Anales de la Universidad de Chile

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Anales de la Universidad de Chile
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No.
2 (2011)
Anales
de la Universidad de Chile
ISSN 0365-7779
Desde sus orígenes, la Casa de Bello lleva arraigada en su esencia la misión de compartir con el entorno la reflexión
intelectual de sus académicos y la vasta labor investigativa desarrollada en su seno. Fue así como tan sólo dos años después de su fundación, en
1843, nace "Anales de la Universidad de Chile", la publicación oficial que recoge los planteamientos en torno a las artes, la ciencia y las
humanidades, reflejando la memoria de nuestra corporación y el compromiso con el desarrollo del país. Muchas plumas insignes han escrito en sus
páginas. Y en éstas, grandes ideas quedaron plasmadas para la posteridad, como parte de una tradición indeleble que ha transformado a esta revista
en la publicación periódica más antigua de América en lengua castellana.
No. 2 (2011): Séptima Serie
Editorial
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Presentación
Sonia Montecino Aguirre
Pág. 9-12
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19438
Los laberintos de la política y sus tinglados reflexivos
PDF (texto completo)
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Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
PDF (texto completo)
Pág. 15-24
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17277
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Los desafíos en derechos humanos en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
PDF (texto completo)
Pág. 25-35
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17278
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La transición social a la democracia
●
Alberto Mayol Miranda
●
PDF (texto completo)
Pág. 37-54
0365-7779
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17297
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La abundancia del malestar
Nibaldo Fabrizio Mosciatti
PDF (texto completo)
Pág. 55-65
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17298
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¿Representación corporativa en las sombras? Una reflexión histórica sobre las tendencias políticas del
presente
PDF (texto completo)
Sofía Correa Sutil
Pág. 67-76
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17299
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Reflexiones sobre democracia, política e igualdad. Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
Pág. 77-86
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17300
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La ciberpolítica de los movimientos sociales en Chile: algunas reflexiones y experiencias
PDF (texto completo)
Salvador Millaleo Hernández
PDF (texto completo)
Pág. 87-104
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17301
Miradas sectoriales, ciudadanías culturales y diferencias
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Educación pública de calidad y equitativa: motor del desarrollo y constructora de ciudadanía
Víctor Pérez Vera
PDF (texto completo)
Pág. 107-115
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17302
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
PDF (texto completo)
Pág. 117-127
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17303
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El género post bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
PDF (texto completo)
Pág. 129-147
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17304
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Iglesia y política. El efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
PDF (texto completo)
Pág. 149-163
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17305
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Pág. 165-185
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17306
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Derechos territoriales: el caso de la familia Hito Rangi
PDF (texto completo)
Oscar Vargas Fuentes
PDF (texto completo)
Pág. 187-197
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17307
Huellas literarias
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Lira popular: la revolución de los dictatoriales
Adolfo Reyes
PDF (texto completo)
Pág. 201-202
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19440
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Piececitos
Gabriela Mistral
PDF (texto completo)
Pág. 203
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19441
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Balance patriótico
Vicente Huidobro
PDF (texto completo)
Pág. 204-209
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19442
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Los siúticos
Pablo Neruda
PDF (texto completo)
Pág. 210
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19443
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Breve historia de mi vida
Stella Díaz Varín
Pág. 211-212
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19444
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Óvulos
Heddy Navarro
PDF (texto completo)
Pág. 213
PDF (texto completo)
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19445
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Fragmento de la bandera de Chile
Elvira Hernández
PDF (texto completo)
Pág. 214
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19446
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De los ancianos que aprietan su puño y lo levantan cuando cantan
José Ángel Cuevas
PDF (texto completo)
Pág. 215
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19447
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Poema de profecía en blanco y negro
Cesar Millahueique
PDF (texto completo)
Pág. 216-217
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19448
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Manifiesto (hablo por mi diferencia)
Pedro Lemebel
PDF (texto completo)
Pág. 218-221
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19449
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Plata pa' pan
Chinoy -
PDF (texto completo)
Pág. 222
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19450
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Lira popular: quejas del pobre roto chileno y porfiado amor del roto
José Dolores Rebolledo
Pág. 223-226
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19451
PDF (texto completo)
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Canciones de protesta seleccionadas
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PDF (texto completo)
Pág. 227-229
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19452
Reseñas
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El Alumbrado (1986) de Gonzalo Rojas
Cristian Foerster Montecino
PDF (texto completo)
Pág. 233-234
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17310
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Los dones previsibles de Stella Díaz Varín
Jennyfer Díaz Faúndez
PDF (texto completo)
Pág. 235-236
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17311
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Rongo: La Historia Oculta de Isla de Pascua de Patricia Stambuk
Cristián Moreno Pakarati
PDF (texto completo)
Pág. 237-238
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17312
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A propósito de Eduardo Viveiros de Castro
José Andrés Isla Madariaga
PDF (texto completo)
Pág. 239-240
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17313
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La libertad, la justicia, el lujo: el mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma de Robin Lane Fox
Miguel Vélez San Martín
Pág. 241-242
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.17314
PDF (texto completo)
Apéndice: ecos de Claridad
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La declaración de principios de la federación de estudiantes de Chile
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PDF (texto completo)
Pág. 245-247
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19453
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Los dos conceptos de la Universidad
Raúl Silva Castro
PDF (texto completo)
Pág. 248-250
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19454
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Comentando un acuerdo
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PDF (texto completo)
Pág. 251-253
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19455
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Inutilidad de la Universidad
-Pág. 254-255
DOI: 10.5354/0365-7779.2011.19456
PDF (texto completo)
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Presentación
Sonia Montecino Aguirre
Políticamente hablando, segundo número de la séptima serie de Anales, se asoma en medio de un agitado momento del país, en el cual el movimiento estudiantil y la ciudadanía irrumpen e invaden las calles demandando, como lema central, educación pública.
Abordar lo que el Comité Editorial había definido como los “laberintos de la política”,
se encabalgó con el proceso de masivas movilizaciones ligadas al cuidado del medioambiente (Hidroaysén), pero básicamente abocadas al destino público de la educación
secundaria y universitaria. Han pasado ya más de cinco meses desde que solicitamos
a los(as) articulistas sus contribuciones y muchas de las hipótesis y reflexiones que se
vierten en este número sirven para iluminar, colocar nuevas ópticas, preguntas e incertezas que tienen la virtud de que quizás, al ser leídas a futuro, podrán dar cuenta –casi
como en un registro epocal– de los meandros, de los tonos, de las tesituras de este hoy
tensionado por las múltiples aristas de la política del siglo XXI.
La estructura de la revista sigue la del número anterior, con un sustrato de artículos
académico-culturales que en una primera sección leen las realidades contemporáneas de
manera amplia y los nudos de los nuevos escenarios desde ángulos variados, así como
sus profundas marcas en las subjetividades y las nuevas ciudadanías. Al mismo tiempo
hemos mantenido el diálogo horizontal en el texto de académicos(as) e intelectuales
de distintas generaciones. Es así como en este primer apartado Humberto Giannini
trae a escena un debate crucial, antiguo y nuevo, sobre las interacciones humanas en
contextos donde la ofensa y el perdón, se piensan desde la diferencia ente conciliación
y reconciliación. Lorena Fries construye desde las nociones de derechos humanos los
retos entre lo universal y lo particular, y los desafíos para el Chile de hoy. Alberto Mayol
y Nibaldo Mossciatti abordan la noción de “malestar” que emerge hoy como significante
de las expresiones callejeras de las movilizaciones y otras performances de los movimientos sociales; el primero desde una mirada sociológica y basada en investigaciones sobre
los nuevos escenarios del país, que ponen de manifiesto la rotura de ciertos “diques” de
contención, y el segundo desde las necesidades de cambiar ciertos esquemas y estructuras del orden político tradicional como el binominal. Ambos artículos sirven para colocar preguntas sobre las bases de eso llamado “molestia” en el Chile de Piñera, que por
cierto es un Chile de variadas décadas atrás, que decanta en los “desbordes” actuales.
Sofía Correa, por su lado, aporta con su visión histórica los modos en que ha discurrido el descrédito de la política tradicional y los problemas de la “representatividad”, evidenciando que no es un problema inédito en Chile y que es observable un
fenómeno similar en las décadas del 30 y 50 del siglo pasado, poniendo énfasis en las
consecuencias del corporativismo en la construcción de caudillismos políticos. En la
entrevista realizada a Agustín Squella es posible acercarse a las distintas maneras en
que democracia y política se conjuntan, las discusiones sobre derechos humanos, las
transformaciones necesarias para una revitalización de los discursos sociales, pero sobre
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Presentación
Sonia Montecino Aguirre
todo sitúa ciertos ordenes religiosos (lo “católico”) como pesadas cadenas para que operen de manera amplia los cambios culturales en el país y para que el conservadurismo
mantenga un poder incluso en las apuestas del supuesto “liberalismo” chileno. Por último, Salvador Millaleo reflexiona sobre la arena de la ciberpolítica y sus implicancias
en la amplificación de los movimientos sociales, poniendo en escena las desigualdades
que también supone y su peso negativo en los cambios en los patrones de participación
cívica. Sin embargo, al analizar este fenómeno en la “Revolución Pingüina” del período
de Michelle Bachelet, se observa que la esfera pública de Internet hizo posible una horizontalidad y una activación sin precedentes, pero dado lo efímero y rápido con que
operan estas redes sociales, se perdió, en la fragmentación, la profundidad de un debate
y de su perdurabilidad en el tiempo.
En el segundo apartado enfrentamos casos concretos en los que se hace carne el
desasosiego de la sociedad chilena. Por cierto, hemos seleccionado los que nos han parecido emblemáticos y de los cuales no se habla de manera más profunda, o se conocen
menos sus raíces y la tierra en que crecen. El rector de la Universidad de Chile, Víctor
Pérez, expone y elabora las bases de los problemas y conflictos que se asientan en la educación superior pública y da cuenta del concepto de “Nuevo Trato” que ha propuesto
desde hace años a las distintas administraciones gubernamentales y que hoy se ha manifestado como un lema en las demandas de los(as) universitarios(as) movilizados(as),
así como en el CRUCH (Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas). Las formas
en que las desigualdades de ingreso y la necesidad de que el Estado se haga cargo de sus
universidades es uno de los tópicos tratados. Este artículo es la huella de lo que ha sido
la lucha de la propia Universidad de Chile por transformar y hacer coherente su estatus
de institución estatal. Faride Zerán describe y denuncia el modo en que los medios de
comunicación –ese poder fáctico que hoy posee una influencia nunca antes vista– están
concentrados en unas pocas manos y las consecuencias respecto a la libertad de expresión y verdadero pluralismo que debe conllevar el ejercicio de la prensa escrita, audiovisual, entre otras nuevas manifestaciones, abriendo un campo de interrogaciones hacia el
ejercicio y participación de los acuciantes problemas de la ciudadanía en dichos medios.
María Ángeles Fernández indaga en las implicancias, para las políticas de género, del
liderazgo de Michelle Bachelet en un análisis que persigue comprender los ecos de su
mandato respecto a materias como la paridad, la traslación de investiduras a otras mujeres y las maneras específicas de las operaciones formales e informales de ejercer el poder
en tanto “mujer”. Su artículo abre un conjunto de preguntas que pueden convertirse en
hipótesis para entender el actual momento de “silencios de género”, por no parafrasear
a Marcela Ríos en los “silencios feministas” –porque dista el discurso actual con este
concepto– y para repensar los horizontes posibles de una igualdad en la participación
política de hombres y mujeres.
El estremecimiento de la Iglesia Católica, con los tupidos velos rasgados a partir
de las acusaciones de pedofilia, son las que encara María Olivia Mönckeberg, dejando
al descubierto las contradicciones y conflictos de una institución que posee un enorme peso cultural en la sociedad chilena. El conocido caso del Padre Karadima es leído
desde la óptica de los “ofendidos”, para utilizar los conceptos de Humberto Giannini,
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
develando la crisis simbólica y política que esta institución religiosa atraviesa. Por último, Camila Zurob y Oscar Vargas sitúan las particularidades del universo indígena, en
este caso del pueblo rapanui, y los conflictos de tierra que marcan los vínculos internos
e históricos de la comunidad y de esta con el Estado chileno. Muy pocas son las indagaciones y conocimiento que tenemos de Isla de Pascua desde la perspectiva política. Así,
más allá de la venta de su exotismo para la explotación turística, podemos apreciar en
el artículo de Zurob el espesor y densidad que adquiere la tierra y de los linajes (mata)
como poseedores de ella, así como las variadas intervenciones del Estado para intentar
cambiar esas disposiciones ancestrales. Lo laberíntico de las transformaciones en la propiedad queda al descubierto, así como las dificultades para asir un fenómeno que intersecta y tensiona los vínculos entre los rapanui y el Estado chileno. Vargas, por su lado,
aporta una mirada comprometida y ubicada en las opiniones y experiencias de ciertos
segmentos isleños. El autor, en tanto abogado que interviene en el comentado caso de las
demandas de la familia Hitorangi, nos enseña una de las aristas radicales de los derechos
territoriales de este pueblo. Ambos artículos abren una brecha para el estudio y conocimiento de los intrincados vínculos políticos con la isla, desarticulando el estereotipo de
los rapanui como un pueblo que solo vive para el turismo, la danza y el canto. En suma,
este segundo apartado se instala de manera clara en lo que podríamos denominar como
demandas específicas de una ciudadanía cultural que brega por un acceso y participación en las políticas educacionales, comunicacionales, de género, étnicas, así como la de
las homosexualidades ocultas y a veces perversas al interior de la Iglesia Católica.
El dossier literario que incluimos en este número se ha abocado a la poesía y a sus
manifestaciones políticas, de protesta o “denuncia”. La selección ha intentado establecer
un diálogo con las materias abordadas en los artículos, sin embargo, y como es evidente,
se descalzan de ellos en lo temporal y en los variados sonidos que una poética de impugnación supone. Los poetas de la Lira Popular y los letrados contemporáneos comparecen en sus modos de expresar los variados signos de un descontento, una crítica, una
ironía, una palabra por la justicia o la igualdad. Pensamos que el decir de la poesía no es
menos poderoso que el del ensayo o del artículo académico, pues en sus cadencias los
pliegues de las subjetividades se enuncian y descorren signos, proponen otros, en una
política de símbolos y lenguaje que desanuda, muchas veces, aquello que los sistemas
conceptuales no abarcan, no abordan o no pueden significar. Del mismo modo, incluimos un dossier fotográfico que focaliza el lente en las imágenes de la protesta desde la
década del 60 hasta hoy día.
Inauguramos una sección de Reseñas, como modo de hacer circular textos y
autores(as) que se vinculan de un modo u otro al núcleo central de este número de
Anales, pero también –en este caso– como espacio de breve homenaje a dos poetas recientemente fallecidos y que son, en su escritura y en su existencia, personajes inscritos
en el imaginario cultural nuestro: Gonzalo Rojas y Stella Díaz Varín. Reseñas abre nuestra revista a las contribuciones variadas de las disciplinas propiciando y estimulando la
lectura de diversas obras y autores(as).
Finalmente, el apéndice de Políticamente hablando lo constituye una pequeña selección de artículos de la revista Claridad de la FECH, de principios del siglo XX, cuyas
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Presentación
Sonia Montecino Aguirre
resonancias son inquietantemente evocadoras. Leídos desde el hoy estos artículos se erigen como indicios de la historia del movimiento estudiantil, de los pensamientos sobre
lo que debe ser la Universidad de Chile, pero sobre todo dan cuenta de las rearticulaciones epocales de un devenir siempre cambiante, desafiante, provocador y que exige
siempre ser comprendido desde los contextos generales y desde los bordes.
La clave que sugiere Humberto Giannini de una reflexión permanente sobre esas
interacciones entre ofendidos(as) y ofensores(as), que constituyen el gesto básico de la
vida social, y que da a la lucha por los derechos y a la igualdad un sentido “humano”, es
sin duda la apuesta que se puede rastrear en este número que, “políticamente hablando”, se instala en medio de las arenas movedizas de nuestro tiempo.
Agradecemos a todos(as) los(as) autores(as) que escriben en este número, a los(as)
fotógrafos, los(as) poetas, y a los(as) miembros(as) del Comité Editorial de la Revista
Anales por su lucidez, audacia y compromiso.
Sonia Montecino Aguirre
Directora
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Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
Humberto Giannini Íñiguez
Estudió Hermenéutica y Filosofía de la Religión en
la Universidad de Roma. En 1998 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua,
donde ocupa el sillón Nº12. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 1999, Premio Consejo
Nacional del Libro y la Lectura 2008, categoría Ensayo, por La metafísica eres tú y Premio Altazor de Ensayo 2009 por el mismo título.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Reconciliarse1
Se establece en este texto la diferencia entre conciliar y re-conciliarse y el carácter esencialmente ético de la re-conciliación. Definición de la ofensa como lesión
al principio de reciprocidad que debe existir en toda acción comunicativa. La
búsqueda de la re-conciliación por iniciativa del ofensor mediante: a) la justificación; b) la búsqueda del perdón otorgado por quien recibió la ofensa.
Es curioso que en tiempos decididamente secularizados, como lo fue el siglo XX, la
filosofía, justo el saber más secularizante en estos tiempos, haya venido desempolvando
expresiones como las de “ofensa”, “perdón”, “justificación”, “re-conciliación”, y tantos
otros términos que más pertenecen, como diría Max Scheler, a un saber de salvación,
como puede entenderse el platonismo y, más tarde, el pensamiento judeo-cristiano. Es
cierto que el concepto de conciliación (más que el de re-conciliación) vuelven a emplearlo algunos pensadores en la filosofía moderna, pero no ya pensando en la salvación
meta-empírica de los individuos sino en la conciliación de ciertas fuerzas en pugna;
conciliación progresiva a través de la cual se movería la sociedad o la historia (estoy
pensando en Hobbes y en Hegel, especialmente).
En todo caso, los conceptos de “ofensa”, de “justificación”, de “perdón” y otros
no se refieren a fenómenos cuya comprensión pueda limitarse a lo que ocurre en una
subjetividad aislada, así como ocurre, por ejemplo, con el acto de recordar. Y menos se
trata de fenómenos que ocurran en el mundo físico, al margen de toda subjetividad. Al
hablar de estos temas, ya sea con intención teológica, metafísica o meramente secular,
necesariamente nos estamos pronunciando acerca de una realidad dual; de un ofensor
que pide perdón, por ejemplo, y del ofendido que lo escucha y, luego, actúa de cierta
manera (realidad respecto de la cual el cartesianismo ya no nos serviría como método
de análisis).
No es tan osado suponer que fue la preocupación por problemas reales y urgentes
como los de la re-conciliación y los del perdón la que permitió a la filosofía, a mediados del siglo pasado, encontrar un nuevo modo de pensar los problemas presentes de
la Humanidad, no ya desde el sujeto cartesiano, sin ventanas al mundo, ni desde los
objetos del mundo, entidades sin voz y sin rostro, sino ubicándose el investigador en
el “entre”, en el estrecho espacio significativo que establecen dos sujetos cuando se comunican. El territorio del “entre”, que se ha abierto a la investigación a partir del siglo
pasado, no es ya un territorio de cosas, de sustancia materiales, sino exclusivamente el
espacio de la acción humana, pero no en cuanto dicha acción va a dar directamente a
las cosas, como por ejemplo, colgar un cuadro, sino en cuanto va a dar directamente a
1. Investigación de proyecto FONDECYT N° 1110811, con la colaboración de la Dra. Eva Hamamé y de
los profesores Juan José Fuentes y Nicole Gardella.
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Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
otro sujeto, como por ejemplo, la acción de “amenazar con una guerra”, acción dirigida
a otro sujeto, y de cuyo destino dependerá, en este caso, una nueva relación al mundo
de los sujetos involucrados. Y una nueva situación del mundo. La diferencia radical
entre ambos tipos de acción es que la primera –colgar un cuadro– se cumple plenamente en su propósito cuando, siguiendo con nuestro ejemplo, ese alguien cuelga el
cuadro; la segunda, en cambio, se cumple en su propósito si y solo si el sujeto a quien va
dirigida la amenaza escucha y responde de cierta manera (o incluso no respondiendo
a ella). En caso contrario, es una acción abortada. Es decir, no alcanza a ser una acción
comunicativa.
En resumen, la acción que ahora estudiaremos es necesariamente inter-acción. Y,
por lo mismo es, como veremos, esencialmente un evento moral2. Ahora que en el último siglo la cuestión moral se haya vuelto la preocupación fundamental de la reflexión
filosófica, quisiéramos mostrar esto a lo largo del camino que iremos haciendo.
Recordemos ahora solo algunos de sus antecedentes más decisivos: Con la aparición de Wittgenstein y Heidegger, la filosofía, hasta la década del 50 del siglo recién
pasado, venía desarticulando desde sus bases temas clásicos de la tradición. Salvo que
haya sido absolutamente insensible al destino del ser humano, el encaminamiento de
la filosofía hacia este nuevo territorio de la ética no puede haber ocurrido sino como
el despertar después de los horrores a que se atreviera el hombre en la última guerra
mundial3. “Toda la cultura, después del descubrimiento de los campos de concentración, no es más que escoria”. Por su parte, así resume Adorno en el año 1966 la visión
despierta del macabro espectáculo. ¿Será preciso recordarlo? Genocidio tecnificado,
bombardeos aéreos a ciudades indefensas, nacionalismo prepotente y descalificador de
“lo extranjero”, pretensión arrogante de ser “el único pueblo”, “el único partido”, “el
único lugar en que ocurre la historia”, inauguración de la guerra total, con el uso de las
armas nucleares; todos esos engendros macabros de la razón, de la cultura occidental,
nacieron y se desplomaron allí mismo donde se habían generado. Y de la ruina fueron
surgiendo variados modos teóricos de repudio intelectual a cuanto se había adorado:
al valor incondicionado de la razón, al culto de la patria, del héroe. Y junto a aquello,
la declaración de la muerte de la metafísica, la muerte de las ideologías, la muerte de la
conciencia y del sujeto.
Pero, tímidamente, también empezaron a aflorar las intenciones de reencuentro, de
reconciliación de los pueblos sobrevivientes; empezaron a citarse los filósofos en foros
internacionales y a plantear el tema de la reconstrucción de la humanidad del ser humano. El precio: librarse de todos los fantasmas del pasado. En este sentido, a más o menos
a 50 años de distancia también hemos tenido, o tenemos, nosotros en Chile, algo que
decir sobre este tema del reencuentro. Y nuestro presente análisis tiene una intención
semejante como horizonte.
2. Según la posición que seguimos, toda vinculación a otro sujeto es un evento moral y todo evento moral
describe una cierta comunicación a otro sujeto. (N. del A.)
3. Solo un testimonio: el de Vladimir Jankélévitch en L’Impreescriptible, Paris: Éditions du Seuil, 1948. (N.
del A.)
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Conviene, no obstante, empezar por lo más genérico: ¿qué es una conciliación? Claramente lo dice la palabra misma: el hecho de volver compatibles, convivientes modos
antagónicos de ser y de actuar, de tal manera que, haciendo cada cual lo suyo, no perturbe –más bien estimule lo que hacen los otros–. En resumen: conciliar fuerzas opuestas
o dispersas. Es evidente que esta definición es aplicable a situaciones y ámbitos de la
realidad humana específicamente diversos: a los modos judiciales de conciliación entre
litigantes, a los modos económicos de hacer posible, de conciliar la libertad económica
con la libertad política o, a propósito de política, conciliar la iniciativa del poder del
Estado con la libertad de los ciudadanos. Es esta conciliación de intereses la que busca
Hobbes en el Leviatán, y que más tarde retomará Hegel en un sentido absoluto. Habría
que decir, sin embargo, que la consideración de Hegel va muchísimo más allá, que es un
concepto metafísico por cuanto busca conciliar lo finito con lo infinito.
En muchos aspectos el idealismo del pensador alemán recuerda, curiosamente, el
realismo de Aristóteles. Y este es uno de los casos: la conciliación entre lo temporal y lo
eterno. Escuchemos al maestro griego: “En virtud del alma nutritiva que poseen todos
los animales, se da el vivir, cuyas obras son el alimentarse y el engendrar. Y para todos
los animales, la obra más natural consiste en hacer otros vivientes semejantes a sí: si
se trata de un animal, otro animal; si se trata de una planta, otra planta. Y esto con la
finalidad de participar de lo eterno y de lo divino, en la medida de lo posible”4 A esta
participación de lo temporal en lo eterno podemos llamarla, para los animales distintos
del ser humano, “conciliación metafísica”; en cambio, para el ser humano la llamaremos
“re-conciliación ético-metafísica”. Es conciliación en un sentido metafísico, puesto que
el ser individual, finito, se vuelve aquí compatible, funcional con cierta “eternidad” que
lleva consigo, en cuanto ya está en el esquema universal y eterno que, de una manera
muy precisa, viva en el Intelecto de Dios o en la Idea. Es así como se concilian en ambos
autores lo Uno y lo múltiple.
En Aristóteles y en Hegel la conciliación tiene solo una dimensión ontológica, esto
es, significan la convergencia real de la aparente incompatibilidad entre los entes múltiples y pasajeros y el Ser uno y eterno de la especie. En el maestro de Aristóteles, Platón,
y posteriormente, en el cristianismo, se trata de una re -conciliación ética, pues tiene su
origen en una caída del ser humano que el cristianismo entiende como desafío y ofensa
a la dignidad de Dios (y con razón ha dicho Kierkegaard, fiel a este pensamiento, que
cada individuo humano es sí mismo y, al mismo tiempo, toda su especie).
En nuestro actual tratamiento de la reconciliación retomaremos el tema de la ofensa. En virtud de esta inclusión dejaremos de lado, por una parte, toda reconciliación
teórica o fundada en intereses sociales o doctrinarios, y por otra parte, la reconciliación
teológico-metafísica: la reconciliación con el principio desde el cual los seres humanos
hemos sido puestos en el mundo (las Ideas platónicas, el Dios judeo-cristiano).
El ámbito de nuestro trabajo quiere reducirse a la re-conciliación entre semejantes, cuya relación de amistad y de recíproco reconocimiento ha quedado rota por una
ofensa real o supuesta. Por lo tanto, nuestro punto de partida no es la metafísica sino
4. De anima, II.
19
Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
la vida en su devenir cotidiano, lo que no significa que en algún momento no estemos
sumergidos en un mar de cuestiones metafísicas, como ocurre a menudo con los temas
más simples e inocentes. En otras palabras, en nuestro caso se trata de una reconciliación entre semejantes, y a propósito de una ofensa que los ha distanciado de la mutua
presencia y trato. En este sentido, también la doctrina cristiana muestra en el Evangelio
una suerte de conciliación entre la comprensión metafísica de la reconciliación y su
comprensión ética. En este sentido, el Nuevo Testamento es categórico: “Si trajeres tu
presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu
presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces, ven y ofrece tu presente” (Mateo 5:23). Y aquí se sitúa justamente nuestro campo
de investigación: en la experiencia del otro como otro. Y voy a permitirme llamarla
“experiencia moral”.
Nosotros, seres maduros, poseedores de una rica y variada experiencia, cuando teorizamos tendemos a colocar en una misma canasta tanto las experiencias que tenemos
de los seres humanos como las que tenemos de las cosas distintas del ser humano, del
mundo, en general. Sin embargo, en cada uno de nosotros esto no fue siempre así. Cada
quien, antes de saber de sí mismo, supo a su manera del otro. Por ejemplo, de la madre
que le ofrecía su seno. E, incluso hoy, cuando estamos ante otro ser humano, percibirlo
es ya comunicarse con él, no detenerse en la pura percepción, como haríamos con un
objeto. En la percepción del otro percibo que el otro, ante mí, es uno que está percibiendo que lo percibo. Sartre ha hecho observaciones geniales a este propósito5.
Por tal razón quisiéramos afirmar que la experiencia del otro no es una mera percepción, sino una experiencia sui generis. Y este es el principio del cual recién vamos a
partir en nuestra pregunta por la re-conciliación.
Notemos en primer término que la expresión “experiencia del otro” es equívoca,
por cuanto también puede entenderse como la experiencia que tiene el otro de mí. Pero,
gracias a la sabiduría del lenguaje, este no es un problema, sino más bien el inicio de
la solución del problema: porque primariamente, para que hablemos de experiencia
moral, de alguna manera debe ser mostrada, enfrentada y sobrepasada la unilateralidad
(la no reciprocidad) de la relación “sujeto-objeto” propia de la experiencia de las cosas
sensibles y sus cualidades; de la experiencia de lo otro, no del Otro. Debemos asumir
como un acierto lingüístico el ser bifronte de la preposición “de”, que desmonta aquí
inocentemente la unilateralidad del subjetivismo tanto antiguo como moderno y que
ha pesado por siglos en la comprensión que se suele tener respecto de este modo sui
generis de experiencia. En este caso, el genitivo “de” posee ambas direcciones, pues si mi
experiencia no tuviera como su correlato necesario la experiencia de ser percibido por el
otro, la mía no sería experiencia de otro ante mí, sino de algo que está ahí delante como
algo objetivo. Por tanto, en la acción de mirar a otro sujeto yo me estoy experimentando
como mirado por él6.
5. Sartre, J.P., El ser y la nada, Buenos Aires: Losada, 1966, pág. 360 y ss.
6. “Para conocerse a sí mismo basta mirarse en la pupila de aquel con que se conversa”, Ver Platón, Alcibíades.
20
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Por el momento no quisiera enredar más la referencia a hechos que simplemente se
viven, pero, que son difíciles de expresar: convengamos simplemente en que la repentina presencia del otro, de un desconocido ante mí, crea una situación de extrañeza original, en la que llego a sentirme a mí mismo, a palparme a partir de la mirada del otro.
O lo que es lo mismo: es del otro que me llegan noticias de mi ser. Y la reciprocidad de
las miradas quiere ser inmediatamente comunicación y lucha, a veces, por no volverse
objeto de la mirada del que nos enfrenta7.
Ahora bien, la comunicación es un evento dual, inexplicable, contradictorio sin la
participación de dos sujetos igualmente activos. Y este es el principio que defendemos:
que es el único modo de vincularse directamente un ser humano con otro ser humano.
Con respecto a esto, comunicarse es pro-poner a otro sujeto un modo de vinculación al
mundo. Una respuesta que no implique alguna forma de reciprocidad compartida es incomunicación; ofensa, cuando la incomunicación es percibida como negativa voluntaria
a la reciprocidad; mala voluntad, en el lenguaje de Kant…
Aquí llegamos al nudo de nuestra investigación: tratar la reconciliación –no la conciliación– a partir de la ofensa.
La ofensa
Adelantemos que la ofensa es una de las expresiones más comunes y subjetivas que se
registra en la vida asociada. Difícil definirla, difícil describirla por la variedad de formas
y matices por los que se resiente su presencia. Se puede decir que es una experiencia
en la que el ofendido siente y resiente como una herida la no reciprocidad del vínculo con
que actúa el ofensor al relacionarse con el ofendido. En todo caso, lo que hiere es el
significado que el ofendido atribuye a la acción comunicativa del ofensor, significado
que rompería el vínculo que hipotéticamente se habría establecido con él. Si estamos
vinculados por una acción de compra-venta, los sujetos inter-actuantes, al actuar, dan
por con-sabido por cuáles leyes y normas éticas deben regirse; si están vinculados por
una relación amorosa, los sujetos creen atisbar qué límites y permisiones son éticamente
posibles en ese vínculo; si se juega a las cartas, los jugadores dan por con-sabidas las
reglas del juego. No se trata de un deber ser ideal, exigido en abstracto a toda la Humanidad, ni de un imperativo categórico en el sentido kantiano, sino de una forma de
reciprocidad que normalmente se espera del otro en las acciones que se comparten con
él en una sociedad histórica determinada.
Y por aquí ingresamos a la zona de peligrosa vulnerabilidad a la que estamos expuestos constantemente los que conformamos una comunidad real: a la vulnerabilidad
como estado de indefensión frente al otro, como permanente peligro de pérdida de esa
7. Hágase la experiencia del ascensor: Quedémonos mirando fijamente a algún pasajero(a). Entonces
veremos cómo inmediatamente siente, más bien resiente nuestra mirada. Si es ya una comunicación,
la resentirá como embarazante; sino no lo es, la resentirá como una mirada impertinente que lo reduce
allí mismo a mero objeto. (N. del A.)
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Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
reciprocidad sustentadora de toda vinculación comunicativa. Es, pues, en esta no reciprocidad donde reside la ofensa, nervio del conflicto moral.
¿Cómo expresar un sentimiento tan subjetivo y multiforme? ¿Un sentimiento que
compromete el reducto más concreto, inefable e individual de la vida humana? La ofensa es corte, es cercenamiento carnal. Lo recuerda el término mismo (fero). Y este tajo
invisible tiene que ver con nuestra condición de sujetos expuestos permanentemente,
no a los peligros del mundo físico sino a la violencia o a la omisión ejercita por otros
sujetos. Tiene que ver con el ser-ante otra subjetividad y con algo que allí y solo allí
diariamente se omite, se distorsiona, se transgrede, se triza, se quiebra. Y esto puede
ocurrir de muchas maneras y a cada momento en la vida en común. Por inadvertencia:
la de quien pasa por alto el ser-ante otro que implica el estar con otro o tener con él algún tipo de relación. Puede ocurrir por omisión o por ausencia: la de quien debió salir a
nuestro encuentro en el modo y en el tiempo que el vínculo lo requería; por simulación
de reciprocidad en el trato: la del que, para realizar sus propios fines, induce a otro a
un falso encuentro (el disimulo, el engaño, la astucia, la falacia). Y en fin, por violación
desenmascarada de todo vestigio de libre reciprocidad: la del que intimida, extorsiona,
acorrala, viola la intimidad o tortura a otro ser humano8.
El significado de ofensa resume, en todos sus grados, este sentimiento de soledad,
de desolación que experimenta el sujeto ofendido. Somos desolados por los otros. En
síntesis: el término que acude a los labios del que sufre menoscabo a causa de la acción
de otro sujeto es lo que llamamos dignidad. Y tal dignidad no habría que buscarla solo
–como hiciera el humanismo clásico– en las grandes obras o en las grandes hazañas del
espíritu o, en el otro extremo, acordándonos de esa dignidad solo a propósito de los
crímenes y atropellos con los que suele degradarse la vida hasta lo abyecto. Es preciso
remarcar, en cambio, que cada gesto, que cada palabra, que cada movimiento humano
significan y participan a la vez de cierta calidad de ser, de cierta dignidad propia, con
la que un sujeto se presenta a otro sujeto. La ofensa, como transgresión a este principio
de reciprocidad, es aquello de lo que cabe exigir una justificación del agresor o algo
que habría que reparar, si es que nos importa la dignidad de los otros y anhelamos una
reconciliación moral efectiva.
Hacia la reconciliación
Ante una ofensa son posibles tres modos de respuesta comunicativa del presunto ofensor: a) “Pasar de largo”, no enterarse o no darse por enterado de ser el ofensor en relación a un determinado vínculo que se tiene con otro sujeto; b) justificarse ante el otro;
c) pedir perdón.
Pero, en cuanto a b), ¿qué es justificar? En términos generales, epistémicos: es dar
razones, traer pruebas, esgrimir argumentos por las que un sujeto pretende liberarse de
8. Giannini, H., “La ética negativa”, en La metafísica eres tú, Santiago de Chile: Editorial Catalonia, 2007
22
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
la imputación que se le hacen. Se justifican hechos y los argumentos justificativos pueden ser dialécticos, estrictamente lógicos, jurídicos, etc. Pero nosotros hablamos aquí
de justificar-se, y esta acción comunicativa tiene una estructura totalmente diversa. Nos
justificamos ante otro sujeto, es decir, en primer término, no justificamos un hecho sino
a nosotros mismos, supuestos autores del hecho; en segundo término, nos justificamos
ante9 otro sujeto: el ofendido. Habría, además, una tercera diferencia, que extiende el
concepto de una manera impresionante: la justificación ética –así la llamaremos–, toma
habitualmente una forma dramática, teatral: la de representar ante el otro, simulando
que no se percibe a quien está percibiendo lo que uno quiere mostrarle. Esta última
modalidad, que puede tener mucho de teatral, de inauténtico, nos deja ver en virtud
de su exageración expresiva algunas características éticas de la acción comunicativa de
justificar-se10.
La primera: que en la esfera moral no es posible justificar sin justificar-se; que la
verdad de lo que se dice es aquí inseparable de la veracidad con la que se dice. Y que
la veracidad trasciende toda verificación empírico-objetiva concluyente. La segunda característica: que lo que pretende el sujeto que se justifica es mostrarse a sí mismo en la
intimidad de sí mismo; en este caso, como aquel que es o quiere aquella vinculación
que, a los ojos del ofendido, el ofensor ha traicionado o alterado en su propio beneficio.
Para concluir este punto: el fin de la acción y de la conducta justificativa es la reintegración de lo individual y disgregado a una dignidad de la que el ofendido nos excluye.
El fin es re-conciliarse con el ofendido: los padres, la compañera o el compañero de
vida, los hijos, o bien con un destinatario más diluido y lejano: la opinión pública, la
historia, Dios.
Pedir perdón
Se pide perdón de lo injustificable, de aquello para lo cual no hay defensa ni razón
posible. ¿Es indiferente quien toma la iniciativa, si el perdón tiene como fin la re-conciliación?
No es indiferente, porque el supuesto ofensor podría alegar, en respuesta al “don”
que se le pretende otorgar, que no hay razón alguna para pedir perdón, y que el adelantarse a perdonar es un acto de soberbia propio de “un perdona-vidas”. Y entonces
no habrá re-conciliación, sino un nuevo motivo de guerra. En todo caso, si el ofendido
se adelanta a conceder el perdón, el ofensor perderá la oportunidad de liberarse de
la actualidad de su delito. Esta actualidad solo puede ser alejada hacia el pasado con
9. Este “ante” es esencial. (N. del A.)
10. Dos ejemplos: el del futbolista que al patear un tiro de penal manda el balón a las nubes y que, acto
seguido, se detiene largo rato a examinar el zapato del pié chuteador, como para decirle al público asistente: “No fue culpa mía, sino del zapato”. En otro nivel: la autobiografía de un hombre público puede
tener como finalidad, sin que lo confiese, justificar una decisión política que ha sido públicamente
condenada. (N. del A.)
23
Reconciliarse
Humberto Giannini Íñiguez
el reconocimiento de que no hay justificación alguna para la ofensa inferida. Y que la
posibilidad de reconciliarse consigo mismo, desde ahora, solo depende del perdón que
puede llegarle del ofendido.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Giannini, H., La metafísica eres tú (Cap. V), Santiago de Chile: Editorial Catalonia, 2007.
Sartre, J.P., El ser y la nada, Buenos Aires: Losada, 1966.
Jankélévitch, V., L’Impreescriptible, Paris: Éditions du Seuil, 1948.
24
Los desafíos en derechos humanos
en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
Lorena Fries Monleón
Abogada, Master en Derecho Internacional de los
Derechos Humanos de la Universidad de Oxford y
abogada por la Corte Suprema de Chile. Con 25 años
de experiencia, ha desarrollado programas pioneros
en materia de derechos humanos tanto con miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía y jueces
y funcionarios públicos en América del Sur. Ha coordinado la presentación de informes sombra ante el
Sistema de Derechos Humanos de Naciones Unidas,
e informes regionales ante el Sistema Interamericano
de Derechos Humanos. Asimismo, ha participado en
procesos de negociación de tratados de derechos humanos y justicia como representante de la sociedad
civil. Autora de varias publicaciones y artículos en el
ámbito de los derechos humanos de las mujeres. Es
profesora de postgrado en el Diplomado Derechos
Humanos de las Mujeres: Teoría y práctica en el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho
de la Universidad de Chile. Fundadora de Corporación Humanas, organización no gubernamental con
sede en Chile, Colombia y Ecuador. Actualmente se
desempeña como Directora del INDH (Instituto Nacional de los Derechos Humanos), órgano público
autónomo.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Los desafíos en derechos humanos
en el Chile actual
Este artículo tiene por objeto reflexionar en torno a los problemas que la democracia chilena actual muestra para la incorporación de una concepción integral
de derechos humanos, que sustente la noción de democracia participativa o de
ciudadanía. Se trata de comprender en clave de derechos humanos los límites de
la democracia actual a partir del recorrido que ha tenido el discurso y la práctica
de los derechos humanos en Chile e identificar los nudos teóricos, políticos, institucionales y culturales que atentan contra su inclusión como eje vertebrador
de una sociedad diversa y democrática.
Introducción
Desde su formulación inicial en 1948, los derechos humanos han tenido un desarrollo
vertiginoso y se han instalado como uno de los elementos centrales de las democracias
modernas. Dicho desarrollo se expresa desde dos aristas distintas –el derecho constitucional y el derecho internacional de los derechos humanos–, en la constante y dinámica
ampliación de la gama de derechos reconocidos como tales, en el fortalecimiento de
mecanismos que los protegen y en la apropiación que de los mismos han hecho los(as)
ciudadanos(as) y organizaciones que los promueven y los defienden.
El corpus normativo actual de los derechos humanos ha transitado en los niveles
domésticos, desde una concepción liberal y restringida del Estado de Derecho –por
tanto, con énfasis en las libertades y derechos políticos– hacia una que ubica la justicia social y los derechos económicos, sociales y culturales, y el reconocimiento de las
identidades subordinadas, como parte de este derrotero. No en vano hemos pasado de
contar con tres instrumentos fundantes de los derechos humanos a ocho, los que actualmente constituyen el núcleo duro de tratados en el campo internacional1. En el ámbito
nacional, ese proceso, aun cuando más lento, ha sido parte de los procesos de reforma
1. Declaración Universal de Derechos Humanos; Pacto Internacional de Naciones Unidas de Derechos
Civiles y Políticos; Pacto Internacional de Naciones Unidas de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; Convención contra la Tortura y otras Penas, Tratos crueles, inhumanos o degradantes; Convención de Naciones Unidas sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación hacia las Mujeres;
Convención de Naciones Unidas sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial;
Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño(a); Convención de Naciones Unidas
sobre la Protección de todos los Trabajadores Migratorios y sus Familiares; Convención de Naciones
Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, además de la Convención Americana de
Derechos Humanos y la Declaración de Derechos y Deberes del Hombre, también del sistema americano. (N. de la A.)
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Los desafíos en derechos humanos en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
constitucional, llegando a su máxima expresión regional en el caso de Colombia, Bolivia
y Ecuador y sus nuevas cartas constitucionales.2
Desde el punto de vista de los mecanismos que se han establecido para su protección, otro tanto ha ocurrido. En efecto, a nivel internacional se cuenta con procedimientos que habilitan a los(as) ciudadanos(as) de los Estados Parte para reclamar internacionalmente acerca de aquellos derechos que el Estado no ha podido o querido proteger,
ya sea en su forma jurisdiccional, como lo son la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional, ya sea a través de resoluciones y recomendaciones
de órganos que supervisan el cumplimiento de estos tratados3, que van generando un
sedimento fecundo para la cristalización en nuevos tratados o convenciones. En el plano
nacional, los bloques constitucionales, que tienen un conjunto de tratados y la obligatoriedad interna de garantía y protección que ello genera para los poderes del Estado,
así como las acciones o tutelas de derechos fundamentales, constituyen avances que se
han visto favorecidos desde los movimientos neo-constitucionalistas progresistas. Otro
tanto ocurre con la creación de instituciones públicas y autónomas que con distintos
nombres cumplen labores de protección y promoción en prácticamente todos los países
de América del Sur.
La historia de los derechos humanos es también la de la ciudadanía y su ampliación.
La abolición de los privilegios y la igualdad como principio jurídico y político han permitido desde la Revolución francesa el desarrollo de un proceso histórico de inclusión
de sectores inicialmente no considerados, parte de la “comunidad entre iguales”. La abolición de la esclavitud, el sufragismo, el movimiento por los derechos civiles, el reconocimiento de los pueblos indígenas y de las diversidades sexuales, son todas expresiones
de un proceso que no ha cesado y que sigue modelando nuestros horizontes normativos
y de lucha política. Este legado democrático ha sido en buena parte, pues, el que ha
permitido construir imaginarios y posibilidades que alimentan hoy nuevas luchas por
el reconocimiento, garantía y protección de los derechos humanos. Así, la Convención
sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación hacia las Mujeres, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención
de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, y la Convención sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad, entre otras, expresan la cristalización e inclusión de
sectores de la sociedad al estatus de titulares de derechos humanos.
No obstante, su formulación o reconocimiento, su grado real de protección y eficacia, así como los énfasis políticos que se dan a unos sobre otros responden al contexto político, institucional y cultural de cada sociedad. En efecto, las sociedades postdictadura y postconflicto en América Latina, han debido lidiar, en distintos grados de
2. 2009 en Bolivia y 2008 y 2010 en Ecuador. (N. de la A.)
3. Cada una de las convenciones crea su órgano de supervisión de cumplimiento. Estos comités tienen
como primera función dotar de sentido y alcance a los derechos que reconoce el tratado en particular,
evaluar el grado de cumplimiento del Estado Parte en relación al tratado, investigar las situaciones
particulares que son puestas bajo su conocimiento y/o investigar las graves situaciones de violación a
los derechos del tratado referido que pudieran acaecer dentro de un Estado Parte. (N. de la A.)
28
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
complejidad, con las deudas en derechos humanos del pasado a la vez que instalar y
consolidar instituciones democráticas. El equilibrio entre estos dos objetivos ha estado
dado, entre otras cosas, por el tipo de salida política, la fuerza que mantienen quienes
sustentaban los regímenes dictatoriales o las fuerzas en conflicto en la fase de transición,
la legitimidad de los poderes judiciales para procesar las violaciones de derechos humanos, así como las herramientas jurídicas de las que dispusieron para hacerlo.
Por otra parte, los Estados postconflicto o postdictadura han pasado, con mayor o
menor rapidez, de una etapa de democracia fusionada con la idea liberal restrictiva del
Estado de Derecho a una de redefinición y potenciación tanto de dicho Estado de Derecho –Estado Social de Derechos– como de la democracia, tal cual lo refleja el debate
existente entre democracia participativa, representativa y de ciudadanía. A la base de
estos procesos se encuentran los derechos humanos y la participación.
El avenimiento de la democracia en Chile restituyó el orden jurídico político relegando a un segundo momento la participación ciudadana como dinamizadora y legitimadora de la democracia. En particular, la democracia chilena se forjó después de
1990 sobre la base de afiatar la gobernabilidad por sobre la participación y, con ello,
por el desplazamiento de un elemento clave para la democracia y los derechos humanos. En efecto, la participación ciudadana, más allá de su componente electoral –que
es el mínimo– es la gran deuda con la democracia chilena, puesto que abre el proyecto
democrático a “…redistribuir el poder para garantizar a los individuos el ejercicio de
sus derechos”4. En el contexto global actual ello necesariamente implica la inclusión de
una gama de derechos que incorpora necesariamente los derechos económicos, sociales
y culturales.
Ya el discurso sobre la integralidad de los derechos humanos posterior al fin de la
guerra fría5 afirmaba este camino, al explicitar la indivisibilidad e interdependencia de
los derechos humanos, a la vez que deconstruía el discurso liberal del sujeto universal,
dando lugar a la expresión de múltiples identidades que requerían del reconocimiento
de su diferencia y la superación de la discriminación en el campo de los derechos humanos. El impacto en Chile de este discurso es reciente y obedece tanto al agotamiento
de una forma de Estado de Derecho y de democracia como al trabajo que durante estas
décadas han sostenido las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos,
las que progresivamente empiezan a actuar en sintonía con las demandas de la ciudadanía. Y es que estas demandas, aún difusas desde la lógica de los derechos humanos,
expresan tanto la necesidad por mayor y mejor participación como la incorporación
de temas que hacen parte de la agenda global de derechos humanos: medioambiente,
pueblos indígenas, mujeres, diversidades sexuales y de género, acceso a condiciones
materiales para una vida digna, etc.
4. PNUD y OEA, Nuestra Democracia (Sección de Obras de Sociología), Fondo de Cultura Económica,
2010, pág. 3.
5. Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, Viena, 1993.
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Los desafíos en derechos humanos en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
Principales tensiones en el campo de los derechos humanos
La tensión entre el pasado y el presente/futuro
En Chile, la historia de los derechos humanos se releva a partir de las violaciones de
que fueron objeto miles de chilenos y chilenas durante la dictadura militar. La noción
de los derechos humanos está, por tanto, ineludiblemente ligada a la experiencia de
violación, fundamentalmente de derechos civiles y políticos. El hecho que ese fuera el
carácter principal de los derechos vulnerados y que así quedara fijado en la memoria
colectiva ha ido en desmedro y desconocimiento de otros derechos, como lo demuestra
una encuesta realizada durante los primero meses de 2011, en la que un 80,33% de
los(as) entrevistados(as) coincidía que durante dicho período se habían vulnerado los
derechos básicos, y a su vez, y en un porcentaje que disminuye significativamente, desconocían la especificidad de otros derechos como los de igualdad y no discriminación,
o los derechos económicos, sociales y culturales.
Estos datos se explican, en gran medida, por un modelo de transición que no reactualizó el discurso de los derechos humanos y que en sus primeros veinte años más bien
los ligó en términos de política pública a la obligación de verdad y reparación. Es en
este marco que se realizan los primeros avances normativos e institucionales en materia
de derechos humanos; la reforma constitucional al Art. 5, que incorpora los tratados internacionales como parte del tramado normativo chileno, la creación de las Comisiones
de Verdad6 y el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior7. A esto hay
que sumar el conjunto de políticas adoptadas por los gobiernos de los últimos veinte
años, distribuidas en su ejecución entre el Ministerio de Educación, Salud e Interior, y
un conjunto de medidas que dicen relación con la obligación de reparación y con las
recomendaciones que emanaron de las comisiones de verdad.
Así, es reciente la cristalización de una mirada más amplia sobre los derechos humanos y con ello las posibilidades institucionales que trae aparejadas. La Oficina de
Derechos Humanos de la Corporación de Asistencia Judicial8 y la reciente creación
del Instituto Nacional de Derechos Humanos9 reflejan la vinculación entre el pasado y
sus violaciones a los derechos humanos y el presente con “nuevos temas” de derechos
6. Desde 1990 en adelante se han creado en Chile tres comisiones de verdad: La Comisión de Verdad y
Reconciliación o Comisión Rettig (1990), la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura o Comisión Valech (2003), y la Comisión Asesora para la calificación de detenidos desaparecidos, ejecutados
políticos y víctimas de prisión política y tortura (2009). Las tres han tenido como mandato el esclarecimiento de los hechos constitutivos de violaciones a los derechos humanos (desaparición forzada,
ejecuciones arbitrarias, prisión política y tortura), y reconocer a las victimas su calidad de tales para
efectos de acceso a políticas de reparación. (N. de la A.)
7. El Programa Continuidad de la Ley 19.123 se creó por Decreto Supremo N° 1.005 del Ministerio del
Interior, de 1997, bajo la dependencia de la Subsecretaría del Interior y reformado por la ley 20.405
del 10 de diciembre de 2009. (N. de la A.)
8. Creada en 1992 para representar a las víctimas de las atrocidades durante la dictadura. Se ha ampliado
a temas relacionados con tortura y violencia policial en democracia. (N. de la A.)
9. Ley 20.405, que crea el Instituto Nacional de Derechos Humanos. (N. de la A.)
30
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
humanos, a lo que se suma el anuncio de creación de una Subsecretaría de Derechos
Humanos al alero del Ministerio de Justicia.
A pesar de ello, el vínculo –desde el punto de vista del discurso– entre pasado y
presente no termina de reactualizarse, subsistiendo comunidades de derechos humanos
que no encuentran las narrativas que les permitan una interlocución mutua. Tanto desde las organizaciones vinculadas a la defensa histórica de los derechos como desde las
actuales, han sido escasos los puntos de encuentro. Valga destacar el trabajo de la Comisión Ética contra la Tortura que ha denunciado los actos de este tipo en la actualidad,
o el caso de Corporación Humanas, la cual, siendo una ONG reciente, ha promovido
una mirada de género sobre la tortura durante el régimen de Pinochet y judicializado
los primeros casos de violencia sexual como tortura en el caso de mujeres víctimas de
prisión política.
No obstante, y principalmente desde el Estado –aunque también desde la sociedad
civil organizada–, esta no ha sido la mirada y se requiere de acciones que contribuyan
a reactualizar los temas de derechos humanos del pasado en problemas del presente.
Aun cuando el contexto difiere radicalmente del pasado, temas como la tortura, la violencia policial, la libertad de expresión y/o de reunión, pueden ser traídos al presente
desde la experiencia y conocimiento acumulados en dicho pasado. Al revés, los temas
relacionados con la discriminación por razones de género, de etnia e incluso etarias
pueden dar una nueva dimensión al relato sobre las violaciones del pasado, afianzar en
la actualidad la necesidad de superarla y, ambas, dotar de continuidad histórica a los
derechos humanos.
La tensión entre lo universal y lo particular
El carácter universal de los derechos humanos es una afirmación que debe ser aclarada
porque convoca a múltiples explicaciones. Por lo pronto, la idea de universalidad involucra aspectos temporales, territoriales y culturales. Respecto de la dimensión temporal
de la universalidad, esta, de alguna manera, ha sido abordada en el punto anterior.
Respecto de la dimensión territorial –esto es, que los derechos humanos se aplican
en cualquier parte del mundo– dice relación con el grado de adhesión de los Estados
que hacen parte del sistema universal de protección de los derechos humanos. La otra
dimensión es la discursiva, que dice relación con a quiénes, dónde y cuándo rigen o
se aplican los derechos humanos. En el primer caso, el número de Estados Parte de un
tratado y convención da cuenta del consenso que este suscita, y por tanto de la fuerza
moral –además de la jurídica– que tiene para imponerse. Así, un tratado de derechos
humanos que no concita a su ratificación a los Estados o que no consigue la adhesión
de Estados de todos los continentes pierde fuerza en su aplicación. En la actualidad, los
principales tratados de derechos humanos se encuentran ratificados por la mayoría de
los Estados, incluido Chile, que a partir de 1990 se reinsertó en la comunidad internacional, poniéndose al día en estas materias. Si bien esta mirada sobre la universalidad
fue problemática durante la dictadura, ha sido superada con la plena incorporación del
31
Los desafíos en derechos humanos en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
Estado a los principales foros multilaterales de derechos humanos y con la suscripción y
ratificación de la mayoría de los tratados existentes en esta materia. Chile contribuye de
esta manera a fortalecer una dimensión de la universalidad que supera la crítica de que
estos serían el producto del consenso entre países ricos y de Occidente.
La universalidad como componente discursivo cultural de los derechos humanos ha
sido criticada en particular por el sesgo liberal de sus orígenes y las restricciones de que
es portadora. Esta crítica ha permeado de manera significativa las concepciones actuales
de derechos humanos. Así, más que una formulación abstracta y por tanto ahistórica,
la universalidad se ha transformado en un punto de llegada, esto es, en procesos históricos de lucha por el reconocimiento de derechos y por esa vía de la apropiación de
discursos y prácticas que van ampliando la ciudadanía y los ámbitos de regulación. En
efecto, la historia de los derechos humanos es una historia de democratización permanente, que desde la particularidad construye sentidos y valores comunes presentes en
todas las culturas, como lo son la dignidad y el respeto por el(la) otro(a). Las luchas de
los movimientos indígenas, de mujeres o de las diversidades sexuales, por nombrar los
que tienen presencia en Chile, dan buena cuenta de este proceso en el que, junto con
consignar su diferencia y a veces ausencia del registro de los derechos, fortalecen la idea
de universalidad de los derechos humanos.
En este contexto de universalización y no de universalidad, el sujeto universal pasa
de un sujeto abstracto a uno contextualizado, que tiene por tanto género, edad, etnia,
etc., y un contexto en el que vive, es decir un conjunto de vínculos y de relaciones
sociales, económicas y culturales. En efecto el sujeto universal solo escondía bajo su
pretensión de universal y abstracto su sesgo androcéntrico, heterosexual y racista.
Los procesos de democratización que se venían dando antes del 73 y que ampliaban
las posibilidades de ser en la sociedad chilena se vieron violentamente truncados, instalándose una concepción única de convivencia que reforzó todas las jerarquías sociales
de género, etnia y clase, excluyéndolas del discurso de derechos. Luego, ya en democracia se dividen las posibilidades institucionales de los(as) ciudadanos(as). Por una parte
se reconocen deudas históricas con las mujeres y los pueblos indígenas, con los jóvenes,
las personas con discapacidad y las de la tercera edad. En todos estos casos se crea algún
tipo de institucionalidad pública y se procesan desde allí las demandas posibles en el
contexto de transición democrática. Para aquellas demandas que no caben en el modelo
de transición hay mucha salida, puesto que los canales de participación de la ciudadanía se reducen al campo electoral, que a su vez tiene una dinámica que hace difícil su
procesamiento. En la práctica se apuesta a que sean los partidos políticos los capaces de
asumir dichas demandas, los que sin embargo están más pendientes del rédito electoral
que pueden obtener que de fijar líneas programáticas e idearios políticos que devuelvan
a la ciudadanía una mirada integrada de país.
En particular los temas de derechos que dicen relación con la autonomía, sea de
pueblos o de grupos de personas histórica o contingentemente discriminadas, son los
que han sufrido el impacto de la transición. Los procesos de universalización de derechos humanos en Chile se enfrentan al problema del reconocimiento de la diferencia y
la autonomía, es decir a una matriz autoritaria –en el sentido de restricción de la libertad
32
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
y asignación jerarquizada de lugares sociales para los(as) diferentes– que no ha cedido y
más bien se refuerza en el modelo institucional y democrático chileno. Particularmente,
en el caso de las mujeres, de los pueblos indígenas y de las diversidades sexuales, la
postergación en el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos es evidente; las
mujeres aún son discriminadas en el ámbito patrimonial del matrimonio, gozan de una
autonomía limitada sobre sus cuerpos; no se ha reconocido tampoco el carácter plurinacional del Estado chileno y menos aun algún grado de autonomía para los pueblos
originarios que habitan en el territorio. Recién en el 2011, después de más de veinte
años de democracia, se inicia un debate público sobre los derechos civiles de la población gay, lésbico y trans, con altos niveles de resistencia. Cabe decir, sin embargo, que la
instalación que han tenido estos temas como parte del debate público –incluidos redes
y TIC– ha demostrado ser la metodología ciudadana requerida. En efecto, genera adhesión y participación ciudadana, y con ello el temor y el irrespeto al otro que se expresa
en prejuicios, estereotipos y una gran violencia simbólica –y lamentablemente también
material– cede frente a argumentos e información que son los que deben concurrir a la
formación de una opinión pública democrática.
La tensión entre lo local y lo global
Los derechos humanos nacen como límite al poder del Estado pero a la vez son instituidos por el propio poder político, esto es, generando (auto)obligaciones para su garantía
y respeto. No obstante, tener una dimensión de soberanía nacional en tanto el Estado
se compromete garantizar dichos derechos también tienen una dimensión internacional
en la medida que son los propios Estados los que han contribuido con su voluntad a
crear un sistema de alerta y supervisión de cumplimiento de los tratados que reconocen
y protegen derechos. Es más, el sistema internacional de protección de los derechos
humanos incorpora a los ciudadanos de los Estados que se hacen parte de la comunidad internacional como sujetos en el campo del derecho internacional de los derechos
humanos.
La coherencia entre los derechos humanos a nivel nacional y a nivel internacional
está dada en una parte por su “positivización” y por otra por el mecanismo o sistema
de incorporación o recepción de la normativa internacional a nivel nacional. Como se
dijera antes, esto se ha facilitado en Chile de manera general a través del Art. 5, el que de
todas maneras ha resultado insuficiente si se considera la falta de invocación de dichas
normas por parte de abogados(as) y jueces. Por ello, en la experiencia comparada, la vía
de la réplica de los derechos reconocidos a nivel internacional en las constituciones políticas e instituciones como el bloque de constitucionalidad o el precedente judicial que
considera tanto sentencias internacionales como otro tipo de resoluciones internacionales, han sido formas de unificar dos sistemas jurídicos que en la tradición de Estado
Nacional no era del todo bienvenidos.
La globalización ha contribuido a la internacionalización de los derechos humanos,
dotándolos de un contexto que, por la vía del desarrollo de las comunicaciones y por
33
Los desafíos en derechos humanos en el Chile actual
Lorena Fries Monleón
la vía de la economía, han traspasado las fronteras nacionales. Esta ha tenido impacto
también en la comprensión de lo que es hoy la ciudadanía. Nadie podría negar que en
Chile los avances en materia de derechos de las mujeres han sido impulsados también
por la sintonía entre el movimiento de mujeres a nivel global y aquel que se expresa a
nivel nacional. Ha tomado tiempo a los ciudadanos tomar conciencia de la necesidad
de transitar permanentemente en estas dos dimensiones para poder avanzar en materia
de derechos, en particular en aquellas sociedades en las que los estándares de derechos
fundamentales son más bajos que los estándares a nivel internacional.
Desde el punto de vista de los contenidos o formulaciones de derechos humanos,
la globalización ha contribuido a relevar la importancia de aquellos derechos que preocupan a las comunidades globales, puesto que las impactan en tanto tales. Es el caso
claramente del medioambiente y de algunos derechos básicos, como el de alimentación
o el derecho al agua, y de derechos aún en debate, como el derecho a la democracia o
al desarrollo. Con menos desarrollo que los otros ámbitos de derechos, no hay porque
pensar que estos procesos de involucramiento del interés ciudadano global van a detenerse, pues más bien pareciera que avanzan, aunque lentamente, hacia su cristalización
como derechos en el ámbito internacional.
En Chile tanto en la dimensión institucional como la que proviene desde la ciudadana hay desafíos evidentes. Por una parte, la positivización de los derechos fundamentales
obedece a un período histórico –dictadura– que hoy no representa las necesidades de la
ciudadanía ni las posibilidades reales de protección que debe dar el Estado en esta materia. No existe el bloque de constitucionalidad, salvo en relación con el Convenio 169 de
la OIT, el cual, por la vía de fallos del Tribunal Constitucional, se ha convertido en uno
de los instrumentos autoejecutables a nivel nacional. No obstante, la jurisprudencia en
general, tanto respecto de este convenio como de otros, ha sido poco uniforme.
Chile tiene una mirada reductiva de los derechos humanos que, o no cubre todos
los aspectos del contenido de dichos derechos, o no los protege de manera eficaz a la luz
del sentido y alcance que le dan los órganos internacionales competentes en esta materia. En particular, hay déficit en cuanto a los temas de igualdad y reconocimiento de la
diferencia y de derechos sociales. Es precisamente en estos dos ámbitos en los que la disonancia entre lo nacional y lo internacional se expresa más nítidamente. Por una parte,
el Estado chileno manifestó su voluntad de contribuir al fortalecimiento del sistema de
protección internacional de los derechos humanos y, por otra, no fue capaz de actualizar
a nivel nacional muchos de estos avances. La ciudadanía global y en tiempo real se nutre
de las comunicaciones para sintonizar la demanda y la reacción frente a hechos que los
conmocionan. En Chile la sociedad civil organizada ha logrado entender la necesidad de
transitar entre lo nacional y lo internacional, y viceversa –y de manera recurrente–, con
el fin de ampliar las posibilidades de presión democrática hacia el Estado y sus poderes,
generándose algunas respuestas por parte de los poderes del Estado involucrados (medidas administrativas o legislativas). La ciudadanía, más allá de los sectores organizados
se mantuvo bastante al margen de estos procesos en razón de la ausencia de canales de
participación que en última instancia son los que permiten encauzarla. Solo después de
20 años, y a raíz de las movilizaciones multitudinarias que han tenido lugar en el primer
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
semestre de 2011, cabe pensar que hay una demanda por articular de manera distinta la
relación entre democracia, ciudadanía y derechos humanos.
Para terminar, cabe señalar que Chile y su democracia se enfrentan a sendos desafíos
para adecuarse a los tiempos actuales. Sin duda, la participación ciudadana en versiones
más amplias que las conocidas hasta ahora es condición para ello, como también lo es
la generación de mecanismos institucionales de promoción y protección más eficaces,
así como mecanismos y procedimientos más efectivos para la incorporación y recepción
del derecho internacional de los derechos humanos en el plano nacional. La democracia
del siglo XXI debe ser capaz de dar respuesta a las complejas necesidades nacionales y
globales que afectan a los(as) ciudadanos(as). Los derechos humanos son un catálogo
abierto que se reactualiza constantemente y la democracia debe contemplar los canales
que permitan dicha dinámica.
A final de cuentas, la democracia conjuga en su esencia la idea del derecho a tener
derechos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
De Asís, R., Las paradojas de los derechos fundamentales como límites al poder. Madrid: Instituto
Bartolomé de las Casas, Universidad Carlos III de Madrid, 2000.
Menke C. y Pollmann A., Filosofía de los Derechos Humanos, Hamburgo: Editorial Herder, 2007.
PNUD, OEA, Nuestra Democracia (Sección de Obras de Sociología), Fondo de Cultura Económica, 2010
35
La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
Alberto Mayol Miranda
Sociólogo y Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Licenciado en Estética de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, DEA en Teoría Sociológica de la Universidad Complutense de Madrid y
candidato a Doctor en Teoría Sociológica de la misma
Universidad. Profesor asistente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Investigador
del Centro de Investigación en Estructura Social. Ha
trabajado como coordinador y encargado de la línea
de cultura y estructura social en el Centro de Investigación en Estructura Social (CIES), proyecto Milenio
que se desarrolló entre 2009 y 2011. Es miembro del
comité editorial y redactor de la sección “Cultura” de
la Revista Análisis del Año del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile. Actualmente prepara la publicación del libro El Chile Profundo: cultura
de la desigualdad en el Chile contemporáneo. Sus áreas
de especialidad son: sociología política, sociología de
la cultura y del arte, investigación social y filosofía de
la ciencia. Es docente en las carreras de sociología y
antropología de la Universidad de Chile, panelista del
programa radial Semáforo y co-conductor de La República de las Letras, ambos programas de la emisora de
la Universidad de Chile.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La Transición Social a la Democracia1
Introducción
¿Es una revuelta o es una revolución? Es la pregunta que recorre (implícita o explícita)
el Palacio de Gobierno chileno en este 2011. La mera suma de los miles de ciudadanos
en las calles, con demandas inverosímiles en los tiempos de la abulia; la intromisión
ciudadana en el proceso de toma de decisiones de la clase política; estos han sido motivos suficientes para convocar los más variados análisis sobre la política y la sociedad del
Chile actual. La necesidad de examinar aquí la adopción de movimiento de la sociedad
civil, la necesidad de comprender qué pasó con el dique institucional que sostenía la
tolerancia con el orden y el modelo, la imperiosa búsqueda sobre el significado del malestar y el cómo se enganchan estos asuntos con el pasado inmediato, son el objeto de
este artículo. Y al respecto, se pretende simplemente señalar que no solo se debe mirar
al sujeto de esta oración (el movimiento social anclado en el malestar), sino además al
predicado, que sin ser protagonista directo parece ser parte importante de la explicación de lo ocurrido. Y al respecto se hace imprescindible observar las instituciones, su
operación histórica permanente y su función específica desde 1990. La idea de un dique
institucional que contenía las aguas de las demandas y del malestar y que dejaba la política de palacio salvaguardada de las presiones propias de la democracia es, grosso modo,
la argumentación a proponer. La idea que complementa lo anterior, en cualquier caso,
es más radical: ese dique parece haberse horadado por deslegitimación y su inoperancia
plantea hoy un escenario nuevo, que ha quedado en evidencia por las manifestaciones
multitudinarias de mayo y junio de 2011.
Nada viene de la nada
No es novedad. Los partidos políticos no cesan de cesar2. No es novedad: la clase política es significada como la clase abusadora en medio de una ciudadanía que se siente la
1. El autor desea reconocer el trabajo acumulado en el Centro de Investigación en Estructura Social como
fuente fundamental de comprensión de estos fenómenos. La articulación de la amplitud de las temáticas abordadas aquí solo fue posible gracias al trabajo conjunto con el profesor Rodrigo Baño y con
el equipo de ayudantes investigativos, donde han sido fundamentales Carla Azócar, Carlos Azócar y
Javiera Araya.
2. La desconfianza en los partidos políticos ha aumentado en 10% desde 1995 hasta 2009, llegando en
la última medición del Latinobarómetro al 60%, y con niveles máximos en algunas mediciones (2004
y 2008) a niveles que bordearon el 70%.
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La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
clase abusada3. El Congreso sigue cayendo aun después de haber conocido el abismo4.
No es novedad, pues los políticos, presurosos por mitigar su inoperancia5, se refugian
en las faldas de la Iglesia católica cuando un conflicto cualquiera así lo exige, sean
mapuches, trabajadores o secundarios6. No es novedad: las mismas faldas de la Iglesia
se contaminan y su legitimidad se derrumba por la mácula pervertida de sus hábitos7.
No es novedad, la mercantilización absoluta deja a los sujetos expuestos ante un mundo incierto y hostil8. No es novedad, por el mundo recorren malestares de los nuevos
tiempos y sus desamparos9. No es novedad, el desarrollo del país ha ido asociado a una
3. Investigación cualitativa de la línea “Cultura y Estructura Social” del Centro de Investigación en Estructura Social de la Universidad de Chile, 2009-2010. Véase: www.ciesmilenio.cl.
4. La desconfianza en el Congreso ha aumentado en 10% desde 1995 hasta 2009, llegando en la última
medición del Latinobarómetro al 60% y con niveles máximos en algunas mediciones (2004 y 2008) a
niveles que bordearon el 70%. Pero no solo esto. Si cambiamos de encuesta para observar qué ocurre
después de 2009, veremos que mientras en abril de 2010 la aprobación/desaprobación del Senado
era de 44%/33%, esa cifra ha ido mutando vertiginosamente y en mayo de 2011 es de 30%/55%. La
Cámara de Diputados muestra en mayo de 2011 una cifra aun más intensamente negativa: 24%/59%.
5. En 1995 el 66,5% manifestaba desconfianza en los partidos políticos. La cifra ha crecido hasta un
75,3% en 2009, según la Encuesta Latinobarómetro.
6. En octubre de 2010 la Iglesia fue convocada a mediar por la huelga de hambre de comuneros mapuche. En agosto de 2007 la Conferencia Episcopal irrumpió instalando el debate sobre el salario ético,
que se convirtió en base de la proyección de los proyectos de la derecha (Longueira, Kast, Piñera) y de
la Concertación (el sistema de protección social de alguna manera fue un discurso enfatizado para hacerse cargo de la problemática). En junio de 2006 la “Revolución Pingüina”, movimiento de estudiantes secundarios contra la Ley Orgánica Constitucional de Educación y en demanda de mayor calidad,
terminó en un Consejo Asesor Presidencial donde la Iglesia tuvo papel protagónico. En septiembre
de 2006 un conflicto entre el gobierno de Michelle Bachelet y la Confederación de Trabajadores de la
Salud (Confenats) supuso la oferta de Monseñor Alejandro Goic para mediar en dicho conflicto. Ese
rol mediador quedó establecido en Chile como rasgo de la cultura política desde la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). La acción favorable en lo estructural al gobierno de Pinochet (combate
al comunismo) y de apoyo a las redes sociales de resistencia, generando una defensa antidictatorial en
los espacios microsociales, dio a la Iglesia católica una enorme fuente de legitimidad y un sitio en los
conflictos relevantes del país.
7. Las confesiones de la propia Iglesia respecto a actos de pedofilia en Irlanda (Carta a los Católicos de
Irlanda de Benedicto XVI el 19 de marzo de 2010), luego de enormes presiones por acumulación de
casos de abusos sexuales; impactante para Chile resultaron las denuncias contra Fernando Karadima
(de gran impacto por ser propietario político de un feudo fundamental en Chile, la Parroquia El Bosque, cuyo sencillo nombre no da luz sobre sus influencias y poder económico) y Sor Paula (Colegio
Las Ursulinas de Maipú). Más relevante en las altas esferas resultó anteriormente la denuncia contra el
Fundador de la Congregación Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, cuyas denuncias se realizaron en
1997. En julio de 2010, sin embargo, el tema pasa a ser de relevancia política, con la intervención económica que el Vaticano realiza sobre la Congregación, dando un golpe a su autonomía y autogobierno.
8. Ver al respecto Sennett, R., La cultura del nuevo capitalismo, Barcelona: Anagrama, 2006. Más claro
respecto al desamparo que las dinámicas desreguladoras suponen es Stiglitz, Josef, El Malestar en la
Globalización, Madrid: Taurus, 2002.
9.Bauman ha propuesto la palabra alemana unsicherheit para describir los rasgos conjuntos de incertidumbre, inseguridad y desprotección que implican temer el ataque de otro, no tener claro qué podría
pasar en el futuro y sentirse abandonado en esta situación. Véase: Bauman, Z., En busca de la política,
México: Fondo de Cultura Económica, 2002.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
desafección entre los marcos normativos con respecto al sistema político10. En términos
específicos el proceso de democratización no logra establecer un relato sobre sí mismo
que dé sentido a los cambios experimentados a todo nivel. No es novedad, desde siempre los caminos institucionales parecen estar aprisionados desde arriba y quienes desean
inundarlos desde abajo deben usurpar la palabra. No es novedad, la Concertación había
de morir sin Pinochet pues solo había logrado ser su alter ego11. No es novedad, gerenciar compañías con el estímulo del despido no es lo mismo que gobernar un pueblo con
la exigencia de la legitimidad. Nada hay de nuevo bajo el sol. Y, sin embargo, parece
que hubiésemos cambiado nuestros giros. Parece que una nueva revolución gobierna la
trayectoria de nuestra órbita planetaria.
Cada evento por su cuenta, no es novedad alguna. Pero todos los eventos juntos
y los matices implicados han convertido este en un escenario completamente nuevo.
El año 2011 ha sorprendido con sus avatares: la crisis de legitimidad producida por
Hidroaysén, las movilizaciones por la educación pública, la caída del gobierno y la
oposición en las encuestas, unidos más en la muerte que en la gloria, fueron síntomas
de un impreciso algo que parecía buscar vías de expresión. Se le denominó “malestar”,
referencia esta al informe carácter de la energía social y activa de una demanda que, sin
embargo, trasciende todo texto, todo petitorio y que se relaciona con el todo de la sociedad, que nos dice que en cualquier caso la sociedad es un tejido infinito cuyos hilos
siempre remiten a otros. Malestar y bienestar son las formas sinceras de lo político, sus
confines, el horizonte de sentido. Por lo tanto, la presencia del malestar social en Chile
es ante todo la politización de lo social. No se debe entender esto del modo inmediato
que las visiones sobre la política han instalado12. La política tiene tres dimensiones: el
palacio (arte de gobernar), las políticas públicas (arte y/o ciencia de ejecutar) y la polis
(articulación de los intereses y las voluntades). La dimensión más débil en la transición chilena fue la polis, desarticulada activamente por su carácter complejo para una
democracia tutelada y abierta solo “en la medida de lo posible”13. Privilegiadas las dos
primeras dimensiones (palacio y políticas públicas), la demanda ciudadana era utopía
10. Véase: Lechner, N., Obras escogidas. Volumen 1, Santiago de Chile: LOM, 2006.
11. Señalado ya en 2007 en la página 279 del Postfacio de la Revista de Sociología de la Universidad de
Chile, los editores señalan que desde 1990 hasta 2007 “la Concertación expresa (…) una historia de
consolidación y quizás de decadencia política que parece respetar –casi mecánicamente– las leyes de
la historia como contraparte simbólica de Pinochet: la lucha contra él dio fortaleza y épica a su labor,
mientras la muerte del ex dictador parece ir acompañada por síntomas de desintegración”.
12. Las acusaciones sobre ideologización de los movimientos sociales o influencia de partidos políticos
en los estudiantes se han multiplicado en el año 2011. Condensación de esta visión es la editorial del
periódico El Mercurio del día viernes 1 de julio de 2011. Se puede acceder en http://blogs.elmercurio.
com/editorial/2011/07/01/radicalizacion-estudiantil-y-e.asp
13. El 31 de diciembre de 1990, en vísperas de Año Nuevo, el Presidente Patricio Aylwin Azócar señaló
que era indispensable continuar “la tarea ineludible de esclarecer la verdad y hacer justicia, en la
medida de lo posible, respecto a situaciones del pasado aún pendientes, o que constituyen heridas
abiertas en el alma nacional”. Esto fue dicho con relación a la configuración de la Comisión de Verdad
y Justicia. La frase se transformó en el símbolo político de la transición a la democracia, por las graves
consecuencias para la democracia de marcar verdades y justicias en la medida de lo posible.
41
La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
sinsentido y la medida de lo posible la marcó la clase política. La irrupción del malestar
es el arribo de un verosímil antes devaluado: los proyectos de la ciudadanía son relevantes, deben ser atendidos y resultan posibles. Este último punto no parece todavía tener
consumación en la cultura chilena sobre lo político, pero los dos primeros sí han logrado hacerse presentes este 2011. El cambio del proyecto energético Barrancones14, la
crisis de Hidroaysén15 y el movimiento social más relevante desde la dictadura (desatado
por los esfuerzos del gobierno de producir una reforma en la educación superior que
radicalizara el modelo existente)16; han invitado a la perplejidad, al bosquejo, a la osadía
interpretativa, a la miopía intelectual y a la revisión de esos datos que antes hablaban en
un idioma y hoy parecen requerir una traducción o al menos una interpretación cifrada.
La intelectualidad ha tenido que dar razones y conjeturas allí donde también debieran
haber excusas por el tiempo perdido.
Para ser honestos con los datos, la culpa no era de ellos. Para su desgracia, dependen
ellos de sus analistas, como este modesto escribano. Y los analistas, que son humanos,
dependen mucho del clima intelectual y sus paradigmas17. Y los datos eran enfáticos: la
tasa de suicidios aumentaba radicalmente desde 199018 y el consumo de antidepresivos
hacía lo propio en semejante y hasta más radical tendencia19. Más aun, en la investigación desarrollada en el Centro de Investigación en Estructura Social (CIES) de la Universidad de Chile, la primera certeza que recorrió de modo abismante las observaciones
fue la acreditación del malestar como el hecho principal en juego en la estructura social
chilena20. No es menor, se debe enfatizar la observación de los indicadores de salud pública (como los mencionados suicidios y consumo de antidepresivos), pues ellos son el
14. En agosto de 2010 y derivado de pequeñas movilizaciones y mucha presencia en redes sociales de la
defensa de Punta de Choros, como se conoce turísticamente la zona. En la ocasión el Presidente tuvo
que reconocer haber realizado una gestión personal, fuera de la institucionalidad, para satisfacer a la
ciudadanía.
15. El sábado 28 de mayo de 2011 se congregaron alrededor de 20000 personas para marchar en protesta
contra el proyecto energético Hidroaysén, consistente en una enorme represa en la Patagonia y una red
de cableado para suministrar energía varios miles de kilómetros más al norte del país.
16. Las movilizaciones desde mayo a junio han sido múltiples. Más de 40 colegios en toma, alrededor de
20 universidades en paro o en toma, dos manifestaciones de 80.000 personas según el gobierno y solo
en Santiago, aunque la del 30 de junio congregó en todo el país al menos 300.000 personas. El Consejo
de Rectores de las Universidades de Chile ha apoyado las movilizaciones e incluso colegios particulares
han ingresado a las movilizaciones. Al escribir este artículo, estos eventos están en desarrollo.
17. Como ha señalado Thomas Kuhn sistemáticamente. Al respecto revisar Kuhn, T., La Estructura de las
Revoluciones Científicas, Fondo de Cultura Económica, 1995.
18. En rigor se ha duplicado. Ver Rojas, I., Presentación “Plan Nacional de Prevención del Suicidio” en Jornada Suicidio en Chile, Perspectivas Actuales, Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile, abril,
2008. URL: http://www.psiquiatriauc.cl/system/files/Jornada-Suicidio_Presentacion_Sra_Irma_Rojas.pdf
19. Entre 1990 y 2004 el consumo de antidepresivos creció en un 470,2% en Chile. Ver Jirón, Marcela
et. al, “Consumo de Antidepresivos en Chile entre 1992 y 2004” en Revista Médica de Chile, Nª 136,
Santiago: 2008, págs. 1147-1154.
20. Aparece en los textos desarrollados en 2010 (www.ciesmilenio.cl) y en la presentación preparada por
este investigador (denominada “Investigar la desigualdad: problemas de iluminación”, en el Taller
Binacional “Redes de Investigación sobre Desigualdades Sociales (Chile-Alemania): conceptualizar las
desigualdades sociales”, realizado en Santiago el 14 y 15 de marzo de 2011.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
punto de condensación de eso que llamamos bienestar (o de su antípoda). No en vano
la metáfora fundamental en las entrevistas cualitativas sobre el dolor de pertenecer a
los humillados y ofendidos radica siempre en el hospital como punto de anudamiento
de los significados amplios y variados sobre el dolor, el malestar, la utópica “atención”
y la sanación como esperanza marchita. Es cierto, también lo dicen los datos, que en
el mismo período crecía la economía, el ingreso, el desarrollo humano, la felicidad y la
satisfacción. ¿Cómo se puede ser feliz e infeliz a la vez? Para que esto fuese posible, la
operación despolitizadora había sido fundamental, se ha argumentado desde las indagaciones llevadas a cabo en el CIES de la Universidad de Chile. La expectativa personal
aparece desproporcionada a las señales de la realidad. En promedio, como resultado
de la Encuesta Metropolitana 2010, se piensa que en diez años se llegará a tener una
posición social del doble de la actual. Esto se radicaliza en los sectores medios-bajos,
aun cuando los datos de movilidad no respaldan la proyección y aun cuando los indicadores de calidad educativa en esos grupos son muy malos y no reflejan la aparición
de los espacios y condiciones de crecimiento21. De este modo, es la fantasía una de las
fuentes de mitigación del malestar, la esperanza tan energética como improbable en un
futuro radicalmente mejor. Otras fuentes de mitigación serán la analgesia (“el colegio
de mis hijos no es tan malo, al menos tiene valores”) y la adaptación (“yo puedo estar
en desacuerdo, pero debo adaptarme”)22. Todas pueden ir juntas; en cualquier caso,
su operación no es excluyente, sino más bien lo contrario. Pues bien, el asunto es que
un sujeto despolitizado está al mismo tiempo arrojado al mundo a su suerte tanto para
bien como para mal. Es libre para emprender y quizás pueda llegar muy lejos. Está, sin
embargo, tan libre como solo. La despolitización es fundamentalmente la pérdida de
referentes en la horizontalidad, la incapacidad de reconocer voluntad e intereses como
partes constitutivas de la sociedad y su organización. El ciudadano despolitizado pierde
referentes: no entiende que su vecino de sesenta años es en alguna medida él mismo,
que sus compañeros de trabajo son en alguna medida él mismo. Ese ciudadano, mediante esta operación, puede sentirse al mismo tiempo al borde de la caída o de la divinización. Aristóteles decía que fuera de la sociedad están solamente los animales y los
dioses. En Chile se ha hecho política de la divinización de unos y se ha hecho política
de la animalización de otros23. Y en ese tránsito se ha destruido la política.
En un entorno despolitizado, la sociedad puede declarar ser más feliz y al tiempo ser
muy frágil en transitar por el camino que conduce a la frustración. El área de lo político
queda reducida y su capacidad integrativa también. No pertenecer, no ser, supone no
ser reconocido como sujeto político con voluntades e intereses.
21. Véase: CIES Universidad de Chile: Siete Fenómenos sobre Educación y Desigualdad en Chile, Santiago: Documento de trabajo CIES. 2010. URL: http://www.ciesmilenio.cl/wp-content/uploads/2011/03/
DESIGUALDAD-Y-EDUCACION-INFORME-CIES-U-DE-CHILE.pdf
22. Véase: CIES Universidad de Chile: El Chile Profundo. Cultura de la desigualdad en el Chile Contemporáneo. Santiago: Documento de trabajo CIES, síntesis en www.ciesmilenio.cl., 2010.
23. Dioses, humanos, animales; es la tríada fundamental que traduce ricos, clases medias y pobres en Chile, que a su vez se proyecta en una estructura tripartita que siempre divide la realidad de clases en tres
y que la proyecta como forma de concebir toda incorporación del otro. Esto se puede revisar en www.
ciesmilenio.cl
43
La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
Lo cierto es que el malestar se ha expresado. Desconoció este hecho la sentencia tan
socorrida anteriormente que señalaba nuestra despolitización como resultado “natural”
del tránsito al desarrollo, pues en él los asuntos públicos son menos relevantes (entendiendo lo público como asunto de pobres). Ahora se señala que la expresión politizada
del malestar en múltiples y energéticas manifestaciones se debe al típico malestar de los
15 mil dólares24. ¿Qué pensar? Es acaso la politización o la despolitización el sino trágico
del desarrollo. No se dice, por cierto, o al menos no al mismo tiempo, que Chile no ha
llegado al desarrollo. No se dice, tampoco, que ni siquiera ha llegado a los 15 mil dólares
y que de hecho todavía no llegamos a 12 mil. No nos dicen, además, que aun cuando
llegásemos a 15 mil dólares o a 20 mil dólares, no podríamos hablar de desarrollo con
nuestra desigualdad, que arroja al pleno tercer mundo al 80% de la población. No dice
el argumento que las sociedades desiguales normalmente tienen mucho malestar por
eso mismo y que normalmente se politizan por necesidad. No dice el argumento que
cuando ello no ocurre, cuando todo queda invisibilizado, es porque se construyeron
diques que evitan la inundación de la órbita política por los problemas sociales. No dice,
en ese argumento, que esa es la historia de Chile.
Volvamos, sin embargo, a la problemática del malestar y sus vínculos con la subjetividad, clave para comprender lo que está ocurriendo. Chile lleva años mostrando una fuerte
promoción del vínculo del sujeto con las instituciones25, pero no un vínculo sólido con
la política o entre los ciudadanos. Debemos sumar la completamente conflictiva relación
con el otro (cualquiera sea), el que es visto o como el superior divinizado o como el inferior
animalizado. Finalmente, más importante que todo lo anterior, se diagnostica la existencia
de un claro desajuste entre los valores y marcos normativos que configuran el repertorio
de sentido de la sociedad chilena y la existencia material de la misma, que demanda interpretaciones para condiciones de existencia muy distintas. Para ser exactos, la vida económica, complejizada y operacionalmente mucho más sofisticada que treinta años atrás,
es leída en un código estrictamente moral, que hace inaprehensible la comprensión por
parte del sujeto de las operaciones que ejecuta. También la política, desprovista de sentido
de conflicto y de legitimidad en la expresión de sus contenidos, se ve castrada y no es
una dimensión legítima de existencia cultural. Retraído a una moralización banalizante, el
sujeto parece carecer de las condiciones para comprender su propia existencia.
Sin embargo, no es solo mera inadecuación entre sentidos y operaciones funcionales
lo que explica el malestar. Hay además una marcada presencia de la injusticia como
atributo de esta sociedad. Se interpreta desde tres visiones: el determinismo histórico
de ciertas injusticias (la dimensión atávica), la clausura o falsedad de las oportunidades
basadas en el mérito (el diagnóstico del acceso como relato sin trasfondo) y finalmente
24. “La Ira de los 15.000 dólares”, por Ascanio Cavallo, en La Tercera, jueves 18 de junio de 2011. Ver en
http://blog.latercera.com/blog/acavallo/entry/la_ira_de_los_15
25. Como muestran los análisis del CIES, los chilenos consideran que el proceso de desarrollo en Chile
tiene la ventaja que otorga el respaldo de instituciones fuertes, a diferencia de otros países de América
Latina. Esto también se ve confirmado por la Encuesta de Cohesión Social en América Latina, en donde
Chile resulta ser el país dentro de la región con mayor confianza en sus instituciones. Los análisis están
publicados en formato electrónico en: www.ecosocialsurvey.org/, revisado en Mayo 2011.
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el abuso. Al respecto, la crisis de la promesa del mérito es la que arrastra el malestar
educativo. Se ha prometido por años que, gracias a la educación como fuente legítima
de ascenso social, cualquiera puede surgir. La radical mentira cobra hoy como principal
víctima el sistema de oportunidades en Chile. La noción de abuso, por último, muy presente en el Chile actual (y que elaboramos en detalle más abajo) terminará por gatillar
un resentimiento no solo por los efectos, sino además por sus significaciones. No se trata del malestar de estar perdiendo solamente; sino además de recibir sistemáticamente
el recuerdo de ello y la acción proactiva para producirlo.
La sensación de vulnerabilidad, de ser víctima de abusos constantes, la insatisfacción
con la situación del país, con el modelo económico y con la desigualdad; la convicción
de habitar una serie de contradicciones y paradojas que hacen de los movimientos de
cada biografía una especie de tránsito a la aporía, cuando no a la tragedia; la sensación
de estar siendo atacados y extinguidos (las clases medias diciendo que son sistemáticamente violentadas, los pobres señalando que son la clase abusada); la percepción de
habitar una especie de prisión; la sensación del otro como enemigo activo y poderoso.
Todos estos sentimientos constituyen constantes evidentes en los discursos y expresiones de los datos cuantitativos recopilados en el CIES.
Lo cierto es que en este Chile del crecimiento económico no son datos independientes el aumento del ingreso, el incremento en el desarrollo humano, el incremento de la
felicidad, del estatismo, la despolitización, los suicidios y el consumo de antidepresivos.
Hay una intensa energía que recorre esta sociedad. No ha sido canalizada por las instituciones, sino (muy por el contrario) ha sido detenida por ellas, contenida, mitigada en
sus efectos. Una sociedad que altamente disconforme espera la resolución del dolor con
la maquinaria analgésica a ratos, mesiánica en otros momentos, del Estado como solución última, pero desatendiendo la exigencia de politización que una visión saludable
de Estado (propia de un entorno democrático) exige.
Cuadro 1. Í ndices Encuesta CIES
Índices Encuesta CIES26
Puntajes (desde 0 a 100)
Índice de disconformidad con el orden existente
66,1 puntos
Índice de estatismo
69,5 puntos
74,6 puntos
Índice de percepción de lucha de clases27
Índice de politización
40,9 puntos
Índice de individualismo
59,9 puntos
Índice de tolerancia al conflicto
32,3 puntos
Fuente: Elaboración propia a partir de Encuesta Metropolitana CIES 2009.
26. Los índices se construyeron cada uno procesando conjuntamente un grupo de variables que respondieran a un diseño teórico de cada una de las nociones medidas. La medición va desde 0 (cero), significando siempre la ausencia total del atributo; hasta 100 (cien), que señalará la mayor intensidad en
su presencia.
27. El índice de percepción de lucha de clases mide fundamentalmente qué tan contradictoria es vista la
relación entre las clases sociales, entendiendo estas fundamentalmente en su expresión más intensa,
que es la relación empresario/trabajador.
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La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
Desde hace años sabemos que en Chile la ciudadanía preferiría un Estado fuertemente involucrado en los problemas28, sabemos también que se desea que la educación
sea pública y estatal, que no pertenece al dogma de nuestra sociedad el libre mercado,
que el modelo educacional es inviable29 y que la desprotección de la ciudadanía frente
al sistema financiero es abismante. Desde hace años sabemos que nuestra estructura
de impuestos es regresiva30, que el Estado focaliza sus beneficios en dos sitios: en los
más pobres y en los empresarios. En los primeros en forma de mísera caridad hiperpublicitada; en los segundos cual si fuera un molto allegro e vivace, cuya danza infame
es normalmente invisible a nuestros ojos31. Desde hace años sabemos que el sistema de
AFPs también es inviable y que, sin embargo –pero por lo mismo siguiendo la lógica
perversa que le dio origen–, se hace indispensable profundizar el modelo e invitar a cada
cotizante a que ahora deposite más dinero para su futuro, evitando la caída futura de su
estándar de vida, o al menos mitigando el desplome32.
Sabemos que hoy nos dicen que lo privado resolverá todo. Y claro, se muestran
sistemas privados que atienden al 10% de la población más rica y, gran novedad, funcionan mejor que el del 50% más pobre. Será porque pueden cobrar veinte veces por
lo mismo. Y ante ese ejemplo el ciudadano devenido en televidente se sorprende y
piensa que quizás esa utopía de delantales limpios y maquinarias de última generación está al alcance de la mano. Sabemos que mañana, si todo llega a ser privado, nos
dirán que no alcanza y que debemos generar un segundo sistema privado que apoye
al primero (como en las pensiones), o que será necesario aumentar los costos y que el
Estado deberá cobrar más impuestos para poder luego transferirlos a los privados. Es
el camino largo: sacar dinero por el lado del mercado y también por el lado del Estado.
Es lo que ha pasado en educación. Las universidades privadas y los colegios del mismo
tipo dijeron que nacían solo en el mercado y que no necesitaban al Estado, sino solo
28. La encuesta Latinobarómetro nos muestra que el 46,3% considera que el Estado puede resolver la
mayor parte o todos los problemas del país y que, en cambio, la visión desestatizada suma un 28,2%
(2009). Un 94% considera que la salud debe estar mayoritariamente en manos del Estado, un 92%
piensa que debe ser igual con las pensiones, y el 65,5% considera que el Estado debe ser además empresario, al señalar que la actividad productiva no se debe dejar a los privados solamente.
29. El modelo educacional está siendo actor activo en la reproducción de la desigualdad. Mientras en 4°
básico los puntajes SIMCE son semejantes en todas las comunas del país, en 2° año de educación media los puntajes de las comunas más pobres han bajado desde su posición original y las comunas más
ricas han crecido 60 puntos. Estos datos se encuentran disponibles en CIES Universidad de Chile: Siete
Fenómenos sobre Educación y Desigualdad en Chile, Santiago: Documento de trabajo CIES. 2010.
URL: http://www.ciesmilenio.cl/wp-content/uploads/2011/03/DESIGUALDAD-Y-EDUCACION-INFORME-CIES-U-DE-CHILE.pdf
30. Pocos impuestos a las empresas, alto Impuesto al Valor Agregado (IVA); son los símbolos de una más
compleja cadena de impuestos desvinculados de la capacidad redistributiva.
31.Y sin embargo, se puede observar en políticas públicas como la Ley de Donaciones, el Crédito Universitario con Aval del Estado, el sistema de concesiones de autopistas y en la génesis del negocio
salmonero; todos eventos, entre muchos otros, donde se diseñan políticas (o se ejecutan simplemente
acciones, como las intervenciones al dólar) que favorecen a sectores empresariales concretos.
32.Y así el Ahorro Previsional Voluntario y las diversas formas de ahorro privado que eclosionan como
salvavidas ante la certeza de una vejez sabidamente dificultosa.
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su prescindencia y abandono de lo público. Obediente, el Estado cumplió. Hoy, que su
negocio es extraordinario, demandan no por necesidad, sino en el nombre de algo que
incluso pueden llamar “justicia” y apelan al trato igualitario: al cubrir a parte importante
de la población, el Estado debe respaldarnos, dicen, con una lógica que nos recuerda la
muerte de Aristóteles y Russell juntos y unidos en la pena y la agonía.
Sabíamos que Chile es un país desmovilizado. 60% de la población, según la encuesta Latinobarómetro, considera que los movimientos sociales generan inestabilidad.
El 72,6% considera que las manifestaciones y protestas “solo” producen desmanes y
destrozos en las calles33. Sabíamos que la subjetividad que emanaba de estas condiciones se configuraba en la rebeldía contra un orden injusto (el país no se parece a lo que
se desea y ni siquiera tiende a aproximarse a serlo) y en la aceptación de ese mismo
país, pues los únicos caminos legítimos estaban en la institucionalidad. En el Centro
de Investigación en Estructura Social le llamamos a este sujeto el “rebelde adaptativo”.
Consistente con lo anterior, nuestra cultura solo podía aferrarse a lo firme y lo cierto:
Chile es un país hermoso, Chile es un país rico naturalmente, Chile tiene instituciones
fuertes34. Las aguas se quedaban quietas al enfrentar ese muro inmenso que eran las
instituciones. En su interior, la clase política, no muy alejada de la elite económica, sino
más bien conviviendo en el 2% superior de nuestra curva de ingreso; la clase política,
decíamos, se protegió en las instituciones y se separó radicalmente del mundo social.
Las aguas seguían creciendo por el lado de lo social, pero se la había domesticado y su
forma de vida siempre debía ser en la quietud y la tibia complacencia. Y mucha agua
quieta, aunque puede ser difícil de contener, es muchísimo menos complicada que las
aguas en movimiento.
El malestar había crecido. Pero las instituciones eran un dique eficaz. Por supuesto,
había que contar con esclusas, con reguladores. La Concertación ocupó brillantemente
ese papel. Fue más su condición estructural que su habilidad (aunque también tuvo esta
última alguna relevancia). Lo cierto es que la energía social, que no venía de la nada, se
había acumulado durante años y de pronto las esclusas comenzaron a fallar. Además,
le habían ofrecido el fin de los diques y el arribo al desarrollo. La promesa de ser un
país rico es patrimonio de la derecha, aunque haya sido gestionada y promovida por la
Concertación. Pues bien, era la hora de ser ricos, cada cual en su medida, pero todos.
Ya gobernaba la derecha.
De diques, esclusas e inundaciones
Una transición política construida a partir de un dique interpuesto entre la ciudadanía
y las instituciones impedía que la acumulación de demandas y exigencias anegara la
33. Estos resultados están disponibles en línea en http://www.latinobarometro.org/latino/LATAnalize.jsp.
34. La investigación de la línea “cultura y estructura social” de la Universidad de Chile detectó una relación
intensa con las instituciones y su fortaleza, entendiéndolas como protectoras y como herencia divina y
vernácula, tan fuerte como la naturaleza misma.
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La transición social a la democracia
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clase política. Apoyado en la desconfianza entre la ciudadanía –donde el discurso sobre
la delincuencia es decisivo– y condicionado por el vínculo mesiánico con el Estado, la
clase poseedora de este tenía garantías de ser la única fuente de decisiones. Las instituciones en nuestra cultura, residentes en la zona sagrada de la significación, eran tanto
una fuente de estabilidad de una democracia frágil, como también de conservación de
un orden visto como radicalmente injusto. Ese doble rol, celestial y demoniaco, ha estado siempre presente en la visión de los chilenos. La erótica de la fortaleza institucional
siempre mitigó el malestar por lo segundo, pues el carácter divino de las instituciones,
heredadas desde los tiempos inmemoriales, las suponía incuestionables. El siguiente
esquema muestra algunos elementos significados positiva y negativamente por los chilenos a la hora de referir a Chile y sus rasgos fundamentales. Importante resulta entender
que todo lo heredado y anterior es positivo (de alguna manera lo externo) y que todo lo
actual y concreto es negativo (de alguna manera lo interno y especialmente lo que refiere
al sujeto económico vinculado pobremente con la dimensión laboral35).
Fortalezas de Chile
Belleza y riqueza natural
Amabilidad de la gente
Tranquilidad
Buen lugar para vivir
País ordenado
Instituciones fuertes
Fuente: CIES.
Debilidades de Chile
Desaprovechamiento de recursos
Irresponsabilidad del chileno
Delincuencia36
Diferencias sociales, injusticias, diferencias entre
regiones y Santiago, exclusión
País injusto.
Política corrompida
Se debe insistir en la tendencia a la síntesis en la significación entre clase política,
instituciones y ricos. Esta tríada es fundamental, pues su simbiosis, su anudamiento en
un solo sitio de significación, implica que el encuentro de la ciudadanía con las instituciones implica retrotraerse a la situación de clase y a las posibilidades de movilización
de capitales (sociales, económicos, culturales, políticos) que ello implica. Y dado que el
orden social existente en Chile es radicalmente injusto en lo económico y que el resto
de los capitales se han empeñado en generar una semejanza de familia relevante con la
desigualdad económica, el problema se vuelve más estructural.
35. En el CIES se le llamó “pecador económico” para dar cuenta al carácter culposo de la relación de los
chilenos con la economía y ante todo con la dimensión productiva.
36. La delincuencia no tiene una presencia relevante por el lado de los problemas materiales asociados
al delito. La herida fundamental en nuestra cultura radica en la necesidad de desconfiar en el otro y
perder así la comunidad deseada.
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Gráfico 1. D
istribución del Ingreso por Percentiles
10000000
9000000
8000000
7000000
6000000
5000000
4000000
3000000
2000000
1000000
0
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
100
Fuente: CASEN 2009.
Esta desigualdad supone que quienes habitan las instituciones están objetivamente
desanclados del resto de la sociedad. Los palacios de gobierno generan miopía con facilidad. Si la sociedad es extremadamente desigual, ello se incrementa. Las instituciones
pasan a representar la desigualdad. Y aunque esa distancia puede tener bajo ciertas
condiciones un signo positivo, pues el carácter divino de las instituciones solo puede
consumarse con distancia, bajo otras condiciones puede representar la desesperación. Y
es que bajo esta divinización los errores de las instituciones pueden parecer invisibles en
principio, pero cuando se hacen irremediablemente visibles, su legitimidad se cuestiona. Cuando la desnudez desprotegida del ciudadano se vincula a la desnudez “de traje
invisible” de las instituciones (el rey está realmente desnudo), se abre la puerta para observar el absurdo y se aprecia el carácter humillante de la mirada cenital de instituciones
que ya no saben ver.
Pero hay más antecedentes. Se ha configurado una visión de las clases medias y
bajas como clases abusadas, clases receptoras de dolor y violencia, pero también de indiferencia ante sus dolores. La clase media se logra distinguir en tanto parece ser capaz
de procurarse de analgesia frente a ese dolor. La mera regresión de la cultura política
hacia la comunidad de dolor es una señal de detrimento y menoscabo de la política y
la ciudadanización. La comunidad de dolor es regresiva históricamente, es la primera
forma comunitaria con lazos más allá de lo funcional. La investigación culturalista del
CIES reportó este estatus a las condiciones de la cultura política chilena. La desigualdad
se ha tornado fuerza activa no de la mera diferencia, sino incluso del abuso y la humillación. La legitimidad llega a sus límites operativos en esa condición. Finalmente, el
abuso se constituye como la relación que define el vínculo entre el poderoso y el que
no lo es, pasándose de la versión marcadamente negativa de opresión a la aun peor de
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La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
abuso, donde la metáfora de fondo parece ser la sexual, lo que queda “confirmado”
por la experiencia en la medida de las crisis sexuales que han rodeado a la política y la
Iglesia católica.
Pero la desigualdad y los males que ella acompañaba parecían los males de los hombres, los males de la ejecución cotidiana del gobierno en la Tierra, los males de estos
chilenos que no sabían qué hacer con la bella herencia recibida. Sin embargo, había un
espacio celestial y puro en el que se sostenía la dignidad y el posible futuro. Para los chilenos la naturaleza del país, su belleza y riqueza, además de las fuertes instituciones que
han sido forjadas desde los tiempos de los padres fundadores, son resguardo y baluarte
moral. El chileno suele arruinar esta herencia con su obra cotidiana (piensa), pero es
un beneficiado en herencia: ha recibido la perfección y la pureza de los grandes relatos
sobre lo natural y lo social.
La grandeza de las instituciones operaba como maquinaria de procesamiento del
malestar social. El dolor se asumía como parte de lo real, eventualmente producido por
los humanos, eventualmente por el mercado. Pero las instituciones se entienden como
cobijo y protección. El Estado, se ha visto en estudios cualitativos, debe operar como
máquina procesadora de dolor: debe quitar la indignidad a los pobres y devolverlos a
un dolor tolerable propio de la condición humana, debe mitigar por completo el dolor
de las clases medias y debe concentrar todo el daño, todo castigo, en los delincuentes,
lugar de expiación y consumo del dolor social recibido. En este marco las instituciones
debían ser cuidadas, pues eran la contención del dolor. Y he ahí la Iglesia, el Congreso,
el Gobierno, el Presidente, la Contraloría, los Partidos Políticos, el Banco del Estado y
en definitiva la Ley. La fragilidad de una democracia reconquistada y tutelada condujo
incluso a una ciudadanía ávida de proteger del conflicto a las instituciones. Mientras
ellas debían ser capaces teóricamente de procesar el conflicto. Así, ante las amenazas
recibidas, la ciudadanía prefirió eliminar el conflicto.
Sin embargo, la suma de los hechos puede horadar la fuerza de los dioses. A ratos
se puede perdonar a lo divino su prescindencia, su distancia frente al dolor de lo real.
Bastan para ello los sacerdotes y mediadores de todo poder intangible. Pero no se puede
fundamentar la agresión como parte perdonable de la acción de las instituciones. Y se
sumaron los casos: primero fue el caso Spiniak y su deriva hacia Jovino Novoa (y otros
eventualmente), significado por la ciudadanía como el momento en que el padre (los
políticos) abusan del modo más radical (sexualmente) de los niños de la casa. Posteriormente fue el Transantiago, donde se asumió que las políticas públicas se estaban
haciendo prescindiendo de todo interés por dar dignidad a los ciudadanos. La política
fue humillante y agresora. Luego fue la Iglesia y la pedofilia, vulnerando la confianza básica de la institución que logró que los niños fuesen a ella, que fue símbolo de la unidad
familiar, principal sostenedor de educación en el país, depósito de reservas morales para
casos emblemáticos. Y luego, fue también el gobierno que, en pleno terremoto, mostró
inoperancia y pasividad primero, para luego transitar a la acción dolosa de sentenciar la
inexistencia de un tsunami cuya existencia terminó matando a algunos que creyeron en
la institución y volvieron al llano. Los partidos políticos han llegado a su peor momento:
la desaprobación de la Alianza por el Cambio es del 57% y la de la Concertación es del
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Revista Anales
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67%. Los políticos mienten, prometen lo que no van a cumplir, se llevan el dinero y el
prestigio. Finalmente abusan.
La crisis de la Iglesia es particularmente decisiva. En Chile, cualquier conflicto relevante, en medio de gobiernos y congresos particularmente debilitados en su capacidad
de mediación, suponían el llamado a la Iglesia como mediación. Ello implicaba consecuencias muy relevantes. En primer lugar, es un síntoma débil, pero un síntoma, de un
Estado fallido, pues llamar a la Iglesia es llamar a otro Estado. Por tanto, necesariamente
dicho llamado era un acto de sometimiento a voluntades ajenas y una pérdida del poder soberano. Pero esto va más allá. Sostener vicariamente la política con la fuerza de
la Iglesia suponía un riesgo que terminó por hacerse realidad. Si las instituciones políticas estaban debilitadas y usaban de soporte a la Iglesia, la caída de esta última en su
legitimidad implicó necesariamente un retroceso mayor de la legitimidad de la política.
Acabado el sostén, la política se derrumbó más; el entramado cayó completo. Y, por
tanto, después de los casos Karadima, Sor Paula, Maciel, en fin, toda una estructura de
prestigio y sus capitales políticos se desplomaron en un solo sonido.
Es decir, si la relación entre la ciudadanía y lo institucional configura el escenario
que nos permite entender el Chile de la transición política, parece ser la misma relación
la que nos permitirá apreciar el Chile de la transición social. El análisis actualmente
convocado por analistas y medios dice que el malestar aumentó tanto que llegó al punto
que explotó, o dice que las nuevas dimensiones de habitar en un entorno de mayores
recursos tienen como consecuencia inevitable el aumento de demandas. El argumento
que defendemos acá es menos poético, pero no por ello menos relevante. Se sostiene
aquí la caída del dique, la inutilidad de las esclusas y la inundación del sistema político. En estos asuntos hay una línea que distingue lo que acontece en un escenario y lo
que ocurre en otro, hay una línea que es la puerta de acceso a una nueva realidad. Es la
“experiencia liminar”37. Y aunque la experiencia que se puede convocar radica fundamentalmente en la primera marcha relevante (por la oposición al proyecto energético
Hidroaysén), no es menos cierto que las condiciones estructurales para que esa experiencia fuese posible –la situación liminar, diremos– estaban situadas en la caída de la
legitimidad de las instituciones.
En este escenario fue que el agua de las demandas, del malestar, colapsó la sala de
máquinas. Sin embargo, el efecto es potencialmente importante. La crisis a nivel institucional es también una puerta para la ciudadanía. Y aparentemente decidieron pasar
por ella. ¿Puede esto (la incorporación a la vida política de la sociedad civil) configurar
una nueva transición a la democracia, esta vez de corte social? La transición política ha
terminado en fechas distintas según cada uno de los transitólogos que emergieron en
Chile. Sugerimos aquí la muerte de Pinochet como punto final, que es lo mismo que decir el día de la muerte de la Concertación, aunque esta sobreviviera adornada con el carisma de Bachelet. Pero una coalición que termina un gobierno con 80% de aprobación
y obtiene solo un cuarto de los votos en primera vuelta es objetivamente una coalición
37. Definida así por Jeffrey Alexander. Ver al respecto Alexander, J., Sociología Cultural. Formas de clasificación en las sociedades complejas, Barcelona: Anthropos, 2000.
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La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
muerta, como ya queda en evidencia en los días que corren. Pues bien, la transición
política ya terminó. Pero no ha ocurrido la transición social a la democracia. Los meses
de mayo y junio de 2011, sin embargo, han implicado una escalada de energía de la
ciudadanía, que ha salido a las calles generando perplejidad de algunos y rabia de otros.
Este hecho, que de momento es un síntoma y una expectativa respecto al futuro, puede
configurarse más allá de la dimensión de una protesta en tanto significante.
¿Espasmo, agonía o revitalización? La politización de lo social
Durante los gobiernos de la Concertación, las movilizaciones sociales fueron fundamentalmente espasmos, eventos sin inercia posterior, imposibles de perpetuar sus dinámicas. ¿Es el actual movimiento social (no solo estudiantil) un espasmo? La ausencia
de otras experiencias le da pocas probabilidades a la superación del espasmo. Pero este
evento ha durado demasiado para carecer de rasgos superiores. También podría ser
este acto de resistencia el último de un conjunto de eventos. Cuando un cuerpo lucha
antes de morir, en la agonía, se acumulan todas las fuerzas restantes e intentan arribar
a la línea que permite conservar la vida. Conocido como el canto del cisne, el último
exabrupto, el último estertor, la última conquista; surge entonces la pregunta obvia:
¿puede ser el actual movimiento el canto del cisne de la educación pública chilena y de
las resistencias a todas las formas de mercantilización y privatización? Es posible. Hoy
las energías se ven reunidas, pero su desgaste es probable y conquistar la esfera de las
decisiones no es un camino fácil ni mucho menos breve.
Si las instituciones no hubiesen caído putrefactas, si esos dioses no hubiesen muerto, probablemente las tesis del espasmo o la agonía serían las únicas válidas. Pero hay
espacio para pensar la transformación. Hoy no parece tan inverosímil impugnar la estructura impositiva. Hoy no parece tan lejano discutir sobre la Constitución Política. No
se puede decir que haya despertado la utopía social, pero sí resulta viable señalar que los
ciudadanos han estado dispuestos a correr el cerco luego que este se había caído. Y ello
supone inercia, nuevas lógicas, todo lo cual está por producirse. No es una ruta que goce
de probabilidad mirando los últimos años, pero la inercia generada entre mayo y junio
de 2011 da para pensar en cambios. Por supuesto, más relevante a la hora de entender
la forma en que se mueve este clivaje, no se aprecia por dónde restituirán su legitimidad
las instituciones.
Estos movimientos sociales no son ni del viejo ni del nuevo tipo. Los antiguos operaban sobre la contradicción central del capitalismo: la relación entre burguesía y proletariado, empresario y trabajador. El clivaje era la relación con el capital. Los nuevos
operaron fundamentalmente en las relaciones identitarias y el desarrollo de resistencias
o búsquedas de cambios culturales sobre densas temáticas que, en cualquier caso, resultan en principio ajenas a la contradicción central del capitalismo (género, etnias,
minorías sexuales, en fin). El movimiento social en Chile tiene de lo primero y lo segundo, pero no es ninguno de los dos. La huella central de este movimiento radica en la
problemática relación con la dimensión económica de la circulación. La teoría marxista
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establece la existencia del plusvalor en la dimensión de la producción. Sin embargo, en
Chile la forma en que se ha mercantilizado cada dimensión de la vida y la sobrevida ha
supuesto una existencia de formas de generación de plusvalor también en la dimensión
de la circulación, generando mercados basados en la insustentabilidad. El mundo del
retail se financia de los insolventes, que son más pobres, beneficiando el acceso de bienes a los más ricos. El mercado bursátil vive de las AFPs, fuente inagotable de recursos
para invertir, que no son sino montos obligatorios y por tanto impuestos concesionados
a privados. Los estudiantes están obligados en la práctica a endeudarse para estudiar y
por tanto tienen que presionar su propia vida para financiar no ya una industria (educación), sino dos (bancos además). Considerando que las utilidades de unos y otros pueden incluso aproximarse hasta el 40%, se comprenderá el carácter socialmente insustentable de un sistema económico plenamente sustentable en sí. En este escenario es que
surge este movimiento. El carácter obligatorio de la libertad de mercado ha mostrado
su rostro. Los chilenos habían aceptado pagar por educación como nadie en el planeta.
Habían aceptado la privatización total de la energía y las aguas. Pero no parecen tan
dispuestos a aceptar la mercantilización que va sobre la privatización: la conversión de
la deuda educacional en otro negocio increíble, el carácter imperativo de la construcción
de una represa como única solución para el país. El mercado se ha mostrado violento
y opresivo. Y el mercado hoy tiene representantes legales: un gobierno de empresarios.
El presente movimiento social no es de rebelión, sino de resistencia. No nace contra
lo existente, nace del esfuerzo del gobierno por profundizar un modelo que no es aceptado socialmente. Se apoyaba, el gobierno, en la experiencia previa, despolitizadora y
desmovilizadora. Sin embargo, ya se ha gatillado la ruta de politización del malestar. Y
todo proceso tiene su inercia. Y toda historia tiene su péndulo; ¿habrá tocado Chile el
extremo de despolitización? ¿Se reiniciará la política?
En Chile se había olvidado un principio de toda democracia: que la ciudadanía se
construye en un espacio intersticial y fino que se ubica entre cualquier cáliz y el sinfín
posible de espadas. Todo incremento en el poder del cáliz es una merma al ciudadano,
como todo incremento en el poder de la espada. Rodeado por el poder espiritual y el
terrenal, la ciudadanía solo se consuma como tal en la usurpación de territorios a ambos
límites. Es cierto que siempre la ciudadanía es una ficción, nunca es absoluta, siempre
debe convocar formas de violencia simbólica o física, siempre en algún punto llamará al
cáliz o la espada, pero la ampliación de esa ficción, su anchura, su fuerza para proyectarse sobre la materia, es condición necesaria para la búsqueda del logro más difícil de
toda sociedad dinámica: la igualdad.
Es momento de retornar a la distinción de las tres dimensiones de la política. El palacio, las políticas públicas y la polis. La transición a la democracia en Chile aconteció en el
palacio. Desde él se diseñó un modelo de políticas públicas disociado del espíritu democrático, sino más bien asociado a la búsqueda de nociones de eficacia y eficiencia propias
de la visión económica dominante. Las políticas públicas, por tanto, tuvieron transformación, pero no transición democrática, como quedó explicitado en el Transantiago. La
ciudadanía, en la polis, no vivió ninguna transición democrática. Ningún poder se distribuyó y objetivamente incluso ha perdido poder desde la dictadura; hay más anomia en
53
La transición social a la democracia
Alberto Mayol Miranda
general, los indicadores de desigualdad (y ello es diferencial de poder) han aumentado,
el tejido social ha sido suplantado por su falso profeta: la inclusión en el mercado. A esto
sumamos el dique entre lo social y lo político, mediado por las instituciones, y comprendemos que la transición democrática comenzó y terminó en el palacio, en las coaliciones
de gobierno, en la reordenación de las posibles castas gubernamentales.
Todos los caminos conciernen a los hechos. Todos los hechos conciernen a los objetos. Todos los objetos conciernen a los hombres. La suma de todos los caminos, de
todos los hechos, de todos los hombres; eso es la política. Y eso es precisamente lo que
parece haber salido a la calle.
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La abundancia del malestar
Nibaldo Fabrizio Mosciatti
Nibaldo Fabrizio Mosciatti
Periodista de la Pontificia Universidad Católica. Trabajó de reportero en Radio Chilena, redactor político
de la revista Apsi (de 1986 a 1991), trabajó en el programa El Mirador de TVN, y desde 1997 trabaja en la
Radio Bío Bío, en Santiago, en donde es jefe de prensa. Columnista de algunos medios y escritor del libro
Lautaro, Halcón Veloz, editado por Amanuta.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La abundancia del malestar
Como nunca, el panorama de la política nacional juega a la esquizofrenia: las loas al
desarrollo del país –particularmente medido desde una perspectiva exclusivamente económica, que tiene un correlato social en el vuelco hacia el consumo– conviven con un
malestar subterráneo y sordo. Esto se expresa en malos humores, depresiones (y las
consiguientes automedicaciones), resentimiento larvado y la sensación que, permanentemente, algún poder –o los poderes, todos ellos– está abusando con cada uno de los
que se siente parte de la plebe; o sea, de la mayoría abrumadora de Chile.
Será, tal vez, porque también nunca, en virtud de la concentración económica,
entre otras concentraciones, se tuvo con tanta certeza la sensación de que “allá arriba”
un grupo pequeño, un club, con lazos múltiples entre sus miembros, es el que rige los
destinos del país. O sea, que la democracia es formalmente incuestionable, pero no
ha sido capaz de cumplir con uno de sus objetivos fundamentales: desconcentrar el
poder, repartirlo, democratizarlo. Por lo tanto, democracia a medias: formal, pero no
sustantiva.
Esto no es nuevo. Nada tiene que ver con que esté gobernando una coalición de
derecha, encabezada por un ciudadano que, al menos públicamente, es de los menos
simpáticos, y que carga con la imagen de ser expresión del poder económico, el poder
donde hoy se concentra el poder.
Lo que ocurre es que durante 20 largos años –los de los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, que no por nada terminó en simple Concertación–
la coalición de gobierno se benefició de un chantaje sobre ese porcentaje de la ciudadanía que a fines de los años 1980 se decantó como antidictatorial y, por extensión, en
antiderecha. Porque la derecha en Chile nunca fue capaz, en los 70, 80, 90 y hasta en
los inicios del actual siglo, de distanciarse de Augusto Pinochet y su dictadura, ya que
era –sinceremos un poco las cosas– pinochetista y dictatorial.
(Tanto lo fue, que señeras figuras de ese sector, como Hugo Zepeda Barrios y Julio
Subercaseaux Barros, parlamentarios del Partido Nacional, fueron despreciados y hasta
expulsados de los círculos sociales que frecuentaban, simplemente por ser consecuentes
con su discurso opositor a la Unidad Popular, basado en la defensa de las libertades democráticas. Como de verdad creían en esas libertades, también las defendieron durante
la dictadura militar. El resto de la derecha, no. Partiendo por Jaime Guzmán, impecable
orador a favor de las libertades bajo la UP, pero activo defensor de la dictadura, de la
inevitabilidad de sus atrocidades y, por lo tanto, cómplice y/o encubridor de las mismas.
Habría que rescatar a esas figuras escasísimas, como Zepeda y Subercaseaux, porque
son el único, frágil y delgado hilo que nos remite a la existencia, hace 40 años, de una
derecha republicana.).
Cuando la derecha se distanció de la dictadura, al menos discursiva y simbólicamente –soy un convencido que no emocionalmente: por algo muchos de sus próceres
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La abundancia del malestar
Nibaldo Fabrizio Mosciatti
atesoran, hoy, las fotos en las que aparecen con el dictador–, pudo ganar una elección
presidencial.
Chantaje y veto
El chantaje de la Concertación funcionó de manera maniquea, como es la mejor forma
en que operan esas pulsaciones políticas colectivas: vote por la Concertación, que solo
ella es la que garantiza la democracia; acepte todo lo que haga la Concertación, porque
si se opone puede provocar la caída de esa coalición y, por extensión, de la garantía del
régimen democrático; no critique, porque eso es hacerle el juego a la derecha, a los antidemocráticos, a los pinochetistas.
Nunca antes un gobierno tuvo ese poder; el poder de acallar buena parte de la crítica
por lo que decía representar, por lo que decía resguardar, por lo que decía garantizar.
Silenciar incluso los reparos de quienes lo apoyaban y, por lo tanto, impedir lo que pudo
ser una crítica constructiva.
Y es que se olvida que cuando la ciudadanía ganó en el plebiscito de 1988 y en las
elecciones de 1989, lo hizo convencida de que su triunfo implicaba el desmantelamiento de aspectos sustanciales del modelo impuesto por la dictadura. La Concertación no
lo hizo, pero tampoco lo intentó, al menos con la convicción y fuerza que se esperaba.
La Concertación tiene un argumento de peso para justificar esa renuncia –la renuncia a llevar adelante lo que sus electores pedían–: que la derecha, primero a través de los
senadores designados, y, luego, con el empate eterno que garantiza el sistema electoral
binominal, impidió tramposamente la conformación de una mayoría en el Congreso
suficiente para realizar esos cambios. Es lo que el ex presidente Ricardo Lagos ha definido como el “veto” ejercido por la derecha. Pero los vetos están para denunciarlos,
combatirlos, derribarlos. En eso la Concertación fue, a lo menos, feble. La derecha –o
sea, el actual gobierno o muchos de los que son figuras del actual gobierno– usó y abusó
de esos vetos, sumando pequeñas ventajas, aunque fuese al costo de reafirmar, así, su
esencia antidemocrática.
La llegada de la derecha al poder (al poder político, ya que del verdadero poder, el
económico, que hoy supera a la política, nunca se fue) es, en cierta forma, el certificado
de madurez y legitimidad de la democracia chilena. Sin chantaje, sin autocensura. Sin
miedo a la alternancia. Y, por lo tanto, con espacio para la crítica y la desafección.
Eso es lo que vive y sufre el gobierno de Sebastián Piñera. La inédita extensión del
universo de las opiniones y los juicios, sin bálsamos ni disimulos.
Pero, además, experimenta la extensión de una crítica donde muchos de quienes
hoy reclaman lo hacen también por lo que hicieron o dejaron de hacer los gobiernos
anteriores –gobiernos a los que adhirieron– y que, ahora, sin ese chantaje al que se sometieron, se sienten en libertad de reprochar. Sí, el gobierno es otro, pero no importa,
porque encarna las políticas que, chantaje mediante, la Concertación hizo tragar a más
de alguno de sus votantes. Y, además, este gobierno es el que mejor encarna a los creadores y sostenedores del actual modelo socioeconómico.
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Ese nuevo escenario es, al mismo tiempo, el reflejo de que la particular transición
chilena –timorata y conservadora– generó un sistema político, o de representación política, crecientemente distante de la ciudadanía. Un ejemplo de esto, que debió haberse
visto como una alerta, fue la dificultad para aprobar una ley de divorcio que, desde hacía
muchos años, la ciudadanía reclamaba.
La Transición censurada o reprimida
El año clave para la transición no fue ni 1988, el del triunfo del NO en el plebiscito y
la consiguiente derrota del régimen pinochetista, ni 1990, con la instalación de Patricio
Aylwin en La Moneda. Fue 1989, ese año sui géneris, en el que un dictador derrotado
permaneció en el poder sin que los ganadores intentaran recortarle algo de sus poderes
(por ejemplo, insólitamente, a pesar del rol de la franja televisiva en el triunfo del NO,
a la Concertación no se le ocurrió –bueno, probablemente se le ocurrió, lo que hace el
asunto más grave– exigir una hora diaria en Televisión Nacional de Chile). Ese fue el año
de la negociación y, fundamentalmente, de la desmovilización ciudadana.
Probablemente la desmovilización fue la primera carta ofrecida en esa negociación.
La mayoría de los miembros de la Concertación, como casi todos los que se encumbran en el poder, olvidaron su origen y su génesis. No solo sociales, sino también de la
fuerza que los llevó al triunfo de 1988. Esa fuerza no surgió ni de los partidos, ni de las
alianzas, ni del respaldo de la Iglesia Católica, ni de la ayuda exterior, sino de la movilización de la ciudadanía. Esa energía que, desde las protestas, venció al miedo y, como
consecuencia de ello, se activó, logrando la recuperación de la democracia.
La primera y más simbólica medida de la Concertación, inmediatamente después
del plebiscito de 1988, fue cerrar las Casas del NO que, en casi todas las comunas, eran
centro de activismo, reunión y debate. Sobre todo eso último, el debate, era lo que los
dirigentes de la Concertación querían evitar. Y lo lograron.
La desactivación de la movilización social, justificada bajo el argumento de la responsabilidad para construir una transición pacífica y estable, generó un espacio sin discusión y, por consiguiente, sin críticas ni elaboración de ideas. Un síntoma de aquello fue
la desaparición de los medios opositores a la dictadura, eventuales “Pepes Grillos” de la
Concertación, en cuanto a ser memoriosos de lo que esa coalición prometió como programa de gobierno. El efecto fue doble: no solo se inhibió el debate, sino que se facilitó el
que la Concertación asumiera políticas que había denostado y, además, renunciara a una
serie de promesas que habían sido la exigencia de los movilizados que la habían colocado
en el poder. Escojamos un símbolo de esa transformación camaleónica: Edgardo Boeninger, no por nada elevado en figura señera del altar de la transición. Si la dictadura postulaba una “democracia protegida”, la Concertación construyó, a su vez, una “transición
protegida”. Ambas, ¿protegidas de qué? La respuesta es simple: de la soberanía popular.
Si no había otra alternativa de transición –cosa que, ahora, argumentan varios de
esos funcionarios gubernamentales–, no se sintieron con la obligación de explicarlo
porque, además, no hubo espacio para la exigencia de explicaciones. La ciudadanía
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desmovilizada y acallada siempre es algo cómodo. El problema, y ahora es cuando lo
lamentan, al menos por cálculos electoralistas, es que esa ciudadanía acallada y desmovilizada también se aleja. Y deja de quererte. Hoy, en los hechos, la Concertación no
existe. Por un dato obvio: nadie (o demasiado pocos) la echa de menos.
El olvido de la gente (eso que llamaban El Pueblo)
Ese diseño de la transición, al que, evidentemente, no fue ajena la amenaza de los militares (en todo caso, exagerada por la Concertación; tal vez como mecanismo inconsciente
para justificar las renuncias que estaba aceptando) y la presión del empresariado, terminó, en la práctica, con el olvido de la gente, eso que, alguna vez, llamaban El Pueblo.
Por de pronto, el término dejó de usarse. ¿Pudor? ¿Vergüenza? ¿Reconocimiento de las
renuncias, de lo entregado, de lo traicionado?
La política es cosa práctica. O, mejor dicho, si deja de ser práctica corre el riesgo
de transformarse en derrota. Pero no hay que mirarlo todo desde esa óptica, porque
lo práctico puede terminar siendo solo cálculo, dividendo corto, renuncia a elaborar
proyectos y, obviamente, a proyectarse. No nos detendremos, entonces, en lo mucho de
bien que hizo la Concertación, porque estamos analizando el proceso político que terminó vaciando de contenido –y, por qué no, de “alma”– a la coalición estadísticamente
más exitosa de la historia de Chile. Y, de paso, poniendo en peligro a la propia democracia al vaciarla, a su vez, de contenido.
Al fin de cuentas, muchos individuos con espíritu crítico terminaron respaldando
incondicionalmente a los gobiernos concertacionistas –alguna vez habrá que analizar el
rol acomodaticio y sumiso de aquellos que podrían ser calificados de “intelectuales”–,
lo que, sumado a la desmovilización popular, tuvo como obvia consecuencia el alejamiento de esa coalición y sus gobiernos, de la ciudadanía. Un buen ejemplo de ello fue
el decaimiento de la actividad de los partidos políticos.
No es que no votara, esa ciudadanía, finalmente, por la Concertación. El problema
es que un buen porcentaje de ese electorado lo hacía “finalmente”: porque no quedaba
otra, para que no ganara la derecha, porque… el chantaje, en suma.
Un efecto político de esa situación cómoda fue que, garantizado el voto de los populáricos, la Concertación se puso a la caza de la élite económica. ¿Para garantizar gobernabilidad? Cierto. ¿Por arribismo social? También. ¿Para lucrar, usando un término en
boga? Evidentemente, para algunos.
La derecha económica –o el poder económico, a secas– detectó eso de inmediato.
La mejor prueba de ello fueron las reseñas sociales de El Mercurio, a partir de 19891990. En vez de dos o tres páginas, se ampliaron a cuatro o cinco, para dar cabida a esas
figuras, las del nuevo gobierno que llegaba, que antes estaban fuera de la socialité. Fue
divertido, triste, patético y repugnante. Todo junto, o por separado de acuerdo al estado
de ánimo con que se miraran esas páginas.
Ese hecho marcó el ingreso de la Concertación al mundo de la élite, un mundo en
el que se le adjudicaba un rol de administrador del modelo económico. Lo hicieron,
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fielmente, a cambio de reconocimiento social y el ingreso a los negocios: directorios,
sociedades, lobby. La política siempre es buena para aceitar ciertas transacciones.
Sintomáticamente, los más ideologizados de antes, esos izquierdistas, marxistas, revolucionarios, o como quisieran llamarse, que definían quién estaba “con el Pueblo o
contra el Pueblo”, y eran capaces de no condenarte “por ahora” a muerte, fueron los
que más fanáticamente –como ya lo habían hecho antes– abrazaron esa nueva religión,
que era la del dinero, los negocios y el poder para imponer sus intereses particulares.
¡Y algunos de esos, ahora, alegan por el lucro en la educación, cuando hicieron de la
función pública un lucro!
En el intertanto, la voz de la calle se hacía sorda y las demandas ciudadanas prescindibles. Se congeló la actividad política de las bases, lo que impidió el surgimiento de
figuras y la renovación de cuadros, incluso generacionalmente. La Concertación inició el
acelerado proceso de envejecimiento que, por falta de presión de abajo, de los jóvenes,
ni siquiera fue advertido.
Además, engordaron. Mirarse al espejo también supone reflexionar sobre lo obrado,
y quizás algunos cargaban con ciertos remordimientos.
El cómodo binominal
Un ejemplo de lo cómoda que terminó siendo la situación fue la permanencia del sistema electoral binominal. Si en un comienzo fue injusto, porque escamoteaba la mayoría, con el tiempo fue útil, porque garantizaba el empate que, a su vez, justificaba las
renuncias. Renuncias al programa original, a los discursos de antaño, a las promesas de
las campañas electorales –donde sí se recordaba el origen de la Concertación– que, se
sabía, no se iban a cumplir y cuyo incumplimiento se iba a justificar por la ausencia de
una mayoría significativa producto del binominal. Capicúa.
Con el tiempo, se estableció el empate como realidad, pero, también, como práctica
política. El empate era funcional a una transición sin debate y sin osadía. El binominal
era justificación y mecanismo práctico.
El problema es que cuando se establece el empate político como escenario perpetuo,
ese vacío de poder generado por esa paridad, por la ausencia de un ganador, es llenado
por otros. Andrés Allamand una vez habló de los poderes fácticos (después, travesía del
desierto mediante, optó por encontrar su lugar entre esos poderes).
En un primer momento, el vacío generado por el empate lo ocupó Pinochet. Tenía
a sus senadores designados (personajes oprobiosos, adjetivo que también calza para los
después designados en democracia) y la amenaza de la fuerza. Una amenaza ridícula,
porque era evidente que no podía usarla. Basta señalar que Estados Unidos no lo habría
permitido o lo habría castigado.
Fue una amenaza que, también, fue funcional para la Concertación, porque era otra
justificación. Por lo que tuvimos que convivir con una manada de concertacionistas
asustadizos, “cagones” –como se diría en “chileno”–, que hacían alharaca de su susto
para fundamentar su parálisis. Ejemplos notables: el ejercicio de enlace y el boinazo.
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Nibaldo Fabrizio Mosciatti
Luego de ese primer período, el espacio de vacío de poder que generaba el empate
del binominal fue ocupado por el que hoy es el verdadero poder: el capital, con sus
grupos económicos y sus transnacionales. Desde entonces –mediados del gobierno de
Eduardo Frei Ruiz-Tagle–, se hizo claro quién mandaba. Así, vimos empresarios nacionales y extranjeros llegar a La Moneda sin cita previa para ser recibidos, solícitos, por los
presidentes. También por la Presidenta.
Y constatamos cómo el Estado se convirtió en una entidad que estaba para facilitar
el negocio de los empresarios nacionales y extranjeros (el gobierno asimilado a la figura
del mayordomo solícito del patrón), delegando en ellos las decisiones estratégicas del
país y continuando con la entrega, iniciada en dictadura, de los recursos naturales.
Ahora que se habla de energía, ¿qué hizo en esta materia el Estado? Simplemente
renunciar a toda planificación estratégica, dejando en manos privadas las decisiones de
la conformación de la matriz energética del país. O sea, se renunció a la idea de definir
las prioridades y actuar de acuerdo al interés general, creyendo que la suma de los intereses particulares de los empresarios conformarían ese interés general. Una versión más
refinada del “chorreo” económico. Y tan falsa como aquella.
Con el tiempo, vimos, entonces, gobiernos subordinados al poder del capital. No es
solo que financiaran campañas y, después, garantizaran empleo a funcionarios cesantes.
También estaba esa fatua seducción por codearse y compartir con el poder real, que
estaba y está en los negocios. De ahí a la ostentación de la riqueza no hubo siquiera un
paso. Aparecieron políticos que hablaban de sus corbatas de seda italianas y de los vinos
que atesoraban. La mala distribución del ingreso persistía, pero ellos, mientras tanto, se
aseguraban de estar en el primer decil.
Los conversos
Era, además, inevitable que esa práctica generara a lo menos dos cosas: la convicción
por una estrategia económica exactamente como la concebía el poder económico y el
buscar el reconocimiento en ese ámbito, que se traducía en acceder a dinero y, consiguientemente, a estatus social.
En la Concertación, también, se vivió una frenética carrera por enriquecerse. No enriquecerse era un fracaso. Y por eso muchos de quienes tuvieron poder armaron verdaderas
máquinas de negocios con amigos y parientes. Lo más evidente y rasca: contratar a cercanos en los cargos de que disponen los parlamentarios. Pero hubo figuras más refinadas.
Al final la frontera entre lo público y lo privado se borroneó desde ambos lados. Esa
gigantesca área gris que se generó era útil para las dos partes. Esa actitud en las huestes
oficialistas fue, además, un golpe definitivo para la política que, reducida en su poder,
dejó libre el campo al poder total del dinero. Tanto que, al final, los mayores lobbistas,
aparte de los que hicieron de ello una profesión, con oficinas y nombres de fantasía,
pasaron a ser los mismos parlamentarios (sin distinción ideológica).
Lo notable es que no hubo resistencia. ¿Por qué? ¿Fue la dureza de la derrota de 1973,
para los de izquierda? ¿El mea culpa inconsciente por, en los hechos, haber menospreciado
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las libertades mientras pavimentaban el ideológico camino al poder total? ¿Fue la larga
postergación del poder y la riqueza para esos demócratacristianos que estaban convencidos que el Golpe de Estado era cosa pasajera y que a ellos iba a tocarles el mando y sus
réditos después de la asonada militar? ¿O simple avaricia, seducción por la plata?
Pesado simbolismo: en un país en que la democracia no redujo la inequidad, esos
políticos optaban por refugiarse entre los más ricos e –inequidad mediante– alejarse aún
más de la mayoría ciudadana. Lo anterior, cuestionable o no, no era delito. El problema
es que, poco a poco, la Concertación fue tolerante con el delito de la corrupción. Ese fue
siempre el Talón de Aquiles de la Concertación y no fue capaz –o no quiso– combatirlo.
El mejor ejemplo ha sido la adoración que en la Concertación –y particularmente
entre los socialistas– se tiene por Felipe González, el ex jefe de gobierno español. González terminó su período sumido en varios escándalos de corrupción y su gobierno está
indisolublemente asociado a los negocios y los negociados. Buena parte del socialismo
criollo ha querido –y conseguido– seguirle los pasos. Sin asco y sin vergüenza.
En todo caso, resulta notable cómo los gobiernos de la Concertación pudieron subsistir en ese ejercicio del negocio y esa tolerancia a los negociados corruptos. Porque,
aclaremos: no se trató de una gran cantidad de episodios de corrupción, sino de la incapacidad de mostrarse implacables cuando esos hechos salieron a la luz, desacreditando,
de paso, a la democracia.
La tolerancia a la corrupción era, además de la degradación de los principios y, por
extensión, del ideario democrático, el camino a una inevitable derrota. La sensación de
que se estaba en la política para beneficiarse económicamente terminó por generalizarse, aunque se tratara de hechos puntuales (que puntualmente, en todo caso, sumaban y
sumaban). ¿Por qué se generalizó esa sensación? Simplemente porque hubo tolerancia a
la corrupción, porque nunca se sancionó a los corruptos, porque se les siguió llevando
de candidatos, premiándolos con cargos. Con eso bastaba. Y la opinión pública tenía
razón. Tolerar hechos de corrupción (o sea, saber de ellos y no condenarlos ni llevarlos
a los tribunales) es ser corrupto. No hubo más.
Ese fue el escenario de la derrota de la Concertación en las elecciones presidenciales
del 2009. Sebastián Piñera se benefició de una mayoría que no quería más a la Concertación -que había superado el chantaje-, pero que no necesariamente deseaba un
gobierno de derecha. Por eso la opinión pública ha sido tan despiadada con la actual
administración. Pero, también, por eso esa opinión pública mayoritaria no se identifica
con la Concertación, porque a ella ya la rechazó.
¿El cambio?
En el actual panorama, a pesar del escenario económico macro favorable –que de poco
sirve si no se traduce en beneficios micro, para la gente-, el gobierno debe lidiar con su
propia realidad (porque hablar de “fantasmas” es inexacto): estar constituido por funcionarios que provienen del mundo privado empresarial, que siempre han trabajado poniendo por delante su interés particular al interés general; adorar un modelo económico
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La abundancia del malestar
Nibaldo Fabrizio Mosciatti
que ha fomentado la inequidad; ser amigo de empresarios que, también, hicieron parte
de su riqueza por medios discutibles (privatizaciones en dictadura, caso Chispas, etc.);
y tener como Presidente de la República a una persona que, en su momento, fue cuestionada, entre otras cosas, por hacer negocios usando información privilegiada.
O sea que la derecha, también, está asociada a la corrupción. Sin embargo, tiene,
hoy, una oportunidad: zafar de esa imagen dando ejemplo de probidad y rectitud. Ese
solo paso ya la haría meritoria de valores republicanos. ¿Será capaz de hacerlo?
La tarea no se ve fácil por la constitución misma de la derecha. El pasado de muchos
de sus dirigentes como funcionarios de la dictadura ya, a estas alturas, importa poco
para la opinión pública, aunque sea un hecho de suma importancia. Pero la asociación
de la Alianza por Chile con los hombres de los grandes negocios es algo presente. En un
país donde el alegato ciudadano puede resumirse en más igualdad, menos discriminación, menos clasismo, mejor distribución, es inevitable que los rencores apunten contra
quienes se ven como los beneficiados –y, por qué no, los facilitadores– de esa sociedad
desigual. A ellos se les identifica, mayoritariamente, con la derecha.
El actual gobierno debería, entonces, intentar romper con ese lazo de sangre que
tiene con el poder económico sin, al mismo tiempo, perder su respaldo, clave para su
subsistencia. La pregunta no es si podrá hacerlo, sino si lo desea. Si de verdad aspira a
democratizar una sociedad, sabiendo que ello significará que su sector constitutivo perderá poder. En todo caso, ya ha hecho más de lo que muchos esperaban.
A lo anterior debe agregársele otra cosa: la vocación de la derecha por el “orden”.
En tiempos como los actuales, de demandas y exigencias de participación, la apelación
al orden es vista como el intento para restringir los espacios que se abren. Como el mecanismo para acallar las demandas sociales. Como el argumento para desencadenar la
represión contra quienes alegan. Es que el orden actual es, en síntesis, opresor e injusto,
porque ampara un sistema que ha permitido la injusticia y la desigualdad. Llamar al
orden, este orden, es llamar a perpetuar las injusticias.
Inventar un nuevo orden –consensuarlo– es, probablemente, la gran tarea política
que ha estado pendiente desde hace años y que nadie ha querido afrontar con la crudeza que exige. Cuando se habla de cambiar el sistema político, probablemente a lo que
debiera apuntarse es, más que a pensar en más diputados, a crear mecanismos para
transferir más poder a los ciudadanos.
Finalmente, el problema es que la derecha siempre se ha definido como una corriente que defiende e impulsa la libertad, pero eso se ha quedado en simple discurso. Cuando las libertades estuvieron conculcadas por una dictadura, la derecha no tuvo empacho
en que se sacrificaran las libertades básicas para obtener beneficios del régimen, entre
otras cosas enriqueciéndose. Cuando la ciudadanía hoy reclama más protagonismo, que
es una demanda de libertad, el gobierno se enfrenta al dilema de acoger esa exigencia,
lo que implica necesariamente ceder cuotas de poder.
¿Será capaz de hacerlo? No, en la medida en que se siga subordinado el interés general a los intereses particulares del poder económico. No, tampoco, si no está dispuesto
a romper con muchos de sus amigos que han hecho de combinación política-negocios
una forma de enriquecimiento.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La Concertación fue cooptada por el lobby de ese poder. Fue cooptada, entonces,
por los intereses particulares. El actual gobierno, muchos de cuyos integrantes formaron
parte de esos intereses particulares, tiene la ventaja de conocer esos mecanismos de cooptación –conocer ese “negocio”– y puede, desde ahí, desde ese conocimiento, rechazar
el lobby y poner por sobre los intereses particulares el interés general (a pesar de que su
teoría económica dice que la suma de esos intereses particulares redunda, naturalmente,
en el interés general).
El gobierno de Piñera puede emprender esa transformación, justamente, desde su
relación con esos poderes, porque no es que los conozca, sino que ha sido parte de ellos.
Si lo hace, se mostrará, en ese aspecto, más republicano que la Concertación. Y, en los
hechos, más preocupado de disolver el poder y, por lo tanto, más democrático.
Puede hacerlo, aunque si lo hace dejará de ser lo que es, lo que no es poco si se analiza su pasado reciente. Esa sí sería la concreción de la promesa del cambio.
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¿Representación corporativa en las
sombras? Una reflexión histórica sobre
las tendencias políticas del presente
Sofía Correa Sutil
Sofía Correa Sutil
Historiadora de la Pontificia Universidad Católica de
Chile y Ph. D. en la Universidad de Oxford. Académica de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Chile.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
¿REPRESENTACIÓN CORPORATIVA EN LAS SOMBRAS?
Una reflexión histórica sobre las tendencias
políticas del presente
A mediados de este año 2011 se han producido en Santiago y en las principales ciudades
del país enormes manifestaciones, con una convocatoria tan numerosa –se han calculado incluso cien mil personas en una de las que se ha llevado a cabo para defender la
educación pública– como no se las veía desde aquellos tiempos épicos en los cuales la
ciudadanía se movilizaba segura de que podría derrotar a la dictadura en las urnas. La
significativa diferencia con aquellos tiempos es que las actuales expresiones masivas no
han sido lideradas por los partidos políticos, con la excepción relativa del Partido Comunista. A lo más, algunos de sus dirigentes, buscando no quedarse fuera del impulso
social, se han sumado a ellas desde una segunda línea.
Por otra parte, en este contexto de ausencia de los partidos en el liderazgo de las movilizaciones estudiantiles y de las protestas sociales, hemos tenido conocimiento de las
últimas encuestas sobre percepciones políticas, las cuales muestran una y otra vez el rechazo ciudadano a la gestión de todos los partidos, así como también a las instituciones
centrales del régimen democrático, es decir, el Congreso Nacional y la Presidencia de la
República, además de los Tribunales de Justicia. Las cifras son dramáticas: los niveles de
rechazo de la ciudadanía superan el 60% cuando se pregunta por la evaluación de las
alianzas políticas, ya sea del Gobierno o de oposición, y también cuando se pregunta por
la gestión del Senado y de la Cámara de Diputados. La confianza en estas instituciones
es ínfima: menos del 20% de los chilenos confían en ellas, incluso los encuestados manifiestan mayor confianza en asociaciones intermedias, como los sindicatos y las organizaciones empresariales, que por los partidos políticos, el Congreso o el Poder Judicial.
No es necesario ser muy perceptivo para darse cuenta de que el país visualiza en
todos los sectores del espectro político a dirigencias partidistas encapsuladas, ajenas
a los anhelos y frustraciones de las mayorías ciudadanas, a la vez que cercanas en sus
gustos, apreciaciones y criterios; a los sectores más ricos del país que gozan de un desvergonzado consumo lujoso y superfluo, publicitado además por los medios masivos
de comunicación social. Es cierto que el problema es compartido a nivel internacional:
los jóvenes “indignados” de la Puerta del Sol en Madrid tampoco quieren saber nada de
sus dirigentes políticos. Pero no por eso es menos grave o específico, y puede tener en
Chile un impacto inesperado.
Por de pronto, en nuestro país la desafección de la ciudadanía para con sus representantes se ha agravado con el sistema electoral que tenemos, puesto que el sistema
binominal creado durante la dictadura y vigente hasta el presente, ha tenido el efecto
de que sean las cúpulas de los partidos las que deciden de antemano los resultados
electorales. Son ellas las que designan, sin consultar a las bases, quiénes serán los dos
candidatos a los cupos parlamentarios que lleva cada alianza partidista, y como la mayor probabilidad es que se elija a uno de cada una de las dos combinaciones políticas
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¿Representación corporativa en las sombras?
Sofía Correa Sutil
en disputa, la competencia por los votos se da más bien entre los dos candidatos de
la misma lista. Incluso ha sucedido que las cúpulas de los partidos deciden proteger a
determinadas figuras y asegurar su elección a como de lugar. El caso más extremo fue
cuando el acuerdo partidista transversal aseguró las senadurías de Eduardo Frei RuizTagle y de Andrés Allamand por Valdivia, al llevarlos como candidatos únicos de cada
lista, evitando así la competencia electoral con algún otro candidato de sus mismas filas,
e impidiendo por tanto que la elección misma pudiese tener influencia alguna en el
resultado final. No debería sorprender que el primero no alcanzara la reelección presidencial pocos años más tarde. Por ello, con muy pocas excepciones (solo un senador por
Magallanes que es independiente), el sistema binominal ha impedido que la ciudadanía
pueda pedir cuentas a sus representantes ante el Congreso, y premiarlos o castigarlos en
cada elección. En realidad, es a su propio partido ante el cual responde cada parlamentario a la hora de definir su futuro político.
A esta nefasta debilidad representativa, que se puede percibir desde hace décadas,
se agregó en 2005, por iniciativa del Presidente Ricardo Lagos, una reforma al sistema
electoral, de rango constitucional, es decir, ampliamente respaldada en el Congreso,
mediante la cual se entregó a las dirigencias de los partidos políticos la decisión de
designar a la persona que debería reemplazar al parlamentario que, por renuncia o
muerte, dejara vacío su cargo. Antes de esta reforma, la Constitución del 80 disponía
que el parlamentario saliente debiera ser reemplazado por su compañero de lista de la
elección que lo llevó al Congreso, disposición que operó cuando el senador Jaime Guzmán fue asesinado. En cambio, la primera ocasión en que se aplicó la reforma de 2005
fue cuando la Presidenta Bachelet nombró en un ministerio a una diputada en ejercicio,
y el Partido Socialista designó a su reemplazante, una figura que nunca se había jugado
su porvenir político en una disputa electoral. Desde entonces, en un año y medio del
actual gobierno de Sebastián Piñera, se ha recurrido ya cuatro veces a la misma práctica
de nombrar como ministros a parlamentarios en ejercicio, y han sido sus partidos quienes, por disposición legal, designan a sus reemplazantes1. Al parecer, la paciencia ciudadana se ha colmado, y lo ha hecho saber; las dirigencias partidistas no han tenido más
que hacerse cargo de la indignación, y han comenzado a pensar en una nueva reforma.
Falta por hacer notar que durante el gobierno de Lagos el Congreso actuó como buzón
receptor de las iniciativas presidenciales, sin tomar distancia alguna para examinar la
inconveniencia de propuestas como esta.
Lo antedicho nos lleva a hacer notar que la desconfianza de la ciudadanía en los partidos políticos y en las instituciones democráticas va a la par con la debilidad del Congreso Nacional, tanto en su función legislativa como en su capacidad fiscalizadora de
los actos del Ejecutivo. El presidencialismo exacerbado que instala la Constitución del
80, y que se mantiene e incluso se consolida durante los gobiernos de la Concertación,
está lejos de favorecer la solidez de una representación política democrática canalizada
1. Una de las circunscripciones con senador designado –por su partido– es Valdivia, cuya ciudadanía,
como ya vimos en la contienda electoral previa, no tuvo ningún poder decisorio, dado el acuerdo de
las cúpulas partidistas de llevar candidatos protegidos, es decir, tantos candidatos como cupos a elegir.
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
a través de partidos con poder parlamentario. Es que los partidos, en cuanto representantes del sentir ciudadano, tampoco han sido relevantes en la acción política del Ejecutivo durante los gobiernos de la Concertación, porque las decisiones fundamentales
se han tomado en el secretismo, ya sea del segundo piso, donde actúan los asesores
presidenciales de su exclusiva confianza, o del gabinete del Ministro del Interior, o bien,
si se trata de políticas públicas, las decisiones han estado entregadas a los tecnócratas
sectoriales del Ministerio de Hacienda. Encargados de velar por los equilibrios fiscales
y evitar el gasto desfinanciado, estos terminaron por decidir sobre la definición de las
políticas de todos los ministerios sociales, incluido, por cierto, el de educación. No nos
sorprendamos entonces de la tremenda crisis en este sector, que ya lleva más de un
lustro manifestándose.
Es evidente, dados todos estos condicionantes, que se ha generado una peligrosa
crisis de representación. Peligrosa, por cierto, para el régimen democrático, entendiendo por tal la democracia representativa de matriz liberal con la que se gobierna Europa
occidental desde la segunda postguerra, que es la que le permite superar los enormes
traumas que dejara la destrucción bélica y los totalitarismos que la precipitaron.
Para el funcionamiento de la democracia, es fundamental que existan partidos políticos sólidos. Son estos los que canalizan y procesan la representación ciudadana, en la
medida en que son las instancias que recogen las diversas y contradictorias demandas
particulares o sectoriales, y las integran en una propuesta nacional, que a la vez es coherente y está guiada por un ideal de sociedad y una visión específica del futuro mediato
de la sociedad donde se insertan. De allí la importancia de la dimensión doctrinaria o,
si se prefiere, ideológica en la existencia de los partidos políticos. La misma pluralidad
social en su interior les otorga esta capacidad de integrar demandas sectoriales en propuestas aplicables al conjunto de la sociedad, que es lo que caracteriza a los partidos
políticos y los vuelve indispensables en un orden democrático.
Por cierto, no es la primera vez que se produce en la historia política chilena una
crisis de representación y debilidad partidista. De hecho, de tales crisis surgieron nuevos
sistemas de partidos en las décadas de 1930 y 1950. Puede que estemos en un escenario
político semejante y presenciemos en un breve plazo una reformulación del sistema de
partidos. Lo que no significa, por cierto, que desaparezcan los partidos actualmente
vigentes, sino que estos tendrían que reformular sus propuestas políticas, es decir, su visión del futuro mediato de la sociedad chilena, a la luz de sus principios fundantes y sus
ideales de sociedad; tendrían que estrechar nuevamente sus vínculos con la ciudadanía a
la que representan, como una necesidad para no quedar fuera del juego político; y, como
parte de este mismo proceso, habrán de redefinir sus alianzas partidistas. De modo que
al reformularse el sistema de partidos tendrían que cambiar las combinaciones políticas,
a la vez que deberían surgir nuevos partidos, algunos de los cuales llegarían a concitar
considerable apoyo ciudadano, y tendrían que ser considerados por aquellos de más
larga data en su política de alianzas.
La transformación del sistema de partidos se ha producido históricamente en un
contexto de convulsión política, en el cual estos sufren de una crisis de representación, es decir, cuando la desafección de una ciudadanía que hasta entonces los había
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¿Representación corporativa en las sombras?
Sofía Correa Sutil
respaldado, ahora los obliga a reformularse, en algún sentido a recrearse. En la tercera
década del siglo XX, la debilidad de los “partidos históricos” quedó en dramática evidencia al producirse la seguidilla de intervenciones militares, golpes de Estado y dictaduras que caracterizaron la política chilena entre 1924 y fines del 32. A comienzos de
los años 30 surge un nuevo sistema de partidos cuando, por una parte, se crea el Partido
Socialista, a la vez que el Partido Comunista decide implementar una nueva estrategia
de alianzas, cubriendo al centro partidista, lo que culmina en la creación del Frente
Popular en la segunda mitad de esa década; a la vez, los partidos Conservador y Liberal
articulan entonces una alianza política de larga duración. A partir de esos procesos característicos de la primera mitad de la década de 1930 se puede comenzar a hablar con
propiedad de izquierdas y derechas en la política chilena.
Con tal sistema partidista gobernaron los mandatarios provenientes del Partido Radical, hasta que veinte y tantos años más tarde, a comienzos de los años 50, el “terremoto ibañista” mostró a un electorado dispuesto a distanciarse de los partidos que lo
habían representado hasta entonces, y presto a entregarle su respaldo a una figura autoritaria de tono populista, el “General de la Esperanza”. Al menos por un tiempo, que
fue breve gracias a la vitalidad y capacidad de recomposición que tuvieron los partidos
al finalizar dicho gobierno. El nuevo sistema de partidos que surge al terminar esa década se caracteriza por la emergencia con gran poderío electoral del Partido Demócrata
Cristiano, por la pérdida de la preeminencia que había tenido el Partido Radical desde
los años 30, y por la redefinición de los partidos de izquierda y de su política de alianzas, fuertemente influidos por la Revolución cubana. El colapso de los partidos Liberal
y Conservador a mediados de los años 60 y la creación de un solo partido de derecha
vinieron a confirmar la polarización que asumía el sistema de partidos creado a fines de
la década del 50.
El golpe de Estado de 1973 –lo sabemos– puso fin a toda forma de representación
política, dejó a los partidos fuera de la ley y persiguió implacablemente a aquellos que
habían integrado la Unidad Popular. Será, pues, en la segunda mitad de la década del 80
cuando se vuelve a configurar un nuevo sistema de partidos, a partir del entendimiento
entre la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, expresado en la Concertación de
Partidos por la Democracia, alianza política de largo aliento bajo cuyo diseño estratégico
se produce la transición democrática conducida a lo largo de cuatro períodos presidenciales. Habiéndose agotado este modelo veinte años después de su creación, es posible
que ahora estemos a las puertas de su transformación.
Hay que notar que en las tres experiencias históricas reseñadas se visualizan elementos de continuidad con respecto al período anterior, especialmente en lo que se refiere a
la persistencia de los partidos previamente vigentes, así como también de cambio, particularmente notorio en la transformación de los términos bajo los cuales se producen las
alianzas partidistas, en el surgimiento de un nuevo partido, que se introduce en la arena
política con el mismo peso que los que vienen de más atrás, y en una mayor participación política y electoral de la ciudadanía. En los años 80 se podría pensar que el nuevo
partido en el escenario político es lo que se ha dado en llamar “el partido transversal”,
refiriéndose a un grupo homogéneo que domina los puestos decisivos del Ejecutivo,
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
grupo cohesionado que tiene raíces tanto en el Partido Demócrata Cristiano como en
el Partido Socialista, y en el que ejercen un rol hegemónico antiguos militantes de un
partido católico-marxista minúsculo que integrara la Unidad Popular, es decir, el Mapu.
De alguna forma, el escenario político actual hace recordar a aquel de los años 50:
Sebastián Piñera es un hombre ajeno a los partidos, los ha doblegado –en el caso de los
que le han dado su apoyo electoral–, pero se nota que no confía en ellos; fue elegido
apelando a sus atributos personales y a su condición de hombre de éxito en el mundo de
los negocios e incluso –a pesar de ser el candidato de la derecha– en cuanto adversario
de la dictadura pinochetista (un hombre que votó No en el plebiscito del 88); su primer
gabinete fue integrado por independientes ajenos a los partidos que lo apoyaron en su
campaña y le traspasaron sus votos. Al igual como ocurrió con el general Ibáñez, su
gobierno ha perdido apoyo ciudadano muy rápidamente, a la vez que el desencanto se
ha extendido también a los partidos de todo el espectro político, e incluso al Congreso
Nacional. El escenario económico es muy diferente a aquel de los años 50, pero el contexto político se abre a las comparaciones.
En la actualidad, una reformulación del sistema de partidos y una nueva aproximación de estos con la ciudadanía, que permitiera recrear la representación política, requeriría urgentemente de una reforma electoral profunda, de modo tal que el electorado
supiera que su voto tiene relevancia decisiva en el devenir de la política nacional. Ello
implica por lo menos, a mi juicio, terminar de raíz con el régimen electoral binominal
y con la designación de parlamentarios suplentes por parte de las dirigencias partidistas
(las elecciones complementarias, por medio de las cuales se elegía al parlamentario que
asumiría una vacancia en el Congreso, fueron parte fundamental de la historia política
chilena, desde que se instituyeran en 1888 hasta la clausura de la vida política con el
golpe de Estado de 1973). Por otra parte, la inscripción automática y el voto voluntario
darían una señal de confianza de los partidos en la ciudadanía –confianza en esos votantes desconocidos y sorprendentes– y de sintonía con sus percepciones políticas, lo que
tiene una enorme importancia por sí mismo.
Es presumible también que habrá que legislar sobre la vida interna de los partidos
políticos, algo inédito en la historia chilena pero necesario para forzar la apertura de sus
oligarquías que controlan la toma de decisiones y asegurar la creación de una razonable
cercanía con sus bases sociales actuales y potenciales. Por cierto, a la vez habrá que forjar un espacio dentro del sistema representativo para los nuevos partidos que se vayan
formando y decantando, de modo de que el nuevo sistema de partidos que se cree sea
capaz de recibir las múltiples expresiones de una ciudadanía mucho más diversa que la
que se representaba hace una veintena de años atrás.
Todo ello es deseable y necesario para fortalecer la democracia representativa, pero
puede que nada de ello ocurra. En ese caso, tendremos caudillismo, populismo y representación corporativa.
En efecto, hoy en día es posible percibir intentos de legitimar e instalar la representación corporativa, intentos que apelan al progresismo, como siempre ha ocurrido,
por lo demás, con las propuestas corporativistas. En esta perspectiva, se ha postulado el desiderátum de la representación ciudadana directa, queriendo decir con ello la
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¿Representación corporativa en las sombras?
Sofía Correa Sutil
instalación en el núcleo de la toma de decisiones políticas de una representación social
que se expresa a través de organizaciones sectoriales (que asumen la representación de
la totalidad del sector correspondiente), y sin la mediación de los partidos políticos.
Aparentemente habría una mayor densidad democrática en el “mandato imperativo”
que se les da a los representantes desde las organizaciones sociales. No obstante, este
constituye un retroceso político, en la medida en que, como los representantes carecen
de autonomía respecto de las asociaciones representadas, con este mandato imperativo
se prescribe la posibilidad de negociación, de construcción de entendimientos mirando
a la totalidad en una temporalidad más extensa que el presente inmediato. Aparentemente habría una mayor participación, incluso una participación directa en la toma
de decisiones cuando los representantes de los sectores involucrados en un problema
social, mandatados y sin autonomía, son consultados a través de instancias ad hoc. Pero
ello más bien se trata de un mecanismo de control de la movilización social, incluso de
utilización de una expansión controlada de la movilización social, generando una participación subordinada, dependiente, en un contexto populista. Se trata de una participación tan solo aparente, al igual que el mecanismo plebiscitario, en la medida en que toda
decisión política implica conjugar un conjunto de intereses y demandas contradictorias,
y procesarlas como tales. Por eso es que la prescindencia de los partidos políticos en su
calidad de representantes de la ciudadanía en su conjunto y en su capacidad de articular
decisiones en medio del conflicto de intereses, para ser reemplazados por representantes
sectoriales, da solo una ilusoria sensación de participación.
La primera ocasión en que en los últimos tiempos ha ocurrido un ejercicio de representación corporativa ha sido con la creación del Consejo Asesor Presidencial para
la Calidad de la Educación, convocado por el gobierno de Bachelet como respuesta a
la protestas de estudiantes secundarios en 2006. En vez de someter el problema de la
educación chilena, con sus múltiples aristas, a la consideración del conjunto de los
partidos políticos para luego llevar la discusión al Congreso Nacional, Bachelet decidió
diseñar un mecanismo para la toma de decisiones que institucionalizaba la consulta
directa a los actores involucrados en el problema. Así, en forma personalista y centralizada, definió la composición de quienes debían conformar este Consejo Asesor
Presidencial de donde habrían de salir las nuevas políticas de educación. Así, dicha
asamblea estuvo integrada por representantes de cada sector interesado, fuesen de
organizaciones de estudiantes universitarios y de secundarios, rectores universitarios,
directivos del Colegio de Profesores, representantes de los dueños de colegios particulares subvencionados, de los alcaldes, etc., además de un puñado de autodefinidos
expertos en la materia. Por cierto, de tal conjunto no podría salir una propuesta que
recogiera todas las demandas y visiones contrapuestas, y que permitiera a la vez que
todos estuviesen satisfechos, como se esperaba. En la redacción final se impusieron los
“expertos” más audaces, mientras que aquellos sectores con mayores quejas y demandas –por de pronto los estudiantes secundarios– se sintieron engañados, y el Ejecutivo
tuvo que someter la discusión del problema educacional a la consideración de los partidos políticos antes de poder enviar algún proyecto de ley al Congreso Nacional. Al
final de cuentas, lo que se logró con el modelo del Consejo Asesor fue desmovilizar por
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algún tiempo a los estudiantes, profundizar el sentimiento contrario a los partidos políticos y al Congreso Nacional, y poner en práctica una experiencia de representación
corporativa.
El corporativismo es un modelo político de vieja data en América Latina, propugnado tanto por sectores de derecha como de izquierda, incluyendo por cierto a las
corrientes socialcristianas. En los años 30 tuvo su momento de mayor auge en el pensamiento político chileno. Desde una perspectiva de izquierdas se propuso entonces un
corporativismo-socialista, en un Estado funcional, con un federalismo funcional, construido desde la base social, sindical y de productores, desestimando la intermediación
de los partidos políticos en la representación ciudadana y en la articulación de intereses
contradictorios. También se propugnó crear una Constitución funcional, es decir, con
representación corporativa-sindical. Tengo la impresión que algunas de estas mismas
ideas hemos comenzado a escuchar en los discursos de universitarios, sea de profesores
o de alumnos, en los últimos años.
Si bien en sus expresiones más difusas el corporativismo ha podido convivir con
sistemas democráticos, suele ir acompañando al caudillismo autoritario, ciertamente
antiparlamentario. El líder caudillista podrá buscar su legitimidad tanto a través de formas de representación corporativa en un Estado centralizador, representación fácil de
manipular, como a través del recurso plebiscitario utilizado en caso de que haya mucha
controversia social respecto a un tema específico. A fin de cuentas, el modelo corporativo pone fin al pluralismo político, moviliza a los sectores sociales pero a la larga solo en
apoyo a los gobernantes, y debilita o pone fin a los partidos políticos como canales de
representación ciudadana, y también al Congreso Nacional como el espacio político por
excelencia para la negociación y el acuerdo en una sociedad plural. Ante la persistente
presencia de caudillismos en América Latina, últimamente de izquierda, es conveniente
tener presente cuáles caminos conducen al corporativismo caudillista, sabiendo por
experiencia histórica cuán difícil es recuperar el pluralismo político en las sociedades de
la América Latina.
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Reflexiones sobre democracia,
política e igualdad
Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
Agustín Squella Narducci
Doctor en Derecho, Profesor de Filosofía del Derecho
en la Universidad de Valparaíso y de la Universidad
Diego Portales. Miembro de Número de la Academia
de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto
de Chile. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en el 2009.
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Reflexiones sobre democracia, política e igualdad
Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino: ¿Cuáles serían, desde su perspectiva, los nudos centrales que enfrenta la
política –gubernamental, del Estado y de los partidos– en el Chile de hoy?
Agustín Squella: El Estado no debe ser reducido, sino modernizado; un proceso
que comenzó hace algunos años, aunque de una manera intermitente y no suficientemente planificada, y que debe estar regido por la idea de que la existencia del Estado
es tan inevitable como necesaria para el desarrollo de los pueblos y el bienestar de las
personas, salvo que quisiéramos retroceder a un estado de naturaleza que se parecería
más al que describió Hobbes que Rousseau, esto es, no de paz, abundancia y felicidad,
sino de tinieblas, soledad y guerra de todos contra todos.
No puede partirse de la idea de la maldad estatal, puesto que, en caso de hacerlo,
cada vez que alguien se haga con el poder del Estado, o con parte de este, se sentirá fuera
de lugar y no suficientemente estimulado a utilizar debidamente dicho poder. Un poder,
en cualquier caso, que debe ser limitado. Todo poder, en verdad, tiene que ser limitado,
y no solo el poder político, puesto que es propio del poder tender a expandirse, con la
consiguiente posibilidad de producir daño a las personas. Pero así como el Estado debe
ser limitado en su poder, también deben serlo el poder militar, el poder económico, el
poder de los medios, e incluso el que ostentan organizaciones de carácter espiritual,
puesto que todos ellos tienen capacidad de producir daño si no están debidamente
regulados.
En cuanto al Gobierno –y esto vale especialmente para el actual–, debe ser capaz
de atraer a la función pública tanto a hombres del Estado como a hombres de Estado.
Llamo “hombre del Estado” a aquel que trabaja con gusto y eficiencia en este, que conoce y aprecia la función pública tanto en las posibilidades de servicio que ella ofrece
como en los límites que reconoce, y que acepta sin quejas los deberes que pesan sobre
los funcionarios. El “hombre del Estado” es lo que se acostumbra identificar como un
meritorio “servidor público” y no es necesario que para serlo se tengan que ocupar altos
cargos. Y llamo “hombre de Estado” a aquel que, junto con reunir las condiciones antes
señaladas, se muestra a la altura de las especiales exigencias de los cargos públicos de
mayor jerarquía, que es capaz de acumular una excepcional experiencia en el manejo de
los asuntos que le conciernen, y que procede en estos con certera visión de mediano y
largo plazo. El “hombre de Estado” es lo que suele llamarse “estadista”, y sus aptitudes
se aprecian en el desempeño de funciones públicas relevantes.
Pues bien, si hay sectores y partidos políticos que por largo tiempo han pregonado la
maldad estatal, recelado y hasta denostado lo público a favor de lo privado, y asegurado
que el bienestar de las personas proviene únicamente de su esfuerzo y capacidad de superación y emprendimiento y no de políticas ni decisiones públicas, ¿cómo pueden tales
sectores y partidos atraer hacia la función pública a personas idóneas cuando se hacen
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Reflexiones sobre democracia, política e igualdad. Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
con el gobierno y tienen que ser ellos los que gestionen los ministerios y servicios que
antes denunciaron como un mal o cuando menos como una amenaza para la libertad, la
iniciativa individual y el buen funcionamiento de los mercados?
En cuanto a los partidos políticos, tienen hoy pocos simpatizantes, aun menos militantes y un número todavía menor de militantes activos, algo que no parece preocupar
demasiado a quienes los dirigen, puesto que de ese modo pueden controlar mejor a quienes hacen vida de partido. Otro abuso flagrante de los partidos, al menos a nivel de lenguaje, es que se hayan apropiado de una hermosa palabra –“sensibilidades”– para aludir
a lo que al interior de cada uno de ellos no pasan de ser camarillas u grupos de poder que
se muestran los dientes y disputan la conducción de las respectivas colectividades. Y lo
tercero es que los partidos solo parecen servir a sus militantes mientras resultan funcionales para hacer una carrera política personal u obtener trabajo en el aparato del Estado.
Los partidos son indispensables para la democracia, hasta el punto de que esta no es
posible sin ellos, al menos en la única modalidad en que la democracia puede ser practicada en el tipo de sociedades extensas y complejas en que nos toca vivir. Así las cosas,
el debilitamiento y desprestigio de los partidos traen consigo un similar debilitamiento y
desprestigio de la propia democracia. Los líderes de los partidos no saben cuánto daño
hacen a la democracia con sus malas prácticas, en especial con la completa subordinación
a que someten a las colectividades en que militan a sus personales expectativas y ambiciones. Hemos sido testigos en los últimos años de políticos que abandonan sus partidos, o
se hacen expulsar de estos, solo porque advierten que en ellos ya no pueden hacer una carrera política exitosa, pasándose incluso en tales casos del lado de quienes siempre fueron
sus adversarios. Es claro que la política no es una actividad humana que se haga a partir
de los mejores sentimientos del corazón humano, pero tampoco es necesario hacerla desde los peores. Y el resentimiento y el despecho se cuentan ciertamente entre los peores.
Por último –y excusas por lo extenso de esta respuesta–, el sistema binominal para
elegir a nuestros senadores y diputados ha hecho un gran daño, puesto que, junto con
igualar el poder político que tienen en el Congreso tanto la primera como la segunda
mayoría, excluyendo a las minorías, ha acostumbrado a quienes postulan a tales cargos
a no competir mayormente entre sí por las preferencias de los ciudadanos.
S.M.: ¿Qué diferencias y semejanzas percibes en los movimientos sociales del siglo XX y los de
los albores del siglo XXI? ¿Tienen las mismas características o se trata más bien, en el caso de
los últimos, de “acciones sociales” que demandan materias puntuales?
A.S.: Lo que pasa es que las personas empezaron a tomarse los derechos en serio,
incluidos los de carácter social –a la salud, a la educación, al trabajo, a una previsión
oportuna y justa–, y a exigir que todos los poderes del Estado –ejecutivo, legislativo y
judicial– se los tomen igualmente en serio. Los derechos fundamentales no son ya unas
vagas entelequias que reflejen meras utopías, sino que, debida y felizmente positivados
en el derecho interno de los estados y en tratados internacionales, son algo de lo que
los individuos toman cada vez mayor conciencia y empiezan a reclamar por su efectiva
garantía, de manera que no se reduzcan a letra muerta escrita en el papel de las constituciones políticas y de los pactos internacionales de derechos humanos.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Si por largo tiempo viene hablándose de derechos fundamentales, no podemos sorprendernos de que haya llegado el momento en que sus titulares crean que efectivamente los tienen y que alguien debe responder por ellos.
Con todo –y aun a riesgo de sonar impopular–, considero que también es necesario
preguntar y preguntarnos acerca de cuáles son nuestros deberes. En la primera clase que
doy a los alumnos de primer año en la Universidad procuro hacerles ver que han llegado
allí merced al ejercicio de un derecho –el derecho a la educación–, pero que, obtenida ya
la matrícula del caso y el asiento que ocupan en la sala, deben empezar a pensar en los
deberes que impone la condición de estudiante universitario. Me refiero a cosas básicas,
como asistir a clases, estudiar regularmente, preparar a conciencia las distintas materias,
en el entendido de que a la Universidad no se va a tramitar un título profesional, sino
a iniciar un proceso de formación en una determinada área del saber. Y digo “iniciar”,
puesto que bien sabemos que los estudios de pregrado no son suficientes y que siempre
será preciso prolongarlos con cursos y programas de postítulo y posgrado.
Sin embargo, son pocos los que quieren oír hablar de deberes. Se ha instalado hoy
en la educación, y también en la de carácter superior, lo que alguien ha llamado “conspiración contra la dificultad”. Todo tiene que resultar fácil, sin esfuerzo, sin complicaciones, en circunstancias de que educarse, al menos a nivel superior, y ni qué decir
universitario, no es ni puede ser algo para nada fácil. Por momentos tengo la sensación
de que algunos estudiantes creen que el derecho a la educación incluye el de ser aprobados en las distintas asignaturas, lo cual, al menos en parte, es producto de que la lógica
del parvulario –la educación como un juego– se ha expandido a la educación básica, a
la media e incluso a la de tipo superior. El mayor descaro en tal sentido fue una pintada que leí alguna vez en uno de los muros de la Universidad Complutense de Madrid:
“Aprobar es un derecho humano”.
S.M.: ¿Cómo influye el pensamiento católico y conservador en las demandas de transformaciones culturales ligadas a las relaciones de género y de los derechos de las diferencias sexuales
respecto a la igualdad?
A.S.: No solo en esas materias, sino en todas, el pensamiento católico conservador
–y lo pongo de esta manera puesto que no hay un solo pensamiento católico– ha tenido
en Chile una influencia desmesurada. Pensemos, sin ir más lejos, como la jerarquía de la
Iglesia católica, con la complicidad de parlamentarios católicos y medios de comunicación igualmente católicos, o simplemente conservadores, consiguieron retrasar hasta los
inicios del siglo XXI una ley de divorcio vincular que, por lo demás, quedó plagada de
concesiones a los sectores conservadores que, confundiendo el matrimonio sacramento
de las Iglesias con el matrimonio civil de la República, intentaron hasta el último momento –oprobiosa campaña de spots sobre los peligros de ser hijo de padres divorciados
que transmitió profusamente un canal católico de televisión– que el segundo continuara
rigiéndose por los dogmas que son propios del primero, pronosticando incluso que
el país se precipitaría en las tinieblas morales si se aprobada una ley de divorcio, un
vaticinio tan histérico como engañoso, y que por cierto no se cumplió. La paradoja es
que muy pocos años después esos mismos sectores tienen que mostrarse dispuestos
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Reflexiones sobre democracia, política e igualdad. Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
a discutir ahora sobre uniones de hecho o acerca del matrimonio entre personas del
mismo sexo, como mañana tendrán que hacerlo sobre despenalización del aborto en
determinadas circunstancias –como violación de la mujer embarazada, por ejemplo–, y,
asimismo, sobre eutanasia, aunque recurrirán probablemente al discurso y a la denuncia de siempre para retrasar, no digo la aprobación, sino la simple discusión de asuntos
como esos. A saber, que el país va transitando por una suerte de despeñadero moral.
Hay que recordar que el pensamiento católico –y hay que distinguirlo del pensamiento cristiano, puesto que este, según me parece, es mucho más abierto y tolerante
que aquel– se opuso en su momento a instituciones como el matrimonio civil, los cementerios laicos y la creación de un registro civil de nacimientos y defunciones. Me
imagino que hoy todos los católicos se avergüenzan de ello, aunque lo mejor sería que
aprendieran de una vez la lección de que no pueden imponer sus creencias al grueso de
la sociedad civil y de que las siempre pronosticadas tinieblas morales no caen sobre un
país porque aprueba leyes sobre materias como esas.
El pensamiento católico trató durante siglos a las mujeres como seres inferiores,
reducidas apenas a un vientre que asegurara la reproducción de la especie y la satisfacción del instinto sexual masculino, y ni qué decir de su implacable aversión a lo que su
pregunta llama “minorías sexuales”.
En materia sexual no hay opciones ni preferencias ni inclinaciones. Hay caracteres.
La heterosexualidad es un carácter, una condición, lo mismo que la homosexualidad, y
no es por tanto del caso creer que las personas, llegadas a cierto momento de sus vidas,
optan, prefieren o se inclinan por una determinada condición sexual. Tienen una condición sexual y no es que opten por ella o la prefieran.
Por último, permítame distinguir también entre religiones e Iglesias. El catolicismo
es una Iglesia, mientras que el cristianismo es una religión. Como dice Vattimo, la diferencia que hay entre religiones e iglesias es la misma que existe entre el arte y los museos
o –dicho ahora en jerga deportiva– es la misma que hay entre el fútbol y los clubes de
fútbol. A mi juicio, el mayor daño en la historia de la Humanidad lo han producido las
Iglesias y sus clérigos, y no las religiones y sus habitualmente amables fundadores.
No tengo ningún título para dar consejos a los católicos, ni a nadie, pero el mejor camino para su Iglesia sería retomar el mensaje y la senda del cristianismo de los
evangelios y no el de la lectura de los pontífices, y volver a ser la religión –perdón, la
Iglesia– no de la verdad y el dogma, sino del amor y la caridad; no la del poder, sino la
de la compasión; no la de los siervos, sino la de los amigos de Jesús; no la de la disciplina, sino la de las interpretaciones; y no la de los valores que se declaran, sino la de las
virtudes que se practican.
S.M.: Desde su punto de vista, ¿es posible que el liberalismo económico ostentado por la derecha chilena sea coherente con un liberalismo cultural?
A.S.: En Chile no hemos tenido nunca liberalismo en el sentido completo del término. Los pocos liberales chilenos, tanto en el XIX como en el XX, fueron siempre
mirados como unas plantas exóticas, cuando no definitivamente tóxicas. En Chile ganó
Martín Rivas, no Bilbao, como dice Darío Oses. Nuestros principales y escasos liberales
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
debieron pasar largas temporadas en el exilio. De manera que lo que hemos tenido en
Chile es liberalismo económico –“liberismo”, como también se dice–, o sea, un liberalismo en la más empobrecida de sus versiones (el neoliberalismo) y no, o no de manera
suficiente, uno de carácter político y menos todavía de tipo cultural que reconozca la
autonomía de las personas no solo para decidir y pensar cuáles creencias adoptar, sino
qué idea de bien deben profesar y cuál tipo de vida llevar adelante para realizar esa idea
de la mejor manera posible. O sea, hemos sido más libres a la hora de comprar y vender,
al momento de entrar y salir de los supermercados, mas no completamente a la hora de
elegir a nuestros representantes y de desarrollar formas de vida autónomas y diversas.
¿Cuántos que se dicen liberales votaron favorablemente la Constitución de 1980,
liberal por excelencia? ¿Cuántos dijeron “Sí” a Pinochet en el plebiscito de 1988, en circunstancias de que mucho antes todos –digo todos– sabíamos de las violaciones masivas, sistemáticas y prolongadas a los derechos humanos, llevadas a cabo por agentes del
Estado entrenados y destinados a practicar tales violaciones en nombre de la así llamada
seguridad nacional? ¿Cuántos restaron sus votos hasta las reformas constitucionales de
2005 para eliminar a los senadores vitalicios y designados y para restablecer la plena
subordinación del poder militar al poder político?
Voy a ir todavía más lejos: el verdadero líder de la significativa mayor parte de la
derecha chilena, aquel al que verdaderamente admiran y añoran, es el general Augusto
Pinochet. El propio Presidente Piñera, un hombre de derecha con chispazos democratacristianos, es mal visto por buena parte de nuestra derecha, simplemente porque votó
No en el antes mencionado plebiscito y porque en su hora flirteó un poco con el PDC,
un partido, este último, que tampoco es liberal. El único democratacristiano liberal que
he conocido fue Edgardo Boeninger, con lo cual no quiero decir que reste valor a ese
afortunado pacto de centroizquierda que forman (¿formaron?) ese mismo partido y el
PRSD, el PS y el PPD.
Dicho de una manera simple: si las libertades reconocen siempre un límite, algo
así como una línea del horizonte que no debemos traspasar (la libertad para mover mis
puños termina justo allí donde comienza la nariz de mis semejantes), liberal es aquel
que está interesado en empujar más allá la línea del horizonte, ampliando de ese modo
el ámbito de la libertad, mientras los conservadores procuran atraer más acá esa misma
línea, achicando el espacio de la libertad.
Pero si en Chile ha predominado una mentalidad conservadora, de un tiempo a esta
parte, y de manera por lo demás acelerada, las cosas han empezado a cambiar, especialmente en la base social del país –cada vez más liberal política y culturalmente hablando–
versus unas elites –de la política, de la educación, de los medios, de las empresas, de las
Iglesias– que asisten perplejas, temerosas e inseguras al cambio de las cosas.
S.M.: Reflexionando desde un punto de vista filosófico-antropológico, “civilizatorio” y de larga
duración, ¿cómo caracterizaría el momento de las sociedades contemporáneas y específicamente de Chile?
A.S.: Las sociedades actuales son demasiado diversas como para dar un juicio que
valga para todas ellas. Incluso una sociedad determinada cualquiera –la chilena, por
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Reflexiones sobre democracia, política e igualdad. Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
ejemplo– acoge suficiente diversidad como para tener que andarse con cuidado a la hora
de las generalizaciones. Con todo, es claro que hay una insatisfacción con el capitalismo
y con las desigualdades que este produce. ¿En qué momento –me pregunto– dejamos
de hablar de “capitalismo” y sustituimos alegremente esa fea palabra por otra que suena
mejor, como es el caso de “libre mercado”? ¿En qué momento dejamos de hablar de
“igualdad” y nos conformamos con la mucho más blanda “equidad”? ¿Cuándo dejamos
de hablar de “trabajo” para hablar de “empleo” e incluso de “pega”, como se hace hoy
cuando se dice que tal o cual persona hace bien o mal la “pega”? ¿En qué instante, a
su vez, devaluamos la educación en capacitación y nos tragamos la falacia de que nos
educamos solo para conseguir buenos puestos de trabajo, y en qué momento, asimismo, nos convencieron de que si trabajamos es solo para ser más ricos y para hacer más
próspero al país en que vivimos?
Pero retomando el sentido de la pregunta, me gustaría decir que el malestar que se
aprecia en las sociedades de nuestro tiempo no obedece en todas partes a unas mismas
causas. Sí, el malestar es global, pero las causas no tienen por qué serlo, aunque querría
destacar que el malestar se aprecia incluso en sociedades desarrolladas o que han alcanzado, como es el caso de Chile, buenos niveles de desarrollo. Me refiero a que no pocos
creen tener derecho a la felicidad y no solo a la búsqueda de ella, un disparate que ha
sido alentado por políticos que prometen trabajar, no por el desarrollo de sus pueblos
y el bienestar de las personas, sino por la felicidad de estas, y por sociólogos que con
no poca liviandad construyen indicadores de felicidad y hasta canastas básicas de esta,
rankeando luego a los diferentes países según el grado de felicidad de quienes viven en
ellos. No, no hay ningún derecho a la felicidad, y proclamar un derecho semejante por
algún político o gobernante, por ejemplo, podría tener el efecto de que personas que no
son felices pinten pancartas y vayan a instalarse frente a la casa de gobierno o el Congreso Nacional para que quienes trabajan en esos lugares cumplan con sus promesas y
respondan a las demandas por felicidad. Solo tenemos derecho a buscar nuestra felicidad, aunque, claro, sin impedir que otros busquen la suya a su manera, y procurando
no tratar nunca a otro como un medio, sino como un fin.
Otra distorsión, a mi juicio, está en el reemplazo de la realidad por las percepciones
y de estas incluso por los simples estados de ánimo. ¿Quién nos convenció ahora de
que lo que importa no es la realidad sino cómo la percibimos? ¿Quién nos convenció de
que el grado de inseguridad real que hay en las calles, por ejemplo, es menos relevante
que la percepción de inseguridad que tienen los individuos? ¿Y quiénes, sino los que se
ganan la vida con ello, hacen pasar como percepciones de las personas lo que no pasa
de ser un simple y fugaz estado de ánimo de quien contesta al otro lado del teléfono y
emite una opinión sobre si está o de acuerdo con el Gobierno? También es del caso decir
que de las encuestas hemos pasado a los simples sondeos de opinión, lo cual significa
que también en esto nos hemos empobrecido.
S.M.: ¿Qué estrategias pueden pensarse para recoger, sistematizar y reflexionar sobre los modos de resolver los intereses ciudadanos tensionados y dispersos?
A.S.: La mejor estrategia, desde le punto de vista del gobierno de la sociedad,
no puede ser sino la democracia y el compromiso que esta asume con los derechos
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
fundamentales de las personas. Pero hay que tener en cuenta, para no decepcionarse y
menos exasperarse, que la democracia es rápida en la demanda y lenta en la respuesta,
a diferencia de las dictaduras que son lentas en la demanda y muy rápidas en la respuesta, a veces tanto como puede serlo un disparo lanzado a la cabeza de opositores o
disidentes.
Yo no consigo entender que tantas personas, sobre todo jóvenes, bostecen ante la
democracia y hasta la desprecien, en circunstancias de que se trata de la más osada de las
formas de gobierno, puesto que ante la pregunta acerca de quién debe gobernar admite
no tener una respuesta a priori y que puede hacerlo cualquiera que obtenga para sí la
mayoría. Además, la democracia es la forma de Gobierno que mejor examen rinde en
cuanto a declaración y garantía de los derechos fundamentales, de manera que quien de
valor a estos –¿y quién podría no dárselos?– tiene una muy buena razón para preferir la
democracia y para no sentir horror ante la política, porque es preciso tener presente que
hay algo peor que la mala política; a saber, la falta de política. Cuando la política sale de
escena sabemos bien qué ocurre: entra un general vestido con uniforme regular o verde
oliva –para el caso da lo mismo– que pone su pistola sobre la mesa y declara terminada
toda discusión.
Y ahora dos prevenciones: la democracia es una forma de Gobierno de la sociedad,
no de las instituciones, de manera que hay que tener cuidado cuando se pide democracia para el gobierno de una Universidad, de una empresa, o de cualquier otro tipo
de entidades. Si con “democracia” queremos aludir a participación, bien puede y debe
haber democracia en una Universidad. Pero si con democracia queremos decir principio
de la mayoría como regla de oro para decidir los desacuerdos, ella nada tiene que hacer
en una Universidad. También un padre puede y debe ser democrático, en el sentido de
escuchar a sus hijos y hacerlos participar en los análisis que conducen a decisiones que
conciernen a su familia, pero ningún padre, caso de existir y mantenerse un desacuerdo
–por ejemplo, a la hora de decidir el lugar de las vacaciones–, someterá a votación el
punto y legitimará sin más el punto de vista que concite la mayoría.
Y la otra prevención consiste en que si bien tenemos que mejorar la democracia
representativa, haciéndola cada vez más representativa y participativa, no es del caso
creer que podamos reemplazarla por una suerte de permanente democracia directa de
la asamblea o derechamente de la calle o de las multitudes, donde las votaciones se produzcan a mano alzada y sin mayor diálogo, reflexión ni conciliación de intereses.
S.M.: ¿Cree posible que se produzcan alternativas filosóficas y políticas para releer el sistema
globalizado en lo económico y que produce desigualdades –que se expresan en malestares micro
y macrosociales– superando la estigmatización de los metarelatos?
A.S.: Siempre hay posibilidad de nuevas y mejores ideas, puesto que solo un pensador permanentemente equivocado como Fukuyama pudo creer que hemos llegado al
fin de la historia. Al fin de la historia entiéndaselo, no como sucesión de los humanos
acontecimientos y tampoco como disciplina que algunos cultivan y enseñan (¿cuándo
los licenciados en historia empezaron a presentarse a sí mismos como historiadores?),
sino fin de la historia como hallazgo de la fórmula definitiva y feliz para la organización
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Reflexiones sobre democracia, política e igualdad. Entrevista a Agustín Squella
Sonia Montecino Aguirre
de la vida en común: democracia más economía de mercado. Aunque para hacer justicia
a Fukuyama, habría que decir que se trata de un pensador que junto con equivocarse
corrige rápidamente sus errores, lo cual le permite publicar sucesivos libros en los que
se equivoca y en los que más tarde corrige los errores de sus libros anteriores. Buen negocio para sus editores, desde luego, aunque algo desconcertante para quienes lo leen y
siguen su pensamiento con interés.
Sin embargo, hacia el final de su libro más conocido (El fin de la historia y el último
hombre), Fukuyama utiliza una bella y sugerente imagen que vale la pena rescatar: la de
unos hombres y mujeres que, habiendo llegado en sus carretas, unas en pos de otras, a
la tierra prometida de la democracia y la economía libre, se sientan por la noche a cavilar junto a la hoguera y a urdir sueños acerca de un posible mundo mejor que les haga
ponerse nuevamente de pie y reanudar el viaje que creían terminado.
Hay que mantener la conversación junto a la hoguera, y me parece, siguiendo en
esto a Richard Rorty, que el papel de la filosofía hoy puede consistir en conservar y prolongar esa conversación, sin ánimo de dirigirla y sin interés incluso por ocupar en ella
una posición relevante. La filosofía –por decirlo de una manera metafórica– se ocuparía
de llevar cada tanto tiempo leños a la hoguera, los leños que se necesitan para mantenerla encendida y para mantener igualmente viva la conversación que tiene lugar en torno
a ella, evitando de ese modo que el sueño o el frío se sobrepongan al deseo de dialogar
de los interlocutores.
Un mundo mejor (o peor) siempre es posible, y la globalización que hemos tenido
hasta ahora –hoy en marcha algo desbocada y limitada casi exclusivamente a las finanzas, los negocios, las comunicaciones y la industria del entretenimiento– precisa de un
cierto gobierno –tal como ha puesto de relieve Ernesto Ottone en su último libro–, de
unas ciertas reglas conductoras que impidan que ella nos conduzca a cualquier parte, la
peor de las cuales sería tanto el imperio o hegemonía de una cultura sobre las restantes
o el atrincheramiento defensivo y excluyente de cada cultura en las así llamadas “identidades”. El mejor destino de la globalización no puede ser otro que el cruce y mestizaje
de todas las culturas, o sea, el fin de las purezas.
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La ciberpolítica de los movimientos
sociales en Chile: algunas reflexiones
y experiencias
Salvador Millaleo Hernández
Salvador Millaleo Hernández
Abogado, Dr. en Sociología, Universidad de Bielefeld
(Alemania). Ha sido Research Fellow en la Universidad de Bielefeld. Investigador del Centro de Derechos
Informáticos de la Universidad de Chile y profesor de
la Universidad Diego Portales. Especialista en Sociología de la Tecnología, Sociología del Derecho, Políticas
de la Identidad, Teoría del Derecho y Ciberpolítica.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La Ciberpolítica de los Movimientos Sociales en
Chile: Algunas reflexiones y experiencias
Este ensayo se propone exponer brevemente y de manera exploratoria algunos
rasgos del desarrollo de la política virtual o ciberpolítica –la política realizada a
través de las tecnologías de la Información (TIC)– de los movimientos sociales
en Chile. La perspectiva desde la cual será enfocada la ciberpolítica consiste en
la medida en que las manifestaciones de opinión y debate a través de dichas tecnologías contribuyen a transformar las esferas públicas en Chile. En este sentido, las manifestaciones crecientes de las campañas electorales mediante Internet
no han sido un componente fundamental en su aporte a los múltiples espacios
públicos en Chile, como sí lo han sido la formación de plataformas de deliberación y movilización ciudadanas de movimientos sociales en la red.
Esferas públicas en Chile
Nancy Fraser ha concebido la esfera pública como “el foro de las sociedades modernas
donde se lleva a cabo la participación política a través del habla. Es un espacio en que los
ciudadanos deliberan sobre problemas comunes, por lo tanto, un espacio institucional
de interacción discursiva”. Mediante este espacio se diferencian los agentes del Estado,
las formaciones de la sociedad civil y los mercados. Dicho espacio de comunicación está
constituido por un conjunto de espacios asimétricos donde los ciudadanos construyen
discursos políticos que compiten por la hegemonía en la comunicación política. Las esferas públicas en una democracia están sujetas a un pluralismo agónico de la comunidad
política, en el cual la competencia entre discursos busca reconfigurar la constitución de
esta comunidad, pero sin que ninguna puede hacerlo definitiva y permanentemente.
Se puede afirmar que, con la caída de la dictadura militar, Chile ganó la oportunidad
de reconstruir una esfera pública democrática. En efecto, los gobiernos de la Concertación desmontaron un fárrago legislativo de restricciones a la libertad de expresión en
los diversos medios de comunicación. Sin embargo, dicha oportunidad debe contarse
como, al menos, relativamente perdida, en cuanto se dejaron subsistir un conjunto de
reglas que permiten restringir la comunicación política de los ciudadanos y, tanto peor,
se consolidaron constelaciones de hechos que imponen severas limitaciones a las comunicaciones políticas de la sociedad, como la concentración en muy pocas manos de los
medios más masivos, como la TV, los periódicos y las radios.
Lamentablemente, son dichas condiciones las que han acompañado el proceso de
mediatización intensiva que han experimentado las esferas públicas en Chile, en el cual
decrece el rol de la prensa escrita y de la movilización política copresencial, apuntando
a la búsqueda de información, expresión y difusión de opinión en torno a intereses públicos a través de otros medios más masivos, especialmente la TV. Existe disminución de
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La ciberpolítica de los movimientos sociales en Chile
Salvador Millaleo Hernández
la identificación con los partidos políticos y abandono de las manifestaciones políticas y
sociales y de las formas tradicionales de movilización política, según sugiere Marín. La
televisión, como lo muestran diversos datos de consumo y de audiencias de medios disponibles, se convirtió en Chile en el medio predominante de información y de expresión
de la discusión pública, y de mayor credibilidad para los ciudadanos, transformando las
condiciones bajo las cuales las personas participan de la esfera pública.
La medialidad televisiva presenta en Chile numerosos defectos como plataforma
de una esfera pública democrática, los que son percibidos por la ciudadanía. Así es
como en la VI Encuesta Nacional de Televisión de CNTV solo el 30,9 % de la muestra
consideran a los canales nacionales como los más neutros políticamente en relación a
otros medios. El análisis de las representaciones de grupos no dominantes por la TV
muestra constantemente como dicho espacio transmite modelos socioculturales que
subrepresentan a grupos subalternos. Por ejemplo, según Souza y Oyanedel, en cuanto
a lo femenino, se concede a la imagen de la mujer un espacio de participación restringida, reducida principalmente a las dimensiones eróticas y afectivas, en tanto que a los
hombres se les concede un espacio mucho más amplio, ligado fundamentalmente a lo
profesional. Algo análogo ocurre con pueblos indígenas, vecinos de poblaciones de escasos recursos, poblaciones regionales, estudiantes, jóvenes infractores de la ley y otros
ciudadanos marginalizados.
Las esferas públicas virtuales
Frente al referido contexto, Internet emerge como un medio único de comunicación,
que además de asumir a todos los demás como un verdadero hypermedio, es particularmente adecuado para proveer plataformas para debates públicos, que son relativamente
espontáneos, flexibles y autogobernados. Dentro de este enfoque, la ciudadanía mediática que proporcionan los nuevos medios de Internet conformaría una plataforma común
para los diferentes lugares del compromiso político. Del mismo modo, ella conduce a
una expansión de los espacios públicos políticos y crea con facilidad espacios públicos
alternativos o contraespacios públicos para actores subalternos.
Diversas investigaciones han procurado establecer las condiciones de constitución
de las esferas públicas en las plataformas ofrecidas por la Internet. En esa línea, Lincoln
Dahlgren ha establecido seis condiciones principales para que se constituya una genuina
esfera pública digital y que pueden ser, a su vez, cumplidas por los espacios virtuales de
deliberación: autonomía respecto del Estado y del poder económico; razonamientos antes que simples aseveraciones; reflexividad; toma ideal de roles; sinceridad; y, en último
lugar, inclusión discursiva con igualdad. Por su parte, Wilhelm ha indicado cuatro componentes esenciales de una esfera pública virtual, a saber: en primer término, la posesión de recursos antecedentes representados por las destrezas y capacidades necesarias
para obtener ciertos objetivos políticos; en segundo lugar, la inclusividad, que significa
que todas las personas potencialmente afectadas por una política tengan la oportunidad
de expresar sus preferencias e influenciar dicha política; en tercer lugar, la deliberación
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
en la cual los interlocutores provean razones para soportar sus argumentos, razones que
serán validadas en un espacio público libre de la interferencia de los poderes corporativos o de la manipulación de los poderes políticos; en cuarto término, el diseño, es decir,
la arquitectura de una red, cubriendo si dicha arquitectura es interactiva, moderada,
segura, no censurada y con suficiente capacidad para fines no económicos.
Parafraseando un acostumbrado estilo, al menos desde los libros de Manuel Castells, Malcolm Gladwell, un columnista del New Yorker, en Octubre de 2010, indicaba:
“The world, we are told, is in the midst of a revolution. The new tools of social media
have reinvented social activism. With Facebook and Twitter and the like, the traditional
relationship between political authority and popular will has been upended, making it
easier for the powerless to collaborate, coordinate, and give voice to their concerns”1
(Gladwell, 2010). Pero, a continuación, limitaba con ironía ese optimismo reciclado
sobre Internet al declarar que las protestas políticas recientes en el mundo no se tratan
realmente de “revoluciones de Twitter y Facebook”, sino de un activismo de alto riesgo
que requiere siempre de profundas raíces y lazos comunitarios fuertes que dichas redes
sociales no pueden proveer por sí solas. Esta idea la reiteró en febrero de 2011 a propósito de las manifestaciones en Egipto. La verdad es que Gladwell no dijo nada nuevo.
En contraste con los entusiastas de las potencialidades democratizadoras de Internet, los ciberescépticos sugieren que, en la práctica, los usos políticos de las tecnologías
de la información fallan en transformar los patrones existentes de participación democrática, e incluso pueden profundizar las brechas de participación cívica entre los que
están comprometidos en la acción colectiva y los que permanecen apáticos frente a ella.
Margolis y Resnick han indicado que la ciberpolítica no ha logrado hasta ahora establecer intereses de la misma manera que las organizaciones políticas tradicionales, como
los partidos políticos, los grupos de interés y los medios de comunicación convencionales. Por otro lado, las corporaciones se instalaron en los espacios de Internet y los han
colonizado con sus lógicas de producción y circulación de noticias y entretenimiento,
que producen, antes que una política transformadora, una “política usual”, convirtiendo
a las audiencias en consumidores antes que en productores activos de comunicación.
Las mismas formas de participación online parecen inadecuadas para sustituir prácticas
de las redes de interacción copresencial en las comunidades locales que se basan fuertemente en la confianza subjetiva y emocional. En definitiva, las divisiones sociales en el
acceso y uso de las tecnologías de la información amplificarían el poder de los que son
económica y políticamente privilegiados y mejor educados, entrenados y con acceso a
las tecnologías de la información, marginalizando aun más a los sectores apáticos y a los
grupos vulnerables.
1. “El mundo, nos han contado, está en medio de una revolución. Las nuevas herramientas de los medios
sociales han reinventado el activismo social. Con Facebook y Twitter y el me gusta, la relación tradicional entre autoridad política y albedrío popular ha cambiado, haciendo más fácil, para los sin poder, el
colaborar, coordinarse y darle voz a sus preocupaciones”. Traducción de Danusia Paleczek Alcayaga.
(N. del A.)
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La ciberpolítica de los movimientos sociales en Chile
Salvador Millaleo Hernández
La investigación empírica sobre el uso de las tecnologías de la información en las
comunicaciones políticas ha arrojado hasta ahora algunas evidencias moderadas pero
certeras de las siguientes características de la ciberpolítica, siguiendo a Ward y Vedel.
La Internet y las tecnologías de la información incrementan la información disponible,
así como las fuentes de esa información tanto a nivel de accesibilidad a los datos como
de interacción dinámica con ellos. En segundo lugar, ellas reducen los costos de movilización para los sujetos que no tienen acceso a los medios masivos. La comunicación
política de Internet puede desestabilizar los órdenes de la comunicación política y así
conducir a ciertas formas de desempoderamiento de las estructuras políticas establecidas, cuando el sistema de medios tradicional es particularmente concentrado y conservador. Tercero, ofrecen un mayor alcance de la discusión y el debate público, en cuanto
la ciberpolítica afecta las relaciones de representación, las cuales son transformadas por
la pluralización del espacio público cuando los sujetos marginalizados de este se organizan en la forma de espacios públicos alternativos, ganando de esa manera en visibilidad.
Cuarto, la Internet apoya la transnacionalización de la esfera pública en el sentido de la
superación y cuestionamiento de los marcos de referencia nacional de la comunicación
política. Por último, Internet ofrece a los ciudadanos más posibilidades de participación
en los procesos de decisión pública mediante los mecanismos de consulta y voto electrónicos, cuando el acceso y uso de las tecnologías de la información están suficientemente
difundidos en la sociedad.
Si bien los actores políticos establecidos y las corporaciones económicas se han
desplegado para ocupar los espacios abiertos por la participación en Internet, la instauración de los principios de Internet como plataforma que trasunta los procesos
tecnológicos de la llamada Web 2.0 –movimiento peer-2-peer, movimiento copyleft y
Creative Commons, las comunidades de software libre, los sitios de contenido generado por el usuario y las redes sociales– han traído de vuelta las potencialidades políticas
de la web y las expectativas asociadas a ellas. Yochai Benkler propone concebir este
cambio como un desplazamiento hacia una esfera pública interconectada de muchas
esferas plurales, en el sentido que la Web 2.0 ofrece con claridad plataformas para
comprometer la cooperación de los diversos grupos de ciudadanos y proveer opiniones y observaciones diferenciadas. La esfera pública de la Web 2.0 sería más bien una
constelación de redes plurales interconectadas antes que un espacio de integración de
la sociedad. Ella ha demostrado sus capacidades para generar una multiplicidad de entornos flexibles, alimentados por mecanismos de coordinación de una inteligencia colectiva, donde se puede desenvolver la identidad online de los ciudadanos –la llamada
política viral–, y que son sensibles a los valores de autoexpresión emocional mediante
formatos audiovisuales.
Sin embargo, subsisten las suspicacias sobre la posibilidad de que la política viral
promueva y refuerce las desigualdades tradicionales en la participación política y la influencia en la sociedad debido a las falencias de los nuevos modos de participación que
facilitan: espontáneos, individualizados y desorganizados. La política viral puede incrementar el elitismo de la sociedad en cuanto las redes sociales bien conectadas, el conocimiento político y las capacidades técnicas se vuelven más importantes para construir
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
campañas efectivas, de manera que se construirían “elites temporales”. De acuerdo a
Gustafsson: “The political entrepreneurs of a successful campaign of viral politics form,
together with temporary supporters of the cause to be found in interconnected social
networks, a temporal elite, having the necessary knowledge, skills and (perhaps above
all) the motivation to promote the cause.”2.
Las investigaciones actuales se están dedicando principalmente al diagnóstico sobre
las esferas públicas virtuales realmente existentes y en qué sentido estas promoverían la
inclusión de los ciudadanos, asumiendo que las plataformas online no son por naturaleza más inclusivas que las formas tradicionales de comunicación política. La experiencia
acumulada con proyectos de activismo digital, que no han alcanzado la visibilidad o
influencia deseadas, están dando origen también a una incipiente reflexión sobre las
formas fallidas de ciberpolítica, en las cuales un entorno cultural y político hostil, como
en el caso de Rusia y otros países, o bien la debilidad de estrategias de organización
comunitaria, han despotenciado iniciativas de activismo digital.3 El número de campañas y acciones fracasadas aún sobrepasa al activismo digital efectivo, predominando
campañas inefectivas y la percepción, producida por ellas, de que el activismo digital en
general es ineficaz.4
Algunas experiencias chilenas de ciberpolítica
que han sido exitosas
En el caso de Chile, observamos un fuerte y sostenido desarrollo del uso de Internet.
Hemos alcanzado globalmente un número de usuarios de la red en torno a 7,3 millones, según informe de Comscore (marzo de 2011)5. Sin embargo, el uso político de la
Internet solo recientemente está haciéndose más visible, sobre todo en los últimos tres
años, desde las campañas de las últimas elecciones presidenciales y la coordinación
de una serie de manifestaciones políticas mediante las redes sociales, como en el caso
de las movilizaciones estudiantiles del invierno de 2011. En cualquier caso, hay actores políticos que ya cuentan con una larga experiencia en la política virtual. Hemos
querido seleccionar dos casos heterogéneos6 de usos exitosos de las tecnologías de la
información para la participación ciudadana y la deliberación pública online, para ver
2. “Los pioneros políticos de una campaña exitosa de política viral forman, junto con colaboradores
temporales de la causa encontrados en redes sociales interconectadas, una elite temporal, teniendo el
conocimiento necesario, capacidades y (quizás sobretodo) la motivación de promover la causa”. Traducción de Danusia Paleczek Alcayaga. (N. del A.)
3. Véase: http://www.thewhisper.net/forum/blog.php/2011/03/21/dividing-by-zero-how-activist-movements-break, [consulta: 4 de julio de 2011]
4. Véase: http://www.meta-activism.org/2011/03/failures-in-digital-activism-a-macro-view, [consulta: 12
de mayo de 2011].
5. Véase:http://www.comscore.com/esl/Press_Events/Press_Releases/2011/3/Latin_America_s_Internet_
Population_Grows_15_Percent_in_Past_Year_to_112_Million_People, [consulta: 4 de julio 2011]
6. Los casos más recientes, incluyendo las movilizaciones estudiantiles de 2011, se han caracterizado por
el uso intensivo de las redes sociales.
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La ciberpolítica de los movimientos sociales en Chile
Salvador Millaleo Hernández
cómo las interrelaciones de sus dimensiones tecnológica, social y discursiva permiten
entender la medida de los éxitos –éxito entendido en el sentido su visibilidad para la
esfera pública hegemónica antes que por logros concretos– de sus comunicaciones
políticas.
La Revolución Pingüina de 2006
Una de las experiencias más importantes y recordadas de un uso exitoso de las herramientas de la ciberpolítica en Chile consiste en las movilizaciones de los estudiantes
durante los meses de mayo y junio de 2006, y que fueron conocidas como “Revolución
Pingüina”. Entonces se produjeron movilizaciones estudiantiles en diferentes ciudades
de Chile, las cuales paralizaron la totalidad de los establecimientos educacionales públicos y que tuvieron una gran adhesión por parte de colegios particulares. Estas protestas
tomaron por sorpresa a las autoridades del gobierno y a la oposición. De acuerdo a
Victoria Uranga, “fue una movilización que puso en jaque al gobierno y logró instalar
el tema de la mala calidad de la educación en la agenda pública. 192 días de marchas,
tomas de colegios y protestas diversas visibilizaron a los jóvenes”.
La última semana de abril de 2006 comenzaron las primeras movilizaciones estudiantiles que perseguían, en primera instancia, resolver la gratuidad de un pase escolar
que además no tuviera restricciones de viajes durante todo el año, así como la gratuidad de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). A esas demandas se le sumaron las
exigencias de supresión de la jornada escolar completa, de raciones alimenticias para la
totalidad de estudiantes de liceos y escuelas públicas, prácticas profesionales remuneradas para los establecimientos técnicos, la derogación del Decreto Supremo 524/1990
que regulaba la conformación de los Centros de Alumnos, la desmunicipalización de la
educación y la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Educación (LOCE). Los
malos resultados de tratativas con autoridades gubernamentales de entonces generaron
un incremento de las movilizaciones en las calles.
El movimiento estudiantil logró, en su punto más alto, la reacción del gobierno. La
entonces Presidenta Bachelet intervino en cadena nacional de radio y televisión, avalando las demandas estudiantiles y valorando el clima de efervescencia social. Anunció una
“agenda larga” y una “agenda corta” de medidas.
Las movilizaciones de la Revolución Pingüina muestran cómo plataformas tecnológicas se vuelven fundamentales debido antes a la familiaridad con su uso de la generación de adolescentes escolares antes que por una reflexión estratégica, pero que se
consolidó de la mano a las necesidades de crear un movimiento social amplio, descentralizado, horizontal y fuerte en las bases, en un contexto de mucha desconfianza respecto de las representación política jerarquizada, tanto en el nivel de la coordinación de
la acción colectiva, la comunicación interna del movimiento y la comunicación externa,
toda vez que dicho movimiento chocó en un primer momento con la desinformación y
manipulación informativa de los medios de masas, hasta llegar a ser reconocido por el
mismo Gobierno.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
En cuanto a la dimensión que nos concierne, las tecnologías de la información jugaron sin duda un papel crucial para construir la arquitectura de un movimiento estudiantil nacional. La utilización de la Internet, tanto de las tecnologías Web 1.0 –MSN
Messenger, e-mails– como 2.0 –Fotolog, weblogs–, así como de la telefonía móvil permitieron mantener una constante información y realizar comunicaciones internas, incluyendo la comunicación entre estudiantes de la capital con los de regiones, y con
la comunidad en general. Gracias a dichos medios, la coordinación de actividades se
difundió con mayor facilidad y velocidad.
Las plataformas usadas entonces fueron las siguientes: sitios web de los alumnos de
establecimientos secundarios; Weblogs, especialmente Fotologs; MSN Messenger, mediante el cual los dirigentes de cada liceo manejaban bases de datos con listas de cursos
completos a los cuales difundían mensajes en forma instantánea; el correo electrónico
(e-mail), que sirvió para que los estudiantes de otras regiones intercambiaran documentos referidos a las demandas y leyes, así como para coordinar reuniones de carácter
nacional, regional o comunal. Por su parte, la telefonía celular fue la herramienta más
utilizada de coordinación. Hubo una importante coordinación de los estudiantes a través de mensajes de texto (SMS), lo cual les permitió a los dirigentes y bases coordinar
adecuadamente el movimiento, permitiendo una acción colectiva que logró sorprender
a las autoridades y al establishment político, especialmente en el ámbito de las tomas.
Según Ramos y Gerter, los múltiples weblogs fueron creados por colegios; pero estos
no alcanzaron gran masificación, puesto que se dirigían principalmente a un público
segmentado de cada establecimiento y, por lo tanto, respondían a cuestiones internas
de cada colegio. Además, estos sitios, en más de una oportunidad, fueron cerrados y
vueltos a abrir, por lo que carecieron de estabilidad informativa, y al final de las movilizaciones muchos fueron definitivamente clausurados. Por otro lado, los fotologs,
Principalmente, se constituyeron en la principal herramienta de información de los estudiantes a lo largo del país, mediante el cual los estudiantes de cada establecimiento
crearon informaciones alternativas que combatían la desinformación que transmitían los
medios masivos tradicionales.
En 2006 ya había entrado fuertemente la red social Flickr en Chile. Como plataforma colaborativa para compartir fotos, Flickr conservó la memoria visual de las distintas
escenas de las movilizaciones a lo largo del país. Se destacaron dentro de esa plataforma
los grupos Paro Estudiantil / Students Strike. Chile, con más de 500 imágenes; Protestas, marchas, tomas, manifestaciones, con más de 700 imágenes; La Revolución de Los
Pingüinos (CHILE), con más de 90 imágenes. También se generó mucho contenido audiovisual por los estudiantes, que fue compartido mediante la plataforma Youtube. En
Youtube se difundieron también una serie de entrevistas alternativas, realizadas por los
mismos estudiantes, a los dirigentes y voceros del movimiento estudiantil. Para Castellón y Jaramillo, gran parte de las imágenes (videos y fotografías) que fueron exhibidas
por los medios tradicionales y que impactaron a la opinión pública, fueron registradas
por los mismos estudiantes en las redes sociales audiovisuales citadas. Cada una de las
protestas y tomas eran documentadas por los mismos estudiantes mediante cámaras
digitales de bajo costo y teléfonos celulares, cuyas imágenes capturadas eran subidas a
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Fotolog y Youtube, o enviadas vía correo electrónico a canales de televisión y la prensa
tradicional. Wikipedia significó la posibilidad para los estudiantes de sistematizar rápidamente sus propias acciones y darlas a conocer a la comunidad internacional, quedando registradas7.
En la dimensión social fue precisamente la articulación de la organización de redes
descentralizadas de autoorganizaciones de base caracterizadas por la horizontalidad, la
que permitió, a la vez que exigió, que las tecnologías jugaran un rol importante en la
movilización de los estudiantes de 2006. Junto con ser un movimiento que surgió al
margen de los partidos políticos tradicionales y procuró mantenerse al margen de su injerencia, al menos mientras se desarrollaba, los estudiantes construyeron una red basada
en la autonomía de grupos de base de cada establecimiento. Estos grupos se autoorganizaban en comités que funcionaban en forma de asamblea, procurando operar de la
forma más horizontal posible. Dichas agrupaciones se articularon en la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), instancia surgida desde los centros de
alumnos y colectivos estudiantiles de los colegios emblemáticos del centro de Santiago
y algunos colegios municipales y particulares subvencionados del mismo sector, y que
después se transformó en la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios (ANES).
Los colectivos estudiantiles se comunicaban hacia la comunidad mayor principalmente
mediante voceros y delegados, no por medio de dirigentes permanentes, sujetos al escrutinio de las asambleas, por lo que, por lo tanto, podían ser removidos en cualquier
momento. Los delegados eran los encargados de actualizar y utilizar las plataformas
tecnológicas y brindar información a través de ellas y de los medios tradicionales –cosa
que se hacía generalmente de noche–. Así, la ANES abrió un Google Group que servía
de instancia coordinadora central, aunque nunca se presentó como un sitio oficial.
En la dimensión discursiva fue donde menos relevancia tuvo el uso de la tecnología
para el movimiento de los pingüinos. La medialidad de Internet no afectó substancialmente los nodos del discurso de las comunicaciones políticas del movimiento, dirigido
estratégicamente a producir una unidad discursiva en medio de las grandes desigualdades entre los públicos convocados por el discurso, de manera que no hay huellas
profundas de la tecnología en él, lo que ha permitido caracterizar a su ciberpolítica, al
menos en esa dimensión, como episódica. En sus formatos, las comunicaciones electrónicas difundían básicamente, además de la información del movimiento, las escenificaciones de image events diseñados para atraer la atención de los medios tradicionales.
En efecto, las entrevistas de la investigaciones posteriores han mostrado que el uso de
la tecnología no fue planeada, sino que fue un uso espontáneo de usuarios que ya estaban habituados a ello por otros usos cotidianos, pero sin una reflexión estratégica. La
única acción mayor de activismo digital fue la intervención por algunos momentos de
la página gubernamental del SIMCE, el 1 de Junio de 2006. De allí que no haya habido
innovaciones mayores en el uso político de la tecnología por parte de lo secundarios.
7. Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Movilización_estudiantil_de_2006_en_Chile, [consulta: 4 de julio
de 2011]
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Si bien el uso de las tecnologías de la información fue indispensable par los éxitos
temporales que alcanzó la Revolución Pingüina, al brindarle un medio para desarrollarse muy rápido –como un flashmob8 masivo, por ejemplo–, no alcanzó la profundidad
necesaria para generar espacios deliberativos perdurables y tener alcances políticos mayores. De cualquier manera, se trataría solo impropiamente de un movimiento rasante
o flashmob, en cuanto el conflicto de la educación es un conflicto histórico de la democracia en Chile en los últimos treinta años. Como experiencia de contraesfera pública
virtual, el movimiento pingüino puede con justicia ser caracterizado como incipiente,
fragmentario y efímero. En cualquier caso, su mayor virtud fue su impacto nacional,
logrando conmover rápidamente a la opinión pública hegemónica y mostrando el poder
de Internet para evitar los bloqueos del sistema de medios masivos.
Punta de Choros y Barrancones
En los últimos años el crecimiento de las redes sociales ha redibujado el panorama recientemente descrito. De acuerdo a una encuesta de Comscore y IAB Chile, a noviembre
de 2010, el 91 % de los chilenos conectados a Internet utiliza algún tiempo para redes
sociales.9
Uno de los acontecimientos que marcó la historia del uso de dichas redes en Chile
fue el caso de Punta de Choros. Esta localidad se ubica a corta distancia de las ciudades
de Coquimbo y La Serena, en la IV región. Allí se buscaban realizar varios proyectos
energéticos que contemplaban la construcción de tres centrales termoeléctricas de la
empresa franco-belga GDF Suez Energy: Barrancones, Cruz Grande y Farellones.
Los impactos posibles de esas centrales involucraban poblaciones cercanas, como
Totoralillo, La Higuera, Chungungo, Los Choros y Punta de Choros, entre otras. Por otra
parte, muy cerca se ubican las reservas marinas de las Islas Choros, Damas, Chañaral y la
Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, en donde se encuentran más de 800 especies
animales y el 70% son endémicas. En ellas habita el 80% de la población mundial de
pingüinos de Humboldt, una importante colonia de lobos marinos, chungungos, pingüinos magallánicos, yacas y delfines nariz de botella, tortugas marinas, toninas, albatros, cormoranes y el paso de ballenas Fin, Minke y Jorobada, así como el área de manejo
y explotación de recursos bentónicos en las caletas de Totoralillo Norte y Chungungo.10
El 24 de agosto de 2010, la Comisión Regional del Medio Ambiente (Corema) de la
IV región aprobó por 15 votos a favor y 4 en contra el proyecto para construir el proyecto de centrales termoeléctricas a carbón Barrancones en la caleta de Chungungo, al sur
8. El término Flashmob se refiere a la reunión espontánea de muchas personas en un lugar público determinado. (N. del E.)
9. Chile lleva la delantera en redes sociales. Véase: http://www.radiosantiago.cl/columnista.php?cl=1,
[consulta: 04 de julio de 2011]
10. En relación a la campaña “Salvemos Punto de Choros”, véase: http://www.chaopescao.cl/conflicto.
php?tab=punta_de_choros, [consulta: 4 de julio de 2011]
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de Punta de Choros, comuna de La Higuera. Algo interesante de esta medida fue que,
durante la campaña electoral presidencial del año anterior, el actual Presidente había
prometido no realizar dicho proyecto. En efecto, el Presidente Sebastián Piñera había
indicado: “Yo fui a ver ese lugar maravilloso (Punta de Choros). Lo que estamos haciendo es una locura. Yo me voy a oponer a todas las plantas termoeléctricas que atenten
gravemente contra la naturaleza y la calidad de vida” 11.
De manera inmediata, después de la aprobación de Barrancones, miles de chilenos
se manifestaron en contra de ella en las redes sociales. El proyecto se había aprobado
a las 11:00 de la mañana, y durante las ocho horas siguientes las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, sirvieron de plataforma para manifestar las críticas al
proyecto y para la convocatoria a marchas y manifestaciones callejeras a propósito en
todo el país. La primera actividad ocurrió en las afueras de la Intendencia de la Región
de Coquimbo, apenas minutos después de ser aprobado el proyecto, donde cerca de
mil personas manifestaron improvisadamente su rechazo a la central.12 Más de 1000
personas se juntaron en la Plaza Sotomayor en Valparaíso y marcharon hasta el Congreso Nacional.13 En el centro de Santiago, a las 19:00 hrs. se congregaron más de 3000
manifestantes, incluyendo a algunos parlamentarios y líderes sociales, para protestar
contra la central, siendo la manifestación reprimida por la policía bajo pretexto de que
la convocatoria no estaba autorizada.14
En cuanto a la dimensión tecnológica, en Twitter, la actividad de los críticos de la
central discurrió en el hashtag15 #salvemospuntadechoro. El nivel de actividad fue tan
alto que el término “termoeléctrica” se convirtió por algunos minutos en un trending
topic, es decir, uno de los tópicos más comentados en la red Twitter a nivel mundial. Los
usuarios de Facebook también se manifestaron y con casi tres mil seguidores, el grupo
“No a las termoeléctricas de la cuarta región” difundió las actividades de protesta y sirvió
de portal informativo. También las páginas www.salvemospuntadechoros.org, así como
las de Codeff, Océana y Greenpeace, difundían esas informaciones. Junto a ello hay
que destacar la campaña audiovisual de Chao Pescao, que explicaremos más adelante.
11. Véase: http://cl.globedia.com/logran-redes-sociales-salvar-reserva-marina-norte-chile, [consulta: 4 de
julio de 2011]
12. Punta de Choros: Chilenos acuden a las redes sociales para manifestar su descontento. Véase
Emol, Miércoles, 25 de Agosto de 2010, Santiago, Chile, http://www.emol.com/noticias/tecnologia/2010/08/25/432526/punta-de-choros-chilenos-acuden-a-las-redes-sociales-para-manifestar-sudescontento.html, [consulta: 4 de julio de 2011]
13. Véase: http://www.cnnchile.com/ciencia-tecnologia/2010/08/26/miles-de-chilenos-defienden-puntade-choros-en-las-redes-sociales, [consulta: 4 de julio de 2011]
14. Miles llegan a convocatoria flash: Policía reprime con extrema violencia marcha para salvar Punta
Choros, The Clinic online, 24 de Agosto de 2010, Santiago, Chile, http://www.theclinic.cl/2010/08/24/
miles-congregados-en-convocatoria-flash-policia-reprime-con-extrema-violencia-marcha-para-salvarpunta-choros, [consulta: 4 de julio de 2011]
15. Los “hashtag” son temas representados a partir de palabras simples, siempre juntas, que los refieran.
Van siempre precedidos de un signo “#”, y son usados generalmente en la red social Twitter. Su finalidad es expresar una misma idea en Internet o, en este caso, apoyar una causa específica, atendiendo a
la repetición casi simultánea de la misma opinión a nivel público. (N. del E.)
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Además, el miércoles 25 de Agosto de 2010 el grupo Bohemios Hackers Team realizó
un defacement de la web de la CONAMA (Comisión Nacional del Medio Ambiente),
substituyendo su portada por el video de Chao Pescao.16
Se había convocado a otra manifestación masiva el 28 de Agosto, pero el Gobierno
anunció que se iba a construir la central en otra parte el día 26 de Agosto. El Presidente
Piñera envío un tweet –un mensaje a través de Twitter, que contiene 140 caracteres– señalando: “Hemos logrado una gran solución para proteger santuario naturaleza punta
de choros, isla damas y gabiotas (sic), para nuestra y futuras generaciones” 17.
En la dimensión social, hay que recalcar que, a pesar de la espontaneidad de la actividad de las redes sociales, existieron grupos bastante organizados que desde hace algún
tiempo habían estado haciendo críticas y observaciones al proyecto, así como también
que las manifestaciones recibieron el apoyo y asistencia de un movimiento ecologista
con una larga trayectoria en convocatorias ciudadanas en torno a conflictos ambientales.
Las autoridades de la zona, junto a dirigentes gremiales de los pescadores artesanales,
formaron el Movimiento en Defensa del Medioambiente (MODEMA) de la comuna de La
Higuera para rechazar la construcción de la central por su impacto medioambiental y en
la salud humana de las poblaciones cercanas. Este movimiento estaba vinculado al proyecto de la Corporación Participa Incide/Poder Ciudadano, cofinanciado por la Unión
Europea y Open Society Institute para el período 2010-2011, que busca apoyar a diversas organizaciones de la sociedad civil chilena con el fin de fortalecerlas en su derecho de
participación ciudadana, especialmente expresado en el de acceso a la información pública. MODEMA venía organizando y realizando una campaña de rechazo a la medida desde hace algún tiempo antes de su aprobación. Ya en 2007, MODEMA se había propuesto
como objetivo específico que no se instalaran centrales termoeléctricas en las cercanías
de Punta de Choros. Producto de su alianza con el programa Incide de Participa, tuvo
una valiosa asesoría para elaborar una estrategia a objeto de impedir la construcción de
las centrales. De acuerdo a Andrea Sanhueza, el movimiento desarrolló y fortaleció una
estrategia de alianzas, incluyendo, además de Participa, organizaciones sociales como la
Asociación Gremial de Pescadores de Punta de Choros, el Sindicato de Pescadores de
Caleta Hornos, la Asociación de Regantes de Los Choros, así como al Departamento de
Biología Marina de la Universidad Católica del Norte y a organizaciones medioambientales de nivel local, regional y nacional: Línea Verde, Red Ambiental del Norte, Codeff,
Green Peace y Fundación Océana, entre otras. Océana fue uno de los grandes voceros y
soportes de argumentación en términos científicos del rechazo a las centrales.
El 16 de agosto de 2010, MODEMA había presentado al Presidente una carta con
27.000 firmas adjuntas de apoyo, provenientes de diversos países de Latinoamérica y
16. Chile: hackean página web de la CONAMA en defensa de Punta de Choros. Véase: http://www.pateandopiedras.com/2010/08/chile-hackean-pagina-web-de-la-conama-en-defensa-de-punta-de-choros,
[consulta: 4 de julio 2011]
17. Este mensaje fue borrado 10 minutos después, cuando ya era tema. Casa de citas: Piñera sarbó a gabiotas, The Clinic online, 27 de Agosto de 2010, Santiago, Chile, http://www.theclinic.cl/2010/08/27/
casa-de-citas-pinera-sarbo-a-las-gabiotas, [consulta: 4 de julio de 2011]
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Europa, incluyendo Chile, de personas que se oponían a Barrancones.18 Posteriormente, habían dado a conocer una lista de irregularidades en el lobby de la empresa citada
para conseguir la aprobación del proyecto19: 1. Amenazas de muerte de Suez-Energy a
dirigentes 2. Cambios sustantivos en las SEREMIS con el nuevo gobierno; 3. La Cámara
de Comercio Franco-chilena realizó una invitación a la Alcaldesa y Concejales de la Comuna de La Higuera y Consejeros Regionales a un viaje a Europa a conocer proyectos
similares a Barrancones entre el 8 y el 15 de Junio del 2010; 4. La Empresa Suez-Energy
presionó a los pescadores para que renuncien a dos áreas de manejo donde físicamente
se instalaría la termoeléctrica; 5. Suez-Energy ha realizado múltiples donaciones a organizaciones de la comunidad; 6. Suez- Energy ofreció capacitación gratuita a la comunidad; 7. Grandes deficiencias en el acceso a la información y a la participación ciudadana
en el proyecto Barrancones.
Activistas ecologistas subieron el portal www.salvemospuntadechoros.org y crearon una campaña comunicacional llamada Chao Pescao, con el sitio www.chaopescao.
cl, donde se puede aún encontrar una detallada descripción del conflicto. Parte de la
campaña fue la creación de un documental y un video en el cual reconocidos actores,
periodistas y músicos nacionales manifestaban su rechazo a las centrales termoeléctricas. El video y el documental obtuvieron gran atención mediante las redes sociales y se
difundió rápidamente por Youtube, mientras era obviado en los medios tradicionales.
Sin embargo, la popularidad de esos materiales audiovisuales en las redes sociales se
multiplicó tan rápida y ampliamente que los medios mainstream20 terminaron incluyéndolos en sus informativos.
Lucas Zañartu, uno de los líderes de la campaña, indicaba: “No es casualidad que
el tema haya explotado con tanta fuerza, y de un momento a otro. Nosotros contactamos a diferentes líderes de opinión en los medios y en internet (sic) para mantenerlos
informados sobre lo que estaba ocurriendo en la zona”; “…Y el día en que esto estalló,
fue gracias a que muchos estaban al tanto de lo que estaba pasando... eran una 10 mil
personas esperando el ‘vamos’ para salir a la luz, todos de una vez”. Ladislao Palma,
director de comunicación y creatividad de la campaña, también señaló que “El día de
la marcha nuestro sitio web (www.chaopescao.cl) recibió 3 mil visitas por minuto y el
video fue visto por un millón de personas en menos de una semana”.21
Esta campaña más tarde ganó los siguientes premios22: Premio al Aporte Medioambiental 2010 (Fundación Terram); Grand Prix Medios Achap 2010 (Asociación Chilena
18. Véase: http://www.elquintopoder.cl/fdd/web/medio-ambiente/opinion/-/blogs/organizaciones-y-autoridades-en-contra-de-termoelectrica-barrancones [consulta: 04 de julio 2011]
19. Lobby para instalar termoélectrica en Punta Choros: Denuncian larga lista de irregularidades, The
Clinic online, 23 de Agosto de 2010, Santiago, Chile, http://www.theclinic.cl/2010/08/23/lobby-parainstalar-termoelectrica-en-punta-choros-denuncian-larga-lista-de-irregularidades [consulta: 4 de julio
de 2011]
20. Tendencias aceptadas común y mayormente en la sociedad actual. (N. del E.)
21. El inédito poder de las redes sociales: ¿La nueva forma de presionar?, La Segunda, 3 de Septiembre de
2010, Santiago, Chile, 10.
22. Véase: http://kairosworks.net/575546/Salvemos-Punta-de-Choros [consulta: 4 de julio de 2011]
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de Agencias de Publicidad); Oro Categoría Mejor uso de Medio Ambiente Achap 2010;
Oro Categoría Eventos Especiales Achap 2010; Oro Categoría Bien Público Achap 2010;
Mejor campaña publicitaria ejecutada en redes sociales Premios WAW 2010
En la dimensión discursiva, pese a la dispersión de la ingente cantidad de comunicaciones políticas que canalizaron en corto tiempo las redes sociales, estas pudieron
unificarse en torno a los argumentos y objetivos estratégicos propuestos por quienes
encabezaron la campaña.
MODEMA había argumentado que la construcción de las centrales iba a dañar irremediablemente el medioambiente e impactar negativamente en la salud de las comunidades aledañas. A ello también añadió que afectaría el turismo en la zona y que la
Subsecretaría de Marina ya había rechazado en dos ocasiones otorgar las concesiones
marinas necesarias para ejecutar el proyecto. Así, campaña publicitaria tuvo la capacidad de orientar efectivamente a la opinión pública en la dirección de dichos argumentos, aunque con especial énfasis en los aspectos medioambientales.
El caso del rechazo a Barrancones constituye un éxito no solo en cuanto a sus resultados, sino en cuanto a la visibilidad del movimiento organizado en torno a la campaña. La llamada viralidad, o multiplicación acelerada a través de las redes sociales de
ciertas opiniones que se transforman en opiniones dominantes o populares, fue lograda
por los críticos de Barrancones gracias a una cuidadosa y planificada campaña, donde
existieron asesorías expertas, como en el caso del programa Incide de Participa y un
movimiento ecologista de larga trayectoria. La experiencia acumulada por los ecologistas en numerosas movilizaciones ocurridas durante los últimos veinte años en torno
a problemas ambientales sirvió para diseñar una campaña eficaz contra las centrales
termoeléctricas.
Debe destacarse que el movimiento ecologista tiene una larga trayectoria desde antes
de la transición a la democracia, y que muchos de sus líderes ya tenían acceso a las redes
sociales y las estaban usando con profusión, al menos desde las campañas electorales del
año 2009. Como en el caso de la Revolución Pingüina, el movimiento estuvo dotado de
independencia respecto a los actores políticos establecidos, quienes fueron sorprendidos en alguna medida por la dinámica de la protesta. Pero a diferencia del caso anterior,
la viralidad de las manifestaciones en las redes sociales avanzó mucho más rápidamente
en la percepción del público general que en el caso de las protestas del 2006. En este
sentido, la movilización de Barrancones es más puramente un caso de flashmob, pero
a nivel cibernético. En cualquier caso, la movilización estudiantil alcanzó proporciones
considerablemente mayores que en el caso de Barrancones, donde la movilización, antes
que masiva, fue sorpresiva y relativa a un tema que nunca había sido prioritario en las
agendas de discusión política en el país.
Debido a la velocidad de la expansión de la protesta y al diseño publicitario de la
campaña no puede hablarse fácilmente de la instalación de foros de deliberación, sino
más bien de la expansión de emociones colectivas asociadas a problemas públicos y a la
falta de transparencia de las autoridades en el tema.
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La ciberpolítica de los movimientos sociales en Chile
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BALANCE PROVISIONAL
Estos dos casos, en 2006 y 2010, son ejemplos de la realización de comunicaciones
políticas y la búsqueda de objetivos políticos en Internet en el ámbito nacional. Aunque Chile ha liderado sistemáticamente los indicadores de uso de las tecnologías de la
información en Latinoamérica, estos casos son relativamente tardíos en relación a otras
experiencias en la región y en el resto del mundo. Lo que observaremos probablemente
va a ser una multiplicación de estos eventos, aunque no necesariamente con perspectivas de éxito.
El lenguaje y las plataformas electrónicas que proporcionan la Internet y las tecnologías móviles fueron utilizados generosamente, de acuerdo al estado del uso habitual
de esas tecnologías en cada uno de los momentos descritos de movilización. Se observa,
en el último caso, una planificación significativa que organiza una campaña e integra a
las plataformas electrónicas disponibles como parte estratégica dentro de ella, lo cual
contrasta con la apropiación espontánea que hizo el movimiento estudiantil del 2006.
No se puede descartar que las movilizaciones de 2006 fueron un aprendizaje para lo que
ha ocurrido como movilizaciones virtuales a partir de 2010.
En ninguno de ambos casos, las plataformas tecnológicas por sí solas alcanzaron a
levantar un movimiento social masivo, sino que se requirieron diversos niveles de organización offline para lograr una movilización virtual. Por otra parte, en ambos casos, los
espacios públicos virtuales fueron concebidos como complementarios e instrumentales
para ocupar el espacio público que verdaderamente se buscaba ocupar, el cual es el
espacio de las calles.
Sin embargo, el punto de partida de ambos movimientos fue el hecho de que a pesar
de que los medios tradicionales son organizaciones en principio hostiles a los objetivos
públicos que perseguían los movimientos sociales, se consiguió que las plataformas
electrónicas sirvieran de contraesferas públicas de información y deliberación. Esto confirma, para el caso de Chile, la perspectiva que atribuye a Internet cierta capacidad para
ofrecer oportunidades políticas a los sujetos y discursos excluidos de la esfera pública
hegemónica.
Sin duda, la investigación en las ciencias sociales debe documentar y analizar en
detalle estos fenómenos y proveer a su interpretación, sin dejarse deslumbrar por el
fetichismo o los miedos que la tecnología siempre ha despertado, sino incorporando el
contexto general de las estructuras sociales de la sociedad en que estos han ocurrido y
seguirán ocurriendo.
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104
Educación pública de calidad y
equitativa: motor del desarrollo
y constructora de ciudadanía
Víctor Pérez Vera
Víctor Pérez Vera
ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile (1968). En 1972 obtuvo un Master of Science en
Ingeniería Industrial en la Universidad de Michigan
(Estados Unidos). En 1969 fue nombrado profesor
investigador del Departamento de Ingeniería Industrial en la FCFM; en esa facultad también ocupó los
cargos de Director del Departamento de Ingeniería
Industrial (1980-1984 y 1988-1990), Vicedecano
(1984-1985), miembro de la Comisión de Evaluación
Académica (1991-1992) y Decano (1994-2002). En
1993 ocupó la prorrectoría de la Universidad de Chile. Ha publicado numerosos trabajos en revistas internacionales de corriente principal, en el área de los
sistemas de información. Es autor y coautor de siete
libros sobre informática, sistemas de información,
bases de datos y análisis financiero, todos editados
por la Editorial Universitaria. En 2010 fue nombrado
rector de la Universidad de Chile.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Educación Pública de Calidad y Equitativa:
Motor del desarrollo y constructora de ciudadanía
La historia de la educación en Chile muestra cómo el naciente Estado independiente ocupó el primer medio siglo de existencia en organizar un sistema educacional más o menos
en forma, que rompiese con la herencia colonial de un sistema esencialmente privado
y desarticulado, además de desprovisto de verdaderas oportunidades educacionales. El
segundo medio siglo de vida independiente, aunque consolidó el rol del Estado en la educación, no implicó una democratización significativa del acceso a la educación. Tomaría
buena parte del siglo XX concretar este proceso, durante lo que podríamos llamar “el período de oro” del Estado Docente. Sin embargo, la profunda reforma neoliberal impuesta
a inicios de los años 80 del siglo pasado y en plena dictadura, logró revertir en solo un
cuarto de siglo la relación entre la educación pública y la educación privada en Chile, haciendo a esta última mayoritaria al momento de celebrarse el Bicentenario de la República.
En otras palabras, tanto en educación básica como media y superior, Chile llegó al
año 2010 con una educación mayoritariamente privada, situación que no existía desde
la primera mitad del siglo XIX, cuando permanecía la herencia del régimen colonial. Sin
embargo, en estas materias, como en otras, el péndulo de la historia a veces se acelera.
Así, la imagen cada vez más plausible de un sistema educacional casi completamente
privatizado ha movilizado, desde el año 2006, a crecientes sectores sociales y políticos
en torno a la idea de fortalecer la educación pública.
El movimiento social que entró en escena el año 2006 logró producir un cambio
significativo: los estudiantes secundarios se apoderaron por un momento del campo de
discusión sobre política educacional en Chile. Desde esta perspectiva, la mayor contribución de este movimiento fue precisamente romper la inercia que se había instalado en
el campo de las políticas educacionales; no es que estuviese inactivo, pero había tomado
un rumbo que no le permitía abrirse a cuestionamientos más estructurales sobre los
cambios que requería el sistema escolar chileno. Después de la protesta de los estudiantes, Chile fue distinto y los cambios parecieron posibles.
La combinación del sentido de urgencia y presión social, aportados por el movimiento estudiantil, hicieron posible lo que hasta hacía poco era improbable: impulsar
una agenda política de transformaciones institucionales al sistema escolar. Así, en los
cuatro años siguientes al agitado 2006, se propusieron más cambios institucionales al
sistema escolar que en el cuarto de siglo anterior. Los cambios en la educación superior,
como se sabe, quedaron pendientes.
Sin embargo, la agenda de cambios nació desbalanceada: se puso más énfasis en la
presión sobre las instituciones escolares que en la generación de capacidades para responder a esa presión; más énfasis en los mecanismos de incentivo que en los de apoyo;
más énfasis en generar dispositivos de accountability y control que en crear una institucionalidad escolar capaz de gestionarse sanamente; en fin, más énfasis en evaluar a los
profesores que en mejorar su preparación.
109
Educación pública de calidad y equitativa
Víctor Pérez Vera
Resulta hoy obvio que las falencias y desequilibrios de las propuestas del 2006, sumadas a la nula evolución y menor solución respecto de temas que en esa oportunidad
quedaron pendientes, son el antecedente inmediato de la crisis social y política de mediados de este año. Una vez más, los estudiantes de enseñanza básica, media y universitaria salieron a la calle para manifestar su disconformidad con el sistema educacional
imperante en el país.
Un sistema escolar fracturado
¿Por qué es tan importante para un país fortalecer su educación escolar pública? Dicho
en términos negativos: porque no está demostrado que la educación escolar privada
pueda satisfacer todas las dimensiones del interés público involucrado en la educación.
Dicho en términos positivos: la historia y la experiencia comparada enseñan que, para
alcanzar los fines sociales que se espera de la educación, es necesario que el estado garantice la existencia y promueva el desarrollo de la educación pública. En otras palabras,
mientras para las instituciones privadas de educación servir fines públicos es una opción
entre otras posibles, para las instituciones de educación escolar pública, el servir fines
públicos es una obligación, porque en ello radican su identidad y su misión.
Siendo más concretos, podríamos decir que el mandato de la educación escolar
pública tiene al menos tres componentes. En primer término, las instituciones de educación pública deben garantizar el derecho constitucional de todos a acceder a una
educación obligatoria y gratuita, lo que implica dar garantías de accesibilidad en las
diferentes zonas geográficas, a los diversos grupos sociales, incluyendo a las minorías
étnicas, a quienes pertenecen a los grupos sociales con menos recursos y a los niños con
necesidades educativas especiales.
En segundo lugar, las instituciones de educación escolar pública garantizan la existencia de proyectos educativos no particularistas ni discriminatorios, en donde no solo
se tolera sino que se promueve la diversidad sociocultural: la misión de la educación
pública no es aumentar la diversidad de ofertas en el mercado educacional, sino promover la diversidad al interior de cada una de las instituciones. Finalmente, la educación
pública debe desarrollar proyectos educacionales considerados de interés común, trabajando e invirtiendo en áreas del conocimiento y la cultura cuyo valor privado puede
ser muy bajo, pero de gran impacto social; así como campos que, aunque no satisfagan
criterios de rentabilidad económica, son esenciales para el desarrollo cultural y social de
una nación, como las artes, las humanidades o las ciencias sociales.
La escuela y el liceo son considerados como uno de los espacios privilegiados para
preparar a los niños, niñas y jóvenes, no solo para el desarrollo de su intelecto y la adquisición de las herramientas necesarias en una sociedad globalizada, impulsada por
el conocimiento continuo, sino que también para la convivencia ciudadana en una sociedad pluralista, que les permita desarrollar la capacidad de relacionarse con personas provenientes de realidades diferentes a las de sus propias familias. Estos objetivos
son imposibles de alcanzar si nuestro sistema escolar distribuye tempranamente a los
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
estudiantes entre los diversos establecimientos de acuerdo a las condiciones socioeconómicas de sus familias. La segregación temprana impide conocer la diversidad de nuestra
sociedad y aprender a convivir con los otros, sin permitir la construcción de un país
más integrado y tolerante. Asimismo, reduce considerablemente las posibilidades de
una educación de calidad para todos los niños y jóvenes, puesto que parte de estos
aprendizajes es logrado por las capacidades y habilidades del resto de los compañeros y
compañeras de aula, donde se concentran solo niños vulnerables.
Al situar a nuestro país en el contexto internacional, es posible apreciar a partir de
los antecedentes recogidos de la prueba PISA –que mide el desempeño de los estudiantes de 15 años en las disciplinas de lectura, matemática y ciencias–, que Chile, en el año
2009, presentaba el sistema escolar más segregado de todos los países miembros de la
OCDE, tanto entre estudiantes de grupos vulnerables como de mayor nivel socioeconómico. Incluso, al ampliar la muestra a los 65 países participantes de esta prueba, el
sistema escolar chileno se presentaba como el segundo más segregado. Y esto, que nos
debe escandalizar y avergonzar, se ha convertido en una noticia más, entre muchas, que
los líderes de opinión pública parecen olvidar al día siguiente. Sin embargo, estos datos
brutales explican por sí mismos la crisis social en que ha desembocado la pasividad de
la autoridad política de turno para poner fin a un sistema fracturado, odioso y probadamente inútil al desarrollo del país.
La formación de profesores como prioridad
Partiendo de la base de que existe consenso respecto a que el modelo de financiamiento
y gestión municipal para la enseñanza escolar ha fracasado rotundamente y su reformulación requiere de, en primer lugar, una mirada integradora, y luego de una decisión
política contundente y consensuada, estimamos que desde el punto de vista de la formación de profesores se pueden materializar varias propuestas concretas que se debiesen
impulsar en el ámbito de la enseñanza escolar.
Primero, que el Estado exija estándares de calidad superiores a las carreras docentes,
lo que debiera implicar una sensible reducción del número de instituciones formadoras
y carreras de pedagogía. Esto obliga a repensar la institucionalidad de acreditación de
carreras.
Segundo, ser más selectivos en los alumnos que pueden ser admitidos en la carrera de
Pedagogía, lo que supone exigir un mínimo elevado de puntaje PSU, así como incentivos
para dichos alumnos y avanzar hacia mecanismos complementarios de selección que permitan reconocer el talento en alumnos que no han tenido las oportunidades de una educación que prepare para la PSU, junto con calibrar la vocación y el compromiso social.
Tercera, mejorar la calidad de las escuelas de educación. El Estado debe procurar
que existan escuelas de Pedagogía, de mejor calidad, a las cuales pueda exigir más, pero
también apoyar y monitorear mejor.
De acuerdo a este análisis, y en el entendido que la Universidad de Chile por mandato, misión e historia tiene un compromiso irrenunciable con este eje de desarrollo,
111
Educación pública de calidad y equitativa
Víctor Pérez Vera
hemos decidido impulsar un proyecto institucional en el área de la educación que contemple abordar la formación inicial de profesores en todos sus niveles, así como los programas de educación continua. En concreto, estamos buscando potenciar los programas
existentes a través del fortalecimiento del cuerpo académico, la modernización de los
programas de estudio, el incremento de la matrícula y la diversificación de las áreas
disciplinarias. Nuestro compromiso es elevar el nivel de calidad de la formación inicial
docente en Chile, constituyéndonos en un referente de calidad para el resto del sistema
de formación, de acuerdo a exigentes estándares internacionales.
Educación superior pública de calidad con equidad:
eje del Nuevo Trato
Con frecuencia, la literatura y el sentir de algunos en el mundo académico contraponen
la calidad y la equidad como fines, ambos deseables, pero contrarios entre sí, porque
la focalización en uno supuestamente debilitaría el otro. La visión de la Universidad de
Chile es otra. En el siglo XXI la disyuntiva entre equidad y calidad ha quedado obsoleta porque la calidad exigida a la educación superior es inalcanzable sin equidad. Por
lo mismo, una cosa que está fuertemente en juego en caso de perderse la lucha por la
equidad es, precisamente, perder la calidad que hoy en día se espera de una Universidad
de primer nivel. La razón de esto es, por una parte, la estrecha relación entre equidad
y diversidad y, por la otra, el rol fundamental que hoy en día juega la diversidad en el
éxito o fracaso del desempeño profesional, empresarial y político de personas y colectividades. La equidad se logra facilitando el acceso a la Universidad a personas con
diversidad de circunstancias de origen que no inciden en su talento y capacidad. Por lo
mismo, la equidad no es abrir las puertas a ciertos grupos de alumnos, sino dar a todos
los alumnos la posibilidad de abrir sus mentes, para que en un mundo marcado por la
diversidad sean más efectivos en su actuar profesional y más democráticos en su participación ciudadana.
Un primer eje ordenador en toda discusión sobre educación superior es aclarar
el rol que les corresponde a las universidades estatales y las privadas. La ausencia de
claridad lleva a pensar que la única diferencia es la propiedad pero, aparte de esta obviedad, todas son iguales, y por lo tanto las políticas conducen una competencia en el
mercado. El efecto evidente es que la competencia se hace cargo de la conducción de
las universidades y el rol de las universidades públicas es dominado por las condiciones
de supervivencia. Esto constituye una fuerza que afecta fatalmente a las universidades
estatales, enfrentándolas diariamente con la disyuntiva entre su misión y la orientación
de mercado para garantizar, sino su supervivencia, al menos su relevancia.
Nos parece urgente fortalecer la institucionalidad del Estado en la educación superior en dos ámbitos: la fiscalización, mediante la creación de una Superintendencia de
Educación Superior, y en el tema de la formulación y evaluación de políticas, mediante
una Subsecretaría de Educación Superior. En su momento esta idea fue propuesta por el
Consejo Asesor Presidencial para la Educación Superior y posteriormente fue reiterada
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
en el año 2009 por el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH).
Hoy, afortunadamente, ha vuelto a ser materia de discusión pública.
En síntesis, la propuesta del Nuevo Trato con el Estado impulsada por la Universidad de Chile desde el año 2007 propone que las universidades estatales no pueden ni
deben competir como una más. En primer lugar no pueden porque enfrentan dificultades sustantivas en las condiciones en que operan, y segundo, y más profundo, porque
deben cumplir una serie de condiciones que son propias de una institución del Estado,
que por definición se debe a todos. Así, el propósito de la política del Nuevo Trato es
fortalecer las universidades estatales públicas, asegurar la calidad de la docencia y la
investigación que ellas realizan y proveer las condiciones para que ellas se constituyan
en un pilar del desarrollo nacional y regional.
Lograr lo anterior requiere cambios impostergables. Hemos señalado que Chile carece de un modelo sustentable de Universidad pública, lo que pone en grave riesgo la
existencia y misión misma de las universidades estatales o, peor aún, podría conducirnos a una existencia precaria basada simplemente en asegurar una supervivencia huérfana de toda misión superior. Ello, en un mundo en que el conocimiento será la gran
herramienta para asegurar un acceso a iguales oportunidades, a los frutos del progreso,
a una mejor calidad de vida de las chilenas y chilenos en el siglo XXI.
Las razones de la primera Universidad del país
Durante 18 años la Universidad de Chile fue intervenida políticamente y sufrió las consecuencias de una brutal política de Estado orientada a desmantelarla, a afectar derechamente su sustentabilidad. Gracias a la cohesión, trabajo y compromiso de toda nuestra
comunidad universitaria, tal política de Estado no pudo destruirnos. Más aun: a 20 años
de recuperada la democracia y sin que el Estado haya reparado los efectos de tal política,
seguimos siendo la Universidad que muestra los mejores indicadores de productividad
científica en el país. A modo de ejemplo, ocupamos el lugar 9 en el ranking latinoamericano de universidades que realiza el grupo SCImago y que publica un ranking anual
de instituciones con mayor investigación científica en el mundo. Somos la Universidad
chilena mejor posicionada en ese ranking.
Nuestro desarrollo, productividad académica y la contribución que nuestra comunidad universitaria hace al país en la formación de profesionales y graduados, son de
una contundencia única en el sistema universitario nacional. Asimismo, el alto nivel de
los estudiantes que captamos, así como el éxito que tienen los profesionales que egresan
de nuestras aulas, podrían tener mucha mayor proyección en beneficio del país que lo
actualmente alcanzado.
Y ello sería posible si tuviésemos un esquema universitario que facilitara nuestro
quehacer, y no que lo obstaculizara, como es en la actualidad. Si Chile quiere llegar a ser
un país desarrollado, la experiencia internacional señala que –sin excepción– los países
que lo han logrado han puesto como objetivo estratégico previo el tener universidades
de calidad internacional. Y la Universidad de Chile tiene la tradición y misión y, tan
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Educación pública de calidad y equitativa
Víctor Pérez Vera
importante como eso, tiene la capacidad académica, rigor y oficio que son condición
necesaria para cumplir, en el corto plazo, nuestro objetivo: llegar a ser una Universidad
pública de calidad internacional, para contribuir a hacer de Chile un país desarrollado
económica, social y culturalmente.
Nuestro presupuesto anual es del orden de $400.000 millones, del que el Estado
solo aporta menos del 10%. Todos nuestros balances y estados financieros son auditados
externamente y son publicados en medios de prensa, a lo que no están obligadas las
universidades no estatales. En este sentido, en general, la normativa aplicable a las universidades establece aspectos mínimos de regulación, existiendo amplios espacios para
el ejercicio de la autonomía institucional, salvo en el caso de las universidades estatales,
las que cuentan con regulaciones administrativas más específicas. Todos los fondos que
recibimos, del Estado o del sector privado, son fiscalizados por la Contraloría General
de la República, lo que no sucede, como se ha señalado, con los fondos públicos que el
Estado entrega a las universidades que no son estatales.
Somos una Universidad estatal pero solo recibimos 10 de cada 100 pesos de nuestro
presupuesto. Esto no es entendible por los rectores de las 8 universidades que están
antes que nosotros en el ranking de SCImago, al que ya me he referido. Esas 8 universidades son estatales, y 6 son brasileñas. Una de estas, la Universidad de Sao Paulo, está
en el primer lugar en Latinoamérica, pero está en el lugar 16 de ese ranking a nivel del
mundo. La Universidad Autónoma de México está segunda en Latinoamérica y en el
lugar 88 a nivel mundial. Nosotros estamos en el lugar 9 de Latinoamérica, pero en el
lugar 380 a nivel mundial, y la siguiente Universidad chilena está en el lugar 591.
Desde la Universidad de Chile exigimos al Estado una nueva Ley de Educación
Superior, que garantice la existencia y desarrollo de las universidades estatales, que las
financie en al menos el 50% de sus actuales presupuestos –en Brasil, en Finlandia y
otros países de la OCDE el aporte estatal a las universidades del Estado es sobre el 65%
de sus presupuestos–, y que dé claras orientaciones respecto de sus deberes y derechos,
para que así estas puedan enfrentar desafíos mayores contando con un trato claro con la
sociedad. La autonomía académica, económica y administrativa es un principio rector
que debe resguardarse en la formulación de tal política, atendiendo a la naturaleza de
la actividad de educación superior que dista en mucho de otras funciones de otras instituciones del Estado. Conjuntamente, la política debe dar claridad en las condiciones
en que las universidades privadas están invitadas a contribuir con la provisión de bienes
públicos atendiendo a las funciones y la calidad con que desarrollan docencia, investigación y extensión.
Más que un desafío: estamos frente a una obligación ética
Parte importante del debate sobre la equidad en educación ha apuntado a la necesidad
de enfocar las políticas públicas en torno a mejorar significativamente la calidad. Se han
conseguido avances indudables en cobertura y acceso, y sin embargo estos, los logros,
están muy lejos de las expectativas que en materia de equidad tiene la sociedad chilena.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Existe una amplia brecha de equidad socioeconómica y geográfica que no ha logrado ser
disminuida eficazmente. Las coberturas correspondientes a las familias pertenecientes
a los dos quintiles de mayores ingresos económicos alcanzan niveles equivalentes a los
países más desarrollados, mientras que la cobertura de los quintiles más bajos se mantiene en niveles muy reducidos. La brecha en el acceso a la educación superior entre
jóvenes pertenecientes al primer y quinto quintil de ingreso es de más de cuatro veces.
Las consecuencias sociales de esta brecha son imprevisibles, aunque, de alguna manera, durante los últimos meses ya se han esbozado matices que debieran preocupar
en las esferas de toma de decisiones. Creemos que el rol que ha jugado el Estado en
educación durante los últimos 30 años hoy se encuentra frente a potentes imperativos
de cambio. El movimiento social y ciudadano no ha hecho más que desvelar la urgencia
de abordar el derecho a una educación pública de calidad y de acceso universal como
una obligación ética. Se ha puesto en relieve que el ejercicio de un derecho no puede
estar sujeto a la capacidad de pago o endeudamiento de las personas, ni a los precios de
mercado ni menos a la voluntad de la autoridad de turno.
Por estos días, no solo los actores sociales y políticos que debatimos y proponemos
mejores alternativas para el desarrollo de la educación ponemos mucho en juego: la
República –concebida esta como un espacio plural donde la paz social permite el crecimiento de la comunidad toda– está en un punto de inflexión. En estas horas cobra sentido aquello de la crisis como oportunidad para el cambio. Como actores protagonistas
de esta oportunidad, tenemos todo el derecho a demandar acuerdos y compromisos, así
como también una legislación de futuro, a partir de la cual la educación se transforme
en un factor habilitador de la felicidad de las personas, y así dejar atrás, como un mal
recuerdo, lo que ha venido siendo desde hace más de treinta años: un motivo de angustia familiar y desarticulación social y ciudadana.
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
Faride Zerán Chelech
Periodista de la Universidad de Chile. Premio Nacional de Periodismo en 2007. Entre 1997 y 2003 fue
Directora de la Escuela de Periodismo de la misma
Universidad. En 2003 fue la primera Directora del
Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) fundado bajo su dirección. Entre el 2000 y 2004 fue integrante del Directorio de TVN. Fue fundadora y Directora de la revista cultural Rocinante (1998-2005). Hoy
en día es profesora titular del ICEI de la Universidad
de Chile.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y CIUDADANÍA
La ciudadanía consiste en la titularidad y ejercicio de los derechos civiles, políticos,
sociales y culturales, incorporando a ella la demanda de los nuevos movimientos sociales que irrumpen en la esfera pública y que nos hablan de reclamos provenientes
de movimientos étnicos, de género, etarios, minorías excluidas o mayorías marginadas del sistema. En este contexto, al analizar la visibilidad de estas demandas en la
agenda pública o en el debate mediático, así como el tratamiento de estos temas y la
forma como emergen estos nuevos protagonistas en los medios, en el caso chileno la
reflexión es compleja. Particularmente, porque tan solo en la descripción de ciudadanía
el periodismo tradicional queda atrapado en la estrechez de conceptos como fuentes o
noticia circunscribiendo su eje a los llamados “frentes noticiosos”: Tribunales, Palacio
de Gobierno, Congreso, Fuerzas Armadas, organismos empresariales, Iglesia, partidos
políticos y organismos económicos, por nombrar los más comunes. Todo el resto va a
una suerte de “cajón de sastre” que alimenta las secciones que algunos medios llaman
“Crónica” y otros “Nacional”.
De ahí que si lo público ha sido considerado como todo aquello que emana de fuentes oficiales, lo otro no solo no es clasificable, sino que además corre el riesgo de que no
sea considerado noticia, ya que según los cánones tradicionales la noticia no es generada
por el ciudadano común, a menos que sea víctima o verdugo de algo.
En Chile, desde los inicios de la transición a la democracia, cuando se suponía que
quedaba atrás la secuela de férrea censura del régimen de Pinochet, muchos estudios
han dado cuenta del malestar ciudadano hacia los medios de comunicación masivos,
tanto por la ausencia de cobertura periodística, que definitivamente ignoraba –y lo sigue
haciendo– determinados hechos, o bien su comportamiento ante la forma de abordar
ciertas noticias consideradas relevantes, pero cuyo tratamiento despertaba suspicacias o
simplemente irritación. Eran los años de la premisa de justicia, pero también democracia y libertad “en la medida de lo posible”, que a inicios de los 90 sancionó al periodismo independiente por no aceptar las reglas tácitas de que la transición exigía, y una de
ellas era la libertad de expresión, como lo ilustra ampliamente el libro de Human Rights
Watch, Los límites de la tolerancia. Libertad de expresión y debate público en Chile.
La Premio Nacional de Periodismo 2009, María Olivia Mönckeberg, en el prólogo
de su libro Los magnates de la prensa. Concentración de los medios de comunicación en Chile
(2008), confiesa la frustración generada por este escenario comunicacional para toda
una generación de profesionales de la prensa: “Desde hace ya dos décadas, al terminar
la dictadura, muchos periodistas de mi generación advertíamos que la concentración de
los principales medios de comunicación y sus vinculaciones con el poder político y económico constituían motivos de inquietud para el tiempo que venía. La anhelada libertad
de expresión y la propia democracia que pretendíamos reconstruir podía estar amenazada”. Y señala a continuación: “Las voces de alerta no tuvieron eco. Y los consorcios que
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
habían sido sólidos puntales de apoyo del gobierno militar –y salieron de sus deudas
con el respaldo del Estado antes de que Augusto Pinochet dejara La Moneda– dominaron la escena posdictatorial. Captaron gran parte de la publicidad de la prensa escrita,
mientras las revistas y diarios que lucharon por la democracia desaparecieron uno tras
otro del escenario. Tampoco fueron “viables” los esfuerzos que algunos levantaron después para generar un periodismo escrito independiente de los grupos económicos´”.
Dejar hacer al “mercado” en este terreno –concluye Mönckeberg–, “solo ha contribuido
a consolidar a los grupos de poder dueños de los principales medios tanto escritos como
audiovisuales. Y hasta la radio, tradicionalmente considerada plural y diversa, muestra
hoy síntomas de concentración en grandes cadenas, adonde llegan también las redes del
denominado duopolio”.
La información en tanto derecho ciudadano
Sin embargo en el siglo XXI, con las grandes manifestaciones ciudadanas que en el segundo semestre del 2011 han sacudido al país, volcando a las calles y plazas a cientos de
miles de manifestantes reivindicando derechos medioambientales, de parejas del mismo
sexo, o en pos de una educación pública de calidad, la relación entre esa ciudadanía
empoderada y los grandes medios no solo se tensó. Además obligó a estos últimos a
revisar sus rutinas y lenguajes profesionales.
Porque si antaño la libertad de expresión y el derecho a la información eran asumidos como propios del periodismo, hoy la percepción ha cambiado. Por primera vez en
décadas la información es incorporada como derecho ciudadano y, en tanto derecho,
sujeta a estándares de veracidad y pluralismo que cada ciudadano empoderado puede
fiscalizar. En medio de esta dinámica política, social y comunicacional, las redes sociales
de Internet –Facebook, Twitter– aparecen como los grandes propulsores del cambio
al conectar las frustraciones y anhelos simultánea y democráticamente, sin líneas editoriales y menos censuras previas que sortear. De ahí el entusiasmo que genera entre
analistas políticos y estudiosos de la comunicación del mundo occidental el rol de estas
redes sociales en “la primavera árabe”, que barrió con los regímenes autocráticos de Zine
El Abdine Ben Alí, en Túnez, y de Hosni Mubarak, en Egipto, a inicios del 2011, y aún
mantiene en vilo a la comunidad internacional que paralelamente a la intervención europea en Libia, sigue con impotencia la brutal represión desatada en Siria por las fuerzas
del régimen de Bachir al-Assad.
Pero, desde un contexto de análisis del rol de los medios, si bien la existencia de una
juventud con altos índices de escolaridad en los casos anteriores, pero con igual tasa
de desempleo, fueron el detonante –junto al asesinato de un joven tunecino– para una
de las rebeliones ciudadanas más interesantes de los últimos tiempos, no son solo las
redes sociales fueron las que ayudaron a romper el cerco informativo en esos países y a
organizar e informar a la masa descontenta. Para muchos expertos que han estudiado las
revoluciones del Magreb y Medio Oriente, el papel de la cadena de televisión Al Jazeera
ha sido fundamental en la entrega de información desde una perspectiva regional y a la
120
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
vez independiente de los intereses de los gobernantes locales, lo que no significa reemplazar la decisión y movilización ciudadana que con su malestar resultan ser el principal
motor de cambio.
Sin embargo, hay ejemplos más cercanos de desfase entre información y ciudadanía.
Una de las constantes de la sociedad chilena de las últimas tres décadas ha sido la alta
concentración de la prensa escrita en un duopolio, la cadena El Mercurio y Copesa, que
reúnen el 85 % de la propiedad de los diarios y revistas que circulan en el país. En la
investigación efectuada a inicios del 2000 por los académicos Rafael Otano y Guillermo
Sunkel, “La libertad de los periodistas en los medios”, del Programa de Libertad de Expresión del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile, se
señalaban los vicios del ejercicio del periodismo en la transición chilena, y que aún hoy
constituyen patrones vigentes. Por ejemplo, el periodismo en “piño” entendido como
aquel que hace de los frentes noticiosos estables la columna vertebral de la pauta de los
medios.
De esta manera, los frentes o las fuentes se repiten hasta el infinito: ejecutivo, policía, tribunales, partidos políticos, etcétera, lo que sumado al abuso de las conferencias de prensa, donde se entrega la verdad pulida y oficial, el panorama aparece como
desalentador y plano, pero también como propicio para atentar contra los derechos de
las personas. Si ese ciudadano o ciudadana común es pobre, es indígena o es parte de
una minoría sexual, tenderá a aparecer en los medios solo en la gama de estereotipos ya
ensayados, en aquello “conocido”: en tanto sujeto delictual, subversivo o escandaloso;
o con el agua al cuello pidiendo ayuda, en el caso de los marginados del sistema, y en
tanto “violentista” incendiando fundos, como ocurre con las demandas del pueblo mapuche. Si sumamos a este contexto la irrupción del periodismo light, con su apuesta por
la banalización de todo discurso, la saturación del periodismo de espectáculo, que no es
otra cosa que la subordinación de la noticia al mercado, constatamos que estamos ante
prácticas profesionales que se contraponen a lo que podríamos denominar un periodismo ciudadano, o bien un periodismo público.
Esta definición asume como premisa central que en una sociedad democrática los
medios cumplen el papel de socializar los debates, los argumentos y contraargumentos,
y son fundamentales para contribuir a la formación de una voluntad colectiva que se expresa en interés público. ¿Cuál es el papel de los ciudadanos en una democracia? ¿Cuál
es el rol de los periodistas? ¿De qué manera coinciden estos dos roles? Estas son algunas
de las interrogantes que se plantea el periodismo público y que tienden a la idea de
reconectar a los ciudadanos con la vida pública, potenciar la capacidad de deliberación
de la ciudadanía, ofrecer información con miras a la participación, apoyar los procesos
ciudadanos con una buena cobertura y, especialmente, un adecuado seguimiento, al
tiempo que pone a los medios en calidad de actores y promotores del diálogo social.
Con esta definición no solo el concepto de noticia o la naturaleza de las fuentes
son trastocadas, sino la famosa “objetividad”, entendida como neutralidad frente a los
hechos, y que por décadas se ha entronizado en la formación de los periodistas universitarios. De modo que si en el periodismo público la información es entendida como
un bien público, y surge de la preocupación por mejorar la calidad de la vida de la
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
comunidad para darle contenido al compromiso de los medios de comunicación con la
democracia y la vida colectiva, el periodismo light tiene su fundamento en el deseo de
algunos medios de aumentar sus ventas.
En síntesis, en el periodismo público los periodistas no son neutrales, están al servicio de la democracia, asumiéndola en su más amplia acepción y sin hacer concesiones
en su rol crítico, distante y fiscalizador de todos los poderes. A la vez es capaz de ampliar
su mirada para incorporar en sus pautas y análisis, no solo lo que ocurre en el centro de
la polis, sino que también lo que ocurre en sus márgenes, contribuyendo con su quehacer al encuentro ciudadano a través del diálogo cívico, donde nadie sobra. Se trata de un
nuevo contrato profesional entre el periodista y la ciudadanía que requiere que ambas
partes estén conscientes de sus derechos:
El periodista ha de ejercer su profesión en un país sin restricciones a la libertad de
expresión, en el que el acceso a la información pública no solo constituya una norma
sino una práctica que acabe con el secretismo de nuestra sociedad. Donde los sujetos,
los movimientos sociales y los nuevos actores emergentes que irrumpen sean fuentes de
información y análisis, validadas tanto o más que aquellas fuentes oficiales que homogenizan y empobrecen al país.
En el caso de la ciudadanía, este nuevo contrato implica exigir su derecho a estar informada oportuna y verazmente –sin censuras–, y a través de medios capaces de reflejar
el pluralismo y la diversidad política y cultural que la enriquecen.
De duopolio informativo a duopolio ideológico
Sin embargo, poco o nada de todo esto ocurre en el Chile actual, donde a la concentración de la prensa escrita, en el duopolio El Mercurio-Copesa, se suman otros fenómenos
que atentan contra la libertad de expresión.
Uno de ellos es la constatación de que si bien el proceso de concentración económica de medios no es un fenómeno típicamente chileno, como dicen Guillermo Sunkel
y Esteban Geoffroy en el libro La concentración económica de los medios de comunicación
en Chile, publicado el 2001, nuestra dramática peculiaridad está en que dicho proceso
va acompañado por un “marcado monopolio ideológico”, especialmente en la prensa
escrita, y que la causa de la falta de diversidad se encuentra en el empresariado chileno.
En el mismo estudio ambos autores afirman que “la tendencia a la concentración de los
avisos publicitarios en unos cuantos medios de prensa, radio y televisión no muestra
señales de cambio. Ello principalmente debido a ciertas características del empresariado chileno. Se trata de un empresariado ideológicamente homogéneo, educado en una
matriz económica neoliberal y en un conservadurismo valórico donde quienes se salen
de este esquema constituyen excepciones a la tendencia general. Y esto incluye no solo
a los propietarios de los medios sino también al conjunto de los avisadores”.
En esta línea, los académicos Osvaldo Corrales y Juan Sandoval señalaban, en otro
trabajo llamado “Concentración del mercado de los medios, pluralismo y libertad de
expresión”, publicado el 2005, que el tradicional concepto de oligopolio no resulta
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
suficiente para comprender la forma en que se ha estructurado el mercado de la prensa
chilena. “Una característica del empresariado nacional es su alto nivel de uniformidad
ideológica, que en lo económico se expresa en un compromiso con el modelo neoliberal, y en lo cultural en un fuerte conservadurismo valórico, de modo que cuando
actúan como avisadores utilizan la inversión publicitaria como una herramienta para
fortalecer aquellos medios que les son más afines, introduciendo una distorsión en el
mercado que dificulta la aparición de otras expresiones”. Más adelante puntualizan que
“estrechamente vinculado con lo anterior surge una segunda forma de intervención sobre los medios que se traduce en las presiones que ejercen cuando los contenidos que
se difunden pueden comprometer, directa o indirectamente, los intereses corporativos
de algunos avisadores”.
Una de las advertencias contenidas en ese trabajo no resulta indiferente en el Chile actual, ante el divorcio que se manifiesta entre las demandas ciudadanas y la cobertura que
los grandes medios le otorgan. Ambos investigadores concluyen que las limitantes de los
medios en cuanto a pluralismo están fuertemente ligados al monopolio ideológico, puesto
que al estar la esfera pública restringida a los intereses de los actores dominantes del mercado, hay una invisibilización de los contenidos específicos que se opongan a los intereses
de estos últimos. En el estudio “Mordazas de la Transición”, editado por el Instituto de la
Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, y que contiene varias investigaciones
de su Programa Interdisciplinario de Libertad de Expresión, se señala entre los indicadores regresivos de la transición a la democracia los siguientes puntos que corroboran lo
anteriormente señalado: “La desaparición de diarios y revistas que se distinguieron por su
impulso antiautoritario; la consolidación, en la prensa escrita, del duopolio favorito del
régimen militar formado por El Mercurio y Copesa; el predominio abrumador de medios
ultraliberales en lo económico e integristas en lo moral que de ninguna manera responden a la gama completa de ideas y tendencias del conjunto de la población”.
¿De qué forma, entonces, pueden consolidarse en el Chile del siglo XXI los medios
independientes que propongan otra pauta informativa, incorporando otros sujetos a la
agenda pública y oponiendo al estereotipo y la estigmatización de los nuevos sujetos
sociales una mirada más diversa, plural y tolerante? ¿Más cuando al sesgo ideológico del
empresariado chileno, léase los avisadores de los medios, se une aquella que exhiben las
empresas del Estado, cuyo 77 % de su inversión publicitaria beneficia directamente a El
Mercurio y Copesa, de acuerdo a un estudio realizado en el año 2005 por Fucatel? Que
Chile ocupara en el registro del 2005 el lugar número 50 de la clasificación mundial de
libertad de expresión, según Reporteros sin Fronteras, entre Mozambique y República
Dominicana, no es un detalle menor. Como tampoco que durante los cuatro gobiernos
de la Concertación estos se resistieran a asumir el déficit de pluralismo informativo
como un tema de Estado, y no de mercado, normando a través de políticas públicas,
por ejemplo, que un porcentaje de la publicidad de sus empresas fuera a los medios
independientes, corrigiendo en algo el déficit de diversidad y pluralismo que aqueja a
nuestra sociedad.
Un ejemplo paradigmático fue lo acontecido en el 2004, cuando La Nación domingo tituló su portada con un reportaje sobre el dueño de la cadena de supermercados
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
Líder, Nicolás Ibáñez, como “La otra cara del Líder”, aludiendo a las acusaciones de
violencia intrafamiliar efectuada por su ex esposa, más otros testimonios que hablaban
de un doble discurso de este empresario, miembro de Los Legionarios de Cristo. Pero
esa edición dominical no llegó de manera normal a sus lectores, pues fue recogida en
todo el país a través de personal movilizado en camiones del empresario aludido, los
que durante la madrugada “compraron” la edición completa. Tuvo que transcurrir casi
una semana de este hecho para que Televisión Nacional de Chile finalmente emitiera la
nota reporteada oportunamente, luego de reiterados reclamos y presiones de distintos
sectores ciudadanos.
Pero esta información, que constituía una flagrante violación a la libertad de expresión, fue silenciada durante casi una semana en los grandes medios escritos, y solo días
más tarde apareció en una nota muy reducida y en las páginas de la sección económica.
En un Seminario sobre Comunicación y Pobreza, organizado en el 2008 por la Fundación de la Superación de la Pobreza, el Hogar de Cristo, y la Escuela de Periodismo de
la UDP, se dio a conocer una encuesta ciudadana sobre Exclusión y Medios de Comunicación. En ese marco se presentó el libro Voces de mujeres. Historias de vida en primera
persona, donde once mujeres de distintas edades y comunas de la Región Metropolitana
hablan sobre lo que es ser, vivir y sentirse pobre en un ejercicio de introspección que refleja la valentía y dignidad con que asumen la miseria. En dicha encuesta, la mala noticia
para los periodistas es que los medios de comunicación fueron reprobados con una nota
3,9, por el tratamiento que hacen de la pobreza en tanto muestran a los pobres como
delincuentes. Este estereotipo tiene como correlato a las propias protagonistas del libro.
Para Bernarda, en los medios a los pobres los muestran a la pinta de ellos. “Ellos quieren
tener harto rating y no miran las consecuencias que puedan producir”, añade Bernarda.
Mercedes, en tanto, se pregunta: “–¿Te has fijado que cuando ocurre un drama en una
familia pobre, van todos los periodistas encima de esa familia, y cuando ocurre un drama
similar a la gente de estrato más alto, ¿por qué no los invaden como a la gente pobre?”
Esta encuesta y las voces de estas mujeres que además exigen de los medios, no
solo respeto hacia sus vidas, sino un mayor rol de la televisión en programas culturales
y educativos, nos hablan de un malestar hacia los medios y periodistas, y de una demanda ética acerca del tratamiento de la información, la veracidad de la misma, y sus
consecuencias en tanto son los propios medios quienes se instalan como activos agentes
de estigmatización y exclusión social. Al respecto, otra muestra de fines del 2007 entregada en el marco de un debate sobre la ética convocada por el Colegio de Periodistas:
se trataba de una encuesta sobre percepción ciudadana de periodistas y medios de comunicación, elaborada por La Tercera, donde aparece que solo un 45 % de la población
señala que los periodistas informan con rigurosidad siempre o casi siempre. Más aun:
menos de la mitad de las personas cree que somos serios y rigurosos en lo que determina
nuestro quehacer. Y ante la pregunta de si ejercemos con ética nuestro trabajo, el 50 %
señala que algunas veces, casi nunca o nunca.
En el mismo sondeo, efectuado a fines del 2007, un 58 % de los encuestados concuerdan que los periodistas pueden hacer más, pero se autocensuran, señalando también que
los periodistas que publicitan productos o servicios de empresas pierden credibilidad.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Tanto la encuesta de la Fundación para la Superación de la Pobreza, como la del de
diario La Tercera efectuada para el Colegio de Periodistas, resultan interesantes como
punto de partida de un debate sobre información y ciudadanía. De allí proviene la
preocupación de las escuelas de periodismo serias, en el sentido de ver de qué manera
fortalecemos y actualizamos la formación ética de las nuevas generaciones de periodistas
nacidos en la era de Internet y de la revolución tecnológica; nuevas generaciones que
a veces asumen esas herramientas como instrumentos vacíos e inocuos, sin extrapolar
preceptos básicos como la verificación de las fuentes, el derecho a la intimidad y a la
dignidad de las personas, la investigación in situ, los contextos, la jerarquización de los
hechos, etcétera. Pero la pregunta por la ética en el periodismo es la interrogante por la
credibilidad y veracidad de su información, por la calidad de sus fuentes, la independencia de sus periodistas y el pluralismo y libertad de sus contenidos.
Otro ejemplo sobre la construcción de estereotipos en los medios es el estudio “Cobertura y Tratamiento de la Infancia Mapuche en la prensa de la región de la Araucanía”
del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile y la UNICEF,
sobre las representaciones de la infancia mapuche en la prensa de la Región de la Araucanía. Una de sus principales conclusiones es la escasa presencia que tienen los niños
y adolescentes mapuche en los medios de comunicación. Solo el 1,9 % de las noticias
publicadas se refieren a temas vinculados con infancia mapuche, y más del 50 % de ellas
apenas ocupa un sexto de página.
Pero más que las cifras, la respuesta de un periodista encuestado para este trabajo
revela esta discriminación: “…Si me dices mapuche hoy, yo digo violencia, exigencias,
desprotección. Son términos que se me vienen a la mente, lo que nosotros consideramos
al abordar los temas mapuches…”
El fin del periodista o “ver no es comprender”.
Acerca de la extinción de la figura del periodista como consecuencia de la irrupción de
las nuevas tecnologías, particularmente a través de Internet, es bueno recordar el estudio de WIP y de la Universidad Católica efectuado hace un par de años, donde se señala
que solo el 43 % de los hogares chilenos tiene computador. Si para Umberto Eco la función del cuarto poder es la de controlar y criticar a los otros tres poderes tradicionales,
como lo expresa en su ensayo “Sobre la prensa”, para el periodista argentino Horacio
Verbitsky la función de la prensa no es jugar con la verdad virtual ni propiciar paraísos
artificiales. La información, señala Verbistsky en su libro Un mundo sin periodistas, no es
un privilegio de los periodistas sino un derecho de los pueblos, y la mejor contribución
al afianzamiento de una cultura democrática reside en decir la verdad de los hechos.
Pero, sin duda no constituye el único reto o desafío.
Otro es lo que Eco denomina algo así como la televisación de la prensa, aquella
que es esclava de la televisión, que a fuerza de competir con ella eleva todo al sentido
del espectáculo. La que es capaz de alargar lo que no es noticia y eliminar aquella que,
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Medios de comunicación y ciudadanía
Faride Zerán Chelec
siéndolo, sencillamente no vende, lo que junto a la pérdida de lectores la hace perder
credibilidad. Y ejemplos al respecto sobran.
En Estados Unidos, según Ignacio Ramonet, el 55 % de los ciudadanos estima que
los medios de comunicación escritos publican informaciones con frecuencia inexactas.
Para Ramonet, estamos en medio de la era de la sospecha, en tanto la información entra
de lleno en la lógica del espectáculo, en un fenómeno que se impone en la televisión
pero del cual no es ajena la prensa escrita. Esto, en un contexto de superabundancia de
información y donde la imagen directa de los hechos transmitidos por la televisión nos
remite a la ilusión de que sabemos todo y sin filtros, sin asumir que “ver no es comprender” y que, paradojalmente, nunca habíamos estado tan desinformados. Esto condensa
la demanda por un periodismo serio, ético, capaz de entrar en los temas diarios de la
gente, en los abusos que se cometen en su nombre, en sus viviendas indignas, en sus
salarios precarios, en la falta de oportunidades para los jóvenes o en la mala educación.
Noticia es también el relato de cómo se vive cotidianamente en un campamento de
pobladores, manteniendo las mediaguas impecables y los hijos limpios y bien peinados,
porque la pobreza tiene varias caras. Y una de ellas es la dignidad.
Es discernir entre el significado de las manifestaciones ciudadanas pacíficas y las
infiltraciones que esos movimientos puedan exhibir.
Es interrogarse por qué los ciudadanos y ciudadanas, los estudiantes, los profesores
se toman las calles y plazas de todo el país, y no banalizar o estereotipar sus reivindicaciones.
Es Bernarda contando su niñez en Paillaco, y el dolor de sentirse discriminada porque su padre es mapuche.
A ese periodismo la ciudadanía apuesta sin reservas. Mientras no exista, las redes
sociales seguirán apuntando al déficit de información y, por ende, de democracia del
Chile del Bicentenario.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Corrales, Osvaldo y Sandoval, J., “Concentración del mercado de los medios, pluralismo y libertad de expresión”, en Documentos del Cecom-ICEI, 2005, pág. 99.
Eco, U., Cinco escritos morales, Barcelona: Lumen, 1998.
Echauz, Pau y Pisani, Francis, “Twitter no sirve para tomar el poder”, en La Vanguardia Digital,
11 abril 2011, véase: http://www.lavanguardia.com/vida/20110411/54138785443/francispisani-twitter-no-sirve-para-tomar-el-poder.html
Human Rights Watch, Los límites de la tolerancia. Libertad de expresión y debate Público en Chile,
Santiago de Chile: LOM Ediciones, 1998.
Labrín, Cabalín y Lagos, “Cobertura y Tratamiento de la Infancia Mapuche en la prensa de la
región de la Araucanía”, ICEI-UNICEF, Marzo 2008.
Mönckeberg, Mª O., Los magnates de la prensa. Concentración de los medios de comunicación en
Chile, Santiago de Chile: Debate, 2008, pág. 9.
“Mordazas de la Transición” del Programa de Libertad de Expresión 1999-2001, Santiago: ICEI,
2005.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Revista Comunicación y Medios-ICEI-Marzo 2003.
Sunkel, Guillermo y Geoffroy, Esteban, La concentración económica de los medios de comunicación
en Chile, Santiago de Chile: Ediciones LOM, 2001, pág. 110.
Verbitsky, H.,Un mundo sin periodistas, Planeta: Buenos Aires, 1997.
Voces de Mujeres. Historias de vida en primera persona. Comunicación y pobreza de la Fundación Superación de la Pobreza, Santiago: Ediciones UDP-Universidad Católica Silva Henríquez, 2008, págs. 18-19.
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El género post-Bachelet:
la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
María de los Ángeles Fernández Ramil
Cientista política, Directora Ejecutiva Fundación
Chile 21. Ex presidenta de la Asociación Chilena de
Ciencia Política (2000-2002) e integrante de la Comisión Boeninger para la Reforma Electoral. Sus áreas
de investigación son historia intelectual de la Ciencia
Política, partidos políticos, calidad de la democracia
y mujer y política.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
El género post-Bachelet:
la pérdida de un territorio compartido
La política de lo imposible o cómo generar la solidaridad femenina
Un reconocimiento merecido. Así puede ser leído el hecho de que Michelle Bachelet, ex
Presidenta de Chile entre 2006 y 2010, asumiera formalmente el 1 de enero de 2011 el
cargo de Secretaria Adjunta de ONU-Mujer, institución que aglutinó a todas las agencias
que el sistema de Naciones Unidas ha destinado para el trabajo a favor de las mujeres
alrededor del mundo. El 11 de marzo de 2010 debió traspasarle la banda presidencial
a Sebastián Piñera, candidato de la Coalición por el Cambio, en representación de la
derecha. De esta forma, una Presidenta que le había asegurado a la Concertación de
Partidos por la Democracia, coalición de centroizquierda que venía gobernando Chile
desde 1990 en cuarto mandato, debía ahora entregárselo a un presidente de distinto
color político, concretando, de esta forma, el principio de la alternancia desde que se
recuperara la democracia
Es una interpretación plausible para entender la nueva responsabilidad, ahora a
nivel mundial, que asume una mujer que, siendo Presidenta, desplegó un mandato marcado por el interés en promover la igualdad de género. No solo es la primera presidenta
en la historia que conforma un gabinete con similar número de hombres y mujeres,
solamente precedida por el Presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, sino
que, asimismo, desplegó un abierto discurso acerca de la discriminación que viven las
mujeres, lo que la distinguió de inmediato de sus antecesoras. De ellas, solamente Gro
Harlem Brundtland, de Noruega, manifestó una impronta similar, aunque ha sido más
reconocida por su promoción de los temas medioambientales. Su compromiso con los
derechos de las mujeres y su reivindicación de un liderazgo de tipo femenino, unido al
hecho de ser la primera mujer electa por la vía de las urnas en un país importante de
América Latina y reconocidamente conservador, despertó expectativas que transcendieron las fronteras. Por lo demás, existe relativo acuerdo en afirmar que su elección abrió
camino a otras mujeres que han llegado, después que ella, a tan alto cargo. Son los casos
de Cristina Fernández, de Argentina, Dilma Rousseff, de Brasil y Laura Chinchilla, de
Costa Rica, por citar los más importantes.
A pesar de todo ello, si se observa con detención el paisaje de las relaciones entre
hombres y mujeres, Chile parece haber vuelto a la situación previa a su elección. Es
cierto que desde algunos círculos se insiste en reconocer el impacto simbólico de su
gestión, pero ello no oculta la dificultad que entraña medirlo desde el punto de vista
empírico, aun aceptando la idea de que pueda existir una relación positiva y poderosa
entre la presencia de mujeres en cargos electivos y las actitudes y comportamientos de
las mujeres. Pero nuestro país se mantiene, contra la corriente latinoamericana, sin una
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
ley de cuotas, con un porcentaje de presencia parlamentaria femenina por debajo del
promedio regional y con el hecho de que, de las diecinueve ministras que integraron
su gabinete, solamente una de ellas ostenta en la actualidad un cargo de visibilidad
política1. Por otra parte, Chile ostenta el lamentable récord de ser uno de los países del
mundo con la ley más restrictiva en materia de aborto terapéutico2 y, pese a su decidido impulso a la protección social y a las políticas sociales desde la perspectiva de los
derechos de las mujeres, poco se ha alterado el enfoque mercantilista y asistencialista
instalado en el Estado. Algunos datos hablan por sí solos: Bachelet, a pesar sus cinco
cambios de gabinete, terminó su mandato con 46 % de ministras versus la situación
del Gobierno actual, con 18 %. En el ámbito legislativo, de 5,3 % senadoras y 15 % de
parlamentarias, Chile se encuentra hoy con 13,1 % de senadoras y 14,17 % diputadas,
ocupando el lugar 81 del ranking de la Unión Parlamentaria Mundial en materia de
participación de mujeres en el parlamento. En el ámbito municipal, el panorama es de
12,46 % alcaldesas y 23% concejales. Este último porcentaje favorecido por el sistema
proporcional que rige para la elección de dichos cargos.
Pero no solo eso. Su gobierno fue sucedido por otro al que las mujeres contribuyeron con su voto3, caracterizado por un intento de repatriarcalización en el que, junto
con reducir sustantivamente la presencia ministerial femenina, ha venido a homogeneizarla como resultado de la promoción de una imagen femenina de corte meritocrático y
de éxito. Adicionalmente, ha reemplazado la agenda de equidad de género centrada en
los derechos de las mujeres por una que las confina a su rol de madres y trabajadoras,
enfatizando el aumento de la empleabilidad femenina y evadiendo cualquier referencia
a la dimensión estructural de la discriminación que viven las mujeres4.
Frente a esta paradoja, no cabe duda de que Chile presenta hoy, en materia de igualdad de género, un contraste como del día a la noche. Resulta inevitable que muchas
chilenas no sientan hoy que su gobierno fue una suerte de paréntesis.
1. Nos referimos a Carolina Tohá, actual presidenta del Partido por la Democracia (PPD), que fuera Ministra Secretaria General de Gobierno. (N. de la A.)
2. Al respecto, consultar Díaz, Soledad y Verónica Schiappacasse, “Derechos sexuales y reproductivos
en el gobierno de Michelle Bachelet”, en Y votamos por ella. Michelle Bachelet: miradas feministas, de
Burotto, Alessandra y Carmen Torres (Eds.), Fundación Instituto de la Mujer-Fundación Heinrich Boll,
Santiago, 2010, págs. 19-41.
3. Se afirma que “el voto femenino que la favoreció en 2006 cambió su opción de centro izquierda girando levemente a la derecha en 2010”. Para más detalles, consultar Varas, A., “Del éxito al fracaso
concertacionista. El gobierno de Michelle Bachelet y la derrota electoral de 2010”, en Chile en la Concertación. Una mirada crítica, balance y perspectivas”, de Yesko Quiroga y Jaime Insignia (Eds.), Santiago:
Fundación Friedrich Ebert, 2010, pág. 305. Sánchez, por su parte, luego de revisar la tendencia histórica del voto femenino en Chile, afirma que la elección de Bachelet en 2005 fue una excepción. Para
más detalles, consultar Oliva, D., “Voto femenino en Chile: entre el retorno a la derecha y el amor por
un independiente”, en El sismo electoral de 2009. Cambio y continuidad en las preferencias políticas de los
chilenos, de Morales, Mauricio y Patricio Navia, (Eds.), Santiago: Ediciones UDP, 2010, pág. 216.
4. Para un seguimiento de la agenda de género del Gobierno de Sebastián Piñera, se sugiere consultar los
números de octubre, 2010 y abril, 2011, del Barómetro de Política y Equidad, editado por las Fundaciones Equitas y Friedrich Ebert.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Dado el poco tiempo transcurrido, todavía no disponemos de suficientes análisis
acerca de su mandato, a fin de identificar en ellos elementos que permitan explicar la
actual situación. Sin embargo, es posible encontrar algunas reflexiones. En algunos casos, se analizan aspectos parciales, tales como los factores que explican su emergencia
como candidata, las comisiones gubernamentales que creó, su relación con los medios,
su intento por impulsar una ley de cuotas o sus políticas sociales, como Ríos Tobar, Siavelis, Aguilera, Izquierdo y Navia, entre otros. Otros intentan un análisis más global de
su gobierno, enfatizando los constreñimientos que enfrentó, así como el debilitamiento
que su propia coalición comenzó a evidenciar durante su período; entre estos tenemos
a Burotto y Torres, Franceschet, Franceschet y Thomas y Varas.
En lo que no hay dos versiones es en la interpretación de su gobierno como uno directamente vinculado con la defensa permanente de la causa femenina. Jalalzai y Krook
y la comparan con Johnson-Sirleaf, de Liberia, y con Gro Harlem Brundtland, de Noruega, por su empeño por reclutar mujeres y por su defensa de políticas amigables para
ellas. Por su parte, Htun y Piscopo la consideran la jefa de Estado que “destacó como la
más apoyadora de los derechos de las mujeres”.
La justificación es la orientación general de algunas reflexiones, enfatizando las dificultades que experimentó, varias de ellas enmarcadas en su condición de mujer5.
Algunos libros, aunque sin mayores aspiraciones analíticas, no evitan convertirse en
una suerte de hagiografía de la ex mandataria, contribuyendo a inferir que enfrentó
las dificultades en base a su encanto personal6. Además, en contraste con otras líderes
femeninas que la precedieron, Bachelet debió gobernar en el contexto de una coalición
de partidos, lo que introduce desafíos adicionales a las ya advertidas en la literatura para
el caso de los sistemas presidenciales latinoamericanos7. La expectativa existente acerca
del papel que podría cumplir una mujer en la Presidencia se veía alimentada por el rol
destacado que dicha institución ha jugado en Chile a la hora de impulsar proyectos en
materia de género, aunque, según el PNUD, es justo precisar que “los distintos gobiernos han evitado promover reformas en materia de derechos de las mujeres cuando se
enfrentan a una correlación de fuerzas adversa, dentro y fuera de las instituciones políticas”. Por otra parte, a pesar de que los gobiernos concertacionistas habían impulsado
la agenda de género, mostrando elementos de continuidad y logros en sus políticas, a
Bachelet le tocaba una pesada herencia en términos de problemáticas pendientes, como
las relativas a la participación política de las mujeres o los derechos reproductivos, lo
que ha sido explicado como resultado de las divisiones al interior de la propia coalición
y el modelo de una política basada en los consensos.
5. Para un ejemplo de este tipo de análisis, se sugiere consultar la introducción del libro ¿Género en el
poder? El Chile de Michelle Bachelet, de Teresa Valdés (Ed.), Santiago: Observatorio Género y EquidadUNDEF-UNIFEM-Corporación de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, pág 13.
6. Nos referimos a Bachelet en tierra de hombres, de Patricia Politzer, Santiago: Random House Mondadori.
Para una crítica a su interpretación, se sugiere consultar Fernández, Mª de los Ángeles, “El encandilamiento”, en Qué Pasa, N° 2066, págs. 18-19.
7. Para más detalles, consultar Mainwaring, Scot y Matthew Soberg Shugart, Presidencialismo y democracia
en América Latina, Buenos Aires: Paidós, 2002.
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
Esta visión es refrendada por académicas que, producto de sus estudios acerca de
la realidad electoral chilena y su relación con el género, ya venían advirtiendo, desde
hace algún tiempo, las dificultades para que la representación numérica de las mujeres
sirviese para impulsar la representación de los intereses de género. Franceschet es un
buen ejemplo de ello cuando sostiene que uno de los factores que socava la relación entre la representación numérica y sustantiva, es la heterogeneidad de las mujeres, lo que
impide que se pueda percibir un interés de manera nítida. Los motivos, a su juicio, se
encuentran en el conservadurismo moral y social de la clase política y en la propia debilidad del movimiento de mujeres, carente de vínculos con las que aspiran a cargos de
representación popular. Por otra parte, dicha autora no se hacía muchas ilusiones con la
llegada de Bachelet a la presidencia, a pesar de las expectativas que este hecho generaba.
Junto con recordar que, a pesar de los cambios culturales y sociales experimentados por
el país desde 1990, existían todavía ambigüedades en torno al rol de las mujeres como
madres, advertía que era difícil esperar de su gobierno cambios automáticos en materia
de igualdad debido a “las evidentes tensiones desatadas en el proceso de cambio cultural
y su énfasis en la continuidad de las políticas económicas de Lagos”.
Más allá de los avances que su gobierno pueda haber significado para las condiciones de vida de las chilenas expresados en políticas concretas o si las definiciones
del orden de género poco han cambiado, por cuanto no se alcanzó a alterar la división
sexual del trabajo, nos proponemos en este artículo profundizar en algunos aspectos
llamativos de su gestión, como es la capacidad para generar solidaridad de género, más
allá del episodio de su campaña. Bachelet contó con el consistente apoyo de las mujeres
de todos los sectores socioeconómicos durante todo su mandato. Con esta afirmación,
no queremos decir que no haya recibido también el apoyo masculino. De hecho, en
momentos específicos de su mandato, obtuvo más adhesión masculina, como ocurrió
concretamente en marzo de 2009, por cuatro puntos porcentuales. La diferencia de
apoyo por sexo que pudiera tener una mandataria con sus características no es algo tan
relevante si asumimos el enfoque revisionista, según el cual se señala que “la variable
sexo comienza a perder relevancia para entender las diferencias en la participación y
actividades políticas”, y alerta acerca de la exageración de diferencias e infravaloración
de similitudes en base a estereotipos asumidos.
Es por ello que, desde un punto de vista heurístico, puede resultar más sugerente
explorar lo que explicaría el sostén femenino que recibió, cruzando diferencias ideológicas. De más está decir que el hecho de que quien detente la Presidencia sea una mujer,
no le garantiza de manera automática el apoyo de sus congéneres. Stiegler y Maffia así
lo revelan para los casos de la Canciller Angela Merkel (Alemania) y Cristina Fernández
de Kirchner (Argentina). De hecho, la primera de las autoras va más allá y especifica que
deben cumplirse varias condiciones para que el género juegue un rol en la práctica política de hombres y mujeres en el poder. Señala, entre ellas, la existencia de un desequilibrio en las relaciones de género, de forma que uno de ellos esté en desventaja; dicha
situación debe haber sido experimentada por la persona que está en el poder; dichas
experiencias deben ser interpretadas como una exigencia de la acción política y no como
un problema individual, y cuarto, la orientación de una política de género concreta
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
dependerá del marco programático con el cual esté vinculada la persona en el poder.
En cuanto a la solidaridad femenina, autoras como Valcárcel aceptan que “no ha sido
el obligado comportamiento que ha tenido el colectivo de las mujeres antes de saber y
obrar como un colectivo autoconsciente”. Por lo tanto, vale la pena intentar una hipótesis que permita explicar el apoyo que Bachelet logró detentar entre sus congéneres.
La dialéctica posible de las estrategias de género
La ex Presidenta chilena debió enfrentar críticas nada más asumir su mandato y durante
el transcurso de este, particularmente mientras vivía los más controversiales episodios,
como la revuelta de los estudiantes secundarios y la implementación del plan de reforma del transporte capitalino, conocido como Transantiago. Durante su segunda mitad,
coincidente con el impacto de la crisis financiera internacional y con el remonte de
adhesión en las encuestas, las críticas no arreciaron, sino que se fortalecieron, aunque
adquiriendo un cariz distinto: la incredulidad. En un nivel superficial, y mostrando
desconocimiento e insensibilidad acerca de las posibles diferencias a nivel de los imaginarios políticos entre hombres y mujeres, los analistas del momento tildaron como
asistencialistas sus políticas anticíclicas que hacían uso de los cuantiosos recursos fiscales generados previamente por el superávit del precio del cobre durante su primer año
de mandato (2006). Otros se centraron en sus atributos de personalidad entre los que
destacan su empatía y honestidad, al punto de que se ha hablado de la “cariñocracia”
de Bachelet8. El asunto no se limita a una cuestión de popularidad, como la prensa
acostumbraba a abordarlo. Si bien es cierto que su gobierno remontó en medio de dicha
crisis, de 39 % de junio de 2008 a 81% de diciembre de 2009, ello no contribuye a explicar totalmente el apoyo sostenido que tuvo de las mujeres, tanto para acceder a la Presidencia de Chile como durante todo su mandato. Bachelet obtuvo el triunfo electoral
en segunda vuelta con el 53 % de apoyo pero, además, de acuerdo a Fries, logró quebrar
la tendencia de mayor voto masculino hacia la Concertación en cinco puntos porcentuales y, además, logró 286.000 votos femeninos por sobre los masculinos9. Durante su
gobierno, además, mantuvo un apoyo inalterable de las mujeres. Según la encuesta CEP,
8. En una referencia al gobierno de Sebastián Piñera, el influyente analista David Gallagher afirma que
comenzó “hipnotizado por la cultura asistencialista de Bachelet, aunque se ha ido superando”. Por su
parte, Navia argumentó sostenidamente que la popularidad de la ex Presidenta se basaba en el cariño
que le profesan los chilenos, aunque siempre con una connotación subestimatoria. Para más detalles,
ver Villalobos, J.C., “El Segundo Piso está más dedicado a apuntalar a los ministerios que a reflexionar”,
La Tercera, 11 de junio 2011, pág. 6, y Navia, P., “Una Presidenta más querida que exitosa”, La Tercera
Reportajes, 8 de marzo 2009, pág. 15.; y Navia, P., “La cariñocracia de Bachelet”, La Tercera, 4 de julio
2009a, pág. 12.
9. La solidaridad de género con Bachelet es confirmada por varios estudios. Cáceres cita a Carrera para
señalar que cuando hay mujeres como candidatas, hay un voto solidario por parte de las electoras.
Para más detalles, consultar Cáceres, V., “¿Tengo que mandar como hombre o puedo hacerlo como yo
quiera?”, en Y votamos por ella. Michelle Bachelet: miradas feministas, de Burotto, Alessandra y Torres,
Carmen (Eds.), Santiago: Fundación Instituto de la Mujer-Fundación Heinrich Boll, 2010, pág. 44.
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
si bien partió en junio-julio 2006 con un apoyo femenino levemente inferior, de 45 %,
frente al masculino, de 47 %, en junio-julio de 2010, a pocos meses de finalizada su
gestión, la diferencia se había revertido con creces: 80 % de mujeres la apoyaban frente
al 74 % de hombres. Ahora bien, es importante consignar que el apoyo recibido por Bachelet no fue homogéneo en las mujeres. Por ejemplo, en sus cuatro años de gobierno,
quienes más la apoyaron fueron las mujeres de los estratos socioeconómicos bajos, principalmente en los grupos D y E. Igualmente, en los sectores medios el apoyo a Bachelet
fue alto. La misma encuesta CEP arroja que, al final de su gobierno, su apoyo femenino
diferenciado por estratos era 86 % (baja), 76 % (media) y 69 % (alta). Si bien al inicio
las mujeres de los estratos socioeconómicos más acomodados apoyaron en menor medida a la ex Presidenta concertacionista, se observa un considerable salto en el último
año de gobierno. Se trata de un sector de mujeres que no tiene afinidades ideológicas
con la mandataria, mujer declaradamente de izquierda y cuyo comportamiento político
no basta, en este caso, interpretarlo mediante el recurso a políticas de las cuales no es
receptor ni menos mediante el simple recurso al cariño.
Ello nos lleva a indagar en una dimensión de análisis escasamente explorada ya en
los de por sí magros balances acerca de su gobierno. Nos referimos a sus estrategias
políticas. ¿Por qué resulta de potencial interés estudiar dicha dimensión? Porque contribuye, no solamente a entender cómo gobiernan las mujeres y hasta qué punto el género
es una variable estratégica de estudio, sino también porque nos obliga a observar sus
comportamientos desde una perspectiva comprensiva del liderazgo y del poder que,
más allá del interés político específico, resulta inspirador para todo tipo de mujeres,
al proveer modelos trasladables a diferentes áreas10. De acuerdo a Gamble, el terreno
de lo político está constituido por tres dimensiones: poder, identidad y orden. Si bien
es posible sostener que Bachelet triunfó plenamente en el segundo ámbito, en el de la
dimensión expresiva de lo político en la cual se juegan las identidades, abrazando lealtades, compromisos, obligaciones y deberes11, y donde el género contribuye a configurar
una de los tipos de identidades políticas más distintivas, más interesante resulta indagar
cómo se movió la ex Presidenta en el campo del poder, entendida como la dimensión
instrumental de lo político que formula la pregunta de quién obtiene qué, cómo y cuándo. Es el espacio en el que se determinan los cargos, se distribuyen tareas, se asignan
recursos y se diseñan estrategias.
Esta opción se relaciona directamente con el análisis de su liderazgo político y permite contribuir a una interrogante que emerge en el marco de los estudios comparados
del liderazgo ejercido por mujeres que dirigen países. Genovese y Thompson señalan,
10. Heller afirma que “tener otras mujeres como modelos no significa que estas tengan que ser perfectas
ni sobrenaturalmente buenas o grandes figuras, pero sí es necesario que sean conscientes de la importancia de la solidaridad femenina”. Al respecto, consultar Heller, L., Voces de mujeres. Actividad laboral
y vida cotidiana, Barcelona: Sirpus, 2008 pág. 154.
11. “Mi deber es proteger a las mujeres de Chile”, fue una de las frases pronunciadas por la ex Mandataria
en su discurso del 21 de mayo de 2008. Es quizás la que recoge, con más fuerza, la invocación identitaria de la mandataria. Para más detalles, consultar Fernández, Mª de los Ángeles, “La orfandad del
género”, La Tercera, 16 de agosto 2010.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
en una de las obras pioneras acerca de la influencia e importancia que la cuestión de
género ha tenido en el liderazgo femenino, no solamente que el género es particularmente estratégico “por cuanto uno de los aspectos que pueden servir para evaluar el
legado dejado por las mujeres que han dirigido países es el efecto que tuvo su mandato
con relación a las definiciones de género de su sociedad”, sino que “un líder político
que consiga el éxito debe tener habilidad para transformar aparentes inconvenientes
en ventajas”, por lo que “se puede esperar que las mujeres manipulen los estereotipos
tradicionales para burlar o desarmar a sus oponentes”.
Si bien es cierto que existe una tradición de análisis acerca de las estrategias femeninas, no solamente en política, sino cuando se plantean llevar a cabo cualquier
actividad, así como acerca de la dificultad estructural de las mismas, no se ha aplicado
dicha reflexión de manera consistente al caso de mujeres que lideran países. Los motivos
pueden ser varios: escasez numérica –ser Presidenta sigue siendo, a pesar de los avances
registrados, todavía una excepción–, el hecho de que ninguna de las predecesoras de
Bachelet haya decidido a desafiar el orden patriarcal, y porque los análisis existentes
acostumbran a poner el acento en las barreras en el acceso al poder más que en lo que
acontece cuando una mujer ya se encuentra instalada en él.
Entre las escasas reflexiones que abordan este aspecto en relación con el período de
gobierno de Bachelet, destaca Varas, quien hace una referencia explícita al concepto de
estrategia gubernamental para comprender la naturaleza e impacto de su gobierno. Dicho autor identifica un conjunto de estrategias iniciales, en una perspectiva de gerencia
presidencial, las que debieron ser modificadas como producto de los factores de contexto. De ellos, los más llamativos fueron la revolución de los estudiantes secundarios,
en 2006, y la estrepitosa puesta en marcha del plan de reforma del transporte urbano
capitalino, más conocido como Transantiago. También señala estrategias más afines a la
agenda pro derechos de las mujeres. En el marco de la segunda etapa del mandato destaca lo que denomina un liderazgo de nuevo tipo, basado en la honestidad y sinceridad
para reconocer errores; la denuncia del machismo nacional recogida bajo la expresión
“femicidio político” y las comisiones asesoras presidenciales como mecanismo subsidiario de la participación ciudadana.
Lo que acá nos proponemos es adoptar una mirada distinta, en la que el género es
usado como estrategia, en un sentido instrumental y relacionado con la forma en que las
mujeres detentan el poder. Estimamos que este es un nudo fundamental para comprender la forma en que Bachelet gobernó y tomó decisiones, finalizando con un capital político que no poseía cuando lo inició. La literatura feminista advierte que, en el ejercicio
del poder en manos femeninas, no siempre confluyen poder formal e informal. Valcárcel
afirma que hay un “cómo” peculiar en el ejercicio femenino del poder, que ella define
como los márgenes normativos de su movimiento y sus características, y sintetiza como
el ejercicio del poder sin la completa investidura (tomando prestada la idea a Celia Amorós) por cuanto, al no poder investir a otras, no es traslaticio; por los tres votos clásicos
de pobreza, castidad y obediencia y por la autorización para ejercerlo, siempre que lo
hagan con fidelidad y abnegación. Pero, ¿cómo distinguir la autoridad formal de la autoridad informal? La primera se otorga porque quien ocupa el cargo promete satisfacer un
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
conjunto de expectativas explícitas, mientras que la segunda proviene de la promesa de
satisfacer expectativas que a menudo no son explícitas. Esta última estaría relacionada
con la popularidad y “no solo determinará sus perspectivas de reelección, sino que también su capacidad de influir sobre otros representantes políticos mientras aún detente
el cargo. Si sus colegas ven que es débil, les resultará más fácil ignorarlo. De modo que
la autoridad informal deriva no solo de su popularidad entre los electores, sino también
de la estima, la confianza, la admiración y el temor de sus colegas. Para ganar poder,
es necesario ganar autoridad informal entre los propios socios políticos, como enuncia
Heifetz. En este sentido, la utilización de las estrategias señaladas también es útil para
observar cómo ello posibilitó, en su caso, la confluencia de los dos tipos de autoridad.
No nos proponemos discernir si las de Bachelet fueron exitosas en términos de los
resultados globales de su gobierno. Mal que mal, no pudo entregarlo al candidato de
su propia coalición, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Tampoco discernir si dichas estrategias
fueron espontáneas o deliberadas, aunque algunas autoras dan a entender la existencia
de componentes de lo segundo. Ello no deja de resultar llamativo en una Presidenta que
debió enfrentar una sorda, pero consistente subestimación, acerca de su autoridad y su
capacidad, y que promovió una autoimagen de su persona como producto de las circunstancias políticas, dueña de una biografía autonomizada de su voluntad y al servicio
de las demandas de un conjunto variopinto de actores: desde la sociedad en su conjunto, que la proclamó por la vía de las encuestas de opinión, hasta de los dirigentes de su
propia coalición, que vieron en ella la oportunidad de neutralizar el evidente desgaste
de cerca de veinte años en el poder. Por ejemplo, Díaz-Romero alude al uso que hizo de
la institucionalidad de género heredada y que ella, dicho sea de paso, contribuyó poco
o nada cambiar por cuanto el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), el Consejo de
Ministros por la Igualdad de Oportunidades y el llamado Programa de Mejoramiento
de la Gestión (PMG), que corresponden a administraciones anteriores. Dicha autora
afirma que “tomando ventaja del conjunto de leyes y cambios constitucionales, así cono
de la diversidad de programas transversales que extendieron la vigencia práctica de los
derechos de las mujeres… introdujo importantes avances en el enfoque de ciertos temas”. Por su parte, Olea señala que “frente a la imposibilidad de intervenir en los pactos
patriarcales ya signados antes que ella, Bachelet no tuvo poder real de intervención. En
estos momentos, la Presidenta recurrió a la vieja astucia femenina, ‘hacerse la loca’”.
Reconocer el elemento de la astucia, que es uno de los componentes de la política
junto con la fuerza, no deja de ser controversial en una mujer que la ciudadanía ha
tendido a observar como alejada de los partidos políticos y de los círculos de poder
transaccional y, en buena parte, víctima de ellos y de los medios de comunicación. A ello
contribuyó cuando señaló que era víctima del “femicidio político”, una manera de aludir
al “asesinato de imagen” que, a su juicio, experimentaba tanto por parte de los medios
de comunicación como de la propia clase política, y que se inspira en un concepto acuñado por Manuel Cabieses, director del diario Punto Final.12
12. Para más detalles, consultar Cabieses, M., “El ‘asesinato de imagen’ de Michelle Bachelet”, en Punto
Final, 15 de agosto 2007.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
En todo caso, lo que se pretende es proponer una dimensión distintiva y con potencial heurístico: la de las estrategias políticas seguidas por Bachelet, lo que incluye
elementos instrumentales y cercanos a la transacción y donde el género puede ser utilizado para el logro de otros fines. Nos interesa, más particularmente, afirmar que dichas
estrategias existieron, y que fueron utilizadas para enfrentar la heterogeneidad femenina
existente en Chile y que, a juicio de las expertas, constituye la dificultad esencial para
que la representación numérica pudiera confluir con la sustantiva.
Por tanto, postulamos la necesidad de analizar su mandato y su comportamiento
político en un sentido especifico: en su apelación hacia las mujeres, desde la perspectiva
de utilizar la paridad ministerial y la reivindicación de un liderazgo femenino, no ya
como medidas concretas o sustancias de una agenda de género, sino como arenas en las
que, junto con converger dimensiones políticas, relativas a la ciudadanía y a la representación, en el primer caso o, en el segundo, en una dimensión más personal resultante
de una manera de hacer las cosas y tomar decisiones, se juegan y conjugan dimensiones
culturales e ideológicas relativas al feminismo de la igualdad y de la diferencia. La dialéctica de ambas, tanto en sentido retórico como práctico, habría permitido diluir las tradicionales dicotomías que suelen rodear el debate acerca de la necesidad de aumentar la
representación femenina y abogar por los derechos de las mujeres, relativos a igualdad/
diferencia, universalismo/particularismo, privado/público, promoviendo un sentido de
comunalidad y de pertenencia.
El feminismo de la igualdad es asociado con la primera ola del feminismo en el que
las mujeres demandaban un equiparamiento de sus derechos en relación a los hombres,
específicamente en materia de sufragio femenino, acceso igualitario a la educación, acceso al trabajo y equiparación de salarios. El feminismo de la diferencia, asociado a la
segunda ola, cuestiona el concepto de igualdad homogeneizante, observa en él una
pérdida de identidad femenina y propugna una nueva interpretación en base a las diferencias, tanto entre hombres y mujeres como entre ellas mismas. Olea es la autora que,
a través del análisis del uso de lo corpóreo, más se acerca a esta percepción, por cuanto
señala que “Bachelet juega en posiciones desplazadas que la configuran particularmente
productiva como sujeto plural de poder”, o cuando, aludiendo indirectamente al efecto
teatral de la actividad política, se refiere a ella como “una sujeto altamente empática, que
sabe posicionarse con movilidad en un campo amplio de identificaciones femeninas”.
No resulta del todo fácil imaginar ambos tipos de feminismo actuando en perfecta
convergencia, por cuanto tradicionalmente han antagonizado entre sí, según García de
León, pero, aparentemente, la ex Presidenta logró un razonable equilibrio en la proyección de ambos, sintetizando un feminismo sofisticado. Aceptando los peligros que
ambas posturas encierran, dicha autora no deja de señalar que “todo aporta, todo sirve
como pared dialéctica con la que enfrentarse, cuando un fenómeno social es tan complejo como el que nos ocupa”, reconociendo la importancia de enfatizar la “ética del cuidado”, reivindicada incesantemente por Bachelet en sus discursos, frente a la “ética de
la igualdad”, basada en la noción formal de justicia y en una racionalidad instrumental
sin implicaciones personales, de acuerdo a dicha autora.
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
Paridad y liderazgo femenino: ¿una estrategia bicéfala?
Desde esta perspectiva, ¿cómo puede interpretarse la paridad ministerial del gobierno de
Bachelet y su apelación a un liderazgo distintivo, femenino y de nuevo cuño? Quizás la
afirmación de Olea, según la cual “es un gesto que representa uno de los más importantes avances en las relaciones de las mujeres y la política”, pueda considerarse exagerada,
pero no es posible desconocer que era una antigua demanda del movimiento de mujeres
en Chile. A pesar de ser una antigua demanda del movimiento de mujeres. Recién con
Bachelet en la presidencia es posible observar gestos concretos en la materia, no antes.
A poco de asumir, instruyó a su entonces Ministro del Interior, Andrés Zaldivar,
a que formase un grupo de trabajo con el fin de estudiar y elaborar una propuesta de
reforma al sistema electoral binominal vigente. Dicho grupo, denominado Comisión
Boeninger, diseñó un proyecto en el horizonte de un sistema proporcional, considerando cuatro principios relevantes para una nueva configuración: igualdad de voto entre
los ciudadanos, representatividad, competitividad y gobernabilidad. Adicionalmente,
integró tres criterios: territorialidad, mínima disrupción frente al mapa electoral actual
y simplicidad. Entre sus recomendaciones generales, acordó ciertos elementos, tales
como la propuesta de sistemas electorales plurinominales; el aumento de la cantidad de
parlamentarios (a 150 diputados y 50 senadores, respectivamente); la ampliación del
número de candidatos; listas abiertas y cuotas de género, y la recomendación de crear
una entidad autónoma especial, encargada de revisar cada diez años la conformación de
los distritos en función de las variaciones de la población, entre otras. Esta propuesta no
fue acogida por la coalición de gobierno, aun cuando representantes de todos los sectores del oficialismo participaron en su diseño. Es importante precisar que la Comisión
redactora reconoció que la equidad de género era uno de los principios a observar en
cualquier proyecto de reforma al sistema electoral y, además, adjuntó al informe final el
documento “La equidad de género en la reforma electoral”, que reconoce la necesidad
de que los partidos integren tantos hombres como mujeres en las listas de candidatos,
dada la imposibilidad de avanzar en la idea de listas cerradas. Ello significa ir más allá
de un porcentaje-meta y hablar de “equilibrio de género”, de forma que ninguno de los
dos sexos supere el 60 % de los escaños. Adicionalmente, el mencionado documento
fundamenta el requerimiento, tanto político como técnico, de vincular la discusión de
la reforma electoral con la ley de cuotas. Finalmente, también recomienda explorar vías
que permitan disminuir la desigualdad de género en la vida política, con particular énfasis en el cuidado igualitario de los hijos en períodos de campaña. Con base en lo preparado por la Comisión Boeninger, el ejecutivo presentó en junio del 2006 una propuesta
concreta de reforma al sistema electoral, introduciendo cambios a la Carta Fundamental
con el objeto de: (1) lograr una efectiva proporcionalidad en la representación popular,
conciliar la no exclusión de ninguna persona y asegurar la igualdad del voto, logrando
una adecuada representación de las regiones del país; (2) incorporar mecanismos que
incentiven la participación de las mujeres en la actividad política; (3) suprimir la referencia del número de diputados que componen la cámara; (4) suprimir la referencia del
número par e impar a los que corresponde cada región, sin alterar el actual calendario
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
eleccionario; y (5) suprimir la inhabilidad para ser candidato a diputado o senador de
la República. Independientemente de que la propuesta no alcanzó a presentarse al Congreso, esta fue la primera vez que se envió desde el Poder Ejecutivo una señal política
en orden de avanzar en una ley de cuotas femeninas –previa reforma al sistema electoral
vigente–- haciéndose cargo, además, de las repetidas recomendaciones de los organismos internacionales con relación a la situación de subrepresentación de las mujeres
chilenas en cargos de designación y de elección popular. Así, por ejemplo, el Comité
para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, en su 36º período de sesiones,
aunque “acoge con satisfacción los recientes progresos en los puestos de adopción de
decisiones en la vida pública”, expresa su preocupación por la escasa presencia femenina en el parlamento, los municipios y en el servicio exterior, y paralelamente llama
la atención sobre la necesidad de “intensificar sus esfuerzos encaminados a reformar el
sistema electoral binominal”.
Cabe, asimismo, señalar que una nueva ofensiva tuvo lugar a fines del año 2006,
cuando la Comisión de Familia debatió un proyecto de ley cuyo objetivo era modificar
diversos cuerpos legales para promover el derecho de las mujeres a participar en la vida
pública nacional. Sin embargo, la votación en la Comisión no prosperó debido a la abstención de uno de los diputados integrantes.
En igual sentido, en abril del 2007, la Presidenta envió el Mensaje Nº 52-355, que
pretendía iniciar un proyecto de reforma constitucional para suprimir la referencia al
número de diputados. Como los anteriores, no tuvo mayor fortuna. La Presidenta Bachelet no ha cejado en su empeño por lograr que, durante su mandato, se avance en
la instalación de medidas político-institucionales que garanticen una mayor presencia
de mujeres en los cargos de representación popular. El último de sus intentos data del
29 de octubre de 2007, momento en que firmó un proyecto de ley que establece una
participación política equilibrada entre hombres y mujeres, colocando incentivos financieros para que mayor cantidad de mujeres resulten electas. Finalizado su mandato,
el proyecto no había sido discutido en el Congreso, y Chile se mantenía como un país
impermeable a una disposición asumida en casi la totalidad de la región13.
Pero la paridad, en el contexto de nuestro análisis, no debiera ser entendida solamente como una solución que viene a denunciar la exclusión femenina y a promover la
legitimidad de su inserción política, al igual que los cupos. Astelarra asume que tiene
sus detractores por cuanto desconoce la figura del ciudadano “neutro” para colocarle género, la presenta en dos concepciones. Como tipo de acción positiva, que plantea que los dos géneros tengan la misma representación en todas las actividades, pero
esencialmente en los puestos y cargos políticos, de acuerdo a la cual ningún género
13. Detalles de las vicisitudes experimentadas por el gobierno de Michelle Bachelet para impulsar una ley
de cuotas pueden consultarse en Fernández, Mª de los Ángeles, “Equidad política de género en el Chile
actual: entre promesas y resistencias”, en Anuario de Derechos Humanos, Centro de Derechos Humanos,
Santiago: Universidad de Chile, 2008, págs. 221-228 (ubicable en http://www.cdh.uchile.cl/publicaciones/Anuarioddhh) y en Cáceres, V., “¿Tengo que mandar como hombre o puedo hacerlo como yo
quiera?”, en Y votamos por ella. Michelle Bachelet: miradas feministas, de Burotto, Alessandra y Carmen
Torres (Eds.), Santiago: Fundación Heinrich Böll y Fundación Instituto de la Mujer, 2010, págs. 47-49.
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
tendría más de 40% ni menos de 60% (entendida como una relación) o bien en sentido
aritmético, 50-50. Valcárcel no estaría del todo de acuerdo porque, para ella, discriminación positiva y paridad no deben ser confundidas puesto que la segunda “busca
evitar ‘el techo de cristal’, esto es, que el sistema completo de autoridad y poder sesgue
en función del género y no sea imparcial”. En el marco del sistema de género, también
plantea una nueva concepción de la ciudadanía que busca cambiar el propio sistema de
género, lo que no se logra cambiando a las mujeres como un colectivo o a las actividades
masculinas para incorporar a ellas más mujeres. En nuestro contexto, el análisis de la
paridad se ha efectuado desde la óptica de las resistencias que debió enfrentar. Primero,
dicha decisión presidencial que, primero, despertó el escepticismo para terminar en un
abierto cuestionamiento, no solamente por la rotación que experimentó como producto
de los cinco cambios de gabinete efectuados durante el período de estudio, sino porque se interpretó en abierta contradicción con otros criterios que debieran iluminar la
conformación del equipo de Gobierno como, por ejemplo, de tipo meritocrático, visualizándolos como contradictorios.
Pero surge otra perspectiva de análisis de la paridad cuando vemos que, por virtud
de su aplicación, no solamente ingresan más mujeres a la vida política sino que, si estas
son distintivas y diversas, cuando lo fue en el caso del gabinete de Bachelet, permite
aumentar las oportunidades de identificación para las mujeres en su conjunto. En este
momento, se quiebra la inquietante imagen de la mujer que, según Valcárcel, ejerce
el poder sin la completa investidura puesto que, de hecho, emerge una mujer como
Bachelet que delega y entrega poder a otras, sus ministras. Pero no solamente eso, sino
que se abre una pendiente para la expresión de una tercera vertiente del feminismo, la
de la diversidad, pero no entendido en su apertura hacia la multiculturalidad, sino de
las identidades plurales femeninas que, personificadas en las secretarias de Estado, comienzan a transitar en el espacio político, impactando con ello en los modelos culturales
y el ejercicio femenino del poder. Sin duda, ello contribuyó aun más a la proyección de
una imagen de la diversidad femenina que ya descansaba en la propia Bachelet, dueña
de un crisol biográfico polisémico, que posibilitó la interpelación a una multiplicidad
de mujeres, fueran estas madres, jefas de hogar, profesionales, separadas y víctimas de
las violaciones a los derechos humanos, entre otras condiciones14.
Por su parte, la ciudadanía fue recogiendo la medida como un hecho positivo, y
así lo constata el Informe de Desarrollo Humano del PNUD de 2010, dando cuenta
de diversos estudios que dan cuenta de la alta valoración femenina de la gestión de las
14. El papel que las biografías de los candidatos juegan en sus campañas no es algo nuevo, pero sí parece
estar poniéndose de moda. Se puede hablar, incluso, de una tendencia mundial asociada a los cambios
que experimenta la política. El caso de Barack Obama, hoy Presidente de EE.UU, parece ser un caso
similar. Las diferencias pueden venir dadas por el nivel de autoconciencia que tiene el candidato de
que su historia personal podría convertirse en un elemento útil a los fines de su campaña. Para el caso
de Bachelet, se sugiere consultar Peña, C., “El secreto de Verónica”, Reportajes El Mercurio, 17 de julio
2005; y Fernández Ramil, Mª de los Angeles, “El poder de la biografía: el caso de Michelle Bachelet”,
en Liderazgo político en sociedades modernas, de González Rebolledo, I., comp. Veracruz, El Colegio de
Veracruz, 2009, págs. 283-374.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
ministras, así como de la medida paritaria. Frente a este cuadro, resulta todavía más
contrastante la decisión del gobierno del Presidente Piñera, no solamente de descontinuar la paridad sino, además, de efectuar designaciones en ministras que, en terminología de Valcárcel, se acercan más a la figura de “florero” por cuanto “son colocadas por
cooptación en un puesto público revelante” (a diferencia de las mujeres “cuota”, a las
que se supone que cuentan con el apoyo de otras mujeres a las que representan).
Pero, como diría Camps, “la democracia paritaria es como el liberalismo. Un punto
de partida, no un punto de llegada”. Es por eso que es posible identificar la reivindicación de un liderazgo femenino como la segunda punta de lanza de una posible estrategia
política que pretendidamente, en forma deliberada o no, apunte a desmontar y a deconstruir la heterogeneidad femenina. Si bien no se ha identificado un estilo claro para
el caso de presidentas que han presidido países, sí se ha constatado su preferencia por
los temas sociales. En este marco, Bachelet encontró el calce perfecto, ya que identificó,
como el legado que aspiraba a dejar, la protección social, un conjunto de políticas sociales que, desde el nacimiento hasta la vejez, respondieran a las inseguridades emergentes
en la sociedad chilena y todo ello dibujado bajo la lógica de derechos. Es, entonces, bajo
esta aspiración que cobra sentido su reivindicación de la llamada “ética del cuidado”,
colocando a los más vulnerables como los destinatarios privilegiados de sus políticas y
apelando a la empatía y a la capacidad de ponerse en los zapatos del otro.
Pero esta apelación a un liderazgo distintivo, de corte femenino, estaría incompleta
sin su reivindicación de las características de la deliberación, la cooperación y el diálogo
como una forma distintiva (y femenina) de resolver los asuntos públicos. Es por eso que
convirtió en marca registrada de su gobierno, las llamadas “comisiones ciudadanas”, instancias que convocaron a diversos actores para deliberar y proponer políticas públicas
en diversidad de temas, aunque con alcances disímiles. La más exitosa fue, sin duda,
la Comisión Marcel, que elaboró la propuesta que se transformaría posteriormente en
la reforma provisional, reconocida como la más emblemática de su mandato. Se ha señalado que la generación de dichas instancias fue una vía de salida a la expectativa que
generó su proclama de “gobierno ciudadano”, una de los tres ejes que caracterizarían
su gestión –junto con la paridad y los nuevos rostros–. Como sea, dichas instancias han
quedado indisolublemente unidas a su estilo.
Ambas estrategias, paridad y liderazgo femenino, pudieran ser entendidas como la
clave de una orientación y un talante, en el marco más amplio del ejercicio del poder,
que pudiéramos llamar la “política de la esencia”. Está expuesta, sin dudas, a recibir las
críticas de aquellas que reivindican una autonomía femenina que, de alguna forma, ha
pasado a ser escamoteada por las dinámicas de una democracia que, como la chilena,
no solamente prestó oídos sordos a la invitación de devenir en una de tipo paritario,
sino que ha recalado en una de tipo procedimental, traicionando así su horizonte normativo. Lo advierte Castillo cuando afirma que “pensar la autonomía política de las
mujeres desde una perspectiva feminista supone cuestionar la lógica de la diferencia
sexual inherente a la construcción de los liderazgos femeninos”. Efectivamente, según
Marques-Pereira, es posible acusar a la paridad de ser la “la expresión de un nuevo
esencialismo, ya no fundado en lo biológico, sino en el presupuesto de una comunidad
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El género post-Bachelet: la pérdida de un territorio compartido
María de los Ángeles Fernández Ramil
de vivencias, de intereses y de valores que compartiría el conjunto de las mujeres, de
forma que la homogeneización de las mujeres como grupo, en relación con lo político,
las transforma en una categoría esencialista”. Por su parte, el liderazgo femenino, reclamado como propio por la ex Mandataria en el sentido de que debiera ser entendido bajo
otros códigos15 significaría, junto con contribuir a esencializar las cualidades distintas de
las mujeres, también una apuesta por enfatizar aquellos valores que han estado relegados al ámbito de lo privado, a una categoría inferior, como el cuidado, la asistencia y la
contención, situándolos en una posición en la que puedan ser reconocidos, apreciados
y considerados.
Pero la política, a fin de cuentas, se mide por sus resultados. Michelle Bachelet
terminó su mandato con el más alto índice de popularidad de la historia presidencial
chilena (más de 80%)16, constituyó a las mujeres como su base permanente de apoyo,
atravesando las diferencias ideológicas y aún hoy, transcurrido un año y medio del final
de su mandato, permanece como la figura indiscutida, no solamente de la Concertación
de Partidos por la Democracia, sino de la oposición en su conjunto., ¿Alguien pudiera esperar más? En el marco del gradualismo democrático, mal pudiera haber hecho
Bachelet la revolución de género cuando su propio ascenso a la Presidencia supuso la
transgresión de los códigos y las cerradas prácticas de selección de los liderazgos políticos chilenos, garantizando la continuidad de una Concertación que nunca se imaginó
veinte años de durabilidad en el poder.
Por último, no es del todo extraño que en un país como Chile, que recibe “alabanzas por su estabilidad macroeconómica que no ha sido precisamente acompañada por
avances similares en materia de desconcentración económica, menor desigualdad de
ingresos y menor heterogeneidad productiva”17, las estrategias de Bachelet que hemos
circunscrito a la paridad y al liderazgo femenino, aun con su contracara de esencialismo, hayan contribuido, no solamente a modificar los límites normativos del ejercicio
del poder cuando es ejercido por una mujer, sino también a configurar, en el imaginario
político de las desiguales chilenas, la promesa de un territorio compartido.
15. En el marco de los debates generados por los altos índices de popularidad de la mandataria en la recta
final de su mandato y de la preocupación por la dificultad para transferirlos al candidato presidencial
de su propia coalición, analistas como Mansuy, D., “El liderazgo de Michelle Bachelet”, El Mostrador,
13 de octubre 2009, terminaron por aceptar lo que la propia Bachelet no dejaba de repetir: que dejasen de aplicarle códigos políticos tradicionales que no cuadraban con su estilo ni personalidad. Para
más detalles, consultar Bofill, C., “El problema de la Concertación son los personalismos”, La Tercera
Reportajes, 10 de mayo 2009, pág. 5; y Fernández Ramil, Mª de los Ángeles, “Una popularidad bajo
otros códigos”, El Mostrador, 23 de noviembre 2009; también Fernández Ramil, Mª de los Ángeles, “El
código Bachelet”, La Segunda, 1 de diciembre 2009b.
16. Nos referimos al 84 % de adhesión, en marzo de 2010. Para más detalles, consultar Serie histórica:
Evaluación del gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet, marzo 2006-2010, en www.adimark.cl.
17. Solimano añade que “la economía chilena se caracteriza por una elevada concentración en la distribución del ingreso (coeficiente de Gini cercano a 55%, un nivel alto para los estándares regionales
y globales)”. Para más detalles, consultar Solimano, A., “Concentración económica, heterogeneidad
productiva, políticas públicas y contrato social en Chile”, en Hacia un crecimiento inclusivo: Propuestas de
política económica, de Escobar, Luis Eduardo (Ed.), Santiago: CAF-Fundación Chile 21, 2010, págs. 57-.
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147
Iglesia y política
el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
María Olivia Mönckeberg Pardo
Profesora titular de la Universidad de Chile, directora
del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de
la misma Universidad y Premio Nacional de Periodismo 2009. Es autora de los libros El saqueo de los
grupos económicos al Estado de Chile (2001); El Imperio
del Opus Dei en Chile (2003); La privatización de las
universidades, una historia de dinero, poder e influencias
(2005); El negocio de las universidades en Chile (2007);
Los magnates de la prensa, concentración de los medios de
comunicación en Chile (2009); y Karadima, el señor de
los infiernos (2011).
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Iglesia y política
El efecto Karadima
Cuando en abril de 2010 trascendió que el ex párroco de la influyente iglesia de El
Bosque, Fernando Karadima Fariña, era acusado de abuso, las fuerzas ligadas a los poderes político, económico y comunicacional surgieron rápidas, en una cerrada defensa,
mientras ponían en cuestión la credibilidad de las víctimas. Duros juicios de algunos
altos dignatarios eclesiásticos aparecieron en las páginas de los diarios y en imágenes
de televisión, incluso antes de que el médico James Hamilton, el periodista Juan Carlos
Cruz, el filósofo José Andrés Murillo y el abogado Fernando Batlle hicieran públicas sus
denuncias.
Las páginas de los medios de prensa “convencional”, en particular las de los diarios de la cadena de Agustín Edwards, se abrieron para dar cabida a los cercanos de
Karadima. Los lazos de su círculo de protección golpeaban a las víctimas, mientras los
feligreses y admiradores se resistían a dar crédito a lo que escuchaban y leían. Artículos,
crónicas y cartas al director trataron de hacer lo imposible por avalar la inocencia del ex
párroco y desacreditar a los denunciantes que a esa altura solo eran “presuntos”.
El obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga –quien en ese momento se desempeñaba también como vicegrancanciller de la Universidad Católica– manifestó de inmediato su irrestricto apoyo a su mentor Fernando Karadima1. También se escuchó firme
y lapidaria contra los denunciantes la voz del entonces vicedecano de la Facultad de
Teología de la misma pontificia Universidad, Rodrigo Polanco, quien calificó las acusaciones de “calumnia sin fundamento y grosera”2.
A esos integrantes de la Pía Unión Sacerdotal y la organización encabezada por el
ex párroco de El Bosque, se sumaron otros personajes del mundo militar, del ambiente
político y de grupos económicos: el general del Ejército (r) Eduardo Aldunate, quien
había comandado las tropas chilenas en Haití, aseguró al diario La Segunda que había
conocido a Karadima cuarenta años atrás, cuando estaba en la Escuela Militar, y señaló
que era “un sacerdote tremendamente dedicado a su vocación”3.
Uno de los primeros en salir en defensa acérrima de Karadima fue Alejandro GarcíaHuidobro, entonces diputado de la UDI, quien fue designado senador por su partido
tras el cambio de gabinete de julio de 2011. Con sentidas palabras el parlamentario
manifestó: “Simplemente no lo puedo creer… En el grupo parroquial se han formado
80 sacerdotes y cinco obispos… Es nuestro padre espiritual. Doy fe que en las miles de
veces que hemos estado en retiros, en reuniones, en adoraciones al Santísimo nunca el
padre Fernando andaba solo con una persona, siempre se acompañaba de dos o tres.
Siempre se cuidaba. Es una persona que lo único que nos inculcaba era valores, apoyo
1. “Cardenal confirma indagación a sacerdote y caso llega a la fiscalía”, La Tercera, 22 de abril de 2010.
2. “ES una calumnia sin fundamento y grosera”, El Mercurio 22 de abril de 2010.
3. “En misa de El Bosque algunos feligreses lo defendieron a viva voz”, La Segunda, 21 de abril de 2010.
151
Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
al matrimonio. Para mí esto es imposible de creer. Acá puede haber otro tipo de intenciones… desprestigiar a la Iglesia”4, aventuró el senador.
El empresario José Said –dueño principal de Embotelladora Andina, del Parque
Arauco y de la Isapre Cruz Blanca, entre otras actividades–, consideraba “inconcebible
que se desprestigie a un sacerdote que ha hecho tanto por la Iglesia, sin haber terminado
las investigaciones y sin un juicio justo”5. Más directos fueron los contactos que efectuó
un tiempo después Eliodoro Matte Larraín, quien encabeza el grupo económico más
influyente del país. El presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones
y del Banco BICE, accionista controlador de la empresa eléctrica Colbún, uno de los
principales benefactores de Karadima, no trepidó en ir a visitar el 12 de mayo de 2010
al fiscal Sabas Chahuán para intervenir por su amigo sacerdote. Y Pilar Capdevilla, la
esposa de Matte, ya antes, tras la transmisión del programa Informe Especial de Televisión Nacional, había formado parte de un coro de connotados personajes que abogaban
por la inocencia del cura, cuando señaló a través de las pantallas de televisión: “Jimmys
Hamilton es un gran actor, debería irse a Hollywood”6.
Desde la misma Pía Unión Sacerdotal, otros discípulos de Karadima, como el sacerdote Francisco Javier Manterola –quien había sido vicario de la zona centro de la
Región Metropolitana y antes secretario del ex arzobispo Francisco Javier Errázuriz–, y
el mismo Rodrigo Polanco, orquestaron en secretas reuniones declaraciones tendientes
a menoscabar el testimonio del doctor James Hamilton, el principal acusador del cura.
Entretanto, asumió la defensa de Karadima el abogado Luis Ortiz Quiroga, uno de los
más connotados penalistas, quien intentó censurar la difusión del programa Informe
Especial de Televisión Nacional.
En esos días de abril de 2010, cuando el Secretario de Estado Vaticano Tarcisio Bertone se encontraba de visita en el país, todas las aristas del poder confluyeron para detener la ola que se venía encima de la Iglesia Católica chilena. Utilizando los más variados
medios, sus conocidas influencias buscaban silenciar el que sería el mayor escándalo en
su historia.
Pero esta vez las argucias comunicacionales no sirvieron.
“Baluarte” político
Fernando Karadima Fariña había cumplido un rol político importante en la Iglesia chilena de las últimas décadas. Su discurso ultraconservador, el rito preconciliar que admiraba y practicaba en la parroquia de El Bosque, con mucho latín y ninguna guitarra,
con misas cortas y abundantes limosnas y donaciones, le daba acogida a católicos que
se sentían incómodos con obispos como Manuel Larraín, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, o muchos más que –desde los años 60– hablaban del compromiso social de los
4. “En misa de El Bosque algunos feligreses lo defendieron a viva voz”, La Segunda, 21 de abril de 2010.
5. Agencia AFP, 25 de abril de 2010.
6. Mönckeberg, Mª O., Karadima, el señor de los infiernos, Santiago: Debate, 2011.
152
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
cristianos, que se preocupaban por encíclicas, apoyaban la reforma agraria y combatían
la injusticia. La jerarquía de la Iglesia católica entonces era enjuiciada con ojos críticos
–y tildada de “roja” – por muchos de esos feligreses de El Bosque, quienes se apegaban
a creencias, valores y ritos tradicionales.
Después de la elección presidencial de Salvador Allende en 1970, la amistad de
Fernando Karadima con la familia Bulnes Cerda, y probablemente sus ideas anticomunistas, lo llevaron a dar refugio en el recinto parroquial a uno de los implicados en el
asesinato del general René Schneider, Juan Luis Bulnes, hermano de Juan Pablo, su inseparable abogado. El propio cura relataba como “hazaña” esta acción a sus seguidores,
cuando –años después– les hablaba sobre las bondades de Augusto Pinochet, y les decía
que los muertos bajo la mano de la dictadura eran “bajas necesarias”7.
Karadima estuvo estrechamente ligado a la situación política que vivió Chile en esos
años y los siguientes. Su parroquia representó durante décadas un baluarte para los sectores católicos más conservadores. Por eso, no es casual que su círculo de apoyo y sus
redes de protección estén constituidos por lo más recalcitrante del empresariado y de la
derecha católica dura.
Para esos sectores, El Bosque era un espacio privilegiado donde practicar su religiosidad a la manera de Karadima, a quien veneraban, lo recibían en sus casas con su
séquito juvenil y le efectuaban importantes donaciones. Era para ellos un semidios.
Mientras la Iglesia de Silva Henríquez se preocupaba de defender los derechos humanos pisoteados, en El Bosque “todos eran pinochetistas” –como cuentan sus víctimas–, y Fernando Karadima preconizaba que Augusto Pinochet había sido puesto por
Dios a la cabeza del país.
La presencia de militares, como el general Santiago Sinclair –quien fue comandante
en jefe del Ejército, ministro Secretario General de la Presidencia y senador designado
en los 90–, y del encargado de las relaciones con la Iglesia del Gobierno de entonces,
Sergio Rillón, son reflejos de esa proximidad entre el régimen dictatorial y el ex párroco.
Las influencias de un “santo”
Famoso por su elocuencia, sus seguidores le atribuían un “carisma especial”, una suerte
de don de la palabra que admiraban sus feligreses y amigos. A eso agregaba algunas
“leyendas”, entre las que estaba su proclamada admiración al padre Alberto Hurtado,
de quien se decía discípulo, aunque subsisten fundadas dudas sobre la veracidad de las
historias que relataba al respecto.
Con todo, durante años Karadima convocó a miles de jóvenes vinculados a los más
acomodados sectores de Santiago. Y cientos de ellos, de generación en generación, lo
rodeaban en forma permanente, seguían sus pasos y sus consejos con obediencia y rigor.
Proyectó entre ellos, durante décadas, sus ideas conservadoras sobre sociedad y moral
familiar. Sus admiradores más entusiastas decían que era un “santo en vida” y algunos
7. Ibíd.
153
Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
–incluidos sacerdotes y obispos– ya empezaban a dar curso a la posibilidad de elevarlo
a los altares.
Karadima era el máximo proveedor de “vocaciones” sacerdotales en una iglesia en
que estas ya no abundaban. Cerca de cincuenta curas –se ufanaba– le debían a él su decisión de consagrarse a Dios, mientras con orgullo destacaba que había “creado” cinco
obispos. Su influencia en la Conferencia Episcopal era evidente, algunos de sus discípulos escalaban posiciones en la Facultad de Teología de la Universidad Católica y en
la Iglesia de Santiago los nexos eran próximos: “sus” sacerdotes mantenían vínculos estrechos con el mentor, quien seguía siendo director espiritual y guía de todos ellos. Sus
redes no tenían límites y su castillo parecía una fortaleza inexpugnable.
En diferentes ámbitos eclesiales se le respetaba y hasta se le aplaudía por esa trayectoria que lucía “frutos” tan evidentes. Sus discípulos se desplegaban en altos cargos de
la curia y estaban –y están– a cargo de una proporción significativa de parroquias de la
Región Metropolitana.
A eso se sumaba una histórica amistad con el ex Secretario de Estado Vaticano y
actual decano del Colegio Cardenalicio en Roma, Angelo Sodano8, quien en su larga
estadía como nuncio apostólico en Chile –entre 1978 y 1988– visitaba con frecuencia al
cura de El Bosque, al punto que los jóvenes llamaban en esa época “la salita del nuncio”
a la habitación en que se reunían9 Karadima y Sodano.
No es extraño entonces que el hoy condenado sacerdote tuviera más influencia al
interior de la jerarquía que muchos obispos. Después de regresar a Roma, el mandato
de Sodano en la secretaría de Estado se prolongó durante catorce años. Tan influyente
contacto, además de la relación de Karadima con el Cardenal Jorge Medina Estévez, de
similar corriente de pensamiento dentro de la Iglesia, fue significativo cuando se trató de
elevar a la categoría de obispos a integrantes de la Pía Unión de El Bosque. El primero
fue Felipe Bacarreza, quien después se alejó de su maestro. Más tarde vinieron Andrés
Arteaga, Horacio Valenzuela, actual obispo de Talca, el obispo castrense Juan Barros y
Tomislav Koljatic, obispo de Linares.
A simple vista la Conferencia Episcopal de Chile de los años 90 y de principios del
siglo XXI iba acentuando una posición conservadora, y los hilos de Karadima llegaban
hasta ella. Mientras, el reino que había logrado construir en la parroquia de la comuna
de Providencia parecía una obra indestructible y loable para muchos católicos. Un bastión sólido e inquebrantable que merecía las bendiciones de Dios y los agradecimientos
de los creyentes.
8. El cardenal Angelo Sodano es el decano del Colegio Cardenalicio de Roma desde 2005. Reemplazó en
el cargo al actual Papa Benedicto XVI, Joseph Ratizinger. Sodano fue nuncio papal en Chile entre 1978
y 1988. Más tarde fue prosecretario de Estado del Vaticano entre 1990, hasta que en 1991, cuando fue
investido como Cardenal, fue nombrado por Juan Pablo II Secretario de Estado del Vaticano. Se desempeñó en ese cargo –el segundo en importancia después del Papa– durante catorce años: entre 1991 y
2005. El cardenal Angelo Sodano es decano del Colegio Cardenalicio de Roma desde 2005. Reemplazó
en el cargo al actual Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger.
9.Op. Cit.
154
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Cuatro contra el poder
La decisión del médico James Hamilton, el periodista Juan Carlos Cruz, el filósofo José
Andrés Murillo y el abogado Fernando Batlle de contarle directamente a la sociedad con
valentía y coraje lo que les había ocurrido en la parroquia de El Bosque logró derribar
murallas y desarticular –en gran medida– esa máquina de dominación que había construido tenazmente Karadima desde comienzos de los años 60, y que seguía operando
hasta el 2010.
Tras la denuncia pública entregada por Hamilton y Cruz al diario estadounidense
New York Times, y la participación de los cuatro profesionales en el programa Informe
Especial de Televisión Nacional de Chile en abril de 2010, las puertas del Arzobispado
seguían prácticamente cerradas para las víctimas. Aunque después de cinco años, se
desarrolló una investigación eclesiástica llevada por los promotores designados por la
Iglesia10, no hubo una actitud de acogida para las víctimas por parte del Cardenal arzobispo de Santiago Francisco Javier Errázuriz, quien debió ser su pastor, como han reclamado los denunciantes. Más aun, lo han acusado de encubrimiento, ya que él conoció
los hechos mucho antes de encargar la investigación.
No obstante, fueron cada vez más los católicos y no católicos que iban entrando en
sintonía con estos jóvenes profesionales que vieron sus vidas destruidas en manos del
ex párroco y tuvieron la valentía de exponer lo que habían sufrido. La forma directa de
relatar lo vivido, sin eufemismos ni contemplaciones, tan distinta a lo que es habitual
en el medio local, lograron paso a paso generar una empatía con personas que sintieron
con ellos su dolor y manifestaron su estupor. Rompieron barreras en la forma de comunicarse y marcaron un hito: se trataba de solo cuatro personas que se levantaban ante la
conjugación de poderes que respaldaba a Karadima. Cuatro personas que no tuvieron
miedo y estaban dispuestos a todo con tal de que se llegara a mostrar su verdad, a hacer
justicia y a evitar que los brutales abusos psicológicos y sexuales que ellos habían experimentado se siguieran repitiendo.
El hecho de que las versiones coincidieran y a ellas se sumaran los testimonios entregados ante el fiscal Xavier Armendáriz por los de sacerdotes Hans Kast, Eugenio de
la Fuente, y los hermanos Andrés y Fernando Ferrada, que habían sido formados por
Karadima, fue otro antecedente importante para el esclarecimiento de esta historia de
dominación ejercida durante décadas.
10. Los promotores de justicia eclesiástica fueron los sacerdotes Eliseo Escudero y Fermín Donoso, quienes
recogieron los testimonios y prepararon el informe que sirvió de base para el veredicto de la Sagrada
Congregación de la Fe en Roma, que declaró culpable de abusos y de violación del secreto de la confesión a Fernando Karadima. Más antecedentes en Mönckeberg, María Olivia, Karadima, el señor de los
infiernos, Santiago: Debate, 2011.
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Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
Juicios y careos
Con el correr de los meses y de los testimonios de Hamilton, de Cruz, de Murillo, de
Battlle y de los otros testigos ante el fiscal Xavier Armendáriz, fue quedando claro que
Karadima, su doble vida y sus abusivas prácticas, habían detonado la peor crisis que ha
afectado a la Iglesia católica chilena. Su reino de más de cuarenta años a la cabeza de una
verdadera secta se empezaba a derrumbar en medio de los ecos de situaciones similares
ocurridas en los últimos años en diferentes países de Europa y América.
Hasta los más escépticos debieron inclinar la cabeza –al menos en público– ante el
fallo del Vaticano, que a la vez impactó a la justicia chilena. El veredicto de Roma en
febrero de 2011 cayó como una lápida sobre Karadima y sus incondicionales. El otrora
poderoso y ensalzado párroco pasó a un enclaustramiento por decisión de la Sagrada
Congregación de la Fe, que lo encontró culpable de abusos y de violar el secreto de confesión. Un mes después de asumir como nuevo arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati
anunció: “Sobre la base de las pruebas adqui­ridas, el reverendo Fernando Karadima
Fariña es culpable de los delitos mencionados en precedencia, y en modo particular, del
delito de abuso de menor en contra de más víctimas, del delito contra el sexto precepto
del Decálogo cometido con violencia, y de abuso de ministerio a norma canon 1389 del
CIC [Catecismo de la Iglesia Católica]”11.
Ezzati agregó que «en consideración a la edad y del estado de salud del reverendo
Fernando Karadima Fariña se considera oportuno imponer al inculpado retirarse a una
vida de oración y de penitencia, también en reparación a las víctimas de abusos». Pero
desde ese momento se le prohibió ejercer públicamente su ministerio sacerdotal, confesar y tener contacto con sus antiguos feligreses.
La confirmación del veredicto por parte de los obispos de Roma el 22 de junio último terminó de configurar un cuadro jamás imaginado para el cura, que no ha querido
reconocer los hechos ni menos pedir perdón. Incluso en los careos a que fue sometido
con sus víctimas en julio pasado, Karadima volvió a repetir lo que sus defensores trataron de argumentar desde el primer momento: todo esto sería una “confabulación”.
Entretanto, durante 2010 el ex fiscal Xavier Armendáriz había avanzado en la investigación, hasta que intentó incautar los documentos sobre el proceso eclesiástico que
estaban en manos del abogado de la defensa de Karadima, Juan Pablo Bulnes, un seguidor de Karadima por casi medio siglo. Cuando el juez de garantía lo frenó, Armendáriz
debió dejar el proceso indagatorio. El caso pasó a la justicia antigua y cayó en manos de
un novato y poco acucioso juez suplente, Leonardo Valdivieso, quien lo cerró sin profundizar en la investigación. El poder judicial daba así un pobre espectáculo. La justicia
eclesial parecía ser más prolija.
Tras el fallo del Vaticano, hubo otros hechos que cambiaron el escenario: en febrero
de 2010 un informe de la fiscal de la Corte de Apelaciones, María Loreto Gutiérrez,
cuestionó el precipitado cierre del proceso. En el documento la fiscal planteaba que el
11. Parte de fallo del Vaticano dado a conocer en Santiago el 17 de febrero de 2011 por el arzobispo Ricardo Ezzati.
156
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
caso debía pasar a la justicia criminal y recomendaba ejecutar todo lo que hasta ese mo­
mento se le había negado al fiscal regional cuando debió dejar sus indagaciones. A esto
se sumó un convincente alegato del abogado de las víctimas, Juan Pablo Hermosilla,
pidiendo la reapertura del caso y la designación de ministro en visita. Una impactante
intervención de James Hamilton en el programa Tolerencia Cero de Chilevisión, en la que
calificó de “criminal” la omisión del ex arzobispo Francisco Javier Errázuriz, agregó más
antecedentes a la ya espinuda situación.
En ese clima, el Pleno de la Corte Suprema decidió reabrir el caso. Fue entonces
el turno de una joven jueza, Jessica González, quien fue designada ministra en visita y
se hizo cargo de una investigación que al cierre de estas páginas aún no terminaba. La
ministra González emprendió desde el primer instante su tarea con dedicación y minuciosidad. No trepidó en interrogar a quien estimó necesario. Por su despacho desfilaron
durante cuatro meses víctimas y testigos, y ella visitó personalmente a conspicuos obispos y hasta al Cardenal Errázuriz y al propio arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, para
tomarles declaración.
No obstante, los obispos formados por Karadima seguían hasta agosto último ostentando los cargos en sus respectivas diócesis, como si nada hubiera pasado.
En la etapa final –en julio último– Jessica González careó a las víctimas con el propio Karadima, quien premunido de certificados médicos ad hoc, antes había hecho todo
lo posible por evitarlos. Con el juez Valdivieso lo había logrado. Pero la entereza de la
ministra pudo más, y el acusado debió volver a encontrarse con esas víctimas que reemplazaron la admiración por el desprecio y el rechazo frontal, como se lo demostraron
ante la ministra.
“No es el funeral de la Iglesia”
La incautación del informe del Vaticano que efectuó la ministra González desde las oficinas del abogado Bulnes en abril –que causó fuerte polémica en el Colegio de Abogados– fue aceptada finalmente por la Corte de Apelaciones. Esa importante pieza, donde
figurarían nombres de otras víctimas, pasó a ser así parte del proceso12, pese a que desde
Roma no había respuesta al exhorto solicitado por la Corte Suprema.
Con todo esto, los cimientos de la Iglesia han sido removidos con inusitada fuerza,
aunque eso no se diga con todas sus letras. A tanto ha llegado que el propio arzobispo
capitalino y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Ezzati, se sintió obligado
a precisar hace unos meses que el caso Karadima no es “el funeral de la Iglesia Chilena,
como algunos quisieran”13.Si la imagen de un funeral estaba en el subconsciente del
12. Los ministros de la Tercera Sala de la Corte de Apelaciones, Amanda Valdovinos, Javier Moya, y el abogado integrante, Jaime Guerrero, confirmaron la acción desarrollada por la Policía de Investigaciones
(PDI) por instrucción de la ministra en visita el 13 de abril de 2010.
13. “Ezzati dice que el caso Karadima ‘no es el funeral de la Iglesia’”, La Tercera, Santiago, 29 de mayo de
2011.
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Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
prelado como para pronunciar esa frase, no es necesario ir más lejos para denotar la
gravedad de la situación.
El remezón tiene una profunda dimensión cultural, social, y al fin y al cabo política.
No se trata solo de repercusiones religiosas. En un país como Chile, donde la Iglesia católica ha sido tan influyente desde los tiempos de la Colonia, es natural que lo ocurrido
tenga implicancias significativas. Y algunas ya se empiezan a vislumbrar.
La Iglesia –en sus 450 años, que ha celebrado en 2011– fue siempre gravitante en la
historia del país. Sería largo de analizar su rol en la educación –ha sido y es el principal
“sostenedor” de colegios, por ejemplo– y su vinculación a la política. Sin ir más lejos, su
relación con partidos confesionales, como lo fue el Conservador en el pasado, las disputas
entre Iglesia y Estado laico, la formación y mantención de medios de comunicación –El chileno y el Diario Ilustrado, entre otros– son solo algunas señales de esa influencia. Pero quizás
en el Siglo XX lo que más se recuerde sea su preocupación especial por la “cuestión social”
y, en tiempos de dictadura, su rol fundamental en la defensa de los derechos humanos, en
particular desde la Vicaría de la Solidaridad y de la menos conocida de Pastoral Obrera.
Fue considerada “reserva moral” en tiempos críticos y “voz de los sin voz” cuando
el silencio y la represión imperaban. Un capital que en la etapa siguiente le sirvió para
constituirse en “poder fáctico” sin muchos contrapesos.
Al final de la dictadura y en las décadas posteriores, que coincidieron con el papado
de Juan Pablo II y el reinado de Angelo Sodano en Roma, la Conferencia Episcopal con
nueva fisonomía dejaba muy atrás aquellos tiempos de las conferencias de Puebla o
Medellín. Con el correr de los años y en plena transición, las preocupaciones moralistas
pasaron a estar en el primer plano, mientras cada vez más numerosos católicos se veían
marginados de la Iglesia por obispos y curas que –como Karadima– repartían desde el
confesionario excomuniones a quienes se separaban y volvían a casar y sentenciaban a
las mujeres que tomaban medidas de control de natalidad. Solo de vez en cuando las
voces de los obispos –más de unos que de otros– se levantaban preocupadas por “un
salario ético” o por las inequidades sociales de Chile, por el modelo de desarrollo instalado o por las limitaciones que presenta la democracia actual.
Problemas de confianza
La posición beligerante de la Iglesia contra la ley de divorcio –finalmente aprobada
en 2004–, o contra la denominada “píldora del día después” todavía resonaban en los
oídos de muchos cuando sobrevino el escándalo provocado por Karadima, un hombre
que se identificaba con ese ideario conservador y con alta influencia en la Conferencia
Episcopal. La caída de su pedestal, poco después que se develara la doble vida de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, en México, son golpes demasiado
fuertes y estrepitosos como para no dejar huellas.
Por de pronto, ya se advierte que otras víctimas de abusos de sacerdotes están dando a conocer sus situaciones ante la justicia y la Iglesia. Lo que estaba oculto empieza a
develarse bajo la influencia de lo ocurrido respecto al ex cura de El Bosque.
158
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
El caso Karadima estalló en un tiempo especial de este Chile post-Pinochet. Y su
proceso judicial culmina cuando diversos grupos de la sociedad levantan sus banderas,
cuando los estudiantes universitarios se rebelan contra un modelo de sociedad y de
sistema educacional que no les acomoda. Cuando los escolares de enseñanza básica y
media, y sus padres, reclaman en las calles por calidad y equidad. Cuando el destape
de mentiras y medias verdades se empieza a producir en diversos ámbitos, trae un sano
afán de transparencia en toda la sociedad. En cierto modo, una situación “contagia” a
la otra, y se producen retroalimentaciones de diversos y numerosos actores que exigen
más sinceridad, transparencia y justicia en todos los planos de la vida de la sociedad. El
“no” al abuso que surge después de conocer la brutal dominación que ejercía Karadima
se proyecta a su vez a otros planos. Ese hablar “de igual a igual” que manifestaron los
denunciantes de Karadima parece llegar como un estilo en estos días.
Las réplicas de este terremoto grado diez en la Iglesia pueden llegar –y están llegando– a diferentes ámbitos de la vida ciudadana. Y, por cierto, debieran tocar a la política.
Otra cosa diferente es que los políticos que han mostrado en el último tiempo dificultad
para conectarse con vivencias y sentimientos de jóvenes y adultos no estén con la sintonía suficientemente fina para detectar las señales que el caso Karadima está dejando.
Karadima instaló en su parroquia un sistema de abuso, donde la dominación psicológica fue el marco que le permitió dar curso al abuso sexual con sus víctimas. Actuó
como cabeza de una secta en la que oficiaba, no solo como líder de los jóvenes de la
denominada Acción Católica, sino como “director espiritual” de todos los sacerdotes
formados por él. Así era hasta hace poco más de un año, cuando estalló el escándalo.
Aunque desde 2006 ya no era el párroco, seguía siendo el dueño y señor de El Bosque,
con un poder de caudillo espiritual que no tienen ni tenían otros curas.
Si quiere recuperar un sentido que nunca debió perder, desmantelar en profundidad
todo eso será tarea fundamental de la Iglesia de Santiago. Y la sociedad –no solo los católicos– deberían estar alertas para que eso ocurra, para que se efectúen las investigaciones
necesarias para evitar que eso siga sucediendo en alguna parroquia, en algún colegio o
en cualquier lugar.
La credibilidad de la jerarquía católica, y en general de la Iglesia, no podrá ser
recuperada mientras esas investigaciones no se lleven a cabo para determinar posibles
complicidades y encubrimientos. Asimismo, parece necesario, junto con dar apoyo a
esos sacerdotes que eran sus guiados y en cierto sentido quedaron “huérfanos”, una
revisión de la doctrina, de la espiritualidad de quienes fueron formados por alguien
como Karadima. De no hacerlo, la Iglesia se verá enfrentada a un mayor distanciamiento de quienes daban por cierto todo lo que decía, pero que hoy están sumidos en
mucha dudas. Y con heridas tan profundas de por medio que hasta las palabras faltan
para recomponer confianzas. Son indispensables los hechos. Unas cuantas declaraciones o algunos documentos no lograrán salvar la distancia que se ha generado entre
muchos ciudadanos y la Iglesia, a la que observan desconcertados, con profundas
sospechas.
Precisamente porque Karadima era uno de los curas más poderos de la Iglesia chilena, su caída es más fuerte para la propia institución.
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Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
Autocracia en nombre de Dios
Desde otra perspectiva, el caso Karadima ha puesto en jaque la acción de la jerarquía
católica en todo esto. ¿Cómo pudo ocurrir lo que sucedió en El Bosque a vista y paciencia de los jefes de la Iglesia chilena sin que nadie investigara en tantos años? Hay testimonios que indican que desde los 80, cuando era arzobispo el Cardenal José Francisco
Fresno hubo algunos indicios de denuncias que cayeron en el vacío. ¿El hecho de que
Karadima proveyera de decenas de vocaciones sacerdotales lo hacía intocable? ¿O era su
carácter conservador y sus relaciones con el Vaticano que cultivó durante tres décadas
era un factor que lo protegía?
Es cierto que la Iglesia católica no es democrática. Y que los intentos de democratización impulsados por el Concilio Vaticano II se vieron truncados. Una característica
evidente es la autocracia. Si se la mira con distancia crítica, se la observa como una institución jerárquica, vertical y hermética. Sus procedimientos internos son desconocidos
por la mayoría de sus seguidores. No se sabe exactamente cómo se toman las decisiones.
No hay una instancia que fiscalice y sus integrantes –sacerdotes, religiosos y fieles– no
piden cuentas de lo que ocurre.
Si se aplican a la Iglesia las categorías políticas de un Estado, por ejemplo, se puede
observar que en ella la máxima autoridad eclesiástica reúne en sí el poder constituyente, el legislativo, judicial y, desde luego, el ejecutivo. Y toda esa autoridad la asume en
nombre de Dios, lo que implica un mandato especial para sus miembros. ¿Qué tipo de
decisiones toma la autoridad y por qué lo hace? ¿Qué fuerzas juegan? Son preguntas
que muchos se las empiezan a hacer en una sociedad que cada vez quiere y exige más
respuestas. Incluso los que van a misa reciben sacramentos y entregan aportes para su
funcionamiento o para labores sociales. Y, desde luego, los que tienen a sus hijos en
colegios católicos.
Después de haber visto en actitudes poco firmes y unilaterales a un Cardenal Errázuriz, que no acogió a las víctimas de Karadima y que ni siquiera les creyó porque prefirió quedarse con la opinión de un consejero que resultó ser tan poco idóneo como el
mismo director de la Pía Unión, Andrés Arteaga, la autoridad del arzobispo también ha
quedado cuestionada.
Al percibir equivocaciones como la que tuvo la jerarquía eclesiástica respecto a un
personaje del talante de Fernando Karadima, las reflexiones abundan. La justificación
del acto porque “Dios lo quiere” subordina la voluntad, y fue así como Karadima subyugó a sus víctimas: identificando su voluntad con la de Dios y recalcando el miedo hacia
el demonio.
“Cisma emocional”
En un momento en que el ambiente político y social del país se ha visto agitado por
un afán de cambios que dejen atrás las injusticias y abusos, no es descabellado hacerse la pregunta: ¿pedirán en algún momento los católicos explicaciones a sus obispos
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
por situaciones como las de Karadima y otros sacerdotes cuyos casos se han conocido
después?
El sacerdote jesuita Jorge Costadoat, profesor de la Universidad Católica y de la
Universidad Alberto Hurtado, escribía en abril pasado fuertes palabras que hablan de
las consecuencias de este terremoto: “Tiene lugar en Chile en este momento un fenómeno inaudito: el levantamiento del laicado católico. También otros que no son católicos
pero que llegaron a valorar la acción humanitaria de la Iglesia se sienten defraudados y
reclaman airados. Hace ya tiempo para muchos la Iglesia institucional se volvió ‘odiosa’
al atribuirse una cierta supremacía moral. No pocos católicos entraron en lo que se ha
llamado ‘cisma emocional’: no se han ido de la Iglesia por cariño y fidelidad a ella, pero
lo que ella les propone no los interpreta o les es invivible. Lo nuevo que sucede ahora es
una especie de indignación abierta y masiva, la expresión a voz en cuello de la rabia, la
pena y la desafección con las autoridades de la Iglesia”14. Según Costadoat, con el caso
Karadima la crisis de la Iglesia ha alcanzado un punto de no retorno. La Iglesia en Chile
no volverá a ser la misma, afirma.
Tras la publicación del libro Karadima, el señor de los infiernos he podido palpar el
impacto que ha provocado el escándalo protagonizado por el ex cura de la parroquia de
El Bosque. En conversaciones y e-mails diferentes personas me han expresado el espanto por la dominación que ejercía sobre sus discípulos y los abusos sexuales cometidos. Y
el estupor y la indignación se extienden hacia las autoridades de la Iglesia, que no vieron
a tiempo lo que estaba ocurriendo en una de las más influyentes iglesias de Santiago.
También surge una suerte de desconfianza, de falta de credibilidad que se viene reflejando en encuestas y estudios.
Todo esto está provocando que la voz de la Iglesia, tan fuerte en las últimas décadas
para encarar los denominados temas valóricos que durante años vinieron marcando
la agenda, se escuche muy menoscabada, casi afónica. Incluso su posición se advierte
debilitada frente a asuntos que le preocupaban tanto y su voz pesada en lo referente a
educación.
Iglesia post-Karadima
Los reacomodos que producirá el efecto Karadima podrían provocar que otros movimientos ganen algún espacio dentro de la propia Iglesia. Como en el río revuelto de las
incertidumbres, desde el Opus Dei –que aparece hasta ahora sin escándalos de este tipo
en Chile– podrían eventualmente tender sus redes hacia los desencantados de Karadima
y su organización. Ambos grupos tienen una plataforma común en cuanto a la concepción valórica y a la espiritualidad conservadora.
Los Legionarios de Cristo, el otro movimiento de similar raigambre que se había
desarrollado notablemente en Chile desde los años 80, han debido soportar su propio
14. Costodat, J., “La Iglesia post Karadima”, en Cristo en construcción, 11 de abril 2011, véase: http.://www.
jorgecostadoat.cl/2011_04/la-iglesia-post-karadima, [consulta: 30/06/2011]
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Iglesia y política. el efecto Karadima
María Olivia Mönckeberg Pardo
escándalo por la doble vida de su fundador Marcel Maciel, un equivalente en México a
lo que ha sido Karadima en Chile.
Si los “pescadores” ganadores de esta vuelta resultan ser los del imperio creado por
José María Escrivá de Balaguer, implicaría también una repercusión importante en el
escenario ideológico y político chileno. El Opus Dei, además de su propia fuerza, que
se desarrolla en la Universidad de Los Andes, en los colegios, en diversas “labores” y en
el ámbito empresarial, podría seguir creciendo a costa de los “viudos” de Karadima y
Maciel que van quedando en este camino.
Jorge Costadoat sostiene que “habrá un Post-Karadima con mayúscula. ¿Cómo
será?”, se pregunta. Y él mismo afirma que es muy difícil preverlo. “Porque, a decir
verdad, se relaciona con un giro histórico, con tremendas mutaciones culturales”. En su
artículo sobre la iglesia post-Karadima, el sacerdote jesuita va aun más lejos y sostiene
que hay “un punto doctrinal crítico”, que lo explica así: “La jerarquía de la Iglesia no ha
cumplido suficientemente el mandato de un concilio ecuménico. El Vaticano II mandó
subordinar el sacerdocio ministerial al servicio del sacerdocio común de los fieles. Si
se hubiera acatado el Concilio, habríamos tenido muchos más sacerdotes atentos a los
signos de los tiempos, cercanos y compresivos de la dureza de la existencia. Por el contrario, en el post Concilio se ha re-sacralizado al clero, poniéndose a los sacerdotes del
lado de lo sacro, protegiéndoselos de la cultura actual, y haciéndoseles reproducir interiormente en ellos el movimiento de distanciamiento de la Iglesia respecto del mundo
moderno, cuando no de abierta condena”.
Según Costadoat, esa división sociológica Iglesia-mundo se ha replicado psicológicamente en el sacerdote. Anota también que “el mismo sacerdote ha comenzado a dudar
de la viabilidad de su celibato. La cultura ya no agradece su sacrificio. Ahora lo critica
y sospecha de él. Le refriega en la cara sus fracasos. A los seminaristas se les grita por
la calle ‘pedófilos’. Pero también a los sacerdotes mayores se les doblan las rodillas. Los
que trabajan en colegios y parroquias están agotados de probar día a día su inocencia”.
Concluye el jesuita: “El sacerdote está trizado. No es nuevo que un sacerdote pueda
quebrarse. Lo nuevo es que nunca antes el sacerdocio había sido tan cuestionado”.
Costadoat apunta también a un segundo problema: “Crece la desconfianza en la
jerarquía. La Iglesia reconoce la investidura sacramental de los obispos, pero la confianza en ella de gran parte del pueblo de Dios sí se quebró. Las autoridades, a los ojos de
muchísimos católicos, están desautorizadas y con ello los sacerdotes se encuentran a la
intemperie. Esto es lo nuevo. Una desconfianza hacia la autoridad de tal profundidad no
parece tener antecedentes en la historia de la Iglesia en Chile”.
La llave perdida
A lo anterior, el sacerdote jesuita agrega que la Iglesia necesita una jerarquía en quien
confiar. “Pero nuestros propios obispos están atrapados. La recuperación de la confianza
no depende simplemente de ellos. La crisis aqueja a la Iglesia universal. Solos no podrán
cambiar nada de lo que urge cambiar. Si los obispos del mundo, con el Papa a la cabeza,
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
no obedece al mandato conciliar de una Iglesia de comunión, no vertical, no clerical,
dialogante y atenta a los signos de los tiempos, predominará la desconfianza, el ‘cisma
emocional’ y el éxodo sin más”, vaticina Costadoat, quien recurre a una metáfora para
remarcar su apreciación: el problema, según él, no se agota en los “Karadimas”. Ni en
las responsabilidades de monseñor Errázuriz. “Ahora somos los católicos el problema.
Somos una Iglesia que cerró las puertas por dentro y no encuentra la llave”.
Y agrega: “Monseñor Ezzati nos ha llamado a un diálogo. ¡Entonces conversemos!
Pero que hablen todos. Que también hablen los no católicos. Los no creyentes. Pues
dudo que la salida la encontremos solos. Tengo una sola idea clara: la ‘nueva Iglesia’
provendrá de una conversación sincera, sin amagos o palabras acaracoladas”.
Si la Iglesia no encuentra la llave, como dice Costadoat, es obvio que su convocatoria espiritual será menor y también su influencia cultural y política. Su poder se verá disminuido. La sociedad tendrá que discutir de modo más democrático y maduro sus problemas sin apelar a que en nombre de Dios o del “derecho natural” se obligue a actuar
de determinada manera. Y eso en un país que se identificaba con lo católico desde sus
orígenes como nación independiente necesariamente marcará un cambio substancial.
Es importante considerar que esta crisis de la Iglesia ocurre en un momento en que
la política está menoscabada como actividad y en que los partidos que dieron respaldo
histórico a la Iglesia Católica no tienen mucho que decir a favor de ella. Los fallidos
intentos de defensa de Karadima de aquellos días de abril de 2010 ya no se repiten hoy.
Tampoco se ha visto a quienes podrían considerarse más cercanos al Episcopado, muy
interesados en otorgar su aval en estos tiempos de debilidad. Ni la UDI ni RN más preocupados de hacer gobierno en coalicación, con sus problemas y cuitas, lo han hecho.
Tampoco la DC, que antes fue cercana. Nadie parece dispuesto a arriesgar en este juego
de confianzas perdidas.
Cuando la Iglesia Católica en Chile conmemora 450 años de existencia aparece así
en un trance complejo y expuesta a pruebas difíciles de superar. La “voz del pueblo”,
que se puede percibir a través de la calle, las encuestas y de los nuevos espacios que
plantean los blogs y las redes sociales, se advierte alejada de los partidos, pero también
de esta institución cuestionada. Y se dibuja un gran signo de interrogación sobre cómo
será la existencia de la Iglesia chilena después de Karadima.
Surge también la pregunta de cómo será la política en Chile que, más allá de todos
las otras profundas revisiones que debería hacer, no tendrá el fuerte peso específico de
ese “poder fáctico” que había representado la Iglesia hasta antes de explotar el efecto
Karadima.
Esa historia está por escribirse. A partir del año 451.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Costodat, J., “La Iglesia post Karadima”, en Cristo en construcción, 11 de abril 2011, véase: http.://
www.jorgecostadoat.cl/2011_04/la-iglesia-post-karadima, [consulta: 30/06/2011
Mönckeberg, Mª O., Karadima, el señor de los infiernos, Santiago: Debate, 2011.
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Camila Zurob Dreckmann
Antropóloga Social de la Universidad de Chile, inscrita en Magíster en la Universidad de Waikato, Nueva
Zelanda. Se ha especializado en la temática rapanui, la
cual aborda profesional y académicamente desde una
doble perspectiva: los cambios que se perciben en la
configuración de las familias y el caso de las tierras.
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Familia, Propiedad y Herencia en Rapa Nui
Presentación
Durante el año 2010, al menos desde mayo en adelante, Rapa Nui1 vivió una suerte de
“oleada reivindicativa” de tierras, que en su mayoría se encontraban bajo la administración de servicios públicos. No es, por supuesto, la primera vez que el pueblo rapanui
expresa su descontento frente a la autoridad, de modo que esta se suma a una larga lista
de rebeliones y negociaciones que han marcado su relación con el Estado Chileno.
En esta oportunidad, las demandas afectan –entre otros terrenos– a ciertos sitios
del Parque Nacional, a la cancha municipal, el Museo, PRODEMU, la Fuerza Aérea, el
Ministerio de Obras Públicas, parte del liceo municipal, el Juzgado y por supuesto al
Hotel Haŋa Roa, que constituye probablemente el caso más bullado, por ser el único
que enfrenta a una familia rapanui con un particular. En total fueron 29 demandas diferentes sobre terrenos urbanos y rurales que, por diferentes razones, se considera que
fueron usurpados a sus dueños originales. No pretendemos, en esta ocasión, analizar
en detalle estos casos; más bien se trata de reconocer que las demandas levantadas por
grupos familiares rapanui ha puesto de manifiesto la necesidad de indagar con mayor
profundidad en las formas locales de tenencia de tierras, en los mecanismos de transmisión hereditaria, y asimismo, en el proceso histórico que configura la realidad presente.
Por tanto, compréndase este texto como un acercamiento al tema en cuestión, que busca
definir posibles entradas analíticas, y en general, obtener una perspectiva amplia de los
elementos que se están conjugando en cada una de las reivindicaciones.
Efectivamente, en Rapa Nui se vive una suerte de “pluralismo jurídico”, por cuanto
nos encontramos con diversos sistemas jurídicos operando a diferentes niveles en un
mismo espacio territorial, en el que se encuentran: las normas tradicionales de derecho
común (como es el Código Civil), la legislación especial indígena, la legislación especial
para Isla de Pascua y, finalmente, el derecho consuetudinario isleño, que emana tanto
de las autoridades políticas de la Isla como de la costumbre propia del pueblo Rapa
Nui. Por ello, esclarecer “de qué se trata” esta costumbre local se hace necesario, no solo
como un ejercicio intelectual, sino como el reconocimiento de una realidad que ejerce
una influencia difusa pero cierta en la comunidad isleña.
Para ello, comenzamos por un acercamiento histórico a algunos elementos del derecho local, fundamentalmente detectados por medio de la revisión de libros y documentos. Luego, profundizaremos en los tres conceptos principales de esta indagación
para aproximarnos a la perspectiva rapanui de los mismos. A saber: Familia, Propiedad
1. En el presente escrito, utilizaré “Rapa Nui”, separado y con mayúsculas, para referirme a la Isla de
Pascua en cuanto extensión de tierra; “rapanui”, con minúsculas y junto, para referirme a las personas;
haré referencia a la “lengua rapanui” para indicar el lenguaje nativo. (N. de la A.)
167
Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
y Herencia. Esta última parte se basa en entrevistas tomadas a dos personas mayores
de la comunidad, a la revisión de textos analíticos y a trabajos anteriores en la materia.
I. El derecho en la antigüedad
1. Clanes y Territorialidad: Mata y Kaiŋa
El siempre evocado origen mítico del pueblo rapanui recuerda al legendario rey Hotu a’
Matu’a, quien habría llegado a cargo de la expedición colonizadora. Hijo ilegítimo de un
rey de Hiva, su tierra natal, Hotu a’ Matu’a y los suyos emprendieron el viaje, hacia lo que
sería su tierra, ahuyentados por la amenaza del desastre natural. Lo primero: la separación del terreno para la radicación de los colonos se atribuye a Hotu Matu’a –a través del
consejo del Maori Ngatavake, sabio conocedor del sistema tradicional polinésico– como
una de las primeras y más importantes acciones del rey colono.
El Padre Sebastián Englert se sorprende de que “una isla poblada de nativos de
carácter inconstante y pendenciero, con un marcado instinto de destrucción” fuesen
capaces de mantener esta perfecta demarcación de terrenos, y lo explicará a partir de la
sagrada autoridad del ‘ariki (hoy traducido a “rey”): así como en sus tiempos se observaba con respeto ciertas prohibiciones y normas referentes a la pesca, cuya disposición
se atribuía a Hotu a’ Matu’a; “de la misma forma debe haber quedado en aquel entonces
la conciencia de las generaciones, como cosa inalterable y sagrada, como tapu, lo que
estableció Hotu a’ Matu’a para la delineación y conservación de los límites”, dice Englert.
La tierra del clan (mata); el Kaiŋa –que también se traduce a matriz, útero– era tabú para
todo aquel que no pudiera trazar su ascendencia patrilineal con el ancestro epónimo de
los linajes agrupados. En este sentido, según Aotus, “los últimos límites eran los akuaku.
Ellos son espíritus guardianes, vengativos y territoriales que procuraban el bienestar de
los propios como la desgracia de los invasores. Dado que son entes territoriales, la posibilidad de una persona de “adueñarse” de otro territorio era imposible”2.
La sociedad antigua se caracterizó así por una fuerte territorialidad que demarcaba
límites entre los mata3, agrupados a su vez en dos grandes facciones: Ko Tu’u Aro ko te
Mata Nui, y Ko Tu’u ‘a Hotu ‘Iti ko te Mata Iti. Una línea divisoria llamada por la tradición
Ko te Mata Pipi o Moro que cruzaba la Isla desde el centro ceremonial de Oroŋo hasta la
costa oriental del Pōike separaba estos. Dado que los recursos se repartían desigualmente
en el territorio, el Kaiŋa daba al clan el fundamento de su existencia, en medio de un
complejo sistema de intercambio definido por roles de reciprocidad familiar.
Al interior de cada linaje, se distribuían en lo que podríamos considerar más propiamente “familias”, las que han sido llamadas paenga o ivi en otros casos, y que indican
2. Inclusive puede decirse que para algunos, los aku aku –guardianes de las tierras, espíritus deambulantes de la Isla– conservan hasta hoy estas restricciones.
3. El número exacto de clanes existentes en la antigüedad es aún discutido. En general se acepta la existencia de 10 clanes o mata “mayores”, de los cuales se desprenden posteriormente “subgrupos”.
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
el grupo familiar extendido, de residencia patrilocal. De las formas de residencia del
pasado de Rapa Nui tenemos algunos testimonios: al parecer las “casas” (hare paeŋa4)
albergaban a “muchas personas”. Metraux señala un promedio de nueve personas por
casa, lo que incluiría “abuelos, padres e hijos, hermanos con sus mujeres e hijos y frecuentemente alguna ‘visita’ que se queda ahí por una temporada”. Más adelante, agrega:
“Los hermanos solían vivir en la misma casa y para cada uno se loteaba una porción
de tierra cuando se casaban. Toda la gente debería tener más o menos la misma cantidad de tierra para cultivar. Cada propiedad era probablemente una franja recta de
tierra (kaiŋa) que se estiraba desde la costa hacia el interior. Las parcelas que poseían
las diferentes familias podían cambiar de una generación a otra, dependiendo de las
muertes y las herencias resultantes” (1971: 143).
Por su parte, Hotus et. al. aseguran que “los distintos linajes permanecían siempre en sus territorios y ellos se heredaban a través de las generaciones o de acuerdo a
compromisos matrimoniales a manera de dotes”. Considerando que el mito fundante
de los rapanui, es decir, la historia del desembarco y posterior establecimiento de Hotu
a’ Matu’a en la Isla, corresponde a un reflejo simbólico de las formas de ordenamiento
social posteriores; Alberto Hotus –en el libro publicado por el Consejo de Jefes Rapa
Nui– hace una analogía entre la distribución territorial de los mata y las formas tradicionales de herencia de la tierra. De acuerdo con él, entonces, Hotu a’ Matu’a dividió la Isla
en dos partes5: los territorios al norte de esa división, “llamados Tu’u Aro o te Mata Nui,
fueron entregados a su hijo mayor, mientras los territorios al sur, llamados Tu’u Hotu Iti
o te Mata Iti se entregaron al hijo menor, pues de acuerdo a la tradición ‘estos son los
hijos importantes’”
Desde antiguo, en las familias rapanui el atariki, o “sombra del rey”, ocupaba una
posición privilegiada, en oposición al último hijo (haŋu potu), considerado “la última
fuerza” de su progenitor, de manera que un niño primogénito estaba rodeado de tapu.
Esto adquiere sentido bajo el orden patrilineal que regía la herencia y la sucesión, donde
el primer hijo era el depositario de los bienes y el rango de su padre, y además, era el
encargado de velar por el cumplimiento de sus deseos después de su muerte. Con todo,
Hotus asegura que la forma tradicional de herencia indica que el hijo mayor heredará
del padre, mientras el menor lo hace de la madre.
De lo que se desprende de diversas fuentes, las tierras al interior de los mata no tenían
deslindes definidos dado que eran comunitarias y se trabajaban en grupos familiares.
En este sentido, la propiedad de la tierra era antiguamente “una función corporativa”6.
4. Hare paeŋa es el nombre que reciben las antiguas viviendas de la Isla, y cuya forma asemeja la de un
bote dado vuelta, por lo que también se les llama hare vaka (casa bote). Hare entonces significa casa y
paeŋa se refiere, en este caso, a las piedras labradas que constituyen los cimientos, aun visibles, de estas
antiguas estructuras.
5. Separadas por la línea divisoria llamada Ko te Mata Pipi o Moro, antes mencionada en este documento.
6. “Organización compuesta por personas que, como miembros de ella, la gobiernan” (DRAE).
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Los lazos de cooperación entre las personas se activaban o se iban desgastando, de
modo que los derechos sobre las tierras no eran absolutos y dependían en gran medida
del comportamiento que la persona demostrará frente a la comunidad. Una lectura de
esto indica que la posibilidad de ejercer derechos de uso o de propiedad sobre la tierra
funcionaba a su vez como un medio regulador de la conducta, la cual debía ser vista
como “aceptable” de acuerdo a las normas sociales. Por ultimo, aseguran los autores que
existían derechos especiales sobre el uso de la tierra, lo cual estaba sujeto a las jerarquías
sociales existentes al interior de la tribu.
2. Mana, Tapu y ‘Ariki
En el centro del sistema antiguo se encuentra la figura de los antepasados, o atua7, que
fundaba el ordenamiento cultural rapanui. De acuerdo a la interpretación de Nelson
Castro, “el antepasado creaba las prohibiciones (tapu), sin las cuales no sería posible
ningún ordenamiento socio-cultural. Pero la capacidad de establecer estos tapu radicaba
en el mana que los antepasados habían adquirido y transmitían a los clanes (mata) y
linajes”.
El mana, un concepto ligado a numerosas sociedades insulares de Oceanía, aparece
desde las primeras crónicas y relatos de viajeros, y da cuenta de una especie de energía
espiritual que se manifestaba en objetos sagrados, o que en ocasiones era irradiada por
humanos. En el caso de Rapa Nui, nos encontramos con un concepto de mana que, a la
vez que acción o estado, es una cualidad humana, y cuya expresión manifiesta el lazo
entre los antepasados y los ‘ariki del mundo antiguo, reforzando así un sistema de jerarquía social. La estructura de autoridad de la antigüedad habría estado presidida por el
llamado ‘ariki henua (“rey de la tierra”) o ‘ariki mau (“verdadero rey”). Sobre ello escribe
Metraux: “El ariki mau o rey de Isla de Pascua era un jefe divino que tenía mana (poder
sobrenatural) y por tanto estaba rodeado de tapu. Como miembro del linaje de Honga
de la tribu de los Miru, descendía de los dioses Tangaroa y Rongo”. Se consideraba entonces que el ‘ariki tenía la capacidad de canalizar el mana y, por tanto, una influencia
benéfica sobre la naturaleza; asegurando el crecimiento de las plantas, la abundancia de
peces y el buen clima para las labores agrícolas, entre otras garantías. Como indica también Metraux en el extracto anterior, el carácter sagrado de su persona obligaba al respeto de los llamados tapu (conocidos en nuestra lengua como “tabú”), que constituían
una serie de prohibiciones e interdichos que regulaban varios aspectos de la cultura, y
que mediaban así el actuar humano con el poder de los atua, representado a través de
la persona del ‘ariki. Era esta función simbólica del ‘ariki henua “en quien descansaba el
7. En acuerdo con Nelson Castro, consideramos aquí que esta palabra denota al espíritu de grandes ariki
y a los antepasados de clanes y linajes. La práctica misionera tradujo esta expresión por Dios bajo el
supuesto de la universalidad del fenómeno religioso, lo que ha llevado a confusiones posteriores que se
implican en el hecho de que, actualmente, la misma palabra se utilice en el contexto religioso moderno
para nombrar al dios cristiano.
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equilibrio y la existencia del orden natural y social de la Isla”, la que habría inspirado el
respeto de lo que el Padre Ignacio de la Cruz (S.S.C.C) identifica como “la ley del Tapu,
o declaración de que una cosa era sagrada y prohibida a todos o parte de los insulares”.
En definitiva, pareciera ser que esta conjunción inextricable entre mana y tapu constituye la principal disposición normativa de la antigüedad, pero fuera de esta regla legitimada simbólicamente, el modo en que el ‘ariki henua ejercía efectivamente su poder,
sus funciones y prerrogativas son aspectos de la costumbre que hoy día son escasamente
conocidos. De acuerdo con el Padre Hipólito Roussel, los reyes –que en un principio
eran considerados deidades y tenían poder absoluto sobre la Isla– “no retuvieron esta
autoridad por largo tiempo, sino solo el prestigio de un poder sobrenatural con ciertos
privilegios personales”.
Es probable que la autoridad real del ‘ariki mau, y su injerencia en asuntos políticos o jurídicos, no haya sido nunca tan decisiva como podemos imaginar para lo que
Thomson caracteriza como un “sistema monárquico”. Él mismo anota más adelante:
“La seguridad personal y la propiedad privada eran poco consideradas, y las disputas
eran estabilizadas por rey o jefe sin consideración de ley o justicia. No había ningún
código de leyes, la gente vengaba sus propias heridas (…). La costumbre de larga continuidad era aceptada como ley, y definía los pocos deberes y derechos de los ciudadanos privados. Es difícil confirmar o rechazar tajantemente estas aseveraciones, pero
nos inclinamos a pensar que los reyes de antaño no ejercían su autoridad en los litigios
que pudieran haberse suscitado al interior de los clanes, donde eran más bien los jefes
locales (taŋata hōnui) los que obtenían influencia directa. En síntesis, consideremos la
opinión de Metraux:
El ‘ariki mau era respetado por su linaje que lo emparentaba con los dioses y por
la sacralidad de su persona, pero ciertamente no era un regente o un jefe civil. El
transmitía el mana del dios, y era necesario para el bienestar de la isla tenerlo, pero
más allá de esta función no le estaba permitido disfrutar de ningún poder real más
que un prestigio estrictamente religioso y aristocrático.
En cualquier caso, si en los tiempos de las grandes estatuas el equilibrio social lo
proveía el mana del ‘ariki mau y de su tumu ivi ‘atua (encargado de los asuntos religiosos), después de la crisis ecológica y el cese de la construcción de ahu moai, emergió un
nuevo orden guerrero (matato’a), que transformó la antigua forma de vida, “y su control
social se perdió”, como dice Fischer. Se gestó así “la progresiva pérdida de influencia de
los reyes de la tierra (…) en desmedro del taŋata manu (lit. hombre-pájaro), especie de
caudillo militar-religioso que poseía el poder durante un año”, según Moreno.
En este contexto entran en escena las incursiones arrasantes de buques provenientes
del puerto de Callao en busca de mano de obra esclava, que causaron un brusco descenso de la población isleña. Entre aquellos que fueron capturados y enviados al Perú se
cuenta al ‘ariki henua Kaimakoi y su sucesor, Maurata, con lo cual la línea sucesoria de
la dinastía real se cortó. La crisis que atraviesa entonces el poder político nativo puede
haber confundido al primer religioso en instalarse en tierra isleña, a quien no le pareció
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
fácil “caracterizar adecuadamente la autoridad de los jefes de esta isla”. Dice: “(…) ni
siquiera sé en que se fundamenta. Pareciera que es simplemente una influencia que han
tomado algunos pocos sobre sus vecinos, y que se han habituado poco a poco a reconocerla”, como dice Eyraud. En ese momento, no intuyó el Hermano Eugenio Eyraud la
complejidad de la estructura de poder local, y mucho menos pudo intuir que su llegada
sería decisiva para la reconfiguración de aquel sistema, que inauguraría una nueva etapa
de la historia de Rapa Nui8.
II. Sociedad en transición
1. Misioneros y Comerciantes: nuevas comprensiones de propiedad
Cinco meses después de la partida del último barco esclavista, en enero de 1864, comenzarían a llegar personas extranjeras a instalarse en Rapa Nui, cada uno persiguiendo
sus propios fines: el Hermano Eugenio Eyraud, el padre Hipólito Roussel, el Padre Gaspar Zumbohn y el Hermano Theodore Escolan se unían en el proyecto evangelizador,
que de aquí en adelante será el referente de una “nueva moralidad” para los rapanui. Por
su parte, Jean-Baptiste Onésime Dutrou-Bornier –apodado Pito-pito por los rapanui–
llega para comenzar la explotación de la ganadería bovina en el territorio isleño. Estos
personajes vendrían a llenar el vacío de un “poder transversal en la Isla, creando el poblado de Ste. Marie de Rapa Nui, formando un ‘Consejo de Estado’, y reconfigurando la
distribución de la población (...) y el poder nativo ya que reunió grupos de jefes rapanui
detrás de los grandes hombres influyentes extranjeros”, como afirma Moreno.
Estos hombres influyentes, principalmente el Padre Hipólito Roussel y DutrouBornier, serán los primeros extranjeros en comprar tierras; el primero para la misión, y
el segundo para llevar adelante su empresa comercial. Se gestaba entonces un proceso
que terminaría por modificar la relación de los rapanui con su tierra, a partir de la introducción de nuevas concepciones de influjo occidental sobre el valor y las formas de
propiedad.
El documento de “compraventa” más antiguo que se conoce corresponde al Documento N° 8 del Consejo de Estado, del 5 de octubre de 1868, y en el cual cinco rapanui
declaran vender 335 hectáreas por “la suma de 100 plastras” a Hipólito Roussel, hecho
que fue publicado por primera vez por Vergara, en 1939, y posteriormente desacreditado por Hotus et. al, 1988. Bajo que concepto nativo los isleños “vendieron” sus tierras al misionero no nos queda claro, pero “es plausible sostener que la relación tierra/
prestigio pudo haber sido reemplazada, transitoriamente, por la de nuevos bienes/prestigio”, como dice Castro, pues la tierra no podía entrar en competencia con los bienes
extranjeros. En este sentido, es probable que tanto los misioneros como Dutrou-Bornier
8. Un análisis acabado de la integración del proyecto evangelizador a la configuración simbólica rapanui
se encuentra en Castro, Nelson, El Diablo, Dios y la Profetisa. Evangelización y Milenarismo en Rapa Nui
1864-1914, 2006.
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hayan entregado bienes (de prestigio) a cambio de las tierras9. Las jefaturas tradicionales de los “hombres importantes” de cada clan –y por tanto el ejercicio de la autoridad
nativa– sufrieron profundas modificaciones, pues su esfera de influencia “se mudó” a
los alrededores de la capital política, Mataveri, y de la capital religiosa en Haŋa Roa. El
carácter regional del poder se transformó y hubieron de convertirse en jefes de un clan
familiar desapegado a su tierra.
Metraux, desde su propia indagación, nos dice:
“Pude obtener escasa información sobre derechos de propiedad ancestrales. La tierra
perteneciente a un linaje era llamada henua poreko raŋa (la tierra donde nacieron los
ancestros). Desde 1866, cuando toda la población fue concentrada en Haŋa Roa en
la costa oeste, los lazos entre linajes y territorio se han roto. Dutroux Bornier, por
medio de trampas inescrupulosas, compró a los nativos gran parte de sus tierras;
a través de Brander, sus derechos pasaron a la Compañía Williamson Balfour que
ahora posee la Isla. Yo creo que los nativos cedieron sus tierras con mayor facilidad
porque ya las habían dejado. De todos modos, ellos han recordado las porciones de
tierra de las cuales sus familias son los dueños legítimos”.
Si efectivamente los rapanui “cedieron sus tierras” con clara conciencia de que esa
tierra dejaba de pertenecerles, no lo sabemos; lo cierto es que algunos años después, ya
entrado el siglo XX, la comunidad siente haber sido “despojada”, y reniega de los contratos celebrados antes. El fraile capuchino Bienvenido De Estella, que llega por segunda
vez a la Isla en 1918, trae un mandato de Impuestos Internos para tasar el conjunto
de la propiedad, cuestión que logró por el apoyo de la comunidad y de un informante
calificado (Juana Araki10): “A 2 de julio de 1918 se reunieron en consejo los ancianos
indígenas, presentes algunos jóvenes de los más ilustrados y aclararon el asunto de los
deslindes, señalando sus verdaderas líneas y los propietarios a quienes corresponden
esos terrenos”. Así, Estella pudo constatar el conocimiento de los nativos respecto de
sus derechos de propiedad, quienes manifiestan que la tierra heredada de los linajes era
conocida por las familias.
“En sucesivas sesiones de ancianos y jóvenes pascuenses se aclararon y deslindaron los terrenos siguientes, señalando los ancianos por súplica de los jóvenes más
inteligentes los dueños a quienes corresponden los terrenos demarcados. Dicen los
ancianos: “Hangaoonu” (Hangahonu) no está vendido y los deslindes son: de Vaitá a
9. Para un recuento histórico de transacciones de propiedad anteriores a la inscripción de las tierras isleñas a título fiscal, se recomienda ver la obra de Víctor Vergara, llamada Dominación y Dominio (1939).
10. “Por encargo del Ministerio de Marina tuve que hacer de geógrafo; con carta en mano o mapa de la
Isla; tomé datos de los terrenos (…) y sus casas una por una, haciendo el censo para el caso; enmendé
el mapa o carta antigua (…), poniéndole a la vez muchos nombres nuevos (…), con otros detalles de
menor cuantía. Para estos trabajos salía a caballo recorriendo toda la isla varias veces en el tiempo largo
que estuve, acompañado del kanaka Juan Araki que conoce la isla palmo a palmo y todos los rincones
con sus nombres y apodos”, dice De Estella.
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Puohio, de Ahuapepe a Paparenga la dueña era Juana Arikirangui. Los herederos de
este terreno son seis (…). Los actuales herederos juntamente con los demás ancianos dicen: si alguno se atreve a decir que estos sitios se han vendido que se presente
ante nosotros si la vergüenza le permite”.
Así, se prosigue con al menos otros seis terrenos de los cuales se nombran los “verdaderos dueños”, sus herederos y sus deslindes, lo que demuestra –a pesar de los cambios vividos al nivel del poder político nativo, de los desplazamientos al nivel de las antiguas ordenaciones simbólicas de la cultura isleña y de la integración de nuevas formas
de propiedad– la existencia de la “demanda Rapa Nui” y la clara conciencia por parte
de la comunidad de cómo habían sido despojados de sus tierras y de sus animales. Con
todo, a fines del siglo XIX, cuando los rapanui llegan a instalarse cerca de la misión en la
costa sudeste, y luego, cuando fueron obligados a mantenerse dentro de ciertos límites
para proteger los intereses de los explotadores comerciales, se fundan nuevas relaciones
entre las familias y su territorio.
2. Estado y Ley: nuevos actores
Pasados 29 años de la anexión de la Isla a la República de Chile, el Estado toma conciencia de sus deberes en la Isla, en gran medida producto de la denuncia pública del
Obispo Edwards, quien visitó la Isla dos veces, en 1916 y 1917. Su llamado insta al
Gobierno a restablecer “El imperio de la justicia” en Rapa Nui, según Edwards, de modo
que el 29 de enero de ese año se publicó la ley N° 3.220, por la cual Isla de Pascua pasó
a depender de la Dirección del Territorio Marítimo de Valparaíso, quedando sometida a
las “Autoridades, Leyes y Reglamentos Navales”.
Aquí entramos ya a una nueva época, donde la integración de las leyes nacionales a
las formas de organización locales marcará “la tónica del siglo” en Rapa Nui. Este período, que constituirá el antecedente directo de la situación que se observa hoy en día, no
ha sido muy estudiado, y solo recientemente se han considerado en toda su magnitud
las fuentes de información aportadas por los archivos de la Armada. De acuerdo con la
línea que seguimos, resulta que cada nuevo linaje fue asociado a una nueva parte de
lo que se constituiría como el único pueblo de la Isla (Haŋa Roa), de modo que bajo
la administración de la Armada de Chile (1917-1966) se hace entrega de los primeros
títulos de propiedad, los “Títulos Provisorios”, para normalizar y reglamentar el uso del
suelo de acuerdo a la ley estatal. Si bien los primeros Títulos Provisorios están firmados por el Sr. Luis Zepeda11 (1921), la primera entrega “generalizada” corresponde al
11. “Al señor Acuña se le comunicó la orden calegráfica que lo autorizaba a viajar en el buque para Valparaíso, y en consecuencia, el señor Comandante determinó nombrar Subdelegado Marítimo interino
y Oficial del Registro Civil al señor Luis Zepeda, residente en la Isla desde algunos meses a esta parte,
persona a quien le fueron entregados según inventario los bienes fiscales”; XXI viaje de instrucción de
la corbeta “General Baquedano” al Oriente, Japón y Australia, al mando del capitán de fragata don Felipe
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Subdelegado Marítimo Carlos Recabarren Larrahona (1926-1930), quien se mantiene
en el recuerdo de los mayores como el primero que entregó derechos de propiedad a los
rapanui (M. Tuki y A. Pakarati Atamu 201012). Es probable que en algunos casos estos
títulos se hayan entregado sobre terrenos que se encontraban físicamente en soberanía
rapanui, sin perjuicio de que los deslindes pudieran variar al momento de plasmar los
derechos de ocupación sobre un documento. En otros, se asignan terrenos que no se estaban utilizando a cada nueva familia que se constituye: de acuerdo al Sr. Manuel Tuki,
al contraer matrimonio los nuevos “jefes de hogar” acudían a la autoridad marítima –y
no a sus padres– para solicitar su título, correspondiente a las llamadas coloquialmente
“parcelas de matrimonio”.
La mayoría de esas entregas se van realizando a favor de hombres, con contadas
excepciones, como es el caso de aquellas mujeres viudas y con hijos(as) a quienes se
entrega el documento provisorio a nombre de la madre como jefa de familia, o bien, de
sus hijos e hijas. Luego, a medida que se sucedían las generaciones, las tierras fueron
siendo heredadas de dos maneras diferentes. La primera es por vía escrita, de manera
que el traspaso es realizado con la voluntad de los propietarios a favor de sus descendientes, y queda registrado en documentos de la misma Armada (muchas veces como
“nuevos” Títulos Provisorios), o –posterior al año 1966– en documentos del Ministerio
de Bienes Nacionales. La segunda es por la vía oral, que constituye la mayoría de los
casos, y que ocurría de manera que los jefes de familia delegan en alguno de sus hijos –
generalmente en su hijo primogénito (atariki) – la responsabilidad de repartir las tierras
entre sus hermanos. Según el testimonio de los entrevistados, la división de la herencia
se hacía de acuerdo a la superficie y los deslindes determinados por el patriarca antes de
fallecer. La mayoría de las veces, esa voluntad narrada en vida es materializada por sus
hijos mayores luego de su muerte, ante lo que antiguamente era la Oficina de Tierras y
Colonización, hoy la Oficina Provincial del Ministerio de Bienes Nacionales.
Es por ello que hoy existen numerosos terrenos en los que habitan por lo menos
tres generaciones de una misma familia, que a su vez van construyendo nuevas casas
al formar sus propias familias. “Allá en el sector de Tahai. (…) Dentro de todo el sector
que somos casi todos parientes acá po’, la mayoría son parientes de mi papá” (Mujer,
29 años). Si hace cincuenta años o más, lo natural era que la tierra fuese heredada a los
hijos, puesto que se asumía que las mujeres vivirían en el terreno de sus maridos siguiendo la tendencia patrilocal; paulatinamente esta costumbre se ha ido asimilando a la
ley chilena de la herencia, a la vez que ha ido cediendo a nuevos hábitos matrimoniales
que se expresan en el fuerte aumento de parejas mixtas, y la disminución de los matrimonios celebrados por año en las últimas cuatro décadas, lo que implica un aumento
en la constitución de hogares uniparentales, y asimismo, un aumento generalizado de la
cantidad de hogares constituidos por año.
Wiegand R. 1921, en “Anuario Hidrográfico de la Armada”, T. 37, 1942, pág. 162; tomado de Foerster,
2010: 2.
12. Esta información proviene de entrevistas realizadas al Sr. Manuel Tuki (el 30.09.2010), de 91 años a la
fecha, y a la Sra. Henrriette Pont, en compañía de su madre, la Sra. Ana Pakarati Atamu (01.10.2010).
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Hoy, a lo menos tres generaciones después de la primera entrega de títulos de propiedad, la presión sobre las tierras ha aumentado, así como también ha aumentado la
presión de los rapanui sobre el Estado Chileno, para que les restituya la totalidad de las
tierras isleñas. Dado que todas ellas fueron inscritas a título fiscal13, la restitución se ha
hecho una importante demanda del pueblo rapanui, y a su vez, su puesta en práctica14
ha conllevado la desorganización de los patrones originales de residencia urbana. Por
ello, a pesar de que aún es posible encontrar claras asociaciones de una familia y un territorio en el pueblo, es probable que cada día más dicha relación se vaya desdibujando
o, al menos, que vaya reconfigurando el patrón residencial de las familias rapanui.
En adelante nos insertamos al ámbito familiar de Rapa Nui, donde apuntaremos a
aquellos conceptos clave para comprender la configuración de las actuales formas de
propiedad y herencia en dicho contexto.
III. Familia, Propiedad y Herencia
1. Aspectos generales de la Familia rapanui
En lengua rapanui, “familia” no tiene una traducción textual. En ocasiones, se usa la
palabra hua’ai, aunque algunos han mencionado que esta palabra tiene un origen tahitiano, y que el equivalente rapanui de la acepción es el ivi, que denotaría las familias
nucleares y patrilocales de los antiguos mata. De todos modos, hoy se utiliza hua’ai para
referirse a la familia, aunque antiguamente habría estado asociada más bien a la ascendencia, siempre considerada como “descendencia de alguien”, que por tanto se reconoce como el “ancestro epónimo” de la estructura del parentesco en cuestión.
Particular importancia tiene en la familia rapanui el concepto de poki haŋai (niño(a)
criado(a)), que alude a una práctica social bastante arraigada en la Isla, que aquí llamaremos “delegación de la crianza”. Hipólito Roussel, según Metraux, misionero de
fines del siglo XX, escribe: “…los niños adoptados eran puestos al mismo nivel que
los legítimos (…) merecedores del mismo cuidado y las mismas atenciones”. Cuarenta
años después, Metraux establece que lo mismo es valido para su tiempo. En la versión
de Bienvenido de Estella, en cambio, se trata de “regalos”: “Casi puede decirse que son
13. En 1933, invocando el principio de adquisición de “Terra nullius”, el fisco consolida legalmente la
propiedad de las tierras de Rapa Nui, registrándolas a su nombre en el Conservador de Bienes Raíces
de Valparaíso. La publicación en el diario oficial se efectúo en esa ciudad, por lo que los rapanui se
enteraron varios años después. Para el Estado, ello fue una manera de proteger las tierras isleñas ante
la ambición de sus arrendatarios, mientras para los rapanui fue un acto de apropiación ilegal de sus
tierras, que además contradice los términos del acuerdo de voluntades de 1888.
14. En el año 1979, se dicta el D.L. Nº 2.885, instrumento que ha permitido que el Estado transfiera
aproximadamente el 15% de la superficie total de la Isla a la fecha (2.152,05 hectáreas). De la cifra total
de títulos de dominio entregados, el 9% se ha traspasado durante el período 1990-2005, incluyéndose
aquí la denominada primera etapa de restitución de tierras a la etnia Rapa Nui, con la entrega de 252
títulos de dominio (MBN/ OF. PROV IPA/Julio 2008).
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pocas las casas donde no tienen un niño o niña de regalo, aunque haya hijos de sobra.
Aun más; reciben de sus parientes o compadres tales regalos, y a la vez ellos regalan a
otros, sus hijos, teniendo este intercambio por muy honroso”.
En la Isla, la maternidad y la paternidad, y en general el rol parental (aplicado también a tíos, tías, abuelos, abuelas y hermanos y hermanas mayores), tiene un fuerte componente que es social además de biológico, de modo que la relación filial está dada en
primer lugar en la evidencia de los lazos sanguíneos, pero también puede ser instaurada
por el acto de la crianza, entendida como haŋai. El término refiere en este caso al acto de
cuidar de un niño o niña, alimentarlo, y custodiar así su crecimiento; es decir, el deber
natural de todo padre y toda madre. Por ello, desde la perspectiva de los progenitores,
hablar de poki haŋai se hace redundante, de modo que más bien se utiliza para referirse
al caso de aquellos y aquellas que son dejados al cuidado de terceros15.
Por su parte, Grant McCall –que habla de adopción propiamente tal– distingue
en su tesis dos formas posibles de delegación de la crianza: la adopción y la “acogida”
(fosterage), las que tendrían su correlato en la distinción rapanui del poki haŋai (niño(a)
criado(a)), y del ma’aŋa haŋai (ma’aŋa se traduce como “pollo” o “polluelo”). Hoy en
día es posible escuchar los dos términos usados indistintamente para un mismo niño o
niña, por lo que no está claro si esta diferencia es actualmente reconocida como cierta.
De todos modos, lo que si es evidente es que existen al menos dos figuras de crianza
delegada: un primer caso, es el de aquellos niños(as) que han sido criados fuera de su
familia biológica, y que adquieren el estatus de hijos(as) por medio del cuidado y la
alimentación que sus padres sustitutos le proveen. La relación filial que así se adquiere
generalmente tiene un carácter definitivo, y el traspaso del niño o niña ocurre a pocos
días de su nacimiento, pasando a formar parte de la familia y, por extensión, del hua’ai
de sus “padres adoptivos”: “de 8 días me regalaron mis papás. Después yo nunca tenía
cariño con mi papá. Cuando yo está grande, supe y todo, mi padrino me contaba que
este es mi papá, ese es mi tío, ese es familia de mi mamá (…). Ahora recién, como 10
años atrás, llegó mi hermana, que se llama María, ella me empezó a reunir con los demás. Pero sabe, como no criamos juntos, más difícil” (Mujer, 70 años).
Esta situación contrasta con la de aquellos que –por necesidad o conflicto– son
dejados bajo el cuidado de personas diferentes de sus padres biológicos, generalmente
abuelos o tías, a cualquier edad, inaugurándose así una relación que resulta más bien del
cumplimiento de las responsabilidades del hua’ai, según McCall. Los ma’aŋa haŋai viven
situaciones temporales, de modo que no necesariamente integrarán parte definitiva de la
nueva familia, y es posible que tarde o temprano vuelvan a la casa de la que vinieron. Es
probable que haya sido este el destino de los niños o niñas que resultan de uniones entre
personas de cercano parentesco, de modo que tanto progenitores como descendientes
son “socialmente castigados”.
15. Es interesante considerar que se trata de una práctica común en gran parte de la Polinesia. Para el
caso hawaiano, Sahlins nos indica: “…también sociológicamente los hawaianos conocían dos maneras
distintas de crear la relación filial: por la ‘alimentación’ o h­­aanai (…) y por el nacimiento. (…) Según
el modo de pensar hawaiano, como hemos visto, los parientes nacen o se hacen”.
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Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Otro factor que puede incidir en la decisión de delegar, sea temporal o definitivamente, la crianza de una niña o niño, tiene relación con el hecho de no ser reconocido
por el padre; es decir, ser un “hijo ilegítimo”, que en Rapa Nui son llamados morore. La
reacción negativa a la condición del morore es un aspecto fundamental en la tradición
rapanui16, lo cual se hace comprensible a partir del orden patrilineal de antaño, donde
el reconocimiento del padre significaba la posibilidad de obtener parte en la sucesión
y en la herencia. La posición del morore aún carga con una connotación negativa, y si
no es necesariamente una condición de menosprecio explícito, es al menos un motivo
de burla. Y es que, además de ponerse en duda la membresía del niño(a) al hua’ai de
su progenitor, puede haberse asociado a la reacción que merece el “hijo bastardo” de
nuestra sociedad, por la común influencia de la moral cristiana.
En todo caso, la condición de la niña o el niño ilegítimo opera como un elemento
que justifica la decisión de una madre de delegar la crianza de su hijo(a), lo que en
parte se atribuye al temor de que –una vez constituida una familia– ese niño o niña sea
maltratado(a) por parte del “padrastro”. En esto último coinciden los relatos de los entrevistados, y es así que la Sra. Henriette Pont nos explica que “en esa época es muy mal
visto una mujer que se embaraza (…) por la misma gente que creo que era tan católico,
entonces los familiares de la niña le castigaba, los familiares del varón le castigaba (…),
y cuando uno tiene un hijo natural de una familia (…) los familiares del papá del niño
viene cuando nace y se los lleva para que no críe con un padrastro (…), para no tener
problemas la mamá cuando se case con un hombre que no es su hijo”.
Desde la perspectiva de quien recibe a un niño o niña, ello puede estar motivado
por el hecho de tener pocos o ningún hijo o hija propia; por el hecho de tener los recursos para la crianza que los padres biológicos no tienen, o bien, como ya se dijo, por
el cumplimiento de las responsabilidades del hua’ai. Todas las anteriores pueden darse
simultáneamente, con diferente énfasis, según sea el caso.
La delegación de la crianza sigue existiendo, aun sea que las condiciones en que ello
ocurre sean distintas. De cierta manera, todos los niños y niñas rapanui son potenciales
ma’aŋa haŋai, en cuanto la delegación de la crianza continúa siendo un recurso cultural
al cual padres y madres recurren en caso de necesitarlo.
2. Propiedad y Herencia en Rapa Nui
Ser parte de un hua’ai implica el uso de los recursos considerados comunes y compartidos por sus miembros –en particular, la tierra–, de modo que la forma en que se definan
16. Curiosamente, hasta del propio rey Hotu Matu’a se dice que era morore, lo que hace interesante pensar
en cuales hayan sido sus razones para viajar en busca de nuevas tierras para habitar. En cualquier caso,
es una condición que le producía vergüenza, de modo que algunas versiones del mito cuentan que
una vez su mujer, Vakai a’ Heva, le sacó en cara su condición de morore, según Englert, e incluso se ha
sugerido que a raíz de ese incidente, el rey se retira a buscar su muerte, pues “descubre” su condición
de hijo ilegítimo.
178
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
sus límites va a depender de la disponibilidad o escasez del recurso en cuestión, por lo
que el hua’ai sería una categoría de adscripción “contextual” de los descendientes vivos
de un ancestro común, como dice Mccall. El énfasis de Mccall estará en la relación del
hua’ai con su territorio, pues, desde su lectura, es ahí donde “una continuidad en la
organización del parentesco se hace más aparente”.
El uso compartido de la tierra adquiere su pleno sentido en un sistema social como
el que los adultos vivieron cuando eran niños, por cuanto el trabajo estaba orientado a
obtener recursos colectivamente. Así, la cohabitación de una familia extensa era muy
común hasta hace más o menos treinta años, cuando el dinero aún no adquiría la importancia que tiene hoy día. En ese entonces, para los hombres el trabajo está generalmente
fuera de la casa, sea como asalariado, o bien participando del trabajo mancomunado
del hua’ai. El espacio femenino es el del hogar; ahí eran las mujeres las encargadas de la
cocina, de la limpieza, las guaguas y de labores agrícolas menores. Pero en gran medida
por la entrada de divisas producto del turismo, y por la paulatina adaptación al sistema
económico capitalista que se desprende del tutelaje ejercido por el gobierno chileno de
las actividades en la Isla; se hace muy difícil “mantener” (en términos monetarios) a un
grupo cohabitacional de grandes proporciones, de modo que los nuevos recursos se
destinan a la construcción de casas separadas.
Desde la perspectiva del Sr. Manuel Tuki, este proceso encuentra su correlato histórico en el cambio de los Títulos Provisorios entregados por las autoridades navales17, a
los Títulos de Dominio entregados por el Fisco18. En su relato, ello “habría causado” los
problemas, por cuanto la tierra pasa a considerarse como una valor intercambiable por
dinero, es decir, una mercancía: “Para mí, ese título provisorio es lo más macanudo que
existe, cuando cambió de que entregar el titulo propietario, ahí perdió la isla. El signo
peso en la cabeza. Antes todos trabajan, piden tierras para trabajar y trabaja”.
De esta aseveración, se desprende que los Títulos Provisorios son asociados al uso
colectivo de la tierra que predominaba antes cuando el valor de la tierra estaba dado
por su capacidad productiva. En el otro extremo se posicionan los Títulos de Dominio,
o “título propietario”, que a la sazón habrían permitido que a la gente se “le metiera el
signo peso a la cabeza”, significando con ello que estos títulos de corte individual podían
enajenarse a cambio de dinero, lo que en definitiva se considera el origen de los actuales
conflictos sobre las tierras. Si bien se trata de una asociación fundamentalmente histórica, es interesante considerar que mantiene coherencia con respecto a las antiguas formas
de tenencia de tierras, donde la propiedad colectiva ejercía una forma indirecta de “control social”. Y es que, en general, la enajenación de las tierras esta muy mal considerada
17. Es importante destacar aquí que los Títulos Provisorios entregados por la Armada disponían explícitamente que el beneficiario “no podrá gravar ni enajenar el terreno que se le entrega para su usufructo
mientras el Supremo Gobierno dispone su posesión definitiva”; sin perjuicio de que, con el paso de los
años, los derechos fueron transmitidos, generalmente como herencia, a nuevos titulares. (Archivo Of.
Prov. Bienes Nacionales)
18. Recordemos que el D.L 2.885, que permite transferir Títulos de Dominio a los rapanui, fue dictado en
1979, de modo que las primeras inscripciones corresponden al año 1981. (Archivo Of. Prov. Bienes
Nacionales)
179
Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
desde la perspectiva de los informantes, y de cierto modo invalidaría el “derecho a reclamo”: La isla son de todos, de todos los pascuenses. Usted vendió su pedazo, hasta ahí
llegó po’: anda a vivir en el mar, hace bote y vive ahí (ríe)” (M. Tuki 2010).
Algo similar a la enajenación, que sí parece haber ocurrido desde los tiempos de los
Títulos Provisorios, es el “préstamo de terrenos”: si bien existe acuerdo en que –hasta
hace poco– “no había necesidad de terreno porque todos tenían”, porque había “muy
poca gente”, si alguien no podía trabajar su propia tierra, era normal que se la “prestara” a otra persona para diversos fines, tratos que ocurrían por medio de la palabra, sin
mediar documento alguno. En un caso ejemplificado por la Sra. Ana Pakarati se cuenta
que su padre le prestó un terreno cercano a la Iglesia a una prima de él. Su hija Henriette nos explica: “La prima esta viejita y siempre va a la misa, entonces como familiar
le pidió a mi abuelo un pedacito así para hacer un pae-pae19 para que esté más cerca,
pero resulta que ahí se quedó. Se lo entregó, mi abuelo murió, nunca se devolvió, y se
quedo ahí, se quedó ahí no más”. La Sra. Henriette explica que al parecer la señora que
pidió el terreno prestado le había encargado a su pareja que cuando ella muriese, él se
encargara de devolver el terreno. Sin embargo, cuando falleció, sus herederos habrían
reclamado el mejor derecho sobre el mismo. Al respecto, ella aclara: “Oye, bueno si a
mi abuelo no le devolvió, yo no tengo porque ir a pelear”. A partir de este ejemplo, las
entrevistadas ponen de manifiesto que antes se respetaba la voluntad de los mayores,
de modo que “cuando dice una cosa”, eso se acata, con lo cual ellas se marginan de ir a
reclamar sus derechos de herencia sobre el terreno prestado, pues, desde su perspectiva,
“no les corresponde”.
Otra figura similar a un “préstamo” es la del umaŋa, que nos refiere a una forma de
trabajo colectivo común hace unas décadas atrás, en el cual cada participante aportaba
sus propios elementos al trabajo en común, o bien se trabajaba a favor de otro a cambio de recibir el trabajo de esa persona en provecho propio en una siguiente ocasión.
A modo de ejemplo, era común que varias familias (afines o emparentadas) rotaran sus
cultivos en sus respectivas parcelas, y que la producción se repartiera entonces entre
todos los que ponían su parcela a disposición de este umaŋa. No eran –en cambio– conocidos los tratos equivalentes a una “compraventa” entre personas rapanui, aunque sí
podían darse permutas de terreno.
Respecto de la transmisión de la herencia (en tierras), hay acuerdo en que se recibe
tanto por el lado paterno como materno cuando ambos tienen derechos de propiedad
respectivos. Se exceptúa solamente “el caso de que hay muchos hijos”, de modo que
algunos recibirán del padre, y el terreno de la madre “se deja para los otros hijos”, según
Ana Pakarati. Es posible que esto no haya variado sustancialmente en el último siglo,
pues ya decía Metraux en 1934:
“Como en el resto de Polinesia, los niños pascuenses heredan de su padre y de
madre. Muchas personas que presentaron sus demandas a Estella20 fundaron sus
19. Se refiere a una construcción liviana, generalmente hecha con latas.
20. Recordemos lo visto respecto de este personaje en la primera parte (I), apartado N°2 (N. de la A.).
180
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
pretensiones en los derechos de sus madres e incluso de sus tías (probablemente
hermanas del padre). La madre de Tepano [Viriamo] estuvo casada con un ariki
llamado Vaka. Ella le dio diez hijos y después se casó con Rano Vavara, el padre de
Tepano. Cuando Vaka murió le dejó algunas tierras a ella y sus hijos. Tepano, como
el único sobreviviente de todos los hijos de Viriamo, podría reclamar como suyo
tanto el terreno de Vaka como el de su padre”.
Constataba así Metraux la existencia de un derecho de “sucesión por causa de muerte”, en el caso de los(as) cónyuges, a través de quienes la herencia debía ser traspasada a
los hijos o hijas si tuvieren. Cuando uno de los hijos de una pareja moría sin dejar descendencia, la tierra se repartía, pues, entre aquellos hermanos que permanecían vivos.
Por el contrario, si un hijo (o hija) hubiese fallecido dejando herederos, los padres (o
bien los(as) hermanos(as) del fallecido) habrían traspasado el terreno correspondiente
al cónyuge y/o a los hijos sobrevivientes. Esto sucede así –en la mayoría de los casos–
hasta la actualidad.
Como hemos sugerido en algunos pasajes de este artículo, la familia extensa constituye el principal eje estructural de la sociedad rapanui en la primera mitad del siglo XX.
En aquellos tiempos, la atención estaba orientada hacia el interior del ámbito familiar,
y particularmente, hacia la autoridad del patriarca, quien –en gran medida– decidía el
“destino” de su propia descendencia, por cuanto “en sus manos” estaba el acceso a los
recursos: incluso el matrimonio venía decidido por la autoridad familiar. Todo esto nos
permite aseverar que la vida social estaba fuertemente reglamentada desde la familia y
orientada hacia lo colectivo, lo que se expresa en una alta valoración social de aspectos
como la solidaridad, la reciprocidad y, de forma muy especial, el respeto (mo’a) a los
mayores.
Esto es de relevancia, puesto que da sustento a las formas en que se materializaba
la herencia familiar. En total, la importancia del respeto a la palabra es aquí crucial para
entender la funcionalidad de este sistema de transmisión: dado que la voluntad de los
padres era considerada –podríamos decir– “sagrada”, por medio de la sola palabra se
decidían asuntos de gran importancia. Así sucedía en el caso de herencia.
Pues bien, ya hemos dicho que para la disposición de la herencia los padres delegan
en alguno de sus hijos –muchas veces en su hijo primogénito (atariki) – la responsabilidad de repartir las tierras entre sus hermanos. Consultados los informantes a este
respecto, nos aseguran que efectivamente el primogénito solía tener una gran responsabilidad en la repartición de la herencia, y consideran que no se hacia distinción si este
era hombre o mujer. De todas maneras, el Sr. Manuel Tuki nos aporta un detalle de importancia: “El dicho antiguo es que el hombre son parte de uno, del padre de la familia.
La mujer es parte ajena, de otra familia. El niño hombre lleva su nombre hasta el final,
la mujer termina su nombre; entonces por eso le dice ‘pae pae kē kē’ en pascuense”. El
término ‘pae pae kē kē’ parece estar asociado a la antigua costumbre patrilocal, pues si
por vía patrilineal se transmitían las tierras, en el caso de las mujeres se esperaba que
ellas contrajeran matrimonio y que, por tanto, se fueran a vivir a las tierras de su marido.
De todos modos, y en atención a los cambios en la configuración de las familias en Rapa
181
Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
Nui, estas preferencias parecen haber perdido sustento, por lo que en algunas familias
será posible ver que las mujeres toman nuevos roles en este ámbito. Así también, la preponderancia de los atariki no se considera una regla absoluta, especialmente a medida
que avanzamos en el tiempo, pues en algunos casos la responsabilidad en la repartición
de la herencia se traspasará al hijo o la hija que demuestre tener un mejor conocimiento
del idioma español, de la naturaleza de los trámites “de tierras” u otras herramientas de
acceso al “mundo de los documentos”, que aumenta progresivamente su importancia,
en contraposición a la oralidad tan considerada antaño. En cualquier caso, quien haya
sido aquel “encargado de velar por la voluntad de sus padres”, a la muerte de estos
tomaría una posición representativa entre sus hermanos, y habría llevado adelante los
trámites de inscripción de los derechos hereditarios.
Queda por considerar el caso de los hijos e hijas “criadas” (poki/ma’aŋa haŋai) en la
herencia. En la opinión de las personas entrevistadas, estos niños siempre recibirán parte en la herencia de su familia de crianza, pues es considerado –en todo sentido– como
un hijo más. En ello concuerda Metraux, que hace ya bastante tiempo anota que: “El
niño toma el nombre de sus padres adoptivos y hereda de ellos. Mucha dificultad se ha
presentado al rastrear genealogías porque los padres adoptivos no permiten que se haga
distinción entre sus hijos biológicos y adoptados. ‘Yo lo he criado y por tanto es mi hijo’
es una afirmación frecuentemente escuchada en Isla de Pascua”. En esta línea, los niños
criados no tendrían porque quedar sin tierras, y en algunos casos se ha visto que pasan
a formar parte de la línea de herencia de dos familias; tanto la familia de crianza como la
familia biológica. De todos modos, los padres velarán, inclusive “después de muertos”,
por el derecho de sus hijos de crianza. Según Henriette Pont:
“Y a veces aquí en la Isla, si por ejemplo yo te crié y tengo hijos, antes de que yo
muriera te digo: mira este pedazo que esta ahí es para ti: cuando yo muera los hijos
respetan este pedazo. No todos, pero la mayoría sí. Tiene que respetar. Entonces
dicen ‘vamos a tener que respetar’, y uno dice ‘no, échalo pa’ fuera’, y el otro dice: ‘la
mamá va a venir en la noche (el varua21) y te va a cortar el pie’: así se asusta un poco
y hay algunos que tiene que cumplir lo que dijo”
Para aquellos(as) que no entran a formar parte definitiva de una familia nueva –sino
que más bien son acogidos por distintas personas a lo largo de su vida–, recibir herencia dependerá de la buena voluntad de alguno de sus cuidadores, de algún pariente; o,
en algunos casos, puede esperar recibir algo de su padre o de su madre biológica. Sin
embargo, no se considera normal que estos niños(as) reclamen herencia a sus padres
biológicos si no se han criado con ellos.
Finalmente, cabe destacar el caso de los “hijos (o hijas) preferidos”; en rapanui, poki
haŋa rahi. Son los universalmente existentes “niños buenos” de la casa, que sirven –por
ejemplo– al padre, le lavan su ropa, le cocinan cuando llega del trabajo, y más aun, son
21. Se refiere a los espíritus, similares a los aku aku, pero en este caso referido al espíritu de una persona
de muerte reciente.
182
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
aquellos hijos(as) que escuchan el consejo de sus padres, y siguen el camino por ellos
indicado. Y esto no parece ser algo reciente: cuando Metraux le pregunta a Juan Tepano
por la disposición de sus terrenos después de su muerte, el responde que “quedarían
a su esposa y luego a ‘su hijo preferido’”. Nuevamente, encontramos aquí una nueva
manifestación de cómo el acceso a la tierra servía como regulador de conducta social:
efectivamente, en algunas familias las reparticiones de tierras no son equitativas entre
sus hijos e hijas, de modo que uno de ellos(as) puede recibir un lote más grande, mientras aquellos más “rebeldes” podían ser dejados fuera de la herencia a modo de castigo.
En definitiva, y para cerrar este apartado, lo central aquí es considerar que en la
relación de una familia con su territorio se hace manifiesta una dimensión normativa
que además se expresa físicamente por medio de la inclusión y la exclusión territorial.
IV. Observaciones Finales
Pues bien, en el presente escrito se ha buscado esclarecer la existencia de ciertos aspectos de la costumbre que configuran una “norma social” respecto de la tenencia de
tierras, su transmisión hereditaria y la relación que estos elementos mantienen con la
familia rapanui. Hemos repasado aquello que libros y documentos nos comunican sobre
la realidad del mundo antiguo, distante ya por casi dos siglos del presente, para transitar hacia los tiempos de cambio: la entrada del hombre blanco a la historia isleña y la
llegada de un Estado “protector”. Luego observamos ciertos aspectos de cultura que nos
permitan armarnos de referencias para interpretar la situación que se vive hoy en día.
En general, parece evidente que existen creencias, costumbres y conceptos locales
que forman parte de lo que podemos caracterizar dentro de las concepción jurídica de
la cultura rapanui, que además mantienen una importante influencia sobre el comportamiento de las personas, particularmente en las decisiones que respectan a las formas de
propiedad y herencia en Isla de Pascua. Sin embargo, pareciera ser que ese “derecho local”, que buscamos caracterizar, es en general difuso: no puede agruparse en un corpus
definido de preceptos, y además se encuentra en constante proceso de transformación.
Y es que un acercamiento genuino a las nociones jurídicas locales no puede dejar de
considerar las circunstancias históricas en las que ellas se manifiestan, pues en definitiva
son ellas las que le otorgan un sentido específico.
Desde nuestra perspectiva, los cambios que podemos reconocer en la estructura
social y sus disposiciones normativas evidencian una capacidad de adaptación de la cultura isleña, que si bien actúa transformando el “germen de derecho local”, le permite a
su vez mantenerse vigente a través del tiempo. En el caso de Rapa Nui, pareciera ser que
los mecanismos tradicionales de control social –apoyados en el sistema cultural orientado hacia la colectividad familiar– han sido fuertemente desarticulados en los últimos
120 años, relegando la normatividad en variados aspectos hacia el interior de la familia.
Esta situación genera una cierta “separación”, y por tanto grandes diferencias entre las
familias –entendidas en su sentido amplio, como clanes–, lo que hace particularmente
difícil reconocer la existencia de “criterios culturales”, asociados en este caso a las formas
183
Familia, propiedad y herencia en Rapa Nui
Camila Zurob Dreckmann
de propiedad y herencia de tierras. Asimismo, el carácter oral del traspaso de conocimiento en el caso rapanui nos conlleva una dificultad cierta en cualquier intento de
“pesquisarlo”, y convertirá entonces a la memoria colectiva en nuestra principal fuente
de información, lo cual requiere de un extenso trabajo de recopilación.
A todas luces, lo que se ha presentado aquí es una aproximación inicial al tema que,
según esperamos, dé las referencias necesarias para comprender el contexto en el que se
sitúan las negociaciones –que se desarrollan hasta la fecha– entre las familias rapanui y
el Gobierno chileno. Sin embargo, este nuevo capítulo de la relación entre estos actores
difícilmente será el último; el conflicto de tierras en Isla de Pascua, de larga data, requiere no de 29 soluciones a 29 familias, sino de una trabajo mucho más profundo, capaz
de construir una nueva plataforma –y por supuesto una política local adecuada– para
sostener las relaciones entre el Estado de Chile y el pueblo rapanui.
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Derechos territoriales:
el caso de la familia Hito Rangi
Oscar Vargas Fuentes
Osvar Vargas Fuentes
Abogado de la Universidad Nacional Andrés Bello. Ex
Fiscal adjunto y jefe de la Fiscalía local de Freirina
2001-2003 y ex Fiscal adjunto y jefe de la Fiscalía
local de Isla de Pascua 2003-2008. Actual abogado
defensor del Clan Hito Rangi.
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Derechos territoriales:
el caso de la familia Hito Rangi
El presente artículo es fruto de mi experiencia laboral en la Isla de Pascua, donde
viajé enviado como jefe de la Fiscalía local el año 2003. Como sabemos, esta
pequeña isla, que puede ser cruzada en menos de una hora en automóvil y que
además es la más lejana a cualquier otro pedazo de tierra en el mundo, ha sido
por mucho tiempo desdibujada en relatos turísticos-publicitarios y percibida de
manera estereotipada y folklórica en el continente. Políticas de gobierno y de
agencias que nos muestran un paraíso rescatado de la barbarie y la colonización
son una pared que oculta las luchas históricas de este pueblo. En mi trabajo
como fiscal, cargo en el que estuve hasta el año 2008, fui conociendo al pueblo
rapanui, descubriendo en él, así como lo han hecho muchos de sus habitantes,
una nación. Mi compromiso con los temas cruciales de Isla de Pascua me han
llevado –luego de dejar el cargo de fiscal– a actuar como el abogado defensor del
clan Hito Rangi en la disputa por las tierras en las que se asienta el hotel Haŋa
Roa. Es en base a estas vivencias que escribo este texto, con el fin de aportar al
conocimiento de un litigio específico, porque a través de él es posible encontrar
las huellas de las demandas históricas de un pueblo.
¿Qué duda cabe que el conflicto de Rapa Nui –el cual se ha visto acentuado durante el
último lustro–, obedece no solo a la inexistencia de políticas públicas destinadas a reconocer de una manera palpable y concreta los derechos de índole colectivo que asisten a
dicho pueblo –tales como libre determinación, autogobierno y derechos territoriales–,
sino que, de igual manera, y lo que es peor, al irrespeto por parte de nuestra nación al
tratado que invocamos como título de la soberanía que nuestro Estado ejerce sobre los
territorios del pueblo de Rapa Nui? Un tratado, también denominado “Acuerdo de Voluntades”, cuya no ratificación por parte de Chile forma parte de la violación sistemática
de las propias normas que nuestro Estado generó para mantener en manos del pueblo
rapanui los territorios que ancestralmente ocupan los descendientes de aquella primera
migración liderada por el ‘ariki Hotu Matu´a. ¿Qué duda cabe del arrebato de lo más
sagrado, entendiendo como sustrato de supervivencia de dicho pueblo el apego o vinculación con su tierra, la cual es la base, no solamente de su supervivencia económica, sino
que también de su vida espiritual y cultural? A este respecto, no resulta baladí que tanto
el pueblo como sus territorios ancestrales se amalgamen en un solo concepto: Rapa Nui.
En tal sentido, en ese tratado, sui generis y suscrito por una parte que no sabía leer ni
escribir el español, se reconocía el dominio o propiedad de los territorios comprendidos
dentro de Rapa Nui para sus originarios. Ello, sin embargo, no impidió que fuera abiertamente quebrantado en el año 1933 por la otra parte, esto es, por el Estado chileno.
Este, en aras de resguardar dicha posesión insular de las compañías explotadoras de ganado, cuyas libertades él mismo había tolerado y fomentado mediante ridículos cánones
189
Derechos territoriales: el caso de la familia Hito Rangi
Oscar Vargas Fuentes
de arrendamientos o concesiones –las que además incluían sistemas de servidumbres
institucionalizados–, inscribió a su nombre dichos territorios el día 11 de noviembre del
mencionado año. Ello se hizo en virtud de la regla consagrada en el Art. 590 de nuestro
Código Civil, el cual prescribe que son bienes del Estado todas las tierras que, estando
situadas dentro de los límites territoriales, carecen de otro dueño; esta inscripción se
materializó en el Conservador de Bienes Raíces de Valparaíso.
Parece pertinente citar esta inscripción debido a su extraordinaria simpleza e insospechadas implicancias. Entre muchas de ellas, el conflicto que hoy enfrenta al denominado Clan Hito Rangi con los operadores del Hotel Haŋa Roa. La inscripción reza:
“El Fisco, es dueño de la Isla de Pascua, denominada también Rapa Nui ubicada en
los 27°-08´-37´´ de Latitud S y a los 109°-26´-10´´ de Longitud W., que tiene una
superficie de quince mil seiscientos noventa y siete hectáreas y que deslinda por el
Norte, Sur, Oriente y Poniente con el Océano Pacífico. Adquirió dicha isla por ocupación en virtud del artículo quinientos noventa del Código Civil y en conformidad
a lo ordenado por auto del Primer Juzgado Civil de Mayor Cuantía de esta ciudad
(Valparaíso)”.
Es este primer acto conservatorio está inspirado en el artículo que don Andrés Bello
redactó y también en su ilustre prosa. Es el que constituyó, de una manera formal, al
Estado Chileno en propietario del Ombligo del Mundo o Te Pito o Te Henua. Este acto
es completamente ajeno a las concepciones jurídico-culturales del pueblo rapanui en
ese período y a su capacidad fáctica para oponerse al mismo por falta de conocimiento
y por razones geográficas obvias. Esa inscripción, al mismo tiempo, se constituyó como
cimiento de las sucesivas usurpaciones de que ha sido objeto dicho pueblo, cuyas acciones reinvindicativas, por otro lado, son criminalizadas por un Estado que, ya entrada
la segunda década del siglo XXI, no quiso reconocer, por medio de políticas públicas
reales, la tremenda deuda histórica con rapanui.
Ciertamente, esta deuda ha sido reconocida al suscribir tratados internacionales que
imponen obligaciones a nuestro Estado, y que se traducen en límites de nuestra soberanía, en especial el Convenio 169 OIT (ratificado, vigente y vinculante) y la Declaración
de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, normas que establecen una serie de reglas relacionadas con la propiedad:
1. Art. 13 (Convenio 169 OIT). Que los estados deben respetar la importancia
especial que para los pueblos indígenas tiene la tierra y el territorio, entendidos
como la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos indígenas ocupan
o utilizan de alguna otra manera.
2. Art. 14.1. (Convenio 169 OIT) Debe reconocerse el derecho de propiedad y
posesión que les corresponde sobre las tierras que tradicionalmente ocupan y
debe garantizarse la posibilidad de utilizar las tierras a las que históricamente
han tenido acceso, aunque no estén exclusivamente ocupadas por ellos.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
3. Art. 26.1 (Declaración) El Derecho de los Pueblos Indígenas a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado o de otra forma
utilizado o adquirido, incluyendo de esta manera no solo las que tradicionalmente ocupan si no también respecto de aquellas que han sido desposeídos
ilegítimamente.
4. Art. 28 (Declaración) Derecho a la reparación, por medios que pueden incluir la
restitución o, cuando ello no sea posible, una indemnización justa, imparcial y
equitativa, por las tierras, los territorios y los recursos que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado de otra forma y que hayan sido confiscados,
tomados, ocupados, utilizados o dañados sin su consentimiento libre, previo e
informado.
Las referidas normas supranacionales tienen efecto vinculante, dado que nuestra
matriz constitucional establece en su Art. 5 que la soberanía radica en la Nación y que
es ejercida por el pueblo a través de los plebiscitos y elecciones periódicas, además de
las autoridades establecidas por ella, agregando en su inciso segundo que el ejercicio de
la misma está limitado por el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana.
Asimismo, se señala que es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos garantizados por la Constitución, así como por los tratados internacionales
ratificados por Chile que se encuentren vigentes. De esta manera, el accionar legítimo
del Estado, comprendiendo sus instituciones y autoridades, está limitado por los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, los cuales deben además ser
promovidos por estos. Entre estos derechos, en carácter de colectivo, se encuentran los
ya mencionados.
Ahora bien, resulta paradójico que la inscripción conservatoria por la cual nuestro
Estado se arroga, como propietario de los territorios de Rapa Nui, sea el instrumento
que hoy en día sirve para despojarlos del legítimo derecho que les asiste respecto de sus
territorios, pues ella misma obedeció en su oportunidad al interés de proteger los títulos
que asistían a sus originarios respecto de la Compañía Explotadora de Isla de Pascua,
la que, a su vez, se atribuía, en perjuicio de estos, el dominio de la mayor parte del
territorio insular. Esto, descontextualizó la génesis y razón de ser de dicha inscripción.
Esta violación sistemática de derechos se ha plasmado en diversas decisiones adoptadas por la autoridad administrativa, la cual, hasta la tramitación de la Ley N° 16.441
(conocida coloquialmente como Ley Pascua), no permitió la aplicación del fuero común
en los territorios de ultramar, transformándose dicha ínsula en un territorio ocupado,
en el cual, a diferencia de lo que ocurría en el continente, no existían autoridades –a
excepción de la Armada de Chile–, que permitiesen a al pueblo rapanui ejercer de manera básica los derechos que la Constitución y las leyes nacionales conferían a cualquier
habitante de la República.
En este orden de ideas, es menester señalar que no fue sino hasta el año 1966 que
con dicha ley se constituyeron los servicios públicos en Rapa Nui y se efectuaron los
primeros actos de jurisdicción común en la isla; además, se consagró así el principio en
191
Derechos territoriales: el caso de la familia Hito Rangi
Oscar Vargas Fuentes
que se cimentó, según el propio Policarpo Toro1, esta anuencia de voluntades plasmada
en el ya referido acuerdo, a saber: el derecho inalienable e imprescriptible del pueblo
de Rapa Nui sobre los territorios que ancestralmente han ocupado. En efecto, el Art. 38
de aquella ley reza:
“Art. 38: Facúltase al Presidente de la República para otorgar a personas naturales
chilenas títulos de dominio en los territorios fiscales urbanos de la Isla de Pascua
en conformidad a las normas contenidas en el decreto reglamentario 2.354, de 19
de mayo de 1933, del Ministerio de Tierras y Colonización, publicado en el ‘Diario
Oficial’ de 23 de junio de 1933.
El otorgamiento por el Presidente de la República de títulos de dominio sobre
tierras fiscales rurales en el departamento de Isla de Pascua se regirá por el decreto
con fuerza de ley 65, de 1960, y sus modificaciones posteriores, en lo que le fueren
aplicable, de acuerdo con la naturaleza y la ubicación de los terrenos.
El Presidente de la República, dentro del plazo de ciento veinte días, contado
desde la fecha de esta ley, procederá a establecer por decreto supremo la ubicación y
extensión de los terrenos a los cuales se aplicará lo establecido en el inciso anterior.
Los terrenos fiscales de Isla de Pascua que no se encuentren comprendidos en
los incisos anteriores solo podrán entregarse en concesión de explotación a la Corporación de Fomento de la Producción o a alguna de sus empresas o sociedades
filiales, a instituciones fiscales, semifiscales y de administración autónoma, a empresas o entidades en que tenga intervención el Fisco por aporte de capital y a los
servicios de utilidad pública.
Dentro del plazo de ciento veinte días el Presidente de la República determinará
las disposiciones del decreto con fuerza de ley 65, de 1960, y del decreto reglamentario 2.354, de 1933, que se aplicarán en el departamento de Isla de Pascua. Dentro
del plazo señalado, podrá, además establecer el procedimiento para el otorgamiento
de títulos”.
Señalo lo anterior dado que el legislador del año 1966 tuvo como objetivo, al dictar
la ley, el atar indisolublemente el destino de la propiedad de los terrenos ancestrales de
Rapa Nui al de su pueblo, asegurándose con ello la subsistencia de una cultura única.
Esta cultura se ve nuevamente amenazada por intereses económicos que, por medio de
promesas de inversión y falso progreso, intentan desmembrar los territorios que por
siempre han ocupado los descendientes del rey Hotu Matu´a.
Este es el dilema respecto del cual nuestras instituciones administrativas y judiciales
deberán pronunciarse prontamente, por lo cual, también, deberán optar acatando el
reconocimiento del principio de inalienabilidad e imprescriptibilidad de la propiedad
Rapa Nui, o aceptar que, mediante engaños como jabones y espejos, las personas que no
forman parte del referido pueblo dobleguen la voluntad del Estado Chileno expresada
1. Policarpo Toro (1856-1921): marino chileno que incorporó la Isla de Pascua al Estado chileno en
1888. (N. del E.)
192
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
en la ya citada Ley 16.441, apropiándose subrepticiamente de tierras pertenecientes a
dicha nación. Esta última alternativa, de ser enarbolada por dichos órganos nos llevaría,
no sin razón, a sostener que la propiedad de las tierras emplazadas en Isla de Pascua
son susceptibles de apropiación por cualquier ciudadano que habite la República, dado
que el conjunto de normas aplicable a la enajenación de dichos inmuebles en nada ha
variado desde aquella época.
Esperamos con ansia que se produzca dicha discusión, pues el problema que enfrenta actualmente al clan Hito Rangi con los operadoras del denominado Hotel Haŋa
Roa nunca ha llegado a instancias judiciales que diriman el quid del asunto, esto es: quién
es el verdadero dueño de los terrenos donde se encuentra emplazado dicho complejo hotelero.
Así, la discusión de fondo que se producirá zanjará de una vez por todas la mayor encrucijada que nuestra nación afronta desde una perspectiva geopolítica y de integración
territorial, la cual no ha sido reconocida a cabalidad por nuestro Estado en las negociaciones que intenta sostener con los diversos clanes o familias rapanui; conversaciones
en las que nunca se ha develado, al menos por parte del Estado, el tremendo interés que
desde esta perspectiva geopolítica representa para nuestra nación Isla de Pascua.
Para comprender lo anterior, debemos recordar que la referida ínsula se encuentra
emplazada donde finaliza la influencia asiática en el Pacífico Sur, en especial la china y
japonesa, lo que al mismo tiempo nos permite señalar que Chile no limita al Oeste con
el Océano Pacífico sino, entre otros, con Francia y Reino Unido, y al Norte con EE.UU.
(Tahiti, Islas Pitcairn, Hawái), dado que Isla de Pascua –también conocida como Isla
del Este o Easter Island– se constituye como el vértice Este del denominado Triángulo
Polinésico, constituido además por Nueva Zalanda y Hawái. Lo anterior sin perjuicio de
los territorios marítimos que Chile controla bajo dicha posesión insular.
De este modo, las decisiones que se adopten comprometen a todo el pueblo chileno, el cual está siendo observado con lupa por la Comunidad Internacional, la que a
su vez, al igual que nuestra nación, se ha visto consternada por la militarización de que
ha sido objeto Rapa Nui desde que comenzaron las reinvidicaciones territoriales de su
pueblo. No se han desvanecido de la retina global la violencia policíaca ejercida por las
autoridades administrativas, que amparándose en normas especiales lograron evitar los
controles jurisdiccionales al ordenar el desalojo del denominado Centro Cívico de Haŋa
Roa, sin pasar por el cedazo judicial (como en los viejos tiempos), violencia que se tradujo en la utilización de armas de fuego para desocupar inmuebles que son utilizados
por diversos servicios públicos e instituciones del Estado emplazadas en Isla de Pascua.
Estos servicios, desde una perspectiva de Derecho Internacional, constituyen Territorios
Indígenas, respecto de los cuales Chile se alza como propietario en virtud de un título
de dominio que tiene su génesis, como ya se expresó, en la Inscripción de las tierras de
Isla de Pascua a nombre del Estado de Chile en 1933. Esto constituye un acto de usurpación al pueblo originario rapanui, encontrándose el Estado chileno en la obligación
de restitución de dichas tierras La situación ha sido reconocida por el Estado chileno,
que ha intentado remediar sin resultados mediante las cesiones relatadas, del Decreto
Ley 2.885 y del Art. 69 de la Ley Indígena, que autorizan transferencias en dominio a
título “gratuito” de tierras fiscales a originarios rapanui.
193
Derechos territoriales: el caso de la familia Hito Rangi
Oscar Vargas Fuentes
Me hace sentido, a este respecto, la historia que me contó un gran amigo “continental” radicado desde la década de los 60 en la isla, en orden a lo que escuchó de una
nua (anciana rapanui), quien al ser informada por un alto funcionario de gobierno que
arribó a Isla de Pascua de que sería compensada con terrenos por el despojo que había
sufrido de los que pertenecían a sus ascendientes, le inquirió de vuelta si traía tierra
en sus maletas, dado que, según entendía ella, todo la tierra que comprende Rapa Nui
es justamente de su pueblo. Es decir, desde su lógica y visión, absolutamente válida si
adscribimos a un Derecho Internacional tutelar de los Derechos Humanos Colectivos, lo
que pretendía dicho funcionario era compensarla de un despojo con tierras que también
habían sido objeto de una usurpación a sus ancestros.
En relación a los terrenos en que se ubica el Hotel Haŋa Roa, la cuestión se complejiza aun más, dado que este se emplaza en terrenos que la propia Armada de Chile
reconoció como de propiedad de la familia Hito antes de la inscripción del año 1933.
De forma que en dichos terrenos –a mediados de la década del 60 del siglo pasado, con
el advenimiento del turismo que nace de la mano de los primeros vuelos comerciales a
Isla de Pascua por parte de LAN Chile–, el Estado decide construir una hostería estatal
en los terrenos de la familia, en donde además se permitía acampar a extranjeros.
En el año 1970 doña Verónica Atamu Pakomio, viuda de Ricardo Hito Tepihe, sucesor ancestral de Napoleón Tepihe –a quien se le entregaron las tierras a mayor cabida,
en los años 40– realiza una Cesión de Derechos Eventuales de 6.7 hectáreas a la CORFO
para la construcción de dicha hostería. Esto fue de carácter estatal, lo que en ningún
caso para ella significaba que se trataría de una situación irreversible, dado que en su
concepto el término “eventual” implicaba que no era una situación definitiva, mucho
menos perpetua; más bien implicaba una estado transitorio que obedecía a una situación de hecho que permitía que los visitantes pudiesen llevarse una buena impresión de
este naciente destino turístico. En cuanto a lo anterior, sin perjuicio de que las fuentes
a que he tenido acceso, me han señalado que la Sra. Atamu Pakomio no sabía leer y
escribir cuando realizó la Cesión, por lo que poco puede desprenderse de este particular
documento. Se trata de la única cesión efectuada por un miembro del pueblo rapanui
al Estado chileno, y no viceversa, lo que sin lugar a dudas constituye un segundo reconocimiento expreso por parte de nuestro Estado de la propiedad o dominio ancestral de
los territorios de la Familia Hito.
Con posterioridad a ello, el día 31 de octubre de 1970 el Fisco de Chile, amparado en la inscripción de dominio del año 1933, dona a CORFO por intermedio de su
filial Hotelera Nacional S.A. (HONSA) el terreno que había cedido la nua Verónica;
ello en flagrante contravención a lo estatuido en el inciso cuarto del Art. 38 de la Ley
denominada Pascua. Tal inciso, como se indicó, solo permitía entregar en concesión de
explotación a la Corporación de Fomento de la Producción o a alguna de sus empresas
o sociedades filiales, a instituciones fiscales, semifiscales y de administración autónoma,
a empresas o entidades en que tenga intervención el Fisco por aporte de capital y a los
servicios de utilidad pública, no siendo posible que el Fisco transfiriera el dominio de
dicho territorio, dado que la Ley lo único que autorizaba era la en concesión de explotación a las instituciones que dicho artículo e inciso enumeraban.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Así las cosas, en contravención de Ley, la Comisión Especial de Radicaciones autorizó a CORFO para transferir el dominio de dichos terrenos a don Hugo Salas Román,
quien no cumplía con las exigencias del D.L. 2.885, suscribiéndose el 27 de enero de
1981 la escritura pública de Compraventa del Hotel Haŋa Roa, entre CORFO y el Sr.
Salas Román, por el precio de $31.000.000. Anotamos contra ley o en contravención de
esta, dado el Decreto Ley Nº 2.885 del año 1979, que establece Normas Sobre el Otorgamiento de Títulos de Dominio y de Administración de Terrenos Fiscales en Isla de
Pascua, del Ministerio de Tierras y Colonización, que en su artículo primero facultaba al
Presidente de la República para otorgar títulos gratuitos de dominio en terrenos fiscales
de Isla de Pascua, de conformidad con dicho cuerpo legal, reservando el derecho a solicitar dichos títulos solo o exclusivamente a los pascuenses o a los chilenos originarios
o hijos de originarios de la Isla de Pascua, consagrando de esta forma, al igual que el ya
tantas veces referido Acuerdo de Voluntades, el principio de ius sanguinis, en relación a
la propiedad de los territorios que comprende Rapa Nui.
A principios de la última década del siglo pasado, el Sr. Salas Román aporta en
dominio el predio y las instalaciones del Hotel Haŋa Roa a la Sociedad Hotelera Interamericana, en pago de acciones emitidas con fecha 30 de marzo de 1990, sociedad que
pasa a estar en control de sus actuales titulares el año 2005, quienes en conocimiento
de las irregularidades que llevaron a considerar al Sr. Salas como propietario de dichos
terrenos no dudan en adquirir esa sociedad a fin de consolidar el despojo de que hoy
son víctimas los integrantes del Clan Hito Rangi. De esta manera, burlan además con
esta adquisición societaria el espíritu de la Ley N° 19.253, denominada también Ley
Indígena, la cual, en su Art. 69 de la Ley 19.253, impide la transferencia de tierras de
Isla de Pascua a quienes no sean miembros del pueblo rapanui.
Son estas serie de irregularidades las que llevaron a los Hito Rangi a utilizar la autotutela como mecanismo de solución del conflicto anotado, mecanismo que el Derecho
Internacional acepta como medio de resolución de conflicto en pueblos colonizados: el
derecho a revelarse en contra de Leyes injustas impuestas por Estados foráneos en contra de pueblos que son oprimidos. Con mucha mayor razón, este derecho de autotutela
se reivindica exponencialmente cuando las leyes del estado colonizador no son aplicadas en su cuerpo y espíritu, en tanto favorecen a los colonizados.
Aquí es menester hacer un paréntesis, dado que resulta fuerte para cualquier ciudadano chileno hablar de “pueblo colonizado” para referirse al rapanui. Sin embargo, el
pueblo rapanui, técnicamente, sí lo es. Así, ignoro, y no es materia de este artículo, dilucidar cómo debe enfrentar dicha nación su forma de relacionarse con Chile, pero lo que
sí es necesario destacar es que es el pueblo rapanui quien debe determinar, de acuerdo a
los mecanismos que establezca, la forma de relacionarse con Chile o con otras naciones.
Es por eso que no debemos olvidar, y en esto adscribo completamente la tesis de mi
distinguido colega Rodrigo Gómez Segura, que el fenómeno colonizador chileno en la
Polinesia es contemporáneo, y por ende ilegítimo, dado que esta suerte de asociación
que se vislumbra en el Acuerdo de Voluntades no produjo más efectos que la ocupación
militar-policial por parte de la Armada de Chile. Cuando esa ocupación cesa da lugar
a un proceso de colonización efectiva de Te Pito o Te Henua, con la promulgación de la
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Ley Pascua en el año 1966. A partir de esa ley se crea el Departamento de Isla de Pascua
y se concreta en definitiva la vigencia del Estado de Derecho Nacional en Isla de Pascua,
en la que hasta dicha fecha operaba solo una jurisdicción militar de connotación naval.
No debemos olvidar que más de un rapanui –algunos de ellos vivos– prefirieron huir
de Isla de Pascua, embarcándose en rudimentarias embarcaciones para así no sufrir los
atropellos clásicos de una ocupación militar que quebrantaba todos sus derechos.
Retomando la línea argumentativa expuesta hasta el momento, cabe destacar que,
viéndose agotada la vía política-administrativa –la cual a juicio de quien escribe es la
más idónea para solucionar la presente cuestión–, la familia Hito opta, como ya se indicó, por la autotutela de sus derechos violentados por décadas por un Estado indiferente,
que en vez de operar por la justicia material lo hace por la formal, dándole más valor a
una cadena “ininterrumpida de transferencias de 30 años” que a los derechos territoriales ancestrales del clan, los que pueden ser rastreados a lo menos por siete generaciones.
Este Estado ya ha dejado de ser indiferente y se ha abanderizado inexplicablemente a
favor de un conglomerado empresarial.
Para la anterior afirmación, baste recordar al Sr. Ministro del Interior, flanqueado por
la representante visible de los controladores del Hotel Haŋa Roa, doña Jeannette Schess,
y además por un senador, agradeciendo “la infinita generosidad de dicha familia”, dado
que los mismos, en forma unilateral, manifestaron su intención de restituir los terrenos
en que emplazaron su hotel a la comunidad de Rapa Nui. Esto, por supuesto, una vez
recuperada su inversión y por intermedio de una fundación o comunidad indígena,
obviando nuevamente la costumbre rapanui y sus mecanismos o formas de propiedad.
El ministro pronunció esa frase por cuanto los rapanui, como pueblo, reconocen los
derechos de propiedad que les asiste al clan Hito Rangi sobre los territorios en que se
emplaza el Hotel Haŋa Roa, amén de que resulta dudoso, o al menos controversial, que
se pretenda incorporar como directores de dicha Fundación o Comunidad a quienes
autorizaron y/o aprobaron el proyecto del denominado hotel, especialmente si todos
ellos sabían que la transferencia que se hizo de dichos terrenos al Sr. Salas era ilegal.
Esta aclaración unilateral, que fue asumida como única alternativa mediática posible
para salvar el desprestigio global que generan alternativas económicas no sustentables
desde una perspectiva étnica, no es menor que una apuesta de turismo de étnico como
la que pretende generar el Hotel Haŋa Roa, en abierto conflicto con miembros del pueblo y del cual pretenden valerse para generar dicha opción, la que a estas alturas resulta
absolutamente inviable.
En fin, la Hotelera Panamericana pensó que invertir U$ 50 millones bastaría para
doblegar la voluntad de una tremenda familia, la cual se preparó emocional e intelectualmente para el gran paso que concretaría el día 1 de Agosto de 2010, cuando comienzan los actos de recuperación territorial de la familia Hito al ingresar a sus territorios
ancestrales que injustamente le fueron despojados hace cuatro décadas.
De modo que nadie pensó que un grupo de pascuenses iban a ser capaces de alterar
su destino mediante una inquebrantable voluntad, la cual no se ha dejado seducir por
el dinero –¿o quién lee este artículo cree que no existieron ofrecimientos económicos en
favor de la familia Hito mediante los cuales se intentó doblegar dicha movilización?–.
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Su movilización no fue quebrantada por el dinero, pero sí lo fue, momentáneamente,
por el ente persecutor y por la policía, quienes, pese a existir dos resoluciones judiciales
que no autorizaban el ingreso de agentes ejecutores al domicilio de mis representados,
lo allanaron ilegalmente, deteniendo a dos miembros de dicho clan en abierta infracción de las normas que el nuevo código de enjuiciamiento criminal contempla y, lo
que es aún peor, valiéndose de vehículos de la controladora del Hotel Haŋa Roa para
transportar a los funcionarios policiales que realizaron dichas diligencias arbitrarias e
ilegales, situación que fue oportunamente denunciada ante el Ministerio Público y que
se encuentra en etapa de investigación desformalizada.
Son este cúmulo de antecedentes los que nos llevan a preguntarnos legítimamente
qué espera el Gobierno para intervenir; la solución está en sus manos, la expropiación
como alternativa constitucional aparece como razonable para dar una solución jurídica,
económica y política a la encrucijada que hemos planteado… ¿Qué espera el Gobierno?
Finalmente, como alguna vez escuché, no me cabe duda que los rapanui están dispuestos a morir por su causa.
197
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Lira popular
La revolución de los dictatoriales*
Adolfo Reyes
Por formar revolución
Estan los dictatoriales
Sera causa de los males
I ruina de la Nacion.
El domingo a la oracion
Según lo dice “El Chileno.”
El plan que hallaban tan bueno
Lo quisieron efectuar
I hubieron de fracasar
En el movimiento pleno.
A la hora de retreta
Se decía en realidad
Que a la oficialidad
Se ultimaría completa
I se a dado con la veta
De la famosa bolina
Cuarto i séptimo de línea
Eran los amenasados
En esa grau Sabatina.
Las cavesillas estaban
En tres grupos divididos
I cada cual reunidos
Ya sus planes preparaban
La hora cruel esperaban
Cuando un piquete llegó
de soldados i los pilló
En ese plan inaudito
I al cuartel mui cayadito
Cada grupo se enserró
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. (N. del E.)
201
La revolución de los dictatoriales
Adolfo Reyes
En el lado ultramapocho
Se situaba una cuadrilla
I la otra por la orilla
de Matucana a las ocho
Como comerse un biscocho
Hiba a ser la revolución
Esta gran conspiración
Por cierto fue mal urdida
I tal trama consabida
A causa admiracion.
Al fin pues público amado
Aquí podrás convenserte
Que no combiene meterte
En semejante atentado
Por que el tiempo ya pasado
De la tan cruel dictadura
Nos causa tanta amargura
I que vuelva nos es posible
La guerra será terrible
Si evitar no se procura.
202
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
PIECECITOS*
Gabriela Mistral
a doña Isaura Dinator
Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!
¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!
El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;
que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.
Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.
Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Mistral,
Gabriela y Calderón, Alfonso, Antología poética de Gabriela Mistral, Santiago: Editorial Universitaria,
2001. (N. del E)
203
Balance Patriótico
Vicente Huidobro
Balance Patriótico*
Vicente Huidobro
Un país que apenas a los cien años de vida está viejo y carcomido, lleno de tumores y de
supuraciones de cáncer como un pueblo que hubiera vivido dos mil años y se hubiera
desangrado en heroísmos y conquistas.
Todos los inconvenientes de un pasado glorioso pero sin la gloria. No hay derecho
para llegar a la decadencia sin haber tenido apogeo. Un país que se muere de senectud y
todavía en pañales es algo absurdo, es un contrasentido, algo así como un niño atacado
de arterioesclerosis a los once años.
El sesenta por ciento de la raza, sifilítica. El noventa por ciento, heredo-alcohólicos
(son datos estadísticos precisos); el resto insulsos y miserables a fuerza de vivir entre la
estupidez y las miserias. Sin entusiasmo, sin fe, sin esperanzas. Un pueblo de envidiosos, sordos y pálidos calumniadores, un pueblo que resume todo su anhelo de superación en cortar las alas a los que quieren elevarse y pasar una plancha de lavandera sobre
el espíritu de todo aquel que desnivela el medio estrecho y embrutecido.
En Chile cuando un hombre carga algo en los sesos y quiere salvarse de la muerte,
tiene que huir a países más propicios llevando su obra en los brazos como la Virgen llevaba a Jesús huyendo hacia Egipto. El odio a la superioridad se ha sublimado aquí hasta
el paroxismo. Cada ciudadano es un Herodes que quisiera matar en ciernes la luz que
se levante. Frente a tres o cuatro hombres de talento que posee la República, hay tres
millones setecientos mil Herodes.
Y luego la desconfianza, esa desconfianza del idiota y del ignorante que no sabe
distinguir si le hablan en serio o si le toman el pelo. La desconfianza que es una defensa orgánica, la defensa inconsciente del cretino que no quiere pasar por tal y cree que
sonriendo podría enmascarar su cretinismo, como si la mirada del hombre sagaz no
atravesara su sonrisa mejor que un reflector.
El huaso macuco disfrazado de médico que al descubrirse la teoría microbiana exclama: a mí no me meten el dedo en la boca; el huaso macuco disfrazado de artista o de
político que cree que diciendo: no comprendo, mata a alguien en vez de hacer el mayor
elogio.
Por eso Chile no ha tenido grandes hombres, ni podrá tenerlos en muchos siglos.
¿Qué sabios ha tenido Chile? ¿Qué teoría científica se debe a un chileno? ¿Qué teoría
filosófica ha nacido en Chile? ¿Qué principio químico ha sido descubierto en Chile?
¿Qué político chileno ha tenido trascendencia universal? ¿Qué producto de fabricación
chilena o qué producto del alma chilena se ha impuesto en el mundo?
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Huidobro, Vicente, “Balance Patriótico”, en Acción, año I (número 4), 8 de agosto de 1925. (N. del E.)
204
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
No recuerdo nunca en una universidad de Europa, ni en Francia, ni Alemania; ni en
ningún otro país haber oído el nombre de un chileno, ni haberlo leído en ningún texto.
Esto somos y no otra cosa. Es preciso que se diga de una vez por todas la verdad,
es preciso que no vivamos sobre mentiras, ni falsas ilusiones. Es un deber, porque sólo
sintiendo palpitar la herida podremos corregirnos y salvarnos aún a tiempo y mañana
podremos tener hombres y no hombrinos.
Decir la verdad significa amar a su pueblo y creer que aún puede levantársele y yo
adoro a Chile, amo a mi patria desesperadamente, como se ama a una madre que agoniza.
Recorred nuestros paseos, mirad las estatuas de nuestros hombres de pensamiento:
¡qué cisos (sic) de valores efectivos! A la excepción de 4 ó 5, ninguno de ellos habría
sabido responder en un examen universitario de hombres serios ¡qué sabios de aldea,
qué cerebros más primarios!
¿En dónde fuera de aquí iban a tener estatuas esos pobrecitos?
Es necesario levantar estatuas en los paseos y como no hay a quién elevárselas, el
pueblo busca el primero que pilla, y cuando es el pueblo el que levanta monumentos,
ellos surgen debido a las influencias de familias, son los hijos que levantan monumento
al papá en agradecimiento por haberlos echado al mundo. ¡Es conmovedor!
¿Y el mérito, en dónde está el mérito? El pueblo pasa soñoliento y lánguido, arrastrando su cuerpo como un saco de pestes, su cuerpo gastado por la mala alimentación
y carcomido de miserias y entre tanto la sombra de Francisco Bilbao llora de vergüenza
en un rincón. ¿Qué hombre ha sabido sintetizar el alma nacional?
¡Pobre país; hermosa rapiña para los fuertes!
Y así vienen, así se dejan caer sobre nosotros; las inmensas riquezas de nuestro suelo
son disputadas a pedazos por las casas extranjeras y ellos viendo la indolencia y la imbecilidad troglodita de los pobladores del país, se sienten amos y les tratan como a lacayos,
cuando no como a bestias. Ellos fijan los precios de nuestra materia prima al salir del
país y luego nos fijan otra vez los precios de esa misma materia prima al volver al país
elaborada. Y como si esto fuera poco, ellos fijan el valor cotidiano de nuestra moneda.
Vengan los cuervos. Chile es un gran panizo. A la chuña, señores, corred todos, que
todavía quedan migajas sobre la mesa.
¡Es algo que da náuseas!
Chile aparece como un inmenso caballo muerto, tendido en las laderas de los Andes
bajo un gran revuelo de cuervos.
El poeta inglés pudo decir: “Algo huele a podrido en Dinamarca”, pero nosotros, más
desgraciados que él, nos veremos obligados a decir: “Todo huele a podrido en Chile”.
Un gran banquero alemán decía en una ocasión a un ex encargado de negocios de
Chile en Austria: “Los políticos chilenos se cotizan como las papas”, y un magnate de las
finanzas francesas decía otra vez, y esto lo oí yo: “Desde que a los políticos argentinos
les dio por ponerse honrados, el gran panizo para los negocios es Chile”.
Y esos prohombres de la política chilena, esos señores que entregarían el país maniatado por una sonrisa de Lord Curzon y unos billetes de Guggenheim, no se dan cuenta
que cada vez que esos hombres les dan la mano, les escupen el rostro.
¡Qué desprecio deben sentir los señores del cobre por sus abogados!
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Balance Patriótico
Vicente Huidobro
¡Qué asco debe sentir en el fondo de su alma el amo de nuestras fuerzas eléctricas
por los patrióticos tinterillos que defienden sus intereses en desmedro de los intereses
del país!
Y no es culpa del extranjero que viene a negocios en nuestra tierra. Se compra lo que
se vende; en un país en donde se vende conciencias, se compra conciencias. La vergüenza es para el país. El oprobio es para el vendido, no para el comprador.
Frente a la antigua oligarquía chilena, que cometió muchos errores, pero que no se
vendía, se levanta hoy una nueva aristocracia de la banca, sin patriotismo, que todo lo
cotiza en pesos y para la cual la política vale tanto cuanto sonante pueda sacarse de ella.
Ni la una ni la otra de estas dos aristocracias ha producido grandes hombres, pero la
primera, la de los apellidos vinosos, no llegó nunca a la impudicia de esta obra de los
apellidos bancosos.
La historia financiera de Chile se resume en la biografía de unos cuantos señores que
asaltaban el erario nacional, como Pancho Falcato asaltaba las casas de una hacienda.
Pero aquéllos más cobardes que éste, porque el célebre bandido por lo menos exponía
su pellejo.
¡Pobre Chile! Un país que ha tenido por toda industria el aceite de Santa Filomena
y los dulces de la Antonia Tapia. (Chile tiene hierro, Chile entero es un gran bloque de
hierro y no posee Altos Hornos. La Argentina no tiene hierro y tiene Altos Hornos).
¿Y la Justicia?
La Justicia de Chile haría reír, si no hiciera llorar. Una Justicia que lleva en un platillo
de la balanza la verdad y en el otro platillo, un queso. La balanza inclinada del lado del
queso.
Nuestra Justicia es un absceso putrefacto que empesta el aire y hace la atmósfera
irrespirable. Dura o inflexible para los de abajo, blanda y sonriente con los de arriba.
Nuestra Justicia está podrida y hay que barrerla en masa. Judas sentado en el tribunal
después de la crucificación, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su infamia,
mientras interroga a un ladrón de gallinas.
Una Justicia tuerta. El ojo que mira a los grandes de la tierra, sellado, lacrado por un
peso fuerte y sólo abierto el otro, el que se dirige a los pequeños, a los débiles.
Buscáis a los agitadores en el pueblo. No, mil veces no; el más grande agitador del
pueblo es la Injusticia, eres tú mismo que andas buscando a los agitadores de abajo y
olvidas a los de arriba.
Las instituciones, las leyes, acaso no sean malas, pero nunca hemos tenido hombres,
nunca hemos tenido un alma, nos ha faltado el Hombre.
El pueblo lo siente, lo presiente y se descorazona, se desalienta, ya no tiene energías
ni para irritarse, se muere automáticamente como un carro cargado de muertos que
sigue rodando por el impulso adquirido.
Hace días he visto al pueblo agrupado en torno a la estatua de O’Higgins. ¿Qué hacían esos hombres al pie del monumento? ¿Qué esperaban? ¿Buscaban acaso protección
a la sombra del gran patriota?
Tal vez creían ellos que el alma del Libertador flotaba en el aire y que de repente iba
a reencarnarse en el bronce de su estatua y saltando desde lo alto del pedestal se lanzaría
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
al galope por calles y avenidas, dando golpes de mandoble hasta romper su espada de
tanto cortar cabezas de sinvergüenzas y miserables.
No valía la pena haberos libertado para que arrastrarais de este modo mi vieja patria,
gritaría el Libertador.
Y luego, como una trompeta, exclamara a los cuatro vientos: despiértate, raza podrida, pueblo satisfecho en tu insignificancia, contento acaso de ser un mendigo harapiento del sol, resignado como un Job que lame su lepra en un establo.
Los países vecinos pasan en el tren del progreso hacia días de apogeo y de gloria.
El Brasil, la Argentina, el Uruguay ya se nos pierden de vista y nosotros nos quedamos
parados en la estación mirando avergonzados el convoy que se aleja. Hasta el Perú
hoy es ya igual a nosotros y en cinco años más, en manos del dictador Leguía, nos
dejará también atrás, como nos dejará Colombia, que se está llenando de inmigrantes
europeos.
¿Y esto debido a qué? Debido a la inercia, a la poltronería, a la mediocridad de
nuestros políticos, al desorden de nuestra administración, a la chuña de migajas y, sobre
todo, a la falta de un alma que oriente y que dirija.
Un Congreso que era la feria sin pudicia de la imbecilidad. Un Congreso para hacer
onces buenas y discursos malos.
Un municipio del cual sólo podemos decir que a veces poco ha faltado para que
un municipal se llevara en la noche la puerta de la Municipalidad y la cambiase por la
puerta de su casa. Si no empeñaron el reloj de la Intendencia y la estatua de San Martín,
es porque en las agencias pasan poco por artefactos desmesurados.
¿Hasta cuándo, señores? ¿Hasta cuándo?
Es inútil hablar, es inútil creer que podemos hacer algo grande mientras no se sacuda todo el peso muerto de esos viejos políticos embarazados de palabras ñoñas y de
frases hechas.
Al día siguiente del 23 de enero, cuando el país estaba sobre un volcán, ¿saben ustedes en qué se entretenía una de las lumbreras de nuestra vieja politiquería, a quienes
preguntaban los militares qué opinaban sobre la designación de don Emilio Bello para
ponerle al frente del Gobierno? En dar una conferencia de dos horas para probar que el
nombramiento de don Emilio Bello era razonable, pues este caballero había sido Ministro de Relaciones cuando el General Altamirano era Ministro del Interior; por lo tanto,
pasando el Ministro del Interior a la Jefatura del país, al Ministro de Relaciones le tocaba
pasar al Interior, automáticamente, según las leyes, a la Vicepresidencia de la República,
en caso de quedar vacante la Presidencia, y por lo tanto…, etc.
No se le ocurrió por un momento hablar de la competencia ni de la energía, ni de
los méritos o defectos del señor Bello. El pobre hombre estaba buscando argucias justificativas cuando se trataba de obrar rápidamente, hipnotizado por las palabras cuando
había que saltar por encima de todo. Pobre atleta enredado en la madeja de lanas de una
abuela cegatona, en los momentos en que la casa está ardiendo.
He ahí el símbolo de nuestros políticos. Siempre dando golpes a los lados, jamás
apuntando el martillazo en medio del clavo. Cuando se necesita una política realista y
de acción, esos señores siguen nadando sobre las olas de sus verbosidades.
207
Balance Patriótico
Vicente Huidobro
Por eso es que toda nuestra insignificancia se resuelve en una sola palabra: Falta
de alma.
¡Crisis de hombres! ¡Crisis de hombres! ¡Crisis de Hombre!
Porque, como dice Guerra Junqueiro, una nación no es una tienda, ni un presupuesto una Biblia. De la mera comunión de vientres no resulta una patria, resulta una
piara. Socios no es lo mismo que ciudadanos. Al hablar de Italia decimos: la Italia del
Dante, la Italia de Garibaldi, no la Italia de Castagneto, y es que el espíritu cuenta y
cuenta por sobre todas las cosas, pues sólo el espíritu eleva el nivel de una nación y de
sus compatriotas.
Se dice la Francia de Voltaire, de Luis XIV, de Víctor Hugo, la Francia de Pasteur;
nadie dice la Francia de Citroen, ni de monsieur Cheron. Nadie dice la España de Pinillos, sino la España de Cervantes. Y Napoleón sólo vale más que toda la historia de la
Córcega; como Cristóbal Colón vale más que toda la historia de Génova.
El mundo ignorará siempre el nombre de los pequeños politiquillos y comerciantes
que vivieron en la época de los grandes hombres. Sólo aquellos que lograron representar
el alma nacional llegaron hasta nosotros; de Grecia guardamos en nuestro corazón el
nombre de Platón y de Pericles, pero no sabemos quiénes eran sus proveedores de ropa
y alimentos.
En Chile necesitamos un alma, necesitamos un hombre en cuya garganta vengan a
condensarse los clamores de tres millones y medio de hombres, en cuyo brazo vengan
a condensarse las energías de todo un pueblo y cuyo corazón tome desde Tacna hasta el
Cabo de Hornos el ritmo de todos los corazones del país.
Y que este hombre sepa defendernos del extranjero y de nosotros mismos.
Tenemos fama de imperialistas y todo el mundo nos mete el dedo en la boca hasta
la campanilla. Nos quitan la Patagonia, la Puna de Atacama, firmamos el Tratado de
Ancón, el más idiota de los tratados, y nos llaman imperialistas.
Advirtiendo de pasada que hubo un ministro de Chile en Argentina, el ministro Lastarria, que tuvo arreglado el asunto de la Patagonia, dejando a la Argentina como límite
sur el Río Negro, y este ministro fue retirado de su puesto por antipatriota. Tal ha sido
siempre la visión de nuestros gobernantes. Los huasos macucos tan maliciosos y tan
diablos y sobre todo tan boquiabiertos.
Necesitamos lo que nunca hemos tenido, un alma. Basta repasar nuestra historia.
Necesitamos un alma y un ariete, diré parafraseando al poeta íbero.
Un ariete para destruir y un alma para construir.
El descontento era tan grande, la corrupción tan general, que dos revoluciones militares estallaron al fin: la del 5 de septiembre de 1924 y la del 23 de enero de 1925.
La primera giraba a todos los vientos como veleta loca, para caer luego en el mismo
desorden y en la misma corrupción que atacara en el Gobierno derrocado, echando
sobre las espaldas de un solo hombre culpas que eran de todos; pero más que de nadie,
de aquellos que, en vez de ayudarle, amontonaban los obstáculos en su camino. La
segunda, hecha por un grupo de verdaderos idealistas, se diría que principia a desflecarse y a perder sus rumbos iniciales al solo contacto de la eterna lepra del país, los
políticos viejos.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
¿Hasta cuándo tendrán la ingenuidad de creer que esa gente va a enmendarse y cambiar de un solo golpe sus manías del pasado, arraigadas hasta el fondo de las entrañas,
como quien se cambia un paletó?
Dos revoluciones llenas de buenos propósitos, pero escamoteadas por los prestidigitadores de la vieja politiquería, de esa vieja politiquería incorregible y con la cual no
hay que contar sino para barrerla.
El país no tiene más confianza en los viejos, no queremos nada con ellos. Entre ellos,
el que no se ha vendido, está esperando que lo compren. Y no contentos con tener las
manos en el bolsillo de la nación, no han faltado gobernantes que emplearán a costillas
del Fisco a más de alguna de sus conquistas amorosas, pagando con dineros del país sus
ratos de placer. ¿Y éstos son los que se atreven a hablar de patriotismo? Roban, corrompen las administraciones y, como si esto fuera poco, convierten al Estado en un cabrón
de casa pública.
¿Qué se puede esperar de un país en el cual al más grande de los ladrones, al que
comete la más gorda de las estafas, se le llama admirativamente: ¡gallo padre!? Este es
un peine, dicen, y lo dejan pasar sin escupirle el rostro.
Se dice que el robo lo tenemos en la sangre, que es herencia araucana. Bonita disculpa de francachela. Pues bien, si lo tenemos en la sangre, quiere decir que hay que
extirparlo cortando cabezas. Por ahí sale la sangre. Si no hay más remedio, que salga
como un río.
¡Qué mueran ellos, pero no muera el país!
Que suban al arca unos cuantos Noé y los demás perezcan en el diluvio de la sangre
pútrida.
Como la suma de latrocinios de los viejos políticos es ya inconmesurable, que se vayan, que se retiren. Nadie quiere saber más de ellos. Es lo menos que se les puede pedir.
Entre la vieja y la nueva generación, la lucha va a empeñarse sin cuartel. Entre los
hombres de ayer sin más ideales que el vientre y el bolsillo, y la juventud que se levanta
pidiendo a gritos un Chile nuevo y grande, no hay tregua posible.
Que los viejos se vayan a sus casas, no quieran que un día los jóvenes los echen al
cementerio.
Todo lo grande que se ha hecho en América y sobre todo en Chile, lo han hecho los
jóvenes. Así es que pueden reírse de la juventud. Bolívar actuó a los 29 años. Carrera, a
los 22; O’Higgins, a los 34, y Portales, a los 36.
Que se vayan los viejos y que venga juventud limpia y fuerte, con los ojos iluminados de entusiasmo y de esperanza.
8 de agosto de 1925.
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Los Siúticos
Pablo Neruda
Los Siúticos*
Pablo Neruda
Entre la miasma ganadera
o papelera, o coctelera
vivió el producto azul, el pétalo
de la podredumbre altanera.
Fue el “siútico” de Chile, el Raúl
Aldunatillo (conquistador
de revistas con manos ajenas,
con manos que mataron indios),
el Teniente cursi, el Mayor
Negocio, el que compra letras
y se estima letrado, compra
sable y se cree soldado,
pero no puede comprar pureza
y escupe entonces como víbora.
Pobre América revendida
en los mercados de la sangre,
por los mugrones enterrados
que resurgen en el salón
de Santiago, de Minas Geraes
haciendo “elegancia”, caninos
caballeretes de “boudoir”,
pecheras inútiles, palos
del golf de la sepultura.
Pobre América, enmascarada
por elegantes transitorios,
falsificadores de rostros,
mientras, abajo, el viento negro
hiere el corazón derribado
y rueda el héroe del carbón
hacia el osario de los pobres,
barrido por la pestilencia,
cubierto por la oscuridad,
dejando siete hijos hambrientos
que arrojarán a los caminos.
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Neruda, Pablo, Canto General, Santiago: Pehuén Editores, 2005, págs. 206-207p. (N. del E.)
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Breve historia de mi vida*
Stella Díaz Varín
Comando soldados.
Y les he dicho acerca del peligro
de esconder las armas
bajo las ojeras.
Ellos no están de acuerdo.
Y como están todo el tiempo discutiendo
siempre traen perdida la batalla.
Uno ya no puede valerse de nadie.
Yo no puedo estar en todo;
para eso pago cada gota de sangre
que se derrama en el infierno.
En el invierno, debo dedicarme
a oxidar uno que otro sepulcro.
Y en primavera, construyo diques
destinados a los naufragios.
Así es, en fin...
Las cuatro estaciones del año
no me contemplan, sino trabajando.
Enhebro agujas
para que las viudas jóvenes
cierren los ojos de sus maridos,
y desperdicio minutos, atisbando
a la entrada de una flor de espliego
de una simple abeja,
para separarla en dos,
y verla desplazarse:
la cabeza hacia el sur
y el abdomen hacia la cordillera.
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Díaz
Varín, Stella, Los dones previsibles, Santiago: Editorial Cuarto Propio, 1992, págs. 24-25. (N. del E.)
211
Breve historia de mi vida
Stella Díaz Varín
Así es
como el día de Pascua de Resurrección
me encuentra fatigada,
y sin la sombra habitual
que nos hace tan humanos
al decir de la gente.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Óvulos*
Heddy Navarro
Yo
la dictadora la esclava
la demócrata
la monarca la socialista la exótica
de Salgari la mapuche heroica
La janequeo
la Inés de Suárez la Tania de Bolivia
La miss mundo del año entrante
La secretaria
la maniquí de la Botique la Jenny de
Carlos Marx
La Evita de Buenos Aires
La Matahari
la Krupskaia
de Lenin
la Amanda de la fábrica
la Rosa de la cocina
la Juana lavandera
la Isidora de Duncan la ñusta tirana
la señora de los milagros
la difunta Correa
que dio de mamar a su hijo
después de muerta
la Quintrala de los ríos
la fiura de Chiloé
la Juana la Alfonsina la Gabriela
la progenitora de los Incas
la machi del Nguillatún
la Meica
Yo la parturienta
seguiré pariendo hombres
a pesar de la bomba de neutrones
y las verdades absolutas
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Navarro Harris, Heddy, Óvulos, http://www.palabrademujer.cl/ovulos/ovulos_6.htm, [consulta: 10 agosto
2011]. (N. del E.)
213
Fragmento de la bandera de Chile
Elvira Hernández
Fragmento de la bandera de Chile*
Elvira Hernández
A la Bandera de Chile la tiran por la ventana
la ponen para lágrimas en televisión
clavada en la parte más alta de un Empire Chilean
en el mástil centro del Estadio Nacional
pasa un orfeón
pasa un escalón
dos tres cuatro
La Bandera de Chile sale a la cancha
en una cancha de fútbol se levanta la Bandera de Chile
la rodea un cordón policial como un estadio olímpico
(todo es estrictamente deportivo)
La Bandera de Chile vuela por los aires
echada a su suerte
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Hernández, Elvira, La bandera de Chile, Buenos Aires: Ediciones Tierra Firme, 1991, pág. 17. (N. del E.)
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Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
DE LOS ANCIANOS QUE APRIETAN SU PUÑO
Y LO LEVANTAN CUANDO CANTAN*
José Ángel Cuevas
Viejo:
tú nunca volverás a ser feliz.
Nadie te propondrá ½ litro más de nada
ni leche leña
Ropa limpia
nadie nacionalizará ya ninguna cosa
no pienses en un centímetro de tierra
alguna canción para ti, nada.
Olvídate.
Tú no estás considerado en esta vuelta
Viejo’e mierda
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Cuevas,
José Ángel, Adiós Muchedumbres, Santiago de Chile: Editorial América del Sur, 1989, pág. 85. (N. del E.)
215
Poema de Profecía en Blanco y negro
Cesar Millahueique
Poema de Profecía en Blanco y negro*
Cesar Millahueique
Los pájaros temblaron en mi esqueleto y caí al vacío de las calles, loca de sensaciones,
de sonidos y de fuegos proyectando al mundo, a multitudes y animales de las especies
más diversas, de los pueblos más antiguos, pastando en el círculo del bien y del mal, en
el útero del día y de la noche.
Permanecí desnuda ante el juicio final, los jueces se susurraban unos a otros y con señas
ordenaban recalentar los fierros en el brasero central de la sala, el chisporroteo se elevaba y los fuelles a todo dar por un verdugo que se esmeraba por mantener los fierros
al rojo vivo.
Cerré los ojos y el aroma a metal fundido atravesó mi espíritu y volé junto a los átomos
que llovían hacia el universo; en esa lluvia que descarnaba mis huesos supe de otros
mundos y de otras alegrías…
Antes que el sol caiga al poniente de las autopistas, la danza explota al son de los sintetizadores electrónicos, y el sonido elevado a lo sublime expira en medio de los dioses
que se cortan las muñecas, se degüellan y desaparecen entre explosiones fosforescentes.
Una voz emerge entre alucinaciones tras la cabalgata ceremonial y sentencia “Mujer,
bebe sobre el ojo hasta el infinito de un pájaro”…
Me muestra el espacio, el universo, la velocidad de la flecha y en off me dice “tendrás
que prender el televisor”.
Las imágenes corren desbordando la pantalla en voces precolombinas, todas adosándose en mi retina, en mis caderas, consumiéndose en mis senos, llevándome al agudo
enigma sensorial, al off de la sentencia… “Ve al mar, se te ha dado el secreto de los pájaros…” entonces lo supe, puedo volar.
Los pájaros acompañaron mi destino hasta el borde de las montañas, aletearon en mi
costado y se alejaron en direcciones matemáticas.
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. Véase: Millahueique, César, Profecía en Blanco y Negro, o las 125 líneas de un vuelo, Ediciones Talleres Gráficos El
Arte, 1998, págs. 51- 59. (N. del E.)
216
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
El vuelo se hizo en las alturas y crecía ante las murallas milenarias; fui por el espacio
entre naves y satélites espías
–a la velocidad de la luz–
Fui a los astros, donde se consumen las súplicas y oraciones.
Fui a los límites donde Dios es la idea que ocultan esos veleros perdidos en la nostalgia.
Fui a los tendones del universo colgados en la utopía.
Fui al naufragio del tiempo, donde yace un vestido de novia y volé más alto hasta encontrarme reflejada en la “luna que se desangra como ano roto”…
Allí me dije, soy la que corre al pie de las montañas, la despojada de la enagua, esa que
alucina al pié de la cruz, la que pernocta en las playas del cielo…
Soy la joven contractura del Jazz, soy mi propia Vía láctea, el comienzo y término de
Dios, la contradicción más pura, el principio y el fin fluyen por mí.
Esa cósmica duda, soy yo, mirando la pupila del misterio, sí, sí, sí…sí!
Soy la que corre gritando el mar…el mar por las avenidas del país. Soy la Santa postmodernista, soy el festín de la vida, la que ama, la que odia, la que entierra a sus amantes al
borde del océano, la que busca tus labios y vomita horizontes proféticos, soy la energía
que circula en los ojos de una gata negra, soy el evangelio que abre sus piernas.
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Manifiesto (Hablo por mi diferencia)
Pedro Lemebel
Manifiesto (Hablo por mi diferencia)
Pedro Lemebel
No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
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Manifiesto (Hablo por mi diferencia)
Pedro Lemebel
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
220
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.
NOTA: Este texto, íntegro en su gramática y ortografía, fue leído como intervención en un acto político de
la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile. Véase: Lemebel, Pedro, Loco Afán, Crónicas de
sidario, Santiago: Lom Ediciones, 1997, págs. 83-90. (N. del E.)
221
Plata pa’ pan
Chinoy
Plata pa’ pan
Chinoy
De un día que parece no pasar
volteé la hoja y prendí la luz
vi mi mirar en el vidrio de un bus
me fui a comenzar
volaban mis zapatos sin betún.
De noche y de la boca de la mar
oí que el pulpo halló inútil la cruz
que el corazón del chisme era de pus,
que nada es para mal
que el beso no era calidad del rouge.
Colchón bajo una luna de cholguan
con hadas y sirenas de menú,
guitarra de una noche con San Juan,
me ganaba mi pan
entre el nunca jamás y el ataúd.
Pan, pan, pan
pan, pan, pan
pan, pan, pan
plata pa’ pan
plata pa’ pan.
Pan, pan, pan
pan, pan, pan
pan, pan, pan
plata pa’ pan
plata pa’ pan.
Pan, pan, pan
pan, pan, pan
pan, pan, pan
plata pa’ pan
plata pa’ pan.
Galán con pena estrella de pared,
pegado a los recortes de un baúl,
isla de sangre carne una vez al mes,
caricia de un después
volver al mar de este tarro de atún.
Pan, pan, pan
pan, pan, pan
pan, pan, pan
plata pa’ pan
plata pa’ pan.
De un día que parece resbalar
bajo la manga de un ebrio tahúr
salté croando que soy príncipe azul,
anfibio de ciudad,
morboso y bostezando a todo full.
222
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
LIRA POPULAR
Quejas del pobre roto chileno*
José Dolores Rebolledo
Yo soy el ser desgraciado,
Yo soy el triste viviente,
Pero soy el más potente
Aunque soy desheredado.
I
En medio de mis miserias,
De mi triste sufrimiento
Paso mi vida contento
Si estoy labrando la tierra;
Trepo á caballo la sierra
Si del patrón soy mandado
En busca de su ganado,
Y sin comer ni almorzar
Dos días suelo pasar;
Yo soy el ser desgraciado.
II
Trabajo de noche y día
Por un tan corto salario
Que con lo que gano diario
No tengo para comida
Juntos con mi Eva querida
Estamos continuamente
Pasando mil contingentes
Comiendo malos porotos:
Como soy un pobre roto
Yo soy el triste viviente.
*
El presente texto se conserva íntegro, atendiendo a la gramática y ortografía del original. (N. del E.)
223
Quejas del pobre roto chileno
José Dolores Rebolledo
III
Con todo eso mal comido,
Mal tratado en todo tiempo,
Viviendo en mal aposento
Paso muy entretenido
Y con mis hijos queridos
Paso el invierno inclemente
Dándome diente con diente
De frío y de desnudez
Me quejo de mi escasez
Pero soy el más potente.
IV
Mi valor a toda prueba
Ha dejado un ejemplar
En la tierra y en el mar;
Soy un héroe en la pelea
Que mi patria no se vea
Jamás su honor deshonrado;
De ese pendón azulado
Que blanca estrella agiganta
Soy otro valiente Esparta
Aunque soy desheredado.
Nunca bien correspondido
Soy del rico en recompensa
Cuando estoy en su presencia
Se muestra altanero y frío,
Siempre mal agradecido
A mi cuidado y valor
Aunque buena educación
Se halle en Mas como es desheredado
Es un pícaro, un bribón.
224
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Porfiado amor del roto
José Dolores Rebolledo
Me hallo capaz de quererte
Sin que nadie me lo impía
Esta prenda ha de ser mía
Yo pelearé hasta la muerte
I
Firme y constante te quiero;
Bien puede el fuego irritarse,
Bien puede el mundo acabarse
Traspasarme un duro acero
Digo que por ti me muero
Si no llego á merecerte;
Vengan á darme la muerte
Los pesares más profundos
Sin reparar en el mundo
Me hallo capaz de quererte.
II
Si vienen en contra mía
Ejércitos de pesares,
Aunque vinieran mil males
Yo siempre lloro por ti,
Sígase la causa en mí
Con penosa alevosía:
Esta prenda ha de ser mía
Aunque me hagan mil pedazos
Yo he de morir en tus brazos
Sin que nadie me lo impía.
III
Venga el juez más arrogante
A estorbarme que te quiera
Yo hasta la vida rindiera
Que dejar de ser tu amante
Soy más fino que el diamante
En quererte vida mía
Seguiré con mi porfía
225
Porfiado amor del roto
José Dolores Rebolledo
Y por nada cederé
Al mismo juez le diré
Esta prenda ha de ser mía.
IV
Si el mar en gran tempestad
Se me pone por delante
Yo por seguir á mi amante
Pasaré su inmensidad,
La mayor penalidad
Ni la más tremenda suerte
Yo te amaré hasta la muerte
Nadie se opondrá en mi intento:
Contra los cuatro elementos
Yo pelearé por quererte.
V
Venga fuego, mar y viento
Contra mí la tempestad
Pesares, calamidad,
Ni los más crueles tormentos
Todo sufriré contento
Por este amor tan profundo
Ni el huracán tremebundo
Me podrá atemorizar
No te dejaré de amar
Aunque se me oponga el mundo.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
CANCIONES DE PROTESTA seleccionadas*
1er lugar:
EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN
Los Prisioneros
Es otra noche más
de caminar
es otro fin de mes
sin novedad.
Tus amigos se quedaron igual que tú
este año se les acabaron
los juegos... los 12 juegos.
Unanse al baile de los que sobran
nadie nos va a echar de más
nadie nos quiso ayudar de verdad
Unanse al baile de los que sobran
nadie nos va a echar de más
nadie nos quiso ayudar de verdad.
Bajo los zapatos
barro más cemento
el futuro no es ninguno
de los prometidos en los 12 juegos.
Nos dijeron cuando chicos
jueguen a estudiar
los hombres son hermanos
y juntos deben trabajar.
Oían los consejos
los ojos en el profesor
había tanto sol sobre las cabezas.
Y no fue tan verdad
porque esos juegos al final
terminaron para otros
con laureles y futuros
y dejaron a mis amigos
pateando piedras.
*
!Hey¡ Conozco unos cuentos
sobre el futuro.
¡Hey! El tiempo en que los aprendí
fue el más seguro.
A otros enseñaron secretos que a ti no
a otros dieron de verdad
esa cosa llamada educación.
Ellos pedían esfuerzo
ellos pedían dedicación
¿y para qué? para terminar bailando
y pateando piedras
Unete al baile de los que sobran
nadie nos va a echar de más
nadie nos quiso ayudar de verdad.
!Hey¡ Conozco unos cuentos
sobre el futuro.
¡Hey! El tiempo en que los aprendí
fue el más seguro.
Las canciones presentadas fueron escogidas por usuarios de Facebook a partir de una pregunta abierta
hecha en el sitio de la Universidad de Chile de dicha red social. Véase: http://www.facebook.com/questions/10150341481667040
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La muralla
Quilapayún
2do Lugar:
La muralla
Quilapayún (Letra: Nicolás Guillén)
Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos
los negros, sus manos negras
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
–¡Tun, tun!
–¿Quién es?
–Una rosa y un clavel...
–¡Abre la muralla!
–¡Tun, tun!
–¿Quién es?
–El sable del coronel...
–¡Cierra la muralla!
–¡Tun, tun!
–¿Quién es?
–La paloma y el laurel...
–¡Abre la muralla!
–¡Tun, tun!
–¿Quién es?
–El gusano y el ciempiés...
–¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo:
abre la muralla;
al veneno y al puñal:
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena:
abre la muralla;
al diente de la serpiente:
cierra la muralla;
al corazón del amigo:
abre la muralla;
al ruiseñor en la flor…
Alcemos esta muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
Al corazón del amigo:
abre la muralla;
al veneno y al puñal:
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena:
abre la muralla;
al diente de la serpiente:
cierra la muralla;
al corazón del amigo:
abre la muralla;
al ruiseñor en la flor…
¡ABRE LA MURALLA!
228
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
3er lugar:
ME GUSTAN LOS ESTUDIANTES
Violeta Parra
¡Que vivan los estudiantes,
jardín de las alegrías!
Son aves que no se asustan
de ánimas ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
¡que viva la astronomía!
¡Que vivan los estudiantes,
que rugen como los vientos!
Cuando les meten al oído
sotanas o regimientos.
Pajarillos libertarios,
igual que los elementos.
Caramba y zamba la cosa
¡vivan los experimentos!
Me gustan los estudiantes
porque son la levadura
del pan que saldrá del horno
con toda su sabrosura,
para la boca del pobre
que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa
¡viva la literatura!
Me gustan los estudiantes
porque levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho.
Caramba y zamba la cosa
¡el código del derecho!
Me gustan los estudiantes
que marchan sobre las ruinas.
Con las banderas en alto
va toda la estudiantina:
son químicos y doctores,
cirujanos y dentistas.
Caramba y zamba la cosa
¡vivan los especialistas!
Me gustan los estudiantes
que van al laboratorio,
descubren lo que se esconde
adentro del confesorio.
Ya tiene el hombre un carrito
que llegó hasta el Purgatorio
Caramba y zamba la cosa
¡los libros explicatorios!
Me gustan los estudiantes
que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura,
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa
¡Qué viva toda la ciencia!
229
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
El Alumbrado (1986) de Gonzalo Rojas
Cristian Foerster Montecino
El lugar del trono de Gonzalo Rojas en el panteón poético nacional –precedido por
Mistral, Neruda, Huidobro y de Rokha–, a diferencia del de Parra, siempre ha estado en
cuestión. Su obra no es monumental, como la de Neruda o de Rokha, ni misteriosa y
profunda como la de Mistral, ni tampoco vanguardista-fundacional, como la de Parra o
Huidobro. Su obra está compuesta por unos doscientos muy buenos poemas, reescritos
hasta el cansancio, que conforman su extensa, pero no voluminosa bibliografía. A pesar
de esto es, sin duda alguna, uno de los poetas más importantes de Chile, e incluso de
Hispanoamérica, junto a Lihn, Teillier, Anguita, Rosamel del Valle, entre muchos, muchos otros.
Rojas es como Sileno, un dios menor, un viejo sátiro, sabio y borracho, que se pierde
constantemente del cortejo de Dionisos (¿qué poeta sería nuestro Dionisos?), pero que
conoce los secretos terribles de la vida. Rojas-Sileno, su obra integra, es el nexo entre un
tiempo mítico de la poesía chilena, el de los viejos titanes, y el actual, quitado de bulla,
gobernado desde la lejanía inconmensurable de Las Cruces, por Nicanor Parra.
Siguiendo esta línea, El Alumbrado (1986), poemario publicado por la extinta Ediciones Ganymides, continúa en la misma senda de sus libros anteriores. Los treinta y
dos poemas (uno menos que la edad de Cristo) que componen este libro, giran en torno
a los tópicos típicos que han hecho conocido al poeta: la lujuria, que es imaginación,
confundida por él con el amor, la muerte y el hecho propio de crear poesía. Así, Gonzalo Rojas, en la actualidad, debe ser el gran maestro de la elegía del idioma español;
y la erudición literaria atraviesa su obra y la vincula con toda la tradición poética del
mundo. Dichas temáticas se funden y confunden unas con otras en estos poemas, que
vinieron a alumbrar –y también a refrescar– una época de la historia de Chile oscurecida
por la violencia de la dictadura. En este poemario se encuentran textos famosos como
“Qedeshím Qedeshóth”, poema sobre una prostituta que es violada apasionadamente
por el hablante, o “Sebastián Acevedo”, visión de un joven inmolado, quien encarna los
sufrimientos de todo Chile bajo la represión militar, o también poemas menos conocidos, como “Round-Trip”, inquietante reflexión o recorrido mental que comienza en una
casa de Pablo Neruda –que puede ser La Sebastiana o la de Isla Negra– y que finaliza en
el sinsentido de su presencia en ese lugar.
En este poemario, como en todo buen libro que vale la pena leer, e incluso releer,
reside un secreto, un secreto a voces, pero que Rojas –he aquí una de sus genialidades–
hace aparecer como algo novedoso: la poesía es luz, pero también oscuridad. Pienso en
esto y no puedo evitar recordar la primera y última vez que escuché al viejo Rojas recitar.
Fue en el Congreso “Chile mira a sus Poetas”, realizado por la Universidad Católica, el
año 2009. El poeta leyó y brilló, deslumbrando a todos los espectadores, en especial a las
autoridades de dicha casona de estudios, quienes escucharon estupefactos versos como:
233
El Alumbrado (1986) de Gonzalo Rojas
Cristian Foerster Montecino
Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas (Pág. 35.)
Rojas, esa noche, más que un poeta que lee con cierto recelo sus poemas, fue un
rockstar, el único rockstar que ha tenido esta isla de país, pues su vozarrón asfixiado
resonó estridente y sin tapujos de ningún tipo en un salón mojigato cuyo nombre no
recuerdo. En ese instante, el poeta me pareció un ser venido de otro tiempo, un tiempo
en que los poetas eran respetados y su sola voz llenaba estadios y hacía feliz a la gente.
Esa misma sensación me produjo la lectura de El Alumbrado: estar leyendo algo procedente de otra época, una pasada que no me tocó vivir y que contemplo como si fuera la
luz tenue de una estrella distante.
En conclusión, vale más que la pena leer, e incluso releer, este poemario y toda la
obra de Gonzalo Rojas, el más joven de los viejos poetas de la tribu, pues su luz y oscuridad, aire sucio sobre aire puro, es una brisa potente que siempre refrescará el contaminado panorama poético nacional, más allá o más acá de su reciente muerte, que esta
reseña de algún modo homenajea.
234
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Los dones previsibles de Stella Díaz Varín*
Jénifer Díaz Faúndez
“Y en esto soy enfático. Creo, y lo digo sin pudores, que casi nadie conoce la obra de
Stella Díaz Varín.” El eco de las palabras del poeta y crítico Andrés Morales todavía pesan sobre esta poeta. Cuesta entender cómo Díaz Varín (1926-2006) sigue escondida
detrás de la sombra de los mismos nombres que la veneraron (los mandragoristas, Lihn,
Teillier, e incluso el mismo Neruda). Es lamentable que el carácter crítico y transgresor
de Stella con su entorno la haya elevado al puesto de mito urbano, pero al mismo tiempo la haya difuminado del canon –o “listado”– literario chileno: se reconoce su figura,
no así su poesía. Por lo mismo, revisitar el cuarto de sus poemarios, Los dones previsibles,
constituido por un total de 27 poemas, representa un ajuste de cuentas con el olvido en
que ha caído.
En Los dones previsibles la poeta presenta sus grandes temas, y, en un viaje desde lo
íntimo a lo más abarcador, ella recorre desde su biografía hasta las principales problemáticas que observa en el ser humano: preguntas sobre la razón de la existencia, el carácter
sagrado de esta y el conflicto entre la vida y la muerte. Resaltan poemas notables tales
como “La casa”, donde una mujer encuentra cierta calma a la angustia de su vacío existencial, de su vida que bordea el abismo, cuando decide organizarla poéticamente para
reconfigurar paralelamente su cuerpo y su hogar; o “Breve historia de mi vida”, poema
cuyo sujeto se configura como mujer a través de una autobiografía que se resume en una
vida dedicada a trabajar por la muerte o bien comandar soldados que “siempre traen
perdida la batalla.” Estas imágenes se presentan indesligables de la militancia política
e ideológica de la poeta, intransable pese a su quiebre con el partido comunista, o a su
intento de asesinato durante la dictadura militar, el “tiempo del asco”, como Stella lo
denominó, tiempo durante el cual no publicó nada, volviendo a la escritura recién 33
años después con el poemario aquí reseñado.
Al recordar el pasado ideológico de la poeta, cuesta no pensar en las entrevistas
donde declaró sus principios y creencias con la misma voz, fuerte y rasgada, con que
recitaba sus poemas: “Yo creía y todavía creo que el hombre es salvado por el hombre…
Yo dije que Dios no existe, por lo tanto el hombre salva al hombre.” Díaz Varín fue una
convencida existencialista. Talvez lo más grato de escucharla hablar, o de leer sus ideas,
se encuentra en cómo manifiesta su fe por el hombre, sin siquiera dudar. En Los dones
previsibles esta fe hila todo el texto en un gran relato y, a través de una de las metáforas
más hermosas del poemario, configura lo sagrado en lo terrenal: el don, algo esencialmente divino, se vuelve previsible, observable desde lo común. A fin de cuentas, un don
para Stella es todo aquello que percibimos, ya sea otra persona, la naturaleza o el mundo
en sí, y lo sagrado de estos elementos reside en que existen, en que convivimos con ellos
*
Díaz Varín, Stella, Los dones previsibles, Santiago: Editorial Cuarto Propio, 1992, págs. 24-25.
235
Los dones previsibles de Stella Díaz Varín
Jénifer Díaz Faúndez
día a día. La poeta, queriendo compartir su secreto, nos susurra al oído la verdad que
esconden sus versos. Su poesía es así un campo de batalla contra el olvido humano, o
mejor dicho, contra eso que el hombre no puede evitar, el olvido de lo que realmente
hay que recordar.
Tras lo señalado, y para concluir, no puedo dejar de pensar que leer a Díaz Varín,
pese al paso del tiempo, sigue siendo un descubrimiento. No solo es la voz femenina de
la Generación del 50 en Chile, sino una de las más grandes voces de la poesía de este
país –de aquellas que entendían la poesía como un canto:
Por sobre todas las cosas
El canto:
El mío, el tuyo,
El nuestro.
No hay
Sino un solo canto.
…pero que por sobre todo, es la gran poeta de las verdades–.
Santiago, Agosto 2011
236
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Rongo: La Historia Oculta de Isla de Pascua,
de Patricia Stambuk*
Cristián Moreno Pakarati
La historia de Rapa Nui (Isla de Pascua) ha sido escrita siempre por extranjeros, quienes,
al menos hasta tiempos recientes, la valoraban mucho más que los propios isleños. Los
antiguos rapanui en general vivían en una especie de presente permanente y los únicos
nexos que mantenían con el pasado eran –en forma funcional– las tradiciones y leyendas. De hecho, el vocablo a’amu significa a la vez “cuento”, “leyenda” e “historia”. Pero
la influencia extranjera comenzó a aumentar el interés de los rapanui por la historia –entendida como logos– ya bien entrado el siglo XX. Sin embargo son escasos los registros
elaborados por los isleños contemporáneos sobre su historia, más allá de algunos relatos
testimoniales y los trabajos del Consejo de Jefes de 1988 (Te Mau Hatu o Rapanui) y de
la Comisión Verdad y Nuevo Trato.
En el caso de Rongo: La historia oculta de Isla de Pascua (2010), también es una persona de fuera de la Isla la que aparece como autora del libro. Sin embargo, son los rapanui
los que tienen voz en él, y Patricia Ŝtambuk se limita a presentar y contextualizar los
relatos de un gran número de informantes (todos de edad más bien avanzada) quienes
narran desde su perspectiva los hechos en torno a cada uno de los temas en los que se
divide el libro. Estos siguen un laxo orden cronológico de los hitos más importantes
de la historia reciente de Rapa Nui, consiguiendo testimonios de segunda mano sobre
acontecimientos importantes, como la llegada de la Compañía Explotadora, la llamada
“rebelión de Angata” y de primera mano sobre temas como la llegada de la administración de la Armada, los últimos años de la explotación ovejera, el encierro en Haŋa Roa
y el estigma de la lepra.
En el transcurso de la lectura del libro, el aficionado a la historia de Rapa Nui podrá darse cuenta de la sorprendente similitud entre el relato de los informantes con el
contenido que aparece en otros textos, especialmente los de Grant McCall. El alemán
Hermann Fischer, en 2001, publicó también un texto parecido, llamado Sombras sobre
Rapa Nui: Alegato por un pueblo olvidado, disponible en español y ordenado de forma
muy similar, por lo que al leer el libro de Ŝtambuk es inevitable percibir una sensación
de familiaridad. Sin embargo, la gran diferencia entre uno y otro radica en sus respectivos porcentajes de participación en cada texto. El alemán Fischer presenta algunas
citas de sus informantes (aunque manteniendo su anonimato), pero su libro se mueve
sobre sus “polémicas” interpretaciones, poniéndose claramente del lado de los rapanui
“oprimidos”. Patricia Ŝtambuk, a pesar de su buena investigación previa –que se deja
entrever en las pequeñas porciones del libro en las que interviene–, deja que el relato
fluya entre los rapanui entrevistados y genera una especie de “tertulia” de ancianos, cada
uno claramente identificado.
*
Ŝtambuk, Patricia, Rongo: La Historia Oculta de Isla de Pascua, Santiago: Pehuén, 2010.
237
Rongo: La Historia Oculta de Isla de Pascua, de Patricia Stambuk
Cristián Moreno Pakarati
Mi problema con ambos libros es que en general muestran a la comunidad rapanui
como una sola voz ante cada circunstancia del devenir histórico. Esto es comprensible
en el libro de Fischer, debido al enfoque del autor, pero no tanto en el de Ŝtambuk,
quien simplemente ordena el relato de los nativos. La historia de Pascua muestra a
una comunidad que entre 1900 y 1953 se divide entre un grupo de indiferentes, uno
de radicales anti-Compañía Explotadora y otro más cercano a la misma Compañía. En
tiempos más recientes, sobre todo a partir de los años 90 y el surgimiento de incipientes
“clases sociales”, las divisiones se reavivaron, como pudimos ver en 2010 con conflictos
asociados a la propiedad de la tierra y con las tomas de terreno que han mostrado una
comunidad dividida y repleta de tensiones internas. Estas son muy difíciles de vislumbrar en Rongo, simplificando de alguna manera la intrincada red de relaciones en Rapa
Nui, especialmente en el período de la Compañía Explotadora.
Sin embargo, el libro entrega a cambio un material de enorme valor documental
para los investigadores de esta isla. A Ŝtambuk no le interesa elaborar un relato histórico objetivo sino que develar esta –para ella– “historia oculta” que es la de los nativos,
cuestión crucial considerando que en los últimos 50 años han aparecido miríadas de
libros sobre el tema, redactados fácilmente desde un escritorio por autores que jamás
han pisado Rapa Nui ni conversado con un isleño. Si bien no concuerdo en que a estas
alturas haya una “historia oculta” de Rapa Nui, sí existe un ocultamiento: el de los relatores e informantes nativos, ocultos detrás de un nombre extranjero sobre una portada,
y oscurecidos detrás de los moai y de la postal turística. Todos conocen los libros de
Routledge, MacMillan Brown y Métraux, pero pocos a su informante clave Juan Tepano.
¿Y qué parte de los textos de Sebastián Englert corresponde a Santiago Pakarati o Mateo Veriveri? El mismo Hermann Fischer en su Alegato por un pueblo olvidado se olvida,
paradójicamente, de darle forma y nombre a sus informantes, tal vez para aumentar el
dramatismo de su relato. Ŝtambuk, en tanto, entrega el primer plano a sus informantes
con nombres, historias personales y fotografías, dejándolos incluso interactuar entre sí,
de forma que podemos sentirnos como en la Isla misma, en medio de una conversación
entre los koro y las nua de Rapa Nui.
En síntesis, el libro de Patricia Ŝtambuk es un aporte fundamental a la historia de
Rapa Nui como fuente documental, entregando por primera vez la visión de los isleños
con nombre y apellido. Es posible anticipar que será profusamente citado por otros
autores en el futuro y que servirá incluso entre la misma comunidad isleña como una
ventana a esa memoria histórica cada vez más necesaria, y que cobra cada vez mayor
fuerza en la Rapa Nui del siglo XXI.
Rapa Nui, Julio 2011
238
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
A Propósito de Eduardo Viveiros de Castro:
A INCONSTANCIA DA ALMA SELVAGEM (2002) Y METAFÍSICAS
CANÍBALES (2010)*
José Andrés Isla Madariaga
Para los seguidores del debate antropológico, en cuyo campo brilla con luz propia la
figura heterodoxa de Eduardo Viveiros de Castro, nacido en Río de Janeiro en 1951 y
profesor-investigador del Museo Nacional de Río de Janeiro, existe un libro llamado A
inconstancia da alma selvagem, que reúne los artículos más destacados escritos por Viveiros de Castro durante los años 80 y 90 del siglo pasado, todos ellos imprescindibles
para antropólogos investigadores y estudiantes avanzados. Particularmente “O mármore
e a murta: sobre a inconstância da alma selvagem” y “Perspectivismo e multinaturalismo
na América indígena” figuran entre los ensayos más importantes en la antropología contemporánea y aparecen como una lectura imprescindible para cualquier interesado en
las búsquedas de las ciencias sociales a comienzos del siglo XXI.
Estrictamente, es un libro que trata de retomar la obra de Lévi-Strauss y complementarla con un volumen impresionante de trabajo etnográfico dedicado a los pueblos
de las tierras bajas de América del Sur –que no existía cuando Lévi-Strauss escribió sus
principales obras–. El resultado alcanzado plantea una radicalidad antropológica y originalidad intelectual que sorprendió al mundillo de los antropólogos y catapultó a su
autor a un lugar de privilegio en la escena mundial de las ciencias sociales. En síntesis,
junto con la obra paralela de Marshall Sahlins, Philippe Descola, Bruno Latour (y otros
autores cercanos), este libro marca la pista de una nueva comprensión de la antropología
radicalmente influenciada por Lévi-Strauss, pero a la vez orientada hacia la construcción de un paradigma postclásico capaz de fundar una critica radical respecto de la
autosuficiencia cognitiva de la “modernidad” occidental, derivada en ideología muchas
veces vendida presuntuosamente como “ciencia social”. A falta de un concepto mejor,
podemos calificar este paradigma postclásico como una Antropología de los Mundos
Posibles.
En el contexto de lo anteriormente expuesto, no se puede pasar por alto la aparición
en español de Metafísicas caníbales (publicado originalmente en francés en 2009). Se
trata aquí, si se quiere, de radicalizar aún más el desafío, tomando al pie de la letra una
pregunta que ronda en la cabeza de todos los antropólogos, y que el mismo Viveiros de
Castro hace explícita: “¿Qué les debe conceptualmente la antropología a los pueblos que
estudia?”. Pregunta, por lo demás, urgente, porque una Antropología de los Mundos
Posibles no puede remitirse a la consideración clásica de los “nativos” como informantes y a la cultura como colección de trazos, de los que los “informantes” enteran a una
*
Viveiros de Castro, Eduardo, A inconstancia da alma salvagem, Sao Paulo: Cosac & Naify, 2002 y Viveiros de Castro, Eduardo, Metafísicas caníbales, Madrid: Katz, 2010.
239
A Propósito de Eduardo Viveiros de Castro
José Andrés Isla Madariaga
disciplina antropológica que permanece igual a si misma (idéntica). Se trata ahora de
comprender la cultura propiamente como experiencia del mundo, respecto de la cual
antropólogos y nativos aparecen relacionados (son relativos) en un proceso de reflexión
“en devenir”, que llamamos antropología.
No es extraño entonces el invitado especial que Viveiros de Castro llama en auxilio
de esta reflexión propiamente antropológica: Gilles Deleuze –el más cercano a LéviStrauss de los pensadores “post-estructuralistas” –. Devenir y diferencia, los materiales
de los que está hecho el piso teórico-metodológico sobre el que se construye la reflexión
antropológica: prioridad antropo-lógica de las relaciones y los desplazamientos por sobre los elementos constitutivos de identidad. La promesa de la antropología, dicho en
un sentido fuerte, no es en Metafísicas caníbales una reflexión identitaria, sino pensamiento de la diferencia, la búsqueda “en devenir” de una perspectiva exterior para pensar lo social.
240
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La libertad, la justicia, el lujo:
el mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma,
de Robin Lane Fox*
Miguel Vélez San Martín
“Es todo un reto que le pidan a uno escribir una historia de casi novecientos años, especialmente cuando los testimonios son tan fragmentarios y diversos, pero es un reto con
el que he disfrutado mucho. No he dado por supuesta en el lector ninguna familiaridad
con el tema, pero espero que tanto los que la tienen como los que no la tienen se sientan
atraídos y entretenidos por lo que me ha dado tiempo a estudiar en estas páginas.” Con
esta invitación, el historiador Robin Lane Fox abre el libro El Mundo Clásico. La epopeya
de Grecia y Roma (2008), un relato que acomete para iluminar, desde el siglo XXI, el
universo de los dos pueblos que dieron origen a la cultura occidental.
Los ingleses, y en general los anglosajones, poseen un sentido especial para hacer
historia, biografías, memorias, etc., es decir, libros de no ficción que sin embargo se
benefician de las mejores cualidades de la escritura literaria: son libros escritos para que
se lean, para entretener, para que quienes se entreguen a su lectura no se sientan necesariamente ante un esfuerzo permanente, sino ante unas páginas a las que se desea volver.
Relatar la evolución social, cultural y política de Grecia y Roma durante el transcurso de
casi mil años, esto es, desde los poemas de Homero a la época del emperador Adriano,
sin que la pasión y el placer de la lectura amainen, es sin duda un reto de dimensiones épicas, cuya tarea el autor no solo la afronta con audacia, sino que la resuelve con
maestría.
Sin caer en la habitual idealización de ese mundo –pues “los que idealizan el pasado
suelen no entenderlo”–, Lane Fox sobrevuela los esplendores del universo antiguo, su
creatividad, su patetismo y sus aspectos más revolucionarios, todo ello con un profundo
sentido de lo humano. El punto de partida es, además, original: ha vuelto al mundo
clásico explorando cómo se entendieron entonces tres cuestiones: la libertad, la justicia
y el lujo.
El libro recorre con detalle el devenir ideológico asociado a estos tres conceptos, así
como la cultura y sensibilidad que generaron en ese lejano mundo y también, por cierto,
en el nuestro. Lane Fox describe con singular agudeza las figuras que marcan con su
personal genio los momentos estelares de Grecia y Roma, tanto si trata de la aristocracia
griega arcaica, o de los avatares de la polis y la democracia, o de Platón y Aristóteles, o
de Pompeya y la vida cotidiana, o de Augusto o Plinio o Adriano.
Su análisis de Homero tiene visos de devoción: “Inventó la nostalgia”, dice, “fue
quien supo llenar con historias y palabras ese agujero que hiere en las entrañas cuando
*
Fox, Robin Lane, El Mundo Clásico. La epopeya de Grecia y Roma, Traductores: Teófilo de Loyoza y Juan
Rabasseda-Gascón, Barcelona: Crítica, 2007.
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La libertad, la justicia, el lujo
Miguel Vélez San Martín
uno está lejos de casa. También supo contar, de manera cruda y realista, lo que significan la gloria y la fama en esta vida, atrapó el dolor que nos abate ante la pérdida de los
más próximos y mostró cómo los héroes se equivocan, y lo descubren en los momentos
trágicos cuando ya es demasiado tarde.” De modo que el relato de Lane Fox se ovilla
en un ida y vuelta desde Heródoto a Adriano y, de pronto, se detiene en un análisis de
la atrocidad olímpica de Bush y Blair, con respecto a la guerra de Irak, todo ello en una
defensa contemporánea de los valores humanistas de Grecia y Roma, aunque insiste
en que hay que contextualizarlos en una época que toleraba la esclavitud. Aquel viejo
mundo, el de los héroes trágicos y la filosofía, la democracia y la ley, el circo y la esclavitud, terminó con la llegada del cristianismo. “El dominio del pecado se introdujo en
el mundo y se habló de la salvación de los cuerpos, ese tremendo absurdo”. Lane Fox
recalca que los cristianos no estaban en contra de la esclavitud, sino que hablaban de
libertad espiritual: el cambio social era irrelevante. La verdadera alternativa era el cielo
y, para ellos, el lujo y la riqueza eran un obstáculo para la salvación.
Se le ha preguntado en más de una entrevista a Robin Lane Fox por el legado griego,
a lo que este historiador, nacido en 1946 y referente indiscutible del mundo clásico en
la Universidad de Oxford, señala: “La democracia, el teatro, las carreras de caballos, la
arquitectura, las matemáticas, la belleza, la homosexualidad, el amor…”. Sobre el gran
invento de occidente, el amor, afirma: “Ya lo dijo Stendhal, que sin el juego de referencias, sin las batallas de la seducción, sin las palabras que otros dieron a sus emociones,
el amor solo sería un mero trámite carnal sin ningún interés”. Según Lane Fox, eso fue
precisamente lo que inventaron los griegos: darle densidad y vida a lo que forma parte
de nuestra naturaleza y convertirlo en algo que merece la pena.
Con una traducción superlativa de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda-Gascón, y
una excelente anotación de las fuentes existentes sobre cada uno de los temas tratados,
esta historia actúa como el centro estabilizador de los muchos estudios y libros que
durante estas últimas décadas de investigación histórica han hecho avanzar en el conocimiento de una cultura tan distante en el tiempo.
El Mundo Clásico. La epopeya de Grecia y Roma está editado por Crítica, tiene 825
páginas, mapas, 62 ilustraciones, y está compuesto de seis grandes capítulos, que conforman, juntos, un libro excepcional: “El mundo griego arcaico”, “El mundo griego
clásico”, “Los mundos helenísticos”, “La república romana”, “De la república romana”,
“De la república al Imperio” y “Un mundo imperial”.
242
Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La declaración de principios de la
Federación de Estudiantes de Chile*
Un lejano colaborador, posiblemente un estudiante de provincia, nos
envía un interesante estudio sobre la 1ª Convención Estudiantil Chilena, reunida en Santiago en Junio de 1920.
El tema es asaz interesante, especialmente si recordamos que los
Acuerdos de la Convención fueron acremente censurados por “individualidades” que ni siquiera se dignaron analizar sus doctrinas.
La Declaración de Principios llamó grandemente la atención en
los países vecinos y aún en Chile, donde sirvió de pretexto para que los
jóvenes aristócratas asaltaran y saquearan –al amparo de o la “autoridad”– el Club de Estudiantes.
Los que, por vivir en provincia, no tuvimos oportunidad de asistir a la 1ª
Convención Estudiantil Chilena no podemos analizar con un criterio preciso las
ideas fundamentales que le sirvieron de base. Para conocer el espíritu de una
asamblea es preciso haber estado en ella, haber auscultado los corazones de los
asambleístas, ver las tendencias, oír los discursos y conocer las conclusiones
sometidas a votación.
Pero, cuando no se conocen ni las conclusiones que fueron rechazadas,
ni las actas –que, según me dicen, se perdieron en el saqueo del Club de Estudiantes– es preciso contentarse con el análisis de los acuerdos aprobados. Nos
encontramos, pues, ante una Declaración de Principios fría, arquitectónica, que
nada nos dice del calor de la asamblea que le dio origen, y debemos estudiarla
tal como se presenta.
En términos generales, la Declaración de Principios de la Federación de
Estudiantes tiene un valor inmenso si la comparamos con el mediocre ambiente
intelectual que se vive en Chile. El Presidente de la República del Uruguay, don
Baltasar Brum, se he expresado de ella en forma altamente halagadora para la
juventud de nuestro país y, sin duda alguna, el juicio está bien merecido. El valor
de dicha adhesión se acrecienta sin recordamos que, después de Rusia, es Uruguay el país en que se han hecho las más transcendentales reformas políticas y
sociales.
La idea matriz de la Declaración es grande y es hermosa. Sin embargo, el
conjunto revela que ha sido construido añadiendo seis conclusiones que fueron
redactadas por distintas comisiones, o bien que posteriormente a su redacción se
le introdujeron elementos y conceptos algo desligados entre sí.
*
El texto, presentado íntegro, fue publicado por primera vez en enero de 1921 en la revista Claridad,
año II, N° 12, de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile). (N. del. E.)
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La declaración de principios de la Federación de Estudiantes de Chile
En el presente artículo estudiaremos el conjunto de la Declaración y el
primer tema: Principios fundamentales y medios de acción, dejando para otra
ocasión el estudio de los cinco temas restantes.
Decíamos que la Declaración considerada en su totalidad es algo heterogénea. Hay un eclecticismo curiosísimo de principios socialistas, positivistas, ácratas, etc., adoptados en una forma –si no lógica– pero al menos, ingeniosa.
Con respecto al radio de acción estudiantil en la esfera social, internacional,
etc., la disparidad es manifiesta. En un sitio, el campo de acción es enorme y, por
lo tanto, difuso, como cuando dice “acepta la acción organizada del proletariado
y la acción política no militante después de haber expuesto la doctrina acerca
de la cuestión social. Otras veces el campo se restringe y las orientaciones son
precisas y bien definidas, como cuando se refiere a la cuestión educacional.
En más de una ocasión las doctrinas expuestas –que, por lo demás, son
bellísimas– parecen bien más bien de un organismo político que de una organización estudiantil. Si todo la Declaración hubiese sido hecha en esta forma, estaría
bien. Pero, por momentos, la Declaración entra en detalles que contrastan con el
alto vuelo de los principios expuestos dos renglones más arriba.
Cuando analicemos separadamente cada tema haremos notar también algunas contradicciones. Nos referimos, por ahora, a la doctrina expuesta en la
primera cuestión: “Principios fundamentales y medios de acción”.
“La razón de ser de la Federación de Estudiantes de Chile” –empieza diciendo– “es aunar y encauzar para su mayor eficiencia, las aspiraciones de perfeccionamiento que animan a la juventud estudiosa y que tienden a asegurar la
felicidad del individuo y de la colectividad”.
Esta introducción, aunque un poco difusa, nos parece lógica.
Agrega: “En el desarrollo de sus actividades tendrá en cuenta la siguiente
escala progresiva de valores: Individuo. Familia. Patria y Humanidad”.
Este principio, o, mejor dicho, esta escala está confeccionada por un positivista que logró introducirla furtivamente. Es un principio traído por los cabellos
que difícilmente se puede armonizar con el resto de la Declaración, ni aún en la
cuestión internacional. ¿Por qué este dogma del individuo, la familia, la patria y
la humanidad? Y si mañana la revolución rusa se extiende por todo el mundo y
“las fuerzas productivas” –como dice más adelante la declaración– “son organizadas internacionalmente”, ¿qué rastros van a quedar de las actuales fronteras
que separan y crean artificiosamente las patrias?
Una “escala progresiva de valores” debe ser una escala real y efectiva,
con fundamento histórico y sociológico, no un dogma “positivista”. Con razones
semejantes otro convencional pudo haber hecho intercalar una escala como esta:
hombre, familia, tribu, raza, etc. Esto no es científico y, en consecuencia, no debió
haberse introducido.
Y termina: “Es uno de sus más altos fines la lucha contra todas las formas
de inmoralidad”. “Auspiciará el respecto de la personalidad humana, la tolerancia
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
y la libre manifestación de ideas”. “Tratará de realizar sus aspiraciones, independientemente de toda influencia extraña, por medios racionales y evolutivos”.
Estas declaraciones son, indudablemente, exactas, pero tienen algo de ingenuidad y de redundancia.
Se debió haber colocado una declaración inmediatamente después de establecer las aspiraciones de perfeccionamiento que tienden a asegurar la felicidad
del individuo y de la colectividad, que mencionara las imperfecciones de las actuales condiciones de vida que no han logrado aún traer la felicidad del individuo
y de la colectividad. Esto es lo esencial.
La Convención debió preguntarse: ¿por qué no es feliz el individuo y la
colectividad? Esto es de una importancia capital. Para millares de personas la
colectividad no es feliz, porque le falta espíritu religioso; para otros, porque falta
cultura, etc. Para la Convención Estudiantil –según se deduce de las declaraciones
que hace en los temas siguientes, Y ESTO DEBIÓ DECIRLO EN LOS PRINCIPIOS
GENERALES– lo fundamental está en la injusticia del régimen capitalista. Y aún
más, debió haber especificado cuál era la injusticia del capitalismo y decir: consiste en la explotación, por una minoría, de una mayoría de hombres que, mientras
subsista el régimen capitalista, no podrá salir del estado de miseria y degradación en que se encuentra.
Esto se deduce de los acuerdos, pero no se dijo siendo, como es, lo fundamental.
Edgard Tagle.
Temuco, Enero de 1921.
¡Subversivos, si…; Canallas, nó!!
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Los dos conceptos de la universidad
Raúl Silva Castro
Los dos conceptos de la universidad*
Raúl Silva Castro
El concepto clásico
En Chile se echado mano numerosas veces de un modo de expresión típico de
cuanto hasta el presente significa la Universidad (al menos entre nosotros): se
ha hablado de “claustro universitario”. Realmente la idea clásica que se puede
aludir cuando se trata de la Universidad es la de un cónclave de sabios diplomados y en posesión de la verdad absoluta e inconmovible que tratan de imponerse
a todos los pobres alumnos que caen bajo su jurisdicción.- La Universidad claustral ha conservado en la mayor parte de los países que aún la soportan todo un
arsenal protocolar complicado e inútil. La ceremonia de “colación de grados” en
un colegio universitario inglés, por ejemplo, tiene todos los visos de un acontecimiento medioeval: relucen los bordados y se desentierran las pelucas postizas….;
hay tribunales, juramentos e imposiciones de órdenes…todo un aparato, en una
palabra, que parece haberse producido en forma idéntica a la presente en los
días obscuros de la ardorosa Edad Media.
Y sin embargo, en sus comienzos, la Universidad poseyó un espíritu abierto,
democrático, semejante en un todo al que se pugna hoy por imprírsele. Se reunían en los albores del siglo duodécimo los maestros y los discípulos empeñados
en la prosecución de un mismo fin: el conocimiento de las ciencias y de la filosofía, y de allí nació la institución que, andando el tiempo, había de ser designada
con el nombre de Universidad, queriéndose señalar con él la comprensión que
ella hacía de todos los ramos del saber humano. Y así como la Universidad ha ido
despojándose de ese carácter algo exagerado de omni-comprensión, ha ido perdiendo también con el correr de los años aquella originaria desenvoltura democrática, aquel alternar sosegado de discípulos y maestros –que recuerda los años
esplendorosos de Atenas–, para adquirir rigidez dogmática y férrea disciplina.
Cuando no unía a los alumnos y a los maestros de las Universidades sino el
deseo infinito de saber, no había grados y eran libres la docencia y la asistencia;
entonces convergían de los puntos mas distantes de los pueblos, atravesando a
veces las vagas fronteras nacionales, todos los que querían recibir las lecciones
sabias de filósofos y hombres de ciencia. Fue ese afluir excesivo, desbordante, el
que creó poco a poco la necesidad de establecer en las aulas universitarias, libres
en un comienzo, las normas de disciplinas y el escalafón inexorable que hasta el
*
Este texto, que se presenta íntegro, fue publicado por primera vez el 24 de junio de 1922 en la revista Claridad, año II, N° 57, de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile).
(N. del. E.)
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
momento actual se perpetúan. Se crearon entonces los bachilleres, los licenciados
después y finalmente los doctores, trayendo consigo este aparato titular una organización especial destinada a catalogar los alumnos según los diversos grados.
Pero no se habría dicho sino una parte –las más importante eso si– de la
verdad si se callara la trascendencia que tuvo en la creación del espíritu cerrado y exclusivista de la Universidad el que estuviera durante siglos supeditada
al influjo dominante de las órdenes religiosas. Hubo años en la Edad Media en
que Universidad y Monasterio eran sinónimos, así como decir fraile era decir
letrado, erudito y filósofo. De esa confusión es de donde más tomó la Universidad
los gérmenes de la rigidez que todos le han conocido, verdadera supervivencia
escolástica en que la letra ha aniquilado al espirítu. El Estado vino a intervenir
muchos años mas tarde, siendo en general su acción enmarcada por el afán de
conservar todos los viejos alardes docentes, así como por el deseo de depositar
en los maestros universitarios una alta representación política encaminada casi
siempre a brindarles prestigio científico…
El concepto moderno
Un hecho primordial se puede anotar en la evolución más reciente de las instituciones universitarias: la mayor independencia de las facultades. Hoy en día
cada facultad tiene no sólo un cuerpo autónomo de profesores encargados de
aleccionar a alumnos especialistas, sino que también funcionan sus cursos en
locales separados, no existiendo entre las diversas facultades más liámen que la
organización superior que las funde en una Universidad por medio de representaciones ante los cuerpos directivos de ésta. La Universidad, pues ha cambiado en
su estructura misma; el reconocimiento de cada facultad como tal –independiente, autónoma para todos los asuntos en que dichas calidades pueden subsistir–,
ha tenido necesariamente que involucrar un cambio en la idea de Universidad.
De organismo más o menos pesado, rígido, ha venido a ser un compuesto de
partes diferenciadas y con vida propia, lo que ha traído como una consecuencia
indirecta una mayor penetración de la Universidad por todas aquellas corrientes
ideológicas que no la han reconocido como directora en su formación siendo por
eso mucho más libres y ajenas a los dogmatismos didácticos.
Más modernamente aún, en nuestros propios días, se ha querido introducir
en la Universidad elementos nuevos destinados a aumentar la democratización
de las corporaciones más latas en la estructura educacional de un pueblo; y esos
anhelos que ya han triunfado –más o menos plenamente– en algunos países,
consisten en dar representación a los alumnos en los organismos directivos de
las instituciones universitarias y en asegurar para los que puedan ser maestros
la docencia libre, así como para los alumnos la libre asistencia. La Universidad,
sin metáfora, se independiza como en otro tiempo se independizaron los pueblos
americanos de la opresora tutela hispana. La Universidad se proclama libre
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Los dos conceptos de la universidad
Raúl Silva Castro
intelectualmente, se aleja el tutelaje de los gobiernos empeñados en rugir la
ciencia como si ellas fuese facturado; quiere bastarse a sí propia vida fecunda y
potente que ha de subsistir sin ajenos auxilios.
En su esencia, el movimiento de la reforma universitaria implica toda una
democratización de los instrumentos necesarios para adquirirla.- La Universidad
nueva, reformada, es una cosa viva, plástica, flexible; ha dejado de ser la fría
máquina encargada de fabricar profesionales y la oficina de despacho de los títulos anhelados…; la Universidad nueva coge los espíritus sanos, robustos, de los
hombres y los educa sin desviarlos, los alecciona sin despotismo, los dignifica y
los exalta.
Este movimiento de reforma de las instituciones universitarias es para
Chile de una imprescindible necesidad. Entre nosotros, más que en parte alguna,
todos los males de las viejas formas de la Universidad se producen libremente
sin que se conozcan asimismo sus bienes (si es que estos existen). Por eso es que
en la obra de la reconstrucción de las instituciones educacionales superiores se
encuentran unidos los pensamientos de todos los que de estos asuntos se preocupan, sin que les separen las diferencias de detalles, las pequeñas cosas que –una
vez realizada la reforma– trataran los diversos grupos de que se implanten pero
en forma rápida y decisiva, a hacer del viejo esqueleto, del armazón oxidado un
organismo vigoroso apto y eficaz.
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
Comentando un acuerdo*
El Consejo de Instrucción Pública celebro sesión el Lunes 12 de Junio, acordando
en ella impedir a los Estudiantes reunirse en los locales Universitarios miéntras no se diese aviso de la citación y del motivo de ella a las correspondientes
autoridades Universitarias. Este acuerdo causó entre los Estudiantes verdadera
alarma. La Federación de Estudiantes acordó lo siguiente: “La Federación de Estudiantes de Chile declara que la Universidad es de los alumnos y desconoce la
autoridad del Consejo de Instrucción para impedirles reunirse en ella.”
Se reunió nuevamente el Consejo el Lunes 19 para considerar la presentación que había hecho la Federación Nacional de Estudiantes en el sentido de derogar el acuerdo del día 12, El pronunciamiento sobre esta presentación se efectuó,
como es del dominio general. Esa misma tarde comenzaron en la Universidad las
manifestaciones hostiles a los miembros del Consejo y los desfiles públicos con el
objeto de protestar de la medida.
El día 21 de Junio volvió a sesionar el Consejo acordando no tomar ninguna
resolución hasta no obtener de las autoridades las garantías necesarias. El curso
de esta sesión se hizo valer la presión que los Estudiantes ejercitaban contra los
consejeros ocupándola casa Universitaria e impidiéndoles reunirse en ella.
En su sesión del 26 de Junio se acordó proceder a una investigación de los
hechos, con el objeto de fijar responsabilidades y aplicar las medidas disciplinarias correspondientes. Se nombró una comisión compuesta de personas cuyos
nombres no se conocen. Sus trabajos han sido tan secretos como su constitución
misma.
En una nueva sesión, celebrada el 3 de de Julio, teniendo en vista el informe de la comisión investigadora que nadie ha sabido en qué términos está
concebido, el Consejo expulsó a algunos Estudiantes y suspendió a otro.
Los hechos sobre los cuales ha versado la investigación nadie los conoce:
la labor de la comisión investigadora ha sido completamente secreta. En las Facultades no se han hecho investigaciones entre los alumnos, y a los acusados no
se les ha llamado a hacer sus descargos frente a los hechos “delictuosos” que se
les imputaban.
Conforme a un precepto reconocido como elemental en todas las lejislaciones del mundo, a cualquier individuo acusado de un delito se le deja el camino
abierto para que justifique su conducta. A nadie se condena, contra nadie se pronuncia una sentencia adversa o no, sin oír previamente su defensa. Eso es sin
embargo, lo que ha hecho el Consejo de Instrucción Pública: ha condenado sin oír,
*
Este texto, que presentamos íntegro, fue publicado por primera vez el 8 de julio de 1922 en la revista Claridad, año II, N° 59, de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile).
(N. del. E.)
251
Comentando un acuerdo
y aún ha ocultado motivos precisos que determinaron su resolución de averiguar
lo sucedido con el fin de establecer las responsabilidades.
Por lo demás, es de una injusticia atroz responsabilizar a unos cuantos
dirigentes de hechos con los cuales se solidariza toda una masa superior a dos
mil estudiantes. Además muchos de los expulsados de la Universidad y de los
suspendidos de sus cursos sólo ejercieron una acción moderada entre sus compañeros de estudios y de ideal es durante el desarrollo de la campaña que se ha
llamado de Reforma Universitaria.
Se dice que los expulsados y los suspendidos del curso regular de sus
universitarios incitaron a los demás estudiantes a los desórdenes ocurridos; se
dice también que procedieron de hecho contra la propiedad; pero no se siguió el
curso corriente en caso semejante, el único camino que es posible seguir cuando
se quiere obtener el castigo de los que tienen culpa en la comisión de un delito
cualquiera. Aludimos a la presentación a la justicia ordinaria pidiendo el establecimiento de las responsabilidades, y dejando para después de esta investigación
las medidas condenatorias correspondientes. Sólo por ese camino podía llegarse
a precisar quiénes eran los culpables, y cuáles eran los delitos cometidos; y sólo
por ese camino podía llegarse al castigo que, en caso de existir culpa, podía aplicarse a los culpables.
El Consejo ha sesionado, como siempre, a puertas cerrada; los alumnos volvemos a repetirlo - no fueron llamados a declarar en el sumario administrativo
abierto con tal objeto, y la resolución, por lo tanto, fué sorpresiva y peca por su
base pues no se ha oído el testimonio, ni en pro ni en contra, de los presuntos
culpables y de quienes podían con sus declaraciones ayudar a la investigación.
La medida del Consejo de Instrucción Pública es de todo punto ilegal; no
sólo ha omitido la defensa de los acusados, sino que se ha eregido en juez de su
propia causa, pues entendemos que entre los sucesos de violencia material que
se ha querido castigar con ello figura la quebrazón de alguno vidrios en la puerta
de la sala de sesiones que el Consejo tiene en la Universidad, y la agresión de
palabra cometida por muchos estudiantes a los a los consejeros de Instrucción
en la tarde del 19 de Junio.
No necesitamos hacer consideraciones de carácter casi sentimental en lo
que respecta a la situación creada a los afectados con tal medida. A muchos obstaculiza definitivamente la obtención de los títulos que trataban de adquirir con
sus estudios en las aulas universitarias; a los demás se retarda esta obtención
hasta dentro de dos años que sin duda se convertirán en muchos más dado que
los estudios no los podrán continuar en los cursos universitarios, y que los exámenes que ellos rendirán tendrán tropiezos numerosos por múltiples razones
que es fácil explicarse.
La Juventud de Chile no puede permitir que se atropelle en esa forma sus
fueros. La Universidad misma atenta contra su prestigio con la adopción de tal
medida por parte del núcleo que la dirige. Y este es un hecho que no sólo ha de
tener resonancia en los ámbitos de nuestro país, sino que ha de traspasar las
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
fronteras y llevará a otras tierras la impresión de que en Chile no existe libertad
ni siquiera para que los acusados se defiendan de las inculpaciones que se les
hacen.
Se impone una reconsideración de ese acuerdo que priva de su carrera
profesional –que es arrebatarle el pan– a un número más o menos grande de
estudiantes. Podemos entonces enunciar su medida injusta, su resolución torpe
y arbitraria, o procede en la forma acordada con todos los que actuaron en el
movimiento que ha pretendido ahogar.
A su resolución queda entregado el asunto.
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Inutilidad de la Universidad
Inutilidad de la Universidad*
Las horas pasadas, intensamente vividas, van sintetizando en nuestro espíritu
lecciones claras a fuerza de ser duras y vibrantes.
La cobardía moral y la ingenuidad agresiva de un puñado de vejestorios
aferrados a puestos que no pueden haber merecido sin la imposición de la tramoya política, ha derrumbado ante la opinión ilustrada el concepto tan socorrido
dentro y fuera del país de nuestra suficiencia en materia de enseñanza superior.
La Universidad de Chile se ha desplomado descubriendo sus raíces podridas a la
luz del día.
Inútil sería tratar de ponerla en pie ingertándola nuevas reglamentaciones,
nuevas normas que ya no darían vida a las ramas averiadas e inútiles. Inútil e
imposible obtener frutos sanos cuando la savia infecta ya amenazaba corriendo
por dentro, envenenarlos.
La cobardía material manifestada en el servilismo de parte de los estudiantes, demuestra nuestro aserto. No es, pues, el vuelo tras el título y por ende, tras
el bienestar económico y lo demás, la causa de la pusilanimidad de esos pocos
sino la manisfestación pura del espíritu egoísta, estéril, inyectado en sus venas
a su paso por la aulas frías de la Universidad.
Un fenómeno social vuelve a repetirse claro y preciso. Una institución fundamental en el desarrollo de la cultura de un pueblo, no puede ni debe estar
influenciada por las formas de gobierno, o por los cuerpos de carácter estrecho
que pugnan en la constitución de éstas. Los gobiernos representan dentro de los
pueblos la estática y sus leyes y reglamentos son hechos para mantenerla. Las
Universidades, centros dinámicos por excelencia en que vanse cristalizando día
a día los nuevos rumbos prácticos que imprimen a la vida la investigación científica y filosófica, quedan obligadamente fuera de toda acción coercitiva resultante
de los postulados políticos.
Toda Universidad sujeta a esas circunstancias tendrá que ser ineficaz, anacrónica de un profundo peligro para la humanidad pues pasa a ser el foco en
que se engendran todas las reacciones, el foco del misoneísmo y el más poderoso
sostén del sistema económico que aniquila la vitalidad de la sociedad moderna.
Nuevas concepciones traen nuevas normas y el cambio total de las instituciones establecidas sobre bases antiguas. La vida en su constante devenir no
acepta remiendos e ingertos subrepticios.
La Universidad de Chile ha muerto intoxicada por su propia sangre vieja y
podrida y nada ni nadie podrá hacerla revivir ya.
*
El presente texto, que reproducimos íntegro, fue publicado por primera vez el 8 de julio de 1922 en
la revista Claridad, año II, N° 59, de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile).
(N. del. E.)
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Revista Anales
Séptima Serie, Nº 2, noviembre 2011
La intelectualidad chilena pide su cierre definitivo. Recojamos los pocos frutos saneados por la llama purificadora de su juventud creadora y sembrémolos
en el surco abierto a costa de tantos dolores, de tantas esperanzas tronchadas
bajo el vendaval que ruge.
Que sus cuerpos caídos embalsamen el aire que acariciará el brote del que
será nuevo árbol bajo el sol del mañana.
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