«Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no

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«Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no
No. 185
Xalapa, Ver., 29 de diciembre de 2013
«Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses,
ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres…
ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien»
Este domingo los cristianos ampliamos nuestra mirada para contemplar
junto al Niño Jesús a sus padres San José y la Virgen María. Dentro del
asombro y la expectación que provocan los misterios de Dios volvemos a
maravillarnos al contemplar cómo Dios quiso darse a conocer al género
humano a través de una familia.
Estos días de Navidad purifican nuestro corazón, nos disponen a la
reconciliación y provocan la comunión con nuestros seres queridos. La Navidad
tiene esa capacidad de doblegar el egoísmo y la indiferencia, así como
favorecer una reflexión profunda sobre lo que estamos haciendo con nuestra
vida.
La Navidad igualmente regresa sobre los orígenes de nuestra fe para
recordarnos el camino que Dios escogió para darse a conocer. En efecto, la
Sagrada Familia de Jesús no es sólo el modelo de nuestras familias sino
también el medio que confirma cómo Dios se ha manifestado. Los cristianos
tenemos que regresar y valorar la pedagogía de Dios sobre todo en un mundo
donde se presentan alternativas religiosas que distorsionan la imagen de Dios y
que erosionan los valores que sostienen la vida de la sociedad y de las
familias.
La auténtica relación con Dios anima y compromete a una vida de
servicio, también ayuda a entender que nuestra vida debe estar estrictamente
vinculada a los demás. No se entiende una relación con Dios de tipo
individualista que justifique esquemas de libertinaje y que no cuestione el
distanciamiento que puede haber entre nuestro estilo de vida y los valores
humanos y cristianos.
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En este caso, no se puede conocer plenamente a Dios relegando o
minusvalorando a la familia, o favoreciendo otro tipo de desvinculaciones. Dice
el Papa Francisco que: «Cuando la vida interior se clausura en los propios
intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se
escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no
palpita el entusiasmo por hacer el bien» (Evangelii Gaudium, n. 3).
El verdadero culto a Dios se traduce en una relación de amistad con el
Señor que nos rescata de nuestra conciencia aislada. En su último documento,
el Papa Francisco señala al respecto: «Llegamos a ser plenamente humanos
cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve
más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero»
(Evangelii Gaudium, n. 8).
Los divorcios, las separaciones, el aborto, la falta de atención y caridad a
los enfermos y ancianos y las incomprensiones entre padres e hijos, así como
los desencuentros entre los esposos reflejan el poder de una cultura que se
obstina en educar en la desvinculación, el libertinaje, el egoísmo y la
comodidad. Frente a esta cultura que rompe el vínculo y que endiosa una vida
de egoísmo, los Obispos de América Latina sostienen que «La vida se
acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (Aparecida,
360).
Hoy, al celebrar a la Sagrada Familia de Jesús, hacemos un llamado al
cuidado y fortalecimiento de la familia. Si no se atiende a la familia y si la
familia deja de cumplir su misión difícilmente recuperaremos los niveles de paz,
de justicia, de fraternidad y de honestidad que tanto deseamos para erradicar
de nuestra sociedad los males que se están convirtiendo en una verdadera
pesadilla.
Pbro. Lic. José Juan Sánchez Jácome
Director
Oficina de Comunicación Social
Arquidiócesis de Xalapa
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Oración del Papa Francisco a la Sagrada Familia:
«Jesús, María y José,
en ustedes contemplamos
el esplendor del amor verdadero,
a ustedes nos dirigimos con confianza.
Sagrada Familia de Nazaret,
haz que también nuestras familias
sean lugares de comunión y cenáculos de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Sagrada Familia de Nazaret,
que nunca más en las familias se vivan experiencias
de violencia, cerrazón y división:
que todo el que haya sido herido o escandalizado
conozca pronto el consuelo y la sanación.
Sagrada Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
pueda despertar en todos la conciencia
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
su belleza en el proyecto de Dios
Jesús, María y José,
escuchen y atiendan nuestra súplica.
Amén.
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