Número 30 - Escuela de Psicología Social de Montevideo

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Número 30 - Escuela de Psicología Social de Montevideo
Año 4 • Nº 30 • Diciembre de 2001 • $ 3.-
Crisis y
creatividad:
una pareja
posible
“La mejor manera de esperar es ir al encuentro”
Manuel Trejo
El ruido,
entre las
grietas
de la razón
Más allá del Psicodrama
TEATRO DE
MULTIPLICACIÓN
Nuevos paradigmas
Del “cuerpo-máquina”
al “cuerpo entramado”
¿Qué es el
Acercamiento
Centrado en
la Persona?
“Siento luego existo”
GRUPO DE TERAPIA CORPORAL
CON PACIENTES PSICÓTICOS
Investigación en Psicoanálisis
Trabajando los conceptos
sobre entrevistas clínicas
30
E
D
I
C
I
O
N
Técnicas de acción
JUEGOS DRAMÁTICOS CON MÚSICA
E
S
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E
C
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A
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escriben
Denise Najmanovich, Eliseo Rey,
Claudio Rud, Luis Gruss,
Raúl Sintes, Gabriela Oteyza,
Martha Y. Fernandez, Lucrecia
Riopedre, Marta Toppelberg,
Walter Vargas, Erica Hamuy,
Enrique Guinsberg, Ruben Amato,
Héctor Fainstein, Valeria Ferrán,
Daniel Seghezzo, Analía
Esposito, María Petrovic,
Rosana Fernandez.
Director: Román Mazzilli
Nuevos paradigmas
Director
Román Mazzilli
Secretario de redacción
Walter Vargas
Redacción
Patricia Mercado
Daniel Seghezzo
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Daniel Tripoli (15-5319-5803)
María Eugenia Conde (4553-1226)
Colaboran en esta edición
Denise Najmanovich, Eliseo Rey,
Claudio Rud, Luis Gruss, Gabriela
Oteyza, Martha Fernandez, Lucrecia
Riopedre, Marta Toppelberg, Erica
Hamuy, Valeria Ferrán, Analía
Esposito, María Petrovic, Héctor
Fainstein, Ruben Amato, Rosana
Fernández, Betty Davidson.
Corresponsales
Juan Díaz (Bahía Blanca)
Juan Lovari (La Plata)
Roberto Sánchez (Mar del Plata)
Marta Carbonero (Bariloche)
Rodrigo Campos Alvo (Tucumán)
Montse Fornos (España)
Cecilia Biglieri (EE.UU.)
Raúl Sintes, (Uruguay)
Pedro Mascarenhas - Sergio
Antonio Carlos (Brasil)
Enrique Guinsberg (México)
Leonardo Montecchi - Terenzio
Formenti (Italia)
Jacinto Inbar (Israel)
Rosa Jaitin (Francia)
Jaime Marominsky (Chile)
Gilbert Brenson Lazan (Colombia)
Ilustraciones: Andy Warhol
Redacción y
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Conesa 473 P.B. ÒBÓ
(1426) Capital - Argentina
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En Uruguay: Mario Cambiasso
Campo Grupal es una publicaci—n
de Ediciones Presencia.
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Del “cuerpo-máquina”
al “cuerpo entramado”
Denise Najmanovich
[email protected]
ÒLos blancos deben estar locos:
creen que se piensa con la cabeza Ó
An—nimo Ind’gena Sudamericano
L
as concepciones usuales de la corporalidad se han caracterizado por un pensamiento que divide el conocimiento en
compartimentos estancos. Esta forma de pensar ha limitado
lo corporal a lo biol—gico, lo vivo a lo f’sico y esto a lo mec‡nico.
Para salir de este atolladero reduccionista quisiera comenzar esta reflexi—n sobre el cuerpo en la contemporaneidad retomando las
sabias y bellas palabras que Jean Rostand pronunciara ya en 1939:
ÒEn el momento actual el mecanicismo tiene una posici—n extremadamente s—lida, y uno apenas ve quŽ puede responderle cuando, cuando en muchos de sus Žxitos cotidianos, pide simplemente
aplazamientos para terminar su obra, a saber, para explicar completamente la vida sin la vida.Ó1.
Ha pasado m‡s de medio siglo y los partidarios del mecanicismo
siguen pidiŽndonos postergaciones. A pesar de sus rimbombantes
Žxitos no han podido, ni podr‡n, finalizar su obra; por una raz—n
que Gast—n Bachelard describi— de forma di‡fana cuando afirm—
que ÒToda frontera absoluta propuesta en la ciencia es la marca
de un problema mal planteadoÓ. Pensar la vida sin la vida es
contenerla dentro de unos cauces que ella misma se ocupa
siempre de rebasar.
Descuartizado en ÒaparatosÓ y ÒsistemasÓ, aislado de su medio
nutriente, el cuerpo se volvi— ant—nimo del alma. El hombre se separ— de la comunidad, la persona del organismo, la humanidad del cosmos. Sujeto y Cuerpo nacieron por un proceso de
desgarramiento, de escisi—n de la experiencia en el pasaje de la
sociedad campesina feudal a la sociedad urbana moderna. Este proceso requiri— varios siglos y se fue dando en distintos ritmos,
siguiendo diferentes itinerarios y expandiŽndose a diversas dimensiones de la experiencia: desde los modales y protocolos sociales
hasta las pr‡cticas pol’ticas, desde la experiencia espacial plasmada en la construcci—n de mapas y ciudades ÒplanificadasÓ hasta las
distinciones entre los ‡mbitos pœblicos y privados, de Galeno a la
Medicina Experimental, pasando por la ÒDe Humani Corporis FabricaÓ de Vesalio, desde las Òcriaturas de DiosÓ al individuo. Todos los aspectos de la vida humana fueron moldeados por un estilo de pensamiento que escindi— al sujeto de su cuerpo y al individuo de la comunidad.
Esta separaci—n desgarradora entre el Sujeto y el Cuerpo fue una
de las mœltiples expresiones de un pensamiento que privilegia la
sustancia respecto del proceso, la materia con relaci—n a la forma, la estabilidad por sobre la transformaci—n, la simplicidad
mec‡nica a la complejidad de la vida. En la modernidad esta ha
sido la perspectiva hegem—nica y aœn goza de amplia difusi—n. En
la actualidad este pensamiento que permiti— el desarrollo de un
mundo rico y potente, se ha vuelto un chaleco de fuerza que nos
impide dar cuenta de la experiencia contempor‡nea, seguir creciendo y producir nuevos sentidos. Afortunadamente, en las œltiLa formación en Recursos Humanos posibilita una salida laboral...
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mas dŽcadas del siglo XX han comenzado a desarrollarse otros paradigmas, otras met‡foras, y otros puntos de vista que est‡n rompiendo ese cerco cognitivo y experiencial de la perspectiva dualista y que nos dan la posibilidad de ampliar, enriquecer y sofisticar
el pensamiento y la vivencia de la corporalidad.
Hoy, cuando toda certeza parece esfumarse, sentimos que en el
tembladeral en que vivimos resulta imprescindible pensar el cambio y adquirir herramientas conceptuales y vivenciales que nos
permitan ÒnavegarloÓ. Desde la termodin‡mica a la antropolog’a,
de las teor’as de autoorganizaci—n a la ecolog’a, del pensamiento
del sujeto hasta la teor’a del conocimiento, ha comenzado a propagarse un nuevo enfoque que sienta las bases para un pensamiento
din‡mico capaz de dar cuenta del cambio en sus mœltiples dimensiones: el de la complejidad.
Los mapas conceptuales del mecanicismo ya no resultan œtiles. Necesitamos nuevas cartograf’as, y sobre todo nuevas formas
de cartografiar: debemos buscar otros instrumentos conceptuales y
crear nuevas herramientas que nos permitan movernos sobre territorios fluidos. En la contemporaneidad la complejidad se enlaza con la met‡fora de la red, con la idea de interacci—n, con la
perspectiva de la autoorganizaci—n. Desde esta mirada, es posible romper con el hechizo del dualismo, con la pesadilla de un
mundo en blanco y negro, un mundo de oposiciones dicot—micas.
Las cosas no significan nada en s’ mismas, ni por s’ mismas, sino como bien lo ha mostrado Wittgenstein, adquieren sentido en la
corriente de la vida. Aquello que podemos pensar respecto de la
corporalidad no es independiente de nuestra experiencia corporal,
y nuestra experiencia nunca es meramente biol—gica. Lo que llamamos experiencia humana es algo que nos ocurre y que discurre
en el ‡mbito social, que narramos a otros y a nosotros mismos en
un lenguaje, algo que nos sucede en el espacio-tiempo en que nos
toca vivir y que cobra significado y valor œnicamente en funci—n
de nuestra historia sociocultural. El cuerpo es nuestra sede de afectaci—n y el territorio desde el cual actuamos. No es solamente un
cuerpo f’sico, ni meramente una m‡quina fisiol—gica, es un organismo vivo capaz de dar sentido a la experiencia de s’ mismo.
David Le Breton en su exquisita ÒAntropolog’a del cuerpoÓ ha
sostenido que Òel cuerpo moderno pertenece a un orden (...). Implica la ruptura del sujeto con los otros (una estructura social individualista), con el cosmos (las materias primas que componen el
cuerpo no encuentran correspondencia en otra parte), consigo
mismo (poseer un cuerpo m‡s que ser un cuerpo). (...) Nuestras
actuales concepciones del cuerpo est‡n vinculadas con el ascenso
del individualismo como estructura social, con la emergencia de
un pensamiento racional positivo y laico sobre la naturaleza, con
la regresi—n de las tradiciones populares locales y, tambiŽn, con la
historia de la medicina2Ó.
El Sujeto Carnal: Afectos y Efectos en un Mundo Vincular
El pensamiento de la unidad, de la pureza y del ser concibe los
l’mites como absolutos e infranqueables. El modo de categorizar
el mundo se estructura desde lo Òclaro y distintoÓ. Lo borroso, lo
h’brido, lo irregular, lo fluctuante no tienen cabida. Desde esta
perspectiva se ha encerrado al cuerpo en una piel-c‡psula, con l’mites fijos y fronteras impenetrables. Estas met‡foras han sido la
base de toda una construcci—n de la noci—n de cuerpo, y en tanto
tal han configurado tambiŽn nuestras experiencias y establecido l’mites y posibilidades a nuestras vivencias y conocimientos
Para ir m‡s all‡ de esta forma de construir mundo, experiencia y
conocimiento podemos comenzar por reflexionar respecto al concepto de l’mite. Desde la mirada de la pureza el l’mite separa dr‡sticamente un exterior y un interior, no hay comunicaci—n entre la
unidad formada y el medio que la circunda. Las fronteras son infranqueables, a estos l’mites insalvables he de llamarlos Òl’mites-limitantesÓ. Sin embargo, sabemos bien que no son la œnica
clase de l’mites que somos capaces de concebir y vivenciar: las
fronteras entre pa’ses son transitables, la membrana celular es per-
Duración: 4 meses
Fecha de inicio: Grupo martes 15/01/2002 - Grupo miércoles: 16/01/2002
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El preguntar es la devoción del pensar. Heidegger
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Walter Vargas
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ABIERTA LA INSCRIPCIîN 2002
meable, la piel es porosa. En todos estos casos el adentro y el afuera se definen y se sostienen a partir de una din‡mica de intercambios. Ya no estamos hablando de barreras insuperables, sino de la
conformaci—n de una unidad compleja (la cŽlula, el organismo,
etc.) a partir del establecimiento de l’mites que llamarŽ Òl’mites
fundantesÓ. Estos l’mites no son fijos, ni r’gidos, no pertenecen al
universo de lo claro y distinto: son interfases mediadoras, sistemas
de intercambio y en intercambio, se caracterizan por una permeabilidad diferencial que establece una alta interconexi—n entre un
adentro y un afuera que no pueden definirse para siempre, sino que
surgen en la propia din‡mica vincular.
La unidad compleja que nace en y por la din‡mica de interacciones no es una unidad como la entiende el pensamiento de la pureza que s—lo acepta la homogeneidad, sino que se caracteriza justamente por ser una ÒUnidad MœltipleÓ3 o para destacar m‡s aœn la
paradoja podemos llamarla ÒUnidad HeterogŽneaÓ4. ƒstas, como
hemos mencionado, surgen en la din‡mica de relaciones y su organizaci—n se mantiene y evoluciona Òa travŽs de mœltiples ligaduras con el medio, del que se nutren y al que modifican, caracteriz‡ndose por poseer una autonom’a relativaÓ5. De esta manera
lo propio no est‡ escindido de lo ajeno, por el contrario est‡n en
mutua relaci—n en mœltiples dimensiones: no hay independencia
absoluta, no hay escisi—n radical sino autoorganizaci—n de sistemas complejos en sus ambientes con y en los que coevolucionan.
Como podemos ver, esta forma de pensar destaca la din‡mica
vincular como la fuente de donde manan tanto los elementos como las relaciones de una unidad compleja que emerge en la propia
din‡mica. Ni los elementos, ni las relaciones, ni la unidad existen antes o independientemente de la din‡mica que los ha pa-
rido. No hay un Òa-prioriÓ, un Òmodelo idealÓ un ÒarquetipoÓ. Lo
que encontramos son configuraciones vinculares, que por cierto no
son tampoco tales por s’ mismas, ni para s’ mismas, ni en si mismas, sino que se forman a partir de nuestra interacci—n, de nuestra
forma de relacionarnos con el mundo y de producir de sentido.
Desde esta perspectiva vincular, el cuerpo no existe independientemente de nuestras vivencias, creencias, experiencias, no
flota inmaculado en la eternidad, sino que es forjado en la historia humana que transcurre siempre en un ambiente poblado
de otros seres y entidades con los que estamos profundamente
entramados.
El cuerpo es la indispensable condici—n de posibilidad de nuestro ser en el mundo, de nuestra humanidad, de nuestra animalidad,
de nuestra organizaci—n social.
La corporalidad es el territorio de nuestra autonom’a, pero de
ninguna manera implica esto una independencia absoluta. Se trata de una autonom’a altamente ligada, de una autonom’a en la
relaci—n. Esta forma de concebir la corporalidad supone que participar de ella implica tambiŽn pertenecer a la temporalidad, ser en
el devenir, existir en y por una din‡mica de intercambios y
transformaciones. Pero ya no se trata de un tiempo domesticado,
lineal, œnico. Sino de una temporalidad multiforme que incluye
ritmos diversos y evoluciones complejas, que acepta el azar y el
acontecimiento como copart’cipes en la dram‡tica de la transformaci—n.
Desde la perspectiva vincular el cuerpo no puede ser pensado
como un recipiente que nos contiene, ni una muralla que nos a’sla, es lo que se forma-deforma-transforma y conforma en el entramado de la vida. El cuerpo es su propia historia. Historia que no
Presidente:
Lic. Susana Matus
Secretaria:
Lic. M—nica Neuburger
Directora de Docencia:
Lic. Rosa Kononovich
Directora:
Lic. Norma Mondolfo
Pte. Honorario: Dr. Octavio Fern‡ndez Mouj‡n
ESCUELA DE POST GRADO EN
SALUD MENTAL
FORMACIÓN PSICOANALÍTICA
PRÁCTICA CLÍNICA
ATENCIÓN SUPERVISADA DE PACIENTES
Comisi—n de Docencia:
Lic. Lili Ivancovitzer
Lic. Alicia Klin
Lic. Ana Lanfranconi
Lic. Susana Salce
Creo que la ironía empezó a circular cuando el menemismo estaba
en la cresta de la ola, pero por ahí
es más antigua. Andá a saber. Y
aunque el menemismo hoy no está
en el poder (ausencia más notoria
en nombres que en ideario), ya he
notado, sin embargo, que aquella
ocurrencia tragicómica goza de
buena salud y actualizada, puesta
al día, es así de descarnada: “brindemos por el 2002... porque el
2003 va a ser peor”.
¿Cuánto hace que en este confín
del globo no levantamos la copa
por un año mejor sino por uno menos malo?
Mientras lo pienso tomo nota de
una penosa coincidencia: esa lógica, la del premio consuelo, es la
misma que opera a la hora de elegir gobernantes.
Leer el diario de atrás hacia delante, al vesre, digamos, bien pudiera
ser un ejercicio de templanza.
Concebimos los chistes como espinaca, jugamos a ser Popeye, y
aunque después no lleguemos a
Popeye, ni siquiera a Olivia, resistimos las secciones más reales en
mejores condiciones. (Mañas de
oprimido, diría un amigo mío).
El embudo que descarta atributos
mínimos, vitales y móviles, y nos
deja en situación de juguetes del
destino, tan juguetes como para
darles el guiño a los infames que
cortan el bacalao, es otra cosa,
más ligada a la resignación. Que
roben, pero no tanto; que nos hipotequen, pero que lo disimulen; que
nos mientan, pero más o menos,
con vaselina; que nos dispensen
una brutalidad bañada, perfumada
y vestida para fiesta.
Y ya que de Fiestas hablamos,
porque están a la vuelta de la esquina, a lo mejor no es cuestión de
ponernos solemnes, pero sí un poco más serios, incluso en los gestos de legítima defensa de la alegría. Si riéndonos de nuestro destino adverso, las heridas duelen menos, metámosle para adelante: entre sidra y sidra -si las hay- organicemos campeonatos de chistes.
Del Turco, de Alfonso, del Aburrido,
de la Piba, del Cabezón, de Chacho, de la fauna en pleno que supimos conseguir, pero eso sí: dejemos un ratito para rigorearnos la
sesera. ¿Por qué renunciar a preguntarnos hasta dónde llega la vara de nuestros atenuantes, de la
autocompasión, hasta dónde es legítimo llenar la solicitud de ingreso
al club de los inimputables y presumir que aquí no ha pasado nada?
Aprovechemos el año que se va, el
año que viene, para decretar el estado de alerta y movilización de la
esperanza. Ojo: de la esperanza,
no de la puerilidad, no del hop hop
bobalicón.
Los lobos tienen la panza exigente.
Ya andán relámiéndose por ahí. Si
nos quedamos moscas, pegan el
zarpazo y chau. Fuimos.
Se degluten hasta el almanaque.
JUEGO y CREATIVIDAD
FORMACIîN TEîRICA: Teor’a y Cl’nica Psicoanal’tica, Crisis Vital, Cl’nica con Ni–os, Adolescentes, Familia, Pareja,
Neurosis-Psicosis-Psicosis Infantil. Prevenci—n. Trastornos de la Conducta Alimentaria. Trastornos Psicosom‡ticos. Adicciones. HIV. Recursos
ante la infertilidad.Adopci—n. Seminarios optativos alrededor de diversos ejes tem‡ticos y distintas l’neas del pensamiento psicoanal’tico.
PRACTICA CLêNICA: Atenci—n supervisada de pacientes. Co Admisiones. C‡mara Gesell. Ateneos. Jornadas Cient’ficas. Grupos de Investigaci—n.
Visitancias optativas por los equipos de Asistencia y por los Departamentos Cient’ficos en 3er a–o.
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La vida se transforma en la ideología de la cosificación, la cual es propiamente la máscara de la muerte. Theodor Adorno
Carrera Terciaria
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martes 4 y 11 diciembre
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Telefax: 4785-3273
estudio
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inés moreno
www.inesmoreno.com.ar
Campo Grupal / 3
ESCRITURA
AUTOMATICA
Papeles
Luis Gruss
[email protected]
Tengo mi biblioteca y mi cabeza
abarrotadas de libros. Leí tantos
diarios que ya no recuerdo ni una
sola nota. Todos mis cajones rebozan papeles. En el baño hay revistas abiertas en páginas mojadas
con agua de la ducha. También Internet es un papel que se pega a
las pantallas. En los muros callejeros hay papeles donde figura el
nombre de todos nosotros. En las
Torres Gemelas se quemaron toneladas de planillas vitales para la
seguridad universal. Dentro de
unos días, antes de fin de año,
caerán desde las oficinas céntricas
grandes rollos de serpentina conteniendo información igualmente
valiosa. Acabo de comprar 74 metros de papel higiénico, suave y
absorbente. En la cama donde
duermo y hago el amor también
hay papeles anónimos, recortes,
cuentas viejas, teléfonos anotados
a las apuradas. No consigo recordar de quién son esos números
reunidos en singulares combinaciones.
A mi piel se pegan tantos papeles
grasientos que ya no sé qué hacer
con ellos. En uno alguien ha escrito un poema chino. Allí se habla
de una extraña bandada de patos
cuyas sombras se proyectan fugazmente en un río de montaña.
Nado ahora en ese río apenas
sombreado por las aves. Estoy
desnudo, envuelto apenas por la
ropa de vidrio que el agua teje al
pasar, y miro el fondo de piedras
redondeadas por el uso y la corriente. Contra la arena del fondo
se dibuja un pez rojo y alargado
que va lentamente al encuentro
del océano. Pero yo no tengo nada que ver con el agua, con el
pez, con las piedras y el océano. A
mí me ahogan los papeles, las
cartas de amor que ya no sirven,
las demandas judiciales, los vómitos de texto que manchan para
siempre sábanas y sábanas de papel amarillento. Tengo que ordenar
ese universo empapelado. Decido
entonces guardar los recortes por
tema y por fecha en cajas de cartón. El resto lo meto en sobres de
papel madera que sirven para meter más papeles llenos de letras
robadas de un sinfín de otros mensajes no menos inútiles. Subo con
esfuerzo por una cordillera de papeles donde nadie ha escrito ni siquiera una palabra que me cure.
Quisiera, al menos, terminar este
año sin papeles, sin cartas, sin envoltorios, sin libros ni dazibaos.
Por qué no un silencio de papeles,
una música sin palabras, una reunión donde nadie diga nada. Por
qué no la vida a secas. Ahora,
mientras escribo, me duele horriblemente la espalda. No sé dónde
está mi hija. El gato que salvé hace poco de la muerte mira hacia lo
lejos sin deseo ni esperanzas.
Tengo hambre. Tengo ganas de
comprar en la calle un ramito de
jazmines. Quisiera que la guerra
se termine de una vez y quisiera,
sobre todo, encontrar los fósforos
que me permitan prenderle fuego
a esta montaña nevada de papeles finos, blancos, perfectos. Sobre
la piel de mi amor escribo palabras
con la lengua. No quedará nada
de ellas en ningún libro. Pero mi
lengua es un pez rojo y vivo que
no piensa, que ni siquiera sueña,
que sólo es capaz –ahora- de imaginar un mundo libre para siempre
de papeles.
Campo Grupal / 4
lo determina pero que lo condiciona tanto en sus posibilidades como en sus imposibilidades, puesto que toda forma tiene un linaje
de transformaciones posibles. Somos como somos en la medida en
que somos cuerpo, aunque, desde luego que no somos meramente
seres corporales. Nuestra biolog’a forma parte de nuestro peculiar
estar en el mundo, pero la propia vida no est‡ definida de una vez
para siempre. En el interjuego de la trama corporal-vital evolucionamos, nos transformamos, cambiamos.
Por otra parte esa biolog’a no establece s—lo una an‡tomo-fisiolog’a particular para cada especie, sino que participa de un intercambio permanente de est’mulos y reacciones, de afectos y efectos, de retroalimentaciones y escapes, de azares y mecanismos,
que llevan a una organizaci—n evolutiva compleja del cuerpo embebido, atravesado, interligado con el medio.
Es en esta evoluci—n que seres cada vez m‡s complejos fueron
manifestando nuevas y sorprendentes propiedades: de la irritabilidad del paramecio, a los deseos, la imaginaci—n y la producci—n de
sentidos humanos pasando por las sensaciones y emociones de los
mam’feros. Las huellas de esta evoluci—n no son en absoluto lineales, ni el camino recorrido tiene su cima en nuestra especie, pero
aœn as’ nuestra humanidad se inscribe all’.
Cuerpo: Configuraciones de lo posible
La piel no s—lo nos separa de los otros, es por ella, a travŽs de
ella, en ella que sentimos el contacto tibio del aliento de un ser
querido, el fr’o de la nieve, la caricia de un amigo, los besos de un
amante. Frontera porosa, permeable, vital en permanente recambio.
El cuerpo no es s—lo el territorio propio sino el lugar de encuentro. Al salir del hechizo del modelo mec‡nico tenemos acceso a un
ser humano que no se resigna a ser un aut—mata, que no est‡ hecho
de barro y soplo divino, pero tampoco es meramente un conjunto
de ‡tomos regidos por leyes eternas que siguen la mœsica del diablillo de Laplace. Nuestro cuerpo se gesta en la biolog’a, se desarrolla en el intercambio permanente de materia y energ’a
con su medio ambiente, se forja en los encuentros afectivos con
nuestros congŽneres y otros seres, crece en un mundo de sentido, adquiere los h‡bitos de los juegos relacionales de nuestra
peculiar cultura. El cuerpo humano es aquella organizaci—n que
en su complejidad ha manifestado nuevas opciones en el mundo de
la vida: la autoconciencia y el inconsciente, la raz—n y la imaginaci—n creadora, el lenguaje y la pasi—n. Dotar de sentido a la experiencia es el eje vertebrante de nuestro devenir en el mundo.
Ahora bien, la filosof’a de la escisi—n arranc— de cuajo a la raz—n
del vientre vivo que la gest—, la sensibilidad fue ÒcortadaÓ de la racionalidad, la emocionalidad separada del lenguaje, la imaginaci—n
arrancada a jirones de la autoconciencia. La concepci—n mec‡nica
de cuerpo se limit— a las funciones biol—gicas y no pudo incluir ni
a los afectos o a las emociones, ni a nuestra capacidad lingŸ’stica
de significar, de imaginar y de crear nuestro mundo experiencial.
El sujeto moderno fue un sujeto abstracto, pura raz—n incorp—rea:
una abstracci—n l—gica.
Se trata entonces de tomar en serio el desaf’o de generar nuevas
articulaciones, de pensar los diversos paisajes vitales en los que
pueda habitar un sujeto encarnado, profundamente enraizado en su
cultura, atravesado por mœltiples encuentros (y desencuentros), altamente interactivo, sensible y emotivo, en permanente formaci—n
y transformaci—n co-evolutiva con otros sujetos y con el medioambiente.
Desde luego que desde esta perspectiva no se puede esperar Ðni
ofrecer- una nueva teor’a sobre el cuerpo; ya que la concepci—n
misma de ÒTeor’aÓ nace de la escisi—n: te—rico era aquŽl que miraba las olimp’adas, el espectador. Desde la perspectiva vincular
es posible pensar, y es preciso hacerlo rigurosamente, extremar
los recaudos, Òencarnizarse en la erudici—nÓ, como le gustaba decir a Foucault. Y en este hacer podemos tejer narraciones, intentar
comprender, crear hip—tesis, componer nuevas configuraciones
conceptuales, pero sabiendo que somos nosotros mismos los que
le damos sentido en el hacer. No estamos afuera, no tenemos una
perspectiva privilegiada, accedemos s—lo a lo que nuestra conformaci—n humana en activo intercambio con el entorno nos
permite.
En este camino que hemos emprendido para ir m‡s all‡ del cuerpo mec‡nico, para atisbar otros paisajes diferentes a los que nos
presenta la filosof’a de la escisi—n, nos acecha aœn otro peligro: el
del Ògiro lingŸ’sticoÓ. Me refiero a una tendencia importante en la
investigaci—n social que tiende a pensarlo todo en tŽrminos exclusivamente lingŸ’sticos y a convertir toda la vida humana en mera
literatura.
Todo es lenguaje en el mundo humano, pero de ninguna manera s—lo lenguaje. El sentido no es algo que aprendamos como
seres del lenguaje, sino como seres vivos. El sentido se adquiere
Òen los juegos del lenguaje en la corriente de la vida6Ó. Aprendemos a hablar siempre en el intercambio vital-corporal-emotivo-cognitivo con otros. No es nuestra mente en conexi—n directa
con un diccionario que dota de significado al mundo, sino nosotros
como personas en nuestro medio social, embebidos en el lenguaje
que es parte inextricable de un juego social que no podr’a nunca
darse sin la corporalidad que nos entrama y que lo conforma.
Los que creen en la materialidad son como vacas
Los que creen en la vacuidad son peores
An—mino del Sahara
Citas
1 Rostand, J. ÒLa Vie et ses Probl•mesÓ, Flammarion, Par’s, 1939.
2 Le Breton, D. ÒAntropolog’a del cuerpoÓ, Nueva visi—n, Buenos
Aires, 1995. p
3 Morin, E. ÒEl mŽtodoÓ. Vol I, C‡tedra, Madrid, 1981.
4 Najmanovich, D ÒEl lenguaje de los v’nculos de la independencia absoluta a la autonom’a relativaÓ, en ÒRedes el lenguaje de los
v’nculosÓ, Paid—s, Buenos Aires, 1995.
5 Najmanovich, D ÒPensar la subjetividadÓ, Campo Grupal N¡ 21,
Buenos Aires, 2001.
6 Wittgenstein, L. ÒInvestigaciones Filos—ficasÓ, Cr’tica, Barcelona, 1988.
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El pensamiento es el trabajo que hace vivir en nosotros lo que no existe. Paul Valery
Comunicación y subjetividad
El ruido, entre las
grietas de la razón
Román Mazzilli
[email protected]
"Uno deber’a ser siempre un poco improbable".
Oscar Wilde
a raz—n instrumental triunfante en nuestra Žpoca, nos ha impuesto el ritmo de sus latidos y los objetivos de su Žtica.
Hoy ya no tenemos tiempo de sentir o de desear, en medio
de los apurones de nuestra vida pautada entre el trabajo, el matrimonio
y la profesi—n.
Se acabaron las revoluciones. La ÒestabilidadÓ es el nuevo valor social predominante.
Los graffiti del mayo francŽs ya son historia. El ÒCheÓ Guevara pas— de las banderas libertarias a un estampado de moda en las remeras.
ÒSovietÓ es una marca de ropa informal unisex, ni siquiera la sombra
de aquel fantasma que recorr’a europa. Las utop’as que ven’an encantando a la humanidad se desmoronaron una a una y el Muro de Berl’n
es un souvenir fragmentado en trocitos.
La pol’tica se eclips— frente a las estrellas surgidas del espect‡culo,
los medios de comunicaci—n y el deporte.
Pareciera que no quedan valores que no hayan sido metabolizados
por la gran m‡quina de la sociedad capitalista: el mundo se transform—
en una gran empresa, cada vez m‡s ancha, cada vez m‡s ajena.
Parafraseando un slogan publicitario, se podr’an ver las cosas de esta forma: ÒCuando se apaga la esperanza, se enciende la ilusi—nÓ.
Esta Žpoca racional opuso, al desencantamiento del mundo, la ilusi—n del consumo.
El progreso, hoy, es la tenencia y la portaci—n de bienes. El hombre
dej— de buscar la satisfacci—n de sus necesidades alej‡ndose inclusive
de registrarlas en el cuerpo. Si ya no vamos al encuentro de nuestras
necesidades, ÒotrasÓ satisfacciones vendr‡n a nuestro encuentro. Claro
que no coinciden. S—lo habr‡ una l—gica de mercado en ese encuentro,
no l—gica de la sensibilidad. Ilusi—n de felicidad o al menos de una vida tranquila (Ò-Buen d’a Lexotanil, -Buen d’a se–ora, -Buen d’a doctorÓ, como cantaba Fito P‡ez).
Cuando el v’nculo que el sujeto establece con el mundo es un v’nculo ilusorio, no busca satisfacer sus necesidades sino adecuarse a los
mandatos sociales, al status y a una serie de valores y pautas que la sociedad dicta.
El lugar del sujeto
A la Žtica racional de la existencia, amante de la objetividad y de las
ciencia exactas, de la estabilidad y del mercado regulador, podr’amos
oponerle otros valores que, aunque no supremos ni absolutos, nos pueden ayudar a salir del marasmo donde estamos encallados.
Podr’amos por ejemplo, reivindicar el error, la confusi—n, el azar, y
las Òhuellas de subjetividad en los textosÓ.
Pensado desde la teor’a de la comunicaci—n ser’a algo as’ como poner el ÒruidoÓ en el centro: ya no como una interferencia f’sica en el
canal de comunicaci—n entre un emisor y un receptor, como dec’an los
funcionalistas, ni como lo ÒterceroÓ presente en cada v’nculo, para la
teor’a psicoanal’tica.
El ÒruidoÓ es el mensaje. O mejor dicho, aquello que circula y no sabe de s’ mismo.
El ÒruidoÓ -s’ntesis de subjetividad y confusi—n, de error e intentoes el sujeto mismo inscripto en el proceso de la comunicaci—n. Es el
rasgo personal, la voz cascada, el gesto enigm‡tico, el discurso fragmentado, el chasquido molesto o el rubor ante unos ojos que miran.
Es la marca personal, el estilo de cada uno puesto en juego en un intercambio concreto.
Aquello que no obedece tiempos impuestos, lo que puede Òaparecer
como s’ntomaÓ cuando es negado.
Visto de esta manera, el ÒruidoÓ no dificultar’a la comunicaci—n.
Tampoco ser’a un elemento a decodificar. S—lo habr’a que dejarlo re-
T.I.T.E.R.E.
Si no tenemos nada que decir,
dijo Camier, no digamos nada.
Tenemos cosas que decir, dijo
Mercier.
Entonces, ¿por qué no podemos
decirlas?, dijo Camier.
No podemos, dijo Mercier.
Entonces callemos, dijo Camier.
Pero ya lo intentamos.
Samuel Beckett
L
ÒBuen d’a LexotanilÓ
Mercier y
Camier
Nunca estoy
solo
sonar dentro nuestro.
El ÒruidoÓ es lo que agrieta la s—lida construcci—n de la realidad que
hace el individuo. Por esos pliegues entra el deseo y la necesidad, aœn
sin invitaci—n expresa.
El ÒruidoÓ no es racional y su l—gica no es productiva: es esa imagen
del primer amor que aparece inesperadamente cuando ya tenemos el
juego de muebles comprado y estamos a punto de casarnos.
En el ÒruidoÓ no se expresa un supuesto Òorden naturalÓ, sino las
percepciones contradictorias. Rompe la logicidad dejando paso a que
irrumpa el conflicto humano, con su carga de azar y necesidad.
De veras, nunca estoy solo.
Tan solo estoy triste
cuando tus ojos
huyen
del sitio
en que debimos
encontrarnos
por la tarde.
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se pudre la espera
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Mucho ruido
El ÒruidoÓ es, para esta Žtica actual y racional, lo que debe eliminarse, lo que entorpece el ritmo productivo, la Òcomunicaci—n claraÓ, una
orden impartida. No hay criterio de verdad para la ciencia si el ÒruidoÓ
entromete sus narices y con Žl el estigma de la subjetividad. Es el loco
de la comunicaci—n, el subversivo, el marginal, el ÒotroÓ.
Por eso el ÒruidoÓ puede salvarnos.
Creernos a nosotros mismos, intentar nuestros deseos, seguir nuestras intuiciones. Escuchar el ruido, ininteligible pero cierto, de nuestro
tiempo interno.
El ÒruidoÓ es la marca del sujeto en el ÒsentidoÓ producido, en un
texto.
ÒSentidoÓ no atado a l—gicas instrumentales. El progreso ser’a su
continua circulaci—n y no la llegada a un supuesto estado superior: una
explicaci—n, una clasificaci—n, un diagn—stico.
Ante el actual desencantamiento del mundo -Àabono de un nuevo fundamento pr‡ctico-moral?-, esta ser’a mi propuesta: Mucho ruido... que
las nueces vendr‡n solas.
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Superficie inauténtica, en apariencia social, la máscara de lo civilizado. Wilhelm Reich
Campo Grupal / 5
Más allá del Psicodrama
El Teatro de
Multiplicación
Raúl Sintes
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Llorar a lágrima viva. Llorar a
chorros. Llorar de digestión.
Llorar un sueño. Llorar ante las
puertas y los puertos. Llorar de
amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el
alma, la camiseta. Inundar las
veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los
cumpleaños familiares,
llorando. Atravesar el Africa,
llorando.
Llorar como un cacuy, como un
cocodrilo...si es verdad que los
cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las
rodillas. Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de
alegría. Llorar de frac, de flato,
de flacura.
Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y
todo el día!
Oliverio Girondo
Ronaldo
Wright
Psicólogo Social - Abogado
Especialista en
Derecho del Trabajo
Lavalle 1886 Piso 2do. “A”
C1051ABB Capital Federal
Tel./Fax. 4372-3366
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CREATIVIDAD
El proscenio
l Dr. Hern‡n Kesselman me invit— a principios de a–o a
coordinar un seminario-taller sobre Teatro Espont‡neo, Carnaval y Murgas en el Centro de Psicoterapias Operativas. El
entusiasmo y compromiso del grupo encendi— la idea de formar
una compa–’a estable de Teatro Espont‡neo del C.P.O. La Lic. A’da Loya, como Directora de la Escuela de Psicodrama Abierto, se
encarg— de convocar a los interesados en participar, y a la semana
siguiente comenzamos a reunirnos en su casa.
DespuŽs de un breve per’odo de consolidaci—n del grupo la compa–’a qued— integrada por Micaela Bracco, Marta Corallo, Ana Esp—sito, Patricia Garrote, A’da Loya, Alejandro Unzaga y yo.
La pertenencia al CPO nos daba un Òplan de consistenciaÓ en el
que la Multiplicaci—n Dram‡tica, la noci—n de Obra Abierta, las filosof’as de Deleuze, Guattar’, Nietzsche y Spinoza y el teatro de
Artaud, Beckett y Boal, jugaban como personajes conceptuales.
E
La tramoya
En el caldo de cultivo de una febril producci—n naci—, de padre
desconocido, el nombre de la compa–’a: La Tramoya. Era perfecto. Combinaba dos conceptos: el de m‡quina de crear ambientes y
efectos que se arman y desarman r‡pidamente, con el de trama; red
vaga y siempre creciente de objetivos difusos y perentorios. Sintetizaba magn’ficamente la idea que tenemos del teatro espont‡neo:
no pretende mostrar la realidad, no re-presenta, s—lo produce en la
maquinaci—n silenciosa de mœltiples engranajes que se acoplan y
desacoplan los efectos cambiantes y alucinados en los que el pœblico puede transfundir interiores y exteriores, vidas y muertes, luces
y sombras. Es una m‡quina de producir mundos casi tan irreales
como el real; una trama desprolija y borroneada que s—lo produce
destellos, un enredo de mecanismos fr‡giles sin enga–os de trascendencia. En la fugacidad, en la creaci—n de escenograf’as apenas
esbozadas y siempre variables, pulsa la gozosa potencia de crear
que Spinoza opone a los afectos tristes, esos que los poderes nos
inoculan para poseernos. Creando rompecabezas con un espejo roto aparecen las im‡genes que otras tramoyas, esas que construyen
y destruyen mundos ÒrealesÓ, tratan de disimular para poder seguir
debilitando nuestra potencia de actuar.
Fuimos probando ideas; quer’amos evitar la hegemon’a de la palabra, en realidad quer’amos eliminar el discurso verbal, encontrar
sonidos-flechas, hacer del gesto un sonido, que el cuerpo suene,
eliminar la mentira del cuerpo individual, devolver la multiplicidad
al cuerpo, devenir imperceptible. Habitar personajes que construyen escenas con los escombros de otras escenas, personajes que
son escena, personajes que huyen de la escena, personajes que son
atravesados por escenas y que atraviesan otras escenas. Cohabitaci—n de voces, de cuerpos, de gestos. M’nima expresi—n, casi detenci—n de un gesto para alcanzar la m‡xima velocidad de desterritorializaci—n. Velocidad m‡xima para huir de una captura, de un axioma. Borrar permanentemente, desrostrizar, detener, desaparecer y
ÒLo que hoy es evidente ayer
fue imaginarioÓ (W. Blake)
4to. Seminario Anual
ESTRATEGIAS para el DESARROLLO
CREATIVO en cada AMBITO
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Campo Grupal / 6
Regalo para analistas
Por esa Žpoca, de intenso estudio y reflexi—n, tuve un sue–o: estaba en una calle desconocida sacando huevos de una especie de
batea, pero mi antol—gica torpeza (que al parecer no logra mitigar
ni el sue–o), hizo que se me cayeran varios al suelo. Al estrellarse,
las yemas pintaron el empedrado de un dorado brillante. Pero, inesperadamente, empezaron a rodar r‡pidamente por la bajada y a adquirir forma de pollos y luego –andœes, pero despuŽs fueron perros,
leones... Me despertŽ pensando que las escenas de teatro espont‡neo pod’an ser cocinadas, hervidas, fritas, hasta quedar definitivamente capturadas en una tortilla o una milanesa; pero tambiŽn pod’amos dejarlas caer, estrellar sus c‡scaras en miles de trozos para
liberar embriones impredecibles. Durante a–os hab’amos cocinado
las escenas de psicodrama. Los directores y terapeutas ofrec’amos
tortillas, pascualinas y huevos duros a los grupos. S—lo era cuesti—n
de seguir una receta y esos embriones dorados, brillantes e inasibles quedaban definitivamente coagulados en algœn modelo; y as’,
metaf—rica y literalmente, nos llen‡bamos la panza. Hace muchos
a–os que la Multiplicaci—n Dram‡tica me estimul— a romper los
huevos de las certezas; ahora, las investigaciones que est‡ desarrollando Hern‡n Kesselman con los heter—nimos1 (o disposibles) me
Operación Psicosocial en las Organizaciones
La carrera del futuro!
Técnico en coordinación Grupal: 3 años
Profesor en Psicologia Social: 4 años
Talleres de Psicología Social
Ritornellos
Comenzamos ensayando con el modelo tradicional del Teatro
Espont‡neo, pero lo transfundimos con la multiplicaci—n dram‡tica. Yo hab’a apadrinado este casamiento gitano, lo hab’a bautizado
Teatro de Multiplicaci—n, y lo practicamos mucho tiempo en Montevideo con La Tute (Troupe Uruguaya de Teatro Espont‡neo). Un
narrador surge a partir del caldeamiento del pœblico, el director
traslada el discurso a la semi—tica teatral, esboza algunas indicaciones generales, y los actores de la compa–’a juegan espont‡neamente la escena. Luego de 2 o 3 escenas d‡bamos lugar a la multiplicaci—n dram‡tica. Ten’amos claro que la creaci—n espont‡nea es
agenciamiento de deseo y, como tal, producci—n colectiva. TambiŽn es claro que no est‡ en juego la subjetividad del narrador, se
trata de agenciar la narraci—n, robarla y abrirla, rasgarle el sentido
para que exploten otros. Los actores inician el movimiento, el pœblico lo multiplica. Busc‡bamos la estŽtica del devenir, la estŽtica
n—mada y mœltiple; Moreno dijo que el acto creativo estaba en el
proceso de creaci—n y no en la obra terminada. Era necesario hacer
volar en pedazos las certezas; ten’amos que buscar siempre los
m‡rgenes, los bordes, las fronteras.
Dado que entendemos el acto creativo como movimiento estŽtico, buscamos subrayar lo pl‡stico, encontrar sonidos en el movimiento, vislumbrar tiempos coloreados.
Recurrimos a un vestuario m’nimo, apenas sutiles telas de colores y algœn sombrero. Quer’amos evitar que el actor fuera capturado por el personaje, se trataba de devenir entre figuras estŽticas.
Educación, Salud, Servicios, Empre-
Victor H. Treffner
[email protected]
masificar. Sostener un gesto en un sonido hasta que explote, se
rompa la c‡scara y aparezca una l’nea de fuga. Aliviar, producir levedad, rapidez y multiplicidad, afirmar para poder negar, descentrarse permanentemente.
5.
Organizaciones
- Racionalidades y cultura organizacional.
- Poder e Ideología en las organizaciones
- Sociopatología Organizacional
- Mecanismos de exclusión y segregación
Individuo / Rol
- La Organización proveedora de la Identidad del sujeto.
- Liderazgos - Estilos, conducción, hegemonías
y participación.
- Motivación, satisfactores, esquema diagnóstico.
Diagnóstico - ejes diagnósticos,
- Indagación - Objetivos y técnicas
- Entrevista de Presentación, autodiagnósticos.
- Técnicas diagnósticas
Operación - Objetivos, esquemas y diseño.
- Formas de Operación
- Del Grupo al trabajo en equipo
- Conductas Tácticas del operador
- Dispositivos - Diseños grupales, talleres, operativos, etc.
Cambio - cambio espontáneo y no planeado.
- Conflicto - derivados de los roles, cambios e inequidad.
- Creatividad operativa - Espacios de nueva subjetividad
Director del Seminario: Carlos R. Martínez
Psicólogo Social - Consultor en Aprendizaje Organizacional
Al realizar una intervención en una organización son necesarias
herramientas para definir las acciones, diagnosticar y poder pensarse en el devenir del tiempo articulando lo teórico, la práctica,
los miedos y los modelos previos.
En el caso de la operación psicosocial: los sujetos que son objeto
de trabajo del operador, pertenecen vincularmente a la organización, están cotidianamente comunicados entre sí, tiene intereses,
en la mayoría de los casos económicos entre ellos o con la organización, historias vinculares previas, atravesados por normas, manejo del poder, por lo que toda definición de un método de trabajo debe también incluir esta cultura existente que los determina....
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dieron ideas para trabajar el devenir en las escenas. Empez‡bamos
con una escena fuerte, con una intensa captura, pero el director apenas esbozaba los personajes, de manera que los actores pudieran dejarse habitar f‡cilmente por varios heter—nimos. De esa forma la escena empezaba a fluir r‡pidamente, a rodar por el empedrado. Alcanzaba con demorar un gesto, alargar un sonido, percibirse en el
color de una tela, para que se rompiera una c‡scara, se sintiera convocado un heter—nimo y entonces aparec’an l’neas de fuga que
arrastraban nuevos personajes a otros territorios.
Invitados del Carnaval
Para subrayar la estŽtica de la escena y favorecer la aparici—n de
personajes mœltiples se me ocurri— incluir ÒcabezudosÓ. Hac’a
tiempo que ten’a ganas de construir, en mis enso–aciones escult—ricas, a esos mu–ecos enormes, de cabezas deformes y alucinadas
que inauguran los desfiles de carnaval en Montevideo. Siempre me
hab’an parecido extraordinariamente pl‡sticos, de una estŽtica popular maravillosamente grotesca. De ni–o, cuando comenzaba el
carnaval con el desfile por la calle 18 de Julio, me quedaba fascinado mirando sus torpes movimientos, sus caras fijas y sin embargo
curiosamente expresivas, sus gestos grandilocuentes que me hac’an
fantasear un mundo de c’clopes, de Gulliver, de desproporciones.
Ahora Moreno vino en mi ayuda, casi como otro heter—nimo, y
acept— sustituir sus balcones de dioses y profetas por mis cabezudos. Naci— el primero: un innominado mascar—n de cara dorada, seguramente pintado por los mismos embriones de mi sue–o; de mirada interna e inquietante, cubierto con un largo manto negro. Los
actores tuvieron que acostumbrarse a incluirlo en la escena y a manejarlo.
DespuŽs vendr’an otros cabezudos... la idea era poblar la escena
de elementos pl‡sticos desordenados, ca—ticos, que sostuvieran la
acci—n con un flujo intensamente sensorial y extraverbal. Busc‡bamos recuperar el espacio-tiempo m‡gico del carnaval, un margen
ajeno a todo disciplinamiento. No se trataba de jugar a ser ni–os, ni
salvajes, ni animales, el problema era encontrar la grieta que permite deslizarse entre el ni–o, el adulto, el salvaje, el animal.
Los artefactos y mentefactos del carnaval; sus grotescos mu–ecos de cart—n piedra, sus disfraces, ruidos, ritmos y s’ncopas, sus
polisŽmicas escenograf’as, han sido siempre utilizados con Žxito
para permitir la irrupci—n de lo irracional. Ese fugaz desorden popular mete una cu–a en la entrenada ceguera rutinaria, socava la represi—n del orden imperante y produce un corte en el cauce de la cotidianeidad.
El Carnaval, Ò...al denunciar las mentiras convencionales y las
crueldades secretas de ÒEl EstablecimientoÓ, constituye una expresi—n contestataria y revolucionaria...Ó2
Antropofagia
Pensamos al teatro de multiplicaci—n como recipiente; olla donde
se transfundan los jugos del carnaval con la pulpa del psicodrama;
donde el cabezudo y el disfraz sazonen el gesto dram‡tico, y donde
la mueca y el grito de la tragedia dionis’aca arranquen aromas nuevos a la modulaci—n ordenada y severa que encierra a las posibilidades de crear.
Resonancias de Micaela Bracco
Cuerpos vibr‡tiles, m‡quinas palpitantes, teatro de la multiplicaci—n.
DespuŽs del vino, la cerveza, y la mesa en comœn, ritos arcaicos
por los que circulan intensidades de redes de afectos, de pactos, de
fuerzas que rizoman para desplegar fecundidades posibles en la cerraz—n de los ocasos, crisis estructurales de los textos, pretextos y
contextos dominantes.
Mientras el monstruo se muerde las Torres, y crepitan los cuerpos
envirados del miedo, la crisis, la marginaci—n, la incertidumbre, los
viernes a las 10 en punto de la noche, se abren las puertas del infierno y los demonios salen a jugar.
Los ni–os devienen torturadores, para reintegrarse a la ni–ez y
ver si de una vez encuentran la teta buena!!. Las abuelas devienen
floreros de estancados y pœtridos arquetipos, adorados en el ÒlivingÓ de la existencia cotidiana, y agitando pa–os de colores se danza para construir un exorcismo a la soledad, el dolor, la angustia, la
incertidumbre, los celos, la envidia, la muerte... y los fŽtidos demonios devienen ‡ngeles traviesos, que todav’a no cogen, pero coger‡n las plumas de sus incipientes alitas para surcar frentes arrugadas, corazones corrugados y fŽtidos y macilentos hist—ricos sociales, y que circule el vientito, la iron’a, el humor, las plasticidad, la
fuerza, la emoci—n, el pensamiento, la creaci—n, intensidades, virtualidades, creaciones err‡ticas posibles en el desparramo de contagios ut—picos a la bœsqueda del arca transhumante: bienvenidos al
tren, colectivo, chasqui, carreta, roller, monopat’n, patineta, zapatillas, escena disposible en cortejo, marcha, piqueteros...viene llegando la TRAMOYA.
Resonancias de Alejandro Unzaga
Tramoyantes, tramoyanos...
...En el teatro de la multiplicaci—n experimentamos encuentros, y
producci—n de un yo como haz o flujo de impresiones. En este teatro que Raœl define como red, o trama en constante movimiento,
experimentamos disposibles que nacen y mueren, se transforman y
devienen; disposibles que s—lo son posibles entramados en otros
disposibles...
... Permite, esta trama, experimentar ese maravilloso flujo de impresiones que somos en el entremedio del encuentro otros-nosotros,
yo-naturaleza.
Disposibles que nacen y mueren cuando juegan con otros disposibles, disposibles que dejan de ser cuando comienzan a ser al nombrarlos.
Todo lo puede un cuerpo, y no sabemos cuanto puede cuando se
atreve a mirar a sus disposibles a los ojos y tomarlos de las manos
d e
Bertold Brecht (1940)
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1 TŽrmino utilizado por Fernando Pessoa para dar vida a los
poetas que lo habitaban.
2. Vidart, Daniel. ÒEl Esp’ritu del CarnavalÓ. P‡g. 17. Edit.
Graffiti, Montevideo, Uruguay. 1997.
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El inconsciente es el discurso del Otro. Lacan
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La ciudad ya no es la misma, y para
enterarse de los cambios hay que
pararse en una esquina. Río Negro,
por ejemplo, es una de las muchas
calles que no puede resistir la seducción del mar; baja a las apuradas desde 18 de Julio y apenas cruza Maldonado ya empieza a rumorear gaviotas, pescadores, y el paseo por la Rambla (con mate) del
domingo a la tardecita, antes que
empiecen a sonar los tambores del
Barrio Sur. Uno debe ubicarse frente a la pared de la farmacia, mirando al espejo del anuncio de analgésicos, casi de espaldas al Rey de
Copas, el bar de enfrente. Recuerdo
que, hace muchos años, un 11 de
octubre a las 14 y 50, descubrí casualmente que en ese lugar exacto
un rostro me observaba. Supe que,
más allá del espejo de la farmacia,
alguien quería mostrarme algo, y
como yo tenía tiempo me quedé mirando. Pude ver, justo entre los
ojos, un punto oscuro, profundo, estrecho como un desfiladero. Si uno
lograba vencer el miedo inicial que
lo obligaba a entrar arrodillado podía descubrir que, haciendo un poco
de fuerza, era posible ponerse de
pie. Después era bastante fácil vencer a codazos la resistencia fibrosa
de la pared y hacerse un espacio,
un hueco cálido que se pintaba de
colores vivos y se llenaba de gente
apenas uno ponía pasión en los
movimientos.
El siguiente 11 de octubre a las 14 y
50, de cara al espejo de la farmacia
y de espaldas al tránsito de Río Negro, recibí un brutal golpe en el medio de la frente. Creo que caí aturdido, apenas capaz de sentir los siguientes golpes, totalmente ciego y
muerto de miedo. Alrededor mío había cientos de caídos, pero entre todos decidimos seguir viviendo.
Recuerdo el día en que todo el rostro se puso rojizo y empezó a oscurecer aunque eran las 14 y 50. Yo
sentía soplar el viento del sur y las
últimas olas del sol en los huesos, y
no podía parar de reírme. Al rato era
de noche, y había viento y eran las
3 de la tarde pero bailábamos, nos
reíamos y aprendimos a jugar con la
noche, con el viento y con la risa.
Algunos octubres se me hizo tarde,
yo no estaba en el país o llovía mucho, pero cuando llegaba hasta Río
Negro y Maldonado, indefectiblemente pasaba algo. Con el tiempo y
la experiencia descubrí que si me
quedaba mirando la nariz podía
deslizarme como por un tobogán
hasta la frente y andar por desiertos, encontrar ojos de agua antes
de morir de sed y refugiarme del sol
en algún bosquecito de matorrales
bajos, de cara al cielo. Podía observar una oreja y entonces el problema era salir del laberinto, sortear
pequeñas colinas y evitar el agujero
oscuro del acantilado. Pero siempre
me encontraba con alguien. A veces
era una sombra que me cortaba el
paso en el entrecejo. Otras era una
manada que corría alocada para llevarme, casi en andas, hasta el mentón y enseñarme, divertida, la garganta.
El pasado 11 de octubre, exactamente a las 14:50 de frente a la farmacia y de espaldas a la calle, se
me echó encima un entrevero en el
que apenas pude reconocer la mitad de un párpado, el lóbulo de la
oreja derecha, algo parecido a un
ojo interrumpido por una cicatriz
brutal que apenas se parecía a la
boca... Tuve que hacerme a un lado, entrar a la farmacia, y avisarle al
empleado que habían roto de una
pedrada el espejo de la pared, el
que tenía la propaganda del analgésico. El tipo me dijo: ¿Vió? ¡Lo que
pasa es que la ciudad ya no es la
misma!
Campo Grupal / 8
La investigación en Psicoanálisis (3ra. parte)
Trabajando los conceptos
sobre entrevistas clínicas
Valeria Ferrán, María Inés Petrovic y Marta Toppelberg
[email protected]
INTRODUCCION
as dos notas anteriores publicadas en Campo Grupal sobre
investigaci—n en Psicoan‡lisis, ÒPregunta bien formulada e
hip—tesisÓ e ÒHip—tesis correctas, fen—menos explicadosÓ,
tuvieron por objetivo destacar la importancia de la precisi—n, rigurosidad y mŽtodo en una investigaci—n, a partir de los temas
pregunta, hip—tesis y t’tulo de la misma. (1)
Las ¬6 wÓ, what, what for, while, whom, when, were, quŽ investigo, para quŽ, por quŽ, para quiŽn, d—nde y cu‡ndo, fueron propuestas como andamiaje metodol—gico cuyo uso creativo
pudiera orientarnos en diferentes momentos de una investigaci—n
y que se prueban aplicables al psicoan‡lisis teniendo en cuenta la
especificidad que corresponde al campo tratado y que la investigaci—n est‡ presente en Žl ya desde la definici—n freudiana. Esta
enuncia: ÒPsicoan‡lisis es el nombre de un mŽtodo para la investigaci—n de procesos an’micos eficaces inaccesibles de otro modo
(inconsciente), de un mŽtodo terapŽutico de perturbaciones neur—ticas basado en tal investigaci—n y de una serie de conocimientos psicol—gicos as’ adquiridos, que van constituyendo paulatinamente una nueva disciplina cient’ficaÓ. (2)
Fue situado el concepto de Òpregunta bien formuladaÓ como
un tiempo privilegiado en una investigaci—n y su posibilidad de
manifestaci—n producida por un quiebre o insuficiencia del saber
precedente. La detecci—n y encuentro con la falta de respuesta del
cuerpo te—rico en uso anuncia la apertura de un fŽrtil campo investigativo nuevo. La pregunta expresa la no correspondencia entre el universo fenomŽnico que interpela al investigador y los conceptos que deber’an explicar la producci—n de estos fen—menos,
constituyŽndose en el primer paso de un ordenamiento de referentes adecuados. Esta pregunta explicita los conocimientos previos
preparatorios para la bœsqueda que se emprende, referentes tambiŽn presentes en las hip—tesis.
Nos acercamos a un concepto profundamente ligado a la Žtica
del psicoan‡lisis, elemento central para acceder a la pregunta bien
formulada y pilar de la posici—n de un analista: concepto de abstinencia.
Antes de ir al mismo, presentarŽ al grupo de investigaci—n con
el cu‡l se realiz— el trabajo que precipita ahora. Los casos cl’nicos
con que ilustraremos la aplicaci—n de alguno de los conceptos
enunciados fueron aportados por el grupo en una de las primeras
reuniones..
Por lo tanto, el siguiente escrito es de autor’a compartida.
L
NUESTRA INVESTIGACION
El grupo constituido en marzo de 1998 fue convocado por el tema ÒPosici—n Žtica del psicoan‡lisis ante el malestar y la Žpoca
Ànuevas patolog’as?Ó (3)
Por ese entonces el interrogante disparador en los primeros encuentros (el 2001 ha comenzado con los mismos interrogantes
modulados y profundizados) se plante— alrededor del trabajo del
psicoanalista articulado en diferentes dispositivos: consultorio
privado, hospitales, instituciones varias. ÀSon v‡lidos los principios del psicoan‡lisis frente al contexto, a la Žpoca en la cual nos
encontramos, pr—ximos a recorrer un nuevo siglo? Dimos en preguntarnos si el cuerpo conceptual conocido hasta el momento se
encuentra vigente para explicar te—ricamente y llevar adelante el
tratamiento de las nuevas patolog’as, y por cierto nos preguntamos si estas son tan novedosas.
Nuestro primer paso, ineludible, fue pensar la posici—n Žtica del
analista. As’ arribamos al siguiente punto.
LA ABSTINENCIA
La abstinencia como principio operante definido por Freud, renuncia del mŽdico a sus valores, creencias y deseos personales a
fin de mejor escuchar al paciente, nos llev— a intentar determinar
quŽ significaba dicha posici—n en la direcci—n de una cura y m‡s
precisamente en las intervenciones del analista.
La noci—n de abstinencia es tan fundamental que se puede decir
que el Psicoan‡lisis encuentra en ella sus ra’ces y que propende a
la sustituci—n de la satisfacci—n pulsional presente en el paciente
dando la posibilidad de otros modos de descarga libidinal menos
costosos en sufrimiento.
Nos aport— mucho a la comprensi—n del tema puntuarlo en el
an‡lisis de Nadia (4) que se hab’a efectuado en las condiciones que
menos adecuadas parecen: ten’a s—lo 13 meses, estaba en una Casa de Tr‡nsito para ni–os, hab’a pasado su vida entre hospitales e
instituciones similares a la presente, separada de su madre por la
tuberculosis de Žsta. Nadia ten’a el tama–o de un bebŽ de 8 meses
y ninguna de las caracter’sticas de un ni–o de su edad en cuanto a
relaci—n con los adultos, otros ni–os, alimento, juego, etc.
Lo curioso es que su an‡lisis es llevado a cabo por una profesional no psicoanalista destinada a la observaci—n de la ni–a, profesional que carec’a por entonces de todo conocimiento psicol—gico y reciŽn comenzaba un an‡lisis propio. Esto no deja duda de
que las decisiones que toma desde el comienzo est‡n sustentadas
en la abstinencia como principio regulador de un an‡lisis, y crean
un analista al dar lugar a decisiones en el sentido de la Žtica aœn
sin saberlo ella misma.
Para comenzar se dice que por fortuna no estaba preparada para efectuar la Òobservaci—nÓ de un bebŽ abandonado.
Luego decide: a) tener con ella una relaci—n ajena a la crianza y
no ofrecerse como sustituto maternal reconfortante, b) los otros
adultos la manipulean sin hablarle, ella mantendr‡ la relaci—n al
nivel de la vista y de la voz, c) ser sensible tanto al rechazo de los
cuerpos que la ni–a impone como a lo que pueda pedir, d) constituirse en el lugar donde Nadia pueda Òcomenzar a decirÓ.
Pensamos que son decisiones dif’ciles pues el contacto con un
bebŽ tan peque–o que no se desplaza compromete siempre al
cuerpo, pero como decisiones ponen en juego el principio de abstinencia y tienen en cuenta la Žtica, ya que la vida pulsional de la
ni–a tendr‡ un escenario para desplegarse.
Entre lo producido como respuesta a los temas ÒŽtica y abstinenciaÓ en ese momento de nuestra investigaci—n, entre otros escritos retornaron dos casos de ni–as peque–as, que trabajaremos
en el punto V, para resaltar algunos conceptos que deseamos ubicar en la intervenci—n de un profesional.
Desde la lectura del caso Nadia investigamos a partir de las inquietudes detectadas en nuestras reuniones grupales y sin supuestos previos. Profundizamos el tema de la pulsi—n y de all’ en m‡s
Òmaterialidad del lenguajeÓ, Òasociaci—n libreÓ, ÒescuchaÓ,
Òtransferencia e intervenciones del analistaÓ, ÒŽtica y goceÓ, Òobjeto aÓ, trabajados a partir de lecturas de textos de Freud, Lacan y
autores postfreudianos pues al comparar los estilos de intervenci—n notamos que se produc’an diferentes resultados con los pacientes.
EL SEMINARIO XVII (5)
Guiados por la insistente pregunta del comienzo, ÒEtica y posici—n del analistaÓ, nos encontramos en la lectura de este seminario con la frase Òhisterizaci—n del discursoÓ y pensamos que aportar’a elementos al tema que nos interesa: el psicoanalista y su intervenci—n, lo que intentaremos ubicar en el an‡lisis de los casos.
Esta intervenci—n en diferentes dispositivos de atenci—n tiene directa relaci—n con el concepto de Òhisterizaci—n del discursoÓ,
mencionado como el efecto que podr’a producirse en el paciente
a partir de la presencia (funci—n, operaci—n) del analista.
El dispositivo anal’tico que dirige la cura hacia la histerizaci—n
del discurso, logra relevar al s’ntoma como enigma y producir as’
la divisi—n del sujeto, dado que este no sabe la causa del sufrimiento que padece pudiendo quedar dirigida su pregunta, una vez
producida, hacia el analista. Sin duda esto es algo de lo primordialmente llamado experiencia anal’tica.
En condiciones artificiales, simulando Òun di‡logo ’ntimo entre
dos personasÓ (6), se produce el discurso histŽrico. El paciente
abandona toda referencia y librado a la propuesta asociaci—n libre,
decantan significantes (son elementos del lenguaje, responden a
su estructura, pero no confundir con vocablos o palabras), tŽrminos a los cuales est‡ ligado el sufrimiento del sujeto en los s’ntomas que padece, que lo llevan tal vez a la consulta pero que son
develados en otra dimensi—n, la transferencial, a medida que
transcurre la experiencia anal’tica.
En el caso Nadia podemos apreciar el dispositivo instalado por
la profesional cuyas decisiones se dirigen a dar posibilidad a la
peque–a de instalarse como sujeto que investiga en un an‡lisis.
Esos significantes producidos se relacionan con un saber inconsciente, saber que no se sabe a nivel consciente y que es lo que
verdaderamente trabaja a espaldas del yo.
Desde el punto de vista del analista, consideramos su saber como Òsaber sabidoÓ (conocimientos aprendidos, lo obtenido en su
propio an‡lisis y en los estudios e investigaciones efectuadas, incluyendo su pr‡ctica previa) y como Òsaber inconscienteÓ (lo que
no se sabe respecto al paciente), punto en que se produce el encuentro de trabajo posible entre ambos.
El deseo del analista como funci—n promueve que el paciente siga hablando. De esta manera el analista se ubica como objeto ÒaÓ,
causa de deseo.
La experiencia del psicoan‡lisis es del orden del saber y no del
conocimiento, ya que se trata de la irrupci—n en el marco de las
frases de lapsus y tropiezos en los que se manifiesta el trabajo del
inconsciente, que da cuenta de un saber no sabido.
Iremos entonces a las vi–etas donde intentaremos ubicar cuatro
momentos: quiebre de saber, abstinencia, tratamiento del lenguaje e histerizaci—n del discurso, hitos pertinentes en una investiga-
La esencia del alma no es otra cosa que la idea del cuerpo existente en acto. Spinoza
GRUPOS HOY
Seminario
Enero / Febrero
OBSERVACIÓN Y
COORDINACIÓN
ci—n cl’nica, objetivo œnico de toda teor’a.
LOS CASOS
M., ni–a de siete a–os y medio, vive con su madre y su perro en
un departamento al cual se mudaron cuando falleci— su padre. Teniendo cuatro a–os de edad se produce el deceso de Žste por un
aneurisma cerebral. El padre hab’a sufrido, en per’odos anteriores
a la muerte, fuertes dolores de cabeza.
M. presenta un s’ntoma de dolor de cabeza que aparece de improviso, a la ma–ana, a la tarde o a la noche sin explicaci—n alguna.
a) Quiebre del saber
La madre de M. decide consultar a una psic—loga de ni–os luego de haber consultado al pediatra, al neur—logo y al oftalm—logo.
La ni–a se encuentra f’sicamente sana.
En la entrevista la madre de M. cuenta a la psic—loga los inconvenientes que padece la ni–a: dolor de cabeza y asiduidad para
orinar. TambiŽn su insistencia sobre el tema de querer tener un
hermanito.
b) Ratificaci—n del quiebre del saber; Òsaber sabidoÓ y Òsaber no sabidoÓ.
La psic—loga dice a la madre que cree que el problema de M. no
es grave pero que tiene que verla para saber de quŽ se trata, (saber no sabido).
Si la madre est‡ dispuesta, ella ver‡ a la ni–a en varias sesiones.
Ante la pregunta ÒÀva a efectuar un psicodiagn—stico?Ó la psic—loga contesta que no, que simplemente va a ver a la ni–a (saber
sabido).
c) Una intervenci—n con efectos.
En una entrevista a solas con la ni–a, ante la insistencia de Žsta
de seguir dibujando, la psic—loga le dice que finaliz— el tiempo,
que tiene que marcharse y que volver‡n a verse la semana entrante.
Marca la interrupci—n y la alternancia presencia-ausencia en
una secuencia, la de las entrevistas.
La ni–a propone, en la siguiente entrevista jugar al juego de dibujar algo dej‡ndolo incompleto, para que el participante que sigue lo complete.
Ratificamos que la intervenci—n ha tenido efectos de interpretaci—n, espera en el juego que otro responda agregando un elemento que ella no conoce. Puntuemos un conato de histerizaci—n discursiva.
En otra entrevista, M. lleva flores a la psic—loga. Ella le pregunta ÒÀpor quŽ flores?Ó
La intervenci—n en forma de ÒÉel tiempo termin—ÉÓ o
ÒÀÉpor quŽ floresÉ?Ó, produce una conmoci—n, un giro en el
discurso del sujeto, cambio de posici—n que descoloca, divide, no
cierra.
Verificamos momentos del tratamiento del lenguaje: interrupci—n de la producci—n (dibujo), formulaci—n de preguntas, ratificaci—n de que se ver‡n la pr—xima semana, instalando una continuidad de la posibilidad de hablar. Secuencia significante que implica continuaci—n y cortes.
Debemos subrayar que con respecto a la evaluaci—n la psic—loga decide confiar en el encuentro personal, invitando a hablar, sin
psicodiagn—stico (donde los resultados pudieran calcularse en forma mec‡nica).
d) Continuaci—n del tratamiento, ratificaci—n del saber del
profesional.
La madre de la ni–a asiste al consultorio para recibir el resultado de las entrevistas. La psic—loga le manifiesta que M. es una ni–a muy inteligente y madura para su edad pero presenta ciertas
cuestiones (puntualiza las mismas) que pueden resolverse a travŽs
de un tratamiento. Sugiere a la madre de M. que piense quŽ quiere hacer al respecto.
Ante la pregunta ÒÀcu‡nto tiempo va a durar el tratamiento?Ó la
psic—loga responde que no existe un tiempo determinado, que cada persona necesita un tiempo diferente pero que siendo M. una
nena muy capaz los problemitas que presenta son perfectamente
solucionables.
G. ni–a de ocho a–os y siete meses, vive con su padre, su madre, su hermano menor y un perro.
Presenta un tic, pesta–eo constante, en determinados momentos
con mayor intensidad. Cuando mira televisi—n deja de pesta–ear.
Dice sus compa–eros se r’en y se burlan de ella porque es jud’a y
por su tic.
a) Quiebre de saber
La madre de G. decide consultar con un psic—logo, despuŽs de
haber consultado al pediatra (quien la deriva) y de haber encontrado negativa por parte de su esposo y los abuelos maternos.
G. dice que no va a ir y que no piensa contar nada a nadie (Ànada sobre quŽ?... reconocimiento de que algo le acontece).
b) Ratificaci—n del quiebre del saber
El psic—logo explica a los padres que har‡ un psicodiagn—stico
que le mostrar‡ c—mo se encuentra G.
Ante su pregunta ÒÀsabŽs por quŽ est‡s aqu’Ó, G. responde que
lo ignora. Luego dice que est‡ all’ porque tiene algo en los ojos
y porque los chicos se burlan de ella en la escuela porque es jud’a
y se le mueven los ojos.
c) Los efectos de una intervenci—n
El psic—logo pide a G. que dibuje a su familia. G. dibuja a mam‡, a pap‡, a s’ misma, al hermano y al perro. Le pide que dibuje la familia que le gustar’a tener. Dibuja a mam‡, a pap‡, a s’ misma y al perro.
El psic—logo comenta a la abuela de la ni–a los dibujos y la omisi—n del hermano. Agrega que G. no quiere tener al hermano en la
familia y que existe un conflicto grande con Žste.
G. llora diciendo a su mam‡ que no hab’a dibujado al hermano
y que se siente mal por eso, no sabe por quŽ lo hizo ya que lo quiere mucho.
En dos entrevistas m‡s el psic—logo manifiesta a la madre de G.
que Žsta no presenta grandes dificultades. Es un estado transitorio, el tic va a desaparecer y segœn muestra el psicodiagn—stico, G.
no presenta otros inconvenientes.
La comparaci—n de ambos casos nos permite ver el diferente
tratamiento de la materialidad del lenguaje, la facilitaci—n de la
histerizaci—n del discurso, la pr‡ctica de la abstinencia y la respuesta al saber en falta. En el segundo caso, la devoluci—n que hace el profesional no se corresponde con la l—gica de sus intervenciones. ÀPara quŽ preguntar a la ni–a si sabe por quŽ se encuentra
all’ si no trabajar‡ a partir de su respuesta?
Cabe adem‡s cuestionar la interpretaci—n de los dibujos, pues
no hay elementos que habiliten dicha intervenci—n que de todas
formas tiene efectos en la ni–a pues la transferencia comenzar’a a
desplegarse.
CONCLUSIONES
Habiendo abordado con todo detalle cada uno de los temas en
los a–os anteriores, el trabajo del grupo continœa de dos maneras.
Por un lado con un estudio detenido del Seminario XVII de Lacan
con lecturas a las que sea necesario recurrir partiendo de los interrogantes que nos propone, y por otro con la atenci—n cl’nica, muy
amplia en cuanto a los motivos de consulta por los que somos requeridos y a los que respondemos. Respecto a nuestras intervenciones estas se encuentran siempre fundadas en la investigaci—n
en la que continuamos profundizando.
NOTAS
(1) Art’c. de M. Toppelberg. Nos de Julio y Agosto.
(2) S. Freud ¬Dos art’culos de enciclopedia¬ pto I titulado ¬Sistem‡tica¬, Biblioteca Nueva., Madrid 1980.
(3) Adicciones, patolog’as alimentarias, enfermos org‡nicos, etc.
(4) R. Lefort ¬Nacimiento del Otro¬, Paid—s, Barcelona 1983.
(5) J. Lacan, ¬El reverso del Psicoan‡lisis¬, Paid—s 1992
(6) S. Freud ¬Iniciaci—n del tratamiento¬, Biblioteca Nueva.,
Madrid
Aun los fenomenos reversibles, para dejar registro de su ocurrencia crean irreversibilidades. Adrian Faigón
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Campo Grupal / 9
DESDE MEXICO
Enrique Guinsberg
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Esta nota está viene desde México,
pero podría estar originada en Buenos Aires, Montevideo, Caracas,
Nueva York, Londres o casi cualquier lugar del mundo. Porque la visión de las noticias televisivas de
nuestro convulsionado y bélico
mundial actual refirma una vez más
la existencia de un (casi) pensamiento único donde no coexisten
las visiones críticas en general, y
respecto a la acción estadounidense en (por ahora solo ¿pero mañana?) Afganistan en particular. En alguna mínima prensa sí la hay, pero
casi nada en los medios electrónicos que llegan a las grandes masas mundiales a quienes se destinan los mensajes requeridos para
el control social también en general, y ahora para la justificación del
ataque en nombre de la “libertad” y
la “justicia” donde un terrorismo imperial pretende combatir a otro.
Y así la prensa y medios “libres” repiten lo mismo hasta el hartazgo,
se apoyan en las mismas fuentes y
dejan de lado otras, justifican lo injustificable, defienden lo indefendible, silencian las voces disidentes o
las denigran, muestran sólo lo que
el poder quiere, y repiten una verdad tan única e indudable como la
del pensamiento del “fin de la historia” y de esta globalización que reflejan.
De tal manera construyen una realidad, que poco o nada tiene que ver
con la realidad pero sirve, como
siempre, a los intereses de la dominación. ¿Cómo entonces no reiterar que actualmente el control de
los medios es la herramienta fundamental para el control de los hombres, aunque se siga pretendiendo
-lamentablemente con éxito- hacer
creer en la existencia de múltiples
voces “libres”, “autónomas” y con
criterio propio?
Como es frecuente, en la literatura
se encuentran visiones muy gráficas sobre la realidad. Una de ellas
es la de Milan Kundera en su novela La inmortalidad (Tusquets Editores, México, 1990), libro que difícilmente alguien ponga en la sección
Imperdibles de esta revista pero
para esto es muy gráfica:
Le doy vueltas al botón hasta llegar
a la emisora más cercana, porque
quiero provocar, en el sueño que
se aproxima, imágenes más interesantes. En la emisora vecina una
mujer anuncia que el día será caluroso, pesado, con tormentas, y yo
me alegro de que tengamos en
Francia tantas emisoras de radio y
de que en todas se diga, exactamente en el mismo momento, lo
mismo acerca de lo mismo. La
unión armónica de la uniformidad y
la libertad, ¿puede desear algo mejor la humanidad? (p.14). Y con la
misma ironía escribe más adelante:
La emisora de radio que escucho
pertenece al Estado, por eso no
hay anuncios y entre noticia y noticia ponen las últimas canciones de
éxito. La emisora de al lado es privada, así que la música es reemplazada por los anuncios, pero éstos se parecen a las canciones
hasta tal punto que nunca sé que
emisora estoy oyendo (p.111).
¿Puede decirse en este caso que
cualquier parecido con lo que ocurre en nuestra realidad es pura casualidad?
“Siento, luego existo”
Grupo de terapia corporal
con pacientes psicóticos
Analía Esposito, Erica Hamuy *
[email protected]
À
QuŽ es esto de hacer terapia corporal con psic—ticos?
Podr’amos comenzar diciendo que se trata de un trabajo
cuerpo a cuerpo donde poner el cuerpo es todo un trabajo.
Trabajo que involucra tanto a terapeutas como a pacientes. Para
los pacientes es un trabajo dif’cil el poder conectarse con su propio cuerpo. Es comœn que pierdan el contacto con Žl mismo. Ese
cuerpo que es vivenciado como fragmentado, vac’o, fr‡gil, r’gido
y por que no olvidado en tanto tratamiento.
La apertura de un espacio para trabajar lo corporal podr’a pensarse como un intento de Ò alojarÓ ese cuerpo deambulante, que ha
sido desalojado por un Otro fundamental.
Alojamiento que no tuvieron y del cual est‡n necesitados.
Nos preguntamos ÀPor quŽ no darle la oportunidad desde lo corporal que algo de subjetividad emerja de ese sujeto? Trabajamos
para ello con la expresi—n en todas sus manifestaciones : la mœsica, el movimiento, el dibujo y la palabra.
El movimiento implica calor y actividad. Actividad que a travŽs
del trabajo corporal, intentamos integrarla al cuerpo como un todo
y que no se reduzca a una exagerada y acelerada actividad mental.
El calor por su parte, puede ayudar a descongelar ese cuerpo.
Cuerpo que as’ va tomando vida.
Si nos detenemos en la respiraci—n de estos pacientes, la misma
tiende a ser poco profunda. No inspira la cantidad de aire suficiente. Esta dificultad para tomar aire, inhalar, puede relacionarse con
el miedo a acercarse activamente al mundo, quedando as’ posicionado desde un lugar m‡s pasivo, de objeto. A su vez la espiraci—n
es tambiŽn, por lo general,escasa. Esta poca profundidad en la respiraci—n evita el contacto con su cuerpo, reduciendo las sensaciones y emociones. Ello se estructur— al servicio de evitar el dolor
que produjo el no ser reconocido desde los tempranos tiempos,
llev‡ndolo a congelar el cuerpo. Es as’ que respirar poco equivale
a sentir poco tambiŽn. Por eso pensamos que el trabajo con la respiraci—n da lugar a una mayor cantidad de ox’geno,el cual crea
fuego m‡s caliente y produce m‡s energ’a. Es este un modo de empezar a restablecer contacto con su propio cuerpo, emociones y
sensaciones.
Se trabaja para que puedan aumentar el registro de un sentimiento dentro del cuerpo, ya que no tienen la sensaci—n de que este sea
suyo sino que es donde se aloja el yo pensante. Si los observamos
podemos ver un sujeto que es casi transportado en el espacio, sin
contactarse con su propia base.
Uno de los trabajos que realizamos es el de enraizamiento, enraizar ese cuerpo en la tierra, estar con los pies en el mundo, tomar
contacto con la realidad. Posibilitando un mayor contacto con Žl
mismo, contrarrestando la sensaci—n de Ò estar en el aireÓ, y la tendencia a retirarse hacia adentro, interrumpiendo o perdiendo contacto con el mundo exterior.
Comenzaremos por contar que el presente trabajo es producto de
la tarea que desempe–amos en el Servicio de Consultorios Externos del Hospital Borda, dentro del Departamento de Grupos. Equipo que est‡ conformado multidisciplinariamente. Trabajamos en
co - terapia, con 6 pacientes, la frecuencia es semanal, de 1 hora
de duraci—n. El plazo acordado fue de un a–o, el cual fue ampliado por un tiempo mayor, dado que lo planteado inicialmente quedaba muy acotado.
Introdujimos en el dispositivo una alfombra, para poder trabajar descalzos. Situaci—n que despert— diferentes sensaciones en cada uno de los pacientes: indiferencia, vergŸenza, pudor por los
olores que podr’an surgir o contentos ya que Ò la alfombraÓ los hac’a sentir importantes. Fue todo un trabajo lograr que todos se descalzar‡n, abriendo la posibilidad de trabajar lo que hace al cuida-
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do personal.
Con el correr del tiempo vamos observando que este elemento
pasa a ser incluido y apropiado por ellos. A su vez aquel que no
quer’a sacarse los zapatos por el olor que iba a tener, ya que se ba–aba muy temprano y solo ten’a un par de medias y zapatos, empieza a traer talco. Por otro lado los que no se quieren descalzar
son invitados por sus compa–eros a no pisar la alfombra. Cuidado
que empiezan a tener por esta, en la medida que empiezan por su
propio cuidado. Cuidado que supone un mayor registro y percepci—n de s’ mismos y de los otros. Ellos relacionan el descuido con
el desgano, losÓ problemas interioresÓ y el alejamiento que genera en los que los rodean.
El poder descalzarse ante los otros, es mostrar una parte generalmente oculta, lo cual no es f‡cil. Para poder hacerlo es necesario que dentro del espacio terapŽutico se genere una sensaci—n de
confianza y aceptaci—n, que lo facilite.
Trabajamos sobre la tem‡tica de la confianza en el otro y en uno
mismo, para lo cual es necesario empezar a construirla. Para ello
proponemos trabajos de sostŽn con el otro y autosostŽn. Poder
sentir su cuerpo, su espacio, no quedando invadido por el otro. No
quedar pegados al deseo del otro y poder empezar a discriminarse. En una sesi—n, a ra’z de una propuesta tra’da por un paciente ,
jugamos a decir No. Empezando con un movimiento peque–o (con
los pies) para luego, ir sumandolŽ otros e ir probando otras formas
de decir no con el cuerpo , hasta integrarlo con la palabra y luego
con un contenido: lo que no quieren, lo que no le gustan que le digan. Es un proceso.
Surge a ra’z de ello el comentario de Pedro a quien no le gusta
ser descalificado por su padre en todo lo que hace, ya que es el padre quien todo lo sabe. Esta escena es espontaneamente dramatizada en el grupo, por Juan y Lucas, ocupando el primero el lugar
de hijo mientr‡s que el otro el del padre.Hijo que pod’a decirle al
padre que no era quien ten’a todo el saber. Padre, que era jugado
en esta escena por Lucas, quien a su vez manten’a un v’nculo conflictivo con su propio padre, ya que este lo maltrataba, se burlaba,
le dec’a lo que ten’a que hacer con la esposa,etc. En un momento
Pedro deja de ser el espectador de dicha escena para convertirse en
el protagonista. Toma lo observado intentando poder responder de
una manera diferente a las descalificaciones de su padre.
Se va entretejiendo as’ una trama donde cada uno desde su singularidad resuena con lo del otro .
Recuperamos esta participaci—n de Lucas ya que era un paciente que se dorm’a ,que hablaba poco, que se lo observaba desganado, entregado, desvitalizado, siendo maltratado en la casa por la
esposa e hijos, buscando refugio en lo m’stico. ònico lugar desde
donde pod’a intervenir en los encuentros, por ejemplo dec’a Ò estando con Dios quien puede contra nosotrosÓ. Segœn Boadella
puede ser que estos pacientes encuentren a travŽs de los ideales
elevados y las buenas intenciones un respeto personal y autorespeto, de forma que contrareste la hostilidad que sienten del mundo y
la desesperada sensaci—n de ser. Esta identidad que encuentra asociado a lo m’stico, muestra una tendencia a que la energ’a este arriba, en la cabeza y el m‡s all‡. Hay poco contacto con el cuerpo.
Esto se puede observar tambiŽn en uno de los trabajos realizados
con plastilina donde la consigna era hacer una persona y luego ponerle un nombre y armar una historia. La persona realizada por
Lucas ten’a una gran cabeza y sus piernas no pod’an sostener ese
cuerpo. Cuerpo que al decir de una paciente estaba enclenque.Por
su parte Žl puede reconocer dicha desproporci—n comentando que
le sali— muy cabez—n. El relato de Lucas sobre este personaje hace referencia a un profeta, representante del poder del amor, dec’a:Òcomo Jesœs que entreg— su vida por nosotros, ya que cuando se
ama a una persona se la respeta, se la cuida, se busca el beneficio
para esa personaÓ.
Con el trabajo empieza a aparecer lo espontaneo en ellos, ya sea
cantar, moverse. No quedando tomados por el otro y recuperando
lo propio y desde ah’, existir, vivir.
En relaci—n a ello propusimos una vez un trabajo donde deb’an
ponerse de a dos, donde uno era el escultor y otro el esculpido.Una vez finalizado la escultura, el escultor le pon’a un nombre y el
que fue esculpido, dec’a lo que sent’a en esa posici—n y luego tomaba vida,moviendose como lo necesitaba y poniŽndole nombre a
lo que Žl ahora hab’a realizado. Juan la llama triunfo y cuando Lucas se empieza a mover la llama el baile y refiere sentirse contento.
En estos trabajos realizados (plastilina, dibujo, escultura) se
puede observar la dificultad, distorsi—n o fragmentaci—n que tienen en relaci—n a la representaci—n de su esquema corporal. Por
ejemplo Lito esculp’a en el aire, al tener que armar la figura humana con plastilina realiza una canilla y una aguja, al tener que dibujarse a Žl mismo dibuja una mujer.Juan ante la consigna del trabajo con plastilina pregunta Ç puedo hacer una mano, un pie, la cabezaÈ. Osvaldo por su lado, realiza una figura sin piernas ni bra-
No dicen nada, no se besan, cambian silencio por silencio. Octavio Paz
K AMINO - Programas de Vida ®
Un lugar de salud en Villa Crespo
•PSICOTERAPIAS: Analítica y
Alternativa. Ensueño Dirigido.
Flores de Bach. Breves con aranceles
reducidos. Orientación Vocacional
Atención Individual y Grupal
zos, diciendo que no sabe como hacer, situaci—n que mueve a los
dem‡s a ayudar a Osvaldo a completarlo. Graciela en el trabajo de
la plastilina lo que hace es un dibujo delineado sobre esta, que no
tiene dimensionalidad, es plano . Figura realizada con palotes que
da una sensaci—n de estar enfrascada dentro de la misma. Cabe
aclarar que esta paciente, de 35 a–os, es acompa–ada en todo momento y a todos lados por sus padres.Con respecto al dibujo reitera la misma figura, acompa–‡ndola de un obelisco, porque un
compa–ero se lo dice . Comenta que es ella misma, viŽndose parecida en la cintura. Dos compa–eros se r’en dado que ello dista
mucho de la realidad. All’ Lucas interviene diciŽndole que es su
ideal, lo que ella querr’a llegar a ser. Intervenci—n que es aceptada
por Graciela.
Siguiendo la l’nea del poco registro y contacto con su cuerpo, es
posible observar esto tambiŽn en relaci—n a los otros. Una punta
por lo cual esto puede ser pensado es la mirada. Mirada que en un
primer momento era dirigida a los terapeutas, mirar al otro era para ellos, casi imposible. Miradas evasivas donde cada uno irrump’a con su mon—logo .
El otro no era tenido en cuenta.
Graciela dice en una sesi—n Ò mi mam‡ me mira con desconfianzaÓ. A ra’z de ello se trabaja los diferentes tipos de mirada: Desconfiada, enojada, confiada, contenta y las sensaciones que ello
produce. Eligiendo luego la mirada de un compa–ero que les de
confianza. En un principio hab’a dificultad en poder realizar el trabajo sosteniendo la mirada y el poder distinguir las diversas modalidades.En otra sesi—n esta misma paciente manifiesta: -Ò SabŽs
que cada vez que le digo a mi mam‡ lo de las ratas y cucarachas
cierra los ojos y no me da confianzaÓ. Mirada de confianza y reconocimiento que no ha sido vivenciada por estos pacientes. Entendiendo que ver no es lo mismo que mirar, ya que mirar es aquello
que tiene que ver con el deseo, la libido y la subjetividad.
Luego de un tiempo del trabajo terapŽutico, pueden empezar a
sostener un poco m‡s la mirada con el otro, logrando cierto contacto y reconocimiento, propio y del otro.
Esto es observado en una sesi—n donde Graciela expresa sus
miedos a salir sola. All’ interviene Osvaldo, impuls‡ndola a dar el
primer paso. Palabras que son acompa–adas con el movimiento
del cuerpo. Tomamos el movimiento espontaneo que sali— de Osvaldo para ser trabajado con todo el grupo.
Para poder dar ese primer paso necesitan de otro que los contemple y reconozca, d‡ndole seguridad. Palabras que intentamos que
sean enlazadas a la vivencia. Palabras de confianza que puedan ser
acompa–adas por una mirada. Este encuentro de mirada y sensaciones es en un primer momento fugaz, sin darse tiempo para experimentarlo. El trabajo facilita que este encuentro se vaya tornando m‡s confiable, posibilitando sostenerlo un poco m‡s. Esto les
despierta emoci—n, tranquilidad, paz y sensaci—n de bienestar. Una
vez finalizado el trabajo, los pacientes, con la intenci—n de que ello
perdure, al despedirse no lo hac’an con un simple chau, sino que
iba acompa–ado con una palmadita en el hombro y se dec’an Òconf’o en vosÓ, con mucha alegr’a.
Vemos as’ como esta rigidez, frialdad,inexpresividad y distancia
del psic—tico se va transformando en movimiento, calor, cercan’a,
expresi—n y placer.
ÒLa misi—n del terapeuta durante gran parte del tratamiento consiste, en asegurar al paciente que tiene derecho a crear pensamientos que sean fuentes de placer.Ó(1) Pensamos que en este trabajo la
fuente de placer no solo tiene que ver con el derecho a pensar, sino tambiŽn con el poder experimentarlo integrando el cuerpo y las
emociones como aquello m‡s primario que quedo anulado, pero
que no desaparece. Afectos que quedan alojados en el cuerpo.
Cuerpos con historias, mapas de sensaciones y emociones congeladas. Un cuerpo que desde all’ ÒhablaÓ, dice.
Eduardo Mandet y Elsa Mandet dicen: ÒEl cuerpo hablado ÒnarraÓ la historia de una experiencia compartida, de las huellas que
el cuerpo materno dej— en el ni–o, de c—mo este fue tocado, mirado en esa fusi—n que deja signos imborrablesÓ. (2)
Huellas que dejan marcas, marcas que tambiŽn quedan inscriptas en la Ò memoriaÓ corporal. Huellas de sensaciones.
Podr’amos pensar que frente a una madre que no mira al ni–o, le
impone lo que tiene que hacer, decir o sentir, y le reprime todo su
impulso, lo que el ni–o siente, es un no reconocimiento hacia su
ser. Este no contacto es vivenciado por el ni–o como un rechazo,
el cual al ser tan temprano en la estructuraci—n, produce el sentimiento de terror, desesperaci—n, desolaci—n y abandono.
Frente a lo intolerante que le resultar’a convivir con ello, sobrevive, a expensas de defenderse, escindiŽndose. Disocia el cuerpo
de la mente para no sentirlo, as’ como tambiŽn se congela y paraliza. La energ’a se mete para adentro, se retrae. Suprime las respuestas, respiraci—n y el movimiento, endureciendo la musculatura para restringir la fuerza vital. Esto lo lleva a contraerse y replegarse sobre s’. El contacto con el afuera se obstaculiza.
Podemos observar en el grupo, al respecto que hay cierta dificultad en lo que hace a la manera de relacionarse con el otro, tanto a
nivel verbal como corporal.
A lo largo del a–o trabajado podemos observar que empieza a
haber m‡s lugar para la aparici—n de las sensaciones y emociones,
lo cual lleva a ir contact‡ndose un poco m‡s con su cuerpo y con
los otros, desde un lugar m‡s afectivo, no tan r’gido ni fr’o.
Nos detenemos a escuchar a nuestros compa–eros de equipo
quienes manifiestan su asombro al observar la manera v’vida y
alegre de saludar de estos pacientes, la cual contrasta con la forma
r’gida, ap‡tica e inexpresiva con la que se presentan la mayor’a de
los otros pacientes.Por otra parte el mŽdico tratante nos comenta
que ha bajado la medicaci—n de alguno de ellos.
El trabajo corporal apuntar‡ a la conformaci—n del yo, poder ir
registrando su cuerpo, construir los l’mites que los recortan, los diferencian del otro, para dejar de ser un cuerpo tomado por el Otro
y empezar a habitarlo, apropiarse del mismo .Recuperar as’, la vivacidad de estos. Cuanto m‡s vivo este el cuerpo, la persona podr‡ percibir la realidad m‡s v’vidamente y responder m‡s activamente a ella, lo cual contrasta con la pasividad del psic—tico, que
al no sentir su cuerpo genera una excesiva actividad mental.
Al finalizar una sesi—n Graciela dice luego de un trabajo que se
siente con expectativa de vida. Y refiriŽndose a Lucas comenta que
tiene los ojos m‡s vivaces. Lucas, en otra oportunidad donde hab’a que dibujar y expresar lo que uno sent’a a ra’z de lo trabajado,
dice ÇEl cuerpo lo siento m‡s vivoÈ y dibuja la bandera de Boca,
que es algo que le despierta pasi—n. Pasi—n que lo hace sentir m‡s
vivo y es en Žl un sentimiento. Lo cual contrasta con lo dicho por
otro paciente en los inicios del tratamiento Òsomos como una computadoraÓ, la cual podemos pensar que es una m‡quina desprovista de sentimiento y emoci—n. Luego de uno de los trabajos realizados Lucas dice sentirse bien y agrega: -Òcomo dec’a Descartes pero ahora es Òsiento luego existoÓ. Dimensi—n del sentir que estaba
dormida, tapada.
A modo de cierre, creemos que si la energ’a se inmoviliza, no
circula, se queda sentada, se aburre, deja de danzar y cantar. Es sabido que el agua estancada se pudre: all’ comienza la depresi—n y
el abandono. Sentimientos que aparecen en la esquizofrenia (soledad, aislamiento, desesperanza, etc.)
Al trabajar con movimiento, mœsica, ellos empiezan a danzar y
cantar, salen de esa pasividad y van al encuentro de otros.
Peque–os movimientos que van abriendo la posibilidad de ser
y sentirse reconocidos por el otro. Oportunidad para inscribir
nuevas experiencias que introduzcan diferencia con lo vivido.
AbriŽndose as’, una nueva posibilidad para que algo de su subjetividad emerja.
* Equipo de Grupos Consultorios Externos del Hospital Borda
Citas
1) Fernandez, I ; Mu–oz Rodriguez, F ; Ramos Fuentes, M. ÒSobre la eficacia de
la Psicoterapia Grupal con principios TŽcnicos espec’ficos en el tratamiento de la
Esquizofrenia cr—nicaÓ
2) Mandet, Elsa y Eduardo Ò El cuerpo del ni–o en el campo del Psicoan‡lisisÓ
Bibliograf’a
Boadella, D. ÒStrŽss y estructura de car‡cter Ó Ficha
Fernadez, I ; Mu–oz Rodriguez ,F ; Ramos Fuentes ,M. ÒSobre la eficacia de la Psicoterapia Grupal con principios TŽcnicos espec’ficos en el tratamiento de la Esquizofrenia cr—nicaÓ
Lowen, A. ÒEl cuerpo traicionadoÓ
Mandet, Elsa y Eduardo ÒEl cuerpo del ni–o en el campo del Psicoan‡lisisÓ
La ausencia de contenido representable no quiere decir ausencia de acontecimiento. C. y S. Botella
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Campo Grupal / 11
LIBROS
Poética de la cura. Mario
Buchbinder. Ed. Letra Viva. 2001
Comentar el libro de Mario es acompañar un acto creativo, que en estos
días no es otra cosa que un acto de
resistencia
contra el arrasamiento del
contexto, otro
de los tantos
actos de resistencia que hemos compartido.
Casi en las
primeras hojas
aparece las
palabra “puentes”, y creo que ese podría haber sido otro título posible, creo que es un
“libro puente”, entre muchos de nosotros y muchos otros, entre las teorías
y las clínicas, entre las instituciones y
los psicoanalistas, entre Mario y los
demás psicoanalistas y entre Mario y
los que no lo son.
Habla de la heterogeneidad frente a
la teoría única y al eclecticismo. “Heterogeneidad”, palabra complicada
de escribir, de decir y, sobre todo, de
sostener sin sentir que se está en tierra de nadie, es importante poder
aceptar que se está en tierra de heterogeneidad y no de nadie, en tierra
de muchos pero no de cualquiera.
Mario habla del psicoanálisis, con todas sus emociones, sus pensamientos y sus pertenencias dentro de él.
Cuestionando desde adentro, enriqueciéndolo y sobre todo cuidándonos el espacio a todos los psicoanalistas que incorporamos técnicas heterodoxas, cuerpos sin diván, o que
simplemente nos negamos a dejar
fuera del consultorio una herramienta
de cura tan poderosa como el afecto,
y que también nos seguimos sustentando en ésta maravillosa teoría que
tiene más de un siglo y que entre
otras cosas, también por el paso del
tiempo, nos obliga a pensarla desde
nuestro hermoso y doloroso nuevo
milenio.
También habla de las dificultades de
los psicoanalistas para mostrar estas
técnicas heterodoxas, que junto con
el abandono del diván parecen ser
traiciones a los 24 tomos verdes, y
que no pueden ser contadas, escritas, discutidas y lo que es aún peor
enseñadas y compartidas, parece
que solo hay que compartir aquello
que nos deja dentro de un mundo
que no le sea ajeno al otro porque se
corre el riesgo de quedar afuera ,
afuera de qué?, me pregunto yo. El
libro me explicó algo de esto.
Entre las teorías prohibidas Mario dice que el Psicoanálisis es una cura
por el amor, esa maravillosa definición, que en lo particular creo debería ser la regla primordial de este arte-ciencia y que no deberían ejercerlo
quienes no lo sientan así, es una definición secreta que tampoco estaría
bien vista en muchos ámbitos.
Más adelante el libro cita a Puget
“La vincularidad puede considerarse
el nuevo paradigma del psicoanálisis”.
Los que pertenecemos a instituciones hospitalarias sabemos que esta
vincularidad es la única que puede
ayudar a desintoxicar a los profesionales, de esas toxinas tanáticas de
los pacientes graves, solo un buen
equipo de trabajo puede mantener la
salud de los profesionales y de los
pacientes. Es una buena adicción,
siempre y cuando se trabaje sobre
las transferencias institucionales y
grupales como propone el libro.
Nos unen 27 años de historia. Un
vínculo que ha transitado miles de recontratos pacíficos y de los otros, un
vínculo que ha confirmado de mil maneras, la efectividad de su teoría
acerca de la cura, mutua, también
por el amor.
Lucrecia Riopedre
Campo Grupal / 12
Biodinámica emotiva
¿Aprender a
someterse?
Eliseo Rey
[email protected]
E
stamos totalmente convencidos en considerar que el ser humano nace fisiol—gica y socialmente libre, aœn en su transitoria dependencia
infantil, as’ como que podr‡ sostener dicha libertad tambiŽn cuando adulto socializado, siempre y cuando logre mantener vigente su contacto ’ntimo con la originalidad de su interioridad y una atenci—n alerta de
su fluir emocional.
Explicar con suficiente claridad, y sobre todo fundamentar los objetivos
de la Biodin‡mica Emotiva en el reducido espacio de este art’culo, no es
una tarea realmente posible. Pero en todo caso lo importante para nosotros en esta oportunidad, no s—lo es aportar algunas pocas definiciones sino, por sobre todo, abrir interrogantes para estimular la necesidad de un
repensar la educaci—n. La que hemos recibido y la que ahora brindamos
(consciente o inconscientemente) como padres, docentes, terapeutas o
simples integrantes de la sociedad.
Toda educaci—n conocida, formal e informal, la que hemos recibido cada uno de nosotros, la que nos ha permitido tener un aspecto humano y
nos ha capacitado para conducirnos dentro de esta sociedad, la hemos realizado a partir de ir imitando o ÒintroduciendoÓ (en forma m‡s o menos
automatizada), procedimientos, (modelos de conductas) y conceptos que
generan lo que podr’amos reconocer (muy globalmente), como las "actitudes t’picas de los individuos educados o culturalizados". Tanto es as’,
que el sentido generalizado del tŽrmino educaci—n es el de ÒaprenderÓ (o
aprehender, asir, tomar, incorporar), y nunca los de inventar, crear o Òexponer desde s’Ó. Sin entrar a discutir aqu’ si es posible que sea de otro modo, lo cierto es que esta forma excluyente de entender la educaci—n es limitada y conduce a que el individuo valore, (y sobrevalore) lo ajeno a Žl (lo
que Žl no es), lo que debe incorporar hasta el infinito para lograr una
aprobaci—n social (concreta o imaginada).
Las opiniones, los conocimientos y hasta las sensaciones ajenas ser‡n
desde muy temprano para ser imitadas, para aprenderlas. Lo propio, lo
original y personal, Àtendr‡n para el individuo algœn valor o deber‡n ser
ocultado con pudor?
Observamos tambiŽn que la relaci—n afectiva, que todos hemos construido, para con la capacitaci—n y el saber refuerzan paradojicamente
nuestras actitudes de sometimiento, de dependencia y de autodesvalorizaci—n. M‡s aœn cuando a lo personal se lo relaciona, generalmente en forma peyorativa, con lo subjetivo, en tanto que a lo ÒadquiridoÓ, al conocimiento ajeno introyectado, se lo relaciona con la verdad objetiva. Es as’
como esta Òverdad colectivaÓ se construye como la ant’poda de la Òverdad
(Ào mentira?) individualÓ, y por extensi—n, la raz—n "social y objetiva" es
lo opuesto al sentir personal, a las siempre profundas y comprometidas
emociones.
Raz—n vs. emoci—n; pensar vs. sentir; lo social vs. el yo; los debo vs.
los quiero. Estos son los bloqueos de las expresiones, las vergŸenzas, las
resistencias a los cambios, la inadecuada autovaloraci—n personal, la incapacidad operativa para resolver los conflictos, la cosificaci—n de los afectos, las compulsiones inoperantes, etc. Curiosamente tambiŽn son los
diagn—sticos psicoterapŽuticos m‡s habituales para con los individuos de
las clases socioculturales que se han animado alguna vez a reflexionar frecuentemente sobre el s’ mismo o el concepto de libertad.
Esos "versus" son en realidad los valores vigentes en nuestra sociedad,
son la Žtica del sometimiento y la dependencia que sustenta la cultura
actual. Esta Žtica al ser excluyente no s—lo preserva la obediencia, sino
que genera su propia transgresi—n compulsiva, destructiva y a la vez intr’nsecamente impotente como la delincuencia o la corrupci—n. Como individuos, artistas, y docentes, creemos en la importancia educativa que
tiene para la formaci—n del individuo el elegir y decidir; y para ello favorecemos en nuestra labor una Žtica de la libertad; Žtica inherente al libre
albedr’o de la creaci—n art’stica.
La Biodin‡mica Emotiva entiende que la pr‡ctica de la creaci—n art’stica, o sea, la expresi—n sensible e inteligente para la comunicaci—n de emociones, afectos, ideas y vivencias personales, posibilita descubrir y desarrollar las formas de conductas que permiten complementar, reparar y hasta cambiar algunas actitudes, procedimientos y conceptos m‡s "da–inos",
sustentados en la pr‡ctica diaria por la mayor’a de las teor’as educativas
en vigencia oportunamente introyectadas.
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La Biodin‡mica Emotiva surge en la conjunci—n de claras propuestas y
metodolog’as educativas, art’sticas y de salud, conformando una pragm‡tica Žtica de la libertad como filosof’a de vida.
La propuesta fundamental de la Biodin‡mica Emotiva, que resume las
actitudes, conceptos y procedimientos que buscamos desarrollar en los
alumnos, est‡ en lo que metaf—ricamente damos en llamar, el habitarse
como cuerpo emocionado, y para este prop—sito de re-educaci—n necesita plantearse, entre otros objetivos, los siguientes:
1) Estimular en el alumno la disposici—n hacia la desestructuraci—n de
las conductas ya cronificadas y automatizadas, de las "ausencias" que
usurpan las "presencias", de esos estereotipos que todos poseemos bajo la
forma sobreevaluada de la personalidad (etimolog’a: m‡scara), y que revelan, en realidad, encierros y restricciones, m‡s que elecciones para la
expansi—n del individuo. Los "yo soy as’" o "siempre hago eso" son la excusas habituales para permanecer del mismo lado de las rejas personales.
2) Promover una progresiva sensibilizaci—n, que le abra al individuo las
puertas a una percepci—n m‡s cr’tica y urgente (menos cr—nica) de sus personales e ’ntimas necesidades, conect‡ndolo con sus conductas m‡s autŽnticas y vitales, recuperando la organicidad.
3) Provocar el despliegue de la creatividad del alumno, entendida como el potencial reparador, la homeostasis fisiol—gica, el desarrollo o liberaci—n de una "inteligencia" original, una poŽtica personal generada a partir de la desestructuraci—n y la sensibilizaci—n para la resoluci—n particular y personal de las tensiones a las que se entreg— a vivenciar al conectarse, al exponerse voluntariamente a los est’mulos.
La Biodin‡mica Emotiva define a la creatividad como la integraci—n
productiva de un proceso mental (no anal’tica ni juzgadora) con una disposici—n an’mica (fen—meno som‡tico) que tiende hacia el cambio, a la
construcci—n de la valent’a necesaria para encarar toda investigaci—n.
Esta integraci—n es inestable, y sus apariciones son en forma de chispazos
de decisi—n, de breves voluntades intuitivas, a las que denominamos espontaneidad. Esta condici—n de tomar decisiones est‡ presente en el "arte de improvisar", porque al improvisar tornamos art’sticas y confesionales las manifestaciones personales. Las distintas filosof’as y estilos de
vida, las diversas ideolog’as rec—nditas que cada ser humano sustenta muchas veces inconscientemente, han tenido historicamente la funci—n de
dirimir la pugna entre la intensi—n de fomentar o de reprimir esas pulsiones creativas que aseguran la libertad interior.
Estos 3 objetivos principales y abarcativos son vehiculizados y complementados con los siguientes sub-objetivos.
4) Favorecer en el alumno un paulatino fortalecimiento de la integraci—n de los aspectos emotivos con los intelectuales, desarmando el desgastante y oscuro enfrentamiento entre el pensar y el sentir que sustenta en
forma subyacente el hombre de nuestra cultura actual producto del concepto de educaci—n al que fue sometido. En un plano m‡s profundo de
an‡lisis, en realidad podemos decir que la integraci—n es entre lo que el individuo se anima a desear y lo que imagina es el modo en que debe proceder para buscar la satisfacci—n. Pero no olvidemos que cada uno de estos aspectos est‡n r’gidamente delineados por la Žtica sustentada.
5) Ayudar al alumno a alterarse ante los est’mulos (etimolog’a: estiletes) m‡s sutiles, para "exponerse" al fen—meno de la necesidad de la expresi—n (art’stica), entendiŽndola a Žsta como una conducta especial, extra–a; no vulgar ni mediocre. Una somatizaci—n org‡nicamente voluntaria y consciente, poŽticamente elaborada, aœn en una elegida espontaneidad hecha pœblica (la improvisaci—n escŽnica).
6) Contribuir a que el alumno descubra c—mo convocar a voluntad la
inspiraci—n estŽtico-expresiva o inspiraci—n art’stica, que son chispazos
integrativos de los que hablamos, para el logro de una comunicaci—n m‡s
profunda consigo y los dem‡s. La creaci—n art’stica que proponemos, sobre todo en su versi—n de improvisaci—n en el aqu’ y ahora con el lenguaje som‡tico, es una experiencia nodular para el descubrimiento de las restricciones y contradicciones que plantea la "vieja" concepci—n de educaci—n y para favorecer la construcci—n de una nueva, m‡s ’ntegra.
7) Incorporar a la actividad corporal la permanente investigaci—n, el
descubrimiento y la creaci—n de nuevos c—digos de lenguaje personales
para la comunicaci—n de lo sensible, estŽtico y sutil del individuo por sobre todo con car‡cter de lenguaje abstracto, no narrativo.
8) Fomentar la perseverancia junto al disfrute. Estimular el placer por
la estŽtica y el "bien hacer".
Las clases y Seminarios de Biodin‡mica Emotiva son experiencias vivenciales de improvisaciones motrices, (creaciones espont‡neas pautadas
did‡cticamente), que apuntan a desarrollar en los alumnos una actitud art’stica. En s’ntesis, el objetivo prioritario de estas experiencias es la de
proponer una educaci—n para la libertad de los individuos, entendidos
como œnicos e irrepetibles.
Nuestra propuesta es s—lo una de las formas posibles de lo que podr’amos llamar una "educaci—n por el arte" como concepto, una educaci—n que
complemente la actual y haga de contrapeso a las falencias de la educaci—n ya adquirida, pero ese tŽrmino que represent— hace dŽcadas una bien
conocida corriente en la educaci—n, necesita ser remozado y redefinido dado que ese movimiento sufri— la contaminaci—n de muchos conceptos externos a su filosof’a y una implementaci—n muchas veces fuertemente distorsionada.
El pánico nace por el aumento del peligro que afecta a todos, o por el cese de las ligazones afectivas que los cohesionaba. Freud
Técnicas de acción
Juegos dramáticos
con música
naturalesÓ , como generados por Žl y entonces, al escuchar uno de
esos sonidos a distancia, supo que otro humano lo estaba generando, es decir: los sonidos le comunicaban la presencia de un congŽnere sin verlo ni olerlo. Y as’ la percusi—n se transforma en un modo comunicativo, en un medio de comunicaci—n.
El ritmo como medio comunicativo
Martha Y. Fernández
[email protected]
E
l t’tulo de este trabajo quiz‡ induzca a algunos a pasarlo de
largo con el argumento: ÒSi yo no sŽ mœsica, para quŽ voy
a leerlo...Ó Y sin embargo, todos sabemos mœsica, al menos
lo necesario para poder jugar. La mœsica es tan natural al ser humano como el caminar o respirar. Veamos.
Cuerpo y Ritmo
El cuerpo humano est‡ marcado por ritmos: el latido del coraz—n, la respiraci—n, los movimientos digestivos, los impulsos nerviosos. Es decir que todo su funcionamiento responde a diversos
tipos de ritmos y a distintos tiempos en esos ritmos.
Sabemos que el ritmo es el inicio de la mœsica, precediendo a
la melod’a. Si pensamos en el modo en que el hombre comienza a
producir sonidos externos al funcionamiento de su cuerpo, no
cuesta demasiado imaginarlo. A partir de adquirir la posici—n erecta, sus manos quedan libres para operar sobre el mundo que lo rodea. Lo primero que estas manos exploran, es el propio cuerpo y
as’ comenzaron los palmoteos sobre distintas partes de ese cuerpo,
produciendo sonidos diversos. En algœn momento, las palmas de
esas manos se encontraron entre s’ y surgi— el batido de palmas y
el aplauso, como muestra de alegr’a, admiraci—n, excitaci—n y
otros sentimientos.
No pas— mucho tiempo hasta que la rama de un ‡rbol, que tal
vez serv’a para alejar de s’ a los animales, comenz— a ser golpeada contra los troncos, las piedras y cuanto objeto encontraba a su
paso nuestro antepasado. Este Òni–o hist—ricoÓ comenz— a jugar
con los sonidos que produc’a, advirtiendo sus diferencias y riendo
cada vez que lograba un sonido distinto o lograba reproducir uno
ya conocido. Pronto aprendi— a reconocer esos sonidos como Òno
Para que se produzca comunicaci—n, es necesario que exista un
c—digo compartido, y la comunicaci—n por el ritmo no fue una excepci—n, as’ que los hombres fueron ensayando distintas secuencias de golpes para trasmitir mensajes antes que la palabra articulada les fuera disponible. Tal vez no sea desatinado suponer que las
palabras nacieron a partir de estos ritmos comunicativos. Por ej.:
una se–al de peligro pod’a consistir en tres golpes espaciados por
intervalos iguales. La caza de una pieza que aseguraba el alimento
por varios d’as, pod’a ser representada por varios golpes seguidos
(alegres); una noticia pesarosa pod’an ser representada por varios
golpes fuertes y bastante espaciados. Otra secuencia de golpes, pod’a significar: Òestoy aqu’Ó .
De este modo, estos primeros hombres, que pod’an encontrarse separados por distancias importantes en una selva o en un terreno monta–oso empezaron a estar menos solos y a establecer los rudimentos de una sociedad, pudiendo pedir y recibir auxilio.
Se trata de otra manifestaci—n de lo que hoy llamamos ÒarteÓ
(tal como las pinturas rupestres) que serv’a como modo comunicativo en ausencia. Es decir: las pinturas rupestres serv’an para dejar
un testimonio visual para alguien que llegara despuŽs y lo viera.
Los sonidos, que operan a distancia, comunicaban en el momento
a alguien que estuviera en otro lugar.
Los —rganos de los sentidos nos ponen en contacto con el exterior de distintos modos. El tacto y el gusto proporcionan informaci—n acerca de lo que tenemos al alcance. La vista y el olfato dan
cuenta de objetos m‡s lejanos -es importante recordar que hoy tenemos el olfato atrofiado en relaci—n a otros mam’feros, pero no lo
fue as’ siempre- y el o’do nos informa tanto de aquello a lo que podemos acceder mediante los otros sentidos como de lo que no podemos ver ni tocar.
Es as’ que el hombre reproduce con los ritmos que produce en
el afuera los ritmos internos de su propio cuerpo -que hoy pueden
ser percibidos con claridad a partir de la tecnolog’a de las ecograf’as- y encuentra as’ un primer c—digo comunicativo que no tiene
necesidad de ser explicado ya que se trata de algo muy conocido
desde la vivencia corporal. Baste recordar la sensaci—n de alarma
que produce la alteraci—n del ritmo card’aco o respiratorio, lo que
nos da cuenta de que tenemos muy bien registrados esos ritmos,
pese a que no les prestamos atenci—n mientras funcionan con normalidad. TambiŽn sabemos que distintas emociones alteran esos
ritmos (miedo, alegr’a, tristeza, etc.). Esto nos hace decir, al escu-
G.E.T
.
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Resulta muy difícil conseguir que cabeza y corazón vayan de acuerdo en la vida. En mi caso, ni siquiera se llevan bien. Woody Allen
¿Qué es el
Acercamiento
Centrado
en la Persona?
Claudio Rud
[email protected]
Habría muchas maneras de definir el Acercamiento Centrado en
la Persona (esta es la traducción
más aproximada que hemos encontrado a la acuñada por Carl
Rogers para definir su modelo como Person Centered Approach) .
Se lo puede ver tanto como un
modelo psicoterapéutico tanto individual como colectivo, como
una teoría general acerca de las
relaciones humanas, o bien como
una filosofía de vida. Sea como
fuese se la puede considerar como una teoría inscripta en el marco de la psicología humanista (algunos la consideran como el antecedente tanto de la psicología
transpersonal como de la psicología cognitiva. Su fundamento
epistemológico puede ser adscrito a la Fenomenología Existencial. En cuanto al paradigma en
el cual se sustenta éste es más
acorde con el de la posmodernidad y de la ciencia de la complejidad y el caos. La propuesta de
una Psicología Humanista, desde
la década del 40, mostraba la necesidad de una Psicología atenta
al crecimiento y a la promoción
de la salud. “Me parece evidente
que la Psicología está por demás
presa de los conceptos newtonianos de ciencia, prestados por la
Física. Esta concepción está hoy
completamente fuera de moda en
la física, y es todavía más inadecuada en el campo de la Psicología”
Acabo de leer todo lo que escribí
y si bien lo dicho se ajusta a una
presentación académica, no es
aquello que ocurre a diario en las
entrevistas o dando clases, no
porque se aparte de esa conceptualización, sino porque le falta el
calor, la vibración, la vida que está presente en cada uno de esos
encuentros. Rogers describe tres
condiciones a cumplir por el terapeuta que son para él necesarias
y suficientes para el desarrollo de
una relación de ayuda “exitosa” y
que se centran en la capacidad
de escucha atenta y libre de juicios de la experiencia, tanto respecto del consultante, de sí mismo cuanto de la resonancia de la
experiencia compartida por ambos en el momento. Suelo decir,
parafraseando a sus detractores,
que esta psicoterapia es efectivamente inofensiva, sin lugar a dudas subversiva, y también superficial.
Inofensiva porque no toma la
ofensiva (la actitud colonizadora
de los que”saben” para donde ir)
y por lo tanto no ofende a quien
se entrega a una relación de ayuda.
Subversiva porque pone en cuestión el supuesto poder del terapeuta ayudador y le propone
constituirse en “ayudante” es decir participante del suceso de la
ayuda.
Superficial: En rigor no cabria hablar de superficial como contrapuesto a lo profundo, como aparente como contrapuesto a lo
real, lo que hay es pura superficie, lo otro es metafísica.
Campo Grupal / 13
LIBROS
Historias de boxeo
Eduardo Tato Pavlovsky (Colaboración de Martín Pavlovsky)
Búsqueda de Ayllu, 2001
Que a Tato Pavlovksy lo apasiona el
boxeo no es ninguna novedad, pero
sí es novedoso, y grato, que haya salido al ruedo con un
libro que por un lado
zanja sus propias
deudas con el noble
oficio de dar y recibir
piñas, y por otro restituye una práctica en
vías de extinción. A
su modo, charlando
con su hijo Martín, Tato invita a redescubrir el placer de hablar de ese
no-deporte que tanto escandaliza a
humanistas, pacifistas y otras tribus
de bienpensantes.
Es cierto que se trata de una edición
descuidada, con no pocos errores de
nombres, resultados, referencias, pero es muy potente en “las zonas Pavlovsky”: el tono coloquial, la vibración
evocativa, la teoría sobreentendida,
el tinte poético como pilar y plus de la
anécdota.
Hijo de un boxeador que supo escribir su historia en el campo amateur,
“buen medio pesado” postergado por
el psicoanálisis, el psicodrama, la
dramaturgia y otras yerbas, Tato sabe de lo que habla: entrevista imaginariamente a Tyson, ofrece una semblanza de la Hiena Barrios, describe
certeramente a Dempsey, Monzón,
Clay y, entre otros aportes imperdibles para los pugilófilos, define al boxeo como “un evento estético ceremonial”, como “un acontecimiento
cultural”.
Walter Vargas
El ensayo como clínica de la
subjetividad. Lugar Editorial, 2001
(Marcelo Percia, compilador) Luis
Gusmán, Pedro Orgambide, Fabio
García, Juan Ritvo, Alberto Giordano,
Mónica Cragnolini, Carlos Kuri, Ester
Cohen, Daniel Rubinsztejn, Nicolás
Rosa, Fernando Ulloa, Julieta Calmels, Alejandro Kaufman, Marcelo
Percia, Daniel Calmels.
Quince personas inquietas por las derivas del deseo ensayístico no tienen
mejor idea que fisgonear la temática
escribiendo sendos ensayos. O quizá,
porque justamente ellos interpelan
cualquier pretensión de transparencia,
de prepotencia unívoca, cabría poner
en suspenso las etiquetas y convenir
que, cuanto menos, se trata de quince autores que perfilan sus reflexiones en los sembradíos contigüos al
género en cuestión.
¿Pan con pan comida de sonso?
Qué va. Plato difícil de conseguir en
plaza -ni en Las Cañitas, vea-, rico,
variado, abundante, una exquisitez
que invita a la ingesta demorada,
mas no tardía, copiosa en sus efectos estimulantes y, por qué no decirlo, adictivos. Cada texto sabe procurar un estar disponible para el siguiente y, de tal suerte, la cofradía
avanza y hace avanzar, gozosamente, hacia esa grata y hostil página
207: testimonio del placer consumado y consumido.
De esta singular bolsa de gatos se
destacarán, arbitrariamente, los trabajos de Gusmán, Ritvo, Giordano,
Cragnolini, Rosa, Ulloa y Percia, sin
quitarle un ápice de crédito a algo
que bien supo observar uno de los
señores más mentados por los escribas de marras (JLBorges): la literatura es generosa por definición.
Estos ensayos clínicos de la subjetividad, o de subjetividades puestas a
ensayar, comportan la generosidad
del que sabe mirar y explorar lo mirado, sin dejar de soportar las miradas
de quienes, convocados al festín, pasan, ven y se sirven a gusto.
W.V
Campo Grupal / 14
char un ritmo musical que es alegre o mon—tono o melanc—lico,
siendo que estos calificativos s—lo pueden aplicarse por extensi—n
a los ritmos ya que, en sentido propio, se aplican a nuestros estados de ‡nimo.
TambiŽn los climas y la geograf’a que afectan nuestro organismo han determinado formas diferentes de ritmos: c‡lidos, fr’os, de
llanura, de monta–a. etc. Si s—lo pensamos en nuestra mœsica folkl—rica, podemos apreciar las enormes diferencias que existen entre los ritmos del noroeste (carnavalitos, chacareras, etc.)
y los del sur (vidalitas, bagualas). Estas diferencias r’tmicas
nos hablan de los distintos estados de ‡nimo generados por el paisaje y por las temperaturas, por mencionar s—lo dos de los factores
que intervienen.
Escuchar mœsica de distintos pa’ses o regiones nos habla mucho m‡s de las caracter’sticas de sus habitantes que algunos cuantos libros de sociolog’a. El hecho de que reconozcamos la procedencia de una mœsica apenas la escuchamos, nos dice que la mœsica tambiŽn es un idioma, pero emocional.
Los juegos con mœsica poseen la gran virtud de hacer decir sin
palabras, expresarse con movimientos, con ritmos, con gestos, desempolvando de este modo los c—digos ancestrales del hombre, los
que no necesitan ser explicados porque responden al aprendizaje
de nuestros ritmos corporales.
Ciertas pautas culturales represivas desterraron de gran cantidad de actos y ceremonias los ritmos populares y el baile como
modo expresivo de alegr’a, de tristeza, como modo de dirigirse a
los dioses. Baste ver que en las ceremonias religiosas durante mucho tiempo s—lo se permiti— el uso de instrumentos Òcl‡sicosÓ -—rganos, pianos, violines- y mœsicas tambiŽn cl‡sicas, dejando fuera
guitarras, charangos, elementos de percusi—n y asimismo ritmos
como chacareras, vidalitas, carnavalitos, tangos y muchos otros,
por hablar s—lo de los t’picos de nuestro pa’s. Resulta impensable
aœn hoy, luego de las mayores libertades aparecidas en los œltimos
a–os, el baile en una ceremonia fœnebre o en general en ceremonias religiosas, siendo que el baile fue una de las primeras manifestaciones religiosas de los hombres.
Lo que antecede nos dice a las claras que los modos expresivos
humanos han sufrido, con el correr de los siglos, un notable empobrecimiento y limitaci—n en sus recursos. Se han desarrollado dentro de estrechos corredores cerrando los ojos, los o’dos y todo el
cuerpo a los anchos territorios del mundo, maniatando y encadenando un cuerpo pleno de recursos y posibilidades. ÀEs que un
cuerpo que se expresa es menos controlable que uno encarcelado?
Seguramente que s’. Pero si estamos presos en tiempos en que tanto se pregonan las libertades, Àno ser’a tiempo de desapresarnos?
Demasiados son los condicionamientos y las ÒigualacionesÓ a
que nos somete la cultura globalizada como para que no apelemos
a cuanto recurso tengamos a mano para resistir.
El juego, como instrumento de aprendizaje, de creatividad, de
diversi—n (palabra que tiene la misma ra’z que diverso) nos acerca
la posibilidad de experimentar aquellas actividades que Òen serioÓ
ser’an censuradas. Incluir en el juego elementos r’tmicos sonoros
y de movimiento es un modo de recuperar todo lo ancestral perdido y desestimado. Los movimientos de nuestro cuerpo, segœn la
parte de este cuerpo que se mueva, nos conectan con sentimientos
LIC. MONICA GROISMAN
CLINICA DE LA TENSIÓN
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y argumentos diferentes. No genera la misma cadena de pensamientos y sentimientos mover los brazos que el torso o las caderas
y la pelvis.
No escapan los juegos musicales a la mœltiple aplicabilidad de
otros juegos. Si pensamos en tŽrminos de salud y prevenci—n, los
juegos con mœsica desentumecen el cuerpo, ÒacaricianÓ (ya que
eso es lo que hace la mœsica al proveernos una envoltura sonora),
nos sensibilizan, permiten la expresi—n de sentimientos en forma
m‡s libre y espont‡nea que la habitual y ayudan a conocernos m‡s
y mejor. Generan alegr’a y nos relajan, lo que no es poco teniendo
en cuenta las tensiones a que nos vemos sometidos en la sociedad
que nos ha tocado para vivir.
Si pensamos en tŽrminos terapŽuticos, los juegos con mœsica,
por ser juegos no nos exigen reglas fijas ni conocimientos especiales y es posible llevarlos a cabo sin haber aprendido teor’a ni solfeo. Proveen un modo comunicativo diferente aœn para aquellas
personas que tienen m‡s bloqueada, impedida o ausente la palabra.
A la mœsica, al ritmo (utilizable aœn con hipoacœsicos, ya que la
vibraci—n puede reemplazar la audici—n), se agregar‡ el movimiento corporal en busca de la expresi—n perdida.
Dos modos diferentes y complementarios de trabajar con mœsica: el primero, contar con mœsica en vivo o grabada para que sea
escuchada y acompa–ada o utilizada para generar movimientos
corporales. En estos casos, la elecci—n del repertorio ser‡ de suma
importancia ya que cada tipo de ritmo va a generar sensaciones diferentes, sentimientos de los m‡s variados y movimientos acordes.
A la hora de implementar estos juegos, es conveniente contar con
repertorios alternativos, ya que cada grupo de personas reaccionar‡ de distinto modo a los mismos est’mulos. En este sentido, es de
suma importancia tener en cuenta las diferencias culturales de los
grupos, ya que la mœsica es universal pero cada cultura se expresa
con sus propios modos musicales. A veces, armamos un repertorio
pensando que va a generar determinado clima y, al comenzar a utilizarlo, vemos que lo que surge es distinto a lo esperado. All’ podemos cambiar de mœsica en busca del objetivo deseado o seguir
con la que hemos elegido y ver quŽ pasa. A la hora de implementar juegos de cualquier tipo es importante estar abierto a lo que el
grupo produce, sea o no lo que esper‡bamos y para esto habr‡ que
poner en juego todo nuestro caudal de espontaneidad y creatividad
para no acartonarnos en una planificaci—n sin poder tomar lo que
se nos ofrece y que puede resultar mucho m‡s rico que lo planeado.
El otro modo de trabajar con juegos musicales es generar la
producci—n de sonido por parte del grupo que coordinamos. Ya hemos dicho que no es necesario contar con conocimientos tŽcnicos
para esto. Para esto, el grupo debe contar con ÒinstrumentosÓ productores de sonido. Estos instrumentos tanto pueden ser tradicionales como de fabricaci—n casera (si es posible, hechos por los propios integrantes del grupo). Con elementos descartables es posible
fabricar todo tipo de instrumentos: cajas de cart—n o pl‡stico, tubos, latas, etc. a los que se introduzcan botones, monedas, arroz,
etc. sirven a modos de sonajas -maracas caseras- ; bombillas en desuso, ca–as, pueden servir como flautas; botones, tapitas de botella y otros elementos, ensartados en hilos tambiŽn sirven para ser
sacudidos r’tmicamente. Hilos de distintos tipos tensados pueden
constituir instrumentos de cuerda. Y la imaginaci—n de los miembros del grupo y los coordinadores pueden inventar y combinar
elementos y tŽcnicas para armar los m‡s variados instrumentos.
Del mismo modo que se usan distintos repertorios de mœsica
grabada para generar climas, la producci—n de mœsica a partir de
instrumentos, segœn sea el estado emocional del grupo y/o de cada integrante dar‡ como resultado sonidos y ritmos diferentes, expresiones de emociones o temas. Cuando el grupo se ha instalado
en una producci—n musical, resulta interesante que el ritmo-mœsica sea acompa–ado por movimientos corporales y hasta dramatizaciones sin palabras que agreguen a la expresi—n r’tmica el lenguaje de los gestos. Una vez que este material ha surgido, es posible incorporar palabras, ya sea para nombrar los sentimientos co-
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caseros, etc. ). Doy la consigna de dialogar exclusivamente con los
instrumentos sin participaci—n de la palabra. Adem‡s del cambio
de clima que se produce en el grupo, se pueden ver claramente las
modalidades vinculares y comunicativas de cada uno para despuŽs
trabajar grupalmente con ese material: es posible advertir que algunos se comunican con todo el grupo y otros lo hacen con uno o
dos solamente, hay quienes ÒhablanÓ y luego escuchan, hay quienes casi no intervienen, hay quienes ÒhablanÓ sin parar y sin escuchar. Hay quienes se comunican dulcemente, otros con agresividad, con interŽs, con desdŽn, etc. Tal vez parezca imposible que la
manipulaci—n de instrumentos precarios y caseros permita rescatar
tantos elementos. S—lo los invito a que prueben.
Otro juego es pedir por turno a cada uno de los miembros del
grupo que elija un instrumento y produzca un ritmo, que ser‡
acompa–ado por sus compa–eros que lo har‡n con sus cuerpos. Y
las posibilidades son casi infinitas. La creatividad de cada coordinador ser‡ el mejor libro de repertorio.
Cuidados y tiempos
mo para convocar personajes representativos de sentimientos o pasiones. Me refiero a, por ej. mencionar a Otelo en relaci—n a sentimientos celosos o Job en relaci—n a la paciencia, etc.
No es dif’cil comprender, para quienes tengan entrenamiento
en juegos, que la producci—n de material que estas actividades generan, dan pie para los m‡s variados usos posteriores de acuerdo
al objetivo con que estemos trabajando. Si se tratara de un grupo
de reflexi—n con alguna tem‡tica determinada, el curso del trabajo
se encaminar‡ hacia dicha tem‡tica. Si el objetivo es lœdico, pueden aparecer tanto los motivos para jugar como las cuestiones que
impiden divertirse. En cualquier caso, conectarse con los modos
ancestrales de comunicaci—n ayudan a vencer bloqueos sociales,
vergŸenzas, timideces a las que est‡ atado el hombre de hoy pero
que no eran patrimonio de nuestros antepasados cavern’colas. Los
temas m‡s dif’ciles de abordar se tornan sencillos transformados
en una danza. La sexualidad puede aparecer en forma m‡s sincera, la agresividad y la violencia pueden canalizarse de modos menos destructivos, los secretos se pueden contar sin palabras (por lo
tanto, sin culpas), con sonidos y movimientos.
Si pensamos en pacientes con patolog’as muy severas, la envoltura musical es como un b‡lsamo que calma el dolor, ayuda a
relajarse, conecta con el placer posible y establece un puente comunicativo entre el paciente y su Yo-auxiliar. En estos casos, m‡s
que en cualquier otro, es de suma importancia la cuidadosa selecci—n de la mœsica a utilizar. Y tambiŽn en estos casos, hay que dejarse impresionar por las reacciones del paciente m‡s all‡ de nuestras premisas acerca de la mœsica m‡s adecuada. Puede ser que
pensemos en una mœsica suave y el paciente reaccione mejor ante
un ritmo m‡s vivo o, por el contrario, tal vez un ritmo suave y lento funcione mejor con un paciente deprimido que un ritmo animado, pese a nuestros supuestos previos.
No haber estudiado mœsica no justifica obviar los juegos musicales ya que, como lo hemos visto, los ritmos y la propia mœsica
son parte del funcionamiento de nuestro organismo y porque, si alguna vez pudo ser inventada, puede ser reinventada cada d’a.
Las experiencias realizadas en los cursos de Juegos Dram‡ticos que vengo dictando dentro del ‡rea de Capacitaci—n continua
de la U.B.A., son una permanente confirmaci—n de la riqueza de
los Juegos con Mœsica en las actividades grupales. Les cuento algunos juegos: El grupo est‡ debatiendo un tema sin lograr acuerdo. Las voces empiezan a airarse. Interrumpo la actividad y reparto ÒinstrumentosÓ(sonajas de todo tipo, palos de agua, xilofones
GRUPO IMAGEN CRISTAL
Cada vez que ponemos el cuerpo en movimiento, disparamos
sensaciones y emociones, algunas, de alta intensidad. Cuando la
actividad grupal termina, cada uno de los participantes regresa a la
vida cotidiana: al trabajo, a la familia, en una palabra, a la calle. Es
de m‡xima prioridad que el coordinador chequee el estado an’mico de los participantes antes de que se vayan. Es indispensable
guardar un espacio de tiempo razonable para la puesta en palabras
de lo vivenciado. El trabajo en equipo es fundamental. Ningœn
coordinador es tan omnisciente como para coordinar, observar las
reacciones de todos y de cada uno y atender a todas las eventualidades que puedan suceder en el transcurso de una actividad. La
presencia de otro u otros que acompa–en y observen en forma permanente a los participantes es un recurso invalorable ya que el
coordinador puede dedicarse a coordinar y descansar en sus compa–eros de equipo en relaci—n a las reacciones de cada uno. La actividad m‡s ÒinocenteÓ puede evocar en alguien un recuerdo o un
vivencia remota de alto contenido emocional que lo conmueva excesivamente. Es el momento para que los colaboradores informen
al coordinador lo que est‡ sucediendo, de modo que alguien continœe con la actividad y alguien contenga a quien lo necesite. Nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe despedir a los integrantes
del grupo sin asegurarse que est‡n en condiciones de salir a la calle. En m‡s de una oportunidad, alguien que ha salido muy conmovido de una actividad se ha puesto en peligro de sufrir un accidente y al menos en una ocasi—n una alumna m’a me cont— que luego
de un grupo donde Òno alcanz— el tiempoÓ para elaborar lo sucedido, sali— a la calle y la atropell— un auto, accidente que estuvo a
punto de costarle la vida.
Nuestro instrumento psicodram‡tico es maravilloso, œtil y lleno de posibilidades pero... como todos los instrumentos, debe ser
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Abierta la Inscripción 2002
La verdadera explicación sencillamente no se puede explicar. Julio Cortázar
William G. Dyer (Formación de
Equipos -Problemas y alternativasAddison Wesley Iberoamericana,
1988), a quien citamos en los últimos
números de Campo Grupal, continúa
el análisis de la relación trabajo en
equipo - organizaciones desarrollando el concepto del diagnóstico de la
necesidad de formar equipos de trabajo.
Acerca de estos conceptos se plantea que toda organización se enfrenta a una situación de cambio cuando
se detectan situaciones problemáticas en cuanto a sus resultados, y/o
cuando se detectan problemas con
relación a la dinámica de sus procesos. En cuanto al tema de los resultados, los mismos resultan ser la
contracara de los objetivos. Los objetivos son a la planificación lo que los
resultados son a la gestión. Toda organización, pues, plantea y se plantea objetivos explícitos y/o implícitos.
Estos objetivos tienen como criterio
general la posibilidad de medición
para poder comparar, en el tiempo,
con los resultados de la gestión, con
criterios homogéneos.
Sea una empresa o una organización sin fines de lucro, en tanto y en
cuanto los objetivos no sean alcanzados, en términos de aprendizaje
(escuela), rentabilidad (empresa),
etc. se puede empezar a considerar
la necesidad de formular un proceso
de cambio en el cual la formación de
equipos es una variedad de la forma
en la cual el cambio puede construirse. Dyer plantea, para el caso de
una empresa, que un conductor debe considerar la producción, costos,
calidad o cantidad de servicios y a la
vez, observar a la gente en acción y
conversar con ellos acerca del desempeño del trabajo, la forma en que
se encaran los procesos y los resultados planteados a alcanzar.
En cuanto a los procesos organizacionales el autor plantea dos líneas
de pensamiento en cuanto al cambio: si los procesos o la moral de la
gente decaen demasiado y afectan
los resultados, y si los procesos son
demasiado desorganizados (o antiguos, etc) y a los efectos de mejorar
la calidad de vida laboral, se empieza a percibir la necesidad de algún
tipo de cambio. Para el autor, un programa de formación de equipos comienza cuando cierta preocupación,
problema o conjunto de síntomas,
provoca que se perciba que la eficacia se ve afectada. Algunos de los
síntomas que tienden a la formulación de alternativas de cambio son:
-Pérdida de producción o resultados
de la unidad.
-Incremento de los resentimientos o
quejas por el personal
-Evidencia de conflictos entre los
miembros.
-Confusión acerca de las funciones.
-Decisiones mal entendidas o practicadas inadecuadamente.
-Apatía y falta de interés general o
de compromiso para realizar las tareas.
-Falta de iniciativa.
-Reuniones continuadas e ineficaces
del personal, poca participación, falta
de búsqueda de nuevas formas de
hacer las cosas, mantenimiento del
“más de lo mismo”.
-Excesiva dependencia del responsable de equipo o área por parte del
personal.
-Incremento de quejas por parte de
usuarios o clientes acerca de la calidad de producto o servicio.
-Incremento continuo y poco explicable de costos.
Para Dyer, estos síntomas son consecuencias, son el resultado de otros
factores que interactúan. Los principales factores causales los trataremos en la próxima edición de Campo
Grupal.
Campo Grupal / 15
LIBROS
La empresa magnética. Enrique
Mariscal. Editorial Serendipidad
En La Empresa Magnética podemos disfrutar de una lectura simple
y directa, con un leguaje trangresor
que convoca a repensar de otra
manera el ámbito de las organizaciones.
Se trabajan, a través de cuarenta y
cinco capítulos breves, una idea-fuerza que es precisamente la infinita gama de provocar en
cualquier organización generar nuevas estrategias en
su actividad productiva y comercial, como así tambien en sus relaciones
interpersonales. Nos lleva a comprender lo empresarial como un
magno pensamiento.
Nos propone educar para la paz e
intentar lograr que los grupos
desavenidos se complementen en
un campo de armonías y no de
combate y discriminación, con capacidad vital y espacio para los demás.
En uno de sus capítulos intenta una
fórmula con la teoria de las tres “i”;
es decir que nos hagamos preguntas sobre la identidad, la intregración y la innovación para alimentar
sueños y utopías para plasmarlos
en lo real.
Enrique Mariscal trata de provocarnos a imaginar para que este acto
de movilización neuronal ya sea un
suceder inmediato de aquello que
queremos lograr en el interjuego
vincular dentro de la empresa para
no caer dentro del fraude intelectual
que nos hace perdernos en palabras sin acción .
Pero nos habla de una acción creativa basada en los pilares de la honestidad, la humildad y la osadía
para estar inmersos en el cosmos
de las empresas vivas, las que no
se andan siempre comparando sino
con las que anhelan ser.
El autor describe a través de una
metáfora lo nodular que se propuso
transmitir con La Empresa Magnética y es aquella que cuenta la historia de un pez que nació en una pecera y que cuando es liberado al
mar continuará nadando en circunferencia hasta que no haga un cambio de mentalidad. Pero no la propone desde un facilismo, ni desde
una concepción mágica sino desde
la experiencia concreta de estar experimentándolo durante años.
Rubén Amato
Notas de un coordinador docente
Final de
una cursada
Daniel Seghezzo
O
scilo entre dos tendencias: una, de orden anal’tico-objetivo como si adhiriera a una neo-escuela interaccionista continuadora de Bales- que para satisfacci—n del alumnado me compele a confeccionar el listado de las actitudes de cada uno de acuerdo a las doce categor’as del investigador. Decir: Òesto es lo que he
observado, categorizadoÓ, y tal vez, Òdiagnosticado y pronosticadoÓ.
Responder a la idea convencional que se tiene sobre lo que es una
ÒDevoluci—nÓ en psicolog’a. Otra tendencia, conspira contra estos
principios b‡sicos: tomar alguno de los momentos m‡s intensos de la
breve/prolongada vida del grupo universitario de los martes a las 18
para entregarme a una actividad de neto corte literario.
-Las dificultades iniciales. Lo arduo de explicar la modalidad de
trabajo, cuya finalidad es el aprendizaje. Mi artificio tŽcnico - ante
las exigencias de la vida universitaria, evito diagnosticar como simple resistencia la vacilaci—n de los alumnos para lanzarse a explorar
otras v’as de estudio - es el del rol del Òmaestro que hablaÓ. La clase tradicional. Frente a esto, lo que adjetivo como ÒarduoÓ puede ceder si se aclara que es falso proponer oposiciones metodol—gicas: el
aprendizaje desde la experiencia en grupos necesita y exige la elaboraci—n intelectual. En el m‡s ortodoxo sentido winnicottiano transicional, pensar en y desde la misma experiencia psicodram‡tica, por
ejemplo, los diferentes enfoques te—ricos sobre los grupos. Revisarlos. Construir hip—tesis. Ensayar nuevos lineamientos.
-Agosto. El reencuentro. Cohabito con mi prejuicio de la idea (que
atribuyo a los alumnos) de lo ÒporvenirÓ en Din‡mica y TŽcnicas de
grupos. Los alumnos y yo en rec’procas auscultaciones. Sobredimensiono la curiosidad y el interŽs por participar de la cursada.
-Clase sobre Lewin. La observaci—n de S. en relaci—n a su pregunta sobre el espacio vital. Mi adherencia expositiva me impide pensar
en Merleau Ponty. No me interesa esta l’nea de trabajo. Creaci—n Cero.
-Sorpresa. El inicio con un planteo abierto de conflicto: M. y la angustia por el fantasma de la exclusi—n. Una se–al de la actividad auto-reguladora del grupo: L. y la invitaci—n al juego.
-La clase con multiplicaciones dram‡ticas sobre Òlo que no se entiendeÓ (ÒAprendizajes desde el psicodramaÓ, Campo grupal N¼
28)). Los elementos beta de Bion. Mi temor a no poder transformarlos en alfa los martes a las 18.
-El desconcierto de M. durante la presentaci—n de los supuestos
b‡sicos de Bion. Insiste mi temor se–alado m‡s arriba.
-El warming durante la presentaci—n de los fundamentos del psicodrama. Viviana, Silvia, Carolina, y Dora. Grupo-m‡quina interesante. Sus compa–eros: atentos, colaboradores, activos. El paisaje de
la primavera se anuncia en las texturas sensoriales sugeridas. La tecnolog’a del psicodrama da pautas precisas y su metodolog’a promete ser el dispositivo ideal para el trabajo grupal. Hoy no me importar’a caer en la hipertrofia del ÒgrupismoÓ.
-El ejercicio del grupo escult—rico. Las sensibilidades heridas en la
integraci—n/exclusi—n.
-El juego con la soga. El grupo fluye. El coordinador debe contemplar, no interferir. El grupo se coordina a s’, variante autogestiva. Natalia. Su ÒroboÓ de tŽcnicas como leg’timo apropiamiento.
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-El ejercicio de las ÒCajasÓ. Andrea. Marcos. Mi interŽs posterior
por el modelo del conflicto focal del grupo. Una preocupaci—n se difunde: no herir sentimientos de los integrantes del grupo. Soluci—n:
la defensa en un grupo abstracto como depositario de lo escindido.
Pongo entre parŽntesis mi necesidad de saber m‡s.
-Una entrevista de familias con Layda. Estares del coordinador de
grupos. Mis obsesiones pedag—gicas.
-Ejercicio de la despedida en el aeropuerto. Un abanico de lugares
en el mundo. El compromiso emocional de V. y un di‡logo privado
esclarecedor. Los proyectos profesionales. Proyectos de vida. Me detengo a elegir un posible corte sincr—nico para analizar. La c‡mara
lenta en psicodrama, un recurso ingenuo que intenta detener el instante que se pierde en el vac’o para olvidar haber sido, observa Beckett desde Dublin.
-Carolina y el tiempo. El futuro profesional. Nueva lectura del denominador comœn grupal. ÀEs comœn en tanto lo sea s—lo para el
coordinador de grupos? Me pregunto si los grupos (su factibilidad,
su nivel de locomoci—n/productividad) no responden a un simple
pacto de subjetividades. El misterio de los grupos ser’a inasible incluso para una teor’a del aparato ps’quico grupal. En quŽ medida lo
que ignora el coordinador es estructurante grupal de su grupo interno.
-Mi lectura fugaz de las cr—nicas de Andrea. Reconsidero entonces
quŽ significa estar implicado en un grupo. Lo visible y la fuerza de
lo oscuro silencioso.
-El placer lœdico en los almohadones voladores. El posible t’tulo
para una nota: ÒTensiones estudiantiles vs. Un ideal de catarsis de integraci—nÓ.
-Una clase, la fatiga de Dora. Abatimiento. Desde luego, no debo
confundir este signo con el supuesto b‡sico de ataque-fuga. Los l’mites de la atenci—n, del rendimiento. Los riesgos de la visi—n monocular narcisista (Pavlovsky), en este caso, la del coordinador. Me
fastidian las ausencias de A. y de L. La lectura de sus cr—nicas no las
compensan.
-Mi olvido sistem‡tico de un nombre. De dos. Suyai impresionada
por los avatares de la cl’nica. Se recuerda una visita a la Colonia
Montes de Oca. Detalles. La locura. ÀDe quŽ sirve all’ el trabajo con
grupos? L’mites y alcances del trabajo grupal. Peligros del ÒgrupismoÓ. Inclinaciones profesionales.Miedos cronificados.
-La clase con el notable desplazamiento en F., alguien que no es
miembro del grupo. Me gustar’a discutir si esto no es un factor m‡s
de cohesi—n externo al grupo. No obstante, creo que ser’a un error interpretar este tipo de fen—meno s—lo como desplazamiento.
-La ca’da en una variante de Ògrupismo invertidoÓ por las reiteradas ausencias en las dos œltimas horas. Una apreciaci—n paradojal sobre la compacta cohesi—n de los subgrupos, al mismo tiempo que no
me parece conveniente detenerse en ellos durante la puesta en conjunto. Escena temida del coordinador de grupos. Resonancia Cero.
-Hoy ÒveoÓ la soga imaginaria de la que tira Natalia. Su gesto de
abandono, resignaci—n, derrota. Es mi ÒpunctumÓ. El detalle que distrae, punza, desgarra. No hemos recurrido al elemento fotogr‡fico/semiol—gico de Barthes. En rigor, este listado se puede tomar como
un recorrido de punctums personales. Otra forma de referirse a las figuras/fondo. TambiŽn advierto que hice escaso uso (casi nulo) de los
se–alamientos y/o interpretaciones grupales. Por alguna raz—n ilusoria creo que esto hubiese licuado ciertos estados de ÒempantanamientoÓ emocional.
-Concluyo que el objetivo de la cursada combina una formaci—n
sostenida en el trabajo de elementos te—ricos fundamentales articulados con los an‡lisis de los entrenamientos (la experiencia considerada como b‡sica en el entrenamiento para el abordaje de los grupos,
pensando en la perspectiva del alumno como coordinador de grupos), y en la permanente discusi—n de las dificultades que esto presenta.
-Noviembre. Cierre y el aprendizaje de la separaci—n. Se sospecha
que all’ se encuentran nœcleos de creaci—n. Gracias al valioso aporte
del grupo de los martes a las 18, la primera camada de psic—logos.
Hasta siempre.
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abitamos un mundo en el cual la palabra crisis no le resulta ajena a nadie o a casi nadie: Òcrisis econ—micaÓ, Òinstituciones en crisisÓ, Òla familia est‡ en crisisÓ, Òcrisis de valoresÓÉ y todas aquellas crisis que nos animemos a nombrar forman parte del discurso cotidiano. Ahora bien ÀQuŽ es una crisis?
Si nos remitimos al origen de la palabra crisis, se la utilizaba alrededor del 1700 como Òmutaci—n grave que sobreviene a una enfermedad para mejor’a o empeoramientoÓ, Ómomento decisivo en
un asunto de importanciaÓ; lat. Crisis. Tomado del Gr. Krisis Òdecisi—nÓ, derivado de Krino Òyo decido, separo, juzgoÓ1
De esta peque–a palabra de s—lo seis letras, parece haber llegado
hasta nuestros d’as parte de su uso original Òa la mutaci—n sobreviene el empeoramientoÓ. Lleva anudada, la mayor’a de las veces,
un significado dram‡tico y negativo. Se la suele se–alar como una
alteraci—n dr‡stica e indefinible en el curso de un proceso.
Esta noci—n de Òlo que irrumpe en forma repentinaÓ nos da la
imagen de algo que se presenta en el transcurrir de este proceso,
(sea este individual, grupal o social) que nos impide continuar. Impedimento Žste que incluyendo la idea de obst‡culo, lo trasciende,
hay un Òalgo m‡sÓ en las situaciones de crisis. Ese algo m‡s estar’a dado por la noci—n de ruptura, en tanto separaci—n, a la cual nos
enfrenta la crisis.
Ò...R. Thom delimita algunos aspectos fundamentales de la crisis cuando la define como una perturbaci—n temporaria de los mecanismos de regulaci—n de un individuo o conjunto de individuos2...Ó As’ mismo se–ala que s—lo se puede hablar de crisis
cuando existe la vivencia subjetiva de crisis. Esta vivencia subjetiva lleva impresa la sensaci—n de amenaza para la integridad del sujeto y de la continuidad del s’ mismo.
La crisis puede tener su origen en causas internas vinculadas al
desarrollo de los ciclos vitales (por ejemplo adolescencia, edad
media, etc.) o a causas externas por alguna situaci—n conflictiva en
nuestro entorno familiar y/o social. En ambos casos lo que se pone en juego es la experiencia de pŽrdida, ruptura aquello que se pose’a pasa a ser una carencia.
Pensar en tŽrminos de ruptura nos muestra como contracara que
all’ donde algo se rompi— exist’a previamente una uni—n, una continuidad. La vivencia subjetiva de crisis nos posiciona en ese espacio entre una pŽrdida que efectivamente ha sucedido y una nueva
adquisici—n de la cual aœn no nos hemos apropiado. Nos deja suspendido, sin la capacidad de dar respuesta ante Òla mutaci—nÓ, Òel
cambioÓ, por no encontrarnos instrumentados aœn ante lo que
irrumpe.
Crisis, ruptura, pŽrdida y cambio son tŽrminos que por separado, cada uno de ellos, nos dar‡n una connotaci—n diferente acorde al evento en el cual surgen. Sin embargo si los pensamos entrelazados, formando parte de un mismo proceso, nos permitir‡ de algœn modo dimensionar esta vivencia de amenaza que experimenta
un individuo, grupo o sociedad ante una situaci—n de crisis.
Vivimos en un contexto social que nos enfrenta a diferentes situaciones de crisis. Si tomamos a modo de ejemplo la familia vemos que el modelo tradicional ya no alcanza para dar respuesta a
la demanda de las nuevas generaciones. L’mite, autoridad son conceptos que deben ser redefinidos. Las familias ya no poseen las estructuras fijas que pose’an anteriormente. Hombre y mujer, en tanto gŽnero, comienzan a modificar su posicionamiento y a ocupar
espacios que hasta hace poco ocupaba con exclusividad el otro sexo, esto lleva indefectiblemente a la redefinici—n de roles y funciones.
Otro tanto sucede en el mundo laboral, los viejos c—digos del
buen empleado que por tal ten’a asegurada su continuidad laboral
y en muchos casos su ascenso en la escala, ya no bastan, no sonsuficientes. Incertidumbre laboral, desempleo, nuevas modalida-
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Contrapoder, una introducción, pretende dar cuenta de una introducción. Lo que intenta pensar es la
emergencia de una nueva sociabilidad no capitalista -verdadera contraofensiva- y
la difusión de
las hipótesis
del contrapoder.
Esto es: pensar a la luz
del debate
argentino y
latinoamericano la radicalidad de
las experiencias de lucha que surgen aquí y en
el mundo. Este libro tiene dos
partes: una primera -Sobre el contrapoder- que tiene cuatro trabajos
inéditos a cargo de Miguel
Benasayag (filósofo argentino radicado en Francia desde su exilio
que desarrolla investigaciones
sobre anti-psiquiatría, derechos
humanos y la sociedad mediática),
John Holloway (teórico marxista
escocés radicado en México, desde
donde trabaja sus hipótesis a partir
del zapatismo), Toni Negri (filósofo
italiano de larga trayectoria política
e intelectual que actualmente
cumple una condena de 30 años
de prisión en Roma) y el Colectivo
Situaciones. La segunda parte -Por
una filosofía de la praxis- consta de
una larga y sugerente conversación
que el grupo editor realizó en
octubre pasado con Toni Negri en
Italia. Y a continuación una serie de
comentarios críticos de esa charla
a cargo de John Holloway, Horacio
González (intelectual y docente
argentino, director de la revista de
crítica cultural El ojo mocho), Luis
Mattini (autor del libro Hombres y
mujeres del PRT-ERP y La política
como subversión) y Ulrich Brand
(activo militante internacionalista y
politólogo alemán).
El Colectivo Situaciones, editor de
este trabajo, es un colectivo de
investigación autónoma y militante
que, además, ha publicado tres
cuadernos: con los H.I.J.O.S. discutiendo la práctica del escrache;
con los Tupamaros de Uruguay,
sobre la organización política y la
representación; y con el Movimiento Campesino de Santiago del
Estero (MOCASE) sobre su experiencia comunitaria y de resistencia.
Situaciones pretende ser un
proyecto de lectura "interna" de las
luchas, una fenomenología (una
genealogía) y no una descripción
"objetiva". Porque sólo de esta
forma el pensamiento asume una
función creadora, afirmativa, para
dejar de ser una mera reproducción
de lo existente. Y porque sólo en
esa fidelidad con la inmanencia, el
pensamiento es aporte real,
dinámico, lo cual es todo lo contrario de la elaboración de un programa o un esquema que encasille
y sature las prácticas.
Rosana Fernandez
Member of The International Institute for Bioenergetic Analysis
Nueva sede en Capital Federal
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Contrapoder: una introducción.
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Teatro Espont‡neo Abierto: òltima
funci—n del a–o de Teatro Espont‡neo. Coordina Grupo TEA.
Viernes 7 a las 19: 30 hs.
8 y 9 de diciembre:
"III JORNADAS DE EDUCACIîN
POR EL JUEGO".
Grupo, juego, creatividad, tercera
edad, expresi—n, teatro espont‡neo,
juegos psicodram‡ticos, nuevos lenguajes, marketing y mesa de reflexi—n de REDES.
Participaci—n de: Gabriel Garz—n,
Sergio Fain, Eduardo Sanchez, Escuela de Teatro La Luna, Grupo TEA,
Grupo Tinaterra, Rom‡n Mazzilli,
Delegado Comunal Antol’n Magallanes.
Organizan : Los del Marco y Casona
Cultural Humahuaca.
Arancel: $ 25,
15 de diciembre: fiesta callejera
de lanzamiento mapa cultural del
Abasto.
Una muestra en vivo de las actividades culturales del Abasto. Desde las
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por Los del Marco. òltimo encuentro
del a–o. Viernes 28 a las 19:30 hs.
Visitas Guiadas: "El Abasto: una recorrida por el barrio de ayer y de
hoy". Salida desde la Casona. S‡bado 1 y domingo 16 a las 16 hs.
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des contractuales nos ubican en un lugar en donde las viejas certezas han
perdido la eficacia de sostener. Los c—digos han cambiado, los valores tradicionales parecer’an caer en desuso. Las
personas no encuentran que hacer frente a esto. Se desecha lo viejo y se adscribe a lo nuevo para sentir que Òse perteneceÓ, sin la convicci—n de lo que se
hace. Nos movemos en un mundo en
permanente cambio lo cual parecer’a
someternos a una constante de crisisadaptaci—n- crisis. Cada cambio sea
este positivo o negativo nos enfrenta a una pŽrdida Significativamente el verbo perder tiene entre sus acepciones dos que me gustar’a se–alarÓ: dejar de poseer, o no hallar uno la cosa que pose’a/
fig. no hallar el modo de salir de una dificultad. Ante la crisis que
irrumpe produciendo la ruptura de la continuidad se intenta hallar
lo que se pose’a impidiŽndonos de este modo hallar el modo de salir.
En tanto separaci—n y elecci—n podemos pensar la crisis como un
proceso din‡mico en el cual debe producirse una separaci—n antes
que pueda darse una elecci—n; entre ambos un Òentre- tiempoÓ de
un antes y un despuŽs. Esta interrelaci—n implica que no se puede
concebir ningœn elemento sin el otro, solo en tanto exista una separaci—n previa podr‡ darse una elecci—n. Es en este Òentre- tiempoÓ donde el sujeto reedita esta primer vivencia de pŽrdida (la del
nacimiento) y de amenaza a su s’- mismo lo cual lo llevara a buscar el apoyo de un otro El sujeto buscar‡ por una lado reforzar el
sostŽn ante la vivencia de desprotecci—n, sostŽn que le servir‡ adem‡s como modelo identificatorio ante la sensaci—n de amenaza a
su identidad. Por otro lado en esta relaci—n sostenedor- sostenido
se deber‡ producir un punto de contacto y cercan’a para instalar la
autoestima y la confianza. Contacto y cercan’a que deber‡ asimismo operar como l’mite que marque la diferencia y permita el desarrollo de la autonom’a.
La situaci—n de crisis pone de manifiesto los modelos de resoluci—n que uno tiene inscripto segœn la propia historia vincular. Esta
historia particular permitir‡ la elaboraci—n de la crisis de diferentes maneras; si el contacto y la cercan’a se produjo sin posibilidad
de diferenciaci—n reforzar‡ en el sujeto la dependencia. Por otro lado si el l’mite impuesto en la bœsqueda de la diferenciaci—n se presenta como desprotecci—n se reforzar‡n las tendencias al aisla-
PARA VARONES
• que hicieron "todo lo que debían", pero no se
sienten felices.
• dispuestos a transformar sus crisis en oportunidades.
• comprometidos con seguir la brújula de sus deseos.
• decididos a encontrar la plenitud en cada
ciclo vital.
• interesados en interrogarse respecto a cómo
establecen sus relaciones con: amigos, parejas, hijos,
sobrinos, padres, tios, jefes, empleados, compañeros...
• ocupados en optimizar su vinculo con el trabajo
y/o profesión
• deseosos de instalarse con plenitud en la paternidad.
miento. Por œltimo si de dio de una
manera fluida y creativa se generar‡
un espacio de intercambio con el entorno.
Entre los recursos m‡s importantes
con los que cuenta el sujeto en este intercambio con el entorno estar’a la
conducta creativa en donde toda la
persona est‡ implicada. Enfrentar
creativamente una crisis implica una
serie de actitudes y aptitudes que permitir‡n su abordaje de un modo menos
dram‡tico. Dentro del campo actitudinal podr’a mencionar: la tolerancia a la ambigŸedad, complejidad, incertidumbre y desorden que la situaci—n presenta. La tolerancia tiene su equivalente actitudinal en la flexibilidad intelectual; esta nos lleva a romper con los convencionalismos, mŽtodos
o estructuras dadas reemplaz‡ndolas por diferentes puntos de vista. Una persona creativa cambia f‡cilmente, sin tensi—n mental de
una estructura a otra, de una direcci—n a otra del pensamiento.
La sensibilidad a los problemas es otro factor caracter’stico de
la persona creativa. Busca, indaga, pregunta. Esta sensibilidad le
permite una mayor apertura hacia los hechos o experiencias y a las
propias necesidades, sentimientos y emociones. Por œltimo me
gustar’a se–alar la Independencia perceptiva e intelectual que le
permitir‡ captar diversidad de enfoques ante la misma situaci—n,
desarrollando la capacidad de reorganizar la experiencia.
Para terminar, si me permiten, voy a recurrir a un recurso b’blico: ÒQuien este libre de crisis, que arroje la primera piedraÓ.
Ninguna piedra fue arrojada. Lo que s’ cambia en cada uno es el
peso de la piedra y nuestra relaci—n hacia ella.
Podemos abordar la crisis desde una mentalidad censuradora,
actitud incorporada a partir de las distintas experiencia vividas en
el ‡mbito familiar, educativo, social que nos van cargando de exigencias en el cumplimiento de prohibiciones o prescripciones. O
bien podemos abordarla desde una mentalidad reconocedora que
eliminando la exigencia del Òdeber’aÓ, favorezca una percepci—n
m‡s amplia de la situaci—n, as’ como de una mayor libertad para la
elaboraci—n de las respuestas desde un lugar m‡s creativo.
Ò...Crear es recrear la realidad con nuevos significadosÓ3
Citas:
1 Corominas, Joan: ÒBreve diccionario etimol—gico de la lengua castellanaÓ Tercera Edici—n; Gredos.
2 Thom, R.:1976-ÒCrise et catastropheÓ. Citado en Ka‘s, Rene.: ÓCrisis,
ruptura y Superaci—nÓ.
3 Torre, S: ÓCreatividad: QuŽ es, c—mo medirla, c—mo potenciarlaÓ, Barcelona:Ediser.
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Sr Director de Campo Grupal:
El cuerpo como variable de ajuste
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Sostenemos que actualmente el cuerpo ha cobrado una dimensión tanto subjetiva como social diferente, se ha trastocado su imaginario y pensamos que hoy es utilizado como
una variable de ajuste más.
Proponemos una modalidad de trabajo de taller con técnicas
corporales y psicodramáticas que faciliten la concientización
y elaboración de los modos en que impacta la actualidad social en nuestro cuerpo trabajando las tensiones y dolores corporales relacionables con situaciones de crisis.
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de esas carreras y afines.
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partir de la historia y fundamentos terapéuticos de esta disciplina. Dirigido a curiosos e interesados en general (incluyendo psicoanalistas).
Adecuados para residentes en Capital y provincias.
Directora: Lic. Marta Toppelberg
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"Diálogos acerca del poder, la violencia y la paz"
Se invita a compartir la expresión de sentimientos y la reflexión acerca de los sucesos mundiales y nacionales.
Domingo 9 de diciembre, de 18 a 21 hs.
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(Fundación para el desarrollo de las Redes Sociales)
4 clases en enero y/o febrero
Redes Sociales: Vivir, pensar y actuar de otro modo
Coordinación: Lic. Elina Dabas y Dra. Denise Najmanovich
II Seminario Residencial "Inmersión en Redes Sociales"
del 15 al 19 de mayo- Córdoba- Argentina
Coordinación: Lic. Elina Dabas y Dra. Denise Najmanovich
Docente invitado: Ps. Joaquín Rodríguez Nebot (Uruguay)
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informativas sobre el ciclo 2002.
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Un puente entre la realidad y la imaginación
Jueves 3-10-17-24-31 de enero de 2002 - 19,30 hs.
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para investigar las posibilidades expresivas del cuerpo.
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acción de cada uno y especialmente su esencia, identidad,
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por mail 4821-7426 [email protected]
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2002, para lo cual se realizarán reuniones previas gratuitas en
Enero, Febrero y Marzo.
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Qué es y en que se aplica la P.N.L (PROGRAMACIÓN
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Ya está en las librerías de todo el país “Artes del buen vivir”,
de Roxana Kreimer, el primer libro sobre Consultoría Filosófica que se publica en la Argentina (Editorial Anarres). El libro
presenta por un lado una reflexión en torno a distintos temas
que hacen al desarrollo de la vida humana y a los que la filosofía tiene mucho que aportar, y por el otro el modo en que
estos análisis operan en la práctica de la Consultoría Filosófica. El sufrimiento, las relaciones amorosas, el trabajo, la
muerte, los modelos diversos de bienestar, la envidia, la ira,
la culpa, el perdón, los modelos de virtud, la amistad, las relaciones familiares y la resolución cotidiana de problemas
son tópicos que la tradición filosófica ha desarrollado profusamente y sobre los cuales aún tiene mucho para decir. Estas
artes del buen vivir abrevan en más de dos mil años de herencia filosófica, a partir de los cuales se procura sumar discusiones y consideraciones asociadas con estrategias deseables para la sociedad contemporánea.
Instituto de la Máscara
Abierta la Inscripción 2002 a cursos, talleres y seminarios.
Charlas informativas gratuitas.
Cursos de Verano:
-Entrenamiento Corporal
-Construcción de Máscaras
-Trabajo Corporal Expresivo
Informes e inscripción: Uriarte 2322.
Tel./fax: 4775-5424/3135 Email: [email protected]
Pagina web: www.mascarainstituto.com.ar
Universidad de la Marina Mercante
La UdeMM ofrece las siguientes carreras para el ciclo 2002:
Licenciatura en Psicología
Licenciatura en Relaciones Públicas
Licenciatura en Administración de Recursos Humanos.
Lleva adelante, tambien, un Posgrado en Gestión de Recursos Humanos y Desarrollo Organizacional.
Toda otra información se puede solicitar en Av.Rivadavia
2258 - Capital Federal, por teléfono al (011) 4953-9000- o al
mail: [email protected]
Red Argentina de Facilitadores
Desde Mayo de 2001 vinen reuniéndose un grupo de facilitadores de distintas áreas aprendiendo unos de otros, distintas
técnicas, metodologías y especializaciones en lo que hace a
la Facilitación de procesos.
El 12 de diciembre realizaran la última reunión del año con
un taller facilitado por Francisco Ingouville y Patricio Nelson
quienes enseñan negociación "Ganador-Ganador" a organizaciones del tercer sector, empresas privadas, funcionarios de
gobierno, políticos, comunidades indígenas, etc.
Suelen entrenar en talleres de dos o más días. El 12 de diciembre darán una muestra de 3 horas del tipo de trabajo
que hacen en esos cursos.
Quienes quieran participar de este taller gratuito envien un
mail a [email protected]
Sabado 8-19hs.. "Te contamos un cuento". Coordina: Cristina
Villanueva.
Sabado 15-19hs.: "Un cuento contado por,,,"
Sabado 22-19hs.: Charla debate "Para amar hay que saber
morir", sobre cuento "La mujer esqueleto". Coordina: Gustavo
Grimbank
Nicaragua 5802 Capital Tel: 4772-9221.
Herramientas Clínicas
desde Deleuze y Guattari
Cartografías Clínicas
- Diagnósticas y Terapéuticas –
- Esquizodrama : Cuerpo , Escena y Devenir
- Cine : Resonancia y Multiplicación
Dispositivos para la Intervención Operativa
Convoca: Grupo Nómade
(Maria Laura Mendez, Daniel Ferioli y Daniel Tarnovsky)
Martes 20,30 a 22,30 hs. / Loria 806. 3º 1 (esq. México)
Te : 4957-8419 / 4374-0238 E-Mail: [email protected]
Re-Comienza: Marzo de 2002
Operación Psicosocial
en las Organizaciones
4to. Seminario Anual
Duración de Abril a Diciembre de 2002 - Frecuencia semanal
Director del Seminario Carlos Martínez
Consultor en Aprendizaje Organizacional - Psicólogo Social
Organiza CONFLUENCIA psicosocial
4633 - 8144 / 154 421 - 9586
email: [email protected]
Abordajes de A.L.E.F.
A.L.E.F es una institución especializada en el abordaje clínico
de diversas sintomatologías actuales como ser angustia,
pánico, depresión, problemas de pareja, etc.
Su centro asistencial atiende en forma individual o grupal a
niños, adolescentes y adultos con honorarios institucionales.
también se realizan actividades y charlas de extención comunitaria.
Informes: L. a V. de 15 a 19 hs. al 4777-9782
E-mail: [email protected]
Psicología Social Psicoanalítica
La Escuela Psicoanalítica de Psicología Social ha abierto la
inscripción para la Carrera de Psicología Social orientación
Psicoanalítica (turnos mañana o noche, para alumnos de
Capital e Interior) como asimismo para los Cursos de Posgrado de Formación en Psicoanálisis y de Coordinación Psicoanalítica de Grupos Operativos. Sede: Caballito: Cucha
Cucha 722, informes tel-fax 4433-4988. Sede Belgrano,
Jorge Newbery 1864, lunes y miércoles de 9:30 a 11:30 y de
19:30 a 21:30. Site: www.psicosocial.com.ar
E-mail: [email protected]
El Bancadero
Orientación individual y Terapia grupal $ 7
Pareja - Familia - Sexología - Biofeedback
Curso Introducción a las Técnicas Grupales: Miércoles 19 hs.
Asistencia Jurídico-Psicológica - Miércoles 10 hs
Autoestima de desocupación - Miércoles 18 hs.
Curso de Acompañamiento Terapéutico
Curso de Terapia Cognitiva
Carlos Gardel 3185, 2º f 4862-0944
http://www.geocities.com/elbanca
Posgrado diferente en Psicología Social
El Estudio Inés Moreno tiene abierta la inscripción para su
carrares terciarias con título oficial: Técnico en conducción
educativa; Técnico en juego y creatividad; Técnico en recreación con modalidad a distancia.
Informes: Virrey del Pino 2714 Tel-Fax: 4785-3273
E-mail: [email protected]
Web: www.inesmoreno.com.ar
La diferencia que aporta este posgrado es que se halla centrado en la revisión crítica de lo aprehendido, añadiendo la incursión en algunos puntos ciegos de la formación.
Se trabajará durante tres horas semanalmente, en cuatro módulos interdependientes, durante el año 2002. Así, cada semana del mes incursionaremos en un módulo con diferente
modalidad de trabajo. Los cuatro módulos son:
1- Repensando acerca de algunos clichés de la formación, y
deconstruyéndolos.
2- Técnicas de acción y coordinación.
3- Articulaciones entre el pensamiento de Pichon-Riviere con
otros autores (Freud, Bion, Anzieu, Reich, Foucault, Derrida,
entre otros.)
4 -Teoria y tecnica en el diseño y coordinación de talleres.
El posgrado será dictado por el Lic. Ricardo Klein.
Para mayor información comunicate al 4775-7960, o por mail
a: [email protected]
Verano porteño
Juego y creatividad
Carreras Terciarias en el Ines Moreno
Grupo terapéutico.Honorarios accesibles. Lic. Daniel
Seghezzo.TE.: 4823-1922. L.Mi.V. /noche.
Diciembre en el Espacio Mirador
Sabado 1-19 hs.: "Dale que te cuento". Coordina Cristina Villanueva.
Vienes 7: Veni a escuchar musica.
‘Campo Grupal’ en Santiago de Chile
El Estudio Inés Moreno abre la inscripción de las actividades
con certificación de cursada: Escuela de juegos; Escuela de
creatividad; Conducción de grupos especializado en técnicas
lúdicas y expresivas. Todas se dictan en dos modalidades:
durante la semana y también una vez por mes.
Informes: Virrey del Pino 2714 Tel-Fax: 4785-3273
PSICOLOGIA SOCIAL
Curso para la formación de Educadores Familiares y Comunitarios.
Objetivo principal del Curso-Taller: Conformar equipos de prevención
en problemáticas psico-sociales.
Psicología y Ciencias Sociales
Merced 820 Loc. 18
/ Fono 632-0983
Huerfanos 611
/ Fono 638-7363
Av. Apoquindo 5701 Loc. 43 / Fono 202-5460
www.libreriaolejnik.com
Coordinación general: Lic. Maria de los Angeles Grattagliano
Arancel: $ 35 por mes.
El curso está programado con la participación de
prestigiosos especialistas. • Se entregarán certificados
Dia: Jueves de 19 a 21,30 hs. En el Instituto San Ambrosio
Darregueyra 2445 Cap. Tel: 4553-8052
Yo fui un pájaro cuando tuve un trompo. Roberto Jorge Santoro
Soy Operadora en Psicología Social y trabajo como docente en una
escuela primaria de la Provinciade
Buenos Aires. Como coordinadora
del taller ‘Mujer y Trabajo’ participé
del XVI Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en la ciudad de
La Plata los días 18, 19 y 20 de
agosto. Decidí escribir mis sensaciones desde el lugar de coordinadora, ya que ésta fue mi primera
experiencia en ese rol. Todo un desafío, por la cantidad de participantes de los grupos (40-50 mujeres) y
por la particularidad del encuentrotaller: reuniones de 3 horas, mañana y tarde, durante 3 días y elaboración de conclusiones grupales
consensuadas. El texto que envío
a continuación es entonces mi visión sobre el devenir grupal de estos encuentros.
Nancy Guzmán
Mujer y trabajo
Las mujeres se encuentran, se autoconvocan. Son muchas, vienen
del interior, atraviesan el país, contextuadas en flagrantes rebeliones,
absurdos y mentiras mediáticas,
ocultamientos y obviedades diarias.
No tienen prensa, no tienen medios. Y son oposición, protesta,
propuesta. Son referencia de los
cortes populares contra los recortes gubernamentales. Vienen a expresar su angustia cotidiana por las
persecuciones, las detenciones, las
necesidades, las urgencias de la
mayoría. Exigen coordinación entre
las luchas.
Y entonces yo, coordinadora, voy
pensando las contradicciones y mis
contradicciones. ¿Qué es lo operativo para este grupo que transita en
un cara a cara vertiginoso durante
las intensas y escasas horas del
encuentro?
Urgencia para poner la palabra,
oratoria al bajar línea, fuerza para
acaparar el silencio. Tensión en los
cuerpos que escapan de la sumisión del fin de la historia. Nada de
micropolítica, es política pura, es
historia en proceso, es lucha por el
poder y no sólo contra el poder.
Las mujeres se desajustan, entran
y salen, ninguna pertenece a ningún taller. La coordinación es más
que nunca un lugar privilegiado de
escucha de líneas, propuestas, experiencias. Flotar entre líneas que
bajan y por momentos cierran el intercambio. Luego una apertura, reconociendo el resto que quedará
para el debate que seguirá afuera.
Una mujer llora, por no animarse al
piquete, miedo y culpa. Se expone
lo cotidiano, provoca interrogación,
desde esquemas diferentes. Luego
vendrá el sentir y la contención.
Las respuestas problematizadas al
segundo, esto es dialéctica pura,
como dice el tango. Chau, no va
más, se abren nuevas preguntas,
se confrontan líneas, pero no de
fuga posmoderna.
Son líneas curvas, de un espiral
instituyente, que puja por romper
acuerdos y propone salirse y decidir. Es macropolítica, femenina y
revolucionaria.
PSICOTERAPIA GRUPAL
FOCALIZADA EN TRASTORNOS
PSICOSOMÁTICOS
Pequeños grupos trabajando
para resolver asma,
hipertensión arterial, estrés,
obesidad, alergias...
Coordinador: Dr. Raúl Sintes
Solicitar entrevista al 4923-1443
Campo Grupal / 19
¡Sólo por
el verano!
La colección completa
de Campo Grupal
(30 ediciones) a sólo
$ 30.Podrá adquirirla
únicamente en la
redacción de la revista
(Conesa 473 P.B. ‘B’
Capital - Tel: 4553-1226)
durante los meses de
diciembre de 2001, y
enero y febrero de 2002
Campo Grupal / 20
Nunca olvido una cara, pero contigo haré una excepción. Groucho Marx

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