ANILLO

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ANILLO
ANILLO
Del latín «annulus» o «aneluus», llamamos «anillo» a una pieza circular
de oro, plata u otro material digno, que se coloca a modo de sortija en un dedo,
llamado por ello «anular». También, en algunas culturas, se pone en las orejas,
en la nariz o en la boca. Cósmicamente es bien llamativo el «anillo» que rodea
al planeta Saturno.
Son varios los simbolismos que pueden darse a la imposición del anillo:
sujeción, pertenencia, firmeza, fidelidad.
Por eso se ha utilizado sobre todo para expresar la actitud de los que
contraen matrimonio: ya, por ejemplo, en la cultura romana precristiana para
los esponsales. También en los ritos cristianos orientales hay la bendición e
imposición de anillos para la celebración del matrimonio.
A lo largo de los siglos no ha sido uniforma la interpretación de este
signo. Por ejemplo, en el Ritual anterior al actual (desde el 1614) solo se
imponía el anillo a la novia, no al novio. Podría entenderse como si solo se le
pidiera fidelidad a ella, o, todavía peor, que ella «pertenece» al marido.
En el actual Ritual del Matrimonio, como en el rito hispánico antiguo,
tanto el novio como la novia se imponen mutuamente el anillo. En la traducción
castellana, el ministro bendice los anillos, diciendo: «el Señor bendiga estos
anillos que vais a entregaros uno al otro en señal de amor y de fidelidad». Y a
continuación los esposos se imponen mutuamente el anillo diciendo: «Recibe
esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo» (RM 71-72). El anillo entre esposos tiene una
referencia añadida nupcial y la alianza entre Cristo y su Iglesia: no es extraño,
por tanto, que el anillo nupcial se llame también «alianza».
En el Ritual del Matrimonio (nn. 102-132) y en el libro Bendicional (nn.
99.100.125.126.127.212) hay varias formulas más para bendecir los anillos
nupciales: todas ella expresan el mismo simbolismo de amor y fidelidad mutua.
Es muy antiguo el uso simbólico del anillo «pastoral» para los obispos:
en España al menos desde el siglo VII. En la ordenación de un Obispo, el
consagrante principal, al ponerle en el dedo anular de la mano derecha el
anillo, le dice «Recibe este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la
Iglesia, Esposa Santa de Dios». El Ceremonial de los obispos lo afirma más
explícitamente: «El obispo siempre tiene que llevar el anillo, signo de su
fidelidad y su unión nupcial con la Iglesia, su esposa (insigne fidei et
coniubctionis nuptialis cum Eccleisa, sponsa sua)» (CE58).
Lo mismo sucede en la liberación de los abades y abadesas: «Recibe
este anillo, signo de fidelidad, para que, con fortaleza de espíritu y con amor
fraterno, guardes a esta comunidad».
También tiene un hermoso sentido este simbolismo en el caso de la
profesión de las religiosas. Si se hace la entrega del anillo. El celebrante se lo
da diciendo: «Recibe el anillo como esposa del Rey eterno; mantén integra la
fidelidad a tu Esposo, para que merezcas ser admitida en las nupcias del gozo
eterno». Parecida formula se utiliza para la consagración de vírgenes.
Matrimonio.

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