Número 52 - Escuela de Psicología Social de Montevideo

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Número 52 - Escuela de Psicología Social de Montevideo
Acerca de
un trabajo
grupal con
adultos
mayores
Año 6 • Nº 52 • Diciembre de 2003 • $ 4.-
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
E. Galeano
Andrea Bonvillani
52
Director: Román Mazzilli
Concepción social-histórica y subjetividad
Una forma de vivir
Al encuentro
del acontecimiento
La creatividad
en psicodrama
Adriana Molas
Adriana Rodríguez Durán, Cecilia Cabral
Argentina ‘70, AMIA ‘90 y Torres Gemelas 2000
El goce estético en el arte de jugar
Naturalización
del duelo
La red
de futbolterapia
Oscar Abudara Bini
Claudio Goscilo, Martín Kesselman
Concepción social-histórica de las producciones subjetivas
Director
Román Mazzilli
Secretario de redacción
Walter Vargas
Redacción:
Luis Gruss, Daniel Seghezzo,
Denise Najmanovich, Patricia
Mercado
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Daniel Tripoli, María Eugenia Conde
Colaboran en esta edición
Juan Carlos De Brasi, Adriana Molas,
Oscar Abudara Bini, Adriana Rodríguez
Durán, Cecilia Cabral, Claudio Goscilo,
Martín Kesselman, Raúl Cela, Andrea
Bonvillani, Rosalía Álvarez, Ana María
Muchnik, Ruth Gramajo, Patricia
Garrote.
Corresponsales
Juan Díaz (Bahía Blanca)
Juan Lovari (La Plata)
Roberto Sánchez (Mar del Plata)
Marta Carbonero (Bariloche)
Rodrigo Campos Alvo (Tucumán)
Montse Fornos (España)
Raúl Sintes (Uruguay)
Pedro Mascarenhas - Sergio
Antonio Carlos (Brasil)
Enrique Guinsberg (México)
Terenzio Formenti (Italia)
Jacinto Inbar (Israel)
Rosa Jaitin (Francia)
Ilustraciones: fotos de Luis Gruss
Redacción y
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Campo Grupal / 2
Al encuentro
del acontecimiento
Adriana Molas
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El enfoque bio-psico-social
sto que aqu’ planteado aparece con ÒthemaÓ se ir‡ transformando (ese es mi intento) en problema a ser pensado, problema que
delineo intentado repensar una multiplicidad de dimensiones
que, entiendo, la producen como tal.
Hablar de un enfoque bio-psico-social nos remita a pensar en Òun
enfoqueÓ, una articulaci—n, un acuerdo que no solo compromete formas biol—gicas, psicol—gicas y sociales al momento de intentar entenderlos procesos sociales.
Estas ÒformasÓ (biol—gica, psicol—gicas y sociales) dan cuenta de
construcciones te—ricas, teor’as producidas. Cada una de ellas creadas
como una articulaci—n.
Ana Mar’a Fern‡ndez propone pensarlas, justamente como una articulaci—n en lo que componen y juegan lo social-hist—rico, las demandas para lo cual fueron creadas, los a-prioris que juegan a la hora de
pensar la Òrelaci—nÓ individuo-sociedad (y ella propone lo singular-colectivo), el posicionamiento Žtico, lo econ—mico, lo pol’tico.
El enfoque bio-psico-social da cuenta de un intento de articulaci—n
disciplinaria que revela una determinada forma de entender el mundo,
los procesos sociales, las producciones subjetivas. Podr’amos ubicar
como referencia de este enfoque los inicios del trabajo de Pich—n Riviere, por ejemplo.
Pich—n parte, luego de sus experiencias en la Universidad en relaci—n a los grupos de formaci—n y sus experiencias con psic—ticos en el
Hospicio de las Mercedes, pensando al hombre como Òhombre en situaci—nÓ desde un enfoque bio-psico-social. Àc—mo llega a esto? Aqu’
se hace necesario repensar cr’ticamente el momento social en el que
Pich—n comienza a formular sus propuestas, cu‡les fueron las condiciones en que trabaj—, a que demanda social estaba dando respuesta.
En el R’o de la Plata, en la dŽcada de los 40Õ, los requerimientos,
las realidades eran muy diferentes a las que viv’an Europa y Estados
Unidos (momentos y lugares donde se estaba gestando la microsociolog’a, la psicosociolog’a que tanto hab’a producido sobre ÒgruposÓ).
En el R’o de la Plata, los movimientos sindicales ten’an mucha fuerza,
la preocupaci—n por los derechos de los trabajadores, el pensamiento
politizado la preocupaci—n por las problem‡ticas sociales estaba adquiriendo figura.
Pich—n estaba preocupado por la posibilidad de transformaci—n de
la realidad. Aunque piensa sus producciones en un intento de articulaci—n individuo-sociedad, aunque sus teorizaciones cristalizan en un
movimiento pendular con propuestas como ÒintermediarioÓ, la forma
en que trabaja los conceptos que produce nos permiten intuir que el
dualismo individuo-sociedad no estaba dando cuenta de las problem‡ticas que intentaba abordar.
Su preocupaci—n por lo arcaico, la magia, la muerte y la locura, su
formaci—n como mŽdico y como psicoanalista, su experiencia vital y
cotidiana con ind’genas se trenzaron en una forma de pensar la locura,
la salud, la familia, el hombre que m‡s que enquistar, obturar, abrieron
dimensiones mœltiples.
ÀPor quŽ estamos hablando aqu’ y ahora de Pich—n Rivi•re?. Porque preocupado por dar cuenta de la relaci—n individuo-sociedad, da
cuenta de una preocupaci—n pol’tica; la de la transformaci—n social.
Este pensamiento iba m‡s all‡ de lo que pudo decir, aunque dijo
mucho. El concepto de v’nculo, la idea de grupo operativo, el concepto de ECRO, la forma de pensar la locura, la adaptaci—n activa, el concepto de emergente, la teor’a de la depositaci—n, c—mo piensa la interpretaci—n, la familia, dan cuenta de este pensamiento mœltiple, diverso
que qued— apresado de alguna forma por la existencia de un vac’o, un
vac’o epistŽmico que se vino a llenar con transformaciones en Òotros
ladosÓ y de Òotro tipoÓ.
Los avances en la f’sica (con la f’sica cu‡ntica), permitieron repensarlas formas de entender la ciencia y su v’nculo con Òlos objetosÓ
La epistemolog’a de la complejidad floreci— tras hacer estallar toda una forma de pensar el mundo. La complejidad, la incertidumbre, el
caos, las parad—jicas pr‡cticas y l—gicas, las part’culas que son crepœsculo y que tambiŽn son ondas, son las dos cosas. Estallaron los dualismos, las ÒobjetividadesÓ, las relaciones sujeto-objeto, las formas de entender la ÒdistanciaÓ.
E
Edipo e individuo
Por quŽ estamos hablando de la f’sica cu‡ntica en un trabajo sobre
psicolog’a social. Porque las formas de entender el mundo, las formas
en que se han producido las ciencias humanas son las formas en que se
ha producido ÒsaberÓ en relaci—n a la naturaleza. El positivismo ha producido, ha dado sostŽn a una determinada forma de entender lo humano. Y aqu’ viene lo que para m’ es el segundo aspecto que vino a llenar aquel Òvac’oÓ del que hablaba antes. La noci—n de producci—n.
Lourau2 plantea que de alguna forma, en la antigua Grecia, la mitolog’a daba cuenta de la crisis institucional que fue dando nacimiento
a lo que fueron luego las organizaciones democr‡ticas as’ como a las
formas de producci—n econ—mica pre-capitalista.
En los SXVII y XVIII, la transformaci—n a los modos de producci—n capitalista fue adquiriendo fuerza para llegar a su m‡xima expresi—n en los S. XIX y XX. Estas transformaciones produjeron cambios
en las formas de organizaci—n social y con ello, nuevas problem‡ticas
que requirieron de ser pensadas, analizadas, contempladas, controladas.
Se transform— la relaci—n del hombre con la naturaleza, se fueron
ÒdiferenciandoÓ, fueron ÒcreciendoÓ en forma separada con la divisi—n
del trabajo, con las f‡bricas, con el ÒproductoÓ.
La producci—n fue el mayor sentido del capitalismo, hasta el pasaje a las Òsociedades de controlÓ3 La producci—n econ—mica, la producci—n de capital. La divisi—n.
Esta divisi—n produjo individuos, masas, familias nucleares. Esta
divisi—n termin— de cristalizar una divisi—n profunda: la del hombre y
la naturaleza, ilusi—n que sostiene los otros dualismos y lo que hoy podr’amos entender como un equ’voco.
Nietzsche habla, en relaci—n al conocimiento, del invento. Invento
del conocimiento, del hombre del conocimiento. El hombre conoce la
naturaleza y la domina Hay algo natural, a temporal, a hist—rico y el
hombre que observa, manipula. Hombre y naturaleza quedan divididos, hombre y hombre quedan separados, hombre queda ÒindivisoÓ,
queda individuo. Individuo ÒlibreÓ que se relaciona voluntariamente y
que tiene por derecho un contrato.
El capitalismo, la sociedad industrial cre— la divisi—n y la ilusi—n
del hombre-individuo-indiviso que se relaciona con ÒlaÓ sociedad.
Deleuze y Guattari en ÒEl Anti-Edipo; Capitalismo y EsquizofreniaÓ plantean que la producci—n es justamente llevar al consumo y el
registro a la producci—n misma. Consumo y registro son producci—n.
La producci—n es deseante y es social. El inconciente es producci—n y
ya no representaci—n de algo.
Producci—n deseante y producci—n social, una en la otra, eso es todo. M‡quinas, una al lado de la otra, que se conectan en flujos. Plantean de que manera la familia tiene por funci—n desechar de la producci—n social, repeler y empalmar la producci—n deseante con los objetos
ya hechos de la producci—n social.
ÒEdipoÓ juega aqu’ un papel fundamental a la hora de colocar a la
producci—n deseante en ÒunÓ sujeto del inconciente. Inconciente que
reproduce ese empalme y la producci—n deseante termina conducida al
deseo inconciente del sujeto del inconciente que no desea otra cosa que
lo que la represi—n del Edipo le prohibi—.
Edipo, familia, m‡quinas de la producci—n social que reprimen la
producci—n deseante. La producci—n social reprime a la deseante porque la deseante la puede hacer estallar. El Edipo, el incesto , mam‡ y
pap‡ no tienen nada que ver. Son una distracci—n. Es como lo que
Nietsche plantea en relaci—n a la muerte de Dios. Lo que demora en entenderse no es si Dios muri—, es que en realidad si muri— o no, no tiene ninguna importancia.
Complejidad, producci—n, incertidumbre
Complejidad, producci—n, dos dimensiones que a mi entender permitieron el pasaje, el movimiento del Òenfoque bio-psico-social a la
concepci—n socia-hist—rica de las producciones subjetivasÓ.
La epistemolog’a de la Complejidad ÒnosÓ permiti— comprender
que los objetos formal-abstractos del positivismo, que aœn produce
efectos en las ciencias humanas, ya no dan cuenta de las problem‡ticas
que nos planteamos, La dicotom’a objeto-sujeto ya no tiene sentido y
con ellas todas las dem‡s (adentro-afuera, objetivo-subjetivo, etc).
El concepto de producci—n planteado por Deleuze y Guattari nos
arroja luz sobre la producci—n misma como proceso donde se resquebraja la divisi—n hombre-naturaleza; se evidencian los efectos del propio proceso de producci—n econ—mica que es deseante y es social. Nos
abre visibilidad enfrent‡ndonos a una gran miop’a, la de creer que el
deseo es de ÒunÓ sujeto del inconciente que desea adem‡s, justamente,
aquello que se le proh’be; el incesto.
Otro concepto que est‡ al lado de los antes planteados es el de formaciones colectivas que hace explotar, nuevamente, la idea de sujeto
del inconciente en su dimensi—n de individuo Òque-se-relacionaÓ. De
Brasi plantea en ÒLa explosi—n del SujetoÓ4 un an‡lisis cr’tico del trabajo ÒPsicolog’a de las masas y an‡lisis del YoÓ de Freud. Retoma varias l’neas de su pensamiento y nos permite visualizar c—mo, en esta
obra, Freud aborda desde un principio, una forma de pensar al sujeto
que luego, en obras Òcl’nicasÓ apresa en una moral trascendente.
Freud describe mœltiples formas de Òhacer masaÓ, mœltiples formas
de identificaci—n siendo Žsta (la identificaci—n) constitutiva del sujeto
del inconciente. Del an‡lisis que hace De Brasi se desprende que, pudiendo repensar el narcisismo primario, ese sujeto del inconciente ha
explotado como tal, Òel sujetoÓ termina siendo una multiplicidad de sujetos, de masas.
Freud intuye y plantea diferentes formas de masa, hace una primer
distinci—n entre masas ef’meros y masas artificiales. Al intentar pensar
sobre la conducci—n descubre una doble ligaz—n y un complejo proceso identificatorio, el que se da con el l’der donde queda ubicado un y
Lo que el amor desnuda en mí es la energía. Roland Barthes
Grupo Ananké
solo un ideal del yo, igual para todos, y una ligaz—n entre los yoes de
lo que pudo ser una multitud (si no se hubiera dado esta doble ligaz—n)
que los ubica en un plano de igualdad.
Esta forma de identificaci—n en la que no hay una relaci—n de objeto, ni una regresi—n, esta forma de ligaz—n en la que no hay un Òquerer serÓ o Òquerer tenerÓ, sino solo un ÒalgoÓ, un fragmento en comœn,
De Brasi la ha llamado identificaci—n co-actual. Fragmentos, no totalidades, Òmara–as m‡s que modelosÓ plantea Žl, procesos mœltiples, irreversible, complejos y creativos que solo se cristalizan, se tornan en un’vocos.
Explota el sujeto del inconciente, pensamos entonces en formaciones colectivas, en coactividades.
Las formaciones colectivas, las constelaciones hist—ricas producen
subjetividad siendo lo singular un pliegue que da cuenta de lo mœltiple,
de la diferencia, de lo inacabado, m‡s que de los identitario (identidad)
vamos hacia una concepci—n social hist—rica de las producciones subjetivas.
El capitalismo ha generado transformaciones, ha producido efectos
y ha creado nuevos problemas. Algunos de ellos, problemas para la
propia producci—n. Se produce al individuo y se le divide al mismo
tiempo. La preocupaci—n por la producci—n econ—mica ha generado
cierta demanda a la que intentan responder Taylor, Mayo, Lewin, Moreno quedando constituido Òel grupoÓ como espacio t‡ctico que permite comprender y controlar su conducta en relaci—n a la productividad.
Se crea al individuo para ÒrelacionarloÓ, con el Òcontrato socialÓ, pero con ello se crea el problema de la Òrelaci—nÓ individuo-sociedad. Se
descompone al individuo tambiŽn en relaci—n a su cuerpo que pasa a
ser objeto de la medicina donde las categor’as salud-enfermedad expresan la encarnaci—n del disciplinamiento normativizando.
El psicoan‡lisis aborda lo que hace el individuo con el deseo, produciendo un individuo sujeto del inconciente que , gracias a la familia,
se constituye s—lidamente en persona.
El enfoque bio-psico-social aparece como un momento de articulaci—n te—rico para abordar a un hombre en situaci—n . Una epistemolog’a convergente que intuye un cierto despedazamiento donde cada disciplina ha compartimentado un pedazo pero, que no puede aœn vislumbrar claramente que en el intento de articulaci—n solo borra lo ÒdivisoÓ
del individuo. Y seguimos con el objeto formal abstracto de las ciencias positivistas, objeto un’voco, total, cerrado, individuo.
En este punto, Ana M» Fern‡ndez5 propone un enfoque transdiciplinario que, basado en la elucidaci—n cr’tica, nos permita establecer
conexiones puntuales, locales, mœltiples, rompiendo con paradigmas
te—ricos y teor’as hegem—nicas de forma de poder utilizar las teor’as
como instrumentos, œnica forma de abordar las problem‡ticas que
siempre son mœltiples, porque siempre son producciones sociales.
Entonces...
Hablaba, en los puntos anteriores, de algunos conceptos que arrojaron luz, permitieron abrir mayor visibilidad sobre las formas de pensar lo social, lo singular.
Part’ de pensar las producciones de Pichon en relaci—n al enfoque
bio-psico-social porque lo ubiquŽ como referente en el R’o de la Plata.
Pero lo ubiquŽ como referente m‡s por lo que insinu—, por lo que fue
cuestionando.
Pichon formula una cr’tica epistemol—gica a su concepci—n de
Òhombre en situaci—nÓ planteando la idea de Òhombre producidoÓ aunque esta idea no la ha desarrollado posteriormente. Relaciona esta cr’tica al trabajo desarrollado con Bleger y Bauleo.
Hablaba tambiŽn al principio del momento social-hist—rico en el
que Pichon comienza a plantear sus propuestas y relacionŽ como obst‡culo a la misma un Òvac’oÓ epistemol—gico al que dieron elementos
diferentes conceptos e ideas como la epistemolog’a de la complejidad,
la idea de producci—n y una forma de pensar las formaciones sociales
y la producci—n de subjetividad. Con ello una forma de pensar la singularidad en relaci—n a la producci—n social-hist—rica.
En este trabajo intentŽ abordar tambiŽn c—mo en las formas de producci—n del capitalista con la institucionalizaci—n de la divisi—n produjeron al individuo, la sociedad.
El individuo y la sociedad, producciones social-hist—ricas, naturalizadas, campo segmentarizado que, el Proyecto Cient’fico Moderno
ha diagramado, produciendo teor’as, tŽcnicas y tŽcnicos produciendo
individuos, instituciones y grupos.
çmbitos preestablecidos, campos pre-diagramados, objetos formal-abstractos, espacios t‡cticos, formas de conducir, capturar y controlar las relaciones de poder, dispositivos.
Raggio6 analiza en este punto c—mo la segmentarizaci—n del campo de trabajo psicol—gico da cuenta de la producci—n de tŽcnicos y tŽcnicas, un v’nculo dogm‡tico con las teor’as y una reproducci—n del saber.
Pensar desde una concepci—n social-hist—rica de las producciones
subjetivas nos permite abordar las situaciones como campos de problemas singulares, con caracter’sticas de lo mœltiple. Nos reubica como
profesionales que desde la complejidad y la incertidumbre abordamos
el acontecimiento. Ese con el que solo podemos ÒencontrarnosÓ y pensar, producir, transformarnos.
Notas
1 Publicado en ÒPsicolog’a Social: Subjetividad y Procesos SocialesÓ Ñ Ediciones
Trapiche Ñ 2002- Montevideo- Uruguay.
2 LOURAU, R. (1975): El an‡lisis institucional, Amorrortu, 3DELEUZE, G.: ÒPosdata sobre las sociedades de controlÓ
4 De Brasi, Juan Carlos. ÒLa explosi—n del sujetoÓ Ed. Multiplicidades, Montevideo
5 Fern‡ndez, Ana Mar’a. ÒEl campo grupalÓ. Ed. Nueva Visi—n.
6 Alejandro Raggio, Prof. Agregado. Area de Psicolog’a Social Ñ Facultad de Psicolog’a de la Universidad de la Repœblica (Uruguay).
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Campo Grupal / 3
Argentina ‘70, AMIA ‘90 y Torres Gemelas 2000
OBJETOS PERDIDOS
Naturalización del duelo
y complicidad criminosa
Oscar Abudara Bini
[email protected]
Ruth
[email protected]
En todos los barrios hay cosas perfectamente absurdas a las que todos nos acostumbramos. Están
tan ahí que ni las vemos.
Cerca de mi casa, por ejemplo, y
en la puerta de la carnicería, para
ser mas exactos, hay una cuna estacionada en la vereda, que sirve
para que los chicos del delivery
aten sus bicicletas. Por supuesto
que este artefacto no esta planteado como una cuna, y si le preguntáramos a cualquier buena señora
del barrio si ha visto una cuna en
la vereda, nos mirará por encima
de los anteojos y luego comentará
con la vecina: -Están drogados.
Intuitivamente esta señora hará referencia a un estado alucinado, de
deformación de la realidad, que sin
duda alguna es el estado en el que
hay que encontrarse, aunque no
medie ninguna sustancia, para ver
una cuna en donde todos ven un
estacionamiento de bicicletas.
Nadie ve una cuna, claro, aunque
su estructura lo delate, ya que
consta de una tabla de 1 metro de
ancho por 1 y medio de largo,
aproximadamente, con cuatro patas de unos 20 centimetros y barrotes con baranda. Ven lo que hay
que ver: un dispositivo para atar bicicletas, que por cierto ha demostrado ser mas eficaz que el poste
de la luz, que dos por tres sucumbe a las tenazas, dejando de a pie
a algun ciclista desprevenido.
¿Como arrancarle el camuflaje a
estos objetos?
Sera necesario, a lo mejor, ponerle
sabanitas blancas bordadas, depositar algun niño dormido en su interior, y quedarnos a su lado desentonando un arroro. Vendran entonces los chicos del delivery, nos
sonreirán, y atarán sus bicicletas
con candados de colores y dejarán
caramelos y otras ofrendas, como
auténticos reyes magos, y finalmente, pasarán la señora de anteojos y la vecina y comentarán:
-Desde que pusieron la cuna en la
vereda, el barrio esta mucho mas
lindo.
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Campo Grupal / 4
Un s’ndrome fashion
E
l SEPT (s’ndrome de strees postraum‡tico) est‡ de œltima moda.
Los profetas de la biblia de la Psiquiatr’a, -el DSM 4- promueven una nouvelle vague permanente, hace 20 a–os, fue el turno
del ÒPanic AttackÓ. Tomen nota los colegas de un ÒdetalleÓ, para la psiquiatr’a cl‡sica comme il faut (Mira y L—pez ) se diferencia entre miedo, p‡nico y terror, pero la ÒbibliaÓ se olvid— de este œltimo. ÀEscamoteo sintom‡tico de la emoci—n esencial generada por el terrorismo?
ÀQuŽ vincula al SEPT de personas que perdieron un familiar en la
Argentina de los 70, en la AMIA en los 80 y en las Torres Gemelas en
los 90?
La respuesta al interrogante admite dos formas taxativas: nada y todo. Entre esa nada y ese todo, se juega, lo veremos, una concepci—n del
trauma y de esta se deduce la acci—n, el principio y la concepci—n terapŽutica del SEPT. Esta concepci—n, -es la mŽdula de este trabajo- puede ir desde la complicidad cuasi criminal hasta la terapŽutica curativa.
Un catastr—logo (especialista en cat‡strofes) como M Benyakar estudia las medidas terapŽuticas del atentado a la AMIA en un libro (ÒLo
disruptivo, Ed Biblos). El especialista de fama internacional recomienda el recurso r‡pido, tal como se hizo en la AMIA, a partir de los equipos mŽdicos del Hospital de Cl’nicas y otros. Le falt— aplaudir la acci—n vertiginosa de los equipos de socorros en Nueva York el 11 de setiembre. ÀQuŽ equipos de socorro sugerir’a para las muertes masivas
ocurridas en Argentina en los a–os 70?
Centremos el problema , Òhay cat‡strofes sociales, la gente sufre y
queda da–ada, luego de la atenci—n inicial, al que permanece con s’ntomas le diagnosticamos SEPTÓ. Quien luego de una cat‡strofe social
tenga s’ntomas, padece el s’ndrome y debemos ayudarlo con medicaci—n y quien lo duda, con psicoterapia y psicoan‡lisis.
ÀAyudarlo a quŽ? A sobrellevar la situaci—n. ÀQuŽ situaci—n? La del
trauma que no pudo soportar o sobrellevar, porque Ðnadie lo duda- tras
estas cat‡strofes naturales, la mayor’a elabora lo sucedido y no sufre el
s’ndrome.
ÀY para el Day After, quŽ hacer el d’a despuŽs? Si a alguien le cuesta aceptar la muerte de un ser querido y comienza a padecer el SEPT
se le dar‡ la medicaci—n y asistencia necesaria para que pueda Òtolerar,
asimilar, aceptar y reconocerÓ la muerte.
Nudo del debate: ÒnaturalezaÓ y sociedad en el SEPT: oscurantismo en el DSM 4
No hay psiquiatra, por retr—grado que sea que diga abiertamente que
las muertes argentinas de los 70, las del atentado a la AMIA y las de las
Torres son muertes naturales. Pero se puede ÒnaturalizarÓ la muerte, y
para ello, abundan medicamentos y psicoterapia.
Psicoterapia y medicaci—n para ÒnaturalizarÓ la muerte
Los psicoanalistas que mejor estudiaron el tema en los 70« (D. Kordon, L. Edelman) revelan que en aquellos a–os, la esencia del problema era acatar o rechazar la Exigencia Compulsiva de Silencio que emanaba del Gobierno que ejerc’a el Terror. Es de tal sumisi—n o rebeli—n
al silencio que depend’a la posibilidad de elaborar m‡s o menos normalmente el duelo. En aquel entonces Òa los profesionales de salud
mental se nos planeaban seriamente problemas tales como definir cu‡les eran los tŽrminos de un duelo en esas condicionesÓ (Efectos Psicol—gicos de la Represi—n Pol’tica, p 27). Se–alan esas terapeutas que no
pod’an coincidir de ninguna manera con terapeutas que frente a la
ambigŸedad reinante Ðhab’a ÒnaturalmenteÓ muertos o no- afirmaban
compulsivamente, usando su Poder Profesional la necesidad de dar por
muerto (natural) al denominado eufem’stamente ÒdesaparecidoÓ,œnica
condici—n sine quanon para elaborar su pŽrdida o duelo normal.
La orden pseudoterapŽutica de la cuesti—n era ayudar al ÒpacienteÓ a
posicionarse pasivamente frente al trauma: Òdesaparecido o muerto,
pues abandonando las disquisiciones futiles, lo esencial es elaborar el
duelo. La ÒPromesaÓ de esta orden, es Ðnadie pod’a dudarlo- el acceso
a la Salud Mental.
Del otro lado, diferentes terapeutas se ofrec’an para sostener al paciente para posicionarse activamente frente al trauma, acompa–ando la
inenarrable realidad de que la persona no estaba ni muerta ni viva por
enfermedad natural alguna, sino que un grupo de seres humano(ides)
Òla hab’an desaparecidoÓ por razones de Estado. Se comprende que en
este punto, la salud mental era una par‡frasis del Elogio de una Locura (Erasmo), una Epica y un Trauma que no terminaba con la aceptaci—n sino que empezaba con el rechazo, inaugurando un Tempo de Elaboraci—n del Trauma que lleva apenas 25 a–os.
El SEPT de las Torres Gemelas
Ahora, consideren los colegas, al hijo adolescente de un limpiavidrios portorique–o muerto el 11 de setiembre, concurriendo a un psicoanalista afamado y caro de N. York, porque no cesa de pensar en su
padre muerto. La familia est‡ de parabienes, ha cobrado una idenmizaci—n de 2 millones de d—lares y el œnico que molesta es el adolescente
que empa–a la felicidad. Medicaci—n, psicoan‡lisis 7 veces por semana, terapia familiar y tutti quanti no logran ayudar al muchacho a ÒasimilarÓ la muerte de su padre en manos de una cat‡strofe Ònaturalmente demon’acaÓ denominada Bin Laden.
Para desgracia de profesionales y familia, el muchacho aumenta su
obsesi—n por navegar en la web y un d’a, borrados m‡gicamente varios
de sus s’ntomas, enfrenta a familia y profesionales.
El borinque, en medio de un rap donde parodia consejos profesionales y admoniciones quiere compartir un archivo de Internet. La lectura
del mismo horroriza al psicoanalista neoyorkino que amenaza con llamar al FBI mientras se contiene para no cantar compulsivamente el
himno de barras y estrellas. El archivo ÒterroristaÓ que enarbola el muchacho es el libro escrito por un argentino donde con argumentos de ingenier’a, se postula la hip—tesis de que solamente un avi—n con punta
de uranio empobrecido (tecnolog’a militar de uso americano) pudo
atravesar las Torres como pan de manteca. Ya no se trata de Pearl Harbour, dejando hacer a los japs para entrar en una guerra, al precio m’nimo de 3000 soldados que habitaban la base del Pac’fico. Ahora, -para guerrear a los ‡rabes- se podr’a estar fabricando un atentado donde
solo perder‡n la vida unos 3000 limpiavidrios, barrenderos y basureros
latinos que trabajan en las Torres Gemelas en horas de madrugada. Como dijo un autŽntico fundamentalista ‡rabe, Òjam‡s nosotros hubiŽramos atentado en ese horarioÓ
ÀC—mo sigue la historia? Si la CIA no atrapa al muchacho, la familia buscar‡ otro psicoanalista para iniciar una bœsqueda de la verdad
que podr‡ llevarle, m’nimo unos 10 o 20 a–os, tiempo donde naturalmente tendr‡ s’ntomas de insomnio, furia, angustia, horror, p‡nico y
persecuci—n. El autor de estas l’neas, ser’a muy cauteloso para ÒmedicarÓ estos s’ntomas y en caso necesario lo har’a cun granu salis.
Los colegas se preguntar‡n: ÀEn cuanto peligra hoy la vida de un psicoanalista norteamericano que trate al SEPT de esta otra manera? No
sŽ decir si menos, igual o mas que el argentino que hizo algo parecido
en los 70.
Similar conducta a la del psicoanalista neoyorkino yuppie tuvieron
colegas argentinos en los 70 cuando intentaron forzar a ni–os sintom‡ticos a ÒaceptarÓque sus padres Desaparecidos en verdad estaban naturalmente muertos.
No habr‡ gran diferencia, con los profesionales que intenten convencer a los hijos del atentado a la AMIA de que abandonen sus s’ntomas
y acepten de una vez la Historia Oficial de los solitarios villanos iran’es.
A esta altura, imagino que colegas y personas de bien comprender‡n
hasta quŽ punto de complicidad puede llegarse en la compulsi—n desesperada a terminar con los s’ntomas del SEPT en ciertas Òcat‡strofesÓ
sociales, eufemismo para designar al Terrorismo de Estado en sus diversas policrom’as.
Reconsideraci—n de la noci—n de trauma en psicoan‡lisis
Los colegas y la gente comœn conocen la noci—n vulgar de trauma:
alguien tuvo un traspiŽs, lo que le suceda con ello, rebotar‡ sobre su
historia previa, actualizando cuestiones anteriores mal resueltas. Nadie
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Los senos están separados por un maravilloso valle. Kamasutra árabe
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"El pueblo más cercano"
discute esto, el problema es que termina siendo una vulgata que explica todo y nada.
El trauma puede ir para atr‡s o para adelante.
Una mam‡ a la que violaron su hijo y decidi— de comœn acuerdo con
su familia no hacer nada en Tribunales llevar‡ su dolor y su v‡stago a
la consulta para elaborar los s’ntomas Òpara atr‡sÓ y tendr‡ Òtoda la vida por delanteÓ, pero nada ser‡ igual. Otra en similar situaci—n, que decidi— transitar el calvario de la investigaci—n judicial en la Argentina,
tendr‡ un trauma por delante que le har‡ sufrir lo indecible. Y tampoco nada de la vida le resultar‡ igual, por el contrario deber‡ re-construir
todo el sentido de la misma a partir del nuevo derrotero.
El profesional que suscribe estas l’neas, no se considera con derecho
a discutir s’ntomas y normalidad en cada uno de los casos, ser‡ su deber ejercer su trabajo con ambas. Pero una cosa es obvia, para el primer caso, est‡n preparados todos los terapeutas, para el segundo sobran
los dedos de una mano.
Es un hecho que en los a–os del terrorismo de estado, muy pocos pod’an sostener la decisi—n de una madre o familiar de desaparecido a vivir el trauma hacia delante. Y se comprende que hoy en los EEUU
Ðpa’s con miles de gente psy- habr‡ que buscar con microscopio a los
profesionales que acompa–en a una v’ctima de las Torres en una bœsqueda hacia delante.
Resoluci—n del SEPT en la Identidad sojuzgada
No sin dolor por el sufrimiento que uno inflige a la identidad de la
mayor’a, hay que decir que la Identidad sojuzgada del sometimiento al
victimario es una cosa masiva y peligrosamente habitual. Ello no implica ipso facto nada, por eso la sintomatolog’a puede ir desde la ÒsaludÓ hasta cualquier cortejo sintom‡tico.
En este caso, la vulgata del psicoan‡lisis del trauma adquiere todo su
sentido: pas— algo da–ino y la persona lo significa para siempre sobre
la base de lo que fue. De esta fascinaci—n del sacrificio, Lacan dir‡ que
la ofrenda a oscuros dioses de un objeto de sacrificio es algo a lo que
la mayor’a tiende normalmente a sucumbir. (Los 4 conceptos). En este
sentido, los anormales son amen de ÒlocosÓ la excepci—n.
Este fascinante espect‡culo del sacrificio presupone segœn Lacan,
una complacencia amorosa a lo que supuestamente el Otro quiere de
nosotros. La palabreja ÒsupuestamenteÓ no es mera fantas’a de ciudadanos masoquistas, est‡ configurada por una Maquinaria de Inducci—n
a sentimientos de culpa cuasi psic—ticos, a creer religiosamente que la
mera Òdesaparici—nÓ de una persona es prueba absoluta de culpabilidad
(Òpor algo ser‡Ó), a dar por muerto al que no aparece, a un olvido que
envidiar’a la histŽrica mas reprimida y a una absoluta diluci—n de toda
responsabilidad social, comparable con la expulsi—n simb—lica de la tribu descrita por Levy Strauss. Por eso se configura una Paz de los Sepulcros con desaparecidos muertos y vivos desaparecidos (seres vivos
cuya vitalidad y ser social se volatilizan).
La Manipulaci—n Psicop‡tica de estos Otros, no est‡ lejos de nutrirse de un S’ndrome de Estocolmo generalizado, donde esta mayor’a de
ÒnormalesÓ a la vez que cultivan el sacrificio a diario, se sientan a esperar a perpetuidad la recompensa y amor que ese Otro prodigar‡ en
cualquier momento.
Lo hicimos con el Terrorismo de Estado en los 70 y lo repetimos con
la fascinaci—n del neoterrorismo estatal de los 90. Que arroje la primera piedra aquel que no se haya embobado varias veces con el enano que
llev— la perfecci—n psicop‡tica al paroxismo, manipulando la estupidez argentina. Promet’a cualquier cosa y todo se le cre’a, desde aviones cohetes a Jap—n, tocadas de traste a la Reina de Inglaterra y compartir las migajas sucias de un banquete permanente y una org’a siempre apasionadamente anhelada por el neur—tico que habita en cada uno
de nosotros.
En un di‡logo reciente un legislador que estuvo en la primera l’nea
de trinchera en la investigaci—n de la AMIA, me dijo que 100 familias
jud’as, una poblaci—n, la comunidad internacional y el honor de un
pa’s, est‡ pendiente de un espejito de colores ensuciado por una investigaci—n judicial condenada de antemano al fracaso.
El SEPT y la Performaci—n de la Identidad
Maldita por su poder de contagio ÒmundialÓ era la locura, que ten’an
unas pocas mujeres argentinas que se negaban a la ÒsaludÓ, de la paz
de cementerios que promulgaba la mayor’a en los 70.ÀQuŽ ocurri— con
el SEPT de esas damas?
Ni muertas ser‡n abandonadas por la implacable angustia que alimenta el poderoso deseo, sed de justicia y clamor de verdad, antorcha
inapagable de un insomnio per vitam que mantendr‡n encendida ÒHijosÓ y ÒNietosÓ de v’ctimas del genocidio. La locura de maldita se hizo Egregia y tendr‡ per secula seculorum una Absoluta Incurabilidad:
nœcleo pleno del petitorio de aparici—n con vida de los masacrados.
Consiguientemente y , en las ant’podas de la identidad sojuzgada al
Otro Traumador, encontramos la Performaci—n de una Identidad. que
hace de un ama de casa la anfitriona de un Templo de Verdad, Ciencia
y vinculaci—n de la salud mental con los Derechos Humanos.
La ecuaci—n matem‡tica se impone. La identidad sojuzgada es a la
impunidad de la Òpsicopat’aÓ del Otro, como la Performaci—n de una
Identidad es a la transformaci—n democr‡tica de nuestra sociedad.
TŽcnico en Juego y Creatividad
TŽcnico en Recreaci—n
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T’tulo Oficial - Articulaci—n Universitaria
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Abril a Noviembre de 2004. 3er. o 4to. sábado de cada mes.
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Coordinador y docente: Lic. Jorge Leoz
Certificados de Introductorio y Entrenamiento homologados en Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos de la Nación. (Hab.72-Resol.284/98).
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Primera Escuela Privada de Psicología Social
fundada por el Dr. Enrique Pichon-Riviere
MEDIACION Seminario Anual 2004
JORNADAS INTENSIVAS
La última columna del año. Fin de
año, otro, el único, quizás el último.
Felicidades, feliz año nuevo, brindis...
Se pueden apagar las luces del escenario.
Kafka escribió, en uno de sus cuentos más breves: "Mi abuelo solía decir: La vida es asombrosamente corta. Se me ha comprimido tanto en la
memoria que, por ejemplo, apenas
comprendo cómo puede un joven
decidirse a viajar a caballo al pueblo
más cercano, sin el temor de que,
dejando aparte los accidentes desgraciados que pueden sobrevenir, el
tiempo de una vida común y corriente no baste, ni de lejos, para semejante empresa."
¿La vida es asombrosamente corta,
o la memoria engaña para poder
comprimirla? La memoria, no la vida; y todo un año en estos pocos
recuerdos que se comprimen más y
más, a medida que envejecen. La
vida sólo pudiendo existir en la memoria, en esa sombra de niebla deformada, en esos recuerdos cambiantes y provisorios que ni siquiera
sé si me pertenecen. ¿Porque quién
puede asegurar que son míos mis
recuerdos? ¿No vendrán, ellos también, como flechas silenciosas desde la remota oscuridad, ésa que parece estar fuera de mí? Entonces
sería mejor no decir yo recuerdo sino: me hacen recordar. Recordar,
entonces, sólo lo que me permiten,
lo que me hacen creer que son mis
recuerdos. Son éstos lo que la memoria, que no es mía, comprime. Si
yo expandiera los recuerdos, si los
dejara volar y crecer sin permitir que
nadie los oprima podría decir entonces, y no mentiría, que nací hace un
año en esta ciudad quieta de una
nueva galaxia. Que no hay cosas
aquí, sólo palabras, y que la verdad
se encuentra escrita en la boca del
televisor.
Podría decir también que ya no estoy vivo y que por eso puedo escribir, porque sólo los que han muerto
escriben.
Podría asegurar, y no estaría engañando, que me dijiste cómo es mi
nombre y que, desde entonces, sólo
soy capaz de repetirlo.
Entonces podría subir tranquilo a mi
caballo, sabiendo que puedo viajar
al pueblo más lejano sin temor de
que mis vidas se acaben antes de
terminar el viaje.
¡Hasta la nueva vida, felicidades!
estudio
inés moreno
Virrey del Pino 2714 Capital
Telefax: 4785-3273
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Y luego supe que el hombre nunca está desnudo. Caetano Veloso
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INICIAL • EGB 1 Y 2
Capacitación
para profesionales
Instituto Superior de Comunicación y
Psicología Social de Zárate - DIEGEP 5789
Una forma de vivir
La creatividad en el
trabajo psicodramático
Adriana B. Rodríguez Durán, Cecilia María Cabral
[email protected]
Cap’tulo I: La historia oficial...
M
oreno fue el primero que se ocup— del tema de la creatividad
y la aplic— al psicodrama, desarrollando una teor’a de la espontaneidad-creatividad. ƒl ve’a que la gente le daba mucha
importancia al producto terminado, a la Òconserva culturalÓ.Una conserva es algo que est‡ puesto en una lata y que no requiere ulterior preparaci—n; Òconserva culturalÓ es, entonces, un producto que circula en
la cultura, mera repetici—n de lo que otra persona, en su momento, cre—.
Este autor contrapone a esta conserva, la espontaneidad definida
como una respuesta nueva y adecuada a una situaci—n: nueva o vieja.
El factor e (espontaneidad) no es un factor estrictamente hereditario
ni estrictamente ambiental, aunque est‡ influido por la herencia y lo social.
En consecuencia, Moreno sostiene que la espontaneidad se puede
educar y considera al hombre como Ògenio en potenciaÓ.
Cap’tulo II: La Creatividad y sus hermanas
La espontaneidad es un catalizador de las capacidades humanas de
creaci—n, pues tiene por funci—n acelerar el proceso creativo.
Pero por otra parte, la espontaneidad necesita de un proceso de caldeamiento para que se active. Este se puede definir como la preparaci—n para la acci—n.
En este sentido, podr’amos pensar al proceso creativo en tŽrminos de
un circuito. El desencadenante de todo el proceso es el caldeamiento.
Luego, la espontaneidad libera la creatividad. A su vez, la capacidad
creativa puesta en juego produce un resultado, una conserva cultural.
Esta œltima, genera espontaneidad y as’ se da la realimentaci—n del circuito. Este circuito ser’a entonces: espontaneidad-creatividad-conserva
cultural-espontaneidad...
De esta manera, vemos que la creatividad no opera sola, sino acompa–ada de sus hermanas y el caldeamiento es el hermano mayor que
posibilita y pone en marcha el proceso.
El problema se presenta, a juicio de Moreno, en la œltima etapa (de
la conserva cultural a la espontaneidad) pues en lugar de volverse a relanzar el proceso creativo, se cierra el circuito en la conserva cultural a
ra’z de que la sociedad privilegia el producto final.
Esto mismo es lo que ocurre con el s’ntoma, indica este autor. Aparece por primera vez, en una circunstancia particular, como una respuesta nueva a una situaci—n vieja o nueva. Es una respuesta espont‡nea y creativa en ese momento (Como vemos, Moreno tiene una visi—n
positiva del s’ntoma)
No obstante, se–ala, que el problema del s’ntoma es que se fija, no
permite la reapertura del circuito, sino que se repite como conserva cultural.
Cap’tulo III: ÀY d—nde est‡ la creatividad?
En el espacio psicodram‡tico se ofrecen al paciente o al grupo, dos
oportunidades.
La primera oportunidad significa que el/la o los pacientes puedan representar en un Òcomo siÓ (contexto dram‡tico) una escena conflictiva
no resuelta, recreando, de manera fidedigna, la escena originaria. Sin
embargo, si ponemos en manos del o los pacientes s—lo esta oportunidad, la dramatizaci—n tendr’a œnicamente efecto cat‡rtico. Es en la segunda oportunidad, donde habr‡ posibilidad para el cambio, la innovaci—n. Esta segunda oportunidad es otorgada por el/la directora/a en el
momento en que pregunta: ÀC—mo modificar’a esto? Este interrogante
va a actuar como disparador para que el sujeto devenga en un ser activo, art’fice de nuevas formas de establecer v’nculos con los roles complementarios, as’ crear‡ nuevas maneras de resolver conflictos, con su
estilo propio, dejando de lado la repetici—n de conductas estereotipadas
e internalizadas durante la primera infancia y en momentos posteriores.
Profesorado en Psicolog’a Social (4 a–os)
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Cap’tulo IV: El imperio del rol
Segœn Rojas Bermœdez, existen roles desarrollados, medianamente
desarrollados y pocos desarrollados. Una de las tareas terapŽuticas del
psicodrama es ayudar al paciente a desarrollar los roles poco desarrollados o medianamente desarrollados a fin de que pueda desenvolverse
mejor en su medio, incluso para que aporte al rol su propia manera de
desempe–arlo. Por lo tanto, una funci—n de la creatividad es desarrollar el rol poco o medianamente desarrollado y transformar los roles
patol—gicos en roles sanos.
De esta manera, para contactar con un rol poco o medianamente desarrollado se pueden implementar: la tŽcnica del caldeamiento corporal (para que se produzca la contracci—n del s’ mismo); o la introducci—n de objetos poco estructurados utilizados como objetos intermediarios (t’teres, m‡scaras, telas, etc.) para que hagan de Òpuente comunicacionalÓ entre los roles complementarios; o las tŽcnicas psicodram‡ticas como la interpolaci—n de resistencias. Esta œltima permitir’a observar si el/la paciente es flexible (da una respuesta nueva) o si ante estas situaciones imprevistas que se le proponen, Òse sale del rolÓ, lo cual
nos indicar’a que se trata de un rol medianamente desarrollado o un
pseudorol. Otra tŽcnica psicodram‡tica que ayuda a desarrollar los roles desde la creatividad, es la tŽcnica de construcci—n de im‡genes, la
cual actœa concretizando el material subjetivo del paciente, promueve
una mejor comprensi—n que el/la paciente tiene de la situaci—n conflictiva, de su v’nculo con el rol complementario, de su colaboraci—n en
esa situaci—n y ayuda a que descubra estrategias m‡s pl‡sticas y acordes al momento actual de su vida.
Cap’tulo V: La celebraci—n
Rojas Bermœdez postula que los roles psicosom‡ticos se estructuran
a partir del ejercicio de las funciones fisiol—gicas no automatizadas. Estos son: de ingeridor, de defecador y de mingidor. Nosotras nos vamos
a referir particularmente al rol de defecador. Se estructura entre los tres
y ocho meses de edad, sobre la funci—n de la defecaci—n y va desde la
producci—n de las primeras heces s—lidas hasta la configuraci—n del
afuera anal como espacio para depositar lo propio y donde se da la pŽrdida.
Segœn Freud, las heces representan para el/la ni–o/a una parte de su
propio cuerpo, un regalo que puede ofrecer a la madre, as’ como tambiŽn puede retenerlo y esto da lugar a la oposici—n entre obediencia y
rebeld’a. Implica, adem‡s, una pŽrdida porque se tiene que desprender
de Žl y donarlo. Por otro lado, en muchas ocasiones es recibido con jœbilo su ÒregaloÓ, pero en otras es rechazado (ÒCaca neneÓ). Por su parte, Rojas Bermœdez sitœa como modelo para la creaci—n, las experiencias vividas en la estructuraci—n del rol de defecador, es decir, la experiencia con las heces. De esto desprendemos que las personas que tienen dificultad para desarrollar el acto creativo pueden o podr’an haber
tenido problemas con dicho rol: retienen sus productos o los expulsan
descontroladamente, no valoran su producci—n o la sobrevaloran, etc.
La terapia psicodram‡tica trabaja sobre ese rol para modificar los bloqueos, o patolog’as de la creatividad.
Por otro lado, el rol de defecador, ayuda a delimitar el ‡rea ambiente del ‡rea mental. Est‡ relacionado, entonces, con la dimensi—n de lo
social (‡rea ambiente) por tanto, pensamos que un producto creativo es
tal si circula en la cultura, si es compartido con otro (este otro puede
modificar o enriquecer su producto, y a su vez, el objeto propio se convierte en un objeto cultural).
Cap’tulo VI: ÀD—nde est‡s creatividad de mi vida que no te puedo encontrar?
En este apartado intentaremos desmistificar la creencia de que s—lo
una peque–a parte de la humanidad son poseedores de la creatividad:
los artistas, quienes poseer’an ese don genŽtico. Esta creencia se sustent— por mucho tiempo, pero en 1940 empieza a vislumbrarse un cambio en esa concepci—n. Aparece una nueva manera de pensar el acto
creativo, se afirma que todos los seres humanos son creativos, s—lo se
necesita desarrollar la creatividad. Se propone construir un dispositivo
que posibilite tal objetivo, surgen, entonces, los talleres de expresi—n
art’stica, pl‡stica, teatro, dibujo, t’teres, literatura, etc., cuyo ingreso es
abierto para toda aquella persona que quiera sorprenderse con su potencial creador.
Pensamos que ser’a importante, siguiendo el modelo de aquellos talleres, realizar talleres de psicodrama abiertos a la comunidad. Los mismos vivifican, renuevan, incluso tienen efectos colaterales terapŽuticos. La finalidad ser’a despertar la creatividad utiliz‡ndola como instrumento para la prevenci—n de enfermedades mentales pues, generando una comunidad m‡s creativa estamos posibilitando una sociedad
m‡s flexible, m‡s autŽntica, menos perfeccionista, que colabore con el
crecimiento de sus miembros, en resumen, una sociedad m‡s sana.
En cuanto a los obst‡culos en el proceso creativo, segœn Moreno, las
mayores dificultades que se oponen a que se produzca un estado de es-
Cuerpo de mujer, blancas colinas, te pareces al mundo en su actitud de entrega. Pablo Neruda
LIBROS
‘Magma. Cornelius Castoriadis:
psicoanálisis, filosofía, política’.
Yago Franco. Editorial Biblos
pontaneidad son: la aparici—n de elementos ya creados (conservas) como si fueran surgiendo espont‡neamente en el sujeto o cuando la persona quiere llegar a una fase de perfecci—n œltima.
Por su parte, Fidel Moccio habla de ÒbloqueosÓ:
1) Bloqueos perceptuales: son aquellos que impiden ver cu‡l es el
problema, quŽ es lo que no marcha (prejuicios)
2) Bloqueos emocionales: son defensas frente a lo nuevo. Se reflejan bajo la forma del temor a equivocarse, a hacer el rid’culo.
3) Bloqueos culturales: se refieren a lo que se debe pensar, a las normas de vida. Se producen por obedecer al pie de la letra las reglas de
conducta.
Por tanto, es conveniente proceder primero a desbloquear apelando
a diversas tŽcnicas y no evaluar positiva ni negativamente el proceso
creativo mientras se est‡ gestando, porque eso hace que se lo interrumpa.
Cap’tulo VII: Sensatez y sentimientos
Este cap’tulo queremos dedicarlo a los objetivos terapŽuticos del psicodrama, en relaci—n al aporte que la creatividad hace al tratamiento.
Los objetivos terapŽuticos en psicodrama se dirigen a proporcionar
una mejor comprensi—n y modificaci—n de la situaci—n conflictiva, que
se pueda cambiar un s’ntoma para hacerlo m‡s tolerable o eliminarlo
en el caso de que eso sea factible y deseable, lograr una armon’a entre
las ‡reas (mente, cuerpo y ambiente), atreverse a encontrar nuevas formas de establecer v’nculos, a crear nuevas y adecuadas respuestas a los
problemas, alcanzar la autoafirmaci—n de s’ mismo y que tenga lugar
un crecimiento personal. El juego de roles contribuye a tales objetivos.
Se basa en la hip—tesis de que si realmente oper— un cambio favorable,
lo que se logr— en el contexto dram‡tico deber’a transferirse al contexto social.
As’, consideramos que la principal funci—n de la creatividad en el
espacio terapŽutico es la apertura al cambio y nos parece que el eje
del tratamiento de la terapia psicodram‡tica y, nos arriesgamos a decir,
de todas las terapias, es el cambio. Por esa raz—n es que la creatividad,
a nuestro criterio, toma un papel relevante en la terapia. Postulamos,
entonces, que la creatividad es una herramienta fundamental para la
cura: despertando sentimientos, emociones y vivencias hasta ese momento desconocidos y descubriendo nuevas formas de ser en el mundo.
Ahora bien, ÀQuŽ sucede en la psicoterapia con neur—ticos? La psicoterapia va a contribuir a la comprensi—n de los s’ntomas y a la elaboraci—n de mecanismos reparatorios m‡s sutiles y eficaces a fin de
que ya no se los categorice como s’ntomas sino como valores, transform‡ndose en algo positivo para el sujeto (por ejemplo, la elegancia
en una paciente histŽrica con tendencias exhibicionistas)
ÀY quŽ ocurre en la psicoterapia con psic—ticos? La psicoterapia
apunta a facilitar la vinculaci—n con el otro, para ello se implementan
los objetos intermediarios. Otro objetivo es que puedan elaborar mejor
su delirio, ofreciendo medios tŽcnicos para que puedan comunicarlo.
Pero, los psic—ticos: ÀSon menos creativos que los neur—ticos? No,
estos pacientes pueden ser muy creativos y, a diferencia de los neur—ticos, a veces, no presentan tantos bloqueos. As’, es importante estimularlos en la construcci—n de objetos, (este objeto puede ser un producto creativo o un trabajo) tratar de detectar cuales son Òlas briznas de lo
simb—licoÓ, pues estas van a ayudarlos a compensarse, a reconstruir su
mundo y a conectarse con el medio de una manera menos persecuto-
ria.
ÀA partir de que recursos propiciamos el trabajo creativo del paciente?
A travŽs de: tŽcnicas corporales (relajaci—n), tŽcnicas psicodram‡ticas (interpolaci—n de resistencias, construcci—n de im‡genes, la tienda
m‡gica, la dramatizaci—n simb—lica, improvisaci—n con personajes ficticios) tŽcnicas expresivas (dibujo, m‡scaras, moldeado, collage, d‡ctilopintura); la mœsica; objetos intermediarios (telas, t’teres, almohadones, m‡scaras) y la psicodanza.
Las tŽcnicas corporales contribuyen a generar un estado creativo a
partir del movimiento y la relajaci—n, en combinaci—n con la visualizaci—n. As’, las im‡genes hipnag—gicas forjadas en la relajaci—n propician la aparici—n de ideas inŽditas. Las tŽcnicas psicodram‡ticas mencionadas incrementan la creatividad porque hacen intervenir la imaginaci—n, la plasticidad, la originalidad y la apertura al cambio. Las tŽcnicas expresivas nombradas liberan en gran medida el mundo interior
estimulando el surgimiento de la creatividad. Los objetos intermediarios, permiten la creaci—n de v’nculos, salirse del ensimismamiento para establecer un contacto con el otro. La mœsica contribuye a generar
un clima apropiado para la bœsqueda de nuevos caminos alternativos,
desbloqueando. La psicodanza intenta recuperar en el protagonista la
capacidad expresiva natural. Rojas Bermœdez establece que la psicodanza debe tener siempre como eje el salto y la ca’da, a los cuales les
asigna diferentes significaciones. Al salto lo asocia con vencer a la
fuerza de la gravedad, vencer el destino, romper con los moldes tradicionales. A la ca’da la relaciona con poner los pies en la tierra, con la
reflexi—n, la elaboraci—n.
Creemos que la creatividad conlleva estos dos pasos: primero el salto que es la apertura, la libertad; regido principalmente por emociones,
sentimientos, dejando de lado, temporariamente, el pensamiento formal. Por ejemplo: en la inspiraci—n de un enamorado haciendo un poema. Y luego la ca’da, orientada por el proceso secundario, es la s’ntesis, la integraci—n. Para seguir con el ejemplo: la obra terminada.
Todos estos recursos deben implementarse en un campo relajado, ya
que Žste propicia la creatividad y la libre expresi—n, flexibilidad de
pensamiento y acci—n, mientras que si se trabaja en un campo tenso, la
rigidez y la estrechez de pensamiento invaden el lugar obstaculizando
el despliegue del acto creador.
A modo de conclusi—n, el espacio terapŽutico es un lugar propicio
para la activaci—n de la creatividad, sin embargo, no apuntamos a que
se produzcan all’ grandes obras de arte, se intenta que la persona creativa se libere, tanto como le sea posible, de los modelos anteriores, pero esto no significa que se espere que las unidades que comprenden ese
estado sean absolutamente nuevas y sin precedente, sino que se aumenten las combinaciones y variaciones para suscitar en el sujeto una
flexibilidad tal que le permita responder a las situaciones con una respuesta nueva y apropiada: para ese sujeto, en esa circunstancia.
Lograr que la espontaneidad- creatividad se constituya como forma
de vivir de nuestros pacientes, es un objetivo un tanto ambicioso pero
no imposible.
Finalizamos este trabajo con esta frase remixada:
Hay creativos que creativos son,
hay creativos que creativos nacen,
y hay creativos que creativos hacen,
a los que creativos no son.
Angel Fiasché refiere la hipertrofia
memorística de un psicoanalista venezolano que citaba a Freud párrafo
por párrafo. Luego Fiasché agrega:
“el venezolano nunca lo entendió”.
¿No se estudia aún a Freud letra por
letra, año por año, aparente contradicción por aparente contradicción?
Se alaba al autor, en vez de discutir,
polemizar con él para tratar de “mantenerlo así vivo y demostrar por los
hechos que ese autor desafía el
tiempo y conserva su vigencia”, escribe Castoriadis. Para sobrevivir a
ese pseudo consenso generalizado
que es el “aumento de la insignificancia”, en algún momento debería
quedar en nosotros la estela del pensamiento, la de la obra.
El magma castorideano se derrama
estimulados por Yago Franco, difusor
de la obra que contagia la pasión por
el maestro, porque creemos que
aquél se aleja del psicoanalista venezolano.
En el “Tratado de la desesperación”,
Kierkegaard especula en torno de
las relaciones del yo, hasta que en
un momento decide hacer un giro
psicológico (así lo llama él, lo que
hacía hasta ahí, era primariamente
filosofía), y reflexiona sobre lo masculino y lo femenino. ¿Cómo establecer esa frontera? Hasta aquí filosofía, ahora, psicología. Lo mismo ocurre con la máquina Deleuze-Guattari,
cuando el primero reconoce el devenir filosófico de quien fuera inicialmente psicoanalista, Guattari. Quiero
decir, para alejarme también del psicoanalista venezolano: la historia de
Castoriadis, filósofo, psicoanalista,
economista, militante político, da que
pensar respecto de su lúcida lectura
de la obra freudiana; como si desde
allí (la filosofía y la política) hubiera
nutrido su propia imaginación radical,
porque para encontrar lo que no se
ve, lo que no está, el filósofo debe
ejercitarse en su errancia, poner los
caballos delante del carro y combatir
la locura identitaria con concretas
prácticas sociales instituyentes.
El autor organiza acabadamente (las
inevitables repeticiones recuerdan el
camino del pensador) los desarrollos de Castoriadis: uno de ellos, los
aportes en torno de la mónada psíquica, ese primer núcleo del yo, renuevan en este comentador las interrogaciones sobre el psiquismo temprano muy estudiado por Klein (tan
ajena ella a la especulación filosófica): la indiferenciación, la no representación, la génesis de la fantasía
inconciente; si hasta Von Bertalanffy
refiere un psiquismo amorfo, claro
que ignorando las distinciones entre
lo social instituido y lo social instituyente.
Un libro que invita a pensar el alma
con todos los fantasmas, con la juguetona circulación de la catexia del
histórico-social que hace de psicoanalistas como el venezolano de la cita a pie de página, víctimas del “pensamiento heredado” sofocadas por el
humo de Castoriadis, el griego que
fuma a orillas del Egeo.
Daniel Seghezzo
Casa reciclada
Abierta la inscripción al Ciclo 2004
Charlas informativas gratuitas: miércoles 25 de febrero
y miércoles 3 ,10, 17 y 24 de marzo, 19 hs.
en Palermo Viejo
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Alquiler x hora - mensual
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Secretaría y mensajería permanente
Atención de 8 a 22 hs.
Ella se desnuda en el paraíso de su memoria. Alejandra Pizarnik
Campo Grupal / 7
El goce estético en el arte de jugar
La red
de futbolterapia
Relato sobre la experiencia de la aplicación del
imaginario futbolístico en su forma lúdica como
recurso a la Psicoterapia Vincular Operativa y el
fenómeno grupal con púberes y adolescentes.
El campo de batalla del
fútbol: ¡futbolterapéutas!
Claudio Goscilo
[email protected]
L
a intenci—n de nuestro trabajo es la de intentar relatar nuestra experiencia desde el a–o 1994 relacionada al juego, al
fœtbol, a la preocupaci—n y ocupaci—n psicoterapŽutica con
los chicos transitando el duro camino de la pubertad y de la adolescencia. Los avatares y el derrotero de ellos y nuestro. El comœn aprendizaje y descubrimiento a medida que ’bamos trazando esta l’nea de fuga como acci—n saneadora e investigaci—n cl’nica. Agradecemos la confianza de ellos, sus padres y ustedes
por leernos.
La pregunta que permanentemente nos hac’amos estaba relacionada -y aœn hoy permanece abierta- con el traslado de la actividad grupal y psicodram‡tica psicoanal’tica -y por supuesto
nuestras investigaciones en psicoterapia y tŽcnicas operativastrasladarlo, dec’a, a los chicos que circulaban por nuestros consultorios. Probamos mini reuniones, peque–os campos de juego
en el espacio dram‡tico que cont‡bamos en nuestro derrotero. Pisos de parquets, carpetas de alfombra, terrazas con protecci—n.
Mœltiples intentos de reuni—n y de apertura lœdica, dramatizaciones, utilizaci—n de objetos, etc. Descubrimos que los chicos, en
este pasaje tormentoso de sus vidas, necesitaban jugar. Tal vez de
otra manera que como lo har’amos con ni–os peque–os. La caja
de juego se abr’a y se romp’an sus bordes, Òse desacartonabaÓ
donde antes hab’a juguetes con retazos, hoy encontr‡bamos personas de carne y hueso: ellos y nosotros.
Particularmente mi preocupaci—n mayor circulaba por la
Transferencia. QuŽ hacer, c—mo manejarnos con semejante
ÓmonstruoÓ de la psicoterapia anal’tica. Un tema harto delicado.
ÀY si comet’amos un terrible ÒsacrilegioÓ, un error imperdonable, un acto iatrogŽnico con estos j—venes que sus padres depositaban con toda confianza y expectativa en nuestras ÒdelicadasÓ
manos para que los cuidemos y Òcuremos de todoÓÉ?
Tanta responsabilidad me abrumaba, sab’amos c—mo actuar en
el ‡mbito del consultorio, con paredes protectoras, ventanas bien
cerradas, ‡reas protegidas para que no se produjesen mayores
desbordes. Por lo menos no m‡s all‡ de lo esperable y manejable.
Winnicott nos recuerda que Òla psicoterapia se da en la superposici—n de dos zonas de juego: la del paciente y la del terapeuta. Estar‡ relacionada con dos personas que juegan juntas.
El corolario de ello es que cuando el juego no es posible, la labor del terapeuta se orienta a llevar al paciente, de un estado en
que no puede jugar a uno en que le es posible hacerlo.Ó
Por lo tanto nos dispusimos a citar a nuestros j—venes pacientes (a nuestros amigos que nos apoyaron e impulsaron con su
permanente presencia y aportes fundamentales: Walter Dom’nguez, Marcelo Pezzi y Kay Henrischdšrff) a jugar en d’a y hora
fijados a un ÒpicaditoÓ en el Parque Las Heras cito en el barrio
de Palermo (cercano al centro de Buenos Aires). Un lugar conocido y con ligaz—n afectiva para nosotros. Entonces comenzaron
los encuentros.
www.clinicagrupal.com.ar
* Grupos terapéuticos.
* Supervisión y seguimiento de proyectos
* Grupos de reflexion a cerca de las masculinidades
* Taller interactivo "Herramientas para el afrontamiento
de situaciones de crisis y cambio"
* Seminario Anual de Psicodrama y Grupo 2004
Informes: 4804-5811 ó 4572-9535
Coordinador: Lic. Guillermo Vilaseca
Miembro de IASOM Asociación Internacional de Estudios del Varon - Miembros de IAGP Asociación Internacional de Grupos
www.varones.com.ar
Campo Grupal / 8
Un intento incipiente de teorizaci˜n
El Dr. Angel FiaschŽ se–ala, en la introducci—n a Psicoterapia
de grupo en ni–os y adolescentes de Eduardo Pavlovsky, que
Žsta tiene necesariamente caracter’sticas diferenciales constituyendo un mundo propio dentro de la psicoterapia grupal. Cita a
Anna Freud quien en el Congreso Mundial de Psicoterapia, reunido en Londres en 1964 denunciaba que era un grave error
considerar y traspolar el modelo de la Psiquiatr’a de los adultos
a los ni–os y a los adolescentes. Continœa diciendo que desde su
visi—n las estructuras defensivas y la de los conflictos como se
ven en los adultos son categ—ricamente diferentes. Un ni–o, un
adolescente, tratar‡ de resolver sus problemas en el juego con su
actividad lœdica. La defensa y el conflicto suelen aparecer juntos, a veces confundidos, por lo tanto, no discriminados. El joven tratar‡ de hallar una mejor defensa adaptativa a la vez que
la de resolver el conflicto. El malestar o la conflictiva que los
produce todav’a es incipiente, Òest‡ frescoÓ podr’amos decir. El
adulto no lo resuelve de esta forma, por lo tanto se necesita fundamentar una psicoterapia de grupo con leyes diferentes que
para la de los grandes. Es importante tambiŽn registrar el tema
del tiempo. Cu‡nto deber‡ permanecer un ni–o o un adolescente
en un grupo y si cuando observamos a un ni–o en el grupo no es
una acci—n de profilaxis y si esa patolog’a es solamente una eclosi—n como una varicela o una rubŽola, una patolog’a eruptiva
que hace y cumple su per’odo y luego desaparece sin secuelas.
Pavlovsky corrobora esta hip—tesis en su observaci—n. Agregaremos que las primeras experiencias las han registrado psicoanalistas como Anzi•u, Lebovici y Diatkine utilizando tŽcnica dram‡tica as’ como lo realizaron aqu’, en nuestro pa’s, pioneros en estas lides: Pavlovsky y Rojas Bermœdez.
En la actualidad, luego del pasaje de los a–os y las experiencias en cl’nica psicoanal’tica y psicoterapia operativa, nos vemos
en la necesidad desde la coordinaci—n de crear las condiciones de
posibilidad para la creaci—n y producci—n de posibilidad colectiva tanto en la cl’nica de adultos como en la de ni–os y adolescentes, tratar de evitar la manipulaci—n y el deslizamiento hacia
la sugesti—n. En s’ntesis tratar de eludir la inducci—n. Combatir
por sostener una posici—n Žtica por fuera de la moral reinante.
Los coordinadores no debemos ser los que descifremos o traduzcamos una verdad oculta sino quienes interrogaremos lo obvio
en las conductas de nuestros j—venes y su medio vital en su privado plano de existencia. Seremos provocadores o disparadores
pero no propietarios de las producciones de estos peque–os grupos improvisados sobre la marchaÉ Fen—meno que llamaremos
ÒGrupalidad Espont‡neaÓ, como en un taller, por ejemplo o en
una reuni—n cualquiera luego del pasaje de un tiempo y de un
motivo de interacci—n imprevisto (Recordemos el maravilloso
mundo de producci—n micropol’tica en ÒLa autopista del SurÓ de
Julio Cort‡zar). Intentar lograr el acontecimiento, producci—n
ef’mera pero no por esto desvitalizada y pasajera. Producci—n como acci—n que deja marcas liberadoras de la carga libidinal estancada. M‡s que presenciar los despliegues de juegos espectaculares en el escenario grupal nos implicaremos con la condici—n
intr’nseca de abrir condiciones para que, desde el universo de
significaciones que circulen en un grupo, se pueda acceder a las
diversas singularidades de sentido (como nos se–ala Ana M. Fern‡ndez en El campo grupal. Notas para una genealog’a). Tratamos de evitar en la escena espont‡nea la descarga impotente y
vac’a de sentido en el desarrollo fantasm‡tico de lo imaginario.
Lo cat‡rtico como expresi—n de exhibicionismo de sentimientos.
Creemos necesario desmontar las significaciones que se vuelven
sin—nimo de descarga como cura. Es jugar, multiplicar, -Hern‡n
Kesselman nos dir‡ que quiŽn transforma no es s—lo el terapeuta, es el grupo. ÒTransforma la s’ncopa de pausas y velocidades,
articulaciones y conexiones de los ritmos vinculares, y no s—lo
las intervenciones esclarecedoras del conductorÓ. Agrego, por mi
parte que transforma la acci—n de multiplicar de manera imprevista las leyendas, la novela personal. No obsesionarse por entender los or’genes (À...Y por quŽ me pasa esto? Simplemente pasa, sucede, acontece... es nuestra obligaci—n saberlo para transformarlo a partir de soltar el lastre de nuestra posici—n subjetiva
intoxicante) En este escenario -campo de juego, tratar de trazar
posibles l’neas de fuga. Salir de los roles estereotipados que se
dramatizan en los partidos. Incluiremos, al decir de Pichon Rivi•re, la lectura de los niveles horizontal y vertical del acontecer
grupal que permitan las rupturas de esos estereotipos.
El lugar del coordinador se instituye como una renuncia al saber y al liderazgo l’nea dura. Puntuaremos, a medida que lo creamos necesario, insistencias, interrogaremos lo que nos parezcan
rarezas, repeticiones de conductas estereotipadas, haremos hincapiŽ en los sinsentidos y en las paradojas tratando con todo esto de crear condiciones de acceso a la singularidad de sentidos.
Siempre es un acto espont‡neo, de vŽrtigo para la coordinaci—n
en la que nos abismamos, es singular en su esencia, mœltiplemente atravesado por el hist—rico personal y el hist—rico social.
La idea fundamental es que se pueda acceder a lo creativo, a
los peque–os actos que permitan fugar de lo t—xico, de lo que
Òenvenena y nos reduce la potenciaÓ, siguiendo a Spinoza.
El campo de juego se convierte, a nuestro entender, en un campo de batalla, un territorio- espacio dram‡tico. El lugar de los
despliegues de las identificaciones a rasgos fantasm‡ticos con
esos Ódirectores tŽcnicos hist—ricosÓ que Òdictan el desempe–o
de las jugadasÓ. Formas y maneras din‡micas desconocidas por
los j—venes jugadores que consuenan y resuenan en la vor‡gine
de sus y nuestros movimientos.
Podemos observar que este juego futbol’stico (tal vez otro deporte pueda tambiŽn hacerlo de similar forma, es importante,
creemos para el imaginario deportivo y pasional de nuestro pa’s)
propone y dispone quiŽn es cada uno de nosotros, c—mo quisiese
ser tal vez y siente que deber’a ser pero no puede. Los sufrimientos expresados y los callados, algunos secretos e imposibilidades. Insistiremos en la posibilidad de fugar de lo intoxicante cotidiano en nuestra existencia tantas veces ensombrecida. La posibilidad vivificante de derrotar en batalla optimista a las pasiones tristes.
Desterritorializarse y reterritorializarse permanentemente, jugamos a eso y por eso agenciamos a Deleuze la imagen de campo de batalla. Peleamos y batallamos des-haciŽndonos de aquello Òextra–o en miÓ que inmoviliza la libertad. Como en la vida
de todos los d’as pero en la Gran Caja De Juegos de la Cancha
de Fœtbol, la caja que desacartonamos abriendo sus paredes para
jugar con los retazos de juguetes a los que damos vida. Ellos son
nuestros propios compa–eros de equipo y nuestros fugaces enemigos y amigos del equipo contrario.
Nosotros,
los futbolterapéutas
Martín Kesselman
[email protected]
N
osotros, los futboterapeutas, adoramos la liturgia del balompiŽ, el sagrado recinto donde la pelota rueda, Òese reino de la lealtad humana ejercida al aire libreÓ, como
Gramsci dec’a, la œnica religi—n que no tiene ateos y en la que todos somos divinidades, misa pagana en la cual la pelota es eucarist’a nuestra. Adoramos aquella esfera que era de trapo y ahora
es de cuero y que, en palabra de Pichon, invoca Òla forma perfectaÓ la coincidencia del uno y del todo, la imagen del infinitoÓ.
Devenimos, siendo el devenir el evadiendo de nuestra historia,
hombres de tiempo remotos ‡vidos de juegos con formas esfŽricas, juegos brutales, primitivos, como si quisiŽramos familiarizarnos con ese objeto casi m‡gico en esas misteriosas s’ntesis entre la guerra y la fiesta.
Nosotros, los futboterapeutas, emergimos al fœtbol desde
siempre, o, como suele pregonar la leyenda, nacimos con una pelota bajo el brazo. Las cicatrices de un domingo de infancia son
a–ejas derrotas de nuestro cuadro favorito, y plagaban la euforia
de una inocencia las ef’meras victorias. La vida nos hizo vagar
por los consultorios de esta ciudad y entre paciente y paciente,
jam‡s dejamos de alucinar pelotas nœmero cinco partiendo del
desliz de nuestro empeine, sorteando a travŽs de Òmo–asÓ el es-
El cuerpo humano empezó a desaparecer casi al mismo tiempo en que apareció. Paul Ableman
collo de los rivales al paso. Encarn‡bamos a todos los protagonistas, los propios y los ajenos, Žramos m‡s que humanos, haecceidades, la aŽrea ÒchilenaÓ en acrob‡tica vuelta carnero mandando para atr‡s la pelota; la ÒpalomitaÓ abriendo los brazos en
cruz como si fueran alas y saltando al vac’o para conectar la esfŽrica con la mollera; el golero o guardavallas volteando demasiado plano el voluminoso torso sobre el verde cŽsped; el Òpunt’nÓ que la ceguera de un par de dedos casuales enviaba a la red;
y todo en c‡mara lenta, por prolongar el goce, hasta que en la
agon’a del timbre arrim‡bamos la coreograf’a hacia el umbral de
la puerta tras la que aguardaba el paciente que aguarda.
Cantidad de pœberes. Cantidad de adolescentes trajinaron
nuestros profesionales hogares hasta que nos animamos a arremangarnos los trajes y a correr el mobiliario para dejar ÒpeladaÓ
la alfombra y ÒensartarnosÓ con ellos en fragorosas batallas mediadas por esferas de pl‡stico o cuerina, explorando a travŽs de
la fricci—n futbolera diversas expresiones de lo fr‡trico, de lo
paterno, rivalidades veniales y no veniales, las de una cancha,
las de una vida.
Interpret‡bamos el fœtbol, pero el fœtbol escapaba por los bordes de la interpretaci—n.
Los consultorios se nos quedaban chicos ...
.... hasta que ÒconcentramosÓ de una vez y en un bar los cinco amigos. Kay, Willy, Claudio, Marcelo y Mart’n. tres psicoterapeutas, un tŽcnico qu’mico y un vendedor de seguros y pensamos (y por quŽ no?) juntar los pacientes futboleros con los futboleros adolescentes significativos de un asegurador y de un
tŽcnico qu’mico y decidimos (y por quŽ no?) entremezclarnos
con ellos y propusimos auto-intitularnos (y por quŽ no?): LA
RED DE FUTBOTERAPEUTAS. Y nos dispusimos a encontrar
(y por quŽ no?) el escenario apropiado.
Y debut— la RED (y por quŽ no?) en las canchitas de un tal
Marangoni una tarde de julio de 1994.
El goce estŽtico en el arte de jugar
Cada vez que invadimos los campitos de la plaza Las Heras y
nos quedamos Òde pantal—n cortitoÓ, sucede lo que Galeano ensue–a: ÒLa ciudad desaparece, la rutina se olvida, s—lo existe el
temploÓ y entonces si se precian, como adula Baldomero, Òla
poderosa valva de la r—tula/los tendones tirantes como cuerdasÓ,
y si la humedad nos ara–a las ingles porque llueve o llovi—, mejor, concede la posibilidad de aspirar el olor a magulladas tiritas
de alfombra verde. Estalla el tinglado del fœtbol; estalla su mœsica, que como Hern‡n Kesselman dir’a, es el efluvio que traspasa todos los autismos. Estalla esta insensata pasi—n que oculta nuestro pecho, bestia salvaje en busca de libertad. Existe tambiŽn un encuadre. ÒEl arco es el encuadre del futbolistaÓ, afirmaba Pichon. Hay reglas que adoramos aunque no adoremos las
reglas, salvo que seamos dioses como en este recinto rectangular. Ser dioses es un encuadre. Ser muchachos tambiŽn, al tiempo que como sentenciaba Plat—n, Òde todas las bestias salvajes
un muchacho es la m‡s dif’cil de manejarÓ.
Nosotros, los futboterapeutas, adoramos el ceremonial, con
pompa y protocolo (aunque no adoremos el protocolo ni la pompa). Adoramos los estadios a rebosar de gente y adoramos tambiŽn nuestro amateurismo. Jugar’amos con ‡rbitro, ejercer’amos
como profesionales el arte del bal—n, estar’amos dispuestos a soportar las consignas de un Director TŽcnico y aœn hoy, algunos
ya en el plantel de los cuarenta agostos, hasta vender’amos el alma con tal de perpetrar el gol de la final del pr—ximo mundial
para nuestra selecci—n nacional, y sin embargo, instalados en es-
te recipiente de ÒFœtbol-seisÓ, sin opresiones del bolsillo y sin
reloj, situamos dos CAPOS uno enfrente del otro para cumplir
el inefable ritual del Òpan y quesoÓ (ÒpanÓ ... ÒquesoÓ ... ÒpanÓ
... ÒquesoÓ ... panÓ...) o sea, un pie se abalanza ÐÒpanÓÐ en la
agon’a de la pisada ajena ÐÒquesoÓÐ, un pie propio se abisma
hasta aterrizar ÐÒpanÓÐ mientras el pie del otro deviene anfibia
flecha ÐÒquesoÓÐ para que al final la zapatilla de uno apoye sugestiva suavemente su puntera victoriosa sobre el empeine del
derrotado, y pueda as’ su propietario elegir al que cree el mejor
de todos. El vencido elige despuŽs (siempre despuŽs) Òlo que le
van dejandoÓ, hasta que al fin llega el turno de los ÒinelegiblesÓ,
pero hasta los inelegibles tienen su final y, por fin, son elegidos.
La cancha, como el cuerpo, tiene su centro, eso que los chinos llaman TANTIEN, y el esfŽrico se coloca all’, en el centro
mismo del rect‡ngulo. Cada equipo se alinea en el sector del
campo escogido como propio. Se fabrica, a continuaci—n un instante, una hendidura de hondo silencio entre dos tiempos hasta
que un pie acaricia con su chanfle a la redonda y acaba por desplazarla de su centro de gravedad. El acento del ictus ha separado al silencio de la articulaci—n. EMPEZî EL PARTIDO!
Molar y molecular; nosotros, los futboterapeutas confiamos
en el aspecto cat‡rtico del partido de fœtbol, investigamos el car‡cter dram‡tico de su desarrollo y tambiŽn, mientras pasa el
partido, Òs—lo va siendoÓ, dice Hern‡n Kesselman, Òs—lo se siente el flujo y los cortes, el goce y el escalofr’o...Ó
EMPEZî EL PARTIDO!
Inmediatamente se nos revela a la vista un fœtbol que, como
dice Marcos Victoria Òes juego de lucha de un cuerpo contra
otro, disimulada tras la codicia de una pelotaÓÓ A su vez, es una
lucha de equipo y adem‡s, adversarios y propios nos necesitamos mutuamente para componer los contrapuntos del espect‡culo.
El encuentro atraviesa climas melancos, esquizos, epileptoides y el ‡nimo de unos se alimenta muchas veces del des‡nimo
de otros. El partido son estares y la pelota que hace un par de
minutos llev‡bamos atada al pie, esa misma pelota ahora Ònos
quemaÓ y ya queremos sac‡rnosla de encima, y ese arco de enfrente que hace un ratito se ofrec’a ensanchado ante nuestra real
presencia para que pudiŽsemos ofrendarle un pase a su red se
nos vuelve invisible y al bajar la vista y pegarle sin aliento y sin
fe comprobamos Òipso factoÓ que algœn front—n acaba de alojar
la bala blanca a nuestras espaldas, margin‡ndonos por completo
del escenario de su siguiente aparici—n.
Molar y molecular; por momentos los roles futboleros de cada uno se perciben dentro de la cancha (arqueros que atajan, defensores que despejan, mediocampistas que marcan o trasladan
la pelota, delanteros que ejercen su fuerza o su habilidad para
definir) y se plasman n’tidos estilos caracteriales de los jugadores (abœlicos, desaforados, quejosos, optimistas, sobrios, malabar’sticos, circenses) y a su vez, las molecularidades nos traspasan a diferentes velocidades, y, como dicen Hern‡n Kesselman
y Eduardo Pavlovsky, Òesta m‡quina ENTRE ya no tiene las caracter’sticas de los sujetos que la producen. Es el nuevo devenir
que no se puede producir por la historia de cada uno...Ó y a–aden ...ÓLos cuerpos son rŽgimen de afectaci—n, de conexiones ...
el ENTRE es lo que recorre el contorno de la escena (la escena
del cotejo). Los bordes de lo plegado. La nueva m‡quina que
nos engloba pero donde se pierde la noci—n de sujeto...Ó. Un cotejo es un SCORE (Òimporta ganarÓ), la articulaci—n de una es-
Un Posgrado diferente
en Psicología Social
• Articulación del pensamiento de Pichon Rivière con:
Freud, Bion, Anzieu, Reich, Foucault, Derrida y otros.
trategia con una t‡ctica (Òintentar no perder el orden, cuidar mucho la pelotaÓ), tambiŽn din‡mica de lo impensado. TambiŽn
puro devenir. Gol!. El Grito de Gol! Producir un efecto anal’tico a travŽs del ancestral valor de un grito de gol. Extasis.-StasisEstar fuera de s’ (y sin embargo dentro del momento presente).
Extasis, olvido total del pasado y del porvenir. Extasis. El grito
de gol es la imagen acœstica del Žxtasis. GOL! Jœbilo auto-er—tico, euforia locuaz. GOL!. El grito de gol de Ignacio, el paciente taciturno, la exclamaci—n en la cara del padre, el mism’simo
padre, ese que lo estalactizaba apod‡ndolo Òel autista furibundoÓ. GOL!. El grito de gol de un oligot’mico, de un oligofrŽnico? CŽsar grita su gol, el primero de una vida y los cachetes se
le ponen sonrosados. Propugnar‡ el abuelo su internaci—n una
vez m‡s en cierta Instituci—n para deficientes ineficientes?
GOL!. El GRITO DEL GOL!. Proceso originario del lenguaje
que el despotismo de la gram‡tica y de la significaci—n nunca
acabar‡n por reprimir. GOL!. EL GRITO DE GOL!. V’a regia
para fugar de los diagn—sticos irreversibles. GOL!. El gol es el
orgasmo del fœtbol!.
Alguna vez ocurri— que no aconteci— la magia, sino el baj—n.
Alguna vez comprendimos que una cosa era extender esta red y
otra ensancharla. Alguna vez se col— alguno que no pudo soportar tanta algarab’a. Alguna vez m‡s de alguno quiso volverse a
su casa en carne viva, con el alma herida o un tobillo astillado.
Alguna vez el festival del fœtbol fue el sacrificio de los mansos.
Nosotros los futboterapeutas devenidos los guerreros Maring de
la Papœa, clan Tsembaga del BalompiŽ sostuvimos el Kaiko del
fœtbol y plantamos los nuevos RUMBIM.
Enjugamos la experiencia. Pretendemos protegerla sin anestesiarla. ÁTERMINî EL PARTIDO!. Tras el abrazo fraterno, el infaltable SCRUM de todos los contendientes, nos desplazamos
en fila india hasta el m‡s pr—ximo de los maxikioskos para degustar Òde picoÓ las excelencias de cuatro cocas, para desgranar
punto por punto los estares de la epopeya, para que cada uno
plasme su estilo, visi—n detenida en el espacio y en el tiempo,
fantas’a de eternidad, pincel que pinta a su antojo la escena del
partido; y aqu’ valen todos los estilos, los fauvistas, impresionistas, barrocos, expresionistas; precisamos tambiŽn de transitar el
como el otro nos vi—, pues el otro es aquŽl que se devora nuestras afecciones y nos desova los —leos extra–os de la apariencia.
ÒNo hay nada menos vac’o que un estadio vac’oÓ, sostiene
Galeano. No hay nada menos mudo que una cancha sin nadie.
NYX la noche, se abism— sobre la plaza y deja ecos del eco de
las voces que aullaron sobre la alfombra verde. Miro el silencio
y la mirada deconstruye hitos, alija desde la primera pulsi—n, la
enso–aci—n originaria de la que surgi— esta experiencia.
El zoom de los ojos recorre, ve vagar espectros, estampas, figuras estŽticas que pulverizan el Kairos del tiempo. Kay vestido de canalla o de sueco, camuflado de entusiasmo hasta los fierros del arco. Gaby, orfebrer’a de andar de mariscal, alentando
cualquier desaliento que no tenga voz. Guido, presagio en la nuca de las defensas, callada liviana sombra que emerge carne un
instante para imprimir en la red su sello de gol. Lautaro, gigantesca pulga que abarrota con amor propio los laterales, esas
fronteras a las que Žl le ofrenda los rastros de su sudor.
Un Òsinf’nÓ de colores pueblan de casacas esta oscuridad.
Dijo Beckett Òque importa quien habla-dijo alguien- que importa quien hablaÓ. Decimos los futboterapeutas Òque importa
quien hablaÓ y decimos, y hasta decimos con Beckett Òque importa quien habla. ÁHabla la pelota!Ó.
E.I.P. Equipo Interdisciplinario Paso
Dra. Alicia Siguelboin (Abog.) y Lic. Silvia Schverdfinger (Psic.)
AREA LEGALES
Dra. Alicia Siguelboin y equipo.
Previsional - Familia
Mediaciones oficiales y privadas
• Deconstrucción de conceptos: trabajando los clisés y
estereotipos de la formación.
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Voy a lo que menos conocí en mi vida: mi cuerpo. Héctor Viel Temperley
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Lic. Silvia Schverdfinger y equipo.
Psicoterapia individual - pareja - familia
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Orientación Vocacional - Temas de Adopción
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¿Cómo queremos vivir hoy, qué deseamos para el mañana?
Entrevista individual sin cargo
Tel: 4962-4583 [email protected]
www.interdisciplinario.com.ar
Campo Grupal / 9
LIBROS
Siempre somos mas que dos.
Lina Pistone. Ed. Dunken
Leyendo el libro, vino a mi memoria un concepto aprendido hace bastante tiempo: la “identidad
de pensamiento”.
En qué consiste? en compartir
determinadas formas de ver la
vida, o sea, los temas que uno
prioriza (afectos, hijos, amistad,
libertad interior, comunicación) y,
sobre todo, la actitud que uno
tiene habitualmente frente a ellos
( compromiso, esperanza, autocrítica, frustración), por citar algunos ejemplos.
Esto que les cuento muestra la
sensibilidad y percepción que Lina tiene de ella y de sus compañeros de viaje en la vida, de la
que, indudablemente, disfruta
(basta leer por ej. lo que dice de
sus nietos)
Y nos quiere invitar a todos a
disfrutarla. Y nosotros podemos
disfrutar de sus relatos, de sus
anécdotas, de cómo se compromete cuando dice que la relación
inicial de los padres con los hijos
incluye una verticalidad, una diferencia de roles, que es necesaria
para una formación de valores,
pero que nada tiene que ver con
autoritarismo o rigidez, que se va
modificando con el paso del
tiempo, y decrece en la medida
que los hijos van logrando su
madurez..
Es una opinión fuerte, que yo
comparto, que forma parte de un
debate en torno a los principios
de crianza de nuestros hijos. Lina lo afirma claramente, y eso es
jugarse, poner el cuerpo, como
se dice, y hablar clara y honestamente.
A título personal, creo que es
verdad que, tal como se expresa
en el libro, es más fácil echarle
toda la culpa a los demás, a
nuestros padres, a la situación a
la mala suerte, y quedarnos ahí.
De éste criterio, probablemente
Lina haya derivado en su búsqueda de aprendizaje de los
errores cometidos, aceptándolos
como tales, y extrayendo de
ellos nuevas enseñanzas de vida.
También es cierto que no podemos salir solos adelante. Hay
una propuesta constante a la comunicación, la búsqueda del
otro, aunque esto nos exponga,
por ej., a la manipulación afectiva. Pero sigue y seguirá valiendo
la pena..
Lina siempre está haciendo algo,
y, además lo hace bien, lo que
no es poco en ésta época, y en
la Argentina.
Como una viajera incansable,
nos cuenta sus vivencias y nos
ofrece generosamente éstas páginas para reunirnos y disfrutar.
Comienza su libro con agradecimientos. Creo que nosotros también nos sentiremos agradecidos
cuando recorramos sus páginas,
mientras compartimos nuestra
estadía en ésta estación: la vida.
Eduardo Minces
Campo Grupal / 10
Capturas y karmas
Un hombre
llamado Lázaro
Raúl Cela
[email protected]m.ar
M
e gustar’a que estas reflexiones cl’nicas, sean œtiles para
compenetrarnos con modos de la esclavitud a las que estamos sujetos los hombres. En An‡lisis Institucional se le
llama Plan de Trascendencia. La esclavitud humana no solo se hereda en lo social sino tambiŽn en esa extra–a genŽtica de lo transgeneracional. Esa traslaci—n de alianzas con fuerzas subhumanas
que se traslada por generaciones, de unos a otros. Y que luego
constituye los s’ntomas colectivos de la guerra entre los sexos. Si
bien ocultan un valor positivo en su negatividad. No dejan de expresar deseos truncados en su fin. Porque existe en la cultura un
Plan de Trascendencia expl’cito en las esencias morales, que actœa
como m‡quina de captura unos deseos de metaf’sica propios de la
condici—n humana. Pero este plan como en el obsesivo, truncan su
fin por un sepulcro blanqueado a la cal de la Raz—n. Algunas religiones cuando en funci—n de crecer territorialmente en el mundo
negocian con las fuerzas materiales. As’ nuestros peque–os hombrecitos son atrapados por fuerzas subhumanas de violencia sexual, econ—mica, filial y colectivas por las que son habitados; y
que ocultan - hipocres’a mediante- con racionalizaciones, su fracasado intento de desterritorializaci—n. Perdiendo unos como otros el
an‡rquico deseo de libertad que conlleva producir voluntad.
PensŽ muchas veces en los juegos misteriosos que inventamos
los hombres para luchar con la muerte. Y lo disimulados que somos. Incluidos en una cultura en que se adora la destrucci—n en pos
de ignorar la presencia de la muerte. Nuestro peque–o hombrecito
urbano se las ingenia para ignorar su condici—n de humano y entonces inventa los padecimientos. Claro que para realizar esa negaci—n, ha de afiliarse a la creencia cient’fica en boga que versa
Òlo que es inferior puede gestar lo superiorÓ. Y tanta es la hipocres’a que niega, estar habitado por ideas que son funcionales a la repetici—n de sus males. Estar habitado, ser vivido, haber incorporado sin darse cuenta o heredar una idea fuerza que viene habitando
generaci—n tras generaci—n, de padres a hijos, una idea vamp’rica.
Son maneras antropof‡gicas de consumo de las sucesivas humanidades. Las formas m‡s atroces de la esclavitud anidan en el coraz—n del hombre.
Considerablemente ha crecido la Ciencia Psicol—gica de lo Inconsciente como practica libertaria, en el intento de dar cuenta de
c—mo se instala la enfermedad.
Javier es un hombre grandote joven y fuerte, de unos treinta y
cinco a–os.
Presenta una serie de s’ntomas entre los que hemos de enumerar como mas significativos la cuesti—n de la ÒguitaÓ como dice Žl.
Unas ausencias sexuales peri—dicas en su vida de relaci—n marital,
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que se manifiestan como Òno se estoy preocupado Ò , Òno siento
nada de deseoÓ. Por momentos una prepotencia que podr’amos llamar machista, donde la realidad es lo que el considera que es real.
Una incapacidad para organizarse con sus gastos, deudas e ingresos. Bien intencionado, algo mal gastador, gana bien pero no Òle
luceÓ.
Hubo que indicarle que deje de hacer excesivamente extensos
sus juegos con el hijo a la hora de ira a dormir luego de los 8 a–os.
Esto aparec’a como una tendencia a tratarle como mas peque–o de
lo que es. Con culpa segœn Žl por haberse separado de la madre,
con innumerables escenas de celos de su esposa Susana por la relaci—n que mantiene con la ex. Bien considerado en el trabajo, manifiesta amar a su mujer, pero de...(tener relaciones con una mayor
frecuencia) ni hablar. Se–al— como importante desde las primeras
sesiones que una terapeuta le dijo que en su anterior encarnaci—n
hizo unas cosas horrorosas y esto que le pasa es karma.
CompondrŽ como si fuera una sola entrevista una secuencia que
se fue desarrollando a lo largo e tres a–os. Las expresiones del lenguaje coloquial tienen la intenci—n de poner de manifiesto como
estas actœan en la vida diaria. Pido al lector la comprensi—n necesaria para ver este recorrido como el mapa de un territorio. Los dif’ciles caminos que debi— recorrer Javier, son exclusivo merito suyo en su producci—n de autoconocimiento.
ÒÁGrande es El Creador! ÀQuŽ har‡ de ti esta vez?
Contest— el moribundo: No importa obedezco, estoy mas unido
a el que a mis padres, dormirŽ y despertarŽ a otra forma de existenciaÓ
Zhuang Zœ
Javier llega carilargo y se tira casi desmoron‡ndose en la alfombra entre los almohadones.
-Se lo ve cansado.
-Pasa que llegaron Òlos meses del quilomboÓ. Sabe, y est‡ todo
mal.
-ÀComo es eso de los meses del quilombo?.
-Le dije a Susana, no me vengas con quilombo.
-À Por que los meses del ...
-Bueno abril y mayo sabe. El a–o pasado igual para esta fecha se
pudre todo, si voy porque voy, si vengo porque vengo, no hay nada que le venga bien. El a–o pasado le dije que porquŽ no se consegu’a otro, si estaba tan mal y se fue a lo de la vieja, despuŽs volvi—. Ud. Dice que tiene celos... Antes quer’a que yo no pagara todo el cumplea–os de mi hijo, este a–o pagamos a medias con la
madre. Entonces no quedaba otra que fuera a la fiesta, entonces
Susana no va, y luego tira la bronca.
-Tengo entendido que fue por algo que pas— con las fotos.
-Si, se las mostrŽ, entonces ...Dice que yo no estoy en la foto.
Que yo no figuro que no estoy en ninguna.
-Dice que ella se enoja porque Ud. no est‡?
-Claro que no hay ninguna foto de Miguel con migo. Si yo saque las fotos. Y que Miguel no va a tener recuerdo de su cumple
de 11 con su pap‡ porque no estoy en la foto.
-Se enoja porque Ud. est‡ ausente.
-Bueno hace como un mes...
-ÀY porque dice que abril es un quilombo ?
-Ahora tiene el control administrativo de todos los gastos, y tenemos el coche nuevo.
-Eso es un logro, Àque entiende por quilombo.?
-Un puter’o.
-Puede ser, tambiŽn es donde dorm’an todos los negros esclavos
en las fachendas, puede ser muchas cosas no una sola.
-Abril y mayo...
-Que otras cosas. ÀSe acuerda de Gulliver?, para atarlo los enanos le pusieron miles de hilitos que no lo dejaban mover si fuera
una sola soga Ud se desatar’a.
-El cumple de Miguel, mi separaci—n de la madre,
-Y Miguel, Àque tiene que ver con el quilombo?. ƒl era chiquito
y Ud. estuvo siempre.
Al quitarse el manto descubría su talle como se abre el capullo para mostrar la flor. Matamid
POR H O(humoresPORgrupales)G
Walter Vargas
[email protected]
- Pero lo iba a dejar de ver, cuando me separŽ pensaba que Žl se
mor’a y eso era desesperante, ten’a una angustia inmensa. Pero eso
era antes y la madre me pon’a trabas. Yo estaba desesperado.
-Hace poco Ud. dijo que nunca aceptar’a un trabajo en el exterior porque no soportaba ni considerar la idea de dejar de verlo.
Ud. no lo podr’a ver mas y no ver es parte del quilombo.
-Para esta fecha fue tambiŽn el accidente en el que perd’ la funci—n visual de un ojo.
-Dejar de ver al hijo es como dejar de ver al padre. Ud. nunca
dej— de ver a su hijo pero Susana dice que a quien no ve en la foto de cumplea–os es al padre de Miguel. Ella dice que no lo ve Ni
en foto .O sea Ud. no esta para hacer le un hijo a Susana ahora que
ella quiere no lo ve.
-Que quilombo. Ahora se me ocurre otra cosa. Si porque ahora
viene el cumplea–os de mi padre.
-El nunca puede ir a los cumplea–os.
-Eso empez— cuando se tomaba y para no tomar. DespuŽs del accidente. ƒl era el que manejaba, y casi morimos todos, de all’ que
mi vieja le empez— a hace mas l’o. All’ comenzaban los quilombos
y en casa nadie dorm’a
-O todos dorm’an con un ojo solo.
-Mi mam‡ y yo estuvimos muy mal, internados. ƒl estaba pasado de copas y casi nos mata, tambiŽn para esta fecha.
-Que ganas de matarlo. ÀPor eso no va a los cumplea–os?À Para
que no tome?
-TambiŽn le sacaron el control del dinero, À para que no gaste en
bebidas?. Mi mam‡ controla todo, para que no se emborrache.
-Cada encuentro con su hijo es como un renacimiento. Ud. es como el ave FŽnix muere y renace, cada ves que se separa, pierde a
su hijo, lo deja de ver y cada ves que lo encuentra renacen los dos,
son como Cristo y L‡zaro uno no vencer’a a la muerte sin el otro.
Es muy dif’cil ser padre, como recuperar la vista. Si tiene un hijo
con Susana lo ver’a todos los d’as. TambiŽn dejar’a de matar al padre que es Ud..
-ÀSer‡ por eso que no me pod’a casar y cuando me casŽ y tuve
un hijo me separŽ y ahora no puedo tener otro.?
-Su hijo vive, estŽ o no estŽ Ud. viŽndolo todos los d’as. Ud. no
es un padre ausente . Pero carga de mucha ansiedad el v’nculo con
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Žl por tener que sostener muchas muertes y renacimientos Y a su
padre lo ve a medias. Porque est‡ vivo pero desde el accidente se
qued— sin la relaci—n con el hijo. Sin el dinero para administrar su
econom’a. Renunci— al trabajo. Su mam‡ cobra la pensi—n. Es un
padre auto enmasculado por el alcohol. Es un padre a medias, como su ojo, lo tiene pero no ve. Ud. no lo mat—, Žl se mat— solo. Algo queda por saldar de este abril y mayo Ud. est‡ cumpliendo con
los pagos, le est‡ dando un padre a Miguel y puede ser que si soltamos algunos hilos m‡s pueda empezar a cumplir con Susana.
Quiz‡s su karma se resuelva si aprende a tener una mujer madre de un hijo suyo de compa–era, pagar sus cuentas apoy‡ndose
en los conocimientos administrativos que tiene ella y haciendo que
juntos se potencien. E ir soltando de a poco a Miguel para que tenga un padre presente en Žl aœn cuando Ud. no lo vea todo el tiempo. Pues con un solo ojo Ud. puede vivir y sostener su presencia
con la ayuda de los otros. La realidad es un compuesto mœltiple,
tanto como Ud. es parte de otros.
Hojas de oto–o.
Van dorando camino.
A mi regreso.
El’as
(seud—nimo poŽtico de Cela)
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No saben a quién salpican cuando se zambullen. Walt Whitman
Escribo en estado de suprema
conmoción, y eso, y todo, porque
muy pocas cosas me empujan a
tales comarcas como la buena literatura o, por lo menos, esa que a
mí se me figura como buena literatura. La lengua del malón, de Guillermo Saccomano, es de esos
textos dignos de ser recomendados a los amigos, a la gente más
querida, pero no ya como vulgar
sugerencia, más o menos entusiasta, sino como ruego persistente, obstinado, radical, aun cuando
la causa nos someta al peligro de
ser tildados de moscardones.
La lengua del malón es una novela
escrita con suma exquisitez, lo
cual, desde luego, ya sería un
buen motivo para devorarla, como
diría Georges Perec, “de bruces en
la cama”. Pero que se entienda: no
estoy hablando de despliegue de
pulcritud, de técnica volcada a ojos
cerrados, de adjetivación literariamente correcta; no estoy hablando
de sensualismo estilístico. Estoy
hablando de una historia bellamente contada, desde luego, pero entre las propiedades de esa belleza
constan, y no de forma sesgada,
lateral, sino como referencia inmediata, insoslayable, intensidad y
coraje. Intensidad capaz de sostener una simultaneidad de geografías, de climas, de texturas, de derivas sentimentales, ideológicas,
culturales, existenciales. Y coraje
al servicio de una apuesta a contramano de la época que nos toca
en suerte: negarle al escritor, al intelectual, el ejercicio del gesto político irresponsable, los beneficios
de una cierta gratuidad. Y, en este
sentido, Saccomano va hasta el
hueso. ¿Quién se animaría, en
tiempos tan edulcorados, a reponer un Borges feroz en su ingenuidad, brutal por aquiescente, definitivamente reaccionario?
¿De qué va La lengua del malón?
La voz que narra es la de un profesor Gómez anciano que evoca la
Buenos Aires de 1955, horas de
turbulencia social, de conquistas
populares asediadas, y horas, también, de singular efervescencia del
“amor que no se puede nombrar”.
El profesor Gómez joven, cabecita
negra, peronista, homosexual, adviene amanuense de la tórrida simpatía que se profesan su gran amiga Lía, periodista, poeta, judía de
izquierda, lesbiana; y Diana, esposa de un capitán de la Marina, y
escritora de una novela que recrea
un erotismo pertinaz, sacrílego,
inusitado; el erotismo de un indio y
su cautiva.
Y ya que estamos en diciembre y
los suplementos culturales andan
en pleno acopio de consejos para
pasarla bien en el verano, entre
tanta indigesta bucaydad y aguinisdad, es justo proponer este libro
de Saccomano, un libro de ésos
que no te va a arreglar la vida, pero que te la hermosea y te la hace
dichosa por un ratito, ponele la firma.
PASAJE ZEN
Dirección: Lic. Raul Cela
Psicólogo Clínico. Psicodramatista. Analista Institucional.
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Campo Grupal / 11
CINE/FILIA
Patricia Garrote
[email protected]
¿Se acuerdan de una de las canciones
que ilustraba la película de Pino Solanas “el Exilio de Gardel”?.
Decía algo así como: “Un país donde
pueda ser yo, sin sentirse cucaracha,
ni bajarse la bombacha. ¿Qué país será ese país....”?
Imaginen por un momento un país donde a los niños se los trate como a personas, que se les respeten sus derechos, que no les mientan, que se los
escuche, que puedan opinar, que saquen conclusiones, que respeten a los
mayores, que compartan con sus pares, que se
los contenga y se los calme.
Imaginen que puedan asistir a clases
bien cuidados y alimentados, que vayan vestidos de acuerdo al clima, que
puedan participar en las tareas familiares sin ser explotados, que aprendan a
ser trabajadores responsables, que se
les permita desarrollar su creatividad
sin inhibirlos ni descalificarlos.
Imaginen un lugar donde los niños tengan más acceso a los libros que a la
televisión, que sus maestros no tengan
que luchar por un salario digno y se
puedan jubilar a una edad aceptable
que les permita dedicarse a lo que más
les guste. Que asistan a clase en un
salón cálido en invierno y fresco en verano, además de estar equipado con
todo lo necesario para llevar a cabo un
año lectivo. Que desarrollen libremente
su capacidad de jugar y de expresarse
por medio del arte, que puedan dejar
fluir la imaginación, patrimonio normal
de todos los seres humanos, sin que
sea bloqueada como consecuencia de
su educación. ¿Podrían creer que todo
esto transcurra en una escuela rural?.
El director Nicolás Philibert realiza el
documental “Ser y tener”, en un apartado pueblito de Auvernia. Después de
recorrer más de 100 escuelas rurales,
elige una de clase única con alumnos
que abarcan desde el preescolar hasta
el último año de primaria. Con un
maestro que hace 35 años se dedica a
la enseñanza, está al borde del retiro y
disfruta de su trabajo como el primer
día. La sensibilidad del director para
captar las espontáneas escenas de la
infancia pude ser comparable con el
Truffaut de la “Piel dura” o el Bergman
de “Fanny y Alexander”.
¡Qué habilidad la de Philibert para hacer un documental donde sus protagonistas parecen actores y lo cotidiano, el
mejor de los guiones!. No fue su intención mostrarnos las maravillas del sistema educativo francés, a cambio, pude entender cuál es el verdadero
aprendizaje.
Sin embrago las comparaciones fueron inevitables : en Argentina las 2.500
escuelas rurales en su gran mayoría,
atraviesan carencias como en la edad
media. Sin electricidad ni agua potable.
Algunas de ellas sólo reciben ayuda a
través de redes sociales. Sus docentes
, en sus traslados a los distintos establecimientos , invierten prácticamente
todo el sueldo que perciben. Piden ser
escuchados desde hace mucho tiempo, no se resignan a que la escuela rural desaparezca tan solo por que para
el gobierno sea “una cuestión de presupuesto”.
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Campo Grupal / 12
“Perdón... puede ser que me salga del tema”
Acerca de un trabajo
grupal con adultos mayores
Andrea Bonvillani
Si todo recorrido por lo Grupal, es un laberinto de cruces enigm‡tico, all’ donde constru’mos un camino ÒseguroÓ, algo de la multiplicidad y lo incierto, nos interroga de inmediato.
Graciela Jasiner
E
ste trabajo surge a partir de una experiencia compartida con un
conjunto de alrededor de 15 alumnos de la Facultad de Adultos
Mayores C—rdoba. De acuerdo a este anclaje institucional el encuadre de trabajo con ellos estuvo delineado por objetivos de aprendizaje, tomando elementos propios de la tŽcnica de Grupos Operativos
en un doble sentido: como contenido y como dispositivo de an‡lisis del
propio devenir grupal1.
Mi intenci—n al reflexionar sobre un proceso de trabajo de estas caracter’sticas se sostiene no s—lo en una especie de necesidad de recuperar lo vivido intensamente como experiencia personal y profesional, sino tambiŽn repensar aquello que Ònos interroga de inmediato, desde la
multiplicidad, desde lo inciertoÓ, como dice Jasiner.
Dicha interrogaci—n intenta ubicarse atendiendo al presupuesto de la
particularidad para pensar las cuestiones grupales no desde la l—gica de
estructuras universales, sino desde su Òsingularidad problem‡ticaÓ
(Fern‡ndez, 1992). En este caso: reflexiones sobre un proceso grupal,
desde la especificidad de estar constitu’do por adultos mayores.
Particularidad particularizada.
Por el momento vital por el cual transitan los miembros que se encuentra atravesado por mœltiples cambios: en lo biol—gico (envejecimiento), en la inserci—n laboral (retiro del campo del empleo), en su
mundo vincular (culminaci— de procesos familiares como la crianza de
los hijos y llegada de los nietos), entre otros.
Pero, adem‡s, se trata de adultos mayores en un contexto sociohist—rico particular como es el propio de la Argentina actual con vastos sectores pobres o empobrecidos, jubilaciones miserables, redes de atenci—n y contenci—n social pr‡cticamente desvastadas...., en fin: abandono del Estado en su m‡xima expresi—n.
A pesar de esto, y teniendo en cuenta la dimensi—n de inclusi—n institucional del grupo, hay que decir que se trat— de personas con cierto
poder adquisitivo, por lo menos en la medida en que el curso no fue
gratuito.
La experiencia y las preguntas: Ejes de lectura y an‡lisis
Acostumbrada a trabajar con grupos de aprendizaje altamente escolarizados como los universitarios en donde la participaci—n aparece, en
l’neas generales, atravesada por componentes de compromiso ya que
en realidad toda la relaci—n docente-alumno se encuentra ÒtiranizadaÓ
por la evaluaci—n y la acreditaci—n, en este grupo, en cambio pude observar una manera distinta de acercamiento al conocimiento.
Tomando como indicador la cantidad y calidad de la participaci—n,
debo decir que la misma no s—lo fue abundante sino tambiŽn altamente pertinente. Adem‡s pude visualizar una forma poco habitual en la
que ella se plantea en los grupos con los que como ya dije habitualmente trabajo, esto es, poniŽndose al servicio de la autoevaluaci—n ya que
las intervenciones de los miembros del grupo muchas veces estaban
destinadas a verificar si las ideas elaboradas a partir de la exposici—n
del docente eran correctas o no.
Esta participaci—n, algunas veces concentrada en algunos miembros
como ocurre en todo grupo, tom— la forma tambiŽn de una bœsqueda
franca hacia el debate de las impresiones, sensaciones y opiniones personales.
Considero este hecho como altamente importante, ya que se trata de
habilitar el camino para dotar de significaci—n plena al trabajo grupal,
me refiero a la potencia del encuentro con el otro.
Digo esto en la medida en que considero que la sociedad actual se
El arte de vivir su vida
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Niños, adolescentes y adultos
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PSICOTERAPIA BIOENERGETICA Y EXPRESION CREATIVA
Individual, pareja, familiar y grupal
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encuentra en una Òtensi—n permanente entre una tendencia a la masificaci—n (globalizaci—n), al mismo tiempo que una fuerte tendencia al
aislamiento y a la fragmentaci—nÓ (Jasiner, 2001), a partir de lo cual
uno de los mecanismos que caracterizan el escenario social hoy es la
falta de espacios para juntarnos, para escucharnos, para generar alternativas colectivas frente aquello que nos preocupa, que nos angustia.
Por el contrario, el grupo en tanto anudamientos de subjetividades es
un espacio privilegiado para el intercambio y la producci—n colectiva.
Y en este grupo en particular no s—lo se pudo visualizar una actitud
de apertura al encuentro, sino tambiŽn una suerte de potenciaci—n de lo
producido por la riqueza del bagaje de experiencias de vida de los
miembros, puesto al servicio del aprendizaje. En este sentido recupero
las articulaciones frecuentes y pertinentes de lo conceptual con situaciones concretas de la propia vida.
Vale la pena detenerse en este punto para hacer un breve an‡lisis
acerca de una situaci—n del acontecer de este grupo que gener— interrogantes desde lo tŽcnico.
En reiteradas oportunidades hubieron intervenciones de los miembros del grupo que si bien estaban ÒdisparadasÓ por contenidos te—ricos se refer’an a opiniones respecto de cuestiones que exced’an lo que
estrictamente nos convocaba desde los objetivos de aprendizaje, por
ejemplo:
Òlos tŽcnicos pueden influir en la sociedad para manejarnos ....puede haber cierta perversidad...Ó 2
Òes una timba general el pa’s.... GH es un programa que copiamos
de Espa–a, como todo lo que hacemos ac‡... Ac‡ hay un plan para masificarnos, desviarnos .... es tremendoÓ
ÒÀno ser‡ que el problema pasa por los representantes que nosotros
elegimos...?. Lo que pasa es culpa de la clase dirigente que tenemosÓ
Estas expresiones por lo general terminaban con el reconocimiento
de un cierto desv’o: ÒPerd—n... puede ser que me salga del temaÓ.
Pero era realmente eso, Àun desv’o?
ÀSe sal’a del tema, o thematizaba, es decir pon’a en cuesti—n un eje
organizador del trabajo en grupos de adultos mayores: la necesidad de
ser escuchados y valorados en su experiencia de vida?
Desde mi posici—n signific—, no obstante, tender a un delicado
equilibrio entre conservar el eje ense–anza-aprendizaje de contenidos
referidos a lo grupal y permitir la expresi—n de las ideas de un colectivo humano para el cual el momento sociohist—rico que les toca vivir
no se caracteriza justamente por escucharlos, sino m‡s bien por devaluar o simplemente no tener en cuenta sus pensamientos y opiniones.
Pens‡ndolo mejor, con ayuda de Armando Bauleo, puede ser que se
trate de una caracter’stica acentuada de lo que en realidad debemos tener presente en todo grupo: Òdar racionalidad a la experiencia y pasi—n al pensamientoÓ (1983: 14), apuntando a un modo de aprender
que no tema conectar lo vivido con lo pensado.
Otro de los emergentes detectados tiene que ver con una intensa circulaci—n y explicitaci—n de los sentimientos propios as’ como los referidos al clima grupal, por ejemplo:
Òme sorprende la agresividad que hay hoyÓ
Òno se que se da en estos grupos.... la integraci—n parece m‡s amable.... me afligi— la se–ora que no viene m‡s.... Ò
N comenta que hoy no vino V: se lo extra–a, Àno?
A partir de los aportes pioneros del psicoan‡lisis, sabemos que lo
afectivo constituye una dimensi—n de la vida grupal. Lo que llama la
atenci—n en esta experiencia es que se exprese de manera espont‡nea y
que, incluso, los miembros del grupo expliciten su interŽs al respecto.
En este sentido, manifestaron la necesidad de ir m‡s all‡ de la mera
coincidencia en un espacio y un tiempo para concretar eficazmente el
objetivo de aprender contenidos sobre los grupos: las expectativas, m‡s
intensamente manifestadas por algunos, giraron en torno a constituirse en grupo. As’, por ejemplo, en el momento de inicio del trabajo y en
relaci—n a los contenidos referidos a la grupalidad como una potencialidad que en cada experiencia de grupo puede desarrollarse o no, preguntaron: ÒÀvamos a ser un grupo cuando terminemos el curso?, digo.... m‡s all‡ de si aprobamos o noÕ.
Esta inquietud fue anticipatoria. En el cierre, ante la inminencia de
la evaluaci—n, la demanda hacia ellos mismos pero tambiŽn hacia la
coordinaci—n fue clara:
Òno nos conocemos....creo que nos falta di‡logo... yo entrŽ tarde al
grupo y no pude romper el silencio...Ó
Òyo tengo la sensaci—n que no hay grupo.... Ò
Òlo que pasa es que nosotros fuimos muy activos en relaci—n a los
temas...no vamos a salir re-amigos.... nos ha faltado lo social, compartir algœn momento para conocer m‡s al otroÓ
Considero, que este es un indicador de un rasgo espec’fico de estos
grupos: la importacia que tiene para los adultos mayores el establecer
v’nculos, quiza por encima de incorporar conocimientos.
Este tema me lleva a dos consideraciones.
Por un lado, lo relativo a una problem‡tica que apareci— con insistencia: la soledad.
En algunos casos se trataba de personas que si bien constituyeron
una familia, en la actualidad sus hijos se han ido y han enviudado, en
Tu cuerpo tiene la curva de un oasis. Anónimo árabe
DESDE MEXICO
Enrique Guinsberg
[email protected]
otros, la soledad parece ser m‡s profunda: Òsolo tengo a un gatoÓ, coment— uno de los miembros.
Detenerme en un an‡lisis acerca de los componentes biogr‡ficos y
socio-culturales de este problema excede los l’mites de este trabajo, lo
que si creo necesario es considerar que para ellos esto se constituy— en
una de las expectativas respecto de su inclusi—n en el grupo:
ÒMi interŽs es conocer gente, ya que estoy mucho tiempo solaÓ
ÒNo me gusta la soledad, quiero compartir....Ó
ÒEs necesaria la vida social, m‡s a nuestra edadÓ
Por otro lado, y atendiendo a la hip—tesis de que esta sea una tendencia en la vida de los adultos mayores, mis dudas giran en torno al estatus que hay que darle a los componentes afectivos y relacionales toda
vez que se trabaja con ellos.
En el transcurso del proceso grupal, cuando se plante— esta demanda, mi intervenci—n apunt— a recentrarlos en los fines y la tarea que inicialmente hab’amos contratado: Òestamos confudiendo los niveles....
ac‡ somos grupo de aprendizaje... nuestro objetivo no es hacer amigos.... yo no digo que al afecto no estŽ....Ó
Estas palabras son consecuencia de asumir el lugar de la coordinaci—n sujet‡ndome estrictamente a recomendaciones tŽcnicas del tipo:
Òla direccionalidad de la intervenci—n est‡ encuadrada por la direccionalidad del grupo (objetivo o proyecto que se propone)Ó (Manigot,
1987: 5).
Ahora me pregunto: Àen el contexto espec’fico que constituye el
grupo de adultos mayores, con las caracter’sticas de su momento vital
y del entorno social antes mencionadas, no es v‡lido pensar que uno
de los objetivos a tener en cuenta es la producci—n y afianciamiento
del lazo social entre los miembros?
Por œltimo y en orden a pensar mi propia implicaci—n: Àcon quŽ expectativas abordŽ el trabajo con este grupo?
Como afirman Yubero y Larra–aga Òla imagen social creada sobre
la vejez tendr‡ una influencia determinante sobre la actitudes y comportamientos de todos aquellos que, de una forma u otra, van a intervenir con ancianosÓ (p. 61)
En este sentido esta experiencia me servi— para entender en toda su
dimensi—n la importancia que tiene que el coordinador pueda explicitarse las propias ideas previas respecto de aquellos con los que ha de
trabajar.
Aunque parezca una obviedad, el coordinador, aunque tŽcnico, es
una persona inmersa en un determinado contexto socio-hist—rico, esto
implica, por haber sido socializado en Žl, que ÒcargaÓ con una serie de
•
Taller de Teatro Espont‡neo
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mar’a elena garavelli
Diciembre: La tarea de Conducir.
S‡bado 13 de diciembre de 16 a 20 hs.
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•
•
representaciones acerca de distintos objetos sociales, entre ellos los ancianos.
Lo importante ser‡ no negar que uno, en tanto integrante de un universo simb—lico, porta este conjunto de im‡genes, algunas positivas,
otras negativas acerca de este colectivo, y tambiŽn mantener una actitud receptiva en las interacciones concretas con ellos, ya que como me
ocurri— en esta experiencia, podemos llevarnos gratas sorpresas.
Entre las pre-nociones con las que yo encarŽ la tarea se encontraba
la difundida idea de que en los ancianos, en todos ellos, existe un deterioro mental progresivo y dificultades para aprender cosas nuevas, no
s—lo por causas funcionales, sino por cierta rigidez que los hace aferrarse a sus propias creencias, el t’pico dicho Òtodo tiempo pasado fue
mejorÓ.
En el recorrido que realizamos juntos, se comprob— justamente el
sesgo al que nos lleva la ultrageneralizaci—n en torno a las capacidades
de los viejos: si bien algunos tuvieron dificultades para incorporar conocimientos o formas de trabajo nuevas hasta el punto de dejar el curso, otros, en cambio, pudieron apropiarse de los conceptos, criticarlos
con fundamento, e incluso, asumir una actitud flexible y tolerante frente a la posici—n divergente de sus compa–eros o de la coordinadora, por
ejemplo:
(la discusi—n se centra en juicios muy negativos acerca de la Òfalta
de culturaÓ de la gente de la villa)
C: ustedes tienen que pensar que, por ejemplo, nosotros abrimos
una canilla y en el invierno tenemos agua caliente para ba–arnos....
son otras las condiciones.....
M: y en la villa, Àc—mo hacen?
C: tienen que acarrear agua desde un pico comœn que puede estar
cerca o a varias cuadras... para algunos es m‡s f‡cil ser limpios....
M: la verdad que te agradezco, yo nunca lo hab’a visto as’.
O: s’, te abre m‡s el panorama.
Otro prejuicio Ðhoy puedo decirlo con todas las letras- giraba en torno al dŽficit en la preocupaci—n de los ancianos por las cuestiones sociales, casi detenida en una imagen del abuelo cuidando a sus nietos,
haciendo tortas, mirando novelas....en su casa. Tal vez este grupo con
el que yo trabajŽ eran adultos mayores excepcionales, pero lo cierto es
que desde el primer momento conoc’ realidades totalmente distintas:
llenas de inquietudes por los otros, que no se quedaban en la mera declaraci—n, sino que protagonizaban acciones concretas convinando intereses personales con ayuda solidaria:
Òyo tengo deseos de trabajar en la comunidad, ante tanta necesidad
que hay en la actualidadÓ
ÒAc‡ quiero recibir mucho para volcar mucho en mi trabajo voluntario con ancianosÓ
ÒMe gusta trabajar en la comunidad..... en un grupo de alfabetizaci—n para adultos.... para mi es hermoso que un individuo pueda
aprender una palabra por s’ soloÓ
ÒEn este œltimo tramo de mi vida quiero ver si puedo aprender para
despuŽs dar a alguienÓ
A modo de conclusi—n.
Es dif’cil cerrar algo que se vive como necesariamente inacabado,
siempre sujeto a nuevas lecturas.
Por lo tanto, puedo recuperar algunas ideas de aquello que considero central de la experiencia.
Pienso que cuando uno compara tiende a utilizar como bara las propias experiencias de trabajo anteriores. Es por ello que talvez quiero
destacar un rasgo del funcionamiento de este grupo que me llam— la
atenci—n, me refiero a cierto tono de sinceridad que observŽ en variadas situaciones. En este sentido rescato la franqueza con la que se me
interpel— en mi lugar:
Ò creo que vos (en referencia a la coordinadora) no das oportunidad
para que todos hablemos... hay gente que necesita que les digan para
que se animen a hablar...vos no sabŽs escucharÓ
Òyo he notado que muchas veces te han sobrepasado los cruces de
opini—nÓ
M‡s all‡ de la evaluaci—n que pueda hacerse del contenido de estos
planteos, me impact— el hecho en s’ de su formulaci—n. Esto porque en
EL BANCADERO
MUTUAL DE ASISTENCIA PSICOLOGICA
Cumplimos 21 años
al servicio de la
salud mental de la
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Tel/Fax: 4862-0944 4865-0923
Horario de atención L. a V. de 10 a 21hs y S. de 10 a 18hs
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Igual eres a la higuera que crece en la luna: con los ojos se la ve, con las manos no puede tocarse. Ariwara Narihira
Si no fuese por las actividades
imposibles de evitar todavía estaríamos a tiempo de escapar, lo
más rápido que se pueda, de uno
de los acontecimientos más siniestros y alienantes del año: la
vertiginosa llegada del espíritu
navideño, que en este país impregna con su presencia a la absoluta mayoría de la población
más allá de diferencias sociales,
de clase, etc.
Pero no hay que confundirse, no
se trata del culto al nacimiento de
Jesús en una de las naciones con
mayor presencia y fervor católico
en el mundo. No, se trata de una
fiebre casi enloquecida de celebrar estos días de la manera en
que siempre se ha hecho desde
hace muchos años: con un vendaval de consumo, de acuerdo a
las posibilidades de cada uno, y
queriendo mostrar espíritu bondadoso, amor a todo el mundo, buenas intenciones, y muchas más
cosas similares, concretándolo en
regalos que se ofrecen a todo
(bueno, a casi) el mundo que nos
rodea. Y colocando arbolitos de
navidad que, también de acuerdo
a las posibilidades económicas,
se llenan de luces y todos los
adornos que puedan adquirirse.
Antes de salir de vacaciones, que
pocos harán sin pasar previamente esa noche con la familia.
¿Espíritu de redención, búsqueda
de perdón por los pecados cometidos, una vez más promesas de
rectificación del camino y de amor
con deseos de bienaventuranza
para todos? Tal vez sí para muy
pocos, pero para la gran mayoría
otra vez el fariseísmo de siempre
que se posterna ante apariencias
y falsedades llevadas estos días
a su enésima potencia.
Así gran parte de la ciudad -y de
todo el país- se llena de arbolitos
luminiscentes (artificiales o verdaderos) pero, sobre todo, de una
publicidad tan amplia como nunca
con fervorosos llamados a la
compra de todo lo que se pueda,
recordando que no debe olvidarse
a nadie querido. Y, una vez más,
los centros comerciales (y los
mercados ambulantes para los
sectores populares) se convierten
en los verdaderos templos donde
se realizan los rituales... de las
celebraciones navideñas.
De esta manera, para quienes no
caen en esa parafernalia, se vive
en un ambiente enloquecido: gente por todos lados comprando,
tránsito más complicado que nunca, corridas por todos lados, tira y
afloje con supuestas ofertas, gritos comerciales por los medios de
difusión y en carteleras, listas que
se hacen para no olvidar a nadie
y quedar mal si se cometen errores (aunque muchos regalos se
quisiera que fuesen veneno). Y
luego, en la consumación del
trauma, la expectativa al abrir los
paquetes -antes o después de la
ingestión del tradicional pavo, que
incluso muchas empresas regalan
a sus empleados-, con los consabidos grititos de alegría, supuestas sorpresas y agradecimientos.
Por eso muchos -claro, los que
somos asociales y cosas semejantes- quisiéramos escapar, tanto
por el caos como por la hipocresía reinante, aunque ésta se disfrace de todas las buenas intenciones del mundo. Y al no ser posible no queda otra que el encierro o la huída nunca del todo logradas.
¡El espíritu navideño...!
Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco
Campo Grupal / 13
DICIEMBRE
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La casona esta abierta.!!!!
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Hoy: Juego y comun
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Los del Marco, AndrŽs Chan,
Marcela Pedrozo, , Adriana
Piterbarg , Fab Spit, grupo La
ronda, Pablo Waichman, ÒVecinos por un barrio mejorÓ,
Antolin Magallanes, proyecto
ÒComunidades vulnerablesÓ.
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Arancelado: 20 $ al 30 nov/
25$ al 12 dic/ 30$ d’a del
evento. Grupos 5, pagan 4.
Pr—xima milonga:
20 de diciembre
MILONGA EN LA CALLE
PARA ATRAVESAR
EFECTOS DE NOSTALGIA
Y LLAMAR A LA ALEGRIA
ÀSabŽs que pasaba entre las
calles Humahuaca y Sanchez
de Bustamante, hace 50
a–os?
ÁMILONGA en la calle
HUMAHUACA!
S‡bado 20 diciembre, 20 hs.
LO RECAUDADO EN LOS
CHORIS VA PARA PINTAR
LOS FRENTES DE LAS CASAS CON ARTISTAS
PLASTICOS BARRIALES!!
mi trabajo habitual como docente universitaria, coordino grupos en los
que resulta muy dificil encontrar alusiones tan directas a niveles personales. La relaci—n transita por lo general en un tenso malestar cuando
algo de la evaluaci—n o de los requerimientos formales no son aceptados por los alumnos, cuando no en la apat’a. En todo caso, he llegado
a sentir que los intercambios se contaminan de cierta hipocrec’a y todos hacemos un pacto impl’cito de simulaci—n que evita que tomemos
conciencia de los altos grados de impersonalidad en la que se mueven
nuestros v’nculos. Un Òcomo s’Ó todos estuviŽramos participando de
un proceso real de ense–anza-aprendizaje, en el cual el docente lucha
para que cien personas api–adas en un aula lo escuchen y los alumnos
tratan de no distraerse y pensar que estos contenidos algœn d’a les servir‡n. En fin... delicias de la vida universitaria.
Lejos de esta vivencia, el trabajo con este grupo se caracteriz— por el
involucramiento mutuo: circularon relatos de las propias experiencias,
se expresaron sentimientos diversos, se pusieron en comœn las vivencias de cada uno. Es decir que a partir de un encuentro de subjetividades, se comenz— a tejer una trama.
Trama: entrecruzamiento de vidas, de posibilidades. De ah’, la potencia de la producci—n grupal. En este caso una potencia especial, la
que da el poder capitalizar los a–os cuando no son vividos como un
lento transcurrir, sino con un sentido.
Sentido: se sintetiza en las palabras que ellos mismos dijeron en el
momento de apertura del grupo
Òdeseo de cambiar algoÓ
Òque se puede cambiar y lo podemos hacer juntosÓ
Al fin al cabo yo, supuestamente, iba a ense–arles.
ÀQuiŽn aprendi—? ÀQuiŽn ense–—?
Quiz‡ para entender la paradoja sirvan estas palabras de Paulo Freire sobre el grupo: Òen este lugar de encuentro no hay ignorantes absolutos ni sabios absolutos, hay hombres en comunidad que buscan saber m‡sÓ.
Notas
1Fue necesario llevar un registro de las reuniones de trabajo que
permitiera reconstruir el proceso grupal as’ como mis intervenciones
en tanto coordinadora. En este marco se fue realizando, en paralelo al
dictado de los contenidos, la lectura de dicho proceso que permit’o en
dos momentos hacer devoluciones al grupo. Por ello el equipo de trabajo se constituy— con un supervisor, el Lic. Horacio Paul’n y una observadora, la Srita. Sabrina Perrino, a quienes agradezco profundamente.
2 Estas expresiones, entrecomilladas, se citan del texto correspondiente al registro tomado en cada una de las sesiones de trabajo con
el grupo y constituyen la materia prima a partir de la cual se genera
esta reflexi—n.
POLIFONIA
Denise Najmanovich
[email protected]
Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría.
Proverbio judío
En qué se diferencian “diversidad y diferencia” ¿Dónde divergen sus caminos? ¿Qué espacios de pensamiento se abren
cuando desachatamos su pretendida sinonimia? ¿Qué nueva
circunvolución se activa en nos, qué senderos se bifurcan en
nuestra experiencia?
El diccionario suele brindarnos además de lo obvio, una fuente
de posibilidades asociativas insospechadas, de derivaciones
sorprendentes. Veamos algunas definiciones de diferencia y diversidad para poder luego jugar con ellas:
Diferencia (Dicc. Vox)
(lat. differentia). substantivo fem
1 cualidad de diferente: la ~ entre dos objetos; estos pájaros
presentan notables diferencias; la ~ de carácter entre Pedro y
su hermano; ~ de mayor a menor.
2 fig disgusto, disputa: tuvimos una ~.
3 MAT residuo de la sustracción.
4 MÚS, danza variación hecha en el instrumento, o con el cuerpo y a compás.
5 FÍS ~ de fase, en los procesos periódicos, la diferencia entre
los valores que, en un momento dado, tiene la respectiva fracción de período
LOC. A diferencia, diferentemente; unido a la prep. de, sirve para denotar la discrepancia entre dos cosas comparadas entre
sí.
Diversidad (Dicc. Vox) (lat. -itate). substantivo fem
1 variedad, desemejanza, diferencia.
2 abundancia.
La “diferencia”, como podemos apreciar, parece ser un régimen
de variación de la unidad. En cambio la diversidad remite a lo
múltiple, a la variedad a lo que no se deja subsumir en un patrón, ni siquiera como resto. Lo diverso nos lleva hacia a otro dimensión del orden y también a una manera distinta de ordenar.
A diferencia de la “diferencia” que siempre lo es “respecto de”, la
diversidad no admite un “de” que la someta a un régimen determinado de comparación. La diferencia puede organizarse en
sistema, la diversidad nos abre la puerta para ir a jugar.
"Diferencia" es un término de la familia de diferir que está relacionada con el desacuerdo, la discrepancia, y la discordia, que
paradójicamente sólo pueden existir si hay un plano de concordancia, un patrón común, un sistema de referencias único. La
diversidad en cambio, pertenece a la familia de divergir, derivado del latín «divérgere», derivado de «vérgere», y éste variante
de «vértere» que significa: girar, invertir. Según el Diccionario
de María Moliner, lo diverso se relaciona con la aversión y también con al diversión y la subversión, la travesura y la travesía,
la inversión y la reversión, y la adversidad y el versificar, entre
otros.
Las diferencias son conmensurables, se pueden expresan con
relación a una unidad, admiten una vara común, pertenecen a
un mismo ordenamiento. La diversidad, simplemente diverge,
existe en otro nivel de experiencia, no admite incluirse en un
sistema de medidas. Es por eso que mientras algunos se divierten otros sienten aversión. Los cultores de lo claro y distinto
como sinónimo de lo único y verdadero sólo pueden admitir diferencias, desviaciones de la norma y errores pero no aceptan
jamás la diversidad, ni la radical “otredad del otro”, ni su irreductibilidad, ni su singularidad. El cosmos del uni/verso no admite lo di/verso en tanto que el orden de la diversidad admite la
unidad...como otro de sí.
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tel. 4650-4133/4905.
Espacio de Arte EL GARAGE Las Bases 160-Haedo
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duración cuatrimestral. El curso equivale al primero de los cuatro
módulos de Escuela. Las clases se dictarán los sábados de 10 a 12.
También está abierta la inscripción para el módulo que comienza
en abril del 2004. Informes e inscripción: M. de Andrea 137 Haedo Norte, Tel: 4659-4007 o [email protected]
Presentacion de Grupos desagrupados
El viernes 19 de diciembre a las 19 horas, se presentará el libro
GRUPOS DESAGRUPADOS de Liliana Amaya, publicado por Lugar
Editorial. La misma se realizará en la Alianza Francesa, Billinghurst
1926, Capital. La presentación estará a cargo de Oscar Brichetto y
Ana del Cueto.
Práctica Clínica en Psicoanálisis
La Asociación Latinoamericana de Estudios Freudianos (A.L.E.F.)
abre la inscripción para el posgrado de “Práctica Clínica en Psicoanálisis” el cual incluye seminarios teóricos, experiencias clínicas y
pasantías rentadas.
El día martes 16 de diciembre a las 18.30 hs se realizará una reunión abierta informativa.
Para obtener una mayor información llamar al tel 4833-3395 Email [email protected] Website www.alefsaludmental.com.ar
Talleres de verano 2004
Recursos Expresivos, Entrenamiento, Construcción de Máscaras, Trabajo Corporal.
Seminario: Imágen Corporal en Winnicott, Cine club: La Imágen
Corporal en el Cine.
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E-mail:[email protected] http://www.mascarainstituto.com.ar
Seminario de Verano Enero 2004
Sujeto entramado: subjetividad, vínculos, cuerpos y colectivos
Dos encuentros intensivos: Martes de 18.30 a 21.30
o Cuatro encuentros Jueves de 19.30 a 21 hs.
Trabajaremos con textos de Castoriadis, Foucault, Latour, Deleuze,
Guattari, Maturana, Varela, Morin, entre otros
Coordina: Denise Najmanovich
Informes e inscripción: 4-771-2676 y 4-778-7115
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Asistente geriatrico
Se puede llamar al 4382-2280 de 14 a 21 horas de lunes a viernes.
Red Asistencial de Buenos Aires. Talcahuano 343 Dto. “B”
Teléfono: 4382-2280 - Web: http://redasistencial.tripod.com.ar
Soledad no es aislamiento
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Coordina: Lic. Tomas Fischl - Psic. Samuel Wolf
Organiza: El Bancadero
Inicia: viernes 21 de diciembre a las 20 hs
Informes: Sede de la Mutual Sentimiento - Federico Lacroze 4181
4552-2257
Especialización en Psicoanálisis
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Informes: Julián Alvarez 1933, Capital. Tel. 4865-2050 / 48627767 [email protected] / www.aeapg.org.ar
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carrera de Consultoría Psicológica.
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y miércoles 3, 10, 17 y 24 de marzo.
Informes: 4743-1191 - Alsina 114, San Isidro
www.holossanisidro.com - [email protected]
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Nueva Carrera: Técnico en Terapias Alternativas
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interdisciplinaria, estimulación y favorecimiento de la investigaión y
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Informes e inscripción: 4572 9535 ó 4804 5811
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Inscribe para la carrera de Psicología Social Psicoanalítica de tres
años, mañana o noche, Belgrano o Caballito, con reconocimiento de
años cursados en otras instituciones, el Curso de Posgrado de Formación en Psicoanálisis y el Curso de Coordinación Psicoanalítica de
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Vicchi, ¿Es posible prevenir el infarto agudo de miocardio? Viernes
12: Lic. Raquel Zukerfeld, Clínica de las patologías alimentarias.
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Revista
Pensamiento Nómade
Core Energetics - Bioenergética - otras escuelas de abordaje psicocorporales: Gestalt, Psicodrama, Arteterapia, Sistemas de Centros
de energía, Lectura corporal, Anatomía energética, Grounding y
contactos, Estructuras de carácter, Creencias.
Coordina: Nora Cherñajovsky
Informes: 4771-0196 o 15-4430-3557
[email protected] www.noracher.com.ar
Subjetividad y Cultura,
de México
“El proceso grupal en Terapia Gestalt – teoría y estrategias de la
coordinación” a dictarse semanalmente los días viernes de 9.30 a
11.00 hs. en el Htal. Borda, Consultorios Externos, del 19 de marzo
de 2004 al 16 de julio de 2004. Para informes e inscripción, llamar
al T.E.: 4304-1264, de 8.30 a 13.30 hs. Directores del curso: Asociación Gestáltica de Buenos Aires (A.G.B.A. – Depto. de Grupos) y
Lic. Ricardo Klein.
CURSO INTENSIVO
DE FORMACIÓN PSICOANALÍTICA
Algunos textos del Nº 20:
Abierta la Inscripción 2004
Enrique Guinsberg, Reflexiones sobre la guerra, la sociedad y la
condición humana.
Jáder Ferreira Leite y Magda Dinerstein, Procesos de subjetivación en la lucha por la Tierra en Brasil.
Pascale Molinier, Feminidad social y construcción de la identidad
sexual: perspectivas teóricas y clínicas en psicodinámica del trabajo.
Jorge Sánchez-Escárcega, La supervisión psicoanalítica y las profesiones "imposibles" del psicoanálisis.
Un Sábado mensual de Trabajo Teórico – Clínico
www.subjetividadycultura.com
Curso 1: Dirigido a psicólogos, psicólogos sociales, médicos, educadores, acompañante terapéuticos, T. Ocupacionales, T. Corporales, kinesiólogos, psicomotricistas, musicoterapeutas y estudiantes avanzados
de esas carreras y afines.
Curso 2: Dirigido a psicoanalistas con actividad clínica (privada o institucional).
Adecuado para residentes en Capital, Interior y Países Limítrofes.
Directora: Lic. Marta Toppelberg
Informes e Inscripción
Tel. (5411) 4962-6905 E-mail: [email protected]
Gran alcahuete es el viento: alza los vestidos y descubre lo oculto. Ben Mutarrif
Rosalía Álvarez, Ana María
Muchnik
“Mi vivencia fue fuerte y eso me llevó
a vincularme de forma distinta” (L. 44
años) “Me quedaron interrogantes
que quisiera seguir entendiendo.” (N.
52 años) ”Me asombra ser aceptada
tal como soy y que así me quieran y
me ayuden.” (J. 41 años)
Intentamos una breve síntesis de
nuestra experiencia. La propuesta
surgió en el momento socio político
económico de nuestro país, que nos
conmovió por la incertidumbre , lo
inesperado y lo siniestro. En parte el
origen de este emprendimiento fue
un intento de elaborar los duelos del
mundo compartido entre pacientes y
psicoanalistas. Frente al desasosiego la apertura en los recursos de
abordaje fue una salida creativa ante
la crisis. Algunos son pacientes
nuestros, otros de profesionales colegas o interesados. La consigna es
“Siempre quise cambiar algo y no
pude” y el encuadre que hemos
creado para estos grupos, que se
generan para participar en cada encuentro, comprende: llevarlos a un
lugar alejado , rodeado de un paisaje
de naturaleza ,convivir tres días, con
actividades que contengan contacto
corporal, dando mucha importancia a
la percepción de las sensaciones. Lo
logramos, a través de caminatas,
agua, masajes. Elementos elegidos
con sumo cuidado y con el objetivo
de ayudar a sentir placer, logrando
regresiones útiles para el trabajo en
los talleres que como psicoanalistas
nos convocan; dar sentido a través
de la palabra a lo estimulado en las
otras áreas. En cinco talleres trabajamos desde la presentación de cada
integrante, al relato de lo que siempre ha querido cambiar y no ha podido, hasta concluir con su evaluación.
El nivel va ascendiendo en profundidad para luego lograr un nivel equilibrado en la reinserción cotidiana. Lo
no compartido, lo silenciado se puede ir articulando con lo negado o reprimido, que aparece proyectado en
los otros o enunciado por ellos. La
dirección de nuestro trabajo terapéutico apunta a la integración del pensar y el sentir que en lo grupal se potencia a través de la difracción de lo
subjetivo, en que cada uno, se transforma en partes de la imagen que
aparece como desestructurada y en
el proceso se ira integrando. Se restablecer el sentido comunitario intentando procesar el individualismo para
mitigar el aislamiento. Cuidamos en
la implementación del encuadre, tener en cuenta las ansiedades paranoides, las depresivas y las confusionales. Trabajamos la tolerancia a
esa confusión y animarse a lo nuevo,
lo desconocido, lo creativo, como espacio que trascienda lo seguro y conocido. El grupo rompe con el mito
de lo exclusivo, intensificado por la
convivencia. Ya tenemos comprobaciones de algunas hipótesis. Las defensas tan caracteropatizadas que
los inhiben se alivianan, y logran disfrutar de lo simple, generando en
ellos un asombro ante lo desconocido de ese aspecto de sí mismos.
Clínica Salud
y Cambio
"Siempre quise cambiar
algo y no pude"
Un fin de semana
recreativo-terapéutico
Reanudamos en marzo
4803-3528 15-4444-6818
4801-2928 15-5307-0655
www.clinicasaludycambio.com.ar
Campo Grupal / 15
ESCRITURA
AUTOMATICA
Luis Gruss
[email protected]
La foto
“No, resplandor. Los pactos no
eran tu destino”.
Raúl Gustavo Aguirre
Cuando ella y yo bajamos a la
playa las olas cumplían como
siempre un antiguo ritual. Nubes
ligeras viajaban de regreso al
país de la pureza, mientras las
sombras invadían lentamente el
escenario. El viento se hundía
en el agua y armaba a su antojo
todo tipo de dibujos y puntas y
estallidos. El mar humeante,
acariciado así, con tal esmero,
se rompía en manchas de espuma incierta. Cuando ella y yo
bajamos a la playa el mundo
acababa de nacer y ningún sueño estaba muerto. Las luces
huían temerosas hasta quedar
reducidas a un solo fogonazo;
desde el médano más alto el faro alumbraba débilmente el camino de los náufragos. Y las cosas ocurrían de ese modo cuando nosotros dos bajamos a la
playa. En la orilla -un borde sinuoso y húmedo- brillaban algunas piedras que eran mudas como todo lo demás. En el horizonte los buques de carga asediaban la espera con sus arboladuras gigantes; gradualmente
encendían sus lámparas de gas
y no había de qué preocuparse.
Fue entonces, cuando el mar
derrumbó los últimos castillos,
que pensé en apropiarme de
ese instante. Una foto puede
ser un buen sitio donde pasar la
noche. Ella se descalzó para
sentir el agua directamente con
los pies. Antes, creo, se había
sujetado el pelo con una cinta,
mientras el frío nocturno erizaba
la piel extremadamente blanca
de sus piernas. Yo permanecí
atrás, callado como las piedras,
cuando por fin decidí mirarla a
través del visor. El universo se
mostró de pronto fuertemente
recortado. Yo mismo fui borrado
del paisaje. La única señal clara
en ese cuadro era el perfil tembloroso de la mujer que (ahora)
se había detenido a mirar el
océano como quien no termina
de saber lo que está viendo. Todavía me duele su cuello. Todavía no entiendo bien lo que pasó. Y aún hoy mi cuerpo oscila
como queriendo imitar la flotación de un barco en movimiento. De pronto una gaviota empezó a disputarle espacio al viento. Yo disparé (se escuchó clic)
y alguna cosa se imprimió en algún lado para siempre. Ahora
miro la foto en la pared. Decir
que esto ha sido es confirmar
que no será. Cuando ella y yo
bajamos a la playa dejamos
huellas de pies desnudos en la
arena. Al día siguiente los buques abandonaron su exilio para ingresar al puerto. Recuerdo
una canción que habla de eso.
Anoche no pude dormir. Esta
mañana me senté a escribir sobre una imagen que no deja de
girar en mi cabeza. Y la verdad
es que no hay nada que agregar. Esta historia empezó cuando ella y yo estábamos descalzos, sin planes, como dejándonos llevar por la marea. El resplandor finalmente se produjo.
Pero los pactos no eran su destino.
Campo Grupal / 16
Retornos
En pos
de lo viejo
Juan Carlos De Brasi
[email protected]
L
o viejo, as’, inducido por el neutro, disparado sin neutralidad;
part’cula de la cual carecen, por ejemplo, el francŽs o el italiano,
que no se estanca como un plural atragantado, sino que permite
que lo pasado, sin sustancia plena, vaya pasando, reactualiz‡ndose a
medias, en un ÒpresenteÓ, regalo y muesca del tiempo en paralelo.
Pero, ÀquŽ es lo viejo? Interrogante desgraciado, pues no tiene ÒserÓ a
la manera de una mesa o un martillo. Responder con voz tenue Ðde
viejo- como si ya (ahora lugar del muerto) estuviŽramos en esa ÒetapaÓ
o con tono vivaz (entonces lugar del gimnasta) como si busc‡ramos
omitirla, son las dos formas comunes de da–ar la pregunta misma. Al
contestar r‡pidamente, sin demorarnos en ella, se confunde el acontecimiento escaso lo viejo con una cosa testimonial -ÒViejos son los traposÓ, dice un antiguo refr‡n-. Son, mientras que el acontecimiento hace
del ser un devenir, convirtiŽndolo indefectiblemente en lo otro, en lo
que de por s’ escapa a la mirada. Quiz‡s la primera detenci—n, la rŽmora inicial, ser’a la de no contestar bajo el estilo directo, ostensible, Òesto
esÓ, igual que al se–alar un objeto cotidiano. Lo viejo rompe con la captura de la visi—n inmediata (un irreversible envejecimiento de seres y
œtiles), es opaco para sus acechanzas y veloces catalogaciones, permanece indiferente ante sus posibles anticipaciones. Esto, si , le cabe
bien a lo viejo que siempre est‡ por-venir. Es una herencia que nunca
se cobra totalmente. Por eso no es del orden de la tenencia sino del
agenciamiento deseante que s—lo pervive en un ÒrŽgimen colectivo de
enunciaci—nÓ, en la inmanencia de una tradici—n que es preciso recorrer con precisi—n, desandar por dentro, que avanza desde el futuro y se
inventa, recrea o bloque desde Žl. !Pero esto es muy raro (subrayo lo
escaso), en verdad inexistente! exclamar‡ alguno (alguno no dejar‡ de
vociferar). Es cierto, lo viejo, siendo diverso, se sustantiva constantemente en la vejez. Por ella se vehiculiza la muerte como imaginer’a
anunciada e irrelevante (Òa todos nos tocaÓ). De ese modo se cree ver
morir a alguien, cuando en realidad estamos ante el l’mite de su noexistencia. Tanto los morires (diferenciados por Bichat como funciones
de resistencias que caracterizan a la vida), como su esencializaci—n en
la muerte, carecen de representaci—n. Ver morir a una persona es casi
una evidencia, aunque sea una ilusi—n de la percepci—n. Otro tanto
ocurre con el Òechar una mirada sobre la propia vidaÓ, concebirla como
a la muerte de nuevo. A lo viejo m‡s que una Òconcepci—nÓ le va perfecta una Òdecepci—nÓ en las creencias de la visi—n, amŽn de que el Òver
para creerÓ ya fue crudamente desmentido por los prestidigitadores.
As’, lo viejo se alimenta mejor con el disloque de las intenciones y con
la ruptura del fetichismo ocular. ÀQuŽ resta como salida de cierta cadena negativa? (lo viejo no es ni, ni,...). Simulando una fuga podr’amos
recurrir a la paradoja que usa Derrida Ðen ocasi—n de la presentaci—n de
su tesis doctoral- con tono persuasivo, Òjam‡s me he sentido tan joven
y, a la vez, tan viejoÓ. El enunciado no permite un cierre sobre s’
mismo, su simultaneidad deshilvana la sucesi—n que rige el antes
(joven) y al despuŽs (viejo) de la cronolog’a habitual. De ese modo la
proposici—n remite a su propia composici—n, se hace autoreferente y no
designa el cuerpo vibrante y ganoso de los veinte a–os, ni el cansino y
canoso de los ciento veinte, esas milŽsimas de segundos para la historia. La oraci—n Ðde gracias y gramatical- ha sido proferida en ese
ÒentreÓ, en una tierra de nadie donde el tiempo es puro acontecer,
amnesia de reloj. Sin embargo la paradoja resulta insuficiente para dar
•
Psicología Social en el ámbito institucional
6to. Seminario Anual
•
OPERACION PSICOSOCIAL
EN LAS ORGANIZACIONES
Estrategias, tácticas y técnicas
De abril a diciembre de 2004
Director del Seminario: Carlos R. Martínez
•
La Combinada
Compañía de Teatro Espontáneo
Los invita a su primera función abierta
Sábado 13
13 de
de diciembre
diciembre
Sábado
las 21
21 horas
horas
aa las
en “Estudio
“Estudio La
La Vera”
Vera”
en
Vera 408
408 -- 1º
1º piso
piso -- Capital
Capital
Vera
Entrada: $$ 33
Entrada:
Un espacio vacío para ser llenado con
historias y sensaciones compartidas.
- Cultura, conflicto y cambio - Ejercicios, relaciones
e ilusiones de poder - Mecanismos de exclusión /
inclusión - Diagnóstico - Proceso y técnicas de
indagación - Entrevista de presentación, diagnóstica
y de operación - Diseño de dispositivos de acción.
E-mail: [email protected]
Tel: 4633-8144
cuenta de lo viejo, que no s—lo habita un Òtiempo puroÓ, sino la diaria
Òcontaminaci—nÓ, los bisbiseos de las reuniones y desencuentros comunitarios, de las tumultuosas congregaciones y sus desoladas miserias,
cada vez m‡s arraigadas, m‡s tenaces en su Òresidencia en la tierraÓ.
Bueno, dejemos entre parŽntesis, cierto declive buc—lico. Tomemos,
para ejemplificar, la misma Ðde ah’ la diferencia- ruta que escogimos
en un texto anterior, ÒEn defensa de lo NuevoÓ, la ruta dos, hacia la
Òciudad felizÓ, que en sus marchas y contramarchas tiene hoy -cuando
escribo- el mayor ’ndice de desocupaci—n del pa’s. La paradoja en el
coraz—n del para’so. ÀQuŽ ser‡ lo viejo en ella, en la doblemente dos?
No, lo que parece registrar una mirada de ventanilla. Es diferente a ese
inmueble envejecido que surge de pronto al salir de una curva, distinto de la vieja estaci—n de tren, del viejo silo que emerge en diagonal a
sus andenes. Todo ese conjunto se muestra como una se–al del Òpaso
del tiempoÓ, por eso golpea a la vista y permanece ante los ojos de
cualquiera que valore la nobleza de los materiales, la robustez de la
construcci—n Òhecha para durarÓ y otras cualidades visibles. Pero lo
viejo deja de estar, no es pasible de hacerse evidente, de ser un dato
viviente y aprensible. Es la marca, la huella y la memoria delegada de
todos esos monumentos locales. Lo viejo perdura en ausencia, fuera de
todo contexto visible, participando del recuerdo y el olvido, de los trazos que re-comienzan sin descanso, roturados infatigablemente para
que sea transmisible lo que hace de una comunidad algo singular y
reconocible bajo un nombre propio. As’ lo viejo es ajeno a este viejo
sujeto o a esa plaza envejecida. Si bien no se opone frontalmente a la
vejez ni a la juventud -polaridades comunes- o al envejecimiento ni al
inesperado rejuvenecimiento Ðla complementariedad m‡s conocida-,
es porque guarda una distancia absoluta y posee una naturaleza radicalmente diversa, no previsible ni posible de ser envuelta en una cadena sinon’mica como las anteriores, donde es corriente intercambiar un
tŽrmino por otro. Esto siempre y cuando se acepte la funci—n de los
sin—nimos, que m‡s bien parecen pertenecer a la voluntad de semejanza entre palabras, o bien, al comercio necesario e inevitable de los diccionarios. Entonces, si lo viejo es un despliegue inaprensible en lo
inmediato, es tambiŽn aquello que por principio retorna sin que se
pueda certificar su agotamiento. No as’ los dem‡s especimenes. En ese
sentido, de re-vuelta, es que yo remarco a menudo la frase el Òviejo
SpinozaÓ o el Òviejo MarxÓ o ÒFreudÓ u ÒOccamÓ o ÒBlakeÓ y ÒCantorÓ, ÒKoyreÓ y ÒVallejoÓ y ÒFulcanelliÓ, o finalmente, ÒPlinio, el
viejoÓ nombrado en su diferencia con ÒPlinio, el jovenÓ, despojado de
toda filiaci—n y anterioridad fechada. Ello funciona de este modo
viejo...amigo de los conceptos; as’ y no de otra forma dejan de ser
cosas, de ÒtrapearÓ.
•
“En el centro de la fiesta está vacío,
pero en el centro del vacío hay otra fiesta.”
Roberto Juarroz
Integramos ‘La Combinada’:
Verónica Klas, Leandro Caamaño, Alejandra Porzio,
Fernando Castelli, Alejandra Pulicicchio, Verónica Bracamonte,
Susana Klein, Román Mazzilli, Rosanna Nitsche, Victoria Franco.
Músico amigo: Leo Vidoni - Directora itinerante: Marilén Garavelli
Para comunicarse con nosotros: [email protected]
La desnudez de una mujer es más sabia que el mayor filósofo. Max Ernst

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