El peligro de nuestra indiferencia En las últimas

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El peligro de nuestra indiferencia En las últimas
El peligro de nuestra indiferencia
En las últimas semanas hemos sido testigos de diversas noticias relacionadas al caso Gerald
Oropeza, un joven empresario envuelto en escándalos desatados por sus vínculos con el narcotráfico
y con políticos que al parecer lo favorecían para suscribir jugosos contratos con el Estado.
Lo sorprendente de la exposición mediática de Oropeza no son los Porsche, la residencia millonaria
de La Molina ni las grandes fiestas que se armaban en la mansión de los Crousillat incautada por el
Estado, sino el descubrimiento de la facilidad con la que bandas criminales se están apoderando y
enquistando en el aparato estatal. Así nos lo confirma un contrato por millones de soles celebrado
en este y el anterior gobierno, entre la empresa del hoy prófugo Oropeza, con el Ministerio Público,
una institución del Estado encargada de perseguir el delito. Pero aparece un factor más; la
corrupción. Lo cierto es que este vínculo entre el narcotráfico y el Estado ha sido posible debido a
las grandes sumas de dinero que mueven estas bandas criminales en pos de sus objetivos por
obtener el poder.
Los vínculos entre los Oropeza y la política son a todas luces innegables, Gerald y sus padres
formaban parte del Partido Aprista Peruano y tenían relaciones con personajes que ocupaban cargos
públicos, por eso, al parecer, el exgobernador de La Molina facilitó que fuera posesionario de la
residencia de los Crousillat incautada por el Estado cuando su dueño estuvo preso.
Una realidad que nos debe interpelar
Tenemos una larga historia escandalosa de corrupción contra la que nos ha costado luchar. Y
aunque después de la caída del fujimontesinismo, nuestros gobernantes se han empeñado en
decirnos que vivimos en un Estado democrático, estos destapes generan contradicciones. Ya no nos
parece una novedad enterarnos de este nefasto accionar de nuestra clase política así como de
funcionarios del Estado, pero la corrupción, aunque es una realidad que se nos hace muy común, no
puede y no debería dejar de indignarnos.
Es cierto que es inevitable que esta situación nos desaliente y genere rechazo; pero tener un país que
ya no cree en sus gobernantes y que opta por el desinterés o la resignación, resulta más peligroso
porque no podemos bajar la guardia ante la corrupción y justamente el desinterés o la resignación
nos pueden llevar a mirar hacia otro lado. Por el contrario, debemos comprender que nuestra
indiferencia terminaría siendo esa complicidad que agradecería cualquier corrupto. Como bien dice
el Papa Francisco acerca de la corrupción, “se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un
estado personal y social ligado a la costumbre”. No podemos seguir permitiendo que la corrupción
nos parezca natural. Recordemos siempre: mayor vigilancia, menor corrupción.
¿Cómo podemos aportar los ciudadanos ante este flagelo?
El escritor Landell-Mills, explica en su libro “Citizens Against Corruption” que está demostrado
que en los países de mayor pobreza, iniciativas de la sociedad civil pueden evitar que grandes
sumas de dinero vayan al bolsillo de un funcionario corrupto.
Entonces, como ciudadanos tomemos una posición activa frente a este delito, especialmente en dos
momentos: la prevención y la denuncia de la corrupción. ¿Cómo? Primero tomando conciencia del
gran perjuicio que trae este delito a nuestra sociedad; busquemos educar a nuestros hijos en valores.
Rechacemos este tipo de actos, no solo con palabras, sino con comportamientos, evitando las
coimas; exigiendo transparencia a las instituciones públicas y formando parte de los procesos donde
el Estado y la ciudadanía deciden el futuro de sus distritos, ciudades, regiones, como por ejemplo el
Presupuesto Participativo. Segundo, es necesario que el ciudadano exija la sanción de las
autoridades corruptas y que esté atento a que se realice un juicio justo.
Es difícil estimar una cifra de lo que pierde el país en corrupción, pero recordemos que esos
millones que nos roban, son los millones que pudieron haber hecho la gran diferencia en educación,
salud, vivienda, etcétera de todos los peruanos. Salgamos de la indiferencia, seamos sujetos activos.

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