de hot pants
despampanantes.
Atónitas,
desmesuradamente
los
las
ojos
y,
dos
mujeres
lentas,
sus
abrieron
miradas
fueron
subiendo hasta abarcar la trasparente blusa y el rostro pintado,
insulso.
— ¡Casi nada! - masculló Maud O'Haggis—. ¡Todavía se ven cosas
en el pueblo!
E n s i l e n c i o , s e q u e d a r o n m i r a n d o c o n l o s o j o s bien abiertos
mientras la muchacha de los hot pants se contoneaba levantando
los talones a una altura superior a su decoro.
—Te hace sentir vieja, ¿no? —dijo Marta.
Y, sin agregar una palabra más, entraron en la propiedad, donde
encontraron
a
la
señora
Hensbaum,
que
atisbaba
el
andar
acompasado de la muchacha.
—Buenos días, señora Hensbaum —saludó Marta—. A lo que parece,
hay vistas al cabo de la calle, ¿eh? —agregó con risa contenida.
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
Helen He nsba um frunció e l ce ño c on más feroc i dad todavía.
—¡Aj!
¡Esa!
—exclamó—.
¡Tendría
que
haber
muerto,
antes, en las entrañas de su madre! —Suspiró y se irguió hasta la alta
cuerda
de
colgar
la
ropa,
poniendo
en
evidencia
que
e f e c t i v a m e n t e u s a b a panty hose.
— S e ñ o r a H e n s b a u m — c o m e n z ó M a u d — : c o m o sabemos que
usted
es muy
leída
y que
sabe
de
todo,
he m o s
v e n id o
a
c on s u lt a r la . — S e d e t uv o y He le n Hensbaum repuso sonriendo:
B i e n , s e ñ o r a s . E n t o n c e s , p a s e n y l e s p r e p a r a r é una
taza de té. La mañana está fría. Nos hará bien descansar tu? rato.
Volvióse y se encaminó hacia su bien cuidada casa que, p or lo
or d enad a y p ulcra, t e nía e l nombr e d e "Pequeña Alemania".
La tetera hervía, y el té humeaba. La señora Hensbaum ofreció
bizcochos dulces y dijo:
Bien, ¿en qué puedo serles útil?
Maud señaló con un gesto a Marta.
E l l a h a r e c i b i d o d e l C a n a d á o d e n o s é d ó n d e , una
n o t i c i a e x t r a ñ a . P o r m i p a r t e , y o n o s é q u é pensar. Que le
cuente ella.
Marta se enderezó más en su asiento.
— E s e s t o ; m ír e l o . M e l o m a nd ó m i s o b r i n o . S e met ió e n un
em br ollo c on una m ujer c as ad a, s í, y salió disparado a un lugar
llamado Montreal, en el Dominio. A veces escribe, y justamente
envió esto en una carta. Yo no creo en semejante tontería —dijo
alcanzándole el trozo de papel ajado, que ahora estaba mucho peor
por el mal trato que le habían dado.
La
señora
Helen
Hensbaum
tomó
cuidadosamente
lo
que da ba d e é l y lo e xte nd ió s obre una hoja de papel limpio.
— ¡Ah, vaya! - aulló en su entusiasmo, olvidando
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q ue
LOBSANG RAMPA
por completo su inglés habitualmente correcto—. Ist gut, no?
¿Nos lo podría leer, claramente y decirnos qué le parece? —pidió
Maud.
La señora Hensbaum se aclaró la garganta, bebió un sorbo de té y
comenzó:
Es del Montreal Star. Lunes, 31 de mayo de 1971. ¡Qué
interesante! Yo estuve en esa ciudad. —Hizo una breve pausa y
leyó—: SE VIO CUANDO SE DESPRENDIA DE SU PROPIO CUERPO. UN
ENFERMO CARDIACO EXPLICA LA SENSACION DE LA MUERTE.
Canadian Press. Toronto. Un vecino de Toronto que el año
pasado sufrió un ataque cardíaco, dice que se vio cuando se
desprendía de su propio cuerpo y que experimentó extrañas y
apacibles sensaciones durante el período crítico en que su corazón
se detuvo.
B. Leslie Sharpe, de 68 años, dice que en el lapso en que su
corazón no latió, pudo verse a sí mismo, "frente a frente". El señor
Sharp explica el suceso en la edición corriente de la revista de la
Canadian Mediad Association, en una parte del artículo que firman
los doctores R. L. MacMillan y K. W. G. Brown, codirectores de la
unidad coronaria del Hospital General de Toronto. En ese artículo,
los médicos mencionados dicen:"Quizás esto haya sido lo que se
entiende por separación del alma del cuerpo". El señor Sharpe fue
trasladado al hospital cuando, por el dolor que sentía en el brazo
izquierdo el médico de la familia le diagnosticó un ataque cardíaco.
Dice Sharpe que, a la mañana siguiente, recuerda que estaba
mirando su reloj mientras se hallaba tendido en la cama, con los
alambres del cardiógrafo y los tubos intravenosos conectados. "En
ese preciso instante exhalé un suspiro muy, muy hondo, y mi
cabeza se ladeó hacia la derecha. `;Por qué se habrá ladeado mi
cabeza? ' —pensé—. 'Yo no la he movido. Debo de estar para
dormirme . "Luego, me encontré mirando mi propio cuerpo, de la
cintura para arriba, frente a frente, como si se tratara de un espejo
en el cual yo parecía estar en el ángulo inferior izquierdo. Casi
inmediatamente me vi a mí mismo aban-
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
donar mi cuerpo, saliendo por la cabeza y por los hombros, pero no vi
mis miembros inferiores.
"El cuerpo que se desprendía de mí no era lo que se dice vaporoso,
pero pareció expandirse muy ligeramente una vez que estuvo fuera."
—comentó el señor Sharpe. "De pronto me encontré sentado en un
objeto muy pequeño y viajando a gran velocidad, hacia afuera y a lo
alto, por un cielo azul grisáceo apagado, en ángulo de cuarenta y
cinco grados. "Más abajo de donde yo estaba, hacia la izquierda,
divisé una sustancia brumosa de color blanco puro, que también
ascendía en una línea que debía interceptar mi rumbo.
"Era de forma perfectamente rectangular, pero llena de agujeros,
como una esponja. "La sensación que siguió fue la de hallarme
flotando en una luz amarillo claro brillante —sensación sumamente
deliciosa. "Estaba flotando y disfrutando de la más hermosa y
apacible de las sensaciones, cuando sentí unos mazazos en el costado
izquierdo. En realidad, no me causaban ningún dolor, pero me
sacudían de tal manera que apenas podía conservar el equilibrio.
Comencé a contarlos, y cuando llegué a seis grité: `¿Qué... me están
haciendo? ', y abrí los ojos."
Dijo que reconoció a los médicos y enfermeras que rodeaban su
lecho, las cuales le informaron que había sufrido un paro cardíaco y
que lo habían sometido a una desfibrilación, es decir, a una
aplicación de impulsos eléctricos para que su corazón comenzara a
latir normalmente. Los médicos comentaron que no es habitual que el
paciente que ha experimentado un ataque cardíaco recuerde lo
ocurrido en el trascurso de éste, y que lo común es que haya un
período de amnesia de varias horas antes y después. Terminada la
lectura, Helen Hensbaum se echó hacia atrás y, mirando a las dos
mujeres, volvió a exclamar:
— ¡Vaya! Es muy interesante.
Marta hizo un gesto de afectada suficiencia por haberle hecho ver
a "la extranjera" algo que ella no conocía.
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LOBSANG RAMPA
- ¡Qué b ue no! ¿e h? --dijo s onriente—. Una sandez de cabo a
rabo, ¿eh?
Helen Hensbaum sonrió a su vez con cierto dejo zumbón.
—De modo que a usted esto le parece raro, ¿no? Le parece —
¿cómo dijo? —, una sandez. No, señoras; esto es corriente. Esperen;
ya verán. —Se puso de pie d e un s a lt o y s e d ir igi ó a ot r a
ha b it a c ión. Al lí, e n una estantería muy elegante, había libros;
muchos más de los que Marta había visto jamás en casa alguna.
Helen Hensbaum fue hacia ellos y tomó algunos.
— ¡ V e a n ! - - e x c l a m ó , h a c i e n d o p a s a r l a s h o j a s c om o q u ie n
a c a r i c ia a v i e j o s y a m a d o s a m i g os — . Miren; aquí está impreso
todo eso y mucho más. La Verdad. La Verdad rev elada por un
hombre que ha sido p erseguid o y cast igad o p or decir la Ver dad.
Y ahora, simplemente porque un vulgar periodista escribe un artículo,
a la gente le es posible pensar que es verdad.
La señora MacGoohoogly miró los títulos con curiosidad.
— El te rc er o jo , El mé d ic o d e T íb e t, El c o rd ó n d e plata —musitó
antes de repasar los demás. Luego, v o l v i é n d o s e , e x c l a m ó — : N o
creerá usted en todo esto, ¿no es cier to ? ¡Car ay! U sted m e
a s o m b r a . ¡Esto es pura ficción!
Helen Hensbaum rió estruendosamente.
— ¿ F ic c i ón ?
— p r e g u nt ó
al
f i n,
ja d e a nd o — .
¿Ficción?
He
e s t u d i a d o e s t o s l i b r o s y s é q u e d i c e n l a v erdad. Desde que le í
Us ted y l a eternid ad, yo también puedo realizar el viaje astral.
Marta
estaba
pálida.
"Pobre
ingenua"
—pensó—;
"está
m e z c l a n d o e l a l e m á n c o n e l i n g l é s . ¿ V i a j e astral? ¿Qué será
eso? ¿Alguna nueva línea aérea o algo por el estilo? " Por su
parte, Maud permanecía c on l a b oc a a b ie r t a . T o d o e s o e x c e d ía
c on m u c ho sus alcances, pues lo más que le gustaba leer era el
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
Sunday Supplement, con los últimos crímenes pasionales.
—Ese v iaje us tral, as tril o lo que fuere, ¿qué es? — i nq u ir i ó
Ma r t a — . ¿T ie n e a l g o d e c i e r t o ? Qu i e r e decir que mi viejo, que
está muerto y enterrado —y q u e s u a l m a d e s c a n s e e n D i o s — ,
¿ p o d r í a v e n i r a verme y decirme dónde ocultaba el dinero antes
de estirar la pata?
—Sí, claro que sí; podría ocurrir si hubiera alguna verdadera razón
para eso. Si fuera por el bien de los demás, sí.
— ¡Caracoles! —prorrumpió agitadamente Marta—. A h o r a v o y a
t e n e r m i e d o d e d o r m i r e s t a n o c h e , p or q u e a m i v i e jo s e l e
p u e d e o c ur r ir v o lv e r p a r a ap arecérseme y c ome nzar de nuev o
con las suyas. — Me n e ó t r is t e m e nt e la c a b e z a m ie nt r a s s e
d e c ía : " S i e m p r e f u e u n t i p o e x t r a o r d i n a r i o e n e l d o r m i torio".
Helen Hensbaum volvió a servir té. Entre -tanto, Marta hojeaba
los libros.
—Dígame, señora Hensbaum —preguntó ésta—, ¿no me prestaría usted
alguno?
—No —replicó sonriendo aquélla—. Nunca presto mis libros,
porque los escritores deben viv ir de las míseras sumas q ue se
llaman "d erec hos de a utor", que son un siete por ciento, me
parece. Por eso, si p r e s t o l i b r o s , p r iv o a l os a ut or e s d e s u
s us t e nt ó. —Reflexionó un instante en silencio y luego excla2mó—: Le diré qué v oy a hacer. Compraré algunos y se los
regalaré, así podrá enterarse de la Verdad por usted misma. ¿Está
bien?
—Bueno;
no
sé..
—repuso
Marta
moviendo
la
cabeza
dubitativamente—. La verdad es que no sé... No me gusta la idea
de que cuando ya una se ha deshecho perfectamente de un cadáver,
digamos, lo ha atornillado en el cajón y lo ha enterrado, pueda
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LOBSANG RAMPA
volver como un fantasma a aterrorizar los días de los vivos.
Maud, que se sentía bastante ajena al tema, pensó que ya era hora
de aportar su granito de arena.
—Sí —dijo vacilante—; pero cuando se los hace salir convertidos en
humo pringoso por la chimenea del crematorio, entonces todo eso debe de
acabarse...
—Sin embargo —interrumpió Marta, echándole una sev era mirada—,
si, como usted dice, hay v ida después de la muerte, ¿cómo es
que- no hay pruebas? Se han ido, y eso es lo último que sabemos
de ellos. Que se han ido; porque, si realmente siguieran viviend o , s e
p o n d r í a n e n c o m u n i c a c i ó n c o n n o s o t r o s , ¡Dios nos libre!
Por un m omento. la s eñora He nsba um permane c i ó s e n t a d a
e n s il e nc i o; d e s p ué s s e le v a n t ó y f ue hacia un pequeño escritorio.
—Miren —dijo, volviendo con una fotografía en la mano—.
Fíjense. Es una foto de mi hermano gemelo. Lo tienen prisionero
los rusos, en Siberia. Sabemos q ue e s t á v iv o p or q ue a s í no s lo
ha he c h o s a b e r la Cruz Roja suiza. Sin embargo, no nos es posible
recibir noticias directas de él. Yo soy su hermana melliza y sé que
está vivo. —Marta se sentó y observó la f o t o g r a f ía , d á n d o l e v u e l t a s y
m á s v u e l t a s e n s u s manos—. Mi madre está en Alemania, en
Alemania Oriental —prosiguió la señora Hensbaum—. También está
viva,
pero
no
podemos
comunicarnos.
Es
decir,
que
ambos
todav ía están en esta tierra, entre nosotr os. Y s up onga m os que
ust e d t uv iera una am iga, digamos, en Australia, y quis iera
hablarle p or telé fono. Aunque tuv iera su número, tendría que
tener en cuenta, además, las diferencias de horario y debería
utilizar determinados aparatos mecánicos y eléct r i c os . P e r o, c o n
t o d o, p od r ía s e r q u e n o p u d i e s e hablar con ella, pues quizá
ocurriese que estuviera en el trabajo o que hubiese salido. Y eso que sólo
se
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
t r a t a r ía d e l ot r o la d o d e e s t e m u nd o. ¡ I m a g í n e s e , entonces, las
dificultades que puede haber para telefonear al otro lado de esta vida!
Marta se echó a reír.
— ¡Ay, querida, querida! ¡Qué
origina l es us ted, señora
Hensbaum! —exclamó tratando de contenerse—. ¡Un teléfono, dice,
al otro lado de la vida!
—
¡Eh,
un
m ome nt o!
— e xc lam ó
re p e nt ina me nt e
Maud,
e x a l t a d í s i m a — . ¡ S í ; c la r o q u e h a y a l g o d e eso! Mi hijo, que
trabaja en electrónica en la B.B.C., nos contó —ya saben ustedes
cómo hablan los muchachos— de un viejo que inventó un teléfono
así y q ue f un c i on ó. So n m ic r of r e c ue n c ia s o a l g o p or e l estilo,
pero después todo quedó en secreto. Me parece que en esto intervino
la Iglesia.
La señora Hensbaum asintió con una sonrisa a lo que decía Maud
y agregó:
—Sí; es absolutamente cierto. El autor del cual les he hablado
sabe mucho sobre 1 materia. El aparato no prosperó por falta de
dinero para perfeccionarlo, me parece. Pero, sea como fuere, mensajes
llegan. La muerte no existe.
— ¡Bien que lo prueba usted! —exclamó Marta bruscamente.
—No puedo probárselo exactamente de ese modo —le repuso con
suavidad la señora Hensbaum—; pero considérelo de esta manera:
tome un trozo de hielo y supongamos que representa al cuerpo. El
hielo se derrite, lo cual significa la descomposición del cuerp o, y
e nt onc e s q ued a a gua, q ue e s e l a lma q ue s e separa.
— ¡ D i s p a r a t e s ! — e x c l a m ó M a r t a — . E l a g u a s e puede ver,
pero ¡muéstreme el alma!
—Me ha interrumpido usted, señora MacGoohoogly —repuso
su interlocutora—. El agua se evapora y s e t r a n s f o r m a e n v a p o r
i n v i s i b l e ; y es o e s l o q u e representa la etapa de la vida posterior a la
muerte.
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LOBSANG RAMPA
Maud, que se estaba impacientando porque la conversación la iba
dejando a la zaga, dijo después de unos instantes de vacilación:
—Me parece, señora Hensbaum, que, si una quiere ponerse en
comunicación con el ausente amado, una va a una sesión y allí la
ponen en contacto con los espíritus.
— ¡Oh, no, querida! —rió Marta, manteniéndose firmemente en su
actitud—. Si quieres espíritus, te v a s a l a t a b e r n a y t o m a s u n
p o c o d e w h i s k y . L a madre Knickerwhacker tiene fama de buena
médium,. p e r o t a m b i é n l e g u s t a l a o t r a c la s e d e e s p í r i t u s .
¿Estuvo usted alguna vez en una sesión, señora Hensbaum?
Helen Hensbaum movió la cabeza con desazón.
—N o, se ñor a s. Y o no a s is t o a e sa s s e sione s. N o creo en ellas.
Muchos de los que concurren están sinceramente convencidos; pero,
¡ay! , ¡en qué gran error están! —Miró el reloj y se levantó de pronto
s ob r e s a lt a d a — . M ein l ieb er G o tt! — e x c la m ó— . ¡Y a te ndr ía que
e star
ter m ina nd o
el
alm uerz o
para
mi
m a r id o!
— P e r o,
r e c ob r a nd o s u c om p os t ur a , p r os i guió con más calma—: Si les
interesa, vuelvan esta t a r d e a la s t r e s y ha b la r e m os u n r a t o
m á s ; p e r o, ahora, debo atender a mis deberes hogareños.
Marta y Maud s e pus ier on d e pie y se e ncamina ron hacia la
puerta.
—Sí —dijo la primera, en nombre de ambas—; vendremos de nuevo a
las tres, como usted dice.
Atrav esaron
juntas
el
jardín
posterior
y
se
pusieron
en
marcha camino abajo. Marta sólo habló una vez, en el momento en
que se despedían.
— ¡Vaya ! No sé —comentó—. En _rea lida d, no sé... Pero
e n c o n t r é m o n o s a q u í , a l a s t r e s m e n o s diez. Hasta luego —dijo,
y entró en su casa, en tanto q ue Ma ud pr os e guía a nd a nd o p or e l
cam ino e n d irección de la suya.
22
LA DECIMOTERCERA CANDELA
En casa de los Hensbaum, la señora Helen trajinaba de un lado
a otro con la impetuosidad propia de la bien mesurada eficiencia
germánica, murmurando para su coleto extrañas palabras y arrojando
platos y cubiertos sobre la mesa con infalible precisión, como si fuese
una eximia malabarista de algún music hall berlinés. Cuando el
portón del frente se abrió y los pasos de su esposo, con su rítmico
andar, llegaron a la p uer ta, ya t od o e s ta ba pr epa rad o y e l
alm uer z o servido.
El sol había traspuesto ya el punto más alto y se inclinaba
hacia el poniente, cuando Maud apareció en la puerta de su casa
y se dirigió con paso lento y garboso hacia la de su amiga. Su
aspecto era el de una m a gníf ic a a p a r ic ión, c on s u v e s t id o d e
f lor e s estampadas que sugería demasiado el baratillo próximo a
Wapping Steps.
— iluju, Marta! —llamó desde la puerta del jardín de ésta. Marta
abrió y parpadeó deslumbrada.
— ¡V a ya ,
m e e nc a nd ila s ! —e xc l a m ó c on t on o d e e s p a n t o — .
¿ E s u n a p u e s t a d e s o l c o n h u e v o s r e vueltos?
Maud.se encrespó.
¿Y tú, con esa s fa lda s ta n a justa da s, Mar ta ? Se te
t r a s p a r e n t a n l a f a j a y l a s b o m b a c h a s . ¡ V a y a , quién habla!
Y, de veras, Marta estaba un poco llamativa, con s u t r a je gr i s
p e r la d e d os p ie z a s , c a s i ind e c or os a mente ceñido. Un estudiante
de anatomía no habría tenido dificultad alguna para localizar las zonas
topográficas e, incluso, la línea alba. Tan desmesurados e r a n s u s
t a c o n e s a l t o s , q u e n o p o d í a m e n o s q u e contonearse, de suerte que
su altura totalmente antinatural la obligaba a menear y sacudir las
caderas. Además, con las considerables prendas que en materia de
busto la adornaban, debía adoptar una postura pomposa, como soldado en
parada militar.
23
LOBSANG RAMPA
Así, pues, salieron a desfilar juntas por el camino y entraron en
el jardín posterior de los Hensbaum. Al primer toque, la dueña
de casa abrió la puerta y las hizo pasar.
—
¡ Q u é v e o , s e ñ o r a H e n s b a u m ! — p r o r r u m p i ó Maud con
cierto asombro, a tiempo que entraban—. ¿Se ha metido a vender
libros?
— ¡Oh, no, señora O'Haggis! —sonrió la alemana—. Como he visto que
les interesaban mucho las ciencias psíquicas, he comprado para
ustedes algunos libros de Rampa, que les traigo como obsequio.
— ¡Oh! —musitó Marta, hojeando uno de ellos—. ¡Qué v eje te
extraño! ¿No es c iert o? ¿De v eras que tiene un gato que le sale de la
cabeza así?
La señora Hensbaum se echó a reír con todas las ganas, hasta
ponerse roja.
—
¡No; q ué id ea! —e xc lamó—. Lo q ue suced e e s q ue los
ed it or e s s e t om a n amp lias lib ert ad e s par a hacer las tapas de los
libros, y en eso los autores no t i e n e n a r t e n i p a r t e . E s p e r e n; l e s
m o s t r a r é a l g o . —Subió rápidamente las escaleras y regresó en
seguida, un tanto agitada, con una pequeña fotografía—. V e a n
c ó m o e s e l a u t o r . L e e s c r i b í y a v u e l t a d e correo recibí su
contestación y esta foto, que conservo como un tesoro.
—Pero, señora Hensbaum —sostuvo Marta con cierta exasperación,
cuando 'se sentaron para continuar c o n v e r s a n d o — . U s t e d n o t ie n e
p r u e b as d e na d a . Todo es ficción.
Señora
está
usted
MacGoohoogly
totalmente
—replicó
equiv ocada.
Hay
aquélla—;
pruebas;
pero
pruebas que es preciso experimentar, vivir. Una vez referí a una
amiga mía, la señorita Rhoda Carr, que m i he r m a no, q ue e s t á e n
m a nos d e lo s r us o s , m e había v isitad o e n e l p lano astral y me
había dicho que estaba en una prisión llamada Dnepropetrovsk.
Añadió que se trataba de un enorme establecimiento
24
LA DECIMOTERCERA CANDELA
carcelario de Siberia. Yo nunca había oído hablar de é s t e . E n
a q u e l m om e n t o, R h o d a C a r r no d i j o u na s ola palabra; pero
algunas s emanas más tarde me e s c r ib ió y m e lo c onf i r m ó.
C om o e s t á r e la c i ona d a con no sé qué organización, tuvo la
oportunidad
de efectuar averiguaciones por medio de algunos
amigos rusos que actúan clandestinamente. Pero —lo cual es muy
interesante— me comentó que mucha gente le había contado
cosas semejantes acerca de los parientes que tienen en Rusia, y
todas ellas —me dijo— se habían enterado por medios ocultos.
Maud, que estaba sentada con la boca abierta, se enderezó y dijo:
— M i m a d r e m e c o n t ó q u e u n a v e z f u e a u n a se sión
donde le dijeron c osas muy ciertas. T odo lo q u e o y ó r e s u l t ó
c i e r t o . E n t o n c e s , ¿ p o r q u é d i c e usted que esas sesiones no son
buenas, señora Hensbaum?
—No; yo no dije que todo cuanto se refiere a ellas sea malo. Lo
que dije es que no creo. Del otro lado de la Muerte hay entidades
dañinas que pueden leer nue stros pensamient os y que jue gan con
la ge nte. Después de leer los pensamientos trasmiten mensajes c o n
e l p r op ó s it o d e q u e s e c r e a q ue p r ov i e ne n d e a lg ú n G u ía
H in d ú
o
de
a l g ún
Am a d o
A us e nt e .
La
mayoría
de
tales
mensajes son intrascendentes, vacíos, si bien algunas veces, por
casualidad, algo resulta ser exacto.
— D e b e n d e p on e r s e u n p o c o c o lor a d os c ua nd o leen mis
pensamientos —comentó Marta sonriendo maliciosamente—. Nunca fui
una santurrona.
La
señora
—La
que
Hensbaum
ge nt e
han
mucho
hecho
que
d e s e a nd o
e s tá
sonrió
m uy
el
hacer;
c o nt e s t a r
Tránsito
no
a
su
eq uiv ocad a
se
al
lo
p r e gunt a s
Otro
pasan
y
Lado.
prosiguió:
de
Allí
ociosos
t ont a s .
cumplir sus tareas. ¿Le gustaría a usted, señora
25
vez
re sp e c t o
los
tienen
esperando,
T ien en
qu e
LOBSANG RAMPA
O'Haggis, recibir alguna llamada telefónica impertinente cuando
está sumamente atareada y el tiempo urge? Y a usted, señora
MacGoohoogly, ¿le agradaría que alguna persona pesada la
entretuv iese a la puerta cuando se le hace tarde para ir a jugar
a la lotería?
—
¡Bah! Tiene razón, claro —gruñó entre dientes Marta, y
añadió:
— P e r o u s t e d h a b l ó d e l o s G u í a s H i n d ú e s . L o s conozco de
oídas. ¿Por qué tienen que ser hindúes?
No
preste
atención
a
esas
fábulas,
señora
M a c Goohoogly —rep us o la interpelada—. La gente imagina guías
hindúes, imagina guías tibetanos, etcétera. Piense, simplemente, que
aquí, en esta vida, se considera muchas veces a los hindúes, a los
tibetanos o a los chinos c om o p obr e s nat iv os d e c olor, m e ne st e r os os , q ue no m e r e c e n q ue na d ie r e p a r e e n e llo s . Entonces,
¿cómo es posible, de pronto, considerarlos genios del psiquismo, no
bien
pasan
al
Otro
Lado?
No;
muchísima
gente
ignorante
"adopta" a un Guía Hindú porque eso es más misterioso. Pero, en
realidad, nuestro único guía es el propio Superyó. ¡Oh! Las cosas que
usted dice no están a nuest r o a l c a nc e , s e ñ or a He n s b a um . N os
ha he c h o u n enredo de palabras.
Riendo, la señora Hensbaum replicó:
—Quizás ocurra lo mismo con los libros que lean al principio,
comenzando por El tercer ojo.
Si
me
permite
¿podríamos
un
atrevimiento,
venir a hablar con usted otra vez? —inquirió Maud.
—Sí, por s upuest o que p ued en. Para mí será un placer —
repuso la señora Hensbaum, demostrando su hospitalidad—. ¿Por qué
no nos ponemos de acuerdo para encontrarnos aquí, a esta hora,
dentro de una semana?
Y así, minutos más tarde, las dos mujeres se pusieron a andar
nuevamente por el camino, llevando
26
LA DECIMOTERCERA CANDELA
cada cual los libros que les había regalado la señora Helen
Hensbaum.
—Me gustaría que hubiera hablado un poco más sobre lo q ue
pasa cuand o uno se muere — e xpres ó Maud pensativamente.
— ¡Bah! Pronto sabrás bastante si la sigues viendo —replicóle Marta.
Tanto en la casa de MacGoohoogly como en la de O'Haggis, las luces
permanecieron largamente encendidas. Muy entrada la noche, a
través de las celosías rojas del dormitorio de Marta se veía brillar una
luz macilenta. Por momentos, alguna ráfaga aislada de v iento
entreabría las pesadas cortinas v erdes de la sala de 11.4aud y
permitía distinguir su figura inclinada e n u na s i lla a lt a , c on un l i b r o
f ue r t e m e nt e a s i d o entre sus manos.
El último autobús pasó rugiendo, con su pasaje de limpiadores
nocturnos que regresaban a sus hogares. A lo lejos, un tren chirriaba
majestuosamente,
con
su
pesada
ringlera
de
vagones
de
carga
balanceándose y rechinando sobre los rieles de una playa de
maniobras. Después, el ulular de una sirena, tal vez de la policía
o de alguna ambulancia. Nada perturbaba a Maud, enfrascada
profundamente, como estaba, en la le c t ura. La s ca mpa nas d e l re loj
de l a yunt am ie nt o comenzaron a sonar, y el tañido de las horas
anunció la proxim idad d e la m añana. Finalme nte, la luz se apagó
en el dormitorio de Marta. A poco, también se e xt in gui ó la d e la s a la
d e l p is o b a jo d e la c a s a d e Maud, y durante un momento se v io
un resplandor en su dormitorio.
El alboroto del lechero madrugador quebró la paz d e la e s ce na,
y a c ont inua c ión ap are c ier on los ba rrenderos con sus camiones
con rodillos y su estrépito metálico. Los ómnibus se echaron a
rodar por l a s c a l l e s , p a r a l l e v a r a b o r d o a l o s t r a b a j a d o r e s
mañaneros y conducirlos bostezando a sus ocupacio-
27
LOBSANG RAMPA
nes. Innumerables chimeneas comenzaron a humear, en tanto que las
puertas se abrían y se cerraban con premura a medida que la gente se
lanzaba 'a la diaria carrera con el tiempo y los ferrocarriles.
F i n a l m e n t e , l a c e l o s í a r o j a d e l d o r m i t o r i o d e Marta se
levantó con tal violencia, que las borlas de los cordones quedaron
bamboleándose. Con el espant o r e f l e j a d o e n s u r o s t r o e m b o t a d o
por
el
sueño,
Marta echó una vacua mirada a ese mundo
indiferente. Sus cabellos, sujetos por los rizadores, le daban u n
a s p e c t o d e s a l i ñ a d o y o r d i n a r i o , a l p a r q u e e l enorme camisón
de franela acentuaba sus grandes dimensiones y sus más que abultadas
dotes.
A l c a b o d e u n r a t o , l a p u e r t a d e l a c a s a d e O' Haggis s e
abrió lentame nte y un brazo s e alargó para recoger la botella de
leche del umbral. Trascur r id o un la r go int e r v a lo, la p ue r t a s e
a b r ió nue v a mente y apareció Maud, vestida con una casaca listada.
A g ot a d a
y
b o s t e z a nd o
e s t r e p i t os a m e nt e ,
se
puso
a
sacudir dos felpudos, y luego volvió a recluirse en el interior de su
casa.
Un gat o s olitario s urgió de q uién sabe qué pasa dizo secreto y
atisbó cautelosamente las inmediaciones, antes de aventurarse a
enfilar parsimoniosamente hacia la calle. Cuando llegó exactamente al
centro de la calzada, se detuvo, se sentó a asearse la cara, las
orejas, las patas y la cola, y luego se marchó contoneándose hacia
algún otro lugar misterioso, en busca del desayuno.
28
CAPITULO II
— ¡Timón! ¡Timón!
La
voz
era
chillona,
despavorida,
con
esa
desgarrad o r a
e n t o n a c i ó n q u e h a c e e s t r e m e c e r y p o n e l o s nervios en tensión.
— ¡Timón, despierta! ¡Tu padre se muere!
Lentamente, el muchachito retornó de las profundidades de su
total inconsciencia y comenzó a esforz a r s e , p o c o a p o c o , e n
m e d i o d e l a s b r u m a s d e l sueño, por abrir sus pesados párpados.
— ¡ T im ó n, t i e n e s q ue d e s p e r t a r t e ! ¡ T u p a d r e s e está muriendo!
U n a m a n o l o a s i ó d e l o s c a b e l l o s y l o s a c u d i ó bruscamente.
Timón abrió los ojos.
D e p r o n t o p e r c i b i ó u n r u i d o e x t r a ñ o , r o n c o , "como si
algún
yac
se
estuv iera
ahogando",
pensó.
Picado
por
la
curiosidad, se incorporó en el lecho y v olv ió la c a b e z a d e un
la d o y d e ot r o, p r oc ur a nd o ver a través de la penumbra del exiguo
cuarto.
Sobre una pequeña repisa había un plato de piedra e n e l c u a l u n
t r o z o d e s e b o f l o t a b a e n s u p r o p i o aceite derretido. La tira de
tela ordinaria que atraves a b a e l t r oz o d e s e b o le s e r v ía d e
im p r ov is a d o p a bilo. En ese momento, la llama chisporroteaba,
aviv á nd o s e
y
a t e n uá n d os e
a lt e r na t iv a m e nt e ,
p r o ye c t a n d o
s o m b r a s t e m b l o r o s a s e n l a s p a r e d e s . U n a esporádica ráfaga
de aire hiz o que la me cha se su mergiera durante un instante; luego,
chisporroteando,
29
LOBSANG RAMPA
salpicó algunas gotas, y la débil llama se tornó aun más tenue.
En se guida, sat urada otra v ez por una nueva inmersión, volvió a
relumbrar diseminando el hollín de sus lenguas fumosas por toda la
habitación.
— ¡ T i m ó n ! ¡ T u p a d r e s e m u e r e ; v e c o r r i e n d o a buscar al
lama! —gimió desesperadamente su madre.
Despaciosamente,
todavía
amodorrado
por
el
s u e ño,
T im ón s e p us o t r a b a jos a m e nt e d e p ie y s e envolvió con su única
prenda de vestir. El ronquido s e aceleraba, se t ornaba más le nto,
y retomaba s u ritmo desapacible, monótono. Timón se aproximó
al bulto informe a cuyo lado estaba inclinada su madre. Miró hacia
abajo temeroso y sintió que el horror lo paralizaba ante la vista del
rostro de su padre, que la vacilante llama de la lámpara de sebo
mostraba aun más lívido. Azul, estaba azul; y su mirada era dura y
fría. Az ul, a ca usa de l ata q ue de ins uf ic ie nc ia car díaca; y tenso,
debido a los signos de la rigidez cadavérica, si bien todavía estaba con
vida.
— ¡T im ó n ! — r e p i t i ó la m a d r e — . ¡V e a b u s c a r a l l a m a , o t u
p a d r e m o r i r á s i n n a d i e q u e l o g u í e ! ¡Corre, corre!
Timón gir ó sobre sus talone s y se lanz ó hacia la puerta.
Fuera, las estrellas fulguraban, metálicas e impasibles, en la
cerrazón que precede al alba, hora en que el Hombre está más
propenso a decaer y vacilar. El viento cortante, enfriado por las
masas de niebla que se destacaban en la ladera de la montaña, se
arremolinaba haciendo rodar las 'piedras pequeñas y levantando
nubes de polvo.
El chiquillo, de apenas diez años de edad, se detuv o t ir it a nd o
m ie nt r a s t r a t a b a d e e s c ud r iñ a r e n la osc uridad, una oscuridad
lev emente hollada por el d é b il r e s p l a n d or d e la s e s t r e l la s . A ll í,
c ua n d o n o había luna, era la mala época del mes. Las montañas
30
LA DECIMOTERCERA CANDELA
se tomaban inhóspitas y sombrías, sólo se percibía un desvaído
tinte purpúreo que señalaba sus límites y el com ienz o d el cie lo. En
el punt o en que la pálida coloración púrpura descendía hacia el río de
escasa
f os f or e s c e n c i a ,
u na
manchita
de
luz
a m a r il l e n t a ,
d i m i n u t a y t i t i l a n t e , e r a l a q u e r e f u l g í a c o n m á s intensidad
en medio de aquella lobreguez que todo l o e n v o l v í a . E l c h i q u i l l o
s e p u s o r á p i d a m e n t e e n m ov i m i e n t o , c or r i e n d o , s a l t a n d o y
s o r t e a n d o l a s rocas esparcidas por el suelo, en su irrefrenable ansiedad por alcanzar el santuario que denunciaba aquella luz.
Las malhadadas piedras se escurrían debajo de sus pies descalzos
y lo herían. Los cantos rodados, remane nt e s t a l v e z d e l le c h o d e
a lgún m a r a nt iguo, s e d e s liz aba n ar t eram e nt e a s u pa s o. Los
pe dr e jone s
surgían de manera alarmante en la cerrazón de la
madrugada, produciéndole magulladuras cuando los rozaba en su carrera
a la cual el miedo ponía alas.
A lo lejos, aque lla luz era un llamado. Detrás de él, su padre
yacía agonizante, sin un lama que guiase los p as os ind e c is os d e s u
alm a. Se a pr es ur ó má s. Pronto, su respiración se tornó jadeante con el
aire e n r a r e c i d o d e l a m o n t a ñ a , y a p o c o l o a s a l t ó u n d o l o r e n
e l c o s t a d o , p r o d u c i é n d o l e e s a p u n z a d a angustiosa que padecen
todos los que se esfuerzan e x c e s iv a m e nt e e n la c a r r e r a . E l d o l or
s e hi z o t a n punzante que resultaba insoportable. Retorciéndose y
gimiendo mientras trataba de aspirar más aire, no pudo menos de
aminorar la carrera y andar al trote rápido, hasta que, a los pocos
pasos, se vio precisado a caminar renqueando.
La luz lo atraía como un faro de esperanza en un océano de
abatimiento.
¿Qué
sería
ahora
de
ellos?
¿C óm o
c om e r ía n?
¿Qu ié n v e la r ía p or e llos ; q u ié n l o s p r o t e g e r í a ? S u - o r a z ó n
l a t í a v i o l e n t a m e n t e , hasta el extremo de que temió que pudiera
salírsele
31
LOBSANG RAMPA
del pecho. El sudor se le helaba inmediatamente en el cuerpo al contacto
con el aire frío. Su vestidura, raída y mustia, casi no lo protegía contra los
elementos. Eran pobres, extremadamente pobres; y ahora lo serían más
aún con la pérdida del padre, el único que trabajaba.
La luz seguía llamándolo como un refugio en un océano 'de temores. Lo
llamaba, trémula, debilitándose y volviéndose a avivar, como para recordar
al atribulado chiquillo que la vida de su padre se estaba extinguiendo, pero
que volvería a brillar allende los confines de este mundo mezquino. Volvió,
pues, a lanzarse en desenfrenada carrera, apretando los codos contra sus
flancos y con la boca bien abierta, tratando de que cada músculo le
sirviera por unos pocos segundos.
La luz ya era más grande, como una estrella que le diese la bienvenida a
su hogar. A su vera, el Río Feliz se deslizaba sonriente, como si jugara con
las piedrecillas que había arrastrado desde las cumbres de la montaña
donde tenía sus vertientes. A la débil luz de las estrellas, el río tenía un
pálido fulgor argentado. Ahora, frente a él, el muchacho podía discernir
vagamente el bulto más oscuro del pequeño lamasterio que se levantaba
entre el río y la falda de la montaña.
Por mirar la luz y el río, se distrajo, y su tobillo cedió bajo su peso,
dando con él por tierra violentamente y haciendo que se raspase las
manos, las rodillas y el rostro. Gimiendo de dolor y frustración, se levantó
penosamente y se puso a cojear.
De improviso, frente a él, apareció una figura.
—¿Quién anda ahí fuera, rondando nuestros muros? —inquirió una voz
profunda de anciano—. ¡Ah! ¿Qué es lo que te trae a nuestras puertas a
esta hora de la mañana? —continuó aquella voz.
32
LA DECIMOTERCERA CANDELA
A través de sus párpados inflamados por el llanto, T im ó n v io
f r e nt e a s í a un m onje a nc ia n o y e nc or vado.
— ¡ O h ; e s t á s h e r i d o ! — p r o s i g u i ó l a v o z — . V e n adentro y veré
qué tienes.
Volvióse pausadamente el anciano y se encaminó al interior del
pequeño lamasterio. Timón se detuvo, parpadeando a causa de la luz
repentina de alguna lámpara de s ebo que parec ía muy br illante
compa rada con la oscuridad exterior.
La atmósfera estaba pesada por el olor a incienso. Timón
permanec ió un mome nt o c on un nudo en la garganta hasta que por
fin habló:
— ¡Mi padre se muere! Mi madre me ha mandado v o la n d o a
b u s c a r a u x i li o p a r a q ue t e n ga q u i e n l o guíe en su tránsito. ¡Se
muere!
El pobre chiquillo se dejó caer al suelo y se cubrió los anegados
ojos con las manos. El anciano monje s a l i ó y a p o c o s e p u d o o í r
q u e c o n v e r s a b a q u e d a mente en otra habitación. Timón se sentó en el
suelo llorando en un rapto de consternación y pavor.
Un momento después vino a infundirle ánimos una voz dulce que le
dijo:
— ¡ H i j o , h i j o m í o ! ¡ O h , p e r o s i e s e l j o v e n T i món! ¡Sí; te
conozco, hijo mío!
Con
una
respetuosa
reverencia,
Timón
se
puso
de
pie
lentamente y se secó los ojos con un extremo de la t única,
tizná ndose e l rostro lloros o c on el p olv o acumulado en el camino.
— C u é n t a m e , h i j o m í o — d i j o e l l a m a , a q u i e n Timón había
ya reconocido.
Una vez más, éste refirió lo que ocurría, y, cuando hubo finalizado,
habló el lama.
—Ven, iremos juntos. Te prestaré un pon y. Pero, a ntes, b e be
este
té
y
come
un
p oc o
de
ts a mp a,
hambriento, y la jornada será larga y dura.
33
por que has de estar
LOBSANG RAMPA
El anc iano monje
se ade la ntó
con las v ia ndas,
y
Timón
sentóse a comerla, en el suelo, en tanto que el lama se retiraba a
hacer sus preparativos.
Al p oc o r a t o s e oy ó r uid o d e c a b a llos , y e l la m a regresó a la
habitación.
— ¡Ah! Ya has concluido. Bien, entonces partamos —dijo, y se
volvió, seguido por Timón.
Ahora, sobre los lejanos bordes de la montaña que r od e a la
p la n ic i e d e L ha s a , s e v e ía n a p a r e c e r l o s primeros y débiles
rayos de luz dorada que anunciaban el nacimiento del nuevo día.
De pronto, un destello de luz brilló a través de un paso de la alta
mont a ñ a y p o r u n m o m e n t o t o c ó l a c a s a p a t e r n a d e Timón,
situada en el lejano extremo del camino.
— Ha s t a e l d ía m ue r e , hij o — c om e nt ó e l la m a — ; P e r o a l a s
p o c a s h o r a s r e n a c e c o n v e r t i d o e n u n nuevo día. Así ocurre con
todo cuanto existe.
A la puerta los aguardaban tres briosos caballitos, a c u y o c a r g o
n o m u y f ir m e s e h a l l a b a u n a c ó l i t o apenas mayor que Timón.
—Tenemos que cabalgar en estas cosas —susurróle a és te e l acólito—
. Si no q uiere d ete nerse, tá pale los ojos con las manos. —Y
agregó patéticamente—: Si así tampoco para, tírate.
El lama montó inmediatamente. El joven acólito le e xt e nd ió una
mano a T im ón y lue go, c on un f orm idable brinco, saltó sobre su
cabalgadura y se echó a andar tras las otras dos, que ya se esfumaban
en la oscuridad que aún cubría la tierra.
Dorados rayos de luz aparecían entre los picos de la montaña a
medida que el b orde s uperior del s ol ga na b a e l hor iz o nt e . L a
hum e d a d c on ge la d a e n e l aire frío reflejaba una gran variedad de
colores y, al incidir en los prismas del hielo, la luz se refractaba
mostrando todo el espectro. Sombras gigantescas se proyectaban en el
suelo a medida que las tinieblas de la noche cedían al incontenible
avance del naciente
34
LA DECIMOTERCERA CANDELA
día. Los tres viajeros solitarios, meras partículas de polv o en la
inmensidad de la tierra yerma, cabalgaban a través de los campos
sembrados de guijarros, eludiendo peñascos y hondonadas con
mayor facilidad según la claridad iba en paulatino aumento.
Pronto se alcanzó a divisar, de pie junto a una casa aislada, la figura
señera de una mujer, que con las manos sobre los ojos a modo de
visera, oteaba angustiosamente el camino esperando el auxilio que
tanto parecía demorar. Los tres cabalgaban tomando por los
senderos más seguros entre el ripio.
—No sé cómo te las has compuesto tan bien, muchacho
— l e d i j o e l l a m a a T i m ó n — . D e b e d e haber sido un trayecto
terrible.
Pero el pobre Timón estaba demasiado asustado y por demás
extenuado como para responder. En ese momento,
incluso,
iba
tambaleándose y durmiéndose sobre el lomo del pony. Así, pues,
los tres prosiguieron la marcha en silencio.
A la p ue r t a d e s u c a s a, la m uje r s e r e t or c ía la s manos y
sacudía la cabeza con cierta turbación en su a c t it u d d e r e s p e t o. E l
la m a s e a p e ó d e l c a b a l l o y a v anz ó hac ia la a tr ib ula da m ujer.
P or s u par te, e l jov e n a c ólit o s e d e s liz ó d e s u p on y para a c ud ir
e n ayuda de Timón, pero ya era demasiado tarde: éste se había
caído tan pronto como se detuv o su cabalgadura.
—Venerable lama —prorrumpió con voz trémula la mujer—;
mi
esp os o ya ca si no e xis te. Lo he mant e nid o c onscient e, per o me
temo que sea muy tarde. ¡Oh! ¿Qué haremos?
—Vamos; indíqueme el camino —ordenó el lama, siguiendo a la mujer,
la cual inmediatamente lo condujo al interior.
La casa era oscura. Los vanos se hallaban cubiertos con hule
traído de la India remota, pues, como allí no existía el vidrio, servía
para suplirlo, si bien deja-
35
LOBSANG RAMPA
ba pasar una luz extraña a la vez que exhalaba una fragancia peculiar.
Una fragancia en que se mezclaba el olor a aceite seco con el del
hollín de la siempre humeante lámpara de sebo.
El piso era de tierra bien apisonada, en tanto que las paredes
estaban hechas de gruesas piedras unidas entre sí con estiércol de yac.
En el centro de la habitación ardía un débil fuego, alimentado
también con heces de yac, del cual se desprendía un humo que, a
veces, acertaba a escapar por un agujero practicado en el techo con
ese propósito.
Contra la pared del f ond o, opue sta a la entrada, y a c í a u n
b u l t o q u e , a l p r i m e r g o l p e d e v i s t a , s e pod ía t om ar p or un
ata d o d e tra p os e c had os a
un lado; pero esa impresión se
disipaba debido al rumor que provenía de él. Eran los ronquidos
agónicos de un hombre que luchaba por seguir v iv iendo, los estertores de quien se halla in extremis.
El lama s e apr oxim ó y ob ser v ó a tr av é s de la p e numbra el
cuerpo que yacía en el suelo, un hombre maduro, delgado,
marcado por los padecimientos de la vida; un hombre que había
vivido conforme a las creencias de sus antepasados, sin tener un solo
pensamiento egoísta.
Y ahora estaba allí, jadeando, con el rostro pálido por la falta de
oxígeno. Yacía exhalando sus últimos suspiros, luchando por conservar
un vestigio de lucidez, porque su fe y las creencias tradicionales
decían que su tránsito al otro mundo lo haría mejor con la guía de
algún lama experimentado.
M i r ó h a c i a a r r i b a y c i e r t o d e j o d e s a t i s f a c c i ó n —cierta
expresión fugaz— cruzó por su pálido semb la nt e a l notar q ue ya
e l lam a e sta ba a llí. Es t e s e i nc l in ó a l la d o d e l m or ib u n d o y
c ol o c ó la s m a n o s sobre sus sienes mientras le decía palabras de
cons ue lo. Detr ás d e él, e l jov e n a c ólit o e xtra jo pre s ta mente los
sahumadores y tomó un poco de incienso
36
LA DECIMOTERCERA CANDELA
de un paque te. Luego, sacando mec ha, pederna l y eslabón de
un bolsillo, prendió fuego y sopló hasta p r od uc ir lla m a , d e
m od o q ue p ud ie r a e nc e nd e r e l incienso en el momento oportuno.
Aunque más sencillo, no aceptaba el irrev erente sistema de
acercar el incienso a la ya goteante lám para de sebo, cosa que
habría significado desconsid e r a c ión ha c ia e l i nc ie ns o, f a lt a d e
r e s p e t o p or e l ritual. El incienso debía encenderlo a la manera
tradicional, porque él,
ese jov encito inquieto, tenía
la gran
ambición de llegar a ser lama.
El
la m a ,
s e nt a d o
en
la
p os ic i ón
del
l ot o
al
la d o
d el
moribundo que yacía en el sue lo, hizo un mov im ie nt o d e c a b e z a
a l a c ól it o, e l c u a l d e i nm e d i a t o ence ndió la prim era ramita de
inc ie ns o de manera q ue la ll a m a t o c a r a s ól o l a p u nt a d e e s a
p r im e r a vara, y después, cuando se puso roja, la sopló y dejó que
ahumara.
El
lama
movió
ligeramente
las
manos
para
colocarlas
en
difer e nte p os ición s obr e la ca be za de aq ue l hombre, y dijo:
— ¡Oh, Espíritu que estás por abandonar ésta, tu envoltura corporal:
encendemos la primera vara de incienso para poder llamar tu
atención, para poder guiarte, para que puedas seguir la senda
mejor entre los peligros que tu desprevenida imaginación te coloque
delante!
En el rostro del moribundo asomó una extraordinaria paz.
Estaba bañado en sudor, con una tenue capa de humedad; el sudor
de la muerte próxima.
El lama le tomó firmemente la cabeza e hizo una leve indicación
a su acólito. Este volvió a inclinarse y encendió la segunda rama de
incienso; luego sopló hasta extinguir la llama y la dejó que echara
humo.
— ¡Oh, Espíritu pronto a partir hacia la Gran Realida d, ha c ia
la Ver da d era V ida p ost er ior a é sta , e l momento de tu liberación ha
llegado! ¡Prepárate a
37
LOBSANG RAMPA
mantener tu atención firmemente puesta en mí, aun en el momento
de dejar este tu presente cuerpo, porque es mucho cuanto debo
decirte! ¡Escucha!
El lama volvió a inclinarse y le puso sus dedos entrecruzados sobre la
coronilla. La respiración estertorosa del mor ibund o resonó más
fuerte y br onca. Su pecho se dilató y volvió a contraerse, y de
pronto e x h a l ó
un
suspiro
corto,
pr ofundo,
casi
com o
si
tosiera, y su cuerpo se arqueó hacia arriba hasta apoyarse solamente
en la
nuca
y
los talones.
Durante
un
momento
que
pareció
interminable permaneció así, hecho un arco rígido de carne y hueso.
Luego, repentinamente, el cuerpo se sacudió, se sacudió hacia arriba
hasta quedar a una pulgada, o quizás a dos, del suelo. Después
se desplomó, se aflojó como un saco de trigo semivacío que
alguien hubiese arrojado a un la d o s in m ira mie nt os. El últim o
há lit o d es e s perado brotó de sus pulmones y luego el cuerpo se
crispó y quedó rígido, pero desde su interior llegó el gorgoteo de los
líquidos, el rumor de los órganos y el del aflojamiento de las
articulaciones.
El lama hiz o un nuev o mov imient o de cab eza al a c ólit o, y
éste
p r e nd ió
inm e d ia t a m e nt e
f ue go
a
la
tercera
rama
de
incienso y la hizo humear sin llama en el tercer incensario.
—Espíritu que ahora te has liberado de tu sufriente cuerpo,
escucha antes de emprender tu travesía; presta atención, porque
por tu imperfecto saber, por tus equiv ocados conceptos, has
creado asechanzas q ue p u e d e n p e r t ur b a r e l s os i e g o d e e s t e t u
v ia j e . Es c u c ha , p or q ue v oy a e n um e r a r t e l os p a s o s q ue debes
dar y el Camino que debes seguir. Escucha.
Fuera de la pequeña habitación, la brisa matinal comenzaba a
levantarse a medida que el escaso calor de los rayos solares que
asomaban sobre la cumbre de la montaña empezaba a alterar el
frío de la larga noche; de tal manera, ese débil calor de los primeros
38
LA..DECIMOTERCERA CANDELA
rayos hacía que se originaran corrientes de aire prov e n i e n t e s d e l o s
l u g a r e s f r í o s y q u e s e f or m a r a n peq ue ños r em olinos d e t ierra
que gira ba n y golp e aban contra las cortinas de hule de las aberturas
del cuarto, hasta que en la azorada mujer, que observaba desde el vano
de la puerta, se producía casi la impres ión d e q ue los De m o nios
e s t uv ie s e n g olp e a nd o y quisieran llevarse a su marido que ahora
yacía muerto frente a ella.
Pensó en la atrocidad de lo que ocurría. Hasta un momento antes
había estado casada con un hombre vivo, un hombre que durante
años
había
velado
segur idad com o
por
ella,
que
le
había
brindado
una
n un c a p od r ía ha b e r e n s u v id a , p e r o a l
m om e n t o s iguient e es e hom bre ya estaba m uerto, m uer to, y
yacía ante ella en el piso de tierra de su habitación. Y s e
p r e gunt ó q ué s e r ía a hor a d e e lla . Y a na da le quedaba sino un
hijo demasiado pequeño para trabajar, demasiado pequeño para
ganar dinero, en tanto que ella padecía de una dolencia que a
veces se presenta en las mujeres que no han recibido asistencia en
el momento de dar a luz. Durante todos los años tra s c urr id os de s d e e l
na c im ie nt o d e s u hijo hab ía tenido que andar arrastrándose.
De rodillas en el suelo, el lama cerró los ojos del cadáver y le
puso piedrecillas sobre los párpados para m a n t e n e r l o s c e r r a d o s .
L u e g o l e c o l o c ó u n a c i n t a debajo de la barbilla y la anudó sobre
la cabeza para que el maxilar quedase firme y la boca permaneciera
cerrada. Hecho esto, a una señal suya se encendió la c ua r t a r a ma d e
inc ie ns o q ue f ue c u id a d os a m e nt e depositada en su braserillo.
Ahora ya había cuatro ramas de incienso cuyo humo ascendía casi
como si h u b i e r a s i d o t r a z a d o c o n t i z a a z u l g r i s á c e o , t a n
re cta s era n s us c olum nas d e ntr o d e la hab ita c ión poco menos
que falta de ventilación y de tiro.
El lama prosiguió:
39
LOBSANG RAMPA
—
¡Oh,
Espíritu
desprendido
del
cuerpo
que
está
ante
nosotros; ya ha sido encendida la cuarta rama de incienso para
atraer tu atención y retenerte aquí mientras hablo, mientras te digo
aquello con lo cual has de encontrarte! ¡Oh, Espíritu a punto de
extraviarte, atiende a mis palabras para que tus desvíos puedan
ser corregidos!
El la m a , p e ns a nd o e n la in s t r uc c ió n q ue ha b ía recibido,
miró el cadáver con pesar. Pensaba en que era telépata, e n s u
facultad de oír lo inaud ib le, en q u e p od ía v e r la a ur e o la d e l
c ue r p o h um a n o, e s a e xtra ña flama c olor ea da, m ult ic olor, q ue
gira y s e entreteje en torno al cuerpo viviente. Ahora, contemplando ese cuerpo muerto, podía ver la flama casi e xt ing uid a . En lu ga r
d e los c ol or e s d e l a r c o ir is y aun muchos más, sólo había un
remolino azul grisáceo que se oscurecía cada vez más. Empero, al
fluir del cuerpo, el azul grisáceo se elev aba aproximadamente
sesenta
centímetros
sobre
el
cadáv er.
Había
allí
una
gran
activ idad, un intenso bullir, y parecía como si una multitud de
luciérnagas se lanzasen en derredor, luciérnagas que hubiesen sido
adiestradas
posiciones
como soldados y que estuvieran tratando de ocupar
prefijadas.
Las
diminutas
partículas
luminosas
se
movían, se arremolinaban y se entrecruzaban, hasta que al cabo,
ante los ojos del lama, ante su tercer ojo, apareció una réplica del
cadáver, pero b a j o e l a s p e c t o d e u n h o m b r e v i v o , d e u n j o v e n .
Todav ía era sutil y flotaba desnuda a más o menos sesenta
centímetros sobre el cuerpo. Luego, subió y bajó levemente, quizá
dos o tres pulgadas en cada mov imiento. Volv ió a subir y bajar,
retomó su posic ión y ba jó y s ub ió otra v ez, y pa ula t inam e nt e
los d e t a l l e s s e f u e r o n t o r na n d o m á s c l a r o s , e l t e n u e c ue r p o
f u e f o r m á n d o s e y a d q u i r i e n d o m a y o r s u s tancia.
El lama se sentó y aguardó a que la luz azul grisácea del cuerpo
yacente se tornara más oscura, pero
40
LA DECIMOTERCERA CANDELA
entretanto
la
luz
multicolor
del
cuerpo
situado
más
arriba
v o l v i ó s e m á s f u e r t e , m á s s u s t a n c i a l , m á s vívida. Al fin, tras
una súbita ondulación y una sacud id a , e l c u e r p o " f a n t a s m a " s e
e n d e r e z ó c o n la c a beza hacia arriba y los pies hacia abajo.
Desapareció la ligera unión entre la carne yace nte y e l es píritu
v i v o , y é s t e q u e d ó y a f o r m a d o y l i b r e d e s u e x envoltura
corporal. Inmediatamente, el cuartucho se l l e n ó d e l o l o r d e l a
m u e r t e , e l o l o r e x t r a ñ o , p e n e trante, del cuerpo que comienza a
descomponerse, un olor desagradable que penetraba por la nariz y la
colmaba hasta la altura de los ojos.
El joven acólito, sentado detrás de las humeantes ramas de
incienso, levantóse prudentemente y se dirigió hacia la puerta. Allí
saludó con una ceremoniosa r e v e r e n c i a a l a v i u d a y a s u h i j o
T i m ó n , y g e n t i l mente hizo que se retirasen de la habitación.
Cerró la p uerta y permaneció de espa ldas c ontra ella un instante,
al cabo del cual exclamó para su adentros:
" ¡Puf! ¡Qué atmósfera! " Después, se dirigió pausadam e nte a la
v enta na c ub ier ta d e hule y a flojó un e x t r e m o p a r a q u e e n t r a r a
a i r e p u r o . P e r o l o q u e entró fue una formidable ráfaga de viento
cargada de arena, que lo dejó escupiendo y tosiendo.
— ¡Cierra esa v entana! —exclamó el lama en v oz baja aunque
furioso.
C on los ojos ca s i c erra d os, e l a c ólit o m a not e ó a ciegas la
cortina que se agitaba de un lado a otro y t r a t ó d e a j u s t a r l a
nuevamente
contra
el
marco.
"
¡Vaya!
¡Al
m enos
he
respirado un poco de aire pur o, m ejor que este hedor ! ",
p e n s ó , y v o l v i ó a sentarse en su lugar, detrás de las cuatro
ramas de incienso.
El cuerpo yacía inerte en el suelo. En ese momento, de él llegó el
gorgoteo de los humores que deja-
41
LOBSANG RAMPA
b a n d e f l u i r y q u e y a e n c o n t r a b a n s u s n i v e l e s . También s e
percib ieron e l r umor y los q ue jid os de l o s ó r g a n o s q u e i b a n
d e j a n d o d e v i v ir , p or q u e e l cuerpo no muere inmediatamente,
sino por etapas, órgano por órgano. Primero sobreviene la muerte
de lo s c e nt r os s up e r ior e s d e l c e r e b r o, y d e s p ué s , e n or d e na da
s uce s ión, la d e los d emá s ór ga nos, q ue, pr iv a d os de l c ontr ol
c ere bra l, d e ja n d e f unc ionar, dejan de elaborar las secreciones o de
producir las sustancias necesarias para la supervivencia de ese
complejo mecanismo al cual denominamos cuerpo.
A medida que la energía vital se retira, va dejando los confines del
cuerpo y reuniéndose en el exterior, formand o una masa am orfa
exactame nte s obre él. Allí se queda suspendida por la atracción
magnética en tanto queda aún un resto de vida, mientras todavía
hay algún fluir de partículas vitales que van dejando su anterior
envoltura. Paulatinamente, a medida que los órganos se van
desprendiendo unos tras o t r o s d e l a e n e r g í a v i t a l, l a f o r m a
s u t i l q u e f l o t a sobre la envoltura carnal va adquiriendo cada vez un
mayor parecid o a ésta. Al cab o, cua ndo ya el pare cido es total,
la atracción magnética cesa, y el "cuerpo espiritual" flota en libertad,
listo para su próxima travesía.
A h or a , e l e s p ír i t u e s t a b a c o m p l e t o y u n id o t a n sólo por un
hilo sumamente débil al cuerpo inerte. Flotaba, confundido y
asustado. Nacer a la vida en la t ie r r a e s una e xp e r ie nc ia
t r a um á t ic a . Signif ic a m o r i r p a r a o t r a f o r m a d e e x i s t e n c i a .
M o r i r e n l a tierra significa que el cuerpo espiritual nace de nuevo
en otro mundo, en el mundo espiritual, o en uno de e llos. En e s os
insta nt es , la f orma d uda ba, f lotab a más arriba y descendía; flotaba
y aguardaba las inst r uc c ione s t e le p á t ic a s d e l la m a , c uya v id a
e s t a b a dedicada por entero a auxiliar a los que dejaban la tierra.
42
LA DECIMOTERCERA CANDELA
El lama miró atentamente, apelando a sus sentidos telepáticos pa ra
calc ular la capa cidad del esp íritu recién liberado y a su tercer
ojo para ver realmente su forma. Luego, quebró el silencio con su
enseñanza telepática.
— ¡Oh, Espíritu recién liberado! —dijo—. ¡Presta ate nc ión a
mis p e ns am ient os para q ue t u trá ns it o p ue da as í fa c ilit ars e !
Re para e n la s instr uc c ione s que voy a darte para que tu camino
se allane, pues m i l l o n e s h a n a n d a d o e s e c a m i n o a n t e s q u e t ú
y millones lo andarán.
Aq u e l la e n t id a d v a p or o s a , q u e ha s t a m u y p o c o antes había
sido
en la
tierra
un
hombre sumamente
av isado,
se
t urbó
ligerament e y un t int e v erdos o y oscuro cubrió su ser. Una leve
agitación la recorrió en toda su extensión y luego se apaciguó
hasta qued a r s e q u i e t a . N o h a b í a , e m p e r o , n i n g ú n i n d i c i o ,
aunque fuese vago, de que esa entidad estuviese ya en vísperas de
despertar
del
coma
del
tránsito
de
la
muerte
terre nal
al
nacim iento e n el p lano del e sp íritu.
El la ma ob s erv a ba es t udia nd o, c a lc ula nd o, e st im a n d o . A l
f i n , v o l v i ó a h a b l a r t e l e p á t i c a m e n t e y dijo:
— ¡Oh, Espíritu recién liberado de las ataduras de la carne,
escúchame! Encendemos la quinta rama de incienso para atraer tu
atención que divaga, a fin de poder guiarte.
El joven acólito había estado rumiando el problema de cómo
hacer para largarse a jugar. Hacía un tiempo excelente para
remontar cometas. Y si otros andaban por ahí, ¿por qué no él?
¿Por qué tenía él que... ? Pe r o en e s e m om e nt o v olv ió a pr e st ar
at e nción rápidamente y encendió con premura la quinta rama de
incienso, soplando la llama con tal fuerza que, en seguida , la
v ara comenz ó a llamear nuev amente.
43
LOBSANG RAMPA
El humo ascendió serpenteando y entretejió sus tenues hilos
en torno a la figura suavemente ondulante del espíritu que
flotaba por encima del cuerpo muerto.
El muchachito volvió a sumirse en sus pensamientos respecto
del vuelo de las cometas. "Si le pusiera e l c or d e l un p o c o m á s
a t r á s " — c o n je t ur a b a — , " le d a r ía un m a yor á ngu lo d e a t a q ue
c ont r a e l a ir e y subiría más rápido. Pero, si hago eso...". Mas sus
reflexiones se vieron nuevamente interrumpidas por las palabras del
lama.
— ¡Oh, Espíritu liberado —entonaba éste—, que tu a l m a e s t é
a l e r t a ! M u c h o t i e m p o h a c e q u e t e h a s agostado bajo el peso de
las
supersticiones
propias
del
ignaro.
Te
traigo
sapiencia.
Encendemos la sexta rama de incienso para darte sabiduría, pues
debes saber que estás por emprender tu viaje.
E l a c ó l it o r e b us c ó f r e né t i c a m e n t e e n e l o s c ur o piso de tierra
la rama que acababa de sacar y masculló uná exclamación de las que
no se enseñan en el lamasterio cuando sus dedos se encontraron
con la mecha encendida, detrás de la cual se hallaba la vara. A toda
prisa le prendió fuego y la metió en el incensario.
E l l a m a l e e c h ó u n a m i r a d a d e r e c o n v e n c i ó n y prosiguió
instruyendo al Difunto Espíritu.
—Tu v ida, de sde la cuna al sep ulcr o, se ha enre d a d o c o n
s up e r s t ic i one s y f a ls os t e m o r e s . Ha s d e saber que muchas de
tus creencias no tienen fundame nt o. Ha s d e sa b er q ue m uc hos
de los de m onios q ue teme s que se te aparezcan s on frut o de tu
propia fantasía. La séptima rama de incienso se enciende para
obligarte a que te quedes aquí, de modo de poder instruirte y
prepararte adecuadamente para el viaje que tienes por delante.
Como el acólito estaba ya preparado con el incienso encendido y
humeante, el lama continuó con sus exhortaciones y sus enseñanzas.
44
LA DECIMOTERCERA CANDELA
—No somos más que muñecos del Unico que está en lo Alto,
puestos sobre la tierra para que El pueda experimentar las cosas de la
tierra. Percibimos confusamente nuestra naturaleza inmortal, nuestros
vínculos eternos, y al percibirlos tan oscuramente la imaginación trabaja,
tememos y buscamos explicaciones.
Ca lló y obs erv ó la v ap or osa y s ile nt e f igura q ue te nía ante
sí. Miró y v io el grad ual desp ertar, el re surgir de la conc ie ncia.
Sintió e l pánic o, la incerti dumbre, experimentó la dimensión del
choque espantoso del que es arrancado violentamente de en medio
de las cosas y lugares familiares. Sintió y comprendió.
E l e s p í r i t u s e i n c l i n ó y o n d u l ó , l u e g o , e l l a m a continuó:
—Habla con tu pensamiento. Yo captaré esos pens am ie nt os s i t e
re c up era s d el e s t up or d e l c hoque. Piensa que puedes hablarme.
La forma latió y vaciló; las ondas se mecieron a lo lar go de e lla
y luego, c om o e l a pa ga d o p ia r inic ia l del pájaro que acaba de salir
del cascarón, se oyó el lamento de un alma amedrentada.
—Estoy perdido en el yermo —dijo—. Tengo miedo de los demonios
que me acosan. Temo que quieran arrastrarme a las regiones profundas y
quemarme o congelarme por toda la eternidad.
El lama cloqueó con lástima.
—P or na da t e a tr ib ula s, Es p írit u. ¡Es c úc ham e ! Aparta de ti
esos vanos temores y escúchame. Préstame atenc ión para que
pueda guiarte y prop orcionarte alivio.
—Te escucho, santo lama —replicó la forma—, porque tus palabras
habrán de serme de provecho.
El lama hiz o una ind ica c ión d e cab e za a s u a c ólito, y éste tomó
al punto una ramita de incienso.
45
LOBSANG RAMPA
— ¡Oh, de s pav or id o Es p ír it u! — sa lm od ió aq ué l. La octava
rama de incienso encendemos para poder guiarte.
El acólito arrimó presuroso la mecha al incienso y, satisfecho del
resultado, lo introdujo en el sahumad o r y p r e p a r ó o t r o p a r a
c a r g a r l o e n e l m o m e n t o oportuno.
— E l h o m b r e e s e n l a t i e r r a u n s e r i r r e f l e x i v o —prosiguió el
lama— que se entrega. a creer lo que no es en lugar de lo que es. El
hombre está sumamente entregado a la superstición y a las falsas
creencias.
Tú, Espíritu, temes que los demonios te cerquen. Sin embargo, los
demonios no existen, salvo aquellos que ha creado t u fantas ía y
que se desv ane cerán c omo una bocanada de humo al viento
cuando comprendas la verdad. En torno a ti hay sombras insustanciales
y c a r e nt e s
de
s e nt id o
q ue
s ól o
r e f le ja n
t us
a t e r r or i z a d o s
p e n s a m i e n t o s c o m o u n a t r a n q u i l a f u e n t e podría reflejar tus
facciones si te asomaras a ella.
Son sombras engañosas, apenas criaturas de un momento, como
son las reflexiones del hombre alcoholizado. No temas; nada hay que
pueda dañarte.
El espíritu gimió de terror y dijo, telepáticamente:
Sin
que
embargo,
veo
demonios;
veo
monstruos
parlotean, que alargan sus garras hacia mí. Quieren devorarme.
Veo los rasgos de aquellos a quienes en vida he agraviado . y que
ahora vienen a pagarme con la misma moneda.'
El lama elevó sus manos para bendecir.
—
¡Escúchame, oh Espíritu! —dijo—. Mira atentamente al peor
de tus supuestos agresores. Míralo sev eramente y haz un esfuerzo
mental
para
que
se
ale je.
Ima gína lo
esf umá nd os e
en
una
nube c illa d e humo y así se desvanecerá, porque sólo existe en tu
afiebrada imaginación. Piénsalo ya. ¡Te lo ordeno!
46
LA DECIMOTERCERA CANDELA
El e sp ír it u s e e lev ó ba la nc eá nd os e. Sus c olor e s refulgieron
con toda la gama del espectro y al punto llegó la triunfante
exclamación telepática:
—
¡Se fue! ¡Se han ido!
La forma onduló expandiéndose y contrayéndose varias veces,
como podría hacerlo un ser terrenal que jadease luego de un gran
esfuerzo.
Nada
hay
de
temer,
salvo
el
temor
—dijo
el
lama—. Si nada temes, nada puede vulnerarte. Ahora t e h a b l a r é
d e l o q u e v i e n e a c o n t i n u a c i ó n ; l u e g o deberás emprender la
prolongada etapa de tu travesía hacia la Luz.
El espíritu resplandecía ahora con nuevos colores; v e ía s e q ue
ha b ía t oma d o c onf ia nza y q ue e l t em or había desaparecido. Así,
pues, aguardaba enterarse de lo que aún debía afrontar.
—Ya es el momento —dijo el lama— de que prosiga s t u v i a j e .
C ua n d o t e ha ya d e ja d o, s e n t ir á s u n poderoso impulso de flotar
a la ventura. No te resistas. Las corrientes de la Vida te llevarán a
través de torbellinos de niebla. Hórridos rostros te observarán desde
la oscuridad, mas no les temas: a una orden tuya se irán.
Conserva puros tus pensamientos, calmo tu semblante. Pronto
llegarás a un delicioso prado, d ond e ha b r á s d e e xp e r im e nt a r la
a le gr ía d e v iv ir . Acudirán a ti fraternales asistentes que te darán la
b ie nv e nid a . N o t e m a s . R e s p ó nd e le s . p ue s a na d i e encontrarás
allí que quiera hacerte daño.
La
forma
se
mecía
suavemente
mientras
escuchaba
las
Salón
las
advertencias.
—Luego
te
conducirán
amistosamente
al
de
Memorias —prosiguió el lama—, lugar éste que c o n s t i t u y e e l
r e p o s i t o r i o d e t o d o c o n o c i m i e n t o , d ond e t o d o a c t o, b ue n o o
m a lo, e je c ut a d o p or la s personas, queda registrado. Entrarás en
el Salón de las Memorias y sólo tú verás tu v ida tal como fue y
tal como debería haber sido. Tú, y nadie más que
47
LOBSANG RAMPA
tú, juzgarás del acierto o desacierto de tus acciones. N o ha y
ning ún ot r o j uic i o, a s í c om o t a m p oc o ha y infierno, salvo el que
puedan imponerte tus remordimientos. No hay condenación eterna
ni tormentos. Si t u v id a h a s id o e q u iv oc a d a , t ú, t ú s ól o
p o d r á s d e c id ir t u p ost er ior ret or no a la v ida t err e na para
realizar un nuevo intento.
Calló el lama e hizo una indicación al acólito, el cual de
inmediato tomó la última rama de incienso.
— ¡Oh, Espíritu que ya has sido aleccionado! — c o n t i n u ó — .
¡ E m p r e n d e t u t r á n s i t o ! ¡ V i a j a e n paz! Viaja sabiendo que
nada tienes que temer que no sea al temor mismo. ¡Anda!
L e n t a m e n t e , e l e s p í r i t u s e e l e v ó ; s e d e t uv o u n momento
para echar una última mirada a la habitac i ó n y l u e g o a t r a v e s ó
e l c i e l o r a s o h a s t a q u e s e esfumó. El lama y su acólito se
pusieron de pie, y, cuando hubieron recogido sus elementos,
abandonaron a su vez el cuarto.
Más tarde, cuando el sol alcanzaba ya el cenit, una figura harapienta
se aproximó a la casucha y entró. A poco v olv ió a salir llev ando
sobre los hombros la forma cubierta de vendajes que constituía
los despoj o s m o r t a l e s d e l p a d r e d e T i m ó n . L u e g o , s e e n c a minó
por el sendero pedregoso para trasportar aquel cuerpo al lugar en que
debían desmembrarlo y seccionarlo de modo que los buitres
pudieran dev orar sus restos y, con el trascurrir del tiempo, retornasen
trasformados a la Madre Tierra.
48
CAPITULO III
— ¡Ja, ja, ja!
La estruendosa carcajada resonó en la habitación, y e l j o v e n
d e l g a d o , i n c l i n a d o e n s u a s i e n t o y d e espaldas a quien así se
reía, dio un repullo como si le hubiesen dado un empellón.
—
¡E h, J us s ! — gr uñó a q ue l la v oz — . ¿Ha s le íd o esto?
J us t in T owne c ubr ió c uid ad osam e nte e l ór gano portátil que
estaba pulsando con tanta suavidad, y se puso de pie.
¿Si leí qué? —preguntó disgustado.
Con una amplia sonrisa, Dennis Dollywogga agitó un libro sobre
su cabeza.
—
¡Toma!
homosexuales
—exclamó—.
somos
Este
enfermos.
tipo
Dice
piensa
que
que
tenemos
todos
los
trastornos
glandulares y que somos una mezcla de hombre y mujer. ¡Ja, ja, ja!
J u s t i n s e a c e r c ó p a r s im o n i o s a m e n t e y t om ó e l libro que le
extendía su amigo. Estaba abierto en la p á g i n a n o v e n t a y n u e v e
y d e b i d o a q u e a q u é l l o había doblado excesivamente en su
arranque de hilaridad, la unión del lomo se había roto.
D e n n i s o b s e r v ó p o r e n c i m a d e l h o m b r o d e s u compañero y
con un d edo largo y afilado s e ñaló el pasaje exacto.
—
¡Ahí! —dijo—. Empieza ahí. Léelo en v oz alta, Juss; el tipo
éste debe de ser un perfecto ingenuo.
49
LOBSANG RAMPA
Se acercó a una poltrona y se echó muellemente con un brazo apoyado al
descuido en el respaldo. Justin limpió los cristales de sus anteojos, se los
volvió a calar y, luego de doblar el pañuelo y ponérselo en la manga, tomó el
libro y leyó: En el trasiego que supone el paso del mundo astral a este otro
que llamamos Tierra, se producen confusiones. Nacer es una experiencia
traumática, un acontecimiento sumamente brusco; de manera que es fácil
que algún mecanismo muy delicado se altere. Por ejemplo: un niño debe
nacer, pero como durante la gestación la madre no se ha preocupado mucho
por su alimentación ni por sus actividades el niño no ha recibido lo que
podríamos llamar un aporte químico balanceado. Es decir, el niño puede
estar falto de algún componente químico y de este modo haberse
desarrollado defectuosamente ciertas glándulas. Digamos que la criatura
debía nacer mujer, pero, por la carencia de determinados factores químicos,
nace varón; varón con inclinaciones femeninas.
Los padres, al advertir que han dado vida a una pobre criaturita
afeminada y que la han expuesto a excesivos mimos o cosa parecida, tal vez
deseen inculcarle cierto discernimiento para que, de un modo o de otro, se
vuelva más varonil; pero de nada servirá. Si las glándulas funcionan mal, a
pesar de los atributos masculinos, el nuevo ser seguirá siendo mujer en
cuerpo de varón. En la pubertad, es posible que el joven no se desarrolle
normalmente o que continúe desarrollándose en el aspecto exterior. Pero, ya
en la escuela, bien puede evidenciarse como un flojo, sin que al pobre le sea
posible evitarlo. Al alcanzar la edad adulta, se encuentra con que no puede
"hacer las cosas que vienen naturalmente" y que, en cambio, lo atraen los
muchachos, los hombres. Esto sucede, evidentemente, porque todos sus
deseos son los deseos propios de la mujer. Su psique en sí misma es
femenina, aun cuando por una desdichada serie de circunstancias esa
femineidad haya sido provista con atributos masculinos, que no le sirven de
mucho, pero que están a la vista. En consecuencia, el varón se trasforma
entonces en lo que solía llamarse "ninfo", y tiene tendencias homosexuales.
Cuanto más femenina es su psique, más fuertes son esas inclinaciones.
50
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Si una mujer tiene psique masculina, no le interesan l o s h om b r e s s i n o
la s m u j e r e s , p or q ue e s a p s i q u e , q u e e s t á más próxima al Superyó
que el cuerpo físico, retrasmite m e n s a je s c onf u s os a e s e S up e r y ó, e l
c ua l d e v ue lv e la or d e n: " Ma n os a la ob r a ; ha z l o q u e t e
c or r e s p o nd e " . E s a p o b r e y d e s v e nt ur a d a p s iq u e m a s c ul i na
s i e nt e r e p u l s i ó n, p or s up u e s t o, s ól o d e p e ns a r e n " ha c e r l o q ue
le c or r e s p on d e " c on un ho m b r e , d e s u e r t e q u e t o d o s u i nt e r é s
s e c on c e n t r a e n la m u je r ; y a s í n os e nc o n t r a m os c o n e l
espectáculo de una mujer que le hace el amor a otra y a la c u a l
d e n om ina m o s l e s b ia na , c a l if ic a t iv o t om a d o d e u na i s la gr i e ga
d o n d e e s o s o l ía s e r u n h e c h o c om ún. C a r e c e t ot a lm e nt e d e
s e nt i d o c o nd e na r a l o s ho m o s e x ua le s , p ue s n o s e t r a t a d e
b r i b o n e s ; ha y q u e c on s id e r a r los, en cambio, como gente enferma, como
personas que p a d e c e n t r a s t or n o s g la nd u la r e s . De m a n e r a q u e , s i
la m e d i c ina y l o s m é d i c o s s e t om a r a n m á s in t e r é s , p od r ía n
ha c e r a lg o r e s p e c t o d e t a l e s d e f ic i e n c ia s . D e s p ué s d e m i s
ú lt im a s e xp e r ie n c ia s p e r s o na le s , c a d a v e z m e c o nv e nz o m á s d e
q u e lo s m é d i c os o c c i d e nt a l e s s on un despreciable hatajo de anormales
a quienes sólo inter e s a ha c e r s e r á p i da m e n t e d e d in e r o. P e r o, p or
i ne na r r a b l e m e nt e d e p l or a b l e s q u e ha ya n s id o e s a s e x p e r i e n c ia s
m ía s , n o e s t o y h a b la nd o a ho r a d e m í s in o d e lo s ho m o s e x ua le s .
S i una l e s b ia na (m uj e r ) o u n h om os e x ua l (v a r ó n) a c ie r t a a
e n c o nt r a r im m é d ic o c on s c i e nt e , é s t e p u e d e r e c e t a r le e x t r a c t o s
d e g lá n d u la s q u e c i e r t a m e n t e m e jor a n m u c h o e s os e s t a d o s y
t or na n l le v a d e r a l a v id a ; p e r o, p or d e s gr a c i a , c o n la a c t ua l
a b u n d a n c ia d e m é d i c os q u e s ól o p a r e c e n d is p ue s t o s a ha c e r
d i n e r o, h oy e s p r e c i s o b u s c a r m uc h o p a r a ha l la r u n o h ue l l o.
P e r o e s i n út i l q u e s e c o nd e ne a l o s h om o s e x ua l e s , p or q u e la
c ul p a n o e s d e e l l os . E s g e n t e muy desdichada que vive en estado de
confusión, que no s a b e q ué p ud o ha b e r le s uc e d id o y q u e n o p u e d e
s us t r a e r s e d e l o q u e , e n d e f i n it iv a , e s e l im p u ls o m á s p o d e r os o
d e l h om b r e y la m uj e r : e l in s t i nt o d e la r e p r od u c c i ó n.
L o s a t r of ia d or e s d e l c e r e b r o, a l ia s p s ic ó l o go s , n o s ir v e n
r e a lm e nt e d e m uc h o, p ue s le s l l e v a a ñ os ha c e r l o q ue c ua l q u ie r
p e r s o na c or r ie nt e p od r ía h a c e r e n u n os p oc o s d ía s . S i s e
e xp li c a c la r a m e n t e a l o s h o m o s e x ua le s q u e l o q u e t i e n e n e s u n
d e s e q u i li b r io g la n d u la r , p or lo ge n e r a l l o gr a n r e g u la r l o. P or
e s o, la s l e ye s v ie n e n m od if ic á n d os e p a r a a d a p t a r la s a t a le s
c a s o s , e n l ug a r d e a l e nt a r q u e s e l o s s om e t a a u na d e s p ia d a d a
p e r s e c uc i ó n y a e n c a r c e l a m i e nt o p or lo q u e e n r i g or d e v a r e : 1 nd
e s u na e nf e r m e d a d .
51
LOBSANG RAMPA
Hay varias maneras de prestar asistencia a esa gente. La
pr im era c onsis t e e n q ue a lguna p er s ona m uy e nt e nd id a y
bastante mayor, d e prof und os se ntim ie ntos caritativ os por
e l q ue s ufr e, le e xp liq ue c on e xa ct it ud de q ué s e tr ata. L a
s e gu nd a e s igua l q u e la a nt e r ior , p e r o c on e l a gr e ga d o d e
que a l pa c ie nt e hay q ue s um inis trar le a lgún me d icam e nt o
q u e s up r im a la n e c e s id a d , e l d e s e o s e x ua l. L a t e r c e r a r e quiere, también, que se e xp liquen las c osas y que un b ue n
mé d ic o re c e te las inye c c ione s de horm ona s o t e st os ter on a
que le p erm ita n a lc anzar d ef init iv am e nte a l or ga nis m o s u
acomodación sexual.
Lo fundamental es que nunca, se debe condena r a l hom os e xua l, p ue s t o q ue e s ino c e nt e . Se lo c a s t i ga
p or a l g o q u e no ha he c h o, p or un e r r or d e la n a t ur a le z a ;
p or q ue q uiz á s u m a d r e t uv o una d i e t a ina d e c ua d a , o p or que tal v ez madre e hijo eran químicamente incompatible s. C om o q uiera q ue s ea, y d e c ua lq uier m od o q ue se lo
considere, sólo es p osible hacer algo por los hom ose xuale s
s i s e l o s t r a t a c o n v e r d a d e r a c o m p r e n s i ó n y s i m p a t í a y,
posiblemente, con una medicación adecuada.
Concluida la lectura, Justin preguntó:
—¿Qué libro es éste? —Luego, cerrando de golpe la tapa,
leyó—: Lobsang Rampa, Avivando la llama. —Y agregó
ásperamente—: ¡Vaya si avivará la llama si nos ataca!
—¿Y, Juss? ¿Qué te perece? —preguntó Dennis a ns i o s a m e n t e —
¿ Ha y a l g o e n t od o e s o o s ó l o s o n c o s a s d e u n t i p o q u e h a b l a
p o r q u e n o s d e t e s t a ? ¿Qué piensas tú, eh, Juss?
Justin se alisó prolijamente el labio superior donde el bigote
brillaba por su ausencia, y respondió en voz un tanto alta:
— D i g o y o, e s t e t ip o, ¿ n o e s u n e x m o nj e o a lg o por el
estilo? Quizá no c onoz ca s iquiera la difere n cia que existe entre un
hombre y una mujer.
Se sentaron juntos en la poltrona y se pusieron a repasar las
páginas del libro.
—Sin embargo, muchas de las cosas que dice aquí parecen acertadas —
reflexionó Justin Towne.
52
LA DECIMOTERCERA CANDELA
— E nt o nc e s , ¿c óm o e s q u e e s t á t a n e q u iv oc a d o acerca de
nosotros? —inquirió Dermis Dollywogga. Pero, en ese momento,
éste tuvo una idea verdaderamente brillante que le iluminó el rostro.
—¿Por qué no le escribes y le dices que está totalmente
equivocado?
A
ver;
¿figura
su
dirección
en
el
lib r o ?
¿ N o?
Ent onc e s m e im a gino q ue s e le p od r á escribir a la dirección de
la editorial. Escribámosle, Juss, ¿eh?
Así, pues, vino a acontecer que, cuando el tiempo e s t u v o e n
s a z ó n — c o m o s e d i c e e n l o s m e j o r e s ambientes—, el autor
R a m p a r e c i b i ó c a r t a d e u n caballero que le aseguraba que él no
sabía un ápice de homosexuales. De manera que, luego de
analizar punto por punto las duras manifestaciones acerca de su
sano juicio, de sus ideas, etcétera, el autor envió a su corresponsal
la siguiente invitación: "Le concedo q ue e s p oc o lo q ue c onozc o
re sp e ct o d e r e la c iones sexuales, a pesar de lo cual insisto en la
exactitud de mis observaciones; sin embargo, env íeme usted su
opinión referente a la homosexualidad y veré que mi editor,
siempre que se atrev a y lo tenga a bien, me permita publica r su
carta o artículo en mi decimotercer libro".
Al recibir la carta, dos cabezas se juntaron y cuatro ojos se
posaron áv idamente sobre ella.
— ¡Cáspita! —resolló Dennis Dollywogga, atónito—. El tipo
nos ha dev uelto la pelota. Y, ahora, ¿qué hacemos?
Justin Towne tomó aliento y contrajo el estómago.
—¿Qué hacemos? —preguntó con v oz trémula—. La respuesta
se la escribirás tú; eso es lo que harás, ya que la idea ha sido
tuya.
Hubo un momento de silencio. Al fin, ambos partieron hacia
lo que debía ser su ocupación, si bien
53
LOBSANG RAMPA
en la práctica se convirtió en un devanarse los sesos en horas de
trabajo.
Las manecillas del reloj giraban lentamente entorno a la esfera,
hasta que finalmente llegó el momento de abandonar el trabajo y
volver a la brega.
El primero en llegar a su casa fue Dennis, seguido a poco por
Justin.
— ¡Juss! —musitó aquél mientras mascaba el últim o b o c a d o
de
ha m b ur g ue s a — .
Juss;
en
n ue s t r a
unión,
tú
eres
la
inteligencia y yo la fuerza. ¿Qué te p a r e c e s i e s c r i b e s a l g o t ú ?
¡ C a r a m b a ! H e e s t a d o pensando en esto todo el día y no he
podido trazar una sola línea.
De modo, pues, que Justin se sentó a la máquina y en un abrir y
cerrar de ojos escribió la respuesta.
— ¡Ma-ra-vi-llo-so! —exclamó Dennis paladeando cada sílaba,
después de leerla detenidamente—. ¡Qué te pare c e ! — Y, lue go que
hub ier on d oblad o las hoja s c on c uid ad o, sa lió a d es pa c ha r la
car ta p or c orreo.
Los servicios postales del Canadá jamás 'habrían logrado
establecer una marca de v eloc idad, ya s ea por los paros, las
huelgas de brazos caídos, el trabajo a desgano o el trabajo a
reglamento, pero de todas maneras, antes que el papel criara moho, el
autor se encontró un día con el envío en su apartado postal, junto
con otras sesenta y nueve cartas. Revisándolas, d i o f i na lm e nt e c on
e s a p i e z a e s p e c ia l c u y o s o b r e rasgó para ponerse a leer de
inmediato su contenido-; al c abo, lanzó una interjección que
puede
interpretarse
como:
"Bien;
publicaré
todo,
carta
y
artículo, para -que la gente conozca el problema directamente por
boca del interesado".
M á s t a r d e , e l a u t or l e y ó d e n u e v o l a c a r t a y e l a r t íc u l o, y
v olv ié nd o s e a M i s s C l e op a t r a , s u ga t a siamesa, comentó:
54
LA DECIMOTERCERA CANDELA
—Y bien, Cleo. En mi opinión, esto justifica absolutamente lo que escribí
antes. A ti, ¿qué te parece? —Pero Miss Cleopatra tenía la cabeza en otra parte;
pensaba en comer. De manera que el autor se concretó a preparxr la carta y el
artículo para entregárselos al editor, y he aquí el contenido de ambos, para que
lo leáis.
Estimado Dr. Rampa:
Al enviarle un trabajo sin terminar, quiebro, por decirlo así, una costumbre
mía. Con ello quiero significarle que se trata de mi primer escrito, fruto de mi
pensamiento. No responde exactamente a lo que he querido decir, pero por
alguna razón me parece importante que se lo envíe. Cuando usted vea que no sé
expresarme y que conozco poca gramática, tal vez lo tire disgustado; pero no le
reprocharía nada por eso ni me enojaría.
No siempre digo bien lo que he querido hacer entender, y, si bien pensé que,
si hubiera tenido tiempo, lo habría corregido y vuelto a escribir una y otra vez
hasta dejarlo lo mejor posible, tal vez pueda servir de algo tal como está.
Algunas de las cosas que quise verdaderamente decir son: que muchos
homosexuales no son los mariquitas que se ven por las calles, no son los que
médicos y psiquíatras analizan en sus escritos, porque ésos son los emocionalmente perturbados. Como buscavida he trabajado en ciudades, en granjas, en
rodeos, etc., y conozco homosexuales en todas partes que son tan normales
como las medialunas, por decirlo así. O sea, que pueden ser muy varoniles, que
pueden pensar y obrar como hombres y que no piensan ni actúan como mujeres
ni tienen ninguno de los caracteres femeninos que tantos heterosexuales parecen
pensar que tienen.
Quise poner de relieve el hogar, el papel importante que el homosexual podría
desempeñar en el mundo si se lo quitara de encima y no lo lamentara. Yo no creo
en ciertas cosas como esa "alegre liberación" que todos los jóvenes de hoy
piensan que hay que considerar importante, sino en seguir adelante y hacer bien
lo que a uno le corresponde, con las herramientas que se tienen (o sea con sus
propias dotes, etc.). Traté de señalar también que en mi caso yo provengo de un
hogar perfectamente normal, sin dependencias que me hicieran un perturbado
emocional; y que realmente
55
LOBSANG RAMPA
nadie sabe ni supone que yo sea un "alegre", a menos que yo quiera decirlo... No
me avergüenzo de ello en modo alguno ni me parece que a nadie debe importarle
más que si soy demócrata o republicano, cristiano u hotentote. También sé
que tengo más suerte que muchos porque toda la gente en seguida quiere
abrirme su corazón y de ese modo he aprendido mucho, muchísimo sobre los sentimientos de las personas.
Ahora bien, en cuanto a la publicación, puede usted disponer de la totalidad
o de cualquiera de las partes de este artículo que usted desee; puede redactar,
cambiar, corregir o suprimir a su criterio, o puede tirarlo al cesto si no le sirve, que
n me ofenderé. Si le hace falta un nombre, puede poner "Justin"; y si por una
REMOTA casualidad (porque no me hago ilusiones al respecto) quisiera usted
utilizar TODO O PARTE DE ESTO, Y SI TUVIERA (perdón por las
mayúsculas) que dar mis señas a alguien que honradamente quisiera
plantearme algo en favor o en contra, no tendría inconveniente en escribirle, pero,
como no tengo número de casilla de correo particular, tendría que poder
escribirle yo primero. Siempre parece que sin responsabilidad de -mi parte,
como por predestinación, la gente me encontrase de pronto y fuera como si yo
tuviera la misión de ayudar... Incluso ahora, estoy ayudando a una cantidad de
personas, pero no de mi misma clase, por decirlo así.
Bien; me parece que nada más... Me gustaría escribir algún día un libro sobre
mi vida, lo mismo que les gustaría hacer a tantos otros, porque eso parece
estimular a mucha gente a juzgar con más rigor; pero quizás lo haga cuando tenga
más años. En la actualidad estoy muy ocupado atendiendo un trabajo, una casa y
haciendo muchas cosas agradables, la jardinería, por ejemplo, me gusta
mucho. Tenemos un lugarcito de terreno con espacios agrestes y mucho
trabajo. Me gustaría que pudiera usted visitarlo; creo que le agradaría. Con los
mejores deseos para usted y sus proyectos, salúdalo sinceramente
JUSTIN.
Todo el mundo sabe que las características de cada individuo respecto de
las de los demás son tan variadas como las estrellas del firmamento o las arenas de
la playa. Nadie duda, creo, que eso es lo que hace que el mundo sea lo que es, lo
que hace que haya hombres admirables y hombres insignificantes, lo que produce
la grandeza y el
56
LA DECIMOTERCERA CANDELA
derrumbe de las naciones y lo que ge nera la atracc ión y la
r e p u ls i ó n e nt r e u na p e r s o na y o t r a . P a r a m a y or c la r id a d
convengamos en que las características del mundo abarcan
tod os los rasgos, maneras, v alore s y deb ilidades ind iv idua les, los d efe c t os, la s v ir t ude s y, e n ge ne ra l, la s uma t ota l
d e l o q ue ha c e q u e c a d a i nd iv id u o s e a d if e r e nt e d e t od o s
los d e m á s i nd iv id u os . Al gun a s d e e s a s c a r a c t e r ís t ic a s la s
traemos e n e l m omento de nacer, ya sea porq ue las hemos
a d q uir id o e n v i d a s a n t e r i or e s o p or ha b e r la s e le g id o p or
necesarias para auxiliamos en esta vida a fin de llegar a ser
una pers ona más c ompleta. De manera que, también, algu nas de tales características han sid o adquiridas en el tras curso de esta vida.
Se gú n la s é p oc a s y l uga r e s , la s s oc ie d a d e s c ons id e r a n
b ue na s o m a la s d is t int a s c a r a c t e r ís t ic a s , e s d e c ir, c onv enie nt e s o p e r ju d ic ia le s o m e r a m e nt e d e m a s ia d o c om une s
c o m o p a r a t e n e r l a s e n c u e n t a , c o nf o r m e a l o s p u n t o s d e
v is t a y n e c e s i d a d e s p a r t i c u la r e s d e c a d a s o c ie d a d e s p e c í f ic a . P e r o n o no s o c up e m os d e la s s o c i e d a d e s e n p a r t i c u la r ; f i jé m o n o s e n c a m b i o e n la s e n s e ña nz a s d e t o d a s la s
grandes re ligiones, e st o es, e n que cada hombre v ie ne a la
t i e r r a e x p r e s a m e n t e p a r a a p r e n d e r y e x p e r im e n t a r d e t e r minadas cosas, que viene a la tierra y elige deliberadamente aquellas características que sólo él necesita para su
p r op io d e s e nv olv im ie nt o. Es t e e nf oq ue n os p e r m it e m ir a r a
l o s h o m b r e s c o n m a y o r c om p r e n s i ó n , c o n m á s t o l e r a nc i a ,
y le confiere más significación a la sentencia: No
juzgues, si no quieres ser juzgado. Est o no quiere d ecir
que la vida del hombr e esté enteramente predestinada,
p orq ue s u a lb e dr ío p ue de r e b asar e l p od er d e s us car ac t e rísticas indiv iduales innatas y optar por utilizar o desdeñar a
voluntad esas condiciones connaturales.
De la s muc has caract eríst ica s que e l hombre p os ee, las
d e na t ur a le z a e m o t iv a p a r e c e n s e r p or l o c om ú n la s m á s
p od er osa s. Entr e é st as se c ue nt an, en p art e, s us gus t os y
aversiones, sus deseos y sus afectos, etc. De ellos, sus afect os, o se a, e sa r e la ción em oc iona l q ue s e pr od uc e p or s us
a m or e s y s us od io s y p or q uie ne s lo r od e a n, d e s e m p e ña n
un p a p e l e xt r e m a d a m e nt e im p or t a nt e e n s u d e s a r r oll o e n
tod os los demás as pect os de su ev olución. Por e jemp lo, un
hom bre puede amar el trabajo que ha elegido hasta tal
extremo que todas las demás experiencias de la vida
queden a un lado. Puede am ar a su fam ilia a tal punto
que sa cr if iq ue s u pr op ia ev oluc ión a f in d e a s e gurar le s us
deseos y necesidades. Por el mismo impulso afectivo, el
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LOBSANG RAMPA
h om b r e p u e d e od ia r h a s t a e l e x t r e m o d e c o ns um ir t o d a s
sus energía s e n procura de eliminar lo q ue od ia, olv idand o
p or c omp let o t od o aq ue llo q ue t e nía la m is ión d e re alizar.
Ahora bien, esto es particularmente cierto en cuanto a sus
a m or e s y s us od i o s ha c ía ot r o i nd iv id u o; p e r o, c ua n d o a
e s t a s c a r a c t e r ís t ic a s e m oc io n a le s s e a gr e ga la más p e r judicial de todas, la del miedo, pueden ocurrir todos los
e stra gos, p ued e p er d ers e e l r ac ioc inio y p ued e s obr ev e nir
un desastr e total. Por ejemplo, un amante descubr e de
pronto que su amada tiene evidentemente otro pretendiente que al parecer está ganando la batalla. Su amor por
ella se torna repentinamente aún más intenso, su temor de
p e r d e r la m a g n if i c a s u a v e r s i ó n ha c i a e l c o m p e t id or y, s i
no se domina, puede hasta olv idar su lucha por conquistar
e l am or d e e lla y c onc e ntr ars e s ola me nt e e n e lim inar a s u
antagonista por la calumnia, el engaño y por muchos
ot r os r e c ur s os t od a v ía m á s te r m ina nt e s . O p ue d e s e r q ue
a c um ule y ga s t e t od a s s us e ne r gía s e n c om p a d e c e r s e a s í
m is m o, s i n q u e c o n e ll o d e j e d e v o l c a r s e c r e t a m e nt e s us
te m or es y s us od ios c ontra s u a dv er sar io, lo c ua l a s u v e z
le insum e todas sus ener gías, de suer te que m uy a m enudo se resienten su trabajo, su salud, su felicidad y
generalmente se altera todo su desarrollo.
De ma nera, p ue s, q ue e l am or y e l t em or, y s us c ontra p a r t id a s , e l od i o y e l e nt e n d i m ie n t o (p or q u e n o ha y h om bre que tema lo que compr ende perfectamente), son las
más fuertes de todas las características humanas. Nunca se
manifiestan con más fuerza que en las creencias religiosas,
la s c onv ic c ione s p olít ica s y e n los a fe c t os p er s ona le s. L as
culturas, los gobiernos, las ciudades, las poblaciones y. los
pe q ue ños gr up os, t od os s e guía n y s e r ige n p or s us ac t it udes respecto de estas características predominantes.
C o n s i d e r e m o s l o q u e e s p a r t i c ula r m e nt e c a r o e im p or tante para casi todos los seres humanos: Su amor personal
hacia otra persona y sus efectos sobre los demás. El amor
es ciego, En amor, todos los gustos son buenos y El amor
todo lo puede son sentencias muy válidas...
J ua n y M a r ía s e e na m or a n y s e c a s a n c o n t r a la v ol u n t a d
de sus familias y de esta manera cada miembro de ellas
pued e ha cer que t oda la v ida sea de des dic has y antagonismos. Per o no nos oc upe m os de ca s os ind iv id ua le s s ino d e
u na d if e r e n c ia un iv e r s a l y m á s n o t a b le . T om e m o s la d if e rencia entre el heterosexual y el homosexual. El heterosexual (varón o hembra) nace en un mundo que parece
desenvolverse por pura necesidad de manera hetero-
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
s e x u a l . . . D e m á s e s t á d e c i r q u e é s t a e s l a f or m a n o r m a l
para la procreación, etc. Por ello, el heterosexual no
alca nza a ent e nd er la m a ner a d e r az onar d e l hom ose xua l.
Hay quienes piensan que éste es un ser degenerado,
l a s c i v o , i n c a p a z d e d o m i na r s u s a p e t i t o s ; o t r o s l o c o n s i der a n un e nf erm o, e tc. Exist e n ce nt e nar es d e libr os s obr e
la materia, la mayor parte escr itos por psiquíatras que
opinan que los homose xua les son d isminuid os me ntale s, o
por médicos que estiman que habría que cambiarles
c i e r t o s s i s t e m a s o a p li c a r le s c oa d y uv a n t e s m é d ic o s p a r a
modificarlos; y unas pocas obras escritas por homo-.
s e xua les q ue tra ta n d e d ef e nder s e d e s es p era dam e nt e y d e
justificar algo su a v eces desdichada existencia. Por desgra cia, debido a que las susceptibilidades se propagan grandem e nt e e nt r e la ma yor ía d e los he t e r os e xua le s ign or a nt e s ,
no puede haber una nómina de quién es quién en el
m u n d o d e l h o m o s e x u a l . . . E m p e r o, p a r a q u i e n e s t á i n f or mado, la lista es sumamente extensa. Com o ocurre con
todos los conjuntos de personas, podemos subdiv idir y
clasificar a los homosexuales en tres grupos principales. El
p r i m e r o c o m p r e n d e a l o s q u e s e m e n c i o n a n e n Avivando
l a l l a ma , e s d e c i r a l o s q u e p o r u n a c o n t i n g e n c i a e n e l
nacimiento resultan ser como son. El segundo abarca a los
q u e d e s p u é s d e na c e r t i e ne n in t e n s os p r o b le m a s e m o c i ona le s y se v ue lca n a la hom os e xua lid ad par a r es olv er los o
mit igar los. Es t os s on los gr up os s obr e los c ua le s e s cr ib e n
los m édicos y los psiquíatras. Sin embar go, am bos son
muy p eq ue ños c on re lac ión a l ter c er o y e l m ás imp or ta nte
d e e l l os . E n e s t e gr up o s e e nc u e nt r a n l o s i nd iv i d u os q u e
p o s ib le m e nt e n o p o d r í a n a p r e n d e r t od o l o q u e d e b e n s i n
ser homosexuales. En otras palabras, son los que optan
por venir a este mundo, en esta vida, como homosexuales.
Ant e s d e e nt r a r e n e s t o, r e pa r e m os e n e l he c ho d e q ue
en el mundo hay millones de hom osexuales, hombr es y
m u j e r e s , y q u e a l g u n o s d e lo s m á s p r e c la r o s t a m b i é n l o
han sido.. . No obstante, el com ún de la gente no tiene
idea de q ue entre s us amigos , héroe s y líd eres haya tantos
que no tienen la misma manera de pensar que ella. En
ciertas ciudades del Oeste el porcentaje se eleva al diez
por ciento, e incluso hay estadísticas que arrojan cifras
m á s a lt a s . En la s z ona s r ur a le s , e l p or c e nt a je p a r e c e s e r
m e n or , d e b i d o, p or lo g e ne r a l, a q ue , c om o la m uj e r o e l
hombre homosexual joven deben buscar al de su misma
condición y todo el m undo se conoce per fectamente en
las comunidades pequeñas, a la persona le resulta violento
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LOBSANG RAMPA
permanecer e n una región hostil. El c om ún de la s persona s
cree que p ued e d ist inguir en c ualq uier mome nt o y e n
cualq uier lugar al homos exual, pero no es v erdad; ni s iquiera e s v erdad entre los hom ose xuale s. Hay m iles de
hombre s y mujeres casados y felice s, con muy lind os hijos ,
que s on homos exuales y que p ued en o no "e jerc er"
activ amente, c omo les gusta decir a los ps iquíatras. Tam bié n es falso q ue el hom os exual no pueda te ner relac ione s
con el s exo op uest o (si b ie n t oda regla tie ne s iempre s us e x
ce p cion es ). El homose xua l no tiene ge neralme nt e
contact os con e l s exo op ues to porque no exist e atracción ni
int erés, sino que se sient e más bie n c omo hermano, o
hermana, respe ct o de ést e... o, lisa y llaname nte, am igo.
Poc os homos exuales encontrará usted que no hayan tenid o
contact os c on e l se xo c ontrario, porque durante e l
crecimiento atrav iesan p or un gran atollader o al aceptar el
hec ho de que d eciden s er lo q ue son. ..; de m od o q ue
sie nte n la nece sidad d e proba rse, al menos, que p odrían si
lo d esearan... y al mism o tie mpo dem ostrarse que está n e n
lo c iert o en lo que hace n... Físicame nte, p ued e se r
agradable; pero s in esa "re ctitud" em oc ional es d esacer tado
y const it uye una pérd ida de t iempo, lo mism o que e s perder
el t iemp o jugar al fútb ol s i a uno no le gusta. Entre los
hom ose xuale s ha y muc hos ind iv iduos m uy suscep tib les, q ue
sue le n te ner un rígid o se nt ido d e la m oralidad y q ue no
andan d e una cama a otra (e xce pto cua nd o jóv ene s, lo c ua l
también s e aplica al mund o d e los het eros exuales...). Por lo
contrario, se hallan en la et erna búsqueda de un a ma nt e
permanent e... Una v ez hallad o, la v ida de la pareja no es
diferent e de la de los heter osexua les.
¿Por q ué p ued e ocurrir que alguien opt e por nacer
hom ose xual? P orque, c ontrar iament e a lo que s uce de c on
los otros grup os, puede n aprenders e ciertas c osa s. Si uno
decide na cer ne gro en un pa ís de bla nc os, o bla nc o en una
pob lación negra, pue de apre nder cóm o es s ent irse e n un
grup o minoritario y saber y e xperimentar cosas, etc., que no
podría sab er ni e xp erimentar como indiv id uo p er tenec ient e
a las masas de e sos conglom erados. Lo m ismo pa sa con e l
hom ose xual, sa lv o q ue éste tie ne una ser ie t ota lment e
diferent e de prob lemas que r esolv er... Por ejemplo, puede n
meterlo e n la cárc el (e n a lgunas parte s) por el mero hec ho
de ser c omo e s, pued e perder su emp le o, pue den echarlo de
la ciudad y p ue de v erse e xp ues to a t oda una cant idad d e
sit uaciones de sagradables
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
d e b id o a la gr a n i gn or a nc ia d e l m und o he t e r os e x ua l. E s e
torpe mundo heterosexual estima que es justo porque
para él ta l pers ona ate nta c ontra las leyes de los hombre s y
contra la ley de Dios... Sin embargo, permítaseme
decir aquí muy categóricam ente que: 1) si fuera por voluntad de Dios que él sea como es, ¿cómo puede ser
c on t r a S u v o lu n t a d ? ; 2 ) c o nt r a r ia m e n t e a l o q u e c r e e l a
mayor ía, ningún hom bre p ue de hacerse hom ose xua l s i no
lo es, así como tampoco ningún hombre puede trasformarse en heterosexual si no lo es. En verdad, todo hombre o mujer puede intentar cualquier cosa... Incluso
pued e ha cerlo d urante un bre v e lapso, com o lo ev ide nc ian e l
b us c a v id a s y la s p r os t it ut a s q ue ha c e n c ua lq u ie r c os a p o r
diner o, per o no es de éstos de quienes estam os hab la nd o. . . N i n gu na m a d r e ni n in g ú n p a d r e t ie n e n p or q u é
te mer q ue s u hijo o s u hija v aya n a c onv ert ir s e d e pr ont o
en otra cosa... Yo, que llevo mucho tiempo vivido y
cuya e xis tencia es la de hom ose xual, he pasad o gran part e
d e e s t a v id a inv e s t iga nd o e s t e v e r d a d er o p r ob le m a c on e l
n ov i c i o. P e r o m á s t od a v í a d e s p ué s . . . S i n e m b a r g o, ja m á s
he visto ninguna conversión feliz ni permanente de una
c o s a e n l a o t r a . S i n o e x i s t e e l " m i l a gr o " q u e a t r a e a u n
ser humano hac ia otro, nad ie pued e ha cer que s urja. Si se
pudiera, no habría casi homosexuales en el mundo, porq u e e l t o r m e n t o p o r e l c u a l a t r a v i e s a n d ur a n t e s u e v o l u ción e s tan inte ns o, que darían cua lquier cosa para que s e
produjese ese milagro. No obstante, hay en todo eso un
lado mucho más feliz, y es que el homosexual puede
a p r e nd e r , e v o l u c i o na r y r e a l iz a r c o s a s q u e p o s ib l e m e nt e
no podría aprender de otra manera.
P a r a e l hom os e x ua l c or r ie nt e , una v e z q ue s e a c e p t a a
s í m i s m o c o n p l e n a c o n c i e n c i a , e l m a y or d o n q u e r e c i b e
e s la c om pr e nsión... Ha ad q uir id o a trav é s d e s us pr op ias
experieficias v itales una profunda sensibilidad respecto de
los sentimientos de los demás y habitualmente tiene un
s e nt i d o m or a l m uy e s t r ic t o d e b i d o a l e x t r a or d in a r i o e s p í rit u inda ga d or q ue s e ne c e s ita par a ac e pt ars e a s í mism o
en tales condiciones. De esa manera le es posible hacer
muc ho bie n e n e s te m und o p orq ue ha a pr e nd id o la nec e s i d a d d e l a d i s c r e c i ó n , la n e c e s i d a d d e la v e r d a d , l a n e c esidad de tener una mente vivaz, la capacidad de captar
r ápida y exactam ente a la gente y de com pr ender inmediatamente una situación. En últim o análisis, su vida
entera ha depe nd ido d e esa c apacidad. As í, pues, los gran des líderes, guerreros, hombres de negocios, médicos y
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LOBSANG RAMPA
todos los campos de actividad de la tierra cuentan con el concurso de
los dones del homosexual. El homosexual suele poseer grandes
dotes o aptitudes artísticas y estéticas, en cuyo caso resultan ser
escritores, músicos, artistas. Por lo general son personas
compasivas, de acendrado amor hacia toda la gente, por lo cual
su acción reconfortante es notable.
Como consecuencia de t 'as estas ventajas, más el hecho
de ser (si así lo desean) indescubribles, pueden viajar por el
mundo como cualquier otra persona, y hacer mucho bien, sin
impedimentos, como tal•vez podría tenerlos un hombre con algún
defecto físico o mental de nacimiento, que podría hacer que la
gente le rehuyese. Es decir; si el homosexual quiere, puede
trazarse muchos objetivos en su camino.
En cuanto a la crónica, también, la tasa de delincuencia entre
los homosexuales es muy baja, pues son tolerantes y no tienen
propensión a la violencia física, de modo que es muy raro oír
hablar de violaciones dentro de su mundo. De seducción, quizá;
pero, aun así, eso es raro en comparación con el mundo de los
heterosexuales, sobre todo porque el homosexual tiene una gran
necesidad de amar y ser amado, lo cual no cuenta en la violación
ni en la seducción forzada. En general, el homosexual no es el ruin
libertino que tantos heterosexuales desavisados creen que es. Ello
ocurre, muy a menudo, sólo porque éstos no pueden concebir que
alguien pueda amar a otra persona de su mismo sexo. Sin embargo,
podemos enfocar esto de otra manera. En algunas encarnaciones es
necesario nacer como mujer para aprender ciertas cosas, y la vez
siguiente se puede nacer varón. Es decir, lo que cuenta es la persona y no el cuerpo físico que ocupa. Bien sabido es que los
sentidos físicos hacen comúnmente que haya atracción entre los
sexos opuestos a fin de que la población del m und o no sufr a
una de tención brus ca; pero, por los mismos medios, solemos
sentirnos atraídos hacia las gentes que constituyen el
complemento de nuestra personalidad y que percibimos que
podrán ayudarnos en el camino de la vida del mismo modo que
nosotros podremos prestarles nuestro apoyo... Y eso es lo que hace
el homosexual.
Quizá, si le refiero sucintamente algo acerca de mí mismo,
pueda usted apreciar más fácilmente este punto de vista.
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
Na cí e n una p eq ue ña p ob lac ión de Ca lif or nia, d e padres
perfectos. Eramos sumamente pobres, es verdad; pero nuestra
extraordinaria madre, cristiana devota, jamás permitió que nos
sintiéramos ni nos imagináramos ser "pobres". Eramos ricos y muy
afortunados, porque, en resumidas cuentas, cuando llovía, ¿quién
podía echar a navegar barquitos por el piso del cuarto de estar
mientras la madre leía emocionantes historias marinas? ¿Quién
tenía un padre que saliese con su rifle al anochecer y al cabo de
una hora trajese a su casa un conejo fresco, en lugar de tener que
comer carne común comprada en la carnicería? Eramos unos
niños afortunados, los tres, además de felices. Educada en una
escuela mixta de misioneros, el deseo más ferviente de mi madre era
que alguno de nosotros entrara en una orden religiosa. Hacia los cinco
años de e dad, me di cue nt a de que mi hermano y yo
teníamos ideas diferentes sobre la importancia de las chicas.
Dos años más tarde supe que nada me resultaba más atractiv o y
agradable que estar en c ompa ñía de muchachos y de hombres.
La belleza física del varón me maravillaba y, ya a esa edad, erá
importante para mí mirar a los muchachos, y eso que era uno más
entre ellos
(quiero decir que participaba en sus correrías y me unía a ellos); pero
siempre me daba cuenta de que la razón que yo tenía para que
me gustaran era distinta de la que tenían ellos para que les
agradara yo. Para ellos, yo sólo era uno más; para mí, ellos eran
algo muy especial, aun cuando no estaba del todo seguro por qué...
Comprendía que las chicas se deshicieran por ellos, pero las
compadecía porque nunca podrían ser un muchacho como yo y
ser ellas al mismo tiempo. Jamás quise ser una chica. Naturalmente,
como jóvenes que éramos, experimentábamos con nuestras cosas,
una vez que supimos que había algo más de lo que originariamente
saltaba a la vista. Así noté nuevamente que yo era distinto debido
a la manera cn que me "sentía" acerca de eso. Y aun entonces
siempre me sentía disgustado al saber que para el otro muchacho la
experiencia no significaba nada..., porque, para mí, era algo tan
espiritual como la religión. Eso me preocupaba porque tanto las
queridas y santas monjas como la Iglesia enseñaban que todo eso era
muy malo, sin duda; de suerte que yo ofrecía misas, plegarias,
velas, obras y toda clase de cosas, pidiendo ser como los
demás. No porque yo lo quisiera, pero tantas personas me
habían dicho que estaba equivocado... No con tantas palabras,
63
LOBSANG RAMPA
por supuesto, porque yo sabía que no podía atreverme a decirles realmente
cómo me sentía. Siempre he sabido escuchar a los demás, de manera que
podía entenderlos mejor, y yo sabía.
A los trece arios me aceptaron en un monasterio, donde yo pensaba
dar gusto a mi madre haciéndome monje. Sin embargo, me di cuenta de
que estaba equivocado y al cabo de un año y medio me fui. Me vi entonces
abandonado a mi propia suerte, porque mi familia me hizo saber que
no podía mantenerme. Eso fue desalentador. Significaba que no
tendría que ir a la escuela a menos que yo quisiera, porque debería
trabajar, y como, por supuesto, yo era un muchacho de salud normal, no
quería concurrir al colegio (de todos modos nunca había sido demasiado
bueno en él). Cuando salí de la gran urbe para buscar fortuna, por un
momento estuve a punto de ser marinero y echarme a navegar por los
siete mares, incluso llegué a introducirme como polizón en un barco, pero
el sentido común (o el miedo) me obligó a salir antes que zarpara.
Entonces se me ocurrió por un instante que podía ir a Arizona a pelear
contra los indios y los forajidos. Me gustaban los caballos y me daba
maña con ellos, de modo que podía servir en la partida; pero la idea de cazar
hombres con quienes podía simpatizar me apartó de llevar a cabo tal
empresa. Como tenía un temperamento aventurero, estaba en constante
movimiento, en la búsqueda de algún amigo especial y de nuevos descubrimientos. Al llegar a los dieciséis años había aprendido tres cosas muy
importantes. Primero, todos los hombres, mujeres y niños se sentían de alguna
manera atraídos hacia mí. Además, todos contaban conmigo y me hacían su
confidente, y así yo era como una estación receptora y debía reconfortar a
casi todos aquellos con los que me encontraba. Esto me llevó a casi todas
las clases sociales, por lo cual entre mis amigos (algunos de los cuales
todavía lo son) había adinerados, pobres, ladrones y sacerdotes.
En segundo lugar, me enteré de que era homosexual. Traté de
obligarme a llevar una vida heterosexual, pero eso siempre me parecía
impuro, mientras que con los de mi misma índole era de lo más espiritual y
digno que se pudiera pedir. Tercero, supe lo afortunado que era y todo lo
obligado que estaba hacia los demás debido a que era fuerte, seguro,
normal, aventurero y porque me necesitaban. Sin embargo, eso me
planteaba un serio problema. Me impo-
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
nía obligac iones para las cua les no estaba preparado, obli gaciones hacia los sentimientos de las personas. Me di
cuenta de que yo, como cualquiera, podía herir muchís i m o a l a g e n t e s i n o m e c u i d a b a . A d v e r t í, t a m b i é n, q u e
muc hos m uc ha c hos d e m i e d ad, p oc o má s o m e nos, lucha b a n t a n t e na z m e nt e a l s a b e r q ue e r a n hom os e xua le s , q ue
todo se les estaba trastr ocando, por lo cual algunos se
volcaban hacia la delincuencia para demostrarse a sí
mismos que eran hombres, otros se abandonaban y se
c om p or t a b a n c om o c hic a s, y ot r os s e hund ía n e n la s m á s
ne gra s pr of und id ad e s. C ompr e nd í q ue, de a lgún m od o, yo
p o d í a a y u d a r l o s . L a ú n i c a m a n e r a q u e y o c o n o c í a e r a la
de hacerme am igo de toda la gente que pudiera y dejar
q u e m e p i d i e r a n a y u d a . C om o t e n í a p r e d i l e c c i ó n p o r l o s
barr ios de ma la v ida, pa s é b as ta nt e t iemp o e n los sa lone s
d e b illa r e s y e n lo s p a r a d or e s . Sin e m b a r go, c om o ne c e s itaba también de la estab ilida d de lo más prósp ero, pasaba
igua lm e nte a lgún tiem p o e n la par te a lta d e la c iuda d. Mi
t r a b a j o m e l l e v ó h a c i a l a f o t o g r a f ía y l a s a r t e s c o m o m e dio d e v ida, si bie n c ualq uier a que fues e la ocupa ción q ue
me tocara des empe ñar era para mí atractiv a, en particular
s i a nte s no la ha b ía llev ad o a ca b o nunca. L le gó la guerra y
m e a l i s t é e n la a r m a d a . C u a nd o m e d i e r o n d e b a ja , tr a b a j é e n c a m p o s p a r a la j uv e nt u d y e n e s c u e la s d e r e e d u cación; pero eso no tenía la misma significación que
cuando por casualidad m e encontraba con alguien que
r e a lm e nt e m e ne c e s it a b a . . . P e r m ít a s e m e d e c ir , t a m b ié n,
q u e e n m i v i d a h a h a b i d o m á s h e t e r o s e x u a l e s q u e h o m osexuales y que nunca les dejé traslucir mis gustos, no
porque me avergonzara de ellos, sino porque muchos
p od ía n p e r d e r s u c onf ia nz a e n m í e n c a s o d e no c om p r e nder.
A comienzos de la década del cincuenta tenía yo
t r e in t a a r i os y ha c ía m uc h o t i e m p o q u e p e ns a b a q u e e r a
hora de ocuparme de mí mismo..., es decir, de ir a la
e s c u e l a . P e r o, c o m o n o h a b í a c u r s a d o l a s e c u n d a r ia , d e cidí ir a Europa, donde podría aprender lo que quisiera
sin tener que concurrir primero a ella y estar obligado,
después, a cursar todas las demás asignaturas que hay que
pasar en nuestros colleges y que son ajenas a la profesión
q ue s e e li ge . Ah or r é c ua t r oc i e nt os d óla r e s y m e m a r c hé a
Europa. donde pasé casi diez años y me encontré con
m u c ha g e nt e q ue n e c e s i t a b a d e m i a m i s t a d , a u n c ua nd o
y o n o d om i na b a b ie n l os i d i om a s . Al v o lv e r , a c om ie nz o s
de los años sesenta, me fui a vivir en pleno corazón del
65
LOBSANG RAMPA
famoso barrio de los altos de Asburry. Creo que fue allí
d ond e a p r e nd í lo p r inc ip a l y lo m á s ind e le b le . . . P or q ue a
los p oc os a ñ os s e c o nv ir t ió, d e un l uga r a d ond e la juv e n t u d i n q u i e t a v e n ía a e n c o n t r a r l a v e r d a d , e n u n s i t i o a l
cual iba a refugiarse de la v ida... Pero en los primeros
años aprendí bastante y mi edad y experiencia ayudan
muc ho a los d emá s. C om o t e nía un de par ta me nt o am p lio,
hice de él un hogar para los que no lo tenían. De esa
m a ne r a c onoc í ge nt e d e t od a c la s e d ur a nt e a q ué l p e r íod o
de tres años. Ahora tengo cincuenta y trabajo en un
m edio humano totalm ente distinto, aun cuando pienso
que a la postre los resultados son casi los mismos.
JUSTIN.
66
CAPITULO IV
El autor se sentó en su despacho y sonrió disimuladamente con
una mueca de gran comprensión. Aquello no era en realidad un
"despacho", sino una cama de metal sin alsticos y de lo más
incómoda, de esas q u e s e le v a nt a n y s e b a ja n a p r e t a nd o un
b o t ón y que, cuando están arriba, se produce algún corte de energía.
Empero, ése era el único lugar de que disponía, de manera que
se sentó en él, tal como estaba, con una sonrisa de verdadera
satisfacción.
La radio del Canadá estaba informando que el ex Primer Ministro
inglés, Mr. Harold Wilson, "se había expedido" acerca de la prensa.
Según él, si la prensa podía enterarse de algo, lo distorsionaba; y,
si no le era posible saberlo, lo inventaba.
¡E xa c t a m e nt e ! Es o e r a lo q ue e l a ut or v e nía d i ciendo desde
hacía años, pero era como si una v oz solitaria pred ica se en el
desierto. La pre nsa, e n la opinión del autor, es algo sucio. 'Nunca
había podido explicarse cómo se les podía ocurrir que fuesen algo
"especial". Hasta hace apenas unos años, a la gente c h is m o s a la
t ir a b a n a l e s t a nq ue d e l o s p a t o s d e l pueblo. Hoy, si una
persona tiene afición a la carroña, se mete de reportero en el
periodismo. El autor, debido a su amarga experiencia con la prensa,
creía a pie juntillas que esa caterva era en la actualidad la fuerza
más dañina de la tierra, responsable de todas las guerras y revueltas.
Sin embargo, lo que es verdad
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LOBSANG RAMPA
respecto de la prensa no lo es en cuanto a los editores, puesto que
al no haber impedimentos, esa mala hierba medra sin coto.
El autor, pues, se sentó en su despacho —la susodicha cama—
y miró a su rededor: una deteriorada mesa de cama adquirida de
centésima mano en algún hospital local, una aporreada y antigua
máquina de escribir japonesa y él mismo, el autor, aún más aporreado y viejo y cayéndose de puro arrugado.
Sobre el lecho se hallaban esparcidas alrededor de setenta cartas. La
gorda Taddy, la gata siamesa, se r ev olc aba e ntr e e lla s y a rat o s s e
rev olv ía
s obre
el
lomo
y
agitaba
las
patas
en
el
aire.
" C a m a r o n e s , camarones", refunfuñaba, "¿Por qué no hay camaron e s , e h ? ¡ E s o e s l o q u e y o q u i s i e r a s a b e r ! " L a hermosa
Cleopatra, su hermana, estaba echada junto al autor, con sus patas
replegadas y con una enigmática sonrisa en la cara. " ¡Patrón! ", dijo de
pronto lev antándose y sac udié ndose de la c ola una imagi naria
mota de polvo. "Patrón, ¿por qué no se sienta e n s u silla d e
rue da s y nos v am os a m ir ar los b ar cos? Uno se embota aquí dentro,
¿no? "
Justo frente a la ventana, el buque polaco Stefan Batory se
disponía a zarpar. El gallardete de partida, es decir la bandera azul
con un cuadrado blanco en e l c e ntr o, a ca ba ba d e se r iza d o y
una m ult it ud se a golp aba c omo oc urre s iem pr e q ue un b uq ue
e stá para hacers e a la mar. Durante unos ins tant es, el a u t o r
s e s i n t i ó t e n t a d o . " ¡ O h ! ¿ P o r q u é , n o ? " , p ensó; per o otra
v ez se impus o la cord ura —por lo demás, sentía un nuevo dolor
en ese momento—, de modo que musitó: "No, Cleo, tenemos que
trabajar; debernos escribir algunas cuartillas para poder pagar esos
camarones por los cuales tanto suspira Taddy." Miss Cleo bostezó,
saltó ágilmente al suelo y se alejó parsimoniosamente. Miss Taddy
pataleó, dio una voltereta final y la siguió.
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
El autor lanzó un suspiro que por poco hace volar t od a s la s
c a r t a s d e la c a m a y t om ó u n p uña d o d e és ta s. Abr ió una y
le yó: " ¿C óm o — tr ona ba e l r em itente— se atreve usted a decir que
no contestará ninguna carta a menos que se incluya el dinero para el
franqueo? ¿No sabe que la gente le dispensa un h o n or al
g a s t a r d i n e r o y t i e m p o e n e s c r i b i r l e ? ¡Tiene usted el deber de
contestar todas las cartas y de dar toda la información que se le
solicita! "
" ¡ T a t e , t a t e ! " , p e n s ó e l a u t o r . " H e a q u í u n a mocita que
se va a recibir una sorpresa." La máquina de escribir era un
cascajo v iejo y pesado que molía la s rod illa s c uand o s e la
ap oya ba e n e llas un rat o d e m a s i a d o l a r g o ; p e r o e l a u t o r n o
t e n í a l a c o m plexión de una sílfide, pues, si bien había rebajado
de sus modestos ciento veintiséis kilos, no bajaba del límite de los
noventa y siete aun cuando siguiese su dieta de mil calorías
diarias. El problema era, pues, otro: o su barriga era demasiado
abultada o excesivamente cortos sus brazos. En cuanto a tener
secretar i o . . .
alguno,
No,
porque
señor;
no,
solamente
los
señor a.
autores
No
tenía
que
secretario
escriben
cosas
pornográficas ganan lo suficiente para poder pagárselo.
De manera, pues, que nuestro autor tomó displic e n t e m e n t e a q ue l
v i l c a s c a j o q u e e r a s u a n t ig u a máquina de escribir y lo arrastró
hasta sus rodillas.
"Estimada señorita Buggsbottom —resonaron las teclas—: Su carta
ha sido recibida, aunque no bien recibida. ¿Me permite que
aproveche la oportunidad p a r a ' p o ne r la e n c la r o' o ' p o n e r l a a l
t a n t o' ,
c om o
suele
decirse?
Mi
correspondencia
v iene
a u m e n tando, señorita Buggsbottom, y también aumentan las
tarifas postales. Ahora bien, el costo en tiempo y material se calcula
que, en la actualidad, es de más de tres dólares por cada carta de
una sola página que se envía. Contrariamente a lo que usted supone, yo
69
LOBSANG RAMPA
no percibo un dólar por libro que se v ende. Recibo e n t r e e l s i e t e
y e l d i e z p o r c i e n t o d e l p r e c i o m á s bajo del país donde se edita la
obra."
E l a u t o r r e s o l l ó y e s t a l l ó i n d i g n a d o : " D e e s o , puede que
tenga que abonar a los primeros editores e l
ciento...
¡y
no
me
pregunte
por
qué!
cincuenta
Además,
por
hay otras
comisiones que pagar, pérdidas en la c onv ersión de m one da e
i mpues tos . De modo, señorita Buggsbottom, que en verdad no tiene
u s t e d l a m e n o r i d e a d e l o q u e d i c e . ¡ A h ! Y , además, los
escritores también tienen que comer, por si no lo sabe."
— Ha lle ga d o el c or re o — d ijo Ra'a b, e nt ra nd o—. Hoy s on
solament e ses enta y tres. Deb en de es tar demoradas en algún lado.
Luego recordó al maltrecho autor otra carta que había dejado
aparte. Este hurgó en la primera pila y extrajo una hoja de p apel
de color anaranjado chi llón con unas flores inverosímiles estampadas
en los márgenes.
— ¡Ah! —exclamó—. Aquí está.
L ue go, e xt e nd ié nd ola , le yó: " Dic e ust e d q ue e s monje. ¿Cómo
es, entonces, que existe una 'señora'? ¡Qué monje! , ¿eh? ¿Cómo se
explica eso? "
El pobre autor suspiró otra vez, irritado. " ¡Vaya, qué cosa
extraordinaria es la gente! ", pensó, si bien la contestación, una vez
mecanografiada, podría ser que le sirviese a alguien.
Señoras y señores: ¿Habéis oído hablar alguna vez de un convento
donde haya habido algún sacerdote? ¿Habéis oído hablar alguna vez de
una orden en que el hombre pueda vivir con una mujer, con mujeres?
Porque no cabe pensar siempre que éstos se lo pasen ha cie nd o t od o lo
que e l c onc up is c e nt e s e ima gina que pueden hacer. ¿Habéis oído
hablar alguna vez de una
prisión
(por
ejemplo) que
enfermera? Y pensad: ¿Habéis oído hablar alguna vez de que hu-
70
tuviese
LA DECIMOTERCERA CANDELA
biese una sola enfermera nocturna en el pabellón de hombres? ¡Pensad,
pensad!
En
las
mejores
comunid a d e s ,
los
hombres
y
las
m u j e r e s n o s e l o p a s a n siempre metiéndose juntos en la cama.
¡Ah, perv erso, perverso! ¡Qué pensamientos tiene la gente!
El estimado corresponsal (eso de "estimado" debe i n t e r p r e t a r s e a l
c o n t r a r i o ) s e g u í a d i c i e n d o : " . . . y ¿por qué usa barba? ¿Para
oc ultar, acas o, una expresión taimada? " El gran público se
asombraría si s upie s e la s sa nde c e s q ue es cr ib en los q ue f or man
parte de él. Veamos una muestra auténtica, absolutamente cierta y
textual, tomada de una carta remitida por cierto personaje original:
"Estimado señor: Necesito ser libre; libre para v iv ir mi v ida sin
que nadie me mande. Debo ser libre o mi espíritu sucumbirá.
Env íem e un m illón de d ólar e s a v ue lta d e c orr e o". Luego venía
una firma, y agregaba: "P. S., Gracias anticipadas".
L ue go d e m e c a no gr a f ia r lo a nt e r ior , e l a ut or s e puso a darle
vueltas y más vueltas entre sus manos al original. ¡Vaya si algunas
cartas eran... originales! Su s p ir ó u na v e z m á s , p r o b a b l e m e n t e
d e b i d o a la falta de oxígeno del aire enrarecido de la ciudad, y
t ir ó la c a r t a a l t a c ho d e la b a s ur a . ¡P ua f ! " P ue d e s d e c ir lo ot r a
v e z " , m us it ó la gor d a T a d d y e nt r a nd o con su andar cansino. Pero la
vida y las cartas siguen f luye nd o.
¿Má s
t odav ía
a cer ca
de
hom os e xua le s ? Per o, ¡qué furor! Algunas ge ntes contrarias a
ellos
p odr ía n
a guar le s
c omp leta me nt e
la
f ie sta
c on
sus
i n s i d i a s . P e r o v e a m o s a l g o d e e s t o e n c u a n t o a l aspecto
femenino.
El bar subterráneo, situado en los suburbios de Soho, e n
Londre s, donde t odo t ie ne s u asient o, se hallaba casi vacío. El
tabernero, con su traza de asesino, estaba recostado contra la
pared del fondo de sus dominios, mondándose los dientes al
descuido y con la mente en blanco. En un rincón apartado, sen-
71
LOBSANG RAMPA
tadas en altos taburetes, dos personas conversaban q u e d a m e n t e d e
t e m a s p r o f u n d o s . . . , e s d e c i r d e cintura para abajo.
Una
de
ellas,
Lotta
Bull,
era
el
epítome
de
la
mujer
masculina, desprovista solamente de ciertos aditamentos esenciales para
hacer de ella un hombre a ut é nt ic o. T e nía e l ca b e llo c or t o, c as i a la
usa nz a m il it a r , y una e xp r e s ió n s e v e r a q ue p od ía p r es t a r
r e a l c e a l a f a c h e n d a d e c u a l q u i e r s a r g e n t o . S u atuendo era
de lo más unisex que imaginar se pueda y, s u v oz, gr av e c om o la
de los bar c os de l trus t na viero de Londres. Observaba con mirada
posesiva a la muchacha que tenía ante sí.
La otra, Rosie Hipps, era enteramente femenina, suave, frívola
y casi sin un solo pensamiento en su c a b e z a r u b ia y h ue c a .
C o n s u s o j o s a z u l e s y s u s bucles de muñeca de porcelana, daba
una impresión de recatada inocencia. El cuerpo de Rosie Hipps era
ondulado,
tan
Delicadame nte,
curvilíneo
R os ie
como
c oloc ó
recto
un
era
c igarrillo
el
en
de
Lotta
una
Bull.
b oq uilla
de sm e s ura da; p or s u p art e, L ott a s e p us o a ma s car la p un t a de
un pe q ueño c iga rr o d e hoja.
Un parroquiano entró en el bar y por un moment o s e q u e d ó
m i r a n d o e n d e r r e d o r . A l d e s c u b r i r a Ros ie Hipp s, e nf iló hac ia
e lla, p er o, c om o v iera la furibunda mirada de Lotta Bull, cambió
bruscamente de d ir e c c ión a m itad d e ca m ino y s e d ir igió d is cr etamente hacia el cantinero que lavaba las copas.
—No te metas con esa fulana —le susurró el cantinero—, o su
"pareja" te dará una buena. Esa Lotta Bull es una fiera. ¿Qué vas a
tomar?
Lotta resopló:
— ¡Hombres! No piensan más que en esas cosas. Si alguno se me
acercara con intenciones torcidas, lo mataría. Lo que a mí me interesa son
las mujeres, y
72
LA DECIMOTERCERA CANDELA
nada más. Nada más. ¿Has tenido alguna vez relación con un hombre,
Rosie?
Rosie sonrió. Luego, impulsada por sus pensamientos íntimos, se
echó a reír abiertamente.
—Vamos a otra parte —dijo—; éste no es sitio para hablar. —Apuraron
sus copas y salieron a la calle—. Tomemos un taxi.
C o n u n r á p i d o a d e m á n, L o t t a B ul l h iz o q u e u n taxi girara en
redondo y fuera a detenerse ante ellas. Mientras subían, el conductor
les echó una ojeada; lue go b a jó la ba nd era , y c ua nd o L ott a le
ind ic ó
la
dirección de una sórdida calle de Paddington, situada
exactamente detrás del hospital, hizo un gesto afirmativo con la
cabeza. Para Londres, a esa hora de la n o c h e e l t r á f i c o e r a
l i v i a n o . L o s o f i c i n i s t a s y a s e habían retirado a sus casas, los
comercios estaban cerrados y para que las mult it ude s afluyeran
a los cines y teatros aún era demasiado temprano. El taxi avanzaba
rápidamente, sorteando los pesados ómnibus rojos, pasando a los
v ehículos
familiares
de
la
Green Line que también circulaban
velozmente atravesando la ciudad en su recorrido hacia la campaña y
de ella. Al cab o, al lle gar a una esq uina dob ló y se d e t uv o
s ua v e m e nt e . L ot t a B ul l m ir ó e l t a xím e t r o, buscó a tientas en su
bolsillo y abonó el importe.
—Muchas gracias, señor —dijo el conductor—. Que lo pase bien. —Y
con la soltura propia de su larga e xp er ie nc ia, m ov ió la p a la nc a de
los c am bios y s e lanzó presurosamente por la calle en busca de
otro viaje.
Impasiblemente, Lotta Bull atravesó la acera seguida por Rosie
Hipps, que sobre sus altísimos tacones c im b r a b a d e m a n e r a q u e
t o d o s e le m e n e a b a y le brincaba en los sitios correspondientes.
En la calle, varios hombres de distintas edades volvieron la cabeza
y silbaron de asombro, ante la mirada gélida de Lotta.
73
LOBSANG RAMPA
La llave chirrió en la cerradura y, con un clic casi inaudible, la puerta
se abrió. Lotta buscó a tientas el interruptor y al momento la habitación de
entrada se inund ó de luz. Una v ez en el interior, la puert a se
cerró tras ellas.
— ¡Ah! —respiró Rosie Hipps, desplomándose placenteramente en una
silla baja y despojándose de sus zapatos—. ¡Estos pies me están matando!
L ot t a e nt r ó e n la c oc ina y e nc huf ó la p a v a e lé c trica.
— D e l o q u e t e n g o a n s i a s e s d e u n a t a z a d e t é —dijo—.
Estoy más seco que un esparto.
El t é e s t a b a c a lie nt e ; lo s b iz c oc h os , d e l ic i os os . Luego se
sentaron juntas en una dormilona de estilo antiguo, frente a una mesa
baja.
—Me ibas a hablar, Rosie, del primer hombre que conociste —dijo
Lotta, alargando un pie para hacer a u n l a d o l a m e s a . D e s p u é s
s e d e s c a l z ó e h i z o q u e Rosie se echara a su lado en el diván del amor.
Rosie rió y dijo:
—Fue algo bastante repugnante, por cierto. Ocurrió hac e
algunos años. En ese t iemp o yo no sab ía qué diferencia había
entre un muchacho y una chica. N i s iq uiera sa b ía q ue hub ies e
alguna d if er e nc ia... Mamá era muy estricta. De manera qüe, en
aquella ép oca, yo c onc urría a la d octrina d ominical. T enía
alrededor de dieciséis años. El maestro era un tipo joven, como de
veinte años, que me demostraba una a m is t a d ha la ga d or a . C om o
t e n ía u n b o ni t o c o c h e V a u x ha ll d e l o s c h ic o s , y o p e n s a b a ,
a d e m á s , q ue d e b ía d e s e r d e b ue na p os ic ión. — Se d e t uv o p a r a
e n c e n d e r u n c i g a r r i l l o y e c h ó u n a b o c a n a d a d e humo—.
Muchas veces, después de la doctrina domin i c a l , q u e r í a l l e v a r m e
a casa, pero yo siempre le d e c ía q u e n o p or l o m u y s e v e r a
q u e e r a m a m á . Entonces me sugirió llevarme y dejarme en la
esquina. Le dije que sí y subí al auto. El coche era todo
74
LA DECIMOTERCERA CANDELA
verde y muy lindo, además. Bueno; me llev ó a casa v a r i a s v e c e s
y u n a d e e l l a s n o s d e t u v i m o s e n e l Parque. En ese entonces
vivíamos en , Wandsworth. Parecía que no podía respirar bien o
algo así, porque y o n o le e nt e n d ía ni jo t a l o q u e d e c ía ; p e r o
c om o manoteaba tanto, pensé que lo que andaba buscando era
pe lea o a lgo p or e l e s t ilo. ¡Qué t ont a era ! P er o e n e s e m om e nt o
a p a r e c ió d ob la nd o la e s q uin a un p olicía a ca ba llo y e l tip o
p us o inm e d ia tam e nt e e l coche en marcha y salimos como conejos
espantados.
Juguet eó con e l c igarrillo y lo aplas tó en e l c enicero. Luego
hubo unos instantes de silencio, que al fin quebró Lotta Bull para
decir:
Bueno,
¿y
después?
Rosie Hipps exhaló tal suspiro que por poco sale disparada.
Mamá
era
tan
mojigata
—continuó--.
Jamás
entraba un hombre en casa. Papá había muerto en un accidente
a poco de nacer yo. No tenía absolutamente ningún pariente del
sexo masculino, ni animales domésticos ni nada. Me estaba
vedado, pues, el saber nada acerca del sexo. En la escuela, claro está,
dábamos vueltas a las cosas entre nosotras, como les gus t a ha c e r a
la s c hi c a s . E xp lor á b a m os t o d os l os caminos, como dicen los
políticos; pero, de muchachos, nada. Algo se hablaba acerca de
ellos, pero lo .que se decía estaba totalmente más allá de mi comp r e ns ión. Sa b ía q ue ha b ía c r is t ia nos y q ue ha b ía judíos, y
pensaba que la diferencia entre los muchachos y las chicas era
casi la misma: era cosa de ir a distinto templo o a distinta escuela, o
algo así.
Se detuvo para encender un nuevo cigarrillo que le provocó un acceso
de tos al aspirar en el momento in op or t un o. L ot t a B ull s e inc or p or ó
p a r a s e rv ir s e o t r a t a z a d e t é y s e z a m p ó e l t i b i o b r e b a j e d e
u n p o d e r o s o s or b o. L u e g o v o lv i ó a e c ha r s e y r o d e ó a Rosie con
sus brazos.
75
LOBSANG RAMPA
¿Y? —requirió, deslizando sus manos de arriba a
abajo como si estuviese tocando el violín.
—
¡Bueno! ¿Te parece que puedo hablar si haces eso? Si
deseas enterarte, espera a que te cuente. ¿O es que quieres ponerle
música al bizcocho?
L o t t a a b r a z ó n u e v a m e nt e la c i nt ur a d e R os i e y replicó:
— ¡Bah, otra vez con tus ingenuidades! ¡Habla!
—Bueno —prosiguió Rosie—; no volví a verlo para liada hasta la
clase del domingo siguiente. Parecía un p o c o t e m e r o s o d e m í y m e
p r e g u n t ó e n v o z b a ja : "¿Le has contado a tu madre? " Le dije
que no, por supuesto, que no le había dicho absolutamente nada.
Páreció aliviarse y luego continuó enseñándonos las E s c r i t u r a s .
Después
dijo
que
un
individuo
de
la
Congregación
de
Abstinentes quería hablarnos porque teníamos que hacer votos para
ser unas buenas abstinentes o algo por el estilo. Eso no tenía
sentido para mí, porque yo jamás había probado una gota.
E n e s e m o m e n t o s e o y ó u n f o r m i d a b l e r u i d o a lata producido
por dos autos al chocar. Lotta Bull se incorporó con tanta brusquedad
que la pobre Rosie s e c a y ó a l s ue l o, y c or r ió a la v e nt a na p a r a
ver
la e s c e na
q ue s e d e s a r r olla b a
a b a jo:
tr a ns e únt e s
b o-
quiabiertos, dos conductores insultándose a gritos y, después, la policía.
— ¡Esbirros! —dijo torvamente—. Jamás los pude t r a ga r.
Sie m p r e lo c om p lic a n t od o. Va m os , R os ie ; sigamos.
Volvieron a ocupar sus lugares en el tan adecuadamente llamado diván
del amor, y Rosie continuó:
Luego de la clase dominical me iba a casa cuand o s e m e a c e r c ó y a b r i ó l a p o r t e z u e l a d e l c o c h e . Entré y
fuimos a Putney, donde permanecimos sentados dentro del auto al
lado del río. Como había
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LA DECIMOTERCERA CANDELA
gente alrededor, tuvimos que quedarnos sentados, conversando. Allí me
dijo una cantidad de cosas que no pude comprender... en aquel
momento. Me dijo que era una tonta porque me llevaba siempre
de lo q u e m i m a d r e m e d e c í a . " V e n t e c o nm i go, e l s á b a d o q u e
v i e n e , a M a i d e n h e a d " , m e d i j o . " D i a t u madre que v as a
salir
c on
una
amiga.
Yo
sé
de
un
lindo
lugarcito
donde
pasaremos un buen rato." Le d ije q ue t e nía q ue p e ns a r lo y
e nt on c e s m e lle v ó a casa después de convenir en que me vendría a
buscar el viernes a la salida de la escuela. Aquella semana mamá
estuvo de lo más insoportable. Me preguntaba continuamente: "¿Qué te
pasa, Rosie? " En la escuel a t o d o m e i b a m a l . M i a m i g a M o l l y
C o d d l e m e tomó inquina repentinamente —ya sabes, esas cosas
q u e l e s d a n a l a s c h i c a s — y l a v i d a s e m e v o lv i ó amarga al
extrem o. C omo yo era ce lador a, la dire c tora m e p us o c om o un
tra p o p or no hab er le c om un i c a d o v a r ia s c o s a s d e la s q u e n i
m e ha b ía d a d o cuenta, y cuando le dije que no las había visto,
me c ont es t ó q ue no serv ía p ara es as ta re as. ¡Oh, q ué semana
espantosa fue! —La pobre Rosie se detuvo, s of oc a d a p o r la
i nd ig na c i ón q u e l e p r od uc ía n l o s recuerdos que afluían a su
mente—. Después, la directora me preguntó si tenía
algún
problema o qué me pasaba. Le dije que nada, que sólo tenía el
problema que ella me estaba creando. Entonces se puso colorada y me
respondió que hablaría con mi madre respecto de mis modales insolentes.
¡Oh, Señor!
Pe ns é q ue a q ue llo era e l a c ab ose . Pe r o la se ma na todavía .no
había terminado. ¡Qué iba a terminar!
Lotta Bull sacudió la cabeza comprensivamente.
—Echamos un trago, ¿eh, Rosie? —sugirió levantánd os e y
yendo hac ia e l bar emp otrado en un r in c ón d e la ha b it a c ió n— .
¿Qu é v a s a t om ar ? ¿W hisky? ¿Gin con tónica? ¿Vodka?
77
LOBSANG RAMPA
—No. Hoy estoy cursi. Dame una Watneys —dijo Rosie —.
Ahora sie nt o una gran amargura, así que dame una cerveza.*
Se sentaron juntas en el diván del amor, Lotta con su whisky con
hielo y Rosie con su Watneys.
—
¡Je sús!
¡Est o
me
está
interesa nd o!
— e xclam ó
Lotta—.
¿Quieres contarme el resto?
—Pues bien. El viernes por la mañana, antes de ir a la escuela
—prosiguió Rosie—, mamá recibió una carta de la directora —
¡vieja bestia! — y, a medida q ue la le ía , s e f ue p oni e nd o
hor r ib le m e nt e e nr o je c i d a . " R o s i e " , v o c i f e r ó c u a n d o t e r m i n ó
d e l e e r l a ( ¡debe de haber sido tremenda! ); "Rosie, espera a que
re gr es e s de la es c ue la. ¡Ya v e rás c ua nd o te levante la falda y te
dé una tunda en las asentaderas, so... so...! ", me dijo jad eando y
tartajeand o de tal manera que le faltaroii las palabras. Salí
huyendo. Aquel día, e n la e s cue la, me se ntí mal de sde el comienzo hasta la salida. Todo el mundo parecía estar l í v i d o c o n t r a
m í . — H i z o u n a p a u s a p a r a b e b e r y ordenar sus pensamientos—.
El me estaba esperando a
las
mismísimas
puertas
de
la
e s c u e l a . ¡ V a y a ; jamás me había sentido tan contenta de verlo!
Corrí hacia el auto y subí. Salimos al escape y estaciona mos más
adelante —ya conoces aquella plazoleta—, y a l l í l e c o n t é t o d o l o
que me pasaba. Le dije que tenía mied o d e ir a casa. Al fin,
m e d i j o : " M i r a ; escríbele una nota a tu madre, que yo buscaré a
un chico para enviársela. Dile que vas a pasar la noche c o n t u
a m iga
Moll y
c ua de rno
y
C od d l e " .
garra pat e é
Ar r anq ué ,
la
nota.
p ue s ,
—L ott a
una
hoja
mov ió
la
de
mi
cabeza
ansiosamente—. No bien encontró un chico en bicicleta para
enviarla, nos lanzamos por el camino hacia Maidenhead. En las afueras
había un lindo lugar, ya sabes, con habitaciones... y una
El autor realiza un juego de palabras con bier (féretro) y beer (cerveza), fundándose en su etimología y valor fonético, imposible de
expresar en castellano. (N. del T )
78
LA DECIMOTERCERA CANDELA
e s p e c ie d e r e s t a ur a nt e , t a m bié n. T om ó una p ie z a p ara los d os
y e ntram os par a c om er. Y a era hora, p or ot r a p a r t e , p or q ue
e s t a b a m ue r t a d e ha m b r e. Mamá se hab ía p uest o d e tal ma nera
conmigo que y o, ¡ b ue n o ! , m e ha b ía t e ni d o q ue p e r d e r e l d e s a yun o
para
escapar
del
ja le o.
P or q ue
es
im p os ib le
c om e r
c ua nd o a l gui e n t e e s t á c hi lla nd o. Ad e m á s , sabes bien cómo es la
comida que te dan en la escuela. Los comedores escolares más vale
perderlos que encontrarlos. —De sólo pensarlo meneó la cabeza y
frunció la nariz.
— ¡Sí —m ur m ur ó agriam e nt e L ot ta B ull—; per o deberías
haber visto lo que nos daban a nosotras en el reformatorio! No
importa; continúa.
—De manera, pues, que estaba verdaderamente hambrienta
—
prosiguió Rosie Hipps—. Comí todo lo que pude, y, aunque él no
paraba de hablar, yo no le es c uc hab a, p ue s e s tab a d ema s iad o
oc upad a c om i e n d o . M e p a r e c i ó q u e q u e r í a j u g a r . " ¿ Y b i e n ?
¿Qué
im porta?
",
pensé,
"eso
es
lo
que
hacem os
M o ll y
C o d d l e y y o. ¿ Q u é t ie n e q u e v e r q ue é l s e a d i s t i n t o d e m í d e
alguna manera inexplicable? ¿Acaso no pueden estimarse
u n c r i s t i a n o y u n judío? " ¡Oh, qué idiota ignorante era yo! —
Echóse ha c ia a t r á s y r i ó t r is t e m e nt e a l a c or d a r s e . L u e g o tomó
un sorbo de cerveza y continuó su narración—. Pues bien; había
comido y bebido abundantemente —el té... ya sabes— y me puse
a mirar hacia todos lados buscando el baño para damas, pero como no
lo encontré le dije que fuéramos a la habitación. Pasamos por la
playa de estacionamiento y nos dirigimos a la pieza que habíamos
reservado. Al llegar, vi que la puerta del baño estaba abierta y le
dije que tenía q ue ir. B ue no; e ntre una c osa y la otra e s t uv e un
rato más bien prolongado, al cabo del cual terminé y volví al
dormitorio luego de apagar la luz. —Se detuvo y prorrumpió en una
risa breve y áspera. Lotta
79
LOBS ANG RAMPA
Bull permanecía sentada, con la boca desmesuradamente abierta.
Luego de tomar un trago, Rosie cont i n u ó — : M e v o l v í y m e
topé
con
él.
¡Dios
mío!
¡Nunca había experimentado una
conmoción semej a n t e e n m i v i d a ! A l l í e s t a b a é l , d e s n u d o
c o m o c u a n d o v i n o a l m u n d o . P e r o , ¡ o h , m i D i o s ! E r a todo
peludo y tenía como una excrecencia espantosa. "Está canceroso",
pensé; pero en ese momento se m e a p r o xim ó y e n t on c e s m e c a í
a l s u e l o d e s v a ne cida. Deb í de dar con la cabeza c ontra el b orde
de alguna silla o algo así, porque realmen te me quedé sin
sentido. —Lotta Bull palpitaba de emoción y la expresión de sus
%os comenzaba a tornarse fiera—.
De sp ué s d e lo q ue de b ió de s er un la ps o m uy pr olongado, volví
a tener noción de las cosas. Me parecía tener sobre mí un peso
tremendo que me estaba v a p u l e a n d o . " ¡ O h , m i D i o s ! " , p e n s é
c o m o e n sueños, "se me ha sentado encima un elefante". Abrí los
ojos y lancé un grito de terror. El yacía sobre mí y yo también
estaba desnuda. Me estaba lastimando, te imaginas. Entonces dio
un salto y cayó de rodillas y se puso a suplicarme insistentemente.
En ese mom e n t o s e o y e r o n p a s o s a l a c a r r e r a , u n a l l a v e S e
introdujo
en
la
cerradura
y dos
hombres
irrumpieron
en
la
ha b it a c ión. ¡Y t od o c ua nt o m e c ub r ía e r a e l r u b o r d e m i
b o c h o r n o ! — L o t t a B u l l s e a c o m o d ó contra el respaldo con los
ojos entornados, como si estuviese entreviendo la escena. Rosie
prosiguió—:
Uno de los indiv iduos me observó de arriba a abajo y d i jo: " L a
oím os gr it a r , s e ñor it a ; ¿ha q ue r id o v io larla? " Sin agregar ninguna
palabra más, ambos se abalanzaron sobre el maestro de doctrina y le
dieron una serie de formidables puntapiés por todas partes.
Este sólo atinaba a pedir clemencia a gritos. "Mejor será que se
vista,
señorita",
me
dijo
uno
de
aquellos
hom b r e s ,
" p o r q ue
lla m a r e m os a la p olic ía " . " ¡Ay, Dios mío! ", pensé; "¿Qué irá a pasar
ahora? " Me
80
LA DECIMOTERCERA CANDELA
precipité hacia mi ropa y me asusté al ver que tenía mucha sangre
en las piernas; pero tenía que vestirme.
—Y ¿qué pasó después? ¿Llamaron a la policía? —inquirió Lotta Bull.
— ¡Por supuesto! —respondió Rosie—. Mejor todav ía q ue e n la
te le. Al m om e nt o llegó un c oc he p olic ia l e inm e d iat am e nt e
de trá s un t ip o d e un d iar io que me echó una mirada maliciosa y
que, mientras abría su libreta de apuntes, se veía que paladeaba la
desgracia ajena. Pero uno de los policías lo detuv o diciéndole
"déjela; debe ser menor de edad". Entonc e s e l t i p o d e l d i a r i o l e
e c h ó e l o j o a l m a e s t r o d e d oc tr ina q ue s eguía a llí, d e pie,
c om o una ba na na pe lada, p orque los hombr e s aq ue llos no lo
ha b ía n dejado vestir mientras no llegase la policía. ¡A esas
alt ura s yo ya s ab ía la d if er e nc ia q ue ha y e ntr e un hombre y una
mujer!
D e s d e f u e r a l l e g a b a e l p r e g ó n d e u n d i a r i e r o : " ¡Extra! ¡El
crimen del siglo! ¡Eeextra! "
—Eso es lo que hacen —dijo Lotta Bull—. El periodismo se
apodera de cualquier pequeño incidente y hace de él un asunto
descomunal. Pero, ¿qué ocurrió después?
—B ie n
— c ont inuó
R os ie
Hipp s—;
la
p olic ía
hiz o
muchas
preguntas. ¡Caray, qué barullo hubo! Me preguntaron un montón de
cosas... Si había ido con él a la habitación por propia voluntad.
Les dije que sí, pero que en ese momento no sabía qué pretendía
él. Y agregué que no conocía la d iferenc ia q ue hay entre un
hombre y una mujer. Al oír eso, se rieron como descosidos y el
periodista se puso a escribir febrilmente. "Ahora lo sé", añadí, y él
volvió a escribir. De pronto, el maestro de doctrina se soltó, cayó
de rodillas y comenzó a balbucear ruegos como un t orr e nt e.
De sp ué s, ¡s a nt os cie los ! , s e irguió y m e acusó a mí de inducirlo
a eso. ¡Jamás en mi vida me sentí tan humillada!
81
LOBSANG RAMPA
—¿Te llevaron a la comisaría?
—Sí. Me pusieron en el automóvil policial junto al conductor y al
otro policía. El maestro de doctrina ocupó la parte de atrás y
partimos hacia la comisaría de Maidenhead. Los periodistas, que en
ese momento ya eran siete, nos venían pisando los talones. En la
c om i s a r ía m e e m p u ja r on a u na ha b it a c i ó n d o nd e había un
médico y una empleada de policía que me hicieron quitar toda la
ropa. Luego me separaron las piernas — ¡Dios, qué vergüenza! — y me
examinaron. El médico iba señalando las marcas, las magulladuras y
tod o lo que enc ontraba, y la mujer anotaba. Des p ués m e c oloc ó
un ob je t o t ub ular y m e ac la r ó q ue estaba tomando una muestra
para ver si había sido v i o l a d a . ¡ D i o s ! ¿ C u á n t a s c o s a s p e n s a r í a
que me habían pasado? —Se detuv o y tomó el v aso que
L ot t a a c a b a b a d e lle na r una v e z má s . B e b ió la r gamente, como
para ahuyentar los malos recuerdos, y continuó—: Después de lo que
me parecieron horas y hor a s d e e s p e r a , un e m p le a d o y una
e m p le a d a d e policía me llevaron a casa. Mamá estaba pálida y tartamudeaba de ira agitando un diario en el que, con grandes
titulares, decía: "Una colegiala seduce a un destacado maestro de
doctrina". Mamá, que estaba lívida, pero lo que se dice lívida, le
dijo a la policía q ue m e l l e v a r a n a d on d e q ui s ie r a n, p e r o q u e
e l la
había
terminado
conmigo...
y
dio
un
tremendo
portazo. Los dos p olic ías se miraron. La mujer me c o n d u j o d e
n u e v o a l c o c h e y e l h o m b r e s e q u e d ó llamando a la puerta. —Se
interrumpió para encender un cigarrillo y continuó—: Al fin, el
agente regresó y d i j o q u e m a m á m e h a b í a c e r r a d o l a p u e r t a
p a r a siempre. Me miró con cierta compasión y me comunicó que
tendrían que llevarme al Hogar de Mujeres d e l
Salvación.
¡A
mí!
Bueno,
para
Ejército
de
a b r e v ia r : p a r a p a s a r la
n oc h e m e a l o ja r on e n e s e espantoso edificio que tú conoces de sobra.
82
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Lotta Bull resopló con desdén.
— ¡V a ya s i lo c on oz c o ! — a d m it ió a gr ia m e nt e— . Allí fue
donde apre ndí t odo lo refere nte a las c ue s tiones sexuales. Pero
cuéntame el resto de lo que te ocurrió.
Rosie Hipps la miró casi complacida por su inquebrantable interés y
retomó el hilo de su relato.
— A q u e l l a n o c h e a p r e n d í t o d o l o r e f e r e n t e a l a v ida. T od o
lo
q ue
ata ñe
al
s e xo.
¡V a ya,
v a ya!
Algu nas
de
aquellas
muchachas estaban locas. ¡Completamente loc as ! ¡Qué c osas que
hacía n
entre
ellas!
Sin
embargo,
aquella
noche
infernal
e
interminable también pasó y a la mañana me dieron el desayuno,
que no pude probar, y después me llevaron al juzgad o. . . ¡q u e n o
e r a p r e c is a me n te e l B u c k i n g h a m P a -lace! —Guardó silencio unos
instantes para poner en ord e n s us am ar gos p e nsam ie nt os y
e nc e nde r otr o cigarrillo. Luego continuó—: La empleada de policía
q u e v i n o a p o r m í m e t r a t ó c o m o s i y o f u e r a u n a peligrosa
delincuente. Sin duda me tenía fastidio. Le d ije q ue la ofe ndida
era yo, p er o me r e plic ó: " ¡N o me digas! " Después de mucho
esperar,
me
metieron
en
la
s a la
de
a ud ie nc ia s .
¡Oh,
f ue
e s p a nt os o! Al lí estaba la prensa. Mamá me miraba enojada desde su
asiento. Después trajeron al maestro de doctrina y lo sentaron en el
banquillo. Yo tuve que contarlo todo. Algunos hombres acezaban.
Luego me preguntaron si yo h a b ía i d o c on é l v o l un t a r ia m e n t e .
D ij e q u e s í, p e r o q ue n o s a b í a q ué e r a lo q ue é l q ue r ía . Tod os
s olt a r on la c a r c a ja d a . ¡Oh; t od a v ía no p ue d o c a s i soportar
acordarme de eso! —Calló para enjugarse los ojos con un trocito
de cinta—. No obstante, dijeron que de cualquier manera yo
estaba en edad de consentir, con más de dieciséis años. Entonces, un
periodista que había hecho una descripción cabal de nuestra escuela, se
apresuró a decir Atte él me había visto correr hacia el auto y entrar en
él. Y agregó
83
LOBSANG RAMPA
q ue n o ha b ía m e d ia d o u s o d e f ue r z a . En s ínt e s is , dejaron en
libertad al maestro, con la advertencia de que en lo futuro debía
portarse bien. ¡Caray, cómo salió corriend o de aquel juz gado! —
Se de tuv o para a p a g a r
el
cigarrillo
y
tomar
un
trago—.
D e s p u é s empezaron conmigo. Yo era una chica mala, desagradecida,
perversa. Hasta mi pobre madre, viuda y suf r i d a , q u e s e h a b í a
deshecho las manos por
m í durante dieciséis arios, había
caído enferma por mi culpa y me había ec hado, me había
desprec iad o, y no quería saber más nada de mí. De manera,
pues, que el tribunal tenía que tomar alguna medida al respecto
para salvar mi alma. Entonces, una delegada de l i b e r t a d v i g i l a d a , o l o
q u e f u e r e , s e p a r ó r u i d o s a mente sobre sus patas traseras y echó un
discursb. El vejete que entendía en los casos jugueteaba con sus
ante ojos, c ons ultó uno o dos libros y de sp ués d ijo que te nían
que env iarme d os años a la Escuela de Niñas Descarriadas. —Lotta
Bull meneó la cabeza con muda conmiseración—. Eso me destrozó
totalmente. P o r q u e y o n o h a b í a h e c h o a b s o l u t a m e n t e n a d a .
Entonc es les dije lo que me p arecía, pero c on toda la ca lma que
p ud e
p or q ue
q uer ía
ma nt e ne r
lim p io
mi
prontuario.
El
vejestorio me contestó que yo era una chica grosera y de lo más
desagradecida. Luego dijo "el caso siguiente", y me llevaron a
empellones a una celda. Hubo un tipejo que me puso un empa redado entre mis manos temblorosas y otro que me ala rgó un
jarro grande y rústico de té frío. Ni decir que no pude probar nada
de eso.
— I g u a l q u e c u a n d o m e a g a r r a r o n a m í — d i j o Lotta--. Pero,
sigue.
Rosie respiró profundamente y continuó:
—Al rato vino una mujer que me dijo que ese día n o p o d r í a i r
a l a E s c u e l a y q u e d e b e r í a p a s a r L i noche en la prisión de
Holloway. ¡Imagínate, yo en H o l l o w a y , y s i n h a b e r h e c h o n a d a d e
veras! No
84
LA DECIMOTERCERA CANDELA
obstante, allá me llevaron en camión celular. ¡Qué espanto! Jamás me
sentí tan sola en mi vida. —Se detuvo y se estremeció. Luego agregó—: Y
eso es todo lo que me pasó.
Lotta Bull movió un almohadón y un libro cayó al suelo produciendo
un ruido sordo. Alargó el brazo para levantarlo y Rosie reparó en la tapa
esbozando una sonrisa en la cual se notaba su interés.
—Es un libro muy bueno —comentó aquélla—. Espera un momento. —
Pasó las páginas y dijo—: Lee esto. Escribe mucho sobre homosexuales y
lesbianas. Debes leerlo. Yo coincido con él en todo.
Rosie Hipps se echó a reír con gran simpatía.
¿ L e e r l o ? — p r e g u n t ó — . P e r o s i y o t e n g o t o d o s los libros que
ha escrito y sé que todos son sinceros. Le escribo, ¿sabes?
Lotta sonrió.
¿ A h , s í ? ¡ C u e n t a ! P e r o s i e s e l m á s e r m i t a ñ o de todos los
ermitaños. ¿Cómo has hecho para conocerlo?
En el rostro de Rosie se dibujó una misteriosa sonrisa.
—Me ha ayudado mucho. Me ayudó cuando creí volverme loca. ¡Por eso
lo conozco! —Hurgó en su cartera hasta que al fin extrajo una carta—. Es de
él —explicó extendiéndosela a Lotta.
Esta la leyó y asintió con la cabeza.
—Dime, ¿cómo es él? —inquirió.
¡ O h ! E s m á s b i e n a n t i c u a d o — r e p u s o R o s i e — . No bebe ni
fuma y, en cuanto a la mujer, sólo existe como concepto abstracto para él. Y,
además, porque tiene el mismo sex appeal que una pasa de uva —agregó—.
No; piensa que si las mujeres se quedaran en casa y cuidaran de sus hijos, el
mundo sería mejor. Ya sabes, muerto el perro se acabó la rabia.
Lotta Bull frunció el ceño pensativamente.
85
LOBSANG RAMPA
A s í
q u e . . .
n a d a
d e
m u j e r e s ,
¿ e h ?
acaso... como nosotras: homosexual?
¿ S e r á ,
Rosie Hipps se echó hacia atrás y se puso a reír hasta saltársele
las lágrimas.
—
¡No;
por
Dios!
—exclamó—.
¡Qué
mal
lo
has
i nt e r p r e t a d o ! — Y a gr e g ó c o ns t e r na d a — : E l p ob r e hombre se lo
pasa ahora entre la cama y la silla de ruedas.
—
¡Vaya, me gustaría verlo!
—Pues, pierde las esperanzas. Ya no recibe a nadie. Le han tocado
ciertos periodistas execrables que tramaron una verdadera sarta de
mentiras acerca de él y que tergiversaron todo cuanto había dicho y
hecho. Ahora, el periodismo es para él la fuerza más dañina del
mundo. Por mi parte, yo sé que la prensa ha sido la causante de que
yo fuese a parar a un correccional —agregó reflexivamente.
Bien
—concluyó
Lotta
poniéndose
C r e o que ya es hora de ir bajando para tomar el expreso.
86
de
pie—.
CAPITULO V
Una suave llovizna comenzó a derramarse como enviada a la tierra
por alguna compasiva Diosa de la Mis e r ic or d ia , ha c ie nd o r e na c e r la
v id a e n la z ona árida. La mollina, tenue como el rocío, vacilaba y
se m e c í a c o m o d u d o s a d e s u d e s t i n o , h a s t a q u e , a l tocar el
suelo reseco, se producía un lánguido rumor y el agua de saparecía
en las prof und idade s. En la t ie r r a, la s r a ic illa s r e b ull ía n e n s u
s e m ile t a r go a l c o n t a c t o c o n e l l í q u i d o e l e m e n t o , v o lv í a n e n s í
y absorbían áv idamente el agua v iv ificante. Como tocadas por una
varita mágica, las primeras y menudas m a t a s d e v e r d or c om e nza r on
a a p a r e c e r a f lor d e tierra, leves briznas verdes que iban creciendo y
espesándose a medida que la lluvia arreciaba.
Ya la lluvia se había convertido en una precipitación torrencial y
caían grandes gotas que levantaban diminutas partículas de tierra,
manchando de barro las reverdecidas plantas. Aquí y allá surgían
los primeros brotes minúsculos. En aquella desolada región, la
Naturaleza estaba preparada para obrar con prontitud y hacer
crecer la vegetación al primer signo de hum eda d. L os p eq u e ños
inse c t os c orr ía n afa nosa m e nt e u na p l a n t a a ot r a y s a l t a b a n d e
p i e d r a e n piedra.
De una c e r c a na d e p r e s i ón d e l t e r r e n o l le g ó u n murmullo
débil, extraño, seguido de gorgoteos y del traquetear de guijarros. En
seguida aparecieron las
87
LOBSANG RAMPA
primeras aguas bulliciosas de un arroyo, arrastrando terrones t od av ía
sec os, ins ect os a hogad os y los s e dient os des ec hos de una
comarca priv ada de agua durante largo tiempo.
Las nubes descendieron más aún. La estación de los monzones
de la India se abatía sobre los montes Himalaya y derramaba torrentes
de agua de las turbulentas y densamente cargadas nubes. El relámpago
fulguraba y las laderas de las montañas devolvían el e c o d e l
r e s t a lla r d e l t r ue n o. Aq uí y a l lá e l r a yo s e descargaba con saña
contra algún pico elevado, haciéndolo todo añicos y levantando
una nube de polvo y piedras que se despeñaban por las escarpadas pendientes de la montaña e iban a dar pesadamente, con un ruido
sordo,
contra
el suelo anegado de la
falda.
Las piedras se
precipitaban y chocaban con un chasquido en los lagunajos,
arrasando plantas y salpicando totalmente de fango los peñascos.
En plena creciente, el río se salía de madre y, en s us
a f lue nt e s , la c or r ie nt e s e m ov ía e n s e nt id o in verso. Las aguas
cubrían ya completamente el tronco de los sauces, en cuyas ramas
superiores los desamparados pájaros se acurrucaban, demasiado
mojados c o m o p a r a p o d e r v o l a r y t e m i é n d o s e e l f i n d e l
mund o. La lluv ia caía. Los pa ntanos se c onv ertían en lagos. Los
lagos se trasformaban en mares interiores. El trueno estallaba y
bramaba en los valles, con los inacabables y absurdos ecos mil
veces repetidos q u e f o r m a b a n u n a e n l o q u e c e d o r a m e z c o l a n z a
d e ruidos.
El día se oscur eció y se puso negr o com o una n oche sin
l u n a . L a l l u v i a c a í a c o m o u n a e s p e s a cort ina. Y a no s e p od ía
dis t inguir e l c ur s o de l r ío, pues la tierra entera parecía cubierta
por las turbulentas aguas. Se había levantado un viento ululante
que azotaba la superficie de las tierras inundadas y producía en ella una
espuma blanca.
88
LA DECIMOTERCERA CANDELA
El ulula r d e l v ie nt o, s e t om ó más int e ns o ha sta conv ertirse
en un agudo silbido que destrozaba los nervios y hacía pensar en las
almas en pena. Después h u b o u n v ív i d o d e s t e l l o , c o m o s i e l s o l
e s t u v i e s e e s t a l la n d o, y e l e s t r ue n d os o f r a g or d e l t r u e n o; a l
punto, la lluvia cesó como si se hubiera cerrado una canilla. Un
rayo de sol se abrió paso a trav és de la oscuridad, se ocultó un
momento, y al fin las nubes retrocedieron v encidas para que la
claridad del día brillase nuevamente sobre el anegado mundo.
En las tierras altas, donde aún había ciertos visos de solidez, se
hallaban dispersas unas masas de color gris oscuro del tamaño de
rocas, las cuales de pronto se irguieron sobre sus robustas patas,
cobraron el aspecto de yaques monolíticos de cuyos lomos enormes de empapada pelambre manaban ríos de agua, y se sacudieron
como aletargadas, salpicándolo todo a s u r e d e d or . Sa t i s f e c h o s d e
v e r s e l i b r e s d e l a g ua , comenzaron a hozar las partes más secas
del suelo, en su eterna búsqueda de alimento.
Debajo
rocosa
del
surgió
aparecie ndo
c on t r a
las
precario
un
resguardo
nervioso
algunas
figura s
i nc l e m e n c ia s
del
de
parloteo.
que
enorm e
saliente
Gradualment e
una
f ueron
la nz a b a n
tiempo
y
que,
im p r e c a c i o ne s
sin
dejar
de
rezongar, se quitaron la ropa mojada, la estrujaron para secarla y
volvieron a ponérsela. A poco, la gente y los animales comenzaron
a despedir tenues vapores a medida que la tem peratura ascendente
del día contribuía a secarlos.
U n j ov e n s e a p a r t ó d e l gr u p o y e c hó a c or r e r a campo
traviesa, saltando de lugar seco en lugar seco lo mejor que podía.
Junto a él, un gran mastín iba ladrando y haciendo cabriolas. Con
gritos y ladridos, entre ambos hicieron que los yaques fueran en
direcc ión d e lo s ot r os , y u na v e z he c ho e s t o, h om b r e y m a s t ín
s a lie r on a m a nt e ne r a los p on ies r e unid os contra un distante
muro de roca.
89
LOBSANG RAMPA
Un camino abrupto conducía, entre peñascos desprendidos, a un
espacio abierto al pie de la montaña; des de a llí, e l cam ino s e
de sv ia ba y a s ce nd ía unos cien metros y terminaba en una roca
plana, donde crecía un arbusto raquítico de aproximadamente un
metro ochenta de altura. Más allá del arbusto, la superficie de la
roca mostraba una abertura: la entrada d e una c a v e r na m á s b i e n
a m p l ia ,
que
f i na lm e nt e
conducía a los túneles de un volcán
extinguido largo tiempo atrás.
A ll í, e l o b s e r v a d or a t e nt o p o d ía d is t in g u ir u na mancha de
color, es decir... dos manchas de color. A la entrada de la
caverna se hallaban sentados un lama y su acólito, ambos secos
y
a
sus
anchas,
mir a nd o
la
vasta
p la ni c ie
de
L ha s a
y
ob s e r v a nd o e l rápido retroceso de las aguas que hasta ese momento
inundaban la tierra. El inesperado aguacero había dejado el aire
aún más límpido que de costumbre y los d os c ont em pla ba n
aq ue l pa isa je q ue les er a fa miliar.
Desde lejos, los techos dorados del Potala se veían relumbrar con
enceguecedores destellos al reflejarse el sol en sus múltiples
facetas y ángulos. El frente recién pintado del edificio despedía un
fulgor ocre, y las Banderas de Oración se sacudían y ondeaban con
el fuerte viento. Los edificios de la Escuela de Medicina, en la
Montaña de Hierro, tenían un aspecto e xtra ñam e nte fr es c o y limp io,
y los d e la a ld ea d e Shii relumbraban.
Se podían v er claramente el Templo y el Lago de la Ser p ie nt e ,
y ta mb ié n, e n las a guas, los sa uc e s, cuyas copas se balanceaban
como en muda señal de aprobación. Por algunas débiles manchitas
de color podíase inferir que los monjes y los lamas se encaminaban
a sus tareas cotidianas. Asimismo distinguíase una pequeña columna
de peregrinos que recorrían el Camino Interior del Circuito de los
Peregrinos, en su
90
LA DECIMOTERCERA CANDELA
marcha de Acto de Fe desde la Catedral de Lhasa al Potala y
regreso. La Puerta Occidental brillaba a la luz de l
s ol
y
se
c olum bra ba un gr up o d es ord e na d o d e mercaderes que pasaban
entre el Pargo Kaling y el pequeño convento de enfrente.
. A b a j o, a l p ie d e la m o nt a ñ a , l o s m e r c a d e r e s ha bían logrado
cargar sus yaques y montar sus ponies y, en ese momento, entre
gritos y chanzas, habían emprendido su lenta marcha hacia el paso
que desc i e n d e , d e s c i e n d e , y l l e v a a l a s t i e r r a s b a j a s d e l
Tíbet... y de la China.
Poco a poco, el mugir de los yaques, los ladridos d e l o s
p e r r o s y e l v o c e r í o d e l a g e n t e s e f u e r o n extinguiendo y la paz y
el silencio volvieron a reinar.
El
lama
y
el
acólito
contemplaban
la
escena
que
se
desarrollaba ante ellos. A lo lejos, a la izquierda d e Chakp or i, se
v eía
al
botero
en
su
bot e
de
cuer o
inflado,
que
hundía
frenéticamente una larga vara procurando hacer fondo en el río y
ev itar así el ser arrastrado por las turgentes olas del desbordado
torrente. Se inclinó hacia afuera con desesperación y s o n d e ó l a
profundidad. El bote se ladeó bajo su peso, se bamboleó y
s a l i ó d e s p e d i d o , d e j a n d o a l botero luchando y ahogándose en medio
de la riada. Alige r a d o ya d e s u p e s o y lle v a d o p or la r a ud a c orre nt ad a, e l b ot e s e de s liz ó v elozm e nt e fav or e c id o aún más su
impulso por la brisa. La larga pértiga s ob r e na d a b a a la d e r iv a e n los
b a jíos q ue ir óni c a mente habían estado tan cercanos, en tanto
que el botero flotaba boca abajo hacia ellos.
A l l á e n l o a l t o , l o s b u i t r e s s e c a l a b a n y r e v o l o teaban en
busca de alimento, escudriñando., con su penetrante mirada la presencia
de algún ser humano
u otra criatura viviente en aprietos. Uno de ellos se
p r e c i p i t ó s o b r e e l b o t e r o a h o g a d o y a ú l t i m o m o mento v iró
observando atentamente. Al ver que no se movía, el ave volvió a
lanzarse sobre su presa y se
91
LOBSANG RAMPA
pos ó e n la e spalda d el muer to. Allí p ermanec ió un m om e nt o
c om p onié nd ose e l pluma je, has ta q ue a l fin miró en 'torno con
actitud desafiante y comenzó su faena en el cuello de aquel hombre.
— Ma ña na nos d is p o nd r e m os p a r a ir a v is it a r a nuestra gente
—dijo el lama al acólito- . Por hoy nos quedaremos a descansar y
relajarnos, lo cual nos vendrá muy bien para conservar nuestras
energías. El viaje será largo y difícil. —Se puso de pie y señaló—: Al
lado de aquellas rocas veo que hay algunas ramas m oja d a s . V e a
r e c oge r la s p a r a ha c e r t é y ts amp a . —Sonrió levemente y añadió—
: Después te daré algunas lecciones elementales de relajación y
respiración, cosas ambas en las cuales son notorias tus deficiencias. Ahora, anda y recoge esas ramas.
D i c h o e s t o , v o l v i ó s e y e n t r ó e n l a c a v e r n a . E l muc hachit o
se puso pre stament e de pie y tom ó un t r o z o d e c u e r d a q u e
ha b ía a u n c os t a d o, s e l o e n roll ó a la c int ur a y e n t or no a los
hom b r os , y a s í, con grave riesgo de ahorcarse, se deslizó por el
sendero hacia el llano del valle. Iba ya a dirigirse hacia el otro
lado de un gran peñasco, cuando de pronto se detuvo. Allí estaba,
echado, un enorme pájaro, componiéndose y secándose las plumas
mojadas por el reciente aguacero.
E l a c ó l i t o s e q u e d ó p e n s a n d o q u é l e c o n v e n í a hac er. Si
e sp era ba a q ue e l av e oc ult as e la ca b eza bajo el ala, podría
acercársele a hurtadillas y asestarl e u n g o l p e q u e l a d e j a r a
bien
aturdida.
Si,
en
cambio, se le aproximaba reptando,
podría agarrarla de una pata. Ev identemente, la primera idea era
la mejor. Se escurrió, pues, de costado, conteniendo la respiración y
av anzando lentamente hasta ponerse bien arrimado a la roca.
El pájaro se escarbaba, se arreglaba las plumas y batía las alas.
Después, satisfecho de su limpieza, se acomodó a sus anchas sobre la roca
y metió la cabe-
92
LA DECIMOTERCERA CANDELA
za bajo el ala. Extasiado, el chico se apresuró, pero tr op e z ó c on
una p iedr a y s e ca yó d e cab e za. El pá jaro despertó súbitamente
sobresaltado y reaccionó como suelen hacerlo todas las aves, soltando
sobre el r o s t r o d e l p e q u e ñ o u n r e p u g n a n t e " r e g a l i t o " y r e montando el vuelo pesadamente. El muchacho luchó desesperadamente,
con los ojos que de pronto parecía tener pegados como con cola, y
desde la entrada de la caverna llegó el rumor de una risa apagada.
Al fin, el acólito pudo arrancarse de la cara y de los ojos esa
masa pringosa y hedionda, y se dirigió a u n p e q ue ño c h a r c o
f or m a d o e n una c a v id a d d e la r oc a e n d ond e , s um a m e nt e
a s q ue a d o, m e t ió la c abeza en el agua helada y se frotó hasta quedar
perfectament e limp io. De sde a rriba llegó una e xhorta c i ó n : " ¡ N o
t e o l v i d e s d e l a l e ñ a ! " E l m u c h a c h o , que ya no se acordaba
más de ella, dio un respingo y, girando sobre sus talones, salió a
todo correr por el sendero pedregoso.
S i n e m b a r g o , l a t e n t a c i ó n e s a l g o q u e s i e m p r e tiende celadas
a los niños. Sobre una gran roca plana oscilaba un inmenso peñasco
que, por algún capricho de la naturaleza, había caído en una posición
que
hacía que se balancease con toda exactitud. Al v er que se mecía de
un lado a otro, al joven acólito se le iluminó el rostro y corrió hacia él.
Apoyó sus manos s ob r e u na d e la s c a r a s d e la p ie d r a y e m p ujó
c on fuerza; luego la soltó esperando a que retrocediese, y v olv ió a
empujarla. Así, gradualm ent e, logr ó impri mirle una oscilación
cada vez mayor, hasta que al fin la piedra se. movió fuera de su
centro de gravedad y se v ino abajo c on un es trépit o q ue hiz o
temblar la tierra. El muchacho hizo un gesto de satisfacción y émprendió
la marcha de regreso a la caverna.
A mitad d e camino, emp ero, s acud ióse s obresa l tado al recibir
un perentorio mensaje telepático que casi le destroza el cráneo. "
¡Leña! ", le ordenaba
93
LOBSANG RAMPA
aquel me nsaje, " ¡leña, leñ a! " Volv ió a girar sobre sus talones y
lanzóse
nuevamente
a
la
carrera
por
el
s e nd e r o,
c on
a q ue l
a p r e m ia nt e " ¡le ña , l eñ a! " g ol peándole el cerebro.
Al fin, reunida ya una buena cantidad de leña, el jov en acólito
formó un haz y lo ató con un extremo de la cuerda. La otra punta
la aseguró alrededor de su cintura y de esa manera, arrastrándolo y
con grandes esfuerzos, se ingenió para llevar el fardo hasta la b o c a
d e l a c a v e r n a . E l l a m a q u e l o e s t a b a a g u a r dando c on cierta
impacienc ia, lo a yudó a c ortar la leña en trozos e inmediatamente
el fuego ya se hallaba encendido.
—Tu estad o es dep lorable —le dijo e l lama—, de m od o q ue
te ndr em os q ue ha c er a lgo al re s p ec t o o acabarás como esos
occidentales que he visto cuando estuv e en la India. Antes de
empezar con los ejercicios res piratorios v oy a e nse ñarte uno que
en est e momento viene muy al caso. —Sonrió y le indicó al n i ñ o
que
se
lev antase—.
Se
trata
de
un
ejercicio
sumamente
v igorizador para quienes acostumbran estar sentados mucho
tiempo... y tú estás sentado casi siempre. Además, es muy bueno para
reducir las gr a s a s d e l a b d om e n. T ie n e u n b on i t o n om b r e : s e
llam a " e jer c ic io d e l le ñad or " , p orq ue a l hac er lo s e obtienen
resultados similares a los que produce la acción d e c ortar leña.
Bien; ahora, ponte dere cho. —Hizo que el chico tomara una
posición erguida—. Imagina que estás cortando leña; imagina que
tienes entre las manos una hacha muy pesada, una de esas hachas muy
buenas, que acaban de traer los mercad e r e s d e
A h or a ,
manténte
f ir m e ,
muy
firme,
y
pon
los
Da r j e e li n g.
pies
bien
separados. Después junta la s manos com o s i s ost uv iera s el
mango de esa p e sada hacha. Imagina que la pala del hacha está en
el suelo, as í q ue as pira prof undamente y lev anta las manos con la
supuesta hacha por encima de tu cabe-
94
LA DECIMOTERCERA CANDELA
za, hasta que tu cuerpo alcance la posición opuesta y ya no esté
inclinado hacia adelante sino hacia atrás. Debes tener presente que
estás levantando una hacha muy pesada; por tanto, haz que tus
músculos aparenten
que...
estás
levantando
una
hacha
muy
pesada. Después, sin dejar de sostener esa pesada hacha por e nc im a d e
t u c ab ez a, c ont é n un m om e nt o la r es p iración y luego expulsa
con fuerza el aire por la boca y c on un m ov im ie nt o m uy e nér gic o
v ué lv e te
ha cia
a b a jo
c on
el
ha c ha
im a gina r ia
c om o
si
e s t uv ie r a s c or t a nd o u n t r o n c o gr a nd e , gr a n d e , d e á r b o l . N o
de b es , p or s up ues t o, de t e ner t e c on e l im pa ct o d e l hac ha e n la
madera, sino q ue d ebe s dejar que t us brazos desciendan hasta
quedar exactamente entre tus piernas; es d ecir que tiene s que
hacer que tus brazos bajen de manera que tus manos queden en la
misma línea que tus pies. Debes mantener derechos los brazos, lo
mismo que la espina dorsal. El ejercicio tienes que repetirlo
varias veces. Bien; empieza ya, hijo, y hazlo c on bríos. Al me nos
con el mism o brío que has puesto para derribar aquella piedra.
El muchachito acometió, pues, el ejercicio, hasta que al fin se
detuvo jadeando y refunfuñando por el esfuerzo realizado.
— ¡Ay,
venerable lama! —dijo, falto de aliento—. L a v e r da d e s
q ue e s t os e je r c ic i os p ue d e n m a t a r a cualquier persona, a menos
que se tenga una salud de hierro. ¡Yo me siento casi deshecho!
— ¡Per o,
c r i a t u r a ! — r e p l i c ó l e e l l a m a , u n p o c o enfadado—.
Este ejercicio no puede hacer sino bien, a m e n o s q u e s e t r a t e d e
u n a p e r s o n a d e c o r a z ó n débil o de mujeres aquejadas por
alguna
indisposic ión
fem e nina.
No
cr e o
q ue
pad e zc as
de l
c ora z ón, p er o p or la f or ma , c om o pr ote s ta s y gime s e s muy
p os ib l e q ue s e a s una v ie ja y, p or lo t a nt o, q ue ya hayas pasado
el tiempo de padecer de los trastornos
95
LOBSANG RAMPA
femeninos a que me referí. Vamos; haz de nuevo los ejercicios.
El jovencito se echó al suelo y se sentó encorvado, frotándose los
pies. Pero el lama, que había perman e c i d o d e p i e j u n t o a l
m u r o d e p i e d r a , m i r a n d o hacia el Valle de Lhasa, se volvió
repentinamente y le dijo:
—¿Por qué estás encorvado de esa manera? ¿Estás enfermo? ¿Te duele
algo?
El joven acólito se puso pálido un instante y luego repuso:
— ¿ E nf e r m o ? ¿ Q u ié n ? ¿ E nf e r m o, y o? ¿ Y o ? El lama
gruñó y aproximóse.
— ¡ S í , e n f e r m o ! ¡ T ú ! ¡ S e n t a d o a h í c o m o u n a v ieja con
juanetes
y
callos!
¡Como
las
v iejas
que
se
sientan en los
alrededores del mercado para oír el c hism or re o d e los me rc ad e re s!
¿Te s ie nt e s ma l d e los pies? —Se puso de rodillas para revisarle
los pies;. pero, al comprobar satisfecho que no tenía nada, se lev ant ó—.
¡Muc hacho, p onte de pie ! —le orde nó—. Ya verás cómo tienes que
hacer para relajar los pies. Porque supongo que los sientes cansados
después de h a b e r q u e r i d o a p o r r e a r a q u é l p á j a r o y p o r h a b e r
t um bad o aq ue lla p ie dra q ue , p or c ier t o, no te ca usaba mal
alguno. Ese es el motivo de que ahora estés cansado. Yo te enseñaré la
forma de relajar tus pies. —Tomó al muchacho por los hombros e
hizo que se p a r a s e d e r e c h o — . A h o r a v e r á s c ó m o t e c i r c u la r á
m e j o r l a s a n g r e . P á r a t e e n u n p i e , p r i m e r o e n e l izq uie rd o.
L ue go lev a nt a e l p ie d er e c ho y m uév e lo d e l t ob i l lo p a r a a b a j o.
No
m ue v a s
toda
la
p i e r na ,
recuérdalo,
pues
estamos
trabajando con tus pies. Muévelo. Deja quieta la pierna y sacude
fuertemente el pie desde el tobillo para abajo. Sacúdelo durante
tres minutos hasta que empieces a sentir un hormigueo. Después
pon ese pie en el suelo, levanta la otra pierna y sacude el pie tres minutos
seguidos. Haz
96
LA DECIMOTERCERA CANDELA
e st o tr e s v e c es . T e s erv irá c ua nd o s ienta s los p ie s helados y
cuando hayas caminado mucho o permanec id o
de
p ie
largo
tiem p o. T e v endrá b ie n, a d e más, cuando hayas estado derribando
piedras movedizas. —Sonrióse un instante y agregó—: Haz siempre
los ejercicios descalzo, nunca con las sandalias puestas. Surte
mejor efecto tener los pies en contacto directo con el suelo.
El pobre muchacho lanzó un quejido y exclamó:
—
¡ Ay
venerable
la m a !
A h or a
me
s i e nt o
mucho
más
c a ns a d o p a r á nd om e d e e s t a m a ne r a , y t od os estos ejercicios
han hecho que el cuerpo íntegro me d ue la d e c a n s a nc i o. ¿N o
p u e d o d e s c a n s a r un m o mento?
El lama ocultó su sonrisa.
—As í que me q uieres e ngañar , ¿no e s cierto? Lo que ocurre es
que te has cansado haciendo lo que no d e b í a s ; d e m o d o q u e , s i
a h o r a t e e n s e ñ o l o q u e debes hacer podrás evitar cansarte
cuando hagas lo que no d eb e s. Ahor a v am os a pr oc urar e lim inar
e l cansancio de la parte superior del cuerpo, por medio de un
ejercicio muy elemental que nuestros amigos, los chinos, denominan
"relajación del tronco".
— ¡Per o, v enerable lama! —prote stó el jov en ac ólit o al b orde
del d esmayo—.
Yo
creía
q ue íbam os a
hacer
ejercicios de
respiración y no estas cosas horribles.
El lama hizo un movimiento de desaprobación con la cabeza.
—Estos
son,
precisamente,
los
ejercicios
previos
a
los de
respiración, hijo. Bien; préstame ahora mucha atención, porque est
ejercicio particular debe aprenderse, más bien, como una serie de
cuatro ejercicios. Su acción está dirigida al cuello, a los hombros,
al centro de la espalda y finalmente a todo el cuerpo, desde donde
las piernas se juntan con el tronco hasta donde la cabeza se une al cuello.
Primero debes pa-
97
LOBS ANG RAMPA
rarte así. —Se inclinó y apartó los pies del muchacho unos sesenta
centímetros—. Párate siempre con los pies bien separados y deja
que tu cabeza quede colgando hacia adelante como si tus músculos
hubieran perdido la fuerza. Con la cabeza colgando libremente,
imprímele un movimiento de rotación lento, una vez, en el sentido
de
las
agujas
del
reloj.
Los
brazos
deben
estar
colgando
sueltamente. Después de eso, deja que tu cabeza quede otra vez
colgando inánime hacia adelante, pero ahora debes dejar que tus
hombros caigan como si no tuv ieras músculos. Es decir que tanto
tu
cabeza
como
tus
hombros
y
tus
brazos
est á n
c olga nd o
libr em e nt e. De sp ué s haz gira r tus hombros en el sentido de las
agujas del reloj, pero cuidando que la cabeza y los brazos estén
fláccidos y n o s e m u e v a n . U n a v e z h e c h o e s t o , h a z e l m o v i miento inverso.
El desventurado muchacho, hecho una verdadera lástima, comenzó
los
ejercicios,
exhaus to.
pero
No
al
terminarlos
obsta nte,
el
se
lama
sint ió
hizo
comp letam ente
sonar
los
dedos
inmediatamente para llamarle la atención, y le dijo:
—Ahora, deja el tórax inclinado hacia adelante e im pr ím e le e s e
mov im ie nt o c ir c ular a t oda la par te superior del cuerpo. Debes
hacer rotar todo lo de la parte superior del cuerpo, desde la
cintura para arriba. De sp ué s d e hac er lo e n un s e nt id o, ha zlo e n
e l otro.
El
mucha cho
permanec ía
de
pie
con
las
piernas
bien
separadas y con un aspecto de tanto agotamiento que daba la
impresión de estar a punto de caerse d e c a r a . S i n e m b a r g o ,
h i z o r o t a r l a c a b e z a y l o s hombros en una dirección, y después,
lentamente, en la otra.
—Ahora —dijo el lama— tienes que poner los pies mucho más
separados para tener una buena base de sustentación; deja que de la
cintura para arriba todo
98
LA DECIMOTERCERA CANDELA
esté perfectamente laxo, y luego, curvando la cintura, describe
un círculo tan amplio como te sea posible sin que te caigas. Haz
un gran círculo en el sentido de las agujas del reloj, de manera
que en cierto modo te sientas a punto de perder el equilibrio. Continúa describiendo esos círculos, pero haciéndolos cada vez más
pequeños hasta que-llegue un momento en que estés inmóvil. Luego
comienza a moverte de nuev o e n s e nt id o c ontrar io, de s cr ib ie nd o
c írc ulos cada vez más amplios hasta que estés nuevamente en peligro
de perder el equilibrio. Al concluir esto, repítelo una vez más.
Después haz rotar los hombros en un sentido y luego en otro.
Hecho esto, haz rotar en l a m i s m a f o r m a l a c a b e z a . ¡ Y a ! — d i j o
e l l a m a — . ¿No te sientes en realidad mucho mejor?
E l j o v e n a c ó l i t o m i r ó c o n a s t u c i a a l l a m a y r e puso:
— S í , v e n e r a b l e l a m a ; d e b o r e c o n o c e r q u e r e a l mente me
siento mucho mejor después de esto. Pero estoy seguro de que me
sentiría mejor aún si pudiera descansar después de hacerlo, porque, como
usted ha dicho, mañana nos espera una larga y difícil travesía y m e
t e m o q ue e s t os e je r c ic i os m e f a t igue n in út il mente.
—De acuerdo —repuso el lama con una sonrisa—; por el
momento no haremos más nada; pero durante el trayecto hacia las
tierras bajas deberás aprender
otros ejercicios.
Tendrás que
aprender algo de respiración, porque nuestro andar no se reduce tan
sólo a rec orrer la t ierra: tene mos q ue abarcar también el saber.
Cuanto
más
aprendas
ahora,
menos
tendrás
q ue
apre nder
desp ués; y así has ta que alc ances e l nivel de conocimientos de
que, cuanto más se sabe, más es lo q ue res ta saber. Bie n; por
ahora pue des irte.
De pronto, el joven acólito recobró totalmente sus energías y salió
corriendo por el sendero en busca de
99
LOBSANG RAMPA
cualquier av entura que se le pudiese presentar. El l a m a v o l v i ó a
s e n t a r s e a l b o r d e d e l f a r a l l ó n y s e que d ó c ont em pla nd o a que l
amad o V alle d e L ha sa, donde en ese momento el sol comenzaba a
ocultarse y las sombras se hacían ca da v ez más largas e n la
tierra rodeada de rocas.
Las
sombras
tomaron
un
profundo
tinte
purpúreo
y
se
extendieron con mayor rapidez por las oscuras t ie r r a s d e l v a l le .
E l m a c iz o oc c id e nt a l d e l c or d ó n m o n t a ñ o s o e s t a b a y a e n
p e n u m b r a y a q u í y a l l á podían verse tenues puntos de luz como de
llamas mortecinas.
El Potala, mansión del Recóndito, irradiaba destellos como en
escamas de oro. Detrás de la Montaña d e H i e r r o , e l R í o F e l i z
r e f u l g í a c o m o u n c a m i n o luminoso en un abismo de tinieblas.
I n m e d i a t a m e n t e , e l s o l s e o c u l t ó d e t r á s d e l a s montañas y la
oscuridad de la noche pareció elevarse c om o se elev a n la s a gua s e n
ép oca de av enida. El m a c iz o or ie nt a l d e la c or d il le r a s e f ue
hund ie nd o cada vez más profundamente en la naciente noche, y a
p o c o s ó l o q u e d ó e l t i n t e m ú r i c e d e é s t a y u n a suave brisa que
trasportaba, incluso a esa distancia, un hálito de incienso y de sebo
rancio.
A mile s d e metr os más arriba, las cumbre s más elevadas
conservaban un último reflejo de sol y una l í n e a d o r a d a s e
e x t e n d í a c o m o u n a b a n d e r a l l a meante en los confines superiores,
demorándose más tiempo en los puntos más altos, hasta que éstos
también se apagaron y se sumieron en la oscuridad total. El tie mpo
trascurría
le ntament e.
La
gente
noctám bula
comenzó
sus
actividades. Se oyó el reclamo de una av e noc t ur na y d e s p ué s d e
un m ome nt o lle gó desde lejos la respuesta. Un ratón solitario
chilló y e n s e g uid a s e p e r c ib i ó e l r um or d e una r e fr ie ga y otro
chillido que cesó abruptamente.
100
LA DECIMOTERCERA CANDELA
L a noc he a v a nz a b a. La s e s t r e lla s b r illa b a n c on t odo s u
esplend or en e l aire frío y lím pid o. Con s u relumbrar de colores
nunca vistos desde las tierras bajas, parecían parpadear y hacer
guiños como si part icipase n de algo mist erioso q ue e st uv iese muy
fuera del alcance del entendimiento de los mortales. Lentamente, un
fantasmal
resplandor
plateado
pobló
de
brumas
el
le jano
horiz onte, y majest uosament e apar e c ió la e sf era de la luna, c on
s us m onta ña s y cráteres, de aspecto llano a simple vista.
La
luminiscencia
se
derramó
blandamente
por
el
v alle ,
ha c ie nd o b rillar los b lanc os p ic os he la d os y arrancando rutilantes
destellos de las techumbres del Potala. El Río Feliz se tornó como de
plata fundida y las aguas del lago de los sauces convirtiéronse en
un espejo perfecto. La luz de la luna se acentuó y la inmóvil
sombra
del
lama,
sentado
cerca
del
arbusto
al
bor de
del
f a r a l l ó n , s e r e c o r t ó c l a r a m e n t e . U n escrutador hilo de luz se
introdujo por la boca de la ca v e r na y p us o a l d e s c ub ie r t o e l
c ue r p o d e l jov e n a c ó lit o, q u e ya c ía b oc a a b a jo d ur m ie nd o e l
s ue ñ o que sólo pueden disfrutar los pequeñuelos.
Des de muy lejos llegó e l imp e tuos o retumbar de un repentino
desprendimiento de rocas, seguido después de un intervalo por el seco
golpeteo de enormes pedrejones que se precipitan contra el suelo
luego de haber permanecido en su lugar durante decenas de miles
de años; y, como si inopinadamente el sacudimiento del suelo
fuese causa suficiente de alarma, se oyó también el graznido de terror
de un pájaro.
La noche av anzaba. La luna surcó majestuosa el cielo y se
ocultó serenamente detrás de la protectora cadena montañosa, y las
estrellas se fueron esfumando a medida que se aproximaba la
claridad del nuevo día. El cielo se llenó de colores. De uno a otro
horizonte s e e xt e ndía n fra nja s d e luz q ue s e t or nab a n cada vez
más radiantes. Las aves nocturnas graznaron
101
LOBSANG RAMPA
de sueño y se fueron en busca de sus refugios diurn o s a l
a m p a r o d e l á s gr i e t a s d e la s l a d e r a s d e l a montaña. Las
criaturas de la noc he s e apres taban para pasar otro día durmiendo.
E l v i e n t o n o c t u r n o a m i n o r ó ; d u r a n t e u n l a p s o apreciable
reinó una calma chicha y luego comenzó a soplar una brisa ligera en
sentido contrario. Los seres que viven de día comenzaban a moverse.
De p r ont o, e l jov e n a c ól it o s e inc or p or ó, s e r e st r e g ó l o s
ojos
y
se
lanzó
fuera
de
la
cav erna.
Un
nuevo día había
comenzado.
Acabar con el ayuno que impone el descanso nocturno era algo
sencillo. Tant o el de sayuno c omo el almuerzo, la merienda y la
cena,
todas las comidas,
llámense
como
se
las
llame,
son
idénticas para los sacerdotes del T íbe t: té y ts a mp a. El té, de la
peor calidad y el menos refinado de todos, procede de la China y
viene prensado especialmente. Y tsampa. Y e s o e s t od o. A m b os
m a nja r e s s um inis t r a n t od o l o ne ce sa rio p ara la c ons erv a c ión
de la s a lud y d e la vida.
Luego de desayunar rápidamente, el lama se volvió hacia el acólito
y le preguntó:
—¿Qué es lo que tenemos que hacer ahora?
El muchacho bajó la vista esperanzado y repuso:
—¿No podemos descansar un rato, honorable lama? Sé
d e u n s i t i o e n d o n d e h a y u n n i d o d e buitres con huevos.
¿Vamos a verlos?
El lama suspiró.
—No —replicó—; debemos pensar en quienes han de v enir
después
de
nosotros.
Tenemos
e s p a r c ir
en
el
a r e na
s ue l o
que
lim p ia ,
higieniz a r
c u id a r
la
que
c a v e r na ,
esté
bien
p r ov is t a d e l e ña , p or q u e l o s próximos viajeros que lleguen aquí
pueden tener imp er ios a ne ce s id ad d e c ontar c on f ue go, co n
ca lor. Debemos tener presente que, si a nosotros nos hubie-
102
LA DECIMOTERCERA CANDELA
ra gustado tener leña, debemos hacer lo que a nosotros nos habría
agradado.
El muchacho salió y nuevamente descendió por el empinad o
send ero, dando puntap iés al pasar a las piedras que encontraba
mientras trotaba por la pendiente, hasta que dío con una que no
estaba suelta, sino bien enclavada en el suelo. Durante algunos
instantes
estuvo
saltando
en
una
pierna,
lanzando
alaridos
extraordinarios y asiéndose con ambas manos el pie lastim ado.
Pero en e se mome nt o algo atrajo su atención: una pluma que
bajaba ondulando desde el cielo. En su entusiasmo por mirar aquella
gran pluma de buitre se olv id ó p or c omple to del pie y se lanzó
tras ella. Al v er que se trataba de una pluma sucia que e l v ie nt o
ha b ía arra s trad o ha s ta a llí, la t ir ó y continuó su interrumpida
marcha en busca de leña.
A l c a b o d e u n r a t o l a c a v e r n a q u e d ó l i m p i a y barrida con
ramas secas, y con un montón de leña apilada contra un muro
interior, preparada ya para los próximos viandantes. Entonces,
ambos se sentaron juntos en el borde de la roca.
— T i e n e s q u e a p r e n d e r u n p o c o d e r e s p i r a c i ó n ---dijo el
lama—. El ruid o q ue hace s a l resp irar es c om o e l d e la s a la s
d e l b uit r e e n e l a ir e . V e a m os; ¿cómo tienes que sentarte para hacer
los ejercicios respiratorios?
El joven acólito prestó atención inmediatamente y e n se guida s e
sent ó e n una P os ic ión de l L ot o de lo más exagerada. Colocó las
palmas de las manos en el regazo y en su rostro se dibujó una expresión
perfectamente tonta y fría, a la v ez que ponía los ojos de una
manera /particular, como si estuviese mirando hacia algún lugar
imaginario situado a pocos centímetros más arriba y frente a él.
El lama rió de buena gana.
— ¡N o, no! — e xc lam ó—. T ú no te s ie nt as d e es e modo. Respirar
es algo natural. Tú te sientas y te
103
LOBSANG RAMPA
estás de pie de cualquier forma que te resulte convenie nt e y
cóm oda.
Por
las
ideas
que
tiene
acerca
de
los
ejercicios
respiratorios muchísima gente parece estar tocada. Creen que
tienen que adoptar las poses más extravagantes y antinaturales, y
que estos ejercicios no pueden beneficiar si no constituyen también
un gran sacrificio. Mira, muchacho —continuó—; siéntate o ponte de
pie de cualquier modo que te sientas cómodo.
derecho, pero
—y
Puedes
sentarte
esto es lo único importante— la columna
vertebral debes mant e ne r la e r guid a e n la m e d id a e n q u e t e
r e s ult e c ó modo. La manera más fácil es imaginar que la espina dorsal
es un poste clavado en el suelo y que el resto del cuerpo pende
libremente de él. Mantén derecha la columna, que así no te
sentirás cansado después. —El lama, que ya se había sentado en
posición erguida y con las manos juntas sobre el regazo, miró al
jov encito—. Relájate, relájate —le dijo—, debes relajarte. No se
trata de padecer tortura ni de servir de modelo para una de esas
imágenes nuestras de cera. Estás aprendiendo a respirar. Relájate,
pues; siéntate con naturalidad y pon derecha la columna. —El muchac ho se se nt ó c on más s olt ura y el lama aprobó c o n l a
cabeza-7.
¡Ah!
Así
es
mejor,
mucho
mejor.
Ah or a
a s p ir a
le n t a m e nt e . Ha z q ue e l a ir e ll e ne la parte inferior de tus
pulm ones, e xactamente c omo las sombras del crepúsculo colman
primero la parte baja del valle. Después aumenta la cantidad de
aire hasta llenar la porción media y superior de tus pulm o n e s .
Puedes
p e r c i b i r l o,
v erdaderamente.
Pero
hazlo
en
forma
p a r e j a . — S e d e t u v o y s o n r i ó — . Cuando las sombras de la
noche anuncian la extin ción del día —continuó—, comienzan por
arrastrarse
a ras del suelo; luego, la oscuridad va aumentando
constantemente, con suavidad y en forma uniforme, sin que su
ritmo se altere, sin empellones. Así debes respirar tú. Es decir, el aire tiene
que ir aumentando
104
LA DECIMOTERCERA CANDELA
y llenándote los pulmones, de la misma manera en que, por la
noche, las sombras se acentúan y la oscuridad invade el valle. Pero,
a medida que el aire entre en tus pulmones, echa las costillas hacia
afuera; imagínate que se trata de un día muy caluroso y que la ropa
se te pega. Aparta, pues, la ropa de tus flancos. Bien; echa entonces
las costillas hacia afuera de esa maner a y ya v erá s c óm o p ued e s
insp ira r ca da v e z más y más aire. —Miró para verificar si el
muchacho seguía puntualmente las instrucciones, y satisfecho de
que así fuera, prosiguió—: Escucha los latidos de t u c or az ón; p or
em pe zar, p ue s, haz q ue e l a ire p e ne t r e p or e s p a c i o d e c u a t r o
la t id o s . V e r á s q u e e l cuerpo se expande durante el período de
inspiración y que s e c ontra e al e s p irar. Deb e s e xa gerar ligera mente la natural expansión y contracción del tórax. — D e p r on t o ,
e l l a m a l e a d v ir t i ó c o n s e v e r i d a d — : ¡No, no, m uc ha c ho! ¡De
ningún m od o! T ie ne s q ue mantener la boca < --cerrada mientras
respiras.
¿O
es
q ue
q u ie r e s
t r a ga r t e
a lguna
m os c a ?
—El
p e q ue ño cerró la boca c on un sonoro c hasquid o—. El v erdad e r o
f in d e e s t e e j e r c i c i o — c on t i n u ó e l la m a — e s h a c e r q u e e l a i r e
p e n e t r e p o r l a s f o s a s n a s a l e s y circule por los espacios aéreos
del cuerpo, para ser expelido nuev amente a trav és de las fosas
nasales. Cuando quiera que respires por la boca te lo diré. Al principio,
mientras no tengas mucha experiencia en esto, debes practicar
durante quince minutos aproximadamente, e ir aumentando después
hasta treinta.
El m uc ha c ho se se nt ó y c om e nz ó a r e sp ir ar, e n ta nto q ue el
lama
lev antaba
lentament e
una
mano
para marcarle el ritmo
correcto de la respiración.
—Bien; por ahora ya es suficiente —díjole al fin—. Vamos a trabajar.
Se p us o d e pie y se sac udió la arena del mant o, actit ud que
imit ó
el
m ucha cho.
Desp ué s
asegurarse de que no se habían
105
inspe cc ionaron la caverna para
LOBSANG RAMPA
o lv id a d o d e n a d a , y j u nt o s d e s c e n d i e r on ha c ia e l v a lle p o r e l
s e nd e r o, e n c uy o e xt r e m o e l la m a d isp us o a lguna s p iedr a s d e
maner a q ue se ña las e n e l camino hacia la cueva.
— V e a b u s c a r l o s p o n i es — d ij o , v o l v i é n d o s e a l muchacho.
De mala gana, el acólito se alejó en busca de algún ra str o d e los
ca ba llos y, a l ca b o, tr ep á nd os e a un gran peñasco, los divisó
como
a
unos
cuatrocientos
metros.
Cautelosamente
se
fue
deslizando de roca en roca hasta llegar muy cerca de ellos.
Advertidos, los caballos se miraron entre sí y luego miraron al joven
a c ó l i t o ; p e r o, a m e d i d a q ue é s t e c a m i n a b a h a c i a ellos, los
animales se alejaban exactamente al mismo compás. El muchacho cambió
de dirección y procuró tomarlos de frente, pero los dos caballos, imperturb a b l e m e n t e , a c e l e r a r o n u n p o c o l a m a r c h a y s e mant uv ier on
a la m ism a dis ta nc ia. A t od o e st o, e l pequeño ya se sentía
bastante acalorado y jadeaba. E s o s
cabía
duda
a l g u n a — t e nía n
en
animales
la
cara
—para
una
él
no
e xpr e s ión
c ínic am ent e s oc a rrona.
Al fin, el jov en acólito ya no pudo más y regresó a donde el lama
se hallaba aguardándolo.
— ¡Ay, honorable lama! —se lamentó algo irritado por
la
frustración—. Esos caballos no se dejan agarrar. Se burlan de mí.
E l la m a m ir ó a la p o b r e c r ia t ur a y u na s onr i s a juguetona se
le insinuó en la comisura de los labios.
—¿Conque
es
así?
—inquirió
tiernamente—.
Veamos
entonces si vienen por mí.
Se ade lant ó y golp eó las manos. Los ponies , que ya se habían
puesto a pastar nuevamente, levantaron la cabeza con las orejas
bien enhiestas. El lama volv ió a golpe ar las ma nos y los llam ó.
Ent once s, los caballos se miraron, volvieron la cabeza hacia el
lama, se miraron de nuevo entre sí y comenzaron a
106
LA DECIMOTERCERA CANDELA
trotar hacia él. Este fue a su encuentro, les dio unas p a l m a d i t a s y
c o l o c ó s u e q u i p a j e s o b r e e l l o m o del más grande.
El más pequeño de los ponies le echó una ojeada al joven
acólito pero cuando éste quiso aproximársele se apartó; y así, al
cabo de un momento, el muchacho se encontraba corriendo en
pos del caballo, que h u í a
en círculo.
F a s t i d ia d o y a
de la
j u g a r r e t a , e l lama amonestó severamente al animal que al instante
s e d e t uv o c on d o c ilid a d . E l m uc ha c ho a p r ov e c hó, e n t o n c e s ,
p a r a a c e r c á r s e l e y e c h a r l e s u f a r d o a l cuello, cuidándose muy
bien de mantenerse a distancia de sus cascos.
E l l a m a h i z o u n g e s t o c o n l a c a b e z a , m o n t ó a caballo y se
quedó aguardando. El muchacho dio un salto excesivamente grande
para tomar desprevenida a s u c a b a lga d ur a , p er o e l a nim a l hiz o
un le v e m ov im ie nt o y e l c h iq u il l o p a s ó p or e n c i m a d e l l o m o y
fue a aterrizar estrepitosamente en la arena.
— ¡ A y, q u e r i d o, q ue r id o ! — s e l a m e nt ó e l la m a , suspirando
resignadamente mientras se le acercaba—. Tod os los día s la misma
his toria. Pero e s que t ene mos prisa... —Se inclinó para levantar
al muchacho y lo depositó sin contemplaciones sobre el lomo del
pony—.
¡Andando!
—ordenó--.
Ya
hemos
perdido
bastante
tiempo. Tenemos que apresurarnos, o perderemos otro día más.
Am b os e q uinos s e e c har on a andar a la v e z, ev i tando las
rocas. El lama marchaba un poco adelante, en tant o q ue el c hic o
se esf orzaba por mante nerse d e t r á s d e é l, y, s i b ie n nunc a s e
ha b ía d e s t a c a d o como buen jinete, cosa que jamás llegaría a ser,
trataba de cabalgar lo mejor que podía.
Mientras
marchaban,
el
lama
iba
montado
cómodamente
erguido, descansado y tranquilo. El muchacho, en cambio, sobre
su pequeño pon y, cabalgaba doblado como una bolsa de cebada, pero
a diferencia
107
LOBSANG RAMPA
de ésta, a medida que trascurría el tiempo se sentía más dolorido.
Finalmente, después de tres o cuatro horas de marcha, el lama se
detuvo.
—Descansaremos un rato aquí —dijo—. Puedes desmontar.
T od o c ua nt o t uv o q ue hac er e l jov e n a c ólit o f ue dejar de seguir
suspendido de las crines del caballo y dejarse caer al suelo como un bulto
informe.
El caballo se apartó algunos pasos.
108
CAPITULO VI
En los lind e s d el v a lle d e Lhas a, d ond e e l hollad o s e nder o
de s c iend e
y
se
int er na
p r ofundam e nt e
en
dirección
a
las
abrasadoras tierras bajas e incluso hacia la China, el lama y su
joven acólito se echaron a d escansar en e l s ue lo de tierra
firmemente a sen ta da. A p oc os me tr os d e d ist a nc ia , ma ne a d os ,
los caballos erraban en busca de matas de pasto. En lo alto, un
enorme pájaro revoloteaba pesadamente en círculos, atrayendo las
miradas
no
muy
interesadas
del
muchacho,
cuya
verdadera
preocupación eran los dolores y penurias que debía soportar cada vez que
montaba a caballo. En aquellos momentos se hallaba e c h a d o b o c a
abajo y de vez en cuando volvía la cabeza de un lado y de
otro
para
contemplar
el
vuelo del ave. Al fin, amodorrado, se
durmió.
También en otras partes del mundo había gente descansando. En
una fábrica de radios situada en la parte occidental del globo, los
obreros se hallaban en uno de esos innumerables "descansos" que
rompen la monotonía de la v ida de taller. De pronto, Rusty
Nales,
el
carpintero,
prorrumpió
en
carcajadas
y
arrojó
de s pr ec ia t iv am e nt e al s ue lo un libr o f orra d o de azul.
— E s t e t i p o d e b e d e e s t a r t o c a d o — v o c i f e r ó — . ¡Papanatas!
¡Qué cantidad de gente inconsciente se sale con la suya con los libros!
109
LOBSANG RAMPA
—¿Qué te pasa, hombre? —preguntóle suavemente Isad ore Shutt, el
jud ío
more no,
agac hánd os e
para
recoger el libro causante del
disgusto.
Rusty Nales escupió su desagrado y, secándose la boca con el
dorso de la mano, exclamó:
— ¡Ah! ¡Qué perfecta idiotez es todo eso!
Iv án Aus t in, e l cam ioner o, le arre ba t ó e l libr o a Isadore Shutt
y se puso a mirarlo.
—Avivando la llama, por Lobsang Rampa
—leyó,
y luego
e x c l a m ó c o n f a s t i d i o — : ¡ A h , é s t e ! P e r o , ¿habrá alguien que le
crea? —preguntó sin dirigirse a nadie e n partic ular, y cont inuó—:
¡Este t ip o es un necio! ¡Eso es lo que es: un necio!
Shirley May, la telefonista, montó en cólera.
— ¡Es o es lo que t ú t e cre es! — prorrumpió fur iosa—. No
tie nes
cabeza
para
nada
b ue no,
¡b ocaza!
—Se
encogió
de
hombros y miró con enojo al pobre Iván Austin.
— ¡Cállate la boca, mocosa estúpida! —gritó éste, e x a s p e r a d o — . S i
t ú t a m p o c o c r e e s e n e s t a s . . . estas... —v acilaba buscand o la
palabra adecuada— estas mentiras. Este tipo es un...
E n e s e m o m e nt o s e a b r i ó l a p u e r t a y e nt r ó m e neándose
Candy Hayter, una de las mecanógrafas.
— ¡Vaya manera de gritar la de ustedes! —observ ó— . P e r o y o
s é q u e e s v e r d a d l o q ue d i c e n e s t os libros. Su autor ha sido
acusado, juzgado y sentenciado por la prensa corrompida, sin
que
se
le
diera
ninguna
oportunidad
para
defenderse.
Para
ustedes, eso es periodismo; . y los incautos como ustedes son ta n
e st úp id os — c lav ó la v is ta e n R ust y Na le s y e n Iv án Aust in—
que cree n a pie junt illas t odo lo que dicen los diarios. ¡Bah!
—Sí, señora; está bien —intervino Bill Collector, de la sección
contaduría—. Pero oiga lo que escribe este a norma l. — B us c ó una
pá gina de l libr o, lim p ió los anteojos y echó una mirada a su auditorio
antes de
110
LA DECIMOTERCERA CANDELA
com enzar a leer—: Avivand o l a l l a ma, p or Lob sang Rampa,
página
23,
último
párrafo.
Dice
así:
"Es
perfectamente
p o s i b l e h a c e r u n a p a r a t o q ue n o s p e r m it a c om unic a r nos p or
t e lé f on o c on e l m und o astral. En realidad, esto ya se ha .hecho..."
S u v o z s e e s f u m ó y p o r u n m o m e n t o h u b o u n silencio,
quebrado al fin por Iván Austin para decir:
¿ V e n , l o q u e y o d i g o ? E s t á l o c o . . . E l t i p o debe
de haber estado muy drogado cuando escribió eso.
Ernest Truman, jefe del Departamento de Investigación, frunció
los labios y se levantó para dirigirse a su oficina. Al cabo de un
momento regresó con una revista abierta en una determinada página.
A h o r a v o y a e n t r a r e n l a d i s c u s i ó n — d i j o — . E s c u c he n.
Voy a le er le s algunos p as aje s d e una de la s revistas británicas
más importantes.
S e d e t u v o p a r a r e p a s a r la p á g i n a , p e r o e n e s e m om e n t o
v olv i ó a a b r ir s e la p u e r t a
y e nt r ó R .
U. Crisp, gerente del
establecimiento.
¿Qué
pasa?
—preguntó
bruscamente—.
¿Creen
u s t e d e s q u e l e s p a g o p a r a q u e s e l o p a s e n d e reunión? A
v e r , ¡ m u é v a n s e , v a m o s , a t r a b a j a r ! ¡Ligero, váyanse, rápido!
—Señor Crisp —arriesgó Ernest Truman—. Le pido un momento,
señor, por el bien de la evolución del c onoc imie nt o téc nico c on la
cual tal v ez te ngam os que enfrentarnos después. Quisiera leer a
esta gente, y a usted, unos pocos párrafos.
R. U. Crisp pensó un instante y al cabo tomó una decisión.
Muy
bien
—dijo—.
Sé
de
su
formal
voluntad
de
m a nt e ne r nos i nf or m a d os a t od os , d e m a ne r a q ue l l a m e a m i
s e c r e t a r i a , A l i c e M a y C l i n g , p a r a q u e tome la versión de eso al pie
de la letra.
La secretaria Cling se hizo presente sin pérdida de tiempo, acompañada
de Sherry Wines, la cantinera; y
111
LOBSANG RAMPA
cuando
Ernest
Truenan
comenzó
a
hablar,
sus
palabras
suscitaron la más absoluta atención de los pres e nt e s. P or que,
de s p ués d e t od o, s e le s e s tab a p agando por escuchar, lo cual era
mucho más cómodo que armar aparatos de radio.
— S e ha d e ni gr a d o y p ue s t o en t e la d e j u ic i o a l escritor
Lobsang Rampa por atreverse a decir lo que, en realidad, constituye
una posibilidad científica —pontificó—. Mucho es lo que se lo ha
escarnecido por sus sugerencias y por sus exactas aseveraciones.
Veamos. La gran revista británica de radio Wireless W o r l d , e n
s u e d i c i ó n d e j u n i o d e 1 9 7 1 , t r a e u n artículo, en la página
312, cuyo título es "¿Comunicación electrónica con los muertos?
" Voy a leerles algunos pasajes; pero, si desean leer todo el artículo,
pued en c onsultar la publicac ión que les he dic ho. —Se detuvo un
momento, atisbó por encima de sus anteojos, se pasó el pañuelo por
la nariz y se aclaró la garganta. Luego comenzó a leer—:
Los comentarios de Free Gr id acerca de las ondas IP
m o d i f i c a d a s (v é a s e p á g i n a 2 1 2 d e l n ú m e r o d e a b r i l ) , m e
hicieron recordar un curioso episodio que me sucedió
ha c e a lg u n o s a ñ o s y p a r a e l c ua l n un c a he p od id o ha l la r
una
explicación
racional.
Cuando
tenía
catorce
años
apro-
ximadamente, encontré abandonado en un desván un viejo r e c e p t o r
d e r a d i o d e a q u e l l o s q u e e n l o s a ñ o s v e i n t e s e conocían,
según me parece, con el nombre de "det-2 1.f.".
( . . . ) Ar r e g l é , p u e s , a q u e l l a p ie z a d e m u s e o y, q u e r i e n d o
a v e r i g u a r s u c a p a c i d a d D X , t o m é p o r c o s t u m b r e , d u rant e
la s v a ca c ione s e sc olare s, p oner e l d es p ert ad or para q u e
sonara
a
las
dos de
la
mañana
y
buscar
estaciones
radiofónicas estadounidenses para escucharlas con los auriculares.
Y a h o r a v i e n e l o e x t r a o r d i na r i o . E n d o s o t r e s o p o r t u nid a d e s , e n e l la p s o d e v a r ias s e m a na s , e n lo s m om e nt os
e n q ue ya hab ía re t ira d o la b ob ina r em p laza b le de la a nte na para cambiar de longit ud de onda (lo c ual s ignifica que
112
LA DECIMOTERCERA CANDELA
v e z ; p e r o r e c ue r d o q ue m e q ue d é e s p e r a nd o a lr e d e d or d e
una h or a p a r a t r a t ar d e oír a lgo m á s , s i n c ons e gu ir lo. L a
mayor ía de las emisoras eur opeas hacía ya rato que habían dejado de trasmitir, y yo estaba lejos de las radiodifusoras comerciales de gran potencia y tampoco había
aficionados que operasen en el área.
Ya m e había olv idado de todo aquello, cuando m e lo
hizo recor dar la hipótesis de Free Gird. Después, de la
manera inopinada en que siempre suceden las cosas, di
con un libro de publicación reciente, titulado Breakthrough, que muy esp ec ialme nte les rec omie nd o. Su a utor
s ost ie ne q ue, s i s e c onec ta u n gra ba d or ma gne t of ónic o d e
los comunes y se lo deja andar solo, al pasar la cinta
p ue d e a dv ert ir s e q ue re pr od uc e v oce s pr ov e nie nt es d e lo s
muertos.
Y, ahora, unas pocas palabras que impresionan más que e l
"espiritism o", cuya sola m ención levanta vehementes
op i n i on e s e n f a v or y e n c on t r a . De m a n e r a q ue , s i u s t e d
e stá e n c ontra y p ie ns a: "P e ro, ¡t odav ía m ás s up er cher ía s
s ob r e v i b r a c i o n e s y e c t op la s m a ! " , l e p id o q ue s e s of r e ne y
me tenga paciencia unos minutos más.
Yo, personalmente, por el momento soy neutral. Sólo
sé lo que he leído. El doctor Raudive, su autor, no se
de d ica a la e lec tr ónica, per o apar e nt em e nte ha re gis tra d o
alreded or de set enta y d os mil de esas v oce s, de las cua les
s e ha t r a s la d a d o a l d is c o u n a se le c c i ón q ue s e e nc ue nt r a
en venta. Lo que es más im portante aún desde nuestr o
punto de vista, es que ha reunido una gran cantidad de
op in ion e s im p a r c ia le s , inc lu s o la s d e f ís ic os e in ge n ie r o s
e le c tr ónic os d e pr imer a línea , t od os los c ua le s c orr ob or a n
la a f ir m a c i ó n d e q u e la s v o c e s a p a r e c e n v e r d a d e r a m e nt e
en la c inta, a pesar de que no tod os ellos está n se gur os d e
que prov engan de los muertos. Nadie es capaz de formula r
ning una t e or ía q ue p e r m it a c onc ilia r la s le yes na t ura le s
c onoc ida s c on e st e fe nóm eno . Los inge nier os e lec tr ónic os
h a n s o m e t i d o a e x p e r im e n t a c i ó n e s t a m i s t e r i o s a p r o d u c c ión d e v oc e s , p or m e d io d e s us e q uip os e s p e c ia l e s , y la s
han hec ho más not orias c on div ersos circ uitos cread os p or
e llos (e n es t e libr o s e pr op or c iona n los gr áf ic os c orre s p on dientes), los cuales son más adelantados respecto del
aparato original d e Raudiv e. Entre parénte sis, se d ice que e l
video tape p od r ía s er uno d e los m e d ios , p a r a lle v ar a cabo
futuras tareas de perfeccionamiento.
(...) En cuanto a las voces en sí, se dice que "mencionan su propia identidad, que nos nombran y nos dicen
113
LOBSANG RAMPA
c osa s c oher e nt e s (o q ue, a v e ce s, nos d es c onc ie rta n); s on
voces que no se originan acústicamente, y los nombres
que da n c orr e sp ond e n a p ers ona s q ue sa b em os q ue ya no
están en el m und o d e los v iv os. Las v oc es se hallln en una
c i n t a q ue s e p u e d e o ír y q u e c ua lq u i e r a p u e d e e s c uc ha r .
Los físicos no aciertan a explicar el fenómeno; y, en
cuanto a los ps ic ólogos, tampoc o ést os logran dar ninguna
exp licación. Las pr uebas c ie ntíficas han d emos trado (en la
j a u l a d e F a r a d a y , p or e j e m p l o ) q u e t a l e s v o c e s s e p r o d u cen fuera del experim entador y que no se relacionan ni
con la autosugestión ni con la telepatía. También han
e s t ud ia d o e l f e n óm e n o l os f i l ó l og o s , q u ie n e s ha n t e s t i m o nia d o q ue s i b ie n s on a ud ib l e s y s e e nt ie nd e n, las voces
no se producen por medios acústicos, tienen el doble de
la rapidez de la palabra humana y son de un ritmo peculiar idéntico en los setenta y dos mil ejemplos examinados
hasta ahora". (El subrayado es mío).
Parece, tambié n, que las fras es tie ne n un est ilo te le grá f ic o y q u e , c u a n d o e l e xp e r i m e n t a d or d om i na v a r io s i d i o mas, e l le ngua je es a v e ce s p oliglot o — una p alabr a p ue d e
ser en sueco, la siguiente en alemán, la otra en inglés,
et c ét er a. C om o los m ensa je s s e pr op one n e ma nar d e f ue nte s f ís ica s c onv e nciona le s, el ace nt o par e c e p oners e en e l
reconocimiento de los amigos y familiares desaparecidos.
La honestidad del libro par ece incuestionable, y sus
ca s i c ie n pá gina s d e a p énd ic e s pr op or c iona n m uc hos d et a ll e s t é c n ic o s d e l a p a r a t o u t i li z a d o a s í c om o la s h ip ót e s i s
referentes a la causa del fenómeno.
(. . . ) Ent r e é s t a s últ im a s no f a lt a n la s t e or ía s f und a d a s
en la relatividad y en la antimateria.
(...) Una cosa es indudable, y es que el pr oblema del
or ige n d e e s a s " v oc e s " e s t á p id ie nd o a gr it os q ue s e i nv e s t igue . Y o s é , c om o us t e d e s , q ue t od o e s t o s ue na a im p os ible. ¿Cómo puede ser que de un micrófono mudo surjan
palabras? Sin embargo, no nos olvidemos que, en 1901,
era teóricamente imposible que las ondas radiales pudieran
atrav esar el Atlánt ic o, pues nadie sabía de la e xiste nc ia de
la i o n os f e r a . E s t o p e r m i t e a f ir m a r q u e , in d ud a b l e m e nt e ,
hay una cant idad de cosas re lativ as a la el ectr ónica, s obre
las cuales no sabemos nada hasta el presente.
Ernest Truman concluyó de leer; cerró despaciosamente la
revista, se quitó los anteojos y se enjugó el rostro con un gran
pañuelo blanco. Luego se caló de
114
LA DECIMOTERCERA CANDELA
nuevo sus anteojos y miró en torno para observar el efecto que había
causado su lectura.
Por un momento, en todos aquellos rostros que lo r od ea ba n s e p ud o
adv er t ir una e xpr es ión at ónit a. I v á n A u s t i n s e h a b í a q u e d a d o
d e p i e c o n l a b o c a abierta, y Alice May Cling estaba colgada del
brazo de su amiga. En cuanto a Rusty Nales, respiró prof u n d a m e n t e
y d e j ó e s c a p a r u n a e x p r e s i ó n d e asombro:
—
¡Caray! ¿Qué les parece?
Eva Brick, la muchacha empaquetadora de válvulas, se volvió
hacia su amiga Ivy Covrd y sonriendo con suficiencia le dijo:
—
¡Vaya, v aya! Así q ue una v e z más Lobsang Rampa ha
d e m o s t r a d o q u e t i e n e r a z ó n . . . ¡ C ó m o me alegra!
-
Empero, la última palabra fue de. R. U. Crisp.
— ¡A trabajar, señores, ya
se han divertido bastant e !
¡A
trabajar! ¡Esto cues ta dinero!
Y así, de uno y de dos, el personal se dirigió a sus tar ea s lo m ás
le nta me nt e
p osib le,
c om e nt and o
en
forma atropellada todo lo
referente al tema.
En los lindes del valle de Lhasa, donde el sendero desciende hacia las
tierras bajas y donde el lama y su acólito se incorporaban ya para
prepararse a continuar su travesía en los reluctantes ponies, el
descanso había llegado también a su fin.
Una
vez
m of á nd os e
más
los
caballos
e v id e nt e m e nt e
de
se
él
apartaron
y
del
muchac ho,
m a nt e nié n d o s e
a
una
d i s t a n c i a j u s t a , p r e c i s a , p a r a q u e n o pudiese alcanzarlos, y
eludiendo hasta sus más enérgicas arremetidas para sujetarlos. Al
fin, el lama tuvo q ue ad e la nt ars e nuev am e nte y e nt onc e s los
pon ies fueron 'mansamente a su encuentro. Luego, ambos
115
LOBSANG RAMPA
tomaron sus bultos, montaron y se echaron a andar camino abajo.
Detrás del lama., que marchaba a la cabeza, y a más o menos
cincuenta
metros
de
distancia,
iba
el
acólito
cuyo
pony,
afortunadamente, seguía por su propia voluntad a su congénere,
porque él no ejercía casi ningún control sobre su cabalgadura. El
camino, que se internaba entre elevadas rocas y en las profundidades de
inmensos precipicios, los iba acercand o gr ad ualme nt e a l R ío
F eliz. En es e p unt o, e l r ío recibe el nombre de Yaluzangbujiang;
pero, después de abandonar el Tíbet y de describir una curva muy
cerrada en forma de horquilla entre las montañas, se trasforma en el
caudalos o Brahmaputra —cuyo v olumen y fuerza aumentan hasta
que va a precipitarse en la Bahía de Bengala—, que constituye uno
de los m á s im p or t a nt e s r íos d e la I nd ia . P or e l m om e nt o era e l
río f e liz, c on s us tr e s v ert ie nte s en e l T íbe t, todas ellas reunidas
en Lhasa —en el valle de Lhasa—, y alimentado por incontables
corrientes
tributarias
dentro
del
mismo
valle.
Innúmeros
manantiales brotab a n a l p ie d e la M ont a ña d e Hie r r o y d e l
P ot a la y formaban el Lago del Templo de la Serpiente, el Lago de los
Sauces y los fangales, para ir a desaguar suavemente en e l Río F eliz.
Allí, en los dec liv es q ue c ontinúan al valle de Lhasa, el río se
tornaba más ancho y torrentoso.
Durante tres, o tal -vez cuatro días, el lama y su acólito
continuaron la marcha. En aquellas comarcas, d ond e e l t ie m p o c a r e c e
d e im p or t a nc ia , d ond e no hay r e loje s ni nad a q ue s e ña le e l
tra sc urr ir de los d ía s y los m e se s, sa lv o la t ra yec t or ia d e l Sol y
la s fases de la Luna, uno pierde la cuenta de los días.
De las elevadas mesetas descendieron a las tierras bajas, donde
el rododendro alcanza grandes dimensiones y a v eces lle ga a
tener una alt ura de s iet e a nueve metros; y donde las flores —cada
una de ellas
116
LA DECIMOTERCERA CANDELA
del tamaño de un repollo— forman un tapiz de exultantes colores.
El lugar estaba poblado, también, de gran div ersidad de plantas y
árboles. La atmósfera e r a d e n s a , b r u m o s a , c á l i d a , d e b i d o a
q u e e l a i r e quedaba encerrado en un desfiladero rocoso, en una
p r of und a gr ie t a . P or un la d o s e ha lla b a un f r e nt e rocoso y, por
el otro, a mano derecha, se precipitaba e l r ío, bram a nd o y
rugie nd o e n las a bra s y d es p lomándose una y otra vez desde una
altura de treinta metros, sobre picos rocosos, para luego continuar
volcándose, más abajo, en profundas hoyas.
M u c h a s v e c e s , e l l a m a y s u a c ó l i t o t e n í a n q u e cruzar y
recruzar el río por precarios puentes construidos con maderos
suspendidos de bejucos o largos t a llos d e p la nt a s t r e p a d o r a s,
t a llos e s t os q ue s on flexibles como la maroma y fuertes como la
madera; y c a d a v e z q ue e s t o oc ur r ía t e nía n q ue v e nd a r los ojos
a los ponies y conducirlos cuidadosamente por a q ue ll os p ue nt e s , p ue s
d e ot r a m a ne r a no ha b r ía habid o pon y ni caballo alguno que se
hub ie se atre vido a atravesar tan riesgosas estructuras.
Al
c r uzar
uno
de
es os
p u e nt e s,
el
jov e n
a c ólit o,
que
marchaba tambaleándose y frotándose quejosamente las nalgas, se
dolió:
— ¡Ay, honorable lama ! De sp ués de cabalgar durante todos
estos días, comprendo perfectamente por q ué l os m e r c a d e r e s q ue
v a n y v ue lv e n d e la I nd ia tienen ese modo tan peculiar de andar.
Finalmente, al cabo de tres o cuatro días más, con sus reservas de
alcacer
exhaustas
y
padeciendo
los
t orment os
de l
ha mbre,
alcanzaron a d iv isar un pe q ue ñ o la m a s t e r io e n c la v a d o e n lo
p r of und o d e un valle. A sus espaldas, una cascada vertía sus
aguas de sd e una e s carp a, la s c uale s pa sa ba n a l la d o d e aquel
pequeño lamasterio en su impetuoso y prolongado curso én dirección
a la Bahía de Bengala.
117
LOBSANG RAMPA
A
la
entrada
del
lamasterio
se
hallaban
reunidos
unos
cincuenta o sesenta monjes que miraban hacia arriba con las
manos puestas sobre los ojos, a modo de v isera, para protegerse
del sol, y, cuando la alta f i gu r a d e l la m a e s t uv o a l a lc a nc e d e
s u v is t a , pr orrumpieron en expresiones de bienvenida mientras el
abad corría hacia él gritando de alegría. Inmediatamente, los
monjes sujetaron a los ponies y ayudaron a desmontar al lama y al
acólito.
El j ov e n a c ól it o c om e nz ó a r e c om p one r s e e n s e guida, porq ue
¿acas o no era él uno de los acólit os del Potala, de la Sagrada
Lhasa?
¿No
pertenecía
a
la
flor
ac om pa ña ba,
a ca s o,
al
instrucciones
a
lamasterio?
ese
y
na ta
de
la
é lit e ?
¿N o
Venerable Gran Lama para impartir
Era
natural,
entonces,
que
mereciese e l m a y o r r e s p e t o , q u e f u e s e a c r e e d o r d e l r e s p e t o
debido a un lama en cierne, cuando menos. Por eso se componía y
se pavoneaba, hasta que de pronto se acordó de que tenía hambre.
En
esos
momentos,
el
abad
se
encontraba
conversando
animadamente con el lama —con aquel lama que venía del centro
principal de estudios lamaístasy de improviso se lanzaron como
impulsados por un resorte hacia el lamasterio, donde ya se había
preparado té y ts a mp a calie nt es. Allí se ha llaba e l jov en acólito,
que había tomado un gran sorbo y se sentía m or ir , t os ie nd o,
b a lb uc e a nd o y s a lp ic a nd o t é p or todas partes.
—
¡Ay,
venerable
lama!
—exclamó
aterrorizado—.
¡Rápido,
auxílieme!
El lama fue hacia él rápidamente y le dijo:
— N o t e nga s m ie d o, q ue no e s na d a . P ie ns a q ue aquí estamos
en un lugar mucho más bajo y que la temperatura del té es por eso más
elevada. Ya te he e xp li c a d o q ue e l p unt o d e e b ulli c ió n d e l a gua ,
e n Lhas a, es t ib io c om para d o c on e l de aq uí; p or e s o hay que
esperar un poco y no beber con tanto apre-
118
LA DECIMOTERCERA CANDELA
suramiento. A ver, pruébalo de nuevo, que ya ha de haber bajado
la temperatura. —Dicho esto, el lama r et or nó s onr ie nt e a s u
c onv er sa c ión c on e l a bad y con algunos de los lamas del lugar.
El acólito, que todavía se sentía algo atolondrado, lev ant ó
recelosame nte el taz ón y c on tod o c uidad o bebió un sorbo de té.
La infusión, por cierto, estaba todavía caliente, y más para el
muchacho que en su v i d a ha b ía p r o b a d o na d a a t a n a lt a
t e m p e r a t ur a , pero aun así era deliciosa. Después, la atención del
c h i c o s e s i nt i ó a t r a íd a p or e l ts a mp a , p u e s e r a la primera vez
que lo comía caliente.
Ma s, ya lle ga ba el c la ngor d e la s tr omp e ta s y e l r e s onar d e
la s cara c ola s. P or la p uer ta de l te mp lo em ergía n nubes de
hum o de incienso y d esd e muy c er ca se oía el grav e r um or de
la s
v oc e s
la ma ís ta s
que
se ñalaban
el
com ie nzo
del
of icio
v espertino, a cargo de monjes y lamas, y al cual se disponían ya a
asistir el Gran Lama y su acólito.
E s a n o c he s e ha b l ó m u c ho. Se ha b l ó d e l o q u e s uc e día e n
Lhas a, d e lo q ue los m er cad er e s pr oc e dentes de la India contaban a
los lamas acerca de los monjes, y así la conversación de los lamas y
acólitos a l c a n z ó
animación
en
aquel
pequeño
lamasterio.
Además, se contaron sucesos referentes a los cultiv a d or e s d e t é
d e As s a m , e p i s od i os t o c a nt e s a l os mercaderes de Bhutan y, por
supuesto, las inevitables hist or ias a ce rc a d e los c hinos y s us
v ile za s, d e s u perfidia, y de que, con el correr de los años, habrían
de
invadir
aquellas
tierras.
La
conversación,
pues,
se
tor naba
interminable. En ese lugar, el sol se ponía temprano y la más
profunda oscuridad cubría aquella negra hondonada del valle.
La noche, en el lugar, no era tan silenciosa, con los pájaros y
demás animales que con mayor profusión que en las inmediaciones
de Lhasa lo habitaban.
119
LOBSANG RAMPA
Allí, como las tierras eran bajas, al joven acólito le costaba trabajo
respirar debido a la atmósfera demasiado húmeda, excesivamente
densa. Le parecía que el aire lo ahogaba y andaba de un lado a
otro, desvelado, pues le resultaba totalmente imposible dormir
entre las cuatro paredes del dormitorio colectivo de los monjes.
Fuera, al aire libre, se sentía el exquisito aroma de la s f lor e s que
f lot a b a e n la f r ía b r is a d e la noc he . Los animales hacían oír sus
reclamos, y las aves nocturnas pasaban batiendo sus alas, negras
sombras en la oscuridad del cielo. A su izquierda, el Río Feliz se
precipitaba
sobre
una
saliente
rocosa
esparciendo su espuma blanca
y
bajaba
impet u o s o
y a r r a s trando pedruscos y
guijarros en su alocada carrera en dirección al mar. El chiquillo,
sentado en una roca a un la d o d e la c a s c a d a, p e ns a b a e n tod o
c ua nt o le había sucedido, en su vida en Chakpori, en el Potala, y en
que ahora, al día siguiente, tendría que seguir las clases de
respiración que le daría su amado lama.
Repentinamente, la noche se tornó aún más oscura y el viento
sopló gélido, produciendo la impresión de penetrar hasta los
huesos debido a su humedad. E l p e q u e ñ o s e l e v a n t ó t i r i t a n d o y
a t o d a p r i s a s e dirigió al lamasterio para ir a dormir.
L a luz d e l d ía d e m or a b a m uc ho m á s e n ll e ga r a aquel
lamasterio diminuto oculto en el abrigado valle r od ead o p or t oda s
par te s d e e norm es r oca s d e nsa mente cubiertas de vegetación
subtropical (debido a que, por lo compacto de la atmósfera, la
temperatur a s ub e r á p id a m e nt e ), d a d o q ue l os r a yos s ol a r e s
eran interceptados casi hasta promediar la mañana, p or lo cua l
t od o p e r m a ne c ía e n p e num b r a e n una vaporosa lobreguez.
En lo alto, el cielo era de una diáfana luminiscenc ia c on e l
a d v e nim ie nt o d e l n ue v o d ía . Y a ha b ía n dejado de brillar las
estrellas y los rayos de la luna.
120
LA DECIMOTERCERA CANDELA
T od o er a c larida d, pe r o t odav ía, e n a q ue l v a lle, e l joven acólito
se
sentía
realidad
oprimido,
ocurría.
sofocado,
Se
l e v a nt ó
pletórico
y
sa lió
de
del
aire...
como
d orm it orio
en
para
dirigir s e a l de s cam pa d o, hacia lo que para él era la pálida luz del
día. Palidez que se filtraba a trav és de la bruma o de la niebla.
Palidez acentuada por el rocío que, debido a la oscuridad, carecía de
iridiscencia.
El jov en acólito se sintió s olo en medio de aquel m u n d o
s um i d o e n e l s u e ñ o, y p e n s ó l o p e r e z os o s que eran en ese
tranquilo remanso de la fe.
Buscó, pues, un sitio donde sentarse a la vera de la cascada, y
se hundió en sus meditaciones acerca de algunas d e las c osas
que había aprend id o e n el Potala y en Chakpori, de las cosas que
sabía respecto de la respiración. Y, como también pensaba que ese
día iba a aprender más aún sobre el particular, resolvió hacer en esos
momentos algunos ejercicios.
Sentóse en posición erguida, con la columna vertebral derecha,
y comenzó a aspirar y espirar profund a m e n t e u na v e z t r a s ot r a .
Y l o h iz o c o n a h ín c o, con v erdadero ahínco. Pero súbitamente
sintió que se le iba el alma del cuerpo y experimentó una sensación s umament e partic ular. Cuand o recup eró la noción de las
cosas se halló tendido en el suelo y vio al Gran Lama agachado a su
lado.
—
¡Hij o! — d e c ía la v oz d e l la m a — . ¿T e ha s olv i dado de todo
cuanto te he dicho? Aquí, recuérdalo bien, el aire es más fuerte que
aquél a que tú estás acostumbrado.
¿No ves que has estado
ejercitándote en este ámbito y tú mismo te has embriagado por el
exceso de oxígeno?
L u e g o l e r o c i ó l a c a r a y l a c a b e z a r a p a d a , y e l chico se
estremeció espantado.
Y a t e h e a d v e r t i d o — p r o s i g u i ó e l l a m a — q u e n o hay
q ue e xt r e m a r la r e s p ir a c ión p r of und a a l p r in cipio. Aunque te
parezca bueno no la exageres Y
121
LOBSANG RAMPA
p or a ña d i d ur a , t ú lo ha s he c h o a s p ir a n d o a t od o p ulmón este
aire tan fuerte... Te he v isto desde la ventana. Tus pulmones se
expandían y se contraían c omo fuelles... Pero he llegad o jus to a
tiemp o, por que, de no ser así, te hubieras desbarrancado y ya no
habría tenido a nadie para divertir a los ponies. . . Ven; ponte de pie y
volvamos al lamasterio.
Inclinándose, el lama ayudó al muchacho a levantarse y juntos
se encaminaron hacia el templo, donde y a s e h a b í a p r e p a r a d o t é
y t s a m p a . A l v e r l o s , e l chico se sintió infinitamente mejor; pero
cobró aún más ánimo al advertir que había otras cosas, algo así
como unos frutos que para él eran desconocidos.
— ¡Oh! —comentó con otro mozo próximo a él—. En L ha s a n o
t e ne m os na d a d e e s t o. Sólo h a y t é y tsampa, y nada más.
El muchacho sonrió y repuso:
— ¡Oh! Aq uí no lo pa sa m os ta n m al. —Y a gr e gó c on c ier ta
afe ct ac ión—: T ú s ab e s: a q uí v ie ne n los campesinos a solicitar
nuestros
servicios.
Nosotros
v amos,
e c ha m os
una
o
d os
be nd icione s y nos da n frutas y hortalizas. Con esto se hace más
llevadero el eterno ts amp a. A mí, personalmente, me gusta más
estar aquí que en Lhasa. La vida es mucho más tranquila.
Se sentaron en el suelo con las piernas cruzadas, frente a unas
mesas bajas, y se sirvieron té y tsampa en tazones. Por un rato
todo fue silencio, interrumpido s olame nte por la v oz de un
Lect or que, desde un sitial elevado desde el cual se dominaba
todo el recinto del comedor, solía leer los Libros Sagrados
durante las com idas p or c onsiderarse c onv enie nte que los monjes
no prestasen demasiada atención a las viandas.
—Ten cuidado cuando comas esas frutas —le dijo por lo bajo al
jov en acólito el muchacho con quien a n t e s
aquél—. Porque, si comes
122
había
hablado
LA DECIMOTERCERA CANDELA
mucha, ya verás lo que sentirás por dentro. Cuando se las come,
no se siente nada, pero después vienen las consecuencias.
— ¡Ay! —exclamó el pequeño acólito sintiéndose d e s f a l l e c e r — . ¡ A
b u e n a h o r a ! Y a m e h e c o m i d o c inc o. Ahora, que me lo d ices,
me sie nto algo raro por dentro.
Su int er loc ut or s e rió y . t om ó otra fr uta. Al fin, todos
concluyeron de comer y el lector suspendió la lectura. Luego, el
abad se incorporó y anunció que, e n
esa
oportunidad,
el
H o n o r a b l e G r a n L a m a d e Lhasa, del Santuario de los Santuarios,
el Potala, se había trasladado hasta allí especialmente para dictar
cursos sobre la respiración y la salud, y que quienquiera que
tuviese
algún
problema
de
salud
quedaba
invitado
a
conversar
posteriormente con él sobre el particular. Inmediatamente, todos se
levantaron y se t r a s l a d a r o n a l t e m p l o p r o p ia m e n t e d i c h o , d on d e
había más espacio.
Una vez allí, el lama los invitó a que se sentaran c óm odament e. L os
niños s e s it uaron de lante, má s a t r á s l o s m o n j e s j ó v e n e s y p o r
ú l t i m o l o s l a m a s , Iodos sentados en perfectas hileras.
El lama comenzó por dar algunas someras instrucciones y después
expresó:
— D e b o r e c a l c a r , u n a v e z m á s , q u e d e n i n g ú n modo es
imprescindible que os sentéis en la posición d e l
loto
ni
en
n i n g u n a o t r a q u e n o s e a c ó m o d a . Siempre debéis sentaros de la
manera más agradable, en una posición en que vuestra columna
vertebral se halle derecha, porque solamente así es posible obtener el máxim o de be neficios. Recordad, asim ismo, que durante
el día hay que sentarse con las palmas de la mano vueltas hacia
arriba para poder absorber la benéfica influencia del sol; pero
que, cuando los ejercicios se hacen después de la puesta del sol,
hay que poner las palmas hacia abajo, porque en ese
123
LOBSANG RAMPA
moment o estamos bajo la influencia d e la luna. Y, ahora,
permítaseme repetir que es preciso tomar el pulso. Para ello
debéis colocar vuestros dedos sobre la muñeca izquierda, para llevar la
cuenta de las pulsaciones y así poder determinar el tiempo en que
se debe a spirar y esp irar. El promedio d ebe ser: uno, dos, tres,
cuatro
(para
la
aspiración);
uno,
dos,
tres,
cuatro
(para
la
espiración). Repetidlo en voz alta seis o siete veces hasta que vuestra
verdadera pulsación se os grabe perfectamente e n la me nte, de
modo q ue, aun cuando no os toméis el pulso, podáis percibir el
r it m o d e v ue s t r os la t id os . Es t o os l le v a r á a lgunos días de
práctica, pero después veréis que os es posible llevar la cuenta de
vuestro pulso a través de una vibración interna del cuerpo, sin
necesidad de tener q u e t o m a r l o n u n c a m á s . L o " p r i m e r o d e
t o d o e s aspirar, siempre, por supuesto, con la boca cerrada. A s p i r a d
p r o f u n d a m e n t e m i e n t r a s c o n t á i s h a s t a cuatro, pero es de vital
importancia que inspiréis con toda suavidad y no a borbotones.
Los principiantes t i e nd e n a a s p ir a r a l c ont a r c ua t r o, y e s o e s
p e r ju d i c i a l ; s e d e b e r e s p i r a r s u a v e m e n t e m i e n t r a s s e cuenta
mentalmente hasta cuatro. Así, una vez que hayáis contado hasta
cuatro tendréis vuestros pulmones llenos; lue go deb éis e xhalar
contand o también cuatro pulsaciones. Haced esto durante un
tiempo y a l c a b o d e v a r i os d ía s e s t a r é is e n c on d ic i o ne s d e
absorber aire per espacio de más de cuatro pulsos, quizá durante
seis u ocho. Pero nunca debéis esforzaron. Hacedlo siempre de
manera que esté perfectamente dentro de vuestras posibilidades.
El lama miró en torno y pasó revista a los niños, m o nje s y
la m a s q ue s e ha lla b a n s e nt a d os c on la s palmas de las manos
hacia arriba y respirando según e l ritm o de ca da uno. Mov ió la
ca be za en s igno d e aprobación y levantó una mano para que todos
interr,umpieran el ejercicio.
124
LA DECIMOTERCERA CANDELA
—Ahora —dijo— pasaremos a la segunda etapa, en l a
cual
h a r é i s e x a c t a m e n t e l o m i s m o q u e h a b é i s v e n id o ha c i e n d o
ha s t a e s t e m om e nt o, p e r o c o nt e nie ndo la resp iración de sp ués
de haber inspirad o. Primero, entonces, aspiramos durante cuatro
pulsaciones. Luego retenemos el aire por espacio de dos latidos,
y después lo expelemos durante otros cuatro. El propósito de este
ejercicio especial, de esta forma particular de respirar, es el de
purificar la sangre. Sirv e ta mb ién para p erf e c c ionar e l b ue n
func iona m ie nt o d e l e s t óm a go y d e l h íga d o, y c ua nd o s e l o lleva
a
cabo
correctamente
fortalece
el
sistema
nerv ios o.
T e ned
pre s e nt e, tam b ié n, q ue nos ot r os par timos de una base: cuatro, dos,
cuatro. Empero, ésta representa sólo un promedio, de suerte que no
tenéis por qué ser esclavos de ella. Bien puede ser que vuestro
promedio sea de seis, tres, seis, o de cinco, tres, cinco. Este debe
ser exactamente el más adecuado y el que menos esfuerzo os exija.
Se detuvo y observó a los concurrentes, los cuales, según las
instrucciones, realizaban ya diez, ya veinte o veinticinco veces el
ejercicio. Después, aprobó nuevamente con un gesto y volvió a levantar
una mano.
—Bien; avancemos un paso más. He. visto que, particularmente entre
los jóvenes, hay quienes adoptan post uras inadec uadas. Se trata de
jóv enes y niños que caminan encorvados. Pues bien, eso es
perjudicial para la salud. Al caminar debéis seguir vuestro ritmo
de pulsaciones y de respiración. Practiquemos de esta manera:
primero debéis estar de pie, en posición erecta, sin inc linaros
hacia
ad elante
ni
tam p oc o
e c ha r os
ha c ia
atrás,
es
d e c ir ,
e r guid o s , c on v u e s t r o s p i e s j u n t o s y l a c o l u m n a d e r e c h a .
Ante
todo,
esp irad
cuanto
podáis,
expulsando
t od os
los
v e s t i gi o s d e a ir e d e l o s p u lm o ne s . E n s e g u id a c o menzad a
caminar y, al mismo tiempo, aspirad muy profundamente. No tiene
importancia que comencéis
125
LOBSANG RAMPA
con e l p ie izquierd o o c on el derec ho; p ero, e so s í, tenéis que
ins pirar en forma v erdaderamente muy pr ofunda. A la v ez,
llev ad un pas o le nto y rítmic o. Debéis marchar al compás de los
latidos de vuestro corazón. Tenéis que aspirar durante cuatro
latidos, de modo que en ese lapso, pues, daréis cuatro pasos. Pero
luego tendréis que dar cuatro pasos más durante los c uatr o
la t id os q ue d ema nda e xha la r el a ir e. Haced esto en seis serles
consecutivas de cuatro, pero recordad con sumo cuidado que vuestra
respiración de b e s er a b s olut a me nte par e ja, q ue no d e b e v er if ic a r s e a l c om p á s d e l os p a s os ; e s d e c ir , no d e b é is bombear el aire
en cuatro etapas o pasos según vais marchando, sino que debéis
inspirar de la manera más uniforme que os sea posible.
Viendo a los niños, monjes y lamas moverse de un lado a otro
mientras 'realizaban los ejercicios respiratorios, el Gran Lama de
Lhasa tuvo que contenerse para no dejar traslucir la sonrisa de
íntimo regocijo que aquello le provocaba. En cambio, complacido
de que lo hicieran bien, prosiguió:
—Recordemos ahora que hay muchos sistemas de respiración y que,
según sea la tarea específica que se deba realizar, hay una manera de
respirar que nos permite llevarla a cabo, porque respirar es algo más
que lle nar de aire los pulm ones. La respirac ión c o rrecta nos
vivifica y tonifica auténticamente nuestros ór ganos. La forma de
respirar
que
hem os
v ist o,
se
c on oc e
c om o
s is t e m a
de
r e s p ir a c ión c om p le t o. Se trata de un sistema que purifica la
sangre y que es bueno para el estómago y otros órganos. También es
apr op iad o par a c urar los r esf ríos. — Se d et uv o un m o m e n t o y
m i r ó a l o s q u e s o r b í a n p o r l a n a r i z . Luego continuó—: En
estas tierras bajas del Tíbet, los resfríos son habituales, y no
parece
que
se
haya
hecho
nada
por
evitarlos.
Si
correctamente el sistema de respiración que acabo de enseñaros,
126
seguís
LA DECIMOTERCERA CANDELA
podréis curaros los resfríos. Ahora veamos otro sistema con el
cual es posible llegar a contener la respiración durante más tiempo
que el normal. Sentaos, p or fav or, c on la c olum na v er te bra l
der e c ha, per o dejad el resto del cuerpo relajado. —Esperó unos
instantes a que los circunstantes se acomodaran nuevamente,
arreglasen sus mantos y se sentaran con las palmas de las manos
hacia arriba, y luego explicó—:
Ante todo, debéis realizar una inspiración completa, es decir, lo
mismo que hemos venido haciendo hasta ahora. Luego retened el
aire cuanto os sea posible, pero sin esforzaros. Hecho esto,
expulsado enérgicamente el aire por la boca como si tuviese mal
gusto, como si deseaseis expelerlo con todas las fuerzas de que
sois capaces. Probemos otra vez: primero inspiráis durante cuatro
latidos; luego retenéis el aire que acabáis de inspirar durante todo el
tiempo posible,
pero sin que eso os cause molestia alguna;
y, finalmente,
expeléis el aire con la mayor fuerza posible a través de la boca. Ya
veréis que, luego de hacer esto varias veces, vuestra salud mejora
notablemente.
De t úv os e
de
n ue v o
para
v e r if ic ar
q ue
s us
d is c í pulos
realizaran correctamente los ejercicios, y, al advertir que un
hombre mayor se iba poniendo azulado, se apresuró a indicarle:
—No, hermano; os habéis esforzado excesivamente. Estos ejercicios
deben hacerse en forma natural? tranq uila . N o ha y q ue e je r c e r
v iole nc ia ni d e b e n r e a lizarse esfuerzos. Respirar es algo natural,
de manera que, si nos esforzamos o ejercemos violencia, nada
bueno sacaremos de esta forma de respiración. Vos, hermano, estáis
siguiendo un ritmo equivocado. Os e s t á is e s f or z a nd o p or a s pir a r
m á s a ir e q ue e l q ue p u e d e n c o n t e n e r l o s p u l m o n e s d e l a s
personas
mayores.
Tened
violencia, y os sentiréis mejor.
127
cuidado,
hacedlo
tranquilamente,
sin
LOBSANG RAMPA
A l f i n, d e s p u é s q u e l os n iñ o s , l os m o n je s y l o s lamas hicieron
durante aquella mañana sus ejercicios r e sp ira t or ios, pa ra d e lic ia de l
jov en a c ólit o la s le c c i o ne s l l e ga r o n a s u t é r m i n o y, t a n t o é l
c om o l os d e m á s , q u e d a r o n e n l i b e r t a d p a r a s a l i r a c a m p o
abierto, donde ya el sol del mediodía se derramaba sobre el v alle
disipand o
las
tiniebla s,
aun
c uand o,
también,
aumentando
desdichadamente el calor. Los insect os zumba ban ob stinadam ente
en t orno, ob ligando al infeliz acólito, que no estaba acostumbrado
a ellos, a saltar y saltar continuamente para eludir los ataques
que le inferían en las partes más vulnerables de su anatomía.
128
CAPITULO VII
L a d y S t . J o h n d e T a w f e - N a us e , d e l H e l l z a p o p p i n Hall, sentóse
en mayestática soledad a la cabecera de la inmensa mesa del salón
comedor. Contrariada, j ug ue t e a b a c on una p e q u e ña r e b a na d a d e
p a n d e centeno tostada que tenía ante sí. Tomó con delica deza la
taza de té y la
llevó hasta
sus bien delineados l a b i o s ;
pero
i n m e d i a t a m e n t e , r e s p o n d i e n d o a u n impulso, la depositó en el
platillo y se dirigió presur os a a s u e s c r it or i o la b r a d o. Es c ogi ó
una h oja d e p a p e l d e c a r t a q ue t e n ía im p r e s o e l t im b r e d e un
famoso
antepasado
Gui lla um e !
),
(concedido
por
normando
f or m a d o
ser
él
p or
(
un
también
¡en
realidad,
c uc lil lo
un
poco
c a lv o
se
llam a b a
rampante
cuclillo y porque
andaba siempre arriesgándose), y c om e nz ó a e s cr ibir c on una
pluma q ue hab ía s id o sustraída a uno de los lacayos del Duque de
Wellington, el cual, a su vez, la había sustraído en una posada de
Fleet Street.
" De m a ne r a q ue e s us t e d e l a ut or d e El T er c er O jo... ",
e scr ib ió. " P ue s b ie n, d es e o v erlo. V e nga a mi club, pero no
olv ide presentarse con el atuendo propio del occidental civilizado.
Debo tener en cuenta mi posición...".
Bertie E. Cutzem, uno de los más conspicuos cirujanos de
Inglaterra, integrante de la mayor parte de las sociedades culturales,
miembro de infinidad de
129
LOBSANG RAMPA
agrupaciones, bon vivant, clubista y defensor de los derechos de las
clases privilegiadas, sentóse en su despacho con la barbilla ap oyada
en
el
puño.
Al
cab o
de
un
rato,
y
después
de
hondas
cogitaciones, tomó u na li o ja d e p a p e l s o b r ia m e nt e a d or n a d a
c on u n monograma, y escribió:
" A c a b o d e l e e r E l T e r c e r O j o y c o n s i d e r o q u e todo cuanto
usted dice en él es auténtico. Mi hijo ha ma nif es ta d o p ode re s oc ult o s
y sab e p or otr os c ond u c t o s q u e u s t e d e s t á e n l o c i e r t o . M e
a g r a d a r í a mantener una entrevista con usted, pero le ruego que me
devuelva esta carta, porque mis amigos podrían burlarse de mí...".
El acaudalado cineasta californiano tomó asiento en su fastuosa
oficina, rodeado de odaliscas semidesnudas. El nombre de Sylva
Skreen era ya conocido. Años antes había llegado a los Estados
Unidos proced e nt e de Gr e c ia, de d onde ha b ía sa lid o c om o man teca en plancha caliente, huyendo de lo que lo aguard a b a s i s e
q u e d a b a e n s u p a í s . L a p o l i c í a q u e r í a ponerlo "a la sombra".
Por eso se había precipitado a América, donde fue a establecerse
en San Francisco con los fondillos y las suelas de los zapatos
agujereados. En cuanto a su conciencia, ésta no se hallaba tampoco en
muy buen estado.
E n a q u e l m o m e n t o , e s e g r a n h o m b r e , S y l v a Skreen, se
encontraba sentado en su despacho y se disponía a escribir una carta que,
esta vez, no mecanografiaría su secretaria. Con toda parsimonia
desenroscó su estilográfica de oro macizo —la tachonada d e
b r i l l a n t e s , c o n u n e n o r m e r u b í e n e l e x t r e m o opuesto a la
pluma—, hizo una mueca, hurgó en su mente algunas palabras de
su maltrecho y fragmentario inglés, y al fin, cuando ya el suspenso
se tornaba fatigoso, estiró un brazo, tomó una llamativa hoja de
papel y comenzó a escribir.
130
LA DECIMOTERCERA CANDELA
En la carta, en realidad, aquel gran dios griego de la pantalla
plateada* requería la presencia del autor de El Tercer Ojo para que
éste
le
hiciese
conocer
su
suerte
y
tal
vez
pudiese
aun
acrecentársela. En ella incluía el importe para el pasaje de
regreso por v ía aérea.
Con todo el dolor de su alma extendió un cheque y lo coloc ó
en
el
s obre
que,
con
la
mayor
presteza,
llevó al correo un
dependiente.
Sylv a
Sk r e e n
se
q ue d ó
c a v ila nd o
en
su
of ic i na .
Cierto
desas os iego le carcom ía el lad o del b olsillo. " ¿Q ué he he c ho ? " ,
e xc la m ó. " He t ir a d o e l d i ne r o . ¡ M e e s t o y v o l v i e n d o l o c o ! P e r o
n o i m p o r t a : y a l o arreglaré." Lev antó su abultado abdomen para
apoyarlo en el lujoso escritorio y sin pérdida de tiempo l l a m ó a
s u s e c r e t a r i a y l e d i c t ó : " A l a u t o r d e E l T e rc er O jo : U s t e d
t i e ne d i n e r o m ío. A u s t e d n o l o preciso. Quiero mi plata. Y, si no me
la devuelve inmediatame nte, informo a la pre nsa que me la ha
sustraído. De modo que envíeme en seguida mi dinero. ¿Enterado? "
Al punto se presentó un funcionario que actuó a t od o c or r e r
p a r a q ue s e d e s p a c ha s e a l in s t a nt e la m is iv a d ir igida a l Aut or.
De s uert e q ue, a l tiem p o —dada la cachaza de los correos—,
Sylva Skreen, el Griego, pudo acariciar con sus pringosas manos
el dinero que se le devolvía.
E s t a n d o e n e l le ja n o Ur ug u a y, e l Au t or r e c ib i ó una carta
proveniente de Seattle, E.U.A. La enviaba un individuo sumamente
acaudalado, que decía: "Me he enterado de que quiere usted
regresar a América del Norte, pero que no dispone de dinero para
viajar. Le hago, pues, una proposición muy ventajosa. Me
* El autor recurre a un juego de palabras al denominar Sylva
Skreen a su personaje, nombre que, con pequeñas variantes,
equivale a ,,ilver s c r e e n p a n t a l l a p l a t e a d a p a r a p r o y e c c i o n e s
c i n e m a t o g r á f i c a s . (N. del T.)
131
LOBSANG RAMPA
ofrezco para costear su viaje a Seattle y mantenerlo durante el
resto de su vida. Tendrá usted habitación y comida. Sé que no le
interesará tener demasiada ropa. En pago deberá cederme todo cuanto
posea y trasferirme legalmente todos los derechos de autor. Yo me
ocuparé de comercializar sus libros y tomaré sus derechos como
retribución por mantenerlo."
El Autor pronunció una palabra indecible de una manera
indecible acerca de este personaje indecible.
La puerta retumbó debido a los potentes golpes, los cuales se
repitieron al no acudir nadie a abrirla instantáneamente. Después,
pasos presurosos y el ruido de la puerta al abrirse.
—Ver un momento, ¿no? —dijo una voz gutural p r of u nd a — . S e ñ o r
la m a v e n g o v e r . ¿ Ad e nt r o d e j a p a s a r , s í ? — R u m o r d e v o c e s y
u n a d e e l la s c u y o tono se hace más alto—.
—Am ig o, e lla dice ir, dice. Dice us ted a l lama quiere v er,
d i c e . N o m u e v e d e l um b r a l c o nm ig o y espera todav ía. Dice a él
está Vilhemina Cherman, ¿eh?
Medianoche en Montreal. A los lados del río, las luces de los
rascacielos de Drapeau's Dream se reflejaban en las apacibles
aguas
del
puerto.
Inmóviles,
los
barcos
anclados
reposaban
plácidamente esperando la llegada del nuevo día. A la izquierda, donde la
dársena de Windmill sirve para amarrar los remolcadores, las aguas
se agitaron de pronto al paso de una p e q ue ña e m b a r c a c ión q u e s e
d ir igía ha c ia un c a r guero que acababa de llegar. En la cima del
edificio más a lt o, un faro giraba he nd iendo c on s us haces
luminos os
el
c ie lo
noct urno.
Un
av ión
de
reacc ión
pasó
s ilb a nd o s ob r e la c i ud a d , lu e go d e d e s p e ga r desde el fondo del
Aeropuerto Internacional.
132
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Medianoche en Montreal. La casa se hallaba entregada
al
reposo. A un reposo que repentinamente se vio interrumpido por
el insistente sonar de la campanilla de entrada. Vestirse y abrir la
puerta
todo
fue
uno.
Sólo
alguna
grave
urgencia
podía
j u s t i f i c a r aquella perentoria manera de llamar a hora tan intempestiva.
— ¿ R a m p a ? — p r e g u n t ó u n a b r o n c a v o z f r a n c o canadiense—.
¿Vive aquí el doctor Rampa?
Dos individuos corpulentos se abrieron paso hacia el interior y,
una v ez dentro, se detuv ieron escudriñándolo todo.
—P olic ía. Se c ción Defr a ud ac iones — d ijo p or f in uno de ellos.
— ¿ Q u i é n e s e s e t a l d o c t o r R a m p a ? ¿ E n q u é s e ocupa?
¿Dónde está? —inquirió el otro.
Preguntas, preguntas y más preguntas. Pero, al cabo, la
contrapregunta:
—¿Qué desean? ¿Para qUé han venido?
L os p oli c ía s s e m ir a r on c onf und id os . Sin p e d ir p erm is o
s iq uiera, e l ma yor de los d os t om ó e l t elé fono y marcó un
número. A continuación se sucedió un rápido intercambio de fuego
graneado en lengua francesa, pero en su versión francocanadiense,
hasta que al cabo el policía colgó el tubo y dijo:
—
¡Bah! Nos llamaron al coche policial y nos dijer o n q u e
viniésemos
aquí.
No
nos
in f o r m a r o n
por
qué.
Acaba
de
d e c i r m e e l j e f e q u e u n h o m b r e l o llamó desde Alabama y le
pidió que le mandara decir al d oc t or Ram pa q ue lo lla mas e
ur ge nt em e nte. Es urgente. ¡Llámelo ya!
I nc óm od o s ,
a m b os
p ol ic í a s
p e r m a ne c ía n
m ir á ndose,
descansando ora en una pierna ora en la otra. Por último, el de más
edad dijo:
Bueno. Nosotros nos vamos. Pero hable en seguida. ¿eh?
133
LOBSANG RAMPA
Se v olv ier on y sa lier on de la hab it ac ión. A p oc o oyóse el rugir
del automóvil que partía y se lanzaba p or e l c a m ino a ma yor
v e loc id a d
q ue
la
p e r m it id a
por
las
ord enanza s.
En
esos
ins tante s sonó el te lé fono.
—Hab la
el inspe ctor
de p olicía.
¿Ha telef oneado ya? La
persona me dijo que es urgente, cuestión de vida o muerte. —Se
oyó un "clic" y la comunicación se cortó.
Aquella
carta
había
llegado
junto
con
otras
setent a
a p r oxim a d a m e nt e . El s ob r e e r a d e c olor m a lv a adornado con
flores inverosímiles por todas partes. El papel también era de ese
tinte espantoso, agravad o p o r l a p r e s e n c ia d e u n a s g u i r n a ld a s
d e f l o r e s entrelazadas en torno a las márgenes. En un confalón situado
en la parte superior decía " ¡Dios es Amor! "
El Autor frunció la nariz por el hedor que se desprend ía de la
carta. El "perfum e" ut ilizad o, pens ó, debía de provenir de algún
zorrino enfermo, muerto al acabar de comer.
La carta decía: "Soy la Vieja Macassar, que echa la suerte y
hace mucho bien. (Cinco dólares por cada pregunta o un buen
donativo.) He leído sus libros y deseo que sea usted mi Guía. Eso
me dará un gran poder en mi propaganda. Envíeme rápido una
carta de consentimiento, porque quiero darla a conocer."
Otra car ta d ec ía: " Ram pa s e ha c om er c ia liz ad o. Ya veo que
usted es un falsario, porque se mete en n e g o c i o s
y
hace
dinero." El desdichado Autor se recostó en su lecho y trató
d e e n t e n d e r es o . ¿ E s decir que toda la gente que se ocupa en
negocios es f a ls a r ia ? ¿C óm o e s e s o? " B ie n; lo a na l iz a r é e n m i
próximo libro", pensó.
Se ñ or a s y s e ñ or e s , n i ñ os , f e l i no s d e t o d o ja e z , escuchad este
aserto, proclama y declaración: Yo,
134
LA DECIMOTERCERA CANDELA
M a r t e s L o b s a n g R a m p a , e n u s o d e m i s n o m b r e s propios,
legales y únicos, digo: Que no tengo intereses comerciales. Que no
me dedico a actividad alguna q ue no s e a la d e e s c r it or . Qu e n o
a v a lo ningún in cienso, a ninguna empresa de v entas por correo
ni
nada.
Ciertas personas vienen
utilizando
denominac i o n e s
c o m o , p o r e j e m p l o , " E l T e r c e r O j o " : y o h e es crit o un libro con
ese t ítulo, pero no he fundad o ninguna c om pa ñía d e v e nta s p or
c orr e o. De m od o que no tengo nada que ver con ella.
Señoras y señores, niños, felinos de todo jaez. Yo no tengo
discípulos,
estudiantes
representantes,
seguidores,
alumnos,
intereses comerciales ni agentes, except o mis agent es liter ar ios .
Tampoc o he e scrit o ningún libro "rechazado por los editores debido a
su contenido ilícito". Puede haber alguien que pretenda d e sp ojar os de l
diner o q ue t a nt o tra ba jo os c ue sta ga na r ( ¡oja lá p ud i e r a
ga na r lo yo! ). De m od o q ue estáis advertidos... y por mí.
El Autor se echó hacia atrás y se puso a pensar en los
inc onv e nie nt e s q ue tra e s er e s crit or. " N o d eb e emplear usted la
palabra 'piojoso', pues es una expresión vulgar", escribía uno. "No
tiene que emplear el ` yo' , p or q ue e s o ha c e q ue s us l e c t or e s s e
id e nt if i que n d ema s ia d o c on ust e d. ¡Es o e s tá mal! " , es cr ib í a
o t r o . " N o d e b e u s t e d l l a m a r s e ' A n c i a n o ' . M e molesta cuando
lo leo", protestaba una tercera persona. Y así, una carta tras
otra. El Autor, como ya s e ha d ic ho, s e e c h ó ha c ia a t r á s ( ( : ,q ué
ot r a c os a p o d í a h a c e r ? ) y s e p u s o a p e n s a r e n e l p a s a d o ,
quizás inquieto sin razón por su futuro. Le faltaba salud, le faltaba
todo...
La puerta se abrió con un empujoncito y apareció una hermosa
silue ta, cub ierta d e p ieles, q ue salt ó ágilmente sobre la cama
donde el Autor yacía recordando el pasado. " ¡Hola, Guv! " dijo con su
mejor
135
LOBSANG RAMPA
voz telepática de gata siamesa. "¿Cómo va ese libro q ue d ic e s
e s t a r e s c r ib ie nd o ? ¡V a ya ! N u nc a lo a c a barás si sigues pensando
en todas esas boberías, en los amigos ocasionales. ¡Olvídate de
ellos! ", le ordenó severamente.
La gorda Taddy entró con aire remolón y se sentó al abrigo d e
un déb il rayo de s ol. "¿C omida? ", preg u n t ó . " ¿ Q u i é n n o m b r ó
l a c o mi d a ? " E l A u t o r l e s s o nr ió. " B ue n o, ga t a s . T e ne m os q ue
t e r m ina r e s e libro y contestar algunas de las preguntas que nos
llega n. ¡Pr e gunta s, pr e gunta s, p regun tas ! Emp e ce m os." T om ó
la m áq uina d e e s cr ibir c on la "i" pe ga da y. la atrajo hacia sí..
Lo malo es que así como la gente engendra gente, las respuestas
generan
preguntas.
Parecería
que,
cuantas
más
preguntas
se
responden, más preguntas se suscitan. Veamos esta pregunta
que al parecer preoc upa a gran cant idad de pers ona s: ¿Qué es el
Sup e r y ó ? ¿ P o r q u é m e h a c e s u f r ir t a n t o ? ¿ C ó m o e s posible que
sea justo que deba padecer así, sin saber e l p orqué? Es a lgo que
no tiene se nt ido, q ue mina m i f e e n l a r e l i g i ó n , q u e d e s t r u y e
m i f e e n D i o s . ¿Puede usted explicármelo?
E l A u t o r s e e c h ó h a c i a a t r á s y m i r ó p a s a r u n barco.
Nuevamente arribaba un barco trayendo todo género de especies
desde el Japón, pero eso no compa ginab a c on e l libr o... El Aut or,
p ue s, v olv ió c on reluctancia a su trabajo y prosiguió.
N a t ur a lm e nt e ,
tal
p r e gunt a
t ie ne
su
r e s p ue s t a ;
pero
previamente tenemos que ponernos de acuerdo con respecto a
ciertos puntos de referencia, porque, si no, es lo mismo que
conversar con los peces que habitan en las profundidades de los
océanos acerca de la manera de pensar y de las reacciones de los
cosmonautas que giran en órbita lunar. ¿Cómo hacer para explicar
a un pez que siempre ha v iv ido en el fondo del mar, cómo es la vida
en la superficie?
136
LA DECIMOTERCERA CANDELA
¿Cómo hacer para explicar la vida en Londres, Montreal, Tokio e
incluso
en
Nueva
York,
donde
todavía
hay
tantos
peces
estrambóticos? Y más aún, ¿cómo podríamos hacer para explicarle a ese
pez de las profundidades del océano qué ocurre con una nave espacial
que
gira
imposible,
¿no
en
es
tor no
a
la
verdad?
Luna?
De
modo
Sería
perfectam ent e
que
partamos de un
supuesto, imaginemos algo distinto.
S u p o n g a m o s q u e e l S u p e r yó n o e s e l S u p e r y ó , sino un
cerebro cualquiera. Tenemos, así, que hay una cantidad de
cerebros flotando en alguna parte, hasta que al fin uno de ellos
resuelve conocer, exper im e nt a r algo m á s q ue e l p ur o p e ns a r . P or
" p ur o" p e ns ar q ue re m os s ignificar q ue e l p e ns am ie nt o e s algo
inma t er ia l, s in r efe rirnos c on e llo a lo p ur o o impuro en el sentido
moral de la expresión.
A e s e c e r e b r o d e t e r m ina d o, p ue s , lo a n im a una voluntad:
Desea enterarse de las cosas, quiere saber cómo son en la tierra, si
quema más la decimotercera cande la q ue la d uodéc ima. Y,
además, qué es lo "caliente", qué es una candela. Es decir que ese
cerebro aspira a descubrir cosas y, por ende, busca un cuerpo.
Olvidad por el momento que el cerebro debe nacer primer ; el
hec ho es q ue este cerebr o se v a a instalar en el interior de una
caja craneana, en un espeso receptáculo óseo en el cual flota en
un líquido especial que evita que sufra perturbaciones mecánicas,
que lo mantiene húmedo y que contribuye a su nutr ición. Es
decir que ya te nem os es e cerebro dentro de su caja ósea. Por otra
parte, el cerebro es totalmente insensible; o sea, que, si el cirujano debe
operarlo, sólo tiene que dar anestesia local en la parte e x t e r n a d e l a
c a j a c r a n e a n a y e f e c t u a r l u e g o l a incisión en torno a la cabeza.
Después se vale de una sierra para aserrar la parte superior del
cráneo y de e s e m o d o p o d e r d e s t a p a r l o c o m o s i l e q u i t a r a l a
cáscara a un huevo duro. Es importante recordar que
137
LOBSANG RAMPA
sólo sentimos dolor en la piel, la carne y los huesos. El cerebro no
es sensible al dolor. Por eso, una vez que el cirujano le ha
quitado la tapa, por decir así, puede hurgar, explorar y cortar
sin tener que anestesiarlo.
N u e s t r o c e r e b r o e s c o m o e l S u p e r y ó . N o t i e n e sensibilidad
por sí mismo. Pero volvamos al cerebro dentro de su caja, en
procura de experiencias. Debemos tener presente, sin embargo, que
hacemos una comparación entre el cerebro y el Superyó, pues éste
e s u n e l e m e n t o m u l t i d i m e n s i o n a l d i f í c i l d e c o m prender.
El cerebro quiere saber cómo son las sensaciones. Pero este
cerebro es ciego, sordo e incapaz de percibir los olores y el tacto.
Por eso tenemos una cantidad de marionetas. Un par de estas
marionetas son l o s
cerebro
nacido
ojos,
que
al
abrirse
permiten
que
el
reciba impresiones. Como todos sabemos, el recién
no
comprende qué son
esas
impresiones.
And a a
tie nta s y e s ev id e nt e q ue no c om pr end e lo que ve; pero, con la
experiencia, las impresiones que recibe a trav és de los ojos
adquieren algún sentido para el cerebro.
Esto se perfecciona inmediatamente. Deseamos, así, tener algo
más que un panorama visual. Podemos ver, pero también queremos
saber cómo son las cosas al tacto, qué olor tienen y cuál es su
sonido. Entran, pues, en activ idad otras marionetas que se
denominan oídos, que captan vibraciones de frecuencia más baja
que los ojos. Se trata aún de vibraciones que se p erc ib e n d e l m ism o
mod o q ue p er c ib e la v is ta. Es d e c ir , los o íd os c a p t a n e s a s
v ib r a c ione s y, c on la práctica, el cerebro es capaz de comprender
que significan algo, ya sea música agradable, música desapacible,
palabras, cualquier forma de comunicación.
Pero, después de haber visto y oído, falta todavía saber qué olor
tiene las cosas. Para ello, lo mejor es
138
LA DECIMOTERCERA CANDELA
manejar marionetas que sirvan de órgano olfatorio. De este modo,
al desdichado Superyó —al que aquí denominamos cerebro— quizás a
veces le resultase más desear que no existiera sentido alguno del
olfat o . . . ¡ p o r q u e a v e c e s l a s m u j e r e s u s a n u n o s p e r fumes... !
Mas prosigamos. ¿Cóm o s on las cosa s al tact o? Puesto que no
nos es posible saber qué quieren decir los términos "dur o" y
"bland o", a menos que tengamos tacto, el Superyó —o, en
nuestro caso, el cerebro— hace intervenir más marionetas: brazos,
manos, d e d o s . C o n e l p u l g a r y e l í n d i c e p o d e m o s t o m a r algún
objeto pequeño. Además, podemos aplicar los dedos sobre un
objeto para saber si se lo puede comprimir con facilidad o si no es
compresible, es decir, para saber si es blando o duro. También
por medio de los dedos podemos saber si es romo o afilado.
A veces las cosas dañan. Tocamos un objeto y nos produce una
sensación muy desagradable,
ya
sea
porque es caliente o frío,
puntiagudo o áspero. Esas sens a c i o n e s p r o d u c e n d o l o r , y e l d o l o r
n o s p r e v i e n e para que nos cuidemos de tales cosas en lo sucesivo.
Pero ¿cómo es posible que los dedos puedan dañarse o dañar a
algún dios al cumplir meramente su función particular, su función
táctil?
E l a lb a ñ i l t i e ne d e d os b a s t os p or q u e m a n ip u la ladrillos. El
cirujano, en cambio, tiene dedos sensi bles debido a la imprescindible
delicadeza de tacto
que re q uie re s u pr of e sión. As í c om o a l c ir uja no la albañilería
puede perjudicarle los dedos, al albañil le r e s u l t a r í a
difícil
la
c i r u g í a e n r a z ó n d e q u e s u s dedos son más rudos por las tareas
que realiza.
Todos los órganos tienen que pasar por experiencias, tienen
que soportar algo. Hay ruidos muy fuertes que ofenden al oído y hay
olores particularmente desagradables que molestan al olfato, pero
los órganos correspondientes están hechos de tal manera que
139
LOBSANG RAMPA
pueden soportar esos embates. Si uno se quema un dedo, éste se
cura, pero ya estamos advertidos para la próxima vez.
N ue s tr o c er ebr o ar c hiv a t od a la inf orma c ión, la cual queda
guardada en los nueve décimos del subconsc ie nte. N ues tro s ist ema
nerv ios o
inv oluntario
r e a c c i o na
así
con
a r r e gl o
a
la
i nf or m a c i ón q ue le suministra el subconsciente para prevenirnos
respecto de algo que puede causarnos grav e daño. Por ejemplo, si
a alguien se le ocurre caminar por la cornisa de un edificio alto
sentirá temor, que es la manera como el subconsciente comunica al
sistema nervioso involuntario que debe volcar ciertas secreciones en la
sangre para que demos un salto atrás.
Es t o e s lo q ue oc urr e e n el m er o as p ec t o f ís ic o; pero pensad
en una dimensión mucho más elevada y v eré is q ue e l Sup er yó no
tie ne m a ner a d e c onoc er nada acerca del mundo si no envía
marionetas a la tierra. Tales marionetas son los seres humanos,
individuos pasibles de sufrir quemaduras, cortes, golpes y todo cuanto
puede ocurrir a las personas. Todas esas sensaciones e impresiones se
trasmiten al Superyó por conducto del Cordón de Plata, del
mismo modo que las impresiones que reciben los dedos se trasmiten al cerebro a través de los nervios, de los nervios sensorios.
De manera que se justifica que nos denominemos prolongaciones de
ese Superyó que, por estar tan extremadamente purificado,
tan
grandemente aislado, tan enormemente ev olucionado, tiene que
depender de nosotros para recoger impresiones de lo que sucede en
esta tierra. Si hacemos algo que está mal, sentimos como si nos
dieran un puntapié matafísico en los fondillos. No es ninguna
divinidad demoníaca la que nos tortura, nos asedia y nos tienta.
Es nuestra crasa est upidez. Hay ge nte q ue toca una c osa y, a
pesar de saber que hacerlo la lastima, vuelve a tocar-
140
LA DECIMOTERCERA CANDELA
la para v er por q ué lastima, y aun la t oca otra v ez para saber
cómo se puede hacer para curar la herida o para evitarla. E,
inclusive, tal vez la toque nuevamente a fin de comprobar si ya
ha superado el problema.
Puede darse el caso de que usted se encuentre con una excelente
persona
que
padece
lo
indecible;
proba b le me nt e
us t ed
— el
obs erv a d or — p ie ns e q ue es injusto que tal persona tenga que
sufrir,
o
que
quizás
esa
persona
esté
pagando
un
Karma
excesivamente duro, pues tal vez haya sido un malvado en su vida
anterior. Empero, es posible que esté usted equivocado. ¿C óm o
sa be us t ed q ue e sa per s ona no e s tá s oportand o es e dolor y
padeciend o para v er c ómo se puede eliminar la pena y el sufrimiento
para bien de q u i e ne s v e n ga n d e s p ué s ? N o ha y q u e p e ns a r q u e
siempre se paga un Karma. Es posible que esté acumulando un buen
Karma.
Sabemos que Dios existe, que es bueno, inmaculado. Pero, por
supuesto, Dios no es igual que el ser humano, de m od o q ue es inútil
tratar de ente nder qué es Dios cuando la mayoría de la gente no puede
comprender siquiera a su propio Superyó. Así como u s t e d n o
p u e d e e n t e n d e r a s u S u p e r y ó , t a m p o c o puede entender al Dios de
su Superyó.
He aquí una pregunta que ya ha sido contestada en libros
anteriores, no obstante lo cual continúa llegando regularmente,
con monótona insistencia, por cierto. La gente desea informarse
acerca de su Guía, de s u Mae s tr o, de s u Guar d iá n, de s u Ange l
de la G u a r d a , e t c . A l g u i e n m e h a e s c r i t o : " T e n g o p o r Guía a
un v ie jo p ie l r oja. Quis iera p o der v er lo. Sé q ue e s un p ie l r oja ,
p or q ue e s m uy s a ga z . ¿C óm o podría hacer para verlo? "
E n c a r e m o s e s t o d i r e c t a m e n t e d e u n a v e z p o r todas: Nadie
tiene Guías pieles rojas, pieles blancas, pieles negras ni tibetanos,
ni muertos ni v iv os. En realidad, no alcanzarían todos los tibetanos por
141
LOBSANG RAMPA
ejemplo, para ocuparse de eso. Es como si t odos d ije r an : "
¡Oh, yo fui Cleopatra en m i v ida anterior! " No hay una sola
p a l a b r a d e c i e r t o e n t o d o eso. Aunque se pretenda tener un guía,
solamente el Sup er yó e s r ea lm e nt e nues tr o Guía. Oc urr e c om o
cuando uno se sienta al v olante del auto: uno es el Superyó del
coche. Usted aprieta el pedal y, si tiene la suerte de que no sea
uno de los nuevos automóviles norteamericanos, éste anda. Aprieta
otro pedal, y el coche se detiene. Y, si tira de cierta pieza y se fija en
lo que hace, no chocará con nada. Nadie más que usted conduce el
coche. De la misma manera, usted se gobierna a sí mismo, usted y su
Superyó.
Mucha gente se imagina que los que se han ido de este mundo se
lo pasan dando vueltas entusiasmados hasta que logran sentarse en los
hombros de alguien para guiarlo todos los días de su existencia,
ev itar que caiga e n alguna z anja del cam ino, decir le qué debe
hacer y una serie de cosas más. Basta pensar un momento: usted tiene
vecinos con los cuales se lleva bien, o no; pero, como quiera que
sea, suponga que llega un momento en que tiene que mudarse al
otro extremo del mundo. Si usted vive en Inglaterra, digamos que
debe trasladarse a Australia; si está en los Est ad os Unid os ,
s up ongam os q ue s e v a a Sib er ia. Pues bien, se marcha usted y se
halla ocupado con la mudanza, ocupado instalándose en su nuev o
domic i l i o , o c u p a d o e n s u n u e v o t r a b a j o e n e s e s i t i o nuevo,
ocupado haciéndose de nuevas relaciones. ¿Se detiene usted,
en
realidad, a hablar por teléfono con f ula n o, m e nga no, z ut a n o o
p e r e nga no? C la r o q ue no. Usted ni se acuerda de ellos. Lo mismo
hacen los que se van al Otro Lado.
Los que han dejado este mundo no están instala dos en nube s
toca ndo el arpa ni arrancánd ose las plumas de las alas, ni nada
de eso. Tienen una tarea que realizar: dejan esta tierra, pasan por un
período
142
LA DECIMOTERCERA CANDELA
de recuperación y luego se ocupan en algo. Si hemos de ser
francos, no tienen tiempo para ser espíritus guías ni ninguna de
esas tonterías.
Hay entidades extrahumanas que muchas veces interceptan los
pensamientos
de
algún
ser
humano
y,
en
determinadas
circunstancias, dan la impresión de ser un Espíritu Guía.
Veamos lo que ocurre con las sesiones de espiritismo. Tenemos,
por ejemplo un grupo de personas que espera comunicarse con
seres difuntos.
Se trata de un
c on ju nt o
de
p e r s ona s
q ue
p ie ns a n t od a s d e la misma manera. No es una sola persona la que
piensa al acaso, sino que es un conjunto de individuos que concurren a
un lugar especial con un propósito partic ula r , y t od os d e s e a n
s ub c o ns c i e nt e m e nt e q ue s e produzca algún mensaje. Por otra
parte, en el mundo astral existen formas errantes que pueden ser formas
pe nsa nt es o mer am e nt e e nt id ad es q ue nunca ha n sido humanas
y que jamás lo serán. No son más que masas de energía que responden
a determinados estímulos.
E s a s e n t i d a d e s , c u a l q u i e r a q u e s e a s u o r i g e n —aunque, por
supuesto, no son humanas— andan rondando y no tardan en gravitar
hacia alguna fuente que las atrae. Si hay personas que se hallan
pensando empeñosamente en recibir algún mensaje de un difunto,
esas
entidades
rev olotean
en
son
atraídas
torno
a
él
y
automáticamente
emiten
por
seud ó p o d o s
el
grupo,
que,
por
s u p u e s t o , s o n c o m o m a n o s y dedos compuestos de energía, hasta
que tocan algún cerebro o una porción de éste, o alguna mejilla, de
suerte que la persona que percibe ese contacto queda persuadida de que
hay un espíritu que la ha tocado, debido a que los seudópodos que
emiten esas formas son similares a los que produce 'el ectoplasma.
Esa s
e nt ida d e s
s ue le n
s er
da ñina s
despiertas, en el mismo sentido en que son des-
143
y
m uy,
p er o
muy
LOBSANG RAMPA
piertos los monos. Andan flotando por todas partes, salta nd o d e
cerebro en cerebr o, y c uand o dan c on alguna buena fuente de
información irradiada en ese momento por un cerebro cualquiera,
pueden
sensibiliz a r
—es
lo
q ue
oc ur r e
c on
t od o
m é d ium
ge nu in o— para hacer hablar. Trasmiten de ese modo un mensaje
que cuando menos una persona reconoce como auténtico, por hallarse
en el nivel consciente de tal p e r s ona , p e r o na d ie p a r e c e p e ns a r
q ue e s a
f or m a
pensante se halle rondando los cerebros. Es
preciso dejar perfectamente aclarado que no todas estas manifestaciones
son genuinas.
T o d o s s a b e m o s q u é s u c e d e e l d í a d e T o d o s l o s Sa nt o s,
c ua nd o los niños se d isfraz a n y se p onen caretas para remedar a
alguien. Eso mismo es lo que hacen esas formas pensantes, esas
entidades. Son, verdaderamente, elementos de inteligencia limitada y,
a no d ud a r , p ar á s it os . Se nut r e n d e q uie n q uie r a creer en ellos.
En determinadas circunstancias, alguien puede percibir cosas que cree
que son manifestaciones. Puede p e r s u a d ir s e d e q ue a n d e r o nd a nd o
e l e s p ír it u d e alguna vieja tía, que, al caer rodando por la escalera,
se rompió una pierna y después murió, para comunicarse con él
debido al cargo de conciencia que tiene por la manera com o lo
ignor ó cua nd o estaba e n la t i e r r a . P e r o , e n r e a l i d a d , n o h a y
n a d a d e e s o . E s posib le que durante la se sión la pers ona haya
emitido imágenes de esa tía y de su pierna fracturada, pensando
a la vez en el mal carácter que tenía esa cacatúa, y de ese modo la
perversa entidad puede acomodarse a ello y pueda alterar un poco las
cosas al respecto para que parezcan absolutamente factib l e s y
p o s i b i l i t a r q u e l a t í a " s e a p a r e z c a " b a j o e l aspecto de una
persona arrepentida de haber sido tan odiosa para su buen sobrino y
desee quedarse con él eternamente para protegerlo.
144
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Es verdaderamente sorprendente que la gente, que más bien
desprec ia al hombre de p ie l c obriza, que siente repulsión por el
indio, y que a veces es proclive a poner en duda la autoridad de
los lamas tibetanos, tan pronto como muere alguno de éstos,
cambie de idea y suponga que quienes han sido denigrados de ese
modo puedan volver para acomodarse en sus h om b r o s y g u ia r l o s e n
e l c a m i n o d e la v i d a , p a r a protegerlos de todos los peligros del
diario vivir. Pero l o q u e s e c o n s i g u e e s o t r a c o s a . T o d o c u a n t o
s e logra, como ya se ha dicho, es que algún íncubo de los que
andan rondando simule ser algo totalmente diferente.
¿Cuántas
veces
tenéis
contacto
con
vuestros
amigos
desaparecidos? ¿Los ayudáis a menudo? ¿Cuántas veces los habéis
ayudado cuando estaban entre vosotros? Pensad, entonces, que, si alguien
muere y v osotros ni siquiera os habíais enterado de su existencia
en la tierra, francamente, ¿cómo se os puede ocurrir que de pronto
pueda tener semejante interés p or v o s ot r os ? ¿P or q u é p e n s á i s
q u e a a l g ún la m a t i b e t a n o o a a l g ú n c a c i q u e p i e l r o j a s e l e
p u e d a cruza r p or la ima gina c ión d e jar t od o c ua nt o t ie ne que
hacer en el Otro Lado para volar a quedarse con v osotros por el resto
de la existencia? Y, por añadidura, tal vez se trate de alguien a
quien habéis despreciado cuando estuvo en la tierra o, lo más
seguro, de quien no habéis tenido siquiera noticias de que existía.
Es nec e sar io q ue m ir em os la s c os as c on lógica . Mucha gente
cree que tiene un Espíritu Guía porque se siente insegura, porque se
siente sola, porque está persuadida de que no puede hacer nada sin
ayuda. De esta manera inventa, en parte, algún ente paternal o
maternal que siempre la acompaña para protegerla de sus propios
desvíos y de la malevolencia ajena.
145
LOBSANG RAMPA
O t r a d e l a s r a z o n e s p o r l a s c u a l e s e x i s t e e s t a c r e e nc ia e n
un Es p ír it u Gu ía s e d e b e a l h e c ho d e que a veces la gente oye o
cree oír alguna voz mister ios a
q ue
le
ha b la .
Lo
q ue
oye ,
r e a lm e nt e , e s una e s p e c ie d e c o nv e r s a c i ón t e le f ó n ic a c o n s u
p r o p i o Superyó, que se trasmite por medio del C ordón de P lata,
amp lif ica e l et ér e o y, a v ec e s, e l a ura r e pr oduce en forma de
vibraciones. Asimismo, hay casos en que se siente una palpitación
en la frente, exactame nt e e ntr e los ojos , pe r o un p oq uit o más
arriba. Esto ocurre cuando se establece una conversación entre
el subconsciente de la persona que está en la tierra y el Superyó,
y el décimo consciente trata de oír, aunque sin lograrlo; recibe, en
cambio, unas pulsaciones como si la telefonista le dijese que el
número está ocupado.
Tenemos que valernos por nosotros mismos, todos y c a d a u n o
d e n o s o t r o s . N o e s t á b i e n h a c e r u n a mezc la de c ult os, ge ntes
y
c harlatanismo.
C uando
dejamos
esta
tierra,
debemos
comparecer solos en el Salón de las Memorias. De nada vale que
vayamos a donde deberemos autojuzgarnos y le digamos a nuestro
Sup eryó: " ¡Oh! El se cretario de la Sociedad de las Salchichas
Calientes me dijo que hiciese esto y q ue no hic ie se aq ue llo".
Te nem os q ue es tar s olos, p o r q ue , s i e l Hom b r e d e b e ha c e r s e
Hom b r e , t ie ne que estar solo. Si nos constituimos en grupos,
pandillas o c ultos, es o s up ondrá dar v arios pasos hac ia atrás,
porque, al adherirnos a algún grupo, culto o sociedad, nos vemos
constreñidos a avanzar al ritmo del socio más lento. El individualista, el
que desea progresar, el ser evolucionado marcha solo... siempre.
A propósito: hace dos días llegó una carta interesante. Decía:
"Durante cuarenta y cuatro años formé p a r t e d e E . . . ] y d e b o
c o n f e s a r q u e e n t o d o e s e tiempo no he aprendido tanto como
aprendí a través de uno de sus libros."
146
CAPITULO VIII
El Autor yacía en su lecho, al lado de la ventana, c ontemp land o el casi
desierto p uerto d e Montreal. L o s b a r c o s n o l l e g a b a n y a c o n
tanta
frecuencia.
Tantas
huelgas,
robos
y
otros
sucesos
desagradables se habían producido, que los buques pasaban de largo.
Contemplaba
el
escas o
m ov imie nt o
fluv ia l,
pero
también
observaba el intenso tráfico del camino que conduce al Hombre y
Su Mundo, lugar que no sentía deseo alguno de visitar. El sol
brillaba; Miss Cleopatra, la gata joven, que descansaba sobre las
piernas del Autor con las patas plegadas, se volvió hacia éste y
sonriendo como el prov erbial gato de Cheshire le dijo:
— G uv , ¿ p or q u é l o s h um a n o s n o c r e e n q ue l o s animales
puedan hablar?
—Pues, verás, Cleo —repuso el Autor—. Los humanos necesitan
tener pruebas de todo. Necesitan tener las cosas entre sus febriles
manecillas para reducirlas a p o l v o y p o d e r l u e g o d e c i r : " B i e n ,
t a l v e z e s t o antes func ionara, pero lo qüe es ahora...". Pero tú
y y o s a b e m o s q ue l os ga t o s ha b la n, d e m o d o q ue ¿por qué
preocuparse de que nadie lo crea?
Por un momento, Miss Cleopatra se quedó dando vueltas a esa
respuesta
en su cabeza.
Luego sacudió las orejas y se lamió
delicadamente una de las zarpas.
—Guv —dijo al cabo—,. ¿por qué los humanos no piensan que los
sordos son ellos? Todos los animales hablan por telepatía. ¿Por qué no los
humanos?
147
LOBSANG RAMPA
Responder a eso era bastante difícil, de suerte que el Autor dudó
antes de atreverse a contestar.
— Mira, Cle o —r ep us o a l f in—; los hum a nos s on distintos
respecto a que jamás aceptan nada confiadam e nte . T ú y yo sab e mos
que la t e lepa t ía e xist e; pero, si los demás por alguna razón no
la conocen, nada hay qué podamos hacer nosotros para convencerlos. ¿Entiendes?
El Autor se recostó sonriendo cariñosamente a la gatita, su tan
asidua compañera.
M i s s C l e o p a t r a , e m p e r o, l o m i r ó f i j a m e n t e y l e espetó:
—
¡Oh,
pero
hay
un
modo,
claro
que
hay
un
modo!
¡Acabas de leer algo sobre eso!
As ombrado, e l Aut or lev ant ó t anto las ce jas q ue cas i parec ió
que le hubiese crec ido el cabe llo en el cráneo, lo cual no dejaba
de ser un cambio estupendo después de tantos arios de calvicie.
Entonces
se
acordó que había leído un libro acerca de ciertos
experimentos.
Al parecer hubo dos investigadores —los esposos R. Allen y
Beatrice
Gardner—,
de
la
Universidad
de
Nevada,
q ue
t r a b a ja nd o e n e q uip o s e d e d i c a r on a estudiar todos los problemas
relativos a la forma de enseñarles a hablar a los animales, intrigados por la
aparente imposibilidad de lograrlo. Cuanto más pensaban en eso,
más enigmático les parecía.
Re s ulta ev ide nt e, no ob st ant e , que p as ar on p or alto la razón
más elemental, que es la de que los anim a l e s n o t i e n e n e l
a p a r a t o n e c e s a r i o p a r a p o d e r ha b la r e n inglé s , e n e s p a ñol o
e n f r a nc é s . Ta l v e z puedan gruñir, como algunos alemanes de mal
talante. ..; pero esto de los alemanes, perversos o buenos, es otra
cosa.
Los Gardner —marido y mujer— enfocaron el problema de
distinta manera. Se dieron cuenta de que los chimpancés se
ingeniaban para hacerse entender
148
LA DECIMOTERCERA CANDELA
entre ellos, y en cons ec ue ncia se d edicaron a e stu diarlos durante
un tiempo. De esta manera llegaron a la conclusión de que muchos
chimpancés conversaban por medio de señas similares a las que
emplean los mudos de nacimiento.
Tomaron, pues, un chimpancé y lo dejaron andar suelto por la
casa, tratándolo casi como si fuera un s e r h u m a n o , o t a l v e z
u n p o c o m e j o r , p u e s h a y muchos seres humanos que no tratan
demasiado bien a sus congéneres, ¿no e s c iert o? Per o no nos
v ayamos del tema. El hecho es que trataron al chimpancé como si
fuera verdaderamente de la familia, le dieron juguetes, le prodigaron
cariño y aun le proporcionaron algo más.
Frente a la chimpancé (era una hembra), la gente hablaba solamente
por medio de señas. Al cabo de algunos meses, pues, estuvo en
condiciones de darse a entender sin mayores inconvenientes.
La enseñanza prosiguió durante dos años, aproximadamente, en los
cuales la mona aprendió a hacer señas para referirse al sombrero, los
zapatos y otras prendas de vestir, así como a muchas otras palabras.
Consiguió, asimismo, hacerse entender cuando quería algo dulce o
cuando deseaba beber. El experimento parece haber sido todo un
éxito. Empero, todavía no ha concluido, en manera alguna, a pesar de
que los animales carecen del aparato de fonación necesario para
hablar como los seres humanos. Podría ser que tuvieran inconvenientes
para el análisis gramatical y para emplear los tiempos verbales que
corresponden; pero siendo los hombres, como son, tan torpes para
lograr com unicarse p or te le patía, no cabe d uda de q ue los
a nim a le s d e b e r á n c onv e r s a r p or m e d io d e señas. Es un hecho
patente, absolutamente demostrable, que tanto Miss Cleopatra
como Miss Tadalinka son capaces de dar a entender sus deseos y
apetencias inclusive a quienes carecen de facultades telepá-
149
LOBSANG RAMPA
ticas. Con el Autor, por supuesto, la comunicación es total, pues
él y sus gatas siamesas pueden conversar con más facilidad
probablemente que la que se pone de manifiesto entre dos seres
humanos no telepáticos.
¿Están hablando de comida? —preguntó
M i s s Tadalinka, entrando con paso cansino.
No,
Tads
—respondióle
Miss
Cleopatra—.
H a b l á bamos de la manera de conversar con los seres humanos.
Verdaderamente es una gran suerte que tengamos a Guv para
comunicarle nuestros deseos y ev itarnos la molestia de tener que
emplear el lenguaje cifrado. —Miró al Autor y añadió—: Deberías
salir, me parece. Hace varias semanas que no sales. ¿Por qué no
te s ie ntas en t u s illón y bajas un poco? Es un día tranquilo; no hay
mucha gente...
El Autor miró a trav és de la ventana. Era un día soleado y no
hacía demasiado viento; pero de pronto r ep ar ó e n la má q uina de
e scr ib ir
y
en
la s
bla nc as
h o ja s
de
p a p e l,
y
con
u na
im p r e c a c i ón c on t e n id a abandonó trabajosamente el lecho para
sentarse en su sillón de ruedas de tracción eléctrica.
Es cierto que resulta bastante difícil trasladarse a lo largo de un
corredor, abrir la puerta y meterse en el ascensor cuando se
necesitan las manos para manej a r u n s i l l ó n d e r u e d a s e l é c t r i c o ,
pero
de
todos
m od os
no
es
im p os ib le.
El
Aut or,
p ue s,
de s c e nd ió desde el noveno piso hasta la planta baja, y una vez allí
decidió internarse a través de los terrenos para permanecer algunos
instantes a la grilla del río.
Cruzó la calle, descendió por la rampa que conduce al parque
de estacionamiento de automotores, y, luego de atravesarlo, bajó
por otra rampa más pequeña ha c ia la a ce ra. Est a s e ha llaba
c om p le tam e nte
desierta.
Una
vez
allí
palanca, y el sillón se echó a andar lentamente.
150
movió
suavemente
una
LA DECIMOTERCERA CANDELA
De
improviso
se
oyó
el
rugir
del
motor
de
un
coche
lanzado a la carrera, y un gran automóvil apareció a contramano por
la calzada.
—
¡Alto! —gritó una voz áspera.
Un tanto sorprendido, el Autor miró en torno de sí; p er o
e ntr e ta nt o
ya
se
a pe aba n
de l
v e híc ulo
un
sar ge nt o
y
un
de t ec t iv e, m ie nt ra s e l c ond uct or s e q u e d a b a a l v o la nt e c on
m e d i o c u e r p o f ue r a d e la ventanilla.
" ¡Vá lgame Dios ! ", e xc lamó el Aut or para s us adentros,
d e t e n ie nd o la m a r c ha d e l s i l l ó n. " ¿ Q ué pasa ahora? "
L o s p o l i c í a s l l e g a r o n c o r r i e nd o y s e p l a n t a r o n frente a él.
¿Es usted el escritor ése? —preguntó el sargento,
mirá nd olo t orv am e nt e c on los braz os e n jarr as . —Sí.
El sargento mir ó al dete ctiv e, y éste d ijo brus ca mente:
N o d e b e r í a s a l i r s o l o . T i e n e u s t e d u n a s p e c t o que
da la impresión de que se fuera a morir en cualquier momento.
Ante semejante observación, saludo tan inusitado, el Aut or s e
s or pre nd ió un p oc o, nat ura lm e nt e. N o obstante, repuso con calma:
¿Morirme?
Por
supuesto,
todos
nos
vamos
a
morir alguna vez. Pero yo me siento perfectamente. ¡Estoy en
terreno privado! Y no molesto a nadie...
No
me
interesa
cómo
se
sienta
usted
—respondió
c oléric o e l sar ge nt o, m irá nd olo m ás c e ñudam e nte t odav ía — . L o
que le d igo e s q ue no t ie ne q ue s alir solo. No está usted seguro. Allá
arriba me han dicho — e xp l ic ó s e ña la nd o e l e d if i c i o — q ue l e ha n
d a d o poc o tiempo de v ida. ¡Y yo no quiero que se muera usted en
la calle estando yo de servicio!
Verdaderamente pasmado, el Autor no alcanzaba a comprender
semejante tratamiento. En efecto, no se
151
LOBSANG RAMPA
hallaba bien —d e otr o mod o no se v ería ob ligado a andar en un
sillón de ruedas—; pero de ahí a pretender
que
alguie n
lo
acompañara cada v ez que s alía, era algo que rayaba en lo
absurdo. Por otra parte, en casa había cosas que hacer, muchas
cosas que hacer; y, además, el Autor des eaba conserv ar su
ind epe ndencia.
—Pero estoy en propiedad privada— replicó.
—No nos interesa si está o no en propiedad privada —intervino
el detective—. Lo que importa es que parece que se fuera a morir
en cualquier momento. Ust e d no nos p re oc upa: p e nsam os e n la
ge nt e. De modo que vuélvase a su casa. Yo iré detrás de usted. —T omó
el sillón por las agarraderas y lo hizo girar en redondo con
extrema rudeza, con tanta violencia q ue e l d e s d ic ha d o A ut or p or
p oc o s a le d e s p e d id o. Luego le dio un empellón de mala manera,
ordenándole—: ¡Vamos!
Al pasar, la gente observaba desde los coches con una sonrisa
sarcástica al ver a un hombre en apuros con la policía —un
hombre en su silla de ruedas—; per o, p or s up ue st o, s ólo s e
trat ab a de c ur ios os, y cuando la gente sale a andar y ver, todo le
parece s e n s a c i o n a l . N o o b s t a n t e , p a r a e l A u t o r s i e m p r e había
sido algo asombroso que cada vez que salía en su sillón de tracción
eléctrica no dejara de haber una h o r d a d e m a c a c o s b u r l o n e s
q u e , a l p a s a r e n s u s grandes automóviles norteamericanos, metiesen
bulla como
si
ese
fuera
el
espectáculo
más
div ertido
que
im a gi na r s e p u e d a . N o a lc a n z a b a a e nt e n d e r q ué podía tener
de gracioso el ver a un anciano baldado que vive su vida sin molestar
demasiado a los demás.
Una nueva sacudida v iolenta de la silla y aquella áspera orden
de " ¡Vamos! " le obligaron a acelerar el motor y retomar el
camino de regreso a través del parque de estac ionamient o de
v ehíc ulos, asce nder por la rampa y llegar hasta la calle privada, con el
152
LA DECIMOTERCERA CANDELA
irritante detective siempre a sus espaldas. Ya a las puertas del
ascensor éste se detuvo.
—La próxima vez que v uelva a salir solo, procederem os c ontr a
ust e d — e sp e t ó; y m ie ntra s s e v olv ía para dirigirse al coche policial,
que lo había seguido, e x c l a m ó e n t r e d i e n t e s — : ¡ V i e j o i d i o t a !
¡ C o n m á s de ochenta años...!
E l A u t or e n t r ó e n e l a s c e ns or ,
s ub i ó a l n ov e n o piso y
desapareció con la silla de ruedas en su departamento. Otra puerta se
acababa de cerrar para él. P or
lo
v is t o,
a h or a
le
estaba
p r o h ib id o s a l ir s o l o. Tendrían que llevarlo poco menos que con
una cadena, como a los monos, o con una correa, como a los
perros. Miss Cleopatra fue a su encuentro, y saltando sobre sus rodillas,
dijo:
— ¡Qué infinitamente necios son esos humanos! ¿No es cierto?
Pero el trabajo debía continuar. Había que escribir un libro y
cartas por contestar. El Autor echó menta lm e nte a l a ir e una
mone da para d et erm inar q ué haría primero, y la suerte se puso del
lado de la correspondencia. Tomó, pues, una carta que resultó ser
de un joven brasileño, de un muchacho de extraño sentido común
que le formulaba preguntas muy sensatas.
Veamos la carta q ue había
escr ito y, a
cont inua ción, la
respuesta.
Río de Janeiro.
Estimado Dr. T. Lobsang Rampa:
Ya he leído todo de sus libros y tengo mucho interés en estudiar a
fondo todo lo que nos ha dicho. Pero, como todo estudiante tiene algunas
preguntas, me gustaría que me conteste las preguntas que le haré.
Lo siento porque no escribo (ni hablo) el inglaterro bien pues
todavía lo estoy aprendiendo en el colegio y muchas de las palabras las
veo en el diccionario. Así, allí están las preguntas:
1. Si muero, encontraré muchas personas que he conocido. Las veré como
las veía en la tierra. Pero, ¿cuál es mi
153
LOBSANG RAMPA
v erdadero aspecto si ya he sido muchas personas en mi
ciclo de existencias? ¿Cómo me vería la persona que yo
he conocido en el ciclo anterior?
2.
¿Por qué precisamente ahora, un anciano del Tíbet,
como usted, viene a contarnos todo lo de la sabiduría
oriental? ¿Por qué precisamente andra?
3.
¿Cómo podría ver el Registro Ascásico en el astral?
4.
¿Cuál es la mejor posición para meditar? Yo yo
puedo sentarme en la Posición del Loto y no puedo sentarme con la columna derecha.
Si us te d c ons id er a q ue a lgunas pr e gunt as no t ie ne q ue
contes tarlas, no la s c ont est e, porque yo e nc ontraré las re s p u e s t a s p or m e d i o d e la m e d i t a c i ó n (a s í l o e s p e r o), c o m o
ya he hallado la mayoría de ellas pensando por mí
mismo. Verdaderamente e s ust ed una v ela en la osc uridad y
yo le estoy muy agradecido por todo.
Muchas gracias, Dr. Rampa.
FABIO SERRA.
Estimado Fabio Serra:
¡Ay, q ue r id o ! Me ha e nv ia d o us t e d a lg una p r e gunt a s q u e
merecen ser contestadas en el libro que estoy escribiend o
en estos mom entos, y que llevará el título de La
decimotercera candela.
C om o me p r op ongo ut iliz ar s us pr e gunta s e n es e libr o,
v oy . a r e p e t ir la s p a r a d a r a c on t i n ua c ió n la s r e s p ue s t a s .
Son éstas:
1. Cuando me muera encontraré a mucha gente que
he conocido. La veré com o la he visto en la tierra. Per o
¿c uá l s e r á m i a s p e c t o v e r d a d e r o s i n o e s e l q u e t e n g o e n
la tierra? ¿Cómo podrán reconocerme las personas que
me conocieron antes?
Bien; para responder a esto digamos que, cuando alguie n muere, lo prim ero q ue hace es aba ndonar es ta tierra
para ir a lo q ue m uc has re ligiones de nom inan 'Purgat orio'.
Es te 'P urgat orio' e s e l sit io d ond e s e p urga n c iertas c osas .
Sup o nga m os q ue ha e s t a d o u s t e d t r a b a ja nd o e n e l ja r d ín y
se ha salpicado un poco de barro la cara y el cabello (
¡siem pr e que tenga usted cabello...! ). Después entra
p a r a c om e r y p a r a e s c uc ha r la r a d io. ¿ Q ué e s l o p r im e r o
que hace? Lo pr imer o que hace es ir al 'Pur gator io'; en
otra s pa la bra s, v a a l lugar d onde le es p os ib le lav ar se la s
manos, lavarse la cara y quitarse el polvo y todo cuanto
no debe tener usted encima.
154
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Muchas religiones representan al 'Purgatorio' como algo
terrible. Por mi parte, yo prefiero considerarlo como un
b a ñ o c e l e s t i a l d o n d e u n o l a v a s u a s t r a l , p o r d e c i r l o a s í,
para p od er pr es e ntar se a nte s us c onoc id os p erf e ct am e nt e
i nt a c t o. T e n ga e n c u e nt a q u e c u a n d o e s t é e n e l a s t r a l s e
v erá su aura, y que si en su aura hay muchas 'manchas
sucias' todos las v erán. El Purgatorio, además, es un lugar
d e l a s t r a l d o n d e u n o e s r e c i b i d o p or s us a m i g o s y nu n c a
por sus enem igos, porque cuando se pasa al Otro Lado
s ól o e s p os ib le r e unir s e c o n q uie ne s s e e s c om p a t ib le . Es
de c ir q ue c ua nd o s e ab a nd ona e st e m und o s e p ie nsa en s í
mism o, en el aspecto que uno tiene, lo mismo que si se
estuv iese en la tierra, y esa es la form a en que uno se
manifiesta en el astral, precisamente como se ha sido en la
tierr a. P orq ue la ge nt e q ue s e e nc ue ntra allí d e se a q ue s e la
re c onoz ca, d e ma nera q ue t amb ié n s e nos a par e c e e xa c tamente como se la ha conocido en la tierra.
Muc ha s v e c e s s e e xp e r im e nt a e s a m is m a s e ns a c i ón e n
este mundo. Sucede, a veces, que vemos a una persona
q ue s a b e m os q ue t i e ne un l una r e n la m e jil la iz q uie r d a y
alguien nos dice: 'No; se lo ha eliminado hace aproximadam ente un año'. Dicho de otra m anera, sólo v em os lo
que queremos ver, lo que esperamos ver; de modo que
c ua nd o v am os a l Otr o La d o v em os a la s p ers onas q ue q ue remos ver y con la forma y color que estamos acostumbrados a percibir en ellas. Veamos un ejemplo: supong a m o s q u e t i e n e u s t e d u n a m i g o n e g r o , e s d e c ir q u e e s a
persona era negra en la t ierra cuand o us ted la c onoc ió. Si
e n e l Otr o La d o es b lanc a, c ua nd o s e le a c erq ue no p odr á
reconocerla, ¿no es cierto? Pues bien, entonces se le
presentará como negra.
A med ida que us ted s e v a perfeccionando su aparienc ia
cambia. Es lo mismo que podría ocurrir con un salv aje
lleno , d e pe lo y d e die nt es s uc ios, e t c. Si ha c em os q ue t al
salv aje s e lav e, se afe ite, se corte el cab ello y se ponga un
traje moder no t endrá un asp e cto d ist int o, ¿no es v erdad? D e
m a n e r a s im i l a r , p u e s , a l l le g a r a l O t r o L a d o y p e r f e cc ionar nos, s e v e q ue nues tr o as p ec t o s e tra sf orma. .. p ara
mejor.
Veamos ahora la segunda parte de la pregunta. Por
s up ue s t o, la d a m a q ue us t e d d ic e lo v e r á c ua nd o e s t é e n e l
Otro Lado tal cual usted se imagina que es. Lo v erá
com o era e n la tierra y ust ed, a su v ez, la v erá a e lla en la
misma f orm a. Si no f uera as í (y v a lga la r e it era c ión) no la
reconocería.
155
LOBSANG RAMPA
2. ¿Cómo es posible que un viejo tibetano, como yo,
l e s h a b l e a l o s o c c i d e n t a l e s a c e r c a d e e s t a s c o s a s ? ¿ P or
qué he aparecido precisamente en esta época?
E s é s t a u na p r e g un t a m u y a p r op ia d a , d e m o d o q ue le
daré la respuesta.
Ante s la ge nte s olía v is it ar e l Or ie nt e; p er o los occ id e ntales tienen mentalidad materialista. Viv en el pre sente, se
desviven por el diner o, por los bienes materiales y sólo
piensan en el poderío y en dominar a los demás. Esto
form a p art e d e la c ult ura oc c id e nta l. P or e s o, c ua nd o v a n
al Or ie nte y adv ier te n q ue m uc ha s d e las me nt es má s pre claras tienen un aspecto exterior enferm izo y visten pobremente o con harapos, no lo pueden entender; y lo
mism o s uc ed e c on la s v ie ja s e ns e ña nza s, p ue s a l no es tar
dotados para dominar las lenguas ni para comprender esas
culturas, distorsionan esas antiguas enseñanzas y les dan el
sentido que ellos (los occidentales) creen adecuado. De
este modo, muchos traductores, etcétera, le hacen un
magr o fav or a la huma nida d al pr e s e nta r inter pr et ac ione s
falaces que tergiversan los auténticos credos religiosos.
A mí me ha llev ado mucho tiempo prepararme. Me ha
sid o c onced ida la facultad d e compre nder a l Occ ide nte sin
d e ja r p or e ll o d e s e r or i e n t a l . He a d q u ir id o la c a p a c id a d
de escribir y trasmit ir claramente mi p ensam iento a quien
es merecedor de conocer las respuestas. He sufrido más de
lo que persona alguna puede padecer, pero eso me ha
d a d o u n a m a y o r p e n e t r a c i ó n d e l a s c o s a s , m e ha p r o p o r cionado una capacidad de expresión y de entendimiento
m á s a m p l ia y m e ha p e r m i t i d o c om p r e nd e r la m a n e r a d e
v e r oc c id e nt a l, a l p ar q ue m e ha c onf e r id o ha b ilid a d p a r a
im b uir a m is p a la b r a s d e l c a r iz c onv e nie nt e p a r a c om u nicar el genuino sentido esotérico al lector occidental.
Es tamos en la Era de Kali, e n la Era de la De strucción,
de l Cam b io, e n q ue la huma nid ad s e e nc ue ntra v e rda d era mente en la encrucijada de tener que optar entre evolucionar o entrar en una fase regresiva, de ascender o de
degradarse al nivel del chim pancé. He venido, pues, en
esta época, en la Era de Kali, para tratar de inf undir
c i e r t a c o m p r e n s i ó n y , q u i z á , p a r a i n f l u i r e n la v o l u n t a d
de l hom bre y la mujer occ id e nta le s a fin d e d e q ue s e d e n
c ue nt a d e q u e e s m e j or e s t u d ia r y e l e v a r s e q u e q u e d a r s e
inactivos y hundirse en la desesperanza.
En la t er ce ra pr e gunt a inq uie re us t ed c óm o d eb e hac er
para v er el Registro Ascásico cuando esté en el astral.
Veamos:
156
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Cuando entre en el plano astral después de dejar esta vida, irá, por supuesto, al
Salón de las Memorias y verá todo cuanto le ha sucedido, no ya solamente en
la vida que acaba de dejar, sino también en las demás que ha vivido anteriormente.
Después determinará —probablemente con el asesoramiento de consejeros— qué
desea hacer para adelantar en su evolución. Podría ser que le interesase
ayudar a los que llegan de la tierra. En tal caso, si fuera verdaderamente
conveniente que usted viese el Registro Ascásico para poder ayudar mejor a los
demás, entonces se le autorizará a ello. No obstante, debo advertirle que
nadie puede verlo por mera curiosidad. En la actualidad, en Occidente
existen personas que anuncian que por medio de una paga pueden viajar al
astral (incluso con un cartapacio, supongo) para consultar el Registro Aseas" ico y
regresar con toda la información que se desee. Naturalmente, esto es
absolutamente falso. No es cierto que consulten el Registro Ascásico, e incluso
dudo de que se trasladen conscientemente al astral. Los únicos espíritus que
consultan son los que vienen en botella. De manera que le repito que no es
posible ver el Registro Ascásico de otra persona a menos que de ello resulte
algún beneficio auténtico para esa otra persona.
La cuarta pregunta es también muy atinada, y me place contestarla
por la cantidad de gente que suele formulármela, preocupada por el
problema. Pregunta usted: ¿Cuál es la mejor posición para meditar? Yo
no puedo sentarme en la Posición del Loto y tampoco con la espina dorsal
erecta. Permítame que le diga lo siguiente: Cuando usted respira no se le
ocurre adoptar ninguna posición especial, ¿no es cierto? Para leer un
diario o un libro tampoco tiene por qué adoptar ninguna posición particular.
Cuando se dispone a leer, usted adopta la postura que le resulta cómoda.
No interesa que se siente en un sofá o que se acueste. Cuanto más cómodo
se encuentre, más disfrutará y más asimilará lo que lee. Lo mismo cuenta para
la meditación. De modo que entienda bien esto: No interesa en lo más
mínimo cómo se siente usted. Siéntese como más le plazca. Si le parece
mejor, acuéstese. E, incluso, si quiere acostarse enroscado, hágalo. Lo
que se procura al reposar es poder liberarse de toda tensión. Para meditar
adecuadamente debe usted liberarse de las tensiones y no distraerse. Por tanto,
cualquier postura que para usted sea adecuada, es adecuada para la
meditación.
157
LOBSANG RAMPA
Ya t ie ne ust e d s us re s p ues ta s, d e ma ne ra q ue s ólo m e
resta desear que le sean de utilidad."
El Aut or se ec hó hacia atrás con la satisfac ción del deber
cumplido. " ¡Qué cantidad enorme de conce pt os eq uiv oc ad os y d e
err or e s de int er pr et ac ión e x i s t e ! " , p e n s ó m i e n t r a s a l a r g a b a
l a m a n o p a r a t omar otra car ta, es ta v ez pr oc ed e nt e d el Ir án.
He aquí una pregunta en particular que viene al caso: "¿Qué se
logra durmiendo en la Posición del Loto? Aparte de mortificar el
cuerpo, ¿hace algún bien? "
Ver da der am e nt e e s te es un tema d e lo má s e nojos o. En
realidad, no int eresa en m od o alguno que uno se siente en la
Posición del Loto o que se acueste echado de espaldas. Lo único
que importa es que uno e s t é c óm od o; p orq ue s i no s e e stá
c óm od o, la ca nt ida d d e es f ue rz os y de t e ns iones q ue ha y que
soportar perturban el descanso y distraen de la meditación. Veamos esto
un poco más a fondo.
En Occidente la gente se sienta en sillas. Cuando se va a
acostar, se echa en un artefacto mullido provisto de resortes o de
alguna otra cosa que permite que las distintas porciones de la
anatomía se hundan, de manera que si (para ser mordaces) nuestra
parte traser a e s a lgo a b ulta d a, el c olc hón o los r es or t e s hacen
que esa parte se hunda y de ese modo el peso se distribuya de
manera más pareja. Lo cierto es que, e n e l m und o oc c id e nt a l, la
ge nt e t i e ne u n s is t e m a propio, su sistema, el sistema para el cual ha
nacido.
Además,
cuando
el
occidental
desea
sentarse,
lo
hace
habitualmente en una especie de plataforma apoyada sobre cuatro
patas y provista de un sustentáculo posterior que sirve para impedir
caerse de espaldas. Es decir que, virtualmente desde que nace está
condicionado para pensar que es necesario tener la columna vertebral
apoyada en algo, por lo cual los músculos q ue nor m a lm e nt e
d e b e r ía n m a nt e ne r e r e c t a la co lumna no se desarrollan o se atrofian.
158
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Lo mismo ocurre con las piernas, las articulaciones, etc. El
occidental está condicionado para mantener sus piernas separadas y
dobladas en cierto ángulo desde las rodillas hacia abajo, por lo cual
si adopta otra posición se siente, naturalmente incómodo.
Veamos ahora qué sucede en Oriente, comenzando por Japón. En
el Japón, antes de entrar en una casa, la gente se quita los
zapatos, y, una v ez dentro, se sienta en el suelo. La única manera
posible de sentars e c ó m o d a m e n t e e n e l s u e l o e s h a c e r l o c o n
l a s piernas cruzadas, una de cuyas variantes es la llamada Posición
del Loto.
A lo largo de muchos años d e ev olución, el japon é s s e h a
d a d o c u e n t a d e q u e t o m á n d o s e d e l o s t ob i ll o s y ha c i e n d o
p o c o m e n os q ue u n n u d o c o n sus piernas, se siente muy cómodo
y apoyado en una base muy firme. Y, como ha sido condicionado
para esto desde su nacimiento, para él no es forzado, no es
incómodo ni desagradable. De esta manera, también, su columna
vertebral permanece naturalmente erecta, lo cual resulta inevitable
debido a la postura.
Invite usted a un japonés que no haya visto jamás los enseres
occidentales a sentarse en una silla y el desdichado se sentirá
enormemente incómodo. Sentirá que le duele todo el cuerpo, y no
bien su corrección se lo permita se levantará de la silla para
sentarse en el suelo en la posición que él acostumbra.
Si, por lo contrario, tomamos a un occidental y lo trasladamos a una
comunidad japonesa, de modo que tenga que sentarse en el suelo con
las piernas cruzadas, sufrirá lo indecible. Como sus articulaciones
no han sido condicionadas para adoptar esa particular postura, lo
primero que piensa es que se va a descoyuntar, y má s ta rde ,
llegad o e l m om e nt o d e lev a ntar se, p or lo ge nera l no p ued e
ha c er lo. V er da der a mente es un espectáculo divertido presenciar
cuando un alemán gordo pretende levantarse después de
159
LOBSANG RAMPA
haber estado sentado con las piernas cruzadas. Generalmente se cae de
bruces, si bien se salva apoyándose en las manos. Después, entre
grandes quejidos, logra sostenerse sobre sus rodillas, y entre crujidos
dolorosos,
jadeos
y
exclamaciones
guturales
se
pone
de
pie
tomándose las nalgas con la más angustiosa de las expresiones
reflejada en el rostro.
En el Lejano Oriente, sentarse con las piernas cruzadas es algo
de todos los días. En el Occidente, la cultura se ha orientado hacia la
riqueza y los bienes materiales. Los occidentales piensan más en el
presente, piensan más en acumular bienes terrenales, por c uya r a z ón
t od o c ua nt o c ons t it uya un s í m b olo d e status resulta apetecible.
En tiempos de los antiguos re yes, emperad ores, faraones y t oda
aquella ge nte q ue s o lía s e nt a r s e e n un t r o no, e l h om b r e c om ún
tomaba unos trozos de madera, les daba forma y los u s a b a c om o
t r o n o s e n m i nia t ur a o s i l la s . S i Mr s . Smith deseaba tener una
silla mejor que la de Mrs. Br own, le ba st ab a c on p oner a la s uya
una b onit a f und a ; p e r o, c omo Mr s . J one s q ue r ía t od av ía a lgo
mejor —pues siendo, como era, huesuda, le daba la s e ns a c ió n d e e s t a r
s e nt a d a c o nt i n ua m e n t e s ob r e huesos—, se le ocurrió rellenar de
lana la funda y de esa manera fue la primera en tener una silla tapizada.
En el Lejano Oriente, la gente no estaba tan pendie nt e d e l
diner o
ni
de
lo
q ue
p ose ía.
Se
oc upab a,
en
c a m b io,
de
a c um ula r b ie ne s e n e l c ie lo o e n e l equiv alente local de ese
lugar, y la gente se conformaba con sentarse en el suelo. Es
decir, que desde los comienzos se han acostumbrado a sentarse de tal
manera, por lo cual sus articulaciones son más flexibles, y sus
músculos ya están preparados para eso.
En la India, el sabio se sienta debajo de los árboles en la
Posición del Loto. Debe hacerlo así porque c a r e c e d e s illa s , d e l
m is m o m od o q ue e s p r ob a b l e que desconozca qué pueda ser un
revólver.
160
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Cuando los occidentales ven a algún anciano sentado bajo un
árbol
piensan
que
debe
de
tratarse
de
algún
sabio,
pues
confunden la postura con la sabiduría en sí misma. Además, nunca
falta algún estúpid o q ue ta l v ez p or hab er v is t o una f ot ograf ía d e
la India o algo por el estilo, se pone a escribir un libro acerca del
yoga v alié nd os e d e lo que le ha contad o algún amigo o de lo que
ha v isto por telev isión. (El A u t o r n o t i e n e t e l e v i s o r ; n u n c a
p r o f e s ó l a f e d e l Aparato Idiota.)
Hay autores que le han hecho un mal incalculable a las
auténticas doctrinas metafísicas. Esos autores, p or car e c er de l
de b id o c onocim ie nt o d e la s c osa s, han copiado con algunas
modificaciones obras ajenas de modo de no infringir la legislación
referente a la propiedad intelectual. Además, hay muchos autores
q u e s e s i e n t e n m o l e s t o s c u a n d o a p a r e c e a l g u n o nuevo que
realmente conoce su tarea por experiencia propia. Esos aut ores —los
que c op ian s in saber lo que hacen— son culpables de dar una
información t ot a lm e nt e fa lsa b ajo la d e nom ina c ión d e " yoga" u
otra s im ilar. Muc hos cr e e n q ue b as ta c on t e ner la habilidad de
colocar Sri ante sus nombres. Esto equivale a colocar Mr. cuando se
vive en una comunidad oriental. Si tales escritores y simuladores
supieran a l g o a c e r c a d e t od o e s t o, n o s e r ía n t a n r e m a t a d a m e n t e t o n t o s c o m o p a r a c o p i a r v o c a b l o s q u e l e s son totalmente
desconocidos.
Son muchos los intérpretes y traductores que han querido verter al
inglés, al francés o al alemán libros del Le jano Orient e, lo c ual no
deja de ser muy rie s goso si el traductor no tiene un conocimiento
sumamente profundo de ambas lenguas y de los concept o s
m e t a f í s i c o s . P o r e j e m p l o , m u c h o s c o n c e p t o s orientales son
precisamente eso: conceptos. Se trata de objetos abstractos que no
pueden ser traducidos
161
LOBSANG RAMPA
en términos concretos, a menos que la persona haya vivido en ambas
culturas.
P e r o v olv a m os a la P os ic i ón d e l L ot o. E s t a p os i ción es una
postura sedante que para el hindú, .el ja p oné s o e l t ib e t a no
r e s ult a a d e c ua d a y c óm od a . Para éstos, las sillas no son tan
confortables, razón por la cual no las usan. Del mismo modo, el
occidental no se siente bien en la Posición del Loto, porque para él
esa postura no es natural.
La ge nte de c ir c o s ab e p erf e ct am e nt e q ue, par a contar con
buenos acróbatas, hay que adiestrarlos casi desde que nacen. Es
necesario educar los miembros del cuerpo para que puedan doblarse
más de lo normal, porque los mov imientos de los hues os del
común de los occidentales son de una amplitud limitada. El
oriental, según suele decirse, es "de articulación doble". Para
decirlo más exactamente, el oriental está más acostumbrado a
mover los huesos. Para el occidental en general, o tal vez para el de
mediana edad, es sumamente peligroso hacer los ejercicios que para
el oriental son perfectamente corrientes. Es absolutamente aventurado
para el occidental sentarse e n la Posic ión d el L ot o' c uand o las
articulaciones, etc., ya se han endurecido.
La persona que me formula esta pregunta es del I r á n y m e
c o n s u l t a a s i m i s m o a c e r c a d e l H o T a i , como símbolo del Bien
Vivir.
El Ho Tai, por supuesto, es sólo una de las formas de los Mil
Budas. En el Lejano Oriente hay conceptos en lugar d e t érminos
concret os. No se v eneran íd olos, no se adora imagen alguna de
Buda. Las imágenes obran sólo como estímulos para ciertas líneas de
pensamiento. Por ejemplo, el Ho Tai es un anciano de aspecto
agradable y v oluminoso abdomen, sentado en la Posición del Loto.
Pero esto no quiere decir q ue de ba us t ed s e nt ars e tam b ié n e n
e sa p os ic ión. Sólo significa que ese anciano agradable del volumi-
162
LA DECIMOTERCERA CANDELA
noso abdomen carecía de sillas, aun cuando de haber c o nt a d o c on
e l la s t a m p oc o la s h ub ie s e u t i l iz a d o, pues para él habrían sido
incómodas. Por ese motivo solía sentarse en la postura que más
convenía a las costumbre s que había adquir ido s u anat omía: con
las piernas cruzadas, o sea en la Posición del Loto.
E l H o T a i , p u e s , f o r m a p a r t e d e u n g r u p o d e imágenes,
estatuas, cuadros o representaciones de las diversas fases del hombre.
Puede decirse que alcanzar la budidad está a la mano de todos,
pues para ello no c ue nta q ue s e s ea r ey o p leb e yo, ni la
p os ic ión q ue se t enga en la v ida, ni la circ uns tanc ia de ser r ic o
o p ob r e . Se p u e d e a s p ir a r a la b ud id a d c ua l quiera que sea el
rango que se tenga. Lo único que hay que seguir es... Pero,
¿cómo vive usted?- ¿Vive c on arreglo al Camino Medio; v iv e
según
la
norma
que dice que debemos comportarnos como
quisiéramos que se comportasen los demás con nosotros? Si así es,
está usted en camino de alcanzar la budidad.
A m e n u d o l a g e n t e e n t i e n d e m a l l o r e f e r e n t e a Buda, lo
mismo que lo t oca nte a yoga, yogui, loto, etc. El Buda fue
Gautama. Gautama era su nombre. Quizá puede entenderse esto
algo mejor si lo trasladamos a términos cristianos: Jesús fue el
Hombre, pero, en otro sentido, fue "el Cristo". Se puede partic ipar d e la c ond ic ión d e Cr ist o, p er o no d e la d e Jesús, ¿no es
verdad? En el mismo sentido, Buda es un e s t a d o, un r a ngo, una
c ond i c ió n, e l r e s ult a d o final. Aquello a lo cual aspiraba Gautama
y hacia lo cual Gautama evolucionó. Es, en realidad, un grado de
evolución, y todas esas imágenes diferentes que mucha gente
poco informada denomina "ídolos", no lo son en modo alguno. Son
meras representaciones, m e r o s r e m e d o s , l o c ua l n o e x c lu y e q ue
s i u n o e s austero (el Buda Sereno) o una persona jovial (el Ho Tai)
pueda alcanzarse inc lus o la budidad, siempre que se viva con
arreglo a la verdadera devoción que
163
LOBSANG RAMPA
constituye el Camino Medio y que nos comportemos con los demás
como quisiéramos que los demás se comportasen con nosotros.
Ex ha us t o p or e l e s f u e r z o r e a liz a d o, e l Aut or s e reclinó. Su
salud venía decayendo progresivamente a partir de aquel incidente con
la policía, de resultas del cual se le había cerrado una nueva
puerta hacia la lib erta d e n e st a t ierra. Se s e ntía fa t iga d o de e s cribir.
Enc e nd i ó, p ue s , e l v ie jo r e c e p t or Ed d ys t one d e onda corta, y
durante un rato se dedicó a escuchar l a s n o t i c i a s d e t o d o e l
m u n d o : d e l a I n d i a , d e l a China, del Japón y de Rusia. Parecía como
si todo el mundo estuviese diciendo cosas desagradables de los demás.
— ¡ A h ! — d i j o d i r i g i é n d o s e a M i s s C l e o p a t r a — . ¡Menos mal
que no tenemos aparato de televisión y no podemos ver los horrores
de las escenas de violencia occidental y todas esas sandeces! No
me explico por qué no pasan buenas noticias por telev isión en vez
de esas escenas de sexo, sadismo y toda clase de desviaciones.
M i s s C l e o p a t r a l e d ir i g i ó u n a m i r a d a d i s c r e t a . Luego bajó la
vista
y
delicadamente
comenzó
a
higienizarse
de
nuevo,
no
obstante estar más limpia que casi todos los seres humanos.
—Guv —dijo, al fin, con cierta timidez—. Guv, ¿no te has olvidado
de nada?
Sobresaltado, el Autor se quedó pensativ o rebusc a n d o c o n gr a n a z or a m i e nt o q u é p od ía ha b é r s e le
olvidado. ¿Por qué esa reticencia de Miss Cleopatra?
—Pues, mira
— repuso
fina lmente—; creo que no,
que no me he olv idado de nada. .. Pero si a ti te
parece que sí, dímelo y veremos qué podemos hacer.
Miss Cleopatra se levantó, echóse a andar por encima del Autor y fue a sentarse en el pecho de éste
164
LA DECIMOTERCERA CANDELA
como solía hacerlo de preferencia cada vez que tenía que susurrarle
algo al oído.
—Guv —comenzó—: en este mismo capítulo, al ref e r ir t e a la
forma de hablar de los animales, has dicho algo acerca de
l o s c h i m p a n c é s . A n t e s , s i n embargo, me habías dicho que
nunca debe tomarse ninguna cita de un libro ajeno sin mencionar
el títul o
completo
y
el
autor.
¿No
te
has
olvidado
de
hacerlo?
El Autor habría enrojecido si la v irtud de ruborizarse no
hubiese estado fuera de su alcance.
—Sí, Cleo —replicó, inclinándose hacia la gatita—. T i e ne s t od a l a
r a z ó n d e l m un d o. I nm e d ia t a m e n t e rectificaré esa omisión.
N o s h e m os r e f e r i d o a l m a t r im o ni o d e i nv e s t i ga dores, los
Gardner, quienes le enseñaron a un chimpancé a hablar por medio
de señas. La información fue tomada de las páginas 170 y 171
del libro tit ulado Body Language [Expres ión corporal], de Julius
Fast, editado por M. Evans & Co. Inc., New York.
M i s s C l e o s e i n c o r p o r ó c o n t o d a p a r s i m o n i a , bostezó, dio
media vuelta, y meneando suavemente la punta del rabo emprendió el
camino de regreso a lo largo d e l Aut or y se ec hó d e tr av é s s obr e
s us t ob illos. No cabía duda alguna de que sentía una gran satisfacción
por haber desempeñado su parte para que se mencionara lo que
era un deber mencionar. Por eso, después de cumplir con su
misión, se acurrucó plácidamente y se durmió. A ratos, los bigotes
se le movían y le temblaban al compás de sus deleitosos sueños,
puros e inocentes.
165
CAPITULO IX
Sentada
al
abrigo
de
las
rocas,
la
anciana
sollozaba
su
inf or t uni o, a git á nd os e y a r r ojá nd os e c o nt in ua m e nt e a l s u e l o.
T e n ía l os o j o s e nr o je c id o s e i nf la mados, y en sus arrugadas
mejillas
se
notaban
los
s urc os
q ue
de jab an
la s
lá gr imas
mez c la da s c on e l p olv o. C om o pr oc e de nt e d e ot r o m und o, la luz
de l sol proyectaba profundas sombras a la entrada de la cueva,
densas vallas que parecían aprisionar su alma.
M á s a l l á d e l a b o c a d e l a c a v e r n a , e l r í o Y a l u s e guía s u
e t e r no c ur s o d e s d e la s t ie r r a s a lt a s d e l Tibet, a trav és de la
India, para formar al sagrado Ganges y proseguir luego su
rumbo hacia la inmens i d a d d e l o s o c é a n o s , c o m o s i c a d a g o t a
d e a g u a fuese un alma camino de la eternidad. Las rugientes aguas
se estrellaban contra las abigarradas rompientes y a través de las
gargantas
se
desplomaban
en
balsas
profundísimas
para
más
adelante dispersarse y discurrir tumultuosas.
Ent r e la f a ld a d e la m o nt a ña y la im p e t u os a c o rriente se
extendía un sendero llano, que a través de cientos de años había
desbrozado y asentado el paso de los viandantes. Al observador
occidental, el tinte castaño rojizo d el s ue lo p od ía sugerirle la
idea .de una barra de chocolate, tan castaño y liso como era. A los
lados del sendero se hallaban diseminadas al acaso enormes piedras
que también mostraban una c o l o r a c i ó n c a s t a ñ o r o j i z a , q u e e s
el matiz que
167
LOBSANG RAMPA
adquieren cuando son ricas en minerales ferrosos. En una tranquila
rebalsa alimentada por un tenue hilo de agua que se deslizaba por
la ladera de la montaña, se veían brillar pepitas de oro. El oro del
corazón de las montañas.
El
hombre
y
el
chiquillo
cabalgaban
serenamente
p or
el
s i n u o s o c a m i n o, p or a q u e l c a m in o q ue s e r peaba junto a las
laderas rocosas de la montaña. Los pequeños ponies estaban fatigados
después de andar durante todo el día el camino de regreso desde aquel
diminuto lamasterio que todavía allá a lo lejos, hacia el Oeste,
reflejaba
los
rayos
solares.
El
hombre,
vestido con el manto
azafranado a la usanza de los lamas, miraba de un lado y de otro
bus cand o algún lugar apropiado donde acampar.
A p oc o, a trav és d e las flores de un rod od endr o, pudo
distinguir confusamente la entrada de una cav e r na. Hiz o un
ge s t o y s e a p e ó. E l p on y q ue v e nía detrás se detuvo, a su vez,
junto a su compañero, y e l jov e n a c ólit o, d e s p r e v e nid o , s e
d e s liz ó a l s ue l o s o b r e la c a b e z a d e l a n im a l. D e s p u é s d e t o m a r
s u equipaje, el lama se dirigió al paso hacia la caverna.
Allí, la anciana lloraba en un rapto de dolor, balanceándose convulsiva.
—¿Qué os aflige, buena mujer? —preguntóle afectuosamente el lama.
Con un grito de terror la anciana s e i nc or p or ó, p e r o a l v e r l o s e
e c h ó d e b r u c e s . Este se inclinó y la ayudó a ponerse de pie—.
Buena mujer —le dijo—, sentaos a mi lado y decidme qué es lo que
tanto os aflige. Quizá pueda ayudaros.
Todav ía aturdido, el jov en acólito irrumpió en la cueva con su
fardo a cuestas, pero al entrar tropezó c o n u na s a li e nt e r oc o s a
d e l s u e l o y s e c a y ó c ua n largo era. La anciana levantó la vista y
no pudo contener una explosión de risa.
—Acamparemos en otra parte. Ve a cuidar de los ponies —le dijo
el lama al muchacho. Y volviéndose
168
LA DECIMOTERCERA CANDELA
hacia la anciana, prosiguió—; Decidme ahora qué es lo que tanto os
atribula.
— ¡Oh, venerable lama, escuchad mi historia y s o c o r r e d m e ! —
e x c l a m ó l a a n c i a n a j u n t a n d o l a s manos en actitud de súplica—
. Sólo vos podéis decirme qué debo hacer.
Sentándose a su lado, el lama asintió con un movimiento de cabeza.
—Sí, b ue na mujer, quizá pue da prestaros algún auxilio, pero
para ello debéis decirme qué os angustia —la alentó—. Mas... No
sois del país, ¿v erdad? ¿Venís, acaso, del país del té?
—Sí
—asintió
la
anciana—,
nos
establecimos
en
el
Tibet.
Solíamos trabajar en una de las plantaciones d e t é , p e r o n o n o s
agradaba
por
la
mala
manera
como nos trataban algunos
occidentales. Debíamos re coge r mucho t é y s iempre nos d e cían
que es taba l l e n o d e p a l i l l o s ; p o r e s o n o s v i n i m o s a q u í y n o s
quedamos a vivir a la orilla del camino.
El lama la observó pensativo y luego le dijo:
— M a s d e c i d m e q u é e s l o q u e o s a f l i g e e n e s t e momento.
La anciana juntaba y separaba las manos, dando la Impresión de estar
desesperadamente indecisa.
—Mi esposo y mis dos hijos vivían aquí, conmigo —explicó, al fin—.
Nos arreglábamos muy bien ayudando a los mercaderes a vadear
el río un poco más abajo, pues conocíamos con exactitud el lugar
donde se encuentran las piedras para poder atravesarlo, ya que las
habíamos colocado de tal manera que sabíamos perfec tamente
cuál era la mejor forma de que pasaran por ellas los mercaderes
sin peligro de caer y ser arrastrados a través de la hondonada. Pero
ayer, mis dos hijos y mi esposo subieron al risco. Queríamos
huevos y aprovechamos porque era la época de la postura. —Se
detuvo presa de un nuevo acceso de congoja. El lama le rodeó los hombros
con un brazo
169
LOBSANG RAMPA
a fin de calmarla, y la pobre mujer le oprimió lev e mente la mano
que pendía junto a su cuello. Inmed ia t a m e nt e s us s oll oz os c e s a r on
y p r os igu ió e l r e lato—. Ya habían recogido una buena cantidad y
los t r a í a n e n u n p e q u e ñ o b o l s o d e c u e r o , c u a n d o a l parecer —
aunque no sé exactamente qué pasó—, mi esposo perdió pie, una
piedra se movió debajo de él y s e c a y ó d e s d e l o a l t o d e la r o c a .
— V olv i ó a in t e r r um p ir s e a n e ga d a e n lla n t o; p e r o s a c ud i e nd o
la cabeza como para alejar los malos recuerdos, prosiguió—:
Durante la ca ída mi es poso se d io v ue lta y fue a golpear con la
cabeza contra las rocas de abajo. ¡Pobrecito —prorrumpió—, siempre había
sido ése su punto más débil! Se oyó un espantoso crujido y un
golpe así: ¡plaf! , y -luego un ruido como si alguien pisara un
fardo de ramas. —El lama movió la cabeza con un ge st o de
conmis eración y alent ó a la mujer para que continuase—. Arriba,
en el borde del acantilado, mis hijos también se encontraban en
peligro. Uno de ellos trat ó d e asir el b ols o de manos de s u
padre, y al hacerlo también trastabilló. Mi segundo hijo procuró
agarrar el bolso o a su hermano, nó lo sé b ie n, pero tambié n se
cayó
prov oca nd o
un
d eslizamiento
de
piedras.
Los
dos
muchachos se cayeron y fueron a dar contra las rocas de aquí
abajo... ¡plaf, p laf! —La m ujer prorrumpió e n una risa casi
his té rica que durante un buen rato no pudo refrenar, a pesar de
los esfuerzos del lama por serenarla. Al fin, no obs ta nte, logr ó
c ont inuar s u na rra c ión—. ¡Qué m od o d e g o lp e a r s e ! ¡ J a m á s l o
p o d r é b or r a r d e m i m e nte ! Pr im er o, aq ue l c has q uid o; lue go, e l
cr ujir, a q u e l r u i d o d e a l g o q u e s e t r i t u r a . . . y y a h a b í a
p e r d i d o a m i m a r i d o y m i s d o s h i j o s ; y h a s t a l o s huev os que
habían recogido se hicieron trizas. ¡No s é q u é h a c e r , y a ! ¡ Q u é
d i f í c i l m e r e s u l t a t o d o aquí! —Se sorbió la nariz y emitió un
quejido lleno de angustia—. Un mercader que pasaba —continuó-
170
LA DECIMOTERCERA CANDELA
me ayudó a recoger sus despojos, lo cual fue bastante difícil pues
se hallaban convertidos en una masa informe
que
b ie n
se
hub ie se p odid o e nrollar com o ropa v ieja. Se guram e nte no le s
ha b ía q ued ad o un s ó l o h u e s o s a no e n e l c u e r p o. De s p u é s ,
m ie n t r a s t odav ía permane cía mos allí e l mercader y yo, bajó una
bandada de buitres que, ante nuestras miradas horrorizadas, se
abalanzaron sobre ellos. En menos t i e m p o d e l q ue s e p u e d e
s up o ne r , ya n o q u e d a b a nada de mi esposo y mis hijos, excepto sus
huesos, fracturados de manera increíble.
Como la mujer estaba al borde de otro ataque de histeria, el
lama le tomó suavemente la nuca y se la presionó ligeramente. La
reacción no se hizo esperar: l a m u j e r s e i r g u i ó y l o s c o l o r e s l e
v o l v i e r o n a la s mejillas.
— Y a m e h a b é i s d i c h o b a s t a n t e — i n t e r v i n o e l lama—. No os
angustiéis.
—No, v enerable lama; quisiera decíroslo todo, si me lo permitís.
— Mu y b ie n, s i é s e e s v u e s t r a d e s e o. . . De c i d m e todo cuanto
queráis, que yo os escucharé —repuso el lama.
— E l m e r c a d e r y y o n o s q u e d a m o s a l l í , n o s é cuánto
tiempo, horrorizados, llenos de espanto, mirando cómo los pájaros
dejaban pelados aquellos despedazados huesos. Después, como no
los podíamos dejar esparcidos por el sendero, ¿no es cierto? , los
recogimos en una canasta y los arrojamos en el río, donde
desaparecieron dando tumbos a trav és de la ga r ga n t a . A h or a ya
no
tengo
e s p o s o,
ya
no
t e n go
hijos,
ya
no
tengo
nada.
V o s o t r o s , l o s t i b e t a n o s , tenéis fe en las Tierras Puras; nosotros
tenemos fe en el Nirvana. Pero yo estoy profundamente desgarrada,
estoy aterrada.
Yo también quisiera
Tengo miedo.
171
dejar
este
mundo...
LOBSANG RAMPA
— S í — m u s i t ó e l l a m a c o m o s i h a b l a s e c o n s i g o mism o, lue go
de suspirar—; todos quieren ir a las T ie r r a s C e le s t ia le s , p e r o
na d i e d e s e a m or ir . S i a l menos la gente recordase que, aunque se
transite por e l V a l l e d e l a S om b r a d e l a M u e r t e , n o s e e x p e r i menta mal alguno si no se teme al mal. —Y agregó, volviéndose hacia la
anciana—: Mas, buena mujer, si t od a v ía no v a is a d e ja r e s t a t ie r r a,
¿q ué e s lo q ue tanto teméis?
•
—
¡De
vivir!
—repuso
aquélla
prestamente—.
¡Viv ir!
¿Para qué, v ivir? Sin un hombre que me proteja. ¿Cóm o v py
a v i v i r , c ó m o v o y a c o m e r ? ¿Qué puede hacer una anciana sola en
este país, una anciana como yo, una anciana en quien los hombres
ya no reparan? ¿Qué puedo hacer? Quisiera morir, p e r o l e t e m o
a l a m u e r t e . N o t e n g o a n a d i e , n o tengo nada. Y cuando
muera, ¿qué pasará? Mi religión, que es distinta a la vuestra, me
dice que cuando esté en la otra vida, si realmente existe otra vida,
me reuniré con mi familia, que v olv eremos a estar todos juntos.
Pero, ¿cómo puede ser de tal manera? Porque si todavía vivo algunos años,
seguramente mi familia se habrá alejado ya de mí, habrá envejecido.
Me siento terriblemente angustiada, tengo miedo y no s é d e q ué .
T e ngo m ie d o d e v iv ir y t e ngo m ie d o d e m or ir; t engo m ied o de lo
que p ue da ha b er má s a l l á d e l a m u e r t e . E s a l o d e s c o n o c i d o
a l o q u e temo. —Tomó impulsivamente la mano del lama y prosiguió—
¿Podéis dec irme qué hay más allá de la m u e r t e ? — p r e g u n t ó
con v oz tr ém ula—. ¿Po déis decirme por qué no me arrojo yo
t a m b i é n p o r l a garganta del río para morir, como murió mi
esposo, como murieron Mis hijos? ¿Podéis decirme por qué no lo
ha go y m e r e ún o c o n e l los ? Er a m os p ob r e s , gente humilde, pero
juntos
éramos
felices
a
nuestra
m a ne r a.
J a má s
t uv im os
lo
s uf ic ie nt e p a r a c om e r, pero nos arreglábamrNs. Y ahora me veo sola,
sin
172
LA DECIMOTERCERA CANDELA
na d a . ¿P or q ué, oh, v e ne r a ble la m a , no p ong o t é r mino a mi
sufrimiento? ¿Por qué no acudo a reunirme con m i familia ?
¿Podéis e xplicármelo, oh, v ene rable lama? —concluyó, con ojos
suplicantes.
El lama la miró con infinita compasión.
—Sí,
buena
mujer
—le dijo—;
es muy posible que pueda
prestaros alguna ayuda por medio de la debida información. Pero, antes,
decidme si habéis comido y b e b i d o a l g o h o y . ¿ L o h a b é i s h e c h o ?
—La
mujer
negó silenciosamente con la cabeza. Tenía los ojos
inyectados con sangre y sus labios temblaban por la intensa
emoción contenida—. Beberemos un poco de té con trampa —dijo el
lama—. Después os sentiréis mucho mejor para conv ers ar, y
para que p ue da yo hablaros de ciertas cosas que bien sé que son
verdaderas. —Se p us o de pie y se asom ó a la boca de la pequeña
caverna para llamar al acólito—. Recoge un p o c o
de
leña
y
e n c i e n d e e l f u e g o — l e i n d i c ó — . Tomaremos un poco de té con
tsampa y después conversaremos tú y yo con esta buena mujer.
Debemos cumplir con nuestro deber y procurarle el consuelo de la
verdadera religión.
El muchachito se internó entre las grandes rocas. Evidentemente la
leña no escaseaba en aquel lugar, como ocurría en el v alle de
Lhasa, a centenares de metros más arriba, donde le hubiese gustado
poder encontrarla con tal profusión. Juntó, pues, las ramas má s
s ec as q ue le f ue p os ib le e nc ontrar e hiz o una buena pila.
U n p o c o m á s a l l á , e n l o a l t o d e u n a r o c a m u y escarpada,
notó algo que le llamó poderosamente la a t e n c i ó n . E s c a l ó c o n s u m o
c u i d a d o a p r o x i m a d a me nt e quinc e m et r os y a l lle gar a rriba
ala rgó una mano para tomar aquel ob jet o e xtraño, relucie nte,
provisto de unas hebras negras. Al tomarlo, el terror le hiz o da r un
re sp ingo y ca yó d e slizá nd os e p or la superficie de la roca. Lo que
había asido era la parte
173
LA DECIMOTERCERA CANDELA
superior del cráneo de una de las v íctimas... Al deslizarse por la
superficie de la roca felizmente fue a caer sobre un rododendro
que amortiguó su caída. En sus manos, a pesar de eso, conservaba
aún aquel objeto, compuesto por una porción de los huesos del cráneo,
cabello negro y algo de piel. Dejándose caer de las ramas, echóse a
correr hacia la orilla del río y una v ez allí arrojó b ie n lejos a quel
objet o e n direc ción de la entrada de la garganta. Después sumergió
un poco las manos en el agua para lavárselas y luego de sacudirlas
volvió corriendo para recoger la leña.
Con su abundante carga a cuestas, retornó a las proximidades de la
entrada de la caverna, donde hizo una pila de ramas y c oloc ó un
trozo d e mec ha que proc uró enc end er con e l ped ernal y e l
eslab ón. N o ob s t a nt e , no l o l ogr ó, p ue s c om o ha b ía t om a d o la
mecha con las manos mojadas la había humedecido.
Entretanto, el lama y la anciana lo estaban mirando desde la boca
de la caverna. Sonriente, el lama c o nt e m p la b a l os a f a n e s d e l j o v e n
a c ól it o; p e r o la a n c i a n a , c u y o e s t ó m a g o s o n a b a d e h a m b r e ,
d i j o "chist, c hist, c his t", y c orrió hac ia la p eque ña p ila de leña,
olvidándose por un momento de sus tribulaciones. En aquel
instante v olv ió a sentirse una perf e c t a m u j e r d e h o g a r , q u e
debía enseñar a aquel muchachit o c ómo hacer fu eg o. T omó
i n m e d i a t a mente un trozo de su escasa provisión de mecha y la
enc end ió. L ue go se arrodilló y s op ló c on t odas s us f u e r z a s
h a s t a q u é é s t a s e i n f l a m ó y e n c e n d i ó l a s ramitas que estaban
encima. Hecho esto, radiante de satisfacción corrió a la cueva a
buscar una lata que ya había llenado de agua.
El j ov e n a c ól it o la m ir a b a f a st id ia d o, p e ns a nd o p o r q u é l a s
m u j e r e s t i e n e n q u e m e t e r s e s i e m p r e cuando los hombres hacen
algo. ¿Por qué las mujeres tienen que meterse siempre y aprovechar
los frutos de los mayores desvelos del hombre para acaparar
174
LA DECIMOTERCERA CANDELA
t od o e l c r é d it o, t od o e l b ue n k a r m a ? I rr it a d o, d io un puntapié
a una piedra y se fue entre las rocas a recoger un nuevo fardo de
ramas. "Por las dudas que e s a v ie ja d e s c uid e la le ña " , p e ns ó
p a r a s í, "m e jor será que esta vez lleve una buena cantidad".
En las cerca nías de la base d e la gran roca sale d i z a , h a l l ó
una e s c ud illa y una c a ja -a m ule t o. También encontró un
t r o z o d e g é n e r o a j a d o . A l verlo, se dio cuenta de que era uno de
los
elementos
del
c ult o
de monía c o.
Pe r o
al
p e ns ar
má s
de t e nida me nt e re c or d ó q ue ha bía hab id o un r ob o, y e nt on ces la
historia acudió a su mente. " ¡Oh, sí! ", pensó; "una d e las
maneras con las cua les se hicier on de dinero fue robando cosas e
introduciéndolas de contrabando en la India para venderlas como
recuerdos a los occidentales". Guardó bajo su manto el bol, la cajaamuleto y el trozo ajado de género, y abriendo bien los brazos
recogió el gran haz de leña y se echó a andar tambaleando por el
camino sin poder ver por donde caminaba.
La anciana se ocupaba del fuego y, como se imaginaba el pobre
muchacho, seguía amontonando leña
c om o
si
t uv iera
a
su
dis p os ic ión un r e gim ie nt o d e monjes para que se la proveyesen.
Soltó el fardo de leña detrás de la mujer, como si deseara que
tropezase y se cayera al fuego para no tener que trabajar tanto.
Des pués se v olv ió hacia e l la ma y extrajo el bol, la caja-amuleto y
el trozo de género.
— ¡Es mío, es m ío; era de mi marido! —c hilló la anciana
incorporándose rápidamente como por efect o d e l a l e v i t a c i ó n — .
E s l o ú n i c o q u e a h o r a m e queda de recuerdo de él —exclamó
mientras le arrebataba al muchacho de las manos esos objetos y los
contemplaba
ávidamente.
Después
los
guardó
en el
retornó al lado del fuego con los ojos llenos de lágrimas.
175
seno
y
LOBSANG RAMPA
El jov e n a c ólit o m ir ó t orv am e nte al lama y m ur muró:
— Es per o q ue t od o e s o no s e le ca iga d e ntr o d e l tsampa. Nunca
me gustó el revuelto de tsampa.
El lama entró en la caverna para ocultar su regocijo, que estaba
amenazando con hacerle perder su gravedad.
Al p oc o r a t o, e l la ma , e l a c ólit o y la a nc ia na s e hallaba n ya
s enta d os s e para dam e nte, c omie nd o y b e b i e nd o, p or q ue lo s
t i b e t a n o s q ue p e r t e n e c e n a órdenes sacerdotales prefieren por
lo común comer s o l o s o e n c o m p a ñ í a e x c l u s i v a m e n t e d e s u s
m á s íntimos allegados. Concluida aquella comida frugal, ca d a
c ua l l im p i ó s u e s c u d i l la c o n a r e na f i na y la enjuagó en el río,
para luego volver a guardarla entre sus ropas. Entonces dijo el lama:
—A p r o ximaos, buena mujer; tomemos asiento cerca del
fuego y veamos la manera de tratar y resolver vuestros problemas.
—Se volvió y arrojó un puñado de ramas en la peque ña hoguera.
El muchac ho miró preocupado por la rapidez con que se consumía
l a l e ñ a ; p e r o , s o n r i e n t e , e l l a m a l e d i j o — : S í , e s mejor que
vayas por una o dos cargas más. Vamos a necesitar tener fuego. ¡Vamos,
vete!
Y mientras el muchacho tornaba a buscar leña y cuanto
pudiese hallar, el lama y la anciana se pusieron a hablar.
—B ue na
m uje r,
v ue s tra
r e ligión
y
la
m ía
t ie nen
formas
distintas —comenzó el lama—, pero todas las religione s cond uc e n al
mismo sit io. No imp orta en qué creamos, ni cómo creamos,
mientras creamos; p o r q u e
una
v erdadera
religión,
c on
la
d i s c i p l i n a m e nt a l y e s p ir it ua l q ue im p one a s us f ie le s , e s la
única salvación para nuestro pueblo y para el v uestro. —Se
detuvo, miró a la mujer y prosiguió—: ¿De m o d o q u e h a b é i s
p e n s a d o e n m a t a r o s , e h ? B i e n ; debéis saber que ésa no es solución
alguna. Si os
176
LA DECIMOTERCERA CANDELA
m a t á i s , s i o s s u i c i d á i s , t o d o c u a n t o h a r é i s s e r á aumentar
vuestros problemas, en vez de concluir con ellos.
L a a nc ia na le v a nt ó la v is t a pa r a m ir ar a l la ma , pues éste era
de elevada estatura y ella muy menuda, y retorciéndose las manos, dijo:
— ¡Oh, s í; d e c id m e ! S oy i gn or a nt e , no s é na d a , no tengo
absolutamente ninguna instrucción. Pero, sí; he pensado en
matarme, en arrojarme en la hondonada y destrozarme contra las
rocas, como se destrozaron mi esposo y mis hijos.
—El s uicid io (‘ no c ond uc e a nada —c ont inuó e l l a m a — .
H e m o s v e n i d o a e s t a t i e r r a c o n e l f i n d e a p r e nd e r , c on e l
p r op ós it o d e d e s a r r olla r nue s t r a a lm a i nm o r t a l . H e m o s v e n i d o
a e s t e m u n d o p a r a hacer frente a ciertas circunstancias, quizás a
las penurias de la pobreza, quizás a las grandes tentaciones que
asedian al poderoso, porque no pensemos que el dinero y las posesiones
hacen que no se tengan padecimientos. El rico también muere, el rico
también se e nf er ma, e l r ic o ta mb ién s ufre z oz obr as y p er s e c uciones
y
u na
serie
de
d o l or e s
y
problemas
que
el
pobre
desconoce. Venimos a esta tierra y escogemos nuestro puesto con
arreglo a la tarea que debemos cumplir, de manera que si nos
suicidamos, si nos quit a m o s l a v i d a , s o m o s c o m o u n t a z ó n
r o t o , y s i rompéis v uestro tazón, buena mujer, ¿cómo haréis
para comer? Si rompéis vuestro pedernal y vuestro e s l a b ó n , n o
h a y c h i s p a c o n l a c u a l e n c e n d e r l a m e c ha; ¿c óm o ha r é is ,
e nt on c e s , p a r a s ob r e v iv ir ? —La anciana aprobó silenciosamente
con la cabeza y el lama prosiguió—: Al venir a esta tierra sabemos de
antemano cuáles serán nuestros problemas, conocemos cuáles
serán los padecimientos que deberemos s op ort ar, d e ma nera q u e s i
nos s uic ida m os lo q ue hacemos es eludir los compromisos que
hemos aceptado para nuestra propia elevación.
177
LOBSANG RAMPA
—Pero, lama —dijo la anciana en el éxtasis de la desesperación—, tal
vez en el Otro Lado sepamos qué es lo que convenimos; pero, ¿por qué
no lo sabemos mientras estamos aquí, en esta tierra? Y si no sabem o s p o r q u é e s t a m o s a q u í , ¿ c ó m o s e n o s p u e d e culpar de
que no hagamos lo que decimos que deberíamos haber hecho?
El lama sonrió y le dijo:
— ¡Oh, q ué f á c il e s r e s p ond e r a e s a pr e gunt a ! Todo el mundo
pregunta lo mismo. Generalmente no sabemos qué tarea tenemos que
desempeñar en esta tierra porque s i lo s up ié semos ded icaría mos
todas
nuestras
energías
a
realizarla,
sin
importarnos
las
molestias que pudiéramos causar a los demás. Tenem os que
rea liz ar nues tra tar ea y a l mism o t iemp o ayudar al prójimo.
Debemos v iv ir siempre según el p r e c e p t o q u e d i c e : " O b r a c o m o
quisieras que los de m ás obr as en c on t i g o", d e m od o q u e s i
e n u n arranque de egoísmo por realizar determinada tarea avasallamos
los derechos de los demás, lo que hacemos es realizar tareas
distintas de las que debemos cumplir. De suerte que es mejor
para la mayoría de la s p e r sona s n o c o noc e r la s c os a s q ue
t ie ne n q ue hacer, no saberlo mientras están en la tierra.
De pr ont o, los gr it os d e l jov e n ac ólit o int err um pieron la
conversación.
— ¡Miren, miren! —v enía grit ando—. ¡Mire n qué encontré! —
exclamó, y al momento apareció trayendo entre sus manos una
pequeña imagen de oro. No obstante, como su peso era considerable,
la sostenía con mucho cuidado, temiendo que pudiera caérsele
sobre un pie.
E l l a m a s e i n c o r p o r ó y , a l h a c e r l o , d ir i g i ó u n a mirada a la
anciana. El rostro de ésta se había puesto de una palidez verdosa;
tenía la boca abierta y los ojos desencajados. Parecía la vera efigie del
terror. El
178
LA DECIMOTERCERA CANDELA
lama tomó la imagen de las manos del muchacho y al, volverla del
revés advirtió una marca en su base.
— ¡Ah! —exclamó—. Es una de las imágenes que desaparecieron de
aquel pequeño lamasterio. La vez pasada entraron ladrones y ésta
es una de las cosas que se llevaron —explicó; y al v olv erse notó
que la anciana farfullaba asustada—. Me doy cuenta, buena mujer, de
que no sabíais nada acerca de esto. Sé que sospechábais que vuestro
marido y vuestros dos hijos hacían cosas que no debían hacer. Sé que, a
pesar de vuestras presunciones, no estábais segura, y que no ha b é is
t e nid o p a r t e a lguna e n e s t o. As í, p ue s , no t e m á is . D e ni n g ún
m od o
t e nd r é is
q ue
p ur g a r
lo s
pecados
ajenos.
—Y
d i r i g i é n d o s e a l c h i q u i l l o l e dijo—: Por ahí tiene que haber más
oro, y también piedras preciosas. Vamos al lugar en que has
encontrado esto y busquemos para ver si aparece el resto de las
cosas que se han perdido.
La anciana tartamudeaba y balbucía, hasta que al fin pudo
articular algunas palabras.
—
¡Oh, digno y v enerable lama! Yo sabía que mi esposo y mis
hijos hacían algo al pie de aquella roca — se ñaló—; per o no sab ía qué
era, no lo pre gunté. Pero los vi por allá, cerca de donde cayeron.
El lama mov ió la cabeza y se echó a andar junto al chiquillo.
L a e n c o n t r é a l l í — e x p l i c ó e l j o v e n a c ó l i t o — . Estaba
enterrada en la arena y la saqué.
De rodillas, ambos se pusieron a escarbar con unas piedras chatas en
el suelo arenoso, hasta que dieron con algo duro. Entonces
comenzaron a escarbar con las manos y a poco apareció un
voluminoso bolso de cuero en el cual, para su asombro, se
hallaban las piedras preciosas y las pepitas de oro. No obstante,
continuaron escarbando por si aún faltase encontrar algo más;
hasta que al fin, satisfecho ya el lama de haber recuperado
totalmente las cosas sustraídas, se
179
LOBSANG RAMPA
pusieron de pie y retornaron al lado del fuego, donde la anciana
aguardaba sentada.
—Mañana —díjole el lama— llevaréis estas cosas al lamasterio. Os daré una
nota para que os presentéis ante el abad, de modo que éste os
entregue una suma de dinero como recompensa por devolver estas cosas.
En la nota le haré saber claramente que no sois vos la culpable. De esta
manera, con la suma de dinero que obtendréis, podréis tomar el camino de
regreso a vuestra tierra, Assam, donde tal vez tengáis familiares o amigos con
quienes poder vivir. Mas, ahora, continuemos conversando de vuestro
problema, porque las cosas del espíritu deben anteponerse a las cosas
terrenales.
—Venerable lama —intervino el joven acólito—. ¿No podríamos tomar
uñ poco más de té mientras habláis? Con todo lo que he trabajado y con
estas emociones, me ha venido mucha sed. Me gustaría tomar más té.
Sonriendo, el lama envió al muchacho al río a buscar más agua para
hacer té nuevo.
—Buena mujer --recordó el lama—, ¿qué era aquello otro que también os
preocupaba tanto? Habéis dicho algo acerca de estar junto a vuestra
faMilia...
Apesadumbrada y temerosa, la anciana sorbió nuevamente con la nariz.
—Venerable lama —dijo—. He perdido a mi esposo y a mis hijos. Pero,
aunque hayau robado al templo, siguen siendo mi esposo y mis hijos; y yo
quisiera saber si podré encontrarlos nuevamente en la otra vida.
—Pero, por supuesto —repuso el lama—. Sin embargo, muchos
conceptos equivocados hay debido a que la gente de esta tierra piensa que
las cosas deben ser siempre iguales. A la gente no le gusta el cambio. No le
agrada que nada sea distinto. En el Otro Lado es diferente. Aquí, en la
tierra, habéis
180
LA DECIMOTERCERA CANDELA
t e nid o a v ue s t r o e s p os o y lu e go a v ue s t r o hij o, e s decir, un niño.
Después habéis tenido otro niño. Esas criaturas crecieron, se hicieron
mayorcitas; siguieron crec iendo y se tranformaron en m oz os, y ya
no fue ron idénticos; habían crecido. En la tierra sucede así porque habéis
venido a ella lo mismo que vuestros f a m il ia r e s , p a r a e s t a r j u n t o s .
P e r o e l q u e ha s i d o vuestro hijo en esta tierra puede no serlo en la vida
siguiente.
Uno
viene
a
la
tierra
para
vivir
la
parte
que
le
corresponde, para desempeñar cierto papel, para c um p l ir u na
t a r e a d e t e r m i na d a . Aq u í s o is m u je r , pero en e l Otr o Lado de la
v ida podé is ser un hom bre; vuestro marido podría ser la mujer. —
La anciana lo observaba aturdida. Era evidente que no comprendía
absolutamente nada, que todo cuanto el lama le decía estaba más
allá de su entendimiento. Pero éste, que ya lo había advertido,
prosiguió—: En Assam, de peque ña, tal v ez hayáis v isto alguna de
esas obras t e a t r a le s a c e r c a d e la f e r t ilid a d d e la t ie r r a , d e la
Madre
Naturaleza.
Los
actores
eran
personas
conocidas,
no
obstante lo cual, cuando salían a representar sus papeles, parecían
otros personas, estaban maquillados, vestidos como para parecer
otros individuos, para semejar dioses o diosas, de suerte que no podías
reconocer en ellos lo que en realidad eran. Subían al pequeño escenario,
representaban su papel, su escena, su farsa; desaparecían y luego
volvían a aparecer entre v osotros bajo el aspecto que ya os era
perfectamente conocido. En ese momento ya no eran más los
dioses, las diosas ni los demonios de la obra, sino que eran hombres y
mujeres que os resultaban enteramente conocidos, que eran vuestros
amigos, vuestros vecinos o vuestros parientes. Eso mismo ocurre
aquí abajo, en la tierra. Vos estáis representando un papel, sois
una actriz. Aquellos que fueron v uestro espos o e hijos, eran
actores. Al fina l de la obra, al final de vuestra vida, volveréis a ser lo
que erais
181
LOBSANG RAMPA
antes de venir a este tinglado que llamamos tierra, y la ge nt e q ue
e nc o nt r a r é is e n e l Ot r o L a d o s on la s personas que amáis, porque
sólo podréis encontraros con aquellos que desean encontraros a vos y a
quienes d e s e á i s
v os ,
a
vuestra
vez,
e n c on t r a r .
S o la m e n t e
podréis encontraros con aquellos a quienes amáis. Y ya no veréis a
vuestros hijos como niños; los veréis como son realmente. No
obstante, seréis como una familia, porque la gente llega en
grupos, y ¿qué es un grupo sino una familia?
182
CAPITULO X
Y a s í , u n a v e z m á s , l a s e m a n a l l e g ó a s u f i n . E l anciano Autor
suspiró aliviado pensando-que ese día no habría correo, porque en
Montreal los sábados no se distribuye correspondencia. De manera,
pues, que en tanto que los carteros se iban a descansar a sus
ca sa s d e c amp o o sa lía n de pe s ca e n s us b ote s, e l Autor se echó
a descansar en su lecho pensando, no con mucho entusiasmo, en
todas las preguntas que debía contestar.
He a q uí u na d e la s q u e s o l ía r e c ib ir c o n m a y or frecuencia:
" P a r a m í e s s um a m e nt e im p o r t a nt e s a b e r ha c ia d ónd e v oy.
Af ir m a us t e d q ue , una v e z q ue e l hom bre ha nacid o, oc urre
algo sim ilar a lo que s uce de con el alumbramiento, pero con
respecto al Cordón de Plata, al cual sigue ligado. Asegura usted
que el Superyó constituye los nuev e décimos del subconsciente
del individuo o, por decir así, del hombre que permanece entre
bastidores. Perfectamente; pero, ya q ue e s a s í, c ons id e r e m os
e nt on c e s a l hom b r e . C o m i e n z a é s t e p o r e s t a r l im i t a d o a u n
décimo de sí mismo y de tal modo anda en tinieblas la
m a y o r parte de su v ida. Luego, el hombre muere (una vez
cumplidas sus tareas para el Superyó) y el Cordón de Plata se
separa y lo deja en libertad. Pero, ¿qué le da este Superyó a él por todo
cuanto ha hecho? "
183
LOBSANG RAMPA
Muy
bien,
consideremos
esto.
Evidentemente,
esta
es una
pregunta que puede contestarse. Pero tienen ustedes que recordar que el
Superyó es el verdadero us tedes ,
términos
terrestr es —
c ie go,
y
que
s or d o
es
y
—considerado
es tá t ic o,
pe r o,
en
p or
s up ue s t o, solamente en la medida que se refiere a esta tierra. L o
q ue e l Sup e r y ó d e s e a e s c on o c e r c óm o s on la s cosas en la tierra,
aspira a experimentar sensaciones rápidame nte
p orque,
en
los
dominios en q ue el Superyó normalmente habita, las cosas se
desarrollan con un r itm o d e mile s de a ños, o a lgo a s í, y no d e
un día. Por eso, en uno de los himnos cristianos hay un pasaje
acerca de los miles de años que hay en un a b r i r y c e r r a r d e o j o s .
Sin em ba r go, el S uper y ó puede compararse con el cerebro
d e l h o m b r e . E l Superyó da origen a un ser, o a más de un ser
humano, para que lleve a cabo ciertas cosas y experimente otras,
sensaciones estas que son trasmitidas al Superyó " cerebral", el
cual, de es ta manera, por int ermedio de otro, disfruta o padece esas
sensaciones.
Enc ontram os d if ic ult ad e s, e s sa b id o, p orq ue e n esta tierra
nos manejamos solamente con tres dimens i o n e s y t a n s ó l o e n
tres
sentidos
direccionales;
entonces,
¿cómo
hacer
para
dominar los conceptos que pueden demandar nueve dimensiones?
Pregunta usted cómo recompensa el Superyó al ser humano por todas
las experiencias que éste ha sobrellevado, a lo cual se puede responder
con otra interesante pregunta; y es ésta: ¿Cómo agradece usted a
s us d e d os p or ha cer gir ar e l p ica p or te y ab rirle la puerta?
¿Cómo
recompensa
usted
a
sus
pies
por
llevarlo
de
una
habitación a otra, dentro de su casa, o por conducirlo hasta su
automóv il o por permitirle subir las escaleras? ¿Cómo premia
usted a sus ojos p or trasmit ir a su c erebro imáge ne s herm os as?
Rec u e r d e : s i " u s t e d " e s e l c e r e b r o y n o o b s t a n t e depende
de sus manos, sus pies, su nariz, sus ojos,
184
LA DECIMOTERCERA CANDELA
también todos estos órganos dependen de usted para existir. Si usted
no existiera, las manos, los pies, la nariz y los ojos tampoco
existirían.
Se
trata,
pues,
de
una
actividad
perfectamente
mancomunada. Si sus dedos encienden un cigarrillo, no por eso sus dedos
disfrutan del humo; quizá sea alguna otra parte de "usted", pero
aunque sus dedos enciendan ese cigarrillo, no por eso los demás
órganos los premian con palabras de agradecimiento ni regalos
costosos como señal de reconocimiento. Y, aunque "usted" deseara
r e c o m p e n s a r a s u s d e d o s , ¿ c ó m o l o h a r í a ? ¿ Q u é dar ía a e s os
de d os q ue le s gus ta s e y los p rem iar a c o r n o e s d e b i d o ? Y , s i e l
a u t é n t i c o " u s t e d " e s e l cer e br o, ¿c óm o p ued e ha ce r é st e, que
de p e nd e de esos dedos, para recompensarlos? ¿Acaso hace usted
q u e s u m a n o iz q u i e r d a le ha ga a l g ú n r e ga l o a s u m a n o
d e r e c h a , y q u e l u e g o é s t a l e r e t r i b u y a a aquélla? Te nga
presente siempre que los ded os de penden del cerebro para moverse;
es decir, los dedos d e p e nd e n d e " us t e d " . De m a ne r a q ue no e x is t e
r ecompensa alguna, porque, así como los dedos de las m a n o s y d e
l os p ie s f or m a n p a r t e d e l c u e r p o, d e l mismo modo usted es
parte del organismo total que f orma la s pr olonga c ione s de l
Super yó.
Aq uí,
en
la
t ierr a,
us t ed
no
es
má s
q ue
una
pr olonga c ión, un brazo extendido a través de una ventana para experimentar cosas que suceden en un cuarto contiguo, un cuarto que está
más allá del alcance de su v ista. Y usted es eso. Usted lo hace
por usted mismo. Todo cuanto usted hace aquí beneficia a su
Superyó y, de t a l m a n e r a , t a m b i é n l o b e ne f i c ia a u s t e d , p or q u e
usted es él, o parte de él.
El m is m o c ons ulta nte f orm ula otra pr e gunt a d e interés, y es
ésta:
"Si un hombre debe reencarnarse, ¿vuelve a tener su mismo
Superyó o uno nuevo? ¿Es una especie de parte permanente del
Superyó? ¿Se le da al hombre,
185
LOBSANG RAMPA
inmediatamente, los otros nueve décimos de su conciencia, o qué
ocurre? "
Para conte star est o... Bueno, en realidad lo que usted ha
querido preguntar es: ¿Procede del Superyó ese mismo cuerpo o
espír itu? Sup ongamos que us ted se hace un tajo en una mano. A
usted no le crece una nuev a mano, ¿no e s c ier t o? La ma no o,
me jor dicho, la herida, cicatriza porque es parte de usted, porque
su cerebro ordena que cure, es decir que realiz a la op er ac ión de
juntar los lab ios de la her ida. Los seres son entidades completas, de
modo que su Superyó puede enviar a la tierra prolongaciones de sí mismo,
y estas prolongaciones —los seres humanos—son algo así como los
tentáculos del pulpo; córtele usted un tentáculo y volverá a crecer.
¡ A y , D i o s , D i o s ! ¡ Q u é g r a n c o n f u s i ó n e x i s t e acerca de
este asunto del Superyó! Sin embargo, en una part e ant er ior de
e st e libr o he m os tr ata d o d e aclarar algo la cuestión. No obstante, a
fin de que se entienda mejor todavía, supongamos una gran entid a d c o n p o d e r e s q u e e n e l m o m e n t o n o p o d e m o s comprender.
Esta entidad tiene la facultad de pensar y, p or e l l o, d e e m it ir
p r o l o ng a c i o ne s d e s í m i s m a para extenderlas cuando desea: éstas se
denominan seudópodos. De este modo, nuestro Superyó —aunque
permanezca en un mismo sitio— puede emitir p r o l o n g a c i o n e s f u e r a
d e s u c u e r p o p r i n c i p a l l a s cuales quedan unidas a él, en cuyos
extremos existen nódulos sensoriales capaces de captar todo a través
del tacto, de la vista y de la audición, es decir, son nódulos
receptores que perciben en frecuencias distintas.
Todo es vibración. Nada hay que no sea vibración. C u a n d o d e c i m o s
q u e a l g o e s t á e n r e p o s o , e n e s e Momento se halla vibrando de una
manera particular. C ua nd o a l g o s e m u e v e , e s q ue e s t á v ib r a nd o
c on mayor velocidad. E, incluso cuando algo está muer-
186
LA DECIMOTERCERA CANDELA
t o, s ig ue t od a v ía v ib r a nd o y d e s i nt e gr á nd os e r e a lm e n t e e n
d i f e r e n t e s v i b r a c i o n e s a m e d i d a q u e e l cuerpo se descompone.
Percibimos
el
objeto,
ya
sea
que
esté
en
reposo
o
en
m ov im i e nt o. L o t o c a m os y l o s e nt im o s p or q u e tiene cierta
vibración que podemos captar e interpretar por medio de uno de
nuestros nódulos adaptado a ese tipo de frecuencia; es decir, en
otras palabras, somos sensibles al tacto.
Cuando algo vibra mucho más rápido, no podemos p e r c i b i r l o p o r
medio
de
los
dedos,
pero
nuestros
oídos
perciben
esa
v i b r a c i ó n , q u e d e n o m i n a m o s sonido. Es decir que vibra con una
frecuencia que un nódulo receptor de mayor sensibilidad puede
percibir como sonido alto, intermedio o bajo. Y más allá hay una
escala de frecuencias mucho más altas que no podemos tocar,
que no podemos oír, pero que unos n ó d u l o s
mucho
más
s e n s i b l e s — l l a m a d o s o j o s — pueden percibir e interpretar dentro
del cerebro con e x a c t a p r e c i s i ó n , y d e t a l m a n e r a t e n e m o s
u n a n o ción de lo que constituye ese objeto.
Muy
s imilar
es
lo
q ue
oc urr e
c on
la
ra d io.
P ode m os
e s c uc ha r e n la b a nd a d e MA , q ue c ons t it uye una vibración o
frecuencia sumamente baja, o podemos utilizar las bandas de
ondas cortas que son frecuencias mucho más rápidas que un
receptor de MA no puede captar. E, incluso, podemos también
bajar (¿, o s e r á s ub ir ? ) a la f r e c ue nc ia m od ula d a o a la
ultraalta, en la cual es posible captar imágenes de televisión. El
radiorreceptor para televisión no puede c a p t a r o n d a s d e M A n i
o n d a s c o r t a s , d e l m i s m o modo que tampoco el receptor de éstas
puede recibir imágenes de televisión. En esto, pues, tenemos un
ejemplo cotidiano de la manera que a nosotros nos es dable tener
prolongaciones
para
percibir
vibraciones
de
una
determinada
frecuencia. Exactamente en la misma forma, el Superyó se vale de
nódulos —seu-
187
LOBSANG RAMPA
dópodos, seres humanos— para captar lo que le interesa saber.
Pero hay algo que, solamente de pensarlo, espanta. Algo para ponerle
carne de gallina antes de ir a acostarse. Ya hem os v ist o q ue los
seres humanos hac e mos ciertos aparatos para captar ondas de
radio MA, FM y ondas cortas. Ahora bien, suponiendo que su
Superyó tuviese sintonizada la tierra en MA, eso no obstaría para
que, además, tuviese seudópodos en frecuencias más altas, ¿no es
cierto? Pues bien, por eso algunas veces se tienen pesadillas
cuando al pobrecit o del Super yó s e le cr uzan las líneas y usted
capta imágenes de monstruos de ojos saltones, etc. Ya se sabe que
a veces pasa cada cosa...
El
Autor
tomó
otra
carta
y
se
estremeció.
habido algíún. espejo, habría podido advertir q u e
De
haber
se
p o ní a
p á l id o, e x t r a or d i na r ia m e nt e p á l id o. Pero no lo había. ¿Por qué
palidecía de esa manera? Pues porque hay preguntas que se las traen;
y, si no, veamos:
"Quiero preguntarle algo, y es lo siguiente: Si un ente puede
entrar ya sea en el cuerpo de un hombre o de una mujer, según qué
desee aprender, ¿por qué siempre se afirma que la entidad que en vida
ha sido e l Da la i L a m a d e b e e nc a r na r s e p e r m a ne nt e m e nt e como
hombre? Ev identemente, inclusiv e a esa entid a d le ha r ía fa lt a
c a m b ia r s i s e t r a t a d e a p r e nd e r cosas en general desde un punto
de vista que no sea el puramente masculino; de manera, pues, que
¿por qué la mujer no puede aspirar jamás a la más elevada j e r a r q u í a
d e l l a m a í s m o ? E n e l T í b e t , d o n d e c r e o que los hombres y las
mujeres son iguales (o eran, ante s de q ue lle gar a n los c hinos ),
¿p or q ué e xis t e esta discriminación? "
E s t a p r e g u n t a , t a m b i é n , p ue d e c o n t e s t a r s e e n parte por
medio de otra. Veamos una que puede servir de algo: ¿Cuándo, en
toda la historia, la divini-
188
LA DECIMOTERCERA CANDELA
dad suprema ha sido alguna mujer? ¿Podéis vosotros, lectores, mencionar
un solo caso de alguna mujer que haya sido la divinidad suprema? Es cierto
que ha habido diosas, pero éstas han sido "inferiores" a los dioses. El Dalai
Lama es Dios en la tierra, según la religión tibetana; de manera, pues, que
por su calidad de Dios en la tierra no podría contentarse con ser "Diosa" en
la tierra. Se presenta bajo la forma masculina, porque las cosas que
debe hacer exigen que tome esa apariencia. Por otra parte, ¿cómo
sabe usted si el Superyó del Dalai Lama no tiene, además, entidades
femeninas que aprenden otras cosas? No hay duda que las tiene. No
hay duda que mucho es lo que se aprende también desde la perspectiva
femenina.
A quien esto escribe, evidentemente, hay cosas que le hacen perder los
estribos. Una de ellas es la referente a la insania del periodismo, y la otra la
que concierne al denominado Movimiento de Liberación Femenina. El Autor
tiene la más absoluta convicción de que a las mujeres les está reservada
una misión muy importante en la vida, es decir la de acrecentar la futura
población del mundo. Si las mujeres dejaran de imitar al hombre —como
en realidad lo imitan, hasta el 'extremo de usar pantalones con olvido total
de que su figura no ha sido hecha para eso—, el mundo sería mucho mejor.
Para el Autor, las mujeres son responsables de gran parte de los problemas
que aquejan al mundo por querer emanciparse y ser "libres", como
erróneamente dicen, en lugar de aceptar sus responsabilidades como madres.
Las mujeres dicen que quieren ser iguales, pero ¿no son, acaso, iguales?
¿Qué es más importante, el perro o el caballo? Son criaturas distintas. El
hombre y la mujer son también criaturas diferentes; el hombre jamás ha
podido procrear sin la participación de la mujer, pongamos por caso, pero
la hembra puede parir, sin
189
LOBSANG RAMPA
la
intervención
del
macho,
por
partenogénesis.
¿Por
qué,
entonces, si el Movimiento de Liberación Femenina aspira a una
rebelión, no se jacta de eso? ¿Qué mayor prueba de igualdad puede
haber, e incluso de superioridad, que las mujeres desempeñen su tarea de
engendrar
y
perfeccionar
la
especie
humana
del
futur o ?
La
i n t e r v e n c i ó n d e l h o m b r e s e r e d u c e s ó l o a unos pocos minutos,
pero
la
mujer
debe
criar
a
los
niños
hasta
que
estén
en
condiciones de valerse por s í m i s m o s , y d e l a m a n e r a c o m o l o s
e d u q u e , d e l ejemplo que les dé, dependerá cómo sea la raza del
futuro. Pero ahora las mujeres prefieren ir a la fábrica para hablar
de
cosas
escandalosas,
prefieren
hacer
de
picapedreros
o
de
cualquier otra cosa menos aceptar la responsabilidad para la cual
las ha dotado tan bien la naturaleza. ¿Liberación de la mujer?
Pienso que a quie ne s preconizan el Mov imie nto de L ibera c ión
F e m e nina ha b r ía q ue d ar le s una t und a e n e l trasero... ¡Y fuerte!
L a p r e g u n t a c o n t i n ú a i n q u i r i e n d o p o r q u é l a mujer nunca
puede aspirar a la alta dignidad lamaísta. Porque la mujer es
irracional, por eso; porque la mujer no p ie nsa c on c lar idad , p or
e s o. P orq ue las mujere s perm ite n que la afect iv idad e nturb ie la
razón, por eso. Si las mujeres no fueran tan borricas e hicieran frente a
sus responsabilidades, el mundo, el universo entero, sería mejor.
Las mujeres tienen la más importante de todas las misiones: la de
quedarse en casa, hacer de ésta un hogar y dar el ejemplo para guía
de las futuras generaciones. ¿O es que las mujeres no son lo
suficientem e n t e c a p a c e s c o m o p a r a d e s e m p e ñ a r s u s f u n ciones?
V e a m o s o t r a c o n s u l t a : " ¿ C u á l e s e l m e j o r i n cienso? "
Esto es algo a lo cual no se puede contestar, porque es casi lo
mismo que preguntar qué ropa o qué
190
LA DECIMOTERCERA CANDELA
comida es mejor. No se puede decir que una cosa sea mejor que ot ra si
no se c onoc e e l de stino q ue s e le piensa dar. Sin embargo, para no
dar una respuesta totalmente negativa, haré algunos comentarios
sintéticos. Pueden utilizarse div ersos tipos o clases de incienso, y
nadie mejor que usted para saber cuál es el que le conviene para los
momentos de tranquilidad, para cuand o se halla irritad o o para
cuando des ea meditar. Fíjese, según las circunstancias, cuál es el
que más le satisface, y tenga una buena reserva de esos tipos.
El incienso debe tenerse siempre en ramas gruesas, porque las
delgadas puede decirse que no sirven. Es l o m i s m o q u e o c u r r e
con las notas musicales: si usted oye sim plem ente una nota
f i n a , a g u d a , l e irrita, sencillamente lo pone a uno peor; pero si,
en c a m b i o , s e o y e u n a n o t a b i e n m o d u l a d a , p l e n a , puede
tranquilizar, servir de sedante o de estimulante. Así, pues, no pierda el
tiempo nunca con el incienso en ramitas delgadas. Usarlas es gastar el
dinero inútilm e n t e . P o r o t r a p a r t e , e s m e j o r u s a r r a m a s q u e
polvos o piñas. En cuanto a dónde se lo puede comprar, eso es ya
otra cosa. Eso sí, lo qye puedo asegur a r l e e s q u e n o e x i s t e
ningún
"incienso
Rampa".
Lobsang
Rampa
no
recomienda
ningún abastecedor en particular ni tampoco ningún incienso
especial. Ha aparecido mucha gente que les hace una propa ganda desaforada a distintos productos que denomina n "Ra m pa" ,
per o s é pa se q ue L ob sa ng Ra mpa no tiene intereses comerciales
de ningún tipo. Algunas veces se reciben consultas acerca de donde
conseguir un libro o cualquier otra cosa, en cuyo caso se da el
n om b r e y la d ir e c c i ón c or r e s p o n d i e nt e s ; p e r o, e n esos casos, se
trata de comerciantes comunes que no tienen absolutamente ninguna
relación con Lobsang Rampa. Otras firmas hay que utilizan medios
publicitarios para decir que constituyeñ tal o cual cosa
191
LOBSANG RAMPA
de nom inad a " Ter c er Ojo", a nunc ios é s t os q ue ob ligan a destacar
nuevamente que Lobsang Rampa no garantiza a ninguna de ellas, que
no las recomienda y q u e n o e s t á l iga d o d e ni n g ún m od o a
n in g u na d e tales firmas.
" ¡Qué cosa! ", suspiró el Autor.
Se n t a d a , c o n la s or e ja s e n h i e s t a s y l o s b i g ot e s tiesos, Miss
Cleo parecía la vera efigie del felino vigilante e intrigado. Sonriente, el
Autor le dijo:
----Oye,
Cleo;
escucha
esto.
Hemos
recibido
carta
de un
periodista, de un reportero de no sé qué diario de qué sé yo qué
ciudad. Tienes que ver lo enfadado q u e e s t á , C l e o , p o r q u e e n u n
l i b r o d e R a m p a h a leído algo referente a la cobardía de los
periodistas. Dice que el periodismo está inspirado por Dios; que la
prensa tiene el derecho de escribir lo que le dé la gana acerca de la
gente, porque se trata de una tarea d i v i n a . ¡ T a r e a d iv i n a ! ¿ T e
enteras,
Cleo?
Y
luego
exige
que
Lobsang
Rampa
le
diga
concretamente qué mal hace la prensa. El periodismo, afirma, sólo
hace bien.
El periodismo podría ser un instrumento de gran p r ov e c ho, lo
m is m o q ue la t e l e v is ión. P e r o a m b os exp lotan los ins tintos más
bajos de la humanidad, como son el sadismo, la sensualidad, la
superstición y otras muchas iniquidades. El cargo principal que se le
puede formular al periodismo es. el de publicar las cosas sin estar
seguro de los hechos. Cada v ez que aparece algún rumor, el
periodismo lo publica inmed i a t a m e n t e c o m o h e c h o c i e r t o ; y , s i e l
r u m o r e s bueno, lo distorsiona, porque el sensacionalismo y el sadismo
parecen venderse mejor que las cosas buenas.
L a p r e ns a ha b la d e s u l ib e r t a d — la li b e r t a d d e prensa—;
pero, ¿dice algo acerca de la libertad del individuo? Si el periodismo
tiene la libertad de decir todo cuanto se le ocurre, a la gente respecto de
la
192
LA DECIMOTERCERA CANDELA
cual se escribe se le debe dar también un espacio equivalente en las
columnas de las publicaciones para que pueda refutar los infundios
que en ellas aparecen. Pero, lejos de esto, cuando alguien t r ata de
refutar algo, el periodismo elimina párrafos del contexto y publica
lo que a la postre resulta totalmente perjudicial porque, a pesar de
provenir
de
la
persona
interesada,
se
conv ierte
en
una
mezcolanza de declarac ione s t oma da s al a zar... o, ta l v ez , no
de l t od o a l a z a r ; q u iz á c on l a d ia b ó li c a p e r v e r s i d a d q u e s ola mente los periodistas parecen poseer.
El periodismo ataca a mucha gente que no está en situación de
defenderse.
A
Charlie
Chaplin,
por
ejemplo,
lo
ha
atac ado
infinidad d e v eces de la mane ra más abyecta. Otro es el príncipe
Felipe, a quien tambié n se lo ha atacad o s in darle los me dios
para
def e n d e r s e .
Entonces,
¿dónde
está
la
libertad
de
pre nsa ? ¿Dónd e es tá la lib ert ad para la ge nte a la cual se ataca?
La prensa desata guerras y odios raciales. Porque la prensa sólo
publica noticias sensacionalistas que se s up one
v an
a
produc ir
conmoc ión. Sin period ism o quizá no se hubiese producido la
guerra de Vietnam. Tal vez no hubiera existido la guerra de Corea. Sin el
periodismo, que levanta odios raciales, es probable que no se
hubiesen producido tantos conflictos entre seres humanos de distinto
color; e, incluso ahora, el g o b i e r n o d e l o s E s t a d o s U n i d o s s e
e n c u e n t r a e n s er ios a pr iet os p or ca usa d e - aq ué l, q ue c ontra
la v oluntad de la aut oridad se ha lanzad o a p ub licar cosas que no
debieron haberse removido.
Todo individuo tiene algo que desea mantener en pr iv a d o. T od o e l
mund o
t ie ne
a lgo
q ue,
si
b ien
en
familia
puede
ser
perfectamente normal, al extraño que no conoce los hechos y
circunstancias especiales puede parecerle un tanto "anormal". Algo
así parece ser lo que ocurre con esos documentos del Pentá-
193
LOBSANG RAMPA
gono que la prensa ha venido publicando como cosas s e ns a c i ona l is t a s ,
y q ue ha a f e c t a d o a l C a na d á , a Inglaterra, a Francia y a otros
muchos países, sólo porque la gente que se dedica al periodismo
quiere ganar unos p oc os c e ntav os más en la v enta de los
diarios. El Autor tiene para sí que el periodismo es la fuerza más
dañina que jamás haya existido en la tierra; y, también c onf orme
a su opinión, a menos q u e h a y a v i g i l a n c i a , c o n t r o l y c e n s u r a
s o b r e l a prensa, ésta puede llegar hasta a dominar el mundo y tal vez
a conducirnos al comunismo.
El Autor se echó hacia atrás y sonriendo le dijo a Miss Cleopatra:
—B ue no, C le o; yo no s é s i e s te t ip o ind e s ea ble, reportero de
ese diario de no sé qué ciudad, se tomará esto a pechos. Espero
que sí. Podría ser un paso hacia su salvación, para que abandone ese
trabajo periodístico y se ocupe en algo decente.
Pero
dejemos
ya
todo
esto
del
periodismo
y
veamos
algunas otras preguntas. Este es el cuento de nunca acabar, ¿no es
cierto? Pero esta es la prueba de que es necesaria una fuente por
medio de la cual se pueda contestar las preguntas, aunque sea parcialmente.
Veamos
algunas
consultas
procedentes
de
Inglaterra y las
correspondientes respuestas.
"¿Es malo suprimir a un animal cuando padece de alguna enfermedad
incurable? "
Como budis ta, uno no deb e disp oner de la v ida; pero hay
ciertas cosas que van más allá de todas las religiones tradicionales,
sea que se trate del budismo, del cristianismo, del judaísmo, del
hinduismo o de cualquiera otra, y que constituyen lo que podríamos denominar un deber hacia el Súpery6. Para el Autor, es
mucho más caritativo eliminar sin dolor al a n i m a l s i , s e g ú n e l
estado actual de los conoci-
194
LA DECIMOTERCERA CANDELA
mientos veterinarios, éste se halla afectado de alguna dolencia incurable.
Si el animal está enfermo, y la ciencia veterinaria n o t i e ne
m e d i o s d e a l i v ia r s u s p a d e c i m i e n t o s , e s mejor q ue algún
profesional de e sa esp ecia lid ad lo elimine de la manera más
indolora y rápida posible. E s o e s c o m p a s i ó n . E l A u t o r t i e n e
m u c h a , p e r o muc ha e xp er ie nc ia e n ma ter ia d e s ufr im ie nt o,
p or haberle tocado en suerte tener que soportar bastante má s de la
c ue nta, ha sta el p unt o d e q ue le ha br ía agradado que alguna
voluntad superior le hubiese evitado para siempre sus sinsabores.
El suicidio es algo totalmente distinto. No se justifica. Es un
enorme desatino, indudablemente, en el cual sólo piensan, en
realidad, quienes tienen el equil ib r io m e nt a l a lt e r a d o p or a lg una
p e na ,
p or
a lgún dolor o por alguna otra circunstancia que
trastorna su razón. La eutanasia no sería suicidio porque en ella
interviene el
criterio de mentes maduras
directamente
interesada
y
que,
en
que
no
son
parte
no
están
consecuencia,
influidas por estados angustiosos, ni por la autoconmiseración, ni
por el dolor. El suicid io, s e gún el cr it er io d e l Aut or, e s a lgo que
de s de cualquier punto de vista que se lo mire está mal y a lo cual
jamás debe recurrirse.
Si el animal está enfermo, se lo debe liberar de su infortunio. En
cuanto al ser humano enfermo, incurable, que por su avanzada
edad constituye un estorbo para los demás, debería existir alguna
forma de eutanasia, según ra cual se pudiera tratar el caso con q u i e n e s
n o t ie n e n n i ng ú n in t e r é s p e r s ona l a l r e s pecto.
La pregunta siguie nte tie ne r elac ión c on la a nte rior y dic e
así: "¿Es p osible q ue el animal v uelv a a vivir con el mismo dueño? "
La
respuesta,
naturalmente,
es
afirmativa,
ocurriese para bien del animal. Es decir —y
195
siempre
que eso
LOBSANG RAMPA
este, por supuesto, es un ejemplo puramente hipotético que no
debe tomarse al pie de la letra— que si se elimina a un animal
para ahorrarle padecimientos y és t e a ún no ha c ump lid o s u
mis ión, e s pr oba b le que opte por v olv er —ya sea como gatito o
perrito—con la m is ma fam ilia y v iv a e l pe ríod o d e l c ua l ha s i d o
p r i v a d o a l e l i m i n á r s e l o . P u e d e o c u r r i r . N o obstante, claro
está, si el animal se halla en el Otro Lado de la vida y su
"propietario" tiene condiciones para realizar el viaje astral, ambos
pueden encontrarse si ambos lo desean.
Pasemos a la consulta siguiente: "¿Tiene aura la forma astral o
solamente la posee la física? "
La forma física, o sea la forma principal terrenal, posee un
etérico y un aura. Ambos son reflejos de la forma vital interior. No
hay
mucha
gente
que.
pueda
v er
el
aura
— la
mayoría,
ciertame nte, no la p ued e ver— porque está acostumbrada a ella,
de la misma manera que la mayoría de las pers onas no pueden
v er e l a ire e n me d io de l c ua l v iv e n; a lo s um o p ue d e n v e r e l
s mo g , q u e e s p e r f e c t a m e n t e v i s i b l e e n nuestros tiempos.
En el mundo astral, el aura es mucho más brillante en torno a
las figuras astrales, y, cuanto mayor es el grado de evolución de esa
figura, con más luminosidad brilla, titila y ondula el aura. Así,
pues, debo contestar que sí, que no cabe duda de que existe un
aura en torno a las figuras astrales. Pero, así como en la tierra
algunas personas no pueden ver el aura, del mismo modo existen
quienes en el astral inferior no pueden ver el aura astral. Esto es algo
que se va c orr igie nd o a m e dida que el " no v id e nt e" adq uier e una
evolución mayor.
He
a q uí
preguntas
a lg uie n
interesantes.
q ue ,
Se
desde
trata
de
I ngla t e r r a ,
una
dama
f or m ula
algunas
británica
muy
inteligente (¿se da usted cuenta, lector? ¡Estoy elogiando a una
mujer! ), quien pregun-
196
LA DECIMOTERCERA CANDELA
ta: "¿Sería posible utilizar datos tomados del Registro Ascásico para
escribir la verdadera historia de las civilizaciones antiguas y biografías
auténticas de personajes famosos? "
N o , p o r q u e n o l e c r e e r í a n. L a h i s t o r i a i m p r e s a sólo coincide
ocasionalmente con la historia antigua. La historia se escribe, se
reescribe y se omite a v oluntad de los dictadores, etc. En
nuestros días contamos c on un e jemp lo acabad o e n la hist oria
de la Alemania nazi. Todo e l mund o sabe p erfectamente que la
historia fue alterada en parte para presentar a Hit le r a lgo d ifer e nt e
de lo q ue era e n r ea lid ad. Es sabido, también, que la historia
rusa ha sido modificada a gusto y paladar de los dictadores
comunistas. Es decir, en síntesis, que, si usted escribiera la verdad fundándose en el Registro Ascásico. vería que no podría creerse
porque su relato diferiría enormemente de la historia oficial del
correspondiente país.
En cuanto a las biografías, etc., si se dice la v erdad, a
menudo no se consigue public arlas; y, si se logra publicarlas, se
produce después, por lo común, una
form id ab le
c onm oc ión,
p orq ue a par ec e a lgún p e r iod is t a q ue e c ha a r od a r un r u m or
s or d o y, s o plando la llama, enciende una inmensa hoguera en la
cual se abrasa la verdad. Si usted aspira a la verdad auténtica, ¡tendrá
que esperar hasta que vaya a vivir al astral!
Lo dicho, Miss C.; ¡me ha hecho usted unas buenas preguntas!
Tomo otra. Dice usted: "¿Siempre es condenable el aborto? "
Le r e s p ond o q ue no; a me nud o es m uc ho m e jor ab ortar que
traer a este ya superp oblad o mund o a un pobrecillo desventurado
que no se desea y que tal vez tenga que sobrellevar una existencia
extremadamente difícil• sin tener culpa alguna. En resumidas
cuentas, ¿por qué hacerle pagar un momento de descuido de sus
padres? Si el aborto se realiza inmedia-
197
LOBS ANG RAMPA
tamente, la entidad todavía no ha tomado posesión del cuerpo.
Entre paré ntes is, digamos a aquel le ct or que s e quejaba de
los excesivos "yo", que, habiendo llegado y a a e s t a a l t u r a d e l
l i b r o , p u e d o d e j a r d e s e r e l Autor para ser el Anciano, porque
puedo garantizarle a u s t e d q u e u n a " A n c i a n a " n o s o y . C o n
t o d o , e n mis libros trato de guardar el acento personal porque todos
somos
amigos,
¿no
es
cierto?
No
somos
patos
rellenos
en
pedestales. Póngase usted en un pedestal y en seguida lo echarán
abajo.
H e a q u í o t r a p r e g u n t a r e f e r e n t e a l e s p í r i t u : "Cuando el
espír itu aband ona a una p ers ona cuya v i d a c o n t i n ú a e n f o r m a
v e g e t a l, ¿ d e b e l a c i e n c i a médica mantenerlo vivo por medios
puramente mecánicos? "
Mi opinión personal es que no. Cuando alguien ha llegado a tal
estado en que la entidad ya no lo acompaña y la v ida se mantiene
exclusiv amente por medios mecánicos, es erróneo y absurdo prolongar
esa e x i s t e n c i a . E n t a l e s c a s o s s e d e b e s u s p e n d e r e l e m p l e o
d e r e c u r s o s m e c á n i c o s y p e r m i t i r q u e e l cuerpo muera. Esta es
la manera de proceder más compasiva. Hoy día se oye hablar muy a
menudo de personas que padecen de enfermedades incurables, a las
cuales se les demora la muerte y se las mantiene vivas por medio de
grandes tubos introducidos en su c u e r p o y c o n t o d a c l a s e d e
a p a r a t o s e l e c t r ó ni c os endiablados. Pero eso no es vivir; eso es
estar muerto en vida. ¿Por qué no dejarlos "partir"?
"Deb id o a la e xplos ión dem ogr áfica, cada v ez se e j e r c e m a y o r
p r e s i ó n s ob r e la v id a s i lv e s t r e y l o s lugares agrestes de la tierra.
¿Podrán éstos salvarse, o aniquilará el hombre su medio para siempre? "
Muchos animales terrestres, aves y peces habrán de perecer y se
extinguirá para siempre su especie. La humanidad es voraz e insaciable.
No piensa en los
198
LA DECIMOTERCERA CANDELA
s e r e s q ue ha b it a n la s r e gion e s na t ur a le s s i no e s para e char
en el b ols illo algún ce ntav o más. En el mome nt o de escr ibir
est o, aquí, en la prov incia d e Q ue b e c , e xi s t e u n p r o y e c t o p a r a
t a la r c ie nt o s d e m i l e s d e h e c t á r e a s c o n o b j e t o d e a b a s t e c e r
a l a industria pap elera, porq ue c on parte de la prod uc ción de
papel se imprimen diarios, se elabora cuero artificial y muchos
otros
productos
que
por
alguna
razón
el
hombre
considera
indispensables en la actualidad para su existencia.
Con la tala de los árboles se acabarán los insectos, los pájaros;
las aves no tendrán ya dónde hacer sus n i d o s n i q u é c o m e r , y d e
tal manera
m o r i r á n d e hambre. El resto de los animales,
carentes de refugios y de sustento, sucumbirán también.
El hombre se está suicidando a la vez que aniquila su propio
mundo con toda celeridad. Con la eliminación de los árboles se
producirán distintas corrientes térmicas. La temperatura de aquéllos
hace que el aire se eleve y se produzcan precipitaciones, de
manera que sin ellos habrá un cambio climático. De suerte que,
en Quebec, donde se están cortando millones de árboles, puede formarse
una región desértica.
Las raíces de los árboles penetran e n el s uelo y forman con
éste una masa compacta. Pero cuando se talan los árboles y se quitan
las raíces, nada hay que mantenga la cohesión del suelo, y los
vientos levantan nubes de polvo en el aire y dejan zonas desiertas
parecidas a las regiones de los vendavales de los Estados Unidos.
La humanidad está devastando su propio mundo por su sed
insaciable de dinero. Bastaría que la gente viviera de manera más
natural, prescindiendo de algunos de los productos sintéticos, para
que fuera más feliz. Tal como se presentan ahora las cosas, debido
a los adelantos de la humanidad, cada vez es mayor la polución de la
atmósfera, de las aguas y del suelo,
199
LOBSANG RAMPA
y pronto llegaremos al e xtre mo de no p oder produ cir ya nada
más cuando la tierra sea estéril e inhabitable. Muchos seres que
viven en las alturas, en lugar e s f ue r a d e e s t a t ie rr a , f ue r a d e
nue s t r o m und o, vienen esforzándose por influir en la humanidad
para que se ponga término a esa insensata destrucción de los s i t ios
d e v id a a gr e s t e , y p a r a q ue s e le d é a la naturaleza la posibilidad
de
restablecer
el
equilibrio
ecológico
que
más
convenga
para
la
perpetuación del género humano y su evolución.
Pero, ¿qué es esto? Un gran sobre de papel madera con un
diario doblado y una carta. El Autor miró el diario y lo d ejó a un
lado inmediatame nte, pues estaba escrito en francés, lengua que
no domina. La c a r t a e s t a b a e n i n g l é s e i n f o r m a b a a c e r c a d e
u n ar t íc ulo, c ont enid o e n e l p er iód ic o, e sc rit o p or un individuo
que afirmaba que Lobsang Rampa estaba e nfermo y que se había
retirado, y q ue él (el aut or de tal artículo) había tomado su lugar
como sucesor. El autor de la carta deseaba saber quién era ese sucesor y si eso era verdad.
M u c h a g e n t e h a h a b i d o q u e d i j o s e r L o b s a n g Rampa. Pero
éste era el primero que lo manifestaba en un artículo periodístico.
No, yo no tengo sucesores. No, no tengo discípulos ni alumnos. No
tengo "herederos". Cuando muera y deje esta tierra, será porque
ya habré hecho todo cuanto tenía que hacer; y, si alguien se erige en
mi sucesor, mi heredero, mi representante, será sin duda un perfecto
impostor. Permítaseme decir una vez más, y con mayúsculas, q u e
NO
TENGO
SUCESORES,
que
NO
HAY
NADIE
A
QUI EN L E HAYA DEL EGAD O "AUTORIDAD" ALGUNA.
Una de las cosas desagradables que tiene el ser un autor sumamente
conocido, es la cantidad de gente q u e
afirma
ser
él.
Por
e j e m p l o , n o h a c e m u c h o tiempo recibí carta de una azafata que me
manifes-
200
LA DECIMOTERCERA CANDELA
taba
su
complacencia
por
haberme
conocido
en
un
v ue lo
recie nte, per o que a ún no hab ía recib id o los libros autografiados
que le había prometido. Yo, que me veo reducido a un sillón de
ruedas y a una cama, cada vez que vuelo lo hago en el astral, sin
azafatas. Ha habido muchísimos casos de personas que se han hecho
pasar por mí. Y, como algunas veces se han c o m p o r t a d o m a l c on l a
gente, ésta me ha escrito para quejarse de mi manera de
p r o c e d e r . L a m e nt a b l e , ¿ n o e s c i e r t o ? Q u i z á t o d o e s t o s e
p u d i e r a evitar si todo el mundo tuviese documento de identidad ,
p orq ue yo he r e c ib id o c ue nta s y una ser ie de cosas a mi nombre
sin comerlo ni beberlo. De modo que ya estáis advertidos. Tenéis
que saber cómo soy en la actualidad, aun cuando a veces pienso
que los r e t r a t o s q u e m e ha c e n e n la s t a p a s d e m i s l ib r o s debe
de pintarlos algún cegato impenitente.
" Ah or a , L ob sa ng R a m p a , q uisier a co noc er su opinión en
ge n e r a l a c e r c a d e l c ur a nd e r i s m o. ¿ E s pr opio que una per sona
que
v iv e
en
el
siglo
v einte
recurra
a
él?
¿Es
necesario
h a c e r l o , h o y q u e l o s médicos son tan competentes y que casi no
hay nada que no esté a su alcance? Porque si se considera al
hombre corriente de hoy día, si alguien le dice que puede curarle
un dolor de cabeza inmediatamente sin tener que recurrir a una serie de
píldoras, no le cree. Pensará que quien se lo dice es un buen
candidato para el manic omio. De manera, pue s, que quis iera
q ue us t e d m e d ije s e s i e s a p r op ia d o a p e la r a e s os dones
curativos."
No,
es
totalmente
absurdo
recurrir
a
los
llamados
dones
curativ os, a menos que la persona tenga buen o s c o n o c i m i e n t o s
médicos.
Cuando
se
trata
de
alguien
que
padece
alguna
enfermedad terrible, muy bien pueden hacerse desaparecer los
síntomas por medio de la hipnosis. No obstante, hacer desaparecer
los síntomas no es curar la enfermedad, de manera
201
LOBSANG RAMPA
q u e , s i la p e r s o na c on t in ú a e nf e r m a o s e a gr a v a , cuando
recurra al médico ¿qué podrá hacer éste si no e nc ue ntra los
s ínt oma s? De no ha b er oc urr id o e s o, e l m é d ic o ha b r ía p o d id o
d ia gnos t ic a r p os ib le mente la enfermedad exacta y curarla.
A
menos
adecuados
que
y
matriculado,
la
persona
trabaje
nunca
con
la
jamás
se
tenga
conocimientos
colaboración
debe
apelar
terapéuticas porque pueden resultar f a t a le s .
de
a
Lo
médicos
un
médico
esas actividades
mismo
puede
d e c ir s e d e l o s c on j ur os . Cuando un núcleo de personas se
reúne a orar por algo, si no conocen perfectamente la dolencia y sus
circunstancias pueden invocar la ley del efecto contrario y hacer
que las cosas se pongan mucho peor d e l o q u e e s t a b a n . D e
m o d o q u e l o m e j o r q u e s e puede hacer es no inmiscuirse.
¡ Ay, a y, q u é c a n t i d a d d e c o s a s s ob r e e l m i s m o t ema ! Per o
no
im p or ta;
d ed iq ué m ole s
unos
ins ta nt e s .
La
pregunta
s i g u i e n t e d i c e : " ¿ P o r q u é , e n e l ca s o d e d os p er s ona s que
pad e c e n
la
m is ma
instantáneamente
e nf er medad,
mientras que la
una
otra
puede
curar
no responde a
se
ningún
tratamiento? "
La respuesta es la misma que la anterior; es decir, en una persona
hipnotizada los síntomas desaparecen y s e p i e n s a
que se ha
c u r a d o i n s t a n t á n e a m e n t e , mientras que la otra no es susceptible de
sugestión hip nót ica y por e so no s e prod uc e ningún cam bio.
Téngase e n c ue nta que digo "suges tión hip nótica", porque el
curanderismo,
la
curación
por
medio
de
la
fe,
etc.,
s on
f und a m e nt a lm e nt e d e c a r á c t er hip nó tico.
Pregunta: "¿Por qué, cuando curo a los demás, se me calientan
las manos, pero, cuando me trato a mí mismo, se me enfrían? "
Respuesta: Cuando usted cura, o pretende curar, a otra persona,
le produce una sugestión hipnótica que la hace sentir mejor; pero
también está usted envian-
202
LA DECIMOTERCERA CANDELA
do un exces o de prana de la que disp one, y de esa manera el
paso de tal prana hace que se le calienten las manos. Usted no puede,
naturalmente, darse a sí mismo su propia prana, puesto que ya la
tiene, por lo cual lo que usted hace en realidad en esos casos es inv ocar
la ley del efecto contrario y entonces meramente agota su propia
energía y en consecuencia se le enfrían las manos.
Este pretendido poder curativo es principalmente hipnótico y capaz
de producir una adecuada sugestión en la persona propensa a
ella. Sin embargo, el poder curativo supone también poseer una
gran cantidad de la energía etérica que denominamos prana, de
suerte que, si usted posee tal energía y es versado en estas cosas,
puede trasmitirla a otra persona. Es lo m i s m o q u e o c u r r e c u a n d o l a
m a ñ a na e s f r í a y e l auto no arranca porque la batería está baja. El
coche no anda porque la batería está excesivamente baja como
para que funcione el arranque del motor, por lo cual sucede que a
veces hay que esperar a que aparezca otro automóvil para que su
conductor descienda y conecte su batería con la descargada del coche
a t a s c a d o. C o n e l l o s e l e t r a s m it e a é s t e u na gr a n c o r r i e n t e d e
e n e r g í a , y e l c o c h e d e t e n i d o p u e d e arrancar. Este ejemplo
puede darle a usted una idea d e l a f or m a e n q u e s e p r o d u c e l a
t r a s f e r e n c i a d e energía.
203
CAPITULÓ XI
Tenemos la impresión de ser bastante internacionales, pues hasta
ahora hemos visto consultas recibidas d e s d e Af r ic a , I nd ia , I r á n,
I ngla t e r r a , e t c . V ea m os ahora una procedente de un lugar más
cercano, de Quebec. Esta pregunta se refiere a los niños retardados: "¿Qué fin tiene que nazcan niños retardados, e incluso
tullidos o ciegos? Yo sé que nada sucede en vano, pero 'no veo
qué razón puede haber para que e xistan tantos niños retardados
en nuestro medio. T a l v e z l e p a r e z c a c r u e l d e m i p a r t e , p e r o
¿ c ó m o pueden aprender nada estas pobres almas? ¿No sería mejor que
muriesen? "
R e s p u e s t a : A l g u n o s d e e s o s n i ñ o s r e t a r d a d o s nacen en tal
estado porque antes de venir al mundo ciertamente eligen esa forma
de v ida para adquirir e s e t i p o d e e x p e r i e n c i a . P o r q u e , ¿ d e q u é
m a n e r a pueden conocerse las sensaciones del niño retardado si
uno jamás lo ha sido? Y, si nunca se ha sido un niño retardado,
posteriormente recuperado, ¿cómo cree usted que se les puede
prestar auxilio?
Hay otros casos de niños retardados a los cuales se los puede
mejorar
enormemente
y
cuyo
estado
puede deberse a alguna
negligencia durante el parto o sencillamente a una mala crianza, a
menudo
atribuible
a
la
edad
madura
de
los
padres.
Pero
invariablemente, la mayoría de estos últimos casos tienen una "relación
escasa" con el Superyó; por lo cual los
205
LOBSANG RAMPA
mensajes no se retrasmiten correctamente. Es cierto q ue e n e l
m und o ha y m u c ha ge nt e a la c ua l s e la debería enviar a "casa",
de la misma manera que se envía a "casa" a un animal cuando
evidentemente es incurable; pero ésta es una de las cosas que de
ninguna manera podemos hacer porque la opinión pública todav ía no lo
acepta.
Teóricamente,
lo
mejor
es
eliminar
a
la
persona
mentalmente retardada. .., pero sólo en teoría. En realidad, sería
imposible distinguir entre los que son incurables desde el punto de
vista d el apre ndiza je y aq ue llos que e n v erdad no apren den más
que cosas amargas. Pero aún hay algo más: e l ind iv id uo q ue hoy
e s in c ur a b le y q ue p or t a nt o podría justificar que se aplicase la
eutanasia, quizá se pudiese curar al otro día o la semana siguiente
debido al adelanto de las ciencias.
L a q u e s i gu e e s un a l i nd a p r e g u nt a q u e , e s t o y seguro, les ha
de gustar: "¿Hasta qué punto debemos perd onar? La Bib lia d ice: "Ojo
por ojo y d iente por diente"; pero esto es inhumano. Jesús ha dicho
que debemos perdonar setenta veces siete, si bien tal cosa resulta
imposible en la v ida de nuestro tiempo. Ent o n c e s , ¿ c u á l d e b e
s e r e l l í m i t e d e n u e s t r a t o l e rancia? "
He aquí una respuesta que quizás haga ruborizar a las v et usta s
damas de ambos se xos; pero yo tengo una regla estricta en
cuanto a lo que se debe soport a r . M e s é d e m e m or ia e s o d e
" p o ne r la o t r a m e j i lla ", p er o e n r ea lid ad — y ust e de s lo sa b e n—
, s ólo tenemos cuatro cachetes, dos en la cara y dos atrás. C ua nd o
he m os s id o a b of e t e a d os e n l os c ua t r o, e s hora ya de devolv er
los bofetones, mucho más fuerte, y de poner punto final al
agravio
de
una
vez
por
t od as,
p orq ue
el
q ue d ars e
c ont inuam ent e se nta d o con la mayor tranquilidad soportando
todas las inju rias que nos quieran inferir, sólo sirve para demostrar
que uno es tonto y débil y que no merece que se le
206
LA DECIMOTERCERA CANDELA
tenga consideración alguna. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es uno,
un hombre o un ratón? Si usted es un ratón, chille para desahogarse,
pero salga corriendo a esconderse en los zócalos. Pero, si usted es
un hombre, un ser humano, es absurdo que tolere a la gente cuando ésta
se pasa los límites.
O t r a c a r t a c o m e n z a b a d i c i e n d o : " D r . R a m p a : Usted, que
puede ver el Registro Ascásico y que sabe todo cuanto sucede,
dígame cuál es la verdad acerca d e S ha k e s p e a r e . ¿ E s c r i b i ó o n o
S ha k e s p e a r e s u s obras? "
Sí, para q uie ne s sab en c ómo se deb e y c ómo no s e lo d e be
ut ilizar, el R e gistr o As cá s ic o p ue d e s er consultado, siempre que
sea con fines especiales. Si bien no interesa realmente quién fue
Shakespeare ni por qué hay tanto misterio en torno de eso, le
diré algunas cosas incuestionables.
A q u e l m u c h a c h o , h i j o d e u n a l d e a n o, q u e m á s tarde sería
conocido
con
el
nombre
de
Shakespeare,
p os e ía
un
d on
e xt ra or dinar io. T e nía una "fr e c ue ncia" perfectamente compatible con
una entidad que nec es itaba v enir a la tierra para llev ar a cabo
una misión especial, de modo que el joven Shakespeare me reció
que ésta reparase en él con toda atención, c om o p o d r ía ha c e r l o
u n d i l i ge nt e ja r d i n e r o a l v e r brotar una planta extraña y preciosa.
En el momento o p o r t u n o s e p r o d u j e r o n c i e r t o s c a m b i o s p o r l o s
cuales la entidad que a la sazón habitaba el cuerpo d e q uie n
p os t e r ior m e nt e
ib a
a
ser
c on oc id o
c om o
Shakespeare,
el
dramaturgo, fue liberada de lo que ya le resultaba un tedioso
cautiverio.
privaciones,
A
él
de
no
le
manera
agradaba
que
fue
vivir
fácil
en
la
pobreza,
realizar
las
pasar
debidas
diligencias para que la entidad que gobernaba a Shakespeare lo abandonara —renunciara a su dominio— y cambiase de lugar.
207
LOBSANG RAMPA
La
e nt id a d
q ue
t e n ía
que
ll e v a r
a
cabo
a q u e ll a
tarea
especial, y que por largo tiempo había estado b us cand o algún
v ehíc ulo
aprop iad o
—p orque
para
estas elevadas entidades es
excesivamente dispendioso tener que bajar, volver a nacer y arriesgarse a
perder m u c h o s
c o n o c im i e nt o s
a
través
de
la
e xp e r ie nc ia
traumática de l nac imient o—, v io ya formado a es e huésped
adecuado, y en el momento debido salió del cuerpo de éste la primera e
inmediatamente lo ocupó la segunda.
A p a r t ir d e e s e i ns t a n t e , e n e l c ue r p o d e a q u e l humilde
aldeano hubo un intelecto descomunal, un intelecto formidable para el
cual era sumamente difícil adaptarse a un espacio reducido, para
acomodarse a las limitadas circunvoluciones de un cerebro. Por
ello sobrevino un breve período de estasis durante el cual no
produjo ninguna obra. Entonces, la gigantesca entidad que regía el
cuerpo del aldeano se marchó a Londres, partió a explorar, para
acostumbrarse a ese nuevo cuerpo y vencer sus imperfecciones.
Con el correr del tiempo y a medida que se fami liarizaba cada
vez más con el cuerpo y el cerebro, la e n t i d a d d i o c o m i e n z o a s u
t a r e a y e s c r i b i ó o b r a s clásicas inmortales. Empero, daba la
impresión de que aquellos trabajos no podían provenir de un escri=
tor de la crianza que trasuntaba su aspecto exterior. Y de ese modo,
con el trascurrir de los años fueron apareciend o d udas, rece los y
conje turas abs urdas acerca de quién pudo haber sido Shakespeare,
respecto de quién pudo haber escrito las obras de Shakespeare.
¿La respuesta? Quien escribió tales obras, por ser é s a
su
m i s i ó n , f u e l a e n t i d a d q u e g o b e r n a b a e l cuerpo de Shakespeare,
el cual, luego de cumplir su cometido, murió dejando tras sí lo que para
muchos constituye un enigma, un problema insoluble. Si al menos
la humanidad quisiera oír a los que han pasa-
208
LA DECIMOTERCERA CANDELA
do por experiencias similares, podría también consultar el Registro
Ascásico y conocer algunas de las verdaderas maravillas en medio de las
cuales vivimos.
H e a q u í o t r a p r e g u n t a q u e p u e d e s e r d e a l g ú n int e r é s :
" C ua nd o
us t e d
d ic e
q ue
es
p r e c is o
t e ne r
paciencia
para
realizar el v iaje astral, ¿se refiere a semanas, meses o años ? ¿O
ese períod o p ued e ser muy v ariable según la persona de que se
trate, del tiempo que se dedique a practicar y de la capacidad potencial
de cada una? "
En realidad, el viaje astral lo realizamos todos. La mayor parte
de la gente no tiene conciencia de esto, de modo que al despertarse
por la mañana, después de pasar por esa experiencia, lo recuerda
vagamente y dice que se trata de un sueño o de cosas de la imaginación.
V i a j a r p o r e l a s t r a l, o m e j o r d i c h o , a p r e n d e r a viajar por el
astral, es casi lo mismo que aprender a andar en bicicleta. En
realidad, parece algo totalmente imposible que alguien pueda
aprender a andar en dos ruedas; y no digamos nada acerca del
uniciclo... N o ob s t a nt e , la ge nt e p ue d e a p r e nd e r a a nd a r e n
ambos. Asimismo puede aprender a caminar sobre una cuerda
tensa, sí bien no es posible predecir el tiempo que p ued e
demandarle
c onse guir
su
p ropó s it o.
T od o
es
c ue s t ió n
dé
a p t it ud e s . Si us t e d c r e e que puede andar en bicicleta, usted podrá
andar en bicicleta. Si usted cree que puede caminar sobre una cuerda
tensa o sobre una cuerda floja, podrá hacerlo. L o m ism o oc urr e c on
e l v ia je as tra l. N o es p os ib le dar una lista de los ejercicios con los
cuales se logra realizar el viaje astral. ¿Cómo haría usted para enseñarle a alguien la forma de aprender a andar en bicic le t a ? ¿C óm o
le e ns e ña r ía la m a ne r a d e a nd a r e n patines, salvo advirtiéndole
que se coloque un almohadón en la parte trasera? Y, por si esto
fuera poco, ¿cómo haría usted para enseñar la manera de respi-
209
LOBSANG RAMPA
rar para vivir? Respirar es natural. Pero no siempre tene mos
conciencia de q ue lo hacem os. Solament e tenemos conciencia de
que respiramos cuando se nos presenta alguna dificultad para hacerlo. De
la misma manera, la mayoría de nosotros tampoco tiene conciencia
de que realizar el viaje astral, pues éste es tan sencillo como respirar, como
andar en bicicleta.
Lo fundamental consiste en que usted piense que va a realizar_
el viaje astral conscientemente. Es necesario reca lcar la expre sión
"consc ie nteme nte ". Por desdicha, la palabra "imaginación" no es
buena porque la gente piensa que imaginar algo es sostener lo q ue
no e x is t e . Qu iz á s e a m e jor d e c ir " v is ua liz a r " . Pues bien, para
comenzar el viaje astral debe usted irse a la cama. .. solo, por
supuesto,
y
en
la
habitac i ó n
tampoco
debe
haber
nadie.
C o l ó q u e s e e n l a posición que más le plazca, siempre y cuando le sea
cómoda. Si quiere ponerse de cabeza puede hacerlo, s i d e e s a
m a n e r a s e s i e nt e c óm o d o. L o m i s m o, s i desea acostarse de
espalda, de costado o de frente, todo cuanto debe usted tener en
cuenta es sentirse cómodo. Recostado, pues, cónfortablemente,
cuide que su respiración sea completa, es decir lenta y profunda, y
que se v erifique de manera natural, cómoda, y no e n forma
forzada.
Repos e
en
esa
pos ic ión
durante
unos
instantes,
concentrándose en sus pensamientos. Después, con la luz apagada,
visualícese a sí m i s m o c om o u n c u e r p o d e n t r o d e ot r o c ue r p o;
v isualice que usted se encuentra en el cuerpo que se separa del
cuerpo exterior como si fuera una mano que sale de un guante.
Fórmese una representación mental de su cuerpo tal como se
halla acostado. ¿Tiene puesto el pijama? Visualícelo en todos sus detalles,
sus rayas, dibujos o flores. ¿Que tiene usted puesto un camisón?
Visualícelo e xactame nte com o es. ¿Qué t ie ne unos lindos moñitos
y encajes en el cuello? No deje de visuali-
210
LA DECIMOTERCERA CANDELA
zarlos. ¿Qué es usted uno de esos espíritus intrépid os q u e
d u e r m e n e n c u e r o s ? V i s ua l íc e s e t a l c ua l está. Y después
prosiga visualizando para imaginar ( ¡perdone usted! Visualizar) que
su forma astral es totalmente idéntica a su forma exterior. Visualice ese
cuerpo que se desliza fuera de su envoltura carnal y se eleva
hasta quedar a una o dos pulgadas encima del cuerpo material.
Deté ngalo e n ese p unt o y conc éntr e se para v is ua liz ar c óm o es.
Si es us te d una muchacha, puede verse con sus cabellos largos.
. . aunque esto no es ya privativo de las damas, pues en nuestros días
también los jóvenes llevan melena. No obstante, si tiene usted una
larga cabellera, visualíc e la c o m o s i e s t uv ie r a c olga nd o, p e r o s i
r oz a s e e l rostro del cuerpo material, levante a la forma unas
c ua nta s p ulgada s. V is ua lic e a e s e c uerp o c om o s i tuviese una
consistencia
compacta.
Obsérvelo
desde
arr iba,
d e sd e
los
fla nc os y d es d e ab a jo par a t e ner una imagen total, una acabada
representación de él. Y ahora, alégrese. Ya está usted fuera de su
cuerpo. ¿Siente cómo el cuerpo astral se balancea levemente de
arriba a ba jo? P er o t e nga c uidad o, p orq ue s i se mece por
demás puede experimentar usted la desagradable sensación de
caer y entonces volverá usted de golpe a su cuerpo material con
un tremendo sacudón que lo echará de espaldas contra la cama.
P or e l m om e nt o c o nf ór m e s e c on p e ns a r q u e s u cuerpo, su
cuerpo astral, está flotando un poco por encima de su cuerpo
material. Después, gradualmente visualice el cuerpo astral en la
operación de penetrar en su envoltura corporal como si usted
deslizara su mano dentro de un guante.
Practique
una
o
dos
noches
hasta
que
pueda
sostene r
firm em e nte la v is ua liza c ión, y c ua nd o lo ha ya logrado, siga.
Ya está usted f uera de s u cuerp o. Está flotand o sobré su
envoltura carnal. Ahora piense: ¿A dónde
211
LOBSANG RAMPA
quiere ir? ¿Quiere ir a v er al doctor Armand Legge, el médico
aquel que le hizo un mal diagnóstico, por ejem plo? P ues bie n;
ust ed ya lo conoce. Pie ns e en él, piense en que está usted
viajando, piense en que llega. Si lo consigue, le podrá hacer
cosquillas en la n u c a . ¡ S e s e nt ir á d e l o m á s m o le s t o ! T a l v e z
e s t é un tanto mal que yo le enseñe esta clase de tretas.
¿Desea usted pensar en su amiga? Perfectamente; también puede ir
a
v erla
si
lo
desea.
Pero
recuerde
que
si
pasan
malos
pensamientos por su mente respe ct o d e lo q ue se pr op one v er,
s e enc ontrará c on que, mientras no haya adquirido una práctica
formid a b le , c o n c l u ir á p or r e t or na r v io l e nt a m e n t e a s u cuerpo.
Lo que sucede es lo siguiente: Usted sale de su cuerpo y piensa en
ir a ver a alguna amiga suya o a una chica c on quie n des ea trabar
amistad. Sab e que en ese instante se está bañando, no obstante lo
c ua l, c om o d e s e a a v e r igua r s i la na t ur a le z a la ha adornado de
algún lunar, llega precisamente en ese momento. Pero el aura de la
joven
detecta
subconsciente.
su
presencia
Entonces,
su
y
da
la
consciente
voz
de
alerta
comienza
a
a
su
sentirse
intranquilo y hac e q ue m ir e, d igam os, p or enc im a d e l hom b ro y
que piense si acaso no habrá alguien atisbando por el ojo de la
cerradura. Ella no lo verá a usted, pero su a ura lo p er c ib ir á y el
s ub c ons c ie nt e s e a lzar á y le propinará tal golpe que hará que
usted se olvide de c ua nt o ha v is t o y v ue lv a a e nca jars e d e ntr o
de s u cuerpo de la manera más brusca que se pueda imaginar.
Solamente podrá introducirse así en la vida priv a d a d e a lg u na
p e r s o na s i s us p e ns a m i e n t o s s o n pur os; c onq ue, a la gente
que me escr ibe para preguntarme cómo puede hacer para espiar a
sus amigas en e l m om e nt o m e nos ad e c ua d o, le r es p ond o que,
por su propio bien, no lo haga. Porque recibirá un tratamiento bastante
rudo.
212
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Practique, pues, la visualización de la cual hablamos. Es muy
fácil. Cuando sea capaz de v isualizar, podrá efectuar el viaje. Sin
embargo, el tiempo que le demande poder hacerlo sólo depende de
usted, de lo r áp id o q ue p er c ib a la v er da d. L a v erda d e s q ue
usted puede realizar el viaje astral, aun cuando en virtud de
ciertos condicionamientos de la vida civiliz a d a , e t c ., no s ie m p r e
lo p ie ns e , no s ie m p r e l o r e c u e r d e ; y c u a n d o l o r e c u e r d a , l a
m a y o r í a d e l a s veces lo atribuye a la imaginación, lo considera
como u n s u e ñ o o c o m o u n a e x p r e s i ó n d e d e s e o s . T a n pronto
como acepte la realidad del viaje astral podrá visualizar verdaderamente
ese viaje. Y, cuando pueda v is ualiz ar e l v ia je a s tra l, e nt onc es,
cr éam e,
p odr á
hacerlo,
porque
es
mucho
más
sencillo
que
levantar una silla, mucho más fácil que levantar un libro. El viaje
astral es algo elemental, es parte de la naturaleza del ser
viviente, ya sea que se trate de un caballo, d e un m on o, d e un
s e r hum a no o d e un ga t o. Cada cual efectúa su viaje astral.
Empero, el tiempo q ue le llev e el poder hacerlo cons cie ntem ente
sólo depende de usted.
Cada vez hay preguntas más estupendas. La que v ie ne a hor a
e s la s iguie nt e : " Dic e u s t e d q ue e n e l as tra l t od o r ie la, per o
para mí t od o r íe la s ie mpr e. ¿Será porque uso anteojos? "
Cuando estamos en el astral todo riela porque está lle n o d e
v id a ,
p le t ór i c o
de
v i t a li d a d .
Si
r e a l iz a
el
v iaje
en
forma
adecuada podrá advertir motitas de luz a su alrededor. Se ve
como si todo estuviese en un rayo de sol. Seguramente ha estado
usted alguna vez en una de esas estaciones ferroviarias llenas de
hollín y ha v isto asomar un rayo de sol a través de una ventana
sucia. En ese rayo de sol habrá podido observar que flotaban pequeñas
partículas. Pues bien, en el astral todo es así, se está en perpetua
luz solar y todo riela con vitalidad. Es lo contrario del smog.
213
LOBSANG RAMPA
En e l a s t r a l, e nt r e p a r é nt e s is , no int e r e s a q u e s e t e nga m al la
v is ta. N i s iq uier a im p or ta q ue s e s ea ciego. Allí se poseen todos
los sentidos. Se puede oír y ver, se puede oler y se puede tocar. Y
siempre con e l c ie nt o p or c ie nt o de p erf e cc ión. De ma nera q ue
¿por qué no procurar hacer el viaje astral? Es sencillo y natural. Y,
por añadidura, es totalmente seguro. Nadie p uede hac erse daño, y
mientras no s e t enga m ied o ningún p er juic io p ued e oca s ionar.
Si ust ed t em e, t od o c ua nt o c ons igue e s d ila p id ar e ner gía s. Con
eso es lo único que se consigue. Porque si usted siente temor,
disipa su energía innecesariamente y aminora tanto sus vibraciones
que se le torna difícil m a n t e n e r s e e n e l a s t r a l , d e l m i s m o m o d o
q u e e l a v i ó n q u e p i e r d e v e l o c i d a d s e p r e c i p i t a a l s u e l o . Usted
no quiere caerse, ¿no es verdad? Pues, entonces, no tenga miedo. No
hay nada que temer.
De
esta
manera,
las
preguntas
siguen
multiplicándose
ad
inf initu m, c omo puede apre ciarse. La v ieja máquina de escribir
continúa repiqueteando y arrojando cuartillas, aunque no por
ello menos meditadas. Pues, con un poco de práctica se escribe
ligero. Y, así, el trabajo va tocando a su fin, lo cual supone que, a
medida que más páginas se acumulan, menos posibilidades hay de nuevas
preguntas. Permítasenos, entonces, responder a una consulta más en
este capítulo. Veamos ésta, que es interesante:
" U s t e d n os e xp r e s a q ue , c ua n d o e s t a m o s e n la tierra, somos
sólo un décimo de conscientes; pero, p o r l o q u e s e a d v i e r t e e n
s u s l i b r o s , p a r e c e q u e somos menos conscientes de lo que son
los habitantes de otros pla ne tas. Los Jardiner os d e la T ie rra,
p o r e j e m p l o , o e s t á n e n p o s e s i ó n d e l c i e n t o p o r ciento de su
conciencia o deben de poseer un poder mucho mayor que los
habitantes de la tierra, ¿o será que en s u estad o de ter cera
dimensión p ued en s er más de un décimo de conscientes? Su intelecto
y los
214
LA DECIMOTERCERA CANDELA
c on oc im ie nt os
t é c ni c os
q ue
p os e e n
parecen
estar
muy por
encima de los nuestros; aunque no solament e s u i nt e le c t o, s i n o
t a m b ié n s u p ie d a d y s u c om prensión. ¿Podría usted explicar esto, por
favor? "
Sí, por supuesto. El planeta que habitamos es uno de los cuerpos
más pequeños entre todas las partículas de polvo que componen el
universo. Sabemos que e xist e n más p la ne ta s, m ás m und os que
gra nos d e arena en todas las playas juntas de la tierra, y para
tener una noción más aproximada todavía, podemos agregar aun
toda la arena que hay en el lecho de los mares, porque la cantidad
de universos que existen supera la capacidad de comprensión humana.
Si mira usted a trav és del microscopio una brizna de polv o de una
uña, verá que se trata de miles de partículas de polv o. Piense,
entonces, en la cantidad de partículas que hay en la superficie de su
cuerpo; piense asimismo, en que, cualquiera que sea el aspecto que
para
usted
básicamente,
presente
por
este
"polvo",
moléculas
de
está
formado
carbono.
a
Entonc e s ,
su
vez,
pobres
b r i z n a s d e p o lv o d e b a j o d e u n a u ñ a , ¿cómo podemos pretender
imaginar siquiera cuántas m olé c ula s — c uá nt o s m u nd os— ha y e n
un c ue r p o humano? Y si esto es así, qué decir del conjunto de los
cuerpos humanos, de la totalidad de los cuerpos de los animales,
de los cuerpos de los otros univ ersos, etc.
En este mundo somos un décimo de conscientes; per o en
otros
mundos,
conscientes.
No
los
sere s
obstante,
p ued en
s er
aunque
v arios
fueran
un
décimos
más
vigésimo
de
conscientes, podrían ser todavía mucho más inteligentes que los seres
terrestres.
L os
Jar d iner os
de
la
T ierr a
no
s on
e xa c tam e nt e
seres
tridimensionales que viven en algún lugar del espacio exterior
dispuestos a arrojar al astronauta o cosmonauta que ose invadirlo. Se
hallan también en una dimensión diferente y, por supuesto, su capaci-
215
LOBSANC, RAMPA
dad técnica e intelectual está tan por encima de la humana, que
nosotros debemos de parecerles microbios infinitamente diminutos
puestos en una brizna de polvo sumamente pequeña.
El mayor problema estriba en que, en esta tierra, tenemos que v iv ir
y manejarnos con tres d im ens io nes. Entonces, ¿cómo podemos
hablar de cosas que suceden, tal vez, en nueve o más dimensiones?
Así, pues, y para contestar la pregunta, digamos que sí, que
en esta tierra solamente somos un décimo de conscientes. Y que
sí, que somos menos conscientes que los seres que habitan los
planetas superiores, aun cuando, quizás, éstos sean también nada
más que un décimo de conscientes.
E f e c t i v a m e n t e ; l o s J a r d i n e r os d e l a T i e r r a s o n mucho más
conscientes y lo son también en muchas más dimensiones. Estos se
han trazado su ruta a part i r d e l o q u e h o y s o m o s n o s o t r o s ;
p e r o , a u n p o r e n c im a d e e l l o s , ha y s e r e s m á s e le v a d o s p a r a
l os cuales son exactamente como nosotros les parecemos a aquéllos.
No obstante, si seguimos la pauta correcta, e s d ec ir, s i ha c e mos
lo q ue sa be m os q ue otr os han hecho en comparación con
nosotros, entonces podremos elevarnos también nosotros en nuestro
derrotero, hasta alcanzar el nivel de los Jardineros de la T i e r r a , p a r a
d e s p u é s s e g u ir a v a nz a nd o. L a m e j or manera de explicar esto es
hacerlo con el lema de la R.A.F.: "Por el esfuerzo, a las estrellas".
216
CAPITULO XII
—No puedo entender a este escritor —dijo Henriette Bunn a su
amiga, mirándola con el ceño fruncido—. Es t oy
tra ta nd o
de
ana lizar s us libr os, p er o me e nc ue nt r o c on q ue n o ha y í nd i c e s
— p r ot e s t ó— . As í, ¿ c ó m o e s p o s i b l e e n c o n t r a r n a d a
otra
v e z . . . ? ¿ L e y é n d o l o s t o d o s d e n u e v o ? — o b s e r v ó r e f u n f u ñando
y pasando las hojas furiosa.
Freda Prizner, su amiga, sonrió condescendientemente.
— ¡Qué quieres que te diga, Hen! Ya sabes que, si los he leído,
ha sido sólo por mero placer. Nada más q ue d e p e ns a r e n
es tu d i ar m e d e p r im o; ¡l o q ue yo q uier o e s algo que me excite !
—repuso; y luego de un sus piro, a ñadió—: P ero tiene s r azón;
tod os los l ib r os d e b e r ía n t e ne r índ ic e s p a r a v er lo q ue una
puede pasar por alto.
El desventurado Autor se revolvió gimiendo en su d ur a c a m a
d e a c e r o.
" P e r o,
¿q u é p r e t e n d e
la
ge n te ? ",
se p re gunt ó.
"Pr im er o, r e s ult a q ue e s tá m al q u e e m p l e e d e m a s i a d o e l y o .
. . P e r o , ¿ a c a s o n o t e ng o d e r e c ho a e m p le a r u no o d o s m á s d e
los c o r r ie nt e s ? ¡Ha y q ue t e ne r e n c ue nt a e l T e r c e r Oj o, también!
* Y ahora hay lectores ( ¡benditos sean! )
* El autor agrega un matiz, valido de la similitud fonética entre las
palabras I (yo) y eve (ojo), que no puede reproducirse en español. (N.
del T.)
217
LOBSANG RAMPA
¡q ue q uier e n índ ic e s! " La a ngust ia y la fa t iga de l anciano
aumentaron de sólo pensarlo.
En esos momentos, no obstante, en pleno corazón d e l o s E . U . A .
— d o n d e l o s b ú f a l o s h a n c e d i d o s u lu ga r a los a lc e s— una
e xt r a or d ina r ia y t a le nt os a mujer ya había puesto manos a la obra.
Esta señora, a p e s a r d e t e n e r q u e a t e n d e r u n m a r i d o (q u e c on
uno ya e s ba sta nt e, d ic e ) y d os niños (d ema s ia d o, afirma, por
ser v arones), encontró un momento, inc l u s o , p a r a c o m p i l a r u n
índice. Y, así, éste llegó c om o ca íd o de l c ie lo... a unq ue, n o,
e n r i g o r d e verdad. Llegó en la saca del cartero. Con toda facilidad, puesto que ya había sido abierto por la aduana c a n a d i e n s e
(malísima
costumbre
que
tienen),
el
Autor desenvolvió el
paquete con sus torpes dedos. De ntr o, s í, d en tro ya s ab e n
ust e d es q ué hab ía : ¡e l índice!
La señora María Pien es una mujer espléndida, tale nt osa y
ca paz. Emp er o, na d ie e s p erf e ct o; ha st a e lla t i e ne un d e f e c t o:
s u le t r a e s d im i nut a , c o n l o cual la vista del Autor se cansó en
seguida. Para leer lo que escribe hace falta una buena lupa. Al
parecer ha
errado
su
v ocac ión,
p ues
v erdaderamente
t iene
a p t it ud e s p a r a e s c r i b ir l ib r o s e n la c a b e z a d e un alfiler.
Gracias, señora Pien, por su muy apreciada colabor a c i ó n . G r a c i a s ,
M i s s S e k e e t a S i a m e s e P i e n , p o r permitir que lo hiciese.
Por razones de espacio, los títulos se citan por sus iniciales, de la
siguiente manera:
El Tercer Ojo .......................................................... TO
El Médico de Tibet .................................................. MT
El Cordón de Plata ................................................. CP
La Caverna de los Antepasados ......................... CA
Mi Vida con el Lama ............................................. VL
218
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Usted y la Eternidad ............................................ UE
La Sabiduría de los Ancianos .............................
El Manto Amarillo ..................................................
El Camino de la Vida .............................................
Más Allá del Décimo ..............................................
Avivando la Llama .................................................
Adivinos
Advertencia
Alcoholismo
Alma
Alma animal
Alma gemela
Amuletos
Animales
Antimateria
Aprendizaje
Aprendizaje en sueños
Asesinato
Asma
Astrología
Atención justa
Atlántida
A u r a T O
9 7 ,
Autohipnosis
SA
MA
CV
MAD
ALL
ALL 53
ALL 160
MT 56; CA 195; UE 99;
MAD 134; ALL 187
CA 36; SA 15
MAD 29; ALL 38, 42, 153
CV 217; ALL 197
SA 16; MAD 113
CP 43; UE 257; CV 82 ;
MAD 29; ALL 153, 168
CV 56, 59
CA 57, 203; MAD 100
ALL 85
MAD 107
CV 221; MAD 136
TO 48, 91, 147; CV 215;
MAD 131; ALL 99, 101
MA 77
ALL 167
1 3 8 , 2 0 2 ; M T 6 6 ,
70; CP 25; CA 157, 163,
175; UE 29, 57; SA 22; MA
212; CV 223; MAD 146;
ALL 205, 211
UE Lecc. 28 y 29; SA 23
Barco invisible
Barcos desaparecidos
Biblia
Bolas de cristal
CV 87
CV 65
CV 50, 242; MAD 85; ALL 38
TO 101, 150; MT 122,
1 2 8 , 133; MA 150; UE 190;
CV 128
219
LOBSANG RAMPA
Budismo
MA 22; SA 32; ALL 103
Caída del hombre
Calendario
Camino Medio
TO 143
TO 144
TO 161; MA 47, 82; UE
121, 153
Campos magnéticos
Cápsulas del Tiempo
Cara
Carta de Zagreb
Cav erna de los Antepasados
Ciclos cronológicos
ALL 63
CA 98; ALL 166
SA 36
UE 156
CA 84
TO 145; CV 62, 207; ALL
201; CP 42
CV 21
CV 39, 251
CA 89; MAD 82, 126
TO 104, 205; MT 121; CP
13; CA 47, 159; UE 173,
189; SA 41; MA 98, 148,
212; CV 129, 223
Ciclos terrestres
Científicos
Civilizaciones
Clarividencia
Codicia
Colores del aura
Cometas
Comida
Comienzo de los Tiempos
Comunismo
C o n c e n t r a c i ó n
C o n f e s i ó n a M a a t
Constipación (Estreñimiento)
C o n t r o l c e r e b r a l Control
de la natalidad Control de los
órganos C o n t r o l m e n t a l
Conv. de Constantinopla Cordón
de Plata
Creación
Creencias
Cristianismo
Cuarta dimensión
Cuello
CV 240
CA 163; UE 35, 47; CV 224
TO 23, 174
CA 231; UE 256; SA 227;
ALL 168
MT 164; CA 89, 97
MT 23; CP 175; CV 158;
MAD 106
UE 120; SA 41
CV 113
MA 187; MAD 55
MT 159; MA 77; UE 201
CA 197
CV 226
MT 211
CA 191; UE 139; CV 249 T O
141; CP 35; CA 37; UE
19, 65; SA 43; CV 144;
ALL 109, 188
CV 243
TO 97
CV 232; MAD 29, 102, 105
CV 81
SA 45
220
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Cultos
SA 47; ALL 55
Curación
SA 48
Chakras.
SA 37; CV 212
Chang-Tang
Chorten
TO 205; MT 188
TO 131
Dar
Defectos
Desarrollo de las aptitudes
ocultistas
Diablos; demonios
Diálogo de Platón
Dieta
Diezmo
Dimensiones
UE 111, 202; CV 236, 237
CV 238
D i o s
T O
1 0 4 ,
Disciplina
Dolor
Dolor de muelas
Dormir
Drogas
ALL 131
SA 55; CV 110; ALL 30
CV 89
SA 56
CV 232
SA 57; CV 39, 47, 73, 78,
81, 89
1 3 6 ,
2 4 8 ;
C A
6 4 ;
SA 59; CV 154; ALL 21,
154
UE 234, 256; MAD 103
MT 159, 212; ALL 121, 148
MAD 146
UE 147; ALL 80
MAD 68; ALL 69, 187
Educación
Efecto inv erso
E l e c t r i c i d a d
ALL 67
ALL 58, 64
M T
5 1 ;
C A
8 0 ,
1 1 5 ,
1 1 9 ;
UE 151, 177; CV 215; ALL
205
Elementales
UE 82; SA 64; CV 132, 183,
208
Emociones
UE 196; SA 66; CV 130
Encarnación
TO 170; UE 107; SA 66;
ALL 191
Energía nerviosa
MT 209; ALL 201
E n f e r m e d a d
M T
2 1 0 ;
C A
2 1 1 ;
U E
1 7 0 ;
MAD 69, 129; ALL 148,
186, 205
Enfermedad mental
ALL 187
Era de Kali
CV 23, 101, 207; MAD 103,
106
Ermitaños
CA 72; MA 35, 223
Escándalo
CV 238
221
LOBSANG RAMPA
Escuela de la Vida
Escuela de la vida en la tierra
Espíritus
Espíritus de la Naturaleza
Estado consciente
E s ta d o s d e á n i m o
Etérico
Evolución
Extremos; opuestos
Facultades. extrasensorias
Fantasmas
Fe
Flores
Forma de pensamiento
Fprmas de vida
Fuerza de voluntad
Gatos
Grafología
Guerra
Guía del Mundo
Hierbas
Hipnotismo
Histeria
Historia de la Tierra
Homosexualidad
Horóscopo
Humanoides
Humanos
CA 217
CA 207; UE 105, 146; MA
89; CV 21; ALL 128
CV 134; ALL 201
CA 20; UE 66; SA 68
UE 237; MAD 119
CA 225
UE 24; CV 225; ALL 63
SA 69; CV 134
CV 59; ALL 30
MAD 98
MT 91; CA 22, 30, 230; UE
31; SA 73
UE 167
ALL 172
CP 167; CA 69; MAD 116
CP 40
UE 208
TO 199; CP 85; CA 131;
MA 15, 93, 180; VL 101,
106, 127, 149; UE 259;
MAD 101; ALL 23, 36, 42,
119, 183, 209, 213
ALL 103
CA 52, 198; UE 105; ALL
35
CV 25
TO 165, 172; CP 44; MT 57,
112, 198; MA 165; MAD 61,
129, 138
TO 225; MT 96; CA 108,
114, 121; UE 237, 241, 249;
SA 86; CV 130, 184; ALL
66
UE 198; ALL 64
MT 164; MAD 83
ALL 110
TO 148; CA 233; UE 233;
CV 216; ALL 99
CP 41; MAD 124
CP 41; CA 229; UE 13, 136;
CV 211; MAD 124
222
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Influencia sobre los demás
Iniciación
Insania
Interpenetración
Invisibilidad
CA 28, 35; SA 90
MT 94; CA 193; UE 141,
207; SA 91
UE 208, 212
CA 57; MT 105; CV 110;
MAD 22; ALL 21
ALL 90, 102
TO 248
CA 78; ALL 186
CV 76
TO 226; CV 87
Jardín del Edén
Judíos
Judo
CV 1 0 3; CV 24 5
UE 126; CV 24
TO 65. 127
Karma
CP 135; CA 46; UE 215; SA
99; CV 219; MAD 69; ALL
181, 187, 192, 195
CP 104; SA 103; CV 213;
ALL 64
Ilusión
Imaginación
Imaginación controlada
Infierno
Kundalini
Lamaísmo
Lamasterios; lamaserías
Lavado de cerebro
Levitación
Leyendas
Leyendas de gatos
Leyes
Liberación del alma
Libros
Lincoln-Kennedy
Luz
Magnetismo
Magnetismo terrestre
Maldiciones
"Manosantas"
Mantras
Manu
TO 155; MA 21
TO 126;*MA 19
MT 95
TO 226; SA 109; CV 126
TO 104, 220
VL 153; ALL 44
TO 21, 76, 161; MA 91; SA
110
TO 233
CA 79, 143, 181; CV 229
ALL 92
CV 244
MT 63; UE 23; CV 63; ALL
63
MAD 117
MAD 115
ALL 182
UE 89, 169; SA 119; ALL
43, 102
CA 66; SA 120; CV .133;
ALL 41, 154, 158
223
LOBSANG RAMPA
Máquinas áuricas
Matrimonio
Médicos
Meditación
Médiumes
Memoria
Menopausia
Metafísica
Miedo
Moisés
Monje
Muerte
Muer te (d es tr uc c ión d e l a nimal
Mujeres
Mundo de la antimateria
Mundo de la ilusión
Mundos astrales
Mundos paralelos
Negros
Niños
Niños de genio
Nirvana
Numerología
Obediencia
Obras del hombre
Ocultismo
Ojos
Ondas del pensamiento
Ondas lumínicas
Opiniones
Ovariotomía
MT 69; CP 25, 29; CA 172;
MAD 146
CA 216; UE 135
MAD 71; ALL 182
SA 122; CV 155, 167, 177;
MAD 123, 124; ALL 58
SA 123; CV 120, 132, 135;
ALL 15
TO 93; SA 124; ALL 88
UE 181; MAD 62
ALL 57, 61
CA 42, 145, 149; UE 67,
81, 129; SA 126; CV 29,
129; MAD 97
MAD 68
TO 83
TO 136, 140, 233; MT 100,
103; CP 85; CA 39; UE 29,
223; SA 130; CV 141, 151;
MAD 15, 22, 71; ALL 20,
139
ALL 197
MAD 103, 108
CV 60
CA 34
CV 151; MAD 19, 24; ALL
40, 149, 153
CV 38, 112
ALL 199
UE 199; ALL 67, 190, 198,
199
ALL 198
MA 82; SA 135; CV 173
SA 136
UE 108
CV 209
SA 140; CV 124
SA
141
ALL 58 UE
162
UE
258 MAD
64
224
LA DECIMOTERCERA CANDELA
OVNIS
TO 141; CV 63, 247; MAD
29, 68, 77, 86
País de la Luz Dorada
TO 152; CP 85, 159; CV
208
MA 124
CP 26, 222, 247
SA 150
UE 68, 100, 236
UE 101; ALL 164
CV 239
CP 55, 57
MAD 127
SA 148, 223; MAD 115;
ALL 32
SA 147, 217
CP 37
SA 148
TO 139; CP 162; CA 61;
MA 99, 198, 202; SA 151;
CV 115; ALL 66, 165
Papel
Parábolas
Penas
Pensamiento
Pensamiento controlado
Perjurio
Perros
Petróleo
Piedra de toque
Piedras
Planeta Zhoro
Planos de la Existencia
Plegaria
Plegaria tibetana para la
muerte
Poder
Poder de la mente
Poder del pensamiento
Poderes ocultistas
Poemas herméticos
Polaridad
Predicciones, Probabilidades
Problemas
Proceder correctamente
Profecías
Prueba
Prueba ocultista
Psicometría
TO 138, 183; MA 99; CA 29
SA 152
UE 200
CA 173
CA 151; SA 153; CV 125
CV 101
CV 52
TO 48, 147, 168; CA 48;
CV 28, 157, 161; MAD 141;
ALL 96
UE 122
MAD 97
CA 220; MAD 142
SA 155; ALL 74
ALL 74
TO 150; CA 55; UE 185,
191; SA 157; CV 240; MAD
98
Quiromancía
ALL 105, 200
Recreación
UE 151; SA 162
225
LOBSANG RAMPA
Reencarnación
Refugios
R e gis t r o As k á s ic o (As c á s ic o,
Ascárico, Askasi)
Registro
de
Reglas de la
Relajación
Probabilidades
Vida Virtuosa
Relajación mental
Relatividad
Religión
Renacer
Respiración
Riñones
Rueda de la Existencia
Rueda de la Vida
Sacrificio
Santo Camino Octuple
Satanás
Serenidad
Sesión espiritista
Sexo
Signos del Zodíaco
Sócrates Sonidos
Subconsciente
Sueño del Templo
Sueños
Sufrimiento
Suicidio
Superyó
TO 80; SA 162; ALL 39,
92, 146, 193
MA 84
CP 179; CA 101; UE 125,
161; CV 151; MAD 39, 85,
126, 143
CV 161; MAD 39
UE 229
TO 158; UE 96; SA 163; CV
227
TO 160
CV 80
CA 60, 67, 190, 191; UE
123; MA 196, 202; CV 249;
MAD 106; ALL 31, 175
TO 141; CA 41; ALL 76,
92, 146
TO 227; MT 202; UE 178;
SA 163, 205
MAD 138
TO 86
TO 137
CV 237
MA 74; SA 170
ALL 30
UE 174, 199
SA 171; ALL 149
CA 185, 190, 193; CP 106;
CV 174; MAD 26, 66, 70
CV 216
ALL 107
UE 47; ALL 33
UE 235; CV 44; MAD 120,
123; ALL 87
CV 185
SA 176; UE 137; ALL 82 M A
62; UE 105, 170, 218,
227; MAD 106; ALL 148,
181, 187
CP 18; CA 42, 219; ALL 71,
146
CA 36; UE 19, 65; SA 177;
CV 43, 111; ALL 96, 110,
152, 196, 202
226
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Tabla Ouija
Talismán
Tarot
Té
Teléfono astral
Telepatía
Telepatía con animales
Telescopio
Teletraslado, teletrasporte, teleportación
Tíbet
Tiempo
Tierra
Trabajo Trance
Tranquilidad
Trasmigración
Trasplante de órganos
Tratamiento negativo
Unidad de vida
Universos
Vegetarianismo
Vestido
Viaje astral
Viaje astral (Zhoro)
Vibración
Vida
Vida anterior al nacimiento
Vidente
Vuelo
ALL 150
MAD 113
SA 183
MA 17
ALL 26, 75
TO 143, 225; CP 217; CA
24, 127; UE 100, 174, 185;
SA 184; MAD 149
ALL 183
TO 122
SA 184; CV 81
CP 20, 174; ALL 47
CV 61, 78; ALL 133
MAD 126; ALL 173
UE 256
UE 249; SA 185; CV 183
UE 174
CP 17, 89, 161, 175, 185,
200, 237; UE 219; CV 26,
29
ALL 161
CV 220
CP 42
CP 42; CA 13
UE 257; ALL 168
MA 211; UE 141
TO 143, 225; MT 27, 90; CP
34, 38; CA 77; UE Lecc. 8,
9, 10, 11, y págs. 140, 143;
SA 21; MA 105; CV 129,
1 5 0 , 1 7 3 , 1 9 7 ; M AD 2 0 , 3 5 ,
39, 120, 123, 127; ALL 83,
91, 119, 131, 149
CP 37
CA 13, 22, 29, 218, 227;
UE 20, 45, 226; CV 59;
MAD 148
CA 13, 20, 58, 208; UE 14,
105; CP 42
ALL 76
UE 133
MT 76, 142
227
LOBSANG RAMPA
Yeti
Yoga
TO 218
TO 227; MA 174; SA 202
Y aún hay más; 'corno añadidura, a continuación
encontraréis también algunos "proverbios".
Es mejor encender una Vela que maldecir la osc uridad.*
ALL 8
Cuanto mayor sea tu conocimiento, mayor será
tu ne ces idad de aprender.
ALL 9
Esta tierra sólo es una pizca de polvo para un
abrir y cerrar de ojos en lo que es el tiem po real. ALL 27
Jamás respondas a la crítica; hacerlo es debilitar
tu argume nt o.
ALL 29
El sendero recto se halla muy cerca, a la mano;
sin embargo, la humanidad lo bus ca lejos.
ALL 47
Cada uno tie ne que ser una is la en sí mismo.
ALL 55
El éxito es la culminación de un gran esfuerzo y
de una preparación consc ie nte y esmerada.
ALL 63
El suic idio jamás se jus tifica.
ALL 71
Cien hombres pueden hacer un campamento;
hace falta una mujer para fundar un hogar.
ALL 79
V u e s t r o c u e r p o e s e x a c t a m e n t e c o m o u n v e h í c u lo, un
vehículo por medio del cual vuestro Superyó adquiere e xper iencia e n la tierra.
ALL 86
Lo más valioso que puede perder el hombre es él
tiemp o.
ALL 97
El que agrav ia a otros, se agrav ia a sí mismo.
ALL 117
Si no escalas la montaña, no podrás coAtemplar
el lla no.
ALL 137
Recuerda que la tortuga avanza sólo cuando estira su cue llo.
ALL 157
La gema no puede ser pulida sin fricción, ni el
hombre perfec cionad o s in s om eterlo a prueba.
ALL 177
 Estas citas —seleccionadas por el autor— se reproducen textualmente
de las traducciones ya publicadas por Editorial Troquel. (N. del E.)
228
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Un hombre debe mantener mucho tiempo su
b oc a a b ie r t a a nt e s q ue una p e r d iz a s a d a d e s a p a rezca por ella.
ALL 195
S i u s t e d n o c r e e e n ot r os , ¿ c óm o p ue d e e s p e r a r
que otros crean en usted?
ALL 209
Divide al enem igo y podrás vencer lo, manténte
unido y podrás derrotar a un enemigo div idido. El
enemigo puede ser muy bien la indecisión, el
temor y la incertidumbre.
MA 91
Manteniendo pensamientos pur os evitam os los
pe nsa mie nt os imp ur os, f or ta le ce m os aq ue llo a lo
que volvemos cuando abandonamos el cuerpo.
MA 201
Uno puede pedir comprensión, puede pedir en
s us p l e ga r ia s q u e le s e a p o s i b l e a y ud a r a o t r os ,
porque al ayudar a otros uno se ayuda a sí mismo, a l e nse ñar a otr os s e e ns e ña a s í m ism o y a l
sa lv ar a otr os s e s alv a a s í m ism o. Uno t ie ne q ue
dar a nt es d e q ue p ued a r ec ib ir. T ie ne q ue dar d e
s í m is m o, d e s u c o m p a s i ó n, d e s u m is e r ic or d ia .
Ha s t a q ue un o p u e d e d a r d e s í m i s m o n o p ue d e
recib ir de otros. N o pue de ob t ener miser ic ordia si
antes no mue stra mis eric ordia, no p ued e obte ner
c om pr ens ión s i a nt e s no ha c om pr e nd id o los pr oblemas de los demás.
MA 202
Devolver el bien por el mal, no tem er a ningún
hombre, ni a los actos de ningún hombre, pues al
devolver el bien por el mal y hacer el bien en
t od o m om e nt o, as c e nd em os s iem pre y no de s c e ndemos jamás.
Para el puro, todas las cosas son puras.
Uno es lo que cree que es. Uno puede hacer lo
que cree que puede hacer.
Guardad silencio y sabed que yo estoy dentro.
Cuando estamos al otro lado de la muerte vivimos en armonía.
Si uno se repite que va a triunfar, triunfará, pero
sólo se triunfará si se repite la afirmación del
triunfo y no se permite que entre la duda (la
negación de la fe).
229
UE 21
UE 59
UE 87
UE 102
UE 136
UE 169
LOBSANG RAMPA
De b e m os c u lt iv a r s i e m p r e la s e r e n id a d in t e r i or ,
cultivar la tranquilidad.
L a e s e n c ia d e c ua nt o h e m os a p r e nd id o e n la T ie r r a e s lo q ue d e t e r m ina l o q u e v a m os a s e r e n la
próxima vida.
Ha c e o s la s ig u i e n t e p r e g u nt a : ¿Q u é im p or t a n c ia
tendrá esto dentro de cincuenta o cien años?
UE 177
UE 177
UE 180
Cuanto más bien se hace a otro, más se gana.
UE 181
Si pensáis en la paz, tendréis paz.
UE 183
Tenemos que estar en paz con nosotros mismos
si hemos de progresar.
UE 185
Con fe y serenidad interior se puede hacer
¡todo!
UE 194
De b e m os p e r d o na r a los q ue nos a gr a v ia n, y b us car el perdón de los que agraviamos. Debemos
recordar siempre que el medio más seguro de
te ner un b ue n k arma e s hac e r a los d emá s lo q ue
querríamos que ellos nos hiciesen.
UE 220
A los ojos de Dios, tod os los hombres son iguales,
y a los ojos de l Gra n Dios t od as la s cr iat ur as s o n
iguales, ya sean gatos, caballos o como se las
llame.
UE 220
De b e r ía m o s s i e m p r e m o s t r a r gr a n c ui d a d o, gr a n
int er é s, gra n c om pr e ns ión hac ia los q ue e st á n
e nf e r m os o af ligid os , p ue s p od r ía s e r nue s t r o
d e s t i no el mostrar tal cuidado y comprensión.
UE 220
L a p e r s o na e nf e r m a p u e d e s e r m u c h o m á s e v o l ucionada que la persona sana, y al ayudar a ese
enfermo uno se ayuda a sí mismo inmensamente.
UE 221
El llorar ind eb idam e nte a los q ue ha n m uert o le s
causa pena, pues los atrae hacia la tierra.
UE 226
Así como debemos hacer lo que queremos que
nos haga n, deb emos mos trar comp leta t olerancia,
completa liberalidad hacia las creencias de los
demás.
UE 232
Como pensamos, somos.
UE 196
Si vosotros dais m ue stras de te ns ión s ignif ica
pos i b l e m e n t e , a u n q u e n o i n e v i t a b l e m e n t e , q u e
n o p e r t e ne c é is a la m i s m a c a t egor ía m e nt a l y
e s p ir itual que las otras personas.
230
UE 199
LA DECIMOTERCERA CANDELA
Si trabajáis demasiado, pensaréis en el duro trabajo
y no tendréis tiempo para pensar en los resultados que esperáis obtener.
C onv ie ne r ec ordar d e v e z e n c ua nd o q ue e n c ua lquier combate entre la imaginación y la voluntad
siempre gana la imaginación.
Si se cultiva la imaginación y se la domina, se
UE 200
UE 208
puede tener lo que se quiera.
UE 212
Lo único que hay que temer es el miedo.
UE 213
Si domináis v uestra imaginación fomentando la fe
en vuestras capacidades, podéis hacer cualquier
cosa.
UE 213
No hay nada "imposible".
UE 213
Se es según se piensa.
UE 219
El fracaso sólo significa esto: ¡que no sois lo
bastante fuertes en vuestras resoluciones para
hacer esto o no hacer aquello!
UE 253
El mendigo de hoy podría ser un príncipe mañana, y el príncipe de hoy un mendigo mañana.
UE 256
En ningún caso se trata de imponer las opiniones
de uno a los demás.
UE 257
Los que menos hablan más escuchan.
SA 39
Ella [la mente] es como una esponja que absorbe conocimientos.
SA 125
La paz es la ausencia de conflictos internos y
externos.
SA 146
Es t e m und o, e sta v id a, [. .. ] e s e l lugar de pr ueba
donde nuestr o Espíritu se purifica por el sufrimiento que supone el aprender a controlar nuestro tosco cuerpo de carne.
CA 36
En una lamasería puede haber un demonio así
como puede haber un santo en una prisión.
CA 51
Venimos aquí para sufrir y para que nuestro
Espír itu pueda ev olucionar . Las dificultades enseñ a n ,
los dolores enseñan; la amabilidad y la consideración, no.
CA 67
El temor corroe el alma.
CA 150
L a v id a s i g u e u n s e nd e r o d ur o y p e d r e g o s o, c o n
muchas trampas y malas jugadas, aunque, si uno
persevera, se alcanza la cúspide.
CA 156
231
LOBSANU RAMPA
La fuerza más grande de todas es la imaginación. CA 193
Nunca desesperes, nunca abandones, pues prevalecerá lo bueno.
CA 201
No puede haber un hombre culto a menos que
ese hombre sea disciplinado.
Es un hecho triste el que sólo aprendamos con
CA 209
dolor y sufrimiento.
CA 210
Debe existir amor entre los padres si se desea
engendrar el mejor tipo de niño.
CA 216
Casi todas las parejas podr ían vivir juntas con
éxito si aprendieran esta cuestión de dar y recibir.
CA 217
No peleen ni estén en desacuerdo uno con otro,
pue s un niño abs orbe las act itudes de los padre s.
El hijo de padres desagradables se vuelve desagradable.
CA 223
¡El Maestro siempre llega cuando el estudiante
está preparado!
CA 237
E l hi e r r o m i n e r a l p ue d e c r e e r s e i ns e ns a t a m e n t e
torturado en la fragua, pero cuando la templada
hoja de fino acero reflexiona lo sabe mejor.
CP 16
El que más escucha es el que más aprende.
CP 109
La raza, el credo y el color no tienen importancia vital; la sangre es roja en todos los hombres. CP 158
La imaginación es la fuerza más grande que hay
sobre la tierra.
CP 170
No está bien recordar demasiado el pasado cuando tenemos por delante el futuro.
MT 46
Es mejor descansar con una mente tranquila que
sentarse como Buda y orar irritado.
TO 75
Es lamentable que la gente condene lo que no comprende.
CV 161
L os s er es huma nos — hom bre s y m ujer e s— d eb e n
tratar de vivir los unos con los otros ejerciendo la
tolerancia, la paciencia y la abnegación.
CV 219
Existe una ley oculta precisa según la cual no
podéis recibir si no estáis dispuestos a dar.
232
CV 235
LA DECIMOTERCERA CANDELA
" H a y a l u z " [. . . ] s i g n i f i c a s a c a r e l a lm a d e l h o m bre de la oscuridad para que pueda percibir la
grandeza de Dios.
CV 244
La muerte en la tierra es el nacimiento dentro
del mundo astral.
MAD 22
Tod o depe nde d e v uestra pos t ura, de v uestra actitud mental, porque de la manera cómo pensáis,
así sois.
MAD 66
Si se piensa en forma positiva, cuanto ocurra será
positivo.
No e xiste pod er en la tierra ni fuera de ella capaz
de a nular lo q ue ya s e ha d ic ho y hac er q ue t od o
quede como si jamás se hubiese pronunciado.
233

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