Così fan Tutte

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Così fan Tutte
Un così
fan
tutte
muy fríbolo
en el Liceu
brío clásica
COSÌ FAN TUTTE
Wolfgang Amadeus Mozart
Liceu de Barcelona, 22 mayo 2015
Dramma giocoso en dos actos
Libreto original de Lorenzo Da Ponte,
inspirado en textos de Boccaccio,
Shakespeare y Cervantes.
D. musical: Josep Pons
D, escena: Damiano Michieletto
Escenografía: Paolo Fantin
Vestuario: Carla Teti
Iluminación: Fabio Barettin
Producción del Teatro La Fenice de Venecia
Reaprto: Juliane Banse, Maite Beaumont, Joel Prieto,
Joan Martón-Royo, Sabina Puértolas, Pietro Spagnoli.
Orquesta y Coro del Gran Teatre del Liceu
D. Coro: Conxita Garcia
L
brío clásica
Maite Beaumont,
interpretando a
Dorabella y
Pietro Spagnoli,
como Don Alfonso
legaba el Così fan tutte al
Liceu, del que dicen no es un teatro mozartiano. Como no sabemos muy bien
qué es ser o no mozartiano, tratándose de un teatro, nos quedaremos con la
duda. Quien no parece muy mozartiano
es el director de escena de esta producción, Damiano Michieletto. Este joven
veneciano empieza a ser conocido por
sus discretas extravagancias escénicas.
Unas más acertadas que otras. Y no es
este Così fan tutte, que viene de La Fenice, una de sus más celebradas producciones.
Juliane Banse,
Fiordiligi y
Maite Beaumont,
Dorabella
brío clásica
La escenografía ideada por Michieletto banaliza la trama de Da Ponte. Basada nada menos
que en obras de Bocaccio, Shakespeare y Cervantes. No se trata de una ópera buffa, sino de
un dramma giocoso. O como bien definió René
Leibowitz, una “tragedia en forma de juego”.
Pero el director de escena ha creado esta vez un
juego demasiado básico. No ha sabido ver la inteligente propuesta del compositor, tan dado al
juego y al divertimento. Ha situado la trama en
un decadente hotel de 5 estrellas del que ha calcado, esta vez con gran acierto, esa mortecina y
desalentadora luz que invita siempre a salir de la
habitación.
Tampoco acierta al situar sobre el escenario pequeñas tramas paralelas que lo único que hacen
es distraer de la principal y de la acción de los
cantantes.
Desde el foso, el inicio de la obra es prometedor. ¡Es Mozart! La obertura, siempre vigorosa,
lo llena todo. Pero tras los primeros compases
empieza a notarse la falta de espíritu. Ese espíritu que el compositor, maestro del juego de la
infidelidad, reflejó de manera tan acertada. No
existe una línea orquestal, una narración musical
de la historia.
brío clásica
Pons no presta suficiente atención a los cantantes ni al coro. El resultado es el desamparo de
los intérpretes y la desconexión entre el foso y el
escenario. Sobre todo en las arias de grupo, tan
importantes en esta obra. Entradas a destiempo
y poca coordinación entre cantantes. Queda ausente el magistral juego de enredos e intercambios que propone Mozart en su partitura. En el
segundo acto se pasa de la falta de espíritu al
tedio. La mala resolución del final, que queda a
medias entre la alegría y el desastre amoroso,
no ayuna a dejar entre el público un buen sabor
de boca.
A Juliane Banse le tocaba interpretar uno de los
papeles más completos y complejos escritos
por Mozart, Fiordiligi. Se requiere una soprano
spinto d´agilità, con voz robusta para el abordaje de arias como Per pietà. Posee Juliane Banse
un buen registro central, pero sufrió en las notas
más graves. También tuvo sus dificultades en la
complicada Come Scoglio. Aria con grandes demandas técnicas para la que no tuvo el aliento ni
apoyos suficientes. Fue de menos a más, llegando al segundo acto con un sonido menos estridente y más ajustado.
El inicio de la obra es
prometedor. ¡Es Mozart!
La obertura, siempre
vigorosa, lo llena todo.
Pero tras los primeros
compases empieza a notarse
la falta de espíritu.
Joel Prieto como
Ferrando,
Maite Beaumont,
Dorabella y
Pietro Spagnoli,
como Don Alfonso
Dorabella, contrapunto vocal de Fiordiligi, estuvo interpretada
por Maite Beaumont. Una voz mucho más equilibrada y homogénea. De timbre agradable y buena línea de canto. Fue tapada
en varias ocasiones por su hermana artística, pero le dio al personaje el carácter adecuado, más tímido y recatado.
Despina fue interpretada por Sabina Puértolas. Una soprano de
tonalidades más agudas que las anteriores. Animó la escena
con su descaro, exagerado a veces, pero le dio frescura a toda
la obra. Voz amplia y expresiva. Recorría el escenario mientras
sus compañeras permanecían estáticas.
La sorpresa agradable de la noche fue el joven tenor Joel Prieto,
interpretando a Ferrando. Su tesitura de lírico pleno, cercano al
spinto, es la más adecuada para este rol mozartiano. Cantó con
notable gusto, sobre todo su aria principal, Un aura amorosa,
que abordó con finura. Resolvió muy bien la cavatina Tradito,
schernito, teatralmente más exigente y para la que se requieren
unos buenos graves. Muy bien en el dúo con Fiordiligi en el segundo acto. Dada su juventud y la calidad de su instrumento, se
adivina una brillante evolución.
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Joan Martín-Royo compuso un Guglielmo sólido. Su
tesitura baritonal se refuerza con unos buenos graves, que se corresponden con el personaje que describió Mozart. Su labor actoral fue meritoria y brilló
en las arias. Como al resto de intérpretes, no les favoreció demasiado el vestuario ni la escenografía.
A Pietro Spagnoli le encargaron un Don Alfonso algo
casposo y con poca chispa, cuando lo que requiere
el personaje es una intención casi buffa. Vocalmente estuvo muy bien resuelto por Spagnoli. Un magnífico fraseo y una muy buena declamación en los
recitativos. Se notan sus tablas.
Sonó estupendamente el coro del Liceu, de la mano de
Conxita García, a pesar de la escasez de elementos.
Un Così fan tutte algo pobretón y desigual el que ha
presentado el Liceu en esta ocasión. Mejorable en
cualquier caso, pero siempre extraordinario tratándose de Mozart. No pensemos que el Liceu no es
mozartiano. Démosle otra oportunidad.
Texto: Paloma Sanz
Imágenes: A. Bofill
Vídeo: Teatre del Liceu
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