Calendario Arbóreo y Escritura Oghámica

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Calendario Arbóreo y Escritura Oghámica
Calendario Arbóreo
y Escritura Oghámica
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La rueda del año celta Calendario Arboreo
Significado de los árboles:
- Abedul: El principio de las cosas, lo
utilizaban para purificar.
- Acebo: Símbolo de la lucha y protección.
- Aliso: La fuerza emocional y la
perseverancia.
- Avellano: Símbolo de la sabiduría y el
conocimiento.
- Espino Blanco: Relacionado con el mundo
de las hadas.
- Fresno: El árbol de la vida. Tiene poderes
mágicos.
- Haya: Homólogo femenino del roble. Reina
de los bosques. Símbolo de poder y
fuerza.
- Higuera: Abundancia y fertilidad.
- Manzano: Árbol del más allá. Vinculado al
amor, el poder y la juventud. De él
nace el fruto de la vida eterna.
- Muérdago: Planta sagrada utilizada en
pócimas. Cuando lo cogían del roble era
como recoger la energía divina.
- Nogal: Sabiduría y ciencia.
- Olmo: Árbol sagrado. Simboliza la victoria
y la consecución de nuevas metas.
- Pino: Fertilidad y protección.
- Roble: Árbol sagrado. Señor del bosque.
Simboliza la fuerza y el poder divinos.
- Sauce: El equilibrio emocional y la
regeneración.
- Saúco: Árbol mágico relacionado con las
hadas. Sus flores combaten los hechizos.
- Serbal: Protección. Aleja las influencias
malignas.
- Tejo: Renacimiento. Árbol sagrado asociado
a la muerte y a la otra vida.
ESPAÑOL - GAÉLICO - FECHAS
ABEDUL - BETH del 24/12 al
SERBIAL - LUIS del 21/01 al
FRESNO - NION del 18/02 al
ALISO - FEARN del 19/03 al
SAUCE - SAILLE del 15/04 al
ESPINO - VATH del 13/05 al
ROBLE - DUIR del 10/06 al
ACEBO - TINNE del 08/07 al
AVELLANO - COLL del 05/08 al
VID - MUIN del 02/09 al 29/09
HIEDRA - GORT del 30/09 al
JUNCO - NEGETAL del 28/10 al
SAUCO - RUIS del 25/11 al
20/01
17/02
18/03
14/04
12/05
09/06
07/07
04/08
01/09
27/10
24/11
23/12
Escritura Oghámica
Los druidas, basándose en el alfabeto Oghámico, desarrollaron una escritura secreta que
aplicaron a las hojas de las plantas. En cada muesca o grupo de incisiones se relacionaba
con un árbol, cuyo nombre en gaélico irlandés lo vinculaba a su vez con una letra. Por esa
razón, recolectaban toda clase de hojas, con las que enviaban mensajes que éstos tan sólo
podían ser leídos por personas iniciadas en el druidismo y consistía en ir intercalando las
hojas a lo largo de un hilo, según su correspondencia alfabética.
Este alfabeto estaba relacionado con el calendario druídico. Cada uno de los trece meses
lunares en que dividían el año correspondía a un árbol y le correspondía una letra.
La rueda Celta del año marca los meses y su correspondencia con cada árbol. En ellas
están indicadas también las fiestas que celebraban a lo largo del año. Las cuatro principales
son: Samhain, Beltayne, Ymbolc y Lugnasad. Además, otras cuatro marcaban los cambios
de estación: Yule, Ostara, Litha, Mabon.
Fiestas Celtas:
La primera luna del invierno es la que marcaba el inicio del calendario, se concreta el 1
de noviembre. De la misma forma se concretan fechas para el resto de fiestas:
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• Samhain: 31 de octubre es la fiesta para honrar a los muertos. Desde la noche del 31
al 1 es la última del año.
• Yule: 23 de diciembre. Solsticio de invierno. Celebra el renacimiento del Dios Sol.
• Ymbolc: 1 de febrero. Festividad de purificación y retiro invernal en espera de la
primavera. Consagra a Brigid.
• Ostara: 21 de marzo. Equinoccio de primavera, se celebra su llegada. Marca el equilibrio
entre el día y la noche. Consagra a la diosa germánica de la fertilidad Eostree.
• Beltayne: 1 de mayo. De gratitud a los dioses familiares por proteger el fuego del hogar.
Marca el momento de llevar los rebaños a los pastos. Consagrada a Belenus.
• Litha: 23 de junio. Solsticio de verano. Día más largo del año. Celebra la abundancia y
belleza de la tierra.
• Lugnasad: 1 de agosto. Fiesta en honor del dios Lugh. Se celebra la cosecha y se
agradece a la tierra su generosidad.
• Mabon: 23 de septiembre. Equinoccio de otoño. Celebra el fin del verano. Toma su
nombre del dios galés Mabon.
Alfabeto Ogham
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El alfabeto ogham, era la escritura alfabética que emplearon los celtas de Irlanda y que
tuvo su máximo nivel de uso entre los siglos III y IX.
Aunque se utilizó para escribir en gaélico irlandés antiguo, se han encontrado inscripciones
ogham fuera de la isla, lo que demuestra la expansión de la lengua y cultura irlandesa en el
resto de islas británicas.El alfabeto Ogham consta de 20 letras a las que otras cinco
fueron añadidas en una época posterior de su desarrollo, representadas por trazos rectos
o diagonales en número variable de uno a cinco, dibujados o grabados encima, debajo o
transversales en una línea horizontal o vertical o a lo largo de los bordes del objeto en el que
las letras están incisas:
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Algunos lo relacionan con el alfabeto rúnico como si fuera una forma secreta del mismo
y otros lo consideran inspirado del alfabeto romano. Esta escritura se ha encontrado en
inscripciones de menhires,túmulos y círculos sagrados, siendo siempre vinculado a ellos los
actos funerarios, aunque esta teoría se está desmoronando. También en estas supuestas
tumbas aparecían a menudo los símbolos germánicos de la cruz solar y de la cruz gamada.
La tradición oghámica no se perdió después de la época celta, ya que fue conservada por
los monjes irlandeses y después por los escribas de tiempos posteriores al siglo IX. Con la
influencia cristiana, el ogham iba acompañado de cruces, en representación del respeto a
Cristo y a los antiguos dioses paganos.
En la religión celta el ogham representó un conjunto de signos mágicos cuya fuerza era
tan grande que podía paralizar a los enemigos. La tradición irlandesa contaba que el alfabeto
ogham fue creado por el dios Ogma.
La cultura celta se fue perdiendo en Europa por la llegada del cristianismo, que fue
destruyendo símbolos y modificando leyendas para adaptarlas a su religión. Pero todavía
quedan costumbres y fiestas relacionadas con los celtas en Escocia, Irlanda, Gales, la Isla
de Man y en parte de Galicia y Asturias.
El alfabeto Futhark
Las runas son los caracteres del alfabeto que usaron los pueblos de Europa del norte,
Escandinavia, Gran Bretaña e Islandia desde aproximadamente el año 100 A.C. hasta el 1600
de nuestra era. En su origen el alfabeto rúnico estuvo formado por veinticuatro caracteres.
Tuvo una gran expansión entre los pueblos celtas, sajón y escandinavo, persistiendo hasta
nuestros tiempos bajo un aspecto decorativo y estético.
El progresivo abandono durante la Edad Media de las runas como escritura tiene relación
con la oposición de la Iglesia cristiana al uso de símbolos paganos.
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Actualmente las runas están consideradas como instrumentos mágicos, portadores de
secretos y generadores de poder y se usan para adivinar el futuro. Es aconsejable que cada
persona se fabrique su propio juego de runas y que se mantengan cerca de uno el mayor
tiempo posible para que de esta forma la energía personal las impregne. Para la correcta
interpretación de las runas es necesario una preparación especial. En internet podemos
encontrar mucha información para intentar comprender su significado.
Importancia del árbol
Los celtas veíamos en el árbol no sólo la esencia de la vida sino el recurso para predecir
el futuro.
Curiosamente, este medio tan primitivo era considerado por los druidas el más eficaz a
la hora de establecer un pronóstico sobre el destino que espera a cualquier ser humano.
Al observar todo el conjunto del árbol, desde sus raíces que se hundían en la tierra hasta
su copa más o menos frondosa, lo que aconsejaban era mantener la vista elevada, permanecer
bien apoyado en el suelo y tener en cuenta que la Naturaleza es tan previsora que a un tiempo
de caída de las hojas le sigue otro de nieves, las cuales propiciarán la aparición de los mejores
brotes. Se habría llegado entonces a la época de fertilidad y del renacimiento de la vida más
pletórica.
Desde el principio de los tiempos el árbol había mantenido una relación vital con el ser
humano celta, al proporcionarnos el primer hogar, leña, sombra y alojamiento para las aves
que podían convertirse en caza para alimentar a la tribu.
Sin embargo, los druidas consideraban que la relación podía hacerse más íntima, si se
tenía en cuenta que cada hombre o mujer lleva en su interior un árbol, por medio del cual
alimentaba el deseo de crecer de la mejor manera.
En realidad el árbol suponía el protector de todo lo material y espiritual de los seres
humanos celtas.
El árbol articulaba toda la idea del cosmos al vivir en una continua regeneración.
Además en él contemplaban los druidas el simbolismo de la verticalidad, de la vida en
completa evolución, en una ascensión permanente hacia el cielo.
Por otra parte, el árbol permitía establecer una comunicación con los tres niveles del
cosmos: el subterráneo, por sus raíces que no dejaban de hurgar en las profundidades que
recorrían en la continua necesidad de encontrar agua; la de la superficie de la tierra, por
medio de su tronco y sus ramas; y las alturas, a través de la copa y las ramas superiores,
siempre reunidos la totalidad de los elementos: el agua que fluía en su interior, la tierra que
se integraba en su cuerpo por las raíces, el aire que alimentaba las hojas y el fuego que surgía
de su fricción.
Los celtas conseguíamos el fuego frotando hábilmente unas ramas, entre las cuales
habíamos introducido hierba seca o paja.
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y como dice el poeta:
Por el agua que le fluye por dentro,
por sus raíces que emergen desde la tierra amiga
por el viento que cuela entre sus hojas meciéndolas
y el fuego que despierta en la fricción de sus ramas
que se eleva hacia el cielo infinito,
los druidas contemplamos en el árbol
la esencia del mundo.
El árbol era el eje del mundo
Debido a que las raíces del árbol se sumergían en el suelo mientras sus ramas se elevaban
al cielo, el druida lo consideraba el símbolo de la relación tierra-cielo.
Poseía en este sentido un carácter central, hasta tal punto de que suponía la esencia del
mundo.
Son muchas las civilizaciones antiguas que han establecido su árbol central, ése que era
tenido como el eje del mundo: el roble de los celtas; el tilo de los alemanes; el fresno de los
escandinavos; el olivo de los árabes; el banano de los hindúes; el abedul de los siberianos,
etc.
Tanto en la China como en la India el árbol que es considerado el eje del mundo se halla
acompañado de pájaros, lo mismo sucedía con los celtas, ya que éstos reposan en sus ramas.
Lo considerábamos estados superiores del ser, que se hallaban vinculados, al mismo, con
el tronco del árbol.
Los pájaros eran doce, lo que recordaba el simbolismo zodiacal y el de los Aditya, que
constituyen la docena de soles.
La misma cantidad suman los frutos del árbol de la vida, los cuales son signos de la
renovación cíclica que se produce en todo lo vivo que hay sobre la Tierra.
El árbol cósmico
El árbol cósmico para los druidas era el central: su savia suponía el rocío celestial y sus
frutos proporcionaban la inmortalidad (el retorno del ser o un estado paradisíaco).
Así ocurría con los frutos del árbol de la Vida que se encontraba en el Edén, las manzanas
de oro del Jardín de Hespérides y los melocotones de la si-wang, la savia del Haoma iraní.
El hiomaragi japonés también es valorado como un árbol cósmico, igual que el Boddhi,
bajo el cual Buda alcanzó la plena iluminación, por lo que desde entonces representa al mismo
Buda en la iconografía primitiva.
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El simbolismo chino conoce el árbol de la fusión: une el Ying con el Yang (cruzamiento
de las flores masculinas y las femeninas del árbol).
Asimismo, las dos categorías de árboles: los de hojas caducas y los de hojas perennes
están afectados por signos opuestos: uno simboliza el cielo de las muertes y renacimientos;
y el otro representa la inmortalidad de la vida, es decir, dos manifestaciones diferentes de
una misma identidad.
En Bolivia y Haití, el árbol no sólo es de este mundo, se yergue en el más próximo y sube
al más lejano. Va de los infiernos a los cielos, como un camino de viva comunicación.
El árbol de los antepasados
De acuerdo con las ideas de muchos antropólogos, podemos creer que el árbol fue
considerado un antepasado mítico de una tribu, al hallarse en relación estrecha con el culto
lunar.
Así lo afirmaban los druidas.
Esto lo presentaron en forma de una especie vegetal.
Pero existen numerosos ejemplos en otras culturas: los maos y los tagálop de las Filipinas;
el yu-nan de Japón; los ainu de Asia central; y en Corea y en Australia que unen los orígenes
de sus razas con el bambú y la acacia.
El árbol también interviene en las interpretaciones antropomórficas (transformación del
hombre en árbol y viceversa).
Esto lo vemos en las creencias de los pueblos altaicos y turco-mongolés de Siberia, lo
mismo que en los celtas.
El matrimonio místico entre árboles y humanos, es común en la India, en el Penjab y en
el Himalaya. También en los siux de América del Norte, y entre los hotentotes de Africa.
El árbol social
El árbol también simboliza el crecimiento de una familia, de una ciudad, de un pueblo, de
una nación y del poder del rey. Un buen ejemplo es el caso de Nabucodonosor y la interpretación
de su sueño realizada por el profeta Daniel.
En la tradición bíblica judeo-cristiana, se detecta en el relato de la tentación del libro del
Génesis, los grandes árboles que figuraban a veces en los Salmos.
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Este árbol simboliza la cadena de generaciones, cuya historia resume la Biblia y que
culmina con la llegada de la Virgen y de Jesucristo. Este mismo árbol ha inspirado muchas
obras de arte y ha sido objeto de comentarios místicos.
El árbol celta
En las tradiciones celtas el árbol ofrece tres temas: Ciencia, Fuerza y Vida.
El tema de base es UID, homónimo del nombre de la ciencia, con la cual los antiguos lo
han confundido voluntariamente. Uno de los principales juegos de palabras de la antigüedad
es el de Plinio con los nombres griegos del roble DRUS y DRUIDAS (Druides).
El árbol es símbolo de la Ciencia y sobre su madera han sido precisamente grabados los
textos célticos antiguos.
El árbol es también Fuerza en algunos vocablos o nombres propios (Draucus, Frutos), que
nos indican una etimología indoeuropea.
De la misma manera, y para finalizar el apartado, es símbolo de Vida, por actuar como
intermediario entre el cielo y la tierra, y resulta incluso portador de frutos que dan o prolongan
la existencia.
Los árboles celtas ofrecen tantas ventajas, que en muchos países se cultivan, actualmente,
porque brindan protección y grandes influencias mágicas.
Recordemos el mito de los árboles
Este mito tiene su mejor reflejo en “El combate de los árboles”, que es un poema atribuido
al bardo galés Taliesín, en el que narra cómo Gwyddyon salvó la vida de un grupo de valientes
bretones al transformarlos en árboles, sin impedirles que bajo esta forma pudieran pelear
contra sus enemigos.
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El mismo autor se refiere a otra práctica en este delicado verso:
Cuando surgió la vida
mi creador me dio forma
con la savia de los árboles
y el sabroso jugo de los frutos…
Se sirvió de la malvarrosa de la colina,
de las flores de los árboles y los zarzales…
con las flores de la ortiga…
He sido marcado por Mat…
En mí hay huellas de Gywddyon,
de los sabios hijos de Math
y de lo eterno que hay en la Naturaleza.
El mito de los árboles adquiere solidez al convertirse en un motivo oral, en un poema fácil
de repetir al poseer una cadencia y encerrar un mensaje.
Cada árbol tiene una historia oculta, legendaria que contar y solo la contara a quien
comprenda que en su tronco, en sus raíces y en sus ramas late la vida de un ser majestuoso.

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