60 días desPués - Bikram Yoga México

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60 días desPués - Bikram Yoga México
Posición del
triángulo.
La
experiencia
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Bikram
Se habla de este nuevo tipo de yoga en
gimnasios, en restaurantes, en las
oficinas, en la calle, por aquí y por allá. Que si
sudar a lo largo de hora y media te tornea la
figura, te adelgaza, te enseña a escuchar tu
cuerpo, te sensibiliza, te hace feliz, te cambia
la vida… Women’s Health no quiso dejarse
llevar por lo que se rumora, así que LANNY
GAMBOA, nuestra redactora, aceptó el reto de
tomar 60 clases seguidas de Bikram Yoga y ser
testigo fiel de los cambios que pudiera haber
en su cuerpo, mente y espíritu.
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Cuando me propusieron
hacer el reto Bikram, lo primero que pensé fue: “Justo
es el deporte que menos se
asemeja a mi perfil y quizás
el más pasivo de todos”.
Mientras Alexis Uribe
–encargado de relaciones
públicas de Bikram Yoga
México– seguía describiéndome la disciplina, una voz
en mi cabeza decía: Sudar a
cántaros me suena exageradísimo y más porque nunca
he sido de las que transpiran
mucho. Y eso de que me cambiará la vida y canalizará
mi energía para mejorar y
maximizar mi desempeño y
bienestar personal, profesional y laboral, pffff, no lo
creas, es como un perfecto
ideal imposible. Convencida
de mis vagos pensamientos, llegué a la conclusión
de que era absurdo pensar
que el Bikram me ayudaría
a controlar mi hiperactividad, impaciencia, ansiedad
y estrés por una razón:
¡simplemente no me imaginaba durante 60 días de
mi vida en un mismo lugar
repitiendo exactamente las
mismas posiciones durante
una hora y media!
A pesar de todas las
desventajas que enlisté al
principio, acepté la hazaña
como parte de mi trabajo en
Women’s Health y como fiel
amante que soy del deporte
–aunque no sabía si a eso
podría llamarle deporte–.
Por supuesto, no dejaría de
lado mis demás actividades,
así que dividí mi tiempo en
tres: en las mañanas (7:30
a.m.) iría a clase de Bikram,
luego trabajaría y, en las noches, acudiría al gimnasio a
hacer mi rutina de ejercicios
acostumbrados. No tendría
por qué no hacerlo.
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Me encuentro dentro de un salón pequeño en
absoluto silencio, rodeada de espejos, descalza,
vestida con un minishort de lycra y un top
deportivo; junto a mí hay 20 personas más con
lindos atuendos estilo playeros. Estoy parada
sobre mi tapete de yoga cubierto con una toalla,
casi pegada a mi compañero, y a lado tengo
una botella de agua bien fría –que es forzoso
llevar–. La temperatura está a 42 °C; se siente y
se respira el aire caliente y sofocante desde que
pones el primer pie en el estudio; aunque no
es agradable la primera sensación, me provoca
curiosidad y espero atenta el comienzo de mi
primera clase que incluye una larga e intensa
rutina de 26 posturas de Hatha Yoga durante
90 minutos continuos.
reparo un momento y me pregunto si esto era el
yoga que todos conocemos.
Empiezo a agotarme, el sudor que brota de mi
cara, brazos, pecho, piernas… cada rincón de mi
cuerpo, lo refleja. Pero también mis músculos
se sienten más ligeros y flexibles. Tengo que
aceptarlo, por lo pronto el Bikram Yoga está
ayudando a mi elasticidad y eso me hace sentir
feliz; además de que transpirar como lo estoy
haciendo es inusual y también se siente bien.
A pesar de los contados instantes de bienestar,
trato con toda destreza de ejecutar la posición,
mantener el equilibrio, resistir el dolor, el calor
y seguir adelante. Pero la desilusión es más
grande, pues no logro igualar el ritmo de los
demás, y la temperatura y el encierro son tan
abrasadores que asfixian mi respiración, perturban totalmente mi entrenamiento y empiezan a
sacarme de quicio.
El maestro en turno entra al salón, sube a su pequeña plataforma y nos da la bienvenida. Ahora
recuerdo perfecto su nombre, Germán. Se dirige
a mí para decirme que mi reto del día sería
mantenerme en el salón sin salir antes de que
termine la clase. En ese momento mi incrédula
cabecita pensó: El yoga es fácil y estoy acostumbrada a hacer ejercicio, claro que no me saldré.
Después de la interminable y exhaustiva rutina
respiro y exhalo más de 10 veces por la boca.
Al finalizar, el profesor envuelto en su toalla se
despide con una amable felicitación y un formal
namaste. Inmediatamente nos acostamos boca
arriba sobre el tapete, con los brazos semiextendidos. Por fin puedo cerrar los ojos (una de
las reglas es no cerrar los ojos durante la clase),
estoy sin aliento y superagotada, sin las fuerzas
necesarias siquiera para levantarme y huir como
en un principio quería. Mis primeras sensaciones: un cuerpo liberado y muy relajado, tanto
que podría dormirme.
Concentrada, empiezo a imitar a mis compañeros, quería igualarles el ritmo rápido y constante
con el que ejecutaban cada movimiento, y al
mismo tiempo trato de escuchar el diálogo
unísono, preciso y descriptivo del instructor,
pero no entiendo nada. No me importa y sigo
mal copiando la rutina.
Germán detiene su guía y me dice muy fuerte:
“Bloquea tu rodilla, como un poste de luz
inquebrantable, piensa que no tienes rodilla”.
Yo no tengo idea de qué significaba “bloquear
la rodilla”, así que al ver mi cara de sorprendida, me pone el ejemplo con su propia rodilla
y la lleva hacia atrás, totalmente recta (ellos
generalmente sólo explican los movimientos
sin realizarlos), y aun así me quedo con la duda.
Los minutos pasan lentos, el calor se vuelve
insoportable y yo me desespero. Mi espacio
es limitado al recuadro marcado por el tapete,
escucho el diálogo pero no logro copiar la
serie, veo a todos concentrados sin siquiera
tambalear, disfrutando de la hazaña, y eso me
incomoda mucho.
“Mira atrás, llega atrás, cae atrás, ve más atrás”,
repite el maestro. Aunque apenas puedo respirar, ya tengo la cabeza y la espalda arqueadas
hacia atrás con los brazos totalmente extendidos (segunda parte de la posición Media Luna
con manos a los pies). Siento alivio y hasta
alegría cuando casi logro hacer el movimiento,
pero el sentimiento dura poco, porque la siguiente postura resulta ser lo triple de compleja.
Posición rara o Utkatasana. Me coloco frente al
espejo, separo las piernas, elevo las manos al
frente, flexiono las rodillas y, al mismo tiempo,
subo los talones. Esto involucraba resistencia
y fuerza en mis piernas. Pero si yo la tengo,
pensaba, ¿por qué me cuesta tanto? Entonces
Primera parte
de la posición
de la Media
Tortuga.
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c
Primera clase
7 días después
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Frente a la
rodilla con
estiramiento.
En el transcurso de la primera semana me di
cuenta de que habían muchas habilidades físicas
y mentales no activadas en mi cuerpo, como el
manejo del punto de equilibrio, la concentración,
la respiración profunda, la paciencia, la fortaleza,
la resistencia del cuerpo, el dominio del dolor y la
relajación absoluta para disfrutar de la calma y la
estabilidad de mi día a día. A partir de esto decidí
que ahora mi verdadero reto consistiría en trabajar en todas ellas y gozar del baño de sudor.
La rutina y el diálogo siempre son los mismos, lo
que cambia son los profesores y la disposición y
frecuencia con que realices tu práctica. Una de
las primeras posturas y diálogos de la rutina es
éste que aún me resulta muy divertido: “Dóblate
como un sándwich de jamón japonés y pon tu
frente en la rodilla, pega la frente en la rodilla, la
frente tiene que tocar la rodilla”. Al principio me
preguntaba ¿qué es un sándwich de jamón japonés?. Recientemente descubrí que sólo es
una manera de calificar la última parte de la postura llamada Media Luna con manos a los pies
(Ardha-Chandrasana con Pada Hastasana). Se
trata de una posición de pie, con los brazos extendidos hacia arriba, giro a un lado y me estiro
ampliamente, luego cambio de lado y después
llevo la cabeza hacia atrás y me estiro. Por último,
inclino el torso y brazos hacia el frente y coloco la
frente en las rodillas para obtener el máximo beneficio. Ésa es la posición de sándwich de jamón
japonés. Lo más importante en este ejercicio es
tener bien alineada la cadera y llevar la frente a la
rodilla. “Siente una profunda sensación de estiramiento”, insiste la maestra.
El secreto es estirar, estirar y estirar. Lo mismo ocurre en el penúltimo movimiento llamado Frente
a la rodilla con estiramiento (Janushirasana con
Paschimotthanasana): sentada frente al espejo
con los pies separados a 90°, estiro bien los brazos
y el torso hacia ambas piernas. Luego, realizo una
rápida abdominal y junto las piernas para estirar y
extender los brazos hacia delante hasta sujetar los
dedos gordos de los pies al tiempo que levanto los
talones del piso sin flexionar las rodillas. Deliciosa
sensación en la espina dorsal y detrás de las piernas. Parece que se liberan de ligas que las tensan.
Entre la serie de estiramiento y el comienzo de
las posturas del Hatha Yoga se hace una exquisita transición llamada Savasana (la postura del
cuerpo muerto): acostada boca arriba sobre el mat
en contra del espejo con los ojos abiertos y todos
los músculos relajados. Hacer un breve descanso
en medio de la faena se convierte en una gran sensación de bienestar. Ésta es la posición de máxima
recuperación para revitalizarte.
Mientras avanza la clase, es increíble sentir cómo
se calienta y estira con fluidez el cuerpo, y más
aún, finalizar con una doble carga de energía y con
mucho ánimo positivo para empezar el día.
Existe otra postura llamada Posición de la Media
Tortuga (Ardha-Kurmasana), que equivale dormir
casi ocho horas al día, la cual me llamó mucho la
atención, pues soy de las que sufre de insomnio y
cuando tengo una buena noche duermo entre seis
y siete horas. Te colocas en cuclillas y dejas las rodillas flexionadas sobre el piso, inclinas tu cuerpo
hacia el frente con los brazos estirados y pegas las
rodillas al pecho con la cabeza mirando el suelo; la
idea es no despegar los glúteos de la punta de los
talones. El poder que esta posición genera en tu
organismo provoca que en las noches caigas casi
al momento de tocar la almohada. Yo lo experimenté y lo mejor es que la posición se puede hacer
en casa, aunque no estés bajo temperaturas exageradas –sólo hay que cuidar de estar bien calientes para no lastimarse.
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Mientras avanza
la clase, es increíble
sentir cómo se
calienta y estira con
fluidez el cuerpo, y
más aún, finalizar
con una doble
carga de energía y
con mucho ánimo
positivo.
30 días después
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Posición en
arco, de pie.
15 días después
Solía acostarme a la una de la mañana, con
dificultad para dormir y aún más para despertar,
pero esto cambió después de 12 a 15 días de
hacer Bikram Yoga. Sigo yendo a la cama a la
una, pero me quedo dormida enseguida y me
despierto descansada a las seis de la mañana, sin
pelear con el despertador, para llegar a las siete
al estudio, preparar mi lugar y esperar a las 7:30
en punto para empezar mi clase.
Conforme pasan los días las posiciones se van
grabando como tatuajes en mi memoria. Ver
la fortaleza, alineación y el control del equilibrio de las personas de edad mayor me motiva aún más. Imagínense: logran detenerse
sobre una sola planta del pie con las piernas
enroscadas, los brazos cruzados y las manos
alineadas en namaste (posición del águila o
Garurasana). O bien, sostenerse sobre una
pierna con la otra elevada hacia el techo, simulando la figura de una paloma (posición en
arco, de pie o Dandayamana-Dhanurasana).
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Marzo 2011
Mirar el espejo y fijar un punto en él es la
clave para mantener el balance en una de
las posturas más osadas y contendientes de
la Copa Nacional de Yoga: DandayamanaJanushirasana. “Se necesita mucha concentración, autocontrol y determinación”, afirma
el instructor. Limpio mis manos, me paro
frente al espejo, coloco los pies juntos y bloqueo las rodillas. Enseguida elevo una pierna
hacia el espejo, sosteniendo la planta de mi
pie con ambas manos. La pierna debe permanecer estirada. Inclino el torso hacia delante,
alineo mi espalda y bajo los codos hasta que
quedan por debajo mi rodilla. Inhalo profundo, agacho la cabeza y mi frente ¡toca la
rodilla! Me mantengo así, concentrada y en
equilibrio, autocontrolada totalmente. Antes
ni siquiera levantaba recta la pierna. Ahora,
hasta pongo la frente en la rodilla, ¡no lo
puedo creer! Quince días bastaron para superar la prueba física. ¡Mi cuerpo ahora es un
delicioso chicle!
“Se necesita de valor y fuerza para lograr hacer
el reto”, escribió en un comunicado Ulises
Calatayud (director general de Bikram Yoga
México). Después de 30 días comprendí a qué se
refería. Me siento feliz de mantenerme en el reto,
sobre todo porque he experimentado mayor flexibilidad y una mejor alineación en mis músculos.
Además, ahora me olvido del mundo y los problemas con mayor facilidad, les doy la merecida
atención y los dejo fluir; logro concentrarme y
juego con mi propio balance, mas no con mis rodillas, porque el diálogo del Bikram Yoga insiste
en que: “Puedes jugar con los dioses pero jamás
con tus rodillas”. La alineación y protección de
las rodillas es una de las bases más importantes
para perfeccionar tu práctica.
Por otro lado, he de admitir que el dolor sigue
a flor de piel y más en la posición de Camello
(Ustrasana); me cuesta trabajo aguantarla más
de cinco segundos. Sin embargo, con la guía
constante he aprendido que el secreto está en la
respiración. La idea en este ejercicio es sentarte
en posición estilo japonés (hincada con las rodillas sobre el piso y separadas unos 15 cm) e inclinar la cabeza y la espalda hacia atrás hasta ver
el borde de tu tapete. Finalmente, decido arriesgarme y me inclino más de lo que había intentado antes. Coloco las manos entre mis caderas
y el inicio de mis glúteos, respiro profundamente
y comienzo la curvatura hacia atrás. Repito la inhalación, levanto mis caderas hacia el techo y me
inclino aún más, bajo mis manos a los talones y,
de pronto, sin darme cuenta, ya estoy mirando
el final de mi tapete con la espalda totalmente
en curva. El dolor que antes sentía y me impedía
hacer esta posición, no lo siento más. Descubro
entonces el poder de la respiración. Por medio
de la correcta inhalación y exhalación mejoras la
amplitud de tus movimientos, adquieres mayor
resistencia, te relajas, piensas mejor y dominas el
dolor a tu favor. Ahora me atrevo a expresar que
este dolor es igual al placer absoluto de la propia
combustión de mi cuerpo.
Torsión de la
espina dorsal.
60 días después
Lo impensable ocurrió… Llevo dos meses de
entrenamiento y ahora mi cuerpo pide más.
Sigo yendo al gym por las noches y siento
cómo el efecto integral del trabajo de Bikram
complementa mi rutina cardiovascular: tengo
mayor amplitud en mis movimientos, más
coordinación y más resistencia. He de confesar que mi gusto por el Bikram ha traspasado fronteras, tantas que hasta participé en
el Demo de la Copa Nacional de Yoga 2010, en
diciembre pasado.
Sería egoísta de mi parte no compartir esta experiencia de infinita vitalidad, alegría, tranquilidad y fortaleza. Cada día que pasa siento las
mismas ganas, o más, de estar en el estudio, parada sobre mi tapete, aunque cuando ya estoy
ahí mirando nuevamente el espejo me pregunto
¿qué hago metida otra vez en este calor infernal?
“Consciente o inconscientemente sabes que
cada día que practicas estás más llena de vida,
salud, paz, armonía, sabiduría, poder, claridad.
Es por eso que regresas una y otra vez”, afirma
Ulises. Sí, para mí es como un rico pastel de chocolate: un manjar superadictivo y placentero
que te alegra al instante, y al instante te llena de
energía y una vez que lo pruebas ya no lo puedes dejar. Cuando falto –que es por alguna cuestión extremadamente apremiante– siento que
esta energía de alto voltaje sigue girando dentro
mí. Ahora entiendo por qué se le conoce como
yoga en movimiento, porque es una transformación exponencial y profunda que te acompaña a
todos lados, a todas horas y en todo momento
como si fuera parte de tu persona.
Hoy no puedo dejar de hablar de Bikram Yoga
o relacionarlo con todo lo que me da –aunque
creo que ya tengo cansados a mis compañeros
de trabajo–, pero es que simplemente “parece
algo mágico”, dice Ulises. Y yo diría: “Es algo
realmente extraordinario”.
Es una disciplina creada por Bikram
Choudhury (yogui hindú), basada en una
serie de 26 posturas (ásanas) y dos
ejercicios de respiración (pranayamas)
del Hatha Yoga de Patanjali, realizada
durante 90 minutos seguidos dentro de
un salón a una temperatura de 42 °C.
¿Qué partes del cuerpo ejercitas?
> La serie de movimientos está diseñada
para calentar y estirar los músculos, las
articulaciones, los ligamentos y los
tendones en el orden en el que deben ser
entrenados para lograr los mejores
beneficios.
> El calor favorece la flexibilidad de las
fibras y el tejido conector, permitiendo
mayor rango de movimiento.
> Gracias al estiramiento constante
ejercitas completamente el sistema
cardiovascular, lo que ayuda en la quema
de grasa corporal.
¿ Cuáles son sus beneficios?
> La ejecución de las ásanas maximizan
la circulación sanguínea fresca y
oxigenada hacia todos los órganos,
glándulas, células y huesos del cuerpo
para restaurar el funcionamiento del
sistema inmunológico.
> El sudor generado por la alta
temperatura elimina las toxinas
a través de la piel.
> Mejora el manejo de ciertas habilidades
como: equilibrio, concentración,
paciencia, determinación y el
autocontrol.
> Promueve el fortalecimiento de todos
los sistemas del cuerpo que ayudan a
prevenir enfermedades, lesiones y limitar
los efectos del envejecimiento.
> Equivale a correr 10 km, tomar una
clase de aeróbics, recibir un masaje y un
facial, ir al quiropráctico y a terapia,
meditar y entrar a un
temascal.
¿Cada cuánto
debemos
practicarlo?
>Por lo menos tres
veces a la semana.
Lo ideal es todos los
días para que
progresivamente
perfecciones el
desempeño de
la rutina.
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¿Qué es Bikram Yoga?

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